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La Pregunta Por La Libertad en Judith Butler (Libro Completo)

La Pregunta Por La Libertad en Judith Butler (Libro Completo)

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Qué cuenta como una vida

La pregunta por la libertad
en Judith Butler
\,;ww.mach ... dolibros.com
TEORh y (;RITIC.\
Colección dirigida y diseñada por
Luis Arenas y Ángeles J. PeroJl<l
1.", rk la flltft'\;Sla: .. Pr¡ldll Bailarín y Ehir.l Dí;lZ. 200H
rt I:::h·ir..l BUI)!oS Día7 .. 200ft
© A. LIIIR'''. S. A..
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EL VIRA BURGOS DÍAZ
Qué cuenta como una vida
La pregunra por la libertad
enJudith Butler
1
:'Ifi.'·I\I'5 TR.\.'sITO
.\. :'I[\(;H.\!)() LIIIR()S
ÍNDICE
,-\J3RE\ T\TUR.-\S
I:'-iTRODUCCIO:'-i: Una escritura que interroga.. ....
CAPÍTULO 1 ...
9
13
21
l. Planteando la cuestión dd sujeto ........ .. ... .................... 21
2. Del sexo al género. De Beauvoir y del llegar a ser mujer. 38
3. Merleau-Ponty examinado ... ........................ 56
4. Modelo fenomenológico y modelo teatral de aproxima-
ción al género .. .......... .. .... .. .... ......... ......... 62
5. Monique Wittig: sexo imaginario y cuerpo lesbiano . . 69
6. El sistema sexo/género y la teoría radical de la sexuali-
dad de Gayle Rubin . 85
7. Sexualidad y poder. A través de Foucault . ....................... 94
7.1. La lógica de la inversión. .......... .. . .... .. ......... 118
7.2 Una actitud ética de desafio al poder....... .... ...... 122
CAPÍTCLO 11 127
l. El género como problema . 127
1.1. La fuerza critica del término género 127
1.2. Debate sobre las categorías feministas .. 132
1.3. Del género al sexo ......... 139
2. Crítica a la ontología del género de la metalisica de la
substancia . IJ.:.l
3. La huella de :\'ietzsche ¡56
4. Hacia la identidad desde el psicoanálisis 16J
4.1. La feminidad como mascarada 173
4.2. La inflexibilidad de la ley lacaniana 175
rÍ:\DlcEl
-t.3. La ambivalencia de la pcrspccli\'a
S. LJ semiótico como estrategia de ("n K:i-¡("\';'
6. Parodia y subversión.
G.I. Capacidad de acción del sujt'lO ronstmid" .
7. Réplicas a El en disjlUla ..
7.1. El contexto hispano de recepción
G\l'ilTW III .
l. Los cuerpos en su materialidad
1.1. Genealogía crítica del concepto de materia
2. Ni esencialismo ni constructivismo ..
2.1. Sofisticado constructivismo .
3. Interpelación y subjetivación..... ........... .
4. Reapropiaciones subversivas.
4.1. Quiebra de la posición simbólica privilegiada de!
Falo. . .............................................. .
4.2. La raza también importa
4.3. El ejemplo del término queer ...... .
C.WÍTCLO IV
l. De la performatividad de los actos de habla ..
1.1. La dimensión corporal del habla
2. Palabras que hieren ................... .
2.1. Contra la censura
3. De la agencia en e! discurso.
3.1. Bourdieu y Derrida confrontados
CAPÍTl'LO \' .
l. La emergencia de la psique ......... .
2. Parentesco aberrante ..
2.1. Nuevas comunidades de afectos ........ ........ ....... .
3. Hacia la transformación social .. ".""
3.1. Diálogo con Rosi Braidotti. . ........................................ ..
3.2. Ante el paradigma de la diferencia sexual.
3.3. Haciendo y deshaciendo el género (intersexualidad
y transexualidad) . .. ............................ .
EpÍLOGO: Pensamiento en proceso
E"TRE\'¡STA JCDITH Bl:TLER (por l\laría Prado BalIarín y
1-:-;
., I
19b
1
1<)9
204
214
261
267
2il
27i
27i
285
292
297
304
308
317
317
325
330
336
343
350
361
387
Ehira Burgos Díaz)......... . ................................... 395
BnÚ.IOGRAFÍA ............................ . 425
ABREVIATURAS
En los textos de Butler y en las entrevistas que se citan se
utilizan las siguientes abreviaturas:
AC: Antigone's Claim. Kinship Between Lifo and Death, New York,
Columbia University Press, 2000.
AFW «Afterword», en Shoshana Felman, The Scandal ~ the
Speaking Body. Don Juan With] L Austin, or Seduclion in Two
Languages, Stanford, California, Stanford University Press,
2003. pp. 113-123.
APCG: «Actos performativos y constitución del género: un
ensayo sobre fenomenología y teoría feminista)), Debate
Feminista, n.o 18, 1998, pp. 296-314:
APO: «Against Proper Objects», en Elizabeth \Veed, ancl
Naomi Schor (eds. , Feminism meets queer tlzeoJ)', Blooming-
ton and Indianapolis, Indiana University Press, 1997,
pp. 1-30.
BM: Badies that J.falter: On the Discursiz:e Limill' /1 'Sex', Ne", York
and London, Routledge, 1993.
[, \nREH\TL'R,\S 1
CHS: dI(' Sul,j('ct: Judith Butler's Politics of
Radical en Sara Salib \\ith Judith Butler
(eds.), Thc .Judith Butln Rradcr. Oxford, Blackwell Publishing,
2004, pp. :lntclyie\\' with Gary A Olson and Lynn
\ \'orshaDl¡.
Cl: el/erl)OS que ill1jmrtall, Sobre los límites materiales)' discursivos del
«-'{'.YO». Bucnos .-\irt's. Paidós. 2002. Se trata de la traducción
castellana de Bu(JicJ Ihal .Halla: 011 ¡hc Discursive Limits if 'Sex'.
CTS: «La cuestión de la transformación social», en Elisabeth
Beck-Gernsheim, Judith Butler y Lídia Puigvert, Mlfjeres y
tmnsfonnariollCJ sociales, Barcelona, El Roure, 2001, pp. 7-30.
DG: Deshacer el géncro, Barcelona, Paidós, 2006, Se trata de la
traducción castellana de Undoing Gmder.
ES: Ercitablc Specch. A Politics if the Poformative, 1\e\\" York and
London, Routledge, 1997.
FAON: «Feminism by Any Other ;{ame. Inteniew»). Rosi
Braidotti withJudith Butler, en Elizabeth Weed and Naomi
Sehor (eds.), Feminism meets queer tlzeory, Bloomington and
Indianapolis, Indiana University Press, 1997, pp. 31-67.
FCON: «El feminismo con cualquier otro nombre)>>. Judith
ButIer entrevista a Rosi Braidotti, en Rosi Braidotti,
Feminismo, diferencia sexual)1 subjetiuidad nómade, Barcelona,
Gedisa, 2004, pp. 69-106. Se trata de la traducción castella-
na de «Feminism by Any Other .:\ame. Imerview».
FPB: «Foucault and the Paradox of Bodily Inscriptions»,
Journal if Philosophy, 86 (11), 1989, pp. 601-607.
GA: El grito de Antígona, Barcelona, El Roure, 200 l. Se trata de
la traducción castellana de la obra Antigone 's Claim. Kinship
Between Lije and Death.
GAP: «Gender as Performance. An Inteniew v-ith ]udith
Butlem, Radical Philosoph)', n.o 67, Summer 1994, pp. 32-39
(Intenie\v with Peter Osborne and Lynne Segal).
GD: El género en disputa. El feminismo)' la subversión de la identidad,
México, Paidós, 200 l. Se trata de la traducción castellana
de Gender Trouble. Feminism and the Subversion if Idmti!y.
GT: Gender Trouble. Feminism and the Subversion if Identi!Y, New
York and London, Routledge, 1990 (en el texto nos referi-
JO [QU: CCE:\TA cmlo C1\A \'lDA)
mas a esta edición excepto cuando se cita el próloRO de la
segunda edición). Segunda edición de 1999 y tercera edi-
ción de 2006.
HBCM: «How Bodies come to Matter: An Interview with
Judith Bucler», Signs. ]ournal of vVomen in Culture and Socie!)!,
vol. 23, n.o 2, 1998, pp. 275-286 (Interview with Irene
Costera Meijer and Baukje Prins).
IG/: «Imitation and Gender Insubordination», en Sara Salih
"vith Judith Bucler (eds.), The ]udith Buller Reader, Oxford,
Blackwell Publishing, 2004, pp. 119-137.
IS: «Las inversiones sexuales», en Ricardo Damas (comp.),
Constrl9'endo sidentidades. Estudios desde el corazón de una pan de-
mia, Madrid, Siglo XXI, 1995, pp. 9-28.
ISG: «Imitación e insubordinación de género», Revista de Occidente,
n.o 235, diciembre 2000, pp. 85-109. Se trata de la traducción
castellana de «Imitation and Gender Insubordination».
LPI: Lenguaje, poder e identidad, Madrid, Síntesis, 2004. Se trata
de la traducción castellana de Excitable Speech. A Politics of the
Peifórmative.
MPP: Mecanismos psíquicos del poder. Teorías sobre la szg"eción,
Madrid, Ediciones Cátedra-Universitat de Valencia-
Instituto de la Mujer, 200 l. Se trata de la traducción caste-
llana de la obra The Psychic Lije of Power. Theories in Subjection.
OSRM: «On Speech, Race and Melancholia. An Interview
withJudith Butler», Theory, Culture and Socie!)!, 16 (2), 1999,
pp. 163-174 (Interview \vith Vikki Bell).
PL: Precarious Lijé: The Powers of Ñfourning and VioLence, London
and New York, Verso, 2004.
PLP: The Psyehic Lijé of Power. Theories in Subjection, Stanford,
Stanford University Press, 1997.
PSiVl: «Performativit( s Social
Shusterman (ed.), Bourdieu; A
Blackwell, 1999, pp. 113-128.
Magic», en Richard
Critical Reader, Oxford,
SD: Subjects of Desire. HegeLian Rejlections in
France, .:"Jew York, Columbia University Press, 1999.
SGE: «Sexo y género en El segundo sexo de Simone de
Beauvoir», }vfora, n." 4, 1998, pp. 10-21.
[."\URE\'I.\Tl"R.\S 1 11
SIPD: «Sexual Ideology and Phenomenologlcal Description. A
Fcminist Critique of Merleau-Pomy' s Plimome/1ologl' cif
PercejJtion», en jeffner AUen, and Iris Marion Young (eds.),
TiLe Tlzinking ,\luse: Fi.'lJIillú/II ond JJodall Frencll Plzilosopli)' ,
Bloomington and Indianapolis, Inmana uni\"ersity Press,
1989, pp. 85-100.
ST: «Sexual Traffie. llllm.'ieu.'». Gayle Rubin withjudith Butler,
en Elizabeth \Veed and Naomi Schor (eds.i, Feminism meets
quea the01Y, ,Bloomington and Indianapolis, Indiana
university Press, 1997, pp. 68-108.
TPH: «Troubling Philosophy: Inter.;e\\" with judith Butlem,
J1'ómen '5 Philosoph;' Review, n. o 18, Spring 1998, pp. 7-8
(Inter."¡ew "vith Alessandra Tanesini:i.
UC: Undoing Cenda, Ne\\' York-London, Routledge, 2004.
VSG: «\lariations on Sex and Gender: Beauvoir, \Vittig,
Foucault», en Sara Salih ,,\'ithjudith Butler (eds.), TheJudith
Bulla Reada, Oxford, Blackwell Publishing, 2004, pp. 21-38.
VSCE: «Variaciones sobre sexo y género. Beau\'oir, \Vittig y
Foucault», en Seyla Benhabib y Drucilla Comell, Teoría
feminista y teoría crítica, Valencia, Ediciones Alfons el
Magnanim, 1990, pp. 193-211. Se trata de la traducción
castellana de «Variations on Sex and Gender: Beauvoir,
\Vittig, Foucault».
WC: «\Vhat is Critiqu e? 1\n Essay on Foucault' s Virtue», en
Dayid Ingram (ed.), TILe Po litica 1, Massachusetts-Oxford,
Blackwell Publishers, 2002, pp. 212-226.
12
[Qct CLJ::I\"TA cmlo L'j\"A VIDA]
INTRODUCCIÓN
UNA ESCRITURA QUE INTERROGA
U n pensamiento innovador deja oír su voz cada vez con más
fuerza en el comienzo de este siglo XXI. Juzgados, en general,
sus textos como portadores de conceptos densos y de argumen-
taciones complicadas que exigen un gran esfuerzo de com-
prensión, su ya muy extensa obra se difunde, no obstante, de
un modo sin duda sobresaliente en el panorama internacional.
Los motivos de esta potente propagación de sus tesis se hacen
evidentes cuando se acomete la empresa de recorrer paciente-
mente el conjunto de su producción teórica que examina
directamente los problemas más acucian tes de nuestro mundo
con temporáneo.
A su concepción de lo que es la crítica filosófica obedece el
estilo narrativo de Judith Butler en el que abunda la formula-
ción de incisivas preguntas. El trabajo intelectual crítico, tal
como ella misma califica a su propio quehacer teórico, es siem-
pre político porque se adentra en el análisis de textos dificiles
cuyos significados no son inmediatamente accesibles. Esta difi-
cultad es la que puede generar en la persona que lee una acti-
tud crítica hacia el mundo social y su habitual constitución [l].
Su pensamiento ofrece preguntas antes que definitivas respues-
tas para incitar la mirada penetrante capaz de escrutar con ojos
[l] Cfr. CHS. Se trata de una entrc\,;sta que en el año 2000 realizaron a
Buder Gary A. Olson y Lynn \\'orshm.
[I:\TRUDL"CCIÚ:\ J
1;
múltiples lo que se nos dice ser la realidad dada. Este es el cami-
llO para moti"ar la transformación social sin quedar atrapados
bajo la idea de la inevitabilidad, por sólido y natural, de nues-
tro mundo. Este estilo suyo no teleolú.s,rico, imerrogati\'o, provo-
ca réplicas que afirman que su prosa es sofisticada y obscura,
signo de elitismo. Butler reconoce que su escritura puede pare-
cer impenetrable y que puede provocar cierta ansiedad en las
personas lectoras. Considera, no obstante, que su estilo es una
estrategia política que nos pone en cuestión nuestras nociones
de lo que es y no es inteligible con el fin de extender los hori-
zontes lingüísticos y epistemológicos.
Su inicial aplicación a la filosofía continental conllevó un
considerable gasto de energías, en particular en la lectura de
Hegel y en la de Heidegger, en cuyos complejos escritos com-
probó que la dificultad de! lenguaje era un camino esencial para
el pensamiento filosófico. Aprendió de Hegel y de Heidegger
que lo comúnmente aceptado, nuestros presupuestos asenta-
dos, es susceptible de ser modificado a través de la gramática y
del estilo. El llamado «lenguaje ordinario», urdimbre básica de
nuestro mundo «ordinario», es discutido en su pretensión de ser
un verdadero indicador de la realidad como ella es y como
tiene que ser, invitándosenos con ello a considerar cómo lo
nuevo puede ser incorporado a nuestro mundo. A través de
Hegel, en especiaL confirmó que no podemos esperar que e!
lenguaje nos muestre transparentemente la verdad de lo que
dice, ni tampoco que la verdad halle su fundamento fuera del
lenguaje. Como también Nietzsche le enseñó, la gramática
ejerce una fuerte seducción hacia la lectura en una unilateral
dirección, siendo necesario un esforzado trabajo para percibir
la simultaneidad de los sentidos de los enunciados y su doble
direccionalidad. El uso rompedor de la gramática es una senda,
pensó Buder, para la apertura del mundo. Estos fueron elemen-
tos importantes de su formación: los profundos cambios grama-
ticales y la quiebra del lenguaje ordinario puestos en acción por
aquellos filósofos alemanes.
A ellos debe buena parte de su impulso hacia la defensa de
su peculiar estilo de escritura y hacia el rechazo de! supuesto de
[Qu: (;0\10 U\.\ \'IllA 1
que en el ámbito del pensamiento crítico se tiene la obligación
de escribir de una forma directamente accesible y dentro de las
normas gramaticales aceptadas. ¿Qué significa proclamar la
existencia de un lenguaje común al que nuestra responsabilidad
social nos debe determinar a hablar?, se pregunta Butler. Lo
denominado «sentido común», «significado accesible}}, «esfera
pública», son ficciones, la ficción de que hay un común mundo
lingüístico. La crítica que cuestiona el mundo social es dura y
dolorosa porque pone en duda aquello que nos es más familiar
en tanto que ha sido naturalizado. Nos dice Butler, a modo de
ilustración, cómo en sus clases nunca presupone la presencia
de un lenguaje común. Explicaba, en cierta ocasión, el ensayo de
Rousseau Sobre el origen de las lenguas y, en concreto, su rechazo
de la concepción onomatopéyica que supone la existencia de
una realidad prelingüística, un sonido anterior al lenguaje, a
la que las palabras representan de modo mimético en función
de su íntima conexión con las cosas, los sonidos en este caso. En
contra de esa tesis, lo que sucede es que las palabras usadas
para los sonidos en los diferentes idiomas son las que nos pre-
paran para oír el sonido de una cierta manera, de maneras dis-
tintas de acuerdo con cada lengua. Indagó en su aula, de unos
ochenta estudiantes, sobre el número de . lenguajes maternos
hablados. Dieciséis, aproximadamente. Pidió que comunicaran
en voz alta cómo sonaba el maullido del gato en cada caso. El
resultado fue un conjunto fabulosamente dispar de sonidos:
«mah}}, «mew}}, «eee}} [2], Y muchos otros, «miaw> entre ellos.
Esto fue una lección sobre las tesis de Rousseau y, sobre todo,
una lección sobre el multilingüismo y sobre el hecho de que no
hay un lenguaje que sin más entienda toda persona. Dentro de
un contexto monolingüe se observa que tampoco hablamos un
lenguaje estrictamente común cuando apreciamos los distintos
y dispares sentidos y significados que otorgamos a la misma
palabra o a un enunciado. Las palabras que hieren, pongamos
por caso, no siempre logran el fin de la injuria o, a la inversa, la
[2] CHS, p. 330.
r !:-;TROD l:C:C I 0:-; J
I i
palabra dicha sin intenci(')1J eh (,di" puede interpretada
como palabra sexista o racista, H;I\ plurales ni,-cles lingüísticos
para cada lengua. La COl1\TlIil"llcia de iUlerpretar cada situa-
ción en particular no puede en fm"or de la
imposición de normas e incluso que nos exijan escribir y
hablar de un determinado modo \' no de otro.
Desde la perspecti\'a d(' su ('''Ilt'ri('JlCia vivida en los actos
concretos de escritura, nos subraya, además, cómo. en ocasio-
nes, aquello que estaba intellt<llldo pensar no podía ser conte-
nido por los cánones gramaticales habilitados para su lengua en
esos momentos. No es que la dificultad se justifique por sí
misma; se trata de que, en cienas situaciones, atenerse a las
normas lingüísticas establecidas supone un constreñimiento de!
pensamiento. Es este el caso de las definiciones dadas de con-
ceptos tan importantes como los de «persona», «sujeto», «iden-
tidad de género», «sexualidad». Pero, si bien la gramática es
lugar de coerción, no hay que olvidar que para Butler solo
podremos tener éxito en esta tarea de apertura hacia lo nuevo
si entendemos que la gramática es al mismo tiempo elemento
productivo de! sentido de lo que e! mundo es [3].
Aunque discute las objeciones que le son enfrentadas, no por
ello pretende mostrar algo así como «lo definitivo» de Butler, de
una obra compuesta por múltiples y variadas identificaciones
teóricas. Su pluralidad teórica y su voluntad de autocrítica ejem-
plifica e! modo de su insurrección política que antes que condu-
cirla a pretender liberarse a sí misma de las normas existentes y
de sus correspondientes términos lingüísticos, lo que es imposi-
ble de acuerdo con la óptica de su pensamiento, la determina a
recitar los términos y categorías para mostrar su configuración
inestable. Reconociendo la inevitable violencia de la acción de
nombrar, Butler adopta los términos dados, y que se le otorgan
a ella, como «lesbiana», «mujen>, «queem, a la vez que rehúsa ser
definida exhaustivamente por ello.s, haciendo entrar en cnSlS,
mediante la reiteración subversiva, el poder establecido.
[3] CHS, p. 328"
[ Qü: CL"E:\n CO,\IO '"ID.\ J
Es este un riesgo que Butler asume: la necesaria práctica
política de citación y critica que puede llevar a la suspensión de
las seguridades ontológicas y epistemológicas pero que puede
dotarnos de una mayor capacidad para el entendimiento de las
diferencias. La defensa de Butler de la necesidad de poner los
términos en cuestión no es, como a veces se tiende a creer, una
operación negativa o destructiva en tanto que no supone el
abandono de esos términos disputados sino el desalojo de su
lugar metafisico para permitir que ocupen y que sirvan a otros
intereses políticos, para posibilitar que puedan adquirir nuevos
significados y desplazarse a contextos inusuales. Aunque la revi-
sión critica es aún más persistente, porque tampoco deja de ser
fundamental la precaución de tener en cuenta que los términos
pueden llevar consigo el rastro, la huella de su lugar anterior de
modo que producen un nuevo efecto ontológico tras haber sido
eliminado su alimento ontológico previo. Es como si los térmi-
nos, su vida semántica, efectuaran un viaje a través del discur-
so en el que se prestan a adquirir nuevos significados ontológi-
cos en direcciones no previstas de antemano. Cierto es, sin
embargo, que estas hábiles precisiones no son tematizadas
explícitamente por Butler desde el principio de su recorrido cri-
tico, también, sin duda, atravesado por el devenir temporal.
La tradición filosófica en la que Butler reconoce el valor
positivo del ejercicio de la critica va desde Kant hasta Foucault,
sin olvidar a la Teoria critica, a Walter Benjamin y tampoco a
Nietzsche. A este último se refiere cuando comenta en su ensa-
yo «What Is Critique? An Essay on Foucault's Virtue» [4],
cómo la tarea de la critica requiere del paciente y laborioso tra-
bajo del rumiar de la vaca. La obra de Butler precisa, asimis-
mo, de esa lenta y espaciada tarea de lectura. Imposible, al
menos dudoso, acceder a la comprensión de su profundo y ori-
ginal pensamiento de otro modo. De ahí, por lo demás, que
abunden las incorrectas o fallidas interpretaciones de su obra,
por precipitadas. ¿Cómo podemos esperar una «radical accesi-
[4] Wc.
[ I:\TRODlCCIO:\ 1 17
hilidad» de una escritura que se forja re elaborando una y utra
vo las preguntas dificil es que hih'anan la complrja labor del
pemar y de un pensar cuyo propósito es cómo hacer posible la
vi.da humana, cómo reconfigurar nueqro mundo social para
que sean factibles otros modos de ser y de acción: La pregunta
por lo humano, por cómo se define aquello que tiene e! valor
de lo humano en nuestras sociedades actuales, es un cuestiona-
miento de la \iolencia, de la exclusión violenta que anida en la-,
rcspt.lestas habituales dadas a la pregunta por lo humano. En
este sentido y con esta meta, la extensión y ampliación de! con-
cepto de lo humano, la obra de Butler .. se·esfuerzapor cambiar
el n1arco de intelección mayoritario de la categoría de sujeto, en
función de la cual hablamos, pensamos, vivimos. La categoría
predominante de sujeto debe ser discutida, y debatida desde un
lugar ética y políticamente motivado como así lo pone ante la
vista todo e! conjunto de la producción teórica de Burler.
En el intento de llevar a cabo una aproximación a su filoso-
fia que dé cuenta de los núcleos principales de su discurrir así
como de su articulación y desarrollo, objetivo que necesaria-
mente no puede pretender exhausti\idad, en este trabajo nos
ocupamos de la mayor parte de las obras y textos que Burler ha
ido construyendo desde Subjects of Desire. Hegelian Riflections in
Twentieth-Century France hasta las más recientes como Precarious
Life: Tlze Powers of Alourning and Violence. En el análisis de la obra
todavía más actual Giving an Aaounl of Oneselj no nos adentra-
mos porque de otro modo se vería comprometida, sin duda, la
conclusión de este concreto y limitado ejercicio de escritura
sobre una producción teórica que siendo ya extensa promete
continuar ampliando su potencial creativo.
De modo general, hemos respetado en esta investigación el
orden cronológico de los textos si bien, al ofrecer una exposi-
ción guiada por temas y conceptos hacia los que Butler vuelve
una y otra vez, no resulta estricta esta voluntad de disposición
temporal. En una primera parte, han sido atendidos los escritos
precedentes a su libro aún hoy más influyente, Gender Tro uble ,
resaltándose en ellos su dimensión de instrumentos de gesta-
ción, sin dejar de proporcionarnos, no obstante, argumentacio-
I ~
nes sutiles y elaboradas, de las ideas más singulares de la filoso-
fia de Butler. En segundo lugar, la reflexión sobre Gender Trouble,
sobre su complejidad conceptual y sobre la energía de su reper-
cusión; en particular en el ámbito feminista teórico y práctico,
nos ocupa por completo. Bodies that ¡Hatter, la dificil relación
entre materialidad y discurso, entre cuerpo y lenguaje, es el eje
conductor del tercer apartado de nuestro trabajo. En el cuarto,
se ahonda en esta línea argumentativa que desde la noción de
performatividad aborda la materia, también el cuerpo que
habla, fundamentalmente a partir de la reflexión contenida en
Excitable Speech sobre el lenguaje que hiere. En el último y quin-
to capítulo, se recogen temas pensados, 'vueltos a pensar
-como el de la psique, la dimensión psíquica del poder, y su
configuración melancólica de género- en el interior de Tlze
P ~ y c h i c Lije rif Power. Además, el parentesco, nuevas organizacio-
nes de. 'vida y de afectos con capacidad de transformación
social, son cuestiones tratadas desde Antigone 's Claim y desde tra-
bajos contenidos en Undoing Gender; obra esta última que asimis-
mo es importante por su reflexión sobre intersexualidad y tran-
sexualidad como marco que nos ayuda a pensar la conexión
entre autonomía y sujeción y el íntimo vínculo entre libertad y
no libertad.
Como en todo momento hemos tenido presente que la filo-
sofia de Butler obtiene su originalidad en buena parte de una
esforzada relectura critica y resignificadora de las tesis aporta-
das por otros pensamientos, hemos querido dejar constancia
de esos materiales teóricos que en algún sentido impulsan sus
propias y brillantes conceptualizaciones. En lo que puede ser
considerado como el epílogo del trabajo, «Pensamiento en
proceso», se subraya, brevemente pero con convicción, la luci-
dez de su análisis, que discurre por las páginas también de su
libro Precario liS Lije: Tlle Powers rif iVIourning and Violence, sobre la
precariedad de la vida: de una vida que en esa crucial dimen-
sión de la vulnerabilidad de lo humano halla su capacidad
para la acción.
[I\"TRUDLT(:IO\" 1 19
CAPÍTULO 1
l. PL\¡\TEA.;\DO L\ CCESTIÓN DEL SCJETO
¿Qué es el sujeto, quién es un sujeto, qué es una vida? Esta es
una presencia fundamental y continua en sus textos que debe
ser destacada desde el primer momento: el Íntimo entrelaza-
miento entre el ámbito de la teoría y el ámbito de la práctica
vital. Pensar el sujeto es una cuestión teórica pero es al mismo
tiempo una reflexión que afecta a la vida, al modo y a la posi-
bilidad misma de vida de los humanos.
Aunque el sujeto ha sido tema de abundantes discursos
teóricos y filosóficos a lo largo del devenir del pensamiento
occidental, Butler teoriza al sujeto como opaco y desconocido
para nosotros mismos en tanto que no es autoidéntico. Es con-
tingente, incoherente y dependiente del reconocimiento otor-
gado por los otros. La pregunta por el sujeto es en Butler una
invitación a la apertura hacia el otro pero siempre consideran-
do que del otro no debemos esperar una respuesta concluyente
sino más cuestionamientos, más preguntas. Un absoluto cono-
cimiento del otro, tampoco de nosotros mismos, no es posible.
El \i.aje que emprende Butler no persigue la meta del conoci-
miento absoluto que una obra como la Fenomenología del espín'tu
de Hegel nos describe. La revisión que ella realiza de la escena
del deseo y del reconocimiento de sí a través de la
superación de las diferencias afirma la permanente y necesaria
[ C.\PITUO [i 21
insatisfacci6n de dl':-l'(! (k HTUIlU(¡micntCl o autoconoci-
miento porque es pn'L'j"u (h:jar \'i\'ir ,d otro en su alteridad
comprendiendo que la noción de yo coherente e idéntico se
quiebra por la!:. qu(' el propiu yo acoge, La impor-
tancia de la dial{>ctica ddi'llclida pUl' BUller pero con la mari-
zación de que la suya c!' una sin conclusión, sin síntesis
o resolución final. l: :1:: c1ialc."nica comc) proceso sin origen y sin
final es \'isibk tan\() ('11 el pensamiento ('PITIO en la estrategia
textual de Butler cuando su!' preguntas criticas constantes que-
dan intencionadamente huérfanas de respuestas. El pensamien-
to clÍtico usa ('SI' instrltl11l."l1to. que hace incómoda y dificil la
lectura, sin duda, como una \Ía de sub\'ersión, como medio de
transgresión de la familiaridad de nuestro mundo.
Hegel es una de las influencias filosóficas apreciables en la
obra de Butler, permitiéndole abrir el campo de una serie de
interrogantes que no ha cesado de plantear y de formularse a sí
misma, aun no siendo inmediatamente evidente en una rápida
revisión de su pensamiento posterior. Ella irucia su aproxima-
ción hacia la categoría de sujeto en su libro dedicado al filóso-
fo alemán, su primer libro, Subjects of Desire. Hegelian Reflections in
Twentieth-Century France [IJ. En el prefacio a su segunda edición,
en 1999, se nos ofrecen unas muy interesantes observaciones al
respecto tanto de su texto sobre Hegel como sobre el contexto
de su formación intelectual.
Su entrenamiento académico como estudiante en la
Universidad de Vale (en New Haven, Connecticut), a finales de
los ai'ios setenta y a comienzo de los ochenta, la inició en el
conocimiento de destacados pensadores europeos: Marx,
Heidegger, Kierkegaard, Merleau-Ponts y en los autores de la
Escuela de Frankfun. El trabajo con Seyla Benhabib, con quien
[1] SD. Subjec/s of Dcsire se presentó primero en 198+ como Tesis Doctoral
en la Universidad de Vale. Después, entre1985-86, fue de una revisión
para posteriormente, en 1987, aparecer puhlicado como libro. La segunda
edición de 1999 contiene un nuc\'o prólogo de la autora, A pesar de que
obras posteriores de Butler cuentan ya con su correspondiente traducción al
espaiiol, no sucede lo mismo con su texto d('dicado a l:fegel.
22
compartía su interés por la filosofia alemana, influyó asimismo,
en aquella época estudiantil, en su pensamiento [2]. Hegel fue
objeto principal de su instrucción recibida también en la
Universidad de Heidelberg donde fue admitida como becaria
Fulbright (en 1979-1980). Escribió, entonces, en particular
sobre el concepto de deseo y en relación con la obra Fenome-
nología del espíritu, ocupándose, además, de su recepción por
parte de la filosofia francesa del siglo x:\(. Sin embargo, en aquel
trabajo que fue de Tesis Doctoral, y a pesar de que tampoco el
pensamiento postestructuralista le era del todo desconocido,
Derrida y Paul de Man [3] en especial, se vio condicionada por
el juicio de su director, el fenomenólogo Maurice N atanson,
para quien la filosofia francesa alcanzaba su mayor desarrollo
en la obra de Sartre y de Merleau-Ponty. Ese fue el motivo por
el que los capítulos finales del libro, Subjects oJ DesiTe, sobre
Lacan, Deleuze y Foucault, no formaran parte de su trabajo
presentado como Tesis Doctoral donde se centraba en la filoso-
fía francesa de los años treinta y cuarenta.
Se acercó a la obra de Foucault en el contexto de un semi-
nario de Estudios de Mujeres y fue después de dejar Yale, y en
la Universidad de Wesleyan (en Middletown, Connecticut),
donde permaneció entre 1983 y 1986, cuando se introdujo en
la teoría francesa a la que anteriormente se resistía. Revisó su
estudio sobre Hegel y publicó la obra tal y como ahora la cono-
cemos. Por su parte, la antropóloga feminista Gayle Rubin,
insatisfecha con las tesis del feminismo de los últimos años de la
década del setenta relativas al sexo, a la sexualidad y a la dife-
rencia sexual, demasiado rígidas y apegadas al marco del deter-
[2] TPH. pp. 7-8. Butler comenta que Benhabib y ella misma partieron
del pensamiento de Hegel pero después sus caminos di\"er"gieron" :'I,Iientras
Benhabib se interesaba cada \"ez más por la lilosolia habermasiana, Butlcr
mostraba una acrecentada atracción por el pensamiento francés.
[3] En DG «<¿Puede hablar el «Otro" de la lilosofia?,,), p. 337; UG «<Can
the «Othen, of Philosophy Spcak?»i, p" 238, Butler comenta que asistió a
algunas de las clases que impartía Paul de Man cuando ella era estudiante en
la Cni\"ersidad de Yale; clases que le provocaron, entónc..:s, sentimi..:ntos
encontrados.
[C.\PiTU.ü 1]
l'
_l
minismo bioló¡.,'Íc(I. ('IH"OIlIIÚ en los planteamientos de Foucault
útiles instruml'llIos ¡>;¡Id ;-.\lS propios análisis atemos a la funda-
mentalidad del ámhito de lo social e histórico. Butler, como así
nos' lo recuerda nm ('lIloción [4], leyó la Historia de la sexualidad
de Foucault b'l:ju el illIlujo de Rubin. Foucault se irá mostrando
en lo sucesivo cumo uuo de los autores que más ha contribuido
con sus peculiare:- pUII\OS de \'ista al despliegue de las innova-
doras formulariollt,,;; de llutler.
En Subject.\' (1 J){'Úrt', sin embargo, solo en los últimos capí-
tulos añadidos para la publicación del libro se aprecia el ini-
cio del mo\'irnicnto teórico que Butlcr efectuó con todo rigor
en la escritura de su obra de 1990, Gender ñ·ouble. De ahí que en
el prólogo de 1999 para la reedición de su texto sobre Hegel,
explicite que aquella fue una obra de juventud, escrita dema-
siado pronto, que se debe leer teniendo en cuenta las mencio-
nadas reser .. as.
El deseo como asunto filosófico es el motivo central de inte-
rés de la obra de Butler. La fIlosofia occidental ha mostrado la
mayor parte de las veces un escepticismo hacia el aprovecha-
miento fIlosófico del tratamiento teórico del deseo. En general,
el deseo ha sido representado como lo otro de la filosofia [5], en
cuanto arbitrario, inmediato, animal, irracional. En su tenden-
cia hacia el conocimiento, la filosofia, en su autoproclamada
[4] ST, p. 78.
[5] Véase DC, p. 334; VC, p. 236. Allí, Butler, narrando su relación teóri-
ca y vital con la filosofia en su ensayo significath'amentt utulado «¿Puede
hablar el «Otro» de la filosofia?», nos cuenta cómo siendo adolescente leyó la
Étj¿a de Spinoza y retuvo, entre otros pasajes, aquel que dice «El deseo [ ... ] es
la esencia del hombre, es de-cir, el esfuerzo que- cada uno realiza por conser-
\'ar su sen>. Nos dice también Butler: (,En aquel momento no sabía que esta
doctrina de Spinoza só'TÍa esencial para mi trabajo académico posterior sobre
Hegel, pero éste es el precedente moderno del argumento de Hegel que afir-
ma que el deseo es siempre deseo de reconocimiento, y que el reconocimien-
to es la condición para una \ida continua y \iable». En este mismo texto dice
Butler más adelante: «Mi doctorado sobre el deseo y el reconocimiento en la
FenommologúJ del espíritu de Hegel trató de algunas de las mismas cuestiones que
me habían preocupado a una edad mucho más temprana» (DC. p. 340; VC,
p.240).
[ QL·t cmlo VIDA 1
pureza, no ha creído necesitar ni al mundo ni al deseo que es
impulso hacia el mundo y su conocimiento. Pero como la tilo-
sofia, según Butler, no puede renunciar del todo al deseo, ha
formulado estrategias para someterlo y controlarlo. La nega-
ción del deseo es una de estas operaciones realizadas por la filo-
sofia que «desea hacer algo con el deseo» [6].
Cuando la fliosofia no se plantea estar más allá del deseo
sino ser cauce racional de su domesticación, cuando pretende
armonizar razón y deseo, entonces se ofrece como la promesa
del final del desequilibrio psíquico entre razón y deseo. El deseo,
desprovisto de su interpretación naturalista como mero dato fisi-
ca y dotado de significaciones fIlosóficas, puede ser entendido
como potencia movilizadora del afán de conocimiento que guía
a la filosofia. Así, el deseo adquiere nuevo sentido y la razón
extiende sus habituales límites que la constriñen al ámbito de la
racionalidad pensativa. En nuestra experiencia del deseo esta-
mos ya interpretando el mundo, hacemos entrar en.juego nocio-
nes filosóficas, nuestra existencia como seres filosóficos. Esta es
una posibilidad para integrar el deseo en la filosofia. Sin embar-
go, Butler quiere pensar más ampliamente hasta qué punto el
deseo y la razón pueden hermanarse, en qué medida el deseo no
supone siempre una ruptura del proyecto filosófico. ¿No será
que la filosofia fabrica un deseo a su imagen? [7]. Ante todo, lo
que es preciso tener en cuenta, para no precipitar respuestas
prematuras, falseadas, es que los términos, las palabras «filoso-
tia» y (deseo» no tienen un único significado. Los términos tie-
nen una historia, aparecen y se usan en concretos contextos
temporales y teóricos. De ahí que, la pregunta sea para Butler
una pregunta sobre las circunstancias particulares que determi-
naron al deseo como asunto filosófico; de qué modo el deseo
devino en una cuestión filosófica; cómo el deseo humano se con-
virtió en un problema del pensamiento filosófico.
En el siglo xx francés, y este es el contexto puntual al que
atiende la investigación butleriana, en los años treinta, la preo-
[6] SD. p. '2.
[iJ ¡bid., p. 3.
[C.\I'ITL'I.O [1
cupaClon filosófic<.l pm el lll'sl'o (UinUIZ(J con .\.lcxandre
y su interpretacil'iIl <Id 11lg;lr y de la eficacia
moral del concepto de sujeto dl" Hegel [8]. La narrativa hege-
liana de un sujetu qUe ('lIlprl"lldc un camino dialéctico que
lo lle\'a hacia fut'ra el(' sí par;¡ r('rornar a sí con seguridad y
autosuficiencia es la que inaugura la recepción y reiterpreta-
ción del pensamientu de Hegel en franc;a. Tanto Kojeve como
Hyppolite como Sartre cuntribuyeroll de m,mera importante a
la preeminencia que tuvo la filosofia de Hegel en la Francia
de la postguerra. Ellos se plantearon la \labilidad y la vigencia
del ideal hegeliano en un contexto histórico contemporáneo
que es el de la ruptura metafisica. Y para el sujeto metafisico
hegeliano, el deseo es fundamental porque el deseo nombra su
esforzado empeño por superar las diferencias externas para lle-
gar a ser un sujeto autosuficiente, consciente de que las diferen-
cias no son más que momentos inmanentes de su subjetividad
misma. La noción de deseo, por tanto, es lo que permite en el
siglo xx francés la vuelta a Hegel y a su consideración del suje-
to autónomo.
No es Hegel, obviamente, el primero en concebir un sujeto
fundado metafisicarnente. Hegel representa, para Butler, la última
etapa en la genealogía del sujeto metafisico de la modernidad.
y representa algo más. La empresa hegeliana de la Fenomenología
del espíritu, junto con el dibujo de un deseo filosóficamente
armonizado, deja el rastro de la quiebra de la integración meta-
fisica del yo. Allí se puede leer, así lo hace Butler, cómo el deseo
entendido como instancia humana de la razón dialéctica pone
en peligro la meta dialéctica, la intimidad ontológica del sujeto
con el mundo. El deseo en cuanto anhelo de identidad, es un
modo interrogativo de ser, de cuestionamiento corporal, que
hace estallar la identidad como problema. Esto se propone
investigar Bucler.
Advierte Butler, en este sentido, que su libro es sobre todo
una investigación critica sobre la relación repetidamente figu-
[8) Alexandrc Kojeve, Introductilm Q la leclure de Hegel. Paris, Presses
Uni\'crsitaires de France, 1941.
26
[ QU: CU::--:T.\ L";O(" \'ID.\ 1
rada entre deseo y reconocimiento, antes que una reflexión
comprensiva y explicativa del hegelianismo francés o que un
estudio de historia del pensamiento. Razón por la cual, en
Subjects oJ Desire no se incluye un, capítulo sobre Georges
Bataille, no se considera la influencia de la Lógica de Hegel,
especialmente relevante en Jean Hyppolite, o no se trabaja
sobre el importante capítulo de la Fenomenología del espíritu,
«Libertad de la autoconciencia; estoicismo, escepticismo y la
conciencia desventurada» [9], cuya apropiación y certera inter-
pretación por parte de Jean Wahl [10] supone, a juicio de
Butler, la primera gran obra sobre Hegel en el transcurso de su
recepCión en el siglo x..x francés.
El primer prefacio de la obra afirma que el sujeto de deseo
hegeliano se muestra como un sujeto cuyo deseo es conocerse a
sí mismo pero a través del encuentro, en los propios confines de
su yo, del munto externo. Es así que su deseo es descubrir el
dominio completo de la alteridad como reflejo de su sí mismo
en una dirección en la que intensifica y aumenta, externalizan-
do, las fronteras de su yo. El sujeto, bajo el motor de su deseo,
inicia un proceso, una especie de viaje, de conocimiento yauto-
conocimiento, cada vez más incrementado, mediante un meca-
nismo interrogativo dirigido hacia el otro, la alteridad, lo que a
la vez es una búsqueda del sí mismo, del yo, de la identidad.
Son dos las modulaciones del deseo que se pueden observar en
la Fenomenología del espíritu: el deseo por algo otro y el deseo vuel-
to sobre sí mismo; el primero conduce a la pérdida del yo y el
segundo a la pérdida del mundo. Esto implica que el sujeto, que
necesita la mediación del otro pero con la meta de la autocon-
ciencia, procederá a la anulación del otro en favor de su sí
mismo.
El proceso de autoconciencia parece conllevar un impulso
de negación destructiva pero sobre todo se trata de consumir,
[9] G. \ F Hegel, FenlJmenología del fspílilu, fondo de Cultura
Económica, 1978, pp. 121-139.
[10] Jean \ ,'ahl, Ú /l/alh,ur de fa cumáCllCf r1allJ la jihilulOjilú¡, ,le Hcgrl, Pans.
Rieder, 1929,
[C.WÍTl'W 1]
de absorber al otro dentro de sí según una lógica dialéctica de
superación (Aliflzebungí que dice cancelar y prcser,ar al otro en
el sí mismo. Esta complicada lógica será analizada por Butler a
través del apartado <<Seii.orÍo y sCf\idumbrc», donde se contie-
ne el conocido episodio de el amo)' d nr!a;·o. De ahí se despren-
de la idea de que el otro que el yo tiene que superar para llegar
al autoconocimiento es una parte de sí mismo. La confronta-
ción entre el amo y el escla\'o, como lucha entre dos yoes opues-
tos, es en realidad la confrontación de una conciencia escindida,
dividida entre una conciencia independiente cuya naturaleza
es ser para sí, y una conciencia dependiente cuya ,ida es ser
para otro. Pero el amo, conciencia independiente. necesita al
otro para confirmar su yo independiente y lo que precisa es des-
truir al otro y a su trabajo. El otro, el sief\"o, trabaja incesante-
mente y así es como alcanza ser para sí porque se reconoce a sí
mismo en el objeto que ha producido con su trabajo. Butler
considera que esta es una lucha hacia la muerte. La muerte del
otro dará la autonomía al yo. Sin embargo, esta alteridad, que
el yo debe destruir para lograr su autoconciencia, forma parte
del yo mismo. El yo debe destruirse a sí mismo repetidamente
para obtener el conocimiento de sí. El yo y el otro están mutua-
mente implicados el uno en el otro en orden a llegar a ser.
Entonces, si ello es así, si el yo y el otro se autorizan el uno al
otro, el deseo no es puramente un deseo que consume, como
pareciera en primera instancia, sino que el deseo sostiene una
suerte de ambiguo intcrcambio de dos autoconciencias dado-
ras una a la otra de autonomía, independencia, y alienación,
otredad [11].
Este encuentro entre vida y muerte, descrito por Butler, pro-
picia el reverso de las posiciones iniciales de los sujetos. El deseo
del amo es un deseo de "ida, de que no muera su deseo. Es un
deseo por el reconocimiento a tra\'és de la otra autoconciencia.
El deseo de \,ida del sief\'o, deseo por el trabajo, es deseo por
transformar el mundo mediante su incorporación a sí. El pri-
[11] 5D, pp. 50-51.
[QU: CUST.\ cmlo t:!'\A \'10.\]
mero se instruye en el conocimiento; el segundo obtiene inde-
pendencia y libertad. Butler resalta la importancia de los dos
deseos, el de reconocimiento y el de la autonomía, que otorga
el trabajo, ya que esto conduce a pensar la conexión entre sub-
jetividad, trabajo y comunidad. Solo en comunidad, esta es la
cuestión principal, se logra la identidad. La comunidad, no úni-
camente el trabajo, es el espacio del reconocimiento recíproco,
el lugar habilitado para que la mirada del otro dé confirmación
a nuestro yo. Por lo tanto, Butler encuentra en la Fenomenología
del espíritu no exclusivamente las presuposiciones ontológicas de
un sujeto que persigue reflexivamente la identidad. Halla un
sujeto cuyo deseo necesita del otro para su cumplimiento y para
su propia configuración como ser intersubjetivo. En su búsque-
da de autoconocimiento a través del .otro, el sujeto se descubre
a sí como ser dependiente y como siendo su dependencia el
atributo fundamental de su yo. Este sujeto sigue siendo un suje-
to deseante pttro en el marco de una situación histórica concre-
ta y de una comunidad dada [12].
El sujeto de deseo se constituye, como decíamos, en un
tema de crítica y reformulación por parte de su recepción fran-
cesa para la que resulta ilusoria la síntesis final del ideal de una
estática identificación de substancia y sujeto, y tanto si este
ideal es propio de Hegel como si se le atribuye falsamente. Esto
es lo que lee Butler en la generación de filósofos que constituye
materia de su análisis: cómo en sus revisiones del planteamien-
to hegeliano, el sujeto, que al modo de un tenaz héroe se enca-
mina, en lucha contra sus adversarios, hacia la conquista del
pleno conocimiento de la identidad sin fisuras, se va progresi-
vamente desintegrando. Kojeve e Hyppolite se plantean si la
satisfacción del deseo, entendida como el logro de una autono-
mía-moral y metafisica, es una muerte en vida o, por el contra-
rio, la apertura de la \ ida, o si, en todo caso, la satisfacción del
deseo es finalmente deseable. Para ellos, el sujeto humano es un
llegar a ser internamente no idéntico. Jean-Paul Sartre rompe
[12] ¡bid., p. 58.
[c:.WiTt..:I.O 11
con la il(·!.!didll;1 dc unidad entre el sujeto de deseo
y su mundo llll·dialllt: su ;IJ lIiC'sta ontológica dualista que. no
obstante, mueslra ulla nustalgia del sujeto autoidéntico al tiem-
po que furmula UIl;( n:rsiúll del deseo como inútil esfuerzo
metafisico. Estos filúso{l)S, Kojéve, Hyppolite y Sartre, son
incluidos por BUller en lo que ella considera el primer momen-
to de la historia dd Ilegclianismo en la Francia del siglo xx,
momento ('Jl el Cju(, el se especifica en términos de «fini-
tud, límites corporales y temporalidad» [13],
Lacan, Deleuzc y Foucault cuestionan al sujeto hegeliano
en tallto que constructo imaginario y consideran que el deseo
viene a significar la imposibilidad de la coherencia del sujeto.
Ellos, y también Derrida, representan e! segundo momento de
la historia butleriana del hegelianismo. Para Lacan el sujeto
está escindido; el deseo no implica autonomía sino que se rela-
ciona con la ley represiva, con la ine\'Ítabilidad de la insatisfac-
ción, De!euze, influido por Nietzsche y por su concepto de
(voluntad de podem, entiende e! deseo, antes que como falta,
como exceso y plenitud, Foucault defiende con firmeza que el
deseo es un producto histórico así como el sujeto es un sujeto
sujetado. Uno y otro, Deleuze y Foucault, consideran, ajuicio de
Buder, que el sujeto deseante de Hegel ejemplifica la moral
de esclavos tematizada por Nietzsche y su dependencia del
principio de identidad; ellos nombran la muerte de! sujeto
hegeliano, De Derrida, Buder aprovecha algunas de sus apor-
taciones de crítica a la «metafisica de la presencia», también su
sugerencia de que tanto los filófosos que aceptan la promesa
metafisica como los que hablan del fallo final de tal prome-
sa permanecen aún bajo e! hechizo del pensamiento de la
autoidentidad. Derrida tematiza al sujeto bajo el concepto de
«desplazamiento» [14].
La critica francesa denuncia, en general, el anhelo totali-
zante del sujeto de deseo hegeliano, Sin embargo, Butler nos
[13] Ibíd., p. 175.
[I4]Ibíd.
r Ql'i: CCE:'\TA U\A \'I1H 1
recomienda una lectura más atenta y penetrante de la Feno-
menologia del espíritu. Entonces, se nos revelará cómo su autor fue
un «artista irónico» [15] que edifica su concepto de una mane-
ra menos totalizante de lo que él mismo presume. A la vez, las
lecturas criticas francesas que dicen haber invalidado en sus
análisis al sujeto de deseo, ofrecen, para Butler, más bien una
reconsolidación de su posición. La persistencia de la figura del
sujeto deseante, trazada por Hegel, perseguida por Kojeve e
Hyppolite, idealizada por Sartre y Lacan y reducida a concep-
to ficcional en Deleuze y Foucault, indica su alto grado de
influencia en las teorias contemporáneas, incluso en las que no
dudan en proclamar la «muerte» del sujeto de deseo, en donde
su reemergencia es aún más provocativa [16]: así concluye el
primer prólogo de Subjects of Desire.
La sospecha lanzada sobre el, mayoritariamente afirmado,
dogmatismo del pensamiento de Hegel, es recuperada. en el
segundo prólogo escrito por Butler y reforzada ahora ,con la
ayuda de interpretaciones más recientes debidas a autores
como Gérard Lebrun [17], Jean-Luc Nancy [18J o Pierre
[15] lbíd., p. x.x.
[16] lbíd., p. xxi.
[17] Butler cita la obra de Gérard Lebrun, Ú1 patience du concept Essai sur
le discours hégélien, Paris, Gallimard, 1972. De acuerdo con Butler, Lebrun dis-
puta la posibilidad de un dogmatismo hegeliano y muestra cómo el discurso
de Hegel puede iniciar al lector en un nuevo modo de pensamiento filosófico
(cfr. SD, p. xi).
[18] Butler se refiere al texto de Jean-Luc Nancy, HegeL' L 'inquiitude du néga-
tif, Paris, Hachette Littératures, 1997, Esta obra le parece a Butler de gran inte-
rés ya que muestra que el sujeto hegeliano no retrocede al interior de sí mismo
sino que se define como aClO por el que d yo se supera a sí mismo en su ten-
dencia hacia e¡'mundo. El sujeto se dispersa dentro del mundo y esta es la ope-
ración de su negatividad. De este modo, Nancy a Hegel fuera del
marco dd pensamiento de la totalidad argumentando que la inquietud o males-
tar del va es justamente la manera en que se supera a sí mismo, es su final no
substancial \' su manifestación de libertad .. '\demás. Butler destaca el acieno de
su estrategia interpretati\'a que en lugar de realizar una exhaustiva exégesis de la
obra de Hegel, Ib'a a cabo un acercamiento discontinuo a través de los térmi-
nos principales relativos al tcma de la libenad. estrategia quc, por otra pane, es
la mayoritariamente utilizada por la propia Burlcr, :\'ancy confunde a los lecto-
res que buscan en Hegel un claro pensamiento teleológico ícfr. SD, p, xii).
[C.\PÍTU.O I I II
\lachcray [l9J. Fue dlllll
U
cid (UllICXt(J fraileé!> donde el pen-
samiento de Hegel ["lit· (kmlllliadu t'J] tanto que totalizan te y
teleológico y en cuall\o que daba "ida a un sujeto imperialista,
mas también dentro dl' ese ¡lllliJitu es donde se han producido
importantes cuestion:1miCI1LOs ele esos mismos calificativos. Las
llamadas posiciones posthegclianas no son fácilmente distingui-
bles de! texto de Hegel CU;\Ilc\o este es sometido a lecturas más
apropiadas.
Algunas otras sugerencias de lecturas aportadas por Buder
como obras que ahora no podría dejar de tratar en e! caso de
emprender la tarca ele rt:\·isar su texto primerizo, se refieren
especialmente a contribuciones de Jacques Derrida, cuyo pen-
samiento no apro\'echó entonces suficientemente, y de Luce
lrigara); autores ambos con abundante presencia en e! pensa-
miento butleriano posterior. No obstante, que Butler muestre
estas resen'as hacia su obra no debe entenderse en un sentido
equivocado. No indican el abandono absoluto de Hegel tras la
reelaboración de su trabajo de Tesis Doctoral.
Su reflexión sobre el sujeto hegeliano continuó en su ensayo
de 1995 «Stubborn Attachment, Badil)' Subjecuon: Rereading
Hegel on the Unhappy Consciousness», que más tarde fue
incluido como capítulo en la obra The PS)dic Lije of Power [20].
Quiso mostrar ahí que e! apartado Seiiorío)' servidumbre ofrece un
desenlace no obsen'ado por quienes subrayan su conclusión
emancipatoria. Se trata de que Hegel apunta una configura-
(19] Butler alude al libro de PiC'He MachC'ray. Hegel 011 Paris. F,di-
tions la Découverte, 1990, Comenta Butler que Macheray defiende que el
sujeto hegeliano no puede reducirse a su uso ordinario como soporte de los
juicios predicativos sino que indica que la relación estable, dentro de la gra-
mática común, entre sujeto y predicado llega a ser deshecha. El sujeto es solo
el término para un proceso no substancial y que indefinidamente destruye su
función gramatical ordinaria (véase, SD, pp. xiii-xi\·).
[20] El texto «Stubborn Attachment, Bodily Subjection: Rereading Hegel
on the Unhappy Consciousness» fue publicado primero en Da\-id Clarke and
Tilottama Rajan (eds.), lntersection: Philosop/!y and
T/¡e0l)', Burralo, sur'n' Press, 1995; después fue reimpreso en Hegel Hegel
ti venir, Paris, L'Harmattan, 1995; y luego apareció en PLP, pp. 31-62; A{PP,
pp. 43-73.
[ QU: CL"E: .... T.\ (:0:110 v ..... \ \·ID.\ 1
ció n del sujeto en la que la sujeción deviene realidad psíquica,
en la que la opresión adquiere un significado psíquico. Butler
sugiere con ello que comienza en Hegel una explicación del
poder como realidad psíquica, cercana a posturas como las de
Nietzsche y Freud [21].
En otro de sus libros posteriores, Antigone 's Claim. Kinship
Between Lije and Death [22], el tratamiento hegeliano de la figura
de Antígona será críticamente revisado. Hegel le ayuda a plan-
tear la cuestión política tanto de las limitaciones impuestas a la
subjetividad como del sujeto en cuanto punto de arranque de
la política. Hegel es importante aquí porque su sujeto desplaza
una movilidad crítica provechosa. Es un sujeto que se encuen-
tra a sí mismo fuera de sí mismo y que estas extensiones suyas
no le permiten retornar al yo anterior. Este yo que viene fuera
de sí como condición de su existencia es un yo para quien es
posible no volver a sí, para quien no hay un final tras la pérdi-
da de sÍ. Por lo tanto, tampoco la noción hegeliana de diferen-
cia es bien entendida, por parte de sus críticos, porque ella no
permite ser pensada como integrada dentro de la identidad. El
momento nombrado como de resolución de la diferencia no se
puede distinguir del momento de su dispersión. El deseo de este
sujeto es así la acción de su permanente desplazamiento. Hegel,
nos proporciona, para Butler, la definición de un sujeto «en des-
plazamiento», sin resolución última [23].
En un sentido, afirma Butler, «toda mi obra permanece
dentro de la órbita de un cierto conjunto de cuestiones hegelia-
nas: ¿cuál es la relación entre deseo y reconocimiento, y cómo
se vincula la constitución del sujeto con una radical y constitu-
tiva relación con la alteridad?» [241. La pregunta por el sujeto,
por los mecanismos, plurales y complejos, a través de los cuales
el sujeto es configurado, la pregunta por la posibilidad de la for-
mación de una noción de identidad sin que ello implique la
[21] SD, p. ix.
[22] Ae; CA.
[23] SD, p. xv.
[24] ¡bid., p. xiv.
[C.-\.piTL'LO 1] »
anulación del otro, la otra, los otros, la pregunta por el poder y
por un poder que pcrmita la potencia necesaria para la acción,
son interrogantes replanteados constantemente, en efecro, a lo
·largo de su pensamiento. Hegel no será la mayor infiuencia úsi-
ble en su discurso, porque su texto está compuesto por un com-
plejo atrm'esamiento de teorías di"crsas; entre ellas, la de
Hegel, ocupa el lugar dt·] arranque de inquietud por el pen-
samiento problematizadOI:
Asimismo, este también es el lugar donde se nos otorgan
algunas de las primeras anotaciones de Bucler relativas a su
interés por el género [25J. En las páginas de su libro,
Butler introduce breves referencias a la teoría deJulia Kristeva
a modo de aproximación a una lectura del sujeto hegeliano
desde un enfoque de género. Aunque el desarrollo del análisis
de Butler sobre Hegel no se enmarca dentro de los estudios de
género, muestra, no obstante, cierta sensibilidad feminista ya
cuando al principio de su texto nos advierte del porqué de su
uso del masculino (<<he») [26] para designar al personaje de
la narración hegeliana: no porque la Fenomenología nos lo pre-
sente con un género reconocible, tampoco porque ella identifi-
que el universal con el masculino, sino porque quiere hacer
notar la dificultad de la gramática a este respecto.
En la conclusión de su obra su mirada feminista se agudiza.
Ella se pregunta sobre qué género podría tener el individuo
desean te del sujeto hegeliano de deseo, y se pregunta por cómo
la oposición dialéctica sería susceptible de ser caracterizada
desde el ámbito de la relación binaria entre los sexos [27]. Es
cuando dialoga con Kristeva como lectora francesa preocupa-
da por interpretar a Hegel desde el ángulo del cuerpo y del
género. En su Revolution in Poetic Language [28], Kristeva critica
[25] Butler ya había realizado un ejercicio de crítica feminista en su ensa-
yo SIPD, pp. 85-100. Sobre este texto trataremos más adelante.
[26] SD, p. 20.
[27] Ibíd., p. 232.
[28] Butler cila la traducción inglesa de la obra deJulia Kristeva, Lo. révo-
lution du language poétique, Paris, Éditions du Seuil, 1974: traducción inglesa,
Revolution in Poetu Lo.nguage, New York: Columbia uni\"crsity Press, 1984.
¡.¡
al sujeto hegeliano haber omitido la materialidad del cuerpo y
haber negado los orígenes afectivos de la vida. El deseo, como
apropiación racional de los impulsos, es en Hegel, para
Kristeva, una resistencia logocéntrica al cuerpo. Ese sujeto que
asume tal deseo muestra ser una figura asentada en el descar-
nado entramado competitivo de la sociedad capitalista, una
figura racionalista, disociada del cuerpo, de personalidad para-
noica que mantiene relaciones hostiles con el otro.
El camino elegido por Kristeva para quebrar la estructura
monádica del sujeto es retornar al cuerpo entendido como un
singular ente, como un conjunto dispar de impulsos y necesi-
dades. Ella considera que es posible esta vuelta al lugar de lo
heterogéneo a través. del lenguaje poético cuyo ritmo y sonido,
y su pluralidad semántica, remiten a la relación infantil con el
cuerpo de la madre. Ese ámbito, que tiene su propio conjunto
de significados y de significados no equivalentes a los formula-
dos por las teorías lingüísticas, es denominado por Kristeva «lo
semiótico». Para Butler lo semiótico remite a «los aspectos
somáticos del lenguaje», al «trabajo de los impulsos irreducti-
blemente heterogéneos» [29]. La función simbólica del len-
guaje requiere para Kristeva, como había dicho Lacan, la
internalización del tabú del incesto porque es esa prohibición
la que hace posible el tránsito de lo semiótico a lo simbólico.
El lenguaje poético puede girarse hacia lo semiótico pero es
solo dentro del lenguaje simbólico donde puede darse la expre-
sión comunicativa propia del sistema cultural. Por tanto,
podría ser que la recuperación de lo semiótico provocara una
situación de psicosis. No obstante, Kristeva sostiene que las
mujeres tienen una conexión con lo semiótico distinta a la de
los hombres, porque ellas, como dice el psicoanálisis, requieren
de una identificación con la madre para su desarrollo sexual.
De acuerdo también con Lacan, Kristeva mantiene que lo
simbólico, en cuanto ley del Falo, supone una negación de la
dependencia del cuerpo de la madre y un repudio de la femi-
[29] SD, p. 233.
r C\l'iTCI.O 11
;;
ni dad, así que el sujeto que illqala lo se \'e separado
de su propio cuerpo \ logra su ullidad mediante la negación de
sus impulsos. Esta negación impuesta por la ley represiva con
el fin de la emerge licia dd sujeto, e:-. renominada con el térmi-
no deseo.
l\.1atiza Butler que aunque Beauvoir, de manera semejante,
ya había considerad() el domillio de la categoría de
sujeto, el fin de Kriqc\';¡ nu es el dc la pretendida por
Beauvoir. Kristcva quiere criticar al sujeto a partir de un poner
en evidencia sus orígenes psicosomáticos. Con todo, Butler no
encuentra en Kristc\'¡¡ una dtsviación importante del programa
hegeliano, porque no desplaza e! discurso sobre el deseo y sobre
el sujeto hacia un anterior análisis sobre los cuerpos a partir de
los cuales se organizan los deseos. En este sentido, Butler halla
similitud entre los procedimientos de Kristeva y de Foucault.
Kristeva se representa e! mecanismo represivo del tabú de!
incesto, que introduce la naturaleza transformada en la histo-
ria, como un esquema históricamente invariable, como verdad
de la cultura occidental. Desde Foucault se podría requerir un
examen de los cuerpos, de la historia de los cuerpos, de las con-
diciones concretas que producen sus significados, pero, y aun-
que su visión es más sensible al devenir histórico y más critica
con e! psicoanálisis, no deja de coincidir con Kristeva en que los
sujetos se construyen mediante la negación del cuerpo y de sus
impulsos heterogéneos.
Foucault tampoco realiza la necesaria operación de aná-
lisis de los cuerpos que Buder defiende a partir de las sugeren-
cias halladas, sin embargo, en sus reflexiones. En la Historia de
la sexualidad [30J y en su presentación al diario de Herculine
Barbin [31], Foucault recurre a la categoría de sexo para some-
[30] Michel Foucault, Histoire de la sexualité, \'01. l. La HJlonté de savoir, Paris,
Gallimard, 1976. Traducción castellana: Hisloria de la sexualidad, vol. 1. La
de saber, 1\.1adrid, Siglo veintiuno, 1992.
[31] Michel Foucault, Herculine Barbin dile Alcxina B., presenü par Afichel
FOllcault, Paris, Gallimard, 1978. Traducción castellana: Herculinc Barbin. llama-
da Alcxina B., Madrid, Ed. Revolución, 1985.
[QU: cmlO l'l\A VIDA]
terla a un fuerte cuestionamiento como un producto de los
discursos sobre la sexualidad. Hay que hacer notar a este res-
pecto que aquí Butler menciona conjuntamente ambos textos
de Foucault sin establecer las pertinentes anotaciones sobre
ciertas diferencias de planteamient?s en uno y en otro que
Butler sí observará con ocasión de revisiones posteriores (de
ello daremos cuenta más adelante). La cuestión es ahora, para
Butler, que Foucault en estos ensayos no está directamente
interesado en los requerimientos feministas sino particular-
mente en el trabajo de los discursos reguladores sobre la
sexualidad. Es esa acción reguladora la que crea la categoría
de sexo. Y cuando Foucault alude a la resistencia a las formas
represivamente impuestas de sexualidad, entonces, subraya
Butler, señala no hacia el deseo, que ha sido históricamente
producido como el lugar de la verdad de nuestro ser, sino hacia
el cuerpo y sus placeres.
Recogiendo estas ideas, Butler afirma su tesis de que una
historia de los cuerpos que discuta al sujeto de deseo podría ser
el camino para la definitiva clausura del sujeto hegeliano [32].
Foucault, observa criticamente Butler, no lleva a cabo investiga-
ciones concretas sobre los cuerpos en sus circunstancias parti-
culares. Sus diferentes alusiones al cuerpo, en ocasiones usando
un vocabulario naturalista, parecen, por otra parte, situarlo
como lugar único invariable, en alguna medida romantizado,
sobre el que se desarrolla el conflicto de fuerzas y de valores del
juego histórico de la dominación. Foucault expone una única
historia en la que la cultura, sus mecanismos reguladores, es
siempre una presión negativa sobre el cuerpo, sujeción del
cuerpo.
Más que concebir el cuerpo como superficie sobre la que
se inscriben los acontecimientos, como hace Foucault, y enten-
der toda cultura como negación del cuerpo, Butler recomien-
da orientar la mirada hacia los cuerpos en sus particulares
contextos sociales; entonces, la noción de «inscripción» podrá
[32] SD, p. 235.
[ C.-\.PiTL" LO 1 J
,7
mustrarse como ulla l1(¡("i,'>I1 dI' (J/ complejidad de lo que
indica el texto de l'i'lIcalll1: podremos preguntar al
cuerpo por sus conexiones nm las relaciones de género, por
sus vínculos con la!'> de raza y de etnia, por su mudo
de significar !"( Icialc:-, y lucha,> culturales, por cómo
su interrelación CUII otros cuerpos históricamente específicos
nos alumbra el entl'ndimiellto del deseC)o Butler tampoco rea-
liza aquí, en su lihro "oh!'\" esta historia de los cuerpos
que echa de menos en Foucault, pero al reclamar la importan-
cia de tal investigación anticipa la línea de sus futuros estudios.
En adelante su pCII:-,arni("lllo se hará progresivamente más
fuerte en la lúcida di,sección de conceptos como sujeto, sexo,
género, ctierpo.
2. DEL SEXO AL GÉ::-;-ERO.
DE BEAUVOIR y DEL LLEGAR A. SER :\IUJER
Con anterioridad a la publicación, en 1990, del libro Gender
Trouble, probablemente aún el más conocido y el que más reco-
nocimiento internacional le ha proporcionado, Butler escribió
una serie de textos en los que mostrándose con claridad su
movimiento teórico hacia la centralidad de la reflexión sobre
el género anticipa ideas que luego serán más por extenso des-
arrolladas. Simone de Beauvoir, y en particular su obra El
segundo sexo, es la autora a la que dedica varios de estos escritos.
El impacto de este estudio de la filósofa francesa, editado en
1949 y traducido al inglés en 1952, fue de gran relevancia en
el contexto norteamericano de la segunda ola feminista inicia-
da hacia los años sesenta. Indiscutiblemente, la fuerza de esta
influencia no ha cesado todavía de dar sus frutos. No extraña
que Butler no solo pero también en Beauvoir haya encontrado
un entramado de pensamiento desde el que reorganizar su
propia teoría sobre el género. como ha explicitado
Donna Haraway, «a pesar de sus importantes diferencias,
todos los significados feministas modernos de género parten de
[QL:E CL:E!\TA C!'\A "IU.-\.]
Simone de Beauvoir y de su afirmación de que "una no nace
mujer"» [33J.
En dilucidar los sentidos de esa sentencia, «No se nace
mujer: llega una a serlo» [34], tanto los evidentes como sobre
todos los significados implícitos, contenidos, o al menos sugeri-
dos, pero no formulados, ocupa Butler buena parte de sus aná-
lisis sobre Beauvoir. Con ello se observa, por otra parte, que
prevalece la afición de Butler por el quehacer filosófico en su
dimensión de crítica intelectual, aguda en desentrañar, yendo
más allá de lo obvio, la red de posibilidades de lecturas que
abren los textos. «Sex and Gender in Beauvoir's Second
Sex» [35], fue publicado en 1986; «Variations on Sex and
Gender: Beauvoir, Wittig, Foucault» [36], también en 1986;
«Gendering the Body: Beauvoir' s Philosophical Contribu-
[33] DonnaJ. Haraway, Ciencia, CyborgsJ mujeres. La reinvención de la natu-
raleza, Madrid, Ediciones Cátedra, Universitat de Valencia, Instituto de la
Mujer, 1991, p. 221. Una introducción a la problemática del sexo y el géne-
ro en el feminismo contemporáneo, en la que también se recogen algunas de
las ideas de Beauvoir y de Butler, he ofrecido en mi texto «Género y sexo en
la teoria feminista contemporánea», en Joan B. Uinares y Nicolás Sánchez
Durá (eds.), Ensa)'os de filosqfia de la cultura, Madrid, Biblioteca Nueva, 2002.
pp. 369-393.
[34] Simone de Beauvoir, El segundo sexo, vol. 2., La experiencia vivida,
Buenos Aires, Siglo )('"'\:I, 1987, p. 13.
[35] Judith Butler, «Sex and Gender in Beauvoir's Second Sex», Yafe French
Studies, Simone de Beauvoir: ¡.vitnm to a Century, n." 72, 1986, pp. 35-41; SGE,
pp. 10-21.
[36] VSG. Este ensayo fue publicado en Praxis 5 (4), January
1986, pp. 505-516. Pero la edición más citada es la contenida en Seyla
Benhabib and Drucilla Comell (eds.), Feminism as Critique: EssaJs on the PoliticJ
of Gender in Late-Capitalist Societies, Cambridge, Polity Press, \987, pp. 129-142.
También está publicado en Sara Salih with Judith Butler (eds.), The Judith
Butler Reader, Oxlord, Blackwell Publishing, 2004, pp. 21-38 (será esta edición
la que citaremos en nuestm trabajo). Hay traducción española en Seyla
Benhabib y Drucilla Cornell. lioriafeminista)' teoria critica. Valencia, Ediciones
.Alfons el :\lagnimim, 1990, pp. 193-211 (esta será la edición que citaremos:
VSGE); y en ?-.-Iarta Lamas ¡comp.), El género: La constru.cción cultural de la diféren-
da sexual, :\Iéxico, Grupo Editorial tvIiguel Ángel PorrÚa-P.U.E.G., 1996, pp.
303-326. Este texto de <<Variaciones sobre sexo y género. Beau\'oir, Wittig y
Foucault» es, en su primera parte, la relativa a BeaU\'oir y Sartre, muy simi-
lar al anteriormente citado de «Sex and Gender in Beauvoir's Second Se:o,.
[C.\PiTCl.O 1 J
tion» [37], en 1989. Además, en «Performative Acts and Gender
Constitution: An Essay in Phenomcnology and Feminist
Theory» [38], de 1988 en su primera "ersión, Beauvoir está
presente de modo destacado. Y en «Sexual ldeology and
Phenomenological Description. A Feminist Critique of
Merleau-Ponty' s Phenomenology if PercejJtion» [39], escrito en
1981 y publicado por primera vez en 1989, las referencias a
Beauvoir [40] son puntuales.
En la aparentemente sencilla exclamación de Beauvoir,
Butler detecta variados y significativos matices dignos de ser
sometidos a intensa reflexión. Aunque directamente ni se nom-
bra al sexo ni al género, ahí se formula, según Butler, la distin-
ción entre uno y otro. El que el ser mujer no. sea un asunto de
nacimiento, sino un proceso de llegar a ser, es el punto clave para
comprender que si hay algo naturalmente dado es el sexo mien-
tras que el género, lo que finalmente nos hace mujer u hombre,
es un conjunto de apreciaciones de sentido instauradas históri-
ca y culturalmente. Por lo tanto, lo anatómico, lo biológico, no
es lo determinante para la mujer o para el hombre. Es la inter-
pretación cultural de esos rasgos fisicos lo que establece los
géneros, la separación de géneros y sus respectivos lugares en la
[37) Judilh Buder, «Gelldering the Body: Beauvoir's Philosophical
ContributiOll», en Ann Carry and Pearsal\ (eds.), IJ.ómen, ¡(nowlrdge,
and Reali!)': Explorations in Feminist PhilosopllJl, Boston, UI1\\in Hyman, 1989, pp.
253-262.
[38) Judith Buder, "Performative Acts and Gender Consritution: An
Essay in Phenomeno\ogy and Feminist Theory), Thealre ]ournal, 40, 1988,
pp. 519-531. Además en Sue-Ellen Case (ed.), Performing Feminism: Feminist
Critical TheolJ' and Tlleatre, Baltimore, J. Hopkins University Press, 1990.
También en Katie Conboy, Nadia and Sarah Stanbury (eds.),
Writing on lhe Boqy: Femnle Embodiment nnd Feminist Theo1')', New York,
Columbia University Press, 1997, pp. 40 \-41 i. Traducción castellana:
APCG, pp. 296-314.
[39) S¡PD, pp. 85-\ OO.
[40) No ya dentro del contexto estrictamente feminista, a Beauvoir, en
concreto a su lectura del Marqués de Sade, dedica Butler su texto «Beauvoir
on Sade: making sexuality into an ethic», en Claudia Card (ed.), The Cambridge
Companion lo Simone de Bea/lvoir, Cambridge, Cambridge University Press,
·2003.
[QCÉ CCEI\TA cmlo CI\A \'IDA 1
sociedad. Los valores o disvalores adscritos a las mujeres no son
pues naturales, no dependen directamente de su dotación fisi-
ca. De otro modo, el hecho de ser .mujer no estaría necesitado
de ningún movimiento delllegaT a seT; ser mujer sería algo inme-
diato, directo, inmutable. Pero, además, de ello también se des-
prende que si el género es un constructo cultural, entonces no
hay tampoco un modo natural, correcto, verdadero, de asumir
un género. Los comportamientos de género no se hallan dota-
dos del valor de la verdad. Ser mujer no remite a algo natural,
ni en cuanto al sexo, porque no somos mujeres desde el princi-
pio, ni por lo que se refiere al género, porque los significados
culturales son artificios temporales. La categoría «mujeo) es,
por consiguiente, problemática. La radical problematización de
las usuales categorlas del feminismo que conducen persistente-
mente el pensamiento de Butler encuentra en Beauvoir una de
sus fecundas motivaciones.
No solo el sexo y el género se separan distintivamente en la
lectura de Butler, rompiéndose su tradicional conexión causal y
la [ocalización en lo biológico de la subordinación de la mujer;
observa ella asimismo la indeterminación beauvoriana de la
relación entre sexo y género. Beauvoir no lo dice directamente,
pero se podría deducir de lo que sí dice -tal es la estrategia
interpretativa de Butler-- que un cuerpo de hombre, por ejem-
plo, llegara a adquirir el género «mujem, ya que, como comen-
tamos, no se es mujer desde la cuna. Aplicando la distinción
consistentemente, no hay razón que impida pensar en una
rotunda separación entre los géneros y los cuerpos naturales que,
si bien son los lugares de organización de los géneros, no los
sostienen mediante lazos de rango ontológico. Tener un cuerpo
que identificamos como de sexo mujer y «ser», llegar a "ser,
mujer, son modos distintos de ser. Para la teoría que Butler
comienza a configurar esta es una importante contribución que
le aporta la obra de Beauvoir; es secundario, en tanto que no es
lo esencial si nuestro interés se centra en Butler, que dicha tesis
no se pueda leer como tal en Beauvoir.
El llegar a ser es ocasión en Butler para plantear otro conjun-
to de complicaciones teóricas. El marco filosófico existencialis-
[C.win:r.o 1]
-tI
la en el CJue se IlCilU\"oil la ¿i:"ige hacia l,t illclusión
de los Clt- «t.:keciúll>l y de «)JH,"",U"lO}) tll el proceso eJe
a un gi'lltTO, La adquisici6n de un género so:.tiene
Ull;, ambigüedad. Lm'n' CjlH' :ra1(' (l': un asunlc) de elección
',o]u:1tari:1 :d ti("l11pn Cjuc (;(' c"ktc:':';¡inación culrural. Si el
gtnero está. elegido, t:l1lonces 110 Cj uecla claro cómo el género es
UJl<l construcción cultural que r(;cihilllu"-, O 110S cOD\'ertimos en
mujeres, y por lu tamo en incli,'icluos por ,'olun-
tad propia, o se nos obliga a ser mujeres. a estar sometidas al
opresor, sin poder orquestar nuestra liberación, 1\'os construi-
mos como mujeres (l somos construida- como Surge el
debate entre "oluntarisl1lo y determini<!11o que ha atra,'esado
-y sigue haciélldolo- el desarrollo de la teoría feminista. Se
trata de un conflicto entre posiciones c¡ut se imell)retan, en pri-
mera instancia, como enfrentadas, anta?,ónicas y sin resolución,
y que ha repercutido directamente en algunas de las lecturas
hechas de la obra de Butler, particularmente a partir de Gmder
Tr(fUhle. "P.or eso, es importante que, aunque no sea pertinente
desarrollar el mencionado debate en e::.,e momento en toda su
extensión, nos detengamos en la argumentación puntual apor-
tada por Butler en relación con BeaU\·oir.
«Géneto se com ierte en el locus corpóreo de significados
culturales tamo recibidos como innO\·ados. Y en este contexto
la «elección» pasa a significar un proceso corpóreo de interpre-
tación dentro de una red de normas culturales profundamente
establecida}) [+ 1 J: esto escribe Buder a propósito de Bcauvoir.
Elegir un género es así la operación de investir el cuerpo con
una serie de posibilidades que se adoptan, recreándolas, de
entre las que la cultura en la que habitamos nos proporciona.
Es una especie de corporal que a la vez se asume y se
decide lle"ar a cabo. Pero tsto rtquiere de mayores precisiones.
No en \'ano, Butler afirma, de modo muy expresivo, que la idea
de que elegimos nuestro género nos enfrenta con «un rompeca-
bezas ontológico» (<<an 0l1tological puzzle») [42]. En este
[41] rSGE, p, 19-1: J:\'(;, p, 23,
[4::!J p, 19-1; J:W;, p, :,1l,
l QU. <:0.\10 D: .. \ '")IJ.-\ 1
momento, no pretenderá tanto, Butler, resolver este rompeca-
bezas cuanto mostrar sus piezas constituyentes, lo que es una
vía para resaltar la problematicidad del género.
Una reinterpretación de la doctrina existencial, en el modo
sartreano, es lo que Butler entiende que hace Beauvoir, logran-
do así eliminar los apectos más cartesianos aún vigentes, no sin
cierta ambivalencia, en la filosofia de Sartre. La noción de yo
sartreana mantiene el punto de vista cartesiano de una estruc-
tura egológica dada con anterioridad al lenguaje y a la cultura.
Esta concepción desestima la importancia concedida en la filo-
sofía contemporánea -en la de Butler, además y como se com-
probará, de un modo progresivamente más fundamental- a la
construcción lingüística y cultural del yo. En este lugar, lo que
aprecia Butler, indagando en una dirección que desde luego
será profundamente revisada en sus obras posteriores, es que si
bien parece necesario que el yo personal sea un pre-requisito
lógico en la tarea de elegir el género, ello no significa que el yo
sea un ente carente de cuerpo, separado y distinto por comple-
to al cuerpo. A este yo descarnado, Butler se refiere con la
expresión «fantasmas cartesianos» [43]. Beauvoir, más que
refutar a Sartre, tratará de alejarse de ese «Cartesian Ghost»
pensando el cuerpo y criticando la doctrina de las almas incor-
póreas.
La tesis de que la conciencia precede al cuerpo y de que
tiene una realidad ontológica distinta será tanto admitida
como negada, alternativamente, por Sartre en su obra El ser y
la nada [44]. Aunque ofrece un intento de distanciarse del dua-
lismo cartesiano, Sartre, según Butler, no acaba por conseguir-
lo del todo. Se aproxima al cuerpo y a la identidad personal
como realidades coextensivas, pero también sugiere que la con-
ciencia de algún modo está más allá del cuerpo. Considera
Butler que lo que intenta hacer Sartre es conceptualizar la
['¡'3] VSGE, p. 194; VSG. p. 24.
[H] Jean-Paul Sartre, Llre el le néant: Essai d'ontologie phénoménologique. Paris.
Gallimard, 19'¡'3. Traduccicín castellana: El ser)' la /lada, ~ l a d r i d , .-\liall/.d
Universidad-Losada, 1984.
[CAriTCLO 1 1
identidad como transcendencia al tiempo que indagar en su
esencial, paradójicamente, relación con el cuerpo. Para ella, la
mención sartreana al sobrepasamiento del cuerpo que realiza
la conciencia es posible leerla no solo a partir del dualismo
mente-cuerpo sino que también se puede abordar desde el
supuesto de que el movimiento del yo hacia la transcendencia
sea en sí mismo un movimiento corporal. El cuerpo. entonces,
es dinámÍco e intencional; no es ni natural ni autoidéntico sino
que en su acceso al mundo va más allá de sí mismo, sobrepa-
sándose, indicando de este modo su carácter ontológico de
«realidad referencial» [45]. El cuerpo, experimentado, \'ivido,
dI" acuerdo con esa óptica, es una modalidad del !/¡;gar a ser. Es
Butler la que rastrea en los textos de Sartre esta posibilidad
interpretativa y la que la relaciona con el llegar a ser de
postulando que Beauvoir lleva al terreno de! sexo y de! género
la comprensión de Sartre de la existencia corpórea.
De este modo ha contextualízado Butler el llegar a ser géne-
ro de Beauvoir en el marco de la filosofia sartreana. Advierte,
sin embargo, que mientras que la paradoja que atrapa a Sartre
es la de una conciencia que está en e! cuerpo pero más allá del
cuerpo, en Beauvoir e! problema es cómo trasladar e! cuerpo
natural, e! sexo, al cuerpo atravesado por la cultura, e! género.
En Beauvoir, e! movimiento del sexo al género se efectúa siem-
pre en e! ámbito del cuerpo, como si se tratara del ejercicio de
dar forma cultural a un cuerpo original, pero de un ejercicio
que no halla un punto concreto de origen, porque no se puede
delimitar ese supuesto momento inicial, ni tampoco encuentra
un punto definitivo de llegada, porque adquirir un género es
una empresa que tiene lugar incesantemente, ya que el género
es la manera, en cada situación temporal, de vivir el cuerpo en
e! mundo [46].
El papel que en este devenir de! género juega el concepto de
«elección» queda aún por matizar. Se elige el género pero
quien elige no está situado en un afuera del género, de lo con-
.. H
[45] VSGE, p. 196; I'Se, p. 25.
[46] I'SGE, p. 197; vse, p. 26.
[QU: Cl'E\'TA (:0\10 l'!\'A 1
trario el «fantasma cartesiano» no se habría eliminado, como
defiende Butler que ha hecho Beauvoir. Al respecto de esta
cuestión, la elección del género, Beauvoir se inspira en la elabo-
ración sartreana del tema de la «elección prerreflexiva» pero
proporciona a la especulación de Sartre una concreción, un sig-
nificado cultural. La elección prerreflexiva es directa y espontá-
nea. Se realiza sin que apenas, en el momento en que la ejecu-
tamos, seamos conscientes de ella, aunque, más tarde, tenemos
acceso consciente a nuestra elección. Butler apunta que
Beauvoir parece haberse apoyado en tales ideas de Sartre cuan-
do afirma que vamos adoptando un género de acuerdo con un
proyecto laborioso encubierto que -consiste en
la progreslva: il1terpretación, reinterpretación, de las normas y
restricciones otorgadas por nuestra cultura. La elección de
género no es, en tal caso, una elección en sentido absoluto,
incondicionada. No se elige al modo de la creación radical,
pero la elección, en algún sentido, tiene lugar.
Esta propuesta dialéctica entre voluntarismo y coacción
cultural no permanece exenta de problemas. Beauvoir no
explicita los mecanismos concretos que dan vida a ese estilo
corporal que es el género ni la complejidad de la materialidad
de la opresión de género. No obstante, Butler muestra más
interés en sus ensayos sobre Beauvoir en detectar los elemen-
tos positivos de la teoría del género de la filósofa francesa, en
parte porque Butler está en esa época recopilando materiales,
por así decirlo, para elaborar su propia y diferenciada óptica
crítica sobre el género. Butler subraya, en esta línea, cómo la
apuesta de Beauvoir se inclina en favor del potencial emanci-
pador. De Beauvoir se deduce que la opresión no funciona sin
una cierta aceptación por parte de la persona sometida. Hay
complicidad con el amo. La cultura no se impone pasivamen-
te sobre los individuos porque estos pueden elegir apropiarse
de unos rasgos y no de otros. La cooperación de las personas
es decisiva. Al mismo tiempo, esto supone también y sobre
todo que existe la acción transformadora, porque la voluntad
de sometimiento es, en su otro rostro, voluntad de rebeldía. La
oprimida puede dejar de ser tal oprimida.
[C.\PiTCLO 1 1
Adt:más, las tesis de Beauvoir, dado su planteamiento dialéc-
tico del Llegar a ser un género dentro de un contexto cultural par-
ticular, pueden llevar a enfocar la mirada, así lo hace Butler más
que la propia BeaU\'oir, hacia la fuerza del peso de las normas
de género, lo que no deja de ser tampoco un agudizar la ,ista
hacia el lado de la emancipación porque permite conocer la
medida de la energía coerciti"a que no, proponernos enfrentar
así corno el grado de nuestra libertad de elección. La inserción
en un medio social exige a toda persona la adopción de un géne-
ro femenino o masculino sin ambigüedad, en consonancia con
las normas establecidas. Traspasar abruptamente esos límites de
género puede significar la pérdida de la existencia misma. Por
esta razón, el miedo y la angustia acompañan a! abandono de
los géneros normativos. Se nos impone ajustarnos a las interpre-
taciones culturales de género, lo que da la clave no solo del cons-
treñimiento de las normas sino de hasta qué punto no hay géne-
ros naturales, reforzándose con ello la afirmación beauvoriana
de que no se nace mujer, u hombre. Libertad y presión socia! se
interrelacionan complejamente. El ejemplo de la maternidad
que trae Butler a colación es muy ilustrativo. La maternidad se
acepta antes como motivada por un impulso natural e instintivo
que como prescrita por una institución social, con la carga de
decisión opcional que ello conlleva. La resistencia ante la repre-
sentación de la maternidad como una práctica voluntaria, la
tendencia a encubrir su no naturalidad se debe a que junto con
la maternidad se sometería a revisión qué otras cuestiones son
asimismo objeto de elección. La identidad de género caería bajo
sospecha. Nuestro lugar social, en su supuesta solidez, se tamba-
learía y el «vértigo» [47] entraría en escena.
El carácter descriptivo de la fórmula «se llega a ser mujer»
es evidente. En El segundo sexo se nos describe la experiencia
\ ~ v i . d a del devenir mujer, desde la infancia y hasta la vejez,
pasando por la iniciación sexual, el matrimonio, la maternidad,
la madurez, para mostrar cómo las mujeres adquieren un sen-
[47J J'SGE,p. 199; v.S"G,p. 27.
[Qct CL'E!'\TA cmlo C!'\A \"11),\]
tido de inferioridad que frecuentemente les lleva a aceptar su
situación de opresión antes que a reclamar su libertad. Pero
Beauvoir no explicita cuál es la manera más adecuada de asu-
mir el género. Butler sostiene que, no hay una inten-
ción prescriptiva en la obra de Beauvoir que puede ser detecta-
da. Beauvoir argumenta cómo las mujeres han ocupado el
lugar de «lo Otro», y en el proceso de su explicación pueden
hallarse sus intenciones prescriptivas, la dirección del camino
para la emancipación, para dejar de habitar el espacio de «lo
Otro». La transcendencia es la propuesta que Beauvoir dicta a
las mujeres. Esto significa, en principio, que Beauvoir proyecta
la idea de que se puede ir más allá del género desarrollando un
modelo de libertad no generizada. Esto parece que debeIÍan
hacer las mujeres ya que para ellas el género mujer les ha
supuesto la pérdida de autonomía, el vivir en la inmanencia
cerrada, atadas a sus anatomías. Ello implica que la libertad
para las mujeres reside en identificarse con la conciencia, con
esa actividad de transcendencia que han practicado los hom-
bres en la creencia de que no dependían de sus cuerpos. Las
mujeres deberían adecuarse a los valores estipulados para los
hombres; ellas debeIÍan ser como los hombres, en definitiva.
Así ha sido entendido, en muchas ocasiones y siempre por parte
de lecturas precipitadas y poco minuciosas, el tipo de feminis-
mo prescrito por Beauvoir.
El cuerpo es, en Beauvoir, tema fundamental de reflexión,
sin embargo. Beauvoir dice mucho más y dice en un sentido
distinto a aquel de una existencia descorporalizada. De otro
modo no se podría entender ni su conceptualización de la
mujer como «lo Otro» ni su consiguiente crítica al proyecto
masculino de una vida sin cuerpo. &J.ltler recoge la discusión de
Beauvoir sobre el Yo y el Otro y la relaciona con la dialéctica
del amo y el esclavo de Hegel [48]. En la versión de Hegel,
[48] Butler, en su texto «Sex and Gender in Beauvoir's Second Sex», des-
arrolla más por extenso que en su escrito «Variations on Sex and Gender:
Beauvoir, Wittig, Foucault» el análisis de la dialéctica beauvoiriana del Yo y el
Otro en conexión con la hegeliana del amo y el esclavo.
[CAPin.:LO 11
47
como ya señaló Butkr en su Subjerts úf Destre, el amo no alcan-
za verdadera autonomía a través del esclm'o sino que el esclm'o
es una parte alienada de sí mismo. En Beauvoir el amo es el
hombre descorporalizado y el esclavo la mujer determinada
por su cuerpo. El uno, el amo, solo puede representarse a sí
mismo como ser sin cuerpo, radicalmente libre, con la condi-
ción de que las mujeres sean cuerpo, no cuerpo vi\ido y pleno
de significados culturales sino solo cuerpo escla\izante donde
su conciencia y sus proyectos son meras urgencia,> del cuerpo.
Las mujeres son «lo Otro» en este sentido, así definidas, así
recluidas en la esfera del cuerpo por los hombres y con el fin de
pensarse a sí mismos como desposeídos de sus cuerpos, como
almas descarnadas, porque sus cuerpos están negados y despla-
zados fuera de sí, en «lo Otro». Las mujeres como «lo Otro»
representan la corporalidad misma. Beauvoir cuestiona ese
modelo masculino de autonomía por ser un engaño ilusorio e
insatisfactorio. El hombre no puede "i\"Ír al margen de su cuer-
po. Al negar el cuerpo lo que hace es «existir el propio cuerpo
en el modo de la negación» [49].
Una vez desmitificado el diseño de libertad y autonomía
masculino, se hace dificil mantener que para Beauvoir la eman-
cipación de las mujeres viene acompañada de la adopción de
los valores y comportamientos de los hombres. Ante las posicio-
nes dicotómicas, existencia masculina descorporalizada, exis-
tencia femenina encarcelada en el cuerpo y en un cuerpo del
que se presupone ser realidad natural inconmO\ible, Beauvoir
nos acerca a pensar el cuerpo, todos los cuerpos, como «situa-
ción»: «si el cuerpo no es una cosa, es una situación: es nuestra
aprehensión del mundo y el esbozo de nuestros proyectos» [50].
Es materialidad que se da siempre dentro de un contexto cultu-
ral de sentido y es, en tanto vehículo de nuestras metas, a la vez
el ámbito del ejercicio de nuestra capacidad de elección.
Hemos dado de nuevo con esa ambigua, no resuelta del todo,
[49] VSGE, p. 200; I'SG, p. 28.
[50] Simone de Beau\'oir,.E1 segundo sexo. vol. 1.1LiS hechos), los mitos, op. cit.,
p.58.
[ Qct CL:El\TA cmlo LX" "IDA 1
relación dialéctica entre determinación cultural y voluntad de
elección que define el llegar a ser mujer. El cuerpo es situación
y en ese su carácter de estar situado el género le acompaña
siempre. El cuerpo es cuerpo. generizado y no puede ser de otro
modo.
Asumir esta lección, el cuerpo como situación, sería la ense-
ñanza otorgada por Beauvoir tanto a las mujeres como a los
hombres, aunque harían falta bastantes precisiones más, que
no nos ofrece Beauvoir, para que a partir de esa idea el sende-
ro de la emancipación pudiera ser transitado sin vacilación. Tal
vez, como nos hace observar Butler, no se trate de perseguir
un concreto ideal de llegar a ser mujer ni de caminar por un
camino único y lineal, ya que no hay esencia definidora de lo
que es y de lo que deviene mujer. Cierto, pero Beauvoir no va
tan lejos como Butler en la problematización de las categorías
del feminismo; aquella pretende hablar a la «mujem y dictarle
que en la «fraternidad» [51] de mujeres y hombres está su
«liberación». No obstante, la ambivalencia de las afirmaciones
de Beauvoir es abundante. Nos presenta a la mujer como un ir
haciéndose en sociedad y, paradójicamente, como un ser en el
que las funciones biológicas tienen un peso denso [52].
Beauvoir resalta, en ocasiones, los rasgos fisicos, biológicos y
psíquicos, incluso, que se adscriben tradicionalmente a la dife-
rencia sexual, y que la sostienen interesadamente:
La mujer es más débil que el hombre; posee menos fuerza mus-
cular, menos glóbulos rojos y menor capacidad respiratoria;
corre menos velozmente, levanta pesos más livianos, y no hay
[51] Ibíd., vol. 2, p. 518. Con la mención de la fraternidad entre mujeres
y hombres concluye el libro de Beauvoir, precisamente.
[52] ena autora que critica a Beauvoir por la contradicción que expresa
entre el valor de la cultura y el determinismo biológico es SusanJ. Hckman,
Gender and Knowledge: Elements of a postmodern fem in ism , Cambridge MA,
Routledge, 1990. Otras autoras, sin embargo, defienden que Beauvoir, antes
que asumirlas, muestra los límites de las interpretaciones biológicas. Véase, en
este sentido, :\Iichelle Le DOClIff, «Simone de Beallvoir and Existencialism»,
Feminist Studies, 6 (2), 1980, pp. 277-289.
[C.\PiTU.O [1
casi ningún depune t'Il el que pueda competir cun él: no
puedt' afrolltar ;!1 maclJO ell la lucha. :,\, esa debilidad se agre-
gan la inestabilidad, la ralta de «control» y la fragilidad de que
hemos hablado: C·"tos SOIl hechos. Po;' lo tanto, su ,!prehensión
del mundo es m;'¡s restringida, y tiene menos firmeza y perse-
verancia en proyectos que también es menos capaz de realizar,
Esto quiere decir que su vida indi,'idual es menos rica que la
elel homhre [53].
Con ello, parecería obvia su defensa de una diferencia
sexual irrebasable, dificil de conjugar con las metas feministas
igualitarias en las que, particularmente por parte del feminismo
angloamericano [54], ha sido incluida Beauvoir y como una de
sus pioneras del siglo xx. Mas el texto continúa así: «No sena
posible negar esos hechos, en verdad, pero no llevan su sentido
en sí mismos. Desde que aceptamos una perspecti\'a humana,
definiendo el cuerpo a partir de la existencia, la biologia se con-
vierte en una ciencia abstracta» [55], En otro lugar escribe: «La
mujer no es determinada por sus hormonas ni por instintos
misteriosos, sino por la forma en que recupera, a través de con-
ciencias extrañas, su cuerpo y su relación con el mundo» [56].
Y, también: «el cuerpo de la mujer es uno de los elementos
esenciales de la situación que ella ocupa en este mundo. Pero
tampoco él basta para definirla; ese cuerpo no tiene realidad
vivida, sino en la medida en que es asumido por la conciencia
a través de sus acciones y en el seno de una sociedad» [57],
La no naturalidad del cuerpo, y del cuerpo generizado que,
en efecto, Beauvoir insistentemente proclama. es lo que retiene,
finalmente, el análisis de Buder en lugar de su también persis-
[53] Simone de Beauvoir. El segundo sexo, op. cit., \'oL L p. 58.
[54] Una defensa de que Beauvoir lanza el mensaje de la erradicación de
la diferencia sexual en favor de la identificación de mujeres y hombres, puede
verse en Tina Chanter. Ethics of Eros: Irigara)' 's reu:riting of /he philosophers, New
York, Routledge, 1995.
[55] Simone de Beauvoir, El segundo sexo, ,'oL l. Los hechos)' los mitos, op. cil.,
p.58.
50
[56] lbíd" voL 2, p. 511.
[57] Ibíd., voL 1, p. 60.
[QL:t CU:!\TA (:0:-'10 L:I\A \'WA]
tente exposición detallada de las importantes desigualdades fisi-
cas, y más que fisicas, entre mujeres y hombres. El cuerpo se
nos da inserto en un medio cultural y el intento de acceder a él
sin ese atravesamiento de significados es imposible porque, ade-
más del cuerpo objeto de investigación, la persona que lo
observa también está provista de un lenguaje cultural.
Extendiendo esta idea, en una dirección no contenida, sin
duda, en el texto de Beauvoir, Butler se plantea no solo la dis-
tinción entre sexo y género sino si la conexión entre sexo y
género no será, quizá, un vínculo convencional, culturalmente
establecido. 0, si tal vez, no será que el sexo tampoco es una
realidad natural. Aproximándose a lo que se convertirá en uno
de los pilares de su teoría sobre el género, Butler extrae de
Beauvoir la posibilidad de que la reinterpretación de las nor-
mas de género que ocupa a nuestro devenir un género pueda
conducir a una «proliferación y variación de estilos corpo-
rales» [58]. Dicho de otro modo: «Que uno llega a ser el pro-
pio género parece ahora tener más implicaciones que la mera
distinción entre sexo y género. No solo la anatomía no dicta
más el género sino que la anatomía no parece presentar nece-
sariamente ningún límite al género» [59]. Beauvoir, ni dice ni
siquiera sugiere que pueda haber más de dos géneros. Butler lo
admite directamente [60], pero considera que en Beauvoir sí se
sugiere la no necesidad ontológica del sistema binario de géne-
ros. Beauvoir desafia las normas de género establecidas cuando
plantea el llegar a ser mujer como un proceso dialéctico entre cul-
tura dada e invención. Y este crucial punto, y ello es lo impor-
tante para Butler, no había sido propuesto con anterioridad.
En general, en sus líneas fundamentales, Butler mantiene
esta su primera lectura de Beauvoir en su obra Gender Trouble,
donde al inicio, justo como encabezamiento de su primer capí-
tulo, está impresa la frase «No se nace mujer: llega una a serlo»,
compartiendo espacio con citas deJulia Kristeva, Luce lrigaray,
[58] VSCE, pp. 200-2001; v:S-C, p. 29.
[59] SGE, p. 19.
[60] [bU., p. 2 1 .
[C.\l'iTU.O 1]
; I
:Michd foucault y ?-.Ionique Wittig, en un claro indicio de su
reconocimiento a los pensamientos donde, en diálogo crítico,
ha fermentado su propia teoría del género. Allí resalta Butler
que si bien Beauvoir no se afana en problematizar la cate-
goría mujer sí sei'iala cómo esa categoría es un resultado cultu-
ral [61]. Sostiene que en Beauvoir el sexo no es discutido: se
nace con un sexo fisico inmutable, pero el sexo no es la causa
del género. Sexo y género están radicalmente separados. El
cuerpo sexuado, entonces, para Butler, está abierto a múltiples
·elaboraciones culturales de género, más allá de los dos géneros
acostumbrados. Los géneros no tienen por qué quedar reduci-
dos a la supuesta dualidad de sexos, porque el género es un pro-
ceso, una actividad con capacidad transformadora. Sin embar-
go, en Gender 7í'ouble, Butler admite un cierto desplazamiento de
su primera interpretación de Beauvoir.
En contra de su propio esfuerzo por alejar a Beauvoir del
«fantasma cartesianQ»), Butler afirma en Gender Trouble que en El
segundo sexo, a pesar del intento de establecer una síntesis entre
los términos, se mantiene el dualismo mente-cuerpo [62J.
Beauvoir reproduce la distinción mente y cuerpo y esa distin-
ción trabaja siempre en favor de la relación jerárquica entre los
géneros, como abundantemente ha demostrado la filosofia y el
feminismo. Cuando Beauvoir plantea su noción de cuerpo
como situación y como instrumento de libertad, cuando alude
a cómo el sexo puede dar lugar a un género no opresivo sino
elegido, es posible leer ahí la propuesta de una síntesis entre
conciencia y cuerpo. Pero, no obstante, nos advierte Butler,
quizá esa síntesis se sostenga en el mantenimiento de la diferen-
cia ontológica entre mente y cuerpo y, en consecuencia, en la
superioridad de la mente y de lo masculino sobre el cuerpo y
[61] GD, pp. 142-143 (la traducción española contiene dos prólogos, el de
la primera edición en 1990 y el de la segunda en 1999); GT, pp. I I 1-112 (las
páginas citadas corresponden en este caso y en los sucesivos a las de la edi-
ción de 1990. Sin embargo cuando se citan páginas del segundo prólogo de
1999 ellas corresponden a la segunda edición de la obra).
[62] GD. p. 45; GT, p. 1:2.
52
[QL:t CL:EI\T .... c:mlo U'A VIDA 1
sobre lo femenino. Este es un tema fundamental a lo largo de
toda la obra de Butler, de ahí su interés por escudriñar el traza-
do de su formulación en Beauvoir: cómo pensar 10 humano, la
materialidad del cuerpo y su capacidad de acción transforma-
dora, bajo presupuestos que inhabiliten el dualismo ontológico
de la tradición filosófica y la oposión binaria entre los géneros;
cómo pensar lo humano generizado fuera del marco de la dife-
rencia sexual.
En el trabajo «What is a Woman? Butler and Beauvoir on
the Foundations of the Sexual Difference» [63], Sara
Heinamaa discute la interpretación de Butler de la filósofa
francesa. El punto inicial de la crítica sostiene que Beauvoir no
llevó a efecto una teoría sobre el género sino una descripción
fenomenológica del complejo fenómeno de la diferencia sexual,
con lo que toda aproximación a El segundo sexo desde la óptica,
ajena a la propia obra, de la relación entre sexo y género está
errada; la de Butler entre ellas por ser deudora, en este sentido,
de la recepción angloamericana de Beauvoir. Heinamaa resal-
ta particularmente la comprensión de Butler, que estrictamen-
te solo puede ser hallada en Gender Trouble, que encuentra en
Beauvoir el voluntarismo sartre ano. De acuerdo con el análisis
de Heinamaa, no solo no es lícito utilizar la distinción sexo-
género para abordar el texto de Beauvoir sino que tampoco es
adecuado el uso del marco existencialista de Sartre como clave
de acceso. Desde el enfoque de Heinamaa resulta Beauvoir
próxima, incluso, a la ética de la diferencia sexual de autoras
como Luce lrigaray.
En todo caso, en El segundo sexo no está, para Heinamaa, a
pesar de que reconoce la ambigüedad y dificultad del texto, la
afirmación de que los procesos de socialización sean los deter-
minantes del llegar a ser mujer por encima de los factores biológi-
cos, como hormonas y cromosomas, y que en definitiva sean
[63] Sara Heinamaa, ,,\\'hat is a Woman? Butler and Beauvoir on the
Foundations of the Sexual Difference», fl.ypatia, vol. 12, n." 1, Winter 1997,
pp. 20-39. Traducción española: «¿Qué es ser mujer? Butler y Beauvoir sobre
los fundamentos de la diferencia sexual», Alora, n.o 4, 1998, pp. 27-44.
[C.\piTl:w 11
) )
aquellos elememos socializadores la causa de la diferencia
~ e x u a l . Las explicacione" causales del !/('gar a ser muja, de tipo
socioló!,"'¡co, y también las biológicas, psicoanalíúcas y las basadas
en el materialismo histórico, sun, dice Heinamaa, rechazadas por
Beam"Oir para abrir paso a una exposición de la experiencia de
ser mujer y de sus significados. El contexto de pensamiento
adecuado, cntonce,\ para entender la perspectiva de Beam'oir
es, según Heiniimaa, el de la fcnomenolosría, en particular en la
versión de l\1erleall-Ponty, donde se pone especial énfasis, dife-
renciándose de los dualismos cartesianos y sartreanos, en pen-
sar al sujeto de la experiencia no como conciencia aislada del
mundo sino como cuerpo viviente que habita en relación con
otros cuerpos.
La intelección del cuerpo de Merleau-Ponty es la que adop-
ta Beauvoir para su proyecto feminista, subraya Heinamaa.
Para este cuerpo, que es cuerpo vivido, y que se relaciona con
su mundo mediante relaciones internas de expresión, no me-
diante relaciones causales y externas, la sexualidad es manera
de ser; la sexualidad, femenina o masculina, lo caracteriza en
su totalidad. Beauvoir, en tal caso, no pretende teorizar sobre el
origen o la causa de ser mujer, tampoco sobre alguna suerte de
forma común de ser mujer. Beauvoir describe la diversidad de
acciones, prácticas, comportamientos que configuran el signifi-
cado de ser mujer, teniendo en cuenra que ese modo de ser, que
es ser mujer, no es «una cualidad ftia, sino una estructura abier-
ta» [64]. En realidad, dice Heinamaa, ni el modelo del \'olun-
tarismo, donde el género se elige, ni el del constructivismo,
donde el género viene determinado por la presión social, son
adecuados para comprender el enfoque de la diferencia sexual
de Beauvoir que se pregunta sobre qué significa ser mujer. Sexo
no es en Beauvoir el suelo natural de la construcción de géne-
ro, ni género es una interpretación cultural del sexo. Sexo y
género son abstracciones teóricas que se organizan sobre una
experiencia de vida, femenina o masculina, que es el asunto
[G+] Ibid., p. 3G (de la traducción espaii.ola); p. 28 (de la edición inglcsa) ..
;..;.
[ QL'f: cu:r\T.\ cmlO C!'.\ "IDA 1
que Beauvoir indaga desde una perspectiva fenomenológica.
Por lo tanto, concluye Heinamaa, «cuando Beauvoir pregunta
cómo se llega a ser mujer, en realidad pregunta cómo es posi-
ble que un cuerpo, interrelacionado con el mundo y con otros
cuerpos, pueda repetir ciertas posturas, gestos y expresiones y,
asimismo, cambiarlos y modificarlos. Su respuesta a este inte-
rrogante quizá no sea del todo coherente. Sin embargo, para
criticar su resolución, habría que comprender correctamente la
pregunta» [65].
De acuerdo con su análisis del texto de Beauvoir, Heinamaa
considera que Butler entiende incorrectamente la fórmula <<lle-
gar a ser mujer» al focalizarla como una re elaboración de los
planteamientos de Descartes y de Sartre sobre el sujeto y el
cuerpo. y sin embargo, como por otra parte también observa
Heinamaa, Butler no deja de tener en cuenta la dependencia
de Beauvoir, en su acercamiento al cuerpo, de las tesis de
Merleau-Ponty [66]. No en Gender Trouble, pero sí en otros tex-
tos, Butler no solo señala ese vínculo de Beauvoir con Merleau-
Ponty sino que somete a dura revisión los planteamientos de
Merleau-Ponty. Claro que Heinamaa considera igualmente
equivocado, e infundado, el juicio de Butler sobre Merleau-
Ponty [67].
A Heinamaa le preocupa valorar la adecuación de la lectu-
ra de Butler a lo que ella considera ser la verdadera intención y
significado del pensamiento de Beauvoir y de Merleau-Ponty.
Por nuestra parte consideramos lo más destacable del análisis
de Heinamaa su puesta en evidencia, aunque no sea esta su
[65] ¡bU., p. 41 :de la traducción española); p. 32 (de la edición inglesa).
Otros trabajos de Sara Heinamaa donde la autora investiga el acercamiento
fenomenológico al cuerpo desarrollado por Beauvoir y su dependencia en
este punto más que de Sartre de Merleau-Ponty son: «Simone de Beau\'oir' s
Phenomenology of Sexual Difference», f(ypatia, \'01. 1-1-, !l." -t, Fall 1999, pp.
114-132; «The body as instrument and as expressio!l», en Claudia Card :ed.:,
The Cambridge Companion lo Simone de Beauvoir, op, cit" pp, 66-86.
[66] Véase, SGE, p. 19.
[67] Sara Heinamaa, «¿Qué es ser mujer? Butler y Beauvoir sobre los
fundamentos de la diferencia sexual», op, cil., p, 37; pp. 28-29 (de la edición
inglesa).
[C .... pITL'LO 1]
;;
meta, de la dificultad, ambigüedad y contradicción de la narra-
ción de Bcauvoir así como de la c1i\'ersidad de interpretaciones,
irreconciliables muchas de ellas, a que ha dado lugar. Dos para-
digmas feministas di\'ergentes hall retomado El segundo sexo bus-
cando ahí las huellas de sus propios postulados: la teoría del
género y la de la diferencia sexual. La dedicación de Butler a
Beauvoir, al margen de si se ajusta más o menos a la verdad del
texto -y es discutihle incluso que se pueda hablar en esos tér-
minos-, es provechosa, insistimos, en cuanto que halla ahí
materiales para la activación de su inquieto pensamiento sobre
e! género como problema.
3, Ex'-\..\Il!\"ADO
El estudio que desarrolla Butler sobre la obra de Merleau-
Ponty Fenomenología de la percepción [68], Y que se titula «Sexual
Ideology and Phenomenological Description. A Feminist
Critique of Merleau-Ponty's Phenomenology of Perception» [69],
muestra, además de su temprano interés por la fenomenología,
lo que ya hemos apuntado con anterioridad en relación con el
contexto de realización de su Tesis Doctoral sobre Hegel, su
conocimiento de la noción de cuerpo del filósofo francés así
como su también temprana orientación feminista. Cabría pen-
sar, quizá, que sí Butler no rastrea más pormenorizadamente e!
influjo de Merleau-Ponty sobre Beauyoir se deba a que su pre-
ocupación por el cuerpo gene rizado está alentada por su poten-
cialidad feminista y que tal utilidad para la teoría de! género se
la proporciona antes y sobre todo Beauvoir. En El segundo sexo
hay ciertos conceptos, relativos al cuerpo en especial, tomados
de Merleau-Ponty pero Beauvoír los reformula y los .. extiende
en una dirección feminista que, según Butler, no permite clara-
mente Merleau-Ponty. Aún más, e! seguimiento del escrito de
[68] Maurice Merleau-Ponty, Phénoméllologie de la jJerception, Paris,
Gallimard, ) 945.
[G9] SIPD.
Butler sobre Merleau-Ponty evidencia su crítica a Merleau-
Ponty, en parte a través de las tesis de Beauvoir.
El juicio de Butler sobre Merleau-Ponty presenta, por otra
parte, variados matices. Aprecia sus argumentos en contra de
las afirmaciones sobre la sexualidad de carácter naturalista y se
plantea en qué medida pueden ser útiles para refutar los pun-
tos de vista normativos sobre la sexualidad. En principio,
Merleau-Ponty parece aportar a la teoría feminista una pers-
pectiva interesante cuando, lejos de su consideración como ins-
tinto biológico, piensa la sexualidad en relación con la existen-
cia desde una situación histórica concreta, restaurando los
componentes históricos y volitivos de la experiencia sexual en
una dirección que podría abrirse al reconocimiento de la diver-
sidad sexual. Butler se detiene en el apartado de la Fenomenologia
de la percepción dedicado al cuerpo y a su ser sexual, donde el
cuerpo se conceptualiza como «idea histórica» antes que como
«especie natural» [70] y anota seguidamente la influencia de
esta formulación en la comprensión del género de Beauvoir.
Como es para Beauvoir el género, el cuerpo para Merleau-
Ponty es un «lugar de apropiación» y «mecanismo de transfor-
macióm> [71]; no es un hecho de la existencia estático sino una
modalidad de existencia donde, a partir de una más extensa
experiencia histórica, el individuo realiza, dramatiza, una serie
de posibilidades.
Que el pensamiento de Merleau-Ponty potencie esta apertu-
ra de la teoría sobre la sexualidad es, sin embargo, solo una apa-
riencia engañosa porque en su ftlosofia se lleva a efecto un giro
hacia la asunción de las normas que rigen la sexualidad hetero-
sexual. Además de considerar que la relación sexual es heterose-
xual, dice Butler, caracteriza la sexualidad masculina como mira-
da descorporalizada que enfoca a su objeto de deseo como cuer-
po y solo crudo cuerpo. Cierto que discute el supuesto de una
estructura natural de la sexualidad pero ftia la relación cultural
entre los sexos sobre una base a la que llama «esencial» o «meta-
[70] lbíd., p. 85.
[71] lbíd., p. 86.
[C.\pin:1.O 1] ;7
física». Quizá, indica BUllcr, sea el ca:,.o dé que en l\lerleau-PolHy
\lila específica construcción cultural de: la sexualidad de\iene
natural. De ahí que para Butler el feminismo que lucha en COI1-
tra de la naturalización de la sexualidad como forma de domina-
ción puede hallar en elementos positiyos a la
vez, negativos [72].
La estructura de la percepción descrita por
se des\·cla, en la minuciosa disección de Butler, como misógina.
El sujeto que mira es masculino y el cuerpo que ese sujeto per-
cibe es femenino y ese cuerpo femenino aparece a la vista de tal
modo como si sus propios atributos, con independencia de la
mirada masculina detenida sobre ellos, provocaran los gestos
sexuales masculinos. No se trata entonces de que el hombre
proyecte sus deseos sobre el cuerpo femenino sino que conside-
ra eso que es su proyección como la estructura misma del cuer-
po percibido. Para Merleau-Ponty «el cuerpo expresa existen-
cia» pero el cuerpo femenino contiene una «esencia», como
mujer, esencia fundada en su cuerpo. Esta contradicción es
subrayada por Butler [73], ai1adiendo que la esencia del cuer-
po femenino parece ser una esencia fisica que lo determina
como objeto de la percepción en lugar de como sujeto. El cuer-
po femenino no es nunca sujeto, es siempre esencia fijada y no
existencia abierta; por tanto, ese cuerpo, cuerpo que se nombra
de forma general, sin especificaciones, ese cuerpo que es exis-
tencia, tiene que ser masculino y la existencia no pertenece a la
mUJer.
El proyecto de la Fenomenología de la percepción de mantener un
sujeto abstracto al tiempo que se describe una concreta expe-
riencia de vida es calificado por Butler de imposible. El sujeto
al que Merleau-Ponty se refiere es un sujeto determinado, mas-
culino. No se puede invocar una estructura universal de la exis-
tencia corporal mediante la puesta en escena de casos particu-
lares y singulares. Y el resultado de ese camino recorrido por
Merleau-Ponty es que reclama universalidad y legitimidad para
f72] ¡bid.
[73] ¡bid., p. 94.
una forma concreta de sexualidad organizada culturalmente.
Que el marco fenomenológico no sea normativo y que nos pro-
porcione una comprensión mayor de la sexualidad que otros
. marcos de intelección, se muestra para Butler, de este modo,
como una expectativa ilusoria.
La sexualidad, para Merleau-Ponty, nos sitúa en un mundo
común, nos hace partícipes de una comunidad universal, pero
el mundo que él describe es el de las relaciones de dominación
entre los sexos, caracterizado por una dinámica no recíproca
entre el hombre que mira, el voyeur, y la mujer objetualizada.
Postula que esta dialéctica universal se sostiene en la experien-
cia vivida. Y en el análisis de la experiencia vivida lo que hace
Merleau-Ponty no es otra cosa que investir al cuerpo de una
estructura ahistórica, estructura que está, de hecho, precisa
Butler, motivada históricamente. Merleau-Ponty explica esta
estructura diciendo que la experiencia sexual es una oportuni-
. dad para que el individuo se familiarice con lo humano en su
conjunto en su aspecto general de autonomía y dependencia.
Debido a la estructura metafisica del cuerpo la vida humana
universal está implicada en esa dinámica de autonomía y
dependencia, que forma parte de la dialéctica del yo y del otro,
que no es otra cosa que la dialéctica del amo y el esclavo.
Porque tengo un cuerpo puedo ser reducido a objeto por la
mirada de otra persona para quien yo no soy persona; también
puedo convertirme en el amo y mirar yo a la otra persona [74].
Rastreando la conexión de la ideología sexual de Merleau-
Ponty con la dialéctica del amo y el esclavo, y entendiendo que
la percepción, en el contexto sexual, significa deseo, Butler
señala cómo el sujeto que desea es equivalente al amo y el obje-
to deseado al esclavo. El amo que desea es ser sin cuerpo, y el
esclavo es el cuerpo que le falta al amo. Como el esclavo es un
cuerpo objeto, es un cuerpo sin deseo. De lo que se sigue,
entonces, que en esa relación no hay cuerpos deseantes: a esta
consecuencia llega Butler en su comentario crítico de esa
[74] ¡bid., pp. 95-96.
[C.WilTI.O 11
estructura metafisica de la existencia corporal a la que remite el
texto de Merleau-Ponty. Butler, por otro lado, no oculta que
11erleau-Ponty no identifica al amo con el cuerpo masculino ni
al esclavo con el femenino, pero nos hace obse¡yar que el filóso-
fo francés tiende a considerar el cuerpo femenino como un cuer-
po descontextualizado y fragmentado. Situándose bajo la óptica
de Beam'oir )' su consideración de la mujer como «lo Otro»,
como ser reducido a cuerpo, a sexo, la descripción de Merleau-
Ponty de la existencia corporal desemboca, según Butler, en una
consolidación de la dinámica cultural de la relación heterose-
xual. critica Butler, ,·acía·ta e),:periencia de ,ida
de referencias culturales específicas convirtiéndola en una
estructura metafisica, y cuando la contextualiza la dota del
marco de la construcción cultural de la heterosexualidad. Butler
concluye que La Fenomenología de la percepción nos deja en una
situación de «confusión metafisica» al respecto de la experiencia
sexual; confusión que mantiene irreconocible la relación de
dominación y sumisión que vivimos [7.5].
Sobre el valor que pudiera tener la fenomenología para
el feminismo, Butler reflexiona todavía, y de modo explícito, en el
último apartado de su ensayo sobre Merleau-Ponty. La obra
póstuma del fenomenólogo francés, Lo visible)' lo invisible [76], es
mencionada aquí por cuanto ofrece la sugerencü:i de una onto-
logía del tacto en lugar de una ontología de la mirada en la que
la ,-isión detenta el privilegio. Aquella sería Ulla descripción de
la vida sensual donde el ámbito compartido de la carne podría
resistirse a ser categorizado en términos de sujeto y objeto.
Butler se plantea si en su última teoría ha logra-
do distanciarse de sus anteriores tesis sobre el vOJleurismo y la obje-
tualización [77], al tiempo que insiste en que en la Fenomenología
[75] IUd .. p. 97.
[76] Maurice Merleau-Ponty, 11 visible el ¡'imisible, Paris, Gallimard, 1964.
[77J A este respecto, en su trabajo «¿Qué es ser mujer? Butler y Beauvoir
sobre los fundamentos de la diferencia sexuah" op. cit., p. 37: p. 29 (de la edi-
ción inglesa), Heinamaa critica la interpretación de Butler de Merleau-Ponty
con el argumento de que solo atiende a los pasajes de la Fenonlfl/ología de la pero
cepción donde se habla de la visión y deja fuera del análisis los referidos al
[ Qci: tTE:"T.-\ cmlO U\.\ \"IDA 1
de la percepción el autor acepta la dialéctica del amo y el esclavo
como una dinámica invariante de la vida sexual. Sujeto y obje-
to son antes constructo s metafisicos que experiencias vividas, y
la rriayor «confusión metafisica» de Merleau-Ponty es pensar
que su teoría vuelve transparente la experiencia vivida [78].
Además, su concepción del sujeto es problemática en tanto que
en su formulación abstracta pretende representar no a un géne-
ro sino a todo género. De este modo, el género como categoría
de análisis no es en Merleau-Ponty relevante en la descripción
de la experiencia corporalmente vivida. y, por otro lado, como
el sujeto descrito refleja a un sujeto masculino culturalmente
construido, su pensamiento «consagra la identidad masculina
como modelo de sujeto humano, devaluando, de ese modo, no
al género sino a las mujeres» [79].
Estos dos factores, su renuncia al género para explicar la
experiencia vivida ysu implícita universalización del sujeto
masculino, se conjugan con el hecho de que la filosofia de
Merleau-Ponty no da reconocimiento a la historicidad de la
sexualidad y de los cuerpos, lo que es una ausencia clave por-
que en el intento de acceder a la experiencia vivida es funda-
mental la referencia a la concreta sexualidad y al concreto
cuerpo del que se pretende hablar. Las sexualidades son muy
diversas y asimismo sus contextos lingüísticos y psicosomáticos.
Siguiendo este razonamiento, Butler afirma la ingenuidad del
planteamiento de Merleau-Ponty que reduce la vida a una abs-
tracción donde están ausentes las situaciones singulares de los
tacto. Esa es la razón, según Heinamaa, por la que Butler concluye que el
proyecto filosófico de Merleau-Ponty experimenta un cambio en Lo J' lo
invisible. Heinamaa remite, además, a la lectura de Luce lrigaray en su Ethique
de la diffirence sexuelle (Paris, :\Iinuit, 1984) donde la autora francesa cuestiona
la fenomenología de Merleau-Ponty no tanto por centrarse en la visión cuan-
to por privilegiar un cierto de \·er, de tocar y de escuchar que conduce
a la objetualización del otro. la mujer, el hombre o el mundo. De ahí que
la apuesta de lrigaray consista en desarrollar un modo de ver y tocar que per-
mita ser al otro por derecho propio (véase, p. 37, nota 46; p. 35, nota 13 de la
edición inglesa).
[78] SIPD, p. 98.
[79] lbíd.
[C.\PiTt:LQ lJ
incli\·iduos particulares y en la que se pri\ilegia la idea de una
estructura metafisica por encima de realidades históricas y.
culturales. La aproximación feminista a l\1erleau-Ponty, en
consecuencia, deberá cuestionar estos aspectos de su plantea-
miento e insistir en el estudio de los modos en los que su texto
universaliza y da legitimidad a las estructuras de la opresión
sexual.
En todo caso, una positiva apropiación feminista de I\'lerleau-
Ponty implicaría entender el cuerpo y la sexualidad en una
dirección no recorrida en su texto: el cuerpo como lugar de
expresión y puesta en escena de elementos existenciales dota-
dos de un género y de una historia, y la sexualidad como ámbi-
to de luchas culturales susceptible de innovación y de cambio.
Vuelve a dejar claro Bucler que ella, en la labor de exégesis de
un pensamiento, se dirige más allá de los límites de sus formu-
laciones escritas.
4. l\10DELO y TEATRAL
DE APROXI:-'1ACIÓr\ AL GÉNERO
En el ensayo titulado, «Performative :\cts and Gender Cons-
titution: An Essay in Phenomenology and Feminist Theol)·}}
[80], es posible rastrear también el acercamiento de Butler a la
fenomenología existencialista de Simone de Beauvoir y de
Merleau-Ponty en relación con su producti\idad para el femi-
nismo. En esta ocasión, Butler hace intervenir en su discurso a
las teorías de la representación y actuación y a la teoría de los
actos de habla, que convenientemente desplazada de su lugar
de origen, y en una dimensión sobre todo lingüística, formará
parte esencial, algo más tarde y en lo sucesivo, de su definición
del género. Citando de nuevo la sentencia de Beauvoir <<la
mujer no nace, se haceH [81], indica que el género no remite a
[80]Judith Butler, «Performative Acts and Gender Constituúon: An Essay
in Phenomcnology and Feminist Theorm, op. nt.
[81] APee, p.296.
62
una identidad substancial sino a una identidad c9nstruida en el
tiempo mediante actos discontinuos y repetitivos; el género es
«un resultado performativo» [82J abierto a la transformación.
Su propósifo es rebatir las concepciones que naturalizan el
género, en tanto que en ellas resulta el género cosificado y petri-
ficado, para dar entrada a otra comprensión del modo de cons-
titución del género, el modo performativo, donde los actos
constituyen la identidad del sujeto actor y donde los actos tam-
biéri producen la creencia en la identidad. El modelo teatral y
el fenomenológico serán, en consecuencia, revisados en tanto
asumen, en contra de la tesis performativa, la existencia de un
yo anterior a sus actos. El desmantelamiento de este supuesto,
el yo preexistente y núcleo fundante, en tanto lugar de origen
de las acciones, comportamientos, enunciaciones discursivas,
será tema recurrente en el pensamiento de Butler. En este escri-
to, este trabajo critico requerido por el concepto de performa-
tividad de Butler, está meramente en sus inicios y, por ello, aún
no se aprecia en todas sus dimensiones y ricos matices; tampo-
co es el adecuado, por lo demás y como se comprobará, el con-
texto de referencia que maneja.
También en este texto, Butler apunta que la concepción de
la mujer de Beauvoir como situación histórica y no como
hecho natural se apoya en la comprensión del cuerpo como
«idea histórica» de la Fenomenología de la percepción de Merleau-
Ponty. La materialidad y naturalidad del cuerpo no quedan
negadas pero se distinguen del proceso específico e histórico
por el que el cuerpo adopta significados culturales. Sin embar-
go, Butler opina que la teoría fenomenológica requiere de una
ampliación de la consideración de los actos que dé cuenta no
solo de cómo el cuerpo lleva significados sino de cómo se
representan, se dramatizan, los significados. En este sentido, el
funcionamiento de los actos performativos en el contexto tea-
tral es de utilidad para investigar los actos corporales que cons-
truyen el género.
[82] ¡Md., p. 297.
[C.\PÍTCI.O 11
1\0 solo se es un cuerpo: el cuerpu 3é hace. El cuerpo no es
simplememe materia fáctica; el cuerpo dramatiza, en el sentido
de que materializa, posibilidades. Pero aludir a un yo o a un
nosotros como precedemes descorporalizados que ejercen sus
decisiones sobre el cuerpo exterior es, dice Burler, un uso «des-
afortunado» [83] del vocabulario. Señalando este problema,
Burler nos propone considerar el género como acto «a la vez
intencional y performativo» [84J. Burler re\"isa pero no renun-
cia del todo aquí al marco fenomenológico en el que nociones
como la de «intencionalidad» o como la de «proyecto» de
Beauvoir no pueden dejar de traer a la presencia al yo de \·olun-
tad libre aunque este yo sea un yo corporalizado tal y como
pretenden lvlerleau-Ponty y Beauvoir. El concepto de perfor-
matividad es más adecuado como instrumento de crítica al
recurso al yo previo a la acción. Indica que no hay esencia de
género, que son los actos de género los que crean el género, y
que esos mismos actos de género son los que ocultan el meca-
nismo de construcción del género posibilitando la ilusión de
que el género es natural [85J. Pero, junto con la postulación
de la performatividad deL género, Butler mantiene al género
como acto intencional. Además, la idea de performatividad
está en este ensayo más asociada a la noción teatral de peifor-
manee, actuación y dramatización, que a su dimensión lingüística
y discursiva, con lo que la presencia directa del sujeto, del cuer-
po ,que actúa, dificulta la comprensión del cuestionamiento,
que pretende Butler, de la existencia de un yo anterior que
gobierna su actuación.
Si la fenomenología puede de algún modo sen"ir de apoyo
a la teoría feminista que discute el carácter natural del género
y también del sexo y de las sexualidades es, en todo caso, el
tema principal al que somete a estudio Butler a lo largo de este
trabajo. Ya sabemos de las insuficiencias e, incluso, problemas
graves, que muestra la fenomenologia, de Merleau-Ponty en
[83]lbíd., p, 299.
[84-] lbid .• p, 300.
[85] IMd., l' :10 1,
[ Qct CU:\TA C O ~ I ( ) C!\A VIDA 1
particular, a la mirada de Butler. También aquí, Butler se detie-
ne en detallar su juicio critico pero con respecto a la fenomeno-
logía en general. El feminismo interesado en analizar cómo los
cuerpos se estructuran en géneros puede hallar un elemento de
arranque en la preocupación fenomenológica por rastrear el
modo en que los cuerpos van actuando las diferentes posibili-
dades culturales ofrecidas. Ahora bien, no parece en absoluto
adecuada para pensar la opresión de las mujeres una teoría
que, como la fenomenológica, tomas los actos individuales
como punto de partida del análisis, porque si bien la opresión
se sostiene en parte en los agentes que en sus actuaciones man-
tienen y reproducen la opresión, hay que considerar asimismo
las condiciones sociales de la opresión.
El ámbito de los contextos sociales y de las convenciones
tiene que ser estudiado ya que es ahí donde ciertos modos de
opresión se hacen posibles y pensables. El enfoque fenomeno-
lógico revela su deficiencia en esta dirección por ser demasiado
individualista, en exceso existencialista. La consideración de los
actos en su aspecto teatral es la que Butler añade en la idea de
que aporta la perspectiva de la acción colectiva y compartida.
De modo semejante al del lema feminista de «lo personal es
político» que extiende el valor de lo individual hacia un hori-
zonte cultural más amplio con el que se halla entrelazado, el
acto de escenificación por el que se configura un género indica
que el acto de género no es un «acto solitario» [86]. Realizamos
un género en función de matizaciones personales y singulares
pero a la vez en relación con las sanciones y normas imperan-
tes que desalojan el género de la reclusión en lo meramente
individual.
A sus posteriores y más desarrolladas formulaciones de la
performatividad del género, Butler se aproxima especialmente
cuando afirma que los actos que efectuamos no son nunca
completamente originales, que ya han sido puestos en escena
con anterioridad. Es como un «libreto» [87], de existencia per-
[86] ¡bíd., p. 306.
[87] ¡bid.
[C.-\piTU.o 11
durable por encima de sus puntual e!' \" reproducidas dramati-
La actuación de un géncfCo es Ulla suerte elC ritual
repetitivo de significados socialmente establecidos. Butler apli-
ca al género la noción del antropólogo Victor Turner, desarro-
llada en sus estudios sobre el teatro social ritual, de «jiCJforlllGllre
social» [88]. El género, entonces, así entendido, en su ,·ertientc
pública, no es un asunto de elección indi,·idual exclusi,·ameme
aunque tampoco está impuesto de modo absoluto porque el
cuerpo no es materia pasiva sobre la que se inscriben los códi-
gos culturales. Tal es el sentido de la anterior afirmación de
BUller del género como acto intencional y performativo. El
modelo teatral ha sido efectivo para guiar el discurso de Butler
en su réplica al enfoque fenomenológico.
La ,ida real no es como la escena de un teatro, sin embar-
go. Butler reflexiona sobre ello e indica que las restricciones
punitivas y los peligros implicados en la transgresión de la
norma, fuera del espacio de lo imaginario, son, en efecto, con-
tundentes e intranquilizadores. :Mas. la distinción entre apa-
riencia y realidad, que e\identemente funciona como base
de gran parte del pensamiento habitual sobre la identidad de
género, puede ser también desarticulada. Por ejemplo, en la
persona del travesti (dmg) [89J para quien su género, el que
expresa en sus actuaciones, tiene la misma realidad que para el
indi,iduo sometido a los géneros dictados socialmente. La ver-
sión acrítica y más popular del género da por sentado que el
género es anterior a los actos, gestos, que lo representan y que
esas actuaciones pueden o no estar en conformidad, expresán-
dolo o disfrazándolo, con ese núcleo identitario que se organiza
sobre el sexo biológico. Por el contrario, en la teoría performa-
[88] Butlcr cita la ohra de Victor Turner. Dralllas. Fidds. and MclapllOl:f,
ltlJaca, Press, 1974. Véase, A.PCG, p. 307 Y nota 9.
[89] Ruder menciona en rclación con la figura del travesti la importante
obra de la antropóloga Esther r\ewton, ello/ller Camp: Female 11Ilpersollators in
:llllerica, Chicago, The Vnivcrsity of Chicago Press, 19i2, en dondc sc postu-
la que el género, cualquier género, puede ser entendido de acuerdo con el
modelo del tra,·esti. \·éasc, APCG: p. 310 Y nota 12. Bu!lcr ,·oh-crá a referirse
a csta obra de Esther l'\c\\"ton en escrito.' postcriorcs.
[QI:I: CU.'IO n;,\ \"IDA 1
tiva del género, las performances de género no expresan ninguna
esencia interior sino que ellas mismas son las que constituyen la
identidad de género. Butler considera clave esa diferenciación
entre expresión y performatividad, porque si aceptamos la per-
formatividad del género tendremos asimismo que aceptar que
no hay géneros más reales o más verdaderos que otros ya que
no hay una identidad de género natural, auténtica. Las nocio-
nes de sexo esencial o género verdadero son creaciones cultura-
les que encubren el mecanismo de la constitución performativa
del género.
En esta propuesta de Butler, el supuesto yo interior como
substancia que sostiene la representación, ha sido desplazado,
aún solo timidamente, hacia el «afuera», hacia el lugar de los
significados sociales y culturales. El concepto de «interioridad»
es movilizado sugiriéndose que está socialmente «fabricado»
con el fin de mantener el valor de la «esencia» [90]. Butler se
pregunta si la evidencia de la fa<;:ilidad con la que la sociedad
penaliza a los individuos que «actúan mal su género» [91], no
pone ante la vista de modo suficientemente claro que los géne-
ros no son realidades ontológicas sino que están socialmente
obligados. En esta línea argumentará mucho más enérgicamen-
te y con apoyo teórico más amplio en sus escritos posteriores.
Por el momento, todavía restan por elaborar otras cuestiones
importantes, entre ellas, además de las ya mencionadas, el pro-
blema de cuál es y dónde reside la capacidad de transformación
y de acción, la libertad, que permite este dibujo del género que
renuncia al postulado de un yo, y a su voluntad radical, como
fundamento de su acción.
El alcance político de una teoría del género como la que
aquí se postula es apuntado en la última sección de este texto
que venimos comentando. No duda Butler de que pensar en el
modo de la constitución social del género es necesario para la
configuración de todo proyecto político feminista. Pero tampoco
renuncia a considerar que la política feminista podría verse en
[90] APeG. p. 310.
[91] ¡bid., p. 311.
[C.\PiTU.O 1] 67
alg'una medida benefIciada si, en determinada, circumtancias,
elude 1" discmión ,obre el esencialismo del término «mujeres»
y hace un uso de la categoría uni\'ersal «mujeres», siempre y
cU<tlldu se trate ele un recurso instrumental consciente del
carácter ficticio de la ontología de las mujeres que promueve,
Gayatri Spivak y Julia Kristeva [92] son autoras que orientan a
Butler en esta dirección ele la utilidad del esencialismo estraté-
gico, aunque tau solo por poco tiempo porque sobre todo
B u t l e l ~ mas también Gayatri Spivak. como comprobaremos
más adelante, observarán después, en elaboraciones posteriores
ele sus pensamientos, los aspectos negativos, y no así los positi-
vos, del esencialismo incluso en su versión debilitada. Butler no
nos dirá, como se \'erá, que no se puede disponer más de la
categoría «mujeres»: lo que afirmará, sin embargo, es que no se
puede renunciar nunca a la problematización de las categorías:
este es el punto crucial que cobra cada vez más fuerza en el
devenir de su pensamiento.
En una dirección importante para el feminismo y para la
política feminista, Butler se mantiene firme en sus tesis desde el
principio. Cuestiona enfáticamente la celebración, y su articu-
lación normativo-prescriptiva, de una esencia o naturaleza,
incluso de una cultura común, propia de las mujeres, Esto
implica, por lu tanto, que ni siquiera se puede hablar de un
«punto de \;sta de las mujeres» [93]. Particulamente la tesis de
la diferencia sexual es la más incisivamente enjuiciada por
Butler en este lugar, y en adelante también, Esa idea supone
que se toma a la diferencia sexual como punto fundante de la
cultura y que se evita la investigación de cómo se constituye eul-
turalmente esa diferencia sexual y de cuál es el proceso tempo-
ral de su organización, tanto dentro de la tradición masculina
que reclama el valor de lo universal como en el contexto de su
adopción por los feminismos proc1amadores de un significado
unívoco del término mujer. La diferencia sexual, la dictada por
[92] También recoge Butler la propuesta de Kristeya de la utilidad políti-
ca dcll'sl'llcialismo estratégico en r:5CE, p. 210; FSC, p, 36,
[CJ3].lPCC. p. 312.
,
el orden masculino y también la defendida por las posiciones
feministas, plantea serios problemas porque sus efectos son
constrictivos. La filosofía occidental debe ser replicada en su
identificación de lo masculino con lo universal para que pue-
dan cobrar presencia espacios culturales marginados. Pero la
preocupación de Butler es que la crítica hecha desde la diferen-
cia sexual no concluya invariablemente en una consolidación
del binarismo cerrado de los géneros así como de la sexualidad
. heterosexual. El género no está fijado, ni por el cuerpo, ni por
la naturaleza, ni por lo simbólico, ni por el lenguaje [94]. Su
teoría de la performatividad del género nos sitúa en esta óptica
para abrirnos al reconocimiento de la complejidad de géneros
existentes y para luchar en contra de las sanciones sociales
impuestas a las identidades de género alternativas.
5. MOJ'l,"IQUE WITflG:
SEXO y CUERPO LESBlA.J"iO
Entre el conjunto de lecruras especialmente significativas para la
elaboración de su teoría del género y su consiguiente crítica al
imperio de la heterosexualidad, se hallan las referidas a los textos
de Moruque Wittig [95]. La obra de esta pensadora, poeta y
novelista francesa, ha llegado a constituir un importante punto
de referencia dentro de la producción feminista de la segunda
ola. Sus escritos teóricos y sus ensayos literarios poseen, sin duda,
además de algunas claves y polémicas formulaciones, sugestivos,
inquietantes, estimulantes pensamientos que no dejan de abrir la
reflexión y la imaginación a futuros desarrollos feministas [96]. A
esta autora, cuyo pensamiento no es deudor del marco de la
[94] Ihíd., p. 3 J.t.
[9j] Véase mi trabajo «El pensamiento de :\Ionique "'itrig- y su presencia
en la teOlía deJudith Butlen', Thémata. Revista de Filosofia, n." 31,2003, pp. I j-
31. En lo que sigue, se recogen. se reformulan v se amplían algunas de las
ideas ya expresadas en el texto citado.
[96] Véase como muestra del creciente por la obra de Wittig, el
texto de Marie-Hélene Bourcier y Suzette Robichon (eds.), Paree que les lesbien-
[ C.\PiTL' I.O 1 J
lénuJl1ellulügía existencial pero mm:stra, clesdl" otro ánt,'UIo, su
conexión polémica con la obra de Simol1e de BeaU\'oir, alude
Butler tanto en «Sex and Gender in Beauvoir' s Second Sen>, como
en «Performative .. \cts and Gender Constitution: .\11 Essay in
Pbenomenology and Feminist Theory». En «Variations on Sex
and Gender: Beau\"oir, \Vittig, Foucault», el peso de \\'ittig, ya en
el mismo titulo, se expone a la luz, En Gcndrr 'Ji-oublc, tendrá su
espacio igualmente destacado.
Si la revitalización y e! aumento de las discusiones en torno
a El segundo sexo se vio promovido, al menos en parte, por la
interpretación butkriana. también, y de forma bastante más
sobresaliente dado el menor reconocimiento internacional de
\Vittig, los escritos de Butler han sido la ocasión para volver a
introducir en la escena de la conversación pública la obra de
esta escritora francesa asentada en Estados Unidos, Para no
pocas investigaciones feministas la lectura de Butler ha sido,
incluso, la que ha proporcionado e! primer conocimiento de!
pensamiento de \\'ittig y de su importancia,
En «Variations on Sex and Gender: BeaU\'Oir, \\'ittig,
Foucault», uno de los trabajos que, como observábamos, mues-
tra e! proceso de gestación, por así decir, del feminismo de
Butler explicitándose las influencias que lo alimentan, e! punto
de partida es la beauvoiriana sentencia «!\o se nace mujer:
llega una a serlO) }; a continuación, el correspondiente escrito
de \Vittig «One is Not Born a \Voman», en el que se retoma la
formulación de Beauvoir y en el que se radicalizan sus tesis.
Ambas autoras, incluso representando posiciones muy distintas
dentro de! feminismo francés contemporáneo, rechazan la
noción esencialista de la feminidad y, de este modo, contribu-
yen a pensar el género como problema. Pero partiendo de
Beauvoir \Vittig irá más lejos en sus planteamientos sobre e!
sexo y e! género al cuestionar ya directamente la naturalidad no
solo de! género sino de! sexo mismo, Wittig determina que e!
nl's ne .Ion! /las deJ femmeJ, Paris, Éditions Gaies et Lesbiennes, 2002, El libro
recoge las actas del congreso sobre l\lonique \\'itúg celebrado en París en el
aiio 2001.
[ U ~ CU:::\T.-\ C O ~ I O U"-.-\ \'1lJ.-\ 1
sexo es una unidad ficticia y, en coherencia, indica la inopera-
tividad de la distinción entre sexo y género. Ambas nociones
son resultado de elaboraciones socioculturales y lingüísticas.
En el nombre dado por Wittig a su escrito, «üne is Not Born
a \Voman» [97], se aprecia inmediatamente lo que a lo largo de
su argumentación se irá desarrollando: que ni se nace mujer ni
hay necesidad de llegar a ser mujer. Para un análisis teórico
feminista de la categ<;>ría «mujem, como el que But,ler lleva a
efecto, este texto de Wittig es, sin duda,' de co"nocimiento obliga-
do. El feminismo materialista al que explícitamente Wittig se
adscribe lleva a «üne is Not Born a vVomam> a postular, desde
el comienzo, la idea de que las mujeres no constituyen un
«grupo natural», que las mujeres son socialmente integradas en
un grupo de carácter artificial. Wittig, además, sustenta su afir-
mación en la existencia de la comunidad lesbiana. Es la socie-
dad lesbiana la que hace visible la dimensión política de la
reconstrucción de las mujeres como «grupo' natural». Una
reconstrucción que trabaja tanto sobre las mentes como sobre
los cuerpos con el objeto de someter a las mujeres a lo que ha
sido dictado para ellas como naturaleza y como naturaleza que
se presupone de existencia anterior al engranaje de la opresión.
Para Wittig, sin embargo, «naturaleza» nombra tan solo a una
idea; las lesbianas son en sus vidas prueba de ello. Wittig reco-
noce que con anterioridad Beauvoir había insistido en la críti-
ca a las tesis defensoras del determinismo biológico para las
mujeres. «El conjunto de la civilización elabora este producto
intermedio entre el macho y el castrado que se suele calificar de
[97] Monique 'vVittig, "Qne is Not Born a Woman», Feminist Issues, vol. 1,
n." 2, invierno de 1981. En su recopilación de los textos más representa!i\'os
del feminismo de la segunda ola. Linda Nicholson incluyó de \\"ittig precisa-
mente el de "Qne is );ot Born a "'omam>. Véase, Linda Nicholson (ed.), The
Second A Reader In Feminúl New York, London, Routledge, 1997,
pp. 265-271. Este trabajo de \ \'ittig fue en principio presentado en la confe-
rencia Slmolle de Beallwir que [1.1\'0 lugar en Nueva York en 1979. Traducción
castellana: }'O se nace mujer, en :\Ionique \Vittig, El pensamiento he/erosexua!.v o/ros
ensayos, 'Madrid, Editorial Egales, 2006, traducción de Javier Sáez y Paco
Vidarte, pp. 31-·1-3.
[C.\PiTU.O 11 71
lé:mclliI1O», subraya \ Vittig [98] citando el texto de Beau\"oir.
::\0 obstante, \ \"ittig persiste en denunciar el determinismo bio-
lógico porque a p('sar de la obra de Be-au\'oir sigue perviviendo,
y aun dentro del feminismo, la interpretación biologicista de la
opresión ele las mujeres.
Además y más allá de Beauvoir, \\"ittig considera que es un
hecho social, no natural, no solo la suhordinación ele las
res sino la división misma de lo humano en mujeres y hombres.
El planteamiento de \'\'ittig, de este modo, lo que discute enér-
gicamente es, como dijimos, la naturalidad del sexo y no única-
mente del género. La afirmación de que hay dos sexos dados por
naturaleza y de que la relación heterosexual es la legiúma y
natural es la que el texto «One is Not Born a "'aman» pone cla-
ramente en cuestión. De ahí que considere problemática la
apuesta por un matriarcado tanto como la vigencia del patriar-
cado, porque la sociedad matriarcal, sosteniéndose en la diferen-
cia sexual y en la relación heterosexual, no deja de mantener la
idea de que la maternidad, la capacidad biológica de procrear,
es lo qu(' define a las mujeres. Tampoco, por consiguiente, las
reivindicaciones de la superioridad biológica de las mujeres, y
las correlaúvas condenas de los hombres que dictaminan la
inevitabilidad biológica de sus comportamientos \iolentos, con-
vencen a \ Vittig en absoluto, quien, por el contrario, discute el
escrito de Andrea Dworkin «Biological the "'orld' s
Most Dangerous and Deadly Idea» [99]. Reclamar una superio-
ridad biológica y la naturalidad de la maternidad es asentar la
di\ isión sexual; es dotar del valor de lo natural a la opresión de
las es imposibilitar el impulso hacia la transformación
social. En lugar de resaltar la positi\idad de la maternidad,
'Vittig nos propone como fructífero para la acción feminista
«\-er la reproducción como una producción forzada» [100] o
[98] l\foniquc "'ittigo «Qne is Not Born a ,\Ooman», en Linda Nicholson,
Thr Secolld JI ave. A Read/'T in Frminist Tlleo1); op. cit., p. 265.
[99] Andrea Dworkin, «Biological Superiority, the World's Most
Dangcrous and Dcadly Idea», Hereries, 6: 46, 1978.
[IDO] l\lonic¡uc Wittig, «Qne is Not Born a "'oman», en Linda
l\"ic:holsono Tlle Scrond H ave. A Reader in Felllinist O/l. rit., p. 266.
También de modo central discute Wittig el privilegio de
la heterosexualidad en su conocido escrito «The Straight
Mind» [10 1 J. Con esta expresión se refiere la autora a la cultu-
ra normativa heterosexual, que su trabajo pretende desmante-
lar. La relación heterosexual, como relación obligatoria entre
hombres y mujeres, plantea Wittig, tradicionalmente no ha sido
sometida a análisis, ni en las disciplinas humanísticas ni por
parte de algunos feminismos, porque es punto de partida pre-
supuesto, como si fuera un núcleo de naturaleza que resta ins-
crito en el interior de la cultura. Considerada principio eviden-
te, la cultura heterocentrada organiza sobre la heterosexualidad
un diseño completo de toda actividad social e individual, lo que
tiene unos claros y contundentes efectos opresivos. La heterose-
xualidad dicta su ley sobre el conjunto completo de la actividad
humana así como universaliza su producción de conceptos.
Bajo esta lógica, las mujeres son conceptualizadas como «lo
Otro)) diferente, siendo siempre ese otro lo y
dominado, al hombre en el caso concreto de la mujer. Wittig
considera urgente y necesaria la transformación no solo de las
condiciones sociales y económicas de vida sino de los concep-
tos cuyas consecuencias son claramente materiales. El lengua-
je, el pensamiento, la ciencia, pertenecen a un orden de mate-
rialidad. De ahí que, al circunscribir, lo que no hizo Beauvoir,
la diferencia entre los sexos al ámbito de la heterosexualidad
obligatoria, rechace el término «mujeo), lo que otorga sentido
a su postulación final de «La pensée straight)): «las lesbianas no
son mujeres)), porque «mujeres) es palabra que tiene un signi-
ficado, y significado opresivo, dentro de una trama de pensa-
[101] :\lonique \\'ittig, «The Straight Mind». Este texto fue presentado
en 1978 como conferencia en la Afodern Language Convenlion, en
Nueva York. Se publicó como «La pensée straight», QJ/estions Féminisles, n." 7,
1980, Y en inglés, «The Straiglu FeminisIIsS/leJ, \'01. 1, n." 1, \'erano
de 1980. El texto se recoge en, The Slraight Mind and Olher Essa:vs, Boston,
Beacon Press, 1992. Posteriormente ha sido editado por Marie-Héléne
Bourcier en La penJée slraight, Paris, Balland, 200 l. Traducción castellana: El
pmJamienlo heterosexual, en ;\lonique Wittig, El pensamimlo helemsexual.v nlm5
ensqvos, op. cil., pp. 45-57.
[C.\riTCLO 1 )
mjcllto y ele \'ida h('terosexuales. Con la negación de la inclu-
,¡ClJ] de dentro de la categ'oría «mujer», "'ittig se
propone problematizar el patriarcado y, además, subvertir el
kmÍl lismo hererocen n-a do.
«l\fujer» es una marca acuí'iada a lo largo de una historia
que es una historia de opresión, se argumenta en «One is Not
Born a "'oman», E" una marca que trabaja de modo similar a
la nocióll de «raza» elaborada en la época de la esclmitud,
cuando reinterpreta, en función de una interesada red de poder,
unos rasgos fisicos en sí neutrales. Esta denuncia de Colette
Guillaumin en «Race et nature: systeme des marques, idée de
groupe naturel et rapports sociaux» [102] es retomada por
'Vittig para su aprovechamiento. Comparando los conceptos de
sexo y de raza y sometiéndolos a un cierto análisis genealógico,
Wittig, apoyándose en Guillaumin, concluye que «lo que cree-
mos ser una percepción fisica y directa es solo una construcción
sofisticada y mítica, una 'formación imaginaria', que reinter-
preta rasgos fisicos (en sí mismos tan neutros como otros pero
marcados por el sistema social) mediante la red de relaciones en
la que son percibidos» [103], Otorgándole al sexo aquello que
Guillaumin adjudicara a la raza, Wittig, no debe ohidarse, for-
mula una idea, la del sexo como «formación imaginaria», que
ha llegado a ser muy aplaudida en los textos feministas posterio-
res que se han ocupado también de des\'elar el carácter no natural
de nociones como las de sexo, cuerpo, deseo y Butler cita
explícitamente el párrafo señalado de Wittig, tanto en «Varia-
tions on Sex and Gender: Beauvoir, ''Vittig, Foucault» [104]
como en su Gender Trouble [105].
La lesbiana no es una mujer, decíamos, la lesbiana rehúsa
ser una mujer, esto es, ella no acepta la dictada por el patriar-
[102] Colette Guillaumin, «Race el nature: systeme des marques, idée de
groupe naturcl el rapports sociaux», Plunel, n.o 11, 1977, pp. 39-55.
[103] Monique Wittig, "One is ]\;01 Bom a "'oman», en Linda
Nicholson, The Second IVaue. A Reader in Ferninist Theo7J; op. cit., p. 266.
[104] VSGE, p. 202; I:5'G, p. 30. .
[105J G'D, p. 145; (iT. p. 114.
74
cado necesidad de habitar un cuerpo fisica y biológicamente
determinado. En la figura de la lesbiana dibujada por Wittig, fra-
casa esa lógica de la opresión que consiste en lograr que las per-
sonas lleguen a ser, para sí y para las otras, tal y como el
sor dice ver que son. A esta lógica, que sin anunciarlo apunta
hacia la performatividad lingüística donde se anuda decir con
hacer, se refiere vVittig del modo siguiente: «Ellas son vistas
como negras, por lo tanto, ellas son negras; ellas son vistas como
mzgeres, por lo tanto, ellas son mujeres. Pero antes de ser vistas de
esta manera, primero ellas tuvieron que ser hechas de esta mane-
ra)) [106]. También queda sugerida la acción de la performati-
vidad cuando Wittig enuncia que cierta declaración del opresor
vertida sobre las lesbianas en el sentido de que ellas no son
mujeres verdaderas, está indicando que «mujer no es algo que
suceda sin un decim [107]. Lo que pretende la figura de la les-
biana de Wittig es poner en evidencia la artificialidad y la opre-
sión de las marcas sexuales a la vez que el modo de trabajo de
la opresión.
Con interés y provecho recoge Butler las declaraciones de
Wittig sobre cómo la diferencia sexual no es un dato previo,
anterior a la interpretación que se hace sobre la diferencia, sino
que es resultado de «un acto interpretativo cargado de supues-
tos normativos sobre un sistema de género binariO)) [108].
Afirmando esta idea a partir de su interpretación de VVittig,
Butler sugiere que la noción de sexo se halla en dependencia de
la de género. Este es un úpo de inversión, del género hacia el
[106] Monique Wittig, "üne is Not Born a \\'oman», en Linda
Nicholson, The Second Wave . .t:I Reader in Feminist Theor}, op. cit, p. 266. El texto
de Wittig dice así: «They are seen black, therefore they are black;. [hey are seen
as women, therefore, they are ,,"amen. But befare being seen that way, (hey first
had to be made that way». Hemos traducido tlzli)' por ellas respetando e! mayor
uso de vVittig de! género femenino pero ello no implica, obviamente, que
\Vittig se esté refiriendo aquí de modo exclusivo y específico a los seres que e!
patriarcado determina como mujeres, sino que Winig alude con a los
humanos.
[107] ¡bid., p. 267. .
[108] VSGE, p. 202; VSG, p. 29.
[C.\PiTL·W I]
sexo. en lug-ar de la tradicional·dirección del sexo al género. que
estará Illuy preseme, en lo sucesi\'o, en la obra ele Butler. ele
modo que el género se convierte en lo que centralmente hay
que problematizar en cuanto punto de arranque de las catego-
rías sexuales: dualidad de sexos, relación heterosexual. El cons-
tructo cultural del binarismo de género actúa en favor de la
jerarquía, del hombre sobre la mujer, \. al senicio de la consi-
dn<íción de la heterosexualidad, y de la dualidad de sexos en la
que se dice que se sostiene, como una realidad ontológica. De
acuerdo con ello, damos sentido e importancia a aquellas partes
del cuerpo que son instrumentos necesalios para la reproducción,
en lugar de atender a otros órganos, como la boca, las manos.
Mas, cuando Butler escribe «Para 'Vittig, cuando nombramos
la diferencia sexual, la creamos» [109], está reformulando el
texto de '\'ittig para que preste mejor apoyo a las reflexiones
sobre la performati\idad, en su dimensión lingüística, que en
'Vittig solo están sugeridas, como decíamos, mientras que
en Buder formarán parte nuclear de su pensamiento feminista.
En este lugar, en «Variations on Sex and Gender: Beauvoir,
'Vittig, Foucault», Buder hace notar que la propuesta de "'ittig,
de la creación de la diferencia sexual mediante la acción de
nombrarla, resulta contraintuitiva y aclara que su valor reside
en mostrar cómo la intuición está mediatizada por una edu-
cación política. No es que V\,'ittig, nos dice Butler, niegue las
diferencias materiales constatables entre los cuerpos, lo que
cuestiona es la estrategia social de dar preponderancia a unas
distinciones anatómicas por encima de otras, porque de este
modo el destino de las personas, desde su nacimiento (cuando
la pregunta repetiti\'a es si el bebé es niña o niilo), se determi-
na por los rasgos anatómicos sexualmente diferenciados, por el
binarismo, de género y por la heterosexualidad que han sido
pri\ ilegiados.
La quiebra del binarismo sexual y de la institución de la
heterosexualidad que impulsa Wittig ha sido ejemplificada lite-
¡I()'I! p. 202: J:5G, p, 3D.
'"
r Ql't: ClT\--n U\A \'W.\ J
rariamente en sus obras narrativas. En El cuerpo lesbiana [110] la
retórica de Wittig se hace fuerte en la desarticulación del modo
usual de expresión, lógico, lineal, coherente, no contradictorio,
dando aliento a un universo creativo propio, fecundo en imáge-
nes evocadoras de inhabituales mundos de ensueño. Quizá no
pueda ser de otro modo cuando de lo que se trata es de poner
en palabras el pensamiento de una manera distinta a la patriar-
cal dominante de concebir, de sentir y de habitar el cuerpo. Si
la cultura masculina desmembra en piezas la figura femenina
tomando una parte rebajada de su cuerpo, los órganos genita-
les reproductores, por el todo de su ser, la estrategia critica tex-
tual de Wittig se opone a la anterior operación quebrando esa
imagen masculina de la mujer a través de un dar vida plena y
significativa a todas y a cada una de las partes, de los miembros,
de los órganos, vísceras, fluidos, que conforman una nueva
escritura del cuerpo. El libro de Wittig, El cuerpo lesbiana, recita
las palabras del cuerpo; las palabras del cuerpo son las palabras
que componen el libro. Todas las palabras que aluden al cuer-
po femenino tienen explícita cabida en la obra de Wittig en
clara, a veces violenta, oposición a esa selección patriarcal de
un reducido número de órganos femeninos, la boca, los pechos,
la vagina, como los únicos susceptibles de ser objeto de deseo.
Wittig da presencia textual también a aquellos elementos vita-
les culturalmente considerados como repugnantes. Así, absolu-
tamente todo lo propio del cuerpo vivo de la mujer es mostra-
do por Wittig como gozoso, atractivo y deseable, y no de un
modo metafórico sino con la meta de llevar a cabo una íntegra
afirmación de la realidad del cuerpo femenino; una realidad
del cuerpo alejada de los estereotipos masculinos dominantes.
El cuerpo lesbiano es, justamente, el nombre otorgado a esa
plenitud corporal resultante de la innovadora mirada' no
patriarcal, no sexual, no generizada, del texto de Wittig. En la
operación critica que realiza aquí Wittig, el lenguaje es prota-
gonista. En el propio título de la obra resalta inmediatamente
[110] Monique Wiuig, Le corps iesbien, Paris, Minuir, 1973. Hay traducción
castellana de esta obra: El cuerpo lesbiano, Valencia, Pre-Textos, 1977.
[C.\PiTU.O 1) 77
b dificlIltacllingüÍstica que supone que el C07jJS, masculino. sea
in/i/(III i l J l J. En los poemas que contiene la obra, además, se
expresa la \;olencia vertida sobre mujeres, el quebranta-
miento de su subjetividad, por medio de un uso rasgado, entre
otros términos, dd pronombre de primera persona:j/I'. Pero en
la extraordinaria narrativa de Vúttig ese j/e marcado por una
diagonal adquiere el \'alor de un yo Ese yo absoluto es
el sujeto ksbiano. Buder se apoya en El (111']1)0 lesbia/lo en tanto
que reconoce en esa narración la intención de escribir de otro
modo, lejos de la restricción binaria, las partes anatómicas con-
figuradoras de una identidad sexual que se susTenta no ya en un
cuerpo fisico inmediatamente percibido, y sobre todo genital-
mente percibido, sino en un rearticulado cuerpo, pleno de pla-
cer erótico polimorfo.
Que El CUe7PO lesbiano es, al menos, una oportunidad para
romper el modo patriarcal de pensar la integridad corporal y una
oportunidad para ree!aborar desde otro ángulo la coherencia
corporal, es apuntado por Bucler además de en «Variations on
Sex and Gender: Beauvoir, 'Vittig, Foucault», y en Gender Trouble,
en su posterior Bodies tlzat A1atter [112]. Pero Bucler no solo reco-
noce el mérito del trabajo de Wittig. Bucler apunta los aspectos
problemáticos que distancian su pensamiento de! de Wittig:
¿Ha decidido \\'ittig que las normas heterosexuales son normas
culrurales, mientras que las normas lesbianas son naturales por
alguna razón? ¿El cuerpo lesbiana que propone como algo que
de algún modo es anterior y excede a las restricciones binarias
wrdaderamente es un cuerpo? ¿Se ha apropiado la lesbiana
del puesto del polimorfo psicoanalítico en la particular cosmo-
gonía sexual de Wittig? [1 13).
En contra de lo que parece sugerir ''''ittig, para Butler ni
la heterosexualidad es la única causa monolítica explicativa de la
[111] Véase, Lorraine Code red.), EnCJ!c/oprdia qf Frminist Theories, London
and New York, Routledgc, 2000, p. 492.
[J 12] CI, p. 115, nota 17; BA!' pp. 259-260. nora 17.
[1 13] ¡:S'(;E p. 20+; J 'SG, p. 31.
subordinación de género ni el lesbianismo es una relación
sexual liberada del poder: este es un punto importante de la
reflexión de Butler sobre Wittig. En efecto, dejar al margen de
la crítica realizada a las normas de género hegemónicas al les-
bianismo como si el lesbianismo nombrara el lugar de lo natu-
ral, es un punto inaceptable para el feminismo de Butler que se
niega a admitir un más allá o un más acá, sea cual sea su dise-
ño, del ámbito de lo cultural, social, lingüístico. Butler rechaza
la disyunción radical que plantea Wittig entre homosexualidad
y heterosexualidad y afirma en Gender Trouble, también en con-
tra de Wittig, que la heterosexualidad puede ser internamente
re significada [114], que puede, en ciertos casos, trabajar por la
desestructuración de las normas de género hegemónicas.
Ahora bien, la crítica de Wittig a la heterosexualidad es cons-
tante y radical, pero la lesbiana es una imagen muy ambigua, de
dificil lectura: es un concepto que no remite solo ni exactamen-
te a la relación homosexual, que ya está marcada por el sexo,
sino a un modo de pensamiento y de vida ajeno y anterior a las
marcas de sexo.
Es, en definitiva, la tesis central del texto de Wittig «One is
Not Born a vVoman», que la lesbiana, y solo ese concepto, «está
más allá de las categorías de sexo (mujer y hombre), porque el
sujeto designado (lesbiana) no es una mujer, ni económica, ni
política ni ideológicamente» [115]. Lesbiana nombra una libera-
ción, la liberación de la servidumbre que padecen las mujeres
en su relación de dependencia con los hombres. La lesbiana es
así una forma de vida en libertad, para Wittig la única que ella
conoce, que se cumple mediante la destrucción de la heterose-
xualidad, entendida como sistema social, que es asimismo una
destrucción de la diferencia entre los sexos. Butler tiene en
cuenta también este significado de la lesbiana, cuando afirma
que vVittig pretende, en realidad, transcender una categoría, la
de sexo, que remite a una dicotomía donde mujeres y hombres,
[1 ¡.¡.] Véase, GD, p. 153: GT, p. 121.
r115] l\Ionique \Vittig. «One is No! Bom a Woman», en Linda
Nicholson, T/¡e Second nave. A Reader in Theo']; op. cit., p. 271.
[C.-\PiTUO 1]
79
y la práctica heterosexuaL agotan todo el campo ele aplicación.
l\las, esta otra perspectiva de análisis, tampoco satisface a
Butler.
Por un lado, el problema es que el fuera de la cultura
ejemplificado por la lesbiana dificilmente puede sustraerse a ese
juego cultural de oposiciones binarias que es, justamente,
lo pretendido. El afuera de la cultura está, de algún modo,
relacionado con la cultura. Queda vigente, entonces, el sistema
de oposiciones con sus jerarquías implicadas, aunque ahora
se trate de la oposición entre cultura heterosexual y sujeto
lesbiano. Por otro lado, ''''ittig quiere salir al
encuentro de una nueva definición de humanidad, y de un suje-
to individual de alcance feminista, por ello exige la eliminación
de la categoria de sexo. Este programa humanista defendido
por Wittig no lo comparte Butler. Está de acuerdo en objetar el
binarismo por sus implicaciones jerárquicas, pero no así por
el camino que postula un sujeto humanista, natural, asexuado
y anterior al orden de lo cultural. A Butler no le parece, ade-
más, ni conveniente ni productivo mantener el supuesto estruc-
turalista que dice que la cultura trabaja siempre al servicio de
las oposiciones binarias.
La labor feminista de Butler, al contrario, apuesta por una
lucha contra la oposición binaria de las normas de género que
actúa desde dentro del ámbito de lo cultural, abriendo nuevas
líneas de intelección de lo humano: «fuera de los términos de la
cultura no hay ninguna referencia a la realidad humana que tenga
significado. El programa político para superar las restricciones
binarias deberia preocuparse, por tanto. por la innovación cul-
tural más que por los mitos de la transcendencia)) [116].
Esta es la razón de que en lugar de la eliminación del sexo,
Butler defienda la multiplicación de géneros. Lo que no contra-
dice la afirmación de que la crítica de '\'ittig a la categoria de
sexo, a la idea de sexo natural sea productiva para Butler: «Por
una parte "Vittig exige una total transcendencia del sexo, pero
[116] V,G"E, p. 205; VSG, p. 32.
[QU: Cl."E:"\TA L·!'.\ \·'UA J
su teoría igualmente podría llevar a una conclusión inversa, a la
disolución de las restricciones binarias a través de la proliferación
de géneros» [117]. En Gender Trouble, las referencias a la pensa-
dora francesa, que recorren el conjunto del libro, se encuentran
especialmente contenidas en el apartado titulado «Monique
Wittig: Bodily Disintegration and Fictive Sex». Wittig sigue
siendo en esta obra para Butler motivo de reflexión y de pro-
fundización del pensamiento feminista, mas también a través
del cuestionamiento de algunas de sus tesis. Sobre todo el fondo
humanístico al que remite la lesbiana de Wittig es en Gender
Trouble negativamente desvelado. Wittig defiende la noción de
sujeto. La lesbiana es ese sujeto que se reivindica, sujeto liberado
del sexo, sujeto autónomo, sujeto libre que se encuentra en dis-
posición de alcanzar la universalidad concreta. La lesbiana es, en
cuanto no mujer, no hombre, una persona anterior al ámbito
de lo social y cuya libertad también asume un carácter preso-
cial. Ello supone, para Butler, el mantenimiento por parte de
Wittig de la metafísica de la substancia, que busca el ser, la ple-
nitud radical, presente en la filosofia occidental [118], justo de
aquella metafisica que es la que produce como resultado la
categoría de sexo y su naturalización. El camino de la lesbiana
seguido por vVittig, no está pues, según Butler, exento de con-
tradicciones, tampoco de ambigüedades, ciertamente. Butler
considera que es otra distinta, y más fructífera, la línea planteada
por Wittig en sus reflexiones sobre cómo el género gramatical
actúa para dar significado lingüístico a las personas [119] Y en
sus afirmaciones sobre el poder del lenguaje para subordinar a
las mujeres creando efectos de realidad, construyendo sus cuer-
pos, pero poder del lenguaje que puede ser empleado asimismo
en un sentido inverso, en una dirección feminista.
Es cuando Wittig realiza la crítica a la naturalización de las
categorías que efectúa el trabajo del lenguaje y de la cultura
cuando Butler le reconoce más aciertos a su pensamiento,
(11 i] VSGE, p. 20-i-; VSG, p. 32.
[118] GD, pp. 52-53; GT, pp. 19-20.
[119] GD, p. 54; GT, p. 21.
11

admiticndo que ahí hay una cierta impugnación de lti metafisi-
ca de la substancia [120] en tanto que se aproxima a la idea de
la comtrucción performati\"a del sexo, indicando que el sexo no
es causa sino un producto instituido por las prácticas materia-
les de la cultura; y es cuando \Vittig sei'iala un lugar, 1" lesbiana,
de transcendencia de las categorías, del lenguaje, de la cultura,
cuando Butler halla más desaciertos en su propuesta de libera-
ción feminista, Butler observa, dicho de otro modo, dos ni,'eles
ontológicos en la obra de \Vittig, Uno e ~ el del orden de lo cons-
truido sociocultural y lingüísticamente, donde se situaría la
noción de «sexo» y de «género», género gramatical también,
así como las históricas y contingentes estructuras de la hetero-
sexualidad obligatoria; y el otro, concebido como más funda-
mental, es e! orden de lo presocial y prediscursi\'o, donde habi-
tan las personas en unidad e igualdad [121],
En el texto titulado «La marca del género» [122], \Vittig
insiste, en efecto, en poner e! acento en lo que ha sido aliento
constante tanto de su producción más teórica como de sus
obras literarias, también de su activismo feminista y lésbico: la
lucha contra la categoría de género, contra la marca de! géne-
ro inherente al lenguaje como sistema y de contundentes impli-
caciones sociales, políticas, filosóficas, para los seres humanos,
sus pensamientos, sus relaciones, sus \-idas, \Vittig se propone
destruir el género en el lenguaje o al menos modificarlo inten-
samente en su uso, Es en su obra literaria donde su peculiar
empleo del l e n g u ~ e da cauce a su manifiesta intención de
transformación lingüística, Las palabras, para \ Vittig, y no solo
aquellas afectadas directamente por las marcas de género gra-
matical, sino todas las palabras, incluso las más alejadas de esas
marcas de género, están comprometidas con el género, en sus
formas, en sus significados,
[120J en, p, 58: eT, p, 25,
[121] en, p, 146; GT, p, 115,
[122] l\1oniqur Wittig, «The Mark of Genden" FeminÍJt iJS/lCS, vol. 5, n,U
2, otoi'io de 1985, Traducción castellana: La mnrca del género, en Monique
\ \'ittig, El jJl7uamimto heterosexual)' ofros ensl!)'os, op, rit., pp, 103-116,
[ QU: cn:.'\T\ ClnlO l'",,\ "IDA)
De lo que se trata, por consiguiente, es de provocar una
alteración estructural en el lenguaje. Para ello, Wittig trabaja,
en especial, con los pronombres personales que considera que
son los que vehiculan el género a través del lenguaje, convir-
tiéndolos, por esta causa, en temas principales de sus libros. En
L 'Opoponax [123], interesada en este sentido por el sujeto, por el
hablante que habla, y, en particular, por el proceso de forma-
ción del yo en el lenguaje, Wittig construye su texto mítico
sobre la infancia a partir del pronombre indefinido on en fran-
cés, que no tiene ni género ni número. En El cuerpo lesbiano,
como se ha comentado, los pronombres y términos que remi-
ten a la voz protagonista, se escriben rasgados por una diagonal.
Les Guérilleres [124J es una crónica épica de un sujeto conquista-
dor del mundo y de las palabras que se expresa ante todo
mediante un bello lenguaje alusivo, poético y fragmentario más
que a través de un claro y nítido hilo narrativo conductor. Ese
sujeto que en Las Guerrilleras se apropia de la vida y del lengua-
je se nombra bajo el pronombre personal elles, con el que Wittig
no pretende en buena lógica referirse al grupo de las mujeres
dada su problematización del género sino precisamente trasto-
car el uso del lenguaje dotando a elles del poder de remitir al
universal, de ser el sujeto absoluto del mundo.
Se entiende, entonces, que no se trata en Wittig de trabajar
en favor de la feminización del mundo ni de defender la exis-
tencia y el valor feminista liberador de una supuesta escritura,
literatura femenina, como así lo hicieran autoras centrales del
pensamiento francés de la diferencia sexual, entre ellas las
conocidas Hélene Cixous o Luce Irigaray. Apostar por una
escritura femenina sería para \Vittig defender justo aquello con-
tra lo que su pensamiento y su texto se dirige, esto es, la exis-
tencia de una humanidad diferenciada social y políticamente
en sexos dicotómicos y marcada en el lenguaje por el género
[123] Monique \\"ittig, L 'Opoponax, Paris, Minuit, 196-1-. Hay traducción
castellana en Barcelona, Seix Barral, 1969.
[12+] Monique \\"irrig, ús Guérilleres, Paris,Minuit, 1969 .. Traducción cas-
tellana en Barcelona, Seix Barra1, 1971.
[C.WÍTCJ.O 1]
gramatical. La t'xpreslOn «escritura femenina» permanece
atrapada en el uni\'(:rso cultural masculino dominante. Para
\Vittig la lengua permite que la escritura pueda ser un espacio
de libertad doncle la convención de los sexos no sea determi-
naute, donde se dé la posibilidad de construir la idea de un neu-
tro vencedor de la diferencia sexual [125]. Para aquellas defen-
soras de la diferencia sexual, es la lengua materna, la \'oz de la
madre la que debe ser buscada y rememorada ya que en
esa lengua eminentemente femenina habita la esencia de la
mujer. \\'ittig, por el contrario, alude en el texto que escribe en
colaboración con Sande Zeig, BrouilLún pour un dictiú/maire des
amantes [126J, a que la «madre», entendiendo que ese término
remite a la función biológica femenina, es la deformadora de la
«lengua original», porque esa lengua perdida que las autoras
fabulan como vehículo expresivo del ser unitario unido en lazo
amatorio, ser recreado en la figura de las amantes amazonas, es
lengua de unidad, de lo humano, y no la lengua del cuerpo y
de la diferencia femenina.
Una innovadora y utópica comunidad de afectos, amores,
sentimientos, relaciones, de relaciones de parentesco también,
de modos de acción y organización vital que vuelven inapropia-
das las categorías de sexo y de género es lo que Las Guerrilleras
persigue, asimismo, comunicar. Al contrario de algunas inter-
pretaciones dadas en ocasiones, Las Guerrilleras no se alza en
defensa de un lesbianismo separatista ni de una supuesta clase
sexual, la de las mujeres. De ahí que \ \'ittig afirme ser un tre-
mendo error la traducción inglesa que convirtió elles en la pala-
bra «Mujeres» es una de esas palabras que por ser
visibilizadora del género \Vittig e>..'plícitamente rechaza.
[125] Wittig manifestó sus opiniones al respeclO de la noción de escritura
femenina, entre otros lugares, en Libération, el 1 í de junio de 1999. Puede con-
sultarse a este respecto la dirección web hnp:l /ww\\'.Iiberation.fr/
page.php?Article=íBH:¡(J#top
[126] I\Jonique Willig y Sande Zeig, Brouillon pour un dietiomzaiTe des aman-
tes, Paris, Bernard Gra,s("t, 1976. Traducción castellana: Borrador paTa un dic-
cionario de las aman/es, Barcelona, Editorial Lumen, 1981.
[Qd: \'IDA 1
No extraña, entonces, que Butler aprecie en particular las
novelas de Wittig, porque presentan un valioso desafio lingüís-
tico en contra de las categorías de identidad a través del esfuer-
zo por dar vida a categorías nuevas, nacidas de los materiales
destruidos, y a nuevos lenguajes expresivos de modos distintos
de ser los cuerpos [127]. Sin embargo, el lesbianismo absoluti-
zado por Wittig como lo radicalmente otro de la heterosexuali-
dad y de las marcas de sexo, como el lugar del sujeto humano
genuino y como lugar que, observa críticamente Butler, podría
acabar convirtiéndose en obligatorio, es sometido a incisiva
revisión por el discurso butleriano cuya dinámica constante es
la problematización de la identidad en cualquiera de sus for-
mas y desde el interior del ámbito de lo lingüístico y cultural.
lVlás tarde, con ocasión de una entrevista realizada en el año
2000 [128] donde se le preguntaba sobre cómo evitar la violen-
cia ejercida en el acto de nombrar, Butler afirmará que en Gender
Trouble era más favorable a la tesis de Wittig de que era posible
evitar nombrar a una persona como mujer u hombre. Diez años
más tarde, Butler piensa que hay que nombrar, que hay que
vivir asumiendo las consecuencias del nombrar. Usamos el len-
guaje, pero sabemos que nos designa de modo inapropiado.
Entonces, el trabajo político feminista debe emplear los térmi-
nos identitarios, como el de mujer, en un cuestionamiento sin
descanso, como así se dejó dicho más arriba.
6. EL SISTE:\L\ SEXO/GÉNERO y LA TEORÍA RADICAL
DE LA SEXL"..\LIDAD DE GAYLE RCBIN
Entre los pensamientos críticos con respecto a la heterosexuali-
dad entendida como disposición natural, que contribuyen de
modo importante a la elaboración, y desde sus primeros
momentos, de las obras de Butler, resulta clave el trabajo de
Foucault, cuya presencia en Butler, como comentamos anterior-
[127] GD, p. 158; GT, 127.
[128] CHS, p. 337.
[C.\PiTL"LO 11
mente. s(' mantiene, con mayor o menor incidencia, a lo largo
del COlljUlllo de su producción teórica. Y como también se elijo,
el interés de la antropóloga feminista Gayle Rubin por los escri-
tos de Foucault sobre sexualidad influyó directamente en Butler.
La misma Rubin ya a ser asimismo una autora señalada en el
ámbito kminista por su cuestionamiento de la heterosexualidad
y por sus análisis sobre el sexo y el género desde la perspectiva
ele la antropología cultural. El primer escrito de Rubín que ha
llegado a ser muy conocido y valorado, a pesar de que en él la
autOra aún no se había apropiado de! pensamiento de Foucault,
abundantemente citado por Butler en Gender Tíouble )', en me-
nor meclida, en sus textos anteriores, es el ensayo de 1975
«The Traffic in Women: Notes on the "Political Economy" of
Sex» [129], Junto a Foucault y a \Vittig, como [ormuladores de
críticas incisivas que ella rastrea y aprO\'echa, Butler menciona
e! escrito de Rubin en sus trabajos «Performatiye Acts and
Gender Constitution: An Essay in Phenomenology and Feminist
Theory» [130], en «Variations on Sex and Gender: Beauvoir,
Wittig, Foucault» [131], y asimismo en ((Critical Exchanges: the
Symbolic and Questions of Gender» [132],
[129] Gayle Rubin, «The Traflic in \\'omen: l\'otes of the "Political
Economy" of Sex», en Rayna R, Reitcr (ed.), 7ó¡¡;aTd an Ant/¡ropo!og)' oJ ¡10men,
:\fe'" York, 1\10ndlly Re\1cw Prcss, 1975, pp. 157-210. Traducción castellana
como «El u-:tfieo de mujeres: notas sobre la "economía política" del sexo», en
L'lmas. El gil/rro: Ln construcciólI cultural dr In djfrrencia sexual. oJ!. ciL pp. 35-96.
[130] APCG, pp. 304-305.
[131] ¡'SCE, p. 211; YSG, p. 37,
[132] Judith Butler, «Critical Exchanges: the and Questions of
Gcndcr», en Hugh. J. Sil\'erman (ed.). Contillrntal Philosopl!r F Qjlfstioning
FO//llda/iolls. 7i'ut/¡/SuQiectiólj/Culture, :\e\\' York. Roudcdge, 1993, pp. 134-
271. En la nota 1 de la página 269, Butler dice que este trabajo lo escribió en
1988: también afirma que partes de este ensayo fueron publicadas en Gmder
7ioublc. Y que algunos de los de que expone en él han sido rcfor-
mulados en posteriores publicaciones. Particularmente en pp. 1·1-3-145 Butler
cita el texto de Rubin. Butler lleva a cabo aquí una re\1sión crÍtica del discur-
so l'structuralista de Lévi-Strauss )' de Lacan fundamentalmente, discursos
que cucstiona Butler en tanto consideran la ley paternal como universal e
illll1odificalJle. Sus argumentos en contra de esta pretensión estructuralista
"TÚIl retornados)' ampliados en Gendel' Troublc.
[QL·t ClT\TA cmlo C1\. ... \'IDAJ
La fórmula sistema de sexo/género es la aportación del
texto de Rubin que será más ampliamente difundida, particu-
larmente en el ámbito de las ciencias sociales y humanas. El
interrogante feminista más planteado en la época del escrito de
Rubin versaba sobre por qué la diferencia sexual supone una
desigualdad social. Los análisis habituales apuntaban hacia
explicaciones de carácter universal, ahistórico. Así se esgrimía
como motivo la distribución del trabajo, la separación de las
esferas de lo público y doméstico, la estructura familiar. Rubin
orientó la investigación hacia otra dirección, interesada por el
análisis de las situaciones históricas y sociales concretas y dis-
tanciada críticamente del uso universalizador de la categoría
mujer. Como resultado de su interés focalizó el problema en el
modo en que cada sociedad organiza las diferencias entre muje-
res y hombres, en la determinación social del sexo y la sexuali-
dad. Las sociedades elaboran el material biológico «crudo» del
sexo, de la reproducción, de acuerdo con ciertas pautas. A esto
le llamó el sistema de sexo/ género.
Observa Rubin que la procreación ha sido entendida como
actividad primaria, instintiva, y que ello ha facilitado su natura-
lización. Sin embargo, no todas las sociedades la comprenden
del mismo modo. Se aprecian diferencias culturales en cuanto a
las prácticas de la reproducción y al respecto de los fenómenos
asociados a ella. De ahí se sigue que la sexualidad reproductora
es un asunto sociocultural. El sistema de sexo/género es defini-
do como un conjunto de relaciones sociales mediante las que se
transforma la sexualidad biológica en un producto de la activi-
dad humana. Ese conjunto de relaciones sociales determina
también el modo concreto de satisfacción de la sexualidad que
ha sido transformada [133], que se ha desplazado de lo mera-
mente biológico hacia lo sociocultural. Ello implica que el géne-
ro, la feminidad y la masculinidad, no se organiza sobre la
sexualidad natural, sino que género, sexualidad, deseo, se vincu-
[133] Gayle Rubin, «El tráfico de mujeres: notas sobre la «economía polí-
tica» del sexo», en Marta Lamas, El género: La construcciÚfl wltural de la diferencia
sexual, op. cit., p. 37.
[C.-\PÍTLLO IJ
0_
,,¡
lan íntim:lmente en el marco de la El sexo/
género nombra un modo de la acti\idad humana que recae
sobrc la reproducción biológica, y nombra un modo de la acti\i-
dad humana que Cl! ('uanto lal puede ser cambiado mt'diante la
lucha política.
La causa de la opresión de las mujeres no es biológica ni se
puede reducir al tráfico de mercancías. al modo de producción
:C0I110 habían subrayado las tesis marxistas); reside en e! tráfico
de mujeres, en el sistema sexo/ género que está implicado en la
organización del parentesco. Por lo tanto, la opresión tiene una
causa social, y ello es lo que se quiere indicar con el concepto
de «tráfico de mujeres», que muestra el control de la sexualidad
femenina, su domesticación como producto de cambio, a través
del intercambio de mujeres por parte de los hombres del grupo.
De acuerdo con el análisis de Rubin, e! acento del sometimien-
to de las mujeres, y de las «minorías sexuales» [134] por las que
ella también se preocupaba en contra del feminismo heterocen-
trado, recaía en la organización de la sexualidad como prácti-
ca heterosexual forzada que conlleva la imposibilidad de la
autonomía para las mujeres y un rechazo de la homosexualidad
así como de otras prácticas sexuales alternativas. El feminismo
debía buscar, entonces, una revolución de la heterosexualidad
normativa, lo que implica una revolución de! parentesco.
Rubin examina los sistemas de parentesco discutiendo par-
ticularmente con la obra de Lévi-Strauss, Les structurcs élémentai-
res de la paren té [135], pero también con Engels, Freud y
Lacan. Las culturas organizan la reproducción, los intercam-
[134] ¡bid. Butler en eHS, p. 347, afirma que emplea el término introdu-
cido por Rubin de «sexual minorities», que no remite a una base identitaria.
Con este término no se pretende trabajar a [a"ol" de los derechos de ga\"s, les-
bianas, transgéneros, sino que se lucha por «todo tipo de personas quc por
di"ersas razones no son inmediatamente representadas o legitimadas por las
normas disponibles y que "iven con la amenaza de "iolencia o de no conse-
guir empleo o de que le quiten algo en virtud de su aberrante relación según
las normas».
[135] Claucle U"'i-Strauss, Las estructuras e/t'lllentales del parentesco, Buenos
.-\ires, Paídós. 1969. L, I'Ilición francesa original es de 19-t-9.
bios y consumos de bienes y, además, los vínculos de parentes-
co. El tabú del incesto, defiende Rubin, organiza las identida-
des de género, de modo que, y esto es lo que subraya Butler,
estas muestran huellas de los sistemas de parentesco que están
al servicio de la heterosexualidad obligatoria. Las identidades
de género, las sexualidades, y las organizaciones de parentesco
ahí implicadas, son productos históricos que a través del tiem-
po se han sedimentado adquiriendo el aspecto de naturales.
Así que, lo importante de las tesis de Rubin es para Butler que
abren la posibilidad de ir más allá de las identidades de géne-
ro establecidas mediante la intervención en los sistemas del
parentesco.
La revisión feminista que realiza Rubin de la presentación
de la prohibición del incesto llevada a cabo por Lévi-Strauss,
Freud y Lacan es retomada por Butler en Gender Trouble [136],
lo que no va a impedir, no obstante, la critica a algunos de los
elementos contenidos en los análisis de Rubin. Apoyándose en
Rubin, Butler concibe el tabú del incesto como una sanción que
impone la exogamia, que actúa sobre el fenómeno de la procre-
ación, que determina la elección sexual de los individuos y que
es un medio también que constituye la identidad de género de
las personas. La prohibición del incesto, tal como lo formuló
Rubin, no solo excluye la relación sexual con los miembros de
la propia familia sino que también exige el rechazo previo de la
homosexualidad. El género que se elabora a partir del paren-
tesco supone asumir la identificación con un sexo y, asimismo,
asumir que tu deseo sexual se tiene que dirigir hacia el otro
sexo. En suma, el género implica dos aspectos: feminidad y
masculinidad, por un lado, heterosexualidad, por el otro. Con
anterioridad a la imposición de este mecanismo cultural de
sexo/ género que transforma los sexos biológicos en géneros
diferentes y jerarquizados, Rubin postula la existencia de indi-
viduos que encierran la totalidad de las posibilidades sexuales
humanas.
[136] GD, pp. 106-109: GT, pp. 72-76.
[C:.\riTl"I.O I J
Como ocurriera con la propuesta de la [f.5bimw de "'itrig-.
Butln Clll'stiona, cienu que J. través del instrumento de las teu-
rías sobre el poder de FQucault. este recurso de Rubín hacía una
sexualidad anterior a la ley, anterior a la producción ele la
sexualidad que efectúa la ley prohibiti\·a.. Se evidencia en ello,
para que Rubin sigue siendo deudora de la idea de la
existellcia ele una realidad ontológica, de un sexCJ, que es pre\'ia
a la conn-rsión efectuada por la ley dd en género. Situada
en el momento del después, en el ámbito del ejercicio de la ley
que nos ha transformado en géneros, Rubin, plantea crÍtica-
mcnte Buder, pretende conocer lo que hay antes de esa acción
cultural.
La revolución en el sistema de parentesco que defiende
Rubin, por otra parte, plantea que una \"ez erradicado el inter-
cambio de mujeres que determina la identidad de género y la
sexualidad en términos heterosexuales, surgirian sexualidades
bisexuales y homosexuales y que, incluso, ello desembocaria en
la eliminación del género mismo ya que el género es el resulta-
do de la imposición cultural de la heterosexualidad sobre una
anterior pluralidad sexual biológica. Derrocada la heterosexua-
lidad, se desvaneceria el género. En opinión de Butler. puede
ser muy atractiva esa suposición de una \-ida cultural sin géne-
ros pero Rubin no desarrolla suficientemente en su ensayo
cómo podría ser efecti\'amente esa existencia sin géneros.
Rubin está pensando en que la ley pueda evitarse y en que los
cuerpos sexuados puedan actuar sin referencia a la dualidad de
géneros. Cierto que la heterosexualidad puede alterarse, que el
intercambio de mujeres no tiene por qué implicar siempre la
imposición de la heterosexualidad. Ahí la crítica de Rubin al
estructuralismo ahistórico de Lé\-i-Strauss, en sus aspectos
misóginos, en su formulación de la ine\'Ítabilidad cultural del
tabú del incesto, es adecuada. :Mas, para Butler, lo que no es tan
e\-idente es que el género dependa exclusivamente de la hetero-
sexualidad, como así propone Rubin, ni que sea factible el giro
hacia un lugar utópico primigenio, no contaminado por la cul-
turay por las relaciones opresoras que dictamina. Que las iden-
tidades de género contemporáneas sean estrechas, rígidas y
[QL"f: CU:!\T\ l.':\.\ "IlU 1
constrictivas no es algo que solo se pueda afirmar a través de la
recreación de ese espacio al que nos remite Rubin.
Con posterioridad a su trabajo de 1975, Rubin elaboró su
texto «Thinking Sex: Notes for a Radical Theory of the Politics
of Sexuality» [137]. Rubin dirigió ahí sus esfuerzos hacia el
análisis de las sexualidades con un enfoque distinto a su ante-
rior atención al género. En Gender Trouble, Butler advierte que
en este segundo texto Rubin utiliza a Foucault para su propio
proyecto sobre teoria sexual radical. Comenta además cómo la
exposición de Rubin, en la época de confección de «Thinking
Sex», sobre el tema poder y sexualidad, realizada en 1979 con
ocasión de la celebración de un congreso dedicado a Simone de
Beauvoir (en el «New York Institute for the Humanities»), ya
influyó en sus ideas sobre la sexualidad lesbiana y su carácter
construido [138]. En «Thinking Sex» Rubin analiza los siste-
mas concretos de poder que configuran las sexualidades, no
solo las heterosexuales normativas sino que también afectan al
lesbianismo y demás prácticas no convencionales, como el feti-
chismo, sadomasoquismo, travestismo, transexualidad o sexo
en público. Investiga los mecanismos por los que unas sexuali-
dades son consideradas normales, legítimas, buenas, saludables
y otras como anormales, antinaturales, malas, pecaminosas.
Separa aquí la sexualidad del género de modo que revisa la
opresión ejercida sobre las sexualidades a partir de otros ele-
mentos, como la raza, la clase social, la regulación sexual.
A esta desconexión llevada a efecto por Rubin entre la esfe-
ra de la sexualidad y la del género se refiere Butler en Bodies that
AlatteT, subrayando que ello permite oponerse a formas rigidas
[137] Gayle Rubin, «Thinking Sex: Notes for a Radical Theory of the
Politics of Sexuality», en Carol S. Vanee (comp.), P[casllre and Danger, )iew
York. Routlcdgc. 198+. pp. 267-319. Traducción castellana: «ReflexionancIo
sobre el sexo: notas para una teoría radical de la en Carol S.
Vanee (comp.). Placer)' peligro. :\Iadrid, Talasa, 1989, pp. l! 3-190.
[138] GD, p. 106 Y nota +5; GT. p. 7'2 Y nota 4-.S en pp. 163-164. En este
momento fue cuando Butler, a través de Rubín, levó la Historia de [a .Iexllalidad
de Foucault, suceso ;¡l que se ha hecho mención anteriormente. Este libro de
Foucault fue traducido al inglés por primera vez en 197R.
[C.-\l'iTLI.O 1] '1
de:' posIcIOnes estrucruralistas en que la sexualidad queda
siempre fijada dentro del marco de la diferencia de género sin
tenerse en cuenta otros aspectos que pueden intervenir en las
técnicas disciplinarias de las sexualidades. No obstante, si bien
Butler defiende que la sexualidad y el género no han de pensar-
se según relaciones causales cerradas, que implicarían que toda
subordinación sexual determina diferencias de género, no cree
acertado, por otra parte, separar de modo extremo las sexuali-
dades de las normas de género y propone entender los térmi-
nos en dinámica y recíproca relación [139]. Esta es la crítica
vertida por Butler sobre «Thinking Sex)) de Rubin, quien
defiende la necesidad de realizar una teoría autónoma sobre la
sexualidad, y dejar para el futuro la interrelación entre las teo-
rías feministas del género y las teorías radicales de la sexuali-
dad; a esta última orientación se le ha venido en llamar en
nuestros días teoría queer, la que no por casualidad considera a
Rubin como una de las pensadoras pioneras que abrieron el
espacio para el surgimiento de los estudios y de la política queer.
En este ensayo, piensa Burler, sexualidad y género están en
exceso escindidos, mientras que en «The Traffic in \'Vomem),
que se inserta en el ámbito del feminismo preocupado por el
tema de la opresión de las mujeres, sexo, sexualidad (heterose-
xual) y género están en exceso
Sobre las circunstancias teóricas y políticas que rodearon su
mO\·imiento desde «The Traffic in "'omen)) hacia «Thinking
Sex)), nos relata Rubin [140] su distanciamiento de su primera
atención a las oposiciones binarias del estructuralismo de Lévi-
Strauss y Lacan y su posterior acercamiento a los planteamien-
tos discursivos del postestructuralismo. Los modelos binarios
son más \"álidos para trabajar sobre el género, piensa Rubin,
porque entendemos habitualmente el género y la diferencias de
género en un sentido dualista, pero cuando se decide investigar,
como así fue su caso, ya no la heterosexualidad ni la oposición
entre heterosexualidad y homosexualidad sino las múltiples
l139] GJ, p. 335; BM, p. 239.
[140] Sr, pp. 76-77.
[Ql'E (TE!\T.-\ \'IDA 1
diferencias de las conductas sexuales, entonces, el marco bina-
rio no es el apropiado y se requiere de un entendimiento más
complejo de la dinámica de la vida social.
En un primer momento, Rubin se planteó su investigación
sobre las sexualidades debido a que no le convencían las inter-
pretaciones feministas existentes por entonces sobre los com-
portamientos sexuales. También reaccionó en contra del con-
texto político de derechas que repudiaba las prácticas sexuales
no hegemónicas. El debate, en torno a finales de los setenta,
sobre la transexualidad, por ejemplo, se hallaba, a la vista de
Rubin, demasiado centrado en el determinismo biológico. De
ahí que comenzara a cuestionar que el feminismo fuera el
ámbito idóneo para adentrarse en el tema de las sexualidades,
y menos un tipo de feminismo esencialista como el de
Catharine MacKinnon [141] que se alza en lucha contra la
pornografia y como reacción al cual fue interpretada la obra
«Thinking Sex». Los trabajos preparatorios para la redacción
final de «Thinking Sex» se iniciaron con anterioridad a que
Rubin se introdujera en el discurso de Foucault, pero, como ella
nos informa, la obra de Foucault inspiró y dio claridad a su
estudio en su versión definitiva [142]. Foucault le orientó hacia
el reconocimiento de la importancia de otras líneas de fuerza,
de dinámicas sociales y culturales distintas de las relativas a la
familia, el parentesco, el género, el psicoanálisis.
La focalización de Rubin hacia Foucault la aprovechó
Butler con éxito aun sin compartir la postergación de las cues-
tiones concernientes al género y al parentesco. Precisamente en
[1+1] Rubin alude a las obras de Catharine MacKinnon, «Marxism.
Feminism, ~ I e t h o d and the Slate: An Agenda for Theory», Signs, 7.3, 1982,
pp . .') I 5-5+!-: y «l'vlarxism, Feminism, Method and the State: Toward Feminist
Jurisprudence», Signs, 8'+, 1983, pp. 635-658.
[1.J:2] ST, p. 78. Rubin nos cuenta, además, cómo antes de leer a foucaulr
tuvo un encuentro con él siendo ella estudiante en Francia en los \'cranos ele.:
1972 y 1973, encuentro que le impresionó por la amabilidad y cercanía mos-
tradas por Foucault. Después, hacia 1978, Rubin tuvo que ir a Francia a
impartir una conferencia y de nuevo coincidió con FOllcalllt. Entre r)(ras
cosas, FOllcalllt le aportó la confirmación de que sus preocupaciones (' illtt're-
ses no eran absurdos (véanse las páginas 89-92).
[C.-\l'iTU.O 1]
t);'
su comentario a «Tbe Traffic in ,,'omen» resalta la \'alía de la
comprensión del género ahí desarrollada, en una dirección
divergente a la de la fijeza otorgada por el marco estructuralis-
ta, lo que fue, dice Butler explícitamente [143J, una de las razo-
nes que le llevaron a centrarse en el género en su Ge?lder TíDuble,
Por otra parte, Butler sigue poniendo de relieve en el presente
la importancia concedida a las relaciones de parentesco en
su \'inculación con el género; así sucede, por ejemplo, en una
de sus últimas obras, Antigone '5 e¡aim, !(inship Betu.'ee?l Life and
Dea!/¡ [144J, donde, además, el primer texto de Rubin, «The
Traffic in ""omen», es citado de nuevo,
7, SEXCALIDAD y PODER, A TRA,\'ÉS DE FOCC.-\CLT
Aun por caminos distintos, nada desdeñables en sus diferencias,
\Vittig y Foucault cuestionan directamente la idea de sexo natu-
ral. La tarea perseguida por Butler de liberar al género del sexo
transcurre por un camino iniciado con la ayuda de Beauvoir,
que vislumbra útiles guías en aportaciones discontinuas de
Wittig y Rubin, así como en la noción teatral de peiformance y en
ciertos elementos re\'isados de la fenomenología existencial, y
que culmina su primer tramo, con el apoyo cla\'e, aunque no
exento de aristas, del encuentro con Foucault.
La peculiar perspectiva de aproximación al poder de
Foucault, además de su genealógica desnaturalización del sexo
y de la sexualidad, es incorporada, siempre con matices críticos,
en la problematización del géncro incesante en Butler,
En sus análisis denominados «arqueología del saber»,
Foucault se preocupa por las condiciones que posibilitan la
[I43J ST, pp, 73-74, Al final de este diálogo entre Butler y Rubin, aque-
lla le muestra su deseo de que ,'uel\'a a retomar el tema del género, Rubin
replica, con humor, que le deja a Butler los futuros comentarios sobre el géne-
ro, dada su capacidad como «rrina» actual del género (<<as the reigning
(,Queell» of Gender!»), Véase p, 104,
[144] CA, p, 99 Y nota 10; AC, p, 72 Y nota 10, p, 95,
C¡.j
emergencia de los distintos saberes establecidos. A partir de 1970
comienza su etapa de análisis del poder, su «genealogía del
poder», donde conceptos nietzscheanos como el de «genealogía»
y el de «voluntad de poder» son puntos evidentes de influencia.
Foucault escribe en 1971 el texto «Nietzsche, la Généalogie,
I'Histoire». Su primer volumen de la Historia de la sexualidad apa-
rece en 1976 con el subútulo de La voluntad de saber. Ahí, saber y
poder se enlazan productivamente; saber y poder se piensan
como íntimamente imbricados; el saber es un modo del ejercicio
del poder y no un elemento ajeno, resistente o contrario al poder.
En su investigación sobre el devenir del saber sobre el sexo y la
sexualidad se irá mostrando su entendimiento del saber, de cómo
y en función de qué objetivos se organiza la producción y distri-
bución discursiva de las nociones de «verdad» y «mentira», y su
singular concepción del poder como fuerza no exclusiva ni fun-
damentalmente represiva, prohibitiva.
La «hipótesis represiva», la tradicionalmente más aceptada,
que dice que sobre todo a partir del siglo XVII se deja ver la
imposición progresiva de un mecanismo de poder enfocado
hacia la represión del sexo y la sexualidad, es puesta en cuestión
por Foucault en su Historia de la sexualidad. Le interesa no tanto
demostrar la falsedad de esa «hipótesis represiva» cuanto
encuadrarla dentro de la dinámica general de los discursos
sobre el sexo que se formulan en las sociedades modernas,
entrelazando saber y poder como estrategia de análisis. Se
observará entonces cómo los distintos canales, medios, instru-
mentos, instituciones, lugares, que efectúan la «puesta en dis-
curso» del sexo configuran una serie de «técnicas polimorfas
del poder», de las que lo importante no es averiguar si formu-
lan la verdad sobre el sexo o si la disimulan sino comprender
que vehiculan una «voluntad de saber» [14j] como soporte y
ejercicio de poder. La voluntad de «verdad», como afirma
Foucault en El orden del discurso, es una instancia de poder que se
ejerce a partir del entramado discursivo, de la formación de dis-
[¡'¡·S] Michel Foucau![, Historia de la sexualidad, vol. 1. La mluntad de saber.
op. cit., p. ! 9.
r C.\l'iTl"I.O [1
cursos que son los que establecen la lógica de la «verdad» y la
«mentira»: «en la voluntad de verdad, en la voluntad de decir,
ese discurso verdadero ¿qué es por tanto lo que está en juego
sino el deseo y el poder?» [146]. Esto es, la cuestión para
Foucault no es dilucidar qué es lo que el enunciado «verdade-
ro» dice, cuál es su referente y si lo capta más o menos acerta-
damente. De lo que se trata es de apreciar lo que llama la
«voluntad de verdad» o de «saben> que alimenta al discurso ver-
dadero: la maquinaria de poder que pone en funcionamiento.
Esa voluntad de saber-poder no se dirige, principalmente, a
negar o prohibir el sexo y la sexualidad. Antes bien, tiene un
alcance de incitación; produce, difunde y hace proliferar sexua-
lidades múltiples. Los discursos sobre el sexo no son signos de
censura, desplazan, modifican, reorientan en nuevas direccio-
nes la sexualidad y el deseo. El pensamiento occidental no se
propone ocultar el sexo sino que insta a hablar más y más sobre
sexo, porque el sexo no es algo que está fuera del discurso, algo
dado previamente con un carácter o naturaleza y sobre lo que
pueda actuar el discurso en el sentido de su fortalecimiento o
en el de su empequeñecimiento. El sexo está fabricado por ese
entramado de saber-poder que hace surgir deseos y sexualida-
des a la vez que excluye, niega, otras posibilidades del deseo y
de las sexualidades. El saber-poder sobre el sexo es productivo
también en su invención de patologías, enfermedades, peI\!er-
siones, en su formulación de reglas para el juego del deseo y los
placeres.
Desde la perspectiva de Foucault, no es el más adecuado el
modelo jurídico del poder, donde el poder se representa como
energía que condena, como fuerza de negación, como ley pro-
hibitiva, como dinámica de una única dirección, del opresor al
oprimido, de un legislador hacia un sujeto sumiso y obecliente.
En esa concepción jurídica del poder, el poder se asume como
instancia empobrecida, monótona, de excasos recursos. De
acuerdo con la analítica del poder de Foucault el poder es prio-
[146] Michel Foucault. El orden del discurso. Barcelona, Tusquets, 1983,
p. 20. Edición francesa original: L 'Ordlf' du DiJroUls, Paris, Gallimard, 1971.
l QU: cu::"T.-\ CO.\IO L':"A \'II)A 1
ritariamente elemento productivo, de eficacia positiva, móvil,
rico en técnicas y estrategias, de diversificados centros y senti-
dos. El poder no se entiende como conjunto de instituciones y
aparatos que se imponen sobre unos individuos pasivos; el poder
nombra un conjunto inmanente y constitutivo de relaciones de
fuerzas que son productivas allí donde actúan y que no pueden
comprenderse según el orden de las oposiciones binarias de
dominador-dominado. El poder no reside en un punto determi-
nado, no tiene un centro soberano concreto desde el que irradia,
de arriba hacia abajo; el poder está presente en todo momento
y en todos los lugares: «el poder no es una institución, y no es
una estructura, no es cierta potencia de la que algunos estarían
dotados: es el nombre que se presta a una situación estratégica
compleja en una sociedad dada» [147]. Con la expresión «bio-
podem [148], además, Foucault investiga cómo, fundamental-
mente desde el siglo XVII, fue desarrollándose una dinámica de
poder que tuvo como objeto a la vida. Este poder cuya función
no giraba en torno a la muerte, sino que su destino era organi-
zar la vida misma se impuso sobre el cuerpo, en su aspecto de
máquina, con el fin de educarlo, acrecentar su fueza, sus actitu-
des, y, por otro lado, se ejerció sobre el cuerpo, en su dimensión
biológica, controlando la natalidad, la salud. El poder invade
todos los fenómenos de la vida, la sexualidad es uno de estos
asuntos de los que el poder se hace cargo .
. y si el modelo jurídico resulta ser, sin embargo, el más acep-
tado se debe, afirma Foucault, a que la mecánica del poder
oculta su propia lógica de funcionamiento para lograr ser tole-
rable, para garantizar su éxito: «¿lo aceptarían acaso, si no vie-
sen en ello un simple límite impuesto al deseo, dejando intacta
una parte -incluso reducida- de libertad? El poder, como
puro límite trazado a la libertad, es, en nuestra sociedad al
menos, la forma general de su aceptabilidad» [1 -1-9]. Esta ana-
[¡"¡'7] ~ I i c h e l Foucault, HÓoria de la sexualidad, \'01. 1. La voluntad de mber.
op. cit., p. 113.
[148] ¡bid., pp. 168-171.
[149] ¡bid., p. 105.
(C.\PiTLLO 1]
lítica del poder que realiza Foucault, no implica la incapacidad
para la resistencia a pesar de no admitir el recurso a la «liber-
tad», a un espacio propio y genuino no contaminado por el
poder. No habiendo un exterior absoluto al poder, la resistencia
al poder se tematiza como interna al poder, no como rechazo
sino como un tejido de nudos, ágiles, creativos, diseminados en
la misma red de poder. La resistencia puede modificar, desde
dentro, la dirección de! poder. En tal caso, nunca la sujeción
ejercida por el poder es estable ni global. Y los discursos vehí-
culos del poder son también vehículos de resistencia al poder.
El nuevo planteamiento sobre e! poder de Foucault persigue,
entonces, deshacer la imagen del poder como ley negati\'a para
abordar desde un ángulo mucho más complejo y positivo las
«tecnologías» del sexo que se desprenden del análisis de! mate-
rial histórico.
La crítica genealógica de Foucault desemboca, de este
modo, e·n la desnaturalización de! sexo y la sexualidad. No hay
verdad del sexo, esto es, no hay libertad del sexo; e! sexo no está
en contra de! poder, está atravesado por e! poder en tanto que
es una elaboración de! poder. Se constatan diversos procedi-
mientos hitóricos para producir la verdad del sexo [150], desde,
en el caso concreto de la civilización occidental cristiana, la téc-
nica de la confesión, pasando por la pedagogía y las relaciones
familiares, hasta la medicina y la psiquiatría. De la aplicación
de estos dispositivos, que atraviesan la historia conectando la
confesión con la clínica en tanto que ambos son modos de escu-
cha, emana, para FoucauIt, lo que llamamos sexualidad, de ahí
que la historia de la sexualidad sea una historia de los discur-
sos, porque la sexualidad fue concebida como un «campo de
significaciones» que es preciso «descifran> [151].
Las consecuencias de estos planteamientos de Foucault para el
feminismo [1 j2] han sido objeto de e\"aluaciones contrapuestas
[lSO]lbíd., pp. 72 ss.
[ISIJ lbúl., pp. 86-87.
[lS2J Pueden consultarse las siguientes interpretaciones feministas de
FOllcault: Isaac D. Balbus, «Michel Foucault y el poder del discurso fcminis-
[QU: yl[)A 1
dependiendo de la perspectiva feminista que se aplique al texto
de Foucault. En el caso de Butler, que aquí nos interesa, se evi-
dencia la utilidad del uso de la estrategia de Foucault sobre el
poder para la subversión del binarismo de género y su jerarqui-
zación. Foucault no defiende una sexualidad emancipada, al
margen del poder, como propugna Wittig. Butler comenta [153]
que el ideal de Marcuse, en Eros y civilización, de una sexualidad
progresivamente liberada de las relaciones de dominación, no
es la opción de Foucault, para quien ese supuesto deseo libera-
do está igualmente estructurado por el poder. No se trata de
transcender el poder, por tanto, sino de diseminarlo y diversifi-
carlo como instrumento para resistir su faz más rígidamente
dominadora. Foucault se encamina hacia la puesta en práctica
de múltiples y diversas estrategias de poder con el fin de luchar
contra la configuración binaria del poder que está al servicio de
la instauración de relaciones jerárquicas y opresivas a las que
envuelve hábilmente con el ropaje de lo «natural», la «verdad».
La noción de sexo es una de esas categorias de las que el
poder dispone en una dirección binaria y, por lo tanto, su con-
ceptualización, según la dinámica dualista de oposición entre
los sexos, debe ser discutida por sus efectos coercitivos. Foucault
critica esa idea de sexo des naturalizándola, argumentando que
ta», en Seyla Benhabib y Drucilla Comell, Teoríajeministay teoría crítica, op. cit.,
pp. 169-191, donde se ofrece una crítica a Foucault desde el feminismo;
Nancy Fraser, Cnru(y Practices. Power, DiscouTse and Gender in Contemporary Social
Theory, Minneapolis, University of Minnesota Press, 1989, obra en la que
Fraser defiende que Foucault, en todo caso, puede ser usado por el feminismo
de modo ocasional; 1. Diamond y L. Quinby (eds.), Feminism and Foucault.
Rdlections on Resistence, Boston. Northeastem U niversity Press, 1988, texto
donde se plantea de modo sistemático la relación de Foucault con el feminis-
mo y que es, para este tema, de obligada referencia; SusanJ. Hekman (ed.),
Feminist Interpretations qf ,\;fichel Foucault, University Park (Pennsylvania), The
Pennsylvania State üniversiry Press,1996; Aroy Allen, The Power of Feminist
T h e o ~ v . Domination. Resistance. Solidarity, Colorado, Boulder, 1999; Nancy
Hartsock, «Foucault on Power: A Theory for \Vomen?», en Linda J.
Nicholson (ed-.l, Feminism/Postmodernism, New York and London, Routledge,
1990, pp. 157-175; Rosa :\1.' Rodríguez Magda, Foucault.Y la geneaología de los
sexos. Barcelona, Anthropos. 1999.
[153] VSGE, pp. 205-206; VSG, pp. 32-33.
(C.\PiTUO 1]
99
el sexo no es nuestro «secreto», mostrando que es un «punto
ideal y "uelto necesario por el dispositi,'o de la sexualidad y su
funcionamiento» [154]. Dice Foucault:
la noción de «sexo» permitió agrupar en una unidad artificial
elementos anatómicos, funciones biológicas, conductas, sensa-
ciones, placeres, v permitió el funcionamiento como principio
causal de esa misma unidad ficticia: como principio causal,
pero 'también como sentido omnipresente, secreto a descubrir
cn todas partes: el sexo, pues, pudo funcionar como significan-
te único y como significado universal [155].
Esta línea de pensamiento es la retomada por Butler en su
teoría del género. Explícitamente cita el anterior texto de
Foucault [156], en el que se apoya para rei, -indicar el carácter
ficticio del «sexo», la equivocidad del término, aglutinador de
una disparidad de elementos de sentido, así como para señalar
su utilización por parte de la cultura dominante. Desde ahí,
entonces, desde Foucault y en contra de la mirada de \Vittig
vuelta hacia un espacio libre, de unidad de lo humano anterior
al sexo, Butler proyecta su movimiento de crítica al género
binario mediante la táctica de la proliferación de géneros. Esos
géneros múltiples, que ya no se ven constreñidos por el impera-
ti\"o de ser elaboraciones culturales de los sexos naturales al
haberse desvelado el «sexo» tan construido como el «género»,
siguen siendo, no obstante, instrumentos de poder. Pero en su
resistencia al modelo hegemónico de opresor-oprimido, debili-
tan el peso de ese juego del poder, haciendo que el dualismo de
[154] ¡"Iichel Fouraulr, Húlol1'a de la sexualidad. \"01. 1. Ú1l'oluntad de sabl'T.
o¡" cil .. p. 1!:l8,
[ISS] ¡bid., p, IOí.
[156] VSGE, pp, 206-207; ¡'SG. p. 33. También se recoge esa cita de
Foucaült en APeG, p. 304, nota S; además en GD, p. 12S y nota 18, pp. 127-
128: GT, p. 92 Y nota 18, p, 165; \' asimismo en APO, pp. 1-30. Ahí aparece
citado el texto de Foucault en nota 2. p. 25. Con eIJo. no pretendemos dar
cuenta de todas y cada una de las ocasiones en que Burler reproduce el pasa-
je de Foucault, pero sí mostrar la gran fuerza significativa que Burler otorga
a estl" concreto párrafo de FOllcault.
[Qc¡:: Clr,'J'.\ cmlo l:!\.\ "IIJA)
género no sea el único modo de significar y de dar sentido al
género.
La teoría del poder de Foucault formulada en su Historia de
la sexualidad es, sin duda, un material en donde Butler ha podi-
do encontrar apoyo tanto para su desplazamiento del sexo al
género como para su defensa de géneros diferentes al dualismo
establecido. Que el sistema diádico de género debe ser cuestio-
nado se sigue también del recorrido por los efectos perniciosos
sobre la vida de las personas que ocasiona la vehemente procla-
mación del carácter natural tanto de la heterosexualidad como
del sexo verdadero, de un solo sexo verdadero en el interior de
cada cuerpo. Butler retoma en su «Variations on Sex and
Gender: Beauvoir, Wittig, Foucault» ·Ios diarios de Herculine
Barbin editados y prologados por Foucault. Reconoce que
Foucault presenta a Herculine bajo el aspecto de cierta ambi-
güedad sexual, pero niega que con ello Foucault afirme la posi-
bilidad de la transcendencia del sexo [157]. Le interesa más,
por el momento, poner ante la vista a través de la narración de
Foucault cómo e! problema que llevó al suicidio a Herculine no
fue su anatomía sino la exigencia del poder eclesiástico, médi-
co y jurídico, de que su cuerpo y sus deseos sexuales se ajusta-
sen a lo establecido. Hacer visible e! mecanismo del trabajo de
la obligatoriedad de la dualidad de sexos y de la relación hete-
rosexual ya es un instrumento para su crítica, porque destaca
cómo lo supuestamente natural tiene una procedencia cultural
y que «lo que llamamos una esencia o un hecho material sim-
plemente es una opción cultural reforzada que se ha disfrazado
de verdad natural» [158].
El desmantelamiento de la oposición binaria es en
«Variations on Sex and Gender: Beauvoir, Wittig, Foucault»
también motivo de su desafio al pensamiento de la diferencia
sexual, diferencia que se postula como dato irreductible en
buena parte de! feminismo francés ocupado en la búsqueda de
[157] f;:CJCE, pp. 207-208; VSC, pp. 33-3+.
[158] VSCE, p. 211; Ií:5"C, p. 37.
[C.\PiTt.:!.O 1]
Illl
lo dislÍnti\'amcnte femenino, de la especificidad de lo femenino,
y r¡ue, para Butler, nos acerca a aquella tesis contra la que
luchara Beauvoir, la de que la biología señala el destino de los
seres. Si, de acuerdo con Foucault, no hay sexo natural, lo
femenino es solo el resultado provisional del despliegue históri-
co del sexo. De hecho sucede que ciertas personas a las que
incluimos bajo el rótulo de mujeres, o de hombres, como así
--como hombre- fue obligada a reconocerse a sí misma
Herculine Barbin en un proceso de modificación, por impera-
tivo legal, del que fue en inicio su sexo y su género de adscrip-
ción, no consiguen identificarse con esa que se dice que es su
esencia insuperable.
A pesar de llevar a efecto un cuestionamiento intenso del
carácter ontológjco, natural, del sexo, y aunque abre el género
hacia su diversificación en tanto inundado por pluralidad de
instancias culturales de poder, Butler, en este texto suyo, pre-
senta una teoría del género como «radical invention» [159] de
la que anticipa las objeciones que pueden ser planteadas desde
el marxismo y desde el psicoanálisis. En el primer caso, el pro-
blema, desde la perspectiva marxista, es que la identidad de
género depende en gran medida del contexto social, de las
otras personas que nos dan o no reconocimiento. En el segun-
do caso, el psicoanálisis podría replicar que la superación de
las oposiciones binarias de género que proyecta Buder nos
devuelve al ámbito preedípico, ámbito de la ambigüedad del
espacio anterior a la cultura. En sus obras posteriores, Buder
reflexionará con agudeza sobre estas cuestiones y su crítica al
psicoanálisis se hará incisi\·a. Ahora, en «Variations on Sex
and Gender: Beauvoir, 'Vittig, Foucault», ante las dificultades
obser\'ables en esta comprensión del género nos sugiere la
apertura hacia la consideración de que la realidad no es algo
dado fija y definitivamente. Cabria pensar que lo que hoyes
una fantasía cultural sea una forma de organización social en
un futuro.
[I59J ¡:S'GE, p. 208; J:S'(,'. p. 35.
Se va aproximando pero no ha llegado aún a formular el
género como proceso performativo en sus más potentes impli-
caciones. No quiere asumir que el género sea consecuencia de
una elección libre en sentido fuerte, dado su rechazo del suje-
to humanista. Tampoco considera que sea asunto exclusivo de
una imposición cultural de la que no es posible escapar, ya
que entonces no cabrían las diferencias múltiples de género
no reducidas al binarismo ni tampoco habría capacidad de
acción alguna por parte de los individuos atrapados por las
normas dominantes. Evitar anclar el género en una de estas
opciones cerradas al tiempo que recuperar sus aspectos más
positivos, es la dificil tarea intelectual sobre la que Butler vol-
verá una y otra vez.
A la critica de la idea del cuerpo como suelo dispuesto para
que sobre él se «inscriban» las directrices culturales, y en rela-
ción explícita con el pensamiento de Foucault, Butler dedica
otro de sus trabajos que también anticipa tesis importantes de
su Gender Trouble y de obras posteriores. Se trata del texto, de
1989, «Foucault and the Paradox of Bodily Inscriptions» [160].
El cuerpo construido, el cuerpo como sitio sobre el que se apli-
can los discursos y el poder, nos remite a Foucault. Al menos es
desde ahí desde donde Butler plantea su discusión sobre de qué
modo se realiza, y qué implica, la construcción del cuerpo. Si
el cuerpo, en Foucault, posee una materialidad separable de los
significados culturales que lo constituyen en el interior de un
contexto social es el asunto que se trata de dilucidar. Porque
cuando hablamos de construcción del cuerpo podemos o no
entender que el cuerpo y la construcción a la que se lo somete
son dos elementos diferenciados.
En su Historia de la sexualidad, había dicho que el sexo, sin
duda lo que podria pensarse como un rasgo fáctico de la exis-
tencia corporal, es «un punto ideah), un «punto imaginario»,
«el elemento más especulativo, más ideal y también más inte-
[160] FPB, pp. 601-607. En Gender Trouble, Butler retomará algunas de las
ideas contenidas en este trabajo anterior. Véase GD, pp. 161-166; GT, pp.
129-13+.
[C.-\.riTCl.ü 11
rior en un dispositivo de sexualidad que el poder organiza en su
apoderamiento de los cuerpos, su materialidad, sus fuerzas, sus
energías, sus sensaciones y sus placeres» [I 61 J. Se esfuerza
Foucauit por investigar los mecanismos mediantes los que el
cuerpo muestra ser una construcción cultural pero deja en la
imprecisión si hay un invariante cuerpo externo, con sus «fuer-
zas», «sensaciones», «placeres», lugar de apropiación de las
estructuras culturales y lugar de resistencia también al poder
cultural. Foucault, en efecto, escribe: «Contra el dispositivo de
sexualidad, el punto de apoyo del contraataque no debe ser el
sexo-deseo, sino los cuerpos y los placeres» [162]. Butler subra-
ya que en la Historia de la sexualidad asimismo se afirma con cla-
ridad que no hay sexualidad sin poder y que el cuerpo no pre-
existe a la ley. El análisis de Buder argumenta que, por una
parte, Foucault defiende que los cuerpos se constituyen en el
interior de un sistema de discurso y poder en el sentido de que
no hay materialidad del cuerpo con independencia de esos
regímenes específicos de discurso y poder. Pero, por otra parte,
«concibe al cuerpo como una superficie y como un conjunto de
«fuerzas» subterráneas que son, en efecto, reprimidas y trans-
mutadas por un mecanismo de construcción cultural externo a
ese cuerpo» [163]. Este mecanismo, prosigue Buder, se entien-
de como trabajo de «inscripción» de la «historia», la cual es
como un «writing instrument» [164] que imprime su grafia
sobre el cuerpo tal como si fuera una página dispuesta para
ello. Aquí reside el problema, en la concepción del cuerpo
como «superficie» preparada para ser «inscrita», en su acerca-
miento a la dinámica de la construcción cultural según el
modelo de la «inscripción», porque el proceso de inscripción
remite a un poder externo al cuerpo a pesar de que ello es lo
que Foucault quiere evitar.
[161] MicheJ Foucaulr, Hist01ia de la sexualidad, vol. 1. ÚI voluntad de saber,
op. ci/., pp. 188-189.
[162] Ibíd., p. 191.
[163] FPB, p. 602.
[164-] Ibíd., p. 603.
[QU: 1.:1\: .... ,OIlH 1
En el escrito «Nietzsche, la Genealogía, la Historia» [165],
Butler también identifica pasajes donde el cuerpo es presenta-
do como superficie y conjunto de fuerzas multidireccionales
sobre el que se realiza la labor cultural de inscripción. «El
cuerpo: superficie de inscripción de los sucesos» [166J, escribe
Foucault. Y también afirma Foucault que entre el cuerpo y la
historia se ofrece una articulación, «el cuerpo impregnado de
historia)) y por su parte «la historia como destructora del cuer-
PO)) [167]. La historia como fuerza destructora del cuerpo le
sugiere a Butler la idea de un cuerpo en el que los impulsos son
reprimidos, de un cuerpo que es siempre sitiado por el curso
de la historia. Y de una historia como creadora de valores
y significados en cuyo ejercicio sujeta al cuerpo para producir
al «sujeto hablante y sus significaciones)) [168]. Esta descrip-
ción realizada por Foucault en esos términos es considerada
por Butler como signo de un planteamiento ahistórico ya que
no se trata de un cierto tipo de historia sino de «la historia)),
que, como instrumento de escritura, actúa a través de este
mecanismo de inscripción sobre el cuerpo para crear valores.
Ello supone además, como se dijo, que Foucault mantiene al
cuerpo existiendo con anterioridad a la inscripción cultural.
De nuevo, sin embargo, emerge la paradoja que Butler no
quiere dejar de recordarnos: no solo en su Historia de la sexuali-
dad Freud y Nietzsche son cuestionados en tanto asumen una
ontología prediscursiva del cuerpo y sus impulsos, sino que la
crítica a la «hipótesis represiva)) del poder, ampliamente des-
arrollada allí, afirma que no hay energía que precede a la
represión, que los deseos e impulsos son simultáneos a la ley o
su consecuenCla.
[155] Michel Foucault, «)lietzsche, la Genealogía, la Historia», en Michcl
Foucault, Microfuica del poder, Las Ediciones de La Piqueta, 1980.
Edición francesa original: la Généalogie, I'Histoire», Paris, pu.F,
1971.
[155] ¡bid., p. 14.
[l5i] ¡bíd., p. 15.
[158] FPB, p. 503.
[C.-\piTCW 11
lO,
En Vigilar)' castigar [169] encuentra Buder apoyo también,
en cierto sentido, a la tesis del cuerpo como superficie de ins-
cripción. Observa ahí una reconversión del lenguaje de la doc-
trina de la interiorización en los términos de la inscripción. En
el ámbito de la prisión, la ley no se interioriza sino que se incor-
pora sobre los cuerpos de los prisioneros, disimulándose en sus
cuerpos como signo de su alma, de su conciencia, no siendo
reconocida como externa al cuerpo. La estrategia del poder
consiste aquí en que el alma inscrita en la superficie del cuerpo
se presenta bajo la ilusión de ser la más profunda interioridad
del individuo. El alma desplaza la distinción entre interior yo
exterior llegando a ser, en los términos de Foucault, la prisión
del cuerpo, invirtiendo la formulación tradicional del cuerpo
como cárcel del alma [170].
En la introducción a Las palabras J las cosos [1 í 1], Foucault
advierte que no se siente constreñido por los términos del
estructuralismo a pesar de que pueda usar su vocabulario filo-
sófico. Buder considera que en ese lugar la noción de Foucault
de que la significación es una ley cultural universal que sujeta a
los cuerpos como medio para producir significados, se asemeja,
no obstante, a la tesis de Lévi-Strauss sobre las estructuras del
[169] Michel Foucault, Vigilar)' castigar: r.aámiento de la prisión, Madrid,
Siglo XXI, 1976. Edición francesa original: Sur,:ciller el PUI/i1: . \áissance de la
Prison, Paris, Gallimard, 1975.
[170] En su texto posterior «Sometimiento. resistencia. resignificación.
Entre Freud y Foucault» «<Subjection, Resistance, Resignification. Between
Freud and Foucault»), Butler retomará la rcfle:ión sobre la conceptualización
del alma en Vigilar)' castigar y aludirá a su escrito FPB, en panicular a la cues-
tión allí planteada sobre el paradójico planteamiento de Foucault de la rela-
ción entre cuerpo y poder: «.'\unque en Fourault niega que pueda
existir un cuerpo que no sea producido a lra\'és de relaciones de poder, a
menudo sus explicaciones exigen un cuerpo material ontológicamente distin-
to de las relaciones de poder que lo toman como lugar de im'estidura» (.HPP,
p. 102; PLP, pp. 89-90). El texto «Subjecüon. Resistance, Resignification.
Between Freud and Foucault», se publicó originalmente en John Rqjchman
(ed.), T/ze Questiol1 oJ Ncw York. ROlldedge, 1995.
[1 71] l\lichel Foucau d, Las palabras), las cosas. Una arqueología de las ciencias
humanas, Madrid, Siglo XXI, 1968. Edición francesa original: Les Mots el /.es
Choses, París, Gallimard, 1966.
[ QCI: CU::'\T.-\ (:0.\10 U,A \'IllA 1
parentesco, donde la materialidad de los cuerpos es como la
naturaleza «cruda» y las prohibiciones que constituyen la or-
ganización social mediante la represión de la sexualidad es lo
cultural, lo «cocido». Foucault da entrada, según Butler, a la
oposición -entre naturaleza y cultura- mantenida por el
estructuralismo que justamente parece querer discutir. Cuando
Foucault está explicando el modo en que la historia está inscri-
ta en los cuerpos, cuerpos que no son históricos, se expresa de
un modo que sugiere para Butler tanto que el cuerpo es super-
ficie material, precondición de la historia, como, más aún, que
el cuerpo es el lugar que resiste el trabajo de la historia. Ello no
se ajusta al programa de Foucault de concebir la historia de
acuerdo con el modelo generativo del poder y no solo desde sus
modos jurídicos.
En opinión de Butler, el problema en Foucault es que
emprende una investigación genealógica que descarta del aná-
lisis la distinción entre los actos históricos de inscripción y el
cuerpo como superficie y como resistencia. Así que esa distin-
ción permanece incuestionada e implícitamente aceptada, de
modo que su proyecto de explicar el carácter construido de los
cuerpos aparece debilitado. En ocasiones, además, en la Historia
de la sexualidad y en su introducción al diario de Herculine
Barbin, acude al recurso de unas fuerzas múltiples corporales
-prediscursivas- con capacidad de atravesar la superficie del
cuerpo para oponerse a las prácticas que le imponen coheren-
cia. Son dos aspectos estos que Butler no comparte del discur-
so de Foucault. Ella nos plantea: si se rechaza esa fuente predis-
cursiva dotada de fuerza de resistencia y si se somete a revisión
genealógica esa noción del cuerpo como superficie sometida a
actos externos de inscripción, lo que efectivamente ella lleva
a cabo en sus obras en relación crítica con el pensamiento de
Foucault, entonces el reto es describir «"el" cuerpo como una
práctica cultural o discursiva» [172]. Esta es la tarea de Butler,
lo que ella persigue pensar: «El cuerpo construido culturalmen-
[1 i2] FPB. p. 607.
[C.\PiTU.O 11
¡O;
te podría ser el resultado de una estructuración difusa y activa
del campo social sin orígenes mágicos u ontoteológicos, sin dis-
tinciones estructuralistas, ni ficciones de los cuerpos, subversi-
vos o de otro tipo, ontológicamente intactos con anterioridad a
[173].
Suficientemente claro deja en su ensayo «Foucault and the
Paradox of Bodily Inscriptions» que el cuerpo, en sus relacio-
nes con el ejercicio del poder sociocultural, merece seguir sien-
do dilucidado profundizando y reorientando las observaciones
de Foucault, ambiguas e imprecisas en ocasiones. Todo argu-
mento que tienda, aun inadvertidamente o en contra de sus
propósitos iniciales, a hacer anidar en el cuerpo y en su acción
resistente un residuo independiente, ajeno, a las elaboraciones
del entramado del poder es minuciosamente rastreado por
Butler. Esta es la vía para continuar ahondando en la formula-
ción de sus propias opciones de pensamiento que se proponen
desbaratar aquel recurso a lo dado ahí desde el primer
momento como suelo sobre el que operan los significados y
prácticas culturales. La obra de Foucault seguirá, en este sen-
tido también, apareciendo y reapareciendo en los escritos de
Butler. En particular el texto «El sexo [1 74], del
que ya en «Foucault and the Paradox of Bodily Inscriptions»
asomauna referencia, breve pero nítidamente crítica, será
objeto de una precisa disección, más allá de lo ya dicho sobre
él en sus textos anteriores, en Gender Trouble, donde uno de sus
apartados se titula: «Foucault, Herculine, and the Politics of
Sexual Discontinuity» [175].
En «El sexo verdadero», como en el primer volumen de su
Historia de la sexualidad, se analizan las interrelaciones, comple-
jas, obscuras, entre el sexo y la verdad. El sexo y la sexualidad
(173] IUd.
[174] Michel Foucault, "El sexo verdadero». en Herculine Barbin, llamada
Alexilla B., op. cit., pp. 11-20. Este prólogo fue publicado por primera vez para
su edición en inglés: Herculine Barbin .. Being lhe Dúcovered Mrmoirs oJ a
. \íncteenth Cenlur:J' Hermaphrodite .. l\'e-w York, Colophon, 1980.
[175] GD, pp. 126-142; GT, pp. 93-111.
J08
están imbricados con el poder de modo tan íntimo que no es
posible entender que los cuerpos sean sexuados sin la media-
ción de la intervención de los poderes discursivos e instituCiona-
les. Que el sexo de los cuerpos no es un dato en sÍ" mismo evi-
dente, claro y distinto, lo ejemplifica Foucault aquí narrando
críticamente el cambio de apreciación sobre el hermafroditis-
mo que la historia de los discursos nos pone ante la vista. En la
Edad Media se admitía la existencia de hermafroditas, perso-
nas compuestas de modo diverso según los casos por los dos
sexos. Pero en los Estados modernos se ha ido progresivamen-
te negando aquella realidad: «en adelante, a cada uno un sexo
y uno solo» [176], escribe Foucault. Si las apariencias no per-
miten una lectura inmediata, hay que descifrar, indagar bajo la
superficie para hallar el «sexo verdadero», lo que es de extrema
importancia porque en nuestro sexo reside nuestra verdad, el
sentido completo, el ser, de nuestra existencia toda. Las anato-
mías pueden ser equívocas pero el sexo, en último término, no,
y los llamados hermafroditas no son sino «pseudo-hermafrodi-
tas». En el siglo XVIII ya se privilegió, y se aplicó, esta idea a
varios casos destacados. Cuando a finales del siglo XIX
Herculine entra en escena, era ya larga la tradición del someti-
miento a examen de la identidad sexual verdadera y del enjuicia-
miento de las anomalías y perversiones sexuales.
Si los cuerpos no se dan sexuados de antemano, si el sexo y
la sexualidad es una instancia de poder, en tal caso, ni el sexo ni
la sexualidad pueden liberar del poder. En Gender Trouble, Butler
subraya más fuertemente aquello que estaba ya anunciado en
«Foucault and the Paradox of Bodily Inscriptions» pero que
aún no se indicaba en los escritos anteriores. Dice Butler:
«cuando consideramos los pasajes en que Foucault critica las
categorías de sexo y el régimen de poder de la sexuali-
dad, advertimos claramente que su propia teoría mantiene un
ideal emancipador no reconocido que resulta cada vez más
dificil de sostener aun dentro de los límites de su propio apara-
[176] Michel Foucault, «El sexo verdadero», en Haculine Barbin, llamada
Alexina B., op. cit., p. 13.
[C.-\pin:r.o 1]
1(1<)
to ("nUco» [177]. Butler observa aquí una contradicción entre
las t('sis sobre la sexualidad del primer \'olumen de la Historia de
la ,Icrualidad y las afirmaciones contenidas en su prólogo a
H('/('uline Barbin. En «El sexo verdadero>' es posible leer, efecti-
"amente, fragmentos donde la sexualidad de este, esta, herma-
frodita, es relatada de un modo que sugiere la vivencia gozosa
de' un ámbito de placeres no atravesado aún por la norma que
obliga a la adopción de un sexo. La norma, en la búsqueda de
la vrrdad del sexo, compele judicialmente a Alexina -----este era el
nombre de su modo femenino de existencia- a ser Herculine,
a asumir el sexo de hombre, que no es el que inicialmente le fue
adscrito y en cuya esfera se educó y llegó a ser una persona
inteligible. Leemos:
Cuando Alexina redacta sus memorias no se encuentra lejos
del suicidio; ella sigue sintiéndose sin un sexo determinado,
pero esta vez privada de las delicias que experimentaba al no
tenerlo o, al menos, al no tener el mismo que aquéllas con las
que vivía y a las que amaba y deseaba tanto. Lo que enton-
ces evoca en su pasado son los limbos felices de una no iden-
tidad [1 78].
y también:
En nuestro caso, la intensa monosexualidad de la vida religio-
sa y escolar sirve para revelar los tiernos placeres que descubre
y provoca la no identidad sexual cuando se extravía en medio
de todos esos cuerpos semejantes [179].
Esa «no identidad», mencionada con devoción por
Foucault, indica un lugar distinto, y de alcance liberador, al
mundo tejido, disciplinado, por las categorías de sexo e identi-
dad. Tvlientras que, sin embargo, en la Historia de La sexualidad, la
[177] GD, p. 127; GT. p. 94.
[178] I\'fichcl Foucault, «El sexo verdadero», en He1'culine Barbin, llamada
A./f.\'iIlO B., op. cit., p. 17.
[179] Ibíd., p. 18.
Ill\
¡ Qü; CC¡:l\'J'O'\ cmlo V'o'\ \'IllA J
noclOn artificial de sexo como constructo dependiente de la
reglamentación social de la sexualidad, enfoca al cuerpo y los
placeres como resultado de esa categoría de sexo que ha sido
desplazada y así postulada como causa, esencia, de cada indivi-
duo. El sexo, que es un efecto, ha sido movilizado para· que
ocupe el sitio del origen y dé legitimidad a los placeres corpo-
rales. Es la sexualidad, definida como sistema histórico de
poder, la que produce la noción de sexo y la que en la misma
operación oculta su carácter de construcción con el fin de per-
petuarlas arbitrarias relaciones de poder establecidas. La diná-
mica de esta lógica de poder descrita por Foucault es también
en Gender Trouble, como lo fuera en «Variations on Sex and
Gender: Beauvoir, vVittig, Foucault» en menor medida, aplau-
dida y afirrriada por Butler. Ella mantendrá firmemente en su
teoría esas tesis de Foucault: que es ese ejercicio de poder el que
separa el sexo de la acción del poder, determinando que el sexo
es realidad ontológica autosuficiente, auto idéntica, no atravesa-
da por la historia y distinta del poder en sí. Con ello se falsea la
relación entre sexualidad y sexo haciendo depender la sexuali-
dad del sexo y se impide la investigación histórica de la catego-
ría de sexo y sexualidad. Al desvelar este mecanismo de inver-
sión, Foucault pone el acento asimismo en que el poder tiene
un alcance productivo, generativo y que es manisfestación de su
función generativa la construcción, incluso, de su aspecto jurí-
dico, represivo, y la ocultación de su proceso de producción.
La oposición a las teorías emancipadoras de la sexualidad
es explícita, como se dijo, en la Historia de la sexualidad, porque
en ellas no se reconoce el carácter histórico y construido de las
categorías de sexo y sexualidad. De ahí dice Butler parece pro-
venir el problema de Foucault con el feminismo, con ese femi-
nismo que asienta sus demandas en la categoría de sexo, de
sexo binario, en una dirección que contradice la investigación
de Foucault, que también incide en que la diferencia sexual es
un rasgo producido por el discurso del poder. Esta es una críti-
ca que Foucault sugiere y que Butler mantendrá y ahondará en
sus obras. El cuerpo sexuado no puede ser tomado como punto
de partida de los proyectos emancipadores, de unos proyectos
[C.\PITCLO 11
II I
que al no cuestionar la formación del que clicen liberar
pueden ocasionar, antes que su liberación, un acrecentamiento
del sometimiento de las personas. La categoría de sexo es siem-
pre una fuerza que genera y normaliza «el sexo, el género, los
placeres y los deseos» [180J. El análisis que no cuestiona esa
categoría legitima aún más ese sistema de reglamentación.
Sin embargo, Butler considera que en «El sexo "erdadero))
Foucault presenta a Herculine como un ser que es capaz de des-
baratar esas estrategias de regulación del poder. El sexo, había
dicho Foucault, es una noción ficticia que articula arbitraria-
mente un conjunto disperso e inconexo de funciones, órganos,
conductas y significados. Ahora, en la narración de Herculine,
es posible romper esa unidad trabada y dar expresión libre a
una pluralidad de significados y placeres ya no constreñidos por
el marco binario de los sexos. Los placeres y el sexo, en tal caso,
no remiten los unos, como efectos, al otro, como causa. Ahí
encuentra Butler lo que no había aún admitido en su escrito
«Variations on Sex and Gender: Beau\'oir, \"'ittig, Foucault)), la
transcendencia de la categoría de sexo hacia la plácida prolife-
ración de placeres y sensaciones de una sexualidad no contami-
nada con el poder. Ese es el cliscurso emancipador que había
sido negado en la Historia de la sexualidad:
De acuerdo con este modelo de política sexual emancipadora
foucaultiano, el derrocamiento del «sexo» da como resultado
el desahogo de una multiplicidad sexual primaria, una noción
que no está muy lejos de la postulación psicoanalítica del poli-
morfismo primario o de la noción de de un Eros bise-
xual original y creativo, después reprimido por una cultura
instrumentalista [IBI].
Aunque Butler interpreta que se da una disparidad de plan-
teamientos entre el primer libro de la Historia de la sexualidad y el
[180J GD, p. 129; GT, p. 96.
[181 J Ihíd. (se ha modificado ligeramente la traducción de la edición espa-
liola).
¡ 12
l LS\ \')OA 1
prólogo de Herculine Barbin, resalta también que esa ambivalen-
cia de criterios se observa, en efecto, en el interior mismo de la
Historia de la sexualidad, algo que había advertido, más breve-
mente, en «Foucault and the Paradox of Bodily Inscriptions».
No hay sexo fuera de los regímenes de poder pero sí hay, para
Foucault, placeres plurales previos a la ley, a pesar de ser reite-
rada su afirmación de la coextensividad de sexualidad y poder.
Con la ayuda de los diarios de Herculine, esto es importante, se
hace más clara esa tensión del pensamiento de Foucault. Esta
es la táctica seguida por Butler. Ella considera que Foucault lee
equivocadamente la propia narración de Herculine como un
ejemplo de un ámbito de placeres no reglamentados por «el
sexo verdadero». Según el diario escrito por Herculine pareciera
que ella disfrutaba de esa felicidad hasta que la ley le impuso la
«verdad» de que su sexo era masculino, motivando su suicidio
final. Lo decisivo, para Butler, es, antes que dejarse seducir acrí-
ticamente por la expresión autobiográfica, interrogarse sobre el
tipo concreto de prácticas y normas que conducen a la produc-
ción de esa forma de sexualidad que se supone liberada del
poder. Sería esta una pregunta foucaultiana que, sin embargo,
no propone en este caso Foucault sino Butler. Esa sexualidad
narrada por Herculine, recordando cuando todavia no había
recaído sobre ella la ley, cuando habitaba con sus compañeras
deseadas entre besos y caricias, es una sexualidad inserta den-
tro de un marco de convenciones establecidas sobre la homose-
xualidad femenina, que los conventos propiciaban y a la que las
obras literarias de la época otorgaban significado haciendo
emerger ese tipo de deseos.
Igualmente en contra de esta línea de interpretación pro-
puesta por Butler, el texto de Herculine muestra, además, cons-
tante tendencia a remitir la causa explicativa de los deseos de
Herculine por otras niñas y mujeres a la biología de su cuerpo.
Es un cuerpo con rasgos genitales y caracteres sexuales secun-
darios de ambos sexos, pero del texto se desprende la sospecha
de que si sus amores son hacia otras mujeres es porque su dota-
ción masculina es la determinante, siendo entonces heterose-
xual la dirección de su deseo. Su sexo preponderante masculi-
11
113
no engendraría su especificidad sexual. Es del análisis de Butler,
y no del de Foucault, de! que se desprende ese juego de inver-
siones que Butler, no obstante, hace suyo a partir de Foucault.
Que el «sexo verdadero» de Herculine_ sea finalmente e! de
hombre se decide en consideración a sus deseos hacia las muje-
res. Ha sido la sexualidad la que ha dictado su sexo. La estrate-
gia de! poder disimula esta operación y hace depender su
sexualidad de su sexo originario. El binarismo sexual y la relación
heterosexual quedan así mutuamente reforzadas y legitimadas.
El ejemplo de Herculine no deja de ser de análisis especial-
mente complicado dada su configuración hermafrodita. Butler
nos advierte de ello. A veces Herculine entiende que sus deseos
divergentes están motivados por su peculiar cuerpo, como si
ella tuviera una esencia que escapa a la ley natural. Pero lo inte-
resante para Butler no reside ahí, en entender que es su cuerpo
extraño la causa de sus deseos y de su escritura, sino en leer su
cuerpo como un indicador de aquello que produce e! discurso
sobre e! sexo unívoco. El resultado no es que tras la univocidad
descubramos la multiplicidad, como afirma Foucault; nos
encontramos con «una ambivalencia fatal, producida por la ley
prohibitiva, que, a pesar de sus efectos de feliz dispersión, cul-
mina en e! suicidio de Herculine» [182]. Este tema, justamen-
te, e! de los efectos ambivalentes de la ley, va a ser muy trabaja-
do en e! conjunto de las obras de -Bucler, desde e! ámbito de las
normas sociales y culturales, desde la performatividad lingüísti-
ca y a través del psicoanálisis, porque es un potente marco de
intelección de su teona sobre el sujeto generizado, sujetado y a
la vez habilitado para la acción resistente.
Es la doble dirección del mandato de! poder la que organi-
za y hace emerger la ambivalente posición sexual que Herculine
narra en sus páginas autobiográficas. Según Butler, las conven-
ciones culturales dominantes en los conventos exigían el amor
entre las «hermanas» y «madres» allí encerradas al mismo tiem-
po que limitaba la extensión, e! alcance, de ese amor. La ley pro-
[182] cn. p. 132; CT, p. 99.
114 ( Ql'E (TE:\TA cmlo L-l'A ,'ID.-\ 1
híbe la homosexualidad en e! convento pero según un movi-
miento que conlleva la erotización de la prohibición misma.
Desde ese ~ a r c o inumpen los placeres transgresores de la ley.
La quiebra de la ley no es una salida absoluta de la ley sino que
permanece relacionada con ella porque está motivada por la ley
misma: esta es la idea que postula e! análisis de Butler en con-
traposición al que ella atribuye a Foucault. No es, por tanto, la
similitud de unos cuerpos en intimidad, cuerpos femeninos en
este caso, lo que condiciona, como sugiere Foucault, los afectos
felices de las jóvenes en el convento. Parece, continúa Butler, que
Foucault, de modo implícito, con la fórmula de la «no identi-
dad» atribuida a los placeres de Herculine indica que esa «no
identidad» es producto de los ambientes homosexuales y que la
homosexualidad es, entonces, un instrumento capaz de romper
la categoría de sexo. Sin embargo, nos dice Butler, Foucault no
tiene en cuenta ni e! hecho de que e! cuerpo de Herculine es
hermafrodÍta -no tan semejante, por tanto, al de sus compañe-
ras- ni e! propio texto de Herculine donde ella resalta desde e!
principio y sobre todo su ambigüedad sexual. Herculine percibe
su diferencia sexual en aquel contexto de apariencia homose-
xual. Disfruta de ella sabiendo también que tiene una dimensión
transgresora porque está apropiándose de un privilegio que
corresponde a lo masculino, un privilegio que ella repite, aun-
que no reproduciendo exactamente la norma hetorosexual, y
que cuestiona asimismo dado que su cuerpo no es, según los
cánones, leído inmediatamente como masculino.
U na ocasión para cuestionar la naturalización de catego-
rías como femi'nidad, masculinidad, y para mostrar e! carácter
móvil de estas categorías cuando no se hacen depender del
supuesto de un sexo fijo, la encuentra Butler en e! relato de
Herculine, de una persona cuyo cuerpo, si bien no está fuera
de la categoría de! sexo, puede distorsionar su rigidez y e! modo
normativo de su aplicación: «Sus confesiones, así como sus
deseos», escribe Butler, «son a la vez sujeción y desafio» [183].
[183] GD,p.137:GT,p. 105.
(CAPiTL'W 1]
11;
Butler apro\'echa, para, a través de Herculine, llevar a cabo una
crítica de las normas de género y, además, de la distinción entre
relación sexual heterosexual y lésbica. La sexualidad de Herculine,
aun estando producida por la ley, disputa, no obstante, a ambas,
a la ley del género y a la de la sexualidad.
«Los placeres y deseos de Herculine de ninguna manera son
la inocencia bucólica que prospera y prolifera antes de la im-
posición de una ley jurídica» [184]: en este sentido, Butler se
distancia del análisis de Foucault. Pero no con la finalidad de
eliminar toda posibilidad de resistencia al poder sino para for-
mular la resistencia desde el poder, lle\"ando el pensamiento de
Foucault sobre el modo productivo del poder por un camino
que ya a ella pertenece.
A final del apartado que en Gender 1i-ouble dedica al estudio de
Herculine, y con el ánimo de mostrar cómo en las sociedades
contemporáneas sigue actuando el poder reglamentador
mediante la búsqueda de la identidad, Butler menciona una
investigación que en 1987 dieron a conocer David Page y sus
colaboradores en el campo de la biología celular y que es recogi- .
da, también criticamente, por la bióloga feminista Anne Fausto-
Sterling, a quien cita Butler. Bajo la óptica de que el sexo debe
ser unívoco, Page dice haber encontrado el «master gene» [185]
que es la causa determinante del sexo, del dimorfismo sexual. Se
trata de una secuencia concreta del ADN en el cromosoma Y
Para la realización de la investigación, lo primero que llama la
atención, resalta Butler, es que las muestras que se tomaron per-
tenecían a personas nada comunes. Algunas tenían cromosomas
XX pero habían sido consideradas como hombres y otras con
cromosomas XV eran médicamente designadas como mujeres.
Page concluyó de su análisis que alguna parte del ADN, no fácil-
mente detectable, es la responsable del sexo masculino y que
puede desplazarse de su normal localización en el cromosoma Y
Page basó sus conclusiones no solo en los casos observados,
también en los datos estadísticos de que un diez por ciento de
11('
[184] GD,p.137;GT,p.106.
[185] GD,p. 138;GT,p.I06.
[ QU: CCE:"TA C O ~ I O CKA VIDA 1
los individuos poseen variaciones cromosómicas en relación
con las categorías establecidas de XX y XY Entonces, ese «gen
maestro» de Page ofrecería un sistema más seguro para la
determinación sexual que los criterios cromosómicos señalados.
Pero resultó que esa supuesta parte del ADN responsable de la
masculinidad, según Page, estaba presente asimismo en los cro-
mosomas X de las mujeres. Ante ello, Page postuló que quizá
se tratara de que en los hombres estaba «activa» esa secuencia
de genes de la masculinidad y en las mujeres, aun existiendo,
estaba «pasiva». Irónicamente exlama Butler: «¡Aristóteles está
vivo!» (<<Aristotle lives!») [186]. Y citando a Anne Fausto-
Sterling [187], Butler añade que aunque no fue especificado
por Page lo cierto es que las personas analizadas eran anatómi-
ca y reproductivamente ambiguas. Los hombres carecían de
producción de esperma y las mujeres de células germinales a
pesar de que sus genitales externos eran normales. Parece claro
que en unos y atrás la categoría de sexo no indicaba la coheren-
cia que la categoría pretende. Los genitales externos han sido lo
decisivo para la asignación de un sexo cuando si hubiera sido
suficiente con ello no sería preciso ninguna investigación ulte-
rior, tampoco la de Page del «gen maestro». Page debería haber
reflexionado sobre la pertinencia de las conceptualizaciones de
mujer y hombre, sobre hasta qué punto esos términos tienen un
[186] GD, p. 139; GT, p. 107.
[187] Butler cita el texto de Anne Fausto-Sterling, «Life in the XY
corral», Wómen's Studies lnternational Forum, vol. 12 (3), 1989, pp. 319-331.
Fausto-Sterling se refiere a la investigación recogida en David C. Page et al.,
«The sex determining region of the human Y chromosome encodes a finger
proteim>, Cell, n.o 51, pp. 1091-1104. También menciona Fausto-Sterling el
siguiente estudio: Eva Eicher and Linda Washburn, «Gene tic control of pri-
mary sex determination in mice», Annual Reuiew of Genetics, n.o 20, 1986, pp.
327-360. Una obra más reciente de Anne Fausto-Sterling sobre este terna es
la siguiente: Sexing /he Boq'J. Gendtr Politics and the Construction of Se.tualiry, New
York, Basic Books, 2000 (traducción castellana, CUtrPOS sexuados, Barcelona,
Editorial 2006). Traducido al castellano se encuentra el texto de
Anne Fausto-Sterling, «¿Por qué varón y mujer no son suficientes?», enJosé
Antonio Nieto (comp.), Transexualidad, transgenmsmo y cultura. Antropología, iden-
tidad y gmm, Madrid, Talasa Ediciones, 1998, pp. 79-89.
[CAPiTL"LO 1]
J J 7
alcance descriptivo, siendo que llama mujer a una persona XV
y hombre a una XX. No debería dar por supuesto, como hizo,
que esas categorías no son objeto de discusión. Además, conti-
núa la crítica de Butler, Page adoptó, igualmente de' un modo
acrítico, el criterio común de que es lo masculino, y los testícu-
los, lo que determina el sexo. No reparó en absoluto, en función
del prejuicio cultural dominante, en que los ovarios pueden ser
utilizados, en el mismo sentido, para la atribución de sexo.
Los supuestos incuestionados, los significados culturales, se
deslizan en el lenguaje de la biología y en los objetos que pre-
tende describir con imparcialidad. El ejemplo de la investiga-
ción de Page es así traído al texto de Butler como una vía para
apuntar hacia cómo los presupuestos culturales sobre el binaris-
mo de género inciden en la investigación biomédica sobre el
sexo. En tal caso, plantea Butler, «la tarea de distinguir entre
el género y el sexo se dificulta mucho» [188]. Cuando se parte
de un punto de vista explícitamente desnaturalizado, como el
de Butler claramente, es cuando se puede percibir el modo en
que se produce la categoría de lo natural y sus efectos sobre los
cuerpos sexuados. Las personas que no encajan bien dentro de
las categorías naturalizadas ponen en cuestión precisamente la
supuesta naturalidad de las categorías sexuales y nos hacen
pensar que sería posible construir de un modo distinto las cate-
gorías. A esta reflexión nos conduce Butler. La crítica de
Foucault de la categoría de sexo continúa e\·idenciando su per-
tinencia. La investigación de Page es una muestra de ello.
7.1. La lógica de la inversión
Que el sexo, en las sociedades modernas, no es solo un atribu-
to, una actividad de nuestra vida, sino que es el lugar funda-
mental de la identidad, aquello que nos dota de inteligibilidad,
es un tema foucaultiano que Butler analiza en su escrito poste-
[ISS] GD, p. 141; GT, p. 109.
1I S
[ Qt.:f: el'\.". \'ID.-\ J
rior a Gender Trouble titulado «Sexual Inversions» [189]. El sexo,
categoría ficticia, dijera Foucault, que unifica rasgos anatómi-
cos, funciones biológicas, prácticas sexuales, elementos psíquicos,
ha llegado a ser el signo de nuestra identidad esencial. No es
que tengamos un sexo, es que somos sexo y ese sexo que somos
se dice que se manifiesta en todos los aspectos de nuestra exis-
tencia, fisica y psíquica. De ahí la fundamentalidad de la asig-
nación de sexo. Porque el poder construye los objetos sobre los
que aplica su fuerza, y la categoría de sexo es instrumento de
esta lógica productiva del poder. Mediante el sexo somos gene-
rados en tanto objetos controlables. La categoría de sexo es el
efecto del poder; en este efecto del sexo el poder produce su
objeto de control: «la formación misma del sexo constituye una
declaración del podem [190], afirma Butler.
Especialmente interesante del análisis de Butler de la teoría
de Foucault es cómo subraya la capacidad de cambio, el dina-
mismo de inversión, que el poder activa y desarrolla sobre sí
mismo, de un modo interno. Así, la categoría de sexo no es que
haya surgido como resultado de un cambio rustórico entre dos
tipos de poder diferentes y diferenciados, del poder jurídico al
poder productivo; es consecuencia más bien de un cambio
inherente al poder. El poder jurídico es poder productivo, un
poder productivo que se disimula mostrando un aspecto inver-
tido, el rostro coercitivo que pertenece a la vez a la dimensión
productiva del poder. El poder produce y define el sexo vincu-
lando el sexo a la identidad, postulando dos sexos uniformes y
coherentes que se expresan mediante el género y la sexualidad.
Después, una vez hecho esto, el poder dice estar situado fuera
del sexo como objeto externo al que regula y controla, siendo
[189JJudith Butler, «Sexual Inversions», en Domna C. Stanton (comp.),
Disco/mes of Sexuality. From Aristotle to .. .J.IDS, Ann Arbor (Michigan), The
U ni\'ersity of Pre". 1992. También se ha publicado este texto de
Butler en John Caputo and ylark Yount (eds.), Foucault and the Critique oJ
1nstitutions, Pennsilvania State L'niversity Press, 1993, pp. 81-98; Y en SusanJ.
Hekman (ed.;, Feminist 1nterpretations oJ Jlichel Foucault, op. cit., pp. S9-7S.
Traducción castellana: lS, pp. 9-28.
[190]1S, p. lS.
l C.\PITt.:LO 1]
11<)
de hecho que el poder controla no en el momento de «hallar»
el sexo sino en el de definir el sexo como algo idéntico a sí
mIsmo.
La lógica de inversión del poder se manifiesta también en el
mecanismo que hace aparecer el sexo como la precondición y
como el fundamento biológico de la sexualidad. Para Foucault
la sexualidad no aflora desde los cuerpos. La sexualidad instru-
mentaliza a los cuerpos, despliega sus dispositivos extendiendo
sobre los cuerpos su poder a través de la categoria de sexo como
principio de identidad. La sexualidad conduce los placeres, los
sentidos y sensaciones y como su efecto construye los cuerpos
sexuados en femenino o en masculino, dispuestos a su interac-
ción heterosexual. La astucia del poder que sitúa al sexo como
la causa de la sexualidad le permite al poder ocultar su ejerci-
cio de producción y visibilizar tan solo sus facetas prohibitivas.
Buscando apoyo en lrigaray, en su tesis de que los sexos
femeninos y masculinos no son construidos de modo análogo,
de que el sexo femenino ha sido excluido y repudiado en bene-
ficio del masculino, Butler advierte una limitación en el análisis
de Foucault del sexo como principio de identidad y de inteligi-
bilidad que, a diferencia de lrigaray, no tiene en cuenta cómo
el poder trabaja no solo mediante el control y la producción
sino también a través de estrategias de exclusión y rechazo.
Butler desarrollará después más ampliamente y de modo fruc-
tífero esta idea de que las formaciones discursivas crean inteli-
gibilidad produciendo identidad pero también excluyendo y
limitando. Sin embargo, Butler reconoce el mérito de Foucault
de haber cuestionado el recurso a la identidad, femenina o
masculina, como vehículo de liberación. Anclar en la identidad
la liberación es reproducir el efecto regulador del poder que
proclama que en el sexo se esconde lo esencial de nuestro cuer-
po y de nuestra psique. No deja de ser un ejercicio de someti-
miento la defensa de la identidad como lugar de liberación.
Foucault nos enseña que las categorias totalizadoras deben ser
rechazadas. Antes que reivindicar un tipo de identidad como la
verdadera desveló la problematicidad del discurso de la verdad
que supone que otras identidades son falsas o erróneas. La
120 [ Qú CI\A \'ID." J
labor de resistencia teórica y política de Foucault es así descrita
por Butler: «si el discurso, ávido por establecer diagnósticos,
haría de Foucault un «invertido», él invertiría entonces la
misma lógica que posibilita el proceso de «inversión», y lo haría
precisamente, invirtiendo la relación entre sexo y sexuali-
dad» [191]. La disputa de las categorías consiste en el análisis y
en el desvelamiento de su modo de funcionar dentro del entra-
mado de saber y poder.
No pudo, no obstante, Foucault prever hasta qué punto la
categoría del invertido o del homosexual iba a ver pronto acre-
centados sus significados patológicos. Butler somete el texto de
Foucault a una inversión que, habiendo aprendido de Foucault,
él mismo no pudo realizar. Discute Butler la hipótesis de
Foucault de que el sexo es una categoría del poder centrada en
la regulación y producción de la vida. A lo largo del siglo XVIII,
según el estudio de Foucault del primer volumen de la Historia
de la sexualidad, las epidemias comienzan su descenso y el poder
se encauza ya no, como antes, hacia la prevención de la muer-
te sino hacia la regulación de la vida. El sexo es el encargado de
garantizar la vida, el sexo naturalizado como heterosexual.
Ante estas tesis de Foucault, Butler, como se ha argumentado
reiteradamente, no cuestiona, sino que acepta y reformula con
mayor coherencia y radicalidad que Foucault, que el sexo en
ningún caso está libre del poder. Pero replica la idea de que
en la época moderna el sexo está al servicio de la vida, des-
vinculado de la muerte, como poder que intensificando y difun-
diendo la vida puede frenar la muerte. Butler enfoca la mirada
hacia el sexo también como regulación de la muerte. Si el sexo
garantiza la vida y la reproducción, las prácticas sexuales no
reproductivas pueden ser evaluadas como signos de muerte. Es
la epidemia del sida,'que no pudo tener en cuenta en toda su
dimensión Foucault cuando escribió su primer volumen de la
Historia de la sexualidad, la que Butler utiliza para disputar a
Foucault. El homosexual es ahí representado como un indivi-
[191] lbíd., p. 23.
[C.-\piTL"I.O 11
121
duo «invertido» que se dirige hacia la muerte. Los discursos
médicos sobre el sida indican que el poder distribuye vida y
muerte. lv1ientras la heterosexualidad produce, reproduce vida,
la sexualidad (invertida» causa muerte. El poder continúa ges-
tionando la muerte. Bajo la apariencia de que su finalidad es la
vida el poder también conduce a la muerte, delimita la direc-
ción de los recursos médicos y tecnológicos, decide quién mere-
ce la muerte.
7.2. Una actitud ética de desqfio al poder
La obra de Foucault es indiscutiblemente una de las ricas herra-
mientas teóricas que el pensamiento de Butler retoma una y otra
vez revisándola y reelaborándola. En Undoing Gender [192] las
citas de Foucault son abundantes, por ejemplo. Y su trabajo
«What is Critique? An Essay on Foucault' s Virtue» [193], escri-
to originariamente en el año 2000, está dedicado íntegramente
al pensador francés. En particular, el análisis de Butler está ahí
motivado por el texto «Qu' est-ce la critique?» [194] ((What is
Critique?») que Foucault leyó como conferencia en 1978 en la
Societé de Philosophie y que anticipa ideas prepara-
torias de su más conocido ensayo de 1984 «''''hat is
Enlightenment?» (<<Qu' est-ce que les Lumieres?») [195]. La
actitud crítica consiste para Foucault en llevar a efecto una
constante indagación sobre los principios, fines y procedimien-
tos mediante los que el gobierno y el dominio se ejercen, para
pensar el modo de su posible modificación y alteración. Así en
«'Vhat is Enlightenment?» Foucault nos incita a efectuar un
diagnóstico del presente que nos capacite para, comprendien-
[I92] De.:: Ce.
[193] WC
[1 J j\,fichael Foueault, «Qu 'est-ee la en tique», Bulle/in de la Sorielt'
FWI/(aise de la Pl111oJophie. n," 84(2), 1990, pp. 35-63,
[195J l\lichael Foucault, «\Vhat is Enlightenment;>)) (<<Qu'est-ce que les
Lumicrcs?»), en Paul Rabino\,' led.! The FOllcoul/ Readfl; Ne\\' York. Pbanteon
Books, 19H4, pp, 32-50,
122
do aquello que nos constituye, poder luchar teórica y política-
mente contra el modo más peligroso del sometimiento que sin
embargo no deja de ser una elaboración temporal e histórica
concreta y, por lo tanto, susceptible de 'su transformación. Las
instituciones no habitan al margen del pensamiento.
Conceptos, teOIías, discursos se sedimentan en las instituciones
que nutren. Por eso, la acción transformadora es una acción de
pensamiento, que indaga en el pasado para realizar una onto-
logía crítica del presente, de nosotros mismos, y con la meta de
plantear en todas sus consecuencias la pregunta de cómo sería
posible pensar de otro modo, pensarnos de una manera distin-
ta, bajo conceptos y categorías innovadoras, lo que es una pre-
gunta sobre cómo podemos vivir bajo otras posibilidades. En
«Qu'est-ce la critique?» Foucault enfoca la mirada hacia los
actos de resistencia del sujeto analizando temas clásicos de la
filosofia, como la ética, la libertad, la responsabilidad, invistién-
dolos con nuevos significados. No es un. moralista, no aporta en
este sentido ni orientaciones ni prescripciones fundamentado-
ras del comportamiento ético y político, tampoco avanzajuicios
a priori sobre el bien o el mal, pero no por ello renuncia a la
moral ya que rearticula la virtud ética moderna en los términos
de una actitud crítica que examina los límites de las normas ins-
titucionalizadas, retomando la empresa crítica kantiana sobre
los límites de la razón; esto subraya la interpretación de Butler.
En este sentido, la referencia foucaultiana a una «libertad ori-
ginaria» [196] es considerada por Butler no como una afirma-
ción filosófica, lo que entraría en contradicción con la negación
foucaultiana de un sujeto libre diferenciado de las normas que
lo constituyen, sino como un enunciado performativo de insu-
bordinación voluntaria no a todo tipo de gobierno, al hecho
mismo de ser gobernado, sino. a determinadas prácticas concre-
tas de la autoridad y a sus políticas de la verdad.
En su «What is Critique? An Essay on Foucault' s Virtue»,
Butler relaciona la interrogación crítica con la cuestión de
[196] :-'Iichael Foucault. «Whm is Critique?», en Dm'id Ingram (ed.), Tlle
Political, Blackwell Publishers, 2002, p. 208.
[ C.\PiTU.O []
12,
quién es considerado un sujeto y qué "ale como una vida. Lee
el texw «Qu' est-ce la critique?» y el segundo volumen de la
Hisloria de la sexualidad, El uso de los placeres, como una indicación
foucaultiana relati,'a a cómo un modo ético de la autoconstruc-
ción de uno mismo supone enfrentar los límites epistemológicos
y ontológicos, en sus aniculaciones dentro del entramado de
saber y poder, absteniéndose de ofrecer respuestas o definicio-
nes últimas y asumiendo vivir en el riesgo que ese desafio con-
lleva. La crítica en Foucault es así reapropiada por Butler como
una acción ética de autocuestionamiento y de autoproducción
que, sin embargo, se efectúa siempre dentro de las prácticas
normativas ya existentes que son las que delinean los modos
posibles de subjetivación y que son las que nos compelen tam-
bién hacia la autoformación. Eso es la una crítica de la
ley, de las normas que nos configuran como sujetos; una crítica
capacitadora de la transformación a partir de la interrogación
de las estructuras discursivas, de los términos de nuestra pro-
ducción como sujetos, No se trata de dar lugar a un nuevo yo
opuesto a la ley, ajeno al poder. La crítica, la auto crítica se rea-
liza dentro de los vínculos entre saber y poder investigando sus
relaciones, de modo que la autotransformación se dirige hacia
la aventura de una vida sin certezas ontológicas ni epistemoló-
gicas, de una vida arriesgada pero que no se hunde por ello en
el vacío sil10 que es capaz de resistir los discursos particulares
cuyo producto petrificado es aquello denominado comúnmen-
te lo dado.
Esta práctica crítica de autoconfección del yo perseguida en
este ensayo sobre Foucault es, como indica Sara Salih [197],
una estrategia similar a la parodia y al drag a las que Butler
recurre en Gender 1i'ouble yen Badies lha! 1I1atter como instrumen-
tos de subversión de las normas al revelar su contingencia e
inestabilidad; de ello nos ocuparemos más adelante. Parodia y
drag, al mostrar cómo la constitución del es inestable y
vulnerable, son tácticas de resistencia a la creencia en certezas
[197] Sara Salih withJudith Butler led.) T}¡e ]uditl! Butler R.eade1; op. cit .. p. 303.
1
) .
_-t
ontológicas y epistemológicas que pueden ser vinculadas al fun-
cionamiento de la acción crítica de este escrito posterior, «vVhat
is Critique? An Essay on Foucault' s Virtue», donde la crítica,
foucaultiana y butleriana, es un modo ético de desafio al poder,
a su empeño en asentar criterios ontológicos y epistemológicos
sobre un suelo inmóvil, desatendiendo los contextos históricos
y discursivos en los que la conformación del sujeto tiene lugar.
Pero para comprender en todo su alcance el pensamiento de
Butler sobre el sujeto es preciso seguir rastreando su noción
clave de performatividad.
[C.\!'iTt:LO 1]
CAPÍTULO II
l. EL GÉ:\ERO COMO PROBLEMA
1.1. La fuerza del término género
Su obra publicada en 1990 y reeditada en 1999 (y más recien-
temente en el 2006), Gender Trouble, es sin duda el texto de Butler
más leído y citado, también en la actualidad, por la crítica femi-
nista internacional. El impacto feminista de este libro todavía
no ha dejado de causar efectos aunque la producción intelec-
tual de la propia Butler se extiende mucho más allá de Gender
Trouble y no cesa de incrementarse día a día. Ocurre que en
aquel texto Butler explicita y desarrolla con sólidos y audaces
argumentos unas tesis innovadoras, algunas de ellas esbozadas,
con ciertas prevenciones aún, en sus escritos anteriores, contex-
tos de su gestación; tesis sobre las que volverá ampliándolas y
recreándolas en sus trabajos sucesivos. ¿Cuál es el mérito y la
importancia de este su primer libro feminista? La contundente
y lúcida problematización del género, de la identidad de géne-
ro, que allí se despliega, cabe decir sintéticamente. El género es
un problema. Justo ahí, en el hecho de que sea un problema,
radica la fuerza del género para el feminismo. No se pretende
la resolución o solución del problema sino la constante revitali-
zación del problema del género, pensado y repensado desde
cada vez más diversificados ángulos y perspectivas, porque este
es el cauce que convierte al género, en tanto problema y en la
[CAriTU.o II 1
127
medida en que continúe siendo un problema, en una categoría,
en un instrumento, eficaz para la transformación social.
En un momento, los años ochenta del siglo veinte, en el que
la teoría feminista se veía estancada en una disputa estéril en
buena medida, el enfrentamiento entre la defensa de la igualdad
entre mujeres y hombres, por un lado, y la proclamación de una
irrenunciable e irreductible diferencia, de raíz natural -biológi-
ca- o de dimensiones culturales o simbólicas, por otra parte;
una tensión esta donde las posiciones giraban en torno a la deba-
tida cuestión del esencialismo, de hasta qué punto era manteni-
do por unas u otras teorías y en qué medida era con\"eniente para
las demandas feministas; en ese conflictivo panorama teórico el
texto de Butler vino a proporcionar una nueva e inteligente
dirección para el feminismo capaz de enfocar el pensamiento
sobre la problemática del género y de la sexualidad de un modo
tan productivo que todavía no alcanzamos a vislumbrar sus futu-
ras consecuencias, tanto para la teoría como para la vida misma.
Lois McNay ha subrayado cómo Butler, «quizá más que
ninguna otra teórica feminista, ha elaborado sistemáticamente
un camino de entendimiento de la identidad de género como
profundamente arraigada pero no inmutable y ha situado de
ese modo a la teoría feminista más allá de las polaridades del
debate esencialista» [1]. Su obra, afirma además McN ay, tien-
[1] Lois McNay, ((Subject, Psyche and Agency. The \\'ork of Judith
Butlem, Theory, Culture alld Socie!y, vol. 16 (2), 1999, p. 175. No obstante, el
texto de McNa)' consiqera que la teoria de la performatividad de Butler ofre-
ce cienos límites. En panicular en lo relaúvo a la noción de agencia que según
McNay permanece formulada de un modo muy abstracto y carente de la
necesaria especificidad social. La acción del sujeto posibilitada en la teoria de
Butler está basada para 1\1cNay en un modelo negaú\'o de la acción, lo que
supone que el sujeto reacciona contra las normas sociales constricúvas. Hace
falta, para Md\'ay, ofrecer también un modelo creativo para la acción que
potencie la emergencia de nuevas formas de idenúdad colecú\·a. Conviene
advenir, sin embargo, que MeNa)' reconoce, aunque de un modo demasiado
débil, en nuestra opinión, que en las propias tesis de Butler se conúene, aun sin
estar plenamente desarrollada, esa dimensión creaú"a de la acción que ella
persigue orrecer y ampliar a panir del análisis de la obra de Butler (p. 176).
1 2 ~
[ QU: CLE:'>T. .. cmlo U'\A \'m\ 1
de un puente sobre la brecha abierta entre <das perspectivas psi-
coanalítica y constructi\ ;sta» [2]; desaloja la atención sobre la
contraposición entre determinismo y voluntarismo, entre la psi-
que y lo social.
Conviene resaltar también que Gender Trouble moviliza e!
pensamiento y la acción en el ámbito académico y fuera de la
academia [3]. El conocimiento de! importante uso de su obra
en una gran variedad de movimientos sociales es explícito moti-
vo de satisfacción para Butler, quien en e! prólogo escrito para
su reedición en 1999 dejó clara constancia de ello: «que el texto
se sigue moviendo fuera de la academia hasta el día de hoy ha
sido para mí una de las experiencias más gratificantes» [4].
Porque, de hecho, como también Butler lo deja escrito en su
segundo prólogo, las preocupaciones y ocupaciones que la inci-
taron a confeccionar su obra son teóricas y a la vez profunda-
mente vitales y experienciales:
[2] lbíd.
[3] Una muestra, reciente, de la importancia y la amplia difusión, en
caminos plurales, de Cmder Trouble, la encontramos en e! diccionario de
Alberto Mira, Para mtendernos. Diccionario de cultura homosexual, gqy y lésbica,
Barcelona, Ediciones La Tempestad, 2002. Allí no se registra la entrada
«Butle!'» sino que se incluye la entrada concreta «Cmder Troubú. Feminism and
the Subvmion of ldentity. (El ginf'TO m disputa) (1990)>>, pp. 328-329.
[4] CD, p. 18; CT, «Preface (1999)>>, p. xvii. El texto de Butler continúa
así: «al mismo tiempo que Queer Nation hizo suyo e! libro, y que en algunas
de sus reflexiones sobre la teaualidad de la autopresentación de los queer reso-
naban las tácticas de Act-Up, la obra estuvo también entre los materiales que
empujaron a los miembros de la i\sociación Psicoanalítica de Estados Unidos
y de la Asociación Psicológica de Estados Unidos a revaluar parte de su doxa
vigente sobre la homosexualidad. Las cuestiones del género performativo lue-
ron incorporadas de distintas formas en las artes visuales, en las exhibiciones
de 'Vhitney, y en la Otis School for the Arts de Los Ángeles, entre ·otros.
Algunas de sus formulaciones sobre el tema de «la muje!'» y de la relación
entre la sexualidad y e! género también encontraron acomodo en lajurispru-
dencia feminista y en el trabajo académico de! ámbito juridico antidiscrimi-
natorio de la obra de Vicki Schultz, Katherine Franke y Mary Jo Frug» (CD,
p. 18; CT, p. xYii). En el contexto del Estado español también se hace cada
vez más e\'idente la fructífera utilización de la obra de Butler por parte de
diferentes movimientos sociales y artísticos.
[CAl'iTCI.O II J
129
Hay un aspecto acerca de las condiciones en que se produjo el
texto que no siempre se entiende: no lo compuse simplemente
desde la academia, sino también desde los moúmientos socia-
les con\"('rgentes de l o ~ cuales he formado parte, y en el contex-
to de una comunidad lésbica y gay de la costa este de Estados
unidos, donde \'i,í durante catorce aiios antes de escribirlo.
Pese a la dislocación del sujeto que el texto lleva a cabo, hay
una persona aquÍ: asistí a muchas reuniones, bares y marchas,
y vi muchos tipos de géneros: entendí que yo misma estaba en
la encrucijada de algunos de ellos. y me topé con la sexualidad
en varios de sus bordes culturales. Conocí a muchas personas
que estaban tratando de definir su camino en medio de un
importante mm'Ímiento en favor del reconocimiento y la liber-
tad sexuales, y sentí el júbilo y la frustración que conlleva for-
mar parte de ese mm1miento tanto en su lado esperanzador
como en su disensión interna. Estaba instalada en la academia,
y simultáneamente estaba \·1,1endo una vida fuera de esos
muros; y si bien El género en disputa es un libro académico, para
mí empezó con un momento de transición, sentada en
Rehoboth Beach, pensando si podlía \'Íncular los diferentes
lados de mi '1da [5].
La revisión en profundidad del feminismo, de los conceptos
y categorías difundidos en sus elaboraciones, se e\l.dencia, para
Butler, como tarea imprescindible dada la rigidez de unos plan-
teamientos incapaces de acoger sin autoritarismo y sin funda-
mentalismo la emergente pluralidad de sujetos. Hacía falta una
obra que, como Gender TroubLe, es, sin duda, «una «interven-
ción» provocadora en la teoría feminista» y «uno de los textos
fundadores de la teoría queem [6]. Es una obra que cuestionan-
do ciertas versiones feministas es un discurso feminista, de auto-
crítica feminista inmanente; no un texto de crítica negativa al
feminismo y desde posiciones externas o ajenas al feminismo
que pretenda socavar la fuerza y com'eniencia de la teoría femi-
nista orientando al pensamiento por un sendero no necesitado
[5] GD, p. 17; GT, p. xvi s.
l5] GD. p. 0; GT, p. ,·ii.
[Qd: l"lT'\TA COWJ U\.·\ \'IlH]
del feminismo, como así se entiende, en ocasiones, a la teoría
queer, cuando lo queer se reduce a homosexualidad, a un estudio
sobre sexualidades con independencia de la variable de género
que considera asunto exclusivo del feminismo, de un feminis-
mo centrado en el género, en el binarismo de géneros al que
replica su tendencia heterosexista. Que su trabajo haya podido
ser evaluado como una salida queer del feminismo le indica a
Butler hasta qué punto el feminismo está dominado por el he te-
rosexismo [7].
El programa teórico de Butler, si ha podido, en efecto, ser
punto de referencia de la teoría queer lo ha sido en una línea de
análisis donde género y sexualidad deben pensarse en interre-
lación mutua, entencliendo lo queer en una dirección más inclu-
siva, abierta a múltiples posibilidades y provechosa para el
feminismo, donde lo cuestionado es la política identitaria cerra-
da y el privilegio del concepto de lo «normal», [8].
Además de Butler, Eve Kosofsky Sedgwick [9], en especial, y
[7] Véase a este respecto, APO, pp. 1-30.
[8] En una entrevista realizada en mayo de 200 l por Regina l'vlichalik
(para LOLApress), durante una estancia de Butler en Berlín con motivo de
una invitación por parte de la Academia Americana, comenta Butler: «El
movimiento queer era anti-institucional con una critica a la normalización:
uno no tiene que volverse normal para convertirse en alguien legítimo. Para
mí «queer» es una expresión que desea que uno no tenga que presentar una
tarjeta de identidad antes de ingresar en una reunión. Los heterosexuales pue-
den unirse al mo\·imiento queer. Los bisexuales pueden unirse al mOvimiento
queer. Ser queer no es ser lesbiana. Ser queer no es ser gayo Es un argumento
en contra de la especificidad lesbiana. Que si soy lesbiana tengo que desear de
cierta forma, o si soy gay tengo que desear de cierta forma. Queer es un argu-
mento en contra de cierta normativa, de lo que una adecuada identidad les-
biana o gay constituye» (la entre\;sta, titulada «El deseo como puede
consultarse en: http://www.lolapress.org/elec2/artspanish/butl_s.htm).
[9] Véase el influyente libro de Eve Kosotsky' Sedgwick, Epistemolog), '!f tite
Close!, Berkeley, e ni\'ersity 01' California Press, l C)C)O: traducción castellana:
Epistemología del armario, Barcelona, Ediciones de la Tempestad, 1998. La
mayor parte de las veces en que se estudia lo qlleer en esa dirección abierta,
opuesta a la reivindicación de una identidad tundante, encontramos a
Sedg",ick citada junco con Butler como las' autoras que han defendido y quc
han desarrollado esta línea de análisis de lo qlleer.
r C.WiTLLO II )
lil
Diana F uss [10] son autoras atentas a lo queer en
esta segunda dimensión apuntada. E.-, a Teresa de Lauretis a
quien se remite haber acuílado la expresión «teoría queer» [11].
Butler nos comenta cómo en un primer momento, siendo cono-
cedora del ensayo de Lauretis titulado «Queer Theory», consi-
deró en consecuencia que de ella era la expresión, sorprendién-
dose ante la noticia de que no era otro texto sino Gel/der 1í'oubLe
el apreciado en el ámbito de la teoría quecr [12]. Lauretis, sin
embargo, abandonó pronto y explícitamente e! uso de! término
«queer» en favor de la palabra «lesbiana» [13], palabra más
potente y apropiada, en su opinión, para dirigir los estudios
lésbicos y gays. Mientras que Butler, por su parte, valorando
lo queer en e! sentido sailalado, ha continuado insistiendo en lo
sucesi\'o en la necesidad de articular género y sexualidad, femi-
nismo, estudios queer y estudios lésbicos y gays.
1.2. Debate sobre las caleg01iasfeministas
Propósito fundamental de Gender TroubLe es cuestionar los abun-
dantes supuestos implícitos heterosexistas, en la mayoría de los
casos, presentes en las teorías feministas. Butler dirige su primer
capítulo de la obra [14] hacia la puesta en evidencia de los
[10] Véase, Diana Fuss (ed.), ln.ride/Oul: úsbian Tluories, Gql' Theo7'l'es, New
York, Routlcdge, 1991.
(1 1] \\;ase, Teresa de Lauretis, «Queer Theory: Lesbian and Gay
Sexualities», Dijfere/lres: A ]oumal if Fnninist Cultural Studies, n. u 3 (2), 1991, pp.
iii-x\'iii. Abundante y clara información introductoria sobre lo queer se propor-
ciona en lengua castellana en el libro de Ja\'ier Sáez, Teoria Queer.l' jJsicoanáli-
sis. i\1adrid. Editorial Síntesis. 2004.
[12] Véase, GAP, pp. Léase en particular la p. 32.
[13] Véase, Teresa de Lauretis, Tite Pra(/í(( if Lovc: Lesbial/ Sexuali!l' al/d
PC1'l'mc Desire, Indianapolis, Indiana Uni\'Crsit\" Press, 1994.
[14] El primer capítulo de Gender Trouble se titula: «Subjects of
Sex/Gender/Desirc» (<<Sujetos de sexo/género/deseo»). Este es el primer
texto de Gender 7i'oub/r que ha contado con una traducción castellana. Véase,
Neus Carbonell y T\1eri Torras (eomps.), Feminismos literarios, Madrid,
Arco/Libros, 1999, pp. 25-76. Las autoras inclu\'en el texto de Butler en el
apartado titulado «De las categorías del feminismo»,
112
l Qu: CU:\'T.\ n:.\ \.lO. ... ]
problemas que entraña reivindicar una estable identidad de
género como punto de partida de las demandas feministas. La
categoría de «mujer» o de «mujeres» es desde esta óptica some-
tida a revisión en su presuposición de contar como necesario
sujeto del feminismo. Que sea preciso el diseño de un sujeto
previo para sostener el feminismo, y su acción política, es un
tema cada vez más debatido desde los años noventa del siglo xx
y hasta nuestros días, momento en el que las usuales hasta
entonces categorías del feminismo empiezan a no darse ya por
sentadas de modo acrítico. Se incide en que los términos,
términos como «mujer», «sujeto», «diferencia sexual», no
muestran un significado ni homogéneo ni inmediatamente
transparen te.
La política feminista decía representar a las mujeres, hablar
en su nombre con la meta puesta en su liberación y emancipa-
ción de la opresión. Según esa lógica el sujeto mujeres estaba
configurado y dado previamente a su representación por parte
del feminismo. Butler, apoyándose en los análisis sobre el traba-
jo del poder de Foucault y en el comentario de Derrida del
texto de Kafka «Ante la ley» [15], nos advierte de cómo el sis-
tema político feminista es el que produce al sujeto feminista, a
la categoría mujeres; al sujeto que dice que va a emancipar.
Aprendió del mencionado escrito de Derrida que quien espera
a la ley, quien espera de ella un significado fiel la dota de una
fuerza de autoridad que se instala como efecto en el sujeto que
la anticipa.
La ley produce al sujeto que posteriormente sitúa en un
lugar anterior a la ley. De aquí se sigue el carácter problemáti-
[15] Butler se refiere al texto de Derrida «Kafka's Before the Law», en
A1an Udolf (ed.), KaJka and the ContemporaT)' Critical Performance: Centenal')'
Readings, Bloomington, Indiana University Press. 1987. Derrida realiza ahí
una deconstrucción de los espaciales y temporales del término
«before». La ley, en su carácter performativo, para Derrida, es la que produ-
ce de modo retroactivo el momento del «antes» (<<before») de la ley. Butlcr
había aprovechado ya, con anterioridad a Gender 7í"Oltble, este ensayo de
Denida en su texto "Critical Exchanges: rhe Symbolic and Qucstions o[
Gender», op. cit.
[C.\pj·ll"I.O 1I J
('Q df' esta llamada feminista hacia la liberación que primero
construye al sujeto para poder luego proclamar su liberación.
Este modo de la acción feminista tiene. para Butler, unas con-
notaciones autoritarias, impositivas, constrictivas, pues estable-
ce con bastante rigidez qué, quiénes y cómo son las mujeres.
Por eso, más que de investigar el modo en que las mujeres pue-
den alcanzar mejor repr<:>sentación manteniendo la idea de la
existencia de una especie de estado de naturaleza, se trata en la
teoría de Butler de analizar la manera en que la política femi-
nista construye la categoría «mujeres» y cómo la construye con
un alcance restringido que no d ~ j a de provocar malestar y
angustia en las personas.
La tesis de la universalidad del patriarcado, tesis ampliamen-
te difundida en la teoría feminista, es asimismo objeto reciente
de discusión. Se apelaba a ella para fortalecer la necesidad del
feminismo y su carácter representati\·o. Pero, sin embargo, la
critica e\idencia que mantener e! patriarcado como rasgo uni-
versaL ahistórico, no permite la atención sobre los contextos
concretos, culturales y temporales, en los que se ejerce la domi-
nación de género. No obstante, aunque la defensa de la univer-
salidad de! patriarcado ya no es tan compartida dentro de la teo-
ría feminista continúa siendo aún dificil abandonar la apelación
a una categoría común de «mujeres». Buder nos plantea ante
ello que deberíamos pensar si tienen las mujeres algo que las
unifique con anterioridad y con independencia del hecho de su
opresión. No parece evidente que haya una especificidad feme-
nina que una a las mujeres y que las diferencie de la masculini-
dad. La pregunta no ha de ser qué son las mujeres sino cómo se
las configura y cuáles son los mecanismos de dominación.
El marco de la oposición binaria entre feminidad y mascu-
linidJ.d es el único en donde puede encontrar apoyo esa supues-
ta diferencia y especificidad femenina y es e! ámbito desde e!
que la categoría «mujeres» reclama para sí coherencia y estabi-
lidad. Y ese marco es enérgicamente discutido por Butler por-
que pri\'ilegia la heterosexualidad, naturalizándola, y porque
conlleva consecuencias heterosexistas. Buder denuncia la hue-
lla llOITlofübica presente, inadvertidamente la mayoría de las
Ji.¡
[Qn: CLT\T.\ C O ~ I O U,A \'JLH]
veces, en esas políticas feministas identitarias que, no en vano,
son enfrentadas por muchas de las mujeres a las que esas polí-
ticas afirman, patadójicamente, representar.
Cierto es también que a pesar de estas contundentes argu-
mentaciones de Butler, aunque teniéndolas en cuenta, continúa
en gran medida presente en la teoría contemporánea la exigen-
cia feminista de una política identitaria [16]. En este sentido, ha
sido defendida, desde diferentes frentes, la idea de la construc-
ción de un sujeto «mujer» con fines estratégicos [17]. Se trata-
ría de un sujeto no ontológicamente fundado sino cultural,
social y discursivamente situado, localizado en una posición
determinada, concreta, y de alcance provisional; pero que per-
mitiría dotar al feminismo de! mínimo de unidad necesaria
para la acción política emancipadora. Gayatri Ch. Spivak, en
esta línea, intentando ev;tar e! alcance metafisico de los térmi-
nos de identidad, nos habla de! «sujeto subalterno» [18] -la
[16] A esta cuestión de la critica de Butler a las políticas feministas iden-
titarias y a la postulación por parte de algunas propuestas feministas de una
categoria «mujer» con fines estratégicos, ya me había referido con anteriori-
dad en mi texro titulado, «Género y sexo en la teoria feminista contemporá-
nea», enJoan B. Uinares y 0iicolás Sánchez Durá (eds.), Ensayos defilosofia de
la cultura.
[17] .-\ esta idea del «sujeto estratégico» se ha referido, en el contexto lin-
güístico-cultural español, Rosa Maria Rodríguez :\Iagda, Foucault J la genealo-
gía de los sexos, op. cit., pp. 148-149: «de esta crisis asumida de la Modernidad
habremos de rescatar no su metafísica, sino sus retos emancipadores, que
hoy -postmodernamente (transmodernamente)- nos llevan a transformar
operati\'amente la aceptación de los simulacros que los sustentaron, para
garantizar de esta forma equidistante entre la omología y el nihilismo un
sujeto estratégico, el ejercicio racional, nuestra presencia v reconocimiento
en el de\'enir histórico, y la transformación de la realidad. Y estos mismos
logros se requieren para el sujeto lCmenino, asumiendo su \'acío metafísico,
su carácter de im'ención, pero tamhién su «concreción situada», su pragn1<Í-
tica política».
[18] Gayatri Chakra\'orty Spivak, «Los estudios suhalternos: la decons-
trucción de la historiografía», en ~ e u s CarboneU y :VIeri Torras icomps.),
Feminislllo.f liternrioJ, op. cit., pp. 265-290. Spi\'ak trahaja en fa dirección dd
entrecruzamiento del feminismo y del postcolonialismo.
[C.\PiTL"LO I1]
mujer, el negro, el indio, etc.--; una posición de sujeto caracte-
rizada por ocupar ese lugar de «el Otro», del margen, al que lo
ha abocado el sujeto hegemónico en su ocupación abusiva del
«Centro», pero una posición de sujeto que reclama para sí el
derecho al discurso y la enunciación.
Diana Fuss, en relación a la fórmula de Spivak, se plantea:
«Sin embargo, tengo serias reseryas a la hora de tratar el esen-
cialismo como «una estrategia para nuestros tiempos». Aunque
estuviera de acuerdo con Spi\'ak en que el retorno provisional
al esencialismo puede actuar con éxito en cienos contextos
como una estrategia intervencionista. también me veo obligada
a preguntarme ¿en qué momento esta acción deja de ser provi-
sional y se convierte en permanente? Existe siempre el peligro
de que el efecto a largo plazo de dicha intervención «temporal»
pueda, en efecto, llevar una vez más al atrincheramiento de una
forma de esencialismo más reaccionario»; no obstante, tras
señalar los problemas, la autora afirma: «pero al final estaría de
acuerdo en que vale la pena asumir "el riesgo"». Para Fuss, en
definitiva, este tipo de «esencialismo estratégico» es aceptable o
no dependiendo de quién lo pone en práctica, de la «posición
sujeto desde la cual uno habla» [19]. Butlel; por el contrario,
insiste en mantener que la construcción de un sujeto del femi-
nismo tiene como consecuencia problemática la exclusión de
aquellos indi,iduos que no se sienten representados bajo la
categoría diseii.ada, y esto aun en el caso en que se postule solo
con fines estratégicos; porque, además, la \'ida semántica de los
términos \iaja a través de los discursos; porque es posible que
los términos adquieran nuevos significados ontológicos; porque
permanecen «significados que exceden los objetivos para los
que se crearon» [20]. Por lo tanto, para Butler, de lo que se
trata es de liberar al feminismo de las categorías universales y
de la necesidad de elaborar una noción de «mujer» como suje-
[19] Diana Fuss. "Lecr como una feminista», en Neus Carbonell y l\.feri
Torras (comps.), Feminismos literarios, op. cit., pp. 127-146; véanse. espccialmen-
¡e, las páginas 139-140.
[20] GD. p. 37; GT. p. -J..
to del feminismo. Un tal sujeto, afirma Butler, en realidad soca-
va las metas del mismo feminismo.
No obstante, en coherencia con su apuesta por una tarea
critica de rasgo positivo que implica que los términos cuestio-
nados no por ello deben ser rechazados en sentido absoluto y
que supone la revisión autocritica de sus propias afirmaciones,
Butler, en su prólogo de 1999 a Gender Trouble [21]] explica
cómo en aquella obra tendía a admitir una noción de universa-
lidad como necesariamente negativa y excluyente mientras que,
más tarde, comprendió que en el uso de la universalidad cabe
también una aplicación más abierta, no substancial y, sobre
todo, capaz de no cerrar de antemano el devenir futuro del
concepto. En particular, la idea de universalidad del patriarca-
do y de opresión universal de las mujeres es e! tipo de universa-
lidad frente al que Gender Trouble se posicionaba, pareciendo con
ello no dar entrada a ninguna otra noción de universalidad no
violenta ni a su segundo punto de vista sobre la universalidad
formulado con posterioridad. Butler reconocerá que no siem-
pre hablar de universalidad es «un gesto totalizante» [22], que
puede ser afirmada la universalidad precisamente cuando se
favorece la movilidad de! concepto en caminos que exceden las
intenciones y los fines de su formulación [23], porque esta
[21] GD, p. lB; GT, «Preface (1999)>>, pp. xvii-xviii.
[22] eHS, p. 339.
[23
J
Sobre la uni\'ersalidad en este sentido afirmativo y apropiado para la
acción oolírica Buder escribió en el libro colectivo, Judith Buder, Ernesto
Laclau Slamj Ziíek, Conlingrocy, Hegemony, [;niversali!Ji. Dialogues
on ¡he L:':'. uJr.don, :'\ew York. \'erso, 2000. Hay traducción castellana del libro
como Cm:insmcia, hegemonía, unIL'ersalidad. DUílogos contemporáneos ro la i;:quierda,
Buenos .-\lres. FCL 2003, reimpreso en 2004 (p. 264): « ... siguiendo las formas
más rece:ltes de cleconstrucción afirmativa, se puede borrar momentánea-
mente ',:" (CJr.cepto y ejecutarlo al mismo tiempo: que no hay motivo para que,
por ejC::7"::;>-b :-:0 "e continúe ::J"cstigando y usando el concepto de «universali-
dad». E."¿5re. sin embargo, una esperanza de que la interrogación critica del
térrr.i:-:-: un uso más eficaz, especialmente considerando las criticas
a las espurias que se han ensayado justificadamente, en los últi-
mos -::-: cm.:diús posCúlúnialcs, leministas y culturales». Traducido'al cas-
tellar-o -:::'--.z,r.emo, también ¿el texto de Buder «La universalidad de la cultu-
r :. -- .. 1>7
1l100ilidad y este' exceso puede contribuir no solo a sedimentar
la., acciones de rechazo sino ante todo a (',-itar los efectos per-
niciosos de los términos universales. Por otra parte, esto dicho
sobre la posible dimensión producti,·a de la universalidad no
elimina ni debilita la crítica de Butler al recurso a la identidad
substancial «mujer», ni tan siquiera a la identidad estratégica,
como punto de partida ineludible de políticas feministas.
Ante la pregunta, que continúa sie:1do pertinente a lo largo
de la obra de Butler, de cómo llevar a cabo una política femi-
nista no apoyada en la unidad de una base identitaria predise-
ilada, Butler responde con la política de coalición:
Sin la presuposición ni el objetivo de «unidad», que en ambos
casos se instituye en un nivel conceptual, pueden surgir unida-
des provisionales en el contexto de acciones concretas que tie-
nen propósitos di!i,tintos a la articulación de la identidad. Sin la
expectativa obligatoria de que las acciones feministas deben
instituirse desde una identidad estable, unificada y acordada,
bien podrían iniciarse más rápidamente y parecer más
compatibles con muchas «mujeres». para quienes el significado
de la categoría es permanentemente discutible [24].
ra», en l\1anha G.l\ussbaum, Los límites del patriotismo_ Identidad, pertenencw)' "ciu-
dadanía mundial", Barcelona, Paidós, 1999, pp_ j9-66_ :\llí se lee: «El carácter
cultural y contingente de las convenciones existentes que rigen el alcance de la
lllli'-crsalidad no niega la utilidad o importancia del término universaL
Simplemente, significa que el supuesto de uni'-ersalidad no ha sido plena o
finalmente' realizado y que queda por ''er si y cómo se podrá articulan> (p_ 60)_
Y también: «Así pues, la importante tarea que nos plantea la diferencia cultu-
ral no es otra que articular la universalidad a tra,-és de un dificil proceso de
traducción. Esta tarea pretende transformar los términos mismos de que está
formada la univcrsalidad y darles nue,·a significación: de ahí que el mO\;mien-
to de esa transformación no anticipada establezca el universal como aquello
que lOdada ha de lograrse y que, a fin de resistir a la domesticación_ nunca sc
podrá lograr de forma total o definiti,-a» (p_ 66'_ En texto de gran interés y de
contenido muy actual en el que Butler trata de este tema de la universalidad
desde la perspccti\-a de los derechos humanos, es «El modelo Guantánamo»,
El viejo tlJPO, n." I ¡8. abril de 2003, pp_ 58-69_
[24] GD, p_ 48; GT, p_ 15_ Hav que subrayar que la política de coalición
ha sido también defendida_ de modo semejante, para el feminismo por
DonnaJ Hara,,"ay y su política
r QL-f. CTE"TA ('0\10 U':A '-lIH 1
Este tipo de coaliciones abiertas, tendrían la ventaja, para
Butler, de permitir la apertura a múltiples y móviles identida-
des que se configuran y se abandonan en función de los objeti-
vos y que, en consecuencia, no quedarían obligadas a una
norma preestablecida. El feminismo entendido de este modo
podría ver positivamente disminuida la huella autoritaria y
coercitiva presente en las políticas identitarias, permitiendo e!
surgimiento y la expansión de nuevos conceptos de identidad.
Claro que la manera concreta en que pueda surgir esta conjun-
ción de posiciones identitarias dispares es algo que no puede ser
predicho de antemano. Si se establece un ideal anticipado
como camino para la consecución de la meta de ·la unidad,
entonces puede quedar impedido el propósito de la formación
de la coalición. Aceptar la contradicción interna, la fragmenta-
ción de la acción política forma parte de la política no funda-
cional, democrática, que Butler comparte.
La política de coalición no se haya necesitada de la categoría
«mujer» ni de W1 concepto identitario, aun pensado de manera
compleja, que pueda manifestarse de forma acabada: «una coali-
ción abierta afirmará identidades que alternativamente se institu-
yen y se abandonan de acuerdo con los objetivos de! momento;
será un conjunto abierto que permita múltiples convergencias y
divergencias sin obediencia a un telas normativo de definición
cerrada» [25]. El género es precisamente un proceso nunca con-
cluido en e! tiempo, imposible de ser acotado en límites tempora-
les concretos. El género ni es idéntico a sí mismo en todo momen-
to ni es una identidad unitaria e internamente coherente.
1.3. Del género al sexo
En la dirección del concepto de política feminista potenciada
por Butler, antes que dar por sentado que «mujer» es el sujeto,
sujeto unitario y no problemático del feminismo, hay que dis-
[25] GD, p. 49; GT, p. 16.
1I 1
por el contrario, las categorías de género e identidad
como un requisito también para la acción política feminista de
alcance liberador. Se impone la indagación critica sobre las
categorías de «sexo" y «género» y sm modos de articulación.
Este es un trabajo que, como se ha podido observar, Buder
"iene desarrollando desde sus primeros ensayos feministas. En
Gendcr 7í'Oublr la formulación de este decisivo tema, aun reto-
mando, lógicamente, sus estudios anteriores, logra mayor pre-
cisión, fuerza y rigor argumentativo.
La relación entre sexo, género y deseo "a a ser dislocada por
Buder, pensada de nuevo quebrando el orden tradicional en el
que los elementos se hacían encajar de acuerdo con la norma
de la coherencia y estabilidad y de la regla de la naturalidad de
los sexos y de la práctica de la heterosexualidad. La critica de
Buder aquí incluye, obviamente, también la disputa de formu-
laciones propias de la te aria feminista. La separación entre sexo
y género, que ya Buder, como se analizó más arriba, encontra-
ba en Simone de Beauvoir, es vuelta a ser subrayada como
punto de arranque del cuestionamiento tanto del binarismo
de género, de la idea de que los géneros han de ser dos, como de
la naturalidad del sexo mismo. Temas estos que han sido ya el
motivo de buena parte de sus reflexiones anteriores. Pero las
sucesivas y penetrantes interrogaciones que en Gender Trouble se
enlazan unas con otras evidencian cómo sus criticas se han ido
afianzando progresi,'amente con la amplitud de sus argumen-
taciones y con la extensión de sus fuentes de referencia [26]:
¿Podemos referirnos a un sexo «dado,) o a un género «dado»
sin investigar primero cómo se da el sexo y/o el género y a tra-
\'és de qué medios? ¿Y qué es el «sexo» a fin de cuentas? ¿Es
natural, anatómico, cromosómico u hormonal, y cómo puede
[26] Butler menciona en Gender Trouble, y en relacióll con su c:ritica a la
naturalidad del sexo, obras procedentes de \'arios campos de investigación,
filosóficos, antropológicos, así como investigaciones del ámbito de la biología
y de la historia de la ciencia. Véase, GD, notas 8, 9 Y 10, p. 39; GT, pp. 151-
152.
',to
[QU: C:U:,\;T.-\ LX"'. \'IDA]
una crítica feminista valorar los discursos científicos que pre-
tenden establecer tales «hechos»? ¿Tiene el sexo una historia?
¿Posee cada sexo una historia diferente, o varias historias?
¿Hay una historia de cómo se estableció la dualidad del sexo,
una genealogía que presente las opciones binarias como una
construcción variable? ¿Los hechos supuestamente naturales
del sexo se producen discursivamente por medio de diversos
discursos científicos al servicio de otros intereses políticos y
sociales? [27].
El acento interrogativo de estas enunciaciones indican la
conveniencia de insistir en la investigación de estas cuestiones
que no teniendo un significado claro e inmediato y que no
hallando una respuesta directa y única son problemáticas; son
problemas que merecen seguir siendo pensados porque en ellos
nos va la vida, sin duda. Que estos problemas son vitales, que
afectan a las vidas de las personas, es uno de los aspectos que la
obra de Butler ha sabido destacar con contundencia.
Considerar el sexo y el género como una realidad establecida y
no discutible provoca violencia, dificulta, cuando no imposibi-
lita, la vida de los individuos. En el prólogo de 1999 nos dice:
Crecí entendiendo algo de la violencia de las normas de géne-
ro: un tío encarcelado por tener un cuerpo anatómicamente
anómalo, desprovisto de familia y de amigos, y que pasó el
resto de sus días en un «instituto» en las praderas de Kansas;
primos gays que se \ ieron obligados a abandonar el hogar por
su sexualidad, real o imagínada [28].
l\tIediante este anteriormente citado encadenamiento de
preguntas, Butler defiende, en línea con Foucault, la fundamen-
talidad de la tarea que se ocupa de estudiar los medios, los
mecanismos, los discursos que son los instrumentos históricos
de la construcción del sexo. A ellos se debe asimismo que el
[27] GD, pp. 39-+0 (he modificado ligeramente la traducción castellana);
GT, pp. 6-7.
[28] GD, p. 20; GT, «Preface (1999)>>, p. xix.
[CAPiTL:LO 1I 1
¡.jI
aparezca como dato natural. ::\"0 puede seguir mantenién-
dose por tiempo la idea de que el género una construc-
ción cultural y social que se organiza, y que se sostiene, sobre el
sexo natural. Butler afirma ahora no solo que el sexo y el géne-
ro no pueden distinguirse ya que amhos son elaboraciones cul-
turales (lo que ya se apuntaba en H\'ariations on Sex and
Gender: Beauvoir, "\ "ittig, Foucault>, que. aplicando al
sexo y al género la lógica de la inversión de Foucault pero que
él no había llegado a definir en este terreno, postula que acon-
tece un desplazamiento del género al sexo. En el marco de la
producción cultural y discursiva del género: en ese marco y
desde ahí, se produce la noción de sexo natural y como parte
de esa producción se establece que el sexo es una realidad pre-
discursi"a, anterior al orden de lo cultural:
El género no es a la cultura lo que el sexo es a la naturaleza; el
género también es el medio discursi\"ol cultural mediante el cual
la «naturaleza sexuada» o «un sexo natural» se produce y esta-
blece como <<prediscursivo», previo a la cultura, una superficie
políticamente neutral sobre la cual actúa la cultura [29J.
Por lo tanto, en un sentido ontológico sexo y género no se
diferencian, pertenecen al mismo ámbito de realidad, la cons-
truida por la cultura. Cuando se sedimenta en el tiempo, ia cul-
tura llega a tener efectos ontológicos, naturalizadores; hace
aparecer sus construcciones como realidades en sí, como exis-
tentes al margen e independientemente de ella. Sexo y género
se pueden no obstante, en un plano analítico, donde se
muestra que la noción de «sexo natural» es un efecto deri,'ado
del trabajo cultural de la construcción del género. La inversión
ha tenido lugar: si lo comúnmente aceptado dice que el sexo es
anterior al género y su base fundante, Butler hace girar esta
relación que siendo de carácter conceptual tiene implicaciones
vitales, La pregunta central que permanece en tal caso es:
«¿cómo, entonces, debe reformularse el género para abarcar las
[29J GD, p. 40: GT, p, 7.
l
·' [Ql'l: C["L"\"I".-\ C:O.\IO L""\·\ \"ID.\ 1
relaciones de poder que producen el efecto de un sexo predis-
cursivo y ocultan así esa misma operación de producción dis-
cursiva?» [30]. Este es el objetivo de Gender Trouble, pensar el
género desde un ángulo inhabitual, sin considerar suficientes
las aproximaciones al género ya realizadas, tampoco las que
provienen de la teoría feminista.
Desnaturalizar el sexo desde la óptica del género, a tra\·és
de un trabajo crítico enfocado sobre la categoría de género, es
una clara aportación de la teoría de Butler. Sus precedentes
negadores de la idea de «sexo natural», como se ha podido
comprobar más arriba, no centraban la labor critica en el com-
plejo entramado del género y sus implicaciones ontológicas.
Wittig proyectó su utopía de un lugar humano sin sexo ni géne-
ro; Rubin derivó hacia la separación de la sexualidad y el género;
Foucault hizo depender el sexo de la sexualidad.
2. CRÍTICA A L\ Ol\TOLOGÍA DEL GÉ.:\"ERO
DE U. DE LA SCBST:\l\"CI.\
Cno de los apartados de Gender Trouble lleva por título «Género:
las ruinas circulares de la discusión actual» [31]. Su propósito,
como decíamos, va más allá de abundar en la tesis de que el
género es una construcción cultural. Porque, podemos enten-
der que el género es la interpretación cultural del sexo, como
así lo expusieron muchas feministas en lucha contra la asenta-
da fórmula de que la biología marca nuestro destino. Pero ello
no evita que la ley cultural pueda ser estipulada con la misma
inexorabilidad y rigidez que se atribuía con anterioridad a la ley
natural. La atención puesta sobre lo cultural puede implicar un
determinismo tal que inhabilite la acción transformadora del
slUeto, si establecemos que la ley cultural se impone irremisible-
mente sobre unos cuerpos pasi\"os y sobre linos cuerpos previa-
[30] lb íd.
[31 lIbid.
r c:.\PITCI.O 11,
I-H
mente sexuados, anatómIcamente ciiíCrenciados. I3utler no
quiere: de ninguna manera. al esfuerzo de pensar la
posibilidad de la transformación social desde una pcrspecti\'a
que concibe al género como un ejercicio de construcción cultu-
ral que no es sostenido ni dirigido por un sujeto constructor
existente de modo prc\'io a la dinámica de la construcción
misma. Esta es una dificil tarea en la que: insiste él lo largo de su
obra y para la que precisa de la minuciosa y paciente lectura
crítica de materiales filosóficos y feministas.
En particular, debe re visitar, a tra\'és de Simone de BeaU\'oir,
la conocida polaridad filosófica entre libertad -voluntad
libre- y determinismo, Los análisis de Butler a este respecto,
sobre Simone de Beauvoir, retoman resumidas, y en algún
aspecto dcsplandas, sus ideas anteriores. que quedaron expli-
más arriba con cierta extensión. Sobre Irigaray, sin
embargo, se ofrecen en Gender Trouble apreciaciones añadidas
que se hacen interactuar con las tesis de Simone de Beauvoir,
Irigaray incide en la situación paradójica de las mujeres que
son ese «sexo que no es uno» [32], porque es plural y múltiple;
que son el se:xo que no halla representación en el lenguaje uní-
voco de! orden masculinista. !vIientras que para Beauvoir las
mujeres son «lo Otro», e! reverso negativo del hombre, Irigaray
afirma que el sujeto y «lo Otro», ambos, pertenecen al sistema
masculino «falogocéntrico», donde la mujer y lo femenino que-
dan radicalmente excluidos, como falta, ausencia, como signo
de lo irreprec;entable en el orden simbólico totalizador de la Ley
del Padre.
De acuerdo con este análisis de lrigaray, lo femenino no se
entiende como una expresión de la metafisica de la substancia
sino como lo excluido de ese orden. r n orden que basa la sig-
nificación en la negación de lo femenino. Por eso, lo femenino
como aquello que es repudiado por el sistema masculinista es
precisamente lo que posibilita el trastorno del sistema hegemó-
nico de la metafísica de la substancia, porque lo femenino es la
[32] Luce Irigaray, Ce Jexe qui 11 '1'11 {si ¡Ia_, un, Paris, Éditions' de I\linuit.
1977, Traducción caslellana: Ej( sexú qU( l/O L' 1/110. !lo ladncl, Salté's, 1981.
[·H
[Qu: C:L"['':-¡:,\ (:0\10 l'!\" \'[D .. \ I
«diferencia» con respecto al esquema de oposiciones binarias;
esquema que, en consecuencia, remite exclusivamente a lo
masculino, constituyendo una economía significante masculi-
nista.
Esa metafisica de la substancia atacada por lrigaray y que
el discurso de Butler se propone desmantelar, si bien desde otra
línea de pensamiento, define al sujeto, de modo humanista,
como núcleo humano dado de antemano, con disposición
racional, de voluntad libre y capacitado para el lenguaje. Sobre
ese fondo se organizan después los atributos de género. Si lo
femenino es, como dice lrigaray y en contra de Beauvoir, el
sexo no marcado en tanto que es lo borrado por la economía
significante del «falogocentrismo», entonces lo femenino no se
inserta dentro del sistema masculinista ni siquiera como de-
mento que negativamente apoya la definición del sujeto. Lo
femenino, no teniendo representación en ese sistema, no siendo
una substancia, puede quebrar la idea de substancia al mostr;Jf
su carácter ilusorio.
A esta orientación de la reflexión de lrigaray, Butler le reco-
noce el mérito de ampliar en nuevas direcciones el pensamiento
feminista. Pero le discute a lrigaray, por otra parte, su recurso
a un placer específicamente femenino que hace derivar de la
anatomía femenina [33] y que no permite fácilmente huir de
postulados esencialistas. Sea que la referencia a lo biológico
presente una intención estratégica o bien pretenda la vuelta al
esencialismo biológico, no deja de ser problemática, ni en uno
ni en otro caso, porque establece una tajante separación entre
la sexualidad femenina y la sexualidad fálica. Las mujeres que
se reconocen de algún modo dentro del sistema de sexualidad
fálica resultarían marginadas por aquella teoría de la diferencia
sexual. Butler advierte en lrigaray un deslizamiento hacia la
idea de que la sexualidad femenina está al margen de la cons-
[33] [bid. Allí remite lrigaray a la configuración de la vulva como «dos
labios que se tocan». Ello se entiende como la base de un placer femcnino no
unitario y autoerótico. Lo que no deja de ser una \·¡sión de la mujer como ,cr
dividido en partes anatómicas diferenciadas.
re \l'iTL:I.O 11 :
. -;
trucrión cultural de la sexualidad, de que es ajena a la dinámi-
ca dd podeL :\CJ.uí se acerca Irigaray a 12. conceptualización de
\ \'ittig de una sexualidad liberada y liberadora del poder. Para
BurIeL lo productiyo es, por el contrario. pensar el camino para
alterar el régimen regulador de sexualidades, y de los géne-
ros. desde dentro de los términos de sus construcciones.
Denuncia también J¡¡ debilidad elel análisis ele Irigaray en
tanto que {ormula un principio globalizador que- pretende
alcance universal \" que, por ello, desatiende las \'ariaciones cul-
turales de la diferencia sexual. En Irigaray, la economía mascu-
linista, el «falogocentrismo», se localiza como la causa monolí-
tica contra la que debe luchar el feminismo. Butler cuestiona
este «gesto» totalizador provenga de quien provenga; en este
caso concreto, del feminismo de
El esfuerzo por identificar al enemigo como una forma singular
es un discurso im'erUdo que imita la estrategia del opresor sin
cuestionarla, enJugar de ofrecer un conjunto de términos diferen-
tes. El hecho de que la táctica pueda funcionar tanto en contex-
tos feministas como antifeministas indica que el gesto colonizüdor
no es mascuJinista de modo primordial o irreductible [34].
Las revisiones de estos planteamientos de- Irigaray le ayu-
dan a Butler a formular su propia teoría sobre e! género. El
concepto de identidad no puede ser pensado, para Butler, con
independencia de! concepto de identidad de género porque
toda identidad es una identidad generizada. Las normas de
género son las que dotan de inteligihilidad a la persona, son las
que la hacen reconocible. La identidad de género es, por tanto,
prcscripri\'a, normati\'a, no es el resultado de una simple y
mera descripción. Esas normas de género prescriben la cohe-
rencia y estabilidad de la identidad de género; producen lo
femenino y lo masculino en oposición y designan la heterose-
xualidad del deseo, al tiempo que construyen la idea de- sexo
verdadero. Estas prácticas del género rechazan a la
[::H] C;D, pp. ·J(j-47; (,1, p. ¡J.
[Ql'L CTE\"T.\ C()\IO l'\.-\ \·IIJ.\ I
\'ez la existencia de identidades donde no hay correspondencia
entre el sexo, el género y el deseo. Las identidades incoherentes
aparecen señaladas como fallos del proceso de desarrollo.
Butler considera que precisamente el que se den esas identida-
des indica la posibilidad de que las normas de género sean des-
ordenadas, subvertidas, trastocadas, y desde dentro de ese
marco mismo de inteligibilidad del género, el cual puede ser así
abierto en nuevas orientaciones de género.
Se precisa comprender bien la dinámica reguladora de!
género, no obstante, para poder valorar la función y e! alcance
de esas identidades dislocadas. Y si se postula, subraya Butler,
que es la heterosexualidad obligatoria la práctica reguladora
por excelencia, como hicieran Wittig y Foucault, queda reto-
mada la dificultad de basar el análisis en un horizonte totaliza-
dor; esa dificultad presente en lrigaray cuando funda la opre-
sión en la causa única del «falogocentrismo». Hay que seguir
indag-ando sobre el mecanismo del género en el contexto de
pensamiento de la metafisica de la substancia.
\Vittig, Foucault, lrigaray, explican la categoría de «sexo»
de modos diferentes pero coinciden en señalar que es él
lenguaje e! que establece el sexo como substancia. lrigaray
afirma que la gramática habla de oposiciones binarias,
femenino-masculino, para ocultar la univocidad del discurso
masculinista y para silenciar lo femenino como espacio de
sub\·ersión. Hay que buscar otro lenguaje -la escritura feme-
nina- como camino de acceso a lo femenino. Foucault se
refiere a la gramática en su tendencia impositiva de la duali-
dad de sexos y de la sexualidad heterosexual con el fin de
impedir las sexualidades subversivas. Wittig insiste en que la
categoría de «sexo» es una ficción lingüística ocasionada por
el sistema de la heterosexualidad obligatoria. Ella espera el
retorno del sltieto humano universal -«la !esbiana»- tras
el derrocamiento del sexo. 'Vittig, como Beauvoir, confia en el
ideal humanista de la metafisica de la substancia y en sus
beneficios para el feminismo, por eso ella no esa
metafisica, como sí la cuestionan Foucault e Irigaray, sino la
marca concreta de «sexo».
( .. \j';: l /.0 II 1-17
.\ .:\ictzscllc remite además Buuer para profundizar en su U1-
lica de la metafisica de la substancia. «Sen> \" «substan-
cia» [35] son ilusiones provocadas por la gramática que impulsa
la cn.:l:ncia en la \'crdad de sus calegorías. Sujeto y predicado sc
presentan como Índices de la realidad ontológica independiente
dc substancia y atributo. La disputa, ejercida por Butler, de esta
mClafisica le conduce a rechazar la noción de substancia, en tanto
que el COlüunto de atributos de género disonantes,
entre otras, por la figura de Herculine analizada por Foucault,
rompe la consideración de la existencia de un núcleo de género,
de mujer y hombre, como substancias íntegras y constantes, e\i-
den ciando que la idea de substancia es un artificio contingente
organizado alrededor del ordenamiento de una serie de atributos
y al scn icio de la reglamentación cultural de la inteligibilidad.
Más aún, Butler deduce no solo que la realidad de la substancia
es un efecto construido sino que es un efccto supcri1uo.
Es en este contexto de critica a la metafisica de la substancia
cuando Butler concluye por formular su concepción maestra del
género como performativo. A ella ya se había acercado, si bien
desde otro marco de análisis, en su ensayo, comentado más arri-
ba, «Performative Acts and Gender Constítution: An Essay in
Phenomenology and Feminist Theory». En Gender Trouble la per-
formati\,idad del género se enclava en una línea argumentativa
de potentes resultados y persistente en sus obras posteriores:
l.jo
En este sentido, género no es un substantivo, ni tampoco es una
serie ele atributOs \'agos, porque hemos \1sto que el efectO subs-
tantivo del género se produce performati\'amenlf> y es impur:sto
por las prácticas reglamentadoras de la coherencia de género.
Así, dentro elel discurso heredado de la metafisica de la substan-
cia, el género resulta ser performati\'o, es que consliluy<::
la identidad que se supone que es. En este sentido, el género
siempre es un hacer, aunque no un hacer por parte de un suje-
to que se pueda considerar preexistente a la acción [36].
[35] GD, p. 53; GT p. 20.
[%] G]), p. GT pp.
[QL"f: cu:!\·I.\ cmlo l·:\.\ \"J[HJ
Pensado como proceso performativo, el género implica el
rechazo de la idea de una identidad previa a la acción de la cul-
rura . .-\ tra\'és de las normas de género se organiza esa identidad
en la que habitamos pero que, sin embargo, la propia cultura
nos presenta como verdad prioritaria, como anclaje natural de
ese sujeto que, según la cultura, somos desde el principio. La
performatividad del género discute la noción de identidad subs-
;:ancial fundante y, además, discute el habitual supuesto de
',1 necesidad de un agente ya dado que realice y sostenga la
J.cción. Esta idea del género como una acción en la que se halla
ausente un sujeto de la acción es la subrayada en la compren-
sión del género como performativo. Lo que hay son acciones,
actuaciones, pero no un actor anterior a ellas. Estas actuaciones
son performativas, lo que implica que hacen aparecer el efecto
de un sujeto. Hay entonces sujeto, como hay género, pero como
efecto. Butler, por lo tanto, no se dirige hacia la destrucción ani-
quiladora, sin duda estéril, de los conceptos y de las categorías
sino hacia la posibilidad ya inaugurada por Nietzsche, y conti-
nuada por Foucault y Derrida, de quebrar desde dentro las
directrices dictadas por la metafísica de la presencia desmante-
lando su valor de «verdad».
Como continuación del texto inmediatamente citado de
Gendrr Trouóle, Butler explicita la importancia de la crítica de
::\ietzsche a la categoría metafisica de «sujeto de la acción»
como uno de los materiales básicos en que se apoya su com-
prensión de la performati\idad del género:
El desafío que implica replantear las categorias de género fuera
de la metafísica de la substancia tendrá que tomar en cuenta la
pertinencia de la afirmación que hace Nietzsche en La genealo-
gía de la moral en cuanto a que <<no hay ningún "ser" detrás del
hacer, del actuar, del devenir; "el agente" ha sido ficticiamente
añadido al hacer, el hacer es todo» [37].
[37] GD, p, 58; GT, p. 25, El texto de :\'ietzsche está en l.a de la
·',aml. \ladrid, .\lianza Editorial, 1990. Introducción, Traducción y :'-iotas de
Sáncha Pascual, «Tratado primero", «Bueno y mah-ado», «bueno y
J {'"
r\plicando al género la csmncgia nietzscheana
que' ('\'idencia el carácter construido (Ir- ac¡uello que la tradición
metafísica nombra como realidades, \'crdades en sí no contami-
nadas por la mediación de lo humanc). Butler afirma que:
:\"0 hay una identidad de género detrás de las expresiones
ele gi'ncro: esa iclcnticl,lel se con-:iltl\'C performati\'amentr
por la, l1li,mas «expresIOnes» qUe'. según se dice, son sus
resultados [38 J.
Esta nueva manera de mirar el género que introduce
Butler difiere dc los estudios feministas que, en su mayor
parte, considcran necesario mantener un sujeto como porta-
dor y sostén de la acción. No de otro modo ha sido entendido
el sujeto feminista con potcllcia para ia transformación de las
relaciones de dominación. El desafio de la teoría del género
de Butler a la metafisica de la substancia y a los postulados
feministas mayoritarios halla en su concepción performativa
del género, donde se rechaza el sujeto previo a la acción al
tiempo que se defiende la capacidad de acción transformado-
ra por parte del sujeto -sujeto generado y generizado-, uno
de sus más complicados núcleos teóricos que Butler retomará
una y otra vez en sus obras con e! ánimo de acercarnos a su
comprensión.
Dentro del primer capítulo de G"mder Y¡'ou ble, en el que
Butler se apropia del texto de Nietzsche de La gcneaología de la
moral, se nos ofrece ya una reflexión sobre cómo puede aconte-
cer esa acción sub\'crsi\'a de! género normati\·o y de la práctica
sexual que prescribe. Ahí aparece la noción de «parodia», de
«repetición paródica» [39], que posteriormente será
malo», § 13, p. 52. De lal importancia es esta idea de para el con-
cepto dc performali\'idad que BUlkr ren" ¡'C ;, ,..11? /'11 ntros lugares. Véase,
como cscrilo en el que el citado fragmento de :\ictzsche ocupa un lugar des-
tacado, UJ!, p. 82: ES, p. 45.
[38] GD. p. 58 (he modificado ligeramente la traducción castcllana): GT,
?-
? _J.
[39] CD, p. G5; GT p. 31.
[QUe CCl'\"IA l·'.\ \·ID .. \ J
más por extenso en el mismo contexto de Cender Trouble. La rela-
ción homosexual, nos dice Butler, no está al margen de las con-
venciones heterosexuales.' Sin embargo, no puede afirmarse
que la identidad homosexual proceda de una original identidad
heterosexual ni que asuma supuestos heterosexistas.Justamente
el que se puedan reproducir en el marco homosexual dinámi-
cas heterosexuales pone en evidencia que la idea de la hetero-
sexualidad como relación sexual original no es más que una
construcción sociocultural que es susceptible de ser desplazada
y modificada por la sexualidad homosexual en su acción de
repetición de las convenciones heterosexuales. Butler está así
considerando que la repetición, la repetición en este caso del
modelo heterosexual por parte de la relación homosexual, es un
sitio posible de cuestionamiento de la naturalización de la hete-
rosexualidad y al mismo tiempo un sitio posible de subversión
de las normas de género.
Enfrentar críticamente la tesis dl" que la hl"terosC'xualidad
es el original y que la homosexualidad es la copia con el ¡in de
disputar el concepto mismo de «original» -lo que lleva a efec-
to la estrategia genealógica desde Nietzsche y en adelante-,
es un camino de movilización de las categorías de género.
Parodiar lo original no es copiar cómicamente lo original sino
mostrar que no hay original, que lo que llamamos original no
es sino una copia de una copia. El regimen de heterosexuali-
dad obligatoria utiliza la repetición para naturalizar su lógica,
pero la repetición no se detiene en este punto, no siempre tra-
baja al sef\icio de la consolidación de las identidades. Ciertas
repeticiones son subversivas al revelar que no hay identidad de
género original. El propio pensamiento de Butler, entonces, al
incidir en este punto, al ofrecer argumentos en contra de la
ontología del género, del supuesto de que hay un ser del géne-
ro, auténtico, verdadero, es una vía de subversión de la identi-
dad de género.
En su texto «Imitation and Gender Insubordination», que
en parTe fue presentado en 1989 en la Conferencia sobre
Hnmnsexualiclad ele la e niversidad de Yale pero que en su ver-
sión completa apareció publicado por primera vez en 1991,
: (' \Pl tT 1.0 II
Ii!
BUller se autorreconoce bajo la categ-oría de «lesbiana» pero
con la intención de contestar la ri¡.,ridcz y la estabilidad, de efec-
tos opresiyos y excluyentes, de una de identidad que
no es suficiente para definir lo que dla es. El lesbianismo es
aquí descrito dentro del marco heterosexual como medio para
acentuar que la heterosexualidad no posee un carácter previo y
anterior a otros ejercicios de la rdaciún sexual. Buller trabaja
críticamente la idea de que el lesbianismo es imitación,
copia de la heterosexualidad original. Aquí, como en Gender
TroubLe, lo que demuestra es que la noción de heterosexualidad
originaria es ilusoria, dicho de otro modo, que la heterosexua-
lidad se constituye performari\·amenre mediante un conjunto
de imitaciones que se atribuyen el \'alor de ser fundamento ori-
ginario de cualquier imitación posible.
Su estrategia es la de confundir el orden causal de la rela-
ción entre original -heterosexualidad- y copia -lesbianis-
mo-. Butler sospecha de la noción de origen en tanto que esa
noción necesita de unas derivaciones posteriores que confirmen
retrospectivamente su posición de origen. El sentido del térmi-
no origen es establecer una diferencia jerarquizada con respec-
to a otros elementos que se postulan como dependientes suyos.
De ahí que, según Butler, la idea de la homosexualidad como
copia sea requerida, como su justificación, por la idea de la
heterosexualidad como origen. La heterosexualidad como ori-
gen, en tal caso, presupone la noción de homosexualidad como
copia. En el juego de il1\·ersiones que Bucler analiza muy pro-
ductivamente, la homosexualidad, la copia en principio, ha
modificado su lugar habitual; se ha mO\ido hacia el lugar del
origen, y la heterosexualidad se ha convertido en la copia.
Obviamente, la pretensión de Burler es hacer inoperante el
\·alor de la distinción entre original, heterosexualidad, y copia,
homosexualidad:
! '52
Pero no es realmente posible He\ar a cabo simples im·ersiones
de este tipo. Pues sólo en cuanto copia se puede afirmar que la
homosexualidad precede a la heterosexualidad como origen. En
otras palahras, todo el entramado de copia y origen se \'uelve
I Qu: CU:\'T\ l-!':.-\ no.\-I
radicalmente inestable cuando cada p o s i c i ó ~ se com'ierte en su
im'crsa y [rustra la posibilidad de cualquier forma estable de
fijar la prioridad temporal o lógica de ambos términos [+0].
La consecuencia de lo dicho es que la dinámica de la imita-
ción, en cuyo medio se organiza el género, pone ante la vista
que antes que imitarse un original se efectúa un desmantela-
miento de la relación entre original y copia. Decir que la homo-
sexualidad se ve afectada por la heterosexualidad no implica
que' sea una identidad meramente derivada y determinada por
la identidad heterosexual sino que supone alterar el orden entre
el origen '/ lo que se deriva de él, evidenciando que el origen
depende de sus producws deri\·ados .. \quello que nombramos
como origen no lo es en sentido absoluto. El origen se constru-
ye performativamente como tal origen.
y aquí, en «Imitation and Gender Insubordination», romo
en (;ender TroubLe) objeta Buuer, desde el concepto de performa-
tividad, el supuesto de un sujeto voluntario que precede a sus
actos de repetición paródica; unos actos que sin remitir a un
sujeto libre hacedor de la acción pueden ser capaces de romper
con la creencia en nociones como las de «original», «verdad» e
«interioridad». Buuer dice:
y si el «yo» es el resultado de determinada repetición, una
repetición que crea la apariencia de continuidad o coherencia,
no hay ningún «yo» que preceda al género que supuestamente
se representa; la repetición, y su fracaso, produce una cadena
de actuaciones que constituyen y ponen en tela de juicio la
coherencia de este «yo» [41].
La repetición que es exigida por el proceso performativo a
través del que se configura la identidad es lo que determina la
inestabilidad de la categoría identitaria que produce. Así, en el
[+0] 1se, p. 99 he moditicado ligeramente la traducción castellana: 1G1,
p. 128.
[+ 1] 1Se, p. 9+; 1(;1, p. 12j.
[C.\PITU.O 1I ;
hecho dt' la inestabilidad de su com:i:ución, se abre el espacio
para la transf()rmacióll de la categoría de g-énero. Este es un
argulllclllo fundamental, al que necesariamente \'o1\-eremos
más ad(;lante. que aporta BUller:
Pues si el «yO» es un espacio d(' repetición. esto es, si el «yo»
sólo alcanza la ap;uiencia de idclllidad mt"diante una determi-
nada J"(-pt'tición de sí mismo. ent0;1Ces si!:mpre "e produce un
de ese «yo» delJidcj a la misma repetición que
lo sustellta. En otras palabras, ¿puede el «yO» n:petirse, citarse,
con absoluta fidelidad a sí mismo. o hay siempre un desplaza-
miento desde un momcnto prc\'io quc establece e! estatus ptr-
manentementc no idéntico a sí mi<lTIo de este "yO» o de su «ser
bbiano»? [42]
La im'estigación genealógica de Butler indaga en los meca-
nismos de construcción del género, en los modos discursivos de
producción del género, seílalando aquellas configuraciones cul-
turales que se asientan y que son las responsables de la ontolo-
gización del género, esto es, de que los géneros aparezcan como
reales y naturales. Butler afirma en Gmder Trouble:
El género es la estilización repetida del cuerpo, una serie de
actos repetidos demro de un marco regulador muy rígido que
se congela con el tiempo para producir la apariencia de subs-
tancia. de una especie natural de ser. l' na genealogía política
de ontologías de! género. si se logra hacer, decClllstruirá la apa-
riencia substanti\'a del género en su;; actos constitutivos y ubi-
cará \. dará cuenta de esos actos dentro de los marcos obligato-
fijados por las diversas fuerzas que \"igilan la apariencia
social del género. Poner en evidencia los actos contingentes que
crean la aparicncia de una necesidad naturalista, lo cual ha for-
mado parte de la crítica cultural por lo menos desde ;-"1an.:, es
una tarea que ahora echa sobre sus hombros la carga adicional
de mostrar cómo la noción misma del sujeto, inteligible sólo
r·12]ISG, pp. (he modificado ligeramente la traducción
1(,1. p. 125.
I
por su apariencia de género, aclmite posibilidades que antes
habían quedado excluidas fOl-lOsamente por las diver;;as reifi-
caciones del género que han constituido sus ontologías contin-
gentes [43].
La óptica de Butler, en consecuencia, interesada en la pregun-
ta acerca del modo dé constitución cultural de! género, desplaza
al género al lugar del efecto formulando la tesis de la performati-
vidad del género y, por tanto, de la producción performativa
de la identidad. La performatividad será, precisamente, lo
que determine la constante inestabilidad de una identidad que
nunca halla su conclusión; de una identidad íntimamente vul-
nerable. Pero con ello no se quiere decir que una vez postulada
la identidad como resultado provisional de una acción inces,m-
te finaliza e! problema del género. Disputar el género significa
cuestionar cnticamente las tea nas que piensan la identidad
de género como dato previo, fundante, y, más allá de ello y de
modo más importante, defender que el género, e! género como
performativo, es siempre un efecto problemático, mas un efec-
to problemático que justo muestra en esta su problematicidad
que lo hace vulnerable el positivo rostro de su abierta confi-
guración, que es productiva, sobre todo, en tanto se somete a
permanente revisión. La disputa de! género es así un rasgo
inmanente al género. Ni como efecto e! género deja de ser el
ámbito de una \;brante tensión. El género, pensado por Butler
aprm'echando los análisis sobre el poder de Foucault, presenta
una doble faz indisoluble: el género es mecanismo de control y
de sujeción al tiempo que fuerza productiva de resistencia. El
género es un problema que debe ser problematizado pero no
con la mirada puesta, como ya dijimos antes, en la solución dd
problema, porque su carácter problemático es su propia vida y
porque no hay \;da humana hoy conocida fuera del género.
Queda, sin embargo, todavía abierta, entre otras varias, la
dificil cuestión de qué significa que la acción procesual, repeti-
[f3] GD, p. 67 he modificado la traducción castellana: (;T
p.33.
r C.\PITU.O II I
li':;
li,'a, configuradora del género no rcmita a un agclllc prn'io de
la acción pero quc, no obstante, sea posible la acción transfor-
madora de las normas sociales de género, Butler nos orienta a
pensar el SlÜeto de Q(ro modo. Hay sujeto pero no se encuentra
en el lugar donde la tradición metafisica nos ha acostumbrado
a buscarlo, detrás de los actos. Voh-er a l\'ictzsche, apuntar la
mcdida dc su influencia sobre ButlCl: é" Ull asunto oe imerés a
este rcspectoo.
3. L.\ HCI::LL\ DE :\IETZSC:HE
La filosofia de Nietzsche nos aproxima el pensamiento de una
nue\'a posibilidad de hacer filosofia y de \'i\Oir filosóficamente
de manera abierta, atenta y sensible al fluido mO\imicnlo
inatrapable en que la vida se nos da. Afirmamos que la de
Butler es también una filosofia de la \ida en este sentido nietzs-
cheano [44]. Burler lle\Oa a cabo un nue\'o modo de entender
y hacer feminismo en la dirección del innO\oador modo de
hacer filosofia inaugurado por Nietzsche. l\"ietzsche cuestiona
el sujeto moderno. Butler, en su Gender Trouble, afirma que hay
que reformular las categorías de identidad con el fin de que la
misma categoría de identidad: en cualquiera de sus formas: sea
permanentemente problemática. Y tanto Nietzsche como
Butler realizan su crítica desde dentro de la propia tradición
que someten a re\'isión, utilizando los materiales. los concep-
tos, las tesis proclamadas, vohiéndolos contra sí mismos.
Podemos sostener que ni l'\ielzsche lli Butler consideran nece-
sario acuíi.ar una categoría estable de sujeto para abrir la filo-
sofia y el feminismo hacia nue\'as posibilidades de \ida y haci;¡
[-14] En eSle apartado tilulado «La huella de :\ielzsche». retomo, con
pequcüas modificaciones. el contenido de mi lrabajo "La cuestión del sujeto,
y Bullen>, en Fina BiruJés y Isabel Peña Aguado ¡eds." Úl
jmsJió f!cr la lIil)(7'lal. j jJassionforji'eedonz. Amó. passiá i jJolítica. COlllroi'Í'lsics jeTllinú-
{cs. Action. Pa.uion an PoliticJ. rrminists Contlw'eTs7es, Barcelona. Publiracions J
Ediciol1S de la Uni\nsilal de Barcelona, 20C).J. pp. 1 :20-124.
[Qn. c:n::\I.\ lS,\ \'IIJ.\ J
posibilidades de vida que solo pueden prosperar en la transfor-
mación del entramado conceptual-cultural-social hegemónico
que LIs ha alimt"nndo.
Desde el marco postestructuralista f'n el que se sitúa, Butler
reconoce explícitamente la influencia de Foucault, de Derrida;
autores que, como ellos mismos afirman, son deudores de esa
inicial crítica a la tradición occidental inaugurada por
:'\ieu:sche. Desde este ángulo, es claro que hay una cierta comu-
nidad inrclccwal desde :\"ictzsche hasta Butler. Además, las
referencias directas que Butler dedica a Nietzsche son prueha
de ello:
:\"i tampoco sorprende que la teoria de la sexualidad de
foucault y su historia de los clIapos esté escrita sobre la base
de La roluntad de poder y la Genealogía de La moraL de
cuyo método de critica existencial revelaba regularmente cómo
se pueden reducir los \'alores que parecen naturales a sus orí-
genes culturales contingentes [45].
La teoría sobre el poder y el método genealógico de
:'\ietzsche [46] son elementos del pensar nietzscheano que
Butler retoma directamente, también a través de Foucault, y que
comid('ra sumamente provechosos para sus propósitos. En efec-
w, la labor crítica nietzscheana se sustenta en el cuestionamien-
w dd \alor del origen, en la desnaturalización de nociones
cumu bien y verdad, en Hé'lmar la atención sobre la importancia
de realizar la historia críoca genealógica de los conceptos, de las
creencias, de los pensamientos, de los comportamientos y accio-
nes, mostrando su carácter «humano demasiado humano», su
[+jj r:,GE, p. 211; VSG. p. 37.
[+i3J La erilica feminista contemporánea reconoce abiertamente la proce-
denc:a nietzq-heana del recur,o feminista a la crítica gcnealóg1ca. Puede con-
::ultar>e. en este senlido, la entrada «Genealogp' contenida en Lorraine Code
ed .. E!l(1"dopedia vf Feminisl Theon",·s. op. cit .. pp. 22-1--225. Otra cuestión distin-
ta es el hecho de que la crilica feminista sc halla di\'idida entre las posiciones
que uc:Iizan prm"Cchosamcntc el instrumento genealógico y las posiciones quc
rechazan la conveniencia de esta estrategia de análisis para el feminismo.
: C.'PITL"I.() II 1
I
carácter contingente y provisional, su caráctCf modificable y
tr::msfórmable. :\simismo mostró lo que es una conse-
cuencia de lo anterior, de su genealogia, esto es, la urdimbre
densa entre el podlT, la ,·ida y el saber, cuyo resultado es la nega-
ción del recurso a un más allá del poder.
La \"ida siempre se halla contaminada. atravesada por el
poder; por un poder que asume. ames en .\"ierzsche que en
Foucault, un rostro fundamentalmente produni\'o-creati\·o. En
su interés no por acceder a una adecuada descripción del suje-
to sino por mostrar el modo en el que el sujeto se construye,
Butlcr reconoce ("n Gmdcr 7í-oublc que la foucaultiana idea de la
producti\idad del poder, de que el poder produce a los sujetos,
se halla ya en Nietzsche [47]; además, afirma que de l'\ietzsche
toma Foucault su distinción entre poder jurídico y poder pro-
ductivo y c:ue Vigilar)" castigar se inspira en La genealogía de la
moral [48]. Butler aplica, como venimos comprobando, estas
nietzscheanas nociones y estrategias al feminismo, a la proble-
matización del género, de la identidad de género. La categoría
de sujeto, concretamente, será sometida por Butler a este aná-
lisis que ya iniciara Nietzsche. El presupuesto de un sujeto con-
cebido como ya dado, como pre\io al elemento del poder y por
ello como línea de fuga del poder, como núcleo originario y
como polo fundan te de la acción es re,isado por Butler apoyán-
dose explícitamente en afirmaciones nietzscheanas.
Cuando en Gcndcr 7í"Oubú' I3utlcr cuesúona la idea de la existen-
cia previa de una identidad como asiento natural de una determi-
nada adquisición cultural de género, la crÍúca nietzscheana al
sujeto que incide en su carácter de constll..lcción lingüística es
un camino valioso en el que se apoya. En el proceso lingüístico
de producción del sujeto acontece, según Butler, un ocultamiento
del propio proce'so de producción a tra,·és de' un movimiento de
inversión en el que aquello que es un efecto se sitúa en el lugar
de la causa. Así, el sujeto detenta el \·alor del origen, de lo que ya
!
[47] GD, nota 1, p. 34; GT, p. 150.
[48] GD, Ilota 30, p. 91; GT, p. l(jl.
[Qu. ClT'\T.\ L"i\.\ \·II).\J
está ahí dado de antemano romo substrato de sus atributos o pre-
dicados consiguientes. Por su parte, ciertos textos póstumos del
:"Jietzsche de los años ochenta de! siglo XIX, textos breves, esque-
máticos, en efecto, son, sin embargo, contundentes en su afirma-
ción del carácter producido del sujeto:
Contra e! positivismo, que se detiene en e! fenómeno «sólo hay
l¡cchosJ), yo diría: no, precisamente hechos no hay; sólo hay
interpretaciones. );0 podemos constatar ningúnJactum «en sí»:
quizá sea un sinsentido querer algo como eso. «Todo es subje-
tivo», decís: pero ya eso es interpretación, el «sujeto» no es nada
dado, sino algo añadido con la imaginación, ocultado detrás.
-¿Es preciso, a la postre, poner todavía al intérprete detrás de
la interpretación? Ya eso es imaginación, hipótesis [49].
La critica nietzscheana a la metafisica de la substancia es
aquÍ inequívoca. Además, no solo vemos en e! texto cómo
'.'J"ietzsche apunta el carácter construido del sujeto sino que,
como ButIer, afirma que e! sujeto construido se oculta y se des-
plaza de! lugar del añadido al lugar de lo dado:
Donde comienza nuestra ignorancia, donde ya no podemos
ver más allá, colocamos una palabra, por ejemplo la palabra
«yO», la palabra «hacer», la palabra «padeceD>: quizá sean
líneas de! horizonte de nuestro conocimiento, pero no son «ver-
dades» [50].
En su df'smantelamiento de la metafisica de la substancia,
desarrolla una critica al concepto fuerte, tradicional, de verdad.
El sujeto no es un en sí dado, no es una verdad:
El yo es puesto por e! pensar; pero hasta ahora se creía, igual
que el pueblo, que en el «yo pienso» hay algo de inmediata-
[+9] Friedrich )iietzsche, Fragmento póstumo de los ailos 1885-1887, tra-
duciJo por Andrés Sánchez Pascual en .-!r(/lIjJiélago. n."' 23, in\"Ícrno ele 199,).
p.89.
[50] Ibíd., p. 89.
(C.-IPITl·1.0 II J
mente cierto y que ese (':'0» es la (alisa dada del pensar. por
analogía con la cual comprenderíamos todas las demás relacio-
nes causales. Por muy habitual e imprescindible que resulte
ahora esa ficción, eso por sí solo es algo que no prueba toda\ía
nada en contra del carácter ficticio de ella: una creencia puede
SlT condición de Yida y ser, ¡)C.I{ a tUv. falw [51].
Junto a la quiebra del sujeto cartesiano se muestra en el
texto citado una crítica a la relación de causa y efecto en la que,
aun sin alusión expresa al proceso de im'ersión, se apunta con
nitidez hacia él. El yo es una ficción, dice l\'ietzsche, no es una
\wdad en sentido clásico. Pero, el yo no deja por ello de ser
algo. Decir que el sujeto es construido no es lo mismo que decir
que no existe. Existe como ficción -en términos de
Nietzsche-, como construcción -en términos de Butler--; y
como una ficción o construcción que es condición de \ida, que
hace posible la \ida, que, en cierto sentido, nos da la ,ida.
Como dirá Butler en The PS)'chic Life of Power, el sujeto es un
constructo que nos dota de inteligibilidad lingüí,tica, cultural y
social:
Los individuo.; llegan a ocupar el lugar del sujeto (el sujeto
emerge simultáneamente como «Iugam) y adquieren inteligi-
bilidad sólo en tanto que están. por así decir, prc\'iamente
establecidos en el lenguaje. El sujeto ofrece la oportunidad lin-
güísLÍca para que el indiúduo alcance y reproduzca la inteligi-
hilidad, la condición lingüística de su existencia y su potencia
(ageuC)') [5 2J .
¿Cómo podríamos vivir en ausencia de esa inteligibilidad?
Lo importante no es empeñarse en \i\ir sin ficciones; empeño
imposible, por otra p;1rte, si aceptamos la óptica del Nietzsche
de Sobre ve/dad)' mentira en sentido ex/ramoral que afirma que la
misma idea de verdad es una ficción: «las verdades son ilusio-
[51] ¡bid.
[52] J[PP, pp. PLP, pp. 10-11.
I
[ Qu: CL"I:\" 1.\ C()\IO "IDA J
nes de las que se ha olvidado que lo son» [531. Al situarnos en
la perspectiva de que e! sujeto es una ficción o construcción
ponemos e! acento en su carácter histórico, contingente, y por
tanto en su carácter susceptible de transformación. Se trata de
resignificar la noción de sujeto y no de suprimir la noción. Se
trata de mostrar e! modo de la construcción de! sujeto para per-
mitir su resignificación. Esta apuesta clave butleriana fue antes
una apuesta nietzscheana.
En términos de Butler, como dijimos más arriba, el oculta-
miento de! proceso de construcción de! sujeto produce efectos
substancializadores. Continuemos con Nietzsche:
Sujeto: es la terminología de nuestra creencia en una unidad
entre todos los varios momentos de! supremo sentimiento de
realidad: entendemos esa creencia como eficto de una sola
causa, creemos en nuestra creencia hasta tal punto que, por
mor de ella, imagínamos en general la «verdad», la «realidad»,
la «substanl.ialidad». «Sujeto» es la ficción de que muchos esta-
dos iguales en nosotros son e! efecto de un solo substrato: pero
somos nosotros los que hemos creado primero la «igualdad» de
esos estados; lo que de hecho se da es el igualar y arreglar esos
estados, no la igualdad (ésta, antes bien, cabe negarla) [54].
Contra la noción de lo dado en sí, contra la noción de la
verdad en sí, contra la noción de lo uno idéntico a sí mismo,
Nietzsche formula su hipótesis: <'v,His hipótesis: El sujeto como
multiplicidad» [55]. Estos apuntes breves sobre el sujeto son en
Nietzsche fragmentos, ráfagas de pensamiento intenso. Butler,
transcurrido un devenir temporal que en figuras como Foucault
y Derrida ha sabido rumiar los brillantes aforismos nietzschea-
[53] Friedrich ="fictzschc, SJbre verdad), mentira en sentido extramoml, en
.\i'et:;,sche. Antolugía. Sekcción e introducción de Joan B. ChO\-cr.
Traducción de Joan B. Llinarcs Cho\'er y Germán :\Idéndez '-\cuI'la.
Barcelona, Ediciones Península. 1988, p. 45. I Rcedición en 2003).
Friedrich );ielzsche, póstumo de los arioo; 188.5· 1887. Ii/J.
át., p. 90.
[55] ¡bid., p. Sl2.
r C.\PITL l.ü 11
nus. ofrece una reflexión mucho más minuciosa y porme-
norizada sobre el proceso de construcción del sujeto y sobre sus
implicaciones.
Ahí donde .:\"ietzsche hablaba del sujeto como multiplicidad
halJLrá Butler de una construcción del sujeto que lo aboca
siempre a la inestabilidad e incoherencia, a una problemática
identidad. Se adquiere el género a tr3xés de un proceso repeti-
tiwl de imitación que no cuenta con ningún original. Este es el
carácter performati\·o de la identidad de género. El género que
se adopta, aunque en ningún caso de un modo definiti\"o, no
halla detrás de sí un sujeto de voluntad libre que decide y que
es capaz de cumplir su decisión. Es justo el hecho de que exis-
te una necesidad de repetición como \Oía para la configuración
de la identidad de género lo que muestra que la identidad
nunca es completa. La repetición no consigue la meta de una
identidad que sea idéntica a sí misma.
Cuando Butler se introduce en su ensayo «Imitation and
Gender Insubordination» en el tema de la configuración de la
psique (asunto que trataremos más minuciosdmente con poste-
rioridad) sus argumentos continúan poniendo ante la vista por
qué la identidad de género no logra la identidad de lo idéntico
a sí mismo: «el sujeto psíquico está sin embargo internamente
constiruido por unos Otros de diferentes géneros, lo que hace
que, como género, nunca puede ser idéntico a sí mismQ» [56];
«el «Otr0) instalado en el yo marca así la permanente incapaci-
dad de ese «yo» para alcanzar la auto-identidad» [57]. Por su
propio modu de configuración, entonces, el yo es siempre un
lugar de conflicto y multiplicidad. Ln lugar que al construirse
por medio de la repetición incesante de una actuación miméti-
ca de unos otros que muestran diferentes géneros, está siempre
sometido al riesgo de fracasar en el logro de la identidad que se
está construyendo. Lo que llamamos psique es justamente el
nombre dado a esa inestabilidad de la repetición. Sin embargo,
seria erróneo pensar que tal entendimiento del sujeto psíquico,
[56] lSG, p. 1 OG; lGl, p. 133.
[571 lbíd.
l QL"i: ClT.'\TA L'\.\ \.!fJ.\ J
donde se subraya su permanente fracaso, no asumiera un perfil
positivo abierto hacia el futuro, hacia lo aún no acontecido. Al
contrario, el elemento del fracaso es para Butler -en línea,
como se apreciará más adelante, con Derrida- el índice de la
posibilidad de la acción subversiva transformadora: «la psique
es el permanente fracaso de la expresión, un fracaso que tiene
sus aspectos positivos, pues favorece la repetición y reinstaura así
la posibilidad de ruptura» [58].
Al sujeto psíquico dedica Butler su obra The Psyehic Lije oI
POlL'eT. Butler realiza su estudio en parte a la luz de plantea-
mientos nietzscheanos. Aquí, Butler sigue mostrando que de
aprecia en particular su obra genealógica con su
innovadora perspectiva de análisis sobre el poder; una perspec-
tiva sobre el poder que permite dar cuenta de la formación del
sujeto mediante la acción del poder mismo: «si, en un sentido
nietzscheano, el sujeto es formado por una \'oluntad que se
vuelve sobre sí misma, adoptando una forma reflexiva, enton-
ces el sujeto es la modalidad del poder que se vuelve contra sí
mismo; el sujeto es el efecto del poder en repliegue» [59]; el
efecto de una voluntad vuelta sobre sí misma pero de una
voluntad que hay que e'ntender no en una dimensión ontológi-
ca sino figurada. En tal caso, «¿podemos postular algo anterior
a esta «vuelta sobre sí» que constituye la fundación trópica del
sujeto y de todo el arte, incluyendo la imaginación y la vida
conceptual?» [60].
Esto es, justamente, lo que Butler persigue en la genealo-
gía de Nietzsche, su exposición del trabajo del poder en la
producción de la ficción del sujeto, y de un sujeto que es a
la vez el lugar de la reiteración del poda; porque la tesis que
Butler ha venido formulando desde sus primeros trabajos
defiende la imposibilidad de hallar un lugar previo y ajeno al
[58) ISG, pp. 108-109; IG/. p. 13+.
[59) .IIPP, p. 17 'he modificado ligcramcnrc la traducción castellana:
PLP, p. 6. Obsér;csc que el capítulo 2 de esta obra se titula «Circuitos de la
mala conciencia . . \it"t::.sclle)" Fr<'1ld".
[60] .\1PP, p. 87; PI.P, p. 76.
[ C.\PiITI.O 11 1
poder -que hablaría de un sujeto como ongen del poder-
.. \hora bien. cuando se plantea la formación del sujeto en
el elemento del poder, nos surge inmediatamente la pregun-
ta de cómo pensar la oposición al poder ya que se está en
todo momento comprometido con él. Butler nos dice que el
sujeto es un lugar de ambivalencia, que no está completa-
mente determinado por el poder y que tampoco el sujeto
determina de modo absoluto al poder. Entonces, cabría pen-
sar, y por decirlo de un modo sintético aún necesitado de
ulteriores matizaciones, «que el sujeto' deriva su potencia
ag{'I1()' precisamente del poder al que se opone» [61]. En
C;(,lldcr Troub/e son las normas de género hegemónicas que nos
impelen al logro de la coherencia de género, de solo dos
géneros coherentes e incompatibles entre sí, las que al
mismo tiempo que nos construyen como sujetos sujetados
nos dotan, con su mandato de repetición compulsiva, de la
capacidad de acción subversiva.
Si en el ámbito de la teoría feminista Beauvoir es el inicial
punto de referencia para la formulación de la probIematicidad
dd género, en el horizonte de la crítica filosófica a la metafisi-
ca de la substancia es :\íiet:.:sche el v:nsador pionero, de lectu-
ra inexcusable.
:\fietzsche, ciertamente, no aplicó explícitamente su noción
dr sujeto como multiplicidad, ni su análisis genealógico, como
tampoco con claridad su filosofia de la de poden:, a
la concreta de los géneros, pero, sin dud'l. mucha,. de
su observaciones y sugerencias pueden ser útilmente rcc(lrridas
en la dirección butleriana [62] mientras que no se prestan fácil-
mente a ser reapropiadils por parte de las teorías esencialistas
[61] .HPP, p. 28; PLP, p. 17.
[62) Cna ddcnsa de la impOnéllHC presencia en la obra de Budcr del pen-
samiento de !\ietzschc, en particular de su critica a la noción metafísica de
sujeto, a la \"Cz que una defensa del carácter filosóficamente productivo e
innQ\'ador de la teoria de esta autora, la encontramos en: Ajan D. Schrift,
Butler: une nou\'elle cxistentialiste?». Plzilosopl!l' Toda.r, 4j: 1,200 1, pp.
12-:23.
del género. Nietzsche, no en vano, disputa intensamente los dis-
cursos que hablan de la verdad en sí de la mujer en sí [631.
4. HACIA LA IDEj\iIDAD DESDE EL PSICO.\;\ . .\LISIS
En el capítulo segundo de Gender Trouble (<<Prohibición, psicoa-
nálisis y la producción de la matriz heterosexual»), Butler se
introduce en el examen de la psique recogiendo aportaciones
del psicoanálisis. Su im'cstigación sobre el género, siempre en
interrelación con la sexualidad, no se mantiene exclusivamente
en el campo de lo social, cultural y discursivo sino que se aden-
tra asimismo en la compleja esfera de lo psíquico, como así ha
sido anteriormente apuntado en rclación con su texto
«Imitation and Gender Insubordination» y en alusión a su
volumen posterior The Psychic Life of Power. Las orientaciones
psicoanalíticas no extraña en absoluto que ·sean tenidas' 'en
cuenta, aunque en muchos casos sea para someterlas a un muy
duro cuestionamiento, dado que se esfuerzan por explicar la
configuración y el desarrollo de la subjetividad a partir de
identidad sexual. La mirada de Butler hacia Lacan, por otra
parte, se inicia en «Lacan: The Opacity of Desire»
de su obra Subjects of Desire.
La más evidente e inmediata preocupación de Butler en
este capítulo es revisar la formulación de la heterosexualidad
[63] Véase, Sarah Kofman, «Baubó: Theological Perversion and
Fetishism», en Kelly Oliver and Marilyn Pearsall (eds.), Fl'TIlinist lnterpretatiol/s
of Friedricldietzsche, Cniversity Park, The Pennsylvania State University Press,
1998, pp. 21-49. Aquí, Kofman nos proporciona un valioso trabajo sobre la
mujer en Nietzsche en el que identifica multiplicidad de figuras de mujer en
el texto de :\ietzsche. Para Kofman, de manera similar a la lectura propues-
ta por Derrida en Espolol/es. Úis estilos de }viet::.sche, Valencia. Pre-Textos, 1981.
hay en Nietzsche una mujer afirmativa y ella es la mujer que no busca la ver-
dad en sí de la mujer en sí. Sobre cste tema puede consultarse támbién mi
escrito «Mujer. Mujeres. Figuras polisémicas en la escritura de Nietzschc», en
Joan Bautista Uinares ChO\'er (ed.), .. \ietzsdle, lOO años después, Valencia, Pre-
Textos, 2002, pp. fl9-112.
W
1'.")
como núcleo inexcusable sobre el que se organiza la adquisi-
ci('m ele una identidad de sexo y de género coherentes, La crítica
de Butler es una crítica a la concepción de la heterosexualidad
como matriz primaria, El recurso a la idea de lo original, genui-
no, a un lugar o situación anterior a la imposición de la ley cul-
tural, es replicado por Butler, también aquí, en tanto que elude
pcmar el género en la dirección j)ro\'echos<l, de acuerdo
COIl sus tesis: en la dirección donde se e\idencia el género como
producto de un complejo trabajo cultural.
Desde su propia comprensión del género, Butler revisa, en
primer lugar, las teorías antropológica" estructuralistas, Parte
de Lé\i-Strauss pero amplía sus referencias incluyendo otras
varias posiciones teóricas, La distinción de Lévi-Strauss entre
naturaleza y cultura ha serúdo como apoyo para la diferencia-
ción entre sexo y género, de modo que se sostiene que el sexo
es a la naturaleza lo que el género a la cultura. El sexo, enton-
ces, es una realidad anterior a la ley que no se ve determinada
por la cultura. Sobre esta materia «cruda» se postula que tra-
baja la cultura otorgando significado mediante la acción de las
reglas del parentesco. Si ello fuera aSÍ, si el marco de Lévi-
Strauss fuera el correcto, dice Butler, sería posible trazar el
movimiento del sexo al género poniendo en claro la regularidad
y estabilidad del mecanismo cultural. Y con ello, quedaría esta-
blecida la universalidad de la opresión, no ya sobre la base de
la biología pero sí en términos culturales. Pero no se alcanza a
entender qué beneficio mayor para el feminismo se obtiene con
esta afirmación de que la uni\·ersalidad de la opresión no es un
asunto biológico sino cultural.
El giro propuesto por Butler conlle\·a, como sabemos, que la
misma distincié;n entre naturaleza y culwra, entre sexo y géne-
ro, ocurre en el seno de una formación discursi\'a y que es esa
formación discursi\'a la que fundamenta la diferenciación entre
naturaleza y cultura, la que naturaliza la distinción y la que la
hace actuar dentro de una lógica de dominación. La narrativa
estructuralista es, sin duda, de sobras conocida en sus conse-
cuencias para los géneros: mayoritariamente se ha relacionado
la naturaleza con lo femenino y la cuiwra con lo masculino; de
1
[ Qu, (:l°)::\T .. \ L:\o\ \0)))0\ J
donde se sigue que lo femenino, cuerpo pasivo, debe someterse,
para alcanzar significado, al cjncicio racionalizador del sujeto
activo masculino. Butler se pregunta qué es lo que se define
como natuni.leza dentro de un determinado contexto cultural y
a qué finalidad, a qué prácticas de subordinación sirven los dua-
lismos de naturaleza y cultura, y de sexo y género.
Advertir que la noción de sexo es una noción cultural y que
lo que hay, en último término, es género, género construido, es
un modo de desmantelar las tesis de la antropología estructura-
lista. Se trata, además, de incidir en que la construcción del
género es contingente porque es entonces cuando se posibilita
la apatura a configuraciones de género ampliadas, más allá del
marco binario. El proyecto teórico y político de Butler se cen-
tra en mostrar cómo la ley cultural que articula la formación
del género no es ni universal ni solo opresiva: «la ley crea invo-
luntariamente la posibilidad de su propio desplazamiento cul-
tural» [64]. Con este propósito se desarrolla en este segundo
capítulo de Gender TroubLe, su crítica al estructuralismo y al psi-
coanálisis.
El estructuralismo de Lévi-Strauss concibe la ley como
estructura universal que regula las relaciones de parentesco. Tal
y como se establece en Las estructuras eLementales deL parentesco de
Lévi-Strauss son las mujeres las que se intercambian según un
esquema de finalidad no solo comercial sino de valor simbólico
y ritual. A través de las mujeres se logra la identidad colectiva
del clan pero porque ellas mismas no tienen identidad propia y
pueden así reflejar la identidad masculina. Las mujeres funcio-
nan como términos de relación, estableciendo VÍnculos entres
los din:r:;os danes, integrados solo por hombres.
Dentro de esta lógica descrita, el interés de Butler se cen-
tra en analizar el lugar que ocupa en ella la identidad y la rela-
ción que guarda con la subordinación de las mujeres. Esta
estructura uniwrsal otorga identidad él. los hombres mediante
la negación de la identidad para las mujue-s. Las mujf'rcs ocu-
[6+] GD, p. 72; GT p. 38.
1 C.\PITU.ü 1I I
pan la pOSlClOll de lo excluido del sistema identitario, pero
cklx entenderse que esa posición de lo excluido es una posi-
ción requerida, exigida, por la lógica identitaria qUf' Juego
oculta la operación que ha realizado. Butler considera que
desde ahí se explica la crítica de Irigaray al esquema «falogo-
céntrico»; si bien una crítica, la de lrigaray, que reclama no el
desplazamiento, como es el caso de Butlcr, sino la eliminación
d(' ese sistema masculinista.
Contra esa pretensión de universalidad que persiguen tanto
las estructuras identitarias de Lévi-Strauss como la intelección
del lenguaje en tanto totalidad sistemática cerrada del estructu-
ralismo de Saussure, se desarrolla el impulso postestructuralis-
tao En Saussure la relación entre significante y significado, aun
habiendo sido reconocido su carácter arbitrario, queda encaja-
da en una totalidad lingiiística de estructuras a la que debe
remitir cualquier término para adquirir significado, lo que con-
cluye por eliminar la diferencia entre significante y significado.
En Derrida, que es el autor postestructuralista al que aquí cita
Butler, permanece siempre abierta la significación lingiiística y
cultural. Su concepto de dijJérance señala eSf ámbito de disyun-
ción entre significante y significado; el desplazamiento constan-
te e ilimitado del lenguaje.
El sistema de parentesco delineado por Lé\1-Strauss organi-
za la identidad masculina a partir del establecimiento de unos
\Ínculos entre los hombres -\1nculos mediados por las muje-
res-, que les permiten a los hombres a la vez que alcanzar la
identidad marcar la diferencia entre ellos. «Ésta es», dice
Butler, «una identidad-en-la-diferencia» [65]. Lo llamativo es
que esos \Ínculos sociales entre los hombres, que remiten a la
esfera del deseo homoerótico, se efectúan a trm·és de la hetero-
sexualidad y el intercambio de mujeres. Butler encuentra en el
texto de Lé\i-Strauss una conexión entre el tabú del incesto del
que deriva la regla de la heterosexualidad exogámica y el VÍn-
culo homoerótico.
l , ~ j J (;[l, p. 74; GI, p. 40.
: ..• ~
Pero la diferencia entre los hombres y las mLDeres sucede de
otro modo. Entre unos y otras no hay reciprocidad porque la
condición de la reciprocidad masculina es la no reciprocidad
entre hombres y mujeres. En el medio estructurado de la cultu-
ra, para que ese orden funcione, las mujeres, como las palabras,
afirma Butler citando a Lé\i-Strauss, deben ser «cosas que se
intercambian» [66J. Butler busca aquello que ha sido excluido
por la ley cultural porque mediante la intervención de lo exclui-
do se puede lograr la subversión de la ley. Una ley que revela,
en su mismo ejercicio de exclusión, que no es universal, que no
se extiende de un modo total absoluto, sino que es únicamente
la que por el momento prevalece.
La prohibición del incesto es la ley universal de la cultura,
la ley fundante de la culmra, Lévi-Strauss de
modo claramente taxativo. Lo que Butler observa en e! des-
arrollo de la argumentación de Lé\i-Strauss referida a la rela-
ción entre hijo y madre es, además de su carácter totalizador (el
incesto como acción condenada por todas las culturas y en todo
tiempo), que da por supuesto, sin haber realizado un análisis
previo, tanto que el acto incestuoso es un acto heterosexual
como que el sujeto del deseo es masculino. Lévi-Strauss natura-
liza la heterosexualidad como la matriz originaria del deseo y
naturaliza el deseo como esencialmente masculino. Homo-
sexualidad y mujer como sujeto de deseo han quedado recha-
zadas, no planteadas, en la formulación de la ley del tabú del
incesto. Y justo en el tema de la prohibición del incesto la
antropología estructural se conecta con el psicoanálisis. Lacan,
en su replanteamiento de Lévi-Strauss, considera la condena
del incesto entre niño y madre como el inicio del sistema de
parentesco que se desenvuelve a través del ámbito del lenguaje.
Son las estructuras del lenguaje, para Lacan, las que constitu-
yen lo simbólico y es la prohibición del incesto la que posibilita
el lenguaje. El sujeto, el hablante, surgen a partir de la insatis-
facción provocada por la ley prohibitiva de! incr.sto. El sujeto se'
[G0] GD, p. 75; GT, p. JI.
r C.\PiTl"l.O II 1
luneb en una repreSlO11 primana. El lenguaje procede de esa
rcprcsit'm primaria que supolle la prohibición del i n c c ~ l ü para
llc\'ar a cabo un intento, siempre frustrado, de cumplir ese
deseo insatisfecho mediante su sublimación en la producción
cultural. De ahí, de! hecho de que es la prohibición cllugar de
su procedencia, que el lenguaje nunca consiga por complC'to
signiiicar. que sean inútiles sus esfuerzos por ajustarse con éxiro
a la lógica de la refcrencialidad.
De acu('rdo con la teona del lenguaje de Lacan, el objeto de
im'estigación no es qué seli el ser del sexo o del género. No se
trata ele formular una pregunta de carácter ontológico, sobre lo
qUé' es, sobre e! ser. La ley paterna estructura al lenguaje, los
procesos de significación, y es, en este sentido, preontológica.
Esa leyes la que determina. entonces, la especificidad del ser 'y
de sus relaciones. No hay acceso directo al ser, al ser por sí
mismo. La diferencia sexual está presupuesta en razón de la
propia inteligibilidad de la ley paterna, la ley del Falo que
estructura el lenguaje. De modo que en este sistema planteado
por Lacan la diferencia sexual es una diferenciación primaria
sin la que no es posible adquirir capacidad lingüística alguna.
El :Falo es una función simbólica que establece las estructuras a
las que serán sometidas las relaciones entre los sexos: unas rela-
ciones que se organizan en torno aun «sen> y a un «tenen>
donde la medida para ambos sexos, el significante único, es el
Falo [67]. Lacan se refiere a los conceptos de «sen> el Falo y de
«tener» el Falo como posiciones, posiciones sexuales. dentro
del lenguaje. «Ser» el Falo supone ser el significante del deseo del
Otro, esto es, ser el objeto de deseo de un Otro que es mascu-
lino y que está heterosexualizado. Ese objeto de deseo refleja el
deseo masculino y es antes que el límite de la masculinidad
cllugar donde lo masculino se autoelabora. Las mujeres «son» el
Falo en tanto que como sitio de la amencia de Falo, como
espacio donde el Falo penetra, otorgan al Falo la confirmación
de su poder. Las mujeres, así, no teniendo Falo, «son», sin
[G7] \·éasc . .Iacqllc<; Lacan. «La sig-nificarion du phallusl>. Érri/I, Paris.
tditiom dll Seuil. 1966. p. 6CJ-t.
[Qt'l: Cl"E!\T.\ CO.\IO 1'\;.\ \m·1 1
embargo y paradójicamente, e! Falo, porque el sujeto masculi-
no necesita de esa posición de las mujeres de carencia de Falo
para que en una operación dialéctica -que no deja de recor-
dar a la hegeliana dialéctíca de! amo y e! esclavo-- otorguen
reconocimiento al poder de! Falo que él sí «tiene».
Se observa de este modo cómo es la estnlctura de significa-
ción la que proporciona e! efecto, la apariencia de ser. Esa
estructura de significación, el orden simbólico, organiza la inte-
ligibilidad mediante las posiciones de «ser» y de «tener» el Falo
y a través de sus interrelaciones recíprocas. Dentro de este
marco binario cualquier intento por la identidad ha
de remitir a la noción de «carencia», «pérdida», en que se
apoya su construcción. Lacan, desde el modelo del estructura-
lismo, piensa al sujeto como el resultado de una represión
primaria de corte masculino. Es esa represión primaria de los
placeres del incesto, del cuerpo de la madre, la condición de la
formación del sujeto, de! hablante, y de su presentación ante sí
como ser autónomo, con la que pretende ocultar, precisamen-
te, aquella represión de la que procede y que le indica la posi-
bilidad constante de perder su apariencia de autofundación y
su apariencia de ser e! origen de los significados. Además, ese
aparente poder masculino está necesitado de que las mujeres
constantemente reflejen dicho poder masculino y su ilusoria
autonomía, con lo que se revela la esencial dependencia de su
constitución. El sujeto masculino niega su dependencia pero
también la busca; requiere a la mujer en tanto es el cuerpo
materno desplazado, la promesa del regreso a ese goce (jouissan-
ce) anterior a la indiúduación. Así, apunta Butler, en la teoría
de Lacan se muestra el conflicto de la masculinidad que, por
una parte, quiere su autonomía y su reconocimiento a la vez
que, por otra parte, quiere lo que esa dinámica de autonomía y
reconocimiento le promete: la vuelta a los placeres previos a la
represión.
La posición femenina tampoco puede entenderse sino desde
dentro de ese orden simbólico, la ley paterna, que le da signili-
cado. «Siendo» el Falo, las son siempre «seres para), el
sujr.to cuya función tSencial deben reflejar y conJir-
[Co\P¡O, L 1.0 1I 1
mar. Las mujeres son instrumentos de la ley del Falo. signos de
~ u poder. y por ello se elice de ellas que «son» el Falo. Pero, la
posición de las mujeres, «ser» el Falo, es insatisfactoria porque
no pueden cumplir por completo la ley del Falo que les exige
reafirmar el poder del Falo. La posición de los hombres, por su
parte, también supone un fracaso ya que ellos «tienen» el Falo
jJClU el pene no es el Falo, el pene no puede simbolizar comple-
tamente esa ley elel Falo. Sin embargo, ambas posiciones fraca-
sadas están obligadas a interactuar y a repetir su imposibilidad.
En el caso de las mujeres, en el intento por explicar su extra-
ii.a posición de «sen) el Falo, Lacan remite al concepto de «mas-
carada» en su texto «La signification du phallus». Las mujeres,
caracterizadas por la «falta» -ellas «S011» el Falo pero no «tie-
n e \1» el Falo-, deben enmascarar esa «falta» para aparentar
«ser» el Falo. Butler analiza los sentidos contradictorios que se
aprecian en la ambigua noción lacaniana de mascarada referi-
da a las mujeres. En primer lugar, si el «ser» el Falo es una mas-
carada, entonces ello remite el ser a la apariencia, a un parecer
ser, de modo que la ontología de género queda enmarcada en
una dinámica de apariencias. En segundo lugar, la mascarada
de «ser» el Falo que realiza la mujer apunta hacia la existencia
de un ser de la mujer, de la feminidad, anterior a la mascarada
misma y cuyo desvelamiento podría suponer una quiebra del
sistema «falogocéntrico». En el primer caso, el concepto de
mascarada remite al ámbito de la producción performativa
donde un «parecer» adquiere com1ncentemente la categoría de
«sen>. Este será el camino recorrido por la teoría de Butler, el
que conduce a un replanteamiento de la ontología de genéro en
la dirección de la critica paródica en la que se \uelven quebra-
dizas las líneas divisorias entre el «ser» y el «parecer» y en la
que la feminidad es articulada como producto de la mascarada
misma. En el segundo, se presupone una feminidad ontológica
que fundamenta un deseo femenino al que la economía fálica
obliga a renunciar. Es esta versión de la noción de mascarada
la que potencia el desarrollo de teorías femini:,tas, como la de
rrigaray, empcii.adas en desf'nmascarar, en liberar, el deseo
femenino «autélltico» que ha quedado reprimido.
J-;"
[Ql'¡:: cu::\"T. ... C O ~ I O c:\",\ \'ID.-\ J
4.1. La feminld,J{f como mlls{f1roda
La cuestÍón de qué sea aquello que la mascarada oculta puede'
ser respondida de diversas maneras: Butler investiga, a este res-
pecto, también la noción de mascarada desarrollada en el texto
de Joan Ri"iere « Womanliness as a Masquerade» [68], de
1 929. La formulación de Riviere de la feminidad como masca-
rada parte de la revisión de la teoría de Ernest Jones sobre la
sexualidad femenina. De acuerdo con la clasificación de Jones,
los diferentes tipos de desarrollo de la sexualidad femenina se
pueden encuadrar en dos grupos, uno heterosexual y el otro
homosexual. Jones maciza, además, la existencia de formas
intermedias. Ri"iere se fija en estas formas intermedias, pre-
cisamente, para llevar a cabo su teoría. Recurriendo a lo que
ella dice que puede obervado en la vida cotidiana, afirma
que ciertos individuos, mujeres y hombres, aun mostrando un
desarrollo sexual heterosexual manifiestan rasgos característi-
cos del sexo opuesto. especifica, desde luego, qué se entien-
de -y qué se oberva- como rasgos del sexo propio y del otro
sexo. Ri"iere da por supuesta la coherencia entre sexo, género,
deseo y orientación sexual. No obstante, como así subraya
Butler, el hecho de que Ri"iere fije su análisis en este grupo
intermedio tiene el interés de que remite a unos individuos que
poncn en cuestión [as fronteras rígidas entre heterosexualidad y
homosexualidad y que, por lo tanto, ponen en duda las clasifi-
caciones naturalizadas.
El punto de vista adoptado por Riviere en sus explicaciones
sobre la feminidad como mascarada se enmarca dentro de una
teoría de la interacción \" resolución de conflictos. Las manifes-
taciones sexuales no obedecen, entonces, tanto a unas tenden-
cias innatas cuanto a un iqtento de resolver conflictos. La adop-
ción de atributos de género mixtos es para Ri\ iere una manera
de enfrentar la angustia y es esto lo que determina, según el
grado variable de la angustia, la orientación heterosexual u
[68] Joan Rivi,\rc. ,,\\'omanliness as a ).[ascarac!t:,>. Inll'rnalional ]o/lmal o/
PS)'cho-Anarysis, n." X, 1929. pp. 303-313.
1I 1
1
homosexual dd desarrollo sexual. Fere;1(zi había que
hombres homosexuales exageran su comportamiento
helerosexual con el fin de «defenderse» de su homosexualidad_
y Ri\icre se apoya en la obseryaeión dé Ferenezi para argumen-
lar en favor de que las mujeres que a la masculinida
-mujeres, según Riviere, intelectuales. académicas y profesio-
nales en general. por el i:nbito de lo público-
adoptan la máscara de la feminidad -cumpliendo con los roles
tradicionales de esposas y madres- para protegerse contra la
angustia y comra las represalias que suscitan en los hombres.
El caso concreto tomado como ejemplo por Ri\iere es el de
una mujer que, de modo inhabitual para su tiempo, desarrolla-
ba su acti\idad profesional mediame el uso de la escritura y de
la palabra en conferencias públicas. Para Ri\iere el miedo al
castigo experimentado por esta mujer se explica porque en su
fantasía ella tomaba el lugar de los homhres y de su padn:
en particular, aunque mo\-ida pur un deseo cuyo objeto no era
su madre sino el llegar a ocupar la posición de del discur-
so. Su temor a la censura de los hombres, sobre todo después
de sus intervenciones en público, la conducía a utilizar la femi-
nidad como máscara de sus rasgos masculinos, en especial a
través de una actitud enfocada a despenar el interés sexual de
los de su alrededor, actitud que contrastaba fuerte-
mente con el comportamiento impersonal y objeti\'o manteni-
do durante sus conferencias.
La homosexualidad enmascarada de la mujer descrita por
Riviere se refiere a su identificación masculina, a su voluntad
de ser tratada como un hombre, pero no a su deseo sexuaL
Riviere considera a este tipo de mujer más bien como asexual
en el sentido de que su identificación masculina no persigue
desempei'íar un lugar en un intercambio sexuaL Por tanto, su
alusión a Ferenczi no comporta una equiparación entre la
llOffio:,exualidad masculina) la femenina. La feminidad como
mascarada es más bien una manera de marcar una distancia
con respecto a la homosexualidad masculina. Butler conduce la
interpretación de la noción de feminidad como mascarada
hacia el punto clm'e, desde su propia perspectiva, del texto de
[Qt.:l; ClL:--:-],\ v\ .. \ \"ILH]
Riviere. A la pre3Unta de dónde reside la diferencia entre una
feminidad genuina y una como mascarada, Riv;ere responde
negando la existencia de una tal La feminidad, ya
sea superficial o fundamental, es propia de toda mujer, según
Riviere. Para Butler, esto significa que Riviere rechaza la exis-
tencia de una feminidad anterior a la máscara y que, como
apunta Stephen Heath en Riviere and the Masquerade»,
la feminidad (womanliness) auténtica es la mascarada [69].
Supuesta la inserción del deseo en una matriz heterosexual, la
feminidad como máscara resuelve una identificación masculina
que podría provocar el deseo de otra mujer. Es desde esa matríz
heterosexual desde donde se postula que todo deseo cuyo obje-
to es una mujer proviene de una posición heterosexual mascu-
lina. Se entiende ahí a la libido como masculina y como el lugar
de origen de la sexualidad.
A partir del texto de Riviere, el análisis de Butler se halla
interesado en investigar la producción cultural del género y de
la sexualidad, reconsiderando las nociones de feminidad y mas-
culinidad. En contra de la tesis defendida por algunas teorías
psicoanalíticas de que la bisexualidad es primaria y de que
sobre ella actúa la cultura, reprimiendo, para establecer la hete-
rosexualidad, Butler considera que la cultura no es posterior a
la bisexualidad sino que la cultura es la que impone el marco
de inteligibilidad desde el que puede llegar a pensarse en la
bisexualidad. Es después, una vez que ha sido posibilitada por
el discurso, cuando la bisexualidad se instituye como funda-
mento psíquico primario y prediscursivo.
J.2. La iriflexibilidl.l.dde la ley lacaniana
En relación a la (eoria lacaniana, Butler valora positivamente la
lectura de Jacqueline Rose que afirma que para Lacan no hay
rcalidad prediscursiva. que no existe lugar previo a la ley suscep-
[69] GD, p. 87; GT p. 53.
[C.\I'i'fl"l.o II I
1;-;
til)!c ek ser recuperado. Así, lo femenino no es si no es en cIlcn-
2:uajc. Pero, se plalllCéI B u t l c l ~ si para Lacan la leyes la causan-
te de esa escisión fundamental del sujeto que desemboca en la
dualidad de los sexos, entonces, lo que no es e\idente es que
la ley tenga que producir siempre e in\"ariablemente el resultado
de la dualidad sexual. A juicio de Butler. el problema es que per-
lllaIICCe en Lacan la idea de una bisexualidad inherente .
. \unque esa interpretación de Lacan que acentúa la imposibi-
lidad de lo prediscursivo tenga el interés de acercarse a una con-
cepción de la ley a la vez como prohibiti\'a y como producti\'a, el
dualismo sexual prescrito por Lacan actúa de modo que delimita
de ante mamo el campo sobre el que se ejerce la represión de la
ley. Cabria pensar que esa ley prohibiti\'a crea lo reprimido
mediante la represión. Pero de este modo no se justificarla la pre-
sencia f'n la teorla de Lacan de una nostalgia por el goce perdido
e irrecuperable. No podemos conocer ese pasado desde nuestro
presente como sujetos. No obstante, ello no implica, para Lacan,
que no pueda tener realidad. Butler menciona en este sentido la
tesis kantiana de la existencia de la realidad nouménica, incognos-
cible por definición. El hecho de que ese goce primario nos sea
innaccesible indica que es la realidad fundamental para Lacan.
La leyes en Lacan una ley simbólica de carácter fantasmá-
tico -esto es, que tiene un fantasma como ideal [70]- en la
que, por ello mismo, por su dimensión fantasmática, el destino
de cualquier identificación es el fracaso. Lo simbólico es incon-
mensurable con lo real y produce un diseño determinado y
estrecho de la sexualidad que además de desembocar en el
drama dd fallo dé' la identificación tiende al inmO\ilismo cultu-
ral. La crítica de Butler incide en este aspecto de inflexibilidad
de la ley lacaniana que no propicia su reformulación cultural en
direcciones más abiertas. Bucler encuentra cuestionable tam-
bién en la postura de Lacan una cierta idealización de tonos
romántico-religiosos que observa en su formulación del fracaso
d" la identificación y del som<.:timicnto a la ley: Esta ley que no
170) GD, P 89; GT p. :ú
[QL"f: t:L"EKT.\ CO\10 V'.\ \·ID.\ 1
puede cumplirse pero que exige inexorable cumplimiento le
recuerda a la narración bíblica del Antiguo Testamento. De
este modo compara el ejercicio de! poder de lo simbólico laca-
niano con la deidad inalcanzable que todo lo determina.
Queda, con ello, imposibilitada desde Lacan toda política cul-
tural que proponga una dinámica distinta para la práctica de
los deseos. Siguiendo con la analogía propuesta entre lo simbó-
lico y e! dios bíblico, Butler afirma que la ley lacaniana no per-
sigue otra meta más que producir en e! sujeto sufrimiento y la
aceptación de su limitación ante la ley.
Introduciendo otra acertada asociación, Butler postula la cer-
canía de la teoría lacaniana a la moral de esclavos tal y como la
postuló i'\ietzsche en La genealogía de la moral. En la escena nietzs-
cheana es el poder -la voluntad de poder en los términos de su
filosofia- el que establece, degradándose, su propia falta de
poder cuando crea la noción de dios y la correlativa noción de la
impotencia humana. En la denominada moral de esclavos el ele-
mento central es e! desconocimiento de estos sujetos de que es su
propio poder generativo e! causante de esa ley en su dimensión
de imposible de cumplir. En lo simbólico lacaniano y en la moral
de esclavos de Nietzsche, el poder actúa sobre sí autonegándose,
disimulando su potencial creativo implicado en la ley prohibitiva
misma. Ante ello, la cuestión es para Butler indagar sobre los
motivos e intereses culturales que conducen a sostener ese mode-
lo autonegativo de! poder con e! objetivo de averiguar el modo
de sustraer al poder de tal autosujeción.
4.3. La ambi"alencia de !a ,hers/HCliul J;-wdiana
De la teoría de Freud se detiene Butler en este momento, en
Gender Trouble [71], en su formulación del concepto de mdanco-
lía, y de duelo, en rc1J.ciün con la formación del yo y su confi-
[ ~ 1 ] Butlcr analiza particularmente los texws de Freurl El)"o.l' el ello, de
1923, y Duelo} melancolía, de 1917. Véase GD, pp. 91-105; GT, pp. 57-72.
[C.\riTU.o I11
,
--
1/
de género. es un tema importante para Butler
que, en cUl1Sccuencia, no abandonar:l sinu que: particularmen-
te en The Lffe ql Power será especial objeto de atención,
en concreto en los capítulos titulados Gender /
Refused Identificatian» y «Psychic Inceptions».
En proceso de pérdida de un ser amado, según la teoría de
frcucL la persona que: se: ha querido se incorpora a nuestro yo
formando parte de la estructura de ese yo. El yo imita y así man-
tiene a ese otro ser amado como uno de sus atributos. De este
modo se lb'a a cabo una superación de la pérdida dI" la perso-
na amada mediante la idl,ntil¡c(lción del \(1 con aquella pcr,nl1;.¡.
Aquí de lo que se trata es de un proceso de identificación que no
es momentáneo ni pasajero sino que conlleva la interiorización
del otro en e! yo. Los atributos de! otro forman parte, y una
parte crucial, de la estructura de identificación del yo. Con ello,
con este tipo de incorporación que es la incorporación melan-
cólica del otro, el yo puede sobrelle\'ar la pérdida de los vínculos
afrni,'os con esos otros a los que se ha amado.
Para la formación del género, el proceso melancólico descrito
es claramente significativo. Con el tabú del incesto se ÍIÚcia una
pérdida del objeto de deseo que es recuperada por el camino de
su incorporación al yo. Cuando lo prohibido es la unión homose-
xualla renuncia afecta tanto al objeto amado como a la dirección
del deseo hacia personas del mismo sexo. Butler mantiene que
Freud afirma la disposición bisexual de la libido como un elemen-
to que complica el proceso de formación del yo y que justificaría
el amor sexual de! hijo hacia e! padre. El texto de Freud ,'acila, sin
embargo. Parece negar, en ocasiones, el carácter de esta
identificación entre hijo y pJ.dre, si bien en otros momentos Freud
alude a la elc:cción por parte del hijo tanto del objeto de amor,
entre padre y madre, como de posiciones sexuales, entre masculi-
nidad \" feminidad, Si se decide por el deseo heterosexual es debi-
do al miedo a la castración, es, al temor a adoptar la posición
femenina que sería interpretada en el seno de la cultura heterose-
xual como homosexual masculina.
Esta ambivalencia contenida en los escritos de Freud indu-
ce a Butler a sospechar que aquello que se debe castigar en pri-
[Qd: tTJ:\T\ cmlo \·10,\ 1
mer término en las culturas heterosexuales es, más que el amor
heterosexual del hijo hacia la madre, e! vínculo homosexual
entre hijo y padre. Como causa explicativa del repudio de la
feminidad por parte de! niño y de la ambigüedad de su relación
con el padre, mayor importancia tendría, entonces, la bisexua-
lidad primaria que la narración edípica de la rivalidad entre
hijo y padre. Quedaría así puesta en cuestión la idea de una
heterosexualidad primaria y el supuesto de una también prima-
ria unión con la madre. En todo caso, se interprete de uno o de
otro modo -desde la óptica edípica o desde la bisexualidad
originaria- para Freud e! repudio de la madre por e! niño es
e! momento fundador de la [72] del género.
Precisamente ese término usado por Freud, el de «consolida-
ción», es el aprovechado por Butler para indicar que el niño
puede encaminarse en la dirección heterosexual, consolidando
su masculinidad, y que el niño puede también encauzar su libido
hacia disposiciones femeninas y hacia la renuncia de la hetero-
sexualidad. En la psique las disposiciones y tendencias masculi-
nas están difusas y no necesariamente se organizan hacia la
heterosexualidad. Y e! caso de la niña ofrece un resultado aná-
logo. El tabú de! incesto la lleva a la pérdida del padre. A partir
de ahí, puede o bien identificarse con e! padre y consolidar su
masculinidad o bien des" iar su relación con e! padre y orientarse
hacia la heterosexualidad.
Son múltiples las preguntas abiertas por los ensayos de
Freud. Butler se plantea cómo han de entenderse las disposicio-
nes primarias. Las oscilaciones interpretativas presentes en
Freud, su recurso a las nociones de disposición primaria y de
identificación en relación con la feminidad y la masculinidad, le
conducen a Butler a postular que las «disposiciones» de la bise-
xualidad pueden ser comprendidas no tanto. como primarias
sino como productos resultantes de un proceso de interioriza-
ción. La obsel':ación de Butler pone el acento en que a pesar de
la afirmación de Freud de una bisexualidad primaria, si deduce
[72] GD, p. 94; GT, p. 59.
[ C\l'iTL 1.0 11]
del deseo del niño por el padre la presencia de una disposición
fl'lllenina, en lugar de concebirlo romo un amor de carácter
homosexual, es porque el punto de partida de Freud es la confi-
guración heterosexual del deseo y no la bisexualidad. Este es el
centro de la critica de Butler: el hecho de situar Freud en el ori-
gen de la formación del género una matriz heterosexual.
Las disposiciones femeninas y integrantcs dc la
bisexualidad son comprendidas por Freud como tendencias
siempre de objetivos heterosexuales sobre la base de que la
atracción es entre sexos opuestos. En la tesis de la bisexualidad
primaria lo que se postula es la coexistencia en la misma psi-
que de deseos heterosexuales, negándose así la posibilidad del
deseo homosexual, de la niña hacia su madre, del niño hacia
su padre. Ka hay forma sin embargo para Butler de probar la
existencia de disposiciones primarias ni, por lo tanto, de com-
probar que la configuración de género se establece sobre las
disposiciones y no mediante un proceso de identificaciones
interiorizadas.
La línea explicativa de la formación del género a tra\'és de
la interiorización de las identificaciones del yo, halla sustento,
como decíamos, asimismo en Freud. El objeto de amor perdi-
do se incorpora melancólicamente al yo que así no renuncia
sino que preserva el objeto amado -interiorizando también la
dimensión ambivalente, de ira, de culpa, de esa relación man-
tenida por el yo con el objeto exterior en calidad de un ideal
del yo, esto es, de una instancia critica interior. Acontece
mediante este mecanismo de autocritica del yo, del yo vuelto
sobre sí mismo, una recondución del deseo que propicia la con-
solidación de la identidad de género. Significa esto que en la
interiorización del padre o de la madre amados estas figuras no
solo aparecen como objetos prohibidos de amor sino que ejer-
cen la función de ser instancias que prohíben. Y a la vez que
estos ideales del yo niegan el deseo hacia el padre o la madre
instauran un «espacio» interior en el que ese deseo queda pre-
servado.
Queda abierta la posibilidad de que el amor heterosexual se
cll"place hacia el d('seo homosexual. Burler defiende que en la
1:"
[ QU. CU:::\T.-\ L'\ .. \ \'JlJc\ 1
identificación de género está implicado el tabú del incesto y con
anterioridad el tabú contra la homosexualidad [73], si bien expli-
cita que esta idea no aparece argumentada en los textos de Freud
a pesar de que puede derivarse de ellos ya que de otro modo no
podría actuar el conflicto edípico que sanciona las tendencias
incestuosas heterosexuales. En e! caso del tabú de! incesto hete-
rosexual la pérdida del objeto de amor se sufre como un duelo.
Esto es, e! objeto se pierde y se reconoce como tal objeto perdi-
do. Como consecuencia se produce un desplazamiento del obje-
to de amor pero no del objetivo heterosexual. En la narración
psicoanalítica e! objeto perdido es el cuerpo de la madre y es esta
pérdida la que inaugura el proceso de individuación y del habla
significativa. En la prohibición de! incesto homosexual, se pierde
e! objeto y se niega también el deseo homosexual aseverando que
nunca se perdió y que nunca se amó a esa persona. Este proceso
se realiza no de acuerdo con la figura del duelo sino con la de la
melancolía. La pérdida no se reconoce y así se mantiene melan-
cólicamente e! objeto amado y e! deseo homosexual. El amor
homosexual se preserv'a mediante la adopción de una identidad
de género opuesta, resultando, cuando se trata de la homosexua-
lidad masculina, que el indi"viduo intensifica su masculinidad.
Claro que la persona homosexual que rechaza el deseo
heterosexual puede, asimismo, mantener la heterosexualidad a
través de la incorporación melancólica. La diferencia, no obs-
tante, es importante porque la prohibición de la homosexuali-
dad es impuesta culturalmente, de ahí que no sea absolutamente
comparable con la negación de la heterosexualidad efectuada
por el homosexual melancólico. Es la melancolía heterosexual
y no la homosexual la que se instituye y se sostiene culturalmen-
te constriñendo hacia la adopción de una identidad de género
estable basada en el deseo hacia las personas de sexo opuesto.
Son las prohibiciones del incesto y de la homosexualidad las
[73] Esta idca, como habíamos dejado dicho más arriba, había sido ya
dclcndida por Gayle Rubin en su ensavo «The Trallic in \ ';"0 m en: :\'ütcs 01"
the "Polítical Economy" 01" Se-x», o/J. rito Blltler se refiere a estas tesis de Rubin
en GD, p. 107; GT, p. 73.
r C.\I'ITL"1.0 II . 1 Ó 1
que dictan el camino del diferenciando y localizando
]", pbe<'!TS en función del binarismo ele géncro. Esa, nomas dC'
género deciden las partes del cuerpo susceptibles del placer
y legitiman un concreto tipo de: placeres al tiempo que
enmudecen a los demás.
Es este, el de la incorporación melancólica, el mecanismo
(¡\l(, Butler sitúa t'n la organización dC' la idC'ntidacl de género y
d que le permile defender la posibilidad de identidades de
género incoherentes y sub\·ersivas.
Lo interiorizado no es solo la identificación con el progeni-
tor del mismo sexo sino además el deseo homosexual hacia H
En el proceso de identificación melancólica se preservan rela-
ciones que no han sido resueltas; también de carácter homose-
xual. La formación de la identidad de género funciona median-
te la interiorización de la prohibición de la homosexualidad de
manera que esa prohibición forma parte de la formación de la
identidad de género, masculino o femenino, )' de la modulación
del deseo sexual. Es después de que la prohibición haya fijado
la dirección del deseo sexual cuando se recurre como funda-
mento del deseo, por lo tanto de un modo inauténtico, a las dis-
posiciones entendidas como hechos sexuales primarios.
A la luz de su análisis, ButIer postula, en consecuencia, que
las disposiciones son el resultado de una ley cultural que regla-
menta la heterosexualidad. Las disposiciones no son hechos psí-
quicos primarios; no acogen un deseo original de significado
independiente y a la cultura y al lenguaje. Este era su
objeti\'o desde el principio, desentraúar con minuciosidad los
lextos de Freud para que en el intersticio de sus ambiguas y
ambivalentes pronunciaciones fuera posible abrir un cauce
interpretativo favorable a la formulación de la tesis de la géne-
sis cultural de la identidad de género y del deseo sexual. Las
«disposiciones», dice Butler: «son rastros de una historia de
sexuales que no se ha contado y que
dichas prohihiciones intentan hacer inenarrahle» [74]. La ley
[7 1 (;j), Jl (;T, p. 61.
r Ql"I: cu::\T.\ U\.\ \'IDA J
prohibitiva es una ley cultural, discursiva, de fundament;t1
dimensión productiva. La noción de deseo originario reprimi-
do, la delimitación de lo que está y de lo que no está permitido,
son algunos de los efectos que ha generado.
A través de Lacan, Ri,,-iere y Freud y sus diferentes pro-
puestas sobre la identidad de género, Butler pone en e,,-iden-
cia la complejidad de! género y la dificultad del funcionamiento
de las iclentificaciones de género. La diversidad y divergencia
de estas identificaciones, sensibles a la variabilidad histórica de
la ley cultural, podrían explicar tanto la complejidad como la
disonancia del género, el hecho de que la atribución de géne-
ro no es unívoca. de que son posibles géneros subversivos y
paródicos no encerrados en los límites binarios de feminidad
y masculinidad. Queda cuestionado e! determinismo de la ley
paterna así como, incluso, el postulado de que la ley de la
identidad de género es exclusivamente una.
En panicular, porque es un punto clave de su teoría, Butler
persigue ahondar en la comprensión del poder productivo de la
ley prohibitiva. La perspectiva foucaultiana del poder como
producción guía su análisis crítico de la formulación psico-
analítica de la ley en tanto que instancia represiva. Butler nos
propone introducir una des,,-iación en la intelección de la pro-
hibición del incesto como ley que gobierna las posiciones de
género binarias y jerárquicas en una dirección en la que esa
prohibición del incesto pueda ser afirmada como poder gene-
rati\·o de \'ariadas identidades de género no limitadas ni a la
dualidad de sexos y géneros ni al marco de la heterosexualidad.
No se trata de intentar conciliar o armonizar por la fuerza y
arbitrariamente dos planteamientos distintos, contrapucs-
tos, sobre el sujeto y el poder, el psicoanalítico y el de Foucault.
De lo que se trata es de «reformular la prohibición como
poder» [7.5J: de prestar atención él lo psíquico y a lo social en
pcrmeable interacción, contribuyendo a quebrar esa habituaL
mas necesitada de re\;sión, tendencia a mantener lo psíquico
[7.íJ (;1). p. lf)tJ: GT, p: ;2. "Rc1orniularing Prohibition as PO\\er» L' d
subtítulo que encabeza esta de Burler.
rc.-\rinr.o ¡¡:
en un ámbito de fijeza e inm0\11idad, aislado y separado del
ámbito, a la \'ariación, de lo sClcial.
El foco visual de Butler recae en estos momentos sobre la cri-
tica de Foucault de la hipótesis represi\'a, expuesta en el primer
\olumen de la Historia de la sexualidad, y sobre lo que de ella se
puede deducir. Según Foucault, esa ley a la que alude el plante-
amiento estructuralista es una configuración del poder histórica
) específica, con la que no se pretende. como pudiera
reprimir e! deseo, que es un producto de la le); sino reprimir la
multiplicidad de las configuraciones del poder; multiplici-
dad que atenta contra la idea de la uni\'crsalidad y de la necesidad
de la ley represiva. La ley genera y reprime el deseo con e! fin de
consolidar su poder.
De esa critica de Foucault se desprende, cuando la aplica
Butler al tabú del incesto, que la prohibición no actúa repri-
miendo disposiciones primarias sino que la prohibición misma
crea la diferenciación entre lo primario y lo secundario, entre la
heterosexualidad y la homosexualidad. No hay deseo original,
ni bisexualidad primaria ni polimorfismo sexual con anteriori-
dad a la k); como tampoco una vida de sexualidad no contami-
nada por las marcas de! género. Es la ley contra el incesto la pro-
ductora de una heterosexualidad como sexualidad legítima y de
una homosexualidad como acti\1dad transgresora, así como es
la ley la que genera e! efecto de postular una sexualidad tempo-
ralmente pre\ 1a a la ley: Solo desde los términos del lenguaje, del
lenguaje que el psicoanálisis concibe como una consecuencia de
la se afirma saber la existencia de un antes de la ley; se dice
conocer entonces lo que en estricto sentido no se puede conocer.
La descripción de ese antes de la ley se realiza, en consecuencia,
bajo la óptica deri\'ada del después de la le): con lo que la defen-
sa de ese momento pre\10, de ausencia de le): se realiza en bene-
ficio del momento posterior, de la ley misma. Rechazar esa ilu-
sión de una sexualidad libre no significa en Butler, claro está,
incapacidad para detectar relaciones de opresión ni impotencia
para alentar configuraciones de género menos represivas.
La antropología se debate entre aseverar o impugnar la uni-
\'crsalidad dd tabú del incesto. No obstante, incluso cuando se
[C¿u: CO\IO \'Ill.\]
sostiene la universalidad de la prohibición dd incesto ello no impli-
ca que actúe de idéntico modo en todas las culturas ni que afecte
a la vida .;ocial en todas sus climensiones. Butler más que por mos-
trar culturas donde no· opera e! tabú de! incesto se interesa por
señalar e! poder productivo de esa ley cuando sí está presente en
una cultura. La ley, además de censurar y organizar e! género y
la sexualidad en una dirección, también produce, de modo invo-
luntario, identidades, deseos y sexualidades no anticipados de
antemano. La tesis que Butler quiere demostrar apoyándose en
Foucault es que e! aspecto represivo y e! productivo de la prohi-
bición de! incesto no se dan por separado. Así, la censura de!
deseo por la: madre a la vez induce y mantiene ese deseo.
Esta función productiva de! tabú del incesto reconoce Butler
que es en cierto modo admitida por e! psicoanálisis, pero en unos
términos que prácticamente imposibilitan e! trabajo de la subver-
sión de la ley. Para e! psicoanálisis la prohibición conlleva, como
su efecto creativo, la organización de! deseo heterosexual y de la
identidad de género binaria. Sin embargo, esta costosa labor se
clice que se sostiene sobre la represión de un deseo anterior a la
cultura y a la ley; deseo reprimido que es, supuestamente, al que
se puede recurrir como motor de la transgresión. El problema
que observa Butler en esta interpretación es que al diferenciar en
relación con la cultura los momentos temporales del antes y de!
durante se están descartando desde el inicio posibilidades cultu-
rales. El camino de la subversión queda inutilizado al ser situado
en un lugar externo y clistinto al orden de lo cultural, en un lugar
que no puede ser ni recuperado ni conocido; al que no se puede
acceder, por tanto, desde las prácticas culturales. En contraposi-
ción, Butler argumenta que aquello aludido por el psicoanálisis
como deseo originario y precultural es una posibilidad cultural
concreta, realizable aunque marginada como lo impensable: «lo
«impensable» está totalmente incluido en la cultura, pero total-
mente excluido de la cultura dominante» [76]. Cobra fuerLél \.
vigencia desde ahí la subversión de género.
[76] C/D, p. 111; GT, p. 77.
r C.\riTlI.O 1I J
j, Lo CO.\!O t:STR\TEGi.\ m:
1:'\ KRISTE\'\
En su examen crítico de la narrati\'a psicoanalítica, en el con-
texto de GClldl'l' !í'oublc. Butler vuelve a re\i.sar el pensamiento de
Kristc\'a sobre todo invcstigando, en esta ocasión, el alcance
de ,ti teoría para la acción tramgre-ora, Kristc\'a busca un
mod(J espccíficamclltc íCmeniuo de alterar la ley paterna eu su
formulación lacaniana, Para ello, cuestiona la lcsis lacaniana
que hace depender toda inteligibilidad lingüística y cult).lral
--el orden de lo simbólico--, la emergencia de un leng-uaje sig-
nificativo y de sentido unívoco, del repudio de lo femenino, de
la represión del vinculo primario con el cuerpo de la madre,
Mcdiantf' lo «semiótico», y a ello ya se había referido Butler en
su Sub)ccts of Desire, Kristeva nombra el tipo de lenguaje propi-
ciado por el contacto materno; un lenguaje empeñado constan-
temente en suhvertir el orden de lo simbólico, Si lo semiótico
expresa multiplicidad libidinal, el lenguaje poético, metafórico,
equÍ\"oco, polisémico, es su \'ehículo de expresión,
Esta estrategia kriste\'iana de transgresión de lo simbólico
lacaniano plantea claras dificultades de operatiúdad desde la
óptica de Butler, Kriste\'a cuestiona la uni\'ersalización laca-
niana de la ley paterna en el lenguaje, la equiparación la-
caniana del orden simbólico con todo significado lingüístico,
pero mantiene la dependencia de lo semiótico del orden de
lo simbólico que siempre ostenta la hegemonía, Lo semiótico
aparece, por tanto, disminuido en su eficacia al no lograr
derrocar la \'icLOria dt: la estructura simbólica, :\dt:más, por
otra parte, lo semiótico incluso pudiendo aparecer en el len-
guaje poético está dotado de la cualidad de ser una dimen-
sión libidinal prediscursiva, con los problemas que ello entraña
de \'iabilidad cognosciti\'a y, más aún, de \'iabilidad existen-
cial, porque su irrupción en la cultura, si resulta continuada,
puede conducir a la psicosis, como lo admite Kriste\'a, De
ahí que lo semiótico oscile entre su poder liberador y su inca-
pacidad para sostenerse durante mucho tiempo en el plano
cultural.
[Qyl. CLT\T,\ (:()\IO L'\,\ \'10,\ J
Como en sus críticas ameriores a los postulados psicoalJJJí-
ticos, Butler discute la concepción de Kristeva de la maternidad
y del cuerpo materno como portadores de un conjunto de sig-
nificados de carácter precultural. 'Ello supone que la cultura se
identifica con la estructura paterna y que se rechaza pensar la
noción de maternidad y de cuerpo materno como un efecto de
un discurso histórico y cultural determinado. Kristeva adopta
la teoría psicoanalítica de los impulsos primarios y esto le con-
duce al fracaso de su estrategia de intervención en el orden de
lo simbólico. En la descripción de Kriste\'a de lo semiótico, en
consecuencia, Butler puntualiza serios invonvenientes [77J.
En contra de Lacan, Kristeva admite un lenguaje no basa-
do en la represión de los impulsos primarios. Este es el lengua-
je poético, múltiple y heterogéneo; transmisor de una energía
libre que rompe la significación unívoca propia del régimen de
lo simbólico que, por su parte, se instituye sobre la represión
de los impulsos primarios. Lo semiótico se entiende como esa
multiplicidad de impulsos de los procesos primarios capaz de
manifestarse en el lenguaje. Kristeva conecta los impulsos pri-
marios con los impulsos maternales, los impulsos característicos
de la dependencia del bebé del cuerpo de la madre. No se trata,
en tal caso, de que la madre sea un específico objeto de deseo
dentro de una relación entre sujeto y objeto cuanto de que los
impulsos maternales indican una relación de continuidad pre-
via a la dicotomía de sttieto y objeto. Lo simbólico se basa en el
rechazo de la madre y lo semiótico, por el contrario, yueh-e al
cuerpo materno mediante el lenguaje poético.
Son dos modos lingüísticos distintos. lo simbólico y lo
semiótico. El primero reprime al segundo, mas lo semiótico,
según Kristeva, puede alterar ocasionalmente la estructura sim-
bólica de significación organizada en reglas gramaticales.
Ocurre esa alteración mediante repeticiones sonoras y rítmicas
o a tra\'és de metáforas de significados difusos o multiplicados,
[77] GD, pp, 113-126; GT pp, 79·93, Burler remite a la, siguientes obras.
ele Kriste\'a: R,,'o/u/ion in POt'/ie Langl/flge, "/" (:t,: :'11 úm!jllllge, ..J
AppTO(/ch /0 LlMalllTe Ilnd Art, l\ew York, Columbia L"nin'rsity 1980,
r C\rin '1.0 JI 1

por ejemplo, en las que acomece un rerorno P0l:tico a la mate-
rialidad primaria y continua del cuerpo de la madre. Ellengua-
je poético sJ:lpone la irrupción de la heterogeneidad de los
impulsos en e! lenguaje y conlb'a también el regreso a esa
dependencia libidinal, a la ausencia de la identidad diferencia-
da que es el cuerpo de la madre, De ahí que e! lenguaje poéti-
co propicie la psicosis,
y si, como dice Kriste\'a, el retorno a la madre que efectúa
el lenguaje poético de una mujer ha de entenderse como homo-
sexualidad prediscursiva, en tal caso, esa homosexualidad
femenina es asimismo psicótica. Butler denuncia en Kriste\'a
que mientras que admite cierta posibilidad de mantenimiento
cultural del lenguaje poético en su manifestación en lo simbóli-
co, no reconoce, sin embargo, la misma posibilidad de presen-
cia social no psicótica a la homosexualidad, A juicio de Butler,
Kristeva enlaza la homosexualidad con la psicosis porque
queda anclada en la tesis estructuralista de la coextensi\,idad de
heterosexualidad y orden simbólico, La homosexualidad es un
quebramiento total de la ley de! padre, Puede expresarse en el
lenguaje poético, que es una vía -como también la materni-
dad en tanto acto de dar a luz que úncula a la mujer con su
madre, con los impulsos instintivos primarios- para la presen-
cia de lo semiótico en la cultura, pero la homosexualidad cuan-
do se declara no puede ser una acti\idad sostenida en la cultu-
ra, Kristeva equipara cultura, orden simbólico y ley del padre y
mantiene como no psicótico solo a aquello que participa de
algún modo de lo simbólico, por lo tanto, a aquello que parti-
cipa también de la ley de! padre,
El propósitO de lo semiótico en Kristeva no es llegar a sus-
tituir a lo simbólico, ni tan "iquiera cOl1\'ertirse en un espacio
alternativo, sino que mediante la manifestación de lo semiótico
en prácticas culturalmente aceptables, en la poesía y en la
maternidad, lo simbólico reconozca sus límites, Como de lo
que se trata es de que la heterogeneidad instintiva, lo semióti-
co, tenga una representación, aunque esta sea frágil, en lo sim-
bólico, lo semiótico no puede transgredir por completo el tabú
del incesto, viéndose así obligado a permanecer asociado a
dicha ley. El resultado es que la liberación es imposible en la
medida en que lo simbólico no puede ser negado radicalmente
ya que es concebido como la ley que funda la cultura. Caben,
en todo caso, desviaciones de la ley paterna, mas a partir de lo
que la ley ha reprimido, los impulsos heterogéneos, y no desde
versiones culturales diferentes.
Para las mujeres, en particular, la teoría de Krísteva dificul-
ta enormemente la vivencia del deseo homosexual. Porque en
ellas la homosexualidad no es culturalmente inteligible. La
homosexualidad activa sin la mediación poética o maternal
quiebra el tabú del incesto y el de la homosexualidad, condu-
ciendo a la psicosis. En las mujeres, la coherencia de la identi-
dad se une irremisiblemente a la heterosexualidad. Butler pone
en evidencia e! mantenimiento por parte de Kristeva del prívi-
legio de la ley paterna heterosexual que desemboca en el
supuesto de que e! lesbianismo efectúa una psicótica pérdida
de! yo. Antes que aceptar la tesis psicoanalítica de la necesidad
de la represión para e! desarrollo de la individuación habría
que pensar, según Butler, que el rechazo drás'tico de la expe-
riencia lesbiana es un mecanismo de defensa utilizado por un
tipo de cultural, la cultura heterosexual, ante el temor a perder
su lugar hegemónico, lo que sucedería si se asume e!lesbianis-
mo como una forma cultural entre otras.
Entender el lesbianismo de este modo, como una práctica
cultural y no como un estadio libidinal anterior a la cultura,
supone admitir la capacidad subversiva de las prácticas cultu-
rales y este es el objetivo de Butler. Kristeva, al contrario, acep-
ta solo una estrategia subversiva temporal, el lenguaje poético y
la maternidad que ine\itablemente concluyen en e! someti-
miento ante aquello que replican, convirtiendo, finalmente, en
ineficaz a la acción subversiva misma.
Desde un punto de \ista epistemológico, la afirmación de
Kriste\'a de que son los impulsos múltiples anteriores él la cul-
tura, pero manifiestos únicamente en la cultura, los capacitados
para la subversión plantea el problema de que no se esclarece
el modo en el que podemos comprobar su dimensión ontológi-
ca anterior a la cultura sin recurrir a un razonamiento circular;
[C. ... PITI·1.0 II 1
el que resulta de ¡undar el p()(:[ico en la ex.istencia de
impulsos pre,-ios a b vez que !:>L dice que esos impulsos
quedan justificados por el lenguaje poético_ En realidad solo
aqurllo que sucede en el lenguaje puede obtener significado
mientras que Kriste,-a considera que lo" impulsos, la represión
de los impulsos prelingüísticos, es lo que explica la existencia
dd lenguaje_ Y desde dentro del no es razonablc el
giro hacia un lugar externo, los impubos, como causa origina-
ria dcllenguaje mismo, porque no hay modo com-incente de
acceder a algo como un afuera_ Los impulsos son conocidos
exclusivamente como efectos_ en sus representaciones, de ahí
que Butler subraye que son antes las representaciones que los
impulsos, que los impulsos son construcciones discursivas_
Remitir los impulsos al cuerpo materno y entender esta
materialidad corpórea maternal como ,-ehículo de un destino
biológjco, añade todavía mayor dificultad a la teona de
Kriste,-a_ Según esta autora, de diferentes modos se expresa esa
postulada heterogeneidad materna de lo semiótico: a través de
los primeros estadios de la filosofia occidentaL en creencias no
occidentales, en producciones artísticas de vanguardia o resul-
tado de estados psieóticos_ Todas estas manifestaciones, que
serian lo semiótico como multiplicidad irreductible a la identi-
dad, disputan lo simbólico, esto es, la identidad, univocidad y
no contradicción del logos_ Pero, Butler eúdencia que en
Kriste\"a esa multiplicidad a la que recurre en contra de la iden-
tidad funciona como un principio de identi-
dad, ya que la multiplicidad queda remitida al polo de referen-
cia aglutinador del cuerpo materno.
A.demás, aun suponiendo cierta capacidad de quiebra de la
ley paterna identitaria en lo semiótico materno. con acierto
BUllcr nos sei'lala que tal acti,idad transgresora no deja de
orientarse hacia la recuperación de un ámbito arcaico, biológi-
co e idéntico a sí mismo que concepmaliza unívocamente al
sexo femenino_ Se trastorna un principio identitario, el paterno,
para regresar a otro principio también identitario, el cuerpo
materno que Kriste,·a concibe como portador de un deseo eter-
no, en la especie; el deseo de procrear. Su apuesta por el instin-
'l),
to maternal no le permite entonces plantear la ley paterna
como la causa de ese deseo maternal al que dice reprimir. Si
articulara el impulso maternal como producto de la ley cultural
paterna, en lugar de como su condición previa, podria pensar,
en consecuencia, cómo la maternidad ocupa el lugar de ser una
práctica social impuesta como obligatoria por el parentesco y
por sus fines reproductivos. Pero, en tal caso, la distinción entre
lo semiótico y lo simbólico, en los términos de Kriste\·a, dejaria
de tener sentido. Esa distinción, en efecto, queda desautorizada
en el análisis de Butler que reconduce lo semiótico, el instinto
materno, a la posición de ser un deseo generado culturalmente
y que se recubre con el velo del lenguaje de lo natural para
garantizar la perpetuación de un sistema concreto e histórico
de sexualidad y poder. El marco de pensamiento foucaultiano,
en su desnaruralización de la noción de sexo, es, explícitamen-
te, el apoyo textual de eqa crítica de Butkr a Kristeva.
El camino para abrir posibilidades culturales nue\·as no es el
elegido por Kristeva porque para ello el trabajo consiste, de
acuerdo con Butler, en la acción mO\ilizadora de la ley legitima-
da que se ejerce desde dentro del campo de la cultura. Butler
reconoce el valor de la teoría de Kristeva en tanto acentúa el
rechazo del cuerpo femenino que ejecuta el orden simbólico.
Pero lo femenino repudiado no es un principio anterior y exter-
no a la cultura, para Butler, sino que es la acción represiva la
que produce el objeto de represión. La efectividad de la subver-
sión de la ley exige permanecer dentro de los dominios de la ley
para que ella, la ley, se dirija contra sí misma y de su propio que-
brantamiento puedan irrumpir, incluso inesperadamente, inno-
vaciones culturales. De otro modo, se corre el riesgo de que
rei\indicando la existencia de lo femenino prediscursivo 'i su
fuerza liberadora propiciemos, antes que una eficaz emancipa-
ción de la opresión, una re\italización de la ley opresiva.
Que el cuerpo está culturalmente construido y que (Oda
posible liberación no debe ser pensada desde el recurso a un
cuerpo, placeres, deseo o sexualidad naturales sino desde el
ángulo de la cultura que internamente permite su apertura
hacia permutaciones futuras menos constrictivas, más liberaclü-
[C.\l'i ILI.O 1[1
ras, una tesis sohre la que Butlrr extiende sus hábiles argu-
mentos en Gcndcr Tí'ouble también a tra\·és de sus re\1siones crí-
ticas de los textos de Foucault y de Winig. Foucault es un buen
guía para la defensa de esta tesis pero en sus escritos, a propó-
sito del tema del cuerpo y de Herculine Barbin en particular, se
deslizan ambigüedades y contradicciones que Butler explícita-
mente hace e\1dentes. \Vittig realiza una provechosa puesta en
cuestión de la naturalidad del sexo, del binarismo de género y
de la heterosexualidad, mas su crítica reclama el anclaje de la
existencia de una realidad humana anterior a los dictados cul-
turales. De estos análisis de Butler, sobre Foucault y sobre
"\ \'ittig, ya hemos dejado constancia, sin embargo, en lugares
pre\1us.
6. PARODIA y SCB\'ERSIÓI\
Es el tradicional duali<;mo de mente y cuerpo, o de cultura)
naturaleza, que supone al cuerpo como materia inerte, pasiva,
y como materia existente, preexistente, a la espera de las ins-
cripciones culturales, dadoras de valor y significado, que sobre
su superficie deberán imprimirse; es ese binarismo, con su
implícita jnarquía, el que la teoria del género debe meticulosa-
mente cuestionar evitando que resurja, o que duerma latente,
en los términos del discurso feminista, En contra de ese marco
de pensamiento de las «inscripciones corporales» Butler apues-
ta por las «subversiones performativas» [78],
En la última parte de GCIlder Troublc, y como la misma Butler
señala, su discurso sobre el género, en efecto, se desplaza hacia
el lenguaje de la performati\'idad eludiendo sus anteriores
comentarios qUf' encuadraban el género en el análisis de la psi-
que y de la melancolía de género, es, en una pcrspecti\'a
psicoanalítica que ahora parece quedar ausente en la formula-
[i8] GD, p. 160; GT, p. 128. ObséI"\"ese el subtítulo elegido por Butler
«Bodil)" Inscriptions, Pertormati\'c Sub\'ersions» (<Inscripciones corporales,
sub\'crsioncs pcrformati\·as»).
r Q\ :1:; Ct.:E:-':T.\ (:0\10 "ID.-\ 1
ción de la penormatividad del género. Sin embargo antes que
concluir que hay una disyunción, irreconciliable, entre la teoría
del mundo psíquico y la teoría de la penormatividad (entre, en
este caso, unos y otros capítulos de Gender Trouble), Butler subra-
ya que el error es partir de que la psique es una realidad inter-
na de contornos diferenciados tal y como pretende la lógica
binaria que separa lo interior de lo exterior. El llamado mundo
interno se constituye mediante la interiorización de vínculos, de
pérdidas, de actos que configuran nuestras vidas. Cierto que,
como Butler reconoce, esta propuesta suya de llevar a cabo una
«teoría psíquica de la penormativ;dad» [79] está más desarro-
llada en artículos y obras posteriores como The PS)'chic Lifo qf
Power, pero también consideramos, de acuerdo con el juicio
antes apuntado de Lois :\IcNay, que es un valioso mérito de la
obra de Butler su esforzado trabajo de articulación del ámbito
de lo psíquico y de lo social, que al ofrecer un nuevo marco
conceptual para pensar la identidad de género constituye un
fructífero camino para desalojar los debates en torno al esencia-
lismo muy presentes en la teoría feminista.
La definición de lo abyecto dada por Kristeva en The Powers
qf Horror: .-in Essay on Abjection [80], y a la que se refiere Butler
dentro del subcapítulo «Inscripciones corporales, subversiones
penormativas» de Gender Trouble, es clarificadora al respecto de
este cuestionamiento de la naturalidad de los limites entre inte-
rioridad y exterioridad. De acuerdo con Kristeva, la exclusión
es un mecanismo mediante el que se realiza la constitución de
un sujeto diferenciado. Lo abyecto remite a aquello que se ha
expulsado del cuerpo, como si se tratase de un excremento. Eso
que ha sido eliminado ha sido convertido en lo Otro, en no yo.
Sin embargo, aunque se supone que lo expulsado es algo ajeno
al cuerpo, lo ajeno no es algo prev;amente al hecho de su elimi-
[79] En su scgundo prólogo a Gmder Trouble, Butlcr hace mención de cstas
criticas \'ertidas sobrc su obra. \"éase GD. p. 16: GT p. xv.
[80] Julia Kristc\'a, The Pm.i:trs ol Horror: .-In Esstl)' VI/ .·Ibjectiol/. ~ c w York.
Columbia Cni\"(:rsir\" Prcss, 1982. Publicado originalmente como POIlC"oirr de'
l'horreur, Paris, Édirions dc Seuil, 1980.
[C.\riTL"I.ü III
1l;\Ci('Jll: es 1<1 dinámica misma de la cxpulsi¡Jll la que eSLablecc
b ¡¡(J,i(',!] ele ;üeno, :\lcdialllc la desiS'llacic'm de lo ahycno se
instauran los límites del cuerpo y también del sujeto,
Lna parte de mi identidad queda expulsada y traIlSforma-
da en algo otro e impuro, configurándose de este modo la dis-
tinción entre lo interno y lo externo. Este es un proceso que
puede dar explicación a de exclusión y repudio
como el sexismo, el racismo, la homo[obia, al incidir en cómo
se construye la identidad a trm'és de la exclusión y dominación
del Otro. ella estrategia de control social es la que delimita lo
interno ele lo externo, pero esas son débiles. Lo inter-
no y lo externo se confunden en el modelo ejemplificado por los
excrementos donde lo interno se transforma en externo, y ese
modelo pU("de Ser aplicado a los procesos de configuración de
identidades diferenciadas en los que los otros son conceptuali-
zaclos como basura repugnante,
La distinción entre lo interno y lo externo, que es una dis-
tinción binaria cultural, persigue la coherencia del sujeto, su
estabilidad, Butler considera que la puesta en cuestión de esa
impuesta coherencia permite el desplazamiento de los términos
interno y externo. Es así que la supuesta interioridad y fijeza de
la identidad de género se rc\'e!a problemática. Entonces, cobra
fuerza la pregunta de a qué propósitos sirve la distinción entre
interno y externo. En Gender 7í'Ouble, esta reflexión que encuen-
tra apoyo además en la crítica de Foucault a la doctrina de la
interiorización -comentada ya con anterioridad- conduce a
Butler a retomar su indagación sobre los penormativos de

En la conformación corporal del género intef\-ienen los
tabús del incC'sto \' df' la homosexualidad. La identidad de
género resultante, delineada en función de la obligatoriedad
de la heterosexualidad, muestra una aparente coherencia entre
sC'xo, deseo. sexualidad; una coherencia de género que en rea-
lidad oculta las inestabilidades de género que se presentan
tanto en los ámbitos lésbicos, gays, bisexuales como en el con-
texto heterosexual. Las disyunciones de género ponen en evi-
dencia que el funcionamiento del género no obedece a una ley
I Ql'i: Cl'I:YL\ D;,\ \'\1) .. \ J
del desarrollo sino a una norma cultural. El género que se visi-
biliza en la superficie del cuerpo mediante actos y gestos no
expresa una identidad de género interior que fuera su causa
substantiva, aunque, sin embargo, esas acciones y gestos apa-
rentan ser la consecuencia de un núcleo interior. Ahíjustamen-
te reside e! carácter performativo de! género sobre el que Butler
se extiende en argumentos:
El hecho de que el cuerpo con género sea performativo indica
que no tiene una posición ontológica distinta de los diversos actos
que constituyen su realidad. Esto también indica que si dicha rea-
lidad se inventa como una esencia interior, esa interioridad es un
efecto y una función de un discurso decididamente público y
social, la reglamentación pública de la fantasía mediante la polí-
tica de superficie del cuerpo, el control fronterizo del género que
diferencia lo interno de lo externo, y así instituye la «integridad»
del sujeto. En otras palabras, los actos y los gestos, los deseos arti-
culados y realizados, crean la ilusión de un núcleo de género inte-
rior y organizador, ilusión mantenida mediante el discurso con el
fin de reglamentar la sexualidad dentro del marco obligatorio de
la heterosexualidad reproductiva [81].
Es el discurso público y social, ha dicho Butler, e! que impe-
le a la fabricación de una identidad de género interna y verda-
dera -produciendo la distinción entre interior y exterior--
con e! fin de desviar la atención de sus propios ejercicios de
constitución disciplinaria de! sujeto al focalizar la razón del
género en una esencia interior. Si e! género es consecuencia
directa de una verdad interior, la norma social puede eludir
fácilmeme su responsabilidad al respecto.
Para incidir en esta tesis de la construcción social del géne-
ro, Butler retoma a los análisis proporcionados por la amropó-
loga Esther :\"ewton en su obra Jlother Camp: Female Imper\'Ollato)"s
;n Amen"ca [82J . .'\e\\·ton, fijando su atención en la figura e/m.!!,
[81J GD, pp. 167-168; GT p. 131i.
[82] ESlhcr :\Tc\\'lnn, .IJo/ha Can/ji: Fen/r¡/e Im/J1'f\ona/r;I"\' in .J/l/crim, C h i c a ~ n
and London. Thc üni\'crsil\" 01' Chicap;o Press, 1979,
I (:.\piru.o ll]
:dmg f/wrn, en concreto, afirma que ceas tra\'cstidas
rt'alizan un ilustrati\'o doble mO\·imienw. Por una parte su apa-
riencia exterior es femenina a la vez que su interior, en el senti-
do de su cuerpo, es masculino; ); por otro lado, rei\'inclican que
mientras que su aspecto externo, esto es, su cuerpo, es mascu-
lino, su yo interior es femenino [83]. Butler subraya cómo de
cqe modo se quiebra completamente la estabilidad de la distin-
ción entre intrrioridad :- exterioridad al mismo tiempo que se
cuestiona la noción de un género propio, verdadero, y la dife-
renciación entre original y copia. La drag, en sus actuaciones,
efectúa una parodia de la idea de identidad de género original
al poner en escena, en su imitación de género, cómo cualquier
género -todo género y no solo el femenino que representa la
drag queen- obedece a una estructura imitativa [84]. El SlUeto
travestido no imita un género que en propiedad pertenece a un
indi\'Íduo con un cuerpo distinto, con un sexo diferente; la drag
queen no se apropia ilegítimamente del género femenino porque
[83] Esther Newton escribe: «Al the simplest le\'eL drag signilies that the
person wearing it is a homosexual, that he is a male who is beha\"ing in a spe-
cilically inappropriate way, tha! he is a male who places himsclf as a woman
in relation to otber meno In this sense il signilies stigma. At the most complex,
iL is a double im'crsioJl that says «appcarance an illusion». Drag says, «my
outsidc» appearancc is rcminine. but my essence "imide" (the bodYi is mascu-
linc». Al the same time it symbolizes the oppositc im'ersion: «my apperance
"outside" Imy body, my gender¡ is masculine but my essence "inside" (mysclG
is femenino»> (:lIolhel" Cam/): Fcmale lmpmonalors in Americo, op. cil .. p. 103),
[84] Butler cila la obra de Esther :\ewton como apoyo a su tesis de la
cslrucllIra imitati\'a de todo género también en su texto ISG, p. 97; lGl. p.
127: «y sin embargo, recuerdo con bastante claridad la primera \'ez que leí
en ¡\folhrr Camp: Femalr blljlmonalors in Amen·ca. de Esther :\ewton. que cltra-
\'cstismo no es una imitación o copia de un género pre\"Ío y auté,lltico: sCf:,>lm
:\"e\\"lOn, el trm'estÍsmo representa la cstructura imiratÍ\'a «<impersona-
rion») por la que se asume cualquier gélle1"(}». También sc refiere a la obra de
:\e1l10n en su trabajo «Gendcr Troublc, Feminist Theory, and Psychoanalytic
Discoursc», en Lincia J :\Ticholson led.:" Frminislll/Postmodrmism, 0/). á/., pp.
32,1--:1+0, traducido al castellano como «Problemas de los géneros, teoría
kminista y discurso psicoanalítico», en Linda J. Nicholson (comp),
Fellliúrnw/poJlI/lJdemi-lT1IO, Buenos Aires, Fcminaria editorial, 1992, pp. 75-95.
Y, aclem;is, romo quedó dicho más arriba, en .i.PCG.
[ Qcf: CU::\T .. \ cmlo L·!'.\ \·ID .. \ 1
el género, los géneros, son consecuencias complejas de unos
procesos imitativos contingentes que no se hallan sustentados
en la existencia de un modelo original. Es la acción imitativa la
que provoca el efecto de la noción de original.
El ejemplo de la drag es una vía, no es la única, para des-
mantelar el supuesto de que e! género es un concepto unitario
que remite a un ser coherente y natural. Son varias las dimen-
siones que ficticiamente quedan atrapadas bajo e! rótulo del
género: el sexo anatómico, la identidad de género y la actua-
ción de género. Estos niveles no tienen por qué coincidir en
una misma dirección. Es así que la actuación de género es
capaz de mostrar la disonancia entre sexo y género indicando
el carácter no necesario de la norma cultural de la coherencia
heterosexual.
En las acciones paródicas, los significados de género impli-
cados forman parte de la cultura misógina dominante. Butler
lo afirma a la vez que subraya que en esas parodias de géne-
ro, a pesar de todo, no deja de producirse un desplazamiento
fluido de las identidades de género susceptible de abrirse a la
resignificación y de romper con la tesis de la naturalidad del
género. Esa tesis sobre e! género original es la que motiva la
risa en la escenificación paródica y no, por e! contrario, que
en la representación e! género adoptado evidencie ser una
copia, copia cómica -como mantiene e! crítico de! postmo-
dernismo Fredric Jameson [85]-, de un género original.
Butler interpreta que la comicidad de la parodia estriba en el
hecho de mostrar que el supuesto género original es a fin de
cuentas una copia.
[85] Butler comenta cIÍücamente el análisis de FredricJameson sobre la
diferencia entre parodia y pastiche en el que otorga al pastiche \" no a la paro-
dia la intención ele crítica del concepto de original. \'bse la rcli:rencia (h:
Butler a esta cuestión en CJ). pp. IG9-170: GT. pp. \"l'asc dc Frl'tlric
Jameson, «Postmodernism and Consumer en Hal Foster comp.),
Tlze Allti-.·jcsllzelic: E.H{!)'S 011 POJIII/odem CultuTe, POr! Tmq¡send, \ \'.-\. Ba\' Prcss.
1983; traducción castellana como «Postmodernismo y sociedad dt' consu-
mo», en Baudrillarel. Crimp. Foster \" otros. La j!o\/Iwlemidnd. Barcelona.
Kairós, 1988.
[ c.·\PIl L 1.0 JI i
Que la parodia pur sí mi:-;I1l:l sea una acción sub,"crsi,"a no
cs" en absoluto, lo que Burler dcfIcnde" Hay repeticiones paró-
dicas de resultados sub\'ersi\'os y otras que trabajan en beneficio
de la cultura dominante" Los contextos en los que la parodia se
11e"a a efecto, y los modos de su recepción. son importantes y
han de ser tenidos en cuenta. es posible, en tal caso, ofrecer
Ull listado ele acciol1c's concretas de efectos sulwcrsi,'os" De
antemano no se pucdc precisar el tipo de estrategia específica
que logrará desnaturalizar las categorías de género.
Si el género, como pone en escena la parodia de género
subH:rsi"a, no puede ser comprcndido como un dalo natural:
tampoco es apropiado concluir que el género es un proyecto.
implicando con esa idea que es el estilo corporal, existencial,
ClLl(' adopta una "oluntad libremente .. -\un en su recurso a la
parodia como instrumento de problematización del género,
esto es, a una representación de género donde la intencionali-
dad de un sujeto parece quedar resaltada, Butler insiste en
dcjar claro que las estrategias de género se hallan sometidas a
las coacciones culturales. Los sistemas culturales, es más, casti-
gan duramente a los indi,iduos que no se ajustan a los criterios
de género que han sido establecidos como los normales, origi-
nales, naturales, \'erdaderos.
La cultura oculta esta génesis del género, que el género es
un producto de actos reiterados, repctiti,ios, y nos compele a
creer, también a través de sus ejercicios punitivos, en la necesi-
dad y originalidad de! género. A esta creencia contribuye ade-
más la sedimentación en el tiempo de las normas de género que
compartimentan lo humano en dos modelos diferenciados de
existencia corporal sexuada. Por lo tamo, en su argumentación
Butlcr quiere resaltar que si bien los anos de género son indivi-
duales. en el s<.>ntido de quc son actos que ejecutan los indi-
viduos, estos actos son públicos en tamo tienen una dimensión
tt'mporal y colectiva. El sujeto no posee un género como lugar
donde asientan sus actos de género, su capacidad de acción. Es
el marco binario de género, organizado culturalmente y en un
devenir temporal, el que funda al sujeto, e! que constituye su
identidad de
[Qü: ClT\T.\ cm 10 l":"; .. \ \"[[H)
Pero las normas de género no pueden ser interiorizadas por
completo; no es posihle cumplirlas del todo porque son fantas-
. máticas. Los actos de género son repetitivos y discontinuos y de
ahí que en su intento de acercarse al ideal de una identidad de
género substancial, estable y coherente, no logren sino el fraca-
so; indicando así la carencia de fundamento de ese ideal subs-
tantivo de! género. Y de nuevo Butler focaliza en ello, en e! fra-
caso, en que la repetición de los actos puede conlle\'ar una
deformidad de la norma, la posibilidad de transformación de
las normas de género.
Determinante en e! análisis de Butler es acentuar la diferen-
cia entre la concepción expresi\"a de! género y la concepción
performati\'a del género. Según la primera, los actos de género
serían la expresión de una substantiva identidad de género pre-
existente a esos mismos actos mediante los que la identidad
interior se revela. En ese caso, se legitima e! discurso sobre
géneros verdaderos y originales y géneros falsos y distorsiona-
dos. Ahora que, si e! género es performativo, la identidad de
género, el yo interior, resulta ser un efecto, un producto de las
actuaciones de género que una cultura reglamenta. Entonces,
así entendido el género, las nociones de género esencial y ver-
dadero, de feminidad o masculinidad auténticas, se cOl1\·ierten
en nociones interesadas, en instrumentos culturales de control.
Tal comprensión del género como performativo es la que per-
mite postular la viabilidad de configuraciones de género que
desde la perspecti\'a de la norma dicotómica predominante
habrían de ser juzgadas como «increíbles» [86].
6.1. Capacidad de accióll del sujeto construido
«De la parodia a la política» es el título de las púginas CU!1Clll-
si\'as di: (,'p,'/da ·¡;'ollb!t'. Ll multiplicidad eh- género" 111
1
es 1111
fenómeno lúdico y estético, en él St:ntido estrecho y el11pobnor.i-
[86] GD, p. 172; Gr, p. 1+1.
[C.\l'Illl.O [[ I
du del término. La apertura y proliferación de los g(neros que
Id parudia escenifica, en (;mdcr Tí"Oublr, se extiende más allá COl/-
taminando el ámbito de la política donde se defienden otros
modos de haéer política diferentes a los practicados por las polí-
ticas feministas identitarias. Ni la actuación de género ni la
acción política requieren para su existencia que sea localizado
un sujeto, un agente, como portador y sostén de la acción por-
que, como así nos lo había indicado Burler a tra\'és de
:\'ietzsche, el agente surge, emerge, en la dinámica de la acción,
de la interacción de unos individuos con otros.
El nudo de resistencia a la performati\idad del gt'-nero que se
propone Butler desenredar en estas líneas finales de su texto
se refiere a la presuposición de que solo desde el anclaje de un
sujeto, de un sujeto existente con anterioridad a la esfera de la
cultura, se justifica la potencia para la acción; de lo contrario,
se dice, el feminismo es inoperante en el terreno político. Tal es
la denuncia vertida sobre el pensamiento de Butler. Retoma de
este modo Butler el tema de la política feminista con el que ini-
ciaba su Gender Tí"ouble.
Generalmente ha parecido necesario a la teoría fenúnista ubi-
car un sltieto con una capacidad de acción propia sobre el que la
cultura impone sus restricciones. Esa capacidad de acción se for-
mula en muchos casos como instancia reflexi\"a a partir de la que
el sujeto inicia y fundamenta su acción. Así, en BeaU\'oir, por
ejemplo, el yo, aun siendo un yo situado, es un yo que lIe\'a a cabo
el proceso de adqui,ición de su género y que no acaba nunca de
confundirse e identificarse con su género porque es un yo que
conserva una separación ontológica con respecto al mundo cultu-
ral en el que se reviste dr adjnivos \. cualidades, tales como el
st"xo, la raza, la sexualidad. la clase social) otros \"arios predica-
dos. Pero, para Butler, lo subrayable es que esos predicados no
concluyen nunca por fijarse :: de este modo, quedando abiertos,
están indicando, a pesar de los esfÍJerzos en contra desarrollados
por las teorías identitarias, que el mO\imiemo de la significación
no es finito sino que el exceso acompaña a la identidad.
Únicamente de este modo, suele afirmarse, a trm'és de un
SUjeto distanciado dd mundo, se posibilita que la acción del
[Qu: Cl·E\;"l.\ cmlo L·\;·\ "IDA 1
Sl0eto no f:sté determinada por la cultura y el discurso. Butler
plantea que tales teorías presuponen equivocadamente que',
por una parte, es imprescindible para el establecimiento de la
acción la existencia de un yo prediscursivo aunque sobre ese yo
se admita que' se instauran atravesamientos culturales diversos;
y que, por otra parte, mantienen quc defender que el sujeto está
constituido por el discurso es defender que el sujeto está nece-
sariamente detcrminado por el discurso y, por lo tanto, incapa-
citado para la acción.
Si nos acercamos al lenguaje, como hace Burler, advirtien-
do que e! lenguaje no es un simple instrumento externo que un
sujeto pueda utilizar a conveniencia como vehículo de expre-
sión de lo que en él se contiene con independencia del lenguaje,
si entendemos que la misma noción de sujeto, y de identidad,
procede del lenguaje, del proceso lingüístico de significación,
entonces, no se puede postular al sujeto, a su capacidad de
acción, como elemento anterior a la significación. La tradi-
ción occidental ha establecido una distinción epistemológica
entre e! sujeto y e! objeto, entre e! yo y e! Otro, que dificulta
-piénsese en e! modelo de reconocimiento de Hege!, nos indi-
ca Butler-- tanto el conocimiento como la vinculación con el
Otro. La crítica de Butler observa en este modelo epistemoló-
gico, que es la base de las políticas idencitarias, una estrategia
de poder consistente en la ocultación de la factura discursiva
que es la que produce la dualidad de sujeto y objeto.
Disimulando e! mecanismo de su fabricación, la relación bina-
ria se ofrece como necesidad.
Desde la perspectiva butleriana de los procesos de significa-
..:ión, aquel modelo epistemológico no es sino una posibilidad
contingente entre otras de! ejercicio de la dinámica de la signi-
ficación. La pregunta pertinente en torno a la capacidad de
acción es, desde ahí, una pregunta que indaga por el funciona-
miento de la significación y por la \ i.abilidad de su mo\ ilidacl.
La identidad significada no permanece fijada de un modo está-
tico y para siempre. El sistema de signos, fluido y abierto, que
es el lenguaje, configura lo que es inteligible y también se opone
a la inteligibilidad que ha producido en un momento dado,
r C\PITt.;LO II 1
dentro de un contexto lingüístico e específico, porque
son múltiples los discursos e impredecibles los efectos de sus
il1\w'aciones repetiti\'as que estnlcturan temporalmente el campo
ele lo inteligible. De acuerdo con lo dicho, Butler afirma que
entonces aquello que se denomina desde el modelo epistemoló-
gico capacidad de acción (agl'lICl') está contenido, y no, por
tanto, anulado, en la práctica de la significación.
Es a partir de esta comprensión de lo discursi\'o como pro-
ceso de significación como adquiere sentido la formulación de
Butler de un sujeto discursivamente construido y capacitado
para la acción, y para la acción sub\'crsi\"a y transformadora,
en cuyo beneficio, y a rayor de su clarificación. trabaja insisten-
temente su pensamiento, como obsen'aremos, también, en el
de la, rcflexiones que ocupan la obras posteriores a
Gel/da 1Im/ble.
El sujeto construido es un sujeto producido, hecho inteligi-
hle, por un conjunto de reglas que logran su efecto a través de
la repetición. Por eso, porque la repetición es fundamental
para la significación, afirmar que el sujeto se configura discur-
sivamente no es afirmar que está determinado de modo pleno
y absoluto:
El sujeto no está determinado por las reglas mediante las cuales
es generado. porque la significación no es un arto fundador, sino
más bien un jiroceso reglan/mIado de repetición que a la vez se uculta
e impone sus reglas precisamente mediante la producción de
efectos sustancializaclores. En cieno sentido, toda significación
se da dentro de la órbita de la obligación de repetir; la «capa-
cidad de acció!1» (agcncy), pues, es estar situado dentro de la
posibilidad de variar esa repetición [87].
Justo en la intelección de la significación como mecanismo
animado por la repetición reside la inteli.r,,:ribilidad de la poten-
cia para la acción. Las reglas de la significación son [('stricti\'as
en un sentido pero abren campos alternativos de significación
[87] GD.p.176;GT.p.145.
102
(QU: CL"E'\"T.·\ L'I\"A \"1D0I 1
en otro sentido. De ahí que sea factible pensar en nue\·as posi-
bilidades de género no sometidas al binarismo dominante y de
ahí que esas iimovadoras configuraciones de género deban pro-
ducirse dentro del marco, y no fuera de él, de los procesos sig-
nificativos de repetición. En la repetición cabe el fracaso de las
reglas que generan la coherencia de género. Porque ser un
género no depende de un sujeto transcendental prediscursivo
sino de la interacción de una multiplicidad variable de discur-
sos conflictivos. Esos discursos son los instrumentos que consti-
tuyen el género y que, por esta misma razón, pueden ser mane-
jados en direcciones subversivas.
La subversión está ahí. En el hecho de que lo nombrado
«real» es, a fin de cuentas, algo fantasmático, una «ilusión de
substancia» [88]. Las repeticiones subversivas deben dirigirse a
mostrar ese carácter fantasmático de lo conceptualizado como
real, a evidenciar que el cuerpo no es una superficie natural.
Las parodias de género, aunque mayoritariamente han sido
evaluadas como reconsolidaroras del mensaje de la naturalidad
del género, al poner en escena el fracaso de la imitación de un
género «natural» antes que indicar la marginalidad inevitable
de los géneros no «originales» subrayan que el fracaso es ele-
mento que constituye a todos los tipos de género, también a los
géneros supuestamente naturales, porque no es posible vivir sin
fisuras bajo las reglas que dictan qué es un género natural. Aquí
radica la fuerza crítica de la parodia.
Esta línea de pensamiento que concibe la identidad como
efecto es, según Butler y por paradójico que pueda parecer, la más
propicia para impulsar la capacidad de acción del sujeto. Las
acciones del sujeto que quedan excluidas por las políticas de iden-
tidad, basadas en nociones substantivas de sexo, son potenciadas
por esta concepción de la identidad como un producto discursivo,
siempre que se retenga la idea de que la identidad como electo no
supone ni que el discurso determine exhausti\·amente la identidad
[88) GD, p. 177; GT, p. 1 ~ 6 : "The «re a!» and lhe «sexually belio> are
phanlasmatic con.\lructiOIb -illusions uf subslancc-- ¡hal boclies are COI11-
pclled 10 approximale, but nc\·er can».
[c:.\rlru.o II J
Ili que la identidad sea entonces algo meramente arti1lcial y arbi-
u·ario. Para Butlcr si el feminismo identitario no ha sabido enten-
der el sentido de su propuesta de la identidad como efecto es por-
que ha permanecido encerrado bajo la dicotomía irreconciliable
entre "oluntad libre o determinismo rígido.
Situarse en un punto de ,'ista exteríor a la identidad cons-
truida es un rasgo imperialista que el feminismo, a juicio de
Butler, debería e\·itar y que de hecho puede e\itar al localizar
su acción, y una acción que es política, dentro del ámbito de las
repeticiones constitutivas de la identidad. que es desde donde es
posibk enfrentar las constricciones de las normas de género.
Butler hace radicar la política feminista en el interior de las
prácticas significantes. No puede ser de otro modo, ya que los
sujetos estamos siempre inmersos en esas prácticas de repeti-
ción de las normas de género, ante las que no cabe no repetir
pero ante las que sí es posible repetir en direcciones que tras-
tornen la estrechez de las normas, sus pretensiones normali;::ado-
ras. Identidades de género diferentes ya existen pero existen
marcadas como ininteligibles, como imposibles. Butler rei\-indi-
ca una apertura de las normas mediante el cuestionamiento de
la naturalidad del sexo y de la identidad de género original que
otoq?;ue inteligibilidad cultural a esos sujetos marginados.
7. RÉPLICAS A EL C;t\ERO E\' DIPl 'T.-l
Un amplio campo de debate suscitó, y continúa pro\'ocando, la
publicación y difusión de Gender Trouble; lo que e\ idencia, de
modo fundamental y en primer lugar, la fuerza del pensamien-
to de Butler sobre la identidad de género. Comentaremos en
este momento algunas de las principales y más persistentes
que son formuladas a sus planteamientos. Es impor-
tante conocerlas también porque en obras posteriores Buder se
preocupa por despejar los malentendidos a los que dio lugar su
primer libro feminista así comu por intentar ahondar en aque-
llos aspectos relativos al género que pudieron quedar menos
intensificados en el desarrollo de sus argumentaciones.
2(l·¡
La cuestión de si la noción de performati\ idad del género
capacita o por el contrario anula por completo la potencia para
la acción del sujeto, es enfocada inmediatamente como elemen-
to central de la discusión. Ya en 1990, en relación con el tema
«Feminismo y Postmodernismo», tuvo lugar un intercambio de
posiciones feministas que se publicó en 1995 con el nombre
de Feminisl Conlenlions. A Philosophical Exchange [89], Y en el que
participaron junto a Butler, Seria Benhabib y Nancy Fraser;
con posterioridad Drucilla Cornell se sumó además al debate.
A pesar de que en Gender Trouble se afirma por extenso el senti-
do y el alcance feminista de la existencia, como efecto, del suje-
to, Benhabib considera que la postura de Butler, como filosofia
feminista que se apropia del pensamiento de Nietzsche, implica
la muerte del sujeto. El rechazo del supuesto de una identidad
de género como fundamento de las expresiones de género es el
punto inaceptable para Benhabib, para quien este vaciamiento
de una identidad como origen de los actos de género supone
imposibilitar la acción, y la acción transformadora, por parte
del sujeto.
En su trabajo «Feminism and Postmodernism: An Uneasy
Alliance», Benhabib reconoce cierto valor a la crítica postmo-
derna de la racionalidad occidental en tanto que abre la mira-
da hacia los márgenes, pero, mostrando, Benhabib, su voluntad
[89] Judith Butler, '-'iancy Fraser y Seyla Benhabib participaron en sep-
tiembre de 1990 en un simposio organizado por Tlze Greater Philadelphia
Philosophy COl/Sortiwn. En Praxis International, II (2), July 1991, se editaron tex-
[Os sobre el debate. y posteriormente la polémica, que se extendió incluyen-
do a Drucilla Cornell, se recogió primero en Der Streit U111 Differen::., frankfurt,
Fiseher Ve rI ag, 1993, y después en Seyla Benhabib, Judith Butler, Drucilla
Cornell y )¡ancy Fraser. Feminist COl/tenlions. A PhilosojJhical Exchal/ge. ;-'¡ew York
and London. Routledge, 199.5. Un estudio donde se analizan las posturas
enfrc:ntadas de Benhabib y de Butler nos lo ofrece Firma \\'cbster, «Thc
Politics of Sex and Gender: Benhabib and Butler Debate Subjectivity»,
H;palia. vol. 1.5, n." 1, Winter 2000. pp. 1-22. La autora se interesa en parti-
cular por mostrar cómo el debate entre las dos autoras ha provocado una
confusión sobre las implicaciones polític<L'i de la distinción entre el scxo y el
género.
ele continuar anclada, aunque re\'isúndola y rcpcns,índola, en
la subjeti\'idad moderna, considera muy discutible que la teoría
ICminista pueda ser a la \'ez postmodcrna y seguir interesada en
la emancipación; que es difícil que el feminismo pueda ((;ner
como aliado teórico al pensamiento postmodcrno, Benhabib
defiende que es imprescindible para la tarea de la emancipa-
ción Id formulación de «un concepto de autonomía feminista»,
ele «indi\'idualidad autónoma»; que es necesario mantener, en
contra de la postmodernidad, la «esperanza utópica en lo total-
mente otro» [90] para sostener una éLica y política feminista,
La interpretación de Benhabib al equi\'ocadamen-
te sin duda, el concepto de penormati\idad a los términos dc-
las perfonnances teatrales, entiende que Butler propone que los
individuos no somos más que el conjunto de nuestras actuacio-
nes de género, con lo que no hay núcleo de arranque para pro-
mo\'er un cambio en la dinámica de las peiformanres que nos
constituyen, Las estrategias subversivas apuntadas por Buder, la
parodia, la resignificación, son juzgadas por Iknhabib como
triviales e ineficaces, Valorado de eSL(; modo, el feminismo de
Burler es para Benhabib inoperativo, inútil para la lucha femi-
nista e incluso debilitador de las implicaciones emancipatorias
del feminismo,
Denuncia en Buder, esta lectura de Benhabib, una apuesta
por un constructivismo social y cultural en el que el sujeto con-
cluye por permanecer completamente atrapado, determinado
de un modo exhaustivo y definitivo, Benhabib se sitúa dentro df'l
marco de esas políticas identitarias de pronunciamientos favora-
bles a la idea humanista de un sujeto en alguna medida autóno-
U10] Scyla Bcnhabib, «Fcminism and Postmodcrnism: An Uncasy
,-\lliancc», en Scyla Bcnhabib,Judith Butlcr, Drucilla Cornell y :\ancy Fraser,
Felllinisl Con/ellliollJ, A PhilosojJhical E>:clzallpe, O/l. cit" pp, 17-34, \'éansc en parti-
cular las pp. 29-30, Traducido como «Fcminismo y post modernidad: una ditl-
cil alianza», en Celia Amorós (eoord,), Historia de la te01iaJemill1sUl, Madrid,
Comunidad de !lladrid-Dirrcción General dc la !\lujer-Instituto de
Fcministas-Univcrsidad Complutcnse de Madrid, 1994, pp.
L') I-L:Jb; \'éansc en panicular las pp. 255-256.
206
l Ql-r CU:\"T.·\ cmlo L!\A \'JI)..\ 1
mo, dotado de intencionalidad, responsabilidad y reflexividad;
de un sujeto hacedor que siempre está sustentando sus actos.
El de Benhabib es un sujeto situado [91] pero situado en un con-
texto que no deja de ser, a fin de cuentas, externo al sujeto.
Por su parte, Nancy Fraser, de orientación filosófica prag-
mático-falibilista, reconoce que el feminismo no debería tener
problemas para reutilizar formulaciones teóricas provenientes
de diversos, e incluso heterogéneos, marcos conceptuales, y
afirma -junto con Linda [92]- que el feminismo
puede renunciar a los fundamentos filosóficos pero no así a la
fuerza emancipadora y a la critica social. Fraser, en polémica
con Benhabib y Butler, define su propuesta feminista como
aquella que puede superar la «falsa antítesis» entre Teoría
Crítica y Postestructuralismo. En el debate con Butler acepta,
a diferencia de Benhabib, que el sujeto formulado por Butler
como el de la resignificación tiene capacidad para
la acción. Sin embargo, Fraser mantiene la necesidad para el
feminismo de poder distinguir entre «buenas» y «malas» estra-
tegias [93], advirtiendo que la teoría de Butler, aun siendo
hábil para la insubordinación, en su opinión no proporciona
los instrumentos teóricos y éticos que permitan efectuar tal dis-
criminación.
El momento de la resignificación señalado por Butler no es
para Fraser suficiente. La critica no puede ser substituida por la
[91 J Sevla Benhabib, Situaling Ihe se!! Gender, Commllnity and Poslmodernism in
Et/I/ú, Oxford, BlackwelI, 1992.
[92] 0iancy Fraser and Linda.J. ,<Social Criticism witholl[
Philosophy: .-\n Encoumcr netween Feminism and Poslmodcrnisl11», cn
Linda]. Nicholson (ed.), FnninismIPostmod(!rnism, op. cit., pp. 19-38.
[93J :'\anc\' Fraser, «False Antithcses: .-\ Response to Scyla Benhabib and
Juclith Butle!"», cn Scyla Benhabib,]udith Butler. Drucilla Comell amI :\<l11C\
Frascr, FI'l/lini.rt CUlllmtions . . -:1 P/¡iloJoj;/¡i((1{ Exc/¡ange, ojJ. cit .. pp. 3<)-7 eL Estc [ra-
bajo de Fraser está también contenido en su obra ]lIstice Interruptus. Crrl1a¡{
Riflectionf 0/1 the "PoILrocialistJl Condilion, Routledge. l\"ew York and London.
1997 e De esta última h,l\" traducción castellana: !lIslitia!nlerrupla. Re¡lexiollt'l rri-
liras desde la /!osicj,h¡ "!Jo.,lso,-iali.r/aJl. Colombia, Siglo del Hombre Ecliton"-
Uni\·ersidad de los Andes. 1997, pp. 273-29.J.e
I C\piTl e 1.0 II I
n:sig¡úficación porque solo la crítica rcconstructi\-a y sus postu-
bclo!' emancipatorios, mantiene Fraser, nos otorgan un marco
normativo propicio para el feminismo_ Benhabib cierra su posi-
cióll e11 torno a la Teoría Crítica y Butler se inscribe en el ámbi-
to de! Postestructuralismo; una y otra plantean sus propuestas de
un modo dicotómico que Fraser discute y que pretende poder
al proclamar que aquella es una «falsa antítesis»_ Frascr
concluye que el pensamiento de Butler entiende por liberación
la renuncia a la identidad y que admite la igual valía de cual-
quier tipo de resignificación_ Pero e! análisis minucioso de! con-
tenido de Gender Tí-ouble y del conjunto de las obras de Butler no
justifica en absoluto los comentarios de Fraser_ La subversión de
la identidad hacia la que incita Butler no supone ausencia
de identidad sino la quiebra de la noción ontológica, esencialis-
ta, de identidad y la reorientación de la identidad hacia su con-
sideración no ya como punto fijo, compacto, de partida sino
como efecto de las dinámicas, plurales y móviles, de los ámbitos
culturales v discursivos. Y con el fin de la subversión de la iden-
tidad, en este sentido apuntado de su desnaturalización, en nin-
gún momento mantiene Butkr que todas las acciones están
dotadas de un valor transformador semejante_ Indica, lo que no
es lo mismo, que de antemano no se puede precisar con certeza
las consecuencias de nuestras líneas de actuación :--' que lo cru-
cialmente importante es someter nuestros conceptos, juicios y
normas habituales a una re\-isión crítica incesante_ En tal caso,
antes que observar confusión y falta de productividad en la teo-
ría de Butler, como enuncia Fraser, la confusión se aprecia en la
comprensión de Frascr del texto de Butler [94]_
[9+J Con posterioridad a la disputa contenida en FC7IIinúl Conlenliol1J, Butler y
Fraser hacen público su desacuerdo en relación con el tcma de la distinción entre
orden material de la )' orden cultural_ El marco teórico de Fraser se basa en
la difercnciación normati,-a entre justicia de redistribución y justicia de recono-
cimiento que ella dice valorar en igual medida pero a partir de cu,-a separación
analítica puede ofrecer un criterio normativo para discriminar el tipo de diferen-
cias merecedoras de una atención prioritaria, a saber, aquellas diferencias rela-
cionadas con desigualdades considera que la distinción entre
lo eC0l1úmieo j" lo cultural, en tamo se la hace funcionar dialécticamente, es útil
[ CU::\TA LI\A '"IIH 1
Ante estas réplicas de Fraser, Butler comenta, años después
de la publicación de Gender Trouble [95], cómo, en efecto, su pre-
tensión no es activar toda clase de posibilidades sin discrimina-
ción. Mas le preocupa qUe las directrices que guían nuestras
decisiones sobre la clase de vida que se debe vivir y sobre el
conjunto de acciones que se deben colectivamente fomentar
surgan al margen de una reflexión sobre nuestras nociones, ya
dadas y establecidas previamente, de lo que es una vida vivible
o posible. Si, por ejemplo, continúa Butler, estamos ocupados
en la cuestión de los derechos humanos, en cómo lograr su con-
secución, pero no revisamos el significado y la extensión del tér-
mino mismo que nos sirve de base, podríamos estar aplicando
una intelección de los derechos humanos donde las vidas de las
lesbianas y de los gays no estén incluidas. Los juicios normati-
vos que postulamos no pueden omitir una interrogación crítica
sobre su propia constitución, sobre la serie de exclusiones que
están llevando a efecto en sus formulaciones, sobre el campo de
posibilidades que están dejando en suspenso. Esta actitud no
para el análisis critico de la sociedad ya que posibilita desvelar los aspectos cul-
turales contenidos en los procesos económicos así como los aspectos económicos
em,ueltos en los procesos culturales. Butler discute enérgicamente la pertinencia
de la separación entre lo económico y lo cultural-simbólico argumentando sobre
las graves consecuencias de carácter material-económico que están implicadas
en la falta de reconocimiento social e institucional, en la carencia de inteligibili-
dad cultural, que padecen ciertos individuos en razón de su género )i sexualidad
transgresores. La tesis de Butler es que el género )i la sexualidad no son meros
asuntos derivados, subsidiarios o triviales sino que ambos forman parte de la
~ i d a material de las personas, con lo que lo material y lo cultural están implica-
dos de tal íntimo modo que no se justifica e! desprecio \'ertido, por parte de sec-
tores autodenominados marxistas y progresistas, sobre los mo\-imientos sociales
de los que dicen que se dedican a cuestiones «meramente culturales» y que con-
tribuyen al abandono del proyecto materialista de! marxismo, a la desatención
de los problemas re!ati\'os a la redistribución económica, Véase sobre ello el
texto de Butler, «El marxismo y lo mc.:ramellte cultural», .\{¡;; /di Rzúew, n," 2,
mayo/junio 2000, pp, 109-121; y e! texto de Fraser, «Heterosexismo, bita de
reconocimiento y capitalismo: una respuesta a JUditll Butler», .¡\ew /di Rrúeu;,
n," 2, mayo/junio 2000, pp, 1'23-13-1-)a publicación original en inglés de! texto
de Butler fue en Social Text, 52-53, 19971.
r
g
5j CHS, p, 355,
[ CAPiTL LO 11 J
supone la paralización de la toma de dccisiones sino una potcn-
ciación de la dimensión crítica de la normati\·idad que podría
e\·itar la contradicción que surge cuando nuestras normas rea-
Iizall una exclusión de la que no asumimos la responsabilidad.
Capacidad de acción, sin embargo, no le niega Fraser al
sujeto butleriano. Una y otra desacuerdan en tanto que el
impulso para la acción positi\'a recae en Fraser en el criterio
l1ormati\·o y en Butler en la problcmatización critica de la nor-
mati\idad. Pero la polémica mayoritaria en torno a Gcnder
7í'ollble ha continuado organizándose sobre el punto destacado
por Benhabib: la disyuntiva entre voluntarismo y determinismo:
1;1 cuestión de cómo pensar la agencia [96] del sujeto. AsÍ, Amy
Allen [97] precisa que en Gmder 7í'oubLe, en donde ella percibe
una primera formulación de la performatividad basada en las
paradqjicas tesis foucaultianas sobre el sujeto, el discurso es ambi-
guo; oscilante entre una postura voluntarista en la que la resis-
tencia resulta ser demasiado fácil y otra determinista en la que,
al contrario, la resistencia se hace imposible. ABen, injustificada-
mente, no aprecia ni la re\isión critica de la obra de Foucault ni
la huella de la perspectiva teórica derridiana ya contenidas,
ambas, en Gender TroubLe. No de otro modo puede enfocarse el
énfasis de Butler en explicar el ejercicio del discurso como un
proceso de «repetición» de significados; un proceso que se con-
[96J EJ término inglés «agenc)'» siendo traducido, de un modo cada
vez más usuaJ en el contexto de la teoría feminista, por la palabra castellana
«agencia». «agency» indica un modo de pensar la capacidad de acción del
sujeto que cuestiona deliberadamente el modelo tradicional en el que se parte-
de- la idea de un sujeto de "oJuntad libre y de carácter autónomo y racional.
El sujeto dotado de «agenc)"» es un sujeto dependiente del contexto --cultu-
ral, social, político. lingüístiro- y de la, rclaciones estahlrciclas ron los otros
sujetos. Los análisis de Foucault sobre el podcr son, de este modo, los que
están en la hase de esta concepción del sujeto y de su que se
arrolla en el pensamiento feminista al menos desde los aí'los 80 del siglo x.."\:.
Puede consultarse a este respecto la entrada «Agency», en Lorraine Code
red.;, qf Feminist Tlzeones, op. cit.. pp. 15.
r97J Amy AlIen, The Power qf Feminist Domination, ResisulIlcc,
Solldari!}", o/J. cil., pp. 71-73.
[QU: cu::\T.·' cmlo \"IIJ.\ 1
cibe como abierto a la posibilidad del fracaso dt' la tarca de la
sedimentación de los significados más convencionales.
Al menos Allen reconoce, f-n todo caso, que cuando Butler,
particularmente a partir de Bodies lha! ¡\l/alter, retoma directa-
mente el concepto de Derrida de «iterabilidad» o de «citacio-
nalidad» -lo que Allen denomina segunda formulación de la
performatividad, y qut', en nuestra opinión, es más apropiado
entender como una profundización y matización de la noción
de pcrformati"1dad-, entonces encuentra el camino para
abordar la agencia del sujeto más allá de la dicotomía entre
voluntarismo y determinismo.
Esta polaridad de lecturas se observa, además, comparando
la realizada por Allison Weir, por una parte, y la de Susan
Bordo, por otro lado. \\'eir [98] coincide con Benhabib en que
el planteamiento de Burler es determinista en tanto acepta la
perspectiva postmoderna de análisis de la identidad del sujeto.
Bordo [99] defiende el punto de \1sta opuesto, el que halla en
Butler una postmoderna celebración de la resistencia a las nor-
mas a través de la parodia y de la figura drago Según Bordo, la
subversión resulta fácil para Butler porque conceptualiza el
cuerpo como simple y puro texto, como una mera función del
discurso susceptible de desestabilización, en lugar de acercarse
al cuerpo, como así debería a juicio de Bordo, desde su mate-
rialidad, o realidad, desde la propia experiencia y desde la com-
plejidad de los contextos y prácticas particulares, sociales e his-
tóricas además de discursivas. Este es el núcleo de la crítica de
Bordo a Burler, el que a su juicio desatiende los elementos
materiales, experienciales, sociales e históricos que están impli-
cados en el cuerpo y en la identidad del sujeto, desembocando
en un constructiásmo Lingüístico radical [100].
[98] .-\Ilison \\'cir, SaoiJirial ÚJgics: Feminisl (wrl Ihe Criti'lu,: of !dentil)' •
.\'e\V York, Routlcdgc, 1996.
[99] Susan Bordo, Unbearable Hé(ghl: Feminism. Culture, and Ihe Boqv,
Bcrkelcy, Universiry of California Press, 1993.
[100] el comentario de SusanJ. Hekman sobre los planteamientos
ele Cnbmrabll' ¡ de Bordo y de Boilies TI/al .\falta de BUllcz; en "Re\'ic\\' uf
Bar/ies Ihal Malter, by.Judith Buden>, Hypatia, n." 10 (4-1, 1995, pp. 151·157.
r C.\PITlW ¡¡ 1
;-';0 solo Weir v Bordo ofrecen inteiecciones distintas de ias
tt'sis de Bmkr sino que son inversas sus respecti\'as
sobre las implicaciones de la postmodemidad, Sin duda, bajo el
término «posunodernidaci» quedan atrapados indebidamente un
conjunto plural de pensamientos no reductibles a unidad; de ahí
la incomodidad manifestada por Butler ante tal rúbrica [10 1], Sin
duda, también, la obra de Butler merece- una dedicación mucho
más cuidadosa, alejada de miradas fragmentarias y parciales,
Buena parte de la incorrecta comprensión de la que Gendl"r
'Jí-ouble ha sido objeto se debe, como decíamos con ocasión de la
crítica de Benhabib, a la confusión en:re las nociones de pofor-
manee y performatividad [102]; confusión potenciada por la fija-
Hekman, en «Beyond identiry, Feminism, ici;:ntity and idemit)" politics»,
Feminist n," 1 (3), 2000, pp. 289-308, cuestiona como insostenible la
noción de sujeto de Butler que define como un sujeto ficcional carente de
substantividad. Pero el interés de Hekman es, en todo caso, eliminar la espe-
cífica problemática identitaria del campo de la.; políticas feministas,
[101] Véase judith Butlel; ¡ra¡1s[ormadores», en Elisabcth
Beck-Gernshcim,judith Butlcr y Lídia Puig\'en_ Jf,geres)' tran{.fúrmacionts socia-
les, Barcelona, El Roure, 2001, p. 77: «Pero sé por experiencia que este tér-
mino aparece relacionado conmigo, que es utilizado por otras para describir-
me, y que siempre se utiliza, no para defender la relevancia política de mi ¡ra-
bajo, sino para cue,¡ionarlo».
[102] Autoras como Ann Ferguson, ResponsibiJity and Social
Change: A New TheoT'y o[ Sel[», Spc:·1:/Issuc. Tlzird Jli1¡'c Feminisms.
vol. 12, n." 3, summer 1997, editado por jacquelyn K Zita, p, 121, aun cues-
tionando ciertos aspectos de la obra de Butler -en particular por lo que
refiere al tema de la responsabilidad moral de la acción- aluden a estas lec-
turas estrechas del concepto de performance que ignoran la complejidad de su
planteamiemo del sujeto. Sara Salih, en Judith Butler, London and :\ew York,
Routledge, 2002, p. 69, se refiere en concreto a la poco clara comprensión de
la noción de performatividad de But!cr Ib'acla a cabo por Benhabib. Salih
menciona además otros cuestionamientos de l¿ performati"idad, como el de
Toril Moi (What 15 a r+ÍJmall? And Other Essa).'. Oxford. Oxford L'ni"ersi¡y
Press, 1999, p. 45) que objeta a Butler -a cu"a obra le reconoce de todos
modos el mérito de ser d más important,· esntdio en los noventa sobre
el sexo)' el género- que otorgue al poder, al ámbito discursi,'o, una fuerza
semejante a lo di"ino al postular que el sexo no es más que género y al reem-
plazar al sujeto estable y coherente por un sujeto inestable, incoherente y per-
lormati,-o. :\simismo, Salih recoge las críticas efectuadas, esta "ez, desde el
212
ción de la mirada de un modo excesivo en las performances ejecu-
tadas por las drags. El libro de Butler ha quedado reducido ante
esos ojos de cono alcance a tan solo un mínimo conjunto de fra-
ses que, por lo demás, tampoco han sabido leer con agudeza.
(,:'\hyoritariamente soy conocida» --escribe Butle,-- - «por
la discusión que tiene lugar en unos ocho púrrafos del libro
sobre las performances drag y su potencial subversivo» [103]. La
drag era un modelo de performatividad, comenta Butler [1 04J,
Y UD modelo del que se advierte que no está exento de restric-
ciones, pero fue entendido, desde una interpretación volunta-
rista, como el paradigma de: la performatividad y de la subver-
sión del género. La gran popularidad alcanzada por esta obra,
opina la autora, pudo contribuir a la incomprensión de lo que
ahí se quena decir [105J.
En ('sta línea, Butler aludirá también [106] a su sorpresa al
comprobar cómo se había supuesto que en Gender Trouble perfor-
matividad era sinónimo de performance, cuando el uso del ejemplo
drag queen pretendía ser una alegoría de la performatividad de
género en la que toda persona está implicada. La performance
de la drag hace explícito el funcionamiento de la norma a través
del cuerpo. La performance de género es una parte de la performa-
campo de la sociología_ En este sentido cita, en p. 69, aJohn Hood WiJliams
ya \\'endy Cealy Harrison (<<Troublc With Genden" The Sociological Review,
n." -1-6 (1), 1998, pp. 73-94) quienes problematizan la hipótesis de que no haya
un sujeto detrás de la acción y a quienes les resulta chocante que tal tesis sea
dercndida por una autora tan interesada por el discurso psicoanalítico, que es
un discurso centrado en el yo y en los procesos de su constitución.Jay Prosser,
en Second Skins: The B01v .Yarralius ol Ti-anssexua!i!l'. )ic\\" York, Columbia
university Press, 1998 (citado también por Salíh, en p. 70), discute la idea de
que el género es performati,-o sobre la base de las personas transexuales para
las que es inequÍ\-oco que no son seres performati,·os.
[103] p_ 1.3. Este texto se publicó por primcra vez cn castellano.
Después se ha publicado en inglés, en una ,-ersión algo diferente, como «The
Question of Social Transformation", en [-'G, pp. 204-231; DG, pp. 289-327.
La H'rsión inglesa no contiene la frase que hemos citado_
[10-1-] GAP, p. 33_
[105] lbíd.
[106] CHS, pp_ 3H--34J_
f 1I 1
21 l
ti\'idad que, como taL está condicionada por las normas de géne-
ru que no se pueden elegir, Y ante la pcifon7lallc{ también hay que
considerar el contexto de recepción, no anticipado por completo
de antemano, Por tamo, el significado de las perjórmallces de géne-
ro no queda establecido por las intenciones de quien actúa,
7. J. }) contexto hispano de recepción
Lecturas no muy distintas a las que acabamos de aludir son toda-
\ía las más dominantes en el campo de la Glosofia feminista escri-
ta en lengua española [10 7]. Fue en el año 1990 cuando se dis-
puso por primera vez de un texto de Butler traducido al castella-
no, En ese aíi.o, Butler empezaba a ser muy tenida en cuenta por
su Gender h-ouble, como hemos indicado. Sin embargo, el texto
primero que de ella pudimos leer en castellano era el escrito sUyú
anterior «Variaciones sobre sexo y género. Beau\"oir, \Vittig y
Foucaull». Y junto a él, llegaban, además, ciertos ecos de la polé-
mica feminista en torno a sus arriesgadas tesis. Con ello empeza-
ba a quedar cierta constancia de la envergadura de su pensa-
miento dentro del marco de la teoria feminista r 1 08].
[107] esta cuestión ya he tralado con anterioridad en el trabajo,
«Lecturas de Butler desde la fllosofia feminista española», Rjff RaJ(, n." 021. 2"
época, im'ierno 2003, pp, 85-98; trabajo que se publicó además en lengua ale-
mana: Butlers Rezeption im spanischen feministichcn Dcnkem>, Dir
Philoso/min, Forumfiirfeministische Theon'e und PhilosojJlzie, n." 26, Dezember 2002,
pp, 43-j6, La actual es una vcrsión en pane diferente del escrilO cilado.
[108] Prueba dc lo que decimos es que un año antes de la edición de
Bodie.r Tlla/ AfaUa, esto es en 1992, Butler fue imitada a nexponer una \'ersión
abre\'iada de: esta obra, Ello tuvo lugar en el contexto del curso Femillismo.
Filr",,!!ia .l' Ciencia dirigido por Giulia Colaizzi (\'alencia, Uni\'ersidad
Internacional Pclayo;. Aquella fue la primera presencia de Butlcr
en Espaiia, Después, debido al Centre de Recerca Social i Educativa de la
l:niversitat de Barcelona, y a SIlS jornadas Cambie, Educativo)' Social In Af/ljere"
.l' TioniformacioncJ Sociales (200 1) fue posible escuchar a Butler de nuevo en
Espaiia, Constatamos en ('se foro que Butler es una potente teórica que no
dejó en absolulO indiferente a la numerosa audiencia que allí se reunió guia-
d" por el imeres suscitado por el pre\'io conocimiento de sus conceptualiza,
Sobre todo fue fl juicio de Celia. \morós sohrf la obra de
Butler el que en principio orientó el modo de su recepción dentro
de la f¡Josofia feminista española. Del público intercambio de posi-
ciones teóricas que protagonizaron junto a Butler, Nancy Fraser y
Seyla Benhabib, da noticia Amorós en la obra por ella coordina-
da Hislon'a de la teoría feminista; una obra que ha sido ampliamente
leída y que continúa siendo un punto de referencia sobre el tema
[109]. En su texto «Feminismo, ilustración y post-modernidad:
notas para un debate» [110], Amorós recoge el planteamiento de
Benhabib y las tesis de Fraser y ofrece su propio punto de vista
sobre esta discusión acerca del 'valor, o utilidad, de las oriemacio-
nes postmodernas para el pensamiento feminista.
Si para Benhdbib el feminismo debería mostrar escepticis-
mo hacia la postmodernidad porque puede llegar a poner en
cuestión los ideales emancipadores mismos de los movimientos
de mujrres. para Amorós, en esta misma dirección, el feminis-
mo es «una modernidad radicalizada» que trata, antes que de
nombrar la muerte del sujeto, de llevar a cabo su redefinición.
Aunque Amorós señala que la idea butleriana de resignifica-
ción, que discute la pertinencia de los roles de género asigna-
dos, no carece de interés en cuanto instrumento dirigido contra
el esencialismo, no puede aceptar, de acuerdo con la crítica de
Fraser, que la resignificación funcione sin orientación normati-
va que permita establecer qué tipo de resignificaciones son las
emancipadoras. Particularmente polémica es Amorós con la
idea de Butler de «proliferación paródica de géneros» a la que
ciones. en junio de 2007, Butler ha \'uclto a Barcelona inú-
tada por el Espai Francesea Bonnemaison '! también por el .\Iuseo de .\nc
Contemporáneo de Barcelona.
[109] Recientemente, Celia Amorós junto con Ana de .\Iigüel han edita-
do una extensa obra sobre teoria feminista donde se recogen nllc\'OS texto,
adernús de alguno> de los ya publicados en el anterior libro citado Hútoria de
la teoTÍafeminista. Véase, lloria feminista: de la Ilustración a la globali.::.ación, 3 \'015.,
Madrid. Minerva Ediciones. 2005.
[110] Celia Amorós, «Feminismo, ilustración y post-modernidad: notas
para un debate», en Celia .\morós ':coorcl.:' HiJton'a de la t('orínjemini.\ta. o/J. ,.il.,
pp. 341-352.
r c: '.piTI:.O rr '
cOll\·icrre en una afirmación del género como «ficción» carna-
\'alcsca con L qUé' libremente se puede jugar [111]. Aquella
incomprensión de Gender Tí'ouble que tanto sorprendió a Butler
es la que c;stá presente también en las réplicas, insistentes y rei-
teradas. de Amorós que, no en vano, se dejan guiar por los
comentarios de Benhabib y de Fraser.
El estudio «SlÚt'tO, sexo y género en la polémica modcrni-
dad-postmodernidad» [112] de Alicia Pule o, quien desarrolla
asimismo en sus escritos la perspectiva del feminismo ilustrado,
alude al pensamiento de But..ler en relación con las revisiones
postmodernas del horizonte conceptual ilustrado. Puleo
encuentra en lo que ella denomina visión postmoderna un des-
plazamiento de las críticas al patriarcado en favor del cuestio-
namiento del humanismo. Butler, nos informa Puleo, detecta
un inadmisible «esencialismo humanista» en autoras como
Beauvoir y Wittig. En razón de estas críticas butlerianas, Puleo
concluye que Butler comierte al sujeto en una «ficción» ya que
lo concibe como cfe-cto de las múltiples prácticas de poder; lo
que Puleo enlaza con la propuesta de Butler de lucha contra la
tradicional opresión dc género binario a tra\·és de la prolifera-
ción de géneros. Puleo entonces, como Amorós. ve un serio
problema en esta noción de proliferación de géneros antitética
al concepto ilustrado de sujeto. Retomando ideas de Amorós,
considera quc el planteamiento de Butler muestra un rasgo epi-
cúreo de alejamiento de lo político y de acercamiento al ámbi-
to de lo ético y de lo estético-lúdico, que imposibilita que el
camino de la proliferación de géneros logre los previstos resul-
tados de ruptura del sistema hegemónico de sexo-género.
[! II J Celia Amorás, TiemjJo de jcllliniJ/lIO, )'Iadrid, Ediciones Cátedra-
L'ni\'ersitat de \"alcncia-Instituto de la ~ h u e l ; 1997, p. 458. También, Celia
.-'\morós, «Feminismo y peryersió!1», en Luisa Posada Kubissa, Sexo)" esencia.
De cSC/lcia/ismos C/Icubicrtos)' esencia/ismos /¡crtdadoJ: desde un ji:minis1I1o nominalista,
Madrid, Horas y Horas, 1998, p. J 40. En su posterior libro, Feminismo )"fi/oso-
fia, l\1adrid, Editorial Sintesis, 2000, pp. 72-82, Amorós continúa disputando
las tesis de Butler con los mismos argumentos.
[1 J 2J Alicia Puleo, «Sujeto, sexo y género en la polémica modernidad-
poslmodernidad», Anales de La Ca/edra Francisco Suare.;:, 31, 199-1, pp. J 1-121.
_ (,
Según Puleo, el movimiento butleriano de diversificación de los
géneros no altera la permanencia de relaciones asimétricas de
poder. Estas solo podrían verse eliminadas, al decir de Puleo y
de acuerdo con Amorós, por el trabajo de anulación. de las dife-
rencias de género, porque género y patriarcado, género y rela-
ción jerárquica de poder, son conceptos equivalentes.
Mas, desde la perspectiva de Butkr, es claro que estas polí-
ticas identitarias sostenidas sobre la noción de un sujeto huma-
nista, antes que lograr la anulación del poder y de sus conse-
cuencias excluyentes producen un fuerte efecto de poder, vehi-
culan el poder de la acción autoritaria y normalizadora que
impide otras diferentes posibilidades de vida, pues la vida, toda
vida, nunca sucede al margen del género, de los géneros, los
deseos, las sexualidades. Y si la diversificación de los géneros no
consigue el derrocamiento final del patriarcado puede, sin
embargo, lograr agrietar sus sedimentaciones más constrictivas.
En fechas más recientes, Cristina Malina Petit no deja tam-
poco de referirse al pensamiento de Butler desde su óptica del
feminismo ilustrado. En «Debates sobre el género» [113], al
explicar la proliferación paródica de géneros vuelve a catalogar a
Butler bajo la rúbrica de pensadora postmoderna e insiste en
calificar su estrategia como estética y lúdica siguiendo, como en
los casos anteriores, las tesis de Amorós. Pareciera como si la
obra de Butler empezara y concluyera con Gender Trouble para
estas autoras, quienes, por lo demás, aun prestando atención a
una única obra, reflejan en sus observaciones la precipitación de
sus lecturas. Así, Cristina Malina, en su texto «Género y poder
desde sus metáforas. Apuntes para una topografía dd patriarca-
do» [111-], afirma que en Butler el géneru «no tiene más realidarl.
[113] Cristina Pnit, ,<Debates sobre el ?;énero», en Celia c'I.morós
(ed.1, Feminismo y Filosojla, op. cit., pp. 280-283.
[11+] Cristina lI¡folina Petit. «Género y poder desde sus metáforas.
Apuntes para una topogralia del patriarcado», en Sih'ia Tubert (ed.;, Del sexo
al gil/ero. l.os eIJIIÍ1'O(or de !/II ('¡/lce/)/o. Ediciones Cátedra-L"niH'ritat de
\"alencia-Instituto de la :\Iujer, 2003, pp. 123-1.59.
(C\l'in·l.l1 11]
que sus propias representaciones UJCIfo.·'17,anccs)>> [115J Y que su
propuesta hablil de elegir el género, lo que implica, a su juicio, que
el discurso de Butler se clirige solo a la elite del «Estado del
BieIlestar» además de ser una voz procedente de un «sujeto lésbi-
ca» fl16], Toda la argumentación butleriana, detallada y sólida,
sobre la improcedencia de la clicotomía \'oluntarismo-determinis-
mo, sobre la mclancolb de género, sobre la problematicidad de
lo:> cunceptos idemitarios: todo ello así como su minuciosa crítica
a la categoría de «la lesbiana» de Witúg y el sentido de su uso de
lo quecr siempre conectado con una clara preocupación por exten-
der las posibilidades de \1da en fm'or de las personas culturalmen-
te no dotadas de inteligibilidad, han desaparecido por completo
del alcance de la mirada de Crisúna l\101ina,
y tampoco dejan de ser inadecuados los come marias que
ha dejado impresos la filósofa, ig-ualmente discípula de Celia
Amorós, Asunción Oliva Portolés [117], quien resuelve la com-
]Jlicada cuestión sobre el modo butleriano de pensar el sujeto
afirmando: «La concepción de Butler de que el sujeto está
constituido por el discurso, aunque no determinado por él, es
un ejemplo de una política antiesencialista y constructi\'ista
radical», Antiesencialismo y construcU\1SmO radical no signifi-
can, sin más argumentación, la misma cusa, como parece,
sin embargo, sugerir la referencia citada de Oliva Portolés,
recientemente, esta autora vueh'c a Butler afirmando que
«desarrolla una perspectiva constructi\i.sta extrema sobre el
género» r 118J. i\ juicio de Oliva Portolés, para la tarea feminis-
ta la perspectiva adecuada es la de raíz ilustrada ya que el cons-
[115] l/M, p. 133.
1I I 6] Ibír/., p. 137.
[11/] Oli"a Ponoll-s, «Sujeto diferencias cullurales la
perspecti,·¡¡ del feminismo filosófico", en Teresa López Pardina )'
Oli\'" Ponolés ,cds .... Cl'ítiw jilllilllJ/n al jJsirualiti/iJiJ )' a /a jlosc1ia,
EdilOrial Complulense: 2(l03, pp. 241-242.
[1 le] .\sunción Oli"a Ponob, «Debates sobre el género», en Celia
Amorós y Ana de l\Iiguel (eds.), Troriafc71lillis/a: de la Ilus/raciólI n la globalú:.aóólI,
Oí;· cit., \'01. 3.", p. 36. En este texlo Oli\'a Portolés: no obstante, se esfuerza por
expliGlr línca, I;ú,icas del pcnsamicmo de Butlcr sobre el género.
tructivismo extremo «nos aboca a de muy dificil sali-
da» [119] aunque, sin embargo, en su afirmación no explicita
cuáles son estos calü:jones.
Además, la filósofa argentina Maria Luisa Femenías man-
tiene en sus líneas fundamentales esa dirección critica interpre-
tativa inaugurada, en el panorama internacional, por Benhabib
y Fraser, y por Amorós en e! contexto de! Estado español. En
Sobre sujeto)' género. l.ecturas feministas desde Beauvoir a Butler [120],
donde dialoga con autoras feministas como Beauvoir, Amorós,
Pateman, lrigaray, FemenÍas destaca que el pensamiento de
Butler debilita e! proyecto político feminista. En Butler, según
Femenías, las diferencias son todas admitidas por igual sin que-
dar sometidas a previos criterios que pudieran distinguir las
diferencias significativas de las que no lo fueran. Y al respcí.to
de la proliferación de géneros, Femenías observa que ni conlle-
va unas claras consecuencias políticas ni sirve para eliminar las
relaciones de subordinación entre los géneros [121].
[119] 11M. p. 51.
[120] Maria Luisa Femenías, Sobre szgeto] género. Lecturas feministas desde
Berzuvolr a Butler, Buenos .-\ires, Catálogos, 2000. En obras posteriores,
Femenías, formada en el ámbito del feminismo de Celia Amorós, mantiene
esta misma discutible perspecti\'a de análisis sobre Butler. Véanse,]udith Buller
(1956), :\Iadrid, Ediciones del Ono, 2003;]udith Bu/ler: Introducción a su lectlLra,
Buenos .-\ires, Catálogos, 2003.
[121] Siguiendo en gran pane la lectura contra la positividad del feminis-
mo de Butler realizada por Femenías, la estudiosa también argentina .\ndrea
D' Atri ha escrito los textos «Igualdad y diferencia. El feminismo y la demo-
cracia radical... mente liberal", Lucha de clases. Revista .I!arxúla de TcO/ia Polít/((l,
Buenos .-\ires, nO"l.;embre de 2002. El texto se puede encontrar además en
http://www.rebelion.org/izquierdo/ datri2111 02htm. Otro texto de dura crí-
tica a Butler, ya las tesis de la democracia radical, de la misma Andrea D'Atri
es «Feminismo y democr:lcia enJudith Butler. Entre la metonimia del merca-
do y la metáfora:imposiblc de la re\·oluriónn. (;¡'¡'(Itl, idrrdji'll1inillll. En la
.
D' .-\tri, desde el postulado marxista ele que la dilerencia de clases es la base
explicativa de toelo tipo ele opresión y, por tanto, de que es esta categOlia de
la diferencia de clases la que ele be orientar la lucha. se manitiesta con dureza
contra los planteamientos de la demo("[;lcia pluralista r:ldical, planteamientos
defendidos en sus trabajo., por HUller.
rc.WiT\\.() 11]
ena aproximaclOn al concepto hutkriano de cIÍ'ica C01110
resignificación que, por el contrario, respeta la presentación que
Butler hace ele sí misma como pensadora postestructuralista
antes que como postmoderna, nos la ofrece :\eus Campillo en
su escrito «El significado de la crítica en el feminismo contem-
poráneo» [122], Campillo alude, ella también, al debate entre
Buder, Benhabib y Fraser. Pero en su narración de esta polémi-
ca hay que subrayar que sc detiene en explicar la concepción ele
sujeto de' Burler de un modo bastante más preciso que en los
casos anteriormente mencionados. Campillo nos indica que la
negación de Butler de la existencia de un sujeto pre\'Ío y dotado
de autononúa \'a acompañada de la afirmación de la posibilidad de
que La! sujetO tenga capacidad de acción en Lanto que es, preci-
samente, el hecho de que el sujeto esté constituido -lo que es
distinto de estar determinado- lo que permite su agencia.
y esta agencia del sujeto se mueve en la dirección de una
acción, que es acción política, que no precisa de la formulación
previa, o posterior, de un sujeto del feminismo. La capacidad de
acción que es capacidad de rcsignificación es la que le da al
sujeto butleriano la posibilidad de resistir sin tener necesidad de
un marco de referencia, de una instancia crítica, transcendente
al propio mO\'Ímiento de resignificación. Campillo se nos mues-
tra, en r1efinitiva, preocupada sobre todo por hallar la fortaleza
del feminismo en su configuración como crítica autónoma. Yes
desde este ángulo desde el que da cuenta, en lugar de encami-
narse' a su de la noción de resignificación de
Butlcr guiada por el convencimiento de que se ha de hacer
posible el diálogo entre diferentes perspecti\'as feministas con
independencia de los paradigmas filosóficos que subscriban. De
ahí que, en su «Paradojas y rompecabezas de las políti-
feministas» [ 123], Campillo continúe subrayando el "alor
positivo para la política feminista de la orientación de Butler.
[122] I'\eus Campillo, «El significado de la crítica en el feminismo con-
temporáneo», en Celia Amorós led.), Feminismo)" Filo.rojia, op. cit., pp. 287 -318.
[123] :\"eus Campillo, «Paradojas y rompecabezas de las políticas femi-
nistas», Riff Rnff Jlc;·i.\ta dI' PCl/salllimto.l' Cultura, n." 27, 2:' época, im'icrllu
2"': '
También una mayor atención a las tesis de la filosofía de
Rutler se percihe (':n el texto de María José Guerra Palmero
«¿«Subvertir» o «situaD> la identidad? Sopesando las estrategias
feministas de Judith Butler y Seyla Benhabib» [124]. Aquí el
pensamiento de Butler no es citado de modo colateral, con oca-
sión de una exposición argumentativa que pretende otros fines,
sino que Butler es protagonista, junto con Benhabib, del texto
de Guerra. La intención de Guerra es analizar los planteamien-
tos enfrentados en torno a la problemática de la identidad con
la ,ista puesta en reflexionar sobre las consecuencias ético-polí-
ticas que subyacen a las diferentes y, -para ello,
Guerra nos expone las tesis de Butler y Benhabib porque, según
afirma directamente, son dos modos muy «lúcidos» de pensar
el difícil tema de la identidad [12j]. El trabajo de Guerra nos
ofrece un sería esfuerzo por desentrañar la complejidad del
2005, pp. 102-116. Véase también su artículo «Ontología y diCerencia de los
sexos», en Sih-ia Tubert (ed.), Del sexo al género. Los equh'ocos de un conceplo, op.
cil., pp. 83-120, donde Campillo analiza con esmero tesis Cundamentales del
pensamiento butleriano, entre las que se encuentra la de la performatividad
del género. Además en otros trabajos esta autora recoge las ideas butlerianas
mostrando su interés por ellas. Veáse: «De la identidad sexual a la identidad
política», en ;"I/eus Campillocoord.), Género, ciudadanía] s/!jelo /)olílico. En lomo
a las políticas de igualdad, Valencia, Instituto Universitario de Estudios de la
Mujer de la Uni\'ersidad de Valencia, Colección Quaderns Feministes,
Publicaciones de la U niversitat de Valencia, 2002, pp. 161-175; e «Idcntidad
y sexo: un rompecabezas ontológico», en Angel "Ianue! Faerna y :\Icrcedcs
Torrevejano (eds.), Identidad, individuo e histona, Valencia, Pre-Textos, 2003,
pp. 265-285.
[124] :\Iariajosé Guerra Palmero, «¿«Sub\'crtir» o «situar» la identidad?
Sopesando las estrategias feministas de Judith Butkr y Seyla Benhabib»,
Daimon. Ret'isla de Filosofia, n." !-l, 1997, pp. 1+3-154.
[125]lbíd., p. 145. En otros de sus trabajos, Guerra Palmero alude, aun-
que de modo deri\'ado, al pensamiento de Butler: .\bljer, idenlidad)" recollOcimifll'
lo. Habermas)' la ailicajf1/1iIlÚla, hlas Canarias, Instituto Canario ele la
Centro de Estudios de la Mujer. Uni\"Crsidad de La Llguna, Colección \'oces
Feministas, n, 1998; «Género: debates feministas en torno a una categoría».
Arel/al, n." 7 1 ¡o 2000, pp. 207-230; Teoriajimúnisla corllem/JOrlÍ.llea. ['Ila aproxilllil'
ción desde la ética, ;\ladrid, Instituto de In\'estigaciones Fcministas-Uni\"Crsiclad
Complut<.:nse de Madrid, 200 l.
[C.\PiTCLO 11]
22)
nuclear planteamiento bmleJiano sobrc la configuración de la
identidad de g-énero y sobre la posibilidad de su suh\·ersión.
Buller enscüa al feminismo, según Guerra, a usar el instrumen-
to del análisis decollstructi\'o y genealógico. Incide, además, en
las razones por las que Butler se opone desde el feminismo a las
políticas de identidad, esto es, por sus nada liberadores 'i sí
<lutoritarios efectos prescripti\'os [126J.
La importantc incidencia. acrecentada en los últimos aúos,
que está teniendo el pensamiento de Butler en el contexto lin-
güístico espail0l, nos está aportando un mayor número de tra-
bajos ocupados en analizar su producción con seriedad. Si bien
Angelesjiménez Perona se dedicó a resaltar, desde un horizon-
[12G] El cuestionamicnto dl" Butler de las politicas idrntitalias es un tema
que ha sido destacado por buena parte de los estudios españoles donde se inclu-
yen referencias a! feminismo de la filósofa norteamericana. Sin embargo, como
se \ienc mostrando, los análisis di\ugen en sus apreciaciones sobre el "a!or
positi,'o o negativo pard el feminismo de las tesis de Butler. Rosa )'laría
Rodríguez :--1agda. autora muy interesada en la filosofia de Foucault. y que
delirnde un feminismo que ha dado en llamar «transmoderno» como da de
diferenciación del punto dr ,ista de la modernidad pero sin asumir tampoco
de modo incontestable el de la postmodernidad. considera importante, como
dijimos más arriba. la construcción de un genérico femenino que dé cobijo a las
luchas rci,indicati"as de las mujeres. Y dc ahí su> críticas a Butler que se pue-
den encontrar en: E/modelo FrGlJ;CTls!cil/. De la djfcrmcw a la C/lllura /Josl,
Ternos. v en FOl/m1/11 J /a l!.Cllca/ogía de 10.\ oJ!. ril. De modo muy dife-
rel1le. sin embargo, se refiere Tercsa Oliate a la propuesta de Hutler. Entrando
a n.'flexionar sobre cl debate' modernidad-postmodernidad entiende Oi'late que
ahí se encuadra el conOicto entre feminismo y postfeminismo. Concibe la pos-
tlllodernidad de raíz nictzschl:<ln<l como un pensar de las diferencias que no
persigue ningún tipo de deber ser y que supone una modificación en nuestro
mundo contemporáneo de aquello que pueda significar pensar. El feminismo,
afectado por este contexto dc un modo centraL se mUC'"C en la dirección dl:
dccol1Struir y de resi¡;nificar eltámino mlge/" al tiempo que pone en cuestión las
políticas de identidad que exigen la proclamación de un sujeto femenino inde-
jJendiente. En tstc sentido del postleminismo o feminismo alternatin) Oliate
cita a Buder como pensadora que con su propuesta deconstructiva de resignifi-
cación permanente abre un espacio donde podrían aparecer sentidos no anti-
cipados aún de mujer o de lo Icmenino. Véase su texto «Feminismo alternativo
y poslmodernidad estética», en José Vida! (ed.';. RejlexiOlleJ sobre arle)' esl¿tica,
)'bclrid, FUIlC!;,ci,"lll de Im"cstígaciom:s :-'larxistas. 1998. pp. 81-113"
2.22
te igualitarista, los aspectos problemáticos de la noción de suje-
to de Butlf'r [1 cabe resaltar, no obstante, cómo en textos
m:ls recientes y muy bien elaborados juzga positivamente la
p'ropuesta constructivista hutleriana para la política feminista al
considerar que es compatible con el igualitarismo [1281. Sonia
Reverter Bañón [129J se interesa en especial por el concepto de
performatividad. Además, hay que destacar, por la finura de su
análisis y por la valoración positiva del pensamiento de Butler,
el tr;:¡bajo de Pablo Pérez Navarro [l30J; '1; en especial, el de
\lIaría Prado Bailarín [131 J, quien profundizando con acierto
en las tesis de Butler cuestiona con dureza las críticas de las que
[12i] Véase, Án!!;cles jiménez Perona, "Sexo y género. De la imposibi-
lidad del constructi\ismo radicah" RijJ RajJ ReviJta de Pensamiento y Cultura,
n." 21, 2:' época, imierno 2003, pp. 100-109 .
. [128] \"éase, Angelesjiménez Pr ro na , «Ciudadanía más allá de la ley'),
RijJ Ral}." R,,:ista de Pensamiento)' Cultura, n." '27, '2:' época, im'ierno 2003, pp.
93-100.
[129] Sonia Reverter Bañón, «Actos de habla y feminismo», en Actas del
X/V Congrés de Filosojia de Filosojia del PaiJ rálencid, Valencia, 2002, pp.
167 -180; Y «Los límites de la subversión», en Fina Birulés y Maria Isabel Peña
Aguado (eds.), La pa.mó per la I/iberta!. A ¡¡asJian/ór freedolll. Acció, passió i /Jolitica.
Controténies janinistes . .-lction .. Passion an Politics. Feminists Controt'asies, op. cit., pp.
205-210.
[1301 Pablo Pérez Nm'arro, «Performati\idad y subversión de la identi-
dad: A propósito de la obra de judith Butle!"», Laguna, n.o l4-, 2004, pp. 14-7-
164-; "Cuerpo y discurso en la obra dejudith Butler: Políticas de lo abyecto»,
en Da\'id Córdoba.Jaúer Sáez y Paco Vidarte (eds.), Troria queer. Políticas bol/e-
ras, maricas, tranJ; mestizas, :\ladrid, Editorial Egales, 2005, pp. 133- H8. Y
"Biopolítica y performati\ielad», en RijJ RajJ Rósta de Pensamiento)' Cultufa,
n." 34-. 200i. En este mismo número de RijJ RqD' se contienen los siguientes
trabajos dedicados al pensamiento de Butler: Eh'ira Burgos Díaz,
«Proposiciones /l/corregibles}); Aránzazu Hernández Piñero, "Cuerpo a cuerpo
eon Braidotti y Butlen>; Ana L Alvarez Hidalgo, <uudith Butler y las políticas
de la deconstrucción»; v Patricia Soley-Bcltran, «El "sexo" v la matliz hete-
rosexual. :\spectos teóricos \. empíricos ele una reconstrucción sociolót,"¡ca de
la teoria performativa de género dcjudilh Butlen>.
[131) :\laría Prado Ballarin, «¿Qué es el feminismo postcstructuralista de
Judith Butler y por qué están diciendo cosas tan horribles sobre él?», Rij/ R(/jf
Reárla dI' Pl'Ilsamiento ,l' Cultura, n." 27, 2:' imierno 2005, pp. 163-1 iR:
también, «Imitación y sub\'ersión de género: parodia y resignificación de las
l C.\riTL"I.O Il ¡
su obra ha sido objeto. Y desde otros ámbitos teóricos no exclu-
si\'amcnte filosóficos es claramente apreciable este reconoci-
miento de la óptica feminista de Butler [132].
representaciones normati\'as de la feminidad en]. Butlcr y L. Hutcheon», en
Jorge \: Arregui (ed.). Debates sobre las antropologías, Thémala Re¡·ista de Filosqfia,
n," 35, 2005,pp. 733-736,
r132] Como no es posible dar cuenta aquí, por su amplio \'olumen, de
todos y cada uno de los trabajos que aprovechan el pensamiento de Bmlcr,
mencionamos solo los, en nuestra opinión, más rele\·antes. En el ámbito de
los estudios queer, se incluyen: Ricardo Llamas (comp.), Cons/ru..J'endo sidentida-
des. Estudios desde el corazón de ulla palldemia, Madrid, Siglo 1995; Juan
Vicente Aliaga y J. M. G. Cortés, Identidad)' diferer¡cia. Sobre la cul/uTa l:q)' en
E'/J(1lla. Barcelona-Madrid, Egales, 1997 (segunda edición en 2000); Manuel
A1magro,juan Carlos Hidalgo y Carolina Sánchez-Palencia, «The Queer, the
Prosthetic Body, and the Cyborg: Nue\'as anatomías para el nuevo
en Mercedes Bengoechea y Marisol Morales íeds.), (Trans)/ormacwnes de las
sexualidades] el géneru, Universidad de Alcalá, 200 1, pp. 23-42; l\'laite Escudero
Alías, «Transfeminismo: Hacia una alianza entre el feminismo y la teoria
«queep»>, enJ. B. L1inares y N, Sánchez Durá Filosrif'Ul de la cultura. Actas
del n' Congreso Internar/anal de la Sociedad Hispánica de Antropología Filosófica
(SHAF), Valencia. Uni\'ersidad de Valencia-Sociedad Hispánica de
Antropología Filosófica, 2001. pp. 633-637; Beatriz Preciado, J/anifiesto con-
tra-sexual. Prácticas subversivas de idel/tidad sexual, !\ladrid, Opera Prima, 2002;
Rafael :\1. l\1érida Jimé'nez, Snuolidodrs tral/JgrcJoras. eno antología de estudios
queer, Barcelona, Icaria, 2002; Da\id Córdoba García, <<Identidad sexual y
performati\'idad», At/llmea Digital, n.o 4, 2003. Referencia. Disponible en
http://antalya,uab.es/ athcnea/num4-/ cordoba.pdf; Beatriz Suárez Briones,
Sc.\'tualidades: tcoría.¡ literaria,l 1e7l1illiJto5. Alcalá de Henares. Excelentísimo
Ayuntamiento de A.lcalá de Henares. Concejalía de !"lujer. Centro Asesor de
la Mujer, 2003, y de la misma autora «Sobre hombres y márgenes. Relaciones
entre el feminismo y la teoría queep>, úctora. n." +, 1998, pp. 83-91: Javier
Sáez, TroTÍa queer_)' psicoanálúis, ofi. ciL Desde el terreno del arte cahe citar:Juan
Vicente Aliaga, Bqjo vientre. Representaciones de la sexualidad er¡ la cultura)' el arte
contemporáneos, Valencia, Generalitat Valenciana, 1997; J. Martínez Oliva,
Slljc(cione.!, Valencia, Consorci de 2\luseus, Generalitat Valenciana, 1998.
l Qu: CLT.'\IA (;0\10 L',A \'ID\J
CAPÍTCLO III
l. Los CCERPOS EX SC :\L\TERIALIDAD
E::.crito con posterioridad a Gender Trouble, e! libro Bodies tha!
.Haller. On ¡he Discllrsive Limits of «SeX» se propone, aunque sin
duda tiene un alcance mucho más amplio [1], deshacer algunos
de los malentendidos provocados por e! primero. Esta segunda
obra ve progresivamente acrecentada su lectura a medida que
el pensamiento de Butler es reconocido justamente como de
atención imprescindible dentro de la filosofia feminista de últi-
ma generación. Las reflexiones sobre e! cuerpo, por otra parte,
adquieren en la sociedad contemporánea un lugar central. Ello
contribuye también a la difusión de Cuerpos que importan, cuya
peculiar perspectiva de análisis no puede suscitar indiferencia.
Cuestiones como las de cuerpo, materialidad del cuerpo y
su relación con la performatividad, son centrales en este texto
donde se investigan las construcciones discursivas de los cuer-
pos, esto es, los modos en los que la performativ;dad discursi-
va ope:ra en la materialización de! sexo y de los cuerpos en
[1] Vl'a:;e, Carol \ Vatts. ,<Body morph:;», Radiu¡/ Philu,ojJh)', 71, :\la\"/julle
1995, pp. ·j.[·"¡'2. En esta reseña de Bodies tlza/.\lalla, Watts alude al hecho de
que la obra aun siendo una reconsideración, en parte. de Gmder Tí'O/{ble \. de
sus malentendidos, logra mucho más, confirmando a Butler como una (il{¡so·
[a política tCminista cuya lectura es csencial:p . ..¡.¡ j.
[C.\riTl:l.e, 111:
gcneral. ;\, juicio dé' la propia Buller i2], en (;morr Tíoll/;/r su
noción de performati\'iclad se apoyaba particularmente ell el
ensayo de Derrida sobre el texto de Kafka «.\nte la ley»,
dejalldo sin examinar directamente la teoría de 10<: acto" de
habla de Austin; teoría que estaba en el trasfondo del escrito
de Derrida sobre Kafka. La performati\'idad, tal y como es
fxplicada en Bodics IhallHattcr, en una continuación y amplia-
ción de la discusión iniciada en sus estudios anteriores, adquie-
re mayor precisión teórica al atender las tesis de AusLÍn y en
buena medida porque Butler vincula su concepto explícita-
mente con la noción de citaciollalidad y de itcrabilidad de
1 krrida, h(.lliendo más evidente así, por otra pane, la depen-
den cid de su conceptualización de la performati\'idad de la
formulación derridiana sobre el lenguaje.
Persiguiendo el rastro del cuerpo en su materialidad, tras las
critica, vertidas ,obre Gender ]í'oubLe en el semido de que ahí
parecía quedar impensado el cuerpo -el cuerpo en su dimen-
sión más biológica [3]- como algo que, precisamente, no
importa, Buder se pregunta hasta qué punto y en qué sentido
los cuerpos son importantes. Esta es una pregunta por los
mrcanismos que materializan, que otorgan significación, que
hacen a los cuerpos que importen o que no importen. De lo
q\le se trata es de la matcrialiddd dl' Olro modo:
Lo que constituye el carácter fijo del cuerpo. sus contornos, sm
movimientos, será plenamente mate'naL pero la matelialidad
deberá reconcebirse como el efecto del podel: como el efecto
más productivo del poder. Y no habrá modo de interpretar el
«género» como una construcción cultural que se impone sobre
[2] Véase, OSRJI. pp. 163-171; en particular la p. 164. En TPH. p. 9, tam-
bién afirma Butlcr que en Gender 1í'Oubic desarrolla la idea de pcrformati\'idad
a partir de la obra de Derrida y no directamente de Austin.
[3] En TPH. pp. 13-14, Buuer comenta que en Calda 1íoublc se aproximó
al cuerpo como <<principio de acti\idad", como acto de potencia, como aque-
llo que «está eonstantememc penormándose» pero que no abordaba el cuer-
po en su aspecto pasivo'y vulnerable, ni tampoco en su carácter biológico. La
concepción dd cuerpo, afirma, quedaba en esa obra "inconclusa».
[ Qu:: ClT:'\T.\ (:C I\IU \·ID.\ 1
la superficie de la matlTia, entendida o bien como «el cuerpo»
o bien como su sexo dado [4].
La materia del cuerpo es inseparable de las normas que
regulan el proceso de materialización y de los significados que el
proceso hace circular. Cuando el trabajo del poder logra éxito,
entonces delimita su objeto otorgándole inteligibilidad. Forma
parte de este proceso el que los resultados materiales de la labor
del poder se consideren como datos materiales primarios, como
un campo ontológico de realidades en sí que funciona de modo
independiente al poder y al discurso. Este momento, el momen-
to en el que la materia se considera punto de partida para pos-
teriores elaboraciones teóricas y políticas, es, afirma Butler, la
ocasión propicia para que el poder oculte sus mecanismos de
producción velando el conocimiento de que aquel llamado lugar
epistemológicamente fundante es resultado de complejas rela-
ciones de poder y discurso [3].
1.1. Genealogía crítica del concepto de materia
En el título mismo, Bodies tlzat AJatter, se subraya, con la palabra
«lVIatter», con su doble, al menos, acepción de «materializam e
«importam, que el cuerpo no es sin más material, no es materia
pura; que lo que llamamos materia es un proceso de materiali-
zación consistente en una dinámica de atribución de significado,
inteligibilidad y valor. Ello no es un trivial juego de palabras sino
una compleja cuestión de dimensiones vitales. De ahí la afirma-
ción de Butler de que el feminismo no debería ocuparse en
«tomar la materialidad como un concepto irreductible, sino
en hacer una genealogía crítica de su formulación» [6]. Con este
fin, Butler analiza las definiciones de materia, de cuerpo, en
diferentes obras.
[+] CI, p. \8; B.H. p. 2.
[5] el, p. 1)+; B.I!, p. 35.
[fl] C!. p. 6\; BJI, p.:32.
re \riTLI.O [[[ 1
ElI :\ristóteles, considera Butlcr que no se encuentra una
11,,('I('JlI de materia separada del principio que le otorga su inte-
y reconocimiento, Pero su intelección del cuerpo
tampoco es aquella que quiera recuperar el feminismo porque
el principio de inteligibilidad en el desarrollo mismo
dc un cuerpo es precisamente la estrategia de una teleología
natural que explica el desarrollo de la mujer mediante la lógica
de la biología» [7]. Foucault, por otra parte, no en todos sus
textos, pero sí en Vigilar)' castigar, investiga cómo el alma -cár-
cel del cuerpo, de acuerdo con su definición- es instrumento
mediante el que el poder modela, forma, materializa, sujeta,
encarcela al cuerpo. Aquí obser,'a Butler un esfuerzo, por parte
de Foucault, por pensar la conexión entre el régimen de poder-
discurso y la noción de materialidad [8]. Mas Foucault, según
Butler, no repara, en todo caso, en las operaciones de exclusión
realizadas por el poder. La pregunta por aquello que queda
excluido en el proceso discursi\'o de poder es justo una interro-
gación que Butler halla en la obra de Irigaray Y es a esta auto-
ra a la que Butler dedica su análisis critico en este contexto de
reflexión sobre las implicaciones del uso del concep-
to de materia, Irigaray formula que aquello a partir de lo cual
sr ha la historia de la filosofia occidental es el recha-
zo de lo femenino al haber sido identificado lo femenino con la
materia, con el elemento relegado en el «falogocéntrico» esque-
ma binario de materia y forma. A esa exclusión de lo femeni-
no, afirma Butler [9], le otorga Irigaray el rango de ser la exclu-
! 7J el. ]J, 61 (he modificado ligeramente la traducción castellana); BM, p,
3:i.
18J Subre este planrcamiento de Fuucault que Bu¡]er entiende que es «una
r('elaboración implícita de la formulación aristotélica según la cual el alma es
la forma y el principio dc la matcria del cuerpo». \'éase, además. JIPP, p, 103:
PLP, p. 90,
[9J eJ, p. 68: B.\l, p. 37, Butlcr rastrea en panicular, aunque no solo, la
iI1lerprctación que del Timeu de Platón rcaliza lrigaray en especial en la obra,
que Butler cila en su traducción inglesa, Specul1/11I of lhe O/her floma1/, Ithaca,
Corncll liniversit\' Press, 1985, traducida al castellano como Sj¡frulUlII.
Esp((II/o de la olm muja, }'Iadrid, Saltés, 1978.

sión constitutiva del pensamiento filosófico; es la exclusión que
sostiene el funcionamiento de esa economía que oprra median-
te oposicionc:s binarias.
Estableciendo una clara diferencia con las opciones feminis-
tas que consideran, aunque no sin critica, la asociación, por
parte del pensamiento occidental, de lo femenino con la mate-
ria inerte, pasiva, lrigaray postula que lo femenino no viene
representado por esa materia amorfa sino que es lo que queda
rechazado en la oposición filosófica entre materia y forma o
cuerpo y razón. Lo frmenino no halla representación ninguna
en ese esquema dualista; no puede ser expresado en los concep-
tos filosóficos porque su exclusión es sobre lo que se apoya el sis-
tema filosófico occidental. Y esa fundamental exclusión de lo
femenino ocurre, para lrigaray, a través de la noción de mate-
ria. El concepto de materia, en un sentido, se formula en rela-
ción con el polo opuesto del concepto de forma. Pero, en otro
sentido, la materia, como lugar donde acontece la inscripción
de la dualidad entre materia y forma, remite a una categoria de
materia que no puede ser tematizada. Ese sitio no articulable es
el receptáculo de lo femenino, para lrigaray.
En este punto, Butler recurre a la tesis del «suplemento» de
Derrida [10] que aplicada a la distinción filosófica de materia y
forma sugiere que la materia aparece duplicada. Actúa dentro
de la oposición entre materia y forma y, por otro lado, excede
esa distinción de un modo que no hace posible sistematizar esa
materia excesiva. Derrida plantea la grave dificultad de la exis-
tencia de un concepto de un «exterior ahsoluto»; de un concep-
to de materia como alteridad radical. Esa materia excesiva es lo
excluido de la oposición pero hay que entender que lo excluido
es una producción de la oposición misma con la que se halla,
por lo tanto. en relación de dependencia. La argumentación de
Butler -y se trata de una argumentación que ocupa un pues-
to especialmente destacado en su obra-- defiende que esa
[10) Buriel' remite a la obra de Jacques Derrida. PnJi/io/ls. Chicago,
university ol' Chicago, 1978, traducida al castellano como PIJ.\iuIJ/lt'J,
Valencia. Prc-Textos. 19i1.
r C.\l'iTl'I.O lll)
materia como lugar de lo excluido no es el lugar ele un exterior
absoluto sino que ha de bajo la figura de un
«exterior constituti\·o»:
ell exterior cOIIstituli\'o o relali\"o eSl:l compuesto, por
lO. por una serie de exclusiones que, sin embargo, son inferiores
es\" sistema cumu su propia l1ece.<idacl no lcmatizable. Surgl'
dClltro del sistema como incoherencia. como dcsbanuuslc,
comu una amenaza a su propia sistematicidad [11).
La peculiar estrategia de análisis del Till/I'o platónico,
empleada por Irigara)' en SjJeculum, interesa a Butler particular-
mente porque supone una imitación de la lógica platónica que
en su inccs0nte acción repetitiva no la consolidación del
original sino su desbaratamiento, la puesta en cuestión del valor
del origen. Irigaray, afirma Butler, soca\'a el texto platónico no
desde una posición filosófica externa al mismo sino desde den-
tro de los propios términos de su lenguaje [12]. Esta táctica de
Irigaray se diferencia de la empleada en Ese sexo que 110 es uno
donde en contra del «logocentrismo» recurre a un elemento
supuestamente ajeno, a la rei\indicación de un placer específi-
camente femenino -lo que, como ya ha sido comentado ante-
riormente, es objeto de la réplica de Butler--. Pero, por otra
parte, Butler insiste en discutir a Irigaray que reduzca estrecha-
mente la esfera de lo excluido a lo femenino, c\l considerar
Irigaray que el ámbito de lo excluido contiene solo a lo femeni-
no, cerrando así la posibilidad de pensar en otro tipo de exclu-
[11] CJ. p. 71; EH p. 39.
[12] En eSla misma línea. en relación con «la mimesis crítica» que efi..'c-
lúa lrigaray cn Spnuul/II. BUller afirma en su ensayo posterior DG'. «¿El fiu ele
la diferencia sexuaP», p. 284; CG'. «ThC' End of Sexual DifTcrencc?», p. 20 1:
"Creo que es erróneo pensar quc estc tipo de mimesis solo deri\'a en una
moralidad de cscla\·o', que acepta y refuerza los términos de la aUloridad.
Irigaray hace algo más con estos términos. Ella les da la \'uelta; crea un lugar
para la mujer donde amcs no lo había: expone las exclusiones a tra\'és de las
cuales proceden algun05 discun,os: y muestra que dichos lugares de ausmcia
pueden ser lllo\·ilizados».
QL L I:U:\' Co'I (:(/.110 t XI I·¡I).I I
siones efectuadas por el sistema masculinista, Butler se pregun-
ta por la clase de exclusiones que está efectuando el discurso
mismo de lrigaray.
En el reduccionismo de su mirada, de lrigaray, radica el pro-
blema de Butler con el análisis de lrigaray. Las exclusiones son
inherentes a los procesos de significación, a todos ellos. De lo
que se trata para Butler es de mantener alerta el cuestionamien-
to de la \iolencia de las exclusiones que ejecutan nuestros discur-
sos aunque sin oh idar tampoco que ese ámbito de la exclusión
es un límite, una frontera, un margen, que tiene el sentido posi-
tivo de señalar el lugar desde donde pueden ser amenazados los
regímenes normativos. Con respecto al concepto de materia, la
lección butleriana es que no es adecuado para la práctica
nista mantener ese concepw como irreductible porque de
este modo podemos estar perpetuando, sin c:lisputarla, la opera-
ción de exclusión que circunscribe el término.
No siendo el propósito de Butler, entonces, ni negar la
materialidad ni tampoco presuponerla, lo que nos ofrece es jus-
tamente esa genealogía critica de la noción de materialidad, o,
en otras palabras, una visión performativa de la materialidad,
de los cuerpos en su materialidad. Porque para Butler el campo·
del trabajo teórico no queda reducido a dos opciones; una que
parte de la materia como dato indiscutido previamente dado y
la otra que rechaza por completo la materia. Butler se encami-
na hacia un cuestionamiento de la materialidad de los cuerpos
que no rechaza el concepto sino que ali,;a el término de sus
más pesadas y dogmáticas cargas posbilitando su apertura en
direcciones menos opresi,·as:
Poner en tela de juicio un supuesto no equivale a desecharlo;
antes bien, implica liberarlo de su encierro metafisico para
poder comprender qué intereses se afirman en -yen ,·irtud
de- esa locación metafisica y permitir, en consecuencia, que
el término ocupe otros espacios y sirva a objetivos políticos
muy diferentes. Problematizar la materia de los cuerpos puede
implicar una pérdida inicial de certeza epistemológica, pero
una pérdida ele cenaa no es lo mismo que el nihilismo políti-
I C.\PITll.O 11I ;
" 1
cn. Por ("1 contrario. esa pádida hil'!1 pucde indicar un cambio
y promctedor e11 el pensamiento político. Esta dcs-
localización de la materia pucdt' ('ntenderse como una manera
ele abrir nLH'\"as posihilidades, de hacer que los cuerpos impor-
ten de otro modo [13].
Con ocasión de una entn?\ista realizada en 1996 por Irene
CCJm:ra :\Ieijer y Baukje Prins l 1+]. BUller pudo \'ol\-er a inci-
dir en la intención principal de' su Bi;(j¡CJ Iltal JIatlcr. Su crítica
a lo natural, afirma, está guiada ames que por la negación
inhabilitadora sobre todo por el afán de cuestionar las diversas
maneras en las que se recurre al concepto de naturaleza para
establecer férreos límites sobre las \idas sexuadas y generizadas.
Con sus incisivas re\'isiones de" los usos de alcance ontológico
de los términos pretende potcnciJ.r el surgimiento de posibili-
dades tradicionalmente excluidas para la ,.ida corporal. sin
embargo, a pesar di: las reiteradas explicaciones sobre cllugar,
el sentido y el alcance de su pensamiento, este no ha dejado de
suscitar el apelati\'o de constructivismo radical o de monismo
lingüístico.
2. :'\1 CO:\STRl'CTIYIS:-IO
La polémica planea sobre la obra de Buller. En ciertos pasajes
de sus textos, en Genda rJí-ouble )' en particular en Bodies llzal
Matlo; se ha percibido un determinismo lingüístico antibiologi-
cista sin remisión que consistiría en sostener que todo, incluso
el cuerpo, es lenguaje o que no hay nada más que la substancia
de las palabras, Conocedora de estas lecturas no acordes con
sus tesis, tesis que desde el principio de su trayectoria además
enfocaron una y otra vez el arduo problema de desalojar el pen-
samiento de su reclusión en la aparentemente irresoluble dico-
wmía entre voluntarismo y determinismo -o también entre
l"
- )-
[13] C1, pp. 5G-57; B.\!. p. 30.
[1+] HBCJ1, p. 2í7.
[QU. ClT\"T.\ CO\IO l"\".\ \·ID.\ )
esencialismo y construcu\lsmo' ,Butler vuelve en Cuerpos que
importan, como uno de sus temas principales, a revisar esta espi-
nosacuestión incidiendo en que su posición no es la del conse
tructivlsmo sino aquella que transita por la senda de la decons-
trucción, preocupada por poner en e\ idencia los ejercicios de
exclusión, rechazo y marginación presentes en las construccio-
nes discursivas.
El lenguaje de b perJormatiádad y no el del constructivismo es el
adecuado para abordar su aproximación al sexo, al género, al
cuerpo también. El término «construcción», sobre todo cuan-
do es entendido en su acepción habitual como índice de lo fácil-
mente cambiable, alterable, o directamente eliminable, plantea
confusiones importantes que no permiten entender la formula-
ción performativa de la materialidad como proceso de signifi-
cación en el que está implicado la repetición de normas. No se
trata, decimos, de negar taxativamente la materia de los cuer-
pos. Butler escribe en este sentido:
Los cuerpos viven y mueren; comen y duermen; sienten
dolor y placer; soportan la enfermedad y la violencia y uno
podría proclamar escépticamente que estos «hechos» no
pueden descartarse como una mera construcClon.
Seguramente debe de haber algún tipo de necesidad que
acompaii.e a estas experiencias primarias e irrefutables. Y
seguramente las hay. Pero su carácter irrefutable en modo
alguno implica qué significaría afirmarlas ni a través de qué
medios discursivos [15].
[15] el, p. 13; B.\I, p. xi. Esta idea la expresa Butler de un modo muy
similar en páginas más adelante de este mismo libro: «Tiene que existir la
posibilidad de admitir y afirmar una serie de «materialidades» que corres-
ponden al cuerpo, la serie de signilicaciones que le asignan las es leras ele la
biología, la anatomía, la tisiolo¡,ria, la composición hormonal y química,
la enfermedad, la edad, el peso, el metabolismo, la vida. Ninguna de ellas
puede ser negada. Pero el carácter innegable de estas «matcrialidades» en
modo alguno implica qué signilica alirmarla, en realidad, qué matrices inter-
pretativas condicionan, permiten y limitan esa afirmación necesaria» p.
108: B.\I, pp.
r c. \PiTL"LO [[] 1
Los elementos discursivos acompañan a aquellos tradicio-
nalmente considerados «hechos» de realidad independiente y
ajena al orden del lenguaje. Butler prosigue preguntándonos
por qué debemos concebir la construcción discursiva como
algo que podría ser suprimido arbitrariamente. Más bien
sucede que con ellas, con las discursivas, vivi-
mos y pensamos, y sucede que renunciando a ciertas cons-
trucciones discursivas, como es el caso de la noción misma de
«yo», de' identidad, no serían viables algunas de las operacio-
nes corporales. Parece haber, afirma Butler, construcciones
discursivac; constitutivas en el sentido de que sin ellas no pare-
ce posible la vida. En tal caso, dirigir la mirada hacia el cuer-
po como algo en cierto modo construido exige un ejercicio de
reflexión qué significa lo que lIamamo!S construcción. El
sentido dado al término por parte de la teoría feminista que
replica a Butler, de la que hemos ofrecido algunos ejemplos
-entre ellos la difundida interpretación de Susan Bordo-,
no es, de acuerdo con lo dicho, el más com'eniente para com-
prender su pensamiento.
Si atendemos, por otra parte, a que en otra de sus direccio-
nes la tesis del constructivismo aún puede permitir mantener la
noción de sexo como dato prediscursivo sobre el que se erige la
construcción, como así lo defienden, por ejemplo, ciertas lectu-
ras que sitúan a Be(J.uvoir dentro del constructivismo, entonces,
también desde ahí se justifica el rechazo de Butler a reconocer-
se bajo la opción constructivista. Butler subraya que las normas
son las que materializan el sexo y que este proceso de materia-
lización se hace posible por la reiteración, repetición obligada
de las normas. Ello mostraría que la materialización del sexo,
del cuerpo, no implica determinismo -tampoco, desde luego,
voluntarismo- porque no es de ningún modo y nunca comple-
ta, ya que se exige persistir en ese proceso repetitivo de mate-
rialización. El cuerpo materializado no se ajusta del todo a las
normas. Queda un espacio, por la misma dinámi'€la del proce-
so de una inestable materialización, para la apertura, para
las normas se vuelvan en contra de sí mismas poniendo "en
cuestión su carácter hegemónico.
!.'.;
Esta concepción, concepción performativa, de la materia-
lidad sitúa la noción de performatividad bajo la guía explícita
de la «citacionalidad» derridiana. «La performati\idad debe
entenderse», dice Butler, «no como un «acto» singular y deli-
berado, sino, antes bien, como la práctica reiterativa y referen-
cial mediante la cual el discurso produce los efectos que nom-
bra» [16].
A partir de esta revisión butleriana de la noción de materia
se explica que el género no pueda ser afirmado más como
aquella construcción que se elabora a partir de una materiali-
dad, del cuerpo, del sexo, anterior al artificial acto constructor.
Sin embargo, tampoco se concluye de la idea de la elaboración
performativa del sexo que el sexo sea una engañosa ficción lin-
güística que podamos suprimir puesto que el que sea un pro-
ducto no elimina que el sexo sea ámbito de nuestra vida, que el
sexo sea espacio de nuestra inteligibilidad cultural. Las relacio-
nes entre el sexo y el género son, en tal caso, objeto de una
reconceptualización que abarca al significado habitualmente
dado al constructivismo.
El constructivismo, en definitiva, argumenta Butler, abre
una polémica de dificil solución: o bien mantiene el sexo como
suelo natural de la construcción o bien desemboca en un no
menos problemático monismo lingüístico o constructivismo lin-
güístico radical. La primera versión del constructivismo conlle-
va poner límites al constructivismo. La objeción a la que ha
dado lugar pone el acento en la cuestión de que si la construc-
ción del género requiere la figura de un sujeto que lleve a cabo
la construcción de su propio género, entonces se vuelve a traer
a escena el sujeto voluntari,ta que el construni\ismo, pn:cisa-
mente, pretendía poder superar. El constructi\ismo lingüístico
[16] el, p. 13; B.\!, p. 2. En la formulación original inglesa, se aprecia el
uso, lraducido al inglés, obviamente, del rérmino dc Derrida, lo que no succ-
de en la rraducción caslellana donde en lugar de «ciraciona]" se encuentra la
palabra «referencial»: «nOI as a singular or deliberale «aCI», bUI, ralher, as (he
rC'iterarivr and citalional practice by \\'hich discourse produces the enÚIS thal
il names».
[e IPiTt.:J.O II\,
radicaL por otr,l parte, parcce conducir hacia lo c¡ue Butler
denomina «lo pcrformativo di\·ino» r 17]. esto es, a la acción dc
un semejante a un dios, capacitado, por el poder
de su voluntad soberana y libre, para crear y para determinar
exhaustivamente el objeto de su construcción. La más persis-
tente objeción en contra de esta segunda versión plantea que
una tal construcción determinista construye tamhién al propio
humane) y de un modo que se le arn:bata toda capacidad
de acción, la libertad de su voluntad, lo que significa que la
construcción se impone por encima del sujeto y que, en conse-
cuencia, no se puede recuperar luego al sujeto pre\iamente
negado.
La profundización crítica en las asunciones del constructi-
\ismo le permite a Burler subrayar el interés de su pensamien-
to no por suprimir al sujeto, como afirmaba en su conocida
réplica Seyla Bcnhabib, tampoco por \·olverlo a recuperar en el
sentido humanista sino por rastrear las condiciones de su for-
mación así como de sus modos de acción, de la capacidad de
acción que le permite el propio proceso de su producción.
El modo de operar la construcción del sujeto lle\·a consigo,
de acuerdo con la óptica de Buder muy preocupada, como
decíamos, en la deconstrucción de la acti\idad de la construc-
ción, una serie de ejercicios de exclusiones mediante los que se
establece qué lo humano inteligible y qué queda fuera de las
fronteras de Jo humano, rechazado como inhumano, como lo
abyecto inconcebible. Este límite de lo humano, es para Buder
el «exterior constitutivo» (<<constitutive outside») [18] de lo
humano, que está ahí amenazando las fronteras marcadas de
lo humano y abriendo con ello la posibilidad de la desestabili-
zación, de la rearticulación de lo humano. El «exterior consri-
tutivo» no es, como hemos dicho más arriba, un «cxterior abso-
luto)) (<<absolute «outside))) [19J, no es un exterior ontológico
[17] C/, p. 2-1; BM, p. 6.
[lB] Gl, p. 26; BM, p. 8.
r 19] lhid.
[QU: CLT:\T.·\ cmlO L":\.-\ \·IDA 1
opuesto al ámbito del discurso; es exterior a lo construido por
el discurso pero solo puede concebirse en relación con el dis-
curso, en los márgenes del discurso. Esta es la razón por la que
Butler afirma, 'f con rotunda claridad, que su pensamiento no
puede ser aproximado ni desde el esencialismo ni desde el cons-
trucúvismo:
El debate entre rl C0TIstrUCtlvISmO y el esenciJ.lismo pasa
completamente por alto la cuestión esencial de la dcscons-
trucción, porque la cuestión esencial nunca fue que «todo se
construye discursi\'amente»; csta cuestión esencial, cuando
se plantea, corresponde a una especie de monismo discursivo
o lingüisticismo que la fuerza constitutiva de la exclu-
sión, la supresión, la forc!usión y la abyección violentas y su
retorno destructi\'o dentro de los términos mismos de la legi-
timidad discursiva r20].
El problema del constructivismo es que afirma, en ocasio-
nes, la existencia de unas estructuras, el discurso, la cultura, el
poder, que sitúa en el lugar del sujeto que ha sido desalojado.
El lugar queda así inalterado aunque se modifique al ocupan-
te, con lo que en definitiva se refuerza la tesis metafisica de la
necesidad de un sujeto detrás de la acción, privilegiándose, por
una parte, la concepción de la construcción no como actividad
sino como acto único 'f definitivo de efectos permanentes, y
obviándose, por otra parte, la esfera de lo excluido -el «exte-
rior constitutivo»- que emerge en el ejercicio mismo de la
construcción discursiva estando ahí en los bordes de lo que ha
sido dotado de inteligibilidad; y que por ello, por hallarse en ese
espacio de contacto próximo, posee el ímpetu preciso para en
[20) el. p. 27: B.\!. p. 8. El texto en inglés dice así: «Thc debatc betwecn
constructiúsm and esscntialism thus mis.,es the point ol' deconstruction alto-
gethcr"lor the point has never bern that is COllstrllC-
ted»; thar point, when and whcre it is made, belongs to a kind of discursi\'C
monis m or linguisticism rhar refuses the consrituti\'c force of cxclusiol1. craslI-
re, violent foreclosure, abjection and its disruptivc return within the very
tcrms of discursi\'c Iegitimac)'»,
[ C.\PiTU.O III 1
cualquier momento, insospechado a ,·eee::;. irrumpir en el inte-
rior del discurso desbaratando. desplazando. las fronteras " el
significado de las categorías formuladas. El constructi,-ismo que
no retiene esa dimensión de actividad de la construcción c:':ten-
dida en el tiempo)' que tampoco repara en los mecanismos de
abyección inherentes a la construcción; ese constructi,-ismo sí
es determinista y sí elimina la capacidad de- la acción humana.
En la propuesta de Buúer que apela a la dimensión per[or-
mati"a de la construcción, la construcción se ha de entender
antes que como un aclO o como un proceso causal iniciado por
un sujeto, como un proceso que en el curso de su de"enir tem-
poral funciona por la reiteración, citación, de unas normas que
son la ocasión para la formación del sujeto, de las nociones de
sexo y género, y que son al mismo tiempo la ocasión para la
desestabilización de! sujeto sexuado y generizado. Es, justa-
mente, esta idea de la reiteración, eri la que se acentúa a la vez
que lo que se enuncia lo que no se dice, lo que se cierra en cada
acción de reperición discursiva, la que indica que las construc-
ciones se constituyen de modo inestable; porque en la reitera-
ción se estabilizan las normas y se ofrece asimismo el espacio
para e! surgimiento de fisuras que imposibilitan el completo y
definitivo asentamiento de las normas y de sus producciones.
La perf'1rmati,idad, a la ,-ista de estos apuntes críticos sobre el
constructivismo, es concebida por Buder, bajo la inspiración de
Dnrida, como una práctica discursiva de reiteración de nor-
mas, y de reiteración de prácticas de exclusión, en la que el
poder de hacer lo que se nombra no St- halla en la voluntad del
sujeto hablante sino que este poder es una función deri\'ada de
la cadena ritual de la reiteración.
La posición constructivista del idealismo lingüístico, ade-
más de entrañar los problemas drl determinismo incapaz de
dar cuenta de la acción humana, es acusada de negar los cuer-
pos, con sus procesos de modificaciém, envejecimiento y muer-
te. Burler advierte cómo en contra de ese idealismo lingüístico
se postula la existencia de elementos relativos al cuerpo \' al
sexo ajenos a la labor de la construcción. Pero Buúer, sin admi-
tIr, como se ha dicho, ese construni,i"iTIo radicaL se plantea
2,3
que la afirmación del sexo ocurre siempre dentro de un proce-
so discursivo de materialización donde se forma aquella misma
afirmación del sexo. La tesis de Butler no es que el discurso ori-
gina o causa lo que enuncia, ni tampoco que lo forma exhaus-
tivamente, sino que «no hay ninguna referencia a un cuerpo
puro que no sea al mismo tiempo una formación adicional de
ese cuerpo» [21].
Esto significa que la referencia lingüística a los cuerpos no es
meramente descriptiva sino que tiene un alcance performativo.
Decir que existe la materialidad del cuerpo es una manera de
materializar el cuerpo. Cuando, prosigue la argumentación de
Butler, la opción anticonstructivista diferencia lo que en el cuer-
po no es construido de lo que sí es construido, ya está ahí, en la
diferenciación misma, actuando la operación discursiva que
define lo construido y lo no construido. El término «referencia-
lidad» debe ser, entonces, reelaborado en una dirección perfor-
mativa en la que no quede ocultada esta tarea de significación
que actúa incluso cuando decimos «referirnos» al cuerpo no
construido, a una realidad extradiscursiva. Lo llamado «extra-
discursivo» no deja de estar nombrado como tal por un ejerci-
cio discursivo del que no puede lograr la liberación que recla-
ma. y esta operación que decide qué es lo material, cuál es el
objeto al que nos referimos, es una operación de selección, de
cierta violencia, que delimita qué es lo incluido dentro de la
categoría de sexo, de cuerpo material, y qué lo excluido. De ahí
que Butler nos plantee discutir la fijeza del criterio que diferen-
cia los sexos dentro del marco dicotómico de la le\' heterosexual
desde ese «exterior constitutivO» engendrado por las elaboracio-
nes discursivas predominantes, porque es así como puede ser
posible que lo excluido subvierta la lógica heterosexual. Por ello,
también, que en Cuerpos que importan Butler revise las críticas al
constructi\ ismo no para asumir esa posición sino para cuestio-
nar, desde su enfoque de la performatividad, el dualismo soste-
nido por el anticonstructivismo entre materialismo e idealismo.
[21] el. p. 31; 8.\1, p. 10.
[CAPilTLO III 1
A la teatralidad de las peiformanres de Gender 'Ji-ouble, el
planteamiento de Bodies thal ¡\latler apona el subrayado de la
historicidad de la acción performativa del discurso que en
aquel primer libro, aun no estando ausente, podía parecer
quedar disimulada: «La performatividad no es ni libre juego
ni autopresentación teatral; ni puede asimilarse sencillamente
con la noción de peifor711Glicc» [22J. Voh·erá más tarde Butler,
en particular en su obra Excitable .Sjj((dI. A Politics oJ the
Peiformative, a retomar, y con mayor extensión, su noción de
performatividad a partir de la indagación crítica en la teoría
de los actos de habla, de Austin y de Derrida en especial. En
este lugar, en su estudio sobre la materialización del cuerpo,
menciona la teoría de Austin señalándola partícipe de la con-
cepción divina del performativo que sitúa el poder performa-
tivo de hacer lo que se dice en la fuerza de la voluntad de un
sujeto. Es la reformulación de Derrida la que es afirmada en
tanto guía de su propio análisis. La «ciracionalidad» y la «ite-
rabilidad», como rasgos identificatorios del funcionamiento y
del carácter del performativo, conllevan que el poder del per-
formativo reside no en un sujeto singular sino en la dinámica
de la cita de una convención, sin la que, por ejemplo, no ten-
dría efecto la celebración de un matrimonio.
Aplicando la citacionalidad al campo del sexo, Butler infie-
re que la autoridad de las normas del sexo proviene del hecho
de que se las cita. Por este mecanismo de la cita nos identifica-
mos con las normas del sexo deviniendo sujetos corporales
sexuados. Y habrá de ser asimismo citando como podrá ser fac-
tible el desplazamiento de la ley de la heterosexualidad. El suje-
to está comprometido con el poder al que se opone dado que
son las normas que discute las que están implicadas en su for-
mación como sujeto. Butler subraya nue\·amente que la acción
del sujeto es interna y no externa al poder y que, por ello, la
capacidad de acción no puede concebirse desde el ángulo del
sujeto voluntarista, libre para elegir sin condiciones. Pero hay
[22] el, p. 145; BM, p. 95.
[ QU: CCEI\TA C O ~ I O CI\A \·IDA 1
potencia para actuar. El entrelazamiento de las citas puede ser
desbaratado en favor de otorgar significación a cuerpos y esti-
los de vida que la lógica simbólica hegemónica ha excluido
como abyectos para fortalecer por este medio el valor de aque-
llos cuerpos normativos que han quedado designados, materia-
lizados, como cuerpos que importan. Butler afirma que esta es,
si es que hay alguna, la «dimensión normativa» [23J de su
Bodies lhal Malter:
En este libro, mi propósito es llegar a una comprensión de cómo
aquello que fue exCluido o desterrado de la esfera propiamente
dicha del «sexo» -entendiendo que esa esfera se afirma
mediante un imperaóvo que impone la heterosexualidad-
podría producirse como un retorno pertubador, no sólo como
una oposición imaginaria que produce una falla en la aplicación
de la ley inevitable, sino como una desorganización capacitado-
ra, como la ocasión de rearticular radicalmente el horizonte sim-
bólico en el cual hay cuerpos que importan más que otros [24].
Estas son fuertes limitaciones que Butler detecta en el
constructivismo de signo determinista: que ese modelo no
permite pensar en los actos de exclusión de lo discursivo ni en
la potencia del sujeto humano para la acción. En la aclaración
de la performatividad que Bodies lhat ¡vIatter lleva a cabo, se
acentúa, precisamente, ese ámbito de lo excluido y su energía
para la transformación de las categorías; de las categorías
sedimentadas pero de existencia siempre inestablemente sos-
tenida en la necesidad de la repetición. Si Butler continúa
usando el término «construcción» no lo hace sino desde el
subrayado de la dimensión performativa de la construcción.
En «How Bodies Come to Matter», además de en su Bodies
lhal Matter, Butler había negado adscribirse al constructivismo
radical, insistiendo en que lo que pretende mostrar es cómo la
polémica entre el esencialismo y el constructivismo se funda en
[23] Cl, p. -1-7; B.H, p. :21.
[2-1-] CI, p. -1-9; BJI, p. 23.
[C.\I'ITll.O III 1
una paradoja de no fácil superación. Decir que no hay materia-
lidad pre\-ia que pueda ser accesible al orden discursi\'o, pues-
to que si accedemos a ella, a la materialidad, es en tanto que
está ya inserta en lo discursivo, no es afirmar que el cuerpo no
es nada más que el producto de una construcción. El construc-
tivismo halla aquí otro límite, un límite en un camino distinto
al sei1alado anteriormente como su incapacidad para reflexio-
nar sobre las exclusiones internas al mecanismo de construc-
ción discursiva. Este otro límite es el indicado por aquel «lugar»
-la denominada materialidad previa, el cuerpo previo- al
que la significación discursiva no puede acceder: «afirmar que
el cuerpo es un referente escurridizo no es lo mismo que afir-
mar que es sólo y siempre construido. En algún sentido, esto es
precisamente afirmar que existe un límite a la construcción, un
lugar, por decirlo de alguna manera, donde la construcción
necesariamente encuentra su límite» [25].
Cierto que Butler, ella misma lo admite, desliza su análisis
sobre el cuerpo hacia el campo del lenguaje. El «Prefacio» de
Cuerpos que importan se inicia con las siguientes palabras:
«Comencé a escribir este libro tratando de considerar la materia-
lidad del cuerpo, pero pronto comprobé que pensar en la mate-
rialidad me arrastraba invariablemente a otros terrenoS) [26]. Es
igualmente evidente su interés en dejar claro que el cuerpo no se
reduce a lenguaje aunque sea compleja la vinculación entre cuer-
po y lenguaje.
Uno de los subtítulos contenidos en esta obra de Butler nos
arroja la pregunta: «Los cuerpos, ¿son puramente discursi-
vos?» [27]. Esa supuesta materialidad del cuerpo, se nos dice
ahí, a la que intentamos referirnos con términos lingüísticos es
[25] HBGM, p. 278 (la traducción es mía'.
[26] Gl, p. 11; BM, p. ix. Butler insistirá en esta idea en obras posteriores
como en Excitable Speech y también en Undoing Gender. En esta última escribe:
"There is always a dimension of bodil)' Jife that cannot be fully representcd,
('''en as it works as the condition and acti\'aúng condition of language», UG,
pp. 198-199; DG. p. 281.
[27] eJ, p. 109; BJ!, p. 67.
2-+2
[QU: CU:'\TA cmlo L:!\A \'IDA)
justo aquello que el lenguaje fracasa en captar pero que insis-
tentemente intenta denotar. Es algo que el lenguaje «demanda»
y que en ese sentido tiene que ver con el lenguaje aunque no es
de modo estricto una parte del lenguaje. La materialidad for-
mulada en el lenguaje «conservará esa postulación como su
condición constitutiva)). «La distinción absoluta)), prosigue
Butler, «entre lenguaje y materialidad que procuraba asegurar
la [unción referencial del lenguaje socava radicalmente esa
misma funcióm) [28], porque el lenguaje no puede indicar a
aquello que ha sido postulado como radicalmente exterior a sí
mismo. Mas, de aquí no se puede concluir ni que el cuerpo sea
exclusivamente una realidad lingüística, como ya ha sido dicho,
ni que el cuerpo no tenga que ver con el lenguaje. Materialidad
y lenguaje no son, en último término, la misma cosa y, por otro
lado, no dejan de estar profundamente imbricados en una
mutua interdependencia. Butler dice: «el lenguaje y la materia-
lidad nunca son completamente idénticos ni completamente
diferentes)) [29].
2.1. Sofisticado constructivismo
Una mirada centrada en la polémica sobre ~ l constructivismo
que ha motivado Bodies tha! iV/alter así como también atenta a las
refutaciones presentes en el mismo texto, es la ofrecida por
Veronica Vasterling en su escrito «Butler's Sophisticated
Constructivism: A Critical AsseSSmenb) [30]. Aunque esta
autora considera que el paradigma de Butler es el del construc-
[28J Gl, p. 109; BM, p. 68.
[29] CI, p. 111; B.\/. p. 69. Retomando ideas de esta obra, Butler dirá en
~ H P P , p. 96; PLP. p. 84: «La afirmación de que el cuerpo es "formado" por
un discurso no es sencilla, y de emradadebemos aclarar que esta '"forma-
ción" no equivale a "causa" o "determinación", y menos aún significa que los
cuerpos estén de algún modo hechos de discurso puro y simple».
[30J Veronica Vasterling, «Butler's Sophisticated Constructivism: A
Critical Assessment», Hypatia, vol. J.l., n.
u
3, Summer 1999, pp. 17-38.
[ C.'.PiTL"LO III 1
ti"ismo radical, reconoce, no ohstante, que en sus argumenta-
ciones desarrolla una «sofisticada» "ersión que logra superar el
monismo y el determinismo lingüísticos.
Vasterling se ocupa fundamentalmente en dilucidar si la
propuesta de Butler tiene solo un alcance epistemológico o si
también contempla un pronunciamiento ontológico. El primer
caso, el del argumento epistemológico, no concluye por sí
mismo en un monismo lingüístico ya que de lo que se trata es
del modo en el que el cuerpo es accesible al conocimiento,
manteniéndose su accesibilidad únicamente a través de sus
construcciones discursivas. Pero lo que no se sostiene es que sea
el lenguaje el que determina la realidad en su faceta ontológi-
ca. En «How Bodies Come to l\Ianen>, Butler, interrogada
sobre si su obra no tiene implicaciones ontológicas en las que se
formulan juicios sobre cómo es el mundo, especifica que su teo-
ría de lo que sí trata es de los efectos ontológicos que se movili-
zan en el discurso, y que desde ahí, solo desde ahí, es desde
donde sería aceptable relacionarla con cuestiones ontológicas.
Su trabajo con las enunciaciones de carácter ontológico no es
para investigar su «verdad» o «falsedad» sino para provocar en
ellas una grieta que permita resignificarlas y reorientarlas
en una dirección divergente a la de la metafisica dominante.
Butler dice, en una formulación muy potente, que lo importan-
te es producir ontología como «campo de contestación» [31].
De acuerdo con Butler, y también en relación con el tema onto-
lógico, los términos no hay que prohibirlos. Ella usa los térmi-
nos ontológicos con el fin de impedir, mediante su repetición,
que continúen ejerciendo sus más habituales efectos constricti-
vos de poder; de impedir que persistan en distribuir realidad a
unos cuerpos a costa de la abyección de los otros, esto es, del
rechazo de ciertos cuerpos cuyas \-idas son estimadas, median-
te un proceso discursivo, como no ,-i\-ibles.
De «How Bodies Come to Matte!"», sin embargo, Vasterling
retiene, en particular, el pasaje donde Buder se aproxima en
[31] HBC\1, p. 279.
2·H
cierta medida, y «temporalmente», a la versión derridiana de la
orientación epistemológica kantiana argumentando que «la
afirmación ontológica no puede nunca capturar su objeto por
completo» porque e! referente hacia e! que indica «no está
completamente construido en e! lenguaje» [32). Nos es inacce-
sible aquello que no sea un efecto lingüístico y el referente se
entiende que es algo distinto de! efecto lingüístico; por ello,
entonces, el referente no puede ser atrapado y por ello,. tam-
bién, que existan variados modos de referirse a algo. Vasterling
resalta cómo estas tesis de Butler implican su aceptación, como
en la tradición kantiana, de los límites del lenguaje y de! cono-
cimiento, lo que supone que lo que depende del lenguaje es el
conocimiento, la inteligibilidad de las cosas, no negándose con
ello la posibilidad de que en su ejercicio e! lenguaje deje un
«resto ontológico» [33]. Pero como Butler es tajante en obser-
var que no hay realidad más allá del lenguaje a la que se pueda
acceder de algún modo, Vasterling, que ha leído con atención
esta idea [3-!], discute la conveniencia de aquella asunción epis-
[32] Ibíd., p. 279.
[33] Veronica Vasterling, «Butler' s Sophisticated Constructivism: A
Critical Assessment», op. cit., p. 22. Vasterling en su posterior trabajo «Body
and language: Butler, Merleau-Ponty and Lyotard on the Speaking Embodied
Subject», International]ournal of Philosophical Studies, Vol. II (2), 2003, pp. 205-
223, en particular en pp. 207-210, también se refiere a lo que ella denomina
giro lingüístico de la epistemología kantiana en el pensamiento de Butler,
donde lo que en Kant es el sujeto transcendental es en Butler el lenguaje. La
distinción de Butler, afirma Vasterling en p. 207, entre referente y efecto lin-
güístico corresponde a la distinción kantiana entre cosa en sí y fenómeno.
Aunque, a nudtro juicio, esta equiparación no se puede admitir sin más mati-
zaciones. En Butler el referente no tiene ni el sentido ni la fuerza ontológíca
de la cosa en sí kantiana. Además, es dificil vincular el sujeto transcendental
-estructurado bastante rigidamente- a una noción del lenguaje en la que
se afirma que el lenguaje. en m discurrir histórico, móvil y temporal, tiene
efectos ontológícos.
[34] Otras criticas, sin embargo, no nos parecen que hayan sabido acer-
tar a comprender el pensamiento de Butler en este punto. Así, Maria Luisa
Femenías en su obra ]udith. Butler: introducción a su {ectura, op. cit., pp . .189-190.
considera que en Gender Trouble mantiene Butler una postura «hiperconstruc-
[CAPiTCLO III J
\emológica a la que considera excesi\·amente rcstricti\·a ya que
sitúa en el lenguaje tanto la inteligibilidad de las cosas como su
accesibilidad. Opina \ ·asterling que Butler está vinculando
accesibilidad e inteligibilidad, no dando ocasión a que pueda
haber un camino extralingüístico que conecte con las cosas al
margen de su inteligibilidad.
Un cierto acceso a los fenómenos que no conlleve a la vez
su conocimiento o su entendimiento, sí es posible para
Vasterling. La vivencia fenomenológica del cuerpo es la que la
autora considera en este contexto. De acuerdo con la fenome-
nología, el cuerpo es una materia que persiste y Vasterling rela-
ciona esta concepción del cuerpo con un pasaje del texto de
Butler donde se alude a la materialidad del cuerpo como algo
que persiste)' donde queda especificado que lo que persiste es
(<una demanda en y por el lenguaje» [35], algo que requiere ser
descrito, explicado, interpretado, analizado. Ya hemos comen-
tado la posición de Butler ante la compleja cuestión de la rela-
tivista» mientras que en Bodies tha! Ala/ter se inserta en un «dualismo metafísi-
co». La convincente, a nuestro juicio, réplica de Butler al debate entre esen-
cialismo y constructi,·ismo radical la aleja tanto del hiperconstructi,-ismo
como del dualismo metafisico que, no olvidemos, es una opción filosófica que
hace depender la habitable realidad humana de un orden otro al que consi-
dera más plenamente ser, el lugar de la verdad y el bien en sí inconmO\ibles;
mundo transcedente este que algunos, como Platón, postulan como cognos-
cible, y otros, como Kant, aun considerándolo incognoscible, defienden en
tanto que referente inexcusable que debe guiar nuestra razón teórica y la
práctica, la acción moraL Butler, como ha sido explicado, no otorga valor
determinante a ese «algo» no capturable por completo por el lenguaje. Si se
refiere a ello es únicamente en el contexto en el que está rebaóendo el idea-
lismo dcl monismo y del determinismo lingüísticos, Ni BodicJ /ha/ Malla impli-
ca, como afirma Femenías -p, 190-, una «segunda etapa" en su pensa-
miento ni aquí «sobre,'uela» «un fantasma kanóano». Butler remite a Kant
en el aspect0 en el que incide en los límites del conocimiento, pero no com-
parte en absoluto ni su concepción de la ontología ni su encuentro de una vía
de acceso, la razón práctica, a esa realidad ontológícamente plena, la cosa en
sí. Butler afirma, lo hemos citado, que es crucial producir ontología como
«campo de contestación»,
[35] CJ, p, 108; BM, p, 67,
[ L ' I ~ (:L'F.!\lA cmlo l'r\,\ \'lIl.\ 1
ción entre cuerpo y lenguaje que, en general, conecta sobre
todo con la perspectiva derridiana; también ha sido señalada
con anterioridad la revisión critica de la orientación fenomeno-
lógica que contiene el pensamiento de Butler. Sin embargo,
Vasterling, detectando cierta aproximación hacia la fenomeno-
logía en el fragmento citado de Butler, convierte aquello que
persiste como «demanda en y por el lenguaje» en el «cuerpo
ininteligible» [36] al que tenemos acceso a través de la expe-
riencia vivida. De este modo, Vasterling replica la tesis que vin-
cula accesibilidad e inteligibilidad, y que ella lee en la obra de
Butler como su principal postura epistemológica, mediante un
punto de vista fenomenológico [37] que asimismo, aunque solo
en momentos aislados y más implícita que explícitamente,
detecta en Bodies that Alatter.
La preocupación por lo abyecto, muy presente en Butler y
en concreto en este libro de Cuerpos que importan, no puede por
menos que hacernos desestimar en este punto la critica de
Vasterling. Lo llamado abyecto por Butler es lo rechazado, lo
considerado como no significativo, y como no vivible. El cuer-
po abyecto seria así un cuerpo no inteligible, un cuerpo que no
importa. A ese cuerpo abyecto hay acceso pero no a través de la
vivencia fenomenológica pura sino mediante lo discursivo
mismo, porque, y aquí está el nudo crucial para rebatir a
Vasterling, Butler no da por supuesto el cuerpo abyecto como
realidad previamente dada sino que afirma que el carácter de
ininteligible, de abyecto, de ese cuerpo está instituido discursi-
vamente. Como dijimos en su momento, lo excluido de la sig-
[36] Veronica Vasterling, «Butler' s Sophisticated Constructivism: A
Critical Assessmem», op. ci/., p. 25.
[37] En su texto «Body and language: Butlcr, :'vlerleau-Pomy and Lyotard
on the Speaking Embodied Subject», o/). cit., Vasterling explica más con deta-
lle el pumo de dsta sobre la relación cuerpo y lenguaje ele y
lo confronta con la perspectÍ\'a de Butler y de Lyotard. Vasterling considera
que es mérito de el haber rehabilitado el cuerpo sensible. un
cuerpo expresivo e intencional del que depende, y no solo del lenguaje, lo que
vemos y emendemos. opina Vasterling, da respuesta a cues-
tiones que en Butler permanecen insatisfechas.
(C.-\PÍTLI.O 1II 1
nificación, el ámbito del «exterior constitutivo», que no de un
«exterior absoluto», está inmanentemente producido por y en
el proceso de significación y de ahí su capacidad para irrumpir
sub\"Írtiendo los límites y las definiciones de las categorías hege-
mónicas. Ello implica que, por una parte, Butler no identifica
sin más accesibilidad e inteligibilidad si bien sí asimila accesibi-
lidad y lenguaje, pero entiéndase que ambas formulaciones no
dicen lo mismo puesto que de ese ámbito de lo lingüístico deri-
ya tanto lo inteligible como lo ininteligible, lo que se puede
nombrar tanto como lo que no se puede nombrar -asunto que
tratará Butler en Excitable Speech-; )", por otra parte, implica
que la posibilidad de acción de lo despojado de inteligibilidad
no depende de la fenomenológicamente inmediata vivencia
corporal. En «Ho\\! Bodies come to I\latten> [38], Butler afir-
ma que la abyección es «un proceso discursivo» y afirma, ade-
más, que los «discursos habitan en los cuerpos», «son parte de
su propia sangre v"Ítal»; no podemos considerar, entonces, que
el proceso discursivo transcurre por un camino y el cuerpo vi.vi-
do por otro distinto.
Coincidimos con Vasterling en que el cuerpo ininteligible
puede ser una gran fuerza crítica y una potente fuente creati-
va [39], mas en términos butlerianos ese núcleo de resistencia
[38J HBC:\1, p. 282. Es muy interesante. además, relener de esta entrevis-
ta cómo defiende Butler su tendencia teórica a ser cautelosa a la hora de pro-
porcionar ejemplos concretos que puedan aclarar sus posiciones. El peligro
que encierran los ejemplos es que pueden acabar por convertirse en norma-
tivos, cerrando el significado de los términos para otros usos útiles no pre\'is-
tos todavía. Sin embargo, Butlcr desciende a dar alguna imagen más concre-
ta sobre qué entiendc por abvecto. Lo abyecto, nos dice. no solo tiene que vcr
con cuerpos cuyos sexos, géneros, sexualidades están fuera de la norma hege-
mónica; también alude a cuerpos y vidas que son rechazados por su piel,
raza, etnia, religión, cultura, entre otras posibilidades. En Estados Unidos,
precisa aún más, las vidas no occidentales son, en muchos casos, considera-
das abyectas.
[39J Veronica Vasterling, «Buller' s Sophisticated Constructivism: A
Critical Assessment», op. cit., p. 25. Vasterling titula uno de sus apartados del
modo siguiente: «The Unintelligible Body as Critical Force and Creative
Resource».
2-1-8 [Qu: CCE:-;TA C : O ~ I O cr\,-\ \'IDA]
no es un elemento extralingüístico, no es, como en Vasterling, un
cuerpo ajeno al poder discursivo e inabordado por los significa-
dos lingüísticos. El lenguaje es, sin duda, un ámbito dinámico de
posibilidades no predeterminables, siempre al acecho de traer a
la presencia imaginativos mundos aún, por el momento, no dis-
ponibles. Como Vasterling concibe el cuerpo ininteligible única-
mente como aquella realidad vivible en el exterior del lenguaje
y como es en él donde hace radicar la energia para la critica y
para la transformación, no extraña que juzgue de utilidad polí-
tica débil la teoría de Butler; aunque, matiza Vasterling, sobre
todo en tanto que, influida por el esquema psicoanalítico, equi-
para accesibilidad e inteligibilidad pero no, obviamente, cuando
sugiere una noción fenomenológica de accesibilidad [40].
No es esa, no obstante, ni la última ni la definitiva valo-
ración de Vasterling. Interesada en la noción de agencia articu-
lada en la teoría de Butler, Vasterling afirma que aquella teoría
sí permite una cierta capacidad de acción. En principio, la
iterabilidad derridiana hace recaer el peso de la movilidad del
significado, de su estabilización o desestabilización, en el fun-
cionamiento interno del lenguaje. Es el propio mecanismo lin-
güístico, mecanismo de espacialización y temporalización, el
que genera significados a partir de una dinámica de diferencia-
ción de signos lingüísticos. Indica Vasterling a este respecto que
para que sea posible hablar de capacidad de acción del sujeto
no es suficiente que el sujeto se vea envuelto en este proceso de
reiteración y repetición; es preciso que el sujeto pueda partici-
par, actuar en el proceso. Aunque pueda parecer que la concep-
ción derridiana utilizada por Butler excluye la agencia del sujeto,
Vasterling reconoce que Butler admite la intencionalidad del
sujeto, que el sujeto sea capaz de proponer significados cuando
[-!-O] lbíd., p. 26. En «Body and lan.guage: Butler, :\Ierle;J.u-Ponty and
Lyotard on the Spcaking Embodicd Subject», oj!. cit., pp. 21.9-220, Vasterling
resalta justamente y en contraste con las teorias de Merleau-Ponty y de
Lyotard la perspccti\'a política que se halla en el planteamiento de Butler, en
el que e l l e n ~ a j e , concebido como institución social, es pensado como fuer-
za política.
[C.WiITI.O III 1
habla o actúa. Cierto que esos actos intencionales no pueden
ser controlados por completo en sus efectos o consecuencias
pero, aun así, podrían, pueden, provocar una alteración en la
cadena de significados. Comprendida de este modo, es como
Vasterling sostiene que la teoría del lenguaje de Buder no elimi-
na la agencia del sujeto sino que da cabida a la iniciativa del
sujeto y a que su intervención logre éxito, eso sí, siempre que
esa iniciati\"a sea seguida y extendida por las otras personas.
Desde aquí es, efectivamente -y este es un puma impor-
tante que queremos resaltar-, desde la teoría del lenguaje y no
desde una concepción fenomenológica del cuerpo que como tal
no suscribe sino que cuestiona Buder, desde donde se logra cla-
ridad sobre el carácter subversivo y transformador de la pro-
puesta de Butler. De la concepción del lenguaje de Butler y de
su influencia derridiana, no obstante, daremos más detalles con
posterioridad.
Acierta, además, Vasterling en su comentario sobre el
impulso para la contestación social y política que ofrece el pen-
samiento de Butler. A este respecto se debe destacar cómo
la ley hegemónica, aquella de cuyo cumplimiento depende
nuestra aceptabilidad como sujetos humanos, funciona
mediante la producción de una serie de exclusiones violentas
y agresivas. Conocer esta fuerza negativa de la norma nos
determina a su oposición, no para eliminar por completo las
normas sino para abrirlas en direcciones más humanizadoras.
Buder, bien lo subraya Vasterling, no nos habla de que sea
alcanzable la meta de la inclusividad total o radical; ni siquie-
ra sería conveniente porque ello podría tener el efecto totali-
tario, antidemocrático, de coartar la pluralidad, de impedir
ese juego de diferencias positi,·as en donde fructifican las posi-
ciones subjetivas.
Todas las categorías y definiciones, de acuerdo con Buder,
funcionan mediante actos de exclusión pero no todas las exclu-
siones son iguales. Las problemáticas son las exclusiones violen-
tas que arrojan fuera de lo humano a un conjunto de individuos
según el dictado de la norma hegemónica. La inclusividad radi-
cal, sin embargo, es deseable cuando funciona como ideal que
siempre está dispuesto a revisar sus posibles ejercicios de exclu-
sión; y como ideal que ha de entenderse en su pretensión de
lograr el reconocimiento de toda vida humana bajo la catego-
na de sujeto inteligible y no como orientación que persigue la
opresiva anulación de toda clase de diferencias. Vasterling reco-
noce de este modo lo que había quedado negado en la lectura
de Fraser, que la formulación de Butler sí establece criterios
para discriminar el valor de las distintas estrategias de resignifi-
cación [41 J. En la apropiación butleriana, la teona de la demo-
cracia radical de Chantal Mouffe y de Ernesto Laclau -a los
que se cita explícitamente en Bodies that j\l/atter [42]-, opera
[41] En su texto CTS, p. 28 (en DC, pp. 315-320; CC, pp. 223-227, se
amplían considerablemente -en relación al texto castellano inicial de «La
cuestión de la transformación social»- los comentarios de Butler sobre
«La resignificación como política»), Butler afirma que en el caso de que toda
resignificación fuera válida no tendriamos criterio para rechazar la resignifi-
cae ión de! socialismo que supuso e! nacional-socialismo ni para aprobar e!
movimiento anti-Apartheid. La reapropiación puede trabajar en contra de
la libertad, sin duda. Buder apuesta por las resignificaciones en favor de la
extensión de la vida vivible, pero esta extensión no puede apoyarse en e! racis-
mo o en la misoginia o en la violencia. Entonces, e! movimiento anti-
Aparheid, al que ella alude, sería aprobable en cuanto que lucha en contra
de! racismo y de la .. iolencia. En último término la resignificación no puede
hallar valor solo en sí misma, ha de ser evaluada de acuerdo con e! criterio
que supone el proyecto sociopolítico de! que Butler participa, e! de la demo-
cracia radical. Butler es muy clara en ese punto: «¿qué innovación tiene valor
y cuál no? Las normas que consultaríamos para responder a esta pregunta no pueden deri·
varse ellas mismas de la resignificación. Tienen que derivarse de una teoría radical
democrática y, por tanto, la resignificación tiene que contextualizarse de ese
modo». Esta idea ya la he comentado con anterioridad en mi trabajo «Hacia
la libertad. Contra la violencia. La apuesta de Judith Burlen>, en Domingo
García Marzá y Eisa González (eds.), Entre la Ética.JI la Política: Éticas de la
Sociedad Civil, Publicacions de la Universitat Jaume 1, Col-lecció e-
Humanitats, 1, Libre Electrónic, 2003, pp. 730-768. El texto se ha publicado
también en Varios :\utores, Las mujeres en la (/lltum..l' los medios de comul/icacióll,
Sevilla, ArCiBe! Editores, 2005, pp, 15-28.
[42] Butler cira, entre otras, la conocida obra de Ernesto Laclau y
Chantal Mouffe, Hegemon)' alld Socialist Strategl', Londres, Verso, 1985.
Traducción castellana, Hegemonía)' estrategia socialiJta: hacia la mdicali:;acióll de la
democracia, l\Iadrid, Siglo x..'XI, 1985.
[C.\PiTl"I.O III 1
2) 1
positi"a y producti\"amente otorgando pautas para la aCClOn:
para la actuación de un sujeto que, esta vez en contra de
Benhabib. sí está configurado, desde el discurso y en el discur-
so, con potencia para la innovación crítica.
3. !l\TERPELA.CIÓ!\ y SUUETIVACIÓl\
Persistiendo en su preocupación por la cuestión de la constitu-
ción del sujeto, Butler constató en Bodies that A1atter que el
marco foucaultiano que principalmente había utilizado no le
permitía dar cuenta de modo preciso de cómo el sujeto está
constituido solo parcialmente por el discurso y de cómo los ele-
mentos de la constitución del sujeto no se pueden anticipar
exhaustivamente. El proceso de constitución del sujeto es vul-
nerable y está sometido a la posibilidad del fracaso. Esta idea,
que es fundamental para Butler, no la hallaba en la teoría de la
sujeción de Foucault [43]. Vigilar)' castigar, en particular, le ofre-
cía una formulación sobre la sujeción en su opinión demasiado
unilateral y carente de matices. La figura del prisionero ahí
narrada resultaba mecánicamente construida, obviando la pro-
blemática de la psique, de ese ámbito que desborda y que resiste
los efectos de la regularización de los discursos normalizadores.
Foucault no recoge el central aspecto del carácter vulnerable de
la dinámica misma de la configuración del sujeto.
Este fue uno de los motivos por el que fijó su atención en la
noción de interpelación de Althusser. La obra de Althusser
retiene la llamada verbal como elemento básico en la constitu-
ción del sujeto. En el llegar a ser de un sujeto inteniene un acto
[43] Un trabajo que analiza las teorías del poder de Foucault y de Butler
insistiendo en que el poder en Butler se inserta en el terreno de lo lingüístico,
que la subjetiyación se produce en el seno de las prácticas lingüísticas, y que
argumenta que con ello la teoría de Butler se aleja de la de Foucault, es el
ofrecido por Catherine Milis, «Contesting the Political: Butler and Foucault
011 Power and Resistance», Thr }ournal ~ r Poli/iral PhilosoP'!l', Volume 11.
:\umber 3, 2003, ppo 2j3-272o
[ u ~ ClOE!\"TA C O ~ I O lO"o\ \"lD.oll
de habla, emitido por un sujeto y dirigido hacia otro individuo,
que en su dimensión performativa hace al sujeto, provoca su
emergencia y a la vez la posibilidad de su agencia, esto es, lo
construye y lo capacita para emitir sus propios actos de habla.
Butler observa que el acto de habla ocupa dos lugares en rela-
ción con el sujeto. La escena de la interpelación de Althusser le
ofrece el primer momento, el momento en el que el sujeto es
constituido, y la teoría de Austin le conduce al segundo
momento, al espacio del acto de habla del sujeto. Es la propia
Butler [44] la que de este modo, en conexión con las inquietu-
des intelectuales promovidas por sus lecturas de Foucault y de
Austin, encuadra la presencia de Althusser en su texto. A
Althusser, por otro lado, se referirá también en Excitable Speech y
en The Psychic Lifo if Power, donde dedica un capítulo concreto
a su teoría de la sujeción.
La relación de su noción de performatividad con el con-
cepto de interpelación es analizada por Butler en su relectura
del texto althusseriano «Ideology and Ideological State
Apparatuses» [45]. La llamada de atención, o interpelación,
que el policía dirige hacia un individuo, es, para Althusser, no
solo una acción de control vertida sobre el sujeto sino que, de
modo más importante, es el acto a través del cual se da inicio al
sujeto, a su formación en tanto que ser jurídico y social. La ley,
concebida de este modo, tiene el poder de producir temor al
mismo tiempo que otorga reconocimiento al sujeto y un reco-
nocimiento que supone la inserción del sujeto -su sujeción-
en el terreno discursivo que es del que recibe un orden de exis-
tencia social. Ello significa, para Butler, que en la interpelación
althusseriana el sujeto alcanza su carácter de ser tal sujeto reco-
nocible, no estando ya difuminado en el conjunto de individuos
indiscernibles, mediante el temor al castigo que le conduce al
acatamiento de la ley. Castigo y reconocimiento se entrelazan
[44] OSR.\!. pp. 16+-165.
[45] Louis .\.Ithusser, «Ideology and Ideo1ogical State Apparatuses (:\otcs
towards an Im'estigation»>, en Lcllinlllld alld Otha :\'c\\' York,
Monthlv Re\'iew Press, 1971 :pub1icado por primera \'ez en LA Pmsée, 1970\.
[C.\l'iTl"I.O III J
en el enunciado interpelante. Butler se pregunta, entonces, por
la posibilidad de pensar de otro modo este ejercicio discursiyo
de formación del sujeto. Le discute a Althusser el no haber con-
siderado el campo de las posibles desobediencias del sujeto a la .
ley que le interpela. En la propuesta de Althusser, la ley, conce-
bida al modo de la voz soberana, ejerce un poder obligante y
unilateral. Sin embargo, es importante subrayar para Butler
cómo el sujeto puede no solo desobedecer sino lleyar a cabo
unas rearticulaciones tales de la ley que rompan su legitimidad
y su pretendida uniformidad así como que pongan en cuestión
la autoridad de quien la formula: «Aquí lo performativo, la I1a-
mada que hace la ley que pretende producir un sujeto legal,
provoca una serie de consecuencias que exceden y confunden
lo que aparentemente es la intención de imponer disciplina que
motiva la ley» [46].
En este interés crítico empeñado en oponerse con rigor, con
la fuerza de los argumentos bien trabados, a los planteamientos
inmovilizadores, cuando no directamente negadores, de la
capacidad de acción, múltiple y sub\·ersiva, de los sujetos dis-
cursivamente formados, Butler nos dirige la mirada hacia una
concepción de la performatividad donde el momento de su fra-
caso como tal acto performativo en su sentido clásico austinia-
no -esto es, el que logra la realización efectiva de aquello que
nombra- queda resaltado con el valor de lo fundamental y de
lo constitutivo. La posibilidad de que el enunciado performati-
\·0, como asimismo el grito interpelante, fracase no es ni lamen-
table ni accidental sino que el fallo forma parte constitutiva de
la \ida misma del performativo. Es ahí, en el fracaso, donde el
performalÍvo abre el espacio para la agencia del sujeto: «Este
fracaso constitutivo de lo performatiyo, este deslizamiento entre
el mandato discursivo y su efecto apropiado es lo que propor-
ciona la ocasión y el índice lingüísticos de la desobediencia
resultante» [47].
[46] Gl, p. 180 (he modificado ligeramente la traducción castellana); BM,
p. 122.
l47] CJ, p. 181; B.\I, p. 122.
l QU: (:0\10 L":\ .... \ IDA 1
La fórmula de Gayatri Chakravorty Spivak de «una viola-
ción habilitan te» (<<an enabling violation») [48], es citada por
Butler en este contexto con el ánimo de aportar apoyo a su
defensa de la acción del sujeto. Nacemos y ocuparnos un lugar
en el discurso por medio del nombre que se nos otorga por pri-
mera vez y reiteradamente en posteriores y acumulativas inter-
pelaciones. Esa cadena de entrelazadas llamadas a la que no
podernos substraemos como si de algo ajeno y distante se tra-
tara, nos invade, ciertamente, pero al mismo tiempo extraemos
de ella la capacidad de acción. La oposición a la acción invasi-
va se articula a partir de esa misma acción invasiva. Implicados
como estarnos en relaciones de poder es de esta misma implica-
ción nuestra de donde obtenemos la capacidad de acción. Lo
que le lleva a Butler a afirmar que las relaciones de poder que
nos capacitan y a las que nos oponemos también no pueden
quedar reducidas a las relaciones de poder en sus concretas for-
mas ya existentes. Ante las habituales criticas que sobre estas
afirmaciones se arrojan en el sentido de que conducen a un
vaciado del «yO)) o del sujeto, Butler insistirá aquí como en
otros muchos de sus textos en acentuar que lo que ella preten-
de es suscitar la reflexión sobre la ambivalencia constitutiva del
«yO)), de un «yO» ql,le emerge de acciones de sujeción que al
mismo tiempo son violadoras y habilitan tes.
Así, los términos injuriantes nos ocupan y nos agreden pero
también son susceptibles de una ocupación por nuestra parte
que repitiendo esos mismos términos no conlleve necesaria-
mente la consolidación de su función opresiva, aunque sin duda
el riesgo del asentamiento del daño no puede ser por completo
e\itado. No se trata, entonces, de eludir los términos sino de
repetirlos porque la repetición de un daño no exige que la
acción se ejecute del mismo modo y logre idénticos efectos; se
trata de utilizar la fuerza mo\ilizadora de los términos de modo
[-1-8] el, p. \31; B.H, p. 122. \"éasc también la referencia a Spi\'ak conte-
nida en DG (<<La cuestión de la transformación socia!>,). pp. 322-327; cr;
(<<The Question of Social Transformation»J, pp. 228-231.
[C.\PjTL"LO 111]
2))
que resultr un desplazamiento de sus propósitos iniciales. La for-
mulación explícita de Butler es altamente esclarecedora de su
pensamiento: «La fuerza de la, repetición en el lenguaje puede ser
la condición paradójica por la cual se hace derivar cierta capaci-
dad de acción -no vinculada con una ficción del yo como amo
de las circunstancias- de la imposibilidad de elección» [49].
Este sujeto ambi\'alente nos es también presentado a través
de la metáfora que otra de las autoras gratas a Butler ha hecho
circular. Gloria Anzaldúa nos habla de «crossroads» [50] de
fuerzas discursivas, políticas, culturales, con el fin de transmitir
la idea de que la tradicional noción de sujeto resulta inadecua-
da en tanto no podemos postular un sujeto preexistente a la
dinámica de su constitución y tampoco un sujeto plenamente
determinado tras la labor de construcción. El sujeto como
«encrucijada» remite al ámbito de un «nexo, el no-espacio de
una colisión cultural, en la que la demanda de resignificar o
repetir los términos mismos que constituyen el «nosotros) no
puede rechazarse sumariamente, pero donde tampoco puede
acatarse en estricta obediencia. El espacio de esta ambivalencia
es lo que da la posibilidad de reelaborar los términos mismos
mediante los cuales se da o no se da la sujecióm) [51].
Cuando en Bodies tiza! }'1atter se re\ i.sa la obra de Slavoj Zizek
Tlze Sublime Object oJ Ideology [52] , \uel\'e a ser discutida la teoria
de la interpelación de Althusser en conexión con la noción de
performati\'idad. Butler insiste en subrayar su lejanía de la más
común afirmación de que en la performatividad se da expresión
lingüística a la voluntad humana soberana. Para Butler, la per-
formatividad es una modalidad del poder entendido como dis-
curso, como un complicado conjunto de reiteradas cadenas de
[+9J CJ,p.182;BM,p.124.
[50J Gloria Anzaldúa. Bordcdands/ÚI Frontera. San Francisco. Spinters,
Aunt Lutc, 1987.
[51 J GI, p. 183; B.\!, p. 124. Véase también la rcferencia a Anzaldúa COIl-
tenida en DG ((La cuestión de la transformación socia],»), pp. 320-322; Ce-
((The Question oC Social Transformation»), pp. 22i·228.
[52J Sla\"oj Zizek, The Sublime Objcr( rif IdrologJ', London, Verso. 1989.
l Ql'I: (:["I::\"/.\ COW) lS-1 I-IJH J
invocaciones que produce efectos materiales al delimitar el
ámbito de lo que es y de lo que no es inteligible. La materializa-
ción efectuada por el discurso no alcanza, sin embargo, el rango
de lo estable inconmovible porque, como se advertía más arriba,
el mandato discursivo instituye un «exterior constitutivO». De
ahí que la performatividad concebida por Butler funciona tanto
a través de la reiteración como por medio de la exclusión que
señala lo indecible, lo que no es viable, vivible. Al respecto de los
cuerpos, esta dinámica de exclusión, como hemos señalado con
anterioridad, establece lo abyecto, lo que debe quedar repudia-
do. Pero hay una contundente diferencia entre las teorías que
mantienen que el discurso opera fijando y para siempre posicio-
nes de exclusión de la esfera de la inteligibilidad, como es el caso
de ciertos usos del psicoanálisis, y la teoría que, como es la pro-
pia de Butler, se pregunta insistentemente por el modo de trans-
formar lo excluido en seres que importan.
En su crítica a la obra de Zizek en la que el autor enlaza la
interpelación althusseriana con la simbólica lacaniana en un
explícito rechazo de los enfoques postestructuralistas sobre la
discursividad, Butler, justamente, se propone poner de relieve las
limitaciones del psicoanálisis que considera inmodificables, en
tanto ahistóricas y universales, una serie de prohibiciones funda-
mentales; al mismo tiempo persigue mostrar el modo para hacer
más dinámicas y móviles las exclusiones constitutivas. Este es el
objeto principal de su indagación dado que, como ya se dijo, ni
su noción de performatÍ\ idad puede reducirse a un monismo
lingüístico que considera que el discurso atrapa por completo el
campo de lo social ni su reconocimiento de un ámbito de exclu-
sión efectuado por el trabajo mismo de la performati\idad man-
tiene esa dimensión de lo abyecto a modo de trauma irrecupe-
rable, imposible de llegar a ser simbolizable en el lenguaje y de
adquirir una presencia en lo social. Butler afirma que su obra es
postestructuralista en ese sentido; porque plantea la apertura y
la temporalidad de las normas de la subjetivación [53].
[53] A ello se refiere Butler en OSRJI, p. 168.
[C.\PiTU.O III 1
25;
Zizck utiliza, en la re\'isión que lle\'a a cabo de la obra de
Lacall, la figura lacaniana de lo real para indicar aquello que no
es simbolizable, que permanece excluido de la simbolización.
Lo real es «aquello que ninguna versión de la «realidad» logra
incluir» [5+]. Es una especie de «roca» [55] de férrea resisten-
cia, ajena por siempre a la figuración discursiva, Lo que Butler
úbsclya a este respecto es que Zizck, cuando habla de lo real,
produce un deslizamiento de esta figura definiéndola unas
veces como substancia y otras como pérdida y privación, Esto
es lo que a Butler le interesa destacar, que lo real en Zizek más
que mostrarse como un cimiento irre\'ocable es el resultado de
un proceso previo que sin embargo queda cubierto por el efec-
to que ha producido, Lo real reclama protección ya que está
relacionado con una serie de amenazas. Por lo tanto, lo real,
resalta Butler, es contingente y se halla necesitado de defensa
ante las posiciones, que el propio Zizek apunta, que pretenden
desestabilizar la solidez de lo real. Zizek, en efecto, cuestiona al
postestructuralismo, al feminismo y al pensamiento de
Foucault, en tanto los considera intentos de disolver lo real.
En su pretensión de mantener la idea de algo inalterable,
Zizek, por ejemplo, le critica al feminismo marxista que sitúe el
valor de la crisis eclipica dentro de un concreto modelo de fami-
lia patriarcal históricamente condicionado, porque según Zizek
la familia patriarcal es solo un cauce de expresión, entre otros,
del antagonismo sexual que como núcleo constitutivo de la
familia persiste idéntico ante las diversas configuraciones histó-
ricas y sociales que pueda adoptar, Tampoco los campos de
concentración son reducibles, para Zizek, a sus contextos parti-
culares de emergencia sino que son indicios del trauma que
constituye lo real de lo humano y que, por tanto, no puede ser
circunscrito a un determinado momento histórico o a un COI1-
creta disei'1o social.
Con lo expuesto en su análisis crítico de los planteamientos
de Zizck, Butler pretende, por un lado, reforzar a través de
[5.J.] CJ, p, 273; BM, p, 192,
[55J Cl. p, 281; BJl, p, 19H,
[QL'f: CL'E'\'IA cmlo U,,\ \'IDA]
Zizek su tesis de que hay un exterior al ámbito de lo social y de
lo discursivo inteligible pero, por otro lado, persigue mostrar su
elaborada, y fundamental para su te aria, oposición a la defini-
ción de ese exterior como ley prediscursiva de validez ahistórica
universal que sirve para dotar de valor ontológico a la diferen-
cia sexual y a la relación de subordinación implicada en ella.
Postular la existencia de un límite fijo y cerrado entre el exte-
rior y el interior de la inteligibilidad además de que excluye el
análisis histórico y de que dificulta el reconocimiento de que
el exterior es un efecto de! trabajo de variadas leyes combina-
das, no permite abrir la posibilidad de que se lleve a cabo una
rearticulación modificadora de las fronteras marcadas; tarea
esta que para Butler es fundamental para lograr dar vida al
proyecto democrático en el que ella, junto con Mouffe y
Laclau, participa y en el que Zizek, a pesar de los problemas
subrayados por Butler en sus planteamientos, también se reco-
noce [56]. Aunque las exclusiones, en efecto, forman parte de
la dinámica de lo discursivo, no presentan todas el mismo valor,
como quedó dicho más arriba., Por ello es preciso para la tarea
política,poder lograrla movilización de lo que en un momento
determinado se considera un sujeto aceptable y de lo que, por
e! contrario, se considera rechazado de tal calificación. La ópti-
ca de Bu'tler que conceptualiza la distinción entre lo real y lo
simbolizado discursivamente como el producto de unas relacio-
nes de poder contingentes, actúa en favor de aquella moviliza-
ción necesaria para lo político; no parece, sin embargo, que el
movimiento transformador sea factible desde el ángulo de la
teoria de Zizek que fija lo real.
De la obra de Zizek también somete Butler a revisión criti-
ca su teoria sobre la performatividad política. Para Zizek los
términos usados para la unificación de grupos políticos funcio-
nan al modo de los nombres propios, esto es, son términos que
no describen algo ya previamente dado, sea un contenido o un
objeto, sino que actúan como designado res rígidos que crean y
[56] CJ, pp. 292-293; B.I1, pp. 206-207.
[C,WiTl'I.O III 1
que mantienen nueyas posiciones de sujeto dentro del campo
político. De acuerdo con ello, palabras como «mujeres» o como
«democracia» ni describen ni representan adecuadamente una
realidad ya existente. Su eficacia política depende de su capaci-
dad performativa para instaurar y para estructurar la esfera de
lo político. Así, las categorías de identidad, en lugar de referir-
se a identidades configuradas con amerioridad como aseguran
las políticas esencialistas, son productoras de aquellos movi-
mientos sociales que dicen representar. Pero, según el análisis
de Butler, es Laclau el que subraya e! valor, para una políti-
ca democrática radical, de la performatividad en tanto que
entiende que la performatividad abre la posibilidad para desba-
ratar y para rearticular de otro modo las identidades sociales ya
establecidas. Sin embargo, en el acercamiento de Zizek a la per-
formatividad se enfatiza por el contrario el aspecto inflexible e
inalterable de los términos políticos al afirmarse que funcionan
según el modelo de los nombres propios que a su vez son con-
cebidos como designado res rígidos donde la movilidad se vuelve
imposible. En la exposición de Zizek, los términos performati-
vos son términos que constituyen de un modo rígido, indepen-
dientemente de las circunstancias, aquello que nombran. Ello
determina a Butler a poner en cuestión que la teoría de la per-
formatividad de ZiZek pueda servir para el proyecto antiesen-
cialista de la democracia radical.
Además, el análisis de Zizek es para ella problemático por-
que el enunciado performativo es un tipo de acción mien-
tras que la designación rígida requiere de la existencia de un
referente del que sea índice el término en cuestión, de lo que
se concluye que e! término performativo no puede ser equiva-
lente a una designación rígida. En Zizek se pone en suspenso
e! referente de la designación rígida, ciertamente, pero ello no
e\'ita los problemas. Que el término «mujeres» no alcance
nunca a describir lo que nombra no se explica ni porque se
refiera a algo sin describirlo (al modo de la designación rígida)
ni porque «mujeres» sea algo que no existe, un referente per-
dido (como apunta Zizek). La razón, afirma Butler, es la pro-
pia inestabilidad constitutiva de! término que necesariamente
[QU: CTE"TA C:0.\l0 L'!\A \'ID.-\.]
funciona a partir de un ejercicio de exclusión. Tal ejercicio de
exclusión constitutivo del término implica que no puede fijar
definitivamente lo que nombra. Mas, de ahí no se sigue que
ese exterior constitutivo haya de ser un referente perdido; la
mujer que no existe. En contra de esta elaboración conceptual
que sitúa a las mujeres en el lugar del referente perdido y que
implica aceptar que el feminismo realiza una inútil labor de
resistencia, Butler defiende una intelección de la performativi-
dad que hace viable la rearticulación del término en una direc-
ción menos excluyente en la que la categoría sea un perma-
nente lugar de oposición y por ello de apertura. Este es el
potencial democrático de unos términos que si bien deben
usarse se ha de hacerlo sometiéndolos a una permanente pro-
blematización.
4. REAPROPIACIOl\'ES SliBVERSIVAS
4.1. Qyiebra de la posición simbólica privilegiada del Falo
Que la rigidez y la inmovilidad de las estructuras psicoanalíti-
cas pueden ser útilmente resquebrajadas a través de la estrate-
gia de una repetición subversiva de los términos, lo evidencia
Buder en su singular e inteligente ficción del «Falo lesbiano» [57]
en Bodies that Matter. Ahí se ejemplifica cómo el símbolo del Falo
puede ser expropiado eficazmente de esa parte del cuerpo lla-
mada pene y cómo puede circular en el contexto de cuerpos sin
pene que se reapropian del valor de autoridad inscrito en el
Falo. Queda puesto en cuestión el Falo en su dimensión psico-
analítica de significante privilegiado al mostrarse la posibilidad
del desplazamiento del falo desde su supuesto «origen» mascu-
[57] CI, pp. 95-H2; B.\/, pp. 57-91. El capítulo dedicado al «Falo lesbia-
no» lleva por título (.The Lesbian Phallus and the Morphological
Imaginary». Este mismo texto está publicado también en Di.fferences: .-J.]ournal
oJ Feminist Cultural Studies, \'01. -! í 1), 1992, pp. 133-171; Y en Sara Salih with
Judith Butler (eds.), The Jlldith Butler Reader, op. cit., pp. 138-179.
l III 1
lino, desde su lugar estructural «apropiado», hacia otras partes
del cuerpo como podrían ser e! brazo, la mano, un muslo o
cualquier otro sitio corporal, en fin, susceptible de ser instru-
mentalizado. El Falo significa pero no en tanto momento que
da inicio a una cadena de significación sino porque está some-
tido a un movimiento de significación que es e! que sostiene su
carácter de significante pri\ilegiado. Pero e! Falo puede ser des-
territorializado. Ello e\idencia la apertura de una práctica sig-
nificante reiterada capaz de significar en lugares y de maneras
que exceden la posición simbólica pri\ilegiada por Lacan, para
quien es desde esa posición desde donde se controla e! signifi-
cado y el acceso al mundo. Butler denuncia, insiste en denun-
ciar, e! falocentrismo, e! androcentrismo fálico de! esquema
lacaniano.
Sería una interpretación desafortunada, afirma Butler en
«Gender as Performance» [58], reducir e! «Falo lesbiano» a la
noción de dildo. La fuerza de la argumentación que cuestiona
la estructura de las posiciones lacanianas de tener el Falo -la
masculina- y de ser el Falo -la femenina- perdería con ello
su potencia. Queda desarticulado ese marco conceptual cuan-
do las posiciones se cruzan, se entrecruzan de modo que no se
sostienen más como mutuamente excluyentes sino que mues-
tran que las identificaciones acontecen en una gran variedad de
caminos. En e! contexto lésbico la narración del «Falo lesbia-
no» es una táctica de dar autoridad al lesbianismo. En el caso
de la mujer heterosexual, abre la pregunta sobre qué podría sig-
nificar aquí tener el Falo fuera de la psicoanalítica figuración
terrorífica de la madre fálica.
La fundamental transferibilidad del Falo que fabula Bodies
tha! A1atler tiene el propósito no solo de romper la integridad del
imaginario masculino psicoanalítico y de quebrar ese vínculo
que ha sido naturalizado entre el Falo y la morfología masculi-
na. A diferencia de la \'oluntad de lrigaray de crear un contrai-
maginario lacaniano, un imaginario femenino, Butler anuncia
[S8] GAP, p. 37.
su puesta en cuestión también del recurso a un tal imaginario
femenino porque desde su óptica la sexualidad femenina no
deja de estar construida; ni, en consecuencia, de la sexualidad
lésbica está ausente la economía «falogocéntrica». El Falo les-
biana no persigue en sentido estricto eliminar el Falo sino des-
plazarlo hacia nuevos significados ni masculinistas ni heterose-
xistas; significados críticos con respecto a la lógica hegemónica
de la diferencia sexual que en Lacan remite tanto a una cues-
tión anatómica como lingüística; y significados capaces de sus-
citar imaginarios alternativos de placer. En un sentido más
amplio, por otra parte, Butler [59] indica que su texto de «El
Falo lesbiana» apunta a cómo el lenguaje, los significados cor-
porales, no pueden capturar con plenitud al cuerpo, a un cuer-
po que elude ser el producto de una estática construcción lin-
güística completa.
No ya en el contexto de ese ejercicio paródico del «Falo
lesbiana» pero sí en relación con su denuncia del esquema de
sexuación lacaniano, Butler afirma aquello que niega Lacan,
que las interrelaciones complejas y múltiples entre identifica-
ción y deseo que dan lugar a identificaciones no normativas,
pueden ocasionar la rotura del marco binario y pueden, por
tanto, afectar a la estabilidad del orden simbólico. Para
Butler las identificaciones pertenecen a la esfera de lo imagi-
nario; fruto de un deseo que nunca acaba por concretarse del
todo. Son ocasión para la desestabilización del yo porque
«son la sedimentación del «nosotros» en la constitución de
cualquier <<yO», la presencia estructurante de la alteridad en
la formación misma del "yo"» [60]. Funcionan de acuerdo
[59] Véase, 7PH, p. 14.
[60] Cl, p. 159; BU, p. 105. Este apartado de Bodies ¡lrat.\falter llc,·a por
título: "Idcntificación fantasmática y la asunción del sexo», pp.
«Phantasmatic Identification and the Assumption of Sex», pp. 93-119. Butler
explicita que una parte de estc texto fue presentada en Tire .. lmen"cnll
Plrilosoplrical Association, Central Division, en abril de 1991; Y que fue puhlicado
en una corta ,·ersión en Elizabeth \ \·right (ed.), Fcl/lillisll! l/lid .1
Critical London, Basil Blackwell, 1992.
[C.\PiTU.O III 1
con el elemento de la iterabiJidad y, por ello, están capacita-
das para resistir la ley, para alterar la esfera de lo simbólico.
En Lacan, sin embargo, el fracaso de las identificaciones, que
acontecen en el campo de lo imaginario, no consigue en
absoluto debilitar una ley, lo simbólico, que es concebida
como inmutable. Butler subraya cómo la teoría de Lacan no
permite ir en contra de la obligatoriedad de la heterosexuali-
dad, ley perteneciente al terreno de lo simbólico, porque
mantiene firmemente una distinción inquebrantable entre el
orden de lo imaginario y e! orden de lo simbólico. Las iden-
tificaciones disconformes correspondientes al espacio de lo
imaginario, en síntesis, no penetran de ningún modo en el
espacio de la ley de lo simbólico.
La lucha contra e! sexismo y contra la homofobia queda
desarticulada como inoperante desde la perspectiva de
Lacan. Esta es una consecuencia de esa separación sostenida
entre e! orden de lo imaginario y el de lo simbólico. En todo
caso, la resistencia antisexista, antihomofóbica, localizada en
una otra esfera diferente a la de lo simbólico, sería una
acción temporal pero no capaz de penetrar en la estructura
simbólica para resignificar con eficacia la reiteración de su
poder. Como en Butler lo simbólico no es una ley fija sino el
resultado de una serie de actos performativos sostenidos por
la dinámica de la iterabilidad, e! poder de lo simbólico,
dependiente de esa cadena de citas, puede ser quebrado en
direcciones inesperadas.
Rebeldes acciones en su repetición, como la de la «lesbiana
falicizada» o la de! «marica afeminado» [61], no constituyen
solo, como piensa Lacan, modelos de lo abyecto que están ahí
como posibilidades, engendradoras de castigos horribles, que
deben ser rechazadas en beneficio del acomodo al único modo
"iable de sexuación, el binarismo heterosexual. Tales figuras
indican para Butler el modo en el que la ley puede volverse
contra sí misma dando lugar a placenteras formas insurrectas
[61J U p. 166; E.H, p. 110.
[QU: CL"E!\T·\ C O ~ I O u,.-\ \"ID.-\]
de sexualidad que no tienen por qué ser ni fantasías irrealiza-
bles [62] ni meramente pasajeras, efimeras en lo imaginario,
sino que podrian alcanzar a lograr la reformulación de lo sim-
bólico para que dé cobijo, legitimidad cultural, a esas sexuali-
dades no normativamente heterosexuales.
Pero conviene precisar en este punto que la disputa de
Butler contra la ley heterosexual lacaniana no se extiende a
todo tipo de práctica heterosexual. Es contra la heterosexuali-
dad heterosexista, repudiadora de la homosexualidad -la que
es mantenida por Lacan-, contra la que dirige Butler sus
argumentos, admitiendo explícitamente que no en todos los
casos es la heterosexualidad una práctica fundada en la abyec-
ción de la homosexualidad [63]. El punto central de este análi-
sis de Butler determina que la búsqueda de una identidad
cerradamente coherente es el motivo principal de la exclusión
de posiciones que se perciben como abyectas en tanto se las
considera una amenaza para la coherencia del sujeto. Butler
incita hacia la proliferación de identidades.
Ahora bien, en este contexto de Bodies that JVlatter, Butler va
más allá del hecho de formular de nuevo esta ya conocida tesis
suya. Aquí se enuncia con claridad que de lo que se trata no es,
sin más, de una ampliación numérica de las identidades, de las
identidades afanadas cada una de ellas en su propia coherencia.
Porque, entonces, junto con el mayor número de divisiones de
[62] Butler trata el tema de la fuerza de la fantasía, de su poder para
invertir el discurso de la ley, en su texto «The Force of Fantasy:
Mapplethorpe, Feminism, and Discursives Excess», Diffl!T'ences: .él ]ournal qf
Fmzinist Cultural Studzes, vol. 2 2), 1990, pp. 105-125. El trabajo está también
publicado en Sara Salih withJudith Butler (eds.), The]udith Butll!T' Readl!T', op.
cit., pp. 183-203. En la introducción de Salih al escrito de Butler (pp. 183-
18-!), comenta que Butler problematiza la distinción entre la fantasía y lo
«real» en tanto que lo «real» puede ser una construcción !antasmática, una
variable construcción que esta en relación con su «exterior constitutivo». La
fantasía es fundamental para lo «real» ya que lo «real» se construye sobre la
base de su diferenciación con la fantasía. La fantasía, en síntesis, puede rom-
per el binarismo de la heterosexualidad normalh·a.
[63] CI, p. 168; 8.\1, p. 111.
[ C.\Pi"¡ CLO 1II 1
identidades también aumentarían sus ejerCICIos de exclusión.
Como especificará más tarde, en Undoing Ccnder: «Una
tendencia dentro de los estudios de género ha sido asumir que
la alternati\'a al sistema binario del género consiste en multipli-
car los géneros. Este punto de vista inyariablemente provoca la
pregunta: ¿cuántos géneros puede haber y cómo se llamarán?
Pero la alteración del sistema binario no debería necesaria-
mente conducirnos a una cuantificación del género igualmente
problemática» [64].
Es preciso modificar el modo de concebir las posiciones
idemitarias: no hay que retenerlas como posiciones estructura-
les rígidas sino como lugares temporales, dinámicos, que conec-
tan y se interrelacionan unos con otros, y que, además, bajo un
impulso democrático, no cesan de replantearse criticamente las
acciones de exclusión que efectúan.
Nos advierte Butler: la identidad coherente se sustenta en
una serie de exclusiones, de actos de crueldad; crueldad contra
uno mismo también ya que nos prescribe mutilar facetas que
anidan en nuestra constitución múltiple, en la de todos los
sujetos. y esto ocurre en la producción de la heterosexualidad
coherente pero también en la de la homosexualidad coheren-
te [65]. Reivindicar la supresión o superación de la identidad,
tampoco es el propósito del texto de Butler. Este seria asimis-
mo un acto de violencia, de autoviolencia, ya que supone exi-
gir al sujeto la renuncia a aquello, la identidad, que le otorga
\iabilidad cultural. Sin embargo sí es la intención de su análi-
sis contrarrestar mediante la aceptación del entrecruzamiento
[64) DG (<<El reglamento del género»), p. 71; VG (<<Gender Regulations»),
p. 43. Buuer remite, emre otros, a los trabajos de Arme Fausto-Sterling, ten-
dentes a la cuantificación numérica de los géneros. Véase, De, nota 3, p. 356;
C'e, p. 252. El esfuerzo de! pensamiento de Butler se dirige a disputar e! bina-
rismo de género, y e! marco heterosexual en e! que se asienta, pero no a cerrar
el género. Es importante entender que su perspectiva de análisis, como escri-
be más adelante en este mismo texto, es una «que trata de mostrar posibili-
dades de género que no estén predeterminadas por las formas de heterose-
xualidad hegemónica» (De, p. 86; ve, p. 54).
[65] el. p. 173; B,\l, p. 115.
[ Ql'f: CU::-;H n,A "IDA J
de variadas identificaciones esa concepción estrecha según la
cual solo se puede lograr la identidad repudiando taxativa-
mente a las otras identidades.
4.2. La raza también importa
A esa complejidad de las plurales identificaciones del sujeto
contribuye la combinación de otras categorías además de las de _-
sexo, género, sexualidades. Bucler se refiere a ello en cierto tono
de autocrítica cuando afirma:
Prescribir una identificación exclusiva a un sujeto constituido
de maneras múltiples, como lo estamos todos los sujetos, es
ejercer una reducción y una parálisis y algunas posiciones femi-
nistas, incluyendo la mía, han dado prioridad de manera pro-
blemática al género como el sitio identificatorio de la moviliza-
ción política a expensas de la raza, la sexualidad, la clase o el
posicionamiento! desplazamiento geopolítico [66].
Estas diversas categorías configuradoras de la identidad no
deben concebirse como entidades separadas unas de otras. Un
simple listado enumerativo fracciona al sujeto en compartimen-
tos aislados dificultando cuanto menos el entendimiento de la
conexión íntima en la que se entretejen, articulándose y condi-
cionándose mutuamente. Lo que se debe investigar, indica
Bucler, es lo que implica el género para la raza, o la raza para
la sexualidad, por ejemplo. Esto sigue siendo un planteamiento
sobre la identidad pero un planteamiento en el que la identidad
no se concibe como preestablecida o como uniformemente
dada sino que se comprende en el marco de un proceso diná-
mico de poder.
Desde Bodies lhal ",.falter, precisamente, Butler se acerca a la
reflexión, ausente en Gender Trouble, sobre las intersecciones entre
género, raza, sexualidad en los procesos de subjetivación. La
[66] el, p. 1 74; E/vI, p. 116.
[C.\PÍTt.:l.O Ill] 26i
raza es otra de las estrategias reguladoras de la materialización
del cuerpo que trabaja junto al imperati\'o de la heterosexuali-
dad produciendo e instituyendo, en una acción entrelazada,
diferencias sexuales y raciales. No obstante, el estudio concreto
sobre cómo la raza está performati\'amente constituida o sobre
cómo proceden las normas de racialización, no está desarrolla-
do por Butler en la misma medida en que se extiende sobre la
performati\idad del género y de la sexualidad.
Además de en la sección dedicada a «El Falo lesbiano» y en
la que atiende a la re significación del orden simbólico efectua-
da a través de la ocupación del nombre paterno en las obras de
ficción de Vúlla Cather cuyos personajes se oponen a la cohe-
rencia sexual y de género [67], Butler aporta otro ejemplo del
poder subversivo de la repetición en su análisis de la película
producida y dirigida por Jennie Livingston París is Burning [68].
En el contexto de una sala de baile de Harlem a la que acuden
individuos afroamericanos y latinos fundamentalmente, en su
mayoría bajo el «ropaje» drag con el que vitalmente se identifi-
can, es subrayable cómo los términos simbólicos del parentesco,
las normas del parentesco heterosexual, son productivamente
sometidos a reelaboración [69]. Aquellas minorías raciales y
[6i] Véase, Cl, pp. 20i-239; BM, pp. 143-166.
[68] (,1, pp. 179-203; BM, pp. 121-140. El análisis de ButIer de eSla pelí-
cula. Pans i.s Burning, que se ofrece bajo el tílulo «Gender is Burning:
Questions of Appropriation and SubH'rsion», se publicó también en Sue
Thornham, Ftminisl Film A Reader, Nc\\' York, Uni\'ersity Press, 1999,
pp. 336-349.
[69] Al tema del parentesco, a la posibilidad de resignificación de los
modelos hegemónicos, dedica Butler su obra 's Claim. llinsll1j, Between
Lije and Dca/k. Sobre este lema también ha publicado Butler su ensayo .<ls
Kinship Always Already HeterosexuaP», DiJfcrences: A ]uumal cij' Feminist
Culiural Sllldies, \'01. 13, n." 1, Spring 2002, pp. ].j.-H. El texto se incluye ade-
más en UG, pp. 102-130 (está traducido al castellano como «¿El parentesco
es siempre heterosexual de antemano?,), en DG. pp. 149-187). En este último
trabajo mencionado, ButIer comenta cómo la defensa del matrimonio hete-
rosexual y la negativa a reconocer derechos de ftliación a las parejas homose-
xuales tiene que ver, en el contexto europeo. con una nue\'a [arma de racis-
mo. Sobre ello trataremos más adelante.
[ Qn'. Cl T\"rA L'\A "IDA J
sexuales visualizadas por la cámara de Livingston e interpre-
tadas por la mirada de Butler, sostienen su dificil existencia
intercambiando afectos y apoyo incondicional en el seno de
innovadoras formas de familia donde se gestan discursos
de oposición al orden establecido y donde los lazos comunita-
rios dadores de reconocimiento permiten luchar contra la vio-
lencia, el racismo, la homofobia, la transfobia [70]. Aquí, en
este ámbito documentado por la narración filmica y textual, el
tema de la raza deja sentir también su fuerte presencia, mos-
trándose que en la constitución de los sujetos la diferencia
sexual no es más prioritaria que la diferencia racial; que la con-
cepción del sexo está atravesada por la de la raza; y que, al
mismo tiempo, la clase social no puede ser tampoco obviada
como vector de subjetivación.
La discusión sobre esta categoría de la raza es abordada por
Butler asimismo en su capítulo dedicado a la novela de Nella
Larsen Passing [71], en la que una persona de cuerpo no sensi-
blemente negro se hace pasar por blanca. En contra de teóricas
como lrigaray defensoras de la primordialidad de la diferencia
sexual y del carácter autónomo de esa diferencia -no marca-
da por otros vectores de poder como el de la raza-, el propó-
sito de Butler es incidir en que raza y sexualidad se implican
mutuamente no siendo una más esencial o más importante que
la otra, y en que cabe la desestabilización de ambas, de las nor-
mas de raza y de sexualidad, en una acción conjunta.
J\¡fantener la diferencia sexual como relación no atravesada por
la raza supone concebir a las personas blancas como mujeres y
como hombres pero al margen, equivocadamente, de las nor-
mas de racialización. Así como la heterosexualidad se organiza
y establece sus límites mediante la confrontación con la homo-
sexualidad, la blancura requiere a la negritud para emerger
marcando sus fronteras.
[70J En relación con Pans is Burning, Butler resalta esta idea también en
CTS, p. 17 (DG, «La cuestión de la transformación sociah>, p. 305; UG, «The
Question o[ Social Trans!ormatioll», p. '216).
[71J Cl, pp. 241-266; B.lI, pp. 167-185.
[C.\PiTCLO III 1
Las teOJías que separan los procesos de generización de los
de racialización como si fueran dos mecanismos claramente dis-
tintos suscitan cautela en Butler. Esto deja dicho en la entrevis-
ta realizada por Vikki Bell [72] y publicada con el título de «On
Speech, Race and lvlelancholia». Es un error, comenta Butler,
considerar al género )' a la raza como una «doble conciencia»
[73]. Habria que lle\'ar a efecto un análisis de «lecturas secuen-
ciales» en el que no fuera posible leer a uno sin la otra pero que
no implicara tampoco la síntesis o analogía absoluta de género
y raza. La racialización consiste en una serie de actos de habla,
a veces no explícitamente verbalizados, que estructuran las ins-
tituciones según la dinámica temporal de la reiteración de esos
actos de habla, lo que permite que se den las condiciones para
su subversión. La racialización es, piensa Butler, una modalidad
de la performatividad relacionada con una práctica de lectura
verbal y visual. En Excitable Speecl¡ los enunciados racistas, el
poder del daño que ocasionan, serán objeto de atención.
A esta cuestión, a cómo la mirada racializadora no es un
acto de mirar objetivo, neutral -una mirada no marcada ver-
[72] Vikki Bell, en as Cultural SUI"\1\"al:judith Butler and Anti-
Semitism», T/¡eOI); Culture and Socie!)', 16 (2), 1999, pp. 133-161, aplica la teo-
ría de Butler de la performatidad de! género al contexto de la raza, racismo
y etnicidad.
(73] OSRA1, p. 168. En esta entrevista (pp. 170-171), Butler comenta el
interés de realizar trabajos sobre la aniculación de las nociones de melanco-
lía y de raza. En panicular se refiere a la imponancia de reflexionar sobre la
imposibilidad de retornar a los origenes históricos de la racialización en e!
contexto del problema de la esclavitud en Estados Unidos. Butler cita como
estudio relc\'ante sobre este tema, el texto de Saidiya Hartman, Serne.1 q!
Subjection, Oxford, Oxford University Press, 1997. Además se refiere al traba-
jo de Deborah McDowell. quien analiza las aparecidas constante-
melllc en los periódicos de Estados Unidos de hombres negros asesinados en
las calles de las ciudades. El resultado de esa iconografia repetiti\'a en la que
los hombres asesinados parecen ser intercambiables unos por otros, carecien-
do de nombre y de singularidad propia, es que se imposibilita la superación
del dolor que esas muertes suscitan. Ese tipo de melancolía propiciado por el
discurso público se inLroduce a modo de condición constituti\'a en la cultura
negra urbana, cuyo dolor no encuentra límites ni un final.
270 [ Qt el E\'TA U\A 1
ti da sobre un cuerpo ahí dado de modo natural-, sino que
está constreñido por el marco racista en el que se produce, por
el campo discursivo que determina de antemano la modalidad
de la percepción del cuerpo, Butler dedicó su texto
«Endangered/Endangering: Schemitc Racism and White
Paranoia» [74].
4.3. El '!Jemplo del término queer
Argumentos a favor de la viabilidad de la resignificación sub-
versiva de consecuencias afirmativas, y a la vez de la importancia
de no detener nunca el trabajo de la autocrítica problematiza-
dora de los ejercicios de exclusión practicados por las categorías,
nos proporciona también el último capítulo, el texto de cierre
de Bodies that Malter, «Critically Queem [75]. El término queer,
una palabra en absoluto exenta de dificultades -sobre ello
reflexiona el escrito de Butler--, ha alejado su sentido cruda-
mente despectivo en favor de un reciente uso de implicaciones
políticas como palabra de reconocimiento positivo. Aquí se lee
el fracaso de la repetición a la hora de lograr fidelidad al poder
[74] Judith Butler, «Endangered/Endangering: Schemitc Racism and
White Paranoia», en Robert Gooding-\Villiams (comp.), Reading Rodney King.
Reading Urban Uprising, Nueva York, Routledge, 1993, pp. 15-22. El texto
está publicado también en Sara Salih with Judith Butler leds.), The ]udith
Butler Reader, op. cit., pp. 204-211. Butler analiza cómo se leyó, en el contex-
to jurídico, el vídeo que documenta la paliza brutal infligida por la policía
de Los Ángeles a Rodney King en 1991. Butler se vuelve a referir al caso de
Rodney King, en particular a la decisión del Tribunal Supremo que en
1992 decidió la absolución de los cuatro policías que le agredieron, en LPl,
p. 103; ES, p. 59.
[75] el, pp. 313-339; B.\!, pp. 223-242. Este texto, «Critically Queen"
se publicó por primera vez, en una versión en parte diferente, en Gf.Q. A
]ournal oJ Lesbian and Gay Studies, n." 1, 1993. Aparece también publicado en
Erin StrilT, Performance Studies, Hampshire, Palgra\'e, 2002. En castellano el
trabajo se recoge bajo el título "Críticamente sub\'ersi\'a», en Rafael :\1.
jiménez (ed.), Sexualidades Una antología de estudios 1l1eer.
op. cit., pp. 55-79.
[C.-\piTCLO 1II 1
dominante. Y en el fracaso, como decíamos, está la oportuni-
dad para la subversión.
La vida temporal de las palabras permite la movilidad de
sus significados, haciendo factible que el uso despectivo de un
término se modifique hacia la adquisición de significaciones
afirmativas e innovadoras: «En realidad, la temporalidad del
término es precisamente lo que me importa analizar aquí:
¿cómo es posible que una palabra que indicaba degradación
haya dado un giro tal -haya sido «refundida» en el sentido
brechtiano- que termine por adquirir una nueva serie de afir-
maciones afirmativas?» [76], se pregunta B u t l e l ~
Cierto que no se niega que la dinámica de la repetición
de los términos pueda desembocar, y que de hecho desembo-
que en ocasiones, en el retorno de la significación dominan-
te ya establecida en las relaciones de poder. No se oculta que
las resignificaciones no son siempre tan positivamente radi-
cales puesto que se admite que los cambios en las esferas del
poder y del discurso no se producen a cada instante. Y, sin
embargo, sucede que es por medio de los discursos y en con-
tra de ellos mismos como las personas despreciadas, exclui-
das del orden de la inteligibilidad, logran un reconocimiento
productivo. El discurso injurioso no deja de ser un instru-
mento, un ins-trumento doloroso, a través del cual el sujeto
abyecto plantea sus demandas resignificadoras de los térmi-
nos mediante los que el repudio fue ejercido. En Excitable
Speech se extenderá Butler ampliamente en el análisis del len-
guaje que hiere.
El discurso, en su existencia histórica temporal, no solo pre-
cede al surgimiento del sujeto sino que es condición de la for-
mación del sujeto. Pero que esa construcción discursiva del
sujeto es inestable se muestra en el hecho de que el sujeto no
puede cumplir de un modo pleno y acabado las categorías que
por otra parte le han dado vida. El sujeto, entonces, no puede
ser concebido como aquello que es un centro presente y en
[76] el, p. 3 J 3; BA!, p. 233.
272
[Qcf: en::>:"!".\ (;0:-10 LX.\ \·10.\ 1
cuanto tal origen firme y seguro de su decir. Las palabras lo
definen con anterioridad a su toma de conciencia identitaria.
En este sentido, el sujeto no se hace responsable del significado
despectivo de las palabras que lo nombran. Tampoco puede, en
consecuencia, hacer brotar de la nada aquellos términos que
puedan trabajar para el logro de su libertad:
La performatividad describe esta relación de estar implicado
en aquello a lo que uno se opone, este modo de volver el
poder contra sí mismo para producir modalidades alternati-
vas de poder, para establecer un tipo de oposición política que
no es una oposición «pura», una «trascendencia» de las rela-
ciones contemporáneas de poder, sino que constituye la difi-
cil tarea de forjar un futuro empleando recursos inevitable-
mente impuros [77].
Bajo esta óptica, de lo que se trata es de usar los términos
mediante los que somos definidos, y tanto en el espacio de la
intervención política cuanto en el de la vida privada y cotidia-
na, como medio para conseguir la reelaboración de los signifi-
cados peyorativos que esos mismos términos hacen circular. Lo
que se propone Buder subrayar en su argumentación y en rela-
ción con el término queer al que se refiere con el valor del ejem-
plo es, por un lado, el hecho de que la palabra queer ha alcan-
zado un desplazamiento de significado desde una posición
negativa hacia otra positiva y afirmativa debido al trabajo
interno de resignificación efectuado por las mismas personas a
las que el término se arrojaba como desprecio. El mismo térmi-
no vehículo de degradación es usado como signo de liberación:
«De manera paradójica, aunque también implica una impor-
tante promesa, el sujeto encasillado como «queem en el discur-
so público a través de interpelaciones homofóbicas de diverso
tipo retoma o cita ese mismo término como base discursiva para
ejercer la oposición» (78].
[77] cl, p. 338; BAI, p. 24l.
[78] Cl, p. 326; BM, p. 232.
[ C . ~ p i T C LO III 1
:\1as, por otro lado, Butler insiste en considerar que incluso
en su dimensión positi\"a de elemento de reconocimiento social
e! término queer no evita llevar a cabo un ejercicio de exclusión
de aquellos sujetos que e! término no admite bajo su protec-
ción, lo que implica que queer presenta una faceta afirmativa
para los sujetos reconocidos bajo e! término y a la vez asume
una faceta negativa, de desprecio lanzado hacia aquellos otros
que no son admitidos por el término pero que sin embargo
quieren llegar a estarlo (algunas personas heterosexuales com-
prometidas con las luchas antihomófobas están en esta situa-
ción en particulares contextos de uso del término). Ante ello,
Butler nos anima a desarrollar una actitud de vigilante revisión
de los mecanismos de exclusión de los términos que reivindica-
mos al tiempo que nos incita a estar abiertos a los aún no pre-
decibles significados futuros de las palabras.
Entre los términos que realizan la construcción del sujeto se
encuentran las normas de género que reclamando coercitiva-
mente su incesante repetición evidencian lo improcedente de la
clásica imagen voluntarista del sujeto. Ocurre que el sujeto no
puede abstenerse de repetir las normas y que en ese sentido e!
sujeto no es libre sino que es el resultado de la repetición que lo
constituye. La concepción performativa del género señala hacia
este mecanismo de las normas de género que funciona median-
te la cita, a través de su repetición. No obstante, e! sujeto tiene
capacidad de acción.
De nuevo, Butler se preocupa por resaltar esta dimensión
de su pensamiento aquí en «Critically queer» e igualmente
como respuesta explícita a las críticas \·ertidas contra su Gender
7i·ouble. Justamente la libertad de! sujeto, que ella entiende de
manera concreta como posibilidad de acción y no como algo
abstracto y de carácter presocial, se sostiene en e! modo de fun-
cionamiento de unas normas que al interpelar al sujeto exigién-
dole su repetición abren el espacio para la producción de unas
grietas desestabilizadoras de la regulación de! poder. Las mis-
mas normas son, entonces, las que permiten su vuelta hacia sí
en una dirección subversiva porque e! sujeto que ellas alimen-
tan no puede, a pesar de su reiterado empeño, cumplirlas
274 [QU: CL·E:'\TA C O ~ I O C!\A '"lOA]
nunca del todo quedando ahí atrapado; de modo que en algu-
nas ocasiones, ocasiones que no pueden ser eficazmente calcu-
ladas p.or anticipado, antes que llegar a aniquilar al sujeto este
es capaz de transformarlas en un lugar de resistencia. El ejem-
plo es, otra vez, la palabra queer.
En el comienzo y en el final de Bodies that Matter cobra pre-
sencia textual Gender Trouble como discurso sobre la construc-
ción performativa de la identidad donde la capacidad de
acción, la libertad, halla, aun con sus limitaciones, un modo
apropiado de proceder.
[CAl'iTL"1.O III]
2.75
CAPÍTULO IV
l. DE lA DE LOS ACTOS DE HABL<\
Sometido por Butler a continuas reformulacÍones dado su cons-
tante y explicito replanteamiento de los mecanismos que
estructuran la identidad y que, a la vez, hacen posible la sub-
versión de la identidad, el concepto de performatividad es obje-
to principal de análisis en su obra, de 1997, Excitable Speech. A
politics qf the Performative [1], donde atiende minuciosamente al
modo del trabajo de la performatividad lingüística [2] centrán-
[1] Con anterioridad a la traducción completa al castellano de esta obra,
en el 2004, bajo el título Lenguaje, poder e identidad (LPI), se disponía en lengua
española de los siguientes capítulos: «Soberanía y actos de habla performati-
vos», Acción Paralela, n.o 4, mayo 1998, pp. 105-134 (corresponde al capítulo 2
titulado «Sovereign Performati\'es», que ha sido traducido en LPI como
«Performativos soberanos». Este trabajo en su edición original se publicó pri-
mero en Anselm Haverkamp ied.), Deconstruction is/in Amenca: A New Sense qf
the Po/itical, New York, New York Univesity Press, 1995, y después en Eve
Kosofsky Sedgwick and Andrew Parker (eds.), Peiformativity and Peiformance,
New York, Routledge, 1995); "Palabra contagiosa. Paranoia y «homosexuali-
dad» en el ejérciw», Reverso, n:' 1, 2000, pp. 15-34 (corresponde al capítulo 3
titulado «Contagious Word: Paranoia and «Homosexuality» in the l\'lilitary»).
[2] Pueden consultarse, como estudios de las tesis de But!er de Excitable
Speech, mis anteriores trabajos «Habitando en el interior del lenguaje. De las
palabras que hieren», Er, de Filoso.fia, n." 28, 2000, pp. H i -119; Elvira
Burgos Díaz y José Luis Aliaga Jiménez, «Estudio Preliminar», en Delia
[C.\PiTl"LO IV 1
close particularmente en esta ocasión en los actos de habla y en
concreto en los actos de habla que hieren. Que hay actos de
habla capaces de causarnos una herida es signo indicativo, cla-
ramente, de que somos seres lingüísticamente \ulnerables. Y si
podemos ser dañados por el lenguaje es porque necesitamos el
lenguaje en orden a ser; necesitamos el lenguaje para dotarnos
de existencia, para otorgar inteligibiliciad a nuestra \ida: este es
un contundente razonamiento. El nombre que se nos impone
al nacer es muestra de ello, el primer signo de que la nuestra es
una existencia habitada en el lenguaje.
Incidir en el término herida, en que el lenguaje es capaz de
producir una herida, semejante a un instrumento afilado cuya
fuerza penetra con dolor la materia orgánica, es otro modo de
traer a escena el complejo problema de la relación entre cuer-
po y discurso que desde un encuadre diferente había sido tema
de estudio en Bodies thal,Matie1:
El lenguaje al que Butler califica con el término inglés de
«excitable» es aquel que está «fuera de nuestro control» [3]. y,
para ella, esta es su hipótesis, en algún sentido el habla es siem-
pre «excitable». Su argumentación a este respecto tiene en
cuenta directamente y por extenso la teoría de los actos de
habla de Austin, formulada en Cómo hacer cosas COl1 palabras: pala-
bras)' acciones [4]; la revisión de las tesis de Austin realizadá por
Esther Suardiaz, Ef sexismo en la lengua espmiola, Zaragoza, Libros Pónico,
2002. Véase en panicular el apartado titulado «Modelos fluidos en el análisis
de la interacción lengua-género: las tesis deJudith Butlen" pp. 80-85.
[3] LPI, p. 36: «En la ley, los enunciados «que se excitan» son aquellos lle-
\'ados a cabo bajo coacción, normalmente se trata de confesiones que no pue-
den utilizarse delante de un tribunal porque no reflejan el equilibrio mental
del que las pronuncia. l"vfi hipótesis es que el habla está siempre de algún
modo fuera de controh,; ES, p. 15: (<In the la\\', «excitable» utterances are
those made under duress, usually confessions that cannot be used in court
beeause they do not rdlcct the balanced mental state of the utterer. 1'\'1)" pre-
sumption is that speech is a1ways in some wa\'s out of our contro)".
[4] John L. Austin, Cómo haur COJa.s (on palabra.s: palabras )' acciones,
Barcelona, Paidós, 1982. La versión inglesa que cita Butler es Hall.' lo Do
Tlnngs H 7th IH¡rds, Cambridge, Mass, Haf\'ard University Press, 1962.
278 [ c ~ : CL'E"TA cmlo u\,\ \'10.\ J
Derrida fundamentalmente en «Firma, acontecimiento, con-
texto» [5]; y, además, y ocupando un lugar destacable, las refle-
xiones criticas, también en relación a la obra de Austin, elabo-
radas por Felman sobre el «cuerpo que habla» [6].
En la ya clásica distinción propuesta por Austin entre
expresiones constatativas y expresiones realizativas (performatiue
utterances), se precisa que las primeras son afirmaciones en las
que algo, un referente objetivo, es descrito. Estas oraciones, de
significado estable y universal, son susceptibles de ser someti-
das al valor de autoridad de la verdad, de acuerdo con la lógi-
ca clásica de oposición entre enunciado verdadero y falso. Las
segundas, las expresiones performativas, son aquellas que rea-
lizan una acción por medio de las palabras. Estas, indicó
Austin, no se rigen por el criterio de verdad dado que no des-
criben algo existente fuera del lenguaje sino que han de ser
medidas según el grado de su fuerza y eficacia. Mérito de
Austin fue mostrar interés teórico por este tipo de enunciados
no descriptivos que desplazan el lugar privilegiado del valor de
verdad, y orientar con ello el campo de estudio sobre el len-
guaje en una dirección que desde entonces muestra ser clara-
mente fructífera.
[5] Jacques Derrida, «Firma, acontecimiento, contexto», en Ivlárgenes de la
filosofia, Madrid, Cátedra, 1989, pp. 347-372. La versión inglesa que cita
Butler es «Signature, Event, Context», in Limited Inc., Northwestern
University Press, E\'anston, 1988, pp. 1-23.
[6] Shoshana Felman, The Literary Speech Act: Don Juan with J L Austin, 01
Seduction in Two Languages, lthaca, Cornell University Press, 1983. El útulo ori-
ginal de esta obra es Le Scandale du COTPS parlant: Don Juan avec Austin, ou, la séduc-
!ion en deu:r: langues, Paris, Éditions du Seuil, 1980. La nueva edición de la obra
en lengua inglesa ha recuperado en su titulo el término cuerpo anteriormen-
te omitido: Tfze Scandal qf (he Speaking Body. Don Juan With] L Allslzn, or
Seduc!ion in Two Languages, Stanford, California, Stanford University Prcss,
2003. En esta segunda edición se ha introducido el texto de Butler
«Afterword» pp. 113-123. Al pensamiento de Butler sobre la relación
entre cuerpo y lenguaje y al uso que hace de las tesis de Felman, me he refe-
rido con anterioridad en mi texto, «Cuerpos que hablan» enJorge V Arregui
y Juan A. Carda Conzález !eds.), corporales. Contrastes.
Colección 11, 2006, pp. 93-109.
[C.\PÍTCLO IV] 279
En el desarrollo de su teona, Austin propuso la diferenciación
entre tres tipos de dimensiones de los actos lingüísticos: la dimen-
sión locucionaria o acto locucionario, que son eh-presiones consta-
. tati\·as; la dimensión ilocucionaria o acro ilocucionario, que son
no l a ~ expresiones que realizan meramente el acto de decir algo
sino las que además realizan un acto al decir algo, las que produ-
cen la realidad que nombran en el acto mismo de nombrarla (pro-
meter, insultar, la declaración de una unión matrimonial); y la
dimensión perlocucionaria o acto perlocucionario, que son aque-
llos efectos que se derivan, no necesariamente de un modo inme-
diato, del hecho de decir algo, esto es, las consecuencias sobre
nuestras sentimientos, comportamientos, acciones, ocasionadas
por las palabras emitidas (intimidar, convencer, ofender, alarmar).
La performativad de las palabras, la capacidad para «hacer
cosas con palabras», Austin la hizo residir en la fuerza ilocuciona-
ria (iLlocutionar)l force). Butler subrayará cómo está implícita en la
teona de Austin la idea de que en los actos ilocucionarios los efec-
tos se producen sin que transcurra ningún intermedio temporal
entre el acto de habla y la acción realizada. Palabra y acción senan
así acontecimientos simultáneos [7]. Además, Butler relacionará
el acto de habla ilocucionario de Austin con la interpelación
althusseriana en tanto que uno y otra asientan su eficacia en la
dimensión convencional. ritual, donde se integran. Si bien, mien-
tras que el sujeto en Austin emite su acto de habla, en Althusser
el sujeto es constituido por la llamada de la voz del otro [8J.
«Firma, acontecimiento, contexto» ofrece el replantea-
miento derridiano de la performatividad. Observa sobre Austin
Derrida el acierto de un enfoque no restringido al ámbito de la
lingüística, de la autoridad del código, ni de la semántica, de los
[7] LPI, p. 39; ES, p. 1 i.
[8] LPI, pp. 49-51; ES, pp. 24-26. En LPI, pp. 4-63; ES, pp. 24-34, Butler
retoma el análisis de la interpelación de i\.Ithusser cuestionando el privilegio
de la voz. Butler insiste en defender que la eficacia de la interpelación, que no
puede comprenderse bajo el modelo del poder divino-soberano, no se redu-
ce a la voz que enuncia sino que la interpelación debe entenderse también
como discurso y de acuerdo con la noción de citacionalidad que muestra que
el origen y el /in de la interpelación no pueden determinarse plenamente.
[ Qct eU:"T"" cmlO U\A '·IDA J
usos de! lenguaje. Aprecia e! carácter «paciente, abierto, aporé-
tico» del análisis de Austin, pero, sin embargo, encuentra sobre
todo su fecundidad más en «el reconocimiento de sus puntos
muertos que en sus posiciones» [9]. A pesar de que en su pues-
ta en cuestión de la validez del criterio de verdad para toda
clase de actos lingüísticos abre la posibilidad para una crítica
eficaz de! idealismo metafísico que privilegia en e! lenguaje e!
significado y la verdad y que mantiene una distinción jerárqui-
ca entre un supuesto uso normal y otro anormal del lenguaje,
Derrida comenta cómo Austin permanece, no obstante, deudor
de la tradición ftlosófica clásica.
En su empeño por determinar las situaciones de fracaso del
performativo, su origen y sus condiciones -lo que supone tam-
bién un estudio de las circunstancias del éxito del performati-
vo-, Austin conserva la idea de que los contextos son determi-
mibles y permanentes y sostiene que la intención del hablante
es e! soporte de su acto enunciativo. El sujeto hablante comuni-
ca en la expresión performativa un sentido intencional aunque
su locución no busque un referente en algo exterior. Austin
defíende, según Derrida, que el contexto es definible de modo
exhaustivo y que el sujeto posee una conciencia libre y sobera-
na que controla plenamente su habla; un habla donde la pre-
sencia de la unidad del sentido no queda quebrada, entonces,
por ningún orificio de fuga.
Cuestión problemática, finalmente, es para Derrida que el
fracaso del performativo sea pensado por Austin como una inte-
rrupción circunstancial del funcionamiento normal del lengua-
je ordinario -concebido como un sistema unívoco-; como un
riesgo accidental y no como elemento estructural del fenómeno
lingüístico. La mirada deconstructiva de Derrida retiene preci-
samente esto que para Austin es secundario y marginal, la posi-
bilidad del fallo del performativo, como rasgo estructural, como
la interna condición de posibilidad del funcionamiento mismo
del performativo. Fijándose en las tres circunstancias de enun-
ciación de un performativo, la enunciación en una ('sccna, en un
[9] Jacques Derrida, «Firma, acontecimiento, contexto». "/,, cit., p. 363.
[C.WÍTlLO 1\' J
lSI
poema o en un soliloquio, mencionadas por Austin como situa-
ciones que por no ser ordinalias conducen a un uso \'acío del
performativo, afirma Derrida: «Pues, en fin, lo que Austin
excluye como anomalía, excepción, «no serio», La cita (en la esce-
na, en un poema, o en un soliloquio), ¿no es la modificación
determinada de una citacionalidad general -de una iterabili-
ciad general, más bien- sin la cual no habría siquiera un per-
formati\'o «exitoso»?» [10]. Austin, según Derrida, incurre en la
paradoja de situar al lenguaje ordinario fuera de esa lq -la ite-
rabilidad- que define al lenguaje como tal.
El acontecimiento de enunciación ni es puro ni singular; la
expresión performativa no podría tener lugar sin ese mecanis-
mo de disolución de la singularidad que es la cita. Para Austin
es la cita una excepción en la dinámica de la performati\'idad,
un accidente que ocasiona su fracaso. Para Derrida la citacio-
nalidad e iterabilidad es condición de existencia del performa-
tivo y, más aún, del lenguaje en general.
Desde su pensamiento sobre la escritura como différance es en
principio desde donde Derrida, en este ensayo sobre la teoría de
Austin, postula su concepto de iterabilidad. La escritura requie-
re en su estructura de esta instancia de la repetición para que
logre su carácter de legibilidad: «Esta iterabilidad (iter, de nuevo
vendría de itara, «otro» en sánscrito, y todo lo que sigue puede
ser leído como la explotación de esta lógica que liga la repetición
a la alteridad) estructura la marca de escritura misma» [11].
Este \'Ínculo de repetición y alteridad nombrado en el concepto
de iterabilidad -repetición o citacionalidad alterada en cada
contexto nuevo- indica que la escritura rompe la lógica meta-
fisica de la necesidad de la presencia (lo que Derrida denomina
logocent11s17l0), esto es, de una autoridad última legitimadora, ya
que funciona, y ha de funcionar, en ausencia tanto de todo des-
tinatalio determinado como en ausencia asimismo del emisor
Oliginario, en ausencia de la conciencia, de la intención del suje-
to productor del texto.
[10] lbíd., p. 367.
[11] lbíd., p. 356.
[ Qd: CU:\'T.\ cmlü L ' ! \ . ~ \'IDA 1
De la iterabilidad subraya Derrida tres consecuencias [12]:
que el signo significante continúa permaneciendo al margen
del momento de su surgimiento; que rompe con el contexto de
su inscripción: con el marco de vida del escritor, con la inten-
ción de su escritura y también con el contexto semiótico inter-
no al texto ya que se puede reescribir o injertar todo sintagma en
otro escrito diferente a aquel del que ha sido tomado; y que el
signo escrito viene constituido por el espaciamiento que no solo le
posibilita ser extraído de su contexto interno sino que le permi-
te ser separado de todos los referentes, objetivos y subjetivos.
y lo dicho sobre la escritura se extiende hacia el acto de
habla -y a todo lenguaje--. En el performativo, en particular,
porque Derrida aprovecha la teoría de Austin, se observa esta
estructura de la iterabilidad. Es cuando una fórmula se cita
-resulta iterable- según un modelo convencional cuando es
reconocible y cuando es entonces capaz de producir el efecto
performatiyo de efectuar un contrato matrimonial, por ejem-
plo. Derrida puntualiza, sin embargo, que hay diferentes tipos
de citacionalidad; que no es exactamente la misma citacionali-
dad la que se pone en práctica en una obra de teatro que en el
desarrollo de un performativo que logra hacer lo que dice. Lo
fundamental en este punto es la afirmación de la existencia de
una estructura general de iterabilidad que arruina la pretensión
de una enunciación entendida como acontecimiento único, sin-
gular y original, que gobierna y controla en todos sus aspectos
la operación de enunciación.
La oposición entre enunciados singulares y enunciados
citacionales no tiene lugar. Desde este óptica «la intención que
anima la iteración no estará nunca presente totalmente a sí
misma y a su contenido»> [13]. Esta ausencia de la intención
conlleva además que el c o ~ t e x t o de la enunciación no puede
ser determinado de modo pleno ya que para ello sería reque-
rible la presencia, actualidad y transparencia de la intención
del acto de habla. Hay ciertos efectos de conciencia en el acto
[12] Véase. ibíd .. pp. 358-359.
[13] Ibíd., p. 368.
pcrformativo, ad\·ierte Derrida, pero la deconstrucción de la
metafisica occidental implica el desplazamiento de las oposi-
ciones y de sus sistemas de jerarquías; entre ellas, entre las
dicotomías que han de ser criticadas, está la oposición entre
enunciados-acontecimientos singulares y enunciados citacionales
(entre habla y escritura; entre usos normales y usos anormales
del lenguaje; entre lo esencial y lo accidental; entre el éxito y
el fracaso).
Si Austin privilegia el acto ilocucionario haciendo recaer la
fuerza performativa en el poder de la \·oz, de una voz potente,
como un ser divino, para crear lo que dice eliminando toda
suerte de efectos imprevistos, Derrida incide en la iterabilidad
en tanto motor de la performatividad. Esto supone, además,
que en el planteamiento de Derrida las fronteras entre actos
ilocucionarios y actos perlocucionarios quedan difuminadas
bajo el aliento común de una iterabilidad que es repetición y
alteridad.
Esa dimensión del lenguaje de «excitable», de no absoluta-
mente controlable, sobre la que argumenta Butler, se apoya en
la noción de iterabilidad derridiana, si bien, como se compro-
bará más adelante, tampoco dejará, en algunos aspectos, de
someterla a revisión. Butler enfrentará críticamente la teoría de
Derrida y la del poder social de Bourdieu, pero sus desacuerdos
con ambos autores se deben sobre todo a que en su obra el con-
cepto de agencia es central.
Desde la introducción de Excitable Speech su propósito estri-
ba en ofrecer un acercamiento al lenguaje que permita pensar-
lo no solo como sistema sino sobre todo bajo la figura de una
agencia que no implica en absoluto la noción de controlo de
dominio. Una parábola de Toni Morrison le sirve de ilustra-
ción: se trata del caso de una mujer ciega a la que unos niños
preguntan sobre si está vivo o muerto el pájaro que encierran
en sus manos. El pájaro ocupa en Morrison el lugar del lengua-
je. y la respuesta dada por la mujer, que desviando la pregun-
ta dice saber únicamente que el pájaro está en sus manos -en
las manos de los niños-, alude para Butler a una concepción
del lenguaje como realidad viva. El lenguaje es ahí comprendi-
1 Ql'f: Cl·E'\T .. \ C O ~ l ü t:'\.-\ \"IlH J
do como agencia en e! sentido de «acto con consecuencias» [14];
lenguaje es algo que hacemos, una cierta acción caracteristica,
y los efectos que producimos.
1.1. La dimensión corporal del habla
Decir que e! habla es un acto no es suficiente. Es una acción
cuya peculiaridad es su crucial dimensión corporal. Aquí Butler
remite al estudio de Shoshana Fe!man para quien entre habla y
cuerpo se da una relación «escandalosa», una relación de
«incongruencia y de inseparabilidad», donde «e! escándalo
consiste en e! hecho de que e! acto no puede saber lo que está
haciendo» [15]. Que entre lenguaje y cuerpo hay un íntimo y
problemático vínculo que reclama seguir siendo pensado; que
materialidad y lenguaje no son la misma cosa pero que estre-
chan lazos de interdependencia no siendo nunca ni «completa-
mente idénticos ni completamente diferentes», son observacio-
nes presentes en Bodies that Matter y destinadas a indagar en el
proceso discursivo -performativo- de materialización de!
cuerpo. Pero el análisis de Felman centra la cuestión en la espi-
nosa, mas evidente, conexión entre habla y cuerpo en una
dirección que permite a Butler defender, desde una distinta
esclarecedora perspectiva -no, esta vez, la de la estructura ite-
rable del lenguaje, hallada, en principio, en la escritura, sino la
del habla del cuerpo que habla-, ese rasgo caracteristico de su
[14] LPI, p. 24; ES, p. 7.
[15] LPI, p. 28; ES, p. 10. Vuelve Butler a aludir a esta obra de Felman en
DC (<<¿El fin de la diferencia sexual?»), pp. 281-282; UC (<<The End of Sexual
DilTerence?»), p. 199, donde afirma que, ~ n general, sigue el punto de vista
de la autora de The Scandal oJ the Speaking Body para quien «los significados del
cuerpo exceden las intenciones del sujeto». Pero ello se debe entender no en
un sentido metafísico sino en el sentido de que el lenguaje \'ehicula afirmacio-
nes corporales y acciones que no siempre son comprendidas por quien habla
y por quien pretende que su habla exprese intenciones conscientes. Aquello
que hacemos con nuestro lenguaje no se corresponde exactamente con los
sign'ificados que conscientemente queremos comunicar.
r CAPiTL"W IV]
concepción del lenguaje de una agencia en ausencia de control
soberano.
En esa habla que es del cuerpo, el acto de habla, según
Felman, no alcanza a conocer por completo aquello que produ-
ce mediante su habla; el acto de habla no es, por tanto, capaz
de ejercer sobre su intencionalidad un dominio y un control
como la mayoría de las veces pretende. El cuerpo del hablante
significa no solo lo que dice su habla. Butler, en este sentido,
compara al hablante de Felman, para el que su cuerpo no es
totalmente conocido porque sus acciones no son todas volunta-
rias y conscientes, con aquella mujer ciega de la narración de
Morrison [16]. Esos aspectos ciegos, desconocidos, del cuerpo,
del habla del cuerpo, señalan el límite de la intencionalidad de
un acto de habla que dice más o que dice menos, o en forma
distinta, de lo que se propone decir.
La idea fundamental de Felman no es que son realidades
independientes habla y cuerpo. Como dirá Butler en su poste-
rior texto «Afterword)) [1 7], sobre el escrito de Felman, el cuer-
po es condición y vehículo del habla. Pensar que el acto de
habla transmite la intención del hablante, supone situar la con-
ciencia en un lugar anterior y distinto al habla que entonces
queda concebida como un medio que refleja un previo conte-
nido de conciencia. Sin embargo, no es posible prescindir del
cuerpo, como elemento orgánico que es del habla; ni tan
siquiera puede evitarse el cuerpo cuando el habla pretende
comunicar una intención de la conciencia. Felman cuestionan-
do la presuposición de Austin de que el yo del hablante es una
conciencia pura cuya intención es correcta y transparentemen-
te representada a través de su lenguaje, nos propone considerar
que lo que representa en el lenguaje el yo es su vida corporal.
En tal caso, el punto de vista de Felman incide en acentuar una
relación entre cuerpo y lenguaje que rompe con la noción de
representación sostenida en la tesis metafisica del yo soberano
intencional.
[16] LPI, p. 29; ES, p. 10.
[17] AFlt; pp. IIS-Il7.
[Qu: L"i\,\ \'!U.-\J
Del análisis de Felman retiene Excitable Speech esta puesta en
evidencia de que la intencionalidad en el acto de habla queda
quebrada por esa dimensión corporal del habla. Las dualidades
metafisicas no son sostenidas sino, al contrario, desbaratadas.
Este texto cita Butler de Felman: «El acto, una producción
enigmática y problemática del cuerpo parlante, destruye desde
su comienzo la dicotomía metafisica entre el dominio «mental»
y el dominio «fisico», desmonta la oposición entre cuerpo y
espíritu, entre la materia y el lenguaje» [18].
No son existencias aisladas las del habla y el cuerpo pero
tampoco se vinculan fácil y transparentemente. El cuerpo es el
lugar de la verbalización. Pero, además, Felman, apoyándose
en la teoría psicoanalítica afirma que el cuerpo es también el
lugar del deseo corporal en tanto fantasías inconscientes [19].
En esta línea, entendido como instrumento de lo inconsciente,
el cuerpo se mueve en una dirección contraria a la intención
consciente; el cuerpo es lo no intencional. Ese yo que en su
habla dice su vida corporal no puede, en consecuencia, cono-
cerse a sí mismo por entero. En su acto de habla performativo
no acaba nunca de saber exactamente lo que hace porque el
suyo no es un yo soberano.
Tal y como se recoge en Excitable Speech, el acto de habla del
cuerpo realiza una acción doble: la acción de la enunciación y
la acción de lo dicho por el cuerpo. En la amenaza, ejemplifica
Butler, puede darse una situación en la que el acto performativo
de amenazar se vea debilitado por la actitud del cuerpo emisor
de la amenaza; o, por otro lado, puede que la expresión pro-
nunciada no contenga una amenaza desde un análisis gramati-
cal pero que el cuerpo del hablante, su comportamiento, haga
irrumpir una amenaza. Ambos actos, aun siendo corporales los
dos, no son lo mismo y, sin embargo, están relacionados. A la
relación entre uno y otro la denomina Butler quiasmo.
[lB] LPI, p. 29; ES, p. 11. El texto citado por Butler se encuentra en
Shoshana Felman, Tlze Scandal of the Speaking Boq)( Don Juan r-Vitlz] L rlustin,
or Seduction in Tu.:o Languages. op. cit., p. 65.
[19] AFI'V.pp. IIB-119.
r CAPiTU.O IV 1
En la amenaza el acto de habla en el que se formula se
cumple en cuanto tal acto de habla, pero ese acto de habla de
la amenaza anuncia otro acto posterior que será el que pueda
o no cumplirse, materializando con ello, o no, el acto de habla
de la amenaza. La amenaza en su eficacia es vulnerable; el
acto de habla puede fracasar no materializándose. Entendida
la amenaza, prosigue Butler, como acto soberano, como acto
ilocucionario según la fórmula de Austin, se da por sentado
que la amenaza, la enunciación de la amenaza, realiza la
acción que dice. Esto discute Butler argumentando que está
abierta al fracaso, que hay respuestas imprevistas a la amena-
za que impiden concebirla bajo la óptica de un acto de habla
que controla netamente lo que dice. La amenaza podría con-
llevar antes que la falta de réplica por parte de la persona ame-
nazada una contestación resistente que puede aprovechar esa
circunstancia de la doble faz de la amenaza -lo intencional y
lo no intencional del habla corporal-o
De ahí que, la amenaza, acto de habla y acto corporal que
excede el habla, señala hacia su estar fuera de su propio con-
trol. Y de ahí que el habla que hiere, en general, pueda ser
observada desde este prisma de «la inseparable incongruen-
cia», como decíamos, entre habla y cuerpo; entre lo dicho y los
efectos de lo dicho. Ni el cuerpo del que habla ni tampoco el
cuerpo al que se dirige el habla quedan sin más bajo el control
del acto de habla.
Desde otra perspectiva todavía Butler analiza la dificil rela-
ción entre el lenguaje y el cuerpo. En su texto titulado «Bodily
Confessions» [20], indaga en los actos de habla de confesión
retomando elementos de Foucault y de la teoría psicoanalítica
fundamen talmen te.
En su primer volumen de la Histon·a de la sexualidad se refie-
re Foucault al poder pastoral ejercido en la confesión cristiana
[20] DG (<<Confesiones corporales»), pp. 229-246; UG (<<Bodily
ConfessiollS»), pp. 161-173. Este escrito fue presentado por primera vez en el
«American Psychological Division Meetings (Di\'¡sion 39»>, en San Francisco
y en la primavera de 1999.
[Qd: Cl"f::\TA CO\IO t.:1\".\ \"IOA J
desde la perspectiva ofrecida por su elaboración de la hipótesis
represiva. Según ello, se trata en la confesión de descubrir, des-
velar mediante el lenguaje, los deseos más ocultos y verdaderos;
ofrecerlos al conocimiento del pastor para que por este medio
ejerza la función de dirigir y gestionar, de controlar, en definiti-
va, el alma del confesado. Afirmar la represión del sexo, de los
deseos, es ante todo, afirmaba Foucault, un mecanismo de
poder que impone revelar aquello supuestamente reprimido, y
ya existente, para lograr e! aumento del poder de la autoridad
pastoral. Butler está interesada en este caso particularmente en
la distinta versión del acto de confesión que el propio Foucault
proporciona, en su texto posterior de 1980 «About the
Beginning of the Hermeneutics of the Self») [21], cuando inter-
preta que en la confesión «El yo no es algo que deba ser descu-
bierto o descifrado como una parte muy oscura de nuestro
yO)) [22] sino que la confesión es una actividad en donde
mediante e! habla el yo se constituye a sí mismo ante la presen-
cia propiciadora de otra persona. Queda destacada bajo esta
luz la fuerza performativa de la enunciación.
En e! psicoanálisis pervive de alguna manera ese poder pas-
toral. De lo que se trata no solo es de que ha sido hecho un acto
sino que sucede que ese acto es narrado y que al ser verbaliza-
do e! hecho ha sido alterado en cierto sentido. El cuerpo que ha
realizado el hecho actúa otra vez en e! acto corporal que supo-
ne la confesión de! hecho. A través del acto de habla es cuando
e! hecho y el sujeto de! hecho y de! habla son vulnerables y se
hallan abiertos a su reinterpretación. Recurriendo a la
Antígona de Sófocles, Butler afirma que es su acto en e! lengua-
je, su confesión, con la que da publicidad al acto de haber ente-
rrado a su hermano, ante Creonte -quien, como si dijéramos,
[21] Este texto de Michel Foucault, «About the of the
Hermeneutics of the Self», fue publicado en Mark Blasius (ed.), Polítical
vol. 21, n." 2, 1993, pp. 198-227; Y más tarde fue publicado en
Jeremy Carrette (ed.j, Religion and Culture, New York, Routledge, 1999, pp.
158-181.
[22] DC, p. 231; CC, p. 163.
[C.\PíITLO IV]
ocupa el lugar del psicoanalista-, lo que supone de algún
modo la terminación del hecho. Antígona desafia a Creonte al
no cumplir su edicto; y al rechazar verbalmente negar que ella
ha enterrado a su hermano desobedece de nuevo a Creonte.
Ella reitera su acto de insubordinación por \"ía de su declara-
ción lingüística.
La escena de la confesión, en toda su complejidad, también
pone en e,;dencia, por tanto, el carácter excesivo del acto de
habla. Excesivo porque el habla otorga al hecho una otra dimen-
sión. Pero, además, porque las intenciones, tanto de la persona
que se analiza como asimismo de quien ejerce de psicoanalista,
pueden ser confundidas en e! transcurso de la comunicación;
siempre permanece e! riesgo de hacer algo que no sea lo que se
haya pretendido hacer. La atención, frecuente en el modo de la
escucha del psicoanalista, del aspecto retórico del lenguaje, de
las palabras elegidas o del ritmo de la verbalización, por ejem-
plo, pueden provocar comentarios no bien recibidos por parte
del emisor del habla, este que está sometiéndose a la terapia, a
quien le preocupa sobre todo el contenido de su enunciación.
Butler incide en cómo en la terapia puede darse relevancia a
significados que no necesariamente tienen que ver con e! con-
tenido de lo que se dice. Puntualiza, no obstante, que e! conte-
nido no puede ser completamente transcendido ya que e! modo
de la enunciación es con probabilidad un aspecto vinculado
con el contenido y con su intención. Entonces, la cuestión que
debe ser destacada es que, a pesar de las divergencias, hay una
cierta unidad en la conversación constituida por el significado
imencional y por el efecto no imencional de! habla [23].
Por otra parte, en «Bodily Confessions» Butler destaca tam-
bién este exceso del lenguaje insistiendo de nuevo en la esfera cor-
poral del acto de habla. La «laringe», los <<pulmones», los
«labios», la «boca», son condiciones de la vocalización, afirma
Butler [24]. El cuerpo, sin duda, está presente en la situación del
habla. Incluso cuando parece quedar obstruido el cuerpo en un
2l)O
[23] DG, p. 243; VC, p. In
[2+] DG, p. 2+3: ['e, p. 172.
[QL"I': (:l·L\"T .. \ C(nIO L:\.\ \'10.\ J
habla que pretende transmitir significados descorporalizados,
como emanados de una mente sin cuerpo que se dirige a otra
mente desencarnada, incluso entonces, esa habla no puede evi-
tar su relación con el cuerpo en tanto habla descorporalizada.
Un extraño ofrecimiento corporal son las palabras habla-
das [25]. En la terapia, continúa su argumentación, se despliega
algo más que una intención. A la opinión relatada acompaña
una mostración de una parte de sí desconocida para el propio
sujeto del habla. Al exponerla la entregamos a la otra persoria
con el fin de que nos la devuelva de una manera tal que es
imposible de prever por anticipado. Ese yo que habla en el
transcurso de la conversación se reelabora en nuevos y diferen-
tes caminos. Butler apunta que en estas escenas de habla aque-
llo que ambos intervinientes enuncian se extiende «más allá de
su control (beyond their control)>>, sin embargo no por ello su
decir está «fuera de control (out if o n t r o ~ » [26]. Sabemos que el
habla es una forma de hacer algo. Lo que hace el habla tiene
que ver en alguna medida con el yo; el yo que se va rehaciendo
mediante el habla y en el habla. Por lo tanto, es la conversación
un decir y un hacer algo juntos en donde es posible una modi-
ficación de los sujetos aunque lo que ahí se cumpla no pueda
ser conocido hasta que suceda [27].
[25] DG, pp. 244--245; CG. p. In
[26] DG, p. 246; CG, p. 173. El texto original dice así: «In these scenes of
speech, both interlocutors find that what they say is to sorne extent beyond their
control but not, for that reason, out of controb>. Sin embargo, la traducción cas-
tellana no recoge el texto completo de Butler, con lo que se pierde parte del sen-
tido de lo escrito: ,(En estas escenas del habla, ambos interlocutores se dan
cuenta de que, hasta cierto punto, lo que dicen está fuera de control».
[27] En otro contexto y desde otra perspectiva, Butler subraya esta idea:
la posibilidad, y toda"ia más, la conveniencia, de que en el intercambio comu-
nicatiyo se produzca una modíficaciónde las personas implicadas, de sus pun-
tos de \ista, de sus certezas \" seguridades conceptuales y vilales. En su texto
CTSpp. 7-30 IDG, pp. 289-327; UG, pp. 204-231), llama a esta conversación
transformadora una tarea de «traducción culturah>. En la traducción cultural
la transformación se produce a través de un encuentro con lo otro, con lo des-
conocido, en el. que las dos partes se modifican. Es así como Butler comprcn-
de el poder fructífero del diálogo.
rC.\piru.o IY]
Este es el sentido en el que nuestra habla no permanece ence-
rrada cxhausti\"amente bajo nuestro control. Y es también el sen-
tido en el que nuestra habla no nos es completamente ajena por-
que en e! desarrollo de la misma nos ,'amos haciendo a nosotros
mismos, Aunque aquí Bucler no lo enuncia e:>.."plícitamente, no deja
de estar apuntando hacia esa agencia -capacidad de acción-
que emerge en el de\'Cnir de! ejercicio lingüístico: en el di,'ersifica-
do movimiento «excitable», «excesivo» lenguaje,
Dada la complejidad, movilidad, vitalidad del lenguaje que
Burler nos acerca desde diferentes ángulos, cabe esperar que su
análisis sobre el poder de las palabras para herir no sea ni sim-
ple ni unilateral. No está claro, de entrada, el carácter ni la fuer-
za del vínculo entre la palabra y el daño que ocasiona o que
puede ocasionar. Butler se propone oponerse con matizados y
sutiles argumentos, desde su concepción del lenguaje, a la tesis
que afirma que determinadas palabras son siempre, inequívoca-
mente, ofensivas; que hay palabras que no dejan de hacer en
ningún momento lo que dicen; que la esencia del acto perfor-
mativo es cumplirse; que palabra y conducta son prácticamente
indisolubles. Er:citable Speech quiere dar cuenta de cómo las pala-
bras exponen una ofensa pero también, y sobre todo, de cómo
lle\'an a efecto un contraejercicio de la ofensa lingüística, porque
las palabras -y los cuerpos que hablan-, ya sabemos, desplie-
gan significados y efectos en variadas, y no siempre previstas, ,
direcciones y en discontinuos momentos y contextos temporales.
Una de las importantes consecuencias de esta apertura de
las palabras en la línea de un contradiscurso es que permite
pensar la agencia lingüística, la acción subversi\"a contra el len-
guaje de odio, sin necesidad de recurrir a la instancia represiva
legal [28]. Será afirmativa su respuesta a la pregunta de si se
[28J Butler discute pormenorizadamente sobre el tratamiento dado, en
Estados Unidos, por el Tribunal Supremo a situaciones concretas en las que
292
[ Qct CUc\TA c:mlO L"\,\ \'!lJA 1
puede dar una repetición de las palabras que al alejarlas de su
marco convencional elimine la dimensión injuriosa a ellas aso-
ciada. Butler defiende, en el rechazo de la idea de que la afir-
mación de la agencia es una reinstauración o una reformula-
ción de la soberanía en el lenguaje, que «la agencia comienza
allí donde la soberanía declina». Esto es: «Aquel que actúa (que
no es lo mismo que el sujeto soberano) actúa precisamente en
la medida en que él o ella es constituido en tanto que actor y,
por lo tanto, opera desde el principio dentro de un campo lin-
güístico de restricciones que son al mismo tiempo posibilida-
des» [29].
Como decíamos, ni su concepción del lenguaje ni su con-
cepción del sujeto están de acuerdo con la noción tradicional
de poder soberano. Butler piensa al lenguaje como actividad
iterable de significación, temporal y abierta; piensa al sujeto en
el lenguaje y desde ahí piensa a un sujeto vulnerable y dotado,
en tanto que vulnerable precisamente, para la acción. El suyo
es un sujeto lingüísticamente vulnerable y a la vez lingüística-
mente capaz de una respuesta crítica resistente.
Sobre esta nada sencilla cuestión se extiende Butler en
argumentos analizando en particular el lenguaje de odio ya que
este tipo de acto de habla evidencia, de manera directa, la fra-
gilidad y, no obstante, también la capacidad del ser humano.
Pone el acento en que el habla injuriosa, un habla contingente
y evitable, manifiesta la vulnerabilidad constitutiva del sujeto,
de la que aquel habla se aprovecha. Somos seres constituidos
estaba en juego la cuestión de en qué medida la palabra y la acción podían o
no distinguirse la una de la otra. En sus argumentaciones, sobre diferentes
sentencias emitidas en Estados Unidos, Butler incide en la problematicidad
que implica legislar sobre el lenguaje de odio. Además, su texto muestra (on
detalle cómo en los tribunales se penalizan sobre todo las representaciones de
las sexualidades no normati\'as mientras que las expresiones racistas no son
en general objeto de prohibición. Véase, LPI, en particular el capítulo 1,
«Actos ardientes, lenguaje ofensivo», y en concreto las pp. 92-111; ES,
«Burning Acts, Injurious Speech», pp. 52-65. Este texto citado se publicó con
anterioridad en 32: 2 (Wintcr 1997).
[29] LPI, p. 37; ES, p. 16.
[G\PITU.O 1\']
por la llamada del otro que necesitamos para exislÍr. En esre
sentido somos sujetos primariamente dependientes: subordina-
dos a la interpelación del otro de la que no hay modo de pres-
cindir. El nombre mismo que nos identifica es otro quien nos lo
ha proporcionado. Esas palabras que nos fundan también son,
sin embargo, las que nos permiten ejercer el poder de hablar
nosotros hacia los otros.
Somos así vulnerables a un lenguaje que nos preexiste, un
lenguaje del que no somos los creadores porque tiene una his-
toricidad que excede nuestra historia de sujetos hablantes. Por
ello, incluso a las palabras que nos hieren nos acogemos cuan-
do al menos ellas nos dan un lugar, un reconocimiento lingüís-
tico y social: una posibilidad de acción. Nuestra agencia, en tal
caso, porque e! lenguaje no es un mero instrumento que usa-
mos sino que es nuestra condición constitutiya, nunca puede
ser pensada como «autonomía radical»: «La llamada que inau-
gura la posibilidad de agencia cierra, de un plumazo, la posibi-
lidad de autonomía radicah> [30J. De esta nuestra constitución
en el lenguaje mediante las palabras dichas por los otros depen-
de nuestra agencia. Por esta razón no podemos evitar por com-
pleto las potenciales consecuencias dañinas de las palabras pero
ello no implica que no se pueda distinguir entre los diferentes
tipos de lenguajes que elaboran nuestra constitución lingüística.
Esta tarea crítica se propone Buder resaltando, además, que
en su teoría no queda eliminada o anulada la responsabilidad
de! sujeto que habla. El lenguaje injurioso circula invocando
una convención; ni comienza ni termina con el sujeto que lo
enuncia en un momento dado, pero el sujeto no deja por ello
de ser responsable de lo que dice. La responsabilidad está ahí
donde al decidir repetir un habla injuriosa de una cierta mane-
ra convencional y acrítica fortalecemos esa habla y su contexto
de odio. Se trata de entender la responsabilidad no en el senti-
do de que el sujeto es el origen singular de su habla sino en
tanto que el sujeto puede repetir en una dirección ofensi,·a. que
[30J LPf, p. 52; E,>, p. 26.
amenaza nuestra existencia lingüística, o en otra contraofensi-
va, que posibilita nuestra existencia Iingiiística. No obstante,
Buder es cuidadosa, en todo momento, a la hora de señalar las
"ías de repetición de efectos subversivos. Mantiene que es una
pregunta abierta la cuestión de cuál es el mejor camino de la
repetición.
Desde las opiniones favorables a la censura de los términos
injuriosos se concibe al hablante como culpable porque se con-
sidera que él es el origen de su lenguaje de odio y porque se afir-
ma que ese tipo de lenguaje es un acto ilocucionario que nece-
sariamente hace lo que dice. Para Butler, por el contrario, la:
responsabilidad está en el hecho de repetir y sobre todo en el
modo de la repetición.
La idea largamente comentada por Butler, por ser central
en su noción de' performatividad, de la no existencia a
la acción de un sujeto ontológicamente dado; esta idea que
encuentra apoyo en el nietzscheano texto de la Genealogía de la
moral, es aquí, en Excitable Speech, retomada desde la perspecti-
va de la culpa y de la responsabilidad. Situar al actor detrás
de su acción tiene unas consecuencias morales al ser un modo de
su culpabilización.' El sujeto queda establecid9 como el lugar
de la responsabilidad. Es más, la exigencia de instaurar un
centro de responsabilidad es la que impulsa la, , ff:?qnación
del'stXjeto y su establecimiento como foco originario,y'cau.sal del
habla y de la acción. Dada la imposibilidad de rastrear la his-
toria de la constitución del sujeto, que la postulación de un
ficticio origen del se encarga, por otra parte, de obs-
truir, se atribuye al sujeto que habla la responsabilidad única,
moral y judicial de su habla.
Esta conceptualización del sujeto es la qur. reclama una
solución jurídica a la \ iolencia del habla de odio, sin tener en
cuenta que el habla del aparato jurídico está ejerciendo violen-
cia aldiscrirninar sobre qué es y qué no es un lenguaje que
hiere, por ejemplo cuando elabora sus sentencias prohibitivas,
cuando discute si palabra y acción son o no indisolubles, cuan-
do establece cuál es el -lenguaje protegido y qué enunciados
neben ser por d contrario penalizados:
[CAl'iTU.O 1\':
Es necesario recordar que la persecución legal del discurso de
odio en los tribunales corre el riesgo de conceder a los tribuna-
les la oportunidad de ejercer aún más violencia. Y si los tribu-
nales empiezan por decidir lo que constituye o no una forma
de lenguaje violento, entonces esta decisión corre el riesgo de
convertirse en la más vinculante de todas la violaciones [31].
No es que con ello Butler esté diciendo que no se debe per-
en ningún caso al sujeto de habla ofensiva. Su preocupa-
ción es poner en evidencia la complejidad del problema moti-
vando la reflexión sobre de dónde extrae su poder el lenguaje
injurioso. Desde luego no de un sujeto particular. fueq.,q, de
la iterabilidad la que dota de poder a la palaQra para una
herida. Esta iterabilidad es justamente la que hace dificil poder
limitar la responsabilidad al sujeto singular' que habla [32].
El habla de odio, por lo demás, si bien en ocasiones hiere,
no siempre consigue sus propósitos. Este tipo de lenguaje no
queda englobado bajo aquella definición estrecha y cerrada de
actu ilocucionario sino, en todo caso, bajo el acto perIocuciona-
rio --como, por otra parte, sugiere Austin según subraya la lec-
tura de Butler [33]-, más claramente abierto a la posibilidad
de invertir los efectos, evitando el daño. Pero, principalmente,
el lenguaje de odio es para Butler acto de habla performati\·o:
Entender la pelformatividad como una acción renovable sin
origen ni fin claros implica que el lenguaje no se ve restringido
ni por su hablante específico ni por su contexto originario. Ese
lenguaje no sólo viene definido por su contexto social, también
está marcado por su capacidad para romper con ese contexto.
(31) !.PI, p. 111; ES, p. 65.
(32) LPI, pp. 91-92 ; ES, p. 52.
[33) LPI, p. 39; ES, p. I i: «Ausrin señala asimismo que algunas conse-
cuencias de un acto perlocucionario pueden ser "no intencionales" y da el
ejcmplu del imulto no intcllciunal, situando así el dalio verbal en la óptica de
la perlucución. Por tanto, A.ustin que el ddño no es inherente a las
que un arto dl' hahla dado im·oca. que dt"pende de las con-
secuencias csp('cífic<ls que un acto de habla product"».
.\sí, la performati\idad tiene su propia temporalidad social
dentro de la cual sigue siendo dectiva gracias a los contextos
con los que rompe [34].
Excitable Speech alienta esta dimensión de la resignificación a
través del trabajo a favor del surgimiento de nuevos contextos y
por medio de un uso del habla que haga irrumpir formas de
legitimación aún no presentes.
2.1. Contra la censura
El lenguaje racista, sexista, xenófobo, homófobo, el lenguaje de
odio es un ejercicio de poder, sin duda. Butler muestra interés
en analizar qué versión, en concreto, de la pcrformati\idad lin-
güística está por detrás sosteniendo las propuestas más difundi-
das en Estados Unidos para luchar contra el lenguaje de odio.
Al hilo de la discusión de esas propuestas, Butler delinea las
suyas propias acordes con su concepción de la performatividad.
El camino del establecimiento de una legislación que determi-
ne qué es y qué no es discurso de odio con e! fin de disponer de
criterios para la prohibición de determinadas enunciaciones,
también para censurar imágenes, es, como decíamos, e! objeto
de las críticas de Butler.
La idea que funda estas iniciativas de legislación es la con-
cepción del lenguaje como e! lugar de residencia del poder, de
un poder que se entiende, en contra de Foucault y a favor de la
metafisica del sujeto, bajo la figura de! soberano que gobierna
eficazmente su acto de habla. El hablante soberano controla su
acto de habla, hace siempre lo que dice; controla la intención
de su enunciado, su correcta transmisión, la transparencia de su
significado y el efecto que produce. En este sujeto soberano se
unen indisolublemente decir y hacer; su acto verbal es una con-
ducta, de modo que un acto verbal de intención sexual, por
[34] LPI, p. 71; ES, p. fO.
(C.\riTL"LO [\" I
vjl'll1plo. din:.ctame!1lc una acción la afirmación sr!)
!/IJ!II(!I('\I/{/! se idcmifica con la realización del acto se\:ual homo-
sexual.
En su insistelltt: defensa de la censura, Catharine
:\hc Kinnon considera que la pornografia es un tipo de lengua-
je de odio. En función de esta asociación, l'vIacKinnon postula
b n('cesidad dC' legislar tamo en contra ele la pornografia como
en contra del lenguaje de oelio. Su atac!ue a la pornografia se
basa en el argumento de que la imagen ,isual hace lo que dice,
produce lo que representa [35], esto es, que la imagen porno-
gráfica inequívocamente consigue el erecto de la subordinación
ele las mujeres, quedando así enajenadas de sus derechos civiles.
Aun no negando el carácter ofensi,'o de algunas escenas
pornográficas, Butler cuestiona que la realidad social sea tan
cerrada, que esté tan exhaustivamente determinada por la por-
nografia como indica MacKinnon. Antes que constituir a las
mujeres, la pornografia. afirma Buder, ofrece un muestrario de
formas de relación y de posiciones masculinas y femeninas que
son irrealizables en las ,idas de las personas y que, por tanto, si
bien pueden gobernar el marco social en el que esas ,idas se
desarrollan no las constituyen propiamente. El poder de la por-
nografia es fantasmático, lo que indica que falla en producir la
realidad de las mujeres: «Se hace así necesaria una lectura
feminista de la pornografia que resista a la interpretación lite-
ral de esta escena imagjnaria, una leccura que en cuenta
[3,)] \·éasc. CalharillC:: 01l(r ¡¡'"ds. Har\"ard Prcss,
199G, p. 25: «La pornografia no simplemente expresa o interpreta la expe-
riencia sino que la reemplaza. :\lás allá de: representar un mensaje de la rea-
lidad. la pornogralla se presenta C0l110 la realidad [ .. .]. Para hacer pornogra-
fía \'iq¡al, y para estar a la altura de su' impcrati\·os, el mundo. es decir. las
mujeres. dehen haeer lo que la pornog-rafia quiere «dccin>. La pornografia
transmite las condiciones de su producción al consumidor [ .. .]. La pornogra-
fi<L. a traú's de su producción \. de su uso, transforma el mundo en un espa-
cio pornográfíco haciendo realidad lo que se dice que son las mujeres, cómo
son \'istas, y tratadas, constituyendo la realidad social de lo que es una mujer,
dl' lo que se le puede hacer a una mujer y de lo que es un hombre con res-
pectu a c,a acción», citado por Butlcr en LPI. p. I 13; ES, p. G6.
- .
la inconmensurabilidad que existe entre la:; normas y las prác-
ticas de género que la pornografia parece obligada a repetir .:iin
solución» [36]. :\las solo se podrá volver la ofensa pornográfi-
ca contra sí misma si dejamos de entender la performatividad
como poder
En estos ejemplos, en las tesis de MacKinnon, lo que se
observa, según Butler [37], es que el malestar provocado en
ciertos ámbitos contemporáneos por la actual diseminación del
poder en múltiples dominios de la sociedad civil, más allá de la
antigua localización en el aparato del Estado, ha conducido a
un intento de paliar esa pérdida histórica promoviendo el retor-
no de la concepción soberana del poder bajo la figura del per-
formativo soberano. Con la recuperación del modelo soberano
del poder y con su desplazamiento al lenguaje, el habla injurio-
sa adquiere la categoría de acto atribuible a la conducta del
hablante. Se da vida de nuevo al sujeto bajo la forma del suje-
to culpablr, responsable, origen y causa del daño causado con
su acto de habla. El sujeto hablante es así el agente del poder, y
es el único agente del poder.
En su alejamiento crítico de ese modelo del poder sobera-
no, Butler cuestiona que el daño ocasionado por el lenguaje se
dirija sencillamente del hablante hacia las personas receptoras
de los enunciados que hieren. Ni el racismo, ni el sexismo, ni la
horno fobia pueden ser encerrados en los contornos de una
enunciación sobredeterminada sino que su fuerza para dañar y
someter resulta de la sedimentación del uso reiterado a lo largo
de una secuencia histórico-temporal. Para que el discurso de
odio se produzca, y para que produzca efectos, se precisa que
sea una cita de un otro enunciado. Porque sabemos de antema-
no su poder para herir puede en efecto herir. Ello implica que
el lenguaje tiene una vida social que excede la concreta vida del
hablante y que, en este como se dijo con anterioridad,
[36] [PI, p. 117: ES, p. 69.
[37] Butler adentra en la crítica de las propuestas en ra\"or de la censu-
ra particularmente en LPI, capítulu :2, «PcrloriTIati\"os :;oIJeranos», pp. 12j-
173; ES, '<SO\"Crci>.,TJ1 Performatiw's,), pp" 71-10'2"
somo<; nIlncrables en una dirección lingüística. l\las la cifaciona-
hdad que alienta al acto de habla performativo explica no solo
la eficacia del habla de odio; abr{" asimismo el camino para que
las palabras que tratan de herir no consigan sus propósitos, por-
que en la reiteración de lo ya dicho la repetición no logra iden-
tidad sino que está dispuesta hacia la diferencia. como también
ha quedado ya dicho.
En contra de la posibilidad de que las palabras que hieren
puedan ser formuladas en otras direcciones no agresivas se sitú-
an los defensores de que la ley prohiba las injurias. Así, Butler
menciona, además de a Catharine 1\IacKinnon, el caso de
Richard Delgado, quien mantiene que palabras como «nigger»
y «spik» (<<negrata», [38] son instrumentos de des-
precio cada vez quc se pronuncian y en todos los contextos pen-
sables de enunciación, incluida la situación en la que los térmi-
nos se ofrecen en conversaciones amistosas. Lo que se afirma es
la ausencia de diferencias en los w;os de estos tér-
minos. Ob\"Íamente, estas mismas pa];lhras son citadas en el
texto de Delgado, y de Butkr, y en el momento presente, con
una otra distinta connotación, lo quc e\idencia la contunden-
cia de la réplica a las tesis de Delgado. Más aún, en el ámbito
de los tribunales, por ejemplo, en las terapias psicoanalíticas o
en las elaboraciones artísticas y culturales, las palabras no pue-
den dejar de ser citadas cuando se persigue abrirlas a otros con-
textos discursivos donde su repetición muestre el carácter de los
términos como resignificables, como no permaneciendo inmo-
vilizados sus significados públicos degradantes. La relación
entre las palabras y el daño que causan puede ser alterada.
Censurar el lenguaje de odio como medio para evitar la
herida, no es para Butler el camino idóneo, aunque explícita-
mente ella afirma que no rechaza en un sentido absoluto toda
clase de normativas. El discurso de odio funciona como una
[38J LPI, p. 166; ES, p. 100. Butler cita el libro de M.J. Mat5uda, Ch. R.
Lawrcncc III, R. Delgado and K. \,,: Crenshaw (eds.), Ih"ds (ha/ Hóund:
Critim/ Rarr A.rsaulti¡'e S/Jeech, and the Firsf Amendmenl, Boulcler, \\"cst\'ic\\'
Prcss, 19CJ3.
[Qd: CTI::'\T .. \ ¡;:\ .. \ \·ID.-\ 1
cadena ritual que continuará repitiéndose hasta que el odio del
que está llena no sea desalojado. El odio es resultado de su
repetibilidad misma puesto que la palabra de odio funciona
porque es una cita de otra anterior, porque reproduce com-en-
ciones lingüísticas previas, establecidas con anterioridad. Y
repetir la ofensa es, para Butler, también el modo de lograr su
superación. No es posible eliminar la injuria sin repetirla. En la
repetición es donde se da la oportunidad para el establecimien-
to de una distancia entre palabra y acción de efectos transfor-
madores.
La acción contra el lenguaje de odio no es la acción prohi-
bitiva; es la acción de repetición de la enunciación ofensiva.
Como argumentaba Derrida en su revisión de las tesis de
Austin, la posibilidad siempre abierta del fracaso del performa-
tivo, de que no cumpla aquello que dice, es la condición misma
del funcionamiento de la performati\idad_ Esta posibilidad del
fracaso nombra la posibilidad de la resignificación de los térmi-
nos; es el espacio de la capacidad de acción del sujeto; es lo que
nos permite entender la performatividad a la vez que como
fuerza que hiere y que somete como un ejercicio de subversión.
Interrogada sobre el modo del trabajo de los términos
injuriosos en «Changing the Subject: Judith Butler' s Politics
of Radical Resignification» [391. Butler retoma la palabra
queer para explicar cómo en una época anterior ese término le
producía miedo_ Pensaba entonces que no estaba justificado
repetir un nombre tan insultante_ En algunos ámbitos, queer
continúa siendo un instrumento de violencia pero, sin embar-
go y a pesar de ello, obseryó que el uso de la palabra en un
contexto distinto lograba disminuir la ofensa e incluso conse-
guía transformar el término en un signo de reconocimiento
afirmativo. Aquí reside el interés de ese tipo de términos, en
que de antemano no se puede conocer qué sucederá con el
término, lo que e\-idencia que la relación entre la palabra y la
herida es arbitraria.
[39] CHS, p_ 351_
I CIPiTLLO 1\-1
De ahí que la censura no sea d camino para lograr la elimi-
Ildción de la )' de ahí que, por el contrario, la censura
misma sea en determinadas circunstancias la ocasión para pro-
ducir aclOS de habla que hieren. El Estado, en lugar de lograr su
eliminación, produce performati\'amente el discurso de odio
cuando determina que un enunciado concreto es ofensivo.
Buller rCCOllOCC \'alor a la illlelyención normati\·a en algunos
C,!sos. pero le preocupa que el Estado establezca una diferencia
entre una clase de lenguaje que no debe ser reprimido. al ser
conceptualizado como habla libre, y otra serie de expresiones
que han de ser censuradas, porque las identifica inequí\"Ocamen-
te con conductas [40]. De este modo, el acto de habla racista
queda protegido mientras que el habla de afirmación homose-
xual queda atrapada bajo la categoría de acción ofensiva. Las
enunciaciones tienen diferentes semidos y significados según los
momentos y contextos. No es posible establecer un catálogo
fijo de palabras e imágenes injuriosas. Reflexionar sobre ello es
lo que Buder persigue en su discusión sobre la censura.
Un caso paradigmático de las consecuencias problemáticas,
y de los efectos potenciado res de la violencia incluso, que con-
11e\'an las normas prohibitivas, que hacen circular los términos
en la esfera pública, es el de las fuerzas armadas estadouniden-
ses [41] cuando discutió, en una línea argumentativa favorable
[40] CHS, p. 353. Butlcr explicita que defiende algunas de las políticas de
su Cni\'ersidad en relación con cuestiones raciales y sexuales. Pero no está en
absoluto de acuerdo con l\IacKinnon cuando asegura que todo tipo de rela-
ción entre el profesorado y el alumnado (;s de carácter cxplotador y por defi-
nición. J\1acKinnon se niega a realizar interpretaciones sobre contextos con-
crdos y puntuales. Para Butler es un anúlisis panicular para cada situación lo
que se debe hacer,
[11 J Butler dedica el capítulo 3 de su obra E\c1ldlt' .5j)(Cdi al análisis tlc!
tratamiento del actO de habla de afirmación de homosexualidad en el ámbi-
to de las fucTlas armadas de Estados unído;. \"éase, LPl, «Palabra contagio-
sa, Paranoia y «homosexualidad,) en el ejército», pp. 175-209; ES.
«Contagious "'ord: Paranoia and «Homosexuality" in the Militan·», pp. 103-
12G, En nota I (Uf, pp. 207-208; ES, pp, 176-177), Buuer detalla el debate
ocasionado por las direc!lices políticas que en 1993 y 1994 pretendían regu-
[¡L!. la hOlllUscxualidad en el ejército de Estados Cnidos. Cuestión problemá-
[ Qt.:f: cn::"H L':" .. I \'11),\ J
a la censura, sobre si la manifestación verbal de homosexuali-
dad debía ser identificada con la declaración de realizar un
acto sexual homosexuaL lo que implicaba, por una parte, la
consideración de que la enunciación de ser homosexual es un
acto ofensivo, y, por otra parte, e! poder entender que la ofen-
sa no solo estaba en la intención de actuar sino en la mera
enunciación de la intención. Aquí se ejemplifica cómo el enun-
ciado n:;rbal se equipara a un acto sexual y Butler se pregunta
si esa vinculación, con su consiguiente calificación legal de acto
ofensivo, no está inducida por la previa formulación de las leyes
sobre la pornografía y sobre el lenguaje de odio [42].
En esta regulación de! término homosexual sucede que
justo se hace proliferar e! término cuando la norma se propone
su restricción. La ley limita su uso como término de autodefini-
ción al considerar que funciona como un performativo de efec-
tos mágifos, que hace lo que expresa, y al valorar que eso que
hace es un acto ofensivo y de consecuencias fOntagiosas [+3]; un
acto capaz de transferir la homosexualidad de una persona a
otra. Paradójicamente, la norma convierte al término en más
pronunciable en e! ámbito público, en e! que el debate está
abierto, y en el contexto precisamente en el que se legisla en
contra de su utilización en el seno del ejército.
El Estado, y no los individuos, es e! que tiene entonces e!
poder de nombrar al homosexual y tiene este poder que impli-
ca no solo evitar los actos homosexuales sino prohibir al homo-
sexual nombrarse a sí mismo. En el caso de las mujeres, especi-
fica Butler, la prohibición de hablar de la homosexualidad se
debe a que con ello se asegura e! marco heterosexual y la con-
tica fue no tanto la identificación de aclO \·crbal con conducta, que en gene-
ral se asumia más o menos cxplicitamcI1lc. sino si ello era moti\·o para la
expulsión del cjércilO. La lectura de nte debate ilustra cómo las normas rr;(-
¡izan ejercicios violemos de exclusión.
['¡'2] LPI. p. 133; ES, p. 76.
[ · ~ 3 ) LPI, pp. 185-186; ES. p. 110. Butler analiza cómo la homosexualidad
es considerada en (";te ámbito estadounidense según rl modelo ele una cnff'r-
medad, de la enfermedad morral y contagiosa del sida.
(C.\PITU.ü [\·1
~ i g - u i e l l l e subordinacióll de género que conllc\'a: en el caso de
I(J.' hombres. hablar ele homosexualidacl queda prohibido por-
que pondría en cuestión, al explicitarla, esa homosociabilidad
que es condición de la cohesión del grupo de los hombres [44].
Pero en lOdo caso, lo que se constata es que la prohibición del
tlTmino no logra impedir el uso del término -ni, por lo tamo,
b difusión de esa agrtliúl/ y elifenncdad que- para el discurso domi-
nante es la homosexualidad·- sino que- establece quién está
legitimado para detentar el poder de nombrar y quién no.
Hablar, escribir, legislar sobre la homosexualidad tiene una
dimcmión producti\'a y no solo represi\'a: es una forma de
construir socialmente la homosexualidad. Lo importante para
Butlcr es mantener que peformatiúdad y reí"erencialidad no
son la misma cosa. La construcción social de la homosexuali-
dad no constituye por completo a la homosexualidad. Entre los
actos lingüísticos y los referentes a los que remiten hay un espa-
cio abierto. Ningún nombre, ni aquel que nos sirve de vehículo
de autorreconocimienro, puede definir del todo a la persona a
la que se refiere. De ahí que Butler defienda las posibilidades
resignificadoras, transformadoras, del uso, en la repetición, de
las palabras, porque «nuestra \ida en el lenguaje» tiene un futu-
ro disponible para una «rearticulación democrática» [+5].
3. DE L\ AGE:\Cl.\ E.:\" EL DISCL"RSO
El trabaju de la censura no puede entenderse tan solo desde el
limitado punto de \ista del poder juridico represi\·o. Como ha
sido apuntado en líneas precedentes, Butler se afana en mostrar
("(\mo la censura tiene un alcance producti\'o: cómo también
produce habla cuando decide sobre qué está permitido hablar
[+1] LPI. p. 200: ES, p. 121. En LPI. p. 217; ES. p. 131. Butler incide tam-
bién a este respecto en que para las mujeres la prohibición de la homosexua-
lidad ticne que ver además con su introducción cn el marco de una asexuali-
dad que de mododomillame sc asocia con la mujer heterosexual.
l+5 J LN p. :2U6; 1:..::', p. 125.
y sobre qué no lo está. El texto que es objeto de censura está
implicado en el propio discurso del censor donde cobra una
nueva dimensión y donde se revela que el acto de censura no
puede llegar a ser completo. La acción de censura no logra
cumplir su propósito de impedir el pronunciamiento de los tér-
minos. Esta contradicción performativa pone en cuestión el
poder del propio acto de censura; un acto que no es soberano,
que no hace lo que dice. El fracaso de la censura indica asimis-
mo que ni el Estddo ni las normas detentan un control compac-
to y sin fisuras sobre los individuos.
Se distingue, además -y esta es, en el último capítulo de
Excitable Speech [46], una preocupación de Butler--, una censu-
ra explícita y una implícita. En el segundo caso no es preciso
realizar una regulación directa de lo que está permitido y de lo
que no está permitido decir. Se trata de un mecanismo del
poder que de forma \'elada determina lo que ha de quedar no
dicho. Este mecanismo indica que la censura no es exclusiva de
los aparatos del Estado. Esta censura tácita es por otra parte
incluso más efectiva que la explícita al no ser inmediatamente
evidente.
Cabe resaltar que el poder de la censura que tiene que \'er
con el habla y que posee también una funcionalidad social
dando legitimidad a unos sujetos y desligitimando a otros pre-
senta para Butler un importante alcance. La censura, en su
dimensión productiva, forma a los sujetos mediante la regula-
ción del habla que lleva a efecto y que supone además una
regulación del campo social del discurso que se posibilita que
sea viable. Es dentro del ámbito discursivo de lo enunciable
donde el sujeto, su habla, será concebido como sujeto.
El punto crucial es para Butler no tanto que ciertas expre-
siones puntuales sean prohibidas, lo que sería una censura
explícita que se impone una vez que el sujeto está ya constitui-
do, sino el hecho de que la censura trab<l:ja estableciendo un
[4-6j El capítulo cuarto y último de LPIII",';¡ por título «Censura implíci-
ta y agencia discursiva», pp, 211-266: '·:S. «Implicit Censorship 'and
Discursive ,\gency», pp, 127-163,
l C.\PiTU,ü 1\'1
¡O,
maruJ que qué incli,·iduos pueden interpretados
como sujetos en función de que su habla Sé': ajuste a las normas
dictadas del habla que son las que confieren inteligibilidad y las
que, por tanto, cOllStruyen al sujeto en tamo ser lingüístico y
sociaL y en tanto ,ida corporal que habla. Esta censura tácita
organiza los parámetros del sujeto. :\0 atenerse a las normas
« wjJ(!I1( !)l)l1cr rn jJeligro rI ('51011110 dI' lino mislI10 (Olllr) SI!J"rtO. AS/Jll/ir CII
la jJlIJ/1ia habla las norlllas que regulan lo tIIllIIciable signffira adquirir el
estatuir) de sujeto de discurso» [47].
:\0 en ,·ano, es su tipo de habla -habla delirante, habla inco-
herente, hahla imposible- el que. por ejemplo, induce a la
consideración de un sujeto como psicótico, como asocial, e
incluso es ello lo que puede moti,·ar el internamiento de un
indiúduo en un psiquiátrico o en una institución penitenciaria.
ElUegar a ser un sujeto ,"Íable tiene que ver con el ingreso en
la esfera del lenguaje que está atravesada por unas reglas que
ob,iamente son anteriores al sujeto y que en este sentido son
normas que rigen la formación del sujeto. Aquello que queda
excluido del orden de lo expresable forma parte también,
entonces, del proceso de constitución del sujeto. Ahora que
mientras que en Lacan, según la lectura de Butler, este meca-
ni<mo de exclusión que funda al sujeto es primario y acontece
en la ·infancia, en Butler esas reglas que establecen los contor-
nos de la inteligibilidad, que inauguran y que mantienen la
supcf\iwncia lingüística y social de los sujetos, se estructuran a
lo largo de toda la ,ida sin hallar nunca completud.
Según las reflexiones de los psicoanalistasjean Laplanche y
J. B. Pomalis, esa acti\idad de la censura no es propiamente un
acto de represión sino que sucede discriminando a través de
normas lo decible de lo indecible. Tampoco es una acción eje-
cutada por un sujeto determinado sino la consecuencia de una
estructura -de un «corte primordial»- que posibilita, como
su cJecto, la emergencia del sujeto. A esa censura implícita le
dan el nombre de «foreclosure» r:«forclusión», indicando lo
[él,] LPI, p. 220 :hc modificado ligcramcIllc la traducción castellana); ES,
]J. 133.
[Qu: eLE'"!.\ L':\.\ \·ID.\ 1
prohibido, lo irreJ.lizable, lo «dejado fuera por completo» [48].
,\ partir de esta escena de prohibición psicoanalítica, Butler
propone re\;sar el significado del término «foreclosure» rela-
cionándolo con el concepto de «exterior constitutivo», abrien-
do con ello esa acción de exclusión a un productivo devenir
temporal indefinido, no reductible a ese puntual momento fun-
dante que reclama el psicoanálisis.
Interrogarse por el «antes» de la exclusión o por el quién de
la acción lo aprendió de Nietzsche, como ya ha
comentado con es resultado de la gramática y
de su fuerza de ilusión. Desde la gramática formulamos esas
preguntas que lo que indican es, precisamente, el límite de la
gramática misma. El interés aquí es comprobar el carácter pro-
ductivo de esa censura que es exclusión constitutiva. Observar
que el discurso permitido, el que prolifera, está en relación de
dependencia con respecto al discurso no permitido.
y el centro de atención es también comprender cómo ese
sujeto producido por la [orclusión está limitado pero no deter-
minado de antemano por esa dilatada en el tiempo operación
constituyente. La agencia del sujeto queda abierta por esa
acción de exclusión de la forclusión a la que está vinculada todo
el tiempo, porque el sujeto no es pensado desde la noción de
voluntad libre o de individuo soberano capaz de someter unila-
teralmente al otro. El sujeto es calificado en este contexto como
«postsoberano» [49]; un sujeto sostenido por una dinámica de
repetición de las acciones de exclusión que porque son repetibles
U81 LPI, p. 226; ES, p. l38. Bucler explica que el término «forclusion» es el
término francés usado por Lacan para traducir el alemán «\'erwerli.ll16»> <.'Illplc-
ado por Freud. Laplanche y Pontalis lo interpretan como rechazo primordial,
como lo que permanece fuera dd orden simbólico del sujeto, y lo distinguen de
lo reprilllido que puede aflorar, mediante d recuerdo, en la conciencia. Butler
relaciona la ,dordusion» con d concepto de Derrida del «exterior cU¡btituti\"O»
indicando con ello que eso que permanece en el exterior es lo que da unidad al
ámbito dado de lo simbólico porque si eso repudiado se introdujera en lo sim-
bólico desbarataIÍa su unidad y coherencia ¡\'éase, LPI, nota 17, pp. 263-2li·f; E\
pp. l70-l80'. En Cl, p. 27; B.IJ, p. 8, Butler usó ya el término "Iorcc!osum>.
[+9] LPI. p. 228; ES, p. l39.
f í 11'11l'W 1\'
pueden dar lugar a lo inesperado. La censura, en este sentido,
funda el habla y la censura permite la oposición a ella misma
dado la norma prohibiu\'a no es externa al habla. La tart'a
de la agencia estriba en la capacidad, recibida de la forclmión,
para reorientar en direcciones futuras los trazos de la exclusión.
3. J. Bourdieu)' Dem'da corifrolltados
Del habla al cuerpo que habla: permanece aún la inquieta cues-
tion de cómo las normas del habla, del sujeto que
habla, habitall el cuerpo dando forma a la \'Ída corporal del suje-
to. Butler sigue el rastro de la teOlía del habitus de Bourdieu [50]
contrastándola con la noción de performati\ 'Ídad de Derrida
para arrojar luz sobre su propio entendimiento de la agencia
discursiva y; a la vez, corporal, de acuerdo con su postulado de
que el acto de habla es en la misma medida lingüístico y corpo-
ral. Bourdieu, por una parte, plantea que la performati\'Ídad es
consecuencia del poder social, de una serie de contextos de
autoridad prev'Íamente establecidos; Derrida, por otro lado y en
oposición a dicha tesis, considera que el elemento de fuerza de
la performatividad reside no en su inserción en un marco
de autoridad social ya conformado sino justamente en su acción
de ruptura con los contextos dados con anterioridad.
Cierta utilidad concede Butler [51] al habitus de Bourdieu al
dar explicación al proceso de incorporación de las normas pero
[50] Butler se refiere fundamentalmente a las obras de Pierrc
Bourdieu: Language al/d Aclint/, Cambridge, Mass., Haryard Cni\'ersity
Press, 1991; Thc ÚJgic oj Practicc, Stanlord, Standord L niversiry Press, 1990.
Sobre la crítica de Butlcr a la teoría de Buurdieu y sobre la incomprellSión de
Bourdieu de la teoría de Butler, pueden comultarse los trabajos de Pablo
Pérez l'\a\'arro, "Pe¡{ormati\'idad y subversión de la identidad: A propósito de
la obra deJudith Butkr», op. á/., pp. 159-160: y "Cuerpo v discurso en la obra
de Judith Butler: Políticas de lo abvecto», op. át., pp. 133-148.
[51] Butlcr ha dedicado otro de sus textos. donde retoma, y amplía, idea,
\'a expresada, en Excitable a la teoría del habilus y de la perfor-
mali\idad de Bourdicu. \"éasc, P5JJ, pp. I ],)-123.
[Qu: CU::'\TA l·;';.-\ \'ID,,\ 1
acentúa que tal propuesta no es capaz, sin embargo, de dar
razón de la resistencia del sujeto a las normas que lo constitu-
ye·n. Bourdieu se inclina por una comprensión del performativo
que hace depender su eficacia de las convenciones autorizadas,
no dando cabida explicativa, por tanto, a las situaciones en las
que los discursos legitimados son disputados por una subversiva
fuerza performati\"a quebrantadora de las reglas que discrimi-
nan lo que se puede y lo que no se puede decir. Butler subraya
criticamente que para Bourdieu el lenguaje es un sistema estáti-
co y cerrado cuya autoridad procede, mediante un mecanismo
mimético, de un lugar exterior al lenguaje mismo, del poder
social que detenta la persona que habla. Mientras que Butler
defiende la habilidad de las palabras para adquirir nuevos senti-
dos no sujetos a contextos previos; sentidos no comunes u ordi-
narios que pueden lograr hacer entrar en crisis el concepto
mismo de significado ordinario y su distinción con respecto a un
supuesto significado extraordinario o no común.
Dada esa conceptualización estática del lenguaje, y de las
instituciones sociales también, que mantiene Bourdieu, su teo-
ria rechaza la lógica derridiana de la iterabilidad y su potencia
para la transformación social. Lo que decide, según Bourdieu,
que un performativo tenga o no éxito no depende del elemen-
to lingüístico del habla sino del hecho de que la persona que
habla esté o no legitimada socialmente para que su lenguaje dé
lugar a un hecho. Queda desatendida, con ello, la capacidad
re significadora que se sustenta en que una fórmula convencio-
nal puede ser repetida de un modo no convencional al romper
con el contexto de origen. En este sentido, Butler cita el com-
portamiento dé Rosa Parks [52] cuando no estando legitimada
[52] LPI, p. 239; ES, p. 147. En aquella ocasión (en 1955, en
Montgomery, Alabama:, en la que se negó a levantarse del asiento que ocu-
paba y que le reclamaban dejar libre para que fuera ulilizado por las perso-
nas blancas quienes eran las únicas legilimadas para ocuparlo, Rosa Paiks
sufrió las consecuencias del encarcelamiento y del pago de una multa. La res-
puesta no se hizo esperar: cincuenta mil personas durante 381 días evitaron
usar los autObuses como acto de protesta ante el trato dado a Rosa Parks.
Desde entonces se ha convertido en un claro símbolo de la libertad ciudad a-
pre\-iameme, en función de las normas que
entonces regían en ('] Sur ele Estaclos Unidos, ucupó en un
autobús un asiento prohibido para ella. Esa acción inició
un proceso exitoso de abolición de las leyes establecidas.
Resalta Butler cómo, en contraposición a Bourdieu,
Derrida fija su mirada en la iterabilidad del performati\·o. en su
podcr para dCSCOlllextualizar y ciar lugar a llUC\'O:-. COl1i.eXlOS.
La fórmula convencional en que consiste un performari\-o. se
repite sucesi\'amente y es ahí, en la necesidad de repetición,
donde se explica que no esté atrapada por ningún contexto
determinado. Butler entiende que esto significa que la delimi-
tación de un contexto está sujeta siempre a re\i.siones.
En la teoría de Derrida lo importante son los rasgos estruc-
turales que se dan independientemente del contexto social y de
los aspectos semánticos. El signo es iterable, lo que indica que
está separado de un origen al que se supone que está ftiado. La
iterabilidad es. para Derrida, constituti\'a de todo signo; es su
característica estructural. De este modo, a diferencia de
Bourdieu para quien el performativo halla su fuerza fuera del
lenguaje, para Derrida esa fuerza del performativo reside en la
iterabilidad del signo. Sin embargo, el propósito de Bucler es
examinar la iterabilidad como una lógica social [53].
En opinión de Bude!', Bourdieu sobredimensiona la esfera
de lo social no pudiendo explicar la capacidad de transforma-
ción del performativo, su capacidad para asumir nue\'os con-
textos; y Derrida Ile\"a a cabo un vaciado de la dimensión social
del ritual de la enunciación. Dado que Deni.da considera asun-
to estructural del signo la ruptura del contexto no permite
desde ahí, desde esa separación de la iterabilidad del marco
social, la indagación sobre dónde reside el hecho de que ciertas
enunciaciones logren más que otras resistir la cOl1\'ención o que
alguna.<: palabras y no otras ocasionen una herida.
!la y de la lucha en fa\'ol" del reconocimiento de los derechos para las
personas marginadas en razón de su color de piel. Rosa Parks ha fallecido con
92 aijos en oClubre del 2005. .
[53J fJJI, p, '2,13; ES, p, 150
·1,
Todos los pe-rformativos están sujetos a la itcrabilidad y por
ello fracasan, desde la teOlia de Derrida. En Bourdieu, como el
poder del lenguaje es exterior al lenguaje-procede de! campo
social-, e! fallo del performativo acontece cuando no tiene el
apoyo de esa autoridad social. Lo curioso, subraya Butler [54],
es que la tesis de Derrida es la que da más cabida a la posibili-
dad de la transformación. La consideración de ambas propues-
tas en conjunto, no obstante, es lo que Butler persigue. Es lo
que nombra como «la iterabilidad social de! acto de habla» [55],
donde distingue e! habla de la escritura retomando la idea ya
expuesta de la peculiar dimensión corporal de la oralidad.
La noción de Bourdieu de Izabitus atiende al cuerpo al situar-
lo como lugar de incorporación de los rituales sociales con los
que se alcanza un sentido práctico de la vida. Pero el cuerpo no
se analiza desde la teoria de la performatividad ya que en
Bourdieu la performati\ idad se contempla desde un formalismo
lingüístico al que critica con dureza con e! fin de substituir ese
supuesto formalismo o inte!ectualismo por una explicación de
carácter social en la que las posiciones de poder de los sujetos
legitimados, únicos capaces de usar con éxito un performativo,
están determinadas de manera bastante rigida. Sin advertir,
Bourdieu, que las posiciones sociales están producidas, y repro-
ducidas, en e! tiempo y performativamente, y sin constatar, ade-
más, que la fuerza pcrformativa no siempre procede de un suje-
to concreto autorizado por e! poder social sino que proviene, en
muchas ocasiones, de difusos lugares, como sucede cuando se le
asigna raza o sexo -o género- a las personas [56].
[5+J LPI, p. 2·1-5; ES, pp. 151-152,
[55] LPI, p. 2+5; ES, p. 152.
[56] Es importante tener presente cómo en los últimos años, particular-
mente, se están lIe\"3ndo a c3bo interesantes estudios lingüísticos que c\'idl'n-
cian explícitamente la inlluencia de las tesis lormulad3s por Butler, Se trata
de una nueva manem de entender las relaciones entre la lengua y el género
en la que el interés se centra no ya en la búsqueda de \'inculaciones entrc d
género y ciertos usos \'crbales sino en el modo flexible y Iluido en que los seres
humanos ,,'re'('onstm\'en d género discursi\"3mente (el propio vel de las demás
personasl, En este sentido pueden consult3rse los trabajos:]. Swann, «Gender
, CII'ITLLO 1 \"
,i ¡
La consecuencia del de Bourdieu es la sep,:-
ración, en actos de habla, de lo social y lo lingüístico, y la
reducción de lo lingüístico a un reflejo del sistema social, según
el modelo de infraestructura-superestructura. Butler se pregun-
ta si no será que el /zabitus funciona al modo de la performati\'i-
dad. Como un fenómeno de «magia socia!» califica Bourdieu a
la fuerza producti\'a del performati\'o. Y ese carácter de «magia
social» [57] con el que Bourdieu explica la fuerza de ciertos
tipos de performativos -los que están arropados por el poder
social autorizado- para producir efectos sociales colectiva-
mente "inculantes, Buder lo aplica al /zabitus, a su capacidad
para provocar consecuencias sociales.
En su texto «Performati\'ity' s Social Magio), Buder tam-
bién se plantea en relación con la teoría de Bourdieu si no se
puede vincular la dimensión generati,'a del habitus con esa efi-
cacia que muestran los actos de habla performati\'os; y junto
con ello se interroga sobre si está justificada en la práctica la
separación entre lo social y lo lingüístico del acto de habla per-
formativo en la que se empei1a Bourdieu, dado que es el Cll':r-
and language use», en R. l\1esthrie el alá ,eds.): IntToducing sociolin.,auistics,
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Feminist .1I.fet/wdúlog)', l\cw York, Palgrave l'vlad\'Iillan, 2003,
[57] LPI, P 217; ES, p. 153.
" ,
)J_
[QL'f: CL'E:'\TA t::\A ,'IDA 1
po el lugar donde ambos elementos, lo social y lo lingüístico,
convergen y se muestran productivos [58]. Bourdieu, sin
embargo, obscurece la comprensión del aspecto productivo del
habitus al dificultar el entendimiento de la mutua relación [or-
mati\'a entre habitus y campo social cuando establece que el
dominio dellzabitus es subjetivo y que el del campo social es un
dominio objetivo -el mercado, además, es en Bourdieu el
campo último-o Considera, de este modo, que el campo, en
tanto hecho social preexistente, y casi inalterable, no se ve afec-
tado por el habitus sino que es el habitus el que sufre modificacio-
nes debidas a los requerimientos del campo objetivo. Para
Butlet, si el habitus es formado en el tiempo por las convencio-
nes sociales y si el habitus ejerce una consolidación del ámbito
social en el que se circunscribe, entonces muestra poseer un
alcance formativo. En este sentido, el habitus, en la interpreta-
ción de Butler, es un tipo de performatividad. Si ello es así, si
habitus y performati\idad se interrelacionan, ya no queda justi-
ficada la separación entre lo social y lo lingüístico -ni entre lo
objetivo y lo subjetivo- que mantiene Bourdieu.
La vida social del cuerpo está, para Butler, construida tanto
discursiva como socialmente; por la llamada interpelan te que
hace al sujeto ser a la vez que por los rituales sociales sedimen-
tados en el cuerpo. Además, como ha sido expuesto en diversos
momentos de su obra, la consideración performativa de la
interpelación -en una revisión crítica de AIthusser-- conlleva
en Butler que esa llamada produce al sujeto en una dirección
donde lo lingüístico y lo social no pueden dejar de estar íntima-
mente vinculados. E implica también que los actos de habla
interpelantes pueden fracasar; que hay un exceso en la interpe-
lación, un espacio para la resistencia.
Este f:xceso, que ejemplifica la noción de escándaLo del cuer-
po que habla de Felman, es lo que Butler dice que olvida
Bourdieu, en CU)d teuria la incorporación de bs normas en el
cuerpo aparece como efectiva. Con esta omisión de la contin-
[581 P\;\J, P 115,
l C.\I'IITIO 1\']
gCIIcia cn el proceso de formación de los cuerpos, Bourdicu no
permite cxplicar la posibilidad de una agencia aCluantl' al mar-
gen del poder establecido, insistiendo en que solo desde la auto-
ridad eleI poder social las palabras dan lugar 1IIágicamClltr a
hechos, En Bourdicu, afirma Buder, se equipara «estar autori-
zado a hablar» con «hablar con autoridad» [59]. miemras que
BUller mantienc la posibilidad de Ull hdbla que consiga autori-
ciad sin que prn'Íamente haya estado amarizada para ello,
La intensa defensa de Butler de la capacidad de sub\'ersión
y de re significación le determina, en contra dr BOllfdicu, a
puntualizar cómo los discursos dominantes e institucionaliza-
dos pueden ser alterados y cómo pueden ser dislocados con
fines transformadores, Está sucediendo así con términos como
quea, mujer, negro, en cuyos usos resistentes no podemos decir ni
mucho menos que tan solo se reflejan condiciones sociales ya
exi<.tentes, El habla y el cuerpo que habla, donde se ha sedi-
mentado, con dolor y sufrimiento, la carga hiriente -psíquica
y fisica, ambas cosas- de los términos injuriosos. es capaz de
apropiarse los términos para quebrar su historia pasada y mirar
hacia el futuro [60],
El pnformativo no se reduce. para Butler, a un enunciado
furmuladíJ por un sujeto autorizado: es también un ritual, una
práctica social potente y dificil de percibir, Este performativo
social tácito forma parte fundamental del proceso de elabora-
ción de los sujetos, del sentido de sus cuerpos, de las \1\'encias
corporales y de su inserción en un campo social. ?\las, por dio
mismo, este performati\'o es también parte central en la acti\'i-
dad contestataria que los sujetos son capaces de generar, y que
puede tener un alcance político en contra del orden hegemóni-
co, En Bourdicu, sin embargo, esa distinción que mantiene
entre prácticas sociales y lingüísticas conlIc\'a una serie de difi-
cultades conceptuales que comprometen el efecto político pro-
metedor del discurso performati\'o [61],
[Sq] LPf, p, 253; ES, p, l,)í.
[60] LPf, p, 255; ES, piSO,
rGl] P.5JI, p, 120,
Vulnerabilidad de los tCTminos a sus reapropiaciones en dis-
tintos contextos políticos que indica su poder de apertura a un
fU(uro aún no conocido. Sobre los términos utilizados por los
discursos de la modernidad, Butler afirma, en este sentido
señalado, la posibilidad de su reutilización en direcciones en las
que se eviten las consecuencias de opresión a las que aquellos
términos daban lugar:
lJ n término como <<libertad» puede llegar a si!ST1ificar algo qw..:
nunca habíJ. significado antes, puede llegar a implicar intereses
y sujetos qu,· habían sido excluidos de su jUlisdicción; '0usticia»
puede también llegar a implicar precisamente aquello que no
estaba incluido en su descripción. «Igualdad» sr ha con\"ertido
en un término cuvo alcance hubiera sido difícil, si no imposi-
bk, de predecir según sus antiguos significados [62J.
Esta fuerza del acto de habla para romper con los contextos
y para funcionar en otros contextos a los q u ~ en principio no
pertenecía, es una fuerza política que Butler reivindica, si bien
admitiendo con Bourelieu que no se trata de que los actos de
habla, simplemente y por sí mismos, estén siempre en condicio-
nes de evitar e! contexto de! que surgen. Si se paraliza el traba-
jo de revisión y cuestionamiento de los términos, de los términos
que deben seguir usándose porque su problematización no
implica su prohibición, entonces se cierra e! pensamiento y no
se da la ocasión para e! habla y la acción subversivas.
El riesgo que supone cuestionar los términos en los que
sucede nuestra vida y bajo los que aparentemente adquirimos
una seguridad lingüística y vital, no debería inmO\ilizarnos ya
que las palabras tienen efectos impre\·istos y ambi\·alentes: nos
constriñen y nns capacitan asimismo para la acción de resisten-
cia. El lenguaje de oelio evidencia que la vida lingüística de las
personas injuriadas ya es una \-ida en peligro y ante ese lies.Q;o
la respuesta sub\·ersi\"a es asumir el nesgo de la repetición,
resignificadora, de los términos.
[62] !PI, p. 257; ES, pp. 160-lb l.
i C\I'I"I(;I.U 1",.,
,: -)
CAPÍTULO V
l. L\ DIERGEl\iCIA DE L\ PSIQUE
La conformación performativa del sujeto que nos ofrece Butler
no olvida en absoluto el ámbito de la psique, como así ha sido
comentado con anterioridad sobre todo en relación con Gender
Trouble. A la compleja cuestión de cómo el poder social presen-
ta una dimensión psíquica -tiene una vida psíquica- que
constituye la identidad del sujeto dedica su obra The Psychic Lije
rif Power.
Al respecto de esta obra, en «Changing the Subject: Judith
Butler's Politics of Radical Resignification» [1] se le requiere a
Butler que explique por qué considera necesario formular una
teoría de la conciencia para dar cuenta de la formación del
sujeto. En su respuesta alude a cómo ser un sujeto implica que
naces y vives en un mundo y de acuerdo con una lógica que
estando ya ahí con anterioridad actúa sobre ti desde el prímer
momento. La emergencia del sujeto sucede en función de las
normas, y de los castigos que conllevan, que son las que te dan
lugar como sujeto.
En particular, la capacidad de tomarse a uno mismo como
objeto, de pensarse uno a sí mismo, de llegar a desarrollar una
[1] CHS, pp. 340-343.
l C.\PITL:LO \"]
ll;-
reflexividad, es lo que las normas, en algún sentido, nos propor-
cionan. l'vlediame un proceso de internalización las normas n05
regulan y nos permiten regulamos a nosotros mismos. Pero ello
no sucede de una forma mecánica sino que la variedad de
caminos, significados e intensidades en que acontece la interna-
lización indica que existe una vida psíquica de! poder que no es
una exacta copia d¡> la vida social del poder, si bien ambas
dimensiones de! poder están profundamente imbricadas la una
con la otra. La conciencia es esa complicada relación con uno
mismo -la estructura psíquica de la reflexividad- que forma-
da a partir de las normas, de la relación con el otro, tiene una
cierta independencia de esos otros socialmente existentes.
y sin la conciencia, sin la reflexi\1dad mediante la que las
normas se reiteran psíquicamente, no hay sujeto. Tal y como
también comenta en «Changing the Subject: Judith Butler' s
Politics of Radical Resignification» [2J, Butler trata de acercar-
se al sujeto posibilitando su agencia y, al mismo tiempo, evitan-
do la noción fuerte de sujeto de! humanismo liberal. En e! con-
texto filosófico americano domina, según Butler, un concepto
individualista de! yo caracterizado por una enérgica capacidad
de acción. Su propósito, en este sentido, es poner en conexión
e! marco de pensamiento político americano con e! más inte!ec-
tualista francés. Lacan nos llevó a la idea de que e! sujeto es
producido por la exclusión y la prohibición, lo que supone que
para el sujeto no se da un autoentendimiento pleno sino
que permanece en alguna medida desconocido para sí mismo.
Ese desconocimiento es una condición de su llegar a ser. El yo
no es soberano en tanto que algo -una red lingüística, para
Lacan- separado de su consciencia e intencionalidad motiva
su ser. Este sujeto descentrado está, por ello mismo, conectado
con los otros.
Sin embargo, a diferencia de Lacan, Butler no considera que
la prohibición sea el momento fundante de! sujeto, que la prohi-
bición que produce al sujeto esté fijada y sea inalterable en e!
['2] eHS. pp. 332-334.
tiempo, sino que concibe que se desplaza en una dimensión
temporal donde cabe la renovación de su significado. Butler
afirma que en su obra retoma la noción psicoanalítica de prohi-
bición para transformarla en. una dirección específicamente
social en la que la prohibición queda movilizada, alterada,
según la dinámica de la iterabilidad. Aunque sin la sujeción y la
subordinación no sería posible ni el sujeto ni su agencia, esas
limitaciones no son estructuras estáticas del yo. Se pueden cues-
tionar y cambiar si bien no pueden ser por completo eliminadas.
A indagar en el proceso de formación de ese sujeto de
ambivalente relación con las leyes prohibitivas y normativas,
incidiendo en cómo del ámbito emergente de la psique aflora
un exceso potencialmente fructífero para la transformación,
está dedicada Tlze Psychic Lije if Power. Aquí se trata de la
dimensión psíquica del poder social y del poder, como potencia
para la subversión, de la psique. Cuestiones que dejó impensa-
das la teoría del poder de Foucault. Porque para Foucault, en
Vigilar y castigar, el alma es un ideal normativo que actúa, como
dijimos más arriba, como una prisión donde el cuerpo queda
sujetado. Ello indica para Butler que Foucault reduce «la
noción de la psique a las operaciones de un ideal enmarcador
y normalizador externo [ ... ]. La transformación del alma en un
marco exterior encarcelador del cuerpo vacía, por así decir, la
interioridad de éste, comirtiéndola en una superficie maleable
que recibe los efectos unilaterales del poder disciplinario» [3].
Este modo de pensar el alma dificulta explicar la resistencia psí-
quica a la normalización. Aunque Butler, claro está, discute,
asimismo, esa concepción psicoanalítica que hace de la psique
instancia de una resistencia como puro rechazo, que puede
socavar únicamente el logro del pleno sometimiento a la ley
simbólica pero que es incapaz de rearticular y de reconducir las
condiciones de la producción del sujeto. Si Butler critica la
noción de alma de Foucault desde una cierta mirada psicoana-
lítica de la psique no deja tampoco, obviamente, de cuestionar
[3] JIPP, pp. 98-99; PLP, pp. 86-87.
[C.\PiTl"I.O \. J
al psicoanálisis aprovechando los planteamientos foucaultianos
en los que lo simbólico se concibe como relaciones de poder y
donde la resistencia se formula como efecto del poder con via-
bilidad para alterar sus pretensiones originales.
Re,'¡sa Butler además de la de Lacan y Foucault las teonas
sobre la sujeción elaboradas por autores como Hegel,
Nietzsche, Freud y Althusser. En todos ellos, y a pesar de sus
peculiaridades distintivas, observa que se conceptualiza la for-
mación del sujeto a partir de la metáfora de la acción de girar
sobre sí mismo que el sujeto efectúa en el proceso de su consti-
tución. Comentando en concreto la obra sobre la genealogía de
Nietzsche, apunta Butler que el sujeto es la consecuencia de un
poder que se hace v'¡olencia a sí mismo. El sujeto es el lugar sur-
gido de esa vuelta del poder sobre sí. Es el efecto de una rela-
ción de reflexividad donde el sujeto es, existe, con ocasión de
esa reflexividad. Este repliegue, señalado por Butler como el
momento de emergencia de la psique, parece sugerir que hay
algo previo que a causa del ejercicio de un poder externo inicia
y sostiene esta acción de doblamiento, como cuando un cuerpo
se dobla por una fuerza ajena. Aunque el modo problemático
de expresión utilizado induce a equívocos, no se trata para
Butler de que el sujeto ni su psique existan con anterioridad y
de modo independiente a esta acción del poder que nombra-
mos como vuelta, giro o repliegue sobre sí.
Ante la aparente circularidad de esta concepción del sujeto
en la que el sujeto parece estar situado en los dos extremos del
proceso, tanto como algo presupuesto y aún no formado cuanto
como algo ya formado, Butler afirma que dicha circularidad
puede resolverse entendiendo que esa reflexividad, esa voluntad
vuelta sobre sí misma no se presenta -como apuntamos más
arriba- en una dimensión ontológica sino figurada. La extrañe-
za resulta del hecho de que con esa vuelta de la voluntad sobre sí
pretendemos representar figuradamente un proceso que precisa-
mente no podemos entender al margen de dicha figuración [4].
[4] MPP, pp. 80-81; PLP, p. 69.
no
[Qct ClT\B C : O ~ l O C:\".\ \'IDAJ
Está claro, para Butler, a pesar de los inconveniente señalados,
que esa vuelta es la que constituye al sujeto y que no podemos
postular la existencia de algo anterior a esa vuelta. Butler aquÍ,
como en ocasiones anteriores, subraya la idea contenida en la
Genealogía de la moral de Nietzsche de la constitución del sujeto
como efecto de un proceso, de una acción, que no supone un
actor que sostenga la acción o que inicie el proceso.
Ni se nace sujeto ni la psique es una interioridad ya estable-
cida en la que el poder introduzca sus normas discursivas. De
lo que se trata es de pensar al sujeto como un lugar de ambiva-
lencia. Emerge como efecto del poder, de un poder anterior, y
al mismo tiempo el sujeto es condición de posibilidad para una
acción de poder. El poder es externo al sujeto y el poder es
constitutivo del sujeto; el poder forma al sujeto y el sujeto ejer-
ce poder. No hay resolución para esta ambigüedad. Dada esta
problematicidad del sujeto, lo que en esta obra se propone
Butler en particular es, por una parte, reflexionar sobre la rela-
ción entre la formación del sujeto y la psique, lo que supone
articular la teoría postestructuralista del poder con el discurso
del psicoanálisis, y, por otra parte, defender una noción de suje-
to que implique capacidad de acción y eficaz potencia política.
Como decíamos, será en las operaciones de la psique donde
Butler encuentre un potencial para la acción subversiva del
sujeto; un sujeto que deriva su potencia del poder al que se
enfrenta.
La psique irrumpe dentro de las estructuras de poder del
discurso y la ley. Depende constitutivamente del sometimiento
a ley pero no por ello deja de ser un lugar de exceso y de resis-
tencia a la ley, porque la resistencia es efecto de la ley misma; es
la autosubversión del poder. En este sentido, Butler retoma en
The Psychic Lifi of Power la teoría de la interpelación de Althusser
para oponerse a la tesis de la plena eficacia performativa de la
ley ante la que los sujetos interpelados obedecen mecánicamen-
te. Pensar en el momento del fallo, siempre posible, de la leyes
lo importante, de nuevo. El sujeto puede girarse en una direc-
ción imprevista por la ley; puede no responder a la llamada, no
reconocerse bajo la invocación de la ley.
[C-\PÍTL"I.O \' 1
l! 1
En «Melancholy Gender / Refused IdentificatioJ1» [5], Butler
indaga en el proceso de emergencia de la psique a partir de la
noción de identidad de género melancólico, reflexión que ya
había iniciado con anterioridad, especialmente, como apuntamos
en su momento, en Gender Trouble. Las ideas aquÍ desarrolladas [6J
nos parecen de gran importancia para comprender su concep-
ción de la psique en relación con el poder así como su apuesta por
un sujeto atravesado por el género y capacitado para la acción.
El género se concibe como una especie de melancolía en el
sentido de que la identificación melancólica es esencial para el
proceso de formación de la identidad de género. El análisis de
«Duelo y melancolía» de Freud [7], le ofrece sugerencias al res-
pecto de cómo el yo puede desligarse de un objeto sin romper
definitivamente el vínculo con él mediante la incorporación del
objeto que queda así preservado en la psique. La identificación
melancólica, como sabemos, es la forma de acoger al objeto en
la psique de un modo que acaba formando parte del yo. El
objeto perdido aparece en la psique, habitando ahí, y siendo
una de las identificaciones constitutivas del yo. Por lo tanto, la
operación que de ello resulta es la de que el objeto, no habién-
dose abandonado del todo, modifica su carácter: deja de ser
externo y pasa a ser considerado como interno. He aquÍ la
incorporación melancólica. Y a la luz de esta incorporación
melancólica, el interés de Butler se centra en dar respuesta a la
pregunta de si la identidad de género puede ser producida por
el mecanismo de la identificación melancólica.
[5] Este ensayo que se expuso por primera \'ez en 1993 y se publicó ya en
1995 junto con los comentarios de Adam Phillips, forma parte de MPP,
«Género melancólico / Identificación rechazada», pp. 1 + i -180; PLP,
«Melancholy Gender / Refused Identification», pp. 132-166.
[6] Patricia Romano, en <0udith Butler y la formación melancólica del
sujeto», Economía, Sociedad), Territorio, \'01. 1I, núm. 6, 1999, pp. 313-327,
subraya la importancia, para comprender la dimensión psíquica del poder, de
la elaboración de Butler de la noción de identificación melancólica.
[7] Véase, Sigmund Freud, «Duelo y melancolía,), en Obras Completas,
:rvfadrid, Biblioteca Nueva, 1983, tomo \'1, pp. 2091-2100, traducción de Luis
Lópcz-Ballcstcros y de Torres.
, "
,-- [QU: CLr\T.-\ CO.\IO L\"A \"ID.\ 1
En contra de Freud, Butler sostiene en Tlle Psychic Life of
Power, como también lo dejó manifiesto en Gender Trouble, que la
feminidad y la masculinidad no son disposiciones inherentes
sino que se producen como consecuencia o como resultado de
la heterosexualidad normativa. Es la heterosexualidad la que
determina la asunción de la feminidad o de la masculinidad.
Este logro de la heterosexualidad se consigue a través de la prác-
tica de la prohibición del incesto pero asimismo mediante la pre-
via imposición de la prohibición de la homosexualidad. Esto es
lo que resalta Butler, que la exigencia del abandono del vínculo
homosexual se da como una condición anterior a la prohibición
del incesto. Por lo tanto, antes que el tabú del incesto la repre-
sión de la homosexualidad es la que conlleva la formación de la
feminidad y de la masculinidad. Y esta homosexualidad recha-
zada produce una ansiedad de género, lo que puede provocar,
por ejemplo, que una mujer, sintiendo pánico al deseo homose-
xual, manifieste temor a ser considerada como poco femenina o
como demasiado masculina, como un ser monstruoso o abyec-
to, lo que le puede conducir a la hiperfeminidad, a poner en
escena una representación exagerada, hiperbólica, de la femini-
dad. El rechazo de los vínculos homosexuales forma parte así de
la adquisición del género. Pero ese deseo eliminado se instala en
el yo como identificación melancólica. La niña en su adveni-
miento como niña se aleja de la madre evitando el contacto
homosexual al tiempo que la incorpora a su yo como parte suya.
Ello significa que tanto la prohibición como el deseo están pre-
sentes en la identificación melancólica. Lo que explica el terror
al deseo homosexual que es, desde esta perspectiva, un poner en
cuestión el género que se va adoptando por imperativo de la ley.
De acuerdo con esta lógica, ser mujer implica el repudio de
la masculinidad; ser hombre el repudio de la feminidad. De tal
modo que la mujer desea al hombre, pero, significativamente,
lo que desea es aquello que ha rechazado como forma posible
de ser, aquella identificación que ha repudiado. La feminidad y
la masculinidad dentro del marco heterosexual se alimentan, en
consecuencia, de los repudios que efectúan. Butler se plantea
que es sobre esta problemática base sobre la que se organiza la
[C.\piru.o \'j
') .
,- )
heterosexualidad y su naturalización. El sujeto heterosexual
irrumpe de la negativa a reconocer un vínculo y de la consi-
guiente negativa a realizar el duelo, y emergiendo de este modo
muestra la marca de una autocensura donde el sentimiento de
culpa se relaciona con el deseo homosexual. En la identifica-
ción melancólica de este sujeto heterosexual, el deseo homose-
xual \·ueh·e sobre sí y ello es lo que explica la autocensura y el
sentimiento de culpa.
Retornando a la figura drag en Gender /
Refused Identificatio)1», Burler se propone mostrar la relación de
la melancolía y de la performatividad. La drag queen ni usurpa la
feminidad ni indica que el género sea un asunto de ágil y sencilla
flexibilidad, sino que pone en escena la pérdida que no puede ser
llorada porque no se permite su reconocimiento público y cons-
ciente; ejemplifica la incorporación melancólica señalando las
prácticas a la vez psíquicas y performativas que forman las iden-
tidades de género heterosexuales organizadas sobre el repudio de
la homosexualidad. Y aunque Burler no se adentra tanto en su
análisis tampoco desestima que las identidades lésbicas y gays
impliquen una negativa a reconocer sus vínculos constitutivos con
la heterosexualidad. La heterosexualidad es melancólica y tam-
bién la homosexualidad. El problema es para Burler el empeño
por defender una identidad coherente que siempre conlleva
exclusión y repudio. Esas exclusiones, precisamente, nombran el
momento en que las posiciones fuas del sujeto son amenazadas.
Las normas de género nos construyen como seres frágiles.
En este importante sentido lo que Burler propone es acep-
tar el riesgo de la incoherencia de la identidad:
Esto plantea la cuestión política del coste de articular una posi-
ción identitaria coherente a partir de la producción, la exclu-
sión y el repudio del ámbito de espectros abyectos que amena-
za el ámbito arbitrariamente cerrado de las posiciones de suje-
to. Quizá la conexión sólo sea posible si nos arriesgamos a la
incoherencia de la identidad [8].
[8] AlPP, p. 164; PLP. p. 149.
[QL·¡:: cmlO \"ID.-\ 1
La melancolía de género nos pone ante la vista que solo
somos un yo mediante la incorporación de aquellos otros que
hemos asumido para constituirnos como nosotros mismos. No
somos de ningún modo seres independientes, por lo que la
noción de sujeto autónomo debe ser abandonada: «Persistir en
el propio ser significa estar entregado desde el principio a con-
diciones sociales que no son nunca del todo propias» [9]. Solo
reconociendo la huella del otro, y de lo otro, en nuestro yo,
podemos llegar a ser algo. Además, esos otros constitutivos del
yo pueden ser también ideales, conceptos, un lugar [10], con lo
que este marco de intelección propuesto por Butler presenta,
sin duda, utilidad para el análisis, no restringido al género, de
identidades colectivas como las identidades nacionales, o nacio-
nalistas, de etnia o raza. La identidad cerrada y rigurosa queda
puesta en cuestión dado el proceso de configuración melancó-
lica de la identidad. Pero, de nuevo, es ahí donde reside la posi-
bilidad de la subversión, abrazando y no rechazando la alteri-
dad; la posibilidad de que aquello nunca del todo perdido
irrumpa abriendo nuestro yo hacia un dinamismo más habita-
ble, menos sometido a la dolorosa lógica del repudio negativo y
autonegativo.
2. PARE:\'TESCO ABER&LI¡7E
Un camino de subversión del orden social dominante y de las
identidades de género establecidas -que conlleva sin duda una
modificación del ámbito de la vida psíquica- al que desde
muy temprano se refiere, si bien puntualmente, la obra de
Butler es el que afecta a las relaciones de parentesco. Atiende a
los análisis de Gayle Rubin; realiza su propia crítica de las tesis
de Lévi-Strauss y de Lacan en Gender Trouble; y proporciona una
sugerente lectura de Paris is Burning incidiendo en las no con-
[9] .IIPP, p. 211; PLP, p. 19i.
[10] .IIPP, p. 210; PLP, p. 196.
[C.-\riTL·1.0 V 1
L.?i
\'encionales comunidades de afectos y en las nuevas formas de
familia que esa película pone en escena.
La figura de Antígona es el núcleo a partir del que Antigone's
Claim. Kinship Bel-Locen Lije and Death [11] hilvana una detallada y
compleja réTisión cuestionadora de las teorías del parentesco
imperantes todavía en la cultura occidental.
Es mayoritaria, afirma Butler en «Changing the Subject:
Judith Butler' s Politics of Radical Resignification» [12], la opi-
nión de que Antígona representa la resistencia individualista a
la ley del Estado. Butler discute esta interpretación explorando
cómo Antígona, en su acto)' en su acto de habla, no es ajena al
lenguaje de la soberanía sino que produce, citando el poder,
una esfera pública nueva, que en su contexto no existe. Desde
dentro de las convenciones del poder establecido, y citando las
normas en una dirección nueva, Antígona lleva a cabo un dis-
curso que proporciona una base para un habla política legiti-
madora de un deseo que el Estado ha deslegítimado. Antígona
no está fuera del poder tradicional pero estando dentro del
poder ocasiona una profunda crisis del poder imperante. Es un
ejemplo, para Butler, no de una ,ía de liberación del poder,
pero sí de la posibilidad de una insurrección política a través de
la citación de normas; de una resignificación radical capaz de
inaugurar algo nuevo.
Importantes interpretaciones de Antígona que son discuti-
das en Antigone 's Claim. Kinship Between Lije and Death, mantienen
una separación, muy cuestionable para Butler, entre las esferas
de lo simbólico y de lo social. En Lacan, Antígona remite a nor-
mas del parentesco, a una estructura lingüística, esto es, a la
inteligíbilidad simbólica que se sustrae del dominio de lo social.
[11] En CA. nota 2, p. 15; AC, p, 83, Butler comenta que su interpreta-
ción de Antígona se basa en las obras de Sófocles, Antígona, Edipo en Colono y
en EdijlO Butlcr comenta criticamente la lectura de Hegel contenida en
l..afmomeno/{Jgia del espín'tu y en la Filosofia del derecho; también la realizada por
Lé\;-Strauss en LaJ estructuras elementales del parentesco; y la ofrecida por Lacan
fundamentalmente en su Seminan'o 11 y 111.
[12] CHS, p, 335,
[ c:mlo L'",\ \'IDA 1
Asimismo para lrigaray Antígona está dentro de lo simbólico y
separada de lo social.
Hegel piensa el parentesco más que como un asunto de nor-
mas como una cuestión de sangre que no penetra en lo soóal
en tanto que lo social comienza a partir de una imposición que
reemplaza al parentesco. En Lafenomenología del espíritu Antígona
no tiene la fuerza de llegar a ser una ley alternativa sino que es
culpable de un crimen contra el Estado al defender y al dar
prioridad a la familia. Hegel se proclama en contra de lo indi-
vidual y de la feminidad que él concibe como representativa de
la individualidad; de aquello que la comunidad debe reprimir
para mantenerse a sí misma. En La filosofia del derecho está
Antígona asociada a una ley opuesta a la ley del Estado; la ley
no escrita de los antiguos dioses que es presupuesta pero que no
puede ser contenida en los términos de la esfera pública. En
Hegel es la ley del Estado la que no puede ser rebasada.
Un futuro escandaloso [13J del ámbito de lo público; una
transgresión de las normas del parentesco y de las normas del
género también, es lo que Buder defiende en su originallectu-
ra de Anúgona. Como dijimos en la alusión anterior a «Bodily
Confessions», en Antigone 's Claim. Kinship Between Lifo and Death
Buder acentúa que Anúgona actúa dos veces. Entierra a su her-
mano y, además, actúa verbalmente rehusando negar su acto;
hace público su acto y de este modo lo completa. Este compor-
tamiento de Antígona es calificado por Creonte -y por el coro
y los mensajeros- de varonil [14]. Antígona asume en su des-
afio a Creonte una soberanía masculina que a la vez feminiza
a Creonte. Se opone a la ley apropiándose del lenguaje de la ley,
de la retórica del mismo Creonte, de su discurso de soberanía.
Provoca una desestabilización de las normas de género precisa-
mente mediante la puesta en evidencia de la vulnerabilidad de
las normas del parentesco. Sobre ello argumenta con detalle la
obra de Butler.
[13] CA, p. 62; ...le. p. 40.
[14] CA, p. 24;AC, p. 8.
[C.·\riTL"LU V J
; ,-
Tanto para Lé\'i-Strauss como para Lacan el parentesco es
una estructura no sujeta a maleabilidad. Sobre e! fondo de la
tesis de Lévi-Strauss de que las normas culturales son uni\'ersa-
les e inalterables se configura la noción lacaniana de lo simbóli-
co; y esa ley irrebasable de lo simbólico -ley de! Padre, ley del
Falo-, que es lo que codifica e! parentesco y lo que lo marca
como no social en tamo norma pre\ia y condicionante de lo
sociaL impide la posibilidad de que e! parentesco sea susceptible
de ser reconfigurado socialmente. Desde ahí, desde esa ley laca-
niana, Anúgona, su legalidad alternati\'a, es imiable. Cierto que
en Lacan el parentesco, la familia, incluso e! tabú del incesto, no
se remite a una causa biológica. El intercambio de mujeres plan-
teado por Lévi-Strauss se vincula a un intercambio de palabras.
Sobre esta idea e! parentesco se organiza no en función de re!a-
ciones de sangre naturalizadas sino de acuerdo con estructuras
lingüísúcas, en las que cada término significa en conexión con
los otros; estructuras lingüísticas pensadas como universales y
que son las que consútuyen lo simbólico.
Considerando Lacan que Anúgona representa una especie
de verdad metafisica, «e! carácter imborrable de lo que es)) [15],
y considerando, desde la óptica de una ontología prelingüística,
que «lo que es)) permanece bajo lo simbólico, Anúgona, en
tanto figura de regreso a esa ontología pre!ingüística, va en con-
tra de lo simbólico y; por ello mismo, supone una figura de
muerte. Bucler le cuestiona a Lacan el no dar cauce a la pregun-
ta sobre las vidas concretas a las que no se permite vivir; el no
haber considerado que Anúgona es condenada a muerte por
quebrar e! tabú del incesto que da articulación al parentesco y a
lo simbólico, por llevar a efecto una crítica de esa noción de lo
simbólico desde dentro mismo de lo simbólico y de lo público
planteando la posibilidad de rearticular la vida, y la viabilidad
de la vida, sobre nuevas bases.
Signo de un parentesco aberrante [16] es Antígona al indicar
cómo las posiciones simbólicas son incoherentes y al incidir en
(15] CA, p. 75; AC, p. 52.
[16] CA, p. 32;.4.C, p. 15.
[Qu": CL"I::\T.\ cmlo l·:\.\ \"11l.\ J
que la distinción entre lo simbólico y lo social no se puede
seguir manteniendo. Anúgona es, en Butler, la ocasión para
oponerse a la versión estructuralista del parentesco afirmando,
de acuerdo con su teoria de la performatividad, el carácter tem-
poral y repetitivo, en ocasiones en direcciones aberrantes [17], de
las normas.
En su mirada escrutadora Butler subraya cómo para
Antígona, en la obra de Sófocles, padre y hermano son inter-
cambiables. Edipo es padre y a la vez hermano de Antígona.
Pero, además, en la narración se sugiere el equívoco de si ese
hermano amado por Antígona es Polinices o Edipo. La fragili-
dad del parentesco, el deslizamiento de las posiciones, se acre-
cienta aún más porque en Antígona se confunden identifica-
ción y deseo. Ella ocupa también, en cierto sentido, el lugar de
un hombre, y de todos los hombres de su familia. Hay, afirma
Butler, «una especie de problema de parentesco en el corazón
de Sófocles» [18]. Antígona ejemplifica que transgrediendo el
tabú del incesto se pueden configurar lazos afectivos que redi-
señan las normas del parentesco y las del género. Incluso aca-
tando la prohibición del incesto otras formas de parentesco no
convencionales tendrian cabida y sobre ello recomienda Butler
trabajar al psicoanálisis.
Quizá, se formula la pregunta en Antigone 's Claim. Kinship
Between Lije and Death, sea factible «articular un parentesco futu-
ro que sobrepasa la totalidad estructuralista, o sea, un postes-
tructuralismo del parentesco» [19]. La critica al parentesco
[17] CA, p. 50; AG, p. 29.
[18] CA, p. 86; AG, p. 62.
[19] CA, p. 91;AG, p. 66. En CA, nota 5, pp. 91-92;AG, pp. 93-94, Butler
da cuenta por extenso de un conjunto de trabajos antropológicos que
demuestran las limitaciones del marco del pensamiento estructuralista a la
hora de explicar las relaciones de parentesco. Sobre todo es la cuestión de
centrar el parentesco en lo simbólico excluyendo lo social el núcleo de las clÍ-
ticas de los estudios comentados por Buder. Además. en CA, p. 95; AG, p. 69,
Butler explicita nuevas posibilidades de parentesco que evidencian el no cum-
plimiento de las posiciones eSlructuralistas: así en las sociedades actuales es
pensable que cuando una niña dice «madre» haya más de una persona que
(C.WiTlLO V)
,29
estructuralista no implica la anulación del parentesco en absolu-
to. Significa dar cabida a acuerdos afectivos no sujetos a estruc-
turas fijas o universales; a acuerdos que cumplen funciones
sociales; que regulan y sostienen la vida material y que cobijan
relaciones íntimas, perdurables o no en el tiempo; que legitiman
también intercambios sexuales más allá de la heterosexualidad
normati\·a. El parentesco actúa como contexto en el que se define
lo que cuenta como humano. Dentro del esquema estructuralis-
ta, Antígona no usa e! lenguaje de lo humano y, sin embargo,
habla y actúa. Su discurso, emitido no teniendo derecho reco-
nocido a ser pronunciado, es capaz de alterar e! parentesco y de
movilizar la noción de lo humano [20]. Este es e! desafio de!
legado de Antígona.
2.1. Nuevas comunidades de afictos
Eligiendo la tumba en lugar de la «cámara nupcial»; rechazan-
do llegar a ser esposa y madre; vistiendo un género cambiante,
Antígona indica, para Butler, la destrucción del matrimonio, la
desinstitucionalización de la heterosexualidad [21].
A discutir la necesidad de \;ncular el parentesco a la hete-
rosexualidad dedica su ensayo «ls Kinship Always Already
Heterosexual?» [22]. Es otra forma de enfocar la perversión, en
sentido positivo, de la repetición de la norma. Butler revisa la
idea generalizada que afirma que el parentesco solo admite
responda a su llamada; que una niña adoptada use <<padre» para referirse al
biológico y al que en su vida ocupa ese lugar; que el amor de la niña por su
hermanastro le ocasione un dilema; que la posición de padre sea, quizá,
inexistente para la niña de madre sola; que en el caso de la niña con dos
madres o dos padres del mismo género resulte problemático mantener la
necesidad de las posiciones simbólicas de madre y padre para su formación
psíquica.
[20] CA, p. 110; AC, p. 82.
[21] CA, pp. 103-104;AC, p. í6.
[22] DC, «¿El parentesco es siempre heterosexual de antemano?», pp.
1+9-l8í; UC, <ds Kinship A.lways Already Heterosexual?», pp. 102-130.
[QCl: eeE!'TA \·ID .... 1
una forma de relación familiar reconocible, la familia nuclear
heterosexual, a la que se considera como la única que no pone
en peligro las leyes naturales y culturales que permiten soste-
ner 'la inteligibilidad humana. No se trata, sin embargo y
como decíamos, de anunciar la muerte o la superación del
parentesco sino de abrirlo a otro modo de entendimiento: el
que lo concibe como «una serie de prácticas que instituyen
relaciones de varios tipos mediante las cuales se negocian la
reproducción de la vida y las demandas de la muerte» [23].
En tal caso, el parentesco articula formas de dependencia
humana emocional y material, que se refieren a la vida, a la
enfermedad, a la muerte.
Es un hecho que se dan configuraciones de parentesco no
convencionales, y sobre bases biológicas y no biológicas. Las
recientes regularizaciones legales de las uniones homosexuales
plantea, no obstante, el interrogante de si con esta normalización
estatal no se propicia la exclusión de otra serie de relaciones alter-
nativas, de otras prácticas sexuales externas al matrimonio y a sus
obligaciones. Sobre esta cuestión reflexiona también Butler desde
su punto de vista favorable a una cultura sexual radical. Sin duda,
el matrimonio puede ser una opción para personas no heterose-
xuales pero ello no implica que deba ser el único modo de legiti-
mación de la sexualidad, de lo contrario se vería muy reducida la
esfera de las relaciones sexuales y de las elecciones de vida.
La legitimación del Estado conlleva el diseño de un espa-
cio de ilegitimación. Butler sigue manteniendo con fuerza la
idea de que no hay un lugar de libertad radical pero defiende
[23] De, p. 150; ve, p. 102. Butler se refiere en este texto a estudios
sobre el parentesco que lo desvinculan del matrimonio y de las relacio-
nes heterosexuales en general y que cuestionan e! punto de vista de
Lévi-Strauss (De, pp. 150-15 1, notas 4 y 5 en p. 363, además en p. 175
Y en notas 25 '! 26, pp. 365-366; ve, p. 103, notas 4 y 5 en p. 255; p. 121
Y notas 25 y 26, p. 257). También alude, por otro lado, a cómo, en parti-
cular en Alemania y en Francia, el matrimonio ha sido disociado
de! parentesco con el fin de excluir a los matrimonios homosexuales de los
derechos de adopción y de la utilización de las tecnologías rcproducti\'as
(De, pp. 151-152; ve, p. 104).
[C.-\pircLO V]
);I
asimismo la existencia de un campo sexual que no busca la
meta de la legitimación, que podria decirse que se sitúa al mar-
gen de la disyuntiva entre legitimación e ilegitimación. Son
regiones de «ontología incierta» [24], que no tienen aún un
nombre claro mas desde ahí surge una llamada critica que debe
tenerse especialmente en cuenta. No es que pretenda que esos
lugares sean celebrados y ocupados masi\·amente sino que per-
sigue que se repúe en los ejercicios de exclusión, en el cierre
de lo posible que se deriva de la naturalización de las prácticas
sexuales legitimadas.
Debería haber un camino de reconocimiento, de inteligibi-
lidad y autointeligibilidad al margen de las leyes del Estado. El
dilema es que, por un lado, la vida -en sus dimensiones cultu-
rales, materiales y psíquicas- no se hace sostenible en ausen-
cia de alguna legitimación proporcionada por las normas; pero,
por otro lado, la legitimación reclamada al Estado tiene como
consecuencia la imposición de un sistema de jerarquías sociales
excluyentes, y, además, es una vía para extender el poder del
Estado y para ocultar otras fórmulas de reconocimiento surgi-
das de la sociedad civil. El Estado no debe establecerse como el
lugar donde presumiblemente hallemos la coherencia de lo
humano. Por esta razón, es fundamental la búsqueda de esos
otros, no estatales, vehículos de legitimación, más acordes con
la idea de una democracia radical.
El activismo político al mismo tiempo que debe realizar
propuestas concretas debe mantener la critica ante las exclusio-
nes que efectúa. Solo de este modo, piensa Butler, la política
podrá ser autocritica y no dogmática. No es que Butler preten-
da despejar el dilema señalado; su insistencia teórica se encami-
na hacia el desarrollo de una práctica crítica que demandando
inteligibilidad cuestione y transforme las normas que deciden
sobre las alianzas y sobre el parentesco.
En el contexto francés, del que Butler se ocupa, donde se
debate sobre la clase de uniones sexuales y de sistemas de
[2+] DC, p. 157; C/C, p. 108.
'"
,,-
[ Qcf: CU::"\TA CO\IO \;1' .. \ VillA 1
parentesco susceptibles de ser admisibles, se da la circunstancia
de que lo subrayado como problemático no es tanto el matri-
monio homosexual cuanto los derechos de filiación. Y ello por-
que reproducción de la vida y reproducción de la cultura fran-
cesa se asocian íntimamente. Que las parejas homosexuales
puedan ejercer de madres y padres se presupone que es un
atentado contra un llamado orden simbólico, esto es, contra el
«destino de la nación» [25]. Más que recurrirse al argumento
de que ese tipo de parentesco agrede lo natural, como es lo
habitual en Estados Unidos, en Francia se utiliza la fórmula del
orden simbólico.
Sobre ese fondo se alzan las opiniones contrarias a la teoría
del género y queer provenientes de Estados Unidos -y de Butler
en concreto-, y al parentesco homosexual en particular, verti-
das por la conocida filósofa francesa Sylviane Agacinski a la
que replica Butler directamente [26]. Para Agacinski es impres-
[25] DG, p 162; UG, p. 112.
[26] DG, pp. 163-183; UG, pp. 113-127. En DG, nota 16, p. 365; UG, p.
256, Butler se refiere a sus anteriores argumentos a favor de esas formas de
familia cuestionadas por Agacinskij formas de familia que para Butler son
socialmente viables. Butler remite a su obra Antigone 's Claim. Kinship Between
Life and Deatlz y a su escrito «Universalidades en competencia», en Judith
Butler, Ernesto Laclau and Slavoj Zizek, ContingencW, hegemonía, universalidad.
Diálogos contemporáneos en la i<.quierda, op. cit., pp. 141-184; •• Competing
Universalities», en Contingency, Hegemony, Universalitv. Contemporary Dialogues on
the Lefi, op. cit., pp. 136-181, donde Butler discute también las tesis lacanianas
contrarias a las uniones de personas del mismo sexo y donde investiga el
camino por el que el complejo de Edipo de Freud se convierte en Lacan en
una inaugural estructura del lenguaje y del sujeto. De Sylviane Agacinski,
Butler cita sus textos «Contre r effacement des sexes», Le .Honde, 6 de febrero
de 1999 -aquí Agacinski cita muy negativamente la teoria de Butler-; y
<lQuestions autour de la filiation». Entrevista con Eric Lamien y Michel
Feher, en E ~ tEquo, julio de 1998, pp. 22-24. En el Estado español, es conocida
la obra de Agacinski, Política de sexos, lI.Iadrid, Taurus, 1999, donde la autora
defiende la metafisica de los dos sexos, oponiéndose a la idea de universalidad
humana asexuada. En DG, nota 21, p. 365; UG, p. 256, Butler menciona a la
también francesa y seguidora de las tesis de Lévi-Strauss Fran«;:oise Héritier,
quien en "Entretien», La Crav:, November 1998, afirma que ninguna socie-
dad admite el parentesco homosexual. Butler remite además a las obras de
[ CAPÍTCl.O V j
Il¡
cilldiblc para la integración en el orden simbólico -en las
reglas que determinan el sentido de la realidad y de lo inteligi-
ble- que niñas y niños tengan el referente de una madre y de
un padre. Para que la cultura se reproduzca se hace necesaria
la reproducción a partir de parejas heterosexuales. La materni-
dad y paternidad homosexuales son, en este sentido, un ataque
;:¡ la cultura, según la filósofa francesa.
Le interesa plantear a Butler por qué motivo se siguen
defendiendo en nuestros días, y en ocasiones por parte de teó-
ricas feministas, unas tesis que siendo originarias de Lévi-
Strauss, y de los años cuarenta, han sido superadas por los estu-
dios antropológicos más actuales. La explicación reside en
entender que sobre el fundamento del complejo de Edipo, y sus
implicaciones sobre el género y la sexualidad, se establece una
concepción de la cultura como un todo unitario que se repro-
duce a sí mismo mediante la gestación de niñas y niños. De
acuerdo con el mecanismo del Edipo que se instaura como la
condición previa del lenguaje y de la inteligibilidad cultural,
solo habiendo asumido el género a través de la heterosexuali-
dad se formará parte de la cultura y esta se podrá transmitir.
La diferencia sexual queda, desde este punto de vista,
encumbrada con el valor de fundamento de la cultura. En el
desarrollo de sus argumentaciones críticas, Butler incide en
mostrar cómo en Lévi-Strauss la norma exogámica -el inter-
cambio de mujeres- es requerida tanto para defender un tipo
de reproducción, la exogámica, como para asegurar la perpe-
tuación de un tipo de identidad cultural. Las mujeres pueden
provenir de diferentes lugares pero siempre están al servicio del
mantenimiento de la unidad y de la transmisión de la cultura
de sus maridos. Y ello ocurre así porque el mandato exogámico
tiene un límite en Lévi-Strauss, y este es la prohibición del mes-
tizaje. Entre esos dos imperativos se organiza la cultura del
esta última autora, L 'Exercice de la paren té, Paris, Gallimard, 1981, Y
Masculill/Féminin: La pensée de la diflerence, Paris, Odile Jacob, 1996 (traducción
española: A1asculino/Femenino. El pensamiento de la diferencia, Barcelona, Ariel,
1996).
n.¡
[Qcf. Cl'E:\T,\ C O ~ I O t.:!'\'\ \'IDA]
hombre blanco europeo como una identidad cultural que se
entiende a sí misma como lo universal cultural [27]. En la
Europa actual. -yen Francia en especial- la llamada a
la familia heterosexual asume la función de sostener esa noción
de cultura que es, para Butler, una forma de «racismo» [28].
Por una parte, se asevera que la heterosexualidad asegura la
reproducción de la cultura como una unidad identitaria, pero,
además, por otra parte, la concepción de la cultura como un
todo que se autotransmite en el tiempo apoya la naturalización
de la heterosexualidad. Se da ahí un círculo donde heterose-
xualidad y cultura monolítica se refuerzan mutuamente.
Cuestionar el marco estructuralista es para Butler un medio de
revisar esa noción de heterosexualidad y esa noción de cultura.
La cultura no es un todo unitario; los límites y las interrela-
ciones entre las culturas muestran su provisionalidad ontológi-
ca. Ante ello, Butler nos insta a que abandonemos la tesis del
intercambio de mujeres que trabaja en beneficio de una proble-
mática comprensión de la cultura, del Estado y de la Nación; a
que entendamos que las culturas se definen de modos imprede-
cibles y que no se organizan necesariamente sobre la idea de
una heterosexualidad primaria, concebida como orden simbó-
lico que antecede y que determina la esfera social y con el
carácter de estructura fundante del campo del parentesco.
Otras configuraciones del parentesco -es una afirmación
insistente en Butler-- son socialmente válidas y operativas, por-
que el parentesco es «un fenómeno cultural complejamente
interrelacionado con otros fenómenos, culturales, sociales, polí-
ticos y económicos» [29]. Los vínculos, de amistad, de afectos,
sexuales, no quedan constreñidos al ámbito de la familia nor-
mativa. Los derechos de las personas que transitan esas nuevas
formas de alianzas no pueden dejar de ser reconocidos.
[27] DC, p. 177; VC, p. 122.
[28] DC, p. 176; ve, p. 122.
[29] DC, p. 180 (hemos modificado ligeramente la traducción castellana);
VC, p. 125.
[CAPiTCLO \' 1
Que el parentesco es una cuestión simbólica inamovible y
no social, es una tesis criticada por Butler también en su traba-
jo «Quandaries of the Incest Taboo». Allí se dice con claridad:
Insistir en que el parentesco se inicia a través de medios lin-
güísticos y simbólicos que definiti\'amente no son sociales,
creo que implica no comprender que el parentesco es una
práctica social contingente. Desde mi punto de vista no exis-
te una posición simbólica de Padre y Madre que no sea pre-
cisamente la idealización y la calcificación de normas cultu-
rales contingentes [30].
3, HACIA LA TR.-\l\'SFOR..\1ACIÓl\' SOCIAL
Plantear de qué modo se puede reconfigurar la relación entre
lo simbólico y lo social con el fin de posibilitar que desde lo
social se lleve a cabo una alteración de lo simbólico, es un pro-
yecto recurrente en ButIer, como se ha podido comprobar
ampliamente -en último lugar mediante su crítica a la noción
estructuralista del parentesco-o Prosigue esta tarea en el texto
«The Question of Social Transformation» a través de la dispu-
ta del marco feminista de la diferencia sexual.
Fundamental para el feminismo es trabajar, desde la teoría y
desde la práctica, imbricadas la una con la otra, por la transfor-
mación de la sociedad [31]; a favor de un modo de pensamien-
to y de organización de la vida donde las personas no perma-
nezcan sometidas o rebajadas en función de la aplicación de
categorías como sexo, género, sexualidad, Mostramos nuestro
[30] DC, «Los dilemas del tabú del incesto», pp. 224·225; VC,
«Quandaries of the Incest Taboo», pp. 15i-158. Este texto fue publicado por
primera vez en Peter Brooks and A1ex "'"oloch (eds.), 11'71Ose Freud! TIte Pince if
PS)'choal/a[ysis in ContempoTnT)' Culture, New Haven, Yale University Press, 2000.
[31] Véase mi trabajo «Sobre la transformación social. Butler frente a
Braidotti», RijJ RaJf. Revista de Pensamiento)' Cultura, n.o 027 extra, 2" época,
im;erno 2005, pp. 144-161. En lo que sigue se -recogen y se reformulan ideas
ya expresadas en el texto citado.
[ Ql"t CCE1\TA cmlo Cr\A \ ' I D . ~ 1
total asentimiento a la siguiente definición que Butler nos pro-
porciona: «El feminismo trata la transformación social de las
relaciones de género,. con lo que probablemente estaríamos
todas de acuerdo, aunque «género» no sea la palabra preferida
por algunas» [32]. Sin dejar de reconocer la necesidad de accio-
nes y prácticas políticas e institucionales coincidimos asimismo
con su defensa de la teoría como tarea transformadora. Porque
«en el mismo acto de transformación social todas las personas
somos filósofas no expertas, presuponiendo una visión del
mundo, de lo que está bien, de lo que es justo, de lo que es detes-
table, de lo que la acción humana es o puede ser, de lo que cons-
tituyen las condiciones de vida necesarias y suficientes» [33].
En el más reciente panorama feminista qué sea la transfor-
mación social o cuál sea un ejercicio transformador son pre-
guntas distintamente contestadas dependiendo del marco teóri-
co feminista que las formule. Sobresale el conflicto -que no
puede, en absoluto, reducirse al antagonismo entre igualdad y
diferencia--- entre las teorías del género y las de la diferencia
sexual, conflicto que trae a escena un importante conjunto de
problemas más allá de la cuestión de si mujeres y hombres
poseemos o no un unitario núcleo humano. Butler y Braidotti
se insertan en paradigmas conceptuales no coincidentes pero
[32] CTS, p. 7 (DG, «La cuestión de la transformación socia!», p. 289; ce,
«The Question of Social Transformation», p. 204). Aunque en la redacción
española que hemos citado se ha usado el género gramatical femenino en las
palabra «todas» y «algunas», el texto en inglés utiliza palabras no marcadas
ni en femenino ni en masculino. El texto dice: «Feminism is about the social
transformation of gender relations. Probably we could all agree on that, even
if «gender» is not the prelerred word for sorne». Hay que resaltar a este res-
pecto que la escritura de Buder muestra una intencionada predilección por
los términos reálmente genéricos, que no presentan marca de género y que
engloban sin ambigüedad semántica a las mujeres y a los hombres. Esta pn.:-
ocupación de Buder por de sus ensayos y su renuncia a escribir en
femenino forman parte, claro está, de sus tesis feministas subversoras de las
idcntidade, de género normati\'as asentadas en un cerrado binarismo de
Sl·XOS.
[33] CTS, p. 7 .De, «La cuestión de la transformación social», p. 290; ce,
«The Question of Social Transformation», p. 205).
[c.\PIITLO VI
cntIT disputan de un modo enriquecedor para el feminis-
Il1O. Rúsi I3raidotti es una ele las más afamadas teóricas de
segunda generación de la diferencia sexual. Como Buder, tam-
poco Braidoni, nacida en Italia, educada en Australia y en
Francia y actual me me instalada en Holanda, deja de estimar el
\'alor del cruce de fromeras culturales, lingüísticas y \itales.
La teúrÍa de la diferencia sexual no facilita pensar la proli-
fCTación de sexualidades di\'ergemes en sus disonancias con la
dualidad de géneros y de sexos y en interacción con cuestiones
clave como las de raza, clase, posición colonial. En cuamo al
género, el feminismo de la diferencia sexual, al considerarlo un
concepto producido y encerrado irremisiblemente en e! orden
masculini<;td, «falogocéntrico», de la cultura patriarcal occiden-
tal, no permite más que la renuncia a tal categoría de análisis.
El género es entendido como un producto cultural que se
sobrepone a un sujeto pre\'iameme dado, esto es, el género es
un suplemento, un significado añadido, un rol. El feminismo de
la diferencia sexual vueh'e entonces la mirada hacia e! sexo;
busca insistentemente aquello, el sexo, como dato no acciden-
tal, auténtico, que ha quedado impensado, irrepresentado en e!
dominio de! orden simbólico masculino que es el que ha
impuesto la conocida lógica de lo mismo -lo uno, e! ser, el
hombre- y lo otro -lo negado, lo subordinado, la mujer--.
!\'Iientras que para el feminismo igualitario el término
mujer remite al orden de lo cultural y es el término sujeto
human,), individuo racional, el que se refiere al núcleo previo
que debe ser liberado de las constricciones socioculturales,
«mujen> para el feminismo de la diferencia sexual tiene una
doble connotación: es palabra que alude a género femenino Oa
mujer como lo Otro) y en tanto tal su significado está en manos
del patriarcado; )' «mujer» en cuanto sexo, cuerpo, diferencia
femenina, es lo repudiado por e! orden masculinista y es, por
consiguiente, lo que está fuera de ese orden (la mujer como lo
otro de lo Otro).
En contra de la \isión simplista que en ocasiones se ofrece
de la teoría de la diferencia sexual, BUller, sin embargo, insiste
en que el concepto de diferencia sexual es irreductible, en con-
L!\ .. \ \'10 .. \ 1
secuencia con lo dicho, tanto al concepto de género como al
concepto de sexo cuando sexo significa mera asignación sexual
desde la perspecti\'a médico-biológica. Butler se refiere explíci-
tamente [34] a Rosi Braidotti como autora que desde el marco
de la diferencia sexual no puede ser reducida, en su obra, a un
pensamiento ni de corte biologicista ni próximo a la noción
sociológica de género. Braidotti conceptualiza la diferencia
sexual en una dirección en la que desafia tanto al biologicismo
como también al culturalismo, porque reflexiona sobre la cor-
poralidad en términos semióticos y simbólicos al tiempo que
considera que la diferencia sexual aunque tiene una vida dis-
cursiva no puede ser reducida a discurso. Rosi Braidotti nos
propone, en efecto, «redefinir una teoría materialista transmó-
vil de la subjeti\-idad feminista que trabaje dentro de los pará-
metros de la dificil situación posmoderna, sin idealizarla
románticamente, pero sin caer tampoco en la nostalgia por un
pasado supuestamente más. saludable» [35]. Para esta tarea,
nombra como piedra básica angular el cuerpo, pero el cuerpo
que no ha de ser entendido en términos esencialistas, de los que
ella constantemente intenta escapar en coherencia con su
apucsta nomádica de inspiración deleuziana. El cuerpo no fun-
ciona en su proyecto «ni como una categoría biológica ni como
una categoría sociológica, sino más bien como un punto de
superposición entre lo fisico, lo simbólico y lo sociológico» [36].
Desde el punto de .-ista de la diferencia sexual, considerar
el género como significado añadido al sujeto supone desconsi-
derar cómo trabaja en el lenguaje la diferencia sexual para esta-
blecer la noción de sujeto y cómo ese sujeto construido, de
carácter masculino, excluye lo femenino de la formación del
sujeto. Incluso aceptando que pueda haber un sujeto femenino,
las teóricas de la diferencia sexual postulan que ese sujeto feme-
nino no deja de ser un efecto de la diferencia sexual. Afirman
[34] APO, p. 19.
[35] Rosi Braidotti, Sujetos nómades. Curporiz.aáón] diferencia snualm la teoría
fmlinista contemporánea. Bueno; .'\ires, PaidG;. 20(1). p. 27.
[3fiJ lbíd., pp. 29-30.
r C.-\PlTC LO V J
que la teoría del género malintcrprew el modo en que se insta-
la él tra\"és del lenguaje la relación asimétrica entre los sexos:
que el giro hacia el género disimula las estructuras más funda-
mc:ntalcs dellcnguaje, de la inteligibilidad, y que no compren-
de que el sujeto se elabora sobre la base de una grieta que pro-
duce el inconsciente. ASÍ, Braidotti opina que en el contexto
(·ufOpeo. algunas \"Crsiones de los estudios de género consideran
la producción cultural de la feminidad y de la masculinidad
como análogas, con lo que se contradice el impulso feminista
tendente a resaltar las posiciones asimétricas de los sexos que
emergen en el lenguaje y en el inconsciente. Estos estudios de
género adoptan una perspectiva anti-feminista que desradicali-
za la política feminista. Además, esas europeas focalizaciones
exclusivas en el género niegan la historia feminista de Estados
unidos que reclama radical libertad sexual así como al feminis-
mo específico de las mujeres negras, que han hecho más com-
plejo el marco feminista al tener en cuenta las n Jaciones de
poder que constituyen el género.
Cabe pensar, entonces, que si en el contexto de Estados
Unidos, la teoría del género se ha dirigido a ir más allá del hori-
zonte de la diferencia sexual que pri\ilegia la diferencia entre
masculinidad y feminidad por encima de otras diferencias, rela-
ciones e instituciones, en el contexto europeo, el género, por el
contrario, ha llegado a ser un modo de rechazar la política
feminista al afirmar la simetría de las posiciones de mujer y
hombre.
AJ respecto de la diversidad de planteamientos ofrecidos, a
Butler lo que en este caso le interesa indicar es la importancia
de la pregunta sobre desde qué posición feminista se reclama la
destrucción de la teoría del género. Es preciso afinar el análisis
y evitar juicios demasiado generalizadores porque ni bajo el
rór!llo de teoría del género ni bajo el de diferencia sexual se
ofrece un único y monolítico pensamiento.
Partiendo de la diferencia sexual el análisis feminista inves-
tiga el modo en que están constituidos diferente y asimétrica-
mente la feminidad y la masculinidad. Se recurre a un dominio
de lo simbólico considerando que es en ese dominio donde se
organizan las posiciones divergentes y donde se dan los pará-
metros de lo social. Dicho de otro modo, la diferencia sexual
analiza la asimetria de la relación entre los sexos y también la
separación de las esferas de lo simbólico y de lo social, postu-
lando que lo simbólico precede y organiza lo social. Por otro
lado, los estudios de género, en ocasiones, muestran inclinación
hacia el sociolog;ismo, reconoce asimismo Butler, no teniendo
en cuenta la dimensión simbólica y psiconalítica por la que se
establecen en el lenguaje lo femenino y lo masculino.
Irigaray sostiene que lo femenino existe dentro del orden
masculinista como un significante y que, además, lo femeni-
no existe fuera de esa economía como aquello repudiado
para simular la representación de lo femenino como lo feme-
nino mismo. En este sentido, podría ser que la teoría del
género identifique erróneamente la construcción de lo feme-
nino dentro de la economía masculinista con lo femenino
mismo, con lo que se pierde la distancia crítica para llevar a
efecto un cuestionamiento de esa construcción de lo femeni-
no. Lo que hace Irigaray es situar a lo femenino en un lugar
que excede su articulación dada, porque considera que toda
articulación de lo femenino está gobernada por el «falogo-
centrismo». Butler indica, que desde esa argumentación de
Irigaray se sostiene una inconmensurabilidad entre lo feme-
nino, o la mujer, y el ser viviente que plantea una serie de
cuestionamientos cruciales. Las preguntas de la teoría del
gfncro practicada por Butler son: si las representaciones exis-
tentes son «fantasmas normativos» [37], ¿cómo podemos
contestar la fuerza de esas representaciones?; ¿cómo debe
proceder el feminismo en su esfuerzo por representarse a sí
mismo cuando considera lo femenino como el límite de la
representabilidad? .
El problema para Butler es que desde la diferencia sexual se
concibe lo simbólico como la escena fundadora del repudio de
lo femenino. Ese repudio es así lo que capacita y estructura la
[37].JPO, p. 22.
r c. \PIlIl.O \-':
aniculación de lo simhólico mismo y lo simbólico, como campo
de normati\idad, estructura lo dado socialmente. Por lo tanto,
es central para el pensamiento de Butler, que replica esa radi-
cal disyunción afirmada por la diferencia sexual, reflexionar
sobre la relación entre lo simbólico y lo social-como insisten-
u'mente ha sido dicho y desde distintas perspectivas-o Ella nos
ad\·ierte de si no serú que esa teoria, al reclamar la prioridad de
la estructura del repudio de lo femenino en relación con el
dominio de la organización social, de\iene un modo de refor-
zar el repudio de lo femenino y un modo de impedir la trans-
formación social.
Los presupuestos teóricos de la diferencia sexual dificultan
enormemente precisamente la acción transformadora al insistir
en un dominio simbólico anterior al ámbito de lo social y del que
lo social depende. ¿Qué significa -nos interroga Butler-- decir
que la diferencia sexual es un orden simbólico en lugar de afir-
mar que es un orden social? La cuestión es si al defender su
carácter simbólico no se está defendiendo con ello su naturaleza
inmodificable. Al considerar al Falo como significante primario y
a lo femenino como lo siempre repudiado, la heterosexualidad de
la escena psicoanalítica queda reconsolidada. Se percibe, de este
modo, que mantener que lo masculino y lo femenino son inevi-
tablemente asimétricos contribuye a afianzar el sexismo y el hete-
rosexismo de la cultura dominante. Butler escribe:
¿Y qué pasaría si no hubiéramos hecho nada más que abstraer
el significado social de la diferencia sexual y exaltarlo como
estructura simbólica y, por tanto, presocial? ¿Es ésta una mane-
ra de asegurarnos que la diferencia sexual está por encima de
cualquier oposición social? r38].
Aun no mamenirndo una simplista concepción esencialista,
la teoría de la diferencia sexual muestra, no obstante, cierta
[38] CTS, pp. 13-14 ísc ha modificado ligeramente la traducción castella-
na' ,DC, «La cuestión de la transformación social», pp. VC. «Th(
QUl"slioll of Social Trans[ormation», p. 212',.
[ Qu": Cl:E:'T.\ c:,,\ \'Jl),., J
preocupante tendencia a concebir la dominación patriarcal bajo
el signo de lo inevitable. «¿Existe realmente una diferencia
sexual que no sea su forma instituciC?nalizada, la dominante, que
es la heterosexualidad en sí misma?» [39], formula Butler. La
distinción entre lo simbólico y lo social debe ser problematizada
y así lo hace e! discurso de Butler, en el que lo social no se redu-
ce a lo ya dado socialmente ni se entiende la acción transforma-
dora dentro de! marco marxista de una teleología histórica.
Quizá, nos plantea Butkr. esta problematización de la distinción
entre lo simhólico y lo social pueda aliviar la tensión entre la teo-
ría del género y la de la diferencia sexual. Butler defiende la pro-
ductividad para el análisis, y para la acción transformadora, de
la interrelación entre feminismo y teoría queer, así como el entre-
cruzamiento de los marcos de la teoría del género y de la dife-
rencia sexual en el seno de! pensamiento feminista.
3.1. Diálogo con Rosi Braidotti
Sobre todo, en la tensión observada entre teorías de! género y
teorías de la diferencia sexual, es e! pensamiento de Braidotti,
como decíamos, e! valorado por Butler como de mayor prove-
cho para e! intercambio crítico. Butler reclama la importancia
de establecer distinciones entre las diversas autoras de la dife-
rencia sexual. Algunas, como la feminista alemana Barbara
Duden [40], desarrollan sus argumentos al respecto de la nece-
sidad de la distinción entre los sexos sobre una base biológica.
Otras, las estructuralistas y las postestructuralistas no interesa-
das en discutir el género, defienden la diferencia sexual como
fondo del que surge el lenguaje y la cultura:
[39J CTS, p. J.j. íDe, "La cuestión de la transformación socia!», p. 3()(J;
[/e. «The Question of Social Transformation», p. 213).
[+0] CTS, p. 13 :De. «La cuestión de la transformación socia!». p. 298;
Ce, «Thc Quesuon of Social TransformatioI1», p. 211). Butler cita la obra de
Barbara Duden, TÍ/e Húman Balea/h Ihe Skin: .. j Doclor 's Patimt.s il! Eight,mlh-
C e n l l l ~ l ' German)' , Cambridge. H;¡rvard Universiry Press, 1991.
[C\pin:LO \' )
Pero entonces aparece otra distinción. Hay quien sólo encuen-
tra útil el paradigma estructuralista porque- ilustra la continua
diferencia de poder entre hombres y mujeres en y
la sociedad, y nos proporciona una forma de entender la pro-
fundidad con que esta diferencia determina el orden simbóli-
co en que vi,-imos. Entre estas últimas, creo, sigue existiendo
una diferencia entre las que consideran que' el orden simbóli-
co es ille\'Ítable, y así ratifican el patriarcado como estructura
ine"itable de la cultura, y las que piensan que la diferencia
sexual es ineyitable y fundamental, pero que su forma patriar-
cal es rebatible. Rosi Braidotti pertenece a estas últimas. Se
puede ver por qué es con ella con la que he tenido tan útiles
conversaciones [+ 1].
Teniendo presentes las voces deconstructi\'as -Deleuze y
Foucault, además de Irigaray- . Braidoni, ciertamente, formu-
la la diferencia sexual en tfrminos de aquellas diferencias «que
las mujeres pueden establecer en la sociedad» [42J, como con-
dición de posibilidad para pensar en todas sus otras diferencias
y con el fin de conformar una re definición de la subjeti,,:idad
femenina distanciada de determinismos biológ:icos o psíquicos.
Recogemos, en lo que sigue, fragmentos de un intercambio
comunicati\'o entre Butler y Braidotti [43J.
I\1antiene Braidotti, con insistencia, la tesis de que centrar-
se en el género y no en la diferencia sexual es evitar reflexionar
sobre el problema de la asimetría entre mujeres y hombres y,
por tanto, imposibilitar el pensamiento feminista sobre la domi-
nación masculina; un pensamiento este que Braidotti encuen-
tra ya formulado en el análisis de Beau\'oir donde los hombres,
en tanto representantes de lo universal abstracto, se nos presen-
tan desincardinados r desde ahí capaces de transcendencia, y
[+ 1] CTS, p. 13 (he modificado ligeramente la traducción cas[ellana':
·:ne, "La cueqión de la transformación social", pp. 298-299; U(,: «The
Question of Social Transformation», p. 211;.
[42] Rosi Braidoni, Sujetos nómades. Corjlori;;.ación)' diferencia sexual en la leO/ia
jcrninisto contemjloránea, afi. cit., p. 123.
P3] \'éasc, FCo. \', pp. 69-106; FAOX, pp. 31-67.
r QU: CLT\T.·' CO\IO l:\A '·IIJ.\ J
donde las mujeres aparecen relegadas, perdiendo su subjetivi-
dad, al confinamiento en el espacio de sus cuerpos y así ancla-
das en la inmanencia. Butler impulsa, firme de igual modo, la
idea de que la vuelta hacia el género es también, y sobre todo,
un modo de enfrentar la noción rigida de la asimetna de los
sexos defendida por la teoria de la diferencia sexual, aunque
Braidotti no comparte esa intelección de la diferencia sexual
como teoria «monolítica» y «ahistórica». Para Butler, Braidotti
no deja de mantener que la asimetría es irreductible e irrever-
sible al tiempo que sostiene que esa asimetría debe ser el funda-
mento de la política feminista. «¿:\caso no se limita simplemen-
te a reificar una asimetría social como una necesidad eterna,
instalando de ese modo el pathos de la exclusión como la
«base» del feminismo?» [44J, inquiere Butler.
Existe un margen para las mujeres en el que ellas no están
sujetas al orden simbólico patriarcal, expone Braidotti, y ese
margen, sostenido por la experiencia \i\ida, es el que se debe
aprovechar para la acción feminista. Para Braidotti:
El punto de partida del proyecto de la diferencia sexual consis-
te en la voluntad política de afirmar la experiencia corporal,
vi\ida, de la mujer. Esto implica el rechazo de la diferencia
sexual desincardinada mediante la valorización de un nuevo
sujeto supuestamente «posmoderno» y «antiesencialista»; en
otras palabras, el proyecto de la diferencia sexual conlleva la
voluntad' de reconectar todo el debate sobre la diferencia con
la existencia corporal y la experiencia de las mujeres [45].
La lucha feminista implica la adopción de un planteamien-
to deliberado y consciente, aunque la identidad femenina tiene
que ver con el inconsciente, pero esa acción feminista defendi-
da por Braidotti rei\-indica la C0nexión de la política con la
experiencia vivida de las mujeres. Braidotti se apropia del con-
cepto de deseo, de gran fuerza en Deleuze. como instrumento
[-1-+] Feo\". p. 82; F.-!o.\', p. -1-3.
[-1-5] FeO'\ pp. 82-83; F.W;v; p. -1-+.
producti,'o para el feminismo. El deseo, el deseo de libertad, es
a lo que da cauce el feminismo, entendiendo que la libertad, la
justicia, no son solo \'alores racionales; son, sobre todo, objeto
de deseo. De ahí que la política no deba ser fría y dogmática
sino que deba estar vinculada con el cuerpo, su experiencia, sus
deseos.
y a pesar de que este recurso a términos como cuerpo,
experiencia, pueda ser interpretado fácilmente como rasgo
esencialista -de tal modo se lo plantea Butler dando cuenta
con detalle de la complejidad de tales términos, especialmente
en Bodies tiza! Braidotti discutiendo esa lectura subra-
ya que si bien la posición simbólica es común para las mujeres
ello no implica que todas las mujeres sean iguales ni que exista
algo como una esencia fija femenina. Lo importante del pensa-
miento de la diferencia sexual, «el punto de partida esencial es,
pues, la no coincidencia fundamental de la identidad con la idca
tradicional cartesiana de conciencia» ,161. Cierto que el con-
cepto de diferencia presenta una serie prohlemas y que a
alrededor han surgido diversas contradicciones. Braidotti nu se
ahorra el realizar una breve historia del uso europeo del con-
cepto de diferencia a la vez que afirma la necesidad de aceptar
ese núcleo de contradicciones. «Diferencia» ha tenido una apli-
cación racista; ha tendido a justificar jerarquías a través de la
categoría de lo otro de claras connotaciones esencialistas.
Se debe reflexionar sobre la historia del término e intentar
liberarlo de sus conexiones con e! poder y con la dominación.
La estrategia stguida por Braidotti para ello es la de «una repe-
tición mimética y crcati"a» [47]. 1\10 se trata, en consecuencia,
de rechazar el término como ine,·itablemente esencialista. Lo
no aceptable es abandonar el marco de la diferencia sexual
para substituirlo por el de! género. Braidotti argumenta en este
semido relatando los resultados lamentables, acontecidos en
Europa, de la introducción de los estudios de género en las
r·j 61 FCQ.,\·, p. 86; fA o. \', p. 47.
p. 89: ElO.\ p. 50,
[ Ql'l. elE''!.\ V,,\ \'IIH 1
U niversidades. El estudio de la masculinidad, en ciertos
Departamentos, ha ocupado el privilegio y los fondos económi-
cos de la institución, relegando los estudios feministas. En
Holanda, los llamados irónicamente por Braidotti«muchachos
brillantes» [+8], han llegado, en ocasiones, a dirigir y controlar
los estudios de género. Ante tales situaciones no deseables para
el feminismo, el concepto de diferencia sexual persigue la
potenciación simbólica de lo femenino. Reclama la no disolu-
ción de las mujeres en otras categorías como género o postgé-
nero pero niega que ello suponga la adopción de una postura
hctnosexista; crítica que en efecto le arroja la teoría queer con
respecto a la que la teoría de la diferencia sexual se mantiene,
en coherencia, resistente. La diferencia sexual no comparte las
posturas del lesbianismo radical, matiza Braidotti, pero el
deseo homosexual femenino está en el núcleo de la teoría de la
diferencia sexual y no la heterosexualidad. Braidotti comenta
que la heterosexualidad es pensada como una posibilidad a la que
es posible dirigirse.
1.;no de los puntos más cuestionados por Butler del paradig-
ma de la diferencia sexual es, como decíamos, su intelección del
orden de lo simbólico en tanto se postula su carácter anterior y
estructurador del ámbito de lo social. Esta crítica persistente en
la obra de Butler alude a cómo la separación entre lo simbóli-
co y lo social tiende a considerar lo simbólico como estructura
vacía de su socialidad, como una idealización de la organiza-
ción social. Butler le imputa a Braidotti el mantenimiento de
categorías universalizado ras como la de «sistema patriarcal
de dominación» [49], cuando categorías como esa han sido ya
sometidas a incisivas y consistentes problematizaciones. Ha
sido puesta en duda la universalidad del patriarcado porque las
relaciones de poder son culturalmente variables y porque el
tema del poder no puede ser abordado tan solo desde la óptica
de la dominaciún, tal y como nos enseñó lúcidamente Foucault.
[+8) F{;o\, p 87; F:·IO.'·. p . ~ 8 .
[49] FCm; p. 100; FAO.\: p. 60.
[C.\PiTCI.O \·1
,-\ este respecto. Braidotti seiiala su apuesta en fm'or de la
interrelación entre las esfCras de lo simbólico y lo social aunque
afirma que uno y otro ámbito están \iolentamente separados.
Ello supone, para Butler, que aun pensados en relación no deja
de postularse su diferenciación así como la insuperabilidad de
su distinción. Permanece, para Butler, la confusión, cierta
ambigüedad e. incluso, contradicción. en la defensa de
Braidotti del dinamismo c historicidad de lo simbólico en tanto
que al mismo tiempo distingue lo simbólico de lo social y de lo
material. Braidotti, mientras tanto, afirma querer ofrecer una
e\'oluación del modo de operar del simbólico patliarcal. por un
lado; mostrar un proyecto utópico feminista orientado hacia la
destrucción de ese orden simbólico patriarcal con el fin de inau-
gurar un orden alternativo, por otra parte; y, en tercer lugar,
motivar la conversación sobre este tema del orden simbólico
masculino. En Deleuze, más que en Lacan, cuyo simbólico
asume el rasgo de un «esencialismo psíquico» (JO J, halla
Braidotti una conceptualización de lo simbólico, como proceso
dinámico de prácticas significantes donde se entreteje lo lin-
güístico y lo social [51 J, mucho más propicia para el desarrollo
y la formulación de su programa feminista.
En otros \'arios y abundantes textos -de alguno de ellos
hemos dado anteriormente cuenta-, Butler discute el concep-
to laca ni ano de lo simbólico, Junto con Gayle Rubin [52J,
observa en Lacan consecuencias totalizadoras, desconectadas
de lo social, en su formulación de lo simbólico, donde lo simbó-
lico parece indicar algo dentro de una supuesta naturaleza de
la estructura cerebral como sede del lenguaje, Lo simbólico
tiene que ver con la estructura del lenguaje posibilitadora de la
emergencia del sujeto hablantc, y d(' la condición de lo inteligi-
ble, en el marco de la diferencia sexuaL lo que conlleva qu(' el
lenguaje y la diferencia sexual son coextensivos, Se torna impo-
sible adquirir una posición en el lenguaje al margen de la dife-
[jO] Feo",; p. 103; FAOX, p. 1'2.
[51] Feo",'. p. 102; p. 62.
[52] Hase, ST, pp. ji-15.
¡ QL'f. nE\T .. I U\.\ I'm",)
rencia sexual, fuera del mo\imiento que establece los lugares de
la madre y del padre así como la prohibición del incesto, deter-
minando rígidamente ese sistema de parentesco. Rubin y
Butler subrayan esta problemática de un sistema que establece
la diferencia sexual como diferenciación primaria sin la que no
es posible adquirir capacidad lingüística alguna. Ocurríría,
desde la perspecti\'a lacaniana, que si los humanos fuésemos
hermafroditas o estmiéramos dotados para una asexual repro-
ducción, careceríamos de lenguaje. De ahí que el feminismo
elaborado a partir de Lacan no estime el valor de lo social y
desatienda la íntima implicación de las estructuras psíquicas
con las estructuras sociales.
No todas las cuestiones problemáticas se reducen para
Butler, sin embargo, a la asunción del marco lacaniano.
Aunque el pensamienro de Deleuze sea más dinámico en su
conceptualización de lo simbólico, en su intercambio comuni-
cativo con Braidotti no deja de ser contundente al afirmar:
;\le pregunto si lo simbólico está destinado a operar de esa
forma, vale decir, como un conjunto de estructuras y dinámi-
cas reguladoras que ponen un límite a lo que puede y no puede
ser elegido. ¿Quién, por ejemplo, es el autor que decide estas
cuestiones y por qué la autoría misma está decidida de antema-
no precisamente por este funcionamiento simbólico? Pienso
que lo simbólico designa el carácter idealizado del poder regu-
lador y que ese poder debe situarse y criticarse, en última ins-
tancia, dentro de una concepción intensificada de lo social. Se
trata, pues, de una clara diferencia entre nosotras [53].
De la exposición y comentario de este debate entre el para-
digma del género y el de la diferencia sexual, del cruce de pre-
guntas y respuestas entre Butler y Braidotti, no perseguimos, sin
embaqo, poder dar por concluida la tensión del conflicto,
ahora o en un futuro. Lo contrarío es más bien lo acertado. La
polémica es el núcleo mismo de la productividad del pensa-
[53J FCG.\; p. 102; FAOX p. 62.
r C.\I'ITLI.O \' J
miento feminista. Reconocer y apoy<!r el \'alor de la interroga-
ción abierta por las divergentes; poner en suspenso la segu-
ridad de nuestras conceptualizaciones y categorías, así como la
cualidad de bondad y justicia de la organización de nuestras
\'idas, tanto como dudar de la verdad de nuestro ser más ínti-
mo, de nuestro sexo, es justamente lo destacable en mayor
medida en este conflicto de paradigm'is. Ahí reside, en
el riesgo de la quiebra de nuestras certezas ontológicas y episte-
mológicas, éticas y políticas, el potencial de transformación
social, y de transformación también de nosotras mismas, de la
teoría y práctica feminista.
3.2. Ante el paradigma de La diferencia sexual
En su ensayo «The End of Sexual Differenceh> [54] Butler
vuelve a referirse a los planteamientos de Braidotti y a retomar
el análisis de la dificultad encerrada en los términos que nece-
sitamos usar. El feminismo, en sus diferentes versiones, no
entiende unánimemente el concepto de igualdad como una
defensa de que y hombres son intercambiables .
.Nociones como las de igualdad,justicia, libertad, no son unÍvo-
cas y hacen compleja una formulación de carácter internacio-
nal de significado plenamente compartido. La cuestión, y es
cuestión subrayable, es que continúa el debate sobre qué es una
mujer, cómo se define la categoría y quién la define. Este es un
problema no resuelto y de ahí su interés y su potencialidad pro-
ductiva para Butler. Porque el feminismo no puede proceder
postulando un conjunto de Lomo punto de partida \
como fundamento para la confc<ción de su programa de traba-
jo. Es, al contrario, acción dinámica en tanto sitúa en el punto
[51] DG, «¿El fin de la diferencia sexuaP)), pp. 247-287; CG. «Thc End of
Sexual Difference?», pp. 174-203. ESle' lcxlO se publicó por primera vez en
forma dislinta en l\lisha Ka\-ka and Elizabeth Bronfen (eds.i, Fcll/iniJI
COl/.requcnces: Theol)"for a .\fU· Cmlu/)", York. Columbia U¡Ü\USily Press.
2001.
de mira de la cntica sus premisas y presupuestos dentro de un
irrenunciable marco democrático abierto al conflicto de sus
identidades. Ello no supone la renuncia a la activa intervención
en el mundo sino comprender que es justamente su vinculación
directa con las prácticas sociales y políticas e! motivo de la
emergencia de las internas disidencias del feminismo. Buder
afirma que «precisamente la resistencia a resolver esta disen-
sión y convertirla en una unidad es lo que mantiene vivo el
mOvimiento» [55]. Entendiendo además, y como ya fue
comentado, que e! feminismo en cuanto movimiento social no
es nunca algo completamente distinto de! feminismo en tanto
teona, ya que el mOvimiento guarda siempre relación con actos
de teoría y esta, la teona feminista, carecena de contenido sin
e! mOvimiento.
Perder e! miedo a la cntica interna, aceptar que no hay pre-
misas incuestionables, que los valores no proceden de! silencia-
miento de la polémica; así como actuar en el reconocimiento
de la complejidad que somos, constituyen claras apuestas del
feminismo elaborado y practicado por Butler. En este sentido y
en e! contexto concreto de este ensayo, «The End of Sexual
Difference?», Butler se ocupa en indagar, de nuevo, en las rela-
[55] DC, «¿El fin de la diferencia sexuaP", p. 249; CC, «The End of
Sexual Dilference?". p. 1 i5. Solo desde un fuerte desconocimiento de! pen-
samiento de Butler se pueden ¿n tender, en nuestra opinión, afirmaciones como
las siguientes que se transmiten en nuestro contexto espailol: «Sin duda la crí-
tica de Butler a las identidades labricadas por la sociedad o la cultura cs inte-
rcsantc y necesaria para de,pojarnos de falsas \·erdades. Pero una de las
mayores insatisfacciones con que nos deja e! pensamiento postmoderno es la
falta de análisis prospccti\·o, la carencia de un proyecto. Todo parece empe·
zar y acabar en la crítica a la modernidad, a las categorías acuñadas. La
postmodernidad no se interesa por las consecuencias teóricas y práccicas de
sus propuestas ni por la tran'ccndencia social o política de la teoría. sino que
se presenta como suh\'crsión filosófica, como transgresión. :\sí lo hace el at,t-
que radical de Judith Butlcr contra la noción de sujeto al rechazar tanto las
caracterizaciones esencialistas como la noción de género como categoría de
análisis» :n\tse, Elena Beltrán, Virginia \Iaquieira, Sih-ia .-\I\·an:z y Cristina
Sánchez (eds.I, Feminismos. Depates teóricos contemporáneos, i\Iadrid, Alianza
Editorial, Ciencias Sociales, :200 1, pp. 26i -268).
[C.\1'1l LI.O \. J
))!
conflicti\'as obsel\"ablcs entre los conceptos de «diferen-
cia scxual», «género» y «sexualidad», Su interés, lejos de luchar
por la \lctoria en e! combate, incide en pensar por qué son tan
importantes los términos para aquellas personas que los utili-
zan y cómo a la vez que abren posibilidades en una dirección
cierran otra \'ariedad de caminos \lables,
La diferencia sexual es defendida, la mayor parte de las
\'cces, como base irrenunciable de la que surge el pensamiento,
el lenguaje, el ser de! cuerpo en e! mundo, Incluso lo que con-
tra ella se puede argumentar, se afirma, está ya dependiendo de
la diferencia sexual puesto que la diferencia sexual estructura
nuestro decir, Buder se pregunta, nos pregunta, si de la diferen-
cia sexual, en un sentido primario, procede toda significación,
De Irigaray resalta Buder a este respecto cómo en su Ética de la
difermcia sexual considera a la diferencia sexual no como un
hecho o como algo dado ni como lo «real» de Lacan, sino como
«la cuestión de nuestro tiempo» [56J, marca de la modernidad
que inaugura la problemática de' lo irresuelto como la nuestra
propia, La diferencia sexual afirmada por Irigaray es, en pala-
bras de Braidotti, «la gran paradoja de nuestro tiempo» [5 7J,
Una cuestión que lrigaray se esfuerza en pensar; una cuestión
que persiste como así lo indican tanto los argumentos a fa\'or de
la diferencia sexual como los que a ella se oponen, En opinión
de Butler, en esa afirmación de lrigaray sobre la diferencia
sexual, esta no adquiere el carácter de lo fundacional: la dife-
rencia sexual, antes que llegar a configurarse como la base del
feminismo, incita la pregunta feminista, la acti\'idad de la inte-
rrogarían, Esto explíca la atención prestada a lrigaray porque
para Butler los términos deben ser usados, reapropiados, inclu-
so aquellos que en ocasiones han sido instrumentos de exclu-
[5G) DG, «¿El fin de la difncncia sexuaP". p, 251; L 'C;. «The End of
Sexual Difference?", p, 177, \'éase, Luce lrigaray, Élhique de la diffCrCllcc "CXUI'-
Iff, Paris, Éditions de ¡",linuit, I
[57) Rosi Braidoni, «Deleuzc, ética y derechos humanos», entrc\'ista rea-
lizada por Amalia E, Fischer P. a Rosi Braidotti, publicada en Rosi Braidotti,
Frmil/iJmo, r/¡fiwncia srxlIa(r J/lbje/iridad lIIí/llodr, Barcelona, Gedisa, 200+. p, 22C),
l QU, CUSL\ (:().\IO l'",\ \"IfJ.-\]
sión y opresión, pero comprendiendo su apertura en direccio-
nes divergentes, no previsibles de antemano.
Cierto que puede ser fuerte el deseo de cerrar esa incerti-
dumbre del futuro provocadora de ansiedad. La actividad que
interroga nuestros presupuestos, nuestras com'icciones, es con-
siderada peligrosa pero porque solo se percibe como un impul-
so hacia la pérdida de nuestras convicciones, no teniendo en
cuenta la posibilidad de que ese trabajo dc puesta en cuestión
se encamine hacia una re\'italización de los conceptos e ideas
en su alejamiento de sus lugares fundacionales. Butler describe
ese «miedo a pensar» como un miedo que ha sido moralizado
como sig;no de la dctensa de lo político, advirtiendo que en ese
sentido la política requiere de una cierta actitud «anti-intelec-
tualista». Negarse a pensar, a volver a pensar las opciones polí-
ticas elegidas es, dice Butler, «optar por una posición dogmáti-
ca al precio tamo de la \ ida como del pensamiento» [58].
Cuestionar el feminismo, inquirir sobre las alteraciones de
sus categorías, no es renunciar al feminismo ni al uso de sus tér-
minos. Quizá ese terror producido por la interrogación de los
términos, terror que asimila la dislocación de los términos con
la imposibilidad de su uso y con la puesta en duda de la vida
misma, apuma, nos propone Butler, a que términos como
«sujeto», «universalidad», son asumidos en un sentido «mamó',
bajo la «forma de un imperativo» [59] cuyo incumplimiento es
terroríficamente penalizado. Ello explicaría, pero no legitima-
ría, la paralizante negati\'a a cuestionar los términos en los que
se desarrolla la vida.
La tendencid, una tf'ndencia fundaciona!ista, del marco
político contemporáneo a elaborar una firme base teórica para
la acción política, la ejemplifica Butler aquí comentando, no sin
cierta ironía, cómo la propuesta metodológica de ciertos estu-
dios queer concluven que mientras el género es el asunto propio
[:l8) De. «¿El lin oc la diferencia sexua!?», p. 25h; ce, «The End 01'
Sexual Dit[en.:ncc?", p. 130,
[59) DG, ,,¿El lin ,le la difcn:ncia ,e:"'tla!?», p, 2;j(); ce;, «The End of
Sexual DifTerence)", p, 18 1.
[C,\l'iTl;o\'; ',;
ele! feminismo, el sexo y la sexualidad es el tema de análisis de
los estudios lésbicos y gays. Género y sexualidad no deben con-
fundirse, según se propone desde esos mo\-imientos teóricos y
pulíticos. \ sin embargo, nos cuenta Buder, en tOno claramen-
te crítico, que en 199.') ::y en la actualidad continúa en la misma
línea intensificándola aún más [60]) el Vaticano propuso que la
plataforma subre la condición de las mujeres de las organiza-
ciones no gubernamentales de las ;\iaciones L'nidas (Unifed
.. lI,alions .Yon-GovenzamenlaL Organizaliolls) debía condenar el térmi-
no «género» con d argumento de que esa noción es un código
para la homosexualidad [61]. Para el Vaticano es el término
«sexo» el que se debe emplear como da para asegurar la cone-
xión entre feminidad y maternidad y como medio de mostrar
la naturalidad )' la di\ -inidad de ese orden necesario de los
sexos. De hecho, algunos estados miembros de la ONU, domi-
nados por las tesis del Vaticano pretendieron eliminar la pala-
bra «género» para substituirla por «sexo» en sus disposiciones
preparatorias del encuentro de 1995 en Beijing.
Con razón y con acierto, otros miembros del comité reaccio-
naron afirmando que las tesis de la Iglesia Católica eran insul-
[GO] Es de dominio público que en las declaraciones del alío 2004 del
\·aticano. el entonces cardenal Joseph Ratzinger, encargado dentro de la
Cim::regarión ¡Jara /a doctrina dr IflJr de' redactar el documento «Carta a los obi,-
pos de la Iglesia Católica sobre la colaboración del hombre y la mujer en la
Iglesia y en el mundo», condenó al feminismo radical y a la ideología de géne-
ro con el argumento de que desconsidera la nalUral diferencia de sexo alentan-
do la idea de la posibilidad de la elección del género y porque equipara la
homosexualidad con la heterosexualidad incitando hacia una sexualidad poli-
morfa. Para Ratzinger es ese feminismo radical el culpable de la lucha de sexos
\. el responsable de la desestructuración de la familia natural, esto cs. la unidad
compuesta de padre y madre. Lo intncsame. por otra pane, de este conjunto
de despropósitos de caráC"ter dogmático moralizante al estilo más tradicional y
reaccionario, es que re\'ela la importancia de la teoria y de la práctica feminis-
ta como instrumentos capaces de una ef(;c!i\'a transforma,ión ,acial. ~ o de
otro modo se explica el afán del Vaticano por adoctrinar sobre la naturaleza
del hombre, de la mujer y sobre el único modo natural de su relación.
[61] DC. «¿El fin de la diferencia sexual?», p. 257: CC. «The End of
Sexual DifTácnce!», p. 181,
"" ! I QU: cu:,\;T.,\ C ü ~ I O L''',\ \'IlJ.-\ 1
tan tes, que su finalidad era los logros conseguidos por las
mujeres intimidándolas y bloqueando todo progreso futuro. Se
oponían a que las mujeres volvieran a ser consideradas bajo la
tradicional lógica de «la biología es el destino» que las confina y
las reduce a sus «características sexuales fisicas)) [62]. Recla-
maban en contra del Vaticano la reafirmación del uso del térmi-
no género. Por lo tanto, en esta polémica señalada en torno a la
noción de género se observa cómo, paradójicamente, «género))
es tomada, en un caso, como palabra que sostiene a la homose-
xualidad y, en otros casos, en los estudios lésbicos y gays, «géne-
ro)) es considerada como palabra opuesta a homosexualidad.
Además, ocurre también que desde dentro de la teoría feminis-
ta, en algunas de sus versiones y como se ha dicho más arriba,
se desprecia la categoría de género como signo de cualidades
construidas y variables al tiempo que se defiende el concepto de
diferencia sexual en tanto que este concepto sí remite a diferen-
cias fundamentales.
De acuerdo con el análisis de Butler, son dos movimientos
políticos, si bien opuestos en muchas direcciones, los que recha-
zan el término género. Para el Vaticano género se vincula con
homosexualidad al potenciar la idea de que la homosexualidad
es un género más, que ser homosexual es no ser ya ni mujer ni
hombre, como si la persona homosexual renunciara a su sexo
de adscripción. De ahí que la homosexualidad sea conceptuali-
zada como una proliferación de géneros. Este es el miedo del
Vaticano. Junto al género masculino y al femenino se situarían
la lesbiana, el homosexual, transexual, etc. El sexo reproducti-
vo, el mandato de la necesidad de la heterosexualidad, perdería
su lugar de privilegio en favor de las sexualidades. Los estudios
queer que mantienen la división metodológica entre teoría queer
y feminismo, por su parte, participan de la presunción de que
la sexualidad excede y desplaza al género proyectando la uto-
pía de una vida posible más allá del género. Sin embargo, se
hace evidente que mientras que el Vaticano rechaza al género
[62J DC, «¿El fin de la diferencia sexual?». p. 238; CC, «Thc Ene! 01'
Sexual Diffcrcnce?», p. 182.
par" yol\"(T al sexo la teoría qucn se mueve no hacia el sexo sino
hacia la sexualidad. El \ 'aticano. no queriendo la
entre sexo y sexualidad que pone en peligro el supuesto de la
naturalidad de la reproducción se opone al género y a la teoría
qua}". Y la negatiya al género de la teoría qua! es, a la ilwcrsa,
porque es la base del feminismo y de su presunto asiento en la
hetC'wsexualidad. Pero tampoco se puede dejar de considerar el
hecho de que el término «género», también en Estados
es en ocasiones aplicado, como indicador de meras caracterís-
ticas culturalmrnte construidas, al margen del feminismo y dc·
su dimensión política. En programas de estudios de género,
algunos de ellos desarrollados asimismo en la Europa del Este,
el género adquiere legitimidad académica eludiendo la polémi-
ca feminista.
e na única y cerrada definición de género no es suficiente.
Esto aprendemos del dC'bate apuntado. Lo importante para
Butler de este conflicto de perspecti,·as e interpretaciones es la
puesta en ('\'idencia de la habilidad del término, de los térmi-
nos, para deslizarse de modo múltiple y dinámico a tra,·és del
ámbito de lo público y de la cultura. La problematización del
género por la que aboga reiteradamente Burler se inserta en
este marco de:' intelección de la tarca del feminismo.
La complejidad de la tensión prm·ocada por la polisémica
categoría «génC'ro» se '·c acrecentada aún más cuando, como
ya se observó con anteriOl;dad, se atiende a la teoría que opone
al concepto de gl'nero el de diferencia sexual. .-\hí, frente al sig-
nificado de género como construcción social de la feminidad y
de la masculinidad se alza el ,"alor simbólico de la diferencia
sexual y la especificidad de lo femenino en el terreno político.
Junto a Braidoni, Butler menciona denrro de esta crítica al
género efectuada por el modelo de la diferencia sexual a ::\aomi
Schor y Elizabeth Grosz. sin por ello pretender agotar la enu-
meración de teóricas que se reconocen en esta línea de pensa-
miento. Pero qué sea la diferencia sexual no es un asunto de
fácil y sencilla resolución. Burler insiste en que si no es una sim-
ple facticidad, si es algo psíquico es también algo social y de ui1a
manera que:' todavía no está articulada. Esta es la cuestión de
nuevo subrayada por Butler. Las estructuras psíquicas están
conectadas con la dinámica del poder social. La diferencia
sexual trae a escena la dificultad de delimitar el principio y el
final, las lindes y fronteras, de aquello denominado como lo
biológico, lo psíquico, lo discursivo, lo social. Braidotti niega la
reducción de la diferencia sexual a lo biológico, a lo cultural, a
lo social. Entonces, nos interroga Butler, cabe preguntar sobre
dónde se asienta la base ontológica de la diferencia sexual.
Tal vez sea que la diferencia sexual permanentemente difi-
culta su determinación, que en parte sea dada y en parte cons-
truida, ambas cosas. Si ello es así, la diferencia sexual plantea
una cuestion, no una respuesta, la cuestión de la relación de lo
biológico con lo cultural y con lo social como tensión que recla-
ma no su resolución sino ser pensada y repensada. Productivo
para el feminismo, antes que decidir en qué consiste la diferen-
cia sexual, es dejar abierta e ¡rresuelta en su problematización
la pregunta sobre la diferencia sexual. De este modo se posibi-
lita, en el presente y para el futuro, rearticulaciones de la cate-
goría en direcciones de consecuencias ni naturales ni necesarias
para la organización social de la sexualidad.
En su libro lHetamorphoses [63] Braidotti, nos dice Butler,
argumenta sobre la necesidad de poner límites a las transfor-
maciones del cuerpo. No en todas las direcciones están legi-
timadas, desde un punto de vista ético, político y feminista,
las modificaciones corporales y, por tanto, la aplicación del
desarrollo tecnológico. Aquellas que trabajan por desdibl0ar o
superar la diferencia sexual, que pretenden ir más allá de la
diferencia corporal, son las rechazadas por Braidotti sobre
la base de que se acomodan al «falogocentrismo» reistaurando
el dominio de lo masculino e impidiendo la presencia del sim-
bólico específico femenino. El cuerpo y la diferencia son para
Braidotti las condiciones y el instrumento de la transformación
y sin ellos la alteración de la norma no puede acontecer. Cierto
[63] Rosi Braidotti, .HetamOlJihoses: Tou:ards a .lIa/erialist rif Beco/lling,
Cambridge ,England'l, Polit;., Prcss, 2002 traducción óstdlana: '\felalllotjv,ú.
Hacia l/na ¡poria maten'alista del deu71ir. Akal, 200ji,
re \PiIT!.() \'1
que Braidotli, en contra de algunas opiniones críticas con las
teorías pOSlestructuralistas en lantO reclaman la necesidad de
un unitario para la tarea de la transformación, sostiene
la capacidad de transformación en un sujeto concebido deleu-
zianamcnte, pero también psicoanalíticamente, de modo múl-
tiple y móyil, siendo esta una de sus aportaciones principales de
su trabaju filosófico. Sobre la multiplicidad se eb'a la voluntad
afirmati\'a y ahí reside no su negación sino la potencia para la
acción del La interacción de la.-; fucr:cas múltiples es
generadora de nuevas posibilidades de vida. Pero el punto de
\ista adoptddo por Braidotti afirma que parte de estas fuerzas
de capacidad transformadora y que trabajan a trm'és de signi-
ficados corporales son inconscientes, que el sujeto no es pura
consciencia, en el sentido de que algo hay que precediéndome
me constituye como yo.
Que la diferencia sexual produce al sujeto quiere decir en
Braidotti, según Butler, que el sujeto es un cuerpo afectado por
otros cuerpos. Solo desde el cuerpo, entonces, se puede dar la
transformación porque los procesos corporales, procesos que
son especificados en términos de diferencia sexual, son las con-
diciones de posibilidad de la transformación. La diferencia
sexual pensada por Braidotti «es el nombre para un simbólico
futuro que viene a valorar lo no-uno como la condición de la
\ ida misma» [64].
Ambas autoras feministas, Braidotti y son incluidas
dentro del marco feminista postestructuralista. Aunque ciertas
posiciones son coincidentes en una y en otra. no por ello dejan
de enfrentarse en otros aspr:ctos, como ac¡uÍ se vienc mostran-
do, porque sus fuentes de referencia y sus problemáticas pri\i-
legiadas son distintas. Butler se esfuerza por reflexionar sobre
estas facetas de respectivas divergencias, mas como camino
para cnriquccer el debate feminista. Reconoce que su propia
teoría incorpora la dimensión de la falta, el trabajo de la nega-
ción en sentido hegeliano: por ello se ocupa de la melancolía,
r64] DG. «¿El fin de la diferencia sexua]?». p. 2i5 (he modificado en parte
la traducción castellana;; CG, «The End of Sexual DilTerencc'», p. 1
del duelo, de la culpa, el terror, y dirige su pensamiento hacia
cuestiones relativas a la vida, a la posibilidad de \·ida, y a la
diversas formas de violencia social. Analiza el sufrimiento, el
dolor, la pérdida de aquellas personas, por ejemplo, que se ven
obligadas a emigrar o que son expulsadas de sus casas, países.
Braidotti, por su parte, se centra más fundamentalmente en
conceptos como el de afirmación y transformación. Se propo-
ne pensar la dificil cuestión de la transformación desde la afir-
mación. se trata de que rechace el sino dl' que
lo considera un lugar posible para la instauración de nuevas
posibilidades, un sitio para la afirmación transformadora.
Esta forma de lectura propiciada por el texto de Braidotti
retiene el interés de Butler quien valora su capacidad para con-
trarrestar el pesimismo de ciertas teorías que proclaman que
nuestras vidas son efectos del trabajo tramposo de los procesos
sociales. También subraya Buder la potencia de Braidotti para
proponer formas de agencia inspiradas en la dinámica de la
multiplicidad, distintas a las «falogocéntricas» dominantes
negadoras del cuerpo y de la diferencia sexual. Pero, entre
Butler y Braidotti hay, no obstante, puntos de desacuerdo que
el aprecio butleriano por la riqueza producti\'a del encuentro
crítico no quiere dejar de analizar. La diferencia sexual es, con
insistencia, el tema de la polémica. Para Butler no querer ajus-
tarse al marco de la diferencia sexual no supone sin más la
adopción de una perspectiva devaluada sobre lo femenino ni,
menos aún, el giro hacia una actitud misógina. La búsqueda de
la proliferación de la feminidad en múltiples direcciones, que
subscribe asimismo Braidotti, no tiene por qué someterse nece-
sariamente al horizonte de la diferencia sexual en su concep-
tualización binaria. Butler nos pregunta si no será posible des-
plazar la categoría de diferencia sexual fuera de la constricción
del binarismo y en favor de la multiplicidad.
Este es el trabajo esforzado perseguido por Buder a lo largo
de su obra: quebrar la estrechez impositiva de consecuencias
violentas y opresivas, incluso negadoras de \ida, de la ley impe-
rati\·a, que reclama coherencia;: estabilidad, de la dualidad de
sexos-géneros. Y esta es, en nuestra opinión, una meta realmen-
. )
te \'aliosa para el fEminismo, para lo humano. aman-
do él mujeres; mujeres que sin renunciar a la feminidad no se
acomodan a la categoría mujer si no es a través de la permuta-
ción de la categoría; mujeres cuyo deseo (como el deseo butdz)
indica no solo participación en el deseo de las mujeres y de lo
femenino, también juega con la masculinidad, con una mascu-
linidad no fundada en los hombres, como se ejemplifica en los
estudios de Judith Halberstam sobre Fcll1ale J1asculini{y [65],
sobre masculinidades encarnadas en de mujeres que
no pueden ser simplemente como una consecuencia
dd repudio de lo femenino, que, por el contrario, exigen ser
pensadas como una mutación posible de lo frmenino y de lo
masculino no reductibles a la lógica «falogocéntrica». La mas-
culinidad puede emcrger en cuerpos de mujeres porque lo mas-
culino y lo femenino no pertenecen en exclusiva a cuerpos dife-
rentemente sexuados. El lenguaje de la diferencia sexual no es
suficiente. La constitución del cuerpo obedece a una multiplici-
dad de fuerzas. No se justifica que esa multiplicidad también
perseguida, por otra parte, por Braidotti quede recluida en el
marco binario de la diferencia sexual. Si la diferencia, dice
Butler, «no es un código para la normati\idad heterosexual,
entonces seguramente necesita ser articulada para que la dife-
rencia sea entendida como lo que desorganiza la coherencia de
toda postulación de identidad» [66].
Estas cuestiones, los diferentes caminos de apropiación del
deseo y del género, no deben dejar de ser cruciales centros de
interés de la teoría feminista si lucha por abrir espacios más
liberadores para mujrres, para los hombres y sus relacione"
mutuas \" si, asimismo, persigue extender el concepto de lo
humano para posihilitar la vida de aquellas personas que sic:¡-
do expulsadas dc la carcgoría no halbn C(ll)ijo para Ilc\'c;r z:
[55] Judith Halberstam, Fi:nwk Jfasrulilli!J; Durhan and Londoll, Dukc
Cni\'ersity Press, 1998.
[55] DG, «¿El fin de la direrencia sexua!?", p. 286 (he modificado en
par[r la traducciún castellana'!: ['G. «The End of Sexual DiITerence?".
pp. 202-203.
Qu: C:U::-;T.·\ C?\ .. \ \'10.-\ 1
efecto sus vidas. El feminismo de Braidotti ofrece variados ele-
mentos producti\"oS para la tarea de la transformación social.
Butler los ha especificado con acierto. Sin embargo, aquí coin-
cidimos con la filósofa norteamericana en replicar las limitacio-
nes del marco conceptual de la diferencia sexual. Es la proble-
matización del género en su atravesamiento con el deseo y las
sexualidades practicada por Butler con una fuerza y una inteli-
gencia inigualada, por el momento, por ninguna otra teoría de
nuestros días, la que sin duda valoramos como la más potente
acción capaz del logro de una transformación social de alcan-
ce extensivo a la pluralidad de fluidas identidades presentes en
la sociedad contemporánea.
3.3. Haciendo)' deshaciendo el género (intersexualidad y transexualidad)
En una línea que no concuerda con la tesis de Braidotti desle-
gitimadora de las transformaciones orgánicas que confunden
los límites corporales de la diferencia sexual, Butler analiza en
varios ensayos contenidos en Undoing Gender la compleja y
debatida cuestión de la intersexualidad y de la transexualidad.
Desde Butler, y no desde Braidotti, es desde donde la reflexión
serena sobre la problemática implicada en tales asunciones de
identirlad puede motivar un cambio fructífero del concepto de
lo humano y del campo de lo social que sea capaz de hacer
viviblc la vida también de aquellas personas que no tienen
cabida dentro del esquema dicotómico de la diferencia sexual.
Si los sexos -y los géneros- son dos, solo dos, bien distintos,
¿cómo concebir y reconocer una vida humana en el individuo
intersexo?
El género no es un asunto meramente personal y que nos
afecte de manera exclusivamente indi\·idual. Es el marco
social, colectivo y común, el que da sentido y significado a eso
que llamamos identidad de género. Ahí llegamos a ser; obte-
nemos, o no, legibilidad y reconocimiento '1 desde ahí nos
autorreconocemos o nos convertimos en irreconocibles para
nosotros mIsmos.
¡C. ... l'iILLO \'1
En ti lniroducción de ["¡¡!l()ing Go¿de,", <c\cing in COllcen»,
Butler \'lleh-e a subrayar aquello que ya quienes hemos
dedicado empeño en leer y comprender sus textos anteriores.
;\unque el género tenga que \·er con prácticas de imprO\isación
dentro de un mapa de constricciones sociales y culturales, las
personas no hacen su género cada una a solas consigo misma.
Hacer el g¿'nero e, un hacer siempre con otro< y otras. estén o
no presentes, sean reales o imaginarios. Y lo dicho es \·álido para
mujeres y hombres tanto como para transgéneros, transexuales
e intersexo. Porque, dirá Bucler, esos términos con los que lle\·a-
mos a efecto nuestra realización del género están ya ahí fuera en
esa sociedad en la que múltiples personas están implicadas [67].
Los deseos, nuestros deseos, no es en la persona donde se origi-
nan sino que son las normas de género las que los conforman.
De esas depende que seamos o no sujetos \iables. Ese
entorno social que nos constituye es al mismo tiempo, y paradóji-
camcntt, el que abre nuestra posibilidad de acción, entendiendo
yue nuestra acción puede consistir en una reacción crítica que
cuestiona las normas con el fm de la transformación, para que el
contexto y las condiciones sociales sean de tal manera que permi-
tan la existencia -la supenivencia- y el florecimiento de otros
modos de vida, también de aquella ,ida que se concibe a sí misma
como un ejercicio insistente de crítica y de autotransformación.
Para esta tarea de interrogación de las normas de género y
que es un trabajo en fayor de las \idas que las normas hegemó-
nicas com·ierten en irreconocibles e imi\·ibles, Burler dice tener
en cuenta la «Nueva política de género» (<<l'\ew Gender
Politics») que se ha desarrollado en los últimos años y que
combina mo\·imientos intersexo, transgéneros, transexuales
juntu con elementos provenientes del feminismo \. de la teoría
queer [68]. Sin duda, la discriminación que sufren las mujeres
[67] DG, «Acruar conccrtadamentc». pp. 13-14; UG, «Acting in
Concen», p. l. A estas cuestiones me he referido con anterioridad en mi
texto, «Haciendo y deshaciendo el género». Riff RaJf Re;:ista de Pellsamien/I!)'
Cultura, n," 30, 2." época, il1\ierno de 2006, pp, H9-164.
[(;8J D(,', «:\ctuar concenacJamcme», p. 17: [·G, «Aning in Concert", p, +
362 [ Ql·¡': CL'[\,TA (:0.\[0 IX\ \'ID.\ J
debe seguir siendo disputada pero la identidad de género es un
concepto más extenso que no solo se refiere a mujeres y hom-
bres sino también a indiúdllos que viven en un cruce de iden-
tidad: transgéneros, transexuales, intersexo. Estas personas son
objeto de violencia de género. En esta intelección del género
reside -aquí también se comprueba- una clara virtualidad
del pensamiento de Butler.
Una cierta tensión se observa entre el mo\"imiento interse-
xo y el transexual, por una parte, y la teoría queer, por otra, si
entendemos que lo queer se posiciona en contra de toda catego-
na de identidad -lo que tampoco está tan claro ya que fun-
damentalmente lo rechazado por lo queer es la determinación
de la identidad en función de un criterio anatómico esencialis-
ta-. No obstante, se da una más importante unión entre los
tres grupos: se oponen unánimemente a la asignación de una
identidad no querida. También coinciden en su oposición a
la homofobia con independencia de cuál sea la orientación y la
práctica sexual. Cabe pensar, además, que el deseo transexual
no tiene por qué ser un deseo por ajustarse a categorías esta-
bles de identidad; puede ser, y lo es en el caso de algunas per-
sonas transexuales, un deseo por vivir la identidad como una
actividad de transformación.
En el centro de estos movimientos y teonas está el concep-
to de lo humano, mas no como cuestión abstracta sino como
categoría en la que la ",ida y la muerte se forjan. La peculiar,
tremendamente inteligente, mirada de Butler, retiene esta idea
y nos la ofrece hilvanando argumentos persuasivos.
Contra esa versión de lo humano que requiere morfologías
ideales constrictivas de los cuerpos que no admitiendo indeter-
minaciones de sexo prescriben violentas intervenciones quirúr-
gicas, se dirigen los mo\ imientos intersexo afirmando que tales
personas forman parte de un continuo de lo humano y que sus
vidas pueden desarrollarse sin la mediación im·asi\"a de las ins-
tituciones médicas. El modelo normati\"o de la coherencia de
género no reconoce como humanos a esos cuerpos. Esa pres-
cripción social de coherencia de género también patologiza a
las personas que manifiestan deseos de vivir bajo otro género o
lC_\l'il"L'1.0 \-1
que simplemente manifiestan comportamientos asignados al
gh1lTO al que se dice que no pertenecen.
«Disforia de género» es el nomhre de ese presunto trastorno
psicológico que supuestamente padecen. Butlcr, sin embargo,
sin dejar de c:jercer la crítica contra las implicaciones conceptua-
les y las cons<.:cuencias ,itales de tales diagnósticos muestra fina
sensihilidad :lJlle la urgente necesidad para muchas personas de
recibir un diagnóstico de enfermedad mental. Solo hajo ese
rótulo patologizador esos indi,iduos, en las presentes circuns-
tancias legales, pueden llevar a caho su deseo de un cambio
médico y legal de sexo. La autodeterminación solo esposihle
dentro del horizonte de un contexto social que posibilite el ejer-
cicio de la agencia, lo que muestra la complejidad del concepto
de autonomía. Y lo que muestra cómo la capacidad de acción
individual está Íntimamente unida a la critica social.
La meta, claro está, es pensar cómo reorganizar el mundo
para que esos procesos de patologización, de afiladas aristas y
de ambivalentes resultados, no fueran las condiciones requeri-
das socialmente para lograr la satisfacción de los deseos.
La n:larión crítica con las normas del género y la sexuali-
dad tiene un amplio alcance en el pensamiento de Butler. Las
normas otorgan reconocimiento, pero para otras personas,
para las que no se acogen a sus criterios, las normas dictan su
abyección, la ilegitimidad de sus formas de ,ida. ASÍ, Butler se
refiere también aquÍ, en «Acting in Caneen» al hecho de que
la regulación del matrimonio para individuos homosexuales
supone una manera de lucha contra la homofobia pero si este,
el del matrimonio, llega a ser el camino exclusivo para dotar de
valor social a las relaciones sexuales, y a los ,ínculos afectivos,
y para estahlecer los término, de la familia y el parentesco,
entonces, como decíamos, esta ley ampliada del matrimonio
estará desligitimando a los intercambios sexuales y a los afectos
de las personas que ,iven fuera de la unión matrimonial. Para
tales personas las condiciones de ,i,·a quedan muy restringidas.
Las normas actúan en una doble dirección: en una positi,·a,
dando apoyo a un grupo de individuos, y en otra negatiya,
no dando cobijo a otro conjunto de individuos. Esto sei'iala que
l QU: c:n::'\T.·\ ( : O ~ I O lX\ \·llH J
en un sentido ético la universalización tiene un límite, porque
son muchos los modos de 'vida y las dinámicas de! deseo. De ahí
que no sea la propuesta de Butler ofrecer legislaciones para
imponer su autoridad a todas y a cada una de las 'vidas. La cri-
tica a las normas debe atender a los contextos y preguntarse
por la manera en que las normas facilitan las posibilidades de
vida o, por e! contrario, por e! modo en que implican muerte
social v literal.
Dentro de esta preocupación de Butler por el hacer y el des-
hacer del género, el feminismo ocupa un lugar estimable. En su
opinión los mOvimientos intersexo, transexuales y qlleer utilizan
conceptos y categorias feministas. Efectivamente, Butler amplia
la noción de género y la de 'violencia de género, no reduciendo
la discriminación de género a la experimentada por las muje-
res, aunque tampoco la desconsidera. La fobia contra los cuer-
pos es lo que debe ser pensado. Ello une al feminismo con los
movimientos qlleer, intersexo, transgénero y transexuales. Úni-
camente es una versión del feminismo la que afirma en tono
critico que una apropiación de la diferencia sexual es lo que lle-
van a efecto los mO'vimientos transo El género, en Butler, es una
categoria histórica y performativa que trabaja de modos múlti-
ples y temporales. Si se reduce el género a masculinidad y femi-
nidad no se logra comprender la transexualidad y la violencia
que padecen las personas transgenerizadas.
Desear ser hombre no se explica por un rechazo, sin más,
de la feminidad, como tampoco es acertado suponer que todo
cuerpo de mujer posee, como si fuera una propiedad innata de
su cuerpo, la feminidad. En_ función de esta última idea se ha
cuestionado el paso de hombre a mujer por ser conceptualiza-
do como una indebida usurpación de una feminidad pertene-
ciente por derecho natural y en exclusiva a los cuerpos de
mujer. En la obra de Butler el género se comprende como una
vía cultural de configuración elel cuerpo ahierta siempre a un
proceso de hacer y rehacer. También anatomía y sexo son ele-
mentos significados dentro de un campo cultural, y esto lo ha
hecho evidente asimismo el discurso intersexo. Atribuir femini-
dad a un determinado cuerpo y masculinidad a otro es un
¡ C.\I'I ITI.O \"1
mecanismo normativo usado por la cultura para producir el
gé:llero de acuerdo con un reducido y esquema
binario. Sin duda, e! esperma y el óvulo son necesarios para la
reproducción y en tal sentido forman parte de lo humano pero
de ahí no se sigue, especifica Butler, que esa diferencia sea más
fundamental que otras diferencias sociales como las económi-
cas o raciales.
La im'csLÍgación sobre las nuevas tecnologías reproductivas
ha sido objeto de análisis del feminismo y del pensamiento
sobre el género y sobre el concepto de lo humano en general.
Sectores feministas, como sabemos, consideran que esas tecno-
logias son negativas en tanto las interpretan como instrumen-
tos patriarcales para eliminar el cuerpo materno y, por tanto,
la diferencia sexual. Sin embargo, ese feminismo no debería
desatender cómo a muchas mujeres las tecnologías las han
dotado de una mayor autonomía. Además, ese tipo de feminis-
mo que considera primaria la diferencia sexual naturaliza la
reproducción heterosexual. Los mO\,imientos intersexo y trans
que aplauden las tecnologías, y también los movimientos anti-
homofóbicos, disienten de los puntos de \·ista dd feminismo de
la diferencia sexual. Desde otro ángulo, cabe advertir que las
feministas defensoras de las tecnologías no pueden oh·idar
reflexionar sobre factores problemáticos como la posibilidad
de elección del sexo y de la raza. En definiti\'a, la cuestión es
que la tecnología es un lugar de poder mediante el cual lo
humano se produce una y otra vez.
De ahí que lo importante sea no dejar de pensar en las
implicaciones para lo humano y para la \ida de esas suposicio-
nes sobre el dimorfismo sexual y corporal y del uso de las tec-
Buder resalta en este sentido cómo mientras para un
grupo de personas transexuales la tecnología aplicada a la pro-
ducción de cambios corporales es básica para lograr su sentido
de! yo, el feminismo de la diferencia sexual considera en peligro
lo humano a causa de unas tecnologías que pueden lograr
reducir lo humano a un producto tecnológico.
El concepto de \ ida, de modo similar, también es divergen-
te en los distintos discursos. El feminismo que lucha en contra
de la interrupción del embarazo ha tomado el término \ida en
favor de todo embrión. Mas esta perspectiva está limitando las
posibilidades de vida, la libertad y la autonomía, de muchas
mujeres, porque libenad y autonomía requieren, para ser efec-
tivas, del apoyo social y legal. Los términos vida y humano, por
lo demás, no son equivalentes desde que la vida, el rango de los
seres que viven, excede la vida humana. Así, el concepto «\ida»
pone en relación lo humano con lo no humano y la vida huma-
na no puede dejar de estar implicada con aquella \.ida que está
fuera de lo humano. La imagen del cyborg a la que se refiere
Butler en este punto [69] pone el acento en la dependencia de
lo humano, de la vida humana, respecto de la tecnologia.
Ante esta indagación problematizadora del concepto de lo
humano que nos ofrece, Butler hace explícito que con ella no
pretende en absoluto un retorno al humanismo. A lo largo del
desarrollo de su pensamiento, en sus diversas obras, nos ha ido
mostrando reiteradamente cómo su posicionamiento postes-
tructuralista le conduce a una crítica de las tesis humanistas,
por esencialistas, ahistóricas y autoritarias, y a una defensa de
la capacidad de acción individual -aunque no entendida
como absolutamente libre, autónoma e independiente del
mapa de poder social- que está siempre implicada en una
tarea de revisión transformadora de las normas sociales y cul-
turales en cuyo contexto emerge, como producto, el sujeto
humano, y que son las que a la vez que abren unas posibilida-
des de vida están realizando un ejercicio de exclusión y de
rechazo de otros modos de vida.
Los ejercicios de poder que efectuamos en nombre de la
categoría de lo humano es lo que debe ser examinado y desde
una perspectiva que entiende lo humano como una categoría
histórica que se crea y que se consolida en el tiempo y que pri-
\.ilegia a un grupo en detrimento de los otros; pero que también
entiende que la categoría no es exhausti\'a, que no atrapa defi-
[69] DG, «Actuar concrrtadamcntc», p. 29; UG, «Acting in Coneert»,
p, 13.
I C,\I'II'CI.U \'1
nitiyamentc lo humano y que, por ello mismo, puede ser con-
testada desele, precisamente. aquella yicla que ha sido margina-
da por la categoría, y sus dinámicas de poder, pero que es capaz
de hablar en su nombre para dar a nue\·2.S y futuras rear-
ticulaciones de lo humano.
La exclamación de Franrz Fanon «un negro no es un hom-
hre» [701 ejemplifica para Buder, por un laelo. el hecho de que'
el concepto de lo humano ha pri\'ile2iado a la masculinidad
blanca -yen este sentido e! negro ha sido feminizado y deshu-
manizado-, ); por otro lado, que el excluido no está por com-
pleto aniquilado y que con su afirmación es capaz de abrir la
categoría en una dirección diferente. y aquí Butler nos remite
a cómo lo humano debe ser rearticulado para dar cabida a pai-
sajes sociales y psíquicos modificados como esos que dibujan las
nue\'as relaciones de parentesco, la5' uniones matrimoniales
entre homosexuales, las tecnologías rcproducü\'as y de cambio
de sexo.
Vidas infantiles nacen bajo condiciones afecti\·as. psicológi-
cas y sociales nue\·as. l\luchos psicoanalistas asumen que es
imprescindible para el desarrollo psíquico del individuo e!
nacer y vivir en el seno de la diferencia sexual. la de una pare-
ja heterosexual progenitora. Con ello se está considerando
amenazante para la infancia y para la cultura a las parejas no
reproductoras, homosexuales o heterosexuales, las uniones
afecti\'as no sujetas al matrimonio. tecnologías reproducti-
vas. Sin embargo, este es solo un uso del psicoanálisis y uno
desde luego no muy producti\·o. Butler subraya -porque en
efecto no hay por qué malllencr fUa la idea de que solo hay una
estructura psíquica habitable, \i\'ible, posible- que de lo que
se trata es de reconceptualizar lo humano para que aloje a nue-
\'as topografias psíquicas que pudieran deri\'arse de las nuevas
relaciones de afectos y sus condiciones sociales así como de! uso
de las tecnologías.
(70J DG, "Anuar eoneertadamClllt», p, ['G, «:\cting in Coneen». p,
13. Buder remirc a la obra de Frantz Fanon. Blnrk Ski". r Iflilc .\Jas/:s, !\c\\
York. GrOl'c, 1%7,
l QLl. CL"!:\"!.\ C\" .. \ \'IlH 1
El psicoanálisis, por otro lado -y la obra de Butler ha
seguido insistentemente este rastro-, también sirve para com-
prender el fallo de la sexualidad a la hora de adaptarse a las
normas establecidas que pretenden regularla en esquemas rígi-
dos. La sexualidad no queda completamente controlada por las
normas; se desplaza, gira y es capaz de oponerse a las normas,
pero tampoco esto significa que sea natural, salvaje y libre por-
que actúa, incluso en su actuar subversivo, a partir de un
campo de constricciones. y, sobre todo, el psicoanálisis es útil
para incidir en que una parte de nosotros mismos y de nuestra
relación con los demás nos es desconocida y que este descono-
cimiento -el ser otro para mí mismo- funciona como condi-
ción de nuestra existencia. En nuestra constitución trabajan
unas normas que no imponemos nosotros. Esos afectos y deseos
que consideramos como absolutamente propios están conduci-
dos a ese lugar por esas normas que, nacidas de la sociabilidad,
nos preceden y sobrepasan y que nos envuelv'en en una densa
red de afirmaciones ontológicas y de dilemas epistemológicos.
De una fuente que no nos pertenece completamente proce-
de el género que somos y la sexualidad que practicamos y que
no tienen por qué adecuarse coherentemente el uno a la otra.
De ahí que Butler plantee que el género deshace a ese yo que se
supone que es el que sostiene al género [71]. y esta operación
de deshacer forma parte del significado del yo que no es algo
ontológicamente dado, ftio y cerrado. La sexualidad tampoco
nos pertenece con el valor del atributo incuestionable. Es la
sexualidad, aun cuando la viva como mía, un significado que al
surgir y al ser animado desde otro ámbito dirige al yo hacia su
[71J DC, «Actuar concenadamente», pp. 33-3-!; CC, «Acting in
Coneen», p. 16: «¿O resulta que el "yo» que debería soportar su género se
deshace al estar siendo un género, que el género siempre proúenc de una
fuente que está en otra parte y que está dirigida hacia algo que está más allá
de mí. constilUid0 en una socialidad cuya autoría no es totalmente mía? Si
éste es el caso, entonces el género deshace el «yo» que se supone que es o qUl'
lle\'a el género. veste deshacer es parte del mismo sigúificado y de la com-
premibilidad de este "yo"».
I C.Il'llll.lJ \')
despnsesiól1. ;\.fj mi sexualidad, mis afirmaciones me
remiten hacia un otro, unos otros anteriores a mí mismo que
quiebran la idea de que el yo, mi yo, me pertenece a mí, prO\-ie-
ne de mí. Pero esto, exclama Butler, no anuncia la imposibili-
dad de realizar una afirmación de carácter político sino que
subraya que tales afirmaciones tienen una extensión mayor que
la rcIati"a a la persona singular que la formula.
Teniendo ante la vista este objetivo central del pensamien-
to de Burler, la reflexión crítica sobre la categoría de lo huma-
no -en la que género, deseo, sexualidad, cuerpo, integran
aspectos fundamentales- y el análisis de los de
poder, dramáticos en ocasiones, que en su nombre se efectúan:
y teniendo en cuenta además su concepción histórica y perfor-
mati,'a de las categorías con las que producimos y organiza-
mos vidas reconocibles e inteligibles al tiempo que llevamos a
otras vidas hacia el límite de lo que ya no es una vida vivible,
no perdiendo la referencia de tales consideraciones, estaremos
en mejores condiciones para comprender que es al conjunto
de los individuos, a todas y a todos -a las normas que nos
configuran en una vulnerabilidad constitutiva hacia el contexto
afectivo, social, cultural de nuestra emergencia como sujetos-
, a quienes interrogan esas historias de ,,-ida concretas de per-
sonas intersexo y transexuales o transgéneros. Sus problemas
son nuestros problemas y porque son nuestros problemas son
sus problemas.
«Doing Justice to Someone: Sex Reassignment and
.Allegories of Transsexuality» [72] es un ensayo de Undoing
Gcnder que indaga en lo que Foucaulr llamara políticas de verdad,
en las leyes que gobiernan nuestra intrligibilidact y que delimi-
tan de antemano los caminos que orde'nan el mundo y que le
dan leg'itimidad en tanto lo consideramos como lo real. Estos
[72] DC, «Hacerle justicia a alguien: la reasignación de sexo y las alegori-
as de la transexualidad», pp, 89-112; r..;e, «Doing Justice lO Someone: Sex
Reassignment and AlIegories of TranssexualilY», pp. 57-74. Este ensayo se
publicó en una \'ersión antrrior en eLO; A ]ournal oJ Ca)' and úsbian Stl/dies,
\'01. 7,11." 4,2001.
l CL'E1\T.\ cmlo t.:1\A "ID,\ 1
regímenes de verdad delinean aquello que puedo llegar a ser de
acuerdo con unos significados dados con anterioridad sobre lo
que cuenta y no cuenta como humano.
Dentro de esta lógica algunas personas se enfrentan con la
problemática cuestión de que empiezan a llegar a ser aquello
para lo que no hay espacio en el interior de un determinado cri-
terio de verdad. Estas personas muestran la urgencia de la pre-
gunta por la articulación entre las normas de inteligibilidad y el
concepto de lo humano. Y esto, qué normas deciden lo que reco-
nocemos como humano, es, para Butler, una cuestión que tiene
que ver con la justicia. La coherencia de género es una de estas
normas, y tanto por sostener lo estimado socialmente como
humano cuanto porque en el aspecto íntimo y psicológico es
cauce para el reconocimiento, o no reconocimiento, de nosotros
mismos, de nuestros sentimientos y deseos, de nuestrO cuerpo y
de nuestro género. El no reconocimiento de nuestro género es,
así, un no reconocimiento de nosotros mismos como personas.
Butler aúna aquí la fuerza de sus argumentos teóricos con el aná-
lisis de la eJo.."periencia de \ida de una persona concreta [73].
A Brenda/David Reimer le fue asignado al nacer el sexo
masculino. Aconteció que a los ocho meses de edad como resul-
tado de una, en principio, sencilla operación (una circuncisión)
sus genitales resultaron dañados en exceso. Tras un año de des-
[73] Butler anota el listado de documentos que le sirven de base para su
análisis: un artículo escrito por el endocrinólogo :\Iilton Diamond 'i por Keith
Sigmundsen, «Se X Reassignment at Binh: A Long-Term Re,iew and Clinieal
Implications», en Archives oJ Pediatrics and Adolescent Jledicille, n."' 151, :\larch
1997, pp. 298-30+; el libro de John Colapinto, As }¡"ature .Hade Him: The Boy
H"!1O Hás Raised lIS a Cid, 1\"C\\' York, Harper-Collins, 2000, y su texto «The
[rue Sto!)' of John/Joan», RoLling StOI/e, December 11, 1999; diversas publi-
caciones de John Mone)', como el libro escrito con Richard Grcen,
Tramsexualism and .)eX Reassig'lmenl. Baltimore,Johns HopkillS Uni\'ersity Prcss,
1969; y los comentarios criticos de Suzanne Kesslcr, Lessol/Jjimn [he lll/mexed.
New Brunswick, 01. J., Rutgers Univcrsity Press, 2000, y de Anne Fausto-
Sterling, Sexing /he Body: Cender Poli/ics and /he Construction oJ op. cit. En
el contexto español el caso Brenda/David [ue dado a conocer públicamente
la prensa con oClsión de la muerte de Da\id Rcimer en mayo de 2004 y a
la edad de 38 años.
[ C.\l'iTU.O \" j

concierto de los padres, y a consecuencia de un programa de
tcleúsión en el que el doctor John }'Joney defendía que un nii10
podía ser socializado y \ iúr sin problemas en un género dife-
rente al asignado al nacer, esras decidieron explicar al médico
el caso de David. Aceptaron el consejo de que David fuera
adaptado a ser una chica en el Gender ldenti?;' Institule (Instituto de
la Id{'//Iidad de Gé71l'rn) de ;vloney. a t r m ' é ~ de la cirugía, tratamien-
to médico y sobre todo mediante instrucción psicológica y
social. David fue desde entonces llamado Brenda. Entre los
ocho y nueve años de edad, Brenda mostró deseos de adquirir
juguetes tales como armas bélicas. Poco más tarde, entre los
nueve y once ailos, empezó a rechazar autocomprenderse
como chica.
Un episodio singular sucedió en aquel tiempo. Brenda se
comportaba al orinar como si tuviera pene. Compañeras del
colegio que le vieron en tal actitud reaccionaron violentamen-
te, afirmando que le matarían si persistía en su conducta. Butler
en su texto «La cuestión de la transformación social», donde
alude a esta misma escena, nos interrogaba significativamente:
«Debemos preguntarnos acerca de esta amenaza de violencia.
¿De dónde proviene? ¿Qué es tan «terrible» para las niñas que
al ver este acto les inspira amenazar con \-iolencia y muerte? ¿Y
cuál es su objetivo? ¿Y cómo se podría transformar?» [7+].
Butler es potente en sus preguntas. Sus preguntas inciden en e!
núcleo del problema. Brenda intenta asumir su nue\'o género
que le imponfn las normas y que no termina nunca de cumplir.
Claro, se podrá decir, el desplazamiento obligado y \'iolento de!
género masculino al femenino no es lo esperable, no es lo que
las normas habitualmcnte prcscriben y de ahí la dificultad de
esa \-ida concreta. En un caso como este se hace clara la violen-
cia de las normas.
Pero las interrogaciones de Butler no tienen, aquí, en su
texto «La cuestión de la transformación social». al Lomporta-
[74) CTS, p. 19. Este pa'ajc citado no se incluye en la versión inglesa de
[
O',
v.
'-2
miento del niño-niña ,David/Brenda) como objeto directo sino
al de las niñas-niñas. Ellas muestran inequívocas actitudes de
violencia hacia el otr%tra diferente y, sin embargo, ellas no se
ven sumergidas en un proceso de modificación de género.
Entonces, serán la propias normas de género, que desde el prin-
cipio se afanan en prescribirles la categoría de lo femenino, las
que activan su amenaza. Lo «terrible» para ellas es el enfrentar
de modo contundente la arbitrariedad, inestabilidad e inefica-
cia de las normas que Brenda visibiliza. Brenda les acerca la
idea de que ellas están comprometidas, por imperativo de las
normas, a la realización de un ideal imposible. El vértigo, el
desconcierto, el miedo que esta comprobación les supone inten-
tan contrarrestarlo con la eliminación de esa vida extrañamen-
te calificable. Buscan con el acto violento no saber, ocultar su
propia fragilidad esencial en la vana esperanza de que el acata-
miento de la norma es posible y de que llevarlo a efecto les
dotará de una vida segura; y en la rígida creencia de que el
incumplimiento de las normas equivale a una condena de
muerte.
La violencia muestra la pretensión de restaurar el fingido
orden de la norma que clice que hay modos inteligibles y modos
no inteligibles, no humanos, de ser, y muestra al mismo tiempo
la decisión de rechazar la posibilidad de pensar el mundo y
lo humano de otro modo, de un modo no sujeto a la idea de lo
necesario, natural e inconmovible. En lugar de no reconocer
nuestra ignorancia afirmando que ya nos conocemos y que
conocemos al otr%tra, deberíamos aceptar nuestro no saber,
nuestro desconocimiento de lo que define lo humano y de su
devenir futuro; esto abriría el espacio para la respuesta no \io-
lenta capaz de iniciar el camino de la transformación. Aceptar
el reto que Butler nos propone es fundamental porque la vio-
lencia de las normas de género nos afecta a todas las personas,
como \1ctimas y como verdugos. Butler nos pregunta:
¿ Q l i ' ~ ' podría significar aprender a vivir en la ansiedad de ese
desafio, sentir que desaparece la segurídad del propio anclaje
epistemológico y ontológico, pero querer que lo humano se
r c:.\PITCI.O \" J
" )
com'it'rt<1 en algo mús de lo gUl' tradicionalmente s<: ha asumi-
do que dcb<: ser:' Esto significa que debemos aprender él V"i"ir,
y aceptar, la d<:strucción y rearticulación de lo humano en
nombre dl' un mundo más abierto y, en último término, menos
"iolento, a no saber de antemano qUt forma precisa toma y
tomar,í nuestra humanidad, a estar a sus permutacio-
nes en nombre de la no-,'iolencia [75J.
El equipo psiquiátrico que superYisaba a Brcnda-y vol-
vemos de nuevo al ensayo «Doing Justice to Someone: Sex
Reassignment and Allegories of Transsexuality»-, ante los
deseos de Brenda por la autocomprensión masculina, le pro-
puso la ingesta de estrógenos para intensificar su feminidad,
Ella rechazó el tratamiento así como se opuso a la solución
que 1\10ne)' le ofrecía de construirle una \'agina con la que
según el doctor podría incluso hasta llegar a engendrar, Las
técnicas de Money incluían también la puesta en escena de
simulacros de actividades coitales que Brenda y su hermano
gemelo eran impelidos a representar.
Para. complicar más la situación, los psiquiaLras del hospital
de la localidad donde Brenda vivía intervinieron opinando que
había sido un error reasignarle a David el sexo femenino.
Brenda (lc<::ptó modificar su sexo y comenzó a los 14 años a
\ivir como un chico, bajo el nombre de Da\id. El falo que se le
construyó entonces solo le acercaba algunas de sus funciones
habituales y le ocasionó la inmersión en la ambivalencia de las
normas de género,
La polémica Se difi.ll1dió en los medios de comunica-
ción [76]. Money aseveraba que el trabajo hecho con Brcnda
[75] CTS, p. 20. Tampoco t"Sll' fra¡:[mrnlo se inclu\"(' el1 la inglesa
de CG.
[76] El lexro de Butler da cuellla con detalle del carácter ele esta polémica
y de su desarrollo. Alli Icemos, por ejemplo, que !\atalie Angier informó en el
,"'eu'lor/; Times: I + de marzo de 1997) de la historia de David como una narra-
ción que refutaba la tcoria de También leemos que !\1ilton Diamond
defendió que la masculinidad reside en la presencia del cromosoma Y, a la \'cz
quc también dcfl'lldió que como la mayuría de los intersexo presentan tal cru-
[QCÉ cmlo \'11)"\ 1
había sido un éxito, de acuerdo con su tesis favorable al cons-
truccionismo social. Y que ahí se mostraba la maleabilidad del
género, de lo femenino y de lo masculino, así como el valor
primario de la socialización en la producción de la identidad
de género. Críticos de las tesis de Money, comoJohn Colapinto
, Diamond, aprovecharon la transformación de
Brenda en David para insistir en la idea de que el género es
una necesaria verdad interior que reside los genitales, en la
anatomía y en lo biológico, y que ningún proceso de socializa-
ción puede alterar. De este modo, la vida, el sufrimiento de
una persona, se convirtió en un expediente para la formula-
ción de tesis y contratesis sobre la identidad de género, lo que
no dejó tampoco de revertir en la emisión de juicios sobre el
feminismo, particularmente por parte de los críticos a las pro-
puestas de Money quienes, como Colapinto, aprovecharon
mosoma deberian ser asignados al sexo varón y no al de mujer como suele ser
lo habitual sobre la base de que construir una vagina es más sencillo que cons-
truir un falo. Contra esta tesis se manifestó Cheryl Chase, fundadora y directo-
ra de la Sociedad Intersexo de Norteamérica. Anne Fausto-Sterling mantiene
que el género es un tipo de identidad compleja cuya relación con la anatomía
no es en absoluto sencilla. En consonancia con ella, Chase considera que aun-
que a los individuos se les ha de un sexo con e! fin de que se integren
en la sociedad, esto no justifica que se les deba someter a procesos violentos
para ajustar sus cuerpos a la imagen social de! género 'i para con ello fortalecer
la idea de que el género se asienta en la anatomía. Se trata de que cuando estos
indi\iduos intersexo maduren puedan elegir su sexo y su género y puedan deci-
dir si se someten o no a tratamientos. Lo cuestionable es esa mutilación de los
cuerpos que muy a menudo padecen los intersexo, incluso sin conocimiento de
sus padres, y que se defiencle con el paradójico argumento de que así alcanzan
un «aspecto normal» [DG, "Hacerle justicia a alguien: la reasignación de sexo
y las alegorias de la transexualidad», p. 97; [JG, «DoingJustice to Someone: Sex
Reassignrnent and Allegories of Transsexuality», p. 63. Butler cita e! texto de
Che!)'l Chase, «Hermaphrodites with Artitude: :'Iapping the Emergcnce of
Intersex Political Activism». GLO; A ]oumal 'Ir G,!), ami úsbian SllldieJ, vol. ·t,
n." 2, Spring 1998, pp. 189-211. Este texto se ha traducido al castellano, véase
«Hermafroditas con actitud: cartografiando la emergencia de! acti"ismo políti-
co intersexual», en Grupo de Trabajo Queer led.), El de del mal es heterosexual.
Fi¡;lIraciones. moámienlos)' /mirticas feministas ,!/leer, Madrid. Traficantes de sueños,
2005, pp. 87-108.
[' C.\pi¡ u.o \' I
para de'cir que la afirm:lción de que el comportamiento feme-
nino y masculino puede ser alterado había dado apoyo de un
modo indebido a las demandas de liberación de las mujeres. El
mO\·imiento intersexo por su parte pone ante la \ista a tra\"és
del caso David/Brenda la brutalidad de las tecnologías no que-
ridas libremente.
Sobre' todo este debate, el análisis de Butler resalta cómo
en su transcurso se hace presente el problema que implican las
tecnologías en el contexto de la intersexualidad y de la transe-
xualidad. Aunque David/Brenda ni es intersexo ni transexual,
es el lugar donde convergen las discusiones sobre la aplicación
de las tecnologías al sexo. Aquello que está en el centro de la
cuestión eS el concf'ptO de lo humano; la pregunta sobre qué
cuerpo es concebible como humano y qué cuerpo no lo es. El
trabajo es para Butler el pensar un mundo en el que esas per-
sonas de caraCLeres sexuales mixtOs pudieran ser reconocidas,
y reconocerse a sí mismas, sin necesidad de tener que ajustar
sus cuerpos, deseos y comportamientos a las normas de cohe-
rencia de género, a esa versión social imperame del género que
habla de que el dimorfismo de género es requisito pre\"Ío para
el desarrollo de lo humano.
Incli\.iduos existen que \i\'en en el intcrsticio de los géneros
mostrando que el binarismo de género es arbitrario y no necesa-
rio, que no es el úruco modo de ser y de \-ida posible. Además,
también desde ciertas tendencias del mO\-imiento transexual se
pone' el acento en la critica al dimorfismo de género al definirse el
género como ejercicio mismo de transformación, cumo un proce-
so que no culmina, que no está dentro de un campo binario.
Enfocando con más detalle la historia de \'ida de
David/Brenda, Butler encuentra ahí significativos elememos
para una reflexión sobre la transexualidad. Cuando Brenda
quiere ser chico no podemos afirmar que ello se deba a la fuer-
za del cromosoma \ ~ Más bien Brenda/Da,-id se mue\'e en el
contexto de la transformación transexual al ingerir hormonas y
al someterse a la producción de un falo.
Desde la perspectiva médica se da la paradoja de que los
endocrinos aplauden esta transformación, que requiere de la
tccnologia, en nombre de la naturaleza dicen, David
ha nacido hombre); con ello esa reivindicada naturaleza es tal
que se haya necesitada de la tecnología, rsto es, de lo no natu-
ral. Mientras que Money. de modo inverso pero igualmente
paradójico, prescribe la transformación de David en Brenda en
nombre de la normalización. La supuesta maleabilidad del
género es violentamente impuesta. Para Butler ocurre, y esto es
lo más interesante, que la historia de David no proporciona evi-
dencias ni en un sentido ni en otro, ni en el del esencialismo de
género ni en el del construccionismo social [77]. Hay que leer-
la de otro modo. Leída desde la teoría del género de Butler, los
resultados son bie-n diftrentrs y mucho más productivos. Se
trata de poner en claro el marco disciplinario que motiva el
autoendendimiento de Brenda/David y el conjunto de las afir-
maciones que atraviesan todo este complejo proceso.
Es el horizonte normativo el que proporciona el criterio
de inteligibilidad por el que David se autointerpreta y por el
que desde los diversos discursos su humanidad es cuestiona-
da o, por el contrario, aceptada. Esa supuesta verdad del
género de David se inserta en un contexto en el que
Brenda/David es supervisado desde su infancia por un equi-
po médico y psiquiátrico que le instruía en los comporta-
mientos de género y en las actividades sexuales. Todo un dis-
positivo de conocimiento se pone en funcionamiento. y, sin
embargo, parece no tenerse en cuenta a la hora de calibrar
las respuestas de David a las preguntas que indagan sobre sus
sentimientos verdaderos de género. Un ideal normativo se
impuso a Brenda/David, a su sexo, a sus sentimientos, a su
[77] En DG, «Hacerle justicia a alguien: la reasignación de sexo y las ale-
.!Sorias de la transexualidad», p. 10 1; CG, «Doin.!S Justicc to Someone: Sex
Reassignment and A.llc.!S0ries of p. 66. Butlcr afirma a este
respecto: «Hay maneras de defender la construcción social que no tienen
ninguna relación con el proyecto de :\Ioney, pero éste no es ahora mi objeti-
vo. y sin duda hay formas de recurrir a los determinantes genéticos que no
conducen al mismo tipo de conclusiones inter .. encionistas a las que llegan
Diamond y Sigmundsen. Pero éste tampoco es precisamente el terna que
quiero tratar».
r C\l'iTI"!.() \"1
cuerpo. Así la pregunta sobre si esa persona es o no !'uiicien-
lcml'lltt' femenina se c:ncuadra dentro de ese modelo regula-
tiyo que se esfuerza, repetiti\·amentc. por obtener, a toda
costa. el cumplimiento de la norma y por institucionalizar el
poder de realización de la norma.
En las revisiones del caso que se han efectuado en los últi-
m o ~ ailus. se ha prestado atención a la propia narración de
Da\·id. como si ella re\'Clara la autenticidad de su género. Butler
afirma querer hacerjusticia a Da\id. Y en esta dirección conside-
ra crucial analizar con cuidado, con sumo cuidado, las palabras
con las que Da\id se describe a sí mismo y las palabras con las
que Da\id es presentado -en este y en otros textos, y aquellas
c¡ue fueron las grabadas y las publicadas-; porque las pala-
bras, y las palabras que son las elegidas y las subrayadas, acer-
can solo una parte de la persona; son fragmentos de una perso-
na. Hacer justicia a David es tener en cuenta las palabras con las
que se autocomprende; son palabras que él formula. Pero tam-
bién hay que retener que son palabras que ya están ahí, en un
contexto lingüístico normativo, antes de que él las utilice, si
bien el camino de su habla no tiene por qué ser el camino exac-
to de un habla anterior.
Comenta Da\id en una entre\ista [78] que desde muy
pronto sintió ser diferente incluso de lo que él suponía ser. De
acuerdo con Buder, ahí se manifiesta que Da\id conoce las nor-
mas de género, y en particular la norma femenina, y que con-
sidera que ha fracasado en su cumplimiento. Las normas son
externas y en función de ellas se crean unas expectati\'as que
ejercen presión sobre David. Además, están los sentimientos
que recorren a David y que él considera divergentes con las
normas prescritas para el género femenino. Su sentir no es
entonces completamente atrapado por las normas pero ese su
sentirse un ser extraii.o no deja de estar vinculado, e inducido,
por el conjunto de significados que las normas le transmiten y
[78J DG. «Hacerle justicia a alguien: la reasignación de sexo y las alegorí-
as de la transexualidad», p. 104: CC;, «Doing Justice ro SOOleone: Sex
Reassignll1cnt and Allegorics of Transscxualir\'». p. 69.
[QL'I: CU:\"T.-I cmlo LI\.\ \·IIl .. \ 1
que le abren la posibilidad incluso de verse a sí mismo, en este
caso, como un individuo aberrante, como un individuo contra
el que las normas trabajan pero que es producido por esta ope-
ración de las normas. Cuando Brenda/David, por ejemplo,
dice no gustarle tal tipo de ropas (las supuestamente femeninas),
o preferir juguetes diferentes a los que le proporcionan, y cuan-
do a partir de ello concluye que su género no es el femenino, sin
duda está juzgándose a sí misma/ o dentro de un marco norma-
tivo que une un modo de vestir y unos ciertos juguetes a un
género específico.
Solo dentro de un contexto normativo determinado las
ropas y los juguetes pueden funcionar como e"idencias de per-
tenencia a un género concreto. De lo contrario, las preferencias
de esa clase expresadas por una persona indican nada más que
cuestiones relativas aljuego y al atuendo. Si para David, y para
los expertos que lo "igilan, esos son elementos significativos es
porque sobre él se ha instalado una fuerte presión normativa
provocadora de una gran ansiedad de género.
El análisis de Butler acentúa de este modo que la cuestión
no es que haya un género verdadero que se debe descubrir -o
que se ha de sentir-- sino que lo que se ha de destacar es el
marco normativo y el trabajo de ese marco en el proceso de la
identidad de género. La persona que busca modificar quinírgi-
camente su género experimenta la necesidad de recurrir a posi-
ciones esencialistas de género porque de otro modo no es fácil
convencer a los especialistas para que la operen. Comenta en
este sentido Butler, cómo en San Francisco existen personas
que enseñan narrativas escncialistas de género a quienes dese-
an transformar médicamente su género.
De importante interés es que en el caso de David se obser-
va no solo la imposición de las normas sino un cuestionamien-
to de las normas de género. Él elige tener un falo pero él no
admite que su ser persona se reduzca a esa parte del cuerpo que
ha adquirido. Piensa sobre sí mismo algo más que lo que pien-