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El Jonio

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Uno de mis primeros relatos cortos que lleva guardado la tira de tiempo.
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Published by: Fco Javier Benítez Rubio on Apr 27, 2013
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12/17/2013

EL JONIO

FCO. Javier Benítez Rubio
1997

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No hace mucho, volvía a casa desde el centro, y decidí tomar el camino del parque, aunque no fuera el más corto. Así hacía tiempo para que se me fuera pasando el momento etílico propio del fin de semana. Ya tiene uno cierta edad, con la carrera terminada y todo eso, pero a los padres hay cosas que siguen sin gustarle una chispa. Cuando lo estaba cruzando, me llevé una gran sorpresa… Allí, delante de mis ojos había un tipo sentado en un banco. ¡Vestido con túnica y sandalias¡ Allí estaba el nota, pensativo y taciturno, ensimismado en la contemplación de la copa de los arboles. Yo miré hacia arriba, tratando de ver lo que él veía, pero sólo había ramas y hojas, como siempre. Bueno… a lo mejor lo que el tío raro aquel estaba haciendo era mirar eso mismo, lo de siempre. No sin temor, me acerqué a él… - ¿Quién coñ…? - y pensé que tenía que impedir que el Cutty Sark de hacía un rato me convirtiera en un maleducado. - Oiga –le dije. ¿De dónde sale usted?

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El muy tunante me contestó en una rara lengua, que yo creí griego. El hombre siguió hablando y hablando y viendo que aquello no iba por buen camino, me hizo señas para que me sentara a su lado. Así lo hice. Los primeros abuelos ya empezaban a dejar verse por el parque. Era el comienzo del verano y al poco ya habría bastante concurrencia. Nadie parecía haberse percatado del rarito aquel, conmigo sentado a su lado. En fin, el tipo seguía parloteando en su extraño dialecto, gesticulaba nervioso y tenso y parecía darse cuenta de la dificultad en la comunicación. ¡Un genio vamos¡ De repente se calló, sacó de su túnica, algo que parecía un amuleto, lo partió, y me dio la mitad. Parecía un búho, más bien una galleta con forma de búho. El tipo se la metió en la boca y comenzó a masticar, y con señas quiso decirme que yo debía hacer lo mismo. Así lo hice. ¡Madre mía!... ¡Vaya mañanita!, va a tener razón mi hermano cuando me dice que no estoy acostumbrado a estos botellones y otros rallyes nocturnos aguardentosos.

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¡Pero que narices… -ya he terminado la jodida carrera que quería mi padre, pensaba, y ahora a esperar en el paro a que el porvenir venga a buscarme… -vamos a echarnos unas risas con el tío este! Entonces comencé a masticar esa cosa y la verdad es que no sabía nada mal. El tipo me hizo señales de que esperara. A los pocos segundos, noté que a mi cabeza se iba acercando una voz, que hacia pruebas,...- probando, probando, un, dos, tres, probando. Me puse de pie de un salto, ¡Dios!, qué ocurre, qué coño le han puesto al whiskey. - Tranquilo, hombre, siéntate un momento y escúchame -me dice serenamente. Parecía increíble, entendía al antiguo éste… allí en pie, inmóvil como una piedra, mirando fijamente a aquel tipo bajito y calvete, a su túnica blanca de bordes carmesí y sandalias con rebordes dorados. Yo pensaba, ¿pero quién cojones es este tipo?... y de nuevo, ahí dentro, en mi cabeza, la misma voz pausada me volvió a preguntar… dime, ¿qué son los cojones?... ¡Y no movía los labios!…. Esto es para acojonarse un poco, ¡verdad!... A ver, qué haría ustedes en mi lugar, salir corriendo con

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cara de susto, quedarse allí departiendo con el nota aquel, buscar la cámara oculta… bueno andalú no era, desde luego, porque mira que no saber lo que son los cojones…. El tipo se levantó, puso sus manos nudosas en mis hombros y volvió a sentarme en el banco. Yo seguía con cara de pez… Me llamo Diomedeo,-comenzó a hablarme-soy de Éfeso, en la Jonia, a orillas de lo que llamáis Mediterráneo. Nací y morí hace más de 2500 años. Era noble y me dedicaba al arte y a la búsqueda de la sophía. Desde mi muerte vago sin descanso por el mundo buscando las respuestas que no acerté a contestar en vida. No creas que es un castigo, no... Es un premio, una segunda oportunidad del Supremo Bien. Él me ha concedido el don de la búsqueda. ¡Madre mía, madre mía! … pensaba, lo que le han dado a éste estaba en peores condiciones de lo que he tomado yo … pero cómo pueden dejar a estos tíos tarados así sueltos por las calles… Vengo de Asia, donde permanecí, según vuestro tiempo, algo más de dos siglos, aunque allí el tiempo discurre de otra manera; antes estuve por Europa y la verdad es que las cosas aquí han cambiado bastante desde que la dejé. Ahora dirigiré mis sandalias hacia África. Entonces fue cuando

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encontré este banco y esta luz tan preciosa que lo ilumina y me senté a descansar y esperarte”. - Vale, vale -le dije. Ni de coña… vamos… qué película me estás contando…- mientras hacía ademán de levantarme y salir por piernas. - No te marches –me dijo. Ya se me había pasado la medio cogorza que llevaba. La adrenalina del espanto, me tenía ahora con la lengua fuera. ¡Qué mala idea ha sido tirar por el parque¡ -pensé. Aguantar la monserga de picoleto de mi padre no me parecía ya tan horrible. Lo firmaba allí mismo si mi madre llegaba con un cafelito caliente y un poquito de pan tostaito mañanero. - Puedo oír lo que piensas –volvió a decirme- aunque no entiendo muchas cosas. - Lo de la galleta me ha dejao KO – empecé a decirle- tú estarás chalao macho, pero yo he sido siempre un tío mu normal… - La galleta que antes te has comido,-me cortó- me la dio un druida celta hace muchos siglos y concede el don del pensamiento universal a

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quienes la comparten, aunque hablemos diferentes idiomas en diferentes épocas, hay algo que nos une, un lógos universal, por el que todos estamos unidos. La galleta nos ayuda a abrir la puerta para entrar en él. - Pero, ¡qué narices me estás contando tío¡ -le dije medio cabreadotu eres un rarito de esos de la filosofía ¡no¡ -seguí. Cuando estaba estudiando la carrera estuve detrás de una chica de la Facultad de Filosofía. Pero la segunda noche ya sabía que estaba como una regadera. ¡Pero de qué clase de manicomio os sacan a ustedes¡ - Vamos tranquilízate amigo mío- me dijo sin inmutarse. Mira en tu interior, deja a un lado el miedo hacia lo que no comprendes y dime si tú, como yo, no buscas también, no andas por el camino de la búsqueda. Por tu cara veo que no ando muy equivocado. - Sí, es cierto –le dije. - Sé, - me dice- que desde este invierno no paras de darle vueltas a la cabeza con la muerte de tu abuelo. No paras de darle vueltas a las cosas, no paras de hacerte preguntas y que con cada una de ellas, las respuestas se vuelven más y más lejanas. - Y cómo sabes algo así –le dije completamente desencajado.

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- Lo sé amigo mío, lo sé. Y continuó- cómo crees que sabía que hoy volverías a casa por aquí. Los que estamos en el camino nos conocemos, nos une la misma fuerza. - Eso que me has dicho antes –comencé a hablarle tímidamente- lo de no sé qué cosa suprema que te dio una oportunidad – y me embalé- si tuviste línea directa con Dios, bueno... con el Supremo Bien, como dijiste antes, porqué no le preguntaste, porqué no resolvió tus dudas, porqué no le agarraste por el pecho y lo zarandeaste hasta que escupiera todas y cada una de las putas verdades. - Serénate amigo, no te irrites –me dijo condescendientemente. Crees que no lo intenté. Me miró fijamente a los ojos- claro que lo intenté. - Pero sigues por aquí –le dije con cierta rabia- dando más vueltas que una peonza. - El día que llegó mi hora, salí de mi cuerpo y vi, en aquella gran sala de palacio, como mis hijos lloraban mi ausencia. En la puerta giraba una espiral luminosa, y algo dentro de mí, empujaba a que me introdujese en ella. Entonces apareció aquella sombre tenue, y todo se detuvo de repente. El mundo parecía ralentizarse. Y de la opacidad salía una voz. Comenzó a

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entonces a hablarme, como yo antes hice contigo y reaccioné de la misma manera que tú. Yo estaba más enfadado, porque durante mi vida había estado negando con fiereza que algo así existiera. Amenacé, insulté y grité, exigí respuestas, yo merecía esas respuestas. - No doy crédito a lo que me dices –le dije, cortando el discurso. ¿Cómo esperas que me crea semejante disparate? ¿Espirales, fuerzas, sombras que hablan?... pero si hasta puedo tocarte – y le pellizqué en el antebrazo. Tú no estás ni muerto… El Jonio seguía imperturbable, me volvió a sonreír de manera condescendiente y siguió contando. - La sombra me dijo que si cruzaba la espiral, todas mis dudas se saciarían, todo sería más fácil y rápido. Pero si quería, hay otra oportunidad para los que somos como yo. La posibilidad de volver al mundo, sin barreras físicas ni temporales, mi pensamiento y mi alma seguirían aquí año tras año. Y decidí seguir la búsqueda. - ¿Qué me estás diciendo, -le pregunte- qué llevas todo este tiempo dando vueltas por el mundo? Te voy a contar yo la película amigo, pensé. Hemos mandado a un hombre a la Luna y pronto llegaremos a malbaratar Marte. Hacemos operaciones a corazón abierto y complicados

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trasplantes. Los aviones se han apoderado del cielo. Enormes puentes cruzan los mares y profundos túneles unen continentes. Pronto la genética dejará de tener secretos y crearemos un nuevo Bogart para la segunda parte de Casablanca. Hemos levantado enormes edificios llenos de conocimientos, creado enormes religiones multinacionales, y dado vida a infinidad de inventos que nos intercomunican instantáneamente. Y después de tanto tiempo no os hemos superado ni en un milímetro, seguimos sin encontrar la verdadera felicidad. Despedazándonos y sufriendo hasta el final de nuestro aliento. - He visto todo eso que me dice, amigo mío –me respondió. No puedo negártelo. Pero el siguiente paso es seguir adelante. - Así de simple –le dije con sarcasmo. Tanta coña marinera de viajes y búsqueda y me dices que siga adelante. - Sí –respondió sin dejarse arrastrar por mi enfado. Aunque no lo veas, detrás de lo negativo sigue habiendo grandes personas que hacen cosas grandiosas. El futuro está en sus manos. - ¿No te sientes –le pregunté- como Sísifo condenado a cargar la roca una y otra vez? Siempre andando, en soledad, sin poder comunicarte

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con nadie, sin que nadie sepa de tu existencia, lleno de preguntas sin respuesta. - No es un castigo - me dijo- algún día te darás cuenta y saldrás de dudas. Es cierto que somos frágiles y vulnerables, que nos hacemos mucho daño. Pero recuerda que el diamante que llevamos dentro es irrompible, trata de limpiarle la mugre que lo cubre y que le impide brillar. Acabó de hablar, suspiró y se puso en pie, me miró, sonrío… Bueno amigo mío, ya es hora de partir y seguir mi camino. Me tendió su mano, la cual estreché con gusto. Comenzó a andar, pausadamente como si lo llevara haciendo una eternidad. A su lado pasó una señora con el carro de la compra y no se dio cuenta de que un tipo tan raro se cruzaba en su camino. Subió los peldaños que daba a la calle. Giró, me volvió a mirar y a sonreír. Dijo algo en griego, una despedida supuse, pero de nuevo eran incomprensibles para mí. Después para que pudiera entenderle dijo: Sigue en el camino, de eso trata la vida de buscar y buscar”. Y siguió andando hasta que desapareció. Y allí me quedé yo sentado y con la boca abierta. Cuando la señora del carro pasó a mi lado, se quedó mirándome de arriba

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abajo y me ofreció su mejor mirada de desprecio y entre dientes murmuró: vaya juventud ma borracha y drogadirta, adonde vamo a llegá dios mío... y se alejó malhumorada. Y por fin me levante. Y seguí mi camino a casa, a ver la cara de palo de mi padre. De refilón pensaba en lo sucedido, si estaba loco de atar, si me habían gastado una broma de esas de programa de la tele o si realmente había tenido aquella experiencia mística. No sé... Como de costumbre, mandé las manos a mis bolsillos y me sorprendí sacando de uno de ellos un pequeño búho de cerámica de grandes ojos, de color verde y marrón - ¡Madre mía, que locura! –dije. Sonreí y le dije al árbol más cercano: gracias por el detalle amigo jonio.

Algeciras, 17 de Octubre de 1997

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