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Teoremas principales de la economía del bienestar El economista británico (de origen ruso) Abba Lerner (1903–1982), pionero de la entonces revolucionaria

corriente keynesiana, fue el primero en enunciar en los años 30 los dos teoremas fundamentales de la economía del bienestar (más tarde otros importantes economistas como Kenneth Arrow o Gerard Debreu desarrollarían el formalismo adecuado). El primer teorema establece que en una economía de competencia perfecta (aquella que sólo se rige por la ley de la oferta y la demanda), los recursos se distribuyen automáticamente de forma eficiente Pareto. Este enunciado casi casi se desprende de la misma definición de mercado en competencia perfecta y de la ley de la oferta y la demanda. Ésta dice, por ejemplo, que la cantidad de manzanas que los agricultores están dispuestos a ofrecer a un precio depende precisamente de ese precio. Normalmente muchos agricultores estarían dispuestos a vender manzanas a 100€, pero muy pocos lo harían a 1 céntimo. Por otra parte, la cantidad de manzanas que los compradores están dispuestos a adquirir a un precio concreto depende igualmente de ese precio. Muchos no daríamos más de 1€ por una manzana, pero pocos llegarían a 100€.

Esta competición entre lo que unos están dispuestos a ofrecer y lo que otros están dispuestos a demandar (pagar) hace que se negocie hasta llegar a un precio de equilibrio, que es el precio al que se venderán las manzanas, y cuya oferta satisface toda la demanda.

En este punto de equilibrio, cualquier variación del precio que beneficie a unos, forzosamente perjudica a otros. Por ejemplo, si se sube el precio de equilibrio para que los agricultores reciban más beneficios por manzana, no habrá suficiente gente dispuesta a comprarlas. Algunos agricultores astutos lograrán sacar tajada, pero los más rezagados se quedarán sin vender. Si se baja el precio ocurrirá lo contrario: no habrá suficientes agricultores dispuestos a vender y algunos compradores se quedarán sin manzanas (o con menos de las que querían comprar).

Por lo tanto, en el precio de equilibrio no hay decisión beneficiosa que no perjudique a algunos. El precio de equilibrio constituye, pues, una distribución de manzanas eficiente Pareto, ya que cualquier decisión que se tome, aunque beneficie a algunos, va a perjudicar a otros.

El segundo teorema de la economía del bienestar establece que cualquier distribución de la riqueza que sea eficiente Pareto se puede sostener en un mercado de competencia perfecta. Por ejemplo, si yo reparto 1 millón de € entre todos vosotros lectores, como ahora tendréis cada uno más dinero, seguro que estaréis dispuestos a pagar un poco más por las manzanas. Habrá más gente dispuesta a pagar 100€ por una manzana que antes, por el simple hecho que ahora tenéis más dinero para comprar. Entonces, lo que va a ocurrir es que el precio de equilibrio que había antes va aumentar. Puesto que los agricultores siguen teniendo las mismas manzanas para ofrecer (el año que viene ya considerarán aumentar la cosecha), el precio al que habrá que vender las manzanas será más alto para satisfacer la mayor demanda.

Fijaos que el reparto de 1 millón de € que yo he hecho es eficiente Pareto (si quito un € a alguno de vosotros y se lo doy a otro, alguno sale perjudicado), y aún así, el precio de las manzanas llega a un nuevo equilibrio. Ese precio de equilibrio es diferente del anterior, si. Pero es un precio de equilibrio. Si hago el reparto de 1 millón de € de forma distinta, puede que el precio de equilibrio también varíe. Lo que cuenta aquí es que, cualquiera que sea la distribución de dinero que yo haga (siempre que sea eficiente Pareto) el mercado la va a absorber y a asimilar en una nueva posición de equilibrio.

O en términos más sencillos: en ausencia de una unanimidad plena y bajo hipótesis que parecen razonables. El resto se hace solo. ya que ellos solos se apañan para llegar al equilibrio. etc. viéndose el Estado obligado a intervenir. . que al mismo tiempo se cumplan ciertos criterios “razonables” de racionalidad y valores democráticos. independencia de las “alternativas irrelevantes”. los mercados solitos se encargan de llegar al punto de equilibrio adecuado a esa distribución. hospitales. cualquier distribución de riqueza que haga el Estado (obviamente el Estado hace eso recaudando impuestos y luego invirtiendo ese dinero en carreteras. la realidad es bien distinta. Evidentemente. distribuciones distintas llevarán a equilibrios de mercado distintos. de manera tal. el interés colectivo no puede existir. el Teorema de Imposibilidad de Arrow (TIA) establece que cuando se tienen tres o más alternativas para que un cierto número de personas voten por ellas (o establezcan un orden de prioridad entre ellas). En otras palabras. Lo único que debe hacer es distribuir la riqueza de la forma que crea más conveniente. una vez distribuida. reflexivas y completas. ¿Qué nos dice el Teorema de Arrow? En la teoría de la elección social. La transitividad y la completitud definen a un individuo calculador de sus propios intereses. pensiones. lo que viene a decirnos este segundo teorema es que. y ha demostrado en más de una ocasión que algunos mercados por sí solos no consiguen ni de largo ese equilibrio mencionado. no es posible diseñar un sistema de votación (o un procedimiento de elección) que permita generalizar las preferencias de los individuos hacia una “preferencia social” de toda la comunidad. imposibilidad de expresar preferencias falsas. Aunque algunos mercados si se acercan mucho a ese estado de competencia perfecta (y por tanto los teoremas del bienestar son aplicables y la ley de la oferta y la demanda se satisface en buena aproximación). algunos otros están muy alejados de esta supuesta idealidad. Sin embargo.En términos más prácticos y realistas. redistribuye la riqueza sacada de unos para otros) y siempre que sea eficiente Pareto. universidades. Los “valores democráticos” (la dimensión valorativa del proceso de elección) que se exige cumplir son: no dictadura. y por racionalidad se entiende la formulación usual de preferencias que son transitivas. universalidad de alternativas. el segundo teorema nos dice que el Estado sólo debe preocuparse de cómo redistribuye la riqueza. ¿Por qué? Porque este teorema sólo es cierto si los mercados están en competencia perfecta. el mercado sostiene esa distribución (es decir encuentra unos nuevos precios de equilibrio cuya oferta satisface toda la demanda). ya que. Se supone además que los agentes económicos individuales son “racionales”. pero al menos el Estado no tiene que preocuparse de intervenir en los mercados. si existe en el mercado competencia perfecta. eficiencia de Pareto. es decir.

la pregunta básica que se formula la teoría de la elección social es: ¿Bajo que condiciones resulta posible que las preferencias agregadas de un conjunto de individuos sean racionales. Dicho de otra forma. al tiempo que satisfacen determinadas condiciones axiológicas? O en otros términos: ¿Es posible una “Función de Elección Social” que agregue todas las preferencias individuales y que el orden social resultante sea racional y democrático? El resultado del Teorema de Arrow concluye (mediante una inapelable demostración por el método axiomático) que no existe ninguna regla de agregación de preferencias que tenga tales propiedades normativas deseables. El Teorema de Arrow y la utopía de una “sociedad de mercado . a no ser que las preferencias sean impuestas por un “dictador”.Así. ninguna regla de elección social puede satisfacer simultáneamente las cinco condiciones axiológicas indicadas[2].