Escultora negra, escultura blanca

Alejandra Vela Martínez
Pies pa’ qué los quiero si tengo alas para volar. Frida Kahlo

Escondidas en la ciudad de la eterna primavera, cobijadas por una serie de ríos y lagos michoacanos, incluso acompañadas de una princesa tarasca y una capital imperial hay dos mujeres. Bueno, podría decirse que hay una mujer y la promesa de otra. Tan escondidas están que no tienen nombre reconocible. La única denominación que conceden es la de la plaza que las arropa día tras día: Plaza de la Enseñanza. Ahí, inmutables en su eterna construcción, permiten que los ojos de cualquier hermosas. La primera mujer es negra. De un negro azabache que se obstina a enfrentarse al calor del sol, imponente. Con una rodilla en el suelo y la otra pierna en posición de escuadra, el peñasco da vida a una mujer fuerte, tosca. Pero no es sólo la piedra la que transmite esta sensación: es la cara, con el ceño un tanto fruncido, concentrado, sin atisbo de sonrisa… si nos acercamos lo suficiente incluso se pueden distinguir ciertas arrugas en la frente, como si llevara varios días pensando en la manera perfecta de dar materialidad a lo que en su mente ya existe. Y ese rostro, ensimismado y pensativo parece sólo el principio mediante el cual los brazos, grandes y fuertes, se rigen. En posición casi de batalla, transeúnte distraído se posen en ellas, contrastantes,

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Poco sabe ella que nunca podrá terminar de ser. es casi perfecta. 2 . espera que sean otros. siempre inconclusa. Pero en su rostro el anhelo de lo porvenir se deja ver. es blanca. Frente a ella. acompañando las delicadas formas de su cintura. conciente o inconcientemente. parece recordar las palabras de Frida. pensando que en ese volar de la imaginación puede encontrar su emancipación. es una eterna creación en vísperas de existir completa. acompañando el rostro que mira. de proporciones finas. que sea la Otra. Marmórea. la que le conceda esa libertad. la mujer inacabada. casi inmaculada. Tiene una tez lisa.levanta un martillo y un cincel: es una escultora. Es en ese ser objeto y no sujeto en donde radica el mayor contraste entre estas dos mujeres: una crea. implorante. es un ideal. dejan ver el eterno rezo por poder ser una. El problema deviene del hecho de que no es ella la que a partir de su actuar en el mundo busca echar a volar sino que. largo y lacio le recorre la espalda. Claro que una. Pero en su rostro. el anhelo de la trascendencia se siente. Poco puede ver de lo mucho que le falta por existir acabada: ella es una escultura. hacia el cielo. Su pelo. que el pedazo de loza sobre el cual surgen sus piernas no la dejará ir. a la otra la crean. de su cadera apenas vislumbrada… Los brazos son también aquí una continuidad del pensamiento: cruzados en una especie de ruego. entera. atada a esa piedra. precisamente porque es producto de lo que alguien más busca. En su plegaria.

Pero esto no pasa por la mente de la escultora. de creación. sí. 24. p. cumple libertad. Ella construye. lo que espera es que alguien más la construya. mundos en donde las lozas de los pies puedan ser destruidas.Poco sabe que. Así. deja volar su imaginación. Ella sabe que nadie si no ella la va a ayudar a construirse a sí misma. que alguien más la imagine. ¿cómo puede ser libre si no lo busca ella misma. En su mente existe un ideal: de belleza. tomar el cincel y el martillo. perpetuo desplazamiento hacia otras libertades (…)”1. son contrastantes incluso en el modo en que se enfrentan en y ante el mundo. etérea. que alguien más la libere. se vuelve concreto. ejercitada en la eterna plegaria para imaginar otros mundos posibles. 3 . Pero no lo puede hacer: en su ser ideal. pero siempre regresa para ver cómo lo que ha visto en esos altos vuelos se materializa. Su ser en el mundo no es un mero existir. Buenos Aires. Siglo XX. sin depender de nadie? Incluso podría usar esa imaginación. Tan es así que su cara no puede evitar dejar ver la preocupación por encontrarlo: las arrugas la delatan como un ser en construcción. de mujer. Constituyen un espejo en el que los ojos distraídos 1 Simone de Beauvoir. sino por su como una trascendencia. 1986. no a través su de los proyectos. y descubrir esos pies ansiosos de moverse. en donde ella misma pudiera desenredarse los brazos. crea. El segundo sexo. tiene alas para volar. “todo sujeto se plantea concretamente. ¿Cómo puede esperar ser libre si no se desplaza? Más que eso. como diría Simone de Beauvoir. sino un hacer concreto.

el espejo en el espejo. de completar la obra que se materializa a manos de esa negra robusta. dos veces agrandada. con una plegaria en la boca para poder ser libres. Virginia Woolf menciona que desde “hace siglos las mujeres han servido de espejos dotados de la virtud mágica y deliciosa de reflejar la figura del hombre. que no la deja imaginar. el deseo mediante el cual se identifican. pero ¿qué pasa cuando del otro lado lo que hay es otra? ¿qué se refleja? El encuentro con otras libertades. la escultura en la escultura es una vuelta de tuerca a esa afirmación: sí. no nos es posible transformar nuestra realidad concreta. la mujer ha sido espejo. Claro que esto no es únicamente formarse con deseos de libertad 4 . el secreto compartido. es aquí lo que dinamita y posibilita el cambio: mientras permanecemos mirando al cielo. En algún lugar de Un cuarto propio. esa termina siendo la labor del que observa. En el momento en que esos ojos se encuentran con los de la Otra. las confidencias.pueden de pronto encontrarse reflejados. todo eso se materializa en un hacer-se en el mundo. atada siempre de manos y amarrada de pies a una loza que no la deja volar. como diría Beauvoir. Resulta curioso que la labor de construcción nunca corra a cargo de la pasiva mujer blanca. El juego de la escultura dentro de la escultura no nos deja indiferentes: ¿se trata de una obra inacabada? ¿o es una invitación para imaginarla? Y he aquí una de las palabras fundamentales: imaginación.” De alguna manera. El poder de pensar-se diferente.

al momento de ver su obra. da forma a las mentalidades. Y es aquí en donde ninguna de las dos incógnitas mujeres puede liberarse. será plenamente material. pero en la medida en que ella se constituye a partir de lo que alguien más quiere. por tanto. puede ser que en realidad lo que parece una plegaria en realidad sea un estar pensando en su propia libertad. Pero la escultora no es capaz de desarticular ese discurso que le da forma: mientras que por su hacer en el mundo podríamos pensar que ha logrado volar sin ayuda de nadie. el de los paseantes. no ha logrado construirse a sí misma en total libertad. Con el juego de espejos lo que se posibilita es que el sistema hegemónico en el que ambas se inscriben sea inmediatamente el nuestro. sus contornos. lo que ella materializó cuerpo. Será en el 5 . Se trata de un sistema en el que el discurso de poder moldea materialidades. se hace evidente que no ha desmantelado el sistema de poder detrás de su propio discurso. pero la materialidad deberá reconcebirse como el efecto del poder. dejándola sin herramientas para poner en cuestión ese sistema en el que se encuentra sumergida. como el efecto más productivo del poder. más allá de su cuerpo. dice Judith Butler que “el carácter fijo del cuerpo.y de emancipación de un discurso hegemónico.” Y efectivamente. en donde encuentran el equilibrio entre ambas. queda invisibilizado ese mismo poder. el cuerpo de la mujer blanca es producto de lo que el poder del cincel y el martillo quieren que sea. en la medida en que es un ideal de mujer. sus movimientos. no lo ha cuestionado y.

como buena escultora. poco a poco.momento en que logré pensarse constituida y atravesada por este discurso cuando podrá. desmantelarlo. pueda descubrir lo que debajo de su propia loza yace. quitando lo que sobra para que. 6 .

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