ESCRITURAS

Narrativa Albert Lladó debuta con una obra con tonos mágicos

La ciudad como maestra
Albert Lladó La puerta
A FORTIORI EDITORIAL 171 PÁGINAS 12 EUROS

El joven de provincias que desembarca en la capital para abrirse camino como escritor, voilà un topos literario recurrente, se llame Balzac poniendo pie en París, mossèn Cinto bajando de Vic a los Jocs Florals, o Umbral asomando en el café Gijón. El álter ego de Albert Lladó en La puerta llega a la Barcelona posolímpica desde Pineda de Mar. Viene en teoría a cursar filosofía, pero enseguida se le hace evidente que el río heraclitano o el eterno retorno nietzscheano, son más palpables en la calle, o en un cuerpo de mujer, que en las frígidas aulas de la facultad. La ciudad de Barcelona (el barrio del Raval) será pues el espacio de iniciación; Blanca (una estudiante de dibujo), la Beatriz de esa ruta; el poeta ácrata Jesús Lizcano, el Sócrates de turno; el compañero de clase Arnau, a la vez doppelgänger y contrapunto dialéctico; y el propio Albert, con su curiosidad innata y sus vaivenes anímicos, su mejor mentor, un autodidacta que,

CARLES BARBA

tras una serie de tanteos, simplemente se deja vivir, aprende a someter las ideas a los flujos, y hace de la ciudad su banco de pruebas, un paisaje lleno de indicios y signos que, a poco que se sondeen, aportan experiencias de revelación, y una causalidad más profunda que la mera racionalidad. Dos rasgos singularizan esta autoficción: las fotos en blanco y negro de los lugares por los que transita la acción –bares modernistas, puertas y escalinatas, farolas, rótulos de calles…–, y una prosa telegráfica, en una primera persona directa, y una presentación en forma de apuntes, de fogonazos cercanos a veces a la escritura automática. Azúa arguye en su reciente Autobiografía de papel que la novela lírica ha sido uno de los últimos desarrollos de un género exhausto. La de Lladó tiene algo de eso, un atractivo aire entre Breton y Boris Vian, y un par de personajes –Albert y Blanca– que en su singladura por el amor y el sexo, parecen salidos de la nouvelle vague. La narración se desenvuelve por cierto en tres planos que son otras tantas escalas del aprendizaje del protagonista: sus primeros años en la ciudad, el de un novicio; su segundo, simétrico en capítulos, pero ya el de un joven más ducho; y un tercer plano, que es el de la redacción a posteriori del relato, la irrupción del escritor, y la comprensión de que la llave de tantas puertas “la tenemos nosotros”. Entre tantas guías y novelas sobre la ciudad de Barcelona, el librito de Lladó es una buena brújula para navegarla: acota espacios propicios (los jardines de la Santa Creu, el patio del Ateneu, el estanque de la Ciutadella); sale al encuentro de sus secretos (los emblemas masónicos, por ejemplo); y la redefine como una geografía inagotablemente metafórica, pletórica de huellas y presagios. |

Glosario Diccionario ameno de pseudónimos de escritores y artistas

Lista del artista invisible
Albert Manent y Josep Poca Diccionari de pseudònims
PAGÈS EDITORS 595 PÁGINAS 26 EUROS

Cultura|s La Vanguardia

Miércoles, 5 junio 2013

PERE GUIXÀ

La confusión de identidades que hay en la red es un asunto muy antiguo. Escritores de periódicos, revistas y libros siempre han usado el seudónimo para camuflarse o ampliar la identidad. He aquí un diccionario que señala todos los pseudónimos usados en Catalunya, sobre todo en el último siglo. Se ocupa de escritores, sí, pero también de dibujantes, músicos, pintores, escultores, DJ y otros artistas. Siempre se ha dicho que Carner era insaciable en el uso de pseudónimos. Este diccionario lo confirma, y por el momento fija su marca en 54, y subiendo. En su caso, el uso del pseudónimo respondía a dificultar las cosas a la autoridad, a una identidad que se le hacía pequeña y, por encima de todo, a un espíritu juguetón. Son éstas las tres razones habituales del uso de un pseudónimo. Carner era capaz de usar como pseudónimo el nombre de otro escritor, que a su vez había usado de pseudónimo el nombre de un amigo de Carner.

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El historiador y escritor Albert Manent fotografiado durante la entrega del 43.º premio de Honor de las Letras Catalanas
MANÉ ESPINOSA

Albert Lladó junto a unos escritos masónicos en los jardines del antiguo hospital de la Santa Creu

MANÉ ESPINOSA

Carner fue imbatible en pseudónimos graciosos, hasta que Jesús Moncada empezó a usarlos para las traducciones de libros eróticos (Cornelius Pi, Fídies Pamboli, Metodio Cefalònia). Los 34 pseudónimos de Manuel Vázquez Montalbán también obedecen a un autor que escribía jugándose el tipo, a la vocación de grafómano y a un sentido del humor soterrado (Jack el