INSULINA FISIOLOGÍA Síntesis y Metabolismo La insulina es una proteína compuesta por dos cadenas peptídicas (cadenas A y B) conectada mediante

dos enlaces disulfuro.

Molécula de insulina, compuesta de cadenas tipo A y B El precursor de la insulina, la preproinsulina (PM 11500), se sintetiza en los ribosomas e ingresa al retículo endoplásmico de la célula B y en este es rápidamente dividido por enzimas microsómicas para formar la proinsulina.

La proinsulina que consta de las cadenas A y B unidas por un péptido C de 31 aminoácidos, se transporta al aparato de Golgi y en este se deposita en las vesículas secretoras. Durante su estancia en la vesícula secretora la proinsulina se divide en 2 sitios para formar la insulina (51 aminoácidos; PM 5808) y el fragmento biológicamente inactivo correspondiente al péptido C. Por tanto la secreción de insulina se acompaña de de la secreción equimolar del péptido C y también de cantidades pequeñas de proinsulina que escapan a la división.

Molécula de insulina, compuesta de cadenas tipo A y B

La insulina tiene una vida media en la circulación de 3 a 5 min y se cataboliza en el hígado y en el riñón. El hígado cataboliza aproximadamente 50% de la insulina en el primer paso a través de este órgano después de su liberación en la vena porta desde el páncreas, a diferencia del péptido C y la proinsulina que se cataboliza sólo en el riñón y, por tanto, poseen vidas medias 3 o 4 veces mayores que la propia insulina.

Regulación de la Secreción de Insulina La secreción de insulina está regulada por la interacción de sustratos, del sistema nervioso autónomo, de hormonas y de señales intercelulares (paracrinas). La glucosa, aminoácidos (arginina y leucina), cetoácidos y ácidos grasos constituyen los estímulos primarios. Al metabolizarse, incrementan la concentración de ATP, inhiben los canales de potasio ATP sensibles y favorecen el influjo de calcio al citosol, al abrir los canales electrosensibles de este catión. El calcio se une a una proteína - la calmomodulina - la que activada interactúa con otras proteínas como la protein kinasa C, que a su vez activa el citoesqueleto promoviendo la síntesis de miosina para formar los cilios contráctiles. Los agentes potenciadores como el glucagón, secretina, pancreozimina, el péptido inhibidor gástrico y la acetilcolina, estimulan la adenilciclasa y así incrementan la concentración de AMP cíclico que a su vez activa proteinkinasas AMP dependientes. Los neurotransmisores: adrenalina, noradrenalina y somatostatina, que actúan como inhibidores, ejercen su efecto modulando el metabolismo del inositol en la membrana, generando diacyl glicerol, que regula la activación de las proteinkinasas. El sistema nervioso autónomo es un importante modulador de la secreción insulínica. El parasimpático la estimula y el simpático la inhibe. El efecto adrenérgico es complejo, pues la estimulación de los a 2 receptores inhibe la secreción, mientras la estimulación crónica de los ß receptores la incrementa. Las entero hormonas (gastrina, colecistokinina y el péptido inhibidor gástrico) en concentraciones suprafisiológicos, también estimulan la secreción de insulina. Posiblemente, por regulación paracrina el glucagón es un poderoso estimulante de la secreción de insulina, en cambio la somatostatina, la inhibe.

La interregulación entre glucosa e insulina es capaz de mantener los niveles de glicemia en un estrecho margen fisiológico. La célula beta tiene la sensibilidad de percibir pequeños cambios de la concentración de glucosa, respondiendo de inmediato con una secreción insulínica proporcional. En condiciones normales, si existe mayor demanda por una elevación mantenida de la glucosa, aumenta la sensibilidad a ella y luego es capaz de estimular la replicación de las células beta. Estos efectos tienen una distinta secuencia temporal: en segundos responde a los cambios de la glicemia, en minutos aumenta la sensibilidad y en semanas se adapta incrementando la masa celular. Estos mecanismos garantizan un ajuste del sistema a diferentes cargas de glucosa y cualquier defecto resulta en un cambio de equilibrio y desorden metabólico. La respuesta de la insulina a secretagogos es bifásica: una fase precoz y rápida que dura 10 minutos y otra más tardía, menos intensa y sostenida. La primera presumiblemente se debe a secreción de gránulos preformados y la segunda, a biosíntesis de novo. Se ha demostrado que esta respuesta bifásica es indispensable para obtener la homeostasis de la glucosa. Mecanismos de Acción Receptores de Insulina: La acción biológica de la insulina se realiza fundamentalmente a través de su interacción con receptores específicos. Se reconocen unidades alfa, responsables del reconocimiento de la molécula de insulina y unidades beta, de ubicación al interior de la membrana, con la función de transmitir el mensaje a los efectores intracelulares. Los receptores son degradados y resintetizados continuamente, habiéndose identificado en la actualidad el gen responsable de su síntesis. El número de receptores está contrarregulado en forma negativa por la concentración de la insulina y su afinidad se reduce por la acción de otras hormonas, entre las que destacan las catecolaminas, glucagón, hormona de crecimiento, corticoides, estrógenos, progesterona y lactógeno placentario.

Se ha podido establecer que el bioefecto máximo de la insulina se puede mantener aún con una concentración del 10% de receptores.

Una vez que la insulina se une a receptores específicos en la membrana celular, desencadena una secuencia de fosforilaciones sucesivas cuyo resultado es la expresión de genes que codifican para la síntesis de moléculas transportadoras de glucosa y enzimas que intervienen en la formación de glucógeno. Efecto Post-receptor de la Insulina:

Aún cuando no se conocen en forma exacta los efectos de la interacción entre receptor-insulina y los sistemas de transporte y enzimas efectoras, se postula como el mecanismo de acción más probable la autofosforilación de las unidades beta y activación de proteinkinasas, las cuales tendrían el efecto de segundo mensajero. Los segundos mensajeros, activan e inhiben la transcripción genética y la acción de enzimas involucradas en el metabolismo de sustratos, inducen translocación de proteínas, estimulan la síntesis de proteínas y el transporte de glucosa, de aminoácidos y de iones. Así por ejemplo, la insulina activa el transporte de glucosa a través de la membrana de las células del tejido adiposo y muscular. Se ha identificado un transportador ubicado en el interior de la célula denominado Glut 4, cuya síntesis y translocación hacia la membrana es insulino-dependiente. El transportador Glut 4 es también glucosa dependiente, presentando una contrarregulación negativa con los niveles de glucosa circulante. La insulina incrementa la acción de la glucokinasa hepática estimulando la transcripción genética de la enzima y activa directamente a la dehidrogenasa pirúvica, la acetil Co A carboxilasa y la glicógeno sintetasa. Por otro lado, inhibe en forma directa a la lipasa intracelular y a las fosforilasas, responsables de la movilización de sustratos endógenos. Efectos de la Insulina La insulina tiene un destacado rol en la regulación metabólica. Se le define como una hormona anábolica (promueve el depósito de sustratos energéticos y la síntesis de proteínas) y anticatabólica (frena la movilización de sustratos). Si bien sus efectos son más evidentes en la regulación de la homeostasis de la glucosa, tiene un papel fundamental en la metabolización de aminoácidos, ácidos, grasos, cetoácidos y lipoproteínas.

Sus efectos fisiológicos in vivo deben considerarse en el contexto de su relación con las hormonas llamadas catabólicas (glucagón, catecolaminas, glucocorticoides y hormona de crecimiento). Efectos en el metabolismo de los hidratos de carbono: Favorece la utilización de la glucosa (oxidación y depósito) y frena su producción endógena. En el tejido muscular y adiposo estimula el transporte de glucosa a través de la membrana y su ulterior utilización. También aumenta la oxidación de la glucosa al activar la pirúvico dehidrogenasa. En el hígado, en donde el transporte de glucosa es independiente de insulina, activa la glucokinasa y la glicógeno sintetasa, favoreciendo su oxidación y el depósito de glicógeno. Deprime la glicogenolisis y la neoglucogenia y en consecuencia, la producción hepática de glucosa. Inhibe la glucosa fosfatasa que regula la glicogenolisis. La neoglucogenia se reduce porque frena el catabolismo muscular y el flujo de alanina hacia el hígado e inhibe las enzimas responsables del paso de fosfoenolpirúvico a glucosa. Efectos en el metabolismo de los lípidos: Favorece la síntesis de triglicéridos, y frena su hidrólisis. Disminuye la concentración de ácidos grasos libres en el plasma y su entrega al hígado. Inhibe la cetogénesis hepática y facilita la utilización periférica de los cetoácidos. La síntesis de triglicéridos está estimulada por una mayor concentración de glicerofosfato y de acetil Co A derivados de la glicolisis y también por mayor formación de NADPH, derivado del metabolismo de la glucosa por la vía de las pentosas. La insulina inhibe la lipasa hormono sensible intracelular y por ello reduce la hidrólisis de los triglicéridos y el flujo de ácidos grasos libres hacia el hígado.

Incrementa la concentración de malonil Co A, inhibidor de la acyl carnitin transferasa, con lo que se reduce la penetración de ácidos grasos a la mitocondria, su oxidación y ulterior transformación en cetoácidos. Además, estimula la utilización de estos últimos en la periferia. La insulina se define como una hormona anticetogénica, ya que reduce la movilización de ácidos grasos hacia el hígado, reduce su penetración a la mitocondria y favorece su incorporación hacia el ciclo de Krebs y síntesis de triglicéridos. Efectos en el metabolismo de las proteínas: Aumenta la captación de aminoácidos a nivel muscular, favorece la síntesis proteica e inhibe la proteólisis. Reduce la concentración de aminoácidos ramificados en la sangre, la degradación de proteínas a aminoácidos y su oxidación. Efectos en el metabolismo de las lipoproteínas: La insulina estimula el sistema lipasa lipoproteico, favoreciendo el catabolismo de las lipoproteínas ricas en triglicéridos (de muy baja densidad o VLDL y quilomicrones). Además, reduce el catabolismo de las lipoproteínas de alta densidad (HDL). No está claro si la insulina influye en la síntesis enzimática y/o actúa como activador del sistema lipasa lipoproteico.

LA FUNCIÓN DE LA INSULINA SOBRE LA GLUCOSA

La glucosa es el combustible primario para todos los tejidos de cuerpo. El cerebro usa en torno al 25% de la glucosa total de cuerpo. Sin embargo, debido a que el cerebro almacena muy poca glucosa, siempre tiene que haber un abastecimiento constante y controlado de glucosa disponible en la corriente sanguínea. El objetivo es mantener al cerebro funcionando adecuadamente. En este sentido, es de vital importancia que el nivel de glucosa en sangre se mantenga en un rango de 60 a 120 mg/dl, con el fin de prevenir una falta de suministro al sistema nervioso.

La insulina es la principal hormona que regula los niveles de glucosa en sangre. Su función es controlar la velocidad a la que la glucosa se consume en las células del músculo, tejido graso e hígado. Cada uno de estos tipos de células del cuerpo usan la glucosa de una manera diferente. Este uso está determinado por el sistema enzimático específico de cada una. El tratamiento de la diabetes se basa en la interacción de la insulina y otras hormonas con los procesos celulares de estos tres tipos de células del cuerpo. La glucosa es el estímulo más importante para la secreción de insulina. La grasa La función primaria de la célula del tejido adiposo es almacenar energía en forma de grasa. Estas células contienen enzimas únicos que convierten la glucosa en triglicéridos y posteriormente los triglicéridos en ácidos grasos, que son liberados y convertidos en cuerpos cetónicos según el hígado los va necesitando. Tanto la conversión de glucosa a triglicéridos como la ruptura de los triglicéridos a ácidos grasos son regulados por la insulina. La insulina también inhibe la lipasa, un enzima que descompone la grasa almacenada en glicerol y ácido grasos. Por lo tanto, regulando la captación de glucosa en las células grasas, la insulina influye en el metabolismo de las grasas. En ausencia de insulina, las células grasas segregan de forma pasiva la grasa almacenada en grandes cantidades, por lo que no se metabolizan completamente y conducen al diabético a la cetoacidosis.

Músculo

Con respecto al metabolismo de la insulina, las células del músculo tienen dos funciones primarias: Convertir la glucosa en la energía que necesita el músculo para funcionar. Servir como un depósito de proteína y glucógeno. Como el tejido graso, el músculo necesita que la insulina facilite el transporte de la glucosa a través de la membrana de la célula. La célula del músculo tiene sus enzimas propias para controlar los dos caminos metabólicos hasta la glucosa: su conversión en energía contráctil y su conversión en glucógeno. Cuando el nivel de glucosa en sangre es normal, la insulina también influye sobre las enzimas de las células del músculo al favorecer la captación de aminoácidos e impedir la utilización de la proteína propia. El hígado El glucógeno del hígado es otra forma de almacenamiento de glucosa. Es mucho más fácil disponer del glucógeno para obtener energía que de los triglicéridos, que primero tienen que ser convertidos en ácidos grasos y, posteriormente, en cuerpos cetónicos. El hígado controla estas conversiones y también convierte los aminoácidos en glucosa si es necesario. Este último proceso se llama la gluconeogénesis (formación de nueva glucosa). Aunque la insulina no sea necesaria para el transporte de la glucosa al hígado, afecta directamente la capacidad del hígado para aumentar la captación de la glucosa al reducir el valor de glucogenólisis (la conversión de glucógeno en glucosa), aumentando la síntesis de glucógeno, y disminuyendo el valor de gluconeogénesis. Las células Beta del páncreas controlan el nivel de glucosa. En primer lugar, sirven como un sensor de los cambios del nivel de glucosa en sangre y, después, segregan la insulina necesaria para regular la captación de carbohidratos y mantener los niveles de glucosa dentro de un margen muy

estrecho. Existe un sistema de retroalimentación por medio del cual una pequeña cantidad de carbohidratos estimula las células Beta para liberar una cantidad también pequeña de insulina. El hígado responde al aumento de la secreción de insulina suprimiendo la conversión de glucógeno (glucogenólisis). Asimismo, la formación de glucosa se paraliza. Aunque el proceso de estimulación de las células Beta y la secreción de insulina no se comprenda completamente, se sabe que el metabolismo provoca la síntesis de glucosa mediante un precursor de la insulina llamado proinsulina. La proinsulina se transforma en la insulina dentro de las célula Beta y esta insulina se almacena entonces en gránulos y se libera en respuesta a ciertos estímulos. La glucosa es el estímulo más importante para la secreción de insulina.

INSULINA HÍGADO Almacenamiento energético Glucogénesis Síntesis de lípidos Caída o baja energética Glucogenólisis Gluconeogénesis Oxidación de ácidos grasos o cetogénesis RIÑONES Caída o baja energética Gluconeogénesis MÚSCULO Almacenamiento energético Captación de glucosa o glucogénesis Caída o baja energética Catabolismo proteínico TEJIDO ADIPOSO Almacenamiento energético Lipólisis de lipoproteínas Esterificación de ácidos grasos Caída o baja energética Lipólisis de grasa almacenada PÁNCREAS Secreción de Insulina ( Células B) Glucagón ( Células A) Somatostatina ( células D) Clave: ↑ = aumento; ↓=disminución

↑ ↑ ↓ ↓ ↓

↑ ↓

↑ ↑ ↓

↓ ↓ (↓?)

HIPERINSULINISMO La hormona insulina es indispensable para que las células absorban el azúcar o glucosa que necesitan; sin embargo, enfermedades y problemas genéticos

pueden hacer que los niveles de esta sustancia se incrementen y, en consecuencia, desencadenen trastornos diversos. La insulina y su función en el organismo fueron descubiertas a principios del decenio 1920-30, cuando dos científicos, el canadiense Frederick Grant Banting y el británico John James Richard Macleod, trabajaron en la Universidad de Toronto (Canadá) con perros a los que se les había extirpado el páncreas y que, como consecuencia, presentaban altos niveles de glucosa en sangre, fatiga y necesidad de orinar a menudo, es decir, padecían diabetes provocada intencionalmente para investigar con ellos algún tratamiento que sirviera para controlar dicha enfermedad. Tras largas jornadas de trabajo, los científicos obtuvieron un extracto especial de cierto grupo de células pancreáticas (células beta, ubicadas en los islotes de Langerhans), que era propiamente la insulina y que sirvió para que los caninos presentaran mejorías notables en sus síntomas. Esta misma sustancia fue aplicada con éxito en seres humanos y, debido al éxito que lograron, ambos investigadores fueron galardonados con el Premio Nobel de Medicina, en 1923. Desde entonces se han realizado numerosas investigaciones que detallan cuál es la estrecha relación que mantienen insulina y glucosa, y debido a ello se ha comprendido que el equilibrio que guardan ambos compuestos en el organismo humano es delicado y puede romperse por distintas causas. Ejemplo de lo anterior es la hiperinsulinemia o hiperinsulinismo, es decir, el aumento en la sangre de los niveles de la hormona generada por el páncreas y que puede ser indicador de problemas que afectan a esta glándula o al organismo en general. La causa más común es el sindrome de resistencia a la insulina o “sindrome metabólico” en el cual la insulina no actua como debiera pero el organismo mantiene una glicemia normal a expensas de un incremento en los niveles de insulina. Este hiperinsulinismo no produce hipoglicemia; por el contrario, estos pacientes, con el curso del tiempo, pueden llegar a desarrollar hiperglicemia o diabetes, al cual muchos especialistas describen como un “estado previo” a la diabetes y factor de riesgo para padecer infarto (muerte de tejido en corazón y cerebro por falta de suministro de sangre). Otras causas de hiperinsulinismo son cuando el paciente diabético se aplica demasiada insulina o cuando el organismo produce por su cuenta demasiada insulina (por ejemplo, un insulinoma o tumor pancreático productor de insulina). En estos casos, el hiperinsulinismo sí ocasiona hipoglicemia. Complejo mecanismo De manera ilustrativa, podemos afirmar que la insulina actúa como una “llave” que abre la “cerradura” que hay en la superficie de las células, concretamente de aquellas que forman parte de músculos, hígado y tejido adiposo (que

almacenan grasa), permitiendo el ingreso en ellas de glucosa y otros nutrientes indispensables para su funcionamiento. Así, cuando ingerimos algún alimento con azúcares, como fruta o chocolate, éste es procesado por el sistema digestivo y de ahí se integra a la circulación. A continuación, el páncreas inicia la producción de insulina para mantener los niveles de glucosa dentro del rango ideal para el organismo (70 a 110 miligramos por decilitro de sangre) y para que las células tomen el alimento que requieren. Mediante distintas observaciones científicas se ha llegado a la conclusión de que en el síndrome metabólico (también llamado “x”), la insulina o “llave” funciona adecuadamente, pero la “cerradura” se encuentra “oxidada”, de modo que la pared celular o “puerta” se “abre a medias” y la glucosa tarda mucho en entrar, acumulándose en la sangre. Debido a esto, el organismo incrementa la generación de insulina, a fin de que los niveles de azúcar se mantengan aceptables. A largo plazo, esta situación hará que las células del páncreas se agoten, dando lugar a la diabetes, sin olvidar que el exceso de glucosa en sangre actuará como arenilla, de modo que lastimará alas arterias y generará problemas en vasos capilares de la retina y riñones. Asimismo, es muy probable que la grasa se adhiera a las vías sanguíneas y cause aterosclerosis (factor que favorecen el riesgo de sufrir infartos). Durante un tiempo se pensó que este hiperinsulinismo era inofensivo para el organismo; sin embargo, varias investigaciones, algunas de ellas muy recientes, han sugerido que esta condición se relaciona con algunos problemas:

Acantosis nigricans. El exceso de insulina estimula a las células de la piel, ante todo de aquella que cubre las áreas flexibles y pliegues del cuerpo (cuello, axilas, codos, rodillas, manos e ingles, principalmente), haciendo que ésta se vuelva oscura, gruesa y de apariencia verrugosa y aterciopelada. No se trata de un problema grave en sí mismo, pero genera incomodidad estética al individuo y revela que en el interior de su organismo hay problemas para asimilar la glucosa. Síndrome de ovarios poliquísticos o de Stein-Leventhal. Trastorno en el que los ovarios aumentan de tamaño y contienen varias bolsas llenas de líquido (quistes); así mismo, se elevan los niveles de hormonas masculinas (andrógenos) hasta el punto de producir en algunos casos características viriles. Al respecto, se ha encontrado que el hiperinsulinismo puede alterar al órgano reproductor femenino, detener la generación de óvulos e incrementar el

riesgo de pérdida del embarazo. Este problema deberá tratarse con hormonas, medicamentos y controlando los niveles de glucosa e insulina en sangre. Enfermedad de Alzheimer. Un estudio realizado en la Universidad de Washington, en Seattle, Estados Unidos, y dada a conocer en agosto de 2005 por la publicación estadounidense Archives of Neurology, revela que altos niveles de insulina podrían generar inflamación en tejidos neuronales y contribuir al desarrollo de este padecimiento, el cual es responsable de cambios de conducta, pérdida de memoria y alteraciones del lenguaje, todo ello debido a la formación de cúmulos anormales de proteínas (depósitos de amiloide) y marañas de fibras que surgen por la degeneración de las neuronas. La hiperinsulinemia, concluye esta investigación en que participaron 16 voluntarios saludables, “provocó sorprendentes aumentos en los marcadores de inflamación del sistema nervioso central. Así, nuestros hallazgos sugieren que el riesgo de la enfermedad de Alzheimer podría aumentar, parcialmente, por los efectos del exceso de insulina”. Síntomas de hiperinsulinismo:

Los síntomas de hiperinsulinismo más frecuentes en las mujeres son:  cansancio, depresión, caída de cabello, cabello grasoso, vellos, acné, abortos en el primer trimestre del embarazo, infertilidad y ganas irresistibles de comer dulces en las tardes.

Los síntomas de hiperinsulinismo más comúnes en los hombres son:  cansansio, depresión, ronquidos al dormir, colesterol y triglicéridos altos, verruguitas en el cuello y las axilas, tensión alta y ataques de irritabilidad.

Amenazas para el páncreas Al margen del síndrome metabólico se han reconocido otras causas de hiperinsulinismo que generan síntomas muy diferentes; ello se debe, ante todo, a que en estos padecimientos la insulina actúa correctamente como “llave” y “abre la cerradura” de las células, de modo que la glucosa ingresa en los tejidos sin problemas. Empero, como la hormona circula en abundancia por al sangre, el azúcar se absorbe con rapidez y baja su concentración, ocasionando una condición llamada hipoglicemia (la concentración de glucosa es menor a 70 miligramos por decilitro). Cuando este problema es leve suele causar ansiedad y hambre, pero en casos más graves o de mayor duración se presentan muchos otros síntomas que,

incluso, llegan a desencadenar estado de coma (notable disminución de los signos vitales) y la muerte del paciente:
• • • • • • • • •

Dolor de cabeza. Sudoración. Temblores. Alteración del pulso cardiaco. Visión borrosa. Confusión y mareo. Cambios de humor. Convulsiones. Pérdida del conocimiento.

Uno de los principales motivos de generación aumentada de insulina es el insulinoma o tumor en el páncreas, mismo que no suelen ser maligno (sólo del 5 al 10% de los casos son tejidos de tipo canceroso) y que puede presentarse aislado o diseminado en pequeños conglomerados. Hiperinsulinismo congénito Otra causa de alteración en el equilibrio entre insulina y glucosa es el Hiperinsulinismo congénito, un padecimiento que se presenta en niños y que puede ocasionar estado de aturdimiento, confusión, falta de atención y conducta irracional (neuroglucopenia), ya que el sistema nervioso no cuenta con los nutrientes necesarios para funcionar adecuadamente. También puede ser motivo de daños neuronales y retraso en el desarrollo de habilidades, pues el cerebro todavía se encuentra en etapa de maduración. El origen de este problema es una mutación genética (alteración en los cromosomas) que se transmite de padres a hijos (hereditaria), aunque los padres no manifiesten la enfermedad. Se estima que la incidencia del padecimiento es de un caso por cada 25,000 a 50,000 nacimientos, y representa la causa de hipoglucemia más recurrentes en la infancia. Los síntomas con que se distingue este problema son: • • cambios en el pulso cardiaco, mareo, sacudidas y pérdida de conocimiento, sólo que se manifiestan desde los primeros meses de vida.

El diagnóstico se efectúa con pruebas de sangre para conocer los niveles de azúcar y con estudios moleculares para detectar alteraciones genéticas.

El tratamiento médico debe ser oportuno y agresivo para prevenir el daño cerebral severo e irreversible. Como primera medida se debe recurrir a la administración de medicamentos que disminuyan la generación de insulina y, cuando no hay resultado favorable, se debe extirpar parte del páncreas. Insuficiencia renal: una condición más que puede generar hiperinsulinemia es decir, aquellos casos en que los riñones son incapaces de filtrar la sangre adecuadamente. Cuando este problema es muy avanzado, el exceso de insulina no se elimina por la orina y, en consecuencia, baja la concentración de azúcar. En estos casos no hay problemas en el funcionamiento del páncreas y la erradicación del padecimiento se efectuará mediante hemodiálisis, un procedimiento médico que se efectúa para retirar elementos tóxicos de la sangre. Su realización debe correr a cargo de un especialista (hematólogo) para que el resultado sea óptimo y no ponga en riesgo la vida del paciente.

SÍNDROME DE RESISTENCIA A LA INSULINA La insulina es un tipo de hormona que combustible el azúcar en la ayuda a al cuerpo a usar como comida que se ingiere.

En algunas personas los tejidos dejan de responder a la insulina. Los médicos se refieren a esta condición como resistencia a la insulina. Es decir en la resistencia a la insulina el cuerpo producirá más y más insulina pero como los tejidos no responden a ella el apropiadamente. La resistencia a la insulina frecuentemente va a acompañada de otros problemas de salud tales como la diabetes, el colesterol alto, la presión sanguínea alta y el ataque al corazón. Cuando una persona tiene muchos de estos problemas simultáneamente los médicos lo llaman síndrome de resistencia a la insulina. La resistencia a la insulina se define como la disminución de la respuesta biológica a la actividad de la hormona. La insulina afecta profundamente diversos pasos del metabolismo de lípidos, de proteínas, de carbohidratos y de ácidos nucleicos, amén de influenciar el recambio iónico y de ácidos nucleicos. Para ejercer sus acciones, la insulina se une a un receptor de membrana, y la región interna de este último es fosforilada. Posteriormente, se generan diversas señales intracelulares, posiblemente una para cada acción insulínica. Evidentemente, un bloqueo a nivel de receptores genera un síndrome metabólico complejo, posiblemente alterando diversos pasos metabólicos y afectando el metabolismo de varios sustratos. Sin embargo, en muchos casos de resistencia a la insulina, que se observa en la práctica clínica, el problema de la reducción de la sensibilidad no se encuentra predominantemente a nivel de los receptores, casi invariablemente es sólo un sustrato (la glucosa) y sólo una vía (la no oxidativa de la glucosa, esto es, su transformación en glucógeno) los que se encuentran alterados, indicando que se trata de un problema que está más allá del receptor. Por lo tanto, el común denominador de los estados de resistencia a la insulina, a los cuerpo no será capaz de usar el azúcar

cuales haremos referencia, comparte dos características generales: a) La resistencia a la insulina es específica para un sustrato (glucosa) y b) Afecta predominantemente una Vía metabólica intracelular (la no oxidativa). La resistencia a la insulina podría ser uno de los indicadores precoces de la diabetes tipo II, según últimos enfoques médicos para el tratamiento de esta enfermedad, que afectará a casi 300 millones de personas en el año 2025Los especialistas definen la resistencia a la insulina como la incapacidad de los tejidos para responder en forma adecuada a esta hormona, que es la encargada de ayudar al organismo a utilizar la glucosa para obtener energía. La resistencia a la insulina puede provocar trastornos serios, sobre todo cuando se asocia al "Síndrome X", en el que se agrupan factores de riesgo de enfermedad cardiovascular como obesidad, hipertensión, altos niveles de azúcar, colesterol y triglicéridos, y bajos valores de colesterol bueno o HDL. La resistencia a la insulina corresponde a la disminución de la respuesta de los tejidos blanco, sobre todo el hígado y músculos, a los efectos biológicos de la insulina. ¿Cuáles son los factores de riesgo para padecer de resistencia a la insulina? Existen mayores probabilidades de padecer de resistencia a la insulina si: • • • • • • • • Tiene sobrepeso No hace actividades físicas Alguno de sus padres, hermanos o hermanas padece de diabetes tipo 2 Tiene síndrome de ovario policístico Tiene más de 45 años Su presión de la sangre es mayor de 140/90 mm Hg Sus niveles de colesterol HDL (bueno) están bajos (35 mg/dl o menos) Sus niveles de grasa conocida como triglicéridos están altos en su sangre (250 mg/dl o más)

Usted tiene más grasa alrededor de su cintura que alrededor de sus caderas.

Causas del síndrome metabólico o síndrome de resistencia a la insulina Es muy curioso que ante esta enfermedad o conjunto de síntomas (no es preciso tenerlas todas) básicamente se habla de factores genéticos o hereditarios. Es cierto que eso siempre influye pero también veremos que casi todas las personas que sufren de síndrome metabólico o síndrome de resistencia a la insulina tienen en común una serie de factores:  Son gente que hace años que viven con un altísimo nivel de estrés (no pueden ni saben relajarse ni en vacaciones ni en días de fiesta) y una vida muy sedentaria (tampoco suelen practicar ningún ejercicio físico). Son personas con una dieta muy desequilibrada y a menudo caótica. Empiezan "fabricando" colesterol; al cabo de un par de años se vuelven hipertensos o se les dispara la glucosa; empiezan a aumentar de peso especialmente alrededor de la cintura; si antes eran personas optimistas ahora se vuelven ansiosas, nerviosas o depresivas; están siempre cansados y su memoria empieza a preocuparles. En general veremos que se trata de personas sobre que han pasado los cuarenta años (aunque cada vez ocurre antes) y que han hecho "un bajón". Hasta hace poco sus analíticas eran normales y ahora se les está "disparando" todos los parámetros. La lectura es bien simple: su cuerpo se ha cansado de que le traten mal. El estrés y la mala alimentación son la combinación ideal para que surja cualquier tipo de enfermedad. Cuando preguntamos como y a que hora comen las personas con síndrome metabólico o síndrome de resistencia a la insulina nunca nos llevamos ninguna sorpresa: la mayoría de estas personas sólo desayuna un café con leche o un café con dos galletas. Luego pasan más de 6 horas hasta el almuerzo sin comer nada y de nuevo pueden pasar 7 horas hasta la cena. La hipoglucemia o bajones de glucosa en sangre seguidos de comidas caóticas (la persona se siente con un apetito voraz, es normal, y come lo que sea como sea) hacen que aumente nuestra resistencia a la insulina.

 

¿Cómo se diagnostica el síndrome metabólico? El médico revisará nuestro peso corporal y valorará si tenemos sobrepeso (sobretodo observará si el peso se acumula principalmente en nuestro abdomen); nos tomará la presión arterial para ver si tenemos hipertensión arterial y ordenará que nos realicen una analítica de sangre para ver como estamos de colesterol, triglicéridos, glucosa y nuestros niveles de insulina. Ver que nivel de estrés padece y si lo compensa de algún modo (ejercicio físico, relajación, etc.). Normalmente cuando hay tres factores alterados ya se puede decir que el paciente sufre de síndrome metabólico. DIABETES MELLITUS TIPO 2 I. Etiología.

El origen de la diabetes mellitus tipo 2 es multifactorial, incluidos elementos genéticos y ambientales. Los resultados de genética molecular también respaldan la predisposición genética de la diabetes mellitus tipo 2. Sin ninguna duda los factores ambientales, como la obesidad, la alimentación y el estilo de vida, interaccionan con la predisposición genética. En la actualidad nose sabe como se relacionan los factores genéticos con los ambientales para dar lugar a las alteraciones metabólicas observadas en la diabetes mellitus tipo 2, como la resistencia a la insulina y el descenso de su secreción. II. Patogenia.

La reducción de la secreción de insulina y la resistencia a esta hormona son los rasgos metabólicos fundamentales de la diabetes mellitus tipo 2 y tiene una función importante en su tratamiento , durante el seguimiento longitudinal de individuos con la enfermedad, la secreción de insulina es superior a lo normal durante el ayuno, así como en respuesta a glucosa oral o comidas mixtas; la glucemia esta ligeramente alterada en esta fase inicial. A medida que avanza el

proceso, la glucemia en ayunas o 2 horas después de la administración oral de glucosa se eleva mas y la secreción de inulina aumenta considerablemente. Sus valores postprandiales pueden ser de 3 a 5 veces los observados al inicio del curso de la enfermedad. Aunque la secreción de insulina aumenta no lo hace de manera suficiente como para compensar las altas concentraciones de glucosa. Tras su evolución posterior, la glucemia en ayunas y 2 horas después de la administración oral de glucosa supera 200 y 400 mg/dl, respectivamente. En este momento, la secreción de insulina disminuye acusadamente hasta el punto de caer por debajo de la existía en la fase preceden te de la enfermedad. Por tanto, aunque las concentraciones de insulina circulantes que se observa antes de la diabetes mellitus tipo 2 y al inicio de su evolución es el dato característico de la resistencia a la insulina, que provoca una disminución de sus actividad en el hígado, al igual que en el tejido adiposo y muscular, dando lugar a un escaso uso periférico de la glucosa y a su mayor síntesis hepática; todo esto tiene como consecuencia la hiperglucemia. La resistencia insulinica junto con la reducción de sus secreciones, ofrecen la combinación ideal para que aparezca una hiperglucemia importante.

III.

Diagnostico de los trastornos caracterizados por hipeglucemia en ayunas.

Los criterios de la OMS consideran aparentemente normal una glucosa en ayunas menor de 115mg/dl y como sospecha de IG (intolerancia a la glucosa) 0 diabetes entre 115 y 140 mg/dl; por tanto se necesita realizar una PTOG a las 2 horas, un resultado en esta prueba inferior a 140mg/dl es normal, mientras que entre 140 y 200 mg/dl resulta diagnostico de IG y mayor de 200 mg/dl es diagnostico de diabetes. PTOG. Cada vez es mayor la necesidad de efectuar la prueba de tolerancia oral a la Glucosa. La frecuencia de muerte cardiovascular es un 40% superior en las personas pertenecientes al percentil 25 mas alto del intervalo normal de glicemia en ayunas (86 a 109 mg/dl) en comparación col las del percentil 25 mas bajo,

una vez que una persona tiene IG, el riesgo de muerte cardiovascular se eleva a 60%. Cuando la glicemia en ayunas se encuentra varias veces por encima de 126mg/dl esa persona es diabética (criterios de la ADA) y ya no es necesario realizar una PTOG.
Categoría riesgo de Glucemia en Glucemia postprandial a las 2 Riesgo ayunos horas ( tras prueba tolerancia oral a glucosa ) <140 Necesario para el diagnostico CV

de ( riesgo relativo )

Normal <90 mg/dl Intolerancia a la 90 – 126 glucosa sospecha o de

1,40

diabetes Intolerancia a la No adecuada glucosa confirmada Diabetes confirmada >126

140 – 200

1,60

>200

2-4

IV.

Cuadro clínico:

La clave para desarrollar un plan terapéutico global contra la diabetes consiste en comprender, prevenir y controlar sus seis complicaciones crónicas integradas por 3 enfermedades microvaculares de los ojos, los riñones y los nervios, y las 3 enfermedades macrovaculares o ateroescleróticas que afectan al cerebro, el corazón y el sistema vascular periférico, junto a las 2 complicaciones agudas de cetoacidosis e hipoglucemia grave . Las complicaciones microvasculares son distintivas de la diabetes. Las macrovaculares se asocian tanto a diabetes como a GBA, pero también se conserva en pacientes no diabéticos con ateroesclerosis.

Para controlar todas estas complicaciones se han identificado 6 factores de riesgo: a) Menopausia b) Consumo de tabaco c) Hipertensión arterial d) Dislipidemias e) Microalbuminemia f) Hiperglucemia; de los cuales los 5 últimos son factores de riesgo de muerte independiente. Una intervención adecuada en cada uno de los factores de riesgo permite reducir la mortalidad de los diabéticos en un 40% a 65%. MACROVASCULARES (DM + GBA ) 1. Corazón 2. Cerebro 3. Piernas y pies MICROVASCULAR ( DM ) 1. Retina 2. Riñón 3. Nervios

A. Productos finales de la glucosilacion. Son los encargados de mediar complicaciones de la diabetes crónica. Estos productos son el resultado directo de la unión de la glucosa a las el proceso patógeno central de las

proteínas por medio de reacciones no enzimáticas. La glucosilacion de las proteínas produce una disfunción proteica debido a cambios estructurales que suceden en puntos importantes para su acción o a una alteración de la semivida de las proteínas originada por una reducción de su velocidad de escisión enzimática y disponibilidad.

Estos derivados activos de la glucosa, al igual que los radicales libre, empiezan a polimerizarse e inducir la “reacción de oscurecimiento” que es la razón de que las cicatrices del paciente diabético tengan un tono marrón oscuro cuando su glucemia no esta bien controlada. Los radicales libres también pueden dar lugar a la formación de puentes transversales, lo que reduce la eficacia de las enzimas de degradación normales. Por supuesto estas enzimas se encuentran glucosiladas lo que complica aun mas l proceso. El único efecto beneficioso es la glucosilacion de la hemoglobina, que permite valorar el tratamiento de hiperglucemia. El consumo de tabaco también puede aumentar los productos finales de la glucosilacion porque provoca la inhalación de partículas compuestas por proteínas glucosiladas de la planta del tabaco. Cuando se fuma, se eleva los PFG en el plasma. Hipertensión arterial. Normalmente, la síntesis de oxido nítrico evita este proceso, por que causa relajación del musculo liso. Sin embargo en el contexto de la glucosilacion, las concentraciones de oxido nítrico son menores debido a la alteración de sus síntesis, de modo que es mas probable la vasoconstricción y la hipertensión asociada. Riñón. Alteración sobre la integridad estructural del filtrado glomerular. Esta alteración de la filtración provocan un aumento de la presión hidrostática en el glomérulo y la excreción albumina hacia la orina que si supera 20mg/día, se denomina microalbuminemia. El único análisis que se puede emplear para prevenir o ralentizar las complicaciones crónicas microvasculares o macrovasculares de la diabetes es el de hemoglobina glucosilada, finalmente, su determinación puede verse modificada cuando hay una anemia apreciable o en algunos casos de hemoglobinopatías.

Hipertensión Tabaquis mo Microalbumine mia

PRODUCTO S FINALES DE LA

Microvascular es Ojo Riñón Nervio s Macrovascula res

Hipergluce mia Lipoproteínas de baja densidad

Corazó n Cerebr o

Diagnostico de diabetes Con síntomas o signos >140Prueba de glucosa sanguínea >15mmol DIABETES ALTERACIÓN DE LA TOLERANCIA A LA NORMAL PTOG formal con 75g (criterios de la Sin síntomas o

Asignar el tipo de diabetes Tipo 1 mas probable si: • • • Síntomas grave Perdida de peso Cetosis o cetonuria sostenidas

Revisar y comprobar periódicamente

Para decidir si un paciente presenta una diabetes tipo 1 o tipo 2 pueden utilizarse otras características clínicas o bioquímicas. DMID (diabetes tipo 1 ) DMID (diabetes tipo 2 ) Comienzo repentino Comienzo gradual Síntomas graves, incluido el coma en Puede no haber síntomas algunos pacientes. Perdida de peso reciente Por lo general delgados Cetosis espontanea Péptido C indetectable Marcadores de autoinmunidad detectables antiinsulares ) ( como anticuerpos A menudo no hay perdida de peso Por lo general obesos No cetosica Péptido C detectable Sin marcadores de autoinmunidad

HIPOINSULINISMO

La insulina pancreática se segrega directamente en la circulación portal y es transportada al hígado, que es el órgano central de homeostasis de la glucosa, donde se degrada el 50% de la insulina. La circulación periférica transporta entonces la insulina hasta las células del cuerpo y finalmente al riñón, donde se degrada otro 25% y se produce la excreción. El Hipoinsulinismo origina el padecimiento conocido como diabetes sacarina, que es el más común en las enfermedades endocrinas, una enfermedad metabólica que afecta a muchas funciones corporales Un signo de diabetes sacarina es la concentración anormalmente elevada de glucosa en la sangre o hiperglucemia; ésta, a su vez, provoca que la glucosa sea eliminada por la orina, circunstancia llamada glucosuria. Debido a que es incapaz de satisfacer sus necesidades energéticas, el cuerpo empieza a consumir grasas y proteínas. Alteraciones provocadas por la falta de insulina Inicialmente, la ausencia en la producción de insulina afecta a la captación y entrada de glucosa en el músculo y células grasas. Cuando la ingesta de glucosa disminuye, el cuerpo demanda combustible, y el glucógeno se libera desde el hígado. El nivel de glucosa en sangre se eleva aún más. Cuando los niveles de glucosa en sangre se acercan a los 180 mg/dl, la capacidad de los conductos renales para reabsorber la glucosa (el umbral renal) se excede, y la glucosa es excretada por la orina (glucosuria). Puesto que la glucosa es un diurético osmótico, se excreta agua y sales en grandes cantidades y se produce la deshidratación celular. Cuando la situación se prolonga, la excesiva diuresis (poliuria) combinada con la pérdida de calorías ocasiona polidipsia (sed aumentada), polifagia (hambre aumentada) y fatiga: los síntomas clásicos de la diabetes mellitus.

Poliuria

Polidipsia

Polifagia

El primer intento de las células del cuerpo de contrarrestar la falta de glucosa es metabolizar proteínas, cuyo resultado es la liberación de grandes cantidades de aminoácidos. Algunos de los aminoácidos se convierten en urea en el hígado y se excretan, dando como resultado un balance negativo de nitrógeno. En ausencia de insulina, las células del tejido adiposo intentan proveer combustible movilizando las reservas grasas. Los ácidos grasos libres se utilizan inicialmente para la producción de energía, pero la mayoría alcanzan el hígado donde se forman tres fuertes ácidos: ácido acetoacético, ácido betahidroxibutírico y acetona. Estos cetoácidos (o cuerpos cetónicos) son excretados finalmente por el riñón junto con bicarbonato de sodio. La combinación de la acumulación de cetoácidos y la excreción de bicarbonato ocasiona una caída en el PH del plasma, cuyo resultado es una acidosis. El cuerpo intenta corregir la acidosis mediante la llamada respiración Kussmaull, que es una respiración trabajosa y profunda provocada por el esfuerzo del cuerpo para convertir el ácido carbónico en dióxido de carbono. Si no se diagnostica la acidosis, la deshidratación y el desequilibrio de electrólitos afectará al cerebro y, finalmente, causará coma. Si no se trata la deficiencia de insulina. se puede llegar a la muerte. El tratamiento con insulina pretende revertir el estado catabólico creado por la deficiencia de insulina. Cuando el cuerpo recibe insulina, los niveles de glucosa en sangre comienzan a caer, de forma que las grasas dejan de proveer combustible, con lo que cesa la producción de cuerpos cetónicos, los niveles de bicarbonato sódico en sangre y el PH suben, y el potasio se desplaza intracelularmente a medida que el anabolismo (reconstrucción de tejidos) comienza.

SÍNDROME HIPERGLICÉMICO Es el estado humoral en el cual las cifras de glucosa en la sangre se encuentran por encima de las normales. Una glicemia basal (en ayunas)

elevada, una glicemia posprandial (2 h después de una comida principal) también elevada y una prueba de tolerancia a la glucosa (PTG) alterada, de tipo diabético, permiten establecer el diagnóstico de la perturbación del metabolismo de los hidratos de carbono. Sin embargo, debemos señalar que una hiperglicemia, con glucosuria o sin ella, no es sinónimo de diabetes. Pueden existir estados análogos por causas nerviosas, psicógenas, emotivas, hepáticas, endocrinas o iatrogénicas. SINDROMOGÉNESIS O FISIOPATOLOGÍA Y DIAGNÓSTICO POSITIVO Analizaremos fundamentalmente la fisiopatología y el cuadro clínico de la diabetes mellitus por ser la causa más frecuente de las hiperglicemias y glicosurias persistentes. La hiperglicemia de la diabetes mellitus es debida a una insuficiencia absoluta o relativa de insulina. Al faltar esta hormona disminuye la utilización de la glucosa por los tejidos periféricos, músculos y tejido adiposo; el hígado, en respuesta a la demanda periférica, aumenta la glucogenólisis con lo cual se eleva más la cifra de glicemia en la sangre. Cuando esa cifra sobrepasa el umbral renal, que es de aproximadamente 180 mg/dL (10 mmol/L), comienza la excreción por esa vía, la que arrastra grandes cantidades de líquido por su poder osmótico, originándose la poliuria con glicosuria. Esta trae como consecuencia la necesidad de ingerir agua, lo que ocasiona una sed marcada y da lugar a la polidipsia. Por otro lado, como los tejidos no pueden utilizar de manera adecuada la glucosa, destruyen en primera instancialos lípidos de las reservas de grasa y posteriormente las proteínas, ya que aunque existe gran cantidad de glucosa en la sangre, los tejidos continúan con hambre de glucosa y esto trae varias consecuencias: 1. Sensación de hambre, es decir, polifagia, para tratar de ingerir sustancias energéticas. 2. Cetoacidosis por metabolización acelerada de los lípidos, que puede conducir al coma diabético. 3. Aumento de la gluconeogénesis en el hígado a partir de los productos del metabolismo lipoproteico.

4. En la generalidad de los casos, aumento de los lípidos sanguíneos, incluyendo el colesterol. Todas estas alteraciones originan:

Astenia muscular y psíquica, con sensación de cansancio, debilidad y falta de concentración. Adelgazamiento por pérdida de peso, que se va estableciendo a medida que el cuadro avanza y que puede llegar a ser importante, puesto que se añade la deshidratación progresiva. Estos son los síntomas principales o más frecuentes en la diabetes mellitus; pero si la enfermedad alcanza gran intensidad antes de ser diagnosticada o no es controlada adecuadamente después de conocerla, da lugar a un buen número de complicaciones, con su cortejo sintomático característico. Las más importantes son: 1. Manifestaciones vasculares. Es común la aterosclerosis generalizada, en relación con el aumento de los lípidos sanguíneos u otros mecanismos y cuya manifestación clínica depende del vaso afectado: son frecuentes las coronariopatías y el infarto del miocardio; el ictus apoplecticus (cerebral); y cuando afectan las arterias de los miembros inferiores, se presentan, la claudicación intermitente, las arteritis y la temible gangrena diabética. Al afectarse las arteriolas se produce la llamada angiopatía diabética (microangiopatía), la que suele arterial y determinan síndromes de insuficiencia renal, incluyendo el síndrome de Kimmelstiel-Wilson o glomerulosclerosis intercapilar y trastornos visuales, en especial de la retina, como expresión de la llamada retinitis diabética. En ocasiones, el diabético acude al oftalmólogo antes que al médico general. Estos trastornos pueden adoptar la forma de microaneurismas o de retinitis proliferante. 2. Manifestaciones neurológicas. Neuritis y neuralgias; la llamada neuropatía diabética y el mal perforante plantar

sumamente rebelde y tenaz a la terapéutica. 3. Manifestaciones cutáneas. En la piel a menudo se encuentra prurito molesto y en las mujeres, prurito vulvar. Son frecuentes las infecciones cutáneas: foliculitis, dermatitis, furúnculos y ántrax, que para algunos constituyen la diabetes cutánea. Por la dislipemia existente, es habitual encontrar en la piel, los llamados xantomas. 4. Las infecciones, en general, incluyendo la pielonefritis, son muy frecuentes en el diabético.

DIABETES MELLITUS TIPO 1 La diabetes mellitus tipo I o también conocida como diabetes juvenil o diabetes mellitus insulino dependiente, es una enfermedad metabólica caracterizada por una destrucción selectiva de las células β del páncreas causando una deficiencia absoluta de insulina. Se diferencia de la diabetes mellitus tipo 2 porque es un tipo de diabetes caracterizada por darse en época temprana de la vida, generalmente antes de los 30 años. Sólo 1 de cada 20 personas diabéticas tiene diabetes tipo I, la cual se presenta más frecuentemente en jóvenes y niños. La administración de insulina en estos pacientes es esencial. La diabetes tipo 1 se clasifica en casos autoinmunes (la forma más común) y en casos idiopáticos. La diabetes tipo 1 se encuentra entre todos los grupos étnicos, pero su mayor incidencia se encuentra entre poblaciones del norte de Europa y en Cerdeña. La susceptibilidad a contraer diabetes mellitus tipo 1 parece estar asociada a factores genéticos múltiples, aunque solo 15-20% de los pacientes tienen una historia familiar positiva.

Causas e incidencias La diabetes es una enfermedad para toda la vida para la cual aún no existe una cura. En este tipo de diabetes, las células del páncreas producen poca o

ninguna insulina, la hormona que permite que el azúcar (glucosa) entre en las células del cuerpo. Sin suficiente insulina, la glucosa se acumula en el torrente sanguíneo, en lugar de penetrar en las células. El cuerpo es incapaz de utilizar la glucosa como energía a pesar de los altos niveles en el torrente sanguíneo, lo que lleva a que aumente el hambre. Además, los altos niveles de glucemia causan aumento de la micción y esto lleva a que se presente sed excesiva. En cuestión de 5 a 10 años, las células beta del páncreas productoras de insulina están completamente destruidas y el cuerpo ya no puede producir más insulina. La diabetes tipo I puede ocurrir a cualquier edad; sin embargo, se diagnostica en muchos pacientes antes de los 20 años. El proceso de desarrollo de la diabetes tipo 1 es gradual, pudiendo ser necesarios varios años antes de que se manifieste clínicamente. La enfermedad se desarrolla por el ataque del sistema inmune contra las propias células beta del páncreas, encargadas de producir la insulina. Este proceso parece tener varias etapas: 1. Hay, primero, una susceptibilidad o predisposición genética, en la que parece haber implicados varios genes. 2. Además, parece necesario que ocurra un factor desencadenante ambiental (infección viral, estrés, toxinas, etc.), tras el cual, aparece el proceso inmunológico frente a las propias células beta, que son destruidas. 3. La reacción inmunológica está mediada por anticuerpos (reacción humoral) y células (reacción celular), habiéndose detectado autoanticuerpos frente a proteínas presentes en la superficie de las células beta, como la descarboxilasa del ácido glutámico (GAD), que es similar a una proteína del virus Coxsackie B, potencialmente implicado en el desarrollo de la diabetes. Otros anticuerpos incluyen los IA2, dirigidos contra una fosfatasa presente en el interior de las células beta,

y anticuerpos contra la propia insulina. Estos anticuerpos pueden ser detectados en el suero de los pacientes meses y años antes del desarrollo de la enfermedad, y se han convertido en marcadores de un estado conocido como prediabetes. La causa exacta se desconoce. La genética, los virus y los problemas autoinmunitarios pueden jugar un papel. Síntomas Los posibles síntomas abarcan:
• • • • • • • •

Dolor abdominal Ausencia de la menstruación Fatiga Aumento de la sed Aumento de la micción Náuseas Vómitos Pérdida de peso a pesar del aumento del apetito

Signos y exámenes Los siguientes exámenes se pueden utilizar para diagnosticar la diabetes:
• •

Análisis de orina muestra: la glucosa y los cuerpos cetónicos en la orina Examen de sangre para el diagnóstico:
o

La glucosa en sangre en ayunas deber ser de 110 mg/dl o más en dos ocasiones. La glucosa aleatoria (sin ayunar) en la sangre excede los 140 mg/dl y el paciente tiene síntomas como aumento de la sed, de la micción y fatiga (esto se debe confirmar con examen en ayunas). El examen de insulina (nivel bajo o indetectable de insulina). Niveles de hemoglobina glicosilada (HbA1c) cada 3 a 6 meses.

o

o o

Tratamiento

Los objetivos inmediatos del tratamiento son tratar la cetoacidosis diabética y los altos o bajos niveles de glicemia (hiperglicemia e hipoglicemia según refiere). La aparición de los síntomas graves de la diabetes es súbita y de gravedad, por lo que es posible que las personas necesiten permanecer en el hospital. Las personas que la padecen deben recibir inyecciones diarias de insulina. Los objetivos a largo plazo del tratamiento son:
• • •

Prolongar la vida Reducir los síntomas Prevenir complicaciones relacionadas con la diabetes, tales como ceguera, insuficiencia renal, cardiopatía y amputación de extremidades.

Estos objetivos se logran a través de:

Autocontrol cuidadoso de los niveles de glicemia (con hemoglobinas glicosiladas seriadas cada 3 meses además de control de test de glicemias)

Educación por parte de profesionales, como nutricionistas, médicos y enfermeras. Ejercicio continuo. Cuidado de los pies. Uso de insulina. Planeamiento de las comidas y control del peso.

• • • •

La INSULINA La insulina baja el nivel de glucemia permitiendo que salga del torrente sanguíneo y entre en las células del organismo. Todas las personas necesitan insulina. Las personas con diabetes tipo I no pueden fabricar su propia insulina y, por tanto, deben tomarla diariamente.

La insulina se inyecta generalmente debajo de la piel. En algunos casos, una bomba libera la insulina en forma continua. Las preparaciones de insulina se diferencian por la rapidez con que empiezan a hacer efecto y su duración. El médico revisará los niveles de glicemia para determinar el tipo apropiado de insulina que se debe utilizar. Se puede mezclar más de un tipo de insulina en una misma inyección para así lograr el mejor control de la glucemia. Las inyecciones se necesitan por lo general de una a cuatro veces al día. El médico o un educador en diabetes enseña a las personas que requieren insulina cómo inyectarse ellos mismos para obtener un autocontrol propio. Inicialmente, la inyección en los niños debe ser aplicada por uno de los padres u otro adulto y hacia la edad de 14 años se puede esperar que la mayoría de los niños se aplique sus propias inyecciones. Las personas con diabetes necesitan saber cómo ajustar la cantidad de insulina que están tomando en las siguientes situaciones:
• • • •

Cuando hacen ejercicio Cuando están enfermos Cuando estén comiendo más o menos alimentos y calorías Cuando estén viajando

BIBLIOGRAFÍA

• • •

http://www.alfinal.com/Salud/insulina.shtml http://escuela.med.puc.cl/paginas/cursos/tercero/IntegradoTercero/ApFisi opSist/nutricion/Nutricion1.html http://www.uned.es/pea-nutricion-y-dietetica-I/guia/diabetes/prodinsu.htm

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