La Universidad Libre para Cristo Historia y singularidades cristianas Historia y profecía

MUERTE EN LA CIUDAD
Crónica de la caída de Jerusalén y el fin del sistema judío en el año 70 d.C.
Armando H. Toledo

I.

ANTECDENTES A. Jesucristo avisó con antelación de que el sistema religioso judío, centrado en el Templo de Jerusalén, llegaría a su fin. No ofreció fechas precisas, pero describió con gran detalle los sucesos que antecederían a tal destrucción y exhortó a sus discípulos a mantener un sentido de expectación y huir de la zona de peligro cuando fuera necesario. LA ESCENA (LUCAS 21:5-7, 20-21). 1. Jesús va saliendo del Templo de Jerusalén por última vez. Uno de sus discípulos exclama: “¡Mira, Maestro! ¡Qué piedras! ¡Qué edificios!” (Marcos 13:1). (Estas palabras solo reflejan el profundo orgullo que los judíos sentían por su glorioso templo.) a. “¿Ves todos estos grandiosos edificios?—contestó Jesús—. No quedará piedra sobre piedra; todo será derribado” (Marcos 13:2). Los discípulos no pueden creer lo que están escuchando. Algunas piedras del templo son enormes, y las palabras de su maestro significan también que Jerusalén será destruida, y quizás incluso el estado judío, pues su núcleo espiritual es el Templo. Algunos discípulos, consternados, se atreven a preguntar: “¿Cuándo sucederá eso? ¿Y cuál será la señal de que todo está a punto de cumplirse?” (Marcos 13:3-4).

B.

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Jesús aclara que primero van a oír de guerras, terremotos, hambrunas y epidemias en un lugar tras otro. Luego vendrían terribles acontecimientos que sumirán a la nación judía en una catástrofe de proporciones inimaginables: una “gran tribulación”. Pero Dios intervendrá para salvar a “los escogidos”, es decir, a los cristianos fieles y obedientes. a. “Ahora bien, cuando vean a Jerusalén rodeada de ejércitos, sepan que su desolación ya está cerca”, dijo Jesús (Lucas 21:20-21). CRONI_CAIDA_1

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También advirtió: “Cuando vean en el lugar santo ‘la terrible abominación’,1 de la que habló el profeta Daniel2 (…) los que estén en Judea huyan a las montañas” (Mateo 24:15-16). Jesús instó a sus discípulos a que ni siquiera regresaran a recoger sus bienes; si querían salvarse, tendrían que huir de inmediato (Mateo 24:17-18).

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C.

Tal como Jesús lo predijo, las guerras, los terremotos, las hambrunas y las epidemias azotaron el imperio romano durante la primera mitad del siglo I. 1. Guerras: Galia (39-40 d.C.); Norte de África (41 d.C.); Bretaña (43, 60 d.C.); Armenia (58-62 d.C.); luchas civiles y étnicas en Judea (50-66 d.C.) Terremotos: Roma (54 d.C.); Pompeya (62 d.C.); Asia Menor (53, 62 d.C.); Creta (62 d.C.) Hambrunas: Roma, Grecia, Egipto (c. 42 d.C.); Judea (c. 46 d.C.) Epidemias: Babilonia (40 d.C.); Roma (60, 65 d.C.) Falsos profetas: Judea (c. 56 d.C.)

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II.

EL SENTIDO DE URGENCIA A. Han pasado 28 años desde que el Señor fue crucificado, resucitado y ascendido a los cielos. La gran mayoría de los judíos cristianos de Jerusalén siguen esperando el fin anunciado por su Señor. Judea es un nido de luchas civiles y étnicas, pero dentro de las murallas de Jerusalén existe una relativa paz. La gente come, trabaja, se casa y tiene hijos, como siempre. La sola presencia del imponente templo transmite un sentido de estabilidad y permanencia a la ciudadanía. Año 61 d.C. Los cristianos de Jerusalén reciben una carta de Apolos. Los felicita por su aguante, pero expresa sus preocupaciones: 1. Algunos miembros de la congregación se han relajado, se han descarriado espiritualmente, no han llegado a la madurez cristiana, están descuidando “una salvación tan grande” y perdiendo aquel sentido de expectación (Hebreos 2:1; 5:11-12). Apolos los exhorta con estas palabras: “No pierdan la confianza, porque ésta será grandemente recompensada. Ustedes necesitan perseverar (…). Pues dentro de muy poco tiempo ‘el que ha de venir vendrá, y no tardará. Pero mi justo vivirá por la fe. Y si se vuelve atrás, no será de mi agrado’.” (Hebreos 10:35-38).

B.

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Literalmente: “La abominación de la desolación”. Jesús se refiere a los pasajes de Daniel 9:27; 11:31; 12:11.

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C.

Los consejos de Apolos son muy oportunos, pero queda la duda: ¿mantendrán viva su fe los cristianos y permanecerán alertas al cumplimiento de la profecía de Jesús? ¿Qué tan cerca puede estar el fin de Jerusalén?

III.

LA SUBLEVACIÓN JUDÍA CONTRA ROMA A. INICIO DE LA REVUELTA DEL 66 d.C. 1. Las condiciones cambiaron en la ciudad durante los cinco años siguientes. Finalmente, en el año 66, el corrupto procurador romano Floro saca de los tesoros del templo 17 talentos como pago por impuestos atrasados. Los judíos se enfurecen. Estalla la revuelta. Un grupo de judíos rebeldes, los zelotas, irrumpen en Jerusalén y atacan a los guardias romanos destacados en la fortaleza Antonia, ubicada en las inmediaciones del templo. Se producen brotes de violencia en otras partes del país. El pueblo declara con osadía la independencia de Judea. ¡Judea y Roma están en guerra!

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B.

APARECE CESTIO GALO 1. Menos de tres meses después, el gobernador romano de Siria, Cestio Galo, marcha hacia el sur con un ejército de 30,000 soldados para reprimir la revuelta judía. “Cestio Galo, que como gobernador de Siria tenía el deber de defender el honor de las armas romanas (…) no podía permitir que la rebeldía siguiera sin intentar sofocarla. Reunió a sus legiones, y los príncipes vecinos mandaron voluntariamente a sus soldados”.3 Galo llega a Jerusalén durante la Fiesta de las Cabañas y se apodera de las zonas exteriores de la ciudad. Después de varios enfrentamientos, los judíos se retiraron detrás de las murallas cercanas al templo. a. “Durante cinco días los romanos intentaron escalar la muralla, pero fueron repelidos una y otra vez. Con el tiempo, los defensores se vieron abrumados por la lluvia de misiles y cedieron. Los romanos hicieron un testudo cubierta que formaban alzando y uniendo los escudos sobre sus cabezas para protegerse, socavaron el muro e intentaron incendiar la puerta. Un pánico terrible se apoderó de los defensores”.4 Superados en número, los zelotas se refugian en el templo y lo convierten en su fortaleza. A los pocos días, los soldados romanos empiezan a socavar los mismos muros del templo. Los judíos están horrorizados: ¡soldados paganos profanando el lugar más sagrado de su religión!

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Graetz, Heinrich H. (2000): History of the Jews: Volume 2. From the Reign of Hyrcanus (135 B.C.E.) to the Completion of the Babylonian Talmud (500 C.E.), p. 135. 4 Furneaux, Rupert (1973): The Roman Siege of Jerusalem, p. 25.

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C.

LOS JUDÍOS CRISTIANOS RECUERDAN A SU SEÑOR 1. Los cristianos también están dentro de la ciudad pero no participan de la rebeldía, solo recuerdan las palabras de su Amo: “Cuando vean en el lugar santo ‘el horrible sacrilegio, de la que habló el profeta Daniel (…) los que estén en Judea huyan a las montañas” (Mateo 24:15-16). ¿Qué pensaron los judíos cristianos de lo que estaba ocurriendo? ¿Confiarían en la profecía de Jesús? ¿Le harían caso? Según el desarrollo de los acontecimientos, estaba claro que su vida dependía de que huyeran. Pero, ¿a dónde? ¿Cómo? Los discípulos de Jesús pudieron enfocar los eventos de manera distinta a la mayoría de los judíos, pues su Señor les había advertido que Jerusalén experimentaría una destrucción. Cristo había dicho a Jerusalén: “Te sobrevendrán días en que tus enemigos levantarán un muro y te rodearán, y te encerrarán por todos lados. Te derribarán a ti y a tus hijos dentro de tus murallas. No dejarán ni una piedra sobre otra, porque no reconociste el tiempo en que Dios vino a salvarte” (Lucas 19:43-44).

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D.

LOS ROMANOS SE RETIRAN. LOS CRISTIANOS SE SALVAN. 1. Sin embargo, el historiador Flavio Josefo nos cuenta que: “Sin advertir la desesperación de los sitiados, ni los sentimientos del pueblo, favorables a él, Cestio retiró repentinamente sus tropas, renunció a sus esperanzas de tomar la plaza, aunque no hubiese sufrido ningún fracaso, y sin razones valederas abandonó la ciudad”.5 ¿Por qué se habría retirado cuando aparentemente tenía todas las de ganar? El analista de historia militar, Rupert Furneaux, comenta que “ningún historiador ha conseguido explicar adecuadamente la extraña y desastrosa decisión de Galo”. “(Cestio Galo) no estimó pertinente continuar la lucha contra heroicos fanáticos y embarcarse en una larga campaña en aquel tiempo, cuando pronto comenzarían las lluvias de otoño (…) y podían impedir que el ejército recibiera provisiones. Por ello consideró más prudente retirarse”.6 Los cristianos están sorprendidos. Tal como su Señor les dijo, la tribulación de la ciudad se ha acortado. Demostrando obediencia a la clara indicación de su Maestro, los cristianos aprovechan para huir de Jerusalén y Judea en dirección a las montañas situadas al este del río Jordán. Algunos se asentaron en Pela, ciudad neutral y capital de la provincia de Perea. Como es obvio, los discípulos estuvieron dispuestos a perder sus tierras, posesiones y negocios al abandonar Jerusalén. Nunca regresaron a Judea. Prestaron atención a la advertencia de Jesús, y eso les salvó la vida.

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Flavio Josefo, La Guerra de los Judíos, II,19, 7 [540]. Graetz, Heinrich H., Op. Cit., p. 138

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IV.

EL INTERREGNO A. Si bien es cierto que los ejércitos romanos no destruyeron Jerusalén sino hasta el año 70, aquellos cuatro años previos no estuvieron exentos de problemas. 1. Los cristianos escapan justo a tiempo. El historiador judío Josefo informa que los zelotas regresaron a Jerusalén después de perseguir a los romanos durante siete días, y ahora obligan al resto de los habitantes que permanecen en la ciudad a unirse a su causa. El siguiente fue un periodo marcado por la violencia y el derramamiento de sangre. Jerusalén se sumió en una sangrienta guerra civil y en un reinado de terror. Por ejemplo, a los varones jóvenes se les reclutaba para reforzar las murallas, tomar las armas y servir en el ejército, y todos los días recibían adiestramiento militar. A quienes no apoyaban las medidas radicales se les consideraba traidores. En vista de todo esto, si los cristianos se hubieran quedado en la ciudad, se habrían encontrado en una situación sumamente peligrosa (Mateo 26:52; Marcos 12:17).

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B.

LA FALSA SEGURIDAD 1. Los judíos no cristianos, al ver recuperada la ciudad pensaron que su culto centrado en los sacrificios del templo, perduraría indefinidamente. El profesor Graetz dice que estos judíos regresaron a la ciudad “cantando exultantes himnos de guerra y con la gozosa esperanza de libertad e independencia en el corazón (…) ¿No los había ayudado Dios con la misma misericordia con que ayudó a sus antepasados? En el corazón de los celotas no cabía el temor al futuro”.7 Después de rechazar a los ejércitos romanos invasores, los judíos insurgentes comenzaron a creer que tenían ante sí buenas perspectivas económicas. a. Comenzaron a acuñar su propio dinero para celebrar la libertad recién adquirida. En las nuevas monedas figuraban frases en hebreo como “Por la libertad de Sión” y “Jerusalén la Santa”. Cada año nuevo producían nuevas monedas, con inscripciones cronológicas como “Año segundo”, “Año tercero” y “Año cuarto”. Los arqueólogos han desenterrado incluso algunas monedas raras con la inscripción “Año quinto”, correspondiente al año 70 d.C. Presentamos aquí dos monedas de bronce de 3.2 gramos y 15 a 17 mm acuñada en Jerusalén entre los años 68-69 d.C. El anverso tiene un ánfora con dos asas y una leyenda en hebreo antiguo que dice “Año Dos”. AL reverso se ve una hoja de parra en una pequeña rama y una leyenda en hebreo antiguo que dice: “La libertad de Sión”.8

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Graetz, Heinrich H., Op. Cit., p. 141. Catálogo Sear GIC, 5639, Hendin 661

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V.

LA DESTRUCCIÓN DE JERUSALÉN A. Recordemos que Jesús dijo que huyeran “los que estén en Judea”, no solo los que vivían en Jerusalén. Esto era importante, pues las tropas romanas reanudaron las hostilidades a los pocos meses de retirarse de Jerusalén. 1. En cuestión de meses se moviliza un nuevo contingente romano: una imponente fuerza militar de 60,000 soldados bajo el mando del general Vespasiano y su hijo Tito. Es el año 67 d.C., y por los siguientes dos años este destructivo monstruo militar avanza con dirección a Jerusalén, aplastando toda resistencia que encuentra a su paso. Comenzaron conquistando Galilea en el año 67, y en el 68 ocuparon Judea de manera sistemática, lo cual provocó mucha miseria en toda la región rural. Además, cada vez se hacía más difícil que algún judío pudiera huir de Jerusalén misma. Las puertas de la ciudad estaban vigiladas, y a cualquiera que trataba de escapar se le consideraba un desertor que se pasaba al bando de los romanos. Dentro de la ciudad de Jerusalén hay facciones judías rivales que se enfrentan unas a otras en sangrientas luchas. Las reservas de grano de la ciudad quedan destruidas, los alrededores del templo son arrasados y mueren más de 20,000 judíos. Vespasiano retrasa su ataque a Jerusalén, expresando que “Dios era mejor general que él”, pues “los enemigos se destruían con sus propias manos”.

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Vespasiano

3.

B.

Muere el emperador Nerón y Vespasiano emprende su marcha hacia Roma para asumir el poder imperial, dejando a Tito la tarea de completar la campaña en Judea. 1. Tito avanza hacia Jerusalén cerca ya de la Pascua del año 70, y tanto residentes como peregrinos quedan atrapados dentro de los muros de la ciudad. Sus ejércitos deforestan la región de Judea para levantar con la madera de los árboles una muralla empalizada de siete kilómetros de estacas puntiagudas en torno a la capital sitiada, tal como Jesús había predicho (Lucas 19:43-44). En poco tiempo, el hambre comienza a azotar la ciudad. Las chusmas armadas saquean las casas de muertos y moribundos. Se cuenta de una mujer que, en su desesperación, mata a su niño de pecho y se lo come, cumpliéndose de esta manera la predicción de Deuteronomio 28:53-57. El dinero ya no sirve para nada. “Hubo dentro de la ciudad gran número de tesoros”, informó Josefo, historiador y testigo presencial. Pero todo aquel dinero no pudo salvar a Jerusalén del hambre, “que se intensificaba” y “devoraba familias y hogares”. Cuenta que algunos habitantes se tragaron monedas de oro y trataron de huir de la ciudad. Pero el enemigo les dio muerte y les abrió el estómago para extraer el dinero. “Los ricos que quedaban—explica Josefo—corrían los mismos riesgos de muerte; precisamente los mataban a causa de sus riquezas, por sospechar que querían evadirse al lado de los enemigos.” CRONI_CAIDA_6

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C.

El sufrimiento de los judíos que quedaron atrapados en la ciudad fue absolutamente extremo e inverosímil. 1. El profesor Graetz dice que los romanos en ocasiones crucificaban hasta 500 judíos en un solo día. A otros judíos capturados se les cortaban las manos y se les mandaba de regreso a la ciudad. Añade que en el interior de la ciudad “el dinero había perdido su valor, porque no podía comprar pan. Los hombres luchaban desesperadamente en las calles por el alimento más repugnante y asqueroso: un puñado de paja, un trozo de cuero o los despojos que se dan a los perros (…) Como el número de cadáveres sin enterrar aumentaba rápidamente, el sofocante aire del verano se hizo además pestilente y la población sucumbió a la enfermedad, el hambre y la espada”. Flavio Josefo asegura que para cuando los romanos demolieron la ciudad, había muerto cerca de 1 millón 100 mil judíos y se había tomado cautivos a otros 100 mil, muchos de los cuales sufrieron poco después muertes horribles por el hambre o en los circos romanos. Dice Josefo que “los que tenían más de diecisiete años fueron encadenados y enviados a Egipto para los trabajos públicos. Tito hizo que Muchos fueran enviados a las provincias, destinados a sucumbir en los anfiteatros, por la espada o por las bestias feroces.”

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D.

Al final, tras cinco meses de asedio, Jerusalén cae ante los romanos. Los soldados saquean la ciudad y el majestuoso templo, les prenden fuego y no dejan piedra sobre piedra (Daniel 9:26). 1. Los muertos ascienden a 1,100,000 y 97,000 son vendidos como esclavos (Deuteronomio 28:68). Según un cálculo, murió la séptima parte de todos los judíos del imperio romano. Judea ha quedado prácticamente vacía de judíos. Se trató de una tragedia nacional sin precedentes, que marcó una nueva era en la vida política, religiosa y cultural del pueblo judío. Sobre esto, el biblista judío Alfred Edersheim apuntó: “La tribulación para Israel [fue algo] sin paralelo en el terrible pasado de su historia e inigualado en su sangriento futuro”.9

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VI.

REFLEXIÓN FINAL

El ser puesto sobre aviso de una futura calamidad siempre ayudará a evitarla. Esta calamidad de los años 66 al 70 fue la mayor que había experimentado Jerusalén hasta entonces. ¿Se imaginan el agradecimiento que los judíos cristianos debieron haber sentido hacia su Mesías? Él ya se los había advertido desde mucho antes, y ellos huyeron de la ciudad antes del regreso del ejército romano. De haber estado en Jerusalén en 70 d.C., los cristianos habrían sido masacrados o sometidos a esclavitud como el resto la población. Pero no sucedió

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Edersheim, Alfred (2009): History of the Jewish ation After the Destruction of Jerusalem Under Titus, p. 43.

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así. Dios evitó que los cristianos sufrieran la violencia romana, y una vez que se fueron permitió que los romanos destruyeran rápidamente la ciudad. Es verdad que la mayoría no le prestó atención, pero sus verdaderos discípulos tomaron sus palabras muy en serio, y se salvaron. Salieron de Judea y huyeron a las montañas de Perea al otro lado del Jordán, demostrando de esta manera que ellos ya no formaban parte del mundo ni en el sentido político ni religioso. Tal como Jesús se lo ordenó, abandonaron sus casas y campos, y ni siquiera recogieron los enseres de sus casas. Prevenidos de antemano, confiaron en la protección de Dios y su Mesías y, obedeciendo, los adoraron por encima de todo lo demás que pudiera parecer importante.

“Por una fe inteligente…”

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