Mentiras Principales.67.

- CADÁVER DE AMOR

Publicado en La Razón en 2011                     Así sonaba en la canción, “o si ves por la turbia ventana / de frente a su amante / a la querida que, ya seca, / se aferra al cadáver / de su amor, y a cuchillo dice ‘como escapes, / te lo juro, aquí mismo  /  me siego el gaznate’”,  pero es eso mismo que, con otra literatura, le presentan a Vd. los Medios de cada día con títulos vergonzantes, como VIOLENCIA DE GÉNERO, ¡madre mía!, que no sólo no mencionan el amor, que ni siquiera se atreven a llamarlo ‘sexo’ y lo maquillan con el nombre del Género gramatical.        Claro que a lo mejor a Vd. no le importa cómo lo llamen, que, junto con su señora o su marido, reciben la noticia con el adecuado “¡qué horror!” y pasan a otra sin más; porque acaso se encuentran Vdes.  dos bastante a gusto en casa, que no se han matado hasta ahora el uno a la otra ni la otra al uno, y están por tanto conformes con el emparejamiento, dispuestos a vivir juntos felices o (bueno, sin exagerar) tranquilos, hasta que la muerte los separe, como si no fuera la muerte, desde el futuro, la que los ha unido. Perdonen si les remuevo las ideas y les perturbo la paz un momentín de nada.        Eso del amor…vamos, eso que se sigue llamando amor entre la gente cuando no hace literatura, enamoramiento o enamoriscamiento de una cara, una mirada, unos andares, o costumbre en que los azares los han enlazado a uno con otra y les hace recaer muchos días, muchos años, en lo mismo, eso que se dice “al amor de la lumbre”, al amor de una piel, de la saliva de unos labios, eso nunca podría hacerle daño a nadie: amor, ese desconocido, como cualesquiera sentimientos que le asaltan a uno de por debajo de uno mismo, es inocente, sin poder para matar nada.        Lo malo empieza cuando él se sabe a sí mismo, cuando se declara amor, se fija en el sacramento del “Te quiero”, se convierte en una promesa de futuro, se vuelve, como Dios, único y eterno: es entonces, cuando él mismo ha muerto, reducido a una fe o idea de sí mismo, cuando adquiere el poder de matar, no ya en los casos estrepitosos que le horrorizan, sino de maneras de dar muerte más sutiles y cotidianas.        Puede que le estrañe a Vd. que un amor vivo no pueda hacer nada, y que sea el cadáver del amor el que tenga tan mortífero poder y fuerza. Y bien está que le estrañe; pero, si le dejan, algún rato, consúltelo Vd. con su corazón.

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