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El Sentido Cristiano Del Dolor Polo

El Sentido Cristiano Del Dolor Polo

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EL SENTIDO CRISTIANO DEL DOLOR POLO, Leonardo. La persona humana y su crecimiento. Madrid: Rialp, 1996, pp.

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I. EL DOLOR HUMANO

El tema del dolor presenta una especial dificultad. No se trata, en efecto, de un tema simplemente oscuro, rebelde a la investigación por su altura, por su complicación, o por la imposibilidad de traerlo a la experiencia inmediata; es algo más radical, a saber: que no cabe idea del dolor. El dolor es, simpliciter, ininteligible. Tenemos dolor, lo sentimos, sufrimos o aguantamos; lo que no cabe es pensarlo. El lugar de asentamiento primario del dolor en nosotros no es el pensamiento (dejemos de lado el problema de si el pensamiento podría doler, por ausencia de objeto, como dice Kant, pues no afecta a lo que sostenemos); pero lo decisivo es que no podemos entenderlo al trasladarlo a él. Al contrario de lo que, hablando en general, hace el hombre con sus sensaciones — material de que se forman las ideas —, e incluso con sus emociones y estados de ánimo, de los cuales, si no idea, cabe alguna suerte de intuición intelectual, del dolor, no. Tenemos conciencia del dolor, pero no podemos prestar a eso “entidad de razón”. Tenemos, a lo sumo, un concepto del dolor como lo tenemos de la nada, es decir, sin contenido extramental correspondiente. Pero mientras tratándose de la nada, ello se explica de suyo, en el caso del dolor lo que juega es, más bien, una imposibilidad de hacerlo inteligible al ascenderlo a tal nivel. Por decirlo así, el intelecto agente no ilumina el dolor, que está ahí, al pensar, indescifrado, como una extraña excepción a la claridad ideal. No es que el contenido del dolor no exista sin más, sino que queda, sin remedio, fuera del ámbito de lo ideal. Tenemos conciencia del dolor como de una acometida; por tanto, no poseemos el dolor en la conciencia: ahí, en el lugar de objeto, el dolor es indescifrable, no sabemos qué significa. Una grieta del pensar es ocupada por lo que llamamos dolor. Por eso duele, se sufre[1]. 1. Por lo común, el dolor se enfoca como lo que se opone a la voluntad, es decir, como obstáculo o parálisis de la vida práctica. Sin embargo, el dolor asalta ante todo al pensar porque duele. Nótese que al perder la conciencia el dolor se anula, o bien que el dolor sustituye al pensar en tanto que la conciencia no se prende. Asimismo, con frecuencia el dolor puede localizarse — por ejemplo, “me duele una muela” —. Pero el dolor no sale fuera porque la muela me duele a mí. Otras veces el dolor embarga la conciencia, la fija por completo en él. La vida práctica se paraliza entonces: no se atiende a ningún asunto porque el dolor no es un asunto. Con todo, se suele señalar su valor pedagógico. Es el sufrir para comprender de Esquilo. El dolor enseña a evitar la hybris, o más escuetamente que es inevitable. El ideal epicúreo de aponia y la ataraxia estoica son utópicos. Si el tema del dolor ha de plantearse y desarrollarse, no hay más remedio que, haciendo de la necesidad virtud, apoyarse y explotar este su carácter de ininteligibilidad. El dolor no es inteligible; pero no sólo de hecho, sino en absoluto — al menos, en el plano humano —. Con otras palabras, el dolor no está fuera del pensamiento, como una especie de cosa en sí kantiana, a la que el pensamiento no llega, pero a la que podría llegar. El dolor no es inteligible él mismo, y al acometer a la conciencia, como sin duda acontece, está en ella como impensable. ¿Qué decir de esta especialísima realidad ininteligible, de esta realidad sin esencia? Lo primero es sentar el mismo planteamiento del tema. La pregunta clásica de la filosofía, la pregunta por la esencia, debe abandonarse. No puede, legitimamente, preguntarse qué es el dolor; el dolor es refractario a ella, puesto que, justo, no es inteligible. Esta objeción alcanza a la fenomenología. También debe evitarse la caída de nivel de la investigación cientifista, biológica. Un biólogo podrá decirnos cómo se produce en la perifería del cuerpo el estímulo doloroso y cómo se trasmite luego hasta el cerebro. Pero no nos dirá nada del dolor humano. En definitiva, lo que ocurre es que el tema del dolor no puede plantearse de suyo o directamente. No puede plantearse de suyo porque no sabemos siquiera qué preguntar, a dónde dirigir la atención. El dolor no ofrece base suficiente a la investigación. No puede plantearse directamente porque la mente ante él queda sin fuerzas y sin recursos y porque, como veremos más adelante, lo más característico del dolor es que el hombre no puede adoptar ante él una actitud referida, clavada en él mismo. El hombre puede huirlo, soslayarlo, superarlo, liberarse de él, curarlo. Lo que no puede es cultivarlo en sí mismo, pensarlo y amarlo. No existe ninguna forma de actividad simplemente humana, ninguna institución, ningún producto cultural que arrojen luz sobre el dolor, que elaboren su comprensión. Cabe encontrar obras humanas en cuya producción ha tenido parte el dolor, o en las cuales aparezca el hombre afectado por él. Pero ninguna en que el dolor en sí mismo se nos ofrezca directamente a la contemplación, en que esté contenido y descifrado. Ante la imposibilidad de planteamiento directo, se hace preciso encontrar un fundamento desde el cual, alumbrando el cual, el dolor aparezca explicado. La pregunta directa acerca de la esencia del dolor tiene que trocarse en la pregunta indirecta acerca de su condición humana de posibilidad.

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1. Actitudes ante el dolor

El dolor en sí mismo no es ni siquiera posible, puesto que no tiene esencia; sólo el hombre hace posible, digamos por el momento, el dolor. De acuerdo con esta perspectiva, el sentido humano del dolor es lo que el dolor significa para el hombre. Y ello no es una tautología porque solamente un ser de tan profunda realidad como el hombre puede dar razón de la sinrazón del dolor. Si el dolor es un sin-sentido, reclama un amplio despliegue de sentido en que insertarse. Y sólo relativamente a él puede constituirse. Desde la filosofía aristotélica, la cuestión se concreta en la pregunta: ¿es el dolor algo sustancial o algo accidental en el hombre? Es de resaltar que se trata de un interrogante extraño. Para lograr algún fruto de la respuesta hay antes que examinar las actitudes adoptadas por la humanidad ante el dolor. Este examen previo es necesario. En efecto, tanto la sustancia como el accidente tienen esencia. Parece, pues, que la pregunta que acabamos de hacer se contesta de entrada y que, por lo tanto, no tiene ninguna utilidad formularla. Precisamente para mostrar en concreto la utilidad de tal pregunta, es decir, el alcance concreto de su contestación negativa, conviene ver lo que los hombres han pretendido hacer ante el dolor. El dolor no es sustancia ni accidente. Pero, ¿por qué? Y, ¿cómo juega entonces en el hombre? Esto es lo que vamos a intentar aclarar. Es un hecho que desde que el hombre habita este mundo el dolor está con él. Esto significa que no existe un origen histórico del dolor, un momento temporal determinado en que pueda colocarse su aparición. A medida que la ciencia histórica ensancha el horizonte del pasado humano, descubre la presencia, más antigua, del dolor y nunca un período feliz caracterizado por su ausencia. Lo que comienza y cesa son formas concretas de sufrimiento, nunca todo dolor. Y ello hasta el punto de que la idea de ausencia total de sufrimiento es parte integral de la noción de Antehistoria, es decir, del Paraíso. No cabe duda de que ello no puede estar más justificado. Si algo puede caracterizar otro mundo, lo no histórico, es, mirado desde nuestra situación, la ausencia de dolor. Lo que no tiene sentido alguno es la hipótesis de un inicio histórico, mundanal, de una inauguración o de un final de la historia exentos de dolor. Tanto es así que la idea de origen y cesación temporal del sufrir humano no se puede formular sino en conexión con una falsa interpretación del mismo. Podemos, pues, caracterizar una serre de actitudes humanas ante el dolor: aquellas que interpretan el dolor como nacido en el tiempo — no en el hombre — y aquellas que se cifran en el intento de librarse de él por medios mundanos y que, en consecuencia, consideran las posibilidades humanas de obrar como capaces de extirpar el dolor. Para todas ellas el dolor es un accidente. Muchas veces se ha pretendido, supliendo la ausencia de datos objetivos, instrumentar una explicación del origen histórico del dolor. Desde el mito de Pandora, hasta la hipótesis de Rousseau de un estado de naturaleza libre de todo mal, pasando por la idea clasicista de una primitiva edad de oro, a partir de la cual, por un proceso inevitable de decadencia, se habrían ido precipitando las aflicciones y la desarmonía, abundan los intentos de dilucidar las razones desencadenantes del dolor humano. Estos intentos responden a una necesidad de comprensión. El asombro está en el fondo de la inquisición humana, y el dolor en el filo del asombro y del estupor. Es propio del hombre la extrañeza ante el acontecimiento doloroso, el no poderse acostumbrar a él, que se concreta en la búsqueda de una razón explicativa. No cabe, en suma, limitarse a sentir el dolor. Mientras que el placer puede consumarse en sí mismo, puesto que reclama del hombre una entrega, en la forma de una limitación a su órbita (en la cual la personalidad queda inédita), el dolor insta a constatar la propia existencia, puesta en situación de crisis justamente por él. El despego ante el placer se funda, entre otras cosas, en la experiencia de que la entrega a su órbita es germen de dolor, por cuanto que también la estrechez del placer coloca en situación de crisis a la totalidad humana. Pero mientras el placer atrae, el dolor repele, y por eso mientras que alguna parte de nosotros mismos queda prendida en aquél, el dolor desentumece lo entero del hombre. De aquí que la lucha contra la sensualidad tenga algo de culturalmente estéril; mejor dicho, su rendimiento se obtiene a largo plazo, cuando las inclinaciones debilitadoras han sido desarraigadas y esa parte de nosotros mismos que se embota en el placer ha sido reincorporada a la totalidad de nuestra persona. La preocupación por la aparición o surgimiento temporal del dolor se orienta hacia y culmina en la búsqueda de métodos capaces de conjurar a nuestro molesto acompañante. La idea de un surgimiento contingente del dolor reclama y se completa con la pretensión de hacerlo cesar. Si el dolor es algo sobrevenido al hombre, si ha entrado en su vida en un momento determinado, será posible desterrarlo, arrancarlo con medios humanos. Es entonces cuando se desarrolla propiamente una actitud humana ante el dolor. De ella es paradigma la medicina. La medicina es, por antonomasia, la ocupación humana dirigida a remediar el dolor. Modemamente la medicina se ha racionalizado mucho y ha especializado y concretado su campo de atención por conexión con las ciencias experimentales. De este modo han aumentado las posibilidades prácticas de intervención en la causa de algunos dolores. También es cierto que la medicina ha sustituido progresivamente en el problema del origen el dolor las soluciones míticas y las explicaciones históricas generales por una depurada y precisa determinación de causas orgánicas. A pesar de ello, la medicina muestra una correspondencia estricta con las teorías dirigidas a descubrir el origen temporal del dolor. La medicina contempla el dolor como aquello que ha de ser curado. La medicina se constituye como técnica — arte y método — dirigida a la desaparición del dolor. Pero la expresión que acabamos de subrayar es algo más que un objeto formal. No se trata de un simple ángulo de consideración del sufrimiento sino de una entera actitud humana adoptada ante él. Lo único que interesa del dolor es su desaparición. Más que sobre su estructura científica

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angustiosa. que no ha de ser curada. un quehacer humano organizado en torno a ellas. pensarlo. fomentarlas. se abre un espacio que otra actitud debe llenar. Este último es un tema especial. sino curarlo. No se trata ya. medicina —. el suicidio se acepta como la solución natural. La mordedura del dolor. suspendido en el uso de sus facultades. pero sí puede provocarlo. La medicina pura es sólo actitud humana ante el dolor. el acento del interés se desplaza del hecho doloroso al hombre doliente: es menester que aquél cese para que la persona se reintegre en su ser. aprovecharlas. Si la atención se dirige derechamente al fondo. Es una consecuencia de ello. La curación no es una categoría mental. la vida humana tiene que superficializarse. Pero la raíz del dolor como tal es honda y está sustraida a la acción humana. El dolor. Por eso. El hombre no puede ponerse a pensar el dolor. El comercio del hombre con las cosas dotadas de inteligibilidad entraña que el descubrimiento de sí mismo no es independiente del descubrimiento de ellas. su atención se dispara espontáneamente hacia el remedio. concepción animista o cualquier otro. Frente a un teorema matemático. no sólo en sus facultades. no puede cifrar ningún despliegue. es una de sus oscuras dimensiones. están acostumbrando al hombre a exigir un remedio para todos y cada uno de sus males. la medicina moderna — como toda medicina — se constituye en base a la categoría de curación. en cuanto que tal. pero puede ponerse a destruirlo. La categorización médica del dolor es perfectamente admisible y se corresponde con un determinado modo de presencia del dolor en la vida. la armazón científica de la medicina no es lo que la constituye sino un puro medio instrumental. Cualquiera que sea la estima que merezca la medicina no deja de ser chocante el hecho de una actividad humana dirigida únicamente a la destrucción — del dolor —. que la vida humana si tiñe por entero de la intención de evitar el sufrimiento. la generalización de tal actitud es incorrecta. además que para desconocer la diferencia entre dolor concreto y dolor como tal. estrictamente. por ejemplo. atenazante. sometido a su dominio. Con otras palabras. el hecho de que las cargas presupuestarias dedicadas a hospitales o investigaciones médicas. Como el dolor humano no es la mera suma de dolores concretos. Como. de curación del dolor. en que la vida se llena de fines y se entiende dinámicamente. es decir. En la justificación de la medicina va implícita precisamente la condena de su generalización. accidental. aquello que el dolor provoca en el hombre es exclusivamente humano. no. de salvación de la persona. en rigor. El alivio del dolor viene exigido por el amor a la persona. Si se atiende exclusivamente a dicha presencia. El paso de la biología a la medicina no se opera mediante una sustitución de objeto formal. No debe confundirse el dolor en su categoría de curación con el dolor como fundamento de una exigencia de alivio. por ejemplo. En la medicina vemos comprobada nuestra primera afirmación: el dolor es un ininteligible. por otra parte. hundida y “anegada” en el dolor. Pero al no coincidir dicha presencia con la raíz del sufrimiento. el hombre es capaz de apropiarse un cierto sentido. para perseguir incontroladamente la desaparición del dolor. el teorema matemático es una cifra de cierto despliegue humano. Veamos ahora algunas implicaciones de esto. etc. sino. por la razón decisiva de que los dolores concretos obedecen a causas contingentes y caen dentro del radio de acción de los medios humanos. Combatir el dolor está justificado in casu. el problema de la curación se agudice. insisto. en primer término. No existe medicina como saber — el saber que acompaña a la medicina es biología. pero no in genere. que es un destruible. La curación del dolor como tal es una contradicción en los términos. De aquí la función mesiánica atribuida a los gestores de la lucha contra el malestar. Toda otra posible actitud ante el dolor es sustituida por la única comprensión del mismo según la categoría de curación. sino. aumenta y perfecciona su caudal de conocimientos. o de dificultad para el logro de un fin. nótese. sobre todo hoy en que la medicina individual — y no sólo corporal sino también psíquica — y pública — reclamada como una de las soluciones ineludibles del llamado problema social — han llegado a embargar la conciencia occidental.racionalizada. Los adelantos científicos y el perfeccionamiento de las técnicas de gobierno y conformación de la sociedad. En la lucha con el dolor el hombre encuentra algo de sí mismo y sólo eso — otro ejemplo típico sería el miedo —. Ante el dolor concreto está justificada la actitud médica. En este sentido. sino. Tal absolutización de la actitud médica debe ser condenada sin más: empobrece la vida. En cambio. en cambio. ya no considera el dolor como hecho sobrevenido o grieta contingente. encauza mal las energías humanas y debilita las más importantes. el dolor debe combatirse. que ingresa en su vida consciente. Paralelamente el significado del dolor para la vida humana es mutilado si se limita cifrándolo en la pretensión de curación. como la nuestra. en cuanto es afectado por un daño cualquiera. El dolor en cuanto curable está presente en la vida en la forma de obstáculo para el funcionamiento de alguna facultad u órgano. En el mundo existen realidades indiferentes y otras que justifican una dedicación. el dolor abunda y las energías morales disminuyen a medida que la medicina desplaza toda otra actitud ante él. Si al médico. sacada del dolor. Lo que hace el médico respecto al dolor no es. sino por sustitución de una actitud humana por otra. Del dolor importa — y en ello se cifra esta actitud humana — tan sólo su curación. más en el fondo. La razón de lo vicioso de esta generalización es lo parcial de la actitud médica. atormentadora. propiamente. Pero sólo al dolor corresponde una dedicación dirigida exclusivamente a destruirlo. Las observaciones precedentes llevan a plantear la siguiente pregunta: ¿qué justificación tiene la medicina? La cuestión tiene un gran interés. y a aliviar las duras condiciones de vida de ciertos sectores de la sociedad. queda a su merced. Que el dolor no es un pensable comporta. sean las que menos molestan al ciudadano medio. para investigarlas. parece que al hombre sólo le va interesando ser curado. está resultando. este estado de ánimo equivale a la absolutización de la categorización médica del dolor. Lo que en el hombre se despierta en orden al dolor es algo así como una región de su ser invocada por el dolor pero que no se despliega englobándolo sino en seco contra él. más radicalmente. Y cuando un dolor se revela incurable. establece relaciones con otras ideas suyas. Parece que el hombre es presa suya. una categoría de dedicación. En el límite. sólo le interesa curar. 3 . El hombre postula curación. Esto explica que en las épocas. desaparecida en él. Que el hombre no tenga nada que ver con el dolor fuera del intento de acabar con él no sería posible si el dolor tuviera algún sentido.

la ha hecho violencia y la ha sumado a su órbita atroz. influye decisivamente en la metafísica. sino que agosta y marchita todo el resto. cómo han organizado su vida teniéndolo en cuenta y. como tampoco lo es la metafísica genuina.sino como una situación personal. precisamente. Es una ilusión de la que hay que liberarse. no polarizada ante él como actitud dirigida a suprimirlo? No siempre el hombre ha considerado el dolor como curable. quien le abre la puerta. por lo común. míos: como yo. es decir. que la filosofía interrumpa su vuelo excesivamente ágil y sin peso. el dolor es anegamiento de la persona. Pueden caracterizarse. del sentido cristiano del pecado. No se trata. Soy yo el doliente. simplemente. Y tal vez al dolor se deba. De momento baste señalar que plantearlas es poner sobre el tapete la cuestión de la raíz del dolor humano. principalmente. y que. tal liberación es la tarea fundamental y verdaderamente única de la vida. pero en el modo concreto de cuestión capital cuya solución se busca dentro del marco de una concepción global del mundo y de la vida. o soy yo quien cede. Justamente en su raíz humana. que cree acumuladas en existencias anteriores. Es claro también que. Sin embargo. en rigor. y vuelva a la tierra para intentar su ascensión con la carga de la existencia humana a cuestas. en el dolor de mi cuerpo o de mi alma. la remisión de la falta no se incardina en una actividad positiva que comprenda la naturaleza. Pero en la medida en que ello acontece. Hemos de examinar. independientemente de las interpretaciones dadas. bien porque orientándose hacia otras realidades. ¿Cómo es posible este dominio del dolor sobre mí. a detestarlo. el dolor quedaba al margen y sólo era considerado de un modo oblicuo. El indio tiene una conciencia exacerbada de sus faltas. el dolor pierde su carácter concreto. La pregunta que encabeza este apartado — cómo juega el dolor en la concepción de la vida humana — es susceptible de dos sentidos: cómo han entendido los hombres que juega. cómo juega en el fondo. El hecho de que nadie haya descifrado la posible revelación implícita en el dolor. paralelamente. Esto es lo que a continuación examinaremos. como una versión especial del modo de ser humano. en general. lo cual no puede ser más lógico desde las premisas indicadas. El dolor no juega en el ámbito general de la vida como un factor más. en virtud de una abdicación o caída desde mi ser auténtico. esta dimensión del dolor es. pero como una parte de su ser y no como aflicción sobrevenida. Pero en algunas ocasiones el hombre se ha atrevido a preguntar a la esfinge dolorosa. que llega hasta mi conformación con él? ¿El dolor se abre paso hasta mi ser. profundamente. pero como cuerpo o alma radicalmente. 4 . El dolor se ha infiltrado hasta la persona y vibra con ella. El problema no es meramente especulativo. en una situación abierta de suyo al dolor. es también la prueba y la manifestación máxima del carácter ininteligible del dolor. como actitudes ante realidades inteligibles en cuya adopción ha influido el dolor. bien porque se daba cuenta de la inanidad definitiva de todo esfuerzo en esta dirección. El dolor es un elemento sombrio y perturbador cuya inclusión en una metafísica es difícil por cuanto se opone a la claridad y al juego armónico del ser. está la prueba de que al dolor como tal no le corresponde una mera presencia sobrevenida en mi vida. de un agrietamiento de mi integridad? ¿Qué revelación de mi ser va en el dolor. Duele el alma o el cuerpo. es decir. según la generalización de la actitud médica de que hemos hablado. pues. En la crisis dolorosa. el hecho de que ante el dolor como crisis no quepa actitud ninguna. sino que convierte la conducta en un método encaminado a liberarse de la naturaleza contaminada. La actitud hindú Muy esquemáticamente cabe caracterizarla como actitud humana general adoptada en base a una conciencia del dolor de tal intensidad que suspende toda inspiración y estímulo positivos provenientes. primariamente. de las restantes realidades. Se diría que la presencia del dolor tiende a confundirse con su raíz humana y así pierde especificidad. La hermenéutica del dolor ¿Cómo juega el dolor en la vida humana en general. A la madre le duele la muerte de su hijo. Con el examen de las soluciones humanas al problema del dolor intentamos responder al primer aspecto de la pregunta. Por eso. En ellas el dolor sigue funcionando como ininteligible. oculta en su ininteligible ataque? ¿Quién ha descifrado esta revelación? ¿De qué modo es mío el dolor sentido? Estas preguntas quedan pendientes. sino que se limita a repudiarlo. muy oscura. el hombre no intenta siquiera atender al posible mensaje del dolor. repito. sino que yo vivo en un estado. 2. algunas actitudes humanas en orden al dolor distintas de la actitud médica y seguramente más hondas que ella. bien porque no había descubierto el remedio. Esas faltas constituyen un fardo agobiante que oprime al hombre en tanto que le inclina a conceder realidad independiente al término de sus deseos.

una vaguedad. Como una nube escura y sobrecogedora. Su noble naturaleza permanece inquebrantable en su impetuosa fuerza. es decir. sin nuevos interrogantes. Prometeo. Más que una técnica de curación es una técnica de evasión. sino que sucumbe a él al adivinarlo en cualquier proceso. agastando su alegría y desencadenando un progresivo pesimismo. La vida queda vacía al ser entendida desde la ininteligibilidad del dolor. Sobre Sófocles dice Jaeger: “Este hombre (Edipo). sobre el cual parece gravitar el peso de todos los dolores del mundo. es el milagre de la salvación que al fin espera. La metafísica hindú es especulación pura. la luz de sus ojos. el resto pierde su sentido independiente. intuición sin peso humano. los objetos. Lo mismo que en Electra. Sin embargo. ¿Qué haría con una vida sin dolor? Respetarla. Como una ráfaga inhóspita. El griego se estremeció ante el dolor. es un ininteligible. la inserción del dolor dentro de un marco metafísico está muy lejos de constituir una intelección del mismo. evadirse de él. Ahora descansa en la colina de Colono. se extendió el dolor sobre su alma sensible. te levantarán de nuevo en alto”. Tal debilitación es. el dolor juega como escollo. ¡qué inclemente es contigo la clemencia misma! ¿Dónde está tu defensa? ¿Dónde la clemencia de los mortales? ¿Has visto la raquítica y fantasmagórica impotencia que mantiene encadenado al linaje humano?”. sino un punto de referencia del que alejarse para ir a parar al transmundo. por el cual conduce la divinidad a Edipo. pero la consagración al dolor le aproxima a los dioses y le separa del resto de los mortales. del mismo modo que ha apagado. sino en marcha. De esta manera. a pesar de la desventura y la vejez. La actitud griega ante el dolor se plasmó en la idea del destino. Ello no sería posible sin la función determinante de la realidad sensible que asume el dolor. El dolor ha hecho abortar el yo y por eso el Ser no tiene por qué dar razón de él. en concreto. Por el dolor. la debilitación de la vida por efecto del dolor se transmite al sentido del Ser. “El cuerpo es dolor porque en él están los dolores. “Los dioses que te hirieron. las percepciones son dolor porque llevan al sufrimiento. fué desde un principio una figura de la más alta fuerza simbólica. dice también Eurípides (Los persas). Ningún ojo mortal puede ver este misterio. es decir. Pero en la vida humana el dolor no es una perturbación accidental sobrevenida en un marco general de sentidos positivos mundanos e históricos. que despierta una angustiada incomprensión. Estos tres “porques” nos dan la clave. corta el poeta súbitamente el hilo de la acción. en cuyas ramas canta el ruiseñor”. Sería un error esperar de este segundo Edipo la resolución final del problema. Hincar en él la mente es algo semejante a una gimnasia del espíritu que lo domina y lo rompe.El dolor es criterio dominante. El sufrimiento en la Índia es un sin-sentido que ha de enmudecer en tanto que se proyecta sobre la realidad circundante. La actitud griega Trataremos de evocarla basándonos en unos comentarios de W.. el panteísmo. no tocarla siquiera.. un desesperanzado intento de acomodación. sino más bien. El dolor es uno de los términos de una relación dialéctica. los sentidos. es decir. encogiendo su impulso. La vida india está aplastada por la conciencia del dolor. Jaeger. Pero. antítesis de la luminosidad. con sus mismas manos. Ni el destino ni Edipo son absueltos o condenados. camino del espíritu hacia una región inmaterial. El coro siente su terror. Claro está que así no es posible tampoco la desesperación. La actitud hindú es distinta de la médica. Es el dolor como tenaza. En el Prometeo encadenado de Esquilo. en la patria querida del poeta. así pasó el dolor por la historia griega. La evasión desemboca en el Ser. la lucha del indio contra el dolor es método. Sin embargo. Sale solo y sin guía al bosque y nadie le ve ya más. pero no aislado o puesto en cuarentena. que no soporta el dolor en virtud del interés por las realidades positivas. La muerte de Edipo se halla envuelta en el misterio. pero aún más su grandeza. y la sumió en una temblorosa vibración. el mismo placer es sufrimiento porque es seguido de sufrimiento”. en los bosques siempre verdes de las Euménides. El indio está todo en la empresa de escabullirse del sufrimiento. Se convierte en el hombre doliente sin más. en el momento en que la figura llega a su plenitud trágica. Después de ello el ímpetu metafísico se estanca falto de vigor. te esfuerzas con toda tu alma al servicio de la humanidad. inserto en una mecánica temporal como término dialéctico de la estabilidad mental. En estas condiciones no es posible el dinamismo histórico y cultural. el poeta parece considerar aqui el dolor desde un punto de vista más alto. En lugar del sueño brota en el corazón la pena que recuerda la culpa”. Así pues. El panteísmo indio es la disolución en lo más universal. como fatalidad — Karman —. Sin temblar ante Zeus. Sólo es posible participar en él mediante la consagración al dolor. “Se desgana ante el miedo su corazón ensombrecido”. Lo presenta ante los ojos del espectador en el instante en que se maldice a sí mismo y desesperado desea aniquilar su propia existencia. como el luchador de la presa de su contrario. al que el hombre está entregado y así 5 . Es un último encuentro con el viejo peregrino sin reposo. dotada de una intuición innata para lo armónico y lo claro.. creyendo que en esta evasión está la vía de llegada a un trasmundo. Esto es lo decisivo. No es posible saber cómo. No es curar el dolor lo que le interesa. Curar es restablecer un status. Es altamente significativo que Sófocles poco antes de su muerte tomara de nuevo el tema de Edipo. El demonio del destino halló el reposo cuando los hubo vencido” (Los siete contra Tebas). poco antes de que haya alcanzado su fin. Incomprensible como el camino del dolor. el coro se dirige al héroe: “Me estremezco al verte desgarrado por mil tormentos. Se trata de una vida crispada. Y en Agamenón: “El (Zeus) ha abierto el camino al conocimiento de los mortales mediante esta ley: por el dolor a la sabiduría.. Si es así como funciona. único: funda y provoca una sentencia sobre la vida.

que. es decir. Antes de que me vaya para no volver (10. en El esperaré” —. como es asumido el dolor precisamente en la coexistencia Dios-Hombre. cifrado en la tarea de dar la versión humana real del esquema de ley universal que está en juego. Por eso. incapaz de sostenerse en ella ante aquél. disminuye su estatura. los sostiene y mueve sacándolos de toda inercia. Por eso. Y por eso mis palabras son asollozadas Apártate de mí y me confortaré un poco. e inseparablemente. la palabra Job y dijo: Pereciera el día en que yo había de nacer. no funda una conclusión pesimista como último resultado y sentido definitivo de la existencia. Cfr. el dolor es también para el griego un obstáculo insuperable. es decir. plenamente interiorizados. es decir. Los dolores de Job. 1. Y mi infortunio se pusiera en la balanza! Porque él es más pesado que la arena de los mares (6. La primera. de freno y barrera. tal descubrimiento no se condensa en un juicio definitivo. la vive y pone al servicio de su desarrollo sus fuerzas psicológicas. ¡Quién me diera estar cual en los meses de antaño. sino que sobre ella sobrenada. está muy lejos de ser una auténtica actitud ante el dolor — el griego pierde el sentido personal. Así pues. que cuando aparece se extiende sin solución de continuidad a todos los estratos del ser humano y se los lleva. ibid. o fe. Dios mismo. aunque no se diga cómo juega el dolor en este ámbito divino. El sufrimiento despierta lo humano. es un caso concreto del destino universal y el hombre. ¡Ojala pudiera pesarse mi disgusto. al menos en parte. queda en la región de acá. ¿quién la ha visto? La actitud de Job[3] Es característico del libro de Job. En la Carta Apostólica Salvifici doloris. 2-3). se trata más bien de un triunfo sobre el dolor conseguido por una fundamental convicción. 20-21). — “Aunque me mate. porque la vida humana está anclada definitivamente en la fe en Dios. llega un momento en que el dolor es definitivamente pasado y la inquebrantable realidad de que depende el hombre se impone plenamente. En el lugar de la integridad humana está el dolor: es su falta real. y muestra la verdadera condición del hombre. Esta es la innegable angostura del mundo clásico: el dolor como horizonte. el único criterio válido en último término. al menos encuadrarla en dos coordenadas. en orden al tema del dolor. cuando el dolor aparece. La segunda. ante cuya entrada el ángel de la espada de fuego — permítase por un momento esta exégesis — reduce al hombre. Sófocles avanzó en la elaboración de esta idea. no queda borrada y sumida en una penosa interrogación dirigida en último término al vacío. el hombre queda enredado en él. El devenir. De este modo el profundo y rico contenido de lo humano sale a luz. sin ser afectado en lo más mínimo. Y la noche en que se dijo: “Un varón ha sido concebido” (3. a lo sumo. su pequeñez. 10-12. a pesar de esto. nn. puro argumento sin personaje. en su magnífico despliegue. son saber acerca de sí mismo: Tomó. es decir. En cierto modo. lo mantiene en su decaimiento según el dolor[2]. en función de ella juega y. que es la sede del dolor. el hecho de que la personalidad de Job no es abatida a ras del sueto ante su acometida. Frente al dolor. en su sustancia — ousía —. su fragilidad e inseguridad. en la absoluta trascendencia del Ser. sin esperanza de respuesta. la biografía del hombre.despersonalizado. que se funda en la fe. Plotino rompe el círculo griego al estimar posible ya en esta vida la fusión del alma con el Uno. La diferencia entre el hombre antes de la caída y después de ella está presente en él como dolor. No cabe definirla por entero. La vida humana es una lira pulsada por dedos extraños y por eso melodía indescifrable para el yo. la cifra de una diferencia de nivel. en la sustitución de todo criterio o centro de referencia contingente por el Absoluto. El hombre asume el destino y hace suya la tragedia. Pero. un trozo del cosmos. resbala desde su integridad personal. sencillamente. no asumió la vía de reconquista del Paraíso. pero también. el hombre helénico se instala en su naturaleza. abdica en su naturaleza. el resultado final es un límite. es decir. desbarata su empresa. Ese es el sentido de la intervención del coro en la tragedia. el dolor no es determinante de una concepción general del mundo. al final. una impotencia. El más claro rasgo de la vida israelita es la posibilidad de apertura a una profunda exultación. El dolor no llega a teñir la vida toda como situación insuperable. hace resonar su gran riqueza de sentido. es decir. Lo que hay más allá del dolor es la realidad íntegra. ¿Qué hay más allá del dolor? El griego no llegó a contestar. El dolor hace de acicate. Pero. Incapaz de sostenerse ante el dolor — como no sea en la crispación estoica. eso es lo que va diciendo el coro. pero sí. anónima expresión del desarraigamiento de la psique respecto al yo. no llegó a ponerse en camino hacia este nuevo horizonte. Paralelamente. entregado al juego de fuerzas impersonales. Como en los días en que Eloah me guardaba! Cuando 6 . Precisamente porque sale a luz impulsado por el dolor. que se trata de un gozo que embarga al hombre entero. sino que depende de una primaria interpretación de la realidad. De esta maneta la metafísica de Plotino desemboca en la mística: dicha fusión comporta una fuga respecto del cuerpo. por lo demás. Con otras palabras: la cultura griega nos permite adivinar que el dolor es. No quiere esto decir que en el libro de Job el problema del sufrimiento está resuelto en toda la línea. pues. desaparece en un gozoso restablecimiento de una cierta plenitud. Juan Pablo II se ocupa de Job como expresión de la pregunta por el dolor. 2-3). 1. La cultura griega.

yo no soy lo que el dolor me permite concluir — por cuanto yo doliente no soy mi centro de interés máximo. sino. 7 . La vida humana es inmanencia. Si el existente. que no puede variar. Heidegger. y más en base a un criterio legalista que a una experiencia íntima. estrictamente. como puede verse en su libro Nietzsche. ¿cuál es su sitio? (38. No podrán identificarse libertad y amor. Puede decirse que ha dislocado la Edad Moderna. pues. Supongamos ahora que mi esencia es intolerable — dolorosa —. Esta perspectiva. sino una inmanencia de destino y tensión. es decir. La penitencia de Job cierra el tremendo diálogo: pequeñez y fe. Pfullingen. No una inmanencia tranquila o hecha de panoramas interiores. Sin embargo. 2-3). 1-6). cuanto la conciencia de eso. yo me decido respecto de mi propio ser. Simplemente. ha visto la última posibilidad de un existir sin descanso. La libertad es condición posicional. De oídas sólo había sabido de ti. sino la nada inmanente. Y Job respondió a Yahveh y dijo: Sé que todo lo puedes Y que no te es imposible plan alguno. ha sido abrasado. 17 y 19). existida. 1961. De la potente vivencia del dolor no queda ni rastro. no es este saber el centro de referencia último. pequeñez pura y. al menos radicalmente. para la cual Dios es más que yo para y en mí mismo. La actitud de M. Dios y el hombre. ante ese ser embargado por la Sorge. también sin dolor. sino que mi propio contenido está vacío de lo que — hipotéticamente — podría llamarse justificación de complacencia. queda asomado a la nada. Pero entiéndase. Con palabras vacías de saber? Cíñete. pues. 2 volúmenes. se sostenga y despliegue según la fe. el hombre es una determinada cosa. en su ámbito. Entonces mi libertad será una pura y seca resolución. El sentido luterano del hombre es una definición sabida. yo nada. pero no de cualquier tipo. Para que el hombre entero. Dios es todo y. Por eso. respecto de mí. Este es el balance de Sein und Zeit. el hombre lo sabe. por tanto. que hubiera sido truncado con la victoria de las formalistas posiciones de los amigos de Job. mi libertad se ejerce. pero el hombre sin nada. La auténtica comprensión de sí mismo no tiene como punto de referencia correcto el dolor — por eso. ¿Quién señaló sus dimensiones O quién extendió sobre ella cordel? ¿Se te han mostrado las puertas de la muerte Y las puertas de la sombra viste? ¿Por qué camino habita la luz? Y las tinieblas. Yo te preguntaré y me instruirás. inmanencia dramática. 1-5. Pero. nada en mí o para mí. Neske. Seguramente Heidegger percibió pronto que Sein und Zeit no trasciende la órbita de Nietzsche. ha tenido gran importancia histórica. que yo me asumo. Jesucristo. que es también el fondo de una actitud. Es claro que sólo un egocentrismo enteramente previo — sich-vorweg-sein — puede admitir ese final como susceptible de decisión[4]. su determinación como pecado. será libertad ante la nada. soy. no en un orden de consideraciones genéricas. y eso que es. ¿Qué significa yo me sé? En el fondo. Lo decisivo es tanto aquello que el hombre es. — ¿Quién es ese que oscurece la Providencia sin sabiduría Así. y yo hablaré. 1. La posibilidad de una dialéctica entre Dios y el hombre en orden al dolor ha sido anulada. en el libro de Job el dolor no está descifrado. que no conocía. el hombre y Dios. libertad e intuición propia coinciden exactamente. sino que mi libertad será en el modo de ausencia final de todo preocuparse . traté sin comprender De maravillas superiores a mí. Una existencia anclada en Dios. Supongamos que no ha lugar un gozoso complacerse en ella.hacía El brillar su lámpara sobre mi cabeza Y a su luz caminaba yo por las tinieblas (29. eso es lo que el libro de Job va exponiendo. lugar óntico de mi esencia. como varón los lomos. se ha desvanecido como toda propia preocupación o situación ante la realidad subyugadora de Dios. Este es el resultado del libro de Job. que yo soy el protagonista de un drama cuyo argumento soy yo. Mas ahora te han visto mis ojos Por eso me retracto y arrepiento Sobre polvo y ceniza” (42. El ser que es en el modo de ser sabido por mí sólo existe en la libertad. insisto. Para Lutero. Al saberme. con sus situaciones y sus dolores aparezca ante el Padre. yo como ser cuya última posibilidad es la muerte. grandioso hallazgo. En el momento en que tomándome como punto de referencia decido. en vez de ser anegado por su ser arrojado al mundo recoge todas sus energías. Heidegger En la Antropología existencialista alcanza el sentido luterano del hombre una expresión máxima. — Escucha. La razón no puede ser más que ésta: la posibilidad de definirse a sí mismo en orden al dolor sucumbe ante la posibilidad de considerarse en orden a Dios. Dios es más profundo que yo para mí. Y Yahveh respondió a Job del seno de la tempestad y dijo: ¿Quién es ese que oscurece la Providencia. es decir. por fuerza. No la nada como cero ontológico. ¿Dónde estabas al fundar yo la tierra? Indícalo si tienes inteligencia. He aqui el núcleo de la salvación del dolor. por lo tanto. Voy a preguntarte y me instruirás. pues. pues. los cuales daban la razón a Dios desde fuera. por así decirlo. que no hay nada en mí que pueda fundar una entrega exultante de mi libertad a ello. es necesaria la piedra angular.

teórica: no le corresponde ni la existencia del hombre ni la existencia de las cosas. En este sentido. o inteligible. No es algo sobrevenido. pero el dolor ut sic se les escapa. ínsita. Los recursos operativos del hombre son eficaces respecto a tal o cual dolor. acto primero. lo sustancial no puede ser dolor. se inserta. Sin él quedaría prisionero de la afección o limitado a la dualidad entre estímulo y reacción. Por ello mismo. Pero. El ideal es superación del conocimiento por llegar a las cosas en cuanto que procedentes de la Causa Primera — advertencia del ser creado —. un amor desordenado no es la mera limitación a un dato. a su modelo absoluto. reflejo del Amor Increado. La condición del dolor es la quiebra de la actividad. el dolor no estaría en ninguna parte. El hombre puede amar a las cosas en sí. El dolor no es algo accidental. es un fundamento y acto primordial y por eso condición real de la integridad de cualquier operación humana. el acto humano por excelencia es el amor personal. el cual por tanto puede ser considerado como esencia separadamente. esto es. sino que el doliente es la condición metafísica de posibilidad del dolor humano. La inducción de lo divino no es estática ni extática. El advenimiento del dolor no es semejante al de una propiedad de la naturaleza. Por eso. pero dicho supuesto es. La profundidad de la instalación del dolor en nuestro propio ser exige que el hombre le haga sitio. Es el primero el descubrimiento del ideal. Volvamos a plantear la pregunta: ¿es el dolor algo accidental o algo sustancial para el hombre? Ahora estamos en condiciones de ver las implicaciones de la solución negativa a ambos términos de esta disyunción. la presencia inmanente del mundo es cognoscitiva. un ininteligible. De él depende la superación del momento afectivo por la acción cognoscitiva: el amor es. fuera de la cual la realidad creada no cabe. necesariamente. el amor no puede ser entendido como una reacción meramente funcional ante las cosas — afección —.El dolor como situación personal Así. Ahora bien. por eso. Con el amor. Dolor y doliente no son términos meramente correspondientes. salta de la cosa como concrección hic et nunc o como inteligibilidad específica y abstraída. es decir. obviamente. amor realitatis. Por eso la persona humana es más radical que la sustancia: es el supuesto de los actos. el hombre lo aguanta en tanto que ejerce una actividad que lo posee o lo admite. y que le acometa desde fuera. con el amor el hombre cala la hondura real. sino que 8 . integrado puramente por su in esse. abrir la puerta a la aparición del dolor es algo que sólo el hombre ha podido hacer. En el amor personal el hombre realiza y expresa su ser en relación a algo más que la posesión cognoscitiva. aparición en el ser humano. una inducción de Dios. pero no por sí. aunque no sea de índole histórica. un caudal externo está en él. originariamente comprendido en su patrimonio real. El dolor se instala. no es inteligible —. como amor personalis. Por eso el dolor es el argumento metafísico decisivo en favor de la diferencia entre un status integritatis y el status iste. o al revés. Se llaman actos a lo originalmente puesto por el hombre. el dolor es ininteligible. no hay dolor abstracto o en sí. Pero por eso mismo. diríamos trasplantado. A pesar de que su persistencia y arraigo profundo llevan a pensar que el dolor pertenece a la misma condición humana. La noción de sustancia expresa una íntima consistencia sólida y bien compacta que es incompatible con la crisis o ruptura propia. no existe dentro del mundo —. en las cuales puede distinguirse esencia y existencia — el hecho de que sean y lo que son —. El segundo momento es la realización del ideal. En este sentido conocer es acto. el motivo del amor personal está absolutizado. Incluso en su dimensión psicológica. el mundo. acto. Pero tampoco es un constitutivo primario del ser humano. En el amor se expresa la imposibilidad genuinamente humana de detenerse en el ámbito del mundo como sistema cerrado — el hombre. Se llaman afecciones a las recepciones del mundo exterior por el hombre. es decir. en el dolor: que le duela a uno su propia sustancia equivaldría a corromperse. sino lo que suele llamarse ser intencional. Por ello. sino una subversión del ordo amoris. es un accidente sin esencia. Pero el dolor no es tampoco sustancia. El hombre tiene presente y recibido. a que este sentido positivo de la realidad dejara de ser. No debe confundirse el amor con la pasión. su primaria aportación. es decir. El dolor ocurre en una zona humana muy honda. siendo integralmente activo. En Antropología cabe distinguir dos grandes grupos de realidades: las afecciones y los actos. se trata de un in esse “elaborado” por el hombre. De este modo. no le diera entrada. surgimiento. el dolor no es una realidad que vague por el mundo abstraída del hombre. ni al de un objeto cultural o de cualquier suceso histórico. Dolor e inserción son exactamente lo mismo. el hombre responde a la realidad. Precisamente por eso. la estrecha conexión de la cosa con su Causa. que es un elemento de la afección. En resumen. tejiendo los cuales lleva a cabo el hombre su respuesta a la llamada creadora. Y también por lo mismo el dolor no puede ser desterrado de la vida humana. Si el hombre no hiciese sitio al dolor. cuya presencia en el sujeto se añada al ser de éste. como ya se ha dicho. la realización de su destino. precisamente. sin más. en nuestro ser. El amor personal humano. radicalmente. el dolor se constituye como tal en cuanto que se instala en el hombre. El amor coloca a la realidad más allá de todo horizonte. No hay dolor sin doliente. A él corresponden dos momentos. sino en el sentido preciso de que el dolor no es ni siquiera posible sin esa inserción. Si se quiere. Pero no de cualquier modo. pues. A diferencia de otras realidades. Al dolor corresponde. existe en el modo de una correspondencia con la hondura de las cosas. ninguna explicación histórica del origen del dolor es válida. si. El amor es. como objeto y sujeto — el dolor no es objeto. pues. nuestro examen de las actitudes humanas ante el dolor confirma la tesis sentada al principio: el dolor es.

y por eso la historia registra constantemente miradas oblicuas. El dolor marca una pérdida del destinarse. por lo tanto. un misterio del que trataremos más adelante. Pero no cabe que la persona lo supere de frente. Solo por ello cabe que las cosas “produzcan” dolor. La persona está en situación de dolor en cuanto que lo admite como quiebra y no en cuanto que quede a merced de él considerado como realidad primaria. El descubrimiento del ser va más allá de la sustancia porque arranca más acá que ella — en este sentido se dice que la persona subsiste —. posible sólo porque se es llamado. y no. es así como el dato se encaja en su ser. alcanza al ser personal justo en la medida en que éste ha agrietado su actividad. Así. El hombre tiene dolor como aquello a que no es llamado. la quiebra del ordo amoris . un llegar hasta la persona el mundo debido a la ausencia — parcial — de actividad donal. El dolor viene a ser. La recepción del mundo no anega al ser humano justamente porque se trata de un ser activo y no meramente reaccional. Aquí la primacía corresponde a la persona. Todo esto sólo puede quedar indicado. y no en el modo de la traslación en un tiempo —. castigo. Se trata de una imposibilidad humana completa. El dolor afecta al destinarse. y. es decir. El dolor puede estimular la acción o hacer desistir o provocar la rebelión porque no aniquila a la persona. lesión por inobservancia de un orden. no significa ruptura por golpe. por lo tanto. sino un acto donal destinado. Cabe dolor sin pecado personal. no respuesta. sino más bien estar en situación de dolor y sólo por ello. Según su carácter donal. El ser personal tampoco es una base aquí y ahora. el ordo amoris es el ordo realis. llamado. en cambio. respuesta. II . como simbolización expresiva del ideal que lleva a cabo el hombre con la realidad de sus actos. el espacio que puede ser llenado de cualquier dolor concreto. sino que llega a lo hondo. ni de un factor que entre en la constitución de una sustancia. De aquí que el dolor juegue junto al despliegue del ser humano y se mezcle en su vida. Pero no es la quiebra de un bloque. más o menos profundamente. paralelamente. del aumento del peso en realidad. sentirlo. sino de un acto que traduce su disminución en dolor. Precisamente por esto la actividad humana tiene tanto que ver con el dolor. Pero eso no es inteligible. El pecado es el dolor. ininteligibilidad. Este engendrar debe entenderse como producción de actos cuajados de sentido en los cuales el hombre es fiel a su ser y así a su carácter de imago Dei. No se trata de un lugar en que se encuentre la persona toda. En tales actos el ideal se realiza y el hombre anda su camino — camino de perfección. la asunción — y modulación real — de la afección o dato. lo expulse de sí. No hay tal carácter primario del dolor. No hay dolor humano sin doliente porque el dolor sólo es posible en la persona. Hemos dicho que el dolor es una situación personal y no una sensación particular. El dolor como tal es situación personal. sino debida a la quiebra del amor donal que la persona humana necesita para corresponderse con la inteligibilidad. el dolor no es ni un acto ni una afección. como decíamos al principio. que sólo se recorre en la medida del adensamiento. pues su esclarecimiento exigiría una investigación precisa y detallada acerca del ser como don. no necesariamente en el pecado personal. el hombre no puede enfrentarse con el dolor. lesión respecto de un culminar. como quiebra de su ser-amor. Al anticiparse a cualquier dato lo asume según su propia actividad. Pero la noción de situación personal puede ser mal entendida. de una sustancia. De aquí que sólo el pecado. La ininteligibilidad es llenada por el dolor. El dolor es innominación y.funda precisamente la cultura. entendida en su valor más general y auténtico. 1. sea el dolor como tal. porque a la existencia corresponde carácter primario siempre y en todo caso. una ruptura de la serie afección-amor. que el hombre las reciba así. metafísicamente. habría que decir “la ininteligibilidad es dolor y nada más”. y. La persona es el ser donal. Pero ser doliente no es precisamente sentir dolor. sino un tercer elemento cuya introducción es posible en la medida en que la quiebra del acto debilita. Las cosas son dolor en el pecado. Pues bien. Pero no ininteligibilidad como enigma objetivado. Quiebra. pues. la irrupción de las cosas no se limita a afección accidental. es el dolor en el seno del amor. La existencia no es dolor ni se transforma en dolor. Ya decía Platón que el amor es el afán de engendrar en la belleza. pues. y no lesión plasmada en un ser actual[5]. el hombre es tanto en sí como en relación: coexiste. El hombre es ser-vocado. que constituya su base. en consecuencia que las grietas de la conciencia sean ocupadas por el sufrimiento. es decir en la incomprensión radical — por quiebra del amor —. Creador y criatura 9 . La expresión “el dolor es ininteligible” es todavía débil. sino que éste de ella depende como quiebra. Por eso. Pero si este ser activo es vulnerado o debilitado. reacciones marginales ante el dolor. se está abierto al dolor como una casa sin puertas está abierta al aire del campo. La inclusión del dolor en la existencia no se lleva a cabo en el modo de una corrupción de esta última. más bien. Sólo la quiebra de la actividad donal es condición y raíz del dolor. eso que llamamos dolor es. La quiebra del ser personal es algo así como un agrietamiento por cuyas fracturas se produce un anegamiento. Por eso el dolor no se limita a ser un sufrimiento particular. padecerlo. El dolor es quiebra de actividad donal y por eso juega respecto de ella — y no ella respecto de él —. LA DIMENSIÓN TEOLÓGICA 1. sino. Sin embargo. se sienta o no.

q. 3. no significa para El comienzo ni mutación. meramente. sosteniendo la absoluta prioridad de Dios. Sólo en la medida de la actividad divina entera cabe la criatura. Pero precisamente por ello. pero la realidad de la criatura tiene como condición en Dios el Ser divino. respecto a la criatura y no es. quod in rebus creatis inest. una pura indiferencia sino. en Dios es A. Por eso no podría decirse. Dios es el Ser necesario. Justo porque Dios no se determina respecto a la criatura. sutilmente. Tanto no se detiene o se dedica Dios a hacer la criatura. Por revelación sabemos de la existencia del Verbo. La proposición correcta sería: “Dios se corresponde con la criatura como Dios. En su lugar hay que sentar esta otra: “la necesidad del Ser divino debe verse en orden a la realidad creada. no fuera de él: a es la criatura existente. En cambio. puesto que tales ideas comportan la de un agente directamente comprometido respecto a su efecto. es sin necesidad de ella. Dios no es la Causa de la criatura en virtud de la idea de causa. en suma. Un ser-hecho es el efecto. Tal necesidad lógica resulta de la consideración de las criaturas como dato. Para admitir la existencia creada hay que admitir la existencia divina en su despliegue absoluto — “esse. La criatura es por Dios. Lo que debe decirse es que la criatura no es término determinante de acción divina y que. La independencia divina persiste. La proposición “Dios es el Ser necesario. como alguna de las cuales Dios se alcance. Con la criatura se corresponde Dios entero. en cambio. la mera idea de una ausencia de necesidad metafísica del “hecho” de crear. hace. precisamente. sino de Dios como Causa — “Deus non est esse essentiale sed causale rerum creatarum”. Tal problema es un pseudoproblema y atendiendo a él nos salimos de la metafísica. no de su consideración en profundidad. es decir. sino que. en metafísica. la actividad creada. por su causa. sentaremos que sólo el Logos hace posible (mejor dicho. aunque Dios cree. no ya posible. que para El “hacer“ no se añade a Existir. O lo que es igual. permanece. Es. Es. La criatura no es base suficiente para esta proposición: “Dios es un inalterado por la criatura”. el Ser divino es entero. en correspondencia con ella. es un modo débil de entender la radical independencia divina. El tema no ha ni siquiera lugar. porque Dios no tiene que dejar de ser para que la criatura — que no es Dios — no lo afecte”. Por eso la criatura demuestra rigurosamente la existencia de Dios. Dios no es causa-en orden al efecto. Dios. que la esencia creada tiene su modelo en Dios. base de conclusiones. en el terreno eidético. explicación que es todo el Ser divino. la lógica nos deja en la superficie del tema. por tanto. se coloca ante la atención en lugar del Ser divino como Acto. Dios es causa como Dios. Lo que hace. en ella misma como sí misma. Es en el Verbo donde es creado el ser. sin esa necesidad la realidad creada no es. existe en El. ya que la criatura no puede determinar ni positiva ni negativamente nada divino. Esta perspectiva negativa. La criatura no fundamenta necesidad divina alguna. ni libre ni no libre de crear. es una reducción — todo lo legítima que se quiera — de Dios a la mente humana. a. Existir en Dios significa: la criatura tiene correspondencia Divina. exige la actividad existencial divina: Dios es creador “con” su Ser. directamente. en el sentido de que no puede dejar de ser y de que es inmutable”. asimismo. O sea. crear no es una operación distinta del Ser divino. no es ésta la cuestión —. hecha-ser. a. no tenemos derecho a pensar un Dios como mera ausencia — lógica — de determinación en orden a ella. Dios tiene que ver con la existencia y por ello es modelo en ese orden. No es éste el sentido de la demostración de la existencia de Dios. Nótese que en cualquier otro sentido no podría hablarse de demostración de la existencia de Dios. o por destinarse a su Creador. en el fondo. Más aún: en la demostración la criatura no funciona como un supuesto. sino en virtud del Ser divino. Si Dios es independiente de la criatura no se determina respecto de ella. sino del Ser. Ser-hecho es ser superado absolutamente por Dios.El ser se divide en dos: creado e Increado. A es Dios como Acto. sino como un necesitado de explicación. hay que hacer girar ciento ochenta grados la atención. en una visión en que entre y sea considerada la criatura. el “hecho de la creación” no modifica en sentido alguno a Dios. que sólo es posible invirtiendo el orden. La incomparabilidad criatura-Creador se ejerce justo en el terreno concreto de la constitución de la criatura como ser. a su Ser Acto. 5 ad 1) — y no solamente como conclusión de una necesidad lógica. El sentido de la última proposición subrayada es éste: dada la criatura. da el ser“. sino que tenemos que admitir el ser divino entero. además. Por lo tanto. Dios. Dios hace real la criatura. precisamente por la imposibilidad de admitir una determinación parcial de Dios en función de la criatura. sino real. Dios no es una conclusión lógica sino un Ser vivo. Apoyándonos en el dato revelado. A partir de la criatura no se dibuja un orden de necesidades lógicas. una perspectiva sin perspectivas. Dios no puede crear más que siendo. inútil. criatura. Dicha correspondencia se establece entre las existencias y no. En Dios no caben meros posibles. porque. Decir que Dios es libre de crear o de no crear. es independiente de la criatura precisamente dada la creación. pues. en cambio. ni a la criatura como un producido o elaborado. esta disyuntiva es superficial. non est intelligibile nisi ut deductum ab esse divino” (Tomás de Aquino. no de una operación. La advertencia de la realidad creada no se hace en virtud de ella misma. lo que ocurre es que. siendo. preocuparse por asegurar la inmutabilidad divina en orden a la creación. no sirve — aunque en ella no hay falsedad. el Ser increado es independiente de la criatura. perjudicial porque la idea de inmutabilidad que así se pretende asegurar. De donde que no deba entenderse la creación en base a las ideas de producción o moldeamiento. La 10 . Dios no es. sino que la existencia. o que es un precipitado degradado de la Esencia divina. es demasiado poco para determinar la libertad de Dios: Dios no se pone como libre respecto a ella. que no puede decirse que la creación deje a Dios indiferente e inmutado.ser es el Ser. no podríamos decir que alcanzamos a Dios en virtud de una razón suficiente de postulaciones que se dan en la criatura — esto es contradictorio con la noción misma de criatura —. real) la creación. segunda Persona divina. De potentia. sino que Dios es el Ser que. La criatura es encerrada o abarcada en el Ser divino. Y sólo por ello el principio de causalidad tiene valor trascendental. en orden a la criatura. la entera positividad de su Ser. dice también Santo Tomás —. no se produce una especial determinación. “eximente”. advertida la criatura.ser. No se trata de Dios como modelo. pero esta necesidad suya de ser hay que entenderla a la vez que se entiende la criatura. Entre Dios y la criatura no hay conexiones lógicas. Preocuparse de resolver el problema de hacer compatible la creación con la independencia divina es. Dios no es. esta proposición ve a Dios desde la criatura. En el fondo. lo cual es absurdo.

como cualquier referibilidad mía. el acto. es porque la actividad divina es tan superior que no soy actividad suficiente para formularme como distinto. Por otro lado. en general. no está creado. mientras que la simple criatura es realidad única. como ha accedido. No hay elevación sin apertura de la vida trinitaria. Dios puede recrearme sin que resulte otro respecto de mí. Sin embargo. El hombre en gracia no mueve una mano sin que. Por decirlo así. Es un nuevo nacimiento referible exclusivamente a Dios como prioridad y no a una anterioridad creada. valga la palabra. De aquí que para el Padre. Téngase en cuenta que el Espíritu Santo no es medial. en general. Cristo es referencia subsistente al Padre. sino Dios. Dios no se ocupe de Ser como Dios ese movimiento. en absoluto. Es una ligazón íntima. puesto que la Eternidad trasciende al tiempo — Dios no es intemporal e inmutable sino Eterno e Incausado —. y sin el Hijo no sea. es la profunda desvelación de mi carácter de criatura y no la fijación psicológica del luteranismo. el universo sea por el Hijo. La identificación con el Verbo no es panteísta porque es activa. La elevación del hombre es un nuevo nacimiento. no limitada a sí misma. La criatura no es término de referencia de su elevación porque el absoluto sólo puede Ser-Don. sino en el Hijo. En el ámbito de Vida absoluta abierto desde el Hijo — como Hijo — resuena y vive como Dios mismo la creación entera. sino una re-creación en que la criatura no funciona como término de referencia. sino que en cuanto se ocupa en vivir Dios se lo está diciendo en términos divinos. realidad creada no mera. no toma tampoco a la criatura como término de relación. Dios me dice con su Ser mi ser y por lo mismo mi ser no se limita a ser mío. Dios es todo en todo. Mientras que la simple criatura tiene su absoluto. Nuevo nacimiento no significa mutación o cambio en el orden de la sustancia. sino que soy el Verbo en cuanto no referible a mí. sumido. Pero las relaciones divinas permiten matizar esta mismidad. misericordiosamente. La invasión deificante. Dios conserva su carácter de absoluta prioridad. sino que alcanza su ser en Dios como irrumpido en ella. en Dios. 11 . Por un lado. Nada creado existe sin que el Verbo diga al Padre y es en ese decir donde es-hecho todo. Desde aquí cabe sostener que el constitutivo último de la existencia elevada precisivamente considerada es la Esperanza. sino Dios. puesto que no está limitada a su propio orden de perfección o culminación sino abierta a Dios. De manera que aunque no sea lo mismo criatura elevada que simple criatura. Sin ser convertida en otro. La noción de elevación Se entiende. sino un nacimiento originário que crea nueva criatura y no criatura consecutiva o formando serie con la antigua. es decir. sin el Verbo. la diferencia no es un cambio de supuesto. Por toda la eternidad. puesto que es el Infinito originario. es decir. la criatura no tiene relación con el Padre. creado. una unificación-activa-donal. palabra pronunciable ante el Padre. el acercamiento del hombre a Dios no es un proceso de asimilación del hombre. sea mutado en Dios. Para el Padre. una criatura elevada es una realidad doble. se une con El en la medida en que existe — como criatura —. la criatura elevada está “en medio” de la Vida. A la criatura le es dado Dios. Si Dios se abre paso en mí. su realidad absoluta. Por eso. divino en el que está encerrado. porque el sentido estricto de la palabra elevación es difícil de establecer. identificante. La criatura elevada no se limita a realizar sus actos. al ser creado le es dado el Ser absoluto. una evolución hacia el término divino desde un término creado. a obrar el bien. No es que yo. Por decirlo de algún modo. el sentido. 2. Yo no soy en mí palabra — referencia — absoluta. asociado. En la elevación. Yo “quepo” en Dios con mi ser mismo que se va y se ha ido haciendo. En esta irrupción. esta idea genérica es imprecisa. pero como respectividad tal unificación no es una confusión o aproximación de Creador y criatura. a hacerla penetrar en su Ser.criatura es en la Expresión viva del Padre. sino estrictamente creador. no es un proceso que se determine en función del hombre como supuesto: no es un segundo nacimiento que prolongue un primero. en la criatura elevada el ser está unido. Dios tiene entrada en mi intimidad existencial sin extrañarla respecto de mí — puesto que yo comienzo como ella —. el acto. Las obras ad extra son comunes. Bien entendido que tal incorporación no es un hacer sitio a un sentido nuevo: para Dios no hay novedades. Por así decirlo. el universo no cuenta. a su culminación absoluta. la criatura elevada verá como Dios ha incorporado sus actos. no es una mera metamorfosis en que la criatura sea nueva — otra — en relación a sí misma. en el mismo plano que el Verbo. le es dado a este último. por elevación una acción divina ejercida respecto de la criatura que modifica su condición de mera criatura. Esta donación es la unificación con el Ser. Elevar significa irrupción de Dios en la criatura. La introducción no es criatura. Pero bien entendido también que la absoluta fecundidad de la vida divina permite hablar de incorporación. Criatura elevada significa. puesto que en Dios la infinitud no está dada-ya y cristalizada sino que vive eternamente. por lo tanto. Yo no soy relativo a mí sino en Dios. sino una intensificación de su ser donal: la diferencia es Dios mismo. no es lo mismo criatura elevada que simple criatura. El carácter de intermediario del Verbo no es moral o jurídico. sino una invasión de Dios: al final. la persona creada es introducida donalmente en la vida divina. El sentido. Hay que descartar la idea de transformación o conversión de la criatura en otra cosa y a pesar de esto no es menos cierto que la acción divina tiene que ver con la criatura y que. En la elevación hay que prescindir de las ideas de uno y otro. a elegir su vida. pues. porque la acción divina elevante no puede ser sino el mismo Ser divino. absolutamente superado.

La naturaleza humana es la humillación del Verbo. Es humillación ante y sólo referible al Padre. de unos actos que por ser del Verbo se sostienen ante el Padre y lo expresan. la vida narrada en los Evangelios. sino alfa y omega del ser-que llega a ser. en los sacramentos. son expresión del Padre — y. de que. La Eternidad como carácter positivo de Dios comporta el Ser Verbo en que se encierra todo llegar a ser. el Verbo es camino en el sentido de que el despliegue existe en El. un ámbito de resonancia en que el movimiento culmina y no es dejado a sí. revelación —. ya que sólo como expresión del Padre cabe en el Verbo la posibilidad de humillarse — posibilidad que sólo se concreta como encarnación —. que son también. Esto es intentar pensar la Trinidad. con absoluta anterioridad metafísica. supuesta la elevación. una continuación o proseguimiento posterior a la muerte. La unión a la Persona es el valor expresivo de la humillación. Humillación ante el Padre es lo propio de Cristo como Verbo encarnado. en una consideración rigurosamente metafísica y no vagamente mística. De manera que el anonadamiento del Verbo como hombre no es un empequeñecimiento relativo a sí mismo. la “otra vida” no es exactamente una supervivencia. Pero lo tiene según su vivir. el fundamento o posición de tal despliegue se entiende — mal — como concretada antes de él. en sentido pleno. después de padecer. es decir. Término intencional significa: ser colocado al final y como meta del despliegue operativo de otro. y por otro incompatible con la unidad personal —. La humillación es esencial para la encarnación. colocarse fuera de la revelación. por un lado. que gobiema y juzga porque tiene en Sí el sentido absoluto de lo creado. sólo un modo más de expresar al Padre. No es que desde el Verbo irradie súbitamente un sentido que haga vibrar lo humano y lo 12 . La encarnación no es indigna del Verbo. pues no de otra manera una humanidad puede ser unida a la expresividad personal del Hijo. es fuente inexhaurible de investigación. A la Verdad absoluta le corresponde la sumisión plena de su Humanidad al Padre. De manera que esa vida concreta. su dotación de sentido. del Verbo. Muy al contrario. ¿Qué se entiende por vida de Cristo? Por vida de Cristo se entiende. La asociación de lo humano a la Expresión divina es un Misterio central de la fe. Como gigante corrió su carrera y ahora expresa el Padre según ella. En ella está el fundamento de un nuevo tiempo — es la noción de kairós —. fuente de vida. una naturaleza humana unida hipostáticamente a la segunda Persona divina. la unión hipostática no se entiende con sentido auténtico y fecundo y debe confinarse en categorías jurídicas. una serie biográfica concreta y localizada en el tiempo.o como un estático punto de atribución. o no son. es decir. Está unida al Verbo como su humillación. El dolor en Cristo Ahora bien: el Verbo para el hombre es el Verbo encarnado. Cristo es Dios y hombre. permítase la expresión. o esos actos. el Verbo no es término intencional del hombre. muy débil. Luego. de los actos del Verbo. de tal modo que la existencia. sino que en ella se incoa. La unión hipostática tiene una profundidad insondable. por lo mismo. A El le han sido dadas las naciones en herencia. encierra en sí la eternidad. en definitiva — es la vida de Cristo. ya antes.Pero la unión del hombre con Dios ha de tener como intermediário al Verbo. la glorificación de la Humanidad no es separable de la humillación. sino el mismo sentido intratrinitario. sino el ascenso de la actividad-movimiento a la Eternidad. 3. La relación de la criatura elevada con el Verbo no es una comparación entre una pequeñez con la Expresión absoluta — comparación especulativa —. Es la tremenda Majestad del Señor universal. Si esto no se tiene en cuenta. esa serie biográfica temporal. ha previsto y encerrado en su Ser dicho desarrollo creado. esa biografia. Pero tal unión hipostática comporta que la naturaleza humana — la vida de Cristo en definitiva — no es sino una vía real de Expresión del Padre. Esta vida es la del Dios-hombre y. porque en ella la Persona no se puede considerar activamente. el desarrollo o estricta realidad de lo que San Juan llama encarnación del Verbo y San Pablo anonadamiento o humillación del Hijo. sino. psicológicas o a una ontología sin horizontes. de tal manera que éste sólo puede ser como mímesis de la Vida divina desplegada y funcionando por consiguiente como camino. está sentado a la diestra del Padre. pero esta humillación se despliega obediente al ritmo de la Vida personal. No es la mera unión de unos hechos meritorios a su premio. que no se mueve en el Misterio. El Verbo encarnado es el Verbo anonadado porque al mismo Verbo como Verdad absoluta corresponde expresar al Padre. es decir. El Verbo no es término. Por eso. La Gloria del Cristo celeste está intimamente ligada a su vida de humillación. Los actos de Cristo son del Verbo como lo que el Verbo Es y no del Verb. por así decirlo. en principio. en su Gloria. y ésta es la Gloria de esa Humanidad. Según esa vida el hombre es salvo y fuera de ella Dios es inasequible. sino porque tal homenaje es exactamente expresivo de El mismo — no otra cosa puede agradar al Padre —. sino la comunicación con la Eternidad. La absoluta prioridad del Verbo significa que sólo en la medida en que el Verbo vive la criatura puede decirse elevada. absoluto. En la hipótesis de una elevación. no como un término exterior asociado — esto sería. El Padre no acoge con complacencia el homenaje de Cristo por un mero motivo jurídico o moral. el Verbo vive. según los acontecimientos recogidos en los Evangelios. como tal. Por eso. Esto significa: la Vida en que está encerrado el existir humano — el universo entero. al “producirse” el desarrollo de la criatura — elevada —. como si la humanidad significase para el Verbo sólo — hipótesis sin sentido — una limitación que repugne y contradiga a su Infinitud. como sería su atribuibilidad jurídica o moral a una Persona divina.

en esa medida. podría desplegarse. en absoluto. sino un sentido del Verbo. puesto que la humillación comporta despojo.transmute penetrándolo — entonces no sería verdadero hombre. Cristo no es: Hombre más Dios. la humillación es relativa al Padre y. En Dios no hay dolor alguno. estrictamente. actividad divina. únase la naturaleza humana a la idea de persona como puro sustrato: en ese mismo momento el pensamiento ha “des-divinizado” a Cristo. Si Cristo no hubiera sufrido. la humanidad no es sino la humillación es decir. pero tal humillación no es un sentido en sí sino en la Persona — naturaleza de ella — y. Luego el dolor es. es insustituible para el hombre. No se puede partir de Dios y del hombre para unirlos en algo así como una síntesis hegeliana. Si la Persona en Cristo no es Verbo — y no. pero su humanidad no es otra sino. Esto es un Misterio. la vida de Cristo es la vida del Verbo y por tanto. pero. en Cristo. humillación — como compatibilidad —. no. pues en otro caso su dolor es un puro absurdo. Cierto que en Cristo hay dos naturalezas. El Verbo quiso tomar forma humana y según ella se humilló y se despojó. Pero esto no significa que en Cristo no haya dolor auténtico. precisamente porque su ser-Dios es actividad absoluta. Por eso. con tranquilo movimiento. o compatibilidad de Dios y hombre. es decir. por tanto. El dolor del hombre es como una agitación estancada que. Que Cristo sufrió es un dato. El hombre hubiera quedado aislado según su dolor. Hay que partir de la unidad. su dolor tiene que buscar sin tardanza el dolor de Cristo para unirse con él y ser-delante del Padre. que Cristo no se puede dividir o distribuir en dos —. Ser hombre y ser Dios son. justo. ¿cómo debe entenderse el dolor de Cristo? En primer lugar. Es absolutamente imposible admitir en la entera positividad y felicidad de la Vida trinitaria esa sombría realidad. en la participación de su dolor. es decir. Es la libertad total. si se deja de considerar desde la Trinidad. Pero tal humillación no es un sentido en sí. lo cual es imposible — es suponer la Humanidad — y además no cabe hablar ya de humillación. como Verbo (en la fe. ni asociar el dolor a su regressus hacia Dios — supuesto que este regreso fuera posible sin la Redención. un cauce para el despliegue del sufrimiento humano en una órbita de sentido. sólo ante el obstáculo a la referencia. también porque no cabe admitir un mero paralelismo de despliegues — es decir: Cristo vive como hombre y vive como Dios — ya que en Cristo no hay más que un viviente. por último. limitado por este muro con brillos de pura superficie. La unión hipostática. no podría hablarse de humillación o despojo. unirse al dolor de Cristo. no dejó de ser in sinu Patris sino en el modo de un tomar naturaleza desde su ser in sinu Patris. no cabe aliviar la tensión entre estas dos consideraciones: es el Mysterium Crucis. Esto es irrebatible. sin luz profunda y viva. es decir. a amarlo y ensalzarlo. Si se dirige la atención derechamente al Misterio que nos propone la Iglesia. Este ser en Cristo Dios en su plenitud activa personal es lo que. puesto que hay humanidad auténtica como humillación expresiva. por así decirlo. Expresión. de la Persona. un acontecimiento histórico concreto que tuvo lugar en un punto y 13 . sino que su vivir es uno — unión hipostática —. ya que hay una sola Persona — que comporta. en definitiva. se ve que no se trata de encontrar o hallar la Persona en Cristo sino. de verla como es. La Humanidad no suspende en sentido disyuntivo la divinidad — si es hombre. Un dolor auténtico es expresión del Padre. el despojo no es sino el tomar forma humana. Repito: la parte nuclear del Misterio es la persistencia de la actividad Personal divina en Cristo. No por quitarse la divina. O sea. como debe hacerse con el dolor humano. desplaza la hipóstasis humana. Es todo el Misterio Personal del Hijo lo que está unido realmente a la naturaleza humana. es nominable. precisamente. si vale decirlo así. perseguido por el Verbo. en otro caso. el dolor no hubiera significado nunca nada. relativo al Padre. tiene que ser Expresión del Padre. hay que afirmar que Cristo quiso el dolor. Y. El dolor en El no puede explicarse. que no lo es —. y no como subsistencia. Cristo vive como hombre. La crucifixión de Cristo es. la pura idea de centro de atribución — no hay profundidad de misterio. por lo tanto. la persistencia del acto personal divino en Cristo. la Humanidad subsiste antes de la Persona. precisamente tal por la actividad divina. Más que bajar a ella la asume. sino así: lo humano como despliegue es compatible con lo divino como actividad. La idea de contradicción sólo surge al tratar de unir objetos supuestos. Cristo es uno. el hacerla sitio. la suspensión compatible de la forma divina. pero no una contradicción. la humanidad sería abrasada por la divinidad. dejar en suspenso. y. se confundirían las dos naturalezas. en cambio. El Hijo es respecto al Padre. El sufrimiento de Cristo es necesario para que el dolor tenga un correspondiente en Dios. La Persona en Cristo no es puro punto de referencia — no está localizada — o de atribución moral. Cristo vive como Dios. O mejor. paralelamente. por así decirlo — perfectus homo — el quid de la cuestión. Cristo quiso y nombró el dolor. nos permite decir que este hombre es Dios. insisto. Pero este despojo no tiene otra finalidad que dejar espacio a la humanidad. puesto que es Persona divina. incompatible con la Trinidad —. perder la forma divina. pero no paralelas. claro). la forma de Dios — tomó forma de esclavo —. como una grieta de la actividad personal. tal penetración sólo es pensable desde un sentido sustancialista del Ser divino. dos compatibles. es decir. en El el dolor es inteligible. por lo tanto. expresión del Padre y también Revelación. corre a sumirse en el mar infinito del dolor de Cristo y allí alcanza la paz. sino por tomar la humana hay despojo. Pero este ser-en Cristo Dios no puede entenderse como locación estática (ya que no hay pérdida de la actividad divina). por así decirlo. Si se suman hombre y Dios. Varón de dolores. sino como auténtica forma del Verbo. cierto. Es la misma autenticidad del tomar forma humana. Es la gran Atracción de la Cruz que lleva al hombre a querer el dolor. es decir. ya. Por eso. Pero no vive como Dios y como hombre. Mientras que como ser “natural” el hombre tiene asegurada su realidad creada en el Ser divino y. Cristo es hombre. en Cristo. no es Dios — sino que la suspende como compatibilidad absoluta. Suspéndase la Persona en Cristo. también cierto. Esto es lo grandioso. en consecuencia. Participar. por un lado. cuando se le abre paso. o al revés. jamás el hombre sufriendo hubiera podido tener un eco en lo absoluto. puesto que en Cristo no hay persona humana. Por eso. la Humanidad no es del Verbo en este sentido. no se detiene. Cristo divinizó el dolor en sentido riguroso. Cristo insertó su dolor en El y de esta manera abrió. Esta compatibilidad implica que la Humanidad es expresión. es Expresión del Padre.

Pero la voluntad del hombre fué incapaz en este caso de determinar un efecto y su resultado fué asumido por la corriente viva de Cristo y transformado en ella. el rechazo del Padre. el dolor humano se abre a la 14 . como factor desencadenante. En los dolores de Cristo está apoyado el mundo y así confundida toda soberbia. Ello. Baste con lo indicado que ha de ser tenido en cuenta en el apartado que sigue. el proceso no podía detenerse. Hemos sido comprados a gran precio. La mirada se abre así al arcano de la Generación eterna y vislumbra la inenarrable explosión del Amor. el misterio de la necesidad de la Cruz no debe disolverse eu la idea de una legalidad justicialista. Más que de una frustracción de los propósitos de los hombres. que Cristo no bajó de la cruz. En el dolor de Cristo se nos ha mostrado la independencia divina. Habría que decir. A través de la mayor debilidad y humillación se abrió paso la infinita fecundidad del poder divino. La primera. Impulsados por el odio. por lo tanto. esta necesidad es inseparable de la divinidad de Cristo. depender de ello. por otro lado. vox silet”. cit. 1. Cristo murió porque quiso. que no hubo oposición sino triunfo total en que la autonomía de lo humano desapareció sin mengua de su estricta realidad. mediante la profundidad divina de la unión filial con el Padre. Ahora bien. Ahora. que Cristo fué crucificado por un grupo de hombres. superior a toda contemplación especulativa. sino que desde una absoluta anterioridad personal impuso su carácter de Logos divino y en este carácter encerró la redención en su genuino valor ontológico y no meramente moral. Ha de repetirse: “Impossibile est scire Generationis mysterium. No compensó Cristo los pecados humanos. que abre y nadie cierra. La segunda. cierra y nadie abre. Cristo no bajó de la cruz. diríamos. es decir. sino aquella honda realidad que Cristo impuso y llevó a cabo. Bajar de la cruz hubiera significado establecer una relación dialéctica con lo humano. La voluntad del Padre era la Cruz de Cristo. sin embargo. baja de la cruz”. querían sencillamente la desaparición. en definitiva. lo que los hombres no quisieron. n. 4. en un esfuerzo para aproximarse en lo posible. todo orgulloso intento de autoposición. es el sentido existencial de la muerte de Cristo. es en realidad la fuerza de Dios. No tiene el lenguaje fórmula adecuada para expresar la intimidad de la conexión entre la cruz como propósito de los hombres y la Cruz como Realidad divina: la totalidad de la superación y triunfo que. la ruptura con Dios”. Hubiera sido arrancarse del ámbito divino y. que la provocaron. superior a toda intuición. ni podían siquiera imaginar. obrar por motivos humanos. que en su producción intervino la libertad humana. El Padre no podía querer otra cosa. la Cruz es Revelación estricta. Si el resultado se les escapó de las manos. sino. es superior a toda posibilidad de tematización. mutuamente donal. Salvifici doloris. radicalmente hablando — el dolor es suspensión de la condición real —. la vertiente del Misterio de la Cruz que da hacia la creación. expresaban lo contrario de lo que realmente es. sin puntos de tangencia del Padre con el mundo — no teniendo nada que ver con él. sino haciéndolo tener que ver —[6]. en ella está descifrada la historia entera — Stat Crux dum volvitur orbis —. sin mengua del despliegue de la voluntad deicida — que llegó hasta el fin y no fué cortada o suspendida en ningún momento como para hacer sitio a lo divino — alcanzó la cruz en Cristo. ello fué debido a la absoluta superioridad de la actividad divina de Cristo. Asimismo. “Cristo. se sumergió en su propia plenitud. como si Dios hubiera arrebatado de las manos de los judíos a su Hijo. La muerte de Cristo fué querida y provocada por un grupo de hombres. No. Como lo que estaba haciendo se consumaba en la órbita de su relación con el Padre y cuando sus sufrimientos llegaban al colmo seguían “transformándose” en Expresión del Padre. A estas dos dimensiones corresponden dos circunstancias importantes. antes del cual el hombre no podía hacer nada con su dolor. No: les fué entregado e hicieron con El lo que quisieron. No es éste el lugar para intentarlo. fuera de la soberbia. pero. privar al mundo de fundamento. pero asequible en la Cruz como holocausto operado ante el Padre. orientado hacia El. de este modo. habría que hablar de que la Realidad divina se impuso. Sin embargo. Precisamente porque el sentido de la cruz no fué determinado por los actos de los hombres. de las Personas divinas. no nos da la perspectiva más profunda. No los actos de los judíos. el aniquilamiento físico y moral de Jesús. Cristo fué crucificado. triunfó. No se trata ya de que en el dolor de Cristo sea llevado e introducido en el ámbito del sentido divino absoluto el dolor del hombre. 18. lo decisivo es que no hubo ninguna suerte de escamoteo. sino. al “hacer pasar” por él el caudal mismo de la Vida del Logos. Y es que. la cual solamente se nos abre en la inmersión sin límites en la absoluta fecundidad de la libertad de Dios. Cuando los judíos decían: “Si eres el Hijo de Dios. que a nada deja consumirse en la impotencia metafísica. mens deficit. La cruz como holocausto tiene su condición última de posibilidad en la entrega mutua de las divinas Personas. de que en eso mismo es revelado el misterio insondable del ímpetu unitivo. por lo menos. Lo que para los gentiles es locura y escándalo para los judíos. que lo humano no fué estorbo. todavía más en el fondo. Solo cabría dar vueltas a su alrededor para ir quitando obstáculos y debilitaciones conceptuales. percibe de manera humanamente inexplicable este sufrimiento que es la separación . El dolor del cristiano El dolor humano alcanza sentido en el dolor de Cristo.momento determinados. como si Cristo hubiera colmado o satisfecho una medida exigida por Dios. su interpretación en función de la independencia divina. La crucifixión no fué un mero acaecimiento — como podría ser una muerte por accidente —.

propiamente. es decir. sino esperanza. ¿Qué soy. en lo más nuclear de lo humano. Esto sería salirse de la revelación. rompe su carácter más propio de limitación o crispación y se anima de un movimiento. el andar hacia Cristo se adensa en valor. Pater. simpliciter. su irrupción activa. que mi amor está encerrado en la pura prioridad de que El me ama. No es un andar menesteroso que tiene sólo al final su pletórica riqueza — como meta —. digamos. sino como a mi Amante. se implanta en mí.esperanza. entendido en su sentido metafísico riguroso. por cuanto la actividad creada no es comparable con la divina. sino una realidad que ha de alcanzar su ser definitivo. . Solo el Espíritu Santo escudriña la profundidad de Dios y hace penetrar al hombre en ella. en vivir-yo como esperanza. Si Cristo se reconoce en mí no es porque yo sea su imitación especular. Esperanza significa: mi movimiento hacia Cristo — acercamiento a El. sino dándole movimiento. La función santificadora del Espíritu Santo no es ésta. sino que reside en el Espíritu. yo? La posibilidad de amar a Cristo. — (estar llegando a ser. un impulso que lo pusiera en marcha enderezándolo hacia una meta naturalmente inasequible. El Espíritu Santo. es decir. Centrando la atención en Cristo. más. El valor de mis actos no consiste en ellos mismos. su vida en despliegue. Por eso. Cristo no tenga que establecer un salto hasta mí — al margen de su referencia al Padre —. permítase la expresión. que Cristo ha venido al mundo para hacer posible el don del Espíritu Santo al mundo. en el molde de una distancia que ha de ir siendo acortada mediante ellos (distancia tendida entre el hombre y Cristo. la posibilidad de decir Abba. Este es el quid. como si Cristo fuera un admirable matemático que hubiera encontrado la respuesta exacta a esa especie de cuadratura del círculo que es el sentido del dolor. hacer oír la voz con que me llama. La esperanza de alcanzar a Cristo con el curso de la vida. es decir. en el único. a su paso. la vida de Cristo. pero somos una cosa con El desde el Espíritu Santo. Yo para Cristo no soy un objeto. constituyéndolo en relación a Dios. como se ha dicho. la deificación del hombre. es todavía muy poco. por así decirlo. porque El es en mí. De aquí que la esperanza no sea consecutiva a los actos. ¿Quién no se ha dado cuenta alguna vez de que no alcanza a amar por completo a Jesucristo y de que. es porque su Existencia es mi amante-amado. el hombre. Mientras que en la escala humana yo amo a otro y ese otro me ama a mí. es decir. al final de ella. Yo soy sólo una respuesta existencial. ya lo hemos dicho. Pues bien. Pero esto. el aún-no ser del hombre elevado no es una potencia que ha de pasar a un acto. sino que se pierden en la vaguedad. de tal manera que la interclusión de la noción de otro — la distinción de personas humanas — es solidaria de la imposibilidad de coincidencia plena entre el otro como objeto de mi amor y el otro como mi amante — yo le amo a él y él me ama a mí. transforma al hombre. no está aislado como un bloque real que sólo mantiene relaciones operativas o intencionales con otros seres). Paralelamente. Respecto de este final es la vida humana esperanza. en todo caso. Cristo viene. que puede ser acortada). para que yo no esté aislado. mi identificación con El significa su imposición plena y sin trabas. en El mismo — pues es mi mismo yo quien es miembro suyo —. ni de un hacer capaz al hombre de dirigirse o tender a Cristo. para que. En este supuesto. nace. Cristo pretende que seamos una sola cosa con El. sino que la tiene también dada. En realidad. En Cristo. como lo formó en María. porque se vea copiado o participado como yo. Cristo no puede ser referido a un objeto sino al Padre solamente. Es El quien forma a Cristo en nosotros. que el dolor humano no juega en el Cristianismo como problema resuelto tan sólo. sino que soy transformado en Cristo. y no una síntesis en que yo entre como elemento originariamente relevante. estrictamente. Pero. no hace transitar ese poder sino en cuanto El mismo es Don. de ser uno con Cristo. Cristo no ha venido a resolver el problema del dolor humano. su 15 . Mi necesidad del Espíritu Santo se concreta. sino que lo espera como sí mismo. es decir. El final humano no es un término sino una culminación en el amor-don. Si El no existe fuera de mí. llamarme. in situ. Pero el hombre es capaz de esa deificación porque el Espíritu Santo le es dado. Mi identificación con Cristo es. Paralelamente. La acción del Espíritu Santo hace que yo para Cristo no sea un objeto. quiero decir. en definitiva. Téngase en cuenta que el Espíritu Santo es el Amor del Padre y del Hijo. por tanto. En Cristo está la salvación. mi ser movimiento no se dirige a Cristo según la serie de mis actos. Lo cual significa: mi ser no es nada parecido a un “almacén” de divinidad. Mi vida es esperanza de su propio valor divino. el hombre necesitaría. pues. todo lo que se quiera. El binomio esperanza-amor. No la excelencia de un ser fuera de mí. La razón de que yo le ame es El como amante. Cristo no me ama. De manera que no se trata. Pero no es esto. aunque la fórmula resulte descarnada. etc. pero su yo no existe en el mismo sentido en que es objeto de mi amor —. Yo no soy hecho otro Cristo. que nos da la filiación. es decir. tan sólo una ayuda. sino más bien algo de sentido contrario: en vez de ir yo a Cristo. no son-respecto a El. sino que es su ser mismo. sustituye en la vida del cristiano al helénico potencia-acto. o según el ser que será (en Dios). En rigor. Mis actos no están encargados de tender un puente entre Dios y yo. El ha querido que ese expresarme se identificara con El. mi amor a Cristo — yo — se dirige a El como a mi Amante. Tan profundamente es el hombre esperanza que aquello que espero no es exterior a sí (de manera que su vida tuviera un valor único y residente en ella misma como criatura. en un absoluto no saber a qué atenerse ni a donde dirigirse. Cristo ha desatado la ligadura del dolor. Tanto no es Cristo meta intencional del hombre que los actos humanos no consiguen jamás una orientación precisa hacia El. el ser que vale en el plano divino. La vida de Cristo en mí es. Soy en el modo de no distinguirme de su expresarme. la suya. activo en el hombre. sino que su valor es nulo “hasta” el Espíritu Santo. La esperanza vibra. sino El mismo nacido en mí como amante. Pero no como a un objeto amado. ¿en qué? En Cristo. propio de mi ser in via) no tiene a Cristo como meta objetiva. adoración. el binomio sujeto-objeto no se da. in via. Yo diría. el amor de Cristo no es referible a Sí como objeto. que es donal. es menester el Espíritu Santo. unilateralmente cristológica. Ahora bien. que le es proporcionado por el Espíritu. “en su más profundo centro”. un concentrado bloque que se yergue como término de una tendencia de unidad porque en él esté depositado lo divino. es dependiente de una donación. De este ser definitivo no es el hombre in via potencia. actos de amor. Si se quiere hablar de ayuda habrá que aumentar hasta el límite su importancia: es ayuda de quien unicamente puede y que no cede. no precisamente anulándolo o desterrándolo del mundo. ni de una remodelación de la sustancia humana que quede mutada en otro Cristo. dicho así. sino.

queda colocado dentro de él. por el contrario. el dolor deja de yacer en el fluir vital. es el arrepentimiento cristiano. desaparezca. como su límite y herida y. Aunque no sea borrado. 1. El cristianismo no soporta el pecado ni el dolor. en la vida cristiana el dolor no juega como límite y quiebra. De todos modos. La impotencia situacional es “levantada”. El carácter situacional del sufrimiento no desaparece en Nietzsche. saber qué hacer con el pecado. como “visualidad”. el hecho de la elevación restaurada de la existencia personal destruye. inédito. Aunque la interpretación del sujeto se afine y enriquezca. justamente al establecer como programa de trabajo la constitución de un sistema cuyo punto de partida es el sujeto. en esencia. aunque el dolor no desaparezca dentro de la vida cristiana. Por debajo del dolor se abre un caudal de gozo. como deducido. una situación personal. que lo opuesto a cualquier intento operativo de perfección. La filosofía crítica está obligada. tarea que debe asumirse. El dolor del cristiano está colocado en el seno de su ser totalizado y es incapaz de hacer mella. es tanto un camino por andar como el brote interior y estallante de la llama ardiente? ¿Por qué el cristiano anhela y se queja — ¡Veni. Mientras que la esencia platónica es un panorama eidético — o de contenido inteligible — unificado por arriba. Lo que hay de situación en el dolor desaparece. El punto de vista egocéntrico del idealismo es incompatible con el dolor como sentido. sino que tiene que soportarlo como una herida en el flanco. Por eso el dolor es empresa durante todo el desarrollo de la vida cristiana. es uno de los pocos pensadores modernos que se han ocupado derechamente del tema. lo que ha de colmarse. al restaurarse la integridad de la persona. Fué Kant quien por primera vez hizo consciente y sistemático el impulso que desde Descartes anima el pensamiento europeo. Esta dirección limita y condiciona la antropología modema. La realidad auténtica del sujeto humano no puede ser vislumbrada cuando se intenta — pretemáticamente — 16 . A partir de Kant la filosofía ha cifrado su esfuerzo en una superación del sujeto kantiano. Sin embargo. sobre todo. obturado por el dolor. La escolástica no llegó a plantearlos y la filosofía idealista moderna los ha desvirtuado. no se yergue. Tanto los epígonos como la filosofía fenomenológica han surgido como intentos de lograr una interpretación del sujeto más exacta y compleja. que se restablezca y afirme la base de partida. sino en el seno de una integridad. incompatible con el valor situacional del dolor[7]. Lo que hace ininteligible el dolor es. como puede verse en su autobiografía titulada Ecce Homo. su dolor no puede tener el viejo signo. es una actividad. de modo primario. este autor. Así pues. es decir. si se prefiere. que tiene su figura en Sara. o. su carácter de quiebra de la integridad personal. pero. Frente al mal y por debajo de él vuelve a palpitar la existencia personal. Un estudio a fundo del dolor como empresa y tarea. puesto que el dolor es para él límite y lo anega. Lo que hay de condena y aherrojamiento es indultado. para desarrollarse en sistema. La vida humana inédita es regada por el flujo de su propia actividad restablecida en su integridad. un comienzo enteramente nuevo. precisamente mi ser. como su análisis. ante todo. realmente no. El arrepentimiento es precisamente esa actitud. En este sentido. Desde la Gracia. Se trata de una implicación ontológica del perdón divino. cuyo punto de vista es muy distinto. en tanto duele. Por lo tanto. posibles desde una actividad unificadora. se disuelve. ocluso. el hombre caído. está fundado. que estaba empobrecida y debilitada. el pensamiento para Kant es un mundo de objetos. Una manifestación muy clara de este cambio de lugar. no se despliega. ya de entrada. porque solamente fijándose en un sujeto aislado puede constituirse un ego-centrismo. la actitud y el estilo general de la investigación se ajustan a la pauta kantiana. por cuanto el dolor como tarea es la obra de destrucción de todo yo particularizable — muerte mística del yo —. y que el propio ser se esponje y fluya por donde no se sabía que existiera. pensar. sino que es activo respecto de ellos. El pensamiento como objeto. deja en suspenso. Este centro es el yo. Domine lesu! — si no porque se encuentra como dormido respecto a la perpetua y radiante vigilia del Espíritu y adivina su despertar todavía inconcretable? El dolor humano es. junto con Kierkegaard. en definitiva. hacer del pensamiento tema estricto de investigación es considerarlo. de este desenraizamiento del dolor. lo siguiente: el pensamiento es la constitución del objeto. El dolor deja de hacer presa en la persona — ¿Dónde está muerte tu aguijón? — y se hace compatible con ella. arrepentimiento significa hombre frente al pecado. tal ininteligibilidad. La filosofía crítica kantiana nos dice. en el pensamiento-actividad. algo en su actividad existencial está quebrado y. el hombre encuentra un terreno firme desde el cual mirar de frente. en el dolor. El cristiano está rescatado. la inauguración de la existencia cristiana lleva consigo un privar al dolor de su carácter situacional. es algo que ningún optimismo humano ha vislumbrado siquiera.amor es esperanza? ¿Quién no se ha dado cuenta de que lo que le falta. Todos son subjetivismos. en tanto otra cosa. a partir de la cual se vea el mundo de objetos como posible. pues. De este modo. El hombre está atenazado. la reapertura de su ser integral. Que lo que hace inerte y oscura a la vida. La mayor audacia humana no se atrevería a imaginar una maravilla tal. La filosofía moderna en su totalidad tiene como determinante infranqueable su propia dirección investigadora. El pecado para el hombre caído es insuperable de suyo: nadie puede adoptar una actitud frente al pecado. más radicalmente. El dolor como límite infranqueable es anulación de actitud. Ningún subjetivismo puede descifrarlo. El dolor es grieta de la persona. a encontrar una noción de sujeto. Sufrirá. paralelamente. Existe un hiato metafísico absoluto. esto ocurre en el nacimiento o renacimiento a la vida divina. El cristiano tiene que ver con el dolor. entumecido. sólo puede hacerse aclarando antes una serie de temas antropológicos que hasta ahora no han encontrado adecuado tratamiento sistemático en la filosofía. sub specie activitatis. la mujer de Abraham. De aquí que para Kant sea problema fundamental la deducción del objeto a partir de un criterio o centro de unidad. Esto acontece en el bautismo y en la penitencia. interior. El sentido cristiano del dolor — el dolor como tarea — es un sentido místico. a quien Dios hizo reir. Lo primero que acontece en el cristiano en orden al dolor es el renacimiento. transpsicológico.

De aquí la apasionada entrega y la búsqueda del Cristo doliente por parte del cristiano. donde (en vez de una comprobación de la idea naturalista de que el centro subjetivo humano no tiene nada que ver con la acción divina. el hombre doliente refleja a Cristo en su dolor. al mismo tiempo. no es una suficiente superación del punto de vista protestante). bajo cuya acción el hombre se hace esperanza pura. elevándola desde el anonadamiento doloroso. Frente al inmanentismo psicologista. Tal intento lleva consigo la fijación del yo y. como reacción contra el subjetivismo religioso protestante y modernista. (Secuentia “Stabat Mater”). El dolor. Dios no hace nunca nada respecto a la criatura sin que ésta quede constituida en respuesta. el binomio sujeto-objeto carece de vigencia en el caso del hombre y su dolor. Por otro lado. el egocentrismo necesita un sujeto determinable. el dolor es una refutación viva de esta filosofía. en el Cristianismo. tal vez no demasiado pero sí unilateral o descompensadamente. El tema tiene suficiente importancia para justificar una investigación detallada. De aquí la íntima conexión del dolor cristiano con el proceso de reunificación de lo humano. va creciendo a través de las contradicciones. la lucha trabajosa o la enfermedad. adoptionem filiorum Dei spectantes. El dolor suspende la soberbia de la vida. despejada toda bruma. piadoso. Esto es lo decisivo: el sujeto para quien el dolor tiene sentido no es ningún yo concretable. la ontología cósmica. que expresa el Stabat. madura con la madurez jugosa de la libertad profunda que ve cortadas las amarras que limitan al hombre a la epidermis de las cosas.alcanzarlo como punto de partida del sistema. Completo en mi los sufrimientos de Cristo. El dolor fija al hombre en Cristo. con la sencillez intensa de su totalidad personal. del cual somos partícipes. hemos de ver un señalado caso de respuesta humana integral. el dolor es una quiebra de la persona y no una correspondencia con valor de determinación. en relación binómica. sino que. diríamos. De aquí nace el impulso interior. se va llegando a la desnudez personal. le lanza. del que quepa determinación psicológica o mental. Pero aquí me he de limitar a algunas indicaciones. Según el dolor las parcelas dispersas del hondo ser humano — desunido al ser atraído por múltiples intereses pequeños. nos indica la solución. El dolor de Cristo. no cabe actitud directa frente al dolor. al margen de toda experiencia intema.. Claro está que esta antítesis es falsa y no ha ni siquiera lugar. sin trabas ni enmascaramientos. en su abandono y humillación. a la vez. si bien se mira. presta tensión y tono al hombre en su dolor y. por un lado. Pero. el valor de ex opere operato. el hombre llega al término de su esperanza merced al dolor de Cristo. del estar perdido en el propio dolor. Más aún. afán de vivir el dolor. un movimiento teológico que acentúa. el envanecimiento y la orgullosa seguridad en la propia eficiencia y capacidad para establecerse y moverse en un orden regular y suficiente. a esta suspensión de seguridades y dedicaciones. Frente a la idea naturalista de un acontecer de la realidad cristiana extramuros de la persona. La trascendencia de la realidad del sujeto respecto del pensamiento o de la intuición eidética es una línea de investigación que la filosofía egocéntrica no puede ni siquiera plantear. va entrando con esto en escena entero. en el dolor el hombre encuentra el dolor de Cristo como aquello a que responde y así entra en compasión con El. como esperanza. la “fenomenología” de lo sobrenatural. es decir. en el dolor aparece el hombre en su radical condición. Lejos de limitarse. acrisolada. En este proceso. el hombre asume el dolor como tarea.. dice también San Pablo. No existe. no aparece en la conciencia. dice San Pablo en el c. es decir. Non solum autem illa sed et nos ipsi primitias spiritus habentes et ipsi intra nos gemimus. parciales o poco profundas. En su dolor. vivencia y estado de ánimo. y así deja patente. no se revela todavía en el hombre mismo.8 de la Epístola a los Romanos. como ser que vive para Dios y no para el mundo. De este modo. plenamente captado por el pensamiento o la intuición. como absolutamente primario. Pues bien. Pero esto no es todo. lo cual. mero bloque de realidad exterior dotado de su propio ritmo — ideas propias del griego clásico —. aquello mío que se opone. redemptionem corporis nostri: in Christo Domino nostro” —. tendencia muy europea. sujeto humano determinable capaz de dar razón del dolor. El hombre nacido de Dios. y la objetividad. Y es una muestra de poca profundidad caer en uno de los dos términos para evitar el otro. que todo lo reduce a esfuerzo moral. sacándole de la confusión sufrida. La cuestión ha adquirido nueva actualidad al producirse. en la suspensión de las respuestas caprichosas. hacia el Centro. ut portem Christi mortem Passionis fac consortem Et plagas recolere. el agente principal es el Espíritu Santo — purificación pasiva de los místicos —. y no de la carne ni de voluntad de varón. El Cristianismo no es ni naturalismo ni sólo humanismo. la consideración de aquello que queda fijado como sujeto humano íntegro. Y continúa: “Scimus enim quod omnis creatura ingemiscit et parturit usque adhuc. El dolor del cristiano culmina en la com-pasión con Cristo: Sancta Mater. por efecto del pecado: “Y se dieron cuenta entonces de que estaban desnudos y tomando unas hojas se cubrieron” —. en lo que tiene de participación del dolor de Crisio. a los datos — y así queda apresado —. limitándose a actuar — “Existimo quod non sunt condignae passiones huius temporis ad futuram gloriam quae revelabitur in nobis”. A tal falta de asideros. dándose El mismo en vez del mundo. precisamente. istud agas. van siendo “quemadas”. Crucifixi fige plagas Cordi meo valide. Uno de los temas de mayor interés dentro de la actual preocupación teológica es la conciliación entre el sentido personalista del Cristianismo. Tui nati vuInerati Tam dignati pro me pati Poenas mecum divide (. responde siempre el Señor mirando la bajeza de su criatura. la necesidad e indigencia de la existencia humana en medio del éxito mundano. porque. fijado y resuelto en función de minúsculos afanes y preocupaciones. Y es precisamente en el dolor. Ya lo hemos dicho: el dolor es anegamiento de la persona. Esta totalidad no es apresable con el pensamiento. 17 . desintegrado — parcialmente — por el pecado. de acompañar a Cristo en Getsemaní y en la Pasión. como hace lo que llamamos yo pensado — ápice subjetivo que se corresponde con lo sobrevenido y en que se cifra el interés carente de generosidad —. lejos de responder al mundo con una porción escasa de su ser.) Fac. pero cuyo desarrollo sigue sus propias leyes. del Misterio de Cristo.

que estima el dolor como un valor puramente negativo y.. Pero aquella bienaventuranza constituye. llenas de presentimientos desgraciados.). con una serie de fenómenos anímicos que no son su actividad existencial. sino un hombre cuya vida sentimental funciona unificada y así con capacidad para vibrar ante lo superior y despegada de lo inferior. A todos aquellos que sufren en este mundo terreno. por cifrar en la reacción a la misma toda la propia respuesta. y que pueden ser motivo de escándalo. de la muerte inevitable. El hombre reacciona ante el dolor con un despliegue psicológico. Bienaventurados los que sienten la necesidad de redención. sume a algunos en la desesperación. que creemos perjudicial. un problema de concupiscencia más golpeada y reprimida — sobreexcitada. con la exigencia cristiana de no poner el corazón en los bienes de este mundo — lo cual da lugar a un secreto resentimiento. sobre todo. La tristeza se ha introducido fraudulentamente en nuestra vida. íntimamente inadaptados. el sentido cristiano del dolor es incompatible con su juego como afección determinante. desanimados por la ausencia de brillo en muchas cosas de las que están dentro del ámbito social de la Iglesia — Madre.). Otros. que no se atreven a establecer nexos estrechos o a entusiasmarse por algo por temor al lote de dolor que a toda empresa o círculo humano corresponde.). sobre todo para los niños.). forzosamente abocado a la decepción o a la desviación. “maquiavelismo sobrenatural”. de nuestras tareas vitales y de nuestro camino. los pobres. la tristeza del hombre a quien. aquél en que Dios enjugará todas las lágrimas (.. son muestra de que faltan la fe y la entereza cristianas. Es innegable que esto acontece. tibieza y acidia. el dolor juega indebidamente como afección a la que se cede. no somos aún contempladores — (. una vez que no podemos apetecerlo —. o por lo menos da lugar a manifestaciones descontroladas. la lectura del Kempis llevó a huir de “todo terreno lazo” y a caminar por una “noche negra”: en el fondo. se niega a pagarle el tributo de toda conmoción de ánimo. caricatura de la actitud inquisitorial. Hay personas que viven acogotadas por el dolor. por lo tanto. en otros. los enfermos. los que perciben claramente la disonancia del mundo caído en el pecado. llantos. todo esto produce una peculiar tristeza. comentando el beati qui lugent. necesitan defenderse del sufrimiento olvidándolo. Ni el inconcebibie presente de la encarnación de Dios. sin la inspiración y la magnanimidad necesarias para percibir el carácter positivo superior de nuestra cultura. queda manifestado que el Valle de Lágrimas no es la realidad extrema.. en otros. porque su actividad-amor está restaurada y fortalecida.) ya hemos llegado a participar en la vida de la Santísima Trinidad — pero no somos aún más que creyentes. Así pues. los desposeídos en sus derechos. sobrenadar. que sienten como un gran peso la huella del pecado original (. negándonos a la simpatía y al interés y. la respuesta activa — recuérdese la distinción entre afección y acto —.. una referencia al valor de determinada actitud. LA DIMENSIÓN PRÁCTICA Se han de evitar las actitudes acobardadas o negativas: pesimismo.. como al poeta hispanoamericano.. Dice Hildebrand. egoistamente. al entusiasmo.. aunque esto no se confiese. poquedad y legalismo. en otros. desde luego. los que necesitan aturdirse con diversiones cuando la guerra es una amenaza cercana. los solitarios. lo cual nos lleva a refugiarnos en una bárbara interpretación de la Escatología. en la idea descarnada de que lo único que nos corresponde en este mundo — del cual seríamos forasteros — es aguantar. con la tristeza — reacción ante el dolor —. un desastre económico. Para el cristiano el dolor no puede ser tan sólo una afección recibida psicológicamente. por tanto — que auténticamente mortificada (un hombre de apetitos mortificados no es un mero resto — hombre menos apetitos —. En cambio. pertrechándose y atrincherándose psicológicamente contra él. en otros. los oprimidos. dejando inédita. La muerte de un miembro de la familia. Claro está que la tristeza se adapta a cada temperamento.. la cuestión no tendría gran importancia si no fuera porque tales actitudes se han infiltrado en determinados sectores cristianos y pasan por legítimas. faltos de haber entendido la función que al dolor corresponde en el Cristianismo y la inseparabilidad de la Cruz y la Resurrección. Acogotados por el espectáculo del mal. En unos será muerte de las ilusiones y queja. por consiguiente. sintiéndonos sin fuerzas y sin recursos para evitar el desarrollo del Mysterium iniquitatis. los tronchados por crueles desventuras. Pero aún desde otro punto de vista el dolor constituye una señal 18 .. desconsuelo y gemidos a los que el hombre se entrega en los acontecimientos dolorosos con demasiada facilidad. También debe considerarse como una forma de miedo al dolor la actitud estoica. más allá de lo que acabamos de exponer. En todos estos casos. no anda aún lleno de aquel extremo Amor a Dios que hace exclamar a San Pablo: Desiderium habens dissolvi et esse cum Christo. Somos aún peregrinos que no saben si resistirán hasta el final. dejar pasar el tiempo. poco acordes con la fe en la inmortalidad o con la estimación cristiana de los bienes de este mundo. un hombre que traduce el terrena despicere — apartar la vista de lo terreno — por combatirlo a golpes no llegará a lograr esa unidad). al fin —. Esto no es nada específicamente cristiano y. a una negación del mundo porque no sabemos qué hacer con él. que después tiene que llegar el mundo auténtico.. rodeados siempre de toda suerte de peligros (. Son los que se ponen nerviosos cuando se habla de desgracias. en cambio. Quien no reciba una sensación dolorosa de esta relativa separación de Dios y no anhele contemplar a Dios de rostro a rostro. la faz inmediata del dolor se impone y determina una reacción humana. Uno de los mayores inconvenientes de la abdicación personal ante los dolores terrenos es la imposibilidad de abrirse a los dolores que tienen un motivo sobrenatural. ni la redención por la muerte en la Cruz han eliminado totalmente del mundo terreno la separación de Dios (. De este modo. reduciendo a una mojama reseca nuestro corazón. rodeándose de una atmosfera rosa de la que estén ausentes la muerte y la miseria. quoniam ipsi consolabantur: “Estas palabras significan un derramarse de la divina misericordia.III.

Se podría hablar de un estado de pureza del dolor. el primer deber ante el dolor es la lucidez. y sólo aquel que la abraza en rendida disposición de ánimo.) ¿Y no negamos a Jesucristo innumerables veces. II. y ha abierto la puerta de su intimidad — “Yo soy tu recompensa muy grande” —... caído. claro está. lo nuclear de la alegría cristiana permanece. 259 ss. quedando sumido en la agitación o en el pesimismo. todo esto no es más que bambalina y no lo que debe aparecer y resonar bajo la presión del dolor. fué ahora expiación y purificación fecundas. Rialp. de la tiranía del instinto de conservación que obnubila las facultades superiores.. El complejo de víctima. miserans”. Tratamos de escapar de la cruz. En toda existencia de cristiano una cruz existe. la compasión tonta de nosotros mismos. no sabría aprovecharlo en cristiano. desprovisto de la ganga psicológica equívoca y así dolor auténtico. honda y entrañabiemente vivido. que el Cristianismo no es tan sólo un humanismo. existe la naturaleza en el seno de un orden..).). El experimentado y desengañado. la naturaleza humana no aporta respuesta. Bien entendido. cuando el hombre se pregunta por su ser. en realidad. el que ha apagado su anhelar y no grita como San Pablo Infelix ego homo. Ahora bien. Los egoísmos de pequeño burgués.. El sufrimiento recibió de Jesucristo un sentido enteramente nuevo. pueden aplicarse aquellas palabras de San Pablo: ¿Quién se toma débil sin que yo me torne débil. Sólo él puede hacerlo sin rebelarse. la naturaleza es impotente. sin desesperarse. todo esto es una ilegítima abdicación de nuestro armazón sobrenatural. sin forzada resignación. No es empresa fácil hallar todo el sabor de una cruz. Madrid. Es también la nobie amargura de Tobías ciego. porque no se funda en nada de lo que nos acontece. del egoísmo irritado y tembloroso. Ante todo. sólo aquel que la interpreta como una llamada de Dios y con ello termina el proceso de perecimiento de uno mismo.. No consiste tampoco en un estado de ánimo eufórico o dulce. sino en la activa misericordia de Dios. su ser está orientado hacia Dios. Quien ama verdaderamente a Dios y al prójimo no puede conocer sin sufrimiento que el mundo no haya reconocido a Dios. y su destino es ser subsumidas en la actitud cristiana. un atentado contra la naturaleza humana. o el desánimo psícológico. junto con tener siempre a raya los pensamientos sombríos y conturbadores. si es que siente dolor y aflicción. Estamos colocados en Cristo. es un hombre superficial y sin corazón. salvo que peque mortalmente. virtud cardinal. Las reacciones naturales legítimas y expresivas ante el dolor. no culminan en sí mismas — como si pertenecieran a un orden que descansara en sí: el status naturae no existe. con verdadera paz interior”[8]. no por ello el hombre queda inmunizado contra el dolor. el dolor tiña por completo nuestros estados de ánimo y determine una visión del mundo. Nuestra fe tiene que vencer al mundo y a sus dolores.. puesto que siempre. Y con esto basta. no le fallamos cada día setenta veces siete. naturaleza y sobrenaturaleza no se excluyen 19 . en general. de un status sobrenatural —. La fortaleza. quis me liberabit de corpore mortis huius. de un dolor quintaesenciado. por lo tanto. en lugar de mirarlo desde la fe. Lo que antes de El era consecuencia del pecado original. o si se prefiere. Nuestra transformación en Cristo. Así pues. quién se quema sin que yo me queme? Bienaventurados los que sufren de la disonancia del mundo.. von Hildebrand. que no siente el choque y el contraste entre lo auténtico y la realidad circundante o propia. embotado. en el sufrimiento sólo podría conservarse negando su evidencia.. de suerte que nos volvemos menos exigentes y tratamos de apagar nuestra sed de felicidad con bienes de menor transcendencia. El hombre que sucumbiera indiscriminadamente al primer embate del sufrimiento.. Hay distintas clases de dolores. Pero suprimidas todas estas impurezas. D. Matar la sensibilidad para este dolor es. Cuando hay que sufrir. exaltatus a terra. que sólo puede alimentarse con un cierto tipo de cosas o de situaciones y que. de las soluciones sumarias que no tienen en cuenta la multiformidad y lo entrañable del dolor. No obstante. es decir. Sólo aquel que vive partiendo de Jesucristo puede concebir una cruz verdadera. los que.. Por muy alejado del hombre que esté el gozo sentido. enterrado. hay que sufrir con todas las consecuencias. Y a veces lo conseguimos situando nuestra vida en un plano inferior. Dios ha querido sacarnos de nuestra impotencia. Lo que sí exige la fortaleza es la supresión de los acordes débiles. la alegría cristiana no es artificial ni ilusa. una aflicción que sin ser consciente de ello. seguramente. Se debe suprimir la sensiblería. Bienaventurados los que sufren por las ofensas a Dios. No es correcto el paliativo o la componenda. Además. no fueron nuestras culpas las que crucificaron a Jesucristo? “Quien vive tan absorbido por una vida feliz que deja intacto el multiforme padecer que le rodea. ayudan a sostener el agobiante peso de las calamidades de la tierra (. manteniendo en ellas siempre la proa enderezada hacia Jesucristo. es de noble estirpe. Pero conviene huir en esta materia del esquematismo. A quien ama y en la medida en que en él el amor es algo vivo. Es esta orientación polarizada la que funda el animoso combate contra la adversidad o la tentación — que también es dolor — y el arrojarse intrépida y amorosamente a las aguas del dolor. la queja de lo que hay en nosotros de banal y frívolo. vivimos en función de El. de hombre desarmado. no es equivalente a la insensibilidad estoica ni a la estolidez. La cruz como tal es en la vida del cristiano algo ineludibie. que sufre ante el espectáculo de la verdad desconocida y traicionada. incapaz de ver la luz del sol. y que “para los que aman a Dios todo es para bien”.. por el hecho de que el amor sea tan poco querido. manifestada en Jesucristo y plenamente efectiva para nosotros: “In caritate perpetua dilexit nos Deus. el lírico lamento por la herida de los ideales y deseos egocéntricos y más o menos triviales. Pero hay una aflicción sincera y de buena ley. ideo. se convirtió en expresión de amor. de tal modo que. pp. por amor del prójimo.de elección. sólo él podrá transformarse en Jesucristo (. el hombre. en lo decisivo. hay que saber en qué casos y de qué modo puede uno entregarse al dolor para vivirlo y en cuales otros es menester conservar la calma y la independencia. Al fin y al cabo. 1953. el “ahogarse en un vaso de agua”. 1. está. para la persistencia de la alegría cristiana. La alegría no puede perderse porque está fundada en la irrupción de Dios en nuestra vida. el dar una importancia primaria al dolor sentido. Nadie sin aceptar su cruz puede seguir realmente a Jesucristo. del acobardamiento. sólo él posee la capacidad de abrazar la cruz de tal manera que la cruz le sostenga. y el dolor y la miseria no le son naturales. attraxit nos ad cor suum. es nostalgia de la armonía del paraíso. Nada de lo que sobreviene es suficiente para borrar esta alegría. que tantos hombres permanezcan en la sombra de la muerte (. La alegría cristiana no es un estado de ánimo sino un estado del ser. en la fortuna o en la salud.

Sobre todo. si bien no principal.ni se oponen. Por eso. Por eso. la Iglesia es comunidad viva de goces y de sufrimientos. a los cuales es imposible sustraerse so pena de cometer un pecado contra la solidaridad humana cuando menos. la necesidad de cumplir tareas secundarias o de llenar huecos y funciones a que obliga la dolorosa deserción de los herejes. Es imposible desinteresarse o desentenderse de los demás. Dos soluciones son ilegítimas al respecto: la pretensión de volar sólo y el conformismo o el acomodamiento. la queja natural ante el sufrimiento tiene un lugar en el cristiano. el desasistimiento en las iniciativas valiosas: todo esto puede ser motivo de sufrimientos. la marcha lenta de las cosas o los retardos en la conversión. 20 . Al cristiano corresponde un puesto y una responsabilidad en ella y también en cualquier otro tipo de sociedad. que de otro modo se desenfrenarían y vendrían a caer en la utopía y en el orgullo. además de interesarse y compadecer — ya que ama —. ha de sentir el tirón de las caídas o de las inercias de los otros miembros. Por último. Un ambiente descristianizado. los roces de distintas tendencias. purifica las intenciones y hace tomar cuerpo a los ideales. Si se evitan ambos escollos. unas indicaciones acerca del dolor ajeno. El cristiano no sufre solamente sus propios dolores sino también por los del prójimo. sino secundario y subordinado. el contorno social tensa el ánimo y la paciencia. la incomprensión de los buenos.

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