2 Estoy hasta el coño de ver cómo la gente de mi entorno reproduce los juegos de poder y dominación en las relaciones afectivas

. Estoy hasta el coño de constatar cómo mis amigos aceptan y asumen las reglas jerárquicas del sistema de clases, y cumplen con los rituales de sumisión y queja alrededor de un buen vino. No quiero ser parte de eso. No me gusta lo que veo ni como me veo y no me gusta el papel que juego. Estoy hasta el coño de presenciar como mis seres cercanos reproducen en sus afectos las jerarquías del poder y cuanto más amablemente lo hacen más se me revuelven las entrañas. Estoy hasta el coño de micro-dictaduras, de clones y esclavistas, de abiertas actitudes de vasallaje hacían quien luego se critica cobardemente por la espalda. Estoy hasta el coño de opiniones y de críticas burguesas para justificar una lacerante incapacidad y una parálisis que alimentan el orden de cosas en esta maldita deriva dictatorial que las proletarias urbanas sufrimos cada día. Estoy hasta el coño de gente que obedece, de gente que cree que se opone al sistema porque lo critica mientras cena con un vino exquisito. Estoy hasta el coño de negociar el precio de las relaciones según el concepto de obediencia al sistema que definen los términos terapéuticos de la clase acomodada, sin molestar, sin molestarse, sin molestarles. La normalidad, la equidistancia, la mesura, la seguridad. La buena posición social.

Estoy hasta el coño de tener el sistema de representación capitalista de relaciones afectivas tatuado en medio de la mente. Por eso mismo Hago huelga de humanos, porque estoy hasta el coño. He roto con las personas que creía que eran mis amigos con cada una de las personas que hasta ahora tenía por cercanas y eran importantes para mi. Rompo el círculo de amistades. Salgo del círculo. Corto el hilo, abro las ventanas. Estoy mejor sola.

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