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Si lo se, no crezco

Si lo se, no crezco

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A mi toco en el reparto de caras una triste, como me han
dicho a veces "es que tienes cara de no haber roto un
plato", hasta el punto que si se quemara un edificio y yo
fuera la única persona cerca y en mis manos se
encontraran una garrafa de gasolina y un mechero
seguirían buscando culpables.
Esto que podría parecer una ventaja si lo unes a mi
carácter, que vendría a ser el de un Buey que tomara
Dormidina es una combinación nada recomendable.
Parte de la humanidad que se ha intentado aprovechar de
esta apariencia desvalida han sido los amigos de lo ajeno y
en más de una ocasión.
La primera que recuerdo fue en la entrada de una estación
de metro, iba yo feliz y contento (y solo) cuando se me
acercaron dos hombres de esos a los que el agua de la
ducha no llegaría a tocarles la piel por la capa roña que los
recubría.

Chaval tienes cien pesetas (es que hace tiempo ya)

Pues no

Dame todo lo que tengas

¿Puedo volver a las cien pesetas?

Tengo una navaja

Yoooo... es que iba al cineee... es que he quedaooo... si
te llevas el dinero no podré ir

Dame todo lo que tengas

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Viendo que no le preocupaba que me perdiera la película,
y sobretodo viendo que la gente que había en la parada
estaba convenientemente dándome la espalda
disimulando, le di las 900 pesetas que llevaba encima.
Pero no fue la única vez, tiempo más tarde se me acerco
un tiparraco aficionado a sustancias adictivas y muy
educadamente me dijo:

Tengo el mono dame la cartera - mientras yo andaba
por la calle, no me pare y el tío me mantuvo el paso

No

Que me des la cartera que tengo el mono

Por mucho que me permutara las palabras dentro de la
frase no me iba a convencer, contra dos y con navaja no
me atrevía pero contra uno con las pupilas grandes como
paellas todavía me planteaba... echar a correr. Pero
mientras me pensaba cual sería el mejor momento para
comenzar mi marcha atlética oí un golpe a mi lado, algo
así como un ¡GOONGGGG!!! Al girarme me encuentro a
mi domador de monos en el suelo y la farola vengadora
que le había atizado en toda la frente, podría haberme
quedado a socorrerle o a partirle dos costillas pero opté
por seguir mi camino.
Por último, una tercera vez, esta vez dentro del vagón del
metro, se me sienta un tiparraco y me dice:

Acabo de la salir de la cárcel y necesito dinero, dame lo
que lleves

Pues has escogido al peor del vagón voy al instituto y
llevo el dinero justo para una pasta en el descanso

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A mi me gustaría que mis hijos estudiaran, pues no me
des na que tienes que comer pa que te crezca la cabeza

esto...

Es más te voy a dar un teléfono por si alguien se mete
contigo me llamas y le parto la cara...

es que... gracias

Y así acabo yo con mis veinte durillos pa la pasta y con un
teléfono de un partidor de caras a domicilio.
Ahora ya hace bastante que no me atracan, piden o quitan
dinero (y sigo teniendo la misma cara) ¿Serán las canas?
¿Será que se me nota que pago hipoteca?

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