Las fuerzas de guerra en la construcción del Estado

:
América Latina, siglo XIX

Juan Carlos Garavaglia, Juan Pro Ruiz y Eduardo Zimmermann
editores

Rosario, 2012

Las fuerzas de guerra en la construcción del Estado : América Latina, siglo XIX / edición literaria a cargo de Juan Carlos Garavaglia ; Juan Pro Ruiz ; Eduardo A. Zimmermann. - 1a ed. - Rosario : Prohistoria Ediciones; SBLA - Universitat Pompeu Fabra, 2012. 460 p. ; 23x16 cm. ISBN 978-987-1855-31-5 1. Historia Universal. 2. Historia Política. 3. Guerras. I. Garavaglia, Juan Carlos, ed. lit. II. Pro Ruiz, Juan, ed. lit. III. Zimmermann, Eduardo A., ed. lit. CDD 909 Fecha de catalogación: 16/10/2012 Composición y diseño: mbdiseño Edición: Prohistoria Ediciones Diseño de Tapa: La Cantera Este libro recibió evaluación académica y su publicación ha sido recomendada por reconocidos especialistas que asesoran a esta editorial en la selección de los materiales. TODOS LOS DERECHOS REGISTRADOS HECHO EL DEPÓSITO QUE MARCA LA LEY 11723 © Juan Carlos Garavaglia ; Juan Pro Ruiz ; Eduardo A. Zimmermann y los autores © de esta edición: Tucumán 2253, (S2002JVA) – Rosario, Argentina Email: prohistoriaediciones@gmail.com - prohistoriaediciones@yahoo.com.ar Webstore: www.prohistoria.com.ar/ediciones Descarga de índices y capítulos sin cargo: www.scribd.com/PROHISTORIA Prohibida la reproducción total o parcial de esta obra, incluido su diseño tipográfico y de portada, en cualquier formato y por cualquier medio, mecánico o electrónico, sin expresa autorización del editor. Este libro se terminó de imprimir en Talleres Gráficos Fervil SRL, Rosario, en el mes de noviembre de 2012 Impreso en la Argentina ISBN 978-987-1855-31-5

Índice
Prólogo, Juan Carlos Garavaglia.................................................................... PARTE I Guerra y Estado en tiempos de construcción nacional: comentarios sobre América Latina en el siglo XIX, Juan Pro Ruiz ............... 17 Fuerzas militares para defender al Estado: Guatemala 1823-1863, Juan Carlos Sarazúa Pérez.............................................................................. 33 El ejército y la guerra en la formación del Estado costarricense, Esteban Corella Ovares................................................................................... 59 De la guerra civil nicaragüense a la guerra antifilibustera centroamericana, 1854-1857, Víctor Hugo Acuña Ortega............................. 73 Empréstitos para la guerra / entramados de la acción. República de la Nueva Granada 1839-1842, Pilar López Bejarano.............. 89 Ejército y milicias del Estado ecuatoriano, 1830-1861. Una aproximación a su compleja conformación, Viviana Velasco Herrera... 123 Ciudadanos en armas: el ejército y la creación del Estado, Perú (1821-1861), Natalia Sobrevilla Perea. ........................................................... 161 PARTE II Guerra, fuerzas militares y construcción estatal en el Río de la Plata, siglo XIX. Un comentario, Eduardo Zimmermann......................................... 185 La máquina de guerra y el Estado: el Ejército de los Andes tras la caída del Estado central del Río de la Plata en 1820, Alejandro M. Rabinovich. ............................................................................... 205 La educación militar en Buenos Aires entre 1820 y 1830, Rodolfo González Lebrero. ............................................................................. 241 9

Regularizar la guerra, disciplinar la sociedad. Una nota sobre el reclutamiento de fuerzas de guerra mercenarias durante la última etapa de la “Guerra Grande”, 1848-1852, Mario Etchechury................................ 287 Guerra y sociedad en el litoral rioplatense en la primera mitad del siglo XIX, Raúl O. Fradkin........................................................................ 319 “Haremos lo posible para asegurar y tranquilizar la frontera”. La defensa de la frontera bonaerense durante la década de 1850, Silvia Ratto..................................................................................................... 357 Comisarios de campaña en el departamento Rosario: entre ocupaciones públicas e intereses privados (1850-1865), Evangelina de los Ríos y Carolina Piazzi....................................................... 381 Fuerzas de guerra y construcción estatal: de la Confederación a la Nación Argentina (1856-1865), Juan Carlos Garavaglia......................... 413

Comisarios de campaña en el
entre ocupaciones públicas e intereses privados
(1850-1865)1
Evangelina de los Ríos
UPF, Barcelona / SBLA Project

departamento Rosario:

Carolina A. Piazzi
ISHIR/CESOR-Universidad Nacional de Rosario

Nuevas miradas sobre la policía o una historia social de la policía2 n el marco de los trabajos dedicados a estudiar la policía, han aparecido en los últimos años acercamientos renovados sobre la historia de la misma.3 Detrás de la pregunta sobre cómo estudiar a la policía se ha abierto un abanico de posibilidades, –además de continuar con los más transitados aspectos penales o coactivos– que indagan en cuestiones relativas a la administración u organización de los cuerpos y el personal destinado a desempeñar tareas policiales, así como en lo que respecta al reclutamiento y posición socioeconómica de los agentes policiales estudiados.4 Sin embargo, esta renovación se ha extendido en menor medida a los ámbitos de la campaña, y los trabajos que abordan las funciones policiales en los espacios rurales de la segunda mitad del siglo XIX pro1 2 3 Agradecemos las lecturas y sugerencias de la Dra. Melina Yangilevich, el Dr. Darío G. Barriera y el Dr. Juan Carlos Garavaglia a versiones preliminares de este texto. Así como a los participantes de las jornadas desarrolladas en Costa Rica. Según se plantea en GALEANO, Diego y KAMINSKY, Gregorio (coord.) Mirada (de) uniforme. Historia y crítica de la razón policial, Teseo, Buenos Aires, 2011. Para una puesta al día sobre la producción acerca de la policía véase BARRENECHE, Osvaldo y GALEANO, Diego “Notas sobre las reformas policiales en la Argentina, siglos XIX y XX”, en Cuadernos de Seguridad, núm. 8-12, Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos, Buenos Aires, 2008. Entre las últimas publicaciones con tintes renovadores encontramos: BOHOSLAVSKY, Ernesto “El brazo armado de la improvisación. Aportes para una historia social de los policías patagónicos (1880-1946)”, en BOHOSLAVSKY, E. y SOPRANO, G. (ed.) Un Estado con rostro humano. Funcionarios e instituciones estatales en Argentina (desde 1880 a la actualidad), Prometeo, Buenos Aires, 2010; SIRIMARCO, Mariana (comp.) Estudiar la policía: la mirada de las ciencias sociales sobre la institución policial, Teseo, Buenos Aires, 2010; GALEANO, Diego y KAMINSKY, Gregorio (coord.) Mirada (de) uniforme, cit. En el marco del grupo de trabajo “Crimen y Sociedad” se han producido abundantes trabajos sobre el tema. Referente al reclutamiento puede verse GAYOL, Sandra “Sargentos, cabos y vigilantes: perfil de un plantel inestable en el Buenos Aires de la segunda mitad del siglo XIX”, en Boletín Americanista, 1996, p. 134.

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vienen principalmente de preocupaciones vinculadas a la historia de la justicia.5 El abordaje que proponemos reflexiona en función de una figura policial central en la campaña como los comisarios de distrito, recuperando objetivos y preguntas que se plantean desde ambas vertientes, una historia social tanto de la justicia6 como de la policía, aplicados a los años que nos ocupan. Para las décadas de 1850 y 1860, las fuerzas policiales de la provincia de Santa Fe transitaban por un proceso de formación que implicaba, en primer lugar, diferenciarse de la justicia y del ejército,7 para luego realizar ajustes constantes en la organización, funcionamiento y definición de atribuciones propiamente policiales –mucho restaba aún para contar con una policía medianamente profesionalizada, delineada con las características que reconocemos hacia principios del siglo XX. En este sentido, los interrogantes acerca de la conformación de la policía y

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Para la primera mitad de siglo: RICO, Alejandra Policía, soldados y vecinos. Las funciones policiales entre las reformas rivadavianas y la caída del régimen rosista, Tesis de Maestría, Universidad Nacional de Luján. En este registro judicial, por ejemplo, Melina Yangilevich ha detectado que la figura del comisario y la introducción del prefecto, entre 1857 y 1859, en la campaña bonaerense trajeron aparejados conflictos con los jueces de paz en virtud de la superposición de atribuciones que presentaban (“Crónicas de conflicto y desilusión. Prefecturas de campaña, juzgados de paz y comisarías en Buenos Aires (1857-1859)”, en BARRIERA, Darío (coord.) La Justicia y las formas de la autoridad. El Río de la Plata (Siglos XVII a XIX), Red Columnaria/ISHIR, Rosario, 2010, pp. 129-153; Crimen y justicia en la frontera (Buenos Aires, 1852-1880), Tesis Doctoral, UNICEN, Tandil, 2007, p. 80). Por su parte, Gisela Sedeillán ha abordado la policía de Tandil para las décadas finales del siglo XIX y ha revelado cómo hasta la creación de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, la figura del comisario recaía en un vecino reconocido de la comunidad, recomendado por el juez de paz, práctica que cambiaría luego al pasar a depender de la Jefatura de Policía de la Provincia y a recaer los nombramientos en personas que llegaban al pueblo a cumplir con una función pública (“Control social en la campaña bonaerense: la institución policial en Tandil, 1872-1900”, en III Jornadas Nacionales Espacio, Memoria e Identidad, UNR, Rosario, 2004). El caso de Tucumán ha sido abordado por PAROLO, María Paula “El perfil social de las autoridades locales en la campaña tucumana a mediados del siglo XIX”, en PIAZZI, Carolina (coord.) Modos de hacer justicia. Agentes, normas y prácticas. Buenos Aires, Tucumán y Santa Fe durante el siglo XIX, Prohistoria, Rosario, 2011, en prensa; “Entre jueces y comandantes. Formas de autoridad en la campaña tucumana a mediados del siglo XIX”, en BARRIERA, Darío (comp.) La justicia y las…, cit. Véase FRADKIN, Raúl “Justicia, policía y sociedad rural. Buenos Aires, 1780-1830”, en BONAUDO, Marta; REGUERA, Andrea y ZEBERIO, Blanca (coord.) Las escalas de la historia comparada, Tomo I, Miño Dávila, Buenos Aires, 2008, p. 249. El “comisario”, en la tradición hispana, se relacionaba con el ejército (Comisario General de Caballería, Comisario General de la Infantería, Comisario de Guerra); y provenía de la tradición francesa (introducida por las reformas de la dinastía borbónica). ALMIRANTE Y TORROELLA, José Diccionario militar, etimológico, histórico, tecnológico, con dos vocabularios francés y alemán, Imprenta y Litografía del Depósito de la Guerra, Madrid, 1869 (voz: comisario).

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las funciones policiales en la provincia encuentran un vacío historiográfico aún por cubrir.8 La construcción de un poder institucional que penetre en el entramado social fue una de las metas perseguidas desde el Estado en pos de imponer el orden social. Cuando hacia 1853 la provincia dejó en manos de la Confederación, recientemente instituida, el control de sus fuerzas militares, la policía se transformó en el brazo armado del estado provincial en construcción.9 De 1820 a 1852, entre un 60% y un 80% de los recursos de Santa Fe se invirtieron en gastos militares,10 y luego de que las milicias pasaran a manos de la Confederación, desaparecido el rubro de las cuentas provinciales, los recursos que se destinaron a policía crecieron de forma considerable.11 ¿Cuánto de esos recursos se invirtió en policía de campaña? El ámbito rural era un espacio conflictivo y de difícil control.12 La imposición
Existe un solo trabajo de corte institucional al respecto: GALVANI CELSO, Jorge Historia de la Policía de la Provincia de Santa Fe. 9 Un análisis del proceso de desmilitarización en un caso provincial: BUCHBINDER, Pablo Caudillos de pluma y hombres de acción. Estado y política en Corrientes en tiempos de la organización nacional, Prometeo, Buenos Aires, 2004. 10 Los gastos militares santafesinos fueron el 79% en 1822, 84% en 1832, 80% en 1842 y 60% en 1853. (Para los tres primeros datos ver: HALPERIN DONGHI, Tulio “Incidencia de los gastos militares en Córdoba y Santa Fe (1820-1852)”, en Homenaje al Doctor Ceferino Garzón Maceda, Instituto de Estudios Americanistas “Dr. Enrique Martínez Paz”, Universidad Nacional de Córdoba, Córdoba, 1973. Para 1853: Archivo General Provincia de Santa Fe (en adelante AGPSF), Contaduría, Tomo 98, Legajo 18: Borradores de los estados generales de ingresos y egresos de la provincia de Santa Fe por los doce meses de 1853). Parte de estos gastos militares fueron cubiertos con remesas enviadas al gobierno santafesino desde Buenos Aires con tal objetivo. Véase al respecto CHIARAMONTE, José C.; CUSSIANOVICH, G. E.; TEDESCHI, S. R. “Finanzas públicas y política interprovincial: Santa Fe y su dependencia de Buenos Aires en tiempos de Estanislao López”, en Boletín del Instituto de Historia Argentina y Americana Dr. Emilio Ravignani, Tercera Serie, núm. 8, 1993. Igualmente para 1853, una parte de los mismos fueron asumidos por la Confederación Argentina. 11 En Santa Fe, los gastos en policía pasaron de ser apenas un 0,3% en 1853 a un 18% diez años más tarde, del total del gasto provincial en policía, más de la mitad se invertía en el departamento Rosario. Véase AGPSF, Contaduría, Tomo 98, Legajo 18: Borradores de los estados generales de ingresos y egresos de la provincia de Santa Fe por los doce meses de 1853; Cuenta que presenta la Colecturía General de Hacienda al Exmo. Gobierno de los ingresos y egresos que ha tenido el Tesoro de la provincia para los años 1863, en Historia de las Instituciones de la Provincia de Santa Fe, Tomo IV, Imprenta Oficial, Santa Fe, 1972). Si observamos las cuentas del departamento Rosario, en 1853 todavía los gastos militares representaban el 54% de los egresos mientras que la policía apenas alcanza el 0,3%. Ya para 1855, los gastos militares desaparecen y el rubro policía se convierte en el principal destinatario de los recursos al que se le destina el 28% en 1855, el 22% en 1857 y el 52% en 1863 (AGPSF, Contaduría, Tomo 98, Legajos 1, 6, 7, 9 y 10; Tomo 100, Legajos 18; Tomo 103, Legajo 18; Tomo 106, Legajo 17). 12 LARKER, José Criminalidad y control social en una provincia en construcción: Santa Fe, 18561895, Prohistoria, Rosario, 2011. Para el periodo inmediatamente anterior puede verse BARRIERA, Darío “Justicia rural y territorialidad en Santa Fe a finales del siglo XVIII”, en Encuentro del ISHIR, Rosario, 7, 8 y 9 de noviembre de 2011. 8

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de un orden institucional se fijó como un objetivo prioritario para las autoridades provinciales, pero el fisco provincial dedicó abundantes recursos en pos de este propósito. El trabajo está organizado en cuatro apartados. En el primero se repasan algunos aspectos demográficos, económicos y sociales de la campaña en el departamento Rosario entre los años 1850 y 1860, con el objetivo de brindar un panorama de cuáles eran las condiciones en que los comisarios de distrito debían desempeñarse. El segundo reflexiona, por un lado, sobre las denominaciones de los distritos que comprendieron dicho departamento y sus variaciones a lo largo de los años; y, por otro, sistematiza cuáles fueron las autoridades policiales designadas en la campaña. El tercero reconstruye el perfil de los comisarios de distrito a partir de las fuentes censales disponibles y el registro de la contribución directa de 1858. El cuarto y último aborda con más detalles las funciones propias de los comisarios de distrito desde los reglamentos e instrucciones elaborados para los mismos, así como a partir de las notas que estos dirigían al jefe político o de policía. Para la elaboración de este trabajo, a nivel metodológico, hemos recurrido a fuentes de diverso tipo. Para la reconstrucción del perfil de los comisarios de campaña utilizamos los nombramientos que se hallan en el Registro Oficial de Santa Fe así como datos extraídos de diferentes censos poblacionales (censo de distritos de campaña de 1864, Censo Nacional de 1869). Por su parte, el fondo de Contaduría de la provincia aporta información sobre la composición de la riqueza de los hacendados, además de las cuentas de inversión de recursos tanto en la provincia como en el departamento. Respecto al funcionamiento de la policía en la campaña y sus tareas, trabajamos con leyes y reglamentos de policía publicados en el Registro Oficial, así como con algunos ubicados en el Archivo de la Jefatura Política de Rosario. Este fondo contiene abundante información sobre las comisarías de campaña a las que es posible seguir a partir de las circulares, notas y cartas que intercambiaban los comisarios de distrito con el jefe de policía y el jefe político de Rosario, poniendo en evidencia la situación de cada una de sus jurisdicciones, remitiendo reos, etc. Al mismo tiempo, los debates en la Legislatura muestran las discusiones que se generan sobre la situación en la campaña. La campaña rosarina hacia la segunda mitad del XIX La vida en la campaña rosarina estuvo teñida de un sentimiento de inseguridad a partir de los frecuentes robos de ganado y otros bienes.13 Los factores que con13 Sobre las denuncias respecto a la “inseguridad” de la campaña remitimos a TICA, Patricia “La inseguridad en la campaña santafesina en tiempos de la Confederación, 1852-1861”, en Res Gesta, núm. 36, enero-diciembre 1997, pp. 51-93. En este trabajo la autora señala la necesidad de una “reflexión más profunda acerca de la actividad desplegada por los comisarios de distrito”, figura

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tribuyeron a esta situación fueron múltiples: por un lado, la permeabilidad en las fronteras provocó la constante incursión de malones de indios que arrasaban con el ganado y obstaculizaban el desarrollo de las actividades económicas en los distritos.14 El pronunciamiento de Urquiza inició una nueva etapa de conflictos y enfrentamientos con Buenos Aires. El sur de Santa Fe se convirtió una vez más en paso obligado de los ejércitos, una situación que venía pesando sobre las poblaciones rurales desde hacia varias décadas. Para los hacendados, comerciantes y habitantes de la campaña en general, cada enfrentamiento, levantamiento o incursión, tanto militar como indígena, significaba un freno al desarrollo a sus actividades productivas y comerciales. A esto se le sumaba depredación del ganado por parte de las fuerzas militares, una consecuencia de la forma de hacer la guerra en el Río de la Plata.15 No obstante, luego de Caseros se inició un proceso que en lo económico tuvo connotaciones positivas. Entre 1852 y c. 1870 diversos acontecimientos afectaron la vasta y poco explotada campaña santafesina que incidieron en el crecimiento de las industrias pastoriles y en la expansión de la agricultura.16 En las estancias
que coloca como dentro de un “marco de impunidad necesario para el desarrollo del cuatrerismo: las imperfecciones administrativas, la falta de recursos de los comisarios de los distritos de la campaña […] su ineficacia, inoperancia y hasta complicidad” (el destacado es nuestro). 14 Conviene recordar el contexto de guerra casi permanente en el que vivió el sur de la provincia durante la primera del siglo XIX, por ejemplo, entre 1815 y 1819 sufrió cuatro intervenciones militares en su territorio. Véase FRADKIN, Raúl y RATTO, Silvia “Territorios en disputa. Liderazgos locales en la frontera entre Buenos Aires y Santa Fe (1815- 1820)”, en FRADKIN, Raúl y GELMAN, Jorge (comps.) Desafíos al orden. Política y sociedades rurales durante la Revolución de Independencia, Prohistoria ediciones, Rosario, 2008; “Conflictividades superpuestas. La frontera entre Buenos Aires y Santa Fe en la década de 1810”, en Boletín Americanista, año LVIII, núm. 58, Barcelona, 2008. La situación no cambió en las décadas siguientes ya que la cercanía con Buenos Aires convertía a Santa Fe en un paso obligado de los ejércitos: la campaña de Lavalle contra Rosas (1840) (IRIONDO, Urbano, Apuntes para la historia de la provincia de Santa Fe, Junta Provincial de Estudios Históricos, Santa Fe, 1968, p. 92); y la invasión de los ejércitos al mando de Oribe (1842) constituyen algunos ejemplos. 15 Para el periodo post-independentista, Raúl Fradkin ha estudiado esto bajo el nombre de “guerra de recursos” haciendo referencia a una forma de hacer la guerra en la cual los ejércitos se abastecían a su paso con los recursos del lugar (principalmente reses y caballos) amenazando así la subsistencia de la población rural y la reproducción de la economía agraria. Véase FRADKIN, Raúl “Las formas de hacer la guerra en el litoral rioplatense”, en BANDIERI, Susana (comp.) La historia económica y los procesos de independencia en la América hispana, Prometeo, Buenos Aires, 2010, p. 180. 16 GALLO, Ezequiel La Pampa Gringa. La colonización agrícola en Santa Fe (1870- 1895), Sudamericana, Buenos Aires, p. 31. Desde lo geográfico ese espacio había sido tradicionalmente “territorio de atravesamiento” comercial, de ejércitos, y lo seguiría siendo más tarde en cuanto vía de comunicación terrestre (con los ferrocarriles) y fluvial (DÓCOLA, Silvia y PUIG, Mónica “Resistir la disolución (de la Provincia), construir la región (Rosario), 1861-1870”, en Primeras Jornadas de Estudios sobre Rosario y su Región).

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ganaderas ubicadas en las áreas de antigua ocupación productiva entre el río Carcarañá y el Arroyo del Medio, los propietarios rurales realizaron las primeras inversiones en planteles ovinos criollos y mestizos, en una coyuntura de bajo precio de la tierra.17 Las condiciones para ello fueron las más propicias: tenían la ventaja de tener a disposición grandes superficies de tierras cubiertas de una pradera de pastos blandos y aprovecharon el contexto de aumento de la demanda mundial de la lana.18 La expansión de la agricultura fue lenta. En ello influyó no sólo el hecho de que las tierras del sur provincial fuesen consideradas poco productivas en relación con las del norte, algo que se mostró más tarde inexacto, sino sobre todo la falta de brazos para trabajar la tierra. Estamos frente a una sociedad rural que se caracteriza por tener mucha tierra y poca gente. Aunque la población de Santa Fe era muy escasa en 1858 (apenas tenía 41.261 habitantes) en comparación con las restantes provincias del litoral paranaense,19 el departamento Rosario era el más poblado de los cuatro en que se dividía la provincia (La Capital, Rosario, San José y San Jerónimo). Según el censo de aquel año, el departamento Rosario contaba con una población de 22.492 habitantes. Situado en la parte sur de la provincia, ocupaba una franja que se extendía de sur a norte desde el Arroyo de Medio, línea divisoria entre las provincias de Santa Fe y de Buenos Aires, hasta el Arroyo Carcarañá, límite con el departamento de San Jerónimo, cuya cabecera era Coronda. Mientras que al este el río Paraná demarcaba claramente la jurisdicción, hacia el oeste la delimitación era más compleja: hasta fines del siglo XIX no se acabaron de esclarecer cuáles eran los límites provinciales.20
17 FRID, Carina “Desigualdad y distribución de la riqueza en escenarios de crecimiento económico: Santa Fe, 1850-1870”, en GELMAN, Jorge (coord.) El mapa de la desigualdad en la Argentina del siglo XIX, Prohistoria, Rosario, 2011. 18 HORA, Roy Historia económica de la Argentina en el siglo XIX, Siglo XXI, Buenos Aires, 2010, p. 143; FRID, Carina “Del puerto al almacén rural: circuitos comerciales y producción lanar en el sur de Santa Fe (1860-1890)”, en Revista de Instituciones, ideas y mercados, núm. 46, año XXIV, mayo 2007. 19 MAEDER, Ernesto Evolución demográfica argentina desde 1810 a 1869, EUDEBA, Buenos Aires, 1969. 20 En lo que hace a la demarcación legal de los límites interprovinciales, debe destacarse que en 1881 se firmó un acuerdo, confirmado en 1882 por un Laudo Arbitral de la Suprema Corte de Justicia, que delimitaba los límites entre las provincias de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba (BARRIERA, Darío “La tierra nueva es algo libre y vidriosa. El delito de ‘traición a la corona real’: lealtades, tiranía, delito y pecado en jurisdicción de la Real Audiencia de Charcas (1580-81)”, en Ley, Razón y Justicia, Año 8, núm. 11, Neuquén, julio 2006-marzo 2010, p. 288). Años más tarde, por ley del Congreso de noviembre de 1886, se fijan los límites entre Santa Fe y Chaco. Por esta ley se fija el límite norte de Santa Fe en el paralelo 28º, y por un Convenio de septiembre del mismo año, el límite entre Santa Fe y Santiago del Estero. ALVAREZ, Juan Historia de Rosario (1689- 1939), UNR ediciones, Rosario, 1998, pp. 27-28.

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Mapa 1 El departamento Rosario en la primera mitad del siglo XIX

Fuente: Elaboración propia con base en DE MOUSSY, Martín “Carte des provinses D’Entre Rios, de Santa Fé et de la Bande Orientale” (1865), en Description géographique et statistique de la Confédération Argentine, Librairie de Firmirn Didot Fréres, París, 1869; Primer Censo General de la Provincia de Santa Fe, 1887. Agradecemos la ayuda de Eduardo Doroni y Georgina Guissani en la elaboración del mapa.

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El departamento contaba con tres núcleos urbanos: Rosario, San Lorenzo y Villa Constitución. El 42% de la población vivía en la ciudad de Rosario, que estaba organizada en seis cuarteles. Los distritos rurales eran quince y en ellos vivían 10.951 personas. Arroyo Seco y Monte de Flores eran los únicos distritos que superaban los mil habitantes. Los restantes eran pequeños, en nueve de ellos la población osciló entre los 500 y los 1.000 habitantes y en otros tres no alcanzó siquiera este mínimo. Cuadro 1 Población del departamento Rosario (1858)
Distritos Rosario San Lorenzo Villa Constitución Chacras del Rosario Bajo Hondo Cerrillos Monte de Flores Horqueta Arroyo Pavón Abajo Arroyo Pavón Arriba Arroyo Pavón centro Arroyo del Medio Abajo Arroyo del Medio Arriba Arroyo del Medio centro Arroyo Seco Arroyo Ludueña Desmochados Abajo Desmochados Arriba URBANOS Población 9.785 1.359 397 374 914 653 1.129 622 743 571 915 742 616 913 1.249 961 418 131 22.492 Total 11.541

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Fuente: PROVINCIA DE SANTA FE Censo Oficial de 1858, levantado por Juan José Gormaz y Correa en abril de 1858, manuscrito conservado en la Biblioteca Argentina “Dr. Juan Álvarez”.

El único registro censal de la década de 1850 excluye a las ocupaciones. No obstante, mediante los padrones levantados en los distritos de Arroyo Seco, Arroyo

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del Medio, Cerrillos y Desmochados en 1864, aunque aportan información fragmentada y dispersa, es posible observar que la campaña rosarina posee un mayor número de jornaleros y hacendados por sobre el resto de las ocupaciones relevadas (labradores, maestros, capataces, pulperos). La menor participación de los labradores puede ser consecuencia de que parte de la mano de obra rural y algunos pequeños productores ganaderos dedicasen tiempo parcial a tareas de labranza, en mayor medida para el consumo familiar.21 Autoridades en la campaña Los distritos y sus comisarios En la provincia de Santa Fe, para su mejor organización y control, los departamentos se dividieron administrativamente en distritos de campaña. En Rosario, los nombres de los mismos respondieron en general a los cursos de agua casi perpendiculares al río Paraná que recorrían dicho departamento (arroyo Seco, Pavón, cañada de Cabral, Ludueña), y que servían precisamente como divisoria de los distritos. Para las décadas de 1850 y 1860 si bien se conservaban las denominaciones utilizadas desde los años 1830, se observan modificaciones en términos de subdivisiones, desapariciones y reapariciones de algunos de estos nombres. La tabla que incluimos al final del apartado da cuenta de ello. La designación administrativa de un distrito venía asociada a la figura de una autoridad a cargo del mismo, el comisario, por lo que estas transformaciones jurisdiccionales se asocian a lo que podemos pensar como un proceso de equipamiento político del territorio22 del departamento resultado del aumento de población asen21 FRID, Carina “Desigualdad y distribución...”, cit. 22 Recuperamos la definición elaborada por Darío Barriera y Diego Roldán: “Territorios y espacios designan, a la vez, realidades y entidades teóricas: porciones concretas de la superficie terrestre sujetas a una autoridad política donde el problema clave son las acciones tendientes a su ordenamiento, su equipamiento o su control (territorios); configuraciones de sentido variables y siempre en movimiento, con inscripción territorial continua, discontinua o múltiple, que resultan de flujos diseñados por las relaciones sociales en el ámbito de la producción, del intercambio, del conflicto social, de la acción política, de las representaciones culturales o de las interpretaciones de la experiencia –en suma, de las diferentes formas de la organización de la extensión bruta (espacios).” “Presentación”, en Territorios, espacios y sociedades. Agenda de problemas y tendencias de análisis, UNR Editora, Rosario, 2004, p. 13. Para el concepto de “equipamiento político del territorio” remitimos a BARRIERA, Darío “Conjura de mancebos. Justicia, equipamiento político del territorio e identidades. Santa Fe del Río de la Plata, 1580”, en Justicias y Fronteras. Estudios sobre historia de la justicia en el Río de la Plata. Siglos XVI-XIX, Editum, Murcia, 2009, p. 46; “Un rostro local de la Monarquía Hispánica: justicia y equipamiento político del territorio al sureste de Charcas, siglos XVI y XVII”, en Colonial Latin American Historical Review, Vol. 15, núm. 4, otoño 2006, pp. 378-379.

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tada efectivamente en la campaña –gracias al avance de la frontera y la ocupación de tierras. Además, esta figura con carácter policial detentaba un rol recaudador –como se verá en detalle en apartados siguientes– por lo que este elemento añade una definición económica y tributaria a estas demarcaciones rurales. Por último, no debe olvidarse que estos agentes rurales participaban de la dinámica de los procesos electorales, como bien explica Marta Bonaudo: “Para concretar sus objetivos cada funcionario de la jerarquizada estructura institucional estimuló sus propios canales de intercambio en las diversas instancias del procedimiento electoral, intentando cooptar o torcer voluntades de empadronadores, miembros de mesas electorales, fuerzas policiales o de la justicia electoral […] La limitación de los recursos oficiales los obligó, sin duda, a apelar al apoyo privado representado por estancieros, hacendados, coroneles-hacendados, hombres de prestigio y poder económico. […] Peones, labradores, jornaleros, carreros, troperos se acercaban a cambio de promesas de trabajo pero también por criterios de afinidad, por lealtades forjadas alrededor de servicios recíprocos brindados por los particulares, por jefes militares, miembros de las guardias o los propios funcionarios de la Jefatura Política.”23 Estos distritos de campaña se convertían en espacios (con población efectiva que desarrollaba allí su vida) dentro del departamento, que progresivamente necesitaron de subdivisiones para facilitar la administración y el gobierno de las personas y los bienes; el encargado de tales “negocios” sería precisamente el comisario de distrito.24 Ahora bien, debemos sumar un elemento más a partir de la coincidencia encontrada entre quienes fueron comisarios y quienes eran hacendados en los distritos en que se desempeñaban como tales. La definición de distrito de la Real Academia de 1780 ayuda a esclarecer esto, en tanto concibe al distrito como “el espacio u territorio que comprehende la jurisdicción de un Juez o Señor”, sin incorporar como otras definiciones su carácter demarcatorio.25 Con esto queremos decir, por un lado, que la existencia de un
23 “Aires gaditanos en el mundo rioplatense. La experiencia de los jefes políticos y el juicio por jurados en tierras santafesinas (segunda mitad del siglo XIX)”, en Revista de Indias, núm. 242, 2008, pp. 267. Cursivas en el original. 24 Comisario: “El que tiene poder y facultad de otro para executar alguna orden, o entender en algún negocio” (RAE, 1780). 25 Distrito: “Vale tambien el espacio u territorio que comprehende la jurisdicción de un Juez o Señor” (RAE, 1780). “Espacio de tierra. Dícese del que está sujeto a cierto término. Espacio que ocupa y comprende alguna provincia o jurisdicción” (RAE, 1817).

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distrito estaba directamente asociada a la presencia de alguien que ejerciera como comisario del mismo. Por otro, se entiende que la práctica de la designación de los cargos de comisarios a quienes tenían intereses personales y concretos en el distrito a ejercer iba más allá de la existencia de antecedentes en funciones policiales, sino que respondía a resguardar intereses propios y ajenos.26 Asociado a esto, en una nota que da cuenta de la dificultad para delimitar los distritos en que se desempeñarían los comisarios, se sugiere que aquellos adopten “nombres propios”, lo que puede leerse en términos de personas que efectivamente tuvieran allí propiedades. En 1861, el jefe político Cayetano Carbonell envía una nota al gobierno de la provincia haciendo constar de la “imperfección en que está dividido en distritos este Departamento, como la falta de no estar determinados los límites de cada uno”.27 Esto se traducía, por ejemplo en Monte Flores en el cual “por su mucha extension no puede ser atendido por un solo comisario mientras otros tambien ofrecen la misma dificultad por sus limites estensos por un rumbo y cruses de arroyos, por otros con difíciles pasos.” La solución propuesta era la designación de “personas inteligentes” para realizar la tarea de demarcación colocando “nombres propios a cada uno [de los distritos]”.28

“Demarcacion más o menos extensa que, con otras, subdivide una provincia, comarca o población, para facilitar su administración y gobierno” (RAE, 1869). “Cada una de las demarcaciones en que se subdivide un territorio o una población para distribuir y ordenar el ejercicio de los derechos civiles y políticos, o de las funciones públicas, o de los servicios administrativos” (RAE, 2001). 26 Como ejemplo de esto, en 1864, vecinos del distrito Saladillo de la Orqueta solicitan el nombramiento de Pantaleón Rodríguez como comisario del mismo por estar radicado en el centro del distrito (AGPSF, Gobierno, Tomo 25, f. 694). EMSLEY, Clive “Los modelos de policía…”, cit. 27 Nota del Jefe Político al Ministro Secretario Gral. Interino de Gobierno Simón de Iriondo, Rosario, 25 de mayo de 1861, Archivo de la Legislatura, Tomo 6, 1861, f. 419. 28 Se propone como “muy competentes para este trabajo” a los coroneles José Agustín Fernández y Fermín Rodríguez (ambos ocuparon el cargo de jefe de policía de la ciudad de Rosario), y al teniente coronel Pedro Araya, además de la asociación del agrimensor Julián de Bustinza.

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Cuadro 2 Variaciones en las denominaciones de distritos 1830-1860
Años 1834/1835 Saladas Saladillo San Lorenzo Desmochados 1836 Saladas Saladillo San Lorenzo Desmochados 1852 San Lorenzo* Desmochado abajo Desmochado arriba Arroyo de Ludueña Chacras del Rosario Bajo Hondo 1858 Desmochado abajo Desmochado arriba Arroyo de Ludueña Chacras del Rosario Bajo Hondo 1863

Arroyo de Ludueña Chacras del Rosario Bajo Hondo afuera Bajo Hondo centro Saladillo de Saladillo de la Saladillo abajo Manantiales de Manantiales Saladillo centro Orqueta de la Orqueta la Orqueta la Orqueta Saladillo arriba Cerrillos Cerrillos Cerrillos Cerrillos Monte de Monte de Monte de Flores Flores Flores Arroyo Seco Arroyo Seco y Arroyo Seco y Arroyo Seco Arroyo Seco costa del Sala- Boquerón dillo Pavón abajo Arroyo de Arroyo de Pavón arriba y Arroyo de Pavón abajo Pavón Pavón y posta de Pavón centro Arroyo de posta de Pacheco Pavón centro Pacheco Pavón arriba Arroyo de Pavón arriba Pavón norte Arroyo del MeArroyo del Arroyo del Arroyo del Arroyo del dio abajo Medio abajo Medio abajo Medio abajo Medio abajo Arroyo de Ludueña -

Distritos rurales de Rosario para los que se nombran comisarios

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Cuadro 2 (cont.)
Años 1834/1835 Arroyo del Medio y Rincón de Piedras Arroyo del Medio arriba 1836 1852 1858 1863 Arroyo del Medio centro

Distritos rurales de Rosario para los que se nombran comisarios

Arroyo del Arroyo del Arroyo del Medio y Puer- Medio centro Medio centro to de Piedras Arroyo del Medio arriba 12 Arroyo del Medio arriba 14 Arroyo del Medio arriba 15

Total 11

Arroyo del Medio arriba Sauce Cañada de Cabral Laguna del Carnero Carcarañá abajo Carcarañá arriba Carcarañá centro Candelaria 23

Agentes policiales “para garantir la propiedad, seguridad, trabajo y vida de los moradores y vecinos de los Departamentos de campaña” El orden institucional deseado desde los sectores dirigentes provinciales reconoce como punto de partida legal el Reglamento de Justicia de 1833, que preveía la instalación de un juez de paz para la villa y campaña del departamento Rosario. Éste nombraría a dos comisarios auxiliares (para la ciudad) y propondría la creación de los que creyera necesario para la campaña.29 Entre este reglamento y el año 1852, en que se modifica la organización de funciones militares y policiales, el juez de
29 “Reglamento provisorio de los empleados y atribuciones que deben subrogar el cuerpo municipal” extinguido por ley de 13 de Octubre de 1832”, 28 de enero de 1833, en Registro Oficial de la provincia de Sante Fe (en adelante ROSF), Tomo I, Tipografía de la Revolución, Santa Fe, 1889; BARRIERA, Darío “Rediseñando lo judicial, reinventando lo jurídico: el reglamento de 1833 y los orígenes de la justicia de paz en la provincia de Santa Fe”, en AYROLO, Valentina (coord.) Actas de las IV Jornadas de Trabajo y Discusión sobre el siglo XIX Las Provincias en la Nación, Grupo de Investigación “Problemas y Debates del siglo XIX”, CEHiS/FH-UNMDP, cbediciones, 2011.

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paz tuvo bajo su órbita el desempeño de los comisarios de distrito de campaña, además de los dos que existían para la ciudad.30 A partir de 1854 con la creación de la jefatura de policía y la instalación de la jefatura política en Rosario, la designación de estas figuras pasa a depender del jefe político,31 quien elevaba su parecer al gobierno provincial a instancias del jefe de policía.32 A fines de 1853, se estableció una Comisaría General del Departamento.33 El objetivo que perseguía era aliviar la tarea del juez de paz encargando alguna de las funciones que éste ejercía hasta ese momento a la nueva figura.34 El decreto estaba conformado con once artículos que reunían cuestiones referentes a las tropas veteranas o de milicias, de ciudad y fronteras (suministrar raciones, distribuir los sueldos y gratificaciones recibiendo un recibo a cambio para entregar al administrador de Aduana, corroborar las listas de prest y remitirlas al gobierno, encargarse de las obras públicas). Además, en nombre del Gobierno, podía pedir colaboración a comerciantes y particulares en artículos que necesitara; contratar reses para el consumo de las tropas y cuidar su envío; cuidar los cueros del Estado; recoger las “gorduras de las reses” del consumo, proveer de velas a las oficinas del Estado. Desde 1855, el departamento contaría además con dos Comisarios Generales de Campaña para “prestar seguridad y garantía a los intereses ciudadanos”.35 Dichos comisarios estaban supeditados en su accionar al jefe político de Rosario a quien debían informar de todo lo acontecido en la campaña. Una de sus tareas más
30 ENSINCK, Oscar L. “Jurisdicción y atribuciones de los jueces de paz (1833-1854)”, en Revista de Historia de Rosario, núm. 3, julio-septiembre 1963. 31 BONAUDO, Marta “Las élites santafesinas entre el control y las garantías: el espacio de la jefatura política”, en SÁBATO, Hilda La vida política en la Argentina del siglo XIX. Armas, votos y voces, FCE, Buenos Aires, 2003; “Aires gaditanos…”, cit. Las tareas de los Jefes Políticos incluían funciones “policiales” como el mantenimiento del orden público, la justicia correccional, la sanidad, el fomento y el desarrollo del departamento, y, especialmente encargarse del control de la recaudación fiscal, en los rubros fijados por las leyes y los códigos de policía urbana y rural, a la vez que asumían competencias electorales. 32 En diciembre de 1852, se dispuso por ley el establecimiento de un Juzgado de Policía para la ciudad y departamento del Rosario. Sólo una persona alcanzó a ejercer como juez de policía en Rosario y fue el teniente coronel Estanislao Zeballos, padre de Estanislao Severo, durante el transcurso del año 1853, con un sueldo de 600 pesos anuales (“Ley creando un Juzgado de Policía en la ciudad del Rosario” y “Decreto nombrando varios empleados”, 28 de diciembre de 1852, en ROSF, Tomo II, pp. 129 y 191). 33 “Decreto estableciendo en la ciudad del Rosario una Comisaría general”, 17 de noviembre de 1853, en ROSF, Tomo II, p. 170. 34 El primer nombramiento recayó en Mariano Amigo y le asignó un sueldo de 50 pesos mensuales (“Decreto nombrando Comisario general del Departamento del Rosario, al ciudadano D. Mariano Amigo”, 15 de diciembre de 1853, en ROSF, Tomo II, p. 176). 35 “Instrucción a los Comisarios generales de campaña”, artículo 13, Archivo Histórico Provincial “Dr. Julio Marc” (en adelante AHPRJM), Jefatura Política, Tomo 1855 C, núm. 13: Documentos varios.

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importantes era la de supervisar las actuaciones de los comisarios de distrito (y removerlos de su cargo en caso de considerarlo necesario). El gobierno provincial nombró dos comisarios generales para el departamento, uno en la parte norte y otro en el sur, cuya jurisdicción estaba determinada por el Saladillo, aunque en sus actuaciones se preveía que el límite podía superarse en caso necesario.36 Los dos comisarios funcionarían hasta septiembre de 1858 cuando, durante la discusión sobre el presupuesto general, se propuso a instancia del diputado Seguí que en vez de ser dos los comisarios generales de campaña, sólo fuese uno.37 El diputado Rosas dijo que si bien había necesidad de disminuir el déficit no por eso debían suprimirse empleos necesarios al servicio público como los comisarios generales de campaña del Rosario, y votó en contra. El presidente de la Asamblea, Fraga, se explayó a favor Seguí y sobre la conveniencia de suprimir uno de los dos comisarios. Prevaleció la mayoría, 7 votos a favor y 2 en contra. El presupuesto de ese año, al igual que los siguientes, incluyó, entonces, sólo un comisario con 60 pesos mensuales.38 Los comisarios de distrito dependían del jefe de policía, aunque eran supervisados por los comisarios generales de campaña, a quien debían igualmente obediencia. Sabemos que, desde 1856, los comisarios de campaña recibían un sueldo de 96 pesos anuales abonados por la provincia, según lo estimado en los presupuestos –el Reglamento de 1833 no les asignaba remuneración alguna. No obstante, hacia 1860, el gobierno dejó de emitir partidas de sueldos para estos comisarios. Los propios vecinos de la campaña debieron entonces, mediante suscripciones voluntarias, sostener a la policía.39 Desde comienzos de la década de 1850, esta figura estuvo en la mira dentro de un escenario de cuatrerismo y contrabando, siendo denunciada incesantemente por la prensa como cómplice en algunos robos e ineficaz en el cuidado del ganado, lo que obligó a la administración provincial a reforzar los controles y la vigilancia
36 “Decreto aprobando el nombramiento de Comisario general de campaña en el Departamento del Rosario, hecho por el Ministro de Gobierno”, 23 de agosto de 1854, en ROSF, Tomo II, p. 221. El presupuesto de 1856 le asigna 60 pesos mensuales a cada uno de estos comisarios generales. 37 Sesión del día 24 de septiembre de 1858, en Actas Legislativas de la Provincia de Santa Fe, Tomo II Imp. y Enc. Nueva Época, Santa Fe, 1897, pp. 189-190. 38 Según los presupuestos de 1856 y 1857 hubo dos comisarios con 60 pesos asignados a cada uno; en 1858, un comisario con 60 pesos mensuales; en 1859 y 1860: un comisario con 50 pesos mensuales; 1861: no hubo?; 1862: un comisario con 70 pesos. 39 El periódico La Confederación publica una nota del gobernador de la provincia, del 17 de febrero de 1860, en la que éste afirmaba: “No dudo ni por un momento que los vecinos de la campaña acogerán con entusiasmo la medida acordada por el V. E. y cooperarán en lo posible a coadyuvar al sostenimiento de las partidas policiales con la muy corta erogación mensual o trimestral que por suscripción voluntaria les correspondía”. La Confederación, 23 de febrero de 1860. Esta práctica también tiene una tradición en Francia: EMSLEY, Clive “Los modelos de policía en el siglo XIX”, en Mirada (de) uniforme, cit., p. 31.

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del accionar de los comisarios.40 Desde el gobierno provincial se atribuía el desorden de la campaña a la desidia de estos en la persecución de los delitos. En una nota dirigida al jefe político de Rosario, el gobernador Cullen afirmaba: “…es menester que usted se persuada de la ineficacia de los nobles deseos que animan al gobierno a favor del país, si todos los funcionarios públicos, no lo secundan con decisión y actividad. Bajo tales antecedente el gobierno espera que recomendará usted a los comisarios de campaña contraigan toda su atención al descubrimiento de los ladrones, vagos y malentretenidos, persiguiéndolos con tesón, hasta dejar purgada nuestra hermosa campaña de gente tan perjudicial a los intereses de los buenos ciudadanos.”41 Esta nota tuvo eco en el departamento Rosario, ya que a los pocos días de recibida tuvieron lugar las renuncias de los comisarios de los distritos de Desmochado abajo, Ludueña y Cerrillos.42 Hasta el momento, algunos trabajos han sugerido la hipótesis de una connivencia entre las autoridades de la campaña y los dueños de los establecimientos rurales dando cuenta de la complicidad subyacente en el contrabando y robo de ganado. Si bien, el análisis de causas judiciales sobre delitos cometidos en estos distritos rurales complejizaría esta idea,43 en esta oportunidad, emprendemos el análisis desde el perfil de los comisarios. Los comisarios de campaña, al igual que los comisarios generales, no actuaron solos. Estaban acompañados cada uno por una Partida celadora que variaba su composición en cada distrito. Del cuadro siguiente se deduce que los comisarios contaban con al menos ocho a doce soldados bajo su mando. La variación en el número resulta independiente de la población que tenía el distrito o la extensión de su jurisdicción. Arroyo Seco y Monte de Flores que superaban los mil habitantes tenían diez y once soldados respectivamente, mientras que la partida celadora de Desmochado arriba que apenas pasaba los cien habitantes se componía de doce soldados.

40 La Confederación, 12 de octubre de 1854. TICA, Patricia “La inseguridad en…”, cit. A lo largo del trabajo la autora retoma las diversas denuncias aparecidas en la prensa de esos años. 41 AHPJM, Jefatura Política, Tomo 1855 C: Nota del gobernador al jefe político del 2 de marzo de 1855. 42 TICA, Patricia Historia social santafesina en tiempos de la Confederación, UNR editorial, Rosario, 2001, p. 85. 43 Para un análisis de la conflictividad en la campaña en la primera mitad del siglo XIX véase BIDUT, Vilma; CAULA, Elsa y LIÑAN, Nora “Las clases peligrosas y el buen vivir. Delincuentes en el pago de Rosario de los Arroyos. 1820-1850”, en Avances del CESOR, año 1, núm. 1, Rosario, segundo semestre 1998.

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Los comisarios de distrito sostenían que dichas partidas eran insuficientes para atender sus jurisdicciones y denunciaban constantemente la falta de armamentos y de raciones. Las dificultades del erario provincial ocasionaron que a partir de 1855 la Comisión de hacendados se encargue de su sostenimiento. Los comisarios de distritos debían encargarse de elaborar las listas de contribuyentes y remitirle a la Comisión la recaudación que sería empleada en racionar la partida, pagar los sueldos y proporcionarles vestuario. Desde la comisión, se argumentaba que: “…está en el interés de todos los hombres de orden y amantes al trabajo el proporcionar a la autoridad los medios de garantir sus intereses”.44 Los vecinos de la campaña que se anotaban de forma voluntaria aportaban anualmente para el sostenimiento de la policía. La comisión de Hacendados se comprometía a publicar en el periódico las cuentas de inversión para el conocimiento del contribuyente.45 Cuadro 3 Partida Celadora de campaña (1854)
Distrito Desmochado abajo Desmochado arriba Arroyo de Ludueña Chacras del Rosario Bajo Hondo Saladillo de la Orqueta Cerrillos Monte de Flores Arroyo Seco Arroyo de Pavón Arroyo del Medio abajo Arroyo del Medio centro Arroyo del Medio arriba Total Capitán 1 1 Sargento Tenientes de alcalde 1 1 2 1 1 2 3 1 2 4 2 3 1 22 1 1 3 1 1 2 9 Cabos Soldados 10 12 11 10 12 12 10 11 10 10 10 11 8 127

Fuente: AHPRJM, Tomo Único, núm. 6: Circulares de los comisarios de distrito.

44 AHPRJM, Jefatura Política, Tomo 1855 A, núm. 3: Borradores. 45 AHPRJM, Jefatura Política, Tomo 1855 A, núm. 3: Borradores.

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A estos celadores, que poseían grado militar y debían ser racionados como tales, se les asignó un sueldo mensual de diez pesos fuertes a los sargentos, de ocho pesos fuertes a los cabos y de seis pesos fuertes a los soldados, por el cumplimiento de estas tareas.46 Debe tenerse en cuenta que los integrantes de la partida debían ser provistos del vestuario completo y portar divisas con la inscripción “Policía de campaña”,47 además de recibir la dotación de rancho otorgada para la partida.48 Una nota remitida por el jefe de policía de Rosario al jefe político, a propósito de los sueldos de los vigilantes del piquete de policía de la ciudad, deja ver que era necesario aumentar “el sueldo que se les asigne en armonía con el pesado servicio que deben rendir, pues el que hoy disfrutan de cuatro pesos mensuales es probado que no le bastan para vivir con honradez”.49 Iguales argumentos esgrime el cabo de la compañía de vigilantes quien renuncia porque: “…soy padre de una numerosa familia que necesito atender de cerca con mi trabajo personal en la que pueda serme más lucrativo y no pudiendo contraerme a ninguna clase de trabajo por el servicio que desempeño en la mencionada compañía pido a ss se sirva concederme la revocación de dicho servicio…”.50 Debido a la falta de estudios sobre los niveles de vida en la campaña rosarina no podemos ir más allá sobre el tema, no obstante, las diversas notas dejan en claro que un sueldo de cuatro pesos fuertes mensuales no bastaba para vivir, y que los celadores debían contar con otros medios de subsistencia para complementar sus salarios y mantener a sus familias, en el caso que la tuvieran. Los datos sobre la forma en que se estructuraban las partidas son muy escasos, pero mediante el informe que, en 1854, envía al jefe Político el comisario de Arroyo Pavón, Domingo Palacios, es posible conocer la composición de una de ellas.

46 AHPRJM, Jefatura Política, Tomo Único 1852-1854, núm. 3: Comisarios de distrito. 47 AHPRJM, Jefatura Política, Tomo 1855 A, núm. 3: Borradores. 48 Hasta donde hemos podido averiguar, un peón en la ciudad ganaba 4 reales por día de trabajo, es decir, podía ganar en seis días de trabajo el sueldo de un soldado de la partida celadora. Mientras que un trabajador en la campaña podía ganar dos pesos fuertes por un día de trabajo (Testamentaria de Doña María de Jesús Basualdo, 7 de enero de 1848, AHPRJM, Archivo de Tribunales (18481849) Tomo IV, f. 49). Agradecemos a Vilma Bidut el habernos facilitado esta información. 49 AHPRJM, Jefatura política, Tomo 1855 C, núm. 13: Documentos varios, 1 de abril de 1855. 50 AHPJM, Jefatura política, Tomo 1855 C, núm. 13: Documentos varios, 27 de abril de 1855.

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Cuadro 4 Partida Celadora de Arroyo Pavón (1854)
Nombre Lescano Ruiz Acosta Rodríguez López Acebedo Carrasco Juárez Sosa Andrada Quinteros (cabo de la compañía) Estado Casado Soltero Soltero Soltero Soltero Soltero Casado Casado Soltero Casado Soltero Profesión Hacendado muy honrado y laborioso Labrador y jornalero con crédito de honrado Jornalero su honradez problemática Labrador su honradez problemática Cuidador de los intereses de su madre viuda, honrado Hacendado honrado Jornalero honrado Hacendado y labrador honrado Jornalero su honradez problemática Hacendado y labrador honrado Jornalero honrado

Fuente: AHPRJM, Tomo Único, núm. 6: Circulares de los comisarios de distrito.

Los celadores desarrollaban múltiples ocupaciones que iban desde labradores, jornaleros e incluso hacendados del distrito. Es decir, eran integrantes de esa sociedad rural que dedicaban parte de su tiempo a esta actividad. A diferencia de los piquetes de vigilantes de la ciudad de Rosario, que se integraban por los denominados “vagos y malentretenidos”, individuos reclutados de manera forzosa, la partida celadora de campaña se componía por vecinos del lugar que se enrolaban de forma voluntaria. En algunos casos lo hacían porque el salario que percibían, aunque escaso, significaba un complemento a sus ingresos como jornaleros o labradores, en otros, en su decisión de integrar la partida pesaba su interés por defender sus propiedades. No todos los celadores contaban con el visto bueno del comisario. Domingo Palacio califica a tres integrantes de la partida como personas con “honradez problemática”, es decir, no contaban con la totalidad de la confianza de la autoridad local. Estas partidas celadoras funcionaron hasta 1860 cuando fueron reemplazadas por las Partidas de policía de campaña. Las autoridades provinciales consideraban que con su establecimiento se conseguiría la persecución y captura de los cuatreros que infestaban el departamento: “Por estas razones he resulto crear en cada distrito una partida de policía, compuesta de 10 hombres, al mando de un auxiliar

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a las órdenes del comisario, de las cuales 5 individuos por turno estarán en constante servicio, recorriendo el distrito y vigilando los establecimiento bajo las ordenes del comisario de distrito.”51 Las partidas de policía fueron dotadas con un sueldo de veinte pesos al auxiliar y tres pesos a los vigilantes, más el rancho. El cambio de la partida celadora a la de policía no fue sólo nominal. Se esperaba que los individuos que la integraran permanecieran en constante servicio del que sólo podían ser removidos por mala conducta, no pudiendo desempeñar actividades paralelas. Quedaban también eximidos de todo servicio militar. El gobierno no contempló ninguna partida presupuestaria para su sostenimiento, sino que fueron los mismos vecinos de la campaña los que mediante una suscripción voluntaria aprovisionaban a la partida, aunque el gobierno provincial se comprometió a cubrir el déficit en caso de que la suscripción no fuera suficiente.52 Perfil social de los comisarios de distrito del departamento Rosario Las cualidades que debían tener los comisarios de campaña no estaban claramente estipuladas en ningún reglamento, por lo que la indagación realizada siguiendo a los individuos nombrados pretende reconstruir un perfil de quiénes eran los encargados de cuidar de la vida en la campaña rosarina. Revisando el listado de comisarios elaborado por Oscar L. Ensinck en su artículo sobre los jueces de paz, se observa una continuidad en los apellidos para algunos distritos a partir de los años 1830 que se extiende al menos hasta los 1860.53 No estamos en condiciones de dar un perfil completo sobre los comisarios de distritos ya que la información que nos brindan las fuentes sobre estos agentes es desigual y fragmentaria. Entrecruzando los datos obtenidos del Censo Nacional de 1869 (que aporta datos como la edad, el estado civil y las ocupaciones) con el registro de la Contribución directa de Rosario para el año 1858 (donde se declaran los capitales que dicen poseer) ha sido posible armar el cuadro incluido en el Anexo. Contamos con más datos sobre sus ocupaciones que sobre su vida personal. Sin embargo, creemos posible marcar algunas características generales. Entre 1852 y 1864 se nombraron para los distritos de campaña 112 comisarios. Se trataba de hombres que, si bien no todos eran oriundos del lugar, residían allí desde hacía mucho tiempo. La mayoría de ellos rondaba los cuarenta años de edad en el momento de ser nombrados y casi todos eran casados y se habían arrai51 Nota del gobernador Rosendo Fraga al jefe político de Rosario Domingo Palacio, fechada el 17 de febrero y publicada en La Confederación, 23 de febrero de 1860. 52 La Confederación, 23 de febrero de 1860. 53 ENSINCK, Oscar L. “Jurisdicción y atribuciones…”, cit.

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gado en el lugar formando familia. En este sentido, el principal atributo parecía ser el de pertenecer a la comunidad territorial en la que se era designado. Este cuadro de los comisarios de distrito difiere con las conclusiones a las que se ha llegado para el caso de Buenos Aires, para el que se ha señalado que: “Comisarías y Juzgados de Paz […] expresaron conceptualmente dos modos de relación diferentes entre el Estado y la sociedad: los Jueces de Paz debían ser parte de la comunidad mientras que los comisarios debían ser ‘extraños’ a ella. […] Los comisarios, en cambio, pueden ser vistos como el embrión de una burocracia estatal rural: eran rentados, seleccionados entre quienes tenían experiencia militar, ejercían una jurisdicción sobre varios partidos y el gobierno buscaba que no tuvieran una sede fija de actuación sino una constante movilidad, aunque pocas veces lo lograba.”54 En cuanto a las ocupaciones de estos comisarios contamos con datos más completos. En la campaña rosarina, fueron prácticamente sin excepción hacendados propietarios de ganados (vacunos, yeguarizo y lanar) algunos de los cuales se dedicaban a su vez al comercio. Aunque no siempre se trataba de los vecinos más ricos del lugar.55 Las quejas por la demora en los libramientos de los sueldos y los pedidos de aumentos de salarios que eran hechos cotidianos entre los empleados de policía de la ciudad (desde el jefe de policía a los soldados del piquete de vigilantes),56 no estuvieron presentes entre los comisarios de campaña, quienes parecían tener claro
54 BARRAL, María Elena y FRADKIN, Raúl “Los pueblos y la construcción de las estructuras de poder institucional en la campaña bonaerense (1785-1836)”, en FRADKIN, Raúl (comp.) El poder y la vara: estudios sobre la justicia y la construcción del Estado en el Buenos Aires rural: 17801830, Prometeo, Buenos Aires, 2007, p. 42. Esto también ha sido señalado por Marcela Ternavasio: los habitantes de la campaña bonaerense acudían primero a la intermediación de los jueces de paz antes que a las autoridades policiales. TERNAVASIO, Marcela “Entre el cabildo colonial y el municipio moderno: los juzgados de paz de campaña en el Estado de Buenos Aires, 1821-1854”, en BELLINGERI, Marco (coord.) Dinámicas de Antiguo Régimen y orden constitucional. Representación, justicia y administración. Siglos XVIII-XIX, Otto editorial, Torino, 2000, pp. 313-315. 55 Una procedencia similar tenían los jueces de paz de Buenos Aires. GARAVAGLIA, Juan Carlos “Paz, orden y trabajo en la campaña: la justicia rural y los juzgados de paz en Buenos Aires, 18301852”, en Poder, conflicto y relaciones sociales. El Río de la Plata, XVIII-XIX, Homo Sapiens ediciones, Rosario, 1999. Para Entre Ríos, Roberto Schmit señala, si bien respecto a otra figura de la campaña, que hacendados y comandantes militares “la mayor parte de las veces eran las mismas personas” (Historia del capitalismo agrario pampeano, Tomo 5, Siglo XXI, Buenos Aires, 2008, p. 98). 56 Las dificultades en el cobro de sueldos fue considerado por el jefe de policía una de los principales causas del mal cumplimiento por parte de los agentes de policía a sus cargo de las tareas asignadas. AHPRJM, Jefatura Política, Tomo 1858 A, núm. 13.

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que el salario que percibían (cuando se les asignaba partida) no era para sostenerse y mucho menos sostener a una familia. Es probable que desde el punto de vista de los vecinos de la campaña, el cargo de comisarios de distrito fuera visto como una oportunidad para defender sus intereses. Más allá de lo extenso o no de su capital se trataba en general de personas influyentes en el ámbito local que tenían experiencia en el manejo de asuntos tanto políticos como económicos, y que contaban con la confianza del resto de los hacendados, lo que les brindaba amplias ventajas para moverse en el entramado social rural. El nombramiento de hombres que contaban con un fuerte capital social muestra una arista del proceso de construcción del Estado provincial que va asentándose en los grupos locales más poderosos. Si bien los datos sobre el grado de instrucción de los comisarios son escasos, podemos notar que muchos de los nombramientos recaían en personas que no sabían leer ni escribir. Su carácter de legos lo compartían en muchos casos con los jueces de paz del departamento. El atributo que poseían estos comisarios era su saber práctico, adquirido a partir de la circulación de ideas, del contacto con otros oficiales, la costumbre, es decir su cultura social.57 Contaban igualmente con el auxilio de los tenientes de alcalde del lugar que se encargaban de leerles la correspondencia y escribir las notas dirigidas al jefe de policía en Rosario.58 El papel de los hacendados en la seguridad de la campaña Quienes más tenían que perder en términos de seguridad y propiedad en la campaña eran, sin duda, los que poseían ganado. Por esto, fueron ellos mismos quienes se encargaron directamente, o ante la convocatoria del gobierno provincial, de tomar medidas para ordenar la vida en la campaña. En este apartado quisiéramos articular el reiterado problema de la inseguridad con el perfil de los encargados de combatirla, los mismos propietarios/comisarios. Para esto, resultan reveladores algunos de los mensajes de los gobernadores a la Legislatura provincial en sus reflexiones respecto al desempeño de la policía de la campaña. Dichos mensajes no exhiben antecedentes sobre medidas que involucraran a la policía hasta 1860, cuando por entonces Rosendo Fraga señalaba: “Uno de los objetos mas empeñosos del Gobierno, ha sido la organización de las policias, porque la situación pasada, habia traído como consecuencia inmediata, la relajación de las mazas,
57 GARAVAGLIA, Juan Carlos “La cruz, la vara, la espada. Las relaciones de poder en el pueblo de Areco”, en BARRIERA, Darío (comp.) Justicias y fronteras. Estudios sobre historia de la justicia en el Río de la Plata. Siglos XVI-XIX, Universidad de Murcia, Servicio de Publicaciones Red Columnaria, Murcia, 2009. 58 AHPRJM, Jefatura Política, Tomo 1855 A, núm. 3: Borradores.

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la ruptura de todos los vínculos de miedo y respeto a la autoridad, y era necesario levantar un muro impenetrable a los avances de las pasiones.”59 En 1860, Fraga lanzaba una convocatoria a los hacendados del departamento con el objeto de acordar medidas en conjunto. Este tipo de reuniones no eran novedad ya que contaban con varios precedentes para Rosario. Las primeras noticias que tenemos al respecto son del año 1854, cuando Federico de la Barra desde su periódico La Confederación, pedía la organización de una sociedad que nuclee a los hacendados: “Unidos podrían pedir adelantos para la ganadería, el acrecentamiento de la campaña, para la extensión de las fronteras, para la mejora de las vías públicas”.60 Por otra parte, una circular del 6 de marzo de 1855, difundida por los comisarios de distrito, invitaba a los ciudadanos/hacendados para que el domingo 11 a las 10 de la mañana acudieran al despacho del jefe político a tratar asuntos de “concurrencia pública y de cada uno en particular”. Así, el día señalado una “mayoría” de hacendados del sur del departamento se reunió en tal lugar: “…manifestado por el señor jefe político que el objeto de la reunión era invitarlos a formar una sociedad con el fin de arbitrar los medios para cimentar el mayor orden posible en la campaña.”61 Como corolario, quedó conformada una “comisión provisoria de hacendados” para la defensa contra los vagos y ladrones, y se resolvió que por medio de los comisarios de distrito se levantara “un estado de los hacendados de cada uno de ellos, con especificaciones del número de animales que posean”. Cada propietario se comprometía a contribuir en el sustento de los comisarios generales y sus partidas, compuestas de seis hombres cada una; sostenimiento arbitrado por la comisión designada de acuerdo al estado que les presenten los comisarios de distrito, además de proponer a la autoridad los nombres de individuos para ocupar estos cargos. Años más tarde, el 24 de marzo de 1858 un grupo de “hacendados de este Departamento” presentó un petitorio al gobernador. En la sesión legislativa del 7 de mayo de ese año se trató el tema, y fueron designados los diputados Alzogaray, Fontanilla y Basualdo para dictaminar sobre el pedido.62 Lamentablemente, no

59 “Mensaje del Sr. Gobernador de la Provincia de Santa Fe, Don ROSENDO M. FRAGA, a la H. Asamblea Legislativa, Año 1860”, cit., p. 99. 60 La Confederación, 12 de octubre de 1854, citado en TICA, Patricia Historia social…, cit., p. 68. 61 AHPRJM, Jefatura Política, Tomo 1855 A, núm. 3. 62 Sesión del día 7 de mayo de 1858, en Actas Legislativas de la Provincia de Santa Fe, Tomo II, cit., pp. 138-139.

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hemos ubicado hasta el momento el tratamiento en extenso del tema en la Legislatura, sólo se incluye la referencia en el índice de la reunión señalada. Con estos antecedentes es que en La Confederación se pedía en febrero de 1860 al gobierno provincial: “Con respecto a la organización de la campaña, aunque no dudamos que el Sr. Gobernador tiene suficientes datos y medios para llenar las necesidades públicas, no creemos de más que reuna y escuche las indicaciones de los hacendados, porque el cambio de ideas aumenta la perfeccion de las buenas obras.”63 Retomando el mensaje del gobernador Fraga, éste reseña lo que hemos visto respecto a las necesidades específicas del departamento Rosario y la convocatoria a los hacendados del mismo para coordinar medidas en conjunto, dedicando un apartado especial a los comisarios de distrito: “Los comisarios de campaña, llenan sus deberes con empeño, porque el Gobierno ha tenido el cuidado de nombrar para esos puestos, a ciudadanos domiciliados y con intereses rurales, que no pueden menos de tener vigilancia hasta por sus propias conveniencias”.64 También, Patricio Cullen, en su mensaje a la Legislatura provincial en 1862 sostenía: “Desde el primer momento llamó la preferente atención del Gobierno la organización de la Campaña, el restablecimiento de sus Autoridades, la consolidación del Orden, para volver a sus pasíficos habitantes la paz y la tranquilidad que tanto necesitan, para entregarse a sus laboriosas tareas, y que les habían arrebatado las convoluciones políticas porque ha pasado la Provincia. En este sentido han prestado un importante servicio los Jueces de Paz y los Comisarios de Campaña, muy especialmente el Comisario General del Departamento del Rosario, cuya inteligente actividad lo ha hecho acreedor a la consideración del Gobierno.”65

63 La Confederación, 16 de febrero de 1860. 64 “Mensaje del Sr. Gobernador de la Provincia de Santa Fe, Don ROSENDO M. FRAGA, a la H. Asamblea Legislativa, Año 1860”, cit., p. 99. Las cursivas nos pertenecen. 65 “Mensaje del Sr. Gobernador de la Provincia de Santa Fe, Don PATRICIO CULLEN, a la H. Asamblea Legislativa. Leído en Sesión del día 14 de mayo de 1862”, cit., p. 143.

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A partir de aquí, los gobernadores concentraron sus preocupaciones sobre la policía en el problema de la frontera. Recién en 1871 vuelven a encontrarse referencias sobre los comisarios, y las cosas no parecían haber cambiado sustancialmente: “Las policias en las Ciudades mas importantes, tal cual estan organizadas, satisfacen tanto las exigencias del servicio público; pero fuera de ellas, y con especialidad en la campaña, estan muy lejos de llenar el objeto para que han sido creadas. La vigilancia de la campaña se halla confiada a Comisarios generales, que recorren, con una sola partida, grandes territorios, desiertos muchos de ellos, y en donde, como es consiguiente, la accion de la autoridad es insuficiente, para reprimir el robo y otros delitos que aflijen a la sociedad. “Estas Comisarías se subdividen en Distritos, vigilados inmediatamente por un Comisario vecino del lugar, quien desempeña su cometido sin emolumento alguno, y solo en fuerza de su patriotismo y buena voluntad, que me hago un deber en reconocer. “Por lo que dejo manifestado, comprendera V. H. que, para garantir la vida y los derechos del ciudadano, es indispensable llenar esos puestos, en los parages mas poblados de la campaña, con empleados idóneos, cuyos servicios sean recompensados con un sueldo.”66 Estas noticias que hemos rescatado nos interesan por dos cuestiones a destacar. Por un lado, el hecho de que los hacendados del departamento cuando no eran convocados por el gobierno, publicaban en la prensa sus denuncias e inconformidades con la labor policial. Por otro, el racconto realizado sobre las diversas comisiones de hacendados que se establecieron en estos años se constituye en claros antecedentes de lo que más tarde se conformaría como Sociedad Rural.67 Traemos a colación el mensaje del gobernador Bayo en 1874 que refuerza la idea anterior:

66 “Mensaje del Sr. Gobernador de la Provincia de Santa Fe, Dr. SIMON DE IRIONDO, a la Honorable Cámara de Representantes en la apertura de sus Sesiones Ordinarias el 21 de mayo de 1871”, cit., p. 287. 67 Según los propios antecedentes que la entidad reconoce figuran los que hemos mencionado, y en adelante algunas noticias aparecidas en el diario La Capital (21 de mayo de 1868, 16 de junio, 8 de abril de 1873, 17 de mayo de 1881 cuando queda constituida en el Hotel Argentino una nueva “Sociedad Rural”, presidida por Dionisio Aldao). La entidad definitiva se establece el 19 de marzo de 1895 como “Sociedad Rural Santafesina”, que en 1907-1908 pasaría a llamarse “Sociedad Rural de Rosario”. Información obtenida [en línea] http://www.ruralrosario.org

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“Puedo aseguraros que en el Departamento del Rosario, se ha hecho lo que no se creía en este sentido, habiendose tenido la cooperación de todos los empleados encargados de estas funciones. Aprovecho la oportunidad para hacer una mencion de estricta justicia a la ‘Sociedad Rural’ del Rosario, la que desde el momento de su fundación, ha prestado decididos servicios al mismo objeto en aquel Departamento.”68 Vigilar, controlar y recaudar En materia de ordenamientos policiales, los antecedentes a los reglamentos sancionados en 186269 y 186470 fueron los bandos de policía de los alcaldes mayores –Tomás Martínez en 1828 y Valeriano Garay en 1830– además de aquellas disposiciones referentes al Jefe de Policía incluidas en las constituciones y reglamentos de justicia. Las quejas respecto a la carencia de un reglamento que ordenara las funciones de la policía de campaña constituían una de las principales cuestiones que las autoridades debían resolver.71 La cita fechada en 1863 no resulta fortuita, ya que, tal como hemos señalado en el apartado anterior, los mismos hacendados se hacían cargo de resolver en lo cotidiano los problemas que los acuciaban: “El reglamento en la parte que corresponde a la campaña ha sido elaborado por una comisión de hacendados. Han hecho lo que mejor han creido; vamos a ver si sus disposiciones e ideas traducidas en ley policial, responden a la necesidad.”72 En general, la principal tarea que cumplieron los comisarios era la de controlar a la población rural.73 Recorrían el distrito con el objeto de perseguir y apresar criminales, desertores y “malentretenidos”; procurar el orden de la campaña; hacer ejecutar y observar disposiciones acerca del juego; regular el funcionamiento de

68 “Mensaje del Sr. Gobernador de la Provincia, Don SERVANDO BAYO, a la H. Legislatura. Leído en Sesión del día 21 de mayo de 1874”, cit., p. 349. El destacado nos pertenece. 69 “Reglamento de Policía para la Capital y Rosario”, 22 de noviembre de 1862, en ROSF, Tomo III, pp. 398-404. Este reglamento organizaba las tareas los guardias de la Policía de la Capital y ciudad del Rosario. 70 El “Reglamento de Policía” se dictó en octubre de 1863, pero fue aprobado por la Legislatura el 29 de agosto de 1864, y en ese año es publicado en el Registro Oficial. Esto explica la diferencia de fechas que puede surgir de la nota 13. 71 El 7 de agosto de 1863, el comisario de Chacras del Rosario, Juan Manuel Fernández le escribe al jefe Político Mariano Alvarado lo siguiente: “…son incesantes las quejas de los vecinos de la campaña por la carencia de un reglamento adecuado y completo que sirva de pauta a los comisarios y de las necesarias garantías a sus intereses”. AHPRJM, Jefatura Política, Tomo 1863 A, núm. 4: Comisarios de campaña. 72 El Ferrocarril, 18 de diciembre de 1863. 73 Sobre estas tareas desempeñadas por los jueces de paz de la campaña bonaerense en la época de Rosas, véase GARAVAGLIA, Juan Carlos “Paz, orden y trabajo…”, cit., pp. 111-112.

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pulperías, la caza de animales y el uso de armas. Eran además encargados de elaborar listas de contribuciones y cobrar algunos de los impuestos.74 Según hemos podido indagar, hasta 1864 en que la provincia no contó con un Reglamento de Policía, las funciones de los comisarios de distrito estuvieron reglamentadas por una serie de instrucciones, de las cuales se conserva un borrador firmado por el entonces jefe político de Rosario, Nicasio Oroño, en marzo de 1855: “…por la seguridad que esta ofrece a los intereses rurales que contienen y deseando evitar en lo posible las consecuencias que esto puede acarrean con perjuicio de la propiedad, si no se previene con tiempo.”75 Estas instrucciones, compuestas de once artículos, intentaban regular algunos de los principales males que aquejaban a la campaña y que se relacionaban con la circulación de personas y bienes.76 Los cinco primeros artículos estaban dirigidos a prevenir la presencia de “vagos” y a perseguir “hombres perjudiciales”,77 los mismos buscaban averiguar quiénes eran, dónde estaban y qué hacían los individuos que transitaban por el departamento. Algunas disposiciones regulaban el movimiento de bienes y ganado, mientras otras lo hacían sobre el funcionamiento de las pulperías de campaña. Aquellos denominados “vagos” no debían ser expulsados de la campaña, sino retenidos y disciplinados. Para las autoridades de campaña, no estaba del todo claro quiénes integraban esta categoría.78 En una nota dirigida al Jefe político el comisario de distrito en 1855 reclamaba: “…ruego a Ud. Me dig qué hombres deben considerarse vagos […] ya que en el distrito hay solamente familias pobres que no
74 Sobre las funciones como recaudadores es posible ver su actuación a lo largo del período mediante las notas y correspondencias que elevan a la jefatura política de Rosario. 75 AHPRJM, Jefatura Política, Tomo 1855 A, núm. 3: Borradores. 76 La Legislatura provincial dio cuenta en algunas de sus sesiones, en abril de 1855, de un Reglamento de Policía propuesto para la ciudad del Rosario que debieran ser estas Instrucciones, y que fue trasladado a una comisión conformada por Puig, Larrechea y Seguí. Podemos saber que fue aprobado un mes después, pero no quedó registro del tratamiento o debate que tuvo entre los diputados (“Sesión del día 10 de abril de 1855”, “Sesión del día 18 de abril de 1855”, “Sesión del día 29 de mayo de 1855”, en Actas Legislativas de la Provincia de Santa Fe, Tomo I, cit., pp. 80, 84, 114). 77 Sobre este tema en el periodo previo véase: ALONSO, Fabián; BARRAL, María Elena; FRADKIN, Raúl y PERRI, Gladys “Los vagos de la campaña bonaerense. La construcción histórica de una figura delictiva (1730-1830)”, en Prohistoria, núm. 5, Rosario, 2001. 78 BONAUDO, Marta y SONZOGNI, Élida “Cuando disciplinar fue ocupar (Santa Fe, 1850-90)”, en Mundo Agrario. Revista de estudios rurales, Vol. 1, núm. 1, Centro de Estudios Histórico Rurales, UNLP, segundo semestre de 2000.

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cuentan con más de un caballo o algunos con nada pero que viven honradamente y sin causar daño alguno…”79 El reglamento no reparó en esto, pero determinó que los comisarios, dentro de su jurisdicción, debían atender que todo individuo carente de oficio u ocupación conocido se conchabase. El destino de los considerados vagos podían ser los mismos cuerpos de policía que por la baja motivación de la población en integrarse a la tropa y las pocas expectativas de realizar una carrera en el interior de la policía, sumado a lo insuficiente del salario, obligaron a las autoridades a reclutar individuos de condición cuanto menos dudosa. Un tema que despertó fuertes controversias. Debían, asimismo, procurar que no hubiera en su distrito “hombres perjudiciales”. Los criterios que operaban no eran los que establecían las autoridades provinciales ni locales, sino los que regían en la sociedad rural. Marc Bloch ha señalado ya que el valor de la opinión formaba parte indisociable de la configuración de los sistemas agrarios.80 En este sentido, la consideración de un hombre como perjudicial estaba determinada por los criterios propios que regían en cada comunidad.81 Otra de las cuestiones que debían atender los comisarios era el control del ganado del departamento como consecuencia de ciertos impedimentos técnicos como la falta de alambrado.82 En la campaña de Rosario circulaba un importante número de troperos que llevaban hacienda robada de la campaña bonaerense hacia el norte de la provincia. Aunque en menor medida, también se sustraían piezas de animales a algunos hacendados rosarinos que se vendían en los saladeros de Rosario y en las carnicerías de la campaña.83 Los comisarios se encargaron de controlar que los conductores de ganado de cualquier especie portaran el pasaporte o guía pertinente y de comprobar las marcas y números de los animales. Los comisarios estaban obligados también a vigilar las pulperías de campaña. Se contabilizan al menos noventa y tres pulperías que habían obtenido la patente correspondiente para funcionar legalmente.84 Desde la prensa, se denunciaron a
79 AHPRJM, Jefatura Política, Tomo 1855 A, núm. 3: Borradores. 80 BLOCH, Marc “El problema de los regímenes agrarios”, en HOURCADE, Eduardo y GODOY, Cristina Marc Bloch. Una historia viva, CEAL, Buenos Aires, 1992. 81 BARRAL, María E., FRADKIN, Raúl y PERRY, Gladys “¿Quiénes son los perjudiciales? Concepciones jurídicas, producción normativa y práctica judicial en la campaña bonaerense (17801830)”, en FRADKIN, Raúl El poder y la vara: estudios sobre la justicia y la construcción del Estado en el Buenos Aires rural: 170-1830, Prometeo Libros, Buenos Aires, 2007. 82 AHPRJM, Jefatura Política, Tomo 1861 C. 83 TICA, Patricia Historia social santafesina en tiempos de la Confederación, UNR editorial, Rosario, 2001. 84 FRID, Carina “Del puerto al almacén…”, cit.

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éstas como el lugar donde se realizaban actos perjudiciales: juegos de azar que acababan en crímenes, peleas que ocasionaban muertes, etc.85 El gobierno provincial intentó regular su funcionamiento mediante órdenes en las que se prohibían entre otras cosas la venta de licor al mostrador.86 Igualmente en 1861, se les impone a los dueños de pulperías una fianza de 200 pesos que debían abonar a comienzos de año, dinero que sería reembolsado en caso de no ocurrir en ellas ningún conflicto en su interior.87 Tenían a su cargo, al mismo tiempo, las tareas de recaudación de los impuestos. Los comisarios de campaña debían, entre otras cosas, elaborar los registros de la contribución directa y proceder a su recaudación en la campaña. La contribución directa, un impuesto pensado para recaer sobre las riquezas ya constituidas, se aplicó sobre todo a capitales de tierra y ganado, por lo cual este impuesto tuvo una especial repercusión en el mundo rural donde se recaudaba.88 Para ello, debían recorrer el distrito rural bajo su jurisdicción acompañados de dos vecinos “de buena fama y opinión”, ya que se estimaba que los habitantes del lugar conocían con más detalle el área y era posible, de esta forma, evitar la ocultación. La manera de proceder a la recaudación de este impuesto, planeado desde el Estado provincial como una de las bases de su estructura fiscal, conllevaba grandes riesgos, pues confiando la elaboración de planillas a personas de la zona se corría el riesgo de que los vínculos con sus mismos vecinos o sus propios intereses pesaran más que sus obligaciones con la provincia. Estos comisarios debieron también, al menos hasta la creación del Departamento Topográfico (1863),

85 La Confederación, 6 de enero de 1859. 86 AHPRJM, Jefatura política, Tomo 1855 A, legajo 6: Circulares a los comisarios de campaña (1855). 87 AHPRJM, Jefatura Política, Tomo 1861 C, legajo 15: Documentos impresos. 88 Estaban obligados a abonar este impuesto: todos los poseedores de terrenos labrados de la provincia de más una cuadra cuadrada de superficie; los propietarios o criadores de ganado que poseían más de mil pesos en cualquier especie y los dueños de todo edificio. Esta contribución se tazaba al dos por mil sobre el valor (“Decreto nombrando Comisiones de regulación y recaudación de la contribución directa”, 11 de julio de 1859, en ROSF, Tomo III, p. 30). El gobierno quería evitar gravar sobre manera el comercio por lo cual hacia 1861 se suprime la contribución directa sobre el capital en giro: “El impuesto sobre los capitales en giro suprimido en la nueva ley por el gobierno en obsequio de nuestro comercio, era perjudicial por que afectaba nacientes intereses porque pesaba sobre un ramo que recién empieza su desarrollo entre nosotros. […] La contribución sobre bienes raíces es otra cosa –grava un objeto establecido definitivamente y obliga al propietario a sacar de su tierra el partido posible en vez de dejarla inculta, sin que le de ningún provecho…” (“Informe de la Comisión del Presupuesto y la Ley de Impuestos”, T. Cullen, M. R. Coll, T. Fontanilla, en “Mensaje del Sr. Gobernador de la Provincia de Santa Fe, Don ROSENDO M. FRAGA, a la H. Asamblea Legislativa, Año 1860”, cit., p. 114).

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colaborar en el registro de títulos de posesión de campos de pastoreo, chacras, quintas y terrenos.89 Por último, señalaremos que estos comisarios tuvieron a su cargo algunas tareas de orden judicial como la elaboración de los sumarios en los delitos cometidos en sus distritos, que elevaban al juez de paz correspondiente o al de primera instancia en la ciudad de Rosario. Sin embargo, esta atribución fue recién expuesta en el Reglamento de Policía de 1864, estando ausente en las Instrucciones de 1855. Reflexiones finales Iniciábamos este trabajo haciendo referencia a la importancia de recuperar de manera transversal abordajes provenientes de la historia social de la justicia y de la policía. El análisis realizado sobre la tarea de poner en orden la campaña es, sin duda, incompleto y no despeja muchas de los interrogantes que el problema plantea y que permanecen abiertos: qué relación existía con las fuerzas militares presentes en el departamento; qué vínculos mantenían estos comisarios con la población a la que estaban destinados a controlar; existían conflictos o tensiones entre atribuciones policiales y judiciales. Con los abordajes que recuperamos en el horizonte de este estudio, hemos detectado que para conocer la organización de la campaña en lo que respecta al departamento Rosario, la figura del comisario de distrito se torna central, sobre todo ante la ausencia de otras autoridades como jueces de paz o comandantes militares destinados a estos espacios rurales en provincias como Buenos Aires o Entre Ríos. En este sentido, a partir de lo estudiado hasta aquí podría emprenderse un análisis comparativo con estas provincias desde el perfil socioeconómico comprendido por los individuos designados, así como desde las atribuciones judiciales o los cargos militares que detentaban. La campaña rosarina creció de la mano de la ocupación de tierras con ganado y del aumento constante de población, fundamentalmente jornaleros y hacendados. Dicho desarrollo derivó en la necesidad de subdividir administrativamente el departamento en distritos para repartir el trabajo de los comisarios, llegándose a proponer el uso de nombres propios de los principales hacendados para denominarlos. La organización policial del departamento, bajo la autoridad última del jefe político, se dispuso en comisarías de diversas instancias: generales, de distrito. ¿Qué tareas cumplían estos comisarios ordinarios? ¿Quiénes eran? Ambas interrogantes resultan centrales en esta presentación, donde se ha observado que además de las habituales atribuciones sobre vigilancia y persecución de individuos extra89 “Ley creando un Registro general de títulos”, 30 de julio de 1862; “Ley estableciendo una Oficina de Topografía y Estadística”, 15 de diciembre de 1862, en ROSF, Tomo III, pp. 350 y 437-438; “Decreto instalando la Oficina de Topografía y Estadística”, 15 de mayo de 1863, en ROSF, Tomo IV, p. 39.

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ños al pago, así como respecto a la circulación del ganado, también oficiaban de recaudadores y controlaban la actividad de las pulperías de campaña. El ejercicio de estas funciones, imposibles de realizar en soledad, reconocía en las partidas celadoras o de policía de campaña el sustento último de su práctica diaria. Merecería la pena para terminar, volver sobre una cuestión que planteábamos al inicio del artículo referente a los recursos que invertía el gobierno de la provincia en la policía de campaña. Los gastos en policía crecieron considerablemente en estas décadas: mientras que en 1853 se destinaron a la policía 357 pesos fuertes, en 1856 el gasto había trepado a 23.484, alcanzando diez años más tarde la cifra de 43.667, siempre en la misma moneda.90 Ahora bien, ¿cuánto de esto se invirtió en la campaña? En los presupuestos provinciales, sancionados desde mediados de los años 1850, sólo figuran los sueldos de los comisarios de distritos -quienes durante las décadas previas no gozaron de sueldo- a los que se les contempló un salario de 60 pesos fuertes, pero en el presupuesto de 1858 este rubro desapareció. Igualmente los comisarios generales de campaña, luego de un arduo debate en la Legislatura, su número fue reducido de dos a uno. En estas leyes presupuestarias tampoco se contemplaba el rancho y el vestuario de la policía de campaña. El estado de indefensión en que se encontraba la campaña ocasionó constantes quejas de los habitantes de la misma ante el gobierno provincial, hechos que tuvieron fuertes resonancias en la prensa de la época. Frente a un Estado que no contaba con los recursos materiales y humanos para ordenar institucional y socialmente la campaña, los propios vecinos se dieron a la tarea de desarrollar dispositivos de control como medio de defender sus intereses, leáse bienes y propiedades, generando un proceso de construcción de poder desde abajo al cual las autoridades provinciales sólo se encargaron de aprobar sus resoluciones. En este contexto, el jefe político de Rosario convocó a una serie de reuniones a todos los vecinos “que poseyeran ganados de cualquier especie siempre que fueran su propiedad” de los diferentes distritos con el fin de buscar solución a los hechos que dificultaban la vida rural. Como resultado de las mismas se procedió a la creación de la Comisión de Hacendados desde la cual se centralizaron las suscripciones de los vecinos para sostener la policía, racionar a la tropa, proporcionarles el vestuario y pagar los salarios de los comisarios y sus dependientes. Se encargó, al mismo tiempo, de elaborar los reglamentos de policía y presentarlos a la Legislatura para su aprobación. Esta policía de campaña que estaba en manos de los habitantes –hacendados, jornaleros, labradores y peones– actuaba más como un cuerpo creado para defender intereses particulares que como una policía estatal.
90 Cuenta que presenta la Colecturía General de Hacienda al Exmo. Gobierno de los ingresos y egresos que ha tenido el Tesoro de la provincia para los años 1856 a 1863, en Historia de las Instituciones de la Provincia de Santa Fe, Tomo IV, Imprenta Oficial, Santa Fe, 1972.

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En este sentido, el estudio realizado demostró que más que hablar de un poder de policía débil ante los actos delictivos o descubierto como cómplice de los mismos, lo que existía en la campaña era una coincidencia entre quienes desempeñaban funciones policiales y quienes eran hacendados. Cuánta ingerencia tuvo el estado provincial sobre esta situación y cómo influyeron los alineamientos políticos en los nombramientos y remociones es una cuestión que merece otro análisis. Fuentes consultadas Argentina Primer Censo Nacional de la República Argentina, 1869, Imprenta El Porvenir, Buenos Aires, 1872. Actas Legislativas de la Provincia de Santa Fe, Tomos I y II Imp. y Enc. Nueva Época, Santa Fe, 1897. AGPSF, Contaduría, varios tomos. AGPSF, Gobierno, Tomo 25. AHPJM, Jefatura Política, varios Tomos. “Cuenta que presenta la Colecturía General de Hacienda al Exmo. Gobierno de los ingresos y egresos que ha tenido el Tesoro de la provincia”, en Historia de las Instituciones de la Provincia de Santa Fe, Tomo IV, Imprenta Oficial, Santa Fe, 1972. El Ferrocarril, Rosario. La Capital, Rosario. La Confederación, Rosario. GORMAZ Y CARRERAS, J. J. Registro Estadístico de la población de la provincia de Santa Fe con sujeción al Censos Oficial de 1858, Cuadros estadístico, Biblioteca Juan Álvarez, Rosario. Mensajes de los Gobernadores de la provincia de Santa Fe, en Historia de las Instituciones de la Provincia de Santa Fe, Tomo IV, Imprenta Oficial, Santa Fe, 1972. ROSF, Tomos I a IV, Tipografía de la Revolución, Santa Fe, 1889.

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