Sal Terrae 99 (2011) 227-240

Acompañar el dolor y la curación

Vendar las heridas

María Dolores López Guzmán*
Resumen Prudencia, delicadeza y sensatez son las tres cualidades fundamentales que toda persona que quiera acercarse al dolor de los otros debe aprender a cultivar. En el buen samaritano se puede encontrar un «manual» de cómo aplicarlas para vendar con cuidado las heridas del prójimo. Jesucristo es el verdadero samaritano, quien vino al mundo para curarnos de un modo singular. Él lo hizo desde «dentro», pero contó con la ayuda «externa» del Padre y la colaboración de un Espíritu que logró animar a los de «dentro» para que elevaran los ojos hacia «fuera», más allá de sí. En ellos descansa la verdadera consolación. Abstract Prudence, kindness and good sense are the three fundamental qualities that everyone who wants to get closer to their fellow men’s pain must learn how to develop. We can find a «guide» on how to apply these in the good Samaritan, in order to carefully bandage our neighbours’ wounds. Jesus Christ is the true Samaritan, who came to this world to cure us in a unique way. He did this from «within», but also relied on «external» help from the Father and the collaboration of the Spirit that managed to encourage those looking «within» to raise their eyes «outwards» beyond themselves. There lies true consolation.

No lo logró desde el principio. Francisco quería estar cerca de los leprosos, pero sentía un rechazo visceral. Cualquiera le habría aconsejado que no se empeñara tanto en ello; que si no le salía de forma natural, era mejor que lo dejara y fuera por otro camino. Sin embargo, él sabía que ahí se jugaba algo importante. Había empezado a cambiar por dentro y deseaba que eso le empujara a hacerlo por fuera. La enfermedad había sido suficiente para abrirle los ojos. Había hecho cosas sorprendentes, como quedarse desnudo delante de todo el pueblo, incluido el obispo, para expresar el abandono de su vida anterior. Pero sabía que «es muy costoso romper con las costumbres, y nada fácil arrancar del alma lo que en ella ha prendido»1. Cambiar la dirección. Por eso el santo era consciente de que aquello era solo el principio; el final estaba en Dios y en los otros, sobre todo en los más desfavorecidos, representados para él en los leprosos. «Mientras no llevaba a la práctica lo que había concebido en su corazón, no hallaba descanso»2. Para eso faltaba mucho. No podía con ello. El sentimiento de repulsión era más fuerte que sus deseos de hacer el bien. Sin embargo, «el Señor le mostró cómo había de comportarse»3 y le inició en el camino de la «Dama Pobreza», de la

A partir de ahí. él mismo se verá como il poverello d’Assisi (el pobrecillo de Asís). Adonde él no llegaba –no tenía medios. el amor que le movía no era suficiente. «Cierto día se topó con un leproso y. cada vez que los metía en la escudilla. a abatir su excesivo orgullo y a llegar al verdadero conocimiento bajo el azote divino. ni materiales ni espirituales– alcanzaba (y sobraba) la Gracia. Fue así como comprendió lo ridícula que era «su altivez de superhombre» (2 Mac 9. su manera de acercarse a los otros cambió.8-12). y a los afligidos el afecto de su corazón»5. en tensión a cada instante por los dolores. estar absolutamente perdido. Comprendió que no debe haber diferencia entre el hacer y el sentir. Como ni él mismo podía soportar su propio hedor. y así. Ni siquiera vivir en una comunidad fraterna le garantizaba mirar a los leprosos como a iguales. Seguía habiendo distancia. que llevaba «medicina con Amor». sin decir nada más. mientras no llegara a reconocer en el otro a un hermano como los demás y a compartir su misma suerte. Francisco sabía muy bien que.8). A partir de ese momento alargó «a los que no tenían nada su mano generosa. tanto más cerca estaremos de reproducir el amor verdadero. Confesó su culpa y. decía: “Justo es estar sumiso a Dios y que un mortal no pretenda igualarse a la divinidad”» (2 Mac 9. le dio un beso»4. Pero no estaba todo hecho. experimentar el vértigo del descontrol. Un «muro de contención» que ofende y que habitualmente despierta sentimientos de rechazo en quien es el «objeto de atención» –«¿quién se cree este que es?»– o de asombro –«a este le falta un “revolcón”. sufrir hasta la extenuación». A San Juan de Dios se le llegó a conocer en Granada como el «loco del amor». porque después de escuchar un sermón del Maestro Juan de Ávila se echó a las calles a anunciar el evangelio haciéndose pasar por un maniático. Pero esa decisión era humillante. La muralla del orgullo es insalvable hasta que uno se atreve a mirar cara a cara la miseria y los dolores de su propio corazón. Les tenían miedo. Barreras levantadas por él mismo. perder el sentido por alguien. pensar que toda tu vida es una equivocación. Desde entonces. La confianza en un Dios que siempre abre caminos donde no hay salida y la conciencia clara de la fraternidad universal le dieron alas: se fue a vivir con aquellos enfermos llenos de llagas. y que cuanto más seamos uno con el otro. los dedos con los que tomaba la comida estaban contraídos y sangrantes. La experiencia de la pobreza le llevó a conocer su miseria e incapacidad junto a la grandeza del Señor. «El leproso era todo llaga y úlcera. caía en ella la sangre»6. desear morirse por el peso de la culpa.que quedó prendado y con la que compartió el resto de su vida. «Así comenzó entonces. El «ayudador» frente a los «ayudados». Hubo un paso más. herido. Por eso enseguida se dio cuenta del error que cometió el día en que reprochó al hermano Jacobo «el Simple» que hubiera sacado a los leprosos fuera del hospital. ansiar los calmantes para no gritar. se puso a comer con ellos del mismo plato. cuando el rey sirio Antíoco Epífanes cayó por tierra en una de sus expediciones contra los judíos y quedó molido y descoyuntado en una litera. No quería que la gente los viera. superándose a sí mismo. Quería experimentar en . El Antiguo Testamento describe un episodio estremecedor. querer que a uno le arranquen de cuajo el corazón.

sí se detuvo. pues las raíces del dolor nunca se quedan en sus manifestaciones externas. «¡Ay de quien no está herido. 33). por ser extranjero y hereje). ni en la vida reposa herido alegremente!»7 1. probablemente porque sabía lo que era ser despreciado (en su caso. Son incapaces de atenderle. Un hombre ejemplar que nos da algunas claves interesantes acerca de lo que significa atender a las personas a las que el dolor las sobrepasa. hay un punto de partida común: la experiencia de la pobreza radical en las dos personas que se encuentran. Así descubrió heridas más profundas aún que el rastro físico de la enfermedad y empezó a pensar en levantar hospitales en los que se contemplara a los enfermos como personas «enteras». Lo que resulta realmente pernicioso es la indiferencia. . y un levita. no puede olvidar que lo que más duele es sentirse no querido y ser objeto de atención únicamente por el dolor. porque despierta el deseo de actuar. dedicado al servicio del Templo. de forma casi «natural». «puente» entre los hombres y Dios. Ciertamente. Pero esa emoción primera es importante. Nada más verlo. Varias personas se lo encuentran: un sacerdote. hacia los más necesitados. Hace tiempo que se desterró del imaginario religioso la idea de que la compasión se identifica con la lástima ante el calvario ajeno.34) El relato comienza con una situación dramática: un hombre «herido de muerte» al borde de un camino. un herido que está junto a otros heridos. se enterneció ante la triste situación de aquel hombre. La persona no interesa. es decir. de quien jamás se siente herido por la vida. Sobre su propia cabalgadura (Lc 10. tan solo interesa su sufrimiento. Cuando esto sucede. tuvo compasión (Lc 10. Era uno de los suyos. no el sentimiento de tristeza y empatía que origina una corriente de afecto hacia el sufriente. ya sea que el acompañamiento del dolor se dé en una relación simétrica (fundamentalmente la amistad) o asimétrica (como el acompañamiento espiritual). porque el que quiere acompañar a los heridos. Por eso. Pero el samaritano. El oficio de consolar8 El cristiano es un pobre que cuida y ama a otros pobres. Uno se queda «afectado» al contemplar el drama de las personas. Dan un rodeo y se van.sus carnes las humillaciones de que eran objeto los que sufrían demencias. es casi un acto reflejo huir del sufrimiento. Un error demasiado común. sino que arraigan en lo más profundo del corazón. Uno de los textos emblemáticos sobre la atención al necesitado es el del buen samaritano. todo cambia. La experiencia del dolor propio –bien «encajado»– resulta de gran ayuda para desarrollar un «radar» especial que detecta el dolor ajeno y anima a la persona a «inclinarse».

Alguien se ha cruzado en su camino y ya no puede vivir al margen de ese encuentro. dando cabida en nuestro corazón a la miseria que él sufre. Ese hombre se ha «quedado» en su corazón. conmiseración o misericordia son vocablos que expresan el sentimiento que nos hace participar del sufrimiento y el dolor de aquel a quien amamos. ya tiene su propia cabalgadura. Francisco de Sales aplica esta idea a la experiencia de la Virgen: «Los clavos que crucificaron el cuerpo del divino Hijo crucificaron el corazón de María.] Estos afectos los produce el amor. condolencia. Una progresiva implicación que termina alterando la vida. Acepta ralentizar su ritmo por el bien de quien ha sido golpeado. vuelve. pues esta nos invita a ir más allá del gesto material.. «Compasión. Sabe lo que es «estar tirado» y sabe que aquel hombre es su hermano. otros nos cuiden con ese amor. sin embargo. Por eso no le importa «hacerse cargo» de su sufrimiento. Por eso el rey David quedó consternado ante la muerte de Jonatán: «¡Jonatán! Por tu muerte estoy herido. pues. haciendo así comunes entre amigos los bienes y los males»9. las espinas que taladraron su cabeza traspasaron el alma de la dulcísima Madre. Una misión de esta envergadura no puede hacerse de cualquier manera. las mismas pasiones. Puede moverse.25-26). Pero no puede seguir. los mismos dolores. por ti lleno de angustia. Por eso. porque detrás de cada una de esas acciones hay todo un ejercicio de amor que tiene en su punto de partida la confianza en un Dios que muestra un horizonte detrás del dolor. cuando estemos golpeados. vendó sus heridas–. por condolencia. [. porque lo ha experimentado y alguna vez ha sido sanado. por la virtud que tiene de unir al que ama con el amado. un hombre que se manejó bien en aquella situación: actúa con conocimiento de causa –acercándose.33-35). pero no lo es. Estamos llamados. por conmiseración. la otra. Dos personas heridas. en extremo querido» (2 Sm 1. como el samaritano. El versículo 34 condensa el avezado modo de proceder del samaritano. más necesitado. Por eso es importante conocer cuáles son las actitudes y los aspectos más relevantes de este «arte de vendar» que tiene en sus manos la capacidad de aliviar hasta las heridas más profundas. después de cumplir con sus obligaciones. hermano mío. lo llevó a una posada y cuidó de él–. Hay conocimiento y amor. Parece sencillo. ella sufrió las mismas miserias de su Hijo. y a que.. que tiene capacidad de calmar el dolor. por compasión»10. El arte de vendar Lleva tiempo «entrar» en la dinámica de la generosidad evangélica. Es un deseo . sabe tratar las lesiones –echando en ellas aceite y vino– y está movido por un amor generoso –montándolo sobre su propia cabalgadura. La una permanece doblegada por los golpes.La secuencia de la manera de obrar del samaritano es preciosa y queda perfectamente reflejada en la narración a través de los verbos: ver– acercarse–vendar–montar en la propia cabalgadura–llevar–cuidar– volver (Lc 10. Los planes cambian. a ser. Ahora bien. Se ve a sí mismo y a otros muchos en él. «ayudadores» de los otros y «ayudantes» del Señor. Lo que a él le permite moverse (la cabalgadura) se lo cede al otro. en ese encuentro hay uno que está «mejor situado». Jonatán.

callar e «inclinar el oído» deberían ser las tres acciones del comienzo. De dos modos: por un lado. me dava grandísimo deseo de aprovechar a los otros. las palabras a veces no tienen lugar. a alguien que ha perdido a un ser querido. bien sea a un enfermo. En tercer lugar. Elie Wiesel. Pero hay personas que siempre andan buscando qué decir. El encuentro entre acompañante y acompañado debe estar centrado en la recuperación. donde se afirma la relación entre lo que se hace con el prójimo y el Señor: «cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños. a mí me lo hicisteis» (Mt 25. En segundo lugar. es fundamental tomar conciencia de que es necesario descalzarse ante el sufrimiento del hermano. que me «llama» en una persona herida. el camino del encuentro en el dolor es largo y exige mucha escucha. el querer hacer muchas cosas por los demás. a una persona abandonada de todos. decía acerca de su forma de escribir: «lo que yo intento es introducir tanto silencio como sea posible. etc. Aproximarse. Desearía que mi obra no fuera juzgada por las palabras escritas. Porque cuando el sufrimiento es muy grande. bien. también implica convertirse en bálsamo. no en las dolencias –«Las cicatrices de las heridas son remedio contra el mal. ayudando a sacar el potencial del sujeto arrinconado por el desánimo. y el silencio es el mejor modo de respetar y comunicar. en las personas que se han dejado tocar por el Evangelio. víctima de los campos de concentración nazis. es decir. tentación muy ordinaria de los que comienzan»11. una vez asumido que en el inicio está el reconocimiento de la pobreza compartida. Inspira ternura la cara suplicante de un niño – – . es primordial abrir los ojos para poder reconocer la presencia de Dios en el otro. Así pues. por más que conozcamos los remedios idóneos para cada enfermedad. Y aquí hay una primera tarea: mostrar que a veces hay historias que solo se pueden contar sin palabras y que únicamente sin palabras se pueden escuchar. acompañar no es solo abrazar. Aunque eso no impide que el proceso hacia el restablecimiento incluya momentos en los que el dolor se pueda intensificar. No terminan de convencerse de que el silencio puede generar vínculos más hondos que las palabras pronunciadas. Hasta ahí. por muchos nombres de pobres que tengamos anotados en nuestra agenda particular. Por muy habilidosos que seamos diagnosticando heridas. estamos tratando «mano a mano» con Dios. renuncia y grandeza de ánimo. Santa Teresa advertía: «antes que supiese valerme a mí. de poca entidad. escuchar o contemplar. El problema empieza cuando uno cree que se lo sabe todo solo por estar cerca de una realidad difícil. Uno no puede acercarse a su dolor de cualquier manera. sino por su peso en silencio»12. Por eso merece la pena detenerse un poco en algunas consideraciones acerca de lo que significa acompañar las heridas. porque es «tierra sagrada». por otro. objetivamente.40).30)–. los golpes curan hasta el fondo de las entrañas» (Prov 20.común. Tenemos múltiples ejemplos en el Evangelio. en consuelo para el alma y alivio para las heridas. – En primer lugar. aun cuando ese sufrimiento sea. siendo lugar de descanso donde el otro pueda pararse a compartir sin trabas (y sin miedo) lo vivido y donde la confianza le permita dejarse curar.

Y otro criterio (compuesto por tres puntos interrelacionados) fue descrito de forma muy gráfica por uno de los supervivientes de los Andes (aquel accidente de avión sucedido en el año 1972 en que dieciséis personas sobrevivieron. Esta es una de las partes más difíciles. en lugar de curar. hay algunos criterios que pueden servir en cualquier ocasión.).. y heridas cerradas en falso. por tanto. no pretender apañarse uno solo (la Iglesia es una buena – – . bien por afecto –«El que mima a su hijo vendará sus heridas. Con respecto a este punto. Esto último es imposible y pretencioso. y quien acompaña. En sexto lugar. después de setenta y dos días en un glaciar a temperaturas por debajo de los cuarenta grados). donde Dios le habla de modo particular. el acompañante debe tener conciencia clara de que una cosa es participar en el dolor del otro.. la mayoría de ellas.] y no permitimos a la muerte infiltrarse. una enferma a la que estaba cuidando la tiró al suelo. «El Dios que me encontré en los Andes me enseñó continuamente que el camino era por el lado de abajo. De aquí se desprende. Por eso es bueno no olvidar que el único que salva es Jesucristo. dolores mal llevados. discernir el dolor. porque acercarse al dolor significa estar expuesto a ser «salpicado» por él. otras permanecen entreabiertas y sangran de vez en cuando. delicadeza y valentía. resulta crucial. Uno de ellos sería mirar atentamente de dónde procede el sufrimiento. cuál es el curso que sigue y hacia dónde conduce16. pues a veces toca presenciar elecciones equivocadas. Si uno no respeta ese carácter único de cada existencia. pero dejan una marca indeleble.. para determinar qué clase de heridas estamos tratando (algunas duelen toda la vida. bien sin querer –a Josefa Recio. pisoteándola y dejándola maltrecha15–. Nuestra lucha fue una pelea permanente contra el “no”. a pesar de que en algunos momentos era lo más atractivo»17. pero gracias a nuestra actitud pudimos reconvertirlo en “sí” [. Carlos Páez señaló las razones por las que pudieron salir adelante: la fe en Dios. cicatrizan.7).. para determinar cómo han de ser afrontadas. En quinto lugar. fundadora de las Hermanas Hospitalarias. y otra muy distinta sustituirle. Primero.. Francisco los «servía con extrema delicadeza: lavaba sus cuerpos y curaba sus úlceras»14–. hay tres virtudes esenciales que toda persona que quiera vendar heridas debe cultivar: prudencia. Cada persona debe hacer su camino. tanto para el que acompaña como para el acompañado. Prudencia y sensatez para ampliar el campo de visión de la persona abatida por el sufrimiento –«el acompañante tiene que tener mucha tierra explorada de la bondad de la gente para tratar de equilibrar esa mirada de negatividad»13–. Finura y exquisitez para evitar la mirada curiosa y la pregunta inoportuna –a los leprosos. a cada grito se le conmoverán sus entrañas» (Si 30. Y. un instrumento puntual –¡ojalá que de sanación!– en medio de toda una historia. el espíritu de equipo y la existencia de diferentes roles en el grupo.que quiere evitar ese instante de agudo escozor que sobreviene cuando tienen que limpiarle las heridas. – En cuarto lugar. que para salir adelante es necesaria la fe. segundo. puede acabar siendo una medicina que. intoxique e interfiera. Arrojo y determinación.. sin embargo.

». es lo esperable–. sana y salva? ¿No se queda en una declaración un tanto corta de buena intención? El rastro del samaritano permite encontrar una vía que aporta algo de veracidad y sentido. precisamente. El consuelo de Dios Se tiene mucho ganado cuando la persona que sufre está dispuesta a levantar los ojos hacia el Señor. Dios ha demostrado que está de parte del hombre.. sino su manera de curar. – Y. Es el único que puede verdaderamente sanar las heridas más enquistadas. entonces es otra historia. Un hombre admirable más.. por último (y quizá lo más importante). pero únicamente queda el limitado consuelo de pensar que ha habido en la historia gente heroica que lo ha pasado peor que uno mismo..3). no hay problema. Impresiona. «Mal de muchos.compañía) y apoyarse en otros que puedan devolver una mirada objetiva y autorizada sobre mi propia realidad. Del Pretorio al Calvario. la envidia o la ambición. 2. sí. No siempre es posible. en el que su cuerpo fue torturado y su corazón abandonado.4) Uno de los hechos más llamativos de la vida pública de Jesús es el contraste visible entre su poder para realizar milagros con los que curaba a la gente y su «vía crucis» particular. Pero eso. Pero lo más valioso no es que posea esa capacidad –siendo Dios. ¿Por qué tuvo que cubrir su cuerpo de llagas? ¿Por solidaridad y adhesión a nuestra causa? ¿Y qué aporta un Dios vulnerable a un ser humano que lo que quiere. el Señor. Era un buen taumaturgo. Nada nuevo. el mejor. el Hijo de Dios vivo. Eran nuestras dolencias las que Él llevaba (Is 53. quien acompaña debe ayudar al otro a desplazar suavemente la mirada hacia Dios y a depositar toda su confianza en Él. Él sana a los de corazón roto y venda sus heridas» (Sl 147.. algunas pistas para entrever que el binomio amor-salvación/sanación «funciona» serían las siguientes: . todo Él se convirtió en una «herida viviente» que no paraba de sangrar. ¿Cómo imaginar siquiera que alguien considerado el Maestro. aunque siempre quedará margen para un Misterio en el que se vislumbra un amor siempre mayor. el mejor remedio para cualquier herida.. sin duda. es una salida para tantas heridas y tanto mal? La respuesta habitual a estas preguntas suele apuntar que de ese modo.. sufriendo como uno de nosotros. Pero si se afirma con convicción que el Crucificado es el Hijo de Dios. Ir devolviendo el protagonismo de la historia a Jesucristo es. pero al menos hay que intentarlo. Así pues. ¿en qué medida libera. pero que sufre tanto –o más– que cualquier ser humano? Si uno no cree que realmente se trataba del Hijo de Dios. pudiera padecer de esa manera? ¿Quién en su sano juicio podía pensar que alguien condenado y maniatado tenía como pretensión salvar a la humanidad? ¿Qué gana el hombre con un Dios tan «majo» y tan cercano. Un auténtico Misterio. Porque solo en el Señor está la raíz del verdadero consuelo. muerto a causa de la injusticia.

Pero nos ha dejado bajo el cuidado del Espíritu. Él mismo. dando una nueva oportunidad a los desahuciados (pecadores irredentos.» (Lc 24.. las del amor perdurarán. La tristeza de la situación no impidió que los tres se llenaran de alegría al saberse tan cerca.. Tenía un Padre en la retaguardia y un Espíritu en primera línea que operaban con Él. – – – – Una imagen: la Trinidad Misericordiosa La Resurrección es la mejor de las noticias y la fuente de un triple consuelo: porque hay vida más allá del dolor.18). decidió hacerse prójimo nuestro y que el hombre lo fuera suyo.18). fue acercarse a la humanidad herida y «hacerse herida» con ella (y en ella) para comprenderla y asumirla. sino que «tomó nuestras flaquezas y cargó con nuestras enfermedades» (Mt 8. El amor es el mejor antídoto contra la soledad y la mejor explicación cuando alguien quiere correr la misma «mala suerte» que otro. se convirtió en la venda más eficaz. su persona.– El primer movimiento de Jesús.). Jesús no actuaba solo. el centurión. leprosos. El paso siguiente será determinante en esta historia de amor y sanación. Dora.17) y «llevó nuestros pecados en su cuerpo» (1 Pe 2. etc. Lo visible a . ha cargado también con ellas. consolando a los que lloraban (las hermanas de Lázaro.. Entre todas las heridas. Estamos en sus manos hasta que vuelva. Pasó por la vida curando a los enfermos (endemoniados. desaparecerán. Pero ella no podía soportar no correr la misma suerte que su marido y su hijo.). Las marcas de la muerte. Se fue «a prepararnos un lugar» (Jn 14. Su misión. Era al mismo tiempo medicus et medicamentum18. no solo porque se parezcan. Por eso las marcas que le dejaron permanecieron. será devolver la vista a los ciegos y liberar a los oprimidos (Lc 4. como buen samaritano.. no era judía.. Porque Jesús no solo curó con sus manos y sus palabras. hay algunas que tienen especial valor por tratarse de signos de amor. porque ratifica la forma de curar del Maestro y porque confirma la sospecha de que había Alguien más. El Señor murió. no le correspondía ir al campo de concentración. sordos. las de la vida se pasarán.. la pecadora perdonada. para más señas).4-5). paralíticos. Porque quiso –nos quiere–.39). Fue lo primero que enseñó a los incrédulos discípulos: «Mirad mis manos y mis pies.2).24). sino porque de verdad las ha hecho suyas. Jesús viene a nuestro mundo para vendar y aliviar los dolores de la humanidad. En sus heridas podemos reconocer las nuestras. Dios ha actuado desde un profundo conocimiento del ser humano. ciegos. Jairo. Hay una dimensión del mal que nos supera y un excedente de sufrimiento que nos desborda y que el Señor ha decidido «echarse a la espalda» (Is 53. Y así fue. Todas las del Señor lo eran. Lo dijo muy claro: «No os dejaré huérfanos: volveré a vosotros» (Jn 14. como Él mismo reconoce. Junto a nosotros. incluso en la eternidad. A la mujer del protagonista de La vida es bella. Se dejó impregnar por nuestros sufrimientos para llevar Él el peso más fuerte del dolor. que es su mejor valedor y el que nos puede ayudar a adentrarnos en el Misterio de este buen Dios.

el Hijo lavándonos los pies. nos hará resurgir y nos dará la vida (cf. El dolor. 1C p. Buenos Aires 2010).nuestros ojos eran las heridas. 4. Acogiéndonos a Él y apoyándonos en los hermanos. por tanto. «El herido»: El hombre acecha. 145. Edibesa. I.S. Ejercicios Espirituales [224]. 46. Monte Carmelo. I. Vida. III. 3. II.1-2). Congreso de Acompañantes Espirituales (24-26 de junio. Espasa. BAC. Ibid. cit. 152. D. 21. c. c. IV. c. M. en Obras completas. 17: op. tomo I. Biografías. 1C p. A. Edición preparada por las Hermanas de la Visitación del Primer Monasterio de Madrid. * 1. Tenemos a un Dios detrás que nos vendará. 14. 12. 10: Obras completas.es>. 151. Os 6. 8. 7. 6. 10. La hermana dominica Cáritas Müller la supo esculpir con gran acierto19: el Padre vuelto hacia nosotros sosteniéndonos. y el Espíritu haciéndonos audaces a pesar de nuestras heridas. c. Es posible.. A LEIXANDRE. 11. Pero siempre tendremos que volver los ojos hacia esa Trinidad Misericordiosa que será la que verdaderamente nos inspire. y el aliento del Espíritu que le ayudaba a «levantarse» y a volver. Testimonio de caridad heroica. Madrid. 302. 151. V. O. Madrid 19853. VII. Tratado del Amor de Dios. 15. Documentos de la época... . Escritos. Ibid. 573. Madrid 1999. Miembro del Consejo de Redacción de Sal Terrae. 9. encontraremos ese otro destino. 2. la complacencia del Padre ante el valor y la obediencia del Hijo. SAN IGNACIO DE LOYOLA. <dolilg@yahoo. Ibid. 1C p. c. 632. Profesora de Teología. SANTA TERESA DE J ESÚS. 4: S AN FRANCISCO DE ASÍS. El Señor nos ha concedido el honor de participar en su misión en favor de las causas perdidas. LP 65: ibid. lo invisible.O . I.C. SAN FRANCISCO DE S ALES.. 17: ibid. Citado por R. 143. MATE en la presentación del número de Isegoría 23 (2000) 5-15. No estamos solos. Madrid 1977. 6: ibid. María Josefa Recio Martín. 1C p. c.. 303. 13. Burgos 2000.. 5. Madrid 2010.I. HERNÁNDEZ. FELIZ C ARBAJAL. 7. no es la última realidad en Jesucristo. L. VII. BAC..

h tm>. pero entiendo que tiene un alcance más amplio. Se puede ver la imagen en <http://www.16. SAN AGUSTÍN. <http://www.toutube. 1387.com/watch?v=sV3raVDMnIc>. . San Ignacio de Loyola aplica un criterio parecido a los pensamientos. Sermo 302. 17. 19. Ver: SAN IGNACIO DE LOYOLA. 3: PL 38. Entrevista a Carlos Páez –superviviente de la tragedia– el 26 de diciembre de 2008. 18. Ejercicios Espirituales [333].hermanastrinitarias.net/FFL/TRINIDAD/Trinidad_Misericordiosa.

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