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EL COMERCIO

VIERNES 3 DE MAYO DEL 2013

OPINIÓN
“[…] Los contratos se parecen mucho a las camas de agua: no es posible, como se sabe, poner peso en un lado de una cama de agua sin esperar que el agua [...] no se vaya a inflar otra parte de la cama […]”.
Editorial de El Comercio ¿Seguros? / 23 de noviembre del 2012

EDITORIAL

Un defensor que no defiende
yer el Gobierno anunció que había decidido que Petro-Perú no adquiriría los activos de Repsol. Al César lo que es del César: aunque su intención inicial fue andar por el camino errado y su estrategia comunicacional no fue la adecuada, el Gobierno finalmente tomó el rumbo correcto y eso hay que saludarlo. El presidente, sin duda, ha hecho lo mejor para el país. Lamentablemente, parece que la reciente sensatez que el nacionalismo ha exhibido en el Ejecutivo no ha sido contagiada a su bancada parlamentaria. Y es que Jaime Delgado, congresista y portavoz de Gana Perú, junto con otros seis miembros del oficialismo, ha propuesto un proyecto de ley que, de aprobarse, tendría efectos nefastos en la economía de las familias peruanas. El objetivo de este proyecto de ley dice ser “salvar la economía personal y familiar” de las personas naturales que no puedan pagar sus deudas con el sistema financiero. ¿Cómo se las ha ingeniado para tratar de hacerlo? Pues muy simple: autorizándolas a que no paguen sus

A

El proyecto para permitir que no se paguen las deudas terminaría perjudicando a los propios deudores.
deudas. Tan sencillo como eso. entidad cobra para compensar el mayor riesgo. El proyecto plantea que, para evitar pagar Eso explica por qué, por ejemplo, los créditos de una deuda, lo único que tendría que hacer el consumo suelen tener tasas más altas que aquedeudor es declararse insolvente argumentanllos respaldados por fianzas o por una hipoteca, do, por ejemplo, haber asumido gastos “imo por qué a una persona con mal historial crediprevistos”. Luego de ello, el Indecopi entraría ticio le es más difícil conseguir un préstamo. Por a mediar estableciendo un esquema de pago ello, de aprobarse el mencionado proyecto las “justo” que evite “el perjuicio a los consumidotasas cobradas por las entidades financieras a res” (ambigüedad que se podría las personas naturales se elevaCONTRAPRODUCENTE traducir como: escogiendo el rían, pues se incrementaría la ¿Quiénes sufrirán más posibilidad de que los deudores no esquema de pago que le parezca de aprobarse el proyecto mejor al funcionario de turno). paguen sus deudas. del señor Delgado? Pues El señor Delgado, como acos¿Quiénes, entonces, sufrirán las familias de menores tumbra, ha empaquetado este más de aprobarse el proyecto del ingresos. proyecto con un brillante papel señor Delgado? Pues las familias de regalo, le ha colocado un enorme lazo y se lo de menores ingresos, que usualmente tienen meha dedicado al consumidor peruano, a quien di- nos capacidad de pago que el resto. Ellas, gracias ce querer defender. Lo irónico de esta situación al congresista nacionalista, verían reducidas sus es que, si a alguien perjudicará su proyecto, es posibilidades de acceder a un crédito para, por precisamente a los consumidores. ejemplo, comprar una casa o poner un negocio Uno de los criterios que influye en la tasa de que les permita mejorar su calidad de vida. interés que cobran las entidades que prestan diDe aprobarse el proyecto, además, justos nero es el riesgo de que el deudor no pague en los pagarían por pecadores. Y es que por culpa de términos pactados. A mayor probabilidad de que los malos pagadores que usen la ley en su favor el deudor incumpla, más alto es el interés que la aumentarán las tasas para todos, incluyendo a los buenos pagadores. Todos queremos que las familias peruanas puedan acceder a créditos en mejores condiciones. Pero para lograr eso, las iniciativas populistas son contraproducentes. Lo que se necesita es promover una mayor competencia para que las entidades financieras ofrezcan mejores productos y menores intereses. Y, paralelamente, reducir los costos irrazonables que imponen la ley y el Estado a las operaciones de crédito. Por ejemplo, lograr que el Poder Judicial permita cobrar las deudas de manera más expeditiva, pues no olvidemos que ocupamos el mediocre puesto 115 de 180 países en la categoría “cumplimiento de contratos” del ránking mundial Doing Business. El proyecto del señor Delgado puede que esté lleno de buenas intenciones. Pero, generalmente, las buenas intenciones no bastan. Y algunas otras veces no solo no bastan, sino que juegan en contra. Este último, precisamente, es el caso de la iniciativa del congresista autodenominado “defensor de los consumidores”, que resultaría ser un arma que apuntaría, nada más y nada menos, a quien pretende defender.

HUMOR PROFANO
- MARIO MOLINA -

EL TÁBANO
- DAMITA DE HIERRO -

l miércoles, Cuba solicitó ante la ONU la clausura de Guantánamo por violaciones a los derechos de los prisioneros. Enterarme de esto me hizo esgrimir una sonrisa, pues me llenó de un orgullo (casi) maternal escuchar de la boca de un representante del Gobierno Cubano las palabras ‘derechos humanos’. Esta noticia se suma a las otras buenas nuevas que ya nos llegaban el año pasado de un gobierno que está recorriendo un camino seguro hacia la democracia. Y es que ahora los cubanos pueden vender autos, obtienen permisos para viajar fuera de Cuba (con lo que se espera con mucha ilusión que baje en algo la cifra de los miles de cubanos que anualmente arriesgan su vida tomando un bote a Miami) e incluso han cambiado la relación de años por presidente (si antes era de uno cada 60 años, ahora es de dos cada 62 años). Cuba progresa. Tengo, por lo demás, la sincera esperanza de

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¡Patria, democracia o muerte!
que la reciente intención de luchar por los derechos humanos se desarrolle. Permítanme, por ello, darle una sugerencia al Gobierno Cubano: centrar su atención ya no solo en los 166 detenidos en Guantánamo, sino también en los 57 mil presos que se encuentran en cárceles de la isla. Estoy segura de que si les destinan el mismo esfuerzo que los llevó a viajar hasta la sede de la ONU, lograrán darle a sus prisioneros mejores condiciones carcelarias, aprenderán el arte de distinguir a los verdaderos criminales de los disidentes políticos y despedirán a los agentes del orden que –desobedeciendo directivas del Gobierno– cometen arrestos arbitrarios contra activistas de derechos humanos, periodistas y disidentes.

¿DEBIÓ PROHIBIRSE A LOS TRABAJADORES DE CONCYTEC EXHIBIR SÍMBOLOS RELIGIOSOS EN LA INSTITUCIÓN?

Para quitarse el sombrero
- IVÁN ANTEZANA QUIROZ -

Políticamente peligrosa
- REYNALDO BUSTAMANTE ALARCÓN -

mportante y valiente la decisión tomada por la titular del Concytec. En nuestro país estamos acostumbrados a declarar principios, pero no a cumplirlos. La propia Constitución es una muestra de ello, creada a medida de un régimen cuasi dictatorial por un Congreso títere, el cual no tuvo mejor idea para promulgarla que invocar a “dios todopoderoso” (ver preámbulo). Más aun, el inciso 3 del artículo 2 es muy vagaroso en su mención del ejercicio público de todas las confesiones, “siempre que no ofenda la moral ni altere el orden público”. Resulta muy sencillo aferrarse a palabras tan subjetivas para justificar acciones en un sentido u otro. Por ello, a cualquier protesta con un cariz de ‘anticonstitucional’ ante la sana medida del Concytec se le puede oponer el cariz de ‘constitucional’ y empezar así una discusión bizantina. Lo más preocupante es la naturalidad con que las fuerzas conservadoras y medievales se oponen a esta atinada medida. Ello se sustenta, sin duda, en la condición del Estado Peruano de simple colonia ideológica de la religión católica. Se dice que la Constitución, al establecer la libertad de cultos, le adjudica la condición de laico, pero no es así. El artículo 50 otorga notorias concesiones de excepción a la iglesia católica, y en la práctica sigue vigente el ilegal concordato con el Vaticano. Este acuerdo, establecido por un decreto entre gallos y medianoche por el dictador Francisco Morales Bermúdez pocos días antes de dejar el poder, fue la base de otro decreto, firmado por Alberto Fujimori en 1991, y ambos son la base para que el Estado Peruano emplee varios millones de soles del dinero de los contribuyentes para sub-

I

Presidente de la Asociación Peruana de Ateos (Aperat)

vencionar a la iglesia católica. Mienten descaradamente quienes califican este concordato como “refrendado” o “aprobado”, pues todo acuerdo entre estados debe ser aprobado por el Parlamento, y ello jamás ha ocurrido en nuestro país. El Estado Peruano es confesional e incluso aprueba el adoctrinamiento de la niñez mediante un curso de catequismo católico eufemísticamente llamado Religión. Ha habido un tímido avance con la reciente Ley de Libertad Religiosa, pues los padres pueden ahora exonerar a sus hijos de ese curso, pero su sola existencia es un claro indicador de la promoción ideológica del Estado Peruano de una religión en particular. El propio presidente de la República asiste a actos religiosos, se nombra a sacerdotes como mediadores en conflictos, las iglesias no pagan impuestos, el Tribunal Constitucional (compuesto por magistrados creyentes) apoya la consagración religiosa del Estado... Por donde veamos, encontraremos ejemplos de cómo el Estado y la iglesia están mezclados en nuestro país de manera contaminante. La religión es únicamente para la vivienda o el templo de quien la practique. Solo un Estado sin religión garantiza que los ciudadanos profesen las religiones que deseen. Le duela a quien le duela, un Estado laico (completamente separado de las religiones) es la mejor garantía para ingresar a la modernidad que este nuevo siglo exige. Dado que la legislación peruana no apuesta por ello con claridad, el inteligente avance de funcionarios como la señora Gisella Orjeda nos da razones para ser optimistas. Apoyémosla sin ambigüedades. Y si ello motiva una tan necesaria discusión sobre la laicidad, tanto mejor.

L

Presidente del Instituto Solidaridad y Derechos Humanos

ejos de dejar sin efecto su decisión de prohibir a sus trabajadores exhibir símbolos religiosos, la presidenta del Concytec ha publicado un comunicado pretendiendo justificar dicha medida. Sostiene que las expresiones religiosas no pueden realizarse en los espacios públicos, como Concytec, sino que deben reservarse a las esferas privadas de las personas. Una situación preocupante porque significa que una funcionaria del Estado se resiste a cumplir con las normas constitucionales y legales que garantizan lo contrario. En efecto, la Constitución garantiza el derecho fundamental de toda persona a la libertad religiosa y precisa que el ejercicio ‘público’ de las confesiones es libre (artículo 2:3). La Ley de Libertad Religiosa (Ley 29635) señala también que “el ejercicio ‘público’ y privado de este derecho es libre” (artículo 1) y que la libertad de religión comprende, entre otros, el derecho a “practicar de forma individual o colectiva, en ‘público’ o en privado, los preceptos religiosos de su confesión, sus ritos y actos de culto” (artículo 3). Reiteradamente, pues, la Constitución y la ley garantizan el derecho de toda persona a expresar su religiosidad tanto en los ámbitos públicos como en los privados. Una conclusión confirmada por nuestro Tribunal Constitucional. Sí, así como se lee: en un proceso de amparo donde se pretendía que el Poder Judicial retirase los símbolos religiosos que pudieran existir en sus instalaciones, el Tribunal Constitucional recordó que si bien “la laicidad es incompatible con un Estado que se considere defensor o protector de una determinada confesión”, al mismo tiempo es incompatible “con un Estado que promueva el ateísmo o el agnosticismo o el destierro del ámbito público de toda

expresión de origen religioso”. Por ello, el Tribunal Constitucional desestimó la demanda y señaló que “la incompetencia del Estado ante la fe y la práctica religiosa no significa la promoción del ateísmo o agnosticismo con la eliminación de símbolos religiosos de la esfera pública o la imposición de una ideología antirreligiosa, ignorando las tradiciones que responden a la formación histórica, cultural y moral del Perú” (Exp. 06111-2009-PA/TC). Esta sentencia nos recuerda la distinción entre laicidad y laicismo, exhortándonos a no incurrir en confusión. Y es que la ‘laicidad’ significa que el Estado actúa y toma sus decisiones con independencia frente al fenómeno religioso, pero respetando siempre la posibilidad de que las manifestaciones religiosas se expresen libremente y que sus razones, desprendidas de su raíz religiosa, puedan incorporarse a los ámbitos públicos. El ‘laicismo’, en cambio, es la negación de todo contacto con lo religioso, el rechazo de cualquier argumento o manifestación de índole religiosa, que prohíbe la religiosidad o la reduce a ámbitos exclusivamente privados. Por ello, mientras el Estado laico es afín a una sociedad plural y tolerante; el Estado del laicismo es propio de un régimen beligerante, antidemocrático y excluyente. Defender la libertad religiosa en armonía con la laicidad es, en definitiva, defender la libertad de todas las personas. Si hoy permitimos que el Estado o un particular invadan la libertad religiosa, mañana podrían hacer lo mismo con la libertad de expresión, de opinión u otras esferas de la libertad. Se confirma así que la decisión de la presidenta del Concytec, además de ser jurídicamente inválida, es políticamente peligrosa. Estamos todos notificados.

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