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CIENCIAS SOCIALES Y SU DIDÁCTICA

TEMA 2
MOSTRAR A LA GENTE QUE MENOS ES MÁS

La sencillez asumida voluntariamente es una filosofía centenaria que aboga por
rehuir la búsqueda de riqueza y posesiones y la codicia para vivir más profunda y
plenamente, limitando las riquezas externas para lograr una mayor riqueza
interior. Para muchos filósofos la sencillez es uno de los elementos fundamentales
de la «vida buena», argumentando que la búsqueda de riqueza distrae a la gente
de metas más importantes. La sencillez ha constituido también un ideal religioso y
espiritual durante gran parte de la historia humana, personificado en figuras como
san Francisco de Asís y Gandhi. Hoy en día la sencillez voluntaria se ha
convertido en un movimiento por la sostenibilidad y la felicidad en la sociedad
postconsumista
1
(nota 1).
El movimiento ecologista ha puesto en evidencia el daño causado al planeta por
el consumismo. La sencillez voluntaria parte de esta realidad para crear un
movimiento que aspira a modificar los comportamientos. Se trata de una crítica a
los valores del consumismo: la creencia de que el dinero es la medida de todas
las cosas; la costumbre de utilizar a las personas y al planeta en beneficio propio;
la competitividad, que enfrenta entre sí a las personas; la aceptación de valores
impersonales, estériles, autoritarios e irresponsables. En vez de ello, la sencillez
voluntaria aboga por el afecto y la comunidad. Es, por encima de todo, un desafío
a la filosofía del dinero que predomina en muchas sociedades. En palabras del
teólogo Abraham Heschel: «La tarea más urgente es actualmente destruir el mito
de que la acumulación de riquezas y el logro de comodidades constituyen la
principal vocación humana.» (nota 2).

1
Cecile Andrews es autora de Less is More (Menos es más), Slow is Beautiful (Lo
tranquilo es hermoso) y Circle of Simplicity (Círculo de Simplicidad) y Wanda Urbanska es
autora y productora/presentadora de Simple Living with Wanda Urbanska (Vida sencilla
con Wanda Urbanska), la primera serie dedicada a promover una vida sencilla y
sostenible.

2

Niveles de sencillez
La sencillez es un tema complejo, con tres niveles al menos –el práctico, el
filosófico y el de las políticas públicas-. En primer lugar está el nivel práctico:
reducir gastos y consumir menos. La gente limita el consumo por muy diversas
razones, para no acumular más trastos, para evitar endeudarse, para ahorrar,
para trabajar menos, o para conservar el planeta. Pero a la larga, centrarse
únicamente en la frugalidad no funciona. Ocurre lo mismo que cuando se hace
una dieta: tarde o temprano la gente empieza a atiborrarse de nuevo. Para lograr
un compromiso más profundo, las personas tienen que comprender por tanto que
un menor consumo puede conllevar una mayor realización personal: más tiempo
para relacionarse con los demás; más disfrute de la naturaleza; mayor
satisfacción, seguridad y equilibrio.
Una sencillez duradera ha de avanzar por tanto hacia un segundo nivel, hacia un
planteamiento filosófico que se cuestione qué tiene importancia y qué nos atañe.
A este nivel, la sencillez voluntaria se convierte en una forma de vida que se
pregunta las consecuencias que tiene nuestro comportamiento para el bienestar
de la gente y del planeta. De hecho, podría argumentarse que consumir se
convierte en una costumbre porque la gente no se ha parado a pensar y a decidir
qué le interesa más. En una sociedad acelerada la gente hace lo que le resulta
más fácil -con frecuencia lo que las grandes empresas quieren que haga-.
En el nivel filosófico de la sencillez, la gente se desprende de lo superfluo para
tener tiempo para lo esencial. Particularmente, ahonda en la idea de una «vida
buena» y la naturaleza de la felicidad. Como han revelado algunos investigadores
como Tim Kasser, autor de The High Price of Materialism (El Alto Coste del
Materialismo), a partir de cierto punto tener más dinero no hace más feliz a las
personas. Indudablemente, la gente necesita un cierto nivel de dinero, pero la
codicia hace que mucha gente ignore las cosas importantes, como los amigos, la
familia y la comunidad. Unas relaciones en las que uno se siente apoyado son lo
que hace feliz a las personas. La gente tiene que comprender por tanto que la
sencillez voluntaria no es un sacrificio, pues supone mayor beneficio y realización
personal, y mayor satisfacción vital, con una huella ecológica menor. Supone que
«menos es más» -más seguridad, más tranquilidad, mayor dicha, más felicidad
(nota 3).
3
Finalmente, a nivel de políticas públicas la cuestión es que «menos sea más»
para todo el mundo. Aunque a nivel individual se puede cambiar el
comportamiento personal para adoptar modos de vida más sencillos, en las
sociedades industriales occidentales muy poca gente puede vivir una vida
verdaderamente sencilla. El movimiento por la sencillez se ha centrado durante
demasiado tiempo en el cambio individual. Ha llegado el momento de avanzar
hacia una mayor defensa de cambios en las políticas públicas. Para que todo el
mundo pueda vivir de manera sencilla, la sociedad necesita políticas públicas que
proporcionen servicios sanitarios, vacaciones, permisos por maternidad y
paternidad y un horario laboral reducido.
El cambio de políticas más necesario posiblemente tenga que ver con la
desigualdad de riqueza. El mejor indicador de la salud de una nación, en términos
de longevidad, es el abismo existente entre ricos y pobres. Pero ello no se debe
únicamente a que el déficit de salud de la población pobre haga bajar la media,
sino que toda la población se ve afectada, porque la desigualdad socava la
cohesión social. Richard Wilkinson, autor de numerosos libros sobre el abismo
existente entre ricos y pobres, demuestra que las tensiones provocadas por la
desigualdad minan la salud y fomentan el consumismo. En una sociedad donde el
estatus social tiene mucha importancia, la negación de respeto y dignidad genera
una gran tensión en las personas, haciéndolas enfermar. Además, la desigualdad
contribuye al consumismo: en una sociedad desigual, la gente utiliza sus
posesiones materiales en la lucha por ascender en la escala social. En su libro
The Spirit Level: Why More Equal Societies Almost Always Do Better (El nivel del
espíritu: por qué casi siempre les va mejor a las sociedades más igualitarias),
Wilkinson y Kate Pickett nos muestran cómo afecta la desigualdad a la vida
comunitaria, a la salud mental y a la violencia, entre otros problemas, y cómo
todos estos factores dificultan una vida sencilla y lograr la felicidad (nota 4).

Motivar el cambio
¿Cómo motivar a la gente para que empiece a reducir su consumismo y trabaje
por el cambio? En primer lugar, habrá quienes respondan a una buena
información sobre los problemas. Conocer los alarmantes datos sobre la realidad
del cambio climático les motivará a cambiar. Pero hay quien necesita más. El
lingüista de Berkeley, George Lakoff afirma que quienes intentan promover el
cambio confían con demasiada frecuencia en la información y los datos, que no
4
son suficientes para movilizar a mucha gente. Es importante suscitar empatía y
afecto. El movimiento por la sencillez lo consigue a través de la visión y la vivencia
de una comunidad dichosa (nota 5).
El movimiento por la sencillez voluntaria ofrece una visión de la vida buena, una
vida basada en las relaciones, en el afecto y en el bien común. En un artículo en
The Nation, el escritor y ambientalista Bill McKibben decía: «De hecho, la única
forma de soportar la transición será con un nuevo sentido de comunidad. El
verdadero veneno de las últimas décadas ha sido el hiperindividualismo que
hemos dejado que domine nuestra vida política, la idea de que todo funciona
mejor si no pensamos lo más mínimo en el interés común. Al final, ello ha dañado
a nuestra sociedad, a nuestro clima y a nuestras vidas personales. Nuestra gran
esperanza es el resurgimiento de una política que nos llame a trabajar unidos.>>
(nota 6).
En el movimiento por la sencillez esta importancia de la comunidad se manifiesta
de diversas formas: el círculo de estudios, las viviendas compartidas, las
ecoaldeas, y el movimiento por la relocalización o de Ciudades en Transición.
Evidentemente no todas ellas se describen a sí mismas como iniciativas por la
«sencillez», pero la mayoría de las personas implicadas intentan vivir de forma
más sencilla.
El círculo de estudios por la sencillez es un método de educación comunitaria y
cambio social basado en pequeños grupos, que tiene sus raíces en la historia
europea. Los círculos de estudios se originaron en Suecia y en el movimiento de
escuelas populares de Dinamarca, aunque estas tienen también una larga
tradición en Estados Unidos. El Highlander Center de Tennessee, por ejemplo,
empezó a funcionar como escuela popular tras la visita a Dinamarca de su
fundador, Myles Horton, en la década de 1920. El movimiento de educación
popular de Latinoamérica, en particular las teorías desarrolladas en Brasil por
Paulo Freiré, autor de Pedagogía del Oprimido, influyeron también en Highlander.
El convencimiento de que si la gente se junta para hablar encontrará respuesta a
sus problemas, y que la sabiduría está en la propia gente, constituye la base de
las escuelas populares, la educación popular y los círculos de estudios. Mientras
que los promotores del consumismo hacen grandes esfuerzos para manipular a la
gente y a sus emociones, el enfoque de la educación popular recupera la
capacidad de la gente para pensar por sí misma, un enfoque que puede
5
desarticular la manipulación de la publicidad en las sociedades de consumo (nota
7).
El círculo de estudiosos es un grupo pequeño compuesto de seis a ocho
personas, pero otras iniciativas comunitarias son mayores. Los movimientos de
casas compartidas y ecoaldeas, por ejemplo, piden a la gente que se traslade a
un nuevo emplazamiento. Al mismo tiempo, cada vez más gente está trabajando
por transformar su barrio en un lugar que fomenta la sostenibilidad y los lazos
comunitarios. Al movimiento por la relocalización, nacido en Estados Unidos, se
ha sumado ahora el movimiento de Ciudades en Transición, que tiene sus
orígenes en el Reino Unido y se está extendiendo por todo el mundo (véase
Anexo 1). En agosto 2009, casi 200 comunidades habían sido reconocidas
oficialmente como Ciudades en Transición en el Reino Unido, Irlanda, Canadá,
Australia, Nueva Zelanda, Italia y Chile (nota 8).
El movimiento de Ciudades en Transición se centra en reducir el consumo de
petróleo aumentando la «resiliencia» de una comunidad -en primer lugar
ayudando a la gente a darse cuenta de que casi todo lo que compra implica un
gasto de petróleo, bien sea durante la fabricación, el transporte o la
comercialización, para enseñar posteriormente formas de reducir su consumo,
cuidando un huerto y mediante otras habilidades tradicionales, como tejer y
preparar conservas-. Los dirigentes del movimiento de Ciudades en Transición
trabajan con los vecinos para cubrir sus necesidades de alimentos y comprar
localmente. Alientan a la gente a compartir, a través de iniciativas como las
monedas locales, el intercambio de herramientas, los coches compartidos, los
huertos comunitarios, la agricultura apoyada por la comunidad y la venta directa
en mercados. Todos estos proyectos implican trabajar con los demás de forma
cooperativa y colaboradora, debilitando la competitividad del consumismo
fomentado por las empresas (nota 9).
Posiblemente la gente que participa en estos movimientos ni siquiera sea
consciente de que está practicando una «sencillez voluntaria», y evidentemente
carece de importancia la etiqueta que se le ponga. Por ejemplo, el movimiento
Slow (Tranquilo) ha suscitado gran interés en Europa -particularmente los
movimientos de Slow Food (Comida tranquila) y Slow Cities (Ciudades tranquilas)
descritos en la publicación de Carl Honore In Praise of Slowness (Alabanza a la
lentitud). El movimiento Slow Food, fundado en Italia, anima a la gente a apoyar la
producción local de alimentos ecológicos (véase Anexo 2). Apoya una agricultura
6
que cuida el planeta además de promover la equidad, centrándose en las
prácticas de las grandes empresas. El movimiento Cittaslow afirma que su
objetivo es resistirse al «mundo homogeneizado y de carril rápido que tan
frecuentemente vemos en otras ciudades del mundo»; apoya la producción local
de alimentos y la artesanía, un menor uso del coche y la creación de lugares
donde la gente puede disfrutar sin tener que salir corriendo (nota 10).
En Estados Unidos el movimiento Slow forma parte del movimiento por la
sencillez, animando a la gente a vivir intensamente, investigando y rescatando la
visión antigua del ocio. La gente está empezando a buscar la forma de recuperar
su tiempo para pasear más, conversar con los vecinos, y pasar más tiempo en su
barrio. Quienes abogan por una vida tranquila están implicados también en la
campaña Recupera Tu Tiempo, un proyecto que intenta trasladar a Estados
Unidos algunas políticas laborales europeas. Evidentemente, resulta difícil vivir de
forma sencilla sin una jornada laboral más reducida, más vacaciones y bajas por
maternidad o enfermedad (nota 11).
Crear comunidad es fundamental para inspirar a la gente a vivir más
sencillamente. Y es importante darse cuenta de que este planteamiento tiene
implicaciones en términos de democracia, que es la única forma de arrebatar el
poder a las grandes empresas que fomentan el consumismo. En su libro American
Mythos (El Mito Americano) Robert Wuthnow reclama una «democracia más
reflexiva», que haga posible hablar de ideales y valores fundamentales.
Argumenta este autor que en el discurso democrático habitual la gente no va más
allá de la idea del «ciudadano informad» -que participa en debates sobre
acontecimientos de actualidad- cuando se necesitaría también reflexionar sobre
valores y supuestos fundamentales. La sencillez voluntaria representa una «vida
reconsiderada», que ayuda a la gente a determinar lo que tiene importancia y lo
que no importa (nota 12).
Como señala Robert Putnam, autor de Solo en la Bolera, una cultura en la que la
gente conversa por encima de la tapia de atrás es una cultura en la que la gente
vota. Cuando la gente se involucra en su comunidad local, habla con los demás y
generalmente se implica más directamente en las políticas públicas, intentando
frecuente evitar actuaciones negativas en su barrio. El movimiento vecinal es por
tanto importante en muchos sentidos. En última instancia, la conversación y el
compromiso con los demás ayuda a la gente a transformar la cultura del «lobo
7
solitario» y darse cuenta de que la verdadera seguridad no reside en la riqueza
material sino en la gente amiga (nota 13).
En su nuevo libro Meeting Environmental Challenges: The Role of Human
Identity (Enfrentándose a los desafíos ambientales: el papel de la identidad
humana), Tim Kasser y Tom Crompton defienden que es importante centrarse en
estrategias que inciten a la gente a apartarse de valores materialistas. Mantienen
que el miedo, suscitado por advertencias funestas sobre el medio ambiente,
puede impulsar a la gente a consumir, como reacción compensatoria. Mencionan
los círculos de sencillez como vía que ofrece un respaldo social, donde se
promueven los valores más trascendentes del cuidado y el afecto (nota 14).
Otra forma de suscitar sentimientos de esperanza en vez de temor es a través
de relatos de la vida de otras personas. La gente se interesa en la sencillez
voluntaria cuando lee o escucha una historia con la que se identifica. La historia
suele ser algo así: un empleado de una empresa se encuentra estresado, enfermo
y deprimido, de manera que consume menos, deja su trabajo, se traslada a una
casa más pequeña, encuentra un trabajo que le satisface más, reduce su horario
laboral, planta un huerto y empieza a implicarse en el trabajo del centro
comunitario local. La gente se ve reflejada en este tipo de relatos. Empieza a
darse cuenta de que su ansia de más -más dinero, más estatus social- no traerá la
felicidad. Despierta del hechizo de las falsas promesas del consumismo y empieza
a buscar una alternativa mejor. Un relato sobre reducción del nivel de consumo en
la vida real puede lograr tanto posiblemente por cambiar el comportamiento
consumista de la gente como 10 datos sobre el cambio climático.
Un intento de utilizar historias de este tipo es la serie de la televisión pública
americana Simple Living with Wanda Urbanska. En vez de ser inducidos a
cambiar mediante reprimendas e imágenes de la destrucción y los desastres
ambientales, los espectadores aprenden de historias de la vida real. La serie
ilustra diferentes planteamientos sobre cómo vivir sencillamente, dando voz a todo
tipo de gente. Un programa documentaba, por ejemplo, el compromiso de una
familia de Bozeman (Montana) para recuperar el bisonte de las Grandes Praderas,
al borde de la extinción. En otro aparecía una iglesia de Massachusetts donde el
lema «pedalea o pasea por tu alma» animaba a los feligreses a acudir andando,
en bicicleta o en coches compartidos al servicio religioso, que terminaba con una
espectacular «bendición de las bicicletas» por el reverendo (nota 15).
8
En un documental recurrente, realizado en tono travieso y titulado La cosa que
se negó a morir, la serie desafía a los espectadores a mantener en
funcionamiento sus objetos pasada la fecha de obsolescencia programada. Una
de estas «cosas» es un barco de los años 30 equipado para combatir incendios y
jubilado por el departamento de incendios de la Ciudad de Nueva York, que
reapareció cual fiel caballero cuando hubo que echar mano de sus antiguas
mangueras para luchar contra el fuego de las Torres Gemelas el 11 de
septiembre. La moraleja de este episodio era sencilla: «Puede que el cachivache
que has jubilado sea la cosa más valiosa que posees». Historias como esta
pueden motivar a la gente a repensar sus decisiones de consumo, promoviendo
un cambio (nota 16).
Por último, algunas invenciones sociales novedosas pueden suscitar un
sentimiento gozoso de comunidad: se trata de experiencias que reúnen a la gente
en iniciativas nuevas e imaginativas que son todo un desafío al consumismo. El
Día sin Compras, por ejemplo, encabezado por la revista de contra-publicidad
Adbusters Magazine, era originalmente el día después del Día de Acción de
Gracias de Estados Unidos, supuestamente el día en que se compra más de todo
el año. Actualmente más de 65 países participan en este día con diferentes
actividades, cuanto más estrafalarias mejor. Grupos de voluntarios con un cartel y
unas tijeras se ofrecen en los centros comerciales a cortar en pedacito las tarjetas
de crédito de la gente. Otros protagonizan un «recorrido de zombis»,
reproduciendo las miradas sin expresión de los compradores. La gente se divierte
bailando la conga en largas hileras con los carritos de la compra en lugares como
Walmart, o llenando los carros hasta arriba y dejándolos en un pasillo sin llevarse
nada. Adbusters promueve iniciativas de contracultura para luchar contra el
consumismo, y organiza iniciativas como emitir billetes falsos para paseos en
todoterrenos ligeros, o patrocinar una «semana de desintoxicación», animando a
la gente a «desengancharse» de los videojuegos y los ordenadores (nota 17).
Otra idea imaginativa es The Compact, una iniciativa en la que la gente acuerda
no comprar nada nuevo durante un año. Algunos de ellos se dedican al
«freeganismo», que puede incluir actividades como bucear en los contenedores
de basuras en búsqueda de comida y de otros artículos que han sido desechados,
pero que están en perfectas condiciones, cosechar lo que no se recolecta, buscar
frutos silvestres, cultivar huertos urbanos y ocupar edificios vacíos. Otro
movimiento que atrae particularmente a la gente joven es el servicio de
9
hospitalidad en línea conocido como «couch surfing», que permite viajar sin
apenas coste, encontrando a través de internet alojamiento gratuito en casas. La
red «wwoofing», World Wide Opportunities on Organic Farms (Oportunidades en
Fincas de Agricultura Ecológica en Todo el Mundo), que facilita a la gente trabajo
en fincas ecológicas a cambio de alojamiento y comida, también es una iniciativa
viajera (nota 18).

Crear culturas post-consumo
En todo el mundo la gente está desarrollando formas de desafiar el consumismo
y de crear culturas post-consumo. En Barefoot College, la Universidad Descalza
de la India, se anima a la población empobrecida local a mantener sus formas de
vida sostenibles. Gaviotas, una aldea de Colombia, ha recuperado terrenos
yermos de sabana, y regenerado los bosques utilizando técnicas innovadoras
como la energía solar y eólica, y columpios de los niños para bombear agua. En
Europa se están recuperando espacios para la gente: el arquitecto danés Jan
Gehl, por ejemplo, ha transformado espacios urbanos en lugares de encuentro
comunitario y convivencia, extendiendo la sociedad del café, y del peatón y la bi-
cicleta. En Portland (Oregón), se ha iniciado un movimiento similar denominado
«regenerar la ciudad», en el que la gente está «recuperando» las calles de sus
barrios pintando dibujos en los cruces, sacando las sillas de jardín a las aceras y
creando en las esquinas bancos para sentarse con fardos de paja y cartones -todo
ello para reunir a la gente- (nota 19).
El objetivo no es únicamente conseguir que la gente consuma menos, sino crear
una sociedad nueva, inspirando y motivando a las personas a través de la
empatía, el afecto y la relación personal, para que se involucren en los esfuerzos
por un cambio social. Cuando las personas se implican con otra gente,
desaparece su afán por consumir, pues encuentran una nueva forma de vida más
satisfactoria. La sencillez voluntaria es, por lo tanto, una práctica, una filosofía y
un sistema de cambio social que puede contribuir a transformar la cultura del
consumo, ayudando a la gente a comprender que «menos es más».

Anexo 1. El creciente movimiento por el decrecimiento
Mucha gente sigue considerando hoy día que el crecimiento económico llevará a
constantes mejoras del bienestar, pese a que dicho crecimiento ha degradado los
10
ecosistemas, explotado a los pobres y amenaza la seguridad de las generaciones
futuras. Abordar de forma proactiva las actuales crisis ambiental, financiera, social
y ética, requiere, sin embargo, un modelo social radicalmente diferente: una
sociedad del decrecimiento. El movimiento que apoya este planteamiento,
pensado para los países que han crecido más de lo que les correspondía en
justicia, abusando de la generosidad de la Tierra, ha desarrollado una plataforma
política que aspira a unas sociedades de decrecimiento centradas en la
sostenibilidad y en la proximidad, en las que se relocalice, por ejemplo, la
producción y el consumo. Las sociedades del decrecimiento promueven las
relaciones humanas en vez del consumismo y reducen los residuos y la
contaminación del transporte mediante impuestos ecológicos, para tener una
huella ecológica sostenible y lograr un equilibrio con la naturaleza.
Actualmente existen partidos políticos por el decrecimiento en Francia y en Italia.
La publicación La Decroissance (Decrecimiento) puede comprarse en los quioscos
de toda Francia y cuenta también con lectores en el resto del mundo francófono.
En España, Temps de Re-voltes organizó en 2008 una «gira publicitaria del
decrecimiento», recorriendo 30 pequeños municipios. En colaboración con las
autoridades locales, el grupo organizó mesas redondas y debatió las crisis
energéticas futuras y las visiones del decrecimiento, ensalzando al tiempo la
cultura y las tradiciones locales.
El decrecimiento deberá ser adoptado en diversos niveles para lograr el impacto
necesario para estabilizar los sistemas ecológicos. Las ciudades, los pueblos y las
aldeas tendrán que relocalizar sus sistemas agrícolas y energéticos, introduciendo
huertos comunitarios en cada casa, así como energías renovables generadas
localmente para promover su resiliencia. Las monedas locales, como la Libra de
Totnes o las Horas de Itaca, pueden contribuir a que la riqueza se quede en
manos de las personas y de las pequeñas empresas locales, en vez de ir a parar
a instituciones financieras y a empresas multinacionales. Se necesitarán también
esfuerzos sociales más amplios, como la reducción de los horarios laborales y la
reforma de la reglamentación de las instituciones internacionales que sólo
promueven un crecimiento destructivo.
Las iniciativas que mejor han puesto en práctica actualmente los valores del
decrecimiento son las Ciudades en Transición, principalmente del Reino Unido
pero también de Australia, Estados Unidos, Japón y Chile, entre otros países. La
filosofía de las Ciudades en Transición es prepararse para la escasez de recursos
11
y el cambio climático, desarrollando comunidades social y económicamente
resilientes, centradas en mejorar la calidad de vida de sus habitantes y en vivir
sosteniblemente. El «escaparate» de las Ciudades en Transición es Totnes, en
Inglaterra.
El movimiento por una «sociedad del decrecimiento» es radicalmente diferente
de la recesión que está tan extendida hoy día. El decrecimiento no significa la
decadencia o el sufrimiento que imaginan con frecuencia quienes desconocen
este nuevo concepto. Al contrario, el decrecimiento podría compararse con una
dieta saludable, emprendida voluntariamente por una persona para mejorar su
bienestar, mientras que el crecimiento económico negativo sería comparable a
morirse de hambre. En un mundo de decrecimiento, la gente pasará menos
tiempo trabajando y más tiempo viviendo. Consumirá menos pero mejor, producirá
menos residuos, reutilizará y reciclará más, comprenderá los impactos del
comportamiento humano y tendrá una huella ecológica sostenible. La gente
encontrará la felicidad en las relaciones humanas y en la convivencia, en vez de
en la presión constante por acumular más y más bienes. Todo ello implica
grandes dosis de imaginación y un replanteamiento a fondo del concepto actual
de realidad de la gente, pero el cambio de las realidades ecológicas proporcionará
sin duda la inspiración necesaria.
Serge Latouch
Profesor Emérito de Economía
Universidad de Orsay, Francia
Fuente: ver nota 8.

Anexo 2. El movimiento Slow Food (Comida lenta)
El movimiento internacional Slow Food nació en 1986, en protesta contra la
apertura de un McDonald's en el entorno de la escalinata de la Trinitá dei Monti,
en Roma. El restaurante se convirtió en el símbolo físico de la degradación de la
cultura italiana de comida local, sostenible y sana. Desde entonces, Slow Food se
ha transformado en una organización mundial con encuentros, denominados
convivium, en 123 países, y con más de 100.000 miembros. Promueve «unos
alimentos buenos, ecológicos y justos», transformando así las culturas a través de
12
la comida. Esto se consigue mediante un abanico muy amplio de actividades, que
educan e inspiran a la gente.
Slow Food pretende recuperar el contacto entre productores y consumidores (o
coproductores, como prefiere denominar al consumidor educado que respalda la
comida tranquila) y promueve la diversidad culinaria y una comida apetitosa y
sana a escala local, sin perder de vista el marco global más amplio, fomentando la
biodiversidad y el contacto internacional entre productores artesanales, y
realzando la producción tradicional para hacerla viable económicamente. El
acento de todas las actividades del movimiento es conseguir que el placer
gastronómico y la responsabilidad ecológica sean inseparables.
Se trabaja también para educar al público a través de una gran variedad de
iniciativas. Numerosas publicaciones enseñan ahora el arte de la «cocina
tranquila». Conferencias, artículos y portales de internet describen la lúgubre
realidad de los agronegocios y de la comida rápida, así como los beneficios de
comprar localmente y de los productos de Comercio Justo. También se organizan
eventos para educar y movilizar a la gente. Durante uno de estos eventos, Slow
Fish 2009, celebrado en Génova (Italia), 55.000 invitados locales e internacionales
tuvieron la oportunidad de aprender en qué consiste la pesca artesanal sostenible,
conocer a pescadores artesanales y mejorar su cultura gastronómica degustando
vinos y alimentos.
La Fundación Slow Food para la Biodiversidad -una sección de Slow Food- tra-
baja para «defender las tradiciones alimentarias locales, proteger la biodiversidad
local y promover la producción a pequeña escala de alimentos de calidad». Los
pequeños productores artesanales de todo el mundo están organizados en 300
organizaciones que se centran en mejorar las técnicas de producción,
preservando los productos y métodos tradicionales y buscando nuevos mercados
para ellos. La Fundación cuenta también con un Arca del Gusto, que es un
registro de productos alimentarios que espera poder reintroducir en los mercados,
pero que corren peligro de desaparecer debido a la escasez de ciertos
ingredientes o a la pérdida de los métodos tradicionales de producción.
Las comunidades Slow también están estableciendo Mercados por la Tierra y
cafés y restaurantes Slow Food, que ayudan a relacionarse a productores y co-
productores, a la vez que promueven la comida local y ayudan a los clientes.
Actualmente existen Mercados por la Tierra y cafés en Delhi, Tel Aviv, Beirut y
Bucarest, entre otras ciudades.
13
Los miembros de Slow Food también utilizan cauces oficiales en defensa de sus
causas, especialmente en cuestiones referidas a la política agrícola y comercial de
la Unión Europea. Slow Food EEUU organizó recientemente una campaña de
Time for Lunch (Tiempo para comer); también ha instado al Congreso a mejorar la
Ley de Nutrición del Niño, que establece las normas para las comidas escolares
en Estados Unidos. A través de la promoción de una comida buena, ecológica y
justa, el movimiento Slow Food está desempeñando un importante papel y
favoreciendo el cambio hacia unas culturas sostenibles.
Helene Gallis
Fuente: Ver nota 10.
Notas:
1. Goldian Bandenbroeck, Less is More: The Art of Voluntary Poverty: An
Anthology of Ancient and Modern Voices Raised in Praise of Simplicity
(Rochesrer, VT: Inner Traditions Internacional, 1991); David E. Shi, The
Simple Life: Plain Living and High Thinking in American Culture (Oxford:
Oxford Universiry Press, 1985).
2. Abraham Joshua Heschel y Susannah Heschel, Moral Grandeur and
Spiritual Audacity: Essays (Nueva York: Farrar, Straus y Giroux, 1997), p. 3l.
3. Tim Kasser, The High Price of Materialism (Cambridge, MA: The MIT Press,
2002).
4. Richard Wilkinson, The lmpact of lnequality: How to Make Sick Societies
Healthier (Nueva York: The New Press, 2005); Richard Wilkinson y Kate
Pickett, The Spirit Level: Why More Equal Societies Almost Always Do Better
(Londres: Penguin Group, 2009).
5. George Lakoff, Thinking Points: Communicating Our American Values and
Vision (Nueva York: Farrar, Straus y Giroux, 2006).
6. Bill McKibben, «Togerher; We Save the Planet,» The Nation, 23 de marzo
de 2009.
7. Myles Horton y Paulo Freire, We Make the Road by Walking: Conversations
on Education and Social Change (Philadelphia: Temple Universiry Press,
1990); Paulo Friere, Pedagogía del Oprimido, ed. Siglo XXI (México, 1986).
14
8. «What Is a Transition Town (or village/city/forest/island)?» Transition Towns
WIKI, en www.transitiontowns.org. Anexo 1 de los siguientes: decrecimiento
en Francia, de Red de los Objetores de Crecimiento para e! PostDesarrollo
ROCADe, en www.apres-developpement.org., de Institut d'études
économiques pour la décroissance soutenable, en www.decroissance.org, de
Parti pour la Décroissance, en www.parripourladecroissance.net, y de La
Decroissance, en www.ladecroissance.net; decrecimiento en Italia, de Rete
per la Decrescita, en www.decrescita.it, de Rete per la Decrescita Felice, en
www.decrescitafelice.it, y de Partito per la Decrescita, en
www.partiroperladecrescira.ir; decrecimiento en España, de Movimiento del
Decrecimiento, en www.decrecimiento.info, de «Diario del Decrecimiento» en
www.decrecirniento.es, de Xarxa pel Decreixement, en
www.decreixement.info, y de la campaña Temps de Re-volres, en
www.temsderevoltes.cat; Ciudades de Transición y monedas locales, de
Tornes Pound Project, en
www.tomes.transitionnetwork.org/tomespound.home., de Ithaca Hours Online,
en www.ithacahours.com, de Transition Towns Wiki, en
www.transitiontowns.org, de Transition Town Kinsale, en
www.transitiontownkinsale.org, y de Transiúon Town Tornes, en
www.totnes.transitionnetwork.org.
9. Rob Hopkins, The Transition Handbook: From Oil Dependency to Local
Resilience (Tomes, Devon, Reino Unido: Green Books Lrd, 2008).
10. Carl Honore, In Praise of Slowness: How a Worldwide Movement Is Cha-
llenging the Cult of Speed (San Francisco: Harper SanFrancisco, 2004).
ANEXO 2 de los siguientes: Carlo Petrini, Slow Food: The Case far Taste
(Nueva York: Columbia Universiry Press, 2003); Slow Food International, en
www.slowfood.com y www.slowfood.it; Slow Food Foundation for Biodiversiry,
en www.slowfoodfoundation.org, información sobre el Arca del Gusto de Ibíd.;
Slow Food Earthmarkers, en www.earthmarkets.net; Slow Fish Exhibition
2009, en www.slowfish.it/welcome_eng.lasso, Slow Food USA, campaña
«Time for Lunch», en www.slowfoodusa.org/index.php/campaign/
timejor_lunch/ about.
11. Recupera Tu Tiempo (Take Back your Time) es una iniciativa estado-
unidense y canadiense para luchar contra e! trabajo y horario laboral
excesivos y contra la escasez de tiempo, véase www.timeday.org.
15
12. Robert Wuthnow, American Mythos: Why Our Best Efforts to Be a Better
Nation Fall Short (Princeton, NJ: Princeton University Press, 2006).
13. Robert Putnam, Solo en la Bolera: Colapso y Resurgimiento de la
Comunidad Norteamericana (Barcelona: Galaxia Gutemberg, 2002).
14. Tim Kasser y Tom Crompton, Meeting Environmental Challenges: The
Role of Human Identity (Godalming, Surrey, Reino Unido: WWF-UK, 2009).
15. «Open Space Planning,» Programa 413, junio de 2008, y «Simplicity
& Spirituality,» Programa 106, agosto de 2004, en Simple Living with Wanda
Urbamka.
16. «The Thing That Refused to Die,» Programa 108, septiembre de 2004, en
Simple Living with Wanda Urbarnka.
17. Para más información sobre la campaña del Día sin Compras, véase
www.adbusters.org/campaigns.bnd.
18. Sobre The Compact, véase sfcompact.blogspot.com; información sobre el
«freeganismo» disponible en freegan.info/?page, World Wide Opportuniries
on Organic Farms, en www.wwoof.org.
19. Cecile Andrews, Slow is Beautiful: New Visions of Community, Leisure,
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2006); «Barefoot College,» en www.barefootcollege.org; Alan Weisman,
Gaviotas: A Village to Reinvent the World (White River Junction, VT: Chelsea
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www.friendsofgaviotas.org/Friends_oCGaviotas/ Horne.html: Jan GeW y Lars
Gemzoe, Public Spaces, Public Life (Copenhague: Danish Architectural
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www.pps.orglinfo/placemakingrools/placemakers/jgehl; «The Vision of City
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ANDREWS, C. y URBANSKA, W. (2010): “Mostrar a la gente que menos es más”, en
ASSADOURIAN, E. (2010): Cambio cultural. Del consumismo hacia la sostenibilidad.
Informe anual del Worldwatch Institute sobre el progreso hacia una sociedad sostenible,
Madrid, Icaria, pp. 333-343.