T E R E N C E H. WHI T E

C A M E L O T
Libro I

La Espada en la Piedra

Editorial Debate

Primera edición en esta colección: octubre 1989

Versión de Fernando Corripio

No está permitida la reproducción total o parcial de este libro, ni su tratamiento informático, ni la transmisión de ninguna forma o por cualquier medio, ya sea electrónico, mecánico, por fotocopia, por registro u otros métodos, sin el permiso previo y por escrito de los titulares del Copyright.

Título original: The Once and Future King © The State of T. H. White. 1939. 1940. 1950. © Editorial Debate. S.A., Zurbano, 92, 28003 Madrid ISBN.: 84-7444-354-7 Depósito Legal: M-29199-1989. Compuesto en Fernández Ciudad. S. L. Impreso en Unigraf, Arroyomolinos. Móstoles (Madrid) Impreso en España Printed in Spain

mientras que el resto de la semana había Lógica Aristotélica. Donde tú y yo llegaremos. Cuando yo tenía su edad. La gobernanta era pelirroja y tenía una misteriosa herida que le proporcionaba un gran prestigio y que ella enseñaba a puertas cerradas ante las mujeres del castillo. Agua. rima con Art (arte). La gobernanta siempre se hacía un lío con el astrolabio. Debemos proporcionarles una educación de primera clase. y fue despedida. y entonces acostumbraba a desquitarse con Verruga. Esto era una broma. Más tarde se supo que había estado encerrada en un manicomio durante tres años. Sino la isla Gramarye. y se habría irritado si alguien hubiese pretendido asignárselo. sobre los punzones de una armadura. los martes. Astrología y repaso de asignaturas. terminología de la caza y reglas del cazador.) . Por las tardes el plan de estudios era el siguiente: los lunes y los viernes. esgrima. cetrería. CAPITULO I os lunes.INCIPIT LIBER PRIMUS LA ESPADA EN LA PIEDRA No es cualquier tierra. que era a su vez una contracción de su verdadero nombre. teoría de la caballería. Verruga se llamaba así porque más o menos rimaba con Arte1. o se le golpeaba con la espada de plano. aunque cometía errores con frecuencia. A Kay nunca le pegaban con la espada. los miércoles. y parece que le fue causada al sentarse por error. de Merlín. golpeándole en los nudillos. sir Héctor dijo en una ocasión: —Al f i n y al cabo. los jueves. el padre de Kay. madera o aire. La dama se puso histérica. como la de serle afeitada la cabeza al que cruzara la línea central en el torneo. el cazador debía agacharse sobre el cuerpo de la bestia muerta. mal dición. por ejemplo. ya me 1 En inglés Wart (verruga). Si se cometía algún error en la persecución o matanza de un animal. Había sido Kay quien le pusiera aquel apodo. Cuando ya se habían librado de la gobernanta. pues era demasiado digno para admitir un apodo. No castigaba de este modo a Kay. arquería. justas y equitación. En cierta ocasión la gobernanta quiso enseñar su herida a sir Héctor. el dueño de la heredad. no podemos consentir que los muchachos correteen todo el día como unos rufianes. porque cuando éste fuera mayor sería sir Kay. A Kay no le llamaban más que de esta forma. con el conocimiento de los acordes que debían ser tocados en cada ocasión. maldición. ¿eh?. miércoles y viernes tenían Caligrafía gótica y Rudimentos de Lógica. los sábados. Se creía que dicha herida se hallaba localizada en las posaderas de la mujer. (Nota del traductor. durante una merienda campestre.

rebanándole la cabeza a una doncella en los matorrales de Weedon. sí. —Pero aun en el caso de que quisiera ponerles un preceptor —prosiguió sir Héctor—. eso exige mucha reflexión. ya sabéis. Se les pierde el rastro. —Me lo ha regalado un amigo mío. Del mismo modo. Ahora te hacen correr un buen rato. y le perdí de vista en el bosque de Wicken. Lo peor es tener que iniciar una nueva búsqueda. contándolos a ambos. Hay que pasar por sus terrenos. amábo. aunque esté algo lejos. ¿qué me aconsejaríais vos? —Ah —repuso sir Grummore. amábit y todo eso —agregó el anciano caballero—. Es un tipo que vive cerca de Burbly Water. si no os importa que lo diga. No habló exactamente de Eton. sino hidromiel. —Buen oporto es éste. por mi vida. amábis. —Pero servios más oporto —dijo sir Héctor—. fue la época más feliz de mi vida. Es más. a fe mía. está en el camino. tal vez? —inquirió cautamente sir Grummore —. en lugar de quedarse a estudiar. por favor. ¿comprendéis? —¿Y cómo se llama el gigante? —No puedo recordarlo en este momento. entregó el oporto que le pedían. —No me importa la distancia —declaró sir Héctor—. —¿No podéis enviarlos a Eton. . Corres veinticinco millas para luego perder la pista o que se te desvanezca por completo. en el Bicester. —Se les pierde el rastro —dijo sir Grummore— por mejor decir. decís uno de esos que enseñan. Os quedo muy agradecido. Y diciendo esto. Sorprendí a un fulano llamado sir Bruce Sans Pitié. —Galapas —dijo sir Grummore. Creo que llegó a hacer sus buenas veinticinco millas corriendo. Pero servios de este oporto. —No me importa en absoluto —dijo sir Héctor—. aseguró que cuando tenía esa edad le azotaban todos los días porque se iba por las mañanas a cazar con los halcones. uno que enseña.aprendía mi Latín y todas esas monsergas a las cinco de la mañana. lo considero una atención de vuestra parte. —El mismo fulano.. claro está —aseguró sir Héctor. aunque la mención de un vino moderno hace que todos nos entendamos mejor. un preceptor. como demonios se llame. ¿cuántos son. en la página noventa y siete de la gramática. —Ha sido un día espléndido —aseguró sir Grummore—. —Prosiguiendo con los chicos —manifestó sir Grummore—. ya que el Colegio de la Blessed Mary no fue fundado hasta 1440. Alcanzadme el oporto. le perseguí hasta la hacienda de Mixbury. Pero volviendo a lo de los muchachos y el Latín. ya se sabe. ha sido un día bastante bueno. pero desaparecen. Sir Grummore Grummursum. no veo de qué forma podría conseguirlo.. —La otra solución —declaró sir Grummore— sería ponerles un preceptor. por favor. tampoco bebían oporto. —Nosotros matamos a todos nuestros gigantes —dijo sir Héctor—. después de tanta persecución. —Un tipo bastante ligero —comentó sir Héctor—. según creía recordar. pero sería una institución parecida. —¿Qué tal os han ido las pesquisas hoy? —preguntó sir Héctor. de verdad. que se hospedaba allí aquella noche porque le había sorprendido el crepúsculo durante una larga caminata. Aunque no parece que en estos tiempos les dé mucho por matar. El maldito tiempo era el tercero por abajo. lo sabéis acaso? —Son dos. tocándose la nariz con un dedo y guiñando un ojo a la botella—. En realidad. y lo de corretear como rufianes. sino el hecho de que ese gigante. Ah. —Eso es. —Ah. Siempre pasa lo mismo con los grandes gigantes en las tierras extensas. Atribuía a esta falta de aplicación el hecho de que nunca había logrado pasar del pretérito pluscuam perfecto del verbo Haber. lo necesitáis. —No del todo mal.

el recién llegado se encontraba en el extremo de la calle del poblado —sólo tenía una calle—. en el de la izquierda se cultivaba en centenares de estrechas parcelas. sea cual sea su nombre. y los dientes y los ojos relumbraban al sol. Sir Héctor se encontraba de pie encima de un gran montón de heno. Cuando una carreta quedaba cargada. mientras que otros dos iban a cada lado. cuando les tuvieran a mano. pues. recogiendo la mies que habían vuelto los chicos. igual que si fueran pieles rojas. trabajaban ese mes en los campos. dijo a los chicos que sir Grummore había sugerido que entretanto no se comportaran como rufianes. Luego se fueron a dirigir la faena del henaje. y vociferar órdenes que llegaban hasta el último rincón del campo de doscientos acres. y que arrastraban caballos fornidos o lentos bueyes blancos. a los muchachos se les hubiera permitido perder las clases en aquella época. Haec. sería iniciar una pesquisa. El foso quedaba cruzado por un puente de piedra fortificado y que terminaba mediado el foso. y algunas correteaban con la cola al aire. Las mujeres disponían el heno seco en largas fajas con sus rastrillos de madera. El castillo de sir Héctor se alzaba en un vasto claro de un bosque aún más vasto. que se levantaba todas las noches. así como las mujeres de la heredad. o se echaban jadeantes a la sombra. —Ya lo anuncié. les amenazaban con una azotaina. Los perros deambulaban con la lengua colgando. la cual se extendía a lo largo de una media milla. la llevaban hasta el montón de heno sobre el que estaba sir Héctor. En cuanto se salvaba el puente levadizo. Sir . Fue voceado por el noticiero de Humberland y anunciador de Cordoyle. Tenía un patio de armas y un foso con barrera. y como no estaba seguro de cómo podría conseguirlo. La carreta avanzaba por la senda. y se espantaban los tábanos con la cola. a f i n de dar con un preceptor. A continuación venían las grandes carretas. y todos los hombres que no estuviesen impedidos. Así quedó decidido. La mitad de este último campo estaba vallado para obtener heno. o si se rezagaban. de iniciar una pesquisa. lo cual le congestionaba bastante el rostro. La otra mitad quedaba cubierta por un puente levadizo de madera. y allí la descargaban. mientras que el de la derecha se deslizaba hacia un río y servía para el pastoreo. no como en la actualidad. —Queréis decir una búsqueda para dar con un preceptor. en cuanto tuviera tiempo. El hombre de la carreta gritaba con fuerza donde quería que le arrojasen cada montón de heno con la horca. Cuando sir Grummore Grummursum se fue a su casa al día siguiente. bajo la dirección de sir Héctor. julio y el tiempo era el propio de julio. —Hic. ¿verdad? —aclaró sir Héctor. lo que irritaba mucho a sir Héctor. Todo el mundo estaba muy bronceado. En cualquier caso.—Anunciándolo. En los campos de pastoreo las vacas vagaban indolentes. cuando se les posaban en el vientre. y sus guadañas refulgían bajo los fuertes rayos solares. rechinando sus grandes ruedas de madera. Era. en tanto que los caballos de la hacienda tenían cubierta de sudor la brillante piel. entre dos f a j a s de heno cortado. Hoc —dijo sir Héctor—. Los cargadores regañaban a los chicos cuando no colocaban el heno adecuadamente. como acontecía en la vieja Inglaterra. o con las gruesas patas. volviendo las mieses con sus horcas y dejándolas a punto para la recogida. sir Héctor se hizo un nudo en el pañuelo para no olvidarse. La calle dividía la extensión del claro del bosque en dos grandes campos. y estaba flanqueada por casas de adobe con techo de paja. Era el mes de julio. —La única otra forma —dijo sir Grummore—. y los dos chicos las seguían a cada lado de las franjas. desde donde podía ver lo que hacía todo el mundo. —Hunc —sentenció sir Grummore. —Justamente. Un hombre se hallaba encima de la carreta para guiarla y recibir el heno. Los mejores segadores se aplicaban a su tarea formando una línea donde el heno aún no había sido cortado. y era cargada por turno estricto desde delante a atrás. El montón ascendía con rapidez porque la carga se colocaba metódicamente. Tomad un poco más de esta bebida.

—Voto porque saquemos a Cully. También era diferente por no tener padre ni madre. hacía un calor bochornoso que tenía a mal traer a los hombres que se afanaban desde un ordeño al otro. Nadie le hablaba de eso. y en él se hundían. a causa de ello. Cierto es que no llevaban puesta mucha ropa. culpando a sir Héctor de haberles tenido tanto tiempo bajo la lluvia. pero también pretendía lanzar pullas. como los demás. los chiquillos corrieron hacia el patio. obteniendo sólo la mitad del resultado de aquél. pronto estará todo seco. que ahora soplaba muy frío. aunque no de frío. En cuanto se hubieron puesto las ropas secas y limpias. Kay quería llevar siempre el halcón cuando iban de caza. en cambio. A Verruga le gustaba la faena del henaje. satisfecho de haber cogido a Verruga en tamaño error. La tormenta estalló durante la tarde. se sumergían. Era de esas gentes que se complacen venerando a un héroe. no era hijo legítimo. la lluvia comenzó a caer sobre la gente. Pero aborrecía que le ganasen en cualquier cosa. y Kay le había enseñado que ser diferente era algo malo. Por otra parte. El no alcanzaba a comprender esto. Sir Héctor mantuvo a su gente trabajando hasta el mismo momento en que los relámpagos cruzaron el cielo sobre sus cabezas. hasta los hombres se estremecieron involuntariamente. Con el último rayo. El heno era para ellos como un elemento más. y luchaba con la condenada hierba —que odiaba con toda su alma—. ahora fresco y brillante por la lluvia recién caída. que tenía dos años más. y hasta parecían respirar. Verruga admiraba a Kay y era un seguidor nato. pero como los otros chicos lo hacían cuando se planteaba un problema de procedencia. volcando algunas carretillas a su paso. La anciana dama que había sido su niñera les trajo jubones y calzas recién salidos de la plancha y les regañó por haberse mojado de aquella forma. había tomado por costumbre ceder siempre ante el miedo a que saliese a relucir el problema. porque no quería demostrar que estaba asustado. hasta que llegaba a sentirse enfermo. Verruga. El día siguiente al de la visita de sir Grummore. y entonces. igual que el agua o el aire. y se desenvolvía con eficacia. sino porque también era el hijo legítimo de sir Héctor. Los dos chicos fueron enviados a casa para que se cambiaran de ropas. y mientras los demás se afanaban a su alrededor. El pabellón de cetrería era uno de los lugares más importantes del castillo. parecía considerarle como un poco inferior. Kay estaba temblando. pero le hacía sentirse desgraciado porque Kay. él sudaba y jadeaba con su horca. pero Verruga lo pensaba cuando se hallaba solo. y las sombras que se apreciaban entre sus húmedos músculos eran del tono oscuro de su piel. no importa. y salieron corriendo hacia el pabellón de cetrería. —Los conejos no salen con esta humedad —dijo Kay desdeñosamente. en su batalla con los ardientes rayos solares. hasta que todos rieron para olvidar su vergüenza. haciéndoles cosquillas. Los que temían los truenos se sintieron enfermos desde por la mañana. y cada uno vio el estremecimiento de su compañero. y sin permitirles ver más allá de las cien yardas. Pero aquello significaba el f i n de la recolección de las mieses. pues! —gritó Verruga. No le gustaba que la gente sacara a relucir el tema. —Entonces. era bastante menos hábil en aquellos menesteres.Héctor volvía a trepar entonces a la cima del montón. no sólo porque era mayor que Verruga. y le dolía. y se les introducían en las ropas. y el comienzo de los juegos. Se pusieron a cubierto debajo de las carretas. —¡Vamos. y luego de nuevo hasta el anochecer. Kay. . el más intenso. con el firmamento tan oscuro como si fuera de noche. cubriéndose con el heno para resguardar sus cuerpos mojados del viento. y tenía derecho a hacerlo. para ver si cazamos algunos conejos — exclamó Verruga. —Bah. revolviendo la mies mientras gritaba que todo se derrumbaría cuando llegasen los vientos del Oeste. Las semillas y briznas de la mies llenaban el aire y revoloteaban ante sus bocas y las ventanas de la nariz. voy a buscar a Cully. y todos bromearon mientras el cielo se desplomaba sobre los campos. y trabajaba el doble que Verruga. dejándolos calados al momento. haciendo el verdadero trabajo.

Así pues. —Hob no entiende nada de esto. etc. algunos guanteletes raídos para la mano izquierda. Bajo aquellos árboles se veían por centenares los orificios de las madrigueras. En un estante especial. porque así lo exigía la fortificación. pero las que daban al patio eran grandes y dejaban entrar el sol. y algunos anaqueles con diversos jarros. Además. para los azores. Azúcar cande. que se hallaba en su ja u l a abierta. alambres. habiendo perdido su hermoso aspecto. un banco con numerosos cuchillos de pequeño tamaño y otros instrumentos de cirugía. al final. un viejo halcón peregrino que no se empleaba demasiado en aquella región boscosa. pero agrupándose luego para formar la espesura del bosque. clavos. Harn 111. echaron a andar a través del henar. Colgadas de una hilera de clavos había una serie de campanillas y cascabeles de plata. aislados primero. Kay se colocó uno de los guanteletes en la mano izquierda y llamó a Cully. además de una botella de cuero. en las ventanas pequeñas se colocaban cueros delgados. y tan juntos estaban que el problema no era hallar un conejo. Tenían unas tablillas clavadas muy juntas. se encontraban las caperuzas. Casi todas estas caperuzas llevaban los colores de la casa de sir Héctor: el cuero era blanco. con franela roja a los lados. —¿Crees que debemos hacerle volar? —preguntó Verruga.se hallaba al lado de las caballerizas y de la perrera. Entonces Kay se le acercó y lo cogió con el guantelete. Había dos pequeños azores que no hacía mucho eran polluelos. después de la caza del zorro. Además de los taburetes había un caldero. algunas tan antiguas que se confeccionaron para los halcones antes de que Kay naciera. más que quien lo lleva. carecían de vidrios. advirtiendo que la hierba. en su propia jaula. Estos tenían etiquetas en las que podía leerse Cardamomo. Kay. otras diminutas. le miró fijamente y no hizo caso alguno. pero que se tenía para guardar las apariencias. También se veían cueros colgados. Pero el halcón. Hob es sólo un villano —concluyó Kay. se hallaba ahora empapada por la lluvia. Las ventanas exteriores eran pequeñas. Sí olvidaban siquiera cepillarse el pelo. A todo lo largo del pabellón. tonto —repuso el aludido—. con las plumas bien pegadas al cuerpo y su expresión malévola. La caligrafía no era demasiado buena. con gesto de duda —. el mejor de todos. El pabellón de cetrería se conservaba muy limpio. . todos ellos con el nombre «Héctor» grabado en él. Se encaminaron hacia el lugar de caza. Sir Héctor visitaba el lugar todos los días a las siete de la mañana y los dos halconeros le esperaban muy rígidos ante la puerta. para recoger los excrementos. que habían sido hechas para pasar las largas noches invernales. los hacía recluir en una mazmorra. ya lo verás. Sobre otro banco reposaban una serie de objetos de los que suelen hallarse en cualquier taller. se encontraba el halcón Cully. —Pues claro que podemos hacerle volar. —Hob dice que no debemos hacer volar a Cully hasta que se haya levantado al menos un par de veces —advirtió Verruga. y otras nuevas. rollos de cordel. como herramientas. guardaba allí para el sacerdote de la parroquia y. verticalmente. Está deseando que le saquen un poco. y para evitar las corrientes de aire a los halcones. un pequeño gavilán que sir Héctor. algunos de los cuales tenían cortes cuyos trozos servían para confeccionar caperuzas y traíllas para halcones. que se cambiaba diariamente. sino encontrarlo lo suficientemente alejado de su agujero. y los nombres de otras especias y medicamentos. donde comenzaban los árboles. y estaba orientado al Sur. Nadie sabe cuándo un halcón está dispuesto a volar. Al final del pabellón de cetrería había un pequeño hogar con unos taburetes a su alrededor. antes cuidadosamente rastrillada. y un copete gris azulado en la parte superior. espléndidas. con serrín en el suelo. jengibre. se extendían una serie de perchas a las que se hallaban sujetas las aves. hecho con plumas de garza. que estaba ahora iluminado por el sol poniente. Ten en cuenta que está mudando el plumaje. como las habitaciones donde los palafreneros se sientan a limpiar los arneses en las noches de lluvia. un par de anzuelos y varias tablillas de madera en las que se leía: Conays 11111111. un cernícalo con el que los chicos habían aprendido los rudimentos de la cetrería. amablemente.

en las plumas del buche. hizo algunos movimientos como si pretendiera iniciar el vuelo. cosa que aprovechó el conejo para ocultarse en una madriguera. Luego el ave asesina comenzó a hender el aire. y se quedó inmóvil. que permaneció inmóvil por un instante. Los dos corazones parecían haberse inmovilizado. Alzó la cresta y erizó las suaves plumas de la espalda y las patas. —¡So-ho! —gritó Kay. Un conejo cruzó unos matorrales frente a ellos. Cuando el ave advirtió que le habían quitado las correas a f i n de que quedase dispuesto para la caza. Pero en el último momento lo pensó mejor y se quedó quieto. y Cully inició el vuelo. hasta que se posó en la rama de un árbol y plegó las alas. como indecisa. Aquellos movimientos eran lo que hacían que Verruga anhelase llevarlo. Del mismo modo que en la caza moderna nunca deben hacerse críticas al hombre que manda.mientras desataba la traílla del halcón. y por eso prefería callarse. . Siguió ascendiendo el halcón. para demostrar su experiencia. con el estúpido señuelo. en lugar de caminar detrás. El batir de alas sorprendió al conejo. abrió el pico con un iracundo graznido de fracaso. Verruga sabía que al chico mayor le molestaban mucho sus consejos. levantando el brazo para que el halcón pudiese alzarse más fácilmente. aunque de mala gana. Luego Cully miró a sus amos. Deseaba coger el halcón de manos de Kay. así en cetrería era importante no distraer al halconero con opiniones y consejos. Estaba seguro de que lograría poner a Cully de buen talante haciéndole cosquillas en las patas y hacia arriba. Deseaba sostener el halcón.

que no era muy ducho en cetrería. —Quédate tú. No sólo había en ella jabalíes. Hob es un necio. pues cuando los hombres se volvían también perversos. se había perdido una parte de Hob también. sedientos de . —Pero Hob fue el que preparó a Cully. y todo eso. no el de Hob— repuso Kay. y de seguir al turbado y malhumorado halcón. que en esa época hacían resonar sus coléricos chillidos. No. por rencor. dejando el señuelo en tierra. Le habían dado una buena pitanza la noche anterior. ¿Qué me importa lo que diga Hob? No es más que un criado. después de todo lo que había tratado de enseñarles. El niño no se hubiera asustado de un bosque inglés de la actualidad. el caluroso día le había puesto de mal humor. Luego. Si Cully se perdía. En una serie de rápidos movimientos. Pensó que quizá lo mejor podría ser dar muerte a algo. Sería una faena. con el corazón latiéndole apresuradamente. de una vez —manifestó—. sino también lobos. Kay echó a andar en dirección equivocada. Pero el halcón no parecía tener deseo alguno de hacerlo.CAPITULO II l cabo de bastante tiempo. pero la gran selva de la vieja Inglaterra era algo muy distinto. —No podemos dejarle ir —exclamó Verruga—. tenía más sentido de la realidad. y la practicaba porque era lo indicado para un niño de su edad. Verruga tuvo que gritarle para que tomara la dirección correcta. astutos. y sabía que un halcón perdido suponía una gran calamidad. llegaron a perturbar su cerebro. Eran hombres fuera de la ley. como un gato contempla a un gorrión. Verruga se hallaba casi en el borde del bosque. en cambio. que volaba de árbol en árbol. allá abajo. cuando lo deseara. furioso—. Kay perdió la paciencia. Estaba al corriente de que Hob había trabajado con Cully catorce horas por día para enseñarle a cazar. y el halcón es un gallinazo inservible. Los gestos y los silbidos de los muchachos. no sería lo que los otros quisieran. si envías a Hob cuando llegues allí. y que su empeño había sido como la lucha de Jacob con el ángel. Además. Es muy cómodo para nosotros perderle ahora. Verruga no se atrevía a enfrentarse con la mirada de reproche que estaba seguro de encontrar en los ojos del halconero. —Déjale que se marche. Aquello era excesivo para Kay. porque no tuvimos que estar sentados tres noches a su lado. acudían al bosque a buscar refugio en él. hirviendo de ira porque sabía que había dejado volar al ave cuando aún no era el momento adecuado. Mucho más tarde. con tristeza—. Verruga. cuando ya se habían cansado de silbar. Y los animales perversos y salvajes no eran los únicos habitantes de la espesura tenebrosa. de muy cortos alcances. No vale nada. y la persecución de árbol en árbol. posarse junto a él. pero desde luego. Yo me voy a casa. y Cully dentro de él. si quieres. de todas formas. ambos se habían acercado más a la espesura. a costa de alejarse del castillo más de lo que Verruga se había apartado nunca. el pequeño se sentó bajo un árbol y miró a Cully. que se deslizaban detrás de los árboles con pálida mirada y afilados dientes. ¿Qué podía hacer? Era mejor quedarse sentado. y no tenía hambre. ¿De qué nos sirve un halcón estúpido? Quédate. entonces. ¿Qué dirá Hob cuando se entere? —Es mi halcón. no podemos perder el halcón de Hob. Ahora no sabía muy bien lo que iba a hacer. a f i n de que Cully decidiera. y llevándolo todo el día. —Me quedaré —contestó Verruga.

lo mejor que pudo. y nadie en el poblado sabía lo que se hallaba al otro lado. que se guarecían debajo de las piedras y silbaban como una marmita llena de agua hirviente. Las escapadas de Cully parecían hacerse cada vez más cortas. «Creo que la salida está detrás de aquel gran abeto de copa aguzada —siguió pensando—. Bandas de sajones sin ley vivían en las frondas. El silencio del crepúsculo había descendido sobre la tierra. Los niños le arrojaban piedras. que eludían a sus perseguidores. Pero él continuó tenazmente. Tendré que trepar sin hacer ningún ruido. Incluso había unos pocos dragones. ya que aún sabía dónde se hallaba. cogió a uno y después de hacer un ruido extraño. les puso sobre aviso. Puedo llamarle suavemente por su nombre. ¿se ha movido algo detrás de ese abeto? ¡No desearía encontrarme con el viejo y fiero Wat. Pero. aunque muy pequeños. Por el ruido que hacían las cornejas pudo darse cuenta inmediatamente de que Cully se había trasladado más adentro. además. Luego. pero era empecinado. pero seguramente habrá alguien esperándome. corriendo a cuatro patas y cubierto de pieles. Verruga sentóse debajo del árbol en silencio. pueda yo trepar al árbol hacia medianoche. y Verruga vio una flecha que había ido a clavarse en el tronco del árbol. para que crea que es la persona que va a ponerle la caperuza por las noches. y los corpulentos árboles parecían mirar al niño en medio de un silencio completo. cuando Cully esté bien dormido. le dio un mordisco y le arrancó la nariz. de modo que cuando amanezca pueda orientarme y volver a casa. recortado contra el cielo. para no espantar al ave. y luego comenzó a abrirse camino entre la maleza. ignoró la existencia del muchacho. un golpe seco. de pie sobre una pata. así como singulares animales. esperando que pudiera servirle de ayuda al regresar. y Cully. tre pando al árbol y dirigiéndole el rayo de luz a los ojos. escuchando con toda atención. será necesario que encuentre el cami no hasta casa.. entre los dedos abiertos de . si lo apreso.sangre. El bosque estaba inexplorado. Verruga pensó que si Hob llegaba dentro de poco con una linterna sorda. aproximadamente a un centenar de yardas. y Verruga podía acordarse perfectamente de él. había que añadir que estaba oscureciendo. que ya conocía Verruga. y no tenía intención de rendirse. El niño alcanzaba a ver todavía el lugar donde se había posado Cully. solían vestir de color verde y lanzaban flechas que jamás erraban el blanco. hasta que por fin.. pudo ver el corcovado lomo del halcón sobre un árbol. aún podrían capturar al halcón esa noche. Verruga temía especialmente a un hombre llamado Wat.» Se acomodó entre las raíces del árbol. entre los árboles). El puente levadizo estará alzado. antes de que oscureciera del todo. aunque Hob no venga (y no sé realmente cómo va a poder hallarme ahora. Verruga hizo una marca en uno de los árboles del borde del bosque. tratando de hallar un lugar donde la dura madera no le hiciera daño en la espalda. Era bizco. no tenía nariz y tampoco se distinguía por su agudeza mental. como un lobo. sosteniéndose en una pata. Pensó el chiquillo que sería más conveniente regresar a casa. Un día se volvió contra los chiquillos. Se dio cuenta de ello. Luego echó a correr hacia el bosque. porque las cornejas estaban armando allí un gran alboroto.» En ese momento oyóse un fuerte zumbido. pues Kay. «Tal vez —se dijo Verruga—. entre los árboles. y consiga apoderarme de él. como si lo invadiera el sueño. como si no ocurriese nada. sin duda. Me pregunto hacia dónde estará el camino. que puede arrancarme la nariz a mordiscos! Qué provocativo está Cully. desconocidos en nuestros modernos libros de historia natural. La noche cayó cuando el pequeño aún seguía luchando entre las zarzas. Se dijo que si Cully llegaba a dormir una noche en liber tad. A todo esto. cuyo nombre utilizaban los granjeros para asustar a los chiquillos. mientras el ave se hallaba adormecida. Debo tratar de acordarme del lugar por donde se pone el sol. mientras se creía que Wat continuaba en el bosque. Preferiría que Kay no se hubiese marchado. Ahora los demás chicos arrojaban piedras al pequeño desnarigudo. En aquellos legendarios días también habitaban magos en la espesura. Aquel individuo había vivido en un tiempo en el poblado de sir Héctor. se volvería salvaje y no se le podría recuperar jamás.

Se trataba de una flecha de color negro. y sobre todo al recordar la bondad de sir Héctor. En cinco minutos se halló a salvo. una amplia extensión de hierba que relucía bajo los rayos de la luna. Se hallaba ante un claro del bosque. Oyó entonces otra flecha zumbar entre la fronda y lo que parecía ser la voz de un hombre lanzando una maldición. antes de darse cuenta del todo de que era una flecha. cuyo extremo inferior se apoyaba en un estribo. pero podía ponerle en evidencia a causa del ruido que hacían las hojas. sacudióse la tierra y las ramitas de su jubón y se decidió a vagar como alma en pena. pero Verruga comprendió que aunque ahora estuviese a buen recaudo. que también plateaban los troncos de los árboles en el lado opuesto del claro. Vio a un caballero ataviado con una armadura completa. «Ah. o un lobo. creyendo que le había picado un bicho. Aquello era un escondite magnífico. Todo era luz de luna. Era pequeño. una vez en él no sentía temor alguno. o un mago —si es que los magos comen niños. cuyos troncos adquieren mayor belleza bajo la luz nocturna. Había caminado de este modo durante un cuarto de hora a la luz de la luna. y estaban destinadas a perderse en la espesura. hasta recortarse contra el cielo aterciopelado. Verruga no supo qué hacer. Verruga se dio cuenta de que si bien anteriormente había tenido miedo al bosque. a f i n de que su corazón cesara de latir alocadamente. con su horca de heno y su roja nariz. que bien se lo merecía!» Ante estos melancólicos pensamientos. La observó a fondo y advirtió que se había hundido tres pulgadas en la dura madera. que se hallaba silencioso e inmóvil. y ya no tengo otra alternativa sino que me muerdan la nariz. y el desconocido no tenía ninguna posibilidad contra él en aquel juego. que me devore un silbante dragón. como un búho silencioso. En la mano derecha. no quería gastar más flechas. otra flecha llegó silbando.su mano derecha. Mientras rodeaba el tronco. todo plata. Al otro lado del tronco halló Verruga un campo de helechos que alcanzaban unos seis pies de altura. demasiado hermoso para ser descrito. aunque a cierta distancia. Se puso en pie rápidamente. y quedóse inmóvil como si nunca hubiera sido lanzada. cuando se encontró con la escena más hermosa que había presenciado en su corta vida. que me atraviesen con una de esas flechas como avispas. tomando el camino más fácil y confiando su suerte a la voluntad de Dios. y cuyas plumas eran de color amarillo dos de ellas. ahora sí que estoy perdido —pensó—. menos las plumas. No estaba seguro de si sería conveniente acercarse al caballero. cuando se hacía un lío con su astrolabio! ¡Cómo debí haber respetado a mi querido tutor. Se tendió durante media hora. que seguramente lo hacen—. mientras que el superior subía y subía. los ojos del pobre Verruga se llenaron de lágrimas. Estos árboles eran hayas. Evidentemente. Notó que eran plumas de ganso teñidas. como una avispa. ¡Cómo me gustaría haber sido bueno. sir Héctor. Retiró la mano precipitadamente. Se introdujo Verruga entre los helechos. No tenía la menor idea del lugar donde se hallaba. aunque le pareció que lo hacía con lentitud. y de color negro las otras dos. pero ésta se enterró por completo en la hierba. La verdad es que comenzó a latirle así cuando se dio cuenta de que no encontraba el camino de regreso. y el niño se acurrucó más desolado aún contra el tronco. notando cierto gozo. Entre las hayas notó Verruga cierto movimiento. entre los majestuosos troncos. y luego oyó que su perseguidor entraba también en su busca. antes de que el chiquillo se atreviera a ponerse en pie. Cuando lo hizo. en lugar de enfadar a la gobernanta. porque hacía un tiempo muy fresco y agradable en el bosque. El asesino buscó sus flechas y se alejó gruñendo. apretado contra el tronco caído detrás del cual se había ocultado. y se dirigió a la parte posterior del tronco. Verruga avanzó como una serpiente. como un gazapo. y hasta el jinete . y un sonido argentino. había perdido el camino y el halcón. Montaba un gran caballo blanco que permanecía tan quieto como su amo. puesto que éstas eran valiosas. y luego se alzó la luna con imponente majestad sobre las copas de los árboles. pues en el bosque había seres terribles. como un ser ultraterreno. el hombre empuñaba una larga y delgada lanza de justa. con bandas amarillas. El sol lanzó los últimos destellos de su prolongado adiós. incluso.

Cuando se halló encima tendió la mano para coger la lanza. con lo que de nuevo la maldita visera volvió a cerrarse. No le he visto en mi vida. mucho. Ahora mismo llevo fiemos conmigo casi siempre. que sonó como el balido de una oveja. Soy forastero en estas tierras. que Verruga le entregó prestamente. pero que consideró su respuesta más adecuada. Quitóse entonces lo que cubría sus ojos. Hábito insano. y tuvo que bajarse del caballo para buscarlo todo. bueno..! —repitió Verruga. con la mano sobre los ojos. Por fin el espectro alzó su visera. el chiquillo preguntó con voz cautelosa: —Perdonad. y mientras la visera se cerraba una vez más. intentó trepar a su caballo como si en ello le fuera la vida. El fantasma murmuró con voz quejumbrosa: —¡Cielo santo! Por último Verruga encontró las gafas. Sólo un Pelinor puede capturar a la Bestia Bramadora. alzó la visera con la mano izquierda y la sujetó para que no volviese a caer. Hace diecisiete años que salí para la Sanmiguelada. —Imagino que así es. mientras permanecía quieto en los confines de la penumbra. —Esa es la empresa de los Pelinor —afirmó el rey. —Inteligente arrapiezo —hizo notar el rey—. —Pues sí —agregó—. Fiemo. Sintiéndose ya seguro. en busca de la Bestia Bramadora. —¿Podéis decirme el camino de vuelta al castillo? —inquirió Verruga. que jamás había oído hablar del rey Pelinor ni de la Bestia Bramadora. y se calló aterrado en medio de su frase. se trataría del fantasma de un caballero. El caballero trató de limpiarlas en la crin del animal. así como el estado en que se encuentra. y me temo que algo inútil. —¡Perdón. Una educación limitada. —¿Qué? ¿Cómo? —exclamó el jinete con voz llena de ansiedad. Sólo hay una Bestia Bramadora. ¿podríais indicarme el camino que lleva al castillo de sir Héctor? Al oír estas palabras el fantasma experimentó un sobresalto que casi le hizo caer de su cabalgadura. Yo llevo perdido diecisiete años. Y espectral semejaba. que en seguida se las colocó. ¿eh? La visera se cerró con un chasquido.. Alzó la visera y se inclinó de nuevo para buscar los anteojos. pero se le cayó la lanza. lleno de orgullo—. las limpió conveniente mente y las entregó al espectro. en cuyo momento se le cerró la visera sobre el rostro. —Sé lo que es el fiemo —declaró el pequeño. y así estoy hasta hoy. Algo lamentable. y todas esas cosas. empañadas por estar dentro del casco. Son los excrementos de la bestia perseguida. Levantó a continuación las manos por encima de la cabeza.. se le cayeron las gafas. señor —contestó Verruga. que resultó ser un par de gafas de cuerno. señor. y a través de la visera de su casco lanzó un sofocado «¡baaa!».. descubriendo dos grandes ojos de mirada tan fría como el hielo. Miró de esta forma al chiquillo. pero él volvió a abrirla inmediatamente. —Un gran tipo —aseguró el caballero—. —Me he extraviado —dijo el niño. Aquí el tono de voz del caballero se hizo tan compungido que Verruga . los enseña al amo. en verdad. señor. pero eso no hizo más que empeorar las cosas. soy el muchacho cuyo tutor es sir Héctor.. igual que un marinero en busca de tierra firme. Soy el rey Pelinor. Cuando se encontró ante la misteriosa figura. —Muy gracioso —repuso el caballero—. y puede decirse por ello si el animal vale la pena. en realidad. de modo que poco importa el estado en que se encuentre. —No tengo la menor idea. un Pelinor o algún pariente cercano —agregó—. sí. Tal vez hayas oído mi nombre. El batidor los recoge en su cuerno. Ya nos educan a los de nuestra familia con esa idea en la cabeza. para intentar limpiar los anteojos en su gallarda cimera. en efecto.podía ser un fantasma. interesado—. eh? —Señor —repuso Verruga—. y éstos se hallaban comprometidos por juramento a ayudar a las gentes en desgracia. Por f i n el muchacho se dijo que aun cuando fuera una aparición. en tales circunstancias. y exclamó: —¡Ajajá! ¿A quién tenemos aquí.

No tengo sitio donde dormir. Entre eso y la visera. siguiendo por todas partes a la Bestia Bramadora. cuando la ponéis sobre el rastro? —Nada. y siempre sigue el camino equivocado. —No veo la perra —dijo Verruga. luego se me cae la visera. —Bueno. y vio una cuerda enrollada en torno al tronco de un árbol.consideró oportuno olvidarse de sus propias cuitas y tratar de alegrar el ánimo del jinete. cómo desearía tener una bonita casa propia. —¿Qué hace. tropieza con todo. Padezco reumatismo los inviernos e insolaciones los veranos. con el tiempo —dijo Verruga. haciéndole preguntas acerca del único tema sobre el que realmente parecía capacitado para hablar. Ese animal tiene cabeza de serpiente. Me proporciona un poco de agradable compañía. pero jadea demasiado. —Eso es. arrojaría con todas mis fuerzas la armadura por la ventana y me olvidaría de la Bestia Bramadora para siempre. lo que no podía lograr por hallarse enredada en la cuerda. —Cuando la suelto se escapa. no veo nada a través de las gafas. para vivir en ella! Una casa con camas. mirando a su alrededor. —Debe de estar al otro lado del árbol. Ir siempre detrás de esa condenada Bestia. Cuando me la he colocado. hasta que comenzó decididamente a sollozar. terrible —repitió el rey—. antes que permanecer solo en el bosque. seguramente. temeroso. y sábanas. —También la llamamos la Bestia Ululante. Era preferible conversar con la realeza extraviada. adoptando una actitud erudita—. —Demasiado afectuoso. estoy seguro de que llegará a interesarse. diría a la perra que se marchase donde quisiera. ¡Ah. Siempre va en dirección contraria a donde yo voy. —Debe de ser un monstruo terrible —dijo Verruga. comenzó a menear la cola. —Es la maldición de los Pelinor —agregó—. desde luego. señor? Aquella pregunta pareció ser menos adecuada. ¿sabes? —replicó el monarca. sí. y cuerpo de lagarto. Estoy seguro de que buscaría mejor a la Bestia de ese modo. después. ¿sabes?. —Traigo un sabueso. Y el caso es que me siento muy solo sin ella. Eso es lo que . y además se oxida. El otro extremo de la cuerda estaba atado a la silla del rey Pelinor. —Hace ocho meses fue la última ocasión en que creí estar cerca de la Bestia. una perra —afirmó desanimado—. me hielo o me aso dentro de ella. Entonces dejaría el caballo en medio de un prado. Tardo horas en ponerme esta horrorosa armadura. puedes creerme que a veces no sé por dónde tengo que ir. y a veces no vuelvo a verla en una semana entera. alegrándose neciamente y jadeando por los esfuerzos que hacía para lamerle la cara. grupas de león y pezuñas de venado. Si fuera rico eso sería lo primero que me compraría. —¿Por qué no la soltáis? —preguntó Verruga—. —Es una perra bastante buena —aseguró el rey Pelinor—. Verruga miró hacia donde el caballero le había indicado con ademán de abatimiento. Es la Bestia Bramadora. ya que Pelinor se mostró aún más entristecido. sin encontrarla. ¿comprendes? —Parece tener un carácter bondadoso. y almohadas de verdad. Menos cuando está bebiendo. —¿Qué aspecto tiene la Bestia Bramadora? —inquirió Verruga. Por donde pasa. como el de treinta pares de sabuesos aulladores. A veces dudo que tenga intenciones de dar caza a la Bestia. Verruga acercóse al árbol y vio detrás una gran perra blanca que se rascaba para ahuyentarse las pulgas. la bestia va haciendo un ruido tremendo con el vientre. una buena cama con una buena almohada y unas sábanas bien blancas donde tenderme. ¿Y de qué vale todo eso? En primer lugar. —¿Y cómo la seguís. nunca sé dónde me encuentro. En cuanto el animal vio al chiquillo. Debo pasarme las noches puliendo el metal. tengo que detenerme a desatar la perra. La voz del pobre hombre se iba haciendo cada vez más compungida. Allí está. desde el comienzo de la conversación.

. —¡Es la Bestia! E inmediatamente el empedernido cazador olvidó todo lo demás. ¿eh? —Le alegrará veros. —Tendréis vuestra propia cama. ¿no es cierto? —preguntó Pelinor. para tener lechos de plumas! Pero. con colchón de plumas. La tarea resultó más fácil porque el animal corría en sentido contrario. pero tuvo que gritar. Entonces comenzó a galopar en círculos alrededor del árbol. —De modo que ese caballero te mandó para que me invitases a su casa. y se lanzó al galope en dirección al lugar de donde partía el bramido. y cayó de su caballo con singular estruendo metálico.. reteniendo el aliento—. aprovechando su ventaja. Un segundo después Pelinor estaba de nuevo en pie. señor. —¡Una almohada de plumón! —susurró el rey. —¿Hay pulgas en la cama? —Ni una sola. estoy seguro de que sir Héctor os cedería un lecho para pasar la noche. sin dejar de ladrar. Pero se detuvo en seco por culpa de la cuerda. al otro extremo de la cuerda. en dirección opuesta a la que la perra había seguido para enrollar la cuerda. —¿Estás seguro? —preguntó el rey—. Una cama de plumas. abriendo unos ojos como platos—. Colocóse las gafas sobre su larga nariz. mientras tanto. o una almohada y un almohadón. y se aplicó a su tarea. — ¡A la carga! —gritó el rey Pelinor. ¿eh? ¡Y sin tener que levantarme temprano! Bueno. qué atento —repitió el rey. —No. mientras la perra lanzaba melan cólicos aullidos. astutamente—. aferró la lanza de justa con la diestra. con el desdichado sabueso arrastrando detrás. también de plumón. sinceramente. —¿Qué ha sido eso? —dijo Verruga. ¡Qué hermosa casa debe de tener tu señor! —Creo que el castillo no está a más de dos horas de camino —aseguró Verruga. almohada y sábanas. —Ah. Limpióse las gafas en la tela de sus asentaderas. Qué amable de su parte. ¡Qué caballero más refinado debe de ser. pues sus palabras quedaron ahogadas por un ruido infernal que iba alzándose no lejos de ellos. ¿Un lecho? —Con colchón de plumas. —¡Espléndido! —manifestó el rey Pelinor—.. tal vez tenga que compartir el mío con alguien más. ¿Y tendría almohada? —Sí. —Una cama para mí solo. —Si pudierais enseñarme el camino de mi casa. señor —manifestó Verruga. olvidando que Verruga estaba perdido—. mientras el tremendo alarido se hacía cada vez más intenso. Tal vez sean dos almohadas. Por fin se vieron libres el can y el caballero.haría. un instante antes de que la visera se cerrase herméticamente. Un momento después se perdía en las tinieblas del bosque. ¿sirven temprano el desayuno allí? Porque en tal caso quizá haría un esfuerzo. Las correas resistieron la prueba y milagrosamente volvió a quedar sentado en la silla. —¡Con colchón de plumas! —exclamó Pelinor. saltando en torno al caballo con un pie metido en el estribo. desencantado. comenzando a moverse entre las diversas piezas metálicas—. el único trozo de género accesible que tenía en todo el cuerpo. Parece demasiado hermoso para ser cierto. señor —declaró Verruga. ¿verdad? —dijo. que estaba enrollada en el árbol. y nada de fiemo por un tiempo. Con colchón de plumas. qué atento. —¡Calla! —gritó el rey. agitando la lanza en el aire y moviéndose lleno de excitación sobre su silla. con la lanza entre las piernas. señor —repuso Verruga. sí. ¿Cuánto tiempo crees que tardaremos en llegar hasta el castillo? —Dos horas —dijo Verruga. —Sí.

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cuando en realidad se encontraba ya dormido. Luego pensó que de haber estado en abril habría buscado algunos nidos. como por ejemplo el de rascarse la espalda sin quitarse la armadura. abrió los ojos y se despertó al instante. El muchacho había oído hablar de gentes que se alimentaban de moras. por el momento. Le supieron deliciosamente. si hubiese tenido a Cully. Verruga no se despertó hasta la mañana. Entonces quizá oyese los gritos de los hombres que recogían el heno. el halcón tal vez le habría procurado algún conejo. que Verruga se dijo que el rey Pelinor debía estar dedicado a algún menester que requería gran paciencia y concentración. Aunque en ese momento Verruga no se dio cuenta de ello. la cabaña se hallaba dividida en dos partes. pero eso no suponía una solución.CAPITULO III l chiquillo durmió bien sobre el colchón que había hecho con las hojas del bosque. No le resultó fácil dormirse bajo la brillante luz de la luna. y que lo mejor que podía hacer era sentarse a escuchar. Eran leves rumores de animalillos. También. Antes contempló los astros. Vio otro claro en el bosque. Pero lo que escuchó fue un sonido metálico que le hizo pensar que el rey Pelinor debía hallarse de nuevo a la caza de la Bestia Bramadora. Halló dos fresas silvestres y se las comió con avidez. En el salón había un hogar cuyo humo escapaba por un agujero practicado en el techo de paja. almacén. aletear de aves. La estancia superior era alcoba y estudio a la vez. Un caballo habitaba en aquella habitación inferior. haciéndole agitarse inquieto sobre su improvisado lecho. y los rayos del sol no consiguieron despertarle. por allí cerca. y trató de ver qué bichos los causaban. mientras que la inferior hacía de despensa. una arriba y otra abajo. si tenía la suerte de que el viento soplara desde allí. Pero se había acostumbrado a vencer a la luz al dormir. que al principio le asustaron. Por una escalera se llegaba a la de . Verruga sintió un hambre muy intensa. y arrastrar de vientres de reptiles. Luego atrajeron su interés. ya que era el mes de julio y no se veía ninguna. Le pareció oír ruidos entre la hierba. Eran ya las nueve. se trataba de un ruido tan regular e intencionado. girando silenciosos e incansables sobre su cabeza. La otra mitad estaba constituida por dos habitaciones. No consiguió descubrirlos. Pensó que no debía hallarse a más de tres o cuatro millas de su casa. pero cuando lo hubo logrado. y el tenue ruido llegó incluso a calmarle. Mas. y las hojas de los árboles que susurraban quedamente. Al principio apenas si se sumergió en el sueño. Por fin fue hundiéndose cada vez más profundamente en el sueño. que asaría en una hoguera encendida al frotar dos palos entre sí. La parte principal era el salón o habitación para todos los usos. como si se sumergiera en misteriosas aguas subterráneas. para comerse los huevos de los pájaros. Por último el pequeño se encaminó hacia el lugar de donde partía el ruido. y también se dijo que con los dos palos seguramente no hubiera podido encender la hoguera. como un salmón en aguas bajas. por lo que dejó de interesarse en los seres que lo producían. con el rostro entre la aromática hierba y sobre la tierra tibia. Pero había perdido a Cully. tan cerca de la superficie que le parecía hallarse en el aire. Creyó estar despierto. con ese sueño tenue pero reconfortante de que goza la gente cuando duerme al aire libre. y así podría orientarse para volver al castillo. cinco horas después del alba. El sol salió temprano. una estancia elevada que se extendía desde el suelo hasta el tejado. cuando volvió a moverse sobre la hierba. en cuyo centro se alzaba una cabaña de piedra de agradable aspecto. establo y granero. por lo que hubiera deseado encontrar más.

puesto que era lo más sencillo que podía hacer. hacía la cadena. y volviéndose encaminóse hacia la cabaña. Por f i n . huesos viejos. Sus suaves ojos azules. conocía los absurdos conglomerados de ramitas. ¿Podéis indicarme el camino del castillo de sir Héctor. Verruga tuvo ocasión de mirar despacio a Merlín. Verruga se hallaba familiarizado con los nidos de los halcones y azores. Usaba también unas gafas con montura de cuerno. hasta que el balde apareció en el brocal del pozo. mientras el viejo observaba al muchacho que estaba delante de él. Una inspección más detenida mostraba que el anciano estaba muy lejos de ir limpio. sino que en su cabello parecía haber estado anidando algún ave de gran tamaño. huesos y estrellas que relucían como espejos al sol. señor. El mago estaba observándole fijamente. que estaba sacando agua del pozo mediante una manivela que accionaba una cadena. como triángulos con ojos en el centro. clank. Cualquiera pensaría que después de tantos años de estudio podría haber conseguido algo mejor que un maldito pozo con un maldito cubo. con una expresión de benévola curiosidad que le daba un aspecto tranquilo. El anciano aparecía cubierto de excrementos de pájaro por los hombros. si bien las mujeres acostumbraban a adornarlo con un trozo de velo que flotaba en el aire. ya que carecían de patillas y tenían forma de tijeras o de antenas de la avispa tarántula. muy grandes y redondos detrás de las gafas de cuerno. señor —dijo Verruga—. El niño esperó mientras el mago examinaba sus llaves. como si estuviera tratando de recordar algo impor tante. y dejaba caer algunas torpemente sobre la hierba. las revolvía. —Perdonad. señor? —¿Qué tal? Cuando hubieron concluido las formalidades. fuese cual fuese el maldito precio que costara. poco a poco se fueron empañando mientras miraba al niño. Clank. Tenía expresión preocupada. —Me llamo Merlín —declaró el viejo. —¿Cómo estáis. ofrecióse a llevar el cubo de Merlín. ni nada por el estilo. el cual pareció complacido y se lo entregó. Se tocaba con un capirote semejante al que las damas de la época solían llevar. y el ruido metálico que oyera Verruga había sido causado por un hombre muy anciano. Verruga le siguió. ¡Maldición! —exclamó el viejo caballero—. clank. y se le hizo la boca agua como si ya tuviera en ella la carne jugosa y dulce del fruto. Además. —¿Te gustan los melocotones? —preguntó. sin parpadear. plumas llenas de barro y otros objetos diversos que formaban los de las urracas.arriba. ¿no es cierto? —Sí. hasta que por fin volvió la cabeza hacia otro lado con expresión resignada. si no os importa? El anciano depositó el balde en el suelo. No es que tuviera las uñas negras. cruces extrañas. cuando entraron en la cabaña casi con tantas . y sobre las estrellas y triángulos de su túnica. como si aquello fuera demasiado para él. El anciano atrajo el balde hasta el borde. yo soy. miró al pequeño y dijo: —Tú debes de ser Verruga. —Apenas si están en sazón —dijo el anciano. además de otros signos cabalísticos. señor —contestó Verruga. Esta fue la impresión que el muchacho sacó del pelo de Merlín. hojas de árboles. —Mucho. ¿por qué no tendremos ya luz eléctrica y agua corriente? Estaba vestido con una flotante túnica con puños de pieles y símbolos del zodíaco bordados por toda la tela. Eran unos anteojos poco corrientes. tan apacible como el de la vaca que parecía reflexionar profundamente mientras sacaba la cabeza por la puerta del establo. le echó una malévola mirada y agregó: —Voto a bríos. como las del rey Pelinor. Merlín poseía una larga barba blanca y unos bigotes también largos y blancos que colgaban lacios a ambos lados de la barba. Frente a la cabaña se veía un pozo. una gran araña descendía desde la punta de su sombrero.

—Nos visita tan poca gente —explicó el mago. qué hermoso búho! —exclamó Verruga. dos jóvenes erizos. Barba de Viejo. numerosas abejas que desde las ventanas se dirigían a una colmena. Pero cuando fue a tender la mano hacia el ave. tres globos terráqueos de las regiones entonces conocidas. otro cofre con etiquetas en los cajones que decían Mandrágora. luego dijo con voz desdeñosa: —No soy un búho. la cabeza disecada de un cameleopardo. después de lo cual voló hasta su percha. Había miles de libros encuadernados con pieles pardas. —Sólo es un niño —manifestó Merlín. que comenzaron a chillar «¡Yik. tres docenas de rollos de alambre. Además. Esto puso tan nerviosa al ave. quemadores Bunsen. una pareja de tejones. ésta se irguió creciendo casi la mitad de su primitiva estatura. una botella de barniz. que se olvidó de sus modales y se acercó curiosamente al animal. y rígida como un poste entrecerró los ojos hasta dejar sólo una estrecha ranura. dos cajas de pinturas. debido a que el gorro era demasiado alto para el techo de la estancia. que era la punta de la cola del cocodrilo. e inmediatamente oyóse un batir de alas en uno de los rincones. —¡Ah. y un gran ave fénix que olía a incien so y canela. veíanse allí numerosos pájaros disecados. De los objetos que allí se veían. unos cuantos fósiles. por donde espió al niño. el cocodrilo le guiñó un ojo a modo de saludo. así como diminutos pajarillos tan pequeños como escarabajos. sin volver la cabeza. una docena de monederos. Aquella era la estancia más maravillosa que Verruga había visto en su vida. secándose la cabeza con un . un astrolabio. Martín pescadores y pavos reales con todas sus plumas menos dos. que reposaban dentro de una caja de cristal. y una serie completa de cromos de cigarrillos con la fauna salvaje dibujada por Peter Scott. De las vigas del techo pendía un cocodrilo de verdad. Cuando entró su amo en la habitación. ya que sólo hay una de esas aves a un tiempo. Mandrake. algunos nidos de hormigas entre dos hojas de vidrio. Verruga subió la escalera detrás de su anfitrión y se encontró en la habitación del piso superior. una medalla de oro por haber sido el mejor alumno en Winchester. y otros agrupados entre sí. muchas de las cuales no serían inventadas hasta medio millar de años más tarde. No podía tratarse de un fénix verdadero. Sobre la repisa del hogar se veía una cabeza de zorro. un salmón de unas cuarenta libras y un basilisco de aspecto muy natural. algunos asegurados con una cadena a los estantes. la decimocuarta edición de la Enciclopedia Británica —en la que desmerecía el sensacionalismo de los grabados populares—. Entonces el ave cerró del todo los ojos y volvió la cabeza hacia otra parte. destacaremos una panoplia con toda clase de armas. que dejó caer un excremento sobre la cabeza de Merlín —toda la habitación estaba blanca de detritus—. un búho pardo revoloteó hasta posarse sobre el oscuro hueso de calavera que protegía la parte superior del cráneo de Merlín. y numerosos gusanos de seda. dispuestos en veinte cajitas. situada en el interior de la habitación. Entre los huéspedes de la estancia se contaban también seis serpientes vivas. para hacer con ellas plumas de escribir. doce sacacorchos. algunas piezas de porcelana.dificultades como si hubieran sido dos ladrones. como papagayos. Varios colmillos de jabalí y unas cuantas uñas de tigre se hallaban clavados formando figuras simétricas. etcétera. yik!» en cuanto vieron entrar al mago. una de acuarelas y otra de óleo. muy natural y horrible con sus ojos de cristal y la escamosa cola tendida hacia atrás. frascos llenos de tinta de todos los colores posibles desde el rojo al violeta. recipientes de cristal de Venecia y de Bristol. un cofrecillo lleno de moscas para la pesca del salmón. —Tampoco soy un niño —aseguró el ave. dos calaveras. doce pares de botines. yik. como si hubieran bebido demasiado y no estuvieran seguros de su equilibrio. allí se sintió seguro. aunque estaba embalsamado. Merlín quitóse el capirote cuando entró en la habitación. Verruga se hallaba tan asombrado al advertir que el búho podía hablar. un gran manojo de plumas de ganso y de pavo. algunas retortas con sus hornillos.

tan suavemente que no hubiera roto una pompa de jabón. Así permaneció un momento con los ojos entrecerrados y una expresión de arrobo en el rostro. el desayuno —dijo Merlín. —¡Qué mostacera más simpática! —dijo gozoso Verruga—. —Tal vez si le entregas cortésmente este ratón. como si no supiera bien qué debía hacer con él. Merlín cogió un ratón muerto que tenía dentro de una de las calaveras. se muestre más afectuoso contigo. café caliente. —Déjale solo —dijo Merlín—. Me parece un lugar muy adecuado. salsa curry. ¿Dónde la habéis . —Tal vez prefiera subirse a mis espaldas —dijo Verruga. ya que Verruga se lo había ofrecido al revés. —Extiende el índice y colócalo detrás de sus patas —dijo Merlín a Verruga. Como al búho le gustaba estar lo más alto posible. servido en unas grandes tazas. —No pienso hacerlo —contestó Arquímedes. que Arquímedes se muestra un tanto huraño con los desconocidos. el pote de mostaza avanzó hacia el plato de Verruga. —Me gustaría que me dijera algo —manifestó Verruga. Tal vez no quiera hacer amistad contigo hasta que no sepa bien quién eres. en la mesa situada delante de la ventana.trozo de pijama viejo que tenía para tal f i n —. hasta que al f i n recogió el bocado con el pico. se rascó las patillas con la garra izquierda.» A continuación volvió la cabeza. Lo observó como un guardia puede contemplar su porra. saltó sobre el dedo de Merlín de muy mala gana. quiero que conozcas a un amigo mío que se llama Verruga. desde que tenía la cabeza tan diminuta como la de un pollito. así como los gusanos para pescar. se acercó más sobre el dedo. Los búhos no se hacen amigos con facilidad. una perca a la parrilla de espléndido aspecto. cuando se sirvieron los riñones. —Prueba un poco de mostaza —dijo el mago. como un ganso. y luego se tragó al ratón de un bocado. y chocolate con crema. —¡Es maravilloso! —comentó Verruga—. Al decir esto. éste depositó sobre su dedo el búho. El curvado pico tenía aspecto peligroso. bizcochos. que avanzó patosamente. El búho observó al ratón. Al decir esto el mago tendió una mano al búho. y comenzó a alisarse las plumas. guiñó un ojo a Verruga. ¿Lo tenéis desde hace mucho tiempo. Luego el pote alzó una de sus asas. aunque la gente dice que sólo los hombres usan la diestra—. pero sujetándose fuerte. —Y ahora. mirando a otro lado. Verruga sonrió encantado. con el ratón colgando de su pico. y el ave se aferró con fuerza hasta que sus agudas garras se clavaron en la piel del chiquillo. Ven. Arquímedes. Luego entregó el animalillo muerto a Verruga. Mientras la cola le colgaba del pico. fresas con crema. señor? —Arquímedes está conmigo desde que era pequeño. pollo asado como para deshacerse en la boca. y cogió el ratón. —Saluda como es debido a nuestro amigo —ordenó Merlín al búho. levantóse la tapa con ademán versallesco. y extendió un poco el brazo. Cuando el niño hubo hecho lo que le decía el mago. sobre el lomo del cocodrilo. y con la otra asa sirvió a Verruga una abundante cucharada de mostaza. trucha parda humeante. Entonces el búho lo volvió para que quedara con la cabeza hacia adelante. miró a los presente como diciendo: «Me gustaría que dejarais de observarme de esa forma. Y también un melón. y luego mordisqueó la cola del animalillo. anadeando sobre sus patitas de plata igual que si fuera el búho. mientras agregaba: —Guardo los ratones muertos aquí. hasta que al llegar encima de la mano. Verruga observó que estaba ya dispuesto un perfecto desayuno para dos personas. y se inclinó hacia adelante. ascendió por la pendiente y se colocó hurañamente junto a una oreja del niño. El búho siguió inclinado hacia adelante. Luego levantó la pata derecha — no era zurdo. el cual lo tendió tímidamente a Arquímedes. Había melocotones. riñones y setas sobre pan tostado. engulló educadamente el rabo del ratón.

Preguntabas que cómo supe que íbamos a ser dos. Y las . —¿Tan poco tiempo ha pasado? —dijo Merlín. exclamando varias veces «¡Por todos los cielos!». Pero Merlín no era muy hablador. Pidió en seguida Merlín papel y algo para escribir. ¿no?. dudosamente—. y manifestó: —Ahora quiero que unas estos cinco puntos. uno se arma un lío con el tiempo. —Ah. de modo que quede formada una W. Rindióse al f i n y colocó una de las hojitas de papel de fumar delante del espejo. del mismo modo que resulta muy sencillo unir esos cinco puntos para formar una W. que nunca había visto el tabaco—. —Te había dicho esto antes. ¿verdad? —preguntó. aunque a veces le gusta darse aires de importancia. Pero por desgracia yo nací en una época equivocada. y una gruesa lágrima se deslizó hacia abajo. luego hizo en ella cinco puntos. pero Merlín le golpeó en la tapa con una cucharilla y la mostacera se quedó quieta y en silencio en seguida. y en su lugar apareció un espejo del tamaño de un pie por cada lado. y miró a Verruga con expresión de ansiedad. y decidió averiguar algo que le había preocupado desde el principio. el rostro del pote de mostaza relumbró de satisfacción. Sabrás que la gente corriente nace hacia adelante en el tiempo. sí. —Espejo de mano —dijo Merlín. pero mirando siempre al espejo. antes de hallarse en condiciones de responder. sólo hace media hora que nos hemos conocido. a menos que no haya termi nado aún de contármelo. —¿Os importaría que os hiciera una pregunta. señor? Al oír esto. El espejito de tocador desvanecióse. Merlín dejó de hablar. no es mal pote de mostaza —reconoció Merlín. —Tú no. En cierto modo. pensó Verruga. —Ya lo ves. siempre que se mire hacia adelante. viéndome rodeado por gentes que viven al revés. —Sí. imbécil —dijo Merlín. señor —repuso el niño. respira fuego». —Creo que no —repuso el chiquillo. Lo devolvió y obtuvo luego una estilográfica descargada y seis resmas de papel de envolver. Por último su curiosidad pudo más que él. —No. Inmediatamente apareció en ella un espejito de tocador como los que usan las mujeres. —¿Nunca has contemplado un espejo de mano? —preguntó al f i n el mago. Verruga sintióse muy impresionado por la amabilidad del anciano. —No está del todo mal —declaró luego el mago. más parece una M. y tengo que vivir de adelante atrás. al punto que apenas si se atrevía a hacer preguntas. pareció que iba a decir algo. Verruga cogió el carboncillo y trató de hacer lo que le pedían. Quiero uno de los que sirven para afeitarse. irritado—.conseguido. respiraba fuego y contemplaba el papel. La secó con el trozo de pijama y agregó lleno de ansiedad—: ¿Voy a contártelo de nuevo? —No lo sé —repuso Verruga—. extendiendo la diestra. y recibió unas cuantas hojas del «Heraldo de la Mañana» y un lápiz despuntado. Con aire desconcertado se quitó el trozo de calavera de la cabeza y se rascó la calva. cuando las cosas son así. me comprendes. y que casi todo en este mundo va también hacia adelante. —¿Qué me decís del desayuno. —Estoy a tu disposición. con displicencia—. —¿Cómo supisteis que debíais preparar un desayuno para dos personas? El anciano se echó hacia atrás en su silla y encendió una enorme pipa —«Dios santo. De nuevo se mostró iracundo. hasta la punta de su nariz. ¿no es cierto? Por eso te he enseñado el espejo. señor? —inquirió el pequeño. de modo que Verruga tenía escasas oportunidades para entablar una conversación. en lugar de hacerlo hacia atrás y de dentro afuera. Eso hace que a la gente ordinaria le sea fácil la vida. señor? —preguntó Verruga. y sobre todo con las maravillosas cosas que poseía. y cuando lo hacía no era para preguntar. Entonces Merlín se puso a reflexionar mientras se acariciaba la barba. Le pareció más apropiado callarse y contestar cuando le hablasen. y logró entonces un carboncillo y unas cuantas hojitas de papel de fumar.

lo lamentaba sinceramente. El ave. La madre de estos pájaros es Atenea. el búho! —exclamó Verruga. y «¡Vamos a hundir a la tetera!» —¿De verdad pensáis acompañarme todo el camino hasta casa? —preguntó Verruga. el cual sentía cosquillas que le cau saban las plumas del ave. —No te muevas —dijo el anciano. tal conducta sólo es una prerrogativa de la verdadera sabiduría. Olly —dijo el búho. amargamente—. donde el mago había dejado el cubo de agua. —Cuánto lo siento. los ojos de Verruga se agrandaron enormemente hasta parecer casi tan grandes como los del búho que continuaba sobre su hombro. creo que es hora de que los tres vayamos a buscar el camino hasta el castillo de sir Héctor. Ahora que hemos terminado de desayunar. y la parda ave. toda la porcelana y los cubiertos abandonaron la mesa. sobre el hombro del chico. hasta el piso superior. Merlín cogió una mano de Verruga y dijo con tono afable: —Eres demasiado joven para comprender estas cosas. y al momento oyóse un tumulto como si un montón de chiquillos estuvieran metiéndose en una bañera. que puedes romperme!». olvidándose al instante de las cuitas de Merlín—. —También yo lo lamento. y parecía tan contrita. —Hola. El rostro del niño se puso muy colorado. Al escucharle. Hubiera sido igual. en efecto. y desde allí gritó: —¡Ojo con que se rompa algo! Pero su voz quedó enteramente ahogada por un estrépito de chapuzones. —Le llamaré Archie —dijo Verruga. Sucedía que Arquímedes. si sabes lo que va a ocurrir a la gente. que durante todo ese tiempo permaneció olvidado en el hombro del niño. —¡Confío en que no harás nada de eso! —repuso Merlín al instante. —¡Ah. justamente cuando el pequeño estaba a punto de hacerlo. Volvióse hacia los platos y demás vajilla del desayuno. lo mordisqueó delicadamente. ni debes tratar de ponerlos en ridículo. «¡Eh. Nunca debes mostrarte demasiado famil iar ni grosero con ellos. que resonó suavemente en el interior de la oreja del chiquillo. ¿comprendes? Es como dibujar mirando a un espejo. Ah. y no sabes lo que les ha ocurrido. pequeño —repuso el ave—. y si bien están siempre dispuestos a hacer de bufones para divertirnos. La porcelana avanzó escaleras arriba. se ha decidido a hablarme! Verruga inclinó un poco la cabeza hacia las suaves plumas. Verruga quedóse quieto. —Bien —manifestó el anciano—. Verruga no lo comprendía del todo. había introducido su pico en el pabellón de la oreja de Verruga. pero debes saber que los búhos son las criaturas más corteses. al tiempo que el búho se retiró todo lo que pudo. qué frío!». búho —dijo Verruga. que para alegrarla un poco Merlín decidió cambiar de conversación. que no podía creer lo que oía. y estaba a punto de decir a Merlín cuánto lamentaba que esas cosas le hicieran desdichado. —¿Por qué? ¿Es algo malo? —También podrías llamarme Wol. En f i n . si voy a ser tu preceptor. Merlín se dirigió a la puerta. perdonadme un momento. Ya veo que has hablado sin conocimiento de causa. cuidado. con voz severa e irritada. y las servilletas se doblaron cuidadosamente. —¿Por qué no? —dijo Merlín—. cogiendo el lóbulo de la oreja con su pico. chillidos y gritos de «¡Ay. que ningún búho soportaría que le llamaran Archie. el mantel sacudió sus migas por la ventana. cuando no tenías intención de causar ninguna ofensa. la diosa de la Sabi duría. Es muy lógico. y su respiración se hizo tan agitada que . ¡Mirad. cuando notó una curiosa sensación en una oreja. ¿cómo estás? —susurró de pronto una voz baja y ronca. y señalando con su nudoso índice ordenó con voz severa: —¡Lavaos! Ante esta orden.épocas se confunden en seguida. ingenuas y fieles que hay en el mundo. y siento mucho haberme enfadado.

parecía ir al compás de los latidos de su corazón. —¡Vaya! —exclamó Verruga. con los ojos brillándole de alegría—. ¡Esto sí que ha sido una suerte! .

cuando aquél apareció con la vieja niñera y otras personas que acudían a darles la bienvenida—. ásperamente—. y sólo conseguimos ahuyentarle. y éste es mi preceptor.. era una gran satisfacción volver a casa con nuevos amigos y después de haber recuperado el halcón perdido. Esta había que hacerla esculpiéndola con cincel. pues no podía permanecer más tiempo alejado del halcón. Aquí estamos de nuevo. Entonces Cully descendió para terminar con la paloma que dejara. Hob no sabía bien a quién de los dos se alegraba más de ver. —¡Mira. ¡Mirad. e hizo un lazo por fuera de las plumas con un largo cordel. he conseguido un mago como preceptor nuestro. Sucedió algo terrible. Hob hizo una reverencia a Merlín. Uno de los extremos del lazo lo ató a un palo que clavó en el suelo. Esperarían a que llegase ese momento. pese a que Hob era por naturaleza un hombre silencioso. Hob se acercó a Cully. Pero Arquímedes volvió y nos dijo que Cully había matado una paloma y se la estaba comiendo. Hola.. pero también dio unas palmaditas afectuosas en la cabeza de Verruga. Ah. el cual le devolvió la cortesía. Cuando estuvieran a solas hablarían de cetrería. Y el disgusto que nos habéis dado. Mira.CAPITULO IV erruga comenzó a parlotear antes de haber cruzado la mitad del puente levadizo. dirigiéndose a Verruga—. bueno. ese pelo. el mago Merlín. que había quedado allí. Sir Héctor salió en ese momento apresuradamente. Mirad ese jubón. Hice una búsqueda para encontrarle. —Merlín lo atrapó —dijo Verruga—. ¿eh? Has tenido trastornada a toda la casa esta noche. Mi pobre corderito descarriado. sólo yo me lo sé. Cogió a Cully en su puño. ¿dónde habéis dormido. Entonces Merlín clavó seis plumas de la cola de la paloma. Kay! —exclamó Verruga. formando un círculo. Envió a Arquímedes para que le enseñara el camino de casa. como no debía utili zárselo para hacer una hermosa estatua. lleno de hierbas y de hojillas. —Bueno. —¡Mirad a quién he traído! —exclamó—. con el ademán del cojo que se coloca la pierna de palo después de haberla perdido. dándose cuenta de que eran maestros en el mismo arte. vaya. El búho se llama Arquímedes. y luego fue a ocultarse detrás de unos matorrales reteniendo el otro extremo del cordel. he estado de exploración! Me dispararon tres flechas. vaya —dijo enternecido—. Nos acercamos. ¿eh? Qué demonios estuviste haciendo. ¡Qué enfadado se puso! Pero le dimos la paloma. pues en las Grandes Artes no debía emplearse la magia. amo —repuso Hob. Tiene una mostacera que anda. todas con franjas negras y amarillas. Ambos se miraron con expresión de grave afecto. El lazo se deslizó por encima de las plumas. amo Art? —preguntó la niñera. me refiero al rey Pelinor. hemos traído a Cully de vuelta. todo desgarrado y sucio de barro. en torno a ella. y besó a Verruga en ambas mejillas. Hob. —Me alegro de que hayas vuelto —repuso Kay. Mira. Iba en busca de la Bestia Bramadora. Merlín hizo que los platos se lavaran ellos mismos. Pero interiormente el anciano sentíase orgulloso de Verruga. He conocido al rey Pelinor. Dijo que no emplearía su magia en aquello. —Cielos. y en ese momento tiramos del cordel. —Vaya. que había . allí en el bosque. Hob miró al chiquillo y éste enrojeció al darse cuenta de que hablaba demasiado. creo que aún tendremos que hacer de vos un halconero. y cogió al halcón por las patas. En realidad. De todos modos.

Sir Héctor tenía la nariz azul. Esto hizo que todo el mundo se sintiera impresionado.permanecido fuera del castillo por un halcón. y obtuvo del aire una pequeña daga de caza de plata. Una pulgada de nieve cubrió el suelo antes de que alguien pudiese hablar. Era de esas personas que nunca serán ni líderes ni segundones. Después de todo. —¡Nieve! —agregó Merlín—. La empuñadura de la daga representaba el diminuto cráneo de un armiño. dispuestos para ser arrancados. menos Merlín. donde desapareció. Es lo acostumbrado. —Bien. y le gustó mucho a Kay. En esos documentos se daban excelentes referencias de Merlín. con sus exquisitos frutos azules. ratones y hormigas en su asno blanco. —Señor —dijo Verruga—. vaya. al que Merlín no recordaba haber conocido. Y un paraguas —añadió apresuradamente. y Kay. ¿verdad? —Desde luego —repuso Merlín. un pergamino de Mecateo de Mileto. Tus penas vendrán por tus propias palabras. mientras Arquímedes se erguía muy rígido encima de su cabeza. Estoy seguro de que será un excelente preceptor para los chicos. sólo iba a atrapar al halcón. —Eso lo consigue con hipnotismo —sentenció sir Héctor. puesto que las moras sólo adquirieron fama desde los días de Cromwell. . para que todo el mundo pudiera verla. Se ha traído algunos de sus tejones. —Imaginaos. y más contento le producía aún que lo hubiese recuperado. —Kay —dijo Merlín. La nevada cesó inmediatamente. amo Kay —dijo Hob. y le he encontrado. Merlín cerró el paraguas y lo lanzó al aire. Nunca deja uno de maravillarse. —Hemos podido coger una pulmonía —dijo preocupada la niñera. Es un gran mago. el pequeño buscando a un preceptor como éste —manifestó sir Héctor—. Y ello era aún más notable. necesito algunas referencias vuestras —añadió sir Héctor—. Al momento aparecieron en ella algunas tablillas firmadas por Aristóteles. y el sol volvió a brillar. que se llama Merlín. con voz repentinamente terrible—. y todos temblaron de frío. extendiendo una mano vacía. Merlín se arrepintió en seguida de su severidad. Vaya. El mago se hallaba en medio. quedaron con los hombros cubiertos de nieve. lleno de impaciencia. porque no quería dejar que se murieran de hambre. aunque orgulloso. con el paraguas en alto para proteger al búho. —Bueno —aseguró el chico—. y una hoja mecanografiada y rematada con la firma del rector del Colegio de la Trinidad. mientras le castañeteaban los dientes—. erizos. con tono de reproche. Pero ya basta. —Ah. —Lo hace con espejos —aseguró sir Héctor. en lugar de experimentar su habitual arrebato de cólera. mientras caían los mayores copos de nieve que jamás vieran los presentes. —Y lo encontró. Todos. que entregó al niño. no era una mala persona. con los brazos cruzados sobre la túnica. he realizado esa búsqueda que queríais iniciar para conseguirnos un preceptor. al tiempo que se calaba los anteojos y miraba de cerca a Merlín—. Mirad. Antes de que hubiera terminado de hablar. sino un chico inteligente y activo. pues a todo esto Hob mantenía al ave bien alta en la mano. Siempre has sido un charlatán altivo y malintencionado. —Lo tenía todo en la manga —dijo sir Héctor. es este caballero. apostaría a que el anciano lo cazó por él. ¿Podéis hacer algo más? —¡Árbol! —dijo el mago. bajó la cabeza. En realidad. que permanecía en actitud paciente entre el corrillo de curiosos. y de la punta de la misma le colgaba un carámbano. vaya. Espero que será magia blanca. pero que tienen un corazón anhelante. y al momento apareció un enorme moral en medio del patio. dentro del cuerpo que le aprisiona. —Aquí están —dijo Merlín. —No creo que haya sido precisamente una búsqueda —intervino Kay—. apasionado y terco. un mago —manifestó sir Héctor. y puede hacer que las cosas vuelen por el aire. como quien conoce el truco—. el claro cielo de verano adquirió un frío tono broncíneo.

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llevando con ellos sus animales. y después se llegaba ante el castillo propiamente dicho. y en épocas de peligro se acentuaba este carácter de pueblo que tenía la heredad. Y lo mismo ocurría con las demás defensas exteriores. Todo el mundo iba a la iglesia. La mayor parte de la muralla se ha derrumbado. sólo con el sol encima y los escasos . que dejaban en los establos hasta que había pasado el peligro. que desafían el sol y los vientos. aún se halla en buen estado. Al otro extremo de la barbacana había otro rastrillo. En tales ocasiones se ponían sus mejores ropas y avanzaban calle arriba los domingos con andares respetables. y los dueños se veían obligados a reconstruirlas mientras lanzaban maldiciones.CAPITULO V a morada de sir Héctor recibía el nombre de Castillo del Bosque Salvaje. pues hubiera tenido que ser alzada de nuevo cada cierto tiempo. Aquel lugar se defendía mediante algunos ingeniosos artefactos. a veces ocupado por aterradas ovejas. El Castillo del Bosque Salvaje sigue en pie. Las garitas. con su barbacana y las garitas de la puerta. y los hambrientos gorriones se guarecen durante las noches invernales entre la hiedra. y disparar desde allí a los atacantes a través de los orificios de la columna central. con sus ocho enormes torres que aún se mantienen en pie. donde se hallaba un gran caldero para arrojar aceite o plomo hirviendo. En realidad era más un poblado que una vivienda. por su parte. todas las gentes de los contornos corrían a refugiarse en el castillo. Las chozas de adobe y techo de paja eran incendiadas casi siempre. Los días normales acudían con sus atuendos corrientes. Es muy agradable ascender a la torre más alta y acodarse allí mirando hacia las comarcas vecinas. Este orificio daba a una estancia del piso superior. a f i n de que los arqueros pudiesen disparar en todas direcciones y dominar todos los sectores que la rodeaban. y aún se pueden contemplar sus hermosas ruinas cubiertas de hiedra. En la barbacana había una amplia trampa que se abría en el momento oportuno para dejarlos caer al foso. de las que a veces llegaban algunos de esos peligros. Debemos destacar que nuestra historia se refiere a épocas de conflictos armados. cargado con un enorme tronco. Una vez dentro del lienzo de la muralla. siendo aniquilados desde fuera. y andaban mucho más alegremente. Por el interior de las torres ascendían unas escaleras de caracol. Cada vez que se producía la invasión de algún tirano de la vecindad. si bien es posible advertir los cimientos de las doce torres que guardaron el castillo. Por fin. Aunque los enemigos cruzaran sobre el puente de madera — que se levantaba para impedirlo—. Los habitantes del pueblo solían oír misa en la capilla del castillo. que remontan el vuelo. se hallaba uno en un amplio pasadizo. que podía aplastarlos o dejarlos clavados debajo. cuya columna central estaba llena de huecos para disparar flechas. tenían orificios en el piso y por ellos se dejaban caer piedras y otros objetos sobre los atacantes. a continuación de la puerta de entrada había un agujero en el centro de la bóveda del techo. plantas trepadoras. y sentía un gran contento haciéndolo. y con su aletear ruidoso suele asustar a los pajarillos. Por tal razón no se creyó oportuno construir una iglesia en el poblado. Ahora sólo viven allí algunos lagartos. Una lechuza habita también entre las. Eran torres circulares que sobresalían de la muralla hacia el foso. La parte de piedra del puente levadizo. había un gran rastrillo de hierro. de modo que los enemigos que entrasen podían quedar atrapados entre ambos. Aun cuando el enemigo traspusiera la muralla y entrase en la base de las torres los defensores podían retirarse a la parte superior de la escalera. mirando dignamente en todas direcciones.

y hasta semanas. por las noches. Los guiará después hasta algún grato lugar donde crezca hierba tierna de la que puedan comer. por la mañana y por la tarde. y a continuación peinará a cada sabueso. El muchacho se daba cuenta inmediatamente de lo que marchaba mal. No lo olvidéis al visitarla. las perreras. Si se me permite una cita más autorizada. describía más tarde a ese chico en su obra Maestro de Caza: «También enseñaré al muchacho a conducir los sabuesos para que hagan sus necesidades dos veces al día. También. uno tras otro. la armería. que fue muerto en Agincourt. y todo discurriría normalmente en el castillo. Si sois personas sensibles y curiosas. . Entonces todo os parecerá que cobra vida. como los gatos. las celdas. en dirección a Gales. ahora abierta a los elementos. Lo hacían con más afecto que disciplina. quitarles las espinas de las patas y las garrapatas de las orejas. y buenos con toda clase de gentes. En el momento a que nos referimos se hallaba en la perrera. Todos los canes le apreciaban por quitarles de encima garrapatas y espinas. Los canes dormían a veces en el mismo lecho de sus amos. alegres y juguetones. y por ser tratado a pedradas. para que nadie pueda caerse). y porque se regocijan en la compañía de la gente.turistas deambulando por abajo. En las perreras de sir Héctor había un muchacho. los escondrijos. Conocía todos los rincones. por asedio otra y por traiciones en dos oportunidades. no puerilmente como una solterona. afectuosos y limpios. Su misión era sacar los canes a pasear todos los días. Al no tener nariz como las demás personas. suministrarles pócimas contra las lombrices. como tendría puesta «su alma y sus afanes en los sabuesos». sobre todo en invierno. Si miráis hacia abajo y no os asusta la altura (la Sociedad Protectora de Esto y lo Otro ha hecho colocar una resistente barandilla. excepto con los animales salvajes. así como los fustes de las enormes chimeneas. sino correctamente. y los limpiará con un gran manojo de paja. como puede imaginarse. hasta el punto que nos resultaría muy difícil colocarnos las armaduras que nos han legado—. extendiéndose debajo como un mapa. con los que deben mostrarse fieros. pero nunca cayó en un asalto. y chillaba sin cesar. El perrero de sir Héctor no era otro que el que había sido mordido en la nariz por el terrible Wat. imitando sus ladridos y gruñidos. las despensas y los almacenes. aislarlos cuando estaban irritables. éstos llegarían a ser «benévolos. contentos. Este mozo dormía hecho un ovillo entre los perros. el pozo. y la amplísima cocina. Desde allí observaban por encima de los bosques azulinos. podréis ver toda la grandiosidad del patio interior. mientras el sol esté alto. una especie de paraíso para los chiquillos. curarles las dislocaciones. la sala del sacerdote. los alojamientos de los soldados. la herrería. se aplicaría a sus tareas bajo los rayos del sol. ávidos e implacables». he aquí cómo el duque de York. uno puede enterarse. y acudían a él para que zanjase sus diferencias. y Flavio Arriano asegura que «es mejor si pueden dormir con una persona. Les hablaba. los graneros. si tienen una noche inquieta o algún trastorno interno. lo cual será hecho todas las mañanas. Cambió de dueños por sucesión una vez. Sus huesos limpios y blancos yacen ahora bajo el suelo de la capilla. que vivía con los sabuesos noche y día. y las estancias del señor y de su esposa. Este lugar era. y poner orden en las grescas. En aquellos días la gente tenía un concepto diferente acerca de lo que debe ser el entrenamiento de un perro. tal vez pasaréis días. sin preocuparse para nada de las flechas o el aceite hirviente de tiempos pasados. al sol. Puede apreciarse la capilla. Tenía un sitio preferido en cada estación. el perrero. En esta torre montaban guardia los vigías. las ovejas balarían como siempre lo hicieron. porque ello les hace más humanos. Así pues. por los demás chicos del poblado. examinando con detenimiento las caballerizas. y no lo empleará para cazar al día siguiente». luchaba con imaginarios enemigos y representaba el papel de un caballero. La gentecilla —eran de menor estatura que nosotros. Pensad en los muchos siglos que esa inconquistable torre ha resistido. Luego los soltará y los dejará jugar en el campo. pues es medicina para ellos». Verruga corría como un conejo por aquel intrincado laberinto de estancias y pasadizos. el muchacho sentíase más a gusto con los animales.

Chico. que todos los años estaba generosamente surtido de peces. Las nubes del tiempo caluroso aparecían cubriendo una parte del cielo. dejándole que sacara conclusiones. Esta se hallaba en la planta baja. y el preferido de Verruga era uno llamado Cavall. y tenía un desván encima. y se aferrase a palabras conocidas. No le hacían gracia las personas mayores que se dirigían a él con aires de superioridad. pero en la barbacana. pero hasta ese momento no habían dado ninguna lección. ya que con sólo mover las manos el chico se hacía obedecer en cuanto quisiera. sobre todo si hacía un poco de magia. estaban en agosto. Pasaban bastante tiempo juntos. Había tres o cuatro más. En el último cruce por aquella especie de desierto. El foso era muy profundo. era como un delfín que se remojaba y saltaba por extraños mares. Entonces. ju gando con los canes en la perrera. quien era capaz de hacer interesante hasta al viejo órgano. Verruga no sabía muy bien lo que Merlín quería decir. cerca del pabellón de cetrería. lo mismo que si hubiesen entrado en un horno. igual que a ti te hizo con nariz. para que estuviera fresca en verano y tibia en invierno. Pero se dijo que debía obedecer. Por tal razón los arquitectos habían cuidado de que las cloacas y otras aguas de desecho no desembocaran en el foso. y le consideraba una especie de santo. cuando se presentó Merlín en la perrera. Luath. donde el sol brillaba con tal fuerza que el calor pasado durante la recolección del heno parecía una insignificancia. A su vez el perrero quería a Verruga del mismo modo que los perros le apreciaban a él. sino las que le hablaban de un modo natural. que no anunciaban tormenta. con sus delgadas paredes. Era la época de los nenúfares. «Si no tuviera que dar esas cargantes clases. Apolo. Bran.y por lo general solucionaba el problema satisfactoriamente. llegaron al puente levadizo. Ortros. —Eso puede ser considerado un hábito poco saludable —dijo Merlín—. una veintena de yardas a ambos lados de la entrada se mantenían despejadas todos los veranos. y le juzgaba muy hábil al poder hacer cuanto deseaba con los animales. Verruga sentía afecto por el perrero. se dijo el chiquillo. Luffra. Colle. toda la superficie del agua habría quedado cubierta por esas plantas. Gerland. De pronto recordó que para eso se encontraba allí Merlín. Así pues. —¿Qué clase de pez? Casi hacía demasiado calor para pensar en eso. y pensó con pavor en los Rudimentos de Lógica y en el repugnante astrolabio. y poniéndose en pie dio a Cavall su última y cariñosa palmadita. —Me gustaría ser pez —dijo Verruga. Su preceptor llevaba ya un mes en el castillo. Se dirigieron al patio. Un momento después ambos se hallaban mirando al foso. podría ir a nadar al foso». Después de todo. León. que adivinase. Justamente se hallaba éste lamiéndole con verdadero cariño la nariz a Verruga. Los sabuesos se llamaban Hebe. Dios hizo a los animales con lengua. en forma visible. y de no haber ordenado sir Héctor que mantuvieran libre una parte del foso para que los chicos pudieran bañarse. aunque yo mismo no lo califico así. porque sabía leer y escribir. La sombra de la muralla era fresca. era donde más calor hacía. Hasta hacía demasiado calor para eso. Cruzaron el patio y casi se vieron obligados a jadear. o se riera de jocosos chistes. pero Verruga echó una mirada hacia la fresca profundidad ambarina. Él ánimo de Verruga se vino abajo cuando oyó eso. Para los perros era una gran cosa tener a su dios con ellos. Aquello semejaba el horno de un panadero. eran altas columnas de cúmulos con bordes resplandecientes. Creo que ya es hora de que comencemos con las clases. donde varios cardúmenes de . lo que permitía zambullirse desde el mismo puente levadizo. pensó Verruga. Toby y Diamante. Talbot. ¿Acaso habría adivinado Merlín lo que estaba pensando?. Pensó que las cosas no serían tan malas con Merlín. —¿Nos vamos? —preguntó Merlín—. pero le gustaba que le hablase. y en él se criaban peces a f i n de que los habitantes del castillo dispusieran de pescado los viernes.

—Lo malo de ti es que no nadas con el cuerpo. y la base de ésta es la confianza en uno mismo. Venid conmigo. saludó afablemente a Merlín. y extiende esas aletas de la panza para mantenerte a nivel. Son más inteligentes que el necio escarcho. Llevaba tatuada un ancla sobre la barriga. a la que Verruga no alcanzaba a ver ahora. —Por favor. Ahora vives en tres dimensiones. Las piernas de Verruga estaban ahora soldadas a su espinazo. y sus pies y dedos se habían convertido en una aleta caudal. Le pareció que el foso y el puente crecían un centenar de veces. y retrocedió agitando hacia atrás las aletas. Se alejó nadando torpemente. y apuntó con su tridente a Verruga. pero le parecía que su vientre presentaba un atractivo color blanquecino. en el pecho. por encima de los bastidores. en tanto que su lomo aparecía armado con una espléndida aleta de gran tamaño. que podía erguirse para el combate. Lo haces como si fueras un niño. No sabía nadar como los peces. vuelve la cabeza y no te preocupes de la aleta que debes mover primero. lo alzó en el aire y dijo lentamente: —Sodulas ed nilrem a onutpne arap euq aes nat elbama et ratpeca a etse ocihc omoc zep. doblándote por la cintura. y no tan sanguinarias como el lucio. si puedes. pues avanzaba como un sacacorchos. Pero en el futuro deberás arreglártelas tú solo: educación es experiencia. En seguida notó que saltaba del puente levadizo y que se sumergía de lado en el agua. No adelantaba nada procurando nadar como un hombre. —Vuelve aquí —dijo la tenca—. y una hermosa sirena con el nombre de Mabel debajo. y un grueso caballero de jovial aspecto apareció sentado en una nube. con su poderosa voz—. y también le habían salido algunas más por el vientre. Art dio dos fuertes aletazos y desapareció en una mata de plantas acuáticas que había algo más allá. Sin el menor esfuerzo la tenca retrocedió hasta situarse justa mente debajo . Este advirtió de pronto que se hallaba sin ropas. —Emplea la cola para ir hacia la derecha y la izquierda —aconsejó la tenca—. Cuida ese detalle. en el momento en que ambos peces chocaban suavemente—. —Eso ya está mejor —dijo la tenca. una cubierta escamosa por todo el cuerpo. Dióse cuenta de que se estaba convirtiendo en un pez. Lanzó un salivazo de tabaco.pequeñas percas vagaban sin rumbo fijo . —No se hace así —manifestó la tenca. Merlín —exclamó—. y vio que se dirigía hacia el cieno del fondo. Procura moverte hacia la derecha igual que hacia la izquierda. Debes aprender a nadar bien. —Creo que me gustaría ser una perca —dijo el chiquillo—. su espalda y su parte delantera. No estaba del todo seguro sobre cuáles eran sus costados. Mediante otro fuerte impulso consiguió volver al lugar de donde partía la voz. y que poseía aguzadas espinas. Movió las aletas laterales. o mucho más despacio. pero experimentando un gran contento. Merlín se quitó el capirote. Verruga advirtió que podía mantenerse más o menos nivelado cambiando la inclinación de las aletas de los lados y el vientre. y un par de bandas oscuras le recorrían los costados. Tenía un hermoso color verde oliva. Verruga notó que le resultaba difícil adaptarse a su nueva existencia. cogió un trozo de lignum vitae que llevaba siempre con él. haciendo una serie de zigzags. —Muy bien —manifestó la tenca. Los brazos eran otras dos aletas de un delicado color rosa. antes de marcharte de paseo. Con grandes dificultades logró Verruga librarse de las plantas en que se había enredado. —Por esta vez —dijo una tenca grande y solemne que nadaba a su lado— te acompañaré. no en dos. Pero aún hay que afinar un poco esa dirección. y repuso: —Me parece que no voy demasiado derecho. Inmediatamente se oyó un estrépito de conchas marinas y caracolas. Trata de hacer esto. Regresó Verruga donde estaba su preceptor.

que nada s-s-siempre cabeza abajo. si hubierais tratado de pescar a Verruga. Probablemente se trata de un caso de histeria. azul. que habríais sido una especie de arco iris para él. será necesario que penséis en un horizonte circular. amarillo. Entonces movió las suyas en sentido contrario al de las agujas del reloj. —Ven. como si deseara decirles algo. y no tenía que dar pasos sobre una superficie llana. apareció un pececillo entre dos frondosas plantas acuáticas y se acercó a ellos. como si fuera una gallina. tenía las aletas plegadas sobre el vientre. Verruga se mantenía ahora nivelado y podía moverse con razonable soltura. presa de gran agitación. y cada vez que la madre echaba una burbuja. doctor. —No te preocupes. para cumplir la humanitaria tarea. aunque no se decidía a hacerlo. unas pocas pulgadas por encima de vuestra cabeza. no como una persona que agitaba una caña de pescar. Y lo que hace aún más complicada la representación es el hecho de que todo lo que se halla por encima del agua está teñido con los colores del espectro solar. un faro de colores deslumbrantes. sino que podía deslizarse con su propio cuerpo. el cielo que había ahora por encima de él era un círculo perfecto. este pececito —susurró Merlín al oído de Verruga—. adoptando su apariencia más doctoral—. y nn-n-nos hemos preguntado si tendrías algún t-t-tiempo libre. Verruga. llévame hasta donde está tu querida madre. y de vez en cuando lanzaba por la boca una burbuja. pues prácticamente no existe diferencia entre volar en el aire y hacerlo en el agua. dio un suave coletazo y se encontró en seguida precisamente al lado de la tenca. en lugar del horizonte plano que estamos habituados a ver. formando un círculo. y tiene un aspecto t-ttan horrible y habla tan raro que pensamos buscarle un m-m-médico. La madre del pequeño pez se hallaba con el vientre hacia arriba. vamos. verde. —Magnífico —dijo Merlín—. pequeño —repuso el mago—. ¿P-p-podéis venir. había observado el ligero movimiento de las aletas. Complacíase admirando el extraordinario mundo en el que el tatuado caballero del tridente le había sumergido. En primer lugar. Debajo había que pensar en otro horizonte casi esférico y en posición invertida. que junto con sus tartamudeos fue imposible entenderle. Por ejemplo. añil y violeta. s-s-s-señor? Y aquí el pobre pececillo comenzó a gimotear tan fuerte. gravemente. esto es. y deshaciéndose en lágrimas dijo tartamudeando: —P-p-por favor. Vamos a dar un paseo. A fin de imaginaros la situación de Verruga. Era como los sueños que tienen muchas personas. Así lo hizo el pececillo. y veremos lo que puede hacerse.de un nenúfar. abrumado por la gravedad y el peso de la atmósfera. Estaba bizqueando. todas ellas agitando una caña cuyos colores eran igualmente variados. Ya no se hallaba sujeto a la tierra. éste os habría visto en el borde de la ribera que era el mundo exterior para él. se miraban unos a otros y movían negativamente la cabeza. acércate —dijo Merlín. En el momento en que iban a iniciar su gira de inspección. en nuestra f-f-familia tenemos un caso terrible. Miró a la tenca y a Verruga con sus grandes ojos llenos de temor. bien —dijo Merlín. Podía hacer lo que los hombres siempre desearon. Ella tenía una sonrisa beatífica en los labios. que era un alumno inteligente. Todos sus hijos estaban reunidos a su alrededor. volar. no tenía que sentarse quieto. Vamos. moviendo palancas. sino como siete personas cuyas respectivas siluetas fueran de color rojo. por lo que al f i n quedóse mirando a Merlín con sus enormes ojos angustiados. Se trata de nuestra q-q-q-querida madre. ¿Cómo se encuentra hoy la señora pez? . Es decir. Resulta difícil de imaginar. Los tres nadaron hacia la sombra que proyectaba el puente levadizo. como él había dicho. La otra cosa maravillosa era que Verruga carecía de peso. —Un neurótico. más apropiado para un psicólogo que para un médico. pues la superficie del agua actuaba en parte como un espejo respecto a lo que había debajo de ella. —Bien. anaranjado. Y lo más asombroso es que no tenía que valerse de un aparato para volar.

Antitóxico. como pez.. volvió a su posición normal y dijo: —Ah. Elefántico.. por fi n ha venido. —¿Qué habéis querido decir. que era de color rosado. doctor. deliciosamente fresco después del calor que habían soportado en el exterior. Volvió a dar unas palmadas a los pececillos. Es necesario que os fortalezcáis. doctor.! —Humm —repuso el médico. cuerpo esbelto y ojos vivaces. con eso de que Roma no se construyó en un día? —preguntó Verruga. todos los peces recurren a la tenca para que les cure. acariciando con las suaves escamas de sus flancos las escamas más pálidas y ásperas de la enferma. Microstático. Y cinco guineas nos hemos embolsado. de color pardo. snap. Alcanzaba a verse su carne. y dijo: —¡Ay. Toxemia. Voy a recetaros un caldo concentrado de algas cada dos horas. Quizá sea el abdonorum. iba cantando así: Terapéutico. ¡Bum! Pancreático. les dijo que crecieran para convertirse en peces de provecho. Aplicaremos un sinapismo. ¡Dum! Con un normal catabolismo. Un grupo de percas —resultaba extraño. Anemia. con pequeñas escamas. Después de todo. Luego el mago comenzó a nadar en torno a la madre de los pececillos lenta y majestuosamente. A la voz de «Uno» se quedaban quietos. gruesas aletas. —Sólo el cielo lo sabe. Como es sabido. y Merlín corregía de vez en cuando a Verruga su forma de nadar. en f i n. suspiró significativamente. El extraño mundo subacuático comenzó entonces a clarear delante de ellos. Una. me siento con deseos de comer alguna lombricilla. Debemos hacer notar que Merlín. o tal vez con masajes o hipnotismo. Snip. con voz grave. Caracoles de agua se deslizaban lentamente por los tallos de los nenúfares. Siguieron avanzando. Mientras danzaba. o debajo de sus hojas. y se alejó nadando con aires de importancia hacia la penumbra. al menos durante dos días. y entre ellas se mantenían inmóviles numerosos cardúmenes de gasterosteos que hacían sus ejercicios físicos todos al unísono. dos y tres. pero todos los peces grandes . snorum. Las grandes matas de plantas acuáticas formaban delicadas figuras. y a la de «Tres» formaban rápidamente un cono cuyo vértice era algún trozo de alimento. era un robusto ejemplar de unas cinco libras. Entonces Merlín dijo a todos que cerraran los ojos. Roma no se construyó en un día. una respetable figura. Al terminar la canción.El mago dio unos golpecitos en la cabeza a los pececillos y avanzó majestuosamente hacia la enferma. Merlín nadaba tan cerca de la paciente que casi llegaba a tocarla. pero Verruga espió. El caso es que la paciente dejó de pronto de bizquear. Diagnóstico. como los buenos helados de fresa. Dispepsia. querido doctor. en tanto algunos mejillones de agua dulce yacían sobre el fondo sin hacer nada de particular. Quizá lo estaba haciendo con légamo del fondo. La enferma se ha curado. a la voz de «Dos» se enfrentaban por parejas. —Nada de lombrices —advirtió Merlín—. La enferma tendió lánguidamente una aleta.

El cisne los siguió observando desde arriba. pero será mejor que no te separes mucho de mí. la soledad. —¿A profesar el qué? —preguntó el Rey del Foso lentamente. todo él borroso menos la parte de su cuerpo que se hallaba bajo el agua. las percas alzaban amenazadoras las espinas de la aleta dorsal. en tanto que sus mandíbulas lampiñas le daban una característica expresión americana. según el talante del pez. temible. desilusionado. —El poder —dijo la tenca. Cada vez que Merlín y su compañero pasaban cerca de esos cardúmenes. igual que una serpiente blanca que pendiera del techo. y otros. Cuando el color de los peces adquiría un tono oliváceo. hasta que los dos peces se hubieron perdido de vista. oscurecido y casi invisible entre la espesura de plantas. poder . Cuando Verruga divisó al viejo déspota. señor —dijo Verruga—. —Bobadas —dijo el cisne ásperamente. pero la mayoría no se atreve siquiera a mencionar su nombre. Las rayas negras de sus costados les hacían parecer como si hubieran sido asadas a la parrilla. A los cisnes nos gusta descansar en esta posición. medía cuatro pies de largo y su peso debía de ser enorme. el orgullo. ya que se encontraron en el lugar de destino antes de lo que imaginaron. —¿Es el rey del foso? —En efecto. Sólo puede nadar con la pata buena. Cuando creciese sería un verdadero forajido. por si de pronto sintiera tentaciones. implacable. refiriéndose a él como «el señor L». Es el emperador de estos contornos. y esas rayas también podían volverse más claras u oscuras. No sé qué voy a decirle. y me atrevo a decir que también a ti te respetará como compañero mío. Ya verás lo que supone ser rey. Peter el Negro. Como médico poseo inmunidad. Un pobre cisne que tiene una pata lisiada. superando su nerviosismo—. Pero la gran joya de su ojo parecía la de un ciervo herido. fiero. casi retrocedió horrorizado. lógico. era que se hallaban irritados. —Mi señor —dijo Merlín. introduciendo la cabeza en el agua y mirándolos ceñudo—. —Mirad. Se hallaba casi al borde de la sombra de un nenúfar. En una ocasión los dos excursionistas pasaron debajo de un cisne. —Déjale que hable por sí mismo. Parecía inmisericorde. Unos le llaman el Viejo Jack. muy rígido y probablemente dormido. Luego divisó una pequeña silueta translúcida que permanecía inmóvil cerca de la superficie. Puedes guardarte tu compasión para cuando te la pidan. Allí permanecía flotando. Verruga se acercó todo lo que pudo a la cola de su guía. terminaba en un rostro que parecía mostrar todas las pasiones del monarca absoluto: la cruel dad. pues el señor L. El gran cuerpo. y pensamientos demasiado fuertes para un solo cerebro. Verruga miró a su alrededor. y obró acertadamente. Quizá recuerdes que este lugar es muy parecido a la espesura que atravesaste para llegar hasta mí.parecían estar escondidos— circulaban graciosamente. sin ver nada al principio. he traído conmigo a un joven alumno que desea aprender a profesar. Se trataba de un alevín de lucio. hablando a través de la nariz. enrojeciendo o palideciendo con la misma facilidad que la heroína de una novela de la época victoriana. —Voy a llevarte a ver uno de ésos —dijo la tenca—. y evidentemente estaba disfrutando del sol. ¿verdad? —Creo que sí. enorme. el dolor. Se apreciaba claramente que el cisne flotaba un poco de lado. casi sin abrir las mandíbulas. No hizo movimiento alguno. el egoísmo. No hay nada como el poder que pretendes hallar: poder para triturar. voraz. Tan sólo se quedó observando a los dos peces con mirada amarga. El blanco animal parecía flo tar encima como un dirigible. —Procura nadar como si no temieras a nadie en el mundo —dijo la tenca—. Verruga trató de convencerse a sí mismo de que no le asustaba el señor L. semejante a la del Tío Sam. con una pata recogida debajo del cuerpo. y sólo las volvían a bajar cuando advertían que Merlín era una tenca. —Por favor —susurró Verruga—. con su boca grande e irónica entreabierta en un gesto melancólico. sensitiva y llena de aflicción.

en hileras y franjas. El placer es el cebo con que nos tientan esas mismas fuerzas. junto al puente levadizo y jadeando dentro de sus sofocantes vestiduras. . y mis mejores deseos. y la piel se estiró ávidamente de hueso a hueso y de diente a diente. Verruga sintióse como hipnotizado por aquellas altisonantes palabras. hasta que éste vio de pronto la boca cerniéndose a una pulgada de su nariz. El poder caracteriza a la mente individual. creo que es hora de que te marches. Sólo el Poderío es la Verdad. poder para buscar y para hallar. y pudo retirarse prestamente. Un segundo después. horrible y vasta. mientras el discurso distraía la atención de Verruga. pues encuentro esta conversación agotadora y poco interesante. poder para esperar y reclamar. Verruga se hallaba de nuevo en tierra. Gracias. Aquellos innumerables dientes chasquearon detrás de él. Creo que debieras irte cuanto antes. —Ah. es el poder del cuerpo lo que decide las cosas en última instancia. Sería lo más prudente. pero no basta con el poder de la mente. no vaya a darse el caso de que mi desilusionada boca juzgue oportuno introducirte en mis grandes branquias. mientras él propinaba el mayor aletazo que diera hasta entonces en el agua. hasta nunca. Sólo existe el poder. Se aproximó imperceptiblemente. justo sobre el extremo de su cola. Sí. y casi no se dio cuenta de que la tensa boca se iba acercando cada vez más a él. Al concluir la última frase. por todas partes como los clavos de las botas de un campesino. abrióse la boca. joven alumno —agregó el Rey del Foso—. aguzados como espinas. Así pues. de pie al lado de Merlín. realmente pienso que debes alejarte. —El amor es una treta que emplean para jugar con nosotros las fuerzas de la evolución. claro. »Y ahora.para digerir. que también están provistas de dientes. Sólo en el último instante Verruga fue capaz de recuperar el dominio de sí mismo. Dentro no pa recía haber otra cosa que dientes. todo el poder y la impiedad surgiendo de tu cogote.

solía irritarse bastante. y después de arrojar sus flechas al mismo tiempo. —Propongo que vayamos hasta las madrigueras —dijo Kay—. y cada uno de los niños se colocó debajo. una mata de ju n quillos. Merlín se había acercado al borde del campo de tiro. consiste en sostener el arco con el brazo extendido durante media hora. Disparemos mejor contra el loro. o unos abrojos. —Juguemos a vagabundos —dijo Verruga entonces—. Luego sintióse aburrido de nuevo. una gran ave artificial de vivos colores que estaba asegurada al extremo de un poste. aunque se quedase sin merendar hasta lograrlo. si éste se hallaba cerca. Permanecieron quietos. el máximo que podían alcanzar los arcos de los chicos. La arquería era una disciplina muy seria en aquellos días. la crema que había echado a su tarta. así como los golpes sordos de las flechas sobre los blancos —que producían casi tanto sueño como el ruido de una segadora de césped o los golpes de los mazos en un partido de cricket— y el incesante danzar de las redondas manchas de sol entre las hojas de los árboles. para volver a disparar una vez que se enfrentaban de nuevo con el blanco. el continuo ir y venir de los muchachos. compuesta principalmente de pollo. La distancia de los blancos elegidos solía variar bastante. Solían apuntar algo más abajo del objeto. algunas veces éstos se hallaban casi a sus pies. Contaban cinco puntos por cada acierto. Kay lo estaba haciendo mal. y tras una comida excelente. a ver si podemos cazar un conejo. y despertar a Merlín. a f i n de no hacer el menor movimiento y no asustar a los animalillos cuando apareciesen en la boca del agujero. y no había caído aún en manos de los indios y los chiquillos. en espera de que salieran los gazapos. y podrían disparar varias veces sin necesidad de asustar a los consejos al ir a recoger las flechas. Podemos volver dentro de media hora. lo que casi siempre ocurre cuando. que podía ser el agujero de un topo. Eligieron dos árboles a un centenar de yardas de distancia entre sí. sólo tenían que ir a recogerlas. el pollo.CAPITULO VI quel jueves por la tarde. ya estoy harto de estos malditos blancos. con el arco alzado y la flecha dispuesta. Entre el calor. como en el golf. Y es que . por lo que no necesitaban buscar mucho tiempo sus flechas. Primero se dijo que tendría que darle al maldito loro. y al final sumaban los puntos obtenidos. Aún duraba el hermoso tiempo veraniego. No les resultaba difícil lograr eso. el anciano no tardó en quedarse dormido. y otras estaban a ciento veinte yardas. Había dos blancos de paja a una distancia de cincuenta yardas. Lo que llamaban jugar a vagabundos consistía en echar a andar con los arcos y lanzar una flecha cada uno contra un objeto convenido. Cada uno de ellos tenía seis flechas. Además. Cuando uno disparaba mal. Así lo hicieron. ya que la flecha siempre salta uno o dos pies cuando abandona el arco. Dejaron los blancos y lanzaron algunos flechazos contra el loro. Aquel jueves eligieron los blancos con todo cuidado. los dos chicos se dedicaban a hacer prácticas de arco. como de costumbre. ya que la primera prueba que deben pasar en arquería. y ello le disgustaba. Pero Kay seguía errando. Resultará más divertido que disparar contra todas estas tonterías. la hierba del gran prado había sido cortada no hacía mucho. y tomó asiento debajo de un árbol. —Bueno. se opera cerca de setos o en lugares llenos de maleza. El resultado de su juego fue que se alejaron más de lo acostumbrado y se encontraron cerca del borde del intrincado bosque en el que se había perdido Cully.

Le había complacido el movimiento de la flecha. Al quinto disparo Kay tuvo suerte y dio exactamente en la cabeza a un joven gazapo. Verruga observó cómo subía su flecha. pero Verruga se puso furioso. dorada. para ver lo que era aquello. Una vez que le hubieron sacado las entrañas con el cuchillo regalado por Merlín. Kay sintióse amedrentado por este hecho. a descender al seno de la madre tierra. y resultaba hermoso. y la arrojaban al aire. Este cometió la imprudencia de ponerse a mirar al niño. Se alejó sin detenerse. Todos los jueves por la tarde. . y no llega a asustarse más que al conejo contra el cual se ha disparado. sin oscilar. Pero antes de desmontar la cuerda del arco decidieron llevar a cabo la ceremonia tradicional. buen tiro! —exclamó Verruga. y en parte de triunfo. ante la noche que se aproximaba. Era en parte un gesto de despedida. Subía y subía. cuando terminaba su entrenamiento. Era el primer conejo al que acertaban. con ella en el pico. y se apoderó de la flecha. soberbia. se remontaba como admirando el cielo. a f i n de que el animal se conservase fresco. parsimonioso. serena. la flecha traspasó las copas de los árboles. El sol ya descendía hacia el Oeste. ocurrió un portento. y habían tenido la fortuna de matarle. —Era una bruja —dijo Kay. lo hicieron como homenaje a su primera presa. despacio. y los árboles comenzaban a cubrirse de sombras. la única que se hallaba perfectamente equilibrada. como hubiera ocurrido en caso de tener una pluma floja. solían colocar la última flecha en el arco. iniciándose el anochecer. para poder llevarlo mejor.cuando se lanza una flecha. Un cuervo llegó aleteando lentamente. comenzando a brillar como si fuera el sol mismo. y llegó hasta donde aún lucían los rayos del sol. Así pues. los dos chiquillos se dispusieron a volver a casa con la presa obtenida. —¡Ah. y que pasaron una de las patas traseras por el jarrete de la otra. Ahora. y además era la mejor que tenía. apenas si se hace ruido. cerrada de plumas y de fuste liso y recto. Y en el momento en que perdía fuerza. mientras corría para levantar la pieza. cuando su ambición fue contenida por el destino y se disponía a caer. con más motivo. su ardiente ambición por llegar al sol. que era aguda.

Estos variaban según el tipo de armadura. al otro lado. y no sólo con el índice y el pulgar. siempre que pudiera manejarla con soltura. se aferraba la lanza con toda la mano. Si un caballero cargaba con la lanza muy ladeada. de modo que era conveniente observar al enemigo antes de realizar la carga. para elegir el lugar más apropiado donde debía acertársele. podía desmontársele con la vara de la lanza. Era necesario aprender los puntos más convenientes para golpear al enemigo. Sir Lancelote. dijo un día que la batalla de Crécy se había ganado gracias a los campos de entrenamiento de Camelot. a fin de barrer al oponente de su silla. Sólo en el preciso momento de golpear. quedando las armas ofensivas a un lado. empleaba siempre el golpe de punta. con la lanza balanceándose con facilidad ante el galope del animal. Esto irritó tanto a Merlín que hizo que sir Héctor padeciese reumatismo dos noches. el caballero que hubiera dispuesto de un arma larguísima. y el que requería menos habilidad. Por la derecha arremetían los caballeros.CAPITULO VII a equitación y las artes de justa se practicaban dos tardes por semana. en una especie de movimiento horizontal de barrido. poseía lanzas de distinta longitud. y no menos difícil era cargar con ella. En caso de que no se estuviera seguro de acertar con la punta. por llegar antes su golpe que el del contrario. Este era el más desdeñable golpe que se llevaba a cabo en la justa. Pero resultaba imposible hacer una lanza larguísima. El caballero debía utilizar la mayor longitud de lanza posible. asegurando que en los tiempos que corrían la gente parecía pensar que no se era un hombre educado si no se arrojaba a otro hombre de su caballo al suelo. Un buen campeón de torneo. No había otra solución. Por el contrario. El tamaño de la lanza era muy importante. Afirmaba que la locura de los torneos era la ruina de la cultura. resultaba más efectivo. Merlín refunfuñaba contra los ejercicios físicos. se echaba el cuerpo hacia delante. según lo exigiera la ocasión. pues la rigidez de la postura sin duda haría que se errase el blanco. resultaba conveniente sentarse flojo sobre la silla del caballo. con objeto . se cuidaban de hacer bien convexos los costados y bordes de las armaduras. habría golpeado a su oponente mucho antes. debido a que eran las disciplinas más importantes en aquellos días para la educación de los caballeros. y solía pedir su lanza grande o su lanza pequeña. Evidentemente. y aún siguen habitando allí—. sobre el oponente. pues aunque era más difícil para manos inexpertas. éste podía hacerle caer. sostenían sus lanzas con la mano derecha y se embestían de frente con los caballos. si le acertaba con la punta. hasta que se calmó. Los mejores armeros —que vivían en Warrington. En la armería del Castillo del Bosque Salvaje podía verse un gran cuadro de un caballero armado. No era conveniente encogerse en la silla ni aferrar el arma con dureza. que era un poco apasionado. como lo eran Lancelote o Tristán. se agarrotaban las rodillas contra los costados de la montura. mientras ladeaban un poco la lanza para atacar sobre ese mismo lado. que se sostenían con el brazo izquierdo. Las artes de justa eran muy nobles y exigían mucha práctica. con varios círculos en los puntos vulnerables. que aparecerá más adelante en esta historia. Cuando dos caballeros peleaban en un torneo. Sir Héctor. y los escudos. y por ello cargaban escudo contra escudo. y los colegios se habían visto obligados a hacer más sencillos sus programas. Pero había que saber bien cómo debía sostenerse la lanza para dar el golpe de punta. y se apretaba con el codo para soportar el extremo del arma. quedando bien cubiertos. Nadie estudiaba como cuando él era pequeño.

de que la punta de la lanza resbalase en ellos. Resultaba curioso advertir que los escudos de las armaduras góticas eran más bien cóncavos; era preferible que la punta quedase en el escudo, y no que se deslizara hacia arriba o abajo, y diese en un punto vulnerable del caballero. El mejor lugar para aplicar un golpe con la punta de la lanza era en la cimera del yelmo, es decir, si el caballero era lo suficientemente vanidoso para usar una cimera de metal, en cuyos adornos la punta de la lanza hallaba muy pronto un alojamiento. Y eran muchos los que se enorgullecían de lucir tales adornos, entre los que se contaban osos, dragones, y hasta naves y castillos, pero sir Lancelote siempre contendía con un casco liso, o en todo caso con una cimera de plumas, y hasta en algunas ocasiones con un suave guante de mujer. Sería demasiado largo extenderse sobre todos los interesantes detalles relativos a las artes de justa que debían aprender los dos pequeños, pues en aquellos días había que ser un maestro de los pies a la cabeza. Debían saber cuál era la mejor madera para hacer las lanzas, y cómo debían confeccionarse éstas para que no se astillaran ni arquearan. Existía un millar de detalles acerca de las armas y armaduras, todos los cuales eran verdaderamente imprescindibles para la lucha. Frente al castillo de sir Héctor se hallaba un campo de justa para los torneos, si bien nunca hubo ninguno desde que Kay naciera. Se trataba de un verde prado cuya hierba se mantenía muy corta, con unos terraplenes más altos alrededor, donde podían alzarse los pabellones y tiendas. A un lado se veía un viejo estrado de madera donde se acomodaban las damas. En los momentos a que nos referimos ese campo sólo se usaba para la práctica de ejercicios de justa, por lo que había un muñeco como blanco en un extremo, y un anillo en el otro. El muñeco era de madera y representaba a un sarraceno. Tenía el rostro vivamente pintado de azul, roja la barba y ojos centelleantes. Empuñaba un escudo con la mano izquierda, y una espada de madera con la derecha. Si se le daba en plena frente todo iba bien, pero como se le golpease en el escudo o en cualquier parte del cuerpo, hacia la derecha o la izquierda de la línea media del muñeco, giraba con gran rapidez, y por lo general daba un golpe de rechazo al atacante con su espada de madera. La pintura ya estaba bastante desconchada, y la madera del ojo derecho había saltado. El anillo era un aro metálico corriente, atado a una especie de patíbulo por una cuerda. Si se conseguía introducir la punta por dicho aro, la cuerda se rompía, y entonces podía galoparse orgullosamente con el aro colgando en la lanza. Aquél era un día algo más fresco que los anteriores, ya que el otoño se hallaba a la vista. Los dos chicos estaban en el campo de justas con el maestro armero, acompañados de Merlín. El maestro armero, o sargento de armas, era un caballero de tez pálida, cuerpo envarado y bigote enhiesto. Siempre caminaba sacando el pecho, como las palomas. Pero le costaba mucho mantener el vientre hacia adentro, ya que no podía verlo por debajo de su pecho. Siempre estaba exhibiendo sus músculos, lo que molestaba mucho a Merlín. Verruga se hallaba tendido al lado de Merlín, a la sombra del estrado de madera, y se rascaba el picor que le producían los bichos de las mieses. Las guadañas habían terminado su labor no hacía mucho, y el trigo estaba amontonado formando haces. No sólo le molestaban los bichos a Verruga, sino que le dolía mucho la espalda y una oreja, donde le había golpeado el sarraceno de madera, al no darle precisamente en el centro, ya que, como puede comprenderse, la práctica de justa se hacía sin armadura. A Verruga le alegraba al menos que le hubiese llegado la hora de practicar a Kay, y allí estaba tendido, con aire soñoliento, bostezando, rascándose y atendiendo en parte al espectáculo. Merlín, vuelto de espaldas a toda aquella exhibición atlética, estaba practicando un conjuro que había olvidado. Era un conjuro con el que pretendía que los bigotes del sargento le pendieran lacios, pero hasta ese momento sólo había conseguido que una de las dos puntas cayera hacia abajo, lo cual no fue advertido por el mencionado personaje. Con gesto ausente el maestro de armas se lo volvía a rizar, cada vez que Merlín le hacía caer la punta, y el mago lanzaba una maldición y seguía insistiendo. En una ocasión se confundió e hizo que le colgaran

las orejas, lo cual espantó al sargento que miró asustado hacia arriba. En ese momento llegaba desde el otro extremo del campo la voz del maestro de armas, a través del aire sereno. —No, no, amo Kay —decía el hombre—. No es así. Fijaos bien, la lanza debe sostenerse entre el pulgar y el índice de la diestra, y luego, con el escudo en línea con la costura de la pernera, debéis... Verruga rascóse la oreja dolorida y lanzó un suspiro. —¿Qué es lo que te apena? —preguntó Merlín. —No me sucede nada. Estoy pensando. —¿Y en qué estabas pensando? —En nada importante. Pensaba en Kay aprendiendo a ser caballero. —Pues eso debiera ser motivo para que te afligieses. Un hatajo de necios sin cerebro, trajinando de aquí para allá y creyendo que están educados porque pueden hacerse caer unos a otros de un caballo con un palo de madera... Eso me pone enfermo. Por mi vida, creo que sir Héctor se habría sentido más satisfecho de haber conseguido para vosotros un preceptor que se balanceara sobre los brazos, como un gorila, en lugar de un mago de conocida probidad y reputación internacional, como es mi caso, y que ha recibido toda clase de honores de las principales universidades europeas. Lo malo de la aristocracia normanda es que le encantan los torneos. Eso es lo que les pasa. Callóse indignado, y deliberadamente hizo que al sargento se le doblaran las orejas dos veces, ambas al mismo tiempo. —No estaba pensando en eso —repuso Verruga—, sino en lo hermoso que resultaría ser un caballero, como Kay. —Bueno, tú también lo serás dentro de poco, ¿no es así?— preguntó el anciano, impaciente. Verruga no contestó. —¿No es cierto? —insistió el mago, al tiempo que se volvía y observaba al chiquillo a través de sus anteojos—. —Bueno, ¿qué pasa aquí? —dijo Merlín ásperamente, al ver que Verruga estaba pugnando por no llorar, y comprendiendo que si le hablaba con suavidad rompería en sollozos. —Yo nunca seré un caballero —repuso Verruga, tan fríamente como pudo. La treta de Merlín había dado resultado, y el niño no se sintió inclinado a llorar: más bien sentía deseos de dar una patada a Merlín. —No seré un caballero, porque no soy hijo legítimo de sir Héctor. Armarán caballero a Kay, y yo sólo seré su escudero o su acompañante. Merlín le volvió la espalda, de nuevo, pero sus ojos aparecían velados detrás de sus gafas. —Malo, malo... —dijo el mago. Verruga dio entonces rienda suelta a sus anhelos, y dijo en voz alta: —¡Ah, cómo me hubiera gustado tener unos padres de verdad, para poder ser caballero andante...! —¿Por qué te hubiera gustado eso? —Habría tenido una espléndida armadura, docenas de lanzas, un caballo negro de dieciocho manos de alto, y me habría hecho llamar el Caballero Negro. Entonces me hubiese colocado junto a un pozo o un puente, obligando a todos los caballeros que llegasen, a que lucharan conmigo por el honor de mis damas. Y después de vencerles, les habría perdonado. Viviría todo el año al aire libre, en mi pabellón de campaña, y no haría nada más que luchar, y realizar pesquisas, y ganar trofeos en las grandes justas, sin decir nunca mi verdadero nombre. —Tu esposa pasaría una vida muy alegre. —Bueno, yo no tendría esposa. Creo que las mujeres son unas tontas. El caballero soñador reflexionó un poco, y comprendiendo su error añadió: —Bien, creo no obstante que debiera tener una dama, para poder llevar su pañuelo en mi yelmo, y realizar grandes proezas en su honor. Un abejorro pasó zumbando entre ambos, y se remontó hacia la luz del sol. —¿Te gustaría ver algunos caballeros andantes en bien de tu educación?— preguntó el mago, lentamente. —¡Oh, claro que sí! Nunca ha habido un torneo, desde que estamos aquí.

—Creo que eso podrá arreglarse. —Sí, por favor. Vos podéis llevarme a algún sitio, como lo hicisteis cuando lo del foso. —Creo que será algo educativo, en cierto modo —declaró Merlín. —Sí, sí, muy instructivo. No creo que haya nada más práctico que ver a unos caballeros peleando. Por favor, ¿querréis hacerlo por mí? —¿Tienes preferencia por algún caballero? —El rey Pelinor—contestó Verruga inmediatamente, pues sentía una evidente debilidad por este caballero, desde el extraño encuentro que tuvieran en el bosque. —Está bien—manifestó Merlín—. Baja los brazos y afloja los músculos. Y ahora, Cabricias arci thurum, catalamus, singulariter, nominativa, haec musa. Cierra los ojos y manténlos así. Bonus, bona, Bonum. Allá vamos. Deus sanctus, est-ne aratio Latina? Etiam, oui, guare? Pourquoi? Quai substantivo et adjetivum concordat in generi, numerum et casus. Ya hemos llegado. Mientras pronunciaba este conjuro, el chiquillo tuvo algunas sensaciones extrañas. En primer lugar estaba oyendo decir al maestro de armas: —No, no es así. Mantened los talones en el suelo, y girad el cuerpo por la cintura. Luego las palabras fueron haciéndose cada vez más débiles, y sintióse como si girase en el interior de un torbellino, que le aspirase hacia arriba. Luego notó un rugido provocado por el movimiento giratorio, y un silbido penetrante que iba aumentando hasta hacerse insoportable. Por fin volvió a hacerse el silencio, y oyó decir a Merlín: —Ya hemos llegado. Todo esto ocurrió en el tiempo que necesitaría un cohete de seis peniques para iniciar su furiosa carrera, ascender y deshacerse en una lluvia de estrellas. Verruga abrió los ojos y comprobó que se hallaba debajo de la haya del Bosque Salvaje. —Aquí estamos. Ponte de pie y sacúdete la ropa —dijo Merlín, evidentemente satisfecho porque su conjuro había salido esta vez a la perfección—. Si no me equivoco, allí está tu amigo, el rey Pelinor, aproximándose a nosotros a través del claro. —Hola, hola —exclamó el rey Pelinor, tratando de levantarse la visera del yelmo—. Eres el chiquillo del otro día, ¿no es cierto? —Sí, yo soy, señor —repuso Verruga—, y me alegro de veros. ¿Conseguisteis dar caza a la Bestia Bramadora? —No, no lo logré. ¡Pero ven aquí, perra, y deja tranquilo ese matorral! Malo, malo; se vuelve loca cada vez que ve un conejo. ¡Ea, ea, basta ya! Me tiene harto, lo juro. En ese momento la perra consiguió hacer salir a un faisán de entre las matas, y se puso tan excitada que dio varias vueltas en torno a su amo, unida siempre por la cuerda y mientras jadeaba como si tuviera asma. El caballo del rey Pelinor permaneció inmóvil, pacientemente, mientras la cuerda se enrollaba en torno a sus patas. Merlín y Verruga pudieron hacerse con la perra, antes de proseguir con la conversación. —Debo daros las gracias —dijo el rey Pelinor—. Sí, muchas gracias. ¿Quieres presentarme a tu amigo, pequeño? —Os presento a Merlín, mi preceptor, un gran mago. —¿Cómo estáis? —manifestó el rey—. Siempre tuve deseos de conocer a un mago. En realidad, me gusta conocer a todo el mundo. Me aburro bastante, siempre de pesquisas. —Ave —dijo Merlín, misteriosamente. —Ave —repitió Verruga, deseando causar una buena impresión, tras lo cual se estrecharon las manos. —¿Habéis dicho «ave» —inquirió al instante el rey, preocupado—. Bueno, creí que había sido un saludo. —Sí, lo es —terció Verruga—. Quise decir «¿cómo estáis?». —Claro, claro. Muy bien, ¿y vos? De nuevo se estrecharon las manos. —Hermosa tarde —agregó Pelinor—. ¿Os parece que seguirá el buen tiempo?

El caballero venía canturreando una antigua canción de los días en que aprendía a pelear. Creo que todos nos conocemos ya. majestad. Sir Grummore llegaba al trote de su caballo. Sir Grummore Grummursum se halla en camino para desafiaros a una justa. Venía tan armado que parecía una panoplia completa. Sir Grummore llegó cuando el rey estaba hablando. Desde la grupa a la coronilla. bueno —repuso Pelinor—. —Un anticiclón. Es mi mejor amigo. —No estoy dispuesto a estrecharle la mano a nadie más —informó el rey—. Con nuestro amor por el viejo cantar. debo decir —aseguró el rey— que ésas son las luchas que me gustan. hizo un nudo con las riendas y mostró intención de querer alejarse. —Bien. La letra decía así: Lucharemos todos a una. No debéis asustaros. a fe mía. Sir Grummore miró con indiferencia a Merlín —los magos eran considerados despectivamente por los hombres de justa de aquellos tiempos—. creo que debo marcharme. Y se estrecharon las manos por tercera vez. Y nada en el mundo podrá acabar. —Ave —terció Verruga. —¡Qué me decís! ¿Sir no sé qué en camino para desafiarme a una justa? —Así es. y los otros dos miraron hacia donde señalaba con su índice. Adelante. al borde del claro. en esos momentos. Mientras el escudo resuena de nuevo. Eres el chico de sir Héctor. —¿Es un buen luchador? —Creo que la justa será equilibrada. . —Ave —contestó el rey. tosió. —Ave —repitió el rey Pelinor. ¿y quién es ese tipo con un capirote tan gracioso? —Es mi preceptor —contestó rápidamente Verruga—. y dijo: —Ah. desde luego —repuso el rey—. Al decir esto el rey dio muestras de gran nerviosismo. —Yo que vos no me iría ahora —dijo el mago—. siempre suele confundirse al hacer los conjuros. El mago Merlín. Magia Blanca. ¿Estáis seguro de que sir Grummore —agregó Pelinor. —Ah. ¿Qué tal? —Y éste es el rey Pelinor —agregó el niño—. un mago. De todos modos. —¡Cielos! —exclamó Pelinor—. ¿eh? ¡Qué pequeño es el mundo! ¿Cómo estáis? —Ave —declaró Merlín. ¿verdad? Vaya.—Creo que se acerca un anticiclón— aseguró Merlín. cambiando rápidamente de tema —viene a presentar batalla al rey Pelinor? —Mirad hacia allí —repuso Merlín. Bueno. y al reconocer a Verruga dijo: —Buenos días. —Hace magia blanca —dijo Verruga—. Sir Grummore Grummursum. abrió y cerró varias veces la visera. Me siento impaciente por entrar en liza. Hace ya dos meses que no tenía una justa de verdad. adelante. Con el estruendo de los ruidosos compañeros. que hacía bastante ruido con la marcha. majestad. adelante. —¿Cómo estáis? —dijo sir Grummore. En lugar de un casco ordinario llevaba puesto un yelmo con visera. —Ave —dijo Merlín.

—Vaya. que el luchador parecía moverse a cámara lenta. continuando con el rito establecido. Y los movimientos del propio caballero se veían tan obstaculizados por su armadura. —Por mi vida. de todos modos. pues las tuercas y tornillos con que torpemente se había ajustado al capacete por la mañana. ya que éste no es momento de hacer preguntas. —Ah. vaya. —¿Vais de pesquisa. Rectifico: «Debéis permanecer aquí y entrar en liza conmigo. —Creo que será más prudente subirnos a este árbol —manifestó Merlín—. Sólo que uno llega a cansarse de ver tantos fiemos — aseguró el rey Pelinor. ¿Alguno de vosotros querría ayudarme a ponerme el yelmo? Los tres tuvieron que ayudarle. —Un asunto interesante. bonito día. —Sin duda alguna. falso caballero». no le permitían quitárselo para ponerse el yelmo. como lo son los percherones de nuestros días. Pelinor? —inquirió sir Grummore—. ¿verdad? —Bonito día —manifestó el recién llegado. Creo que debisteis decir «debéis permanecer aquí». prefiero que no conozcáis mi nombre. según la costumbre—. señor? —preguntó sir Grummore al rey Pelinor. y forrado interiormente con dos capas de cuero entre las que había tres pulgadas de paja. —Tal vez será mejor que hagamos una justa. Así que éstas son sus boñigas. —Ah. sir Grummore. —Interesante en verdad. Veamos esas boñigas. igual que en el cine. —¡Allá van! —exclamó Verruga. desde donde gozaba de una vista excelente. Y sin más palabras. Este era un enorme artefacto. ¿sabéis? Busco a la Bestia Bramadora. —Noble caballero —dijo el rey Pelinor. En cuanto los contendientes estuvieron dispuestos. Mucho. Nunca se sabe lo que puede ocurrir en una justa como ésta. lleno de excitación. pero éstas son bastante buenas. Es conveniente describir con detalle la terrible batalla que a continuación se desarrolló. —Sea como fuere. y Verruga se situó a unos quince pies del suelo. Ascendieron fácilmente a la corpulenta haya. ¿eh? —Me parece lo más oportuno —repuso Pelinor—. —Faltáis a la cortesía —aseguró Pelinor—. Lenta y majestuosamente. Ello quiere decir que su caballo tenía que ser lento y muy resistente para la carga. bonito día. ¿Os gustaría ver algunos fiemos de ella que tengo guardados? —dijo Pelinor. los poderosos caballos iniciaron la marcha. claro que sí. ambos rivales se retiraron a extremos opuestos del claro. —¿No os habéis equivocado. será mejor dejar tranquilos a los pájaros. El caballero que en esos días iba protegido con armadura completa. se situaron a ambos extremos del claro y avanzaron hasta encontrarse en el centro del mismo. reteniendo el aliento. Las . desde luego. —Alabada sea mi alma. ¿no? —En efecto. falso caballero. empuñaron sus lanzas y se dispusieron a iniciar la primera embestida. lo siento. si no fuese por una causa vergonzosa. —Tengo algunas mejores en casa. —En efecto. No hay nada más cómodo que sentarse en una haya. llevaba encima casi tanto peso en metal como el suyo propio. que tenía grandes ramas extendidas en todas direcciones. Os ruego que me digáis vuestro nombre. No solía pesar casi nunca menos de doscientas libras.—Ave —repuso Pelinor y agregó—: no. —Eso no os concierne —repuso sir Grummore. ¿verdad? —Estas son. —Ya lo creo. sí. casi tan grande como un bidón de aceite. Ningún caballero ocultaría su nombre. bonito día. debéis quedaros y entrar en liza conmigo. sí. Yo siempre voy de pesquisa. —En tal caso.

mientras los dos caballeros se reponían. Los dos colocaron la lanza en ángulo recto. —¡Piedad! —gritó Verruga—. moviendo negativamente la cabeza. espléndida caída! —sentenció Merlín. El rey Pelinor y sir Grummore apretaron los talones contra los flancos de sus cabalgaduras. En medio de un estruendo de cascos herrados. ¡Estoy aquí! Se produjo una larga pausa. —¡Pelinor! ¡Eh. iban haciendo los cascos de los caballos. que habían apuntado al cielo. —¡Traidor caballero! —rugió sir Grummore. mientras sus caballos seguían trotando en direcciones opuestas. los potentes caballeros se enfrentaron. y los dos campeones se encontraron sentados el uno al lado del otro sobre el verde césped. Al momento la montura del rey Pelinor hacía lo propio. que habiéndose golpeado los dos en medio del yelmo. —¡Ah. Volved aquí. oyóse un terrible y metálico estruendo. que había cerrado los ojos en el momento crítico. Hasta ahora los dos parecen encontrarse perfectamente. ahé. Era un espectáculo sobrecogedor. según lo previsto. dejando pasar una generosa porción de luz del día por debajo de sus asentaderas. por mi vida —gritó el rey Pelinor. —¡Uuuf! —gruñó sir Grummore. —¡Ahora! —gritó Verruga. —¡Cobarde! ¡Desleal! —repuso con furia el rey Pelinor. —¡El cielo os ampare! —gritó sir Grummore. qué porrazo! —dijo Verruga—. quedando en la misma posición. —Espero que no se hagan mucho daño —dijo Verruga. Pero las dos monturas ya se enfrentaban.lanzas. Tump. y el caballo de sir Grummore entró decididamente en un galope corto. —¡Defendeos! —vociferó el rey Pelinor. ¿Creéis que se matarán? —Peligroso deporte —aseguró Merlín. y antes de que Verruga pudiese añadir algo más. y ambos caballeros parecieron decidirse por el golpe de costado. Sus lanzas oscilaron un segundo a escasas pulgadas de los respectivos cascos —habían elegido el punto más difícil—. como si un autobús entrase en colisión contra varios yunques. —¡Aaah! —exclamó el rey Pelinor. hicieron las armaduras. Empuñaron de nuevo las lanzas y el suelo retumbó otra vez bajo los cascos de los caballos. y con aire filosófico empezaron a comer hierba. Y diciendo esto ambos sacaron sus espadas y se lanzaron con tal saña al ataque. tump. —¡Dios mío! —exclamó Verruga. con voz ahogada y en tono distante. apenado de que su deseo pudiera ser causa de que aquellos dos caballeros luchasen ante él—. entre los zarzales. ¡Clang!. y al f i n el rey Pelinor apareció al otro extremo de donde había comenzado. Cumplido su deber. se vieron impulsados bruscamente hacia atrás. y pocos minutos más tarde los espléndidos animales emprendieron un trote que hacía conmover la tierra. y los dos jinetes empezaron a mover los codos y las piernas al unísono. El rey Pelinor y sir Grummore permanecían sentados. sin Grummore y el rey Pelinor consiguieron ponerse en pie. mirando hacia el frente. se inclinaron horizontalmente. —¡Vaya. mientras sir Grummore se enfrentaba con él desde su posición inicial. mientras el rey Pelinor desaparecía hacia el lado opuesto. Pelinor! —exclamó sir Grummore—. al tiempo que caía sentado al suelo. —¿Se puede mirar? —preguntó Verruga. tump. con la lanza aferrada pacientemente debajo del brazo. hacia la izquierda. —¡Ahé. querido amigo. Tardarán algún tiempo en colocarse como antes. y al momento seguían galopando en dirección contraria. Sir Grummore fue a introducir su lanza entre las ramas inferiores de la haya donde estaban sentados Merlín y Verruga. Hubo un cambio de ritmo. ¡Qué combate! Ahora los dos caballeros habían perdido la paciencia. Con grandes trabajos. y la batalla entró en . los dos caballos detuvieron su marcha. —Desde luego —repuso Merlín—.

sir Grummore hizo un alto en su faena. el rey Pelinor y sir Grummore permanecieron frente a frente durante media hora. Más tarde llegaron a perfeccionar el sistema. —Pienso que sois un grosero —afirmó jadeando el rey Pelinor. Cuando creyeron que habían distribuido convenientemente su peso hacia adelante. Entre la colisión inicial. propinándolo. para recuperar el equilibrio. Después de la pesada faena de ponerse en pie. o le quedaba clavada en la tierra. aporreándose con las espadas el uno al otro en los yelmos. Si lo hacían hacia atrás. Como en respuesta a estas palabras. sin Grummore se recuperaba. no lo haré —repuso el soberano. No importaba demasiado. Sir Grummore se alejó patosamente hacia un extremo del campo. bajo el impulso de los trastazos que le eran administrados. En verdad debía disculpársele esta circunstancia. con el que se inició la segunda etapa. tan rápido como pudo. —¡Sorpresa! —exclamó sir Grummore. —¡Aquí! —gritó sir Grummore. El pobre rey giró en redondo. observando ansiosamente en dirección contraria. —Pobre rey —murmuró Verruga—. podía apreciarse que el rey Peli nor tenía el cerebro visiblemente alterado. con un estrépito semejante al de la colisión entre dos navíos. Se abalanzaron como si fueran dos jabalíes furiosos. introdujeron un cambio de común acuerdo. pero sir Grummore de nuevo le había sacado ventaja. —¿Pedís Pax? —preguntó sir Grummore. Sir Grummore se aprovechó con relativa rapidez de su ventaja. la monotonía de aquel ejercicio comenzó a aburrirles. Ambos rebotaron hacia atrás y cayeron de espaldas mientras jadeaban intensamente. —¡Toma esto! —exclamó sir Grummore. pero de todos modos parecía evidentemente mareado. debido al impulso. y agitó débilmente los brazos. Luego los dos se volvieron en redondo. —No. —¡Va golpe! —repuso sir Grummore. El rey Pelinor se volvió despacio. «¡Clang!». se caían irremisiblemente. Entonces le dio otro golpe demoledor en el mismo sitio. Al principio. y se hizo evidente que una vez más estaban impacientes. ya que sólo tenía una rendija para mirar por ella. y parecían dos herreros machacando sobre un yunque. mientras el rey Pelinor golpeaba. ésta se hallaba en parte tapada por el forro de cuero. resollando sin parar. Se tambaleó hacia adelante y hacia atrás. Sir Grummore le favoreció con otro mandoble y dijo: —Si no pedís Pax. de modo que hasta el hecho de andar les resultaba complicado. ya que ambos estaban tan forrados de metal que no podían hacerse mucho daño. muy latino.una fase decisiva. os voy a cortar la cabeza. Encontráronse en el centro del campo. mientras el primero trataba pacientemente de sacar su arma del atasco. los repetidos mandobles en el yelmo y el confuso ataque de su enemigo. y dio toda la vuelta. pero su enemigo resultaba demasiado rápido para él. Así permanecieron varios minutos. hizo la espada sobre su yelmo. y el rey Pelinor lo hizo hacia el lado opuesto. sino que parecía algo mareado por el impacto. y se tambalearon adelante y atrás un par de veces. Para variar. Cuando se inclinaban demasiado hacia adelante. el otro aprovechaba para propinarle dos o tres golpes más. al tiempo que daba al infortunado monarca un golpe a dos manos con la espada. —Por mi vida. ¿dónde estáis? —inquirió Pelinor. lleno de impotencia. . se veían obligados a correr. que seguía aporreándole. si a uno se le caía la espada. propinándole otro mandoble. y no podía hablarle. El rey Pelinor no sólo había perdido la paciencia. Se puso en pie dando la espalda a sir Grummore. Me gustaría que no le diesen tanto. y grandes campanadas resonando. a fin de no caerse. pecho contra pecho. continuando detrás del rey. ambos iniciaron el trote para no caer. y por si fuera poco. Luego comenzaron a levantarse pesadamente del suelo. Por fin. Pelinor no contestó. mientras Pelinor volvía lentamente la cabeza a uno y otro lado. y viceversa. de modo que lo hacían por turnos. Tal vez hasta se le habrían roto las gafas. Sólo podían golpearse uno cada vez.

—No. —Sois un rufián. Para entonces a sir Grummore le había sido quitado el yelmo. repitió por tercera vez. y en el momento en que sir Grummore descansaba gozando del fruto de su victoria. «Sí. —No. —Vamos. Luego empezó a quitarle el casco a sir Grummore. Pelinor se volvió en redondo. —¡Tramposo! —repitió sir Grummore. —Vamos. —Sí. —Que sí. y podía verse su rostro. no. desde el suelo. —Adelante. El rey Pelinor blandió amenazadoramente la espada en el aire. El rey Pelinor apresuróse a sentarse sobre el pecho del caído. rendíos. después de todo ¿No es eso. —Que no. mirando fieramente al rey Pelinor. —Nada de eso. Podéis poneros en pie y colocaros el casco. No quiero que nadie me llame tramposo. ¡Qué tramposo! Nunca lo hubiera creído de él. —Vos tenéis que rendiros. vamos —añadió Pelinor—. —Es un engaño. estoy esperando —manifestó sir Grummore. —Si no os rendís. gritó «¡Non!». —Que sí. equilibraron el peso sobre los dedos de los pies. —¡Pax! —farfulló el rey Pelinor. Soy el que está encima. sí. lo sois. aumentando así el peso que éste tenía encima en casi un cuarto de tonelada. —No me importa. —¡Habíais dicho Pax! —exclamó éste. —No sé nada de eso —contestó sir Grummore. —Lo sois. hasta que el yelmo quedó asegurado. Sabéis muy bien que puedo cortaros la cabeza. —¡Dije Pax Non. mientras seguían murmurando «No lo soy». sois un necio al no aceptarlo. —¡Ríndete. os corto la cabeza. sonó de nuevo. no lo soy. —No soy un tramposo. Sir Grummore cayó de espaldas. Entonces. por favor. —No puedo rendirme. —¡Nunca !—repuso sir Grummore. Grummore. totalmente congestionado. os cortaré la cabeza. —Vaya —dijo Verruga—. y luego . Los dos se pusieron en pie y forcejearon para colocar el casco sobre la armadura de sir Grummore. —Sí. eh? —Pues no pienso rendirme.«¡Clang!». —Dijisteis Pax. —No lo soy. —Dije Pax Non. lo sois». —No me voy a rendir a un tramposo que siguió pelando después de decir Pax. —Bien. El rey bajó la espada y dijo: —Vamos. —Que no. —Cortádmela. lo sois. Entonces se retiraron a los extremos opuestos del claro. cuando le han quitado a uno el yelmo. felón! —dijo el rey. SÍ. —Sí. —Está bien —manifestó el rey Pelinor—. sabéis que es menester rendirse. a fe mía! —repuso Pelinor. y haciéndole imposible todo movimiento. y dio a su enemigo un buen empujón en el pecho. «¡Clang!». Seguiremos luchando.

—No me escondo —repuso el soberano. casi espalda contra espalda. El peso de sus arma duras era demasiado grande para poder frenar. y pasaron el uno al lado del otro a todo vapor. Tras varios minutos de incesante búsqueda. andando de puntillas. sir Grummore le invitará a pasar la noche en la suya. reptando. hasta que Sir Grummore fue a chocar de cabeza contra la haya en la que Verruga se hallaba sentado. Pelinor. Los dos caballeros corrían agitando los brazos como molinos de viento —pero en sentido contrario al de las agujas del reloj—. diría yo —manifestó Merlín. y dando de vez en cuando un golpe tras sus espaldas. de nuevo les falló la puntería! Erraron al menos por cinco yardas. pero mientras tenía los ojos cerrados preguntó: —¿Sabéis si sir Grummore tiene lecho de plumas en su casa? —Es probable que lo tenga. porque como el rey Pelinor ya había sido sorprendido de aquel modo. —Cielos —exclamó Verruga—. espiando. Por desgracia. lo sé. sir Grummore manifestó: —Vamos. se hallaban ahora tan enfurecidos que calculara mal las distancias y ambos erraron el golpe. Siguieron sin perder velocidad. y tomaron carrerilla. Verruga hizo lo que Merlín le ordenaba. —¡Matasiete! —contestó Pelinor. ninguno podía ver al otro. se desplomaron fatal y definitivamente. Cuando se detuvieron. como dos tranvías descarrilados. Conejos y ardillas lanzaron chillidos. que había utilizado la estratagema. hacía lo propio. Los árboles se conmovieron. es hora de que volvamos a casa. bajaron la cabeza como dos cabras iracundas. —¡Pero quizá estén muertos! —No lo están. Ahora cierra los ojos. —Rufián —dijo sir Grummore. Los dos caballeros permanecieron inclinados un lapso en el que pudo contarse hasta tres. enfrentados con su trágico destino. ahora se volvía continua mente. —Bah —repuso el rey Pelinor. pensativamente—. ora arrodillándose. Ya se les pasará. —Entonces. asustadas. como dos buques que se cruzan sin verse en una noche tormentosa. Se volvieron en redondo y regresaron a sus respectivos rincones. Con esto parecieron recuperar sus energías para el encuentro decisivo. de nada os vale esconderos. . En otra oportunidad el rey Pelinor alcanzó a sir Grummore con uno de sus golpes hacia atrás. ya lo son. En realidad. para mirar temeroso a sus espaldas. —¿Eso creéis? —Querido niño. Así permanecieron unos cinco minutos. y las aves remontaron el vuelo. ¿Dónde estoy? Por fin se descubrieron y entonces se acercaron mucho. —¡Tramposo! —gritó aún sir Grummore. ardiendo de indignación. Creo que debiéramos bajar y ayudarlos. Dentro de unos minutos se levantarán para ir a comer a sus casas. en un vano esfuerzo por detenerse. que nos vamos. pero ambos giraron tan rápidamente que se marearon y volvieron a separarse. Resultaba divertido observarlos. ¡Cielos. pero quizá nos echasen en cara que les oxidamos las armaduras. indignado—. Se harán buenos amigos. pero en seguida avanzaron en dirección opuesta con infinitas pre cauciones. con unánime y enorme estrépito metálico. Veo bien donde estáis. Se inclinaron hacia adelante. ora escuchando. Además. y luego. y los dos siguiera caminando bonitamente. por si acaso.avanzaron retumbando estrepitosamente. —Buen golpe. lo sé muy bien. hasta quedar yelmo contra yelmo. en media milla a la redonda. mientras el rey Pelinor entraba en colisión con un castaño que se alzaba al otro lado del claro. —El pobre rey Pelinor no tiene casa. haciendo sus buenos ocho nudos. mientras que sir Grum more. En una ocasión llegaron a estar a pocos pies el uno del otro. la selva se estremeció. ¿no os parece? —Podríamos echarles un poco de agua —declaró Merlín.

. y la voz del sargento les llegaba desde el otro lado del campo de torneos. El túnel de sibilante ruido y el vasto espacio volvieron a acogerlos en su seno. con el amo Kay. aunque esté un poco mareado. Pocos segundos más tarde se encontraban junto al estrado.—Ah. Ya habéis dormitado bastante. bueno —repuso Verruga—. amo Art. Eso le gustará al rey Pelinor. Venid aquí al sol. —Vamos. vamos —decía—. y practiquemos un poco las nobles artes de la justa. Merlín dijo las palabras latinas e hizo los pases secretos.

—Sabéis que os resultaría fácil convertirme en halcón. —Bueno. donde Merlín se estaba tejiendo un gorro de dormir de lana para el invierno. pero Verruga no se sentía con ánimos de permanecer en casa. Pero en la cocina hacía demasiado calor. siempre solíamos estudiar en los días de lluvia. o algo por el estilo? —Ya has sido pez —repuso Merlín—. Además. —¿Quién te lo ha dicho? —exclamó Merlín. —¡Vaya. entre sus supervisoras femeninas. Hasta el chico de los sabuesos parecía ladrarle. Verruga se dirigió a la habitación de la torre. si qui sierais—exclamó Verruga—. Cuando yo era niño. —Verruga es un necio —dijo Kay. Verruga odiaba a todo el mundo en esos momentos. y ve a buscar a tu preceptor. como un pez. Se veía obligado a permanecer en casa por culpa de la lluvia. Pasó algún tiempo en la perrera. querido Merlín. Si no accedéis soy . Las tinieblas y la humedad que reinaban afuera le hacían desistir de dirigirse al exterior. eso pasa con algunos estudios. porque me siento muy triste. como los demás. —Eres muy ambicioso —manifestó el anciano— al querer ser un halcón. al menos.. —Puedes aprender a hacer calceta. y sus ojos relucieron de ira. —Joven amo —manifestó Hob—. tercamente—. como las que suelen presentarse a finales de agosto. pero preferís no hacerme caso. porque hace mal tiempo. —Marchaos. así educábamos nuestras mentes. convertidme en un halcón. y está lloviendo tanto. cuando Verruga llegó junto a ella—. gatito mío —declaró la vieja niñera. No creo que beneficie a tu educación que lo seas por dos veces.CAPITULO VIII ra una noche fresca y lluviosa. se ensucian con el lodo. Merlín —manifestó Verruga—. pues también él estaba de mal humor. porque las plumas se les mojan y se pegan unas a otras. vaya! —Por favor. —Condenado chiquillo —dijo sir Héctor—. Nadie me quiere a su lado hoy. con todo lo que tengo que hacer. y luego salió de allí para ir a la cocina y ayudar a dar vueltas al asador. Bastante tengo con sacar el brillo a esta condenada armadura. —Pensé que debía recibir un poco de educación —dijo Verruga—. —¿No podríais mandarme afuera. —¿Acaso crees que el estudio es algo que debe dejarse para cuando no se tiene otra cosa que hacer? —preguntó Merlín ásperamente. No se me ocurría hacer nada más. —Podría ser un halcón en el pabellón de cetrería de Hob —dijo Verruga. —Por favor. cuando Verruga entró en la perrera. qué os parece? —Si supieras algo de las cosas. Entonces no estaría al aire libre y no me mojaría.. será mejor que salgáis de aquí. hablando con Cavall. —Bueno. ¿y un pájaro. para no excitar aún más a estas aves. No tengo tiempo de distraer vuestra melancolía. —No puedo atenderos —dijo el sargento—. dadme algo que hacer. como ocurre generalmente con los infelices niños de nuestras generaciones. Deja ya de mirar por esa ventana. estarías enterado de que a los pájaros no les gusta volar cuando llueve.

si lo desea. De modo que por el momento harás bien sentándote ahí y contentarte con seguir siendo un ser humano. aunque no sé bien qué podría hacer. Es algo así como una conversación entre militares. como tampoco se percatan de ello los oficiales de caballería. pero como es lógico se entrena a esas aves aprovechándose principalmente de su apetito. y el champaña. hablando con los entendidos. vino. —¿Creéis que me hablarán? —Suelen hacerlo todas las noches. para que hables con las demás aves. Ellos saben que nadie de las clases inferiores puede entrar allí. vegetal. mujeres y canciones. sino dejarte en el pabellón de cetrería por esta noche. Se hallan siempre de entrenamiento.. hablan de su linaje. cuando reina la oscuridad. piensan a menudo en la comida. Se consideran dedicados a una noble profesión.. armas. caza. del entrenamiento. si lo deseas. En primer lugar. mur murando algo para sus adentros. —Una sabia elección —repuso Merlín—.. Verruga se levantó del escabel y colocóse delante de Merlín. como le aconsejaban. ¿por qué no me lo dijiste antes? —Quería ver lo que pasaba. si seré. —Corres el riesgo. apuestas. —¿Cuándo creéis que puedo comenzar? —Ahora mismo. —En realidad no se dan cuenta de que están prisioneros. Se cuentan cómo los capturaron. pobres gentes. —No necesitarás volar. protozoo o mineral. antes de que termine con tu educación. podemos empezar inmediatamente. y tomó asiento. preguntó: —¿Puedo hablar también como un ser humano? —Todo el mundo puede hablar. Esa es la forma de aprender. En sus perchas no se albergan mirlos. Merlín dejó a un lado el tejido de punto y miró a su pupilo por encima de las gafas. Aún no ha llegado la hora de que seas un halcón. Resulta lamentable. porque Hob aún se encuentra dándoles de comer en el pabellón. Si estás dispuesto. Mi clarividencia me indica que Hob ha terminado hace un momento. Claro está. cuando recuerdan los restaurantes a que estaban acostumbrados. Su hambre aumenta.capaz de hacer cualquier cosa. —¿Resulta tan difícil volar como nadar? —preguntó Verruga. —Creo que lo mejor será cortar el extremo de vuestra barba. por esta noche. el mago comenzó a desenredar su barba. los integrantes de un pabellón de cetrería deben ser aves rapaces. de lo que han aprendido y de lo que aprenderán. de que te convierta en un trozo de pan y te tueste a fuego lento. Y diciendo esto. igual que los miembros de una orden de caballería. —Vaya. pues todos son de noble alcurnia. podrías ser todo lo de este mundo: animal. Después de algunos minutos. y como ocurre con los atletas.. lo que recuerdan de su antigua existencia. porque quería deciros que habéis tejido ya con vuestra barba tres hileras del gorro de dormir. de las proezas de sus antepasados. cuando consideró que su preceptor se había calmado un poco. No pienso convertirte en un halcón suelto. —Está bien —contestó Verruga. »Otro tema de conversación muy frecuente —prosiguió Merlín— es el de la comida. Como sabes. ni gentuza por el estilo. —Qué vergüenza supondrá para ellos verse prisioneros y con hambre. —Me alegro. Y en cuanto al apetito. pero debes confiar en mi perspicacia. . igual que la que se oiría en el pabellón de oficiales de un regimiento de fama: táctica. —Me gustaría ser un azor. resignadamente. Pero en primer lugar debes elegir la clase de halcón que te gustaría ser. el caviar y la música cíngara. o algo por el estilo. están muy lejos de morirse de hambre. querido niño —dijo Merlín—. —Pequeño —comenzó diciendo el mago—. ¿Voy a buscar unas tijeras? —Oye. exclusivamente.

Cuando se deja que entre una mujer a arreglar una habitación. el pobre. y el tercero y el cuarto. Una piel áspera le cubrió desde las muñecas a la espalda. al lado de Balin y Balan. aprieta los codos contra los costados del cuerpo. —Está bien. Todas las aves se callaron mientras Merlín introducía al nuevo compañero. también es coronel. Ahora apóyate sobre los dedos de los pies. así como en el cernícalo. La docena de plumas de su cola. —Apostaría a que soy algo más que un subalterno. dejando a Verruga en puntillas. se convirtió de pronto en un cóndor. La oscuridad se atenuaba donde daban los plateados rayos. y si te coge no te soltará vivo. y el silencio duró un buen rato después que el mago se hubo marchado en la oscuridad. en tanto que las de la espalda. y como oficial subalterno te corresponde mantener la boca cerrada.—Primero hazte pequeño —dijo el mago. y allí te dejaré suelto y sin caperuza. que Hob ha cerrado por esta noche. —Tendré cuidado —repuso Verruga. alza las manos a nivel de tus hombros. e hizo lo mismo que explicaba. La lluvia había dejado paso a una brillante luna llena de agosto. —Perfecto —dijo el mago—. al decir esto. Recuerda que estás visitando una especie de pabellón militar de espartanos. Era tan fuerte la claridad que podía verse perfectamente a unas quince yardas más allá de la puerta a una oruga trepando por un tronco. y unas encantadoras falsas primarias le salieron al final de cada pulgar. sin transformarle en nada. y al f i n Verruga pudo apreciar el . Verruga miró rápidamente a Merlín. una cabeza de vivo color anaranjado. el pecho y los hombros crecían para ocultar la raíz de las plumas más importantes. ni al gran halcón peregrino. cambian las cosas de sitio y se arma uno un lío hasta con los conjuros. y vamos a probar de nuevo. junto con la doble hilera de plumas del cuerpo. Las secundarias surgieron por sus antebrazos. Ésos tipos son soldados profesionales. como si se estuviera secando al sol. con una envergadura de alas de unos once pies. de este modo. sin interrumpir. Y ahora. volviendo a su figura habitual—. En cuanto a Cully. Presta atención. No te aproximes al gavilán a menos que te lo indique. hasta que quedó de un tamaño algo menor al de una paloma—. lo eres. no me arañes. Mira. apretando a Verruga en la cabeza. Allí quedó Merlín. Y el viejo nigromante. Te llevaré al pabellón de cetrería. cuidado. súbete a mi mano. Verruga le imitó cuidadosamente y se preguntó qué ocurriría después. Verruga tardó algunos minutos en acostumbrarse a la penumbra que reinaba en el pabellón. Eh. Y sucedió que Merlín. —Ha sido la condenada limpieza semanal —exclamó Merlín. de modo que mucho ojo con lo que le dices. Sus muslos se acortaron. aunque sólo sea de infantería. Ponte como antes. Debes recordar que la mayor parte de los halcones tienen puesta la caperuza y pueden asustarse y obrar precipitadamente. que había estado murmurando en voz baja las palabras finales del conjuro. Sintió que los talones se le alzaban y que las rodillas se pegaban a su vientre. si realmente soy un azor. se colocó en puntillas. —Bueno —dijo Verruga—. y un cogote rojizo. porque está sin caperuza y se echaría contra ti a la menor ocasión que tuviera. pero no te atrevas a interrumpir a los azores más veteranos. Puedes confiar en Balin y Balan. en tanto que las plumas primeras le crecían rápidamente al final de los dedos. Advertirás que tanto el cernícalo como el gavilán son corteses contigo. metió la cabeza entre las piernas. No está muy bien de la sesera. y ha blando sólo cuando te pregunten. Escucha lo que voy a decirte. se alisó algunas plumas y comenzó a rascarse la barbilla con una pata. Vendré a buscarte por la mañana. aparecieron en un abrir y cerrar de ojos. Esta vez el diminuto Verruga notó que sus dedos se extendían y rascaban el suelo. Ya os habéis transformado en lo que no debíais. El es el coronel honorario de este regimiento y un noble caballero. dobla las rodillas. para echar un vistazo por allí. y junta los dedos primero y segundo. antes de que Hob se levante. bueno. Y en ningún caso debes arrimarte a la jaula de Cully. —Pues sí. Parecía estar desconcertado y algo divertido. No te acerques a ninguno sin hablarles primero. que comenzaba a sentirse un tanto atemorizado.

llámale señoría. a los que según las modernas prácticas ya no se les coloca capacete. señor —ordenó el peregrino.» —Sí. eso podría ser. —Están los Azores de Yorkshire —manifestó el coronel honorario. «Dios le bendiga —pensó Verruga—. —¿Quién es el nuevo oficial? —inquirió la primera voz. como las banderas en un templo. pero no quiso dejar de hacer una tentativa. como si viese algo realmente. Pero no creo haber oído hablar jamás de los Azores del Bosque Salvaje. mirando hacia adelante. señoría. y no tuvo necesidad alguna de obligarse a ser humilde y silencioso.. como le había aconsejado Merlín. eso está bien. coronel —interrumpió fríamente el halcón peregrino—. os pido disculpas. que era uno de los azores verdaderos que se hallaban a su lado. condenados bolcheviques. Y se detuvo. Pero continuó el silencio absoluto. —Soy un azor. señoría —dijo el coronel. podía oírse murmurar al irritable coronel: —Condenado gobierno. La lona de las pantallas que protegían sus perchas oscilaba lentamente a impulsos del viento. y te condenases eternamente. También conozco los de Salisbury. no habléis así delante de los oficiales jóvenes.. si sólo te quedara una hora de vida. ¿qué es una Bestia de Pata? . —Azor del Bosque Salvaje —dijo el halcón peregrino—. —Perdón —comenzó diciendo Verruga—. Balan. Es que tengo algo en la cabeza. los de Exmoor y los de Connaught. —Por favor. tan quietas que podrían haberse tomado por estatuas de piedra. los Azores de Gales y los MacAzores de Escocia. Todos parecían estatuas de caballeros en sus armaduras. pero el halcón peregrino no prestó atención. sin caperuza y en plena época del cambio de plumas. En aquellos días solían colocar caperuzas a todas las aves rapaces. en seguida—. me atrevería a decir —declaró Balan. —Hablad de una vez. ¿Y puede saberse a qué rama de los Azores pertenecéis? Verruga no tenía la menor idea de lo que debía responder. asustado del denso silencio. Cada uno de los halcones parecía un ave de plata. pertenezco a los Azores del Bosque Salvaje. podéis seguir hablando. que procedía de su aristocrática nariz: —Caballeros. Eso podría ser. —Puede ser una rama nueva de la familia. Siguió otro silencio terrible y abrumador. Pero no podían ver porque tenían puestas las caperuzas.sobrenatural aspecto del interior del pabellón de cetrería. pues ello le salía espontáneamente.. Mañana cazaré un gorrión bien gordo y se lo daré a espaldas de Hob. Soy un azor. de pie en una pata y con la otra recogida bajo el cuerpo. incluso a los azores. Permanecían gravemente inmóviles. condenados políticos. Maldito lugar. —Un azor. De pronto oyóse un suave toque de campanilla. hermosa y fiera. y el gran halcón peregrino se desperezó un poco y dijo con fuerte voz nasal. Verruga retuvo el aliento al observar aquellas imponentes figuras. Nadie respondió. Verruga oyó que el gavilán de la izquierda comenzaba a toser nerviosamente al oír esto. lentamente —. antes de tomarle juramento. De nuevo se hizo el silencio que Verruga había comenzado a temer. se inclinó hacia él y le murmuró afablemente al oído: —No temas. ¿sabéis? Algo que me trae a mal traer. Sólo en una esquina del pabellón —que había sido alambrada para Cully—. suelto. —Ah. capitán Balan. De nuevo se hizo el silencio. Se sentía abrumado por su magnificencia. con sus emplumados cascos. —Señoría —repuso—.. Cully. Al cabo de un rato el halcón peregrino hizo sonar su campanilla y dijo: —Comenzaremos con los reglamentos.

siendo un azor. Creemos que se trata de su hígado. para matar a una paloma. después de una de sus temibles pausas—. —Con este cascabel —oyó Verruga que le decía— te obligo a dispensar. todo daño que se infier a a la pata de un halcón. cuando cada una de las graves figuras bajó la pata alzada. por haber querido sir Héctor que le dieran una educación de primera clase— es un caballo. después de una rápida suma—.. —La última pregunta —dijo el peregrino—. correas y caperuzas. sonrojóse profundamente y comenzó a tartamudear un complicado juramento acerca de cascabeles. pues había oído a Hob contar cómo había hecho eso Balan. lo que le origina una gran tensión nerviosa. despectivamente. afablemente. —¿Por qué se les llama así? —Porque estos animales dependen del poder de sus patas. —¡Bravo! —exclamaron los demás. —Vamos. se detuvo y musitó sollozando: . Aparentemente. El tordo tenía alas. cola. Descontando lo de las alas. —¡El demonio me confunda! —¡Coronel. como en las otras preguntas.—Una Bestia de Pata —repuso Verruga. Pater. piensa —susurró Balan. Verruga meditó desesperadamente.) Verruga meditó. de modo que por ley.. irguiendo las plumas. bendiciendo su suerte. Pero antes de que el capellán hubiese terminado de pronunciar el juramento. puede pasar —contestó el peregrino. que se estaba poniendo cada vez más nervioso. pues no lo sabía realmente. honor y obediencia. A esto siguió un tintineo general de las campanillas de las aves. Un caballo cojo es un caballo muerto. —Si hasta los tordos tienen alas —dijo el cernícalo. una tarde. El pobre gavilán. lo mismo que las demás aves. pero el cernícalo asegura que eso le ocurre por tratar de mantenerse al mismo nivel que su señoría. después de un momento. ya que algunos no lo eran—. —¡Muy bien! —contestó el halcón peregrino. —¡Las garras! —dijo de pronto Verruga. —Está bien —declaró el halcón peregrino—. Todos los halcones —y empleamos el término con amplitud. ásperamente. en señal de disgusto.. por favor! —El coronel Cully —susurró Balan a Verruga— no está en sus cabales. alzaron la pata en que tenían la campanilla y volvieron a ponerse cómodos. desde su encierro. Ahora procederemos a tomar el juramento al nuevo oficial. —¿Cuál es la primera ley de la pata? («Piensa». Murmurar es una grosería. hablando por vez primera con su aguda voz. ojos. Ahora se hallaban de pie sobre las dos patas con aire afligido. —Capitán Balan —dijo el halcón peregrino—. aventurando una opinión. Desde hace un tiempo no es el mismo de antes. detrás de sus falsas plumas primarias. ¿Cuáles son tus miembros más importantes? —Las alas —afirmó Verruga. un sabueso. o un halcón. —Bien. si es de mayor tamaño que el tuyo propio? Verruga tuvo suerte. —Noventa por ciento —dijo el gavilán. —No soltar nunca la presa —repuso. patas. en lo sucesivo. cuando guste. en voz baja. amor. pero «garras» también puede valer.. le había dicho amistosamente el pequeño Balan. La respuesta debió de ser «las patas». —¿Las qué? —preguntó el halcón peregrino. Por ello repuso: —La estrangularía con mi pata. sabueso o caballo se considera como un atentado contra su propia vida. y lo hizo con acierto. —Ha dicho sus condenadas alas —manifestó el coronel Cully. ¿Cómo harías.

—Oh. señoría. —¿Que habéis olvidado vuestros adminículos? Sabéis que es vuestro deber tenerlos a mano. capitán Balan? —Mi propia ordalía. El momento era demasiado terrible para hablar. la ceremonia de la iniciación deberá ser postergada hasta mañana. Los halcones quedáronse quietos. Os ruego que no hagáis eso. tal vez podamos llevar a cabo la ordalía esta noche. —La ordalía es lo acostumbrado. —Coronel. y consistió en colgar por los pies. señoría —dijo el amistoso azor—. señoría. Verruga tembló interiormente. —Lo. Ni un solo reproche se dejó oír. —Está bien —repuso el halcón peregrino—. Perdonad al pobre muchacho. de mi correa. sólo se escucharon los sollozos y suspiros del indigno sacerdote.. mientras el gavilán contaba «Una. Soy un villano tan grande que no respondo de las consecuencias. —Gracias. pues no he creído escuchar que le estuviesen atando. no! —exclamó el perturbado coronel. —Me colocaré junto al coronel. tened la amabilidad de dirigir el Himno de la Ordalía. —¿Estáis suelto. os pido perdón. Al oír hablar de una ordalía. no podrá hacer eso. y decidió que Balin no vería una sola pluma del gorrión que llevaría a Balan al día siguiente. —Y vos. Entonces todos aquellos curvados picos se abrieron debajo de las caperuzas. señoría. señoría —manifestó y se dio cuenta de que su voz tenía un aire casi insultante. señoría. desde luego. Balin no respondió. Veamos —dijo el coronel honorario. o cumplir con la ordalía. pero. —Bien —dijo el halcón peregrino. derramada y ofrecida. —Si me disculpáis. —Enviadle junto al coronel Cully. me los comí —manifestó el infortunado capellán. señor Kee —agregó dirigiéndose al cernícalo—. procurad dominaros. El halcón peregrino no prestó atención al tono de voz de Verruga. durante la tercera guardia. al fin—. Precisamente pensaba en eso. señoría —dijo Balan—. mientras tocamos tres veces las campanillas. y al unísono cantaron así: «La vida es sangre... Y ahora. desde su oscuro escondite—. Con los debidos cuidados. pater. —¿Os lo advirtieron? ¿Quién lo hizo? El pobre Verruga comprendió que debía elegir entre confesar que era un ser humano. pero antes debemos entonar un himno. y no nos dejéis caer en la tentación. cantad bajo. por favor. Y Verruga no deseaba que le considerasen un cobarde. Durante aquel silencio de cinco minutos. novicio? —Sí. Nadie dijo una palabra. —Si está suelto. porque desentonáis bastante. No. —Oh. ¿os parece bien? Creo que el candidato está suelto. reflexionando—. si es que no os habéis tragado vuestros himnos. Como es natural. —¡No. dos y tres». . tienes que jurar sobre unos huesos. —Esos objetos de que habla son unos huesos —explicó en voz muy baja Balan—. ¿Cuál fue la última prueba que tuvimos? ¿Lo recordáis. con voz agónica.. creo que no estoy preparado para una prueba. Todos se pusieron en dos patas y volvieron la ciega cabeza hacia el culpable. como hicisteis con vuestros adminículos. lo sé. —Se le pueden dar unos golpes. —Me. pero he olvidado mis adminículos. señoría —dijo el cernícalo—. capitán Balin. y dejar de aprender tantos secretos interesantes. —¿Qué habéis hecho con ellos? La voz del gavilán pareció quebrantarse ante la enormidad de su confesión. Esa prueba me parece muy adecuada. me previnieron que no me acercase al coronel Cully —dijo Verruga.

porque es el toque que te emplaza para los cielos o el infierno. al lado de la jaula de alambre de Cully. todo ello somos nosotros. Fuerza al fuerte. Tú no la oyes. Entonces con fría voz manifestó: —La campana me invita. azor. señor —musitó Verruga. y con gran intrepidez agitó las alas y se colocó en el extremo de una percha. Las campanillas tintinearon por segunda vez. Siento un impulso irresistible en mi interior. con toda calma—. Aferraron su presa. sólo tienen que tocar tres veces —declaró Verruga. No tientes al demonio que todos llevamos dentro. Por el contrario. —Sed valiente. novicio. Apretando. angustia al débil. Pero no había nada. señoría —dijo Verruga. Tened piedad. —Sed valiente. y esperar a que toquemos las campanillas tres veces. —¡Ninguno de los dos! Vamos. Tocad de una vez.El ojo del águila puede soportar ese horror. los enormes y tensos músculos del halcón se estremecieron en dos convulsiones. y ahora el coronel se le iba acercando de lado. La ordalía había terminado. márchate antes de que sea demasiado tarde. no sufriremos daño ninguno de los dos. más rápidos que cualquier otro movimiento. ¡Dime algo. Los halcones. y al señor. apretando. O tal vez sea una marta. Pero mientras lo hacía. no te acerques más. no trasuntaba innobles pasiones. No os aflijáis. —No os temo. señor —repuso Verruga—. Al tercer toque. La bestia de patas canta en voz baja. Y ahora. sin moverse. No creo que pueda resistir mucho más. Timor mortis. Dos o tres plumas secun - . —Si debe hacerse —susurró el coronel. con el pico. y al solitario. pero permaneció donde estaba. y ahora Verruga podía marcharse. Timor mortis exultat me. Sus garras arañaban la madera con un apretar convulsivo. por piedad! —Hay un gato detrás vuestro —dijo Verruga. podéis retiraros tan rápido como queráis. Pues la carne es mísera y el pie endeble. señoría! —gritó el torturado coronel Cully—. Pero un momento después Verruga se hallaba a un pie de distancia. con la garra. creo que se excede usted un poco en el do de pecho. y lo hicieron irrevocablemente. y Verruga echó a volar. El corazón de Verruga latía apresuradamente. —¡Muchacho! —gritó Cully—. deténme. Vergüenza al perezoso. Muerte al que teme echar a volar. Sus extraviados ojos relucían a la luz de la luna bajo un angustiado ceño.» —Muy bonito —dijo el halcón peregrino—. —¡Señoría. los caballeros bajaron las patas que tenían bajo el cuerpo y dieron un toque solemne. —Muchacho. en efecto. —Está bien. Pero no parecía haber nada cruel en su expresión. estaban haciendo sonar sus campanillas. Volvió sus ojos fieros hacia Verruga de nuevo. las terribles garras del coronel Cully hendieron el aire. Capitán Balan. Y en ese momento. barruntando el truco. Sangre desgarrando. Ante las aves de presa debéis decir: Timor mortis conturbat me. que sea rápido. por la percha. El dulce tintineo llenó la habitación. ¿Piensas que el jovencito soltará mucha sangre? —¡Coronel! —advirtió Verruga. señor. por favor. El coronel se volvió. hablando consigo mismo—. diríase que estaba aterrado ante Verruga y no triunfante. es muy fácil decirlo —repuso Cully. y amenazó a la oscuridad. Mirad. no te aproximes a mí —dijo el coronel con voz profunda—. debéis aproximaros a la jaula del coronel Cully. —Tranquilidad. rápido como la picadura de una avispa. y un puñado de plumas primarias aparecía en la garra del coronel Cully. mientras el coronel Cully pronunciaba estas palabras.

darias flotaban lentamente en un rayo de luna. Sus pájaros y animalillos llenarán nuestros banquetes. Llegó más lejos que todos nosotros. Y atacamos sus órganos vitales. sin importarle que el capitán Balan hubiera hablado antes que él. Sus pájaros y animalillos llenarán nuestros banquetes. Y sus hazañas gloriosas cantaremos a coro. Algunos atacan a la alondra Cuyas bandadas nublan el sol. Y sus hazañas gloriosas cantaremos a coro. Hallamos un conejo semioculto. . cayendo hacia el suelo. el rey de los azores. Otros van tras los nidos de perdiz. —¿No debiéramos honrarle con la Canción del Triunfo? —sugirió Balin. entusiasmado. Las aves de la montaña son más sabrosas Aunque las del valle están más gordas. El conejo nos supo a miel Y compensó nuestros desvelos. —¡Bien hecho! —exclamó Balan. y no hacen nada Pero Verruga. —Ciertamente —repuso el halcón peregrino. —No lo olvidéis —exclamó el simpático Balan—. dirigidos por el propio coronel Cully. —Una exhibición de gran destreza —declaró el halcón peregrino. Pero Verruga. —¡Alma esforzada! —manifestó el cernícalo. Y todos juntos se pusieron a cantar. Y otros más miran y miran. Llegó más lejos que todos nosotros. —¡Amén! —dijo el capellán. Cantémoslo de nuevo por última vez. bajo la impresionante luz de la luna. Podemos tener un rey de verdad en ese joven novicio. Por eso nos parece conveniente Prestar más atención a las segundas. el rey de los azores. a voz en cuello y haciendo resonar sus campanillas victoriosamente.

por ejemplo. ¿Qué estuviste haciendo? Te busqué por todas partes. manifestó: —Estoy sangrando. Sin embargo. El cielo se volvió extrañamente negro y constelado con innumerables estrellas fugaces. —Si no me lo dices. desnudos como conejos desollados —pues en aquellos días nadie usaba ropas para dormir—. de modo que debía ganar al final. mientras decía: —Merlín lo hace todo para ti. Verruga era como un torbellino enfurecido. Kay tendióse en el suelo de piedra. Tengo sueño. Kay tenía el brazo más largo y el puño más pesado. pálidos e indignados. Pensó en el efecto que podía causarle cada golpe dirigido contra él. también era más nervioso e impresionable. llena de reproches. volvió la espalda a Verruga. y casi sin querer dio a Verruga en un ojo. Verruga se agitó como un salmón que hubiese quedado repentinamente cogido en el anzuelo. y éste comenzó a echar sangre. echando sangre en abundancia. y le pegó en el rostro. con un ojo negro. y cogiendo un trozo de la piel del brazo de Verruga. por medio de un canalón de agua de lluvia. Por último. Verruga estaba seguro de que Kay no creería su relato. —No. Me pareció que te habías marchado. te mato. Los dos chicos conocían un modo furtivo de deslizarse al exterior. cuando era necesario salir por las noches a buscar un tejón. dándole la espalda. —¡Bestia! —dijo Kay. o a pescar tencas. —Vamos. Estoy seguro de que te marchaste de casa. más como defensa que para atacar. —Lo haré. le llamaría mentiroso y se irritaría aún más. Kay tenía más edad y estaba más crecido que Verruga. Kay bajó la defensa. Se lo diré a mi padre y te dará una azotaina. no lo harás. lo cual hacían secretamente en ocasiones especiales. Se vistió en silencio y . Verruga comprendió que había actuado como un necio. que sólo pueden ser capturadas poco antes del alba. El combate había terminado. le pellizcó con todas sus fuerzas. cállate —repuso Verruga—. a la mañana siguiente —.CAPITULO IX aya! —dijo Verruga. Kay volvió la cabeza y comenzó a sollozar. Ya se habían acertado algunas veces en el rostro. Consiguió propinar un golpe en la nariz de su enemigo. ¿Puedo saber dónde has estado? —No pienso decírtelo. —¿Dónde estuviste anoche? —inquirió—. —Despiértate. y ello debilitó su defensa. y mientras tanto no dejaba tranquilo a Kay. —¡Déjame en paz! —gritaba Verruga. Un segundo más tarde los dos chicos estaban fuera de la cama. ¡Qué horrible prueba! Kay sentóse en su cama y comenzó a refunfuñar como una ardilla. cuando se despertó en su propio lecho. fue a buscar la enorme llave de la puerta para colocarla debajo de la nariz de Kay. Verruga comenzó a jadear y a sollozar. Extendió el brazo. animal —insistió Kay—. Verruga se volvió. despiértate. y para mí nunca quiere hacer ninguna cosa. y con voz fría y nasal. y agitando los brazos como aspas de molino para castigar al oponente. Ninguno de los dos dijo una sola palabra. y Verruga. Sabes que no podemos salir después del toque de queda. atacándole con cabeza y brazos al mismo tiempo.

y pasa por los tonos púrpura oscuro. y os colocaremos un trozo de carne sobre el ojo. en efecto. habla. ¿cómo lo sabéis? —Lo sé. Inmediatamente la vieja niñera le atrajo contra su amplio busto. —Supongo que te lo habrás hecho —agregó— peleando contra Kay. pensó por su parte Verruga. No hay nada como una buena familia. al que molestaba tanta solicitud. —He venido a hablaros de Kay. —No hemos visto un trozo de carne más jugoso desde las Pascuas —repuso la cocinera—. ni que sangrase más abundantemente. que le habían recomendado mantener bien apretada. y luego a aspirar de nuevo. No le he dicho nada de lo mío. Tardó media hora en poder escapar. comenzó a dar chupadas y a lanzar bocanadas. hasta que se perdía al fin entre las remotas montañas que nadie había explorado jamás. le dio unas palmaditas en la espalda y dijo: —Vamos. decidme cómo os lo habéis hecho. —Lo es. —Me di un golpe contra un poste de la cama —repuso Verruga. reanudando la búsqueda de su preceptor. ésa es la misma historia que sir Héctor me contó cuando le sorprendí con un ojo amoratado. ¿verdad? Mirad ese pobre ojo.corrió a buscar al mago. Todos los filósofos prefieren habitar en torres. y dando señales de querer pegarle—. —Estoy bien —repuso Verruga. —Kay considera injusto que hagáis siempre cosas para mí. encolerizándose aún más. miró al chiquillo. —A veces —dijo al f i n —. Pero la anciana era inexorable. No hubo respuesta alguna a tan interesante manifestación del anciano. antes de que desaparezca. vamos mi pequeño. justamente. para que se mantengan fieles a una buena mentira. más allá del parque y del bosque. Los comentarios de Merlín acerca del ojo amoratado fueron de naturaleza médica. Aquel mar de frondas ondulaba como la superficie de unas gachas claras. pero se limitó a expulsar el humo. también yo considero que es injusto. —Ah. hasta que la mirada se recreaba finalmente sobre las lejanas y azulinas copas de los árboles del Bosque Salvaje. De nuevo habéis estado luchando con el amo Kay. sacudiéndole por un brazo—. verde y amarillo. eso es todo. Pero la torre de Merlín era aún más hermosa. abrió la boca como para hablar. cielo santo. pequeño felón —exclamó la anciana. si no es nada —repitió Verruga. como puede comprobarse visitando la estancia donde vivió Erasmo cuando estuvo en Cambridge. —Entonces. —El cambio de color —afirmó— se debe a la hemorragia en los tejidos. ¿Conoces la historia de Elías . Venid. hace ya cuarenta años. —Nada de eso. Le halló sin grandes dificultades en la habitación de la torre. que Merlín había elegido a su llegada al castillo. Desde su ventana podía contemplarse el panorama de los campos. hoscamente. muñequito —exclamó la niñera. Pero será conveniente que no luchéis con la gente que os supera en tamaño. —Bien. lo que hacía pensar a Verruga que el mago respiraba fuego. y ello al precio de llevarse en el ojo un jugoso trozo de carne cruda. —Nada mejor que un carnoso solomillo para extraer los humores —había dicho la niñera. y cuyas cimas parecían espléndidos palacios celestiales. En realidad. ¿nos transformaréis a los dos la próxima vez? Merlín terminó su desayuno. venid conmigo a la cocina. Aspiró largamente. Yo te contestaré. la vida parece injusta. o equimosis. y después de encender la pipa. —No. antes de que os dé una buena tunda. pero creo que sospecha. inocente. y no para él. Por el camino le sorprendió la vieja niñera. Era la más alta del castillo y se hallaba justo debajo de la del último vigía. «Lo guardaré para Balan». ¿no es cierto? —Sí. Vamos.

Tiene que mostrarse orgulloso porque siente miedo. que amenazaba con derrumbarse. Esta mañana no pareces comprender nada. acompañada de pan casero y mantequilla. Sirvieron a Elías y al rabino una buena cantidad de leche de vaca. —¿Y qué más? —Anduvieron todo ese día. o algo así. dándoles pan y agua por toda comida. —Lamento que sólo tú seas el que se beneficie de mis poderes —agregó el mago—. estaba escrito que su mujer muriese aquella noche. y al anochecer llegaron a la humilde choza de un pobre hombre cuyo único tesoro era una vaca. —Estoy seguro de que lo desea. No veo por qué razón debéis imaginar que iba a fracasar. —No veo que pueda causar algún perjuicio que Kay nos acompañe. —¡Cástor y Pólux. y apresuróse a dar la bienvenida a los forasteros. incapaz de seguir en silencio por más tiempo. y que hubiese fracasado en la ordalía. Dios llevóse a la vaca.» —Es una bonita historia —dijo Verruga. al menos una sola vez? Merlín le contestó suavemente: —Tal vez lo que sea bueno para ti. y tomó asiento en el lugar del suelo que le pareció más cómodo. y que no hubiese perdido la serenidad. habría descubierto el cofre. —Pienso como tú. vamos a ver? —Convertid a Kay en una serpiente. pero aún sigo creyendo que fue una pena que se muriese la vaca. y todo lo que hizo por el profeta y su compañero fue alojarlos en el establo. ¿qué haces?. —El referido rabino —dijo Merlín—. en medio de un trueno estremecedor. pero ocurre que he sido enviado solamente con tal fin. cuando Merlín hubo concluido. resulte malo para él. El mercader era un hombre rico y altivo. e inmediatamente se desvaneció en el aire. —Bien —agregó Verruga. Imagínate que anoche hubiera sido él un azor. —¿Cómo sabéis lo de la prueba? —Bueno. recuerda que él nunca pidió que le convirtiesen en algo. con vehemencia—. Caminaron todo el día. y creo que la gente no le comprende. dispuesto a escuchar lo que le iba a contar Merlín.y el rabino Yacanán? —No —repuso Verruga. como retribución a su amabilidad. perdiendo la serenidad. pero recuerda que el rabino Yacanán no alcanzaba a comprender la razón de que la pared del mercader fuese reparada. »"Respecto al pobre hombre que nos recibió con tanta amabilidad —repuso el profeta—. Luego mandé reparar la pared del rico mercader porque en aquel lugar se encontraba un cofre lleno de oro. —Creo que aún no me entiendes. salió una vez de viaje con el profeta Elías. rogó al hombre santo que le explicase el significado de su forma de tratar a ambos hombres. Elías le agra deció vivamente lo que había hecho por ellos. y mandó llamar a un albañil para que reparase uno de los muros. las arrojó contra el suelo y saltó sobre ellas con ambos pies. llevadme a las Bermudas! —vociferó. Por la mañana. junto al fuego. . y al caer la noche llegaron a la casa de un rico mercader. —Entiendo —repuso Verruga. Merlín se quitó las gafas. y si el mercader hubiese arreglado el muro él mismo. como recompensa a su bondad. acompañado de su esposa. Yo quiero a Kay. y luego les cedieron el lecho de la casa. ¿sabéis?. pero. Además. sin embargo. cuya hospitalidad solicitaron. con tono de duda—. ¿No podría llevar a Kay conmigo. pero también podía suceder que no fracasara en la prueba. sino manifestar de corazón: el señor de la Tierra obra con justicia". obstinadamente—. —Necio chiquillo —exclamó el mago. Al llegar la mañana. nunca se debe preguntar al Señor. mientras los humanitarios dueños dormían en la cocina. en lugar de a la mujer. Por consiguiente. »El rabino Yacanán. comprobaron que la vaca del pobre hombre había muerto. esa pregunta está de más. ¿Qué pretendes que haga. invitándoles a que pasaran allí la noche y ofreciéndoles la sencilla hospitalidad que podían proporcionarles en su situación. de todos modos. El hombre salió de su cabaña.

y lo que pensaba decir antes de mi. porque ese poder no me fue conferido cuando me enviaron. percepción interior. Merlín lo examinó irritado y dijo ásperamente: —¡Y llaman a esto útil! ¡Vamos. ¿Te refieres a algo que pueda hacer con eso? —¿Qué es la visión retrospectiva? —Me indica a la inversa lo que va a suceder. y declaró severamente: —Esto es un anacronismo. Verruga volvió a sentarse en el suelo. no tengo hoy un buen día. entonces? —No. preguntándose qué estaría naciendo Merlín. —El que llevaba ahora. ¿Acaso no te das cuenta de la diferencia? Merlín observó la gorra de marino que había aparecido en sus manos. El búho había permanecido durante este tiempo al lado de la ventana. ¿no podríais llevarnos a una aventura. deja de hablarme hasta que haya recuperado el aliento. evasivamente—. pero así son las cosas. ya estaba harto de aquel tema. visita a esas condenadas Bermudas. como si hubiera estado en medio de un huracán. Por qué razón es así. eso no es una disculpa —respondió—. no había abandonado a su amo. Arquímedes parecía estar acostumbrado a semejantes escenas. ven aquí! Al decir esto. y desde el principio. Por fin apareció sobre su cabeza un curioso sombrero cilíndrico. pero no lo entenderías. que desapareció en seguida. ya que dijo ahora. ni yo ni tú lo sabemos. cuando unos momentos después Merlín reapareció. ¿te crees muy gracioso? Escuchó y repuso: —Bien. mientras Merlín cerraba los ojos y murmuraba algo para sus adentros. —Veamos dijo Merlín. —Bueno. Verruga y Arquímedes se miraron con extrañeza. perdóname —dijo Merlín—. de modo que debes aceptar la realidad desnuda. y Arquímedes reanudó su operación de acicalado. He tratado de pensar en algún posible motivo. ¡ejem!. pasándose el pico por las plumas para suavizarlas. —Sí. aunque no nos transformarais en nada? Merlín hizo un visible esfuerzo por dominarse y para estudiar el asunto desapasionadamente. En realidad. aparentemente hablando con el aire—. ¿y por qué no lo haces. el mago lanzó al aire el sombrero.Verruga aún seguía contemplando sumamente perplejo la silla vacía de su preceptor. eso es lo que me ocurre. es mejor que cambiemos de tema. admirando el panorama. —Estábamos hablando de Kay.. por favor. un bestial anacronismo. —Lo hice casi sin proponérmelo. lentamente—. con voz razonable: —¿Por qué no lo pedís por su nombre. Había perdido el capirote. La tensión que reinaba en el ambiente desapareció. y lo otro. No el que llevaba en 1890. era esto: No me es posible transformar a Kay. malhumoradamente. y cosas así. —¿Es cierto que Cástor y Pólux os llevaron hasta las Bermudas? —Que esto te sirva de lección —repuso Merlín. Justamente eso. Pero Merlín no prestaba atención alguna a los dos espectadores. —No puedo hacer magia alguna con Kay —repuso Merlín. —Vaya. y también mi sombrero. amo? Decid «quiero mi capirote de mago». Tal vez al pobre hombre le resulte tan difícil adaptarse al pasado como a vos mismo. Y ahora. —Respecto a Kay —declaró Verruga—. —¿Por qué hicisteis eso? —preguntó Verruga. alisándose la túnica con dedos temblorosos. imbécil —insistió —. quiero mi capirote de mago —dijo Merlín. Al momento el largo cono puntiagudo apareció sobre su cabeza. Verruga permaneció sentado en silencio.. si no es la mía propia: visión retrospectiva. me dice lo que ocurre . Era un sombrero de copa. y su cabello y su barba aparecían muy revueltos. como puede imaginarse. Bien. De nuevo tomó asiento. Me refiero al sombrero que llevaba puesto. con aire de disgusto.

en otros lugares. para que yo pueda dormir esa siestecita. —Bah. vaya. Verruga. —¿Qué es lo que veremos? —preguntó Verruga. Arquímedes? —Podéis echaros otra siestecita. Y recuérdalo. y os dispondréis a marcharos después de la misa. eso es. vaya. —Ah. es el primer asueto que tengo desde que comencé esta condenada tutoría. Hay algo. no te olvides de llevar a Kay contigo. que valga la pena de ser visto por Kay y por mí? Merlín se dio un golpe en la frente. y luego me echaré otra antes de la merienda. y lo vais a ver. espléndido. ¿Cómo no se te habrá ocurrido pedirme eso antes? Recuerda que debes seguir la prolongación del sembrado de cebada. amo. . ya que a semejanza de Verruga. Sí. espléndido. Debes ir a buscar a Kay. Iréis derechos a la parcela de cebada que tiene sembrada Hob en campo abierto. sé buen chico y no olvides de llevarte contigo a Kay. le gustaba ver discurrir la vida. en estos momentos. en lugar de machacaros con esos soporíferos rudimentos de Lógica. y así podré echarme una siesta esta tarde. Ahora márchate. imagino —repuso fríamente el búho y se volvió de espaldas. Será magnífico. Ahora me doy cuenta. Después pensaré lo que puedo hacer antes de cenar. y seguiréis su prolongación hasta que deis con algo. Eso aún pertenece al futuro. Primero creo que voy a echarme una pequeña siesta antes de la comida. y exclamó lleno de gozo: —Pues claro que sí. Vaya. ¿Qué te parece que puedo hacer antes de la cena. no me distraigas con tonterías de esas. —¿Está ocurriendo algo. ¿O acaso ya he dormido esa siesta? —No la habéis echado —dijo Arquímedes—.

y era más bien el tiempo de las avispas y los frutos. —Una aventura. que obligasen a mantener cortada la maleza. —¿Qué es? —inquirió Kay. La época de los insectos había pasado ya. hasta que encontrasen a la doncella del castillo encantado. Y así diciendo se introdujeron en el bosque y se sorprendieron al ver que el camino no resultaba difícil. los troncos muertos caídos entre los que se mantenían con vida. y al avanzar podía uno tropezar con algún obstáculo.CAPITULO X erruga sabía que si contaba a Kay lo que había hablado con Merlín. una mata de hiedra u otra clase de zarzas. y todo lo que hubieran tenido que hacer era seguir al faisán. y ambos podían mirarse directamente con cierto sentimiento de afecto. ambos se dirigieron al campo. Al llegar al borde del bosque. Verruga no tuvo que utilizar treta algu na. no es que tenga miedo —dijo Kay—. De haberlo sido. El suelo no estaba empobrecido por la erosión. sin que mediaran explicaciones. manteniendo los ojos muy abiertos por si se producía algún hecho portentoso. y entonces el más pequeño resolvió halagar a Kay. Formaba una enorme barrera de antiquísimos árboles. —Ven —manifestó—. manteniendo siempre el sol a la izquierda. mientras que las selvas de aquella época eran parecidas a las del Amazonas. Avanzaron a lo largo de la faja y siguieron durante algún tiem po la línea imaginaria que la prolongaba sobre el prado y el terreno de caza. Kay preguntó: —¿Acaso tenemos que entrar ahí dentro? —Merlín dijo que siguiéramos la línea. como ahora. Con toda facilidad llegaron hasta allí. y no le acompañaría. Al paso de los dos chicos levantaron el vuelo una docena de jóvenes faisanes. Si la aventura es para mí. y al cabo de un tiempo se encontraron al final de la parcela de cebada que había sembrado Hob. aquello sería la señal indudable de que iban a producirse grandes maravillas. —¿Dónde está el sitio? —Debemos seguir la prolongación del sembrado hasta llegar al bosque. o al águila. Pero por desgracia no había ningún faisán blanco. no le dijo nada. que podan metódicamente los pocos bosques que quedan. Kay juró que uno de ellos era blanco. lugares sombríos en los que las hojas murmuraban apagando el zumbido de las abejas. el muchacho no querría jugar un papel secundario. pero la pelea de la mañana les había hecho más amigos. Era casi como un bosque de nuestros días. y éstos en eterna competencia por alcanzar el sol que era fuente de vitalidad. bien fuera un tronco abatido. y tampoco existía una milésima parte de los actuales comerciantes de madera. La prolongación del sembrado de Hob apuntaba hacia lo que parecía ser una serie de pequeños claros. ¿y cuál es la aventura? —No lo sé. Por donde avanzaban Kay y Verruga era un buen sitio. un hormiguero. No había entonces propietarios de faisanes. estoy seguro de que será magnífica. Resultaba extraño. y si un águila hubiera bajado del cielo abatiéndose sobre él. Por consiguiente. Merlín me ha dicho que por ahí hay algo especial para ti. —Está bien. Pero aún pululaban una serie de coleópteros y mariquitas . La mayor parte del Bosque Salvaje era casi impenetrable. Después de la misa. —Bueno.

pues ahí tenemos a un hombre. —Supongo que ése será el de la aventura —susurró Verruga. —Perdonadme —dijo Kay—. Se hallaba comiendo un pedazo de pan y queso de cabra. quien continuó comiendo. como dando la impresión de que no les hubiera visto. A su alrededor aparecían dispersos los trozos de madera que saltaron al cortar el tronco caído. sin levantarla mucho del suelo. y señaló en silencio al extremo del mismo. sin los zapatos. abatiendo árboles. Verruga cortó una hoja de éstas. que había asegurado en torno a sus ro bustos miembros con trozos de cuerda. —Anda. no sucios hombrecillos que cortan leña. Sólo volvió a señalar con el pulgar hacia adelante. Sobre el talud se hallaba tendido un hombre de estatura descomunal. Allí había un talud cubierto de hierba que se extendía suavemente hasta un gigantesco sicómoro de unos noventa pies de altura. sonrió a los dos chicos y señaló con el pulgar en dirección a los claros. El hombrecito tenía los ojos brillantes como los de un zorro. a unas dos pulgadas del mismo y hacia los lados. como Wat. A su lado se hallaba un arco de siete pies. . y el rizado vello de su pecho emitía un brillo dorado cuando caían sobre él los rayos del sol. Mira. Se aproximaron al pequeño leñador. Luego dejó de sonreír y volvió a cerrar los ojos. le preguntaré qué hace aquí. pero por aquí ha estado gente. más hacia el interior de los mismos. mientras meneaba la cola de una manera peculiar. en una aventura intervienen caballeros armados. ¿Podemos saber qué es lo que ocurre ahí? El hombre no contestó ni abrió los ojos. De vez en cuando hallaban el tocón de un árbol con las señales del hacha. y se apoyaba en uno de los árboles más corpulentos que los dos niños vieran jamás. Se acercaron al hombre cautelosamente. dragones y cosas por el estilo. Pero el animal se limitó a seguirles con los ojos. El camino seguía siendo bueno. a semejanza del pequeño talador. aunque no hizo más movimientos. pues medía unos siete pies. sentado junto a un hacha. o las dos cosas a la vez. —Puaf —repuso Kay—. oculto por un grupo de árboles. ahí se ve la huella de un casco. y no se da cuenta de nada. antes de darse cuenta de que el pobre hombre era sordo. Le preguntaron hacia dónde llevaban aquellos claros. al iniciarse un claro. pero casi siempre estaban cubiertos con hiedra. —Es extraño —manifestó—. También él. El hombre era tan notable como el sicómoro. Estaba vestido con numerosas piezas de antiguo cuero. el cual. manteniendo su mandíbula firmemente apoyada sobre el torso de su amo. seguramente estará grillado. Kay cogió a Verruga por un brazo. Vámonos y dejemos tranquilo al viejo loco. comenzando a mordisquearla mientras avanzaban. pues no contestó ni hizo el menor movimiento. y se la llevó a la boca. —Bueno. El hombre abrió los ojos —evidentemente no se hallaba dormido—. por temor al perro. pero al llegar al extremo del mismo. En efecto. Un brazal de cuero le cubría el antebrazo izquierdo. de todos modos. y estaba herrado. Sobre su colosal torso se apoyaba la cabeza del perro. —Nos indica que continuemos —manifestó Kay. acompañado de un perro. aunque no podía decirse que hubiera senderos. con joroba y rostro de color bronceado. Continuaron durante cerca de una milla. Era un hombre diminuto. con algunas flechas que superaban la longitud de una yarda. vámonos —dijo Kay—. al ver a los chicos. —Eso no es nada —repuso Kay—. descubría otro más allá. ayudándose con una navaja que los muchos años de uso y de afilado habían convertido en una fina línea. alzó las orejas y se puso a observarlos. el hombre se hallaba al final del pequeño claro. al costado de un árbol que acababa de abatir. y tuvieron que repetir sus palabras un par de veces. El hombre parecía estar dormido. y sólo vestía una especie de faldellín de estambre verde. Cualquiera que siguiese aquel camino habría pensado que sólo existía el claro en que se hallaba. —Ese debe de ser —murmuró Kay. lleno de excitación.sobre las hierbabuenas en flor. y los claros no eran continuos. o estaba loco. de aspecto muy singular. Verruga se dijo que los claros debieron ser hechos de esa forma. tenía la piel de color bronce.

cómo podía conocer él el nombre de Verruga. sin dejar de reír—. ¿adonde vamos? —preguntó Verruga. ¿cómo se llama entonces? —preguntó Verruga. estos bosques. se trata de una aventura —dijo Verruga. En realidad. entonces? —Así es. —Naylor —dijo el gigante—. —Pero Robín Hood es su nombre. en las historias —manifestó Kay. claro está. Se puede aspirar el aroma que exhalan cuando comienzan a crecer las brillantes hojas verdes. a menudo. según dicen. para los hombres libres de cuerpo y de corazón. sobre todo cuando estamos de guardia. —Ah —exclamó Verruga. hasta que me convertí en un hombre del bosque. en invierno y cazar en ellos sin morirse nunca de hambre. con cierta sorpresa. y moverse sin ser oído.—Ciertamente. A éste le intrigó más la segunda cuestión. triunfalmente—. El perro trotaba pegado a sus talones. joven Art? El gigante le miró de reojo al decir esto. pues sabía que había planteado a los muchachos dos problemas a la vez: primero. —Ah —dijo el Pequeño Juan—. Ah. Se llama Robín Wood. Robín de los Bosques. En esto el semidesnudo gigante abrió un ojo y miró a Verruga. . —¡Robín de los Bosques! —En efecto. Hood no —repuso el gigante. acarició al perro. Os acompañaré. —¿Cómo sabéis mi nombre? —inquirió. pequeños caballeros —manifestó. Kay le miró lleno de sorpresa. para enviar un mensaje a este otro hombre. ¿No eres lo suficiente astuto como para adivinar eso. —¿Estabais de centinela. pero en verano andamos más ligeros de ropas. y tras recoger su arco se puso en pie. es bastante conocido. No es esa la forma como le llamamos en el bosque. —A ver a Robín Hood.. Parece que las jóvenes cabezas son las más agudas. —Eso es en invierno. parece como si estuviera esperándonos. He oído hablar de vos y de Robín Hood. andaba velozmente con sus pies desnudos.. al que encontrasteis junto al árbol caído. y me llama el Pequeño Juan. —Decidmos. por su parte—. Entonces también nos ponemos perneras de cuero. aunque la mayor parte de la gente coloca el apodo delante. —Y supongo que ese gran árbol al que nos acercamos ahora —exclamó Kay. Luego abrió el otro ojo. —¿Quién sois? —preguntó. —No. Me pregunto si el leñador mudo no habrá trepado al gran árbol contra el que estaba apoyado. —Estos chicos sabihondos. será el baluarte de Robín de los Bosques. sentóse en el suelo. es decir. —El suyo es un nombre grande. Se puede dormir aquí en verano. lleno de contento—. cuando el frío nos hace abrigarnos. —¿Sabe acaso Robín Hood que vamos a verle? —Ya te he dicho que no se llama Hood. ¿De qué otra forma podía llamarse. —Pero yo creí —manifestó Kay— que todos los hombres de Robín de los Bosques vestían jubones y calzas de color verde. pues aunque hablaba muy despacio. echóse a reír con todas sus ganas. Cada uno de los pequeños se colocó a un lado del gigantesco personaje. Un joven estudiante como tú debiera saber su nombre. lo mismo que el viejo Much. —Bueno. reprobadoramente—. ya es hora de que nos marchemos. muy hermoso. puesto que él los gobierna? Los bosques son lugares de libertad y de gran belleza. desesperado por el acertijo y por la caminata que estaban dando. Desde entonces he sido Juan el Pequeño por algún tiempo. son lugares espléndidos. Vamos. —Está bien. que no saben nada. y casi tuvieron que avanzar corriendo para seguir su paso. adivinar el verdadero nombre de Robín. y segundo. por favor. Se puede avanzar sin ser visto. Juan Naylor era en el mundo. diciéndole que llegábamos.

ya que contaba escasamente treinta años. Su tronco. El cantar terminó entre risas. ajustado en la cintura por un cinturón. ven aquí. por serle más cómodo para la caza y la cocina. en Hertfordshire. y una escala de cuerdas desaparecía entre el follaje. Robín. alternativamente: El que elude la ambición. hacia el cielo. Era nervioso como las raíces de los árboles. Aquí nunca verás Enemigo alguno Más que el invierno y los elementos. Los dos chiquillos. y atribuía su longevidad a aspirar el aroma de los pinos. parecido al de la haya. Ambos se echaron a reír con expresión feliz. y aquellas ondas formaban un marco a su bello rostro. Esta se hallaba sentada entre las raíces del tilo. con el arco largo de los ingleses. eran los únicos hombres del mundo que habían disparado una flecha a la distancia de una milla. que había estado retorciendo entre sus . joven Kay —dijo el Pequeño Juan—. Más que el invierno y los elementos. como el Pequeño Juan. mientras le hacía cosquillas en la punta de la nariz con su fino pelo. cada uno una estrofa. Ven aquí. sino que vestía discretamente de verde pálido. y siguieron cantando. a una yarda del suelo. un personaje de aspecto romántico —o al menos no lo parecía a primera vista—. y donde cada una de las grandes ramas había brotado del tronco. Buscando el yantar que come. cada vez más alto. que habían contemplado con interés a un vigía que se balanceaba sobre una rama. se estaban aproximando al soberano de la espesura. aunque casi tenía la misma estatura que el Pequeño Juan. Y allí tenéis al amo Robín. No iba medio desnudo. pero madurado por el sol. Estaba cantando suavemente a dúo con Robín. No era. más que por la edad. Nadie hubiera podido trepar a aquel árbol de no ser con una escala de cuerda. Llevaba los pies y los brazos al aire. tan grande como el de Moor Park. las lluvias y la experiencia. Se había dejado suelta la brillante cascada de color castaño de su cabello. Tenía el rostro afeitado y bronceado por el sol. bajaron la vista y la clavaron en el gran proscrito. como habían pensado. desde luego. Robín de los Bosques era un nervudo personaje. ven aquí. (Llegó a vivir ochenta y siete años. ven aquí. Lady Mariana cantaba una estrofa y Robín la siguiente: Bajo el árbol frondoso Está el que ansia reposar conmigo. estaba adornado con una profusión de ramitas por la parte inferior. Y anhela descansar al sol. Y complaciéndose con lo que logra. la corteza se había resquebrajado y aparecía ahora descolorida por el agua de la lluvia o por la efu sión de la savia. A tono su alegre nota Con el dulce trinar de las aves. Robín de los Bosques yacía satisfecho con la cabeza en el regazo de Mariana. ven aquí. junto a las raíces del árbol. que habitualmente llevaba recogida formando trenzas.En efecto. El árbol era un enorme tilo.) En ese momento se hallaba tendido de espaldas y estaba mirando hacia arriba. aunque no al cielo. carente del menor vestigio de grasa. Estos dos. y que no mediría menos de un centenar de pies de altura y diecisiete de circunferencia. Y al unísono agregaron: Ven aquí. ataviada con un vestido de color verde. Aquí nunca verás Enemigo alguno. Las abejas zumbaban entre sus brillantes y pegajosas hojas. —Has pensado bien. A un costado llevaba un cuerno forrado de plata.

—No te preocupes —dijo el proscrito—. mientras que la mayoría de los que aprenden suelen empujar la cuerda hacia atrás con la extremidad posterior de la flecha.. y respondió: —Mariana. Dispuso los pies en la misma dirección que deseaba dar a la flecha. Kay y Verruga? Decidme. y obtuvo también un buen tiro. pidiendo a Lady Mariana que lo hiciese a su lado. Robín se volvió hacia su compañera con aire irritado. —De modo que has traído a los jóvenes caballeros. —Robín —manifestó Mariana. más reservado. al tiempo que entregaba todo a Verruga. —Hola. pero me temo que es demasiado lejos para mí.. —No lo haré —repuso él—. Mariana parecía disgustada. El proscrito dejó caer su arco y sentóse con las piernas cruzadas sobre el suelo. y deja que la flecha la siga. Dispara contra el papagayo. Robín de los Bosques. es decir. ¿Cómo estáis. alzó la punta de la flecha hasta formar un ángulo de unos veinte grados. ante la seguridad de Verruga. —Tira contra aquel papagayo —dijo Robín. Los dos tendieron el arco del modo correcto. Entonces se volvió hacia los chicos y les hizo una pregunta: —¿Sabéis manejar el arco? —Desde luego —repuso Verruga. cariño? —Son apenas unos niños. y luego la lanzó. ásperamente—. o tenemos que dejar a los otros tres sin auxilio.. Ninguno de los dos apuntó hacia la izquierda. ¿no es así? —Ellos me trajeron a mí. Ya te diré cómo sale el tiro. con el padre. —Yo no trataría de hacerlo. en realidad. les dio un tirón y se puso repentinamente en pie. o Tuck seguirá en poder de ella. —¿De qué se trata? —preguntó Kay. Verruga tendió el arco y colocó la flecha tan rápido como fue capaz. Erró el blanco. —Es algo inhumano. ¡no puedes aceptarlos! —¿Por qué no. —Se trata de Morgana le Fay —manifestó Robín—. pero por muy poco. mientras los demás se reían. Depende de ellos tanto como de mí. —Hola. tirando de la cuerda. al ver a los recién llegados. —Por favor. y ambos dispararon con decisión. No quiero pedir a los muchachos que vayan allí. y comenzó a peinarse el cabello. —Bienvenidos. Nunca oí hablar mal de sir Héctor.bronceados dedos los sedosos bucles que caían sobre su rostro. Se dio cuenta de su necedad y declaró alegremente: —Lo siento. a menos que ellos quieran irse. o conseguimos su ayuda. Miró el pequeño. ¿de qué modo habéis conseguido llegar hasta mis dominios? —Robín —interrumpió Mariana—. ni se dio en el antebrazo izquierdo con la cuerda —dos faltas corrientes de los inexpertos—. —Mariana. en cambio. tira de la cuerda con dos o tres dedos. —Puedo intentarlo —dijo Kay. ¿podríamos saber quién es Morgana le Fay? Los tres contestaron a la vez. Su rostro denotaba preocupación. . —Muy bien —dijo el proscrito—. cuadró los hombros. de todos modos —declaró Robín—. No puedes llevar estos chicos al peligro. entrégales uno de los arcos. Veo que no hay aquí tañedores de laúd. apuntó al blanco. —Es justamente lo que necesitamos. El proscrito pensó que sería mejor no discutir. Envíalos a su casa. resulta difícil de explicar. jefe —repuso el Pequeño Juan. —Ahora Kay —dijo Robín. Hizo Kay los mismos preparativos. el arquero experimentado. pero o eso. Ella tendió un arco y media docena de flechas de veintiocho pulgadas de largo. Juan —dijo. y no hay razón para que sus hijos no sean bien acogidos. y vio el blanco a un centenar de pasos más allá.

—El caso es —prosiguió diciendo Robín— que nadie sabe exactamente lo que es. Hay gentes que afirman que Morgana es la hija del Earl de Cornwall. continuando la historia—. no volveré a nombrar. es menester que lo hagáis señalándola con el dedo. o que al menos tiene ascendiente sobre ellas. o Cerdo. Robín asintió y dijo: —La noticia nos llegó de los árboles del norte. Sea como fuere. en su interior no hallaríamos corazón. —¿No será Tuck? —exclamó el Pequeño Juan. Por ejemplo. En mi opinión se trata de un hada.—Es una mala persona —dijo el Pequeño Juan. y que esas hadas no son las criaturas amables de que os ha hablado vuestra niñera. que tenga el mismo nombre. es que no tienen corazón. —Se hallan por todas partes. bien. —Habla bajo —susurró Lady Mariana.. y creo que a veces habita en un castillo situado al norte de nuestro bosque.. incluso escuchan a la gente cuando está hablando. que los humanos hemos olvidado. y de los peores que hay. o Cabra. Esas criaturas no existen. ellas que viven en sus cuevas subterráneas. Los muchachos miraron a su alrededor. —Si los chicos tienen que tomar parte en el asunto. pueden llamarse Vaca. Saben cosas. El caso es que esta mañana. —Una de las pocas cosas que conocemos con certeza acerca de los Benditos. El proscrito aspiró profundamente. es que el perrero de vuestro castillo llevó los sabuesos hasta el borde del bosque. —Lo que parece haber ocurrido —dijo Mariana. de. De otro modo podéis atraeros un hada. Mariana asegura que la reina no es un hada. según les dicta su fantasía. podrá llevaros con ella. —Pues bien —dijo al f i n —. —¿Queréis decir —preguntó Kay— que es uno de esos seres que llevan una flor de campanilla por sombrero y que se pasan el tiempo sentados sobre las setas? Oyóse una carcajada general. que no sabía nada de los recientes sucesos por haber estado de centinela. No es que deseen hacer el mal. es que llevan nombres de animales. debéis saber que Morgana es la reina de las hadas. y que decidieron habitar bajo tierra. los Más Antiguos se han apoderado de uno de mis hombres y de otro de los vuestros. las gentes que vivían en Inglaterra ya antes de que los romanos llegasen aquí y antes también que nosotros. diría yo. sino sólo una nigromante que tiene amistad con aquellos seres. Lo importante es que a mi entender Morgana es la reina de las. extendió las piernas y en su rostro apareció de nuevo el gesto de preocupación. una Personilla. La reina es un ser real. Es una hechicera. las Buenas Gentes.. Pero tal vez debas explicarles antes lo de los nombres. Tienen la sangre fría como los peces. No importa. y por último los hay que dan distintas descripciones. aunque hay quien afirma que son como las personas corrientes. los sajones. y que si me disculpáis. No trae buena suerte hablar de esos seres. pobre fraile! —Cuéntales cómo ocurrió —dijo Mariana—. Algunas gentes dicen que son los Más Antiguos. a . —Desde luego que no. sino que si pudiéramos abrir a una de ellas. Debo deciros algo más. —Lo más extraño —prosiguió diciendo Robín. —Quedaos quietos —añadió Robín—. —¡Cielos. —Es un hada —aseguró Robín. será mejor que se lo expliques desde el principio. además. Otros aseguran que tienen aspecto humano. mientras tanto. y los niños advirtieron que el corrillo que formaban se había estrechado notablemente. y que se llama Castle Chariot. y demás. De modo que cuando llaméis a una de vuestras vacas. con un gesto extraño.. en voz baja— de esas criaturas de las que os estoy hablando. por medio de sus encantamientos. antes que tu mensaje acerca de estos muchachos. y una vez presente. semejantes a enanos. —No es eso —manifestó Mariana—. y muchas de esas cosas no resultan gratas de contar. el caso es que poseen la sabiduría de los antiguos galeses.

. pero.. al decir eso. estaba cortando leña un poco más allá. Se alimenta de yerbas. y asegura que los tres se desvanecieron. —Perdón —exclamaron los dos chicos—. —¿Qué sucedió entonces? —Ocurrió que uno de mis hombres. raíces y bellotas. y ahora habita en el bosque. y vuestro criado gritó: «¡Ven aquí. Es una especie de ogro. solía convertir a los hombres capturados en cerdos— será necesario ir a buscarlos al castillo de Morgana. como le llaman en las baladas. —¡Mi pobre Cavall! —Entonces. —Quieres decir el Pueblo Pacífico. y uno de los sabuesos (creo que el llamado Cavall) comenzó a saltar sobre el pobre Wat. y si queremos liberar a los tres desaparecidos antes de que los hechicen definitivamente —una de sus antiguas reinas. debemos ir allí. lo siento. para que dejase de molestar a Wat. y avistó al fraile Tuck. Pero no señaló con el dedo. justamente —contestó Robín—. —Pero lo importante es que si Morgana es verdaderamente la reina de esas criaturas.. que estaba charlando con un anciano llamado Wat que vive por estos contornos.. Me temo que os han contado una fábula. . —Ah. —En tal caso. Wat alimentándose con bellotas! —dijo Verruga. ¿es el viejo que vivía en nuestro poblado antes de que perdiera el juicio? Le arrancó la nariz de un mordisco al perrero. —¡Imagínate. perro!». al tiempo que le lamía el rostro. las hadas se los llevaron —dijo Kay. debió haberlo hecho. Ya lo veis. y no sería capaz de matar a una mosca. Scathelocke. —Lo que ocurrió —prosiguió diciendo Mariana. pobre hombre. incluido el perro. ¿verdad? —Ese es.pasear. pacientemente— es que los tres se fueron a pasar juntos parte del día. llamada Circe. Esto asustó al viejo. dista mucho de ser un ogro. o Scarlett.

al llegar. —Sí. aun sin saber lo que os puede suceder. Entonces el proscrito carraspeó levemente y prosiguió diciendo: —Tenéis razón al querer ir allí. ya que buena parte de su caza debían hacerla cuando la mayoría de la gente estaba durmiendo. Al mediodía comieron empanada de venado con hidromiel. —Me parece —explicó Verruga. Robín insistió sobre ese punto. No es necesario armar un gran alboroto con esto. Los proscritos aparecieron a la hora de la comida como por arte de magia. y solían dormir por la tarde. Nuestra banda os acompañará hasta el castillo. asegurando que nadie puede disparar bien con el arco de otra persona. Los bosques salvajes de Inglaterra estaban llenos de ellos. Las hadas son también seres mágicos. Sería algo tremendo. —Iremos con vosotros —agregó Mariana—. y también porque los animales salvajes suelen echar una . que hace de perro guardián. por el Grifo de Morgana. —¿Quiere eso decir que vos no podéis entrar? —Sólo vosotros. Nadie puede penetrar en Castle Chariot. Eran como los soldados de la resistencia. Por eso roban muchas veces a los pequeños de sus cunas. Luego Kay dijo: —Bien. de no ser un niño o una niña. —Habrá que esperar a que anochezca. Se trata de mi aventura. estoy dispuesto. En un momento determinado no había nadie en el borde del claro. Castle Chariot está guardado por uno muy fiero.CAPITULO XI obín sonrió al mayor de los chicos y le dio unas palmaditas en la espalda. Robín observó a Mariana y repuso: —Perfectamente. El unicornio es un animal mágico. —¿Tiene un Grifo? —Desde luego. hombres tostados por el sol y casi todos vestidos de verde. pero debo decirlo todo. mientras Verruga pensaba acongojado en su perro. Al final eran aproximadamente un centenar. pero no será tan malo como podría creerse. acostumbrándose a manejar los arcos que les regaló Lady Mariana. después de todo. y un instante más tarde una docena aparecía silenciosamente. que comían y charlaban gozosos. que se deslizaron entre las zarzas o los árboles. Kay y Verruga permanecieron en silencio un momento. cuando hubo reflexionado un momento— que esto es algo parecido a lo que ocurre con los unicornios. Vosotros os encargaréis de concluir el asunto. del mismo modo que no se puede segar con la guadaña de otro. Quiero mucho a Cavall. No eran proscritos por haber cometido un crimen o delito similar. Deberemos pasar sin que nos vea. —Justamente. pero será conveniente que tracemos un plan. en las ocupaciones de las últimas guerras. y es probable que la banda se vea atacada. —También yo deseo ir —declaró Verruga—. y sólo una doncella puede capturarle. Me parece un acto de valor que vayáis vosotros dos. igual que los demás. negándose a aceptar a un rey extranjero. por lo que únicamente las criaturas inocentes pueden entrar en sus castillos. o dará la alarma y no podréis entrar en el castillo. Los proscritos colocaban por lo general un centinela para recibir los mensajes que les llegaban por encima de las copas de los árboles. sino por ser sajones que se habían rebelado contra la conquista de Uther Pendragon. Los dos chicos pasaron la mañana gratamente.

que fue escuchada por su gente en completo silencio. Robín se alejó para dar las órdenes a sus hombres. Si lo hacemos así. »Y ahora. Después de esta conferencia. Kay y Verruga? —Sí. Después de esto se hizo un . por muy tentador que os parezca. —¿Qué demonios están haciendo? —inquirió Kay. Al terminarlo por segunda vez. nos detendremos a unas cuatrocientas yardas del castillo. ¿Lo recordaréis? —Lo tendremos en cuenta. estaréis a salvo de la reina. Seguramente ninguno de ellos sabía leer y escribir. Kay y Verruga. no es menos necesario que no comáis. La razón de ello es que los Más Antiguos se originaron en los días del pedernal.siesta por las tardes. pero habían aprendido a escuchar y a recordar. en tal caso tenemos una ventaja a nuestro favor. manifestó: —Ahora. voy a explicaros lo del hierro. Todo aquel que come dentro de una fortaleza como ésa. nos hallaremos a una milla de la guarida del Grifo. Cuando los hombres hubieron repetido las instrucciones. Cuando lleguemos a una encina que fue desgajada por un rayo el año de la gran tormenta. —Escucha —dijo Verruga. dividiéndose en varios grupos. y si la hada Morgana es realmente la reina de esos seres. Cuando Robín hubo terminado la alocución. y dos o tres hombres tuvieron que cambiar las cuerdas. Estas flechas tenían la cabeza más grande. entrar en el castillo y abriros camino hasta la celda donde deben de hallarse los prisioneros. Robín llamó a los chicos para celebrar un consejo con ellos. Vosotros dos iréis en el grupo de Mariana. Scarlett y Robín. Podemos reunimos todos allí. Esa tarde. por el Buen Pueblo. y poseían numerosas guías de plumas. y de este modo lograron empujar a los Más Antiguos a sus refugios subterráneos. el Pequeño Juan. debido al hierro de la cabeza de nuestras flechas. Y el centenar de hombres se dividió en grupos de veinte. a razón de una docena por cada proscrito. Si nuestros amigos han sido realmente capturados por. y todas sus dificultades se debieron al nuevo metal. Nosotros no podemos acercarnos más. —Hay una cosa más. podrán salir con vosotros. y lo repitió palabra por palabra.. haciéndoles repetir de memoria lo que debían hacer. con una navaja cerrada y oculta en un puño. »Ese es también el motivo de que debamos mantenernos alejados esta noche: no debemos hacerles sentirse incómodos. agrupados en torno a Mariana. lo hemos entendido perfectamente —repusieron los dos muchachos. Estaban repitiendo el discurso. antes de que el hierro hubiera sido creado. de un centenar de hombres. por todos los cielos. Se realizó una inspección de arcos. se procedió a la distribución de las flechas de guerra. Mi banda. palabra por palabra. ¿Lo habéis comprendido. ocurrió una cosa singular: el proscrito comenzó el discurso de nuevo. Ninguno de los que componen el Buen Pueblo puede soportar la proximidad del hierro. de modo que. estaban afiladas como hojas de navaja. Les dirigió un largo discurso. Much. y todo va bien. Las gentes que los conquistaron tenían espadas de acero (que es mejor aún que el hierro). sin embargo. mientras no las enseñéis. debe permanecer allí para siempre. Si lo más importante es que guardéis bien vuestras navajas. que se encaminaron a diferentes partes del claro. no comáis absolutamente nada dentro del castillo. habiéndoles del Grifo y de lo que los chicos tenían que hacer. Lo único que tenéis que hacer es avanzar el último trecho aferrando bien las navajas.. —Es mejor que os enteréis de lo que vamos a hacer —manifestó—. Es necesario que dejemos atrás al Grifo sin que dé la alarma. Un par de navajitas no se notarán. En cuanto éstos se vean protegidos por vuestro metal. capitanes. Desde cada uno de los grupos se alzó un fuerte murmullo que se elevó hasta el cielo. por lo que ellos aprovechaban para hacer lo mismo. Desde ese momento continuaréis vosotros solos. Esa era la forma en que Robín se ponía en contacto con los batidores nocturnos. os acompañará hasta el castillo de la reina Morgana. mientras no dejéis caer el objeto. a partir de entonces tendremos que avanzar como sombras. Pero vosotros dos.

que tenía sus dudas al respecto—. Al tiempo que las zarzas y obstáculos iban haciéndose más difíciles de ver. También les indicó cómo podían reconocer de un solo vistazo el lugar que tenía mejor acceso. Verruga y Kay no escuchaban más ruidos que los que ellos mismos hacían. Mariana era un luchador completo. y la forma de caminar llevando una especie de compás. Los claros artificiales que conducían al tilo desde los cuatro puntos. Después los proscritos tuvieron que avanzar por la selva virgen lo mejor que pudieron. Mariana era capaz de ulular como un búho. En primer lugar. pues era capaz de moverse a cuatro manos e incluso de reptar como una serpiente.» Pero además. Mariana enseñó a los chicos a desplazarse desde un lugar a otro. y hasta tenía fuerza para volcar una carreta.» «Si es que tengo que casarme algún día —pensó Verruga. Ella se había opuesto a que los niños tomaran parte en la misión. pero se veían obligados a moverse en silencio. a detenerse inmediata mente. Pero ninguna de esas hazañas era necesaria. y a librarse con rapidez. «juuruu»—. una especie de rubia feroz. Eran ya cerca de las nueve de la noche. descubrieron la carcomida encina. decidieron congregarse todos allí. Por otra parte. sus hombres. como cuando se comunican la presencia de un halcón—. Los muchachos sintiéronse un poco disgustados al ver que habían sido puestos bajo el mando de una mujer. y en la creciente penumbra las dispersas familias de búhos y lechuzas comenzaron a llamarse entre sí. Los que habían llegado anteriormente apenas si fueron capaces de oír a los que se aproximaban. Habría resultado más fácil si hubiesen podido abrirse paso cortando la maleza. soplando en el puño cerrado. por el momento. mientras que la alta puede matar a un enemigo en las filas de atrás.profundo silencio. advirtió que esos sentidos le ayudaban más. haciéndolo casi tan rápido como cuando andaba. terminaron al cabo de media hora de camino. era capaz de atraer a toda clase de pájaros imitando sus cantos —también entendía mucho de su lenguaje. La marcha fue larga. lo haré con una chica como ésta. era un soldado aguerrido. Sin decir una sola palabra. podía acertar al papagayo dos veces de cada tres que lo hacía Robín. los aceptó como compañeros. cuando Mariana tocó a Kay en la espalda y señaló hacia una azulina oscuridad. algún crujido. y así avanzó con rapidez y en silencio. lo cual no era el caso de los dos chicos. Agitó un brazo. Al quedar reducido al tacto y al oído. podía silbar ensordecedoramente entre la lengua y los dientes colocando los dedos en las comisuras de la boca. como pensando al unísono. Hubiesen preferido ir con Robín. y habían recorrido al menos siete millas por lo más intrincado del bosque. Sí. Verruga notó que se le hacía más fácil avanzar. que les facilitaba los movimientos a pesar de los obstáculos. y los viejos con el más apropiado «juuruu». y pensaron que ir con Mariana era como ser confiados a una institutriz. allí. en cuanto una zarza les apresaba. Uno de los consejos que les dio antes de emprender la marcha. era éste: «Apuntad alto cuando arrojéis la flecha en el combate. en forma de cruz. en vez de hacerlo bajo. y aunque los muchachos no lo sabían. Una flecha baja da siempre en el suelo. pero en medio del profundo silencio. Aunque había un centenar de hombres rodeándoles y dirigiéndose hacia el mismo sitio. el chasquear de alguna inclinada rama. era extraño. pero una vez decidida. y no al revés. y el claro del gigantesco tilo quedó tan vacío como lo estuviera antes de los días del primer hombre. Y no era fácil acompañar a Mariana. Ahora podían ver en tinieblas mucho mejor de lo que podían hacerlo las gentes de la ciudad. alzaron los arcos a modo de saludo. delante de ellos. Luego siguió un leve rumor. sonrientes. Pero un hombre inmóvil tiene varias ventajas sobre el que se halla en . resultaba imposible mantenerse a tono con su marcha. como había creído. resultaba más fácil orientarse. Pero no tardaron en advertir su error. los más jóvenes con un agudo «kiivik». si se exceptúa su largo cabello —que la mayor parte de los proscritos solían llevar muy corto—. El crepúsculo se presentó con abundante neblina —era la primera niebla otoñal. —¡Ahora! —exclamó Robín alegremente.

golpeteó en el suelo un conejo. Las raíces de la encina estaban cubiertas de proscritos que se sentaban encima. oyéndose un centenar de chirridos. como si el viento hubiese agitado las últi mas hojas de la vieja encina. Algunos avanzaban con temor. sin que ellos lo advirtieran. y sintióse como sin cuerpo. eran las de aquella ave. incluyendo las patas delanteras y el lomo. para formar todos un círculo. La parte anterior del animal. Eran como los miembros de una bandada de estorninos o de cornejas. antes de que el animal se diera cuenta de su presencia. Los chicos lo vieron. y advirtió que el canto de los grillos había comenzado de nuevo. transportado. y era hora de avanzar. o quitarles las brillantes dagas. Las hojas crujieron una vez más. Los dos muchachos retuvieron el aliento mientras se deslizaban . De haber sido un halcón corriente. Aquella marcha pudo ser una pesadilla. así como las poderosas garras. e inmediatamente lo hizo el hombre de la izquierda. Un auténtico Grifo era más asombroso de ver que un centenar de cóndores. y cuando resonó la más próxima nota. En el silencio de la noche un centenar de hombres respiraban en torno a Verruga. Iba recorriendo el círculo hacia él. Había veintidós grillos preparados. el hombre de la derecha le apretó la mano. y de cogerle de las orejas. otros llenos de espíritu vengativo por los compañeros desaparecidos. se habría contentado con las doce plumas de la cola. Ninguno de los dos chicos había leído el libro de sir John Mandeville.movimiento. pero a Verruga le pareció un milagro. el cual concluía en una serpiente por la cola. silencioso. si no se tenía en cuenta el peligro que corrían. Escuchóse un rumor. Verruga chirrió. o un águila. Ahora. con sus veinticuatro pies de altura. y cuando alcanzaron las proximidades de la raíz del viejo árbol. Se creía capaz de acercarse a un conejo comiendo. Llevaban andando veinte minutos. Luego una lechuza ululó suavemente. cuando Lady Mariana se detuvo y señaló hacia la izquierda. otros. y con la soñolienta cabeza reclinada sobre el pecho. y un murciélago chirrió por encima de sus cabezas. mientras avanzaban. Era un joven Grifo macho que echaba sus primeras plumas. y ello le permitía desplazarse tan sigilosamente como los demás guerreros. un zorro ladró agudamente. Notaba como si pudiera correr entre las piernas de los hombres que iban a su lado. las amplias alas en las que la primera pluma primaria era la más larga. como la corriente de nuestra propia sangre. A partir del lomo se producía un cambio. Verruga notó que los hombres que estaban a ambos lados de él le cogían por las manos. unas manos amistosas les golpearon la espalda y les guiaron hasta sus sitios. Realmente era muy pequeño y joven. de modo que no sabían que un Grifo es ocho veces más corpulento que un león. era de un tamaño ocho veces mayor que el de un león. chilló un ratón de campo. pero. en medio del silencioso fulgor de la noche. eran los de un enorme halcón. Cada uno de los proscritos hizo otro tanto. guiados a veces por el ulular de una lechuza o el chillido de un murciélago. La maleza comenzó a clarear. que alcanzamos a oír cuando estamos escribiendo o leyendo a altas horas de la noche. El pico persa. De pronto se notó henchido con la exaltación de la noche. en medio del silencio. de modo que el maligno pico reposaba sobre las plumas del pecho. por Verruga y por Kay. vieron recortarse contra el firmamento y contra las estrellas algo cuya existencia nunca hubieran creído posible. ya que raramente crece en los terrenos pantanosos. que había imitado el golpetear del conejo. Por fin Verruga advirtió que unos grillos emitían sus agudas notas. casi ajenos a toda sensación. pero Falco leonis serpentis presentaba un cuerpo leonino y patas traseras como las de la bestia africana. El silencio de la noche era como un vino que caldeaba su sangre. Entonces el chico notó que Mariana lanzaba tres chirridos idénticos por ella. se vio rodeada por su banda de veintidós personas. Su edad y su peso compensaban la sabiduría del bosque que tenían aquellos hombres. Iban como en un sueño. y por f i n Lady Mariana. como había observado Mandeville. Todos los proscritos se hallaban presentes. bajo la misteriosa luz de la luna. cuando Mariana decidió comenzar la última marcha. al mirar hacia la izquierda. y ello les permitió caminar tres veces más rápido. Era una marcha fácil. que contaba novecientos años. como el grito del murciélago. a veces tan altas que resultaban casi inaudibles.

Por fin se encontraron cerca del castillo. Y una jarra rebosante de leche Casa de tocino de cuarenta costillas. era más bien la de salir corriendo de allí. y debían llevar a cabo el rescate. En esta poesía se describen las clases de comida de que estaba hecho el castillo. más bien una llanura. hacia el tenue fulgor que brillaba más allá de los árboles. Pero a Verruga y a Kay el olor les resultaba insoportable. un fulgor graso y mantecoso. Hervida. Hombres que no hirieron al gaélico Pues con flechas de manteca iban armados. Descubro una mansión bien emplazada Techada con mantequilla. Se trataba de un castillo hecho totalmente de comida. exceptuando lo que coronaba la torre más alta. de modo que no sentían el menor deseo de comer nada. que era un buitre con una flecha en el pico. pegajoso y penetrante—. Entre las dulces columnas Había hombres de requesón. una carnicería. y llegó el momento en que los proscritos tuvieron que detenerse. Los dos muchachos quedaron inmóviles. Avanzaron por el hediondo puente levadizo —de mantequilla. ya estaban obsesionados por la idea de su deber. De menudos de cerdo estaban hechas Sus hermosas vigas. todo a la vez. Ese era el aspecto de Castle Chariot.sigilosamente. Un gran caldero lleno de carne (Pienso si podré hacerme con él). una mantequería y una pastelería. Un cazo de callos —sostén de los clanes— Y todo manjar grato a los hombres. que se alzaba en medio de un lago de leche con un brillo místico y propio. El capitán oprimió con sigilo las manos de Kay y Verruga. con pelos de vaca aún adheridos a ella— hundiéndose hasta los tobillos. sonrosada. Hay dos suaves columnas de caramelo. que los Más Antiguos pensaron que sería tentador para los niños. Y realmente la fortaleza era una invitación para ciertos paladares. Lecho de un glorioso tocino Y de finas tajadas de queso prensado. procurando sepultar la aterradora imagen en un rincón de su recuerdo. Aún hoy puede leerse un poema escrito por uno de ellos. Su capitel es de nata cuajada. La parte escrita en inglés del poema dice así: Un lago de leche fresca admiro En el centro de una hermosa llanura. Tal vez ello se debiera a que rara vez tenían bastante que comer. que era cada vez menos densa. El lugar olía como una tienda de comestibles. maravillados y ante semejante fortaleza. asombrados. Estaban según creo allí reunidos. De maravilloso puerco. poema que recibe el nombre de Visión de Mac Conglinne. Sin embargo. Se estremecieron a la . repugnante —era dulzón. No tardaron en hallarse ante un extenso claro. Los Más Antiguos eran unos glotones. Lo que vieron entonces les hizo quedar inmóviles de sorpresa. Columnas y pilares eran todos. La verdadera tentación para ellos. jugosa. y los dos avanzaron por entre la maleza.

blando y dulce. Entonces apuntaron con sus navajas de hierro hacia los soldados. como si se hallase en trance. y no hiciera conjuros para estimular el apetito ajeno. fuera capaz de asumir una figura más agradable. Esta comenzó a retorcerse sobre su lecho de manteca de cerdo como si fuera una babosa. —¡Mis amos! —dijo el perrero. Ella no quería hacerlo. pero hemos venido a rescatar a nuestros amigos. y debemos volver a casa rápidamente. echándose de espaldas. —Esto es cosa de magia —dijo Verruga—. —Lo haremos los dos. de edad madura. donde Morgana le Fay yacía tendida sobre su glorioso lecho de manteca de cerdo. mordiéndoles los pies a los muchachos. Por fin llegaron a una cámara interior. que eran de queso cremoso. . tú. Los prisioneros se hallaban sujetos a unos pilares de maravillosas chuletas de puerco. evidentemente. o algo así de horroroso? —Quizá bastará con que la toquemos un poco con las navajas.vista de los callos y los menudos de cerdo. tú. El viejo Wat sólo se tocó el flequillo. Cavall se contentó con ladrar alegremente. y en el momento en que llegaban junto a ella. tratando de menear la cola en aquella incómoda posición. al menos. y éstos se retiraron. que aún olía un poco a leche rancia. ¿Crees que debemos acercarnos a ella y besarla. Así pues. oyóse un profundo retumbar y la sobrenatural apariencia del Castillo Chariot se vino abajo. Tal vez. —¿Queréis decir a vuestros súbditos de queso que los pongan en libertad? — agregó Kay. quedando sólo cinco personas y el perro en el claro del bosque. —Sentimos molestaros —dijo Kay—. Morgana era una mujer gruesa y desaliñada. —Hazlo. los dos chicos se dieron la mano y se acercaron a la reina. estaba hecha de carne humana. Pensé que ya estábamos sentenciados. y en general comportándose como un idiota. Pero ella. El metal le producía angustias de muerte. ésta ha sido mi aventura. La reina Morgana se estremeció. cuando estuviera fuera de aquel extraño castillo. pelo moreno y con un poco de bozo. —Bueno —dijo Kay—. Por último. Cuando vio las navajas mantuvo los ojos cerrados. —¡Dios sea loado! —dijo el fraile Tuck—. —No.

Se vio haciendo movimientos desesperados. de nuevo. todos al mismo tiempo. Los peligros de la expedición habían concluido. Tran. «Muut. con la boca abierta. al cual había liberado de su cadena de oro. Robín le preparó una hamaca con correas y con su jubón. por medio de un encantamiento. Decidieron dar un breve rodeo por el lugar donde habían visto atado al monstruo. que hacían « f u t t » . Luego vio saltar al Grifo. y obraron con menos precauciones de las que debían haber tenido. y con ansiedad extrajo otra de su cinturón. tran. Verruga vio que el monstruo vacilaba sobre sus patas traseras. Los proscritos se mostraron complacidos con aquel éxito. tantontavon. Ya era demasiado tarde para regresar al castillo de sir Héctor e incluso al campa mento de los proscritos. escuchando sus calladas contraseñas y pensando en las aventuras del día. oyó el . hizo el cuerno. sin pensar remotamente en el peligro que corrían. Una y otra vez repasaba los acontecimientos. Optó por sentarse contra el tronco del árbol. los emboscados arqueros se desplegaron en círculo. Mientras Robín procedía a interpretar su música de caza. y detenerse luego para colocar una segunda flecha. El Grifo inició un nuevo ataque. Observó entonces el rostro de Kay. tururú. cuando el castillo desapareció. sin lograr su objetivo. al notar el enorme peso sobre su cuerpo. El Grifo cargó entonces. tran». Sintió la garra que le dio en le pecho. Le retiraron de debajo del Grifo muerto. sin orden alguno. y el susurro de las plumas al cortar el aire. y aun las mejores flechas cayeron al suelo. Oyó el vibrar de las cuerdas de los arcos. «Tuun. Verruga tuvo la sensación de que le estaba gritando a él. ton. Oyóse un ruido similar al de un silbato de tren que comienza a tocar.CAPITULO XII ero si bien Morgana le Fay no podía soportar la presencia del hierro. Luego la falange de flechas surgió como un parpadeo de plata a la luz de la luna. Todo parecía desarrollarse con gran lentitud. tran. muertos de cansancio. lleno de excitación. colocar una discreta guardia y echarse a dormir donde estaban. tontavon. al pie del gran árbol. tontantontavon». barriendo a los hombres a derecha e izquierda con el azotar de su cola. en torno al muchacho. y lo único que esa noche les quedaba por hacer. Observó las filas de sus compañeros arqueros moverse como bajo una señal establecida. y el de Lady Mariana. Entonces se sucedieron unos momentos durante los cuales Verruga sintióse enfermo. y después toda la banda echóse a dormir. Antes de hundirse en la oscuridad. El chico vio su propia flecha salir volando bien alto. aún tenía a su disposición al Grifo. con una flecha de una yarda sobresaliendo entre las paletillas. Robín de los Bosques hizo sonar su cuerno de plata. tut. Verruga. que hasta entonces había oído solamente el percutir en los blancos de paja. Pero la piel del Grifo parecía ser tan dura como la de un coco drilo. y a tal fin iniciaron la marcha entre los oscuros árboles. Verruga colocó una flecha más en su arco. lanzando un grito. ahora ansiaba escuchar el ruido que los limpios y mortíferos proyectiles causaban al dar en la carne. Verruga no durmió mucho. trutururú. El monstruo había fenecido en el instante de dar el salto. que tenía clavada en un ojo la flecha de Kay. truut. observando a los rojizos centinelas que paseaban junto a la fogata. y lanzaron tal cantidad de flechas que parecía una nevada. contestaron en seguida. era preparar unas hogueras. Los hombres adelantaron el pie izquierdo. en algún lugar que no supo precisar. y en respuesta a él. Vio el enorme y oscuro cuerpo acercándose bajo el fulgor de la luna. Trut.

Se había decidido. —Ha sido una hermosa aventura —declaró Robín—. me gustaría que fuera el viejo Wat. la que dijera siempre a las buenas gentes que le ofrecían alimento. Wat. Eres un buen chico —declaró Robín— y puedes llevártelo. al fin. —¿A comer. ten cuidado por unos días con tu clavícula. tendido al otro lado. —Amo —dijo Wat de pronto. sonriendo. y Robín agregó: —Adelante. como solía hacer. Espero volver a veros. Robín dijo a Verruga: —Será mejor que le hables tú mismo. los sajones. le lamía de vez en cuando las tibias mejillas. como recompensa? —Ha sido una aventura maravillosa —repuso Kay—. El alba llegó despacio. de otro modo. eh? —¡Rrr! —aseguró el pobre hombre. de modo que no creo que le guste volver allí. —Enviaré algunos hombres para que os acompañen hasta el fin del bosque — . Trajeron al pobre anciano. Así es como pensamos nosotros. que habían llevado con ellos—. recordando una palabra. —Depende de lo que él diga. y pensé que tal vez él pudiera devolverle el juicio. ¿Creéis que eso estaría bien? —A decir verdad —contestó Robín—. Kay y el liberado perrero dormían al lado de Verruga. No tenéis más que seguir los claros. será conveniente que os marchéis cuanto antes.grito de Mariana «¡Buen disparo!». Perdona que me hubiera equivocado. ¿Por qué no pruebas a llevarte sólo la cabeza? —Con eso bastará —manifestó Kay—. y después de tomar el desayuno consistente en pan y venado frío. ni nada por el estilo. —Bien —dijo Robín. Era mi Grifo. mientras que Cavall. a comer. inclinándose suavemente y agitando los brazos en distintas direcciones. ¿Podría llevarme conmigo el Grifo? —Creo que te será muy difícil arrastrarlo. desconcertado. Lo que ocurre es que tenemos un preceptor que es mago. No me parece acertado entregar personas como regalos. Huyó de vuestro poblado. y lamento que os marchéis. Y dime. Quizá esas personas no se muestren conformes. y vio disparar centenares de flecha zos que iban a dar en papagayos que se convertían en Grifos. cuando todos se hubieron despertado. puede que sir Héctor envíe una expedición contra mí. Pero al menos le preguntaremos si quiere ir con vosotros. sonriente. Verruga. no creo que sea correcto. No creo que nadie se oponga a que me la lleve. ¿Qué piensas tú? —Si vais a hacerme un regalo —dijo Verruga—. Y tú. en cuyo caso le aceptaremos con gusto. ¿te gustaría venir a mi casa por un tiempo? —Aananana Barrabaabáá —dijo Wat. —Volved cuando queráis —añadió Mariana—. —¿Quieres venir conmigo? —Banabana Banabana. ¿qué harías con él? —No pienso retenerle. y manifestó: —Digo yo. o tal vez prefiera unirse a nuestra banda. Quizá desee seguir corriendo en libertad y comiendo bellotas. Gracias por vuestra ayuda. acariciándose el flequillo. —¿Qué pensáis hacer con el viejo Wat? —preguntó a continuación Verruga. cuando estéis aburridos. —Eso está bien. tímido y muy sucio. Cuando alguien fue a buscar a Wat. —Hacia allí —dijo Verruga. Yo te llevo. Ven conmigo. afirmativamente. ¿Puedo ofreceros algo. le pareció escuchar el zumbido de las abejas mezclado con el de los grillos. para haceros regresar. con ese aspecto ajeno e incomprensible que tienen los que duermen. señalando en la dirección que por el sol sabía que era la del castillo de su tutor—. Verruga no sabía muy bien cómo empezar. tan lenta y pausadamente que resultaba imposible determinar en verdad cuándo había amanecido como suele ocurrir en los meses de verano. y sus ojos relucieron llenos de contento. ante la perspectiva de poder comer algo.

¡Mirad cómo trae el brazo en cabestrillo! ¡Dios nos asista! —Me encuentro bien —repuso Verruga—. Pronosticó el regreso con exactitud matemática. Maté varias docenas como éste. —Que me aspen si ese viejo no es nuestro Wat —dijo Hob—. y se dispusieron a dar caza al gato. —Adiós —dijo Verruga. Sir Héctor se hallaba en el centro del puente con un grueso bastón en la mano con el que se proponía apalearles por haberle causado tanta zozobra. Espero que el perrero podrá llevar sin grandes dificultades la cabeza del Grifo. recibieron la cariñosa acogida de toda la servidumbre. mis queridísimos pequeños —manifestó sir Héctor—. obedientemente. al que encontraron echando su tercera siesta. había contado a sir Héctor justamente lo que los muchachos estaban haciendo. a un lado. Verruga se rompió una clavícula. tuvo en vilo durante todo ese tiempo a la servidumbre del castillo. al tiempo que miraban esperanzados la cabeza del Grifo. ¿Cómo habéis osado marcharos de casa. —Adiós. cubriéndose los ojos con una mano. La acogida fue apoteósica. por la satisfacción que sentía. La niñera sufrió un ataque de nervios. causándonos semejante inquietud? —Es un Grifo de verdad —insistió Kay. emprendieron el largo camino de regreso. Los cocineros y demás personal de la cocina aporreaban peroles y cazos. La llegada de los sabuesos solos el día anterior. y el sargento de armas limpió dos veces todas las armaduras. dejando caer la bandera que empuñaba—. sin el perrero ni Cavall. . —¡Vivaaa! —gritaron todos. ¿en qué ha quedado la zurra que pensabais darles. Había ordenado a todo el mundo que dieran los vítores cuando contase hasta tres. el perrero. que el chico de los perros mantenía en alto para que éstos no se la comiesen. El gato de la cocina maullaba desaforadamente. Me estáis haciendo daño. —Adiós —dijo Kay. los cocineros quemaron la comida. Entonces Kay. Wat y Cavall. Así pues. —Adiós —respondió Robín. adiós —exclamaron todos los proscritos. así como la falta de Kay y Verruga. y logramos rescatar al perrero y a Wat. a alguien se le ocurrió consultar con Merlín. —Bueno —dijo la institutriz—. —¡Una. el mismo que se volvió loco y salió huyendo. que se precipitaron sobre el perrero lamiéndole el rostro. La niñera insistió en empuñar una bandera que solía izarse cuando sir Héctor regresaba de sus vacaciones. acompañados de su escolta. dónde se hallaban y cuándo iban a volver. —Mis queridos. He dado muerte a un Grifo y Verruga viene herido. No sabéis cuánto me alegra volver a veros. y afiló las espadas y las hoces por si se producía una invasión. incluyendo a sir Héctor. para ver mejor. cuando era mozo. —¡Bendita sea mi alma! —exclamó sir Héctor.dijo Robín—. dos y tres! —exclamó el sargento. —¡Guau-guau! —ladraron los sabuesos. sonriendo. —Mirad lo que traigo —manifestó Kay—. y que decía «Bienvenido a casa». Los sabuesos habían escapado de la perrera. o una tonada parecida. aunque lo hacían muy desafinados. El sargento de armas sacaba tanto el pecho. que daba la impresión de ir a estallar de un momento a otro. a modo de visera. mientras cantaban «Volverás al hogar». que se observó al anochecer. Verruga. Luego ya os será fácil continuar el camino. El mago. porque no tenían a nadie que les cuidara. para lograr un poco de paz y de tranquilidad. sabiendo que no tenía nada que temer —. arañándole el pecho y olfateándole por todas partes para ver dónde había estado. —Adiós —contestó Mariana. Hob permaneció media noche buscando por la entrada del bosque. —¡Cielos. mi pobre gorrioncillo! —gritó la niñera. agitando sus arcos en el aire. No me apretéis así. Hob se había olvidado de sus queridos halcones y se hallaba de pie. eh? —¡Ejem! —carraspeó sir Héctor—. cuando el pequeño grupo de guerreros novicios llegó a la vista del puente levadizo. Por último.

deje de jadearme sobre el cuello. y ordenó que el Grifo fuera exhibido delante de ellos. Pero vamos a desayunar. pero en realidad es Robín de los Bosques. —Es un buen ejemplar. Y vos. mejor haréis manteniendo a ese mago alejado de los pobres niños. Nunca oí nada semejante. —Haremos que conste en las crónicas. y sé bien cuál es mi obligación. Un botín de monstruos y de lunáticos —agregó la vieja. —Ya hemos desayunado —repuso Verruga—. —Soléis llamarle Robín Hood —explicó Kay. Sir Héctor besó afectuosamente a los dos chicos. Ahora. con la inscripción «El primer Grifo de Kay». —¡Qué monstruo! —dijo al fi n el anciano—. ¿Dónde le habéis hallado? —El Buen Pueblo le capturó jun to con el perrero y con Cavall —contestó Verruga. de modo que habéis estado comiendo con ese personaje. En realidad se sentía ahora tan bien que se le hacía difícil quedarse en el lecho. Por un rayo de sol que se filtraba entre el cortinaje. y entonces me lo contaréis todo. ¡pensar en curar a un chiflado. sintiéndose mejor. vaya. vaya. ¿verdad? —dijo Kay. decir a Merlín que cuide de Wat! Verruga despertóse en su lecho. en busca del cirujano. con estudiada calma.. pichón mío. vieja cabeza de chorlito. parece que es el anciano que se volvió loco y huyó al bosque. A ver. cuando los pobres niños han estado al borde de la muerte. Merlín se ocupará de eso. la niñera añadió: —Sí. éste gritó sobre el hombro. para que lo vea Merlín? —Ah. —Pero acabamos con el Grifo —añadió Kay—.! Y volviéndose irritada hacia sir Héctor. ¿Puedo llevar a Wat conmigo. y deseando hacer patente su superioridad después del asunto de la zurra—. y hace varias horas. hasta que hayan descansado debidamente. y en seguida. Robín asegura que puede ser una nueva marca. cuando el brazo casi se os cae al suelo. pues los bosques son su elemento. —Vaya. ¿quién es Robín? —¡Robín de los Bosques! —exclamaron al unísono los dos chiquillos. amo Art. y vaya a caballo hasta Cardoyle. poniéndose de parte de los hombres. —No aturdáis a los muchachos —manifestó la niñera—. No me duele nada. lleno de orgullo. que permanecía sin hablar después de la firme respuesta de sir Héctor—. destempladamente—. sargento. en contra de las mujeres. —Nunca oí hablar de él. No en vano he servido a la familia durante cincuenta años. para que devuelva el juicio a Wat —dijo Verruga. ¿Cuánto decís que mide? —Dieciocho pulgadas de oreja a oreja.. el pequeño pudo deducir que era pasada ya la tarde. Y mientras llevaba a su indefenso cautivo hacia la cama. Lo disecaremos y lo colocaremos en el comedor. escrito en negro sobre una placa de marfil. Con un movimiento violento trató de echar . con voz que se alejaba cada vez más: —¡Por favor. —Dejad en paz a los chicos. Yo lo maté.—Eso fue posible porque enseñamos a los jóvenes amos a usar bien el arco — terció el sargento de armas. y Robín me la arregló anoche... y la fecha. sir Héctor. vuestra habitación y vuestro lecho son el lugar donde debéis estar. Agitó la mujer el delantal hacia el sargento. el cual dejó que se le hundiera el pecho y se retiró como una gallina mojada. La enérgica anciana que le cuidaba había corrido las cortinas. —Amo Art —terció severamente la niñera. si es necesario. A propósito. Vamos. niñera —ordenó sir Héctor. Es sólo una clavícula rota. —Lo haremos disecar por sir Rowland Ward —prosiguió sir Héctor. os iréis a la cama al momento. y la estancia se hallaba en una grata y fresca penumbra. lleno de contento—. —Os digo que me encuentro perfectamente —aseguró Verruga—. con tono de superioridad—. —Y ahora quiero ir a ver a Merlín. deberíais avergonzaros de seguir hablando de cabezas disecadas de monstruos.

podría decirse que lo está. que había olvidado mientras dormía. Verruga advirtió que Kay seguía recibiendo la educación de primera clase a que se refiriera sir Héctor. estaba contento con la forma en que se desenvolvía su discípulo Kay. Dice que de pronto todo se le volvió negro. El chico de los sabuesos afirma que el viejo fue muy bueno con él mientras estuvieron presos de la reina Morgana. —Merlín —dijo Verruga—. ¿Qué hicisteis con el viejo desnarigado? —Ya está curado —declaró Kay. Van a trabajar juntos en las perreras. cuando le empezaron a tirar piedras. y al ser atados a las columnas de menudos de cerdo del hada Morgana. con gangrena o algo así. de ahora en adelante. Le estaban dictando. y me rompió las gafas. uno llega a aprender algo de patología. espero que haya salido bien. sin pensar en el pasado. —Una operación engorrosa —aseguró Merlín—. —Es curioso. y que preferían vivir con los perros. Todos te creen en la cama. Cuando llegó a la estancia. la pluma se me ha atascado—. y asegura que no le importa la pérdida. cuando vio entrar a Verruga—. le detuvo en seco. —¿Qué clase de nariz? —preguntó Verruga. sólo le he psicoanalizado —contestó con displicencia el mago—. esa vieja me dio con una escoba cuando fui a verte esta tarde. Yo creo que ahora van a gruñir. en primer lugar. Wat y el perrero eran los mejores amigos del mundo. —Bueno —afirmó Verruga—. —Bueno. y así se hizo. ¿Qué habéis hecho con Wat? El anciano. Claro que cuando se ha vivido tanto tiempo en el mundo como yo. y que no puede recordar nada más. —Un momento —repuso Kay—. ¿Qué me has preguntado? —Bien lo sabéis —repuso Verruga—. Luego continuó con más cuidado y se deslizó fuera de la cama. no hagáis nada que pueda irritar a vuestra niñera —repuso Merlín. y ascendió por la escalera de caracol. aclarando que se habían acostumbrado a estar sin nariz. Me temo que las maravillas de la psicología analítica y de la cirugía plástica sean como un libro cerrado para esta generación. pero yo no se lo dejé — dijo Kay—. pero querían por nariz el pico del Grifo. ¿No podrías esperar hasta mañana? Al día siguiente.hacia atrás las sábanas. en vez de hablar. mirando angustiado a su alrededor—. —Bueno —contestó Verruga. pero asegura que no recuerda bien de qué modo llegó a hacerlo. pero un fuerte dolor en el hombro. ¿Qué han hecho después? Se fueron a las perreras. al ser apedreados por los demás. ya que cuando Verruga abrió la puerta oyó que Merlín pronunciaba con tono mesurado una famosa sentencia medieval: —Barabara Celarent Darii Ferioque Prioris. —¿Qué le habéis hecho? —Bah. y además al revés. El muchacho de los perros le ha perdonado. por Dios. introdujo los pies en unas chancletas y se las arregló para colocarse encima una bata. pero se ha visto coronada por el éxito. Se lamenta de haber lanzado piedras contra él. También al llegar la mañana siguiente se quitaron las narices que les había puesto Merlín. a los dos desnarigados les he puesto una nueva nariz. Además de eso. y también que no lo está —declaró Merlín—. Entonces pidieron la nariz de los lechones que tenemos para la cena. con tono de duda—. ¿Creéis que debo ir a visitarlos? —No. jovencito. Te la vas a ganar —agregó después. Su experiencia en común. A continuación se encaminó hacia la torre donde vivía Merlín. y ambos decidieron seguir durmiendo para siempre entre los canes. evidentemente. me alegro de que todo haya salido bien. El viejo Wat está muy pesaroso por lo que hizo al chico de los sabuesos. había creado entre ellos un estrecho vínculo. pues dijo gozoso: —Adelante. .

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Vienen de las playas africanas. querido niño. hablando así —exclamó el mago. —¿No podríais transformarme en algo. transformadme en algo. ¿no es cierto? —No creo que debiéramos hacerlo. —¿Qué? —¿Cómo? —Se arma uno un lío. —¿No podéis convertirme en una hormiga? —¿En una qué? —¡En una hormiga! Supongo que habrá conjuros pequeños para las hormigas. mientras estoy encerrado aquí dentro? —inquirió Verruga desde el otro lado de la puerta. Veamos.CAPITULO XIII pesar de sus protestas. —Bueno —dijo al fin Merlín—. si sale mal la cosa. es pronto para explicártelo.. entre las placas de vidrio. que podrán hacerse a través del ojo de la cerradura. —¿Sigues ahí? —Sí. Mi pobre presión arterial. en el momento en que sabía que la enérgica niñera estaba ocupada lavando la ropa. —Ten en cuenta que las hormigas no son normandas. otra vez no. Pero por favor. se veía obligado a darle sus enseñanzas a través del agujero de la cerradura. —¿Cómo decís? —¡Que no valen de esta forma! —Ah. en que llegaba Kay.. —¿Por qué? —Resulta peligroso. como nosotros. La única distracción del chiquillo era observar los nidos de hormiga. y dos láminas de vidrio. Verruga leyó la advertencia con disgusto. pero algún día lo sabrás. Se hallaba siempre solo menos a la hora de dormir. entre los nidos. entre dos placas de vidrio. con tono compungido. El lugar donde Verruga se hallaba parecía un gran roquedal lleno de peñas. ¿Lo has hecho ya? —Sí. El fortín tenía unas entradas en la roca. mientras lanzaba al suelo su capirote—. y son beligerantes. que habitualmente tenía Merlín en su cabaña.! No. y que se había traído con él al castillo. En cuanto a Merlín.. ¡Cástor y Pólux. con una fortaleza chata a un extremo del mismo. ahora. o voy a perder el juicio. —No sé lo que es un beligerante. —Los conjuros no son válidos a través del ojo de una cerradura.. —Colócalas en el suelo. a modo de puente. llevadme a. —En todo caso podríais volverme a mi estado actual. Al otro lado de la puerta hubo un denso silencio. si bien no comprendía lo que . el desdichado paciente fue recluido bajo llave en su habitación durante tres interminables días. y sobre la entrada de cada túnel se veía un letrero en el que podía leerse: Todo lo que no está prohibido es obligatorio. ¿Hay dos nidos de hormigas ahí dentro? —Sí.

En realidad podía decirse que se trataba de una emisión inalámbrica de radio. Era una voz agradable.quería decir. Los dos insectos aparecían enrollados sobre sí mismos. estudiando el letrero. las palabrejas comenzaron a enfermarle. que se ha caído del nido. esta hormiga habría dejado el fósforo y agarrado el cigarro. tal vez llegase a colocarlas en línea con el nido. y gato-pato-rato. Comenzó a explorar el desierto roquedal notando una sensación incómoda. lo cual era su propósito. Mientras Verruga estaba mirando los dos cuerpos sin vida. y comenzó a arrastrar los otros en diferentes direcciones. Pero si bien el hombre terminaría por dejar la taza y el bocadillo. sin querer dirigirse al lugar de donde le llegaban las órdenes. y de pronto le llamó la atención cierto ruido. plantando sus Patas en aquel mundo de insectos como si fuera a quedarse en él. tal vez el aspecto siniestro del túnel. Verruga observó las maniobras con una sorpresa que iba transformándose en desagrado y al fin en irritación. Sintió ganas de preguntar a su congénere por qué no pensaba las cosas antes de hacerlas. y que cuando se habían interrumpido un momento. sino a otros muchos lugares que él no llegaba a adivinar. El muchacho contestó Ave. o tal vez debiéramos decir la hormiga. empezaban de nuevo. del mismo modo que podía hacerlo un villano con sus mostachos. Eran igual que dos sillas. Movió Verruga sus antenas con todo cuidado. antes de penetrar ahí». Durante las pausas de aquella tonada. y hasta se estiran. antes de encender el cigarrillo. Estaban colocadas cuidadosa pero absurdamente. aunque no pensaba. como si un ser minucioso las hubiese llevado hasta allí y luego hubiese olvidado el motivo que había tenido para hacerlo. después hubiese dejado la taza por el cigarro. llegó otra hormiga conduciendo un tercer cadáver. cobrando seguridad con sus nuevos sentidos. caminillos que no parecían tener dirección ni objeto. y las palabras que sugerían eran algo así como luna-duna-tuna. que dos objetos. Verruga era afortunado. Entonces pensó: «Voy a explorar un poco los alrededores. No parecía saber dónde tenía que colocarlos. una especie de faena circense. El que lograse su objetivo sólo era una cuestión accidental. pues de haber ido a olfatear uno que no le correspondiera. Junto al orificio —de nuevo con la extraña sensación de finalidad indefinida— había dos hormigas muertas. sentía una voz en el interior de la cabeza. le habrían dado muerte inmediatamente. Después de una hora o dos. —¡Ave. por ejemplo—. Era como si a un hombre que tiene una taza de té en una mano y un bocadillo en la otra. aunque un tanto impersonal. Barbaras! —le dijo la recién llegada. un olor u otra sensación. Le llegaba por medio de las antenas. que no sólo llevaban al almacén de granos. cortésmente. se le ocurriese encender un cigarrillo. —Los individuos de dos días deberán trasladarse al pasillo del Oeste —decían las consignas. luego dejaría éste para recoger el bocadillo. Halló algunos pequeños senderos entre las peñas. a pesar de que el panorama que estaba viendo le aburría. es decir el mismo sentimiento que . Había algo que no le animaba a entrar. como una pulsación. y no daba la impresión de que lamentaran su estado. La hormiga colocó el cadáver distraídamente. como los seres humanos—. se alejó del fortín en cuanto se vio en condiciones de poder andar. En cierto aspecto. Bostezó ampliamente —pues las hormigas también bostezan. como si su tono fuera algo practicado. Cuando hubiera puesto las tres hormigas muertas en diferentes posiciones. Se dio cuenta de que las palabras no variaban. El chico. El número 210397-WD debe presentarse al destacamento de la sopa. que parecía estar dándole órdenes. Uno de aquellos senderos terminaba en un terrón con un orificio a un lado. y por fin habría dejado el bocadillo por el fósforo. Era una especie de música de ritmo monótono. reemplazando al 42436-WD. Se atusó las antenas con las patitas delanteras. No sabía a ciencia cierta si era precisamente un rumor. O más bien pudiera decirse que sabía en qué lugar ponerlos. Merlín le inculcó el olor de su propio nido. pero no lo recordaba y por eso se armaba un lío. El insecto tenía mucha paciencia.

y no puedo acordarme de nada. Barbarus! —dijo de nuevo la hormiga. —No tengo la menor idea —repuso éste. Hay un individuo loco en este sector. No Hecho ha sufrido una amnesia al caerse del nido. 105978-UDC informando desde la zona cinco. eran semillas Hechas. Corto. Con su mudo y amenazador rostro parecido a un yelmo y la especie de espuelas que tenía en las articulaciones de las patas delanteras. Pero basta ya de disquisiciones lingüísticas. empleando las mismas palabras que la voz de la emisora.. ¿Cuál es el número del individuo loco? —¿Cuál es tu número? —preguntó la hormiga a Verruga. La emisora central prosiguió diciendo: —Si está en condiciones de continuar con su tarea. llegó un mensaje preguntando si podía aclarar la causa de aquel hecho. que se aplicaban a todas las cosas. el afecto. que no encontraba ciertas palabras para lo que quería decir. Estas pertenecían a una especie . Sentíase como un mudo tratando de gritar «¡Fuego!». El otro insecto se quedó desconcertado por un momento. Luego tuvo deseos de hacerle algunas preguntas. y luego la voz respondió: —Cuartel General contestando a 105978-UDC. Esto hizo sentirse incómodo e irritado a Verruga. Si las semillas que encontraban los recolectores eran dulces. Cuando tal noticia fue transmitida al cuartel general. Luego extendió las doce articulaciones de sus antenas. pues era evidente que las hormigas no entendían de sarcasmos—. Es el individuo que se cayó del nido esta mañana. sinceramente. por lo que se detuvo. o incluso. —Atención —dijo—. Corto. dos cosas que le disgustaban mucho. lleno de desesperación. o una combinación de ambos. La palabra que realmente empleó para decir «loco». No era capaz de expresar lo que significaban la felicidad. Parecía no haber mejor explicación que la de haberse caído de cabeza. como: «¿Eres un sepulturero?». que fue enviado para sustituirle. Notó que Verruga se hallaba en su camino. —¡Ave! —¿Qué haces ahí? —No hago nada —repuso Verruga. y ahora descubría. Más tarde descubrió Verruga que sólo había dos calificativos en el idioma de las hormigas. era muy sencillo en el lenguaje de las hormigas.experimentan ciertas personas cuando ven hacer mal un trabajo. —¡Ave. y casi el mismo tono. parecía un caballero andante montado sobre un caballo armado. —Cuartel General contestando a 105978-UDC. Si alguien las había impregnado con sublimado corrosivo. y habló al éter más allá de Verruga. Si está en condiciones de continuar con su tarea. La hormiga repitió el mensaje. —En efecto —repuso Verruga sarcásticamente. me caí de cabeza. un centauro con armadura. La hormiga se lo dijo. aunque a las hormigas raramente les ocurre eso. —Aquí 105978-UDC informando. La emisión cesó por un momento. se decía simplemente con la palabra Hecho. Corto. Para poder hacerlo habría tenido que traducir su razonamiento a un lenguaje de hormigas por medio de sus antenas. Hecho y No Hecho. ordene a 42436-WD que se una a la escuadra del mosto. fue No Hecho. cuando trabajaba con la escuadra del mosto. La hormiga terminó de manipular con los cadáveres y se dirigió hacia el sendero.. moviendo las antenas hacia él como si fuera un tanque. El número del No Hecho es el 42436-WD. Decir «estar en condiciones de continuar con su tarea». «¿Eres un esclavo?». Eso era todo. lo mismo que el lector se quedaría si Einstein le estuviera explicando las últimas novedades sobre el cosmos. la libertad. eran semillas No Hechas. dejando aquéllos en total desorden. como todo aquello que no era No Hecho. es decir. reemplazando al número 210021-WD. «¿Te sientes feliz?» Pero lo extraordinario del caso es que no podía hacer esas preguntas. o bien.

sólo variaba en el número del delincuente. sin prestar más atención a Verruga. Masticó y tragó con premura. y eran sustituidas por una procesión de hormigas vacías que llegaban desde el mismo punto. colocándose sobre las espaldas de la antigua tirana. por ejemplo. y que le concedieron la Cruz al Valor de las Hormigas. Había un constante ir y venir en torno al montón de semillas. Por su parte. o algo así. Verruga se alejó hacia el nido henchido de mosto. Aquí viene una de esas melodías de luna-tuna-duna. (Más tarde se enteró Verruga que el método de sucesión entre estas Caudillas variaba de acuerdo con las diferentes clases de hormigas. pero ahora la masa principal quedaba almacenada en una especie de estómago superior o buche. De pronto Verruga se dio cuenta de que lo que comía no llegaba a su estómago. lo que conseguían abriendo o cerrando unos pasadizos de ventilación. se dirigían hacia la fortaleza interior.llamada Messor barbarus. donde millares de hormigas se alimentaban en los criaderos mientras otras llevaban los gorgojos a diversos compartimientos para que allí tuviesen una temperatura uniforme. y masticán dolas hasta que se formaba una especie de pasta o sopa. por ejemplo. la ambiciosa fundadora de un Nuevo Orden podía invadir un nido de Tapinomas. Allí. el sepulturero se fue en busca de otra hormiga o de cualquier cosa que tuviera que ser enterrada. Las hormigas que estaban de mosto hasta rebosar. formando una especie de círculo de adoradores. Se dijo que cuando se uniese a la procesión que iba hacia el oeste. Otra observación: —Oye. eh? Dicen que le picaron trescientas veces en la última guerra. Verruga entró en el círculo y anunció que el 210021-WD debía regresar al nido principal. En realidad lo que relataban las hormigas era como una especie de fórmula.. Una pequeña porción de alimento fue asimilada por él al comienzo.. En la escuadra del mosto sus integrantes conversaban entre sí mientras trabajaban. Nunca había una hormiga nueva en aquel desfile. enmascarándose en el . Luego. —¡Qué tremendo lo que hizo la 310099-WD! Se explica que la hayan ejecutado inmediatamente. Repitió varias veces su número. como una pesadilla en la que tuviera que consumir grandes cantidades de masilla. lo mismo que las demás hormigas. El muchacho se encontró en el vestíbulo de la fortaleza. y lo de la ejecución. —¡Vaya! —dijo uno de los individuos—. Me parece que. como lo seguirían haciendo durante el resto de sus vidas. a f i n de reunirse con la escuadra del mosto. al tiempo que le rodeaba un mar de adulación. así como el del individuo al que tenía que relevar. dando directrices y ordenando ejecuciones. —Está bien —repuso la hormiga a la central. Luego comenzó a llenarse con el suave mosto. Verruga pensó al principio que aquello era buena señal. poniendo huevos. imitando al resto de la escuadra. era como darse un banquete de nada. pero al cabo de unos minutos el trabajo le satisfizo menos. La escuadra del mosto se hallaba en una de las cámaras exteriores de la fortaleza. ¿no te parece que nuestro amado Jefe es maravilloso. Verruga avanzó en dirección contraria. y escuchó para enterarse de lo que decían. atendiendo a las emisiones de radio. Al principio la operación resultó deliciosa para Verruga. que después tragaban. En las Bothriomyrmex. para aprendérselo de memoria. Es de las que más me gustan. En el centro de todo ello la Caudilla estaba sentada felizmente. Esto lo hacían raspando las semillas que otros individuos habían recolectado. sólo el mismo grupo que iba de una parte a otra. no tenía escándalo ni chisme alguno que contar. pero habiendo perdido el gusto por aquello. —De nuevo esa agradable tonada de luna-tuna-duna. sin saber bien por qué. algo magnífico. del cual podría ser devuelta al exterior. que comió ávidamente. sin poder detenerse nunca. por orden especial de nuestro bienamado Jefe. —Qué suerte hemos tenido al nacer en el nido A. ¿no crees? Sería horrible ser una de esas espantosas Bes. tendría que vomitar lo almacenado en una especie de despensa.

le abrían la boca y se alimentaban de su interior. y el coro inalámbrico cantó: Cuando la sangre ajena surge del cuchillo. a f i n de poder recordarlas más adelante. Cuando el hambre sea bien evidente. El era un camarero mudo que alimentaba a clientes igualmente mudos. afirmó que la tonada de tuna-luna-duna era preciosa. También se informaba que el Padre Hormiga había ordenado sabiamente que las necias de Otronido debían ser siempre esclavas de las de Estenido. le detenían. con toda atención. Este lógico razonamiento se puso en práctica. Verruga escuchó dos de aquellas emisiones. pero procedía de otro nido. B. en ese momento: remediar un desgraciado estado de cosas. los animales domésticos —los gorgojos—. En la vida de ellas no se admitían preguntas. crezca C. Bastará decir que el chiquillo siguió viviendo entre ellas. Fue detenida por una de las hormigas sepultureras. y desde ellas al nido. serían raptados. que nunca resultan un tema agradable. si no quería perecer toda la raza. La tonada de luna-tuna-duna fue sustituida por varias marchas militares. a fin de que nuestro número y las defunciones por hambre. Además.) Descubrió Verruga que no había almacén para depositar el mosto. adaptándose a sus costumbres. y los dos nidos se prepararon para la contienda —pues debe admitirse que una nación nunca está lo suficientemente muerta de hambre como para que no pueda procurarse más armamentos que el enemigo—. observándolas a f i n de comprender cuanto fuera posible. y la serie de órdenes se veían interrumpidas por conferencias sobre la guerra. o más bien desde el momento en que unos espías descubrieron que en el otro nido había una buena provisión de semillas. Por lo tanto. haciéndose con el mando. Todo marcha perfectamente. Era una hormiga de la misma especie. todo venía dictado. la Libertad o la Felicidad—. Cuando alguien quería comer. a causa de nuestro crecimiento. hasta que llegase a reemplazarla del todo. Algo después. Las fronteras iban a ser violadas. Esto era casi una señal de locura. regurgitó mosto cuando se lo pedían. y en el mejor de los casos todos padecerían hambre. y trató de comprender lo que veía a su alrededor. que le dio muerte en el acto.olor de su anfitriona. La primera decía así: A. para entonces dispondremos de un ejército más numeroso y hambriento. La emisión cambió después de haberse radiado esta noticia. La agradable voz aseguraba que la querida patria estaba siendo asediada por una horda de asquerosas hormigas de otro nido. esa misma tarde. entre las hormigas. No le trataban en modo alguno como un ser racional. Verruga siguió reptando desde el nido a las semillas. y las mismas hormigas se mostraban impersonales en su trato. lógicamente tendremos derecho a apoderarnos de las semillas de otros pueblos. sino que resultaba hasta peligroso hacer cualquier pregunta. Somos tan numerosas que nos estamos muriendo de hambre. la primera hormiga iría cortándole poco a poco la cabeza a la segunda. una hormiga exploradora cruzó sobre el puente que Merlín había ordenado a Verruga que hiciera. pero sin hacer nunca preguntas. Ni siquiera su estómago le pertenecía. La querida patria sólo tenía un fin. Pero no necesitamos entrar en muchos detalles acerca de las hormigas. No sólo ocurría que el lenguaje de las hormigas no poseía los vocablos por los que se interesan los seres humanos —le habría resultado imposible preguntarles si creían en la Vida. Otro motivo era que la propiedad nacional de Estenido se veía amenazada. el patriotismo y la coyuntura económica. Entonces comenzó la segunda clase de emisiones . debemos fomentar las familias numerosas.

Un hecho extraordinario era que las hormigas corrientes no se mostraban impresionadas por las marchas ni por los discursos belicosos. pobres indefensas. tenemos derecho a apoderarnos de su mosto. Estos databan. A todo esto. Somos una raza superior. E. Después de esta segunda emisión. en defensa propia. no es un ataque lo que hacemos.aleccionadoras. Por las paredes del nido aparecían pintados numerosos letreros de propaganda. ni los tenían por emocionantes o tremendos. que llegaba al extremo de que las demás hormigas comieran en su boca. Esto es lo que se decía en esta ocasión: A. para disputar los imaginarios límites sobre las placas de vidrio. de un pasado en el que las hormigas aún no habían implantado el comunismo. No se les ocurría juzgarlos. Resultaban unas ceremonias realmente imponentes. la existencia de sólo dos valores. la falta de intimidad. como las tonadas de Luna. Por consiguiente. todo ello comenzó a anular en él la alegría de vivir que caracterizaba a su niñez. Los terribles ejércitos se encontraban a punto de comenzar la batalla. cuando Merlín acudió en auxilio de Verruga. C. G. Somos más numerosas que ellas. Si no las atacamos hoy nosotras. Por medio de su magia logró llevar al precoz estudioso de las costumbres de los animales de vuelta a su lecho. que no podía acallar. según descubrió Verruga más tarde. y nos asiste el derecho natural de sojuzgar a los enclenques. Llegó al fin el momento de la guerra. Los servicios provenían de una época en la que las hormigas todavía eran como las personas. y el chiquillo sintióse sumamente contento al verse de nuevo allí. sino que los aceptaban como un hecho. Verruga se hallaba desesperado. por lo cual están haciendo desesperados intentos para robarnos nuestro mosto. En todo caso. D. mientras otras le cantaban en el cerebro. debemos atacarlas. etc. y están tratando de dominarnos a nosotras. Ellas son de una raza superior. Se limitaban a aceptarlos como algo natural. Todo estaba preparado y los soldados se hallaban perfectamente adiestrados. ellas nos atacarán mañana. No consideraban buenos o malos estos asuntos. de un pasado tan fabulosamente antiguo que difícilmente podía establecerse la fecha. B. F. La continua repetición de voces en su cabeza. sino que les proporcionamos incalculables beneficios. Eran una especie de ritos para ellas. o las conversaciones acerca de su Bienamado jefe. por tanto.. la atroz monotonía. comenzaron los servicios religiosos. Ellas son más numerosas que nosotros. .

ello es debido a que no tiene que entregar su alma en el trato —como suelen hacerlo los que trabajan en la ciudad —. Desde el granero llegaba el monótono golpear de los desgranadores. Todo ello muy insano. con voz indignada y alejándose un poco extrajo con mucho misterio una carta de su bolsillo y la leyó una vez más. Todos efectuaban una labor determinada. unas pocas gallinas. eran los mismos labradores que hoy cobran unos pocos chelines a la semana por su trabajo. movió los brazos al pasar él. por lo que tampoco era conveniente que los esclavos la padeciesen. huevos y pan casero. Se daban cuenta de que sir Héctor estaba orgulloso de ellos y de que les apreciaba aún más que al ganado. con los delantales recogidos al cuello. pensaban que la suerte no les trataba tan mal. Sir Héctor se encontraba en ese momento dedicado a sus actividades con una energía inusitada. —¡Maldición! —dijo sir Héctor. pero si se desea verlo desde otro aspecto. una piara de puercos. si quiere verse el asunto de este modo. Eran gentes saludables. y aunque pareciese estar empleando mano de obra a tantos chelines por semana. Los villanos eran trabajadores que vivían en la choza de una sola habitación con su familia. donde los chicos golpeaban las encinas para que cayeran las bellotas. y al regalar en muchas ocasiones leche. había amos despóticos y malvados. no en el propio sistema feudal. o bien con una vaca. mientras otros cortaban leña para las chimeneas del castillo. mientras que los sembradores se desplazaban con movimientos rítmicos. se preocupaba de su bienestar y sabía distinguir al buen trabajador del malo. y viceversa. pero les gustaba vivir así. avanzando el brazo derecho contra el pie izquierdo.CAPITULO XIV urante los días de otoño todo el mundo se preparaba para el próximo invierno. Los grupos de forrajeros llegaban con sus carretas atestadas de helechos. el trabajador de la tierra acepta un pago tan exiguo por su trabajo. Los cerdos eran conducidos hasta las cercanías del bosque. El viejo caballero trabajaba junto a sus siervos. tiranos feudales a los que el rey Arturo estaba destinado a castigar. con excepción de sus hijos. en los campos de siembra los lentos y enormes arados de madera surcaban la tierra donde se plantaría trigo y centeno. en el campo se ha gozado siempre la misma libertad espiritual. que respiraban un aire libre de las impurezas de las fábricas. Los sajones eran esclavos de sus amos normandos. aun en la actualidad. pero parecía estar nervioso. se hallaban interesados de corazón en la faena que realizaban. Así. Desde tiempo inmemorial. En otras zonas de Gramarye. El señor del Castillo del Bosque Salvaje era algo más que un granjero: era un jefe militar que estaba dispuesto para organizar y dirigir la defensa de sus . Era un granjero de pies a cabeza. ni el villano ni el labrador padecían hambre. saludándole con voz aguda. entregaba bastante más al proporcionar gratis la cabaña. Nunca resultó beneficioso para un ganadero dejar que sus vacas pasaran hambre. y como el anciano amo quería a su ganado por encima de todo. cuando tenían un amo como sir Héctor. y por el día se llevaba las vacas a pacer a los altos rastrojos que habían quedado después de la siega. El bosque se estremecía con el sonido de las hachas y de los carros. Lo cierto es que si. Todos se sentían felices. cuando una anciana que se hallaba haciendo de espantapájaros en uno de los sembrados de trigo. Pero el mal se hallaba en las gentes que abusaban. En cualquier caso. Por las noches se desempolvaban los candiles y lámparas. evidentemente. el caballero dio un salto en el aire de un par de pies. y lo que era más importante.

Era un maldito acto de tiranía. Gerland. Sir Héctor había resuelto siempre el problema de las perreras del mismo modo. sir Héctor. Hebe. Esta empezaba el 25 de diciembre. procurando parecer lo más digno e impresionante que pudiera. ¡Como si los de él no lo hicieran mejor! El rey sólo hubiera tenido que enviar a por un par de jabalíes. El contenido de la carta. ¿Dónde demonios iba a meter a los reales sabuesos? ¿Tendría él. Los siervos. por lo que evidentemente tenía intenciones de enviar a aquel individuo a comienzos de la misma temporada. al verle marchar de aquel modo. había otro problema. Bungey. Además. Posiblemente el cazador en cuestión querría que se celebrase una de esas sesiones de caza con mucho boato y pocos resultados. Mantenía gran número de bocas hambrientas — entre cortesanos y soldados—. el tal Twyti. Ahora el bosque pertenecía al rey. ante los ojos del Cazador Mayor del rey. era el siguiente: «El Rey a Sir Héctor. mientras pisoteaban los sembrados y asustaban la otra caza. Y por si fuera poco. Sí. León. para que cacen en el Bosque Salvaje con nuestros sabuesos de jabalíes (canibus nostris porquericis). ni más ni menos. y en cuanto a la piel. etc. en las Navidades siempre se empleaban los perros que iban a utilizarse durante el verano siguiente en la caza real. según parece. por lo que resultaba natural que quisiera capturar y salar cuantos jabalíes. era un cazador consumado. el 20 de noviembre del duodécimo año de nuestro Reinado. Deberéis hacer que los jabalíes que caen sean convenientemente salados y mantenidos en buena condición. que echar sus propios canes a la calle. se riera en sus narices de su humilde instalación de caza. cuando tenía tiempo disponible. pero no por eso dejaba de ser un abuso. Sucedía todos los años. Cavall y otros perros. la blanquearéis como William os diga y con lo que él os entregue. Temía que la tranquilidad de su castillo se viera turbada por un grupo de disolutos cortesanos reales —nunca se sabía de lo que eran capaces esos tipos de la ciudad—. sino que durante dos días a la semana se dedicaban a cazar Para su amo. Sir Héctor se introdujo la maldita carta en un bolsillo y salió con iracundas zancadas del sembrado. pero eso no era obstáculo para que sir Héctor considerase el bosque como su bosque. Colle. Toby. y le disgustara la invasión de los reales sabuesos.. En realidad. y sir Héctor se los habría proporcionado con mucho gusto. Eso significaba que Twyti llevaría una .propiedades contra el ataque de los facinerosos. sir Héctor era un tímido. El rey había escrito pronto.: Os enviamos a William Twyti. UTHER PENDRAGON. venados. Firmado en la Torre de Londres. en el que centenares de peones iban vociferando para acorralar al jabalí. etc. tendría que invitar a sus vecinos. Aquello era casi tan malo como pagar los diezmos. no eran cachorros falderos. y que el cazador mayor. y a pesar de ello sentíase preocupado. etc. Os ordenamos que mantengáis debidamente a mis hombres durante el tiempo que permanezcan con vos. que utilizaba su Propia jauría de sabuesos. estaba en su derecho. nuestro cazador mayor y a sus acompañantes. serán cargadas. y tal vez intentara entremeterse en los asuntos de la perrera del castillo. comentaron alegremente: —Nuestro amo no está hoy de muy buen humor. a f i n de que capturen dos o tres de estos animales. Diamante. Ello significaba que debía enviar cartas de invitación a sir Grummore y a otros vecinos.» 12 Uther. traducido del latín. no le sobraba el tiempo. y las costas. Chico. Además. Por otra parte. molestase a los criados. el cual estaba en todo su derecho al enviar sus sabuesos a cazar en él. para que se alojasen los del soberano en las perreras? —¡Ira de Dios! —exclamó el desdichado amo. También era un caballero que a veces dedicaba un día entero a intervenir en alguna justa. Además. corzos y otros animales fuese posible.

El anciano permaneció mirando con gesto sombrío a sus dos muchachos. o Robín de los Bosques. y eran suficientes para todos. que incluso había informado a sir Héctor cuando una expedición enemiga se acercaba por el bosque. y pisoteó un grueso terrón. estaba también la Bestia Bramadora. además. las dificultades de la captura les hacía entretenida la tarea. hasta que se perdiesen en la espesura. ¿Qué diría entonces sir Héctor a su soberano? Y no sólo era el unicornio. Sea como fuere. Todo el mundo sabía que no era posible capturar un unicornio si no se disponía de una doncella como cebo (en cuyo caso el unicornio terminaba por colocar mansamente su blanca cabeza. o con un Grifo? Sir Héctor reflexionó un momento. aun cuando añora no fuese la estación más apropiada para la caza. ir hasta el arranque de la escalera una y otra vez para . hacía sentir felices a los dos chicos. por el contrario. con la tarea que suponía afilar las plumas de ave. como el de Windsor. y como él se acercase sin ruido. No menos tiempo necesitaría para hacerlo. En el borde del sembrado vio a la anciana que hacía de espantapájaros. cuerpo de leopardo. Pero. en las dos o tres horas que quedaban aún hasta la cena. en el regazo de la muchacha). El hombro de Verruga se hallaba bien de nuevo. si maese Twyti y sus condenados gozques se daban de narices con la Bestia Bramadora. o bestia semejante. Pero el Bosque Salvaje era algo muy diferente. aquella iba a ser una noche agradable. y le hizo una leve reverencia. Cabía suponer que los famosos sabuesos de Su Majestad salieran persiguiendo algún unicornio. si se enfrentaban con semejante bestia. y por f i n pareció sentirse mejor. ¿Y si los sabuesos se encontraban con un dragón de gran tamaño. Después de todo. si William Twyti conseguía dar muerte a su animal? Y todo eso sin contar los dragoncillos que habitaban debajo de las piedras y que silbaban como marmitas. Y si asistía. coronada por un cuerno de madreperla. El anciano sintióse tan reconfortado por sus últimos pensamientos. y aún en aquellos lejanos días. pezuñas de corzo. Otro asunto era la persecución de la pieza. se dijo. que resolvió visitar al párroco. ancas de león. —¡Maldición! —masculló sir Héctor. El mero hecho de atrapar las hojas. y que jamás había molestado al caballero en sus dominios. que correteaban como pequeños faunos en el ocaso del año. para invitarle a cenar con él.colección de cachorrillos que no harían más que molestar a todo el mundo. Robín era el que mejor sabía dónde podía hallarse un hermoso animal. No habían ido allí con tal intención. Pero resultaba difícil pedir a una persona que cazara unos cuantos animales para uno. al tiempo que gritaban y reían mirando hacia arriba. emplear la arenilla para secar la tinta. al verse con un proscrito como compañero de banquete? Y no es que Robín de los Bosques fuera una mala persona. no estaban al corriente de que cada hoja que recogían significaba un mes feliz al año siguiente. Mucho. de la que se hablaba tanto. El único que podía enseñar buenos lugares de caza al enviado del rey. Luego subió a su estancia y se dispuso a escribir una sumisa carta al rey Uther. uno a uno. Muy fácil se presentaba esto para los cazadores en bosques casi artificiales. cuando ésta se hubo recobrado de su espanto. persiguiendo sus presas que parecían vivas por la astucia con que les equivocaban. sin invitarle luego a la fiesta. Cada uno a lo suyo. y que aullaba como treinta pares de sabuesos. Pero como el viento del oeste hacía danzar los dorados restos por el campo. pensó sir Héctor. que recogían las últimas hojas que quedaban en el prado. ¿qué pensaría el rey Pelinor. Eran unas peligrosas alimañas. que vivía en la calle del poblado. Alegrado por semejante visión. y ésta se los comía. los sabuesos podían correr por el bosque durante leguas y más leguas sin dar caza jamás al animal. Sería algo muy divertido. ¿qué pensarían el Cazador Mayor y sus acompañantes. como parecían llamarle ahora. sir Héctor giró en redondo. era Robín Hood. —Buenas noches —manifestó sir Héctor afablemente a la anciana. donde el rey solía cazar. con lo que se dio por satisfecho. Si emprendían tal persecución. ¿Qué importancia tenía si cazaba de vez en cuando algunos venados? Había cuatrocientas millas cuadradas de bosques. decidió. y que tenía cabeza de serpiente. pudo lanzarle tal chillido que hizo saltar a la vieja aún más alto de lo que él saltara antes. era el lema de sir Héctor. era un excelente vecino. Los canes reales lo pasarían bastante mal.

o se rascaban las pulgas. y se encontraba en el segundo piso. y las mejillas de los diablos y querubines resplandecían como si les hubieran dado un buen lavado con jabón. el roble tenía un color dorado. y volver a rehacer de nuevo todo el embrollo. y al dar en la columna que divide el vano de las ventanas. En ella había dos grandes chimeneas. y se puso laboriosamente a escribir. Pero el sol aún sigue entrando a raudales por las ventanas. todos ellos muebles que poseían una solidez de ataúd. Sir Héctor sentóse en su cámara. encontraréis algunas reproducciones bastante bien logradas de los muebles que allí había. se hallaba sobre una percha en una esquina. Si ahora entrarais en esta cámara del Castillo del Bosque Salvaje. como cofres de roble. Los rostros demoníacos o angelicales estaban tallados ciertamente en la madera. iluminaría la piedra arenisca con el pálido fulgor de las edades pasadas. Todos los recios cofres de la estancia (que se convertían en asientos al colocarles encima unos almohadones de vivos colores) eran de madera joven. Era una habitación tan grande como el salón principal sobre el que se hallaba. El halcón peregrino. algunos de los sabuesos preferidos dormitaban resollando entre sueños. Se la rascó un momento. sin embargo. con la capucha puesta. igual que un ídolo que soñase con lejanos cielos. . ésta tenía seis o siete siglos más. la hallaríais vacía de muebles. En torno a esas chimenas. mordió el extremo de la pluma. Si os acercáis a la tienda de recuerdos más próxima. en las que los cenicientos troncos parecían volverse más rojizos conforme la luz solar se iba retirando.preguntar al mayordomo cómo se escribía ésta o aquella palabra. poseía amplias ventanas hacia el sur. Al cabo de un tiempo oscurecía y la estancia se llenaba de sombras. o mordisqueaban un hueso de cordero que habían birlado en la cocina. aparadores de diseño gótico y con extraños rostros de ángeles y demonios grabados en su oscura madera. mientras los rayos del sol invernal iluminaban su calva. Pero ésos no eran los muebles que había entonces en la cámara del amo.

CAPITULO XV ra Nochebuena. e incluso llegaban a espiar por los ojos de la cerradura de las casas. proporcionando grato jolgorio a todos en general. porque había muy poca gente para emplear. y los niños que no se empacharon con la cena cantaron algunas tonadas mientras mozos y . como prolongando su triste adiós. Todo el poblado había acudido a cenar al gran salón del castillo. Pero el brillo más rojo era el de las brasas en el interior de las cabañas del poblado. pero no se les ocurría meter piedras dentro. Era Navidad. y con alguno que otro «Los mejores deseos para estas fiestas. con voces altas y claras. depositándose en una capa de tres pies de grosor. por lo menos. con la mirada inyectada en sangre. y en torno a la fortaleza la nieve caía como debía caer. y el hielo chirriaba bajo los trozos de hueso que entonces se usaban como patines. cuando se les sacaba para que hicieran sus necesidades. cuando los alegres barones comían con los dedos los faisanes que les servían con todas las plumas de la cola. y en algunos lugares apropiados se transformaba modestamente en carámbanos transparentes de notable longitud. Por el otoño. pero no pavo. Depositábase en la bifurcación de las desnudas ramas. En esa época del año se patinaba sobre el foso helado. También hubo pastel de pasas y tanta hidromiel como podía beberse. y el rostro de sir Héctor relucía aún más colorado que dichas prendas. sin que jamás se formasen barrizales. con aviesas intenciones. la nieve caía uniformemente. Luego se entonaron los villancicos —entre ellos Adeste Fideles—. al tiempo que a un lado de la improvisada pista se distribuían castañas calientes a todo el mundo. ya que esta ave aún no había sido inventada. y había que hacer las cosas como era debido. Sir Héctor se mareó con los continuos «Mis mejores respetos. después de lo cual un singular doctor hizo algunas cosas sorprendentes. amo». cuando veía la posibilidad de caer sobre algún jovial individuo. y los lobos de la vieja Inglaterra vagaban baboseando debidamente por todas partes. el rocío relumbraba y las aves trinaban melodiosamente. buey. cerdo. las diminutas florecillas brotaban dócilmente en los prados. Pero en la vieja Inglaterra había un portento aún más grande. o bien la cabeza de un jabalí. lo que ocurría principalmente con propósitos agrícolas. servido con sus colmillos. mordían la nieve y se revolcaban sobre ella llenos de alegría. se las arreglaban para que la lluvia cayese cuando todo el mundo estaba en la cama. Tales maravillas eran dignas de ser admiradas. Los búhos ululaban. las hojas se estre mecían y susurraban a impulsos del viento del oeste. y de vez en cuando se escurría desde el techo de alguna casa del pueblo. cordero y capones. mientras el viento nocturno aullaba afuera. la víspera del día de caza. los cocineros echaban miguitas a las pocas aves que quedaban. Se acumulaba densamente en los bastiones como la espesa nata de un buen pastel. Se puso en escena una dramática historia referente a San Jorge y a un sarraceno. Era cuando no había desempleo. formando redondeados copos. y en cuanto a los perros. y los unicornios retozaban con sus pezuñas de plata a la luz de la luna y resollaban condensando su noble aliento en el aire gélido. El tiempo sabía comportarse como era debido. los aldeanos sacaban sus bufandas rojas. venado. Y en invierno. En verano reinaba un grato calor durante cuatro meses. el cual quedaba limitado por decreto a sólo dos meses. y cuando llovía. Los niños hacían bolas con el blanco elemento. Debéis recordar que tal Nochebuena transcurría en la vieja y jovial Inglaterra. En primavera. cuando los bosques rebosaban de caballeros andantes aporreándose mutuamente en el yelmo. donde se sirvió cabeza de jabalí. mi señor». Era Nochebuena en el Castillo del Bosque Salvaje.

Este tuvo que quedarse allí. mientras aún la tenéis. en los últimos cincuenta años. al tiempo que los niños se dormían en sus regazos. y desde entonces dejé que la condenada Bestia siguiera su camino.mozas danzaban en corrillo. El que nunca se quedó atrás? Sí. A Cavall no le gustaba el calor del fuego. El famoso cazador se puso en pie. —Bien hecho —contentaron todos—. Habéis oído eso. pues deseaba acariciar al animal. apoyando la cabeza sobre sus hombros. jadeando incansablemente y con su lengua sonrosada dos palmos afuera. Y en tanto vuelva a irme me deleito Reposando en una cama con colchón de plumas Y viviendo en un hogar incomparable. A continuación solicitaron la intervención de William Twyti. muy contentos con haber dejado atrás la época de prodigar semejantes saltos y zapatetas. pero en medio de la canción se olvidó de la letra y tuvo que terminar tarareando por entre el espeso bigote. Y con denuedo perseguí la Bestia Bramadora diecisiete años. para que el viejo Passelewe pueda cantar! En esto se puso en pie un anciano de aspecto sumamente vivaz. No podían oírle desde la . No tenía menos de ochenta y cinco años. después de haber tenido los dos una agradable justa. y lo único que quería era salir afuera. yo soy William Twyti Al que tuvieron que hacer callar por la mañana. y Verruga sostenía a Cavall en los brazos. cuyas mesas habían sido retiradas a un lado. el rey Pelinor se decidió a cantar y lo hizo ruborosamente de este modo: Ah. cantó así: ¿Conocéis a William Twyti. y con rostro serio y mirada bizca. con mis respetos. En la mesa más elevada se hallaba sir Héctor con los distinguidos huéspedes. Luego de unos discretos codazos. y que sonreían asintiendo aprobadoramente. que habían llegado para la caza del día siguiente. ¡Que cante el bueno de Ralph! ¡Eh! ¿Quién mató a la vaca. El del amplio jubón? ¿Conocéis a William Twyti. pero aún se mostraba gozoso al poder entonar la misma balada que había cantado antes ya de que sir Héctor estuviese envuelto en sus pañales. ¿eh? Pero pasadme la malvasía. —¡Ahora Ralph Passelewe! —gritaron—. pero Verruga le retenía con fuerza. Es mejor que viváis vuestra vida. Se puso en pie y comenzó a cantar una antigua balada romántica. que el viejo Grummore me invitó a ir a su casa. Las gentes de edad se sentaban cerca de las paredes. Y yo creía que iba a fanfarronear. ¿eh? Dijo que le hicieron callar por la mañana. que clavó en sir Héctor. excelentes personas. el cual había llegado la noche anterior al castillo. que se hallaba en el extremo más humilde y alejado del salón. Junto con sus perros y sus cuernos de caza. descansando en su cuna. estaba casi ciego y casi sordo. —Debéis de saber —aseguró el rey Pelinor. estos cazadores. maese Twyti. yo nací en Pelinor del famoso Lancashire. Ah. —¡Bravo! —exclamó sir Héctor—. sosteniendo jarros de hidromiel en la mano. y bebían borgoña y jerez seco. ni el olor del hidromiel. Al cabo de un momento sir Grummore rogó a los presentes que hicieran silencio. en el centro de la sala. Hasta que me quedé en casa de sir Grummore En el curso del presente año. como lo había hecho en todas las ocasiones semejantes a aquélla. cerca de la chimena. cuando empezó. enrojeciendo más aún mientras tomaba asiento y todo el mundo le golpeaba en la espalda—. Ralph? ¡Silencio. Los dos chicos estaban acurrucados bajo los bancos. ni los gritos.

llenos de incredulidad. después que el padre Sidebottom haya entonado las preces. Entonces le vio el tobillo. Las ovaciones que estallaron al final del discurso de sir Héctor se vieron acalladas al cabo de un momento por los chistidos de los que habían advertido que el sacerdote estaba pronunciando su oración en latín. sólo quiero desearos que paséis unas felices Pascuas.. Mientras permanecemos aquí sentados. en las que el pobre viejo rey Cole seguía viendo cada vez más cosas que no debiera haber visto. Oyóse entonces una discreta ovación. y entonaron con fiel acento: Dios salve al rey Pendragon . del Bosque Salvaje. Luego todo el mundo se puso en pie a la luz de las llamas del hogar. cuyos afanes por librar a nuestro bosque de la temible Bestia Bramadora son bien conocidos. mis queridos amigos por la espontánea acogida que proporcionáis a estos caballeros. advierto que algunos rostros se han ido de nuestro lado. Creo que os sentiréis igualmente satisfechos por las bendiciones que se han derramado sobre nosotros. nos honramos con la visita del cazador más famoso de Su Majestad. el señor William Twyti. pero todos sabían lo que su voz cascada estaba cantando. viva!) También tenemos aquí a sir Grummore Grummursum.. pues se hallaba demasiado lejos para que llegasen con claridad sus palabras. y lo digo sin temor a equivocarme. para que le llenasen de nuevo el jarro de hidromiel. ganó el primer premio en la Feria del Ganado de Cardoyle por segunda vez. terminaremos cantando el himno nacional. Púsose en pie con aires de importancia.. que decía así: Cuando el viejo rey Cole paseaba por la calle Vio a una hermosa damisela que iba a cruzar un charco. y que aunque todos lo sabían de memoria siempre lo acogían como a un viejo amigo. pues todos reconocieron el discurso que sir Héctor venía pronunciando durante los últimos veinte años. y que el año próximo volverá a ganarlo. ¿No fue aquel un portento? Había veinte estrofas como ésa. aunque no en último lugar. Todos lanzaban vítores al terminar cada estrofa. Ella levantóse un poco las faldas Para saltar por encima. (¡Bravo!) Por último. (¡Bravísimo!. estoy seguro. el cual nos demostrará mañana. y volvió a sentarse sonriente. en lo concerniente al ganado y los cultivos. y es hora de que observemos lo que nos depara el futuro. Esta noche damos también la bienvenida al famoso rey Pelinor. y luego conservados sin daño para que pudiésemos gozar de la alegría de esta noche. Y ahora. Todos sabemos que Crumbrocke. y a todos les gustaba la canción. mientras su Pesquisa así lo requiera.Aunque estoy poco acostumbrado a hablar en público. y que se han agregado otros al círculo familiar. Ha sido este un buen año. hasta que al final el viejo Ralph se vio abrumado por las felicitaciones.. Ellos sabrán aceptarla con el sincero y cálido espíritu con que se la ofrecéis. Estos asuntos están en manos de una Providencia todopoderosa. hasta dónde llega su destreza. (¡Viva. es tiempo ya de que mi breve reseña llegue a su fin. me cabe el agradable deber —yo diría el muy agradable deber— de dar la bienvenida a todo el mundo a esta celebración hogareña. Dios bendiga al rey Pelinor. y otras aclamaciones. —. a la que nos sentimos agradecidos. Todos nosotros fuimos creados. esta noche. Eso añadirá prestigio al Bosque Salvaje. siervos y demás: Aunque estoy poco acostumbrado a hablar en público. capaz de continuar pegado a su silla de montar.mesa alta. Otro año ha transcurrido. ¿Cómo será la Feria del Ganado el año próximo? Amigos míos. Le llegó entonces el turno a sir Héctor. deseando que una jauría de sabuesos reales se halle siempre cazando en el bosque que tanto amamos. carraspeó y con voz engolada pronunció el siguiente discurso: —Amigos.) Gracias. al extremo de que tendremos que frotarnos los ojos. un verdadero hombre de empeño.

Las antorchas parpadearon afuera. por temor a los lobos que realizaban sus correrías a la luz de la luna. el vasto salón comenzó a vaciarse de su alegre humanidad. cuando los siervos se dirigieron a sus hogares en grupos. y al f i n el Castillo del Bosque Salvaje quedó en silencio y a oscuras. en la calle del poblado. Dios salve al Rey.Y que dure mucho su reinado. Cuando las últimas estrofas se desvanecieron. . Que crezca siempre su gloria Y aumente como un rugido. Dios salve a nuestro Rey. en medio del extraño sopor de la bendita nevada.

y luego fue a ver si faltaba mucho para el desayuno. y qué partes comerían los sabuesos. en los clubes de equitación. Hasta el propio Merlín se había colocado unos pantalones de montar que iban a estar de moda varios siglos des pués. Sintió entonces un grato calorcillo. inmediatamente ponía atención a lo que se decía. ni la caza a cubierto. los zorros. que resultaba tanto más desconcertante porque unas veces era macho y otras era hembra. y le invitaban con los mejores vinos. por toda Inglaterra. las martas. y después se frotó las mejillas vigorosamente con una toalla. Verruga observó al gran hombre en silencio. de jaurías. Podíais hablarle acerca de un poderoso jabalí que estuvo a punto de acabar con vosotros el invierno anterior. y expuso su cuerpo al mordiente aire helado. Era lo único de que se le oía alguna vez hablar. Pero si alguien mencionaba las liebres. y luego se dirigió a las perreras para ver los últimos preparativos que hacía el cazador mayor del rey. durante algún tiempo. Rompió el hielo de la jofaina y sumergió la cara en el agua haciendo un gesto como si estuviera comiendo algo amargo. de fiemos y de cuernos de caza. que tenía una expresión de intensa melancolía. Vistióse casi con furia. Y lo cierto es que no sentía una gran afición por su trabajo. sólo que en la del jabalí se empleaban perros. cosa que no le ocurría a ningún animal más que a la liebre. No era como la del tejón. Podíais hablarle de rastros. se extendía con vehemencia sobre las maravillas de aquel asombroso animal. Haciendo un denodado esfuerzo. A él le habían herido los jabalíes diecisiete veces. Casi desde que tenía memoria se acordaba de haber ido persiguiendo a un corzo o de estar cortándolo en tajadas. a cortarlos en los trozos debidos. en . Hizo «¡Aaah!». La caza del jabalí era una empresa distraída. en cuanto se despertó arrojó a un lado la gran piel de oso bajo la cual dormía. a la luz del día. ni la del zorro. Se daba cuenta de que estabais tratando de demostrar vuestros conocimientos sobre ese tema que constituía su trabajo. Debía cortarlo todo diestramente. y su cuerpo presentaba una serie de cicatrices blanquecinas que se extendían casi hasta las costillas. En realidad era un carnicero distinguido. resultó ser un hombre de aspecto marchito. dejando dos vértebras en la cola para que los solomillos tuvie ran buen aspecto. Pero había una sola cosa que podía conmover a William Twyti: las liebres. Twyti solía contestar con monosílabos. mientras que sus pensamientos se hallaban en otra parte. Y él se limitaba a escucharos cortésmente. William Twyti. y después de dejar de un golpe su copa sobre la mesa. los mayordomos le obsequiaban espléndidamente a la hora de las comidas. y cuando se encontraba en las fortalezas. los lobos. Le enviaban siempre de uno a otro castillo. Los venados y los ciervos. mientras lanzaba bocanadas de vaho azulino. Durante toda su vida se había visto obligado a perseguir animales para la mesa real. y una vez capturados. y notabais que os observaba con mirada lejana. que hoy se practican. temblando. Tal vez lo más parecido fuera la caza del conejo con hurones. pidiéndole que les contara sus proezas de caza. todo eso no era para él más que una serie de cuerpos que había que desollar y cuya carne debía llevar para que sirviera de alimento. los tejones.CAPITULO XVI erruga se levantó temprano a la mañana siguiente. Advirtió que aún tardaría bastante. En verano e in vierno nunca dejaba de correr o de galopar detrás de jabalíes y corzos. pues todo el castillo padecía la misma excitación nerviosa que le había hecho saltar a él tan temprano de la cama. Tenía que conocer qué trozos del animal debían ser entregados a sus ayudantes.

Tal vez los sabuesos hubieran parecido de mala raza. Pelinor empezó a comerlos con gesto de desesperación. llegando a matar al cazador mientras estaba así empalado. el cazador sabía que entre el jabalí y él al menos había una lanza de distancia por muy furioso que estuviera el animal. Pelinor —dijo sir Héctor—. ¿Has afilado ya tu lanza? —Sí. Se afirmaba bien el extremo opuesto del arma en el suelo. Y que el jabalí puede mataros. pero esta mañana no siento demasiada hambre. y su único objetivo en la vida consistía en eludir la lanza para convertir al cazador en chuletas. Por lo general no se perseguía al jabalí a caballo. hasta que otro cazador llegase para acabar con la fiera. Sir Grummore alzó su nariz de la chuleta y preguntó agudamente: —¿Hay nervios? —No. —¡Ah!. con la cual se impedía que la lanza entrase más de esa longitud en el cuerpo de la bestia. No es eso. mientras mordía una chuleta de cerdo. Vamos. señor —repuso Verruga. Esos eran los perros apropiados para la caza del jabalí. De no ser por esa pieza. Si la fiera cargaba contra uno. De ahí que resulte comprensible la actitud un tanto reservada con que los cazadores del castillo tomaron su desayuno aquella mañana. Eran media docena de alanos blancos y negros. manteniendo la punta hacia el animal. y guiñó un ojo a su anfitrión. cuando la nieve podía apelotonarse en los cascos del caballo. comed estos pollos. con su pantalón de montar. el irritable jabalí. Servios estos capones. la he afilado ya —contestó el chico. mientras el objetivo del cazador era resistir con la lanza pegada al cuerpo. tenía bastante parecido con Lord Baden-Powell. a tiempo para el desayuno. hubiera sido atravesado por la lanza longitudinalmente. lo mejor era arrodillarse y apuntarle con la lanza. —¿Eso creéis? —Lo sé muy bien —repuso sir Grummore. aunque con dieciocho pulgadas de acero enterradas en el cuerpo. y se dirigió hacia el aparador para servirse él mismo una chuleta. El no creía poder comer más de una chuleta. Con los sabuesos iban los peones. al menos. bajo el brazo. Creo que cené algo anoche que me sentó mal. con cuerpo de galgo y cabeza de bull-terrier. —Sí. y contra un adversario que pesaba bastante más que el cazador. lo cual quizá se debiera a que la temporada de caza del jabalí era la de los dos meses de invierno. —No tengo mucho apetito —repuso el rey Pelinor—. se empuñaba una lanza. Mientras pudiera aguantar. que acompañaban a los cazadores trotando de modo algo más apacible. sólo que este último no usaba barba. para reponeros. en lugar de una carabina. Verruga notó que sir Héctor y sir Grummore parecían comer con un placer exagerado. a un entendido de nuestros días. y que podía abrirle a uno de arriba abajo en un instante. en ocasiones. El peso del animal era enorme. no —exclamó Pelinor—. —Tonterías. Cuando hubo concluido el desayuno. Había otros canes más. y llevaban bozales a causa de su gran ferocidad. y tenía una pieza transversal a unas dieciocho pulgadas del extremo. —Lo necesitaréis —confirmó sir Grummore—. al cargar arrolladoramente. en la caza del jabalí: resistir. cosa que no puede hacer el conejo.vez de hurones. se mantenía alejado del comedor. Dicha punta era tan aguzada como una navaja. haciendo peligroso el galope. Gracias de todos modos. —Hace una bonita mañana para cazar —agregó sir Grummore—. Merlín. amigo mío —repuso sir Héctor—. no coméis nada esta mañana. ¿eh? —dijo sir Grummore. Pero la cruceta le mantenía alejado a una distancia prudente. Y diciendo esto sirvió al infortunado soberano dos o tres capones. Además. al f i n del día. se consultó a William Twyti. en realidad. y el grupo de cazadores dirigióse hacia el lugar de la caza. armado sólo con un venablo. —Vamos. . u otra peor. Lo cierto es que había que ir a pie. Sólo había una regla. y en cuanto a Kay.

apoyó una rodilla en la nieve. pero creo que será mejor que me presentéis. Ya imaginaba que todo era normal. —Ah. pues había que contener al animal. no con H. ¿eh? —dijo angustiado sir Héctor—. La caminata y el viento helado le habían estimulado. Sir Héctor llevóse al recién llegado a un lado. Sir Héctor enrojeció visiblemente y dijo en voz alta: —Ah. Grummore. —Buenos días. ¿queréis venir un minuto. con las provisiones para la jornada. desde Hob. y el cortejo se detuvo. y dijo con un fuerte susurro. cuando se ponía nervioso. Notó el silencio que cayó sobre el grupo. es un viejo amigo. ante la excitación de la caza. con W. y comenzó la diversión. buenos días. pues resulta curioso que también vistáis de verde. lamentando haber tocado aquel delicado tema—. Era lo habitual en un día de caza. ¿Lo haréis. amo —dijo con acento placentero a sir Héctor. o la hoja de una guadaña sujeta a un palo. apresuradamente—. Es Wood. y se barajaron una serie de términos técnicos. Sir Grummore venía después. Observó al hombre que sostenía a dos de los sabuesos por la traílla. —¿Cómo estáis? —preguntó sir Grummore—. llamado Wood. ¿Hacia dónde vamos? En seguida entró Twyti en la conversación. ¿verdad? —No. —Ah. Verruga había perdido el aspecto asustado que le impidió desayunar con ganas. hasta el viejo y desnarigado Wat. y avanzaba junto a Twyti con la preocupada e importante expresión que siempre ha caracterizado a los dueños de sabuesos. Allí se encontraban todos los habitantes varones del poblado. El señor Wood. jadeando y preguntando a todo el mundo si habían afilado bien sus lanzas. y vio a Twyti que hacía una seña al perrero para que soltase a los sabuesos. Habían llegado al lugar del peligro. —Ave —repitió el rey Pelinor. sí —repuso éste—. —Mucho gusto —dijo Robín. Con W. pensando que el número proporcionaba más seguridad. el cetrero. no. Los dos primeros canes se internaron inmediatamente entre la maleza que rodeaban los cazadores. Este es el propio cazador mayor del rey. —Ave —dijo el rey Pelinor. Os ruego que seáis buena persona. Wood. Luego Robín se paró. el rey Pelinor. por lo que sus ojos relucían ahora casi con tanto brillo como los cristales de hielo a la luz del sol. tranquilizando a sir Héctor—. mientras que la sangre le corría tumultuosa por las venas. tened cuidado. Sí. examinó el suelo. preparado para lo que pudiese ocurrir. .Por su parte. Se cayó de un árbol. La caza del jabalí era como la del osezno. que oyó todo el mundo: —Por todos los cielos. Verruga situóse en el círculo de cazadores que rodeaba la guarida de la fiera. sir Héctor iba ataviado con prendas de cuero —no era correcto cazar con armadura—. Algunas muchachas acompañaban a los hombres. El rey Pelinor avanzaba detrás de los siervos. Supongo que no tendréis parentesco con Robín Hood. sí. Después se inició la caminata hacia el invernal bosque. verdad? —Desde luego —contestó el hombre de verde. perdón —repuso sir Grummore. El objeto de la caza era matar a la bestia lo más rápidamente posible. querido amigo. no Hood. claro que no —intervino sir Héctor. cuando se hubo recuperado—. vestido todo de verde y que empuñaba un arco de siete pies. Al llegar al bosque se les unió el último cazador. Advirtió cómo uno a uno los demás perros iban poniéndose inquietos y comenzaban a lanzar pequeños aullidos. señor Wood —manifestó sir Héctor. la horca. por favor? Deseo presentaros a un amigo. —Vaya. que aún no había perdido el hábito. como Robín Hood — manifestó sir Grummore. Viste así porque se le ha muerto una tía. y aseguró el extremo inferior de su lanza en el suelo. —Bueno. Era un hombre alto. de aspecto distinguido. Y éste es el rey Pelinor. es curioso. y todos llevaban una lanza. y los otros dos son el rey Pelinor y sir Grummore. Sí. y que no digáis nada inconveniente. y vio que los canes hacían cada vez más esfuerzos mientras se iban acercando al cubil del jabalí. —Sí.

El sargento de armas. Los peones se confundieron pronto porque no comprendían bien las notas del cuerno. y los alanos fueron soltados mientras las trepidantes notas de la llamada se difundían por el bosque. que ladraban ferozmente. porque si bien éste tenía la experiencia de toda una vida. que un afilado colmillo podía arrebatar a uno de ellos dentro de un momento. apareció un animal negro. ahé! —chillaban los peones—. Las cabezas se volvían rápidamente de lado a lado. pero el gruñido de sir Héctor y el balido del rey Pelinor pronto quedaron atrás. y la vibración hizo que la nieve se deslizase sin ruido desde sus ramas a la tierra. se le rompieron los pantalones de montar y se detuvo a arreglarlos por medios mágicos. o al menos no se lo pareció al chico en los primeros segundos de haberle avistado. además de haber sido enseñado no hacía mucho por Lady Mariana. sacudiéndose la nieve y culpando a su lanza del fracaso. que también parecía un ser negro al resaltar contra la blancura de la nieve. a fin de no perderse. señalando dónde estaba la fiera y lo que hacía. y quedóse atrás asegurando que su lanza ya no estaba lo suficientemente aguzada. la cabeza gacha y la llamarada rojiza que despedían los ojos porcinos. caballeros! —exclamó Twyti. peones. con el pecho más saliente que nunca. Verruga pareció darse cuenta de algunos detalles que no creyó haber visto cuando el jabalí estaba cerca. y no antes. Recordó la hirsuta crin que se alzaba sobre el lomo del animal. así como el breve fulgor de los colmillos. ileso. En cuanto a Merlín. sabuesos! ¡ Il est hault! ¡Il est hault! —exclamó sir Héctor. Todos los cazadores emprendieron la carrera y comenzaron a gritar. y el jabalí dio un salto. Los corazones latían aceleradamente en todos los pechos. del T. No se oyó rugido alguno entre la maleza.) . y una pequeña arteria del costado de cada cuello latía con la misma violencia que el correspondiente corazón. ¡Adelante. Sin aquel aparato se habrían perdido todos entre la espesura. así como de las notas que los cazadores lanzaban con sus cuernos. sire. Sir Grummore se puso en pie. si las cosas marchaban mal. ¡Dejad espacio a los sabuesos! —Digo yo —manifestó el rey Pelinor—. aunque había 1 Grito del cazador al avistar el zorro. Todo dependía allí del sonido que emitían los perros al ladrar. y las salientes costillas. El jabalí no expresó esta vez su furia por medios ruidosos. y a continuación se vio al animal que salía huyendo. mientras cada uno pensaba en lo hermosa que era la existencia. Los perreros que habían desalojado al jabalí de su escondite. adelante! —¡Cuidado. preocupado—. No parecía precisamente un jabalí. Podía moverse tan rápidamente como el cazador. Más tarde. La oscura bestia corrió sobre la nieve alzando una blanca polvareda a su paso. (N. Verruga se pegó a Twyti como si fuera una garrapata. Notó que Robín se mantenía al lado de ellos. junto al borde del claro. Sir Grummore. llevando de las traíllas a los sabuesos.Ambos corrieron sin hacer el menor ruido. gritaba «¡tallyho!»1 y decía a todo el mundo la dirección que debían seguir. Pelinor! ¡Atención. El animal se lanzó contra sir Grummore antes de que Verruga se diera cuenta de que era la presa que buscaban. —¡Ahé. Los gritos de los cazadores repercutieron entre los árboles. De pronto. y el hálito de la vida se estremecía con el viento del norte. el chiquillo era más pequeño y pasaba con mayor facilidad entre los obstáculos. y aun con aquello. la mitad de los cazadores se extraviaron en el bosque. a un centenar de yardas de donde estaba Verruga. Pasaron cinco largos minutos durante los cuales no sucedió nada. Un fuerte gruñido llegó claramente con el viento del norte. Sir Grummore se cansó en seguida. Verruga viose corriendo al lado de Twyti. En seguida comenzó la acción. Kay permaneció a su lado. preparó su arma. ni el ladrido de los perros. Unas gotas de sangre se veían sobre el helado manto. al tratar de asegurarse cada hombre de que tenía próximo a un vecino. El cazador mayor se llevó el cuerno a los labios. comenzaron la persecución. habiendo quedado agotado por la emoción del ataque del jabalí. ¿No ha visto nadie adonde fue? ¡Qué día más emocionante! —¡Atención.

Hob aún seguía corriendo. algo más atrás. de modo que lo que se arrojó sobre Twyti no fue un jabalí sino un amasijo de animales. hallándose en posición inexpugnable. que no podía hacerle daño alguno. fueron avanzando con él paso a paso. desenvainó la espada y acercóse al amasijo de animales. Los ladridos se extinguieron del todo. Twyti se dispuso a invertir la posición de la lanza. tropezó en una raíz. tres veces en el cuerpo del jabalí. Con el f i n de alentar a los sabuesos. Saltó hacia atrás. retiró lentamente una pierna del jabalí. Escuchóse el lejano y débil ladrido de uno de los perros. ¡Guaf! —gritó el cazador mayor—. La caza había terminado. y alzando el cuerno hasta los labios emitió una llamada. guaf! —jadeó el cazador mayor. mientras la espuma del hocico la caía desde los labios a la nieve. Beaumont. turururú. Luego Twyti avanzó empuñando la lanza. hizo una señal de conformidad y enderezó el cuerpo. Los sabuesos le rodeaban. que sedientos de sangre olfateaban la presa. La escena cambió tan repentinamente como se desploma un castillo de naipes. —Ya la tienen —declaró Twyti. Todo el grupo se vino abajo. ladrándole desde cierta distancia. agitando la lanza lleno de desesperación pero sin decidirse a dar el golpe decisivo. Entonces. Verruga comenzó a dar saltos en torno al grupo. el perro que encabezaba la jauría real. pero cuando volvía ésta. derritiéndola. y se aproximó cojeando a Beaumont. con su negro pelaje cubierto de sangre. No tan rápido. y los tres echaron a correr de nuevo. cada vez más confiados. se alejó a paso redoblado en dirección contraria. se palpó la rodilla con la diestra. dos. El cazador mayor temía usar la lanza por miedo a herir a los perr os. —¡Ahohó! ¡Escuchad a Beaumont! —gritó Twyti.perdido el sentido de la orientación. Poco después se oyó muy cerca a Beaumont. se retorcía a los pies de la fiera. ¡Ahé. —¡Guaf. seguido de los demás canes del grupo. Creo que los perros se han perdido. alentados por la presencia de su amo. y los sabuesos. Luego se puso en pie. dirigiéndose a Verruga como si fuese un sabueso—. El jabalí abandonó su escondite y se adelantó sobre Twyti. —¡Ahé. ahohó! Luego echóse el tahalí hacia adelante. ahé! ¡Ahohó. o podemos echarnos encima del animal. El irritado jabalí se había ocultado entre unas zarzas. como si los perros no influyeran para nada. y la lucha alcanzó su punto culminante. El jabalí no prestaba atención al sabueso herido. De todos modos quedaba el suficiente espacio. ahé! —exclamó el cazador mayor. los colmillos de la fiera se abatieron sobre él. el cazador mayor iba tocando su cuerno mientras corría: tu-tururú. Arrodillóse Twyti junto al perro y le cogió la cabeza entre las manos. Cuando lo hizo. pequeño. Mientras hablaba Twyti. para impedir el ataque con el extremo posterior del arma. Verruga advirtió que los ladridos de los canes se hacían más débiles y quejumbrosos. A continuación recogió su lanza sin decir una palabra. y tenía el trasero introducido en el hueco de un tronco caído. y la espada penetró una. con el espinazo roto. sujetándole fieramente por el lomo. Se mantenía a la defensiva con el labio superior encogido en una mueca feroz. Sus ojillos malignos miraban en todas direcciones. El alboroto aumentó aún más con la excitación de los alanos. La sangre le manchaba el hirsuto pelo del lomo y se deslizaba por una de sus patas. Twyti. Después le acarició lentamente y dijo: . —Deteneos —dijo Robín—. como si se tratase de arena. brevemente. Los ladridos del sabueso que mandaba la jauría se fueron aproximando. los alanos le cercaron. Robín dejó caer su lanza. La avalancha de animales siguió cargando. movió la pierna inquisitivamente en varias direcciones. —¡Guaf. en fila india. El aspecto del animal era estremecedor. Encabezando un desconsolado grupo de aldeanos. el cazador mayor. Con toda calma cogió a un sabueso por una pata. aunque el animal no abandonó su presa. el cuello y las patas.

como solía hacerse. el premio de los sabuesos consiste en entregarles las entrañas de la presa. pobre Beaumont. El toque de muerte de la presa atrajo a los cazadores perdidos. En medio de la excitación general. mon ami. Verruga no quiso mirar a Twyti durante unos minutos. que charlaban de pie en pequeños grupos. El sargento dio la voz de alto. —¡Magnífico. y en uno de ellos venía el rey Pelinor exclamando «¡Tally-ho! ¡Tally-ho!». que estaba detrás. los sabuesos recibieron un premio. Hob ya se encontraba allí cuando llegó sir Héctor. Sir Grummore llegó dando grandes zancadas. mascullando algo. No obstante. al tiempo que se cuece el pan. que se congregaron al cabo de un tiempo. Espléndida pieza. revolcándose entre las estrellas. acompañado por Kay. Pero Pelinor no hizo caso. pero. no hay recompensa. y siguió vociferando: —¡Eh. para dejar que corriese en libertad por la constelación de Orión. Cuando todos se alejaban. En ese momento reapareció el rey Pelinor. el valiente. A continuación se inició la operación de «preparar» al jabalí. todos se habrían perdido. presentadas sobre la piel del animal (sur le quir). todavía marchando a paso redoblado. diría yo. y sus gritos de «¡Eh. mi sabueso. ha ocurrido algo tremendo!» Por fin se presentó dramáticamente al borde del claro. pudieron oír los demás sus caídas entre la maleza. y la reconfortante bebida fue distribuida entre todos los presentes. escuchad! . Aun antes de vér sele. murmuró el último «Tally-ho» con voz débil y luego se quedó callado. y en ese instante una estremecida rama dejó caer toda su nieve encima del soberano. y aseguró que se trataba de una de las cazas más emocionantes que había presenciado. ahé. Oyez a Beaumont. ahé. el valiente. por haber fracasado su magia. volviéndose. descansa. Le quitan las entrañas sin desollarle. Verruga entristecióse. Por último se presentó la fila india del sargento de armas. y a continuación se alejó por el bosque. Ahora bien. El jabalí quedó dispuesto. Viejo amigo Beaumont. Salió de debajo del montón de nieve. El cazador mayor hizo una seña a Robín. a un jabalí cazado no se le desuella. igualmente. Se ataron por pares las patas del jabalí. el rey Pelinor. Luego se llevó el cuerno a los labios y emitió las cuatro prolongadas notas del toque de muerte. y les dijo muy satisfecho que de no haber sido por él. Twyti! —exclamó—. Esa es la forma de cazar una fiera. que no entendía demasiado de aquello. como todo el mundo sabe. sin que vacilara su llamada. duerme ahora. y luego miró a los ojos a su sabueso. escuchad! ¡Venid aquí. Esta se entrega más tarde. Abrióse un barrilillo de vino que previsoramente había mandado llevar sir Héctor.—¡Escuchad a Beaumont! Calma. cuando se asan las entrañas al fuego. comieron las provisiones que las muchachas trajeron en las cestas. como todos saben. sin saber que la caza había concluido. pero no pudo mover la cola. duérmete. el soberano se inclinó sobre la fiera muerta lanzando interminables vivas. Merlín apareció sujetándose los pantalones. pues se habían mojado de haberse sentado en la nieve. El extraño hombre de rostro inexpresivo se puso en pie sin decir una palabra y azotó a los demás sabuesos para que abandonasen la presa. El perro lamió las manos de su amo. He ahí explicado el error del buen rey Pelinor. escuchad. Entonces la espada de Robín sacó de este mundo a Beaumont. a fe mía. —Beaumont. aun cuando no la hubiese visto completa. y se introdujo entre ellas un largo palo. Beaumont. cometió el error de preguntar cuándo iban a dar a los sabuesos su recompensa. Cuando se lo explicaron. De todos modos. para poder transportarlo entre dos hombres. pues creyó ver que el cazador mayor estaba llorando. Twyti quedóse un momento rezagado y emitió el toque de presa. y los peones. —Me parece que sois un tropel de brutos —dijo el rey. Ahé. apartando la maleza con el pie de su lanza y jadeando con aire importante. y al no haber piel. hasta que sir Héctor le dio un golpe de plano con la espada. como si no lo hubiese notado. ¿Cuánto puede pesar? Los demás fueron llegando por grupos.

a la que daba golpecitos con una mano. Pero mirad ahora. Mirad esas costillas. sin nadie que la cuidase. o quien rayos seáis —quizá penséis que no lo sé. casi sin haber terminado de . como en los viejos tiempos. y luego. mientras las lágrimas resbalaban por su rostro. ¿cómo la encontrasteis? —tartamudeó sir Grummore. medio cubierta de nieve y con lágrimas en los ojos. no me vayas a dejar sin fiemos para siempre. —¡Venid pronto! —gritó aún el rey. ¿Qué os parece? —Un personaje muy excitable —repuso sir Grummore. —Callad. —A ver. con manchas en la piel. con cuidado. dejad de trompetear con ese cuerno y corred a calentar algunas mantas. con ese aire negligente. Grummore.—¿Qué ocurre. Haced algo. Traed el barrilillo de vino en seguida. No sé cómo pude quedarme tanto tiempo en casa de sir Grummore. Pelinor siguió palmeando a la Bestia Bramadora. e íbamos a dormir a las diez y media. como. digo yo. —Ocurrió cuando alguien me dio de plano con su espada. pero sí que lo sé—. Cuando tuvo el barril a su lado. —¡Pobre criatura! —dijo el rey Pelinor. levantadla despacio. Vamos. para que podamos llevarnos a la buena bestezuela a casa. Nos levantábamos al mismo tiempo. muriéndose casi. basta ya de apoyaros en vuestro arco. de frente. Héctor? Debemos transportarla al castillo y colocarla ante el fuego de la cocina. callad —dijo el rey. —¡Pero. Mandad a alguien para que haga preparar leche y pan. Antes era diferente. el rey tomó el mando de la situación. Pelinor! —exclamó sir Grummore. o como os llamen. cuya pezuñas eran de corzo. para ver lo que le ocurre. a ver. La columna avanzó calladamente en pos del rey Pelinor. Así. Eso ocurre por no llevar una vida metódica. y lleno de remordimiento agregó: —Y yo durmiendo en un lecho de plumas. No os quedéis ahí como un gaznápiro. De vos y de vuestro lecho de plumas. La pobre está deshecha. Robín Hood. bestezuela. Pelinor? —preguntó sir Héctor. y volviéndose lleno de aturdimiento desapareció de nuevo en la espesura. —Vamos. como a un imbécil. Vine por aquí y la vi tendida en este matorral. Estaba desfalleciente. no vayáis a tropezar. Después del cuello se iniciaba un largo cuerpo. si se muere. Sobre las piernas tenía una enorme cabeza parecida a la de una serpiente. atención. no te mueras. Sólo quise dormir un tiempo en una cama de plumas. Por favor. —Pero. eh. sir Héctor —exclamó—. sin dedicar un solo pensamiento a mi querida bestia. a ver si puedes tomar otro trago de este vinillo. Arrimad el hombro. —¿Estará en sus cabales? —dijo sir Héctor—. nos ejercitaremos un poco en la pesquisa. Bramadora? Tú irás por el camino alto y yo por el bajo. Twyti. siguiendo su errática marcha gracias a las huellas que dejaba en la nieve. y decid a ese musculoso sargento que os ayude a llevar el animalito. El espectáculo que se presentó a la vista de todos fue algo que no esperaban. Ahora. lleno de indignación—. vamos —estaba diciendo el rey—. Grummore —agregó el rey. Traed otro palo. ¿No lo comprendéis. en seguida—. Te hará mucho bien. No os quedéis tartamudeando ahí como un bobo. Cuando vio a sir Héctor. Y vos. Vamos. bestia. El cuerpo terminaba por unas patas de león. ¡march! »Y en cuanto a vos. Y estaba echada sobre la nieve. »Cuando lleguemos a casa —prosiguió diciendo el rey Pelinor—. casi sin voluntad de vivir. —Será mejor que le sigamos. las pesquisas se hacían en horas establecidas. y será vuestra la culpa. Pelinor vertió una generosa cantidad de vino en la boca de la Bestia Bramadora. En medio de un pequeño claro se hallaba sentado el rey Pelinor.. como un perro faldero. lo primero que debemos hacer es darle una buena comida. delgado y amarillo. vamos. Parecen los aros de un barril. ¿Qué me dices a eso.. durante un par de horas. Vamos. si ya es de mañana. De verdad que no pensaba dejarte. cabezas de chorlito. porque nadie se tomaba interés por ella. La angustia le confería autoridad.

hablar—. podéis quedaros con vuestro lecho de plumas y prenderle fuego.» .

y él te dirá muchas cosas sobre sus congéneres. mirando a Verruga por encima de sus gafas. —Tendrás más posibilidades de verlas sin que echen a volar. No llegué a tener ocasión de volar. cuando llegó al borde del bosque. ¿no es mejor que lo intentes por la noche? —Por la noche las aves suelen estar durmiendo. Era una hermosa tarde. las ovejas. La Bestia Bramadora corría hacia atrás. No es un lenguaje como el hu mano. los caracoles y otros seres vivientes. plantando alubias y otras hortalizas. Arquímedes? —preguntó Verruga. Los que observaban desde las almenas vieron que la fiera trataba de confundir. pero me . —No veo motivo para que no lo hagas —repuso el mago—. contra las que conspiraban las aves. —¿Acaso sabes por qué cantan las aves? —preguntó Verruga. la tierra parecía esponjarse con las últimas lluvias caídas. El blanco manto invernal había desaparecido. así se entienden. de la leche y el pan. y todo lo que se veía a través de la ventana era hermoso. al cazador mayor. Desde la habitación que servía de aula de estudio. Las gentes del poblado cuidaban de sus huertos. debido a la alegría que sienten. y dijo: —En una oportunidad fui ave. y en él. pero sólo en el pabellón de cetrería. con evidente ingenio. durante la época de la cría. Podrías ir con Arquímedes esta noche. Verruga miró por la ventana. También añade en otra parte que «las cornejas. y cuando se halló recuperada salió del castillo con grandes muestras de gratitud. al rey Pelinor y a la Bestia Bramadora. pero mucho lo que se da a entender». es poco lo que se dice. —Me gustan las cornejas —aseguró el chico—. mejor dicho. Será una tontería. —¿Querrás hacerlo. una tarde—. tratan a veces de cantar. pensando en los zorzales—. —Gilbert White —apuntó Merlín— escribe. ¿Es ése su lenguaje? —En efecto. Esta última había revivido bajo la influencia del afecto. llevándose con él a sir Grummore. arrastrando detrás a su sabueso. pero sin gran fortuna». como en otros viejos modos de expresarse.CAPITULO XVII reo que ya va siendo hora de que recibáis algunas lecciones más —dijo Merlín. —Veamos. las huellas que dejaba sobre la nieve. ¿qué te gustaría ser ahora? —preguntó Merlín al chiquillo. para ser seguida dos horas después por el perseverante rey. escuchó el canto de los zorzales. o escribirá. manteniendo los ojos cerrados para que el animal se alejase—. que «el lenguaje de las aves es muy antiguo. También vieron al rey Pelinor —que contó honradamente hasta diez mil. los alerces del lejano bosque se veían en la plenitud de su intenso verde. brincaba veinte pies hacia un lado. se desplazaba por ramas horizontales. porque el tiempo vuela. pero les sirve para comprenderse. Aunque ciertas lecciones no deban repetirse. y realizaba muchas otras tretas con gran contento. y todos los pájaros del mundo volvían a sus lugares para trinar y hacerse la corte. me estaba sintiendo un poco aburrido. para aprender bien aquello? Verruga se había sentido picado por el afán de ser ave que embarga a toda persona sensible en primavera. ¿no creéis que debiera ser pájaro de nuevo. Era una tarde de comienzos de primavera. borraba sus pasos en la nieve con la cola. —De mil amores —repuso el búho—. La verdad. Pero. el cual se mostró muy confuso cuando llegó al lugar más difícil y luego se alejó a caballo en dirección contraria a la que debía seguir. y por la noche.

muy cariñosa. aunque ellas vayan en bandada. Todos los córvidos tienen un sentido del humor muy retorcido. con tono mesurado— Es sabido que la paloma constituye la presa más codiciada de todas las aves rapaces. como los filósofos. Creo que hay que tener coraje para atacar a un halcón. —Pero son unos pésimos padres —aseguró Merlín. a varios árboles de distancia. y también un sistema social. Sabe dejarse caer de un árbol por el lado opuesto al que estén los hombres.parece que es mi pájaro preferido. y volar bajo. —Son gentuza. para hablar de todo eso. sino que lo hacen con gusto. de que todo el mundo está contra ella. —No sé. No se limitan a volar. a la altura de los setos. tal vez mi ave favorita sea la paloma. —Otra de las cosas que me gusta de las cornejas —prosiguió diciendo Verruga. —Al menos —agregó Arquímedes—. todos los componentes del grupo reducen a migajas el nido del atrevido en un abrir y cerrar de ojos. parloteando. por lo que los perros no suelen cogerla con la boca. y si cae en poder del enemigo pierde las plumas con facilidad. «¿Sabéis acaso —añadió Arquímedes— que las parejas de pichones siempre anidan con la cabeza hacia atrás. y son individualistas que sobreviven a las fuerzas de la matanza sólo gracias a su destreza para la huida. y sin embargo. me resultan simpáticas. Las palomas se arrullan con verdadero cariño. dándose cuenta. son pájaros inteligentes. Es muy hermoso ver a las cornejas cuando regresan a sus nidos. que viste de color pardo. A través de los siglos ha aprendido a huir de los demás. a pesar de su humor tan especial. Podrán ser ladronas y gastar bromas pesadas. y se trae alguna morena doncella de una tribu vecina. No pueden casarse. Me gusta su charla. Jamás una paloma cometió un acto de agresión o se ha vuelto contra sus atacantes. —Pues insisto en que me resultan simpáticas —manifestó Verruga. que estaba de talante educativo—. pero yo sólo estaba pensando en sus costumbres domésticas. o para buscarse mejor las pulgas. es una pregunta muy complicada. sobre todo cuando es una paloma gorda. a fin de poder vigilar en todas direcciones?» —Sé que así lo hacen nuestras palomas domésticas —dijo Verruga—. y de polluelos son charlatanas y perversas. no hay ave más diestra para eludirnos. es su valentía. y luego contestó: —Bueno. Se reúnen en otoño. haciendo jocosas observaciones y empujándose unas a otras del modo más vulgar. en bandadas. —¿Por qué? —inquirió Arquímedes. Supongo . Es un pájaro que vigila constantemente. Por eso cada una de éstas tiene sus nidos marginales a su alrededor. —¿Qué clase de leyes son las suyas? —Bueno. pensativo—. se trata de leyes acerca de la defensa de la bandada. en el aire. como otras aves. descríbelas. A mi modo de ver. y tal vez se empujen unas a otras de un modo un poco descortés. —La paloma torcaz —agregó Arquímedes— es una especie de cuáquero. Luego le hacen alejarse de la bandada. —¿Quieres decir que tienen leyes? —Desde luego. y cosas así. una chusma —repuso Arquímedes. ¿sabes?. De polluelo es obediente. —¿Cuál es tu ave favorita? —preguntó Merlín al búho cortésmente. y si alguno pierde todo vestigio de decencia. pero tienen valor para combatir a sus enemigos. Es como preguntarle a uno cuál es su libro preferido. y como padre es muy sabia. Son unas de las pocas aves que tienen un Parlamento. nutren solícitamente a sus polluelos. Arquímedes lo pensó un momento. en un prado. Y aun entonces. —Pues me gusta ver cómo disfrutan volando —dijo Verruga—-. si no es con miembros del propio grupo. —¿Para comértela? —Dejemos a un lado ese aspecto —repuso Arquímedes. —Veamos. que cuidan con verdadero mimo. para mantener la paz. sólo por parecer ridículas. A veces se vuelven boca arriba. sobre el matrimonio. no dejan de hacer el payaso. —Eso es cierto —confirmó Arquímedes. con tono altanero.

No parece que comprendáis el significado que tiene el tono y la frecuencia de la llamada. Así. Sus bandadas se disgregan en invierno. jurúuu» —contestó Merlín. —Vamos. Las diversas clases de pinzones emiten el crujido de las semillas al abrirse. —Vaya. y el pobre animalillo. mi querido amigo. lo que le permite obtener los insectos de que se alimenta. —¿Y los trinos? —Las aves imitan sus llamadas. otra le contesta «En efecto». Por eso vuestros polluelos hacen «¡Quiii-vic!». de modo que los machos quedan en un grupo y las hembras en otro. cuando les destrozan la concha con el pico. como imitación de lo que oyó antes. sobre todo cuando cortejan. —Hacen «Jurúuu. —Comprendo —declaró Arquímedes. sino también de lo que se bebe. está bien —dijo el ave. cada vez que el cernícalo avista a un ratón. Aristóteles también atribuye a la tragedia un origen imitativo. Otro cernícalo. los ánades salvajes croan como las ranas que comen. y luego hacen variaciones. y cómo se remontan y cierran las alas. ¿Y qué hay respecto a mí? —Bueno. escucha ese grito. y eso es . que se trata del sonido que hace el vientre en los agujeros donde prefieren dormir tus congéneres durante los inviernos. exclama lo mismo. Mi amigo Linneo le llama célibe. aparte de la comida. Merlín se acarició la barbilla pensativamente. con su tono más doctoral— asegura que el lenguaje de las aves se basa en la imitación. tal vez la pareja del anterior. en el descenso. o ave soltera. —¿Por qué no? —Está bien. aterrado por aquellas garras. Pero.que la razón de que la gente está siempre tratando de matarlas es porque son tan voraces. Son esos ruidos del líquido los que oímos en el canto del petirrojo. —Otro amigo mío —respondió Merlín. con resignación. y lo mismo hacen los alcaudones. al menos durante los meses invernales. —Comprendo —repuso Arquímedes—. reina entre ellos la paz. —Bueno. o lo que sirve para bañarse —apunto el búho. en la vida existen otras cosas. —No me parece que vuelen como los picamaderos —declaró Merlín. y el picamaderos imita el golpear sobre la madera. sin desconcertarse—. Es evidente. a partir de tales imitaciones? —Lo repiten la primera vez —explicó Merlín—. o se bañan en el agua. Hasta las aves beben a veces. al menos. —Pues yo creo que se trata de una lección interesante —observó Verruga. —¿Y los adultos? —inquirió el búho. Los halcones chillan como su presa. Pero esta vez no se trata del grito de una presa. pensando que su amo también tenía derecho a decirlo. y a partir de ellas hacen las variaciones peculiares de cada especie. sarcásticamente. —Ocurre del modo siguiente —dijo Merlín—: El cernícalo se abate sobre un ratón. parece que ya no se trata sólo de lo que se come. tal vez no —admitió Verruga. ¿cómo puede surgir un lenguaje. y contestó en seguida: —La mía es el pinzón. para animar a su preceptor—. de modo que su vuelo es semejante al de los picamaderos. —Estábamos hablando antes de si los pájaros podían conversar —dijo Verruga. vamos —repuso el mago—. todos los cernícalos están llamándose de ese modo: «¡Quii-quii-quii!» —No puede decirse eso de todas las aves —dijo Verruga. —Pero sí de buena parte de ellas. lanza un agónico grito: «¡Quiiii!» Luego. Si alguna dice «Qué hermoso día». ya sabes muy bien que la musaraña que persigues grita «¡Quiiivic!». y al cabo de algunos millones de años. gravemente—. Lo que me gusta más de las palomas torcaces es su forma de volar. Los mirlos y los zorzales chasquean igual que los caracoles. como Sherlock Holmes. —¿Y cuál es vuestra ave preferida? —preguntó a su vez Arquímedes. Arquímedes suspiró en profundidad y dijo resignadamente: —Será mejor que nos lo contéis.

—Hola —dijo Kay. Me refiero a ese «Tac» que los seres humanos podemos hacer chasqueando con los labios. —«Tiriu» —hizo Verruga. arrellenándose placenteramente en su asiento—. he matado a un zorzal.todo. si no sabéis dónde está vuestra pareja. prefiero hablar de los ratones. por experiencia personal. desesperado. Si yo me acerco mucho. mas por lo que concierne a los pobres búhos. y me entenderán con toda claridad. debo decir que no tenéis razón. música —manifestó el nigromante en un éxtasis. suavemente. Mirad. en seguida. al tiempo que abría la puerta de la estancia—. —Sois un gran profesor —dijo Arquímedes—. aunque no se mencione en los libros de ornitología. —Ah —repuso el mago. llenos de angustia. —Está bien. —Cuando se trata de reflejos condicionados —declaró Arquímedes—. Podéis decir «Quiii-vic» con tierno acento. Espero que me digáis los dos cuál es el ave cuyo canto no deba atribuirse originalmente a alguna clase de imitación. con delicadeza. Podéis gritarlo agudamente. —¿Y qué pretendemos imitar con eso? —Evidentemente. —El ruiseñor —manifestó Arquímedes. o «Cuidado con el halcón». o coléricamente. —Música. o para atraer su atención sobre la presencia de extraños cerca del nido. Siento llegar tarde a la lección de geografía. Pero a veces dicen «Qué hermoso día». ahora vamos a tratar de imitar el conmovedor canto de nuestra bienamada Proserpina. ya que tanto sabéis de nosotros. Estuve tratando de capturar algunos pájaros con mi arco. —¿Podríais decirnos —terció Arquímedes—. —La chotacabras —dijo Verruga. como desafío. . que no es como vos decís. Así es como los pájaros van desarrollando su lenguaje. Un sólo «tat» puede significar que hay peligro. pero mostrándose incapaz de hacer la menor imitación. hacéis otro sonido característico de los búhos. variando el tono. y ello supone una expresión de afecto. Cuando los encontráis. cuando se encuentra animada. entonces chillaréis «Quiiivicquiiivic-quiiivic». y además. De ese modo puedo decir : «Cuidado con el gato». —No lo niego —admitió Merlín—. como llamada. —«Pieu» —añadió el búho. cuántas cosas podemos expresar las aves variando el énfasis de nuestras llamadas? —Un gran número de cosas. Sólo me he referido a los rudimentos de vuestro lenguaje. —Imita el zumbar de las alas del escarabajo —contestó Merlín. el quebrar de los huesos del ratón —contestó el mago. la clase de riesgo que se presenta. Puedo asegurar.

y el cielo estaba totalmente despejado. y la estrella Cazadora. como si no sintiera repugnancia. De nuevo aleteó. que parecía hecha con el polen de las flores. a su lado. observaba a su amo. Aterrizó en el antepecho de la ventana con un golpe sordo. como un sabueso. balanceándose en el aire. —Ahora será mejor que vueles un poco —dijo Arquímedes—. pero no calculó bien la distancia. Orión. con un jugoso sabor parecido al melocotón. que cogió la presa sin protestar y se la llevó a la boca. Verruga notó una sensación tan extraña. «Ahora es cuando me rompí el cuello». sin dejar de remontarse. antes que nos marchemos. Le pareció que ni siquiera se movía en el aire. de nuevo. para que te acostumbres. Pronto llegaría el verano. el firmamento parecía un terciopelo oscuro y espeso. aunque la piel no era tan sabrosa como el animalillo. con las manos cruzadas detrás de la cabeza. como si fueran luciérnagas. Era curioso. Dio unos aletazos. abandonándose calladamente a la suave velocidad de los espacios. me voy de cabeza contra el suelo. También por la ventana penetraba el aromático olor de las flores. pero en seguida se reanudó. Así no hay quien te siga. siguió un trecho y cayó afuera. como le habían dicho que hiciera. que aún no había aparecido. claro está. —Si dejo de hacerlo —repuso Verruga—. Aldebarán y Betelgeuse corrían en pos de Sirio. saltó para encaramarse a la ventana. o el búho. y no menos de cinco ruiseñores estaban compitiendo en un concierto de melodías. cada vez más alto. Verruga. y entonces Arquímedes iría a buscarle para someterse a la magia de Merlín. a su lado— deja ya de volar como un picamaderos. entre las oscuras frondas de los árboles. como suelen hacerlo las lechuzas y los búhos. podría dormir junto a las almenas. pensó alegremente. Verruga hizo lo que le mandaban. Imagino que iba hacia arriba. ya sobre el horizonte. —Ten. mueve las alas continuamente. Aún estaba totalmente despierto cuando llegó Arquímedes. Era una noche hermosa. Enmarcadas en la ventana del oeste. cómete esto —dijo el búho. . y en seguida notó el impulso que le proporcionaban sus alas.CAPITULO XVIII erruga estaba despierto en la cama. No le sorprendió notar que era un bocado excelente. entre los astros. Tenía que esperar hasta que Kay estuviese dormido. al vacío. en lugar de agitarlas a saltos. sin alcanzarlos nunca. los ciruelos y los espinos se hallaban en plena floración. Siguió observando las estrellas en una especie de trance. en medio del silencio de la noche. como lo hago yo. y « Vía Láctea. Verruga escuchaba cubierto a medias por la piel de oso. pues las grosellas. No haces más que avanzar a empellones. pero no se tomaba la vida en serio. Vio que los muros desfilaban rápidamente. —Eso ya está mejor —dijo el búho. y contemplaba a través de la ventana las estrellas del cielo nocturno de primavera. —Necio. Entre las estrellas. sino como si las acabasen de lavar y se hubieran hinchado con el agua. que ya no aparecían heladas y metálicas. —Por todos los cielos —jadeó Arquímedes. Reposaba debajo de la gran piel de oso. y entregó a Verruga un ratón. y la caída pareció detenerse. y se sorprendió al ver que la tierra dejaba de balancearse debajo. Hazlo desde la ventana al suelo de la habitación. las fresas silvestres. y contemplar esas estrellas justamente encima de su rostro. Todo aquello resultaba demasiado hermoso para poder dormirse. y que el suelo y el foso crecían con gran rapidez. y notó la extraña sensación de ver la tierra oscilar debajo de él.

Una cámara de rayos infrarrojos es capaz de tomar fotografías en la oscuridad. admirando el panorama. aunque es cierto que les ocurre eso —dijo Arquímedes—. para posarse hacia arriba en la rama que habían elegido. —Ahora comprendo por qué los reptiles que se cansaron de estar en el agua se transformaron en aves. es lógico que prefieran cazar cuando reina la oscuridad y muchos animalillos están a su merced. todo parecía diferente. lo hacen mejor. pues no deben poder despegar desde una superficie plana. Por lo tanto. Mientras Verruga se quedaba quieto. Lo mismo ocurre en el aire. ¿Nunca has notado cómo ascienden un poco los pájaros. Y lo cierto es que el mundo tenía un singular aspecto desde allí arriba. y al fin se dio cuenta de que se había posado felizmente. es perfectamente posible posarse en superficies llanas. en el agua? No pueden posarse de ese modo. y cómo el ánade chapotea en el agua. ¿es necesario que hablemos mientras volamos? Estoy comenzando a cansarme. como los vencejos? Seguramente serán los peores. —¿Te gusta? —Muchísimo. Balanceóse de atrás adelante dos veces. ahora que podía mirar a su alrededor. y que si el mismo Verruga había mostrado admiración por las evoluciones de las cornejas. remóntate hasta que pierdas el impulso. A los búhos les ocurre lo mismo. —La temperatura —dijo Arquímedes— depende de la vegetación que hay debajo. Es decir. —¿Y las aves de alas largas. Para ello es necesario deslizarse a la velocidad mínima. las verdes copas de los árboles le habrían parecido blanquecinas a la luz del día. Le contó que si bien el vencejo era tan diestro en el vuelo que podía dormir mientras se hallaba en el aire. de lo que percibe el ojo humano. ¿verdad? —La razón es diferente. como la garza o el avefría. con la diferencia de que poseen la ventaja de apreciar las cosas de noche con toda claridad. en tanto que ahora. cuando era pez noté que en el agua había algunas partes que estaban más calientes y otras más frías. Las aves que tienen alas en forma de cuchara. antes de posarse? No caen directamente sobre la rama. y luego suben. Verruga imitó a Arquímedes. y luego aumentar la resistencia al viento ahuecando las alas y bajando las patas y la cola. cuando nosotros no podemos ver. Explicó las acrobacias que hacía. aunque resulte más difícil hacerlo. por el simple placer de hacerlas. Luego plegó las alas. Pero. Habrás notado que pocos pájaros lo hacen con gracia. sino que bajan un poco por debajo de ella. y también puede tomarlas a la luz del día. no lo hacemos del todo mal. los búhos como las lechuzas o los mochuelos. Era como volar en un crepúsculo que redujera todo a sombras del mismo color. el pájaro que mejor volaba de todos era el avefría. Comenzó a caer justamente cuando estaban encima. ¿Sabes?. —Ya empiezas a pensar con cordura —hizo notar Arquímedes—. pues es inexacto que sólo puedan ver de noche. debo decir que nosotros. —Bueno. —Pero los pájaros también descienden a la tierra. En cierto modo podía decirse que semejaba al negativo de una fotografía. Eran las únicas aves que consideraban una diversión el deslizarse desde una altura al suelo. A Verruga. Fíjate cómo el cuervo da un golpe al caer. En el ápice del ascenso pierden velocidad y se posan. por la noche. es mucho más entretenido. calientan el medio que está más arriba. con aire maravillado. como si estuvieran cubiertas por una floración de manzano. ¿Y qué me dices de los patos silvestres. ¿Te importaría que descansáramos un poco? —¿Cómo se hace para posarse en tierra? —Debes reducir la velocidad todo lo posible. —Los búhos preferimos descansar cada cien yardas. y ya cerca del suelo te posas en él. También lo hacen de día perfectamente. su amigo procedió a hacer una disertación acerca del vuelo de las aves. Ciertamente. en el espectro.—Es curioso cómo se ve todo —observó el muchacho. pues alcanzaba a ver una raya más allá. y se aferró a la rama en el último momento. —Y yo también. Tanto si son bosques como si es maleza. Sin pecar de inmodesto. con excepción .

mientras hablaba. Eran los débiles candiles de una cabaña de pescadores. pero movía el cuerpo de un lado a otro. Muy lejos. y en el seno de la noche. dispuesto a mostrarse sanguinario. cuyas aguas. mientras el proyectil aéreo caía en medio de la hojarasca. Por último. la . En el mundo de los hombres raramente vemos extensiones llanas. oyóse en seguida un golpe sordo y un crujido de hojas. —¿Adonde piensas llevarme? Arquímedes terminó con el gorrión. Pero bastante más abajo de donde estaba Verruga posado. como lo había expresado un famoso escritor. En un momento había un búho hablando de avefrías. cabe imaginarse que sus contorsiones eran dignas de ser observadas. limpióse educadamente el pico en la rama. solamente. dando la cara al viento. Esos eran todos los indicios de este mundo: el rumor del mar y las tres endebles lucecillas. En aquella vasta planicie imperaba un elemento. y ten en cuenta que los búhos no matamos por placer. y volvióse a mirar de frente a Verruga. Verruga prestó escasa atención a la conferencia. Arquímedes tenía quietas las patas en las ramas. que se asemejan a la superficie del cielo de la boca. El lugar que Verruga dominaba con la vista era absolutamente llano. En este tránsito. las casas y las desigualdades del terreno son algo habitual. Aquellos ojos grandes y redondos tenían. el chico vivía sobre la nada. Pero allí. había tres puntos de luz formando un triángulo. Pero se había establecido un límite a aquel estremecedor vacío. Verruga. y un segundo más tarde el ave había desaparecido. pasa a través de algo. Un minuto después el búho se hallaba junto a Verruga en la rama. Pero aquel viento que notaba Verruga no venía de ninguna parte. Merlín quiere que pruebes a ser un ganso salvaje. se dedicaba inconscientemente a espiar la presencia de una posible presa. —¿Qué estás haciendo? —preguntó Verruga. deseosa de cobrarse víctimas. el cuervo. humedad. en el vientre de la noche. el inmisericorde mar. Resultaba amenazadora. Arquímedes se marchó. había una fuente de sonido. hacia el este. Como al mismo tiempo Arquímedes podía volver la cabeza casi hasta quedar mirando a sus espaldas. Era el vasto. alegre y hermoso de todos los pájaros. en una sólida nada parecida al caos. —Una vez que hayas aprendido a volar —manifestó Arquímedes—. Pese a la pregunta. Dos millas hacia el oeste. me han encomendado la misión de que te instruya. Siempre horizontal. pues trataba de acostumbrar sus ojos a los extraños tonos de luz. Pues el otro búho. has estado comiendo como ser humano todo el día. y una vez que termine mi cena. su fuerza se ejercía toda sobre el cieno. En el mundo de los seres humanos el viento procede siempre de alguna parte y se dirige a otra. vastedad. Con excepción de la húmeda solidez bajo sus palmeadas patas. Lo demás eran tinieblas. realmente. bien sean copas de árboles. calles o setos. sintió como si no hubiese sido creado. Estos se habían levantado temprano para aprovechar la marea en las sinuosas caletas de la marisma salada. incluso habría tenido esas pequeñas marcas parecidas a olas. no atravesaba nada. tal vez a una milla de distancia. De haber sido arena húmeda. puesto que los árboles. silencioso tangible. corrían en sentido contrario a las del océano. eso será lo que haremos. monotonía. al tiempo que observaba a Arquímedes con el rabillo de uno de sus ojos. el chato e infinito cieno era tan informe como un oscuro requesón. a veces. picoteando un gorrión muerto. —¿Puedo hacer eso? —preguntó Verruga. y tampoco tenía un destino preciso. Además. cierto fulgor luminoso semejante al de las uvas maduras. con su dimensión y su oscuro potencial. como la persona que en el cine tiene una señora gorda sentada delante y no sabe bien por qué lado debe mirar. Para hacerlo. El ratón mágico que te convirtió en búho es bastante para ti. por ahora. infinito. Pues era un elemento.del más viejo. —En realidad no debes hacerlo —repuso Arquímedes—. el viento.

con bruscos movimientos. eran de una hermosura tan intensa que Verruga sintióse impulsado a cantar. Por lo general. el muchacho se dio cuenta de que estaba descansando entre un vasto grupo de congéneres. En cuanto abandonó el suelo. El amanecer. El continuo despegue de las escuadrillas de aves le impulsaba a seguir el ejemplo. Los que partían más temprano no se mostraban comunicativos. que tan grato parecía resultar. Había unos cuatrocientos de ellos distribuidos por la parda vecindad. de resbaladizas frondas. eran aves taciturnas antes de la salida del sol. Ocho de sus vecinos habían estado sacudiendo los picos. Cuando ya iba a amanecer. algo más lejos de las rompientes. volviéndose de cara al viento. situada más allá de la tierra. sólo hacían observaciones ocasionales. llenándola de actividad y de belleza. pudo advertirse una leve nota de excitación en el parloteo de las aves. que había estado lanzando sus plañideras quejas desde mucho antes de amanecer. y la marisma salada se hizo más visible debajo. donde se había visto el tenue fulgor del amanecer. despertándose sobre el cieno. el hombre no puede olvidar. toda la bandada ascendía verticalmente hacia el cielo. Los gansos salvajes de frente blanca son hermosas criaturas a las que una vez vistas de cerca. con las alas batiendo en la negrura. La cerceta. echó a volar. mientras que los que nadaban en el agua sumergían la cabeza y al sacarla la sacudían. habían comenzado a prepararse para el vuelo. aun pareciendo tales. y una evidente y contagiosa alegría de vivir. tiño el mercurio de las caletas y el fulgurante cieno. Describían un amplio círculo y luego ascendían rápidamente. Verruga comenzó a sentirse inquieto. y la majestad de los ordenados vuelos. Luego. Pero no quería continuar en solitario. El chorlito. Cuando el ganso que estaba al lado de Verruga extendió las alas. Cuando todo estuvo dispuesto. Los ocho gansos se dispusieron en línea. el denodado sol comenzó a elevarse. Casi todos se hallaban sentados sobre el cieno. El sol. Ahora. Sus brezos. el viento pareció desvanecerse. Deseaba unirse a los demás y gozar del ejercicio del vuelo matinal. o de un jefe de grupo. se habían emparejado con las algas hasta convertirse en brezos marinos. Las familias de la nidada del año anterior se mezclaban entre sí. Era una ciénaga informe que se había hecho marítima por accidente. Mucho antes de que el sol apareciese en el horizonte. Un destello anaranjado apareció en la oscura faja de nubes. Dirigiéronse hacia el este. que comenzaron a mover la cabeza de lado a lado. de la disciplina. y se sentía en paz. ampliamente espaciados. Tal vez los grupos familiares se dieran cuenta de que era un intruso. Y como un millar de gansos estaban volando a . llegó silbando sus notas dobles. Los gansos que estaban en el barro parecían como grandes teteras. El profundo silencio comenzó a verse roto por la amistosa cháchara. Estaba volando. desde tierra. repentinamente echaron a volar en bandadas de treinta o cuarenta. El ánade silvestre acudió volando trabajosamente contra el viento. Una nube compacta de estorninos giró en el aire produciendo un gran alboroto. Aves de tierra de todas clases poblaban la línea de las mareas. para perderse de vista en seguida. y ahora. En tal caso. Unos pocos. al elevarse. el muchacho le imitó maquinalmente. y un graznido de triunfo que surgía de sus gargantas. Aquellas aves tenían sentido de la camaradería.corriente interminable del viento. alguna abuela. tal vez por orden de algún abuelo. agitaban las alas vigorosamente. El glorioso color fue extendiéndose. quedando Verruga detrás. La negra guardia de los cuervos se alzó desde los pinos de las dunas lanzando alegres graznidos. aunque estaba un poco atemorizado. si algún peligro amenazaba. o graznaban advertencias de una sola nota. ya eran invisibles en la oscuridad. y él hizo lo propio. ese amanecer del mar. que dormía sobre el agua. A veinte yardas por encima del suelo. Su inquietud y violencia pareció haber sido cortada con un cuchillo. Deseaba lanzar un canto a la vida. ya más cerca. con esos mismos ocho gansos se encontró hendiendo el aire. pero algunos ya se encontraban nadando en el agua.

y se alejó de Verruga. —Tú vas ahora —dijo la gansa. —¿Qué estás haciendo ahí? —le preguntó la gansa. otros triunfantes. —Hago de centinela. Nací como ser humano. Este se dio cuenta de que era ella la que había estado actuando de centinela. con la cabeza en alto. Verruga se hallaba ahora en un abrupto campo. a diferencia de los cisnes. La joven hembra que Verruga tuvo por vecina en las marismas. y le miraba con ojos complacientes. De todos modos. otros sentimentales. no tuvo que esperar demasiado. Cuernos de caza. sobre las batientes alas. —¿Qué ocurre? —Bien lo sabes. y el ganso que se hallaba al lado de él asumió la vigilancia. tímidamente. —Vamos. mientras se enfrentaban con el amanecer. entonando su canto. como seres humanos. —¡Vamos. Libres. no lo sé —repuso él—. Eran unos nacionalistas y religiosos furibundos. ¿He hecho algo malo? No te entiendo. ¿Para qué te han enviado? . cuyos cuellos siempre trazan líneas graciosas. Sus compañeros de vuelo buscaban comida a su alrededor. —No les gustó. Los seres humanos suelen convertirse en cisnes. Puede decirse que apenas si tuvieron en cuenta a los demás cisnes. Este se colocó de centinela. media hora más tarde. libres. —Esto no es lo acostumbrado —dijo—. Luego el ave bajó la cabeza sin esperar respuesta alguna. la joven gansa dio un empujón a Verruga con el pico. Escucha de cada garganta los clarines. si no eran las otras bandadas que picoteaban allá lejos. el bermellón. —Yo. —Creerás que soy un estúpido —manifestó Verruga. con movimientos laterales de sus suaves picos. Esas aves se apareaban durante el invierno. sabuesos y nobles caballos del alba y del cielo. Cada bandada tenía su tono diferente. dentro del grupo familiar. lo estoy pasando muy bien —manifestó Verruga. —He oído hablar de ellos. sintióse orgulloso de que le tuvieran confianza como para dejarle de centinela. tenía un año de edad. Las filas de aves. parecida a una serpiente. y como cisnes se pasaron todo el tiempo en torno a una capilla de Irlanda. Oye el rumor de los oscuros batallones. Mira. Deja levantar al sol para que alegre nuestro canto. el escarlata. —No. Verruga hizo lo que le decían. No sabía bien lo que debía vigilar. doblando los cuellos en forzadas curvas. Picotearon entre las hierbas mirándose discretamente. uno de los del grupo se hallaba de guardia.su alrededor. y por vez primera confesó a un animal el secreto de su verdadera naturaleza—. El alba se anunció con sus heraldos. lejos. no seas tonto! —respondió ella. Has estado haciendo guardia al menos durante el doble del tiempo que te correspondía. Mientras se alimentaban. riéndose jovialmente. por lo que tendían a alimentarse por parejas. Los últimos que se transformaron fueron los Hermanos de Lir. estallaron de pronto en cánticos de alegría. mundo que giras bajo nuestras alas. algunos joviales. cuando volvió a pasar. a la luz del día. que cantaban así: Oh tú. Ella se mostró discretamente sorprendida. empezó a comer. Este ha sido mi primer vuelo. pero es que en realidad no soy un ganso. en cada pecho. Luego Verruga se acercó a la gansa y se puso a comer junto a ella. Por fin. Vuela el Ansar albifrons. picotea al de al lado. en cambio. lejos. girando como el humo en el cielo. —Eso me parece. entre la hierba.

tiene que haber centinelas. Hay halcones y gavilanes al acecho. Verruga añadió afligido: —Creo que todos tenemos derecho a saber. Ah. —¿Matarse unos a otros? ¿Un ejército de gansos matando a otros gansos? Comenzó a entender lo que Verruga quería decir. Hay algunas que vienen de Siberia. ¿Hablas de un montón de gansos. y cosas de esas.—Para que perfeccionase mi educación. Verruga la siguió. haciendo un esfuerzo por mostrarse bien predispuesta. —¿Guerra? —preguntó. —Lo siento —dijo Verruga—. al ver a los centinelas. y una expresión de disgusto apareció en su rostro. sí. dejarían de pelear si pudieran alzar el vuelo. y los mismos seres humanos. —Lo lamento de veras. ¿Somos aves luchadoras? —¿Luchadoras? —preguntó ella de nuevo—. —¿Qué quieres decir con eso? —¿Cómo van a existir límites cuando se vuela? Esas hormigas de las que hablas. Pero ella estaba muy enfadada. —¿Acaso los que estáis aquí provenís de diferentes naciones? —Las bandadas sí. Ella se calmó. Y desde luego. —Sí. Al cabo de un momento. El tono de voz de la gansa sorprendió a Verruga. y se estremeció al verle la expresión. Deseaba comprenderle. —¡Qué ridiculez! —manifestó—. pues se preciaba de ser una gansa culta. . que no había esperado esa observación. creo que sería algo entretenido de ver. y tú puedes hacerte llamar Kii-Kua. ¿Era eso lo que querías decir? —No. —¡Calla de una vez! —exclamó—. con aire obstinado—. para mirarla a los ojos. Comieron un poco en silencio. Los hombres suelen luchar por sus mujeres. armiños. y puedo ver una o dos que han llegado de Islandia. Esos son nuestros enemigos naturales. —Eso es porque aún eres una criatura. es que no te comprendía. peleando todos a la vez? Bueno. Yo sólo trataba de aprender. —¿Pero no luchan esas bandadas entre sí. al fin—. ¿se deben acaso a que estamos en guerra? La gansa no entendió la última palabra. tan dolorida como si le hubiese hecho una proposición obscena. sin decir nada más. otras de Laponia. hasta que Verruga recordó algo e inquirió: —Oye. Me refiero a luchas entre ejércitos. desde luego. Ella se mostró divertida. Claro que sólo se trata de saber quién es el mejor de ellos. esos centinelas. si era posible. y también zorros. Me pareció una pregunta natural. dirigiéndose a otra parte del campo. en nuestro caso. ¡Qué horrible mentalidad debéis de tener! No debieras decir semejantes cosas. ¿qué seres pueden ser tan ruines como para ir en bandas a matar a otros de su propia sangre? —Las hormigas lo hacen —manifestó Verruga. y están los hombres. pero ella le volvió la espalda. —La lucha —aseguró Verruga— es una actividad propia de caballeros. El dio una vuelta en torno a la gansa. —¿Dices que debe de ser entretenido ver cómo se matan unos a otros?— preguntó. Pero. de ese modo los demás creerán que vienes de Hungría. contra otros gansos. Entre los gansos no existen fronteras o límites. Me gusta luchar. con sus redes. —No es necesario que hables de eso. Entonces le abandonó. —Yo me llamo Lyo-lyok —manifestó ella. por los mejores sitios de pasto? —Mira que eres tonto.

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por ser el único que conocía. mientras los más jóvenes. o celebraban reuniones para elegir sus pilotos. Luego. Tampoco poseían propiedades en común. algo seguramente ordenado por Merlín. y picotearía a otro que intentase arrebatárselo. por ventura. debió de seguir el mismo itinerario. Cualquier ganso que hallase algo grato para comer. como Uther. y le consideraban como su piloto y almirante.CAPITULO XIX abía algo de mágico en el tiempo y en el espacio. más llegó a apreciar el modo de ser noble. en fila. Seguramente le siguió su familia. al llegar el invierno siguiente y tener necesidad de conseguir alimentos. cuyo pecho aparecía ciertamente manchado con unas barras negras que semejaban los galones dorados de la manga de un almirante. ya que Verruga tuvo la sensación de haber pasado muchos días y noches entre el pueblo gris. que iba aumentando. También practicaban juegos. igual que niños excitados. Tal vez Winkwink se presente ante nuestra familia al llegar el otoño y nos diga: «Perdonadme. Los jóvenes se cortejaban descaradamente. ¿tenéis entre los vuestros. y no dejaba de hacerle preguntas relativas a los gansos. Ella le enseñó cuanto sabía. Los gansos más jóvenes y los polluelos quizá se hubiesen extraviado. Al mismo tiempo. Uno de estos juegos consistía en colocarse en un gran círculo. con excepción de su nido.» Entonces nosotros diríamos: «El tío abuelo se mostrará encantado de llevaros con nosotros.» —Es un procedimiento muy bueno. evidentemente los mejores pilotos eran sus hijos mayores. no había ganso que hiciese reclamación alguna sobre terrenos en un lugar determinado. en absoluto. pero tened en cuenta que no nos hacemos responsables. No tenían reyes. y por ello siguieron sin vacilar a los mayores. y el tío Onk ya no vale como guía. También la gansa enseñó mucho a Verruga acerca de la emigración de las aves. sin duda tenía establecida su familia en este último lugar. »Y he aquí cómo se elige a nuestro almirante —añadió la gansa. si ocurre algo malo.» «Muchas gracias —respondería el otro— Estoy seguro de que vuestro tío abuelo es de fiar. que habían cubierto la ruta más veces que los demás. para regresar de nuevo a Siberia. Verruga se hallaba cada vez más interesado en la vida de los gansos. con tono respetuoso. algún piloto digno de confianza? El pobre abuelo Cuac ha muerto entre los brezos. lo consideraba como propio. como las muy severas de los norman dos. se . que según he sabido se encuentran en la misma dificultad?» «No. con gentil amabilidad. —Mira sus galones —agregó la gansa. Llegó a sentir afecto por Lyo-lyok —a pesar de que era una chica —. año tras año. ¿Os importaría que dijera esto a los Honks. que era su propiedad privada. Ella le contó que cada uno de los gansos de su especie eran individuos que no estaban gobernados por leyes o dirigentes. sino cuando éstos surgían espontáneamente. ni leyes. Cuando le llegó el momento de morir. tranquilo e inteligente de la gansa. Estamos buscando alguno a quien seguir. durante la única noche primaveral en que había dejado su cuerpo durmiendo bajo la piel de oso. y los dos contemplaron al majestuoso patriarca. y cuanto más aprendía él. —El primer ganso —manifestó ella— que hizo el vuelo entre Siberia y Lincolnshire.» »Y de ese modo —concluyó ella— fue como el tío abuelo se convirtió en nuestro almirante.

Hacia el Polo Norte de largo pasamos. Observaron con ojo atento las formaciones de nubes. plumas derechas. o pasado mañana. para ellos las cosas eran muy diferentes. unas horas interminables de bailotear en las viscosas aguas. de carácter sentimental era: Libres y salvajes. allá vamos. pasearon. cargados de responsabilidad. y que decía: Vagamos por el cielo lanzando nuestro Cronk Y aterrizamos en los prados con un Plonk. Los mayores y más sabios. En un buque se tarda dos o tres días en cruzar el mar del Norte. Con Honk o Hink. para los trompeteros del cielo que dejaban atrás la tormenta. Mientras nosotros pasamos de largo. Ojo avizor: . Gloria. siseando. semejante a una hormiga en su pequeñez. que parecían solteronas con sus guantes negros y sus tocas grises. y que se levantaba todas las mañanas al amanecer para realizar el tendido de sus redes. El hombre quedóse inmóvil. Gloria. a mí. allá vamos. cuando los gansos salvajes se marchaban. que conocían las rutas migratorias. hank. como la que divertía a Verruga. honk! Otra. cuello suave. Cuando llegó el día se apreciaba una diferencia por la marisma y las extensiones de cieno. hink hink. y estudiaron la fuerza del viento y el lugar de donde procedían. toda la bandada rompió a cantar burlonamente : La tía barnacla se queda sentada. Cuando estaban a medio camino. libres y salvajes. Las canciones que entonaban lo decían todo. ¡Hink. en vez de agua. y lo excelentes almirantes que iban a ser cuando creciesen. se extendió entre todos. Gloria. corrían la última parte agitando las alas. Hacía esto casi religiosamente todas las primaveras. también se mostraron inquietos. honk honk. Algunas eran vulgares. Pies palmeados. gozamos de nuestro Plonk. Con ello pretendían demostrar lo valientes que eran. Una de las canciones escandinavas se llamaba «La bendición de la vida»: Ky-yow afirmó: la bendición de la vida es la salud. Aquel hombre. otras eran cantos de gestas. cuando veía llegar las primeras aves. la tía barnacla se queda sentada. para los marinos del aire. como si se hallasen en cubierta. con tono misterioso—. Y una vez.quedaban en el centro con la cabeza erguida. No vio los millares de gansos en los llanos de cieno... en actitud solemne. para aquellos misteriosos geógrafos que tenían cúmulos por suelo. oyó en el cielo una llamada parecida a la de un cuerno de caza. Los almirantes. ¿Por qué noto esta sensación en la sangre? —Espera y verás —repuso ella. que era habitual en ellos antes de alzar el vuelo. cuando pasaban sobre una isla rocosa poblada por millares de gansos barnaclas. y volvía a hacerlo al llegar el otoño. —¿Por qué me siento inquieto? —preguntó Verruga—. allá vamos. gloria. La extraña costumbre de golpear con el pico de lado. gloria. cruzando el círculo. otras eran necias. Mañana. Pero para los gansos. La bandada comenzó a sentirse inquieta. la tía barnacla se queda sentada. Hank hank. y se quitó el sombrero. tal vez. Venid ánsares a mí. gravemente. ni en los campos de pasto. gloria.

«Guárdate el caramelo en el bolsillo. en silencio. silbando al arbitro. Vieron otras bandadas cuando pasaron por un islote rocoso del océano. «Empuje a ésa. Tierna mirada Es lo que siempre perdura. descendiendo aún más. en la Calle Picoagudo. En la cima del risco. igual que si careciesen de velocidad y no hubiera nada arriba. abuela». comiendo de sus bolsas de papel. en forma de flecha: Eso conduce a la eternidad. alguna de las demás se caía por el borde. y cada uno de los gansos se siente abandonado en una fría soledad. ahí viene el tío . aferrándose con fuerza a la roca. Bandada en fila.Esas son las riquezas de la vida. pequeñín. o peleando. Girones de niebla que se mueven como serpientes voladoras se enrollan en torno a las aves durante un instante. Era una tierra de aves. hasta que de pronto la moneda de cobre vuelve a refulgir y las serpientes se retuercen en convulsiones. como hacen los tordos cuando están empollando. como una jauría de perrillos. en escalón. o derecha. se encuentran con los inmensos cúmulos. imperceptiblemente. como una moneda de cobre. reprendiendo a sus pequeños y quejándose de los maridos. abajo del todo. Y a pesar de ello estaban de buen humor. Más abajo. y suénate las narices». los pájaros se amontonaban tan densamente. Por encima cruzaron en f i l a india un grupo de cisnes de Bewick que se dirigían hacia Abisco. abajo. Eran como una multitud de comadres disputando entre sí en la tribuna de un enorme estadio. Buscador de rutas y alimentos. Todas estaban allí empollando. bromeando entre sí. y en aristas tan estrechas. cantando tonadas alegres. Para aprovechar un viento favorable. se encuentre por delante de la bandada. había millares de pufinos ocupados en hacer sus madrigueras. a izquierda. hierba cortada. Y al cabo. Suave plumón. Allí los pájaros que ponían un solo huevo se hallaban apelotonados en tan poco espacio. decían. dijo: El amor nos conforta. cálido nido. «Vaya. el sol se oscurece. momentos más tarde. Tal vez una de esas albas floraciones del cielo. enormes torres de modelado vapor tan blancas como la ropa tendida los lunes. la encomiable Fraternidad. Sabio comandante: De él la llamada escuchamos. Una humedad grisácea las rodea. Pero yo prefiero las joviales risas que el aire estremecen. aunque de forma amistosa. ¡comer! Grandes tragos. estaban los Arrabales de Gaviotas. Aquella isla solitaria era un paraje adecuado. que cuando otra ave lograba posarse en la roca. y casi tan sólidas como el merengue. El anciano Ank repuso: El honor lo es todo. O bien. el cantor. Las alas vecinas se desvanecen. A veces. donde crecía un suave césped. Aang prefería el alimento: ¡Ahí!. Entonces las aves ponen rumbo hacia él. que debían mantenerse de espaldas al mar. Y allí parecen estar colgados como en el vacío. uno de esos blancos excrementos de algún Pegaso gigantesco. alegres y parlanchinas. buche hinchado: Todo me llena de placer. decía. Wink-wink alababa la amistad. Lyo-lyok. termina por esconderse. estas aves anidaban con la cabeza vuelta hacia arriba. la bandada se encuentra de nuevo en el reluciente mundo. En la Calle de las Alcas. armando un gran alboroto. la airosa. Por fin. La burla del mundo: Es lo que prefiere Lyow. Y cuando llegan al cúmulo. cuando tienen la sensación de que van a estrellarse contra aquella aparente masa sólida. los alegres cantos. grato contoneo. a muchas millas de distancia. y el sol. cuando los gansos bajan desde la altura de los cirros. viéndolo crecer cada vez más. creador de planes. El fuerte trompeteo. con un mar de turquesa debajo y el rocío del Edén brillando en su plumaje. «Córrete un poco».

estaba la tierra de su destino. —No es verdad. qué murmullos de gozo y entusiasmo! Los gansos se dejaban caer desde el cielo de costado. en lugar de tener que ser recogidas. De una de estas islas. —¿Cómo puedo roncar más. y era que las gallinas. Verruga —dijo Kay. —No. y el ruido que hacían era ensordecedor. estaban los fiordos y las islas de Noruega. Luego seguía un suave golpe y se hallaban en el suelo. «¿Hay sitio para una?». el sagaz almirante se encargaba de sus domésticas compañeras.Alberto con una botella de cerveza». Solía llegar al anochecer. Mantenían las alas por encima de la cabeza durante un momento. «¿Tengo el sombrero derecho?» Casi todas se agrupaban por familias. Por último. impacientes por gozar de los placeres familiares que allí les esperaban. le vendó la pata herida y le dejó con los patos y las demás aves del corral. cerraba bien la puerta. indignado. más allá de las islas. Después de un tiempo ocurrió algo curioso. H. —Mentira. se ha caído por un borde». cuyas tierras se veían asoladas por las correrías de los zorros. Al día siguiente de haberla colocado fue a verla y halló a un viejo ganso salvaje cogido en ella. El granjero cerraba todas las noches el gallinero a causa de los zorros. nos dice. —Yo no ronco —contestó Verruga. no volvieron a anidar en aquella isla. Aquí y allá. historia que puede hacer pensar a la gente. Todas las noches. habiendo observado cómo lo hacía el granjero. Tal vez hubiera diez mil pájaros. con voz llena de exasperación— ¿piensas quedarte con toda la piel de oso? ¿Y se puede saber lo que estabas murmurando? También has roncado. —Tú roncas mucho más. —Es verdad. —Sí lo haces. Hudson contó una historia real acerca de unos gansos. orgullosos de sí mismos y de su piloto. Llegaban planeando el último trecho del trayecto. al punto que resolvió poner una trampa. y luego las plegaban con rápida y fácil limpieza. seguramente un Gran Almirante. con las alas curvadas hacia abajo. a la hora de cerrar. y hasta en barrena. —Bueno. por la calle de las Alcas. «Allá va la tía Emma. Además. aunque había algunas forasteras. por su reciedumbre y por las muchas barras de su pecho. —Ya lo creo que roncabas. Así terminaba la travesía del mar del Norte. Una noche el granjero se puso a observar. precisamente. y descubrió que el cautivo personaje había asumido la responsabilidad de reunir a las gallinas. sus antiguos seguidores. se veían unas obstinadas gaviotas sentadas en un espolón de roca. le estaban ya esperando en el interior de la caseta. cuya jefatura había asumido. ya se había hecho tarde para el desayuno. . decididas a hacer respetar sus derechos. si dices que tú no roncas nada? Cuando al f i n resolvieron este asunto. Los demás gansos salvajes. El granjero liberó al ganso y se lo llevó a casa. Los dos chiquillos se vistieron rápidamente y salieron corriendo a encontrarse con el sol de primavera. Parecías un ganso graznando. —Sí lo es. ¡Ah. le ató las alas. Había un granjero de la costa. y después de meter a las aves en el gallinero. de la que su capitán había desaparecido incomprensiblemente. el gran W.

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dos». y la nieve de la vieja Inglaterra seguía cayendo como es debido. pero tampoco podía evitarlo. Kay preguntaba irónicamente a Verruga por su padre y su madre. Arquímedes se casó y tuvo varios graciosos pequeñuelos emplumados. Kay y su compañero eran buenos oponentes para el sargento de armas. viéndose a veces un petirrojo en una esquina del . pero siguió gritando «uno. como un necio. El sargento de armas tenía ahora un voluminoso vientre y estuvo a punto de morirse de vergüenza. y ello le impedía disparar bien. pues se consideraba que en tal caso se desperdiciaba una energía innecesaria. A veces llegaba de visita sir Grummore. Nadie tenía deseos de cambiar más que los dos chicos. hasta que llegaron a poseer armaduras completas y arcos de cerca de seis pies de largo. La paga de Merlín siguió siendo la misma. resultaba vencido. Conforme iban creciendo. Transcurrieron otros seis años. les iban haciendo más regalos consistentes en armas. Cuando sir Héctor no se hallaba presente. y se volvió más gris. capturándose otros distintos al año siguiente. y tenía desesperado al pobre sargento. galopando por los contornos en pos de la Bestia. Tres árboles fueron abatidos por el rayo. seguía queriendo a Kay e interesán dose por los pájaros. donde había tenido las antiguas franjas. Verruga asumió la personalidad de incontables animales. este comportamiento no parecía gustarle. durante las lecciones de esgrima. y la lluvia y de nuevo el sol. y luego nieve. iban de vez en cuando a ver a Robín Hood. puesto que vivía al revés en el tiempo. Merlín llevaba ya con ellos un año. que habitaron con él en la torre. y en varias ocasiones le devolvieron con creces los mandobles que habían recibido de él. El cabello de Hob encaneció. Cully perdió las franjas verticales del plumaje del primer año. El viento les había visitado. Siempre empleaba un arco demasiado grande para él —un modo de fanfarronear—. Pasaban los años con regularidad. a causa de ello. distinguiéndose por unas líneas horizontales. William Twyti se presentó todas las Navidades. Por lo general. y retaba a todo el mundo a luchar contra él. Seguían corriendo como potrillos alocados. Verruga. Los muchachos parecían tener las piernas más largas. nadie tenía un arco más alto que su propia estatura. En las pocas ocasiones en que se celebraba la pelea. que disparaban flechas de una yarda. Por lo demás. En realidad. sin falta. pero todo lo demás presentaba igual aspecto. y todos escucharon los versos de maese Passelewe acerca del rey Cole. y corrían aventuras demasiado complicadas para relatarlas aquí. o con ésta detrás de él. y en todas las ocasiones posibles. Sir Héctor comenzó a sufrir de ciática. Estos crecieron aún más. Con el correr de los años Kay se volvió más difícil de tratar. Merlín parecía más joven cada año que pasaba.CAPITULO XX e nuevo era la época de la siega. cuando se armaban un lío. igual que antes. Otras veces se veía al rey Pelinor. con voz más ronca. algo así como usar un fusil de matar elefantes para dar caza a una ardilla. burlándose de su barriga. más hosco y más loco. Solía expresarse sarcásticamente. Los azores eran soltados todos los años. lo cual era cierto. pues aun en aquellos días los adultos eran tan necios que no les parecía nada in cesante ser transformados en búhos. Se mostraba iracundo con frecuencia.

y desde que alcanzaba a recordar apreció gratamente con el olfato el aroma de la menta— empleada para refrescar el agua de los aguamaniles—. Verruga. seguía desconsolado a Kay cuando éste se lo permitía. que sería servido a los acordes de las trompetas. en la cocina. Por último. los cameleopardos.» —¿Todavía suspirando? —preguntó Merlín. destinado a ser el escudero. muchas zancas de ave. La educación de cualquier caballero cultivado. Como paje. la camomila. «Después de todo —se dijo Verruga. sentado detrás de un viejo bloque de paja que humedecía con agua para no tostarse él mismo. los dos muchachos parecían distanciarse cada vez más. Dice que es algo sagrado. he pasado buenos momentos. Verruga aprendió a poner la mesa con tres manteles y un paño. los gansos salvajes y lo demás. y al menos Verruga había pasado ya por los dos primeros. dentro de su tristeza. a servir a sir Héctor y a sus huéspedes flexionando una rodilla y llevando una servilleta limpia sobre el hombro. donde permanece despierto toda la noche. mientras él se prepara para las justas. Una vez que han hecho esto. no es tan malo ser criado. el hinojo y la lavanda. o la albahaca. cuyas paredes. casi llegó el tiempo de la iniciación de Kay para la ceremonia de armarle caballero. ahora soy una especie de Cenicienta. especias que daban mejor gusto a los manjares que él servía. pasaba por tres grados: paje. bajo el resplandor de las llamas. Sentóse Verruga ante la enorme chimenea y echó un vistazo a su alrededor con cierto placer. así como el azafrán. en un escudero que debe sostener la lanza para Kay. velando su armadura y diciendo plegarias. una especie de pastel de puerco con jugo ácido de manzana. que tantas veces había hecho girar cuando era pequeño. En primer lugar. y gachas con leche. dos caballeros experimentados. a llevar la carne desde la cocina. se dijo: «Bueno. ahora debo pagar con creces el placer de haber visto aquellos hermosos dragones. natillas con mostaza. Entonces se le conduce a un lecho limpio para que se seque.panorama. suspiro por una razón parecida. Un día. suspirando—. y otra. los peces. el anís y el estragón. Estoy seguro de que seré mejor escudero que caballero. derraman un poco de agua del baño sobre la cabeza del candidato y le hacen la señal de la cruz. o bien procuraba. y al fin y al cabo no es tan malo ser la Cenicienta en una cocina que tiene una chimenea tan grande como para asar en ella a un buey entero. no fuera él a perder dignidad al tratarse íntimamente con su escudero. parecían las del infierno. y una ventana iluminada en la otra esquina. —Pues sí —dijo Verruga—. en esos tiempos. por cada comensal que hubiera. para limpiar las fuentes. además. toman asiento al borde del baño y dan una conferencia al novicio acerca de los ideales caballerescos. aparte el hecho de que siendo amigo de todos le acogían con agrado en cualquier sitio.» Y Verruga echó un vistazo con apenado afecto por la cocina. Pero en realidad no tengo por qué preocuparme. ¿Podéis decirme qué sucede? —Es un asunto complicado. Me he convertido en un caballero de segunda clase. En fin. probablemente sir Héctor designe al viejo Grummore y al rey Pelinor. Le habían enseñado todas las nobles artes de la servidumbre. Así se acostumbró a estar en la cocina. que había aparecido sin saberse de dónde—. Ahora se le hacía agua la boca mientras observaba los preparativos para la cena de la noche: una cabeza de jabalí con un limón en las fauces y almendra molida en los carrillos. . el futuro caballero debe desnudarse y sumergirse en un baño cromático. que podía visitar en cualquier momento. Conforme se acercaba el día. Aunque por alguna razón que ignoro tuve suerte y he recibido una buena educación. —Eso está bien —repuso el mago—. pues Kay no deseaba relacionarse con Verruga en los mismos términos. y las hechiceras. —Kay no ha querido contarme qué pasa cuando arman a alguien caballero. Le visten a continuación como un monje y le llevan a la capilla. Sólo los necios quieren ser importantes. Contempló los largos espetones de los asadores. Mientras está dentro. escudero y caballero. Lo mismo te ocurrió aquel día que fuimos a ver la justa del rey Pelinor. distraerse lo mejor que podía.

La gente asegura que esta vigilia es algo terrible, aunque el futuro caballero no está solo, pues le acompañan el vicario, el hombre que cuida los candelabros, y un guardia armado. También es probable que tú, como escudero de Kay, puedas estar con él. Por la mañana le llevan a su alcoba, a que eche un buen sueño, una vez que ha oído misa y comulgado, y ofrecido un cirio con una moneda adherida a éste, tan cerca como sea posible de la llama, y cuando ya ha descansado le visten con las mejores galas para la comida. Antes de ésta se le conduce al salón, donde estarán las espuelas y la espada, ya preparadas, y entonces un caballero, que puede ser el rey Pelinor, le coloca la primera espuela; otro, Grummore, la segunda; y luego, sir Héctor le ciñe la espada, le abraza, le toca en el hombro con la espada y dice «Sed buen caballero». —¿Eso es todo? —No. Se vuelve a la capilla de nuevo, y Kay ofrece su espada al vicario, el cual se la devuelve. Entonces nuestro buen cocinero le detiene en la puerta y exige las espuelas como recompensa, y dice: «Conservaré estas espuelas para vos, y si en cualquier momento no os comportáis como un caballero de verdad debe hacerlo, las dejaré caer en la sopa.» —¿Y ése es el final? —Sí, contando el banquete que sigue luego. —Si me armasen caballero a mí —dijo Verruga, contemplando con aire soñador el fuego—, insistiría en que me dejasen velar solo, como Hob hace con sus halcones, y rogaría a Dios que me permitiese enfrentarme solo con todo el mal del mundo, de modo que si triunfase no hiciese más mal, y si saliese derrotado sería el único en sufrir por ello. —Eso denotaría una gran presunción por tu parte —aseguró el mago—. Y serías derrotado, y sufrirías por ello. —No me importaría. —Ya lo veremos, si ocurre. —¿Por qué las gentes cuando son adultas, no piensan como yo, ahora que soy joven? —Dios mío —manifestó Merlín—, estás haciendo que me sienta confuso. Quizá será mejor que esperes a crecer para que sepas la razón de eso. —No creo que sea ésta una respuesta adecuada —contestó Verruga. Merlín se retorció las manos. —Bien, de todos modos —declaró—, imagina que no te dejasen luchar contra el mal. —Lo pediría, al menos. —Claro, lo pedirías —repitió Merlín. El anciano se metió la punta de la barba en la boca, miró con gesto desesperado el fuego y comenzó a mordisquearse los pelos con fiereza.

CAPITULO XXI

onforme se iba acercando el día de la ceremonia, cuando ya se habían enviado las invitaciones al rey Pelinor y a sir Grummore, Verruga se iba retirando cada vez más a la cocina. —Vamos, Verruga, muchacho —dijo sir Héctor, bonachonamente—. No creí que lo fueras a tomar tan mal. Es una pena que te aflijas de ese modo. —No me apeno —repuso Verruga—. No me disgusta lo que ocurre. Por el contrario, me alegra que Kay vaya a ser armado caballero. —Eres un buen chico. Sé que no estás apenado, pero trata de alegrarte un poco. Ya sabes que Kay no es mal muchacho, a su manera. —Kay es una magnífica persona —dijo Verruga—. Y si no estoy contento es porque ya no quiere salir de caza ni hacer nada más conmigo. —Es el momento por que atraviesa —aseguró sir Héctor—. Todo se arreglará. —Estoy seguro de ello. Comprendo que no quiera salir conmigo, por ahora, y por eso no insisto. Pero en cuanto me lo mande iré con él y haré lo que me pida. —Tómate unos sorbos de este vino, y ve a ver al viejo Merlín, por si puede alegrarte un poco. Así lo hizo el muchacho, y cuando estuvo ante el mago declaró: —Sir Héctor me ha dado un vaso de vino y me dijo que viniese con vos, por si podíais alegrarme. —Sir Héctor es un hombre muy sabio —afirmó Merlín. .—Bien, ¿podéis hacer algo? —Lo mejor contra la tristeza es aprender algo. Es un remedio que no falla. Puedes hacerte viejo, con temblorosa anatomía; puedes yacer despierto por las noches, escuchando el desordenado rumor de tus arterías; puedes perder el único amor de tu vida, puedes ver el mundo devastado a tu alrededor por locos malvados, o advertir que seres mezquinos hunden tu honor en las cloacas. Sólo hay algo que mitigue esos pesares: aprender. Aprender por qué el mundo se mueve, y qué es lo que le impulsa. Estudia, eso es lo que te conviene. Mira todo lo que hay que aprender: la ciencia pura, lo más bello que existe. Puedes aprender astronomía en una vida, historia natural en tres, y literatura en seis. Y luego, una vez que hayas empleado un millar de vidas en el aprendizaje de la biología, la medicina, la teología, la historia, la geografía y la economía, entonces será el momento en que puedas comenzar a hacer una carreta con la madera adecuada, o podrás pasar cincuenta años aprendiendo a batir a tus adversarios en la esgrima. Luego, a empezar de nuevo con las matemáticas, y después será tiempo de que aprendas a arar. —Aparte de todo eso —dijo Verruga—, ¿qué es lo que me sugerís en este momento? —Veamos —repuso el mago, pensativamente—. Hemos tenido sólo seis años para eso, y en dicho plazo creo que te has visto transformado en muchas clases de animales, vegetales, minerales, y demás. En muchos elementos de la tierra, del aire, del fuego y el agua. ¿No es cierto? —Sin embargo, creo que no sé demasiado acerca de los animales y de la tierra. —Entonces será mejor que conozcas a mi amigo el tejón. —Nunca conocí a un tejón. —Con excepción de Arquímedes —aseguró Merlín— el tejón es el animal más culto que conozco. Te gustará. El mago fue a iniciar su conjuro, pero en ese instante se detuvo y agregó:

—A propósito, hay una cosa que debo decirte. Esta es la última vez que puedo convertirte en algo. Toda la magia de ese tipo ha sido ya utilizada, y con esto concluirá tu educación. Cuando Kay haya sido armado caballero, mi tarea habrá terminado. Deberás salir con él por el ancho mundo, para ser su escudero, y yo me marcharé por otro lado. ¿Crees haber aprendido algo, junto a mí? —He aprendido mucho, y he sido feliz. —Perfectamente —dijo Merlín—. Trata de recordar lo que has estudiado. Prosiguió con el conjuro, apuntó con su varilla de lignum vitae hacia la Osa Menor, que acababa de empezar a brillar en el firmamento, como si colgase de la Estrella Polar por la cola, y dijo alegremente: —Pásalo bien, en esta última transformación. Ahora, conviértete en tejón. La llamada llegaba desde lejos, y Verruga se encontró de pie al lado de un antiguo montículo, semejante a una enorme madriguera de topo, que presentaba un oscuro agujero justamente delante de donde él se hallaba. «El tejón habita aquí —se dijo a sí mismo—, y yo debo ir y hablar con él. Pero no lo haré. Ya ha sido penoso no llegar a ser caballero, y ahora mi querido preceptor dice que lo único interesante de que disponía me será negado también, y no habrá más sesiones de historia natural. Muy bien, dispondré de una noche más para disfrutar, antes de que todo acabe, y puesto que soy ahora un animal salvaje, me comportaré precisamente como tal.» Así pues, avanzó fieramente sobre el fulgor blanquecino de la nieve, ya que era invierno. Cuando uno se encuentra desesperado, una de las mejores cosas que se puede ser es tejón. Como pariente de las nutrias y comadrejas, es el animal más cercano al oso que ahora queda en Inglaterra, y su piel es tan gruesa que poco le importa quién pueda morderle. Por lo que respecta a la mordedura del propio tejón, las mandíbulas de éste se hallan conformadas de tal forma que resulta imposible dislocarlas, debido a lo cual por mucho que se retuerza la presa que tiene aferrada con los dientes, no hay razón para que la suelte. Los tejones son unas de las pocas criaturas capaces de comerse a un erizo despreocupadamente, del mismo modo que pueden comerse cualquier otra cosa, desde nidos de avispa hasta raíces o crías de conejos. Así ocurrió que un erizo dormido fue lo primero con que tropezó Verruga. —Cerdo espinoso —dijo, observando a su víctima con ojos velados y miopes— voy a comerte. El erizo, que había ocultado sus brillantes ojillos, como pequeños botones, y la cálida y sensible nariz dentro de su ovillo, y que había adornado sus espinas con una colección de hojas y briznas de dudoso gusto, antes de echarse a dormir todo el invierno en su herboso nido, se despertó y quejóse con voz plañidera. —Cuanto más chilles —dijo Verruga—, peor será. Eso me hace hervir la sangre en las venas. —Oh, amo tejón —clamó el erizo, manteniéndose bien enrollado—, buen amo tejón, ten piedad de este pobre erizo y no seas cruel. No resulta un buen bocado. Merced, amable señor, para un desvalido animal que no sabe diferenciar su pata derecha de la izquierda. —Erizo —repuso Verruga, implacable—, es inútil que implores una o diez veces. —¡Ay de mi pobre mujer y de mis pequeños! —Apostaría a que no los tienes. Vamos, tramposo, prepárate a enfrentarte con tu sino. —Amo tejón —suplicó la infortunada bestezuela—, no me devores. Apiádate de los ruegos de un pobre erizo. Concede el don de la vida a este pobre ser, y te cantará dulces canciones. —¿Tú cantas? —preguntó Verruga, interesado. —Así es —gimió el erizo, y en seguida comenzó a entonar rápidamente unas estrofas con voz apaciguadora, aunque un tanto sofocada, pues no osaba deshacer su ovillo. —Oh, Genoveva — cantó plañideramente, casi para su estómago—, dulce Genoveva,

Tus días pueden venir, Tus días pueden marchar, Pero aún la luz del recuerdo Agita esos suaves sueños De los tiempos que pasaron. También cantó, sin concederse una pausa entre las diferentes canciones, Hogar dulce hogar, y El viejo y rústico puente del molino. Luego, como sin duda había concluido ya su repertorio, el pobre erizo lanzó un profundo suspiro y comenzó de nuevo con Genoveva, siguiendo con Hogar dulce hogar y con El viejo y rústico puente del molino. —Basta, deja ya de cantar —dijo Verruga—. Está bien, no te comeré. —Misericordioso amo —susurró el erizo, humildemente—, rogaremos a todos los santos que te bendigan y te proporcionen suculentos bocados. Entonces, temiendo que aquel trozo de prosa pudiera haber endurecido de nuevo el corazón del tirano, se lanzó jadeante a entonar Genoveva por tercera vez. —¡Te digo que dejes ya de cantar! —exclamó Verruga—. y puedes desenrollarte, que no te voy a hacer ningún daño. Vamos, pequeño y necio erizo, cuéntame dónde aprendiste esas canciones. —Resulta fácil decir que me desenrolle, amo tejón —repuso el erizo temblando—, pero sé que en cuanto vieras mi pequeña nariz, desprovista de espinas, tal vez se acabarían tus buenas intenciones. Cantemos un poco de nuevo, amo tejón. ¿Te parece bien lo del viejo puente junto al molino? —No quiero escucharlo más. Cantas muy bien, pero estoy cansado ya de eso. Desenróllate, idiota, y cuéntame dónde aprendiste a cantar. Yo no me enrollo como los demás erizos —aseguró el pobre animal, tan apelotonado como siempre—. Me resulta difícil deshacerme. Ah, no me muerdas el tierno cuerpo, amo tejón, tú que eres todo un caballero. Yo también conocí a otro caballero, un ser humano, que en su casa me daba de comer en una fuente de porcelana. —¿Cuál era el nombre de ese caballero? —Era un caballero, desde luego. No tenía un nombre como para acordarse, pero era un señor de barba blanca, que me daba de comer en una fuente de porcelana. —¿Se llamaba Merlín, acaso? —preguntó Verruga. —Ese era su nombre. Un nombre muy bonito, pero yo nunca pude acordarme muy bien de él. Sí, Merlín se llamaba, y me daba de comer en una fuente de porcelana, como sólo podía hacerlo un caballero. —Deshaz tu ovillo, erizo —dijo Verruga—. Yo conozco a ese hombre que te tuvo en su casa, y hasta creo que te he visto, cuando eras una cría con pelaje de algodón, allá, en su cabaña. Mira, erizo, lamento haberte asustado. Ahora somos amigos, y quiero ver tu nariz gris y húmeda, como en los viejos tiempos. —Me alegra que me recuerdes —dijo el erizo, sin abandonar su obstinada postura—, pero ahora será mejor que sigas tu camino, amo tejón, y que dejes a este pobre animal proseguir con su sueño invernal. —No seas necio, no pienso hacerte daño alguno, porque te conocí cuando eras pequeño. —Ah, los tejones —clamó el erizo, para su estómago—; salen a cazar, sin intenciones de matar, Dios nos asista, pero luego cambian de parecer. Yo conocí a uno que tenía el amo Merlín, y que estaba siempre corriendo tras sus talones, chillando «¡Yik, yik> yik!», cuando quería que le diesen de comer. Sí, cómo gritaba. Es un asunto delicado, el tratar con los tejones, puedo asegurártelo. —No, no digas nada —añadió el erizo, antes de que Verruga pudiese intervenir—. Nuestro punto más débil es la nariz. La menor herida puede causarnos la muerte, amo tejón. ¡Y tú me pides que deshaga mi ovillo! —Está bien, no te desenrolles —contestó Verruga, resignadamente—. Lamento haberte despertado, amigo, y haberte asustado también. Creo que eres un erizo muy simpático, y me ha alegrado el haberte encontrado. Puedes volver a

en vez de pertenecer a un solo grupo familiar. ¿verdad? —dijo el tejón —. siguiendo las alargadas huellas que aparecían impresas en la nieve. como cuando te encontré. cuéntame cómo van las cosas por ese mundo.dormirte. Buenas noches. Delante se veían unas pantallas de caoba para resguardarse el rostro del calor de las llamas. Todo daba la impresión de ser sumamente antiguo. y demasiado grande para un soltero. y tras lanzar un gruñido. A vosotros. las habitaciones y los desvanes. que estaba empapelada con papeles de colores—. Es asombroso que se haya dormido de nuevo tan de prisa. y volvió a entrar en el reino de los sueños mucho más profundamente que otros seres. —De modo que Merlín te ha enviado para que me vieras. Y diciendo estas palabras el humilde animal se enrolló aún más de lo que estaba. Merlín se encuentra bien. y que tengas suerte entre la nieve. supongo que os parecerá un lugar estupendo. Ese es el fin de mi filosofía. amigo. Tienen un recinto especial donde colocan los huesos roídos y demás desperdicios. que era la estancia central del gran montículo y que recordaba el salón de un colegio o de un castillo. cuando tomaron asiento en la alcoba de aquél. y el gran vestíbulo era un lugar común a todos los habitantes de la madriguera. emitió unas débiles quejas. y a Kay le armarán caballero la próxima semana. —Más o menos como siempre. «Bien —pensó Verruga—. Allí habitan cuatro familias de tejones. —¿Puedes enseñarme tu casa? —preguntó Verruga. Había unos imponentes sillones con el escudo de armas de los tejones grabado en oro sobre los respaldos. erizo. para mantenerlos limpios. Y ahora que me doy cuenta. Es un sitio muy viejo y feo. —Una ceremonia interesante.» Verruga observó la sucia pelotita cubierta de hojas y hierbas. y hay veces que Pasan meses sin que nos encontremos. cuando no se sabe lo que puede ocurrir en un momento. —Es por este pasadizo —manifestó—. ciertamente que se libra de sus penas con rapidez. sacó la cabeza del túnel y se dirigió a ver al tejón. así que puedes sentarte en la cama. Cada uno de los cuadros estaba iluminado desde arriba por una luciérnaga. Verruga mostróse encantado con lo que vio. ya que el sueño invernal es más largo e intenso que el de una sola noche. Pues bien. hecha un ovillo dentro de su madriguera. A este salón daban numerosos corredores y estancias distribuidos radicalmente. Apostaría a que sólo estaba despierto a medias. o al siguiente. amo tejón. ¡Ah. Y comenzó a internarse por los túneles del misterioso lugar. Los tejones no son como los zorros. Si quieres lavarte un poco. Sólo dispongo de un sillón. aunque no suelo usarla mucho. y a amar tu hogar. Creo que algunas partes de la madriguera tienen cerca de un millar de años.. Colgando de las paredes había antiguos cuadros de tejones ya desaparecidos que se hicieron famosos en su tiempo por su sabiduría o por sus hazañas. Considérate como en tu casa. Era en cierto modo parecido al diseño de una tela de araña. al menos. las gentes modernas.. —Estoy soltero por el momento —dijo el tejón con tono de disculpa. yo también te deseo que pases buenas noches. Mientras yo preparo un ponche. El tejón la llamó la Sala de Comunicación. —Qué enormes brazos tienes —dijo Verruga. con el extraño paso del tejón. con voz plañidera—. que estaban hechos de cuero español. observando al otro cuando agitaba la bebida—. yo también tengo unos brazos . mientras la blanca máscara con rayas negras de su rostro parecía emitir un brillo fantasmal en la oscuridad. —Es fácil decir buenas noches —murmuró el animalillo. así como un retrato del Fundador sobre la chimenea. sólo puedo enseñarte dos cosas: a excavar en la tierra. Algunas túnicas oscuras colgaban de unos percheros. entre los sótanos. —Desde luego —repuso el tejón—. Le admiró sobre todo el gran vestíbulo. y que cuando llegue la primavera creerá que todo lo ocurrido fue tan sólo un sueño. y yo iré a buscar a mi amigo el tejón. antes. Y lo hizo para que terminaras de educarte. Los sillones se hallaban dispuestos en semicírculo en torno al hogar. qué triste mundo! Pero en fin. así corno retretes de tierra y alcobas cuyos lechos arreglan con frecuencia.

después de lo cual adoptó una terrible voz de falsete. —Buena suerte para Kay. —No. —Me encontré con un erizo. —Bien —dijo el tejón. del que nació la primera gallina. y al momento te hubiese enseñado la barriga. Con ello se redondeará tu educación. —Te beneficiará oír ese escrito. con la nieve y el viento que hay afuera. Y se miró sus propios miembros. —Adelante —dijo Verruga. Siéntate junto al fuego y ponte cómodo. Casi podía decirse que era un poderoso torso del que salían un par de brazos potentes y robustos como unos muslos. que tenía una profunda depresión en el centro púsose un birrete de terciopelo con una borlita. el ponche está preparado. hasta que dio con un sucio rollo de papeles. —Ah. —A mí me pareció un erizo simpático. —¿Es que no lo sabes? —dijo el otro tejón—. depositando su vaso mientras lanzaba un suspiro—. ¡Has tenido suerte. para que te enviara conmigo? —Deseaba que aprendiese —repuso Verruga. sobre todo si se trata de historia natural. el nuevo caballero. —Ejem —hizo el tejón. que se colocó a caballo sobre la nariz. De todos modos. Ven. En general. pero a veces resulta irresistible el crujido que producen cuando se los come.muy fuertes. tienen una especie de atractivo patético. Me gustaría no hacerlo. uno de cuyos extremos había sido utilizado para encender algo. Los egipcios —y al nombrarlos el tejón se refería a los egiptanos o gitanos— también son muy aficionados a comer erizos. —El mío no quiso desenrollarse. y por ello aprovechaba ahora la oportunidad que se le presentaba. y comenzó a leer con toda rapidez. —Estoy seguro de que debe ser interesante. —Resulta muy grato estar aquí dentro. si el proceso de la evolución comenzó con la gallina o con el huevo. —Justamente estoy escribiendo ahora un ensayo —contestó el tejón. ¿Había surgido primero un huevo. por pasar el rato. ahí afuera. con satisfacción—. antes de que Verruga pudiese protestar. —En efecto. ¡Ejem! —volvió a carraspear el tejón. No es más que un borrador. tal vez esto no esté muy bien —repuso el tejón. . y ahora lo terminas con el Hombre. Brindemos porque tenga suerte Kay. y se sonrojó mientras manoseaba los papeles. tími damente—. Pero. ¿Quieres que te lo lea? Es para mi tesis doctoral —agregó rápidamente el tejón. «La gente suele inquirir —leyó—. como pregunta ociosa. ¿sabes? Tengo que cambiar muchas cosas. Luego tomó asiento en su antiguo sillón de cuero. —No tenías más que meterle en agua. Se rumorea que los erizos producen la peste porcina y la glosopeda. las aves y otros animales. Se trata de una idea que esbocé en sólo media hora. y extrajo un par de quevedos. antes de publicarlo. voy a leerla. ¿no te parece eso algo aburrido? —Unas veces me lo parece. —Sí. muchacho. o fue una gallina la que puso el primer huevo? Yo me siento inclinado a asegurar que el huevo fue lo primero en ser creado. en el que explico la razón de que el hombre se haya convertido en el amo de los animales. Has estudiado los peces. —Nos salen así de excavar con ellos —repuso la sensata criatura. Es muy poco importante. soporto bastante bien el estudio. si es eso lo que buscas. —Bueno. no. muchas gracias —repuso Verruga. tosiendo modestamente—. y otras no. incapaz de comenzar. —Bueno. No tenía muchas ocasiones de leer sus ensayos a las amistades. ¿dónde demonios habré puesto yo el manuscrito de mi ensayo? El viejo tejón rebuscó por allí con sus grandes zarpas. ¿Qué es lo que le habrá picado a Merlín. Creo que el topo y nosotros somos los mejores cavadores que existen. Inmediatamente sintióse paralizado por la vergüenza. has llegado al sitio adecuado. al venir aquí! Pero.

los animales de la tierra y los peces del mar. por encima de sus gafas— que todos los embriones tienen un aspecto semejante. en este momento no podéis excavar en tierra. Venid aquí. Las peticiones y las concesiones exigieron dos largos días —creo recordar que fueron el quinto y el sexto de la Creación—. lo pensamos mucho y decidimos pedir tres dones. los tejones. prefiero seguir como ahora. de los que debían salir los peces. y las grandes cabezas inclinadas en actitud respetuosa. pero recordad que una vez decididos seréis lo que elegisteis. alzando la vista y mirando nerviosamente a Verruga. todos con el mismo aspecto. ¿no es eso? Bien. en este momento sólo disponéis de la boca para comer. Y ahora. creo que Vos me habéis dado una forma que considerasteis conveniente. sencillamente. Todo aquel que desee transformar sus manos en palas u horcas de huerto puede hacerlo. Seré toda mi vida a semejanza de este embrión. Se les permitió dos o tres especializaciones. sin alterar nada de lo que me disteis. Por decirlo de otro modo. creo que es la mejor decisión que puede tomar este ser débil e inocente. cuando se es embrión todos tienen el mismo aspecto repulsivo de rudimentario ser humano. Nosotros. transformarse en algo así como una botella para guardar el agua. aquí está nuestro hombrecito. —Vaya —dijo Dios—. Otros desearon cosas muy raras. y tanto si está uno destinado a ser un renacuajo. de modo que algunos eligieron tener los brazos como artefactos voladores. Quisimos tener la piel a modo de escudo. todos habían hecho su elección. Por ejemplo. Aquel que quiera transformar su boca en un arma ofensiva. asimismo. «Los embriones reflexionaron profundamente y luego. y Nos tenemos la satisfacción de concederle el poder de dominar a las aves del cielo. como un pavo real. un sapo de las regiones áridas decidió. pero debo decir que nos complacemos otorgándoos otro don. y también para un fin parecido. antes de que comenzase el domingo. Id. embriones. y sería una pena cambiarla. y podrá ser cocodrilo o lobo. la boca como arma y los brazos como horcas de huerto. queda autorizado para ello. Tal vez parezca un necio al rechazar las ventajas que me proporcionáis tan amablemente. con sus endebles manos cruzadas cortésmente sobre el vientre. de entre todos vosotros. y vio que eran buenos. garras y pezuñas. y trataré de compensar lo que me falte con la madera. los mamíferos y hasta el ornitorrinco. entonces el Creador llamó ante sí a los embriones. ¿qué podemos hacer por ti? —Señor —dijo el embrión humano—. Todo el mundo se especializó en uno y otro aspecto. Sin duda has esperado hasta el final para pensar el asunto a fondo. embriones. y ello nos fue concedido. pero podrás usar los aparatos que fabriques. —Bien pensado —repuso el Creador. los reptiles. por otras armas o herramientas seguramente inferiores. Son lo que uno es antes de nacer. uno de los lagartos que viven en el desierto quiso rodear su cuerpo con una especie de papel secante. y las bocas como armas. uno por uno. todos vosotros podéis marcharos. y el Hacedor les dijo: «Bien. Continúo leyendo: «Los embriones se colocaron delante de Dios. En cuanto a ti. y Nos os daremos la ocasión de elegir lo que queráis ser. un cameleopardo o un hombre. pero lo he pensado bien. para aprovechar más el agua. Parecerás un embrión hasta el . y al finalizar el sexto día. Es el único que ha sabido adivinar nuestro enigma. lleno de gozo—. carecerás de herramientas naturales toda tu vida. Podéis cambiar cualquier parte de vuestro ser. Cuando quiera volar construiré un artefacto que lo haga por mí. Hombre.«Cuando Dios hubo hecho todos los huevos. fueron adelantándose hacia el trono eterno. venid aquí con vuestros picos. o como instrumentos para partir o perforar. las aves. Cuando desee ir por el agua. Si debo decidir algo. si lo consideráis útil para vuestra vida posterior. y algunos tomaron apariencias increíbles. creced y multiplicaos. Cuando crezcáis tendréis mayor tamaño. y tendréis que conformaros con ello. me haré una lancha con los troncos de los árboles. y contemplad a nuestro primer Hombre. aquí estáis. pues ya se acerca el fin de semana. Por ejemplo. menos el Hombre.» —Tal vez deba explicarte —aclaró el tejón. Ahora podéis hacer vuestra elección libremente. el hierro y otros materiales que Vos habéis prodigado en la Tierra. en tanto que otros quisieron tener un cuerpo que flotase en el agua y unas patas que le impulsaran a modo de remos.

.día de tu muerte. —manifestó Dios tímidamente. Habría querido realizar grandes gestas. o el más terrible. Y en cuanto al Hombre. —Decid. —El rey Pelinor no tiene ninguno. ¿No sabes que el Homo Sapiens es el único ser viviente que organiza contiendas? —Las hormigas también lo hacen. como los esquimales. las impetuosas cargas. o ser ganso salvaje? . —Es que el Hombre es el rey de los animales. —A pesar de ello. pero a veces dudo de que sea el más favorecido. —No generalices tanto. muchacho. todos los inviernos. —¿Qué te gustó más? —preguntó—. hombre. —Es una historia muy bonita —dijo Verruga—. antes de que te marches. y haz lo que puedas. mientras contemplaba el fuego. ¿Acaso en la guerra no se consiguen grandes satisfacciones. estás exagerando. ¿Ser hormiga. pero quizá debiéramos decir mejor que es el tirano de todos los animales. muchacho. De entre cientos de miles de especies. serás hecho a imagen Nuestra. el flamear de los estandartes. y ser valiente. Ve ahora. Existe un número considerable de especies de hormigas. La verdadera contienda es más rara en la naturaleza que el canibalismo. Señor —repuso Adán. si el rey Uther la declarase. de haber sido armado caballero. los gitanos. volviéndose cuando estaba a punto de retirarse. Me gustan las relucientes armaduras. el sonido de las trompetas. es cierto que el hombre es el más poderoso de los animales.. La verdadera guerra es la que se produce entre congéneres. al menos —repuso Verruga—. —¿Por qué? —Bueno. —Vamos. retorciéndose las manos —.. es necesario señalar que tiene un sinnúmero de vicios. Pero escucha. hubiera deseado ir a la guerra. De todos modos. no sólo las aves y los animales de tierra salen huyendo de él. por ejemplo. los lapones y algunos nómadas del norte de África. hay unas pocas razas. —Tal vez. quizá. Bueno. En parte lo sentimos por ti. y el Hombre. y dominar a mis enemigos. sólo iba a decirte: Dios te bendiga. en cualquier caso. —No creo que sir Héctor. que no sostienen guerras porque no poseen fronteras.. —Los lobos y las ovejas pertenecen a diferentes géneros. Por otra parte. y se convive con los camaradas más queridos? El erudito animal pensó la pregunta largo tiempo. podrás participar de Nuestras penas y Nuestras alegrías. sea tan terrible como dices. Me ha gustado más que la de Merlín acerca del rabino. hombre. El tejón mostróse sumamente confuso. ¿No crees que eso es una desgraciada circunstancia. una de termites. sólo conozco a siete que sean guerreras. —Iría a la guerra. Aunque carente de un desarrollo completo. Luego le pareció más oportuno cambiar de tema. cuando sir Héctor se acerca a la orilla del río. y también resulta instructiva. y sólo sé de cinco clases que sean belicosas. hay un exceso de optimismo en ella. por lo que al hombre se refiere? —Yo. —Sólo iba a decirte. Sólo cinco especies de hormigas. y en parte nos alegramos. sino que hasta los peces escapan hacia la otra orilla. Es una insignificante parábola. amigo mío. pero los demás serán realmente como embriones ante tu poder. —Pero las manadas de lobos del Bosque Salvaje atacan a los rebaños de ovejas.

¿No sabéis lo del rey? —Bueno. ¿verdad? —dijo el rey Pelinor—. el Conquistador. Y yo que había recortado tantas estampas de él de todos los sitios. dos! En seguida se vieron descender lentamente. 1066 a 1216. de modo que el muchacho echó a correr en busca del sargento de armas. cuando me encontré con un digno fraile de las órdenes grises. los numerosos pendones. banderas. —El rey ha muerto —repitió sir Grummore. —¿Lo sabéis? —exclamó—. para pegarlas en la repisa de la chimenea. ¿no es cierto? . Banderas a media asta. y ya no podrá cazar más. y la vieja niñera rompió a llorar. No me diréis que piensa venir por aquí. —¿Cómo lo habéis sabido? —preguntó sir Héctor. —Pobre viejo Pendragon —dijo sir Héctor. —Un momento especial. su heredero —repuso Grummore. si puede saberse? —Lo del rey —repuso Pelinor. Es una noticia de última hora.. y mandar poner las banderas a media asta. viva el rey. —Dios santo —sollozó—. escandalizado—. pero. Su Majestad se ha ido. Los que se hallaban en la sala de sir Héctor no tardaron en escuchar la potente voz que gritaba: —¡Atención! Luto especial por Su Majestad el rey. Que alguien se lo diga al sargento de armas —manifestó sir Héctor. desconcertado. es algo tremendo. Al menos tendrá algún pariente. al comienzo de la importante semana en que armaban caballero a Kay. —Ten calma. estandartes. Nannie —dijo sir Héctor. banderolas.CAPITULO XXII l rey Pelinor se presentó lleno de agitación en el castillo. —Nuestro querido monarca —intervino la niñera. —¡Dios bendito! —exclamó sir Héctor—. uno.. en bus ca de la Bestia Bramadora. ¿sabéis?. que era el noble más joven de los presentes. —En efecto. siempre apegado a los formulismos—. solemnemente—. Cualquiera puede saber eso. —Es algo solemne. ¿quién será ese rey que debe vivir tanto. en efecto —apuntó sir Grummore— El rey ha muerto. pobre hombre. con aire trágico—. respetuosamente. mi querido Grummore —dijo el rey Pelinor—. Uther. él que era un hombre tan caballeresco. toda llorosa— no llegó a tener herederos. —Debiéramos correr las cortinas —dijo Kay. Y es secreto. Era evidente que la sugerencia iba dirigida a Verruga. Todos se pusieron de pie. Sir Grummore se puso en pie. o algo por el estilo. —El rey ha muerto —dijo Pelinor. y se quitó el bonete que llevaba puesto. según vuestros deseos? —Pues. Dios guarde al rey. ¿qué ha sucedido con el rey? —inquirió sir Héctor—. a cazar con sus condenados sabuesos. enseñas y gallardetes que alegraban las altas torres del castillo del Bosque Salvaje. —El rey ha muerto —dijo—. —Habéis hecho bien al decirlo. ¡atención. hasta quedar en mitad de sus mástiles. Viva el rey. Ha muerto. el cual me lo contó. ¿Os habéis enterado? Ah. guiones. —Estaba yo investigando por los aledaños del bosque. —¿Qué es secreto.

No existiendo heredero ni pariente del monarca. —Explicaos mejor. No es exactamente un templo ni es precisamente una piedra. tratad de comprenderme. todo esto no tiene nada de particular. pues eso hace que me sienta mareado. cuando abundan tanto esos agitadores sajones.—Ahí está lo más intrincado del asunto —declaró el rey Pelinor. —No. Ahora. —Ni el menor vestigio de rey —aseguró Pelinor. que a su vez se encuentra sobre una piedra. En realidad la espada pe netra en el yunque y también en la piedra. —Sabed que ha aparecido una espada encajada en una piedra. descansad la cabeza. tomad este cuerno de hidromiel. —¿Qué clase de señales se han notado? —preguntó sir Héctor. Sólo Dios sabe lo que va a ser de nuestro amado país. —¿Queréis decir entonces que no hay rey en Gramarye? —clamó sir Grummore. contadlo despacito. será mejor que descanséis un poco. —Creo que se trata de un escándalo —manifestó sir Grummore—. si os parece. Está escrito en ella con letra . indignado. lo que trato de explicaros es lo notable de la leyenda que está allí escrita. —Calma. dadme un poco más de hidromiel. Pelinor —declaró sir Héctor—. antes de proseguir hablando. —¿Cuáles son esas palabras? —preguntó Kay. pero se trata de algo parecido. Así. —Será propaganda. —Las palabras son éstas —aseguró Pelinor—. claro. —Sí. y tranquilizaos. descansad un poco la cabeza en el respaldo del sillón. —¿Espadas que hablan? —dijo sir Grummore sarcásticamente. —¿El templo? —No. muchacho. vivamente interesado. la espada. calma. El rey Pelinor cerró los ojos con fuerza. —Mis queridos amigos —repuso el rey Pelinor. tranquilo. —Vamos. —Me han dicho que está en un yunque —aseguro Pelinor. —La espada está encajada en un yunque. El yunque está f i j a do en la piedra y ésta se halla en el exterior del templo. lo dice «en» la espada. Tranquilo. —Es lo que dice en la espada. viejo amigo. ante una especie de templo. en la empuñadura de la espada —corrigió Pelinor. sí. —No me parece nada extraño que ocurran semejantes cosas —dijo sir Grummore—. —No —dijo Pelinor—. La piedra se encuentra fuera del templo. en lugar de interrumpir sin motivo alguno. —Oíd. eso es.. Esas palabras son las siguientes. y se han notado algunas señales extrañas. lleno de excitación—. —No lo dice la espada. dándose importancia—. —Hay unas palabras escritas en el pomo de la espada que está en el yunque sobre la piedra que hay delante de la iglesia —manifestó con aire quejumbroso el rey Pelinor—. volviendo a ponerse nervioso —. —Escrita en el yunque. Lo raro sería que no sucediesen. seguramente —intervino sir Grummore. Con todos esos comunistas que andan sueltos por ahí. extendió los brazos y dijo con voz grave: —«Aquel que sacare esta espada del yunque y de la piedra será el rey de toda Inglaterra. ¿quién le sucederá en el trono? Por eso el fraile estaba tan inquieto cuando me lo dijo. Vamos a ver. no. Por favor. continuad —apremió Kay. pues el rey había vuelto a callarse. Pelinor —dijo suavemente sir Héctor—. Y por favor. No tenemos ninguna prisa. y cuando os sintáis mejor nos explicaréis de qué rayos estáis hablando. ya os lo he contado —manifestó Pelinor. —Pero antes habéis dicho que la espada estaba en una piedra. Vamo s.» —¿Qué? ¿Quién dice eso? —preguntó sir Grummore.. ¿Qué dice en esa espada? —inquirió sir Héctor. en realidad. tal como me las ha repetido el viejo fraile.

desde luego. No importa tanto la espada. Pensad lo que muchos caballeros opinarán de nosotros. —Mi padre estuvo allí una vez —aseguró el rey Pelinor. ¡Vamos todos a Londres. desconcertado. —Es que se marcha —repitió Verruga. Verruga! —manifestó Kay. por lo que se refiere a la espada. Dirán que no quisimos correr el riesgo por considerarnos incapaces. para poder obtener algún premio en mi primer torneo. padre. —Bueno. ¿Qué te parece? Nos vamos a Londres. y como me lo ha contado. y aquel de los que intervengan en la lucha. —¡Maldición! —exclamó sir Héctor. —¿Y por qué no la sacasteis de su sitio? —insistió Grummore. —Sabemos en realidad que somos incapaces —repuso sir Héctor—. y en todo lo que podremos ver y hacer. de modo que se ha organizado un torneo para el día de Año Nuevo. de nuevo algo confundido. En ese momento entraba Verruga con Merlín. tú llevarás mi escudo y las lanzas en las justas. —Hay un largo camino hasta Londres —afirmó sir Grummore. —Hay muchos caballeros en Londres —comentó sir Grummore. —¿Ha sacado alguien esa espada del yunque? —dijo sir Héctor. No hay quien pueda extraer esa espada. procurando serenar los ánimos. Y después de todo. porque Merlín también se marcha. ¿Vamos al torneo. —Y muchos lugares interesantes —agregó el rey Pelinor de pronto. para intervenir en el gran torneo del día de Año Nuevo. moviendo negativamente la cabeza. suavemente —. y tratándole con la familiaridad de los tiempos pasados —. digo yo? —declaró el rey Pelinor. Allí estará la mejor gente. y ése viene muy bien por la fecha. —¿Por qué voy a ser menos que mi padre. Querido padre. y yo ganaré a todos la palma y seré un gran caballero. probablemente es el más importante que se haya celebrado en Gramarye. —No —musitó el rey Pelinor. si no hacemos la prueba con esa espada. —¡Es que yo no estaba allí! Os estoy diciendo lo que me contó el fraile del que os estaba hablando. de no estar ya crecido. Cuando me armen caballero tendré que asistir a un torneo en alguna parte. yo os lo cuento. poniéndose dramático de nue vo—. es decir. . De ahí toda la conmoción. —Bah. que logre sacar la espada. el que saque la espada del yunque y de la piedra será rey de Inglaterra. —¡Dios nos asista! —dijo la niñera. y veremos a famosos caballeros y a grandes reyes. es que yo nunca estuve en Londres. me alegra que vayamos —repuso Verruga—. se habría echado a llorar. comenzando a animarse. —Más razón aún para ir. —¡Ah. Así dicen. es que no tienen sangre noble en las venas. olvidándose por un momento de que estaba hablando con su escudero. —¡Viva! —gritó Kay. padre —dijo Kay—. será rey de Inglaterra para siempre. pero todos se hallaban demasiado emocionados para notar que el chico. pero pienso en el torneo. Londres es la capital. —¿Dices que «vamos»? —Sí. ¿Entendido? —Oh. no necesitamos a Merlín. y hacemos la prueba? —Ni pensarlo —contestó sir Héctor. golpeando con su jarro sobre la mesa y derramando el hidromiel—.de oro —clamó irritado Pelinor. Considero que todos los que no deseen asistir a un torneo como ése. —¿Se va? Creí que éramos nosotros los que nos marchábamos —dijo sir Héctor. vayamos y dejadme al menos tomar parte en las justas. y veamos al nuevo rey! Los presentes se levantaron de sus asientos como un solo hombre. —Tenemos que ir —insistió Kay—. aunque muchos lo han intentado. —Claro. —Pero Kay —protestó sir Héctor—.

Podéis quedaros a enseñarme a mí. Se alzó en puntillas. Yo no soy de utilidad alguna aquí. No dejéis solo a un viejo cuándo sus hijos se marchan. —He venido a despedirme. por última vez. mientras Arquímedes se aferraba con fuerza a su hombro. sin atreverse a alzar la mirada. bueno. Existen muchas cosas en otras partes del reino que debo atender justamente ahora. sir Héctor —declaró el viejo mago— Mañana mi alumno Kay será armado caballero. Hemos pasado muy buenos momentos. Al cabo de unos segundos había desaparecido. y es hora de que me vaya. di adiós a todos los presentes. comenzó a girar lentamente como una peonza. Se va del castillo del Bosque Salvaje. —Adiós —repuso el muchacho. —Veamos. Verruga! —exclamaron dos débiles voces. asumiendo la postura que toman siempre los magos.—No. Creo que sois una persona muy útil. No entiendo nada de esto. —¡Adiós. —Adiós —murmuró el búho. va a ser una época muy ocupada para mí. ¿eh? —replicó Merlín. no podéis marcharos sin haber avisado con un mes de anticipación —declaró sir Héctor. Merlín. y luego cada vez más rápido. ¿qué ocurre? —dijo sir Héctor—. dirigiéndose cariñosamente a Verruga. Arquímedes. Ven. —Adiós —contestó Verruga. —No os vayáis —terció Kay. o cosas así. mientras erais jóvenes. —Bueno. —Bueno. —Volveremos a encontrarnos todos —manifestó Merlín—. . ocurra lo que ocurra. pero está en la propia naturaleza del Tiempo. o ser bibliotecario. —Debo hacerlo —dijo el preceptor—. —Conque no. y a la mañana siguiente mi otro alumno se irá como escudero suyo. el tener que marcharse un día. desde fuera de la ventana. hasta convertirse en una borrosa mancha gris. y el pobre chico salió apresuradamente de la estancia. cuando van a desmaterializarse. No hay motivo para entristecerse. no digáis eso.

pero en conjunto. se trataba de una Inglaterra poco civilizada. En ocasiones aparecía un marjal hacia un lado de las colinas. que se aprestaba a darle la bienvenida. porque todas las demás habitaciones se hallaban atestadas de paquetes y cajas. el hielo crujía. por ambos lados. y a veces podían mirar los viajeros hacia abajo. en aquella época—. por la mañana. y los gansos salvajes se remontaban hacia el firmamento graznando a las estrellas. o donde durmieran. lo hizo cabalgando al frente del grupo. pulió las armaduras hasta que parecieron espejos. unas veces en la choza de algún granjero. Gracias a ello pudieron conseguir en la posada tres lechos para los cinco viajeros que eran. jamás hubiesen hallado alojamiento. Si acontece que el lector no ha vivido en la vieja Inglaterra del siglo XII. en el exterior —éste era el símbolo que usaban las posadas. Y también. De no haber sido sir Héctor el afortunado propietario de un pequeño solar en Pie Street. en más de una oportunidad. discurría generalmente por entre las colinas y sierras. o un grupo de casas más allá de los infranqueables juncos. El joven caballero había estado despierto toda la noche. y otras a la luz de la chimenea. seguramente le resultará difícil imaginar las maravillas de aquel viaje. pensando cómo se las arreglaría para derrotar a los mejores barones de Inglaterra.CAPITULO XXIII a ceremonia de armar caballero a Kay se celebró en medio de un torbellino de preparativos para el viaje. Pero el caso es que el caballero tenía esa propiedad. en algún sucio chamizo que tenía un manojo de ramas atado a un poste. y se hallaron todos en el campo de justas una hora antes de que comenzase el torneo. El camino. por la extensión de los desolados páramos donde los nevados juncos suspiraban. apiñados contra sus caballos para conservar el calor. El caballero que viajaba dormía donde podía. sir Kay se las arregló para hacer levantar muy temprano a sus compañeros. o un bosque de un millar de acres al otro lado. en el que se alzaba una respetuosa posada. y en un lejano castillo próximo a las Marcas limítrofes. Verruga habría deseado poder hacer algo por él. y afiló las espadas hasta que la hoja quedó casi por completo gastada. dormían a cielo abierto. Divisaban a veces un penacho de humo que ascendía entre los árboles. y se consideraron muy afortunados por su suerte. En el primer día del torneo. Por f i n llegó el día de emprender la marcha. otras en el castillo de otro caballero que le invitaba a reponer sus energías. La niñera se pasó el tiempo cosiendo calzoncillos largos para todo el mundo. lo cual se hacía para que los viajeros no fueran atacados de improviso por bandidos ocultos. Pero allí donde fueran. y entre el picor de las pulgas. y el pato graznaba roncamente al crudo aire invernal. y en dos oportunidades pasaron por ciudades respetables que tenían varias posadas de que jactarse. El suntuoso baño de Kay tuvo que realizarse en una pequeña estancia. o carretera. y en cuanto al sargento de armas. o cuando fuera. Londres estaba lleno hasta rebosar. Casi todo el país era así. Las mejores carreteras aparecían despejadas de matorrales a la distancia de un tiro de arco. entre baúles y cajones. y no pudo tomar su desayuno. pues era de la opinión que cualquier clima que no fuese el del Bosque Salvaje resultaba en extremo traicionero. Al dirigirse al campo. el viento del este silbaba entre los juncos. . con las mejillas pálidas. de la que por cierto obtenía buena parte de sus ingresos. en el que las ramas de los árboles estaban cubiertas de nieve.

se dijo Verruga para sus adentros. —Mi escudero puede hacerlo. y llamarme escudero. si no se tenía certeza de que era poco menos que inexpugnable. dando la sensación de un arco iris movedizo. —No se puede intervenir en un torneo sin espada —apuntó sir Grummore —. y agitarse al viento las dalmáticas de los heraldos cuando se dispusieran a alzar las trompetas para dar los toques de atención. la seda de los pabellones de campaña de los caballeros famosos. —Será mejor que vuelvas a buscarla —terció sir Héctor—.Para aquellas gentes del campo. comenzó a abrirse paso hacia la posada lo mejor que pudo. Te daré un chelín. Aquellos tiempos eran muy inciertos. que se retiró por la mañana. Y las puertas estaban atrancadas con gruesas barras. con una especie de plazoleta ante la puerta del templo. ¿Dónde podría hurtarla. Por todas partes flotaban pendones y gallardetes a impulsos de la brisa. Era una amplia depresión del terreno. Mirarme desde su hermoso palafrén desdeñosamente. Las contraventanas tenían un espesor de dos pulgadas. —Pobre Kay —murmuró—. que hacía parpadear incrédulamente. podía uno darse cuenta cómo iban a relucir las armaduras. Observó preocupado la pequeña hospedería totalmente cerrada.. y la nieve había sido barrida por completo del lugar. y por un momento le miró como si fuera a abofetearle. «Pero. En realidad tiene motivos para sentirse así. debo conseguir una espada. Una hermosa espada. amo. En torno al campo de justas se veía un conjunto de colores tan vivos. ésta se hallaba cerrada. cuya tienda esté aún abierta. —¡Santo cielo! —exclamó de pronto sir Kay—. verde. y de las dimensiones de un campo de fútbol moderno. y no resultaba muy seguro abandonar una casa —o incluso dormir en ella—. Se hallaba a unos diez pies por debajo de las tierras circundantes. vuelve a toda prisa a la posada. Todo eso del chelín era sólo porque se sentía atemorizado y nervioso. En el centro de la plazuela había una pesada piedra sobre la que se asentaba un yunque. La barrera que dividía el campo por la mitad estaba también pintada con un gran cuadriculado blanco y negro. «¿Qué puedo hacer yo para ganar mi chelín?». e impide que le arroje su chelín a la cara. Al final de la calle vio el patio de una iglesia. —¡Ofrecerme una propina! —murmuró Verruga. Cuando Verruga llegó a la posada. Bien. Se conservó cálida la hierba cubriéndola con paja. en una gran ciudad como ésta. que sólo conocían el desmantelado terreno de justas del castillo de sir Héctor. Las maderas de las tribunas se hallaban pintadas de rojo y blanco. así tenga que entrar en la Torre de Londres. con suaves declives. Aún tienes tiempo. Ah. cubiertas de brea por ambas caras. Todo el mundo se había ido a ver el gran torneo. ¿cómo se consigue una espada —se preguntó—. y ahora la recortada hierba destacaba con su vivo color verde entre el blanco paisaje vecino. cubierta de verde césped. ¡Qué imperdonable olvido! Eh. indignado—. y la servidumbre siguió a los posaderos. Me dejé la espada en la hospedería. dame paciencia con ese bruto. Sería muy poco serio. Luego dijo: —Se hará como mandáis. Merlín.. al verme montado en este mulo. azul. pero por los pocos que allí se veían. y quería disimular. bermellón. nueva y reluciente. y tráeme la espada. La mayoría de los que intervenían en la justa aún no habían llegado cuando lo hicieron sir Kay y sus acompañantes. o bien de colores combinados. Y volviendo su caballo contra la corriente de los que llegaban. Volvióse en su montura y se alejó calle abajo. si fuera preciso? Aunque quizá haya algún armero. si regresas aquí a tiempo. el escenario que hallaron fue maravilloso. Verruga se puso tan pálido como lo estaba sir Kay. se hallaba encajada en el . eran de distintos colores. y luego echóse a reír. escudero.

sin llegar a ser deslumbrante. «Bien —pensó Verruga—. Grifos. Verruga enlazó las riendas en un poste. vamos. Recuerda que la fuerza nace de la parte inferior del cuello. y lo conseguirás. mi querido embrión. donde figuraban como emblemas heráldicos. cocodrilos. En torno al patio se veían ahora centenares de animales. pero la música seguía sonando con fuerza y la luz era espléndida. El joven sintió que su fuerza aumentaba. hay gente. cuervos. como unas estrellas rutilantes. Verruga dejó la empuñadura. seguido de un fuerte acorde. Merlín —suplicó Verruga—. espada —dijo el joven. Qué limpia aparece la nieve. vosotros. amigos y conocidos. de saber la situación desesperada del pobre Kay. unicornios. y las gemas de la empuñadura. lo que oigo?» Era una melodía. hasta el más humilde ratoncillo. Fíjate en la esplendidez con que ondean esos gallardetes. sino para Kay. Tampoco ahora hubo respuesta alguna. Es necesario que se la lleve. No es para mí.» Después de desmontar. Mira las hermosas gárgolas de la iglesia y del monasterio vecino. Pero todos. espada —le habló—. ruiseñores. Estoy seguro de que nadie me lo reprocharía. y los miles de especies diferentes que Verruga había conocido. acudían a ayudar a Verruga por el cariño que le profesaban. y subió por el caramillo de grava de la plazoleta. tal vez sea una especie de monumento. mientras notaba una sensación luminosa. que no leyó. Sí. como lo hiciste una vez que iba a darte un coletazo. y la luz que había en el patio era tan clara. —Hay alguien en este lugar —preguntó—. capitán Verruga. Unos habían descendido de los pendones del templo. —No actúes como un necio picamaderos —le exhortó un búho afablemente—. halcones. emplea tus herramientas. —Escuchad —continuó Verruga—. como espectros de días pasados. y hablaron a Verruga por turno. debo pedirte perdón y sacarte de ahí por una buena causa. pero la espada no se movió de su sitio. del cielo y de los campos circundantes. erizos. en efecto. y Verruga volvióse hacia el yunque. ayudadme a sacar esta espada. Sentí algo muy raro cuando aferré el pomo de la espada. Todos estaban cerca de la pared. relucientes bajo la clara luz. —Tensa la espalda —aconsejó un lucio que había salido de un estandarte—. Oyóse un acorde melodioso. gansos salvajes. ¿cuál es la primera ley de la pata? Creí que era no soltar nunca. —Está bien encajada —comentó. ¿Y no es una suave música. La melodía resonó más intensamente y la luz que caía en el patio relució con un fulgor de amatistas. ¿qué queréis? Nadie le contestó. Tengo que llevarme esta espada. Un ganso salvaje manifestó: . —¿Y qué me dices de tus antebrazos? —intervino gravemente el tejón—. pero tengo que hacerlo. Decidme. que habría podido verse un alfiler a veinte yardas de distancia. y he notado que todo aparece ante mí con mayor claridad. Aferró la empuñadura con ambas manos y se apoyó en la pie dra para tirar. Noto un olor a in cienso. y retrocedió un paso.yunque. que había comenzado a hacerle daño en la palma de las manos. Realiza el esfuerzo uniformemente. Oyóse una especie de trueno. Pero la espada siguió encajada donde estaba. —Ven. ¿Los tienes pegados al cuerpo? Vamos. otros procedían de las aguas. —Oh. polluelo. liebres. Un azor que se aferraba a la rama de un árbol exclamó: —Veamos. Acercóse a la piedra y cogió la espada por la empuñadura. sabuesos. entre ellos tejones. peces. —Ven. Escuchad. «Es extraño —pensó Verruga—. Volvió a intentarlo y tiró con todas sus fuerzas. Vio las letras de oro en la espada.

Kay? Estás blanco como la cera. me siento orgulloso de ti y siempre lo estaré. escuchadme un momento. Pero. La tengo en mis manos. junto con el poder de tu mente. sin alzar la mirada. Entonces vio Verruga que su tutor. se pasó la lengua por los labios. y no prestó mucha atención a lo que decía su escudero. —Muchos me dijeron que no erais mi padre —repuso Verruga—. Verruga. volvió a cerrarla. sir Héctor. para encontrar una espada —manifestó. ¿qué te ocurre. volviéndose en redondo—. Verruga aproximóse a la espada por tercera vez. Vamos. Homo Sapiens. —Padre —dijo sir Kay. y la espada saldrá como de la mantequilla. se arrodillaba delante de él. —Señor. delante de una iglesia —contestó Verruga. porque así me dais pena. Con ella podrás ser rey de Inglaterra. Cuando el rumor se extinguió. luego a la espada y por f i n a Verruga. lo cual hizo el muchacho. Sir Kay observaba luchar a dos caballeros. y lo mismo le ocurrió a sir Kay. sobre su gotosa rodilla. Después de esto. Yo he conseguido sacarla de donde estaba. cuando lo hubo hallado—. y tú tienes la espada. pase lo que pase. arrodillándose también— Dejad que os ayude a poneros en pie. pero directamente a los ojos. —Pero si ésta no es mi espada —protestó sir Kay. ¿Dónde la conseguiste? —Estaba en un yunque y sobre una piedra. Una vez ante la puerta del templo. padre —repuso Verruga. que duraron largo tiempo. lentamente. —Por favor. —Buen sitio. bien podrás ahora coordinar tus esfuerzos.. Los espectadores del torneo volvían ahora a gritar. —dijo sir Héctor. largamente. ¿verdad? Aplica tu energía. y luego otra. todos tus antiguos amigos estamos dispuestos a vitorearte. mi señor —manifestó el anciano. Limitóse a mirar a Kay y luego a Verruga. Estaba buscando a sir Héctor. Entonces entregó a éste la espada. sir Héctor dijo a Verruga que colocase la espada donde la había hallado. Sir Kay se quedó mirando a su escudero unos segundos. y volviéndose. —En realidad estaba sujeta a un yunque. por tus propios medios? Kay miró a su padre. lleno de asombro. pero eso no me importa. . El anciano trató en vano de sacarla. —Es una hermosa espada. Eres mi hijo. —Es increíble como luchan estos campeones —repuso sir Héctor—. con gesto de profunda humildad. Sir Héctor no dijo ninguna necedad. si una vez fuiste capaz de volar hasta el mar del Norte. Después volvió a mirar a Kay. Verruga. —¿Cómo? —exclamó sir Kay. y agregó: —Aquí están el yunque y la piedra. con voz temblorosa—. y declaró: —He mentido. Volvió a repetirlo por tercera vez.. y Verruga le siguió. Oyéronse unos vítores atronadores. Tendió la diestra hacia la empuñadura. Estoy seguro de que portáis sangre más noble que la mía. y retiró la espada tan suavemente como si estuviera sacándola de una vaina. y al fin manifestó: —Iremos a la iglesia. No soy vuestro padre.—Eh. aquí está. Verruga viose delante de Kay y le entregó el arma. no hagáis eso. La posada ya estaba cerrada. con afecto. miró a su primogénito con cariño. ¿Me juras que la sacaste de ahí. Verruga fue el que la sacó. —No no. internóse entre la multitud. —Es la única que pude conseguir —repuso Verruga—. la extrajo fácilmente una vez. y ni siquiera soy de vuestra misma sangre. al serle solicitado. ¿Dices que esta espada estaba sujeta a un yunque y a una piedra? —Sí. —¿Recordáis la espada que debía sacar del yunque el futuro rey de Inglaterra? —Sí. me pareció una especie de monumento. —Pues bien. Abrió la boca.

sir Héctor. si tengo que ser ese rey del que me habláis. ¿seguiréis apreciándome. que hagáis a vuestro medio hermano. Señor. porque me apena mucho veros. ¡Ah. cuánto desearía no haber encontrado esa desdichada espada! Verruga no pudo evitarlo y se puso a sollozar. Pero. sir Kay. . humildemente—. acongojado—. senescal de vuestras tierras. señor.—Señor —dijo el anciano. Kay estaba también arrodillado ante Verruga. Poneos en pie. ¡oh. padre mío!. cuando seáis rey? —¿Qué decís? —Sólo querría pediros un favor. y esto era más de lo que el muchacho podía soportar. Claro que será senescal. no os arrodilléis así. —No digáis eso —declaró Verruga.

delicadamente envueltos en verdes hojas de primavera. y obsequiaron a Verruga con un manto de pieles de marta. y aportaron los más perfectos fiemos que poseían. corporaciones. así como los proscritos. pero en general el pueblo de Inglaterra. El perrero y Wat le mandaron una pócima para el catarro. Y entregó a su amo todo su afecto. Pero el regalo más hermoso de todos fue para Verruga el que le mandó . pues todo el mundo trajo regalos a Verruga. Recordaba algo al día de la Epifanía. Sir Grummore regaló un conjunto de flechas con los colores de su colegio en las plumas. Hob quedóse sin dormir toda la noche. por su parte. en el que todos los animales deberían guardar dieta una vez a la semana por el bien de sus respectivos aparatos digestivos. También hubo muchos otros regalos de buen gusto procedentes de diversos barones. de barones que hacían cuanto les venía en gana. que contenía quinina y poseía un valor inestimable.CAPITULO XXIV al vez debiera haber un capítulo acerca de la ceremonia de la coronación. por último tuvieron que darse por vencidos. Los cocineros. por su hazaña de haber extraído la espada del yunque. pata o aletas. que había ganado el concurso por tercera vez. El sargento le obsequió sus medallas de las Cruzadas. arzobispos. y dentro de un cuerno dorado. Ralph Passelewe. sultanes reales. en cuyo caso se encontraba Robín de los Bosques. landgraves. popes. durante la comida. El alcalde y los concejales de la ciudad de Londres se suscribieron para la construcción de un zoológico-acuario-terrario en la Torre de Londres. Lyo-lyok le envió algunas flechas elaboradas con sus propias plumas. Los barones. de diferencias entre razas. que el joven rey no podía manejar con facilidad. Arquímedes mandó a su tataranieto. de gran tamaño. de la vaca Crumbrocke. cantó lo de costumbre en el banquete de la coronación. sirvien tes y siervos del Castillo del Bosque Salvaje. Los ciudadanos de Londres aportaron cincuenta millones de libras para el sostenimiento del zoológico. para que se sentara sobre el respaldo del trono. que quedarían bajo la custodia de la nación. al llegar al otoño de sus felices vidas. y dejase caer algunos excrementos en el suelo. Robín y Mariana salieron a una expedición de caza que les llevó seis semanas. y envió a Cully con caperuza y traílla nuevas. príncipes. y podría haber seguido haciéndolo hasta el día del Juicio Final. El Pequeño Juan agregó un arco de siete pies. pero como Verruga colocó y sacó la espada del yunque tantas veces como se lo pidieron. Estaban hastiados de la anarquía que reinara en el país con Uther Pendragon. y del gobierno de la fuerza. lleno de congoja. concejales de distrito. La vieja niñera del castillo le mandó un remedio contra los catarros y treinta docenas de pañuelos con las iniciales correspondientes. que llegaron a la ceremonia en una carreta tir ada por un par de bueyes. zares. Unos pocos galeses se rebelaron y fueron dominados más tarde. como era de esperar. y las Damas Británicas obsequiaron un par de chancletas de terciopelo negro con las iniciales de Verruga bordadas en oro. fueran de ala. y una nueva campanita de plata. La coronación fue una ceremonia espléndida. Kay le envió la cabeza del G r i f o con sus mejores deseos. mahatmas y otras yerbas. obsequiaron a Verruga una reproducción de plata. mostraron deseos de obedecer al nuevo rey. La Bestia Bramadora y el rey Pelinor decidieron ir a escote. jalifas. como única razón. y donde debían ir a parar todos los antiguos amigos de Verruga. mientras que nadie más que él era capaz de hacerlo. reyes tributarios. Un erizo que no dio el nombre mandó cuatro o cinco hojas sucias con algunas pulgas. y de tiranos feudales. Cavall se presentó él mismo. pensará el lector. se mostraron incrédulos.

el anciano sir Héctor.con todo afecto su querido tutor. tocado con su capirote de mago. Cuando las chispas se hubieron extinguido. Estoy al corriente de tus penas y de tus alegrías. — ¿Te quedarás conmigo durante mucho tiempo. — Sí. Merlín? — preguntó el joven. sin comprender muy bien todo aquello. y sé que nadie osará volver a llamarte por el nombre fa m i l i a r de Verruga. —Bien. Verruga procedía a encenderlo. mi rey Arturo. con tu corona de rey. O más bien debo decir: Sí. Este obsequio consistía en un castillo de fuegos artificiales de los que se encienden por un extremo. Tienes un gran aspecto. y vio crecer el fuego. fui yo mismo. Por consiguiente. Sé todo acerca de tu nacimiento y tu familia. aquí estoy de nuevo. En el futuro será tu glorioso sino aceptar la carga y gozar de la nobleza de tu propio título. disfrazado de mendigo. Merlín se hallaba de pie ante Verruga. quien te llevó al castillo de sir Héctor. Verruga — repuso Merlín — . reclamo el privilegio de ser el primero de tus súbditos que se dirige a ti con el nombre de Rey Arturo. No te lo podía decir antes. envuelto en tus dorados pañales. EXPLICIT LIBER PRIMUS . pero el caso es que tu padre fue el rey Uther Pendragon. Verruga —dijo Merlín—. y también sé quién te dio tu verdadero nombre.

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