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Mi Experiencia en El Poder de La Cruz

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06/04/2013

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SEMINARIO DE EDUCACION TEOLOGICA POR EXTENSION

MISION CRISTOLOGIA II

RESUMEN DEL LIBRO: MI EXPERIENCIA EN EL PODER DE LA CRUZ
Henry Blackaby

MIGUEL ANGEL TORRES GALLARDO PROGRAMA DE LICENCIATURA

SETE - HUANCAYO

TAREA 4:
Haga un resumen del libro: “Mi Experiencia en el Poder de la Cruz” de Henry Blackaby. INTRODUCCION TOME SU CRUZ Y SIGA
Nos debiera interesar el conocer más en profundidad el significado de la cruz porque esta es parte de nuestra vida misma. (Mt.10:38; Lc.14:27). Muchos cristianos se están perdiendo lo que Dios quiere que experimentemos porque no han comprendido lo que significa “tomar la cruz” . Para ello tenemos que recurrir a Las Escrituras y la guía del Espíritu santo quien es nuestro maestro por excelencia.

PRIMERA PARTE LA CRUZ EN EL CORAZÓN Y EN LA MENTE DE DIOS
La cruz no es más un misterio pues Dios en su misericordia nos ha concedido conocerlo. (Mt.13:11)

CAPITULO 1: La necesidad divina de la cruz Muchos nos hemos preguntado porque Jesus tuvo que ir a la cruz, ¿no habría sido mejor salvar a la humanidad de otra manera? En la escritura Dios nos aclara que no había otra manera por dos razones primero el castigo eterno (Jn.3:16) y la seriedad del pecado que nos separa de Dios ahora y para la eternidad poruqe nos hace enemigos de Dios. (Col.1:21) Dios escogió salvarnos en primer lugar por amor de su gran nombre. (Ez.26:22-27) el pueblo de Israel había hecho quedar mal a Dios ante las naciones, fue dios quien limpió su nombre al castigar a su pueblo para enseñarles obediencia. Dios trata con el pecado de manera radical. Cuando experimentamos a diario el sufrimiento, recordamos lo trágico que es el pecado. Jesús refirió a sus discípulos la necesidad de la cruz para destruir el imperio del pecado y de la muerte. (Mt.16:21) También el apóstol Pablo recuerda que Jesús tuvo que morir por nuestros pecados según las Escrituras. (1 Cor.15:3) Jesús murió en la cruz para glorificar al Padre en primer lugar y luego porque nos amó.

CAPITULO 2: Directo desde el corazón del Padre La salvación de nuestras almas se concibió en el corazón de Dios Padre. (2 cor.5:18-19) Dios nos reconcilió consigo mismo en Cristo Jesús. Fue el amor de Dios que planeó nuestra salvación aun a costa de entregar la vida de su propio Hijo.(Jn.3:16) Los sufrimientos del siervo, nuestro Señor Jesucristo, muestra que Dios lo castigó por nuestra culpa, el castigo que merecimos fue sobre él. (Is.52:14). La escritura dice que este sufrimiento de su Hijo era su voluntad, es más dice que esta fue agradable delante de Dios no tanto por el dolor se su Hijo sino por los resultados que este traería. La salvación de su creación, de los hombres y mujeres

irremediablemente perdidos y condenados al castigo eterno en el infierno lejos de él. (Is.52:15;53:12)

CAPITULO 3: Una promesa de sangre Nuestro pecado le costó todo, su propia vida, su sangre. En el Antiguo Testamento se declara que “sin sangre no hay remisión de pecados”, sin sangre no hay perdón. Sólo por pedro perdón a Dios no somos perdonados, ni por nuestra sinceridad o arrepentimiento sino por la sangre de Cristo derramada en la cruz. Si no fueses por la sangre derramada por Jesús, todos iríamos al infierno. Este sacrificio en la cruz fue planeado desde el comienzo cuando Adán y Eva pecaron, Dios prometió que de la simiente dela mujer llegaría la destrucción de la serpiente y su imperio aunque este tenga un alto precio el cual fue la muerte de su Hijo. Los sacrificios de corderos que se ofrecían solo eran una figura de lo que iba a venir: el sacrificio del Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. (Jn.1:29) También en la pascua judía, es una ceremonia que recuerda que fueron librados del ángel de la muerte al rociar los dinteles de sus puertas con sangre de un cordero sin marcha. Fue en una pascua que Jesús entregó su vida para salvarnos. Los cristianos que participamos de la cena del Señor recordamos el sacrificio de nuestro Señor Jesucristo (1Cor.11:26) La cena del señor nos sirve para identificarnos con Cristo en sus padecimientos, saber que estamos unidos a él y que un día estamos con él para siempre.

SEGUNDA PARTE LA CRUZ EN LA VIDA DEL SEÑOR JESÚS
Fue demasiado doloroso y cruel el castigo que tuvo que sufrir Jesucristo por nosotros, tanto así que antes Jesús le pidió al Padre que de ser posible evitara ese trago amargo (Mr.14:16), ante la negativa del Padre Jesús asintió “sea conforme tu voluntad y no la mía”

CAPITULO 4: Su camino de obediencia Jesús estaba orando con sus discípulos, cuando ellos se acercaron les pregunto quién ellos pensaban que él era, a lo que Pedro le contesto que él era el Cristo, en ese contexto Jesús les da a conocer que era necesario que fueses entregado a las autoridades religiosas para lo matasen y que resuctaría al tercer día. Los discípulos no entendían de que estaba hablando. El camino de Jesucristo en la tierra estaba lleno de sufrimiento. Fue perdurando en el dolor de la aflicción que Jesús sostuvo la obediencia.(Hb.5:8) como resultado de su obediencia hasta la muerte abrió en camino a la salvación de los hombres. Para empezar tuvo que renunciar a sus derechos y privilegios en el cielo, se rebajó voluntariamente. (Fil.2:6-7) vivir en la cruz significa no tener más derechos.

CAPITULO 5: Muerte verdadera En su agonía en vida en el Getsemaní, Jesús sufrió un anticipo de lo que vendría después en la cruz y porque fue victorioso esa noche llegó a la cruz decidido a pasar por la más profunda oscuridad lejos del Padre llevando el dolor supremo del castigo por lo pecados de la humanidad.

La muerte que Jesús experimentó en la cruz fue mucho más que tan solo una muerte física, esta fue una muerte, separación, inexplicable y dolorosa. Dios sufrió esta muerte para que nosotros no pasemos por lo mismo.

CAPITULO 6: Cristo hecho pecado Jesucristo murió por nosotros una vez y para siempre (Ro.6:10) todo eses sufrimiento fue por causa del pecado, Él se hizo pecado por nosotros y sufrió la ira, el castigo de Dios Padre.(2Cor.5:21) el que nunca cometió pecado y tuvo una vida perfecta en la tierra, fue hecho la esencia del pecado. Gracias a su muerte y resurrección tenemos la posibilidad de reconciliarnos con Dios y vivir con él eternamente lejos de la horrenda oscuridad total y eterna del abandono y separación de Dios. (Ro.6:23) Jesús caminó derecho hacia la noche terrible de rechazo y separación eterna, el soportó todo para que nosotros no tengamos que pasar por ello. La gloria del evangelio es que a través de la muerte del Salvador, el pecador vive. Si realmente nos identificamos con la cruz deberíamos odiar el pecado, aborrecer y renunciar a ello. Debemos ver el pecado como él lo ve. (Ro.6:6) siendo así, ya no debemos continuar en el pecado, siendo conscientes de lo que padeció Cristo, debemos luchar contra el pecado, no consentir ni el mínimo de tentación que nos lleva a pecar. Nuestra identidad completa se encuentra con Cristo en la Cruz.

CAPITULO 7: La cruz y la resurrección Jesús entregó su vida voluntariamente nadie se lo quitó, él se ofreció. Él tiene autoridad para entregar su vida y para volver a recibirla. Él es el dador de la vida y la vida misma (Jn.10:17-18). Rechazó defenderse, no se resistió antes los abusos del juicio, el maltrato, el castigo y la muerte. Como un manso cordero fue llevado al matadero (Is.53:7) Él se quedaba callado porque ante Dios era inocente, no iba a perder tiempo discutiendo su inocencia con los hombres. No importa lo que los demás digan o hagan, no es necesario reaccionar o defenderse pues tiene la confianza y la paz de Dios mismo. Si conocemos la voluntad de Dios en su Palabra, tenemos su paz y caminamos con seguridad aún en los momentos de dura prueba. Jesús sabía que después de morir iba a resucitar, que esa era la voluntad del Padre. La cruz no es el fin de todo, ni un fin en si mismo; sino es un medio para alcanzar un fin: Glorificar a Dios. Nuestra victoria viene después de la cruz, más allá de esta breve vida de tribulaciones y sufrimientos nos espera una eternidad a lado de nuestro amado Jesús. No hay victoria sin resurrección. Solo lo que la resurrección se cumplió el Plan de Salvación. Este indicaba que el sacrificio de Cristo, su muerte en la cruz, había sido aceptado por Dios! El pecado y la muerte habían sido vencidos en el cuerpo resucitado de Jesucristo.

TERCERA PARTE LA CRUZ EN LA EXPERIENCIA DEL CREYENTE
Es el la cruz de Cristo que se origina la aventura emocionante en la vida del creyente. Cuando al ver el sacrificio que hizo por nosotros nos mueve a aceptarle como nuestro salvador. Llegamos a ser

una nueva creación (2Cor.5:17) entramos en una relación nueva con Cristo, Él vive en nosotros. (1Jn.5:11-12) ¿Ven los demás en mi vida a Cristo? ¿Puedo evidenciar en mi conducta que soy diferente, que he cambiado, que soy nueva criatura? Si no es así solo traeremos burla y oprobio al nombre de nuestro Señor Jesucristo. De ser así solo estaremos viviendo una religión más lejos de Cristo, es más podemos parecer espirituales pero todavía no hemos renacido de verdad. ¿Dónde está la evidencia de que mi vida ha sido transformada?

CAPITULO 8: Crucificado con Cristo La cruz no es tan solo una doctrina sino una experiencia, un estilo de vida. (Gal.2:20) Pablo decía estar crucificado juntamente con Cristo, también dijo que “el amor de Dios nos obliga, porque estamos convencidos de que uno murió por todos, y por consiguiente todos murieron” (2Cor.5:14) por este motivo tu y yo estamos muertos, estaba yo presente colgado en el madero con Cristo. Debe llegar un punto en nuestras vidas que podamos, no tan solo decir, sino experimentar “He sido crucificado con Cristo”. La cruz en la vida del creyente produce un cambio radical. Una vez que conozcamos el real significado de la cruz, el egoísmo en nuestra vida desaparecerá.

CAPITULO 9: La cruz trae una vida plena Pablo sabía que el centro de su vida giraba en torno a la cruz de Cristo, él sabía que la vida real significaba “Cristo viviendo su vida en él”. Pablo nunca trato de vivir a su manera, con su propia fuerza y su propia rectitud porque esto significa que Cristo hubiera muerto en vano. Cuando siga el camino de la cruz verá y oirá cosas que nunca antes vio ni oyó. Pablo no miraba nada de bueno en este mundo temporal. Sabía que las atracciones del mundo eran solo un espejismo; nada de lo que este mundo ofrece es real. (Ga.6:14) Pablo podía ver el poder la Cruz que otros no podían ver. (1Cor.1.18) Pablo no hablaba sobre una doctrina sino de una experiencia de vida real y vital. Deberíamos preguntarnos. ¿Cómo afecta la cruz mi vida? ¿Estoy experimentando la vida del Señor viviente, o el mundo aún tiene prioridad sobre cómo determinar mi vida, gastar mis energías, pensamientos y todo lo que tengo?

CAPITULO 10: La fuente de todas las bendiciones Gracias al sacrificio de Cristo en la cruz recibimos una inmensidad de bendiciones espirituales. (Ro.8:32) todas las cosas nos han sido dadas con El. Dios ya hizo todo por nosotros, la cruz lo contiene todo. No tenemos necesidad de algo más. El deseo de Pablo era ver a los creyentes recibiendo esa plenitud de todo lo que trae la cruz por nuestro bien. Esto era tan real para Pablo que estaba dispuesto a soportarlo todo por el evangelio. Dios nos ha bendecido en Cristo con toda bendición espiritual, todo fue otorgado para nosotros y nuestro beneficio. En él estamos completos. Dios ya ha provisto todos los medios necesarios para vivir en santidad y honrarlo. Lo que debemos hacer es pedirle a Dios que nos muestre como hacer uso de los recursos que nos ha dado. A entender a qué se refiere con “todas las cosas”, estas cosas son las que ayudan a bien a los que a Dios aman. Aún las duras pruebas que tenemos en la vida sabemos que tenemos victoria porque Dios está guiando nuestras vidas al algo mucho mejor.

El Espíritu Santo nos ayuda a pedir conforme a la voluntad de Dios (Ro.8:26) debemos pedir con fe que él nos dará lo que es mejor y pedirle en el nombre de Jesús (Jn.16:23) Ahora también tenemos la libertad para acercarnos más a Dios, al lugar santísimo, (Hb.10:22) Allí donde mora su misma presencia. Cuando despreciamos esta bendición estamos perdiendo muchas bendiciones y por ello a veces vivimos vidas miserables, por no orar, por no morir a nosotros mismos.

CAPITULO 11: Victoria sobre el enemigo La guerra espiritual llegó a un punto crucial, Satanás fue derrotado a través de la muerte y resurrección de Cristo. La victoria ya fue ganada. Toda esta victoria sobre el diablo está a nuestra total disposición. Mayormente ignoramos esta victoria obtenida y vivimos en derrota, sin embargo como dice la Escritura somos más que vencedores por medio de Aquel que nos amó.(Ro.8:37) También Pablo escribe que Jesús “desarmó a los poderes y las potestades” y “los humilló en público al exhibirlos en su desfile triunfal” (Col.2:15) ¿Cómo podemos ignorar esta victoria tan grande? ¿Si Dios está de nuestra parte quien puede estar en contra de nosotros? Nada ni nadie nos podrá separar del amor de Cristo. Debiéramos reflejar esa victoria en nuestras vidas diarias pero sucede que no la vivimos, sino que la ignoramos o es más la olvidamos y hasta rechazamos voluntariamente. Dios utiliza la dolorosa disciplina para corregirnos y librar nuestra alma de la muerte. El diablo no puede actuar más allá de lo que Dios le permita, sin embargo cuando Dios nos castiga como a hijos él lo hace de una manera severa. Dios destruyó a la nación de Israel, su castigo fue severo. Dios nunca permitió al diablo que hiciera algo así con su pueblo. Es importante diferenciar lo que proviene como castigo divino de lo que es el obrar de Satanás. Si es de Dios pues no nos resistiremos a ser corregidos y daremos gracias; si es de Satanás, estaremos confiados que Dios está en control, que nada escapa a su voluntad, si lo permite es para nuestro bien y que todo tendrá un buen final.

CAPITULO 12: Tome y lleve su cruz Aquí se nos habla del costo de luchar personalmente contra el pecado. Enfrentarse contra el pecado es el motivo central de la vida cristiana. Significa que esta lucha es central en nuestra vida. El que no toma su cruz no es digno de él, tampoco puede ser su discípulo. (Mt.10:38; Lc.14:27) no hay término medio en esto, lo tomas o lo dejas. Debemos mirar al pecado como Cristo, como lo que es abominable y horrible, a veces pasamos por alto las consecuencias desastrosas que trae. No podemos seguir jugando con el pecado, debemos se radicales y destruir todo aquello relacionado al pecado en nuestras vidas. Llevar nuestra cruz y seguirle significa odiar el pecado y vivir vidas en santidad y en obediencia a Dios.

CAPITULO 13: Lo que nuestro pecado es en realidad El pecado es tan malo como Dios dice que es. Dios no estaba jugando con el pecado cuando permitió que su Hijo sea crucificado. Él intenta terminar para siempre con cada pecado de la vida de cada persona que llama, algún día estaremos en su presencia y seremos sin mancha, esa es la meta.

Entonces no es correcto pensar que podemos cometer pecados “inocentes” como las “blancas mentiritas”, debemos rechazar toda oferta de pecado por más inocente y superficial que parezca, pecado es pecado y debiera ofendernos, debiéramos sentir repugnancia y destruirlo. Siendo así debemos pedir en oración que el Espíritu Santo nos haga sensibles frente al pecado en todas las áreas de nuestra vida. Las figuras que tenemos del sacrificio de los mansos corderos por el pecado de los hombres, nos debe llevar a pensar en el alto costo de la vida de nuestro Señor, quien tuvo que dejar su sangre en la cruz para satisfacer las demandas por nuestro pecado. Una vez Dios quiere que odiemos el pecado como él lo hace. Es por eso que cuando tomamos la cena del Señor debemos examinarnos para no tener ningún pecado que no haya sido confesado. Nuestro pecado es rebeldía contra Dios, es transgredir la Ley de Dios. Dios tiene el derecho de esperar que sus hijos lo busquen para conocer y comprender la voluntad del Padre. Pecado también es transgredir, sobrepasar los límites que puso Dios para guardarnos, también está la palabra iniquidad que quiere decir desviación o perversión del modelo o diseño divino. Toda forma de pecado trae la muerte. Ni que decir de las terribles consecuencias del pecado que inevitablemente tendremos que sufrir aunque los pecados hayan sido perdonados. Hay cosas que nunca volverán a ser como antes, perderemos muchas bendiciones y por el contrario nuestras vidas quedaran marcadas por el dolor y es sufrimiento. Nuestro pecado también afecta a los que nos rodean, a nuestras familias, iglesias, trabajo, etc. Si continuamos cargando con nuestro pecado nuestro corazón y nuestra vida, esto puede hacerse más profundo y prolongar un peso en los corazones de nuestros seres queridos. Entonces no es suficiente con confesar el pecado sino también debe haber una actitud de arrepentimiento, significa un cambio de actitud.

CAPITULO 14: Su pecado y la cruz de Cristo Es imposible que uno sea salvo si no ha evidenciado un cambio de actitud en su vida. Es solo Dios en su misericordia que puede producir un verdadero arrepentimiento. Nosotros somos como las ovejas que no podemos encontrar el camino a casa si alguien no nos guía. No es la fe en Cristo que nos salva sino es la gracia de Dios y su provisión. La fe es esa mano extendida que recibe el regalo de la salvación. (Ef.2:8) Creer en el es absolutamente esencial. Debemos considerarnos muertos al pecado, si hemos muerto también resucitaremos con Cristo, esto quiere decir que no solo no llevaremos la misma vida de antes, sino que podremos experimentar una renovación de vida. (Ro.6:4)

CAPITULO 15: Libres de pecado En Cristo tenemos poder sobre le pecado, este ya no nos domina, fuimos hechos libres de su influencia. La nueva vida en Cristo produce gozo y paz que sobrepasan todo entendimiento. Hay un sentido de libertad que no se puede comparar. Esta libertad de la esclavitud del pecado afecta a nuestra actitud hacia Dios y el diario vivir. Es importante diferencial el pecado y los pecados en nuestra vida. El pecado es aquello que produce rebeldía contra Dios y que produce los pecados de cada día. Cualquiera que ha nacido de nuevo todavía tiene que hacer morir cada día el pecado en su vida, pero nunca más practica continuamente

el pecado. Si seguimos las enseñanzas de Cristo y las practicamos, seremos verdaderamente libres del pecado (Jn.8:31-32) En el corazón de nuestro ser, Dios ha colocado su provisión para vivir libres de pecado todo lo que podamos. Aunque aún cometamos pecados, ya no continuamos en pecado, ni permanecemos en pecado. (1 Jn.3:9) el Espíritu Santo nos convence de pecado cuando esto sucede se entristece dentro de nostros y no estamos tranquilos hasta confesarlos y restaurar nuestra relación con Dios. El verdadero cristiano escapa la pecado con horror, no hay tal cosa que decir hoy peco y mañana lo confieso, total “allí donde abunda le pecado, sobreabunda la gracia”, esto es jugar con fuego y tentar a Dios. De ninguna manera los que hemos muerto al pecado ¿Cómo podemos seguir viviendo en él? (Ro.6:25) el que muere queda liberado del pecado (Ro.6:6-7) entonces cuando el pecado llame a su puerta usted dirá que No, lo le dará la mínima opción de entrar.

CAPITULO 16: El camino de la rendición Jesús dijo: el que pierde su vida por causa de mi la hallará. (Mt.10:39). Hay cristianos en otras latitudes que día a día sufren persecución por su fe. Los misioneros en Liberia son maltratados por los rebeldes, muchos de ellos quieren volver a su país de origen sin embargo algo les detiene al recordar que “el siervo no es superior a su maestro, ni el siervo superior a su amo” si el mundo trató mal al Señor no debemos sorprendernos que nos maltraten a nosotros por hacer su voluntad y seguir sus pasos. Es un costo muy alto, padecer pro predicar el evangelio y hasta entregar la vida en martirio. Si el Señor nos llama para ir a las misiones, debemos estar listos para obedecer su voz cueste lo que cueste. ¿Estamos dispuestos a pagar el costo? La cruz no es algo que debamos soportar porque no tenemos otra alternativa, sino es algo que voluntariamente elegimos soportar. Así como Jesús entregó su vida en obediencia al Padre al escoger hacer su voluntad sin poner limitaciones, ni excusas. Cuando hablamos de la cruz de Cristo, estamos hablando de entregarle nuestra vida de tal manera que Cristo pueda expresarse en nosotros y a través de nosotros. (Fil.2:5) Dios mostrará su grandeza a través de nuestra obediencia. Dios quiere darnos lo mejor, nosotros que nos resistimos a su voluntad y preferimos conformarnos a vivir a medias cuando hay muchos más que Dios tiene para nosotros. Jesucristo ha destruido el poder del pecado en nuestras vidas, y nunca más viviremos bajo su dominio. (Jn.8:31-32)

CAPITULO 17: El camino del discipulado La Biblia dice que nosotros somos ovejas del rebaño de Jesús, Sin embargo, como ovejas a veces no seguimos a nuestro pastor, nos ponemos a deambular , nos distraemos con tanta facilidad mientras seguimos las ultimas modas, celebridades o eventos. Olvidamos que todo aquel que se hace amigo del mundo se hace enemigo de Dios. (Stg.4:4) La despreocupación y la simplicidad están entre los fracasos más grandes de los creyentes de hoy en día. Sin la cruz no hay discipulado. Dios nos creó para la eternidad, este paso por la tierra es sólo un tiempo de preparación. No debemos vivir como cualquier persona natural sino debemos vivir enfocados en la eternidad, este no es nuestro hogar, somos peregrinos y extranjeros en este mundo, tenemos un destino mejor ahora y por toda la eternidad. Aunque el camino sea difícil sabemos que el gozo que hay en nuestro corazón y la paz nos da seguridad que estamos andando en el camino correcto. (Hb.12:2)

La cruz es solo temporal, las tribulaciones pasan y la victoria se abra paso, mientras vivimos en este mundo; sin embargo, aún mejor, un día no habrá más cruz cuando estemos con Él por toda la eternidad. Muchas veces queremos un avivamiento pero este no vendrá si antes no hemos experimentado la cruz, ese el doloroso proceso de morir a nosotros y renunciar a todo por amor a Él. Aquel que nos ha llamado a cargar la cruz también lo hará junto a nosotros. Debemos mantenernos unidos a Cristo a través de su Palabra, cuando la leemos deberíamos preguntarnos qué me está pidiendo Dios que haga? Debemos pedir la sensibilidad que nos da el Espíritu Santo para oír la voz de Dios y seguir sus instrucciones. El cristiano anda de rodillas en el camino de la vida, una vida constante de oración. A través de la oración le preguntamos al Señor cuál es su voluntad, no es para pedirle que haga nuestro deseo, sino lo que él quiere hacer.

CAPITULO 18: El camino del testimonio y el ministerio. Dios dejó en nuestras manos la responsabilidad de la redención del mundo entero, Nuestra responsabilidad no es convencer a la gente sino hacerles conocer el mensaje de Salvación, el Espíritu Santo se encarga de lo demás. Dios nos dio el ministerio de la reconciliación. (2Cor.5:18) de gracias hemos recibido, gracia debemos dar; hemos sido consolados para consolar a otros. Nuestra vida se convierte en la residencia de la presencia de Dios que suplica a todos aquellos que nos rodean para que se reconcilien con él. Dios ama al mundo, a sus habitantes, pero rechaza el sistema mundano que Satanás controla. Pablo estaba comprometido con la evangelización del mundo anta entonces conocidos. Debemos evangelizar comenzando por nuestras familias, centro de trabajo, centro de estudios, vecindario, amistades, a cualquier persona que Dios ponga en nuestro camino. En resumen la cruz de Cristo significa morir al pecado, renunciar a uno mismo y a lo que uno posee, permitir que Cristo viva su vida en nosotros, ser un digno representante de Cristo de tal manera que los demás vean a Cristo en nosotros. Jesús no rehuyó la cruz ¿Por qué nosotros no movemos un dedo para llevarlo? Nos hemos conformado a decir “será la voluntad de Dios” y nos hemos acomodado a vivir un cristianismo aparente, una religión más. Oración: Señor Jesús, tu sufriste la cruz por mí, diste todo por mi. No me dejes vivir si no puedo al menos vivir por ti, sólo así y entonces quizás alguna vez podría morir por ti. Si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto. Jn.12:24 ---fin---

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