Nuevas poetas para nuevos tiempos

José Garés Crespo
Septiembre de 2008

En estos últimos años, de manera incipiente todavía, aparecen signos evidentes de que en el espacio de la producción poética en España hay cambios que, sin duda, están ofreciendo nuevos aires que terminaran por cambiar el perfil de la poesía actual. Estas nuevas tendencias apuntan, de la mano de varios elementos, en la forma y el fondo del nuevo material poético, lo que hace doblemente interesante la perspectiva que alumbran.

En línea con lo que escribía Marx en la “Ideología alemana”, diríamos que en última instancia, estos cambios que percibimos, aparecen como reflejo, más o menos directo, de profundos cambios de comportamiento que aparecen en la vida social española y que en la poesía se están manifestando o cristalizando en el lustro que empieza en 2005.

El telón de fondo de este escenario son los cambios políticos de la última década que confirman una alternancia en la gestión pública que aleja, aún más si cabe, cualquier cambio en las estructuras del poder económico-político-social y que, parafraseando a Dante en su “Divina comedia”, nos invita a abandonar toda esperanza de cambio sustancial. El resultado: cierta monotonía en los que no pretendían más y desolación y melancolía en los insatisfechos. El reflujo de una gran parte de las ilusiones de cambio profundo que arrancan en los 70, parece que toca fondo y nada se deja entrever en el actual horizonte que lo perturbe.

La nueva poesía que apunta en este nuevo escenario, literariamente hablando, ha tocado en la línea de flotación de la corriente poética que se aupó a finales del pasado siglo XX de la mano de poetas como Falcón, Orihuela, Reichman etc y que al parecer ya dio de si lo que podía. Estos poetas, objetivamente, aparecieron como una nueva versión de la poesía social de mitad del XX que decae a partir de los 60 con la “Antología de la poesía social” de Leopoldo de Luis. Obviamente incorporaron nuevos recursos estilísticos. Asimismo, y siguiendo la lucha generacional orteguiana, fueron la reacción

a la llamada “poesía de la experiencia”, que predomina en los años 90. El revival de esta corriente poética, tiene el mérito de ser la primera en nuestro país, que aparece con un contenido ideológico de confrontación con la cultura de la globalización actual y sirvió como refugio frente a la desbandada ideológica de la izquierda. Es, según confiesan los mismos protagonistas, “poesía de la resistencia”.

La poesía que apunta novedosa, no aparece tanto como la cíclica confrontación con la inmediatamente anterior, sino más como síntesis y un nuevo ajuste con nuestros días y los que previsiblemente están por llegar. Y no parece de menor importancia el hecho de que la mayoría de poetas que apuntan en esta ruptura sean mujeres. Muy importante. Su misma procedencia literaria es múltiple y todavía sin cristalizar y proviene de campos teóricamente tan dispares como el surrealismo y la poesía social, la poesía cuántica o la misma poesía de la experiencia. Los rasgos comunes son todavía endebles, pero apuntan en la línea comentada.

Así. un intimismo que propicia el coloquio, incluso cuando el tema sea de carácter social, en cuyo caso sirve de pretexto para manifestar no tanto el hecho denunciado como los sentimientos coincidentes de la poeta, de manera que a través de lo temporal y objetivamente ajeno, trasciende lo particular y personal, en la línea que señalaba C. Bousoño de el tema como pretexto, como soporte. Una imaginería de tono bajo, apenas susurrada con un ritmo entrecortado. Un uso mesurado del adjetivo y una exquisita transposición de giros coloquiales que refuerza la proximidad entre poeta y lector. En línea con lo que señalaba Jakobson, no es tanto el material semántico que usan, como la combinación tan personal que del mismo hacen, en curiosa sintonía todas ellas.

Obviamente ni pretendo ser exhaustivo, ni probablemente, aunque quisiera es todavía el momento, dado que son unas flores que anuncian, eso creo, una primavera, pero habrá que esperar al solsticio para ordenar y analizar.

No obstante, reproduzco tres poemas a titulo de ejemplo, de tres poetas, que a mi modo de ver, apuntan en lo dicho anteriormente y pese a su escasa producción todavía habrá que seguirlas con atención, por lo que ya son y por lo que anuncian. He aquí un ejemplo de tres de ellas.

Parte de su obra y los datos personales aparecen en el blog de cada una de ellas.

Laura Giordani http://lauragiordani.blogspot.com/

Sólo eso

Una manos en la tarde recibiendo la lluvia.

Qué más da si mano de hombre, mujer, niño o muerto: el mismo gesto ancestral de recibir el agua de lo alto.

Quizá seamos solo eso: cuenco sin fondo para un agua indigente que sueña su barro, mano tendida en la intemperie.

Carmen Meca http://carmenmeca-literaturacuantica.blogspot.com/

Patrones de consumo

Exiliada de su tierra viaja la caracola para regresar a ella y junto a ella deshacerse con los impetuosos embates de la mar.

Así fue mi odisea huyendo a cada paso de su rompiente, tuna e inspirada en cada ineludible lindero, serena en su cadalso último.

Gobernaste el trayecto, su motor, el pulmón de las velas en el asfixiante mediodía, la hora y sus alimenticios despojos, la estrella, el monstruo y las larvas de codicia con que infesta al morder la paz, la paz.

Sabía de la última maldición del hado, de ese mórbido consumo de los sentidos que a fuerza de márqueting y happening ha conseguido vender como amor ultramoderno. Sabía que tú eras su principal pregonero, más aún, avalista de esa lepra.

Y sabiendo lo que sabía, cuando los más bellos cuentos sellaban las tumbas de la infancia y la nada posaba su autorretrato, primeramente nos amamos y finalmente te amé.

Esperanza Medina http://esperanzamedina.blogspot.com/

Nada que encontrar

No busques... bajo granos de arena infinitos caracolas marinas que te arrullen y te pinten sonrisas de mar, (hallarás, tal vez, lágrimas de espuma, nada más)

No busques tras cortinas de viento onduladas la caricia que deje en tu piel el calor de esa huella que nunca se va, (hallarás, tal vez, el dolor que te quema la piel, nada más).

No busques sobre el dorado tapiz de la tierra ese pétalo dulce y suave que bese tus labios, ya no está. (Hallarás, tal vez, una espina en la rosa... nada más)

No busques...

No hay nada que encontrar...