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Félix de Azúa: Nunca profetices en tu tierra
Publicado por Félix de Azúa

Este juicio apodíctico de que nadie puede anunciar el futuro de su propio país, no sé hasta qué punto sea cierto para todos los países, pero sí que lo es para el nuestro. Me fui a un París lluvioso y gris, al congreso organizado por la Sorbona Paris-3 y la Diderot Paris-7 sobre Juan Benet. Nunca se ha celebrado nada semejante en las universidades españolas. No abunda el interés por quien sin duda es el más importante escritor de la posguerra. Está bien, uno de los más importantes. Casi veinte especialistas franceses, suecos, italianos, rumanos, rusos y naturalmente españoles, se dedicaron durante dos días a comentar al poco accesible escritor, justamente porque siendo oscuro y denso se agradece el escrutinio. El congreso se cerró en el Instituto Cervantes con una sesión de memoranza por parte de amigos suyos, los cuales fueron amonestados por hablar de lo mucho que se bebía en aquellos años. Así estamos de salud. Tampoco la prensa española ha dado noticia alguna del asunto, aunque el Colegio de Ingenieros le había dedicado, días antes, un homenaje. Bien está. Nada le habría divertido tanto a Juan Benet como constatar que sigue siendo un desconocido en su patria. Es un calificativo que rejuvenece, la eterna promesa. Y sin embargo, los especialistas que allí se reunieron tenían ese aura especial que adquieren quienes se dedican a un autor o artista con cualidades fuera de lo común o heterodoxas. Lo mismo sucede en los congresos dedicados, qué te diré yo, a E.M. Foster, por ejemplo, en los que todo el mundo parece salido de una película deIvory. En los de Emily Dickinson, en cambio, suele haber mucho zueco. Y si son de Camilo, brillan los alamares y se escucha el entrechocar de las condecoraciones.

Me pareció ver a Benet. corpiño de fruncidos. el anciano maestro llegó a oír el vals y a guardarlo en la memoria. aunque Alexandra puso de manifiesto lo poco schubertiana que era buena parte de la escritura para el acompañamiento de la mano izquierda. banda cabecera con guirnalda de flores. El caso es que sólo se conoce gracias a una copia que Richard Strauss transcribió en 1943. Casi nos tiramos al suelo para manifestar lo muchísimo que nos gustaba. Fascinados por la visión. Su Yoknapataupha. la admirable Claude Murcia. cuya familia es la que guardaba bajo llave el manuscrito. hoy desaparecido. muy suyas. “¡Oh.De las numerosas intervenciones me impresionó gratamente la de Alexandra Bazhenova. nos iba presentando uno a uno a los participantes. quizás su novela más desolada. La directora del congreso. de ninguna! Es todo invención mía. Posiblemente fue regalo de bodas para su amigo Kupelwieser. Alexandra abrió su portátil. disimulado entre las últimas filas. de la universidad del estado de Moscú (Lomonossov). la enigmática pieza para piano (de una tristeza devastadora) que actúa de presencia subterránea en Un Viaje de invierno de Benet. dando su aprobación con leves cabezadas. nos dirigimos a ella respetuosamente y le preguntamos de qué región rusa era su bello traje folklórico. zapatos de raso verde. posible jarretera a tono. la rusa ojizarca dio una lección sobre el Vals K. es evidente que este es el traje folklórico de Región”. Luego Molina Foix dio con la solución: “Somos unos obtusos. es preciso aclarar que Región es el lugar mítico de las novelas de Benet. De algún modo. . La breve composición de Schubert es una leyenda. Por supuesto nadie puede saber cuáles fueron los añadidos y correcciones del austriaco. ¿no les gusta?”. Haciendo honor a tan noble inicio. su Macondo. reclinó la cabeza sobre una mano y dio a un botón. quizá por el modo en que entramos en su conocimiento. Una vez terminada la exposición. no. Las lentas y conmovedoras notas del vals iniciaron la despedida. Para los no iniciados. De pronto apareció una deslumbrante muchacha ataviada con un hermoso traje regional: larga falda floreada. no.