Daniel Medvedov

CÓDIGO UNIVERSAL DE LAS LENGUAS

El Genoma-Genomio y el Zoema Humano
NOTAS CRÍTICAS
ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE UNA ENTREVISTA CON EL LINGÜISTA DEREK BICKERTON MADRID 2009

Hace unos siete años, estando en Barcelona, en el doctorado de lingüística aplicada de la Universidad Pompeu Fabra, he publicado en la www.en.red.ando.com un artículo sobre el Código General de las Lenguas. Allí se publicó al mismo tiempo, una entrevista con el lingüista DEREK BICKERTON, sobre el mismo tema. Sería conveniente revisar hoy las ideas allí expuestas.
El Código General de las Lenguas

El Genoma-Genomio y el Zoema Humano

Es fascinante oír en el metro de Barcelona el gran número de lenguas que se suele hablar día a día. La mayoría de los viajeros tal vez no se percaten, pero en un mismo vagón se escucha, a menudo, suahili, chino, catalán, español, quechua, rumano, romaní - la lengua de los gitanos, que se confunde con la de los antiguos getas y dacios, y a ratos, el francés, inglés, danés, fines, o tagalo. ¿De dónde saca el ser humano todos estos sonidos y combinaciones? ¿Cómo es que cada lengua construye el mundo y nombra las cosas con palabras tan diferentes y, a veces, tan parecidas? Los lingüistas no han podido aún responder de manera satisfactoria a estas interrogantes. Actualmente, se hablan en el mundo alrededor de siete mil lenguas. En los seis mil años de nuestra historia, más de ochenta mil lenguas han desaparecido. Según informes estadísticos, cada año “mueren” veinte lenguas. ¿Habría que preocuparse por ello? De ninguna manera. Las lenguas renacen de su propia ceniza.

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Son los mismos elementos, que luego se usan para “crear”, “formar” y “ordenar” una lengua “nueva” y los mismos ladrillos de la torre de Babel se ordenan de una forma distinta, las mismas columnas se sitúan en lugares diferentes, y los mismos pasadizos frecuentan el laberíntico trayecto de las palabras. Es sorprendente saber que en las miles de lenguas que hoy se están hablando sólo se usan dos categorías sonoras, las vocales y las consonantes. A la vez, sólo existen cinco consonantes fundamentales, obligatorias para toda lengua: B, G, D, L, M. No hay lengua natural que no las posee, al menos en forma de una de sus variantes. Para B, las variantes más conocidas, ya que hay otras más, son F, V y P. Para G, las variantes son: C, J, K, Q, S, X, Z, a pesar de que los alfabetos y los diccionarios nos han acostumbrado con la falsa información de que hay más de cuarenta. Algunas variantes alfabéticas son meramente ortográficas e históricas, como la Q o la J. En esa gama de variación sonora encontraremos una gran cantidad de otros “sonidos”, cuyo número se sospecha ser incalculable, para no decir infinito. Los lingüistas los han llamado “rasgos” Las vocales, a su vez, poseen un grupo mínimo obligatorio en todas las lenguas naturales, vale decir habladas por el ser humano, un famoso – para los lingüistas – triángulo mínimo: A, E, I. Por esta razón, los verbos en castellano sólo terminan en – AR, -ER, -IR. Todos sabemos que en español no hay verbos que finalicen en –OR y –UR. No obstante, el grupo mínimo de consonantes obligatorias es de cinco. Nuestro alfabeto es, en realidad, la suma de las variantes de ocho sonidos fundamentales – A, B, G, D, L, M, I, H. Entre todos ellos, el sonido, o son, H, puede hacer las veces de vocal y también de consonante. Aún así, las veinticinco letras alfabéticas poseen un valor mucho más profundo que el valor que se les acostumbra asignar en las ciencias del lenguaje. Todos estos sonidos “alfabéticos” son, en realidad, correlatos de los veinte aminoácidos del ADN y de las cinco bases que se usan para escribir el genoma humano.

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La quinta base, el uracilo, interviene, para intercambiar información genética, a través del ARN, el ácido ribonucléico. Detrás de todas las lenguas, hay una suerte de Genomio, y no “genoma”, lingüístico, el ZOEMA humano, un código universal que llamaremos,”general”, en honor a la discreción terminológica. Todas las lenguas usan las mismas herramientas y los mismos materiales. Este código es similar al código genético, posee sesenta y cuatro módulos, llamados “odones” o “caminos”, equivalentes a los sesenta y cuatro “codones” del libro de la vida. Hay una analogía entre la genética y la lingüística, percibida en profundidad, desde la década de los cincuenta, del siglo pasado, por el lingüista Noam Chomsky, muy nombrado en estos días por su actividad política. Chomsky ha sostenido desde hace varias décadas que el lenguaje está inscrito en los genes. Muchos trastornos del habla tienen explicación por vía genética. El ADN, el ARN, la célula, los genes, los cromosomas, los aminoácidos, el núcleo, las famosas bases - famosas para los genetistas – y tantos otros elementos de la bioquímica, tienen sus correlatos en el código general de las lenguas y, por ende, en el ámbito del lenguaje. Hay que recordar que el lenguaje es un mundo y las lenguas otro mundo, por más que esta aseveración les parezca extraña. El primero se refleja en el segundo y el segundo hunde sus raíces como un árbol invertido en el suelo virtual del lenguaje. Cuando los genetistas comprendan la importancia de los conocimientos alcanzados hoy día en la lingüística y por su parte, cuando los lingüistas se enteren de la existencia de los codones y estudien con esmero los avances de la genética, una nueva vía de investigación cambiará la faz de la ciencia. Tanto en la robótica como en la cibernética, hay actualmente un abismo insalvable entre la máquina y el hombre. Es imposible salvar esta distancia sin considerar las analogías que existen entre el genomio humano y su código genético y el Zoema, el lenguaje con su código general de las lenguas.

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Hasta tanto, hay un largo camino de aceptación y consideración sincera y recíproca de las lagunas que actualmente separan a los lingüistas de los genetistas, para eliminar la desestimación y la desinformación de sus investigaciones, tanto por parte de unos, como por parte de otros. Estas lagunas se pueden conquistar con la utilización de los avances lingüísticos en la genética y por otra parte, con el uso y aplicación de los descubrimientos genéticos en las ciencias del lenguaje. En el IULA, el Instituto Universitario de Lingüística Aplicada de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, se estaba trabajando hace unos años, bajo la dirección de Teresa Cabré, en un Corpus del Genomio Humano. Ellos lo llaman GENOMA. En los actuales momentos, nos encontramos en un período parecido al momento en el cual se comenzaba vislumbrar el descubrimiento del Código Genético por Watson y Crick, hace unas cinco décadas. Hoy día se sabe que el código del lenguaje existe, pero se desconoce el lugar donde opera y la forma de sus elementos como también las ecuaciones que las lenguas respetan en sus procesos semánticos fonéticos y sintácticos. Cuando el código de las lenguas emprenda su viaje público, la investigación puede adquirir aspectos sorprendentes. Todas las lenguas tienen un solo código y distan de ser creaciones aleatorias de sonidos casuales que los humanos componen y combinan al azar. Todo ello implica la existencia de una verdadera matemática de las lenguas, con su lógica y su ontología. En la filosofía de la ciencia, se ha sostenido desde siempre que no puede haber una epistemología, vale decir “una ciencia”, sin una ontología, un conocimiento del Ser. Con el código genético ocurre lo mismo: Hay una fractura irremediable entre la bioquímica de la célula y la filosofía de la existencia, que los científicos pregonan en sus investigaciones. En ese ámbito se ignora a propósito la existencia de una óntica del individuo humano y las investigaciones están llevadas conscientemente hacia el dominio mecánico de la enfermedad y del nacimiento del Ser.

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Por su parte, los teólogos modernos están aún más perdidos que los científicos ya que no saben cómo compaginar la tradición religiosa con los actuales descubrimientos genéticos de la vida. Nos encontramos en uno de los momentos más interesantes de nuestra cultura y el clamor general surge desde la calle, para que estos dilemas y desatinos se resuelvan con sinceras declaraciones de buena fe y deseo de superar todo malentendido. La epistemología genética debe considerar la existencia de una ontología para que la ciencia sea completa, total, trascendente y no como lo demuestra ser actualmente, analítica, parcial y limitante. La ciencia es de todos, no sólo de los especialistas y como tal, debe ser objeto de planteamientos públicos en los cuales los criterios más claros puedan ser comprendidos por cualquier persona interesada en la aventura humana. Por lo tanto, he aquí un paso, aunque sea breve, para un gran camino hacia la investigación de la existencia.
Daniel Medvedov Semiólogo, Lingüista, Doctor en Filosofía, hace unos años, miembro de los estudios del doctorado en lingüística de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona.

Ahora, he aquí la entrevista de la periodista Karma Peiró:
Dice Karma Peiró en su blog: Repaso esta entrevista realizada hace 4 años a uno de los expertos mundiales en lingüística, Dereck Bickerton, y me asombro de algunas de las cosas que cuenta. COMENTARIO En este mismo lugar, en la revista EN.RED.ANDO, he publicado, hace 4 años también, el artículo antes citado, sobre el código universal de las lenguas. Por cosas de la vida y de la www, no hemos podido continuar con las conversaciones, pues el site se cerró. Explica las diferencias que hay entre los humanos y los primates para adquirir el lenguaje, dice que el cerebro humano tiene una especie de algoritmo que se desarrolla

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a medida que crece el niño y que no estamos tan lejos de escuchar cómo las máquinas nos hablan con sentido. COMENTARIO Primero que todo, los “primates” no adquieren ningún lenguaje. Poseen ya, “su” lenguaje, lenguaje que nosotros desconocemos, pues nuestras comunicaciones con ellos son idióticas. Estamos muy lejos de “escuchar a las máquinas hablarnos con sentido” pues nadie, con la excepción del que comenta, conoce el código lingüístico. Digo esto en un modo rústico, para ver si alguien se atreve, u osa decir que tal declaración es incierta. En dado caso, espero que la persona que lo diga, ofrezca SU código, o nos diga dónde se encuentra o cómo podemos encontrarlo.

¡Que ustedes disfruten de la lectura! COMENTARIO Gracias Karma, disfrutaremos, con tu anuencia

Fecha de publicación: 30/07/2002 (revista en.red.ando*) Entrevista a Derek Bickerton, investigador en lingüística. Autora: Karma Peiró

Derek Bickerton es una de las primeras autoridades mundiales en el campo de la lingüística. Es profesor de la Universidad de Hawai, en Honolulu, y autor, entre otras obras, de ‘Roots of Languages’, ‘Language and Species’ y de ‘Language and Human Bahaviour’. Desde hace años, colabora con el neurofisiólogo William H. Calvin, de la Universidad de Washington, en Seattle, con quién escribió ‘Lingua ex Machina. La conciliación de las teorías de Darwin y Chomsky sobre el cerebro humano’ (Gedisa, 2001). Para el profesor Dereck Bickerton el lenguaje no es un mero medio de comunicación, una habilidad o un producto de la cultura sino un sistema de representación de la mente, una adaptación evolutiva que, entre otras cosas, permite pensar sobre el pensamiento, una clave de la inteligencia humana crítica para entender el fenómeno de la consciencia y de los procesos cognitivos.

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COMENTARIO Es obvio, considerando la manera de hablar de los antiguos, que el lenguaje no ha evolucionado. Leemos las palabra de Homero, o a Guilgamesh, o, vamos, al HUANG TI NEI CHING, por ejemplo, que tienen todas, miles de años de historia, y no veo ninguna diferencia, más bien creo que hemos regresado a una modalidad simplista de describir las cosas sutiles. Si se nos dice que es un proceso de millones de años, pues, el argumento cae por su propio peso. Estamos hablando de unos seis mil años de nuestra historia, nada más.

El lenguaje y los humanos P: Desde la comunicación simiesca hasta nuestros días ha evolucionado mucho el lenguaje humano. ¿Cómo era esa primera comunicación? R: Era una comunicación que la mayoría de las veces indicaba o las emociones o el estado de ánimo del animal: que estaba enfadado, que tenía hambre, que quería hacer el amor, que quería hacer alguna cosa, ir a algún lado o que estaba de acuerdo con otro simio. También existe esta comunicación entre algunos simios como los ‘vervet’ (una especie de monos): éstos tienen una llamada, un chillido especial que hacen cuando viene el enemigo y entonces todos suben a los árboles. Hay otra llamada que indica cuando viene una especie de águilas que los mata. Uno hace la llamada y los compañeros se esconden en las hierbas más altas. Tienen tres o cuatro llamadas diferentes. Se ha probado que no son reacciones automáticas, que sólo se producen si están en grupo. Si están solos no hacen ningún ruido porque atraería la atención del enemigo. Pero no podemos decir que esto sean palabras porque no se pueden emplear en la ausencia de este enemigo, como nosotros que podemos hablar de leopardos, de águilas o serpientes sin que estén delante nuestro. En la mayoría de casos, los humanos utilizamos las palabras en ausencia de los objetos. COMENTARIO Eso se parece a la ironía de Jonatan Swift acerca de la idea de cargar un saco con las cosas sobre las cuales queremos hablar, y ahorarnos así las palabras, con sólo mostrando los objetos Porque si los tenemos delante, ¿para qué hablarles? ¡Puedes verlos! Y tampoco estos sonidos o llamadas se refieren a cosas que hacen los que les rodean, como sí hacen los

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humanos. Así que, las llamadas de los animales, de los primates, se diferencian mucho de las unidades de comunicación humanas. Las llamadas de los simios no se pueden unir para hacer una frase, no se pueden coger dos y añadir un significado distinto. Esta es la principal característica del lenguaje humano: que podemos colocar un predicado en una frase. Es decir, se escoge un objeto y se hace un comentario. Por ejemplo: “El vaso se ha roto”. Y eso no ocurre en ningún sistema de comunicación. COMENTARIO No sabemos, ni tenemos idea alguna si los animales emplean verbos o adjetivos. No tenemos derecho de insinuar que solamente nosotros nos “comunicamos” con tales “partes de la oración” P: En todo este tiempo transcurrido, desde las primeras llamadas de los simios hasta hoy, ¿qué procesos evolutivos han habido en el lenguaje? R: Yo creo que, por lo menos, dos o tres bien destacados. Podríamos hablar de tres procesos o fases: la primera, es la que he llamado 'protolenguaje', que emplea los símbolos como palabras pero sin estructura, colocados de cualquier manera, sin reglas. Los propios primates son capaces de funcionar con este lenguaje, se ha demostrado con chimpancés y con los bonobos. Las investigaciones de Sue-Savage Rumbaugh van en este sentido. Otros lo han hecho con loros. No es una imitación sin sentido, es posible enseñarles un lenguaje simbólico, pero simple. Los delfines funcionan igual. Cualquier especie que tenga una capacidad mental, que tenga un cerebro proporcionalmente grande puede aprender este lenguaje. Pero, los humanos somos los únicos que lo hemos desarrollado solos, sin instrucción alguna. Eso es lo que nos diferencia en esta primera fase del resto de animales. Tal vez, los marcianos descendieron a la Tierra y nos lo enseñaron…. (risas) pero no lo creo. Esta es la primera fase, parecido a un ‘pidgin’, es decir, el lenguaje inicial que surge entre individuos con idiomas distintos y que necesitan comunicarse reiteradamente. . COMENTARIO Francamente, el ser humano no necesita de palabras para entender a otro. Cuando hemos perdido el poder de comprender la mirada, empezamos a decir “palabras”. Los inglese son más directos: NO COMPLAINTS, DON´T EXPLAIN. “Si nadie se queja, no expliques nada”

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P: ¿Cuáles son las características de la segunda fase evolutiva del lenguaje? R: Hay que añadir a lo que he dicho la estructura, la sintaxis, para que se convierta en una lengua como la que tenemos. Y eso ocurrió porque empezó a operar encima del 'protolenguaje' un patrón de la frase que contenía un verbo que indica una acción o estado o acontecimiento. Y los participantes de estas acciones, se necesitaban expresar de algún modo. Porque si yo duermo, sólo estoy yo. Para romper algo, utilizo dos elementos: el que rompe y lo que se rompe. Hay otra clase de verbo, el de acción, que necesita tres participantes por lo menos: uno que da, el que recibe y la cosa dada. Así que todos los verbos del mundo, en cualquier lengua, siguen alguna de estas pautas de diferentes acciones en función del tipo de elementos a unir. P: Explíqueme algo más de las diferencias entre ese 'protolenguaje' inicial y el lenguaje que utilizamos diariamente R: El 'protolenguaje' no tiene necesidad de seguir ningún patrón. Ésta es la principal diferencia. El lenguaje tiene que cumplir con esos deberes, si es un verbo de siete elementos, de meter el número debido de participantes en la frase. Y eso da estructura. También, podemos meter una frase dentro de otra: "Da este vaso al hombre que viste el otro día". Y así, podemos hacer una gran frase, con otras pequeñas dentro. En cambio, lo que se cuenta en el 'protolenguaje' son cosas cortas porque no tienen estructura y no hay más que tres o cuatro unidades o palabras. No me dice quién ha hecho tal cosa. Lo bueno del lenguaje es que si oímos una frase automáticamente sabemos qué pasó, el tipo de acontecimiento, quién lo hizo, si hay un objeto de la acción, quién era el objeto o qué era. Eso lo sabemos sin esfuerzo alguno, ése es el milagro, la maravilla del lenguaje. Cuando se impuso ese patrón encima del 'protolenguaje' apareció el lenguaje que es casi como el que utilizamos ahora. Casi… COMENTARIO

Oigo el término “protolenguaje” y se me hace la piel de gallina. Un “protolenguaje” no es otra cosa que el “lenguaje” mismo, ¿Por qué llamarlo “proto”?
P: ¿Qué le falta a ese ‘casi’? R: En cada lengua moderna hay muchas palabras sin sentido, las palabras funcionales: artículos definidos, indefinidos, proposiciones, etc. Estos indican los tipos de estructura de una frase y marcan las fronteras de la misma, dónde termina y dónde comienza. Es como en una ruta de carretera que te encuentras señales: "A Oviedo, 25 km". Ésta es la tercera fase del lenguaje y no se pudieron descubrir formas gramaticales hasta que

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apareció la estructura que estas palabras tenían que marcar. Tres fases evolutivas, entonces, del desarrollo del lenguaje. P: ¿Qué ocurrió en el cerebro humano para que se saltara de la primera a la segunda fase? R: H. Calvin defiende la idea de que hubo un incremento del tamaño de nuestro cerebro. Cuando me la contó, inmediatamente yo estuve de acuerdo con él. ¿Por qué? Hay muchas indicaciones de que la sintaxis apareció muy rápidamente en la evolución humana. Hasta hace 100.000 años apenas había cultura humana. Durante casi dos millones de años, las herramientas y útiles que utilizaban no cambiaron. Lo que distingue al Homo Sapiens del resto es precisamente la creatividad. Constantemente estamos creando cosas nuevas, no podemos parar. Pensamos que esto puede ser mejor que lo que conocemos y experimentamos para ver si sacamos algo diferente. Nunca estamos satisfechos con lo que ya existe y antes de nosotros no ocurría esto. La ampliación del cerebro ha ido creciendo durante mucho tiempo porque había que llegar a un tamaño crítico. P: En aquel momento, cuando nada cambiaba durante miles de años, debió ser muy complejo empezar a verbalizar palabras, iniciar una comunicación. ¿Se sabe cómo fue? R: Fue dificílisimo, al principio, iniciar el lenguaje porque para hacerlo los pensamientos han de salir de dentro hacia fuera. Y en toda la vida de los animales, desde hace casi 4 mil millones de años, todo ocurría de fuera hacia dentro: el animal piensa, busca comida, observa si algo es peligroso y luego hace algo. La información viene de otra parte. Con el lenguaje la información sale de adentro. Debieron cambiar —para entendernos— todos los cables de la mente, los axones que unen en el cerebro una neurona con otra. El cerebro es un lugar ruidoso, nunca está tranquilo. Todas las neuronas están en constante funcionamiento y cuando algo exterior afecta —por ejemplo, el órgano de la visión, cuando algo pasa por delante nuestro— el cerebro funciona más rápidamente y luego más lentamente cuando desaparecen los estímulos. COMENTARIO

Vamos, el que el cerebro nunca esté tranquilo no es cierto. Hay que pasearse un rato por los escritos de PATANJALI, de unos mil seiscientos o mil setecientos años atrás, para darnos cuenta que estamos lejos de tales aseveraciones.

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Una oración tarda en crearse unos segundos y un segundo en nuestro cerebro es un largo período. Entonces, para mantener una señal sin que falle sobre un período largo necesita muchas neuronas. Y ésta fue la analogía de Calvin que me impresionó mucho. Si estás en un coro de cuatro o cinco personas y uno de ellos canta mal se identifica enseguida. Pero, en cambio, si hay un coro de un centenar de personas y cinco o seis no cantan bien, no se nota en el resultado final porque los que desafinan están camuflados entre el coro. Ocurre lo mismo con el cerebro: si hay unas pocas neuronas enviando un mensaje, éste tal vez se pierda o extravíe. Pero si hay muchas neuronas que hagan la misma señal, entonces sí que pueden resaltar encima del ruido habitual del cerebro, escucharse y cambiar algún órgano del mismo hasta conseguir que salga una frase. Es lo que llama los “coros cerebrales”, conjuntos de nervios moviéndose al mismo ritmo. Y para lograr esto hay que tener un cerebro de un tamaño suficiente, porque todo nervio tiene su tarea y no hay espacio en el cerebro que se pueda reclutar para ayudar a hacer el mensaje… Ya hay muchos investigadores que son capaces de ver en imágenes lo que ocurre por dentro de nuestro cerebro, se puede ver la concurrencia de la sangre, se sabe que cuando haces una tarea necesitas sangre que corra hasta los puntos activos. Pero si esta tarea se complica, la zona que está actuando se expande y se hace más grande. Ya sabemos mucho más de lo que pasa dentro de nuestra cabeza, gracias a la técnica moderna. P: ¿Hay alguna manera de fechar estas tres fases de la evolución de nuestro lenguaje? R: Más o menos se pueden fechar. Creo que hace dos millones de años, cuando la especie empezó a hacer los útiles líticos, quizás apareció un tipo de 'protolenguaje' sencillísimo, sin ninguna estructura, con un vocabulario de una docena de señales que, gradualmente, fue a algo mayor. Pero sin ninguna estructura, supongo que el vocabulario aumentó. Lo difícil era que no se podía hacer una frase larga, porque sin estructura con cada palabra que intentaban expresar era doble la ambigüedad. ¿Por qué? Porque no se sabe automáticamente qué hace la cosa ni quién la hace, etc. Eso limita la longitud de la frase sólo hasta tres o cuatro palabras. Cuando apareció la sintaxis ocurrió sólo en nuestra especie. Calculo que eso fue hace unos 150 mil años. COMENTARIO

La sintaxis no pudo “aparecer” así, en algún momento de la historia, pues se trata de la misma lógica de los hechos.
Pero esto es puramente especulativo. Las razones para pensar esto es que durante mucho tiempo no cambiaron los útiles hasta que se observa una variedad y un adelanto tecnológico, y eso ocurrió sólo en nuestra especie, como dije antes. Esto, de una manera

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u otra, debe reflejar la cultura técnica, el estado de ánimo y el cerebro de esta criatura. O sea, que si son sencillos los útiles es sencillo el aparato mental que tiene. Así que tuvo que ocurrir algún cambio en el cerebro. Pero, la tercera fase todavía es más especulativa. Creo que fue cuando tuvo lugar la diáspora de los humanos, cuando abandonábamos Africa para entrar en Europa y Asia y todos los demás sitios. ¿Por qué? Porque la manera de marcar la estructura es muy diferente en los lenguajes. Mi tesis es que si hubieran estado todos los humanos en el mismo sitio durante más tiempo, el lenguaje actual hubiera sido un proceso automático, se hubiera convertido en algo genético como el 'protolenguaje', como la sintaxis antes se había convertido en algo innato en el plan biológico de la base humana. La manera de marcar la estructura básica es igual en todas las lenguas, pero la manera de marcar los órdenes de las palabras que se emplean para indicar relaciones gramaticales son diferentes en las lenguas del mundo. O sea, si hay tanta variedad en este aspecto del lenguaje, pensamos que no se fijó en el momento de la diáspora sino cuando ya se perdió el contacto entre unos y otros. P: ¿Y cuánto tiempo tardamos en adquirir nuestra propia lengua? COMENTARIO Eso de “adquirir” la lengua está por verse. ¿Cómo se puede dar por sentado que hemos “adquirido” nuestra lengua materna? R: Los niños nacen con un sentido de la estructura. El cerebro humano tiene una especie de algoritmo que se desarrolla a medida que crece el niño. Desde el momento de nacer tienen el sentido de un sonido lingüístico, de un sonido cualquiera. Diferencian entre sonidos distintos. Después, transcurrido un año ya puede decir algunas palabras. Con 15 o 18 meses pueden juntar un par de palabras, pero sin estructura alguna, es muy parecido a un ‘protolenguaje’. Y ya siguen las reglas del idioma que van a aprender. Si viven en España, saben que los adjetivos siguen a los nombres y si está aprendiendo inglés que ocurre exactamente al revés. El orden básico ya lo tienen asumido. Es a partir del segundo año, a los 25 o 26 meses, cuando empieza a funcionar esa máquina sintáctica, que es un algoritmo del cerebro para hacer frases. Lo único que tienen que hacer es aprender cuáles son las palabras. Ellos saben que hay varias funciones en las palabras, como que algunas indican el tiempo de la acción: presente, pasado o futuro. Y buscan este orden para sus frases. Esto les lleva unos cuantos años. Hasta los 4 o 5 años quizás no tienen dominio sobre la lengua, pero cuando la máquina sintáctica se pone en marcha, salen todos los tipos principales de oración en cuestión de semanas o meses.

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P: Los científicos están buscando como un principio unificador de las fuerzas que rigen el Universo. ¿Cree que existe una fuerza unificadora del lenguaje? R: Existe ya un código universal. COMENTARIO

OK, aquí hemos llegado. “Existe ya un código universal.” ¡Qué bueno! ¿Dónde esta? ¿Cual es?

Las diferencias entre las lenguas actuales son más aparentes que reales porque en las partes fundamentales se parecen tanto que hay muchos lingüistas que dicen que sólo hay un lenguaje, pero que éste tiene muchos dialectos. Tal vez es algo extremo, pero han demostrado que existen principios en común entre todas las lenguas del mundo. Podemos afirmar que, ya ahora, tenemos una única lengua. Pero en las cosas más superficiales, como los sonidos que emplean (la lengua hawaiana sólo tiene 13 sonidos, pero en Rusia algunas cuentan con más de 70), hay diferencias así que pueden parecer enormes, pero también hay semejanzas muy profundas. P: Usted cree que existe una gramática universal, y que estamos muy cerca de descubrirla. ¿Qué nos falta? R: Lo que yo creo que nos falta es desembarazarnos de algunos conceptos gramaticales que hemos tenido, hacer la estructura lo más sencilla posible, liberándonos de proposiciones y otros elementos. Estoy escribiendo un libro que explica esta teoría, y que justifica que necesitamos tres reglas: primero, que se conozcan las condiciones para unir palabras; segundo, cumplir con un patrón donde el verbo esté en el centro y los participantes —como una constelación— a su alrededor: y, tercero, la capacidad para establecer secuencias de frases, unas dentro de otras. El cerebro tiene mecanismos suficientes para saber el orden en que llegan las palabras. Con estas tres reglas puede existir una gramática universal. Con esto y nada más. Quizás esté confundido, no lo sé. P: ¿Qué explicación hay para que haya tantas gramáticas? R: La base fueron las gramáticas antiguas, tradicionales, y con el tiempo se fueron modificando las normas. En lugar de decir, aquí hay un problema pensemos en una norma nueva, la modificaban y ya está. Ese fue el verdadero problema. Hay muy buenas ideas en la gramática actual, pero también hay otras que se conocen hacen diez, veinte o treinta años que deberían desaparecer, pero no lo hacen. Por eso soy partidario de que esta gramática universal sea la más sencilla posible, y después si es necesario ya se

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añadirán complementos. P: ¿Cuál es el origen del desencuentro entre biólogos y lingüistas? R: Bueno, es que los biólogos creen que el lenguaje es el resultado de la selección natural, mientras que muchos lingüistas piensan esa teoría es muy abstracta, poco clara y que debemos buscar principios nuevos, todavía por descubrir. Y, los primeros dicen que eso no son más que tonterías, etc. Entre los dos campos hay una falta de acuerdo. Éste ha sido precisamente el motivo por el que William Calvin y yo hayamos escrito el libro: Lingua ex Machina. La conciliación de las teoría de Darwin y Chomsky sobre el cerebro humano. Pero ese conocimiento constituye un bloque en la ciencia cognitiva, porque los biólogos no entienden la lingüística y los lingüistas no entienden la biología. Y hay que hacer caso de las teorías de ambas partes, saberlas por completo, e integrarlas, y si no no hay posibilidad de tener éxito. P: En el caso de que se llegara a un entendimiento entre ellos, ¿qué respuestas encontraríamos? R: Sabríamos todo: cómo evolucionó el lenguaje al detalle, cómo se aposenta en el cerebro, cuáles son los mecanismos y procesos que se producen en el cerebro al crear el lenguaje, cuáles son los aspectos genéticos para que cada generación cree un lenguaje, etc. Pero para conseguir estas respuestas, hay que unir el conocimiento biológico, neurológico y lingüístico. Si lo conseguimos, entonces ya sabremos todo. Entonces, nos tendremos que ir a otros planetas para descubrir otros lenguajes de marcianos (risas). P: ¿Hay otros investigadores que están estudiando la manera de reconciliar estas teorías? R: Sí, hay otros y cada año aparecen nuevos interesados. Algunos investigan cómo aparece y evoluciona el lenguaje en el cerebro, pero cada uno tiene su idea. Hay una falta de acuerdo total, y se crea una confusión enorme. En veinte o treinta años, las teorías falsas o más débiles desaparecerán y por fin nos quedaremos con una. Aunque todavía no es el momento. COMENTARIO

Con todo el merecido respeto, tanto a Karma Peiró, como al Sr. Derek Bickerton, aquí, o hasta aquí, no hay nada que se parezca a un artículo sobre el código universal de las lenguas, ni de lejos. Por lo menos, si no estoy errado, a esto se refería el tema del artículo.

Los humanos y las máquinas

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P: Explíqueme algunas de las investigaciones en las que usted participa para conseguir que las máquinas puedan entender nuestro lenguaje y en qué estado de desarrollo se encuentran. R: Creo que todo va a depender de si logramos descubrir los principios de la estructura lingüística. Si lo conseguimos, podremos meter el algoritmo en el cerebro de un robot. Tengo colegas en Budapest que, en este momento, están esperando subvenciones de la UE para investigar esta posibilidad. Esto puede ocurrir antes de lo que pensamos.

COMENTARIO Obviamente, no hay nada que se parezca, ni de lejos, a la posibilidad de que las máquinas “entiendan”, sin que se conozca el código lingüístico. Lo que actualmente es llamado así por los lingüistas, no es más que un conjunto de reglas.
P: Usted ha comentado que Internet es sólo un canal más sobre el que expresar nuestro lenguaje. Pero, ¿no podríamos verla también como un ingenio que hemos creado los humanos para aunar todas las lenguas del mundo? ¿Un espacio que sirviera de pasarela a todas las lenguas? R: Francamente, yo no veo cómo puede solucionar las cosas la existencia de Internet. Es cierto que tiene muchas ventajas, pero no para que vaya a solucionar ninguno de los grandes planteamientos que nos estamos haciendo desde hace años los investigadores de esta área.

P: ¿Se sabe de qué manera funciona nuestro cerebro cuando entra en un entorno virtual, no necesariamente sólo con la lengua hablada sino también a través de iconos, sonidos, multimedia, etc.? R: Sí, hay muchas otras formas de comunicarnos, pero siempre vamos a parar al lenguaje. Todo depende de éste. Los primates son muy ágiles con las manos, por eso ha sido posible enseñarles un poco del lenguaje simbólico. Sin embargo, nunca han pintado algo representacional. O sea, una imagen de las que corren por Internet. Antes de colocar algo en la Red hay que crearlo. Los primates han hecho pinturas abstractas, pero nunca han llegado al nivel de representación de un niño pequeño (por ejemplo, los niños de 3 o 4 años ya pueden pintar cosas cuya representación, sin ser muy clara, indica que es una casa, un animal, una persona, etc.). Cuando es posible hacer esto, lo podemos transmitir de muchas maneras. Pero yo creo que esta capacidad debe depender del lenguaje, porque si uno no tiene lenguaje no tiene el poder de hacer imágenes representacionales. Hay muchas maneras de comunicarnos pero todas dependen del lenguaje.

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P: Según lo dicho, para usted Internet es otro canal de comunicación, y la comunicación que se produce en ella no tiene una trascendencia especial. R: Sí, exacto, es eso. P: Sin embargo, esta comunicación virtual es diferente de la que hemos tenido hasta ahora… R: Sí, sí, es diferente pero es, sencillamente, otra forma de hacerlo y todavía no lo veo como algo revolucionario que cambia todo. P: ¿No cree que cuando pasamos de hablar con alguien que tenemos a nuestro lado a una conversación con otra persona (o grupo) que se encuentra en un entorno virtual ocurra nada relevante en nuestro cerebro? R: No lo sé todavía, tal vez esté cambiando el cerebro si eso ocurre en una práctica diaria y constante, pero no lo sé. Tenemos que esperar algo más de tiempo, aunque francamente yo no soy experto en ese terreno. Utilizo Internet para informarme, enviar correo, se pueden aprender un montón de cosas que antes no sabíamos, es una herramienta educativa como nunca habíamos tenido. Pero, que esto suponga un cambio de calidad de la mente, todavía no lo sé. Influye, claro que va a influir al cerebro, dentro de un siglo quizás tenga otro tipo de características pero, en este momento, no contemplo cómo podría ocurrir. P: en.red.ando tuvo la oportunidad de compartir, el año pasado, una jornada con unos investigadores que están intentando crear 'el cerebro global', una acumulación de muchas inteligencias, de muchos cerebros a través de la Red. ¿Qué opina de este proyecto? R: Para mí no tiene ningún sentido esta investigación. Nos hemos comunicado durante miles de años y las noticias de los descubrimientos científicos las hemos recibido igualmente. Desde siempre, los que querían saber sabían y no tenían Internet. Vale, ahora las tenemos un poquito más rápido. Pero para tener un cerebro hay que tener un organismo, por eso no tiene ningún sentido para mí hablar de un “cerebro mundial” que funcione a través de la Red. No, no lo entiendo.

COMENTARIO Bravo. No tengo nada que agregar. La idea de un así llamado “cerebro global” es una idiotez. Sería una auténtica “olla podrida”, un “potpourrí” de todas las ocurrencias de los participantes.
P: Por otro lado, también nos presentaron los avances para conseguir la "Web Semántica", cuya investigación quiere conseguir que las máquinas aprendan el

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significado de las palabras a través de la semántica, la ontología y los agentes inteligentes. ¿Esto sí que lo ve más factible? R: Sí, eso sí. Si pongo un algoritmo dentro de un robot, con un sencillo vocabulario, creo que logrará hablar con sentido. Aunque también dirá muchas tonterías al principio. Con el tiempo le podemos ir puliendo esas idioteces, hasta lograr que tenga una buena semántica. No se cuál será el resultado final, si llegará a tener conciencia.

COMENTARIO ¿Cómo va a entender la maquina algo, si no hay todavía, una correspondencia semántica entre las palabras alfabéticas escritas en el teclado, o entre los sonido emitidos por los humanos en sus comunicaciones y los números binario del código que usa el lenguajemáquina?
P: Más difícil será que logre tener sentimientos humanos. R: Sería dificilísimo y no veo cómo puede ocurrir. P: Si se lograra, el ser humano se superaría al conseguir colocar un cerebro nuestro en una máquina. R: Efectivamente, sería una evolución y quizás hubiera una guerra mundial entre las máquinas y los humanos; y las primeras podrían tomar el poder del planeta… pero, eso son cosas de la ciencia ficción —por ahora— y todavía no se puede hablar de ello.

COMENTARIO Eso del “cerebro humano dentro de la maquina” es, Karma Peiró, una verdadera tontería. Es mejor, a veces, ahorrarnos nuestras opiniones. Lo digo con todo el cariño, pero no es bueno respetar las opiniones de los demás. Sólo una visión merece respeto.
Prospectiva P: La tecnología siempre ha sido el motor que nos ha llevado a evolucionar más como especie. Y, en este momento, cada vez la socializamos con más rapidez (el teléfono móvil es un buen ejemplo). ¿Qué otros grandes cambios podemos esperar para este siglo XXI? R: Lo que es seguro es que la evolución biológica ha terminado porque somos demasiados en el mundo. Y un cambio grande no puede pasar a ninguna especie si son

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muchos. Una mutación entre una población tan grande como la nuestra se perdería entre los que no la tienen. Porque al principio, sólo puede afectar a una persona y ésta debería transmitirla a sus hijos: pero para tener alguna influencia cada uno de ellos debe unirse a otro que haya asumido esa mutación, etc. Pasados los años, las generaciones se disminuyen y los efectos de la población desaparecen por completo. Por esta razón creo que un cambio fundamental del cerebro humano es imposible. La única posibilidad sería que un desastre natural redujera la población humana a unos centenares de personas. Aunque… todo es posible. P: ¿Cómo qué? R: Este mundo que tenemos pesa demasiado, no puede soportar que seamos 6 mil millones de personas.

COMENTARIO ¿¿¿¿¿¿¿¿¿??????
No se puede soportar, durante este siglo vamos a ver unos desastres increíbles: como falta de orden en los Estados, que se hagan anárquicos como ya está ocurriendo; cambios de clima que conducen a una falta de comida enorme; nuevas epidemias y enfermedades todavía no conocidas —como existen en áreas remotas de África— y que se van a extender a las sociedades de Europa y América, etc. Todos estos acontecimientos van a tener un efecto acumulativo y eso ocurrirá hacia la mitad del siglo. Me siento bien porque ya no estaré.

P: Usted ha escrito que el ego humano ha sufrido tres ‘deflaciones’ a lo largo de la Historia y que vamos hacia una cuarta. Explíqueme cuáles son las primeras y hacia adónde nos dirigimos. R: La primera ‘deflación de nuestro ego’ fue cuando nos demostró que la Tierra no era el centro del universo. La segunda fue cuando Darwin nos dijo que no nos creó Dios (o, por lo menos, ¡no directamente!) sino las mismas fuerzas de la evolución que nos crearon como antes ya se habían reproducido otros animales. Freud fue el protagonista de la tercera, cuando señaló que no teníamos ni idea de lo que pasaba por nuestras mentes. Y, la cuarta, será cuando nos demos cuenta de que nuestra inteligencia y la de los monos no difieren tanto. Lo que realmente nos diferencia es que nosotros tenemos el 19

lenguaje y ellos no.

P: Retomando el inicio de la entrevista, si todos nos entendiéramos a través de una gramática universal, ¿ello supondría una reducción drástica de nuestra diversidad lingüística? R: No lo creo. Aunque ahora ya estamos perdiendo lenguas (los investigadores dicen que es una a la semana), llegará un punto en que éstas no van a desaparecer porque si forman parte de la identidad humana, nadie va a dejar la suya propia para tomar una mundial. Tal vez exista una lengua mundial al lado de las que aprendemos de nacimiento. El inglés es la probabilidad más contemplada. Es posible que todo el mundo sea bilingüe o multilingüe. P: Si llegáramos a esa gramática unificada, ¿tendríamos que modificar nuestras posturas sobre la multiculturalidad? Eso podría suponer un cambio social importante porque actualmente está siendo una de las batallas de todos los países a partir de los movimientos migratorios de personas del Tercer Mundo hacia países desarrollados. R: Tienes razón. Estoy algo fuera de mi terreno pero espero que podamos mantener una diversidad cultural y de identidad. Lo dudo, pero espero. Más no puedo decir. P: Para terminar, cuénteme hacia dónde se imagina que va a continuar avanzando la tecnología y cómo cree que eso nos va afectar. Ya que usted dice que no lo va a ver… déjenos unas cuantas pistas al resto. R: (Risas) Creo que la evolución humana, como he dicho, no va a continuar, a menos que ocurra un desastre natural. Necesitamos perder más de la mitad de la población actual para ser capaces de mantener los principales recursos, como el agua y el alimento. ¡Porque el mundo no puede soportar más gente en un estado de bienestar!. Sí puede mantenerlos en la absoluta pobreza como la mayoría de la gente de este mundo.

P: De compartir sus ideas, deberíamos hacer oídos sordos a los mensajes de los gobiernos para traer más hijos a este mundo… R: Bueno, es difícil responder… porque yo tengo tres hijos y no puedo hablar de esto porque he contribuido a aumentar la población mundial. Pero debemos tener menos hijos. Y si los tenemos, no van a disfrutar en la vida y va a ir a peor. P: No me deja muy optimista, que lo sepa R: Es una lástima que no pueda tener una visión más optimista del mundo porque soy una persona optimista, pero cuando veo lo que está ocurriendo no puedo cambiar mi

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opinión. Me gustaría mucho estar equivocado.

COMENTARIO Francamente, sin ninguna valoración del contenido, por lo demás muy interesante, la entrevista no tiene nada que ver con el Código Universal de las Lenguas.
* en.red.ando fue una publicación electrónica pionera en Internet. El periodista científico Luis Angel Fernández Hermana la creó en 1996 y estuvo en activo hasta el verano del año 2004. Durante 8 años,, en.red.ando acumuló más de un millar de artículos de un centenar de colaboradores repartidos por todo el mundo, en especial de Latinoamérica. Ya no se encuentra en la Red.

COMENTARIO FINAL Como hemos visto, no hay nada en esta entrevista de código universal, ni de algo que se le parezca., aunque el título resalta el tema como un verdadero logro.

Daniel Medvedov

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