COLECCION ECONOMIA D E L T R A B A J O

Núm. 31

Director: Alvaro Espina Montero Consejo Asesor: Lluis Fina Sanglas, Antonio García de Blas, José Ramón Lorente Hurtado, Alberto Meixide Vecino, Carmen de Miguel Castaño, Francisco Mochón Morcillo, José Ignacio Pérez Infante, Carlos Prieto Rodríguez, Felipe Sáez Fernández, Ignacio Santillana del Barrio y Luis Toharia Cortés.

S

Título original: «Manufacturing Consent. Changes ín the Labor Process under Monopoly Capitalism» Autorizada su publicación por la Universidad de Chicago, Chicago, Illinois, U.S.A. 1979 by the University of Chicago. All rights reserved. 1989. Ministerio de Trabajo y Seguridad Social. España Traducción: Ramón Serratacó Edita y distribuye: Centra de Publicaciones Ministerio de Trabaja y Seguridad Social Agustín de Bethencourt, 11. 28003 Madrid ÑIPO: 201-89-031-7 ISBN: 84-7434-566-9 Depósito legal: M. 36.773-1989 Fotocomposición e impresión: Closas-Orcoyen, S. L. Polígono Igarsa. Paracuellos de Jarama (Madrid)

El consentimiento en la producción
Los cambios del proceso productivo en el capitalismo monopolista

Michael Burawoy

MINISTERIO DE TRABAJO Y SEGURIDAD SOCIAL

.

las tesis de la sociología industrial se han visto confirmadas por encuestas de actitudes realizadas entre los trabajadores. representado por las obras de Georg Lukács. 1970. de víctimas de los factores inexorables de la acumulación capitalista/de portadores. encuestas que ponen de manifiesto que estos últimos están también resignados a la privación inherente al trabajo y adoptan la actitud que Michael Mann califíca de «aceptación pragmática de su función»^. Como era de esperar. a los trabajadores asalariados a la condición de objetos de manipulación. Sin embargo. Maunce Merleau-Ponty y otros. de mercancías compradas y vendidas en el . últimamente el marxismo ha redescubierto la «subjetividad espontánea» en las obras de Henri Lefebvre. si bien hace tiempo que Herbert Marcuse la calificó de «falsa subjetividad» y recientemente Paul Piccone ha hecho referencia a ella como «negatividad artificial».5. Maix Horkheimer y Theodor Adorno. poniendo en tela de juicio la idea de un sujeto sin subjetividad y subiriyando la resistencia omnipresente. Comelius Castoriadis. de la. rfí»"" • I'' . como del denominado «marxismo occidental».mercado. 423-439lr. American Sociologi- cal Review. Júrgen Habermas. de entidades a ^ t r a c t a s incápácés de resistencia. y presenta el trabajo asalariado y ía privación inherente al trabajo industrial como consecuencias inevitables y eternas de la existencia material eii un sistema de escasez. k sociología industrial considera inmutable el momento objetivo. Al mis' Esa ha sido la posición tanto del «marxismo científico» y de los estructuralistas franceses como Luis Althusser. el marxismo del siglo XX ha tendido a reducir. Pero al reafirmar el momento subjetivo. Córrespónde a la sociología industrial el mérito de haber recuperado el pprnento subjetivo del trabajo. EL PROCESO PRODUCTIVO COMO JUEGO Después de Marx. ^ Michael Mann. Etienne Balibar y Maunce Godelier. agentes p soportes de relaciones sociales ^ . vida cotidiana. «The Social Cohesion of Liberal Democracy». 35. de forma demasiado general y simplista.

18. Human Organization. de forma que al ejecutar su trabajo pueda permitirse de cuando en cuando el lujo de la autodeterminación WilliagLBaldanms es el sociólogo que mejor ha analizado el carácter de las compensaciones al alcance de los obreros industriales: L a intensidad del trabajo no siempre se traduce . los trabajadores se esfuerzan por compensar p reducir nimo las privaciones que consideran inexorables e inevitables. en Donald Roy.104 La generación del consentimiento mó tiempo. dominio del trabajo y sensación de satisfacción) Como han señalado muchos autores^ esas satisfacciones relativas se presentan frecuentemente en forma d O u e g o ^ l o que impjiea «ttoa serie inacabable de ^ t i S g ^ s e n t i d ^ La fónná en que TofÍBe®log^ éváiúan esas respuestas pr^en3i3ámente autónomas de los trabajadores a las exigencias del trabajo capitalista es p r o f u n ^ r mente ambigua. siempre quedan al trabajador algunos resquicios. cansancio) y éstas generan a su v ^ Satisfacciones relativas (habituación. 1955. . pág. de ' Henri De Man. Tavistock Publications. William Baldamus. De un lado. 1960. Hay sensaciones de atenuación temporal de la iiícOTriSílftlíKt'ae determinadas situaciones productivas. carácter reiterativo del trabajo. cit. Money and Motivation. Efficiency and Effort. ciertas posibilidades de sustraerse a la rutina. pero. [Los trabajadores] se aferran a la posibilidad de obtener de su trabajo una s a i ^ s ^ i o á i t a j ^ d u a l . de satisfacciones meramente aparentes. Henry Holt.. pág. «Banana Time: Job Satisfaction and Informal Interaction». Caps. a pesar del embrutecimiento que entraña la mecanización.g3i. 80-81.clMSTO dones de d e s a j r ^ o . jcto que es^satisfacciones relativas contribuyen a la buena salud psicológica y social del tifábájádór. 1958. Harper. ' William Foot Whyte. págs. Nueva York. monotonía) dan lugaír a privacip^^ (desgaste físico. 37. Nueva York. . 53. que aparecen cuando esos factores han pasado a formar parte de la interpretación habitual de su situación del trabajador. 1961. aburrimiento. por tanto. sino que puede p r o d u c á í S t í ^ s a f i s ^ í c a S n e s ? ^ ^ d l ^ l í b d a s T a s pnvaciones del trabajo están relacionadas cori lo que yo 11am£_«satisfacciones relativas». 1927. cuyo origen real está en la priyacióií / 'i. S e trata. ' Ibid. Londres. 5-7. . The Psychologie of Socialism. En cualquier actividad. Hay"uñ margen de iniciatiya que puede satisfacer hasta cierto punto el instinto lúdico-y eí impulso creá'd&^^ el cáso de qué los pórméhórés icíe las tareas estén prescritos con absoluta minuciosidad y de conformidad con los más estrictos imperativos del sistema tayloriano. r ) Las condiciones de trabajo (pediciones físicas.

George Homans. " Elton Mayo. o colaboran al desarrollo de ese juego Jason Ditton pone de relieve que la indeterminación provocada por la relaja' Ibid. ha sido establecido por los propios trabajadores» George Homans afirma que las normas die ^rupo. 1976. pág. Michel Crozier sostiene que en muchos establecimientos industriales los trabajadores aprovechan el margen de indeterminación del proceso productivo. Brace.s&^sstablfisían esTOhtán¿@ preseryafTajMe^dad deí g r u ^ La idea de que en tí t a í l e r H e ^ ^ los trabajadores estSBIeHairsus propios principios autónomos de trabajo alcanza su expresión culminante en las obras de Elton Mayo. «Comparing Structures and Comparing Games». 19. Amsterdam. pág. como la limitación de l a ^ o ducció^. En su ensayo clásico. Van Gorcum. . En Management and the Worker hay abundantes indicios de que los jefes de grupo. Kassem. ed. están erf'contraíficciOri con las que les han sido impüéStáS» ®r «Ese nivel [de prOdueeión] no se les ha impuesto. Cap. J. 119-120.. Harcourt. Nueva York. " F. pág. quien habla de la elaboración de «un código social inferior opuesto a la lógica económica [de la empresa] De forma análoga. los misl mos sociólogos que rechazan rotundamente cualquier análisis de clase son los que mayor apoyo parecen brindar a un enfoque teórico de esa índole. 457. al cuidado de G. Macmillan. 445. Roethlisberger y William Dickson. Chicago. The Human Problems ofan Industrial Civilization. University of Chicago Press. pág. 155. págs. Nueva York. 1964.. ' Ibid.El proceso productivo como juego 105 . 1933. Harvard Univeisity Press. ái {Jarecer. págs. lo que redunda en luchas de poder y en juegos de carácter no cooperativo dirigidos contra la empresa / tesis común que subyace a todos^esgs_Málisis es la de que los tra' bajadores~Mfablécén d i T f o n n a ^ t ó n o m a sus própiórsisfemí^^^^ ' y de producción en o ^ s i c i ó ñ a la dirección. Hofstede y M. 1939. " Roethlisberger y Dickson. 1955. Management and the Worker.. The Bureaucratic Phenomenon. la debilidad'de su base empírica es paralela a las insuficiencias de su planteamiento teórico. The Human Group. " Michel Crozier. Paradójicamente. en European ConIribulions to Organization Theory. sección y equipo y los capataces toleran un juego del que se afirma que va en perjuicio de los intereses de la dirección. 193-207.. F. otrpr c o n s i d e r a qjie„soc^ / ^ y t e fonnuia M J a contradicción: preservar la satisfacción quelmglica el juego en el trabajo a destajo en n ^ y^r^ducir V ¿"mTsmo^eiñpCT'lorcoiiflictos q^^ él se d e r i v a n ? » ^ ? ! ^ juegosjcre^ari oposición w T ^ n H e anteslSloTráBía*'^^ de intereses. en la ma^ yon'a de los~casos. J. sino que. Desgracíadaihente. Róéfitlísberger y Wilham Dickson sostienen que «los trabajadores tienen sus propias r e ^ a s y sy propia lógica». 38.. Cambridge. que. Management and the Worker. Véase también Michel Crozier.

1977. 4. Por ejemplo.7 La generación del consentimiento ción de las normas fortalece la autoridad de la dirección al tiempo que sirve de base para la aparición de juegos Stanley Mattewson nos brinda numerosos ejemplos en los que la administración organiza las formas de limitación de la producción. Nueva York. sino también los jefes del taller protesten. cuando los juegos (como la práctica de «doblarse» eijjas cadenas de mgjntjajeJ entrañan uiTneslST^srpáTa es decir. El personal de control se ocupaba también de que se respetara el límite. «Perks. 1976. University of California Press. daría lugar a conflictos paralizadores y a situaciones insoportables» En síntesis. no suelen ser independientes nf desarrollarse en* óposícióri a la dirección. Berkeley y Los Angeles. pág. La dirección del taller estaba interesada en que la producción se mantuviera constante y en que hubiera restricciones cuantitativas: su simpatía por los ingenieros industriales no era mayor que la que sentían los trabajadores La asignación de una nueva tasa a un Jason Ditton. Fake Promises: The Shaping of American Working Class Consciousness. 1931. 163. el supervisor solía devolver sus fichas a los trabajadores que consignaban en ellas una producción superior al 140 por 100. 24. Tfie Bureaucratic Phenomenon. Véase su obra British Factory-Japanese Factory. " Stanley Mathe wson. Nueva York. Cap. si no estuviera sometida a ningún control. Pilferage and the Fiddle». Class and the Social Organization of Exploitation». 38. Cap. 1974. 2. Paradise Lost: The Decline of the Auto-Industrial Age. Nueva York. 1973. Viking Press. pág. cuando ponen en peligro los márgenes dé Beneficio. y «Moral Horror versus Folk Terror: Output Restriction. cuando existeii. los juegos. Si los trabajadores consignan una producción superior al límite aceptado (el 140 por 100) es probable que no sólo sus compañeros. utilizando el lenguaje del juego para justificar el rendimiento de los trabajadores ante sus propios jefes). 39-71. He hecho ya referencia a las diversas formas en que los capataces ayudan activamente a los trabajadores a «arreglárselas» (enseñándoles posibles medios. Restriction of Output among Unorganized Workers. McGraw-Hill. indicándoles que figuraran un número menor de piezas y «acumularan» la diferencia. 4. ' ' Ronald Dore observa un conflicto análogo entre capataces y cronometradores en las fábricas inglesas. Sociological Review. Vintage Books. Stanley Aronowitz. Bill . 519-544. Emma Rotschild. compartiendo su irritación ante las tasas fijadas por el departamento de métodos. pág. En una comunicación personal. 1973. la dífeccíón se enfrenta a ellos de forma contundente El propio Crozier señala que «la lucha de poder. " Crozier. 93. ' Mis observaciones sobre el papel de la dirección en el juego de «arreglárselas» en Allied y las observaciones de Roy en Geer corroboran esa conclusión. que Elton Mayo atribuye a la oposición instintiva y alógica de los trabajadores Por^otra|«rte. T/ieory and Society.

ó. desde distintas perspectivas. etc. puede afirmarse. ~"'En síntesis. una disminución de la producción. One Dimensional Man. . pero se desarrollan dentro de límites definidos por la necesidad de salarios mínimos y márgenes aceptables de beneficios.El proceso productivo como juego 107 trabajo podía traer como consecuencia movimientos de personal. El deseo de participar en esos juegos nace tanto de la inexcusable necesidad de ir a trabajar y de atenerse a las exigencias del proceso productivo en el lugar de trabajo. los trabajadores se dedicarían a «escurrir el bulto». " Herbert Marcuse. Los juegos aparecen históricamente en el marco de un proceso de lucha y negociación. Beacon Press. un aumento del número de piezas defectuosas. 1964. por regla general. los juegos de los trabajadores no se establecen de forma autónoma en oposición a la dirección. al ser «imposible» alcanzar la nueva tasa.' ducto de una sociedad «cuyos intereses dominantes impoiyn sión» La satisfacción de esa necesidad no sólo i ^ r o d u c ^ í l í i u m i s i ó n "voluntiSría» (el consentimiento). El juego constituye una necesidad que en sentido estricto es p r o . En el Capitulo 10 analizaré esos y otros efectos negativos de la intensificación de ¡as tasas. no sólo participa activamente en la organización del juego. al menos en sus escalones inferiores. sino que tóteraba abiertamente las restricciones ciiantitativás impuestas por lós^^ffábájadóres. sino también naT"Hietnós de analizar ahora concretamente en qué forma Ía participaa S ñ en un juego contribuye a la reproducción de las relaciones capitalistas y al incremento de la plusvalía. por cuanto los trabajadores tendían a trasladarse a los puestos de trabajo en los que las tasas eran más fáciles de alcanzar. pág. sino en el cumplimiento de sus reglas. Baste ahora decir que la dirección del tdler sólo m a los trabajadores a alcanzar el volumen de próBucción previsto. o. que. satisfacciones re-. La dirección. Además. Boston. lo que es lo mismo. Fríedland indica que la oposición entre los capataces y los departamentos de métodos adoptaba una forma análoga en la industria automovilística de los Estados Unidos. intervenía activamente en el jüégorde íecKo'. lo que implicaba asimismo un menor volumen de producción. Elton Mayo y Comelius Castoriadis. lo que a su vez entrañaba gastos de capacitación." cápátáoes y programadores participan en el mismo. 5. en palabras de Marcuse. como han sostenido. Se participa en el juego para obtener satisfacciones relativas. 'opresivas. como de la aparición de «necesidades radicales» o de «una nueva concepción del trabajo» o de la elaboración de «un código alógico».

«aTOglárse]as».sino en d fe^erzo m d i v i d i S r X d e n i i s r r a combináSón de la autonomía respecto dé 'fas máquüñSaFcíSñTa dependencia respecto del personal auxiliar da lugar a un desplazamiento lateral del conflicto jerárquico. No Hieiie ^ " ó f f g e ñ en un cgp^^qSfr'pfeyfó sobri8'l0S"Val0re§^ sino en luchas históricas concretas paT'S^'SasptáfSé ír1S'privaci<3áii inherente al trabajo y en luchas con lá dirección p a r a definir sus reglas. el consentimiento se basa en el juego y se crea a través de él. bajadores como individuos entran entre sí en conflicto o en competencia. Mfrqi^impo de que es imposible participar en un juego y al mismo tiempo poner en entredicho sus reglas. no se basa en un consenso generaí. en el que los tra. X ^ x o n s t i í u g ^ j e l t r a b a j a d m j c o m o i n d ^ i d u o en competencia y.<<arreglárselas. E l juQgp no refleja una coincidencia de inte\ reses" subyacente. como la producción de beneficios. se evalúan desde el p u n t ó t l c v i s t a d e lós resulteoTpi'évisios del juego (arreglárselas o no arreglárselas) y no en función de una serie general de reglas que son también consecuencia de aquél. el juego. Por ello. la reproducción de las relaciones de producción capitalistas. El propio hecho de participar gn un j u e g f ' g e ñ e r a el consentimiento respecto de sus reglas. La significación de la creación de un j u e g o a partir del proceso productivo no se agota. Los trabajadores controlan sus propias máquinas en vez de ser . No se trata sólo (aspecto obvio. En mi opinión.conttQtódoSjor ellas.. Estas reglas. La cuestión estriba en saber si es anterior lógica y empíricamente la participación en el juego o la legitimidad dé las reglas. que en el c p o ^ u e hemos examinado se presentan en forma de una serie de ^lélaciones soclalt^ en el ámbito de ja prodiucción. en cóñfraposición a otra que se apropia de su trabajo no retribuido.^^escrito en el Capítulo 4. EJ sistema de Retribución no s e ^ a s a en d "esfuerzo colectivo. y eso refuerza su autonoínía. en la medida en que está institucionalizado (como en . íntegra al trabajador M^e comoañdívidúo y no' como tniembrólle una ciase definida por íína' determinada relación con los medios dé prod ^ i Ó n . sin embargo. en las características concretas del jue_jo^&.~siír6l}tie7'por el contrario.108 La generación del consentimiento EL E N C U B R I M I E N T O Y E L A S E G U R A M I E N T O DEL EXCEDENTE DE TRABAJO TB^juego de. El hecho de qiie hagan funcionar sus máquinas sm ayuda exterior genera la apariencia de que cada uno de ellos puede transformar la naturf^p^a en productos útiles. conflicto coh otros individuos yeía gu_comunjper^^ á uña cfose de agentes pfóductivos que vende su fuerza de t r a ^ j o a cambio de un salario. etc. sino que e s i l a c a u s ^ q u e produce esa ccSncidencia.

yo relacioné esa queja con u ^ lüta i i n p i u c ^ dt! explotación/ Pero pronto me di cuenta de que en re^TRlaKnOTFféfeTénciá al hecho de que la empresa no creaba las condiciones necesarias para el juego: por ejemplo. y esas acusaciones contribuían a reafirmar la legitimidad de sus reglas y de sys valores. es decir. en -ua^jrincipio. Hasta ahora se I f i ^ esSSzacIo'dos cpns^ participar en urijuego: en primer lugar. él marco cPnsénsüal resultaba continuamente restablecido y reforzado. Sin duda. De forma análoga. se acusaba a la dirección de «hacer trampas».El proceso productivo como juego 109 el caso que hemos e x ^ i n a d o ) se convierte en un fin en sí mismo . su subordinación ai proceso productivo se convierte en objeto de asentimiento. las taladradoras se recalentaban. uno de los posiKÉs-si^efflas (aunq^ue por lo ' lienerai no el más eficaz) estriba en j^a utilizaci'óii'cffnti^^ coaó^ia». capataces. el encubrimiento de las relacionerdé producción a las qué su creación responde inicialmente. de n o jugar conforme a reglas del juego. I^a violación individual (a diferencia de la colectiva) de las reglas provoca uga. sanción ritual q u e j g f a e r z a é s Q S ^ ^ dt~8ncubnnuento iifeíier^agl!8|^BI M M ^ n ú b i n i e ^ pues. etc. Los maquinistas de AUied se quejaban constantemente de «ser estafados» por la empresa. la generación de una adhesión a las relaciones socialés en el ámbito de la producción que definen sus reglas. No basta con encubrir las relaciones de propiedad y conseguir la adhesión a las relaciones de producción: es necesario que los trabajadores produzcan plusvalía por encima del valor dejsu&>«4iNÍp. . De ahí que los intentos de la dirección de conseguir una pequeña contraprestación adicional suelan reforzar las relaciones consensúales en el taller. en despedir a quiériés ño alcancen mí volumen de producción establecido. la intervención en un juego en el que participan otros jig£¿t£s t f i j a ^ prodtitxióñ (trabajadores. a las r a c i o n e s " eh_e1 ámbito de la producción. el plan de ejecución se había perdido. En la medida en que los trabajadores participan en uñ j ü e g o en éTqüé intervienen sus relaciones con una máquina. etc.) provoca la adhesión a las relaciones íocía inscritas en el proceso productivo. Dicho de otro modo. las máquinas no funcionaban adecuadamente. pero la organización de un juego crea las condiciones en cuyo marco la cooperación activa y consentimiento asumen un papel primordial. y. D e esa f o m a . ¿De qué fonna puede persuadirse a los trabajadores de quá tójatoren a l a obtención del ^ íjeiieTició? Evidentemente. y en segundo lugar. la violSBEÍéB'^ las re entrañ a í o i n o consecuencia la potenciación de su influencia sobre las actividades productivas y las relaciones de producción. oscureciptovietiGubríen^^ las OHidiciones de las qué se dénva. es decir. la coaccióníUÍJyace a toda relación de empleo.

Pero algunos «casos negativos» que parecían desmentir la influencia todopoderosa del «estímulo económico» e indicaban que era necesario un análisis más profundo de las respuestas al sistema llamaron la atención del autor. lo que no ocurría en realidad. si la motivación'^e®iliJiniea"íll'éfSTá base de las actividades del taller. .. págs. Si aceptáramos el comportamiento «verbal» de los trabajadores como indicativo de una tendencia real [el subrayado es mío]. «Restriction ot Output in a Piecework Machine Shop».. La causa de ese esfuerzo adicional sería el estímulo monetario. o interrumpían la producción antes de llegar a ese nivel. y atribuir su fracaso parcial a la mala gestión de ese estímulo. el orden de preferencia de los trabajos estaría determinado por la retribución económica. Además. era coordinar los intereses de la dirección y de los trabajadores mediante su interés comtin en el beneficio económico que podía obtenerse a cambio d e un esfuerzo productivo suplementario. Por ejemplo.por el júego de «arreglárselas». En organiza en forjco|^e ^ Donaid Roy. a veces los trabajadores no se esforzaban por conseguir los ingresos correspondientes a la «cuota» cuando era posible alcanzar ésta. b) «renunciando pronto» tras trabajar parte del tumo cuando no se sentían a gusto con la tarea. Universidad de Chicago. en realidad la limitación de la producción está en consonancia con la optimización d e l beneficio económico más. que desmentían la tesis de la motivación económica como base del juego de «arreglírseTas». a pesar de que los últim^jjjroducían retribuciones mucho mayores. Pero como señaló Roy y como se desprende de cuanto se ha expuesto hasta ahora. sería fácil explicar el éxito parcial del sistema de retribución a destajo en función del «estímulo económico». tesis doctoral. tal y como la expusieron Taylor y sus discípulos. a u n q u e esas paiifás de comportamiento se del beneficio ecónóihico.110 La generación del consentimiento La finalidad del sistema de trabajo a destajo. de los hechos observados por Roy y por mí se desprende que el estímulojéconómiéo no basta para explicar la cooperación generada . En algunos estudios inspirados en la teoría de las relaciones humanas se pone de relieve que la limitación de la producción es un indicio del fracaso del estimulo económico. Por otra parte. Muchos de los servicios retribuidos a jornal eran preferidos por los trabajadores a ciertos trabajos retribuidos a destajo. Por otra parte. manifestaban su indiferencia ante la posibilidad de optimizar sus ingresos netos a) con su resistencia a trabajar horas extraordinarias. 1952. 499-500. en ocasiones el comjxjrtamiento «verbal» de los trabajadores indicaba que «no les preocupaba el dinero» En mi"t!SSficIa*^ ÁÜied p u d e observar pautas de comportamiento análogas. o c) «dejando de trabajar para rehuir el trabajo monótono».

estaban comunicando «resultados de un juego» o «resultados de una competición». transcurso más rápido'del tiempo. la velocidad y el esfuerzo aumentaban su interés y producían sentimientos de «satisfacción» por el «triunfo». Todo Juego que depara premios a los jiigadores genera un inté'fés comtín de todos los participantes (ya sean representantes del capital o del trabajo) por facilitar las condiciones de su reproducción.' uiiíi táfSjdfflcil y el estigma social y^ la frustración psicológica que acompañad al frs|.El proceso productivo como juego 111 iuegOj y las metas definidas £OXjéste son te valores aceptados en el tal E í ^ o y lo expone coñ su claridad habitual: ' El juego de «arreglárselas» ¿puede ser considerado un «fin en sí mismo»? Cabría decir que la obtención de la«cuota» establecida era la prueba de la realización con éxito de una «OESSH^P.^ estímulo económico él que coordina concretamente los intéirejsies'He'd^^ c o m o j ^ ^ p a juego. su dominio sobre la cultura del ta11er tiene su origen y está integrado en una. Ni siquiera es seguro que cualquier trabajador pensara que había estado «ganando dinero» y. en el qué los elementos de doraimó representados" por la aplicación de los conocimientos. diictivo ÍT^coiñpénsaciones sociales y psicológicas de arreglárselas e n . serie concreta de relaciones en él ámbito de la producción que r e f l ^ n a su vez el interés de la direcci^g"porrá~pTodücción de beneficios/ Las compensaciones del juego se définñi elf! función de factores relacicffiados directamente con el proceso productivo (reducción de la fatiga. la astucia. hubiera hecho el ridículo en el taller Dicho de otro modo. Aunque los trabajadores expresaban siempre su experiencia en las conversaciones en el lenguaje de «hacer dinero» en realidad.° üí?*^®^* ''"y® resultado dependía en gran medida del trabajador. el sistema áe valores'que generaií^!^. eí cual creá'un mfeféS^ iconipS y por su continuación.aso en una tarea fácil) No es t a n t o . de «mala suerte» convertían la obtención de la cuota en un «juego apasionante» jugado contra rejoj.. siempre presentes. aunque ía «suerte» era también un factor importante. y no éxitos o fracasos económicos. pág. 511. etcí). .^^^ vr^JSieií el 5>l!>iema de Valores predominante éh tallen Las actividades Ibid.'dismiñúción del aburrimiento. y de factores derivados del proceso pror . seguramente si alguien hubiera expresado claramente esa idea. En realidad. y ofrecía posibilidades de «autpexpresión». la aptitud. En la m e i j j ^ en que Iqs juegos abarcan todo el proceso productivo. «Arreglárselas» requería poner en juego aptitljdesjxsftierj o . El elemento de incertíBüiñbre del resultado introducido por las posibilidades. el juego de arreglárselas no puede interpretarse simplemente en función de su objetivo indirecto extrínseco dé otitener uña retribución mayor.

De esa forma. Cap.de las teorías de. Sin embargo. ^^ Karl Marx. en la concepción de Marx del trabajo a desTaj^tlós trabajadores carecen de la fuerza y la organización suficientes para imjMjner limitaciones a la producción De hecho. se organizan en función de la forma concreta que adoptan las relaciones en el ámbito de la producción: en el caso que estamos analizando. ¿a[W^gí|flM3rTOK"IOírecció Al negar la import^ícía~plffiofdSl de lo¥tmefe§e^sy^teiyar érKe3fío~de que e s o y u e g o s se derivan de la organización del t r ^ a j o . « i e r l g qii^jps4BegQS. por lo general. pero en su regulacií^n interviene la dirección. Conviene^feiífirar que.. se ven forzados a competir entre ellos para producir a un ritmo cada vez mas rápido. en la biísqueda i^el modo de soportar la subordinación al proceso prod^uctivo. ios iiítereséslio'estáii'díeterminados filnSaifiSntaímente por experiencias de socialización externas. se definen por sus relaciones con el juego de «arreglárselas». 1. Como señala Roy «No se manifestaba insatisfacción respecto de las cuotas máximas: había una evidente aceptación de los límites de las retribuciones. En otras situaciones laborales.25 dólares por hora no era suficiente. basta pensar en la escasa frecuencia con la que los trabajadores se quejaban del nivel de retribución máxima o del tope del 140 por 100 en comparación con la queja continua de que resultaba difícil o imposible alcanzar algunas tasas. ^ . tienpusu origen en iniciativas de los trabajadores. .s e j í a n u r t á ^ ^ autónoma y^UBeíadaTSe l o £ t r a i b a j a ^ e s . sino de que sólo a veces se podía conseguir esa retribución» (ibid.la_arin^ía subyacente. xxi. la concepción del trabajo como una serie dfit juegos. pág. un juego puede adoptar una dinámica propia. L o s j ü e ^ s . Dicho de otro modo. y no es seguro que siga reproduciendo las condiciones de su existencia. el proceso productivo establece diversas constelaciones de interfises. el hecho de organizar el trabajo como un juego entraña la consecuencia de que la atención se centra en las variaciones dentro de límites prefijados y no en los propios límites. Nadie se me quejaba de que 1. yo he llegado a conclusiones diferentes. lo ^^ Para hacernos idea del predominio de los valores del juego de arreglárselas. Por ejemplo.112 La generación del consentimiento se evalúan^ losjitgrgsgs se establecen en función del jue£Ó. sino que. lo que respecta a los trabajadóres2je_concreta en un ^alario Cuando el proceso pfo3uctivo se OTgaiiIia en Torma^iSie'ütr juego que implica la participación activa de dirección y trabajadores. La experiencia cotidiana se deriva de la. Capital. de forma'coactiva en caso necesario.es una idea que ha suriidó en el maiCQ. cuya naturaleza puede provocar uri antagonismo irreductible entre los intereses de los trabajadores y de la direcxión. en realidad. se produce una coordinación concreta de los intereses de una y otros. vol. en. ni pasan desde ellas al mundo del taller. 136). una vez creado. organización deljrabajo y determina los intereses de los diversos agentes de la píOíhlcEión uña vez garantizada su "supervivencia básica (que.

James March y Herbert Simón. Monthly Review Press. sobré el proceso productivo: " Peter Blau. pág. Organizations. Nueva York. James Thompson. Cap. en la pósibilidád dé que aquéllos ásuman un cierto control. Nueva York. aunque sea limitado. John Wiley. ¿cuáles son las condicioneien las que el juego de «árreglárselas» puede seguir jugándose continuamente en el taller? Ese juego ¿entraiia otras consecuencias además de la obtención del conséntiiiiiento y la producción deí beneficio. The Dynamics of Bureaucracy.'de no ser que los trabajadores estabilicen el proceso. cabría preguntarse ¿cuáles son las condiciones de reproducción de los juegos? ¿En qué condiciones la propia dinámica del juego puede socavar la armonía que genera y provocará. Harry Braverman. más concretamente. 6: Michel Crozier. la competencia entre los trabjadores incrementa la producción individual a costa de la eficiencia colectiva. Blau añade: «Esto plantea una interesante cuestión. que no tiiffs"erjposible resolver en este momento: ¿Cuáles son las condiciones de las que depende que este proceso acabe estabilizándose o que alcance su punto culminante en un cambio revolucionario que transforme la estructura competitiva en una estructura cooperativa?» De forma más general. consecuencias que amenazan continuamente su reproducción? ¿Lleva en sí los gérmenes de su propia destrucción? I N S E G U R I D A D Y CRISIS Muchos autores.eLpxQpÍO. Nueva York. Así pueA>. Chicago. 1974. The Bureaucratic Phenomenon.«arreglarse!^». Labor and Monopoly Capital. Organization in Action. por ejemplo. 6. hacen hincapié en que para fomentar la eficiencia y la eficacia de las organizaciones hay que reducir al iñíiíimo él margen de inseguridad En la presente obra se indica que la obtención de la cooperación de los trabajadores se básS en un margen mínimo de inseguridad.El proceso productivo como juego 113 que incita a la dirección a reducir los precios por unidad producida. tencia7 coíno ocurre en el juego dé . Cap. modificando sus reglas y limitan^ía_com|ie. 1. . los trabajadores se encuentran apresados por un dilema: lo que redunda en interés del trabajador individual (la obtención posible) va en perjuicio del interés colectivo de los trabajadores (la obtención de precios mayores por unidad producida). Cap. 1958. " Véanse. por consiguiente. 81. Hasta ese momento. McGraw-Hill. «j^ego^í d e r t r a b a j o retribuido mediante el sistema de primas se cojiyierte en una espiráT^e iñtehsificacióa del trabajo. 1967. una crisis? O. jjyiSgQ genera condiciones que hacen más fácil jugarlo. Peter BÍaü déscribe un conflicto análogo entre racionalidad individual y colectiva en los juegos de producción en un organismo público. marxistas y no marxistas. 1963. E l . En ellos. University of Chicago Press.

la máquina seguía funcionando automáticamente hasta que el orificio estaba acabado. dejaba de cortar para eliminar las virutas. . Taladraba dos piezas a la vez. Además. las condiciones en las que ésta podía producirse (la profundidad del acero o la velocidad a la que podía romperse la broca. El juggp pierde su intei. había que taladrar orifícios de 3/16 pulgadas de diámetro y 11 de profundidad en «piezas» de acero. cuandp el margen de incertidumbre es demasiado pequeño y pueden controlar completamente el re} s^ltado^ y cuando ese resultado les es indiferente. En uno de mis trabajos. McCann. la presión podía lanzar fragmentos de metal en todas las direcciones. La máquina estaba permanentemente ajustada para esa labor. Bill. Veamos un ejemplo de cada uno de estos casos. el juego se hace «exasperante» si la «mala suerte» hace inútil con demasiada frecuencia la aplicación de los conocimientos prácticos Uii4uego puede pgrder s^ capacidad de interesar a Iqsjugadptes en ) uno de los tres casos siguientes: cuando la incertidumbre es excesiva y el resultado escapa enteramente a su control. hasta que el orificio estaba enteramente taladrado. El trabajo me daba miedo y nunca intenté «arreglármelas» después de haber roto una o dos brocas: prefería seguir vivo y psicológicamente sano. con brocas de 13 pulgadas. que me desagradaba especialmente. incidía de nuevo sobre la pieza para realizar otro corte de poca profundidad.jtjabajador sobrg. Una vez que comenzaba a funcionar. El trabajo no sólo era peligroso. que contaba con diez años de experiencia Roy. y así sucesivamente. 511-512.és como tal si el dominio del. mi compañero del tumo de día. por ejemplo. o el número de veces que ésta podía utilizarse antes de romperse) eran en gran medida imprevisibles. el | r a S á j o es tan absoluto que el «triuñfb»^é'convierte en una síiSple ÍTÚtina. En cambio. hablaba del aburrimiento provocado por un trabajo a destajo «tirado» [y afirmaba] que había hecho tantas piezas que podía seguir «trabajando dormido». y a veces poco afiladas. pero también s i l S s eleirieHtos de iiiceftidumbre adquíHerrtiñ prédoftuiiio excesivo sobre el elemento de dominio: es decir. sino que resultaba decepcionante. Como las brocas eran largas. Según su experiencia. y si no se las retiraba a tiempo. Después de hacer un corte de poca profundidad. «Restriction of Output». porque la tasa establecida no dejaba margen para el tiempo perdido por la rotura de las brocas. el «arreglárselas» en una operación sólo era un «juego» interesante mientras el trabajo constituía un «reto» para el trabajador y había un cierto grado de «incertidumbre» en cuanto al resultado de la actividad. se rompían con frecuencia.114 La generación del consentimiento Pero el interés de los operarios por las tareas a destajo que tienen fíjada una «cuota» parece estar sometido también a una ley de «rendimientos decrecientes». págs.

Yo solía marcharme y buscar otra tarea que hacer mientras la máquina estaba funcionando para acumular una «reserva». el ^ Cabe llegar a la conclusión de que cuanto mayores sean las diferencias entre los puestos de trabajo en lo que respecta a la facilidad de arreglárselas mayor ha de ser el número de divisiones. Por otra parte. . aunque tampoco le gustaba la tarea. representaba el extremo opuesto. Como pronto advertimos Roy y yo. "Él caso de los trabajos en la sierra automática. tanto Roy como yo acabamos absorbidos por él y nos convertimos en ávidos jugadores. Pero la conclusión sigue siendo válida:^uandp hay un grado excesivo ds inCigrtidumbre j los jugadores renuncian a participar en el juego. sino de los compañeros de trabajo y del personal auxiliar. ya que en ese caso la sierra cortaba sólo cuatro piezas por hora aproximadamente. es decir. sobre todo cuando el material era acero en barras de ocho pulgadas de diámetro. La tarea era aburrida. parecen haber sido menores que en 1975. mi inicial actitud de desdén era en parte un mecanismo de defensa para encubrir mi incapacidad de arreglármelas y la falta de perspectivas de conseguirlo alguna vez. lo intentaba siempre y de hecho conseguía alcanzar una tasa situada en tomo al 125 por 100.El proceso productivo como juego 115 como maquinista de oficios varios y no era hombre al que arredrara ningún reto a su ingenio y a su pericia. Yo he de confesar que. y a la forma en que acabamos por sucumbir a sus exigencias. el hecho de que Roy y yo (y prácticamente cualquiera que hubiera entrado a trabajar por primera vez en un taller mecánico) tardáramos varios meses en obtener primas explica el valor y el prestigio que acompañan al éxito en el juego. Así pues. Mientras no lo hiciéramos. Pero ¿de qué clase de juego se trataría y cuál sería su grado de incertidumbre si cualquiera pudiera llegar de la calle y empezar inmediatamente a arreglárselas sin tener ninguna experiencia? Dicho de otro modo. La presión para arreglárselas no proviene sólo de los jefes (en ihl caso esa presión apenas existía). más fuerte la jerarquía establecida en el taller. estaríamos apartados de la vida del taller. Aunque no se conocen demasiado bien las diferencias entre las máquinas a ese respecto en 1945. en lo que a mí respecta. para ser alguien en el taller tendríamos que ser capaces de arreglárnoslas. De hecho. Cuanto más tardáramos en arreglárnoslas. y no se nos apreciaría ni se nos tomaría en serio . factor éste que habría contribuido a la mayor solidaridad de los trabajadores de aquella época. en los que alcanzar el 125 por 100 no tenía ninguna dificultad. porque exigía poca atención. lo que para mí constituía un grado excesivo de incertidumbre para él representaba un acicate. peor sería nuestra reputación y más baja nuestra consideración social. Por último ¿qué puede decirse del interés por los resultados? Ya he hecho referencia al desprecio que Roy y yo sentíamos por el juego cuando entramos en el taller.

es decir. y de otro. en unos pocos peniques más en concepto de primas. no se sostiene que la motivación «económica» no tenga ninguna importancia para la consecución de la «cuota» en la situación que se analiza. no radicaba. .116 La generación del consentimiento hecho de participar en el juego e n t r a j a otras compensaciones de carácter psicológico además de las sociales. como tampoco el «fracaso» del sistema es prueba de la insuficiencia intrínseca de aquél. La participación en el juego eliminaba en gran parte la pesadez y el aburrimiento inherentes al trabajo industrial. pero se sugiere que . un beneficio mínimo a la dirección. Seguramente. el tiempo pasa más rápidamente (en realidad. del hecho de que en determinadas circunstancias el sistema «funcione». Los «incentivos del destajo» pueden incluir un «incentivó económico». o bien porqué el juego íjayáTl^rdido interés para ellos (crisis de motivación) La crisis del sistema guarda relación con la cuestión fundamental: ¿cómo puede un capitalista comprometerse de antemano a abonar un sa^ Roy. pero no se agotan en él. demasiado rápidam e n t e ) ^ lá conciencia del propio cansancio es menor. Así pues. las manifestaciones de los trabajadores del tipo de «no me preocupa el dinero» no se refieren a la insuficiencia intrínseca del incentivo económico. Ctiando uno está intentando arreglárselas. Parte II. en ciertas circunstancias puede poner °ri jyligtfl i l f l j T l i f E s e supuesto constituye lo que yo'^lificoj SIS del sis/emarjáede producirse también un segundo tipo d§. Beacon Press.crisi§. Per®r-aunque etjHegttdfeárreglárselas nunca constituye una amenaza directa para d salaria rnínimS. págs. 3. 1975. sino al hecho de que en la situación analizada no hay p)osibilidades de obtener una compensación económica de suficiente magnitud para que valga la pena «preocuparse» jwr ella La participación en el juego presupone una doble limitación de la inseguridad del resultado: es necesario garantizar. la sensación de realización y la autosatisfacción que nos deparaba arreglárnoslas. bien porque la inseguridad de alcanzar sus metas sea excesiva o déifif^iado pequeña (crisis de legitimación). En este análisis de las respuestas al trabajo a destajo. incite a los trabajadores a realizar un esfuerzo productivo en una situación dada.el trabajo a destajo puede proporcionar una amplia gañía d^e. sino en el prestigio. pfov?3cado pof1a-renuncia de los trabajadores a participar en el juego. Boston. de un lado. un salario mínimo de los trabajadores.incentivos. véase Jürgen Habermas. Legiíimation Crisis. no se desprende necesariamente que ese hecho sea imputable al incentivo económico. Cap. 517-518. por consiguiente. La diferencia entré arreglárselas o no. ' ' En relación con el origen de estas expresiones. «Restriction of Output».

Állied fiie capaz de superar una crisis del sistema sin provocar una crisis dé legitimación. Pero no hay modo de saber cuál es el volumen mínimo para garantizar el beneficio. pueden pasar a trabajar en máquinas cuya producción se sitúa en forma constante en t o m o al 140 por 100 (por ejemplo. del 80 por 100 o de ambas La existencia de rendimientos intermedios indica que al menos algunos trabajadores están participando en el juego. A medida que éstos adquieren mayor experiencia y veteranía. la modificación de las normas y la reducción de los gastos de sustitución de maquinaria contribuyeron a una crisis de legitiniación que desembocó.El proceso productivo como juego 117 lario y al mismo tiempo tener la seguridad de obtener un margen de beneficio aceptable? En la época de Geer. la dirección no hizo ningún intento sustancial de socavar las bases de éste mediante la modificación de las normas o la intensificación de las tasas de producción. En cambio. D e los niveles individuales de producción en el departamento de piezas pequeñas durante los once primeros meses de 1975 se deduce que un rendimiento constante inferior al 75 por 100 del patrón establecido por los ingenieros industriales no resulta aceptable. que varían continuamente. y nombró un nuevo director general de la división. l a intensificación de las tasas. una vez dominadas. por exceso o por defecto. Cuando la división de motores produjo pérdidas (por ejemplo. la extracción de plusvalía era esencial para la supervivencia de la empresa. La empresa absorbió las pérdidas. El ajuste de esas máquinas requiere un grado considerable de aptitud y de práctica. pero. que el margen de incertidumbre es aceptable y que a los trabajadores no les es indiferente el resultado de sus actividades. provocó con fi-ecuencia crisis del segundo tipo. en la huelga a que hicimos referená á . los rendimientos individuales se acumularán en tomo a la tasa del 140 por 100. movida por su interés acuciante en obtener beneficios. La paradoja de la crisis del sistema estriba en que no es posible preverla. y su dirección. finalmente. es decir. o las repercutió sobre los clientes. puesto que en realidad éste depende de los rendimientos de los maquinistas del taller mecánico. los tomos automáticos de plato y de vara y las roscadoras automáticas). Si el margen de incertidumbre supera los límites aceptables. en evitar una crisis del primer tipo. . en 1974) por razones ajenas al juego (como mostraré en el Capítulo 8). Para evaluar una crisis del segundo tipo pueden compararse los niveles de producción correspondientes a los distintos trabajos. la incertidumbre desaparece y el «arreglárselas» no tiene ninguna dificultad ^ La agrupación en tomo a esos puntos puede ser también indicio de un «falseamiento» eficaz.

su conciencia de ciase tendría que ser mayor qué la de quienes participan más activamente en el jueigo de arreglárselas. es poco probable que se produzca una crisis de legitimación. una vez transcurridos algunos meses. Pero la crisis del sis^nia puede ser también consecuencia de factores distintos al frácásó del juego. en tanto que no haya una crisis dé motivación en el taller. uno o dos trabajadores arriesgaron su prestigio haciendo sugerencias a la empresa sobre la forma en que podrían aumentarse las tasas de producción en sus propias máquinas (!). ¿En qué circunstancias puede una crisis del sistema provocar una crisis de legitimación o de motivación?. Por último. por ejemplo. Sin duda. A pesar de la afirmación de McCann. hay que plantear la cuestión de la relación entre las crisis del sistema y las crisis de legitimación o de mqtiyadón. Como muestra de la primera de esas tendencias. que de una parte genera una mayor vinculación a la empresa (por razón de las perspectivas de jubilación y de la seguridad en el empleo). sin embargo. esos trabajdores seguirán produciendo a la tasa del 140 por 100. En principio. refuerza la posibilidad de participación en las actividades del sindicato. los trabajadores pueden ocupar puestos que les ofrecen todas las dificultades y compensaciones del juego. en las comparaciones entre esos y los demás trabajadores de la planta. las tasas se han hecho por lo general menos rígidas y los procedimientos para cubrir vacantes han incrementado las posibilidades de traslado. Muchos de esos trabajadores veteranos disfrutan tranquilamente de su autoridad y de su posición.primeras. y de hecho. Así pues.118 La generación del consentimiento para los trabajadores que las manejan. De otro lado. hay que tener en cuenta la existencia de un factor perturbador. una crisis de legitimación puede surgir con mayor facilidad cuando las tasas son rígidas que cuando son fáciles de alcanzar. ¿en qué circunstancias cabe que la dirección socave las condiciones del juego cuando se produzca una crisis de . y de otra. y otros participaban intensamente en las actividades del sindicato: Sin embargo. en tanto que otros se esfuerzan por alcanzar él 125 por 100. En tales circunstancias. una crisis del sistema ¿puede ser consecuencia del hecho de jugar el juego conforme a süs reglas? En casó afirmativo ¿éií qué cón'^íeiónes puede este último provocar dicha crisis? Resulta evidente que la respuesta depende dei perfil que adopte la distribución de los rendimientos porcentuales de los trabajadores. con lo que. Desde qué Roy dejó de trabajar en Geer. las últimas pueden provocar las. es decir. muchos manifestaban una considerable hostilidad hacia la empresa. la antigüedad. ellos siguen ocupando el escalón más elevado en la escala de prestigio. de la cuantía anormalmente alta de los gastos de capacitación o del exceso de horas extraordinarias (véase el Capítulo 8). Un factor que puede reducir el perfil de la distribución es el aumento de la movilidad entre distintos puestos de trabajo.

El juego de arreglárselas constituye un caso extremo a ese respecto. Baldamus. On the Une. puede afirmarse que cuanto más rígida sea la organización del proceso productivo. si alcanzan una cierta continuidad. Efficiency and Effort.El proceso productivo como juego 119 los beneficios? Volveré a ocuparme de estas cuestiones en el Capítulo 10. Esos juegos tienen mayores posibilidades de continuidad. Little. . Las condiciones de la participación en el juego y de su eficacia para encubrir y asegurar el excedente de trabajo nos sirven de base para establecer una distinción entre dos tipos de juegos. hemos de analizar otras dos esferas de encubrimiento y aseguramiento del excedente de trabajo: el mercado interno de trabajo y la organización política interna. más probable es que surjan relaciones antagónicas de clase. Donald Roy y Harvey Shadows Esos juegos. pueden generar una adhesión a las estructuras de privación inherentes al trabajo. No sólo requieren capacidades técnicas y conocimientos prácticos de mecánica. sobre todo. la subordinación a una cadena de montaje Hmita el ámbito de los posibles juegos. Al encubrir y asegurar la existencia de un trabajo no retribuido. porque atraen más profundamente el interés de los trabajadores y amplían el margen de incertidumbre. 1957. sino una especial capacidad en la esfera general de las relaciones humanas. elemento esencial de todo juego. en los que participen otros agentes productivos. la eficacia de los juegos depende directamente de la amplitud con la que abarquen la vida cotidiana del taller. Por el contrario. Boston. Hay juegos cuyo ámbito se limita a la relación de los trabajadores con la tecnología. Esa adhesión requiere la organización de juegos de otro tipo. Donald Roy. Brown. su juego «particular» no le interesó durante mucho tiempo. y que han sido descritos por Wilham Baldamus. Para comprender la forma en qué se reprimen esas luchas de cíase. «Banana Time». aunque en absoluto de forma tan radical como cabe imaginar. Los juegos cuyo ámbito se limita a los trabajadores aislados y a su relación con el proceso productivo sólo hacen posible una distanciación cada vez menor de la privación y. En general. no generan adhesión a las relaciones en el ámbito de la producción. por cuanto podía dominar sin dificultad sus matices y ehminar la incertidumbre. Pero como señala Roy. Harvey Swados.

y que trasciende a los estados comunes de ser y de coñHendaSTTraScis Heafiír«Toward a Critical Theory of Play». 1955. libre de compulsiones extemas e internas). Del mismo modo que los jügíldores adoptan estrategias que afectan al resultado del juego. el concepto de «juego» no es sólo un instrumento explicativo. sino también un instrumento crítico En primer lugar. En el sentido en el que empleo el término. las relaciones capitalistas no sólo se convierten en objeto de adhesión. cuando compramos un coche nuevo. a los fines de la autoconservación» (Eros and Civilization. constituidos por una actividad voluntaria y abierta (es decir. en la que designa «un conjunto de principios para organizar la experiencia. Los límites posibles de variación de los resultados son estrechos. el juego se asimila más bien al trabajo.120 La generación del consentimiento CONCLUSION En el presente capítulo he pretendido poner de manifiesto la forma en que la constitución del proceso productivo como juego contribuye a encubrir y asegurar el excedente de trabajo. Herbert Marcuse contrapone el juego al trabajo: «el juego expresa el autoeiotismo sin objeto y gratifica los instintos que se orientan ya hacia el mundo objetivo. pág. pero no como quisiéramos. 30.. a defender sus reglas. mediáiifé las consecuencias buscadas y no buscadas dé nuestros actos. está subordinado a fines extemos a él. a sus normas. En tercer lugar. cuando hacemos una revolución. que escajpan a nuestro control y que. En segundo lugar. aunque no siempre en el sentido que aquéllos pretenden. representa el vínculo entre la racionalidad individual y la racionalidad del sistema capitalista. Lo mismo ocurre cuando jugamos al ajedrez. la participación en las elecciones que el capitalismo nos obliga a efectuar genera también adhesión a sus reglas. de la misma forma que la participación en un juego genera la adhesión a sus reglas. sino que aparecen como dadas e inmutables. . hacemos la historia. no obstante. Así. por ende. 196). Mediante la constitución de nuestras vidas como una serie de juegos. sino que nos vemos obligados a jugarlo y. Telos núm. desgraciadamente._pues. del mismo Empleo aquí la noción de juego en un sentido opuesto al que tiene habitualmente en la teoría crítica. Boston. cuando elegimos un presidente o tomamos parte en una guerra y. El trabajo. La metáfora del juego nos sugiere la hipótesis de una historia con «leyes» propias. No decidinios colectivamente cuáles serán las reglas del juego de arreglárselas. invierno 1976-1977.145). son fruto de nuestras acciones. por el contrario. pero éstos no escapan enteramente a nuestro control. en nuestra vida cotidiana hacemos elecciones mediante las que intentamos influir sobre los resultados de nuestras acciones. también. Sin embargo. como un conjunto de elecciones de alcance limitado. no instrumental (en el sentido de que tiene su fin en sí misma y su centro de interés es el p r o c r a o m á s M e n q ^ la meta). Beacon Press. sino sin «darhos cuenta».

otoño de 1976. de la misma forma que el juego de arreglárselas y los intereses que define son producto. en tanto que eliminamos o descartamos por utópicas otras opciones posibles. Comelius Castoríadis. Como instrumento crítico. la insatisfacción estriba en la imposibilidad de satisfacer las necesidades producidas por el capitalismo en general. que es bastante intensa. . de una forma concreta de organización del proceso productivo. el capitalismo genera una seiie de intefeses. otoño de 1976. se toman como dados En cuarto lugar. lo que es lo mismo. Qaude Lefort. Véase. no se orienta contra el capitalismo. su obra Theory andPractice. o por el juego de arreglárselas en particular. En síntesis. En ella no habría consecuencias no buscadas. Beacon Press. Esa hipótesis carece absolutamente de fundamento. que se nos presentan como algo natural e inevitable. contradicciones entre la realización de las diversas necesidades. Aunque esos intereses no tiéiieñ un carácter unívoco y pueden cambiar en el curso del tiempo. 6.23-38. no han sido establecidos por consenso democrático. 4-22. sino hacia su reproducción. Véanse Karl Korsh. y como he señalado producto cambiante. ni siquiera la de decidir colectivamente cuáles deberían ser esas necesidades. Telas núm. lo mismo que las reglas. que. Por la misma razón. o. tal y como han sido definidas por el capitalismo en general o por el juego de arreglárselas en particular. 60-81. de satisfacer nuestras necesidades. esas diferencias se resolverían mediante un diálogo político público y abierto ^^ En este punto me refiero a los conceptos de formación política del consenso. de forma consciente y deliberada. la metáfora del juego implica una cierta concepción de una sóciedad emancipada en la que las personas harían la historia ellas mísnías y para sí mismas. núm. «What is Socialization?». esfera pública y comunicación sin distorsiones de Habermas. sino que estarían sometidas a la decisión colectiva. la posibilidad de hacer realidad nuestros intereses. «The Hungarian Source». y no en la imposibilidad de satisfacer una serie trascendente de «necesidades radicales». del mismo modo que la posibilidad de ganar o de obtener el máximo beneficio posible da su interés al juego. Boston. siguiendo a Marx. la insatisfacción. 29. 29. New Germán Critíc. han tendido a suponer que en una sociedad posTcvolucionaria o emancipada no habría política. y desaparecería la distinción entre normas y leyes. por ejemplo. la racionalidad individuaí y lá colectiva coincidirían y habriía un diálogo racional y auténtico entre medios y fines. son producto del capitalismo. es el verdadero medio de generar la adhesión a las normas y relaciones.El proceso productivo como juego 121 modo que el juego define una serie de metas. Esos intereses. 1973. ^ Muchos marxistas. Las necesidades no vendrían predeterminadas. Te/os núm. «The Age of Novelty». en caso de qué en ese contexto esa distinción siguiera siendo válida. Aunque en esa sociedad seguiría habiendo conflictos y diferencias. otoño de 1975.

122 La generación del consentimiento Al centrarnos en la discrepancia entre medios y fines. esa ampliación de las posibles opciones. Por ejemplo. una imagen que la metáfora del juego nos fuerza a superar. De la metáfora del juego podemos inferir una dinámica qiie nos permite entender el significado de determinadas transformaciones en el capitalismo. Así. encuentra clara expresión en la aparición del mercado interno de trabajo y en la consolidación de la organización política interna. Como veremos en los próximos dos capítulos. nos formamos inevitablemente una imagen estática e irreal de la sociedad. de las diferencias entre la organización del trabajo en Geer y en Allied se desprende la existencia de un margen de elección que es cada vez mayor «cuantitativamente» dentro de límites más estrechos. Ya he indicado en qué consisten esas condiciones y he señalado las crisis que pueden producirse.j/ tinúe sin crisis continuas. Harry Braverman prescinde de la tendencia paralela e igualmente importante a la ampUación de opdones den. la participación en un juego puede socavar las condiciones de su reproducción. en la naturaleza derivada de las necesidades y en la generación del consentimiento mediante la posibilidad de su satisfacción. . Esta última tendencia sirve de fi base al consentimiento y hace posible que la degradación deí trabajó con. y entre normas y leyes. hemos visto que la existencia de i' máquinas más fiables y de tasas más fáciles de alcanzar. Como hemos visto. Al poner de relieve la separación entre concepción y ejecución. la expropiación de los coñócimientos prácticos o la limitación del ámbito de elección como tendencias generales del desarrollo del proceso prbáuctivo capitalista. Esa tendencia se expresa también de forma más general en los programas de enriquecimiento y rotaciónTde las tareas. dentro de límites más estrechos.X tro de esos limites cada vez más estrechos. la posibilidad de falseamiento y otros factores análogos aumentan las opciones al alcance del trabajador en el juego de arreglárselas.

los economistas han subrayado la importancia de los «mercados internos de trabajo» U n mercado interno de trabajo es: U n a unidad administrativa. 1972. en The PolUical Economy of Public Service Employment ed. D. del mercado extemo de trabajo de la economía tradicional. . «Public Employment and the Theory of the Dual Economy». L. 1975.. págs. el es" Peter Doeringer y Michael Piore. Beimctt Harrison. que se rige por normas administrativas. Sheppard. 1971.6. en el que la fijación de los precios. en la que la fijación de los precios y la distribución del personal están reguladas por una serie de normas y procedimientos admirtístrativos. que reflejan su insatisfacción ante las hipótesis de los modelos neoclásicos y en las que intentan alcanzar un conocimiento cabal de las instituciones económicas. E s necesario distinguir el mercado interno de trabajo. Heath. págs. la distribución del personal y las decisiones relativas a la capacitación están directamente reguladas por variables económicas Como afirma Edwards «el análisis de los mercados internos de trabajo intenta abrir la «caja negra» de la empresa de la economía neoclásica. al cuidado de H. considerando que las relaciones sociales en el lugar de trabajo constituyen en parte un sistema de intercambio de personal dentro de la empresa que regula los ascensos. Harrison y W. B. J. Mass. 41-76. un establecintíento fabril. Spring. por ejemplo.. Lexingtofi. 1-2. 83-108. HeatLexington. Lexington Mass. Richard Edwards. «The Social Relations of Production in the Firm and Labor Market Structure». la distribución de los puestos de trabajo. Politics and Society. ^ Doeringer y Piore. C. Inlernal Labor Markets and Manpower Analysis. EL DESARROLLO DE UN MERCADO INTERNO DE TRABAJO En varias obras recientes. Interrml Labor Markets.

Sign up to vote on this title
UsefulNot useful