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La versatilidad el genio: Nicolás Copérnico

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Conoce la vida de uno de los científicos cuyas teorías pasaron de la propuesta a la herejía y después a base de la ciencia moderna.
Conoce la vida de uno de los científicos cuyas teorías pasaron de la propuesta a la herejía y después a base de la ciencia moderna.

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La versatilidad del genio: Nicolás Copérnico Por: Patricia Díaz Terés “Cuando tomamos cierto interés en los grandes

descubridores y en sus vidas es cuando la ciencia se hace soportable, y solo cuando rastreamos el desarrollo de las ideas es cuando se hace fascinadora”. James Clerk Maxwell Grandes personajes reciben homenajes de las más curiosas maneras, siendo nombrados en su honor desde complejos satélites –Copérnico es el sobrenombre del Orbiting Astronomical Observatory 3- hasta personajes cinematográficos –Copérnico se llamaba el simpático perrito compañero de aventuras del Doc Emmett Brown (Christopher Lloyd) en la saga Volver al Futuro (Back to the Future, 1985-1990), antes de que el ficticio científico descubriese al brillante Albert Einstein y renombrase a su canino amigo-. Mikolaj Kopernik (Nicolás Copérnico), fue un hombre de ciencia que cohabitó el mundo con algunos de los nombres más famosos y temibles de la historia, como los terribles Borgia o Girolamo Savonarola, disfrutando y padeciendo por tanto todas las características que revisten al fascinante periodo histórico del Renacimiento. Era pues un 19 de febrero de 1473, cuando al matrimonio formado por Nicolás Copérnico Sr. y Bárbara Watzenrode le nació su cuarto hijo, al que decidieron nombrar en honor a su progenitor, quien era a su vez un reconocido comerciante establecido en la ciudad de Torún (Thorn), ubicada en el centro del territorio polaco, y que era por entonces un suelo disputado por la orden guerrera de los teutones al rey Casimiro IV Jallegón de Polonia. Infancia tranquila podemos suponer que vivió el chiquillo hasta que su madre falleció cuando él tenía diez años, al dar a luz a su hermanita. Muriendo después el padre, el chico pasó a la custodia de su tío materno, Lucas Watzenrode, un poderoso caballero que posteriormente fue nombrado obispo de Ermland. Siendo hombre refinado, Lucas se esmeró en la formación de su sobrino, logrando que este fuera un muchacho serio y concienzudo en sus estudios, quien se ganó un lugar en la prestigiada Universidad Jagellónica de Cracovia. Dieciocho años contaba Nicolás cuando sus ojos se posaron en una de las vistas más hermosas de toda Europa, al observar la portentosa catedral de San Estanislao erigiéndose sobre el río Vístula, gustándole de inmediato la ciudad en donde pasaría sus años universitarios. Teniendo una inteligencia naturalmente inquieta, el jovencito se ocupó en diversas materias, entre las cuales se encontraron el dibujo, la arquitectura, la medicina y la historia, todo ello complementado con algunos idiomas y por supuesto las ciencias exactas, llegando a ser discípulo del matemático y astrónomo Wojciech (Albert) Brudzewski, quien enseñaba las teorías de Aristóteles. Ávido lector, Copérnico echó mano a una copia de los Elementos de Euclides, que había sido publicado en 1482, aunque por entonces todavía no sentía el aguijonazo de la curiosidad por saber cómo se comportaban los astros y los planetas, considerando a Ptolomeo como un pedante. Cuatro años pasó nuestro estudioso muchacho en Cracovia, regresando luego a Torún. Por aquel entonces el obispo Watzenrode comunicó a su sobrino su deseo de que este siguiera una carrera eclesiástica –eran de confesión católica-, cosa que a Nicolás no disgustó pues se le permitiría seguir su afán por el saber en general. De este modo, el chico partió para matricularse el 19 de octubre de 1496 como alumno de la Universidad de Bolonia, siendo su finalidad conseguir un título como doctor en Derecho Canónico. En este lugar tomó habitaciones en la casa del profesor de astronomía Domenico Maria de Novara, convirtiéndose en su asistente de investigación e interesándose así en tal materia. Al concluir tres años de asiduo estudio, se trasladó en 1500 a París para estudiar ciencias y Astronomía –aunque algunas fuentes indican que en este mismo año tuvo diversos traslados entre Italia y Polonia-, pero poniendo con mayor frecuencia en práctica sus estudios de Medicina, convirtiéndose así en médico personal de su tío Lucas, quien habíale conseguido a su pariente una posición como canónigo en la catedral de Frauenburg. Vivió pues Copérnico en el Castillo de Heilsberg en compañía de su ilustre tutor durante cinco años, montando un rudimentario observatorio en una de las torres de la ciudad, en donde guardaba celosamente sus instrumentos de observación celeste tales como una ballestilla1, un cuadrante solar, una esfera armilar2, un cuarto de círculo de madera graduado que utilizaba para calcular los ángulos de separación y un gastado astrolabio3 de bronce que el científico cuidaba con especial esmero. De sus numerosas reflexiones, en 1514, escribió un corto manuscrito que distribuyó entre selectos individuos, al cual denominó como Pequeño Comentario, siendo este documento su punto de partida para la que sería su magna obra “De revolutionibus orbium coelestium”, la cual levantó ámpulas en las jerarquías católicas puesto que desplazó a la Tierra y por tanto al hombre como centro

del Universo, afirmando que por el contrario, nuestro mundo y los otros planetas giraban en órbitas circulares concéntricas alrededor del Sol, mencionando además que el conjunto de lo que llamaba “estrellas fijas” estaba mucho más lejano de la Tierra de lo que había planteado Ptolomeo, llegando incluso presuntamente a escribir la palabra “infinito” –refiriéndose al Universo- para después tacharla. La rotación de la Tierra sobre su propio eje, y el movimiento de traslación en el cual nuestro planeta completa una vuelta alrededor del Sol en un año, junto con un planteamiento sobre que la velocidad de los planetas en su carrera alrededor del Astro Rey es equiparable a la de la Tierra eran otras de las afirmaciones contenidas en el discutido volumen, el cual no quería ser publicado por su autor debido a que temía hacer el ridículo si sus hipótesis resultaban erróneas. Sin embargo, un individuo cuya prodigiosa inteligencia le permitió destacarse de igual manera en tareas científicas, clericales –aunque nunca fue ordenado sacerdote-, militares –en 1500 participó y lideró la resistencia de Oltzyn contra una incursión de caballeros teutónicos-, administrativas, diplomáticas –se habla de que Nicolás dividía su día en tres tareas principales: las propias como clérigo, la atención médica gratuita de los más necesitados y sus estudios científicos-; tuvo que ser empujado por un joven colega de la Universidad de Wittemberg, Georg Joachim Rheticus, para difundir formalmente sus teorías. De esta manera, fue Rheticus quien gestionó con el impresor Johann Petreius de Núremberg la edición de “De revolutionibus ”, cometiéndose entonces una de las mayores atrocidades en la historia científica cuando el encargado de revisar el manuscrito final, el teólogo luterano Andreas Osiander, incluyó una carta –cuya autoría fue revelada por el también científico Johannes Kepler medio siglo más tarde- para el lector que sustituyó al prefacio original. Advirtiendo el osado protestante en tal escrito, que el contenido del libro de Copérnico no debía tomarse como la verdad, sino que debía ser tomado como un modo más simple para calcular la posición de los astros, traicionó la confianza en él depositada por Rheticus, quien se escandalizó genuinamente ante la acción del teólogo. Fatal fue entonces el golpe recibido por nuestro sapiente protagonista cuando abrió su libro publicado y observó estupefacto las palabras de Osiander, causándole la impresión un desmayo al momento y posteriormente una parálisis parcial que posiblemente fuese la culpable de su muerte el 24 de mayo de 1543. No obstante, afortunadamente Nicolás Copérnico no vivió para ver cómo la obra que le había tomado veinticinco años completar -1507 a 1532- era condenada por la Inquisición a finales del siglo XVI, aunque después se convirtiese en punto de partida para los grandes astrónomos de las centurias venideras, demostrando así la veracidad de las palabras del escritor y científico alemán Georg Christoph Licthenberg: “Donde una vez estuvo el límite de la ciencia, hoy está en su centro”.
FUENTES: “Nicolás Copérnico: Una vida mirando al cielo”. Aut. Enrique Sancho. Revista Clío no. 92 “Nicolás Copérnico: el nacimiento de una era”. Aut. Carlos A. Cordiviola. Julio 2002. www.aaiq.org.ar “Copérnico: el comienzo de la revolución”. Aut. Dr. Luis Vega Martín. www.divulgacioncientifica.org “Nicolas Copernicus: Founder of Modern Astronomy”. Aut. Rev. Martin S. Brennan. http://catholiceducation.org http://archive.stsci.edu/copernicus/

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En la navegación principalmente, antiguo instrumento para tomar las alturas de los astros. Definición obtenida del DRAE.

La esfera armilar es un antiguo instrumento empleado hasta el 1600. Estaba constituida por un cierto número de círculos insertos el uno en el otro, representando el ecuador celeste, la eclíptica, el horizonte, el zodiaco, etc., de tal manera que, una vez dirigida hacia una estrella, se podían leer sus coordenadas celestes sobre unas escalas graduadas. www.astromia.com
3 Antiguo instrumento en el que estaba representada la esfera celeste y se usaba para observar y determinar la posición y el movimiento de los astros. Definición obtenida del DRAE.

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