DIOS Y EL HOMBRE El hombre ha sido es y seguirá siendo un enigma para sí mismo.

Ahora que estamos en la era de las grandes tecnologías y de los impresionantes avances científicos, no son pocos los que creen que la ciencia acabará explicándolo todo, incluso llegar a desvelar el misterio del hombre como “ser”. Ni tampoco son pocos los que piensan que la ingeniería genética, tras haber completado el mapa de genoma humano, a la par con otras ciencias como humanidades, antropología, psicología, etnología, etc., darán definitivamente en el clavo haciendo desaparecer todas las religiones. Por haber los hay hasta que afirman contundentemente que ya se han construido máquinas más inteligentes que el propio hombre. Menos son los que piensan que tanto las ciencias como las máquinas son productos del cerebro humano, del que por otra parte resulta difícil hablar, entre otras cosas porque todavía no sabemos como funciona en detalle. A lo largo de la historia, la filosofía y las ciencias parece que unas veces tienden a divergir y otras a converger y en ambos casos ahondan en el misterio del hombre como “ser”, patente ya desde su propia encarnación. De alguna manera la ciencia, no pocas veces, por ser producto del cerebro humano, es portadora de tremendos errores que dejan a su creador inmerso en el vacío mas absoluto. Así pues las divergencias y convergencias observadas a lo largo de la historia entre las ciencias y la filosofía, parecen desembocar en un mismo sentido, y como tal hecho podemos advertir sin dificultad que tanto la ciencia con métodos estrictamente objetivos, como la filosofía con razonamientos profundos y perfectamente válidos, no pueden aportarnos un exhaustivo conocimiento del hombre como “ser”. Pienso, luego existo. ¿Puede alguien explicar ésto con una ecuación?. No. Todo movimiento observable es relativo. ¿ Puede alguien demostrar esto con algún razonamiento filosófico?. No. Pero advirtamos que tanto el brillante razonamiento filosófico, como la brillante teoría, emergieron de dos cerebros humanos privilegiados, valores que si los admitimos como recibidos, sería absurdo atribuirlos a las propias ciencias o filosofía, pues ambas surgen del cerebro. Un simple pensamiento humano, puede traspasar las barreras del Universo, esa Unidad de Actividad con la que el hombre se siente solidario, lo que implica definitivamente que el ser humano es infinitamente superior al Cosmos. El hombre es el único ser que arriesga e incluso da la vida aparentemente por nada, por un ideal. Pero el ideal existe, y si en tal caso el hombre da la vida por él, no podemos decir que lo ha hecho por nada. “Su muerte no ha sido en vano”, solemos decir. Si alguien ha sufrido o sufre algún tipo de estado depresivo, sabe que de nada sirve que intenten darle ánimos para aliviar su sufrimiento. Con frecuencia dice que lo dejen en paz porque lo único que hacen es ponerlo peor de lo que está, algo que no comprende el mentalmente sano. Y esto es lo que no pueden explicarnos ni la ciencia ni la filosofía. Somos como somos y no como quisiéramos ser. El hombre no es perfecto, pero casi. Conocedor de sus limitaciones, es consciente además de que no hay otro ser igual a él, lo que le lleva a un instinto de conservación muy distinto al de cualquier otro animal. Pero ¿ Quien soy yo?, ¿Por qué estoy aquí?. En conciencia son preguntas que el hombre lleva dentro de sí durante toda la vida, y es él quien intenta darle “su” respuesta. Estas preguntas pueden parecer absurdas, ingenuas, e incluso para algunos carentes de sentido. Pero es inevitable que surjan a lo largo de la vida, y cuando el hombre intenta darles “su” repuesta, lo primero que suele descubrir es algo primordial, “que es él quien está, y no otro”, algo que no estima como producto de una casualidad, lo que con frecuencia le lleva a pensar con certeza de que “su” encarnación no se debe al azar ni al capricho de una simple combinación del código genético. Pero la vida adquiere un carácter dramático si a esas dos preguntas añadimos otras dos. ¿Qué es la muerte?, ¿Por qué tengo que morir?. Definir la existencia del hombre, su lugar en el Cosmos y su destino son tareas que en cierta manera parecen concernir tanto a la ciencia como a la filosofía. Ambas son conocimientos que brotarán del cerebro humano y que a lo largo de la historia, como ya se ha dicho, se advierte claramente que divergen y convergen dejando al hombre sin respuesta. El hombre nace libre, puede esclavizar, ser esclavizado por otro hombre o por si mismo. Pero advirtamos que en cualquier caso, estamos ante portentosos resultados del cerebro: Pensamiento, idea, acción. Está claro que estamos ante una relación causa efecto, pero que nadie intente explicar esto con una ecuación. No lo conseguirá. Ni

al intentar dar respuesta a este tipo de preguntas. La ilusoria pregunta que a veces nos hacen. podemos aceptarla como buena. El hombre es algo importante y sublime. no puede crear algo de la nada. tras muchas y muy exhaustivas investigaciones la ciencia médica nos dice con certeza que se ha producido una “muerte encefálica”. Ahora bien. Cuando una máquina nos muestra un electroencefalograma plano. Esta respuesta es exacta y no pretende en absoluto descalificar a la ciencia. “no somos nada”. Normales. se produce la admirable labor que llevan a cabo los equipos médicos de transplantes y la no menos admirable actitud de los donantes que conlleva un acto de amor de lo mas entrañable que hoy pueda acontecer en la humanidad. los domina con un poder limitado que sin lugar a dudas recibe. percibe que su vida está íntimamente ligada al Cosmos y a las numerosas especies de animales y plantas que le rodean. destruir e incluso llegar a su propia autodestrucción. pues a nuestro interlocutor le podemos responder todo lo contrario de lo que estamos pensando. como si algo a alguien nos impidiera acceder a él del todo. o un enfermo que muestra encefalograma plano?. Con frecuencia. Pero todas esas preguntas. . Es sin lugar a dudas lo más extraordinario que posee el hombre. Ahora bien. Pero. y no digamos ya si intentamos escribir lo que pensamos. no deja de ser una tremenda ingenuidad. sea del modo que sea y esté en el estado que esté. ¿Cuál fue su último pensamiento?. ¿tendrán el mismo sentido para el demente. Así pues llegamos a la conclusión por absurda que parezca. puede dominar de manera insignificante la naturaleza y el Cosmos. sordomudos. Se yergue superior a ellos. Todo será en vano. ¿Qué es lo que pensó?. los siameses. Ocurrido este hecho. de que incluso estamos limitados para acceder a nuestro cerebro. y queramos o no está llamado a explorarse y a conocerse a si mismo como “ser”. para luego “dejar de ser”. Con este poder limitado. el ciego. que le viene dado a su cerebro. ese cerebro pensó. se prescinde del hombre como “ser” percibiendo su existencia tan solo como cuerpo. Cuando el hombre adquiere plena conciencia de su encarnación en nuestro minúsculo planeta. La riqueza de ideas que nace del pensamiento humano es tan apasionante como desconcertante. y por encima de él. el sordomudo. pero es imprecisa. Pero el hombre descubre por si mismo que está limitado por su propio pensamiento. hay algo más. evidencia que admite y que le lleva a la sencilla conclusión que de la nada “es”. e incluso dejarlo satisfecho. indígenas y siameses tenemos un cerebro que piensa.tampoco con razonamientos filosóficos. momentos antes de producirse la “muerte encefálica”. No podemos saber como piensan los demás salvo que nos lo quieran o puedan comunicar. dementes. hecho que lleva al hombre a la conclusión de que no puede considerarse a sí mismo un absoluto. le impide acceder del todo a su cerebro. ¿en qué piensas?. ciegos. En él. puede construir. La expresión que en determinados momentos decimos. De este modo llegamos a admitir sin ningún tipo de fisuras que el pensamiento humano está ligado a la persona como “ser”. que aunque parezca extraño. De hecho pensamos mucho mas rápido de lo que hablamos. ¿Intentó transmitirnos algo y no pudo? Nunca lo sabremos. sino dejar claro que en ocasiones sus pretensiones de totalidad conducen a errores de difícil reparación. a la vez que se descalifican opciones importantes de tipo metafísico y religioso.