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De año en año la niña crecía y su miseria también.

Cuando era pequeña, fue la que se llevaba los golpes y reprimendas que no recibían las otras dos. Desde que empezó a desarroll arse un poco, incluso antes de que cumpliera cinco años, se convirtió en la criada de la cas a. A los cinco años, se dirá, eso es inverosímil. ¡Ah! Pero es cierto. El padecimiento soci al empieza a cualquier edad. Obligaron a Cosette a hacer las compras, barrer las habitaciones, el patio, la c alle, fregar la vajilla, y hasta acarrear fardos. Los Thenardier se creyeron autorizados para pr oceder de este modo por cuanto la madre de la niña empezó a no pagar en forma regular. Si Fantina hubiera vuelto a Montfermeil al cabo de esos tres años, no habría reconoc ido a su hija. Cosette, tan linda y fresca cuando llegó, estaba ahora flaca y fea. No le qu edaban más que sus hermosos ojos que causaban lástima, porque, siendo muy grandes, parecía que en e llos se veía mayor cantidad de tristeza. Daba lástima verla en el invierno, tiritando bajo los viejos harapos de percal agu jereados, barrer la calle antes de apuntar el día, con una enorme escoba en sus manos amoratadas, y una lágrima en sus ojos. En el barrio la llamaban la Alondra. El pueblo, que gusta de las imág enes, se complacía en dar este nombre a aquel pequeño ser, no más grande que un pájaro, que tembl aba, se asustaba y tiritaba, despierto el primero en la casa y en la aldea, siempre e l primero en la calle o en el campo antes del alba. Sólo que esta pobre alondra no cantaba nunca. LIBRO QUINTO El descenso I Progreso en el negocio de los abalorios negras ¿Qué era, dónde estaba, qué hacía mientras tanto aquella mujer, que al decir de la gente d e Montfermeil parecía haber abandonado a su hija? Después de dejar a su pequeña Cosette a los Thenardier prosiguió su camino, y llegó a M. Se recordará que esto era en 1818. Fantina había abandonado su pueblo unos diez años antes. M. había cambiado mucho. Mien tras ella descendía lentamente de miseria en miseria, su pueblo natal había prosperado. Hacía unos dos años aproximadamente que se había realizado en él una de esas hazañas industriales que son los grandes acontecimientos de los pequeños pueblos. De tiempo inmemorial M. tenía por industria principal la imitación del azabache inglés y de las cuentas de vidrio negras de Alemania, industria que se estancaba a causa de la c arestía de la materia prima. Pero cuando Fantina volvió se había verificado una transformación inaud ita en aquella producción de abalorios negros. A fines de 1815, un hombre, un desconocido , se estableció en el pueblo y concibió la idea de sustituir, en su fabricación, la goma la ca por la resina. Tan pequeño cambio fue una revolución, pues redujo prodigiosamente el precio de la m ateria prima, con beneficio para la comarca, para el manufacturero y para el consumidor

. y. lo que es más. que hizo su fortuna y la de todo el pueblo. con un morral a la espal da y un palo . a la caída de una tarde de diciembre. Nada se sabía de su origen. A lo que parece. fecundada por el orden y la inteligencia. la tarde misma en que aquel personaje hacía oscuramente su entrad a en aquel pequeño pueblo de M. y que entonces tenía el lenguaje y el aspecto de un obrero. Se decía que había llegado al pueblo con muy poco dinero. todo lo había enriquecido a su alrededor.. algunos centenares de francos a lo más. Y fue con ese pequeño capital. puesto al servicio de una idea ingeniosa. Era forastero en la comarca. En menos de tres años se hizo rico el autor de este procedimiento.