DOSSIER

NÚMERO 47 ABRIL / JUNIO 2013
6



E
s
p
a
ñ
a

y

A
n
d
o
r
r
a
.

9
,
5
0



E
u
r
o
p
a
.
El mundo
de la clase media
6 EUROS
9
7
7
1
5
7
9
3
3
7
0
0
2
0
0
0
4
7
James K. Galbraith, Stewart Lansley, Nicolas Bouzou, Pierre Hassner,
Marc F. Plattner, Anthony B. Atkinson, Andrea Brandolini,
Branko Milanovic, Hans-Peter Blossfeld, Richard Wilkinson,
Kate Pickett, Jared Bernstein, Cheng Li
001 PORTADA V.O.indd 1 12/03/13 12:54
www.agbar.es
El agua. Nuestra razón de ser
Líderes en el desarrollo de soluciones integradas del agua. Referentes mundiales en su gestión.
Aportamos conocimiento, experiencia y compromiso para garantizar el acceso al agua y mejorar su calidad.
Impulsamos la investigación para responder a los retos de la sociedad y del medio ambiente.
Innovamos para resolver las necesidades de las personas y las empresas.
Trabajamos, con eficiencia y responsabilidad, al servicio de millones de ciudadanos: de Nueva York a Santiago
de Chile, de Bristol a São Paulo, en Barcelona o Cartagena de Indias, de Lima a Alicante, en Orán o Granada…
Cerca de ti. Tan lejos como el agua nos lleve
Agbar 1 26/02/13 11:52
VANGUARDIA | DOSSIER 3
E D I T O R I A L
a clase media no es un país, es un mundo. Aristóteles, el padre
de la ciencia política, aseguró que la mejor comunidad polí-
tica es aquella en la que el poder está en manos de la clase
media porque confina los extremismos políticos a un papel
marginal, da estabilidad y ayuda al crecimiento económico.
Bien lo sabía Henry Ford, que convirtió a sus trabajadores en
clientes de sus automóviles. Y bien lo sabe también el presi-
dente de Estados Unidos, Barack Obama, quien en el discurso
sobre el estado de la Unión del pasado 13 de febrero anunciaba una serie de
medidas para recuperar la vitalidad de la clase media estadounidense, “nues-
tra verdadera maquinaria de crecimiento”.
La crisis económica ha hecho que aumenten las desigualdades y que
mengüe la clase media en las democracias occidentales. VANGUARDIA
DOSSIER dedica esta monografía a analizar hasta qué punto hay un declive
de la clase media y si puede tener un efecto desestabilizador en las sociedades
democráticas. Tanto la clase media como la democracia parecen hallarse
perpetuamente amenazadas, pero es muy difícil hacerlas caer (Plattner). Las
clases medias, consideradas como un baluarte contra las formas no democrá-
ticas de gobierno, no van a desaparecer (Milanovic), pero sí van a disminuir,
así como su representación política, lo que va a generar una crisis de identi-
dad en Occidente con dañinas consecuencias (Bouzou). En el orden del día de
Europa hay temor a un cierto recrudecimiento de las tendencias fascistas o
racistas como consecuencia de este declive social (Hassner). Hay incluso quien
recuerda que la sociedad yugoslava era de clase media y se desintegró, y con
ella el país (Galbraith), para alertar contra las políticas de extrema austeridad
impuestas a los países del sur de Europa. Porque un sistema edificado sobre
niveles excesivos de desigualdad se descompone (Lansley) y sus sociedades
tienden a presentar un cuadro menos saludable (Wilkinson y Pickett).
El proceso de globalización ha hecho que las desigualdades impacten en
las diferentes clases sociales (Blossfeld) de manera muy distinta. Ingresos,
riqueza y ocupación (Atkinson y Brandolini) de las clases medias se han visto
afectados. En el mundo occidental decrecen, pero en Asia crecen. En China,
por ejemplo, con un emergente sector de la población que constituye, en sí
mismo, un testimonio de las dinámicas políticas puestas en marcha (Li). En
Estados Unidos, por el contrario, la clase media está en declive porque no ha
logrado beneficiarse del crecimiento de la economía (Bernstein). Quienes se
beneficiaron fueron solo unos pocos estadounidenses.
La receta, pues, parece evidente: cuanta más clase media en el mundo,
mejor. Un mundo sin desigualdades, ni demasiado rico, ni demasiado pobre,
como diría Aristóteles,
L
Álex Rodríguez
Ni demasiado rico,
ni demasiado pobre
ILUSTRACIONES DE CRISTINA SAMPERE
003 EDITORIAL.indd 3 01/03/13 10:21
4 VANGUARDIA | DOSSIER
6| El destino de la clase media
por James K. Galbraith
La situación de la clase media, que fue la respuesta dada por los
norteamericanos del siglo XX al Viejo Mundo decimonónico, se
encuentra hoy amenazada, tanto en Estados Unidos como en Eu-
ropa. Más que en el nivel de vida, los efectos más importantes y
duraderos de la crisis están relacionados con la seguridad finan-
ciera, los servicios públicos y las perspectivas de progreso futuro.
12| LA CLASE MEDIA GLOBAL
14| El auge y la caída
por Stewart Lansley
Las clases medias de los países desarrollados están en declive
desde los años 70. La brecha laboral entre los profesionales muy
bien pagados y los empleados de sueldos medios que comenzó en
Estados Unidos y el Reino Unido ha adquirido caracteres globales
y términos como ‘vaciamiento’ y ‘estrujamiento’ de las clases me-
dias se ha incluido ya en el léxico político.
20| ¿Qué políticas públicas son posibles
cuando las clases medias desaparecen?
por Nicolas Bouzou
Las clases medias, esa parte de la población que está en condicio-
nes de acceder a los bienes de consumo corrientes, no han desapa-
recido en Occidente ni desaparecerán. Pero disminuyen tanto en
número como en representación política, lo que se traduce en una
crisis de identidad con unas presumibles consecuencias nocivas.
26| Del declive al conflicto
por Pierre Hassner
Aristóteles y Tocqueville ya alertaron de los peligros que para la
estabilidad interna y las relaciones entre países plantearía un de-
clive de las clases medias. Las crisis que, por distintos motivos,
están afectando hoy a este grupo social introducen elementos de
inseguridad e inestabilidad de imprevisibles consecuencias. Más
que entre grupos locales, es presumible un futuro choque entre las
clases medias de los países ricos y las de los emergentes.
30| UNA RADIOGRAFÍA DE LA CLASE MEDIA
32| Un aviso para la democracia liberal
por Marc F. Plattner
Las democracias liberales del futuro no funcionarán si las clases
medias no se ven compensadas por su trabajo y su moderación.
Además, los efectos pueden ser muy negativos si se relajan sus
valores morales. Sin embargo, y aunque perpetuamente amena-
zadas, es muy difícil que caigan, tanto la clase media como la de-
mocracia liberal. Aparte de que, ¿con qué podrían ser sustituidas?
.
SUMARIO
ABRIL / JUNIO 2013
004 SUMARI V.O.indd 4 12/03/13 13:20
VANGUARDIA | DOSSIER 5
38| ¿Desaparece la clase media en Occidente?:
una advertencia
por Anthony B. Atkinson y Andrea Brandolini
No hay acuerdo sobre los efectos prácticos de la desigualdad
sobre la ciudadanía. La mayoría de los sociólogos tiene en cuen-
ta el prestigio y el estatus profesional, mientras que los econo-
mistas se centran en los ingresos, el crecimiento, el consumo y
también por su contribución a la estabilidad social y política.
44| ¿Se ha acabado el ‘período especial’
del capitalismo?
por Branko Milanovic
¿Está el capitalismo amenazado por la desigualdad? No, por lo
menos a medio plazo. Ante unas clases medias cada vez menos
numerosas, económicamente más débiles y con una desigualdad
en aumento, el capitalismo, que aparece hoy como un bastión
inexpugnable, está recuperando sus características ‘naturales’.
48| CLASE MEDIA A LA BAJA
50| Globalización y desigualdad. Clases sociales
cambiantes en Europa y Estados Unidos
por Hans-Peter Blossfeld
La globalización, que en los últimos 20 años ha tenido un fuer-
te impacto en la estructura de la desigualdad social, presenta
aspectos positivos y negativos. Aumenta el nivel de vida y la
productividad, pero propicia acontecimientos inesperados en
el mercado del trabajo y rápidos cambios en la sociedad.
58| Sociedades disfuncionales:
¿por qué tiene importancia la desigualdad?
por Richard Wilkinson y Kate Pickett
Para algunos la desigualdad causa divisiones y desgasta a la
sociedad, para otros es un estímulo para el esfuerzo y la creativi-
dad. Los datos demuestran que donde las diferencias entre ricos
y pobres es menor, la vida social es más intensa, la gente es más
solidaria, hay menos violencia y la esperanza de vida es mayor.
60| A MÁS DESIGUALDAD, MÁS PROBLEMAS SOCIALES
62| DISTRIBUCIÓN DE LOS INGRESOS-DESIGUALDAD
64| Estados Unidos:
desigualdad, poder e influencia
por Jared Bernstein
Entre 2007 y 2010 los activos medios de una familia estadounidense
de clase media cayeron en un 40 por ciento, lo que ha dado lugar al
calificativo de “década perdida” para este sector de la población.
Ante esta dinámica a la baja, las preguntas son inevitables: ¿por qué
se producen? y ¿por qué carece de respuestas el sistema político?
68| LAS CLASES MEDIAS EN LA HISTORIA
(SIGLOS XVIII-XXI)
74| Una fascinante eclosión
en el Reino del Centro
por Cheng Li
La fulgurante aparición y el explosivo crecimiento de la clase
media en China es uno de los fenómenos más fascinantes de la
historia: nunca tantas personas habían hecho tantos progresos
económicos en una o dos generaciones. La importancia de esta
clase emergente trasciende, sin embargo, el estricto ámbito de
la economía. Hoy, las dudas son inevitables: ¿qué impacto tendrá
la nueva clase media china sobre la estructura social y política del
país y cómo influirá en el escenario internacional?
92| TEXTOS ORIGINALES



81| LIBROS
84| LITERATURA
86| CINE
88| VIAJES
90| WEBS
PARA SABER MÁS
VANGUARDIA DOSSIER
www.vanguardiadossier.com
Número 47 / AÑO 2013
Editor: Javier Godó, Conde de Godó
Consejera editorial: Ana Godó
Director: José Antich
Director adjunto: Álex Rodríguez
Redacción: Joaquim Coca / Toni Merigó,
Marc Bello (diseño e infografía)
© LA VANGUARDIA EDICIONES S.L.
BARCELONA, 2007. TODOS LOS
DERECHOS RESERVADOS.
Esta publicación no puede ser repro-
ducida; ni en todo ni en parte, ni
registrada en, o transmitida por, un
sistema de recuperación de infor-
mación, en ninguna forma ni por
ningún medio, sea mecánico, foto-
químico, electrónico, magnético,
electroóptico, por fotocopia, o cual-
quier otro, sin el permiso previo por
escrito de la empresa editora.
Edita La Vanguardia Ediciones, SL.
Avenida Diagonal, 477, 9.ª planta.
08036 Barcelona.
cartas@vanguardiadossier.com
Publicidad: Publipress Media, SA.
Av. Diagonal, 475. 08036 Barcelona.
Tel.: 93 344 31 20.
jbuendia@publipressmedia.com
Suscripciones y distribución:
Polígono Industrial Zona Franca.
Calle E, 1, 2.ª planta. 08040 Barcelona.
Tel.: 93 361 36 22. Fax: 93 361 36 68.
dyr@dyrsa.es
Depósito Legal: B-12.026.02
ISSN: 1579-3370
Preimpresión:
La Vanguardia Ediciones, SL.
Impresión: Jiménez-Godoy, S.A.
DOSSIER
Patrocinado por
004 SUMARI V.O.indd 5 12/03/13 13:20
6 VANGUARDIA | DOSSIER
006 JAMES K. GALBRAITH C1.indd 6 27/02/13 20:20
VANGUARDIA | DOSSIER 7
El destino
de la clase media
James K. Galbraith
PROFESOR DE LA ESCUELA LYNDON B. JOHNSON DE ASUNTOS
PÚBLICOS DE LA UNIVERSIDAD DE TEXAS (AUSTIN). SU ÚLTIMA
OBRA ES DESIGUALDAD E INESTABILIDAD: UN ESTUDIO DE LA ECONOMÍA
MUNDIAL JUSTO ANTES DE LA GRAN CRISIS (OXFORD UNIVERSITY
PRESS), 2012.
A CLASE MEDIA FUE LA RESPUESTA DADA POR LOS ESTADOS
Unidos del siglo XX a la Europa decimonónica; dicho
con mayor precisión, la respuesta dada por Franklin
D. Roosevelt y Lyndon B. Johnson a David Ricardo y
Karl Marx.
A juicio de los economistas europeos del siglo
XIX, había tres clases sociales: propietarios, capitalis-
tas y trabajadores. Los propietarios ganaban rentas,
privilegio derivado de la posesión de un título de
propiedad de la tierra que no comportaba la obligación de trabajar. Los
alimentos baratos del Nuevo Mundo socavaron su posición en Gran
Bretaña; la revolución y la guillotina hicieron lo propio en Francia. Tal
circunstancia permitió que hiciera su aparición un mundo polarizado
en torno a las realidades del capital y el trabajo, de burgueses y proletarios
al tiempo que la riqueza se concentraba permanentemente entre los ricos
y la miseria no se mitiga-
ba en ningún caso entre
los pobres. El Capital de
Marx describe las pési-
mas condiciones del tra-
bajo en talleres y fábri-
cas a mediados del siglo
XIX, situación que hizo
predecible un futuro de
agitación y levanta-
mientos conducente al comunismo; en el siglo XX, sus seguidores en
Rusia, China, Vietnam y otros lugares dijeron que cabalgaban sobre esta
ola histórica.
Pero, por supuesto, en la Europa industrializada las cacareadas
revoluciones de los trabajadores nunca triunfaron. En su mayoría fue-
ron contrarrestadas por un aumento continuo del nivel de vida que
L
La clase media fue la respuesta
que dio Estados Unidos en el
siglo XX a una Europa decimonónica
que propició un mundo polarizado
en torno a las realidades
del capital y el trabajo
006 JAMES K. GALBRAITH C1.indd 7 27/02/13 20:20
8 VANGUARDIA | DOSSIER
E L DE S T I NO DE L A C L AS E ME DI A
propició una tregua de clases, como ob-
servó Keynes en Las consecuencias económicas
de la paz: “Por una parte, las clases trabaja-
doras aceptaron por causa de ignorancia
o impotencia –o bien fueron obligadas a
aceptar, persuadidas o engatusadas por
los hábitos, los convencionalismos, la
autoridad y el orden bien asentado de la
sociedad– una situación en la que solo
podían considerar suya una porción muy
escasa del pastel, que tanto ellos como la
naturaleza y los capitalistas contribuían
a confeccionar. Y, por otra parte, se permi-
tía a las clases capitalistas calificar de su-
ya la mejor porción del mismo pastel que,
en teoría, eran libres de consumir bajo la
tácita condición de que consumieran una
pequeña parte de él […] De este modo cre-
ció el tamaño del pastel.” La guerra abier-
ta entre el capital y el trabajo en Europa
fue poco común y solo estalló en circuns-
tancias de caos excepcional como por
ejemplo en París en 1870, Baviera en 1918
o Barcelona en 1936. En sentido más am-
plio, la solidaridad internacional solo ra-
ras veces eclipsó el nacionalismo; así, en
dos ocasiones, las clases trabajadoras de
Europa se enfrentaron en conflictos bru-
tales. Como observó el sociólogo Giovan-
ni Arrighi, el conflicto canónico del siglo
XX entre el capital industrial y el mundo
obrero organizado tuvo lugar en Detroit,
Michigan, y culminó en la planta indus-
trial de River Rouge de la empresa Ford en
1941, donde los Trabajadores de la Au-
tomoción Unidos (UAW en inglés) ini-
ciaron una gran era de sindicalismo in-
dustrial en Estados Unidos. Y la conse-
cuencia tras la guerra en lo que atañe al
mismo país no fue la revolución violenta,
sino una potente aceleración del New
Deal (Nuevo Pacto Social).
El New Deal, la Segunda Guerra
Mundial y (posteriormente) la Great
Society forjaron la clase media estado-
unidense sobre la base del desarrollo in-
dustrial y el petróleo barato de proceden-
cia nacional. El propio Nuevo Pacto Social
aportó la seguridad social, un salario
mínimo, la ley de relaciones laborales, los
programas de apoyo a la agricultura y
ganadería, el empleo en las obras públi-
cas y la construcción de una red nacional
de carreteras, aeropuertos, escuelas, tú-
neles, puentes y otras instalaciones, así
como un programa de vivienda que echó
los cimientos de una sociedad con acceso
a la propiedad de la vivienda. La circuns-
tancia de la guerra, posteriormente, mo-
dificó la situación financiera de la clase
obrera estadounidense, que pasó de vivir
precariamente a convertirse en el acree-
dor principal del sector público del país.
Bajo el mandato de Lyndon B. Johnson, la
Great Society agregó un importante ele-
mento de seguro sanitario (programas de
atención Medicare y Medicaid) y abrió el
Estado de bienestar a personas de color
antes excluidas. Por consiguiente, la clase
media creció y los índices de pobreza en
Estados Unidos disminuyeron.
En Europa, las cosas evolucionaron
de modo mucho más desigual. En el norte,
una tradición de socialdemocracia que
databa de los años 30 del siglo XX forjó las
pequeñas pero muy prósperas aunque
abiertas sociedades de clase media que
siguen existiendo en la actualidad. La
Alemania occidental de la posguerra, go-
bernada por democristianos y socialde-
mócratas, siguió una vía simi-
lar. En las otras importantes
democracias de Europa occi-
dental (Francia e Italia), los
sindicatos eran más débiles,
los comunistas más fuertes, el
conflicto de clase más agudo
y el progreso hacia una men-
talidad de clase media (defi-
námoslo como la fusión de
orígenes de clase trabajadora
con hábitos burgueses) me-
nos marcado. En España y
Portugal (y durante un tiem-
po también en Grecia) persis-
tió el fascismo y con él las
ideologías de la disidencia y la
resistencia. En el este de Eu-
ropa, por otra parte, el comu-
nismo impuso un régimen obrero a las
sociedades en cuestión que ansiaron con-
vertirse en sociedades de clase media de-
jando atrás modelos identitarios marchi-
tos que aún imperaban, hasta cierto pun-
to, en determinadas partes de Occidente.
Luego el comunismo cayó, Europa fue una
y durante un tiempo dio la impresión de
que la identidad normal y corriente pro-
pia de clase media tan común y dilatada
en Estados Unidos se convertiría también
en regla universal europea.
Al propio tiempo, la percepción de
Estados Unidos como bastión de la clase
media resultó desfigurada por el ascenso
de Reagan y su visión de libre mercado
que ensalzaba al rico y emprendedor por
encima del consumidor y del funcionario.
La proyección del reaganismo respecto a
la perspectiva mundial acerca de Estados
Unidos fue tan lograda que los intelectua-
les estadounidenses adoptaron también
ampliamente tal perspectiva, de modo
que el destino de la clase media ha consti-
tuido una preocupación en las mentes de
los pensadores progresistas de Estados
Unidos durante la última generación.
Tales preocupaciones cuentan con cierto
fundamento. Los sindicatos han ido per-
diendo fuerza desde los años 60 y su decli-
ve se aceleró debido a olas sucesivas de
desindustrialización en los años 80. La
creciente desigualdad en materia de ren-
ta data del mismo período y alcanzó ci-
mas históricas alrededor del año 2000
bajo un creciente temor en
el sentido de que una nue-
va plutocracia compuesta
de expertos informáticos,
ricos del sector del petró-
leo, propietarios de casi-
nos, magnates de medios
de comunicación y banque-
ros se han apoderado del
país. Y toda la mescolanza
que viene a ser la red de se-
guridad estadounidense
hace las veces de prueba
(según el sentir de algunos)
de que Estados Unidos no
está a la altura de los nive-
les europeos (queriendo de-
cir, normalmente, Escan-
dinavia) de bienestar social.
Con todo, la clase media estadouni-
dense y los programas que le prestan
atención han ido ampliándose hasta fe-
cha reciente. En la fase de prosperidad de
finales de los años 90, Estados Unidos
mostró índices de pleno empleo durante
cuatro años y los índices de pobreza en el
caso de la población negra e hispana al-
canzaron cifras positivas nunca iguala-
A partir de 1945,
en el norte
de Europa
y Alemania
se forjó la clase
media que
persiste hoy
en día, en Italia
y Francia los
conflictos fueron
más agudos y
en España
y Portugal
se impuso
el fascismo
006 JAMES K. GALBRAITH C1.indd 8 27/02/13 20:20
VANGUARDIA | DOSSIER 9
E L DE S T I NO DE L A C L AS E ME DI A
Los dos
grandes
factores de
presión que en
la actualidad
inciden sobre
la clase media
de Estados
Unidos son la
caída del valor
de la vivienda y
la degradación
del nivel de
los servicios
públicos locales
das, hecho que permitió que amplios sectores de
ambos grupos de población avanzaran de modo
constante hacia una posición propia de clase me-
dia e incluso algunos, cabría decir que de modo
indefectible, entraran en los círculos dirigentes. Y,
pese a la atención prestada por entonces a la refor-
ma del sistema de bienestar, la verdad es que la red
de seguridad social y sanitaria sobrevivió al man-
dato de Reagan y ha seguido creciendo mediante
una ampliación del impuesto sobre la renta bajo
Clinton, mayor cobertura de fármacos a través de
Medicare con Bush y un seguro sanitario universal
–de un cierto tipo– bajo Obama.
Cabría pensar que tales medidas habían dado
cumplimiento al proyecto de la clase media esta-
dounidense al tiempo que continuaba evolucionan-
do en Europa gracias a la convergencia en la zona
euro. Pero, por el contrario, sobrevino la gran crisis
financiera y en la actualidad la situación de la clase
media en ambos continentes se halla amenazada,
si bien –de nuevo– de forma distinta y, como razo-
naré, con distintas perspectivas según el caso.
En Estados Unidos, la existencia de un amplio
gobierno federal que controla y supervisa la econo-
mía ha ejercido un poderoso efecto estabilizador
sobre la renta y el nivel de vida. Cuando golpeó la
crisis, las transferencias de pagos –en seguro de
paro, seguro de discapacidad, cupones de comida,
seguridad social y conceptos similares– subieron
(aproximadamente) la asombrosa cantidad de ocho
puntos porcentuales del PIB, de modo que mientras
el empleo y la producción cayeron diez puntos, la
caída del nivel de ingresos y consumo fue solo de
dos puntos porcentuales. El nivel de vida diario en
Estados Unidos cayó escasamente en la mayoría de
sitios y para la mayoría de las personas. Y, por su-
puesto, los depósitos bancarios estaban protegidos
mediante seguro, de modo que las personas con
moderadas reservas financieras que no conllevaban
riesgos financieros prácticamente no perdieron
nada en las dimensiones mencionadas; a diferencia
de los años 30, la clase media no fue barrida del
mapa por la gran demanda de fondos en los bancos.
Los que sí cayeron en Estados Unidos fueron
los tipos de interés, la cotización de las acciones (al
menos durante un breve período) y –más lenta-
mente, pero de forma determinante– el valor de la
vivienda. Los dos primeros factores afectan sobre
todo a quienes poseen dinero para ahorrar; se tra-
ta, por definición, de problemas que principalmen-
te se plantean a los ricos. La construcción de vivien-
da, asimismo, ha caído pero muchas de estas per-
sonas eran inmigrantes que empezaban, no
miembros de la clase media, y no tardaron en
desaparecer de la mano de obra estadounidense.
Muchos otros trabajadores que perdieron el em-
pleo aportaban el segundo o tercer sueldo en el
hogar, tenían varios empleos o eran trabajadores
mayores que podían acogerse a la prejubilación de
acuerdo con el sistema de seguridad social o subsi-
dio por discapacidad; y en estos casos, asimismo,
los efectos se ven amortiguados por las circunstan-
cias familiares o los programas públicos de ayuda.
El factor de mayor importancia para la clase
media estadounidense es el de la caída del valor de
la vivienda. Dado que un amplio sector de familias
estadounidenses viven en viviendas que valen me-
nos del dinero que deben, no es posible una refinan-
ciación y la venta es también difícil, ya que hay que
poner dinero sobre la mesa para liquidar la hipote-
ca. Lo que ello representa para la mayoría de la
gente es que ha desaparecido una reserva de poder
de compra y, con ella, la posibilidad de mudarse
fácilmente de la vivienda actual a la próxima, ya sea
para acomodarse a las necesidades de una familia
creciente o menguante, para cambiar de empleo o
para disfrutar de mejor clima a la hora de la jubila-
ción. En el caso de millones de personas, concurre
incluso la amenaza de apertura de juicio o desalojo,
aunque esto no quiere decir que una gran parte de
estadounidenses que son propietarios vaya a ir de
hecho a juicio, ni tampoco representa esto último
una catástrofe financiera pues en muchos casos
quienes han de hacer frente a una hipoteca pueden
dar la vivienda, mudarse a otra y verse libres a con-
tinuación de la carga del pago de los plazos de la
hipoteca (en este sentido, la ley estadounidense,
pese a cambios recientes, sigue favoreciendo mu-
cho más a los deudores que en el caso de España).
De todos modos, hay que convenir que se trata de
una situación difícil y desagradable.
La otra gran causa de presión sobre la clase
media estadounidense es la degradación del nivel
de los servicios públicos locales debido a menores
ingresos en concepto de impuestos en los niveles
inferiores de la Administración. Es una situación
más perceptible a causa de los recortes en el sector
de la enseñanza pública, cuya calidad desciende,
que coincide con un auge de otras opciones como
escuelas no públicas. Todo ello, en unión de los
mayores costes de la enseñanza universitaria, in-
crementa la presión financiera sobre los hogares
de clase media, para los que matricular al hijo o a
la hija en una facultad de prestigio se ha converti-
do en un importante símbolo de estatus cultural.
Los debates sobre el acceso a una plaza universita-
ria –incluidos los relativos a la discriminación po-
sitiva, que beneficia sobre todo a la población ne-
006 JAMES K. GALBRAITH C1.indd 9 27/02/13 20:20
10 VANGUARDIA | DOSSIER
E L DE S T I NO DE L A C L AS E ME DI A
gra e hispana– alcanzan una intensidad en Estados
Unidos que no se observa en ningún otro lugar del
mundo y ello a pesar de que las plazas universita-
rias no son escasas. Otros factores de presión sobre
el margen de actuación de los gobiernos locales
se refieren a la demora en el mantenimiento de las
carreteras y las redes de suministro público, los
horarios más reducidos de bibliotecas y parques y
la disminución de servicios de carácter medioam-
biental; todo esto ha repercutido notablemente en
la calidad del nivel de vida, circunstancia que ex-
perimentan sobre todo quienes viven en la perife-
ria de la vida cotidiana común.
En resumen: aunque la quiebra financiera del
006 JAMES K. GALBRAITH C1.indd 10 27/02/13 20:20
VANGUARDIA | DOSSIER 11
E L DE S T I NO DE L A C L AS E ME DI A
Cabe confiar
que en Europa
haya países
capaces
de resistir
y rechazar
las aplastantes
fuerzas
del dogma
económico
que se imponen
en una periferia
asfixiada
por el fardo
de la deuda
sector de la vivienda diezmó sobre todo a los ba-
rrios pobres en muchas localidades estadouniden-
ses y dejó vacías muchas viviendas de nueva cons-
trucción, aunque el asunto supuso la pérdida de
millones de empleos y expulsó a mucha gente del
mercado laboral y aunque los índices de paro si-
guen siendo muy elevados, los efectos más impor-
tantes y duraderos de la crisis aún no se han dejado
sentir en el nivel de vida cotidiana de la mayoría de
miembros de la clase media. Es más bien una cues-
tión relacionada con la seguridad financiera a
largo plazo, el nivel de los servicios públicos y las
perspectivas de progreso futuro. Se trata, sobre
todo y de momento, de cuestiones de orden psico-
lógico que conllevan situaciones a las que la gente
se amolda. Y, de esta forma, el país sigue funcio-
nando y, aunque la clase media se ve dañada, su
mentalidad y forma de pensar persiste. Esto explica
el hecho de que Estados Unidos sea hasta ahora el
único país de la poscrisis en reponer en su cargo a
un aspirante a la presidencia y por qué las clásicas
preocupaciones de la gente en otoño, del fútbol a
las compras navideñas, no parecen verse alteradas.
Por lo que se refiere a Europa, aun el observa-
dor más ocasional puede ver que mientras la situa-
ción en Alemania y Gran Bretaña es bastante nor-
mal, no es tal el caso de Grecia, España, Irlanda y
Portugal (en Francia y en Italia hay señales contra-
dictorias; se tiene la impresión de que crece la
tensión aunque sin alcanzar un punto crítico).
¿Qué diferencia hay? La diferencia estriba en que
en los países mayores y más fuertes que no han
hecho frente a una crisis financiera, los grandes
déficit presupuestarios han llenado con éxito el
hueco entre gasto y fiscalidad causado por la crisis
y de este modo han estabilizado las rentas privadas
en buena medida. Sin embargo, en los países del
sur y el este de Europa no ha sido así, de modo que
los déficit presupuestarios se vieron acompañados
de elevados tipos de interés y severos programas de
austeridad, adoptando la forma de fuertes recortes
del gasto público e impuestos más altos (principal-
mente a través del IVA) sobre el consumo privado.
Los niveles de vida diarios, por tanto, han caí-
do acusadamente en el sur de Europa. Los niveles
de paro en Europa se han concentrado en estos
países, cuya población trabajadora ha debido plan-
tearse a veces una elección no muy alentadora en-
tre los apuros o la miseria en el propio país y una
posible emigración a lugares donde el panorama
es igualmente desolador. Los salarios y pensiones
de los funcionarios han sufrido recortes mientras
que los tipos de interés han subido, mermando los
fondos discrecionales de una población que carece
en buena medida de reservas financieras. Entre
tanto, los insuficientes servicios públicos han sido
recortados al límite, obligando a numerosos hoga-
res de clase media a gastos extraordinarios no ha-
bituales en sanidad o enseñanza privada. A diferen-
cia de Estados Unidos, las universidades y hospita-
les no gozan de importantes donaciones privadas
capaces de tomar el relevo en caso de restricción de
fondos públicos, lo que significa que la austeridad
presupuestaria se traduce directamente en una
reducción de servicios o en una demanda de pa-
gos suplementarios ampliamente contemplados
en Europa, pero (que sepa el autor de este artícu-
lo) no en Estados Unidos.
En el fondo, la vida propia de la clase media
significa un grado razonable de seguridad finan-
ciera a largo plazo combinado con el acceso a los
servicios básicos como son la educación, la aten-
ción sanitaria y los servicios propios de la vida
urbana. Significa, también, un grado razonable de
existencia libre de la amenaza de la violencia, sea
debida a la delincuencia o a fuerzas políticas orga-
nizadas como es el caso en la Grecia actual y en
ciertas partes de Europa y tal vez en otros lugares.
Los índices de delincuencia han bajado en Estados
Unidos en los últimos años; no han aumentado
sensiblemente desde la aparición de la crisis, y la
violencia tiene lugar en mayor medida en el hogar
que en la calle. En Europa, sectores de población
de determinados países siguen gozando de una
posición próspera, segura y estable. Pero en otros
países no es así.
Y es precisamente en los lugares en que ha
muerto la esperanza, la carga de la deuda es as-
fixiante, las pensiones corren peligro de desapare-
cer, faltan oportunidades de empleo y los servicios
se hallan en vías de desintegración donde se expe-
rimenta en mayor grado la amenaza sobre el estilo
de vida propio de la clase media.
Desgraciadamente, son cosas ya conocidas y
vividas, no hace mucho y no muy lejos. Según los
estándares de su tiempo y lugar, y de acuerdo con
las circunstancias a las que había de hacer frente,
afirmando al mismo tiempo su independencia,
Yugoslavia era un país de clase media. Y la lección
de Yugoslavia es que la violencia y crueldad extre-
mas son realidades que acechan cuando se desin-
tegra una sociedad de clase media. Solo cabe espe-
rar que haya en Europa gente que lo recuerde, co-
mo también países preparados para resistir y
rechazar las fuerzas aplastantes que impone ac-
tualmente el dogma económico sobre una perife-
ria de la Unión Europea que se halla bajo el peso
del fardo de la deuda.
006 JAMES K. GALBRAITH C1.indd 11 01/03/13 10:24
12 VANGUARDIA | DOSSIER
LOS QUE SON…
En los próximos 20 años solo en Europa y América del norte (Estados Unidos,
Canadá y México) las personas pertenecientes a la clase media registrará un
descenso, tanto en número como en porcentaje respecto al total mundial. Parale-
lamente, en los países de Asia-Pacífico el incremento se sextuplicará, pasando de
525 a más de 3.200 millones de personas.
…Y LO QUE GASTAN
En el año 2030, las clases medias de todo el mundo gastarán 55.680 millones
de dólares, un 61 por ciento más de lo que gastaron en 2009. En Europa en el
año 2030 habrá 24 millones de personas pertenecientes a la clase media más
que en 2009, pero sus gastos totales bajarán en un 3 por ciento respecto al total
mundial, en Asia-Pacífico este diferencial será de un 2 por ciento mientras que
en América descenderá en un 5 por ciento.
EUROPA
AMÉRICA DEL NORTE
CENTRO Y SURAMÉRICA
ASIA-PACÍFICO
ÁFRICA SUBSAHARIANA
ÁFRICA DEL NORTE
Y ORIENTE MEDIO
TOTAL MUNDO
EUROPA
AMÉRICA DEL NORTE
CENTRO Y SURAMÉRICA
ASIA-PACÍFICO
ÁFRICA SUBSAHARIANA
ÁFRICA DEL NORTE
Y ORIENTE MEDIO
TOTAL MUNDO
2009 2020 2030 2009 2020 2030
664 (36 %) 703 (22 %) 680 (14 %)
338 (18 %) 333 (10 %) 322 (7 %)
181 (10 %) 251 (8 %) 313 (6 %)
525 (28 %) 1.740 (54 %) 3.228 (66 %)
32 (2 %) 57 (2 %) 107 (2 %)
105 (6 %) 165 (5 %) 234 (5 %)
1.845 (100 %) 3.249 (100 %) 4.884 (100 %)
10.301 (29%) 11.337 (20%)
5.863 (17%) 5.837 (10%)
2.315 (7%) 3.117 (6%)
14.798 (42%) 32.596 (59%)
448 (1%) 827 (1%)
1.321 (4%) 1.966 (4%)
35.045 (100%) 55.680 (100%)
8.138 (38%)
5.602 (26%)
1.534 (7%)
4.952 (23%)
256 (1%)
796 (4%)
21.278 (100%)
Cifras en millones de individuos. Entre paréntesis, porcentaje sobre el total mundial de la clase media. Cifras en millones de dólares (PPA 2005). Entre paréntesis, porcentaje sobre el total de gastos de las clases medias en el mundo.
Nota. El cálculo utilizado en el informe de la OCDE para clasificar a la clase media es la de un individuo cuyos gastos
medios diarios están entre los 10 y los 100 dólares.
PERS PERS PERS ERS PERSONAS ONAS ONAS ONAS ONAS AS DE DE DE DE DE LA LA LLA LA LA
CLAS CLAS CLAS CLAS CL CL E ME E ME E ME E ME E ME M DIA DIA DIA DIA DI DIA
RESP RESP RESP RESP RESPECTO ECTO ECTO ECTO ECTO O A L AA L A L A L A LAAAAAA
POBL POBL POBL POBLLACIÓ ACIÓ ACIÓ ACIÓ ACIÓ ACIÓN TO N T N TO N TO N T N TOTAL TAL AL TAL TAL
00%
CANADÁ 48,2%
RUSIA 38%
UE-27 52,5%
COREA
DEL SUR
47,1%
ESTADOS
UNIDOS
41,9%
BRASIL 35,7%
ESPAÑA 47,5%
TAIWÁN 50,5%
AUSTRALIA 43,1%
ALEMANIA 53%
FUENTES:
Les classes moyennes en Europe
(2011), Centre de Recherche pour
l'Étude et l'Observation des
Conditions de vie (Crédoc), Surrey
Independent Living Council (SILC),
Luxembourg Income Study (LIS),
STATEC, Eurostat, “The emerging
middle class in developing
countries”. Working Paper núm.
285. (2010). OECD Development
Centre, Crédoc, LIS (1980-1990) y
SILC (2009).
LA CLASE MEDIA GLOBAL
El 52,5 por ciento de la población total de la Unión Europea forma parte de las llamadas clases medias. Comparativamente,
el porcentaje de europeos que integran este grupo social supera en 10,6 puntos al de Estados Unidos y en 16,2 al de Brasil.
La adscripción a este grupo social está relacionado con los ingresos por familia según los cálculos más utilizados. Las clases
medias son más numerosas en los países económicamente más desarrollados y en aquellos donde la redistribución sociofiscal
es importante.
No No exi existee un una ú a únic nica d a defin efinici ición ón de de cla clase se med
media ia o d o de c e clas lases es med
media ias.
Los Los nuumer
merosí osísim simos os est estudi udios os ded dedica icados dos a a ell ella p a part arten en de de par paráme
ámetros s
dis istin tintos tos: e : econ conómi
ómicos cos, p , patr atrimo imonia niales les, p , prof rofesi esiona onales les ee cu cultu ltural rales, es, et etcét cétera ra e
.
Prá Prácti cticam cament ente t e todo odos l s los os dat datos os que que ap apare arece cen enn esta inf infogr ografí afía e a está stán n
est establ ableci ecidos dos a a par partir tir de de lo los i s ingr ngreso esos p s por r uni unidad d
fa famil miliar iar re respe specto cto a a la la
med
media ia de de ing ingres resos os del del ca cada da paí país. s. La La cla clasifi sificac cación ión de de cl clase ase me m
dia dias y s y lo los s
cál cálcul culos os uti utiliz lizado ados p s para ara di difer ferenc enciar iar la las d s dist istintas cat catego e
ría rías e s está stán n
bas basado ados e s en l n los os sig siguie uiente ntes p s porc orcent entaje ajes: s:
¿QUIÉNES PERTENECEN
A LA CLASE MEDIA?
CLAS
CLASE ME
E ME
E
DIA:
DIA:
ent entre re el el 70 70 y e y el 1 l 150 50 %%
de e ing ngres resos os de de la la med media. ia.
Las Las pe perso rsonas nas co con u n un n n nive ivel d l e i e ingr ngreso esos i s infe nferio rior a r al 7 l 70 % 0 % de de la la me m
diaa
per perten tenece ecería rían a n al g l grup rupo d o de e e econ conomí
omías as más
más po pobre bres y s y la las q s que ue goz gozara a
n
ing ingres resos os por por en encim cima d a del el 150 150 %% de de la la med
media ia ser serían ían lo los m s más ás ric ricos, os, to todos d
ellos
exc exclui luidos dos de de la la ca categ tegorí oría d a de c e clas lase m e medi edia. a.
CLAS
CLASE ME
E MEDIA
DIA BAJA
BAJ :
ent entre re el el 70 70 77 y e y el 1 l 100% 00%.
CLAS
CLASE ME
E MEDIA
DIA ALTA
ALTA::
ent entre re el el 100 100% y % y el l 1550%. 0
012 UMMA.indd 12 27/02/13 20:02
VANGUARDIA | DOSSIER 13
AUGE Y REGRESIÓN
En algunos países europeos el número de personas pertenecientes a las clases medias está en
retroceso. De 17 países de la Unión Europea, solo siete han experimentado un incremento en
los últimos 20 años. En España el descenso ha sido del 2,3 por ciento.
GRANDES VIAJEROS
Las personas de clase media son grandes consumidores de la
industria del turismo. Este esquema reproduce las variaciones en
millones de llegadas internacionales de viajeros a distintas zonas del
mundo.
EL RÁNKING CONTINENTAL
Según el Banco Mundial, en las próximas décadas alrededor de unos
1.300 millones de personas se sumarán a una nueva “clase media
globalizada”, de las cuales el 90 por ciento vivirá en países en
desarrollo. En la actualidad, Europa encabeza la lista de las regiones
con mayores porcentajes.
ESLOVAQUIA
BÉLGICA
FINLANDIA
REPÚBLICA CHECA
ALEMANIA
SUECIA
POLONIA
LUXEMBURGO
ESPAÑA
AUSTRIA
ITALIA
NORUEGA
PAÍSES BAJOS
DINAMARCA
FRANCIA
REINO UNIDO
IRLANDA
HUNGRÍA
EUROPA
AMÉRICA
ASIA ORIENTAL
Y PACÍFICO
ÁFRICA
ORIENTE MEDIO
ASIA DEL SUR
Porcentaje de la clase media
respecto al conjunto de la población
Evolución en los
últimos 20 años (en %)
AÑOS 1980-1990 AÑO 2009
73,2 61,7 –11,5
64 55,1 –8,9
63,9 55 –8,8
70,3 63,1 –7,2
59,8 53 –6,8
63,6 57,4 –6,2
55,4 51,1 –4,3
60,6 56,9 –3,7
49,8 47,5 –2,3
59,6 58,3 –1,3
50,4 50,6 0,2
60,6 61,1 0,5
60,6 61,5 1
57,9 60,8 2,9
55,5 58,7 3,2
44,6 48,2 3,6
43,1 49 5,9
55,1 63,4 8,3
1995 2020
CRECIMIENTO
ANUAL %
336 717
110 282
81 397
20 77
14 69
4 19
3,1
3,8
6,5
5,5
6,7
6,2
EURO EUROPA PA PPACÍF ACÍF C ICO ICO PPPP
ASIA ASIA
CENT CENTRAL RAL
AM AMÉRIC ÉRICAA
DEL DEL NORT NORTEE
ORIE ORIENTE NTE
MEDI MEDI M OO
ÁFRI ÁFRICA CA
DEL DEL E NORT NORT ORT O EE
ASIA ASIA ASI
DEL DEL ESTE ESTE
1 2 3 4 5 6 7
57,4%
SUECIA
55%
FINLANDIA
49%
IRLANDA
48,3%
PORTUGAL
48,2%
REINO
UNIDO
47,5%
ESPAÑA
50,6%
ITALIA
58,7%
FRANCIA
60,8%
DINAMARCA
61,5%
PAÍSES
BAJOS
53%
ALEMANIA
55,1%
BÉLGICA
50,2%
GRECIA
51,4%
CHIPRE
43,2%
ESTONIA
35,4%
LETONIA
41,4%
LITUANIA
45,6%
RUMANÍA
42,2%
BULGARIA
50,8%
MALTA
51,1%
POLONIA
56,9%
LUXEMBURGO
63,1%
REP.
CHECA
61,7%
ESLOVAQUIA
59,1%
ESLOVENIA
63,4%
HUNGRÍA
58,3%
AUSTRIA
MÁS DEL 60%
ENTRE EL 50% Y EL 60%
MENOS DEL 50%
UE-27
LOS EUROPEOS SON MÁS PRIVILEGIADOS
Aunque en general las clases medias son más numerosas en los países más ricos, en Europa
existen excepciones como, por ejemplo, España, el Reino Unido o Irlanda, donde las clases
medias se sitúan por debajo del 50 por ciento de la población. En contraposición,
Hungría, con un discreto PIB per cápita (PPA) de 9.300 euros, es el país con más hogares
pertenecientes a la clase media (63,4 %). Cinco países cuentan con más del 60 por
ciento de familias de clase media sobre la población total, nueve con menos del 50 por
ciento y el resto, 13 países, entre el 50 y el 60 por ciento.
NIVEL DE INGRESOS
Independientemente del número de sus
componentes, la diferencia de ingresos
salariales en un hogar de Luxemburgo y
otro de Rumanía es de unos 33.500 euros.
LUXEMBURGO 36.585
DINAMARCA 25.380
IRLANDA 24.280
SUECIA 22.135
FINLANDIA 21.980
AUSTRIA 21.890
FRANCIA 21.675
PAÍSES BAJOS 21.450
BÉLGICA 20.830
ALEMANIA 20.075
CHIPRE 19.575
REINO UNIDO 17.620
ITALIA 17.570
ESPAÑA 15.200
ESLOVENIA 13.245
GRECIA 12.800
MALTA 11.060
PORTUGAL 9.400
REPÚBLICA CHECA 7.780
ESTONIA 6.450
ESLOVAQUIA 6.200
POLONIA 5.910
LETONIA 5.760
HUNGRÍA 5.355
LITUANIA 4.910
BULGARIA 3.155
RUMANÍA 2.525
Cifras en euros. Año 2009.
17.065
MEDIA DE
INGRESOS
012 UMMA.indd 13 27/02/13 20:02
14 VANGUARDIA | DOSSIER
014 S.LANSLEY C2.indd 14 28/02/13 13:40
VANGUARDIA | DOSSIER 15
El auge
y la caída
Stewart Lansley
INVESTIGADOR VISITANTE DE LA UNIVERSIDAD DE
BRISTOL Y AUTOR DE EL COSTE DE LA DESIGUALDAD,
POR QUÉ LA IGUALDAD ECONÓMICA ES ESENCIAL PARA LA
RECUPERACIÓN. GIBSON SQUARE (LONDRES), 2012.
ACE CASI UN SIGLO, EL GRAN
magnate de la industria del au-
tomóvil, Henry Ford, manifes-
tó que doblaría la paga a los
trabajadores de la línea de mon-
taje en Detroit, elevándola a
cinco dólares al día. Detroit era
entonces una próspera metró-
polis industrial y creció hasta
convertirse en un símbolo del poder industrial
global de Estados Unidos. En la actualidad, junto
con otros antiguos núcleos fabriles como
Pittsburgh y Cleveland, la ciudad se halla en el
epicentro de lo que se conoce como el “cinturón
industrial en declive” (rust belt, en inglés).
Esta transición del éxito al fracaso explica,
asimismo, otro relato, el del auge y la caída de la
clase media de Estados Unidos. El aparentemente
imparable avance de la clase media estadouniden-
se a lo largo del último siglo se ha detenido y ahora
procede en sentido inverso. Según el presidente
del Consejo de Asesores Económicos del presiden-
te Obama, el profesor Alan Krueger, la clase media
estadounidense ha ido retrocediendo desde los
años 70, de un 51 por ciento entonces a un 42 por
ciento actual.
Puede haber comenzado, en efecto, un proce-
so de retroceso histórico que haya avanzado más
en Estados Unidos, pero el Reino Unido presenta
una tendencia similar que, impulsada por la crisis
global, se extiende por buena parte del mundo ri-
co y desarrollado. Ya en 1956, el famoso sociólogo
Charles Wright Mills señaló que la sociedad esta-
dounidense se había convertido en una figura ca-
H
014 S.LANSLEY C2.indd 15 28/02/13 13:41
16 VANGUARDIA | DOSSIER
E L AUGE Y L A C AÍ DA
racterizada “no por una pirámide de base plana
sino por un rombo de ancha parte central”. Hacia
los años 70, la configuración social del Reino Unido
se adecuaba al modelo rombo con un pequeño grupo
de ricos y de pobres y una ancha parte central. Pero
en la actualidad, ambos países muestran modelos
sociales muy distintos. Se asemejan mucho más a
relojes de arena deformados, con un pequeño en-
sanchamiento en la parte superior, un tronco del-
gado en el medio y un ensanchamiento mayor en
la parte inferior. Un grupo cada vez más amplio de
la población en ambos países ha ido cayendo en
términos de ingresos relativos y de clase, dejando
un gran agujero en la parte central.
En buena parte de la Europa continental, pe-
ro especialmente en España, Portugal, Italia y
Grecia, las sucesivas medidas de austeridad desti-
nadas a reducir los crecientes déficit fiscales han
ido impulsando una tendencia similar, destrozan-
do los medios de sustento tanto de la población de
la parte central como de la mitad inferior del cua-
dro de distribución de los ingresos.
El retroceso de las antes prósperas capas de la
sociedad echa por tierra una de las tendencias so-
ciales más duraderas de la época de la posguerra.
No hace mucho, la creciente riqueza llevó a mu-
chos comentaristas británicos a proclamar el auge
de una creciente clase media, mejor pagada y for-
mada, dispuesta a perseguir una serie mucho más
marcada de aspiraciones al alza. En 1997, el núme-
ro dos del Partido Laborista, John Prescott, mani-
festó: “Ahora todos somos clase media.” Nadie dice
ahora tal cosa.
En cualquier caso, ¿qué queremos decir con
“clase media”? En Estados Unidos, Alan Krueger ha
definido la clase media como el conjunto de aque-
llos hogares con ingresos anuales situados dentro
del 50 por ciento más o menos de la renta media
nacional (el punto medio de la distribución de in-
gresos). En el Reino Unido, el grueso de la clase
media –una mezcla de profesionales, directivos,
personal de ventas y gestores de primera fila– se
sitúa en la mitad superior del cuadro de distribu-
ción de ingresos. El grupo situado a horcajadas del
punto medio abarca un abanico más amplio de
grupos ocupacionales, en una combinación del
tramo inferior de la clase media y del tramo supe-
rior de la clase trabajadora tradicional.
Este grupo de ingresos medios es el que hace
frente a los peores reveses de fortuna. Aunque se
trata de una tendencia provocada por la crisis eco-
nómica global, hunde sus raíces en el rápido y
constante proceso de trastornos económicos e in-
dustriales que dieron comienzo en los años 60 y
empezaron a acelerar a partir de los años 80.
Estados Unidos perdió ocho millones de puestos de
trabajo en el sector industrial entre 1980 y 2009, en
un proceso implacable de desindustrialización que
convirtió los antes prósperos núcleos industriales
prácticamente en desiertos. Sectores enteros de la
población estadounidense, del cinturón industrial
en declive, el rust belt, al llamado “cinturón del sol”
(sun belt) –los antes prósperos estados que se extien-
den de Florida a California– han quedado atrás
debido a la acción de las fuerzas económicas en
acción durante los últimos 30 años.
Un proceso similar ha recortado la parte de la
producción manufacturera nacional en el Reino
Unido de un tercio en 1979 a tan solo un 13 por
ciento en la actualidad, al tiempo que ha contribui-
do a aumentar el paro a niveles muy superiores a
los de los años 50 y 60. Muchos de los nuevos em-
pleos creados en el sector de servicios en expansión
han ofrecido salarios más bajos con respecto a los
que han sustituido.
El factor activo a lo largo de esta evolución
constituye un proceso de lo que los economistas
del mercado laboral han denominado el “vacia-
miento de la clase media”. Desde finales de los
años 70 ha habido un aumento constante de traba-
jos profesionales bien pagados, de los ejecutivos de
empresa a los ingenieros de software, junto a un
aumento del número de empleos mal remunera-
dos, por ejemplo en los sectores de la limpieza, el
comercio minorista y los locutorios. En este contex-
to se han registrado fuertes caídas del número de
empleos con sueldos medios, desde operarios de
planta hasta trabajos administrativos actualmente
automatizados de forma rutinaria.
El Reino Unido acostumbró a tener un amplio
sector de cualificación y empleo de salario medio
que dio trabajo a un nutrido grupo, descrito en una
ocasión por el fallecido Philip Gould, jefe de en-
cuestas laborista de Tony Blair, como “ni privilegia-
do ni desposeído”. Como este grupo ha sido erosio-
nado por la polarización laboral, el resultado es un
país cada vez más dividido entre los “privilegiados”
y los “desposeídos” a los que cabe sumar otro gru-
po mucho menor que no pertenecen a ninguno
de los anteriores.
El auge de la época de empleos basura se ha
visto agravado por otro fenómeno según el cual los
beneficios del crecimiento han sido crecientemen-
te colonizados por una mezcla de grandes empre-
sas y pequeñas elites empresariales y financieras.
Mientras que las grandes empresas globales han
disfrutado de una bonanza económica gracias a los
beneficios obtenidos y el 1 por ciento más alto de
014 S.LANSLEY C2.indd 16 28/02/13 13:42
VANGUARDIA | DOSSIER 17
E L AUGE Y L A C AÍ DA
Las economías
con bajos
salarios es una
constante en
aumento:
en Estados
Unidos uno de
cada cuatro
trabajadores
está mal
pagado,
mientras que
en el Reino
Unido afecta
solo al 20 por
ciento de la
masa laboral
la lista ha visto cómo crecían considerablemente
sus ingresos a ambos lados del Atlántico, la parte
del pastel económico que ha ido a manos de los
asalariados ha disminuido de forma correspon-
diente. Los principales perdedores de tales tenden-
cias han sido los grupos de población de ingresos
medios y bajos. Los reveses de fortuna del británico
y estadounidense medio son en buena medida el
eco fiel del ascenso de la plutocracia y el retorno de
una edad dorada en estos países.
En el Reino Unido, los salarios medios reales
empezaron primero a disminuir el rendimiento
total desde principios de los años 90, luego queda-
ron congelados desde el año 2003 y han estado ca-
yendo desde 2009. En Estados Unidos, este “distan-
ciamiento de los niveles de vida respecto del creci-
miento económico” comenzó incluso antes. En
este caso, los ingresos habituales aumentaron solo
un 13 por ciento durante tres décadas desde 1979.
Tanto Estados Unidos como el Reino Unido se han
convertido, en este proceso, en economías de bajos
salarios. Ambos se sitúan en la parte superior de la
gráfica mundial de países ricos con bajos salarios;
Estados Unidos tiene una cuarta parte y el Reino
Unido una quinta parte de mano de obra con sala-
rios bajos. Otros países con más de una quinta
parte de mano de obra con salarios bajos son
Canadá, Alemania e Irlanda. España no queda a la
zaga con un 16 por ciento, mientras que, por el
contrario, Bélgica, Noruega e Italia tienen menos
del 9 por ciento.
En cierto sentido, la sustitución del trabajo en
la fábrica por empleos administrativos y de oficina
en el Reino Unido ha conducido a una aparente
movilidad social ascendente en la estructura de
clases. A lo largo de cuatro décadas hasta 2007, la
proporción de la población clasificada por los so-
ciólogos como “clase trabajadora” disminuyó de
un 70 al 44 por ciento, mientras que la “clase me-
dia” aumentó del 31 al 55 por ciento.
Pero esta aparente movilidad social ascenden-
te en la estructura de clases constituye, en gran
parte, una ilusión. Si se cataloga la mano de obra
según los ingresos, la configuración social del
Reino Unido se ve de manera muy distinta a si se
clasifica por su posición teórica de clase. Esto se
debe a que el ascenso en la escala de clases no ha
ido acompañado de un aumento paralelo de los
salarios y las oportunidades.
En ciertas áreas del Reino Unido –fuera del
próspero sureste donde se concentra la parte supe-
rior del reloj de arena–, el desplazamiento de la
industria a los servicios ha privado a generaciones
enteras de buena parte de sus objetivos económi-
cos en la vida. Las fábricas en las
antiguas zonas industriales prós-
peras –del sur de Gales a la región
central– han sido reemplazadas
por poco más que aparcamien-
tos, outlets y almacenes. En Stoke,
la antes próspera Staffordshire
Pottery es ahora un B & Q (gran
autoservicio). En el área de
Brierley Hill al oeste, la planta de
procesamiento de carne Marsh
and Baxter, antes la mayor de
Europa, es actualmente un cen-
tro comercial. En estas áreas, los
puestos de trabajo que se ofrecen
suelen ser mal pagados, monóto-
nos e inseguros. Tendencias simi-
lares, aunque generalmente me-
nos pronunciadas, han ido sur-
giendo en otros lugares. “En todos
los países ricos, las ocupaciones de rango medio
parecen estar disminuyendo en relación con el
sector de la población tanto del tercio inferior
cuanto del tercio superior”, dice el profesor Van
Reenen, de la London School of Economics. La
creciente brecha salarial que comenzó en Estados
Unidos y en el Reino Unido ha adquirido un carác-
ter global. De acuerdo con un informe de 2011,
“estamos divididos sobre por qué sigue aumentan-
do la desigualdad”. Del club de países ricos, la
OCDE, más de tres cuartas partes de sus 34 miem-
bros han experimentado un aumento de la des-
igualdad de los ingresos en los últimos 20 años. En
Alemania y Canadá, los salarios han estado conge-
lados durante 10 y 20 años, respectivamente.
Durante la recesión, los ingresos reales han
caído con fuerza en el sur de Europa, en algunos
países hasta en un tercio de promedio. Antes de la
crisis, España había resistido en gran medida la
desigualdad de ingresos cada vez mayor de otros
países. Pero el desplome mundial ha afectado a
España –con su mercado inmobiliario superinfla-
do– de manera especialmente dura. El índice ofi-
cial de paro era del 26 por ciento en enero de 2013
y el doble en el caso de los menores de 25 años. Los
jóvenes españoles, de los titulados a los trabajado-
res, temen que, por primera vez en tres generacio-
nes, estén peor que sus padres, y muchos, si no la
mayoría, estarán peor.
La pobreza y la falta de vivienda se han dispa-
rado en el sur de Europa. La dependencia de los
bancos de alimentos de beneficencia es cada vez
más generalizada. En España, los sectores de clase
media hacen frente a muchos problemas derivados
014 S.LANSLEY C2.indd 17 28/02/13 13:43
18 VANGUARDIA | DOSSIER
E L AUGE Y L A C AÍ DA
de las incisivas medidas de auste-
ridad que merman los salarios,
recortan los empleos, diezman el
nivel de las prestaciones y las pen-
siones y aumentan las tasas edu-
cativas y los títulos de transporte.
Por primera vez desde la
guerra, el nivel de propiedad de la
vivienda en el Reino Unido –que
ha caído desde un máximo del
69,7 por ciento en 2002 a un 64,7
actual– está en declive. La edad
media de un comprador por pri-
mera vez ha aumentado de 28
años en el comienzo del nuevo
milenio a 35 años hoy en día,
creando una nueva generación del
alquiler; es decir, un grupo de fa-
milias de ingresos medios y bajos
que dependen de un sector priva-
do de alquiler de escasa regulación y alto precio.
El aumento de salarios bajos significa que el
trabajo ya no es una vía segura para salir de la po-
breza. Además de un aumento de la pobreza ligada
al trabajo, también ha habido un aumento cons-
tante del sector de población próximo a la línea de
pobreza. Estados Unidos tiene 15 millones de pro-
pietarios de una vivienda cuya deuda por la hipo-
teca supera el valor de la casa. La socióloga esta-
dounidense Katherine Newman llama la atención
sobre un nuevo grupo de “casi pobres” que abarca
una quinta parte de la población. En la actualidad,
hay cien millones de estadounidenses (32 por cien-
to de la población) que perciben bajos ingresos y
que viven por debajo o no muy por encima del ni-
vel de pobreza.
Estas tendencias han representado un costo
creciente para el gobierno. Para evitar el desplome
de los niveles de vida a niveles inaceptables, los
gobiernos han tenido que asumir de forma prefe-
rente la carga más pesada recurriendo a los fondos
públicos. Esto ha encarecido la factura social y, en
el Reino Unido, a una radicalización de actitudes
hacia quienes dependen de la ayuda social.
La era posterior a la guerra de mejora de sa-
larios y oportunidades para la mayoría se ha con-
vertido en una era muy distinta caracterizada por
la disminución de nivel en la escala laboral; es el
caso de antiguos empleados de fábrica que han
pasado a limpiar coches, expertos ebanistas que
trabajan de maleteros en el aeropuerto, dibujantes
y especialistas en tecnologías de la información
que se ven obligados a ejercer de taxistas… a me-
nudo con largos intervalos en paro entre un traba-
jo y otro. Incluso antes de la crisis posterior a 2008,
hasta un tercio de licenciados del Reino Unido
acababa trabajando en puestos de trabajo que no
requieren tal titulación.
Estas tendencias han creado una creciente
disparidad entre aspiraciones y logros en gran
parte del mundo rico. En el Reino Unido, una nue-
va frase –“el squeezed middle de la clase media”–,
acuñada por primera vez por el líder del Partido
Laborista, Ed Miliband, ha entrado en el léxico
político. Miliband se ha referido también al des-
gaste de la “promesa británica” que decía que los
hijos iban a gozar de mayor prosperidad y oportu-
nidades que sus padres. Uno de los supuestos im-
plícitos de los años de la posguerra fue que la po-
lítica económica y social garantizaría que cada
generación gozaría de mejores niveles de vida y
oportunidades. Los hijos de los obreros serían
oficinistas y administrativos y los nietos se conver-
tirían en profesionales. Los ingresos aumentarían
para todos. Si bien esta “promesa” comenzó a
quebrantarse antes de la crisis de 2008, el proble-
ma también se ha intensificado por la crisis.
El economista estadounidense William
Easterly ha advertido durante mucho tiempo que
la proporción de ingresos que percibe la clase me-
dia afecta a indicadores sociales clave tales como
la esperanza de vida, la mortalidad infantil y la
salud. Un alto porcentaje de tal proporción ha sido
positivo históricamente para la democracia y la
promoción de los derechos políticos. Las socieda-
des dominadas por las elites, añade, han invertido
menos en capital humano e infraestructuras para
la mayoría por temor a que “ciertos grupos se hicie-
ran más fuertes y cobraran mayor influencia fuera
de [su] propia clase”.
Ahora bien, mientras que los líderes mundia-
les han sido muy lentos a la hora de advertir estas
tendencias, sucede que actualmente se ven obliga-
dos –tardíamente– a despertar ante las consecuen-
cias, tanto económicas como sociales. “Cuando las
familias de clase media ya no pueden permitirse el
lujo de comprar los bienes y servicios que venden
las empresas, esta circunstancia arrastra a la eco-
nomía en su conjunto en el sentido de un declive”;
así lo expresó el presidente Obama hace un año.
Por eso Henry Ford se propuso pagar a los trabaja-
dores lo suficiente como para que pudieran com-
prar los coches que producían. En la reunión anual
de los líderes globales económicos y políticos en
Davos en 2012, los delegados calificaron la des-
igualdad de principal desafío a que el mundo hace
frente en la actualidad, por delante de los crecien-
tes déficit fiscales.
En la reunión
del Foro
de Davos del
año 2012,
los líderes
económicos
y políticos
coincidieron
en considerar
la desigualdad
como el
principal
desafío global,
por encima
incluso de
los crecientes
déficit fiscales
014 S.LANSLEY C2.indd 18 28/02/13 13:44
VANGUARDIA | DOSSIER 19
E L AUGE Y L A C AÍ DA
Al igual que en España, los británicos pade-
cen la amarga experiencia de ser conscientes de la
realidad. Pese a un teórico ascenso con respecto a
la situación de clase, consideran de modo crecien-
te que sus empleos brindan un estatus inferior al
de sus padres. Según un informe que hizo público
el Congreso de Sindicatos Británicos en 2009, solo
poco más de la mitad creía que su propio nivel de
vida era superior al de sus padres “a la misma
edad”; el 23 por ciento pensaba que era casi el mis-
mo y el 17 por ciento, que era inferior.
Mientras que un creciente número de ciuda-
danos estadounidenses expresa el temor a un
“deslizamiento por la pendiente” –preocupados
como están por perder sus medios de vida y estatus
relativo de ingresos–, da la sensación de que el país,
por fin, hace frente a lo que ha sido realidad duran-
te años; es decir, que el sueño americano (la facilidad
con la que los ciudadanos pueden pasar de pobres
a ricos) es un mito.
En un sondeo realizado por el diario “The
Washington Post” antes de las elecciones presiden-
ciales, se preguntó a los encuestados por su mayor
preocupación. Las respuestas aludieron a “la injus-
ticia del sistema económico que favorece a los ri-
cos” o al “exceso de regulación del mercado libre
que interfiere con el crecimiento y la prosperidad”.
Eligieron “injusticia” por un margen de 52-37 por
ciento. Esto demuestra hasta qué punto la sociedad
estadounidense antes madura y autosuficiente ha
pasado a constatar que las virtudes tan proclama-
das de trabajo duro y esfuerzo de autoayuda ya no
proporcionan un nivel de vida digno.
A pesar de la creciente toma de conciencia,
los gobiernos han quedado paralizados en la inac-
ción. La desigualdad ha seguido aumentando du-
rante la crisis mientras que los expertos pronos-
tican que los niveles de vida en el caso de las
personas con ingresos bajos y medios seguirán
disminuyendo en gran parte del mundo rico. En
algunas partes de Europa, los ingresos de amplios
sectores de población pueden tardar una genera-
ción en recuperarse a niveles anteriores a 2008.
Aunque tales tendencias que ejercen un efecto
debilitador aparecen de hecho como uno de los
principales problemas de la próxima década, los
líderes políticos parecen intimidados por la magni-
tud de la tarea en tanto que los expertos siguen
peleándose acerca de sus causas subyacentes.
Algunos las consideran como el producto de nuevas
fuerzas económicas en buena medida imparables,
en especial con respecto al modo en que la globali-
zación (con la libre circulación de capital y mano
de obra altamente cualificada) y el cambio tecnoló-
gico han recortado y recortan puestos de trabajo y
ejercen una presión a la baja sobre los salarios en el
mundo occidental. Otros culpan a la sustitución del
modelo de la posguerra de capitalismo regulado
por el modelo mucho más lucrativo y despiadado
de las últimas décadas, que ha provocado sucesivas
oleadas de reestructuraciones de empresa y empleo
de forma que ha desviado la riqueza existente hacia
los lugares superiores de la escala social.
Está en juego la manera de remodelar las
economías nacionales para asegurar que los bene-
ficios del crecimiento se distribuyan y compartan
de forma más equilibrada que en épocas anteriores
y puedan crear empleos mejor remunerados y du-
raderos. Esta cuestión revistió importancia en las
elecciones presidenciales estadounidenses mien-
tras que el modo de controlar a los ricos también
dominó las elecciones presidenciales en Francia. El
logro de sociedades más igualitarias y de una dis-
tribución más equitativa de los objetivos naciona-
les pueden ser objetivos valiosos, pero es probable
que resulten difíciles de alcanzar sin un cambio
fundamental de los modelos económicos a nivel
mundial y nacional.
Durante los últimos 30 años, los países de to-
do el mundo han sido espectadores, alentando a
menudo a las grandes empresas y sus líderes a ga-
nar la batalla por la distribución del pastel, evitan-
do peleas y restando autoridad a los gobiernos a lo
largo del proceso en cuestión. No está claro todavía
si el capital lo tendrá menos fácil en la fase siguien-
te del capitalismo. El estado de ánimo contrario a
las medidas de austeridad y los movimientos de
protesta emergentes en gran parte del mundo
traducen evidentemente la percepción de que un
sistema edificado sobre niveles excesivos de des-
igualdad, en palabras de Albert Edwards, analista
financiero de Société Générale, “en última instan-
cia se descompone”.
Por el momento, una poderosa elite financie-
ra y empresarial mundial todavía sostiene las
riendas del poder económico y no muestra signos
de consentir que se desgaste su poder, sus privile-
gios y su riqueza. Pero mientras los gobiernos si-
guen bailando al son de la música de las finanzas
globales, el talante social e intelectual se radicali-
za. Durante los últimos 30 años, los plutócratas y
acumuladores de riquezas del planeta han actuado
a su manera y las economías funcionaban en gran
medida en favor de sus intereses. Puede ser que
hayan de librar una batalla más dura para mante-
ner este statu quo mientras que la población traba-
jadora en todo el mundo exija un reparto más
equitativo del pastel.
014 S.LANSLEY C2.indd 19 28/02/13 13:44
20 VANGUARDIA | DOSSIER
020 BOUZOU.indd 20 26/02/13 16:20
VANGUARDIA | DOSSIER 21
a pasión por la igualdad
Existe, sin duda, una
identidad social y económica
de los países. No es una identi-
dad que implique un determi-
nismo total que adoptaría las
decisiones públicas mediante
el “piloto automático”, sino
una identidad que afirma la existencia de un de-
nominador común entre las expectativas y los
modos de acción de los agentes económicos y que
limita, sin cerrarlo por
completo, la gama de lo
posible en política y que
define un método. La
identidad económica y
social de Europa comen-
zó a surgir indudable-
mente en el siglo XIX con
la aparición de un em-
brión de derecho laboral y de Estado de bienestar,
primero en Alemania y luego en otros países.
Esta identidad se fortaleció después de la
Segunda Guerra Mundial con la idea de igualdad:
igualdad de oportunidades, elemento clásico y
compartido por los estadounidenses (Tocqueville,
el más americano de los europeos en la primera
mitad del siglo XIX, escribió grandes páginas sobre
el tema), pero también igualdad, al menos parcial,
de los resultados, lo que es más original y no deja
de plantear interrogantes sobre la eficiencia eco-
nómica. Esta idea de la igualdad no se experimen-
ta con la misma intensidad en toda Europa. Es
muy vigorosa en Francia y mucho menos en Gran
Bretaña, mientras que otros países se hallan en
una posición interme-
dia. Parece evidente, no
obstante, que Europa
valora más la igualdad
de los resultados, por
ejemplo, que Estados
Unidos, lo que se tradu-
ce en una cuota del PIB
en materia de benefi-
cios sociales más fuerte y, por tanto, impuestos
(fiscalidad y cotizaciones sociales) más gravosos
pero mejor aceptados.
L
¿Qué políticas públicas
son posibles cuando las clases
medias desaparecen?
Nicolas Bouzou
ECONOMISTA Y DIRECTOR FUNDADOR DE ASTERÈS, EMPRESA DE ANÁLISIS
ECONÓMICO Y FINANCIERO. MIEMBRO DEL CONSEJO DE ANÁLISIS DE LA
SOCIEDAD (CAS), ORGANISMO GUBERNAMENTAL QUE DEPENDE DE LA
OFICINA DEL PRIMER MINISTRO FRANCÉS. DIRECTOR DE ESTUDIOS DE LA
FACULTAD DE DERECHO Y ADMINISTRACIÓN DELA UNIVERSIDAD
PARIS II ASSAS. COLUMNISTA EN CANAL PLUS. ÚLTIMOS LIBROS
PUBLICADOS: LA POLÍTICA DE LA JUVENTUD, CON LUC FERRY (2012), Y LA
TRISTEZA DE LAS CLASES MEDIAS (2011).
Después de la Segunda Guerra
Mundial, la idea de la igualdad
fue muy vigorosa en Francia,
poco intensa en el Reino Unido
y se mantuvo en una posición
intermedia en otros países
020 BOUZOU.indd 21 26/02/13 16:20
22 VANGUARDIA | DOSSIER
¿ QUÉ P OL Í T I C AS P ÚB L I C AS S ON P OS I B L E S C UANDO L AS C L AS E S ME DI AS DE S APAR E C E N?
¿Quiénes son clases medias?
Esta idea de la igualdad siempre ha situado a
la clase media en el núcleo de este contrato social
y, por tanto, de esta identidad. Pero, ¿quiénes com-
ponen las clases medias que el mundo occidental
teme perder? Los economistas y los sociólogos
suelen adoptar una definición cualitativa adapta-
ble a diferentes contextos. Las clases medias son
esa parte de la población que se halla en condicio-
nes de acceder a los bienes de consumo corrien-
tes. El ingreso disponible es lo suficientemente
alto como para dejar lugar al ahorro o a un sobre-
consumo una vez hechos los gastos de primera ne-
cesidad en alimentación, vivienda, ropa, etcétera.
La clase media puede acumular, con el tiempo, un
patrimonio suficiente como para crear una clase
de propietarios inmobiliarios, pero insuficiente
como para crear una clase de rentistas. Estas clases
medias han contrapesado economía
y sociedad de diverso modo durante
mucho tiempo. Al practicar el con-
sumo de forma masiva y homogé-
nea, han aprovechado el auge de la
distribución a gran escala y el pro-
pio crecimiento económico. Al edu-
car a sus hijos, han contribuido al
aumento del nivel educativo me-
dio. Al votar centroderecha o centro-
izquierda, han confinado los extre-
mismos políticos a un papel con-
testatario. Es decir, su posible
desaparición tendría un efecto des-
estabilizador, ya que con ellas des-
aparecería un mundo bastante pre-
decible y estable.
Los 30 años gloriosos de Europa
tras 1945 constituyen la edad de oro
de la clase media. No es que no hayan existido
antes en absoluto. Constituyen una vicisitud pro-
pia del desarrollo económico capitalista y, por otra
parte, se encuentran tanto entre los artesanos y los
comerciantes de la edad Media como en la “peque-
ña burguesía” analizada por Marx en el siglo XIX.
Simplemente, a partir de la década de 1950, la
economía se estructura en torno a ellas. Y es tam-
bién entonces cuando el modo de producción es el
más favorable para el desarrollo de estas clases.
¿Por qué ha pasado la edad
de oro de las clases medias?
Para entender este punto, hay que remitirse
al materialismo histórico de Marx, que nos explica
que la estructura de producción (las tecnologías)
determina las relaciones de producción (una orga-
nización del trabajo) que generan una estructura-
ción en clase sociales. Las clases medias de los 30
años gloriosos toman forma en el mismo corazón
de las empresas. En las fábricas, el trabajo en cade-
na es la norma. Lleva a las empresas a estructurar-
se de forma vertical: trabajadores, supervisores y
directores de fábrica. Naturalmente, un trabaja-
dor puede progresar en el seno de la misma estruc-
tura. La organización jerárquica es clara: a cada
nivel corresponde un salario. Las tareas de los
trabajadores son repetitivas: no hay ninguna re-
compensa al talento; la mayoría de los trabajado-
res realiza un trabajo de calidad similar. Les resul-
ta difícil distinguirse. Este es uno de los puntos
clave de la diferencia de los años gloriosos con el
período actual: el trabajo es homogéneo, los traba-
jadores tienen poca autonomía; las desigualdades
salariales por el mismo trabajo se circunscriben
en unos límites.
Hay primas, pero son sobre todo
colectivas y su impacto en el salario
total es insignificante en compara-
ción con las prácticas actuales. Estas
formas de organización taylorista,
fordista, en nuestros países ricos prác-
ticamente han desaparecido. Sus con-
secuencias en los distintos niveles
también. La organización vertical se
ha convertido en horizontal. De ser
concentrada ha pasado a ser descen-
tralizada. Capaz, antes, de eliminar
los errores a través de los controles de
calidad realizados a lo largo de la ca-
dena de producción, ya no permite la
mediocridad.
Pero hay algo más que el mate-
rialismo histórico de Marx para expli-
car la nueva era de la desigualdad. También figura
la “destrucción creativa”, término acuñado por
Joseph Schumpeter. En efecto, la economía mun-
dial ha entrado desde hace apenas una década en
un ciclo importante de innovación, el de las NBIC
(nanotecnología, biología, informática, ciencia
cognitiva). Estos ciclos de innovación, dice
Schumpeter, generan un gran crecimiento econó-
mico, pero solo en un segundo momento. En un
primer momento, destruyen la economía vieja
para despejar de alguna manera el camino a la
nueva economía. En esta fase de transición a la vez
turbadora porque el cambio da miedo pero tam-
bién llena de promesas, la “prima a los titulados”
y la “prima a la adaptabilidad” aumentan conside-
rablemente: la población menos cualificada o
aquella cuyas cualificaciones son demasiado espe-
Con la
desaparición
de las clases
medias
–un segmento
de la población
en condiciones
de acceder
a los bienes
de consumo–,
desaparecería
también un
mundo bastante
predecible
y corriente
020 BOUZOU.indd 22 26/02/13 16:20
VANGUARDIA | DOSSIER 23
¿ QUÉ P OL Í T I C AS P ÚB L I C AS S ON P OS I B L E S C UANDO L AS C L AS E S ME DI AS DE S APAR E C E N?
cializadas, ancladas en el ámbito de la “vieja eco-
nomía”, observan cómo disminuye su remunera-
ción relativa sobre todo en beneficio de los que el
economista estadounidense Robert Reich llama de
modo gráfico –¡y en qué grado pertinente!– los
“manipuladores de símbolos”.
¿Producto de la imaginación
o realidad?
Los 30 años gloriosos europeos e incluso, en
menor medida, estadounidenses, fueron relativa-
mente igualitarios. En una primera fase, de acuer-
do con el esquema en U descrito por Simon
Kuznets, aumentaron las desigualdades pero, a
continuación, disminuyeron por varias razones.
Previamente, la organización de la empresa fordis-
ta limita las desigualdades salariales. A continua-
ción, existe una fuerte demanda de trabajo po-
co cualificado o no cualificado para responder a
ciertas tareas rutinarias propias de las fábricas.
Por último, la fiscalidad durante los 30 años glo-
riosos era fuertemente redistributiva. Hoy día lo
es menos debido a la competencia fiscal entre los
países que quieren atraer talento, los que confor-
man lo que el sociólogo estadounidense Richard
Florida denomina la “clase creativa” y que partici-
pa en el crecimiento a largo plazo. El compromiso
social de los 30 años gloriosos quería trocar un
crecimiento considerado excesivo de altos ingre-
sos después de impuestos por un crecimiento
económico fuerte. Los 30 años gloriosos quedan,
en el superego colectivo europeo, como un mo-
mento de enriquecimiento compartido.
El modo de producción propio de la sociedad
de la información, más horizontal que vertical,
combinado con la “destrucción creativa” schum-
peteriana, y su prima a los titulados, elimina este
compromiso y separa a la sociedad en tres clases:
los manipuladores de símbolos, cuyos ingresos
aumentan rápidamente; la clase media, suficien-
temente formada para comprender y utilizar las
nuevas tecnologías pero no lo bastante capaz ni
adaptable para participar en su diseño; los exclui-
dos, incapaces de seguir los cambios tecnológicos
y económicos demasiado rápidos. Las desigualda-
des y la contracción de la clase media van de la
mano... Diferencia principal con los 30 años glo-
riosos: la clase media se contrae y debilita, lo que
provoca una crisis de identidad que la empuja a la
depresión. En un país como Francia, cada año de-
cenas de miles de personas dejan el espacio de la
clase media por la parte superior de la escala de la
renta, pero también por la parte inferior, yendo
por debajo del umbral de pobreza definido como
la mitad de la renta mediana (algo menos de mil
euros al mes de ingresos en este país)
Una manera de medir las desigualdades de
renta en una muestra de países mostrando la dis-
minución de la renta relativa de la clase media
consiste en observar la evolución de la proporción
de la renta mediana (que, por definición, es próxi-
ma a los hogares que componen la clase media) en
relación con la renta media de toda la población.
Si esta relación se degrada, la renta relativa de la
clase media disminuye. En la mayoría de los países
de la Unión Europea esta proporción aumentó
hasta finales de los años 90 y desde entonces se ha
degradado. En los 15 mayores países de la UE, esta
proporción pasó entre 2001 y 2011 del 89 al 87 por
ciento. Donde más se ha degradado es en Francia
(es una ironía que se trate del país europeo más
enemigo de la desigualdad, de ahí la magnitud de
la dolencia) y en Gran Bretaña es la más baja. Ha
retrocedido, pero en menor medida, en Alemania.
En España, se ha degradado desde 2006 y aún más
desde que el país fue golpeado por la recesión. Solo
Portugal escapa todavía al fenómeno, pero el país
parte de una situación de mucha mayor desigual-
dad que sus vecinos.
En Estados Unidos la proporción ha descen-
dido de forma importante desde finales de los
años 60. Pasó del 89 por ciento en 1967 al 80 por
ciento a principios de los 90, para estabilizarse en
torno a un 73 por ciento durante la última década.
Es el país occidental donde la clase media ha pade-
cido más. Aun teniendo en cuenta que la pasión
por la igualdad (en el sentido de igualdad de resul-
tados) es allí menor que en Europa, las dificulta-
des de la clase media siguen imponiéndose en el
debate político en Estados Unidos, llevando a los
votantes de centroderecha a volverse con razón o
sin ella hacia el voto demócrata.
En los países emergentes se ha observado
naturalmente el movimiento inverso hasta hace
poco tiempo; estos países han experimentado
desde finales de los años 90 sus propios 30 años
gloriosos. En los BRICS (Brasil, Rusia, India, China,
Sudáfrica), el fuerte crecimiento económico regis-
trado desde principios de la década de 2000 con-
dujo al desarrollo de la clase media (con unos in-
gresos anuales de entre 3.000 y 20.000 dólares,
según el Banco Mundial). En Brasil, por ejemplo,
casi 40 millones de personas han salido de la po-
breza para sumarse a la clase media (que en la ac-
tualidad representa el 55 por ciento de la pobla-
ción) en el curso de la última década. Sin embargo,
los efectos de este desarrollo de las clases medias
sobre las desigualdades son poco claros. En Brasil,
020 BOUZOU.indd 23 26/02/13 16:20
24 VANGUARDIA | DOSSIER
¿ QUÉ P OL Í T I C AS P ÚB L I C AS S ON P OS I B L E S C UANDO L AS C L AS E S ME DI AS DE S APAR E C E N?
por ejemplo, los ingresos de los hogares más mo-
destos han aumentado mucho más deprisa que los
de los hogares más ricos. Pero en la mayoría de
otras economías emergentes, el crecimiento eco-
nómico ha ido acompañado de una creciente
desigualdad de los ingresos. En China, en particu-
lar, la proporción del ingreso mediano con rela-
ción al ingreso medio pasó de un 54 por ciento en
el año 2000 a un 32 por ciento en 2010.
¿Qué políticas públicas para volver
a soldar el cuerpo social?
Establecido el diagnóstico, el principal pro-
blema planteado a los responsables políticos es el
siguiente: ¿cómo evitar la descomposición del
cuerpo social con una guerra de clases al final sin
obstaculizar el progreso económico? Se trata de
una cuestión en la que no se debe disociar el tema
de la redistribución del tema del crecimiento. Diso-
ciarlos sería sencillo, ya que sería simplemente una
cuestión de contentar a la opinión pública: ¿Cuál
es el nivel de redistribución deseado por el votante
medio? Llegados a este punto hay que decir que el
mundo real es más complejo. La dificultad práctica
reside en las relaciones entre crecimiento y redis-
tribución. Un ejemplo de fácil comprensión. La
mayoría de los países desarrollados se encuentra
en una mala situación de sus finanzas públicas, en
gran parte debido al envejecimiento de la pobla-
ción, que genera un aumento en el gasto social
mientras que la fuente de ingresos se agota porque
hay menos contribuyentes netos. Dicho esto, en la
mayoría de países europeos la seguridad social es
redistributiva, ya que es proporcional a los salarios,
con tendencia creciente además a limitar las asig-
naciones. No se trata de un seguro propiamente
dicho, puesto que la economía del sector asegura-
dor indica que las cotizaciones dependen no de los
ingresos sino del riesgo. Hoy día estos déficit están
cubiertos mediante empréstitos y, sin duda, se cu-
brirán, de modo creciente, mediante impuestos.
Por tanto, se trata de recursos que no ayudan al
crecimiento potencial del país, yendo, por ejemplo,
a las universidades o a financiar sectores emergen-
tes con fondos propios. Cabe hablar de un equili-
brio entre el crecimiento y la redistribución social,
que evidentemente plantea un problema: una po-
lítica sostenible de redistribución requiere un cre-
cimiento económico a largo plazo netamente po-
sitivo, que no es el caso de la mayoría de países de-
sarrollados. Hacer hincapié en la redistribución a
través del gasto social no es, pues, viable.
Añádase a esto una consideración sobre los
ingresos públicos. El aumento de la presión fiscal
suele tener lugar, contrariamente a cuanto procla-
man numerosos discursos demasiado apresura-
dos, en detrimento de la clase media porque sus
ingresos (gravados por el impuesto sobre la renta)
y su consumo (gravado con IVA) son los más ines-
tables. De hecho, considerar que se puede hacer
pagar siempre más a las empresas o a los ricos es
una quimera. La base imponible no es una materia
totalmente inerte: se mueve. Los estadounidenses
disponen de una imagen para el caso: disparar a
un pato; si no está muerto, volará para escapar. Lo
mismo con los impuestos. ¿Aumentar las cotiza-
ciones pagadas por las empresas sobre los salarios?
El empleo disminuirá. ¿Gravar las opciones sobre
acciones? Las empresas distribuirán menos.
¿Gravar las ganancias? Las empresas instalarán sus
sedes en el extranjero. ¿Gravar los ingresos muy
altos? Se trasladará la residencia a otro lugar.
Cargo las tintas, felizmente, porque sino cualquier
impuesto sería inútil. La base imponible no es to-
talmente móvil, pero de todos modos es cada vez
más fluida pues la globalización, el progreso tec-
nológico y la reducción de los costes de transporte
facilitan los traslados de personas, empresas y
ahorros. Existe una solución teórica a esto: la ar-
monización fiscal entre los estados. Que todos los
países europeos se pongan de acuerdo para armo-
nizar sus impuestos y, por definición, la competen-
cia fiscal dispondría de escasos márgenes. A me-
nos que deslocalizaran su patrimonio a América,
África o Asia, los contribuyentes quedarían atra-
pados en una Europa al unísono en el plano fiscal.
Que quede claro: esta armonización fiscal no va a
suceder, en todo caso ante un horizonte temporal
visible. Una misión de asesoramiento realizada
hace unos años por la empresa que dirijo, Asterès
(Luxemburgo), me ha convencido definitivamente
de la naturaleza infantil de la defensa de la armo-
nización fiscal. Cuando planteé esta cuestión ante
mi audiencia, los amigos luxemburgueses se rie-
ron de mí preguntando en nombre de qué aban-
donarían una política tributaria que reforzaba su
posición en beneficio de una fiscalidad que, según
ellos, firmaba nuestra decadencia. Europa no se
ha librado ni se librará de la competencia fiscal. Es
posible que se considere inmoral y lesivo, no cam-
bia las cosas. El papel de los intelectuales consiste
tal vez en soñar, pero también, y sobre todo, en
aceptar el mundo tal como es y actuar en función
de los condicionantes existentes. La útil ética de la
responsabilidad debe ir delante de la confortable
ética de la convicción.
¿Significa esto que cualquier intento de vol-
ver a soldar el cuerpo social es estéril? Indudable-
020 BOUZOU.indd 24 26/02/13 16:21
VANGUARDIA | DOSSIER 25
¿ QUÉ P OL Í T I C AS P ÚB L I C AS S ON P OS I B L E S C UANDO L AS C L AS E S ME DI AS DE S APAR E C E N?
mente, no. Parece al respecto que las políticas públi-
cas han de operar en tres grandes ámbitos que, por
el momento, se han limitado principal, y toscamen-
te, a las políticas fiscales: se trata de la formación, la
vivienda y la organización territorial.
Si bien la naturaleza del capitalismo contem-
poráneo favorece a las personas mejor cualifica-
das, el sistema de formación debe dar a todos una
oportunidad. Capacitación, en este caso, ha de
entenderse en un sentido amplio: la verdadera
formación durante toda la vida, sin dividir la for-
mación en la educación y la formación, sin querer
centrarse en la educación superior relegando en
cierto modo la educación secundaria. Porque for-
marse no significa tener a los 20 años las aptitudes
más avanzadas en un área específica. Formarse
significa, en primer lugar, saber leer y escribir y
hablar correctamente. Un ingeniero puede tanto
hallarse en una categoría inferior como llevar una
carrera de éxito excepcional. Lo que hará la dife-
rencia son sus aptitudes de expresión, de síntesis,
de tomar la iniciativa, de actualizar sus conoci-
mientos y de cuidar tanto en él mismo como en su
equipo, en su caso, el culto a la precisión y a un
trabajo bien hecho. Una persona bien formada
tiene pocas probabilidades de quedar confinada a
una clase social en desventaja.
Las clases medias están mal equipadas para
hacer frente a los retos de acceso a la vivienda. No
siempre tienen acceso a la vivienda social. De he-
cho, varios estudios realizados en Europa y Estados
Unidos han mostrado que los déficit de vivienda
eran resultado de una política malthusiana sobre
el uso del suelo. Bajo los argumentos de proteger
la acción urbanística, de luchar contra la expan-
sión urbana y la congestión de las ciudades, se li-
mitan al máximo las nuevas construcciones. Como
si no pudiéramos sacar partido a lo moderno, co-
mo si la novedad y la tradición no pudieran combi-
narse para mejorar. En cuanto a los alquileres, no
hay necesidad de bloquearlos o de concebir costo-
sos esquemas fiscales para aumentar la oferta de
alquiler. Sería mejor empezar con dejar de consi-
derar a los propietarios como delincuentes poten-
ciales aumentando la protección al arrendatario
mal pagador. Estas protecciones, al final, se vuel-
ven contra todos aquellos que quieren alquilar
tranquilamente un piso o casa que les convenga.
El progreso técnico incide tanto sobre los
vínculos espaciales como sobre los sociales. Hay
aquí una consecuencia inexorable de tipo político:
estamos entrando en la era de la descentralización
política. Algunos países, como Alemania y Estados
Unidos, ya están ahí. Pero otros, como Francia, to-
davía no. En áreas donde su diferenciación econó-
mica y social es creciente, el Estado centralizador,
que aplica la misma política para todo el mundo,
está condenado a equivocarse. Indudablemente el
Estado central desempeña un papel en el desarro-
llo económico local, garantizando una cierta com-
pensación de ingresos a través de su política fiscal
y social y los servicios públicos en todo el país. Pero
esta política quedaría coja si no se completara con
una política de desarrollo económico local que
intenta compensar las fuerzas naturales que ahon-
dan las desigualdades territoriales. En una socie-
dad en proceso de recomposición, tanto social co-
mo territorialmente, la respuesta es la autonomía,
la capacidad de un país de permitir que sus territo-
rios se adapten al cambio, ya sea junto al mar o en
el interior, en las afueras de una capital o en la
montaña. Los obsesionados por la centralización,
que piensan que la acción concentrada es más efi-
caz, no han entendido nada. Condenan a Estados
Unidos o incluso a Europa a equivocarse donde las
entidades de ámbito regional podrían hacerlo
mejor. Hay que saber ver lo grande y lo pequeño.
Grande para incluir la creciente diversidad de si-
tuaciones. Pequeño para adaptar las soluciones a
situaciones crecientemente dispares. Dar una
oportunidad a la gente es, también, dar una opor-
tunidad a los territorios. A ello se debe, por ejem-
plo, que las iniciativas de la Asamblea de las
Regiones de Europa, para responder a los desafíos
actuales (seguridad, medio ambiente, innovación,
etcétera) a través de la cooperación entre las regio-
nes sean tan positivas.
Conclusión
Las clases medias de Occidente en general y
de Europa en particular no han desaparecido y no
van a desaparecer. Sin embargo, su porción en la
población total disminuye, así como su represen-
tación política, lo que se traduce en una crisis de
identidad que puede tener dañinas consecuen-
cias políticas. Soñar con una nueva edad de oro
de la clase media sería una ilusión: no se resucita
a los paraísos perdidos. Sin embargo, en una so-
ciedad que se casa con una especie de reloj de
arena, la política pública debe fijarse dos objeti-
vos: asegurarse de que la parte superior del reloj
de arena sea más ancha que la parte inferior y de
que quienes se hallan en la parte inferior del reloj
de arena tengan oportunidades de llegar a la ci-
ma. Se puede defender una sociedad más des-
igual, claro está, pero no podría defenderse ni
justificarse una sociedad más desigual con situa-
ciones presas de la parálisis.
020 BOUZOU.indd 25 26/02/13 16:21
26 VANGUARDIA | DOSSIER
EGÚN TOCQUEVILLE, EL DECLIVE
de la clase media conduce a
la guerra. Mucho antes que
él, Aristóteles, el padre de la
ciencia política, señaló que
“la mejor comunidad políti-
ca es aquella en la que el po-
der está en manos de la clase
media” y que “la posibilidad
de ser bien gobernado pertenece a esas clases de
estados en los cuales la clase media es numerosa,
y más fuerte, preferentemente, que las otras dos
juntas o, al menos, que una de ellas”. Y sigue afir-
mando que allí donde
una es débil, “debido a
disensiones y luchas
que oponen entre sí al
elemento popular y a la
clase rica, venza quien
venza sobre su adversa-
rio no constituye un
gobierno basado en el
bien común y en la
igualdad, sino que se reserva la parte del león de
la administración pública como si se tratara de un
premio asociado a la victoria y opera, en un caso,
una democracia y, en el otro, una oligarquía”. Esta
falta de compromiso y medida se extiende –aña-
de– a sus relaciones exteriores por efecto de la bi-
polaridad: “Las personas que se disputaron la he-
gemonía en Grecia, volviendo tanto uno como
otro sus miradas a las instituciones bajo las que
vivían ellos mismos, creaban en los demás estados
democracia u oligarquías y no tenían en cuenta
los intereses de las ciudades, pues pensaban solo
en su propio beneficio.”
1
.
Casi dos siglos después de Tocqueville y 25 si-
glos después de Aristóteles, Moisés Naím, autor
destacado y ex director de la revista “Foreign
Policy”, ha afirmado en un artículo titulado El cho-
que de las clases medias
que el verdadero con-
flicto en el siglo XXI
opondrá, no a las civili-
zaciones, como dijo
Huntington, sino a las
clases medias de los paí-
ses desarrollados y a las
de los países emergen-
tes. Cada una de ellas
creará inestabilidad; la primera, por su situación de
crisis y empobrecimiento, la segunda por su auge y
sus nuevas aspiraciones que no se ven cumplidas”
2
.
Este autor considera que esta doble insatisfacción
Aristóteles y Tocqueville
coincidieron, con más de dos
milenios de distancia, en la
importancia de las clases medias
para el bien común, la concordia
y la gobernanza democrática
S
Del declive al conflicto
Pierre Hassner
DIRECTOR EMÉRITO DE INVESTIGACIÓN, FONDATION
NATIONALE DES SCIENCES POLITIQUES, PARÍS.
026 PIERRE HASSNER.indd 26 27/02/13 20:08
VANGUARDIA | DOSSIER 27
constituirá la amenaza más grave para el orden
internacional durante los próximos años. Pero no
aclara el modo en que esta rivalidad puede conver-
tirse, según él, en oposición directa y violenta.
Para pronunciarnos sobre el valor de estos
juicios y pronósticos, sobre todo con relación a la
actual crisis y sus consecuencias, debemos plan-
tearnos al menos tres preguntas: 1) ¿Qué entende-
mos por clases medias?; 2) ¿Constituyen hoy día un
peligro para la estabilidad internacional cuando
muestran auge o declive?, y 3) Su crisis, incluso su
rivalidad, ¿puede provocar guerras?
¿La clase media o las clases
medias?
Si por una parte los británicos y los esta-
dounidenses se refieren básicamente a “la clase
media”, la expresión más corriente en francés es
“las clases medias”. De hecho, pocos conceptos
sociales han conocido definiciones tan distintas y
contornos tan fluidos. En el siglo XIX, middle class
en los debates en lengua inglesa era sinónimo de
burguesía; era la clase ascendente, intermedia
entre la aristocracia y la clase obrera y, desde el
punto de vista político, aliada a veces a la segunda
contra la primera, a veces a la primera cuando las
revoluciones parecían amenazar su poder o su
posición. En cambio, en el debate político esta-
dounidense suele hablarse de la middle class en
contraposición a los muy ricos (gente corriente
versus gente rica); los pobres no aparecen como un
actor colectivo políticamente activo o destacado.
Sobre todo, además de la definición sencilla de
Aristóteles (ni demasiado ricos ni demasiado po-
bres), la clase media se caracteriza por la diversi-
dad de sus componentes, su variación en el tiempo
y por su tendencia a dividirse, especialmente en
tiempos de crisis, entre la clase media alta, que aspi-
ra a unirse a la gran burguesía y una clase media
baja (low middle-class) que teme caer en el proletaria-
do o engrosar las filas del paro.
La situación se complica debido a los cambios
cualitativos introducidos por la crisis económica y
social. En el siglo XIX, y en la primera mitad del
siglo XX, la clase media se componía principalmen-
te de pequeños propietarios agrícolas o urbanos,
de artesanos, pequeños empresarios y empleados.
Después de la Segunda Guerra Mundial hubo un
descenso en los sectores de la agricultura y la arte-
sanía y un aumento espectacular de las llamadas
1. Aristóteles, La Política. Libro IV, cap. 11, 2.
2. Moisés Naím, The Clash of the Middle Classes. “The Huffington
Post”, 5-8-2011.
026 PIERRE HASSNER.indd 27 27/02/13 20:09
28 VANGUARDIA | DOSSIER
DE L DE C L I V E A L C ONF L I C T O
3. National Intelligence Council, Global Trends 2030: Alternative
Worlds. Washington, 2013.
4. Citado por David Case, Is the middle class an endangered species?
Salon.com, 24-10-2012.
5. Citado por Chrystia Freeland, Inequality as a threat to growth.
“International Herald Tribune”, 30-11-2012.
6. La classe moyenne sous pression. Lettre d’Allemagne, por Frédé-
ric Lemaître. “Le Monde”, 8-1- 2013.
“nuevas clases medias asalariadas”, que ocupaban
crecientemente puestos de trabajo en el sector
terciario, pero que se componían de modo más
específico de quienes se beneficiarían de una for-
mación más avanzada o de una especialización
técnica, especialmente en sectores nuevos como el
de la informática.
Esto condujo a una visión opti-
mista como la del ex presidente fran-
cés Valéry Giscard d’Estaing que en
1984 publicó un libro titulado Dos de
cada tres franceses, en el que predijo el
advenimiento de una amplia clase
media que abarcaría a la gran mayo-
ría de los franceses. Todavía hoy, en
su informe provisional sobre el mun-
do en 2030, el Consejo Nacional de
Inteligencia de Estados Unidos afir-
ma que dentro de 17 años “las mayo-
rías en la mayor parte de los países
pertenecerán a la clase media y no a
la clase pobre, la condición de la ma-
yoría de las personas a lo largo de to-
da la historia humana”
3
.
Sin embargo, esta potencial universalización
e igualación de la clase media no tendrá lugar sin
cambios distintos y aun opuestos.
De acuerdo con David Karas, experto sobre la
clase media global, de la Brookings Institution en
Washington, la clase media estadounidense que ha
impulsado el crecimiento global, procediendo co-
mo un “consumidor de última instancia”, nunca
recuperará este papel. “La clase media estadouni-
dense –dice–, básicamente está estancada. Hay
miembros de la clase media estadounidense que
crecen y se convierten en ricos y otros viven mucho
menos bien y dejan de pertenecer a la clase media.”
Como consecuencia, sostiene que la economía
mundial padecerá durante la próxima década. El
crecimiento global será lento hasta aproximada-
mente 2020, después de lo cual legiones de traba-
jadores de países como India y China alcanzarán
ingresos disponibles superiores a 36.000 dólares al
año, impulsando así una nueva ola de consumo.
Traspasado este umbral, las familias de la clase
media de los países emergentes empezarán a com-
prar casas y considerarán bienes de consumo dura-
deros, tales como lavadoras, neveras y coches, co-
mo necesidades. Durante este tiempo –pronostica–
el consumo en Estados Unidos perderá su
singularidad de aquí al año 2050
4
.
Para la mayoría de especialistas, sin embar-
go, la clase media de los países desarrollados occi-
dentales hace algo más que estancarse, se halla en
una profunda crisis. Y la de los países emergentes
también está en crisis, pero por otras razones.
Las dos crisis
La crisis, incluso la decadencia de la clase
media en Occidente, se debe a los avances de la
productividad, que obedecen a su vez
a los de la tecnología, a la competen-
cia de los bajos salarios y a leyes socia-
les laxas o inexistentes en los países
emergentes y a la codicia y a la bús-
queda de ganancias a corto plazo,
gracias a la especulación y a las deslo-
calizaciones, abandonando la tradi-
ción fordista de convertir a sus em-
pleados en clientes y descuidando los
proyectos y obras a largo plazo, espe-
cialmente en materia de infraestruc-
turas. En Estados Unidos, que hasta
hace poco tiempo negaba la existen-
cia de la lucha de clases, el poseedor
de la segunda fortuna del país, Wa-
rren Buffet, dijo recientemente:
“Desde luego hay una lucha de clases
y la ha ganado nuestro bando, que ha enviado a la
clase media a la lona”
5
.
En Francia, la riqueza de una pequeña mino-
ría ha aumentado igualmente de manera especta-
cular, mientras que las clases medias no solo tie-
nen en ella una participación menor sino que co-
rren el riesgo de ir al paro como los obreros. En
Alemania, donde el paro es mucho más bajo, la
clase media está expuesta y sometida a la pobreza
por efecto de la austeridad y del trabajo a tiempo
parcial
6
. Pero, por su parte, las clases medias de los
países emergentes, mucho más jóvenes de prome-
dio y que suelen estar en posesión de títulos de li-
cenciatura y conocen el ejemplo occidental a tra-
vés de internet y las redes sociales, no encuentran
salidas acordes con su formación o bien tienen
aspiraciones políticas y culturales que topan con
las estructuras tradicionales, oligárquicas o auto-
ritarias de su país, de modo que miran hacia la
emigración o la revolución.
Recuperamos en este punto el artículo origi-
Las clases
medias
de los países
emergentes,
que no
encuentran
salidas
profesionales
acordes con
su formación,
ponen sus
miradas en la
emigración
o la revolución
026 PIERRE HASSNER.indd 28 27/02/13 20:09
VANGUARDIA | DOSSIER 29
¿ S E HA AC A B A DO E L ‘ P E R Í ODO E S P E C I A L’ DE L C A P I T A L I S MO?
3. Cita procedente de El Ma-
nifiesto Comunista.
026 PIERRE HASSNER.indd 29 27/02/13 20:09
30 VANGUARDIA | DOSSIER
FUENTES:
Las clases medias latinoamericanas
y España: oportunidades y desafíos.
Observatorio de política exterior
española, Opex (2008); Clases
medias y desarrollo en América
Latina, CIDOB (Barcelona); CEPAL
(Chile), 2010; Gabor Steingart; US
Census Bureau; Crédoc.
La definición de clase media es difícil de precisar e incluso en los tratados de ciencias sociales las descripciones son numerosas, difusas y varían en
función de los países, los tiempos y de las transformaciones socioeconómicas que afectan a la sociedad en su conjunto. La característica comúnmente
aceptada de la clase media es la pertenencia a un estatus socieconómico privilegiado. También de que las clases medias contribuyen al desarrollo
económico como fuente de capacidad empresarial, de poder de consumo interno y de estabilización social y democrática. En general, se trata de un
grupo conservador, reacio al riesgo, que ocupa puestos de trabajo estables y que se beneficia de una progresión económica predecible. Esta
infografía pretende responder a la figura individualizada de una clase media según las descripciones de una mayoría de teóricos.
UNA RADIOGRAFÍA DE LA CLASE MEDIA
LA FORMACIÓN DEL CABEZA DE FAMILIA Y EL HOGAR
El individuo de clase media tiene algún tipo de estudios y dispone de un
domicilio adecuado a su vivel económico.
.
Diplomado/a,
preparatoria completa.
.
Casa/piso propio
con algunas comodidades.
.
Licenciado/a
universitario/a.
.
Casa/departamento
de lujo propio o
de alquiler con
todas las comodidades.
.
Estudios de
secundaria/primaria.
.
Piso propio
o de alquiler/vivienda
de interés social.
CLASE
MEDIA MEDIA
CLASE
MEDIA ALTA
CLASE
MEDIA BAJA
CLASE
MEDIA MEDIA
CLASE
MEDIA ALTA
CLASE
MEDIA BAJA
EL TRABAJO Y SUS VARIABLES
El perfil del trabajador difiere considerablemente según el segmento social, pero en
todos coincide la capacidad de generar ingresos seguros y estables.
.
Trabajador
de cuello blanco
(empleado de banco).
.
Administrativo especializado
Funcionario cualificado.
.
Jubilado.
.
Pequeño empresario
(entre 1 y 4 empleados).
.
Especialista/técnico.
.
Rentista.
.
Trabajador
por cuenta propia.
.
Asalariado
(alto cargo en empresa
pública/privada)
Empresario (mediano).
.
Asalariado
(cajera de supermercado).
.
Ocupaciones manuales.
.
Funcionario
no cualificado.
.
Pequeño agricultor
por cuenta propia.
.
Prestigio profesional y educacional.
.
Valoración de la educación y el esfuerzo.
.
Ideario social liberal.
.
Respeto por las norm
as y las form
as.
A
C
T
IT
U
D
.
Universitaria.
.
Estudios superiores/especialidades.
.
Diplomado/posgrado/máster.
.
Formación profesional.
.
Acceso a las tecnologías de la información
y comunicación (TIC).
FO
R
M
A
CIÓ
N
.
Conservador.
.
Progresista liberal/moderado.
.
Vota a partidos mayoritarios.
TENDENCIAS POLÍTICAS
.
Ahorros a plazo fijo.
.
Pequeño accionista.
.
Plan de pensiones.
.
Piso a través de hipoteca.
.
Piso en alquiler.
.
Segunda residencia.
PATRIMONIO
.
Estabilidad. .
Profesión liberal que requiere
educación superior.
.
Ni rentista ni explotador/ni explotado
ni marginal. .
Tareas que no requieren esfuerzo
físico o manual.
TRABAJO
.
Urbanita.
.
Domicilio en áreas
metropolitanas/ciudades
grandes y medianas.
TERRITORIALIDAD
.
Laicismo
.
Adscripción a credos mayoritarios
y tradicionales.
RELIGIOSIDAD
.
Niveles de ingresos estables.
.
Permanencia de la progresión.
.
Ingresos entre el 75 y el 125 %
de la media de ingresos del país.*
.
Acceso a créditos bancarios.
.
Capacidad de ahorro.
.
Alta aportación a la renta nacional.
.
Capacidad para destinar recursos
a actividades productivas y/o recreativas.
ECONOMÍA
* Según estudios de Solimano, Birsdall, Taylor y otros.
026 PIERRE HASSNER C1.indd 30 28/02/13 13:48
VANGUARDIA | DOSSIER 31
nario de Moisés Naím con el que hemos comenzado
que, escrito en 2011, no ha perdido nada de su ac-
tualidad. Ahora bien, es la hora de preguntarse si,
de acuerdo con su constatación, hay que seguirle
necesariamente en sus conclusiones y previsiones
sobre el choque de las clases medias como principal
fuente de los conflictos internacionales.
¿De las crisis a los conflictos,
de los conflictos
a la guerra?
Lo que parece cierto es que las dos
crisis de las clases medias, la de los
países desarrollados occidentales y la
de los países emergentes, introducen
un elemento de inseguridad e inestabi-
lidad en sus respectivos países. La cues-
tión se cifra en saber en qué medida
esta incertidumbre e inestabilidad se
traducen a nivel internacional.
Es indudable que el declive de la
clase media estimula reacciones de
miedo, de desconfianza y de retraimien-
to en los países desarrollados; suscepti-
bles, a su vez, de dar lugar a la búsqueda
de chivos expiatorios o a la hostilidad
hacia grupos aún menos favorecidos,
incluso hacia miembros de las clases medias que
han dejado de pertenecer a su propia clase social
(desclasados). En el siglo XIX y de nuevo en la prime-
ra mitad del siglo XX, tal situación podía, como en
la actualidad, conducir a la búsqueda individual o
familiar de un mejor destino en el extranjero, pero
también a la conquista de nuevos territorios que
colonizar, poblar o dominar. El ejemplo clásico es,
en el siglo XIX, el relativo a la colonización (cuya
historia es relatada por un historiador francés,
Charles Morazé, bajo el título Los burgueses conquista-
dores) y, en el XX, el de la doctrina alemana del espa-
cio vital. La gran crisis de 1929 condujo a la vez a la
búsqueda de chivos expiatorios que eliminar (los
judíos) y a la de territorios que los alemanes ocupa-
rían como amos y señores y cuyas poblaciones,
consideradas inferiores (por ejemplo, los eslavos),
debían ser dedicadas a una especie de servidumbre
y confinadas a empleos de baja categoría.
Una solución de tales características supone
la existencia de ciertas tendencias ideológicas y
ciertas posibilidades geopolíticas. Un cierto recru-
decimiento de tendencias fascistas o racistas como
consecuencia del declive social o del temor al res-
pecto se halla, indiscutiblemente, en el orden del
día en Europa. Pero no se dan condiciones políti-
cas y estratégicas para emprender nuevas aventu-
ras de conquista. Únicamente, tal vez, los chinos
podrían verse tentados de entrar en nuevas áreas,
por ejemplo en Rusia, en la parte asiática, incluso
en África. La colonización y la conquista se basa-
ban en una superioridad militar que ha desapare-
cido y un espíritu aventurero en decadencia.
En general, el “choque” que pronostica
Moisés Naím solo puede producirse probablemen-
te en el plano social y étnico entre individuos y
comunidades que rivalizan en el
seno de un país en crisis o entre
grupos que buscan en el extranjero
ya sea un medio de subsistencia, ya
sea el cumplimiento de sus sueños
de modernidad cultural y de ascen-
so social, y entre grupos sedenta-
rios que temen la competencia de
recién llegados y acusan de forma
confusa a la inmigración, a la des-
localización industrial, a la integra-
ción europea, a todos los cambios
que fomentan la movilidad, la com-
petencia y la diversidad, de ser res-
ponsables de su inseguridad o su
declive. Un reciente sondeo de opi-
nión, muy completo, publicado por
“Le Monde” el 9 de enero de 2013,
muestra de forma impactante el predominio del
miedo y la desconfianza, el deseo de encerrarse, la
hostilidad hacia las minorías inmigrantes, el de-
seo de cerrar las fronteras, incluso a los refugia-
dos, y el deseo de estar a solas consigo mismo.
Es poco probable que se deriven de ello gue-
rras entre estados. Cabe imaginar escenarios se-
gún los cuales, para escapar a la insatisfacción de
sus clases medias, un Estado se lance a una políti-
ca nacionalista de provocación contra otras poten-
cias y se produzca entonces una escalada de gue-
rra involuntaria. Cabe concebirlo, sobre todo, en-
tre China y Japón. Pero es muy poco probable. Es
probable, en cambio, que el choque entre clases
medias se produzca, efectivamente, pero entre
grupos, entre nómadas y sedentarios, entre inmi-
grantes en busca de refugio o de un atisbo de espe-
ranza y residentes que vean en ellos peligrosos ri-
vales o enemigos. Como en el caso de las civiliza-
ciones de Huntington, las clases medias en
ascenso y declive no son bloques compactos que
arrastren a guerras a sus países respectivos; las
clases medias son realidades interrelacionadas y
es esta interrelación inevitable el factor que puede
ocasionar la incomprensión y el conflicto antes
que la coparticipación y la cooperación en el ám-
bito nacional, europeo o mundial.
Es muy poco
probable que
el supuesto
‘choque’
derivado del
declive de las
clases medias
provoque
conflictos
internacionales,
pero sí entre
grupos y entre
inmigrantes
y residentes
DE L DE C L I V E A L C ONF L I C T O
026 PIERRE HASSNER.indd 31 27/02/13 20:09
32 VANGUARDIA | DOSSIER
Un aviso para la
democracia liberal
Marc F. Plattner
DIRECTOR DE “JOURNAL OF DEMOCRACY”. VICEPRESIDENTE DE
INVESTIGACIÓN Y ESTUDIOS DEL NATIONAL ENDOWMENT FOR
DEMOCRACY (NED). COPRESIDENTE DEL CONSEJO DE INVESTIGACIÓN
DEL INTERNATIONAL FORUM FOR DEMOCRATIC STUDIES.
A PREGUNTA QUE SE ME HA PLANTEA-
do es: “¿Puede sobrevivir la demo-
cracia liberal al declive de la clase
media?” Mi breve respuesta es:
“No.” Resulta improbable que la
democracia liberal sobreviva en
una sociedad carente de una im-
portante clase media. Ahora bien,
si me preguntaran si la democra-
cia liberal hace frente hoy en día a una amenaza espe-
cialmente grave derivada de la perspectiva de un
declive de la clase media, mi respuesta también sería:
“No.” Este par de respuestas negativas no debería
parecer algo paradójico porque responden a dos ti-
pos de preguntas muy distintas. La primera aborda
la cuestión de la relación
subyacente entre democra-
cia liberal y predominio de
la clase media; se trata de
un asunto propio de politó-
logos. La segunda, en cam-
bio, aborda las actuales
circunstancias y tenden-
cias socioeconómicas tan-
to en las democracias occi-
dentales como en el mundo en general; se trata de
un asunto propio de expertos y futurólogos. En las lí-
neas que siguen intentaré analizar brevemente, una
a una, estas cuestiones.
La relación subyacente
Los orígenes de la idea de que una clase media
importante contribuye a moderar y estabilizar el
autogobierno se remonta al menos a la Política de
Aristóteles, pero Aristóteles no llamó democracia a
un régimen dominado por la clase media: lo consi-
deró más bien un justo medio entre el gobierno de
los pobres (democracia) y de los ricos (oligarquía). La
identificación de la democracia con el gobierno de
los pobres continuó hasta el siglo XVIII. Montesquieu,
que en El espíritu de las leyes afirmó que la virtud es el
principio de la democracia, sostuvo que el requisito
de la virtud cívica puede alcanzarse únicamente en
una sociedad de iguales en el sentido económico y la
igualdad económica solo puede sostenerse en el seno
de un país pobre donde
todos vivan con austeri-
dad. Más adelante en la
misma obra, sin embar-
go, Montesquieu elogió
la próspera sociedad co-
mercial de la Inglaterra
moderna por proporcio-
nar un grado notable de
libertad y seguridad in-
dividuales que cabía encontrar en las democracias
pobres y virtuosas de la antigüedad. Aunque
Inglaterra poseía un gobierno mixto con un fuerte
componente monárquico, disfrutaba de un régimen
Es improbable que la democracia
liberal pudiera sobrevivir en una
sociedad carente de la importante
clase media, cuyo declive no se ve
hoy como una amenaza grave
para este sistema de gobierno
L
032 PLATTNER.indd 32 27/02/13 19:46
VANGUARDIA | DOSSIER 33
que, gracias a la separación de poderes, era más li-
beral que cualquier democracia pura. Cabe decir
que la moderna democracia liberal –un régimen
basado en el gobierno de la mayoría en una socie-
dad de ciudadanos laboriosos, amantes de la pros-
peridad y propietarios– tiene su origen en la unión
de la libertad y el comercio. A sus enemigos les
encantaba menospreciar el resultado de esta
unión política que calificaban de “democracia
burguesa”, pero la caracterización era y sigue sien-
do apropiada. En la práctica, la democracia liberal
es el gobierno de la burguesía (esto es, la clase me-
dia). Para citar la conocida máxima de Barrington
Moore, “sin burguesía no hay democracia”.
El término clase media, como el término bur-
gués, posee dos aplicaciones diferentes, una econó-
mica y otra sociocultural, aunque ambas se interre-
lacionan con claridad. Como denominación eco-
nómica, parece referirse en primer lugar a los
situados en la gama mediana de la distribución de
la renta o de la riqueza en una sociedad determi-
nada. No obstante, en una sociedad compuesta de
una pequeña porción de grandes propietarios de
tierras y una gran mayoría de campesinos pobres,
no nos referiríamos a los situados en los quintiles
medios de la escala (se trataría de los campesinos
ligeramente menos pobres) como individuos per-
tenecientes a la clase media. En cuanto al término
clase media, se emplea habitualmente para caracte-
rizar a quienes ganan al menos un módico ingreso,
pueden comprar bienes de consumo y dedican sus
esfuerzos principalmente a aumentar su nivel de
prosperidad material y a disfrutar de él. “La pasión
por el bienestar material es esencialmente una
pasión de las clases medias; con ellas crece y se di-
funde, con ellas se convierte en factor preponde-
rante; de ellas sube a las clases superiores de la so-
ciedad y desciende a la masa del pueblo.”
El término clase media es empleado también
en un sentido sociocultural, no obstante, como
cuando hablamos de la moralidad de la clase me-
dia o de los valores de la clase media (y, de modo
similar, de la moralidad o de los valores burgueses).
En este caso, el término designa un conjunto de
hábitos y actitudes que se promueven y contribu-
yen a sostener a las sociedades de democracia libe-
ral (y capitalistas): la clase media se ve animada por
un deseo de promover su bienestar material, pero
ello por lo general no les lleva a abandonarse a los
placeres del momento. Su objetivo principal es, en
frase de Adam Smith, “mejorar su condición” (“un
deseo que, aunque es generalmente tranquilo y
desapasionado, nos acompaña desde el vientre
materno y no nos deja nunca hasta que vamos a la
tumba”). Por tanto, los miembros de la clase media
–y los aspirantes a ella– aprenden a posponer la
satisfacción inmediata de sus deseos para perse-
guir una idea más a largo plazo de sus intereses.
032 PLATTNER.indd 33 27/02/13 19:46
34 VANGUARDIA | DOSSIER
UN AV I S O PAR A L A DE MOC R AC I A L I B E R AL
Emprenden, pues, arduas tareas para aumentar
sus posesiones y, de ese modo, se aseguran mayo-
res oportunidades de comodidad y placer en el
futuro. En el proceso, desarrollan hábitos de labo-
riosidad y moderación que fomentan lo que
Tocqueville denomina la “regularidad de la mo-
ral”. En una frase popularizada por el ex presiden-
te estadounidense Bill Clinton y posteriormente
adoptada por el presidente Barack Obama –ambos
se presentaron como adalides de los votantes de
clase media–, es gente “que trabaja duro y respeta
las reglas del juego”.
La supervivencia de la democracia liberal no
queda garantizada, sin embargo, por una clase
media importante (ni tampoco está condenada
necesariamente por una presencia preponderante
de los pobres, como ha demostrado el notable
ejemplo de India). Pueden darse situaciones en las
cuales los miembros de la clase media lleguen a la
conclusión de que su propio interés es mejor aten-
dido bajo formas no democráticas de gobierno –al-
gunos dirían que tal ha sido el caso en Tailandia–.
O, como advirtió Tocqueville, la preocupación de
los miembros de la clase media por su propio bien-
estar y el de su familia puede aislarles de sus con-
géneres de modo que pueden desentenderse
completamente de los asuntos públicos y, por
tanto, ser vulnerables al advenimiento de un “mo-
derado despotismo”. De modo que una clase me-
dia importante no es por sí misma una condición
suficiente para la supervivencia de la democracia
liberal a largo plazo. Al mismo tiempo, es induda-
ble que una amplia y vigorosa clase media mejora
enormemente las perspectivas de que la democra-
cia liberal perdure. Pero, para sostener una impor-
tante clase media y conservar su base de apoyo, las
democracias liberales han de proporcionar lo que
sus ciudadanos buscan con tanta determinación.
A menos que quienes “trabajan duro y respetan las
reglas de juego” comprueben la existencia de una
compensación final por su trabajo y su modera-
ción, el sistema no funcionará.
Tendencias actuales
y perspectivas futuras
El sector de población que encaja con la des-
cripción de clase media de Tocqueville muestra hoy
en día una posición predominante en todas las
democracias occidentales y empieza también a ser
más común en otras partes del mundo. Es posible
que presenciemos, a escala global, no un declive
sino un engrosamiento de la clase media. Tendencias
globales 2030, un estudio del Consejo Nacional de
Inteligencia de Estados Unidos (NIC, siglas en in-
glés) identifica como una de las megatendencias de
las dos próximas décadas el crecimiento explosivo
de la clase media global: “Las clases medias, sobre
todo en los países en vías de desarrollo, están pre-
paradas para expandirse de modo notable en tér-
minos tanto de cifras absolutas como de porcenta-
je de la población que aspirará al estatus de clase
media durante los próximos 15-20 años.” (http://
www.dni.gov/files/documents/Global Trends_
2030.pdf, página 8). Dado que pueden utilizarse
diversos indicadores para definir la clase media, el
informe del NIC opta por un indicativo basado en
el gasto de consumo per cápita ajustado por pari-
El sistema de
la democracia
liberal no
funcionará
si las personas
que trabajan
duro y que
respetan
las reglas del
juego no son
recompensadas
por su esfuerzo
y moderación
032 PLATTNER.indd 34 27/02/13 19:46
VANGUARDIA | DOSSIER 35
UN AV I S O PAR A L A DE MOC R AC I A L I B E R AL
dad del poder de compra. La proyección es que ha-
cia 2030 la clase media será más del doble respecto
de su total actual de alrededor de mil millones de
individuos y se producirá una marcada demanda
global de bienes de consumo. Se espera el mayor
aumento de este sector de población en Asia, sobre
todo en India y China. Latinoamérica ya ha experi-
mentado una expansión notable de sus clases me-
dias; África queda rezagada al respecto, pero se es-
tima que su clase media aumentará más rápida-
mente que en cualquier otra región del mundo. Es
probable que el aumento de la proporción del sec-
tor de población que alcance el estatus de clase
media engrose las filas de los que demandan mayor
democracia en países como China. Entre tanto, en
países que ya gozan de un sistema de democracia
liberal en mayor o menor grado contribuirá a su
mayor duración y continuidad. Sigue siendo cierto,
como observa el informe del NIC, que ninguna de-
mocracia con un ingreso per cápita de más de
12.000 dólares nunca ha vuelto al autoritarismo.
En Occidente, la gran mayoría de la población
posee un estilo de vida de clase media y considera
que pertenece a esta misma clase media. Una en-
cuesta reciente del Pew Research Center (http://
www.pewsocialtrends.org/2012/08/22/the-lost-
032 PLATTNER.indd 35 27/02/13 19:46
36 VANGUARDIA | DOSSIER
UN AV I S O PAR A L A DE MOC R AC I A L I B E R AL
decade-of-the-middle-class/1/) ha señalado que el
49 por ciento de los estadounidenses se identifica
como perteneciente a la clase media frente a un 17
que dice pertenecer a la clase alta y un 32 por ciento,
a la clase baja. La categoría de clase alta, no obstante,
se formó combinando a quienes se identificaban
como clase alta o media-alta (no se dan datos sobre
los que dicen ser de clase media-alta o media-baja).
Sería más plausible añadir factores identificadores
de clase media-alta y media-baja a la clase media,
en cuyo caso la clase media, indudablemente,
abarcaría una proporción mucho más elevada de
la población estadounidense. Desde luego, cierto
discurso político estadounidense reciente, como se
vio en la campaña presidencial de 2012, parecería
indicar que casi todos los estadounidenses (fuera
tal vez del 1 por ciento superior resaltado por
Occupy America) tienden a considerarse como
pertenecientes a la clase media. Incluso en el Reino
Unido, con su tradición mucho más fuerte de iden-
tificación y solidaridad con la clase trabajadora, el
71 por ciento de la población se identificaba como
clase media (una categoría que en este caso incluía
a la clase media-alta y media-baja) y solo un 24 por
ciento como clase trabajadora (http://britain
thinks.com/sites/default/files/reports/Speaking
MiddleEngish_Report.pdf).
También es cierto que en prácticamente todas
las democracias occidentales en la última década
se observa una percepción creciente de que la clase
media está siendo exprimida, de modo que no reali-
za la clase de progreso económico de las pasadas
décadas. De manera especial a raíz de la crisis eco-
nómica que comenzó en 2008, las economías de las
democracias occidentales se han estancado y algu-
nos países –sobre todo Grecia y España– han sufri-
do terribles descensos. Las mejoras en la renta son
tenues en todas partes y, según parece, han benefi-
ciado en especial a los sectores más acomodados
de la sociedad. La mayoría de la población, eviden-
temente, está insatisfecha con la situación econó-
mica en la mayoría de países occidentales. Cabe
discutir, sin embargo, si tal descontento se debe a
los apuros concretos de la clase media o al descen-
so general del crecimiento económico.
Mi propia percepción es que la segunda razón
constituye la causa más básica. Si las economías
nacionales recuperaran un ritmo de crecimiento
constante, incluso de carácter moderado, y el em-
pleo volviera a niveles razonablemente altos, mi
conjetura es que este descontento se vería notable-
mente aliviado aunque algunos indicadores siguie-
ran mostrando que la desigualdad económica au-
mentaba a expensas de la clase media. Las medicio-
nes de la desigualdad económica son poco de fiar.
Varían dependiendo de si se mide renta o riqueza
y de si la unidad de medición es el individuo, la
familia o el hogar. La distribución de la renta pue-
de verse afectada por cambios en el tamaño medio
de las familias u hogares o en la proporción de la
población activa en el total del censo. También re-
viste importancia, en gran medida, si se tiene en
cuenta el impacto de los impuestos, las transferen-
cias gubernamentales y los subsidios.
Además, las mediciones que dividen la pobla-
ción en clases suelen trazar las líneas divisorias de
manera arbitraria. El Pew Survey clasifica los hoga-
res estadounidenses en tres tercios. El tercio medio
se define por aquellos de ingresos entre dos tercios
y el doble de la mediana nacional; en 2010, la me-
diana fue 59.127 dólares, lo que quiere decir que el
tercio medio tenía ingresos de entre 39.418 y
118.225 dólares. El tercio inferior se define por
quienes se sitúan por debajo de este arco y el supe-
rior, por encima. El informe en cuestión, de acuer-
do con esta fórmula, calcula que la porción de la
población perteneciente al tercio medio ha ido
reduciéndose desde 1971 y constituye ahora solo el
51 por ciento de la población, en comparación con
el 61 por ciento de hace cuatro décadas. Este hecho
explica tal vez el dramático título del informe: La
década perdida de la clase media: menos, más pobres, más
pesimistas. ¿Adónde ha ido a parar el 10 por ciento
de la clase media que ha desaparecido? Bien, solo
un 4 por ciento ha ido a parar al tercio inferior
mientras que el restante 6 por ciento ha ido al ter-
cio superior. En cualquier caso, es de suponer que
la mayoría de estos refugiados de la clase media se
agrupa cerca de la parte superior del tercio inferior
y de la parte inferior del tercio superior. Difí-
cilmente puede considerarse como un cambio es-
pecialmente preocupante de la estructura de clase
en Estados Unidos.
La medición más común de la desigualdad de
la renta es el índice de Gini (o coeficiente) que va del
cero (todo el mundo gana los mismos ingresos) al 1
(una sola persona gana toda los ingresos del país).
Se utilizan también otros índices. Un estudio de la
OCDE de 2008 da también cifras por país según la
mean log deviation (medida de la diferencia entre el
ingreso de cualquier persona seleccionada al azar
y el promedio general), la standard coeficient deviation
(desviación estándar de coeficiente), el interdecile
ratio P90/P10 y el interdecile ratio P50/P10 (rango o reco-
rrido de interdeciles). Aunque estos suelen ofrecer
clasificaciones similares en diferentes países, hay
también diferencias significativas. Medidos según
el índice de Gini, Dinamarca, Suecia, Luxemburgo
El 6 por ciento
de la clase
media que ha
desaparecido
en Estados
Unidos ha ido
a parar al tercio
superior y
solo el 4 por
ciento al
segmento
inferior
032 PLATTNER.indd 36 04/03/13 13:32
VANGUARDIA | DOSSIER 37
UN AV I S O PAR A L A DE MOC R AC I A L I B E R AL
y Austria, en este orden, muestran la menor des-
igualdad entre países de la OCDE, con puntuacio-
nes de alrededor de 0,25. México y Turquía mues-
tran con diferencia los niveles más elevados de
desigualdad, con una puntuación superior al 0,4,
seguidos de Portugal, Estados Unidos, Polonia e
Italia (en este orden), con puntuaciones superiores
al 0,35. Las comparaciones entre países y entre pe-
ríodos temporales proporcionadas por el estudio de
la OCDE son interesantes, pero no parecen ser ele-
mento crucial para comprender los resultados
económicos o políticos alcanzados por estos países.
No es mi intención minimizar la gravedad de
la crisis que ha aquejado a las democracias occiden-
tales durante los últimos cinco años ni la amenaza
que podría representar un fracaso de la recupera-
ción de la crisis. En países donde el crecimiento
económico se ha estancado o ha dado marcha atrás
y una parte considerable de la población hace fren-
te a un continuo paro o empobrecimiento, las con-
secuencias políticas podrían de hecho plantear una
grave amenaza a la democracia liberal. Sin embar-
go, el daño para la clase media es una consecuencia
de estas dificultades económicas más amplias, no
su causa. Una prolongada expansión e intensifica-
ción de la pobreza constituiría un grave problema
que las democracias liberales habrían de abordar
necesariamente. La persistencia de una excesiva
concentración de riqueza en la cima supondría
también graves preocupaciones para los políticos.
Pero no creo que desplazamientos moderados de la
distribución de la renta entre las clases medias en
sentido amplio deban preocupar a los gobiernos
democráticos o desviar su atención del objetivo de
restablecer una mayor prosperidad económica.
Siempre es posible, por supuesto, que los cam-
bios de los últimos años sean meramente las prime-
ras fases de un cambio a largo plazo que altere los
modelos futuros de la fisonomía de la renta de
manera esencial. Cabe proyectar escenarios sobre
cómo la globalización y los cambios en las tecnolo-
gías de la comunicación estratificarán la población
activa en el sentido de una drástica reducción de los
tipos de trabajo de que se ha nutrido la clase media.
No hago caso omiso de tales escenarios, pero creo
que las señales en este sentido son aún muy prema-
turas. Conviene tener en cuenta que la preocupa-
ción por la eventualidad de que el progreso tecno-
lógico elimine buenos trabajos posee una larga
historia. Hace casi 50 años, el presidente estadouni-
dense Lyndon B. Johnson creó una Comisión
Nacional de Tecnología, Automatización y Progreso
Económico para que presentara un informe sobre
las oportunidades y riesgos planteados por el avan-
ce tecnológico a los trabajadores (http://www.presi-
dency.ucsb.edu/ws/index.php?pid=26449).
Por último, me permitirán que aborde la
preocupación –más común en la derecha que en la
izquierda– relativa a la afirmación de que el factor
que plantea la amenaza más seria a las sociedades
de democracia liberal es el declive de la moralidad
de la clase media más que el nivel de renta de la
misma. Quienes expresan tal preocupación pue-
den hallar amplia justificación en el análisis de
Tocqueville de las bases morales de la democracia
liberal. En particular, subraya la importancia de la
creencia religiosa y del lazo familiar en tanto que
cimientos morales esenciales de una sociedad y su
debate sobre la vida familiar en una democracia
destaca el carácter sagrado del matrimonio, la
castidad de las mujeres y la diferenciación de roles
sociales entre los sexos. Hoy en día, sin embargo, la
práctica de la religión en Occidente, sobre todo
fuera de Estados Unidos, es mucho más débil que
en otras épocas y los puntos de vista sobre el matri-
monio, la castidad y los roles sexuales evidente-
mente han cambiado. El fenómeno se halla acom-
pañado de índices de divorcio, embarazos no de-
seados y familias sin padre mucho más elevados
que en épocas pasadas. Puede ser que se suponga
que todas estas tendencias socavan la naturaleza
de la clase media en las democracias liberales. Sin
embargo, personalmente diría que hasta ahora los
hábitos de la clase media, incluidos los compromi-
sos con la vida familiar, el trabajo arduo y el servi-
cio a la comunidad han mostrado una notable re-
sistencia y espíritu tenaz. Pero, tal vez, se está pro-
duciendo un desfase y el debilitamiento de los
valores de la clase media ejercerá sus máximos
efectos negativos sobre las democracias liberales
en el futuro. Debería advertirse también, en este
contexto, el descenso general de los índices de
fertilidad que, combinado con la prolongación de
la esperanza de vida, amenaza con cargar un pesa-
do fardo económico sobre las espaldas de las socie-
dades de democracia liberal.
Sin embargo, sigo siendo moderadamente
optimista sobre, al menos, el futuro a corto plazo
tanto de la clase media como de la democracia libe-
ral. Ambas parecen hallarse perpetuamente ame-
nazadas, pero es muy difícil hacerlas caer. Además,
¿con qué se las podría sustituir? Las alternativas a
la democracia liberal que hoy día se ofrecen van de
lo poco atractivo a lo catastrófico. Y aunque los va-
lores de la clase media puedan no ser elevados o
estimulantes, son básicamente respetables en sí
mismos y resultan ennoblecidos por su papel a la
hora de apoyar la libertad y el autogobierno.
032 PLATTNER.indd 37 27/02/13 19:46
38 VANGUARDIA | DOSSIER
038 ATKINSON.indd 38 27/02/13 20:05
VANGUARDIA | DOSSIER 39
A PREOCUPACIÓN POR LA POLARIZA-
ción de las sociedades occidenta-
les y la desaparición de la clase
media dista de constituir una
novedad. Una cierta penumbra,
sin embargo, rodea la definición
de clase media. La gente usa el
término de muchas maneras di-
ferentes. Hace un par de años, un
artículo publicado en el periódico británico “The
Guardian” enumeró algunos de los numerosos
criterios aplicados en distintos momentos para
definir la clase media: “Tener servicio doméstico,
alquilar una buena propiedad, ser dueño de una
buena propiedad, tener un negocio, trabajar en
una profesión reconoci-
da, saber expresarse y
utilizar los cubiertos.”
La mayoría de los soció-
logos se centra más
bien en la posición de
las personas en el mer-
cado laboral y tiene en
cuenta el prestigio y es-
tatus ocupacional o
bien el lugar del trabajador en el proceso produc-
tivo. Los economistas, por su parte, prefieren dis-
tinguir las distintas clases atendiendo en primer
lugar a los ingresos, aspecto que ni siquiera se
menciona en el artículo de “The Guardian”.
Explicar estas diferencias puede ayudar a com-
prender la extraña desaparición, si tal es el caso,
de la clase media.
En economía, el interés en la clase media pa-
rece deberse en parte a la percepción de que los
estudios sobre redistribución se han centrado en
los pobres, en un extremo, y en los ricos, en el otro
extremo, dejando aparte el medio. Los economistas
suelen referirse a la “franja media del 60 por cien-
to”, la parte de la población situada entre el 20 por
ciento que incluye a los pobres o a quienes se hallan
en riesgo de pobreza y el 20 por ciento de los más
ricos. La Unión Europea utiliza como medida prin-
cipal de la desigualdad de ingresos la ratio de par-
ticipación en la renta del país del sector del 20 por
ciento más rico y la del 20 por ciento más pobre.
Sobre esta base, si se toman los ingresos de la fran-
ja media del 60 por ciento y se redistribuyen a las
franjas superior e infe-
rior del 20 por ciento de
forma proporcional a su
parte en el total de in-
gresos, la desigualdad
de ingresos medida no
cambiaría. Vienen a la
mente los olvidados de la
clase media…
El análisis de la
distribución total de ingresos, y no solo de la base
o de la parte superior, es de hecho revelador. Esto
puede ilustrarse considerando la participación en
la renta del país de la clase media del 60 por ciento
de la población, clasificada según el aumento de
los ingresos (renta disponible equivalente), junto
con la participación del 20 por ciento más rico y del
20 por ciento más pobre en 15 países entre los años
No hay unanimidad sobre cómo
definir la clase media; la mayoría
de los sociólogos tiene en cuenta
el prestigio y estatus profesional
mientras que los economistas
se centran en los ingresos
L
¿Desaparece la clase
media de Occidente?
una advertencia
Anthony B. Atkinson
NUFFIELD COLLEGE (OXFORD).
Andrea Brandolini
BANCO DE ITALIA.
038 ATKINSON.indd 39 27/02/13 20:05
40 VANGUARDIA | DOSSIER
¿ DE S A PA R E C E L A C L A S E ME DI A DE OC C I DE NT E ? : UNA A DV E R T E NC I A
1985 y 2004. Estos países abarcan una amplia gama
de acuerdos políticos, institucionales y económi-
cos, que van desde los estados de bienestar social-
demócratas de los países nórdicos a los más orien-
tados al mercado de las economías anglosajonas y
a una economía emergente como la de México. Las
dos fechas del período abarcan casi dos décadas,
caracterizadas por cambios económicos y políticos
radicales pero que acaban antes de la gran recesión
de 2008-2009. Si se clasifica la lista de los 15 países
según la creciente participación en la renta acu-
mulada en la franja media del 60 por ciento, se
obtiene un patrón bien conocido por los preocupa-
dos por la desigualdad de la renta: en 2004, los
países nórdicos muestraban participaciones supe-
riores al 55 por ciento, seguidos por los países cor-
porativistas europeos; siguen a continuación Ca-
nadá , Taiwán, Polonia e Italia seguidos de Estados
Unidos y Gran Bretaña con una participación alre-
dedor del 51 por ciento, mientras que México es el
país con la menor cuota de participación de la
franja media en la renta con un 44 por ciento. La
diferencia es importante: la clase media del Reino
Unido y Estados Unidos recibe un porcentaje de la
renta total que es aproximadamente una décima
menos que la de sus homólogos nórdicos. Si los
países anglosajones encabezaran las transforma-
ciones económicas y los países nórdicos fueran los
más rezagados, ello podría considerarse como in-
dicio de la desaparición de la clase media. Pero es
el cambio en el mismo seno de la clase media y su
participación en la renta el factor que recibe mayor
atención. El gráfico 1 muestra que esta participa-
ción ha caído de hecho en todos los países, excepto
en Dinamarca entre mediados de los años 1980 y
de 2004, y que esta pérdida se produjo de forma
constante en beneficio de la quinta parte más rica,
excepto en Francia. Esta señal de una situación de
declive económico de la clase media constituye
otra faceta de la tendencia hacia una mayor des-
igualdad prevalente en muchos países desde los
años 80.
Pero no es este el único tipo posible de defini-
ción de la clase media. Hasta aquí hemos adoptado
una proporción fija (60 por ciento) de la población
situada en la franja media. Esta definición corres-
ponde, sin embargo, a límites de ingresos bastante
distintos según los países. En los países más iguali-
tarios del norte y centro de Europa, la persona más
rica de la clase media tiene un ingreso que dobla el
ingreso de la persona de la franja inferior de la
clase media, pero en México esta proporción se
duplica. Paradójicamente, en cierto modo, una
definición basada en una parte determinada de la
población excluye toda discusión sobre el tamaño
de la clase media. La clase media no puede contraer-
se o dilatarse. La alternativa obvia consiste en iden-
tificar la clase media con las personas cuyo ingreso
se sitúa entre límites de ingresos prefijados y luego
proceder a calcular su proporción en la población.
¿Cuáles son los límites de ingresos? En los
países ricos, la literatura económica tiende a adop-
tar límites de ingresos relativos, como el 75 y el 125
por ciento de la mediana. El límite más bajo tiene
un vínculo natural con el umbral de la pobreza. En
la Unión Europea, el umbral de pobreza se sitúa en
GRÁFICO 1
CAMBIO EN LA PARTICIPACIÓN EN LA RENTA SEGÚN GRUPOS DE INGRESOS INFERIORES, MEDIOS Y SUPERIORES
EN PAÍSES SELECCIONADOS, ENTRE ALREDEDOR DE 1985 Y DE 2004 (PUNTOS PORCENTUALES)
DK TW AL LU FR NO MX CA SE FI AT PL US UK
4
2
-2
0
-4
IT
DK
IT
TW
AL
LU
FR
NO
MX
CA
SE
FI
AT
PL
US
UK
| Dinamarca
| Italia
| Taiwán
| Alemania
| Luxemburgo
| Francia
| Noruega
| México
| Canadá
| Suecia
| Finlandia
| Austria
| Polonia
| EE. UU.
| Reino Unido
BAJA
MEDIA
ALTA
038 ATKINSON.indd 40 27/02/13 20:05
VANGUARDIA | DOSSIER 41
¿ DE S A PA R E C E L A C L A S E ME DI A DE OC C I DE NT E ? : UNA A DV E R T E NC I A
el 60 por ciento de la mediana, por lo que, si consi-
deramos que la clase media se compone de algún
modo de las personas a salvo de caer en riesgo de
pobreza, debería adoptarse un nivel un poco más
elevado; por ejemplo, el 75 por ciento de la media-
na, que es 1,25 veces la línea de riesgo de pobreza
de la UE. En cambio, emplear el 125 por ciento de la
mediana como demarcación superior tiene escaso
fundamento claro aparte del de la simetría. El al-
cance de clase media es relativamente corto en
términos proporcionales (125 es inferior a dos veces
75) y, de hecho, en los 15 países considerados aquí
en torno al 2004, como máximo la mitad de la po-
blación se incluiría en la clase media. La clase me-
dia representaría solo un cuarto de la población en
el caso de México y menos de un tercio en el de Gran
Bretaña y Estados Unidos. Como consecuencia, el
grupo de altos ingresos representaría una propor-
ción de la población que oscila entre el 27 por
ciento de los países escandinavos y el 39 por ciento
de México. Aun dividiendo el grupo superior y fijan-
do la línea de riqueza en el 167 por ciento de la
mediana para establecer una clase media alta, los
ricos representarían todavía casi el 20 por ciento de
la población en el Reino Unido y Estados Unidos y
bastante más en México . Estas proporciones están
en desacuerdo con la percepción común de la pro-
porción relativa a los ricos de la población.
En caso de diferenciar la clase media de los ri-
cos, parece ser necesario fijar un límite mucho más
elevado que el de 125 por ciento. Si se eleva al 200
por ciento de la mediana, el tamaño de la clase me-
dia aumenta considerablemente: alcanza el 71 por
ciento en los países escandinavos y supera la mitad
de la población incluso en los países donde los in-
gresos están distribuidos de manera más desigual,
como Italia, Reino Unido y Estados Unidos. La parti-
cipación de los sectores acomodados seguiría siendo
superior al 10 por ciento en estos tres países; se re-
duciría a solo un 3-4 por ciento si el límite superior
triplica la mediana. La clasificación de los 15 países
en cuestión se ve poco afectada por la fijación de la
línea de demarcación superior alternativamente en
un 125, 167, 200 o 300 por ciento de la mediana y los
tamaños resultantes de la clase media se hallan
muy correlacionados. Sin embargo, esto no significa
que los cambios en el tamaño de la clase media sean
los mismos para todos los límites. En Italia, por
ejemplo, el tamaño de la clase media no se ve alte-
rado con el límite del 125 por ciento, pero aumenta
con el 200 y disminuye con el 300 por ciento; en
Noruega, se eleva con un 125 por ciento pero cae con
un 200 o 300 por ciento [gráfico 2, tabla inferior de
la página siguiente]. Incluso cuando los cambios son
en la misma dirección, la medida
de la variación depende notable-
mente de la definición de lími-
te, lo que indica patrones bastan-
te diferentes de cambio en la dis-
tribución subyacente.
La contracción varía en ta-
maño entre los países, pero el
hecho de que sea positiva en la
mayoría de los países puede in-
tensificar las preocupaciones de
quienes temen que la clase media
está (gradualmente) desapare-
ciendo. ¿Está bien fundada esta
preocupación? Hasta cierto pun-
to, la respuesta depende de los
cambios simultáneos en las pro-
porciones de los pobres y de los ricos. Inde-
pendientemente del nivel del límite superior, en los
diez países donde la clase media se contrae sin dis-
cusión, ambas proporciones han aumentado, lo
que indica que la distribución del ingreso se ha
polarizado más. Sin embargo, con pocas excepcio-
nes, la proporción de la población de los ricos ha
crecido más que la de los pobres, por lo que la varia-
ción neta total fue en dirección a ingresos superio-
res más que a inferiores [tabla superior del gráfico
2]. Italia destaca como el único país donde se produ-
jo un desplazamiento desde la parte superior del
cuadro a la media, junto con un cambio (más mo-
derada) desde el centro hacia la parte inferior.
El informe oficial preparado para el grupo de
trabajo sobre la clase media de la Oficina de la
Vicepresidencia de Estados Unidos sostiene que las
familias de clase media “tienen ciertas aspiracio-
nes comunes para ellas y sus hijos. Se esfuerzan por
alcanzar la estabilidad económica y, por tanto,
desean poseer una casa y ahorrar para la jubila-
ción. Quieren oportunidades económicas para sus
hijos y por ello queremos darles una educación
universitaria”. Los ingresos por sí solos no bastan
para identificar a la clase media.
De hecho, el ingreso es un buen indicador del
nivel de vida, pero no representa el monto total de
recursos de los que dependen las personas para
hacer frente a las necesidades de la vida cotidiana
o a imprevistos. Las personas pueden tener ingre-
sos por debajo del umbral de la pobreza y, sin em-
bargo, alcanzar un nivel de vida digno gracias a sus
ahorros. Una caída repentina de ingresos no tiene
por qué dar lugar a condiciones de vida inferiores
si la gente puede reducir la riqueza acumulada o
pedir préstamos. Por otro lado, los ingresos pueden
estar por encima del umbral de la pobreza, pero las
La relación
que se puede
establecer
entre ingresos
y nivel de vida
es relativa: el
estatus de la
clase media
también está
estrechamente
vinculado a
la posesión de
activos reales
y financieros
038 ATKINSON.indd 41 27/02/13 20:05
42 VANGUARDIA | DOSSIER
¿ DE S A PA R E C E L A C L A S E ME DI A DE OC C I DE NT E ? : UNA A DV E R T E NC I A
personas pueden sentirse vulnerables porque no
tienen ahorros con los que hacer frente a un impac-
to adverso sobre sus ingresos. Los activos y pasivos
son fundamentales para reducir el consumo cuan-
do los ingresos son inestables. Son un importante
factor determinante que influye en las perspecti-
vas personales a largo plazo. Estas consideraciones
indican que el estatus de la clase media se halla
estrechamente asociado a la posesión de activos
reales y financieros.
El valor del patrimonio y las propiedades
pueden ayudar a definir el límite superior de la
clase media. Los ricos podrían ser esas “personas
que no tienen que trabajar”, ya que su patrimonio
neto es lo suficientemente grande como para que
puedan vivir de los intereses y evitar el empleo re-
munerado. Adoptando un flujo de intereses des-
pués de impuestos de 3,3 por ciento y el estándar
de vida medio como referencia, los ricos serían las
personas de riqueza superior a 30 veces el salario
medio. Según este límite, una pareja con dos niños
pequeños sería considerada de clase media cuando
su patrimonio neto fuera inferior a 950.000 dólares
internacionales a precios de 2004 en Italia, 1,2
millones en Alemania y Suecia y 1,8 millones en
Noruega y Estados Unidos. Estos valores implican
que la proporción de los ricos va del 3,6 por ciento
en Estados Unidos al 6,6 en Alemania y al 10,6 en
Italia: en los tres países poseen dos quintas partes,
o más, de la riqueza total. Los límites de ingresos
superiores de la clase media que corresponden a
estas proporciones de la población se sitúan aproxi-
madamente en el doble de la mediana en Italia y
Alemania y en tres veces y media de la mediana en
Estados Unidos, prestando cierto apoyo para elevar
el límite superior de la clase media a al menos el
200 por ciento de la mediana.
La condición de la clase media consistente en
verse libre del riesgo de pobreza depende de las re-
servas que impiden que la gente caiga en la pobreza
si algo va mal. La escasez de activos refleja la expo-
sición al riesgo de que un nivel de vida mínima-
mente aceptable no pueda ser garantizado por un
período de tiempo si el ingreso súbitamente des-
aparece. Una proporción considerable de personas
de clase media posee escasos recursos. En caso de
GRÁFICO 2
CAMBIO EN PARTICIPACIÓN EN LA POBLACIÓN PARA DISTINTOS LÍMITES DE INGRESOS, EN PAÍSES SELECCIONADOS,
ENTRE ALREDEDOR DE 1985 Y DE 2004 (PUNTOS PORCENTUALES)
FI TW PL UK CA SE LU AL US NO FR MX IT DK
4
2
-2
0
-4
AT
FI TW PL UK CA SE LU AL US NO FR MX IT DK
4
2
-2
0
-4
-6
-8
AT
FI
AT
TW
PL
UK
CA
SE
LU
AL
US
NO
FR
MX
IT
DK
| Finlandia
| Austria
| Taiwán
| Polonia
| Reino Unido
| Canadá
| Suecia
| Luxemburgo
| Alemania
| EE. UU.
| Noruega
| Francia
| México
| Italia
| Dinamarca
DIFERENCIA ENTRE TAMAÑO DE RICOS Y POBRES
TAMAÑO DE LA CLASE MEDIA
75%-125%
75%-167%
75%-200%
75%-300%
LÍMITES DE LA
CLASE MEDIA
038 ATKINSON.indd 42 01/03/13 10:26
VANGUARDIA | DOSSIER 43
¿ DE S A PA R E C E L A C L A S E ME DI A DE OC C I DE NT E ? : UNA A DV E R T E NC I A
fijar los límites en el 75 por ciento y el 200 por cien-
to de la mediana, alrededor de la mitad de los ale-
manes y estadounidenses de clase media no tiene
suficientes recursos financieros para mantener su
nivel de vida con el umbral de la pobreza por lo
menos durante tres meses. La escasez financiera
patrimonial afecta a un 35-40 por ciento de los
suecos y noruegos de clase media, mientras que
solo el 23 por ciento de los italianos de clase media
son económicamente vulnerables, posiblemente
debido a que los modelos de apoyo público a la
renta son demasiado limitados, lo que la induce a
acumular relativamente más ahorros preventivos.
El sentido de la dificultad a la hora de hacer frente
a hechos negativos asociados a la pobreza patrimo-
nial está reñido con la seguridad económica que se
considera atributo de la clase media. Es posible, en-
tonces, que deseemos excluir de la clase media a las
personas con escasos recursos, incluso si sus ingre-
sos están muy por encima de la línea de pobreza.
Esto reduciría sustancialmente el tamaño de la cla-
se media, pero los datos disponibles son insuficien-
tes para valorar los cambios a lo largo del tiempo.
Los economistas suelen subrayar la importan-
cia de contar con una amplia clase media en orden
al crecimiento económico, por sus patrones de
consumo y por su propensión a acumular capital
humano y físico, así como para la democracia y la
estabilidad política de una sociedad. Sin embargo,
la clase media se puede definir de muchas maneras
diferentes. Como hemos mostrado, las medidas
habituales son simplemente otra forma de evaluar
la evolución de la desigualdad en los ingresos, en
tanto que hemos de ir más allá de una caracteriza-
ción simplista de las clases sociales puramente en-
marcadas en términos de niveles de renta. Una
noción valiosa y coherente de clase media no puede
obviar adoptar una perspectiva multidimensional
más matizada según la cual el ingreso, la riqueza y
la ocupación desempeñan un papel importante.
Nota
Este artículo es una adapta-
ción de nuestro capítulo
“On the Identification of the
middle class”, de próxima
publicación en Income Inequa-
lity: Economic Disparities and
the Middle Class in Aff luent
Countries, coordinado por J.
C. Gornick and M. Jäntti, ©
2013: Consejo de Adminis-
tración, Leland Stanford Jr.
University. Datos tratados
informáticamente: LIS Data-
base, Luxemburgo, 10-5-2011
(http://www.lisdatacenter.
org). Los puntos de vista aquí
expresados son únicamente
de los autores; en particular,
no reflejan necesariamente
los del Banco de Italia.
038 ATKINSON.indd 43 27/02/13 20:06
44 VANGUARDIA | DOSSIER
044 BRANKO MILANOVIC.indd 44 26/02/13 16:30
VANGUARDIA | DOSSIER 45
NTE LA PREGUNTA ¿AMENAZA
la desigualdad la sostenibili-
dad del capitalismo demo-
crático occidental?, hemos
de desglosarla para respon-
der. En primer lugar, ¿ame-
naza la desigualdad el capi-
talismo? La respuesta, al
menos a medio plazo, pare-
ce ser negativa. Por primera vez en la historia hu-
mana, un sistema que puede llamarse capitalista,
que se define (convencionalmente) como un tra-
bajo legalmente libre, propiedad privada del capi-
tal, coordinación descentralizada y la búsqueda de
beneficio, predomina
en todo el planeta. No
es menester remontar-
se mucho en el tiempo
ni poseer un gran cono-
cimiento de la historia
para darse cuenta de lo
singular y novedoso de
esta realidad. No solo
ha sido liquidado el so-
cialismo de planificación centralizada en tanto
que competidor en tiempos relativamente re-
cientes, sino que en ninguna parte del mundo
encontramos ya hoy día un trabajo carente de li-
bertad que desempeñe un papel económico im-
portante como sucedió hasta hace unos 150 años.
Tal es la hegemonía del capitalismo como
sistema mundial ante el que incluso aquellos a
quienes no satisface y que se muestran disgusta-
dos por el aumento de la desigualdad, ya sea local,
nacional o mundial, no poseen alternativas rea-
listas que proponer. La desglobalización y la aten-
ción a lo local no tiene sentido, ya que acabarían
con la división del trabajo, un factor clave del
crecimiento económico. Sin duda, quienes abo-
gan por el localismo no desean propugnar una
importante caída de los niveles de vida. Formas de
capitalismo de Estado, como en Rusia y China,
ciertamente existen,
pero eso es sin embar-
go el capitalismo: moti-
vación de beneficio
privado y predominio
de la empresa privada.
La creciente des-
igualdad de los ingre-
sos, no obstante, socava
algunas ideas del capi-
talismo dominante y muestra sus aspectos desagra-
dables: el enfoque centrado exclusivamente en el
materialismo y la ideología de todo para el vencedor
prescindiendo de todo aquello que no tenga una
La hegemonía del capitalismo
presenta un aspecto inexpugnable;
incluso aquellos que se muestran
disgustados por el aumento
de la desigualdad no son capaces
de proponer alternativas realistas
A
¿Se ha acabado
el ‘período especial’
del capitalismo?
Branko Milanovic
DEPARTAMENTO DE INVESTIGACIÓN DEL BANCO MUNDIAL
Y UNIVERSIDAD DE MARYLAND.
044 BRANKO MILANOVIC.indd 45 26/02/13 16:31
46 VANGUARDIA | DOSSIER
¿ S E HA AC A B A DO E L ‘ P E R Í ODO E S P E C I A L’ DE L C A P I T A L I S MO?
1. Larry Bartels, “Economic
Inequality and Political Re-
presentation”, agosto 2005,
p. 28. Disponible en http://
www.princeton.edu/~barte
ls/economic.pdf (visitado el
12 de enero del 2012).
2. Cálculos de acuerdo con la
base de datos Luxembourg
Income Survey (LIS), que pro-
porciona información con
encuestas armonizadas a
hogares de los países más
desarrollados y de algunos
países en vías de desarrollo.
Las encuestas españolas ori-
ginales de 1980 y 2010 son
las Encuestas de Condiciones de
Vida (ECV) bajo la dirección
del Instituto Nacional de
Estadística (INE).
dimensión pecuniaria. Pero como no existen ac-
tualmente alternativas ideológicas, y aún menos
partidos políticos o grupos para ponerlas en prác-
tica, la hegemonía del capitalismo presenta un
aspecto notablemente inexpugnable. Por supues-
to, nada garantiza que pueda
ofrecer idéntica fisonomía a ojos
de nuestros hijos o nietos; es po-
sible que se alumbren nuevas
ideas pero, por lo menos, así es
como se ofrece a ojos de un obser-
vador razonable (espero serlo,
personalmente) en la actualidad.
Sin embargo, ¿es sostenible
el capitalismo democrático? Esto
ya es otra cuestión. Nótese, en
primer lugar, que estos dos tér-
minos no han acostumbrado a
combinarse a lo largo de la histo-
ria. Ausencia de democracia y
capitalismo han sido unas carac-
terísticas comunes, no solo en
España bajo el franquismo, en
Chile bajo Pinochet, o en Congo de Mobutu, sino
también en Alemania, Francia y Japón e incluso
en Estados Unidos (con la exclusión de los negros
de la política) y en Inglaterra, con su estricta limi-
tación del sufragio. No hay que recurrir a grandes
dotes de imaginación para darse cuenta de que
capitalismo y democracia pueden disociarse y de
que la desigualdad puede desempeñar en ello un
importante papel. Ya lo hace mediante la potencia-
ción política de los ricos en un grado mucho ma-
yor que en el caso de la clase media y los pobres.
Los ricos dictan la agenda política, financian a los
candidatos que protegen sus intereses y se asegu-
ran de que sean aprobadas las leyes que les convie-
nen. El politólogo estadounidense Larry Bartels
considera que los senadores de su país son de
cinco a seis veces más propensos a atender a los
intereses de los ricos que a los de la clase media.
En el caso de los pobres, concluye demoledora-
mente Bartels, “no hay prueba apreciable de que
las opiniones de los electores de bajos ingresos
ejerzan algún efecto en el comportamiento elec-
toral de sus senadores”.
1
Tanto la democracia co-
mo la clase media están perdiendo sustancia.
En realidad, por buenas razones desde Aris-
tóteles, y más recientemente desde Tocqueville, la
clase media se ha considerado un baluarte contra
formas no democráticas de gobierno. No obedecía
a ninguna virtud moral especial, encarnada en
personas de situación y función intermediaria en la
sociedad, que una persona cualquiera, al dejar de
ser rica para pasar a ser de clase media, prefiriera,
de repente, la democracia. Se trata, simplemente,
de que la clase media tenía interés en limitar el
poder de los ricos para que no la dominaran y de
los pobres para que no la expropiaran. Una amplia
clase media, además, significó que muchas perso-
nas compartieran posiciones similares de tipo
material, desarrollaran gustos similares y tendie-
ran a evitar el extremismo, tanto de la izquierda
como de la derecha. De este modo, la clase media
aportaba democracia y estabilidad.
Todo esto se ve atacado por el aumento de la
desigualdad. La clase media en las democracias
occidentales es hoy en día a la vez menos numero-
sa y económicamente más débil con respecto a los
ricos que hace 20 años. En Estados Unidos, donde
el cambio es más espectacular, la porción de la
clase media, definida como las personas con ingre-
sos disponibles alrededor de la mediana (más
exactamente, un 25 por ciento por encima y por
debajo de la mediana), se redujo de un tercio de la
población en 1979 a un 27 por ciento en 2010. Al
mismo tiempo, el ingreso promedio de la clase
media, que era prácticamente igual a la renta
media global de Estados Unidos en 1979, se redujo
a solo tres cuartas partes de la media. El resultado
global de la disminución en números e ingresos
relativos representa una fuerte caída en el poder
económico de la clase media. En 1979, representa-
ba el 32 por ciento del total de ingresos (o consu-
mo); en la actualidad, solo el 21 por ciento. En
España, el mismo cálculo proporciona una ima-
gen mucho menos dramática aunque de tintes
similares. Mientras que el tamaño de la clase me-
dia ha disminuido del 34 por ciento al 31 por
ciento de la población española, su renta relativa
ha aumentado lo suficiente para mantener su
poder económico relativo a solo 1 punto porcen-
tual por debajo del de hace 30 años.
2
La importancia política de la clase media, en
todo caso, ha menguado y no es difícil proyectar
hacia el futuro las tendencias actuales, observadas
más vivamente en Estados Unidos, donde el apoyo
financiero de personas y empresas ricas asegura el
éxito político. Aunque el sistema se mantiene en
forma democrática, porque la libertad de expre-
sión y de asociación se conserva y las elecciones
son libres, se convierte básicamente en una pluto-
cracia. En términos marxistas, es “la dictadura de
la clase adinerada” incluso aunque parezca ser,
desde una perspectiva superficial, una democra-
cia. El gobierno no es otra cosa, según las famosas
palabras de Marx, que “la junta directiva que ad-
ministra los negocios comunes de la burguesía”.
3
Sistema
capitalista y falta
de democracia
ha sido una
característica
común no solo
en la España
de Franco
o en el Chile
de Pinochet,
sino también
en Alemania,
Francia, EE. UU.
o Inglaterra
044 BRANKO MILANOVIC.indd 46 26/02/13 16:31
VANGUARDIA | DOSSIER 47
¿ S E HA AC A B A DO E L ‘ P E R Í ODO E S P E C I A L’ DE L C A P I T A L I S MO?
3. Cita procedente de El Ma-
nifiesto Comunista.
Y, de hecho, la brecha entre la ideología pro-
fesada y la realidad no le resultará nada nuevo a un
estudioso de la política y la historia. Roma se con-
virtió de forma casi imperceptible en un imperio
autocrático mientras que se hacía pasar por una
república gobernada por un senado. Una clase
burocrática gobernó el este de Europa sin dejar de
afirmar que tanto el poder económico como polí-
tico estaba en manos del pueblo. Todos los dictado-
res actuales sostienen que encarnan la voluntad
del pueblo; es decir, se creen unos demócratas.
El alejamiento de la democracia puede adop-
tar dos formas. Una es estadounidense y se aseme-
ja a una plutocracia y la otra puede llamarse ita-
liana. En el segundo caso, el poder es extraordina-
rio, aunque es legal en apariencia y funciona en el
seno del sistema democrático, transferido a un
gobierno tecnocrático. Tiene lugar de una manera
que recuerda cómo las dictaduras se introdujeron
en la Europa de entreguerras, de la tecnocracia del
doctor Salazar a la “ley y orden” de herr Hitler. La
tecnocracia de hoy puede parecer benevolente, li-
derada por personas de una integridad intachable;
pero, no obstante, surge como contrapunto a la
democracia. Crece y prospera porque la democra-
cia se muestra incapaz de solucionar los proble-
mas. Los tecnócratas pueden. De hecho, países
como Singapur son ejemplos perfectos de la efi-
ciencia tecnocrática. Por agradable que pueda re-
sultar vivir bajo tales gobiernos, no son sin embar-
go democráticos. Si la democracia es un valor en
sí mismo, en su caso no lo aportan.
La decepción actual con el Congreso esta-
dounidense, el cual hace frente a un índice de
desaprobación pública superior al 80 por ciento y
fue llamado por el comentarista de “The
Washington Post” Ezra Klein “más impopular que
el comunismo”, puede considerarse una señal
más de la deriva hacia el Estado de tecnócratas,
deseado por algunos. Sin embargo, tanto el gobier-
no no electo en manos de tecnócratas como el
gobierno oculto en manos de los ricos son cosas
profundamente antidemocráticas.
Llegamos ahora a la tercera y última parte de
la pregunta: ¿socava la desigualdad, en particular,
el capitalismo democrático europeo? Todo lo di-
cho del capitalismo democrático se aplica, obvia-
mente, a Europa pues es de la Europa de Monti y
Papademos de donde hemos extraído los ejemplos
de la tendencia tecnocrática. Sin embargo, Europa
está expuesta a presiones adicionales. La más im-
portante es la de la globalización, que con frecuen-
cia trabaja tanto contra sus trabajadores y clase
media como a favor de sus ricos. Los trabajadores
y parte de la clase media occidental se hallan ex-
puestos, debido a un aumento del comercio inter-
nacional, a la subcontratación o en general al
atractivo de lo extranjero frente a las inversiones
internas, a una fuerte competencia por parte de
los trabajadores en las economías emergentes.
Tanto los ricos como los altamente cualificados
salen beneficiados, ya que su capital financiero y
humano goza de mayor movilidad y no puede ser
fácilmente gravado a menos que se quiera que
huyan del país. Una baja fiscalidad, a su vez, au-
menta la desigualdad entre ricos y pobres, ya que
socava las fuentes de financiación sobre la que se
construyó el moderno Estado de bienestar euro-
peo. La historia rocambolesca de la búsqueda re-
ciente por parte de Gérard Depardieu de una ciu-
dadanía de rostro fiscal más amable constituye un
valioso ejemplo; entre otras razones, porque pocas
personas en sus carreras respectivas encarnan
mejor lo francés que Depardieu. Cuando los iconos
nacionales huyen, ¿qué otra cosa queda, aparte de
emularlos, a todos quienes pueden permitirse el
lujo de trasladar su domicilio fiscal al extranjero?
Una segunda fuerza de globalización que
Europa no puede abordar fácilmente dados sus
recursos es la de la migración. La migración no es
diferente de otras formas de la globalización: ex-
portaciones e importaciones de bienes y tecnolo-
gía o movimientos de capital. Por lo tanto, resulta
erróneo hablar de ello por separado o como algo
independiente de las grandes diferencias de in-
gresos entre países que se han
revelado y exacerbado a menu-
do por la globalización. Pero no
solamente Europa carece de la
experiencia de abordar el tema
de la inmigración como es el
caso de Estados Unidos, Canadá
o Australia, sino que los inmi-
grantes que suelen ser étnica y
religiosamente diferentes de
las mayorías autóctonas llevan
consigo diferentes normas cul-
turales que también socavan el
Estado de bienestar.
El Estado del bienestar se
edificó sobre la presuposición
de la homogeneidad étnica y
cultural de la población. La ho-
mogeneidad no solo incrementa la afinidad entre
diferentes segmentos de la población, sino que
garantiza que todos más o menos siguen normas
sociales similares. Si nadie engaña haciéndose
pasar por mayor con el fin de obtener una pen-
El período entre
1945 y los años
90 pudo haber
sido una etapa
‘excepcional’
para el
capitalismo;
ahora hay
argumentos
suficientes para
considerar que
vuelve a sus
características
´naturales’
044 BRANKO MILANOVIC.indd 47 26/02/13 16:31
48 VANGUARDIA | DOSSIER
APRETARSE EL CINTURÓN
Pregunta: ¿Ha tenido que reducir su tren de vida en el último año?
Respuesta: Sí.
100%
90%
80%
70%
60%
50%
40%
30%
20%
10%
0%
UK FR AL IT ES PT CZ SK HU PL RO RY EU-O EU-E T-12
56% 56%
30% 30%
61%
69%
58%
18%
83%
54%
59%
48%
51%
53% 52%
DIEZ AÑOS CUESTA ABAJO
Pregunta: ¿Cómo ha variado su situación económica en los últimos diez años?
100%
90%
80%
70%
60%
50%
40%
30%
20%
10%
0%
UK FR AL IT ES PT EU-O T-12
42%
40%
18%
46%
33%
21%
40%
44%
16%
53%
22%
25%
50%
29%
21%
52%
32%
16%
47%
33%
19%
46%
37%
17%
Ha mejorado Ha empeorado Ha permanecido estable
MEJOR QUE EL RESTO DEL PAÍS
Pregunta: ¿Cómo describiría la situación general de su país y la suya personal en una
escala de 1 a 10?
10.0
9.0
8.0
7.0
6.0
5.0
4.0
3.0
2.0
1.0
0
0
1.0
2.0
3.0
4.0
5.0
6.0
7.0
8.0
9.0
10.0
AL ES FR IT PT UK HU PL CZ SK RU RO T-12 EU-O EU-E
AL ES FR IT PT UK HU PL CZ SK RU RO T-12 EU-O EU-E
3.1
4.1
3.4
2.6
4.2
2.7
4.0 3.9 4.0
4.2
3.3
3.8
4.0
3.7
Situación general (1-10) Situación personal (1-10)
4.9
5.3
4.9
4.2
5.6
3.4
4.5
5.0 5.1 5.1 5.1 5.0
5.2
4.7
6.2
6.2
=
AUMENTAR INGRESOS/REDUCIR GASTOS
Pregunta: ¿Cuál es su mejor opción para poder seguir manteniendo su nivel de vida?
90%
80%
70%
60%
50%
40%
30%
20%
10%
0%
AL UK IT
Reducir los gastos Ganar más trabajando más
53%
55%
57%
77%
33%
76%
83%
63%
71%
63%
77%
46%
63% 64% 65%
68%
59%
62%
70%
60%
71%
65%
34% 33%
40%
78%
70%
43%
57%
73%
FR PT ES RO RU PL CZ HU SK EU-O EU-E T-12
VIAJAR AL EXTRANJERO
Pregunta: ¿Viaja de vacaciones al extranjero más, igual o menos que sus padres cuando tenían su misma edad?
60%
50%
40%
30%
20%
10%
0%
Igual que mis padres Menos que mis padres Más que mis padres
UK
29%
39%
32%
FR
29%
39%
32%
AL
28%
38%
34%
IT
25%
50%
25%
ES
29%
51%
20%
PT
25%
47%
28%
CZ
26%
45%
29%
SK
25%
49%
26%
HU
25%
21%
54%
PL
27%
36% 37%
RO
23%
45%
32%
RU
36%
33%
31%
EU-O
27%
44%
29%
EU-O
27%
38%
35%
T-12
27%
41%
32%
ÍS E E TO MEJ
RO AJA
CLASE MEDIA A LA BAJA
La moral de las clases medias europea sigue a la baja por cuarto año consecutivo. Los alemanes son los únicos que consideran que
años. Enfrentado a la crisis económica, este importante segmento de la población da un suspenso –3,8 puntos sobre 10– a la
redujo su tren de vida y una gran mayoría, especialmente en los países del este, ha aplazado o abandonado sus proyectos o viajes
algunas de las conclusiones extraídas de la encuesta de L’Observatoire Cetelem 2012 realizada entre finales de 2011 y principios de
044 BRANKO MILANOVIC C1.indd 48 27/02/13 20:25
VANGUARDIA | DOSSIER 49
sión o cogiendo la baja por enfermedad cuando
no está enfermo, el Estado de bienestar es auto-
sostenible. Pero si estas normas ya no son obser-
vadas por todos, se desmorona.
Las presiones sobre el Estado de bienestar,
procedentes tanto de la globalización como de la
migración, son en realidad un ataque a la clase
media, ya que la clase media es el mayor promotor
y beneficiario del Estado de bienestar. Aunque en
la mayoría de estudios se concluye que los pobres,
a través de las prestaciones de desempleo y la asis-
tencia social, ganan cantidades de algún modo
apreciables, las clases medias ganan aún más a
través de las pensiones, de la atención médica y la
educación –ambas gratuitas y subvencionadas– y,
sobre todo, cuentan con la seguridad de verse li-
bres de una vida de pobreza y necesidad. El Estado
de bienestar ha sido, pues, un elemento indispen-
sable en el fortalecimiento de la clase media euro-
pea y del capitalismo democrático. La democracia
europea sigue la vía del Estado de bienestar euro-
peo. Llegó con él; es posible que se vaya sin él.
No se debe ser, sin embargo, excesivamente
pesimista. Europa ha superado otros desafíos más
formidables; ciertamente, tras pagar un precio
humano y material enorme. Se halla, todavía,
entre las áreas más ricas del mundo y, en términos
de derechos y actitudes sociales, es probablemen-
te la más civilizada. Es probable, salvo una guerra
(que de hecho parece impensable), que siga siendo
el lugar más atractivo del mundo para vivir, aun-
que es dudoso que sea el más dinámico. Por otra
parte, las principales características asociadas a
ella en la segunda mitad del siglo XX, la democra-
cia y el bienestar, pueden decaer paulatinamente.
¿Fue el período entre el final de la Segunda
Guerra Mundial y el final de la guerra fría un in-
terludio inusual, en que el capitalismo se entrela-
zó con el Estado de bienestar, la democracia y el
liberalismo, rasgos de los que había carecido a
menudo? Existen argumentos para considerarlo
así y para razonar que el capitalismo, ahora, sim-
plemente vuelve a sus características naturales. Lo
que muchos de nosotros hemos vivido podría ha-
ber sido solo un capitalismo bajo condiciones excep-
cionales, un poco como el capitalismo del período
especial a escala global. Fue un capitalismo que
respondió de modo creativo a la Gran Depresión
(reinventando el gobierno), a la guerra (reuniendo
recursos para vencer) y al comunismo (haciendo
hincapié en la solidaridad social a través del
Estado de bienestar). Ninguna de estas amenazas
se halla presente; así que ¿por qué no iba a volver
el capitalismo a lo que fue?
SALUD, EDUCACIÓN, PENSIONES
Pregunta: ¿De cara al futuro, qué cuestiones considera que son prioritarias?
Posibles respuestas
UNA BUENA PROTECCIÓN SANITARIA
PRESUPUESTO PARA LA EDUCACIÓN
EL PODER DE COMPRA
MANTENER EL NIVEL DE VIDA
PREPARAR LA JUBILACIÓN
SER PROPIETARIO DE LA VIVIENDA
MEJORAR EL NIVEL DE VIDA
AHORRAR
LA CRISIS ECONÓMICA Y LA DEUDA DEL PAÍS
LA CRISIS ECONÓMICA Y LA DEUDA DEL MUNDO
57 %
55 %
36 %
41 %
42 %
39 %
46 %
38 %
37 %
31%
AL
UK
IT
FR
PT
ES
RO
RU
PL
CZ
HU
SK
EU-O
EU-E
T-12
Alemania
Reino Unido
Italia
Francia
Portugal
España
Rumanía
Rusia
Polonia
República Checa
Hungría
Eslovaquia
Europa del oeste
Europa del este
Total 12 países
ION ACI ALU
FUENTES: L’Observatoire Cetelem 2012,
Luxembourg Income Study (LIS).
DATOS DE LA ENCUESTA
Encuesta realizada sobre más de 6.500 personas de clase media de 12 países:
Alemania, Eslovaquia, España, Francia, Hungría, Italia, Polonia, Portugal,
Reino Unido, República Checa, Rumanía y Rusia. La clase media de la muestra
utilizada corresponde al 60 por ciento de los hogares que, por sus ingresos
económicos, se sitúan entre el 20 por ciento de las clases más ricas y el 20 por
ciento restante de las menos favorecidas.

su situación económica ha mejorado más en los últimos diez
situación general en cada país; aproximadamente la mitad
de placer al extranjero por razones presupuestarias. Estas son
2012 por TNS Sofres/BIPE.
044 BRANKO MILANOVIC C1.indd 49 27/02/13 20:26
50 VANGUARDIA | DOSSIER
Hans-Peter Blossfeld
INSTITUTO UNIVERSITARIO EUROPEO DE FLORENCIA.
Globalización
y desigualdad
clases sociales
cambiantes
en Europa y
Estados Unidos
050 BLOSSFELD.indd 50 28/02/13 14:22
VANGUARDIA | DOSSIER 51
N LAS ÚLTIMAS DOS DÉCADAS, LA
presión de la globalización ha
tenido un fuerte impacto en la
estructura de la desigualdad so-
cial en las sociedades modernas.
La globalización suele entender-
se como una combinación de
cuatro cambios estructurales re-
lacionados entre sí [véase tabla
1]: 1) la internacionalización de los mercados y el
debilitamiento de las fronteras nacionales, 2) una
intensificación de la competencia de los estados de
bienestar a través de la desregulación, la privatiza-
ción y la liberalización, 3) la expansión acelerada
de las redes a través de las nuevas tecnologías de la
comunicación, y 4) la creciente dependencia de los
mercados locales de los choques aleatorios en al-
guna parte del mundo. La globalización tiene
muchos efectos positivos. Por ejemplo, aumenta el
nivel de productividad y nivel de vida de las socie-
dades modernas. Sin embargo, tiene un precio:
también hay un índice creciente de acontecimien-
tos inesperados relativos al mercado y un cambio
más rápido social y económico que hace que sea
más difícil para los individuos, las empresas y los
gobiernos predecir el futuro del mercado y tomar
decisiones entre diferentes alternativas y estrate-
gias. En particular, las empresas aplican diferentes
tipos de flexibilidad, dependiendo de la rigidez del
sistema de empleo en una sociedad [tabla 2]. Hay
dos hipótesis rivales sobre los efectos de la globali-
zación en la evolución de las desigualdades socia-
les en las sociedades modernas.
La primera fue propuesta por autores como
Beck y Giddens. Argumentan que las sociedades
modernas ya no pueden caracterizarse como socie-
dades de clases sino que tienen que clasificarse
como sociedades de riesgo. Sostienen que la apari-
ción de una fuerte incertidumbre tiene un “efecto
nivelador”, porque todas las personas se ven más o
menos igualmente afectadas por estos nuevos
riesgos, con independencia de su posición social y
económica y sus recursos. Este argumento está es-
trechamente relacionado con la idea de individua-
lización. Por lo tanto, esta evolución libera al indi-
viduo de tradicionales limitaciones específicas de
clase y permite que las personas en las sociedades
modernas decidan de manera más autónoma y li-
bremente sobre su propia biografía. Como dice
Giddens, las personas actualmente “no tienen más
remedio que optar”. Por lo tanto, se da por descon-
tado que las estructuras convencionales, tales co-
mo la familia o la clase social, que en el pasado
moldearon fuertemente no sólo la identidad indi-
E
TABLA 1
GLOBALIZACIÓN Y CRECIENTES INCERTIDUMBRES EN LAS SOCIEDADES MODERNAS
GLOBALIZACIÓN
Internacionalización de los
mercados; competencia entre
países con distinta relación
salarios/niveles
de productividad
y niveles sociales
Intensificación de la
competencia entre
estados-nación; políticas de
desregulación, privatización
y liberalización
Interconectividad mundial
creciente por el auge de las TIC
Importancia creciente de los
mercados y dependencia de
estos de los choques aleatorios
Aceleración de la innovación;cambio social y económico acelerado Dinámicas aceleradas
del mercado
Aumento de episodios
imprevisibles del mercado
Creciente incertidumbre (del mercado)
y mayor necesidad de flexibilidad.
FILTROS INSTITUCIONALES
Canalizan la creciente incertidumbre en época
de globalización de forma específica
Sistema de empleo Sistema educativo Sistema de bienestar
NIVEL INDIVIDUAL
Creciente incertidumbre canalizada hacia grupos específicos en una sociedad determinada
Fuente: Ilustración, según Mills y Blossfeld (2005).
050 BLOSSFELD.indd 51 01/03/13 10:49
52 VANGUARDIA | DOSSIER
GL OB A L I Z AC I ÓN Y DE S I GUA L DA D. C L A S E S S OC I A L E S C A MB I A NT E S E N E UROPA Y E S T A DOS UNI DOS
vidual sino también las oportunidades de vida in-
dividuales, mostrarán un declive en la era de la
globalización. En particular, la clase social debería
ser menos importante en lo que respecta a las
oportunidades individuales, tales como la protec-
ción contra el desempleo, las posibilidades de un
empleo seguro o la promoción profesional. Más
bien, los nuevos riesgos se extienden ampliamente
y de manera uniforme en toda la sociedad. De
acuerdo con este enfoque, deberíamos presenciar
un fuerte incremento de la flexibilidad en el em-
pleo en toda la población, relacionado con una dis-
minución de desigualdades sociales (existentes) en
las sociedades modernas.
La hipótesis contraria sostiene que los proce-
sos de globalización conducen a una remercanti-
lización de los grupos ya desfavorecidos del mer-
cado de trabajo y, por lo tanto, más bien aumenta
las desigualdades sociales existentes. Según Breen, los
procesos de remercantilización tienen lugar sobre
todo en el desplazamiento de los riesgos del mer-
cado a los grupos ya desfavorecidos y “menos
protegidos” de trabajadores. Como Breen argu-
menta, el atractivo de unas relaciones a largo
plazo se ha reducido, en el caso de los empresarios,
en el proceso de globalización. Por lo tanto, cada
vez más tratan de alcanzar las llamadas relaciones
asimétricas contingentes. Esto significa que los em-
pleadores dejan abierta la opción, en función de
la evolución del mercado en el futuro, de disolver
los contratos de trabajo, mientras que los emplea-
dos solo tienen la opción de aceptar esta decisión
de la parte más fuerte.
En general, la investigación del mercado de
trabajo distingue entre simples contratos de traba-
jo y relaciones de servicio trata de entender cómo
los riesgos del mercado podrían pasar a la fuerza
de trabajo. Lo primero se aplica a los empleos poco
cualificados con tareas de fácil aprendizaje y con-
trol más exigente del trabajo. Como resultado, el
mecanismo de intercambio entre el empleador y
el trabajador en estos puestos de trabajo se basa
principalmente en un salario (a destajo). Por el
contrario, las llamadas relaciones de servicio se
refieren a trabajos exigentes con carácter de ren-
dimiento difuso, que requieren conocimientos
especializados que demandan largos períodos de
formación y un alto grado de autonomía, así como
un sentido de la responsabilidad (hacia la empre-
sa). Así, en una empresa las relaciones de servicio
se basan principalmente en la confianza construi-
da en las relaciones laborales a largo plazo entre
empleadores y empleados (las llamadas “relacio-
nes de alta confianza”). Por lo que se refiere a las
relaciones de servicio, por lo tanto, la estrategia de
los empleadores consiste en vincular permanen-
temente a estos empleados a la empresa con eleva-
dos salarios (correspondientes a la eficiencia), se-
guridad en el empleo a largo plazo, perspectivas
relativas a su carrera y un sistema de incentivos y
gratificaciones. Por lo tanto, los trabajadores inex-
pertos y semicualificados son los primeros que
resultan afectados, y de forma más intensa, por la
flexibilización laboral, mientras que los emplea-
dos de relación de servicio de la parte superior e
inferior de la gama (gestores, profesionales, acadé-
micos, etcétera) pueden esperar plausiblemente
una relación labor estable y segura en la era de la
globalización. Los empleados con un mayor traba-
jo rutinario no manual, así como los trabajadores
cualificados (por ejemplo, encargados, capataces,
etcétera) ocupan posiciones intermedias entre
esos dos extremos. Por lo tanto, no están flexibili-
zados en la misma medida que el primer grupo,
pero al mismo tiempo no se benefician de la mis-
ma seguridad y estabilidad en el trabajo que mues-
tran las clases de servicio.
La idea de que los empleadores distinguen
entre personal permanente atractivo y personal
menos atractivo y de más fácil sustitución no es nue-
va en absoluto. Las teorías de la segmentación del
mercado laboral de la década de 1970 ya han utili-
zado un argumento similar. Los diferentes segmen-
tos del mercado laboral ofrecen oportunidades de
empleo y carrera muy diferentes, como en el caso
de la protección contra el despido o diversos ries-
gos del mercado de trabajo, así como una disposi-
ción muy diferente de los empleadores a invertir
en sus empleados. Sin embargo, como sostiene
Breen, en tiempos de crecimiento económico y
escasez de trabajo, los empleadores han ampliado
los privilegios de los segmentos del mercado de
trabajo bien situados y la garantía de la seguridad
del empleo al conjunto de la fuerza de trabajo me-
nos atractiva, lo que llevó a una creciente clase me-
dia en las sociedades capitalistas occidentales. Sin
embargo, ahora, en el curso del proceso de globali-
zación, estos privilegios se retiran dando lugar a
una clase media en declive.
Resultados de estudios
empíricos recientes
Los resultados de varios estudios comparati-
vos recientes apoyan la hipótesis de que en las so-
ciedades modernas existe un claro aumento de
riesgos dentro del mercado de trabajo en el proce-
so de globalización. Sin embargo, este aumento de
los riesgos no se distribuye por igual entre los
050 BLOSSFELD.indd 52 28/02/13 14:23
VANGUARDIA | DOSSIER 53
GL OB A L I Z AC I ÓN Y DE S I GUA L DA D. C L A S E S S OC I A L E S C A MB I A NT E S E N E UROPA Y E S T A DOS UNI DOS
grupos sociales [tablas 1 y 2]. Por el contrario, para
determinados grupos de trabajadores los estudios
en cuestión no concluyen que hayan sido fuerte-
mente afectados por la creciente incertidumbre
del mercado laboral. Los resultados han mostrado
que las generaciones que entran ahora en el mer-
cado laboral hacen frente a una incertidumbre del
mercado de trabajo mucho mayor que las genera-
ciones anteriores. Sin embargo, la globalización
de ninguna manera conduce, como frecuente-
mente se supone, a un aumento de la erosión de
las tradicionales relaciones laborales masculinas,
a una generalización de carreras fragmentarias o
a unos empleos en rotación continua. Por el con-
trario, las relaciones laborales de personas bien
cualificadas (empleados masculinos) en la mitad
de su trayectoria laboral, ya asentadas en el mer-
cado, siguen siendo muy estables y están amplia-
mente protegidas frente a cualquier flexibiliza-
ción de los empleadores [tabla 3]. Esto se aplica
especialmente a los países con mercados laborales
regulados con regímenes cerrados, es decir,
Varios estudios
comparativos
recientes
avalan la
hipótesis de
que en las
sociedades
modernas en
proceso de
globalización
se incrementan
los riesgos
dentro del
mercado
de trabajo
TABLA 2
INFLUENCIA DEL MARCO INSTITUCIONAL EN LA APARICIÓN DE DESIGUALDADES SOCIALES EN EL PROCESO DE
GLOBALIZACIÓN
Suecia,
Dinamarca,
Noruega
(Países Bajos)
Hungría,
Estonia,
Polonia,
República Checa
EE. UU.,
Gran Bretaña
Alemania,
Francia
(Países Bajos)
Italia, España,
Irlanda
Regulación
mediana
Transición a la
economía de
mercado
Poca regulación Mucha
regulación
Mucha
regulación
Socialdemócrata
Sistema de
bienestar generoso
y políticas activas
de empleo
Post-socialista
En transformación
Liberal
Sistema de
bienestar residual
Conservador
Ayudas públicas;
apoyo básico a la
población sin
empleo
Orientado a la
familia
Alto apoyo
público a los (ya)
nacionales
Cualificación
vocacional en la
en las escuelas;
fuerte orientación
a la recualifica-
ción y formación
permanente
En transformación
Fuertes diferencias
entre países:
estrategia liberal
(Estonia) frente
a la estrategia
continental
europea (Polonia,
República Checa,
Hungría)
Formación
profesional in situ;
incentivos
a la recualificación
Sistema dual;
pocos incentivos a
la recualificación
Formación
profesional
in situ; pocos
incentivos a la
recualificación
Flexibilidad con
apoyo como
principio clave
del mercado de
trabajo
Flexibilidad
individualizada
como principio
clave del mercado
de trabajo
Flexibilidad en
los ‘márgenes’
del mercado
de trabajo
Flexibilidad en
los ‘márgenes’
del mercado
de trabajo
Fuertes diferencias
entre países:
estrategia liberal
(Estonia) frente
a la estrategia
continental
europea (Polonia,
República Checa,
Hungría)
Poco incremento
de desigualdades
sociales debido a
la seguridad y la
reintegración
apoyadas por
el Estado
Competencia
creciente del
mercado;
desigualdades
estrechamente
asociadas a los
recursos
individuales
Desigualdades
sociales crecientes
entre nacionales
y extranjeros
en el mercado
laboral;
compensación
mediante ayudas
públicas
Desigualdades
sociales crecientes
entre nacionales
y extranjeros
en el mercado
laboral;
compensación
mediante ayuda
familiar
CASOS (PAÍSES)
RELACIONES
LABORALES/RÉGIMEN
DE PRODUCCIÓN
RÉGIMEN DE SISTEMA
DE BIENESTAR
SISTEMA PROFESIONAL
Y FORMATIVO
ESTRATEGIA DE
FLEXIBILIDAD
LABORAL EN EL
PROCESO DE
GLOBALIZACIÓN
EVOLUCIÓN DE LAS
DESIGUALDADES
SOCIALES EN EL
PROCESO DE
GLOBALIZACIÓN
NOTA: Los Países Bajos constituyen un caso intermedio en la clasificación del régimen vigente. Con respecto a las políticas de empleo, muestran
similitudes con el régimen de Estado de bienestar socialdemócrata; con respecto a otros acuerdos propios del Estado de bienestar, por ejemplo las
políticas de pensiones, se hallan más próximos a los países conservadores. Fuente: Ilustración autor.
050 BLOSSFELD.indd 53 28/02/13 14:23
54 VANGUARDIA | DOSSIER
GL OB A L I Z AC I ÓN Y DE S I GUA L DA D. C L A S E S S OC I A L E S C A MB I A NT E S E N E UROPA Y E S T A DOS UNI DOS
Alemania, Italia y España. En estos países hay solo
pocos signos de creciente incertidumbre en el caso
de los hombres en la mitad de su trayectoria labo-
ral. La gran mayoría de estos hombres goza todavía
de un alto nivel de estabilidad y seguridad en el
empleo debido a que las regulaciones del mercado
laboral nacional y los sistemas de asistencia social
les protegen fuertemente contra todo tipo de ries-
gos. Un nivel algo más alto de hombres en la mitad
de su trayectoria laboral enfrentados al riesgo de
desempleo, sin embargo, se observa en Estados
Unidos así como en los antiguos países socialistas
inmediatamente después de la caída del telón de
acero. En estos países, sin embargo, el nivel de
formación resultó ser una sólida garantía contra
los riesgos del mercado de trabajo, incluso entre
las generaciones más jóvenes.
Este alto nivel global de estabilidad entre los
hombres en la mitad de su trayectoria laboral se
puede explicar por el hecho de que una fuerza de
trabajo completamente flexibilizada no es desea-
ble ni eficiente desde el punto de vista de la empre-
sa. Se pondría en peligro la cooperación fiable y
permanente entre la dirección y el personal cuali-
ficado. De hecho, los estudios muestran que una
marcada flexibilización en las empresas reduce en
gran medida la voluntad de su personal de coope-
rar, tener motivación en el trabajo y ser leal a la
empresa. En los momentos de mayor competencia
(internacional), una cooperación segura y a largo
plazo con el personal cualificado y con experiencia
es importante para los empleadores a fin de asegu-
rar las relaciones de confianza necesarias para las
empresas. Una amplia introducción de relaciones
laborales flexibles comportaría la amenaza de que
la empresa se enfrentara a pérdidas relativas al
personal de alta calificación y a unos dolorosos
costos de contratación de nuevos empleados. En
otras palabras, los empleadores no tienen ningún
interés en abandonar compromisos a largo plazo
con todos los tipos de empleados de su personal. Por
lo tanto, se mantienen las relaciones de confianza
con aquellos empleados que desempeñan puestos
cualificados y en cierto modo privilegiados. Estos
objetivos ambivalentes de la empresa en el proceso
de globalización, es decir, la flexibilidad por un
lado, pero la estabilidad y la continuidad por otro,
dan lugar a una segmentación cada vez mayor de
la fuerza de trabajo en grupos nucleares y grupos
periféricos, los que componen el cogollo y los de-
más, más lejos del centro. Como consecuencia, los
empleados varones en la mitad de su trayectoria
laboral, sobre todo si están bien cualificados, si-
guen estando ampliamente protegidos frente a la
flexibilización (del mercado de trabajo) en el pro-
ceso de globalización. En cambio, los menos asen-
tados sobre todo en el mercado laboral se verán
ahora incluso más afectados por los riesgos del
mercado de trabajo.
De hecho, los resultados de la investigación
apoyan claramente esta hipótesis –especialmente
cuando los resultados de los análisis sobre los hom-
bres en la mitad de su trayectoria laboral se compa-
ran con los de los jóvenes que abandonan el siste-
ma educativo y comienzan su carrera laboral [tabla
4]–. Estos jóvenes se enfrentan a un fuerte aumento
de la incertidumbre cuando se incorporan al mer-
cado laboral. Estas incertidumbres se manifiestan
en términos de un importante aumento en el des-
empleo y en las formas precarias, atípicas de em-
pleo (por ejemplo, trabajos a corto plazo, puestos
de trabajo a tiempo parcial, formas precarias de
autoempleo e ingresos inferiores). Estos hechos
tienden a motivar que los jóvenes sean los perdedo-
res de la globalización. A primera vista, esto parece
ser algo paradójico porque la generación joven está
mucho más formada que la generación mayor y
muchos de estos jóvenes han pasado períodos más
largos de su vida en el extranjero. Sin embargo, su
posición puede verse afectada en mayor medida ya
TABLA 3
HOMBRES EN LA MITAD DE SU TRAYECTORIA LABORAL EN EL MARCO DEL PROCESO DE GLOBALIZACIÓN
HOMBRES EN LA MITAD DE SU TRAYECTORIA LABORAL
Efecto principal de la globalización Efecto según el sistema vigente Efecto a nivel individual
Fuente: Autor.
Niveles relativamente persistentes de
estabilidad laboral
Las pérdidas de estabilidad laboral
se concentran ampliamente en hombres
de cualificación (más) baja y categoría
profesional inferior
Sistema conservador en el sur de Europa
y países social-demócratas: alto nivel
constante de estabilidad
Países post-socialistas y liberales:
auge moderado de flexibilidad laboral
entre hombres en la mitad
de su trayectoria laboral
050 BLOSSFELD.indd 54 01/03/13 10:52
VANGUARDIA | DOSSIER 55
GL OB A L I Z AC I ÓN Y DE S I GUA L DA D. C L A S E S S OC I A L E S C A MB I A NT E S E N E UROPA Y E S T A DOS UNI DOS
que con frecuencia carecen de experiencia laboral
y de sólidos vínculos con los mercados de trabajo
internos. No pueden disfrutar de los contactos ya
consolidados y no poseen el poder de negociación
necesario para exigir empleo estable y continuo.
Por lo tanto, es relativamente fácil para los emplea-
dores y los sindicatos regular los contratos de tra-
bajo de los jóvenes de forma que sean más flexibles
y menos ventajosos a sus expensas.
Sin embargo, los efectos concretos del proce-
so de globalización en la situación de los jóvenes
en el mercado de trabajo juvenil varían mucho
según las diferencias de nivel del Estado de bien-
estar y los regímenes de mercado laboral. En par-
ticular, en los fuertemente polarizados escenarios
laborales de los mercados de la Europa sur y con-
tinental, los jóvenes adultos se han ido convirtien-
do en una masa fácil de manejar en los regulados
mercados laborales de estos países de manera que
los jóvenes adultos se han enfrentado a un fuerte
aumento de riesgos en el mercado de trabajo. En
estos países se ha vuelto cada vez más difícil para
los jóvenes adultos hacer pie firme en el mercado
de trabajo y con frecuencia su entrada en el mer-
cado laboral hoy en día se caracteriza por las for-
mas precarias de empleo, como es el caso del em-
pleo de duración determinada, por ejemplo.
Independientemente del contexto nacional, la
formación se está revelando claramente como
factor crecientemente importante en el proceso de
globalización en el caso de los jóvenes adultos. Los
que ingresan ahora con poca cualificación en el
mercado de trabajo se ven especialmente afecta-
dos por los cambios globales. Así es como la globa-
lización en general refuerza las desigualdades
sociales y las fronteras de clases sociales dentro de
la generación joven, porque los recursos indivi-
duales (según clase social) adquieren importancia
a través de la creciente relevancia de la competen-
cia del mercado e individual.
Los efectos del proceso de globalización en la
fase media de la vida de las mujeres también difie-
ren notablemente de las de los hombres en la mi-
tad de su trayectoria laboral [tabla 5]. La globaliza-
ción contribuye a través de todos los países a la
marginación de la mujer como forastera respecto
del mercado de trabajo. Esto se aplica especialmen-
te a los países conservadores de Europa central y
países del sur de Europa regidos por el esquema de
la familia. A pesar de la creciente integración de la
mujer en la fuerza de trabajo en estos países, si-
guen siendo casi exclusivamente las mujeres quie-
nes siguen llevando a cabo las tareas y el cuidado
familiar no remunerado. Especialmente durante
la fase de constitución de la familia, las parejas
casadas tienden más a invertir en la carrera laboral
continuada del marido que en la de la esposa. Tal
práctica no solo limita la capacidad de obtener
Ante la
posibilidad,
real o no, de
que las mujeres
interrumpan
sus carreras
profesionales
por razones
familiares, los
empleadores
les niegan
puestos
de trabajo,
promociones y
oportunidades
de formación
continua
TABLA 4
JÓVENES Y JÓVENES ADULTOS EN EL PROCESO DE GLOBALIZACIÓN
JÓVENES Y JÓVENES ADULTOS
Efecto principal de la globalización Efecto según el sistema vigente Efecto a nivel individual
Fuente: Autor.
Mayor incertidumbre del empleo
que pospone la formación de la familia
Importancia creciente de la formación
como factor clave para asentarse
en el mercado de trabajo
Países del sur de Europa y
conservadores: Marginación de los
jóvenes como extraños al mercado de
trabajo por verse crecientemente
afectados por el empleo precario; impacto
muy fuerte en la formación de la familia
y el nacimiento de los hijos
Países postsocialistas: inseguridad en el
empleo aún mayor; efectos dramáticos en
la formación de la familia
Países socialdemócratas: protección
relativa de la juventud y la familia ante
la incertidumbre del empleo
Países liberales: incertidumbre del empleo
contrapesada por estructuras de mercado
abiertas; impacto relativamente bajo
sobre la formación de la familia debido a
ligeros cambios en la incertidumbre
percibida subjetivamente
050 BLOSSFELD.indd 55 01/03/13 10:53
56 VANGUARDIA | DOSSIER
GL OB A L I Z AC I ÓN Y DE S I GUA L DA D. C L A S E S S OC I A L E S C A MB I A NT E S E N E UROPA Y E S T A DOS UNI DOS
ingresos en el caso de las mujeres, sino que tam-
bién puede poner en peligro la continuidad de las
oportunidades de empleo y de carrera a largo pla-
zo, sobre todo cuando las esposas renuncian total-
mente a sus puestos de trabajo en favor de los de
sus maridos o los adaptan a los de sus maridos en
términos de tiempo o lugar. Las desventajas o per-
juicios en sus carreras laborales no son solo expe-
rimentados por las mujeres que de hecho inte-
rrumpen sus carreras laborales por razones fami-
liares. Suele considerarse que incluso las que no
proyectan tal interrupción lo harán tal vez o pro-
bablemente acabarán haciéndola realidad; y este
argumento se utiliza para negarles puestos de
trabajo, promociones y oportunidades de forma-
ción continua solo por su género (la denominada
discriminación estadística). El resultado es que las
mujeres están desproporcionadamente sobrerre-
presentadas en estas formas flexibles de trabajo
que aparecen en el proceso de globalización. Los
TABLA 5
MUJERES EN LA MITAD DE SU TRAYECTORIA LABORAL EN EL MARCO DEL PROCESO DE GLOBALIZACIÓN
MUJERES EN LA MITAD DE LA VIDA
Efecto principal de la globalización Efecto según el sistema vigente Efecto a nivel individual
Fuente: Ilustración autor.
Marginación en el mercado de trabajo Importancia creciente
de la experiencia y la formación
en el empleo
Países conservadores y del sur de
Europa: Creciente integración de las
mujeres en el empleo, pero sólo como
asalariadas de ingresos secundarios en
empleos menos estables
Países socialdemócratas: Estabilidad
relativa de los niveles de empleo debido a
la ayuda estatal
Países de sistema liberal: la creciente
necesidad de ayudar a los ingresos
familiares empuja a las mujeres al
empleo (flexible). Países postsocialistas:
pérdida del estatus de pleno empleo tras
la caída del telón de acero
TABLA 6
EMPLEADOS EN FASE AVANZADA DE SU TRAYECTORIA LABORAL EN EL PROCESO DE GLOBALIZACIÓN
EMPLEADOS EN FASE AVANZADA DE SU TRAYECTORIA LABORAL
Efecto principal de la globalización Efecto según el sistema vigente Efecto a nivel individual
Fuente: Ilustración autor.
Creciente riesgo de quedar fuera
del mercado laboral
Variación global entre individuos
menos pronunciada que en otras
fases de la vida; mayor importancia
comparativa del capital humano
en países de sistema liberal
Países conservadores y del sur de
Europa: índice más alto de salida
del mercado laboral, notablemente
amortiguada por generosos
sistemas de pensiones
Países social-demócratas: salidas del
mercado laboral en fase avanzada de la
vida laboral y alta estabilidad en el
empleo fomentada por políticas activas
sobre el mercado laboral
Países de sistema liberal: salidas del
mercado laboral, pero movilidad laboral
relativamente alta
Países post-socialistas: aplicación de
estrategias diferenciales (Hungría y
República Checa: estrategia conservadora;
Estonia: estrategia liberal)
050 BLOSSFELD.indd 56 28/02/13 14:24
VANGUARDIA | DOSSIER 57
GL OB A L I Z AC I ÓN Y DE S I GUA L DA D. C L A S E S S OC I A L E S C A MB I A NT E S E N E UROPA Y E S T A DOS UNI DOS
empleadores justifican esta concentración de las
formas flexibilizadas de trabajo en el caso de la
mujer apuntando repetidamente a sus déficit en
experiencia de trabajo en comparación con los
hombres y a la mayor probabilidad de una inte-
rrupción posterior en el empleo.
Por último, los análisis empíricos sobre los
trabajadores mayores y los empleados en edad de
prejubilación también concluyen que estos han
experimentado fuertes cambios de su situación
en el mercado laboral en el proceso de globaliza-
ción [tabla 6]. Estos cambios se manifiestan prin-
cipalmente en el hecho de que los empleados
mayores habían sido expulsados de los mercados
de trabajo de las sociedades modernas haciendo
amplio uso de los programas nacionales de jubi-
lación anticipada. Las empresas ven a los emplea-
dos mayores como menos flexibles, poco cualifi-
cados y de un alto costo en el proceso de glo-
balización. Por lo tanto, interesa no solo a las
empresas, sino también a los políticos, ocupados
en contar con una ubicación atractiva para las
empresas públicas, encontrar soluciones a este
desfase entre la creciente demanda de flexibili-
dad y el potencial limitado de flexibilización en
el caso de los empleados de mayor edad.
En los países de la Europa continental y del
sur, que difícilmente ofrecen oportunidades de
aprendizaje y formación permanente, el desfase en
cuestión fue resuelto principalmente mediante la
aplicación de programas muy generosos de jubila-
ción anticipada gracias a los cuales los trabajadores
mayores podían abandonar el mercado laboral.
Como consecuencia, los índices de empleo de las
personas en edad de prejubilación se redujeron
drásticamente en el curso de la globalización en
estos países. Por el contrario, los países socialdemó-
cratas de Escandinavia lograron asegurar la em-
pleabilidad de los trabajadores mayores porque en
estos países, los estados de bienestar promovieron
decididamente la capacidad de los trabajadores de
más edad de adaptarse a las exigencias de flexibili-
dad mediante una política activa del mercado labo-
ral, además de promover la educación permanente
y la formación profesional continua por parte de
los poderes públicos. En comparación con la
Europa continental y del sur, la trayectoria laboral
de las personas mayores en los países con un régi-
men de bienestar socialdemócrata permaneció
bastante constante y estable en el marco de la glo-
balización, aunque cabe observar tendencias de
jubilación anticipada también en estos países.
Igualmente en los países con un régimen liberal de
Estado de bienestar (es decir, Estados Unidos y el
Reino Unido), la trayectoria de los empleados ma-
yores muestra una vida laboral más bien larga y de
jubilación relativamente tardía.
Sin embargo, en comparación con el régimen
socialdemócrata, el mantenimiento de los trabaja-
dores mayores en los países con un régimen liberal
de Estado de bienestar se logró principalmente a
través de mecanismos de mercado. La política de
adaptación de los trabajadores mayores a las nue-
vas demandas de flexibilidad consiste en depositar
una confianza general en un mercado laboral
flexible y en un sistema de educación y formación
solo ligeramente estandarizado. Las bajas barreras
de movilidad en el mercado laboral y una organi-
zación descentralizada para obtener una cualifica-
ción destacada en el trabajo permiten a los emplea-
dos mayores adaptarse con flexibilidad a las cam-
biantes demandas a través de la movilidad del
mercado laboral. Al mismo tiempo, las bajas pen-
siones estatales y un fuerte énfasis en los sistemas
privados basados en inversiones de capital o pen-
siones de empresa reducen las posibilidades de
una temprana salida del empleo. Debido a la fun-
damental ausencia de implicación del Estado y a la
confianza en los mecanismos del mercado, los re-
sultados muestran también que el sistema liberal
tiende a propiciar que la jubilación y la vejez se
caractericen por una situación muy precaria, espe-
cialmente en el caso de las personas mayores que
no pudieron hacer provisión de suficientes ahorros
durante la vida laboral. Los empleados con escasos
recursos económicos han de seguir trabajando aún
después de la edad de jubilación o bien reintegrar-
se al mercado laboral pues no pueden sobrevivir
solamente con su pensión.
RESUMEN
En suma, los resultados empíricos muestran
que el proceso de globalización ha hecho impacto
en las clases sociales y en la cuestión de la desigual-
dad social de modo muy diferente, dependiendo de
la fase y curso de la vida. La clase social y las caracte-
rísticas educativas determinan hasta qué punto una
persona ha de hacer frente a crecientes riesgos del
mercado laboral. En la situación de globalización,
los efectos de la clase social y de la formación se han
hecho aún más marcados. Por lo tanto, nuestros
resultados apoyan el argumento de que la globali-
zación provoca un refuerzo de las estructuras de
desigualdad social (según hipótesis de Breen) en
lugar de una aparición de sociedades de riesgo se-
gún lo propuesto por los teóricos de la individuali-
zación. Por tanto, las sociedades modernas se pue-
den caracterizar todavía como sociedades de clase.
REFERENCIAS
H.-P. Blossfeld, S. Buchholz,
E. Bukdoi, K. Kurz: Young
Workers, Globalization and the
Labor Market. Comparing Early
Working Life in Eleven Countries
(2008). Edward Elgar Publi-
shing (Cheltenham/Reino
Unido, Northampton/Massa-
chusetts, EE. UU).
H.-P. Blossfeld, S. Buchholz,
D. Hofäcker, Globalization, Un-
certainty and Late Careers in
Society (2006). Routledge
(Londres/Nueva York).
H.-P. Blossfeld, H. Hofmeis-
ter, Globalization, Uncertainty
and Women’s Careers in Interna-
tional Comparison (2006). Ed-
ward Elgar Publishing.
H.-P. Blossfeld, M. Mills, E.
Klijzing, K. Kurz, Globaliza-
tion, Uncertainty and Youth in
Society (2005). Routledge.
H.-P. Blossfeld, M. Mills, F.
Bernardi, Globalization, Uncer-
tainty and Men’s Careers in In-
ternational Comparison (2006).
Edward Elgar Publishing.
050 BLOSSFELD.indd 57 28/02/13 14:24
58 VANGUARDIA | DOSSIER
058 WILKINSON.indd 58 28/02/13 14:11
VANGUARDIA | DOSSIER 59
AS ACTITUDES HACIA LA DESIGUAL-
dad han diferido tradicionalmen-
te, de forma marcada, de un lado a
otro del espectro político. Mientras
algunos consideran que son cau-
santes de divisiones y socialmente
corrosivas, otros piensan que son
un estímulo para el esfuerzo, la
innovación y la creatividad. Los
argumentos suelen reflejar algo más que una opi-
nión personal. Pero en años recientes ha sido posible
comparar la desigualdad de los ingresos en distintos
países y observar sus efectos en la práctica. Los resul-
tados son espectaculares.
Qué aporta una mayor igualdad
En las sociedades donde las diferencias de in-
gresos entre ricos y pobres son más reducidas, las
estadísticas muestran que la vida social y comunita-
ria es más intensa, la gente siente que puede confiar
en los demás y hay menos violencia. Tanto la salud
física como la mental tienden a ser mejores y la es-
peranza de vida es mayor. De hecho, casi todos los
problemas relacionados con la situación de necesi-
dad relativa se alivian: la población carcelaria es
menor, los índices de natalidad entre las jóvenes
adolescentes disminuyen,
los niños tienden a obtener
mejores resultados en la
escuela (a juzgar por las
matemáticas y las puntua-
ciones en lectura y escritu-
ra) y hay menos obesidad.
Es mucho atribuirlo a la
desigualdad, pero todas es-
tas relaciones se han demostrado en al menos dos
contextos independientes: entre los países desarro-
llados más ricos y entre los 50 estados de Estados
Unidos. En ambos casos, los lugares con menores
diferencias de ingresos prosperan mucho más.
Algunas de estas relaciones se han observado en gran
número de estudios en contextos muy diferentes
–unos 200 apuntan a la tendencia a una salud mejor
en las sociedades más igualitarias y unos 50 a la re-
lación entre la violencia y la desigualdad.
Como cabría esperar, la desigualdad contribu-
ye en mayor medida a unos problemas que a otros,
y dista, por supuesto, de ser la única causa de los
males sociales. Pero parece como si la magnitud de
la desigualdad sea la explicación más importante
–como factor individualmente considerado– del
motivo por el cual tantos problemas de salud y so-
ciales suelen ser mucho más comunes en unas so-
ciedades que en otras.
Cabría pensar que estos patrones se plantearían
simplemente porque las sociedades más desiguales
podrían tender a tener más pobres entre los que tales
problemas tienden a concentrarse. Pero esto es solo
una pequeña parte de la explicación. Mucho más
importante es que la mayor desigualdad parece pro-
vocar peores consecuencias en la gran mayoría de la
población. En las socie-
dades más desiguales,
incluso las personas de
clase media con buenos
ingresos tienden a pre-
sentar un cuadro me-
nos saludable, a partici-
par menos en la vida
social, a ser más propen-
Las estadísticas demuestran que
allí donde las diferencias entre
ricos y pobres es menor, la gente
es más confiada, hay menos
violencia, la vida social es intensa
y la esperanza de vida es mayor
L
Sociedades disfuncionales
¿por qué tiene importancia
la desigualdad?
Richard Wilkinson
PROFESOR EMÉRITO DE EPIDEMIOLOGÍA SOCIAL DE LA FACULTAD
DE MEDICINA DE LA UNIVERSIDAD DE NOTTINGHAM, PROFESOR
HONORARIO DEL UNIVERSITY COLLEGE OF LONDON (UCL) Y
PROFESOR VISITANTE DE LA UNIVERSIDAD DE YORK.
Kate Pickett
PROFESORA DE EPIDEMIOLOGÍA EN LA UNIVERSIDAD DE YORK Y
MIEMBRO DE LA ROYAL SOCIETY FOR THE ENCOURAGEMENT OF
ARTS, MANUFACTURES AND COMMERCE (RSA).
058 WILKINSON.indd 59 28/02/13 14:12
60 VANGUARDIA | DOSSIER
sas a la obesidad y a ser víctimas más
probables de actos de violencia. Del mis-
mo modo, sus hijos tienden a obtener
peores resultados en la escuela, son más
propensos a usar drogas y tienen más
probabilidades de convertirse en padres
adolescentes.
Redistribución,
no crecimiento
Aunque el crecimiento económico
sigue siendo importante en los países
más pobres, en el caso de los 25 o 30 paí-
ses más ricos no se observa ninguna ten-
dencia en absoluto a que la salud o el
grado de felicidad sean mejores entre los
más acomodados que entre los menos
acomodados entre los mismos países ri-
cos. Lo mismo cabe decir de las medidas
del bienestar –incluyendo el bienestar
infantil, los niveles de violencia, los índi-
ces de embarazo en la adolescencia, la
alfabetización y las puntuaciones de
matemáticas entre los niños– e, incluso,
de los índices de obesidad. Sin embargo,
en el seno de cada país, los problemas de
salud y de tipo social guardan estrecha
relación con los ingresos. En este sentido,
las partes más necesitadas de nuestra so-
ciedad acusan con mayor frecuencia el
mayor número de los problemas.
Entonces, ¿qué sentido tiene si las
diferencias en ingresos en el seno de las
sociedades ricas revisten importancia,
pero las diferencias de ingresos entre ellas
no? Pues nos dice que lo que importa es
dónde estamos situados en relación con
los demás en nuestra propia sociedad. La
cuestión clave es el estatus social y el in-
greso relativo. Así, por ejemplo, ¿por qué
Estados Unidos tiene los índices más altos
de homicidios, los más altos de embara-
zos entre jóvenes adolescentes, los mayo-
res índices de población penitenciaria y
figura aproximadamente en el puesto vi-
gésimo octavo en la lista internacional de
esperanza de vida? Porque también tiene
las mayores diferencias en materia de
renta. Por el contrario, países como Japón,
Suecia y Noruega, aunque no tan ricos
como Estados Unidos, muestran todos
ellos menores diferencias de ingresos y
ofrecen mejores resultados en todas estas
medidas e índices.
Desigualdad
e inquietud social
Ahora bien, ¿por qué somos tan sen-
sibles a la desigualdad? ¿Por qué nos
afecta tanto?
Entre los principales factores de
riesgo psicosocial en relación con proble-
mas de salud figuran tres factores de
marcado tinte social: baja condición so-
cial, redes endebles de amistad y baja ca-
lidad de la experiencia de la primera in-
fancia. La amistad, el sentido de control
sobre la propia vida y una buena primera
infancia son elevados factores protectores
de salud, mientras que elementos como
la animosidad hacia los demás, la ansie-
dad y las dificultades importantes son
dañinos. La clave es la biología del estrés a
largo plazo: posee efectos tan generaliza-
dos –incluidos los daños a los sistemas
inmunológico y cardiovascular– que ha
sido comparada a un envejecimiento más
rápido.
Esto conecta de nuevo con la cues-
tión de la desigualdad, porque la desigual-
dad es socialmente causante de divisio-
nes: daña la calidad de las relaciones so-
0,25
0,259
0,293
0,294
0,295
0,307
0,317
0,337
0,342
0,378
81,1
81,4
81,5
80,7
80,4
79,9
81,4
81,9
80,2
78,5
2,8
2,1
3,5
3,8
3,4
3,8
3,2
3,4
4,2
6,1
14,8
12,9
16,85
10,25
20,8
26,75
22,9
9,8
26,15
35,65
500
496
497
519
510
473
484
486
500
496
9,5
5,9
10,2
5,3
9,8
11,6
12,2
6,8
25
41,5
0,6
1
1,1
0,9
0,8
1,5
0,8
0,9
1,2
4,8
88
84
56
80
61
40
62
--
69
49
0,26
0,51
-0,17
0,43
-0,01
-0,04
0,2
0,04
-0,85
-0,5
6,1
7,3
8,8
6,1
8,5
16
17,1
15,9
12,1
23,1
2,8
2,1
3,6
3,8
3,4
3,8
3,2
3,4
4,2
6,1
69,1
73,5
97,1
74,5
86,1
110,8
160,4
99
152,1
730,3
17
27
41
22
32
--
40
50
50
47
77
82
61
80
78
74
75
81
62
48
NORUEGA
SUECIA
FRANCIA
PAÍSES BAJOS
ALEMANIA
GRECIA
ESPAÑA
ITALIA
REINO UNIDO
ESTADOS UNIDOS
1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14
COEFICIENTE GINI: Mide hasta qué punto la
distribución del ingreso es equitativa. Cero es la igualdad
perfecta (todos los hogares tienen los mismos ingresos),
1 representa una desigualdad perfecta (un solo hogar,
todos los ingresos).
Datos finales de la década 2000-2010, OCDE
ESPERANZA DE VIDA AL NACER 2011: Informe
sobre el desarrollo humano 2011, Programa de las
Naciones Unidas para el Desarrollo
MORTALDAD INFANTIL: OCDE, dato más reciente
2010-2011
PORCENTAJE OBESOS: Es decir, hombres y mujeres
con un índice de masa corporal (BMI) superior a 30.
International Association for the Study of Obesity,
que extrae las más recientes de fuentes diversas
(para Noruega, Instituto de Salud Pública)
NOTAS MATEMÁTICAS, ESCRITURA Y LECTURA:
Rendimiento medio en jóvenes de 15 años, datos informe
PISA 2009 (www.oecdbetterlifeindex.org/topics/education)
1
2
3
4
5
FUENTE PRINCIPAL: The Equality Trust
La desigualdad dentro de un país aparece estrechamente relacionada con distintos indicadores de bienestar social que son
usados universalmente para explicarlo. El coeficiente de desigualdad Gini es el dato de referencia respecto al que se comparan
13 indicadores sociales de 9 países de Europa y Estados Unidos, una muestra que podría ampliarse obteniendo el mismo
panorama: a más desigualdad y menos clase media, más conflictos y problemas sociales. Si realizamos el análisis estado por
estado dentro de Estados Unidos, la tendencia es idéntica. Tonos oscuros marcan más desigualdad y problemas sociales, claros
más igualdad y bienestar social.
A MÁS DESIGUALDAD, MÁS PROBLEMAS SOCIALES
058 WILKINSON.indd 60 28/02/13 14:12
VANGUARDIA | DOSSIER 61
S OC I E DA DE S DI S F UNC I ONA L E S : ¿ P OR QUÉ T I E NE I MP OR T A NC I A L A DE S I GUA L DA D?
ciales. Entre los países más igualitarios y
entre los 50 estados de Estados Unidos, el
60 o el 65 por ciento de la población está
de acuerdo con la afirmación de que “se
puede confiar en la mayoría de la gente”,
afirmación que desciende a un nivel de
entre el 15 y el 25 por ciento entre los más
desiguales. El grado en que las personas
participan en la vida de la comunidad lo-
cal también confirma los efectos corrosi-
vos de la desigualdad social. Y, para de-
mostrar esta cuestión, los índices de ho-
micidios son habitualmente más elevados
en las sociedades más desiguales. Las
mayores diferencias de ingresos dan lugar
a mayores distancias sociales y subrayan
la importancia de la posición social y la
rivalidad en materia de estatus.
Relaciones sociales
y jerarquía
El estatus social, la amistad y la pri-
mera infancia son factores presentes en la
investigación en salud, ya que influyen de
modo importante en diversas clases de
preocupaciones e inseguridad, que son
quizá las fuentes más comunes de estrés
crónico en las sociedades acomodadas. Las
inseguridades y sentimientos de no ser
valorados que podemos cargar con noso-
tros a raíz de una infancia difícil tienen
mucho en común con las consecuencias
de una baja condición social y pueden
amplificarse o compensarse de forma re-
cíproca. La amistad encaja en este cuadro
porque los amigos propician una reacción
positiva: disfrutan de la compañía de us-
ted, se ríen de sus chistes, buscan su con-
sejo, etcétera; usted, por tanto, se siente
valorado. Por el contrario, carecer de
amigos, sentirse excluido y observar que
las otras personas prefieren no sentarse
cerca de usted nos embarga a todos de una
sensación de desconfianza respecto de
nosotros mismos. Nos preocupamos por
ser poco atractivos, aburridos, poco inteli-
gentes, socialmente ineptos, etcétera.
En la actualidad existe un amplio
cuerpo de pruebas experimentales que
muestra que la clase de estrés que posee
mayor efecto sobre los niveles de hormo-
nas de estrés de los individuos son las
amenazas socioevaluativas; es decir, las ame-
nazas a la autoestima o estatus social, en
cualquier situación en la que otros pue-
dan juzgar el propio comportamiento de
manera negativa.
Parece, pues, que la clase más común
y potente de estrés en las sociedades mo-
dernas se cifra en nuestra inquietud por
cómo nos ven los demás, en nuestra des-
confianza respecto de nosotros mismos y
en los factores de inseguridad social con
los que cargamos. Como seres sociales,
observamos y controlamos cómo los de-
más reaccionan a nuestra persona, hasta
el punto de que a veces es como si nosotros
mismos nos analizáramos a través de los
ojos del otro. La vergüenza y las situacio-
nes delicadas se han calificado de emocio-
nes sociales: conforman nuestro compor-
tamiento de modo que nos adaptemos a
normas aceptables y nos ahorremos el
nudo en el estómago que sentimos cuan-
do hemos hecho el ridículo. Diversos soció
logos sugieren que esta es la vía por la cual
nos socializamos y aprendemos a ajustar-
nos a las normas de comportamiento
aceptables. La misma sociedad también
carga con las consecuencias de diversas
formas que pueden afectar a la salud.
Teniendo en cuenta que la jerarquía
de las clases sociales es vista como una
jerarquía de los más valorados en la par-
te superior a los menos valorados en la
parte inferior, es fácil apreciar cómo las
mayores diferencias de estatus incremen-
tan la amenaza evaluativa e incrementan
la rivalidad e inseguridad del estatus. Esta
perspectiva explica tam-
bién por qué la violencia
aumenta con la mayor
desigualdad. Los estu-
dios sobre la violencia
señalan cómo los proble-
mas de falta de respeto,
vergüenza, desprestigio
y humillación son los
factores desencadenan-
tes de la violencia. La
violencia es más común
donde hay más desigual-
dad, no solo porque la
desigualdad aumenta la
rivalidad de estatus, si-
no también porque las
personas privadas de los
indicadores de estatus
(ingresos, empleos, casas, coches, etcétera)
son especialmente susceptibles a la mane-
ra en que se las considera. Lo que perjudi-
ca en el caso de tener bienes de segunda
categoría es ser considerado como una
persona de segunda clase.
La mayor jerarquía social y desigual-
dad provocan que el valor de la persona en
la sociedad se torne más problemático y
se suscite una mayor inquietud. Todos
queremos ser más valorados y apreciados,
pero una sociedad que hace que muchas
personas se sientan subestimadas, despre-
ciadas, miradas como inferiores, ridículas
y fracasadas, provoca sufrimiento y ren-
cor y echa a perder recursos humanos.
Desigualdad,
consumo y medio ambiente
Durante miles de años, la mejor
manera de mejorar la calidad de la vida
humana ha sido elevar el nivel de vida
material. Los datos sugieren que, como
resultado de los rendimientos decrecien-
tes del crecimiento económico, podemos
ser la primera generación que haya llega-
do al final de ese proceso. Los aumentos
En los 25 o 30
países más
desarrollados
no se observa
ninguna
tendencia de
que la salud
o el grado de
felicidad sean
mejores entre
las personas
con ingresos
modestos que
entre las más
acomodadas
EMBARAZOS POR CADA 1000 MUJERES
DE 15-19 AÑOS: Demographic Yearbook 2009 - 2010
(tabla 10), United Nations Statistics
HOMICIDIOS POR 100.000 PERSONAS:
Demographic and Social Statistics, United Nations
Statistics Division (2009, excepto Italia 2005 y Estados
Unidos 2008)
CONFIANZA: Porcentaje de personas que muestran un
alto nivel de confianza en los otros en 2008, Society at a
glance, OCDE 2011
BIENESTAR INFANTIL: The Equality Trust, basado en
el índice de bienestar en países ricos de la Unicef, 2007
PORCENTAJE DE NIÑOS POBRES: Niños (0-17 años)
en hogares con unos ingresos equivalentes a menos del
50% de la media, 2009. Medicion de la pobreza infantil,
report 10, UNICEF
MORTALIDAD INFANTIL: Muertos por 1000
nacimientos vivos, OCDE 2010 (excepto Suecia 2011)
ENCARCELADOS: Presos por 100.000 habitantes, datos
2010 o 2011, UNODC
MOVILIDAD SOCIAL: Se trata de un índice de
movilidad social. Mide el tanto por ciento de más que
ganan de sueldo los hijos respecto a lo que ganaban sus
padres, 2006. Cuanto más próximo a 100 menor
movilidad, cuanto más próximo a 0 mayor movilidad.
Inequality from generation to generation, Miles Corak,
2012 (excepto Países Bajos, Measuring Intergenerational
Income Mobility, Linda Monen, 2011)
VOTANTES: Porcentaje de votantes en las últimas
elecciones celebradas, 2011. Society at a Glance, OCDE 2011
6
7
8
9
10
11
12
13
14
058 WILKINSON.indd 61 28/02/13 14:12
62 VANGUARDIA | DOSSIER
del PIB ya no están relacionados con una mejor
salud, felicidad o bienestar. Si queremos mejorar
la calidad real de vida más allá de la situación ac-
tual, hemos de dirigir nuestra atención al entorno
social y la calidad de las relaciones sociales. Las
pruebas que hemos comentado muestran que la
calidad de las relaciones sociales es básicamente
determinada por la magnitud de las desigualdades
materiales entre nosotros. En lugar de seguir ha-
ciendo frente a cada problema por separado –gas-
tando más en atención médica, en policía, en tra-
bajadores sociales y en unidades de rehabilitación
de toxicomanías–, ahora sabemos que a través de
una reducción de la desigualdad material es posi-
ble mejorar el bienestar psicosocial y el funciona-
miento de las sociedades en su conjunto.
Durante las próximas décadas es posible que
la política sea dominada por la necesidad de redu-
*Coeficiente Gini basado
en el ingreso neto familiar
disponible, después de
impuestos y transferencias,
del total de la población.
0,20 - 0,24
0,25 - 0,29
0,30 - 0,34
0,35 - 0,39
0,40 - 0,49
0,50 - 0,53
CHILE
MÉXICO
TURQUÍA
ESTADOS UNIDOS
ISRAEL
PORTUGAL
REINO UNIDO
ITALIA
AUSTRALIA
NUEVA ZELANDA
JAPÓN
CANADÁ
ESPAÑA
ESTONIA
COREA
GRECIA
POLONIA
SUIZA
ISLANDIA
ALEMANIA
PAÍSES BAJOS
FRANCIA
IRLANDA
LUXEMBURGO
HUNGRÍA
AUSTRIA
SUECIA
FINLANDIA
BÉLGICA
ESLOVAQUIA
REP. CHECA
NORUEGA
DINAMARCA
ESLOVENIA
MEDIADOS
SETENTA
MEDIADOS
OCHENTA
HACIA
1990
MEDIADOS
NOVENTA
HACIA
2000
MEDIADOS
2000
ULTIMOS
2000
COEFICIENTE GINI (DESPUÉS IMPUESTOS Y TRANSFERENCIAS)*
---
---
---
0,32
---
0,35
0,27
---
---
---
---
0,3
---
---
---
0,41
---
---
---
---
0,26
---
---
---
---
---
0,21
0,24
---
---
---
---
---
---
---
0,45
0,43
0,34
0,33
---
0,31
0,31
---
0,27
0,3
0,29
0,37
---
---
0,34
---
---
---
0,25
0,27
0,3
0,33
0,25
---
0,24
0,2
0,21
0,27
---
---
0,22
0,22
---
---
---
---
0,35
0,33
0,33
0,35
0,3
---
0,32
---
0,29
0,34
---
---
---
---
---
---
0,26
0,29
0,29
---
---
0,27
---
0,21
0
---
---
0,23
---
0,23
---
0,53
0,52
0,49
0,36
0,34
0,36
0,34
0,35
0,31
0,34
0,32
0,29
0,34
---
---
0,34
---
---
---
0,27
0,3
0,28
0,32
0,26
0,29
0,24
0,21
0,22
0,29
---
0,26
0,24
0,22
---
---
0,51
---
0,36
0,35
0,36
0,35
0,34
0,32
0,34
0,34
0,32
0,34
---
---
0,35
0,32
0,28
---
0,26
0,29
0,29
0,3
0,26
0,29
0,25
0,24
0,25
0,29
---
0,26
0,26
0,23
---
0,5
0,47
0,43
0,38
0,38
0,39
0,33
0,35
0,32
0,34
0,32
0,32
0,32
0,35
0,31
0,32
0,35
0,28
0,26
0,29
0,28
0,29
0,31
0,26
0,29
0,27
0,23
0,25
0,27
0,27
0,27
0,28
0,23
0,25
0,49
0,48
0,41
0,38
0,37
0,35
0,34
0,34
0,34
0,33
0,33
0,32
0,32
0,32
0,31
0,31
0,31
0,3
0,3
0,3
0,29
0,29
0,29
0,29
0,27
0,26
0,26
0,26
0,26
0,26
0,26
0,25
0,25
0,24
La desigualdad ha aumentado en general en las últimas décadas, con evoluciones distintas según las circunstancias de
cada país, como muestra este análisis de la OCDE a partir del coeficiente Gini. Dicho valor oscila entre 0, en el caso de
una imposible 'igualdad perfecta' (es decir, todos los hogares tienen la misma proporción de los ingresos), y 1, en el caso
del también imposible 'desigualdad perfecta' (es decir, todos los ingresos se destinan al hogar con mayores ingresos). Los
tonos oscuros apuntan desigualdades altas y los claros, bajas.
DISTRIBUCIÓN DE LOS INGRESOS-DESIGUALDAD
058 WILKINSON.indd 62 28/02/13 14:13
VANGUARDIA | DOSSIER 63
cir las emisiones de carbono, proceso en
el que una mayor igualdad ha de jugar un
papel crucial en este proceso. En primer
lugar, el consumismo es quizás el obstácu-
lo más importante al que hace frente la
política de reducción de las emisiones de
carbono. La buena noticia es que la reduc-
ción de la desigualdad aminora la presión
del consumo, ya que reduce la rivalidad
asociada al estatus. Una mayor igualdad
significa que la rivalidad asociada al esta-
tus comienza a debilitarse cuando las so-
ciedades alcanzan una mayor cohesión y
se refuerza la vida social y comunitaria.
En segundo lugar, la acción eficaz
sobre el medio ambiente depende, como
nunca con anterioridad, del interés de la
gente por el bien común. Hay, sin embar-
go, pruebas evidentes de que las personas
que viven en sociedades más igualitarias
son de visión social más viva e intensa y se
preocupan menos de sí mismas. Los paí-
ses más iguales dan más ayuda externa,
reciclan en mayor medida materiales de
desecho, ocupan lugares más altos en el
Índice Global de la Paz y las encuestas
muestran que los líderes empresariales en
los países más igualitarios conceden ma-
yor prioridad a la acción relativa al medio
ambiente que sus homólogos en las socie-
dades menos iguales.
Sin embargo, aun cuando la gente
acepta que una mayor igualdad rinde be-
neficios sociales y ambientales, le queda
una duda y preocupación en el sentido de
pensar que la creatividad y la innovación
–el progreso mismo– dependen de los in-
centivos financieros individuales y de una
mayor desigualdad. No obstante, si se to-
ma el número de patentes concedidas per
cápita de la población como medida razo-
nable de la creatividad e innovación de la
sociedad, téngase por seguro que los paí-
ses más igualitarios parecen también
prosperar en mayor medida en este caso.
Nota
Este artículo es un resumen de The Spirit
Level: Why More Equal Societies Almost Always
Do Better (El nivel: por qué las sociedades más
igualitarias casi siempre logran mejores resulta-
dos”, de Richard Wilkinson y Kate Pickett.
Ambos son también cofundadores de la
fundación The Equality Trust.
058 WILKINSON.indd 63 28/02/13 14:13
64 VANGUARDIA | DOSSIER
L MAYOR PROBLEMA ECONÓMICO A
que hace frente la clase media
estadounidense obedece al he-
cho de que desde hace décadas
no ha logrado beneficiarse mu-
cho del crecimiento de la eco-
nomía nacional. Sus niveles de
vida, antes vinculados al cre-
cimiento del PIB por la producti-
vidad, ahora se estancan o empeoran, incluso
cuando la economía se expande y la población ac-
tiva es cada vez más productiva.
A los observadores europeos que siguen la
política estadounidense puede parecerles sorpren-
dente porque no es lo que suelen leer ustedes en
nuestros periódicos de Estados Unidos. Mientras
nuestros congresistas
van dando tumbos de
una crisis fiscal a otra,
los medios de comuni-
cación informan dili-
gentemente sobre aque-
llo por lo que de hecho
pelean los políticos y no
sobre aquello por lo que
deberían pelear.
No obstante, los números revelan el verdadero
problema. Durante el último ciclo de negocios es-
tadounidense, entre 2000 y 2007, tanto la economía
como la productividad se expandieron algo por
debajo de un 20 por ciento, pero los ingresos ajus-
tados a la inflación de la población en edad laboral
–familias de ingresos medios– cayeron un 3 por
ciento. Durante la recesión, los ingresos bajaron de
modo mucho más rápido (un 9 por ciento en el pe-
ríodo 2007-2011) de manera que, en dólares 2011,
las familias de ingresos medios tuvieron casi 8.000
dólares menos en sus manos en 2011 en compara-
ción con la cantidad de que dispusieron una década
antes, en el año 2000.
Las pérdidas de riqueza de los hogares de clase
media fueron incluso mayores, propiciadas por la
caída de los precios de la vivienda. El valor neto
mediano (activos, incluidos los valores de la vivien-
da, menos deudas), inflado por la burbuja inmobi-
liaria, cayó casi un 40 por ciento, pasando de
126.000 dólares en 2007 a 77.000 dólares en 2010.
Por estas razones, muchos analistas de esta
dinámica de ingresos y riqueza se refieren a la dé-
cada de 2000 como la “dé-
cada perdida” al referirse
a la clase media.
Surgen, al menos,
dos preguntas apremian-
tes a la vista de estas ten-
dencias. En primer lugar,
¿cómo se producen? y, en
segundo lugar, ¿por qué
nuestro sistema político carece de respuestas?
Como se ha observado, la causa maquinal de
la década perdida es una mayor desigualdad: aun-
que el crecimiento tuvo lugar, hizo un alto en el
caso de los hogares de ingresos medios y bajos y, en
gran medida, fue a parar a los situados en la parte
superior de la escala de ingresos. En el caso de las
familias en el punto medio de la escala, que hacían
A la pregunta de por qué los
ingresos medios de las familias
estadounidenses cayeron en
picado en el período 2007-2011,
puede añadirse otra: ¿por qué no
responde el sistema político?
Estados Unidos
desigualdad, poder
e influencia
E
Jared Bernstein
INVESTIGADOR DEL CENTRO DE PRIORIDADES POLÍTICAS Y
PRESUPUESTARIAS (WASHINGTON, DC).
064 J.BERNSTEIN.indd 64 26/02/13 16:06
VANGUARDIA | DOSSIER 65
frente al estancamiento, el único modo en que tales
familias podían salir adelante era el endeudamien-
to. Lamentablemente, quienes concedían créditos
de forma descuidada estaban dispuestos a que tales
familias (y las demás) se anudaran ellas mismas la
soga al cuello mientras la burbuja de crédito que se
iba inflando a lo largo de esos años fue creciendo
hasta estallar, tanto en Estados Unidos como en al-
gunas partes de Europa.
Pero, ¿qué explica la desigualdad? La prospe-
ridad fue ampliamente compartida en el seno de la
economía estadounidense en las tres décadas pos-
teriores a la Segunda Guerra Mundial, mientras los
ingresos reales básicamente se duplicaron desde
mediados de la década de 1940 a mediados de los
años 70 en el caso de los hogares de ingresos bajos,
medianos y altos. Pero, desde entonces, los ingre-
sos, salarios y la riqueza en general se han ido dis-
tanciando entre sí y en la cúspide de nuestra gran
recesión, en 2007, la proporción en la renta nacio-
nal de los ingresos correspondientes al 1 por ciento
de los hogares más ricos se hallaba en un nivel (23
por ciento) que no habíamos visto desde hacía 80
años; de hecho, justo antes de la gran depresión.
Los analistas han identificado estos factores
como elementos que contribuyen a la gran diver-
gencia citada y, en el caso de la década de 2000, a la
década perdida: los avances tecnológicos que favo-
recen a trabajadores altamente cualificados, la
globalización que daña a trabajadores de cualifica-
ción media (sobre todo en el sector fabril), los gran-
des y persistentes desequilibrios comerciales, la
pérdida de poder sindical, el descenso del salario
mínimo, los elevados índices de paro, los cambios
regresivos en la legislación tributaria (en particular,
los que favorecen los ingresos no salariales, como
la revalorización bursátil), el crecimiento del sector
financiero durante la burbuja; todos ellos están
implicados en la orientación del crecimiento hacia
la parte superior de la escala, a distancia del punto
medio de la misma.
La investigación que me parece más convin-
cente se centra, a menudo implícitamente, en el
poder de negociación. A diferencia de muchas
economías europeas y escandinavas, la mayoría de
la población activa estadounidense recibe poco de
lo que los economistas de esta especialidad deno-
minan “apoyo institucional”. Negociación colectiva
es poco frecuente; solo el 7 por ciento de la mano
de obra del sector privado está sindicada y los sindi-
catos tienen escasas amistades en la política.
Aunque algunos miembros del partido demócrata
siguen apoyando su papel, el hecho es que los repu-
blicanos ponen mayor empeño en librarse de los
sindicatos que los demócratas el esfuerzo corres-
pondiente para mantenerlos con vida.
De igual modo, la protección laboral y la nor-
mativa salarial son relativamente débiles según los
criterios vigentes en Europa; los protagonistas de
los mercados financieros son mucho más influyen-
tes en la política y la sociedad en general que los de
los mercados de trabajo. Además, durante la mayor
parte del período de aumento de la desigualdad, el
paro ha sido relativamente alto (y, viceversa, duran-
te las décadas de la posguerra de crecimiento más
ampliamente compartido). La única excepción a
064 J.BERNSTEIN.indd 65 26/02/13 16:06
66 VANGUARDIA | DOSSIER
E S T ADOS UNI DOS : DE S I GUAL DAD, P ODE R E I NF L UE NC I A
064 J.BERNSTEIN.indd 66 01/03/13 11:32
VANGUARDIA | DOSSIER 67
Últimamente
el electorado
estadounidense,
harto de las
dinámicas de
la desigualdad,
ha bloqueado
la estrategia
de quienes
buscan sacar
provecho de
sus donaciones
a los partidos
políticos
este patrón de mercado laboral débil se dio en la
segunda mitad de la década de 1990, cuando
Estados Unidos alcanzó el primer mercado laboral
de pleno empleo de las últimas décadas. Y, aspecto
revelador, en aquellos años los hogares de media-
nos y bajos ingresos mostraron sus mejores resul-
tados económicos de las últimas décadas.
En consecuencia, ¿por qué nuestra clase polí-
tica no se esfuerza más en contrarrestar estos fac-
tores? Buena parte de la respuesta parece segura-
mente tortuosa, pero para cualquier persona que
aspire a obtener una cierta perspectiva sobre la
economía política de Estados Unidos es un dato que
establece un lazo esencial: la desigualdad engendra
desigualdad.
Como la mayoría de los observadores de la
política estadounidense conceden, tenemos mu-
cho más dinero revoloteando sobre el escenario
político que cualquier otra democracia avanzada.
Mientras la riqueza se ha concentrado de forma
creciente, las personas con ingresos estratosféricos
pueden básicamente comprar la política que quie-
ren y bloquear la que no quieren. Los políticos a los
que apoyan económicamente favorecerán, por
ejemplo, recortes fiscales propios de la economía
de oferta (recortes de los impuestos a los ricos con
el argumento de que esto ayuda a la clase media) y
bloquearán la legislación que apoye la negociación
colectiva, la regulación de los mercados financie-
ros o el aumento del salario mínimo.
Es cierto que a estos ricos donantes no les ha
salido muy bien la jugada en los últimos meses. Sus
inversiones en sus candidatos preferidos no han
dado resultado, en buena parte debido a que el
electorado ya está harto de estas dinámicas de la
desigualdad y de la economía de oferta con su go-
teo de supuestos argumentos. Pero son fortunas
sólidamente afianzadas y nuestras normas de fi-
nanciamiento sobre las campañas son más débi-
les que nunca.
Por tanto, los próximos años serán cruciales.
Tenemos un nuevo presidente reelegido que quiere
efectiva y realmente ayudar a la clase media, pero
no puede hacerlo por sí mismo. Se necesita la ayu-
da de un Congreso que ha estado durante mucho
tiempo “desaparecido en combate” en esta cues-
tión de la desigualdad. Por lo tanto, una gran y
persistente oposición habrá de reclamar la recupe-
ración de la agenda al respecto y promover las polí-
ticas capaces de volver a conectar crecimiento y
niveles de vida de la clase media. No es probable
que nuestros políticos actúen contra los intereses
de sus ricos donantes a menos que se les empuje
con fuerza desde abajo.
E S T ADOS UNI DOS : DE S I GUAL DAD, P ODE R E I NF L UE NC I A
064 J.BERNSTEIN.indd 67 26/02/13 16:06
68 VANGUARDIA | DOSSIER
LAS CLASES
MEDIAS
EN LA HISTORIA
(siglos XVIII-XXI)
Los conceptos clase media y desarrollo
económico están estrechamente
vinculados: las clases medias no
existirían sin desarrollo económico y el
desarrollo económico no sería posible –o
sería muy diferente– sin aquellas. En este
sentido, las dos revoluciones industriales
de los siglos XVIII y XIX serían el crisol de
los antecedentes remotos de las clases
medias modernas, cuya historia se nutre
también con las obras, teóricas y
prácticas, de innumerables eruditos
en todas las ciencias del saber. Son
centenares los intelectuales que han
teorizado sobre las clases medias, casi
tanto como las definiciones que se hacen
de ellas. Una exposición cronológica de
esta clase social –una magmática
sinergia entre economía y sociedad–,
que hoy se debate entre la apoteosis
del Estado de bienestar del último cuarto
del siglo XX y la incertidumbre del
segundo decenio del XXI, coincidiría,
pues, con la evolución del pensamiento,
la tecnología, los episodios históricos
y especialmente la economía registrados
a lo largo de los últimos 250 años.
DEL VAPOR
AL ‘SMARTPHONE’
Lanzadera textil volante (J.Kay)
Máquina de vapor
(T. Newcomen)
El espíritu de las leyes
(Montesquieu)
Contrato social
(Rousseau)
Telar mecánico (R.Arkwright)
Máquina de
hilar algodón,
la Spinning Jenny
(J. Hargreaves)
La riqueza
de las naciones
(A. Smith)
Declaración de
la independencia
de Estados Unidos
de América
J. Watt
fabrica en serie
la máquina
de vapor
ANTECEDENTES
1748
1762 1775 1776 1769
Lanzadera textil volante (J.Kay) a
vapor
hilar algodón,
la Spinning Jenny
(J. Hargreaves)
1733 1764 1776 1720
• Prototipo de la
·
1760-1840...
La primera revolución industrial tiene sus raíces en el
desarrollo de dos inventos: la trascendental máquina
de vapor de Thomas Newcomen (1720) y la genial lan-
zadera volante de John Kay (1733). Son los anteceden-
tes del proceso de industrialización, primero en Ingla-
terra y posteriormente en los flamantes Estados Uni-
dos de América y en el resto de Europa, que reemplazó
tanto la fuerza muscular de hombres y animales como
la técnica textil que había utilizado la humanidad a lo
largo de milenios. El vapor como fuente de energía
autónoma, principio perfeccionado por el inglés Ja-
mes Watt con su cámara de condensación, revolucionó
también el transporte: el marítimo con Fulton y el te-
rrestre con la locomotora de Stephenson. Paralela-
mente, la fabricación textil se perfeccionaba con la hi-
ladora de algodón de Hargreaves (la Spinning Jenny), los
telares mecánicos de los ingleses Arkwright, Crompton,
Cartwright y del francés Jacquard y la mecanización
del campo se aceleraba con las máquinas de los
norteamericanos Whitney y McCormick. Entre tras-
cendentales acontecimientos históricos como la revo-
lución Francesa y otros episodios revolucionarios libe-
rales, en esta etapa surgieron también aplicaciones
prácticas de la electricidad (Volta, Sturgeon, Faraday),
siderurgia y metalurgia (Neilson), construcción (ce-
mento Portland), fotografía (Niepce, Daguerre) y las
comunicaciones (Morse) como poderosas fuerzas im-
pulsoras de una modernidad que eclosionaría en la
segunda revolución industrial.
LA PRIMERA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL
068 FOTOCRONO VD47 C1.indd 68 28/02/13 13:51
VANGUARDIA | DOSSIER 69
En 1769 el inglés Richard Arkwright patentó la
Water Frame, una hiladora de algodón que
instaló en una factoría movida mediante la
energía hidráulica. Fue la primera fábrica,
embrión del factory system. Gracias a una má-
quina de menos de un metro de altura que
producía un hilo mucho más fuerte que el que
se obtenía con la vieja rueca, la gente dejó de
trabajar en casa o en pequeños talleres fa-
miliares. Arkwright, que se convirtió en uno de
los hombres más ricos de Inglaterra, representa
a una nueva clase –la burguesía industrial– que
desplazaría a la aristocracia terrateniente y que
sentaría las bases del desarrollo del liberalismo
económico. De la fábrica deriva también el prin-
cipio de la producción en serie que se desa-
rrollaría inicialmente en Estados Unidos de la
mano de Eli Whitney, que fundó el primer in-
genio de estas características a principios de
1800 y que Henry Ford culminaría a finales de
siglo con el modelo T. La producción fabril, que
se extendería rápidamente en Estados Unidos y
en Europa, revolucionaría el principio del tra-
bajo propiciando la aparición del pro- letariado
urbano. El modelo de desarrollo económico
sentaría el perfil de la clase obrera que, con el
tiempo, daría paso a las clases medias, con sus
múltiples definiciones y distintas características.
Telar mecánico
modernizado
(E. Cartwright)
Revolución
Francesa
Desmotadora
de algodón
(E. Whitney)
Congreso
de Viena
Primera exposición
internacional (París)
La pila
eléctrica
(A. Volta)
Telar con
tarjetas
perforadas
(J.-M. Jacquard)
Barco vapor
modernizado
(J. Fulton)
Ciclo de
revueltas
liberales
en Europa
Una nueva visión
de la sociedad (R. Owen)
La industria
(Saint-Simon)
De la democracia en
América (Tocqueville)
Telégrafo
eléctrico
(S. Morse)
El Capital,
primer libro
(K. Marx)
Máquina
calculadora
(Ch. Bagage)
Ferrocaril
de pasajeros
(G. Stephenson)
Alto horno
(J. Neilson)
Fotografía
(J.-N. Niepce-L. Daguerre)
Cosechadora mecánica
(C. McCormick)
Mercado único
en los estados alemanes
1814 1816 1835 1837 1844
1785 1789 1793 1797 1807 1814 1820 1823 1825 1828 1834 1830 1800
1801
·
LA RUEDA QUE IMPULSÓ EL NUEVO
ORDEN SOCIAL
locomotora del ingeniero inglés George Stephenson (años 20 del siglo XIX).
068 FOTOCRONO VD47 C1.indd 69 28/02/13 13:52
La Primavera
de los Pueblos.
Episodios
revolucionarias
en Europa
Exposición
Universal
en Londres
El convertidor
de acero
(H. Bessemer)
Motor de
combustión
interna
(E. Leloir)
Edwin Drake perfora el primer pozo
de petróleo del mundo
en Pensilvania
Construcción
de buques
con casco
de hierro
Guerra
civil en
Estados
Unidos
Los miserables
(V. Hugo)
El utilitarismo
(J. S. Mill)
Teléfono
(G. Bell)
I Internacional
(Londres)
La dinamita
(Nobel)
Motor de gasolina
(N. Otto)
Revolución
en España
(la Gloriosa)
Teoría de las ondas
electromagnéticas
(J. C. Maxwell)
Apertura
del canal
de Suez
La Comuna
de París
1848 1851 1855
1858 1873 1871
1859 1860 1861 1864 1866 1868 1869 1876
1876 1862 1863
El último tercio del siglo XVII y todo el XIX
fue el de los inventos y de las formulaciones
teóricas más trascendentales de la historia
de la humanidad y del desarrollo de dos
nuevas fuentes energéticas, la elec-tricidad
y el motor de explosión, que revo-lucionaron
los procesos de producción, los transportes y
las comunicaciones. En 1870 Europa ya
contaba con 100.000 kilómetros de líneas
férreas y Estados Unidos con 70.000. Fue la
era de la producción de acero en serie a bajo
coste, de la construcción de buques con
casco de hierro y de grandes estructuras de
hierro, de la utilización de la dinamita, de la
eclosión del teléfono, del motor de explosión
(y con él el auge del petróleo), la bombilla, la
radio y la radiotelegrafía, el teléfono, la
radiactividad y de la aviación. Y mientras la
industrialización avanzaba aceleradamente
de la mano de la maquinaria moderna y se
afianzaba el liberalismo económico y el
eurocentrismo, la agitación social se hacía
presente a través de frustradas oleadas re-
volucionarias (1848, 1868 y 1871). Francia,
Alemania y Bélgica –y en menor medida
Japón y Rusia– compartían ya la supremacía
industrial, financiera y comercial de In-
glaterra, y Estados Unidos sentaba las bases
de futura superpotencia.
• Cadena de montaje del
modelo T de Ford en Highland
Park (Michigan) en el año 1913.
LA SEGUNDA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL
·
...1840-1914
• Edison, durante las pruebas
del fonógrafo, en su casa de
West Orante (Nueva Jersey).
70 VANGUARDIA | DOSSIER
068 FOTOCRONO VD47 C1.indd 70 28/02/13 13:53
La dinamo, primer
generador eléctrico
(Z. T. Gramme)
Máquina
tabuladora,
tarjeta perforada
(H. Hollerith)
Construcción
de la torre Eiffel
La bombilla
(T. A. Edison)
Seguro
de enfermedad
en Alemania
Ondas hertzianas
(H. Hertz)
Cámara
fotográfica
(G. Eastman)
Revolución
en China
(Sun Yat-Sen)
Telégrafo inalámbrico
(G. Marconi).
Radiactividad
(H. Becquerel)
El avión
(W. y O. Wright)
Comienza
a fabricarse
el Ford T
El automóvil
(G. Daimler y K. Benz)
Rerum Novarum
(León XIII)
1885
1891
1895
1878 1879 1883 1888 1889 1894 1896 1903 1908
1888
El sistema de fábricas y la producción en serie (el american system) durante
la edad del vapor trajeron aparejados, entre otros fenómenos, radicales
cambios en el urbanismo y la movilidad. La fábrica atrae una ingente
mano de obra campesina y menestral que se instala en suburbios, de-
masiado a menudo insalubres y degradados, o en colonias fabriles, en
especial textiles. Al mismo tiempo, la locomotora y los buques de vapor
primero y el automóvil, la aviación y el vehículo eléctrico después, redu-
jeron extraordinamente las distancias. El proletariado se organiza par-
ticularmente en núcleos urbanos próximos a las grandes fábricas, un
sistema que empezaría a desmontarse a partir del último tercio del siglo
XX con la aparición de las ciudades en horizontal, uno de los escenarios
característicos de las clases medias. Si bien el icono urbano del proletariado
de mediados del siglo XIX es Manchester o Birmingham, el de las clases
medias del XXI podría ser cualquiera de las grandes superficies y centros
comerciales, los mall, que proliferan por todo el mundo.
·
DE LA ALDEA AL ‘MALL’
• Ruinas de la antigua
colonia textil Sedó en
Esparreguera.
Foto: ROSER VILALLONGA.
• Zona de las pistas de
esquí en el ‘mall’ de
Dubai, el más grande
del mundo.
Foto: MARTA LOSILLA.
VANGUARDIA | DOSSIER 71
068 FOTOCRONO VD47 C1.indd 71 28/02/13 14:03
72 VANGUARDIA | DOSSIER
• El Seat 600, uno de los iconos del desarrollo en la España de los años 60.
·
Siglos XX y XXI
La promoción de las incipientes clases
medias en Europa se vio limitada por la
escasez de recursos naturales y la parálisis
industrial que castigaron a Europa tras la
Gran Guerra. Y mientras el comunismo se
afianzaba en Rusia, las torpezas del siste-
ma capitalista en Estados Unidos culmi-
naban en el crash bursátil de 1929, inicio
de la Gran Depresión. Quince años más
tarde, la debelación del nazismo ahondó
el pulso entre dos modelos antagónicos
entre la propiedad común de los bienes y
del capital como creador de riqueza. La
economía de paz sustituyó a la economía
de guerra, se recuperaron la demografía y
la producción, Europa avanzó en su uni-
ficación y, a la sombra de la guerra fría, las
clases medias alcanzaron altos niveles de
bienestar. A partir de los años 70, con la
desaparición de la amenaza soviética y ya
con Estados Unidos como única superpo-
tencia, las clases medias de los países de-
sarrollados alcanzaron sus mejores nive-
les. Y ahora, mientras el Estado de bienes-
tar se encuentra seriamente amenazado
en Occidente, una nueva clase media, aún
por definir, se hace visible en Rusia, China
y en otras economías emergentes.
DE LA EUFORIA A LA FRUSTRACIÓN
1912 1914 1917 1923
1924
1929 1933 1936 1939
1942
1946
1948
1949
1951
1911
1918
1921
1931
1932
1944
1945
1950
1951 1936
1938
1905
1902
¿Qué hacer?
(V. I. Ulianov,
Lenin)
Teoría especial
de la relatividad
(A. Einstein)
Principios de
dirección científica
(Menagement)
(F. W. Taylor)
La decadencia
de Occidente
(O. Splengler)
Economía
y sociedad
(M. Weber)
Un mundo feliz
(A. Huxley)
The Relation
of Home Investment
to Unemployment
(R. F. Kahn)
Hundimiento
del Titanic
PRIMERA
GUERRA
MUNDIAL
Revolución
bolchevique
en Rusia
La televisión
(V. K. Zvorykin,
John L. Baird)
Nace
la IBM
Jueves negro
en la Bolsa
de Nueva York
Frecuencia
modulada
(E. Armstrong)
Tiempos
modernos
(Ch. Chaplin)
Teoría general
de la ocupación,
el interés y el dinero
(J. M. Keynes)
L’espoir
(A. Malraux)
La edad
de la razón
(J.-P. Sartre)
El hombre
rebelde
(A. Camus)
Camino de
servidumbre
(F. Hayek)
SEGUNDA
GUERRA MUNDIAL
Inicio de la
era del poder
nuclear
Fundación
de la CECA
en París
Proclamación
de la República
Popular China
Telefonía
móvil
El transistor
La crisis social
de nuestro tiempo
(W. Ropke)
068 FOTOCRONO VD47.indd 72 27/02/13 19:42
VANGUARDIA | DOSSIER 73
·
DE MONTESQUIEU A LA TABLETA
Al amparo de la revolución Francesa de 1789,
la burguesía, que se abría paso entre la
aristocracia y las clases menestrales, aparece
como embrión de las futuras clases medias
acomodadas. En este período, el de las Luces
y del liberalismo como nueva forma de go-
bierno, los razonamientos filosóficos coin-
cidieron con inventos que revolucionaron la
industrialización y la mecanización del cam-
po, mientras que en el siglo XIX, las aporta-
ciones intelectuales coexistieron con las de
inventores que revolucionaron el mundo de
la energía, los transportes, las comunicacio-
nes y la metalurgia. En el siglo XX estas coin-
cidencias se establecieron especialmente en-
tre pensadores y teóricos de la economía y
empíricos que hicieron posible realidades
como la energía atómica o las aplicaciones e
innovaciones de los sistemas de tabulación,
comunicaciones inalámbricas, cálculo y pro-
gramación de los siglos XVIII y XIX que cul-
minan en el XXI con la eclosión multimedia.
Unos y otros, teóricos y pragmáticos, alum-
braron la última de las grandes revoluciones
de un mundo global en el pensamiento, las
comunicaciones, los hábitos, el trabajo, la
economía, la política y la gobernanza en los
que se identifican hoy las clases medias.
PENSAMIENTO, ERA DIGITAL Y ALDEA GLOBAL
1959 1969 1972 1977 1987 1989 1991 1998 2001 2003
2008
2011
1960 1962 1996 2012
2012
Circuito
integrado
(J. Kilby)
Capitalismo
y libertad
(M. Friedman)
La dolce vita
(M. Antonioni)
Una sociedad mejor
(J. K. Galbraith)
El malestar
en la globalización
(J. Stiglitz)
¡Acabad ya
con esta crisis!
(P. Krugman)
Nodo de internet
(Arpanet)
El discreto encanto
de la burguesía
(L. Buñuel)
Correo
electrónico
(R. Tomlinson)
Teléfono
celular portátil
Crisis del
petróleo
1973 1981
Ordenador
personal
(PC)
Reformas
económicas
en China
Segunda caída
histórica en
Wall Street
Cae el muro
de Berlín
Colapso
de la
URSS
Nace
el euro
Sistema
operativo
Windows
Wireles Fidelity
(Wi-Fi)
Caída de
Lehman
Brothers
Movimientos
de “indignados”
China, segunda potencia
económica mundial
Tableta PC
2002
• Familia tipo de clase media estadounidense, una imagen globalizada.
068 FOTOCRONO VD47.indd 73 27/02/13 19:42
74 VANGUARDIA | DOSSIER
NTRE LAS MUCHAS FUERZAS QUE
configuran el curso de la evolu-
ción de China, podría decirse
que ninguna será más impor-
tante a largo plazo que la rápi-
da aparición y el crecimiento
explosivo de la clase media
china. La transición económica
de China en marcha, de un
país relativamente pobre y en vías de desarrollo a
un país de clase media, ha sido uno de los episo-
dios humanos más fascinantes de nuestro tiempo.
Nunca en la historia tantas personas han hecho
tantos progresos económicos en una o dos genera-
ciones. Hace solo 20 años era prácticamente inexis-
tente una clara clase media en la República
Popular de China (RPCh), pero hoy en día un gran
número de ciudadanos, especialmente en las ciu-
dades costeras, poseen
propiedad privada y auto-
móviles particulares, tie-
nen activos financieros
de forma creciente, pue-
den disfrutar de vacacio-
nes en el extranjero y en-
vían a sus hijos a estudiar
fuera del país.
Esta transformación tendrá probablemente
implicaciones de gran alcance sobre todos los as-
pectos de la vida china, especialmente sobre las
perspectivas económicas del país a largo plazo, el
consumo de energía y el nivel de calidad medioam-
biental. La importancia de la clase media emergen-
te de China, por supuesto, llega mucho más allá del
ámbito de la economía. La cuestión principal es:
¿qué impactos, actuales y futuros, podría ejercer la
emergente clase media china sobre la estructura
social y sobre el sistema político del país y qué im-
pacto ejercerá sobre el auge de China en el escena-
rio mundial?
El significado sociopolítico
de una clase media china
Los primeros estudios sobre la clase media
emergente de China tienden a subrayar los factores
del respeto del statu quo y la aversión al riesgo que
caracterizan a estos primeros beneficiarios de la
reforma económica. Sin embargo, estudios más
recientes (entre ellos buen número de expertos de
la RPCh) indican que esto puede tratarse, simple-
mente, de una fase tran-
sitoria en el desarrollo
de la clase media. En
cualquier caso, parece
darse un gran resenti-
miento entre la clase
media hacia la corrup-
ción oficial y el mono-
polio del Estado sobre
los principales sectores industriales. Otra fuente
potencial de efervescencia políticosocial radica en
el número creciente de titulados universitarios,
muchos de ellos pertenecientes a familias de clase
media, que no pueden encontrar trabajo.
E
Una fascinante eclosión
en el Reino del Centro
Cheng Li
DIRECTOR DE INVESTIGACIÓN Y CATEDRÁTICO
DEL JOHN L. THORNTON CHINA CENTER EN EL
PROGRAMA DE POLÍTICA EXTERIOR DE THE
BROOKINGS INSTITUTION. DIRECTOR DEL COMITÉ
NACIONAL DE RELACIONES ESTADOS UNIDOS-CHINA.
La fulgurante transformación
de la sociedad en China registrada
en los últimos 20 años tendrá
repercusiones de gran alcance
en la economía, el consumo
energético y el medio ambiente
074 CHENG LI.indd 74 01/03/13 11:02
VANGUARDIA | DOSSIER 75
Un deterioro económico, encabezado por la
caída del mercado de bienes inmuebles o el mer-
cado de valores –dos instituciones que han contri-
buido enormemente a la rápida expansión de la
clase media china– no hará más que incrementar
el sentimiento de agravio de la clase media.
Además, la clase media es primordial para la nue-
va estrategia de desarrollo de China, que intenta
reorientar la economía de una situación demasia-
do dependiente de las exportaciones a otra impul-
sada por la demanda interna. El creciente papel
económico de la clase media, a su vez, puede au-
mentar su influencia política.
La clase media emergente de China es, por
supuesto, un complejo mosaico de grupos e indivi-
duos. Los subgrupos de la clase media difieren
enormemente entre sí. En cuanto a la composición
ocupacional y sociológica de esta clase social, sus
miembros se dividen en tres grupos principales:
• Un grupo económico (empresarios del sector
privado, pequeños empresarios urbanos, empresa-
rios agrícolas y campesinos acomodados, emplea-
dos de empresas conjuntas nacionales y extranje-
ras y especuladores en bolsa e inmobiliarios).
• Un grupo político (funcionarios públicos,
074 CHENG LI.indd 75 27/02/13 19:49
76 VANGUARDIA | DOSSIER
UNA FAS C I NANT E E C L OS I ÓN E N E L R E I NO DE L C E NT RO
administrativos, directivos del sector pú-
blico y abogados).
• Un grupo cultural y educativo (pro-
fesores de educación superior y secunda-
ria, personajes de los medios de comuni-
cación, intelectuales de proyección públi-
ca y expertos de laboratorios de ideas).
Los cálculos del tamaño y composi-
ción exacta de clase media china actual
varían ampliamente, pero el criterio gene-
ral es que existe y se está expandiendo a un
ritmo rápido. Entre los analistas occiden-
tales, las opiniones tienden a recorrer un
amplio abanico; el extremo optimista se
caracteriza por una ilusión general centra-
da en el mercado emergente de consumo
en China, y pesimista por el dogma ideo-
lógico o por una especie lúgubre de mio-
pía. Resultan emblemáticos del primer
caso análisis como el ofrecido por un in-
forme de 2006 a cargo del Instituto Global
McKinsey, una unidad de investigación de
McKinsey & Company, que pronosticó la
existencia de cien millones de hogares de
clase media en China hacia 2009 (45 por
ciento de población urbana) y 520-612
millones en 2025 (más del 76 por ciento de
población urbana). En los últimos años
otras empresas y bancos, como Merrill
Lynch, HSBC, Master Card y el equipo de
investigación del Deutsche Bank han emi-
tido pronósticos igualmente optimistas,
aunque en general más moderados.
En su libro de 2010, basado en una
encuesta nacional a gran escala, el ex di-
rector del Instituto de Sociología de la
Academia China de Ciencias Sociales
(CASS, siglas de la academia en inglés), Lu
Xueyi observa que en 2009 la clase media
constituía el 23 por ciento de la población
total de China, frente al 15 por ciento en
2001
1
. El estudio de Lu también concluye
que, en las principales ciudades de la cos-
ta como Beijing y Shanghai, la clase me-
dia constituía el 40 por ciento de la pobla-
ción en 2009. En entrevistas en los medios
de comunicación chinos tras la publica-
ción de su libro, Lu pronosticó que la clase
media china crecerá aproximadamente
en el 1 por ciento anual durante la próxi-
ma década, lo que significa que unos 7,7
millones de personas, de una población
activa de 770 millones, engrosarán anual-
mente las filas de la clase media
2
. Lu tam-
bién sostuvo que dentro de 20 años la
clase media china constituirá el 40 por
ciento de la población de China –a la par
con los países occidentales– de modo que
China se convertirá en un auténtico país
de clase media
3
.
Hay una tendencia, en ocasiones, a
suponer que la relación entre la clase
media de China y su Estado autoritario es
una relación de cooptación simple y uni-
dimensional, pero esto es simplificar en
exceso. Indudablemente, ciertos miem-
bros de la clase media mantienen una re-
lación clientelar con patrones políticos,
pero muchos más han alcanzado su posi-
ción gracias a su propio esfuerzo. De he-
cho, este tipo de población con aspiracio-
nes económicas es un arma de doble filo
para las autoridades chinas, muy cons-
cientes de que la clase media ha impulsa-
do la democratización de otros países en
desarrollo (Corea del Sur, Indonesia y
Brasil, entre otros).
Merece destacarse también que el
surgimiento de la clase media en China es
simultáneo al resurgimiento del imperio
del Centro en la escena global. Hasta cierto
punto, la clase media china ya ha comen-
zado a cambiar la forma en que el país se
relaciona con la comunidad internacio-
nal, tanto por desempeñar un papel activo
en este mundo cada vez más interdepen-
diente como por mantenerse al día de las
corrientes culturales transnacionales.
Dos escenarios rivales
Al tiempo que crece la influencia
internacional de China, han tomado for-
ma dos visiones enfrentadas sobre la for-
ma en que la república popular podría
entender su papel en el mundo. Reflejan
visiones fundamentalmente diferentes
del futuro chino y ninguna de ellas puede
separarse de la trayectoria de su clase
media emergente.
Según la primera –un escenario de
pesadilla–, una superpotencia, China, es-
timulada por décadas de crecimiento
económico de dos dígitos y moderniza-
ción militar, ha alumbrado una clase
media de tamaño y alcance sin preceden-
tes, cuyos puntos de vista fuertemente
mercantilistas gobiernan casi todos los
asuntos de Estado. La demanda agregada
de cientos de millones de consumidores
de clase media, junto con la creciente es-
casez global de recursos cada vez más se-
ria y la consternación internacional ante
el creciente impacto de las emisiones de
carbono de China ha llevado a los dema-
gogos nacionalistas a diseminar semillas
tóxicas de nacionalismo entre la pobla-
ción en general. En este escenario, una
China en auge y arrogante, todavía dolida
por el “siglo de humillación” sufrido a
manos de los imperialistas occidentales
durante el siglo anterior, hace caso omiso
de las normas internacionales, trastoca
las instituciones globales e incluso coque-
tea con el expansionismo belicista.
Según el segundo punto de vista, la
floreciente clase media de China cada vez
abraza de modo creciente valores cosmo-
politas tras haber forjado estrechos vín-
culos económicos y culturales con los
países occidentales, especialmente Esta-
dos Unidos. En este escenario, el estilo de
vida de la clase media de China refleja
fielmente el de Occidente y una propor-
ción cada vez mayor de las elites políticas
y culturales ha recibido algún tipo de
educación occidental. La clase media ha
conseguido una comprensión muy elabo-
rada del mundo exterior; reconoce la
virtud de la cooperación y reivindica que
China actúe como un actor responsable
en la escena mundial. La expectativa
subyacente a este escenario es que si el
país sigue evolucionando pacíficamente en
dirección de una apertura e integración,
puede experimentar en último término
un avance democrático. Si así fuera, la
teoría de larga tradición de una paz demo-
crática sería puesta a prueba en un mun-
do de grandes potencias que avanzan aún
hacia una mayor integración
4
.
La importancia de la clase media
emergente en China, por tanto, no se cifra
únicamente en el ámbito económico o en
sus posibilidades de influir en la política
interna, sino también en su capacidad de
influir en el comportamiento internacio-
nal. Una comprensión mejor informada y
más amplia de la clase media china, de su
composición básica a sus valores y visio-
nes del mundo –desde sus características
singulares a sus roles políticos en evolu-
074 CHENG LI.indd 76 27/02/13 19:49
VANGUARDIA | DOSSIER 77
UNA FAS C I NANT E E C L OS I ÓN E N E L R E I NO DE L C E NT RO
ción– ayudará a ampliar las opciones políticas que
se le ofrecen al mundo exterior a la hora de tratar
con esta potencia emergente mundial. En un senti-
do más amplio, es de importancia crucial evaluar
si la clase media emergente de China se convertirá
o no en un catalizador de la democratización polí-
tica y conducirá a una presencia de signo construc-
tivo en un entorno global que cambia rápidamente.
Características distintivas
de la clase media de China
La clase media china muestra ciertas caracte-
rísticas extraordinarias, quizás incluso únicas. Una
de las más notables es que su rápido crecimiento
ha tenido lugar junto a un asombroso aumento de
las disparidades económicas. Como señala la pro-
fesora Ann Anagnost, de la Universidad de Was-
hington, la “expansión de la clase media y su
compleja relación con la creciente desigualdad
social representa un delicado equilibrio entre el
dinamismo del mercado y la inestabilidad social”
5
.
El Banco Mundial informa de que el coeficiente
Gini (una medida de la disparidad de ingresos) de
China aumentó de 0,28 a principios de los años 80
a 0,44 en 2001 y es ahora 0,47 (datos que el gobier-
no chino no ha rebatido)
6
. Recientemente los me-
dios de comunicación chinos han informado de
que la distancia de ingresos entre el 10 por ciento
superior y el 10 por ciento inferior de los asalaria-
dos había aumentado de un múltiplo de 7,3 en
1988 a un múltiplo de 23 en 2007
7
.
También se ha observado ampliamente que el
ascenso de la clase media es sobre todo un fenóme-
no urbano. De hecho, la clase media se concentra
desproporcionadamente en las principales ciuda-
des de las regiones costeras, tales como Beijing,
Shanghai, Shenzhen, el delta inferior del río Yangsé
y el delta del río Perla. La distancia económica entre
las zonas urbanas y rurales se ha ahondado cada vez
más a lo largo de las últimas tres décadas. Las dis-
paridades económicas son ahora tan grandes que
algunos analistas se preguntan si la clase media
llega a ser o no un marco conceptual útil con el que
estudiar la China actual. Por ejemplo, Xu Zhiyuan,
un intelectual muy conocido de Beijing que escribe
para influyentes publicaciones on line, por ejemplo
“Financial Times”, se refiere sin rodeos a la noción
de una clase media china como un seudoconcepto
(wei gainian). En un libro reciente, argumenta, “en
China, durante los últimos diez años, ningún otro
término popular ha sido más engañoso que «clase
media»”.
8
A su juicio, un enfoque analítico que po-
ne demasiado énfasis en la llamada clase media
reduce la perspectiva y corre el riesgo de ofuscar
cuestiones y tensiones más importantes en la polí-
tica y la sociedad chinas.
Muchos sociólogos chinos no niegan la grave-
dad de las desigualdades económicas y tensiones
sociales en la sociedad, pero siguen creyendo que
el concepto de clase media es útil. Estos problemas,
en realidad, refuerzan un razonamiento básico en
el sentido de que la estructura social del país ha ido
a la zaga del crecimiento económico en los últimos
15 años. Sin embargo, un número significativo de
analistas abrigan reservas sobre hasta qué punto el
concepto de la clase media es o puede ser unitario.
Varios grupos –como el partido comunista y fun-
cionarios del gobierno, los empresarios, los profe-
sionales y las elites culturales– constituyen una
parte importante de la clase media emergente.
También se ha señalado que el término chi-
no para clase media hace hincapié en un sentido
de propiedad (chan) o de derechos de propiedad
(chanquan), una connotación de que carece el tér-
mino inglés. Algunos eruditos especulan que esta
noción compartida de derechos de propiedad o de
propiedad puede servir de poderoso aglutinante
para unificar estos por lo demás diferentes grupos
socioeconómicos chinos. Mientras que los miem-
bros de la clase media pueden diferir entre sí en
la ocupación, la socialización o posición política,
parecen compartir ciertas perspectivas y valores.
Uno de estos valores es la inviolabilidad de la
propiedad privada de los ciudadanos, que no fue
enmendada hasta fecha reciente en la Cons-
titución. Esta nueva noción puede llegar a ser un
principio importante de la conciencia de grupo y
el sentido de la protección de los derechos de la
clase media.
Los roles políticos de la clase
media: el concepto occidental
y la perspectiva china
Cabría señalar que el debate más importante
sobre la clase media china radica en las posibles
consecuencias de su evolución sobre el sistema
político de la RPCh. Una antigua máxima occiden-
tal postula que existe una correlación dinámica, o
incluso una relación causal, entre la expansión de
la clase media y la democratización política. Los
estudios pioneros de Barrington Moore Jr., Sey-
mour Martin Lipset y Samuel P. Huntington, entre
muchos otros, subrayan todos ellos, desde diversos
ángulos de análisis, el papel esencial de la clase
media en una democracia.
Para Moore, la existencia de una clase media
sólida –o en sus palabras, el “impulso burgués”
–crea una nueva y más autónoma estructura social
1. Lu Xueyi, Dangdai Zhong-
guo shehui jiegou (Estructura
social de la China contemporá-
nea). Shehui kexuewenxian
Chubanshe (Beijing), 2010,
pp. 402-06.
2. Zhongguo qingnian bao, 11-
2-2010.
3. Zhongguo xinwen zhoukan.
“China Newsweek”, 22-1-
2010.
4. La teoría de la paz demo-
crática afirma que las demo-
cracias raramente van a la
guerra entre sí. Sobre esta
teoría, consultar Michael W.
Doyle, Kant, Liberal Legacies,
and Foreign Affaire. “Philoso-
phy and Public Affaire” 12,
n.º 3 (1983), 205-35; y 12, n.º
4 (1983): 323-53.
5. Para mayor debate sobre
estas dos realidades simultá-
neas pero aparentemente
paradójicas, consultar Ann
Anagnost, “From ‘Class’ to
‘Social Strata”. Grasping the
Social Totality in Reform-Era
China. “Third World Quar-
terly” 29, n.º 3 (2008), 497-
519.
6. World Bank, World Deve-
lopment Indicators (varios
años). Consultar también
Anagnost, “From ‘Class’ to
‘Social Strata”, p. 498.
7. Xinhua Agency, Zhongguo
pinfu chaju zhengzai bijin she-
hui rongren hongxian” (La dis-
tancia de ingresos en China se
aproxima a la línea roja de la
tolerancia de la sociedad). Jingji
Cankao, “Economic referen-
ce news”, 10-5-2010.
8. Xu Zhiyuan, Xinglai, 110
nian de Zhongguo biange
(Awakening: China’s 110-year
refor). “Hubei renmin chu-
banshe” (Hubei), 2009, pp.
194-95.
074 CHENG LI.indd 77 27/02/13 19:49
78 VANGUARDIA | DOSSIER
UNA FAS C I NANT E E C L OS I ÓN E N E L R E I NO DE L C E NT RO
en la cual las nuevas elites no han de depender del
poder coercitivo del Estado para prosperar, como
había sido el caso bajo una aristocracia
9
. Lipset
considera que una clase media formada profesio-
nalmente, políticamente moderada y económica-
mente segura de sí misma es una condición impor-
tante para una definitiva transición a la democra-
cia
10
. En su opinión, los medios de comunicación
de masas, alentados por la industrialización y la
urbanización, ofrecen un espacio más amplio para
que las elites culturales difundan las opiniones y
valores de la clase media, creando así una corrien-
te moderada en el seno de la opinión pública de un
país determinado. Al propio tiempo, la socializa-
ción política y los intereses profesionales de la
clase media contribuyen asimismo al crecimiento
de la sociedad civil y el sistema legal, componentes
fundamentales de la democracia.
Huntington, sin embargo, critica la teoría de
que una economía de mercado o sucesivos estadios
evolutivos capitalistas, por sí solos, conduzcan de
forma natural a la democracia política
11
. En su
opinión, la transición de un país hacia la democra-
cia suele depender de factores históricos y coyun-
turales, tanto nacionales como internacionales.
Huntington cree que una clase media tiende a ser
revolucionaria en los primeros pasos de su evolu-
ción, pero crece de forma cada vez más conserva-
dora a lo largo del tiempo. La nueva clase media
emergente en una sociedad dada tiende a ser
idealista, ambiciosa, rebelde y nacionalista en sus
años de formación. Sus miembros se vuelven pau-
latinamente más conservadores, sin embargo, a
medida que comienzan a exponer sus demandas
a través de medios institucionalizados en lugar de
hacerlo mediante protestas callejeras y se involu-
cran en la maquinaria del sistema político a fin de
proteger y promover sus intereses. Tanto Lipset
como Huntington reconocen la importancia de la
clase media en la estabilidad democrática, factor
que atribuyen al conflicto de clase moderado e
institucionalizado en lugar de a los conflictos más
radicales y potencialmente violentos.
Los estudios occidentales sobre la relación
entre el desarrollo económico y la democracia po-
lítica y el papel político desempeñado a menudo
por la clase media ofrecen un marco teórico y ana-
lítico para estudiar la reforma económica y el desa-
rrollo sociopolítico en China. La mayoría de los es-
tudios chinos, sin embargo, apuntan en otra direc-
ción: la clase media china ha sido en gran medida
un aliado político del régimen autoritario en lugar
de un catalizador del cambio democrático. En su
nuevo libro sobre los empresarios chinos, un
subgrupo importante de la clase media, Jie Chen y
Bruce Dickson, argumentan que, debido en parte
a sus estrechos vínculos políticos y económicos con
el Estado y en parte a su preocupación por la esta-
bilidad social, estas nuevas elites económicas no
apoyan un sistema caracterizado por la competen-
cia multipartidista y la libertad política, incluyen-
do el derecho de los ciudadanos a manifestarse
12
.
En la misma dirección, An Chen, nacido en la
RPCh y profesor de ciencia política (formado en
Estados Unidos) de la Universidad Nacional de
Singapur, ofrece una completa respuesta en cuatro
partes la pregunta: ¿Por qué a la clase media china
no le gusta la democracia?
13
En primer lugar, un
número significativo de miembros de la clase me-
dia son parte de la clase política; como Chen descri-
be: “Muchos han establecido una colaboración
personal con los principales funcionarios locales.”
En segundo lugar, los miembros de la clase media
china tienden a poseer lo que Chen llama “un com-
plejo elitista que representa un obstáculo psicoló-
gico a la aceptación de la igualdad política basada
en el principio de una persona, un voto”. Tercero,
las crecientes disparidades económicas y tensiones
sociales han llevado a menudo a la nueva clase
media a formar alianzas con los ricos y poderosos
en la “causa común de oponerse a la democratiza-
ción y evitar la caída del régimen”. Y, en cuarto lu-
gar, los miembros de la clase media tienden a
“asociar la democracia con el caos político, el fraca-
so económico, la mafia y otros males sociales”.
Otros estudios empíricos indican que ciertas
correlaciones ampliamente percibidas entre la
clase media y la democratización política en los
países occidentales no existen, simplemente, en
China. La clase media de este país carece de incen-
tivos políticos para promover la sociedad civil y se
muestra renuente a luchar por la libertad de los
medios de comunicación. Algunos líderes de opi-
nión de la clase media, de hecho, actúan como
portavoces del Estado. De acuerdo con esta perspec-
tiva, la clase media todavía no ha desarrollado una
identidad, un sentido de conciencia de los dere-
chos y un sistema de valores claro y nítido como el
que caracteriza a sus homólogos de otros países
14
.
Casi todos estos estudios, sin embargo, reconocen
el carácter no concluyente de sus argumentos y
suposiciones sobre el papel conservador y pro régi-
men de la clase media china. La experiencia de
muchos países de Asia oriental y de Sudamérica
sugiere que la clase media puede cambiar su pos-
tura política de signo antidemocrático por otra
favorable a la democracia con bastante rapidez.
Otro avance importante en los estudios re-
9. Barrington Moore Jr., The
Social Origins of Dictatorship
and Democracy: Lord and Pea-
sant in the Making of the Mo-
dern World. Beacon Press
(Boston), 1966, pp. 418, 430.
10. Seymour Martin Lipset,
Some Social Requisites of Demo-
cracy: Economic Development
and Political Legitimacy. “Ame-
rican Political Science Re-
view” 53, n.º 1 (1959), 69-105;
y Seymour Martin Lipset,
Political Man: The Social Bases of
Politics. Anchor Books (Gar-
den City, NJ), 1963.
11. Samuel P. Huntington,
Political Order of Changing So-
cieties. Yale University Press,
1969.
12. Jie Chen and Bruce J.
Dickson, Allies of the State:
China’s Private Entrepreneurs
and Democratic Change. Har-
vard University Press, 2010.
13. An Chen, Capitalist Deve-
lopment, Entrepreneurial Class,
and Democratization in China.
“Political Science Quarterly”
117, n.º 3 (2002), 401-22.
14. Margaret M. Pearson,
China’s New Business Elite: The
Political Consequences of Econo-
mic Reform. University of Ca-
lifornia Press, 1997; y Eliza-
beth J. Perry, A New Rights
Consciousness? “Journal of
Democracy” 20, n.º 3 (2009),
17-20.
074 CHENG LI.indd 78 27/02/13 19:50
VANGUARDIA | DOSSIER 79
UNA FAS C I NANT E E C L OS I ÓN E N E L R E I NO DE L C E NT RO
cientes sobre el tema es que algunos estudiosos
han cuestionado el tratamiento convencional, di-
cotómico de la estabilidad política y la democracia.
La preferencia actual de la clase media por la esta-
bilidad sociopolítica no significa necesariamente
que se oponga a la democracia en el futuro. En
China, si la democracia conduce a la inestabilidad
social, al caos político o incluso al desmoronamien-
to del país, eso representa que puede desaparecer
el incentivo para que el pueblo chino, incluyendo
la clase media emergente, luche por ella. En un
sentido esencial, la estabilidad sociopolítica y la
democracia deberían considerarse como fenóme-
nos complementarios, no contradictorios. Un sis-
tema democrático aumenta la estabilidad sociopo-
lítica en un país determinado, ya que está basado
en el imperio de la ley y las libertades civiles, y que
prevé la transferencia pacífica e institucionalizada
de poder a través de elecciones.
El politólogo Zheng Yongnian, por ejemplo,
observó recientemente que en las democracias
pluralistas occidentales, aunque el partido en el
poder pueda cambiar con frecuencia, hay un grado
muy alto de continuidad en términos de institucio-
nes políticas y políticas públicas. Independiente-
mente de que el titular en el poder se incline a la
derecha o a la izquierda, le corresponde al gobier-
no no poner en peligro los intereses de la clase
media, que “desempeña un papel fundamental en
la estabilidad sociopolítica del país”
15
. La estabili-
dad social es un componente esencial de la demo-
cracia política y de la transferencia pacífica del
poder de un partido a otro. El logro de esta estabi-
lidad se debe, en gran parte, al papel decisivo y
prodemocrático de la clase media.
La inclinación actual de la clase media china
a la estabilidad social y el cambio político gradual,
por tanto, no debería calificarse como postura a
favor del Partido Comunista de China, antidemo-
crático o incluso conservador. Como razona la
profesora Mary E. Gallagher, de la Universidad de
Michigan: “Un cambio político tardío en China
puede ofrecer ciertas ventajas. La integración en la
economía global, el uso creciente de las institucio-
nes jurídicas para mediar en los conflictos y la in-
fluencia de una reducida pero creciente clase me-
dia pueden de forma conjunta construir gradual-
mente una base social más estable para la
democratización.”
16
Siguiendo la misma línea de
razonamiento, algunos especialistas sobre la RPCh
han invertido últimamente un gran esfuerzo en
desarrollar ideas que, conceptual y procedimental-
mente, asienten y consoliden la democracia en
China. La rápida expansión de la clase media china
y su relación cambiante con el gobierno se han
convertido en un polo de atención del trabajo de
investigación sobre la política y la sociedad chinas.
Tanto el despliegue del dinamismo chino para
llegar a ser un país de clase media como los dife-
rentes puntos de vista de las valoraciones académi-
cas de sus implicaciones enriquecerán indudable-
mente el acervo de los estudios sobre este impor-
tante tema global.
El ascenso de la clase media china
en el contexto global
Durante el último siglo aproximadamente,
muchos países, entre ellos Estados Unidos, Reino
Unido, España y Japón experimentaron un ascenso
de la clase media que transformó profundamente
sus economías, culturas y políticas respectivas.
Desde el inicio de la era reformista, China también
ha experimentado cambios drásticos en la estrati-
ficación social y la movilidad social, una caracterís-
tica clave de lo que constituye el surgimiento de
una clase media. Es esencial comprender este seg-
mento creciente de la población china, ya que
probablemente anunciará incluso cambios de gran
alcance en los próximos años.
Durante la última década, un vigoroso discur-
so intelectual centrado en la existencia y las carac-
terísticas de la clase media china ha tomado forma
en el seno de la comunidad académica y política.
La fiebre intelectual que representa ha sido estimu-
lada, en parte, tanto por la admiración por el estilo
de vida de la clase media en los países desarrollados
como por la consideración de las máximas y meto-
dologías de las ciencias sociales occidentales. Como
consecuencia, los especialistas chinos han enrique-
cido, tanto conceptual como empíricamente, el
conjunto de estudios académicos mundiales sobre
la clase media. Al hacer eso, no han limitado el al-
cance de sus investigaciones intelectuales a la defi-
nición, el tamaño y las características de esta fuerza
socioeconómica emergente, sino que también han
dedicado notable atención al modo en que la clase
media se relaciona con la clase dominante y con
otros agentes socioeconómicos en China.
En el caso de los observadores extranjeros, es
esencial tener una idea fiel y exacta de la estratifi-
cación y movilidad social en China y, a tal fin, es
menester comprender cómo lidian los académicos
e intelectuales chinos con los cambios profundos
y constantes relativos a su país. El llamativo discur-
so chino sobre las implicaciones políticas de la
emergente clase media constituye, en sí mismo,
un testimonio de las importantes dinámicas polí-
ticas en marcha.
La postura de
la clase media
china a favor de
la estabilidad
social y del
cambio político
gradual
no debería
entenderse
como un gesto
favorable
al partido
comunista,
contra la
democracia
o conservador
15. Zheng Yongnian, “Zhong-
guo zhongchan jieji he Zhong-
guo shehui de mingyun (La clase
media y el destino de la sociedad
china). “Lianhe zaobao”, 2-3-
2010.
16. Mary E. Gallagher, Reform
and Openness: Why China’s Eco-
nomic Reforms Have Delayed
Democracy. “World Politics”
54, n.º 3, (2002), 371.
074 CHENG LI.indd 79 27/02/13 19:50
dos080_Codorniu 1 26/02/13 12:03
VANGUARDIA | DOSSIER 81
LA SELECCIÓN TRATA DE RESPONDER A LA MULTIPLICIDAD DE
ENFOQUES DEL TEMA. UNOS MUESTRAN PREOCUPACIÓN POR
EL DECLIVE DE LAS CLASES MEDIAS COMO TRADICIONAL
MOTOR DE CRECIMIENTO ECONÓMICO Y DE ESTABILIDAD PO-
LÍTICA. OTROS CONSIDERAN QUE SU PROGRESIVO “ACOMODO”
ES UN SÍNTOMA DEL AGOTAMIENTO DE UN MODELO. Y, POR
OTRA PARTE, LOS QUE INSERTAN ESTAS DINÁMICAS EN LOS
CAMBIOS GLOBALES, CON EL SURGIMIENTO DE “NUEVAS
CLASES MEDIAS GLOBALES” EN PAÍSES EMERGENTES COMO
RELEVO AL DECLIVE DE LAS OCCIDENTALES.
literatura
cine
viajes
webs
libros
para saber más
MASSIMO GAGGI Y EDOARDO NARDUZZI. LENGUA DE TRAPO (BARCELONA), 2009.
Un texto breve, escrito principalmente desde la experiencia
italiana, en muchísimos sentidos cercana a la nuestra. Los
autores describen el declive y desorientación de las clases
medias en un escenario en que los cambios que han supuesto
las nuevas realidades globales económicas y tecnológicas
hacen menos valiosos los activos tradicionales de esas clases
medias, al tiempo que algunas dosis de acomodo dificultan
una adaptación al ritmo requerido a esas nuevas realidades.
Las clases medias se estarían diluyendo ante esas nuevas reali-
dades, haciéndose más heterogéneas y perdiendo sus referen-
tes y protagonismo en las economías occidentales, especial-
mente en las europeas. No es un libro de elogio a las clases
medias, sino más bien de elegía, casi de despedida, en un
marco en que el empobrecimiento de las clases medias es uno
de los ingredientes de la sociedad low cost, al tiempo que el
liderazgo social y mediático pasa a otros grupos sociales.
El fin de la clase media
y el nacimiento de la sociedad
de bajo coste
081 s+ LIBROS.indd 81 26/02/13 12:27
82 VANGUARDIA | DOSSIER
libros
La movilidad
económica
y el crecimiento
de la clase media
en América Latina
Panorámica general
FRANCISCO FERREIRA, JULIÁN
MESSINA, JAMELE RIGOLINI, LUIS-
FELIPE LÓPEZ-CALVA, MARÍA ANA
LUGO Y RENOS VAKIS. BANCO
MUNDIAL (WASHINGTON DC), 2012.
Desde hace un tiempo se acu-
ñó la noción de las “nuevas
clases medias globales” para
referirse al acceso de sectores
crecientes de la población en
economías emergentes y en
desarrollo a las pautas de con-
sumo y bienestar habituales
de las clases medias occiden-
tales, viéndose éstas relevadas
en su papel de motor de con-
sumo por tales nuevas clases
medias globales. Los estudios
iniciales (véase el de la OCDE
citado en el apartado de reco-
mendaciones en la web) se
centraban en las más conoci-
das economías emergentes de
Asia. Más recientemente han
aparecido estudios, como el
ahora comentado, referidos a
América Latina (y a otras re-
giones). Es un texto clarifica-
dor de conceptos, cuantifica-
ciones y fragilidades de estas
nuevas facetas de las clases
medias, con una parte final
en que aparece la delicada
cuestión de si más clases me-
dias implican cambios en el
llamado “contrato social” tal
como lo hemos conocido en
Europa o tienden a otras for-
mulaciones sociopolíticas.
Grietas del sistema
Por qué la economía
mundial sigue
amenazada
RAGHURAM G. RAJAN. EDICIONES
DEUSTO (BARCELONA), 2011.
Un libro ya clásico sobre el
camino que nos condujo a la
crisis, escrito por el ex econo-
mista jefe del Fondo Moneta-
rio Internacional que en 2005
señaló públicamente las fra-
gilidades del sistema finan-
ciero de Estados Unidos y la
necesidad de revertir peligro-
sas dinámicas, generando ai-
radas respuestas del establish-
ment. Buena parte del libro se
dedica al papel de las crecien-
tes desigualdades en la distri-
bución de la renta, y en parti-
cular al deterioro de las posi-
ciones de las clases medias y
bajas, que habría tratado de
ser anestesiada económica y
políticamente por facilidades
crecientes en el acceso al cré-
dito, en una dinámica en que
los intereses a corto plazo de
los lobbies financieros acelera-
ron los acontecimientos que
condujeron a la crisis.
Third World
America
How Our Politicians
Are Abandoning the
Middle Class and
Betraying the
American Dream
ARIANNE HUFFINGTON. CROWN
PUBLISHERS (NUEVA YORK), 2010.
Una formulación clara y con
gancho mediático del declive
de las clases medias en Esta-
dos Unidos, explicitando las
preocupaciones por el declive
de este motor de “éxito eco-
nómico y estabilidad políti-
ca”. Una formulación con la
prima mediática del pesimis-
mo –¿el sueño americano se
está transformando en pesa-
dilla?– con dimensiones como
los problemas de la base in-
dustrial, de la calidad del sis-
tema educativo y de legitima-
ción de los procesos políticos.
Skills, Tasks and
Technologies
Implications
for Employment
and Earnings
DARON ACEMOGLU Y DAVID AUTOR.
CAP. 12 DEL HANDBOOK OF LABOR
ECONOMICS, VOL. 4B, ELSEVIER
(BARCELONA/MADRID), 2012.
Un capítulo de referencia en
un libro académico de refe-
rencia. Se trata del texto más
académico de los recogidos
en esta selección, pero que
tiene destacada importancia
por su énfasis en la necesi-
dad, para entender lo que
sucede en la economía y en
los mercados de trabajo, de ir
más allá de los tradicionales
análisis en términos de tra-
bajo cualificado versus no
cualificado. Muestra con fuer-
za y rigor cómo los principa-
les perdedores con las nuevas
realidades globales son los
segmentos intermedios, a
medida que muchas de las
tareas tradicionales pueden
ser objeto de “offshorability”. La
denominada “hipótesis de la
polarización” se refiere al de-
terioro de esas clases medias,
cada vez más lejos de los seg-
mentos más ricos y cada vez
aproximándose más a los seg-
mentos menos favorecidos.
The Future
of History
FRANCIS FUKUYAMA. ARTÍCULO EN
“FOREIGN AFFAIRS” (NUEVA YORK),
ENERO-FEBRERO 2012.
“¿Puede la democracia libe-
ral sobrevivir al declive de la
clase media?” es el subtítulo de
este artículo en que el autor de
El fin de la Historia se autocorrige.
De forma muy compacta resu-
me la trayectoria histórica que
condujo a que las economías
capitalistas –de mercado– fue-
sen avanzando en paralelo en la
extensión del voto democrático
a segmentos cada vez más am-
plios de la población, al tiempo
que el progreso económico da-
ba lugar a unas clases medias
que sostenían las democracias
liberales. El estancamiento del
para saber más
Juan Tugores. Catedrático de Economía de la Universitat de Barcelona.

L A M O V I L I D A D E C O N Ó M I C A Y E L C R E C I M I E N T O D E L A C L A S E M E D I A E N A M É R I C A L A T I N A i
La movilidad económica
y el crecimiento de la clase
media en América Latina
Francisco H. G. Ferreira, Julian Messina,
Jamele Rigolini, Luis-Felipe López-Calva,
Maria Ana Lugo, y Renos Vakis
BANCO MUNDIAL
Panorámica General
Span. Standalone Overview FM.indd 1
081 s+ LIBROS.indd 82 26/02/13 12:27
VANGUARDIA | DOSSIER 83
nivel económico de esas clases
medias, cuando no su retroceso
y en todo caso sus temores,
abren unos nuevos escenarios
acerca no solo de la configura-
ción económica del mundo, si-
no del papel de la democracia,
especialmente a la vista de que,
en contra de algunas expectati-
vas, no está claro que el vínculo
que hubo en el pasado en Oc-
cidente entre auge de las clases
medias y ampliación de la de-
mocracia vaya a repetirse, al
menos de igual manera, en los
países emergentes.
Los que tienen
y los que no tienen
BRANKO MILANOVIC. ALIANZA
EDITORIAL (MADRID), 2012.
Un libro de referencia para el
análisis de las desigualdades y
sus implicaciones, tanto a
escala de los diferentes países
como a nivel de la economía
global. Un texto riguroso, a la
vez que ameno, que permite
insertar los problemas del
posicionamiento de las clases
medias en el contexto de las
dinámicas de distribución de
la renta –nacional e interna-
cional– y la dinámica de las
desigualdades. Dentro de este
marco comprehensivo se en-
cuentran análisis importantes
de la evolución de la clase
media en las economías avan-
zadas, sus pérdidas de posi-
ciones, y la discusión acerca
del alcance y consecuencias
del ascenso de las clases me-
dias en las economías emer-
gentes y en desarrollo.
Plutocrats
The Rise of the New
Global Super Rich
and the Fall
of Everyone Else
CHRYSTIA FREELAND. PENGUIN
PRESS (NUEVA YORK), 2012.
La otra cara de la moneda del
declive de las clases medias es
la concentración de riqueza
en determinadas minorías o
elites. La periodista Chrystia
Freeland documenta cómo
este grupo de plutócratas en-
cuentra terreno abonado en
economías avanzadas, emer-
gentes y en desarrollo, aprove-
chando a menudo situaciones
de rápidos cambios y cone-
xiones político-empresariales
privilegiadas. Una descrip-
ción interesante de algunos
de los mecanismos con que el
ascenso de estos plutócratas
se hace a expensas de “todos
los demás” y especialmente
de las clases medias y segmen-
tos que aspiraban a una esta-
bilidad económica y social.
Falling Behind
How Rising Inequality
Harms the Middle
Class
ROBERT H. FRANK. THE UNIVERSITY
OF CALIFORNIA PRESS (BERKELEY),
2007.
Robert Frank es autor, junto
al presidente de la Reserva
Federal, Ben Bernanke, de va-
rios de los manuales de eco-
nomía de uso más amplio en
los cursos universitarios. En
este libro, de título explícito,
así como en otro reciente ti-
tulado Darwin Economy, exa-
mina de forma original algu-
nas de las pautas de compor-
tamiento de la población, es-
pecialmente aplicables a las
clases medias occidentales.
Entre ellos el papel de las
comparaciones con amigos,
familiares y conocidos como
motor de decisiones económi-
cas (las “comparaciones odio-
sas” entre los Smith y sus ve-
cinos los Jones) que condu-
cen a dinámicas de gasto
–quién tiene el mejor coche,
quién se compra la mejor
casa, el mejor artilugio elec-
trónico, etcétera– no siempre
socialmente deseables ni ge-
neradoras del bienestar que,
en principio, debería asociar-
se al consumo. Que estas di-
námicas tuvieron bastante
que ver con las espirales de
gasto con sobreendeudamien-
to que condujeron a la crisis
es una moraleja que merece
ser discutida.
La mondialisation
de l’inégalité
FRANÇOIS BOURGUIGNON. SEUIL
(PARÍS), 2012.
Un libro de poco más de un
centenar de páginas en que el
profesor François Bourgui-
gnon, uno de los más destaca-
dos especialistas mundiales
en temas de distribución de la
renta y desigualdades, con
amplia experiencia académi-
ca y en organismos interna-
cionales, resume los resulta-
dos de sus pioneras investiga-
ciones en estos ámbitos. Los
problemas de las clases me-
dias se enmarcan, pues, en las
dos dinámicas contrapuestas
de menos desigualdad entre
países (a medida que varios de
los emergentes se acercan a
las economías avanzadas) pe-
ro más desigualdades dentro
de los países. También con
una contribución importante
al respecto de la “precariza-
ción” de empleos en las eco-
nomías avanzadas, con mani-
festaciones como el “mileuris-
mo” y otras en que se plasma
cómo las nuevas generaciones
de las clases medias tienen
peores perspectivas que sus
progenitores.
081 s+ LIBROS.indd 83 26/02/13 12:27
84 VANGUARDIA | DOSSIER
para saber más literatura
Mercedes Monmany. Ensayista y escritora.
Cuentos
JOHN CHEEVER. RBA (BARCELONA),
2012. TRADUCCIÓN DE JOSÉ LUIS
LÓPEZ MUÑOZ Y JAIME ZULAIKA.
1.088 PÁGINAS.
Novelista, autor de diarios, pe-
ro sobre todo maestro indis-
cutible del cuento norteame-
ricano de la segunda mitad del
siglo XX, cuya estela influirá
decisivamente en autores pos-
teriores como Carver, Lorrie
Moore, Rick Moody, Michael
Chabon y tantos otros, el te-
ma incesante de John Cheever
(Quincy, Massachusetts, 1912-
Nueva York, 1982) es funda-
mentalmente el derrumbe
hecatómbico del american way
of life. O, si se prefiere, la pesa-
dilla del sueño americano, su
reverso fatídico y degenera-
ción paulatina de una cierta
idea de la felicidad –la felici-
dad de las clases medias, in-
quietantemente uniformes e
intercambiables– hasta llegar
a convertirse en una terrorífi-
ca obsesión de la que nadie
puede escapar. La ambienta-
ción transcurre principalmen-
te en los decentes y pacíficos
barrios residenciales de esa
clase media americana, con
escapadas ocasionales a los
lugares originarios del sueño
actual, es decir, Europa, y en
especial Italia.
Pulso
JULIAN BARNES. ANAGRAMA
(BARCELONA), 2011. TRADUCCIÓN DE
MAURICIO BACH. 264 PÁGINAS.
Despiadado e irónico observa-
dor, la clase media británica
es una fuente fija de inspira-
ción para el gran novelista y
autor de relatos Julian Barnes.
Aunque debutó con El loro de
Flaubert por otros caminos
más extravagantes, su sentido
del humor nunca le ha aban-
donado a la hora de meterse
de forma sutil e impertinente
por el ojo de la cerradura de
la vida, manías y tics princi-
pales de sus contemporáneos.
Especialista sobre todo en
magníficos retratos de pare-
jas, o bien triángulos amato-
rios y generacionales, en los
cuentos de Pulso pasaría por el
escalpelo de nuevo a esos pro-
fesionales acomodados de las
grandes ciudades, algo esnobs
y décontractés. Gente que de
forma siempre previsible opi-
nan y aplican lugares comu-
nes de moda, ya sea hablando
de las posibilidades de Obama
para vencer las elecciones, de
Demasiada felicidad
ALICE MUNRO. LUMEN (BARCELONA), 2010. TRADUCCIÓN DE FLORA CASAS. 432 PÁGINAS.
A lo largo de los últimos años, de forma callada, sin especiales promociones y sin la ayuda tam-
poco de grandes impactos en las listas de venta de cada país donde iba siendo traducida, la
escritora canadiense Alice Munro (Wingham, Ontario, 1931) se ha ido convirtiendo en un mito
literario. Sus relatos, o retratos desasosegantes de interiores, dignos herederos de la perfección
de maestros como Henry James, y sobre todo del prerrevolucionario ruso Chéjov, con quien ha
sido muchas veces comparada, se asemejan a cotidianas y devastadoras tragedias clásicas de
nuestros días. Unas tragedias donde reinan sobre todo las pérdidas, las frustraciones, los aban-
donos, las huidas de muchos de sus personajes. Sus cuentos están ambientados en pequeñas
ciudades de provincias canadienses, en urbes como Vancouver o en minúsculos parajes rurales,
con casas desperdigadas y calles sin nombre y sin asfaltar, apenas asentamientos que casi no
pueden llegar a llamarse pueblo. Sus protagonistas, atrapados en círculos concéntricos, muchas
veces secretos inconfesados, de los que es difícil escapar, son gente corriente: hijas de granjeros,
cuyo padre se ha arruinado criando zorros plateados y cuya madre sigue soñando con mejorar
de posición social hasta que cae enferma de parkinson, o jóvenes desilusionados que al regreso
de la guerra –de alguna que haya emprendido su país– nunca llegan a su hogar. Saltando del
tren justo antes de llegar a su destino, se enredan en una espiral de encuentros que les harán
seguir emprendiendo su desesperado camino una vez más.
084 s+ LITERATURA.indd 84 26/02/13 12:20
VANGUARDIA | DOSSIER 85
la crisis del partido laborista o
de la inmoderada afición por
parte de las empresas extran-
jeras por traerse mano de obra
de sus respectivos países ya
que tienen “a un montón de
gente buscando trabajo aquí”.
Arlington Park
RACHEL CUSK. LUMEN (BARCELONA),
2007. TRADUCCIÓN DE BETTINA
BLANCH TYROLLER. 302 PÁGINAS.
Rachel Cusk (1967) es una de
las mejores narradoras en len-
gua inglesa de estos momen-
tos. Todo un talento para la
sátira y la crítica social, a la
hora de mezclar lo cercano y
doméstico, el detalle ínfimo y
corrosivo, dentro de atmósfe-
ras asfixiantes y opresivas. Fe-
roz retratista de mujeres deses-
peradas de la clase media, na-
vegando como pueden entre
sus neurosis y sus claustro-
fóbicos y “sórdidos confina-
mientos”, en medido de densi-
dades prósperas y enloquece-
doras, en su novela coral Ar-
lington Park narraría las peripe-
cias de cinco mujeres, en la
década de los treinta y tantos.
Cinco amas de casa acomoda-
das, maniáticas de la limpieza
y con “cocinas en las que po-
dría aterrizar un jumbo”, atra-
padas en matrimonios, niños
y obligado consumo de mar-
cas para mantener un estatus,
mientras se debaten, con sus
vacuas e insignificantes nade-
rías, o con sus facturas impa-
gadas, entre centros comercia-
les, recogidas en la guardería,
carnicerías, café con las ami-
gas, cenas rituales de matri-
monios y un tenue e incipien-
te consumo de alcohol.
Caos calmo
SANDRO VERONESI. ANAGRAMA
(BARCELONA), 2008. TRADUCCIÓN DE
XAVIER GONZÁLEZ ROVIRA. 512
PÁGINAS.
Pietro Paladini, importante
ejecutivo italiano de una tele-
visión de pago, acaba de per-
der durante el verano, en la
playa, a su mujer. Al regresar a
la capital su vida se concentra-
rá de repente, maniáticamen-
te, y de forma desconcertante
para todos, que lo creen toda-
vía bajo el estado de shock, en
dos esperas cotidianas: la sali-
da del colegio de su hija y una
prevista fusión empresarial,
gracias a la cual su compañía
será absorbida sin piedad,
como en un agujero negro de
desconocidas dimensiones,
traslados forzosos y despidos,
por una multinacional extran-
jera. Una novela de Sandro
Veronesi (Florencia, 1959) que
retrata como pocas los temas
y crisis más deshumanizadas
y salvajes de nuestra época, en
ciudades o megalópolis histe-
rizadas, intercambiables y que
podrían perfectamente insta-
lar sus oficinas poskafkianas
y sus neurosis móviles entre
Nueva York, Milán o Londres.
La muerte
del padre
KARL OVE KNAUSGÅRD. ANAGRAMA
(BARCELONA), 2012. TRADUCCIÓN DE
KIRSTI BAGGETHUM Y ASUNCIÓN
LORENZO. 499 PÁGINAS.
De forma autobiográfica, el
escritor noruego Karl Ove
Knausgård (1968) emprendería
en 2009 con el provocador títu-
lo de Min kamp (Mi lucha, tradu-
cido al español como La muerte
del padre) una monumental
saga de seis novelas, con el ob-
jetivo de narrarse a sí mismo,
como personaje y, a su tiem-
po, a la manera proustiana. La
magnífica y descarnada La
muerte del padre sería la resu-
rrección de una infancia co-
rriente de los años 80 del pasa-
do siglo, en el seno de una fa-
milia de la clase media escan-
dinava, con una madre a me-
nudo ausente por el trabajo y
un progenitor, distante, frío y
poco interesado en la familia y
sus hijos, “típico profesor de
bachillerato elemental, en una
época en la que enseñar en el
bachillerato elemental tenía
todavía cierto prestigio”.
Libertad
JONATHAN FRANZEN. SALAMANDRA
(BARCELONA), 2011. TRADUCCIÓN DE
ISABEL FERRER. 252 PÁGINAS.
Crítico agudo de la institución
familiar, en todas sus muta-
ciones, el americano Jonathan
Franzen (Chicago, 1959), es el
más directo heredero de gran-
des autores de “la gran novela
americana” como Philip Roth,
Don DeLillo o John Updike. Si
ya en sus muy incorrectas Las
correcciones había pasado por el
hacha a esa gran institución
fundadora de su país, en la
magnífica Libertad le dará el
golpe de gracia definitivo. Ra-
diografía de tres generaciones
de una misma familia del Me-
dio Oeste americano, entre
1970 y 2010, en esta obra
Franzen pasa revista, a través
de los cultos, progresistas y
comprometidos Berglund –re-
presentantes de una nueva
burguesía urbana–, a una se-
rie de figuras típicas, pero
nunca suficientemente cono-
cidas, habituales tanto de las
pinturas del neoyorquino Nor-
man Rockwell como de los
paraísos con piscina y jardín
de la clase media acomodada
de David Hockney.
084 s+ LITERATURA.indd 85 26/02/13 12:20
86 VANGUARDIA | DOSSIER
para saber más Cine
Àngel Quintana. Profesor de Historia y Teoría del Cine en la Universitat de Girona.
TAKE SHELTER. ESTADOS UNIDOS, 2011. DIRECTOR: JEFF NICHOLS.
INTÉRPRETES: MICHAEL SHANNON, JESSICA CHASTAIN, TOVA STEWART.
Los protagonistas de Take Shelter son una familia de clase
media que vive en algún lugar de la América profunda. Un día
el padre empieza a tener extraños sueños sobre un apocalipsis
cercano y se convierte en un paranoico obsesionado en la llega-
da del fin del mundo. Mientras, a su alrededor su pequeño
mundo se va desmoronando: pierde el empleo, su hija cae enfer-
ma de sordera, etcétera. Jeff Nichols decide construir en Take
Shelter una especie de contundente fábula apocalíptica sobre el
fin de una clase social. Los miedos del protagonista son una
clara alegoría sobre cómo se va derrumbando todo un universo
de bienestar y cómo una cierta clase se siente desamparada.
El crash de 1929 fue para Estados Unidos el gran momento
de solidificación del mito del common man, considerado como el
ciudadano ejemplar que era capaz de mantenerse fiel a su
comunidad trabajando para el bienestar de su entorno. La irrup-
ción de la clase media ponía en crisis el auge del self made man,
que había perdido una parte de la esencia del sueño americano.
En la nueva sociedad occidental, marcada por la promesa de
Obama del “yes we can”, la crisis parece destruir progresivamente
a ese common man. Es por ello que el cine americano no ha deja-
do de crear en los últimos años una serie de metáforas que nos
van mostrando el desarraigo y el desajuste de este modelo.
Junto a Take Shelter, una cruda metáfora de la situación es
la que se describe en Up in the air (2009), de Jason Reitman, en
que el protagonista se presenta como un nuevo ángel extermi-
nador de la sociedad actual. Ryan Bingham –George Clooney–
ha convertido los aeropuertos en su hábitat y su oficio consiste
en aniquilar al hombre común afectado por la regulación de
empleo, privándolo de sus prebendas, ridiculizando su felicidad
y dejándole sin trabajo. La nueva ley del más fuerte de la socie-
dad en crisis es la del cinismo.
El exterminio del ‘common man’
PARADISE: LOVE. AUSTRIA, 2012. DIRECTOR: ULRICH
SEIDL. INTÉRPRETES: MARGARETHE TIESEL, PETER
KAZUNGU.
La clase media europea siempre ha
soñado con vivir en extraños paraísos
exóticos en los que pueda dar forma a sus
fantasías sexuales más íntimas. El cineas-
ta austríaco Ulrich Seidl relata en Paradise:
Love, primera parte de una controvertida
trilogía, el camino hacia el paraíso sexual
llevado a cabo por Teresa, una cincuento-
na de la clase media austríaca que con un
grupo de amigas pasa sus vacaciones en
Kenia. La actividad diaria consiste en
baños en la piscina y en la playa, mien-
tras su libido se ve progresivamente ali-
mentada por jovencitos que se ganan la
vida con la prostitución. Seild lleva a cabo
un relato sórdido de los vicios de la clase
media, de sus mitos y del modo como el
turismo organizado puede llegar a ser el
negocio de una clase media moralmente
agonizante. Mediante una mirada cínica
se muestra cómo el bienestar de Occidente
tiene sus raíces en la explotación de la
pobreza del llamado “Tercer Mundo”.
Los sueños húmedos del bienestar
Michel Shannon, protagonista de una alegoría sobre el apocalíptico fin familiar de una clase social.
086 s+ CINE.indd 86 28/02/13 15:39
VANGUARDIA | DOSSIER 87
En un registro más melodramá-
tico, Jacques Audiard describe tam-
bién en De óxido y de hueso la relación
atormentada entre una chica que en
un accidente se ha quedado sin pier-
nas y un chico que se gana la vida
precariamente. A partir de un regis-
tro con marcado tono de tragedia
Audiard recrea una historia de amor
sobre una pareja que busca superar
sus crisis para lograr la integración
en un entorno de clase media. Su
drama está en que la propia sociedad
les niega el bienestar.
La frustración del presente
Una clase hipotecada
UNA VIDA MEJOR. FRANCIA, 2011. DIRECTOR: CÉDRIC KHAN.
INTÉRPRETES: GUILLAUME CANET, LEÏLA BEKHTI.
Uno de los grandes problemas de la clase
media europea es su endeudamiento y su incapa-
cidad para poder salir de las hipotecas tóxicas
contraídas para poder llevar a cabo proyectos de
futuro. El título de la película de Cédric Khan, Une
vie meilleure, es bastante significativo. Yann –Gui-
llaume Canet– es un joven de clase social modes-
ta que vive con una mujer emigrante y su hijo de
9 años. El sueño de Yann consiste en poder abrir
un negocio. Un día decide comprar un viejo edifi-
cio en ruinas para llevar a cabo las obras que le
permitan abrir un restaurante. Yann establecerá
negociaciones con la banca para poder sacar ade-
lante sus créditos que acabarán condicionando su
economía. Una vez finalizada la obra, los respon-
sables de seguridad del restaurante le piden que
lleve a cabo una serie de obras de mejora para
poder llegar a disponer del permiso de apertura.
Yann no dispone de más dinero, no podrá acabar
el restaurante y de forma progresiva su situación
vital y familiar se irá deteriorando. El sueño de
poder llegar a ser una familia de clase media se
rompe en medio de una Europa en recesión que
no ofrece salidas. Bajo un registro realista, Khan,
representante de la nueva generación de cineas-
tas franceses, presenta el declive de un mundo en
que la promesa de felicidad es inestable.
TABÚ. PORTUGAL, 2012. DIRECTOR: MIGUEL GOMES.
INTÉRPRETES: TERESA MADRUGA, LAURA SOVERAL,
ANA MOREIRA.
El cineasta portugués construye su
última película, Tabú, como un díptico
que se mueve entre lo real y lo imagina-
rio, entre Portugal y las viejas colonias,
para construir una fábula sobre la frus-
tración del propio presente. La protago-
nista del relato es Pilar, una mujer de
clase media cuya vida solitaria languide-
ce bajo toneladas de frustración, tristeza
y aislamiento. Pilar representa la frustra-
ción de un país –Portugal– y la margina-
ción social de la clase media. Miguel
Gomes describe la existencia de esta mu-
jer bajo la tentación continua de un ima-
ginario. En las pantallas del cine que vi-
sita hay un paraíso perdido que puede
recobrar. La relación que establece con
una aristócrata arruinada y agonizante le
servirá para poder soñar en algo que la
aleje de la evocación del presente. Tabú
acaba en una especie de exorcismo fan-
tasmal en torno a la necesidad de encon-
trar un falso paraíso situado en algún lu-
gar de África. Los sueños de Pilar son los
de una clase cuya realidad los lleva a
querer conquistar paraísos inexistentes. Una búsqueda de falsos paraísos en África.
La actriz Leïla Bekhti es la Nadia que ve rotos sus sueños de clase media.
086 s+ CINE.indd 87 28/02/13 15:37
88 VANGUARDIA | DOSSIER
para saber más viajes
Josep Maria Palau Riberaygua. Periodista especializado en viajes y profesor de Periodismo
de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona.
yon no es París, pero ni falta que le hace. Aquí se vive a
una escala más humana y se come mejor. Cuando menos,
Lyon se proclama a sí misma capital mundial de la gastrono-
mía, quizá por aquello de que François Rabelais hizo nacer de
su pluma a Gargantúa y Pantagruel sentado a la mesa de uno de
los típicos bouchons, restaurantes de limitado espacio, mesas
apretadas y generosas raciones de salchichón caliente, croque-
tas de pescado, platos a base de despojos, excepcionales pâté
crôute –brioches rellenos de paté templado– o matefaims, unos
crepes de poderosa consistencia. Y por cierto que el nombre de
bouchon no deriva del corcho que cubre las botellas de Beaujoleais
o del valle del Roina que riegan los platos, sino de bouchoner, el
trabajo de cepillar los caballos de aquellos que se acercaban
montados a las viandas. Porque Lyon cuenta con un importante
pasado burgués, de raíces que profundizan en la época medie-
val y que se traducen en la imponente colección de edificios
góticos flamígeros del casco antiguo, un universo de calles
empedradas que a veces recuerda a Florencia y que lleva el dis-
tintivo de “patrimonio de la humanidad” desde los años 80.
La mayor concentración de bouchons se da en la parte norte
de la Presqu’ile, una península que es casi una isla, sitiada por
las corrientes del Ródano y el Saona, atrapada entre las colinas
de Fourvière y Croix Rousse. En esta última se creó el barrio de
la seda, donde se instalaron los tejedores, llamados canuts. Entre
sus laberínticas callejuelas se esconden viviendas con techos a
cuatro metros de altura para poder albergar la maquinaria y los
telares. Los mismos edificios están dotados de traboules, una red
de pasadizos por los que circulaba el preciado tejido de forma
segura primero, y los miembros de la resistencia después, du-
rante la Segunda Guerra Mundial. De aquel barrio brotó tam-
bién el movimiento revolucionario de 1831. Las viviendas de los
canuts son ahora tiendas con encanto, galerías o lofts caros,
cuyos ocupantes atisban los efectos de la crisis por la ventana,
no sea que los acaben echando del territorio conquistado.
Mientras, en el Instituto Lumière se sigue proyectando el viejo
filme en el que los trabajadores salen sonrientes de la fábrica.
L
LYON
Comer en un ‘bouchon’
y perderse en los ‘traboules’
Vista desde la Fourvière, con el Ródano y la catedral de San Juan en primer término. H. CAMPOLION / AKG.
Para visitar…

Los restos de la
civilización galorromana
en la colina de Fourvière.
En especial, valen la pena
el foro y el museo de la
Civilización Galorromana,
con la Tabla Claudina.

El laberíntico barrio de
Croix Rousse, con cuestas
saturadas de tiendas de
fotografía y de diseño.

Un recorrido por los
mejores monumentos
del gótico flamígero,
como las casas Laurencin
y Dugas o la residencia
de los Gobernadores.

El Instituto Lumière,
donde nació el
cinematógrafo. Aún
se puede ver el hangar
que usaban los geniales
hermanos para rodar
sus películas.

Un vistazo al mercado
Les Halles Paul Bocusse,
con su espectacular
oferta-homenaje
al famoso chef..
088 s+ VIAJES.indd 88 26/02/13 12:13
VANGUARDIA | DOSSIER 89
jar. Los servicios financieros, de seguros o sa-
nitarios que sustituyeron a la industria pesada
de otros tiempos ya no son tan solicitados, y
Cleveland va perdiendo la imagen de ser uno
de los mejores lugares para celebrar encuen-
tros de negocios del país. Eso sí, los edificios
oficiales aún lucen todo el carisma del concep-
to city beautiful, desarrollado hacia 1900.
otemburgo (Göteborg) es el paradig-
ma de la ciudad de clase media
sueca. Una clase media que se ha ido
construyendo con el paso de los siglos,
apoyándose en un elemento tan inesta-
ble como el agua del mar. La pesca siem-
pre ha sido un elemento capital en los
países nórdicos, pero también el comer-
cio marítimo, puerta al mundo que en el
caso de Gotemburgo permanece abierta
incluso en pleno invierno: las aguas que
bañan sus muelles nunca llegan a helar-
se, algo que sí sucede en otros puertos
competidores, más alejados de las co-
rrientes del estrecho de Kattegat. Por eso
la empresa de rodamientos SKF, o la po-
derosa Volvo, tienen sus oficinas aquí.
Acostumbran a ser edificios brillantes,
con mucho cristal, con vistas a Kipplan,
una zona de antiguos tinglados que hoy
es museo y sede de un reputado restau-
rante con estrella Michelin. El resplandor
GOTEMBURGO
Un hogar sueco de clase media
CLEVELAND
‘City beautiful’ de capa caída
G
n los suburbios de Cleveland, antaño ejem-
plo de la pujante clase media estadouniden-
se, van apareciendo signos de pobreza. Los veci-
nos ya no aparcan en las puertas de sus casas
dejando las llaves puestas, y miran dos veces
antes de apearse. Cuando decimos suburbio, nos
referimos al concepto americano del mismo, es
decir, un lugar residencial donde conseguir una
mejor escuela, una casa más grande o un mejor
trabajo. El lugar de las oportunidades. En estos
lugares es donde mejor se palpa el “abismo fis-
cal” que tanto preocupa a Obama. En el centro
cuesta más de ver ya que allí abundan las institu-
ciones artísticas y culturales, así como bibliotecas
públicas financiadas por particulares o empresas
con voluntad filantrópica. La Cleveland Orchestra,
una de las “Big Five” de Estados Unidos, sigue ofre-
ciendo sus galas, pero en las tiendas de la exclusi-
va Euclid avenue los precios han empezado a ba-
E
Para visitar…

Visitar el conjunto de
edificios del Ayuntamiento,
el palacio de justicia del
Condado de Cuyahoga o la
biblioteca Pública, magníficos
ejemplos neoclásicos
del estilo ‘city beautiful’.

Asistir a un partido de
béisbol en Progressive Field,
elegido como el mejor estadio
de las Grandes Ligas..

Disfrutar de una velada
musical con la Cleveland
Orchrestra.

Pasear por la Old Arcade,
galerías construidas en el
siglo XIX inspiradas en las
Vittorio Emanuele de Milán.
El icónico edificio Skanska. K. TRIMAN / Fotostock.
acerado contrasta con el de los edificios
de la orilla de enfrente del Gota, el río
donde se ubica el antiguo barrio de Haga
y sus tiendas con encanto, pero también
la señorial avenida de Kungsportsaven-
yen, territorio donde abundan los mejo-
res restaurantes y selectos clubs noctur-
nos. Sin embargo, subidos a la Rueda de
Gotemburgo, la gigantesca noria del
puerto, la visión que se capta es la de una
ciudad compacta, casi la de una capital
de provincias, lejos de la imagen que se
espera de la segunda urbe de Suecia.
Para visitar…

Empaparse del ambiente portuario y subir a
la emblemática Rueda de Gotemburgo, donde
incluso se sirven cenas en sus góndolas.

Pasear por Kungsportsavenyen hasta
Götaplatsen, la plaza en la que se encuentran
el museo de Bellas Artes, la sala de Conciertos
y el teatro Municipal.

Un almuerzo en Feskekörka o la “iglesia
del pescado”, un mercado donde sus arcos
apuntados recuerdan un templo por fuera.

Conocer la “reserva cultural” de Kipplan,
antigua sede de la Compañía Sueca
de las Indias Orientales.

El Centro Hasselblad de fotografía o el museo
Volvo y su colección de autos de época.
El centro, con el río Cuyahoga. D. LEVITT / Blomberg.
088 s+ VIAJES.indd Sec1:89 26/02/13 12:13
90 VANGUARDIA | DOSSIER
para saber más webs
OCDE
http://www.oecd.org/
Publica semestralmente su out-
look con datos, previsiones y es- k
tudios referidos a las economías
avanzadas y emergentes. Define
como clase media la formada
por aquellos hogares en los que
el consumo diario se sitúa como
mínimo en diez dólares por per-
sona y día, 15.000 dólares anua-
les una familia de cuatro (en
paridad de poder de compra).
Destaca el estudio sobre la evo-
lución futura de la clase media
en el mundo: http://www.oecd.
org/dev/44457738.pdf The Emer-
ging Middle Class in Developing
Countries, W. P. 285. Se puede en-
contrar dónde se localizan los
1.900 millones de personas que
aproximadamente se encua-
dran en la clase media y las pre-
visiones que para 2020 apuntan
a un desplazamiento de Occi-
dente a Oriente, tanto en núme-
ro de consumidores como en
capacidad de gasto.
BANCO MUNDIAL
http://www.bancomundi
al.org/
Accedemos a datos y a publi-
caciones para encontrar datos
relevantes sobre la clase me-
dia por países a partir de los
WDI con la idea de matizar la
utilización del PIB per cápita
como uno de los indicadores
de bienestar. Relevante es
analizar el informe Doing Bu-
siness por países y seguir las
tendencias de la clase media
mediante el seguimiento del
índice de Gini (http://datos.
bancomundial.org/indicador/
SI.POV.GINI), que permite ana-
lizar la distribución de los
ingresos y del consumo entre
individuos u hogares y así in-
terpretar en sentido cualita-
tivo el grado de bienestar de
un país en base a la propor-
ción de clase media. Pueden
complementar con datos del
World Economic Outlook del
FMI, www.imf.org
CHINA STATISTICAL
YEARBOOK 2012
http://www.stats.gov.cn/
english/
La evolución esperada de la clase
media mundial dependerá, en
parte, de las previsiones que se
manejan de las economías emer-
gentes y muy especialmente de
China. Esta web permite seguir
año por año la evolución de la
clase media en este país en su
desarrollo económico y social.
Abarca los principales datos es-
tadísticos de los últimos años
tanto a nivel nacional como pro-
vincial. En http://www.stats.gov.
cn/english/publications/t201210
11_402841708.htm pueden en-
contrar una radiografía actual:
alcanza los 160 millones de per-
sonas, situándose, a nivel nacio-
nal, como la segunda más nu-
merosa tras la estadounidense.
GLOBAL TRENDS 2030
http://gt2030.com/
El informe tendencias globa-
les 2030 se elabora cada cua-
tro años por el Consejo Nacio-
nal de Inteligencia de Estados
Unidos. El hilo conductor del
último informe es el ascenso
de la clase media en Asia.
ÍNDICE DE DESARROLLO
HUMANO (IDH)
http://hdr.undp.org/es/
estadisticas/
Los datos empleados para cal-
cular el IDH del Programa de
las Naciones Unidas para el
Desarrollo (PNUD) son las me-
jores y más actualizadas esta-
dísticas para analizar indica-
dores proxy sobre la clase me- y
dia en diferentes países. Se
remonta a 1990 y el cúmulo
de datos empíricos ha tenido
un profundo impacto en las
políticas de desarrollo en todo
el mundo. Versión (castellano
o catalán) http://hdr.undp.org/
es/informes/mundial/idh2011/
otras webs
www.middleclasshandb
ook.co.uk/
El blog Middle Class Hand-
book analiza el compor-
tamiento de la clase media
y de la burguesía en el Rei-
no Unido. Las reflexiones
que se ofrecen van desde
recomendar marcas de vi-
nos a consejos para vivir la
vida de una manera britá-
nica digna.
www.diw.de/en
El Instituto Alemán elabora
estudios sobre de qué forma
está distribuida la riqueza
en los lands alemanes y la
evolución de la clase media.
Señalan que el ascenso de
las clases bajas a las medias
se presenta cada vez más
complicado.
www.bde.es
Encontramos “Indicadores
estructurales”, variable
proxy que permite analizar
la descomposición del pro-
ducto interior bruto per
cápita español y la conver-
gencia o divergencia de las
clases medias españolas en
relación a las de la Unión
Europea.

http://www.obdesigualt
ats.cat
En Catalunya destacan los
datos sobre la clase media
que ofrece el Panel de Des-
igualtats Socials de la Fun-
dació Jaume Bofill. Se pu-
blican desde 2000, siendo
una muestra representati-
va de la población de Cata-
lunya y de cada provincia
de carácter longitudinal,
única en sus característi-
cas en toda España.
Óscar Mascarilla. Doctor. Investigador del CAEPS y de la XREPP. Director del máster en Globalización de la
Universitat de Barcelona.
090 s+ WEBS.indd 90 28/02/13 14:07
Entrevistas sobre el cambio
Julia Otero J.A. Bayona
J.O.
¿
Algún cam-
bio en tu vida que
no aparezca en tu
biografía oficial
J.A.B. La primera
vez que fui al cine,
que además es el
primer recuerdo
que tengo.
?
Si estás pensando en cambiar, prueba nuestra Cuenta Expansión
Entrevista completa en bancosabadell.com/cambio
D
o
c
u
m
e
n
t
o

p
u
b
l
i
c
i
t
a
r
i
o
.
dos091_Banc Sabadell 1 26/02/13 11:55
92 VANGUARDIA | DOSSIER
T
E
X
T
O
S

O
R
I
G
I
N
A
L
E
S
THE FATE OF THE
MIDDLE CLASS
James K. Galbraith
PROFESSOR AT THE LYNDON B. JOHNSON
SCHOOL OF PUBLIC AFFAIRS, THE UNIVERSITY
OF TEXAS AT AUSTIN. HIS MOST RECENT BOOK
IS “INEQUALITY AND INSTABILITY: A STUDY OF THE
WORLD ECONOMY JUST BEFORE THE GREAT CRISIS.”
THE MIDDLE CLASS WAS THE ANSWER
given by 20
th
century America to 19
th

century Europe or, more precisely, it was
the answer given by Franklin Roosevelt
and Lyndon Johnson to David Ricardo and
Karl Marx.
For the European economists of the
19
th
century, there were three social
classes: landowners, capitalists, and
workers. Landowners earned rent, a
privilege owing to land title and requiring
no work. Cheap food from the New World
undermined their position in Britain:
revolution and the guillotine did the same
in France. That left the polarized world of
capital and labor, of bourgeois and
proletarians, with wealth ever
concentrating among the rich and misery
unrelieved among the poor. Marx’s Capital
chronicles the dismal conditions of mid-
19
th
century factory life, and from this he
foresaw a future of upheaval leading to
communism; in the 20
th
century, his
followers in Russia, China, Vietnam and
elsewhere pretended that they were riding
this historical wave.
But of course in industrial Europe the
vaunted workers’ revolutions never
succeeded. For the most part they were
forestalled by a steady rise in living
standards, leading to a class truce. As
Keynes observed in The Economic
Consequences of the Peace, “On the one hand
the laboring classes accepted from
ignorance or powerlessness, or were
compelled, persuaded, or cajoled by
custom, convention, authority and the
well-established order of society into
accepting, a situation in which they could
call their own very little of the cake that
they and nature and the capitalists were
cooperating to produce. And on the other
hand the capitalist classes were allowed to
call the best part of the cake theirs and
were theoretically free to consume it, on
the tacit underlying condition that they
consumed very little of it in practice... And
so the cake increased...”
Open war between capital and labor
in Europe was rare, breaking out only in
conditions of exceptional chaos, including
Paris in 1870, Bavaria in 1918 and
Barcelona in 1936. More broadly
international solidarity rarely
overshadowed nationalism; on two
occasions the working classes of Europe
faced off in brutal wars. As the sociologist
Giovanni Arrighi observed, the 20
th

century’s canonical conflict between
industrial capital and organized labor
occurred in Detroit, Michigan –
culminating at the River Rouge plant of
the Ford Motor Company in 1941. There
the victory of the United Auto Workers
began a great age of industrial unionism
in the US. And the consequence under
American wartime conditions was not
violent revolution, but a powerful
acceleration of the New Deal.
The New Deal, the Second World War,
and, later, the Great Society, largely
created the American middle class on a
foundation of industrial development and
cheap domestic oil. To this mix the New
Deal proper contributed Social Security, a
minimum wage, the National Labor
Relations Act, farm price support
programs, public works employment and
the construction of a national system of
roads, airports, schools, bridges and
tunnels and many other facilities, and a
housing program that laid the basis for a
home-owning society. The war then
transformed the finances of American
workers, who went from living hand-to-
mouth to being substantial creditors of
the American state. Under Johnson, the
Great Society added the substantial
element of health insurance (the public
insurance programs Medicare and
Medicaid), and opened the by-then-existing
welfare state to previously-excluded
persons of color. In consequence, the
middle class grew and poverty rates in
America declined.
In Europe, things evolved much more
unevenly. In Northern Europe, a tradition
of social democracy dating back to the
1930s created the small, highly-
prosperous, and yet open middle-class
societies that exist today. Postwar West
Germany, now governed by its own
Christian and Social Democrats, followed a
similar path. In the other large West
European democracies (France and Italy),
unions were weaker, Communists
stronger, class conflict more acute, and
progress toward a middle-class mentality
– let us define it as the merger of working-
class origins with bourgeois habits – was
todos V.O.indd 92 12/03/13 13:33
VANGUARDIA | DOSSIER 93
less marked. In Spain and Portugal – and
for a time also in Greece – fascism
lingered, and with it the ideologies of
dissidence and resistance. In the East, on
the other hand, communism imposed a
working-class regimen on peoples who
consequently yearned to become middle
class, leaving behind the stale schemes of
identity that still prevailed, to a degree, in
parts of the West. Then communism fell,
Europe became one, and for a time it
appeared that the common middle-class
identity long familiar in America would
also become the universal European norm.
At the same time, the perception of
America as a middle-class bastion was
disfigured by the rise of Reagan and his
free-market world-view, celebrating the
rich and the entrepreneur over the worker-
consumer and the manager-bureaucrat. So
successful was the projection of
Reaganism into the world’s view of
America that US intellectuals also largely
adopted this perspective, and so the fate of
the middle class has been a worry of
progressive thinkers in the United States
for the past generation.
The worries have some foundation.
Unions have been a fading force since the
1960s; their decline accelerated by waves
deindustrialization in the 1980s. Rising
income inequality dates from the same
time, peaking to historical highs around
2000, and raising fears that the country
has been taken over by a new plutocracy of
computer geeks, oil men, casino operators,
media moguls and bankers. And the
hotch-potch that is the American safety
net serves as evidence, for some, that the
US fails to meet “European” [by which is
usually meant, Scandinavian] standards of
social welfare.
Yet both the American middle class,
and the programs that serve it, continued
to expand until quite recently. In the
prosperity of the late 1990s, the United
States had full employment for four years,
and poverty rates for Black and Hispanic
Americans reached all-time lows,
permitting many in both groups to
transition permanently into the middle
class – with a few rising, almost as though
inevitably, into the ruling circles as well.
And despite the attention given to
“welfare reform” at that time, the social
safety net in the United States survived the
Reagan years, and has also continued to
grow, with the earned income tax credit
expanded under Clinton, drug coverage
added to Medicare under George W. Bush,
and universal health insurance, of a sort,
finally achieved under Barack Obama.
One might think that these measures
would have completed the American
middle class project even as it continued
to develop in Europe, thanks to
convergence in the Eurozone. But instead
there came the Great Financial Crisis. Now
in both continents the middle class is
under threat, but once again, in different
ways and (I will argue) with different
outlooks.
In the United States, the existence of a
large federal government presiding over
the entire economy has had a powerful
stabilizing effect on incomes and living
standards. When the crisis hit, transfer
payments – unemployment insurance,
disability insurance, food stamps, Social
Security and the like – rose (roughly) by an
astounding eight percentage points of
GDP, so that while employment and
production fell by ten percentage points,
the fall in incomes and consumption was
just a couple of percentage points. Day-to-
day living standards in the US fell very
little in most places and for most people.
And, of course, bank deposits were
protected by insurance, so that people
with modest financial reserves who were
not taking financial risks lost practically
nothing on that score; unlike the 1930s,
the middle class was not wiped out by
bank runs.
What did collapse in the U.S. were
interest rates, stock prices (at least briefly)
and – more slowly but more definitively –
housing values. The first two affect mainly
those with cash to spare; by definition,
they are problems mainly for the wealthy.
Residential construction also collapsed,
but many of those workers were
immigrants to begin with, not members of
the middle class, and they did not take
long to disappear from the American
workforce. Many other workers who lost
jobs were second- or third-earners in their
families, or holders of multiple jobs, or
older workers eligible for early retirement
under Social Security or for disability
payments – and in these cases, too, the
effects are cushioned by family
circumstance and public programs.
It is the decline of housing wealth
that is most important for middle-class
Americans. With a large share of
American families in houses that are
worth less than the debts owed on them,
refinancing becomes impossible, and the
sale of one’s house is also difficult, since
you have to bring cash to the table to pay
off the mortgage. What it means for most
people is that a reserve of purchasing
power has disappeared, and with it the
ability to move easily from one’s present
home to the next one, whether to meet
the demands of a growing or a shrinking
family, to change jobs or to enjoy a
different climate in retirement. For
millions there is even the threat of
foreclosure and eviction – although this
does not mean that a large share of
American homeowners will in fact be
foreclosed; nor is foreclosure necessarily a
financial calamity, since in many cases
those who default on their mortgages can
surrender their house, move elsewhere
and be free thereafter of the burden of
mortgage debt. (In this respect US law,
despite recent changes, still favors debtors
far more than is the case in Spain.) Still, it
is a difficult and unpleasant situation.
The other big stress on the US middle
class is the erosion of local public services,
owing to reduced tax revenues at the lower
levels of government. This is most
noticeable in cutbacks to the public
schools, perceived declines in their quality,
and a rise in para-public alternatives such
as charter schools. All this, and the rapidly
rising cost of college, intensify the
financial pressure on middle-class
households, for whom placing their
children in a college of good stature has
become the major status symbol of the
culture. Debates over access to university
places – including over affirmative action,
which are programs favoring mainly Black
and Hispanic students – achieve an
intensity in America not observed
anywhere else in the world, and this is
despite the fact that university places are
todos V.O.indd 93 12/03/13 13:35
94 VANGUARDIA | DOSSIER
T E X T OS OR I GI NA L E S
not scarce. Other stresses on local
government capacity include delayed
maintenance of roads and water systems,
reduced hours for libraries and parks,
diminished environmental services; all of
these take their toll on living standards,
but in ways that are felt mainly on the
peripheries of daily life.
In sum, even though the housing
finance bust decimated poor
neighborhoods in many older American
cities, and left many newly-built
subdivisions empty; even though it cost
millions of jobs and drove millions more
out of the workforce; and even though
unemployment rates remain very high, the
most important enduring effect of the
crisis has not yet been felt on day-to-day
living standards for most of the middle
class. It is rather on long-term financial
security, public services, and the prospects
for future advancement. These are, for
now, mainly psychological matters to
which people adjust. And so the country
continues to function, and, although the
middle-class is damaged, its mentality
persists. This explains how the US is the
only post-crisis country so far to return an
incumbent head of government to office,
and why the traditional fall preoccupations
of the people, from football to Christmas
shopping, seem undisturbed. As the saying
goes, God looks after children, small dogs,
and the United States.
As for Europe, even the most casual
observer can see that while conditions in
Germany and the UK are fairly normal,
those in Greece and Spain, Ireland and
Portugal are not. (In France and Italy, the
signals contradict each other; one has the
impression that things are getting hot, but
have not quite yet reached the point of
boiling over.) What’s the difference? It is
that in those large countries that have not
faced a financial crunch, large budget
deficits successfully filled the gap between
spending and taxes caused by the crisis,
and so stabilized private incomes to a
substantial degree. But in the countries of
Southern and Eastern Europe, this was not
the case. And so budget deficits were
accompanied by high interest rates, and
severe austerity programs, taking the form
of sharp cuts in public spending and
higher taxes (mainly through the VAT) on
private consumption.
Day-to-day living standards have
therefore fallen sharply in Southern
Europe. Joblessness in Europe is
concentrated in these countries, with
workers faced with the bleak choice
between hardship at home or emigrating
to equally bleak prospects. Civil service
salaries and pensions have been cut, while
tax rates have risen, squeezing the
discretionary funds of a population
largely lacking in financial reserves.
Meanwhile weak public services have been
cut to the breaking point, forcing many
middle-class households into
unaccustomed extra expenditures for
private medical services or private
schooling. Unlike the United States,
universities and hospitals lack access to
major private donors who can take up the
slack when public funds are restricted,
and this means that budget austerity
translates directly into the curtailment of
services – or a demand for side payments,
widely spoken-of in Europe, but (to this
author’s knowledge) not in the US.
At heart, middle-class life means a
reasonable degree of long-term financial
security, combined with secure access to
basic services including education, health
care, and the amenities of urban life. It
also means reasonable freedom from the
threat of violence, whether due to crime
or to organized political forces, such as are
now emerging in Greece, in some parts of
eastern Europe, and perhaps elsewhere. In
the US, crime rates have been falling for
years; they have not risen significantly
since the crisis, and the violence one fears
most occurs inside homes, not on the
streets outside. In Europe, the populations
of some countries remain largely wealthy,
safe and secure. But in others, this is not
so. And it is in those places, where hope is
dead, debt crushing, pensions vanishing,
jobs unavailable, and services in a state of
collapse, that one most senses the threat
to middle-class life.
Sadly, we have seen all of this before,
not long ago and not far away. By the
standards of its time and place, and within
the conditions that it had confronted
while asserting independence from the
Soviet Union, Yugoslavia was a middle-
class country. And the lesson of Yugoslavia
is that extreme violence and cruelty are to
be expected when a middle-class society
falls apart. One can only hope that there
are, in Europe, people who remember this,
and countries that are prepared to stand
up and refuse the crushing forces that
economic dogma now imposes on the
debt-encumbered periphery of the
European Union.
THE RISE AND FALL
OF THE MIDDLE CLASS
Stewart Lansley
VISITING FELLOW AT BRISTOL UNIVERSITY AND
THE AUTHOR OF THE COST OF INEQUALITY, WHY
ECONOMIC EQUALITY IS ESSENTIAL FOR RECOVERY,
GIBSON SQUARE, 2012.
IT IS NEARLY A CENTURY SINCE THE GREAT
American motor tycoon, Henry Ford, an-
nounced that he was doubling the pay of
his Detroit production line workers to $5 a
day. Detroit was then a thriving industrial
metropolis and grew to become a symbol of
America’s global industrial power. Today,
along with other former factory heartlands
like Pittsburgh and Cleveland, the city lies
at the epicenter of what has become known
as America’s ‘rust belt’.
That transition from success to failure
todos V.O.indd 94 12/03/13 13:36
VANGUARDIA | DOSSIER 95
T E X T OS OR I GI NA L E S
tells another story too, one of the rise
and fall of America’s middle class. The
apparently unstoppable advance of middle
America over the last century has come to
a halt and is now set in reverse. According
to the chairman of President Obama’s
Council of Economic Advisers – Professor
Alan Krueger - the American middle class
had been shrinking since the 1970s, from
51 per cent then to 42 percent now.
It is a process of historic reversal that
may have started and gone furthest in
the United States, but a similar trend has
been at work in the United Kingdom and,
fuelled by the global crisis, is now sweeping
through much of the rich world. As early
as 1956, the celebrated sociologist, C
Wright Mills, wrote that American society
had become ‘less a pyramid with a flat base
than a fat diamond with a bulging middle.’
By the 1970s, the social shape of the United
Kingdom conformed to a similar ‘diamond-
shaped’ pattern with a small group of
the rich and the poor and a large middle.
Today, both countries have very different
social patterns. They look much more like
distorted ‘hourglasses’, one with a small
bulge at the top, a thin stem in the middle,
and a much larger bulge at the bottom. A
larger and larger group of the population
in both nations has been sinking in relative
income and class terms, leaving a gaping
hole in the middle.
Across much of continental Europe,
but especially in Spain, Portugal, Italy
and Greece, successive rounds of austerity
aimed at reducing growing fiscal deficits
have been driving a similar trend, playing
havoc with the livelihoods of those in the
middle as well as the bottom half of the
income distribution.
The shrinking of the once thriving
middle strata of societies is overturning
one of the most enduring social trends of
the post-war era. Not that long ago rising
affluence led many UK commentators to
herald the rise of an increasingly middle
class society, better paid and educated
and with a much stronger set of upward
aspirations. In 1997, the Labour Party’s
deputy leader, John Prescott, declared ‘we
are all middle class now.` No-one is saying
that now.
But what do we mean by the middle?
In the US, Krueger defined the middle
class as households with annual incomes
within 50 percent of the national median
income ( the mid-point of the distribution
). In the UK, the bulk of the ‘middle class` -
a mix of top professionals, managers, sales
personnel and administrators – sits in the
upper half of the income distribution.
The group straddled around the middle
income point embraces a wider range of
occupational groups, a mix of the lower
tail of the middle class and the upper tail
of the traditional working class.
It is this middle income group that
is facing the gravest reversal of fortunes.
Although it is a trend that is being fuelled
by the global economic crisis, it has its
roots in the rapid and relentless process
of economic and industrial upheaval
that began in the 1960s and started to
accelerate from the 1980s. America lost
8 million manufacturing jobs between
1980 and 2009 as a relentless process of
‘deindustrialisation` turned once thriving
industrial heartlands into near wastelands.
Whole swathes of American society, from
the Rust Belt to the so-called Sun Belt, the
once prosperous southern states stretching
from Florida to California, have been left
behind by the economic forces of the last
thirty years.
A similar process has cut
manufacturing’s share of national output
in Britain from a third in 1979 to a mere
13 per cent today, while helping to raise
unemployment to levels well above those
of the 1950s and 1960s. Many of the new
jobs created in an expanding service sector
have offered lower relative pay than the
ones they replaced.
What has been at work is a process
of what labour market economists
have called the ‘hollowing out of the
middle`. Since the late 1970s, there has
been a steady rise in the number of well-
paid, professional jobs – from business
executives to software engineers along
with a rise in the number of low paid jobs
in, for example, cleaning, retail and call
centres. Against this there have been sharp
falls in the number of jobs paying middle
wages – from machine setters and plant
operatives to a range of now automated
routine clerical jobs. Britain used to enjoy
a large sector of intermediate, middle-skill,
middle-paying work that provided jobs
for a sizeable group once described by the
late Philip Gould, Labour’s chief pollster
under Tony Blair, as ‘neither privileged
nor deprived’. As this group has been
eroded by ‘job polarisation`, the result is
a country increasingly divided between
the ‘privileged’ and the ‘deprived` with a
much smaller group who are ‘neither`.
The rise of ‘the MacJob` age has
been compounded by another, overriding
development – the way the gains from
growth have been increasingly colonised
by a mix of big business and a small
financial and corporate elite. While
the world’s big global companies have
been enjoying a profits bonanza and the
top one per cent has seen its share of
income escalate sharply on both sides of
the Atlantic, the share of the economic
cake going to wage-earners has been in
corresponding decline. The main losers
from these trends have been those on
middle and low earnings. The collapsing
fortunes of middle Briton and Americans
are in large part the mirror image of the
rise of the plutocracy and the return of the
gilded age in these countries.
IN the UK, real median wages first
started to lag total output from the early
1990s. They then became static from
2003 and have been falling since 2009.
IN the United States this ‘detachment of
living standards from growth’ began even
earlier. Here, typical earnings rose by a
mere 13 per cent in the three decades
from 1979. Both the US and the UK have,
in the process, been turned into low paid
economies. Both sit at the top of the global
todos V.O.indd 95 12/03/13 13:37
96 VANGUARDIA | DOSSIER
T E X T OS OR I GI NA L E S
low paid league table of rich nations -
the US with a quarter and the UK with a
fifth of the workforce on low pay. Other
countries with more than a fifth in low
pay are Canada, Germany and Ireland.
Spain is not far behind with 16 per cent
while, in contrast, Belgium, Norway and
Italy all have less than 9 per cent.
At one level, the replacement of
factory by clerical and white-collar service
jobs in the UK has led to an apparent
upward shift in the class structure. In the
four decades to 2007, the proportion of
the population classified by sociologists as
‘working class’ fell from 70 to 44 per cent,
while the ‘middle-class’ rose from 31 to 55
per cent.
But this apparent upward shift in the
class structure is largely an illusion. If the
workforce is ranked by incomes, the social
shape of Britain looks very different than
if is ranked by its nominal class position.
This is because the rise up the class ladder
has not been matched by a parallel rise in
relative wages and opportunities.
In some parts of Britain – outside of
the prosperous South-East where the top
part of the hour-glass is concentrated -
the move from industry to services has
denied whole generations much of an
economic purpose in life. Factories in
former thriving industrial areas – from
South Wales to the Midlands - have been
replaced by little more than car parks,
cut-price retail outlets and warehouses.
In Stoke, the once thriving Staffordshire
Pottery is now a B&Q. In the Brierley Hill
area of the West Midlands, the Marsh
and Baxter’s meat processing plant, once
the biggest in Europe, is now a shopping
centre. In these areas, the jobs that are
on offer are often poorly paid, dull and
insecure.
Similar, if mostly shallower, trends
have been emerging elsewhere. ‘In all
rich countries “middle” occupations
appear to be shrinking relative to those in
the bottom as well as the top third,’ says
Professor Van Reenen of the London School
of Economics. The rising pay gap that
started in the US and UK has since gone
global. According to a 2011 report, Divided
We Stand, by the rich nation club, the
Organisation for Economic Co-operation
and Development ( the OECD ), more than
three-quarters of its 34 members have
experienced a surge in income inequality
during the past 20 years. In Germany and
Canada, typical wages have been flat for 10
and 20 years respectively.
During the recession, real incomes
have fallen sharply across southern
Europe, in some countries by as much as
a third on average. Before the crisis, Spain
had largely resisted the growing income
gap of other nations. But the global Crash
has hit Spain – with its overinflated
property market - especially hard. The
official unemployment rate is 24 per cent,
and double that for those under the age
of 25. Young Spaniards, from graduates to
laborers, fear they will, for the first time in
three generations, be worse off than their
parents, and many, if not a majority, will.
Poverty and homelessness are soaring
across southern Europe. Dependency on
charity-run food banks is increasingly
widespread. In Spain, middle-class
communities are facing much of the pain
of trenchant austerity measures that are
eating into pay, cutting jobs, decimating
benefit levels and pensions and hiking fees
for education and transport.
For the first time since the war, the
level of home ownership in the UK – which
has fallen from a peak of 69.7 per cent
in 2002 to a current 64.7 per cent - is in
decline. The average age of a first-time
buyer has risen from 28 at the turn of
the millennium to 35 today, creating a
new ‘generation rent` - a group of middle
and low income families dependent on
a poorly regulated and expensive private
rented sector.
The surge in low pay means that work
is no longer a secure route out of poverty.
As well as the rise of work-related poverty,
there has also been a steady rise in the
numbers edging closer to the poverty
line. America has 15 million homeowners
‘underwater on their mortgages’ – owing
more than their homes are worth. The
American sociologist, Katherine Newman,
points to a new group of the ‘near poor`
which embraces a fifth of the population.
There are now 100 million ‘low-income`
Americans ( 32 per cent of the population
) living below or not that much above the
poverty level.
These trends have come at a growing
cost to government. To prevent living
standards plunging to unacceptable levels,
governments have had to do much more
of the heavy lifting, pumping in state
financial help to those in work. This has
led to soaring welfare bills, and in the UK,
a hardening of public attitudes to those
dependent on welfare.
The post-war era of improving pay
and opportunity for most has been turned
into a very different era of downward
job mobility – of former skilled factory
workers cleaning cars, joiners working
as airport baggage handlers, trained
draughtsmen and IT specialists forced
into taxi-driving, often with long gaps
of unemployment in between. Even
before the post-2008 downturn, up to a
third of UK graduates were ending up in
permanent non-graduate jobs.
What these trends have created is
a growing and serious ‘aspiration gap’
across much of the rich world. In the UK,
a new phrase – the ‘squeezed middle` -
first coined by the Labour Party leader, Ed
Miliband, has entered the political lexicon.
Miliband has also referred to the erosion of
the ‘British promise`, the expectation that
children would have greater prosperity
and more opportunity than that of their
parents. One of the implicit assumptions
of the post-war years was that economic
and social policy would ensure that each
generation would enjoy improved living
standards and life chances. The children of
blue-collar workers would become white-
collar. The grandchildren would become
professionals. Incomes would rise for all.
While this ‘promise` started to be broken
from way before the 2008 Crash, it has also
been intensified by the crisis.
The US economist, William Easterly,
has long warned that the middle income
share affects key social indicators such
as life expectancy, infant mortality
and health outcomes. A high share
has also been good for democracy and
the promotion of political rights. Elite
dominated societies, he adds, have
invested less in human and infrastructure
capital for the majority because of ‘fear of
empowering groups outside [its] own class.’
todos V.O.indd 96 12/03/13 13:37
VANGUARDIA | DOSSIER 97
T E X T OS OR I GI NA L E S
While world leaders have been very
slow to spot these trends, they are now
being forced – belatedly - to wake up to
the consequences, economic as well as
social. ‘When middle-class families can no
longer afford to buy the goods and services
that businesses are selling, it drags down
the entire economy from top to bottom’
is how President Obama put it a years
ago. ‘That’s why a CEO like Henry Ford
made it his mission to pay his workers
enough so they could buy the cars they
made.` At the annual gathering in 2012 of
global economic and political leaders at
Davos, delegates defined inequality as the
greatest challenge now facing the world,
ahead of rising fiscal deficits.
As in Spain, the British public are only
too well aware of the reality. Despite the
nominal rise in class position, growing
numbers believe that their jobs offer a
lower status than those of their parents.
In a 2009 survey for the British Trade
Union Congress, only just over a half
thought that their own living standard
was higher than their parents ‘at the same
age’; 23 per cent thought it about the
same and 17 per cent lower.
As more and more US citizens
express a rising ‘fear of falling’ - worried
about losing their livelihood and relative
income status – the nation is it seems
at last facing what has been reality for
years – the American Dream ( the ease
with which citizens can go from ‘rags to
riches’) is a myth.
IN a poll conducted for the
Washington Post before the Presidential
election, respondents were asked which
was the bigger worry : ‘unfairness in the
economic system that favours the wealthy’
or ‘over-regulation of the free market that
interferes with growth and prosperity`.
They chose ‘unfairness` by a margin of 52-
37 per cent. This shows just how much the
once pro-self-reliant American public have
come to recognise that the much-heralded
virtues of hard work and self-help no
longer deliver a decent standard of living.
Despite the growing awareness,
governments have been paralysed into
inaction. Inequality has continued to
rise through the crisis while experts are
forecasting that living standards for those
on low and middle incomes will continue
to decline across much of the rich world.
Across parts of Europe, incomes amongst
many may take a generation to recover to
pre-2008 levels.
But while these debilitating trends
are emerging as one of the biggest policy
issues of the next decade, political
leaders seem daunted by the scale of the
task while experts continue to squabble
about their underlying causes. Some see
them as the product of new and largely
unstoppable economic forces – especially
the way globalisation (with free movement
of capital and high skilled labour ) and
technological change has and is cutting
jobs and putting downward pressure on
wages in the West. Others pin the blame
on the replacement of the post-war model
of regulated capitalism with the much
more profit-driven and cutthroat model
of recent decades, one that has fuelled
successive waves of business restructuring
and downsizing in a way that has diverted
existing wealth to the top.
At stake is how to remodel national
economies to ensure that the gains from
growth are more evenly shared than in
the past and able to create better paid and
enduring jobs. This was a big issue in the
American Presidential elections while how
to rein in the rich also dominated the
Presidential elections in France. Achieving
more equal societies and delivering a
fairer distribution of the national goals
may be worthy goals, but they are likely
to prove elusive without a fundamental
change in both global and national
economic models.
For the last 30 years, states across the
globe have sat by and often encouraged big
business and its leaders to win the battle
for the distribution of the cake, more
or less without a fight, disempowering
governments in the process. Whether
capital will have it less easy in the next
phase of capitalism is as yet unclear.
The anti-austerity mood and protest
movements emerging across much of
the world are certainly focusing minds
that a system built on excessive levels of
inequality will, in the words of Albert
Edwards, Societe Generale’s in-house uber-
bear, ‘ultimately break down.
At the moment, a powerful global
financial and business elite still holds the
reins of economic power and shows no
signs of acquiescing in an erosion of its
muscle, privileges and wealth. But while
governments continue to dance largely
to the tune of global finance, the public
and intellectual mood is hardening. For
the last thirty years, the world’s ‘wealth-
grabbing` plutocrats have had their own
way, with economies run heavily in their
interests. They may now have a tougher
battle on their hands to maintain that
status quo as workforces across the globe
demand a fairer share of the cake.
QUELLES POLITIQUES
PUBLIQUES QUAND
LES CLASSES
MOYENNES
DISPARAISSENT?
Nicolas Bouzou
ECONOMISTE, DIRECTEUR-FONDATEUR
D’ASTERÈS. MEMBRE DU CONSEIL D’ANALYSE
DE LA SOCIÉTÉ AUPRÈS DU PREMIER MINISTRE
FRANÇAIS. DIRECTEUR D’ÉTUDES À L’ECOLE DE
DROIT ET DE MANAGEMENT DE L’UNIVERSITÉ
PARIS II ASSAS. EDITORIALISTE SUR CANAL
PLUS. DERNIERS OUVRAGES PUBLIÉS:
LA POLITIQUE DE LA JEUNESSE, AVEC LUC FERRY,
ODILE JACOB, 2012. LE CHAGRIN DES CLASSES
MOYENNES, JC LATTÈS, 2011.
LA PASSION ÉGALITAIRE
Il existe sans doute une identité
économique et sociale des nations. Non
pas une identité qui implique un
déterminisme intégral qui mettrait les
décisions publiques en « pilotage
automatique », mais une identité qui
stipule l’existence d’un dénominateur
commun entre les attentes et les modes
d’action des agents économiques et qui
limite, sans le fermer totalement, le
champ des possibles en matière de
politique et qui définisse une méthode.
L’identité économique et sociale de
l’Europe a sans doute commencé à
émerger au 19
ème
siècle avec l’apparition
d’un embryon de droit du travail et d’Etat-
todos V.O.indd 97 12/03/13 13:38
98 VANGUARDIA | DOSSIER
T E X T OS OR I GI NA L E S
Providence, d’abord en Allemagne puis
dans les autres pays ensuite.
Cette identité s’est renforcée après la
deuxième guerre mondiale avec l’idée
d’égalité : égalité des chances, ce qui est
classique et partagé par les Américains
(Tocqueville, le plus « américain » des
Européens de la première moitié du 19
ème

siècle, a écrit de grandes pages sur le
sujet), mais aussi égalité, au moins
partielle, des résultats, ce qui est plus
original et ne va pas sans poser des
questions relatives à l’efficacité
économique. Cette idée d’égalité ne se vit
pas avec la même intensité dans toute
l’Europe. Elle est très vivace en France,
beaucoup moins au Royaume-Uni, les
autres pays se situant dans une position
intermédiaire. Il semble néanmoins clair
que l’Europe valorise plus l’égalité des
résultats que, par exemple, les Etats-Unis,
ce qui se traduit par une part des
prestations sociales dans le PIB plus forte,
et donc par une imposition (fiscalité et
cotisations sociales) plus lourde mais
mieux acceptée.
QUI SONT LES CLASSES MOYENNES ?
Cette idée d’égalité a longtemps
positionné la classe moyenne au cœur de
ce contrat social et donc de cette identité.
Mais qui composent ces classes moyennes
que l’ensemble du monde occidental
craint de perdre ? Les économistes et les
sociologues retiennent généralement une
définition qualitative adaptable à des
contextes différents. Les classes moyennes
constituent cette partie de la population
qui est en capacité d’accéder aux biens de
consommation courante. Son revenu
disponible est suffisamment élevé pour
laisser une place à l’épargne ou à une
« sur-consommation », une fois effectuées
les dépenses de première nécessité, en
alimentation, logement, vêtements… La
classe moyenne peut accumuler, avec le
temps, un patrimoine suffisant pour en
faire une classe de propriétaires
immobiliers mais insuffisant pour en faire
une classe de rentiers. Ces classes
moyennes ont longtemps équilibré
l’économie et la société de plusieurs
façons. En consommant de façon massive
et homogène, elles ont longtemps tiré
l’essor de la grande distribution et de la
croissance économique. En éduquant leurs
enfants, elles ont contribué à la montée du
niveau scolaire moyen. En votant au
centre-droit ou au centre-gauche, elles ont
cantonné les extrémismes politiques à un
rôle contestataire. C’est dire si leur
potentielle disparition est déstabilisante
car avec elles, c’est un monde assez
prévisible et stable qui s’en irait.
Les 30 glorieuses européennes
constituent l’âge d’or des classes
moyennes. Non pas qu’elles n’aient point
existé avant. Elles sont un avatar du
développement économique capitaliste, et
on les retrouve aussi bien chez les artisans
et les commerçants du Moyen-âge que chez
les « petits bourgeois » analysés par Marx
au 19
ème
siècle. Simplement, c’est à partir
des années 1950 que l’économie se
structure autour d’elles. C’est aussi à ce
moment que le « mode de production » est
le plus favorable à l’épanouissement de ces
classes.
POURQUOI L’ÂGE D’OR DES CLASSES
MOYENNES EST PASSÉ
Pour comprendre ce point, il faut faire
appel au matérialisme historique de Marx,
qui nous explique que la structure de
production (les technologies) détermine
des rapports de production (une
organisation du travail) qui génèrent une
structuration en classes sociales.
Justement, c’est au cœur même des
entreprises que la classe moyenne des 30
glorieuses prend forme. Dans les usines, le
travail à la chaîne est la règle. Il amène les
entreprises à se constituer verticalement :
il y a les ouvriers, les contremaîtres et les
directeurs d’usine. Un ouvrier peut
naturellement progresser au sein d’une
même structure. L’organisation
hiérarchique est claire : à chaque échelon
correspond un salaire. Les tâches des
ouvriers sont répétitives : il n’y a pas
vraiment de prime au talent ; la plupart
des ouvriers délivrent un travail de qualité
semblable. Il leur est difficile de se
distinguer. C’est l’un des points essentiels
de différence des 30 glorieuses avec la
période actuelle : le travail est homogène,
les ouvriers disposent de peu d’autonomie,
les inégalités salariales, pour un même
métier, sont donc contenues. Les primes
existent, mais elles sont surtout
collectives, et leur incidence sur le salaire
total est insignifiante par rapport aux
pratiques actuelles. Ces modes
d’organisation, fordistes, tayloristes, dans
nos pays riches, ont quasiment disparu.
Leurs conséquences niveleuses aussi.
L’organisation, de verticale, est devenue
horizontale. De concentrée, elle est
devenue déconcentrée. Capable,
auparavant, d’éliminer les erreurs via des
contrôles qualités réalisés tout au long des
chaines de production, elle ne tolère plus
la médiocrité.
Mais il y a plus que le matérialisme
historique de Marx pour expliquer le
nouvel âge des inégalités. Il y a aussi la
destruction-créatrice de l’économiste
autrichien Joseph Schumpeter. En effet,
l’économie mondiale est entrée depuis
une petite dizaine d’années dans un cycle
majeur d’innovations, celui des « NBIC »
(nanotechnologies, biologie, informatique,
intelligence artificielle). Ces cycles
d’innovation, nous dit Schumpeter,
génèrent beaucoup de croissance
économique, mais dans un second temps
seulement. Dans un premier temps, elles
détruisent une ancienne économie afin de
faire en quelque sorte place nette pour la
nouvelle économie. Dans cette phase de
transition à la fois anxiogène car le
changement fait peur, mais aussi pleine de
promesse, la « prime aux diplômes » et la
todos V.O.indd 98 12/03/13 13:38
VANGUARDIA | DOSSIER 99
T E X T OS OR I GI NA L E S
« prime à l’adaptabilité » s’accroissent
considérablement : la population la moins
qualifiée ou celle dont les qualifications
sont trop spécialisées, ancrées dans le
domaine de « l’ancienne économie » voient
leur rémunération relative baisser,
notamment au profit de ceux que
l’économiste américain Robert Reich
nomme de façon imagée et au combien
pertinente les « manipulateurs de
symboles ».
VUE DE L’ESPRIT OU RÉALITÉ ?
Les 30 glorieuses européennes et
même, dans une moindre mesure,
américaines, ont été relativement
égalitaires. Dans une première phase,
suivant le schéma en U décrit par
l’économiste Simon Kuznets, les inégalités
ont augmenté, mais elles ont ensuite
décru pour plusieurs raisons. Déjà,
l’organisation de l’entreprise fordiste
limite les inégalités de salaires. Ensuite, il
existe une forte demande de travail peu ou
pas qualifié, afin de répondre à certaines
tâches routinières propres aux usines.
Enfin, la fiscalité était pendant les 30
glorieuses fortement redistributrice. Elle
l’est moins aujourd’hui en raison de la
compétition fiscale que se livrent les pays
qui veulent attirer les talents, ceux qui
composent ce que le sociologue américain
Richard Florida nomme la « classe
créative » et qui participe à la croissance à
long terme d’un territoire. Le compromis
social des 30 glorieuses avait voulu que
l’on troque une croissance jugée excessive
des hauts revenus après impôts contre une
croissance économique forte. Les 30
glorieuses restent, dans le surmoi collectif
européen, un moment d’enrichissement
partagé.
Le mode de production propre à la
société de l’information, plus horizontal
que vertical conjugué à la destruction-
créatrice schumpétérienne et à sa prime
aux diplômes abat ce compromis et sépare
la société en trois classes : les
manipulateurs de symboles, dont les
revenus augmentent rapidement, la classe
moyenne, suffisamment éduquée pour
comprendre et utiliser les nouvelles
technologies, mais pas assez formée ou
adaptable pour participer à leur
conception ; la classe des laissés-pour-
compte, incapable de suivre des évolutions
technologiques et économiques trop
rapides. Inégalités et rétrécissement de la
classe moyenne vont donc de pair.
Différence majeure avec les 30 glorieuses :
la classe du milieu rétrécit, et elle le
ressent, ce qui provoque chez elle une crise
identitaire qui la pousse à la déprime.
Dans un pays comme la France, chaque
année, ce sont des dizaines de milliers de
personnes qui quittent la classe moyenne
par le haut de l’échelle des revenus, mais
aussi par le bas, en passant sous le seuil de
pauvreté défini comme la moitié du
revenu médian (un peu moins de 1000
euros par mois dans ce pays).
Une façon de mesurer les inégalités de
revenus dans un échantillon de pays tout
en montrant la baisse de revenu relatif des
classes moyennes consiste à regarder
l’évolution du ratio du revenu médian
(qui, par définition, est proche des
ménages qui composent la « classe
moyenne ») au revenu moyen de
l’ensemble de la population. Si ce ratio se
dégrade, le revenu relatif des classes
moyennes se détériore. Dans la plupart des
pays de l’Union Européenne, ce ratio a
augmenté jusqu’à la fin des années 90 et
s’est dégradé depuis. Dans les 15 plus gros
pays de l’Union, ce ratio est passé entre
2001 et 2011 de 89 à 87%. C’est en France
(paradoxalement le pays européen le plus
adverse à l’inégalité, d’où l’ampleur du
malaise) et au Royaume-Uni qu’il s’est le
plus dégradé. Il a reculé, mais dans une
moindre proportion en Allemagne. En
Espagne, il se dégrade depuis 2006 et plus
encore depuis que le pays est frappé par la
récession. Seul le Portugal échappe encore
au phénomène, mais le pays part d’une
situation nettement plus inégalitaire que
ses voisins.
Aux Etats-Unis, le ratio a
considérablement reculé depuis la fin des
années 1960. Il est passé de 89% en 1967 à
80% au début des années 1990 pour se
stabiliser autour de 73% au cours de la
dernière décennie. C’est le pays occidental
où les classes moyennes ont le plus
souffert. Même si la passion égalitaire (au
sens de l’égalité des résultats) y est moins
forte qu’en Europe, les difficultés des
classes moyennes se sont tout de même
imposées dans le débat politique
américain, amenant des électeurs de
centre-droit à se tourner à tort ou à raison
vers le vote démocrate.
Dans les pays émergents, c’est
naturellement le mouvement inverse qui
s’est observé jusqu’à un passé récent, ces
pays connaissant depuis la fin des années
1990 leurs propres « 30 glorieuses ». Dans
les pays des BRICS (Brésil, Russie, Inde,
Chine, Afrique du Sud) la forte croissance
économique enregistrée depuis le début
des années 2000 a donné lieu à l’essor de
la classe moyenne (avec un revenu annuel
se situant entre 3 000 et 20 000 dollars
selon la Banque mondiale). Au Brésil par
exemple, près de 40 millions de personnes
sont sortis de la pauvreté pour rejoindre
la classe moyenne (laquelle représente
désormais 55% de la population du
pays) au cours de la dernière décennie.
Néanmoins, les effets de cet essor des
classes moyennes sur les inégalités sont
peu clairs. Ainsi, au Brésil, le revenu des
ménages les plus modestes a progressé
beaucoup plus vite que celui des ménages
les plus riches. Mais, dans la plupart
des autres économies émergentes, la
croissance économique s’est accompagnée
de l’accroissement des inégalités de
revenus. En Chine en particulier, le ratio
du revenu médian au revenu moyen est
passé de 54% en 2000 à 32% en 2010.
QUELLES POLITIQUES PUBLIQUES POUR
RESSOUDER LE CORPS SOCIAL ?
Le diagnostic établi, la principale
question posée aux responsables des
politiques publiques est la suivante :
comment éviter le délitement du corps
social avec, à la clé, une guerre des classes,
sans empêcher le progrès économique ?
Voilà une question qui ne dissocie pas la
question de la redistribution de celle de la
croissance. Séparer les deux serait bien
simple puisqu’il s’agirait simplement d’un
problème de satisfaction de l’opinion
publique : quel est le niveau de
redistribution souhaité par l’électeur
médian ? Mais le monde réel est plus
complexe. La difficulté pratique réside
dans les liens qu’entretiennent croissance
et redistribution. Un exemple simple
todos V.O.indd 99 12/03/13 13:38
100 VANGUARDIA | DOSSIER
T E X T OS OR I GI NA L E S
permet de le comprendre. La plupart des
pays développés connaissent une situation
dégradée de leurs finances publiques, en
grande partie en raison du vieillissement
de la population qui génère une forte
augmentation des dépenses sociales, tout
en tarissant les revenus puisqu’il y a moins
d’actifs contributeurs nets. Or, dans la
plupart des pays européens, les assurances
sociales sont redistributives, puisqu’elles
sont proportionnelles aux salaires, avec en
outre une tendance croissante à plafonner
les allocations. Il ne s’agit donc pas
d’assurances à proprement parler, puisque
l’économie assurantielle veut que les
cotisations dépendent, non pas du revenu,
mais du risque. Ces déficits sont
aujourd’hui couverts par des emprunts, et
le seront sans doute de plus en plus par
des impôts. Voilà autant de ressources qui
n’abondent pas la croissance potentielle
du pays, en allant, par exemple, doter les
universités ou les financements en fonds
propres des secteurs émergents. Il y a donc
bien dans ce cas précis un trade off entre
redistribution sociale et croissance, ce qui
pose évidemment une difficulté : une
politique durable de redistribution
nécessite une croissance économique de
long terme nettement positive, ce qui n’est
pas le cas dans la plupart des pays
développés aujourd’hui. Accentuer la
redistribution via la dépense sociale n’est
donc pas viable.
Ajoutons à cela une considération
concernant les recettes publiques.
L’alourdissement de la pression fiscale se
réalise le plus souvent, contrairement à
beaucoup de discours trop rapidement
édictés, au détriment de la classe moyenne
car ses revenus (taxés par l’impôt sur le
revenu) et sa consommation (taxée par la
TVA) sont les moins mobiles. En effet,
considérer que l’on peut faire payer
toujours plus aux entreprises ou aux plus
riches est une chimère. La base fiscale
n’est pas une matière totalement inerte :
elle se déplace. Les Américains ont une
image pour cela : tirez un coup de fusil sur
un canard ; s’il n’est pas mort, il s’envolera
pour vous échapper. C’est pareil avec les
impôts. Augmenter les cotisations payées
par les entreprises sur les salaires ?
L’emploi diminuera. Taxer les stocks
options ? Les entreprises en distribueront
moins. Taxer les profits ? Les entreprises
installeront leurs sièges sociaux à
l’étranger. Taxer les très hauts revenus ? Ils
iront se domicilier ailleurs. Je force le trait,
heureusement, sinon toute fiscalité serait
vaine. La base fiscale n’est pas
complètement mobile, mais elle est quand
même de plus en plus fluide car la
mondialisation, le progrès technique, la
baisse des coûts de transport rendent plus
simples les déménagements de
particuliers, d’entreprises et d’épargne. Il
existerait une solution théorique à cela :
l’harmonisation fiscale entre les Etats. Que
tous les pays européens s’accordent à
uniformiser leur fiscalité et, par
définition, la concurrence fiscale serait
moribonde. A moins de se délocaliser en
Amérique, en Afrique ou en Asie, les
contribuables seraient piégés dans une
Europe fiscalement à l’unisson. Disons-le
clairement : cette harmonisation fiscale
n’adviendra pas, en tous cas à un horizon
temporel visible. Une mission de conseil
menée il y a quelques années par la société
que je dirige, Asterès, au Luxembourg, a
fini de me convaincre du caractère puéril
de la défense de l’harmonisation fiscale.
Lorsque j’avais abordé ce thème devant
eux, nos amis luxembourgeois m’avaient
littéralement ri au nez, me demandant au
nom de quoi ils abandonneraient une
politique fiscale qui faisait leur force au
bénéfice d’une fiscalité qui, selon eux,
signait notre déclin. L’Europe n’est pas
venue à bout de la concurrence fiscale et
n’en viendra pas à bout. On peut trouver
ceci dommage et immoral, ça n’y change
rien. Le rôle des intellectuels consiste peut-
être à rêver, mais surtout à accepter le
monde tel qu’il est et à agir en fonction
des contraintes existantes. L’utile éthique
de la responsabilité doit passer avant la
confortable éthique de la conviction.
Est-ce à dire que toute tentative pour
ressouder le corps social est vaine ?
Certainement pas. Il semble à ce titre que
trois grands domaines doivent être
réinvestis par les politiques publiques qui,
pour l’heure, se limitent essentiellement
et maladroitement aux politiques fiscales :
il s’agit de la formation, du logement et de
l’organisation territoriale.
Si la nature du capitalisme
contemporain favorise les individus les
mieux qualifiés, le système de formation
doit donner à chacun sa chance.
Formation doit ici s’entendre au sens
large : la vraie formation tout au long de la
vie, sans découper la formation en
formation initiale et continue, sans
vouloir privilégier l’enseignement
supérieur sur l’enseignement secondaire.
Car être formé ne signifie pas disposer à 20
ans des compétences les plus pointues
dans un domaine précis. Etre formé, cela
signifie en premier lieu savoir lire et
écrire, et s’exprimer correctement. Un
ingénieur peut se retrouver déclassé
comme réussir une carrière
professionnelle exceptionnelle. Ce qui fera
la différence, ce sont ses capacités
d’expression, de synthèse, sa capacité à
prendre des initiatives, à actualiser ses
connaissances et à entretenir chez lui et
dans ses équipes, si l’en a, le culte de la
précision et du travail bien fait. Un
individu correctement formé à une
probabilité faible d’être cantonné dans
une classe sociale défavorisée.
Les classes moyennes sont mal armées
pour répondre aux difficultés d’accès au
logement. Elles n’ont pas toujours accès au
logement social. A la vérité, plusieurs
études, en Europe comme aux Etats-Unis,
ont montré que les déficits de logement
résultaient d’une politique malthusienne
en matière d’occupation des sols. Sous
couvert de protection de l’urbanisme, de
lutte contre l’étalement urbain ou de
congestion des villes, on limite les
nouvelles constructions au maximum.
Comme si l’on ne pouvait pas faire du
beau avec du moderne, comme si
nouveauté et tradition ne pouvaient se
mélanger pour le meilleur. Quant à la
question des loyers, nul besoin de les
bloquer ou d’imaginer de coûteux
dispositifs fiscaux pour augmenter l’offre
locative. Mieux vaudrait commencer par
cesser de considérer les propriétaires
comme des délinquants potentiels en
multipliant les protections pour les
locataires mauvais payeurs. Ces
protections, in fine, se retournent contre
l’ensemble de ceux qui voudraient louer
paisiblement un appartement ou une
todos V.O.indd 100 12/03/13 13:38
VANGUARDIA | DOSSIER 101
T E X T OS OR I GI NA L E S
maison qui leur convienne.
Le progrès technique agit autant sur
les liens spatiaux que sur les liens sociaux.
Il y a là une conséquence politique
implacable à en tirer : nous entrons dans
l’ère de la décentralisation politique.
Certains pays, comme l’Allemagne ou les
Etats-Unis y sont déjà. Mais d’autres,
comme la France, pas encore. Dans des
territoires qui voient leur situation
économique et sociale se différencier
toujours plus, l’Etat centralisateur, qui
mène la même politique pour tout le
monde, est condamné à se tromper. Certes
L’Etat central joue un rôle dans le
développement économique local, en
assurant une certaine péréquation des
revenus via sa politique fiscale et sociale,
et en assurant des missions de services
publics un peu partout sur le territoire
national. Mais cette politique serait
unijambiste si elle n’était pas complétée
par une politique économique locale qui
essaie de compenser les forces naturelles
qui creusent les inégalités territoriales.
Dans une société en recomposition, à la
fois socialement et territorialement, la
réponse, c’est l’autonomie, c’est la capacité
d’une nation à laisser ses territoires
s’adapter au changement, qu’ils soient de
bord de mer ou dans les terres, en bordure
d’une capitale ou à la montagne. Les
obsédés de la centralisation, qui pensent
que l’action concentrée est la plus efficace,
n’ont rien compris. Ils condamnent les
Etats ou même l’Europe à se tromper là où
les institutions régionales pourraient faire
mieux. Il faut voir large et petit. Large
pour comprendre la diversité croissante
des situations. Petit pour adapter les
solutions à des situations qui seront
toujours plus hétérogènes. Donner une
chance aux individus, c’est aussi donner
une chance aux territoires. C’est pourquoi
les initiatives menées, par exemple, par
l’Assemblée des Régions d’Europe, pour
répondre aux grands défis actuels
(sécurité, environnement, innovation…) en
faisant coopérer les régions entre elles,
sont si positives.
CONCLUSION
Les classes moyennes d’Occident en
général et d’Europe en particulier n’ont
pas disparu et ne disparaîtront pas. Mais
leur part dans la population totale
diminue, ainsi que leur représentation
politique, ce qui génère chez elle une crise
identitaire qui peut avoir des
conséquences politiques délétères. Rêver à
un nouvel âge d’or des classes moyennes
serait une chimère : on ne fait pas revivre
les paradis perdus. Néanmoins, dans une
société qui épouse une forme de sablier, la
politique publique doit se fixer deux
objectifs : faire en sorte que le haut du
sablier soit plus large que le bas, et faire en
sorte que ceux qui sont en bas du sablier
aient une chance d’atteindre le haut. Une
société plus inégalitaire est tenable, mais
une société plus inégalitaire avec des
situations figées ne le serait pas.
LES CLASSES
MOYENNES DU
DÉCLIN AU CONFLIT
Pierre Hassner
DIRECTEUR EMERITUS D’INVESTIGATION DANS
LA FONDATION NATIONALE DES SCIENCES
POLITIQUES DE PARIS.
SELON TOCQUEVILLE, LE DÉCLIN DES
classes moyennes conduit à la guerre. Bien
avant lui, Aristote, le père de la science poli-
tique, écrit que « la communauté politique
la meilleure est celle où le pouvoir est aux
mains de la classe moyenne, » et que » la pos-
sibilité d’être bien gouverné appartient à ces
sortes d’Etats dans lesquels la classe
moyenne est nombreuse, et plus forte, de
préférence, que les deux autres réunies, ou
tout au moins que l’une d’entre elles ». Là où
elle est faible, « en raison des dissensions et
des luttes qui opposent l’un à l’autre élé-
ment populaire et la classe riche, quel que
soit celui des deux partis à qui il arrive de
triompher de son adversaire, il n’établit pas
un gouvernement fondé sur le bien com-
mun et l’égalité, mais il se taille la part du
lion dans l’organisation publique, comme
s’il s’agissait d’un prix attaché à la victoire,
et réalise, dans un cas, une démocratie et,
dans l’autre, une oligarchie ». Cette absence
de compromis et de mesure s’étend, ajoute-t-
il, à leurs relations extérieures par l’effet de
la bipolarité : « Les peuples qui, dans le pas-
sé, se sont disputé l’hégémonie en Grèce,
tournant l’un comme l’autre leurs regards
vers les institutions sous lesquelles ils vi-
vaient eux-mêmes, établissaient dans les
autres Etats soit des démocraties, soit des
oligarchies, sans considérer l’intérêt des ci-
tés mais ne pensant qu’à leur propre avan-
tage »
1
.
Près de deux siècles après Tocqueville,
et de vingt-cinq siècles après Aristote,
Moses Naïm, auteur important et ancien
directeur de la revue Foreign Policy, annonce
dans un article intitulé « The clash of the
middle classes » que le véritable conflit
opposera, au 21e siècle, non les
civilisations, comme l’annonce Samuel
Huntington, mais les classes moyennes des
pays développés et celles des pays
émergents, chacune d’elles créant de
l’instabilité, les premières par leur crise et
leur appauvrissement, les secondes par
leur montée et leurs nouvelles aspirations
insatisfaites
2
. Il estime que cette double
insatisfaction constituera la menace la
plus grave pour l’ordre international des
prochaines années. Mais il ne dit pas
comment cette rivalité se transformera,
selon lui, en opposition directe et violente.
Pour se prononcer sur la valeur de ces
jugements et de ces prophéties, en
particulier pour la crise actuelle et ses
conséquences, nous devons nous poser au
moins trois questions : Qu’entendons-nous
par « classes moyennes »? Sont-elles
aujourd’hui dangereuses pour la stabilité
todos V.O.indd 101 12/03/13 13:39
102 VANGUARDIA | DOSSIER
T E X T OS OR I GI NA L E S
internationale quand elles montent ou
quand elles déclinent ? Et leur crise, voire
leur rivalité, peuvent-elles déclencher des
guerres?

LA CLASSE MOYENNE OU LES CLASSES
MOYENNES ?
Si les Anglais et les Américains
parlent surtout de « la classe moyenne »,
l’expression la plus usuelle en français est
« les classes moyennes ». En effet, peu de
concepts sociaux ont connu des
définitions aussi diverses et des contours
aussi mouvants. Au 19e siècle, « middle
class » dans les discussions en langue
anglaise était synonyme de « bourgeoisie
», c’était la classe montante, intermédiaire
entre l’aristocratie et la classe ouvrière, et,
politiquement, alliée tantôt à la seconde
contre la première, tantôt à la première
quand les révolutions semblaient menacer
son pouvoir ou son statut. Au contraire,
dans le débat politique américain, on
parle le plus souvent de la « middle class »
par opposition aux très riches (« Main
street vs .Wall street »), les pauvres
n’apparaissant pas comme un acteur
collectif politiquement actif ou important.
Surtout, par delà la définition simple
d’Aristote (ni trop riches ni trop pauvres),
la classe moyenne se caractérise par la
diversité de ses composantes, par leur
variation dans le temps et par leur
tendance à se diviser, particulièrement en
temps de crise, entre la « classe moyenne
supérieure » qui aspire à rejoindre la
grande bourgeoisie et une « classe
moyenne inférieure « (low middle-class)
qui craint de tomber dans le prolétariat
ou le chômage.
La situation se complique du fait des
changements qualitatifs introduits par les
bouleversements économiques et sociaux.
Au 19e siècle, et dans la première moitié
du 20ème, la classe moyenne était
composée avant tout de petits
propriétaires agricoles ou urbains,
d’artisans, de patrons de petites
entreprises, et d’employés. Après la
deuxième guerre mondiale, on a assisté à
une baisse de l’agriculture et de l’artisanat
et à une montée spectaculaire de ce que
l’on a appelé « les nouvelles classes
moyennes salariées » occupant les emplois
de plus en plus nombreux dans le secteur
tertiaire mais plus particulièrement de
ceux qui bénéficieraient d’une éducation
plus poussée ou d’une spécialisation
technique, notamment dans des secteurs
nouveaux comme l’informatique.
Cela a mené à une vision optimiste
comme celle de l’ancien président
français Valéry Giscard d’Estaing qui, en
1984, publie un livre intitulé « Deux
Français sur trois », qui prédit l’avènement
d’une vaste classe moyenne comprenant la
grande majorité des Français. Aujourd’hui
encore, dans son rapport prévisionnel sur
le monde en 2030, le National Intelligence
Council des Etats-Unis annonce qu’en 2030
«les majorités dans la plupart des pays
appartiendront à la classe moyenne, et
non à la classe pauvre, ce qui était la
condition de la majorité de la population à
travers toute l’histoire humaine »
3
.
Cependant cette universalisation et
cette égalisation éventuelles de la classe
moyenne n’iront pas sans évolutions
diverses et opposées.
Selon David Karas, expert sur la classe
moyenne mondiale, à la Brookings
Institution de Washington, la classe
moyenne américaine qui a servi de moteur
à la croissance mondiale en jouant le rôle
de « consommateur de dernier ressort » ne
récupèrera jamais ce rôle. « La classe
moyenne américaine », écrit-il, « est
fondamentalement stagnante. Il y a des
membres de la classe moyenne américaine
qui prospèrent et deviennent riches et
d’autres qui vont beaucoup moins bien et
tombent en dehors de la classe moyenne. »
Il en résulte, selon lui, que l’économie
mondiale souffrira pendant la prochaine
décennie. La croissance globale sera lente
environ jusqu’en 2020, après quoi des
légions de travailleurs de pays comme
l’Inde et la Chine atteindront des revenus
disponibles supérieurs à 36.000 $ par an,
alimentant ainsi une nouvelle poussée de
la consommation. Passé ce seuil, les
familles de la classe moyenne des pays
émergents commenceront à acheter des
maisons et à considérer les biens de
consommation durable comme les
machines à laver, les frigidaires et les
voitures comme des nécessités. Pendant ce
temps, prédit-il la consommation aux
Etats-Unis perdra son caractère
exceptionnel d’ici 2050
4
.
Pour la plupart des spécialistes
cependant, la classe moyenne des pays
développés occidentaux fait plus que
stagner, elle est profondément en crise. Et
celle des pays émergents est elle aussi en
crise, mais pour d’autres raisons.

LES DEUX CRISES
La crise, voire le déclin de la classe
moyenne en Occident, est dûe au progrès
de la productivité, ux-mêmes dûs à ceux
de la technique, à la concurrence des bas
salaires et des lois sociales permissives ou
inexistantes des pays émergents et à
l’avidité et à la recheche de gains à court
terme, grâce notamment à la spéculation
et aux délocalisations abandonnant la
tradition fordienne de viser à faire de
leurs salariés des clients et négligeant les
travaux à long terme, notamment
concernant les infrastructures. Aux Etats-
Unis qui, jusqu’à une date récente, niaient
l’existence de la lutte des classes, le
possesseur de la deuxième fortune du
pays, Warren Buffet, déclarait récemment:
« Il y a bien une lutte des classes, et c’est
notre bande qui l’a gagnée, en laissant la
classe moyenne au tapis »
5
.
En France, la richesse d’une petite
minorité a également augmenté
spectaculairement, alors que les classes
moyennes non seulement en ont une part
plus réduite mais sont exposées au
chômage comme les ouvriers. En
Allemagne, où le chômage est beaucoup
moindre, la classe moyenne est exposée et
soumise à la pauvreté sous l’effet de
l’austérité et du travail à temps partiel.
6
Mais, de leur côté, les classes
moyennes des pays émergents, beaucoup
plus jeunes en moyenne, et souvent
diplômées et au contact de l’exemple
occidental par l’Internet et les réseaux
sociaux, soit ne trouvent pas de débouchés
conformes à leurs compétences, soit ont
des aspirations politiques et culturelles
qui se heurtent aux structures
traditionnelles, oligarchiques ou
autoritaires de leur pays, et regardent soit
du côté de l’émigration soit de celui de la
révolution.
On retrouve l’article fondateur de
todos V.O.indd 102 12/03/13 13:39
VANGUARDIA | DOSSIER 103
T E X T OS OR I GI NA L E S
Moses Naïm par lequel nous avons
commencé et qui, écrit en 1911, n’a rien
perdu de sa pertinence. Mais il est temps
de se demander si, d’accord sur le constat,
il faut nécessairement le suivre dans ses
conclusions et ses prévisions sur le clash
des classes moyennes comme principale
source des conflits internationaux.

DES CRISES AUX CONFLITS, DES CONFLITS
À LA GUERRE ?
Ce qui semble certain, c’est que les
deux crises des classes moyennes, celles
des pays développés occidentaux et celles
des pays émergents, introduisent un
élément d’insécurité et d’instabilité dans
leurs pays respectifs. La question est de
savoir dans quelle mesure cette insécurité
et cette instabilité se traduisent au niveau
international.
Il est certain que le déclin de la classe
moyenne encourage dans les pays
développés des réflexes de peur, de
méfiance, de repli, qui peuvent, à leur
tour, conduire à la recherche de boucs
émissaires ou d’hostilité aux catégories
encore plus défavorisées par rapport aux
membres des classes moyennes déclassées,
qui peuvent ainsi retrouver un sentiment
de supériorité. Au 19e siècle et encore dans
la première moitié du vingtième siècle,
cela pouvait, comme aujourd’hui,
conduire à la recherche individuelle ou
familiale d’un meilleur destin à l’étranger,
mais aussi à la conquête de nouveaux
territoires à coloniser, à peupler ou à
dominer. L’exemple type est au 19e siècle,
celui de la colonisation (dont l’histoire est
retracée par un historien français, Charles
Morazé, sous le titre « Les bourgeois
conquérants » ) et, au 20e, celui de la
doctrine allemande de « l’espace vital ». La
grande crise de 1929 a conduit à la fois à la
recherche de boucs émissaires à éliminer
(les Juifs) et à celle de territoires que les
Allemands devaient occuper en maîtres, et
dont les populations jugées inférieures
(par exemple les Slaves) devaient être voués
à une sorte de servitude et cantonnés dans
les emplois inférieurs.
Une telle solution suppose certaines
tendances idéologiques et certaines
possibilités géopolitiques. Une certaine
recrudescence de tendances fascistes ou
racistes par suite du déclin social ou de sa
crainte est incontestablement à l’ordre du
jour en Europe. Mais les conditions
politiques et stratégiques de nouvelles
aventures conquérantes sont absentes.
Seuls peut-être les Chinois pourraient être
tentés d’occuper de nouveaux territoires,
par exemple en Russie d’Asie, voire en
Afrique. La colonisation et la conquête
reposaient sur une supériorité militaire
qui a disparu et un esprit aventurier en
déclin. En général, le « clash » que prédit
Moses Naïm n’a de chances de se produire
que sur le plan social et ethnique, entre
individus et communautés en concurrence
à l’intérieur d’un pays en difficulté, ou
entre groupes qui cherchent à l’étranger
soit un moyen de subsistance soit la
satisfaction de leurs rêves de modernité
culturelle et d’ascension sociale, et des
groupes sédentaires qui craignent la
concurrence des nouveaux venus et
accusent, pêle-mêle l’immigration, les
délocalisations industrielles, l’intégration
européenne, toutes les évolutions qui
encouragent la mobilité, la concurrence et
la mixité, d’être responsables de leur
insécurité ou de leur déclin. Une récente
enquête d’opinion, très complète, publiée
par Le Monde, le 9 janvier 2013, montre de
façon impressionnante la prédominance
de la peur et de la méfiance, le désir de
fermeture, l’hostilité aux minorités
immigrées, le souhait de fermeture des
frontières, même aux réfugiés, et le souci
de se retrouver entre soi.
Il est peu probable qu’il en résulte des
guerres inter-étatiques. On peut certes
imaginer des scénarios selon lesquels,
pour échapper à l’insatisfaction de ses
classes moyennes, un Etat se lance dans
une politique nationaliste de provocation
envers d’autres puissances et qu’il en
résulte une escalade guerrière
involontaire. On peut l’imaginer,
notamment, entre la Chine et le Japon.
Mais cela reste très improbable. Il est
probable, en revanche, que le clash des
classes moyennes se produise
effectivement, mais entre groupes, entre
nomades et sédentaires, entre émigrants
en quête de refuge ou d’espoir et résidents
voyant en eux des concurrents dangereux
ou des ennemis. Comme les civilisations
de Huntington, les classes moyennes
ascendantes et descendantes ne sont pas
des blocs cohérents entraînant leurs pays
respectifs dans des guerres, elles
s’interpénètrent et c’est cette
interpénétration inévitable qui peut
produire l’incompréhension et le conflit
plutôt que le partage et la coopération à
l’intérieur d’un ordre national, européen
ou mondial.
1. Aristote, La Politique, Livre IV, ch. 11, 2.
2. Moses Naïm, “The Clash of the Middle Classes
», The Huffington Post, 5 août 2011.
3. SNational Intelligence Council, Global Trends
2030 : Alternative Worlds, Washington, 2013.
4. Cité par David Case, « Is the middle class an
endangered species ?”, Salon.com, 24 octobre
2012.
5. Cité par Chrystia Freeland, « Inequality as a
threat to growth », International Herald Tribune, 30
novembre 2012.
6. « La classe moyenne sous pression ». Lettre
d’Allemagne par Frédéric Lemaître, Le Monde, 8
janvier 2013.
LIBERAL
DEMOCRACY AND
THE MIDDLE CLASS
Marc F. Plattner
EDITOR, JOURNAL OF DEMOCRACY. VICE-
PRESIDENT FOR RESEARCH AND STUDIES, NED.
CO-CHAIR OF THE RESEARCH COUNCIL,
INTERNATIONAL FORUM FOR DEMOCRATIC
STUDIES.
THE QUESTION THAT HAS BEEN POSED TO
me is “Can liberal democracy survive the de-
cline of the middle class?” My short answer
is “No.” Liberal democracy is unlikely to sur-
vive in a society that lacks a substantial mid-
dle class. But if I were asked whether liberal
democracy today faces an especially grave
threat from the prospect of a “decline of the
middle class,” my answer would also be
“no.” The pairing of these two negative an-
swers should not seem paradoxical, for they
respond to two very different questions. The
first addresses the issue of the underlying
relationship between liberal democracy and
the predominance of the middle class: it is a
question for political philosophers. The sec-
todos V.O.indd 103 12/03/13 13:39
104 VANGUARDIA | DOSSIER
T E X T OS OR I GI NA L E S
ond, in contrast, deals with current socio-
economic circumstances and trends both in
the Western democracies and in the wider
world, and is a question for pundits and “fu-
turologists.” In what follows, I will try brief-
ly to analyze each of these questions in turn.
THE UNDERLYING RELATIONSHIP
The origins of the idea that a sizeable
middle class contributes to moderate and
stable self-government go back at least as
far as Aristotle’s Politics, but Aristotle did
not call a regime dominated by the middle
class a democracy; he saw it instead as
constituting a happy mean between rule
by the poor (democracy) and rule by the
rich (oligarchy). The identification of
democracy with rule by the poor
continued up through the 18
th
century.
Montesquieu, who asserted in The Spirit of
the Laws that virtue is the principle of
democracy, contended that the requisite
civic virtue can be attained only in a
society of economic equals, and that
economic equality can be maintained only
in a poor country where all live austerely.
Later in this work, however, Montesquieu
praised the prosperous commercial society
of modern England for providing much
greater individual freedom and security
than was available in the poor and
virtuous democracies of antiquity. Though
England had a mixed government with a
strong monarchical component, it enjoyed
a regime that, thanks to the separation of
powers, was more liberal than any pure
democracy. One may say that modern
liberal democracy—a regime based upon
majority rule in a society of industrious,
wealth-seeking, and property-owning
citizens—is born of the marriage of
freedom and commerce. Its enemies used
to be fond of disparaging the product of
this political marriage as “bourgeois
democracy,” but the characterization was,
and remains, apt. In practice, liberal
democracy is the rule of the bourgeoisie
(i.e., the middle class). To cite the well-
known maxim of Barrington Moore, “No
bourgeoisie, no democracy.”
The term middle class, like the term
bourgeois, has two different applications,
one economic and the other sociocultural,
though these are clearly interrelated. As an
economic designation, it seems to refer to
those who are in the middling ranges of a
society’s distribution of income or wealth.
Yet in a society composed of a small
number of great landowners, and a vast
majority of poor peasants, we would not
refer to those in the middle quintiles
(presumably the slightly less impoverished
peasants) as belonging to the middle class.
For the term middle class, is generally used
to characterize those who earn at least a
modest income, are able to purchase
consumer goods, and devote their efforts
primarily to increasing and enjoying their
material prosperity. “The passion for
physical comforts,” says Tocqueville, “is
essentially a passion of the middle classes;
with those classes it grows and spreads,
with them it is preponderant. From them
it mounts into the higher orders of society
and descends into the mass of the people.”
The term middle class is also employed
in a sociocultural sense; however, when we
speak of middle-class morality or middle-
class values (and similarly of bourgeois
morality or values). Here the term
designates a set of habits and attitudes
that are fostered by and help to sustain
liberal democratic (and capitalist) societies;
the middle classes are animated by a desire
to enhance their material possessions, but
this typically does not lead them to
abandon themselves to seizing the
pleasures of the moment. Their chief aim
is, in Adam Smith’s phrase, to “better their
condition” (“a desire which, though
generally calm and dispassionate, comes
with us from the womb, and never leaves
us till we go into the grave”). Thus
members of—and aspirants to—the middle
class learn to defer the immediate
gratification of their desires in order to
pursue a more long-term notion of their
interests. They undertake arduous labors
in order to increase their possessions and
thereby secure greater opportunities for
comfort and pleasure in the future. In the
process, they develop habits of
industriousness and moderation that
encourage what Tocqueville calls
“regularity of morals.” In a phrase
popularized by former U.S. president Bill
Clinton and subsequently adopted by
President Barack Obama, both of whom
presented themselves as champions of
middle-class voters, these are people who
“work hard and play by the rules.”
Liberal democracy’s survival is not
guaranteed, however, by a substantial
middle class (nor is it necessarily doomed
by a preponderance of the poor, as the
remarkable example of India has
demonstrated). There can be situations in
which members of the middle classes
conclude that their self-interest is better
served under nondemocratic forms of
government—some would say that this has
been the case in Thailand. Or, as
Tocqueville warned, the preoccupation of
middle class people with their own well-
being and that of their immediate families
may render them isolated from their
fellows, entirely neglectful of public
affairs, and thus vulnerable to the advent
of “mild despotism.” So a substantial
middle class is not by itself a sufficient
condition for the long-term survival of
liberal democracy. At the same time, there
is no doubt that a large and vigorous
middle class enormously improves the
prospects that liberal democracy will
endure. But to maintain a sizeable middle
class, and to keep its support, liberal
democracies have to deliver what their
citizens are so determinedly seeking.
Unless most of those who “work hard and
play by the rules” see an eventual payoff
for their labor and their restraint, the
system will not work.
CURRENT TRENDS AND FUTURE
PROSPECTS
People who fit Tocqueville’s
description of the middle class are
preponderant today in all the Western
democracies, and they are rapidly
becoming more common in other parts of
the world as well. Globally, we are likely to
witness not a decline, but a surge in the
ranks of the middle classes. Global Trends
2030, a recent study by the U.S. National
Intelligence Council (NIC), identifies as
one of the “megatrends” of the next two
decades the explosive growth of the global
middle class: “Middle classes most
everywhere in the developing world are
poised to expand substantially in terms of
both absolute numbers and the percentage
todos V.O.indd 104 12/03/13 13:39
VANGUARDIA | DOSSIER 105
T E X T OS OR I GI NA L E S
of the population that can claim middle-
class status during the next 15-20 years”
(p. 8) [http://www.dni.gov/files/documents/
GlobalTrends_2030.pdf]. Noting that there
are a variety of indicators that can be used
to define the middle class, the NIC report
opts for a measure based upon per capita
consumption expenditures as adjusted by
purchasing power parity. It projects that,
by 2030, the global middle class will more
than double from its current total of about
1 billion, emphasizing that this will be
accompanied by a sharp rise in global
demand for consumer goods. The biggest
rise is expected to come in Asia, especially
in India and China. Latin America has
already witnessed a significant expansion
of its middle classes; Africa lags behind in
this respect, but its middle class is now
projected to grow faster than that of any
other world region. This rise in the
proportion of the population that has
reached middle-class status is likely to
swell the ranks of those demanding
greater democracy in countries such as
China. Meanwhile, in countries that have
already established more or less liberal
democratic regimes, it will boost the
chances that these regimes will endure. It
still remains the case, as the NIC report
notes, that no democracy with a per capita
income of over $12,000 has ever reverted to
authoritarianism.
In the West, the vast majority of
people already have a middle class lifestyle,
and think of themselves as belonging to
the middle class. A recent survey by the
Pew Research Center (http://www.
pewsocialtrends.org/2012/08/22/the-lost-
decade-of-the-middle-class/1/) found that
49% of Americans identified themselves as
“middle class,” compared to 17% who said
that they were “upper class” and 32% who
said that they were “lower class.” The
upper-class category, however, was formed
by combining those who identified
themselves as either upper or upper-
middle class, and the lower class by
combining those who identified
themselves as either lower or lower-middle
class (the respective shares of those who
say they are upper-middle or lower-middle
class are not given). It would arguably be
more plausible to add the upper-middle
and lower-middle identifiers to the middle
class, in which case the middle class would
undoubtedly comprise a much higher
proportion of the U.S. population.
Certainly, recent American political
discourse, as reflected during the 2012
presidential campaign, would seem to
suggest that almost all Americans (apart
perhaps from the top 1% singled out by
Occupy America) tend to consider
themselves as belonging to the middle
class. Even in Britain, with its much
stronger tradition of working-class
identification and solidarity, 71% of the
population identified themselves as
middle class (a category that in this case
included “upper-middle” and “lower-
middle”), and only 24% as working class.
(http://britainthinks.com/sites/default/files/
reports/SpeakingMiddleEngish_Report.pdf)
It is also true that in virtually all
Western democracies over the past decade
there is a growing sense that the middle
class is being “squeezed,” that it is not
making the kind of economic progress that
it did in earlier decades. Much economic
evidence seems to support this feeling.
Especially in the wake of the economic
crisis that began in 2008, the economies of
the Western democracies have been in the
doldrums, and some countries—most
notably, Greece and Spain—have suffered
devastating declines. The gains in income
that have been made over the past decade
are tiny overall and most appear to have
primarily benefited the wealthier
segments of society. The majority of the
population in most Western countries is
clearly unhappy with the economic
situation. It is questionable, however,
whether this discontent is due to some
special suffering on the part of the middle
class rather than to the overall fall-off in
economic growth.
My own sense is that the latter is the
more fundamental cause. If national
economies were to resume steady growth,
even at a modest rate, and employment
returned to reasonably high levels, my
guess is that discontent would be greatly
ameliorated, even if some indicators
continued to show that economic
inequality was rising at the expense of the
middle classes. Measurements of economic
inequality are extremely slippery. They
vary depending on whether one measures
income or wealth, and whether the unit
measured is the individual, the family, or
the household. The distribution of income
may be affected by changes in the average
size of families or households or in the
proportion of the population in the labor
force.
Moreover, measurements that divide
todos V.O.indd 105 12/03/13 13:40
106 VANGUARDIA | DOSSIER
T E X T OS OR I GI NA L E S
the population into classes often have
arbitrary cut-off points. The Pew Survey
divides U.S. households on the basis of
income into three tiers: the middle tier is
defined as those with incomes between
two-thirds and double the national
median—in 2010, the median was $59,127,
meaning the middle tier had incomes
between $39,418 and $118,255. The lower
tier is defined as those below this range
and the upper tier as those above it. Using
this formula, the survey calculates that the
share of the population belonging to the
middle tier has steadily been shrinking
since 1971 and now constitutes only 51% of
the population, down from 61% four
decades earlier. This perhaps partly
explains the Pew Survey’s dramatic title:
The Lost Decade of the Middle Class: Fewer, Poorer,
Gloomier. Where has the missing 10% of the
middle class gone? Well, only 4% have
fallen into the lower tier, while the
remaining 6% have advanced into the
upper tier. In any case, most of these
refugees from the middle class presumably
congregate near the top of the lower tier
and the bottom of the upper tier. It is hard
to see this shift as a decisive or especially
worrisome change in the class structure of
the United States.
The most commonly used
measurement of income inequality is the
Gini index (or coefficient), which ranges
from 0 (everyone earns the same income)
to 1 (a single person earns all the country’s
income). (Other indexes are used as well. A
2008 OECD study also gives figures by
country for the “Mean log deviation,” the
“Standard coefficient of variation,” the
“Interdecile ratio P90/P10,” and the
“Interdecile ratio P50/P10.” Though these
often yield similar rankings for individual
countries, there are also some significant
variations.) Measured by the Gini index,
Denmark, Sweden, Luxembourg, and
Austria, in that order, have the least
inequality among OECD countries, with
scores around .25; Mexico and Turkey have
by far the highest levels of inequality, with
scores well above .40, followed by Portugal,
the United States, Poland, and Italy (in that
order), with scores above .35. The inter-
country and inter-temporal comparisons
provided in the OECD study are not
without interest, but neither do they
appear to be critical to understanding the
economic or political performance of these
countries.
I do not mean to minimize the gravity
of the economic crisis that has afflicted
Western democracies over the past few
years, or the threat that a failure to recover
from it might pose. In countries where
economic growth has stalled or reversed,
and a sizeable portion of the population
faces continuing unemployment and
impoverishment, the political
consequences could indeed pose a serious
threat to liberal democracy. But damage to
the middle class is a by-product of these
broader economic difficulties, not their
cause. A prolonged expansion and
hardening of poverty would constitute a
grievous problem that liberal democratic
governments would be compelled to
address. The persistence of an excessive
concentration of wealth at the very top
would also raise serious concerns for policy
makers. But I do not think that modest
shifts in the distribution of income among
the broad middle classes should preoccupy
democratic governments or distract their
focus from the goal of restoring wider
economic prosperity.
It is always possible, of course, that the
changes of recent years are merely the first
stages of a long-term shift that will alter
future income patterns in a fundamental
way. One can spin out scenarios about how
globalization and changes in
communications technology will stratify
the workforce, leading to a drastic
shrinking of the kinds of jobs that have
nurtured the middle class. I do not reject
such scenarios out of hand, but I think the
evidence for them is still very premature. It
is worth bearing in mind that concerns
about technological advances eliminating
good jobs have a very long history. Almost
50 years ago, U.S. president Lyndon B.
Johnson established a National
Commission on Technology, Automation,
and Economic Progress to report on the
opportunities and dangers that
technological advancements posed for
workers (http://www.presidency.ucsb.edu/
ws/index.php?pid=26449).
Finally, let me address the concern—
more common on the right than on the
left—that it is the decline of middle-class
morality rather than of middle-class
incomes that poses the gravest threat to
liberal democratic societies. Those who
express this concern can find ample
justification in Tocqueville’s analysis of the
moral bases of liberal democracy. In
particular, he emphasizes the importance
of religious belief and of attachment to
family as crucial moral foundations of a
free society, and his discussion of family
life under democracy highlights the
sanctity of marriage, the chastity of
women, and the differentiation of social
roles between the sexes. Today, however,
the hold of religion in the West, especially
outside the United States, is much weaker
than it was in the past, and views about
marriage, chastity, and sex roles have
clearly been transformed. This has been
accompanied by rates of divorce, unwed
pregnancy, and fatherless families much
higher than during previous eras. All these
trends might have been expected to
undermine the middle-class character of
life in liberal democracies. Yet I would say
that so far middle-class habits, including
commitments to family life, to hard work,
and to community service, have remained
remarkably resilient. But perhaps there is a
time lag at work here, and the weakening
of middle-class values will wreak its full
damage on liberal democratic societies in
the future. One should also note in this
context the overall decline in fertility rates,
which, in combination with lengthening
life expectancy, threatens to put an
enormous economic burden on liberal
democratic societies.
Nonetheless, I remain guardedly
optimistic about at least the near-term
future both of the middle class and of
liberal democracy. Both may seem
perpetually under threat, but both are also
very hard to dislodge. Besides, what would
one replace them with? The alternatives to
liberal democracy that are on offer today
range from the unappealing to the
catastrophic. And while middle-class values
may not be lofty or inspiring, they both are
fundamentally decent in themselves, and
are ennobled by their role in sustaining
freedom and self-government.
todos V.O.indd 106 12/03/13 13:40
VANGUARDIA | DOSSIER 107
T E X T OS OR I GI NA L E S
IS THE
“MIDDLE CLASS”
DISAPPEARING
FROM THE WEST?
A CAUTIONARY NOTE
Anthony B. Atkinson
NUFFIELD COLLEGE, UNIVERSITY OF OXFORD.
Andrea Brandolini
BANK OF ITALY.
CONCERNS ABOUT THE POLARISATION OF
western societies and the disappearance of
the middle class are far from new. There is,
however, a certain penumbra surrounding
the definition of the “middle class.” The
term is used in many different ways. A cou-
ple of years ago, an article in the British
newspaper, The Guardian, listed some of the
many criteria that have been applied at dif-
ferent times to define middle-class life:
“having servants, renting a good property,
owning a good property, owning a business,
being employed in one of ‘the professions,’
how you speak, how you use cutlery.” Most
sociologists would rather focus on people’s
position in the labour market, by consider-
ing occupational prestige and status, or an
individual’s place in the productive process.
Economists would instead distinguish class-
es by first looking at income – which is not
even mentioned in The Guardian’s article.
Shedding light on these differences may
help in understanding the strange disap-
pearance, if any, of the middle class.
2. In economics, interest in the
middle class appears to stem in part from
the perception that distributional studies
have focused on the poor, at one end, and
on the rich, at the other end, leaving out
the middle. Economists often refer to the
“middle 60%,” which is the part of
population bracketed between the bottom
20% (which includes the poor or those at
risk of poverty) and the top 20% (the well-
off). The European Union (EU) uses as its
main income inequality measure the ratio
of the income share of the top 20% to that
of the bottom 20%. On this basis, transfers
away from the middle 60% could, if made
proportionately, leave measured income
inequality unchanged. They are the
“forgotten” middle.
The analysis of the entire income
distribution, and not only of either the
bottom or the top, is indeed revealing.
This can be illustrated by taking the
income shares of the middle 60% of the
population, ranked by increasing
(equalised disposable) income, together
with the shares of the bottom and top
20%, in fifteen countries around 1985 and
2004. These countries cover a wide
spectrum of political, institutional and
economic arrangements, ranging from
the social-democratic welfare states of
Nordic countries to the more market-
oriented Anglo-Saxon economies, to an
emerging economy such as Mexico. The
two points in time span a period of almost
two decades characterised by radical
economic and political changes, but
ending before the Great Recession of 2008-
09. Ranking the fifteen countries by
increasing size of the income share
accruing to the middle 60% yields a
pattern which is familiar to those
concerned with income inequality: in
2004, the Nordic countries have shares of
above 55%, followed by the corporatist
European countries; Canada, Taiwan,
Poland and Italy come next, followed by
the United States and the United
Kingdom, with shares around 51%; Mexico
is the country with the smallest middle
income share at 44%. The difference is
sizeable: the UK and US middle class
receive a share of total income which is
about a tenth less than that of their
Nordic counterparts. If the Anglo-Saxon
countries led the way of economic
transformations, and the Nordic countries
were those lagging behind, this could be
seen as evidence of a disappearing middle.
But it is the within-country change in the
middle class share that receives most
attention. Figure 1 shows that this share
has indeed fallen in all countries except
Denmark between the mid-1980s and
2004, and that this loss was consistently to
the benefit of the richest fifth, except in
France. This evidence of a declining
economic status for the middle class is
another facet of the trends towards
greater inequality prevailing in many
countries since the 1980s.
3. This is not, however, the only way
in which the middle class can be defined.
So far, we have taken some fixed
proportion (60%) of the population that is
in the middle. This definition
corresponds, however, to rather different
income boundaries across nations. In the
more egalitarian countries of North and
Central Europe the richest person in the
middle class has an income that is twice
the income of the lowest middle class
person, but in highly unequal Mexico this
ratio rises to four times. Somewhat
paradoxically, a definition based on a
fixed share of the population rules out
any discussion of the “size” of the middle
class. The middle class cannot “shrink” or
“expand.” The obvious alternative is to
identify the middle class with those
people whose income lies between pre-
fixed income boundaries, and then to
calculate their share in the population.
What are these income limits? In rich
countries, the economics literature tends
to take relative income limits, such as 75%
and 125% of the median. The lower cut-off
has a natural linkage with the poverty
threshold. In the EU the poverty threshold
is set at 60% of the median, so that, if we
regard the middle class as being those
“comfortably” clear of being at-risk-of-
poverty, we should take a somewhat
higher level, for instance 75% of the
median which is 1¼ times the EU at-risk-
todos V.O.indd 107 12/03/13 13:40
108 VANGUARDIA | DOSSIER
T E X T OS OR I GI NA L E S
of-poverty line. In contrast, use of 125% of
the median as an upper demarcation has
little evident rationale apart from that of
symmetry. The middle class range is
relatively short in proportionate terms
(125 is less than twice 75) and, in fact, in
the fifteen countries considered here,
around 2004, at most half of the
populations would be included in the
middle class. The middle class would be as
small as one fourth of the population in
Mexico, and less than a third in the
United Kingdom and the United States. As
a consequence, the upper income group
would account for a population share
ranging between 27% in Scandinavian
countries and 39% in Mexico. Even
splitting the top group and setting the
richness line at 167% of the median to
allow for an upper middle class, the rich
would still comprise almost 20% of the
population in the United Kingdom and
the United States, and well above it in
Mexico. These shares are at odds with the
common perception of the share of the
wealthy in the population.
If the middle class is to be
distinguished from the rich, a much
higher cut-off than 125% seems to be
required. By raising it to 200% of the
median, the size of the middle class
increases considerably: it reaches 71% in
Scandinavian countries, and exceeds half
of the population even in countries where
incomes are distributed more unequally,
such as Italy, the United Kingdom, and the
United States. The share of the well off
would still be above 10% in these three
countries; it would fall to 3-4% only as the
upper cut-off is raised to three times the
median. The ranking of the fifteen
countries is little affected by fixing the
upper demarcation line alternatively at
125%, 167%, 200% or 300% of the median,
and the resulting sizes of the middle class
are highly correlated. However, it does not
follow that the changes in the size of the
middle class are the same for all cut-offs.
In Italy, for instance, the size of the
middle class is unchanged with the 125%
cut-off, but increases with the 200% cut-
off and declines with the 300% cut-off; in
Norway, it rises with a 125% cut-off but
falls with a 200 or 300% cut-off (Figure 2,
lower panel). Even where the changes are
in the same direction, the extent of the
variation depends noticeably on the cut-
off definition, suggesting rather different
patterns of change in the underlying
distribution.
The shrinkage varies in size across
countries, but the fact that it is positive in
the majority of countries may reinforce
the concerns of those who fear that the
middle class is (gradually) disappearing. Is
this worry well founded? To some extent,
the answer depends on the simultaneous
changes in the proportions of the poor
and of the rich. Regardless of the level of
the upper cut-off, in all ten countries
where the middle class indisputably
shrank, both proportions increased,
indicating that the income distribution
became more polarised. Yet, with few
exceptions, the population share of the
rich went up more than that of the poor,
so that the overall net change was towards
higher rather than lower income ranges
(top panel of Figure 2). Italy stands out as
the only country where there was a shift
from the top to the middle together with
a (more moderate) shift from the middle
to the bottom.
4. The official report prepared for the
Office of the Vice President of the United
States’ Middle Class Task Force maintains
that middle class families “have certain
common aspirations for themselves and
their children. They strive for economic
stability and therefore desire to own a
home and to save for retirement. They
want economic opportunities for their
children and therefore want to provide
them with a college education.” Income
alone does not suffice to identify the
middle class.
In fact, income is a good proxy of
living standards, but fails to represent the
full amount of resources on which
individuals rely to cope with the needs of
everyday life and to face unexpected
events. Individuals may have earnings
below the poverty threshold and still
reach a decent standard of living thanks
to their past savings. A sudden income
drop need not result in lower living
conditions if people can decrease
accumulated wealth, or if they can
borrow. On the other hand, income can be
above the poverty threshold, yet
individuals can feel vulnerable because
they have no savings with which face an
adverse income shock. Assets and
liabilities are fundamental to smoothing
out consumption when incomes are
volatile. They are a major determinant of
personal longer-term prospects. These
considerations suggest that middle class
status is closely linked to the possession of
real and financial assets.
The value of wealth holdings may
help to define the upper limit of the
middle class. The wealthy might be those
“people who do not need to work,” as
their net worth is large enough to enable
them to live off the interest while
avoiding paid employment. Taking a real
after-tax flow of interest of 3.33% and the
average standard of living as a reference,
the rich would be those with wealth
exceeding 30 times the median income.
With this cut-off, a couple with two young
children would be classified as middle
class when its net worth is below 950,000
international dollars at 2004 prices in
Italy, 1.2 million in Germany and Sweden,
and 1.8 million in Norway and the United
States. These values imply that the shares
of the well-off goes from 3.6% in the
United States to 6.6% in Germany and
10.6% in Italy: in all three countries they
own two fifths or more of total wealth.
The upper income limits of the middle
class that correspond to these population
proportions are approximately located at
twice the median in Italy and Germany,
and at three and a half times the median
todos V.O.indd 108 12/03/13 13:40
VANGUARDIA | DOSSIER 109
T E X T OS OR I GI NA L E S
in the United States, providing some
support for raising the upper limit of the
middle class to at least 200% of the
median.
The middle class condition of being
comfortably clear of the risk of poverty
hinges on the buffer stock preventing
people from falling into poverty should
something go wrong. Asset poverty
captures the exposure to the risk that a
minimally acceptable living standard
cannot be secured for some period of time
if income suddenly vanishes. A
considerable proportion of middle class
individuals are asset-poor. When the cut-
offs are set at 75% and 200% of the
median, about half of middle-class
Germans and Americans do not have
enough financial assets to sustain their
standard of living at the poverty line for at
least three months. Financial asset
poverty concerns 35-40% of the Swedish
and Norwegian middle-class individuals,
whereas only 23% of middle class Italians
are financially vulnerable, possibly
because public income-support schemes
are so limited to induce them to
accumulate relatively more precautionary
savings. The sense of difficulty in coping
with negative events associated with asset
poverty is at odds with the economic
security that is seen as an attribute of the
middle class. We may then want to
exclude asset-poor individuals from the
middle class, even if their incomes are
well above the poverty line. This would
substantially reduce the size of the middle
class, although the available data are
insufficient to evaluate changes over time.
5. Economists often stress the
importance of having a large middle class
for economic growth, for its consumption
patterns and for its propensity to
accumulate human and physical capital,
as well as for democracy and the political
stability of a society. Yet, the middle class
can be defined in many different ways. As
we have shown, the typical measures are
simply another way of assessing the
evolution of income inequality, whereas
we need to go beyond a simplistic
characterization of social classes purely
framed in terms of income levels. A
meaningful notion of middle class cannot
avoid adopting a more nuanced
multidimensional view, where income,
wealth and occupation (not discussed
here) all play a role.
Figure 1: Change in the Income Share of the
Bottom, Middle and Top Income Groups in Selec-
ted Countries between Around 1985 and Around
2004 (Percentage Points)
Figure 2: Change in Population Shares For Diffe-
rent Income Cut-Offs in Selected LIS Countries
between circa 1985 and circa 2004 (Percentage Points)
DOES INEQUALITY
THREATEN THE
SUSTAINABILITY
OF WESTERN
DEMOCRATIC
CAPITALISM
OR IS CAPITALISM’S
“EL PERIODO
ESPECIAL” OVER?
Branko Milanovic
WORLD BANK RESEARCH DEPARTMENT AND
UNIVERSITY OF MARYLAND.
TO ANSWER THE QUESTION, “DOES IN-
equality threaten the sustainability of
Western democratic capitalism,” we need to
divide it into segments.
First, “Does inequality threaten capital-
ism?” The answer, at least in the medium-
term, seems to be in the negative. For the
first time in human history, a system that
can be called capitalist, generally defined
as consisting of legal free labor, private
ownership of capital, decentralized coordi-
nation, and the pursuit of profit, is domi-
nant over the entire globe. One does not
need to look far back into the past, or to
have a great knowledge of history to realize
how unique and novel this is. Not only was
centrally planned socialism eliminated as a
competitor only recently, but also we no
longer find, anywhere in the world, unfree
labor to play an important economic role,
as it did until some 150 years ago.
Such is the hegemony of capitalism as
a worldwide system that even those who
are unhappy with it and rising inequality,
whether locally, nationally or globally, have
no realistic alternatives to propose.
“De-globalization” and focus on the “local”
is meaningless because it would do away
with the division of labor, a key factor in
economic growth. Surely, those who argue
for “localism” do not wish to propose a
major drop in living standards. Forms of
state capitalism, as in Russia and China, do
exist, but this is capitalism nevertheless:
private profit motive and private compa-
nies are dominant.
Increasing inequality of income never-
theless undercuts some of capitalism’s
mainstream ideological dominance by
showing its unpleasant sides: the exclusive
focus on materialism, a winner take-all ide-
ology, and a disregard of non-pecuniary
motives. But since no ideological alterna-
tives currently exist, and even less political
parties or groups to implement them, the
hegemony of capitalism appears unassail-
able. It is certain that nothing guarantees
that it would look like that to our children
or grandchildren, for new ideologies can be
developed, but at least, this is how it looks
to a reasonable observer (I hope I am one)
today.
But is “democratic capitalism sustain-
able?” This is already a different question.
Note first that these two words were not
often combined in history. The absence of
democracy and capitalism have been a
todos V.O.indd 109 12/03/13 13:41
110 VANGUARDIA | DOSSIER
T E X T OS OR I GI NA L E S
common feature, not only in Spain under
Franco, Chile under Pinochet, or Congo
under Mobutu, but also in Germany, France
and Japan, and even in the US (with the
exclusion of African Americans from the
body politic) and England, with its severely
limited franchise. Thus, it does not take
huge leaps of imagination to see that capi-
talism and democracy can be decoupled.
And inequality can play an important role
in it. It already does so by politically
empowering the rich to a much greater
extent than the middle class and the poor.
The rich dictate the political agenda,
finance the candidates who protect their
interests, and ensure that the laws that
serve their interests are voted in. The
American political scientist, Larry Bartels,
finds that US senators are five to six times
more likely to listen to the interests of the
rich than to the interests of the middle
class. For the poor, Bartels devastatingly
concludes, “there is no discernible evi-
dence that the views of low-income constit-
uents had any effect on their senators’ vot-
ing behavior.”
1
Both democracy and the
middle class are being hollowed out.
In effect, it is not for nothing that
since Aristotle, and more recently since
Tocqueville, the middle class was seen as
the bulwark against non-democratic forms
of government. It was not by some special
moral virtue, embodied among the “mid-
dlemen,” that a person who, has, for exam-
ple, ceased to be rich and become middle-
class would suddenly prefer democracy. It
is simply that the middle class had an inter-
est in limiting the power both of the rich so
that they would not rule over them, and of
the poor so that they would not expropri-
ate them. Middle class’s large numbers, in
addition, meant that a lot of people shared
similar material positions, developed simi-
lar tastes, and tended to eschew extremism
of both the left and the right. Thus the
middle class provided for both democracy
and stability.
All of this is under attack by the rising
inequality. The middle class in Western
democracies is today both less numerous
and economically weaker than the rich as
compared with 20 years ago. In the United
States, where the change is most dramatic,
the share of the middle class, defined as
people with disposable incomes around the
median (more exactly, 25% above and
below the median), decreased from one
third of the population, in 1979, to 27% in
2010. At the same time, the average income
of the middle class, which was practically
equal to the overall US mean income in
1979, dropped to being only three quarters
of the mean at present. The overall result of
the decline in relative numbers and rela-
tive income is a sharp drop in the econom-
ic power of the middle class. In 1979, they
accounted for 32% of total income (or con-
sumption), but today, only 21%. In Spain,
the same calculation yields a much less
dramatic, but similar picture. While the
size of the middle class has gone down
from 34 to 31% of the Spanish population,
its relative income has increased just
enough to keep its relative economic power
only 1 percentage point lower than it was
30 years ago.
2
The political importance of the middle
class has accordingly dwindled, and it is
not difficult to project into the future the
current trends, most vividly seen in the
United States, where financial support
from wealthy individuals and companies
ensures political success. While the system
in form remains democratic because the
freedom of speech and association is pre-
served and elections are free, in essence it
becomes a plutocracy. In Marxist terms, it
is “the dictatorship of the propertied class”
even if it seems, superficially, to be a
democracy. The government is nothing
else, but in Marx’s famous words, “the com-
mittee for managing the common affairs of
the bourgeoisie.”
3
And indeed, the gap between the pro-
fessed ideology and reality will not be any-
thing new to a student of politics and histo-
ry. Rome seamlessly grew to be an autocrat-
ic Empire while it masqueraded as a
Republic ruled by a Senate. A bureaucratic
class ruled Eastern Europe while claiming
that both economic and political powers
were in the hands of the people. Every dic-
tator today argues that he embodies the
will of the people—that is, he believes him-
self to be a democrat.
The move away from democracy can
take two forms. One is American and it
resembles plutocracy; the other may be
called Italian. In the latter case, power is
extraordinarily, albeit ostensibly legally
and within the democratic system, trans-
ferred to a technocratic government. It is
done in a way reminiscent of how dictator-
ships were introduced in the inter-war
Europe from Dr. Salazar’s technocracy to
Herr Hitler’s “law and order.” Today’s tech-
nocracy may appear benign, led by people
of unimpeachable integrity, but it never-
theless arises as a counter-point to democ-
racy. It thrives because democracy is shown
incapable of solving the problems.
Technocrats can do it. Indeed, countries
like Singapore are perfect examples of tech-
nocratic efficiency. However, pleasant it
might be to live under such governments,
they are nonetheless not democratic. If
democracy is a value in itself, they do not
provide it.
The current disenchantment with the
US Congress, which faces a public disap-
proval rate in excess of 80% and was called
by the Washington Post commentator Ezra
Klein “more unpopular than Communism,”
may be seen as yet another indicator of the
drift toward the rule of technocrats,
desired by some. Yet both the unelected
rule by technocrats, and the occult rule by
the rich are deeply undemocratic.
Now, we come to the third and last
part of the question, “Is inequality under-
mining specifically European democratic
capitalism?” All that was said for democrat-
ic capitalism applies, obviously, to Europe,
since it is from the Europe of Monti and
Papademos that we drew the examples of
the technocratic drift. But Europe is
exposed to additional pressures. The most
important is that of globalization, which
frequently works both against its workers
and the middle class and in favor of its
rich. Western workers and parts of the mid-
dle class are, through increased trade, out-
sourcing, or generally the attractiveness of
foreign, as opposed to domestic, invest-
ments, exposed to a severe competition
from workers in emerging economies. Both
the property-rich and the highly skilled
gain because their financial and human
capital is more mobile and cannot be easily
taxed unless one wants them to flee the
country. Low taxation, in turn, increases
inequality between the rich and the poor
todos V.O.indd 110 12/03/13 13:41
VANGUARDIA | DOSSIER 111
T E X T OS OR I GI NA L E S
because it undercuts the funding sources
on which the modern European welfare
state was built. The rocambolesque story of
Gérard Depardieu’s recent search for a
more tax-friendly citizenship is a valuable
example, not the least because few individ-
uals, in their careers, seem to better
embody “Frenchness” than Depardieu.
When national icons run away, what
remains for others who can better afford to
move than to emulate them?
A second globalization force with
which Europe is ill equipped to face is
migration. Migration is no different than
other forms of globalization: exports and
imports of goods and technology, or move-
ment of capital. So it is incorrect to discuss
it separately, or as somehow independent
from the massive income gaps between
nations that have been revealed and often
exacerbated by globalization. But not only
does Europe lack the experience of dealing
with migrants that US, Canada, or
Australia have, but migrants who are often
ethnically and religiously different from
the native majorities bring different cultur-
al norms which also undercut the welfare
state. The welfare state was built on the
assumption of the ethnic and cultural
homogeneity of the population.
Homogeneity not only increases affinity
amongst different segments of the popula-
tion, but also ensures that more or less all
follow similar social norms. If no one
cheats by pretending to be older in order to
get a pension, or does not take sick leave
when not ill, the welfare state is self-sus-
taining. But if these norms are not
observed by all, it crumbles.
The pressures on the welfare state,
coming both directly from globalization
and from migration, are in reality an
attack on the middle class because the mid-
dle class is the largest supporter and benefi-
ciary of the welfare state. It is true that in
most studies we find that the poor,
through unemployment benefits and social
assistance, gain a lot. But the middle class-
es gain even more through free or subsi-
dized health care and education, pensions,
and more than anything through the cer-
tainty of being spared the life of poverty
and want. Welfare state was thus an indis-
pensable element in the strengthening of
the European middle class and democratic
capitalism. The European democracy goes
the way of the European welfare state. It
came with it, and it may leave with it.
One should not, however, be unduly
pessimistic. It is true that Europe has
weathered other, more formidable chal-
lenges— often after paying an enormous
human and material price. It is still among
the richest parts of the world, and in terms
of social rights and social attitudes, proba-
bly the most “civilized” part of it. It is, bar-
ring a war (which indeed seems unthink-
able), likely to remain the most attractive
place in the world to live in. But it is
doubtful that it will be the most dynamic,
and the key features associated with it in
the second half of the 20
th
century, democ-
racy and the welfare state, may be gradual-
ly fading.
Was the period between the end of
World War II and the end of the Cold War,
an unusual interlude, in which capitalism
became entwined with democracy, welfare
state and liberalism, features that it histori-
cally often lacked? There are arguments to
see it that way, and to argue that capital-
ism is now simply reverting to its “natural”
features. What many of us have lived
through might just have been capitalism
under the “exceptional conditions”, a little
bit like capitalism “del periodo especial” on
the global scale. It was a capitalism that
responded creatively to the Great
Depression (by reinventing the govern-
ment), to war (by marshaling resources to
win it), and to Communism (by emphasiz-
ing social solidarity through welfare state).
Neither of these threats is present any
more, so why would capitalism not return
to what it once was?
1. Larry Bartels, “Economic Inequality and
Political Representation”, August 2005, p. 28.
Available at http://www.princeton.edu/~bartels/
economic.pdf (accessed January 12, 2012).
2. Calculations from Luxembourg Income Survey
(LIS) database which provides harmonized
household surveys for most developed, and some
developing, countries. The original 1980 and
2010 Spanish surveys are Encuestas de Condiciones
de Vida (ECV) conducted by the Instituto Nacional de
Estatistica (INE).
3. The quote is from The Communist Manifesto.
IS THERE MORE OR
LESS INEQUALITY IN
THE AGE OF
GLOBALIZATION?
CHANGING SOCIAL CLASSES
IN EUROPE AND THE U.S.
Hans-Peter Blossfeld
EUROPEAN UNIVERSITY INSTITUTE, FLORENCE.
OVER THE LAST TWO DECADES, THE PRES-
sure of globalization has had a strong im-
pact on the structure of social inequality in
modern societies. Globalization is often un-
derstood as a combination of four interrelat-
ed structural shifts (see Figure 1): (1) the in-
ternationalization of markets, and the de-
cline of national borders; (2) an intensified
competition of welfare states through dereg-
ulation, privatization, and liberalization; (3)
the accelerated spread of networks through
new information and communication tech-
nologies; and (4) the rising dependence of lo-
cal markets on random shocks occurring in
the world. Globalization has lots of positive
effects. For example, it increases the produc-
tivity level, and the living standards of mod-
ern societies. However, it comes at a price:
there is an increasing rate of unexpected
market events, as well as a more rapid social
and economic change, making it more diffi-
cult for individuals, firms, and governments
todos V.O.indd 111 12/03/13 13:41
112 VANGUARDIA | DOSSIER
T E X T OS OR I GI NA L E S
to predict the future of the market and to
make choices between different alternatives
and strategies. Firms, in particular, imple-
ment different types of flexibility depend-
ing on the rigidity of the employment sys-
tem in a society. There are two competing
hypotheses about the effects of globaliza-
tion on the development of social inequali-
ties in modern societies.
The first one was put forward by
authors such as Beck and Giddens. They
argue that modern societies can no longer
be characterized as class societies
anymore, but have to be classified as risk
societies. They contend that the strong
emergence of uncertainties has a ‘leveling
effect’ because all individuals are more or
less similarly affected by these new risks,
irrespective of their social and economic
positions and resources. This argument is
closely connected with the idea of
individualization. Thus, these societal
developments release the individual from
traditional class-specific constraints, and
allow the people in modern societies to
decide more autonomously and freely
about their own biography. As Giddens
says, individuals currently have ‘no choice
but to choose.’ Therefore, conventional
structures such as family or social class,
that in the past strongly shaped not only
individual identity, but also molded
individual life chances, are expected to
decline in the age of globalization. In
particular, social class should become less
important with regard to individual
opportunities such as protection against
unemployment, the chances of a secure
employment, or career advancement.
Rather, the new risks diffuse broadly and
evenly in the whole society. According to
this position, we should observe a strong
increase in employment flexibility across
the whole population, connected with a
decline of existing social inequalities in
modern societies.
The competing hypothesis contends
that processes of globalization lead to a
re-commodification of already
disadvantaged labor market groups and,
therefore, rather increases already existing
social inequalities. According to Breen,
processes of re-commodification take place
especially with the shifting of market risks
Internationalization
of markets;
competition between
countries with different
wage/productivity levels
and social standards
Intensification of
competition between nation
states; politics of deregula-
tion, privatization and
liberalization
Increasing worldwide
interconnectedness
due to the rise
of new ICTs
Rising importance
of markets
and their dependence
on random shocks
Increasing (market) uncertainty and
rising needs for flexibility
Rising speed of innovation;
accelerated social and economic change
Accelerated market
processes
Rise of unpredictable
market developments
Employment system Education system Welfare regime
Channel the rising uncertainty in times of globalization in specific ways
GLOBALIZATION
INSTITUTIONAL FILTERS
Increasing uncertainty channeled to specific groups within a given society
INDIVIDUAL LEVEL
FIGURE 1: Globalization and rising uncertainties in modern societies
Source: Own illustration following Mills and Blossfeld (2005).
todos V.O.indd 112 12/03/13 13:42
VANGUARDIA | DOSSIER 113
T E X T OS OR I GI NA L E S
to the already disadvantaged and ‘less
protected’ groups of the workforce. As
Breen argues, the attractiveness of long-
term relationships has declined for
employers in the globalization process.
Hence, they increasingly attempt to
achieve so-called contingent asymmetric
relationships. This means that employers
leave open the option, depending on
future market developments, to dissolve
employment contracts, while the
employees have only the option to accept
this decision of the stronger party.
Generally, labor market research
distinguishes between simple labor
contracts and service relationships when
trying to understand how market risks
might be transferred to the workforce. The
former applies to low skilled jobs with
easily learned tasks and strong work
control. As a result, the mechanism of
exchange between the employer and the
employee in these jobs is mostly based on
wages. In contrast, the so-called service
relationships are demanding jobs with a
diffuse performance character, demanding
specialized knowledge, needing long
periods of training and a high degree of
autonomy as well as a sense of
responsibility (for the firm). Thus, in a
company, service relationships are
primarily based on trust that has been
built up though long-term employment
relationships between employers and
employees (so-called ‘high trust
relationships’). In this case, it is therefore
the employers’ strategy to permanently
bind these employees to the firm with
high (efficiency) wages, long-term
employment security, career prospects,
and a system of incentives and
gratifications. Thus, it is unskilled and
semi-skilled workers who are affected the
earliest and strongest by employment
flexibilization, while employees of the
upper and lower service classes (managers,
professionals, academics, etc.) can
continue to expect a stable and secure
employment relationship in the age of
globalization. Employees with a higher,
non-manual, routine job, as well as
qualified workers (e.g. skilled workers,
foremen, etc.) have middle positions
between those two extremes. Therefore,
they are not flexibilized to the same
extent of the former group, but at the
same time do not benefit from the same
job security and stability that the service
classes do.
The idea that employers distinguish
between ‘attractive’ permanent staff and
less attractive, easy to replace workers is
by no means new. The theories of labor
market segmentation of the 1970s had
already used a similar argument.
Different labor market segments offer
very different employment and career
chances, diverse protection against
dismissal or other labor market risks, as
well as a strongly differing disposition of
employers to invest in their employees.
However, as Breen contends, in times of
economic growth and labor shortage,
employers have extended the privileges of
well-positioned labor market segments
and the assurance of employment security
to the group of the less ‘attractive’ work
force, which led to a growing middle class
in Western capitalist societies. However, at
present, during the process of
globalization, these privileges are again
removed, leading to a declining middle.
RESULTS OF RECENT EMPIRICAL STUDIES
The results of several recent
comparative studies support the
hypothesis that in modern societies there
is a clear increase of labor market risks in
the globalization process. However, this
increase of risks was not distributed
equally among social groups (see Figure 1
and Table 2). Instead, for specific groups of
employees, the studies find that they have
been hardly affected by increasing labor
market uncertainty. Results showed that
men from cohorts entering the labor
market are confronted with a much
greater labor market uncertainty than
older birth cohorts. Nonetheless,
globalization in no way leads, as
frequently assumed, to an increasing
erosion of traditional male employment
relationships or to a broad spread of
‘patchwork careers’ or ‘job hopping.’ Quite
the opposite is true: the employment
relationships of well-qualified male
employees in their mid-career, who are
already established on the market, are still
very stable and broadly protected from any
flexibilization by employers (see Figure
1.1). This especially applies for countries
with comparatively regulated labor
markets displaying closed employment
regimes – that is, Germany, Italy and
Spain. In these countries, there are only
few signs of increasing uncertainty for
men in the middle of their career. The
great majority of these men still enjoy a
very high level of employment stability
and job security because the national
Main effect of globalization Regime-specific effect Individual-level effects
• Relatively persistent levels of
employment stability
• Conservative, Southern European and
social-democratic countries:
Consistently high level of stability
• Post-socialist and liberal countries:
Modest increases in employment
flexibility among mid-career men
• Losses in employment stability
largely concentrate on least qualified
men and low occupational classes
MID-CAREER MEN
TABLE 1.1: Mid-career men in the globalization process
Source: Own illustration.
todos V.O.indd 113 12/03/13 13:42
114 VANGUARDIA | DOSSIER
T E X T OS OR I GI NA L E S
labor market regulations and welfare
systems strongly shelter them against any
kind of risks. A somewhat higher level of
mid-career men facing unemployment
risks, however, is observed in the United
Stated of America as well as in the former
socialist countries immediate after the
breakdown of the Iron Curtain. In these
countries, however, educational
attainment level, in particular, proved to
be a strong safeguard against labor market
risks, even in younger cohorts.
This overall high level of stability
among mid-career men can be explained
by the fact that a completely flexibilized
workforce is neither desirable nor efficient
from the perspective of the company. It
would threaten the reliable and
permanent cooperation between
management and qualified staff. Indeed,
studies show that marked flexibilization
in companies greatly reduces their staff’s
willingness to cooperate, work motivation,
and company loyalty. In times of greater
(international) competition, a secure and
long-term cooperation with qualified and
experienced staff is still important for
employers in order to ensure the trust
relationships necessary for the companies.
A comprehensive introduction of flexible
employment relationships would carry the
threat that a company will be faced with
high qualification losses, and painful
recruitment costs when hiring new
employees. In other words, employers have
no interest in withdrawing from long-term
commitments with all kinds of employees
in their staff. Therefore, they keep the trust
relationships to those employees in qualified
and advantaged positions. These
ambivalent company goals in the
globalization process, namely, flexibility
on the one side, but stability and
continuity on the other, lead to an
increasing segmentation of the labor force
into core groups and peripheral groups –
insiders and outsiders. As a consequence,
male employees in their mid-career,
especially if well qualified, are still broadly
protected from (labor-market)
flexibilization in the globalization process.
In contrast, those who are less established
on the labor market should be those who
are now even more affected by labor
market risks.
Indeed, research results clearly
support this hypothesis – especially when
the results of analyses for mid-career men
are compared to those for young people
leaving the educational system, and
starting their employment career (see
Figure 1.2). These young people face a
strong increase in uncertainties when
entering the labor market. These
uncertainties are manifest in terms of
major increases in unemployment, and, in
precarious, atypical forms of employment
(e.g., short-term jobs, part-time jobs,
precarious forms of self-employment, and
lower income). These developments tend
to make young people the ‘losers’ of the
globalization process. At first glance, this
seems to be contra-intuitive because the
young generation is far more educated
than the older ones, and many of these
young people have spent longer parts of
their life abroad. However, they are
affected particularly strongly, because they
frequently lack job experience and strong
ties to internal labor markets. They are
unable to enjoy established contacts, and
Main effect of globalization Regime-specific effect Individual-level effects
• Increased employment
uncertainty resulting in postponed
family formation
• Southern European and conservative
countries: Marginalization of youth
as labor market outsiders due to
increasing affectedness by precarious
employment; very strong impact on
family formation and childbirth
• Post-socialist countries: Even stronger
employment insecurities; dramatic
effects on family formation
• Social-democratic countries:
Relative shielding of youth and family
from employment uncertainty
• Liberal countries: Employment
uncertainty counterbalanced by open
labor market structures; relatively low
impact on family formation due to
modest changes in subjectively percei-
ved uncertainty
• Increasing importance of education
as a key factor to become established
in the labor market
YOUTH AND YOUNG ADULTS
TABLE 1.2: Youth and young adults in the globalization process
Source: Own illustration.
todos V.O.indd 114 12/03/13 13:42
VANGUARDIA | DOSSIER 115
T E X T OS OR I GI NA L E S
they do not possess the negotiation power
to demand stable and continuous
employment. Thus, it is comparatively easy
for employers and unions to adjust young
people’s work contracts, and to make them
more flexible and less advantageous at
their expense.
However, the concrete effects of the
globalization process on the labor market
positions of young adults vary strongly
according to differences in welfare-state
and labor market regimes. Particularly, in
the strong insider-outsider markets of
Southern and Continental Europe, young
adults have increasingly become a flexible
maneuver mass on the regulated labor
markets of these countries and have faced
a strong rise in labor market risks. In these
Main effect of globalization Regime-specific effect Individual-level effects
• Marginalization in the labor market • Conservative and Southern European
countries: Increasing integration
of women into employment, but only
as secondary earners in less stable
employment
• Social-democratic countries: Relative
stability of employment levels due to
active state supports
• Liberal countries: Increasing need to
support family income pushes women
into (flexible) employment
• Post-socialist countries: Loss of full
employment status after the fall of the
Iron Curtain
• Increasing importance of employment
experience and educational attainment
MID-LIFE WOMEN
TABLE 1.3: Mid-life women in the globalization process
Source: Own illustration.
Main effect of globalization Regime-specific effect Individual-level effects
• Increased risks of forced
employment withdrawal
• Conservative and Southern European
countries: Highest rate of early exit,
largely buffered by generous
pension systems
• Social-democratic countries:
Late career exits and high employment
stability fostered by means of active
labor market policies
• Liberal countries: Late career exits,
but relatively high
employment mobility
• Post-socialist countries:
Implementation of differential
strategies (Hungary and Czech
Republic = conservative strategy;
Estonia = liberal strategy)
• Overall inter-individual variation
less pronounced than for other life
course transitions; comparatively
higher importance of human capital
in liberal countries
LATE CAREER EMPLOYEES
TABLE 1.4: Late career employees in the globalization process
Source: Own illustration
todos V.O.indd 115 12/03/13 13:42
116 VANGUARDIA | DOSSIER
T E X T OS OR I GI NA L E S
countries, it has become increasingly
difficult for young adults to gain a firm
foothold on the labor market, and their
labor market entry is often marked by
precarious employment forms, such as
fixed-term employment. Independent of
the national context, education is clearly
becoming increasingly important in the
globalization process for young adults.
Poorly qualified labor market entrants are
hit particularly hard by the global
changes. This is how globalization
generally reinforces existing social
inequalities and boundaries of social
classes within the young generation,
because individual (social class) resources
gain in importance through the growing
relevance of the market and individual
competition.
The effects of the globalization
process on the mid-life phase of women
also differ markedly from those on men in
mid-career. Globalization contributes
across all countries to a marginalization of
women as ‘outsiders’ of the labor market.
This especially applies to conservative
Central European and family-oriented
Southern European countries. Despite
women’s growing integration into the
labor force in these countries, it is still
almost exclusively women who continue
to perform the unpaid familial and care
duties. Especially during the family phase,
married couples tend far more to invest in
the continuing working career of the
husband rather than that of the wife. This
practice not only limits women’s earning
capacities, but can also impair their
continuity of employment and career
chances in the long term, particularly
when wives give up their jobs completely
in favor of those of their husbands, or
adapt them to those of their husbands in
terms of time or space. Disadvantages in
their employment careers are not just
experienced by those women who actually
interrupt their employment careers for
familial reasons. Even those not planning
such a break are frequently considered to
be possibly or probably planning to do it
– and this argument is used to deny them
jobs, promotions, and further training
opportunities solely because of their
gender (the so-called ‘statistical
COUNTRY SHOWCASES
EMPLOYMENT RELATIONSHIPS/
PRODUCTION REGIME
OCCUPATION AND
EDUCATION SYSTEMS
MODAL EMPLOYMENT
FLEXIBILITY STRATEGY IN THE
GLOBALIZATION PROCESS
DEVELOPMENT OF SOCIAL
INEQUALITIES IN THE
GLOBALIZATION PROCESS
WELFARE REGIME
USA, Great Britain Sweden,
Denmark, Norway,
(the Netherlands)
Germany, France,
(the Netherlands)
Italy, Spain,
Ireland
Hungary,
Estonia, Poland,
Czech Republic
Liberal
Residual welfare
system
Social-democratic
Generous public
welfare system
plus active
employment
policies
Conservative
Transfer-oriented;
basic welfare
support for
non-employed
population
Family-oriented
High public
support for
(former) insiders
Post-socialist
Under
transformation
Individualized
flexibility as
the key principle
of the labor
market
Publicly suppor-
ted flexibility as
the key principle
of the labor
market
Flexibility at
the ‘margins’ of
the labor market
Flexibility at
the ‘margins’ of
the labor market
Strong differences
between countries:
liberal strategy
(Estonia) vs.
Continental
European strategy
(Poland, Czech
Republic, Hungary)
Increasing market
competition;
inequalities strongly
connected with
individual resources
Little increase in
social inequalities
due to
state-supported
security and
re-integration
Increasing social
inequalities
between labor
market insiders
and outsiders;
compensation
through public
transfers
Increasing social
inequalities
between labor
market insiders
and outsiders;
compensation
through familial
transfers
Strong differences
between countries:
liberal strategy
(Estonia) vs.
Continental
European strategy
(Poland, Czech
Republic, Hungary)
On-the-job-training;
incentives for
re-qualification
Vocational qualifica-
tion in schools;
strong orientation
towards
re-qualification and
life-long learning
Dual system;
little incentives for
re-qualification
On-the-job-training;
little incentives for
re-qualification
Under
transformation
Weakly
regulated
Moderately
regulated
Strongly
regulated
Strongly
regulated
Transition to
market economy
TABLA 2: The shaping role of institutional setting for the development of social inequalities in the globalization process
Source: Own illustration.
Note: The Netherlands make up an intermediate case in the regime classification. With regard to employment policies they show similarities to the social-democratic welfare regime, while with
regard to other welfare state arrangements (e.g. pension policies), they come closer to conservative countries.
todos V.O.indd 116 12/03/13 13:42
VANGUARDIA | DOSSIER 117
T E X T OS OR I GI NA L E S
discrimination’). As a result, women are
disproportionately overrepresented in
these flexible forms of work emerging
within the globalization process.
Employers legitimize this concentration of
flexibilized forms of work on women by
pointing repeatedly to their deficits in
work experience compared with men and
the greater probability of a later
employment interruption.
Finally, empirical analyses on older
employees and employees in pre-
retirement age also support that they
experienced severe changes of their labor
market situation in the globalization
process. These changes mainly manifest in
the fact that older employees had been
pushed out of the labor markets of
modern societies by extensively making
use of national early retirement programs.
Companies perceive older employees as
being less flexible, inadequately qualified,
and cost-intensive in the globalization
process. Hence, it is in the interest of both
companies and policymakers concerned
with the attractiveness of their national
business location to find solutions for this
discrepancy between increasing demands
for flexibility and the limited
flexibilization potential of older
employees.
In Continental and Southern
European countries that hardly offer any
possibilities for lifelong learning and
display strong seniority wage systems, this
discrepancy was mainly resolved by
expanding highly generous early
retirement programs, allowing older
employees to leave the labor market. As a
result, employment rates of persons in
pre-retirement age dropped sharply in the
course of globalization in these countries.
In contrast, the social-democratic states in
Scandinavia succeeded in securing the
employability of older employees because,
in these countries, the welfare states
actively engaged in supporting the ability
of older employees to adapt to the
flexibility demands by active labor market
policy as well as state promotion of life-
long learning and further vocational
qualification. Compared to Continental
and Southern European countries, the
employment careers of older people in
countries with a social-democratic welfare
regime thus remained rather continuous,
stable, and long in the course of
globalization, although we find some
tendencies of early retirement in these
states, too. In addition, in countries with a
liberal welfare regime (i.e. United States
and Great Britain), we find that older
employees display rather long working
lives and retire relatively late.
However, compared to the social-
democratic regime in countries with a
liberal welfare regime, maintaining older
employees was mainly achieved through
market mechanisms. The policy for
adjusting older workers to new flexibility
demands is to place broad trust in a
flexible labor market, and an only
marginally standardized education and
training system. Low mobility barriers on
the labor market, and a decentralized
organization for acquiring relevant
qualifications ‘on-the-job’ enable older
employees to adapt flexibly to changing
demands through labor market mobility.
At the same time, low state pensions and a
strong emphasis on private schemes based
on capital investments or company
pensions limit the possibilities of an early
exit from employment. Because of the far-
reaching non-involvement of the state and
the trust in market mechanisms, results
also show that the liberal system tends to
make retirement and late life very
precarious, especially for those older
people who did not succeed in building up
enough savings during working life.
Employees with meager financial
resources sometimes still have to carry on
working after retirement age, or they
return to the labor market because they
are unable to survive on their pensions
alone.
SUMMARY
In sum, empirical results show that
the globalization process has impacted
social classes and social inequality very
differently, depending on the phase of life.
Social class and educational characteristics
determine the extent to which an
individual has to face increasing labor
market risks. With globalization, the
effects of social class and education have
become even stronger. Thus, our results
support the argument that globalization
triggers a strengthening of existing social
inequality structures as hypothesized by
Breen, rather than the emergence of risk
societies as proposed by individualization
theorists. Thus modern societies can still
be characterized as class societies.
REFERENCES:
Blossfeld, H.-P., Buchholz, S. Bukdoi, E. and Kurz,
K. (2008): Young Workers, Globalization and the Labor
Market. Comparing Early Working Life in Eleven
Countries, Cheltenham, UK/Northampton, MA:
Edward Elgar.
Blossfeld, H.-P., Buchholz, S. and Hofäcker, D.
(2006). Globalization, Uncertainty and Late Careers in
Society. London & New York: Routledge.
Blossfeld, H.-P. and Hofmeister, H. (2006).
Globalization, Uncertainty and Women’s Careers in
International Comparison. Cheltenham, UK &
Northampton, MA / USA: Edward Elgar.
Blossfeld, H.-P., Mills, M. Klijzing, E. and Kurz, K.
(2005). Globalization, Uncertainty and Youth in
Society. London & New York: Routledge.
Blossfeld, H.-P., Mills, M. and Bernardi, F. (2006).
Globalization, Uncertainty and Men’s Careers in
International Comparison. Cheltenham, UK &
Northampton, MA / USA: Edward Elgar.
DYSFUNCTIONAL
SOCIETIES
WHY INEQUALITY MATTERS
Richard Wilkinson
PROFESSOR EMERITUS OF SOCIAL
EPIDEMIOLOGY AT THE UNIVERSITY OF
NOTTINGHAM MEDICAL SCHOOL, HONORARY
PROFESSOR AT UCL AND A VISITING PROFESSOR
AT THE UNIVERSITY OF YORK.
Kate Pickett
PROFESSOR OF EPIDEMIOLOGY AT THE
UNIVERSITY OF YORK AND FELLOW OF THE RSA.
BOTH ARE THE AUTHORS OF THE SPIRIT LEVEL
AND CO-FOUNDERS OF THE EQUALITY TRUST
ATTITUDES TOWARD INEQUALITY HAVE
traditionally differed sharply from one side
of the political spectrum to the other. While
some regard it as divisive and socially corro-
sive, others think it a stimulus to effort, in-
todos V.O.indd 117 12/03/13 13:43
118 VANGUARDIA | DOSSIER
T E X T OS OR I GI NA L E S
novation, and creativity. Arguments usually
reflect little more than personal opinion.
But in recent years, it has become possible
to compare how unequal incomes are in di-
fferent countries, and to see what effect it
really has. The results are dramatic.
WHAT GREATER EQUALITY BRINGS
In societies where income differences
between rich and poor are smaller, the
statistics show that community life is
stronger, people feel they can trust others,
and there is less violence. Both physical
and mental health tend to be better and
life expectancy is higher. In fact, almost
all the problems related to relative depri-
vation are reduced: prison populations
are smaller, teenage birth rates are lower,
kids tend to do better at school (as judged
by maths and literacy scores), and there is
less obesity.
That is a lot to attribute to inequali-
ty, but all these relationships have been
demonstrated in at least two independent
settings: among the richest developed
countries, and among the 50 states of the
USA. In both cases, places with smaller
income differences do much better. Some
of these relationships have been found in
large numbers of studies in very different
settings – there are around 200 looking
at the tendency for health to be better in
more equal societies, and about 50 loo-
king at the relationship between violence
and inequality.
As you might expect, inequality
makes a larger contribution to some
problems than others, and it is of course
far from being the only cause of social ills.
But it does look as if the scale of inequa-
lity is the most important single expla-
nation of why so many health and social
problems are many times as common in
some societies as in others.
You might think that these patterns
would arise simply because more unequal
societies might tend to have more poor
people among whom these problems
tend to concentrate. But that is only a
small part of the explanation. Much more
important is that greater inequality seems
to produce worse outcomes across the vast
majority of the population. In more une-
qual societies even middle class people on
good incomes are likely to be less healthy,
less likely to be involved in community
life, more likely to be obese, and more
likely to be victims of violence. Similarly,
their children are likely to do less well at
school, are more likely to use drugs, and
more likely to become teenaged parents.

REDISTRIBUTION, NOT GROWTH
Although economic growth remains
important in poorer countries, among
the richest 25 or 30 countries, there is
no tendency whatsoever for health or
happiness to be better among the most
affluent rather than the least affluent
of these rich countries. The same is also
true of measures of wellbeing – including
child wellbeing, levels of violence, teena-
ged pregnancy rates, literacy and maths
scores among school children, and even
of obesity rates. However, within each
country, ill health and social problems are
closely associated with income. The more
deprived areas in our societies have more
of most problems.
So what does it mean if the differen-
ces in income within rich societies matter,
but income differences between them do
not? It tells us that what matters is where
we stand in relation to others in our own
society. The issue is social status and re-
lative income. So for example, the reason
todos V.O.indd 118 12/03/13 13:43
VANGUARDIA | DOSSIER 119
T E X T OS OR I GI NA L E S
why the USA has the highest homicide
rates, the highest teenaged pregnancy
rates, the highest rates of imprisonment,
and comes about 28th in the international
league table of life expectancy, is because
it also has the biggest income differences.
In contrast, countries like Japan, Sweden
and Norway, although not as rich as the
US, all have smaller income differences,
and do well on all these measures.
INEQUALITY AND SOCIAL ANXIETY
But why are we so sensitive to inequa-
lity? Why does it affect us so much?
Foremost among the psychosocial risk
factors for poor health are three inten-
sely social factors: low social status, weak
friendship networks, and a poor quality
of early childhood experience. Friendship,
sense of control, and a good early child-
hood are all highly protective of health,
while things like hostility, anxiety, and
major difficulties are damaging. The key is
the biology of long-term stress: it has such
widespread effects – including damage to
the immune and cardiovascular systems
– that it has been likened to more rapid
ageing.
This links back to inequality because
inequality is socially divisive: it damages
the quality of social relations. In the most
equal countries or 50 states of the USA,
60 or 65 percent of the population agree
with the statement “most people can be
trusted.” That falls as low as 15 or 25 per-
cent in the more unequal ones. Measures
of the extent to which people are involved
in local community life also confirm the
socially corrosive effects of inequality.
And, as if to prove the point, murder rates
are consistently higher in more unequal
societies. Bigger income differences give
rise to bigger social distances, and make
social position and status competition
more important.
SOCIAL RELATIONS AND HIERARCHY
Social status, friendship, and early
childhood come up in health research
because they are powerful influences on
kinds of anxiety and insecurity, which
are perhaps the most common sources of
chronic stress in affluent societies. The
insecurities and feelings of not being
valued which we may carry with us from
a difficult early childhood, have much
in common with the effects of low social
status, and they can amplify or offset each
other. Friendship fits into this picture
because friends provide positive feedback;
they enjoy your company, laugh at your
jokes, seek your advice, etc.: you feel
valued. In contrast, not having friends,
feeling excluded, people choosing not to
sit next to you, fills most of us with self-
doubt. We worry about being unattractive,
boring, unintelligent, socially inept, and
so on.
There is now a large body of experi-
mental evidence that shows that the kinds
of stress that have the greatest effect on
people’s levels of stress hormones are
“social evaluative threats” – threats to self-
esteem or social status, in any situation in
which others may judge your performance
negatively.
It seems then that the most wides-
pread and potent kind of stress in modern
societies centre on our anxieties about
how others see us, on our self-doubts
and social insecurities. As social beings,
we monitor how others respond to us,
so much so that it is sometimes as if
we experienced ourselves through each
other’s eyes. Shame and embarrassment
have been called the social emotions: they
shape our behaviour so that we conform
to acceptable norms, and spare us from
the stomach tightening we feel when we
have made fools of ourselves in front of
others. Several of the great sociological
thinkers have suggested that this is the
gateway through which we are sociali-
zed, and learn to conform to acceptable
standards of behaviour. It now looks as if
it is also how society gets under the skin
to affect health.
Given that the social class hierarchy
is seen as a hierarchy from the most va-
lued at the top, to the least valued at the
bottom, it is easy to see how bigger status
differences increase the evaluative threat,
and add to status competition and status
insecurity. This perspective also explains
why violence increases with greater in-
equality. The literature on violence points
out how often issues of disrespect, loss of
face, and humiliation are the triggers to
violence. Violence is more common where
there is more inequality not only because
inequality increases status competition,
but also because people deprived of the
markers of status (incomes, jobs, houses,
cars, etc) become particularly sensitive to
how they are seen. What hurts about ha-
ving second-rate possessions is being seen
as a second-rate person.
Increased social hierarchy and
inequality raise the stakes – and also the
anxieties – about personal worth throug-
hout society. We all want to feel valued
and appreciated, but a society which
makes large numbers of people feel they
are devalued, looked down on, regarded
as inferior, stupid and failures, causes
suffering, resentment and wastes human
resources.
INEQUALITY, CONSUMPTION, AND THE
ENVIRONMENT
For thousands of years the best way of
improving the quality of human life has
been to raise material living standards.
The data suggests that, as a result of
diminishing returns to economic growth,
we may be the first generation to have got
to the end of that process. No longer do in-
creases in Gross National Income per head
tie up with improved health, happiness,
or wellbeing. If we are now to improve
the real quality of life further, we have to
todos V.O.indd 119 12/03/13 13:43
120 VANGUARDIA | DOSSIER
T E X T OS OR I GI NA L E S
direct our attention to the social environ-
ment, and the quality of social relations.
What the evidence we have seen shows is
that the quality of social relations is subs-
tantially determined by the scale of the
material inequalities between us. Rather
than continuing to tackle each problem
separately – by spending more on medical
care, more on police, social workers and
drug rehabilitation units – we now know
that by reducing material inequality it
is possible to improve the psychosocial
wellbeing and social functioning of whole
societies.
During the next few decades, politics
is likely to be dominated by the necessity
of reducing carbon emissions. Greater
equality has a crucial role to play in that
process. First, consumerism is perhaps
the most important obstacle facing policy
to reduce carbon emissions. The good
news is that reducing inequality decrea-
ses the pressure to consume because
it reduces status competition. Greater
equality means that status competition
starts to weaken as societies become more
cohesive, and community life is streng-
thened.
Second, effective action on the
environment depends, like never befo-
re, on people being concerned with the
common good. There is, however, clear
evidence that people in more equal socie-
ties are more public spirited, and less out
for themselves. More equal countries give
more in foreign aid; they recycle a higher
proportion of waste materials; they score
better on the Global Peace index; and sur-
veys show that business leaders in more
equal countries give a higher priority to
action on the environment than their
counterparts in less equal societies.
But, even when people accept that
greater equality has social and environ-
mental benefits, they sometimes have
a residual worry that creativeness and
innovation – progress itself – depends on
individual financial incentives and grea-
ter inequality. But if you take the number
of patents granted per head of population
as a reasonable measure of a society’s
creativeness and innovation, then rest
assured, more equal countries seem to do
better here, too.
THE CHALLENGES OF
THE AMERICAN
MIDDLE CLASS
INEQUALITY, POWER, AND
INFLUENCE
Jared Bernstein
SENIOR FELLOW AT THE CENTER ON BUDGET
AND POLICY PRIORITIES.
THE GREATEST ECONOMIC PROBLEM
facing the American middle class is the fact
that for decades they have failed to benefit
from growth in the American economy.
Their living standards, once tethered to the
growth of GDP or productivity, are now
stagnant or worse, even as the economy
expands and the workforce is ever more
productive.
European readers who follow
American politics may find this
surprising: what is written in the papers
is not the norm. As Congress lurches
from one fiscal crisis to another, the
media dutifully and understandably
report on what politicians are actually
fighting about—not what they should be
fighting about.
But the numbers reveal the true
problem. During the last American
business cycle, from 2000 to 2007, the
economy and productivity both expanded
by just under 20%, but the inflation-
adjusted incomes of working-age, middle-
income families fell by 3%. During the
recession, their incomes fell much faster,
down by 9%, 2007-11, such that in 2011
dollars, middle-income families were
almost $8,000 worse off in 2011 than over
a decade earlier in 2000.
Wealth losses by middle-class
households were even larger, fueled by
falling home prices. Median net worth
(assets, including home values, minus
debts), inflated by the housing bubble, fell
almost 40%, from $126,000 in 2007 to
$77,000 in 2010.
For these reasons, many analysts of
these income and wealth dynamics refer
to the 2000s as the lost decade for the
middle class.
At least two pressi and unions have
few friends in politics. While it is true
that some of our Democrats still support
their role, the fact is that Republicans
work harder to get rid of unions than
Democrats work to keep them alive.
Similarly, labor protections and wage
standards are weak relative to Europe —
representatives of financial markets have
far more clout in both politics and society
in general than those of labor markets.
todos V.O.indd 120 12/03/13 13:44
VANGUARDIA | DOSSIER 121
T E X T OS OR I GI NA L E S
In addition, for most of the years
during the rise of inequality,
unemployment has been relatively high
(and vice versa during the post-war
decades of more broadly shared growth).
The one exception to this slack job market
pattern was in the latter half of the 1990s,
when the US hit the first full employment
labor market in decades. And revealingly,
in those years, middle- and low-income
households experienced their best
economic outcomes in decades.
So, why doesn’t our political class do
more to offset these factors? A large part
of the answer sounds circuitous, but for
anyone who hopes to gain insight into
America’s political economy, it is an
essential connection: inequality begets
inequality.
As most observers of American
politics are aware, we have a lot more
money sloshing around in politics than
any other advanced democracy. As wealth
has become more concentrated, persons
with stratospheric incomes can essentially
buy the politics they want and block the
politics they do not want. The politicians
they fund will promote, for example,
supply-side tax cuts (cut taxes for the
wealthy under the claim that this helps
the middle) and oppose legislation to
support collective bargaining, regulate
financial markets, or raise the
minimum wage.
True, these wealthy funders have
done fairly poorly in recent months.
Their investments in their candidates
have not paid off, since the electorate is
more than a little fed up with these
inequality dynamics and supply-side,
trickle-down arguments. But their
fortunes are solidly intact, and our
campaign finance rules are weaker
than ever.
The next few years are critical. We
have a newly re-elected President who
truly wants to help the middle class but
he cannot do it by himself. He needs help
from a Congress that has long been
missing-in-action on this inequality issue.
It will thus take a large and persistent
grass roots opposition to reclaim the
agenda, and to implement the policies
that could reconnect growth and middle-
class living standards. Our politicians are
unlikely to move against the interests of
their wealthy supporters unless they are
pushed hard from below.
THE RISE OF THE
MIDDLE CLASS IN
THE MIDDLE
KINGDOM
Cheng Li
DIRECTOR OF RESEARCH AND A SENIOR FE-
LLOW AT THE JOHN L. THORNTON CHINA
CENTER IN THE FOREIGN POLICY PROGRAM AT
BROOKINGS, AND IS A DIRECTOR OF THE
NATIONAL COMMITTEE ON U.S.-CHINA
RELATIONS.
AMONG THE MANY FORCES SHAPING
China’s course of development, arguably
none will prove more significant in the long
run than the rapid emergence, and explosi-
ve growth of the Chinese middle class.
China’s ongoing economic transition from
a relatively poor, developing nation to a
middle-class country has been one of the
most fascinating human dramas of our ti-
me. Never in history have so many people
made so much economic progress in one or
two generations. Just twenty years ago, a
distinct socioeconomic middle class was
virtually nonexistent in the People’s
Republic of China (PRC), but today a large
number of Chinese citizens, especially in
coastal cities, own private property and per-
sonal automobiles, have growing financial
assets, are able to take vacations abroad,
and send their children overseas for school.
This transformation is likely to have
wide-ranging implications for every aspect
of Chinese life, especially the country’s
long-term economic prospects, energy
consumption, and environmental well
being. The importance of China’s emer-
ging middle class, of course, extends
far beyond the realm of economics. The
central question is: What impacts, current
and future, might China’s emerging
middle class have on the country’s social
structure and political system as well as
its likely impact on China’s rise on the
world stage?
THE SOCIOPOLITICAL SIGNIFICANCE OF A
CHINESE MIDDLE CLASS
Early studies of China’s nascent
middle class tend to emphasize the status
quo – oriented, risk-averse nature of these
prime beneficiaries of economic reform.
However, more recent studies (including
many by PRC scholars) suggest that this
may simply be a transitory phase in the
development of the middle class. There
already appears to be widespread resen-
tment among the middle class toward offi-
cial corruption and the state’s monopoly
over major industries. Another potential
source of sociopolitical ferment lies in the
increasing number of college graduates,
many of whom belong to middle-class
families, who are unable to find work.
An economic downturn, led by the
collapse of the real estate market or the
stock market –two institutions that have
contributed enormously to the rapid ex-
pansion of the Chinese middle class – will
only heighten the middle class’ sense of
grievance. Furthermore, the middle class
is central to China’s new development
strategy, which seeks to reorient China’s
economy from one overly dependent
on exports to one driven by domestic
demand. The increasing economic role of
the middle class may in turn enhance the
group’s political influence.
China’s emerging middle class is, of
course, a complex mosaic of groups and
individuals. Subsets of the middle class di-
ffer enormously from each other. In terms
of the class’ occupational and sociological
composition, its members fall into three
major clusters:
·
An economic cluster (including
private sector entrepreneurs, urban
small businesspeople, rural in-
dustrialists and wealthy farmers,
foreign and domestic joint-venture
employees, and stock and real estate
speculators);
·
A political cluster (government
officials, office clerks, state sector
managers, and lawyers); and
·
A cultural and educational cluster
(academics and educators, media
todos V.O.indd 121 12/03/13 13:44
122 VANGUARDIA | DOSSIER
T E X T OS OR I GI NA L E S
personalities, public intellectuals,
and think tank scholars).
Estimates vary widely on the exact
size and composition of today’s Chinese
middle class, but the consensus view is
that it does exist, and that it is expanding
at a rapid pace. Among Western analysts,
opinions tend to fall along a spectrum,
the optimistic extreme marked by a strain
of wishful thinking focused on China’s
massive emerging consumer market, and
the pessimistic one marked by ideologi-
cal dogma or a gloomy sort of myopia.
Emblematic of the former are analyses
like a 2006 report by the McKinsey Global
Institute, a research unit of McKinsey &
Company, which forecasted 100 million
middle class households in China by 2009
(45% of the urban population) and 520-612
million by 2025 (over 76% of the urban po-
pulation). In recent years, other firms and
banks, including Merrill Lynch, HSBC and
Master Card, and the Deutsche Bank Re-
search team, have made similarly upbeat,
if usually more modest, predictions.
In his 2010 book, which was based
on a large-scale nationwide survey, the
former director of the CASS Institute
of Sociology, Lu Xueyi, notes that as of
2009, the middle class constituted 23% of
China’s total, up from 15% in 2001. Lu’s
study also finds that, in major coastal
cities such as Beijing and Shanghai,
the middle class constituted 40% of the
population in 2009. In interviews with
the Chinese media following his book’s
publication, Lu predicted that the Chinese
middle class will grow at an annual rate
of 1% over the next decade or so, meaning
that approximately 7.7 million people out
of a Chinese labor force of 770 million will
join the ranks of the middle class each
year. Lu also held that in about twenty
years the Chinese middle class would
constitute 40% of the PRC population –
on par with Western countries – making
China a true middle-class nation.
There is a tendency, sometimes, to
assume that the relationship between
China’s middle class, and its authoritarian
state is one of simple, one-dimensional
co-optation, but this is oversimplification.
Undoubtedly some members of the class
are the clients of political patrons, but
many more are self-made people. Indeed,
such an economically aspirant population
is a double-edged sword for the Chinese
authorities. They are well aware of the
fact that the middle class has pushed
for democratization in other developing
countries (South Korea, Indonesia, and
Brazil, among others).
It is also noteworthy that the
emergence of the middle class in China
parallels the reemergence of the Middle
Kingdom on the global stage. To a certain
extent, the Chinese middle class has
already begun to change the way China
engages with the international commu-
nity, both by playing an active role in this
increasingly interdependent world and by
keeping abreast of transnational cultural
currents.

TWO CONTENDING SCENARIOS
As the PRC’s international influence
continues to grow, two contending views
on how China might understand its role
in the world have taken shape. They
reflect fundamentally different visions of
China’s future, and neither can be divor-
ced from the trajectory of its emerging
middle class.
In the first, a nightmare scenario,
a superpower China, buoyed by decades
of double-digit economic growth and
military modernization, has birthed a
middle class of unprecedented size and
scope, whose strongly mercantilist views
govern almost all affairs of state. The ag-
gregate demand of hundreds of millions
of middle-class consumers, coupled with
increasingly severe global resource scarci-
ty and growing international consterna-
tion at China’s swelling carbon footprint,
has led nativist demagogues to peddle a
toxic strain of nationalism to the broader
populace. In this scenario, an ascendant
and arrogant China, still smarting from
the “century of humiliation” it endured
at the hands of Western imperialists over
a century earlier, disregards international
norms, disrupts global institutions, and
even flirts with bellicose expansionism.
In the second view, China’s burgeo-
ning middle class increasingly embraces
cosmopolitan values, having forged close
economic and cultural links with Western
countries, especially with the United Sta-
tes. In this scenario, China’s middle-class
lifestyle closely mirrors that of the West,
and an increasing percentage of China’s
political and cultural elite have received
some Western education. The Chinese
middle class has acquired a sophistica-
ted understanding of the outside world,
recognizes the virtue of cooperation, and
demands that China act as a responsible
stakeholder on the world stage. The expec-
tation underwriting this scenario is that if
China continues to “evolve peacefully” in
the direction of openness and integration,
it may experience an eventual democratic
breakthrough. If this were to occur, then
the time-honored theory of a “democratic
peace” would finally be put to the test in
a world of great powers integrating ever
more closely.
The significance of China’s emerging
middle class, therefore, lies not only in
the economic domain or in its potential
to effect domestic politics, but also in
its ability to shape China’s international
behavior. A better informed and more
comprehensive understanding of the
Chinese middle class, from its basic
composition to its values and worldviews
– from its idiosyncratic characteristics to
its evolving political roles in China – will
help to broaden the policy options availa-
ble to the outside world in dealing with
this emerging global power. In a broader
sense, it is critically important to assess
whether or not the Chinese emerging
middle class will become a catalyst for po-
litical democratization within China, and
lead to a constructive Chinese presence in
a rapidly changing global environment.

DISTINCTIVE CHARACTERISTICS OF
CHINA’S MIDDLE CLASS
The Chinese middle class exhibits
some extraordinary, perhaps even unique,
characteristics. One of the most noticea-
ble is that its rapid growth has taken
place alongside an astonishing increase
in economic disparities. As University of
Washington professor, Ann Anagnost, no-
tes, the “expansion of a middle class and
its complex relation to increasing social
inequality represents a delicate balance
todos V.O.indd 122 12/03/13 13:44
VANGUARDIA | DOSSIER 123
T E X T OS OR I GI NA L E S
between market dynamism and social
instability.” The World Bank reports that
the Gini coefficient (a measure of income
disparity) in China increased from 0.28
in the early 1980s to 0.447 in 2001 and is
now 0.47 (a statistic the Chinese govern-
ment has not disputed). It was recently
reported by the Chinese official media
that the income gap between the top 10%
and the lowest 10% of Chinese earners had
increased from a multiple of 7.3 in 1988 to
a multiple of 23.0 in 2007.
It has also been widely noted that the
rise of the Chinese middle class is prima-
rily an urban phenomenon. Indeed, the
middle class is disproportionately concen-
trated in major cities of coastal regions,
such as Beijing, Shanghai, Shenzhen, the
lower Yangzi River Delta, and the Pearl
River Delta. The economic gap between
urban and rural areas has increasingly
widened over the course of the past three
decades. Economic disparities are now so
great that some scholars wonder whether
the middle class is even a useful concep-
tual framework with which to study pre-
sent-day China. For example, Xu Zhiyuan,
a well-known public intellectual in Beijing
who writes for influential online magazi-
nes such as the Financial Times, bluntly
refers to the notion of a Chinese middle
class as a pseudo-concept (wei gainian). In
a recent book, he argues, “in China during
the past ten years, no other popular term
has been more misleading than middle
class.” In his view, an analytical approach
that places too much weight on the so-
called middle class actually narrows one’s
perspective and risks obfuscating more
important issues and tensions in Chinese
politics and society.
Many Chinese sociologists do not
deny the seriousness of economic dis-
parities and social tensions in Chinese
society, but still believe that the concept
of middle class is useful. These problems
actually reinforce a central argument that
China’s social structure has lagged behind
the country’s economic growth for the
last fifteen years. Nevertheless, a signi-
ficant number of scholars have reserva-
tions about how unitary the concept of a
Chinese middle class is or can be. Various
groups – such as the Communist Party
and government officials, entrepreneurs,
professionals, and cultural elite – constitu-
te a significant portion of China’s emer-
ging middle class.
It has also been noted that the Chi-
nese term for middle class emphasizes
a sense of ownership (chan) or property
rights (chanquan), a connotation the
English term lacks. Some scholars specu-
late that this shared notion of ownership
or property rights may serve as a power-
ful glue to unify these otherwise starkly
different Chinese socioeconomic groups.
While members of the Chinese middle
class may differ from each other in occu-
pation, socialization, or political position,
they seem to share certain views and
values. One such value is the inviolability
of the private property of citizens, which
was only recently amended into the PRC
constitution. This new notion may prove
to be an important beginning of group
consciousness and the sense of rights’
protection for the Chinese middle class.

POLITICAL ROLES OF THE MIDDLE CLASS:
THE WESTERN CONCEPT AND THE CHI-
NESE PERSPECTIVE
Arguably the most important debate
regarding the Chinese middle class is over
the potential implications its develop-
ment will have for the PRC’s political
system. A long-standing Western maxim
postulates that there exists a dynamic
correlation, or even a causal relationship,
between the expansion of the middle class
and political democratization. Pioneering
works by Barrington Moore Jr., Seymour
Martin Lipset, and Samuel P. Huntington,
among many others, all emphasize, from
various analytical angles, the vital role of
the middle class in a democracy.
For Moore, the existence of a forceful
middle class – or in his words, the “bour-
geois impulse” – creates a new and a more
autonomous social structure in which new
elites do not have to depend on coercive
state power to flourish, as had been the
case under an aristocracy. Lipset believes
that a professionally educated, politically
moderate, and economically self-assured
middle class is an important precondition
for an eventual transition to democracy.
In his view, mass communication me-
dia, facilitated by industrialization and
urbanization, provides a broader venue for
cultural elites to disseminate middle class
views and values, thus creating a moderate
mainstream in the public opinion of a
given country. At the same time, political
socialization and the professional inter-
ests of the middle class also contribute to
the growth of civil society and the legal
system, key components of democracy.
todos V.O.indd 123 12/03/13 13:44
124 VANGUARDIA | DOSSIER
T E X T OS OR I GI NA L E S
Huntington, however, criticizes the
theory that a market economy or succes-
sive capitalist developments, alone, orga-
nically lead to political democracy. In his
view, a country’s transition to democracy
often depends on historical and situatio-
nal factors, both domestic and interna-
tional. Huntington believes that a middle
class tends to be revolutionary in its early
development, but grows increasingly con-
servative over time. The newly emergent
middle class in a given society tends to
be idealistic, ambitious, rebellious, and
nationalistic in its formative years. Its
members gradually become more conser-
vative, however, as they begin to register
their demands through institutionalized
means rather than street protests, and
become engaged in the political system so
as to protect and enhance their interests.
Both Lipset and Huntington recognize
the importance of the middle class in
democratic stability, which they attribute
to moderate and institutionalized class
conflict rather than more radical and
potentially violent conflicts.
The Western literature on the rela-
tionship between economic development
and political democracy, and the political
role often played by the middle class,
provides a theoretical and analytical
framework within which to study China’s
economic reform and sociopolitical deve-
lopment. A majority of Chinese studies,
however, point in a different direction:
the Chinese middle class has largely been
a political ally of the authoritarian regime
rather than a catalyst for democratic
change. In their new book on Chinese
entrepreneurs, an important subgroup
of the middle class, Jie Chen and Bruce
Dickson argue that, partly due to their
close political and financial ties with
the state and partly due to their shared
concern for social stability, these new
economic elites do not support a system
characterized by multiparty competition
and political liberty, including citizens’
right to demonstrate.
In the same vein, An Chen, a
PRC-born, U.S.-educated political scien-
ce professor at the National University
of Singapore, offers a comprehensive
four-part answer to the question, “Why
doesn’t the Chinese middle class like
democracy?” First, a significant number
of middle-class members are part of the
political establishment, and, as Chen
describes, “many have established cozy
collaboration with the local top officials.”
Second, members of the Chinese middle
class tend to have what Chen calls “an eli-
tist complex which poses a psychological
obstacle to their acceptance of political
equality based on the one-citizen-one-
vote principle.” Third, growing economic
disparities and social tensions have often
led the new middle class to form alliances
with the rich and powerful in the “com-
mon cause [of] resisting democratization
and averting the collapse of the regime.”
And fourth, middle-class members tend
to “associate democracy with political
chaos, economic breakdown, the mafia,
and other social evils.”
Other empirical studies find that
certain widely perceived correlations
between the middle class and political
democratization in Western countries
are simply absent in China. The Chinese
middle class lacks the political incentives
to promote civil society and is reluctant
to fight for freedom of the media. Some
middle-class opinion leaders actually act
as spokespeople for the Chinese state.
According to this view, the middle class
has yet to develop an identity, a sense of
rights consciousness, and a distinct value
system, which characterize their coun-
terparts in other countries. Almost all of
these studies, however, acknowledge the
inconclusive nature of their arguments
and assumptions about the conservatism
and pro-regime role of the Chinese middle
class. The experiences of many countries
in East Asia and South America suggest
that the middle class can shift its political
stance from anti-democratic to pro-demo-
cratic quite swiftly.
Another important development in
the recent literature on the topic is that
some scholars have challenged the con-
ventional, dichotomous treatment of poli-
tical stability and democracy. The middle
class’ current preference for sociopolitical
stability does not necessarily mean that
they will oppose democracy in the future.
In China, if democracy will lead to social
instability, political chaos, or even the
dissolution of the country, there is no
incentive for the Chinese people, inclu-
ding its emerging middle class, to pursue
it. In a fundamental way, sociopolitical
stability and democracy should be seen
as complementary, rather than contradic-
tory, phenomena. A democratic system
enhances sociopolitical stability in a given
country because it is based on the rule of
law and civil liberties, and it provides for
the peaceful and institutionalized transfer
of power through elections.
The political scientist Zheng Yong-
nian, for example, recently observed
that in Western multiparty democracies,
although the party in power may fre-
quently change, there is a remarkably
high degree of continuity in terms of
political institutions and public policies.
Regardless of whether the incumbent
party is left wing or right wing, it is
incumbent upon the government to avoid
undermining the interests of the middle
class, which “plays a pivotal role for the
country’s sociopolitical stability.” Social
stability is an essential component of poli-
tical democracy and the peaceful transfer
of power from one party to another. The
attainment of this stability is due, in large
part, to the instrumental and pro-demo-
cratic role of the middle class.
The Chinese middle class’ current
inclination for social stability and gra-
dual political change, therefore, should
not be characterized as pro-CCP, anti-
democratic, or even conservative. As the
Michigan professor Mary E. Gallagher
argues, “There may be benefits to delayed
political change in China. Integration into
the global economy, the increased use
of legal institutions to mediate conflict,
and the influence of a small but growing
middle class may together slowly build
up a more stable societal foundation for
democratization.” Following the same
line of reasoning, some PRC scholars have
recently expended great effort developing
ideas that conceptually and procedurally
make democracy safe for China. The rapid
expansion of the Chinese middle class and
its changing relationship to the govern-
ment has become a focal point of scho-
larly work on Chinese politics and society.
todos V.O.indd 124 12/03/13 13:45
VANGUARDIA | DOSSIER 125
T E X T OS OR I GI NA L E S
Both the unfolding story of China’s drive
to become a middle-class nation and the
widely differing scholarly assessments of
its implications will undoubtedly enrich
the literature on this important global
subject.
THE RISE OF CHINESE MIDDLE CLASS IN
THE GLOBAL CONTEXT
Over the past century or so, many
countries, including the United States,
Great Britain, Spain, and Japan, expe-
rienced a rise of the middle class that
profoundly transformed their economies,
cultures, and politics. Since the begin-
ning of the reform era, China has also
been undergoing drastic changes in social
stratification and social mobility, a key
feature of which is the emergence of a
middle class. It is essential to understand
this expanding segment of the Chinese
population, as it will likely herald even
far-reaching changes in the years ahead.
Over the past decade, a lively intellec-
tual discourse centered on the existence
and characteristics of the Chinese middle
class has taken shape within China’s
scholarly and policy community. The in-
tellectual fever it represents was spurred,
in part, by both admiration for the middle
class way of life in developed countries,
and the consideration of Western social
science’s maxims and methodologies. As
a result, Chinese scholars have enriched,
both conceptually and empirically, the
world’s academic literature on the middle
class. In doing so, they have not limited
the scope of their intellectual inquiries to
the definition, size, and characteristics of
this emerging socioeconomic force, but
have also focused great attention on how
the middle class relates to the ruling class
and other socioeconomic players in China.
For foreign observers, it is essential to
have an accurate picture of China’s social
stratification and social mobility, and in
order to do this, one must understand
how Chinese scholars and public intellec-
tuals are wrestling with the profound and
ongoing changes to their country. The
Chinese bold discourse on the political
implications of China’s emerging middle
class is itself a testimony to the important
political dynamics in the making.
todos V.O.indd 125 12/03/13 13:45
Tecnología responsable
para una infancia segura.
En Telefónica pensamos que el bienestar de los niños y adolescentes
es una tarea de todos.
Por eso, trabajamos para promover un uso responsable de la tecnología,
a través de:
PerramienLas de ccnLrcl parenLal para ñlLrar ccnLenidcs.
Investigación sobre la utilización de las nuevas tecnologías por parte de los niños.
Líneas de denuncia de contenidos inadecuados.
Formación a padres, profesores y alumnos en el uso responsable de Internet.
Conoce nuestras iniciativas en:
www.rcysostenibilidad.telefonica.com
La tecnología de todos.
#infanciayTIC
dos092_Telefonica 1 26/02/13 11:59

Sign up to vote on this title
UsefulNot useful