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Os brindo la octava parte de las

Vidas Ejemplares, con la
finalidad que os introduzcáis, en
la vida mística de estos hombres
Francisco Martínez Arias
y mujeres, todos ellos santos,
los cuales retomaron
Septiembre 2008 la Gracia
Santificante para alcanzar el
cielo.
Francisco Martínez Arias
Vidas de Santa Brigida
Y Santa Catalina de Suecia Septiembre 2008
Santa. Brígida de Suecia
Fiesta: 23 de Julio

Jesús le dice: –“Brígida, te hablo no solamente a ti sino también a
todos los cristianos.Tú serás mi esposa... y por medio de ti hablaré al
mundo. Mi espíritu permanecerá en ti hasta tu muerte”.

Santa Brígida: –"La verdadera sabiduría, entonces, consiste en obras, no en
grandes talentos que el mundo admira;
pues los sabios en la estima del mundo... son necedad que hacen nada de la
voluntad de Dios".
SANTA BRIGIDA era hija de Birgerio, gobernador de Uplandia, la
principal provincia de Suecia. La madre de Brígida, Ingerborg; era hija
del gobernador de Gotlandia oriental. Ingerborg murió hacia 1315 y
dejó varios hijos. Brígida, que tenía entonces doce años
aproximadamente, fue educada por una tía suya en Aspenas. A los
tres años, hablaba con perfecta claridad, como si fuese una persona
mayor, y su bondad y devoción fueron tan precoces como su
lenguaje. Sin embargo, la santa confesaba que de joven había sido
inclinada al orgullo y la presunción.
La Pasión: centro de su vida
A los siete años tuvo una visión de la Reina de los cielos. A los diez, a raíz de
un sermón sobre la Pasión de Cristo que la impresionó mucho, soñó que veía
al Señor clavado en la cruz y oyó estas palabras: "Mira en qué estado estoy,
hija mía." "¿Quién os ha hecho eso, Señor?", preguntó la niña. Y Cristo
respondió: "Los que me desprecian y se burlan de mi amor." Esa visión dejó
una huella imborrable en Brígida y, desde entonces, la Pasión del Señor se
convirtió en el centro de su vida espiritual.

Matrimonio
Antes de cumplir catorce años, la joven contrajo matrimonio con
Ulf Gudmarsson, quien era cuatro años mayor que ella. Dios les
concedió veintiocho años de felicidad matrimonial. Tuvieron
cuatro hijos y cuatro hijas, una de las cuales es venerada con el
nombre de Santa Catalina de Suecia. Durante algunos años,
Brígida llevó la vida de la época, como una señora feudal, en las
posesiones de su esposo en Ulfassa, con la diferencia de que
cultivaba la amistad de los hombres sabios y virtuosos.
En la Corte
Hacia el año 1335, la santa fue llamada a la corte del joven rey Magno II para ser la
principal dama de honor de la reina Blanca de Namur. Pronto comprendió Brígida que
sus responsabilidades en la corte no se limitaban al estricto cumplimiento de su oficio.
Magno era un hombre débil que se dejaba fácilmente arrastrar al vicio; Blanca tenía
buena voluntad, pero era irreflexiva y amante del lujo. La santa hizo cuanto pudo por
cultivar las cualidades de la reina y por rodear a ambos soberanos de buenas
influencias. Pero, aunque Santa Brígida se ganó el cariño de los reyes, no consiguió
mejorar su conducta, pues no la tomaban en serio.

Las Visiones
La santa empezó tener por entonces las visiones que habían de hacerla famosa.
Estas versaban sobre las más diversas materias, desde la necesidad de lavarse,
hasta los términos del tratado de paz entre Francia e Inglaterra. "Si el rey de
Inglaterra no firma la paz -decía-- no tendrá éxito en ninguna de sus empresas y
acabará por salir del reino y dejar a sus hijos en la tribulación y la angustia." Pero
tales visiones no impresionaban a los cortesanos suecos, quienes solían preguntar
con ironía: "¿Qué soñó Doña Brígida anoche?"
Problemas familiares y peregrinaciones

Por otra parte, la santa tenía dificultades con su propia familia.
Su hija mayor se había casado con un noble muy revoltoso, a
quien Brígida llamaba "el Bandolero" y, hacia 1340, murió
Gudmaro, su hijo menor. Por esa pérdida la santa hizo una
peregrinación al santuario de San Olaf de Noruega, en
Trondhjem. A su regreso, fortalecida por las oraciones, intentó
con más ahinco que nunca volver al buen camino a sus
soberanos. Como no lo lograse, les pidió permiso de ausentarse
de la corte e hizo una peregrinación a Compostela con su
esposo. A la vuelta del viaje, Ulf cayó gravemente enfermo en
Arras y recibió los últimos sacramentos ya que la muerte parecía
inminente. Pero Santa Brígida, que oraba fervorosamente por el
restablecimiento de su esposo, tuvo un sueño en el que San
Dionisio le reveló que no moriría. A raíz de la curación de Ulf,
ambos esposos prometieron consagrarse a Dios en la vida
religiosa.
Viuda, vida religiosa, aumentan las visiones

Según parece, Ulf murió en 1344 en el monasterio cisterciense de Alvastra,
antes de poner por obra su propósito. Santa Brígida se quedó en Alvastra
cuatro años apartada del mundo y dedicada a la penitencia. Desde
entonces, abandonó los vestidos lujosos, solo usaba lino para el velo y
vestía una burda túnica ceñida con una cuerda anudada. Las visiones y
revelaciones se hicieron tan insistentes, que la santa se alarmó, temiendo
ser víctima de ilusiones del demonio o de su propia imaginación. Pero en
una visión que se repitió tres veces, se le ordenó que se pusiese bajo la
dirección del maestre Matías, un canónigo muy sabio y experimentado de
Linkoping, quien le declaró que sus visiones procedían de Dios. Desde
entonces hasta su muerte, Santa Brígida comunicó todas sus visiones al
prior de Alvastra, llamado Pedro, quien las consignó por escrito en latín.
Ese período culminó con una visión en la que el Señor ordenó a la santa
que fuese a la corte para amenazar al rey Magno con el juicio divino; así lo
hizo
Brígida, sin excluir de las amenazas a la reina y a los nobles. Magno se
enmendó algún tiempo y dotó liberalmente el monasterio que la santa había
fundado en Vadstena, impulsada por otra visión.
En Vadstena había sesenta religiosas. En un edificio contiguo habitaban trece
sacerdotes (en honor de los doce apóstoles y de San Pablo), cuatro diáconos (que
representaban a los doctores de la Iglesia) y ocho hermanos legos. En conjunto había
ochenta y cinco personas. Santa Brígida redactó las constituciones; según se dice, se
las dictó el Salvador en una visión. Pero ni Bonifacio IX con la bula de canonización, ni
Martín V, que ratificó los privilegios de la abadía de Sión y confirmó la canonización,
mencionan ese hecho y sólo hablan de la aprobación de la regla por la Santa Sede, sin
hacer referencia a ninguna revelación privada.

En la fundación de Santa Brígida, lo mismo que en la orden de
Fontevrault, los hombres estaban sujetos a la abadesa en lo
temporal, pero en lo espiritual, las mujeres estaban sujetas al
superior de los monjes. La razón de ello es que la orden había sido
fundada principalmente para las mujeres y los hombres sólo eran
admitidos en ella para asegurar los ministerios espirituales. Los
conventos de hombres y mujeres estaban separados por una
clausura inviolable; tanto unos como las otras, asistían a los oficios
en la misma iglesia, pero las religiosas se hallaban en una galería
superior, de suerte que ni siquiera podían verse unos a otros.
El monasterio de Vadstena fue el principal centro
literario de Suecia en el siglo XV. A raíz de una visión;
Santa Brígida escribió una carta muy enérgica a
Clemente VI, urgiéndole a partir de Aviñón a Roma y
establecer la paz entre Eduardo III de Inglaterra y Felipe
IV de Francia. El Papa se negó a partir de Aviñón pero,
en cambio envió a Hemming, obispo de Abo, a la corte
del rey Felipe, aunque la misión no tuvo éxito. Entre
tanto, el rey Magno, que apreciaba más las oraciones
que los consejos de Santa Brígida, trató de hacerla
intervenir en una cruzada contra los paganos letones y
estonios. Pero en realidad se trataba de una expedición
de pillaje. La santa no se dejó engañar y trató de
disuadir al monarca. Con ello perdió el favor de la corte,
pero no le faltó el amor del pueblo, por cuyo bienestar se
preocupaba sinceramente durante sus múltiples viajes
por Suecia.
En Roma e Italia
Había todavía en el país muchos paganos, y Sarta Brígida ilustraba con milagros la
predicación de sus capellanes. En 1349, a pesar de que la "muerte negra" hacía
estragos en toda Europa, Brígida decidió ir a Roma con motivo del jubileo de 1350.
Acompañada de su confesor, Pedro de Skeninge y otros, se embarcó en Stralsund,
en medio de las lágrimas del pueblo, que no había de volver a verla. En efecto, la
santa se estableció en Roma, donde se ocupó de los pobres de la ciudad, en la
espera de la vuelta del Pontífice a la Ciudad Eterna.
Asistía diariamente a misa a las cinco de la mañana, se confesaba todos los
días y comulgaba varias veces por semana (según era permitido en aquella
época). El brillo de su virtud contrastaba con la corrupción de costumbres
que reinaba entonces en Roma: el robo y la violencia hacían estragos, el vicio
era cosa normal, las iglesias estaban en ruinas y lo único que interesaba al
pueblo era escapar de sus opresores. La austeridad de la santa, su devoción
a los santuarios, su severidad consigo misma, su bondad con el prójimo, su
entrega total al cuidado de los pobres y los enfermos, le ganaron el cariño de
muchos. Santa Brígida atendía con particular esmero a sus compatriotas y
cada día daba de comer a los peregrinos suecos en su casa que estaba
situada en las cercanías de San Lorenzo in Damaso.
Pero su ministerio apostólico no se reducía a la práctica de las
buenas obras ni a exhortar a los pobres y a los humildes. En cierta
ocasión, fue al gran monasterio de Farfa para reprender al abad, "un
hombre mundano que no se preocupaba absolutamente por las
almas". Hay que decir que, probablemente, la reprensión de la santa
no produjo efecto. Más éxito tuvo su celo por la reforma de otro
convento de Bolonia. Allí se hallaba Brígida cuando fue a
reunirse con ella su hija, Santa Catalina, quien se quedó a su
lado y, fue su fiel colaboradora hasta el fin de su vida. Dos de
las iglesias romanas más relacionadas con nuestra santa son la
de San Pablo extramuros y la de San Francisco de Ripa. En la
primera se conserva todavía el bellísimo crucifijo, obra de
Cavallini, ante el que Brígida acostumbraba orar y que le
respondió más de una vez; en la segunda iglesia se le apareció
San Francisco y le dijo: "Ven a beber conmigo en mi celda". La
santa interpretó aquellas palabras como una invitación para ir a
Asís. Visitó la ciudad y de allí partió en peregrinación por los
principales santuarios de Italia, durante dos años.
Profecías y revelaciones
Las profecías y revelaciones Santa Brígida se referían a las
cuestiones mas candentes de su época. Predijo, por ejemplo,
que el Papa y el emperador se reunirían amistosamente en Roma.
Al poco tiempo así lo hicieron (El Papa Beato Urbano V y Carlos
IV, en 1368). La profecía de que los partidos en que estaba
dividida la Ciudad Eterna recibirían el castigo que merecían por
sus crímenes, disminuyeron un tanto la popularidad de la santa y
aun le atrajeron persecuciones. Brígida fue arrojada de su casa y
tuvo que ir con su hija a pedir limosna al convento de las
Clarisas.Por otra parte, ni siquiera el Papa escapaba a sus
severas admoniciones proféticas.
El gozo que experimentó la santa con la llegada de Urbano a
Roma fue de corta duración, pues el Pontífice se retiró poco
después a Viterbo, luego a Montesfiascone y aun se rumoró que
se disponía a volver a Aviñón.
Al regresar de una peregrinación, a Amalfi, Brígida tuvo
una visión en la que Nuestro Señor la envió a avisar al
Papa que se acercaba la hora de su muerte, a fin de que
diese su aprobación a la regla del convento de Vadstena.
Brígida había ya sometido la regla a la aprobación de
Urbano V, en Roma, pero el Pontífice no había dado
respuesta alguna. Así pues, se dirigió a Montefiascone
montada en su mula blanca. Urbano aprobó, en general, la
fundación y la regla de Santa Brígida, que completó con la
regla de San Agustín. Cuatro meses más tarde, murió el
Pontífice. Santa Brígida escribió tres veces a su sucesor,
Gregorio XI, que estaba en Aviñón, conminándole a
trasladase a Roma. Así lo hizo el Pontífice cuatro años
después de la muerte de la santa.
En 1371, a raíz de otra visión, Santa Brígida emprendió una peregrinación a los Santos
Lugares, acompañada de su hija Catalina, de sus hijos Carlos y Bingerio, de Alfonso de
Vadaterra y otros personajes. Ese fue el último de sus viajes. La expedición comenzó
mal, ya que en Nápoles, Carlos se enamoró de la reina Juana I, cuya reputación era muy
dudosa. Aunque la esposa de Carlos vivía aún en Suecia y el marido de Juana estaba en
España; ésta quería contraer matrimonio con él y la perspectiva no desagradaba a
Carlos. Su madre, horrorizada ante tal posibilidad, intensificó sus oraciones. Dios
resolvió la dificultad del modo más inesperado y trágico, pues Carlos enfermó de
una fiebre maligna y murió dos semanas después en brazos de su madre. Santa
Brígida prosiguió su viaje a Palestina embargada por la más profunda pena. En
Jaffa estuvo a punto de perecer ahogada durante un naufragio Sin embargo
durante, la accidentada peregrinación la santa disfrutó de grandes consolaciones
espirituales y de visiones sobre la vida del Señor.

A su vuelta de Tierra Santa, en el otoño de 1372, se detuvo en Chipre, donde clamó
contra la corrupción de la familia real y de los habitantes de Famagusta quienes se
habían burlado de ella cuando se dirigía a Palestina. Después pasó a Nápoles, donde el
clero de la ciudad leyó desde el púlpito las profecías de Santa Brígida, aunque no
produjeron mayor efecto entre el pueblo.
.
La comitiva llegó a Roma en marzo de 1373. Brígida, que estaba enferma desde hacía algún
tiempo, empezó a debilitarse rápidamente, y falleció el 23 de julio de ese año, después de recibir
los últimos sacramentos de manos de su fiel amigo, el Padre Pedro de Alvastra. Tenía entonces
setenta y un años. Su cuerpo fue sepultado provisionalmente en la iglesia de San Lorenzo in
Panisperna. Cuatro meses después, Santa Catalina y Pedro de Alvastra condujeron
triunfalmente las reliquias a Vadstena, pasando por Dalmacia, Austria, Polonia y el puerto de
Danzig.

Santa Brígida, cuyas reliquias reposan todavía en la abadía por ella fundada, fue
canonizada en 1391 y es la patrona de Suecia.
Visiones y escritos
Uno de los aspectos más conocidos en la vida de Santa Brígida, es el de las múltiples visiones
con que la favoreció el Señor, especialmente las que se refieren a los sufrimientos de la Pasión y
a ciertos acontecimientos de su época. Por orden del Concilio de Basilea, el Juan de
Torquemada, quien fue más tarde cardenal, examinó el libro de las revelaciones de la santa y
declaró que podía ser muy útil para la instrucción de los fieles; pero tal aprobación encontró
muchos opositores.
Por lo demás; la declaración de Torquemada significa únicamente que la doctrina del libro es
ortodoxa y que las revelaciones no carecen de probabilidad histórica. El Papa Bcnedicto XIV,
entre otros, se refirió a las revelaciones de Santa Brígida en los siguientes términos: "Aunque
muchas de esas revelaciones han sido aprobadas, no se les debe el asentimiento de fe
divina; el crédito que merecen es puramente humano, sujeto al juicio de la prudencia, que es
la que debe dictarnos el grado de probabilidad de que gozan para que crearnos píamente en
ellas."

Santa Brígida, con gran sencillez de corazón, sometió siempre sus revelaciones a
las autoridades eclesiásticas y, lejos de gloriarse por gozar de gracias tan
extraordinarias, las aprovechó como una ocasión para manifestar su obediencia y
crecer en amor y humildad. Si sus revelaciones la han hecho famosa, ello se debe
en gran parte a su virtud heroica, consagrada por el juicio de la Iglesia.

El libro de sus revelaciones fue publicado por primera vez en 1492.
Las brigidinas tienen unas lecciones de maitines tomadas de sus revelaciones sobre las
glorias de María, conocidas con el nombre de "Sermo Angelicus", en recuerdo de las
palabras del Señor a la santa: "Mi ángel te comunicará las lecciones que las religiosas
de tus monasterios deben leer en maitines, y tú las escribirás tal como él te las dicte".
ORACIONES
Aprobadas por El Papa Pío IX
En la Basílica de San Pablo Extramuros en Roma todavía se puede contemplar, en la
capilla del Santísimo Sacramento, el Crucifijo Milagroso ante el cual estuvo
arrodillada Santa Brígida cuando recibió estas 15 Oraciones de Nuestro Señor. Allí
hay una inscripción conmemorando este evento, en latín: “Pendentis. Pendente Dei
verba a accepit aure accipit et verbum corde Brigitta Deum. Anno Jubilei MCCCL”

Por mucho tiempo, Santa Brígida había deseado saber cuántos latigazos había
recibido Nuestro Señor en Su Pasión. Cierto día se le apareció Jesucristo, diciéndole:
“Recibí en Mi Cuerpo cinco mil, cuatrocientos ochenta latigazos; son 5.480 azotes. Si
queréis honrarlos en verdad, con alguna veneración, decid 15 veces el Padre Nuestro;
también 15 veces el Ave María, con las siguientes oraciones, durante un año
completo. Al terminar el año, habréis venerado cada una de Mis Llagas”. (Nuestro
Señor mismo le dictó las oraciones a la santa.)
Primera Oración
Padrenuestro - Ave Maria.

¡Oh Jesucristo ¡Sois la eterna dulzura de todos los que Os aman; la alegría que sobrepasa
todo gozo y deseo; la salvación y esperanza de todos los pecadores. Habéis manifestado
no tener mayor deseo que el de permanecer en medio de los hombres, en la tierra. Los
amáis hasta el punto de asumir la naturaleza humana, en la plenitud de los tiempos, por
amor a ellos. Acordaos de todos los sufrimientos que habéis soportado desde el instante de
Vuestra Concepción y especialmente durante Vuestra Sagrada Pasión; así como fue
decretado y ordenado desde toda la eternidad, según el plan divino.

Acordaos, Oh Señor, que durante la última cena con Vuestros discípulos les habéis Lavado
los pies; y después, les distéis Vuestro Sacratísimo Cuerpo, y Vuestra Sangre Preciosísima.
Luego, confortándolos con dulzura, les anunciasteis Vuestra próxima Pasión.

Acordaos de la tristeza y amargura que habéis experimentado en Vuestra Alma, como Vos
mismo lo afirmasteis, diciendo
”Mi Alma está triste hasta la muerte.”
Acordaos de todos los temores, las angustias y los dolores que habéis
soportado, en Vuestro Sagrado Cuerpo, antes del suplicio de la crucifixión.
Después de haber orado tres veces, todo bañado de sudor sangriento, fuisteis
traicionado por Vuestro discípulo. Judas; apresado por los habitantes de una
nación que habíais escogido y enaltecido. Fuisteis acusado por falsos testigos
e injustamente juzgado por tres jueces; todo lo cual sucedió en la flor de
Vuestra madurez, y en la solemne estación pascual.

Acordaos que fuisteis despojado de Vuestra propia vestidura, y revestido
con manto de irrisión. Os cubrieron los Ojos y la Cara infligiendo
bofetadas. Después, coronándoos de espinas, pusieron en Vuestras
manos una caña. Finalmente, fuisteis atado a la columna, desgarrado
con azotes y agobiado de oprobios y ultrajes.

En memoria de todas estas penas y dolores que habéis soportado antes
de Vuestra Pasión en la Cruz concededme antes de morir, una contrición
verdadera, una confesión sincera y completa, adecuada satisfacción; y la
remisión de todos mis pecados. Amén.
Segunda Oración.
Padrenuestro - Ave Maria

¡Oh Jesús, la verdadera libertad de los ángeles y paraíso de
delicias! Acordaos del horror y la tristeza con que fuisteis
oprimido, cuando Vuestros enemigos como leones furiosos, os
rodearon con miles de injurias: salivazos, bofetadas,
laceraciones, arañazos y otros suplicios inauditos. Os
atormentaron a su antojo.

En consideración a estos tormentos y a las palabras
injuriosas, Os suplico. ¡Oh mi Salvador, y Redentor! que
me libréis de todos mis enemigos visibles e invisibles y
que bajo Vuestra protección, hagáis que yo alcance la
perfección de la salvación eterna. Amén
Tercera Oración.
Padrenuestro - Ave Maria.

¡Oh Jesús, Creador del Cielo y de la Tierra, al que nada puede contener
ni limitar! Vos abarcáis todo; y todo es sostenido bajo Vuestra amorosa
potestad. Acordaos del dolor muy amargo que sufristeis cuando los
judíos, con gruesos clavos cuadrados, golpe a golpe clavaron Vuestras
Sagradas Manos y Pies a la Cruz. Y no viéndoos en un estado
suficientemente lamentable para satisfacer su furor, agrandaron
Vuestras Llagas, agregando dolor sobre dolor. Con indescriptible
crueldad. Extendieron Vuestro Cuerpo en la Cruz. Y con jalones y
estirones violentos, en toda dirección, dislocaron Vuestros Huesos.
¡Oh Jesús!, en memoria de este santo dolor que habéis soportado con
tanto amor en la Cruz, Os suplico concederme la gracia de temeros y
amaros. Amén.
Cuarta Oración.
Padrenuestro - Ave María.

O Jesús, Médico Celestial! elevado en la Cruz para curar nuestras llagas con
las Vuestras! Acordaos de las contusiones y los desfallecimientos que habéis
sufrido en todos Vuestros Miembros; y que fueron distendidos a tal grado, que
no ha habido dolor semejante al Vuestro. Desde la cima de la cabeza hasta la
planta de los pies, ninguna parte de Vuestro Cuerpo estaba exenta de
tormentos. Sin embargo, olvidando todos Vuestros sufrimientos, no dejasteis
de pedir por Vuestros enemigos, a Vuestro Padre Celestial, diciéndole:
“ Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen.”
Por esta inmensa misericordia, y en memoria de estos sufrimientos, Os
hago esta súplica: conceded que el recuerdo de Vuestra muy amarga
Pasión, nos alcance una perfecta contrición, y la remisión de todos
nuestros pecados. Amén.
Quinta Oración.
Padrenuestro - Ave María.

¡Oh Jesús!, ¡Espejo de Resplandor Eterno! Acordaos de la tristeza aguda que habéis sentido
al contemplar con anticipación, las almas que habían de condenarse. A la luz de Vuestra
Divinidad, habéis vislumbrado la predestinación de aquellos que se salvarían, mediante los
méritos de Vuestra Sagrada Pasión. Simultáneamente habéis contemplado tristemente la
inmensa multitud de réprobos que serian condenados por sus pecados; y Os habéis quejado
amargamente de esos desesperados, perdidos y desgraciados pecadores.

Por este abismo de compasión y piedad y principalmente por la bondad
que demostrasteis hacia el buen ladrón, diciéndole: “Hoy estarás
conmigo en el Paraíso”, hago esta súplica, Dulce Jesús. Os pido que a la
hora de mi muerte tengáis misericordia de mí. Amén.
Sexta Oración.
Padrenuestro - Ave Maria.

¡Oh Jesús. Rey infinitamente amado y deseado! Acordaos del dolor que
habéis sufrido, cuando, desnudo y como un crimina! común y corriente,
fuisteis clavado y elevado en la Cruz. También! fuisteis abandonado de
todos Vuestros parientes y amigos con la excepción de Vuestra muy
amada Madre. En Vuestra agonía, Ella permaneció fiel junto a Vos; luego,
la encomendasteis a Vuestro fiel discípulo, Juan, diciendo a Maria:
“mujer, he aquí a tu hijo!” Y a Juan: “ He aquí a tu Madre!

Os suplico, Oh mi Salvador, por la espada de dolor que entonces
traspasó el alma de Vuestra Santísima Madre, que tengáis compasión de
mí. Y en todas mis aflicciones y tribulaciones, tanto corporales como
espirituales, ten piedad de mí. Asistidme en todas mis pruebas, y
especialmente en la hora de mi muerte. Amén.
Séptima Oración.
Padrenuestro - Ave Maria

¡Oh Jesús, inagotable Fuente de compasión, ten
compasión de mí! En profundo gesto de amor, habéis
exclamado en la Cruz: “Tengo sed” Era sed por la
salvación del género humano.
Oh mi Salvador os ruego que inflaméis nuestros
corazones con el deseo de dirigirnos a la perfección, en
todas nuestras obras. Extinguid en nosotros la
concupiscencia carnal y el ardor de los apetitos
mundanos. Amén.
Octava Oración.

Padrenuestro - Ave María.

¡Oh Jesús, Dulzura de los corazones y Deleite del espíritu!
Por el vinagre y la hiel amarga que habéis probado en la
Cruz, por amor a nosotros, oíd nuestros ruegos.

Concedednos la gracia de recibir dignamente Vuestro
Sacratísimo Cuerpo y Sangre Preciosísima durante nuestra
vida, y también a la hora de la muerte para servir de remedio
y consuelo a nuestras almas. Amén.
Novena Oración
Padrenuestro - Ave María.

¡Oh Jesús, Virtud real y gozo del alma! Acordaos
del dolor que habéis sentido, sumergido en un
océano de amargura, al acercarse la muerte,
insultado y ultrajado por los judíos. Clamasteis en
alta voz que habíais sido abandonado por Vuestro
Padre Celestial, diciéndole: “Dios mío, Dios mío,
¿por qué me has abandonado?”.
Por esta angustia, Os suplico, Oh mi Salvador,
que no me abandonéis en los terrores y
dolores de mi muerte. Amén.
Décima Oración
Padrenuestro -Ave Maria.

¡Oh Jesús. Principio y Fin de todas las cosas. Sois la Vida
y la Virtud plena! Acordaos que por causa nuestra fuisteis
sumergido en un abismo de penas, sufriendo dolor desde
la planta de los Pies hasta la cima de la Cabeza.

En consideración a la enormidad de Vuestras Llagas,
enseñadme a guardar, por puro amor a Vos, todos
Vuestros Mandamientos; cuyo camino de Vuestra Ley
Divina es amplio y agradable para aquellos que Os aman,
Amén.
Undécima Oración
Padrenuestro - Ave Maria.

¡Oh Jesús! ¡Abismo muy profundo de Misericordia! En
memoria de las llagas que penetraron hasta la médula de
Vuestros Huesos y Entrañas, para atraerme hacia Vos,
presento esta súplica. Yo, miserable pecador, profundamente
sumergido en mis ofensas, pido que me apartéis del pecado.
Ocultadme de Vuestro Rostro tan justamente irritado contra
mí.

Escondedme en los huecos de Vuestras Llagas hasta que
Vuestra cólera y justìsíma indignación hayan cesado. Amén.
Duodécima Oración
Padrenuestro - Ave Maria.

¡Oh Jesús! Espejo de la Verdad, Sello de la Unidad. y Vínculo de la
Caridad! Acordaos de la multitud de Llagas con que fuisteis herido,
desde la Cabeza hasta los Pies. Esas Llagas fueron laceradas y
enrojecidas, Oh dulce Jesús, por la efusión de Vuestra adorable Sangre.
¡Oh, qué dolor tan grande y repleto habéis sufrido por amor a nosotros,
en Vuestra Carne virginal! ¡Dulcísimo Jesús! ¿Qué hubo de hacer por
nosotros que no habéis hecho? Nada falta. ¡Todo lo habéis cumplido! ¡Oh
amable y adorable Jesús! Por el fiel recuerdo de Vuestra Pasión, que el
Fruto meritorio de Vuestros sufrimientos sea renovado en mi alma. Y que
en mi corazón, Vuestro Amor aumente cada día hasta que llegue a
contemplaros en la eternidad.
¡Oh Amabilísimo Jesús! Vos sois el Tesoro de toda alegría y dicha
verdadera, que Os pido concederme en el Cielo. Amén.
Décima-Tercera Oración
Padrenuestro - Ave María.

¡Oh Jesús! ¡Fuerte León, Rey inmortal e invencible! Acordaos
del inmenso dolor que habéis sufrido cuando, agotadas todas
Vuestras fuerzas, tanto morales como físicas, inclinasteis la
Cabeza y dijisteis: “Todo está consumado”.

Por esta angustia y dolor, os suplico, Señor Jesús, que tengáis
piedad de mí en la hora de mi muerte cuando mi mente estará
tremendamente perturbada y mi alma sumergida en angustia.
Amén.
Décima-Cuarta Oración.
Padrenuestro - Ave María.

¡Oh Jesús! ¡Unico Hijo del Padre Celestial! esplendor y
semejanza de su Esencia! Acordaos de la sencilla y humilde
recomendación que hicisteis de Vuestra Alma, a Vuestro Padre
Eterno, diciéndole: “¡Padre en Tus Manos encomiendo Mi
Espíritu!” Desgarrado Vuestro Cuerpo, destrozado Vuestro
Corazón, y abiertas las Entrañas de Vuestra misericordia para
redimirnos, habéis expirado.

Por Vuestra Preciosa Muerte, Os suplico, Oh Rey de los
santos, confortadme. Socorredme para resistir al demonio, la
carne y al mundo. A fin de que, estando muerto al mundo, viva
yo solamente para Vos. Y a la hora de mi muerte, recibid mi
alma peregrina y desterrada que regresa a Vos. Amén.
Décima-Quinta Oración.
Padrenuestro-Ave María.

¡Oh Jesús! ¡Verdadera y fecunda Vid! Acordaos de la abundante efusión
de Sangre que tan generosamente habéis derramado de Vuestro Sagrado
Cuerpo. Vuestra preciosa Sangre fue derramada como el jugo de la uva
bajo el lagar.
De Vuestro Costado perforado por un soldado, con la lanza, ha brotado
Sangre y agua, hasta no quedar en Vuestro Cuerpo gota alguna.
Finalmente, como un haz de mirra, elevado a lo alto de la Cruz., la muy
fina y delicada Carne Vuestra fue destrozada; la Substancia de Vuestro
Cuerpo fue marchitada; y disecada la médula de Vuestros Huesos.

Por esta amarga Pasión, y por la efusión de Vuestra preciosa Sangre, Os
suplico, Oh dulcísimo Jesús, que recibáis mi alma, cuando yo esté
sufriendo en la agonía de mi muerte. Amén.
Conclusión.
¡Oh Dulce Jesús! Herid mi corazón, a fin de que mis
lágrimas de amor y penitencia me sirvan de pan, día y
noche. Convertidme enteramente, Oh mi Señor, a Vos.
Haced que mi corazón sea Vuestra Habitación
perpetua. Y que mi conversación Os sea agradable.
Que el fin de mi vida Os sea de tal suerte loable, que
después de mi muerte pueda merecer Vuestro Paraíso;
y alabaros para siempre en el Cielo con todos
Vuestros santos. Amén.
Santa Catalina de Suecia
Catalina Ulfsdotter, más conocida con el nombre de Catalina de
Suecia, era la segunda de los ocho hijos de Santa Brígida, la gran
mística sueca que influyó tanto en la historia, en la vida y en la
literatura de su país, mucho más que la real compatriota Cristina
que llenó con sus rarezas las crónicas mundanas de la Roma del
Renacimiento. Brígida y su hija Catalina unieron también sus
nombres a la ciudad de Roma, pero con otros méritos.

Catalina de Suecia o Catalina de Vadstena nació alrededor del año 1331 del
matrimonio formado por el príncipe Ulf Gudmarsson y Brigitta Birgesdotter;
fue la cuarta de ocho hermanos. La educaron, como era frecuente en la
época, al calor del monasterio; en este caso lo hicieron las monjas de
Riseberga. Contrajo matrimonio con el buen conde Egar Lyderson van
Kyren y ambos influyeron muy positivamente en los ambientes nobles
plagados de costumbres frívolas y profanas.
Brígida, su madre, ha tenido la revelación de fundar la Orden del Santísimo
Salvador que tenga como fin alabar al Señor y a la Santísima Virgen según la
liturgia de la Iglesia, reparar por las ofensas que recibe de los hombres, propagar la
oración contemplativa -preferentemente de la Pasión- para la salvación de las
almas.
Madre e hija se encuentran juntas en Roma. Cuando Catalina tiene planes de
regresar a su casa junto al esposo, Brígida comunica a su hija otra revelación
sobrenatural de Dios: ha muerto su yerno. Esto va a determinar el rumbo de la vida
de Catalina desde entonces. Ante el lógico dolor y la depresión anímica que sufre,
es sacada de la situación por la Virgen. Es en estas circunstancias cuando muestra
ante su madre la firme disposición interna a pasar toda suerte de penalidades y
sufrimientos por Jesucristo. Las dos juntas y emprenden una época de oración
intensa, de mortificación y pobreza extrema; sus cuerpos no conocen sino el suelo
duro para dormir; visitan iglesias y hacen caridad. La joven viuda rechaza
proposiciones matrimoniales que surgen frecuentes, llegando algunas hasta la
impertinencia y el acoso. Peregrinan a los santuarios famosos y organizan una
visita a Tierra Santa para empaparse de amor a Dios en los lugares donde padeció
y murió el Redentor.
En el año 1373 han regresado, muere en Roma Brígida y Catalina
da sepultura provisional en la Ciudad Eterna al cadáver de su madre
en la iglesia de san Lorenzo. El traslado del cuerpo en cortejo
. fúnebre hasta Suecia es una continua actividad misionera por donde
pasa. Catalina habla de la misericordia de Dios que espera siempre
la conversión de los pecadores; va contando las revelaciones y
predicciones que Dios hizo a su santa madre.
Söderkoping es el lugar patrio que recibe la procesión en 1374 como
si fuera un acto triunfal. Se relatan conversiones y milagros que se
suceden hasta depositar los restos en el monasterio de Vadstena,
donde entra y se queda Catalina, practicando la regla que vivió
durante veinticinco años con su madre.
Un segundo viaje a Roma durará cinco años; tendrá como meta la
puesta en marcha del proceso de canonización de la futura santa
Brígida y la aprobación de la Orden del Santísimo Salvador. A su
regreso a Vadstena, muere el 24 de marzo de 1381.
Aparte de las revelaciones que tuvo y de las predicciones
sobrenaturales que hizo la santa, se cuenta de ella la finura de
alma que le llevó a la confesión diaria durante veinticinco años -
no por ser escrupulosa- y que consiguió la confesión
arrepentida de impenitentes a punto de morir. También se habla
de luces que rodean el cuerpo inerte después de su muerte, de
una estrella que pudo verse por un tiempo señalando el lugar
del reposo y de luminosidades que refulgían junto al sarcófago.
No es extraño que la leyenda haya querido dejar su huella
intentando hacer que los sentidos descubran la magnanimidad
de su alma que sólo es perceptible por lo externo. Por eso
dijeron que nunca mamó la leche de la nodriza mundana
mientras buscaba el pecho de su madre santa y de otras
mujeres honestas. Igualmente contaron que libró a Roma de
inundación entrando sus pies en el Tiber y hablaron de la
liberación de una posesa.
Esta octava parte trató de Dos grandes
Santas, “Santa Brígida de Suecia”
declarada patrona de Europa y su hija,
“Santa Catalina de Suecia”, con el
mismo rango, dado por su Santidad
Juan Pablo II.
Medita profundamente la vida de estas
santas mujeres, ambas visitadas por
Nuestro Señor Jesucristo y María
Santísima. Reza las quince oraciones
con devoción. Que el Señor os bendiga.

Francisco Martínez Arias

Septiembre 2008