Mentiras Principales.53..

- IMITACIONES

Publicado en La Razón en 2010 “Y ni Salomón en toda su gloria se vistió como un lirio del campo”, lo dice el Verbo en el monte y nos ha llegado por milagro en los Evangelios: lo dice ahí para que no nos preocupemos por el mañana, “el día de mañana cuidará de sí mismo: a cada día con su mal le basta”, una invitación a no echar cuentas del futuro, a confiar en lo que no se sabe, que, si no hubieran tenido bien plegada esa hoja del Evangelio, hace tiempo que a curas, devotos y papas, que compiten con las otras empresas del mundo en procurar el éxito, finanzas y futuro  de la Iglesia, los habría echado al viento como apestosa polvareda. Pero lo dice también (en lo que hoy me paro) para hacernos sentir lo inimitables que son para el Hombre las cosas de antes y de fuera de nosotros: ¿cómo puede haber quien crea que, con todo el saber y el capital de Salomón, se puede hacer un lirio artificial que reproduzca, más que en torpe aproximación, color, aroma, flujo de savia, despliegue de velos, de un lirio del campo que no vale casi nada en el Mercado?, ¿que pueda un satélite artificial, dando un saltito a la inmensidad, imitar la gracia con que la luna se pasea despreocupada de su suerte, haciendo burla de nosotros?,  ¿que toda la más fina teoría y habilidosa práctica pueda hacer algo que se parezca ni de lejos a como las tripas en nuestro propio vientre se ondulan y menean mientras nadie se lo mande? Y, sin embargo, ahí andamos, en el progreso de la necedad y en el imperio del futuro, dedicados, con todo el afán y los capitales de la tierra, a imitar, emular y superar las obras incontables, la riqueza sin límite ni número de las cosas; y la Ciencia, al servicio del Poder, procurando, por un polo, que la realidad sea verdad, matemática, que con las cosas Dios haga ecuaciones, aritmética total y pura, y, por el otro polo, que Natura (esto es, la desconocida) venga, a través del esperimento preparado, a darles la razón, decirles las verdad. En esta locura andamos. Puede que la mayoría de mis lectores se encuentren tan a gusto viviendo en esta fe: algunos hay que no.                                         

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