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Un Cuento Del Folclore Malayo

Un Cuento Del Folclore Malayo

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Published by: María Jimena Pintos on Apr 22, 2013
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EL ELEFANTE APUESTA CON EL TIGRE

n tiempos muy lejanos, Ejayah, el elefante, y Rimeu, el tigre, eran excelentes amigos. Un día llegaron a un calvero y encontraron allí a Lotong, el mono de anteojos y de larga cola. Cuando el elefante vio al mono, dijo: –Maese Lotong vuelve a alborotar del modo más indecoroso; vamos a espantarlo del árbol. Si cae con mis gritos, me será lícito devorarte; si se cae con los tuyos, entonces eres tú quien tiene derecho a devorarme a mí. Vamos, ¿quieres que apostemos? – ¿Conforme? –preguntó el tigre.

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y obtuve un plazo de ocho días. Cuando su mujer le oyó sollozar. He perdido y ahora el amigo tigre tiene derecho a comerme. y preguntó: –Amigo elefante. El tigre preguntó al elefante: –Vamos. Entró el padre elefante. siempre que realmente haya llegado a tierra. se tendió para saltar. y de este modo amenazó por tres veces al mono. Rezongando y sollozando a cada paso. En seguida se puso en camino para ver lo que pasaba. Le rogué que me permitiera volver a casa para despedirme de vosotros. Este.–Conforme –respondió el elefante. Inténtalo tú ahora. no duerme y hace de la noche día y del día noche? Voy a buscarlo”. y se dijo: “¿Qué puede ocurrir al amigo elefante que hipa y trompetea sin descanso. muchas gracias –replicó este–. pero ni una sola vez cayó al suelo. y cada vez que lo hacía. Durante ocho días el elefante gimió sin interrupción. se desprendió del árbol y cayó a los pies del tigre. ¿Por qué haces eso? 2 . trompeteó. que ya no podía agarrarse a ninguna rama. y si cae al suelo debes devorarme. –Sí. Se tiraba de cabeza de una rama a otra. ¿por qué gimes de ese modo? –He hecho una necia apuesta con el amigo tigre –respondió– a ver quién de los dos podría hacer caer a un mono de un árbol. se agazapó contra el suelo. creo que ahora me es lícito devorarte. ni comió ni durmió. trotó el elefante hacia su casa. el mono sentía gran miedo. y hacer mi testamento. pues hasta tal punto había quedado paralizado por el terror. Entonces el tigre rugió lo más fuerte que pudo. has ganado la apuesta –respondió el elefante–. Entonces dijo el tigre: –Vamos. amigo elefante. pero te suplico que me concedas ocho días para volver a ver a mi familia. asustado. El tigre accedió al ruego. – ¡Au! ¡Au! ¡Au! –amenazó el elefante. –Bueno –dijo el tigre–. compadre elefante. entonces ensaya tú primero y amenázalo. El amigo almizclero oyó el estruendo. y su esposa le preguntó: –Padre. dijo a los hijos: – ¿Qué puede haber ocurrido a vuestro padre? Solloza espantosamente. el amigo tigre ha ganado. ¿qué te ocurre? Todo el día y toda la noche se te oye trompetear lo mismo que si fuera a acabarse el mundo. ¿quieres probar tu suerte de nuevo? –No.

–Amigo almizclero. que le dijo: – ¿Cuándo expira el plazo? –Mañana –respondió el elefante. dijo el almizclero: –Viértete el rojo jarabe por los lomos y haz que choree por los costados y las patas. –Bueno. Al romper el inmediato día. y así el elefante entró en posesión de un cántaro de jarabe de palmera y se lo llevó al almizclero. pues entonces te ayudaré –dijo el almizclero–: ve y proporciónate un cántaro de jarabe de palmera. El amigo elefante fue de un trote hasta la casa de un fabricante de vino de palmera. estaría yo muy triste. Pero tal como están las cosas. Aquel se escapó corriendo en cuanto vio venir al elefante. ni me entristezco ni me apeno. tengo grandes motivos para ello: caí en un espantoso aprieto –le respondió el elefante. seré siempre tu amigo y también lo serán mis descendientes. me habría apenado muchísimo. 3 . Entonces dijo el almizclero: –Si el amigo tigre te hubiera devorado. –Si quieres auxiliarme. y le contó su desdicha.

con un elefante como este. que quería apoderarse de un cebado tigre. Entonces exclamó el almizclero: – ¡Bah!. me devora detrás del otro”. 4 . Ya lejos. dice que con u elefante solo acabará en un momento. se instaló en la parte posterior del elefante. trompetea lo más fuerte que puedas.El amigo elefante obedeció al almizclero que lo adiestró así: –Cuando yo lama el jarabe. Además. se acaba en un momento. de modo que el infeliz no puede estarse quieto del dolor. Si pudiera llegar a coger a ese gordo. Cuando el tigre oyó estas palabras. que le preguntó: –Amigo tigre: ¿por qué corres de ese modo? ¿Por qué todo ese estrépito? ¿Es que se hunde el cielo? ¿Por qué esos grandes saltos? – ¿Qué por qué es todo este estrépito?–respondió el tigre–. además retuércete y sacúdete a uno y otro lado. Y huyó de allí dando grandes saltos para ponerse a salvo. el elefante se retorcía y sacudía a uno y otro lado. El amigo almizclero saltó sobre él y comenzó a lamerlo diligentemente. para que crea la gente que te hago un daño espantoso. cebado y viejo tigre. por último. y el elefante trompeteaba y trompeteaba. No sé qué bribón ha montado sobre los lomos del amigo elefante. Siguieron adelante. el bribón que va montado en los lomos del amigo elefante. encontró al mono negro. entonces sí quedaría mi hambre satisfecha. se dijo interiormente: “Creo que si me coge. lo ha aprisionado y se traga grandes trozos de su carne. hasta que. y su sangre corre a torrentes. encaramado en lo alto de los lomos. encontraron al tigre. trompeteando espantosamente. el amigo almizclero. con el cual satisfaría apenas su apetito.

fue una bajeza tuya llevarme a esa emboscada sólo para cumplir tu promesa. vio venir a los dos. vamos a volvernos. Entonces buscaron al elefante. –No. morirás por haber pretendido hacerme caer en esa celada. tuve suerte en que no me haya querido. Avergüénzate.–Amigo tigre. huyó de allí. compadre mono. Ese no lo quiero. Ten cuidado. por último. Fue delante el mono. corriendo tanto como pudo. Por nada del mundo sería posible que el amigo almizclero me tragara. prometiste traerme dos tigres y vienes con uno solo. Además. 5 . después fue el tigre. – ¡Ah! –dijo el mono con una sonrisa–. Cuando el amigo tigre oyó decir esto. si otra vez te pones en mi camino. Cuando el almizclero. que aún estaba instalado sobre los lomos del elefante. pues el tigre no puede perdonarle al mono que hubiera querido engañarlo. Si me hubiera clavado el diente. compadre mono. no me asombraría de que fuera el pícaro almizclero. a estas horas estaría ya muerto. y. ya no puedo fiarme de ti como proveedor. Así brotó la enemistad entre el tigre y el mono. ¿qué clase de mozo era ese? –preguntó el mono. de fijo que no –dijo el tigre–. que aún hoy dura. y todo se habría acabado para mí. Ven. exclamó: –Vamos. no come carne. después se detuvo y dijo: –Amigo mono. volvió a adelantarse el mono. –No lo sé –respondió el tigre.

26 – 27. Nº 31 (1956). Año VII. 6 .Adaptado de El Grillo. Revista Escolar del Consejo Nacional de Enseñanza Primaria y Normal. pp. Ilustraciones: Mario Spallanzani.

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