Gregorio Cabello Porras – Universidad de Almería - 2

DE POEMAS: POESÍA DEL SIGLO XX

ANTOLOGÍA

TRADICIÓN

Y MODERNIDAD LITERARIAS EN LA

OPTATIVA SEGUNDO CICLO FILOLOGÍA HISPÁNICA PROF. GREGORIO CABELLO PORRAS

EPÍGONOS DE LAS VANGUARDIAS HISTÓRICAS, MAESTROS FUNDACIONALES DEL POSMODERNISMO / POETAS DEL HOLOCAUSTO Y DE HIROSHIMA

BLOQUE III:

JORGE LUIS BORGES (Buenos Aires 1899 – Ginebra 1986)
ELEGÍA

Oh destino el de Borges, haber navegado por los diversos mares del mundo o por el único y solitario mar de nombres diversos, haber sido una parte de Edimburgo, de Zúrich, de las dos Córdobas, de Colombia y de Texas, haber regresado, al cabo de cambiantes generaciones, a las antiguas tierras de su estirpe, a Andalucía, a Portugal, y a aquellos condados donde el sajón guerreó con el danés y mezclaron sus sangres, haber errado por el rojo y tranquilo laberinto de Londres, haber envejecido en tantos espejos, haber buscado en vano la mirada de mármol de las estatuas, haber examinado litografías, enciclopedias, atlas, haber visto las cosas que ven los hombres, la muerte, el torpe amanecer, la llanura y las delicadas estrellas, y no haber visto nada o casi nada sino el rostro de una muchacha de Buenos Aires, un rostro que no quiere que lo recuerde. Oh destino de Borges, tal vez no más extraño que el tuyo. [1963] HENRI MICHAUX (Namour, Bélgica 1899 – 1984)
SUR LE CHEMIN DE LA MORT

Sur le chemin de la Mort Ma mère rencontra une grande banquise; Elle voulut parler, Il était déjà tard, Une grande banquise d’ouate. Elle nous regarda mon frère et moi, Et puis elle pleura. Nous lui dîmes—mensonge vraiment absurde—que nous comprenions bien. Elle eut alors ce si gracieux sourire de toute jeune fille, Qui était vraiment elle,

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Un si joli sourire, presque espiègle ; Ensuite elle fut prise dans l’Opaque.
EN EL CAMINO DE LA MUERTE

En el camino de la Muerte Mi madre se encontró con un enorme iceberg; Ella quiso hablar, Pero ya era tarde: Un enorme iceberg de algodón. Ella nos miró a mi hermano y a mí, Y después lloró. Nosotros le dijimos –mentira verdaderamente absurda- que comprendíamos todo. Ella tuvo entonces esa sonrisa tan graciosa de cualquier muchacha, Como era en realidad, Esa sonrisa tan bonita, casi de diablillo; Luego fue apresada por la Sombra. FRANCIS PONGE (Montpellier 1899 – Bar-sur-Loup 1988) L’HUITRE L’huître, de la grosseur d’un galet moyen, est d’une apparence plus rugueuse, d’une couleur moins unie, brillamment blanchâtre. C’est un monde opiniâtrement clos. Pourtant on peut l’ouvrir: il faut alors la tenir au creux d’un torchon, se servir d’un couteau ébréché et peu franc, s’y reprendre à plusieurs fois. Les doigts curieux s’y coupent, s’y cassent les ongles: c’est un travail grossier. Les coups qu’on lui porte marquent son enveloppe de ronds blancs, d’une sorte de halos. A l’intérieur l’on trouve tout un monde, à boire et à manger: sous un firmament (à proprement parler) de nacre, les cieux d’en dessus s’affaissent sur les cieux d’en dessous, pour ne plus former qu’une mare, un sachet visqueux et verdâtre, qui flue et reflue à l’odeur et à la vue d’une dentelle noirâtre sur les bords. Parfois très rare une formule perle à leur gosier de nacre, d’où l’on trouve aussitôt à s’orner.
LA OSTRA

La ostra, del grosor de un guijarro mediano, es de apariencia más rugosa, de color menos uniforme, brillantemente blancuzco. Es un mundo obstinadamente cerrado. Sin embargo, se la puede abrir: hay que sostenerla haciendo hueco en un trapo, valerse de un cuchillo mellado y poco franco, intentarlo varias veces. Los dedos curiosos se cortan, se rompen las uñas: es un trabajo tosco. Los golpes que se le dan marcan su cáscara con redondeles blancos, una suerte de halos. En el interior se encuentra todo un mundo, para beber y para comer: bajo un firmamento (hablando con propiedad) de nácar, los cielos de encima se desploman sobre los cielos de abajo, y forman ya sólo una charca, una bolsita viscosa y verduzca, que fluye y refluye en el olfato y la vista, con franjas de un encaje negruzco en los bordes. A veces, muy rara, una fórmula perla en su gaznate de nácar, de donde se la toma enseguida para adorno. LUIS CERNUDA (Sevilla 1904 – Ciudad de México 1963)
BIRDS IN THE NIGHT

El gobierno francés, ¿o fue el gobierno inglés?, puso una lápida En esa casa de 8 Great College Street, Camden Town, Londres,

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Adonde en una habitación Rimbaud y Verlaine, rara pareja, Vivieron, bebieron, trabajaron, fornicaron, Durante algunas breves semanas tormentosas. Al acto inaugural asistieron sin duda embajador y alcalde, Todos aquellos que fueran enemigos de Verlaine y Rimbaud cuando vivían. La casa es triste y pobre, como el barrio, Con la tristeza sórdida que va con lo que es pobre, No la tristeza funeral de lo que es rico sin espíritu. Cuando la tarde cae, como en el tiempo de ellos, Sobre su acera, húmedo y gris el aire, un organillo Suena, y los vecinos, de vuelta del trabajo, Bailan unos, los jóvenes, los otros van a la taberna. Corta fue la amistad singular de Verlaine el borracho Y de Rimbaud el golfo, querellándose largamente. Mas podemos pensar que acaso un buen instante Hubo para los dos, al menos si recordaba cada uno Que dejaron atrás la madre inaguantable y la aburrida esposa. Pero la libertad no es de este mundo, y los libertos, En ruptura con todo, tuvieron que pagarla a precio alto. Sí, estuvieron ahí, la lápida lo dice, tras el muro, Presos de su destino: la amistad imposible, la amargura De la separación, el escándalo luego; y para éste El proceso, la cárcel por dos años, gracias a sus costumbres Que sociedad y ley condenan, hoy al menos; para aquél a solas Errar desde un rincón a otro de la tierra, Huyendo a nuestro mundo y su progreso renombrado. El silencio del uno y la locuacidad banal del otro Se compensaron. Rimbaud rechazó la mano que oprimía Su vida; Verlaine la besa, aceptando su castigo. Uno arrastra en el cinto el oro que ha ganado; el otro Lo malgasta en ajenjo y mujerzuelas. Pero ambos En entredicho siempre de las autoridades, de la gente Que con trabajo ajeno se enriquece y triunfa. Entonces hasta la negra prostituta tenía derecho de insultarles; Hoy, como el tiempo ha pasado, como pasa en el mundo, Vida al margen de todo, sodomía, borrachera, versos escarnecidos, Ya no importan en ellos, y Francia usa de ambos nombres y ambas obras Para mayor gloria de Francia y su arte lógico. Sus actos y sus pasos se investigan, dando al público Detalles íntimos de sus vidas. Nadie se asusta ahora, ni protesta. «¿Verlaine? Vaya, amigo mío, un sátiro, un verdadero sátiro Cuando de la mujer se trata; bien normal era el hombre, Igual que usted y que yo. ¿Rimbaud? Católico sincero, como está demostrado.» Y se recitan trozos del «Barco Ebrio» y del soneto a las «Vocales».

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Mas de Verlaine no se recita nada, porque no está de moda Como el otro, del que se lanzan textos falsos en edición de lujo; Poetas mozos de todos los países hablan mucho de él en sus provincias. ¿Oyen los muertos lo que los vivos dicen luego de ellos? Ojalá nada oigan: ha de ser un alivio ese silencio interminable Para aquellos que vivieron por la palabra y murieron por ella, Como Rimbaud y Verlaine. Pero el silencio allá no evita Acá la farsa elogiosa repugnante. Alguna vez deseó uno Que la humanidad tuviese una sola cabeza, para así cortársela. Tal vez exageraba: si fuera sólo una cucaracha, y aplastarla. [1962]

PABLO NERUDA (Parral, Chile 1904 – Santiago de Chile 1974)
WALKING AROUND

Sucede que me canso de ser hombre. Sucede que entro en las sastrerías y en los cines marchito, impenetrable, como un cisne de fieltro navegando en un agua de origen y ceniza. El olor de las peluquerías me hace llorar a gritos. Sólo quiero un descanso de piedras o de lana, sólo quiero no ver establecimientos ni jardines, ni mercaderías, ni anteojos, ni ascensores. Sucede que me canso de mis pies y mis uñas y mi pelo y mi sombra. Sucede que me canso de ser hombre. Sin embargo sería delicioso asustar a un notario con un lirio cortado o dar muerte a una monja con un golpe de oreja. Sería bello ir por las calles con un cuchillo verde y dando gritos hasta morir de frío. No quiero seguir siendo raíz en las tinieblas, vacilante, extendido, tiritando de sueño, hacia abajo, en las tapias mojadas de la tierra, absorbiendo y pensando, comiendo cada día. No quiero para mí tantas desgracias. No quiero continuar de raíz y de tumba, de subterráneo solo, de bodega con muertos, aterido, muriéndome de pena. Por eso el día lunes arde como el petróleo cuando me ve llegar con mi cara de cárcel, y aúlla en su transcurso como una rueda herida, y da pasos de sangre caliente hacia la noche.

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Y me empuja a ciertos rincones, a ciertas casas húmedas, a hospitales donde los huesos salen por la ventana, a ciertas zapaterías con olor a vinagre, a calles espantosas como grietas. Hay pájaros de color de azufre y horribles intestinos colgando de las puertas de las casas que odio, hay dentaduras olvidadas en una cafetera, hay espejos que debieran haber llorado de vergüenza y espanto, hay paraguas en todas partes, y venenos, y ombligos. Yo paseo con calma, con ojos, con zapatos, con furia, con olvido, paso, cruzo oficinas y tiendas de ortopedia, y patios donde hay ropas colgadas de un alambre: calzoncillos, toallas y camisas que lloran lentas lágrimas sucias. [1925-1932] VLADIMIR HOLAN (Praga 1905 – Praga 1980)
EN UN CEMENTERIO DE PUEBLO JUNTO AL MURO DE LOS SUICIDAS

Aquí, donde la cizaña crecida besa la foto de los muertos y la monja de la lápida tiene el gastado movimiento de canica en el cloquear de los gansos...¡ah, sí! aquí. Aquí todo mueve la cabeza afirmando que el hombre no fue creado sino prefabricado. Las cosas son también prefabricadas. ¡Hombres y cosas reacias a la persuasión de los muertos! Las cosas esperan. El hombre pronostica. Las cosas importunan. Él resiste. Las cosas envejecen y sobreviven a su tiempo. Él es inmortal y perece. Las cosas están desoladas y él está solo, y no está solo solamente cuando su vida se vuelve contra sí misma...

ATTILA JOZSEF (Budapest 1905 – Balatonszárszó 1937)
JUNTO AL DANUBIO

[II] Hace cien mil años miro las cosas que ahora veo de repente. Sólo un minuto, y poseo completamente el tiempo que cien mil antepasados miran conmigo. Veo lo que no vieron, porque cavaron, mataron, abrazaron, hicieron lo que tenían que hacer.

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Y ellos, inmersos en la materia, ven lo que no veo, si debo confesarlo. Nos conocemos como la pena y la alegría. Yo poseo el pasado y los antepasados el presente. Escribimos poesía—ellos guían mi lápiz y yo los siento y los recuerdo.

SAMUEL BECKETT (Dublín, 1906-París, 1989)
CASCANDO

1 why not merely the despaired of occasion of wordshed is it not better abort than be barren the hours after you are gone are so leaden they will always start dragging too soon the grapples clawing blindly the bed of want bringing up the bones the old loves sockets filled once with eyes like yours all always is it better too soon than never the black want splashing their faces saying again nine days never floated the loved nor nine months nor nine lives 2 saying again if you do not teach me I shall not learn saying again there is a last even of last times last times of begging last times of loving of knowing not knowing pretending a last even of last times of saying if you do not love me I shall not be loved if I do not love you I shall not love the churn of stale words in the heart again love love love thud of the old plunger pestling the unalterable

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whey of words terrified again of not loving of loving and not you of being loved and not by you of knowing not knowing pretending pretending I and all the others that will love you if they love you 3 unless they love you
CASCANDO

1. por qué no simplemente no esperar a ser ocasión de un vertedero de palabras ¿no es mejor abortar que ser estéril? después de tu partida las horas son tan tristes siempre empiezan a rastras demasiado pronto los garfios desgarrando con ceguedad el lecho de miseria rescatando los huesos los amores antiguos cuencas una vez llenas con ojos como tuyos ¿es mejor siempre demasiado pronto que jamás? negra necesidad salpicando los rostros diciendo una vez más nunca flotó lo amado nueve días ni nueve meses ni nueve vidas 2. diciendo una vez más si no me enseñas tú no aprenderé diciendo una vez más existe un último atardecer de útimas veces últimas veces de mendigar últimas veces de amar de saber no saber simular un último atardecer de últimas veces de decir si no me amas nunca seré amado si no te amo ya no amaré nunca un batir de palabras gastadas una vez más en el corazón amor amor amor golpe de un émbolo antiquísimo moliendo el suero inalterable

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de las palabras una vez más aterrado de no amar de amar pero no a ti de ser amado y no por ti de saber no saber simular simular yo y todos los otros que te amen si te aman 3. a menos que te amen WYSTAN HUGH AUDEN (York 1907 – Viena 1973)
MUSÉE DES BEAUX ARTS

About suffering they were never wrong, The Old Masters: how well they understood Its human position; how it takes place While someone else is eating or opening a window or just walking dully along; How, when the aged are reverently, passionately waiting For the miracolous birth, there always must be Children who did not specially want it to happen, skating On a pond at the edge of the wood: They never forgot That even the dreadful martyrdom must run its course Anyhow in a corner, some untidy spot Where the dogs go on with their doggy life and the torturer’s horse Scratches its innocent behind on a tree. In Brueghel’s Icarus, for instance: how everything turns away Quite leisurely from the disaster, the ploughman may Have heard the splash, the forsaken cry, But for him it was not an important failure; the sun shone As it had to on the white legs disappearing into the green Water; and the expensive delicate ship that must have seen Something amazing, a boy falling out of the sky, Had somewhere to get to and sailed calmly on. [December 1938]
MUSÉE DES BEAUX ARTS

Acerca del sufrimiento nunca se equivocaron, los Viejos Maestros: qué bien entendieron su posición humana; cómo tiene lugar mientras algún otro come o abre una ventana o sencillamente pasea aburrido; cómo, cuando los ancianos aguardan con reverencia, con pasión,

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el milagroso nacimiento, siempre tiene que haber niños que no desearon especialmente que ocurriera, patinando en un estanque en el linde del bosque: nunca olvidaron que incluso el espantoso martirio debe seguir su curso de cualquier manera en un rincón, en algún lugar desaliñado donde los perros continúan con su vida perruna y el caballo del torturador restriega su inocente trasero contra un árbol. En el Ícaro de Brueghel, por ejemplo: cómo todo da la espalda sosegadamente al desastre; es posible que el labrador hubiera oído la caída al agua, el grito desvalido, pero para él no era un fracaso importante; el sol brillaba como era su deber sobre las piernas blancas que desaparecían en las verdes aguas; y el caro y exquisito barco que debía de haber visto algo asombroso, un chico cayendo del cielo, tenía que llegar a alguna parte y tranquilamente siguió su rumbo. [Diciembre 1938] RENE CHAR (Isle-sur-la-Sorgue 1907 – París 1988)
L’INOFFENSIF

Je pleure quand le soleil se couche parce qu’il te dérobe à ma vue et parce que je ne sais pas m’accorder avec ses rivaux nocturnes. Bien qu’il soit au bas et maintenant sans fièvre, impossible d’aller contre son déclin, de suspendre son effeuillaison, d’arracher quelque envie encore à sa lueur moribonde. Son départ te fond dans son obscurité comme le limon du lit se délaye dans l’eau du torrent par-delà l’éboulis des berges détruites. Dureté et mollesse au ressort différent ont alors des effets semblables. Je cesse de recevoir l’hymne de ta parole; soudain tu n’apparais plus entière à mon côté; ce n’est pas le fuseau nerveux de ton poignet que tient ma main mais la branche creuse d’un quelconque arbre mort et déjà débité. On ne met plus un nom à rien, qu’au frisson. Il fait nuit. Les artifices qui s’allument me trouvent aveugle. Je n’ai pleuré en vérité qu’une seule fois. Le soleil en disparaissant avait coupé ton visage. Ta tête avait roulé dans la fosse du ciel et je ne croyais plus au lendemain. Lequel est l’homme du matin et lequel celui des ténèbres?
EL INOFENSIVO

Lloro cuando el sol se pone porque te sustrae a mi vista y porque no sé ponerme de acuerdo con sus rivales nocturnos. Aunque esté bajo y ahora sin fiebre, imposible obrar contra su ocaso, suspender su deshoje, arrancar todavía algún deseo a su fulgor moribundo. Al partir te diluye en su oscuridad igual que el limo del lecho se funde en el agua del torrente más allá de los escombros de las riberas destruidas. Dureza y blandura, de nervio tan diferente, causan entonces efectos similares. Dejo de recibir el himno de tu palabra; de repente ya no apareces íntegra a mi lado; lo que aprieta mi mano no es el huso nervioso de tu muñeca sino la rama hueca de un árbol cualquiera muerto y ya aserrado. Ya no se da nombre a nada, sólo al escalofrío. Es de noche. Los artificios que se encienden me sorprenden ciego. No he llorado de verdad más que una sola vez. Al desaparecer, el sol había cercenado tu rostro. Tu cabeza había rodado a la zanja del cielo y yo ya no creía en el mañana.

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¿Cuál es el hombre de la mañana, y cuál el de las tinieblas? [h. 1952] MIGUEL HERNÁNDEZ (Orihuela, Alicante 1910 – Prisión de Alicante 1942) SIGO EN LA SOMBRA, LLENO DE LUZ: ¿EXISTE EL DÍA? Sigo en la sombra, lleno de luz; ¿existe el día? ¿Esto es mi tumba o es mi bóveda materna? Pasa el latido contra mi piel como una fría losa que germinara caliente, roja, tierna. Es posible que no haya nacido todavía, o que haya muerto siempre. La sombra me gobierna. Si esto es vivir, morir no sé yo qué sería, ni sé lo que persigo con ansia tan eterna. Encadenado a un traje, parece que persigo desnudarme, librarme de aquello que no puede ser yo y hace turbia y ausente la mirada. Pero la tela negra, distante, va conmigo sombra con sombra, contra la sombra hasta que ruede a la desnuda vida creciente de la nada. [h. 1940-1941] JOSE LEZAMA LIMA (La Habana, Cuba 1912 - La Habana, Cuba 1976)
DISCORDIAS

De la contradicción de las contradicciones, la contradicción de la poesía, obtener con un poco de humo la respuesta resistente de la piedra y volver a la transparencia del agua que busca el caos sereno del océano dividido entre una continuidad que interroga y una interrupción que responde, como un hueco que se llena de larvas y allí reposa después una langosta. Sus ojos trazan el carbunclo del círculo, las mismas langostas con ojos de fanal, conservando la mitad en el vacío y con la otra arañando en sus tropiezos el frenesí del fauno comentado. Contradicción primera: caminar descalzo sobre las hojas entrecruzadas, que tapan la madriguera donde el sol se borra como la cansada espada, que corta una hoguera recién sembrada. Contradicción segunda: sembrar las hogueras. Última contradicción: entrar en el espejo que camina hacia nosotros,

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donde se encuentran las espaldas, y en la semejanza empiezan los ojos sobre los ojos de las hojas, la contradicción de las contradicciones. La contradicción de la poesía, se borra a sí misma y avanza con cómicos ojos de langosta. Cada palabra destruye su apoyatura y traza un puente romano secular. Gira en torno como un delfín caricioso y aparece indistinto como una proa fálica. Restriega los labios que dicen la orden de retirada. Estalla y los perros del trineo mascan las farolas en los árboles. De la contradicción de las contradicciones, la contradicción de la poesía, borra las letras y después respíralas al amanecer cuando la luz te borra. [Diciembre y 1971] OCTAVIO PAZ (Ciudad de México 1914 – 1998)
DISONANCIA

Los insectos atareados, los caballos color de sol, los burros color de nube, las nubes, rocas enormes que no pesan, los montes como cielos desplomados, la manada de árboles bebiendo en el arroyo, todos estan ahí, dichosos en su estar, frente a nosotros que no estamos, comidos por la rabia, por el odio, por el amor comidos, por la muerte. DYLAN THOMAS (Swansea, Reino Unido 1914 – Nueva York 1953)
IN MY CRAFT OR SULLEN ART

In my craft or sullen art Exercised in the still night When only the moon rages And the lovers lie abed With all their griefs in their arms, I labour by singing light Not for ambition or bread Or the strut and trade of charms On the ivory stages But for the common wages Of their most secret heart. Not for the proud man apart

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From the raging moon I write On these spindrift pages Not for the towering dead With their nightingales and psalms But for the lovers, their arms Round the griefs of the ages, Who pay no praise or wages Nor heed my craft or art.
EN MI OFICIO U HOSCO ARTE

En mi oficio u hosco arte ejercido en la noche en calma cuando sólo rabia la luna y los amantes descansan con sus penas en los brazos, trabajo a la luz cantora no por ambición ni pan lucimiento o simpatías en los escenarios de marfil sino por el común salario de su recóndito corazón. No para los soberbios aparte de la rabiosa luna escribo en estas páginas rociadas por las espumas del mar ni para los encumbrados muertos y sus ruiseñores y salmos sino para los amantes, sus brazos abarcando las penas de los siglos, que no elogian ni pagan ni hacen caso de mi oficio o arte.

GIORGIO BASSANI (Bolonia 1916 – Roma 2000)
A LETTO

Ieri sera a letto mi era messo dalla parte destra quella che occupa lei quando è qui e stamani svegliandomi mi son ritrovato a sinistra di dove nel buio ascolto insonne talora il battito potente del suo esserci. Cosa mi ha indotto dunque durante la notte ad abbandonare lo spazio del suo grande corpo assente se non l’ansia d’essere anche io niente?

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EN LA CAMA

Ayer noche en la cama me había puesto por la parte de la derecha la que ocupa ella cuando está aquí y esta mañana al despertarme me he encontrado a la izquierda de donde en la obscuridad escucho insomne a veces el potente latido de su ser Entonces ¿qué es lo que me ha inducido durante la noche a abandonar el espacio de su gran cuerpo ausente sino el deseo de ser también yo nada? BLAS DE OTERO (Bilbao 1916 – Majalahonda, Madrid 1979)
A LA INMENSA MAYORÍA

Aquí tenéis, en canto y alma, al hombre aquel que amó, vivió, murió por dentro y un buen día bajó a la calle: entonces comprendió: y rompió todos sus versos. Así es, así fue. Salió una noche echando espuma por los ojos, ebrio de amor, huyendo sin saber adónde: a donde el aire no apestase a muerto. Tiendas de paz, brizados pabellones, eran sus brazos, como llama al viento; olas de sangre contra el pecho, enormes olas de odio, ved, por todo el cuerpo. ¡Aquí! ¡Llegad! ¡Ay! Ángeles atroces en vuelo horizontal cruzan el cielo; horribles peces de metal recorren las espaldas del mar, de puerto a puerto. Yo doy todos mis versos por un hombre en paz. Aquí tenéis, en carne y hueso, mi última voluntad. Bilbao, a once de abril, cincuenta y tantos. Blas de Otero FRANCO FORTINI (Florencia 1917 – Milán 1994)
LA GRONDA

Scopro dalla finestra lo spigolo d’una gronda, in una casa invecchiata, ch’è di legno corroso e piegato da strati di tegoli. Rondini vi sostano qualche volta. Qua e là, sul tetto, sui giunti e lungo i tubi, gore di catrame, calcine

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di misere riparazioni. Ma vento e neve, se stancano il piombo delle docce, la trave marcita non la spezzano ancora. Penso con qualche gioia che un giorno, e non importa se non ci sarò io, basterà che una rondine si pose in un attimo lì perché tutto nel vuoto precipiti irreparabilmente, quella volando via.
EL ALERO

Descubro desde la ventana el reborde de un alero, en una casa envejecida, de madera roída y hundida por capas de tejas. Las golondrinas se posan allí algunas veces. Aquí y allá, sobre el tejado, sobre las juntas, y a lo largo de los tubos, manchas de alquitrán, argamasas de pobres reparaciones. Mas viento y nieve, aunque cansen el plomo de los canalones, la viga podrida no la han podido romper aún. Pienso con alguna alegría que un día, y no importa si no estaré yo, bastará que una golondrina se pose un segundo allí para que todo se precipite al vacío irreparablemente, y aquélla se vaya volando. ROBERT LOWELL (Boston 1917 – Nueva York 1977)
VISITORS

To no good they enter at angles and on the runtwo black venicals are suddenly in blue serge, or the police doing double-duty. They comb our intimate, messy bedroom, scrutinize worksheets illegible with second-thoughts, then shed them in their stride, as if they owned the room. They do. They crowd me and scatter-inspecting my cast-off clothes for clues? They are fat beyond the call of dutywith jocose civility, they laugh at everything I say: «Yesterday I was thiny-two, a threat to the establishment because I was young.» The bored woman sergeant is amused by the tiger-toothed samurai grinning on a ]apanese hanging«What would it cost? Where could I buy one?»

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I can see through the moonlit dark; on the grassy London square, black cows ruminate in uniform, lowing routinely like a chainsaw. My visitors are good beef, they too make One falsely feel the earth is solid, as they hurry to secretly telephone from their ambulance. Click, click, click, goes the red, blue, and white light burning with aristocratic negligenceso much busywork. When they regroup in my room, I know their eres have never left their watches. «Come on, sir.» «Easy, sir.» «Dr. Brown will be here in ten minores, sir.» Instead, a metal chair unfolds into a stretcher. I Lie secured there, but for my skipping mind. They keep bustling. «Where you are going, Professor, you Won't need your Dante.» What will I need there? Is that a handcuff ranling in a pocket? I follow my own removal, stiffly gratefully even, but without feeling. Why has my talkative teasing tongue stopped talking? My detachment must be paid for, tomorrow will be worse than today, heaven and hell will be the sameto wait in foreboding without the nourishment of drama... assuming, then as now, this didn't happen to memy little strip of eterniry.
VISITANTES

Sin ningún buen propósito cruzan corriendo por mi dormitorio dos líneas negras, largas, verticales, que muy rápidamente se convierten en cuatro: se trata de los chóferes de la ambulancia, con su uniforme azul, o quizá policías haciendo doble turno. Registran nuestro cuarto, desordenado e íntimo, escrutan mis cuadernos de trabajo, a los que mis continuas correcciones han tornado ilegibles, y los desechan en ese recorrido por nuestra habitación, como si fuesen

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dueños de nuestro dormitorio. Eso es lo que ellos hacen. Me atosigan primero y después se dispersan... ¿Inspeccionan, quizá, buscando pruebas, mi esparcida ropa por el suelo? Están ellos más gordos de lo que sus deberes les exige... Con cortesía burlona ellos se ríen de todo cuanto digo: «Ayer tenía yo treinta y dos años, una amenaza para la autoridad al ser todavía joven.» La aburrida sargenta se entretiene mirando al samurai risueño de colmillos de tigre, que muestra la pintura japonesa colgada de la pared del cuarto... «¿Cuánto costará esto? ¿Dónde podría yo conseguir otra?» Si la luna ilumina la oscuridad, yo puedo ver a través de ella..., ver una hermosa plaza londinense en donde uniformadas vacas negras mugen, rumian con la rutina de las motosierras... Mis visitantes son una buena carne de res para banquetes, hacen que falsamente uno perciba que está la tierra bien fundamentada, mientras secretamente se dan prisa a telefonear desde sus ambulancias. Click, click, click, hacen las luces azules, blancas, rojas, mientras brillan con una negligencia aristocrática... ¡Cuantísimo trabajo! Cuando a mi habitación vuelven todos juntos, estoy seguro de que su mirada no se ha apartado ni por un segundo de sus propios relojes. «Con cuidado, señor, más despacio, señor.» «Señor, el doctor Brown estará aquí dentro de diez minutos.» Mas en lugar de eso una silla metálica se despliega en camilla. Estoy tumbado en ella y bien atado, pero no así mi mente que va de idea a idea. Ellos siguen moviéndose. «En el sitio al que vamos, Profesor, a llevarle no va a necesitar ninguna obra de Dante.» ¿Qué necesitaré entonces en tal sitio? ¿Son quizá las esposas ese ruido

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que escucho en sus bolsillos? Sigo con atención el modo del traslado, rígido, incluso agradecido, pero sin sentimientos. ¿Por qué ha enmudecido mi charlatana lengua, tan amiga de bromas? Alguien debe pagar por alienarme y mañana será peor que ahora, el cielo y el infierno me parecen lo mismo... Debo esperar premonitoriamente, sin sacar beneficios de este drama..., suponiendo, lo mismo antes que ahora, que esto no me ha ocurrido... Es mi porción de eternidad pequeña.

PAUL CELAN (Poeta austriaco nacido en Chernovtsy, Rumania, actual Ucrania 1920 – París 1970)
MEINE

dir zugewinkelte Seele hört dich gewittern, in deiner Halsgrube lernt mein Stern, wie man wegsackt und wahr wird, ich fingre ihn wieder heraus— komm, besprich dich mit ihm noch heute.
MI

alma a ti inclinada te oye tempestar, en tu fosa yugular aprende mi estrella cómo hundirse y verificarse, la saco fuera con los dedos— ven, habla claro con ella, hoy mismo. ******************************************* 35) JORGE LUIS BORGES, «ELEGÍA», Obras Completas II. 1952-1972, Barcelona, Emecé Editores, 1989, p. 311

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36) HENRI MICHAUX, «SUR LE CHEMIN DE LA MORT» / «EN EL CAMINO DE LA MUERTE», traducción de M. Álvarez Ortega, Poesía francesa contemporánea (1915-1965). Antología bilingüe, I, Madrid, Akal, 1983, pp. 244-245 [*he cambiado algunas cosas en la traducción que aquí se ofrece por considerar que no se ajustaban al original] 37) FRANCIS PONGE, «L’HUÎTRE» / «LA OSTRA», traducción de Miguel Casado, La soñadora materia: Tomar partido por las cosas / La rabia de la expresión / La fábrica del prado, Barcelona, Círculo de Lectores / Galaxia Gutenberg, 2006, pp. 56-57 [*la traducción de este poema es francamente pésima; en clase daré mi propia versión] 38) LUIS CERNUDA, «BIRDS IN THE NIGHT», Poesía completa. Obra completa. Volumen I, edición de Derek Harris y Luis Maristany, Madrid, Siruela, 1999, pp. 495-497 39) PABLO NERUDA, «WALKING AROUND», Obras Completas I. De «Crepusculario» a «Las uvas y el viento» 1923-1954, edición de Hernán Loyola con el asesoramiento de Saúl Yurkievich, Madrid, RBA / Instituto Cervantes, 2005, pp.308-309 40) VLADIMIR HOLAN, «EN UN CEMENTERIO DE PUEBLO JUNTO AL MURO DE LOS SUICIDAS», traducción de Clara Janés, Pero existe la música, Barcelona, Icaria, 1996, p. 130. 41) ATTILA JÓZSEF, «JUNTO AL DANUBIO (II)», traducción de Feyad Jamís, Poemas, Madrid, Alberto Corazón, 1975. El poema puede leerse íntegro, dada la dificultad de hacerse con el libro por el que cito, en http://www.diariocolatino.com/es/20061028/tresmil/tresmil_20061028_873/?tpl=69 42) SAMUEL BECKETT, «CASCANDO» / «CASCANDO», traducción de Jenaro Talens, Obra poética completa, Madrid, Hiperión, 2000, pp. 102-105 43) W. H. AUDEN, «MUSÉE DES BEAUX ARTS» / « MUSÉE DES BEAUX ARTS», traducción de Eduardo Iriarte, Canción de cuna y otros poemas, Barcelona, Lumen, 2006, pp. 132-133. 44) RENÉ CHAR, «L’INOFFENSIF» / «EL INOFENSIVO», traducción de Jorge Riechmann, Las palabras en el archipiélago (1952-1960), Madrid, Hiperión, 1986, pp. 52-53 45) MIGUEL HERNÁNDEZ, «SIGO EN LA SOMBRA, LLENO DE LUZ: ¿EXISTE EL DÍA?», Obras Completas I, ed. Agustín Sánchez Vidal, José Carlos Rovira y Carmen Alemany, Madrid, RBA / Instituto Cervantes, 2005, p. 756. 46) JOSÉ LEZAMA LIMA, «DISCORDIAS», Poesía completa II, Madrid, Aguilar, 1988, pp. 39-40 47) OCTAVIO PAZ, «DISONANCIA», Obras completas VII. Obra poética (1935-1998), edición del autor, Barcelona, Círculo de Lectores / Galaxia Gutenberg, 2004, p. 164 48) DYLAN THOMAS, «IN MY CRAFT OR SULLEN ART» / «EN MI OFICIO U HOSCO ARTE», traducción Esteban Pujals, Poemas 1934-1952, Madrid, Visor, 1991, pp. 80-81. 49) GIORGIO BASSANI, «A LETTO» / «EN LA CAMA», traducción de Carlos Manzano, Epitafio, Madrid, Visor, 1985, pp. 70-71 50) BLAS DE OTERO, «A LA INMENSA MAYORÍA», País. Antología 1955-1970, edición de José Luis Cano, Barcelona, Plaza & Janés, 1974, p. 27 51) FRANCO FORTINI, «LA GRONDA» / «EL ALERO», Versi scelti: 1939 / 1989, antología y edición del autor, Turín, Einaudi, 1990 52) ROBERT LOWELL, «VISITORS» / «VISITANTES», traducción de Luis Javier Moreno, Día a día, Madrid, Losada, 2003 53) PAUL CELAN, «MEINE» / «MI», traducción José Luis Reina Palazón, Obras completas, Madrid, Trotta, 2002, p. 436.

Gregorio Cabello Porras – Universidad de Almería - 20

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