ANTOLOGÍA DE CUENTOS FÚNEBRES Mil voces tiene la muerte .

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ANTOLOGÍA DE CUENTOS FÚNEBRES Mil voces tiene la muerte .

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José Luis Gómez Lobo El niño santo .

Ha escrito cuentos para diversas revistas locales y para algunos periódicos de la entidad. pero radica en Guadalajara desde hace muchos años. .José Luis Gómez Lobo nació en Tijuana. Tiene publicada una novela llamada La Otra Pantalla en ediciones Arlequín y otra en vía de publicación en la misma editorial de nombre Oración por el Padre Difunto.

precisamente. Espigas doradas perfectamente simétricas alzándose encendidas hasta el infinito. sino porque estoy al lado de quien así lo ha creído. Allá arriba. acá abajo alguien cree mirarle. con verdadero empeño. como lazos que nos unen a él. ornamentadas con sendos hilos de oro cuyo fulgor evoca las voluntades del Señor. y porque le estoy escuchando aseverarlo.A cielo abierto. Pretendiendo ignorar su creación. Bien definidos. Replegándose lo más que puede en sí mismo. Y a pesar de tanto empeño. Con las manos en sus oídos para no escuchar. Es esta señora de aquí a mi lado. Con la vista puesta en otra parte. trazada en su boca que denota un cierto gusto por la nueva travesura que se le estará ocurriendo. Detrás de esa nube debe estar el reino de Dios. Encuclillado con el mayor sigilo. Ahora. Y si lo aseguro no es tanto porque sea yo quien esté creyendo verle. Oculto. involuntaria. una serie de rayos solares se abren en abanico tras de una robusta nube. En ese cielo tan bonito que revive los detalles de las pinturas de magnánimas divinidades. Y la creencia de quien cree mirarle se suscita. Y él estará ahí. a pesar de todo su sigilo. Sin la más mínima gana de hacer un seguimiento de sus progresivos fallos. cuidando que su joroba no rebase los límites de la nube. . con verdadera concentración. Desentendiéndose de lo que ocurre abajo. al percibir uno de estos hilillos dorados atravesando las ramas de un fresno para descolgarse hasta el piso adoquinado del jardín de la colonia. para así evitar que alguna posible torpeza lo delate y que entonces se evidencie esa discreta sonrisa.

Entre la lloradera general la oigo decirlo. a medida que cae la tierra sobre el ataúd. El segundo lugar se lo disputan los montones de enfermedades . aunque en un gesto algo esquivo. tú me lo diste y ahora te lo entrego. con no sé qué gesto. porque quizás por los efectos de la conmoción. cuando el hijo es depositado en su tumba.Que sea tu santísima voluntad. en este momento.Es tuyo. la voluntad de Dios. mira a su adolescente hijo con el cráneo reventado bajo la enorme piedra que. el mismo que rápido ha levantado para volver a ocultarlo. de donde se desprenden los hilillos de oro. A donde. sabrá Dios en qué momento. con la piedra de mayor peso y volumen. terminan de cumplir. ahoritita. Porque así parece ser el asunto. Y la veo dirigir su vista. con la navaja lista y destellante. en cuáles circunstancias. en donde mira a su interlocutor. . yo ahora no veo nada. . Dios. que según eso es uno de los más duros de sobrellevar. La escucho decir a través de los gorgoreos de su garganta y por entre tanta sílaba enroscada de dolor. emite su sabia voluntad que extiende expeditamente a sus principales colaboradores para ver quien la puede ejecutar. con la bala acomodadita en el cañón. con los ojos lagrimeantes y con la razón a punto del extravío. Alzan la mano primero los asesinos. A la nube pues. quizás por la ausencia de lágrimas. mi Señor. temblorosa entre tanta lágrima. le sorrajó de golpe el advenimiento de la muerte. hacia arriba. interpretamos todos quienes lo vemos. con el corazón engarruñado. La nube al moverse un poco descubre la presencia de uno de sus pies. a paleadas secas que silban al mordisquear el bulto de tierra antes extraída del hoyo. repetir lo de la voluntad de Dios. Digo no veo nada por decir algo. Y eso mismo dice la señora pero ya después.Antología de cuentos fúnebres 12 quien justo ahora. clarito se me ha figurado verlo también. forzando a la indiferencia de su gesto a que parezca pesadumbre. Y los tres tipos empleados del panteón.

que a paladas de tierra van cubriendo el hilillo dorado que fue la voluntad. vivía entre pecadores y Dios se lo llevó.Esto ya lo digo viendo al cielo . los enterradores. -El bueno agradó a Dios y Dios lo amó. sí. No sé si sea la desvelada del velorio o la resultante lagañosidad.. el entendimiento confuso. en cuyos jardines. ya se imaginarán ustedes quien lo dice. o la saturación de tantos rosarios absorbidos a lo largo de la noche. creo ver la mano de Dios allá arribita. cuyas mordiditas demoledoras les otorgan una posición de importancia en la consumación. y con ello. sí. Aunque también están los gusanos. pero así como estoy.. -Sí. con la razón algo obnubilada.. casi a un lado de un avión que en este momento pasa. Y todavía sigue sacudiéndose la trompa agrietada del padrecito con la cascada de palabras de consuelo. cuando yo ya me estoy haciendo la pregunta obligada: -¿No sería más lógico extirpar de su creación todo aquello que resultase malo? -Carajo. Mil voces tiene la muerte . Y rápido me hago el disimulado. Dios se apresuró a sacarlo de la maldad. . como un tronido seco que sin duda hubo de despabilar en sus madrigueras a las ratas que ahí pernoctan. crujió el cráneo del ahora recién nombrado “El bueno”. el finiquito del proceso. “Con la lógica que te cargas no vaya a ser que luego resulte que me encuentres agrado en el instante del contacto y me descubras apto candidato a postrarme frente a tus colaboradores”. Lo arrebató para que el mal no pervirtiera su mente ni el error sedujera su alma. a unos cuantos metros del atrio.13 y los choferes del transporte público. con mis ojos levantados al cielo.. Y luego por último.si fueras el director de una empresa resultaría que despedirías al eficiente y se le darían horas extras y bonos de compensación al trabajador más estúpido. Lo dice el señor cura del templo del barrio.

para distanciarnos de lo que ahora se le ha nombrado maldad. dáselas a Él. y con fecha de nacimiento y de fallecimiento para que no se pierda el registro de su caprichosa voluntad.Antología de cuentos fúnebres 14 -En lo que a mí respecta. en el sitio exacto donde murió el muchacho – a Diosito se le antoja dar el último jalón a nuestros hilos y justo en el sitio de donde nos arrancó hace brotar. beber continuamente de su botella de alcohol. un altarcito con nuestro nombre. enlutadas todas. señor cura. casi como monumento a su arbitrariedad. como inicio de su andar hacia la santificación. gracias – le digo con la torcedura de mi boca sarcástica que el señor cura no entiende. mi amigo. los ladrillos que yo le voy pasando. dejar señales en la tierra del momento en que se trasladó a la gloria. -Así es este asunto. bajo la supervisión de la madre del difunto y tres señoras más. hijo. Jalados todos en bola hacia la salida del panteón. odiarse en secreto por su montón de pecados – como un hechizo la maldad oscurece al bien. al que murió joven y antes de tiempo.. jalados con sus hilos de oro bien amarrados en los dedos de la mano que se le pasó ocultar en su escondite. mi amigo – me contesta sin perder concentración en lo que hace: embarrar los ladrillos de mezcla. -No me des las gracias a mí. que vela por su pueblo santo. mi amigo – le digo al tipo de sombrero con aliento etílico que pega uno tras otro. y por eso hay que construirle sus honores al bueno. dando saltitos dislocados en este tinglado de cartón que es nuestra chafa realidad. -Así es este asunto. una crucecita. .. Marionetas en manos de desvelado. Pues ánimas que ya se duerma porque ahí nos trae dando tumbos para aquí y para allá. como simples marionetas. una ermita. en la que ya le estamos construyendo su altar al muertito y la cual vivimos hasta que al titiritero se le ocurra dar el último jalón de hilos.

es gente vecina del jardín donde fue asesinado el difunto. o una cifra que aumenta conforme los días pasan. Y yo divago: ¿Será de verdad un soplo o tan solo la imposibilidad de contener la risa? -El bueno que muere condena a los malos que todavía viven. pues sí. ni cuatro contando a la afligida madre. por los mismos asesinos que lo mataron. por allá. que temen por sus hijos adolescentes a que sean asesinados con la misma saña. Seguimos con esa lógica suya tan original. un viento arremetido aparece de la nada como queriendo ayudarles en su empresa. por todas partes. la suma de años sólo sirve para almacenar maldad. Allá estará arriba Dios. allá mucho más arriba de los fresnos que tan poca sombra dan. Por los mismos asesinos o por otros diferentes. y cuya prolífica Mil voces tiene la muerte . de quien se dice y se califica como un buen muchacho. y entre más corto sea el lapso entre fecha de nacimiento y de fallecimiento. trabajador y responsable. o con menos. no solo son familiares del difunto. porque sin duda sobran. para el caso es lo mismo. Pero hay que aclarar. O sea que entre a más viejo llegues más jodido estás. inflando sus cachetitos y exhalando el soplo que empuja a su destino a quien empiezan las señoras a llamar El Niño Santo. mayor santidad se alcanza. padres todos. son diez o doce. o recurrentes transeúntes.15 Pues sí. van poco a poco. lágrima tras lágrima. salpicando vocablos a veces desgañitados a veces murmurantes la cadena de rosarios. sino me digo yo. por robar al muchacho. créaseme o no. formando la vereda que el alma aborda cuando perfila a convertirse en santo. frase tras frase. según se ha corrido el rumor. Y sea lo que sea. Y la madre del muchacho y las otras tres mujeres. y la juventud que pronto llega a la perfección condena a la prolongada vejez del malvado – rezan las señoras que por cierto ya no son tres. ya no le digo a él. por aquí. días que se contabilizan ya no con fechas sino con el número de gente que se va agregando a los rezos ante el altar del Niño Santo.

torre de David. en una cotidianeidad aterrada por el acecho de la voluntad de Dios. Y entre rezo y rezo el tiempo transcurrido deja de medirse en días. con una vitrina en donde van depositándose sus objetos personales. ten piedad de nosotros. -Ruega por nosotros. Transcurre en un continuo presente por el terror de ver en el pasado el origen de nuestra maldad y en el futuro nuestro merecido castigo. ni a la negrura del firmamento llegar. frente al altar del niño bueno. Abstraídos por el terror de cada uno y de cada cual.. “Dios ha muerto” se dijo hace algún tiempecito. -Pues según yo. con un lenguaje saturado de contenidos religiosos.Antología de cuentos fúnebres 16 presencia se confirma con la saturación en las calles del barrio de ermitas. Y volvió a sus viejos terruños disparatado y torpe. rosa mística. pero después el hombre. a lo que yo sé. pintadito de amarillo. su película favorita. dos o tres de sus juguetes. para tratar de esquivar a sus colaboradores. junto a las veinte o treinta personas. Y al fin terminar. -Oye. casa de oro. torre de marfil. trono de sabiduría. “Dios ha revivido” yo creo. ¡Ay buey! Rezamos ante el altar ya terminado del niño bueno. abrumados y resollantes. que hunden frenéticos sus pies en el acelerador. arca de la alianza. sí había muerto. . la foto suya más reciente. enredándose a veces. con un perdón por la distracción. negociándole el título de Niño Santo a cambio de un poco de protección. empequeñecido ante tanto canijo problema de la existencia humana se vio obligado a revivirlo. sólo resta dar jalones a nuestros hilos unidos a los dedos divinos del titiritero. gritaron. Y van las tensiones de hilos de un lado a otro. pues no que Dios ya había muerto – me dice un iluso después de un codazo en mi costado que me sorprende en medio de una jaculatoria. desenredándose en ocasiones con un usted disculpe. que pintan rayas en el suelo con el filo de sus cuchillos. altares y crucecitas en honor a los caídos. cegatón. nadie mira al sol ponerse..

Cruzamos los brazos e inclinamos la frente. En lo que transcurren los rosarios. recorriendo las cuentas y los misterios de nuestra muy posible maldad. Y los días se han convertido en los temblorosos dedos de nuestro ánimo. por intermediación de un favor concedido a una petición escrita en un papelito depositado por alguien en la vitrina. la nuestra. las oraciones. Y es la búsqueda de protección la que. levantando uno de sus rollizos brazos dispuesto a lanzarme un fulminante rayo. se estrena en su incipiente carrera como milagrero. hacia un cúmulo de nubes aborregadas ennegrecidas por el humo de la cercana zona industrial. las alabanzas. Retomamos el rosario a la altura de las letanías. ni por equivocación. babeante de amarillenta bilis. para rehacerlo en una continua búsqueda de protección ante nosotros mismos y ante nuestra subyugación a los hilos enredados en los dedos del Señor. con mis ojitos bien cerrados. bisbiseando los “ruega por nosotros” que exige la letanía y acercándome poco a poquito con un gradual arrastre de mis pies hacia el altar del Niño Santo. es decir.17 con una enorme capacidad en la ejecución de actos inentendibles y sin atino alguno en la justicia. la misma condena que se traduce en una especie de culpabilidad. La maldad de nosotros. hace Mil voces tiene la muerte . sus días y sus horas. Por mi parte no tengo ni la más mínima gana de levantar mi vista hacia su reino. Y mi interlocutor asiente con la cabeza y alza sus hombros en franco gesto de resignación. la que somos. como a mí. la que late y subsiste por el simple hecho de seguir vivos. a una especie de monumental Frankestein con sus ojos inyectados de furia. vivos en esa vida condenada por el bueno que ha muerto. quien ahora mismo. Y es entonces la culpa lo que nos hace desbaratar el tiempo. Mejor así me quedo. el tiempo se consolida en una larga plegaria de entonaciones febriles con apetencias de protección. No quisiera ver.

Pues si es aquel vaguito que miré alegando con los mariguanillos porque estos querían que les diera su parte de un asalto. con una exclamación que hizo trabar los engranes de la retahíla de oraciones evidenciara toda la trama del divino juego de nuestro Señor. que hay que aprovecharlo. pérense. hubo que mostrarse. con la foto del Niño Santo de la vitrina casi frente a la nariz de ese alguien. pese a su intento por mantenerse oculto. Acusatorios todos. que el piso quema las plantas de los pies.. Este muchacho era de la banda de chavos que asaltaba aquí en el jardín. el motivo por el cual Dios. arrastren sus pasitos poco a poquito hacia el frente. según yo lo interpreto colocado casi al roce de la vitrina. uno de los cincuenta presentes. que es de tarde y que hay muchas cosas por hacer en el resto del día. Y al mismo tiempo que aumentan los comentarios se desprenden las personas de la muchedumbre. en el principio de el evento en curso.. -A ver pérense. urgidos de encontrar en la cercanía la sanación de todas las culpas. -Ah deveras – dice otro mirando hacia donde señala el dedo del primer acusador– ya me acordé. Entonces el empeño de todos los presentes por estar cerca del altar. hacia el altar del Niño Santo. dónde lo he visto. porque casi han pasado dos meses desde el día del crimen y ya estuvo bueno de tanto rezo.Antología de cuentos fúnebres 18 que toda la concurrencia arremolinada en el jardín. Generó nuestra cercanía al altar para que alguien. aclara... con razón desde que vi su foto me dije: dónde lo he visto. Y así se van sumando comentarios en torno a la foto del muchacho. con tal actitud de socarronería: sus inmensas ganas de divertirse un poco con su creación. Severos unos y enfáticos otros al elevar entonaciones de desprestigio. Dan la espalda . Atropellándose entre sí. un día a mí me tumbó cuchillo en mano un reloj y mi cartera. Entonces se cae en cuenta que el sol cala. cincuenta por aventurar un cálculo.

Y no quedará recuerdo de ustedes. una de sus regordetas manos cubre con torpeza su boca y su joroba velluda sube y baja en la agitación de su carcajada contenida. Y ya mejor así le dejo. Al altar y a la madre del muchacho quien se ha quitado el velo que cubría su rostro y que grita desgañitada. Y le veo tras una nube adelgazada por un repentino ventarrón. algo que parezca recriminar.Y serán despreciados para siempre entre los muertos. . me llevo las manos a la cintura. los arrancará de sus cimientos y los arruinará completamente. Mil voces tiene la muerte . Doy un jalón a los hilos que me amarran a Él y me retiro. Sin dejarlos hablar el Señor los lanzará de cabeza. . Estarán llenos de angustia. Después de varios metros recorridos aún se escucha a la madre del ahora recién fracasado en su carrera como santo. pretendo la postura de quien ha pillado a alguien en una infantil travesura. sacudo mi cabeza en negativa. Y yo miro hacia el cielo intentando una mirada adusta.19 al altar.Así sea y amén – digo.

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Muerte chiquita en dos tiempos Julio Zárate .

donde imparte cursos de lengua y literatura. . Actualmente prepara un doctorado en la Universidad de Montpellier. Publicó en 2009 el libro Cuentos para gente sola en Guadalajara y próximamente publicará un segundo libro de cuentos Los endemoniados en una versión bilingüe en Montpellier.Julio Zárate. sobre literatura latinoamericana. nació en 1985. Es licenciado en Letras Hispánicas por la Universidad de Guadalajara. Francia.

aunque sí temor que sus ojos no pudieron ocultar. la desesperanza. lo sabía todo. Ya antes había matado. quiero oír tu voz. aunque ya sin esperanza. el sonido ensordecedor . Soltó una carcajada. Necesitaba matarlo pues era testigo del crimen. Hizo un rápido movimiento con su cuchillo y rozó ligeramente el pómulo. viéndola desangrarse y jalar aire ya sin fuerzas. sabía que no hablaría. dijo mientras pasaba la hoja sobre su frente. necesitaba matarlo. de cerrar los ojos para evitar la mirada ausente que blandía el cuchillo. Comenzó a reír mientas se paseaba despacio por el cuartucho en penumbras. ¡maldita sea! Blandía un cuchillo de cocina mohoso sobre su rostro impasible. dime cómo quieres morir… ¡Dímelo!.I Ahora que estamos solos. Pese a las amenazas. Ahí estuvo. ese ligero temor era su triunfo. Él se sobresaltó al sentir la sangre correr sobre su rostro. siempre están presentes en los ojos. lo deleitaba. sólo buscaba la manera de mirar hacia otro lado. Así tendrías que mirarme siempre. El horror. Luego la inconsciencia. aferrándose al último instante desesperado de vida. pero se negaba a hablar. La mujer sólo lo miraba desde el suelo. Lo golpeó en el rostro. no hubo una sola queja. Podría cortarte los párpados. ¿por qué no hablas?. confirmaba su hipótesis de que los sentimientos más elementales no pueden ocultarse. ¿Entonces me temes? Sabes que nada puedes hacer… Y bien. sintiendo cómo el acero oprimía su estómago y le impedía tomar aire.

sus piernas. Despertó en la misma posición. la lucha desesperada que se fue haciendo cada vez más errática debido a la pérdida de sangre y esa risa que resonaba por toda la habitación. ridícula es también la muerte. y él no se inmutaba. Luego un golpe en la sien con el mango del cuchillo. le dolía la cabeza. Abrió la boca y jaló aire instintivamente. Miró de soslayo el lugar donde estaba el cuerpo de la mujer. sonriendo mientras veía el rostro ensangrentado. como luchando por evitar que su vientre reventara. Se había quedado petrificado mientras el otro mataba. Era ridícula su última postura. a pocos metros de donde ahora él era torturado. Y bien. la desesperación. lo había visto matar. mientras él tosía y escupía sangre.Antología de cuentos fúnebres 24 de la nada. Habla. un hilillo de sangre corría desde la altura del estómago y formaba una línea roja que seguía hasta sus pies. Se había olvidado de ella. con el vientre semiabierto. ahí estaba frente a él. había perdido su voluntad. Era hermosa. sintió la sangre cubrir su nariz rápidamente y volver su respiración dificultosa. horrorizado. Había quedado bocabajo. Tras haber confirmado que ella había muerto. Lo había visto todo desde un rincón de su conciencia. dijo. sentía la boca dura y reseca a causa de la sangre coagulada. le arrojó su sangre y su saliva y por un segundo la risa cesó. abrió sus ojos. cayó al suelo. la muerte. contrastando con la blancura de sus zapatillas. la mujer era de verdad hermosa y ahí estaba inerte. disfrutando cada expresión de su rostro. el dolor. pensó mientras se daba cuenta de que todo había terminado. el otro se volvió y lo vio ahí. el pánico. Dio una rá- . Sintió el puño sobre su rostro. gimiendo sin atreverse a decir algo contra el asesino que ahora se abalanzaba sobre él para poder salir de ahí sin dejar rastro. Le escupió el rostro. La había visto morir. hecha un ovillo.

se dijo. a temer que quizá lo había abandonado en esa casa. Cuánto tiempo tendría ahí. desde donde estaba podía ver el principio de sus piernas. mitad carcajada nerviosa. intentó levantarse. Luego reparó en el cuerpo de ella. su sangre lo había alcanzado y mojaba ligeramente sus cabellos. a veces parecía levantarse y ahorcarlo con los intestinos. Luchó contra las cadenas hasta percatarse de que era inútil y sólo se hacía daño. el asesino no estaba. mitad llanto. llamándolo. pero no se movía. por ella. . De todas formas no podría salir mientras estuviera encadenado. despertar. la imagen del momento en que el metal cortaba piel y entrañas volvía de nuevo. atormentándolo por su pasividad. La piel de la mujer comenzaba a tomar una ligera rigidez. Comenzó a dudar. Nada quedaba del rostro hermoso. Esperó durante horas y el asesino no aparecía. Apenas consiguió retirarse del hilo de sangre y apreciar la evolución de la muerte. ahora era sólo la desfiguración de la muerte en una mueca. Pese a su estado sigue siendo hermosa. desconocer si es el terreno de la vigilia o el sueño aquel donde tienen lugar las peores pesadillas. pero estaba encadenado. Sintió asco y miedo. una y otra vez. Luego abría los ojos y el silencio de la habitación lo atormentaba. El cansancio y una extraña seguridad lo hacían dormir de nuevo.25 pida vista a la habitación. Tenía remordimientos. El cadáver estaba ahí. su falta de valor. esperaba que ella se levantara. era hermosa y ahora yace inerte con el vientre semiabierto. Quería vengarse. por lo que decidió guardar sus fuerzas y esperar una eventual oportunidad. que realzaba su blancura y el contraste con la sangre. más que por sí mismo. La había visto morir de nuevo. Mil voces tiene la muerte II Dormir.

Vivo en tu conciencia.Antología de cuentos fúnebres 26 Diálogo constante consigo mismo. bailaba un tap y él no podía dejar de ver el hilillo de sangre que corría por sus piernas hasta sus zapatillas blancas. ¿Qué podía hacer? Actuar como un hombre. Sí. no podía dejar de excitarse. Ofrecida. la Muerte se reía de él. quiero que ella me haga el amor. Muero por ti cariño. Tenía hambre. le decía irónica la mujer mientras pisaba ligeramente su rostro. dándole oportunidad de ver hacia arriba. Pero me deseas más a mí. se frotaba los ojos. decía él resignado. decía él sonriendo: Ahora hasta hablo con los muertos. Entonces. Muerde con pasión mi liviandad. cariño. Luego la mujer despertaba y espantaba a la Muerte. luego la Muerte llegaba para bailar con ella y ambas reían. sólo hablas conmigo. Tú estás muerta. Cobarde. bailo. pero no hablas con los muertos. Un pedazo de locura dirás. esperaré a que ella regrese. soy la Muerta. La deseo. le dolían las piernas porque los grilletes apretaban con furia. cariño. lamían la carne pelada por el esfuerzo infructuoso de la huida. Pero no me puedes tener porque estoy muerta. se ponía de pie. tormento. Ya no soy un hombre. interrogaba ella. dame tu vida. No. lo acariciaba. Necrofílico. le hablaba. eres sólo un pedazo de conciencia. dale vida. decía él. Soy deliciosa. no sé cantar porque . ¿Quieres comerme?. cariño. la asfixia en sus ojos. Él temblaba. dejaste que me mataran. le decía que era guapo: Quiero hacerte el amor. Luego hacía un lazo con sus tripas y se ahorcaba del ventilador mientras hacía gestos horrendos. Pero yo no soy la Muerte. No te canto una canción porque no sé cantar. Luego la Muerte se le acercaba. Es cierto. lo tomaba en su regazo hasta que se volvía a dormir. La Muerte sabe. Sí puedo. le decía. La Muerte se sentaba a su lado. que comenzaba a endurecerse. ¿La deseas?. eres locura. Ellas bailaban todo el tiempo. decía él señalando con el dedo el cuerpo de la mujer. Pero te deseo más a ti. de rumiar su deseo.

señalando el cuerpo de la muerta. Canta linda. No. ¿Y entonces qué hacer?. ¿Me llamaste cariño? Sí. espera a la Muerte. luego sintió vergüenza. no has dormido bien. un poco. dijo ella riendo. quería toda la atención. No lo sé. sí. Aunque tengas todas las vidas seguirás delgada. y la Muerte se lanzaba al centro de la habitación y se quitaba la ropa al ritmo de una canción sensual que él no sabía de dónde venía. Lo sé. Hola cariño. decía la Muerte divertida. su vientre se está hinchando. Si pudiera lamerla. su piel se está oscureciendo. sorpréndeme. respondió ella. ¿Estoy loco?. hacía la Muerte un gesto. Pero estoy harto. Hum. Él abrió los ojos. Canta tú. dijo él. estoy cansada. quieres tener sexo con un cadáver y creo que cada vez me encuentras más atractiva… sí. Luego se tiraba de nuevo y él se quedaba pensativo. le dijo él. me gusta más ella. la Muerte lo despertaba impaciente. Estás muy delgada. Pues entonces déjate llevar cariño. mirando el hilillo de sangre correr por sus piernas. dijo él en un arrebato. ¿No se supone que debes llevarme? Todo a su debido tiempo. definitivamente estás loco. por Dios. Ya no quiero cantar. Hazme el amor. preguntaba triste. Pero soy bella. perdiste la cordura hace dos días. Puedes vernos bailar. Mil voces tiene la muerte . Lo siento cariño. ¿No disfrutas de nuestra compañía? Bueno. cansado. dijo él. atormentado. Quiero que canten. creo que eres más linda que la Muerte. pensó. que luego levantó la cabeza. Pues no te esfuerzas. ella sabe canciones de cuna. quería que todo acabara. luego. dijo la Muerte. ¿Cómo quieres hacerlo?. Necesito vida. dijo él entusiasmado. no has comido. ¿Estás loco?.27 no quieres. mejor te hago un striptease. como buscando la palabra correcta para no herir sus sentimientos: Sí. qué no ves que tiene tres días de evolución cadavérica. Sí quiero. la Muerta no quiere cantar. Ahora no. y… ¡apesta!. Apenas lo suficiente.

Son de los buenos. Antología de cuentos fúnebres 28 Ella quiere matarte. preguntó la Muerta. ¿De verdad me deseas?. Te quiero. Sí. ¿Crees en Dios?. . dijo la Muerte y se largó. Haces mal. un poco. dijo él riendo. Si sólo pudieras alcanzarme. pero ese no es el punto. La sangre de ella ya se había secado. Eso no me importa. linda. a su lado la Muerte fuma un cigarrillo: ¿Quieres? Sí. Al oír esto. coqueta. La Muerte dice que sí. no opondré resistencia. ¿Por qué haces chistes malos?. Si sólo pudiera alcanzarte. dijo él mientras le tomaba una mano. Te haría el amor. ¿Quién quiere matarme?. ella se está corrompiendo. están para morirse y rió de buena gana. ¿No importa que sea fea? No lo eres. preguntó ella melosa. La Muerte está celosa. volviendo preocupado al punto inicial. dijo él. a veces los chistes malos y crueles son los más divertidos. Por favor. No llores. linda. linda. No me importa. no tienes muchas opciones aquí. dijo él. se escuchó una voz de ultratumba. aclaró ella. aclaró ella mirándose en un espejo. despierta él asustado. dijo él. Pues tómame. Por supuesto. ¿Tú crees?. dijo la Muerta. dijo él. luego comenzó a acariciarle la entrepierna. le preguntó muy interesado. la deseo. no sin antes lanzarles a ambos una mirada de desprecio. Eso no importa. ¿Qué?. ahora estoy muerta. ya se están poniendo románticos. No lo sé. eres la mujer más hermosa que he visto. dijo ella. ven. y la Muerta sí está fea. dijo la Muerte con sorna. maravillada. Era hermosa. Sí. Y yo a ti. linda. ¿quién quiere matarme? Bueno. luego reflexionó un momento. Sí lo estás. déjame consolarte. dijo la Muerte fastidiada. ¿qué harías? Bah. Haces muchas preguntas cariño. No es cierto. soy tuya cariño. se lamentó él tras estirarse con todas sus fuerzas y ver que apenas tocaba su zapatilla. a veces se le olvidan las cosas…. sólo que Dios es muy distraído. dijo la Muerte. preguntó él. dijo él mientras fumaba desesperado. ¿acaso te importa lo que piensen los demás? La verdad es que sí. la Muerta comenzó a llorar. No lo estoy.

dijo ella. sólo quiere que la saques de aquí. que además (disculpa) no tiene futuro. Miente. Cierto. ¿Ves?. bueno. No es cierto. ¿Te cortarías los pies por mí?. No lo estoy. escaparemos juntos. Sí. víbora. No le hagas caso cariño. Tú Mil voces tiene la muerte . además. No eres tú. ven aquí. dijo él. Es cierto. Es la sangre.29 ¿verdad?. Cierto. quiero que estemos juntos…. que no tienes cara de suicida. dijo él. La Muerta se acercó y lo tomó en sus brazos. dijo él. dijo él. no es posible. ¿A donde nadie los juzgue? Siempre nos juzgarán. Dijo que después buscarías a un tipo que tuviera un BMW rojo y te irías con él a asolearte a la playa. yo te amo cariño. cuál es el punto de huir. Dijo que sólo me usarías para salir de aquí. escaparemos. dijo él. se escuchó la voz desde el más allá. miente. dijo la Muerte muy tranquila. tú sabes. habría demasiada gente viva. dijo la Muerta. lo besó despacio. Piénsalo. reconoció él. se escuchó la voz de ultratumba. dijo ella. promesas. Bueno. me gustan tus besos fríos. Ambos miraron a la muerta. Pero ella está muerta y tú estás loco. Te lo dije. dijo él. dijo él con un dejo de tristeza. ¿Nos juzgas? Bueno…. ¿A dónde irían? Lejos. dudó la Muerte. muy herido. dijo la Muerte. que se levantaba en ese momento. tú sabes que es mi trabajo. ¿Ella?. debo ser firme. porque. o ya olvidaste que estás encadenado. Dijo que querías matarme. Miente. dijo la Muerte. no soy yo. ¿Mis pies?. esa perra está celosa. entonces. los gusanos y eso. no soy yo. No eres tú. cariño. porque la sal te haría bien. ya te dije que ella quiere matarte. ella me ama. sólo te usaría para escapar. si me conmoviera por cada historia de amor. dijo él. si no te los cortas no podremos escapar de aquí. gritó ella. Creí que tú sí entenderías. Cierto. Bah. Lo sé. tengo una buena razón para no dejarlos ir. Tres veces miente la muy perra. ¿Me deseas? Te deseo. me gusta tu aliento. dijo la Muerte mientras se esfumaba. vivir. Huir simplemente. ¿Verdad que escaparemos? Sí.

cariño. no podría caminar. Luego Muerte. ¿Y qué hago? Véngate. creo que no me quiere. Antología de cuentos fúnebres 30 . No lo sé. dijo mientras lo veía acercarse hacia ella: ven a mí. dijo él. ¿Los locos tienen miedo? Sólo cuando nos vamos a cortar los pies. Mira. me presiona. reconoció él. no dirá nada. dijo tímida la Muerte. pero. Y serán tuyos siempre y cuando escapemos. yo descansaré un poco que los gusanos me hacen cosquillas. Es ella. dijo él. dijo la Muerte. ahora el otro. Piénsalo un rato y me avisas. toma. No oigo el serrucho cortar. Tengo miedo. Ignórala cariño. aquí voy… ¡ahhh! Así. ¿verdad? Sí. no lo sé. dijo él. Me encantan tus gusanos. No. toma un poco de valor para que te cortes los pies. ahí va de nuevo con sus presiones. A nadie le gusta ser el héroe. sabe horrible. Me gustaría hacer un ménage à trois. dándole una pequeña sierra que estaba del otro lado de la habitación. ¡Ahgg!. está muerta. Te lo dije. no delante de la Muerte. no te merece. No es eso. dijo él. dijo la Muerte dándole a beber de un frasco. somos libres. Más serrucho y menos charla. ¿o es que no me quieres? Sí te quiero. gritó la Muerta y aplaudió. dijo la Muerte. Aún no te decides. ¿Pero mis pies?. dijo la Muerta. le dijo la Muerte divertida. Pero la deseo. ¡Ahhh! Bravo. ¿Crees que le importe? No lo creo. dijo la Muerte. dijo la Muerta. me va a doler. entonces viólala y luego córtala en pedacitos. Nos arrastraremos juntos. dijo la Muerta. ¿verdad lindura?. ¿Cómo? Córtala en pedacitos. ¿Ves?. está muerta. dijo la Muerte. creo que tienes razón. así.cállate. ¿Ves?. Pero no aquí. La Muerte es amiga. Luego la Muerta le guiñó un ojo y se tiró al suelo. pero no llores. Bueno. Pues hazlo de una vez. Dile a la Muerta que te ayude. ahora eres libre. Primero quiero tenerte. Mira. llévame lejos de aquí. No puede. Bueno. creo que me va a abandonar. Qué inseguro. dijo la Muerta. cariño.

te amaré hasta que me muera. Mil voces tiene la muerte . Bueno. ahora que estamos juntos. lo dije sólo porque estaba de tu lado. dijo él. como no falta mucho. aclaró ella resentida. la Muerte me lo dijo. impaciente: ¿Ya podemos irnos? ¿Cuál es la prisa. sólo querías hacerme tuya. Anda dame un beso. Me mentiste. yo te amo. La Muerte es una víbora. Sólo me usas para tus porquerías. Bueno. Ella. eso no es cierto. Bueno. ¿Para qué?. dijo él mientras le hacía el amor a la Muerta. dijo él. dijo ella herida. No es cierto. Bueno. mejor hagamos el amor hasta la muerte. linda? Tú dijiste que me llevarías lejos. ¿De verdad? Sí. No le hagas caso. Sí lo es.31 primero sólo los dos. aquí estamos bien. No llores linda. dijo él. ¿Puedo ver?. Claro. le reprochó ella. al menos es algo. preguntó resignada. tú misma lo dijiste. Eso es cierto.

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Carlos Rangel Santos El peluquín .

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Su amigo. “Pinches niños”. para guardarla junto al pañuelo moteado que usaba para sus trucos de magia. la función de la noche ya había comenzado y pronto sería su turno de actuar. Encendió un cigarrillo y lo fumó. Se puso la peluca para después preparar su nariz mientras caminaba. La peluca morada que ocultaba su calva comenzó a picarle y se la quitó.La música era alegre como las luces de los anuncios. Al terminar su cigarrillo. Él amaba el circo. —Hay señoras guapas—comentó Mozo—. el payaso gruñón” compañero de borracheras y burdeles. lo aplastó contra la tierra con su zapato azul y enorme. La sostuvo en la mano izquierda mientras terminaba de fumar. Se quitó la nariz roja. y así quedar listo antes de entrar. “ya no respetan el trabajo de uno. Veía las jaulas de los animales y las manchas gigantes de excremento del único elefante en la compañía. A pesar de sus cincuenta años. amaba ser el payaso Pastelín. El viento frío del descampado le pegaba las ropas de payaso al cuerpo. Bajo la carpa. dijo en voz baja. desde joven le había dado su corazón. A ver si se . los camiones viejos de los sesenta se le hacían tétricos bajo la luz de la luna. Mientras fumaba dio un recorrido al paisaje con su vista. Era tan mágico. después de dar un par de caladas. Caminaba por la terracería del barrio donde estaba. fue junto a su colega “Mozo. ya ni les gusta el circo”. Tenía que darse prisa.

quien lo vio acercarse decidido a darle un puñetazo en la cara. váyanse a la chingada!”. Un grupo de obreros borrachines bajó de las gradas superiores para decirle al payaso que ya dejara a la señora. El viejo entró en razón y se dio la vuelta. Mozo se veía un poco ebrio. con unos guantes enormes que superaban el tamaño de la cabeza de cada uno. —Pues sí. con todo y peluquines. El payaso interrumpió el espectáculo y se dirigió hacia él. El anunciador dijo sus nombres y de inmediato tuvieron que ir a la arena. Su padre se levantó y le dijo al cómico que era suficiente. diciéndole que había sido una santa. al ver su victoria y tratando de lucirse frente a su hijo siguió hablando. El padre de familia. Les gritó el payaso. que se fuera y que dejara a su hijo en paz. se fueron encima del comediante. y le dijo a Mozo que parecía maricón y que no hacía reír. El niño de las pecas aumentó su llanto al ver la agresión. Los dos hombres hicieron lo que sabían. intentando improvisar una nueva rutina. vienen con sus hijos. El niño entró en pánico y comenzó a llorar. y se abrazó a su madre. la rutina que comenzaba con Pastelín bailando con un trapeador y cantando algo de Pedro Infante. Mozo se detuvo y se giró para volver con el hombre. Éste. que lo derribó sobre las gradas con la nariz chorreando sangre. enojado y sudando. La señora le gritó varias groserías al payaso. “¡A ustedes no les importa. . y terminaba con los dos en un combate de box. pero quien quita y… No pudo terminar la frase. Los tipos. enojados. —No seas wey’. Mozo gritaba tratando de zafarse. un niño pecoso del público se levantó. Después de la pelea.Antología de cuentos fúnebres 36 nos hace con una—dijo mientras se ponía la peluca rosa. defendió a su madre ante la mujer. “Con esa peluca rosa sí parece joto”. Siguieron discutiendo.

El padre de familia. repartiendo puñetazos y patadas. con los maquillajes corridos y las narices naturales más rojas que las postizas. Los malabaristas. —Ay’ wey’—dijo Pastelín de repente. La gente comenzó a salir de circo. y sacó los cigarrillos. si Don Chendo el que vendía palomitas. Con la cabeza recargada contra el respectivo remolque. le dijo antes de salir. Pastelín preparó un par de cajas de madera como asientos. El otro no contestó limitándose a caminar hacia fuera. y sin importarle que vieran su calva continuó con su ataque. Don Chendo los ayudó a levantarse. lanzando quejidos lastimeros. Los dos comediantes caminaron con lentitud hasta los remolques. Una vez ahí. “Sígueme wey’”. —¿Qué?—preguntó su camarada. Mozo se metió en su vivienda para después salir con una botella de mezcal. Mil voces tiene la muerte .37 “Montoneros”. Se le cayó la peluca morada. con un suspiro. Pastelín se quitó los guantes y fue en su ayuda. Moreteados y embarrados en excremento de llama. Pero los dos payasos eran superados en número y estaban siendo derrotados. le recriminó Pastelín a su amigo. Las familias temerosas al ver el nuevo espectáculo abandonaron las gradas. Los payasos se quedaron recargados contra la valla que separaba las gradas de la arena. Bebieron y fumaron. Viendo las estrellas. tomó a su esposa e hijo y salió del circo al ver su derrota. —Me estaba acordando de María Cruz. La golpiza habría sido peor. y los muchachos malabaristas no los hubieran visto. Fueron en su ayuda. Mozo y Pastelín se quedaron tirados en la tierra. les decía. acabaron por sacar al grupo de ebrios fuera de la carpa. “Te dije que no usaras la peluca rosa”. habituados al ejercicio y con una condición fuerte.

El dueño del circo. De forma separada se despidieron de sus trajes. y la resaca aumentaba el malestar. que estaban viejos y asustaban a los niños. —Sí. con la que se iba a casar. le dijo a Pastelín. El calor de la tarde los hacía sudar humedeciendo sus heridas. vendiendo frituras en las horas de función. Ellos aceptaron. La cara les ardía de una forma dolorosa. sin sonreír. un hombre duro y amargado. mientras el circo seguía visitando ciudades. “María Cruz amaba el circo. les dijo que ya no tenían trabajo como payasos. Al principio no deseaban aceptar. Que ya no funcionaban tanto. y de sus pelucas. ya déjala en paz. Las borracheras se hicieron más duras. tanto como yo” pensaba cada que el recuerdo de la hermana de Mozo. pero el señor García los amenazó con echarlos si no lo hacían. pero uno se acuerda. Regresaron a sus remolques. Hasta que se le ocurrió algo: irrumpir en medio de una función para dar el último espectáculo. Pasaron semanas alimentando a los animales y limpiando jaulas. o con Don Chendo. Viviendo apenas. Con los ojos enrojecidos y la cabeza palpitando. Estuvo dándole vueltas a su situación. Les ofreció un nuevo empleo ayudando a los domadores y cuidando animales. Pastelín decidió que eso no estaba bien. venía a su mente. Se lo contó a Mozo y los ojos de él se abrieron de alegría. y los dos se callaron. Dejarían de ser payasos. estaban sentados en el remolque-oficina del señor García. ambos . Ahora la gente podría ver sus edades y sus arrugas.Antología de cuentos fúnebres 38 —Otra vez—dijo Mozo—. Mi hermana está muerta. Así. Pastelín dio una fumada lenta al cigarro. “Yo lavaré los trajes”.

Pero los payasos no se fueron. Hasta que de pronto. sin saber qué hacer. La multitud no paraba de reír. Llegaron los malabaristas. le dijo los nombres de los comediantes al público. Le arrebató las antorchas a uno de los muchachos en el momento en que se las encendían. El tiempo transcurrió con rapidez. hasta que fue turno de los payasos. Las pelucas morada y rosa. En la última. Los payasos veteranos aparecieron en la arena e improvisaron una rutina. La pista se vio invadida por los artistas del equilibrio. Nadie los echó de menos. el payaso gruñón!”. Mil voces tiene la muerte . Aunque no la suficiente. un nuevo par de payasos apareció. Los jóvenes comediantes que trajeron para remplazar a los viejos Mozo y Pastelín. El nuevo día llegó nublado. no daban el ancho. los ancianos se negaban a irse. El fuego se expandió con rapidez. los viejos cuidadores de animales desaparecieron. El público tomó esto de buena forma y siguieron aplaudiendo a los payasos. Los niños se aburrían. El espectáculo continuó según lo programado. sonriendo. Pastellín se quedó observando un momento para después volver a actuar. El público rió y el payaso las hizo girar en el aire con cierta habilidad. Una de las antorchas se le escapó de las manos para caer en un montón de paja. quitándoles la atención a los nuevos.39 hombres terminaron sus labores diarias y se fueron a dormir. El anunciador. pues las llamas y el elefante aún tenían alguien que sabía manejarlos. “¡Niños y niñas. saluden a Pastelín y a su amigo Mozo. Con los trajes viejos pero limpios. La mañana se convirtió en tarde y las funciones comenzaron. interrumpiendo el acto de los malabares con fuego. Jóvenes y viejos disfrutaban con su comedia por igual.

salió de la carpa y la llenó de agua. las risas fueron disminuyendo. exclamó su amigo. sin escuchar las súplicas de los que lo rodeaban. Pastelín continuó con los malabares. recibieron los aplausos con alegría. también empezó a encenderse.Antología de cuentos fúnebres 40 Mozo fue por una cubeta. el poco cabello que tenía bajo la peluca se le humedeció. Mozo apagó el primer fuego. Las llamas acabaron con toda la carpa y parte de las . Pero los malabares de Pastelin y su falta de pericia provocaron nuevos incendios. ya no podía detenerse. La gente rió. No podía dejarlo. La carpa. Los esfuerzos del payaso de peluquín rosado ya no eran suficientes. dando pequeños saltos. El calor de las llamas y el ejercicio lo hicieron sudar. sobreviviente de los primeros espectáculos de la familia García. decidió continuar la función. Todos los montones de paja para los animales estaban en llamas. A su alrededor todo estaba en llamas. Eran queridos por el público otra vez. Pero Pastelin siguió con los malabares. el circo era su vida. De pronto. El anunciador cambió el ritmo de la música. al ver que los payasos no dejarían la arena. Pastelín se detuvo un momento para recoger la antorcha. Ambos amigos. Pastelin se quedó solo. gritó Mozo. “Sal de ahí wey’”. “¡Hay que sacar a los animales!”. girando una antorcha en el aire. Mozo iba y venía con el agua. La gente fue abandonando el circo. para volver a regresar. entre el cráneo y el látex. Los malabaristas dejaron al payaso en la arena y fueron a ocuparse del fuego. Él no lo escuchó. y fueron a prestar ayuda a los domadores. trotando de forma cómica. Después de tomarla aumentó la velocidad de sus movimientos. Todos los empleados del circo entendieron. y haciendo caras. Incluso Don Chendo dejó las gradas para ayudar a contener el incendio.

Mil voces tiene la muerte . Los animales fueron salvados y todo el personal estaba bien. Mozo miraba la destrucción. dijo y se puso la peluca. algunas señoras tuvieron ataques de pánico. Los bomberos de la ciudad en la que se encontraban llegaron tarde. Al amanecer. Su amigo no apareció.41 gradas. fumando un cigarrillo con la mano derecha y sosteniendo un peluquín morado en la otra. “Pinches niños. y fueron llevadas en ambulancias. ya no valoran el circo”. sólo para limpiar escombros. El suyo se había perdido en el incendio. De la gente del público.

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Gabriela Karina Zúñiga López Un día cualquiera .

Gabriela Karina Zúñiga López es licenciada en Letras Hispánicas por la Universidad de Guadalajara. . Ha publicado en diversas revistas electrónicas.

En el pequeño comedor de la pequeña cocina Humberto engulle lo que su madre le ha preparado con tanto cariño. Un fuerte crujido le dice que la caída fue fatal y tendrá que comprarse uno nuevo. Un grupo cada vez más numeroso espera en una esquina junto a Humberto. Qué más da lo que se ponga si en el restaurante hay que usar el blanquísimo uniforme de cocinero. cuando salgas de trabajar. -Hijo. me toca cuidar un rato a tu tía Esperanza en el hospital. Pero ya que lleguen tu papá y tus hermanos voy a tener listo el chocolate. mamá. -Te vas a atragantar. Al fin consigue subir a un atestado y adiscotecado . yo paso por el pan. Su calor aún es débil para apaciguar el viento frío que se pasea por la ciudad. El sol aparece. -Sí. Humberto sonríe mientras mastica el último trozo de huevo frito. El que no aparece es el autobús.El despertador chilla inclemente a las seis de la mañana. Sin prender la luz se viste apresuradamente. comes muy rápido. Su madre le grita que el desayuno ya está listo. tan torpemente que lo tira al suelo. Los minutos extra que el muchacho se toma para prevenir cualquier contratiempo esta vez no le servirán de nada. Humberto lo apaga a tientas. ¿podrías comprar pan de muerto? Yo no puedo ir.dice la madre frunciendo las cejas.

Humberto se cambia de ropa y sale del restaurante. Los platos van y vienen. Qué suerte. La panadería se encuentra a pocas calles de allí. A descansar y pasar un rato agradable con la familia. Qué eficiente es. Camina dando largas zancadas. quesos… dedos. Recordaba haber tomado la que estaba recién lavada. El jefe les pide a todos hacer horas extras. Hace un esfuerzo por no quedarse dormido. La tarde transcurre muy ajetreada.camión. pan de muerto y el sencillo altar para la abuela. En el espejo descubre alarmado una mancha roja en un costado de su bata. Un corte profundo aliña con sangre una ensalada. -¡Esto es un asalto! ¡Saquen todo el dinero que traigan! ¡Celulares y joyas también! Dos hombres cubiertos con pasamontañas negros se disponen a arrebatarle a cada pasajero sus pertenencias. Después de un breve regaño por parte del supervisor la jornada inicia. No hay tiempo para lamentarse. Unas voces potentes irrumpen en su sueño. vegetales. Sin perder el ánimo Humberto suspira. Los ojos se le cierran. con un poco de chocolate caliente. El joven cocinero piensa que quizás no alcanzará abierta la panadería. para fortuna de sus cansados pies encuentra un asiento libre. aves. Carnes. A la hora de la comida todos trabajan a marchas forzadas. Uno de ellos se sienta junto a Humberto. se dirige a su casa. Observa por la ventanilla el interminable desfile de casas y comercios. Humberto toma el autobús. Satisfecho. Media hora después se pone el uniforme. Son las nueve de la noche. Piensa que después de todo el día terminará mejor que cuando empezó. Le pide la misma cuota que Antología de cuentos fúnebres 46 . Rebana. todavía no han cerrado. Corta. El cuchillo de Humberto se desliza veloz.

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a los demás. Las manos temblorosas de Humberto buscan y rebuscan en todos los bolsillos; sólo encuentra unas monedas. -¿Qué? ¿Eso es todo?- le gruñe el ladrón a Humberto. -El poco dinero que traía lo gasté en este pan… No encuentro mi celular… creo que se me olvidó en mi… Humberto no puede terminar la frase, ha quedado paralizado al ver que una rabia sanguinolenta se acumula en los ojos del encapuchado. -Dame pues lo que traes- dice el delincuente con una sonrisa siniestra. El atraco ha terminado. Lleno de sollozos y reclamos el autobús reinicia su camino. Los que callan van como autómatas tratando de comprender lo que ha sucedido. Más personas abordan. Donde minutos antes se había sentado el ladrón ahora se sienta una joven mujer. -¿Mal día?-suelta de la nada ella. -Disculpa, ¿qué dijiste?- responde aturdido Humberto. -Que si tuviste un mal día… Humberto consigue fijar la vista en la chica, y nota que lleva puesto un disfraz. -Hoy es dos de noviembre, Día de muertos… el Halloween ya pasó- dice él sin contestar la pregunta. -Sí, ya sé, aunque es lo mismo… se festeja la misma cosa, a la muerte. -¡No es cierto!- contesta Humberto, muy irritado. -No era mi intención molestarte. Es evidente que hoy no tuviste un buen día y no estás de humor para soportar la impertinencia de una desconocida. -Discúlpame tú a mí… es que me acaban de asaltar y me siento muy confundido, creo que ya hasta me pasé de la parada donde me bajo.

Mil voces tiene la muerte

-Si quieres yo te acompaño a tu casa, voy a visitar a unos amigos que viven por aquí. -Pero podrías desviarte del camino y llegarías tarde con tus amigos. -No te preocupes, ellos no me esperan esta noche. En silencio, los dos caminan lo que a Humberto le parecen horas. La mente se le ha embotado. Están perdidos sin duda. -Bueno, llegamos… - dice ella tranquilamente. -¿Qué? ¿A dónde? -Pues a tu casa. -Ah… sí, mi casa. Sí, aquí es… Pasa un momento. Has sido muy amable. Te presentaré a mi familia. Dentro, los padres y los hermanos de Humberto están sentados a la mesa, con el chocolate servido. -Mamá, aquí está el pan… salí muy tarde del trabajo y… mamá… papá… - Nadie responde, todos miran fijamente las tazas de chocolate. -No pueden escucharte- dice suavemente ella. No entiendo… -Mírate ahí- señala ella con un dedo el gran espejo de la sala. Humberto ve una mancha roja en un costado de su camisa, luego mira a la muchacha. Un agudo y frío dolor que le atraviesa el costado lo hace sospechar del disfraz y el maquillaje de Catrina.

Antología de cuentos fúnebres 48

Un dolor estomacal sin importancia

Armando Alanís Canales

Armando Alanís nació en Saltillo, Coahuila, en 1956. Se recibió de la carrera de Comunicación y estudió un posgrado en Filología Hispánica en la Universidad Complutense de Madrid. Es autor del libro de cuentos La mirada de las vacas (1994), del libro de minificciones Fosa común (2008), y de las novelas Alma sin dueño (2003), La vitrina mágica (2007) y Las lágrimas del Centauro (2010, la primera de una trilogía sobre Pancho Villa, publicada por la Editorial Planeta). Tiene inédito un segundo volumen de microrrelatos, La vida difícil del hombre invisible, y prepara otra novela.

solidarizándome con el muerto. el hombre moría. Un tipo alegre. El estómago y las vísceras de la víctima se iban minando poco a poco hasta que. mi amiga ha dedicado los años de su viudez a divertirse como cuando era soltera –comentó Luisa–. aseguraba. El dictamen del médico era siempre el mismo: fallecimiento por causa de un mal gastrointestinal.Yo sabía que Luisa me odiaba y que trataría de matarme. en fin. –Jamás haría tal cosa –dijo Luisa. Me acordaba bien de Rodrigo. había dado cuenta de su marido echando mano de un método que. resuelta–: mi amiga tuvo la confianza de con-fesarme su secreto y yo debo ser más discreta que ella. No merecía morir de esa manera. era utilizado con eficacia por muchas mu-jeres casadas: se trataba de verter cada día un poco de veneno en la sopa del marido. Pero. con el co-rrer de las semanas. pero en eso no se diferenciaba de la mayoría de los hombres casados. años atrás. simpático. Y hace bien. Luisa me platicó que una amiga suya le había confesado que. Rodrigo era un verda-dero crápula. –Deberías denunciarla a la policía –le dije. ya habían pasado años desde su deceso y era mejor dejar las cosas . –Libre de toda sospecha. porque ya no tiene marido al cual guardarle fidelidad. Cierto que le gustaban los bares casi tanto como las mujeres. que por cierto había sido amigo mío. ¿Cómo adiviné sus aviesas intenciones? Todo empezó un día en que estábamos en la mesa. Además.

decidía deshacerse de mí utilizando aquel método del envenenamiento pro-gresivo? Yo era más o menos como Rodrigo: me encantaban los bares y las mujeres.Antología de cuentos fúnebres 52 como estaban. inspirada en lo que había hecho su amiga. Esa noche. me encaminé a casa de Andrea. Esa misma noche me echó en cara mi infidelidad. cuando me dirigía a un bar donde debía reunirme con mis amigos del dominó. Le respondí que no fuera tan drástica. y luego de despedirme de mis amigos. me animé a confiarle mis temores. Esa vez estuve muy distraído en el dominó. Pero ahora su amiga le había contado la manera en que había eliminado al bueno de Rodrigo. no porque en realidad lo pensara. mi mujer me reprochaba mi conducta. debería matarte. Con frecuencia. En vez de pedirte el divorcio. tuve de pronto un presentimiento: ¿y si Luisa. las cosas entre nosotros habían empeorado. –¡Eres un cínico! –gritó ella–. que lo de Andrea era un amorío pasajero. una vez que por descuido dejé abierto mi co-rreo en la laptop. Cierto que decía eso porque estaba furiosa. En los últimos meses. –Como dos más dos son cuatro –dijo Andrea con esa . y por mi culpa mi compañero de juego y yo perdimos una considerable cantidad de dinero. y amenazó con pe-dirme el divorcio. y no sería raro que quisiera probar conmigo aquel método que tantas mujeres en el mundo habían ensayado con éxito. y yo me limitaba a prometerle que cambiaría aunque no tuviera la menor intención de cumplir mi palabra. Al salir del bar. Todo porque Luisa descubrió mi relación con Andrea. Cuando descansábamos en la cama tras el frenético encuentro amoroso. –Te gastas en putas y alcohol el dinero que deberías traer a la casa –decía.

En tu lugar. porque te odia. mientras a Luisa se le pasa el enojo. O en el postre. –En mi lugar. En vez de ello. ¿qué harías? –Me has platicado que Luisa padece insomnio y que. Me encantaba la sopa de chícharos que Luisa preparaba todos los días y no estaba dispuesto a prescindir de ella. –¿Qué quieres decir? –Luisa es una mujer dubitativa y se va a tardar en tomar la decisión de envene-narte. Salí de casa de Andrea cuando ya el sol de la incipiente mañana iluminaba las calles.53 seguridad en sí misma que yo tanto le admiraba–: tu mujer tratará de envenenarte. por ejemplo. –No estarás sugiriendo que… –Yo no estoy sugiriendo nada. lo mejor era tomar la iniciativa. se traga todas las noches unas píldoras azules. Pero aunque finalmente lo hiciera: Luisa podría verter el veneno en la ensa-lada o en la carne. –Si empieza a poner veneno en mi sopa. para poder dormir. yo me adelan-taría a los acontecimientos. Aproveché una tarde en que yo sabía que Luisa estaba jugando al póker con sus amigas. Regresé a casa más temprano Mil voces tiene la muerte . Me sentía más angustiado que nunca. podrías. me daré cuenta por el sabor –dije. Así que si quieres seguir por muchos años más en el circo de los vivos. dejar de tomar sopa… por una temporada. ¡Y con lo que me encantaban los postres! No. Pero yo no estoy sugiriendo que hagas eso. deberás hacer algo y tan pronto como sea posible. –Hay venenos que no saben a nada –repuso Andrea–. ni siquiera por un tiempo. pero finalmente la tomará. Tan sencillo como sustituir su contenido por un veneno que vulnere lentamente sus intestinos.

producto de alguna infección. Tras la muerte de Luisa. no obstante que no dejaba de tomar.Antología de cuentos fúnebres 54 que de costumbre. me casé con Andrea y me la traje a vivir conmigo. El jarabe no sirvió de nada. busqué su caja de cápsulas azules y cambié el contenido por veneno. exhaló el último suspiro. Luisa fue empeorando y empeorando. ¡La adoraba! Mi plan salió mejor de lo esperado. cada noche. yo dejé pasar un tiempo prudente. después de revolcarse durante horas en la cama y dar unos alaridos que lastimaron seriamente mis tímpanos. ¡Qué mujer tan cariñosa y fiel! Soy muy feliz con ella. Lo único que en-turbia un poco mi dicha es ese leve malestar que he empezado a sufrir. Pron-to. pero el médico –un amigo nuestro tan bonachón como inepto– no supo encontrar la causa de aquellos dolores. A los pocos días. No será nada grave: un dolor estomacal sin importancia. sus famosas píldoras. Fue al médico. La amo tanto que ya hasta la nombré ante notario mi heredera universal. Ya estaba. mi mujer se despediría del mundo contra su voluntad. empezaron los primeros síntomas: a un mareo. . siguieron dolores en el vientre. y yo podría traerme a vivir conmigo a Andrea. Era sólo cuestión de tiempo. y le recetó a mi mujer un jarabe. una noche. Luisa atribuía a esos mismos do-lores el hecho de que le costara cada vez más trabajo conciliar el sueño. Dijo que debía tratarse de un ligero mal estomacal. hasta que.

Por el simple placer de engañar al diablo Adrian Mendiola .

.Luis Adrian Mendiola tiene 24 años y escribe ficción desde los trece.

aunque retorcido. no le importaba ya que fuera efímero. lo que él esperaba. una mañana cualquiera. simplemente había sido muy desgraciado. como lo es el amor. por engañarse a sí mismo. simple y sencillamente. y que seguía su convicción de curarlo. Ninguna viable se le ocurriría. Buscaba la oportunidad de hacerlo todo por encontrar. por ocupar su amor. y no su mejor lluvia ni su mejor crepúsculo coloreado exclusivamente para él. en algo. cada vez que tomaba su cajetilla de cigarros y salía a caminar sin rumbo. atrapar y salvar a ese pájaro onírico. Y para eso. y que el cielo te dé la oportunidad de salvar a uno sólo de sus habitantes…” Por supuesto. Por el amor de una desconocida cualquiera estaría dispuesto a herir a un pájaro distraído y hacerse creer que lo encontró así. Y en el escenario para un crimen emplumado y premeditado pensaba Roberto. se callaba. sólo. Para que el cielo mismo le debiera algo. Roberto lo sabía y si por puro error se acercaba a pensar en contra de lo que clamaba su consciencia. se callaba. había cien maneras distintas.a gritos silentes. .“Inútil es salir a caminar esperando que un pájaro precioso y herido te caiga en las manos. era que el cielo estuviera en deuda con él. según él. Sino un favor etéreo. Buscando a ese pájaro. Después de todo no era un mal hombre. o que las alas estuviesen untadas con venenos lentos. en medio de la terrible resaca.

cualquiera que fuese la hora. ante todo iba su temor religioso. como divagando pidió un favor idéntico al infierno. de mujer olvidado. o alguien sin mucho por hacer. Rogó tanto Roberto para que sucediera el encuentro. Roberto se acerca a los cuarenta. jamás ocurrió. Desde hace años. Rogó tanto por no morir solo. rogó primero al cielo. siempre terminaría en ese deprimente bar. en el que alguna vez encontró un bolso azul. el cielo o el infierno. escuchó su súplica… Ella estaba ahí. Ni nadie la conocía. Ella ya lo esperaba ahí. Él la miró y hasta su sombra incrustada en la pared por años dejó de chupar dolorosamente el alcohol en el piso para abrazarla.Antología de cuentos fúnebres 58 moribundo de preferencia. o si los baños estaban más limpios. Algún fantasma en el banco junto al suyo. de la cual se enamoró en el instante mismo en que la descubrió. ni una despistada con la puerta de la jaula entreabierta. ni una cazadora olvidadiza. Por supuesto. apenas con forma humana y ciertamente un misántropo. el único que visitaba sin importarle ya si en el de la cuadra siguiente le ofrecían la copa más barata. Y a una mujer-jaula vacía para aprisionarlo. ni una jaula dispuesta. Pasó casi dos meses cargando ese bolso por si la veía. menos una foto. que su solicitud fue seguramente revocada por la innumerable cantidad de contradicciones y razones insuficientes. Alguna marca de labios en la barra lo hizo regresar cada noche. . Pero los años han pasado ya. lo hizo regresar esperando verla para devolverle todo. y en tantas caminatas no ha encontrado por lo menos una pluma. anochecía y se sentía cómoda ocupando el lugar que él solía llenar cada noche con su silueta famélica. Cualquiera que fuese el camino que tomara. Luego. Y algún día incierto. como si fuera la mujer que olvidó el bolso y regresaba para reclamarlo a quienes parecían habitar el triste bar.

El diablo lo ignoró por un tiempo. ilusos enamorados y políticos sin colmillo para hacerse de un buen puesto. Ella era su hija. él con perfecto acento humano. ella con perfecto acento mortal. el pobre diablo no tuvo más remedio que entregar a su propia hija. Sofía para los mortales. tabaco. en vistas de esto. la desvistió y con mímica le indicó que se recostara de lado sobre su cama. entre del humo tenue y perfumado. Sofía para los enamorados descarnados. La descubrió envuelta en un vestido negro que se abrió frente a él. Belleza en vestido negro y flor nacida de la noche. hecha sólo para él. Después de todo. Diabólica. Súbitamente se besaron. Carne blanca y rímel de azufre. Y sería ella misma quien. sabía que ella estaría a salvo con él. durante su adolescencia. hablaban de esto y aquello. Sin embargo el diablo necesita almas y a veces hasta cumple caprichos por embolsarse a un santito cada cien años. Y este sería. En algo se parecen Dios y el Diablo: son capaces de entregar a su único hijo. alcohol y cardamomo. Él entonces no lo sabía: ella era la oferta que el diablo le concedía tras una vida de súplica por una compañera. saldaría la cuenta. como se besan los niños por vez primera. No hubo más palabras. Quien sabe si este hombre puso en aprietos al mismísimo diablo. o inventó. Después de unos cuantos diálogos ya se tomaban de las manos. con características de otra que conoció. pues le pidió una mujer en especial. o creyó conocer. al cabo de 21 años. con el pretexto de salvar almas y acumular mártires en sus sótanos. Segu- Mil voces tiene la muerte . a su modo. un mártir urbano del que nadie conocería el nombre. al igual que ignora a malos escritores. y cobraría el alma de aquél hombre tan dichoso como desdichado. Así que. Él pagó la cuenta y la condujo a su casa.59 La descubrió bellísima e invisible para los demás hombres que de percatarse de su presencia competirían a golpes por agradarle a ella.

ella. tal parece que sólo estaba para complacerlo. Con menos que un hombre. Sin imaginarse que el contrato con el diablo lo tenía desnudo frente a él. Ella siguió hablando con un tono sabio. soy mejor que ella? ¿Soy más hermosa que ella. mas él. como si de sentimientos humanos conociera bastante: —Es una lástima que . Le dijo al tiempo que él intentaba reanimar el cadáver frío de un cigarro olvidado sobre el buró. soy como la mujer a quien dedicas tus suspiros. —Más vale que no titubees. y descubrió que ambos eran perfectos. Con un hombre cualquiera. Vendería mi alma por ti. Ella se quedó en silencio. Ella arrancó las cobijas y las tiró al suelo para mirar mejor su cuerpo bellísimo y compararlo con el de él. ni bueno ni malo ya. con una sombra sosteniendo un falo punzante. aunque después me pasara toda la eternidad penando. Para que no me dejes…..Antología de cuentos fúnebres 60 ramente al diablo le dolió verla hacer el amor con un hombre. si fuese posible pactar con el diablo. con su hambre aletargada durante años no estaba satisfecho. y rogando por ella. yo lo haría. tendrás que vender tu alma al diablo por conservar a su hija. tímidamente: —¿Me amas. —¿No me quieres tú? Ella dijo simplemente —Sí. así que decidió hacerlo de nuevo. extrañándola. y entonces el inquirió. Él la abrazó. vivir la dicha con ella. y que ya lo había firmado. sólo respondió con un apresurado: ¬—Te quiero.? Y él. que esa noche representaba lo mejor de su vida entera. Ya de madrugada ella le preguntó algo así. cuidándose de no ser escuchada por su padre. soltó una risa. Pronto comenzó a hablar de más y a decir incoherencias: —En verdad. El acto en sí fue breve. por tener una mujer y por una época. y quiero más noches contigo iguales a esta. así que esta vez fue por detrás… Mientras el diablo veía la peor película pornográfica. le dijo lo feliz que era. aunque fuera breve.

mucho menos de amor. le mordisqueó el cuello. dio un trago largo a una botella temblándole entre los dientes. tan sólo es entregar el corazón a quién se ama. la acarició toda y encajó su cuchillo en el vientre. Le creyó y no se detuvo ni un segundo a dudar de ella. o hacerse creer que se puede en engañar al diablo. Permaneció junto a ella. que sólo lo miraba desde la cama. Sirvió lo que quedaba de una botella de ron. Algo dentro de él sintió un terrible miedo. Fue a la cocina. Algo lo hizo querer huir. para hacerte feliz. ¿no me entregarías tú el corazón? Él acertó con la cabeza. No dijo nada.61 no se trate de vender. Por el simple placer de engañar. feliz por 21 años exactamente. ofreciéndole la botella se le arrojó encima. pero yo estaré contigo. temor y coraje eran los extremos de su pensamiento. y que es él quien te ha dado una oportunidad de ser feliz antes de recoger tu alma. Y eso es lo más difícil del mundo para el hombre. si te contara que vine por ti. que soy hija del diablo. ni de apostar nada. Tu muerte será horrible. Pero su reacción era una suma de muchas cosas. pero él le creyó. Aún después. Alégrate porque hay hombres a quienes el corazón no les alcanza para comprar siquiera un minuto de paz. mientras se levantaba de la cama. como una parvada tranquila al escuchar un balazo. Supo que tenía enfrente a una mujer enamorada. levantó un cuchillo sucio del fondo del fregadero y con esas herramientas se acercó a ella. Sin embargo no dijo más. ¿Cuál será el castigo para quien rechaza un favor del diablo? ¿Y cuán grande el castigo para quien le mata a un hijo? Mil voces tiene la muerte . ella entonces le dijo. Cualquiera hubiese estallado a carcajadas al escuchar tal confesión. Estaré contigo. y lo deslizó hasta apartarle con una grieta sangrante los senos. que en silencio siguió abrazándolo. para eso alcanza tu corazón: para 21 años de dicha. —Si te confesara que no soy humana.

Se vistió. por todos los infiernos. pensando seguramente en el pájaro herido que por fin cayó en sus manos y lo prefirió matar… Antología de cuentos fúnebres 62 . hizo el amor como nunca lo había hecho. besó a su amante hasta que esos deliciosos labios no jugaban más con los suyos. fue dichoso como ninguno y cometió una tragedia por la que será perseguido aún tras su muerte. Encendió un cigarro y salió a caminar. En menos de 12 horas Roberto se enamoró de nuevo. Pareció no importarle nada.

En silencio te amaré Sarko Medina Hinojosa .

compilaciones y revistas periódicamente. Escribe cuentos para niños en la revista colombiana Ciudad Nueva. Cuentos suyos aparecen en antologías. Administra los blogs: sarkadria.Sarko Medina Hinojosa es periodista. Ganó el I Concurso de Cuentos Revista Fantástico.wordpress.com. Pertenece a la Asociación Cultural Minotauro. editor general de la revista Muchapinta.sarkomedina. 2004. escritor. Publicó los libros virtuales: “33 Microcuentos de Verdades en Parejas” y “Palomas” en el 2011. wordpress. cronista y poeta arequipeño. .com y www.

. Primero dime: ¿Cómo es posible que en un cuerpo tan chiquito y bonito pudiera caber tal cantidad de palabras?. . uno exquisito que ponías antes de entrar a mi cuarto. “corre”. tu rostro de sueño para mis arranques de pasión. es imposible no explicar el “porqué” de esto. como te decía.. y mi preferido: tu rostro de hipocresía carismática cuando nos encontrábamos con alguno de mis “importantes amigos”.. esa que se formaba en tu rostro y que en seres normales se llama boca y que a mí me provocaba una curiosidad de padre y señor mío el hecho que se distendiera hasta convertir sonidos graves en estridentes y continuar a un ritmo de acelerado movimiento por horas y horas hasta que. me disgustaba el sonido de tu voz tanto como tus rostros “para cada ocasión” como te gustaba llamarnos. “no sé”. “bésame”. en fin. Bueno. Hablabas tanto por esa bazooka de bulla. Y es que lo largo de nuestra relación no hubo día en el que tu no dejaras de proferir alguna frase. Como tu rostro de hambre. aprendí a conocerlos todos y comprobar que estaba parametrados. alguna oración. “no”. Pero Ericka. algún sonido..Ya que acaba de pasar todo ¿Qué puedo decirte? Empezar por relatar lo que vivíamos es absurdo. “sangras”. yo te ayude con mi parca manera de contestarte “sí”. y sí. Con tanto tiempo juntos. “¡CALLATE!” y cosas así. ese también de asco ante los de tu raza.

o al almuerzo de alguna compañera del Banco. que lo que de verdad me atraía. Fingías. era jugar con tus muslos a ponerlos morados a punta de tanta fricción y pellizcos. lo que no entendías que quería era que dejaras de atormentarme con tu maldita y chillona voz de escape .Antología de cuentos fúnebres 66 ¿Por qué eras tan creída de mí? Si sabías mi realidad de vago alcohólico de fin de semana. sííííí. te acuerdas porque con ellos te raptaba a veces a la salida de tu trabajo para irnos a tomar en algún guarique nuevo que hubiera descubierto en mis travesías nocturnas. que solo fingía llevar una vida de gerente junior que no me iba. como te dolía no poder decir nada cuando alguno de mis amigos te preguntaba por qué no asistí a su última reunión. Porque querías asistir a las fiestas de las que tanto se comentaba en mi círculo y a las que nunca te llevé. No te preocupes. llegué a saber TODAS las conversaciones con mis amigos y familiares. Lo peor es que ni en secretos de alcoba dejabas de ser bocona ¿No maldita!!!. Como odiabas ¿Te acuerdas? Mi sacón de pana raído y mis guantes de cuero.. pero me dieron risa. No te gustaba ni un poquito que los domingos me especializara en crear marcas deliciosas en tu piel con las bolitas duras. yo respondo por ti. aunque no quieras decir ni pío ahora y recuerdas. con tal que aparentara sobriedad los días laborables. mira. cuando la verdad era que utilizaba ese tiempo para recrear con tus muñecas y tobillos una sexual crucifixión en el madero de mi cama. Pero ¡Por qué lo hacías?.. Ahora que se me viene a la memoria te contaré algo: llegué a saber de tus chismes Erickita. Si que tienes presente eso. además. Ericka. lo hacías para ver si cambiaba y dejaba de utilizar tu cuerpo como redondel de puntería para mi pistola de perdigones. mucha risa ¿Sabes? Y es que a ellos no les importaba que me cocinara en alcohol.

Me parece que te estoy aburriendo con este monólogo y no quiero que te canses... para ver si cumplía con mis amenazas. y tu sabes que solo en el de la mala suerte. eh? Aunque ahora que lo pienso. ahora sí mereces que te ame amor mío.. Te hundí trece veces el puñal en diferentes partes. Y el acabose final fue cuando mis hermanas y tus amigas te hicieron la despedida en ese salonzazo con periodistas incluidos. Esos tipejos en sus páginas de sociales resaltaron el “amor que nos teníamos”. figuretti.. ya que se enteraron en exactamente veinticuatro horas después. un total de setenta y seis personas. ehhh. dime? Pero no sé porque me parece que lo hiciste para retarme.. ¿A quién diablos le podía interesar lo nuestro. tú lo sabes (. alaracosa. gritona.67 malogrado. Yo te advertí que en boca cerrada no caen golpes y tu dale que dale. no debí hacerlo. Una cosa antes de desaparecer tu cuerpo: ¿Por qué siendo tan habladora.) ¡Ves! Al final comprendiste que lo que más aprecio es el silencio. te clavé mortalmente. chismosa y rejodida.. Porque aún con tu boca de megáfono. no has gritado a lo largo de estas tres horas mientras te acuchillaba tantas veces?. Te enfrascaste en contradecirme y hablar de la boda con tus parientes de la selva. las que se quintuplicaron a lo largo de la semana.. yo te quería ¿Por qué entonces crees que te pedí matrimonio. y te he demostrado con creces que las cumplo.. Mil voces tiene la muerte . haciéndome recordar con tus empalagos enfrente de mis amistades lo mucho que te quería. metete. invitándolos.

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Fernando Ortíz Fortuna .

de profesión ingeniero.Fernando Ortíz nació hace 43 años en la ciudad de Guadalajara. Ha publicado dos cuentos en el segundo libro del Taller denominado “Hecho a breve” el cuan fue presentado en septiembre del 2012. . quien inicia escribiendo cuentos en el año 2010 al integrarse al Taller literario “Al gravitar rotando” del que ha sido parte desde entonces.

de ser despedido injustamente de mi empleo. La sensación de haber dejado a la deriva a un ser indefenso o su muerte te persigue por mucho tiempo. lo deje ahí y continúe con mi camino. era tan lindo que me detuve a verlo por un momento. E.“El hombre: el único animal que recuerda lo que ha asesinado”. encontraba monedas. En mi caso lo que encontré ese día fue tan solo un caracol perdido en el piso de un centro comercial. una inusual escena me llevó a recordar al abuelo por el día de su aniversario luctuoso. del robo de mi auto justo un día después de vencerse el seguro y de una serie interminable de infortunios de toda índole. simplemente creo que era inevitable que encontrara todo tipo de objetos caminando siempre con la cabeza agachada. billetes y otras cosas de valor en todas partes. A unos años de distancia aún me siento culpable de no haber parado mi vehículo para subir a un pequeño chihuahueño que caminaba . todo el tiempo ganaba sorteos. Canetti. pero se aferro al mosaico. Al contrario de lo que a mí me sucede. a él siempre lo perseguía la fortuna. luego intenté regresarlo al pasto. En lo personal no creo que fuera tan afortunado. Después de una racha espantosa de mala suerte en la que mi esposa me abandonó llevándose todo con ella.

que no me permitiría que alguien pudiera escuchar lo que hay dentro de ella. Me contaron que algunas personas cuando mascan el cactus por primera vez. he presenciado la muerte de toros en la arena local. y de niño un loro tonto. un par de aves impactadas en el carro en carretera. solo atine a llamar al teléfono que se encontraba en el cartel pegado en el poste telefónico y decirles el rumbo por el que se fue. Dicen que pueden incluso escuchar al árbol que alguna vez mutilaron. decenas de cucarachas bajo mis pies. Después de aconsejarme sobre los posibles caminos a seguir en mi vida. Quizás por todos estos remordimientos que cargo. desplegar unas banderitas de colores que me vendió escribiendo en ellas mi nombre y finalmente liberar . Quien me invito me contó sobre esa facultad del chaman y la verdad tengo tantas cosas en la cabeza de las que no me siento orgulloso. Nunca he atropellado un perro. algunos cangrejos a los que no pude evitar aplastarlos cuando intentaban cruzar por miles la autopista rumbo a manzanillo. son capaces de escuchar los lamentos de la naturaleza. en alguna ocasión deje ir la oportunidad de estar presente en una ceremonia wixarika en la que se ingeriría peyote. muchos mosquitos a los que les había servido de alimento. que esperó pacientemente su muerte hasta que logre atinarle después de veinte intentos con la resortera. solo han muerto por intervención mía. Mi miedo sobre todo era por la posibilidad de que regresaran a reclamarme todos los seres vivos a los que he lastimado y que el Maracame pudiera escuchar lo que pasaba por mi mente. Con el fin de darle otro rumbo a mi destino y acabar con mi mala suerte acudí a un monjetibetano.Antología de cuentos fúnebres 72 apuradamente a altas horas de la noche por la avenida que corre frente a mi hogar. días después vi su foto y supe que se llamaba Toro. me dijo que para acabar con mis infortunios debería rezarle a la deidad que me protege.

para tal efecto pude adquirir algunas aves en el mercado de San Juan de Dios y unos pecados vivos en el tianguis que está cerca de casa. vivió muchos años y murió sin que yo la haya cumplido. De hecho. Hoy finalmente en día de muertos por primera vez en la vida he hecho un altar en memoria del abuelo al que he sentido muy cerca desde el incidente del caracol. confortándome mientras presencia el desvanecimiento de todas mis culpas y temores. Seguramente de estar vivo. mirando al horizonte. fumando conmigo unos delicados sin filtro.73 animales cautivos a la vida silvestre para que ellos rezaran por mí. sin hablar. Del mismo modo solo seguí a medias las recomendaciones del monje y ya han pasado algunas semanas sin que libere a los animales. hubiera sido él y no yo el que encontrara el billete de quinientos que tímidamente sobresalía del barro rojo. como si estuviera sentado a mi lado en el tronco. aun debo una manda que ofrecí de niño por la salud de mi tía. Siento su presencia. Mil voces tiene la muerte . La inconstancia me ha seguido toda la vida en eso de los ritos y las promesas. En lugar del ir al camposanto a visitarlo he decidido culminar la recomendación del monje. Creo que al abuelo le hubiera gustado estar aquí viendo a las aves perdiéndose el bosque y el sinuoso movimiento de la cola de los peces cuando nadan hacia las profundidades. Liberaré a los animales cautivos en una presa para el rumbo de Mazamitla. en estos momentos siento que ambas actividades son parte de una misma tarea. justo a unos metros del carro. Ella se curó.

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Laberinto del ser Ulises Oliva .

Es productor de proyectos para la editorial Ciudad Gótica. .Ulises Oliva nación en 1986. Ha publicado en revistas y en el 2011 la novela El fin del mundo.

Me acerqué a la puerta. una catarata de imágenes invadió mi mente. la oscuridad se disipó. El descenso fue extenuante. .Cuando abrí los ojos. Una puerta colosal apareció al frente. yo lo sabía. nervio a nervio. inmaculado como la nieve más pura. pero un impulso o una fuerza me arrastraba por el sendero blanquecino. Figuras apócrifas. Oí con claridad el quejido de mis entrañas revueltas. infranqueable para mi escuálido cuerpito. Delante de mí. Parecía la entrada a una fortaleza: sólida. Pero ese era el camino. de vileza inherente en las personas. ornamentada con extrañas representaciones en relieve. la escalera daba la sensación de no terminar nunca. una escalinata de marfil. Vi muerte representada en miles de formas aberrantes. humanos masacrados. Pude sentir el dolor. quiméricas. una angustia infinita que me desequilibraba. Sentía las piernas cansadas. El pulso que me guiaba así lo indicaba. atemporales testimonios en carne y hueso de la potencialidad de destrucción. al cual merodeaban las tinieblas. cubrían por completo la totalidad de ese lienzo de metal. poderosa. tan real como los cadáveres de esas personas. saturadas por el hedor tan nítido. relajé mi cuerpo y me posicioné para poder hacer mi mejor intento pero. tan insignificante al lado esos gigantes férreos. Tan blanca. brillante y de escalones anchos. desgarrando cada una de mis fibras. cuando toqué la puerta. tan perfecta como la escalinata.

me arrastré por el suelo. con los ojos dilatados. que jamás desaparecería. El pulso de vida me motivaba a ver. solo y abandonado en las tinieblas después de haber superado la gran prueba. resquebrajando mi garganta y proveyéndome de la fuerza que la tarea exigía. era mi necesidad pasar. de hablar. aterrorizado. llorando. era como haber dejado de existir. de emitir algún sonido. una energía me invadió. fuertes contracciones musculares asaltaban mi cuerpo en sacudidas violentas. Un momento después. No debía claudicar ni detenerme sin saber que había del otro lado. Pero detrás de la puerta. Reuní lo poco que quedaba de mí para intentar la descomunal tarea de mover la gran puerta. entonaba mi nombre con dulzura de mujer. creciendo hasta convertirse en la lúgubre explosión de un grito. Pensé en quedarme ahí. Hasta que volví a escuchar la voz. Mi boca se contorsionaba en espasmos profundos. Perdía el control sobre mi vida. Logré abrirla. activando cada fibra y cada músculo. tratando de gritar. frágil. Empujé con toda mi fuerza. Quería comprender que había tras la gran puerta. varado en la eternidad. unificando mi ser.Antología de cuentos fúnebres 78 Me contraje. Apreté los dientes. El dolor disminuyó y el deseo resurgió con ardor. pero no era suficiente. Entonces algo inesperado sucedió. sin importar a que época pertenecieran. De la misma inesperada forma con la que llegó. así terminó. goteando agua por la nariz. Llegó como un vertiginoso ímpetu. a superar esta prueba. Se trataba de un estremecimiento tal. y la oscuridad me rodeó nuevamente. La trémula y misteriosa . Allí estaba. ese era el camino. No podía ver. Permanecí en esa posición. a conocer. La puerta no se movía. una voz delicada. Imaginaba seguir vivo solo por escuchar mi respiración. mientras sentía el dolor de cada uno de ellos.

el frío de las aguas profundas. Lo escuchaba respirar. nada era seguro en ese lugar. Pensé que estaba solo en esa infinidad de oscuridad. Estaba estático. Una luz. esperando el final. Desapareció por completo. Sentí la necesidad de ir en busca del sol. Algo merodeaba a mí alrededor. Soñé con vertiginosidad. bufar. todos mis razonamientos eran erróneos. Era presa de la fragilidad que siente aquel que se da por vencido. con aguas transparentes.79 voz humana. luego un palpitar. del calor que existía cerca de la superficie. En ese instante. relajante. Le grité con furia a la oscuridad y la oscuridad bramó con un rugido multiplicado en miles de bocas. agudo. me dejé caer. Me pareció desmedido el tiempo que pasé en el territorio de las tinieblas. hasta que se esfumó. Chasqueaba las filosas garras contra el piso. Me quede helado. y desperté. que subía su tono hasta hacerlo estridente. Cerré los ojos. Se encontraban Mil voces tiene la muerte . Cansado. volviéndose rítmico. Nadaba veloz. esperando el momento justo para abalanzarse. ¿habría soñado? Quién sabe. tanteando la nada. Luego el sonido se extendió por toda la inmensidad de la nada en las tinieblas. Un dolor intenso me invadió. un foco que venía desde el cielo de las tinieblas. me alumbró. La seguí. con peces de fogosos colores. hasta que algo me atrapó. Quieto y muerto de miedo. pero me equivoqué. como si el tiempo fuese otro en ese mundo en el que me encontraba. en silencio. Todo estaba igual a mí alrededor. Podía sentir la humedad. Primero un golpe. Vi un universo submarino. Todas las certezas se volvían inútiles. para dormir el sueño nervioso y eléctrico de los animales salvajes. Grité con toda la fuerza de mis pulmones. la oscuridad se convirtió en miles de pares de ojos que se fijaron en mí.

Deseaban mi luz. con lentitud. iluminada por dos amplios ventanales. Por instinto. A través de las ventanas se observaba un cielo azul. Me relaje por un momento. Eran azulejos. La curiosidad pudo más que yo cuando sentí que mi ascenso se había detenido. venían en mi dirección. tratar de llamar la atención. hasta que mi madre me llevó hasta su pecho y sacié mi hambre. desde la fuente de la luminiscencia. Dos ojos gigantes. Una soga comenzó bajar. de la urgencia. Antología de cuentos fúnebres 80 . solo para entender que la soga me elevaba hacia un brillo sin fin. ya no deseaba ver. me miraban con ternura. todo comenzó a moverse. Apreté con fuerza los parpados.lejos. a temblar. Quise gritar. Los ojos se acercaban con la velocidad de la fiereza. pero no existía. me aferré con fuerza. verdes. salté. que se abrían y se cerraban de forma errática. sin forma. a flotar. Estaba en una caverna. Busqué una salida. de cuadraditos simétricos. Cuando sentí la rugosidad de la cuerda en mis manos. pero la luz los atraía. De pronto.

Índice El niño santo. 77 Ulises Oliva . 45 Gabriela Karina Zúñiga López Un dolor estomacal sin importancia. 57 Adrian Mendiola En silencio te amaré. 51 Armando Alanís Canales Por el simple placer de engañar al diablo. 23 Julio Zárate El peluquín. 35 Carlos Rangel Santos Un día cualquiera. 71 Fernando Ortíz Laberinto del ser. 65 Sarko Medina Hinojosa Fortuna. 11 José Luis Gómez Lobo Muerte chiquita en dos tiempos.

2012 colectivo..com editorespobres. Jal. México Noviembre.com Siguenos en: Twitter y Facebook .edipo@gmail.blogspot. Guadalajara.Mil voces tiene la muerte fue editado por Colectivo de Editores Pobres para su publicación gratuita y promoción en Internet.

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Ensayo .

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