Sr.

Director: La expectación existente durante estos días por el millonario pozo acumulado en cierto juego de azar, evidencia no sólo un afán colectivo por el dinero fácil, sino que las consecuencias a gran escala de nuestras carencias educacionales en matemáticas. Debería bastar con ver el suculento negocio que sistemáticamente significa para los organizadores, para entender quiénes son los que sistemáticamente pierden más de lo que ganan en el colectivo de apuestas. El impresionante pozo que se publicita no se compensa con la probabilidad astronómicamente baja de ganar. Por cada millonario ganador publicitado, hay muchísimos más millones de perdedores y sus pesos. El costo de la afición a los juegos de azar es el impuesto que paga por su anumerismo quien ignora los rudimentos básicos de las probabilidades. Este costo afecta proporcionalmente más al bolsillo de los más pobres y peor educados. La única certeza razonable que entregan los juegos de azar es la de empobrecer aún más a quien lo juega. Atte. Luis León Cárdenas Graide

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