Cuentos paia auultos Pobiecain ii

Cuentos para adultos

Volumen Ì

Editorial Bubok
Marzo 2013
Cuentos paia auultos Pobiecain iii

El autor y su obra.


Ne aficioné a la liteiatuia hace tiempo, peio hasta hace poco no
me he ueciuiuo a esciibii.
Estas son otias obias ue pioxima publicacion.
EI oprendi; de omo.
Cronico de un incesfo, o eI ofro jordín deI eden.
Uno fomiIio pecuIior.
Mo Ieois eI diorio de ofro.
Unos hojos en Io impresoro.
Lo gron fiesfo.
Cuentos paia auultos Pobiecain iv

Indice
CONCFP1OS CIAROS. ......................................................................................... V
PROIO0O ............................................................................................................. VI
ACRADECIMIENTUS ....................................................................................... VII
CAPITULU I FI CAMBIO ÐF IUCIA. ............................................................. 1
CAPITULU II IA FFII0RFSA Y FI CONFFSOR. ...................................... 21
CAPITULU III 1ANIA Y FI SFXO................................................................ 2ó
CAPITULU IV POBRF PAPÁ. ...................................................................... 44
CAPITULU V FI FN0AÑO ¡UN CORNUÐO CON SUFR1F! .................... 53
CAPITULU VI FN IA VFRBFNA. ................................................................. ó9
CAPITULU VII FI AMAN1F PFRFFC1O. .................................................. 80
CAPITULU VIII IA FSPOSA. ....................................................................... 88
CAPITULU IX SFXO CON PACIFN1FS. ................................................... 10ó
CAPITULU X IA AUÐI1ORÍA. ................................................................... 114
CAPITULU XI FI NOVIO ÐF MI HIjA. ..................................................... 127
CAPITULU XII IA AVFN1URA.................................................................. 138
CAPITULU XIII ÐOMINAÐA .................................................................... 155
CAPITULU XIV. IAS ÐFUÐAS ÐF jUIIÁN .............................................. 184


Cuentos paia auultos Pobiecain v

Conceptox clurox.

Sexo: lo que sucede en diez minutos es algo que
excede a todo el vocabulario de Shakespeare. »
Robert Louis Stevenson (1850-1894) Escritor bri-
tánico

El sexo forma parte de la naturaleza. Y yo me lle-
vo de maravilla con la naturaleza. » Marilyn Mon-
roe (1926-1962) Actriz estadounidense

No hay amor sin instinto sexual. El amor usa de
este instinto como de una fuerza brutal, como el
bergantín usa el viento. » José Ortega y Gasset
(1883-1955) Filósofo y ensayista español

Cuentos paia auultos Pobiecain vi

Prologo
Esto, no es más que una iecopilacion ue ielatos eioticos
hechos con mayoi o menoi foituna, no son histoiias
ieales, aunque son un pobie ieflejo ue situaciones que
si lo son, y aplicanuo la máxima.
Lo reoIidod siempre supero Io ficcion.
Ne atievo a aseguiai, que usteues encontiaian en al-
guno ue ellos semejanzas con hechos ceicanos ue su
viua cotiuiana.
Be touos mouos tiataié en un futuio ue agiegai a esta
coleccion otias histoiias que espeio les sean tan entie-
teniuas como estas.
Acepto touo tipo ue ciiticas o sugeiencias, que pueuen
hacei poi Email a pobiecainÇgmail.com con mucho
gusto las atenueié.

Nuchas giacias poi piemiaime con su atencion.
Cuentos paia auultos Pobiecain vii

Agradecimientos

Quiero dar las gracias, a Quien, o Que, haya hecho a las mujeres co-
mo son, de otra forma la vida no tendría sentido.
Ellas fueron mi fuente de conocimiento e inspiración.
K. 50 años. Una gran mujer en todos los sentidos.
P. 35 años. Alguien que ve más con el corazón que con
los ojos.
ß. 24 años. Joven mujer, lejana en la distancia y muy
cercana en el corazón.
F. 42 años. Desde que su marido la entregó sin ser
consciente a otros hombres, su relación es mucho más fuerte.
F. 38 anos. La prostitución, ha sido la única manera de
que esta estupenda mujer haya dado sentido a su vida.
C. 6. 44 años. Alguien que me marcó, perdí su amistad por
falta de sinceridad y lo lamentaré toda la vida.
H. 28 años. Esta fue la primera de las mujeres que en-
traron en mi vida por esta puerta.
Muchas gracias por ser como sois.
Cuentos paia auultos Pobiecain 1

Capítulo I Fl combio Je lucio.

Cuando una mu[er Llene sexo con un hombre una vez, puede ser por
mll razones, lncluso nlnguna. Þero cuando se enLrega a oLro LoLal-
menLe, conLrlbuye en gran medlda la acLlLud de su pare[a. 1amblen
sucede a la lnversa.

.- Juan por favor. No puedo más. déjame descansar. un.
poco. No entiendo. como aguantas. este. ritmo.
Todo empezó de una forma totalmente casual e inocente y
ahora me encuentro desde hace un año, viviendo una historia
de la que no se si quiero escapar, Raúl mi marido, es una bue-
na persona pero un tanto aburrido y no me refiero en la cama
donde nos entendemos muy bien, es en todo lo demás donde
falla, en ocasiones echo de menos un poco de pimienta en la
vida y es por eso, que cuando encontré en Ìnternet una página
de relatos eróticos me aficione a leerlos.
Al principio solo era una lectura más, donde encontraba relatos
de situaciones que consideraba muy extravagantes, después
fui seleccionando a algunos autores que le daban un toque ve-
rosímil a las situaciones que planteaban y entre ellos había un
chico de 32 años, solo dos más que yo, que contaba algunas
cosas que no me hubieran importado vivir.
Debo reconocer que alguna vez, solo recordando algunas de
las situaciones que contaba me hacia algún dedo y disfrutaba
con ello y sentía una gran satisfacción, en alguna ocasión, me
vi tentada de probar con Raúl alguna de las cosas que leía, pe-
ro el recuerdo de un oscuro episodio del pasado me lo impedía.
Cuentos paia auultos Pobiecain 2

¿Cómo le explicaba que eso lo había leído? No es que aún
desconfíe de mí, pero de alguna forma temía que llegara a
pensar que lo había aprendido con otro.
Nos conocimos muy jóvenes y cuando después de 10 años, se
centró solo en lanzar la empresa que montó, me descuido al
extremo que no teníamos ni sexo, estaba tan enojada, que en
un viaje a otra ciudad por cuenta de la empresa, para asistir a
una convención del sector, pase cuatro días compartiendo ca-
ma con otro ponente, fue solo sexo pero del bueno.
Al poco de regresar me sentía muy mal, y en un alarde de
egoísmo le confesé mi infidelidad, eso tensó mucho nuestra
relación y faltó poco para mandarlo todo a paseo, me perdonó
pero no olvidó y ahora se plantea otra vez la misma situación,
solo que no he ido a buscar nada, ha surgido tal y como lo
cuento.
Soy informática y trabajo en una gran empresa, supervisando el
trabajo que subcontratan a otras más pequeñas, como el dise-
ño de páginas web o la efectividad de los programas o campa-
ñas de Comunicación & Marketing eso me permitía disponer de
tiempo libre, al principio me dedicaba a navegar por Ìnternet y
con el tiempo, comencé a pensar en crear mi propia empresa.
Fue en esa época, y a raíz de uno de los relatos que leí del que
llamaré Juan, y que me gustó mucho, se me ocurrió felicitarlo
por email, en lugar de hacerlo con un comentario en la misma
página al final del relato, empezamos un intercambio de co-
rreos y después a chatear, comentábamos los relatos y nos
contábamos tonterías, comenzamos a tratar temas más perso-
nales.
Cuentos paia auultos Pobiecain S

En lo que considere un ejercicio de sinceridad, me confesó que
era mucho mayor que yo, tenía entonces exactamente el doble
de mi edad, también me sincere y le conté cosas personales
que no conocían más que los directamente implicados, eso hi-
zo que me sintiera a la vez tranquila y liberada, poder hablar,
de según qué cosas que siempre has tenido que callar, es sa-
carse una gran losa de encima.
Quiero dejar esto por escrito aunque no sé muy bien porque,
quizás quiera en el fondo que Raúl lo encuentre accidentalmen-
te y sea él quien decida por los dos.
Estoy en el ordenador de casa, son más de las doce de la no-
che y Raúl me reclama, esta noche tendremos fiesta grande, al
menos para él.
Al final, fue como cada vez que tenemos sexo, él pone mucha
voluntad y empeño pero poca imaginación y resultó ser como
siempre más de lo mismo, como macho reproductor creo que
llegado el momento no habrá problema, pero aunque me haga
llegar al orgasmo por su potencia y aguante que no es poca, no
es como con Juan que me pasea por el arcoíris cada vez que
estamos juntos, además de decirme esas cositas que a cual-
quier mujer le gusta oír, y no me refiero a las vulgaridades que
se leen en algunos de esos mismos relatos a los que me refería
antes.
Cuando dimos por terminada la sesión de sexo y después de
descansar un poco, le recordé a Raúl que tenía que irme a Se-
villa ese fin de semana, si se decidía a acompañarme, y aun-
que tenía una serie de reuniones por lo de la empresa que in-
tentaba montar, tendríamos tiempo para nosotros.
Cuentos paia auultos Pobiecain 4

· Tengo algunas cosas que solucionar aquí con mi familia y si
voy contigo solo serviré para distraerte en tu trabajo, a mí tam-
bién me interesa que estos primeros contactos sean positivos,
me gustaría mucho que esto funcionara y que tu esfuerzo se
vea recompensado.
Salí el viernes a mediodía, directamente del despacho fui a
Atocha a coger el AVE de las 15.00 que llegaba a las 17.20 a
Santa Justa, en la estación me esperaba Juan que se había
ofrecido a acompañarme para que asistiera a la primera
reunión, eran las seis cuando empezábamos y casi las diez
cuando termine, al salir lo llame al móvil para saber si nos ve-
ríamos aunque ya era tarde, o si me iba directamente al hotel
donde había hecho una reserva.
.- Te espero fuera del edificio, he dejado tu equipaje en recep-
ción y tienes la reserva confirmada, ahora te llevare a cenar si
te parece bien.
Me pareció muy simpático su comportamiento, y lo único que
me entristecía por él, es que por alguna razón que desconozco,
su mujer después de más de 35 años lo había dejado hacia un
mes, por otro lado estaba muy contenta, había conseguido un
cliente con el que me podía lanzar en solitario, y aún me que-
daban dos reuniones el sábado y otra más el domingo por la
mañana, está ultima en una finca, tratando directamente con el
director general y propietario de una empresa de vinos; conocía
Juan personalmente, fue quien la concertó por mí.
Accedí a cenar con él, a condición que me dejara pagar a mí ya
que empezaba con buen pie, bebí un poco más de lo habitual,
pero no lo suficiente como para echarle la culpa de lo que su-
cedió después,
Cuentos paia auultos Pobiecain S

Como habíamos empezado tarde la cena no termino hasta las
doce, me acompañó al hotel, en la radio del coche sonaba una
de las canciones que me encantan.
.- Sube a tu habitación y descansa, pero si quieres conocer al-
go más de mí, estaré una hora más aparcado enfrente, si no
bajas en ese tiempo, mañana te recogeré a las nueve y media
para llevarte a la primera reunión.
Le di un beso en la mejilla, y las buenas noches como si no hu-
biera escuchado nada de lo que me había dicho, pero lo cierto
es que mientras iba en el ascensor sus palabras resonaban en
mis oídos como cañonazos y no lo entendía, sí, es una persona
muy amable y servicial que me hace reír mucho, pero de eso a
salir para encontrarme con él de forma expresa para conocerlo
más ni me lo planteaba, al entrar en la habitación vi mi maleta,
en la mano llevaba el maletín con el portátil y el bolso.
Ìnconscientemente, mire por la ventana que daba a la fachada
del hotel y al no ver su coche suspire aliviada, en mi interior
agradecí no tener que pensar más en ello, me desnude y tome
una larga ducha, era tarde para llamar a Raúl y cuando salí cu-
bierta con un albornoz, prepare la ropa que me pondría al día
siguiente, cuando me disponía a acostarme y como atraída por
un imán miré por la ventana.
Ahí estaba el coche en la acera de enfrente, y aunque era un
tercer piso pude distinguir su figura, apoyado de espaldas a mí
junto a la puerta del acompañante, algo se retorcía en mi inte-
rior, me note excitada y mojada, mire el reloj y apenas faltaban
diez minutos para la hora que me había dicho que esperaría.
Cuentos paia auultos Pobiecain 6

No pensé, solo actué y deprisa, coloque la ropa para el día si-
guiente en la bolsa de transporte otra vez, me puse la misma
ropa que llevaba, con el maletín del portátil en una mano y la
bolsa en la otra salí de la habitación a la carrera, cuando baja-
ba en el ascensor, fui consciente de que no me había puesto
ropa interior, solté la llave en el mostrador y salude al recepcio-
nista siguiendo con mi carrera, cruce la calle sin mirar.
Cuando llegue frente a Juan me sonrió, abrió la puerta trasera
del coche y tomando de mis manos lo que traía, dejó el maletín
sobre el asiento y la bolsa con la ropa colgada del soporte, al
cerrar la puerta se colocó como estaba cuando llegué, apoyado
en la puerta del acompañante, me acerque tímidamente pero
me fui apretando al tiempo que lo abrazaba, entonces note en
mi entrepierna su alegría por verme y en mi espalda sus gran-
des manos que respondían a mi abrazo.
Nos quedamos así unos instantes, yo apoye mi cabeza en su
hombro mientras él me besaba el cabello, mas con ternura que
con pasión, entonces le mire a los ojos y pregunté.
.- ¿Ya te ibas? Porque ya ha pasado más de una hora desde
que me dejaste.
Con mucha calma respondió.
· ¡No! pensaba esperarte aquí hasta mañana, y así despierto
podía imaginarte a mi lado.
Entramos en el coche y partimos despacio ¿hacia dónde, no
importaba? por el camino apenas hablamos, iba con la cabeza
recostada en su hombro y él, ponía su mano sobre las mías,
que apoyaba en mi rodilla cercana a él, en ningún momento
intento ir más allá, aunque lo cierto es que yo estaba en una
nube, no tenía voluntad para nada y en ese momento mi mente
estaba totalmente en blanco.
Cuentos paia auultos Pobiecain 7

Al llegar a lo que supuse era su casa, resulto ser una finca bas-
tante grande donde vi dos construcciones, una grande y otra
más pequeña junto a una piscina enorme, fuimos a la casa pe-
queña, aparco en la puerta yo me quede inmóvil dentro del co-
che, abrió la puerta del acompañante y pregunto.
.- ¿Prefieres que te lleve de regreso al hotel? No hay problema
si así lo quieres, aunque me gustaría compartir la noche conti-
go, lo que no quiero es que te sientas obligada absolutamente
a nada, creo que somos adultos y tendríamos que poder decidir
sin sentirnos presionados.
No pensé, solo tome la mano que me ofrecía y salí del coche,
entonces me sujete fuerte a su cintura y andamos a su paso,
que es más lento de lo normal debido a un problema que le
obliga a emplear un bastón, dentro de la casa nos abrazamos y
comenzó el espectáculo de verdad.
Tratar de plasmar con palabras lo que sucedió desde que lle-
gamos, hasta que tres horas después le pedí clemencia me
llevaría mucho tiempo, solo sé que fue un carrusel de sensa-
ciones, todas ellas del todo desconocidas para mí y lo que sí
sé, ahora que hago memoria es que hicimos cosas que cría
imposibles y algunas que ni sabía que existían, estaba como el
barquito de La tormenta perfecta.
Me dejó dormir plácidamente y cuando me despertó a la maña-
na siguiente con un dulce beso, tome conciencia de que no ha-
bía sido un sueño, lo atraje hacia mí y lo bese de forma más
intensa, Juan me respondió a ese beso pero no quiso seguir,
me acompaño a la ducha pero me dejo que la tomara sola, al
terminar me puse un albornoz y salí al salón, había preparado
el desayuno y al verme exclamo.
Cuentos paia auultos Pobiecain 8

.- ¡Estas guapísima por la mañana! Te sienta muy bien trasno-
char y después un sueño reparador, espero que te guste lo que
he preparado para desayunar, ¡a! tu ropa está en esta habita-
ción.
Señaló una diferente de la que habíamos empleado la noche
anterior, le sonreí y tomándole una mano entre las mías la be-
se, más por hacerme sentir bien que otra cosa, esas pequeñe-
ces casi sin importancia Raúl no las decía nunca, desayuna-
mos en silencio al principio, después me pregunto por la estra-
tegia de la reunión de la mañana, le comenté cual seria y des-
pués comprendí, que lo único que intentaba era que me centra-
ra en lo que debía ser prioritario para mí.
Eran poco más de las nueve cuando salí vestida y dispuesta
para acudir a la reunión, no se notaba el agradable cansancio
de una noche tan movida, pero en mi interior tenía una sensa-
ción de relax muy grata, no pensaba para nada si lo sucedido
estaba bien o no, simplemente había sucedido.
Me llevó a la reunión que estaba prevista para las diez con
tiempo de sobras, al ir a salir del coche me gire hacia él y le di
un beso.
.- Deséame suerte.
Me tomó una mano y respondió.
· ¡Te deseo lo que tú quieras! pero esto no será cuestión de
suerte, solo el resultado del trabajo bien hecho.
En hora y media, cerré un trato que al principio parecía difícil,
salí eufórica y así se lo hice saber a Juan que me esperaba
donde me había dejado. Era pronto para ir a comer, apenas las
doce del mediodía, me propuso ir a comprar ropa menos formal
para el encuentro del domingo, que sería más que una reunión
un puro trámite según él, ya que solo se trataba de establecer
el nivel de negocio que tendría con su amigo.
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Llegamos frente a una tienda de moda femenina, aparco y le
dije que tenía que hacer una llamada, asintió mientras yo salí
para hablar y permaneció dentro del coche hasta que lo fui a
buscar.
Llamé a Raúl y esta fue nuestra conversación.
.- Hola como estas, que tal todo por tu casa, anoche no te llamé
porque terminé tarde.
· Tranquila no sufras por eso, además en esta zona la recep-
ción es muy mala, por aquí todo bien, mis padres te mandan
recuerdos ¿qué tal te va a ti con esas entrevistas que tenías
programadas?
Le conté que las dos primeras habían sido muy provechosas y
que aún quedaban dos, lo que no sabía era cuándo terminaría
la del domingo, era en una finca fuera de la ciudad, regresar,
pasar por el hotel, y llegar a la estación para coger el tren qui-
zás fuera muy justo, su repuesta fue decepcionante.
· No te apures, si no puedes llegar el domingo ya lo harás el
lunes, dime a última hora si te quedas, más que nada para no
esperarte despierto.
Eso me sentó muy mal, era consciente que había sido yo quien
había pasado la noche con otro hombre, pero él tampoco hacía
nada para evitar que situaciones así se produjeran, tenía que
haberme acompañado y no solo para darme sexo o decirme
palabras bonitas, pero al menos si palabras de aliento o por lo
menos apoyo con su simple presencia, lo que hacía Juan de
esperar en el coche mientras estaba reunida, representaba
mucho para mí en ese momento.
Cuando me asome a la ventanilla del coche, con los ojos lloro-
sos más de coraje que de pena, Juan me dijo con voz melosa.

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