Sol y Sombra

por Ray Bradbury. Pertenece al libro "Las doradas manzanas del sol" (1952)

Se oyó el clic, de un insecto. La cámara, azul y metálica, como un escarabajo grande y gordo en las preciosas y tiernamente hábiles manos del hombre, parpadeó a la luz centellante del sol. -¡Calla, Ricardo! -¡Eh, usted!-gritó Ricardo asomado a la ventana -¡Basta, Ricardo! Ricardo se volvió hacia su mujer. -No me lo digas a mí, díselo a ello. Baja y díselo a ellos. ¿O tienes miedo? -No hacen daño a nadie-dijo la mujer pacientemente Ricardo se apartó y se asomó a la ventana mirando hacia la calle. -¡Eh, usted!-gritó El hombre de la cámara negra alzó los ojos desde la calle, y luego siguió apuntando con su máquina a la señora de los pantalones blancos como la sal, el corpiño blanco y el verde pañuelo ajedrezado. La mujer se apoyaba en el agrietado yeso del edificio. Detrás de ella sonreía un muchacho moreno, con la mano en la boca. -¡Tomás!-aulló Ricardo. Se volvió hacia su mujer-. Oh Jesús bendito, Tomás, mi propio hijo, en la calle, riéndose. Ricardo fue hacia la puerta. -¡Cuidado, Ricardo!-gritó su mujer. -¡Les cortaré la cabeza!-dijo Ricardo, y desapareció. En la calle, la mujer se apoyaba perezosamente en una baranda de descascarado color azul. Ricardo salió justo a tiempo. -¡Esa baranda es mía!-dijo. El hombre de la cámara se apresuró. -No, no estamos sacando fotos. Todo está bien. Ya nos vamos. -Todo no está bien-dijo Ricardo, y sus ojos castaños centellearon. Agitó una mano arrugada- Ella está en mi casa. Estamos sacando fotografías artísticas-sonrió el fotógrafo -¿Qué haré ahora?-le dijo Ricardo al cielo azul-. ¿Enloquecer con la noticia?¿Bailar como un santo epiléptico? -Si se trata de dinero, bueno, aquí tiene cinco pesos- sonrió el fotógrafo. Ricardo apartó la mano del hombre. -El dinero me lo gano trabajando. Usted no entiende. Váyase, por favor. El fotógrafo parecía perplejo. -Espere . . . -¡Tomás, adentro!. -Pero, papá . . . -¡Jaaa!-aulló Ricardo. El chico desapareció. -Esto no ha ocurrido nunca antes-dijo el fotógrafo. -¿Cuánto tiempo durará esto? ¿Qué somos?¿Cobardes? -le preguntó Ricardo al mundo. Se estaba reuniendo una multitud. La gente murmuraba y sonreía y se daba codazos. El fotógrafo cerró su cámara con irritaba buena voluntad, y le habló por encima del hombro a la modelo. -Muy bien. Usaremos otra calle. Hay allí una pared con unas hermosas grietas y algunas hermosas sombras. Si nos apresuramos . . . La muchacha, que había estado retorciéndose nerviosamente el pañuelo, alzó del suelo la valija de cosméticos y pasó corriendo junto a Ricardo, pero éste alcanzó a tocarle el brazo. -No me entienda mal -dijo rápidamente. La muchacha se detuvo y lo miró parpadeando. Ricardo continuó-:No estoy enojado con usted. O usted. Señaló el fotógrafo. -Entonces por qué . . . -dijo el fotógrafo. Ricardo agitó una mano. -Ustedes son empleados; yo soy un empleado. Somos todos empleados. Tenemos que entendernos. Pero cuando usted llega a mi casa con una cámara que parece el ojo de un tábano negro, se acabó la comprensión. No quiero que me usen la calle por sus bonitas sombras, o mi cielo por su sol, o mi casa porque hay una grieta interesante en la pared. ¡Aquí! ¡Mire! ¡Ah, qué hermosa! ¡Apóyese aquí! ¡ Póngase allá! ¡Siéntese aquí! ¡Agáchese allá! Oh, lo oí. ¿Cree que soy estúpido? Tengo libros en mi cuarto. ¿Ve esa ventana? ¡María! La cabeza de su mujer apareció en la ventana. -¡Muéstrales mis libros!- gritó el hombre. María se revolvió y murmuró, pero un momento después apareció con uno, dos, seis libros, cerrando los ojos

debe entender qué quiero decir -observó Ricardo-. ¿Es este un pueblo de telones y escenarios? ¿ Nadie hará nada sino yo? La gente los había seguido calle abajo. El fotógrafo sonrió y alzó la máquina. como si los libros fuesen pescado viejo. -¿Quiere un hombre pintoresco en el fondo? -le dijo furiosamente al hombre de la cámara -. Nuestras puertas pierden la pintura. ¿Cree que yo sabía que venía usted y descascaré la pintura?¿O que yo sabía que venía usted y le puse a mi chico las ropas más sucias? ¡No somos un estudio! Somos gente. ¡habla usted con un hombre! -Escuche -dijo el fotógrafo guardando rápidamente sus placas -. Hay una vieja pared muy bonita ahí. Tienen decorados de cartón. -¡ Y dos docenas más en la bohardilla! .Un paso a la izquierda. El fotógrafo recogió su valija y echó a caminar. mi hijo es mi hijo. magnifico. nuestras cañerías de desagüe dan a la calle. ¿Cómo lo llama usted? ¿Para una buena atmósfera? ¿Para hacer más atractivo el conjunto. nuestras peredes están agrietadas. El fotógrafo y las modelos lo observaban nerviosamente. ¿Tengo la cara bastante transpirada? ¿Tengo el pelo bastante largo.apartando la cabeza. las calles son de guijarros.-Ricardo estaba ahora terriblemente sereno. Joe? -Hemos logrado unas buenas tomas de cerca de la iglesia de la Virgen. Ricardo le sacudió el brazo. La modelo caminaba junto a él. ¡Eh! . Nos vamos. ¿Está claro?-Con todos los detalles -dijo el fotógrafo. -No lo he pensado -¡Pues piénsalo. y merecemos que se nos trate como gente. como una torre de bodas.le aseguró Ricardo. mi vida es mi vida. así? Ya está. -Me llamo Ricardo. hombre por Dios! -No veo nada malo. No está hablando usted con una vaca. Así magnífico. mis pies así.. ¿Qué haces. sin mirarlo. Perece que nos apoyamos en su casa y se la echamos abajo. Le sacan una fotografía y parece como si usted estuviese en el Gran Hotel. -No mirará la cámara . con mi sombrero así. El cartón dice Gran hotel. -Antes de irse. ¿Qué es este alboroto? -Pancho se enojó. ¡Quietos! La modelo se inmovilizó. así. -Ajá .La modelo se movió -. Pero siento una furia terrible cuando veo que usted se acerca a estas cosas como si yo las hubiese planteado así. -¿Ahora que conoce mis deseos y mis razones será usted tan amable y se irá a su casa? -Es usted un hombre gracioso -dijo el fotógrafo -. No soy un hombre malo.gritó Ricardo-. Usted se pone enfrente. Y mi casa está intacta. querida. escupía. apresurándose. -¿No habrá otro en el mundo que tenga lengua? -le dijo Ricardo a sus manos vacías -. ¿Me quiere cerca de esta pared. Miró cómo los otros se preparaban. Ponte bajo la arcada de esa tienda. Ricardo dejó caer los pantalones. y ahora era un grupo bastante numeroso. en el fondo.Se encontraron con otras cinco modelos y un segundo fotógrafo al pie de una vasta pendiente escalonada. Posaré aquí. cerraba los puños. Muchas gracias. al que se unían otros atraídos por los atronadores gritos de Ricardo. si quiere -dijo el fotógrafo. sudando. y así. del otro lado. -Somos pobres -dijo Ricardo -. -Sacaremos unas fotos aquí. El hombre pateaba el suelo. ¿no es ésa tu arcada? ¿ Vas a dejar que ellos la usen? -No me molestan -dijo Jorge. amable señor? -Quedé ahí. querida -dijo el primer fotógrafo -. Espió en los misterios de la cámara. ¿No te sientes insultado? Jorge se rascó la nariz. . como si hace años yo le hubiese dicho a la pared que se agrietase. Pero puedo enojarme mucho realmente. -Tratan tu propiedad como si fuese el escenario de una película. -Hay un fotógrafo dos cuadras más arriba -dijo Ricardo acompañándolo-. con la hermosa señora enfrente? -Está haciéndose tarde -dijo el fotógrafo. ¿Entiende? Mi calle es mi calle. ¡Mi hijo no es un decorado! Vi cómo ponía usted a mi hijo contra la pared. ¿Parezco una figura de cartón? -Nadie dijo que alguien se pareciese a algo. con la barbilla levantada. que llevaba a la blanca plaza del pueblo -. unas estatuas sin narices. ¡Jorge! ¿Qué haces? -Estoy aquí -dijo el hombre. Ahora gira la pierna derecha. y la luz y asá en las sandalias que me he hecho yo mismo? ¿ Quiere que agrande este agujero de la camisa. Cuando estaban listos para sacar la fotografía echó a correr llamando a un hombre que estaba en un umbral -. -Bueno -dijo Ricardo -. encantadoras -dijo Joe -. .

La muchacha posó. -¡Ya! La muchacha se endureció. -¿ Qué quiere exactamente que haga? . con unos pantalones donde están pocas veces los pantalones de un hombre. demonios -dijo el hombre de la cámara -. -Dios santo. La gente de alrededor se quedó fumando nerviosamente. la pared. -¡Hola Esteban! -llamó Ricardo. antes que el sol lo seque! El hombre de la cámara le dio la espalda y miró hacia el mar. su cómplice? -dijo el fotógrafo. chicas. Miró los guijaros. -¿Quién es usted. El asistente tenía que detenerse y volver atrás para urgir al policía. Se llama Ricardo Reyes. . Ricardo posó. . ve a buscar un policía. Buena y mala. Dios mío -murmuró el fotógrafo. Queremos que se lo lleve -Pero es un hombre que sólo está apoyado en la pared -dijo el oficial. -No entiendo -¡Uno no anda ahí desnudo! -Hay gente desnuda y gente desnuda -dijo el oficial-.El asistente echó a correr. Observó la escena como si fuese un aficionado a la fotografía. -No hace nada que yo pueda ver -dijo el oficial de policía. yo actuaría en seguida. -¡ Arreste a ese hombre! ¡Exhibición indecente! -Ah -dijo el policía . sí: pero que no hace nada con su desnudez que pueda ofender a la comunidad. -Ah-dijo el policía sin moverse. Detrás de él. Posa. -¡Está desnudo. No puedo explicarlo sino mostrándoselo. Vino un perro y orinó brevemente contra la pared. no es eso. no hay nada malo. -Hola. Parecía como si en cualquier momento fuese a estallar y morder y ladrar y correr en círculos bajo el sol deslumbrante-. hizo la máquina. ¿Dónde está la justicia? ¿Qué va a pasar aquí? Vamos. -¿ Bueno oficial? -dijo el hombre de la cámara. La multitud murmuraba. El policía le aseguraba con un ademán. -¿Fue eso bastante pintoresco? -dijo -Oh. -Ah -dijo el policía -¡Tengo la prueba en la cámara si la necesita! -dijo el fotógrafo. -¡Mire eso! -gritó Ricardo -. sin mover ni un brazo ni un músculo. sonriendo distraídamente. -Ese hombre apoyado en la pared -dijo el oficial -. con la mano en la barbilla -. Clic. es un hombre de buena reputación.-¡Oh. desnudo! -gritó el fotógrafo El oficial parpadeó. ¡Que arte! ¡Qué dibujo! ¡Rápido. Desnudo. Miró a la modelo. y a Ricardo. Ricardo se levantó tranquilamente los pantalones y se apoyó en la pared. un policía del lugar caminaba tranquilamente. Lo conozco. mirando a Ricardo. Oh. La multitud se río festejando la escena con algunos manotazos. Está tan desnudo como una piedra. Ricardo fumaba orgullosamente un cigarrillo a la luz del mediodía. algo terrible que no se pudiera mirar. Ricardo dejó caer los pantalones. ¡nos iremos a otra parte! . El asistente llegó corriendo por la calle. que el día no había terminado y que a su debido tiempo llegarían a la escena de cualquiera fuese el desastre. ¡Es inmoral! -Ese hombre no hace nada inmoral -dijo el policía -. su hermano? ¿Quién es.Me parece que este hombre no es un borracho. -Oye. -¿Qué quiere decir? -dijo el fotógrafo-. Dios mío! . Ajá. Algunas de los modelos chillaron. El oficial llamó también. Sobria y borracha. -¿Qué pasa aquí? -Ese hombre. bajo el cielo azul. querida. El policía se detuvo al fin detrás de los dos fotógrafos. ¿qué podemos hacer con este idiota? -¡Cómpralo! -¡Ya lo intenté! -Quizás no le ofreciste bastante. con la enrojecida y nerviosa cara de mármol. Ricardo. él . Yo pararé esto. esperando. Se saludaron con la mano.dijo el fotógrafo. Pero como no hace otra cosa que estar apoyado en la pared. Todas las hermosas modelos miraban las gaviotas y el océano. -Bajemos a los muelles -dijo el asistente. -Me parece que yo también iré -sonrió Ricardo.¿Bueno? -dijo el fotógrafo. Si estuviese haciendo algo con las manos o el cuerpo.dijo el policía sacándose la gorra y enjuagándose la frente morena. desde lejos. -No.

tranquilamente. El aplauso rompió como una breve ola en la costa del mar cercano. a cumplir con mi necesaria tarea. a donde usted vaya iré yo. Y como para acompañar este último pensamiento un sonido llegó a sus oídos. en los toros. sin pinturas. admitámoslo. es cierto. sin prisa. Piense en mí. hacia los muelles -. Mientras subía hacia su casa le estrechó la pata al perro que había mojado la pared. Mientras haya un hombre como yo entre diez mil. Ricardo alzó la mano y les sonrió a todos. Mañana. Estaba subiéndose solemnemente los pantalones. -Buenas noches. y valijitas de maquillaje se retiró calle abajo. antes del intervalo para almorzar. sin escenarios. todo será un caos. sí. Sin mí. Y comeremos y hablaremos sin fotógrafos.. en todas partes. Y subiré los escalones y saldré al balcón de hierro de la casa de mi padre. Es hora de almorzar queridas. O Suecia. con qué belleza y elegante decoro se subía los pantalones. Y mi hijo Tomás. El fotógrafo sacudió la cámara. tibia y grande en la noche. el mundo seguirá andando. que creé sacándolo de unas ropas. He visto hermosas fotografías de paredes suecas. iré calle arriba hasta mi casa. con la puerta donde falta la pintura en el sitio que he rozado mil veces al pasar. el puño. Era como un aleteo de dulces palomas en el aire. niñera . pero era un terremoto. . Con dignidad. -He estado esperando que me lo preguntara -dijo Ricardo -. con gran dignidad y gracia.pensó Ricardo. El fotógrafo giró en redondo. y tomando un enjambre de mujeres. Era un aplauso. -¿Pero quién es usted? ¿Quién demonios cree ser? -gritó el fotógrafo. o España -dijo Ricardo-. y comeré la comida que mi mujer me servirá en el balcón con los libros al alcance de la mano. y pensábamos que era nuestro amor lo que movía la casa. Recuerdo bien la noche. La pequeña multitud lo observaba mirando cómo representaba la última escena de la pieza. sin telones. Vayase a su casa y piense en mí. -¡Sacaremos fotografías a pesar de usted! -Estaré allí -dijo Ricardo-. Los fotógrafos lo miraron y comprendieron que era cierto. Y todos nosotros seremos actores. estábamos en cama. por cierto. sábanas de cama. todos nosotros. No se había movido. cajas de sombrero. La multitud seguía mirándolo y sonreía. el mercado. balcón que hizo con sus propias manos. Pensaremos algo más tarde. cámaras. Ricardo observó tranquilamente cómo se iban. Tomás no había nacido aún. y pasaré la mano por la grieta de la pared de mi casa. la grieta que dejó el terremoto de 1930. muy buenos actores. y pisaré las piedras que he gastado en mis caminatas de cuarenta y seis años. Aunque sin muchas grietas. cuando oyó el hermoso sonido. y María y yo nos queríamos mucho. -¡Qué! -Dije Francia. Ahora.dijo el fotógrafo.-Francia -dijo Ricardo. pasado mañana. con mi buena mujer. y a la mañana vimos la grieta en la pared. Olvide mi sugestión.

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