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03/31/2014

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Durante el viaje, Lyon había hablado mucho de su primo. Walter Truscott
era el segundo hijo de William, el hermano pequeño de la condesa viuda,
que había fallecido años antes dejando la responsabilidad de criar a su hijo
en manos de su hermana mayor. Walter, que se había criado en Baronsford
era como un hermano para Lyon.
Sabiendo el cariño que Walter sentía por la propiedad, Lyon le
encomendó la tarea de administrarla en cuanto heredó el título, y, por lo
que le había dicho a Millicent, estaba haciendo un magnífico trabajo.
El comportamiento educado y el interés que Walter le demostró
supusieron una gran sorpresa para Millicent que se sintió aliviada de
encontrar un amigo en él. Era amable, respetuoso y desde el primer
momento quedó claro que quería que se sintiera a gusto. Su carácter tenía
algo de la condesa viuda y de Lyon al mismo tiempo. No era de los que
hacían falsos halagos y hablaba con franqueza.
—A caballo no iremos mucho más lejos —anunció cuando llegaron a
unos matorrales cerca de los acantilados.
— ¿Le molestaría que nos acercáramos a pie hasta el borde?
Dejaron los caballos al cuidado del mozo que iba con ellos y Walter la
condujo a través de un claro en la vegetación.
—Hay un estrecho sendero que bordea el acantilado.
Sujetó una rama y Millicent pasó por debajo encontrándose de repente
frente al vacío. Miró hacia abajo y se le revolvió el estómago al ver las

Traducción Rosanic, corrección Cari

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rocas, algunas de las cuales sobresalían del agua y otras estaban justo al pié
del precipicio.
— ¿La corriente es siempre tan fuerte?
Walter la hizo retroceder un paso.
—Si y no. El río siempre tiene un cauce rápido, pero hemos tenido un
invierno especialmente húmedo, por eso ahora es tan alto y abundante.
Millicent se podía imaginar el estado en el que habían encontrado los dos
cuerpos que habían caído sobre esas rocas.
— ¿Fue aquí donde cayeron?
—No —contestó el escocés señalando un lugar un poco más abajo— A
unos cien metros de aquí. Hay un caminito de piedra que lleva a una
pequeña playa. Allí fue donde encontraron a Emma. Aytoun debía estar
intentando bajar a buscarla cuando resbaló.
No había ninguna acusación en el tono de su voz. Millicent se frotó los
brazos, estaba helada.
— ¿Quién les encontró?
—Perfore.
Ella levantó los ojos hacia su acompañante.
—Todavía no ha conocido usted al resto de la familia. Perfore es el
hermano mediano, tiene tres años menos que Lyon. Luego viene David, el
más pequeño.
—Claro.
—Aytoun no habla mucho de ellos ¿verdad?
—Solo le he oído mencionar el nombre de Perfore y fue hablando de

Baronsford.

A Millicent le daba igual saber quién tenía qué. Lo que le preocupaba era
que la familia estuviera tan distanciada.
— ¿Cuánto hace que no se ven?
—Desde que Emma murió. Pero ya se había producido un distanciamiento
entre ellos mucho antes.
Millicent deseaba saber más, pero no tenía derecho a sonsacar a Walter.
Por otra parte tampoco ella había conservado el contacto con su familia. Ni
siquiera le había contado a Lyon porque ya no se hablaba con sus dos
hermanas mayores. No, las respuestas tenía que dárselas su marido.
Empezaron a recorrer el acantilado.
— ¿Qué cree usted que le sucedió a Emma? ¿Resbaló?
—No. Creo que la empujaron.
Millicent levantó la cabeza de golpe.
— ¿Quién?
Él se encogió de hombros sin contestar.
— ¿No creerá que fue Lyon, verdad?
—No. En cierto modo había terminado unos dos años antes con su
desastrosa unión y se amoldaba a ella lo mejor que podía.

Traducción Rosanic, corrección Cari

196

Millicent, sin decir nada, asimiló la sorprendente noticia.
—Emma creció en estas colinas, en el verano, todos nosotros veníamos a
nadar a este río. Era una Douglas y sus padres y los de Lyon eran vecinos,
de modo que desde pequeña pasaba aquí mucho tiempo. Conocía cada roca
y cada falla del acantilado tan bien como conocía a los Pennington. No creo
probable que resbalara a pesar del mal tiempo que hizo ese día.
—Pero… Si Lyon se cayó ¿Por qué no ella?
—Él estaba bajando para salvarla, o al menos eso era lo que se creía. Mira
hacia abajo y ve unos ojos que le miran fijamente desde abajo, de modo
que se lanza en su busca. Yo también la vi. Estoy seguro de que la caída de
Lyon fue un accidente, pero no la de Emma.
—Pero ambos estaban aquí, si alguien hubiera empujado a Emma ¿no le
habría visto Lyon?
Walter la miró con simpatía.
—Supongo que no se lo contó todo ¿no?
—Le costó mucho reponerse. Volvió a ser él mismo hace poco. Y a pesar
de la curiosidad que sentía nunca me hubiera atrevido ha preguntarle algo
que hubiera podido retrasar su curación.
—Es usted una mujer buena y generosa. Se lo merece, después de todo lo
que tuvo que pasar.
Levantó la cara al viento antes de continuar.
—Voy a contarle esto porque sé que nunca se lo va a preguntar a él.
Emma decidió convertirse en condesa y en la señora de Baronsford desde
que era pequeña. Se casó con Aytoun por el título, no por amor. Era el
único de los tres hermanos que iba a heredar.
Ahora estaba mirando hacia el horizonte.
—Era hermosa, salvaje, intrépida. Creo que los tres Pennington, cada uno
de ellos a su manera, estaban hechizados por ella. Todos querían cambiarla
o protegerla. Por supuesto siempre supimos todos que sería Lyon el
ganador… o el perdedor.
Millicent contuvo sus preguntas y se concentró en cada una de las
palabras de Truscott.
—Los que estábamos más cerca de Emma por la edad, éramos David y
yo. Cuando eran pequeños, eran inseparables, cuando crecieron se convirtió
en su ideal de mujer. De los tres hermanos el único que yo diría que
siempre estuvo enamorado de ella fue David. Pero naturalmente sabía que
nunca podría tenerla.
“Luego estaba Perfore. Él era su protector. Perfore siempre tuvo alma de
caballero. La cuidó desde que empezó a andar, no le quitaba la vista de
encima; la verdad es que creo que la consideraba más como a una hermana
pequeña y creía tener la obligación de guiarla. Pero ella era bastante
obstinada y era imposible hacerlo.

Traducción Rosanic, corrección Cari

197

Walter le dio una patada a una piedra que rebotó en las rocas antes de
hundirse en las revueltas aguas del río.
—Aytoun se esforzó por hacerla feliz mientras desempeñaba su papel de
condesa, y ella se doblegó a lo que se esperaba que hiciera, pero solo
aparentemente.
Miró a Millicent.

— ¿Sabe porque a Lyon le llamaban “Lord Escándalo” entre la alta

sociedad?

— ¿Por su explosivo temperamento? ¿Por sus duelos?
—Los duelos fueron para proteger la reputación de su esposa. Para salvar
lo que pudo de su honor. Todos los hombres contra los que se enfrentó,
todos sin excepción, se sospechaba que habían tenido relaciones íntimas
con Emma.

— ¿Y era cierto? Los rumores no siempre son ciertos pero se propagan

rápidamente.

— ¿Quién sabe? A Emma le encantaba jugar con los hombres. Nunca se
sabía si estaba diciendo la verdad o si mentía solo para obtener una
reacción. En cualquier caso, le gustaba ser el centro del universo. Y —
añadió frunciendo el ceño— era tan ambiciosa como rebelde. Lo que antes
de su matrimonio le pareció lo más grandioso, es decir, convertirse en la
señora de Baronsford, ya no era suficiente.
Millicent se volvió a mirar el castillo que, incluso a esa distancia, era

espectacular.

—Pero sobre todo, lo que más deseaba, era dominar a Aytoun. Como no
sabía como hacerlo empezó a jugar al peligroso juego de los celos y pronto
descubrió que él no se dejaba manipular tan fácilmente. Cuanto más
mariposeaba ella, más distante se mostraba él. Se convirtió rápidamente en
un lastre del cual Lyon era responsable. No había nada de cariño entre
ellos.

Millicent recordó la conversación que había mantenido con su marido la
noche anterior. De un modo algo perverso también era eso lo que ella
esperaba de ese matrimonio. No en lo referente a dominar a su marido; y
desde luego tampoco utilizando los mismos métodos que Emma; pero
quería estar segura de que era importante para él. Que era la única mujer a
la que él deseaba.

—Uno de los defectos imperdonables de Emma era enfrentar a los
miembros de la familia entre sí. Era consciente de la atracción que sentían
por ella David y Perfore, de modo que les utilizó en cuanto se casó para
irritar a Aytoun. Si tenía alguna queja se desahogaba con sus cuñados, si
tenía algún problema, pedía su ayuda. Y, por supuesto, la culpa siempre era
de Lyon.

— ¿Es que estaban ciegos? —Preguntó Millicent enfadada— ¿Acaso no

veían su juego?

Traducción Rosanic, corrección Cari

198

—Emma formaba parte de la familia desde hacía tanto tiempo que no se
les ocurría dudar de su sinceridad.
— ¿Y la condesa viuda? ¿Es que no se daba cuenta?
—Para cuando lo hizo Emma ya se había casado con Aytoun. Lo único
que pudo hacer es mantenerse callada y permitir que su hijo se las arreglara
solo.

— ¿Qué sucedió el día del accidente?
—Habían invitado a todo el mundo para celebrar el cumpleaños de la
condesa viuda. Fue Emma quien lo planeó, lo cual era extraño porque no
estaba en los mejores términos con su suegra. En resumen, acudieron todos,
incluso la familia de Emma.
Truscott se detuvo en seco y miró hacia el fondo del precipicio donde
había una pequeña playa.
—La mañana de la fiesta, mientras la mayoría de los invitados habían
salido a cazar, Emma y Aytoun tuvieron una pelea. No sé cual fue el
motivo ni quien de los dos la empezó; en esa época sus disputas eran algo
habitual. Pero en esa ocasión, Emma se fue corriendo mientras Perfore y
Aytoun se quedaban en el jardín mirándose el uno al otro como dos perros
rabiosos. No sé lo que se dijeron ni porque Aytoun salió de repente en
persecución de su mujer. El caso es que al cabo de unos segundos también
Perfore salió corriendo en dirección al río. Y les encontró a los dos ahí
abajo.

Millicent se estremeció.
— ¿Esta usted seguro de que la empujó alguien?
—Completamente.
— ¿Pero porque?
—Porque había mucha gente que había acabado odiándola.

—Jonah me ha dicho que el albañil ha terminado la primera parte del
dique —anunció Amina— ¿Te pasa algo Violet?
—Nada, gracias —respondió ella apretándose el chal que llevaba sobre

los hombros.

Salió apresuradamente de la cocina para dirigirse hacia el seto.
Había reconocido de inmediato al hombre que salía del salón de la
condesa viuda. Era el mismo hombre con el que había chocado cuando fue
a encontrarse con Ned en su habitación. Para estar segura de que no se
equivocaba, le había preguntado a la señora Page el nombre del visitante.
La otra había contestado que se trataba de un tal Platt, que era el abogado
del señor Hyde. Violet sabía que Hyde era el canalla que había intentado
arruinar a su señora antes de que ésta se casara con el conde, y la enfurecía
que conociera a Ned.

Traducción Rosanic, corrección Cari

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El ama de llaves había añadido que Platt se había encontrado con la horma
de su zapato y que ya no había motivos para preocuparse.
Violet estaba demasiado avergonzada para confesarle a la señora Page que
había visto a ese hombre con anterioridad, encontrándose en secreto con
Ned. ¿Cómo decírselo sin explicar también que estaba ella haciendo allí?
Ned era un traidor.
Todavía estaban en peligro. Con Ned Cranch en Melbury Hall, metiendo
las narices en todas partes, parecía evidente que estaban planeando algo
sucio.

Una vez que llegó a la orilla del bosque, se levantó la falda y echó a
correr. Ahora que era capaz de pensar con claridad recordaba todas las
preguntas que le había hecho Ned sobre Melbury Hall. El único consuelo
que le quedaba es que no recordaba haber dicho nada que pusiera en
peligro a su señora.
En una curva del camino se dio de bruces con el demonio en persona, el
cual la retuvo por el brazo.
— ¿Qué sucede, pequeña? ¿Tantas ganas tenías de verme?
Ella se soltó de un tirón, negándose a dejarse intimidad.
—Se acabó, Ned. Te he descubierto, conozco tu verdadero rostro.
—Viniendo de una puta, esto es el colmo. Pero dime ¿Qué quieres decir

con eso?

—Todo el mundo lo sabe —mintió ella— Todos saben que te paga Jasper
Hyde y que estás aquí para espiar a lady Aytoun y a Melbury Hall.
—No conozco a ningún Jasper.
— ¿No? ¿Entonces porque vi al señor Platt, su abogado, entrando en tu

habitación?

Ned entrecerró los ojos y la sujetó con fuerza por el brazo.
—¿De verdad deseas que todo el mundo sepa lo nuestro? ¿Qué todos se
enteren de que te has acostado con un hombre casado?
—Ya se lo he dicho —replicó ella soltándose de nuevo— Y mientras
estamos hablando, el señor Gibbs ha mandado a los criados a buscarte.
Bastaría con que gritara para que todos vinieran corriendo.
—¡Mentirosa!
Ella se alejó.

—Cree lo que quieras. Quédate y espérales, Ned. Me gustaría estar aquí
cuando recibas el correctivo que te mereces.
Esa noche, cuando Jonah entró en su casa quejándose de que el albañil
había desaparecido sin terminar el trabajo, a Violet le dio la sensación de
que respiraba mejor. Ned Cranch se había ido sin despedirse.
Y deseaba con toda su alma que fuera para siempre.

Traducción Rosanic, corrección Cari

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