CESAR AIRA La costurera y el viento

Estas últimas semanas, ya desde antes de venir a París, he estado buscando un argumento para la novela que quiero escribir: una novela de aventuras, sucesiva, llena de prodigios e invenciones. Hasta ahora no se me ocurrió nada, fuera del título, que tengo desde hace años y al que me aferro con la obstinación del vacío: "La costurera y el viento". La heroína tiene que ser una costurera, en la época en que había costureras... y el viento su antagonista, ella sedentaria, él viajero, o al revés: el arte viajero, la turbulencia fija. Ella la aventura, él el hilo de las aventuras... Podría ser cualquier cosa, de hecho debería ser cualquier cosa, cualquier capricho, o todos, si empiezan a transformarse uno en otro... Por una vez, quiero permitirme todas las libertades, hasta las más improbables... Aunque lo más improbable, debo admitirlo, es que este programa funcione. A uno no lo arrastra el soplo de la imaginación sino cuando no se lo ha propuesto, o mejor: cuando se ha propuesto lo contrario. Y además, está la cuestión de encontrar un buen argumento. Pues bien, anoche, esta mañana, al amanecer, medio dormido todavía, o más dormido de lo que creía, se me ocurrió un asunto, rico, complejo, inesperado. No todo, sólo el comienzo, pero era justo lo que necesitaba, lo que había estado esperando. El personaje era un hombre, lo que no constituía un obstáculo porque podía hacer de él el marido de la costurera... Sea como sea, cuando estuve despierto lo había olvidado. Sólo recordaba que lo había tenido, y que era bueno, y que ya no lo tenía. En esos casos no vale la pena exprimirse el cerebro, lo sé por experiencia, porque no vuelve nada, quizás porque no hay nada, nunca hubo nada, salvo la sensación perfectamente gratuita de que sí había... Con todo, el olvido no es completo; queda un pequeño resto vago, en el que me ilusiono que hay una punta de la que podría tirar y tirar... aunque entonces, para seguir con la metáfora, tirando de esa hebra terminaría borrando la figura del bordado y me quedaría entre los dedos un hilo blanco que no significaría nada. Se trata... A ver si puedo ponerlo en unas frases: Un hombre tiene una anticipación muy precisa y detallada de tres o cuatro hechos que ocurrirán encadenados en el futuro inmediato. No hechos que le pasarán a él sino a tres o cuatro vecinos, en el campo. Entra en un movimiento acelerado para

hacer valer su información: la prisa es necesaria porque la eficacia del truco está en llegar a tiempo al punto en que los hechos coincidan... Corre de una casa a otra como una bola de billar rebotando en la pampa... Hasta ahí llego. No veo más. En realidad lo que menos veo es el mérito novelesco de este asunto. Estoy seguro de que en el sueño esta agitación insensata venía envuelta en una mecánica precisa y admirable, pero ya no sé cuál era. La clave se ha borrado. ¿O es lo que debo poner yo, con mi trabajo deliberado? Si es así, el sueño no tiene la menor utilidad y me deja tan desprovisto como antes, o más. Pero me resisto a renunciar a él, y en esa resistencia se me ocurre que hay otra cosa que podría rescatar de las ruinas del olvido, y es precisamente el olvido. Apoderarse del olvido es poco más que un gesto, pero sería un gesto consecuente con mi teoría de la literatura, al menos con mi desprecio por la memoria como instrumento del escritor. El olvido es más rico, más libre, más poderoso... Y en la raíz de esta idea onírica debió de haber algo de eso, porque esas profecías en serie, tan sospechosas, desprovistas de contenido como están, parecen ir a parar todas a un vértice de disolución, de olvido, de realidad pura. Un olvido múltiple, impersonal. Debo anotar entre paréntesis que la clase de olvido que borra los sueños es muy especial, y muy adecuada para mis fines, porque se basa en la duda sobre la existencia real de lo que deberíamos estar recordando; supongo que en la mayoría de los casos, si no en todos, sólo creemos olvidado algo que en realidad no pasó. Nos hemos olvidado de nada. El olvido es una sensación pura. El olvido se vuelve una sensación pura. Deja caer el objeto, como en una desaparición. Es toda nuestra vida, ese objeto del pasado, la que cae entonces, en los remolinos antigravitatorios de la aventura. En mi vida ha habido poca aventura. Ninguna, de hecho. No recuerdo ninguna. Y no creo que sea casualidad, como cuando uno lo piensa y advierte con sorpresa que en lo que va del año no ha visto un solo enano. Mi vida debe de tener la forma de esta falta de aventuras, lo que es lamentable porque serían una buena fuente de inspiración. Pero yo me lo he buscado, y en el futuro lo haré deliberado. Hace unos días, antes de partir, reflexionando,

la resolución está tomada de antemano: nunca volveré a viajar. Puede . además de la suya. Creo que siempre debe quedar ese extraviado punto intrigante para que un proceso se sostenga en el tiempo. Y sin embargo. los contamina. Levanto barreras que quiero formidables para impedir la invasión. dando expresión a resoluciones anacrónicas tomadas en el corazón mismo del miedo a la aventura (en un café de mi barrio. Si ahora escribo. No tuve una vida aventurera para no cargarme de recuerdos. no trae nada. Este viaje. Ni resultados.. No saldré a la busca de la aventura. no hace. oídas o vistas. escribiendo. y lógicamente cree que la tiene en otro lado. porque la realidad. De pronto. Y yo. "La memoria hace subir a luz cosas sentidas. ni forma. y está en su lugar. ¿Qué proceso? Uno que no tiene nombre. o sea el pasado. algo tiene que haber pasado. Uno puede llegar a creer que tiene otra vida. ni contenido. en los cafés de París. nada más que apoyarse en la memoria.. Cuando aparece un recuerdo. Flores). ni podrían serlo. Querría que fueran la pura invención de mi alma. sólo la combinatoria de sí mismo con sus restos negativos. ha sido para interponer olvido entre mi vida y yo. Hay una sola vida. esta facultad maravillosa. ahora que mi alma ha sido extraída de mí. es para acelerar el proceso. estoy en un café de París. Ahí tuve éxito. aunque sé que es una batalla perdida.Quizás sea un punto de vista exclusivamente personal. una voluta de la imaginación. si se la deja sin control. Pero no se descubrirá nada al final.llegué a la conclusión de que no volveré a viajar nunca más. Si he escrito. casi diría lo único adecuado. lo hará como habría podido hacerlo un pequeño enigma. pero experimento una irreprimible desconfianza si oigo decir que la imaginación se hará cargo de todo. Pero le bastaría hacer la prueba una sola vez para comprobar que no es así. lo mismo que el anterior (cuando escribí El Llanto) pueden volverse nada. a esta cita extraña. La Costurera y el Viento. un poco como en los rumiantes vuelve un bolo de hierba. "La imaginación. ". Si me ayuda a sobrevivir. De algún modo la Costurera y el Viento tienen que ver. Pero no lo son del todo. En realidad no he viajado nunca. ni al principio. una adivinanza. esperándolo. Un solo viaje basta (yo hice dos). como me he propuesto. son lo más apropiado. Y el torbellino.

un brazo saliéndome del ombligo. Tuve la impresión. que tan bien conocía.. Estaba perfectamente vacío y limpio. el primero de esos acontecimientos que dejan huella. de fantasía. como un sapo octodimensional. de correr desesperadamente para huir de un peligro. Al primer intento. con las dos orejas del mismo lado. Sólo podía detenerme en el sitio más seguro. No sé cómo pudo ocurrírsenos semejante sutileza. Dijo "ya" y comenzó a caminar hacia mí con un tranco pesado y lento.. el pie izquierdo saliendo del muslo derecho. Yo tendría ocho o nueve años. él fue a ubicarse de pie junto a la pared delantera. era el más geométrico y visible.. El acoplado era un rectángulo muy grande. al par de niños semisalvajes que éramos. pero no está ni digerido ni transformado. lo que es extraño porque era el mediodía.. Omar no estaba. estrangulado. dije. no hacía la comida ni manipulaba cosas. y se nos ocurrió subirnos a un acoplado de camión. el otro de la espalda.. Era como si un viento me apretara por todos lados a la vez. cerca del borde trasero. vacío. no sé cómo. Acuclillado. Cuando los abrí.. pero su . detrás de la mesa. con tres paredes de madera muy altas y sin la cuarta. Y resultó que el miedo fue más eficaz de lo que esperábamos.. pero así son los chicos.. como en una pesadilla. que era la de atrás. jugaba en la calle con mi amigo Omar. Se trataba de un juego puramente psicológico. del monstruo agazapado que ahora era yo mismo. los dos ojos del otro.. de un horror. y ese espacio. Empezó Omar. No trabajaba. estacionado frente a nuestras casas (éramos vecinos).estar masticado. El terror que sentí fue tal que debo de haber cerrado los ojos. no teníamos máscaras ni disfraces ni nada. fue una desaparición. retorcido. sin hacer caras ni gestos (no era necesario). de todos los que hubiéramos podido elegir. yo quería moverme y no podía. del tamaño de una habitación. ya fue excesivo. Paralizado. Nos pusimos a jugar a darnos miedo. Me sentía deformado. lo que era rarísimo en un ama de casa clásica que siempre estaba haciendo algo. De pronto.. Mi primera experiencia.. Mi madre me daba la espalda frente a la mesada. me encontré en la cocina de mi casa. mirando por la ventana." (Boulez) No es azar. Yo me senté en el piso. Tengo un motivo biográfico para sostener estas razones.

En especial para Delia Siffoni. estaban equivocados. con ayuda del padre de Omar y no sé qué otros vecinos. la madre de Omar. y al fin había intervenido papá (era el último grado de alarma) y todavía estaba buscándome. pero a medida que pasaban las horas empezaron a alarmarse. Soltó un grito como no le he oído otro jamás. Y ella conmigo: debió de sentir mi presencia. que nunca antes había manifestado frente a mí pero que yo había sabido que estaba dentro de sus capacidades expresivas. Lo supe porque yo tenía una comunicación telepática con ella. una batida en regla por las inmediaciones.. a decir que yo me había escondido y no quería aparecer pese a sus llamados y declaraciones de que no jugaba más. Y ahora. Era como si hubiera sucedido algo inimaginable. Es el recurso ideal para desembarazarse de la memoria. Es increíble la velocidad que puede tomar la sucesión de hechos a partir de uno que se diría inmóvil.. mamá participó en la busca. pensé en un espasmo de desesperación. No era yo. La desaparición de su hijo la afectó mucho. sería mucho más difícil porque caía la noche. imposible. al mediodía. ya casi era de noche. casi de llanto. Es un vértigo. ¡El que había desaparecido era Omar! Era a su madre a la que había que decírselo. se llevó las dos manos a la cabeza con un gesto y un gemido de angustia. Por los gritos que me propinó cuando pudo volver a articular supe que Omar había venido. tan abundantes entonces en . todo empezó a pasar a la vez. no había empezado a preparar la cena. y ella no había podido hacer nada. Esas obstinaciones eran típicas en mí. ¡Pero yo había estado ahí todo el tiempo! No se lo dije porque la emoción me impedía hablar. cosa que habría debido sorprenderme porque no era de tipo emocional.. Me sentía culpable por el tiempo perdido. era de esas mujeres. de que tenía que irse. ésa era la busca que había que emprender. le afectó la mente.inmovilidad estaba llena de impaciencia. para hacer de todo recuerdo un anacronismo. Noté que en efecto la luz ya era gris oscuro. A partir de aquel lapsus mío. no había tenido ánimo siquiera para prender las luces.. porque repentinamente se dio vuelta y me vio. directamente los hechos ya no se suceden: se hacen simultáneos. del que por primera vez comprendía la cualidad de irrecuperable.

esos pasitos ligeros con los que parecía alejarse.Pringles. Y nosotros dos. En primer lugar. sólo amas de casa y madres. de tierra. un varón. En esos tres ambientes se terminaba la casa. y en eso era una excepción entre las mujeres del barrio. confiable y . y la cocina también. hay que reconocer que Delia era un dechado. podría haberse ganado la vida con su trabajo y de hecho lo hacía porque su marido tenía no sé qué empleo vago de transportes y en líneas generales no podía decirse que trabajara. incluyendo el gallinero. Y siempre: un solo hijo varón. No sé cómo después llegó a haber mujeres en la Argentina. y lo criaban con cierto desapego severo.. que era una réplica exacta de la nuestra.. Delia tenía una profesión. todo el día juntos en la calle. pero eso era casi un pasatiempo para ella. y la vereda. Era costurera (costurera. como era el caso de la mía. un oficio. a la que nadie entraba nunca bajo ningún pretexto. Nuestras madres en cambio mantenían esa distancia teñida de malevolencia típica de las mujeres locales. todos con esa especie de madres. Barría varias veces por día los dos patios. y volvía hacia su interlocutora. casada y con un hijo de seis o siete años. Delia Siffoni había sido amiga de mi madre en su infancia. Las dos amigas se reencontraron. Se dedicaba a eso. vino a alquilar por pura casualidad una casa al lado de la nuestra. que antes de dejar de parir para siempre tenían un solo hijo. que estaba loca. mi madre era especialista en encontrar parecido con animales. Todos mis amigos eran hijos únicos. nos hicimos inseparables. lo mismo que sus modales y desplazamientos cuando estaba en la vereda (siempre estaba afuera: otro defecto). El único dormitorio resplandecía. y cuando volvió. justamente. todos más o menos de la misma edad. volvía. un poco susurrante y precipitado. estaba siempre asperjada. Mantenía herméticamente cerrada la salita. Eran maniáticas de la limpieza. se iba. desequilibrada: todas lo estaban. parecían viudas. se acordaba todavía de algo más que decir. mil veces. Mamá le encontraba muchos defectos. Ella era una costurera de fama. ahora me doy cuenta de la coincidencia). Después la manía de limpieza. Le habíamos puesto de apodo "la paloma". cuando se ponía a pensarlo. el delantero y el trasero. Ahí contribuía el modo de hablar de Delia. Omar y yo. por la nariz y los ojos. no dejaban tener perros. en las afueras pobres donde vivíamos. Después se había ido del pueblo.

Mozart. Es que siempre estaban apareciendo nuevas. porque sin negar una realidad. yo seguía creyendo en la otra: yo velaba mientras ella dormía.. y además sabía que ella se quedaba levantada hasta después de la medianoche. Con ella no había tiempo de cambiar de idea. dormir profundamente. sobresaltado por ese polvillo de puntos agudos. Mi camita estaba bajo la ventana. gente de campo. Beethoven. pero había que darle instrucciones muy precisas. Teníamos un solo dormitorio para toda la familia. era rapidísima. abandonada al sueño. las cuatro pruebas se confundían en un instante. y una transcripción de . y se había despertado antes. de día no tenía tiempo ni ganas de practicar. ni mucho menos. Pero siempre sucedía que mi mamá se había dormido después que yo. pero ella había sido concertista de pueblo. tocando el piano —curiosa ocupación esta última. eso era canónico en la costura pringlense. y además la prenda ya estaba hecha antes. Mis padres.. cosiendo. a la calle.prolijísima. tenían el hábito de dormir con la ventana cerrada. Había cuatro pruebas. En el verano. Había perdido mucha clientela por ese motivo. aunque de un gusto pésimo. El griterío de los pajaritos en los árboles de enfrente me caía encima antes que a nadie. escuchando la radio. No sé cómo podía ser. Siempre estaba perdiendo clientas. ¿No sería sonámbula? Apuntaba en ese sentido el hábito tan curioso de tocar el piano (Clementi. en la parte delantera de la casa. sin hacer el menor ruido. y a mí no me despertaba. Era el primero en despertarme. así que cuando todos dormían me ponía de pie en la cama y la abría. Con Delia. tejiendo. que la embellecía. Chopin. por algún comentario. Pero rápida. Su vigilia se traspapelaba en el sueño. así como había sido el último en dormirme al cabo de una interminable sesión de horrores mentales. era un milagro que le quedaran. me despertaban los pájaros. como la luz de una vela a las polillas. pero yo había leído en el Billiken que era más sano tenerla abierta de noche. Su velocidad sobrenatural las atraía. Cuando las clientas iban a probarse. Cuando me despertaban los pájaros a la mañana ella ya trajinaba desde hacía rato. Lo hacía perfecto. Me enteraba indirectamente. y vigilarla hasta el último minuto para que no lo echara a perder siguiendo su inspiración nefasta. un centímetro apenas. inclusive la veía dormir (creo verla todavía).

vanguardista —ninguna me parece lo bastante avanzada e incomprensible. Aquello les dio el modelo. pero hasta hoy puedo evocar la sensación sobrenaturalmente sedante de esa música nocturna. Eso nunca lo oí. cuando le daba manija. empezaba el coro de los pájaros. agudas. Era el camión del señor Siffoni. un camioncito cuadrado. por la música que no entiendo. Después del trino maravilloso. no hay un método así. creo. absurda. cristalinas. no. Las hacía tan especiales lo inesperadas que eran. que no se sabía bien cómo podía seguir funcionando. si se lo propusieran. como si existiera una escala. En aquel entonces a los autos había que darles manija por delante para poner en marcha el motor. Era un gorjeo atonal.Lucia de Lammermoor) en lo profundo de la noche. que era el que me despertaba en esos amaneceres de verano. toda la vida. A las cuatro. y el pájaro escogiera cuatro o cinco notas de ella en un orden que burlaba por sistema cualquier expectativa. y además Pringles estaba muy al sur. esas ensoñaciones del despertar. De adulto. venían las toses patéticas del motor. Me pregunto si no sería eso lo que me despertaba. era una privilegiada. e imaginaba el canto previo. la ley de las probabilidades lo exige. de lata roja. donde los días eran más largos. un verdadero lirón. una melodía de notas al azar. locamente moderno. Yo también he sido un Rey del Sueño. Antes no se cambiaba la hora según las estaciones. y cuando por casualidad se refería a la noche era para decir "No pegué un ojo". todavía hoy. yo debí de creerle al pie de la letra. un pájaro. Pero el orden no podía ser inesperado siempre. De ahí debe de datar mi pasión torturada por la música. Y sin embargo. un pájaro con el canto más bello y extraño que pueda soñarse. el azar mismo debía contribuir a que se cumpliera alguna expectativa. Pero entonces. mucho más que ahora. de las que podrían dormir siempre. cada nota desatando todos los nudos de mi vida. En realidad no era un pájaro. Éste era un vehículo viejísimo. una Reina del Sueño. Suelo tener. Pero había uno. la más extraña. . ella tenía la coquetería del insomnio. porque amanecía muy temprano. descubrí que mi madre dormía inmensamente. con los pájaros. Como todos los chicos. ella debía de asegurarse de que yo estuviera bien dormido. límpidas. En verano me despertaba tempranísimo. Nunca volví a oír algo así.

con rasgos de pájaro. Y todo eso se balanceó de pronto en la desaparición. Que ella también trabajara. del otro lado. El muñeco de nieve. En las conversaciones familiares en mi casa era habitual pasar revista a los méritos de vecinos y conocidos. No sólo en verano. Ni siquiera se levantaba temprano. porque nunca tuve necesidad de hacerlo. Mis padres eran gente realista. Tampoco en la temporada trabajaba mucho. el dorado de la tierra de nuestra calle. enemiga de las fantasías. con acoplado (en ese acoplado justamente habíamos jugado aquel mediodía fatídico Omar y yo). señal de que había partido en un largo viaje. de la que era imposible adivinar los horarios de costura ya . Esa costurera delgada. uno verdadero. Todo lo demás se inclinaba ante ese criterio. vivía un camionero de profesión. el verde de los árboles.. Justo al lado de casa. y mi devoción me eximió de trabajar por mala conciencia o por el qué dirán. sino en serio. cosa rarísima en nuestro medio. el trabajo es mi dios y mi juicio universal.El camioncito rojo se recortaba en los colores limpios y hermosos del amanecer pringlense.. Tenía un camión modernísimo. era medio pariente nuestro. que lo criticaban por eso. El verano era la única estación en que Ramón Siffoni trabajaba en cargas. y a veces cuando yo salía para la escuela en pleno invierno. pero nunca trabajé. Se llamaba Chiquito. La bella postal del camioncito rojo en el amanecer celeste y verde. y hacía largos viajes hasta los más lejanos confines de la Argentina.. no la eximía. realistas como eran. por el contrario la hacía más sospechosa. el cielo perfecto de azul. Ramón Siffoni era uno de los que salían mal parados en ese escrutinio. enorme. con el cielo todavía oscuro. nunca hacían de las esposas víctimas del ocio de los maridos. Su esposa no escapaba a la condena porque mis padres. decían (pero yo sabía la verdad). su patrón universal para medir al prójimo. La fiesta de los sentidos. El resto del año descansaba. Todo lo juzgaban por el trabajo.. según mis padres. neurótica en grado sumo. él me había dejado un muñeco de nieve en la puerta. pequeña. esas cargas de ocasión y buen clima de Siffoni en su camión de juguete. que yo heredé en bloque y sin discusión: siempre he venerado el trabajo por encima de cualquier otra cosa.

más que el común. Y con el inútil de marido que tenía.. nunca visto. pretendida mosca muerta y candidata a solterona. Como era artista. Sus dibujos contemplaban hasta el menor detalle. sobre todo los sábados a la noche en la "vuelta al perro". Trajo hasta el hilo para coserlo. Un embarazo tenía plazo y velocidad fijas. prolijas hasta la locura.que siempre estaba en la puerta comadreando. El misterio era parte del juicio. Silvia Balero. todo de nylon. Ya dije que cuando ella ponía manos a la obra las pruebas se superponían a la puntada final. Y cuando las conocidas. porque mis padres. el traje hipócrita de la ignominia blanca. y después se lo comentaba a Delia. es decir una lentitud. son parte del tratamiento divino. con demasiada frecuencia inmerecidas. las epifanías. empezaron a hacerle preguntas (porque del caso Balero se hablaba con fruición) se sintió molesta y empezó a hacer amenazas. se daba una vez por año. y la hipocresía. que era la última novedad. se casaba de apuro. de blanco. también sintético. y de su vida a secas. La situación estaba cortada a medida para ella. Y el encargo del vestido de novia se lo llevó a Delia. Era casi malévola en ese sentido. durante años había estado atenta a cada irregularidad moral en el pueblo.. ¿qué hacía en realidad? Misterio. ¡Pero sí que iba a coserlo! Un pedido así.. la Balero hizo ella misma el diseño. y además se hizo el deber de estar presente en el corte y los hilvanes preliminares: ya se sabía que a la costurera había que vigilarla de cerca. la profesora de dibujo. no podían ignorar que las recompensas del trabajo eran caprichosas. En aquel preciso momento de su vida profesional. adonde viajaba con frecuencia en su autito. los quintales de tules y plumetí. atrevido. La divinidad enigmática del trabajo se encarnaba. Mi mamá podía reconocer las prendas hechas por ella en cualquier mujer del pueblo (es cierto que las conocía a todas). en Delia Siffoni. . trencilla de banlon perlado. porque una velocidad se superponía a la otra. según el consenso del barrio. en una suspensión negativa del juicio. Ahora bien. a mí me parecía un poco hipócrita. lo haría por iglesia. o menos.. no estaba para moralismos. por realistas. por ejemplo de no coser ese vestido. pero no entendía bien sus mecanismos. perfectas. Delia era especialmente mojigata. con las que departía el día entero. y trajo de Bahía Blanca. En nombre de las apariencias. Con todo. Delia había caído en una especie de trampa hecha a su medida.

Era una chica cuyos veinte años habían pasado. sin novio. Había estudiado dibujo. el vestido blanco. Muy bien. Probablemente porque estaba obligada. y a alumnos privados. sin casamiento. pero convenía prestarle atención porque por regla general eran ciertos como la verdad. y recomenzar toda la historia. Todo esto eran suposiciones. Representaban casi una magia. Para casarse se necesitan dos.. . era mentira pero muy bien. el responsable. Haberlo sido. Salvo que. no por necesidad.. En realidad no funcionaba. aunque nadie se lo hubiera esperado antes. era casado. todo eso. una rubia alta con maravillosos ojos verdes. Y era linda. Y de la Balero bien podía esperarse algo así. inclusive muy linda. ¿Quién sería? Misterio. o algo así. en el caso de Silvia Balero había un anacronismo de precisión. sino una amiga de las artes. Loca ya.. a Delia Siffoni la desaparición de su único hijo la volvió loca. organizaba exposiciones. el marido. pero a las solteronas siempre les pasaba eso: ser lindas sin ningún efecto. por qué se tomaba tanto trabajo. en un abrir y cerrar de ojos. por amor según decía (o le hacían decir en los relatos: todo era muy indirecto). en vano. Histéricas de las que se tomaban sus fantaseos nupciales por realidad era lo que sobraba entre las solteronas de Pringles. Ella se casaba. El verdadero problema no era ella. Entró en un frenesí. casi una vanguardista. Es cierto que había llegado hasta los Impresionistas nada más. y tenía tres hijas. porque ya todos los detentadores de opinión que a Silvia podían importarle estaban sobre aviso. La ceremonia. en un instante. en una academia de Bahía Blanca. Todo debía realizarse de pronto.. sino el marido. en el Colegio Nacional. Al menos era coherente. Espectáculo prodigioso. Una profesional.pero aquí no se trataba del ajuar de un bebé. aunque quizás sólo fuera su inconsciencia de tonta. comentarios. a su modo. al que en la vida de pueblo se le hacía mucho caso. Es como para ponerse a pensar. A los pringlenses en aquel entonces había que explicarles el Impresionismo. ¿con quién? Porque el sujeto. con valentía. postal perenne. A ella no le faltaba valor. y sólo así funcionaba. chismes. daba clases en el colegio de monjas (su empleo estaba en peligro). pero no hay que ser demasiado severos en ese punto. No sólo era profesora de dibujo diplomada.

pero en aquel entonces era muy estricta: la escena... hacer escenas. Después sí vio. en él. tratándose de los hijos. hipotéticamente. Delia se haya visto ante el abismo. Según ella. por suerte. aniquilándolo. dándole las formas más caprichosas. En eso consistía. en el trance aquel. la última palabra la tenían los miembros del mismo sexo que el enjuiciado. Nunca tuvo que hacerlas. pero muy preciso. significaba no amar a su prole. y casi todos estaban más o menos emparentados? Extraviar un hijo sólo podía pasar en laberintos que no existían entre nosotros. vio demasiado. No nos perdíamos. con toda la potencia inaudita de la ficción. No puede extrañar entonces que. libres y salvajes. Cuando les digo a los franceses que yo . pero no lo definitivamente horrendo. Mi mamá era entusiasta partidaria de la desesperación. ni a ella ni a ninguna de sus conocidas le había sido necesario nunca volverse locas de angustia. no sé cómo se las habría arreglado. La locura de una madre sólo podía desencadenarla. no me atrevería a intentar una descripción. las mujeres de las mujeres. Me remito al juicio del barrio. y debe de seguir consistiendo. En realidad. ¿Cómo perderse en un pueblito en el que todos se conocían. cuando nuestra felicidad se hizo pedazos.cine trascendental.. La historia de estas últimas décadas ha hecho más y más rara esa ocasión. Cualquier otra cosa equivalía a ser "tranquila". y se haya precipitado. la felicidad de Pringles. ¿Qué otra cosa podía hacer? El abismo que se abrió ante Delia Siffoni tenía (y sigue teniendo) un nombre: la Patagonia. la vida era muy poco novelesca entonces. Más allá de la desesperación no veía nada. Aunque fui testigo. el accidente existía: una fuerza invisible lo arrastraba hacia la realidad. escena de las escenas: ver a una loca volverse loca. Los hombres se hacían cargo de los hombres. y seguía arrastrándolo aun allí. A nosotros los chicos. era en extremo discreta y reservada. tenía sangre alemana. reordenando todo el tiempo sus detalles y circunstancias. perder la cabeza. Es como ver a Dios. Aun así. y atrás nada. lo que en su idioma alusivo.. algún accidente horrendo que les pasara a los hijos. nos pasaba de todo. no quedaba otra cosa: aullar. no desaparecíamos. ante los campos magnéticos del abismo. creándolo. el telón del grito. aun siendo un temor nada más.

Uno viaja. Ese mediodía. en plena Patagonia. y allá no habrá quedado nada. en líneas generales. en el que podrían pasar todas las aventuras. insoportable. el Chiquito había partido en su camión con rumbo a Comodoro Rivadavia. ¿Qué más natural que un chico que estuviera jugando en la caja vacía quedara aprisionado del movimiento. Para eso sirven las razones. todas las aventuras. sin querer. ¿cómo llegar? Se interponen todos los mares y ciudades. Lo veo como algo distinto de cualquier otro viaje. y fuera llevado sin querer. casi incrédulos. Es paradójico.. haciendo a un lado algún detalle. Todos están más o menos resignados a no llegar nunca tan lejos. justo cuando estábamos jugando en la calle. aquel día de mi infancia. lo había visto partir. Hay mucha gente en todo el mundo que sueña con viajar alguna vez a la Patagonia. quién sabe hasta dónde. Siempre se usa una razón para precipitarse. en un momento. lo puso en marcha y partió rápido. en un rapto perfectamente involuntario? No era probable que el camionero se detuviera hasta la noche. La que usó Delia no sólo era correcta en sí: también se adecuaba a lo que había pasado. que le daba pensión en su casa. había montado al camión ya listo para la travesía. todo el tiempo. pero deja su vida en casa. y en eso debo darles la razón. pero por alguna razón sigo pensando que ir a la Patagonia no es tan fácil. a cargar no sé qué.. Mi vida fue llevada a la Patagonia de un soplo. después de un almuerzo temprano preparado para él solo. me admiran. si no deja huella. ¿Qué irían a hacer allá? Y además. seguramente lana. una melancolía. El Chiquito era de una resistencia formidable. y se quedó allí. si no cuenta. Es algo que estoy confirmando a mis expensas durante estos días melancólicos en París.vengo de ahí (mintiendo apenas) abren la boca. Creo que viajar no vale la pena si uno no lleva consigo su vida. el tanque lleno (se había ocupado de eso a la mañana). Es cierto que hoy las compañías de turismo simplifican mucho los viajes. se va al otro lado del mundo. ya pasado el Río Negro. desierto bellísimo e incomunicable. sobre todo porque es un miedo a nada. Mi tía Alicia. guardada y lista para recuperarla a la vuelta. un toro. En efecto. Salvo que cuando uno está lejos se pregunta si por casualidad no habrá traído su vida consigo. Basta con la duda para crear un miedo atroz. pero un viaje se soporta sólo si es insignificante. ese extremo del planeta. no atinara a hacerse oír. y en este caso inclusive había .

en el sentido de la urgencia con que lo esperaban para esa carga. Delia. para no perder un solo minuto más y dar caza al camión. si el trabajo urgía. Ahora. coser un vestido de novia en el asiento trasero de un taxi. la conveniencia de salir después de un buen almuerzo para hacer un trecho larguísimo todo de una vez. No debió de entender bien de qué se trataba.hecho algún comentario (si no lo había hecho. porque su viejo Chrysler de los años treinta no podría alcanzar nunca la velocidad crucero de un camión un cuarto de siglo más moderno. ya que la labor comportaba tanta urgencia. y el barrio entero estaba en ascuas por el caso del niño perdido. Hicieron entonces algo absolutamente insólito: llamar un taxi.. porque se le ocurrió que podía seguir trabajando durante el viaje. era lo más incómodo que podía haber escogido para llevar. (Quiero dejar anotada aquí una idea que más adelante puede ser útil: el único maniquí adecuado que se me ocurre para el vestido de novia es un muñeco de nieve. le dio un zarpazo al vestido de novia en el que estaba trabajando. El señor Siffoni había tomado cartas en el asunto. Por el contrario.) Además. Pero no les pareció extraño que el perseguidor fuera más lento que el perseguido. Adónde iría a parar su famosa . etcétera. Alicia bien podía inventarlo). acudió llamado por teléfono.. les parecía que según la lógica del largo plazo tenía que alcanzarlo. el de Zaralegui. Ya habían pasado varias horas. nada descabellada. que estaba como loca. y a su costurero. Pero justo cuando estaba ausente hizo crisis la suposición. ¿qué otra cosa podía pasar? En el apuro de la partida. Las vecinas fueron un poco culpables de presentárselo así a Delia. en lugar de pasarse el día en la calle. bamboleándose por esos caminos de tierra que iban hacia el sur. tan escaso. con su superposición de blancuras vaporosas y su volumen que superaba al de Delia. manteniéndose al tanto de todo lo que pasaba? No estaba en sus cabales en ese momento crítico. Era absurdo. En Pringles había dos taxis. que se usaban sólo para ir a la estación del Ferrocarril Roca. Uno de ellos. un enorme vestido de novia. si tal era el caso. aunque más no fuera para disminuir la histeria de su esposa. de la partida forzada en la caja del camión o el acoplado. Fue algo casi demasiado obvio. de otro modo no habría agarrado viaje. ¿por qué no trabajaba. pudieron preguntarse las vecinas.

Eso justificaba que las vecinas se quedaran en corrillo en la vereda. apenas hasta lo más cercano: el colega. Es como si todo hubiera sucedido ya. por ejemplo en los "cadáveres exquisitos". según el método surrealista. Es decir. tenía otra densidad. el amigo. Todo esto puede parecer muy surrealista. para que la sorpresa fuera mayor. desesperada. Breton y sus amigos los traían de cualquier parte. de pronto un camión enorme se precipitó contra ellos. pero se las guardó para él. loca (como una buena madre) y todavía no regresaba.. Durante el viaje en taxi Delia no cosió una puntada.. Iba concentrado en la conducción.prolijidad.. y debía de estar preguntándose hasta dónde. que si no exigía demasiada atención por la cantidad de vehículos circulando (ninguno) sí lo hacía por lo poceado del camino. por lo que estaba pasando. porque ésa fue la última tarde de su vida. Las vecinas la vieron irse y se quedaron donde estaban. haciendo comentarios y esperando que volviera. El silencio de Zaralegui. Sucedió que. sin el trabajo de inventarla. hasta cuándo. Podría haber dicho sus últimas palabras.. la esposa. Nunca antes lo habían tomado para un trayecto tan inexplicable. En realidad sucedió. de hecho los preferían tan lejanos como fuera posible. como loca. Me doy cuenta de que parece una acumulación de elementos disparatados. Iba tiesa en el asiento trasero. porque no busco nada. no voy ni cerca ni lejos. porque muy pronto iba a morir. No se lo preguntaría mucho tiempo más. ni abrió la boca. Tan irracional era la situación que realmente pensaban que estaría de vuelta en cualquier momento. esperando a Ramón Siffoni para decirle que su mujer había partido. el efecto más efectivo. contra toda esperanza. Y allí partió. de modo de obtener una escena que lo tuviera todo de la perfecta invención. que tampoco habló. como si estuviera sucediendo ahora. pero yo no tengo la culpa. como si no sucediera nada. pero a la vez es como si no hubiera sucedido.. Debía de estar intrigado. o al menos confuso.. esperando el camión. Era un buen profesional. Es que ni siquiera había cerrado la casa. el pobre. de lo más lejano. Por mi parte. contra Zaralegui al . ni siquiera le había avisado al marido. muchas horas de marcha después. Esos elementos. Es interesante observar que en su busca de lo lejano hayan ido. con la vista fija en el camino.

y eso ya equivalía a una fantástica aceleración en contra para el que venía atrás. Aquellos camiones eran realmente como planetas.. .) Lo cierto es que el Chrysler se incrustó de la manera más salvaje contra la parte trasera del acoplado del camión. de acuerdo. y quedó deshecho. con poco realismo.volante. que vino a quedar en sus brazos. que era otro planeta a la rastra. Sobre todo cuando llevaba un acoplado. Perdió el conocimiento. y a toda velocidad. El camionero. A Delia. Más que sueño fue un coma histérico. como tantos otros. ya muerto. La Patagonia. no tuvo tiempo de pensar nada. en el pimpollo de tules.. a esa velocidad multiplicada que sólo sucede cuando dos vehículos vienen muy rápido y chocan.. No sólo eso: quedó pegado. muy poco. El que los conducía no podía saber jamás lo que pasaba en sus extremos inabarcables. no le pasó nada. colgado. el salto. el sol se ponía sobre la provincia de Santa Cruz. en el pequeño departamento que tenían aquellos camiones detrás de la cabina. Quién sabe cómo pudo ser. Ni se enteró. Salvo que no de frente para el camión. y sobre todo el brinco hacia atrás que dio Zaralegui. Eso era todo el mundo. si los dos iban en el mismo sentido. ese lugar al que Delia había sido llevada por accidente. Quizás el camión aminoró un poco la velocidad.. le produjeron un shock de proporciones. sino de atrás.. O sea que fueron ellos los que se precipitaron contra el camión. Todo el cielo rosa como el pétalo de una flor titánica.. (Para explicarme este episodio. Y siguió viaje allí. como un bebé. un disco inmóvil sin otro límite que la línea. bien de frente. del que salió distinta. sin ver el paisaje. y siguió viaje dormida. la tierra azul. loca por tercera vez. Zaralegui murió en el acto. estoy presuponiendo. Sí. reducido a un cascarón de lata retorcida. pero el camionero estacionó al borde del camino y durmió toda la noche en la cucheta. Eso era el mundo entonces. no lo advirtió siquiera. treinta metros adelante. Cuando Delia se despertó. la adhesión al planeta. prosiguió la marcha al amanecer. grandes velocidades. y no se detuvo en todo el día siguiente. como un meteorito que hubiera hecho impacto en un planeta. El confín del mundo. Pero el choque. que iba atrás ocupada en pegar una valenciana con sus puntadas minúsculas. pero el confín del mundo sigue siendo el mundo.

la cola. Las montañas que no había en esa meseta infinita las creaba el aire. desgarraban. con la columna rota como la tenía. Soltó un grito y agitó los brazos espantada. Era su trabajo el que se iba. como niños apremiados por ver los juguetes. con lo que el cadáver de Zaralegui abandonó su regazo y salió volando. sin función. cuando fue ella misma la que levantó vuelo. Zaralegui dio dos vueltas carnero a cuatro metros de alto. con un ruido de papeles de aire. que se disputaban el polvo que levantaba el camión. el torbellino del viento. y ella quedaba fuera del juego. ¡Qué espectáculo! Pero la conjunción de bache y torbellino debió de ser toda una mecánica de lanzamiento. deshacían los moños de gravedad. Como los brazos se movían. Delia se sintió despojada.por la fuerza loca de los hechos. Delia. A ese paquete lo desplegaban mil veces por segundo. en ese orden. sus pliegos acartonados y fluidos a la vez. La tierra se alejó. Después. y la carcaza del auto. el camión también (lo último que vio de él fue la pared trasera de la caja. Cuando el vestido abrió su enorme ala blanca. a una velocidad supersónica. la Patagonia es la tierra del viento. En realidad había varios. Pensó que no lo recuperaría nunca. en el apuro. sólo que era el silbido del viento. Después salió volando hacia un costado. Un bache debió de haber contribuido. la horrible circunstancia de la que era víctima y protagonista se le hizo presente. y no poco. porque ella no tenía tanta fuerza. Hasta le parecía oír la música. parecía vivo. agitados por la misma fuerza que lo transportaba. y se elevó. Ahora bien. sus piruetas no habría podido imitarlas ningún acróbata del mundo. hacia el costado. y combatían fieramente con el viento propio del vehículo. Era la primera vez que volaba. y del que parecía totalmente impensable que fuera a salir alguna vez. todos sus sentimientos se contrajeron en el terror. de la que se desprendía el capullo . la envoltura de su velocidad. de pronto. El camión en plena marcha desplazaba una masa de aire del volumen y peso de una montaña. porque Zaralegui no fue el único en salir volando: le siguieron el vestido. Primero se sintió como una niña en una calesita. Y además del bache. con toda seguridad. Pero también había viento. montada en el lomo de un escarabajo de cristal negro. y la oía realmente.

Y estaba en un lugar extraño: aunque visible. era la primera vez que volvía a ver el sol después de que se hubiera puesto. a la dimensión dolorosa de los segundos. se gritaba a sí misma sin mover los labios. tan absorbente de vida. Pero eso era de todo punto de vista imposible. el cielo se acercó vertiginosamente. se le apareció otra vez allá en el fondo del mundo. filmada en cámara . Y no es que Delia se demorara en la contemplación. Gozar es imposible cuando todo es imposible. como un corazón en los altos y bajos de un amor. lo que siempre es previo a mirar. ¿Y cómo iba a sobrevivir? Los giros contradictorios del viento la habían llevado. y no estaba fuera de lugar decir días. una figura recortada y movida por un artista caprichoso. no lo tenía el espectáculo que estaba dando. además. y hasta horas. vibrando. pero también una gran verdad. Cerró los ojos y al cabo de un instante los volvió a abrir. Volar era una ocupación absorbente para ella. El círculo del horizonte cambiaba de posición como si el compás hubiera caído en manos de un loco.negro que había sido el Chrysler para echarse a volar a su vez). Tanto. Ni siquiera pensaba. y después no habría más que la negra noche de la muerte. Los últimos segundos de su vida. no había punto de vista alguno. Debería aprovechar al menos esta experiencia. Era rojo como una pelota de hule rojo mojada de aceite luminoso. que ya no tenía posiciones relativas. sin nadie que lo viera. cualquier lapso de tiempo. Su angustia era indecible. que ya se había puesto en la superficie. o en el vacío. que se le hizo una convicción absoluta que no sobreviviría. Daba tantas vueltas. Los vientos parecían gritar. en un nicho. Ni siquiera podría decirse que lo haya mirado. porque la angustia comprime el tiempo.. a más de cien metros de altura. allí en las alturas límpidas del crepúsculo. Pero aun así serían segundos. pudo haberse dicho. El sol. vibrando. en dos o tres volteretas. Hablar de segundos era una retórica. Era el sol de la noche. seguía bajo la línea del horizonte. Esos vientos locos parecían tener cuerda suficiente para hacer de los segundos minutos. excitadísimos: "Tomala vos". a una velocidad que superaba la del sonido. Y Delia saltaba de aquí para allá. que nadie había visto nunca. entre carcajadas escalofriantes. si se les antojaba. Era un collage. "Dámela a mí". ya que no habría otra que la siga.. "Son mis últimos segundos".

de donde salía el chorro. sobre el fondo más rosa y liso del mundo. era su temática. el primero de una serie inusitada que la llevaría muy lejos. nada. despojada. huérfanos. No sabía realmente cómo podía ser. ¿De dónde salían. a esa altura? Siempre había un viento nuevo para tomarla en sus manos y jugar al yo-yo con ella. Ese fue un error de Delia (¡sus últimos segundos!). y sin embargo pasan. la ponía al margen de cualquier prueba seria en la que estuviera en juego su supervivencia. Eso también formaba parte de su ser definitivo. La muerte misma lo hace. viudas. el capullo de la clase media pueblerina. Había encarnado con tanto entusiasmo ese personaje que ya era ella. de pronto había pasado. ¿Qué importancia tenía. Delia había perdido de vista la tierra hacía rato. Ahora bien. Delia adoraba hacer el papel de la fatalista a ultranza. ya no sabía si estaba al derecho o al revés. porque la vida segura y protegida que llevaba. cada tarde dispuesta a pasarse la noche en un velorio. ceguera. si caía o se elevaba. como digo. la dama de la muerte. Siempre está la posibilidad de que sea la anteúltima. en la tierra llana.. Mientras volaba. como la muerte es lo inesperado por excelencia. los vientos? Parecía haber un agujero en el cielo. o del cielo. una altura. nunca. Era una preferencia electiva. Hay cosas que parecen eternas. su posición. El deseo de vivir quedaba exento de cualquier comprobación. . sin tiempo para pensar o reaccionar (que es lo mismo) se había aferrado a su retórica personal. su conversación estaba llena de cáncer. si seguía la vertical o se iba de costado. y caminando. sus piernas eran la tijera que recortaba el pimpollo traslúcido del tiempo. Ese agujero era invisible. Se olvidó de inmediato del peligro de muerte que había corrido. infarto.rápida. y seguían abriéndolo y desplegándolo. total ya estoy muerta" que constituía su elegancia. iluminada por un reflector rojo. La experiencia inmediatamente anterior a la muerte no se disfruta. Pero. Delia se encontraba de vuelta en la tierra. parálisis. No se veía un árbol. de ninguna experiencia puede decirse que sea la última. Ahora que estaba caminando sana y salva el tiempo se abría bajo sus pasos.. coma. Con lo que se vio ante la perentoria necesidad de dar curso a ciertas ideas sobre la realidad y renunciar momentáneamente a ese "qué me importa. Estaba caminando sobre sus dos piernas.

que sucedió en Pringles. comenzaba a seguirlo. y la última. de ésos que había que desarmar por arriba para que entrara el conductor..! —empezó. Y Ramón Siffoni. Algo seguramente sí. él . Corría. —¡El Omar no se había perdido. adonde ese día todos parecían dirigirse. como puede comprobarlo cualquiera que mire un mapa. eso lo sentía su cuerpo y su mente. en el verano argentino. en el estado en que se encontraba. ya casi de noche.No sabía dónde estaba. él también con rumbo al sur. Las vecinas estaban encandiladas con el gesto abrupto. Y si su viejo camioncito rojo no era tan veloz como hubiera debido ser. porque sintió que no estaba diciéndoselo a nadie. de pocas pulgas. Es decir en las dos direcciones en que el día se alarga. —Se fue en taxi a la Patagonia. Lo que no vio fue que desde la esquina donde había estado estacionado. Lo estaba esperando un comité de angustia. porque volvió a montar su catramina roja y salió acelerando con ruido de latas sueltas. Le dieron la explicación. Y aun así. entonces? se decía perpleja. pero quién sabe si algo le atravesó la costra de rabia. a su modo romántico. del marido enojado. Si le hubieran hecho un agujero en la nuca con un taladro no lo habrían sacudido más.. a impedir que su esposa cometiera el error más grande de su vida. ¿En qué astronomías locas había caído? ¿Esto es la Patagonia. pasó desapercibido. quizás la primera vez. Si esto es la Patagonia. ¿yo qué soy? A todo esto. cuando Ramón Siffoni volvió en su camioncito al barrio. pero allí mismo se detuvo. Entonces preguntó: —¿Dónde está mi señora? Era lo que sus vecinas estaban esperando. era de día. no le importaba. ni adonde se dirigía.. Era un hombre nervioso y malhumorado. un autito celeste individual. se lanzaba. qué lo iba a notar él. Y sin embargo. exigente e insatisfecho. Esto era sumamente inusual. Iba. Y como estaba fuera de sí. Ni siquiera qué hora era. Para empezar. porque lo que quería en ese momento era tener un cohete interplanetario.. en dirección sudoeste. ¿cómo era posible que siguiera siendo de día? Era de noche.

la burbuja de la soda del viento. . hechos para movilizarse en las ciudades. 3) el cadáver de Zaralegui. que en las inmensidades en las que empezaba a resbalar se hacía realmente pequeño. Cabía una sola persona. que era un espécimen del modelo más minúsculo. Muy bien. casi como si supiera adonde iba. Esos vehículos. Era el autito-imán. fueron una excentricidad de los años cincuenta y sesenta. dice el proverbio. llevado por el viento. o no importaba nada. con la lengua asomando: la lengua era la manija en dos ángulos rectos que en el apuro Ramón había olvidado sacar. corría un autito celeste. Pero no se amedrentaba. 5) el vestido de novia de Silvia Balero. casi como una réplica en miniatura de otra cosa. perdida. pero lo atraviesa. se había lanzado en la persecución más larga y peligrosa. Un kilómetro o dos atrás. corría. un juguete metiéndose en el mundo adulto. A ver si puedo hacer una lista ordenada: 1) el gran camión con acoplado. a esta altura más parecida que nada a una banadera china de laca negra. Ya están en el escenario todos los protagonistas de la aventura. y el camioncito rojo. y era más que eso: era el misterio en marcha. celeste. uno de los más pequeños que se hayan construido nunca. Eso funcionaba. abriendo la marcha. Alrededor de él la Patagonia gigante y desierta comenzaba a abrir su bocaza. el misterio en todas sus dimensiones. la vista de la dama al volante fija en la estela de polvo del camión. lo era todo. y de los más livianos. en distancias breves. Que fuera liviano como un bostezo no importaba tanto. Avanzaba. del Chiquito. era la cabeza hambrienta y llameante de la serpiente. Ahí. no muy corpulenta. Pero no iba solo. y bien plegada. El misterio no ocupa lugar. Y sin embargo éste. A nadie se le ocurría viajar en un auto de ésos. De acuerdo. 2) la carcaza del Chrysler de Zaralegui. el punto azul del cielo. el planeta doble. Nosotros los llamábamos "ratones". o como si fuera a alguna parte.era el sudoeste. frente a la importancia en el misterio que tenía ese autito. 4) Delia Siffoni. Ese autito era el misterio. después se los olvidó. caminando al azar. O como si no fuera a ninguna parte. El día comenzó a alargarse como una serpiente.

6) Ramón Siffoni en su camioncito rojo (un día antes). 7) y cerrando la comitiva, el misterioso autito celeste. Por supuesto, no es tan fácil. Hay otros personajes, que ya irán apareciendo... O mejor dicho, no. No es que haya otros personajes (estos son todos) sino que las revelaciones terminaron haciéndolos otros, dando lugar a encuentros que Delia Siffoni no habría sospechado nunca, ni ella ni ninguna de las Delias Siffonis del mundo, con todas las cuales estaba iniciando, allí en la Patagonia, una danza de transposiciones. Hay borrachos que a partir de cierto momento en sus veladas hacen toda clase de mezclas; toman de todo, un vaso de cada alcohol que tengan a mano, al azar. Nosotros sabemos qué imprudente es esta política, pero ellos se ríen, y siguen adelante; hay que reconocerles un asombroso vigor físico, una resistencia sobrehumana, que quizás tienen originalmente, y con seguridad desarrollan más con este hábito, en la paradoja de la autodestrucción, que por otro lado nunca es tan inmediata. Mezclan todo, y no se preocupan... Total, todo contribuye al mismo efecto, que es la ebriedad, su ebriedad personal, que es una, única. Y si él también es uno, se dice el bebedor, qué le importa cuántos sean los elementos que contribuyen a llevarlo a ese nivel sublime de unidad... ¡Feliz borracho! Si ha llegado a eso, ha llegado a todo, no tiene por qué preocuparse más, porque la idea en que se basa todo su razonamiento es cierta, y no hay más que decir (aunque sea dañino para la salud). Es cierto que él es uno, y es cierto que se trata de un proceso de simplificación: todo va hacia una especie de nada feliz, y nada se pierde en el camino. "Simplifica, hijo, simplifica". Por algún motivo, yo no puedo hacerlo. Quiero, pero no puedo. Es más fuerte que yo. Es como si fuera abstemio. Aquí en París bebo más de la cuenta. Como no soy buen bebedor, el efecto es inmediato, y exagerado. Es el efecto, a secas. El efecto es andar ebrio, sonriendo bobamente por todos estos lugares prestigiosos, acumulando experiencias, recuerdos, para cuando no tenga otra cosa en qué apoyarme. Es un lugar común decir que una gran ciudad ofrece una sucesión continua de impresiones diferentes, todas en un magma de intensidad variable. Es cierto. Pero, ¿no debería ser

cierto también para los otros, no sólo para uno mismo? Veo pasar a la gente, desde las terrazas de los cafés donde escribo, y todos sin excepción lucen compactos, cerrados en sí mismos, haciendo muy evidente que el efecto de la ciudad no ha actuado sobre ellos. ¿Pero qué pretendo? No lo sé. ¿Gente desarmada por sus propias visiones, como las mujeres de Picasso, cojos amedusados, devas de mil brazos, gente-agujero, gente fluida? Quizás lo que espero ver, al cabo de un razonamiento que se sostiene a sí mismo, es gente que, como yo, no tenga vida. En eso estoy condenado al fracaso. Es curioso, pero todos tienen vida, hasta los turistas, que según mis razones no deberían tenerla. Nadie la deja en ninguna parte, todas las vidas parecen ser portátiles. Lo son naturalmente, como algo que va de sí. Tener una vida equivale (para ponerse prácticos y dejarse de metafísicas) a tener negocios, asuntos, intereses. ¿Y cómo va a despojarse uno de todo eso? Muy bien. ¿Y cómo lo hice yo entonces? No sé. Me he asomado a todas las bellezas, a todos los peligros. Y la suma no se sumó, ni la resta se restó, ni la multiplicación se multiplicó, ni la división se dividió. Supongamos un hombre que por causa de una perturbación mental (lo supongo porque ayer lo vi) no pudiera caminar, avanzar, moverse siquiera, sin el acompañamiento o empuje de una música muy sonora, que él mismo se viera obligado a proferir a voz en cuello. Un sujeto incómodo para el prójimo, evidentemente, pero quizás no tanto, al menos para los que no lo vieran muy seguido, que podrían pensar, con toda razón, que el pobre infeliz no lo hace por gusto. Es curioso, pero podría apostar a que quienes tienen que soportarlo todos los días sí tendrían derecho a pensar que lo hace por gusto, y con seguridad lo piensan. Porque bien podría elegir la inmovilidad y quedarse callado. No se mueve en el silencio, sino en el canto. Es casi como la ópera: el canto se hace gesto, y destino, y argumentación (incoherente, loca), y la gente que lo rodea también se hace destino y fatalidad. Avanza cargado de signos, llevando el carro

de su ritmo, que en realidad él es el único en percibir. Se abre camino abriendo su vida con la torpeza demente con que un furioso rompe el envoltorio de un regalo. Salvo que él no encuentra el regalo y sigue abriendo siempre, cantando siempre. El melodrama perpetuo. Ahí está lo que pueden preguntarse sus allegados: ¿por qué insiste? En realidad lo que se preguntan es qué está antes: ¿el movimiento o el canto? ¿Canta para caminar, o camina para cantar? Pues bien, no hay respuesta, como no la hay para el enigma de la ópera. Porque no hay anterior o posterior, no hay sucesión, sino una especie de simultaneidad sucesiva. Dentro de esa lógica extraña caminaba Delia Siffoni por la Patagonia aquella tarde funesta. Pero ella no lo hacía con la inconsciencia del loco. La pobre había caído en la trampa de un melodrama del que era apenas un personaje más. Justo ella, que siempre estaba hablando de desgracias. Sus palinodias fatalistas ya no la habrían ayudado, porque la fatalidad no dependía de ella. Estaba en una combinatoria, pero estaba sola. No había tercera persona. No había relato. ¿Cómo pudo pasarme esto? se decía. ¿Cómo pude venir a parar sin darme cuenta a este páramo? Quería decir: justamente a mí, ¿por qué tuvo que pasarme a mí y no a otra? Pertenecía a un tipo común; sin ponerse a pensarlo nunca en detalle, se había considerado una señora como todas las demás, a la que no tenía por qué pasarle algo que no les pasara a todas las demás. Es como si esas cosas le pasaran a otra, a una otra absoluta, es decir como si no le pasaran a ninguna. Y sin embargo... Su cerebro un tanto afiebrado en ese momento pasaba revista inopinadamente a toda clase de excepciones. ¡Conocía a tantas mujeres víctimas de lamentables destinos, algunos casi increíbles de tan encarnizados! Tantas mujeres que habrían podido decir "¿por qué a mí?"... y la pregunta quedaba sin respuesta... Tantas, que de pronto parecía que eran todas. En ese sentido, ella, a la que nunca le pasaba nada, era parte de una pequeña minoría de señoras-tipo, tan pequeña que casi era unipersonal. Las señoras inconcebibles que estaban en libertad de narrarlo todo, de ocuparse de todos los destinos. Y si ella era la excepción, la única, si el mundo se daba vuelta en ese sentido, entonces era lógico que le pasara lo excepcional y único. A ella, justamente. Quizás le

Agua maldita. y quizás no tenía modo de saberlo. como cuando se dice "es la última en enterarse". con una claridad casi excesiva. sin advertir casi la presencia de su hijo. quizás esa joven patética tampoco sabía. mira. los gorjeos. Patagonia maldita. pobre infeliz. pá…. eso no se sabía. Su angustia y perplejidad crecían a medida que pasaba el tiempo. y él fumando todo el tiempo. y un mundo entero nadie puede pretender conocerlo. Tenía otra en Suárez. ella era la que menos sabía. de microscopio. belleza del diablo. le venía a la cabeza.... El día continuaba. Parecían estar sucediendo raros fenómenos atmosféricos: un telón de nubes se . para empezar. Y cuando se presentaba. con la excusa. papá. era relativamente simple porque todo iba a parar a la bolsa de lo ignorado. etcétera. la sonrisa. la manito. viste. Y aquí parecía como si los horarios no existieran. Esto se le ocurría a Delia ahora... de un trabajo en Suárez. de los que era esclava creyendo ser su ama. frente a lo cristalino de su visión. En realidad la asustaba un poco. Como toda ama de casa. su indiferencia. a los comentarios jugosos. Tampoco sabía. el maldito. directamente.. no se quedaba siquiera a dormir. si él tenía o no otra mujer en Suárez. Era la gran desocupada. uno tras otro. hasta que se les rompían las alas y terminaban chapoteando en aguas reales y turbulentas y saladas. la había literalmente abandonado. como Delia. detrás de su máscara de hielo. Y ella insistía. como cuando se dice "cada familia es un mundo". Por ejemplo. eso era de cajón. Quizás no sabía nada. oíste. se iba a la noche. quién sabe por qué. la mujer chisme. el marido. justificada o no.. casada hacía un par de años..parecía que eran tantas porque se dedicaba a eso. hasta ser desplazado por el candente affaire de la Balero: la chica se llamaba Cati Prieto. si su marido la había abandonado o no. si ella era estúpida.. venía los domingos a la mañana. pa. Delia era muy apegada a los horarios.. y ahí estaba el error de las comentaristas: en creer que operaban sobre un mar de ignorancia que era un espejismo. el caso de una joven que había sido uno de sus temas favoritos del pasado reciente. ella se pasaba las horas haciéndole notar los progresos del nene. de aquella época y de todas. Para las comentaristas del caso. de la que no apaga la sed. Pero quizás. si conservaba esperanzas. y madre de un bebé. a exprimirlos hasta la última gota.

Y sumada la persistencia de la luz. Vio salir la . hormigueros. o estaba pasando. Lo que Delia ignoraba. y dejaba atrás el de la realidad lisa y llana. Ramón Siffoni. sin luz. se hacía escalofriante para la náufraga. guijarros. Pero de todos modos. Porque la noche. había cosas. Y la gran meseta gris. hormigas. huesos. caparazones de tatús. El simple hecho de estar viva y no muerta tenía consecuencias insospechadas.. Mucho más de lo que se imaginaba. todo lo contrario. no era susceptible de tomar formas. plumas sueltas. en la que todo se transformaría en horrores.. pastos. La circunstancia hizo práctica a Delia. Eso ya era extraño. no tardaría en llegar. Un lugar donde pasar la noche.. en aquel crepúsculo perenne. Ni siquiera pensó en detenerse a dormir un rato. pájaros muertos. terrones. La luz mortecina del crepúsculo ultra postrero estaba ahí mostrándole millones de objetos. aunque era justamente lo que se estaba imaginando: una noche sin luna.. ¡Qué simples son las causas. pero de todos modos sentía que había pasado. su marido. qué complicados los efectos! Tenía que encontrar alojamiento. al registro de la creencia. En cuanto al aire.. su vida de horarios. No estaba en el éter. Y entonces sí que sería el bailar. ¡Adiós a sus filosofías funerarias. La creencia tenía un nombre: la Patagonia.. Lo ignoraba porque la había pasado en coma dentro de los restos del Chrysler aplastado contra el camión-planeta. No podía creer que le estuviera sucediendo a ella. cardos. es que había una noche en esta historia suya.había levantado del horizonte. Mientras que en la superficie reinaba una calma asombrosa. Eso era lo que estaba más allá de la imaginación: la materia de las transformaciones. ni una roca. que no llegaba. amenazante. y ya casi no lo intentaba. No podía. había corrido toda la noche en su camioncito rojo sin darse un minuto de descanso. a sus fantasías de ama de casa de negro! De pronto hubo asuntos más urgentes que resolver. ¿Las nubes? No concebía que se le pudiera tener miedo a una nube. y en lo alto del cielo tenían lugar desordenados movimientos... escarabajos. ¿Adonde estaré? se preguntaba. Porque no veía nada a su alrededor susceptible de volverse otra cosa. ni un árbol.

De pronto era el desierto. pero muy común en la Patagonia: las mareas de atmósfera. No eran ciudades: nadie vivía en ellas. Cuando. mientras el camioncito atravesaba como un juguete los pueblos que se dormían. Fue cuando atravesó el Río Colorado que salió la luna. Una gran meseta que no conocía se había interpuesto entre él y el horizonte. cuarenta años atrás. horas después. nunca había visto un auto tan diminuto. No sólo átomos. Los pueblos se volvieron unas conformaciones confusas de piedras. porque . tuvo lugar entonces un fenómeno no registrado. Que no hubiera nadie sólo significaba que nadie debía orientarse en sus vericuetos. No parecía difícil sacárselo de encima. Aceleró. Su concentración al volante era perfecta también. Sobre el camión. y se sintió el dueño de las horas y las noches. tomando el lugar de su concentración. y Ramón se puso alucinado. vio un autito celeste corriendo un kilómetro atrás de él. quizás no. sino también sus partículas. La luna llena. pero no creía que tuviera mucho motor. El polvo se había vuelto transparente también. Se volvió transparente. se sintió perseguido.luna frente a él. que sería lo de menos. cuando cantaban los pájaros. Allí no había nada. ejerciendo toda la fuerza de atracción de su masa sobre el paisaje. tuvo la consecuencia curiosa de desprenderle el color. de todas sin excepciones ni blancos. los ojos como dos estrellas. en un continuo perfecto. entre ellas las de la luz y las intrincadísimas de la disposición. de las que irradiaba oscuridad. nunca se sabrá. un disco anaranjado chorreando luz. En sus calles corría una orientación general abstracta. Pero se parecían a las ciudades como una gota de agua se parece a otra. Y también el color que había bajo la pintura. Quizás la marea de esa noche tuvo algún efecto sobre el cerebro de Siffoni. Sin que él lo supiera. La noche había llegado en esta concentración. el rojo ya medio desteñido con el que había salido de fábrica. Por el hilo de la extraneza. Habría creído imposible poder hacerlo. sobre el puente. Las ciudades salían de la tierra. como el mapa de la luna. pero que brillaba tanto en los amaneceres de verano. La presencia allí de ese vehículo pequeñísimo lo llenó de extrañeza. seguían a la misma distancia. y de pronto era de noche. Al rato. Ramón miró por el espejo retrovisor. levanta átomos dormidos en la tierra y los hace ondular en el aire. aunque no había nadie para verlo.

Fue que se vio como marido. la menor falla desacredita a un marido a los ojos de su mujer. el de que "podría ser peor". practicar con impunidad gracias a su condición de buen marido. Porque. regularmente bueno. todo lo cual culmina en el abandono: hay maridos que se van. hay maridos que les pegan a sus esposas.venía apretando a fondo el acelerador. Aquí hago un paréntesis. y hasta muy exigente. porque evidentemente "mejor sola que mal acompañada". si sus faltas son veniales.. como una flor maravillosa. que se esfuman. desaprovechar semejante oportunidad? El espectro de las canalladas es su escala de Jacob. En realidad el "podría ser peor" es muy flexible. Se escapó hacia adelante. Era un marido como tantos. o se degradan de este modo o de aquel. pero de todos modos el camión aumentó la velocidad.. Pero las mujeres no son tan idiotas como para conformarse con eso. Muy bien. Pero lo que vio fue que esta condición en la que él se encontraba con tanta comodidad descansaba por entero en un razonamiento. o les hacen toda clase de canalladas. como una flecha disparada del arco. normal. muchísimos. que puede. De modo que si el marido permanece. por ejemplo si son borrachos. y sentirse muy seguro de sí. aun así "podría ser peor". mientras la esposa prepara la cena. y mucho. ¿No sería una pena. y a la larga la tela se estira en las rodillas). Tan seguro que de pronto se abre ante él. más o menos. así se establece una jerarquía: hay tipos que son monstruos y le hacen un infierno la vida a su esposa. el camioncito de cristal. de tipo humorístico (por ejemplo si no se sube unos centímetros los pantalones al sentarse. sentado en el sillón del living leyendo el diario. ya que hay situaciones límite en las que liberarse de un marido monstruo es mejor que conservarlo. en general muy visibles (nada es más visible para el que contempla un matrimonio). y si uno está en esta última categoría puede permitirse el lujo de mirar retrospectivamente sus pequeños (y grandes) defectos. de buen padre de familia. "Podría ser peor. Podría irse. el mundo de los vicios que podría. y hay otros que no." sólo si uno es casi perfecto. un crimen. pensándolo bien. y persiste en sus infamias. la luna sí tuvo un efecto sobre Ramón. En efecto. cada peldaño tendrá su . avergonzándolas. a él y a nadie más que a él. La vida se lo permite.

un día.dialéctica sutil de "podría ser peor". a profundidades vertiginosas. que se alimentaran y vistieran y pagaran las cuentas y criaran a su hijo. en ponerse al día y seguir adelante. mamá lo sabía. que nunca piensan en el mañana. Por supuesto que actividades de ese tipo se llevan a cabo con cierta discreción. el camión. yo ya no vivía en Pringles. como todos los jugadores de verdad. mucho más. su status quo? ¿Cómo se habrían explicado desde el principio. los enseres. pero en el caso del juego. El matrimonio lo había hecho jugador. en uno de mis viajes. es inconcebible que no se haya sabido. Más milagroso. para explicárselo todo. desde su primera juventud. pero también el juego lo había hecho un hombre casado. y la vida no le alcanzará para llegar a la cima. Se jugaba todo. que no lo haya sabido mi mamá. la plata que ganaba. el estigma. Y había venido sucediendo durante años. en forma de deudas impostergables. al monstruo. Era la marca de su vida. Siempre estaba en cero. y la que ganaba su mujer también. ¿cómo se explicarían sin ese dato las vicisitudes de la familia Siffoni. Y aun así. pelado. lo sabía muy bien. como en el de todos los vicios. para sacar conclusiones. El secreto debía de estar en que a veces. íntima de Delia. Porque. Lo suyo era definitivo. de otro modo no estaría escribiendo esto). de modo que el mismo gesto de imprevisión que por las noches actuaba en contra de la familia. era que no se supiera en el barrio. Jugaba desde mucho antes de casarse. por casualidad. un dato cualquiera. aunque discreto y nocturno. una ínfima brizna de información.. de día actuaba a favor. estaba cansada de saberlo. Ramón Siffoni tenía un vicio. la casa (por suerte alquilaban). pero aun así. sobre todo. y la información circulaba rápido como un cuerpo en caída libre). Era jugador.. Él era incorregible. Pues bien. se supo. y a partir de ahí se hundía. Y. Era un milagro que sobrevivieran. décadas. antes y después (¿antes y después de qué?). se gastaba toda la ganancia. no se trataba tanto de haber empezado como de seguir. pero muchísimos años después (claro que se supo. habría bastado muy poco. hasta el último centavo. en el pueblo (todo Pringles era un barrio. era un pasatiempo por demás sujeto a indiscreciones. y con esa imprudencia maravillosa de los jugadores. ganaba. Siempre perdía. desde . no sé bien cuándo. y seguiría.

diez. De cien disminuyó a noventa. setenta. el pequeño auto celeste seguía tras él. el hombre-luna. Pero cuando echó otra mirada al espejito. Pero debía rendirse a la evidencia.. ciento diez.. En el cénit de la apuesta. pero esta vez tan bruscamente que su perseguidor no tuviera más remedio que superarlo.. que por la mera gravitación de su masa hacía subir las mareas de dinero. Era casi como avanzar y retroceder en las dimensiones. allí estaba el autito celeste. la apuesta suprema: su matrimonio. cien. como no lo hace tampoco el sol. ochenta. cuarenta. La transparencia tenía dificultades en seguirlo. cuarenta. clavado a un kilómetro de distancia.nuestra prehistoria en el barrio? Eso es lo que me pregunto yo: ¿cómo? ¡Si nadie lo sabía! Las apuestas siempre suben. Volvió a acelerar. La luna subía. sesenta. veinte. Pero no subía. cincuenta. Aceleró. Resolvió volver a disminuir la velocidad. menos veinte. cincuenta. al mismo kilómetro. ochenta. Y sin embargo. Si al principio no había . Desaceleró. treinta. El autito estaba allí. que además era el mismo. Así lo hizo: cien. Cuando volvió a mirar por el espejito. menos diez.. cuando miró en el espejo retrovisor. siempre a la misma distancia.. y ahora huía hacia adelante. no otro equivalente... la luna saltaba... ¿Qué hacer? Acelerar más era inútil. El camión atravesaba su propia estela.. noventa... era algo automático.. Ramón Siffoni.. cuarenta.. Nunca antes había hecho eso. el polvo transparente que se levantaba del camino de tierra lo envolvía como una plata fluida. setenta. cincuenta... y podía ser contraproducente. el ratón celeste. treinta.. setenta.. no en la meseta.. El paisaje lunar de la meseta había venido huyendo hacia atrás. cero. Ramón acentuó la sospecha de que lo estaban siguiendo. su propia dirección. o la había puesto ya. Los torbellinos de la luna lo envolvían. y el kilómetro que los separaba.. Cuando volvió a mirar el espejito. sesenta.. como un loco: treinta.. siempre lo hacía. ochenta. ciento veinte.. menos treinta. ahí estaba el kilómetro. Levantó el pie del acelerador y dejó que la velocidad cayera por sí sola.... sesenta. para su inmensa sorpresa... ese ascenso es una ilusión creada por el giro de la tierra. pondría sobre el tapete... ¡Dios mío! Era peor que una frenada en seco.. No podía creerlo. noventa. Etc.

hizo girar con la mano izquierda la manija del vidrio de la ventanilla.. la luna le arrancaba ese brillo que se lo había hecho tan patente. en sus periódicas inspecciones al espejo retrovisor (que era externo. a la superficie oval del espejito.. Había visto desaparecer ante sus ojos al camión rojo de Siffoni. loca de angustia y medio dormida. y se hubiera estrellado desde atrás. le habría sorprendido ver que el autito seguía allí... Apartó los dedos. ahora. con su costurera. Se la llevó a los ojos. Porque además. al que seguía como el último hilo que la unía con su vestido de novia. El momento en que la marea de atmósfera hizo invisible el camión la sorprendió en malas condiciones.. y arrancó. donde antes estaba su silueta recortada en ala de mariposa. que a esa altura de las alternancias ya no sabía de qué lado del exceso estaba. Se maravillaba de haber sido presa de una ilusión tan barroca. lo podía menos.. demasiado idéntica. ¡pero las mariposas se estrellan contra las partes del vehículo que van rompiendo el aire. sostenidos por un brazo metálico.podido creerlo. delicadamente en la medida en que se lo permitían los saltos del camión. de hecho pasa todo el tiempo durante una travesía. Era un ala de mariposa.. Cuando estuvo bajo.. levantó el vidrio y no volvió a mirar el espejo.. sólo a él podía pasarle.. Dentro del autito iba Silvia Balero.. sacó la mano y llevó la punta de los dedos índice y pulgar. ¡arrancó el autito celeste! Como si fuera una pequeña calcomanía pegada allí. Sin disminuir ni aumentar la velocidad. y que mantuviera su posición como suspendida en el camino.. la profesora de dibujo.. al cabo de un par de horas de carrera en los dos sentidos. como flotando encima de los pozos mientras él saltaba a más y mejor. de un cobalto metalizado. Lo que más le intrigaba. al costado de la cabina) era que el autito celeste brillara tanto. y sobre todo la distancia que se mantenía idéntica.. ladeando un poco la cabeza para verla a la luz de la luna. dejó que el viento se llevara ese centímetro de ala celeste. un ala de mariposa puede pegarse a una parte u otra de un vehículo en movimiento. Porque . Si lo hubiera hecho. por ejemplo el parabrisas o el radiador! ¡Y el espejito miraba hacia atrás! La única explicación era que en alguna de las recientes desaceleraciones la mariposa hubiera quedado atrapada en el cambio de velocidades relativas. con los ojos entrecerrados por el viento que entraba. de los que se asoman.

—Disculpe que lo moleste. una mujer se dirigió hacia él. Al fin él reaccionó. dormía.. Como en una pesadilla. pero ¿puedo pedirle un favor? Siffoni la miraba con gesto que parecía maleducado pero en realidad era de intriga. Todo viajero en la Argentina sabe que donde paran los camioneros se come bien: con más razón entonces. ya cuando subía.. y en su cima un hotel. Un poco más allá. porque le resultaba conocida. Ramón dio unos pasos a lo largo de la fachada. Silvia Balero notó que no la reconocía. que frente al hotel había estacionados varios camiones.era. No se fijó bien. vio una especie de pequeña montaña bajo la luna. muy dependiente de sus biorritmos. y después de las doce de la noche ella siempre. Cuando echó pie a tierra. sintió la desesperación de que la presa se desvaneciera ante sus ojos. y pensó que no era descabellado que hubiera un comedor. Todas las mujeres debían de parecerle iguales. De modo que a la medianoche. igual que una sonámbula. Voy a cenar nada más. como si fuéramos colegas. Nunca en su vida se había pasado. viajantes. Me da inquietud entrar sola. Era esa clase de hombre." Pero la entrada estaba cerrada. con la mujer atrás. y partió rumbo a la puerta: —No. impresionista. entre unas cortinillas se veía el lobby oscuro y desierto. ella se puso en piloto automático. porque le llamó la atención el autito celeste del que ella se había apeado. aunque a la vez parecía huir de él. Ya que usted va a alojarse aquí. En su estado. La noche era una incógnita para este ser diurno. —¡Yo también! ¡Después sigo viaje! Se preguntaba: "¿Dónde habrá dejado el camión? Pareció como si bajara del aire vacío. La suposición se hizo mucho más verosímil al ver. se come. aunque él le abría la puerta en sus cotidianas visitas a la costurera. como todas las candidatas a solterona. que fue por rara coincidencia el momento en que la luna actuó sobre el camión. y no sabía de dónde. que no había cenado. A pesar de la hora se veían luces en las ventanas de la planta baja. Las ventanas de un salón que bien . —Tengo hambre —pensó Ramón Siffoni. siempre. ese escamoteo representaba el de toda la realidad. —¿Podría acompañarme adentro? Quiero decir. no sé qué pensará usted de mí.

estas últimas no podían quitarse porque eran tapones. Ramón dio unos golpes en la ventana.podía ser el comedor también mostraban al otro lado un espacio negro. parada obligada de todos los jugadores que se dirigían al sur. las fichas. Sabía bien cómo llegar a una mesa de juego. y después en la puerta más próxima. de clientela extinta. aunque todas las puertas estuvieran cerradas. o una noche.. Antes de que vinieran a abrirle. Ramón Siffoni retrocedió unos metros. no sólo por ser vecino. Ahora. el camionero.. pero de algún lado llegaban hasta él unas rayas de luz humosa. o al menos que no había tomado la dirección equivocada. Fue todo verlo.. y comprender que el viaje no había sido en vano. y pudo ver adentro. recordaba haber oído hablar de ese hotel. sería una loca? Esa clase de hombres siempre está pensando lo peor de las mujeres. garito legendario. Los hombres. hubo una cosa que advirtió. Las dificultades que encontraba se debían a que el plano del hotel era realmente ininteligible. de las rocas. Trataba de hacerse cargo de la estructura del edificio. Ante ese espectáculo se abstrajo de todo. Un viejo hotel termal. Pero al fin. Era el llamado Chiquito. no necesitaría seguir adelante. se vio frente a una ventana con luz. hasta de la mujer que se empinaba a sus espaldas para ver. No podía concentrarse por la perplejidad que le causaba la compañía: a la luz de la luna. porque se trataba de un establecimiento termal cuya planta se había adaptado a la conformación de los agujeros manantes de la tierra. justamente porque todas les parecen la misma. Fue tras él. y él lo conocía muy bien. ¿Estaría borracha. aviadores. Sus movimientos se hicieron seguros. camioneros. Su sorpresa fue mayúscula (pero su sorpresa siempre era enorme cuando miraba algo esta noche) al encontrarse ante una escena que conocía demasiado bien: la mesa de poker. Desde el camino había visto luces encendidas. los vasos de whisky. y Silvia Balero lo notó. Pero no se abstrajo de todo en absoluto. Uno de los jugadores era de Pringles.. Nunca había pensado que llegaría a conocerlo un día. los naipes. Si obtenía lo que se proponía de él. de pronto. pero ahora no sabía de qué lado. la mujer no parecía muy lúcida. Lo tenía allí desde hacía un . dando la vuelta a una esquina en picada. contrabandistas. buscó en el bolsillo de la camisa y sacó un antifaz negro.

Lo único que le quedaba era pagar los dos whiskys que había tomado. que estaba justamente sentado a la mesa de juego. y a Silvia Balero. En realidad ya estaba medio dormida. Ella quería un lugar donde dormir. le habían recitado las reglas. y preguntó: —¿Dónde está el baño? Se lo indicaron. Incluido el patrón. los dos restantes eran estancieros de la zona. igual a cualquier otro.tiempo. el Chiquito y otro tipo de mal aspecto. sacando las llaves del bolsillo. etc. con los ojos entrecerrados en el fondo del antifaz. el autito celeste. allí en la explanada.. sonámbula. El recién llegado ya tenía su lugar. El Chiquito había ganado mucho. y no había supuesto que la ocasión de usarlo llegaría tan de pronto. sin poder creer en la inoportunidad de una desconocida que le pedía atención cuando él iba a hacer la apuesta de su vida. Dejó caer las cartas sobre la alfombra. el segundo . Se lo puso (tenía un elástico que se ajustaba en la nuca). Dama. no lo encontró. En aquel entonces era frecuente. ya jugaban por millares de ovejas o montañas enteras. sólo quedaba un resplandor incierto entre la tierra y el cielo. Dos eran camioneros. eran cinco. Silvia Balero le tiró de la manga. Corrió hacia donde había dejado el camión. De modo que al portero del hotel que vino a abrirle le bastó verlo para saber qué quería. Así lo hicieron. como lo es ahora. pero éste dijo que debían hablar con el dueño del hotel. Sin responderle. y se escapó por la ventana. todos ellos grandes y modernos (y el del Chiquito. Cuando lo había apostado. Entraron. El portero miraba.. Fue. Su camión no estaba. La luna había desaparecido también. muy solventes. A esa hora. y volvió. y el hotelero la llevó a una habitación no muy lejos de donde estaban. entre los demás camiones. Creía soñar. Ramón le señaló al portero que los guiaba. Los presentes echaron una mirada apreciativa a la joven profesora. Pero cuando llegó al sitio. que él conocía bien. ganaderos. con una extraña máquina negra pegada a la pared posterior del acoplado. Ramón perdió sucesivamente su camión. no se detuvo a ver qué era). Dos. que los jugadores en los garitos oculten su identidad con antifaces. y pedía fichas a crédito. Para qué detenerse en la descripción de un juego. —¿Qué quiere? —dijo él de mal modo. Rey.

de la que había sido el único ganador. y ya estaba corriendo a campo traviesa. cosa que sorprendió un poco a Siffoni. En cierto momento de esa noche las canillas en el baño de su habitación se abrieron automáticamente.. sin saberlo. Silvia Balero. a las que estaba habituado por su profesión. ¿Lo habría cambiado de lugar en esa ocasión? Imposible. Todo era suyo. una sola vez. que giraba todo el tiempo sobre sí misma y desprendía un vapor también rojo. una leyenda y un gran enigma (¿para qué seguía trabajando?). mientras amanecía. un portazo. que fue el que se lo ganó. Cuando el Chiquito se levantó de la mesa de juego. lo habría hecho reír a carcajadas. porque no había pasajeros . Oyó. y se había tejido una leyenda. Desde hacía años estaba en la mira de los jugadores de Pringles. sulfuroso. Al contrario. hizo una recorrida por el hotel (que también había pasado a ser de su propiedad) con paso tambaleante. había salido a verlo. que se habían propuesto. a eso también estaba habituado porque siempre ganaba. ni por las muchas horas de inmovilidad.. o creyó oír. profundamente dormida. El pánico lo desconcertó por un momento. hirviente. sin las llaves. en cualquier dirección. De cualquier modo no podía buscarlo mucho. Era el jugador más afortunado del universo. Y no había nada que no fuera suyo.camionero. que no habían salido de su bolsillo. y si lo hubiera sabido no se habría preocupado en lo más mínimo. sería un triunfo muy grande sobre la suerte. como siempre. y la tina comenzó a llenarse de agua hirviente de color rojo. a una hora imposible de temprano. por coquetería de bruto.. lo habrían apostado también) quedó entonces en posesión legal del Chiquito. sino por el puro gusto de tambalearse. ganarle una partida a los naipes. Él no lo sabía. que nunca lo afectaba. como tantas veces lo había sido. sabían que uno solo lo lograría. y al volver había aceptado la apuesta contra diez mil ovejas. bajando de la montaña a la meseta. y ese acontecimiento. de quien los jugadores ignoraban que llevaba un hijo en su seno (de saberlo. no por la bebida. si llegaba. pero no cabía: era un hombre corpulento. Cruzó el lobby oscuro mirando a su alrededor con ojos turbios. cada uno por su lado.. Todo era de él. sobre él. Intentó meterse en el autito celeste. porque era inminente que advirtieran su escape.

. La tristeza inherente al recuerdo proviene de que su objeto es el olvido.alojados en el hotel. El mundo está envuelto en vientos que van y vienen. Un momento: sí había alguien... todos vacíos. hasta dar con el de Silvia Balero. creyó que era panzona. el trabajo: vientos.. la gran línea. Grandes trenes cristalinos que pasan pitando por el cielo. Al fin se desnudó y se sumergió. el amor. y entonces los hombres rebotan. porque no hay motivo para frenar su empuje a medio camino. y cuando lo retiró. terminan volviéndose .. fue violar a la dormida. El recuerdo es una miniatura lumínica. Todo el movimiento. feo y deforme como un demonio. Estaba profundamente dormida.. porque se la había ganado al hombre del antifaz.. La estuvo mirando un rato. a una luz. que con sus chillidos despertó a Silvia Balero y los obligó a huir. Los vientos de verdad.. las masas de aire que se desplazan entre diferencias de presión. el viaje. tan simétrico. la vida. pero a él no le hizo nada. El recuerdo es siempre portátil. y estuvo mirando un rato el agua roja que hervía en la tina. Más allá. Fue abriendo las puertas de los cuartos. que transportaba en sus circuitos el robot fiel.. intrigado. de galaxia en galaxia. que también era suya. en medio de una niebla rojiza.. y por lo general termina llevándolos a los más lejanos de todos. La vida lleva a la gente a toda clase de lugares lejanos. El paso siguiente.... como tantas mujeres en el sur argentino. como el holograma de la princesa. El mundo. dejándolo dueño de la escena. No advirtió que estaba encinta. a los extremos. Nadie habría resistido esa temperatura. siempre más allá. la boca se le abrió en una mueca estúpida.. El resultado fue que unos deditos celestes allá adentro se asieron de su miembro como de una manija. sacó a la rastra un feto peludo y fosforescente. siempre está en manos de un autómata vagabundo. en aquella película. hasta que deja de haber más allá.. Partió en su busca. Pero no es tan simple. El corazón casi dejó de latirle. Fue así como vino al mundo el Monstruo. sin tambaleos. Días de turista en París. que se curva en la burbuja del recuerdo. sus ojos se entrecerraron. Después fue al baño.. una bella desconocida. es un arrebato de olvido. y quedan expuestos a un clima. Días de ocio en la Patagonia.

la Argentina. novelesco. Por eso el instante. Sólo queda ese espacio radiante. todas sin excepción. la miniatura lumínica. aunque no lo sea lo que hubo antes ni lo que viene después. Quiero anotar una idea.. misterioso. Esto es real. . como decía Leibniz que eran las cosas ("las cosas son mentes momentáneas": una silla es exactamente como un hombre que viviera un solo instante). aunque no tiene nada que ver. en la Patagonia es fluido. antes de que me la olvide: ¿no será que los ideogramas chinos fueron pensados originalmente para ser escritos en vidrio. ¿Cómo viajar?¿Cómo vivir en otra parte? ¿No sería una locura. Abrir la puerta de todos los miedos es real. ni los motivos ni las consecuencias.. salimos en el bote por la bahía. Las nubes patagónicas acogen y acomodan todas las transformaciones dentro de un solo instante. París. y el resto del mundo se disuelve en la lejanía.. Quizás me convendría estudiar la obra de esos poetas japoneses que se trasladaban de paisaje en paisaje encontrando temas para sus composiciones algo incoherentes. Es por eso que allí las nubes son lo momentáneo por excelencia. en una gran feria de transformaciones invisibles. los vientos cosmopolitas y oceánicos tanto como los diminutos soplos de jardín: un embudo de las estrellas los reúne a todos. para poder leerlos del otro lado? Quizás de ahí proviene todo el malentendido. "A la mañana siguiente el cielo estaba muy claro. y van a parar a esa región privilegiada de la atmósfera que es la Patagonia." (Basho) Los cielos de la Patagonia están siempre limpios. una autoaniquilación? No ser argentino es precipitarse en la nada. En realidad no acierto a explicarme cómo es que la gente puede tomar la decisión de viajar. Allí se reúnen los vientos. que en cualquier parte es seco y fijo como un clic. hermosa como un paraíso. y en el preciso momento en que el sol alcanzaba su mayor brillo. la China.. Y en plena transparencia. inoperante.siempre para el mismo lado. No estoy hablando en metáforas patrióticas. Es como decir que allí sucede todo. vientos grandes y pequeños. y se reúnen en los cielos argentinos. Darwin lo llamó: la Evolución. Viajar es real. Hudson: la Atención. y eso a nadie le gusta. adornados con sus velocidades y direcciones como cintas en los peinados. Quizás ahí está la explicación. Egipto. Polonia. Todo.

poniendo orden... una cueva. nunca las mismas.. un quincho. siempre. hasta el más deplorable. la cola de catorce metros.. como una loca. hiperespuma. y otra. o mejor dicho: sin forma humana. que nadie tiene la ocasión de ver nunca.. Al cabo de varias horas de paseo incierto. lavando las cortinas. La forma del vestido es una transformación continua.! Sabía que aun del fondo de la fatiga podía sacar ánimo para hacer habitable por una noche cualquier ambiente. ¡Han pasado tantos años que ya debe de ser martes! …………… Había dejado a Delia errando en el crepúsculo desolado. macrocisne. Lo que la alarmaba era sentirse en el extremo del interés. Un poco más. decía. la forma pura de vestido. haciendo la cama. y la llenaba de pavor. pero la consolaban un poco. empezaba a preguntarse dónde pasaría la noche. un desplegarse de todos los pliegues blancos. un galpón. suspendida en un cansancio inhumano. claro que sin forma de vestido.. un vestido de novia. Ya ahora daba lo mismo el rumbo en el que iba. La noche se le antojaba esa especie de desierto uniforme que entraría en ella. iría hacia allí. volando con lo que parecía una majestuosa lentitud aunque debía de ir muy rápido (no había punto de referencia.! ¡Un rancho abandonado. ilimitada. en ese abismo celeste de puro día).Y en plena transparencia.. al tiempo que su desamparo seguía creciendo porque la meseta se extendía más y más. la que toma puesto en su dueña o en un maniquí. Eso es informe. bandera de mi patria. un techo. A diez mil metros de altura. y el horizonte desplegaba una nueva franja en blanco. Eran fantasías absurdas.. Y cambiando de forma sin cesar.. sino en su forma auténtica. ¡Una casa. abriendo alas nuevas. Y era el vestido de novia más bello y complicado que se hubiera hecho nunca. muy poco. Se sentía perdida. y estaría caminando como una autómata. porque no es cuestión de verlo hecho un montón de tela tirado sobre una mesa o una silla. ¿Una nube? No... Se veía barriéndolo. cadáver exquisito. por cualquier lado. maqueta blanda de un universo de blancuras. una tapera. cuando saliera al otro lado ya no cambiaría más de dirección.. ¿Tenía sentido seguir? . si hubiera una visión cualquiera. Un vestido blanco.

al fin. Delia era una mujer joven. sino un fantasma. Pero había otras perspectivas. como dos guiones.: Ya al decir "Delia era una" estoy falseando las cosas. Cada momento parecía el último para ver el signo salvador. a las palabras antes de que hagan frases.. No le importaba nada más. como artefactos sociales cuya única finalidad. Era pequeña. más exactamente.. pero al llegar reconoció su error: era un camión. son mujeres de verdad.. pero igual lo veía. a algunas por lo menos. Fue entonces que oscureció (debía ser medianoche) y el cielo se llenó de estrellas. Durante gran parte de los últimos cien metros creyó que eran paredes. precipitándose hacia la primera forma vista con la última luz a mendigar refugio y consuelo. Es como si toda mi vida se agotara en el esfuerzo. Para nosotros los chicos (yo era el mejor amigo de su hijo de once años). hermosas. una de las madres. No. Y sin embargo. sexuadas. cuando todavía son puro presente. y no quedara hombre alguno con la lapicera en la mano. Dije que era una mujer de verdad. Se apuró. afantasmándolas. una vez que la perspectiva infantil se desplaza un poco.. Lo único que faltaba era que oscureciera. Y en uno de ellos. y a mis palabras me remito.La noche prácticamente había caído. y por ello un tanto cómicas. como muros negros que le bloquearan misericordiosamente el paso. fuerte. es hacer reír.. ¡Había tantas perdiciones! Nunca había estado extraviada en la oscuridad. Delia era una.. apenas si pasaba de los treinta años. debo hacer la reconversión. De pronto vio alzarse frente a ella los rectángulos enormes. vio algo: dos paralelogramos largos y bajos posados en el fondo de la distancia. Ya no veía su objetivo. escribiendo esto.. Ahora.. Fue hacia ellos con alas en los pies. una vieja fea y amenazante. No le importaba si corría hacia su perdición. No es un mero recurso literario decirlo sólo ahora. deseables. Delia no es la miniatura lumínica en el archivo de ningún proyector de imágenes... Es el punto de vista infantil el que hace parecer ridículas a las mujeres. y no es fácil. uno de esos gigantescos camiones con acoplado como el que . sintiendo todo el dolor del cansancio enroscándose en sus venas.. bien formada. era una señora. las hace parecer travestis. pero alguna vez tenía que ser la primera.

todos con un brillo metálico que concentraba la luz del firmamento. su hijo. se apoyaban en la tierra perfectamente nivelada. ¡qué olor a huevo frito! Delia no probaba . sobre el que siempre estábamos trepados jugando. árboles. pero le habían contado. Pero. Aun haciendo la deducción correspondiente a la fantasía y la relación de dimensiones de un niño. El camionero no se despertaba. hinchadas de atmósferas negras.. le había contado de las comodidades personales que tenía el Chiquito en su camión. perfiles y hasta mariposas. Nada. Esperó un ratito. altas como Delia. ella le había creído. La náufraga marchó hacia la parte delantera. el del Chiquito. Debía de ser eso lo que le daba la apariencia de edificio. con lo que su busca habría terminado. tan grande y moderno.. autitos. Nadie respondía. no sería menos que el de su barrio (no sabía que eran el mismo). a veces con capacidad para dos personas o más. Fue a la portezuela del lado del conductor y golpeó. cubría la mitad superior de la trompa chata. habían quedado pegados por su gel fosforescente. amarillos. Toc toc. Volvió a golpear.. Sus treinta ruedas. empinándose para ver adentro. porque otros se lo habían confirmado y además era razonable.. Esperó. En el vidrio se reflejaban las constelaciones. celestes. cuando estacionaban de noche para dormir.estacionaba en la cuadra de su casa. aun en su distracción. Al parecer se las arreglaban para estar bastante a sus anchas. y además se había estrellado en él una colección de mariposas que el conductor no se había tomado el trabajo de limpiar. Los pedacitos de ala. Sabía que los camioneros. reconoció corderos. anaranjados. pero eso no la asombró. del tamaño de una pantalla de cine. El parabrisas. recortados en formas caprichosas en las que Delia. Adentro no se veía nadie. Omar. Estaba segura de que este camión nocturno.. como una formación natural emergida de la meseta. estaba oscuro y silencioso. Nunca había visto uno. Tenía las luces apagadas. y al llegar a la cabina le dio la vuelta mirándola con cautela. se acostaban en un pequeño apartamento que tenían detrás de la cabina. Tan alterada estaba que no se le ocurrió ni por un instante que pudiera ser el mismo (como lo era en realidad). y como no hubo respuesta volvió a golpear..

ya sin esperanzas. lo hizo al modo difícil: estiró una pierna en el aire hasta tocar la pared de la caja. volvió a golpear tres veces con los nudillos en la chapa sólida de la puerta. que parecía fierro. Aquello no parecía tener solución. y desde allí alcanzó a asir la manija. muerta de hambre y cansancio. "¿Y ahora qué hago?" se preguntó con alarma. Esperó a ver si por casualidad esta vez la oía. como una niña traviesa. Terminó colgándose de él con todo su peso..bocado hacía una enorme cantidad de horas. ¡Y ella afuera. y Delia. No podía creer que estuviera haciendo esas piruetas. a dos metros del suelo. en el momento justo soltó la manija y se aferró de un manotón al espejo retrovisor. giró. se impulsó con fuerza cerrando la puerta. a la inversa de la de una casa. La puerta estaba altísima. y después volver a subir por el estribo. por un resto de cortesía. pero no fue así. no era tan fácil. "Yo entro". Sea como fuera. se dijo al ver que persistía el silencio. Este no era tan firme como sus apoyos anteriores. Aunque no estaba puesta la traba. así que más que sorprenderla. y en el apuro abrió las dos manos y se las llevó a la cara. Aun así. esperó un poco. pero. En ese caso no veía cómo podría volver a cerrar la puerta. aunque eso era lo de menos. Así colgada logró meter el cuerpo por la abertura hasta poner un pie en el interior y con una segunda acrobacia arriesgada soltó definitivamente la manija y se asió del volante. Golpeó una vez más. Y ésta se abrió toda. pensó. ese aroma incongruente la puso fuera de sí de indignación contra su hado burlón y le dio ánimo para volver a golpear la puerta. Podía dejarse caer. Pero tenía una especie de estribo. sorprendida. Le resultaba obvio que provenía de adentro del camión. Entrar. El estribo desapareció bajo sus pies y quedó balanceándose colgada de la manija. y volvió a golpear. accionar ese picaporte hidráulico exigía una fuerza casi sobrehumana. quedó horizontal de pronto. Por . se abre hacia afuera. el camionero debía de estar haciéndose la cena. Esos camiones parecían hechos para gigantes. La puerta de un camión. expectante. Volvió a sentir el olor. y sin dejar que ésta hiciera contacto. acogedora. qué me importa". y así pudo.. aun tomada la decisión. Era inútil. y se quedó un minuto más atenta. pero se llevó a Delia en su arco. a cientos de leguas de su casa! "Yo me meto. confiando en no romperse una pierna. como la de cualquier vehículo.

Se movió. se había intensificado. entera e ilimitada. tratando de subir al asiento. Había quedado de cara al parabrisas. ni un calambre. No gritaba porque no le salía la voz. habría quedado de pie sostenida por ese anillo impiadoso. Salió por arriba. y faltó poco por el espanto que la embargaba. sólo ahora lo advertía. durísima y muy suave al tacto. demasiado hermoso. que ahora tenía a la cintura. o tan pequeña ella. de no ser por el olor a fritura. en el piso de la cabina. que pudo ponerse de pie. pero siempre en el mismo lugar. La habría decapitado limpiamente si una fuerza desconocida no la detenía a un milímetro del cuello. eso no cedía ni un milímetro. Tan grande era el espacio. porque se llevó las dos manos a la cintura y sintió esa especie de víbora rígida. en el último vaivén. Y no era una ilusión. que aquí adentro. Era una meseta blanca como la luna. en extremo incómoda. jadeando enroscada. recortados en formas muy netas y caprichosas. Demasiado grande. y sin embargo así debía hacerlo. para abarcarlo con una sola mirada. de espaldas al parabrisas. Quiso dar media vuelta y sentarse a esperar que su corazón se calmara. Si se hubiera desmayado. tan agotada estaba.. porque nadie tiene dos miradas. y la puerta. Estaba tachonado de pequeñas manchas negras. Se habría dormido. Le llevó un rato calmarse y volver a considerar su situación. pero al mismo tiempo era pura luz. en las que el azar parecía haberse empeñado en . pero la cabeza quedó colgando afuera. Tardó unos agonizantes segundos en comprender que al ponerse de pie había metido el cuerpo por dentro del volante. Tenía frente a ella la maravillosa Patagonia nocturna. pero no pudo hacerlo. que olía a cuero y grasa. como agujeros de vacío. que la rodeaba como un cinturón demencial. preguntándose por milésima vez por qué le tenían que pasar cosas tan desagradables. y lo que vio por él le hizo levantar la cabeza. y se dejó caer en el asiento. Ese panorama parecía reposar en el negro puro de la noche.. Podía girar a la derecha y a la izquierda. y un cielo negro lleno de estrellas.suerte cayó adentro. se le venía encima. El borde metálico afiladísimo se alejó blandamente y Delia sacó la cabeza sin esperar a que volviera. Con terror sintió una presión de acero que le rodeaba la cintura y no la dejaba moverse. no porque tuviera la boca cerrada. aunque curiosamente aceptaba girar un cuarto de círculo con ella cada vez que lo intentaba.

admiró el instrumental que adornaba el tablero. visto desde adentro. Esta última .. en qué boca de lobo. Una velita encendida sobre la cómoda alumbraba el tugurio. botones. como si la plétora figurativa excediera el ser de las cosas. zapatos. que cortaba dos veces una luz dorada. agujas. las dos sin hacer. y se acordó de sacar los pies del asiento. diales. en la sombra. se vislumbraba una maraña de pedales. y allí se asomó a mirar. Una parte de su conciencia lo supo. Abajo.. o no le diera tiempo de ponerse los pantalones. ropa. Se metió. las piernas primero. Iba a llamar. El desorden y la suciedad eran indescriptibles: revistas de historietas.representar todas las cosas que una conciencia fluctuante quisiera reconocer.. Y una decena más erizaba el eje del volante. para acceder a los aposentos del camionero. por las descripciones de Omar. ¿Todo eso se necesitaría para manejar un camión? No había una palanca de cambios: había tres. perillas. Pero tuvo que volver a ponerlos en él. lo extraño habría sido errarle. Se deslizó por uno de esos biombos. Al descolgarse cayó más de lo que esperaba. pero unos ruidos sordos. Se vio en ese dormitorio rutero del que tanto había oído hablar. prefirió no llamar sino meterse en puntas de pie. Había cientos de cuadrantes. aves disecadas. no fuera que le produjera un paro cardíaco al camionero desprevenido. cuchillos. que la entrada estaba por encima del respaldo. más aun: pararse sobre el asiento. Para una mujer sola y extraviada como ella. Había un doble biombo horizontal. y el eco muy apagado de una voz la atemorizaron de pronto. para preparar de algún modo la sorpresa. Pero ya no era cuestión de retroceder. Este era tan desmesurado que no le extrañó haberse metido adentro sin querer. muy disminuida. relojitos.. que se inclinaba por estar pegado a la pared trasera de la cabina con bisagras. Se sintió muy pequeña. esa atmósfera era un presagio de cualquier cosa. Sabía. Esas manchas eran el revés. En realidad no sabía adonde se había metido. la otra estaba ocupada en tratar de ver lo que pasaría después. Con esa lógica siempre fallida de los intrusos corteses. Había dos camas muy cerca una de la otra. Cuando al fin Delia pudo apartar la vista del espectáculo grandioso. pero sin reconocerlas del todo. de los pedazos de alas de mariposa pegados al vidrio del parabrisas.

que daba a un pasillo. al azar. una a cada lado. y atravesó un cuarto de trastos que no miró. milagro menor pero llamativo de todos modos. También allí había otra puerta. vio que en el cenicero de la mesita ratona entre los sillones había un cigarrillo Brasil recién encendido. Notó retrospectivamente que las había en todos los ambientes. y había residuos tirados por todas partes. El salón tenía cuatro puertas. al otro lado de la cual había un saloncito con sillones de cuero. Echó una mirada por la más oscura. Siguió adelante. El resultado era que estaba perdida. Pero seguía sin haber nadie.. una botella de vino tinto por la mitad y un vaso. creyó que el momento de la verdad había llegado. Un Petromax grande hacía enceguecedor ese reducto lleno de cacharros y comestibles. con un gran escritorio de tapa. donde se repetía el desorden y la suciedad del dormitorio. salió por la puerta del otro lado y se encontró en un vestíbulo con sillas.. quizás en su busca si es que la había oído. En realidad no parecía una cama sino una especie de mesa baja y muelle. y dos huevos crepitaban friéndose en la sartén. Siguiendo con los ojos una voluta de humo. salvo la que venía de la puerta abierta. por donde se oían ruidos. y luego a la siguiente: una oficina. La aversión de Delia por el humo del tabaco era extrema y bastante inexplicable. Todas estaban abiertas. El cocinero debía de haber salido un momento.. Se metió por ahí. Se detuvo entre ellos mirándolos sin poder creerlo. Había logrado que su marido. que era la fuente de la luz que se difundía por todo ese dédalo. aunque no había nadie. se había olvidado de que eso existía. La pila de vajilla sucia era increíble. y de algún modo llegó a la cocina. abandonara el hábito. No concebía que se fumara en el interior de una casa. y hasta pegados en las paredes y el techo. Qué extraño. Se asustó y salió de prisa: irrumpió en la sala donde había estado antes. rumbo a otra puerta. Se quedó .tomó la iniciativa.. que ahora le pareció distinta por un olor nuevo que redobló sus temores. al casarse. con la cama tendida. como si se hubieran preocupado por obtener un máximo de circulación. Cruzó la primera a la izquierda: un dormitorio desocupado. salió por una de las dos puertas. Allí. Una sumaria mirada a la sartén le indicó que los huevos fritos estaban casi a punto. Aquí no había luz. Pero la hornalla estaba prendida. En la mesada. Y tres puertas. Hasta cierto punto.

El . cuando encendía su tercer o cuarto cigarrillo Brasil de sobremesa. Parecía una estatua de ébano. asomándose del sillón tras el que se había escondido. Por su rostro. De pronto el Chiquito soltó un grito. en una inspiración súbita resumió la circunstancia en una epigramática inversión a lo que se había venido diciendo hasta ahora: era ella... pecho y brazos negros corría la baba de huevo sin que se le moviera un músculo. Se había metido en la boca un huevo entero sin recordar sacarse de los labios el pucho. sin la menor preocupación en el mundo. soltaba grandes carcajadas. la que le había jugado una mala pasada a su destino. La mujer negra se sacudía a intervalos y soltaba unas palabras sin sentido. La Balero seguía inmóvil.. parecía contento. Tomó varios vasos de vino al hilo. en la quietud sobrenatural del aire de ese interior. olvidado ya de su accidente. peló una naranja tirando con descuido las cáscaras al piso. y toda ella en ese negro amoratado. despeinado y con cara de pocos amigos. que no se entendían. al reconocerlo. El Chiquito se precipitó gimiendo por el pasillo y volvió con una curita en la lengua. Era Silvia Balero. no pudo evitar un resoplido o tosecita de irritación (el aire se estaba volviendo irrespirable). y sin quererlo. Al extremo del pasillo había un comedor. Escupió un chorro de materia viscosa blanca y amarilla que fue a dar sobre una mujer sentada frente a él. hirsuto. En un instante. Volvió casi de inmediato con los huevos fritos en la sartén. ella misma. Fue a la cocina. Era increíble que una rubia natural de tez blanquísima como Silvia Balero hubiera tomado de la noche a la mañana ese tinte oscuro. vaciar la sartén sobre un plato y ponerse a comer. El camionero terminó su cena. Cruzó el salón y se metió por la misma puerta por donde había venido antes.. Durante todo este tiempo había estado hablando con su invitada. Hasta que. que había sufrido una pronunciada transformación desde la última prueba que había hecho con la costurera: estaba negra. sin parpadear. Delia. La sorpresa la había paralizado. pero con palabras guturales. Delia. detrás del sillón. El Chiquito. y la brasa le quemó la lengua. El Chiquito entró por la puerta del pasillo y se inclinó a tomar el cigarrillo.mirando con incrédulo horror el humo que se elevaba. Estaba en calzoncillos y camiseta. y sin ser para nada una intelectual. lo vio sentarse a la mesa. y al fin encendió otro cigarrillo.

encima se obstinó en seguir adelante.Chiquito la oyó y giró su formidable corpachón haciendo crujir la silla. Seguramente se lo habían puesto en la infancia. metiendo una pierna. cuyas patas. Por un momento Delia temió que lo más horrible hubiera sucedido: que el motor estuviera en marcha... y era todo el camión el que estaba bailoteando sobre sus treinta ruedas.. Pero no era eso. Qué curioso que a alguien tan fornido le hubieran puesto ese apodo: Chiquito. un brazo. Por suerte había salidas por todas partes.. Como si no fuera poco con la inercia que llevaba. Prácticamente no podía moverse. que en la desesperación quería preservar su coexistencia en el barrio. Delia retrocedió arrastrándose hasta la puerta más próxima.. por lo violento de la torsión. la cabeza. en su ambiente. Pensar en una antífrasis o ironía estaba fuera de lugar. dormido por el momento. si es que alguna vez volvía. Fue el colmo de la angustia. después otra. Por lo menos ahí. "Por lo menos no me reconoció". vociferando: —Quién anda ahí. para salir por los biombos suspendidos. se dijo Delia. ¡Estaba perdida! En ese momento una gran sacudida hizo trepidar todo.. y aumentaba el riesgo de precipitarse en manos de su perseguidor.... Y los pasos y gritos del Chiquito se acercaban. se enroscaron unas en otras. ni para atrás ni para adelante. La agitación se multiplicó. Buscaba el dormitorio por el que había entrado. No había tenido tiempo para pensar. Sintió algo pegajoso en las manos: era grasa negra.. Pero fue a dar a un lugar por completo diferente. quién anda ahí. Un silbido fortísimo lo envolvía y atravesaba . una maraña metálica oscura e intrincada. y ya se había ensuciado con ella de pies a cabeza... con la sorpresa y el espanto.. Delia había abandonado toda idea de pedir refugio o ayuda para volver a casa. retumbaban en los émbolos mastodónticos... pero no importaba.. Pero ¿y si se ponía en marcha? Esos fierros en movimiento la triturarían en un segundo. y después le quedó. enganchada a la maquinaria por todos lados... y no bien se creyó fuera de su vista corrió. Estaba descubriendo que también se podía pensar sin tiempo. Pero esa misma exuberancia contribuía a circularizar el laberinto. Se enredó sin remedio en sus vericuetos. El Chiquito se le venía encima. Era el motor del camión.

? ¿Quién me llama? —preguntó Delia. maldito! ¡Ventarrón hijo de mil putas! ¡Esta vez no te vas a escapar! ¡Te voy a mataaaaaar! La respuesta del viento fue aumentar su potencia mil veces. La rejilla cromada voló. se decía. —la llamó una voz desde muy cerca. y el camión ya no estaba a la vista. incluidas las piezas del motor.. ¡Y qué viento! La reacción del Chiquito fue sorprendente. con pasos cortitos. parecía hincharse con el aire introducido a presión. y también un poco temerosa. No había nadie cerca. ni lejos... ¿Quién me llama? —Lo decía casi sonriente. y devoraba la distancia. Se puso a gritar como un loco. en el enrejado donde los silbidos se refractaban como diez orquestas sinfónicas en un tutti ciclópeo. y. —¿Eh? ¿Quién. ¿Sí? Soy yo. La tocó una corriente de aire frío. Delia se sintió libre y de inmediato una corriente la arrebató.las chapas. barriendo. oh Delia... soy yo quien te habla. y Delia saltó tras ella.. el silbido se volvió un susurro. "Qué velocidad". Se sorprendía ella misma de lo rápido que iba. se sentía tan sola. —No. "Se levantó viento". todo lo más caminando de prisa por el barrio. Como si su peor enemigo se hubiera hecho presente en el peor momento. soy Delia.. corriendo como una gacela. Solía jactarse con razón de su agilidad y energía. porque parecía una magia.. cocinando. lavando.. sus chapas tableteaban. —Delia. Delia. .. y su nombre había sonado con tan exquisita dulzura—. El aire le silbaba en las orejas. El camión trepidaba. —Soy yo. con expresión intrigada e interesada. Ahora lo hacía sin esfuerzo alguno. y ya estaba afuera.. —¡Otra vez vos. la llevó rebotando y resbalando en la grasa hacia un vórtice en el radiador. cuando iba a hacer los mandados. lo más importante. pensó automáticamente. El viento seguía envolviéndola. Delia soy yo. —Quiero decir: Delia. "¡lo que puede el miedo!" Cuando se detuvo...? ¿Qué. todo el interior se entrechocaba.. pero persistía. como una flecha. Delia. nunca corriendo.. pero corrigió su tono algo perentorio por temor a ofender. Todos los olores le volvieron a la nariz y se desvanecieron.. pero dentro de la casa.

. Soy el viento. —Millones de veces. Debía de ser un modo de hablar. sí... realmente.? —¡Sí! Qué buena fisonomista sos. —Yo: el viento. culta. —Yo puedo. —¿Usted se acuerda? —Por supuesto. Sería música para mí. —Sí. —Me he estado ocupando de vos desde que viniste aquí. Delia... No lo decía en broma. sí.—¿Quién es yo? Perdóneme. Era muy amistoso. Pero la pobre Delia no estaba en condiciones de llevar su cortesía al punto de internarse en registros proustianos. lo oigo... pero no veo a nadie. ¿No nos hemos cruzado antes? —Muchas veces. Pero no entiendo. Delia. No sabía que el viento podía hablar.. A ver si te acordás. —¿No fue aquella vez. No sabe cuánto se lo agradezco. —¡Cuántas veces. así que pasó a un asunto más inmediato. —¿Y aquella otra cuando. no tantas. y te depositó en tierra sana y salva? .! Ahora me acuerdo de otras.? —Sí. La voz era de un hombre: grave. señor. —¿Qué viento es usted? —Me llamo Ventarrón. modulada con una calma superior. soy inconfundible. —No tantas. pero podría estar horas mencionándolas. El nombre le sonaba conocido. Hizo memoria. ¿Es una voz que trae el viento? ¿Pero dónde está el hombre? —No hay ningún hombre. —Gracias. —¿Usted me salvó del camionero? —Sí. Además. ¿Quién creías que te salvó de esos vientos juguetones que te hacían bailar en el cielo. —Yo te escucharía sin aburrirme. —Ah. —Me suena. —¿El viento habla? —Me estás oyendo...

sin nada.¿Quién detuvo la puerta del camión cuando estaba a punto de cortarte la cabeza? —¿Fue usted? —Sí. Prefirió seguir conversando por una vía menos comprometida. Pero. Estoy perdida. Ya viste lo que le hice a ese camión. Déjeme pensarlo.. —¡Pero usted es viento! Perdone. Habría querido pedirle lo contrario: que la llevara a ella a su casa. dijiste? —¡No! —exclamó Delia. Yo me ocuparé de que no te pase nada malo. que ya veía su casa volando por los aires y cayendo hecha un montón de escombros a sus pies en aquel páramo— . y ella no sabía qué intenciones podía tener ese ser misterioso. No.. ¿Sabe que es vecino mío allí en Pringles? Un silencio. La pregunta que venía a cuento en este punto era: "¿Por qué a mí?" Pero no se atrevió a hacerla. —Lo hice por gusto. —Pero antes nunca me habían pasado. —Claro que lo sé. ¿no? —Yo no soy un viento cualquiera.. cómo me metí en estos problemas. Ese hombre había empezado a darme miedo. aparte del miedo que le daba volar. —Fue muy impresionante. —Y ahora. —Estoy yo. Comenzó a sentir una suspicacia. no sé lo que digo. —Es que no sé cómo tuvieron que pasarme esos accidentes. Lo que había oído hasta ahora se parecía a una declaración de amor. —Entonces gracias. sola. —Lloriqueó un poco. tuvo en cuenta que no era eso lo que le había ofrecido Ventarrón.... .. ¿En serio puede traerme lo que yo le pida? —Para eso soy el viento.! —No tenés más que decírmelo. Soy el más rápido y el más fuerte. Yo puedo traerte lo que quieras...... —Es cierto. Lo único que sé es que salí en busca de mi hijo. Delia. —Son cosas que pasan. ¡Es que yo quiero a mi hijo. ¿Tu casa... Delia. —Debe de ser interesante ser un viento. No habría querido darle tantas molestias. abrumada. a mi casa.

. Si no hubiera estado tan impresionada. y la silla fue apartada con la mayor cortesía para que ella se sentara. invisible.. —¡Arriba! ¡Abajo! La noche estaba transparente como un día azul oscuro. como un dios. una milanesa con papas fritas. Pero todo se acomodó en orden sobre la mesa. —¡Mira este salto! —Hizo una pirueta prodigiosa. La luna miraba impasible. —Muchas gracias. —¿Qué querés. esa exhibición le habría parecido un poco pueril. entonces? Ella seguía sin saber qué debía pedir. que he estado lustrando para que brille más.—Lo que no me explico es cómo podía estar la de Balero ahí adentro.. no hará otra cosa de ahora en adelante. Todo venía volando. suelto. la crema batida como una nubécula. las papas fritas como un enjambre de langostas doradas. que para eso estoy yo. pero no creo que un viento. un mantel. salero. Ventarrón volvió a su lado. —Sólo faltan las velas. Delia creía ver. fuerte y hermoso. —¿En serio? —Pero no te preocupes. —Espero que a él no se le ocurra perseguirme.. y entonces sí estuvo segura de verlo. De todos modos la luna. —¡Mira esta frenada! —Se detuvo en seco. trayendo una mesa. algo de comer? —¡Cómo no! Se fue y volvió en un minuto. señor. El viento resopló con desdén. porque Ventarrón lo hizo por ella. platos. Va contra mi naturaleza. Delia. pero no podría encenderlas —le dijo él—. —¡Nadie puede vencerme! ¡Nadie! ¡Mira cómo corro! —Fue hasta el horizonte y volvió. cubiertos. una copa de vino y una pera a la crema. una silla. —Perdóneme. —Ya lo entenderás. será tu lámpara. como un milímetro de mármol. —Te perseguirá. pueda detener a un camión. servilleta. —¿Podría ser.. Ni siquiera tuvo que desplegar la servilleta y ponérsela en el regazo.. por fuerte que sea. pero no estaba segura. .

El vino le había dado muchísimo sueño. un pequeño lapso de desconocimiento. Cuando se despertó a la mañana siguiente. una almohada. sin una sola arruga. su cama en su dormitorio.. "Quién sabe a quién se lo habrá arrebatado". y ahí se quedó. su dormitorio en su casa... con el espejo encima.. vinieron volando desde el horizonte una cama. A la izquierda no estaba la cómoda. y a su lado no estaba Ramón. y el sol un punto blanco ubicado en lo más lejano del cielo. Después le apartó la silla. Delia se quedó un momento indecisa junto a la cama. En una palabra. La noche suspiró. Hoy. y su cuerpo brilló bajo la luna mientras se metía bajo las sábanas. —Dulces sueños. "¡Pensar que tuve que cenar lo que me trajo un viento ladrón!" —Ahora querrás dormir. y su casa en Pringles. como le suele pasar a los viajeros. creyó que estaba en su casa. y más allá no estaba la camita de Omar con el niño dormido. y el viento trepó al cielo estrellado. En circunstancias normales. pensó la costurera. Miró a su alrededor. —Gracias.... y él se llevó todo. sino que la extrañeza se instaló en su mente como un mundo. La voz de él se había hecho acariciadora. Era un poco incongruente.. Se desnudó.. un quillango. El cielo era muy azul. ella estaba en su cama. Y ella tenía el vestido imposible de grasa. agitaba su cabello y su vestido. Delia. sábanas. y después se dijo.. por lo tanto en el espejo no se reflejaba la ventana sobre la cama de Omar. la envolvía. Se tendió ante sus ojos en un instante. daba vueltas por sus piernas con soplos aterciopelados. Ventarrón. mintiéndose con la verdad: "Nadie me ve". Vaciló un momento. —Hasta mañana.Se quedó silbando a cierta distancia hasta que ella hubo terminado. Delia se levantó. Al punto. parecía como si toda esa cadena de inclusiones se hubiera roto. Hubo una especie de torbellino de vacío. —Hasta mañana. y él mismo se había hecho acariciador. esa cama en medio de la meseta. Las sábanas blancas de hilo la invitaban a dormir. Salvo que en ella no fue un estado pasajero y fugaz. un colchón. no . Se volvió hacia la derecha...

ahora a la luz.. Al instante el viento estaba de vuelta. Pero no había ningún fuego.. Lo único que parecía estar en su lugar era la hora. —Ah. y latía tanto que sacudía todo el hotel. pero sin iniciativa propia. después de que te dormiste. tengo que decirte algo que habría preferido callar. Sus zapatos estaban imposibles de polvo.. pensó Delia. Se desperezó. Delia. probablemente porque ella no se lo había pedido. y ni siquiera ese amanecer tardío tenía aspecto de hora: se lo diría más bien un lapso de eternidad.. Y entonces.. Pero sé que hay espantos a distancia con los que no vale la escapatoria. y me acerqué a mirar... el hotel entero cayó. —¿Dormiste bien? —Perfecto. según su costumbre. Se le ocurrió que debía de ser como esos criados muy trabajadores y eficientes. Era una luz de tipo radiactivo. Yo mismo empecé a asustarme. tan servicial para otras cosas. —Buen día. . Tampoco era una fiesta. No parecía la hora de levantarse. La cama con todo lo suyo salió volando a toda velocidad y se perdió tras el horizonte. Aquello iba de mal en peor. y la temperatura había subido a varios miles de grados.. no se había ocupado de su atuendo. "Qué apuro". Tengo que llevarme esto. horrible. Y eso que soy lo más eficaz que hay en fuga. podría haber escrito en ellos con el dedo... Buen día. En ese sitio hay un hotel. Un espacio inmenso la rodeaba por todos lados. Yo quería. a los que había que decirles todo. tanto era el resplandor.. Cuando se ponía el vestido pudo ver. El viento. el desastre de grasa que era. de pronto. Como no tenía ninguna intención de transformarme en un viento atómico. y en un primer momento creí que se había incendiado. pero es mejor que lo sepas. No estaba en ningún lado.. y me quedé mirando. —Delia ya estaba pensando en desgracias. Días de ocio en la Patagonia. —Un momento. —Delia..estaba en su casa. eh.. en lo alto de una montañita. —¿De qué se trata? No me asuste. y por ahí vi una luz. por si acaso. Bajé y me asomé a las ventanas. que latía. —Anoche —empezó Ventarrón— salí a dar una vuelta. tomé distancia. Una luz roja.

y para vos. —Y el camionero también me está buscando.. ya de por sí grave. . valencianas. por lo menos para mí. un ser que será la cápsula de todos los vientos del mundo.. Su voz..? —Hay una leyenda que dice que un día va a nacer. Salí corriendo.. Ya ves si me incumbía lo que estaba viendo. un niño dotado de todo el poder de las transformaciones.fundido como un copo de nieve al sol. Quiero decir: yo lo estaba cosiendo. o anteayer. —¿Un vestido de novia? ¿De plumetí de nylon.... en él está adentro.. en un hotel termal de la zona. por lo tanto feo hasta el espanto. y te anda buscando.. Y ahí estaba. bogando hacia el sur. impulsando todas las deformaciones. Sus últimas palabras le hicieron correr un escalofrío por la espalda a Delia. y aquí estoy.. plegándose y desplegándose a diez mil metros de altura. críptico—. —¿Cómo tuyo? ¿No sos casada? ¿No me dijiste que tenías un hijo? —No. Delia bajó la cabeza abrumada. él no es problema. —¿Pero de dónde pudo salir ese monstruo? —La evolución no sigue ningún camino. libre. ¿no? —Del camionero me ocupo yo. mujer! ¡Qué sé yo de trapos! ¿Por qué preguntas? —Porque es mío. Anoche vi otra cosa que me resultó encantadora: un gran vestido de novia. —¿Y qué pasó? —Nada..? —¡Sí. Lo perdí ayer.. —¡¿A mí?! ¿Por qué a mí? —Porque así lo dice la leyenda —respondió el viento. había tomado una resonancia de ultratumba... muy pesimista. el Monstruo.. Y es obvio que la leyenda se ha hecho realidad.. —¿Qué niño. Lo malo es que ahora el Monstruo está suelto. para una chica que justamente..? ¿Qué monstruo. —¿Y del Monstruo? Un silencio.. —Eso ya es otra cosa —dijo Ventarrón... porque lo que en mí está afuera. raso de. el molde del viento.. el niño que no debió nacer. encendido y horrible. —Cambiando de tema —dijo el viento—..

—De acuerdo. —Volvió a lloriquear. podía cobrarle la hechura y entregárselo a la madre.. —¿Sos la costurera entonces? ¿La esposa de Ramón Siffoni? —Sí. —interrumpió Delia su meditación. —Ahora empiezo a entender. —Nosotros dos.. Yo traía un costurero. con todo lo que tiene adentro. ya que era su trabajo.. —Yo nunca me aburro —dijo el viento.. Pero nunca se sabía.... al menos de su eternidad de viento.. —Ya te dije que podía traerte tu casa. Tardó en reponerse. que ahora estaba toda negra y en poder de ese camionero salvaje. —Nosotros dos. Pero aquí. seguramente las cosas se dispersaron.. en todo caso. y lo perdí. chillona. ¿No me las podría juntar y traérmelo? —No te preocupes. —La tela la puso la clienta —dijo—. bien pensado. Creí que lo sabía. cuando estoy en mi casa. ya estaba prácticamente terminado. Todo empieza a coincidir. Soy muy bueno encontrando agujas perdidas en la Patagonia. Había estado enamorado desde toda la eternidad. pero dame tiempo. y el viento. fuera a necesitarlo. El viento casi se cae de espaldas. paradójicamente impredecible. Y ahora que la historia empezaba a desplegarse frente a él. —Lo que no sé es qué puedo hacer mientras tanto... El viento estaba enamorado.. —Señor. —¿Sí? —Usted me dijo que podía traerme lo que le pidiera. ¿para qué? No parecía como si la Balero. La costurera. era razonable pedirlo. Quién sabe dónde estará a estas horas. —Yo tampoco. —Una cosita más. la encontraba de pronto demasiado real. si no es mucha molestia. . Además. y me lo va a reclamar.—¡¿No me digas que sos costurera?! —Sí. —¿No me traería el vestido? —¿Para qué lo querés? Sí.

Ramón Siffoni se quedó a pie para siempre. ¿Era posible que un fenómeno meteorológico se hubiera enamorado de ella? Además. —Pero nunca se lo has dicho. porque tenía un nudo en la garganta. Yo te haría compañía. Lo intentó. Delia.. se hizo invisible y nadie volverá a conducirlo nunca. Delia estaba aterrada. —¡Qué poco romántica que sos! —Una pausa. ¿Estás enamorada de tu marido? ¿Te casaste por amor? —¿Y por qué iba a casarme si no? —Para no quedarte solterona. —¿Querés decírselo? En un arrebato. era contradictorio: ¿cómo iban a estar a salvo. Ese camión rojo. y perdió el camión. y encima un monstruo. los vecinos. para ella la casa era también la calle. en el matrimonio. el barrio. No se dignó responder. Delia. pensó Delia con desesperación. De eso no habría querido hablar con el viento. Las intenciones de Ventarrón se hacían claras.. —Tengo que hacerte una pregunta. Odió al viento por su sadismo. Y estaban su marido y su hijo. ¡No la quiero! No se le ocurría idea más deprimente que su casa puesta allí en medio del desierto. y la llenaban de pavor. —Estaríamos muy cómodos. a salvo. vos aquí en tu casa. haciendo la comida.. —No es necesario. —¿Lo querés? —Sí. Quizás no habría podido hacerlo. —¿En serio? —Y no podrá recuperarlo. pero su vicio se interpuso (ya sabes a qué me refiero). con un camionero loco.—No.. ¡Nunca volveré a Pringles!. Que le ofrecieran la casa sola era como si quisieran pagarle con una moneda inconcebible que tuviera un solo lado. limpiando. viviríamos felices. Delia olvidó toda prudencia: . al que estabas tan acostumbrada. buscándola para destruirla? No era una perspectiva muy tranquilizadora. te traería todo lo que quisieras. Delia. cosiendo. no. pero fue él quien sacó el tema: —¿Te gustaría que tu marido viniera a buscarte? —No podrá hacerlo...

¿Su voz podría ir más allá? Su voz estaba en el corazón de su marido. A ver ahora.. otra vez fallé. a que se ocupe la mesa de al lado y me vea.. si fuera preciso. y pasan los minutos.. ya deben de haberlo advertido todos los parroquianos. No.. es más fuerte que yo..... —dijo... tengo una cita.... Viene hacia aquí. esperar a que vuelva hacia aquí. Delia alzó la cabeza y miró el horizonte allá al fin de la meseta. se escabulliría.. por supuesto. A esta altura sigo aquí contra mi voluntad. Todo parecía muy pequeño.. Atrévete y decíselo. ¡Qué grande era el mundo! ¡Y qué lejos estaba ella! ¡Adónde había venido a parar! ¡Nunca volvería a Pringles! ¡Nunca! —Ramón. Si me alcanzara con las monedas se las dejaría en la mesa.. el fantasma de la Place Clichy. cada giro que da yo esbozo mi gesto. Debería haberme ido hace rato. estoy clavado en mi silla... —Otra pausa. libre como un pájaro.. llamarlo con la mano. Sé que ir a buscarlo sería inútil. y aquí es igual que en todo el mundo: los mozos nunca miran. Revisé varias veces el ticket. parece hecho a propósito. Estuve dos horas escribiendo en esta mesa (él debe de pensar que si me quedé dos .. todos menos él.—¡Ojalá estuviera aquí para decírselo! ¡Ojalá! —No es necesario que esté aquí. Estoy sentado en un café de la Place Clichy. dan seis francos con noventa y el café cuesta siete. simplemente no puedo. va a tener que darme cambio de cincuenta francos... hago raspar las patas contra el piso para que se le ocurra mirarme. Pero no tengo.. conté las monedas de atrás para adelante y de adelante para atrás y no me alcanza por un pelo. Pero no puedo llamar al mozo. Es tanta mi impaciencia que si tuviera un billete de diez se lo dejaría. Es por eso que necesito que venga el mozo.. además de grotesco. pondría mis huevitos metálicos y saldría volando.. y mi bolsillo.. me volvería el hombre invisible... El viento esperaba. tengo que irme. Y quiero irme.. y el viento rugió y se fue. eso es lo peor.. La muevo. debo de tener un aire suplicante. y sin embargo ella sabía que era muy grande. —Decíselo. Tengo la vista fija en él.. Quedo reducido a esperar a que me mire para hacerle un gesto. no tengo más chico. Yo podría llevar tus palabras al otro lado del mundo. y los otros mozos.. ahí sí.. No me queda más que esperar la próxima oportunidad..

Tengo veinte minutos de Metro por lo menos. el cielo se llenaría con mis aullidos de mudo! Dirás que he abusado de la lectura de Leibniz..horas. cosa que hago sólo cuando me dirigen la palabra... y en el entusiasmo de la inspiración. o cinco. o al menos un inválido. y enrollarlo en mí. como a todos los hombres. bien puedo quedarme tres.. ¿y después? Mi voz se ha atrofiado en mi garganta.... si no me sirve de nada? ¿No deberías haberme dado con ella la capacidad de usarla? ¿Qué te costaba? ¿No te parece un sarcasmo... o hasta que cierren). estaría más tranquilo! ¡Entonces podría gritar.. Esto empieza a parecer definitivo: no va a mirarme nunca... y gritaría todo el tiempo. pero ¿no te parece que. Pero yo no puedo.. apenas adecuado para transportar a muy corta distancia mis dudas e ignorancias. dadas estas .. Hago agujeros en el cuaderno cada vez que pongo puntos suspensivos. nunca lo haré.. pero. que ahora maldigo.. y yo clavado aquí.. Supongo que de recién nacido yo también podía gritar llamando a mi mamá... nunca lo he hecho. volador. seguí y seguí hasta terminar el capítulo anterior.. ¿Hace diez minutos que lo estoy intentando? ¿Quince? Ya no quiero mirar el reloj. y cuando miré el reloj me quise morir. Ya debería estar en esa cena. en algún momento debería mirarme. como una manía. lo que sale es un balbuceo gangoso y amanerado. nunca. muda por supuesto. casi un sadismo. Señor. y los minutos pasan y yo sigo buscando la mirada del mozo. el cuerpo. si no saco la mirada de su cabeza.. nunca. interior. como los fantasmas.. ¡Si al menos me hubieras hecho mudo. pero yo la pronuncio y la oigo con la mayor claridad: "Señor. ya que no puede evitar mirar algo. Tanta gente lo hace. ¿para qué me diste la voz. y cuando hablo. Lo miro a él. Nunca en mi vida he llamado a un mozo si no es con oficio mudo (y he escrito todas mis novelas en cafés). me estarán esperando... Y pensar que habría sido tan fácil hacerlo venir ni bien vi la hora: bastaba con llamarlo en voz alta. un huésped que no quiere irse. en un hechizo de interioridad? Es como si llevara un cadáver adentro.. Y entonces se levanta dentro de mí una ardiente recriminación a mi Creador. No sé cómo puedo estar escribiendo esto. de ese instrumento maravilloso que atraviesa el aire como un mensajero del cuerpo inmóvil y es el cuerpo bajo otra forma. La ley de probabilidades debería estar a mi favor. hacerme dueño..

Y no es una analogía. coincide en cada uno de sus giros tornasolados. sino una nueva disposición de lo mismo. El viento se fue con las palabras de amor montadas en sus lomos. En su vida había una sola restricción a la libertad total: la Fuerza de Coriolis. lo indecible es lo que está en un lugar de una historia. se torcía. son la misma pero expuestas al revés. creen poder hacer con ellas un continuo de amor que dura por siempre. deberías mover la cabeza del mozo de modo que me vea?" Delia. es decir cuando se llega a él después de la deducción del mundo. a las palabras de amor los amantes creen poder abrazarlas. No importa el volumen de la voz. realidad mía. Se sacudía. para sacárselas de encima. no sé si existe en mi vida.. la historia tiene rincones y repliegues. como hace Leibniz cuando dice "y es a esto a lo que llamamos Dios". y atravesó grandísimas distancias en todas direcciones. Es lo que mantiene a todos los vientos pegados al planeta. meterlas en los intersticios de la Patagonia... aventura. Y sobre todo (pero es lo mismo) importa lo que se diga. en la disposición de la historia hay un puente de plata. es como Dios.... del cuerpo al alma. apuntarlas para otro lado. El continuo. El viento también tenía mucho que aprender.. Ahora hablándote a vos. Salvando las distancias. Igual que el amor. pero no lograba más que darlas vuelta. Pero no sé si lo encontraría. que no es otra cosa que la fuerza de gravedad aplicada a su masa. La voz por su parte tiene la peculiaridad de que en su desprendimiento se lleva el peso del cuerpo del que ha salido.. el sentido.circunstancias. La clase de discurso que pone a Dios al principio es el modelo y madre de lo que llamamos "la ficción". Una palabra a tiempo lo puede todo. Había quedado en el desprendimiento de la voz. por ese puente. en vos se hace destino.. Lo que en mí es incidente minúsculo. como ese peso es la realidad de lo erótico. o al principio: "Dios creó.. A Dios se lo puede poner en dos lugares diferentes del discurso: al final.." No son teologías distintas. en mi silencio. cercanías y distancias. justamente. un continuo... ¿tu historia no se parece a la mía? Es la misma... No debo olvidar que antes .. me dedicaría a buscar lo indecible. y por ese continuo avanza la historia. por otro nombre: la confesión. sino el lugar de la historia en que se hable. Si yo hiciera literatura confesional. de la voz al sentido.

Palabras de amor. Estaba a pie. "El viento dijo. en un desierto sin fin. quizás por ser tan pequeño justamente. mientras tanto. aunque nunca se explicó. Pero es siempre comienzo... quedarse a pie era grave.. aparentemente por voluntad o falta de voluntad de él.. pero se las arreglaban para ir y venir en ellos todo el tiempo... ese pasatiempo apasionado del que Delia era especialista. quedó un lapso blanco entre la boda y la consumación. Palabras viajeras. del principio al fin. el día anterior: no olvidemos que Delia había perdido un día. Habían consumado el matrimonio un tiempo después de casados. A eso me refería. al hablar del olvido. y si no no iban ni venían. Si yo entrara en la conciencia de Delia como podría hacerlo un narrador omnisciente. el pueblito era un pañuelo. no es más que un método como cualquier otro.. Es un comienzo. en buena medida. Quiero decir." no es tan absurdo. Algo parecido sucedía con la maledicencia de vecinas.. Si alguien además de ellos dos lo hubiera sabido. Ramón iba más lejos que otros en ese sistema . En esos desplazamientos que se les antojaban agradablemente mecánicos creían vencer al tiempo y al espacio. comienzo en todo momento. No era para menos. no habría valido la pena que le preguntara el por qué a Delia. el recuerdo. de los que no se resuelven nunca).. pero por algún motivo. de los que andan por milagro. los pobres en unos vehículos antiquísimos. porque no habría sabido qué responder. Mi abuela decía: "hasta a la letrina van en auto".de mi viaje me propuse escribir una novela. etcétera: a esas cosas que parecen un secreto que alguien guarda.. palabras que se posan para siempre en la balanza de un corazón de hombre. Para un pringlense de aquel entonces. andar a pie no daba resultados. descubriría con sorpresa y quizás cierto desencanto que la maledicencia no existe en el fuero íntimo. desorientado y de mal humor. como no valía la pena que Delia se lo preguntara a sí misma.. andaba perdido por la meseta hiperllana. ¡Pero era ella misma la que se sorprendía! Y descubría su sorpresa cuando ella era su propia narradora omnisciente.. En la historia anterior de Delia y Ramón había un enigma pequeño y secreto (pero la vida está llena de enigmas. pero que no guarda nadie. es decir. Todo el mundo andaba motorizado. Ramón.

. sin saberlo él. sin vehículo. era un modo de vivir. Y ahora. que es por definición lo que siempre da la espalda. Lo primero fueron los restos de un . encontraba que el momento había llegado. En su caso tenía más importancia. por supuesto. de modo que no podían sino llevar la disposición consigo a todas partes. ¿a qué? Imposible saberlo. Había empezado en algún momento. sucedía que llevaban la disposición con ellos a todas partes donde fueran. cuando llegó. Entre ellos circular a toda velocidad. un concierto de valores que se decían sus secretos a distancia. y éste también. Y aunque en el desierto no hay nada.. El Chiquito se había apoderado de todo. Todos los momentos llegan. encontró algunas cosas sorprendentes. Hasta que se decidiera a mirar de frente la ilusión. al azar. Ramón había creído. casi infinitas.. había toda una constelación de esa clase de gente. no era el único jugador compulsivo en Pringles. tratando de mantener líneas rectas para cruzar más terreno. hasta que él se decidiera... como crecen las cosas en los pueblos. ya otras veces le había pasado. una jerarquía de iguales. Caminó toda la mañana.subjetivo. El juego mismo era una disposición.... era más emocionante. y sobre todo para no volver al hotel del que había huido. y casi de inmediato había abarcado todo uno de esos universos particulares. muchas. ese momento. no era un monstruo. por jugador.. inclusive fuera del pueblo. en que Ramón advirtió que la apuesta podía haberse hecho de todos modos. El combate de Ramón Siffoni con el Chiquito había ido creciendo con el tiempo.. y ahora no sabía si había sucedido o no. no sin ingenuidad. casi en una simultaneidad exaltante de números y figuras. y tenía otras cosas que jugar antes. Se había pronosticado a sí mismo que esto sucedería.. No era el único en pasear sobre esas ilusiones.. caminando por donde no había caminos ni modo de encontrarlos. Pero hubo un momento. ni mucho menos. cada cambio de lugar tenía su importancia. que le sería posible mantener el combate en un estado estable. cada uno en su punto del cielo negro de la noche del jugador. en realidad. eran los que seguían jugando aun cuando abandonaban la mesa de paño verde al amanecer. Según la broma popular. en sus autos o camionetas. el sol salía para que ellos siguieran jugando sin saberlo. a los campos que lo rodeaban. ¿De qué? ¿De su esposa? Él nunca se jugaría a Delia a las cartas.

Calculó que el choque había sucedido a una formidable velocidad. justamente. y se la diría de un nácar marrón. Parecía un armario bombé. por pura curiosidad. Era un taxi: tenía el reloj con la banderita. El segundo encuentro fue con algo semienterrado. podía servir como . de otro modo no se explicaba ese aplastamiento. si alguien quería recuperar esta chatarra. Lo que asomaba era apenas un fragmento. no sabía por qué (ni siquiera podía refugiarse ahí en caso de lluvia. porque la capota había quedado abajo de las ruedas reventadas). Con una costilla suelta cavó. medía ocho metros de largo. estaba como cristalizada y se rompía y dispersaba de un soplo. era una de sus tantas habilidades de ocioso. Lo estuvo rondando un poco. hacía un ruidito seco. y no parecía que hubiera muerto nadie en el accidente: al menos no se veía sangre. más o menos.. Ramón entendía bastante de mecánica.. No había cadáveres adentro. de una membrana gruesa y blanca.Chrysler negro. Ramón se sorprendió al ver lo liviana que era. y todo el espacio del asiento delantero había quedado más o menos intacto. a madera. porque la carrocería se había retorcido de tal modo que ya no tenía ni atrás ni adelante. rebordes. sólidos. trabajada hasta el último milímetro con orlas islámicas. nudos. chocado y tirado por ahí. perfectos. Tomó mentalmente las coordenadas. hasta dejar al descubierto la caparazón entera. de un ballenato. Esto sí. No sólo estaba intacta la parte convexa superior. acanastado. De hecho. Siguió adelante. uno de esos motores antiguos. sino también la inferior. Cuando fue a acomodar a un costado de la excavación esa enorme estructura. Golpeada. pero al menos era una cosa. cinco de ancho. un descubrimiento. sin un agujero. En vida eso habría sido un armadillo del tamaño. el taxista. y tres de alto en el centro. plana. Se metió adentro. tanto que había quedado casi intacto. Y la patente era de Pringles. Que un auto tan viejo pudiera alcanzar esa velocidad era mérito del motor. pero una vez que lo examinó de cerca vio que era la carcaza magnífica de un tatú gigante de la era paleozoica. pero estaba fuera de cuestión volver a hacer funcionar esta ruina. algo a lo que podía volver. se parecía sobrenaturalmente al Chrysler de su amigo Zaralegui. pero descubrió que la tierra que lo aprisionaba era fragilísima. La caparazón estaba perfecta. lo utilizable sería el motor.

¿Pero cómo traer hasta aquí el motor y las demás partes que necesitaba del auto? No era necesario traerlo. El nácar de la caparazón no era del todo opaco. Pero no resultó tan fácil. Lo que había pensado había sido sacar las llantas de las ruedas. y caminar. la punta para arriba. y le ponía el motor del Chrysler. Efectivamente. pero muy despacio. a descansar y pensar. un cono alargado. pero quizás no lo fuera. pero no lo tiene junto. Estaba vacío también. y fabricar una especie de carretilla en la que transportar el motor hasta la caparazón. si tuviera sillones y una mesa ratona sería una acogedora salita. y tanto es así que a veces he llegado a pensar si no se me ocurrirá una idea con el solo fin de provocar la ocurrencia de otra). Tuvo que cavar un poco más. y como era tan liviano pudo erguirlo. y cuatro abajo. y le llevaría días hacer los dos o tres kilómetros que lo separaban del auto.. aunque . y le sorprendió que en la abertura posterior no hubiera nada colgando. Se le había ocurrido una idea que parecía una locura. Era un poco como el juego: a veces uno tiene todo lo necesario para una mano ganadora. dejaba pasar una luz muy cálida... sacó por las aberturas (había seis: una adelante y una atrás.refugio... como en una alfombra blanca de la prehistoria. Había estado trabajando horas. y los palieres. pero la encontró: era una especie de cuerno. y se quedó adentro admirando ese prodigio de la antigüedad.. Se le ocurrió otra idea (lo que no es tan admirable: en general cuando a uno se le ocurre una idea. y amplio.. y así fue.. y las llantas de sus ruedas. y vaciarlo de tierra y piedritas. Volvió a meterse adentro y se tendió en la membrana. curvado y terminado en una punta muy afinada.. Quizás se había desprendido. Lo limpió. del mismo material.. Recordó que ese tipo de animales tenían una cola también acorazada. para las patas) los restos de huesos. por supuesto. Se adormeció en una ensoñación mecánica. para la cabeza y la cola.. Si tomaba a este fósil como una carrocería. podía moverla. de unos seis o siete metros. después se le ocurre otra. Podía ponerse de pie adentro. Salió a probar. muy dorada. Salió caminando en dirección del Chrysler. pero confiaba en poder hacerlo. y se había cubierto de sudor. Faltaba que lo volviera a encontrar. La falta de herramientas contribuía. con mucha dificultad. podía ir hasta allá con la caparazón.. despejado. Salió y buscó alrededor.

tornillo por tornillo. atrás del asiento. Más práctico sería proceder al revés. por así decir. Se durmió de inmediato. Lo que más le gustaba era que cambiaba totalmente el aspecto de los restos: con esa especie de cuerno al frente ya no parecía un tatú. Metió adentro la cola. le pareció. lento al principio. viajando. con el cuerno por delante. con algún pequeño detalle trocado! Lo que era impresionante era el ruido que hacía. sujeto con grampas. el ventilador. lo había hecho por estética nada más... se transformaba por completo mediante un trámite tan sencillo como cambiar de lugar la cola. Así que estacionó en cualquier parte (cualquiera daba lo mismo) y se acostó en la membrana. Listo.en la colapsada guantera del taxi encontró un destornillador providencial. a la abertura delantera. después más rápido. El paso siguiente era ponerlo en marcha y probarlo. Porque había puesto el cono-cola del tatú como trompa a su vehículo. El aparato andaba. hacer esa especie de carretilla que había pensado era un delirio. Lo empujó. Hizo cuatro viajes hasta la excavación. etcétera. Es más fácil contarlo que hacerlo. pensó que podía tener que insertarla de vuelta en su lugar para que actuara como timón. de modo precario. un viaje más para llevar los palieres.. y el avance se hizo perfectamente fácil. Al fin tuvo las cuatro llantas desprendidas (el círculo no se había deformado en ninguna de las cuatro). Las poleas. el tanque de nafta... pensó. Cayó la noche y seguía viajando. El ronquido del motor resonaba en el gran óvalo hueco y se volvía un trueno. por si le era útil. No le llevó mucho tiempo salirse con la suya. lo había atornillado. lo que parece más inherente a su ser. y con ayuda del servicial destornillador logró colocarlas.. serán en realidad las mismas. Lo hizo. Como no había dormido la noche anterior. Quedaba bien. lo más eterno. Cerca del amanecer. las ruedas. Le hizo pensar qué fácil era cambiar el aspecto de algo. llevando cada una de las ruedas. no por aerodinámica. Primero desarmó toda la chatarra. Hizo un bricolage brillante. lo despertó una brusca . colocó el motor adelante. se caía de sueño. ¡Cuántas cosas que parecen distintas. pero en su caso fue facilísimo. que es la función que tiene en el animal vivo. Le sobraba lugar. los palieres. en las cuatro aberturas de las patas. abajo del tatú.

que había empezado a temblar. había calzado justo en la abertura de la cola. esta más prolongada. Y siguió haciéndolo mientras él se levantaba. Lo escalofriante era la forma que tenía el Monstruo.. El vehículo se precipitó hacia adelante.. ahora un poco menos.... Lo empuñó y sacó la mano por la medialuna. o era un ojo) el espejito asomando de la ranura y brillante por la luna a la que apuntaba. puso el contacto..... cuando una segunda sacudida. no necesitaba ser muy grande para provocar esas sacudidas. por lo liviana que era la estructura. como el Omar estaba trepado siempre al camión del Chiquito. Cuando se sentó. que se estaba poniendo. Era evidente que algún animal se había trepado. apretó el acelerador. el niño monstruo. los pastos no se movían. El círculo de la luna.. fluidas y fijas a la vez. entumecido y lleno de sueño todavía. Más que una forma. miró por la media luna que había dejado libre en la parte superior del hueco delantero. y no bien pudo orientar su atención notó que los golpes y rasguños venían de arriba. La meseta estaba penumbrosa y tranquila. Confiaba en que los Aira hubieran . con el Monstruo dando tumbos arriba. Todo daba tumbos en su mente igual que esa criatura en la capota de su paleomóvil. que había tenido la precaución de traer.sacudida. Pero el armatoste seguía vibrando. que era la única entrada o salida del vehículo. pero nadie había visto nada tan feo. A los niños les gustaba eso. Omar.... sobre el volante.. Apenas atinaba a pensar si habría estado soñando. volvió a mecerlo. de la cúpula de la maravillosa caparazón nacarada. Trepado a la capota. Lo que vio le heló la sangre de espanto. y viceversa. A Omar lo veía duplicado en su amigo inseparable César Aira.. Tanto se bamboleaba la caparazón que Ramón se cayó tres veces antes de poder asirse del respaldo del asiento. Se decidió a averiguar usando el espejito retrovisor del Chrysler. Ramón nunca había visto nada tan feo.. el niño perdido. apuntándolo hacia atrás. Ramón metió adentro la mano. o un ojo. que hacía de parabrisas sin vidrio. y se extendió hacia él. Era el Monstruo. pero de todos modos podía ser peligroso. se trataba de una acumulación de formas. Era un niño monstruo. el juego... Eso no tenía explicación.. El Monstruo había visto (porque tenía ojos.. fluidas en el espacio y fijas en el tiempo.....

.. como en el cuento de los osos: entraba a una casa vacía. A veces el miedo se transfiere de la madre al padre.alojado a Omar y le hubieran dado de comer esa noche y la anterior. a parir un monstruo. que el niño perdido estuviera en su casa. Era muy regional. Éramos unos chicos sanos. los distintos mundos sucesivos que sumados son la vida. Entonces el miedo se transformaba. el plasma. el miedo. tan perfeccionistas. que un camionero no se pierda nunca porque viaja con su casa a cuestas como Raymond Roussel.. era la biología. que un monstruo los persiga... los mundos cambian.. Que sean los padres los que desaparezcan. Simplificando en el sentido de lo sucesivo. dentro de todo.. Uno de los avatares del miedo es: que el niño se pierda. Ahora me acuerdo de una golosina que adorábamos los chicos de Pringles en aquel entonces. Todo es cuestión de transformación de miedos: eso vuelve a la sociedad lábil. Era una bolita envuelta en papel manteca. sólo sé que hoy no existe. bastante lindos. el niño registra estas oscilaciones y se transforma en consecuencia... seguía su curso... acompañada de .. la lava. indiferente y aristocrática. se preguntaba quién viviría allí. Adorábamos a nuestras mamás y venerábamos a nuestros papás. no sé quién lo habrá inventado ni en qué época desapareció. La realidad. que el viento se enamore de la mamá. etc. Daba lo mismo que fuera su casa. normales. en el fondo eso no tenía importancia. es parte de la literatura.. una especie de antecedente de lo que después fue el chicle. y les teníamos algo de miedo también. Eso no lo hacía menos "niño perdido".. sin saberlo... como la roca flota sobre la cresta de la lava al final de Viaje al centro de la Tierra . primero estaba el miedo de las embarazadas (es decir que empezaba antes de que empezáramos nosotros mismos). podría decirse. Y sin embargo. eran tan estrictos. etc. y los padres dando vueltas en el desierto a cientos de leguas de distancia. en cualquier momento podían irrumpir los dueños. desaparezca.. Creo que éramos la quintaesencia de la normalidad pequeño-burguesa. cambiante. buenos alumnos. y mucho más que queda por ver... Era un detalle sin peso decisivo en el sentido de la historia. a veces no. todo eso. Pero qué paradójico. todo se apoyaba en el miedo.. con la sensación de inminencia.. etc. que hubiera vivido ahí toda la vida.

y no valía la pena enamorarse de una forma porque ya era otra. que no se derritió... al que la exponíamos clavándola a la punta del palito. que a nosotros nos dejaba iguales (se limitaba a despeinarnos) a la masa la transfiguraba sin cesar. y mi muñeco me recibía con ocho brazos.. la nariz en la nuca. A veces en esas ocasiones. haciendo más honor a su nombre que a su físico hercúleo. pero se veía bien. o jorobado. como para Omar. su gesto un poco infantil. el ombligo en la espalda. en una cualquiera de las formas que nos habían estado encantando durante largos minutos. Los vecinos elogiaban su corazón. que originalmente. Cuando salí. Pero hubo un muñeco. hasta que de pronto se había solidificado. La sacábamos... una hora o dos antes. cuando el Chiquito se había detenido a hacerlo antes de marcharse. o más a menudo con una torsión picassiana. Era como tener una nube portátil. al amanecer. o cristalizado. y crecía mucho en volumen. cuando yo salía. sólo para darme una fugaz sorpresa. sabíamos que estaba lista cuando ya no nos entraba en la boca. Era casi de noche todavía. y la comíamos como un chupetín. un muñeco de nieve en la puerta de mi casa... Para mí. Dije antes.. el Chiquito era un héroe.un palito suelto. Era sano y entretenido. Había que masticarla hasta que se pusiera esponjosa.. Debía de ser por eso que era una golosina regional: los vientos de Pringles son cuchilladas.. Pero en el intervalo la nevada había terminado. un placer. y verla cambiar y sugerir toda clase de cosas. para cuando yo saliera a la escuela. de un metro y medio de alto. y otra. Nadie me había dicho que había nevado. que no conocíamos su vida secreta. había empezado a soplar el . que cuando nevaba por la noche el Chiquito me dejaba de regalo. El viento. A mi regreso al mediodía ya no quedaba nada: se había derretido. los dos hombros del mismo lado. de modelar un muñeco con la nieve a esas horas imposibles a las que partía. pegué un respingo. creo. y se había transformado en una masa livianísima que tenía la propiedad de cambiar de forma modelada por el viento. ya había soplado el viento. todo muy casero. habría sido uno de esos simpáticos enanos rechonchos que son siempre los muñecos de nieve.. con su camión grande como una cordillera y sus viajes por toda la maravillosa Argentina. dos o tres inviernos antes del verano en que sucede la acción de esta novela. delante de mí tenía un muñeco..

que ya había leído (¡a los ocho años! ¡qué insoportable debo de haber sido!). En eso no podía ayudarlo. habló el viento: —Eso puede arreglarse.. y te dejes moldear siempre. —¡Entonces acepto. Entonces.. Trato hecho. suele decir "trágame tierra" —le dije. Yo era muy pedante y sabihondo ya de chico. por nosotros los vientos. me divertía tanto que solté una carcajada. —Pero mira que allá soplamos mil veces más fuerte que aquí. qué más da. Eso no me asustaba... donde el sol no derrite la nieve. a cada instante. que no aceptaba quedar al margen en ninguna conversación: —Tenga cuidado. —¿Y no voy a morirme? —Nunca.. mocoso! —Y al viento: —¿Cuáles son las condiciones? —Una sola: que me dejes llevarte a la Patagonia. No tuve nada que decir (igual no me habrían llevado el apunte) porque el negocio me parecía bastante razonable.. Me quedé callado. —Cuando salga el sol —me dijo—... y no falta mucho. para mi sorpresa. —Me proponía contarles con lujo de detalles el argumento de El Hombre que Vendió su Sombra.. vamos. Tampoco me preocupaba que dentro de unas horas el muñeco se hubiera derretido. —No exageres. Pero el muñeco me interrumpió: —¡Si yo no tengo alma. —Cuando uno mete la pata. pero nunca tendrás dos veces la misma forma. ¿Pero no parecía siempre razonable en esos casos? ¿No era la trampa suprema del diablo? Salvo que en este caso tratándose de un . y el muñeco se modificó por los cuatro costados. mire que esto se parece a una de esas compras de alma que suele hacer el diablo. por el contrario. sea lo que sea! Ahí intervine yo.. Vivirás para siempre. —¡Pero yo no lo digo! No quiero morir. —¡Qué ganga! Si ya me cambiaste de forma. por ejemplo en. Y de todos modos. El Muñeco: —¿Cómo? —Tendrás que aceptar los términos que te imponga. me haré agua y me tragará la tierra.viento. Pero a él sí lo preocupaba.

con todo lo que pasó en ella. como instante. Yo lo busco. Es una devoración.. hasta tener la novela entera en mi cabeza.. Vi cómo el viento alzaba al muñeco con un ¡Upa! atorbellinado. De todos modos. sí parecía razonable en serio.. y se lo llevaba por el aire gris del amanecer. El olvido es como una gran alquimia sin secretos. terminemos.. un papel. la mónada totalmente desplegada pero como punto. en una locura de arte... con esa idea de aventura. el Aleph. sobre la Costurera y el Viento. Hace de nuestra vida. con una cosita perfectamente gris. debería haberlo pensado mejor.. perdida y esperando.. esta cosa visible y tangible que tenemos en las manos... Perder es dejarse olvidadas las cosas en los cafés.. límpida. desde que había . Había dejado a Delia en el crepúsculo.. una pelusa... un souvenir precioso.. no fue casi nada. Nunca supe qué hice aquella tarde perdida. ya sin repliegues ocultos en el pasado. Un esfuerzo más. que no fue tanto. En lugar de ponerme a escribir... —¿Y esto? —Es lo único que encontré. Me gustaría que todos los elementos dispersos de la fábula se reunieran al fin en un instante soberano. En fin. transforma todo en presente. Lo persigo como el pago merecido de mi hastío y nostalgias. —No encontré el vestido ni el costurero.. y en ese caso mis esfuerzos serían vanos. O al menos..... sin trampa escondida.. no sé para qué los querías. de lo sucesivo.muñeco de nieve. en cuyo pequeño hueco Delia pensaba que cabía toda su vida. Y sin embargo.. En lo perdido se reúne todo. Todo se metaboliza. Perder el tiempo en los cafés. ¿Para qué trabajar? Preferiría haber terminado ya..... al fin... Lo siento. Era mío. Todo el proyecto como un punto. Era un dedal de plata. y sólo entonces. no digo renunciar a lo sucesivo que hace la aventura. Mi vida puesta en el presente. ¿Es tuyo? —Sí.. o ni siquiera entonces. pero imaginarme de antemano todo lo que pasa en lo sucesivo. Salvo que quizás no haya que trabajar para lograrlo. al olvido. Nunca supe qué hice esa tarde perdida. Ya que estoy. Uno puede perder el paraguas. Volvió el viento... un diamante.

o que se precipitaba en un abismo insensato. allá en Pringles. el Monstruo y el Muñeco de Nieve del bracete con el Vestido de Novia vacío. Probó de dar un paso al costado. y de eso me encargo yo. en una cruz perfecta cuyo centro era ella. todo lo que te dicte tu deseo. el Paleomóvil. de Kandinsky.) No había nada que hacer. por segunda vez. es una ley del pensamiento. Si ya antes en el transcurso de esta aventura se habían dado motivos de espanto. así que lo miró. La función de los lugares realmente grandes. no importa el tamaño que tenga. era que el Monstruo la había encontrado. que soy muy bueno frotando. Venía gente. lo principal. Y ahora que le parecía que su vida terminaba. pero oyó un ruido lejano y levantó la vista. Sólo tendrás que frotarlo hasta que brille cada vez que pidas algo. y los cuatro ángulos rectos se trasladaron con ella. Era realmente horrible.nacido. De él podrás sacar todo lo que quieras. Eran juguetes. porque al fin había encontrado una buena contestación. Miniaturas. y la Patagonia es el más grande de todos. En este caso. Cuatro. Lo he transmutado en el Dedal Patagónico. El encuentro sería simultáneo. Delia se disponía a responderle. veía que había valido la pena vivirla. Y gritaba: —¡Voy a matarte! ¡Carroña! ¡Arrastrada! —¡No! ¡No! —¡Sí! ¡Voy a matarte! —¡Aaaah! —¡Aaaaaaah! Delia cayó de rodillas. —No es un dedal corriente —dijo el viento—. Estos últimos venían a pasitos medidos como novios encaminándose al altar. éste los superó . levantó la vista. por los cuatro lados. Pero hasta lo simultáneo tiene una jerarquía interior. es permitir que las cosas se hagan de veras pequeñas. y resultaba obvio que harían colisión en el punto donde estaba Delia. y venían de los cuatro puntos cardinales. El camión del Chiquito. (A mí jamás se me habría ocurrido una imagen tan apropiada del instante como catástrofe. Como un cuadro abstracto. Pero la velocidad era la misma para los cuatro. Cerró los ojos. Desde allí. lo irremediable. El Monstruo venía hacia ella. Ante ese hecho no valía la pena cerrar los ojos. Lo lejano se ha hecho pequeño.

Estaba en la Patagonia. Se acercaron sin sacarse la vista de encima. sacó una pierna. Del otro. Ya estoy retrasado.. Los ojos de Ramón desaparecieron de la ranura y poco después salía por atrás. El primero llevaba al lado a una Silvia Balero descompuesta y aturdida como un zombi. en lo ilimitado. —Todos tenemos problemas. El caballero don Ventarrón. ... —Buenas tardes —dijo el Chiquito—.y trascendió a todos. Dejemos en ella a Delia. se veían apenas los ojos por la medialuna estrecha encima de la trompa de su tatú rodante. Voy a buscar una carga.. Al fin el camionero abrió la portezuela. Sopló furiosamente. Habría salido corriendo. Se imaginará su estado. El instante también tiene su eternidad.. —¡Callate. ¡Qué poco podía hacer el viento contra una transformación! El viento es viento. Yo también. como última defensa. El Chiquito y Ramón frenaron sus vehículos a cierta distancia y se estudiaron un momento.. —Es que la señorita tiene la mayor urgencia por estar en Pringles. Los separaban unos pocos metros. y desde aquí es difícil conseguir transporte. se interpuso el viento. Tengo que pedirle un favor. pero no era más que aire.. —¡No me mate! —gritó. —De acuerdo. puta! —¡No soy eso que usted dice! ¡Soy costurera! —¡Callate! ¡No me hagas reír! ¡Grrragh! Había crecido mucho. ¿Cómo podía haberse enamorado de Delia? ¿Cómo podía habérselo creído ella? No se puede ser tan inocente. Entonces. Tuvo un accidente.. pero el Monstruo se rió más fuerte. Mañana a las diez se casa. —¿Se casa? —Así me dijo. No la aguanto más. Soplaba a lo loco tratando de frenar al Monstruo. Pero no había adonde ir. me están esperando desde esta mañana en Esquel. el paladín.. mientras me ocupo de los otros invitados. —¿Y usted? —Sigo para el sur. si va para Pringles: que lleve a esta señorita. Está histérica. y no tenía adonde ir: no fue la menor de las paradojas del momento.. —Pero después vuelve. y nada más. y seguramente tendrá lugar para ella.

Alguien va a pasar. —Escuche. comedido. con ellas se habían puesto de acuerdo. El viento.. poder puedo. En realidad ya lo sabía. sino lo otro. que era una excusa. y sacó del bolsillo de la camisa el antifaz. No le hago favores a nadie. dos sillas. Pero es capaz de hacerme un juicio. de una punta a la otra se veían pequeñitos. ¿No podría hacerme la gauchada? —Usted me conoce bien. El viento mezcló y repartió. Se sentaron. sin necesidad de entrar en detalles. un tapete verde. Se quedaron en silencio un momento. La mesa era demasiado grande. más tranquilo. con los ojos entrecerrados. Se la ganó al poker. El Chiquito suspiró. Larralde. Ramón. 5 de julio de 1991 . yo me la encontré por ahí. París. para que el otro lo viera—. como dos chinos. Y no lo de Silvia Balero. trajo de más allá del horizonte todo lo necesario: una mesa. —Sí.. no podía dejarla en medio del campo. Me la ganó a mí. Decidirían los naipes. Estas palabras eran una contraseña. propuso: —Puede dejarla al borde del camino nomás. pero había querido tirarse un lance de todos modos. Siffoni.—Pero cargar con los problemas ajenos. cincuenta y dos naipes y cien fichas rojas de nácar. —¡No mienta! —rugió Ramón. no hice más que abrirle la puerta. Está el asunto de su casamiento.

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