INEQUIDADES QUE EL ESTADO DEBE RESOLVER EN JUNÍN

La injusta realidad de los niños asháninkas en el río Ene
La Central Asháninka del Río Ene ha registrado 82% de desnutrición crónica. Unicef señala que políticas públicas no están orientadas a pueblos indígenas.
VANESSA ROMO ESPINOZA TEXTOS ALESSANDRO CURRARINO FOTOS Satipo. Si Loyola Díaz pudiera ver

de un sistema público que habla español y dentro de una comunidad vulnerable como es el Vraem. Y cuando nació lo hizo con labio leporino. Es por eso que por más que intentó, su madre Hermelinda no pudo darle de lactar lo necesario. Con la piel encogida a los huesos y el pelo decolorado propio de la desnutrición, Loyola aún mantiene una mirada tierna, libre de cifras desesperanzadoras. En el puesto de salud de Unión Puerto Asháninka, uno de los dos a lo largo de la cuenca baja del río Ene,dentrodelaselvadeJunín,el 82%delosniñosquesevanaatendersufrededesnutrición.EstosdatosfueronrecogidosporlaCentral Asháninka del Río Ene (CARE) y agrupan a los distritos de Mazamari, Río Tambo y Pangoa, en la provincia de Satipo. Ruth Buendía, presidenta de la organización, dice que no se puede justificar en sus costumbres indígenas. “Somos madres como cualquiera y queremos que nuestros hijos mejoren. Yo soy asháninka, pero queremos las mis-

Con la desnutrición establecemos inequidades y diferencias desde el inicio de sus vidas.
mas oportunidades que tienen en las grandes ciudades”, dice. Uno podría entender que la desnutrición es solo no comer bien. Pero cuando se conoce que el90%delcerebrodelserhumano se forma en los primeros tres años yqueestedependedelacantidady calidad de nutrientes que se ingiera, estamos hablando de problemas serios. Estamos diciendo que la desnutrición es desigualdad. El oficial de Salud de Unicef en el Perú, el doctor Mario Tavera, es algomássevero:conniñosdesnutridosdeformacrónica,nosepuede hablar de inclusión social. “Un niño en estas condiciones

su vida a partir de cifras, tampoco la entendería. Tiene 11 meses de nacida, mide cerca de 50 cm y pesa unos cinco kilos. Pese a los anuncios positivos del Ejecutivo, no es parte de ese 81,9% de niños menores de 5 años que no tiene desnutrición crónica. Se ha quedado, como lo hicieron sus padres y tal vez sus abuelos, en ese círculo de retraso, pobreza, lejana de los promedios nacionales que ocultan realidades. Para aumentar inequidades, es una niña asháninka en medio

DESIGUALDAD. Los cabellos desteñidos y la baja estatura son dos signos innegables de desnutrición crónica de los niños en el río Ene.

AGUA SIN TRATAR. En los pueblos que están a la orilla del río Ene son pocos los que cuentan con agua potable y alcantarillado, un eje esencial para que un niño no tenga diarreas y no sea desnutrido.

SALUD COMO DERECHO. Aunque la desnutrición ha bajado diez puntos porcentuales en los últimos cinco años, esto no se traduce en las realidades que se viven en las comunidades indígenas.

tiene que adaptar su cuerpo al pobre desarrollo de sus órganos, de sus huesos y su cerebro. Con esto estamos estableciendo inequidades y diferencias desde el inicio de su vida”, dice el médico. Segúnél,enlasociedaddelibre mercadoycompetitividadenlaque vivimos, lo que el Estado debería garantizaresquealmenosenesta etapa de la vida todos lleguen con las mismas condiciones. “Pero en elPerú,cuandolosniñosdeberían comenzarenelprimerescalón,hay algunos,comolosasháninkas,que comienzan en el sótano”,agrega. El problema sigue agravándose. En realidad, la desnutrición es un problema que empieza nueve meses antes de que nazca el bebe. Ni de controles prenatales ni de pirámides nutricionales conoce Avelina Andrés Irisac, de 15 años, que lleva gestando ocho meses. Da un sorbo del masato, el fermentado de yuca que toman los niños desde que

cumplen el mes para ‘formar su estómago’. A corto plazo eso les causa diarreas, con ello pérdida de hierro y por ende desnutrición. Por todo ese ciclo ya ha pasado Avelina. Y su vientre lleno de vida también se llena de incertidumbre. La alimentación en el río Ene se basa en yuca, plátano y a veces pescado. Ruth Buendía cuenta que cada vez es más difícil sembrar en estas tierras porque en invierno se inundan y en verano se secan. “La presión de las petroleras río abajo impide que aquí podamos aprovechar el pescado”, dice. A esto se suma la escasa vacunación en las zonas por la lejanía de las postas y la falta de personal, según señala el doctor Ronald Flores, jefe del centro de salud de Puerto Ocopa. Flores, que controla los 17 establecimientos a lo largo del río Ene,cuentaqueenelúltimomesse hanmuertodosniñosdehambre.

“Aquíseprefierevenderelpescado porque no hay cómo subsistir. Todo es tres veces más caro por la lejaníadelascomunidades”,cuenta.
INTERVENCIÓN DEL ESTADO

La ministra de Desarrollo e Inclusión Social, Carolina Trivelli, dijo en una reunión con periodistas que la desnutrición crónica será el verdadero indicador del desarrollo del país. En tres años deberán llegar a tener solo 10% de niños con este problema. Pero la reali-

¿QUÉ ES DESNUTRICIÓN?
Según Unicef, cuando hablamos de desnutrición crónica usamos como indicador la talla para la edad. Al no recibir nutrientes, el ser humano adapta su talla a su desarrollo.
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dad que se vive en el río Ene hace detenerseenlosverdaderosretos. AlfonsoTolmos,directordePolíticas y Estrategias del Midis, señala que se está implementando desdeelañopasadounaestrategia integrada,CrecerparaIncluir,que pasanosoloporelproblemanutricionalparacombatirestadiscapacidad, sino también por aspectos desaneamiento,comunicaciones, salud y educación. Tolmos señala que aunque conocen de esta realidad, en el marco regional (Junín) ha disminuido el porcentaje de desnutrición de 26,7% en el 2011 al 22,1%, según las últimas cifras de Endes. Sin embargo, reconoce que no se tienencifrasespecíficasenlosdistritos.“PeroenRíoTambohayuna inseguridad alimentaria de 0,75, unnúmeroaltoquenoshacesuponerqueladesnutriciónesgrande”, dice. En los brazos de su madre, la pequeña Loyola confirma esa suposición.

ALIMENTO INSUFICIENTE. Loyola

solo tiene 11 meses pero no puede crecer más. Su desnutrición se agrava porque se le hace difícil tomar leche materna, debido a su labio leporino. A esto se suma la falta de vacunación en la zona por la lejanía de las comunidades.

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