De carta en carta

Ana María Machado
José es el abuelo de Pepe. Ninguno de los dos sabe leer ni escribir. Aunque es pequeño, Pepe ya debería haber aprendido a hacerlo; pero es que normalmente no va a la escuela, prefiere quedarse en casa ayudando a su abuelo. Un día se enfadan, dejan de hablarse y deciden contarse por carta lo enojados que están. ¿Quién les escribirá esas cartas?

incluso a personas mucho mayores y más viejas que él.Érase una vez un niño pequeño que vivía en una ciudad pequeña. Pero aún no sabía leer ni escribir. Allí. que estaban empezando en la profesión. Me parece que no fue hace mucho tiempo. Una de esas plazas era la plaza de los Escribidores. se podían ver los bancos donde trabajaban unos hombres que se dedicaban a escribir todas las cosas importantes que las personas de aquella ciudad necesitaban escribir y no sabían: cartas. pero que antiguamente se habían usado para defender la ciudad del ataque de los piratas. Tenía casas de dos pisos. como le pasaba a mucha gente en aquella ciudad. . formando pórticos alrededor de las plazas y paseos. debajo de las arcadas. Ni muy lejos de aquí Y que el niño. Y en algunos lugares. y terrazas con macetas llenas de flores. escritorios o incluso cajones. documentos. Guardaba recuerdos de otros tiempos más ricos. Algunos de aquellos escribidores apoyaban la máquina de escribir encima de mesas pequeñas. escribían a mano y cobraban más barato. Otros. aquellas terrazas del segundo piso eran grandes y estaban sobre unos arcos que se apoyaban en las aceras. Tenía calles estrechas. Conservaba unas murallas que ya no servían para nada. con jardines en patios interiores. mensajes. La ciudad era antigua y se encontraba a la orilla del mar. no era tan pequeño. en realidad. bonitas iglesias y plazuelas.

Por qué no hacemos esto. Muchas veces José se llevaba a su nieto con él.. Todos los días. . Los hermanos mayores iban a la escuela y Pepe se quedaba con el abuelo. era hija del abuelo José. Teresa. verás..Pero todos pasaban el día allí. Prefería quedarse jugando.. aunque todavía hacía pequeños trabajos en las casas de la vecindad. Esta es la historia de dos clientes de los escribidores. El señor José había sido un excelente jardinero. sentados alrededor de la plaza. muy temprano. —Ay abuelo. Los dos se llevaban muy bien. —Nada de eso. Un niño llamado Pepe y su abuelo José.. Con mimo. Lo vas a encharcar todo. tú quitas las malas hierbas y yo riego. ¿eh. conversando y esperando encargos. Ya tenía edad para ir al colegio.. tercos y provocadores. además decía que tenía que hacer compañía al abuelo.? No dejes ni una mala hierba. Discutían por cualquier cosa: —Escarda ese jardín. Tú siempre echas demasiada agua. no me apetece. ahogas las plantas. aunque reñían bastante. Ahora estaba cansado. Pepe y José vivían en la misma casa. Eran muy parecidos. y los padres acababan por dejarlo. pero no quería. el padre y la madre salían a trabajar.. como ayudante. La madre. con el resto de la familia: cuatro niños más y los padres del niño.

.—Y tú siempre llevas la regadera medio vacía. El abuelo seguía rezongando: —Todos los días lo mismo. Si supiera. Se acercó a uno de los hombres que esperaba clientes delante de su mesa y le preguntó: . ¿no lo ves? Deja que yo lo haga. eso es lo que pasa. hasta que llegó a la plaza de los Escribidores. ja. Siguió caminando. Sólo estoy diciendo la verdad.. El niño no quería que lo castigaran. insultó por lo bajo. Para que te castigue. Las plantas se van a acabar muriendo de sed. dio una patada a una lata vacía que estaba en el suelo. Se quedó callado. Pero no iba a disculparse. En mis tiempos esto no pasaba. le voy a contar todo lo que haces durante el día. No te vayas a enfadar ahora por una tontería. Como no te disculpes. No tienes ningún respeto.. Pepe salió de casa.. vas a ver… Furioso. Eres un maleducado.. pero la rabia no se le pasó. cuando llegue. —¿Me estás diciendo que no tengo fuerzas? ¿Que estoy viejo y ya no sirvo para nada? —Es que no tienes fuerzas. Y tuvo una idea. Se lo voy a contar a tu padre. Pero no sabía escribir Y tampoco tenía ganas de ir a la escuela para aprender Comenzó a andar por la calle. Como me vuelvas a decir algo así. conteniendo la rabia. le diría cuatro cosas. no podía contestar al abuelo. pero no se sintió mejor Si no quería que lo castigaran... —Eres un malcriado. Nunca he visto que un niño de tu edad diga esas cosas a un viejo. Dio un portazo. vas a ver. aunque ganas no le faltaban. porque no puedes cargar con el peso.. pero sin hablar Le escribiría al viejo una carta bien descarada. ja.

señor Miguel. El señor Miguel sabía que así iba a perder los clientes. Bueno. Además.. El señor Miguel se quedó mirando a Pepe. Los mayores ya no podían aprenden a sus años era muy difícil para ellos.. ¿Pero para quién es? —Para mí mismo. depende del tamaño.—Buenos días.. Pero tienes que hacer una cosa: debes ir a la escuela un día y venir a contarme cómo es. ¿Me la escribe ahora y yo se la pago mañana? —Claro. es para mandársela a alguien. Pero sólo tenía unas pocas monedas en una caja que había dejado en casa. —respondió el hombre—. pero le parecía bueno que los chavales estudiaran. El señor Miguel escribió. y no quería gastárselas con el escribidor.. —Entonces escriba esto: «eres un pesado».. porque tengo muchas ganas de saberlo. Ese será el precio. Y le parecía mal que un padre y una madre dejaran faltar a clase a su hijo. Entonces se le ocurrió ponerle una condición y respondió: —A los niños de tu edad no les cobro nada. A Pepe esa condición no le gustó mucho. ¿Cuánto cuesta escribir una carta? —Bueno. Así que propuso: —Es una carta muy cortita. Y preguntó: —¿Nada más? —No. y cuando habían sido niños no todo el mundo en la ciudad podía ir a la escuela. pero quiero escribirla yo. Pensó que era muy triste que un niño de su edad no supiera escribir. Ahora escriba: « ¡vete al infierno!». tengo más. quería la carta ya... .. Pero ahora sí era posible.. —¿Y por qué no lo haces? —Todavía no he aprendido.

Mañana después de la escuela te pasas por aquí. me la puede dar.. apareció Pepe vestido con el uniforme y anunció que se iba a la escuela con sus hermanos. Es una carta para ti. y métala en un sobre para José. fue caminando hasta la plaza y le entregó el sobre al señor Miguel: —Por favor. Voy a entregarla ahora mismo. fingió estar leyendo algo . Al día siguiente.. No se preocupe. pero no sé leer Me gustaría que me la leyera y que luego me ayudase a responder. me olvidaba. El hombre hizo lo que el niño le mandaba y le entregó el mensaje. eh. En vez de eso. entregó un sobre al abuelo. El señor Miguel reconoció al instante lo que había escrito. ¡Vete al infierno! Pepe. —Ya está.. El niño extendió la mano. Abrió el sobre y leyó en voz baja: Eres un pesado. muy temprano. Justo antes de salir. Después se despidieron: —No olvides tu promesa. pensando que era para algún amigo. —Toma.. —¿No la vas a firmar? ¿Y no la metes en un sobre? —Ah. ¿eh? Tienes que contarme cómo te ha ido. cuando la familia iba a desayunar. El señor José la metió en el bolsillo sin leer y se fue al jardín a trabajar Después de almorzar. me pasaré.El escribió. Miró la cara cansada del viejo y decidió que no le iba a decir aquello. se tomó un descanso. —Sí. Entonces firme ahí: «Pepe». he recibido esta carta.

Entonces el viejo. decidió que ya había dado noticias de la salud de la familia y que no . las pone ahí al lado y las va vendiendo. yo le traigo unas flores en un jarro con agua. Al poco rato. Voy a pensar la respuesta. espere un poco. El viejo suspiró y dijo: —Por favor. Ganará más dinero de lo que yo pudiera pagarle. Usted escribe. pero mi jardín está precioso. si Pepe por casualidad reclamaba después. él podría decir que se había confundido. pensó un poco.. Teresa se quemó con una cazuela la semana pasada y Tonico se tropezó con una piedra. Así. a Dios gracias. El señor Miguel aceptó. Por aquí. Después se rascó la cabeza. Y leyó: Estás muy cansado…¡Vete al invierno! Pepe. Se sentó en un banco de la plaza.parecido. todos bien. pero no fue nada grave. volvió y preguntó: —¿Puedo pagar con flores? No tengo dinero. que ya había recibido algunas cartas a lo largo de su vida y sabía más o menos cómo solían sen le dictó un mensaje: Estimado nieto: Espero que al recibo de la presente te encuentres bien de salud..

Suspiró y continuó: El que anda muy cansado soy yo... . atentamente.necesitaba decir mucho más. Al señor José no le convenció: —No. Hay veces que me entran ganas de parar. De cualquier modo. el abuelo dejó de dictar y comentó: —Me parece que ahora va una de esas cosas que se ponen al final de las cartas y yo no sé. no hace falta —dijo el señor Miguel—. echarme una siestecita en una hamaca después de comer. ese asunto de «sírvase aceptar» no sé qué y el «reconocimiento de mi estima y consideración». Pero me parece que todos los inviernos están muy lejos y el viaje cuesta muy caro. tumbarme y no levantarme nunca más. pero. Quiero hacer las cosas como es debido. y yo que pensaba que ni te lijabas en mí. Basta con que diga «un abrazo de tu abuelo». como ya te has dado cuenta. ¿sabe? Se lo pensó mejor.. por lo menos. Pero con este calor eso no me iba a sentar bien tampoco. no. porque Pepe vivía en casa y ya sabía todo eso. de eso nada. tu abuelo».. El niño tiene que aprender y educarse. Me la termina usted.. 0.. Si pudiese seguir tu consejo e irme al invierno me iba a venir estupendamente. Cuando llegó a ese punto. Una vez recibí una carta del Gobierno y ponía eso. Recordó algunas cosas y prosiguió: —Ponga ahí también: «Eres un atrevido y un malcriado. agradezco que te acuerdes. —No.

se lo ofreció y le explicó: —He venido a cumplir mi promesa y a contarle cómo me ha ¡do la escuela. ¿Qué quiere decir eso? —Que puede estar enfadado. a veces. que se marchó. Al día siguiente. para que se la leyera el señor Miguel.. porque Pepe aparecía ya por el otro lado de la plaza. El hombre leyó todo lo que estaba escrito. lo metió en el sobre y se lo dio al señor José. Sólo mañana. —Entonces póngale lo mismo a él. Y luego esas cosas del final. El señor Miguel escribió un rato.El señor Miguel creyó que el niño merecía oír aquello. En la hora del recreo he jugado mucho y del árbol que hay en el patio he traído este aguacate para usted. Y leyó: . puso cara de no entender Después dijo: —Escriba ahí: «eres un viejo loco». Escribió exactamente lo que el viejo le iba dictando.. pero que te quiere mucho. Pepe apareció de nuevo en la plaza. Después dobló el papel. He hecho un montón de garabatos y unos redondeles con el lápiz. —¿Y en la clase? ¿Qué hiciste? —Sólo palotes y círculos. tu nieto». La profesora dijo que eran prácticas para luego escribir las letras. después preguntó si quería que lo leyera para ver si estaba bien. Traía un aguacate maduro en la mano. Me ha prometido que si vuelvo mañana me enseña a escribir «abuelo». a la salida de la escuela. Y que soy muy hábil. Justo a tiempo. sin cambiar nada. El niño escuchó. con la carta del abuelo. pero voy a ir. atentamente. igual que me ha hecho él a mí: «Pero. así que creo que voy a ir.

. —¿Entonces por qué me ha escrito él «atentamente»? Yo también quiero. Y también porque un día recibió una carta donde ponía eso y ha querido repetirlo. tal vez. antes se decía así. ¿No dijiste que ibas a aprender a escribir «abuelo»? —Y lo he aprendido.. enséñamelo! . —¿Y qué quiere el Gobierno de mi abuelo? —Alguna cosa de la pensión. Pero se quedó con la palabra. Un abrazo de tu nieto.. aunque a veces me enfado un poco y digo que pareces medio loco. A Pepe le pareció que ya había preguntado demasiado y se calló. una época antigua. Queda mejor. —Porque él es más viejo. —Y falta lo de «atentamente». —¡Pues entonces. —¡Usted lo ha confundido todo! —exclamó Pepe muy enfadado—. Disculpa. El señor Miguel lo borró.Abuelo: Te quiero mucho. El señor Miguel le alargó la carta: —El sobre es cosa tuya. Quite eso. Si algún día volvía a la escuela iba a preguntársela a la profesora. Puede que el Gobierno.. Yo no he pedido disculpas. —No he escrito «atentamente». Pepe. porque he puesto «un abrazo».. Pepe se quedó admirado: —¿Mi abuelo recibió una carta con esas cosas? ¿Una carta de quién? ¿Quién escribe esas cosas a mi abuelo? —No sé.. cuando escribe un niño a su abuelo. Algún amigo.

no le hacía falta carta. Al otro día. sin discutir. decidido. ha trabajado toda la vida. Los padres de Pepe estaban asombrados: —¿Qué le pasa a este niño? Ahora va al colegio todos los días y ya no se pelea con el abuelo. recibir un dinero para descansar —No es sólo eso —respondió el señor Miguel—. pero ya sabía que formaban su nombre. Hay que saber si cotizó en su día. orgulloso. de modo que comenzaron a charlar. Y cuando llegó a casa. lo que había dentro. También conversaron sobre la pensión. si tenía un empleo y si el patrón y él pagaban todos los meses para guardar algún dinero para cuando él llegara a viejo. pero no podía contar cómo era. El señor José y él sí podían hablar de eso. ahora tiene derecho a una pensión —concluyó el niño—. Iba a tener que llevárselo al día siguiente al señor Miguel. —Ahora sólo falta que me pagues la carta.. —Se lo voy a preguntar —dijo Pepe. porque la profesora le había explicado lo que era. —¿Pagarle? —Claro. Ve a la escuela mañana y a la salida ven a contarme lo que hayas aprendido. el señor Miguel ya había leído su carta al abuelo y le había escrito una respuesta. —¡Terminado! —se lo mostró. El todavía no conseguía hacer aquellas letras derechas. De la misma forma que lo escribía la profesora. no lo reconocía. cuando Pepe apareció. Sin embargo. recibió la carta que el señor José había dictado en respuesta. De la misma forma. O sea. Enseguida reconoció su nombre: Pepe. . Pero el escribidor escuchó con atención al niño contar las nuevas letras y los números que estaba aprendiendo en el colegio. es decir. Allí estaba: ABUELO.. Pero para lo de la pensión.Pepe se esmeró con los garabatos y los redondeles. porque el niño no iba a recibirla hasta que volviera a casa. —Mi abuelo está muy cansado.

Pepe escuchó y se quedó callado. Y también porque la profesora nos está leyendo un libro. incluso cuando estoy enfadado. pero estoy muy contento porque estás yendo al colegio y escribiéndome unas cartas muy bien hechas. Pepe descubrió que la nueva carta del abuelo decía esto: Querido nieto : Espero que sigas bien. Echo de menos tu ayuda. tu abuelo José. Voy a ir a la escuela de todas maneras. porque he entrado en el equipo de fútbol de mi clase y mañana tengo un partido importante. Tú mismo vas a poder ayudarme con unas cartas muy importantes que necesito escribir al Gobierno desde hace muchos años. un trozo ca- . Incluso entonces.Al pasar por la plaza. Me siento muy orgulloso de mi nieto. te quiero igual. Yo estoy cansado y lo paso un poco mal con este calor. no es nada de eso. Atentamente. después de clase. El señor Miguel preguntó: —¿Qué vamos a responder? —Nada. Así que dentro de algún tiempo no voy a necesitar más los servicios del señor Miguel. El escribidor se extrañó: —¿Por qué? ¿Ya no quieres ir a la escuela para pagarme? Pepe se rió y explicó: —No. Yo también te quiero mucho.

da día. Y Pepe lo pensó mucho. hay horas en que prefiere descansar. ¿sabe? ¿Y sabe otra cosa? Es el mejor jardinero del barrio. tengo que pensar en lo que voy a querer que usted escriba. Y si tengo que ayudarle yo. Necesita sentarse y quedarse mirando el mar. hizo unas preguntas a la profesora. Pero ahora ya no puede cuidar de las plantas todo el tiempo. Tiene derecho. No quiere tener que preocuparse más por el trabajo. tomando agua de coco y pensando en la vida o charlando y jugando al dominó con los amigos. Al día siguiente. venga sólo a ver las flores y los jardines. acabo no y endo a la escuela. Necesita descansar y ya no puede estar sudando bajo el calor del sol. Quien ha dicho que tiene derecho ha sido mi profesora. y quiero saber cómo sigue la historia. Es muy guapa y sabe muchas . Pregunte a cualquiera por los jardines del señor José. debajo de alguno de los árboles que ha plantado. Habló con el abuelo. Además. a la salida de la escuela fue a dictar al señor Miguel la nueva carta: Señor Gobierno: Mi abuelo ha trabajado toda la vida y está muy cansado.

Pero fue descubriendo otras cosas y teniendo otras ideas. ya había aprendido a leer y escribir. en el mismo sobre. Responda enseguida. suya. pero finalmente el señor José acabó consiguiendo una pensión. Al cabo de unas semanas llegó una respuesta del Gobierno. Sólo en el banquillo de reserva. dos amigos suyos vinieron a pedir ayuda a Pepe que.cosas. Pero en el equipo de fútbol no hay sitio. en la que pedían al señor José que pasara por una oficina de Atención al Ciudadano. porque mi abuelo está viejo y ya no puede esperar mucho tiempo. Al poco tiempo. señor Gobierno. por supuesto. . Salvo si juega usted muy bien. Aprovechó y mandó otra. Pepe. Todavía hubo que reunir un montón de cartas y documentos. Puede enseñarle incluso a usted. cuando creciera. para entonces. pero no quería faltar a la escuela y el abuelo acabó yendo con el señor Miguel. Pepe llegó a creer que. Enseña a mucha gente. le voy a explicar: la escuela queda enfrente de la iglesia y todavía hay pupitres vacíos en mi clase. Atentamente. explicando al personal encargado de los pensionistas algunas cosas que según él faltaban. claro. Pepe les ayudó. Pepe quiso ir con él. Después vinieron otros. iba a ser escribidor. Mucha gente lo necesitaba. tanto que contaba a todo el mundo que era su nieto quien lo había conseguido. El señor Miguel escribió la carta. Estaba muy feliz. Si usted quiere aprender con ella.

Pero en 1969. una revista para niños. En los últimos quince años se ha dedicado a la promoción de la lectura. congresos y conferencias sobre lectura y literatura infantil. Inviernos y veranos. se vinculó a Recreio. y ahí se inició como autora de literatura infantil. Acabó trabajando en la oficina de Atención al Ciudadano. no tardó mucho en cambiar de carrera: se matriculó en Letras y realizó un doctorado en Lingüística. semanas. Quien quiera. meses y años. Como esta misma. Historias. . El abuelo consiguió descansar hasta el final de su vida. En el año 2000 fue galardonada con el Premio Andersen. en 1941. ANA MARÍA MACHADO Nace en Río de Janeiro. Mezclando un poco de recuerdos con un toque de invención. que haga lo mismo. de vez en cuando. Ejerció como profesora universitaria y como periodista. Pepe fue creciendo y siguió estudiando. Muchos días. tanto en su país como en el extranjero: participa en innumerables seminarios. los meses se hicieron años. Los días se hicieron semanas. ayudando a las personas que necesitaban pensión y cosas así. escribe cosas que no son cartas. Desde entonces ha vendido más de cuatro millones de ejemplares de sus libros. sin embargo. luego Geografía. Pero después no se hizo escribidor. Brasil. Por eso. También descubrió que le gusta mucho escribir. Al principio. las semanas se hicieron meses. empezó a estudiar pintura.Pasó el tiempo.

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