Mentiras Principales.70.

- COINCIDENCIAS

Publicado en La Razón en 2011                       Voy a salir del cubículo del tren donde me he estado aseando, cuando, en el mismo istante en que corro el pestillo para abrir la puerta, otra mano mueve desde fuera la manivela para abrirla, así que, por un momento, la señora que va a entrar y yo nos quedamos mirándonos perplejos, hasta que reaccionamos (“Una coincidencia. No tiene importancia”), y procedemos cada cual en su sentido. Más grave es la cosa cuando, en la novela que estoy leyendo ahora, la de Francine Prose Bigfoot Dreams, Vera, dedicada a escribir para una revista sensacionalista noticias o bulos casi increíbles, una vez, a partir de la foto que le da un colega, con un niño y niña vendiendo limonada de su fabricación a la verja de su jardín, escribe el caso inventando los nombres de los niños, el apellido y profesión del padre: al cabo de unos meses, resulta que, por el alboroto que aquel bulo había causado en la vecindad, le ponen pleito a la revista los padres reales de esos niños, reales, con aquel apellido, profesión y nombres. Aquí la coincidencia parece que se pasa de tal y cae en lo imposible. No sé cómo se resolverá el lío en la novela, que seguiré leyendo; pero tal vez no se han acordado Vera o Francine y sus lectores de que, si se tiran a lo alto todas las letras del Quijote, el que, al caer de nuevo, alguna vez caigan volviendo a formar el Quijote, no se puede llamar imposible, porque, sin límite de tiempo y número de veces, no hay nada que lo impida.        ¿Por qué les cuento a los lectores esto? Como siempre: para que sientan conmigo cómo está llena de trampas y misterios la realidad en que nos hacen creer con fe tan firme. Dios o la Ciencia necesitan la fe en la Causa, y lo que no casa se echa fuera como casualidad, “Dios de los tontos”, que decían los curas, y hasta los políticos demócratas sostienen el Régimen como “el menos malo de los posibles”, o sea lo que antaño se decía “revolución dentro de un Orden”, desoyendo lo que el sentido común siente, que esas declaraciones de “causa” o de “imposible” se dan dentro de un cuadro previamente limitado, la Realidad, que está contínuamente perdiéndose y penetrándose por lo que no se sabe.        Quien se encierra en su fe, en su realidad, y desconoce lo desconocido, se está entregando al Poder y colaborando a que se mantenga y siga aspirando a ser todo, lo que no puede ser nunca.

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