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Conocí personas durante mi vida como un Urrea, que solo tenia un escritorio y una participación insignificante en una comercializadora

tradicional de autos, pero que uasaba a diestra y siniestro su apellido como una chequera sin fondo; un Rueda, que sin el más mínimo escrúpulo, canceló un libro sobre la historia del ciclismo o quizás biográfico, del que no conocí ni la carátula por delicadeza; o un Badlissi que embaucó hasta a su socio hasta generarle un derrame por stress y pagó parte de la deuda, con un cuadro collage en gamuza, que salió como por 25 millones de esa época y que luego supe que era muestra para una propuesta de exportación; o un Puyana, un Matamoros, que podrían pasar por Pomaricos, un Garavito, un cura Rozo, unos Murtes o Murcias, Boteros o Santofimios, un Rodríguez en Colpuertos, tantos Honorables Senadores y ExPresidentes que pasaron no de incógnitos, pero si escribiendo páginas vergonzosas en nuestra historia.. Estos personajes, gestaron y fomentaron la corrupción o la prostitución de los valores y de las instituciones.

A LOS ESTORAQUES SOCIALES
Hay personas que apestan como la orina podrida; solo abren las piernas después de prostituirse, para que se ventile la pestilencia coagulada dentro de sus cuerpos sin alma. Ninguno huele a trabajo honrado, sino al aroma rancio de los ladronzuelos y a pústula añejada por la vergüenza. Ellos nunca conocerán las fragancias de la primavera, la pasión del verano, el romanticismo del otoño, ni la magia del invierno; porque eligieron el camino pútrido del mal, para recorrer la vida como si les perteneciera todo lo ajeno. ¿Olerá la vergüenza, a vísceras putrefactas o a pelo chamuscado?. Solo el hedor a pescado dañado, me genera las mismas sensaciones de estos engendros. Es repugnante el verlos mentir y jurar en vano con el cinismo de las sanguijuelas y las carpantas. ¡Madres como la mía, solo hay una! Para fortuna del mundo y la vidaexclama una mosca, mientras se da un festín con excrementos. Las hienas siempre verán hermosas a sus crías o a una princesa en una bola de cebo. Hay amores de madre que no comprendo. Muchas personas nacen buenas y algunas madres con su ejemplo las prostituyen. Quizás el haberles enseñado a mendigar hubiese sido más digno, pero llamarlos bellacos sería honrarlos. Ahora a la incultura se le llama: Poseído por el demonio, con problemas de identidad, trastornados mentales, ¡ba! Maricón debe ser el hembro que camina con la mirada avergonzada y humillada, o se sonroja peor que un tomate si se le ve a los ojos. Una mujer cuando aborta, siempre dirá: ¡Iba a

ser un hermoso niño!. Los pequeños damiánes, siempre olerán a excremento y su aliento apestará, peor que una letrina en verano. ¿Serán estos bastardos también hijos de Dios? Desafortunadamente los engendros confirman la regla; quizás por eso hasta el tipo de mujeres que pertenecen a este tipo de red social se obsesionan con la belleza, porque los perfumes les permiten convivir en las madrigueras. ¿Será ese olor rancio que percibe, la transpiración de sus almas? Como me gustaría regalarles una rosa blanca, para que olfatearan al menos, por una vez en sus vidas, a la vida. Una vida pura y digna. Es verdad que debe existir química entre las personas y hemos desarrollado fórmulas mágicas; sensacionales descubrimientos alquimistas, que nos permiten soportar a ciertas personas, así nos generen la misma sensación repulsiva de una rata, una araña o el enlodarnos con excremento. Es deprimente observar como una madre convierte a sus hijos en demonios; en personas que solo producirán náuseas. La deshonestidad apesta y huele a ropa sudada y vieja. Estos repugnantes parásitos viven y se alimentan con el sudor y la sangre ajena. A veces pienso que estos insensibles engendros son mutantes o nacieron con los sentimientos atrofiados. Inspiran miedo y lástima, como cualquier fiera. “A los toros por los cuernos, hasta que recule como un marica”, para ellos la honestidad hiede o es una estupidez, característica de estratos inferiores. Creo que todos percibíamos con los sentidos, de manera de millones de formas diferentes al mundo; el problema es de naturaleza y nuestra personalidad depende del “olfato” y forma de “ver” o “percibir” la vida. El olfato a ellos solo les permite captar y ensoñar, o construir un mundo con la carroña o los detritus de la comunidad. ¿Será que este tipo de personas están condenadas a vagar solas o a refugiarse dentro de sus caparazones como introvertidos caracoles? De imbéciles no tienen nada. Es como si todas sus facultades se hubiesen programado para el mal. Sus rostros conservarán las huellas aradas por los abusos y la violencia, de muchas historias tristes de infancia. Me fascina observar como huyen sus miradas cual orugas de la vergüenza, que los desenmascarará o como se ocultan como ratas asustadas de sus acreedores.

De imbéciles no tienen nada y de vivos mucho menos. Es insoportable convivir con estos insoportables granujas, que sonríen con ironía, porque se creen protegidos por la impunidad y ceguera de la justicia. “Hay que tenerles lástima, porque a personas así, no les corre sangre por las venas, sino un putrefacto almizcle venenoso” decía mi abuela. “Aléjense de esos

Vagabundos que están haciendo escuela para maleantes, decían algunas madres a sus hijos en el barrio. Quizás su desgracia nació desde el día en que tomaron conciencia, que su padre era una extraña sombra. Hay noticias que nos arrancan el apetito a patadas o dejan durante años el recuerdo esa sensación a cadáver putrefacto. La palabra es cal para borrar imágenes y enterrar esos momentos absurdos que vivimos por cuestión del destino. Ese finísimo olfato al servicio del bien, hubiera hecho milagros. ¡Tanta inteligencia y visión desperdiciada! Pensamos más de uno al ver las fotografías de mafiosos o guerrilleros muertos. ¿Será indescriptible el placer que genera el mal? La vida nos ha hacinado, pero aún así, el rostro seguirá siendo el espejo del alma. La mejor manera para conocer a alguien, seguirá siendo, el oscultar su mirada. Héctor “El Perro Vagabundo”Cediel