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El Cementerio, Provincia de Badajoz

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Mi abuela parecía una bruja, como las de las ilustraciones de los cuentos. Al menos físicamente.

Aunque, según mamá, también se le podía llamar bruja por mala y dañina. Pero claro, es que era su suegra. Una vez cada verano, mis padres nos llevaban a su pueblo natal para visitar a un montón de vejestorios. Era como ir a un museo. Yo, la verdad, prefería quedarme en el coche. Y eso que aunque mi padre aparcaba a la sombra, no se hallaba descanso en el interior de un coche de los años 70 , en una tarde de verano, en la provincia de Badajoz. Pero al final me obligaban a entrar, porque era de buena educación. Íbamos de casa en casa, visitando a tíos y primos de mis padres. El problema con los tíos de los padres es la nomenclatura de los parentescos con respecto a ti. O sea, si son tíos carnales de tus padres es fácil, porque son tus tíos-abuelos. Pero en cuanto te alejas del tronco del árbol genealógico, entras en el terreno de los tíos-segundos, los tíos-lejanos, los que en realidad no te son nada, pero hay que llamarles tíos... y si encima ellos a su vez tienen hijos, que también es su derecho, entonces... entonces es mejor llamarlos a todos "primos". A mí me mareaba el olor de algunas casas. No estaba acostumbrada al olor de las construcciones antiguas, ni al de los patios con plantas y animales. Me estaban criando en un barrio obrero cuyos edificios tendrían pocos años más de los que tenía yo. Ni nuestro piso ni nuestros muebles tenían ninguna solera. Así que lo primero que me asaltaba en esas casas del pueblo era el olor a sitio viejo, con muebles viejos y cosas viejas. Luego los tíos te besaban y ellos tenían otra clase de olor a viejo y además, todos pinchaban al besar, incluso las mujeres. Y entraba el olor desde los patios, el olor a letrina, a animales domésticos o a ciertas verduras. Hay gente que relaciona el olor a repollo con el clero; yo lo asocio con parientes del pueblo. También me llamaba la atención que las casas estuvieran tan oscuras. Hasta que no se iba el sol no se podían abrír las persianas, porque, como ya he dicho, era en un pueblo de Badajoz, en pleno verano... en los 70. Además, las persianas no eran de plástico, como las de nuestro piso en la ciudad, sino de madera y se enrollaban con una cuerda que casi siempre estaba rota y tenía varios empalmes anudados. Si mi timidez me dejaba, yo pedía salir al patio, pero no me solían dar permiso, porque cómo te vas a ir al patio con “la caló" que hace, que te va a dar una insolación. Me quedaba sentadita, porque yo era una niña muy buena y muy obediente. Y aunque me estuviera muriendo de ganas de irme, porque me mareaban los olores y me daba asco la verruga de la tía y además había un gatito en el patio al que yo quería acariciar, me quedaba quietecita, como me habían enseñado, para encajar en ese papel de niña modelo. Todos los hijos de mi madre éramos modelos -de conducta- y los parientes nos decían que nos tenían de buen año, que quiere decir que estábamos gordos. Pero en los 70 era de buena educación llamar gordos a los niños, porque era una manera de halagar a los padres: se nota que os va bien en la ciudad -querían expresar-, tan bien que podéis sobrealimentar a vuestros hijos. Curiosa ha sido la evolución en la consideración social de la obesidad infantil. De todas formas, aunque me hubieran dejado ir al patio, no habría hecho gran cosa allí, porque yo no sabía jugar, -no sé si causa o consecuencia de la obesidad infantil. Y seguramente el gatito se habría ido, porque en aquella época los gatos no estaban acostumbrados a que las personas en los patios los quisieran acariciar. De hecho, en esos pueblos, no creo que los gatos estén acostumbrados a ningún tipo de acercamiento amistoso, ni siquiera hoy en día. Mis experiencias de patio más próximas a lo lúdico, eran en el patio del colegio. Que no tenía nada que ver con los patios del pueblo. El del colegio era como un hueco entre los edificios, lleno de tierra y pedruscos. Nada de plantas, o de animales. Bueno, quizá alguna rata. Y claro, como yo era gorda, las niñas no me dejaban jugar a la comba o a la goma, porque conmigo cualquier equipo se convertía en equipo perdedor.

si no ocupaba el tiempo en tomar registro de ese tipo de datos. así que son de hecho nombres de hombre. Muchas conversaciones versaban sobre gente que se había muerto. ni dejar ninguna pregunta sin contestar. "mantúo". Toda carne. El Cementerio. los demás encontraban hilarante lo que les contabas de los nombres. gracias a mi parentela. como Puri. y que el pueblo debería llamarse así. en todo caso se suavizaban con diminutivos. Me hice carne de sedentarismo. Recuerdo que una tarde. o de comer: ni pedirlo ni aceptarlo. por no sé qué ataque o subida de tensión. eran lícitos como nombre de niña ya que estaban relacionados con la virgen. Yo era un lastre. El ojo izquierdo de la abuela. como era una niña tan tímida. Y.Bajo la advocación de otros objetos no se podía dar bautismo. me parecía que el olor cambiaba con la conversación y que empezaba a oler a cementerio. "patatera". "estrébede". En cuanto a mi abuela. Creo que era el de la tía Pura. O quizá es que se me quedó ese nombre y era de otra tía. Objetos como rosario o pilar. estaba como salido de su cuenca. ¡Ahí estaba el genuino y profundo olor de las visitas de verano! Y con la abuela sí que no te podías escapar de darle besos. Digo que no había porque hoy en día igual ya hay alguna. provincia de Badajoz. Me resultaban muy exóticos los nombres de los parientes. si bien masculinos. Estaba claro que ese ojo no funcionaba. literalmente. como si el globo ocular fuera varias tallas más grande que la órbita. porque no estaba acostumbrada al acento tan cerrado de algunos parientes o a las palabras típicas del pueblo. Desde bien joven tuve yo ese tipo de aperturas de la mente. me aburría un montón. La recuerdo siempre vestida de negro o de gris. porque me daba flato. porque eran nombres que sólo oía en el pueblo. En esos años en los que el bautizo era obligatorio a fuerza de ser la única posibilidad. aunque te lo ofrecieran. No me acuerdo bien de esta tía en concreto. mientras íbamos en el coche camino del pueblo para una de esas maratones de visitas. Pero mi padre me explicó que un rosario es un objeto de género masculino. que se llamaba Rosario. aunque a veces yo no entendía bien lo que me preguntaban. No había por ejemplo nadie que se llamara "María del iPod". Y tampoco era de buena educación pedir algo de beber. A lo mejor es que ellos no se fijaban tanto en los nombres o en los olores cuando estaban de vacaciones. El otro ojo tenía un mirar inquieto.Tampoco podía jugar al rescate o al látigo. Así que empecé a llevarme libros para no aburrirme en el recreo. a veces eran parientes y a veces vecinos. y sé que no se lavaba nada a sí misma. Y como yo era una niña muy sugestionable. Daban muchas ganas de salir. Cuando en septiembre llegabas al colegio. pensé justamente eso. "gañifote". ni mostrar ninguna curiosidad por los objetos domésticos. que era como ir de visita al cementerio. tan cerrada. Tampoco se podía pedir ir al baño. Alguna vez mis hermanos y yo intentábamos obtener de nuestros padres una amnistía de besos para este caso tan extremo. pero sí de su olor. cómo no íbamos a besar a nuestra abuela. aquello puso aún más distancia entre las demás niñas y yo. solía ser la visita más temida. Yo. "prestiño". o parientes de los vecinos. Que yo siempre había pensado que sólo las mujeres podían llevar ese nombre. tanto de parientes como de lugares. que se veía muy frondoso y muy cuidado. especialmente los cajones y su contenido. y la pupila se le había quedado de un azul lechoso. por ejemplo. pero ellos no querían ni oir hablar del asunto. tan rarita. por lo menos uno al llegar y otro al irnos. Llevaba unos vestidos sin forma que las señoras mayores suelen llamar "una batita". o vecinos de los parientes. ya que no era de buena educación leer durante las visitas. La mujer llevaba muchos años viuda y vivía sola. En la ciudad no había gente que tuviera nombres tan contundentes como Pura. igual que un pilar. habráse visto. Porque tampoco podía llevarme lectura a la ronda de parientes. claro. Recuerdo de manera especial un patio del pueblo. No creo que lavara mucho sus vestidos. porque no había ninguna "Virgen del iPod" o "Nuestra Señora del iPod". lo que definía sin dejar dudas el género de un nombre propio era el que llevara delante "María". tan callada. Y mucho menos si lo que te ofrecían era alguna monedilla. Como "jasconito". quizá por tener . Y del tío Rosario sólo recuerdo eso.

pregunté. Yo no le caía especialmente bien. que consistía en aprovechar las orejas de la hermanita. y sobre ella unos ojitos arrancados: unos globos oculares ensangretados en miniatura y en relieve. pero es que hay que llevarlo enseguida. con lo mal que le cae. la hija de los carniceros. Si había una santa con ojos en una bandeja y eso le servía de algo a mi abuela. "Nada. seguro que no me da la bandeja.. hubiera dicho. ¿me puedes dar una bandeja?". "Pero si acabamos de estar". la hermanita. ciega de este ojo. A mi abuela le gustaba explicar que Santa Lucía llevaba eso en la bandeja porque es la patrona de los ciegos. Representaba a Santa Lucía." "El regalo es en realidad para la abuela. si con uno habría suficiente. yo era "forastera" y eso te daba cierto estatus." Y ahí mi madre ya cambió definitivamente de cara.que hacer él solo todo el trabajo. porque ella enseguida perdía el interés en mi morbosidad. "¿Cuándo podemos ir al pueblo a llevárselo?". Mierda. si ya me extrañaba a mí. Luego me fui a casa.. en lugar de unas humanas. qué se le habrá ocurrido ahora! ¡Enséñame ese regalo ahora mismo!" Cuántas veces habrá salido esta historia en las reuniones familiares. "¡¡¡Aypordiósquéhabráshecho!!! ¡Ay. pero entre su aspecto y su olor corporal-y lo mala que era. Entonces se me ocurrió la idea.. Talavera. Esa fue una de las ocasiones en las que pude oir literalmente alarmas sonando alrededor de la cabeza de mi madre. Su pelo debía de ser completamente blanco por debajo de la capa amarillenta de grasa que siempre lo recubría. La abuela tenía la nariz grande y aguileña y la barbilla puntiaguda y prominente. ya ves cómo lo tengo. porque me dijo la Loli que aquí pronto olerá mal. pero tampoco había mucho que hacer en las tardes del verano y además. según mi madre. octubre de 2012 . Tampoco recuerdo que fuera generosa en ningún sentido. "¿Para qué quieres una bandeja? Siempre estás enredando". "¿Veis como es verdad que le tiene mucha envidia?". No era cariñosa ni mostraba mucho interés por ninguno de nosotros. y aunque a mí no me importó. Era la abuela y tenías que acostumbrarte. Yo nunca lo entendí. es que quería preparar un regalo". Cuando terminé mis preparativos. Así que mi madre se tomó el asunto del regalo como una buena señal y me dio una bandeja. al pueblo en el que pasábamos las vacaciones. me ayudara con los detalles de mi plan. "Un regalo para. ya era la hora de cenar y estábamos más o menos todos en casa. y yo sigo sin entender del todo por qué les pareció una idea tan absurda. es una figurita de escayola coloreada. La tal santa llevaba en la mano una bandeja. "Mamá. "Bueno.la verdad es que la mujer no se hacía querer. De su casa lo único que recuerdo. un relieve con la parte trasera plana para colgar en la pared. con la manía que le tiene a la niña. pero en casa de la abuela no se notará el mal olor". por qué hay dos ojos en la bandeja. Era espeluznante. Mi madre puso cara de "no. anuncié a la familia. ¿por qué no regalarle también unas orejas en una bandeja? ¿No se quejaban todos de lo sorda que estaba y de cuánto había que gritarle y de que sólo oía lo que le interesaba? Quizá lo que hice mal fue poner unas de cerdo. que esta niña me mata! ¡Ay. si le digo que es para la abuela. me las arreglé para que la Loli. todos dieron por hecho que la odiaba y le tenía envidia.. "Ya. abuela?". "¿Tú eres ciega. qué tiene que ver ser patrona de los ciegos con llevar ojos arrancados en una bandeja." Y entonces. "Hoy le pedí a mamá una bandeja para hacer un regalo para la hermanita. pero no era verdad". Cuando volvimos al otro pueblo. aparte del olor -todo olía a ella-. Pues no quiero ni imaginar cómo se hubiera puesto mi madre con mi plan original. "¿Un regalo para quién?". Pero esto no lo pregunté mucho." Mi hermana me había quitado el puesto de benjamina de la casa hacía años.

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