P. 1
Convirtiendo-la-Maldición-en-Benidición

Convirtiendo-la-Maldición-en-Benidición

|Views: 31|Likes:
Published by M. Camilo
Convirtiendo-la-Maldición-en-Benidición
Convirtiendo-la-Maldición-en-Benidición

More info:

Published by: M. Camilo on Jun 24, 2013
Copyright:Attribution Non-commercial

Availability:

Read on Scribd mobile: iPhone, iPad and Android.
download as PDF, TXT or read online from Scribd
See more
See less

12/10/2013

pdf

text

original

CONVIRTIENDO

LA MALDICIÓN EN BENDICIÓN
El mensaje de triunfo del Libro de Job
por el Dr. Paul G. Caram

Contendiendo con las tensiones de la vida Entendiendo los beneficios de la adversidad Pasando las pruebas a fin de derrotar a Satanás Preparándonos para gobernar y reinar con Cristo

CONVIRTIENDO LA MALDICIÓN EN BENDICIÓN Registrado © por Paul G. Caram Marzo 2000 Libro de texto de Zion University Usado con permiso Todos los derechos reservados

Traducido por Lorena Torres

Primera impresión en Centroamérica, agosto 2008

Todas la citas bíblicas de este libro han sido tomadas de la versión Reina Valera a menos que se indique lo contrario.

Para mayor información o ejemplares adicionales, diríjase a esta dirección: Instituto Bíblico Jesucristo Apartado Postal 910-A Guatemala, Centroamérica Tel.: (502) 5219-0244/5 Fax: (502) 2472-8817 E-mail: ibj@zmi.edu, ibjcristo@gmail.com

ISBN # 0-9627490-5-2

“Nuestro Dios volvió la maldición en bendición”
(Nehemías 13:2b)

Dedicatoria
Con profunda gratitud y amorosa estimación, esta Serie de Madurez Cristiana está dedicada al honorable Dr. Brian J. Bailey
Presidente de la COMUNIDAD INTERNACIONAL SION

Mi padre espiritual y, desde mi juventud, hábil maestro en los sagrados misterios del reino de los cielos, cuya vida ejemplar y ministerio han inspirado mi amor por Cristo y Su verdad; quien siempre ha sido para mí, y para todos aquellos que le conocemos, el caballero cristiano ideal, irreprensible y caritativo. Sobre todo, él es un hombre aprobado por Dios. ¡Un hombre a quien Dios muestra Su rostro!

Convirtiendo la maldición en bendición

1

CONVIRTIENDO LA MALDICIÓN EN BENDICIÓN Introducción
El problema es nuestro siervo ¡Dios ha ordenado que el problema sea nuestro siervo! A decir verdad, entre más intenso y tenaz sea el trabajo del enemigo, más nos empuja a la cima, al trono. Dios puede darle un rotundo giro a las contrariedades que nos acosan, a las injusticias, a las dolorosas demoras e incluso a los traumas de la niñez, para que obren en nuestro favor. Muchas veces el problema es un regalo que Dios nos hace. Es un sagrado tesoro. Así sucedió en la vida de José. Todas las crueldades que sus hermanos mayores cometieron contra él, lo empujaron hacia el trono de Egipto. Lo mismo ocurrió en la vida de Job. Todos sus problemas culminaron en una doble porción y en honra eterna. El problema existe para ser nuestro siervo. Cuando Dios se complace en nosotros, es capaz de “volver la maldición en bendición” (Neh. 13:2b). “Maldita será la tierra por tu causa” Cuando el hombre cayó, Dios tuvo que pronunciar la maldición que sería un freno para la naturaleza caída (Gn. 3:16-19; 5:29). La maldición fue una obra de la misericordia de Dios para con el hombre caído, siendo las implicaciones: dolor, ardua labor y gran adversidad. Dios sabe lo que el hombre perverso es capaz de hacer si no se le mantiene controlado (Ec. 8:11; Sal. 73:3-6; Ez. 22:8). Una vez que la maldición ha realizado toda su obra, Dios la quita (Ap. 22:3). A veces Dios permite que en nuestra vida haya un aguijón o problema recurrente hasta que se realiza una determinada obra de gracia, o que una rebeldía deja de ser, entonces, lo quita. Éste fue el caso en la vida de Job. Pablo también necesitaba un aguijón que lo mantuviera en la carrera (2 Co.12:6-9). Al igual que una perla se forma por irritación, Dios prolonga a veces una circunstancia agravante con el fin de desarrollar algo hermoso en nuestras vidas. Desde la transgresión en el huerto del Edén, Dios ha tenido que trabajar por medio de los fracasos del hombre e ingeniarse otro plan para la raza humana. El día en que el hombre transgredió, eligió una senda difícil (Pr.13:15). Dios tuvo que reorientar al hombre después de la caída, y desde entonces, el camino nunca ha sido fácil. La maldición imputada en Génesis 3:16-19 tiene cuatro objetivos principales: 1. Restringir la naturaleza caída general. 2. Mantener al hombre en su curso. 3. Instruir al hombre en cuanto a Dios y Sus sendas. 4. Destruir con muerte la naturaleza caída, para que el hombre se levante incorruptible y sin pecado.

2

Convirtiendo la maldición en bendición

El problema es una oportunidad de obtener nueva gracia Por cuanto el hombre cayó debido a la desobediencia, Dios tuvo que maldecir la tierra por su causa. Sin embargo, la maldición (con todas sus penas y angustias) crea una oportunidad para que Dios produzca cualidades divinas en el hombre. Misericordia, longanimidad, mansedumbre, amor verdadero, fe, lealtad, paciencia, y muchas otras virtudes se desarrollan gracias a la adversidad. Es necesario que el hombre padezca, se entristezca, se fatigue y sea oprimido. El mismo hecho de que el hombre pueda morir es obra de la misericordia divina, ya que con la muerte se destruye la naturaleza del pecado que reside en los miembros del cuerpo y, por consiguiente, podemos resucitar con un cuerpo sin pecado. Sin embargo, debemos tener cuidado de no morir prematuramente. Dios usa la maldición para finalmente bendecirnos. Cuando un problema o un enemigo ha cumplido su misión, Dios nos libera de él. El propósito del problema Nacimos para ser probados (Job 7:17-18). Dios ha fijado Su corazón en el hombre y está probándolo a toda hora. El problema tiene una forma misteriosa de revelar quiénes somos y cuáles son nuestras deficiencias. El aprobar o reprobar nuestras pruebas indica la posición que tendremos en el cielo por toda la eternidad. Muchas veces no nos damos cuenta de que estamos siendo probados. Por eso, debemos estar más conscientes de que nos observan. Somos espectáculo para hombres y ángeles. Estamos sometidos al escrutinio de principados, de potestades y del mundo, pero sobre todo del Señor mismo. Dios nos somete a prueba: • • • • • • • • • • • • • • Para ver de que estamos hechos. Para ver qué nos motiva a hacer las cosas, y qué deficiencias tenemos. Para ver si Dios es la Prioridad en nuestras vidas (Gn. 22:1-2; Job 1:8-12; Dt.13:1-3). Para ver si somos dignos de las promesas de Dios y leales a las verdades que nos ha confiado. Para ver si somos capaces de recibir el poder que le hemos pedido a Dios, (entre más grande es el poder que anhelemos recibir de Dios, mayores serán las pruebas). Para ver si somos dignos de ocupar las posiciones de las que Satanás y sus seguidores están destituidos. Para ver si calificamos para ser Su Esposa y estar en las Bodas (Ap.19:9) Para ver si calificamos para estar en la Primera Resurrección, juzgar a los ángeles y gobernar y reinar con Cristo. Para ver si estamos sirviendo a Dios sólo para obtener bendiciones y prestigio, o simplemente por amor a Él. Para hacernos más rectos y santos. Para darle a nuestras vidas una mayor revelación del Señor. Para bendecir nuestro postrer estado, para exaltarnos y para darnos un nombre eterno. Para dar a nuestras vidas nueva gracia al estar en un nuevo sitio de bajeza (la gracia le es dada a los humildes). Para que Dios tenga una respuesta que dar a Sus adversarios (Pr. 27:11; Sal.119:42).

Convirtiendo la maldición en bendición

3

La Iglesia tiene un concepto equivocado de la vida y de los problemas Fuimos creados para Dios. Dios no fue creado para nosotros. Fuimos hechos para servir a Dios, no es Dios el que debe servirnos. En vez de decirle a Dios lo que nosotros queremos, debemos preguntarle a Dios qué quiere. Gran parte del Evangelio que se predica en la actualidad es un evangelio de beneficios y produce en la Iglesia una mentalidad de beneficencia. “¿Qué me van a dar? ¿Cuánto puedo sacar yo de esto para mi propio provecho? ¿Cuál es el mínimo de sacrificio necesario para que yo reciba el máximo beneficio?” Actitudes así son síntomas de lo que denominamos “Cristianismo por conveniencia”. La forma más rápida de salir de las dificultades y poco interés en cambiar El “evangelio de beneficios” es una mentalidad que se predica desde muchos púlpitos. Usa a Dios como medio de satisfacer las necesidades y los anhelos de las personas, a la vez que produce poco interés en hacer la voluntad de Dios y en tener un corazón transformado. Es una propuesta de recibir algo a cambio de nada. Ofrece perdón gratuito (liberación de culpas), medicina gratuita (sanidad divina), provisión gratuita (liberación de presiones económicas), además de liberación de abatimiento y tristeza. Y no se equivoque, Dios se deleita en derramar generosamente todos estos dones sobre Su pueblo, para animarlo y socorrerlo en la difícil jornada de la vida. Sin embargo, aunque todos éstos son beneficios del Evangelio, no son fundamentales. No bendiciones temporales, sino una vida transformada La intención de Dios no ha sido nunca que Su pueblo acampe en las bendiciones pasajeras. Por el contrario, Él está más interesado en lo que vamos a llegar a ser, y en lo que le permitimos realizar en nuestras vidas. Todo el propósito del Cristianismo es transformarnos y hacernos aptos para Él para toda la eternidad. Ya que esto requiere cambio, no siempre es el camino más fácil. Por eso, un Evangelio que fomenta el bienestar, la comodidad, la conveniencia, una pronta respuesta y la salida más rápida de toda circunstancia desagradable, no es un verdadero Evangelio. Sin embargo, es un Evangelio popular. El propósito supremo de la creación se basa en el matrimonio. Dios se propuso formar en la tierra una Esposa madura, capaz de conocerlo y entenderlo íntimamente (Jer. 9:24). Deseaba alguien compatible, alguien de Su nivel. El Señor busca una Esposa que lo ame no sólo por las bendiciones o por lo que pueda conseguir para sí misma, sino ¡por lo que Él es! De no ser así, tendría en Sus manos a una niña egoísta, egocéntrica e interesada. Precisamente eso es lo que un Evangelio deficiente produce. Por el contrario, un Evangelio que revela el costo real de ser un verdadero cristiano, produce una Esposa gloriosa, sin mancha ni arruga. La vieja controversia Por lo tanto, nos enfrentamos a una controversia que es tan antigua como el mismo hombre. Hace muchos años, Satanás discutía a Job de servir a Dios solamente por los beneficios. Satanás alegaba: “Job te sirve sólo porque le has prosperado; retira todas sus bendiciones y te maldecirá en tu misma presencia”. Realmente, lo que Satanás estaba diciendo era: “Job tiene segundas intenciones. ¡Sólo está utilizando a Dios para sus intereses egoístas!” Lamentablemente, la acusación que Satanás le levantó a Job se cumple en algunos creyentes, porque descubrimos en Juan 6:26-27 que la multitud seguía a Jesús solamente porque les solucionaba las necesidades físicas. La mayor parte de ellos lo abandonaron al llegar las pruebas de la vida.

4

Convirtiendo la maldición en bendición

Triunfar en pruebas que Satanás reprobó Es irónico, pero la acusación de Satanás contra Job fue una denuncia de sí mismo, porque exactamente en ese aspecto Satanás había fallado vergonzosamente (Ro. 2:1). Lucifer servía a Dios siempre y cuando todos le alabaran y se maravillaran de su belleza. Poseía encanto, sabiduría, carisma y habilidades musicales sin paralelo. En los cielos, ¡Lucifer era el comentario! ¿Estaba Lucifer agradecido por todas estas cosas? ¡No! Lo único que quería era tener más, ¡más para sí! Cuando Dios se vio obligado a degradarlo por su locura y soberbia, ¿lo lamentó Lucifer? ¿Se arrepintió quizá por el dolor y vergüenza que le había ocasionado a su Señor? ¡No en absoluto! Lo único que lamentó fue el perder posición, poder y alabanza. Es evidente que sólo servía a Dios por las bendiciones; porque cuando Dios se las quitó, “¡maldijo a Dios en Su misma presencia!” Por lo tanto, debemos hacerle frente a este hecho: si queremos vencer a Satanás, tenemos que triunfar en las pruebas que él reprobó. El Señor también pasó a Abraham por la prueba. ¿Qué era lo primero en su vida, Dios o las promesas y bendiciones? Cuando Abraham le devolvió voluntariamente a Dios su hijo Isaac, esto no fue solamente un testimonio para Dios, sino para Satanás. Porque nosotros, como dice Pablo en 1 Corintios 4:9, somos “espectáculo al mundo, a los ángeles y a los hombres”. Satanás y todos los espíritus malignos están cuidadosamente examinando nuestros motivos, buscando ocasión para hallar faltas, porque saben que algunos de nosotros estamos destinados a ocupar su lugar y a reclamar aquello cuyo derecho perdieron. Por lo tanto, es de suma importancia triunfar en lo que ellos fallaron. De otra manera, no seremos dignos de tomar posesión de lo que ellos perdieron por la rebeldía. “Una respuesta para el que me agravie” Proverbios 27:11 exclama: “Sé sabio, hijo mío, y alegra mi corazón, y tendré qué responder al que me agravie”. Dios está buscando con diligencia en todo el mundo, un hombre o mujer cuyo corazón sea perfecto para con Él (2 Cr.16:9). Lo hace por varias razones. Primero, Dios tiene un enemigo que implacablemente acusa a los hermanos de día y de noche (Ap. 12:10). Además, el adversario agravia al Señor mismo. En el primer capítulo del Libro de Job, Satanás alega que nadie sirve al Señor por amor, sino por intereses egoístas. Por lo tanto, Job le propinó a Satanás un severo golpe cuando se postró en tierra y adoró al Señor, después de haber perdido todos sus bienes. Con este acto, ¡probó lo equivocado que estaba Satanás! (Job 1:20-22). Pero además, al aprobar esta tremenda prueba, ¡Job le proporcionó a Dios una respuesta para Su adversario! Dios pudo decirle a Satanás: “He aquí un hombre que conserva su integridad y sigue adorándome y amándome, ¡aún después de habérsele despojado de todas sus bendiciones!” De esta manera, Job le proporcionó a Dios una respuesta para Satanás, el adversario que lo agraviaba. Reaccionar correctamente al daño recibido nos libra del abismo Asimismo, la reacción correcta que tuvo Job ante el daño recibido, lo libró de resbalar a un abismo mental y emocional. Casi todas las perturbaciones mentales (incluyendo el suicidio) son resultado de una mala respuesta al daño severo. El “sacrificio de acción de gracias” de Job, después de haber

Convirtiendo la maldición en bendición

5

perdido todo lo que tenía, convirtió su catástrofe en triunfo. Ésta es una de las mayores claves para la victoria en la vida cristiana. Por consiguiente, el ejemplo de Job nos ofrece un mensaje por el cual vivir, no sólo el día de hoy, sino cada día de nuestra vida. Además, sus aspiraciones estaban puestas en Dios, no en las cosas que acababa de perder (ver Sal. 62:5). El llamamiento a juzgar a los ángeles “¿O no sabéis que los santos han de juzgar al mundo? Y si el mundo ha de ser juzgado por vosotros, ¿sois indignos de juzgar cosas muy pequeñas? ¿O no sabéis que hemos de juzgar a los ángeles? ¿Cuánto más las cosas de esta vida?” (1 Co. 6:2-3). El supremo llamamiento de la Iglesia es juzgar a los ángeles caídos, a los demonios y a Satanás, y además regir a las naciones con vara de hierro (Ap. 2:26-27). Sin embargo, el hombre o la mujer que gobierne sobre las naciones, deberá primero aprender a gobernar su propio espíritu como lo hizo Job (Pr. 16:32). Para poder desalojar a Satanás y ocupar su lugar, debemos obtener calificaciones de aprobación en aquello en que él fue reprobado. Por eso, usted y yo estamos ahora mismo en un campo de adiestramiento. Estamos siendo disciplinados, corregidos, y hasta castigados por Dios para poder calificar para las promesas condicionadas que Él le ha hecho a Su pueblo (He. 10:36; 12:5-11). Quiero recalcar que las promesas de Dios tienen condiciones. Ésta es una verdad que en la Iglesia de hoy no se ha entendido correctamente. Pablo le dijo a la Iglesia de Corinto que estaban llamados no sólo a juzgar el mundo, ¡sino también a los ángeles! Sin embargo, al mismo tiempo dijo: “vosotros [actualmente] sois indignos de juzgar las cosas muy pequeñas” (1 Co. 6:2). Pablo les llamó carnales y niños porque altercaban y uno a otro se llevaban a juicio. Pablo los exhortó a crecer y a ser limpios de la contaminación de la carne y la mente, perfeccionando la santidad en el temor de Dios, porque de otra manera no heredarían las promesas (ver 2 Co. 7:1). Job es un libro para el tiempo del fin Job tuvo una visión de la Segunda Venida de Cristo, la resurrección y la Era del Milenio. En realidad, hasta se vio a sí mismo resucitado y gobernando con Cristo en la Era venidera (Job 19:25-27). De acuerdo con Apocalipsis 5:9-10 y 20:6, los que han sido hechos reyes y sacerdotes, son los que reinarán con Cristo sobre la tierra. Los reyes y sacerdotes no nacen, se hacen. Job es símbolo del hombre y la mujer que por la adversidad están siendo formados y forjados en reyes y sacerdotes. A veces se habla de Job como “el santo del Milenio”. Job representa a los santos justos que están siendo probados por el fuego para hacerles todavía más justos y santos, a fin de gobernar y reinar con Cristo. Por lo tanto, el libro de Job, aunque tiene un mensaje para todas las generaciones, es en especial un mensaje para nuestra época. Porque en la actualidad vivimos en el tiempo de la venida del Señor, de la resurrección y del reino milenial de Cristo sobre la tierra. Es por eso que el mensaje de Job es para la Iglesia de los últimos días; porque en las páginas del Libro de Job están las claves para prepararse para la venida del Hijo del Hombre y la Era del Milenio.

6

Convirtiendo la maldición en bendición

El problema es nuestro siervo

• • • •

Dios ha ordenado que el problema sea nuestro siervo, si respondemos al problema con sabiduría. Muchas veces el problema es un regalo de Dios, un tesoro sagrado. El problema nos alerta y nos da oportunidades para cambiar. A los hombres y mujeres dedicados, la adversidad literalmente los impulsa hacia la cima, hasta el trono.

• • • • • • • • • •

Dios instituyó la maldición (Gn. 3:16-19) sólo para mostrarle misericordia al hombre caído. A veces un problema se prolonga hasta que cierta obra de gracia se realiza en nuestras vidas. Cuando un aguijón ha cumplido su trabajo, Dios lo quita (Ap. 22:3). Hemos nacido para ser probados. El problema tiene una manera singular de revelar quiénes somos, y qué nos hace falta. Muchas veces la Iglesia no comprende el propósito del problema. Muchos creyentes sólo sirven a Dios para ver qué pueden conseguir, la mentalidad de beneficencia. Se hace énfasis en las bendiciones pasajeras, con poco interés en tener un corazón transformado. Hablar de carácter es siempre hablar de dolor. Esto significa escoger lo correcto, aunque duela. Si no aprobamos las pruebas que Satanás reprobó, no podremos reclamar lo que él perdió por causa de la rebeldía.

Reaccionar correctamente ante el daño recibido es la clave de una buena salud espiritual, mental y emocional.

• •

El problema nos dejará mejores o con más rencores. Nos toca a nosotros elegir, por gracia. Job representa al creyente justo que está siendo probado en el fuego para hacerse todavía más justo y santo. Está siendo capacitado para gobernar y reinar con Cristo.

Por lo tanto, él es nuestro ejemplo.

Convirtiendo la maldición en bendición

7

PREGUNTAS QUE HAN DE CONTESTARSE EN ESTE ESTUDIO:

• • • •

¿Por qué permitió Dios que un buen hombre como Job padeciera tanta aflicción por algún tiempo? ¿Cuál es el propósito de la adversidad, siendo que Cristo ya llevó nuestras penas y tristezas? ¿Cómo podemos contestar algunos de los “porqués” de Job? Los principios que aparecen en el Libro de Job, ¿son sólo para la Era del Antiguo Testamento, o son también para el día de hoy?

• • • • • • • • • • • • • • • • • • •

¿Cómo nos acercamos a alguien que está sufriendo mucho? Finalmente, ¿quién fue el autor de la prueba de Job? ¿Fue la aflicción de Job resultado de algún pecado en su vida, o de alguna confesión negativa? En medio de su aflicción, ¿se quejó alguna vez Job de Satanás? Los amigos de Job ¿le dieron el consejo apropiado, el equivocado, o ambos? ¿Cuál es el tema central del libro? ¿Es Job una parábola como algunos lo han pensado, o sucedió de verdad? ¿Le dio Eliú (un cuarto hombre) el consejo apropiado? ¿Respaldó Dios lo dicho por Eliú? ¿Por qué le hizo Dios ochenta preguntas a Job en los capítulos 38 al 42? ¿Qué mensaje en particular estaba forjando Dios en Job durante esta aflicción? ¿Cuáles son algunas lecciones que aprendemos sobre Satanás en el Libro de Job? ¿Sufre Dios cuando nosotros sufrimos? ¿Por qué instituyó Dios la “maldición” después de la caída del hombre? ¿Cómo vuelve Dios la maldición en bendición? Por qué es errado decir: “¡Eso no es justo!” ¿Por qué es importante comprender el propósito que tienen las contrariedades en nuestras vidas? ¿Cuál es el resultado del mensaje de “bienestar” del día presente, y cuál el de sufrir con Cristo? ¿Debemos siempre aceptar cualquier problema que venga a nuestra vida como la voluntad de Dios? ¿De qué manera se recibe una doble porción?

8

Convirtiendo la maldición en bendición

HISTORIA Y ANTECEDENTES DEL LIBRO DE JOB Job no es solamente el libro más antiguo de la Biblia, sino que probablemente es la pieza literaria más antigua de la tierra. Ha existido desde hace aproximadamente 4000 años. Job se escribió poco después del Diluvio de Noé, pero se cree que antes de Abraham. Por lo tanto, fue escrito antes del año 2000 a.C. El capítulo 8:8-9 menciona las generaciones pasadas, la generación anterior al Diluvio, cuando el hombre vivía hasta cumplir más de cien años de edad. En la época de Job, los años del hombre eran “sólo una sombra” comparados con el período anterior al Diluvio. En los días postdiluvianos, la expectativa de vida del hombre disminuyó drásticamente y nos queda la impresión de que la Era prediluviana no estuvo muy lejana de la generación de Job. AUTOR: Hay incertidumbre en cuanto a la paternidad literaria del Libro de Job, pero es muy probable que el autor haya sido Eliú, el cuarto amigo. Eliú, en cierto momento, parece ser el único que relata la historia (ref. Job 32:15-16). Él tenía más revelación que los otros hermanos. Además, veía la aflicción desde una perspectiva celestial. ¡El Libro de Job no es ninguna parábola! Job fue un hombre de verdad. De hecho, fue uno de los hombres más grandes de todos los tiempos. Dios lo comparó con Noé y con Daniel en cuanto a su integridad (ref. Ez. 14:14-20). En el Nuevo Testamento se cita a Job por su ejemplo de paciencia en medio de la aflicción (Stg. 5:10-11). Dios dice que miremos a Job y que consideremos la finalidad de la aflicción (leer también Dt. 8:16; He.12:5-7, 11). Además de las lecciones morales que se aprenden en Job, el libro arroja una notable luz sobre el alcance de la filosofía y la cultura intelectual de la Era de los Patriarcas. El lugar de Job en la historia
Adan 4000 a.C. Noé 3000 a.C. El Diluvio - 2348 a.C.
Job

Abraham 2000 a.C.

Moisés 1500 a.C. Se da la Ley

Daniel 600 a.C.

Cristo Su nacimiento

VIDA Y ÉPOCA DE JOB: Job vivió en algún período postdiluviano, pero probablemente antes de Abraham. Después del Diluvio, Noé vivió otros 350 años y posiblemente estaba con vida en los días de Job. Los capítulos 9, 10 y 11 de Génesis abarcan el período postdiluviano hasta llegar a Abraham. Pasado el Diluvio, la tierra pronto se repobló y en seguida la gente le dio la espalda a Dios. ¿No es ésta la historia del hombre desde el principio de los tiempos? El hombre está propenso a alejarse de Dios, aun conociendo lo que es bueno (leer Gn. 11). En Babel, con la edificación de una torre, la humanidad comenzó una nueva forma de adoración. Esa torre se usaba para rendir culto a los planetas y a la luna. Dios descendió y confundió su lenguaje, esparciéndolos por todos los países del mundo. Además, Dios cambió de una sola vez las razas y las nacionalidades. La expectativa de vida se redujo considerablemente después del Diluvio. Dios había prolongado la vida en la época pre diluviana con el fin de acumular conocimiento, porque el hombre tenía que aprenderlo todo desde el nivel uno, (¡el hombre no tuvo jamás que descubrir el fuego! El descubrimiento del fuego es sólo un mito creado por los ateos). Después del Diluvio, el hombre no tuvo que aprender todo desde el principio. Sin lugar a dudas, Noé tenía en el Arca numerosos libros y el conocimiento de muchos inventos ingeniosos.

Convirtiendo la maldición en bendición

9

Aun en los tiempos de Job, el hombre tenía una mente brillante. Prueba de ello son muchos de los diálogos entre Job y sus amigos. Ellos entendían de la naturaleza, de ciencia, de astros, y poseían un asombroso conocimiento de Dios y de Sus caminos. El hombre de los primeros días entendía de música, de metalurgia, y construía ciudades para habitar en ellas (Gn. 4:17-22). Isaías 41:4 dice: “Llamando las generaciones desde el principio”. Isaías señala que Dios tiene un propósito y un mensaje específicos para cada generación. ¡La generación de Job no fue ninguna excepción! Dios perfeccionó un mensaje especial en Job y se lo declaró, no sólo a la generación de éste, sino también a cada una de las venideras. ¡Ese mensaje que se desarrolló hace cuatro mil años es el tema central de este libro! JOB: EL HOMBRE Job: un hombre malinterpretado Como libro y como personaje bíblico, Job es muy mal comprendido. Para comprender Job (o cualquier otro tema espiritual conexo), debemos abordarlo siempre en el espíritu de humildad. ¡El Libro de Job contradice gran parte de la teología moderna! ¿Somos tan superiores como suponemos en cuanto a iluminación espiritual? ¿Discierne mejor los caminos de Dios la Iglesia de hoy, que los creyentes del tiempo de Job hace cuatro mil años? Aquéllos declaraban con firmeza que cuando una persona obra con rectitud y cree en las promesas de Dios, todo en su vida marcha sin dificultad; pero cuando obra con perversidad, todo le resulta contrario. ¡El Libro de Job altera ese concepto! Aquí se nos presenta a uno de los siervos más justos de Dios; sin embargo, todo le resultó contrario... al menos por un tiempo. Un versículo malinterpretado En la Biblia, uno de los versículos peor utilizados es Job 3:25. Job exclamó: “Porque el temor que me espantaba me ha venido, y me ha acontecido lo que yo temía”. Hoy en día se enseña en todas partes que, por haber estado Job meditando y confesando algunas ideas y temores negativos, abrió la puerta para que Satanás arrojara todas estas catástrofes sobre él y los suyos. Sin embargo, se comprueba que esto es injustificable al ver en el capítulo 1 el origen de la aflicción. En ese capítulo, el primero en mencionar a Job fue Dios, y no Satanás. Dios deseaba poner a prueba a este hombre excepcional. Al elogiar a Job, Dios mismo creaba el escenario para su aflicción, provocando a celos a Satanás. Así, el adversario fue incitado a pedir permiso para despojar a Job de todas sus bendiciones. Entonces, la prueba de Job fue el resultado de una conversación entre Dios y Satanás, ¡no de una confesión negativa! Sí, la aflicción vino como consecuencia de “quitarle la cerca”. Pero no fueron los temores de Job los que quitaron la cerca, ¡sino el permiso que Dios le dio a Satanás para probar a Job! “Me ha acontecido lo que yo temía”. Al examinar con más atención las expresiones de Job en Job 3:25, debemos ver con mayor lucidez que este pasaje simplemente indica que Job había sido avisado de antemano con respecto a esta prueba inminente. ¿Nos debe sorprender esto? Después de todo, Job caminaba estrechamente con el Señor y sabía Sus secretos (Job 29:4). No parece nada extraño que el Señor haya preparado a Job, haciéndole saber que vendría una aflicción. Job no sabía el cuándo, dónde, o cómo, ni comprendía todos los detalles. Él sabía que una desgracia de gran magnitud vendría, y cuando ésta ocurrió, clamó: “Me ha acontecido lo que yo temía”. Dios es muy benigno y concede presciencia a Sus siervos ¡cuando sabe que la necesitan! Dios nos muestra el futuro cuando sabe que ello nos ayudará (Jn. 14:29). El entender nos da fuerzas para soportar la presión de las tormentas de la vida.

10

Convirtiendo la maldición en bendición

Job: un hombre visionario Job tuvo visiones de la Segunda Venida de Cristo, de la Primera Resurrección y de la Era del Milenio (Job 19:25-27). Job recibió promesas personales de parte de Dios con respecto a que participaría de esta resurrección, y que vería realmente al Señor durante el Milenio. Con promesas así, vivía una vida santa: “era temeroso de Dios y apartado del mal” (Job 1:1). Job estaba sobrecogido por un sentido del destino de su vida, y esto lo obligaba a vivir con discreción. Job: un hombre justo Job representa a un justo que, mediante adversidad, está recibiendo adiestramiento y purificación adicional para calificar para una mejor resurrección y para gobernar y reinar con Cristo. No todos los cristianos tienen parte en esto (Ap. 20:6). Reinarán solamente los santos. Los corintios, por ejemplo, no estaban listos para reinar con Cristo en la época en que Pablo les escribió. Pablo los describe como carnales y niños, no habiéndose purificado de la lujuria de la carne. Ellos eran creyentes perdonados pero no maduros. Panorama general de la vida de Job Al leer el Libro de Job, observe cuáles son las porciones que están dedicadas a Job antes de su prueba, (considere en especial los capítulos 1, 29, y 31 para ver los antecedentes de Job). ¿Cómo vivía y qué clase de hombre era antes de la aflicción? Las raíces espirituales de Job seguramente alcanzaban una gran profundidad. Para haber podido soportar una desgracia tal, tuvo indudablemente que haber recibido promesas excepcionales de parte de Dios. Los grandes hombres tienen claves especiales en su vida, que los han hecho sobresalir en su campo. 1. JOB ANTES DE SU PRUEBA — su juventud, reputación, carácter y visión. 2. JOB DURANTE SU PRUEBA — Dios lo estaba volviendo aún más justo y santo. 3. JOB DESPUÉS DE SU PRUEBA — recibió una doble porción, honor y un nombre eterno.

Job iba a ser probado de siete maneras
• • • • En lo económico ....... Lo perdería todo (bienes, negocios, empleados). En lo doméstico ........ Sus hijos morirían en una violenta tempestad .................................. y su esposa se volvería en su contra. En lo físico ................ Una sarna maligna y un gran dolor afectarían su cuerpo. En lo social ............... Parientes y amigos cercanos lo juzgarían mal y lo bandonarían. .................................. La gente de la región lo menospreciaría y difamaría. .................................. Su honrosa reputación quedaría temporalmente destruida. En lo mental .............. Experimentaría una gran confusión. En lo emocional ........ Se deprimiría. En lo natural.............. Las circunstancias parecerían desesperantes. En lo espiritual .......... Dios callaría por largos meses.

• • • •

Convirtiendo la maldición en bendición

11

LA NECESIDAD DE ENTENDIMENTO El “espíritu de entendimiento” es uno de los siete espíritus del Señor que se mencionan en Isaías 11:2-3. Entendimiento significa: comprender, discernir, conocer a ciencia cierta, captar o percibir con claridad, tener la habilidad de ver claramente el significado de algo. El entendimiento nos permite ver la mano oculta de Dios en medio de las contrariedades e injusticias, y hace que nuestras reacciones y actitudes sean las correctas en el momento del problema. Si no tenemos entendimiento de los caminos de Dios, siempre reaccionaremos mal a las injusticias, y por consiguiente tendremos rencores. El entendimiento nos ayuda a cooperar, ya que quebranta la resistencia y la terquedad del corazón. El entendimiento nos ayuda a no pasar por alto las cosas importantes, y nos deja ver lo que Dios está tratando de decir. Algunos santos nunca aprenden los caminos de Dios. En consecuencia, pasan toda su vida peleando y exigiendo justicia y reivindicación para sí mismos. Aunque Job no entendía las particularidades de su prueba, sí entendía los principios generales de los caminos de Dios, y esto lo salvó. La gente se rebela cuando carece de entendimiento Los israelitas se rebelaron contra el Señor porque no entendieron la obra que Él trataba de realizar en sus vidas por medio de las circunstancias. Dios dijo: “Siempre andan vagando en su corazón, y no han conocido mis caminos” (He. 3:8-10). En consecuencia, nunca entraron en el reposo de Dios, sino que siempre estuvieron dando vueltas en el desierto. Hay muchas personas que pasan toda su vida caminando en círculos (ver también Sal. 78:37-42). En el caso de Israel, Dios realmente los privó de entendimiento porque tenían el corazón sumamente endurecido contra Él (Dt. 29:3-4). Por lo tanto, para recibir el espíritu de entendimiento, debemos mantener el corazón puro delante del Señor. El entendimiento nos ayuda a colaborar con Dios ¿Por qué son fuertes y estables ciertos cristianos, cuando otros sufren constantes altibajos? ¿Qué es lo que determina la fortaleza de un creyente? ¿Cuál es el factor concluyente? En mi opinión, la respuesta está en su visión. Está en su percepción de la verdad, en su entendimiento. La verdad es mucho más que una norma del bien y del mal. ¡La verdad es luz! ¡Es la misma vida! Es un poder iluminador que alumbra el alma entenebrecida y produce una enorme fuerza interior y libertad (Jn. 8:32). En varias de sus epístolas, Pablo menciona a “los hermanos débiles que tienen débil la conciencia” (1 Co. 8; Ro. 14). ¿Cuál es la razón para que el hombre y la mujer sean espiritualmente débiles? ¡Es porque la luz y la revelación todavía no han penetrado en su ser! En nuestras almas ocurre una transformación cuando Dios nos abre los ojos, impartiendo a nuestros corazones Su entendimiento. El entendimiento nos permite colaborar con Dios cuando la adversidad llega a nuestras vidas con el fin de desarrollarnos y hacernos madurar. Sin el entendimiento apropiado, reaccionaríamos con impiedad ante los problemas. ¡Si, con impiedad! Debemos entender el concepto del problema, porque de otra manera no podremos enfrentar con éxito las aflicciones purificadoras, ni continuar hacia la perfección cristiana. Cuando un cristiano recibe una instrucción equivocada sobre el tema de la adversidad, cuando lleguen a él los problemas, se confundirá. Puede ser que hasta se desilusione del cristianismo y le dé la espalda a Dios. Por eso, al igual que Salomón, debemos pedirle a Dios un corazón entendido (1 R. 3:910). El entendimiento es el don de Dios para los que lo aman, lo agradan, y lo buscan diligentemente. Además, es impartido a un corazón puro “los limpios de corazón verán [como Dios ve]” (Mt. 5:8). Dios le retuvo a Israel el don del entendimiento porque sus corazones estaban sumamente endurecidos con acusaciones contra Él (Dt. 29:2-4; Pr. 2:1-5; Dn. 9:13; 12:10; Jn. 7:17).

12

Convirtiendo la maldición en bendición

Entre más piadosa y santa es una persona, más acepta, entiende y hace frente a la adversidad. ¿Alguna vez ha notado la forma en que el mundo y los desobedientes contemplan el problema? ¡Siempre es con tristeza! La razón es que sólo viven para esta vida presente. Por el contrario, el apóstol Pablo acogió sus problemas porque conocía y entendía el beneficio eterno que le aportaban (ver 2 Co. 4:17; Ro. 8:18, 28). La visión marca toda la diferencia entre los cristianos fluctuantes y los que prosiguen hasta el final. No es extraño que los creyentes a una temprana edad desistan, con mentalidad de personas jubiladas. Éste es el resultado final de no tener visión. Sin visión vivimos descuidadamente. Pero el hombre que ha sido tocado por una visión real, entiende lo que Dios está haciendo y tiene una meta definida hacia la cual prosigue. Además, posee un santo temor de ser descalificado (Pr. 29:18; He. 4:1). El entendimiento nos fortalece porque: Nos da la habilidad de ver las contrariedades y las injusticias desde la perspectiva de Dios. Nos hace reaccionar de la manera correcta ante estas irritaciones o injusticias. En el fuego de la prueba, nos ayuda a sacar del corazón cualquier semilla de amargura. Hace que colaboremos con el Señor y confiemos en Él, incluso dentro del horno de fuego. Quebranta la resistencia, la terquedad y la dureza del corazón. Nos aumenta la comprensión de lo que Dios haría en nuestras vidas por medio de una contrariedad o aflicción. 7. Nos ayuda a ver la finalidad del asunto, y ello produce esperanza. Antes de ahondar en el Libro de Job, quisiera que usted recordara siete puntos acerca de la prueba de Job. Después, quiero que recuerde las siete razones principales de esta aflicción. 1. 2. 3. 4. 5. 6.

Siete puntos para recordar acerca de la prueba de Job
1. La aflicción de Job no se debió a que existiera en su vida algún mal. 2. Dios fue el Autor de su prueba. 3. Una prueba es realmente una prueba, cuando somos incapaces de explicarla o de entenderla. 4. Job nunca se quejó del diablo. Él era conocedor de un poder superior: Dios. 5. Durante la prueba, Dios estuvo tocando un área específica de la vida de Job. 6. Dios estuvo callado por meses. Dios no podía explicar lo que estaba haciendo. 7. Job tuvo encuentros especiales con Dios antes de la prueba, los cuales le permitieron soportar hasta el fin.

Éstos serán desarrollados en las páginas siguientes.

Convirtiendo la maldición en bendición

13

DETALLES IMPORTANTES PARA RECORDAR ACERCA DE LA PRUEBA DE JOB 1. La aflicción de Job no se debió a que existiera en su vida algún mal. El testimonio de Dios acerca de Job fue extraordinario: “No hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto” (ver Job 1:1, 8; 2:3). El testimonio eterno de Dios acerca de él, se ve en Ezequiel 14:14, 20. Job es mencionado en la lista de los tres hombres más justos del Antiguo Testamento. 2. Dios fue el Autor de la prueba (y también el Consumador). En Romanos 10:19 vemos que Dios usa los celos para cumplir sus propósitos. Al elogiar a Job, el Señor intencionalmente provocó a celos a Satanás: “¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, temeroso de Dios y apartado del mal?” (Job 1:8; 2:3). Satanás siempre quiso ser el más grande de todos, y ahora Dios al poner la atención sobre Job, lo provocaba a celos. Había llegado la hora en que Job sería probado, por lo tanto, Dios estaba incitando a Satanás para que pidiera autorización para afligirlo. Job 42:11 nos recuerda una vez más que, el Señor, fue realmente el responsable de esta prueba. Satanás fue quien afligió, pero Dios fue el responsable de comenzar la aflicción. Apocalipsis 2:10 nos muestra claramente por qué Dios todavía permite que Satanás ande merodeando... “para que seáis probados”. Una vez que Dios termine de usar a Satanás para probarnos, lo entregará a la destrucción eterna (Ap. 20:10). 3. Una prueba es realmente una prueba, cuando somos incapaces de explicarla. A Job no le correspondía entender la prueba, sino mantenerse firme y confiar en Dios sin reserva. Con frecuencia en una prueba Dios no puede explicar cuál es Su propósito o qué es lo que está haciendo, aunque le gustaría hacerlo. Sin embargo, muchas veces después de que la aflicción ha llegado a su fin, Él sí explica. Si Dios nos diera pleno entendimiento durante una prueba, esto es lo que pasaría: • • • • No se desarrollarían nuestra fe y otras cualidades. No se nos acondicionaría el corazón para escuchar lo que Dios quiere hablar. Se destruiría la obra que Él está haciendo en nuestras vidas. Nos podría destruir. Sería demasiado para nosotros.

4. Job nunca se quejó del diablo. Job sabía que había un poder superior y que, fundamentalmente, Dios era el responsable de su situación. Por lo tanto, su queja fue solamente a Dios (Job 1:21). Después de haberlo perdido todo, declaró: “JEHOVÁ dio, y JEHOVÁ quitó”. Él no dijo: “El diablo quitó”. Ciertamente Satanás era el que afligía, pero Job sabía que Dios, soberanamente, estaba en control de la situación (Job 1:21; 2:10; 42:11). 5. Durante la prueba Dios estaba tocando un área específica de la vida de Job. Y con ello el Señor lograba también muchas otras cosas. Durante la prueba salió a flote un aspecto maligno de Job... una actitud que criticaba severamente la sabiduría y el carácter de Dios por permitirle atravesar tan horrendas circunstancias. Aunque al principio no fue culpable de esto, Job acabó acusando a Dios, mas no hallando falta en sí mismo. Al hacerlo se hizo más justo que Dios, y ésa era el área del corazón de Job que Dios quería tratar. Cada vez que ponemos a Dios en entredicho, lo degradamos y nos alzamos por encima de Él. De esta premisa surge el tema del Libro de Job, y nos llega en forma de pregunta: “¿Será el hombre más justo que Dios? ¿Será el varón más limpio que el que lo hizo?” (Job 4:17).

14

Convirtiendo la maldición en bendición

Cada vez que dudamos de Dios, lo desafiamos o lo criticamos:
• Lo estamos rebajando. • Nos estamos alzando por encima de Él.

De esta premisa emerge el tema del Libro de Job:
“¿Será el hombre más justo que Dios? ¿Será el varón más limpio que el que lo hizo?” (Job 4:17).

6. Dios guardó silencio por meses. Probablemente la prueba duró de seis meses a un año. No pudo haber durado años porque oímos que Job dice que ha estado sufriendo por meses. Como ya lo declaramos, no le correspondía a Job entender las particularidades de su prueba. Él no sabía en qué resultaría todo al final, ni tenía conocimiento de la conversación que sostuvieron Dios y Satanás al principio de la desgracia. Mientras el Espíritu Santo guardó silencio, los amigos de Job estuvieron ocupados analizando, especulando y filosofando. Ellos no tenían la Palabra del Señor. Dios no estaba hablando. Por consiguiente, estos hermanos bien intencionados, estaban juzgando a Job con sus mentes naturales. Un resumen del consejo de los amigos: • • • Algunos de sus comentarios son ciertos. ¡Otros son falsos! ¡Y otros son muy falsos! ¡Algunas cosas dichas por ellos son verdad, pero no se aplican a la situación de Job.

Lo que Job necesitaba era alguien que lo supiera escuchar. Existen muy pocas personas que saben escuchar. Cuando alguien tiene un profundo pesar, dígale lo menos posible. Ore suavemente ¡y no suponga que usted tiene las respuestas y que sus consejos son infalibles! Los tres amigos de Job eran grandes hombres. Eran compañeros. Se juzga a un hombre por los amigos que tiene, porque el hombre se rodea de los que están a su mismo nivel. Ellos amaban al Señor y estaban profundamente interesados en el bienestar de su amigo. El problema era que no habían tenido una experiencia tan profunda, y por lo tanto no contaban con la suficiente percepción para entender el estado de Job. Nunca antes habían visto ni oído nada igual. De acuerdo con sus propias observaciones de la vida, la calamidad siempre es señal de juicio divino, de ahí que se sintieran obligados a exhortar a Job a que se arrepintiera. ¡Y lo hicieron con elocuencia! (El Libro de Job está escrito en estilo poético, a excepción de los capítulos 1 y 2, y los últimos versículos del capítulo 42). Duele ser malinterpretado por amigos cercanos. Éste fue uno de los aspectos más difíciles de la prueba de Job. Todos nosotros hemos sido víctimas de los juicios de amigos bien intencionados, pero también nosotros hemos incurrido en la misma falta. Por eso debemos estar dispuestos a perdonar a los que nos juzgan mal, especialmente a los que no deberían hacerlo. En Su Segunda Venida, a Cristo le preguntarán: “Qué heridas son estas en tus manos? [Y Él responderá]: “Con ellas fui herido en casa de mis amigos” (Zac.13:6). Si deseamos llegar a conocer a Jesús íntimamente, tendremos que pasar por la experiencia de ser heridos por nuestros amigos.

Convirtiendo la maldición en bendición

15

7. Job tuvo encuentros especiales con Dios antes de su prueba. Ningún hombre hubiera podido soportar una prueba semejante, sin primero haber tenido promesas excepcionales y elevadas experiencias en el espíritu, como en la cima del monte. También nosotros debemos buscar en Dios nuestras promesas personales. Necesitamos tener encuentros especiales con Dios, de modo que podamos ser fortalecidos para pasar por el crisol. Al final de nuestro horno de fuego, aguarda la doble porción. Job declaró: “El favor de Dios velaba sobre mi tienda” (ver Job 29:1-4). Es evidente que Job conocía los misterios de Dios y que había recibido promesas especiales de parte de Dios antes de que le llegara la prueba. Job entendía, por revelación, que Él participaría en la Primera Resurrección y que vería al Señor en la Era del Milenio que estaba por venir (Job 19:25-27; ver Ap. 20:5-6). Estas experiencias del Sinaí con Dios, fortalecieron a Job y lo mantuvieron estable en los momentos de obscuridad. Job había comido espiritualmente el “maná escondido”, o sea las verdades escondidas de la Palabra de Dios (Ap. 2:17). Estas revelaciones le impartieron una fuerza interior sobrenatural, en la misma forma que Elías el profeta había sido fortalecido cuando el ángel lo alimentó (1 R. 19:5-8). Ahora quisiera dar siete razones específicas para la prueba de Job, aunque son aplicables todas las razones mencionadas en la lista de la Introducción.

Razones para la prueba de Job

1. Fue un examen para ver qué clase de hombre era Job. 2. Dios quería tener algo qué decirle a Satanás, el acusador. 3. Tuvo el propósito de hacer todavía más justo a un hombre ya justo. 4. Tuvo el propósito de darle a Job una mayor revelación acerca del Señor. 5. Fue para bendecir el postrer estado de Job, para exaltarlo, dándole un nombre eterno. 6. Fue una prueba también para todos los que rodeaban a Job. Todos estaban siendo sometidos a prueba. 7. Su prueba, también fue para bien de nosotros. Job dejó un mensaje que debemos tomar en serio.

Ahora desarrollaremos estos puntos en las siguientes páginas.

16

Convirtiendo la maldición en bendición

RAZONES PARA LA PRUEBA DE JOB 1. Era una prueba (Job 23:10; 7:18; Sal. 11:4-5; 1 Co. 3:13). Todo hombre será probado por Dios. Además, sus obras serán probadas. Dios probó a Abraham para ver cuáles eran sus prioridades y para observar sus motivos (Gn. 22:1). Satanás discutía que Job sólo servía a Dios por las bendiciones, por eso, Dios temporalmente permitió que Satanás despojara a Job de todas sus bendiciones. El Señor conocía lo que había depositado en Job y hasta dónde lo podía poner a prueba (lo único que soporta el fuego es lo que hemos dejado que Dios ponga en nuestro interior). Job había pasado su vida diciéndole sí a Dios, lo cual le permitió a Dios edificar algo poderoso dentro de él, algo que pudiera aguantar el fuego. No todos califican para una prueba como la de Job. Para que Job llegara a esta prueba, fue necesario que antes pasara muchas otras. 2. Dios quería tener algo qué decirle al acusador, Satanás. Satanás había dicho: “Sólo está sirviéndote por las bendiciones; quítale todo lo que tiene y te maldecirá en tu presencia” (“Y tendré qué responder al que me agravie” Pr. 27:11; Sal. 119:42). Dios quería tener una contestación para la acusación de Satanás. El Señor confiaba en que Job pasaría esta prueba tan difícil, y que al hacerlo, glorificaría a Dios. Dios le podría entonces decir a Satanás: “He aquí un hombre que permanece fiel a mí, a pesar de que todo vaya mal!” ¡La respuesta correcta de Job fue un golpe a Satanás! Al perder Job todas las cosas, conservó la actitud correcta y ofreció el sacrificio de acción de gracias, diciendo: “Jehová dió, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito”. Sin embargo, más tarde, según transcurrieron los meses y estando en la prueba, Job sí profirió ciertas palabras que no eran espirituales, pero nunca maldijo a Dios, ni renunció a su fe. 3. Para hacer todavía más justo a un hombre justo (ver Dt. 8:2). Hay tres razones básicas para las épocas difíciles y las pruebas del desierto: • • • Para humillarnos. Para examinarnos o probarnos. Para mostrarnos lo que hay en nuestro corazón.

De acuerdo con Jeremías 17:7-10, uno desconoce lo que está en el corazón. Job era un hombre justo que fue puesto en un horno de fuego con el propósito de hacerle todavía más justo y santo. Esta limpieza profunda y este mayor conocimiento de sí mismo, dieron como resultado una mayor revelación del Señor. Según Apocalipsis 22:11, la justicia es progresiva. “El que es justo, [practique]1 la justicia todavía; y el que es santo, [santifíquese]2 todavía”. 4. Para dar una mayor revelación del Señor (Job 42:5). Al final de su calamidad, Job pudo declarar: “De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven”. Verdaderamente usted y yo veremos al Señor con mayor claridad cuando el velo de nuestra carne sea quitado. La prueba de Job fue llamada cautiverio (Job 42:10). Un cautiverio en la Biblia, significa pruebas y dura esclavitud; sin embargo, debemos recordar que somos los prisioneros del Señor. El propósito del cautiverio, es que Dios nos dé un corazón para conocerlo a Él (Jer. 24:5-7). ¡Nos conviene! Al quedar limpios, ya sea del espíritu de idolatría, de orgullo, y de otras vanidades, ¡cuán clara se hará nuestra visión! (Mt. 5:8 “Los limpios de corazón verán”). 5. Para bendecir el postrer estado de Job (para exaltarlo, dándole un nombre eterno). El dato importante que debemos recordar en la vida, no es de dónde venimos, sino hacia dónde vamos. Lo que realmente importa es nuestro final (Dt. 8:16; Job 42:12; Stg. 5:11). En el Salmo 45:17, hay una promesa:

Convirtiendo la maldición en bendición

17

“Haré perpetua la memoria de tu nombre en todas las generaciones”. Job heredó esta bendición. En Ezequiel 14:14 vemos que Dios honraba a Job 1500 años después, y aún lo hace el día de hoy. En realidad, así será por toda la eternidad. “La memoria del justo será bendita” (Pr.10:7). Todo el propósito que tienen las experiencias humillantes, es que Dios nos exalte a su debido tiempo (1 P. 5:6). 6. El propósito era probarlos a todos: todos estaban siendo sometidos a prueba. La situación se centraba en Job y en el hecho de que estaba siendo probado por Dios. Sin embargo, el corazón de todos los demás también estaba siendo sometido a prueba. Todos los hermanos de Job estaban siendo examinados. Los parientes estaban siendo probados, así como la gente de la ciudad. Realmente, toda la región estaba siendo probada delante del Señor. Cuando un líder está pasando por una prueba, Dios está observando detalladamente los corazones de todos los miembros de la congregación u organización, para ver qué es lo que dicen y piensan. Dios usará la misma vara de medir en nosotros y en los demás, por eso, pensemos y obremos con misericordia (ver Mt. 7:1-5). 7. Su prueba fue también para bien nuestro. Job dejó detrás de sí un mensaje vital, no sólo para su propia generación, sino además para todas las generaciones venideras. Dios registró esta prueba en Su Palabra eterna, con el fin de instruir a cada generación futura. La lección crucial que Job aprendió en esta prueba, es una que Dios anhela enseñar a la humanidad desde el principio de los tiempos.

Ésta es la lección que se aprendió:
• A pesar de cualquier tragedia, pesar o desilusión que pueda llegar a nuestras vidas, Dios es infinitamente justo y no podemos señalarlo o acusarlo de irresponsable. Y jamás debemos dudar de Su amor por nosotros. El carácter de Dios, Su sabiduría y Su buen juicio no pueden ser censurados (el hombre por lo general tiene reacciones negativas en los momentos de dolor o pérdida. La mayoría de las veces acusa a Dios de ser cruel, insensible e injusto). Para cada prueba habrá gracia disponible (capacitación divina). Además, Dios al final resolverá toda situación si conservamos firmes nuestros corazones y no nos permitimos el resentimiento. Si Dios no da una explicación de lo que está haciendo, debemos confiar en Él de todas maneras. Esto nos lleva de nuevo al tema de Job.

• •

Resumen del tema
Job 4:17 ¿Será el hombre más justo que Dios? ¿Será el varón más limpio que el que lo hizo? Cuando la tragedia o la pena llegan, la primera reacción del hombre es: “¡Dios, esto no es justo; Tú no eres justo!” El hombre está presto a proferir escarnio contra Jehová (Is. 32:6). ¡Nosotros pecamos al criticar la sabiduría y el carácter de Dios! (es con la boca que cometemos la mayoría de los pecados). Al hacerlo, estamos rebajando a Dios y exaltándonos a nosotros mismos por encima de Él. De esto fue culpable Job en la etapa final de la prueba, aunque no lo fue al principio. Acusó al Señor, pero no encontró falta en sí mismo, haciéndose entonces más justo que Dios (Job 35:2; 40:8). Dios quería enseñar esta lección a Job y a cada uno de nosotros. ¿Será el hombre más justo que Dios? ¿Será el varón más limpio que el que lo hizo?

18

Convirtiendo la maldición en bendición

LA JUSTICIA ES PROGRESIVA Job fue declarado “perfecto y recto” en Job 1:1, 8 y 2:3. Sin embargo, Dios quería dar a Job aún más luz. Al tener más luz, Job se daría cuenta de que su corazón tenía todavía una gran necesidad. Job estaba viviendo conforme a la luz que Dios le había dado hasta ese momento. Por eso, Dios pudo declararlo perfecto y recto. Job era sincero y maduro en este sentido de la palabra, pero tenía puntos ciegos así como nosotros. En medio de su prueba, afloraron las áreas no redimidas de su corazón, áreas de las cuales no se había percatado antes. Cuando las reconoció, pudo (después de una confesión), experimentar una nueva limpieza. Por eso, Job representa a un hombre justo que Dios está tratando con el fin de hacerlo todavía más justo y santo. ¡La vida es movimiento! El cristianismo en sí es progresivo! Es ir de una etapa a otra, de gloria en gloria, de un nivel de fe a otro. Debemos seguir creciendo y avanzando en la experiencia cristiana. El verdadero cristianismo nos obliga a enfrentar una situación tras otra y a sostener encuentros con Dios para tratar cada una de estas áreas de conflicto. A continuación aparecen citas bíblicas que implican acción y crecimiento: Citas bíblicas que implican acción y crecimiento • 1 Juan 2:3: “Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos”. Solamente llegamos a conocer a Dios cuando estamos acatando lo que nos está diciendo (1 P. 1:22). Nuestro amor a Dios se prueba cumpliendo sus mandamientos (Jn. 14:15; 15:14; 1 Jn. 2:5; 5:2-3). Siempre la iluminación o la verdad anteceden al amor a Dios. La luz conduce al amor. Solamente pueden lograrse el amor a los hermanos y la unidad verdadera, cuando somos obedientes a lo que Dios nos está diciendo (1 J. 1:7). • Oseas 6:3: “Y conoceremos, y proseguiremos en conocer a Jehová”. Hay muchos asuntos que no podremos conocer ni comprender a menos que sigamos esforzándonos en nuestra caminata con el Señor. • 2 Corintios 5:17: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”. Aunque somos trasladados inmediatamente del reino de las tinieblas al reino del amado Hijo de Dios, todas las cosas no se renuevan de inmediato, tales como las viejas ideas o los hábitos. Una total renovación de nuestras vidas requiere tiempo. Por ejemplo, tendremos que romper con las antiguas amistades que nos han corrompido. • Romanos 6:19: “De la justicia a la santidad”. Esto implica que una cosa llevará a otra. Se requiere tiempo y crecimiento. • Apocalipsis 22:11: “El que es justo, practique la justicia todavía; y el que es santo, santifíquese todavía”. Entonces, podemos ver que el caminar en justicia nos llevará a la santidad. • 2 Corintios 7:1: “Limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios”. Perfeccionando da a entender que esto toma tiempo y que no llega de inmediato. • Hebreos 6:1: “Por tanto, dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección”. • Efesios 2:10: “Somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras”. Esto está en tiempo presente. Dios está trabajando en nosotros.

Convirtiendo la maldición en bendición

19

JUSTICIA ATRIBUIDA Y JUSTICIA IMPARTIDA 1. La justicia atribuida (Ro. 4:1-8). En el nuevo nacimiento somos contados por justos aunque hay áreas de nuestras vidas en las que todavía no lo somos. Dios nos toma por justos porque estamos confiando en Su Hijo, quien murió por nosotros y pagó nuestra deuda, quien categóricamente nos perdona cuando venimos a Él. Gracias a Jesús se nos cuenta por justos (se nos atribuye la justicia) y estamos bajo Su cobertura. En síntesis, justicia atribuida quiere decir que somos contados por justos, a pesar de que no somos justos y de que tenemos muchos problemas todavía. El movimiento carismático de décadas recientes ha tenido que avanzar de la justicia atribuida a la justicia impartida… de ser contado por justo a ser hecho justicia. Esto es mucho más profundo y requiere de muchos actos de obediencia. 2. La justicia impartida (Ap. 19:7-8; Mt. 5:6; Sal. 24:5). Toda persona es contada por justa cuando acepta a Jesús como su Salvador. Pero sólo los que tienen hambre y sed de justicia son saciados de ella. En Apocalipsis 19:8, la palabra significa algo mucho más profundo que la justicia atribuida. Significa obras o hechos justos. Es justicia que se vive y se practica. Por lo tanto, es fácil diferenciarla de la justicia atribuida. La justicia atribuida no comprende nuestras obras sino sólo nuestra posición con Dios. Cuando creímos en el Señor el primer día, fuimos contados por justos (aunque no lo éramos), pero aquí en Apocalipsis 19:8 aparecen ciertas personas que han sido justificadas. Ellas le permitieron a Dios obrar en sus corazones para hacerlas verdaderamente justos. Observe que las personas que aparecen en Apocalipsis 19:8 estaban saliendo de la tribulación. Habían estado en el fuego. Dios las había limpiado de obras y hechos injustos, y estaban preparadas para gobernar y reinar con Cristo. Para reinar con Cristo se necesita que la justicia haya sido producida (Ro. 5:17). Pablo declaró: “La tribulación produce paciencia”. La tribulación perfecciona también otras muchas virtudes. A Job se le conoce por la paciencia (Stg. 5:11). Él recibió paciencia de espíritu en la tribulación. La palabra “tribulación” realmente significa presión. Job había atravesado su propia “gran tribulación” (ver Ap. 7:14). 3. La santidad es más profunda todavía. Implica no sólo que nuestras acciones sean justas, sino que toda nuestra vida interior se sujete a Dios. Esto significa que nuestros motivos, afectos, deseos y pensamientos deben pertenecerle completamente al Señor. Uno puede ser justo, pero no santo. Puede ser que todavía sigamos siendo severos, críticos y tengamos una cantidad de afectos y pensamientos sin someter. Dios quiere guiarnos a la verdadera santidad (Ef. 4:24). RESUMEN • La justicia atribuida: ser contado por justo, aun sin serlo. Simplemente es nuestra posición y categoría legal con Dios, porque otro ha pagado nuestra deuda, absolviéndonos gratuitamente de toda transgresión cometida (Ro. 4:1-8). • La justicia impartida: ser justificado. Ésta es la justicia producida en el corazón después de que Dios ha tratado con nosotros con el fin de que practiquemos la justicia. Esta justicia se le concede sólo a los que tienen hambre y sed de ella (Mt. 5:6). Se necesita esta clase de justicia para reinar con Cristo (Ro 5:17; Ap. 19:7-8; Sal. 24:5). • La santidad: en donde cada parte de nosotros le pertenece a Dios (pensamientos, deseos, motivos, toda nuestra adoración). La justicia nos guiará a la santidad (Ro. 6:19; Ap. 22:11).

20

Convirtiendo la maldición en bendición

“El que es justo, [practique] la justicia todavía; y el que es santo, [santifíquese] todavía” (Ap. 22:11). La justicia nos guiará a la santidad. He aquí el orden: 1. De la justicia atribuida, a 2. la justicia impartida, a 3. la santidad (Ro. 6:19). Job estaba en el proceso de ser hecho más justo y santo. Comparación entre la justicia y la santidad Justicia es actuar con rectitud. Es tratar a los demás honrada e imparcialmente. Sin embargo, ¡la santidad es mucho más profunda! Podemos ser justos sin ser santos. Muchas personas de las Escrituras fueron justas pero no santas y en ese estado se encuentran muchos cristianos hoy. Lot, el sobrino de Abraham, es un ejemplo de primera línea. Lot tenía sentido de la justicia pero también era un hombre enamorado del mundo (2 P. 2:7-8). Hubo ciertos reyes, como Asa y Josafat, a quienes Dios declaró justos, pero que no quitaron los lugares altos. Estos hombres realizaron muchas obras buenas y actos de justicia, pero en el corazón reservaron áreas de devoción y afecto hacia lo profano. Por eso, Dios quiere trabajar en estos lugares recónditos del corazón para llevarnos a la verdadera santidad. “De la justicia a la santidad” (ver Ro. 6:19). Seremos guiados a la santidad si practicamos actos justos y si somos obedientes cuando Dios señala con su dedo un área de nuestras vidas (1 P. 1:22). La obediencia y el acatamiento a la verdad, nos guiarán al “amor no fingido hacia los hermanos” (la unidad), y a la santidad.

REPASO
En el nuevo nacimiento somos contados por justos, aunque todavía tenemos muchos problemas. Por consiguiente, Dios desea hacer una obra a fondo en nuestros corazones con el fin de que seamos hechos justos, verdaderamente justos. Mientras tanto, debemos tener paz en el corazón y descansar en la seguridad de que Dios nos ve como justos a la vez que nos está haciendo justos y santos. He aquí el orden: 1. La justicia atribuida: influye sólo en nuestra posición. Somos contados por justos. 2. La justicia impartida: hemos sido hechos justos. Nuestros actos son rectos. 3. La verdadera santidad: cada parte de nosotros le pertenece a Dios. Los afectos y motivos son puros. 1 Juan 2:12-14 • • • La justicia atribuida La justicia impartida La verdadera santidad Niños Jóvenes Padres Atrio Exterior Lugar Santo Lugar Santísimo

Recuerde, la clave para crecer es continuar respondiendo a la Luz. La luz nos lleva al amor. No puede haber un verdadero amor si no estamos respondiendo a la verdad (1 Jn. 1:7; 1 P. 1:22). El acatar la verdad, sana en el corazón lo que está causando desunión.

Convirtiendo la maldición en bendición

21

BOSQUEJO DEL LIBRO DE JOB

Primera parte
Capítulos 1-2

La tragedia abate a Job
(Dios usa a Satanás para probar a un hombre justo)

Segunda parte
Capítulos 3-31

Job y sus tres amigos
(Ellos malinterpretaron a Job en su prueba)

Tercera parte
Capítulos 32-37

El consejo de Eliú para Job
(Un cuarto amigo con una perspectiva celestial)

Cuarta parte
Capítulos 38-42

Job delante del Señor
(Al contemplarse a sí mismo a través de la luz de Dios, es limpiado y sanado)

22

Convirtiendo la maldición en bendición

Convirtiendo la maldición en bendición

23

LA TRAGEDIA ABATE A JOB
Parte uno: capítulos 1 y 2
La grandeza de carácter de Job (1:1-12) Lea el capítulo uno. Los primeros doce versículos son el testimonio celestial de la grandeza de carácter de Job. Job era “perfecto y recto”. Esto se lo declaró Dios aun a Satanás, el adversario. Job era un hombre “temeroso de Dios y apartado del mal”. Éste es el distintivo de la sabiduría, porque el temor de Jehová es el principio de la sabiduría. Aunque era muy rico, era también muy humilde. La verdad es que el dinero no tiene nada que ver con el orgullo o la humildad. Hay pobres que son sumamente orgullosos, y hay ricos que se sujetan a Dios en gran manera. Job era también un buen padre de familia. Siempre quería saber en dónde estaban sus hijos y lo que estaban haciendo. Todas las mañanas se levantaba temprano a orar por ellos y ofrecía espléndidos sacrificios por cada uno. Job se preocupaba hasta por las actitudes de sus hijos, por su tendencia a extraviarse, y decía: “Quizá habrán pecado mis hijos, y habrán blasfemado contra Dios en sus corazones” (v. 5). De esta manera oraba por ellos continuamente. En los versículos 6 al 12, la narración cambia de un escenario terrenal a uno celestial. Aquí vemos que Jehová y Satanás tienen una discusión en la cual Job es el tema. Dios fue el iniciador de la conversación y también el autor de la tribulación que se suscitaría. Era el momento de poner a prueba a Job. Ya que Satanás siempre había querido destacarse entre los demás, el Señor lo provocó a celos al elogiar a Job. El adversario fue inducido a pedir autorización para quitarle a Job sus bendiciones, y esto le fue concedido. Tres etapas principales de la prueba de Job 1. Primero, se le permitió a Satanás despojar a Job de todos sus bienes, además de que cientos de sus empleados (siervos) murieron. Más tarde, en ese mismo día, todos sus hijos perecieron en una violenta tempestad. Sin embargo, Dios no permitió que Satanás tocara a Job (Job 1:12). 2. Después de pasar la primera prueba, a Satanás se le permitió afligir a Job físicamente (Job 2:4-6) pero sin tomar su vida. Satanás sólo avanza hasta donde Dios le dice, ¡ni una pulgada más! 3. Más tarde, la esposa de Job, sus parientes y la gente de la región, se volvieron en su contra, y sus amigos más cercanos lo interpretaron y juzgaron mal. Por si eso fuera poco, el Señor guardó silencio. Fue una prueba horrenda en extremo. Aquel que critica a Job es porque no ha sufrido. La extraordinaria reacción de Job ¡La reacción de Job a todo esto fue notable! Satanás había dicho: “Pero extiende ahora tu mano y toca todo lo que tiene, y verás si no blasfema contra ti en tu misma presencia” (Job 1:11). Por lo tanto, Dios le permitió a Satanás despojar a Job de la totalidad de sus bienes. ¿Cómo respondió Job a todo esto? (Job 1:20-22). Job bendijo al Señor, postrándose en tierra y adorándole. ¡Qué golpe para Satanás! Para derrotar a Satanás hay que tener las actitudes y reacciones correctas. La manera de destruirlo es negándose a reaccionar como él. “Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito”. Éste no fue solamente un golpe mortal para Satanás, sino una exposición de la más elevada forma de adoración. Job estaba ofreciendo ahora el sacrificio de acción de gracias ¡después de haberlo perdido todo!

24

Convirtiendo la maldición en bendición

Una buena reacción al daño recibido librará del abismo al hombre La reacción correcta que tuvo Job al recibir el daño, no sólo le asestó un golpe a Satanás, sino que también evitó que Job resbalara a un hondo abismo. La mayoría de los problemas emocionales, las depresiones y el suicidio, se originan en un daño recibido. Cuando el hombre o la mujer no reciben gracia de parte de Dios, el corazón se les infecta de amargura. Cada vez que somos perjudicados, Dios nos ofrece gracia. La gracia realmente es una substancia. En los momentos de necesidad, Dios deposita en nosotros esa substancia llamada gracia (He. 4:16). Si la persona endurece su corazón, rechaza la gracia y opta por alimentar el daño o agravio recibido, se llenará de amargura (He. 12:15). Si la persona continúa endureciendo su corazón, se enterrará a sí misma en un hoyo profundo y horrendo. Con el paso del tiempo, la víctima ya no le podrá hacer frente a la vida y quizá hasta intente suicidarse. Hemos visto suceder esto en la vida de muchos hermanos cristianos. No son las circunstancias las que destruyen a la persona, sino ella misma El verdadero daño en la vida, proviene de lo que la gente se hace a sí misma. El Apóstol Pablo le gritó de esta manera a un hombre que estaba a punto de suicidarse: “No te hagas ningún mal” (Hch.16:28). Hombres y mujeres se perjudican y arruinan sus vidas por el pecado, y por reaccionar equivocadamente ante las dificultades de la vida. Si nosotros mismos no nos causamos mal, entonces nada ni nadie podrá realmente dañarnos. Si vivimos rectamente, todo lo que otros conspiren contra nosotros, acabará siendo para nuestro provecho. Al endurecer el corazón, nos estamos destruyendo nosotros mismos y cometemos suicidio espiritual. Nadie más nos lo está haciendo (aunque aleguemos lo contrario). De hecho, somos nosotros mismos los autores. Las diez pruebas que los Israelitas atravesaron en el desierto, no les causaron ningún mal. Lo que los dañó fue la reacción que ellos tuvieron ante las pruebas. Las diez pruebas fueron ordenadas por Dios para bendecirlos y prepararlos para Canaán. Nosotros somos los que determinamos nuestro destino. Nadie más lo hace por nosotros. Nosotros somos realmente los únicos que nos podemos perjudicar. No es el diablo, ni los que nos ofenden, ni ninguna otra cosa. Esencialmente somos nosotros los únicos que nos destruimos reaccionando mal a los problemas de la vida. En el Día del Juicio no habrá a quién señalar. Abigail estaba casada con un necio; sin embargo, ella era de buen entendimiento y de hermosa apariencia (1 S. 25:2-3). Abigail no dijo: “Por causa de mi esposo mi vida está arruinada”. Ella no puso a su marido como pretexto para seguir por su propio camino, como hacen algunas esposas. Considere lo que las personas se hacen a sí mismas:
• • • • • • • • • • • • • Se oponen a sí mismas (Hch.18:6) Se endurecen a sí mismas (He. 3:8-15) Se mancillan a sí mismas (Lc. 18:20) Se corrompen a sí mismas (Ex. 32:5) Se envilecen a sí mismas (1 S. 3:13) Se contaminan a sí mismas (Ez. 20:31) Se sajan a sí mismas (1 R.18:28) Se deshonran a sí mismas (Ro.1:24) Se separan de Dios por sus iniquidades (Is. 59:1-2) Se esconden de la presencia del Señor (Gn. 3:8) Se venden para hacer lo malo (1 R. 21:20) Se destruyen (Os. 13:9) Se juzgan indignas de la vida eterna (Hch. 13:46) Amigo: “No te hagas ningún mal” (Hch. 16:28).

La acertada reacción que tuvo Job ante el daño recibido lo salvó. Además, su correcta confesión de dio la victoria sobre Satanás. Nosotros vencemos al Adversario con la palabra de nuestro testimonio (ver Ap. 12:10-11). ¡Es muy importante lo que decimos en medio de nuestro dolor!

Convirtiendo la maldición en bendición

25

CONOCER A NUESTRO ADVERSARIO
(2 Co. 2:11) En vista de que en los primeros dos capítulos del libro de Job hay un diálogo entre Dios y el adversario, me gustaría dedicar un tiempo al tema de conocer al enemigo. Es necesario que todo creyente entienda que los celos son la fuerza motriz detrás de todas las obras de Satanás. Los celos siempre están ligados al deseo de ser el número uno. Cuando Satanás trató de usurpar el trono de Dios, fue echado fuera. Desde el momento de su rebelión y degradación, los celos han motivado y atormentado a Satanás. Él codicia todas las posiciones de poder y no quiere que nadie tenga ninguna de las bendiciones que antes le pertenecieron. Sobre todo, Satanás odia de manera particular a todo aquel que lo reemplace: personas como Job. 1:10 “¿No le has cercado alrededor a Él y a su casa y a todo lo que tiene?” Es evidente que Satanás había pasado un tiempo observando a Job y a todas sus obras. Había deseado llegar a Job para destruirlo, pero sin ningún éxito, pues Dios había colocado un muro de protección en torno a todas sus pertenencias. Este “cerco” protegía a Job, a su casa, su familia, sus negocios y a todos sus bienes. Pedro nos alerta para que estemos apercibidos en cuanto a Satanás, que como león rugiente anda rondándonos y buscando a quién devorar (1 P. 5:8). Si Satanás pudiera, ¡nos destruiría junto con nuestras familias! Por consiguiente, debemos andar sabiamente. 1:11; 2:5 “Pero extiende ahora tu mano y toca todo lo que tiene, y verás si no blasfema contra ti en tu misma presencia”. Observe el cinismo de Satanás. Constantemente está cuestionando las buenas intenciones de los demás. A él se le llama el acusador de los hermanos en Apocalipsis 12:10. En realidad, le estaba diciendo a Jehová: “¡Nadie te ama de verdad! La única razón que tiene Job para servirte son todos los beneficios. Quítale todas las bendiciones y blasfemará contra ti en tu misma presencia”. Satanás es un ser celoso y atormentado como resultado de la soberbia, de la cual él está lleno. La soberbia no le permite a nadie tener reposo. Note también en los versículos 1:7 y 2:2, que él “rodea la tierra y anda por ella”, dando a entender su desasosiego. 2:4 “Todo lo que el hombre tiene dará por su vida”. Satanás sabe cuál es la vulnerabilidad del hombre. Por lo tanto, para manipularlo usa el terrorismo y el miedo. Hoy en día vemos sus tácticas de chantaje, secuestro y petición de rescate, porque sabe que “todo lo que el hombre tiene dará por su vida”. Satanás estaba diciendo: “Déjame tocar su carne, y entonces, con toda seguridad, se volverá en tu contra”. Dios le concedió permiso a Satanás para afligir a Job, pero con limitaciones. No tenía potestad para quitarle la vida. En seguida salió Satanás y lo afligió con una dolorosa sarna. En 2:10 Job reconoce a Dios como el Señor de toda situación, porque “en todo esto no pecó Job con sus labios”. ¡Otro duro golpe para Satanás! Una vez más, Job daba muestras de que Satanás estaba equivocado. Job no blasfemó contra Dios. Sus raíces espirituales habían alcanzado una profundidad considerable, como se nota en su forma de reaccionar. Job se sumergía profundamente en la adoración a Jehová. Estaba acostumbrado a dar gracias a Dios en los tiempos buenos y en los malos. “Porque a mis ojos fuiste de gran estima...daré, pues hombres por ti, y naciones por tu vida” (Is. 43:4). ¡Se puede imaginar lo que Dios estaba dispuesto a sacrificar para llegar al corazón de un gran hombre! Para lograr hacer una gran obra en Job y dejar un mensaje para todas las generaciones venideras, Dios estaba dispuesto a sacrificar a la familia de Job, sus negocios, su salud, su reputación, y su numerosa servidumbre. Pero, recordemos, fue el Señor quien se sacrificó y sufrió más que todos. Ciertamente el Señor recompensaría doblemente a Job al final, dándole un nombre eterno y honorable.

26

Convirtiendo la maldición en bendición

PUNTOS A RECORDAR ACERCA DE SATANÁS • Su poder es limitado. No puede hacer nada sin que Dios se lo permita; todo poder le pertenece a Dios (Job 1:12; 2:6). Las impetuosas olas del mar representan los asaltos del diablo, ante los cuales Dios dice: “Hasta aquí llegarás, y no pasarás adelante, y ahí parará el orgullo de tus olas” (Job 38:11). Dios traza una línea y dice: “No pasarás de aquí”. Satanás todavía tiene una gran sabiduría, aunque la ha pervertido. “He aquí que tú eres más sabio que Daniel, no hay secreto que te sea oculto” (Ez. 28:3). A Satanás no lo debemos tomar nunca a la ligera ni debemos burlarnos de él. No tenemos la victoria sobre él excepto cuando nos movemos en humildad y pensamos con la mente de Cristo en cada situación que él manipula. No debemos nunca ridiculizar a Satanás, ni mofarnos de él (Jud. 9). ¡Está atormentado y sin sosiego! Estos conceptos surgen de la gran soberbia que hay en su corazón. Todo ser soberbio padecerá de conflictos mentales y emocionales. Para los soberbios, salir perdiendo es una agonía. ¡El humilde no tiene nada que perder! Observe que Satanás no tiene paz porque se encuentra “rodeando la tierra y andando por ella” (Job 1:7; 2:2). Proverbios 13:10 declara: “Ciertamente la soberbia concebirá contienda”. Los pleitos, los debates, las controversias y el intelectualismo, se originan todos en la soberbia. Su arma más poderosa es su boca. El poder de una serpiente siempre está en la lengua. Satanás es un mentiroso y es padre de toda mentira (Jn. 8:44). El pecado entró en el hombre a través de sus razonamientos (2 Co. 11:3). Las naciones del mundo son engañadas por su lengua (Ap. 12:9). También los cristianos siguen teniendo problemas en sus vidas por creer en sus mentiras: “Nunca lo lograrás; ya para ti no hay esperanzas; las cosas nunca mejorarán”. Además, a Satanás se le llama “el tentador” en Mateo 4:3. Cuando tenemos actitudes y reacciones correctas ante el daño recibido, mortificamos a Satanás. Cada vez que nos negamos a obrar como él, ganamos la victoria sobre Satanás. Satanás tuvo un buen principio pero se volvió un amargado. ¡Tomó esa decisión! Un agravio o una prueba puede amargarnos o mejorarnos. En la tentación de Cristo (Mt. 3:1-11), Satanás se esmeró en hacer que el Señor Jesús tuviera sus mismas reacciones. Satanás quería que Jesús usara Su poder de manera indiscreta, para estar en posición de decirle: “Tú no eres mejor que yo; Tú no tienes poder sobre mí”. Jesús (como hombre y por el hombre) se negó a ser como Satanás y ganó dominio sobre él. Vencemos a Satanás por la palabra de nuestro testimonio. “Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero Y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte” (Ap. 12:11). . El testimonio de gratitud de Job hacia el Señor después de su angustiosa pérdida, fue un golpe mortal para el enemigo (leer Job 1:20-22). Satanás había dicho: “Si le quitas todas sus bendiciones verás si no blasfema contra ti en tu misma presencia”. ¡Cuán equivocado estaba! Para pulirnos, es necesario Satanás. La razón principal de que Dios todavía permita que Satanás ande merodeando, es para probar a los creyentes. “El diablo echará a algunos de vosotros en la cárcel, para que seáis probados” (Ap. 2:10). Satanás será destruido eternamente cuando Dios haya terminado de usarlo para probarnos. “Y el diablo que los engañaba fue lanzado en el lago de fuego y azufre, donde estaban la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos” (Ap. 20:10). Su juicio es seguro y él lo sabe (Mt. 25:41). Dios creó el infierno para Satanás, para sus ángeles y para todos los rebeldes que lo siguen. Todo el que vaya al infierno estará allí por su propia elección (Hch. 13:46). Dios no desea que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento (2 P.

Convirtiendo la maldición en bendición

27

3:9). Dios mismo derramó su sangre y murió para que fuésemos perdonados. Cuando el hombre rechaza el mensaje de amor y perdón, ha elegido ir al infierno. El juicio es eterno (2 Te.1:8-9). • Dios lo creó perfecto; él se volvió malo por su propia elección. “Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad”. “¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero!” (Ez. 28:15; Is. 14:12-14). Satanás y sus ángeles cayeron por su gran rebeldía. Ellos no fueron creados rebeldes (2 P. 2:4; Jud.1:6). Fue una elección. Satanás cayó por ingratitud y soberbia (ver Is. 14:12-14). Dios lo había dotado de una belleza extraordinaria, de sabiduría, de autoridad y de carisma, pero todo esto no le bastaba: ¡él quería más! Lucifer se volvió extremadamente desagradecido y soberbio; luego, desafiante. Quería ser Dios. El primer paso para descarriarnos, es ser desagradecidos (Ro. 1:21). ¡Satanás quería igualdad de derechos! “¡Yo seré como el Altísimo!” (Is. 14:12-14). Quería tener igualdad de voz con Dios. Satanás es el padre del movimiento de “igualdad de derechos”. Satanás debilita el liderazgo y la autoridad a todo nivel, por su ambición de estar en control y por encima. Los celos siempre se originan en motivos egoístas: en el deseo de ser el “número uno”. Satanás exigía igualdad de voz con Dios. Por habérsele denegado este necio deseo, ha estado resentido con Dios desde entonces, y ha procurado que todos los que están en el cielo y en la tierra se vuelvan contra el Señor. Fue capaz de persuadir a la tercera parte de los ángeles de Dios (Ap. 12:4, 7-9). Note en Apocalipsis 12:4 que su cola arrastra a estos ángeles. En otras palabras, él es su cabeza y su líder. En el Capítulo 12 de Apocalipsis, Satanás es presentado como dragón, a pesar de ser arcángel. • Cambio de nombre significa cambio de carácter. El hecho de que su nombre cambiara de Lucifer (lucero) a Satanás (adversario, calumniador) significa un cambio de carácter: de bueno a malo. Dios no lo creó malo. Todo lo que Dios hace es bueno. ¡Dios es bueno! La frase de Isaías 45:7 (“Yo hago la paz y creo la adversidad”) no sugiere que Dios es el Autor del pecado, como unos han asegurado. El uso de la palabra “adversidad” en Isaías 45:7 puede ser traducido pesar, oposición, aflicción y calamidad. Las Sagradas Escrituras describen la prueba de Job como un mal enviado por Dios (leer Job 42:11 VRV) Dios no le concedió el don del arrepentimiento. Debido a la luz que Lucifer poseía, su rebelión fue considerada irremisible. Se sublevó en la misma presencia de Dios. Exactamente por esta razón tampoco a los ángeles caídos se les concedió perdón (2 P. 2:4; Jud.1:6). Hay un velo que le encubre la luz al hombre, mas él todavía tiene la oportunidad de arrepentirse. A Pablo se le mostró misericordia porque cometió sus transgresiones “en ignorancia e incredulidad” (ver 1 Ti. 1:13; ref. Lc. 23:34). Satanás sabe que su juicio es seguro, y también lo saben los demonios. Los demonios que aparecen en Mateo 8:29 se atemorizaron al ver al Señor y exclamaron: “¿Has venido a atormentarnos antes de tiempo?” Los demonios están conscientes de su juicio venidero y sienten pavor al recordarlo. Los demonios “creen y tiemblan”, de acuerdo con Santiago 2:19. Satanás sabe que le queda poco tiempo, por lo tanto hace todo lo que está en su poder, para perjudicar a Dios volviendo a otros contra Él. Su propósito es causar todo el daño posible, y su deseo es arrastrar consigo, hasta su juicio, a la mayor cantidad de personas. Todo esto es un intento de vengarse de Dios. Debemos entender qué es lo que motiva al adversario. Pablo dijo en 2 Corintios 2:11: “No ignoramos sus maquinaciones”. No debemos estar obsesionados con los demonios. “Y no han conocido las profundidades de Satanás” (Ap. 2:24). No es nada sabio llenarse la mente con el ocultismo. No debemos andar buscando demonios en cada rincón, ni exagerar el estudio de las religiones paganas (Jer. 10:2). No debemos aprender el camino de los paganos. Por el contrario, habitemos en la Luz, ¡en Jesús!

28

Convirtiendo la maldición en bendición

Satanás dice que Dios no tiene amor. Satanás acusa a Dios de no tener amor. La naturaleza caída del hombre hace lo mismo. El hecho de que el Hijo de Dios haya venido a la tierra a morir por el hombre, es Su eterna prueba ante el universo, de que realmente Él vela por nosotros. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que toda aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Jn. 3:16). Cristo nos da poder sobre Satanás. Como hombre, Jesús derrotó a Satanás en todo aspecto. Cristo nos da autoridad sobre Satanás cuando caminamos humildemente con Dios. Verdaderamente, sólo tenemos autoridad sobre Satanás cuando nos estamos moviendo en el Espíritu y tenemos la mente del Señor en cada situación. A veces Dios tiene un tiempo determinado para sanarnos o liberarnos, y no funcionará ninguna “autoridad verbalizada sobre el diablo”. Debemos estar moviéndonos en el Espíritu y en la voluntad de Dios. Satanás acusó a Job de lo que él mismo es culpable. Satanás había dicho de Job: “Sólo te sirve por las bendiciones. Quítaselas todas y blasfemará contra ti en tu misma presencia” (Job 1:9-11). Satanás estaba diciendo: “Sólo te sirve para obtener beneficios egoístas”. Lamentablemente, lo que Satanás habló contra Job se cumple en algunos creyentes. A Jesús lo siguen las multitudes sólo porque Él les satisface sus necesidades (ver Jn. 6:26-27). El hecho es que a Dios le complace bendecirnos y satisfacer cada una de nuestras necesidades. Pero Dios también está buscando una esposa que lo ame no sólo por los beneficios, sino simplemente por amor. De lo contrario, será inmadura, egoísta, interesada y egocéntrica. Ésta era la única razón por la cual Lucifer servía al Señor: por lo que pudiera conseguir para sí mismo. Dios probará los corazones de todos nosotros para ver cuál es la razón de que le estemos sirviendo. Lucifer sólo servía al Señor mientras todos los demás lo alabaran y se extasiaran ante su belleza, encanto, sabiduría, carisma y habilidades musicales. En los cielos, él era el comentario. ¿Estaba agradecido? ¡No! Todo lo que quería era más, más, más para sí mismo. Dios tuvo que degradarlo por su locura y orgullo. ¿Lamentó Lucifer ser soberbio y desafiante? ¡No! A él sólo le dolió su degradación. Por eso, es evidente que sólo servía a Dios por los beneficios. Y culpaba a Job de la falta que él mismo había cometido. Dios probó a Abraham para ver si Él era la prioridad en su vida, o si lo eran las promesas y las bendiciones. Cuando Abraham estuvo dispuesto a devolverle a Dios a su hijo Isaac, no sólo fue un testimonio para Dios sino también para Satanás (1 Co. 4:9). El mundo espiritual sabe si estamos sirviendo a Dios por amor a Él, ó por obtener ventajas para nosotros mismos. ¡Dios anhela tener algo qué responder a sus acusadores! Él anhela poder decirle a Satanás: “He aquí alguien que NO es como tú, Satanás. Él (o ella) me ama, ya sea que le dé o que le quite las bendiciones. Ellos te han derrotado, Satanás!” (Pr. 27:11).

Nosotros reemplazaremos a Satanás y a sus ángeles. Hay en Satanás un odio muy grande por la humanidad, y especialmente por los creyentes. Él sabe que algunos de nosotros lo vamos a reemplazar. Siendo que la tercera parte de los ángeles ha sido arrojada del cielo, sin lugar a dudas hay puestos vacantes que los redimidos van a ocupar. A los vencedores en particular se les da el privilegio de juzgar a los ángeles y de manejar los asuntos del reino de Dios (1 Co. 6:2-3; Ap. 2:26-27; Sal.149:69). Los que reemplacen a Satanás habrán pasado las pruebas en las que él salió reprobado. Tal vez el último examen tendrá que ver con las motivaciones y los afectos. Hombres como Job y Abraham dieron muestras de que Dios y la voluntad de Dios eran más importantes que las bendiciones, las promesas, el prestigio y la gloria. ¡Usted y yo necesitamos saber en qué hemos centrado nuestros corazones! ¿Está usted sirviendo a Dios sólo si Él le cumple ciertas “condiciones”? ¿Le ha señalado usted una fecha límite a Dios, o le ha puesto algún ultimátum?

Convirtiendo la maldición en bendición

29

Si usted está sirviendo a Dios sólo si Él cumple sus condiciones, no derrotará a Satanás. “Venimos, oh Dios, para hacer tu voluntad”.

Resumen de los Capítulos 1 y 2
• • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • Job era “perfecto y recto”. Su vida estaba a la altura de toda la revelación que Dios le había dado. Era temeroso de Dios, lo cual es el principio de la sabiduría. Por lo tanto, Job era sabio. Tenía diez hijos: siete hijos y tres hijas. Job oraba por sus hijos cada día. Le preocupaban hasta las actitudes de ellos. Aunque era rico, era también muy humilde. Job era el hombre más importante de toda la región. Su reputación era extraordinaria. Satanás todavía tiene acceso al cielo, un día determinado aparece en el cielo entre los “hijos de Dios”. Dios provocó a celos a Satanás cuando mencionó el tema de la grandeza de Job. Dios inició la prueba que le sobrevendría a Job. Satanás discutía que Job sólo servía a Dios por los beneficios. Satanás había tratado de atacar a Job en ocasiones anteriores, pero un “cerco” se lo impedía. El adversario dijo que si se le quitaban las bendiciones a Job, éste blasfemaría contra Dios en Su misma presencia. Dios le dio licencia a Satanás para quitarle a Job todos sus bienes y todos sus familiares, pero sin tocar a Job. El cerco no fue quitado por causa de ninguna confesión negativa hecha por Job. En un día Satanás destruyó todo lo que Job poseía. Job era el hombre más justo de su generación; sin embargo, experimentó la catástrofe. Satanás trataba de exasperar a Job, abatiéndolo con todas las cosas a la vez. Job tenía mucha paz. Él rasuró su cabeza, se postró en tierra y adoró. Cuando Job respondió con adoración a Dios, su reacción fue un golpe a la acusación de Satanás de que Job blasfemaría contra Dios. Job no pecó con sus labios. La mayor parte de los pecados los cometemos con la lengua. Responder correctamente al daño o pérdida, salvó la salud mental, emocional y espiritual de Job. Después de pasar la primera prueba, Job calificó para la segunda fase. Ahora Satanás quería abatir su cuerpo. Satanás sabe lo valiosa que es para el hombre su propia salud. Job todavía conservaba su integridad, pese a que había sido abatido de pies a cabeza con una dolorosa sarna. La esposa de Job no pudo hacerle frente a la prueba. Con histeria le dijo a Job que maldijera a Dios y se muriera. Job dijo a su esposa que se sometiera, esperando de la mano de Dios tiempos difíciles y tiempos buenos. Todavía Job no pecaba con sus labios. De todo punto, esto es excepcional. Ahora visitan a Job tres amigos cercanos que, al ver su prueba, quedan completamente atónitos.
A excepción de los capítulos 1 y 2, y el final del capítulo 42, el libro de Job está escrito en forma poética. Desde este punto en adelante, el estilo se vuelve poético hasta el final del libro.

• •

30

Convirtiendo la maldición en bendición

Convirtiendo la maldición en bendición

31

LA PRUEBA PUESTA POR LOS TRES AMIGOS
Parte dos: capítulos 3 al 31
Llegan a consolarlo sus tres amigos más cercanos El motivo de su llegada era bueno. Amaban sinceramente a Job y se interesaban profundamente por él (Job 2:11-13). El aspecto de Job era tan espantoso que casi no se le podía reconocer (Job 2:12). Job era semejante al desfigurado Varón de Dolores profetizado por Isaías (Is. 52:14). Sus amigos tuvieron la suficiente disciplina como para permanecer en silencio durante siete días completos, pero luego la perdieron (Job 4:2). A las personas que están pasando por un gran dolor, debemos decirles lo menos posible . No debemos hacerles muchas preguntas (Job 2:13), pero sí orar en voz baja. EL PRIMER DISCURSO DE JOB Capítulo 3 Job estaba muy deprimido y deseaba no haber nacido. “Después de esto...abrió Job su boca” (Job 3:1). Ahora, habiéndose contenido por largo tiempo, Job comienza a hablar: ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? (Job 3:11-12; 3:20). Job está interrogando: “¿Por qué Señor?”“¿Por qué se da luz al trabajado, y vida a los de ánimo amargado?” (Job 3:20). A decir verdad, la única forma de tener vida y luz es caer primero en las profundidades de amargas y angustiosas experiencias. La verdad cobra vida después de que uno toma un buen sorbo de la copa del sufrimiento. Definitivamente, sin la obra de experiencias dolorosas no puede haber verdad en lo íntimo, como lo dice David en el Salmo 51:6. El verdadero ministerio, el poder y la autoridad, provienen después de experimentar Job 3:20-24. ¡Ésta es la forma de medir la cantidad de vida y luz que tenemos! 3:25 “Porque el temor que me espantaba me ha venido...” Job sabía de antemano que una prueba severa estaba por sobrevenirle, aunque Dios no le había dado los pormenores (cuándo, cómo, por qué, o hasta cuándo). Dios sabía que Job debía estar preparado para lo que sucedería. Dios nos dará el conocimiento previo si sabe que lo necesitamos, o si éste nos ayudará durante la prueba. En este caso, ¡Job tenía que saberlo! A veces necesitamos saber de antemano; de lo contrario podríamos caer en la más grande confusión y desesperación (ref. Jn. 14:29). LA PRIMERA RESPUESTA DE ELIFAZ Capítulos 4 y 5 Después de permanecer callados por siete días completos, los tres amigos pierden el control y comienzan a hablar. “Entonces respondió Elifaz temanita, y dijo: Si probáremos a hablarte, te será molesto; pero ¿quién podrá detener las palabras?” (Job 4:1-2). Elifaz (uno de los mejores amigos de Job), piensa que Job está siendo juzgado por causa del pecado. Elifaz era hombre de “principios”, pero los principios bíblicos solamente funcionan cuando son debidamente aplicados. “Se cosecha lo que se siembra” es su razonamiento (Job 4:8). En el caso de Job, ésta no era la forma de aplicar la verdad y ello le dolió profundamente. “Recapacita ahora; ¿qué inocente se ha perdido? y ¿en dónde han sido destruidos los rectos?” (Job 4:7). ¡Cuán escaso es el conocimiento de Elifaz! La historia abunda con ejemplos de gente inocente y recta que ha padecido aflicción y martirio. En Job 5:3-4, él da a entender que los hijos de Job perecieron como consecuencia del juicio de Dios por su pecado, pero que si tan sólo se arrepintiere y se humillare, el Señor tendría misericordia de él y le restituiría la bendición (Job 5:8-27). En el versículo 5:5, Elifaz sugiere que vinieron ladrones a llevarse su alimento y que fue el juicio de Dios sobre un hombre que es necio e insensato. Él aplica todas estas ilustraciones a Job.

32

Convirtiendo la maldición en bendición

Muchos de los versículos del Capítulo 5 (y de los demás discursos de los tres amigos), son afirmaciones ciertas. Dios incluso podría animarlos para usted, dándoselos como promesas. El problema es que muchos de los versículos que Elifaz y sus amigos le citaron a Job, eran inadecuados para su situación. Eran promesas, exhortaciones y verdades espirituales que le fueron dichas a Job extemporáneamente. ¡Isaías 50:4 debe volvérsenos realidad! Aprendamos a darle una palabra oportuna a los cansados. Una mala aplicación de la verdad En Job 5:19-25 Elifaz sermonea a Job en cuanto a la capacidad de Dios de proteger a los rectos en épocas de guerra y hambre. “En seis tribulaciones te librará, y en la séptima no te tocará el mal. En el hambre te salvará de la muerte, y del poder de la espada en la guerra. Del azote de la lengua serás encubierto; no temerás la destrucción cuando viniere” (v. 19-22). Éstas son promesas maravillosas. Dios es capaz de proteger a nuestros hijos aun en la hora venidera de tribulación y de dificultad (v25). Sin embargo, estas verdades no eran las apropiadas para la calamidad de Job. Job acababa de perder a todos sus hijos y su devastación estaba por doquier. “Se cosecha lo que se siembra” explicó Elifaz (Job 4:8). Esta afirmación es cierta, y el Apóstol Pablo la reitera en Gálatas 6:7. Pero Elifaz estaba haciendo aquí una mala aplicación de la verdad. Él asumía que Job había estado sembrando el mal y que ahora le había llegado el tiempo de la cosecha. Pero omitía algo. El final de la historia estaba por contarse. Un año después Job estaría segando una doble porción. ¿Qué había sembrado Job en todos esos años? Había sembrado misericordia al pobre y al afligido, había sido honrado y recto en todos sus asuntos con los demás. Aun entre los impíos, Job gozaba de una honrosa reputación y había sido un buen padre de familia. Elifaz estaba juzgando a Job prematuramente. Elifaz era un hombre de “principios”. Todo lo ordenaba por “categorías”, y estaba incluyendo a Job en una de ellas, a la fuerza. Pero Job no se adecuaba a ningún molde. Cuando Dios opera en las vidas de Sus santos, no hay una norma. Cada situación es singularmente diferente. La prueba de Job no se asemejaba a ninguna otra. Todavía Dios no deseaba hablar. En este momento no convenía que Job entendiera su aflicción. A veces Dios guarda silencio. Si Dios le hubiera explicado todo a Job, mostrándole el resultado de la prueba, hubiera destruido la obra divina en su vida. En algunas situaciones Dios no desea darnos luz (Is. 50:10) y tenemos que confiar en Su carácter. Cuando estamos en el fuego podemos ejercitar todas las teorías y principios existentes; pero finalmente, ellos prueban ser ineficaces. Lo único que se puede hacer es clamar a Dios pidiendo Su gracia que sustenta la vida, y eso es precisamente lo que Dios desea que hagamos. ¿Qué otra cosa podía yo hacer? La prueba de Job sería una contradicción y un desafío para la teología de cualquier época. Hasta los buenos compañeros tomaban a Job en poco, y decían: “Hermano, tu esposa no está sujeta, tus hijos no tuvieron un buen final, tu situación económica es un desastre y todos hablan mal de ti”. Job exclamaba: “¿Pero qué otra cosa podía yo hacer?” La respuesta sencilla para eso es: NADA. A veces, absolutamente nada dentro de nuestras posibilidades nos hubiera podido evitar las circunstancias. Pudo ser que Dios simplemente nos atrajo hasta Su red (Sal. 66:11; Lm. 1:13; 3:7; Jer. 20:7) para afinarnos como a la plata, sólo para traer nuevas bendiciones. José fue atraído a la red de Dios cuando Jacob lo envió a ver a sus hermanos (Gn. 37:13-18).

Convirtiendo la maldición en bendición

33

LA PRIMERA RESPUESTA DE JOB Capítulos 6 al 7 En 6:1-3 Job dice, quejándose, que si su pena se pudiera pesar en balanza, pesaría más que toda la arena del mar. Job implora piedad de parte de sus amigos (Job 6:14). Se siente traicionado y abandonado por ellos. Realmente estaba diciendo: “Ustedes son como arroyos congelados. En el calor, se derriten y se van” (Job 6:15-17). Luego les suplica a sus compañeros que le muestren en qué falló, diciendo: “Enseñadme, y yo callaré; hacedme entender en qué he errado” (Job 6:24). “¡Cuán eficaces son las palabras rectas! Pero ¿qué reprende la censura vuestra?” (Job 6:25). Las palabras rectas son muy poderosas. La contienda nunca define nada. Las palabras apropiadas dan en el blanco, pero las palabras contenciosas erran al blanco sin atinar. Job dijo a estos compañeros que ellos no le habían aportado soluciones para su situación, y que todos sus esfuerzos e intentos de corregirlo habían sido en vano. Es probable que Job, al defenderse ante ellos, se haya tornado muy dramático. “¿Pensáis censurar palabras, y los discursos de un desesperado, que son como el viento?” (Job 6:26). Job estaba sumamente angustiado. Seguramente, sus palabras eran violentas y precipitadas. Debemos ser benignos con las personas que están abrumadas por el dolor. ¿Cómo reaccionaríamos nosotros si estuviéramos en la situación de Job? Pero los compañeros, en vez de preocuparse por la desesperación de Job, se sintieron insultados, y todo el diálogo empezó a descontrolarse. Las emociones y la soberbia espiritual empezaron a afectar a ambas partes (ref. Pr. 13:10). “Meses de sufrir en vano” 7:3 “Así he recibido meses de calamidad, y noches de trabajo me dieron por cuenta”. La prueba se había extendido a meses. Job no podía dormir; le dolía el cuerpo y los huesos. Sus llagas supuraban una putrefacta infección (Job 7:5). Era una horrenda visión para los ojos, pero en su interior se estaba forjando una humildad profunda, (en los hospitales se pierde toda la dignidad). ¿Podemos ser compasivos con los que están gravemente abatidos? ¡Jesús sí pudo! Job pudo condolerse de los demás tras haber caído tan abajo! ¿Hasta dónde sentimos el dolor de los demás? ¿Hasta qué profundidades hemos sido abatidos? “Mis ojos no volverán a ver el bien” 7:7 “Mis ojos no volverán a ver el bien”. ¡Todo parecía poco prometedor! La depresión de Job era tan extrema que pensaba que jamás volvería a ser feliz o próspero. ¡Estaba muy equivocado! Dios le tenía preparado un futuro maravilloso al final de esta prueba. El desánimo tiene una fuente. El desánimo proviene de creer algo que Dios no dice acerca de nosotros o de nuestra situación. Por eso podemos sobreponernos a esa oscura nube de depresión ejercitando todas las promesas que Dios nos ha dado. Tenemos que pelear la buena batalla de la fe cuando estemos en una prueba (1 Ti. 6:12). Los versículos 11-21 están dirigidos al Señor. Job estaba tan aterrorizado por sus pesadillas que prefería la muerte a la vida (Job 7:14-15). “¿Qué es el hombre, para que lo...visites todas las mañanas, y todos los momentos lo pruebes?” Dios ha puesto sobre el hombre Su corazón y lo está probando a cada momento (Job 7:17-18; Sal 11:4). ¡Estamos continuamente siendo observados por Dios! El carácter se pone a prueba mediante nuestras reacciones en la hora de la aflicción y el dolor. Cuando una persona ha desarrollado carácter, es siempre debido al dolor. Cualquiera puede alabar al Señor cuando todas las cosas marchan fácilmente, ¿pero qué hacer cuando el calor bulle? Esto es lo que determina si somos personas de carácter o no. ¿Pondremos los ojos en Dios para hallar gracia en nuestra hora de necesidad, o nos amargaremos? Dios busca diligentemente un hombre o mujer cuyo corazón sea perfecto para con Él (2 Cr.16:9).

34

Convirtiendo la maldición en bendición

“Me endurecería en el pesar” Antes de salir de la primera refutación de Job, quisiera centrarme en una cosa más dicha por él, pues este comentario específico demuestra que su testimonio comienza a deteriorarse. Job estaba tratando de encontrar consuelo en su desgracia endureciendo su corazón. Ésta es una de las tendencias más marcadas que tiene el hombre, pero puede ser fatal si no se la corrige. Cuando tenemos una pena, tratamos de mitigarla endureciéndonos, pero esto nos lleva al pozo de la desesperación. Por un rato nos sentimos bien, pero ése es un consuelo falso que nos conducirá a la destrucción. Endurecimiento de corazón: falso consuelo En 6:10 dijo Job: “Sería aún mi consuelo, si (Dios) me asaltase con dolor sin dar más tregua3”. Endurecer el corazón es un mal mecanismo de defensa del hombre en un intento de protegerse del daño y de mitigar su pena. Este mismo criterio se encuentra en Génesis 27:42 cuando Esaú, para “mitigar” su dolor de haber perdido la primogenitura, resuelve en su corazón matar a su hermano Jacob. Cierta mujer dijo: “Que bien se siente odiar a mi esposo después de todo lo que ha hecho”. Endurecer nuestros corazones cuando recibimos un daño es una tendencia natural del hombre, pero no es una tendencia espiritual. Un corazón endurecido acaba con una persona Cuando el corazón se endurece, se vuelve insensible hacia los demás y hacia Dios. El resentimiento supura y se desarrolla, entonces la rebeldía hace su entrada. Los individuos se vuelven irresponsables y descuidados, y si el corazón continúa endureciéndose, puede llevarlos hasta el suicidio. Job comenzaba a resentirse, y de ahí en adelante empieza a señalar a Dios, achacándole irresponsabilidad. Más tarde, Dios lo redarguye por esto, lo cual es el tema central del libro, (leer “Victoria sobre la vida egocéntrica”). EL PRIMER DISCURSO DE BILDAD Capítulo 8 En Job 8:3, Bildad hace un comentario correcto, pero luego sugiere en el versículo 4 que los hijos de Job murieron como resultado de sus pecados. “Job, Si fueras recto, Dios te prosperaría” (Job 8:6). En el versículo 13, Job es tildado de hipócrita. Bildad le cita a Job muchos proverbios y axiomas inapropiados para su situación, los cuales sólo contribuyeron a empeorar las cosas. Muchos de los comentarios de Bildad a Job eran dichos ciertos, como lo que afirma el versículo 8:7: “Y aunque tu principio ha sido pequeño, tu postrer estado será muy grande”. Luego en el versículo 20 dijo: “Dios no aborrece al perfecto”. Éstas y otras muchas declaraciones que hicieron sus amigos son bastante ciertas, pero no relevantes a la situación de Job. Con todo, Dios puede vivificar cualquiera de estos versículos y dárnoslo como guía, reprensión, o promesa. Recordatorio: Todo lo dicho por los amigos de Job, cae dentro de una de estas tres categorías. Por medio de la gracia de Dios, trate de discernir en qué categoría se acomodaría cada comentario. • • • Parte de lo que dicen es verdad. Parte de lo que dicen es falso (y parte es muy falso). Parte de lo que dicen no es apropiado para la situación de Job, a pesar de que las declaraciones son ciertas.

Convirtiendo la maldición en bendición

35

LA SEGUNDA RESPUESTA DE JOB Capítulos 9 y 10 En su segunda respuesta, Job comenzó a apartarse de la unción al atacar el carácter de Dios. Ya habían transcurrido meses desde el inicio de la prueba, y había logrado mantener su espíritu bajo control. Ahora el desánimo y la insensibilidad lo habían invadido, y empezaba a acusar al Señor de ser irresponsable: • • • “Ha aumentado mis heridas sin causa” (Job 9:17). “Al perfecto y al impío Él los consume” (Job 9:22). “Si azote mata de repente, se ríe del sufrimiento de los inocentes” (Job 9:23).

¡Job estaba permitiendo que saliera a flote todo su sentir ! Sus amigos veían con claridad que Job estaba muy equivocado en cuanto a lo que decía ahora de Dios. Sin embargo, no tenían la solución para su problema. Tanto el diagnóstico como las actitudes de ellos habían estado mal, por juzgar injustamente a Job basándose en sus circunstancias. Ellos habían logrado cerrar el corazón de Job a tal grado, que él los consideraba enemigos. Ahora ya no era capaz de aceptarles un consejo más. La respuesta está cerca de nosotros, está en nuestras propias bocas En el versículo 9:4 Job dice: “¿Quién se endureció contra Él, y le fue bien?” Job no se daba cuenta de que lo que acababa de decir era una advertencia para sí mismo. Job no discernía que él mismo estaba endureciendo su corazón contra Dios y que el Espíritu Santo estaba tratando de hacerle una exhortación. Por lo general, las porciones bíblicas que más nos gustan son advertencias para nosotros. Debemos prestar una atención especial a lo que sale de nuestros propios labios al predicar, orar o profetizar. El Espíritu está procurando decirnos algo sobre nuestra persona. En Job 9:20, una vez más vemos que la respuesta a la necesidad de Job estaba en su propia boca, pero él no la podía ver. “Si yo me justificare, me condenaría mi boca; si me dijere perfecto, esto me haría inicuo”. El problema de Job durante su aflicción es que no encontró falta en sí mismo, pero sí la encontró en Dios. Al hacerlo, se estaba haciendo más justo que Dios. Acabó por auto justificarse, en vez de justificar a Dios (ref. Job 32:2; 35:2). Es así como, aun en los santos de Dios más distinguidos, vemos ceguera. Job se queja: Dios no es un hombre y no comprende Job se quejaba de que Dios no era hombre como él y deseaba un “árbitro” (Job 9:32-33). Un árbitro es un mediador. Job anhelaba la presencia de un mediador entre Dios y él, alguien hecho del mismo barro. Job decía: “¡Dios no es un hombre como yo; no comprende cómo me siento!” Por supuesto, ésta es la queja común de toda la humanidad. Entonces, un poco después, Dios le concede su petición ungiendo a Eliú, un cuarto hombre, para que le hable, (Eliú estaba presente entre los tres amigos y Job, pero había decidido permanecer callado, esperando el tiempo de Dios). Más tarde entra en escena en los capítulos 32 al 37. En Job 33:6 Eliú abre la boca y le dice a Job: “¡Yo soy el mediador que pediste! Fui formado de la misma substancia que tú. Y ahora te hablaré en representación de Dios”. Más tarde en la historia, Dios sí se volvió hombre. “El verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”. Cristo fue tentado con todas las tentaciones que un hombre experimenta. Nunca más se podrá decir que Dios no comprende al hombre. La encarnación permitió que Dios fuese formado de la misma substancia que nosotros. Por lo tanto, Dios fue un día un adolescente. Fue concebido fuera de matrimonio, porque José y María sólo estaban comprometidos en aquel entonces. ¡El hombre no puede decir nunca que Dios no comprende! ¡Dios en todos los aspectos se volvió como uno de nosotros! Hoy, Él es todavía Hombre, y lo será por toda la eternidad (1 Ti. 2:5; 3:16).

36

Convirtiendo la maldición en bendición

Dios no lo puede explicar En el versículo 10:2 Job le preguntó a Dios: “¿Por qué contiendes conmigo?” [Señor, ¿qué he hecho de malo; qué deseas que haga?]. Pero Dios permaneció callado. ¡Cuánto ansiaba Dios hablar! Sin embargo, era necesario, ¡Dios sabía que debía esperar! A veces si Dios explicara Su proceder y Sus intenciones, eso sería perjudicial tanto para nosotros como para la obra que hace en nuestras vidas. ¡Se requiere mucho carácter y dominio propio de parte de Dios, para no hablar! La sabiduría de Dios nos mantiene a nosotros en el horno por el tiempo exacto (Mal. 3:3). Él controla el fuego del refinador. Nuestra fe está siendo purificada como plata y oro (ref. 1 P. 1:7; Stg. 1:3). Dios sufre a lo sumo “En toda angustia de ellos Él fue angustiado” (Is. 63:9). Cuando nosotros sufrimos, Dios sufre también. Esta verdad a menudo se pasa por alto. Durante la prueba, Dios también sufría. Era doloroso para Dios quedarse en silencio y al margen, mientras uno de sus mejores siervos soportaba el horno de aflicción. A pesar de que Dios sufría también, sabiamente demoró la respuesta. Dios tuvo que llevar a cabo importantes y eternas obras de redención en el corazón de Job. Por lo tanto, esperó con amor (Is. 30:18). En una prueba sufrimos más cuando: • • • •
Dios guarda silencio. Los amigos malinterpretan. Estamos bajo la presión de un resultado que desconocemos. Desfallecemos por la tensión física y mental.

EL PRIMER DISCURSO DE ZOFAR Capítulo 11 Ahora Zofar habla, en una forma sumamente mordaz: “¿Las muchas palabras no han de tener respuesta? ¿Y el hombre que habla mucho será justificado? ¿Harán tus falacias callar a los hombres? ¿Harás escarnio y no habrá quién te avergüence?” (Job 11:2-3). Todos hemos sido duros con el prójimo especialmente cuando no hemos podido comprender el problema o el sentir del otro. Si pudiéramos ver los poderes malignos que están preparados contra la gente, seríamos más misericordiosos. Job en realidad había hablado necia y erradamente, pero sus hermanos no le contestaron con discreción ¡ni le dieron las respuestas apropiadas! A pesar de los errores de los amigos de Job, Dios usó la ignorancia y las acusaciones de ellos, para hacer aflorar un problema de Job, y de esa manera poder corregirlo. 11:6 “Conocerás entonces que Dios te ha castigado menos de lo que tu iniquidad merece”. (Job, tú mereces una prueba todavía mayor que ésta. Este castigo es suave). Ésta era una acusación seria que Zofar estaba haciendo contra Job. Zofar estaba asumiendo ser emisario de Dios y hablaba con error en nombre de Dios. Dios había dicho: “Job es perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal”. En Job 11:13-20 Zofar hace eco de las mismas opiniones de los otros dos amigos: que si Job se arrepiente Dios tendrá misericordia y le restaurará la bendición. Los tres hermanos habían degenerado de la reprensión al insulto. La Escritura nos indica “redargüir, reprender y exhortar con toda paciencia” (2 Ti. 4:2). Pero los hermanos habían perdido el control y estaban ahora insultando. ¡Con cuánta facilidad recurrimos a esto!

Convirtiendo la maldición en bendición

37

Diferencia entre redargüir y denigrar
Redargüir versus Denigrar

REDARGUIR: decirle a alguien su falta. Amonestar, convencer a alguien de su error, presentar evidencia, probar la culpabilidad. EXHORTAR: rogar, instar, estimular, solicitar, pedir, apelar, consolar, entusiasmar, llamar a otro para que se acerque e inducirlo a obrar de cierta manera.

DENIGRAR: reprochar, denunciar, insultar, provocar, reprender. Hablar mal de, envilecer, abusar. INJURIAR: vilipendiar, hablar de otro en forma irreverente, difamar, hablar con perversidad.

Los comentarios de Zofar eran desdeñosos. Él decía que Job había recibido una sentencia leve por todos sus pecados, lo cual era cruel, inoportuno y denigraba a Job. En lugar de traerle convicción a este último, lo condenaba. Aquí vemos la diferencia entre alguien que redarguye y alguien que denigra. Posteriormente, los tres amigos fueron redargüidos por el cuarto hombre, Eliú (ref. Job 32:3, 12). A veces los cristianos carecen de sabiduría en su forma de combatir el mal. Yo pienso que es un error de la Iglesia copiar la manera en que el mundo verbaliza su desaprobación de la iniquidad actual. Las protestas, las marchas y la desobediencia civil, no son la forma en que Dios obra. Ni siquiera Jesús hizo manifestaciones en las calles (Is. 42:2). Dios ha llamado a la Iglesia a ser cabeza, no cola (Dt. 28:13). La Iglesia debe ser la dirigente, no la seguidora. Además de copiar las tácticas del mundo, la Iglesia está en terreno enemigo cuando se va a las calles. Dios nunca le indicó a la Iglesia corregir al mundo. El juicio debe comenzar primero por la casa de Dios. Dios tratará con el mundo cuando la iglesia esté en orden (2 Co. 10:6; 1 Co. 5:12-13). Al estar la Iglesia en orden, Dios la pondrá otra vez como cabeza, no por cola. LA TERCERA RESPUESTA DE JOB Capítulos 12 y 14 En 12:2, Job se vuelve sarcástico: “Cuando ustedes mueran, morirá la sabiduría, porque ustedes tienen todas las respuestas” [parafraseando]. Sufría también de dudas de sí mismo “Yo no soy menos que vosotros” (Job 12:3). Job se está poniendo cada vez más a la defensiva. Todo el orgullo que le quedaba a Job, así como la vida de su ego, estaban siendo devorados en el horno de la aflicción. La prueba de Job se denomina cautiverio4 (Job 42:10). Job dijo: “Encerrará al hombre, y no habrá quien le abra” (Job 12:14). Cuando Dios encierra al hombre en una prueba, nadie lo puede sacar hasta que llega el tiempo que Dios ha establecido para la liberación. Deseo repetir esto: hay ocasiones en que el ministro liberador o el evangelista, no pueden soltar a una persona de su atadura o de su situación, debido a que Dios tiene un tiempo determinado para la liberación.

38

Convirtiendo la maldición en bendición

Jeremías tuvo la experiencia “de Job” A veces Dios conduce a su pueblo a tenebrosas experiencias para obrar de manera singular en sus corazones. Después, lo saca de nuevo a la luz (Mi. 7:8). Jeremías da fe de esto en el Libro de Lamentaciones: • • • “Me dejó en oscuridad” (Lm. 3:6; ref. Is. 50:10). “Me cercó por todos lados, y no puedo salir; ha hecho más pesadas mis cadenas” (Lm. 3:7). “Aun cuando clamé y di voces, cerró los oídos a mi oración” (Lm. 3:8). Las experiencias oscuras no se nos presentan necesariamente como consecuencia de una mala acción. Son ordenadas por Dios (Is. 42:16; Job. 23:14) y su propósito es llevarnos a bendiciones nuevas. Ciertamente Dios nos llevará a un nuevo día (Sal. 30:5, 11). ¿Podríamos manejar una libertad absoluta hoy en día? Dios no nos libera de inmediato de todos nuestros problemas. Esto es para nuestra propia seguridad. Intencionalmente, Dios deja que ciertos problemas permanezcan en nuestras vidas, para que nos sirvan de freno hasta que estemos aptos para usar la libertad con responsabilidad. La libertad es peligrosa cuando no estamos preparados para ella. La libertad puede fácilmente destruirnos. Dios nos quita (de uno en uno), los problemas y las dificultades cuando somos capaces de manejar la libertad con madurez (Ga. 5:13). Si no estamos profundamente consagrados a Dios, esa libertad será usada para satisfacer la carne. Hoy en día, Estados Unidos de América ha abusado de la libertad y de la emancipación, utilizándolas para la carne. Es por la misericordia divina que no somos librados de todos nuestros problemas de una sola vez. Dios permitió que Saúl persiguiera a David por varios años. David estuvo tanto tiempo bajo presión, que en un momento dijo: “Al fin seré muerto algún día por la mano de Saúl” (1 Sa. 27:1). David se sentía abrumado. Tuvo la tentación de pensar que en cualquier momento sucumbiría ciertamente a las presiones que sentía. Dios estaba utilizando un problema, una presión, un aguijón, para forjar algo especial en David. Cuando se realizó esa obra en el corazón de David (humildad, quebrantamiento, dependencia de Dios), Dios quitó el problema (Saúl). Dios se ocupa de nuestro “enemigo” después de modificar algo en nuestros corazones (Pr. 16:7). Si Dios le concediera el milagro que usted anhela, ¿serviría ello para acercarlo más o para apartarlo de Dios? ¿Qué haría usted si Dios lo librara instantáneamente de todos los problemas que actualmente le molestan? ¿Qué pasaría si el Señor le quitara hoy todas las limitaciones que hay en su vida? Suponga que tiene todo el dinero y todo el control que desea, y que no tiene que rendir cuentas, ni responder ante nadie. Y suponga que no tiene ningún problema de salud. ¿Seguiría usted dependiendo de Dios y caminando humildemente con Él? ¿Continuaría usted en la marcha, acudiendo fielmente a Dios? ¡No! ¡Probablemente ninguno de nosotros lo haría! ¿Qué fue lo que nos acercó a Dios en primer lugar? Por lo general fue un problema: la enfermedad, la soledad, el vacío, los problemas conyugales y un gran sentimiento de culpa. Sabiendo estas cosas, debemos encomendar nuestras vidas a las manos de un Dios fiel, y creer que Él nos liberará de todas nuestras dificultades en Su tiempo y a Su manera. Dios ha prometido echar fuera a todos nuestros enemigos “poco a poco” (Ex. 23:30). “Médicos nulos” 13:4 “Médicos nulos” decía Job. “Ustedes no tienen el remedio para mis males”. Ambas partes intercambian muchos calificativos. En el versículo 4 Job dice a sus amigos: “Vosotros sois fraguadores de mentira”. Seguidamente Job les dice que si se callaran por completo, obrarían con sabiduría (Job 13:5).

Convirtiendo la maldición en bendición

39

13:7 “¿Hablaréis iniquidad por Dios? ¿Hablaréis por Él engaño?” La mayor parte de las exhortaciones y consejos que los tres amigos le dieron a Job, no fueron motivados por el Espíritu del Señor y desagradaron a Dios. Dios no los había autorizado para hablar de este modo. Se expresaron con imprudencia en el nombre del Señor y lo representaron mal. Dios había decidido permanecer callado durante la prueba de Job, y cuando Dios calla, el hombre calla. Eliú los reprendió, y también lo hizo el Señor (ver Job 32:3; 42:7-8).

Es interesante notar que todos los pecados que se cometen en el libro de Job son pecados de la lengua. Los pecados de la lengua son tan serios como los que se cometen por acción u obra, pero las personas, en su mayoría, no están del todo convencidas de este hecho. El libro de Job es un texto que enfatiza la seriedad de lo que hablamos (Mt. 12:37; Pr. 18:21). Job se muestra desafiante 13:15 “He aquí, aunque Él me matare, en Él esperaré; no obstante, defenderé delante de Él mis caminos”. Job realmente estaba defendiéndose en la presencia de Dios. En efecto estaba diciendo: “¡Nada he hecho de malo! Dios no ha sido justo en Su forma de tratarme y voy a defender delante de Él mis caminos”. Aquí, en forma de cápsula, está el problema: Job, en su vida, no había cometido ningún mal que pudiera originar toda su desgracia, como lo insinuaban sus amigos. Sin embargo, en medio de la prueba, empezó a atacar la integridad del Señor. Al encontrar culpa en el Señor, no encontró ninguna culpa en sí mismo. Por consiguiente, ¡se consideró más justo que Dios y en esto estuvo su error! Todavía más acusaciones contra Dios 13:24-27 Estas quejas son acusaciones contra Dios. Eliú estuvo presente y las oyó. Más tarde, Eliú se refiere a estos amargos comentarios diciéndole a Job: “En esto no has hablado justamente” (Job 33:8-12). La gloria del hombre se marchita como una flor 14:2 Observando su deplorable condición, Job declara: “El hombre...sale como una flor y es cortado”. ¡Ésta ha sido verdaderamente su experiencia! (ref. Is. 40:6-8). Job había sido despojado de toda su gloria y reputación. Era como una flor marchita. Las pruebas severas tienen el propósito de dejar sobre nosotros una indeleble huella de humildad (Sal. 39:11). Ésta es la humildad que nos lleva a ser exaltados (1 P. 5:6). Esto nos da una razón para regocijarnos en los malos tiempos (Stg.1:2-4). EL SEGUNDO DISCURSO DE ELIFAZ Capítulo 15 15:5 “Has escogido el hablar de los astutos”. Aquí tenemos otro intercambio de acusaciones y calificativos. Elifaz se ha sentido insultado, por eso se desquita con Job. Su orgullo fue herido cuando Job rechazó su filosofía y su consejo. Ya los tres amigos se han olvidado del propósito original de la visita a Job: brindarle ayuda y consuelo. Ahora han formado bandos. De nuevo se presenta el orgullo herido: “Está limitada a ti la sabiduría? ¿Qué sabes tú que no sepamos?” (Job 15:8-9). No sólo estaba revuelto el orgullo espiritual de cada uno, sino que además sus temperamentos estaban al rojo vivo.

40

Convirtiendo la maldición en bendición

La soberbia: causante de alegato y de polémica El libro de Job trata sobre disputas y pecados que comete la lengua de los redimidos. La disputa tiene sus raíces en la soberbia. “Ciertamente la soberbia concebirá contienda” (Pr. 13:10). En Romanos 12:3 se nos exhorta a “no tener más alto concepto de nosotros que el que debemos tener”. He ahí la causa de todo alegato: personas con una opinión demasiado alta de sí mismas. Por lo tanto, cuando ofrecen consejo y éste no es recibido, se sienten insultadas y se desquitan. “¿Qué sabes tú que no sepamos? ¿Qué entiendes tú que no se halle en nosotros?” (15:9). Los tres amigos abundaban en orgullo intelectual y espiritual; de ahí que se hayan molestado cuando su consejo no fue recibido. La necesidad de una verdadera humildad es un antiguo problema del hombre. Las personas que poseen una genuina humildad de mente y de corazón, no se sienten ofendidas ni dolidas cuando su consejo no es apreciado o recibido. La vejez no siempre es señal de sabiduría 15:10 “Cabezas canas y hombres muy ancianos hay entre nosotros, mucho más avanzados en días que tu padre”. Estos hermanos eran mucho mayores que Job, aventajaban en años aun al padre de Job. Elifaz alega que ellos, por su edad y experiencia, tienen las respuestas, y que Job debería estar atento a sus consejos. Lamentablemente, la vejez no es garantía de sabiduría para nadie (32:5-9). Se da el caso de ancianos que nunca aprendieron las lecciones que la vida les daba. Sin embargo, Dios puede adiestrar a cualquier persona, sea cual sea su edad, y darle un verdadero ministerio. Luego Elifaz habla correctamente. Exhorta a Job a no dejar que el corazón se le subleve. Le advierte: “No vuelvas contra Dios tu espíritu, ni saques tales palabras de tu boca” (Job 15:12-13). Las pasiones de Job se habían agudizado y por la boca estaba soltando todo su sentir. Las pruebas difíciles hacen aflorar lo peor de nosotros, mas son necesarias porque sacan todo a la superficie, para que lo remediemos. Con todo, aunque Dios confronte con pruebas claras a las personas, ellas, por lo general, se niegan a aceptar los hechos. LA CUARTA RESPUESTA DE JOB Capítulos 16 y 17 El poder de la lengua 16:1-2 Job se burla: “Consoladores molestos sois todos vosotros”. Si yo estuviera en el lugar de ustedes y ustedes en el mío, “yo os alentaría con mis palabras” (Job 16:4-5). La boca puede edificar o derribar (Job 19:2; 4:4). Hay un enorme poder en la lengua. La lengua es por mucho, el miembro más poderoso de nuestro cuerpo porque de ella se desprenden fuerzas espirituales (ver Stg. 3:1-12). Job continúa pecando con los labios 16:9 “Su furor me despedazó, y me ha sido contrario; crujió sus dientes contra mí; contra mí aguzó sus ojos mi enemigo”. Ahora Job se está indignando en gran manera contra el Señor. Éste es el único defecto verdadero en la vida de Job. Está acusando a Dios de odiarlo y de ser su enemigo. Está acusando a Dios de tener odio en Su corazón y de ser duro y cruel. Debemos cuidar de no recurrir a esto cuando estemos bajo presión, porque en ocasiones seremos tentados a expresar neciamente todo nuestro sentir. Recordemos esto: Dios está padeciendo juntamente con nosotros. Al principio de esta prueba, Job no pecó con sus labios ni acusó neciamente a Dios. Ahora sí está pecando con los labios.

Convirtiendo la maldición en bendición

41

Job no estaba descarriado El testimonio de Job se ha deteriorado en cierta medida al irse extendiendo la prueba a largos meses. Al principio Job no pecó con sus labios ni acusó neciamente a Dios (Job 1:22; 2:10), pero ahora sí está pecando con sus labios y está acusando neciamente a Dios. Con todo, no está blasfemando contra Dios ni renunciando a su fe como lo vaticinó Satanás. Job está deprimido. Aunque algunas de sus palabras no son espirituales, no son blasfemias. No catalogue a Job como descarriado. Hoy en día, otros que han tenido que sufrir en el crisol, han recibido la etiqueta de “descarriados” por parte de algunas personas, pero esto refleja frivolidad de espíritu. Cierto pastor enseñaba que si alguien se enferma, es porque le falta espiritualidad y fe... hasta que él mismo se enfermó y tuvo que consultar a un médico. 17:6 Job siente que Dios lo ha convertido en un refrán. Yo creo firmemente que el Señor está dispuesto a sacrificar nuestra reputación y todo el resto de nuestras posesiones, con tal de realizar una eterna obra de redención en nuestros corazones. Entonces, acaba recompensándonos espléndidamente mientras nos dice por medio del profeta Joel: “Os restituiré los años” que los devoradores han devorado (Jl. 2:25). 17:11 “Pasaron mis días, fueron arrancados mis pensamientos”. Job no tenía esperanza alguna de ver el bien otra vez. Creía que iba prematuramente a la tumba, (ver Job 17:11-16). ¡Así son las densas nubes de la depresión! Todo parece inútil. Pero cuando Dios resplandece por entre las densas nubes con los rayos de su gloria, ¡oh cuánto puede cambiar nuestro panorama! Cuando Dios le dio un giro al cautiverio de Job, fue como si una pesadilla se hubiera desvanecido. Después de esto, Job vivió 140 años más, en paz, prosperidad y honra. EL SEGUNDO DISCURSO DE BILDAD Capítulo 18 18:3 Bildad era vengativo. Fue insultado y ofendido y así lo hace saber: “¿Por qué somos tenidos por bestias, y a vuestros ojos somos viles?” Luego, en lo que sigue del discurso, habla sobre los juicios que caen sobre los perversos, y por supuesto, se los aplica a Job. 18:4 “Te despedazas en tu furor”. Abatido y desanimado por las circunstancias y por la insensibilidad de sus hermanos, Job da la impresión de violentarse y proferir desvaríos en un intento de declarar su caso. Acuérdese de Job 6:26. Trate de ser una persona que sabe escuchar. Ayude al afligido a tener calma. Para que una persona pueda tener fe, la histeria debe ser conquistada. Todos debemos aprender a gobernar nuestro espíritu (Pr.16:32). LA QUINTA RESPUESTA DE JOB Capítulo 19 19:1-2 ¿Hasta cuándo angustiaréis mi alma, y me moleréis con palabras? ¡Las palabras tienen poder! Las palabras son espíritu (no son solamente sonidos verbalizados); ellas influyen sobre nuestros espíritus. Gran parte de los problemas y complejos que enfrentamos se remontan a palabras equivocadas sembradas en nuestra mente desde hace muchos años. 19:3 “Ya me habéis vituperado diez veces”. Los amigos de Job lo habían juzgado y acusado mal en diez distintas ocasiones. Diez es el número de prueba. Dios estaba usando las fallas y la incompetencia de estos hermanos para realizar una obra en Job. Dios todavía prefería quedarse callado, lo cual es el aspecto más doloroso de cualquier prueba (Job 19:7).

42

Convirtiendo la maldición en bendición

Aunque callado, Dios está presente 19:23-24 ¡Job deseaba que sus palabras se recopilaran e imprimieran en un libro! (Dios le concedió su petición; nosotros tenemos el libro de Job). Aunque Dios guardaba silencio, siempre estaba presente acompañando a Job en el horno de aflicción, y escuchaba con cuidado cada palabra. Más tarde, Dios reprendió tanto a Job como a los tres amigos por sus palabras malvadas. Es un alivio saber que el Señor está con nosotros durante nuestras pruebas, aun cuando decide permanecer callado. La visión que tuvo Job de la Segunda Venida, la resurrección, y el Milenio 19:25-27 “Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo; y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios; al cual veré por mí mismo, y mis ojos lo verán, y no otro, aunque mi corazón desfallece dentro de mí”. Después de todo el padecimiento de Job, la llama de la fe aún ardía vivamente en su corazón. Antes de comenzar su prueba, Job había recibido promesas personales de parte de Dios, las cuales lo motivaban a llevar una vida discreta. A Job se le había dado un vislumbre de la eternidad. Se vio a sí mismo en la Era del Milenio, vestido de un glorioso cuerpo resucitado, y vio a su Redentor, al Señor Jesucristo, de pie sobre la tierra. Por las promesas que había recibido de parte de Dios y por haber visto la eternidad, Job tenía sentido del destino. Por medio de revelación, Job comprendía que iba a resucitar para reinar con Cristo en el Milenio. ¿Cuál era el propósito de su prueba? Job estaba atravesando su propia “gran tribulación” para ser purificado y preparado para gobernar y reinar con Cristo en el Milenio. Por lo tanto, Job a veces es llamado el santo del Milenio. Job, un tipo de la Iglesia en medio de la tribulación Job es tipo de la Iglesia de los últimos días. La Iglesia del tiempo del fin debe pasar por la gran tribulación para lavar sus ropas y emblanquecerlas en la sangre del Cordero (ref. Ap. 7:14). Es en medio de la tribulación que se perfecciona la paciencia (Ap. 13:10; 14:12; Stg. 1:2-4; 5:11; Ro. 5:3). La Iglesia que “se ha preparado” y que se ha “vestido de lino fino” es la Iglesia que acaba de salir de la gran tribulación (Ap. 19:7-8). No todos los cristianos van a tener parte en la Primera Resurrección. No todos los creyentes van a gobernar y a reinar con Cristo en el Milenio. Dios no dará el trono de mando a niños espirituales o a personas que no se han sometido a Sus fuegos purificadores (He. 12:5-8). El trono es sólo para hombres y mujeres que han vencido. “Si sufrimos, también reinaremos con Él” (2 Ti. 2:12). Todas las promesas de Dios tienen condiciones (He.10:36; Ap. 21:7), y a menudo la gente no entiende eso. La importancia de la visión Es sumamente importante entender hacia dónde nos dirigimos, y fijar los ojos en ese blanco. ¿Cuál es la meta y premio del supremo llamamiento de Dios? Es tener una mejor resurrección y lograr estar en el Milenio (Fil. 3:10-14; Ap. 20:6; He. 11:35). Las personas que carecen de una verdadera visión no tienen sentido del destino y viven desenfrenadamente (Pr. 29:18). Debemos pedirle a Dios una visión del premio que está delante de nosotros. Cuando veamos el premio, ¡el precio nos parecerá muy pequeño!

Convirtiendo la maldición en bendición

43

EL SEGUNDO DISCURSO DE ZOFAR Capítulo 20 20:3 Zofar es muy vengativo también. También él se ha sentido insultado. “La reprensión de mi censura he oído”. “Me hace responder el espíritu de mi inteligencia”. De esa manera exactamente hablaron ellos, con el espíritu de su propio entendimiento. Él acusa a Job de impío: “La alegría de los malos es breve, y el gozo del impío por un momento” (Job 20:5). Ante todo, él afirma que la calamidad de Job “es la porción que Dios prepara al hombre impío, y la heredad que Dios le señala por su palabra” (Job 20:27-29). LA SEXTA RESPUESTA DE JOB Capítulo 21 Job alega que a veces los impíos prosperan en esta corta vida en la tierra, y su apreciación es correcta. Muchos de los versículos desde el 21:7 al 25 contradicen la teología actual. Hay ocasiones en que los justos sufren intensamente, y ocasiones en que los malos prosperan en esta vida. Acordémonos de las penalidades que sufren los cristianos devotos en Siberia y en China. Reflexione sobre otros creyentes que han estado en campos de concentración, y en prisiones de otras naciones del mundo en donde el cristianismo es aborrecido. Si nuestra teología es verdadera, funcionará en toda la extensión del orbe. Parte del “oro” más fino de la tierra, proviene de lugares de persecución y problemas (v.g. : Corrie Ten Boom, Watchman Nee). La prosperidad puede ser una maldición Hay ocasiones en que la prosperidad puede realmente ser una maldición. La prosperidad puede hacer que la gente se olvide de Dios (Dt. 6:10-12; 8:7-14). “Dicen, a Dios: Apártate de nosotros, porque no queremos el conocimiento de tus caminos. ¿Quién es el Todopoderoso, para que le sirvamos? ¿Y de qué nos aprovechará que oremos a Él?” (Job 21:14-15). Job lo resume bien en 21:23-25 diciendo: “Este morirá en el vigor de su hermosura, todo quieto y pacífico...y este otro morirá en amargura de ánimo, y sin haber comido jamás con gusto”. Una mala persona tiene gran prosperidad. Otra mala persona tiene una congoja tras otra. Algunos malos son inmensamente felices y parece que no reciben castigo por sus homicidios. La espiritualidad de un hombre no se puede medir por su prosperidad material. Acuérdese del relato acerca del rico y Lázaro (Lc.16:19-31). Lázaro tuvo una vida de miseria en la tierra. Fue pobre, enfermo, desnutrido y marginado por la sociedad. Sin embargo, había hecho del Señor su refugio, y ahora disfrutaba de vida eterna. El rico tenía todo lo que un ser mortal puede desear en la vida, pero no sentía la necesidad de Dios. Murió en sus pecados y ahora sufría la venganza del fuego eterno. Cuando Dios ha “desistido” de tratar con una persona, deja de corregirla El que siempre nos vaya bien en todo, no es una bendición. ¡Debemos dar gracias a Dios cuando Él cierra una puerta y trastorna nuestros planes! Cierto hombre dijo: “De todos modos, todas las puertas que Dios me ha cerrado han sido puertas de prisión”. En otras palabras, de haber tenido éxito sus planes, estaría lamentando ser prisionero de ellos y con deseos de escapar. Sólo Dios sabe qué cosas nos pueden hacer felices, ¡nosotros no lo sabemos! ¡No esté resentido con Dios si Él no le permite andar por una ruta determinada! Dios corrige, castiga y disciplina a los que ama (ver Job 5:17; Pr. 3:1112; He. 12:5-7; Ap. 3:19). Cuando Dios deja de corregir a una persona, significa que ha desistido de tratar con ella. Cuando su redargüir continúa, es señal de que todavía está interesado. La vara de Dios no toca a los que Él no ama (Job 21:9). El Señor permite a ciertas personas tomar su propio camino y no las corrige.

44

Convirtiendo la maldición en bendición

Para dejar de ser como somos, y ser transformados en personas diferentes, tenemos que enfrentar circunstancias nuevas y desconocidas. Ésa es la razón de que las personas se resistan al cambio y prefieran permanecer cómodas y seguras. En nuestro propio yo, no nos gusta vivir por fe. Nos gusta saber de antemano el resultado de todas las cosas. Nos gusta que nos expliquen todo por anticipado. Preferimos algo que es visible y palpable. Pero la fe requiere dar un paso hacia lo desconocido. En realidad, la vida de fe es el estilo de vida más seguro que hay, porque cuando obedecemos al Señor ¡Él nos cuida! EL TERCER DISCURSO DE ELIFAZ Capítulo 22 22:3 Elifaz se equivoca al hablar de Dios: “¿Tiene contentamiento el Omnipotente en que tú seas justificado, o provecho de que tú hagas perfectos tus caminos?” Es evidente que Dios se complace en los rectos (Sal. 11:7). Luego va demasiado lejos en Job 22:5-10 denigrando a Job por su carácter. 22:5 “Tus maldades no tienen fin” [Job, tus pecados son tantos que ya no se pueden contar]. Una vez más, Elifaz está vituperando a Job en vez de reprenderlo. Dios ya había dicho que no había nadie en la tierra que fuera más recto que Job. La sesión de consejería se ha convertido en un campo de batalla y cada uno está apaleando al otro. 22:22-30 Nuevamente exhortan a Job para que se arrepienta, y si lo hace, Dios le restaurará la misericordia y la bendición, (ellos se lo aseguran). Sin embargo, no tocan el meollo del asunto. LA SÉPTIMA RESPUESTA DE JOB Capítulo 23 y 24 Job dice: “Dios estaría de mi parte” 23:3-7 “¡Quién me diera el saber dónde hallar a Dios! Yo iría hasta su silla. Expondría mi causa delante de Él, y llenaría mi boca de argumentos. Yo sabría lo que Él me respondiese, y entendería lo que me dijera. ¿Contendería conmigo con grandeza de fuerza? No; antes Él me atendería. Allí el justo razonaría con Él; y yo escaparía para siempre de mi juez”. Job ansiaba una audiencia justa delante de Dios. Quería presentarle a Dios su caso, y creía que Él dictaminaría a su favor. Job confiaba en que conocía la reacción de Dios, pero le esperaba el impacto de su vida. Cuando por fin Dios entró en escena en los capítulos 38 a 42, esto no ocurrió en absoluto de la manera que Job imaginaba. Dios entró con una seria reprensión. He aquí todo el problema de la humanidad: el hombre cree que sabe lo que necesita, pero, por lo general, está muy equivocado. Nosotros no sabemos en qué estamos deficientes Las palabras que necesitamos escuchar, y las palabras que a nosotros nos parece que necesitamos escuchar, son muy diferentes. Job sabía que no había cometido ningún pecado que justificara su calamidad. Sabía que sus amigos lo habían juzgado mal, y anhelaba que Dios lo reivindicara. Sin embargo, todavía no acertaba. ¡Job había estado criticando al Altísimo! Había acusado a Dios diciendo que Él había pervertido la justicia. Sin embargo, Job no encontraba falta en sí mismo. Éste era un error. Job estaba ciego a su propio problema. Por lo tanto, Dios estaba prolongando su prueba con el fin de que el problema siguiera saliendo por la boca de Job, hasta que él mismo lo reconociera.

Convirtiendo la maldición en bendición

45

En mi adolescencia, tuve una hernia discal en la parte inferior de la columna vertebral. Esto provocaba un dolor insoportable que me recorría la pierna derecha, pues el protuberante disco oprimía raíces nerviosas que descendían a las piernas. Al principio yo no sabía cuál era el mal. El dolor llegaba hasta los dedos de los pies. Yo pensaba que tenía un problema en la pierna, pero el origen estaba en la parte inferior de la columna. Para sorpresa mía, el dolor que sentía en la columna era mínimo. ¿Puede usted imaginar mi asombro al oir que el dolor del pie venía de la parte inferior de la columna? La lección que aprendí a mis diecisiete años, me acompaña hasta el día de hoy. Es una enseñanza que lleva consigo un profundo mensaje. Sabemos dónde nos duele, pero a menudo desconocemos la fuente del mal. Es difícil diagnosticar. Cuando me dijeron que mi problema tenía otro origen, me sorprendí mucho. Job esperaba que Dios dijera una cosa, pero el Señor, por el contrario, llegó de una dirección completamente distinta, dejando perplejo a Job. Uno cree que sabe lo que necesita, y cree saber lo que Dios dirá, pero Él ve nuestra situación en forma muy diferente (Is. 55:8-9). Otra declaración de fe: “saldré como oro” Job 23:10 es un versículo clásico: “Él conoce mi camino; me probará, y saldré como oro”. La fe ardía en el corazón de Job. Estaba hecho una masa de llagas, los jóvenes le daban puntapiés, otros se reían de él, mofándose. Job era un despojo humano, imposibilitado, despreciado por todos. Sin embargo, en medio de todo, él hizo esta declaración de fe: “Dios me sacará como oro puro”. Él entendía que durante esta prueba de fuego, estaba siendo refinado como oro para quedar limpio de toda mezcla. Dios estaba preparando a Job para que reinara para siempre con Él (Job 19:25-27). 23:12 “Guardé las palabras de su boca más que mi comida”. Job amaba la Palabra y la voz de Dios (ref. Jer. 15:16). Éstas eran para él aún más importantes que la comida natural. Tenía más hambre y sed de justicia que de alimento (Mt. 5:6). Se había abstenido de los apetitos mundanos y de los deseos de la carne, con el fin de que su avidez espiritual por la Palabra de Dios fuera intensa. Job era un hombre de oración y ayuno. Pasaba gran parte de su tiempo y de su vida acudiendo a Dios. 23:13-14, ver 3:25 “Él, pues, acabará lo que ha determinado de mí”. Ésta es una evidencia de que antes de su tribulación, Job sabía que se le avecinaba una prueba. Job entendía que el Señor había ordenado su aflicción y que ésta era una senda que debía recorrer. Por consiguiente, es Dios quien ordena por anticipado cada una de nuestras pruebas y bendiciones. 23:16 “Dios ha enervado mi corazón”. Las pruebas tienen como propósito ablandar a las personas. ¡El sufrimiento elimina la dureza! Cuando no hemos sufrido lo suficiente, tenemos poca capacidad para comprender a los demás, y somos insensibles a sus congojas. En el capítulo 24, Job habla de los caminos de los malvados. Dice que los malos parecen salirse con la suya en todo, pero al final serán abatidos y juzgados (Job 24:23-24). ¡Su apreciación es correcta! LA TERCERA RESPUESTA DE BILDAD Capítulo 25 Bildad habla generalizando. Sus comentarios son solamente unos cuantos dichos sentenciosos. Son ciertos, pero no corresponden a la necesidad de Job. Él hace hincapié en la santidad de Dios y en la condición inmunda del hombre, pero sin señalar todavía del problema de Job.

46

Convirtiendo la maldición en bendición

LA OCTAVA RESPUESTA DE JOB Capítulos 26 al 31 26:1-4 En estos versículos, Job le dice a Bildad que su consejo no ha logrado nada. Los versículos 5 al 14 demuestran el conocimiento y entendimiento que tienen acerca de la creación. ¡Su conocimiento era extraordinario! 26:14 “Estas cosas son sólo los bordes de sus caminos; ¡y cuán leve es el susurro que hemos oído de Él!” Job dice que tenemos un entendimiento limitado acerca de los caminos de Dios. Al mismo tiempo, critica la sabiduría de Dios. Al hacerlo, se hace a sí mismo más sabio que Dios. Encontrarle defecto a Dios es decir que sabemos más que Él y que podemos manejar mejor las cosas. Es asombroso que una persona pueda citar porciones bíblicas y, aun así, desconozca que esos mismos versículos se aplican a sus propias necesidades más que a las de cualquier otro ser. La respuesta de Job estaba en sus propios labios; sin embargo, él no se daba cuenta. En torno al problema de Job 27:1-4 “Vive Dios que ha quitado mi derecho, y el Omnipotente, que amargó el alma mía, que todo el tiempo que mi alma esté en mí, y haya hálito de Dios en mis narices, mis labios no hablarán iniquidad, ni mi lengua pronunciará engaño”. Ahora estamos rodeando la raíz del problema de Job. Él encuentra defecto en Dios pero no en sí mismo. Él acusa a Dios, pero se justifica a sí mismo, haciéndose más justo y sabio que Dios. Job acaba de contradecirse. En un respiro acusó al Señor, y en el siguiente dijo que jamás pecaría con sus labios. • • Disminuyendo a Dios: “Vive Dios que ha quitado mi derecho, y el Omnipotente que amargó el alma mía” (Job 27:2). Enalteciéndose él: “Mis labios no hablarán iniquidad, ni mi lengua pronunciará engaño” (Job 27:3-4).

27:5-6 “Hasta que muera, no quitaré de mí mi integridad. Mi justicia tengo asida, y no la cederé; no me reprochará mi corazón en todos mis días”. Job no encontraba falta en sí mismo, pero la encontraba en Dios. Estaba preparado para defender su postura, aun hasta la muerte. Job estaba muy empecinado. En los años que llevo tratando con personas, me he maravillado al ver hombres con la salud quebrantada, con el bolsillo quebrantado, con el matrimonio quebrantado y la reputación quebrantada, pero no con el espíritu quebrantado. Eliú, el oyente silencioso y observador, fue testigo presencial de la discusión entre Job y los tres amigos, en la que cada uno explicaba los caminos de Dios desde una “revelación superior”. Dios estaba preparando a Eliú para hablar. En el resto del capítulo 27, Job continúa defendiéndose. La auto justicia: un ídolo Job había hecho un ídolo de su justicia. ¿Era él un hombre justo? ¡Si! Hasta Dios lo dijo. Pero cuando Job encontró una falta en Dios y ninguna en sí mismo, se auto justificó. La justicia propia es injusticia. Observe la cantidad de veces que Job dice “mi justicia”, ¡y no la de Dios! Recuerde, si el hombre posee algo de bueno, es porque Dios se lo ha dado. La justicia no se origina en el hombre. Solamente Dios rompió las ataduras de nuestros pecados. La actitud de Job debía ser ésta: “¡Señor, cualquier justicia que yo posea viene de Ti! He tratado de ser recto y santo (por medio de Tu gracia), pero muéstrame por favor en qué área estoy ciego todavía y en qué estoy deficiente”. Conviene memorizar las siguientes Escrituras: Isaías 54:17; 64:6; Apocalipsis 15:4; Daniel 9:7 y Filipenses 3:9. “Señor, la justicia te pertenece a Ti”.

Convirtiendo la maldición en bendición

47

El discurso de Job sobre la sabiduría Capítulo 28 Este capítulo registra el gran discurso de Job sobre la sabiduría. Job había recibido una impartición de sabiduría al vivir en la presencia de Dios. El hombre no puede hallar la verdadera sabiduría porque está escondida (1 Co. 2:7-8). Todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento están escondidos en Cristo. El hombre busca en todas partes la sabiduría y el verdadero significado de la vida, pero no puede encontrarla si antes no ha honrado a Aquel de quien proviene toda la sabiduría. Cristo mismo es la sabiduría (1 Co. 1:30; Col. 2:3). Si conocemos íntimamente a Cristo, entenderemos la vida, porque Él creó la vida, (los versículos 12, 20, y 28 son claves en este capítulo). 28:12 “Mas ¿dónde se hallará la sabiduría? El versículo 28 nos da la respuesta: “He aquí que el temor del Señor es la sabiduría, y el apartarse del mal, la inteligencia”. La reverencia a Dios y la obediencia a Su Ley es clave para tener sabiduría. La desobediencia y el rechazo a la verdad apagan la luz en el hombre. Pablo dice “su necio corazón fue entenebrecido” (Ro.1:21-22; Mt. 6:23). La sabiduría y el entendimiento son dones de Dios para los rectos, pero Dios priva a los malos de entendimiento (ver Dt. 4:1-6; Dn.12:10). ¡La verdadera sabiduría resuelve todos los dilemas del corazón! La vista del buitre es muy aguda pero no puede ver la senda de la sabiduría (Job 28:7). La sabiduría está oculta de todas las criaturas vivientes (Job 28:13-14). La destrucción y la muerte son malos espíritus que conocen la fama que tiene la sabiduría, y le temen (Job 28:22). La sabiduría libra a los hombres de la muerte y de la destrucción. Job, con toda su revelación de la sabiduría, aún tenía puntos oscuros. Todavía tenía áreas en su vida en donde no reinaba la sabiduría. Job trae a memoria su gloria pasada Capítulo 29 29:2 “¡Quién me volviese como en los meses pasados, como en los días en que Dios me guardaba!” Job cuenta sus recuerdos de la vida pasada, sus acciones justas y la honra que recibía antes de la prueba. Deseaba poder retroceder el tiempo y permanecer allá. Job está diciendo: “Vean el lugar en que estaba, y ahora vean en dónde he venido a caer”. Cuando estamos en una prueba tenebrosa por lo general la mente nos regresa a tiempos mejores. 29:3 “Cuando hacía resplandecer sobre mi cabeza su lámpara, a cuya luz yo caminaba en la oscuridad”. Entonces estaba conmigo Dios, Su gloria estaba sobre mí. Yo sabía sus secretos (Job 29:4). Mis hijos estaban alrededor de mí y éramos tan felices (v. 5). Los principales me respetaban (Job 29:6-11). Yo era generoso con el pobre; yo defendía al desvalido (Job 29:12-17). Mi presencia era reverenciada por todos. Mis opiniones y mi consejo eran muy buscados (Job 29:18-25). Job había sido un hombre muy poderoso. Job compara su gloria pasada con su presente condición Capítulo 30 30:1 “Pero ahora se ríen de mí los más jóvenes que yo”. Job compara su lamentable estado presente con su gloria pasada. “Me abominan, se alejan de mí, y aun de mi rostro no detuvieron su saliva” (Job 30:10). ¡Job no era el único que estaba a prueba, todos estaban a prueba! La gente de la ciudad lo aborrecía y difamaba. Le dolían los huesos y no podía dormir (Job 30:17). Su sarna supuraba pus, de modo que la ropa se le pegaba a la piel (Job 30:18). Job exclamó: “Dios ni me oye ni me considera. Se ha vuelto cruel para conmigo” (Job 30:20-21). Job había llorado por otros cuando ellos estuvieron en problemas, y se había mostrado piadoso con los pobres. Pero pensaba: “¿De qué me sirvió? ¡Vean mi recompensa!” “Cuando esperaba yo el bien, vino el mal” (Job 30:25-26). Él estaba tan solo: “Soy hermano de chacales, y compañero de avestruces” (Job 30:28-29).

48

Convirtiendo la maldición en bendición

En nuestras vidas hay temporadas señaladas Lea Eclesiastés 3:1-8. Dios ha señalado épocas especiales de bendición en nuestras vidas (elevadas experiencias en el espíritu, como en la cima del monte). Dios también ha predeterminado épocas especiales de adversidad para forjar algo en nuestros corazones. Hay “tiempo de derribar y tiempo de edificar”(Ec. 3:3). Dios estaba derribando a Job y lo edificaría como un hombre mejor. Durante las pruebas, Dios cambia y reestructura nuestra alma y nuestra forma de pensar. Ésta es una obra de Dios muy dolorosa, pero necesaria. Todo parece andar mal durante este tiempo. Además, la prueba dura más de lo que nos imaginábamos. EL PRINCIPIO DE AMARGO Y DULCE Hay un principio tomado de Ester 2:12 que debemos recordar. Ester pasó por ciertos procesos de purificación antes de presentarse delante del rey. Estos procesos de purificación (supuestamente de la piel), comprendían un tratamiento de seis meses con aceite de mirra, y otros seis meses de especias aromáticas y perfumes. En esto hay una verdad espiritual que debemos observar. La mirra simboliza experiencias amargas, y las especias aromáticas simbolizan experiencias agradables. Ambas son necesarias para la purificación. Los tiempos buenos son tan esenciales para nuestra purificación, como los difíciles. Las temporadas de bendición y de gozo nos limpian el corazón de heridas y de insensibilidad. No espere que su vida cristiana sea un camino de desgracia y prueba. Habrán muchas bendiciones también. De hecho, los buenos tiempos aventajarán por mucho a los tiempos malos. Job enumera sus actos y obras de justicia Capítulo 31 Job era un hombre recto y misericordioso. ¡Hasta Dios dio testimonio de esto! Pero estando en el fuego, una serpiente asomó su fea cabeza (ref. Hch. 28:3). Algo se manifestó en él que desagradó mucho al Señor. Job había señalado a Dios, acusándolo de irresponsable; sin embargo, no había hallado falta en sí mismo. Fue en esto que rebasó los límites. La pureza moral 31:1-12 Job era moralmente puro. Tenía profundas convicciones acerca de la pureza sexual. “Hice pacto con mi ojos; ¿Cómo, pues, había yo de mirar a una virgen?” Job había llegado a un acuerdo consigo mismo. Entrenó sus ojos a centrarse solamente en lo que les incumbía. Muchos pecados empiezan por los ojos. El pecado entra en el corazón cuando, aparte de nuestro cónyuge, contemplamos a otra persona. Lo que contemplamos se convierte en nuestra meditación constante. Job no pasaba siempre con la mirada puesta en otras mujeres. Tanto sus ojos, como sus emociones, estaban consagrados a Dios. Él era guiado por el Espíritu; no por la vista de sus ojos, y no satisfacía los deseos de la carne. Se dice que la pornografía causa tanta adicción como la heroína. Si usted no aparta ahora mismo de la pornografía en Internet, ella destruirá su matrimonio, su carrera y su alma.
• • • • • • Manténgase alejado de situaciones que lo hagan vulnerable y apague el Internet AHORA. No juegue con sus emociones, ni con las de otro. Es malo confundir las emociones de otro para no satisfacerlas lícitamente. Evite decir palabras lisonjeras. Las lisonjas siempre esperan algo a cambio. Guarde su corazón (Pr. 4:23) y entrene sus ojos para ver solamente lo que les corresponde. Permita que Dios limpie su corazón de malos deseos. El poder de un hábito está en amarlo. Camine por la senda de la sabiduría. La sabiduría lo guardará. Huya de la tentación como José (Gn. 39:10-12). No conserve una vida “privada”. Viva en la luz y rinda cuentas a otros acerca de sus debilidades.

Convirtiendo la maldición en bendición

49

El adulterio es debido al engaño 31:9 “Si fue mi corazón engañado acerca de mujer, y si estuve acechando a la puerta de mi prójimo”. El adulterio tiene sus raíces en el engaño y está asociado con las tinieblas (ref. Job 24:15-17; Pr. 7:9-10; 5:3). El adulterio resulta del apasionamiento; al individuo lo sobrecoge un estupor. Cuando las personas caen en adulterio es porque han sido poseídas de un mal espíritu, y entre más practican este pecado, más se atrincheran en el engaño. Si Dios no expone este pecado inmediatamente la gente cree que Dios lo está pasando por alto. Creen que Dios está haciendo excepciones especiales a su situación pero, lamentablemente, están equivocados. El adulterio ocasiona otros numerosos males al corazón: traición, mentira, engaño, hipocresía, un continuo disimulo y una conciencia insensible (Pr. 30:20). Un ministro de una gran iglesia tenía relaciones con seis mujeres de su congregación. Cuando fue afrontado acerca del asunto, se mostró completamente hastiado de la situación. El adulterio es un camino traicionero de las tinieblas. Con el tiempo llevará a la persona al infierno, si ésta no se arrepiente (Pr. 6:26-27). 31:9-11 Estos pasajes muestran el juicio que le sobreviene al adúltero. Cuando un hombre comete adulterio, pone a su hogar bajo ataque espiritual y su esposa queda desprotegida. Muchas veces la mujer cae en el mismo pecado y otros la toman a ella. El adulterio era considerado un horrendo crimen aun antes de la Era de la Ley (v. 11). El adulterio puede consumir todo lo que el hombre tiene. Puede llegar a perderlo todo (Job 31:12). Job continúa defendiéndose Aparte de ser moralmente puro, Job era bondadoso con sus siervos (Job 31:13-15). Era misericordioso con el pobre y con la viuda (Job 31:16-22). Job nunca se alegraba por el quebranto de sus enemigos (Job 31:29-30). Era hospitalario (31:32). Verdaderamente Job era un hombre extraordinario. Sin embargo, Dios estaba tratando de eliminar de su vida algo que no era recto. Dios estaba realizando en él una obra de redención todavía mayor, ¡para poder bendecirlo aún más! Job estaba violando el versículo tema de Job 4:17: “¿Será el hombre más justo que Dios? ¿Será el varón más limpio que el que lo hizo?” En medio de la prueba, Job se había considerado más recto que Dios. 31:33 “Si encubrí como hombre mis transgresiones, escondiendo en mi seno mi iniquidad”. He aquí una revelación notable del incidente del huerto del Edén. Adán se tardó mucho en darse cuenta de su desobediencia. Trató de ocultar la culpa de su corazón. Éste es un rasgo que sobresale en todos sus descendientes. El hombre, por lo general, es lento para confesar sus faltas o admitir cualquier flaqueza. Aún al propio Job le estaba costando ver y reconocer su problema. Recuerde, no somos libres de nuestras ataduras hasta que claramente reconocemos que las hay. Mientras nos mantengamos negándolas, no seremos librados nunca. Fin de la sección 31:40 Las palabras de Job terminan. Esto concluye la Parte 2. La Parte 3 comienza ahora, cuando el cuarto hombre, Eliú, habla en nombre de Dios.

* * * * * * *

50

Convirtiendo la maldición en bendición

Convirtiendo la maldición en bendición

51

EL CONSEJO DE ELIÚ PARA JOB
Parte tres: capítulos 32 al 37
32:1 “Cesaron estos tres varones de responder a Job, por cuanto él era justo a sus propios ojos”. De esto se trata el problema de Job. Vea Proverbios 16:2; 21:2. “Todos los caminos del hombre son limpios en su propia opinión; pero Jehová [pesa] los espíritus”. Cuando los tres amigos vieron que Job había resuelto defenderse hasta la muerte, dejaron de hablar. Como una gentileza para con los hermanos mayores, Eliú esperó a que estos tres amigos dejaran de hablar. Eliú también había esperado por algo más: el tiempo de Dios. Ahora estaba preparado para “explotar”, tras haber estado reteniendo la Palabra del Señor (Job 32:18-20). Antes de entrar en escena, Dios tuvo que preparar a Job hablándole primero a través de Eliú. Cuántas veces el Señor nos habla por medio de hombres antes de hacernos una visita personal. Job necesitaba estar en condiciones para cuando Dios hiciera Su aparición. Ahora Eliú preparará el camino. EL CUARTO HOMBRE Eliú es el silencioso cuarto hombre. Aunque mucho menor que los demás, es más profundo que ellos en lo que se refiere a asuntos espirituales. Ahora el Espíritu del Señor viene sobre él y empieza a hablar de parte de Dios. Es un profeta y también una importante figura de Cristo. Dentro de las páginas del libro de Job, hay evidencia de que Eliú es su autor. 32:2 La ira de Eliú se encendió contra Job “por cuanto se justificaba a sí mismo más que a Dios”. ¡Ésta era una ira divina! El Espíritu del Señor controlaba a Eliú, y el Espíritu de Dios estaba enojado. Cuando Dios está ofendido, la ira es santa. Cuando nosotros estamos ofendidos, la ira es carnal (Stg.1:19-20). La ira de Dios también se encendió contra los tres amigos que habían condenado a Job sin decirle en qué se fundamentaba su calamidad. 32:3 “Asimismo se encendió en ira contra sus tres amigos, porque no hallaban qué responder, aunque habían condenado a Job”. Nosotros no podemos condenar a un hombre sin mostrarle la salida. Eliú le dijo a los tres: “No hay de vosotros quien redarguya a Job, y responda a sus razones” (Job 32:12). La mayor parte del capítulo 32 contiene las palabras de Eliú a los tres amigos. En los versículos 4 al 10, el tema de la edad sale a luz. Los tres amigos eran “muy ancianos” pero Eliú era joven (v. 6). La vejez en sí no califica a nadie para aconsejar a los demás. La abundancia de años no garantiza que una persona tenga las soluciones para una situación. “Espíritu hay en el hombre, y el soplo del Omnipotente le hace que entienda” (v. 8). El Espíritu de Dios puede darle la respuesta a un hombre de veinte años, si así lo decide. 32:14 “Ni yo le responderé con vuestras razones”. Eliú tenía una percepción espiritual superior, y no usaría la lógica de los tres hombres. Según la teología de ellos, Job debió haber pecado, dada la tragedia que le había sobrevenido. El criterio que tenían era: “¡A un hombre recto no le sucede una cosa así!” Pero estaban equivocados. 32:15-17 Eliú aparece como el que relata la historia. “Se espantaron, no respondieron más; se les fueron los razonamientos. Yo, pues, he esperado, (pero no hablaban; mas bien callaron y no respondieron más). Por eso yo también responderé mi parte; también yo declararé mi juicio”. Eliú probablemente es el autor del libro de Job. En Job 32:21-22 alega imparcialidad.

52

Convirtiendo la maldición en bendición

33:1-5 Alejándose de los tres hombres, Eliú ahora se enfrenta a Job. En el versículo 6 dice: “Heme aquí a mí en lugar de Dios, conforme a tu dicho; de barro fui yo también formado”. Ésta era una respuesta a la queja de Job en 9:32-33 acerca de que Dios no era hombre, y por ende, no podía comprenderlo. En aquel momento, Job solicitó un “árbitro” (un mediador) que actuara como intermediario de Dios y suyo. Eliú está diciendo: Yo soy la respuesta a tu petición; hecho además, del mismo barro que tú. Eliú le señala a Job su falta 33:7-13 En el versículo 7 Eliú le promete a Job no ser áspero con él: “He aquí, mi terror no te espantará, ni mi mano se agravará sobre ti”. Ahora, en los versículos 8 al 13, ahondará en el problema de Job. “De cierto tú dijiste a oídos míos, y yo oí la voz de tus palabras que decían: Yo soy limpio y sin defecto; soy inocente y no hay maldad en mí [v.g. no hay falta en mí, pero sí la hay en Dios]. He aquí que él buscó reproches contra mí, y me tiene por su enemigo; puso mis pies en el cepo, y vigiló todas mis sendas: He aquí, en esto no has hablado justamente; yo te responderé que mayor es Dios que el hombre. ¿Por qué contiendes contra él? porque él no da cuenta de ninguna de sus razones”. Eliú le indica a Job el problema... “He aquí, en esto no has hablado justamente”. Job ha estado acusando a Dios de “buscarle culpas y de contarlo por enemigo”. El versículo 12 es el tema del mensaje de Eliú: “mayor es Dios que el hombre”. Con ello está diciendo: “Nadie puede cuestionar lo que Dios hace, ni señalarlo con el dedo. En esto no has hablado justamente”. Y luego, en Job 33:13 dice: “¿Por qué contiendes contra él?” Es malo contender contra nuestro Hacedor Isaías 45:9 advierte: “¡Ay del que pleitea con su Hacedor!... ¿Dirá el barro al que lo labra: ¿Qué haces?” El hombre no tiene ningún derecho a exigirle explicación alguna a Dios. El hacerlo es rebajar a Dios y exaltarnos nosotros por encima de Él. El Señor no tiene que rendirle cuentas a nadie. Job había estado contendiendo con su Hacedor y encontrándole falta. En esto no habló justamente y Dios deseaba limpiarlo de su error. Todo aquel que quiera estar cerca de Dios, deberá tener el corazón libre de acusaciones contra Él. Al achacarle faltas al Señor actuamos hipócritamente (ref. Is. 33:6). Eliú le había dicho a los tres amigos: “Ni yo le responderé con vuestras razones” (Job 32:14). Eliú no usaría la lógica superficial de los tres hermanos. Por el contrario, el criterio de Eliú era éste: Job, todos estos problemas que te han sobrevenido no son el resultado de ninguna mala obra. Se deben a que durante tu aflicción has estado hablando en forma irreverente acerca de Dios, y a Dios “en esto no has hablado justamente”. Éste es el razonamiento de Eliú, ¡y él tiene razón! La ceguera del hombre y su remedio 33:14-22 “Sin embargo, en una o en dos maneras habla Dios; pero el hombre no entiende”. Dios nos habla repetidas veces acerca de los asuntos dignos de consideración, pero muy a menudo no lo oímos. Entonces, trata de hablarnos cuando estamos en un estado subconsciente: al dormir (v. 1516). O castiga al hombre con agudos dolores sobre la cama y lo lleva casi a las puertas de la muerte, todo para hacerlo desistir de sus empeños y rutinas, y apartarlo de la soberbia. Todo esto es misericordia divina. Por consiguiente, Dios abre el oído de los hombres a la instrucción (v. 16-22). ¡Job ciertamente había experimentado esto!

Convirtiendo la maldición en bendición

53

34:5 Eliú continúa: “Porque Job ha dicho: Yo soy justo, y Dios me ha quitado mi [derecho]”. Eliú resume muy bien el problema de Job. El se sentía compelido por el Espíritu Santo a redargüir a Job, por haberle oído censurar a Dios repetidas veces, lo cual era desagradable para el Señor. La calamidad es la recompensa que Dios me da por hacer el bien 34:9-12 “Porque ha dicho: De nada servirá al hombre el conformar su voluntad a Dios. Por tanto, varones de inteligencia, oídme: Lejos esté de Dios la impiedad, y del Omnipotente la iniquidad. Porque él pagará al hombre según su obra, y le retribuirá conforme a su camino. Si, por cierto, Dios no hará injusticia, y el Omnipotente no pervertirá el [derecho]”. Job acusaba a Dios de haber pervertido la justicia. Job contemplaba sus calamidades y decía: “Ésta es la recompensa que Dios me da por hacer el bien. ¿De qué vale servir a Dios?” Eliú redarguye a Job por esta acusación contra Dios, diciéndole que Dios pagará al hombre según su obra, y lo que imponga será justo.

He aquí el problema: ¡La vida todavía no se ha terminado y el puntaje final se desconoce! La gente trata de evaluar la vida por el estado actual de las cosas, pero en pocos años todo podría cambiar. Job y sus amigos estaban viendo el estado presente de la situación. Los amigos dijeron que Job estaba cosechando lo que había sembrado, y que por lo tanto su pecado debía ser muy grave. Job sabía que no había pecado, y se amargó contra el Señor, diciendo: “Ésta es la recompensa que Dios me da por hacer lo recto”. Al final, Dios dará a cada hombre conforme a sus obras (Ap. 22:12). Job, con el tiempo, recibió una doble porción. ¿Conviene decirle a un rey que es perverso? 34:17-19 “[¿Gobernará el que aborrece juicio?] ¿Y condenarás tú al que es tan justo? ¿Se dirá al rey: Perverso; y a los príncipes: Impíos? ¿Cuánto menos a Aquel que no hace acepción de personas de príncipes, ni respeta más al rico que al pobre, porque todos son obra de sus manos?” A Job le pregunta: “¿Conviene denigrar a las autoridades terrenales? ¿Denigrarás y condenarás entonces al Altísimo, a Aquel que es tan justo?” Eliú está tocando la raíz del problema de Job. Job había estado condenando al Rey de reyes, y Señor de señores. El consejo de Eliú para Job: “Señor, enséñame Tú lo que yo no veo” 34:31-32 “De seguro conviene que se diga a Dios: He llevado ya castigo, no ofenderé ya más; enséñame tú lo que yo no veo; si hice mal, no lo haré más”. Eliú le aconseja a Job hacer esta oración: “Enséñame tú lo que yo no veo”. Señor, enséñame en qué estoy ciego. En esta forma debieron reaccionar los tres amigos a los comentarios de Job. “Job, estás criticando a Dios. Pídele que te enseñe lo que no puedes ver”. Pero ellos, por el contrario, condenaron a Job. 34:36-37 “[Deseo yo que Job sea probado] ampliamente, a causa de sus respuestas semejantes a las de los hombres inicuos. Porque a su pecado añadió rebeldía [con su actitud insubordinada y desafiante hacia Dios]; bate palmas [en franca burla y menosprecio de Dios] contra nosotros, y contra Dios multiplica sus palabras”5. Eliú desea que la presión continúe hasta que Job vea y admita su falta.

54

Convirtiendo la maldición en bendición

“Mi justicia es mayor que la de Dios” 35:2 Eliú continúa: “¿Piensas que es cosa recta lo que has dicho: Más justo soy yo que Dios?” Otra vez tenemos aquí la raíz del problema... “Señor, Tú no eres justo. Tú no tienes derecho a someterme a esta prueba. ¡Yo no he hecho nada para merecer esto!”. Job culpaba a Dios, pero en sí mismo no encontraba culpa. Por lo tanto, Job estaba diciendo que era más justo que Dios. En el versículo 3, Job es reprendido nuevamente por decir que es inútil llevar una vida piadosa, ya que Dios trata de la misma manera al justo y al malo. Una perspectiva perdida, un cántico perdido 35:9-10 “A causa de la multitud de las violencias claman, y se lamentan por el poderío de los grandes. Y ninguno dice: ¿Dónde está Dios mi Hacedor, que da cánticos en la noche?” Cuando el hombre está en problemas, muchas veces no puede pensar o tratar objetivamente un asunto. Las emociones están fuera de control y los pensamientos se distorsionan. Durante la prueba, Job había perdido la perspectiva correcta. Al principio obró admirablemente, pero después perdió el cántico de su alma (Ef. 5:19-20). Un cántico en el alma quebrantará la potestad del enemigo y mantendrá nuestros pozos sin obstrucciones. El corazón de Job se había endurecido. Ya no podía decir: “Señor, aunque no lo comprenda, confío en Ti. Tú haces bien las cosas”. Job no podía dar gracias a Dios, ni por las circunstancias en que se veía, ni por los ofensores que tenía (1 Tes. 5:18). Tampoco oraba por los que lo malinterpretaban (después, en Job 42:10, sí oró por ellos y fue librado de su cautiverio). También le faltaba mansedumbre. La mansedumbre es lo contrario de la ira. Es una “santa aceptación de las circunstancias”. En lugar de aceptar sus circunstancias, se enfadaba en gran manera. 36:23 Eliú de nuevo concentra todos sus esfuerzos en Job... “¿Y quién le dirá [a Dios]: Has hecho mal?” 37:19 “Muéstranos qué le hemos de decir: porque nosotros no podemos ordenar las ideas a causa de las tinieblas”. Como no vemos con claridad (por causa de las tinieblas), no sabemos qué decir. Si Dios no nos da luz y revelación, no sabemos razonar, aconsejar ni orar. No podemos ver con claridad las situaciones porque un velo nos lo impide. Los tres amigos fueron incapaces de aconsejar a Job debido a “las tinieblas”. Lo estaban juzgando con sus mentes naturales y no con luz divina. Las verdaderas respuestas provienen solamente de la revelación divina. Conclusión de la tercera parte Eliú ha preparado el camino para que el Señor visite a Job. Ahora (tras un período de quizá seis meses a un año), el Señor está por entrar en escena. Después de prolongados meses de silencio, el Señor se le aparecerá a Job y le hablará. Dios ha esperado pacientemente para que la situación madure. El Refinador de la plata y el oro ha esperado a que las impurezas salgan a la superficie, para eliminarlas (Mal. 3:3). Ahora está listo para llegar y completar el proceso.

* * * * * * *

Convirtiendo la maldición en bendición

55

JOB DELANTE DEL SEÑOR
Parte cuatro: capítulos 38 al 42
Dios rompe Su silencio 38:1-4 “Entonces respondió Jehová a Job desde un torbellino, y dijo: ¿Quién es ése que oscurece el consejo con palabras sin sabiduría? Ahora ciñe como varón tus lomos; yo te preguntaré, y tú me contestarás. ¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra? Házmelo saber, si tienes inteligencia”. Dios en este momento no parece muy contento. Debió ser algo terrible. Después de un largo silencio, Dios empieza a hablar. Dios confirmará todo lo que Eliú acaba de decir. En los cinco capítulos siguientes, Dios le hace aproximadamente ochenta preguntas a Job. Cada vez que Dios interroga al hombre, no es porque desconozca la respuesta, ¡sino porque quiere que el hombre se dé cuenta de algo! A Elías le preguntó: “Qué haces aquí?” “Caín, ¿por qué ha decaído tu semblante?” “Jonás, ¿haces tú bien en enojarte tanto?” “¿Dónde estás tú, Adán?” “Saulo, ¿por qué me persigues?” A Jacob le preguntó: “¿Cómo te llamas?” “¿Dónde estabas tú cuando Yo fundaba la tierra?” 38:4 Dios pregunta: “¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra?” Dios lo está sondeando con una larga serie de preguntas perturbadoras que él no puede contestar. Job había estado criticando y corrigiendo a Dios, diciendo realmente que él era más sabio que Dios. Por lo tanto, para que Job viera su propia insignificancia, Dios le exigió una explicación sobre algunos de los enigmas del universo. Quería que Job entendiera a cabalidad la magnitud de su locura. Dios quería que Job comprendiera cuán absurdo es cuestionar y censurar la sabiduría del Creador Eterno y Todopoderoso. Mientras estamos aún en el capítulo 38, vale la pena notar que todos los piadosos habitantes del cielo gritaron de alegría cuando Dios creó la tierra. En ninguna otra parte de las Escrituras se revela este acontecimiento. Cuando Dios fundaba la tierra y colocaba la piedra angular... “alababan todas las estrellas del alba, y se regocijaban todos los hijos de Dios” (Job 38:5-7). “Palabras sin sabiduría” “¿Quién es ése que oscurece el consejo con palabras sin sabiduría? (Job 38:2). Job había estado hablando con firmeza, sobre asuntos que desconocía por completo. ¡Dios ahora ordenaba un alto a esto! Muchas veces nuestra teología, sabiduría y consejo son acompañados. Pablo dijo: “Si alguno se imagina que sabe algo, aún no sabe nada como debe saberlo” (1 Co. 8:2; Gá. 6:3). Entre más amplio es nuestro campo de conocimiento, más nos damos cuenta de lo poco que sabemos. Sin embargo, los creyentes inmaduros parecen entender a cabalidad cualquier asunto. Corregir, reprender e instruir a Dios 40:2 “¿Es sabiduría contender con el Omnipotente? ¡El que [disputa]6 con Dios, responda a esto!” Job se había estado oponiendo a Dios durante la prueba, corrigiéndolo: “¡Qué injusticia, Tú no eres justo! Te ríes del quebranto de los inocentes!” Job había estado rivalizando con el carácter de Dios, y ahora Dios le ponía un alto. Cuando el hombre disputa con Dios, lo disminuye, y a la vez se exalta a sí mismo.

56

Convirtiendo la maldición en bendición

“¿Me condenarás a mí para justificarte tú?” 40:8 Dios habla: “¿Me condenarás a mí para justificarte tú?” Este problema acusatorio de Job lo tenemos también nosotros, y más de lo que nos imaginamos. Nos hacemos más justos y sabios que Dios cuando le decimos: “¡No es justo!”. Vivir lamentándonos de que “¡no es justo!” es un ataque contra el Señor. Realmente le estamos diciendo: “¡Señor, TU eres injusto!” Por ser Dios quien permite que nos sucedan las cosas, es a Él a quien estamos dirigiendo nuestras quejas y resentimientos. Si eres más grande que Dios, libérate tú mismo, demuéstrame tu poder 40:10 “Adórnate ahora de majestad y de alteza, y vístete de honra y de hermosura”. Dios le está mostrando algo a Job. Job está sentado en un montón de ceniza, con la piel completamente cubierta de sarna maligna. Él está del todo imposibilitado para cambiar sus circunstancias. Está ciertamente discapacitado para hacer ¡cualquier cosa! Dios le dice: “¿Tienes tú un brazo como el de Dios? ¿Y truenas con voz como la suya? Adórnate ahora de majestad y de alteza, y vístete de honra y de hermosura” (v. 9-10). Dios no trataba de mofarse de Job. Quería que Job comprendiera cuán patético es corregir a su Hacedor. 40:11-14 Dios dice a Job: “[Derrama] el ardor de tu ira; mira a todo altivo, y abátelo. Mira a todo soberbio, y humíllalo, y quebranta a los impíos en su sitio. Encúbrelos a todos en el polvo, encierra sus rostros en la oscuridad; y yo también te confesaré que podrá salvarte tu diestra”. En el capítulo 41, el Señor usa una criatura marina (el leviatán) para que Job entienda el asunto con más claridad. Este monstruo marino, probablemente una ballena (o un cocodrilo), es temido por todos. El leviatán no tiene miedo. A todos sus enemigos los ve directamente a la cara y no retrocede delante de nadie. Reina sobre todos los altivos y soberbios. El Señor está diciendo a Job: “Job, no te atreverías a molestar a esta bestia indómita; sin embargo, te atreves a desafiarme a Mí, al Creador del leviatán. Job, yo soy Aquel a quien debes temer más que a nadie”. Job se arrepiente 42:2 Job responde al Señor: “Yo conozco que todo lo puedes, y que no hay pensamiento que se esconda de ti”. Job confiesa entonces su error: “Yo hablaba lo que no entendía, cosas demasiado maravillosas [o demasiado altas] para mí” (v. 3). El Rey David había aprendido esta lección (Sal. 131:1-2). David testificó: “Jehová, no se ha envanecido mi corazón, ni mis ojos se enaltecieron; no anduve en grandezas, ni en cosas demasiado sublimes para mí. En verdad que me he comportado y he acallado mi alma, como un niño...” (Sal. 131:1-2). ¡Bravo! por la divina cualidad de ser callado y prudente para no usar nuestro escaso conocimiento ahondando en asuntos que desconocemos por completo. Muchas personas “abundan en palabras sin ningún conocimiento” tratando de predecir el futuro. La soberbia está a menudo en el fondo de la predicción. 42:5-6 “De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven. Por tanto me aborrezco, y me arrepiento en polvo y ceniza”. Éste es el resultado de cualquier visión verdadera: “me aborrezco en polvo y ceniza” (ref. Is. 6:5). Viendo al Señor con sus propios ojos, Job también se vio a sí mismo en la divina luz. Al ver al Señor, él también veía lo que Dios veía en él. Entonces fue liberado. Debemos ver en nosotros mismos lo que Dios ve. Después que vio su falta, Job la confesó y fue liberado de ella.

Convirtiendo la maldición en bendición

57

Dios redarguye a los tres amigos Después de que Job confesó sus propias faltas, Dios trató con los tres amigos, (Dios no tenía reprensión para Eliú). El hecho de confesar las faltas de nuestros ofensores no nos trae liberación. Es sólo cuando confesamos nuestras propias actitudes malas, que podemos tener finalmente alivio. Job pudo haber dicho: “Pero Dios, mira todos los errores que ellos han cometido”, lo cual jamás le habría facilitado su liberación. Quizá, antes de ocuparse de nuestro ofensor, Dios espera un cambio en nuestra propia vida. Ahora es cuando el Señor reprenderá de repente a Elifaz, a Bildad y a Zofar, por haber hablado con osadía como de parte de Dios, y causarle a Job un inmenso daño. Ahora, “se encendió la ira” de Dios contra estos hermanos. 42:7-9 “Y aconteció que después que habló Jehová estas palabras a Job, Jehová dijo a Elifaz temanita: Mi ira se encendió contra ti y tus dos compañeros; porque no habéis hablado de mí lo recto, como mi siervo Job. Ahora, pues, tomaos siete becerros y siete carneros, e id a mi siervo Job, y ofreced holocausto por vosotros, y mi siervo Job orará por vosotros; porque de cierto a él atenderé para no trataros afrentosamente, por cuanto no habéis hablado de mí con rectitud, como mi siervo Job. Fueron, pues, Elifaz temanita, Bildad suhita y Zofar naamatita, e hicieron como Jehová les dijo; y Jehová aceptó la oración de Job”. Orar por nuestros ofensores produce nuestra propia liberación 42:10 “Y quitó Jehová la aflicción de Job, cuando él hubo orado por sus amigos; y aumentó al doble todas las cosas que habían sido de Job”. Job ora por sus amigos. Orar por amigos que han interpretado o juzgado mal nuestra situación, nos ayuda a quedar libres del resentimiento. En vez de que nos consuma la ira, debemos comprender que Dios desea ayudarlos a deshacerse de su espíritu dictaminador. Al mantener una actitud correcta, propiciamos que Dios trate con ellos y los ayude. Tenemos una responsabilidad para con los hermanos que nos han perjudicado. Pero si permitimos que el resentimiento nos sobrecoja, no seremos capaces de proceder objetivamente (ver Ro. 12:21). Dios quitó el cautiverio (o prueba) de Job, cuando éste hubo orado por sus amigos. El perdón es un acto de la voluntad más que de los sentimientos. El cautiverio de Job es quitado “El Señor quitó el cautiverio de Job” (lea el Salmo 126). Cuando el Señor quitó el cautiverio de Job, fue como si una pesadilla hubiera terminado. Dios estaba renovando todas las cosas. Tan sólo unos meses antes, Job pensaba que nunca volvería a ver el bien otra vez, y que moriría prematuramente. El Señor no sólo sanó el cuerpo de Job, sino todas sus relaciones: con su esposa, con sus amigos y con sus parientes, y con todos sus conocidos anteriores. Todos los malentendidos fueron resueltos. Dios también le concedió a Job muchos grandes honores, dándole dos veces más de lo que tenía antes de la prueba. “Porque Él es quien hace la llaga, y Él la vendará” (Job 5:18). Dios permite la aflicción con la única finalidad de poder realizar una obra redentora en nuestro interior. Luego, nos sana. Dios todo lo hace con misericordia (Sal. 25:10; 136). Verdaderamente Él es capaz de hacer todas las cosas hermosas en Su tiempo (Ec. 3:11). Ahora, quisiera que por un momento usted se detuviera a reflexionar sobre lo que las Escrituras entienden por “cautiverio”, para luego adentrarnos en el tema de la doble porción.

58

Convirtiendo la maldición en bendición

¿Qué es el cautiverio? El cautiverio es el término usado en las Escrituras para describir las pruebas. El cautiverio es en nuestra vida un período de confinamiento, oscuridad, atadura y confusión. El cautiverio es realmente una prisión espiritual; es una diversa gama de circunstancias y situaciones que nos acorralan. Estar en el Arca de Noé todo un año, fue como estar en prisión; sin embargo, ello salvó a los que estaban a bordo. El cautiverio tiene el propósito de purificar y limpiar. Sobre todo, Dios nos da corazón para conocerlo a Él mientras estamos en cautiverio (Jer. 24:5-7). El cautiverio, por lo tanto, sucede para bendición nuestra. Dios mandó a Su pueblo a someterse al cautiverio (Jer. 27:12). El mensaje de Jeremías para su generación era: “Sométanse al cautiverio”. La mayor parte del pueblo de Dios desdeñó esta proclama, (incluyendo a los otros ministros que ejercían en el tiempo de Jeremías). Todos querían oír que eran aceptos delante de Dios en su presente condición, y que todo les saldría bien, aunque esto creara falsas expectativas (Jer. 5:31; 6:18; 8:11; Is. 30:10). Sin embargo, en el cautiverio, tenemos que enfrentarnos a nosotros mismos con toda honestidad, para ver qué problemas tenemos verdaderamente. Esto es algo que muchos prefieren evadir. La gente estaba llena de vanidad, idolatría y soberbia (ver Jer. 24:5-7). Dios resolvió enviar a su pueblo a Babilonia, al cautiverio, para librarlo de estos pecados (ref. Mi. 4:10). A los que estaban dispuestos a entrar en cautiverio y purificación, Dios les dijo: “Les daré corazón para que me conozcan”. Entonces Dios prometió traerlos nuevamente a su tierra, a la normalidad. Es durante el cautiverio (los tiempos difíciles y las circunstancias extrañas) que Dios nos da un corazón para conocerlo. El mismo Job recibió un corazón nuevo en su cautiverio. ¿De qué manera nos puede ser negado el cautiverio? ¡El cautiverio nos puede ser negado! Cuando no pasamos las pruebas pequeñas, Dios no nos puede llevar a pruebas mayores. Jeremías dijo: “Si corriste con los de a pie, y te cansaron, ¿cómo contenderás con los caballos?” (Jer. 12:5). La gente dice con frecuencia: “Quiero ser un hombre como David y tener un corazón conforme al corazón de Dios”. Pero tener un corazón así, cuesta. Recibimos un corazón para conocer a Dios cuando estamos en medio del cautiverio. Muchas personas dicen lo siguiente cuando Dios trae a sus vidas circunstancias que producen transformación y cambio: “Odio esto, y no quiero en absoluto tener parte” (ref. He.12:5-8). Además, hay algo que se debe tener en cuenta: sólo un hombre provisto de visión y de promesas de Dios tiene fuerzas para resistir el cautiverio. Pero la visión y las promesas únicamente se le conceden a los cristianos comprometidos. Por lo tanto, los creyentes no comprometidos (los que quieren vivir sólo al margen de la obra de Dios), dejan de recibir el entendimiento y la fortaleza necesarios para soportar el horno de fuego. Cuando los cristianos menosprecian y ridiculizan las verdades más profundas que Dios ofrece, están rechazando el medio que los podría llevar hasta la plenitud espiritual. Ciertamente, todos los creyentes están llamados a ser reyes y sacerdotes (Ap. 1:6; 5:10). Sin embargo, hay dos advertencias que subrayan la forma en que las personas pueden auto descalificarse para ser reyes y sacerdotes para Dios (ver Os. 4:6; 1 S.15:23). El compromiso es importante para proseguir con Dios. Nuestro compromiso con Dios se prueba por nuestro compromiso con el hombre. Si no somos fieles al hombre, ello demuestra que no somos fieles a Dios. Hoy en día es común que los creyentes eviten echar raíces en una iglesia local. Esto carece de base bíblica, y además es peligroso. Al evadir la autoridad y protección de la iglesia local, un hombre o una mujer se vuelve presa fácil del enemigo y es mucho más vulnerables al engaño. Es una violación de Hebreos 10:25; 13:17, 1 Tesalonicenses 5:12-13, y de muchos otros mandatos bíblicos. Además, estar desligado de un cuerpo de creyentes fortalece y glorifica al ego más que a Cristo, ya que produce un espíritu independiente y autosuficiente.

Convirtiendo la maldición en bendición

59

Los solitarios no dejan que alguien que no les agrada se inmiscuya en su vida. No permiten que nadie los contradiga ni que se les hable de los graves problemas que tienen en lo íntimo. Los solitarios se encierran en sí mismos, y cuidadosamente protegen sus vidas privadas de cualquier intrusión. Éste es el camino fácil, el camino independiente. Pero al aislarse de los demás, pierden la oportunidad de que se aplique un remedio a los males que tienen en el corazón. La perfección y la integridad cristianas no son posibles si la persona no se relaciona con los demás (Jn. 17:23). Moab: sin cambio desde su juventud Algunos hombres y mujeres no cambian nunca; Jeremías 48:11 nos da la razón. Ellos nunca han entrado en cautiverio. Por lo tanto, siguen activos en los mismos pecados y hábitos que los han dominado desde la juventud. “Quieto estuvo Moab desde su juventud, y sobre su sedimento ha estado reposado, y no fue vaciado de vasija en vasija, ni nunca estuvo en cautiverio; por tanto, quedó su sabor en él, y su olor no se ha cambiado”. El Señor compara a Moab con el vino reposado en vasija. Este vino tiene un sedimento de sabor amargo que se ha asentado en el fondo del recipiente. Para que el vino se vuelva dulce tiene que ser trasvasado de vasija en vasija. Cada vez que es trasvasado, el vino pierde más sedimento. Finalmente, después de haberlo vertido varias veces, queda completamente libre de sedimento. Las implicaciones que tiene esta ilustración se aplican a todos y cada uno de los creyentes. Somos como este vino. Nuestras vidas tienen elementos de sabor desagradable, que nos deben ser quitados. El sedimento específico que Moab tenía era la soberbia, la altivez, la arrogancia y la ira (ref. Jer. 48:29-30). El proceso mediante el cual este sedimento es eliminado de nuestras vidas, consiste en “el trasvase de vasija en vasija”. Esto equivale a ser vertido de una experiencia a otra, (cuando se vierte líquido en un recipiente, éste automáticamente adopta la forma del recipiente. Esto representa la capacidad de adaptarse a cualquier situación). Cada vez que somos vertidos en una nueva experiencia, algo de la antigua vida queda atrás. Sin embargo, cuando las personas rechazan el cautiverio negándose a ser trasvasadas, continúan en ellas los mismos elementos ofensivos: la ira, el orgullo y la terquedad. Cuando un ciudadano de la tercera edad conserva intactos los hábitos y pecados de su juventud, usted puede estar seguro de que no ha pasado por el cautiverio. El mismo Jeremías aprendió a “llevar el yugo desde su juventud” (Lm. 3:25-28). Jeremías se había convertido en su propio mensaje. A esto se debe el que pudiera predicar con autoridad sobre el cautiverio. La razón del fracaso humano: no haber estado en cautiverio Sucede con frecuencia que las personas que han sido usadas por Dios, caen. En mi opinión, la única y gran razón de su caída es que tienen un fundamento imperfecto, no han pasado por el cautiverio en sus vidas personales. No se ha forjado todavía en sus corazones una profunda obra de gracia y humildad. El rey Salomón jamás experimentó el cautiverio. Ascendió rápido a un lugar prominente, sin haber pagado ningún precio por las verdades que predicaba. ¿Tuvo Salomón días dolorosos alguna vez? ¿Alguna vez se privó de alguna cosa? ¡No! (ref. Ec. 2:10). Más tarde, en el transcurso de su vida, su fracaso fue enorme. Tampoco el rey Saúl entró en cautiverio, y tuvo un pésimo final. En las Escrituras, los hombres que verdaderamente triunfaron, fueron los que se sometieron al cautiverio. Moisés fue adiestrado en el desierto por muchos años, así como David, Juan el Bautista, José y el apóstol Pablo. El cautiverio es un tiempo de graves problemas. Todo parece andar mal, así que la prueba se prolonga más y más. Éste es un tiempo en que somos despojados de muchas cosas que nuestro corazón atesora, pero en el que algo se lleva a cabo. El hierro está entrando en nuestra alma (ref. Sal. 105:18). En el “cautiverio” es en donde se forman los hombres y mujeres más grandes. Es allí donde desarrollamos un corazón para conocer a Dios.

60

Convirtiendo la maldición en bendición

José en el cautiverio Quizá la vida de José es la que mejor ilustra el cautiverio. Cuando tenía diecisiete años de edad Dios le dio una visión. En un sueño Dios le reveló a José el plan que tenía para su vida. Poco después del sueño, José se encontraba metido en una cisterna. De ahí fue vendido como esclavo y llevado a Egipto. José fue un exiliado en tierra ajena. Mientras estuvo en Egipto, otra vez fue traicionado y lanzado a un calabozo durante siete años aproximadamente. En el Salmo 105:18-19 dice: “Afligieron sus pies con grillos; en cárcel fue puesta su persona. Hasta la hora que se cumplió su palabra, el dicho de Jehová le probó”. En el hebreo original, la sintaxis está invertida. En vez de decir que José fue puesto en el hierro, la traducción literal diría que el hierro fue puesto en José. Mientras estuvo confinado en un calabozo, los años pasaron lentamente. José fue privado de las cosas que atesoraba. Éstas quedaron “pendientes” año tras año, pero algo estaba ocurriendo en su corazón: el hierro estaba entrando en su alma. Las largas demoras y las dolorosas negativas desarrollaron una gran fortaleza y disciplina en su alma. Finalmente, a la edad de treinta años, quedó libre de su cautiverio. Dios había realizado una tremenda obra en su corazón durante esos años de cautiverio. Entonces Dios pudo usar a José en formas extraordinarias y el éxito no lo destruyó. El período de adiestramiento: un tiempo de cautiverio Si nos humilláramos bajo la poderosa mano de Dios y le permitiéramos realizar su obra en nuestras vidas, Él nos exaltaría cuando fuere tiempo (1 P. 5:6). Dios podría usarnos en formas extraordinarias. El problema de muchos es que se rinden cuando las dificultades se prolongan demasiado (He.10:36). En Hebreos 12:5-8, Pablo exhorta a los creyentes a “soportar” el período de adiestramiento. Muchos son los llamados, pero pocos los escogidos. Muchos cristianos reciben llamados específicos de parte de Dios, pero luego deben ser adiestrados y probados para calificar para esos llamados. Por lo tanto, tenemos el período de adiestramiento de Hebreos 12:5-8 que por lo general es sumamente difícil. Es un tiempo de cautiverio. Estamos en el corral de Dios. “Y habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo: Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, ni desmayes cuando eres reprendido por él; porque el Señor al que ama disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo. Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos [adultos]; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois [bastardos], y no hijos” (He.12:5-8). Observe lo siguiente:
• • • • • La reacción normal hacia el período de adiestramiento es repudiarlo. Se nos exhorta a no hacer esto. Muchos desmayan cuando son corregidos y castigados por Dios. Se rinden. ¡Esto no lo debemos hacer! Es el amor de Dios el que produce la corrección. Él azota a cada hijo que recibe. No desea que nuestros defectos se reproduzcan en otros. Por lo tanto, elimina estos defectos antes de multiplicarnos. Si soportáis la disciplina...si pasas el período de adiestramiento...recibiréis los privilegios de un hijo adulto. Esto es lo que piensa un hijo al que se le han confiado los bienes de su padre. Si rechazamos el adiestramiento del Padre y rechazamos Sus correcciones y confinamientos, somos ilegítimos. No tendremos Su semejanza. No nos pareceremos a Él, ni lo representaremos. Hoy en día existen muchos “hijos ilegítimos” en el ministerio. Tienen su propio nombre, su propia causa, su propia visión, y están edificando su propio reino para glorificarse a sí mismos. Éstos se han negado al período de adiestramiento y han tomado un atajo hacia su herencia. Por lo general no tienen un buen final.

Convirtiendo la maldición en bendición

61

La doble porción 42:12 “Y bendijo Jehová el postrer estado de Job más que el primero...” (ref. Job 42:10). Esto es lo que debemos recordar acerca de cada prueba: el resultado final. Dios recompensó a Job con una doble porción de todo lo que había perdido (ref. Stg. 5:11). La doble porción es la bendición de todo hijo varón primogénito (Dt. 21:15-17). En la Iglesia hay quienes son “primogénitos” entre sus hermanos. Discutiremos esto con mayores detalles al final del libro. Un vaciado mayor antes de una nueva llenura Para que contengamos más del Espíritu, Dios debe vaciarnos primero de gran cantidad de basura (2 Ti. 2:20-22). Además, Él desea aumentar nuestra capacidad. Nuestra vasija debe quedar limpia de todo lo que acuse, se oponga o resista a nuestro Hacedor. Sin saberlo, hay áreas de nuestros corazones que todavía se oponen y resisten a Dios (Mal. 3:13). Asimismo, no debemos guardar rencor hacia el Señor por demorarse más de lo que creíamos necesario. Doble porción: doble responsabilidad Tener una doble porción del Espíritu de Dios no es cosa que se tome a la ligera. ¡Significa una doble responsabilidad! Se requiere tiempo, crecimiento y madurez para poder recibir esta unción. ¡Dios no da una porción adicional de Su Espíritu sin haber un propósito! Cuando Dios da la doble porción es para llevar a cabo una tarea difícil. Esto implica una responsabilidad mayor, con mayores exigencias de dedicación de tiempo, estilo de vida y mucho más. La doble porción también demanda una mayor porción de humildad, porque con más poder, también hay más tentación a volverse soberbio y arrogante. Es tan desagradable oír a un predicador jactarse de que su iglesia sea la de mayor crecimiento en el país y alardear de su éxito ministerial, para luego censurar a los otros ministros. Esto precisamente es lo que sucede cuando el éxito de un individuo se mantiene creciendo sin que él haya recibido una profunda corrección y limpieza de su corazón. Belleza en lugar de cenizas 42:13-15 “Y tuvo siete hijos y tres hijas...Y no había mujeres tan hermosas como las hijas de Job en toda la tierra; y les dio su padre herencia entre sus hermanos”. He aquí otra hermosa verdad acerca de la vida de Job. Job recibió belleza en lugar de cenizas (ver Is. 61:3). Job había sido reducido a cenizas, pero de las cenizas emergió una belleza excepcional. Sus hijas eran las más bellas de toda la tierra. La simiente de Job tenía una belleza extraordinaria por la gracia especial que recibió en su prueba. Es un hecho bien conocido que nosotros producimos nuestra misma especie. Cada victoria que alcanzamos en nuestras propias vidas, es también una victoria para nuestros hijos, sean naturales o espirituales. Es más fácil pasar por el fuego cuando entendemos que las penas no son solamente para perfeccionarnos a nosotros mismos, sino para beneficiar a todo el pueblo que Dios confiará a nuestro cuidado en el futuro. En el libro de Job, las cenizas significan muerte, pero más específicamente la muerte del yo. Cuando hemos sido reducidos a cenizas, la belleza de Cristo nos será dada. Job se había convertido en el oro más fino durante su tiempo en el horno (Is. 13:12). Muchas personas temen rendirle sus vidas completamente a Cristo porque en realidad no creen en la “resurrección”. No creen que Dios pueda en verdad reavivarlas después de que han sido reducidos a cenizas todos sus anhelos, planes y deseos. Confiemos nuestras vidas a las manos del fiel Creador. Recuerde lo que Él hizo por Job: recibió belleza en lugar de cenizas.

62

Convirtiendo la maldición en bendición

Lo que cuenta es el final 42:16-17 “Después de esto vivió Job ciento cuarenta años, y vio a sus hijos, y a los hijos de sus hijos, hasta la cuarta generación. Y murió Job en la ancianidad y lleno [o saciado] de días”. El final de Job fue maravilloso (Stg. 5:11) y, después de todo, lo que cuenta es el final. No importa cómo éramos al empezar, ni tampoco el lugar de donde salimos. Lo que sí importa es el lugar en que acabamos finalmente. En el partido de la vida, lo que cuenta es el puntaje final. Durante su prueba, Job pensó que nunca volvería a ser feliz y que iría prematuramente a la tumba. Por el contrario, Dios le tenía reservada una doble porción y otros ciento cuarenta años de vida provechosos. Job emergió de su prueba y tuvo diez hijos más, viviendo lo suficiente para ver a sus bisnietos. Dios hizo que todas las cosas le ayudaran a bien. Dios volvió cada maldición en una bendición para Job. Romanos 8:28 debe ser una revelación para nosotros, no sólo un bonito pasaje de las Escrituras que nos aprendemos de memoria. Observe las dos primeras palabras del versículo 28: “Y sabemos”. ¿Lo ve usted? Tiene que ser una revelación para nuestros corazones. “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” (vea Is. 54:17). Tarde o temprano el Señor reivindicará a todos Sus siervos rectos. El Dios soberano controla todas las cosas 42:11 “Y vinieron a él todos sus hermanos y todas sus hermanas, y todos los que antes le habían conocido, y comieron con él pan en su casa, y se condolieron de él, y le consolaron de todo aquel mal que Jehová había traído sobre él; y cada uno de ellos le dio una pieza de dinero y un anillo de oro”. Dios hizo el día y la noche. Dios controla las estaciones y puede cambiar las épocas de nuestras vidas en el momento que lo desee. Puede decidir enaltecernos o empequeñecernos (ver 1 S. 2:1.8; Sal. 75:6-7). Cualquier cosa que haga, Dios la hace bien y ningún hombre le puede decir “¿Qué haces?” (Dn. 4:35). En el caso de Job, Dios cambió su día en noche y su época de prosperidad en tiempo de escasez. Pero esto fue sólo por un período. La prueba era necesaria para realizar en Job una obra eterna. Luego, Dios le dio un giro a su cautiverio. Al final, Dios cambió completamente las cosas para Job. Incluso hizo volver los corazones de todas sus amistades anteriores, quienes “se condolieron de él, y le consolaron de todo aquel mal que Jehová había traído sobre él”. ¿Era Dios el responsable de su prueba? ¡Si! Dios era el Autor, pero mejor aún, también era el Consumador (ver He.12:2). Si no cambiamos nuestro hablar, no habrá ninguna liberación Mientras estamos todavía en el capítulo 42, me gustaría añadir un comentario final. Dios no le iba a poner fin a la prueba de Job, hasta que Job cambiara su conversación. Job pecaba con sus labios, y hasta que no lo admitiera, lo confesara y se arrepintiera de ello, su cautiverio no cambiaría (Job 40:4; 42:1-6). En el Salmo 50:23, dice: “El que sacrifica alabanza me honrará; y al que ordenare su camino, le mostraré la salvación de Dios”. ¿Está usted haciendo un buen uso de la lengua? El uso que hagamos de la lengua determinará si obtendremos o no el favor de Dios” (ref. Sal. 45:2).

Convirtiendo la maldición en bendición

63

¿EN QUE SE EQUIVOCABA EL JUSTO JOB? (Repaso del tema) El testimonio de Job era sobresaliente: “¡No hay otro como él en la tierra!” (Job 1:8). Aun llegada la tragedia, Job “no pecó con sus labios ni acusó neciamente a Dios”. Mas al prolongarse la prueba y extenderse a largos meses, él afirmó que Dios era injusto e irresponsable. Los versículos siguientes revelan el blanco de la obra de Dios en el corazón de Job ¡y lo que Él combatirá también en nuestras vidas! Versículo
9:17

Dichos incorrectos de Job
“Ha aumentado mis heridas sin causa”

Actitudes del corazón de Job
“Señor, no tienes derecho a permitir esto. ¡Yo no hice nada para merecerlo!”. “De nada sirve ser justo. Dios trata a los justos y a los perversos de la misma manera. Y disfruta viendo sufrir al inocente”. Job se sublevó contra el Señor con cuestionamientos. Dio rienda suelta a todas sus emociones. “¡Dios me odia! Dios es rencoroso e iracundo, y se desquita conmigo”. “Dios no me ha tratado con justicia. Él es alguien que pervierte la justicia”. En Dios encuentra defecto, pero en sí mismo no ve ninguno. “Dios está en mi contra, busca cómo alejarme. Me cuenta por enemigo”. Job estaba cuestionando, criticando, corrigiendo y contendiendo con Dios. Job se está enalteciendo y con ello está menospreciando a Dios. “Dios es irresponsable. Lo diré delante de Su presencia”.

9:22-23

“Al perfecto y al impío Él los consume. Se ríe del sufrimiento de los inocentes”

15:13

“¿...para que contra Dios vuelvas tu espíritu, y saques tales palabras de tu boca?” “Su furor me despedazó, y me ha sido contrario; contra mí aguzó sus ojos mi enemigo”. “Vive Dios, que ha quitado mi derecho”.

16:9

27:1-4

32:2

“Se justificaba a sí mismo más que a Dios”.(27:1-4). “He aquí que Él buscó reproches contra mí, y me tiene por su enemigo”. La exhortación de Eliú: “Mayor es Dios que el hombre. ¿Por qué contiendes con Él?” “Yo soy justo, y Dios me ha quitado mi derecho”. “Dios no hará injusticia, y el Omnipotente no pervertirá el derecho”. “¿Y condenarás tú al que es tan justo?” “... lo que has dicho: Más justo soy yo que Dios?” “¿Y quién le dirá [a Dios]: Has hecho mal?” [Dios habla] “¿Quién es ése que oscurece el consejo con palabras sin sabiduría?” [Dios continúa]: “¿Es sabiduría contender con el Omnipotente? El que disputa con Dios, responda a esto”. “¿Invalidarás tú también mi juicio? ¿Me condenarás a mí, para justificarte tú?”

33:10

33:12-13

34:5

34:12 34:17-18

35:2

De nuevo aquí, Job no encuentra defecto en sí mismo, pero sí en Dios. Job había estado acusando a Dios de hacer maldad. Job era dogmático e imponente con respecto a asuntos de los que sabía poco o nada. Job estaba corrigiendo e instruyendo a Dios. “Yo sé más que tú, Señor. Debes hacer las cosas de esta manera”. “Job, ¿vas tú a corregir a Dios? ¿Sábes tú más que el Señor? ¿Serás tú su consejero? (Ro.11:34, 35)”.

36:23 38:2

40:2

40:8

64

Convirtiendo la maldición en bendición

EL PROBLEMA DE JOB ES TAMBIÉN ¡NUESTRO PROBLEMA! El problema de Job es el problema del hombre, ¡es mi problema! Las verdades comprendidas en el conflicto de Job se encuentran a través de las páginas de la Palabra de Dios. A continuación se presentan varios versículos adicionales que desarrollan el tema a profundidad. “¡Ay del que pleitea con su Hacedor!...¿Dirá el barro al que lo labra: ¿Qué haces?; o tu obra: ¿No tiene manos?” (Is. 45:9). Ésta es la reprensión que Dios le hace al hombre por criticar la forma que Él le dio. La mayor parte de la gente está descontenta con su apariencia personal. Preferiría verse como alguien más. Sin embargo, “criticar el diseño es criticar al Diseñador”. Dios nos hizo de esta manera por una razón importante. Por lo tanto, debemos estarle agradecidos por ello. Dios usa nuestras imperfecciones físicas para desarrollar en nuestro interior cualidades espirituales y carácter. “Y si dijeres: No es recto el camino del Señor; oíd ahora, casa de Israel: ¿No es recto mi camino? ¿no son vuestros caminos torcidos?” (Ez. 18:25; ref. Ez. 33:17, 20). He aquí de nuevo al hombre pleiteando con Dios. Cuando las personas están en desacuerdo con las Escrituras, están en desacuerdo con Dios y lo que están diciendo es: “Dios, yo estoy en lo correcto, ¡Tú eres el que se equivoca!” Sin embargo, nunca es Dios el que se alinea con nuestro criterio. Siempre somos nosotros los que debemos alinearnos con el suyo (Is. 55:8). “Quién entendió la mente del Señor; ¿O quién fue su consejero?” (Ro. 11:34). Dios no necesita corrección. El hombre no debe intentar nunca instruir al Señor. ¡El confundido no es Dios, sino el hombre! “Sea Dios veraz y todo hombre mentiroso” (Ro. 3:4). El libro de Daniel registra una de las grandes conversiones de todos los tiempos (Dn. 4:1-37). Nabucodonosor se había exaltado a sí mismo delante de la misma presencia de Dios, ordenando que se le dirigiera a él toda la adoración. Por esta razón, Dios lo humilló convirtiéndolo en animal durante siete años. Más tarde el rey se arrepintió, entró en razón e hizo publicar en toda la extensión del Imperio, un testimonio que sacudió la tierra. Durante su humillación aprendió que “No hay quien detenga su mano, y le diga: ¿Qué haces?” (Dn. 4:35). El rey aprendió bien su lección: nadie puede sublevarse, desafiar, contradecir ni cuestionar al Señor. Repaso del tema EL TEMA: “¿Será el hombre más justo que Dios? ¿Será el varón más limpio que el que lo hizo?” (Job 4:17). Esta revelación llegó a Elifaz en un sueño dado extraordinariamente por un espíritu. No obstante, la visión de noche fue verdadera y es el tema de Job. El libro tiene el propósito de enseñar al hombre que Dios es infinitamente justo, sea cual sea la tragedia que llegue a la vida. Y en ningún momento se le puede reprochar a Dios el haberse equivocado. Responsabilizar a Dios de un error es pecado y equivale a menospreciar la sabiduría y el amor de Dios. Jehová se reserva el derecho de hacer Su deseo en nuestras vidas (Sal.135:6). Sin embargo, cada acto que Él realiza para el hombre, está saturado de sabiduría, misericordia y amor. El libro de Job es el libro más antiguo de la tierra. Durante miles de años, Dios ha querido transmitir el mensaje de Job a la raza de Adán. Uno de los defectos más grandes del hombre es culpar al Señor de irresponsabilidad. Por lo tanto, no es cosa trivial que Job sea el libro más antiguo de la tierra. El mensaje de Job ha sido necesario desde el principio del tiempo.

Convirtiendo la maldición en bendición

65

Lo que le decimos A Dios y ACERCA de Dios es de suma importancia La generación de Israel que salió de Egipto no entró nunca en la Tierra Prometida. Israel con sus malas actitudes y palabras ásperas contra Dios, cerró su corazón (Nm. 14:3; Dt. 1:27). Caleb y Josué fueron los únicos que sabían cómo obtener el favor de Dios, diciendo: “Si Jehová se agradare de nosotros, Él nos llevará a esta tierra, y nos la entregará” (Nm. 14:8). Una confesión correcta es la clave para obtener el favor de Dios. LA GRACIA ES SUPERIOR A TODO PROBLEMA QUE NOS ENFRENTEMOS La gracia es una substancia divina que Dios nos imparte cuando estamos en necesidad (He. 4:16). La gracia de Dios está a la altura de cualquier daño que pueda venir en nuestra dirección en cualquier momento. A medida que las presiones y las tentaciones aumentan, la gracia disponible aumenta también. Por lo tanto, no hay razón o excusa para amargarse. Cuando un hombre o una mujer se amarga, es porque ha estado constantemente rechazando la gracia que tenía disponible (He.12:15; 1 Co. 10:13; 2 Co. 6:1). Hace varios años, la Sra. Audrey Bailey se sometió a su tercera operación de corazón abierto. Después de la cirugía, y en un estado de extrema debilidad, la Sra. Bailey cayó al piso por el descuido de una de las enfermeras, golpeándose la cabeza y fracturándose la nariz. Ella dijo entre sí: “Señor, ¿no podría yo quejarme un poquito?” El Señor le contestó gentilmente con Romanos 13:14: “¡Audrey, no proveas para los deseos de la carne!” El Señor prosiguió diciendo: “Por tu libre albedrío puedes convertir esta situación en una dura prueba o en una oportunidad para que obre mi gracia. Tú decides”. El Señor también dijo: “¡Mi gozo es tu fortaleza!” La Señora Bailey tomó una alternativa. Ella dijo: “¡Señor, dame Tu gracia!” Y Dios así lo hizo ¡abundantemente! Cuando ella salió del cuarto de operaciones, su rostro brillaba con la gloria del Señor.

Si nos decidimos a recibirla, la gracia de Dios tiene la capacidad de sostenernos y mantenernos amables aun en medio de la prueba más cruel. Sin embargo, podemos por el contrario tomar la decisión de rechazar la gracia y endurecer nuestros corazones. ¿Qué alternativa tomar? Dios nos ofrece la gracia (capacitación divina) que puede estar a la altura y sobrepasar cualquier daño que llegue a nuestras vidas. Dios lo promete diciendo: “Bástate mi gracia” (2 Co. 12:9).

Mansedumbre significa “no vengarse, en una santa aceptación de las circunstancias”. Solemos asociar la mansedumbre con nuestras relaciones interpersonales, pero en las Escrituras la mansedumbre se refiere principalmente a nuestra relación con Dios. Por esa razón no debemos nunca alzarnos en ira o en venganza contra Dios, Quien es el que permite nuestras situaciones. Debemos poner de manifiesto la mansedumbre hacia Dios. Es evidente que Job, durante su prueba, tuvo que aprender todavía más sobre la mansedumbre. Los corderos se quedan “mudos” delante de los trasquiladores (Is. 53:7). Jesús era manso con Su Padre. Él era un Cordero complaciente, que rindió Su vida cuando Su Padre se lo pidió. “Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento” (Is. 53:10). El Señor Jesús sabía que era la voluntad del Padre padecer vergüenza y oprobio, para ser después rechazado y muerto. Jesús siempre se deleitó en hacer la voluntad de su Padre. Él no guardaba ira hacia su Padre Celestial. La ira es lo contrario de la mansedumbre. La ira es síntoma de que aún se conservan derechos no sometidos.

66

Convirtiendo la maldición en bendición

LA ELECCIÓN DE RECIBIR LA GRACIA Una oportunidad Mejorarnos Un peldaño O o o o DE RECHAZAR LA GRACIA Una dura prueba Amargarnos Un obstáculo

El mismo sol que derrite la cera también endurece el barro. Las pruebas pueden amansar o endurecer nuestros corazones, todo depende de la alternativa que tomemos. Cuando recibimos el daño, tomamos la decisión inmediata ya sea de endurecer el corazón o de pedir a Dios la gracia que nos mantiene afables y apacibles. Por nuestra propia elección convertimos las dificultades ya sea en duras pruebas o en oportunidades, en piedras de tropiezo o en peldaños. La adversidad puede mejorarnos o amargarnos. ¡La decisión es nuestra!

PROPÓSITOS Y BENEFICIOS DE LA ADVERSIDAD
Contemplando los problemas desde la perspectiva celestial EL SUFRIMIENTO LOGRA LO SIGUIENTE: • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • Destruye la soberbia, abre la puerta a una mayor gracia. Nos pone de manifiesto lo que tenemos en el corazón. Nos hace tiernos y compasivos. Nos ayuda a no pecar más. Nos hace estables e inflexibles. Produce paz. Evita que nos descarriemos. Produce paciencia. Purifica nuestra fe. Forja la obediencia. Nos hace mansos. Nos lleva al gozo verdadero. Nos identifica con el oprobio de Cristo. Nos da la capacidad de consolar a otros. Crea naturaleza divina [oro refinado en el fuego]. Nos prepara para reinar con Cristo. Nos hace hijos maduros. Causa que entremos en el reino. Nos perfecciona. Llegamos a conocer a Jesús por medio del sufrimiento. Nos lleva a la gloria. Hace que la verdad adquiera vida. Sufrimiento vicario [el sufrir por los demás].

Por orden de Dios todo obstáculo, enemigo y problema que enfrentamos nos ayuda a bien. Las injusticias, las molestias y los pesares están, en conjunto, trabajando vigorosamente a nuestro favor, para producir en nosotros todas las virtudes que acabamos de enumerar. ¡El problema es nuestro siervo! Piense en todas las cualidades eternas que dejarían de producirse si no tuviéramos dificultades.

Convirtiendo la maldición en bendición

67

1. DESTRUYE LA SOBERBIA. La soberbia es probablemente el problema más grande que enfrentamos usted y yo. Según Job 33:16-20, Dios castiga a Su pueblo con fuertes dolores con el fin de “apartar del varón la soberbia”. La soberbia impide que recibamos gracia, pues la gracia solamente le es dada a los humildes (Stg. 4:6; 1 P. 5:6). Por lo tanto, es el amor divino el que nos hace atravesar dificultades por medio de las cuales se forja en nosotros la humildad. La humildad abre la puerta y nos pone en condiciones de recibir nueva gracia y muchas otras bendiciones (Pr. 20:30). 2. NOS PONE DE MANIFIESTO LO QUE TENEMOS EN EL CORAZÓN. “A sus propios ojos, todo hombre es recto” (Pr. 21:2; ref. Dt. 8:2; Jer. 17:9). Las pruebas y las dificultades sacan a la luz nuestra naturaleza y las motivaciones malas y escondidas, de tal manera que podamos convencernos de su existencia, y veamos nuestro problema como es en realidad. Cuando Dios decide exponernos, parece humillante y vergonzoso, pero eso es para vida, no para muerte. 3. NOS HACE TIERNOS Y COMPASIVOS. La rudeza, la imprudencia y el espíritu de crítica son devorados por el fuego de la aflicción. El fracaso personal y la humillación nos hacen más gentiles y misericordiosos para con los demás. Hay ocasiones en que es saludable que suframos derrota y fracaso. Job dijo: “Dios ha enervado mi corazón” (Job 23:16). Los períodos largos de tensión y de dificultad también nos ponen en condiciones de recibir aquello para lo cual no estábamos anteriormente ni dispuestos ni aptos. Al ver lo que Dios ve en nosotros, seremos cambiados. Pablo dijo que somos transformados por medio de la renovación de nuestro entendimiento (Ro.12:2). 4. NOS AYUDA A NO PECAR MAS. El sufrimiento destruye nuestra inclinación (o propensión) al pecado. “Pues quien ha padecido en la carne, [voluntariamente terminó] con el pecado” (1 P. 4:1). Por muy sinceros que seamos, hay “tendencias” poderosas en nuestra naturaleza que deben ser subyugadas, tales como: la soberbia, la arrogancia, la obstinación y la ira. El sufrimiento es a menudo el medio para mantener estas inclinaciones bajo control. 5. NOS HACE ESTABLES. “Después que hayáis padecido un poco de tiempo, Él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca” (1 P. 5:10). ¡El sufrimiento nos hace madurar! Nos hace estables y suprime el andar con componendas. Cuando hemos pagado un precio muy alto por la verdad, la atesoramos de todo corazón (Pr. 23:23). Las personas no valoran aquello por lo cual no han pagado un precio. 6. PRODUCE PAZ. “Dios desea lidiar en nuestra vida con todo aquello que nos esté privando de paz. El resentimiento, la soberbia y otros pesares auto inducidos, nos quitan la paz. Dios juzga estos conflictos interiores cuando estamos atravesando por fuegos de aflicción. Cuando los tres hebreos estaban en el horno ardiente, el Hijo de Dios estaba con ellos en el fuego. Lo único que se quemó fueron sus ataduras. Todo lo que las llamas hicieron fue devorarles lo que los ataba (Dn. 3:21, 25). El propósito de las pruebas de fuego es quemar nuestras ataduras, sin que nosotros suframos ningún daño. Después de que hayamos sido disciplinados por Dios y purgados de estos desórdenes, habrá una gran producción de “fruto apacible de justicia” como lo menciona Pablo en Hebreos 12:11. Ver también el Salmo 94:12-13. 7. EVITA QUE NOS DESCARRIEMOS. “Antes que fuera yo humillado, descarriado andaba” (Sal. 119:67). Muchas veces los castigos de Dios evitan que perdamos la ruta. Quizá fue su vara la que nos puso de nuevo en el camino. Pero hay algo más: si tenemos un problema abrumador o si hay un monte en nuestras vidas, un túnel es el camino más fácil de atravesarlo. Los túneles son oscuros, solitarios, y hasta nos atemorizan, pero son el camino más rápido. ¡Además, nos mantienen en la ruta! Puede ser que Dios nos conduzca a una experiencia de túnel. Es oscuro, pero nos lleva en el sentido correcto y nos libra de virajes equivocados. Puede ser que Dios nos mantenga temporalmente confinados, pero es que nos está prohibiendo virar a la derecha o a la izquierda. Dios ha escogido la mejor ruta para nuestras vidas. Por eso, demos gracias por su fidelidad.

68

Convirtiendo la maldición en bendición

8. PRODUCE PACIENCIA. “La tribulación produce paciencia” (Ro. 5:3). La palabra tribulación literalmente significa presión. Los períodos de enorme presión producen en nuestras vidas una gran paciencia. Job había experimentado la “Gran Tribulación”. A él se le conoce por la paciencia que recibió en la tribulación (Stg. 5:11). En los días del fin, la Gran Tribulación producirá una profunda paciencia en los santos (Ap. 13:10; 14:12; 7:13-14). La tribulación perfeccionará a la Iglesia de Dios y la preparará para reinar con Cristo (Ap. 19:7-8). Job tipifica a la Iglesia sufriente y glorificada. Él es el Santo del Milenio. 9. PURIFICA NUESTRA FE. Nuestra fe debe ser purificada. 1 Pedro 1:7 y Santiago 1:2-3 claramente lo declaran: “Para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo”. Nuestra fe está mezclada con prejuicios y emociones, tal como el impulsivo Pedro aprendió en sus años de juventud. Por lo tanto, Pedro tuvo que atravesar muchas pruebas purificadoras durante su vida. Al final de sus días, su fe fue “hallada en alabanza, gloria y honra”. Job dijo: “Él conoce mi camino; me probará, y saldré como oro” (Job. 23:10). Todo lo que hagamos debe nacer de fe, no de impaciencia, histeria, frustración, emoción o de nuestras propias ideas. Todas nuestras palabras y acciones deben nacer de una verdadera fe. Por eso, nuestra fe debe ser purificada. Lo que no es nacido de fe por lo general es pecado (ref. Ro.14:23). 10. LA OBEDIENCIA SE APRENDE POR LO QUE SUFRIMOS. Como hombre, nuestro Señor Jesús tuvo que aprender obediencia (o control) por lo que sufrió (He. 2:10; 5:8-9). Nosotros seremos adiestrados, equipados, disciplinados y preparados por ese tesoro frecuentemente rechazado, que se llama adversidad. Asimismo, las equivocaciones y los fracasos dolorosos nos hacen adquirir sabiduría. A veces aprendemos y absorbemos más de nuestros errores que de nuestros aciertos. 11. LA MANSEDUMBRE Y EL SUFRIMIENTO. Moisés era el hombre más manso de la tierra. Pasó cuarenta años en el desierto soportando quebrantamientos y pérdida de identidad. La mansedumbre es exactamente lo contrario de la ira. Una persona mansa soporta la disciplina y acepta sus circunstancias. No así una persona iracunda. Para convertirnos en personas mansas debemos pasar por muchos quebrantamientos. La mansedumbre implica rendir a Dios nuestros derechos. Cuando los cristianos no han rendido sus derechos a Dios, enfrentan problemas de “ira” todo el tiempo. 12. EL GOZO ES RESULTADO DEL SUFRIMIENTO. “Bien, buen siervo y fiel...entra en el gozo de tu Señor” (Mt. 25:21, 23). El resultado de hacer la voluntad de Dios (que no siempre es el camino más popular o fácil), es un inmenso gozo. El sufrimiento realmente labra en nuestro ser una gran capacidad para el gozo. Los apóstoles experimentaron un inmenso gozo cuando fueron humillados por causa de su testimonio. “Gozosos de haber sido tenidos por dignos de padecer afrenta por causa del Nombre” (Hch. 5:41). Tendremos gozo en la misma medida en que suframos por Cristo. Las personas que no han pagado ningún precio ni sufrido por Cristo, tienen muy poco gozo. Ver también Lucas 6:21-26. 13. EL SUFRIMIENTO NOS IDENTIFICA CON CRISTO. ¡El sufrimiento nos coloca aparte, como suyos! “Salgamos, pues, a Él, fuera del campamento, llevando su vituperio” (He. 13:12-13). Jesús no tiene popularidad en el sistema de este mundo, ni tampoco en algunas iglesias. Él está fuera del campamento. Allí es donde lo encontraremos. Moisés tuvo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios (He.11:26). Si no estamos dispuestos a identificarnos con el

Convirtiendo la maldición en bendición

69

vituperio de Cristo, no podremos participar de Su gloria. Ver nuevamente Hechos 5:41; Lucas 6:21-26; Romanos 8:18; 1 Pedro 4:12-13; Marcos 8:38. 14. NOS CAPACITA PARA CONSOLAR A OTROS. Seremos capaces de consolar y entender a los demás en aquello en que Dios nos ha consolado a nosotros (2 Co. 1:3-7). Se necesita empatía, no simpatía. La empatía es la intuición para saber lo que otro está sintiendo y pensando, por haber uno mismo atravesado situaciones similares. Los amigos de Job no tenían empatía. Su experiencia no era tan profunda como para entender y sentir como Job. ¡No habían sufrido lo suficiente! 15. CREA LA NATURALEZA DIVINA. “Oro refinado en fuego” (Ap. 3:18). El oro representa la naturaleza divina. El oro refinado procede del horno ardiente. El fuego y el calor intenso eliminan del oro las impurezas y la mezcla. ¡Si no fuera por ese intenso calor, la mezcla permanecería! ¡Es por eso que la naturaleza divina tiene un precio tan alto! Pablo dijo: “nuestra tribulación produce” (2 Co. 4:17). La aflicción realmente crea en nosotros un eterno peso de gloria. 16. PREPARA A LA PERSONA PARA REINAR CON CRISTO. “Si sufrimos, también reinaremos con él” (2 Ti. 2:12). El sufrimiento prepara al santo de Dios para una mejor resurrección. Lo adapta a su posición eterna en el reino de los cielos. Los que reciben “la abundancia de la gracia” reinarán con Cristo (Ro. 5:17). Esta gracia se ofrece cuando tenemos necesidad (He. 4:16). Por lo tanto, es durante los momentos de tensión en que se derrama sobre nosotros la gracia que cambia vidas. La gracia es una substancia. Es algo que recibimos cuando estamos bajo presión. Dios siempre nos da la gracia suficiente, la que basta para satisfacer nuestra necesidad. Si nuestra necesidad es grande, esta es la oportunidad de recibir una enorme cantidad de gracia. 17. NOS HACE HIJOS MADUROS. Es un grave error aborrecer las correcciones y disciplinas del Señor ¡y rendirse! (lea He. 12:5-7). Si soportamos la disciplina, Dios nos trata como a hijos e hijas adultos (He. 12:8). Pero si constantemente rehuimos la corrección, permanecerán firmes e intactos en nosotros los antiguos problemas y ataduras, tales como la ira, la soberbia y la terquedad. Al final, Dios tendrá que decir: “Tú no eres hijo mío o hija mía. No te pareces a mí ni me representas en lo absoluto. En ningún sentido eres como Yo”. La definición que Dios hace de la palabra ilegítimo es ésta: Aquel que rechaza la corrección o el cambio, de tal manera que no tiene ni la imagen ni la semejanza de su Padre Celestial (He.12:8). 18. ENTRAMOS AL REINO POR MEDIO DEL SUFRIMIENTO. “A través de muchas tribulaciones entramos en el reino de Dios”(Hch. 14:22). El reino de Dios es tres cosas: 1) Es el cielo en sí; 2) Es el cielo bajado a la tierra, el Milenio; y 3) Es el cielo llevado al corazón de los hombres, una realidad interior. Pablo dice: “El reino de Dios es justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo” (Ro. 14:17). Por lo tanto, el reino de Dios también es un ámbito, un estilo de vida y una dimensión superior del vivir (Lc. 17:20-21). Los pobres en espíritu tienen esta vida del reino (Mt. 5:3). Pero a esta realidad del reino se entra por medio del sufrimiento. Entramos en el reino (justicia, paz y gozo) a través de muchas tribulaciones. 19. SOMOS PERFECCIONADOS POR MEDIO DEL SUFRIMIENTO. La palabra perfecto significa completo, entero, maduro, totalmente equipado y apto para la tarea. Jesús fue perfeccionado a través de mucho sufrimiento (He. 2:10; 5:8-9). El sufrimiento nos prepara para la tarea que Dios ha mandado que hagamos. Los errores, fracasos, demoras, disciplinas, correcciones y castigos, todos obran juntos preparándonos para la labor que Dios nos ha enviado a realizar.

70

Convirtiendo la maldición en bendición

20. A TRAVÉS DEL SUFRIMIENTO LLEGAMOS A CONOCER A JESÚS. Pablo ansiaba conocer a Cristo en todas Sus facetas. Una de las maneras en que deseaba conocerlo era en “la participación de sus padecimientos”, como lo dice en Filipenses 3:10. No podemos apreciar a Cristo sin haber antes caminado con Él por el Huerto del Getsemaní. No es posible conocer íntimamente a Dios si lo que queremos es llevar una vida fácil, porque Dios mismo ha experimentado un gran sufrimiento y sacrificio. El Evangelio de prosperidad tiende a producir bebés espirituales en lugar de hijos plenamente desarrollados. Ese Evangelio hace hincapié en lo que Dios puede hacer por MÍ, en lugar de cambiar mi vida para que yo le dé a Él satisfacción, haciendo Su voluntad. 21. EL SUFRIMIENTO NOS LLEVA A LA GLORIA. Nuestra tristeza presente no merece compararse con la gloria que será revelada en nosotros (Ro. 8:18; 2 Co. 4:17). La gloria siempre es precedida de sufrimiento (1 P. 4:12-14; 5:1). Pablo dijo que nuestra tribulación produce en nosotros un eterno peso de gloria. 22. EL SUFRIMIENTO HACE QUE LA VERDAD ADQUIERA VIDA. Podemos entender las Escrituras solamente cuando hemos tomado un buen sorbo de la copa del dolor y experimentado nuestro propio mensaje. La verdad debe hacerse realidad en nuestro interior. De lo contrario, careceremos de autoridad y de revelación. Luz y Vida, como usted lo recuerda, son las recompensas dadas por Dios a los que han pasado por tiempos de desgracia (Job 3:20). Las verdades de las Escrituras no nos pertenecen verdaderamente sino hasta que hemos pagado por ellas. La verdad tiene un alto precio (Pr. 23:23). 23. SUFRIMIENTO VICARIO (sufrir por otros). Ésta es otra forma de sufrimiento. Es sufrir para llevar a otros a la victoria. Pablo, espiritualmente, tenía dolores de parto para llevar a los creyentes gálatas a la madurez (Gá. 4:19). El Señor puede permitir que usted sienta las cargas y ataduras de otros mientras ora por ellos. Pablo decía que sufría por el Cuerpo de Cristo para ayudarlo a madurar (Col. 1:24; 2:1). El sufrimiento también puede liberar vida para otros (2 Co. 4:10-12).

* * * * * * *

Convirtiendo la maldición en bendición

71

Las debilidades del mensaje de prosperidad El “mensaje de prosperidad”, aunque en muchos sentidos ha sido una bendición, por diversas razones ha sido también un impedimento para el crecimiento cristiano del Cuerpo de Cristo. Su proclama enfatiza lo que Dios puede hacer por mí, la forma más fácil de salir de mis problemas, una pronta respuesta, cómo puedo ser una persona de éxito y cómo puedo ser alguien. ¡Pero no ha puesto el énfasis en la vida transformada! No ha hecho hincapié en la negación del yo para hacer la voluntad de Dios. En los Estados Unidos de América, y en todas partes, se ha estado alimentando a la Iglesia con leche, siendo ésta la razón de su inmadurez. El mensaje de la cruz es molesto para muchos, ¡pero observemos cuántas cualidades eternas se dejan de producir! Que no le pase desapercibido el elemento central de la vida, el cual es: “¿Qué nos vamos a llevar a la eternidad?” “¿Qué es lo que se ha forjado en mi corazón?”

¿A QUÉ LE LLAMAMOS “SUFRIMIENTO”?
¿Debemos aceptar cada dificultad como venida de la mano de Dios? No. ¡Si no viene de Él, no debemos aceptarla! Ésta no es la intención de estudiar el Libro de Job. Satanás envía situaciones a nuestras vidas y debemos resistir firmemente a nuestro enemigo (Stg. 4:7; 1 P. 5:8-9; Jud. 3:1-2). El propósito de este curso no es fomentar la pasividad frente a Satanás y el reino de las tinieblas. Nosotros estamos en una verdadera batalla contra verdaderos enemigos. Al estar enfermos, debemos orar por sanidad. Al tener necesidad, debemos buscar la provisión de Dios. Y debemos hacer guerra espiritual contra los poderes de las tinieblas que mantienen a la gente en las garras de la iniquidad (Ef. 6:10-18). Por otro lado, Dios tiene una razón muy importante para dejar que Satanás ande todavía rondando. Dios usa al enemigo para probarnos, y usa la adversidad para desarrollarnos y atraer nuestra atención. Cuando se nos presenta un problema o un ataque satánico, debemos inquirir de Dios si hay algo específico que Él quiera decirnos y no hayamos podido oir. Dios permitió que Satanás azotara por un tiempo a Job, pero después le dio a Job la delantera sobre Satanás. Cuando los caminos del hombre son agradables a Dios, aun a sus enemigos hace estar en paz con él (Pr. 16:7). Dios nos dará poder sobre Satanás cuando los aspectos de nuestras vidas sean corregidos y estén en orden. Pero muchas veces Dios hará uso de la adversidad y de Satanás ¡para obtener nuestra atención absoluta!”. Dios nos vengará del enemigo cuando nuestra obediencia sea perfecta (2 Co. 10:6; 1 Co. 6:2-3).

72

Convirtiendo la maldición en bendición

ENFRENTANDO EL PROBLEMA DE “NO ES JUSTO”
Cuando en nuestras conversaciones está continuamente presente la frase “no es justo”, eso indica dos cosas: Que todavía no hemos aprendido los caminos del Señor y que todavía no andamos en victoria. ¿Con qué frecuencia decimos “no es justo”? “¡No es Justo!” • • • • • • • • • • • • • • • ¡Yo merezco de la vida algo mejor! Odio mi empleo, otros tienen mejores empleos. Trabajan menos y les pagan más. ¡No es justo! ¿Por qué tengo yo siempre que escatimar cada centavo, cuando a otros les sobra el dinero? ¡No es justo! ¡Yo no ando bien vestida como mis hermanas! ¡No es justo! Yo me vi privado de una niñez feliz. ¿Por qué lo permitió Dios? ¡No es justo! ¡Dios no es justo! Soy demasiado alto, demasiado bajo, demasiado gordo, demasiado flaco. Tengo una piel horrible, y así tengo el pelo, los ojos, etc. Mi nariz es demasiado grande. ¿Por qué no tengo una apariencia diferente? ¡No es justo! Yo estaba en lo correcto y aquel otro estaba equivocado. A él lo elogiaron y a mí me humillaron. No hay justicia. ¡No es justo! Yo sentí que el Señor me mostraba algo. Yo fui sincero pero luego todo salió mal. Dios dejó que yo me equivocara. ¡No es justo! Dios no es justo. ¡Si de eso se trata… yo renuncio! ¿Por qué permite Dios que esta situación continúe, cuando yo sé que Él la puede cambiar? ¡Él no es justo! Dios no me dio un matrimonio feliz. Me defraudó. Dios me falló. ¡Dios no es justo! ¿Por qué tiene Dios favoritos? No es justo. ¡Dios no ha provisto lo suficiente! No es justo. ¡Dios no se preocupa lo suficiente! No es justo. A mí me tocó la peor parte de la vida. ¡No es justo; Dios no es justo! Yo merezco algo mejor; yo merezco:
- mejor salud - mejor empleo - mejor casa - mejor cónyuge - mejores condiciones - más felicidad - más justicia - más aprobación - más reconocimiento - más dinero

¡La verdad es que ni siquiera merecemos lo que tenemos! DEBEMOS COMPRENDER LO SIGUIENTE: Que la frase ¡no es Justo! es realmente un ataque contra el Señor, Proveedor y Pastor de nuestras almas. Es en realidad decir: “Dios no ha sido justo pues no ha cuidado bien de mí. Él es insensible a mis necesidades, es duro y despreocupado. Dios es parcial y tiene favoritos. Dios es bueno con unos y despreciativo con otros. Dios es irresponsable”. Estas quejas revelan problemas del corazón que no han sido tratados, y que muestran que no estamos viendo la vida desde perspectivas bíblicas. Cuando un cristiano se lamenta continuamente de injusticias, ¡demuestra que no anda en victoria! Es precisamente por causa de estas quejas, que no hemos recibido el favor de Dios (Nm.11:1). Dios quiere perfeccionar en nosotros un excelente espíritu de agradecimiento.

Convirtiendo la maldición en bendición

73

EL QUEJARSE REVELA LO SIGUIENTE:
1. QUE NO SE TIENE GRATITUD. En lugar de dar gracias a Dios por el gran número de cosas buenas, el quejumbroso se concentra solamente en aquello que todavía desea. Cierta vez me dijo una mujer: “Dios me ha fallado. No me ha dado un matrimonio feliz”. ¡Cuán grave es expresarse así de Dios! Reflexionando sobre la afirmación de ella, veo que tenía seis niños bellos, comida abundante sobre la mesa, todos sus hijos gozaban de buena salud, y tenían la esperanza de la vida eterna...así como diez mil otras bendiciones. Las Escrituras dicen: “Cada día nos colma de beneficios” (Sal. 68:19). “Sus misericordias son nuevas cada mañana” (Lm. 3:22-23). Aparte de todas sus bendiciones, Dios no nos dio el castigo que merecíamos (Sal. 103:10). La queja es una actitud que indica que Dios me debe algo; que no me ha tratado con justicia. El hombre se olvida de todo lo que le debe a Dios. La queja demuestra hasta dónde llega la ingratitud del hombre. 2. QUE NOS FALTA CONTENTAMIENTO. El gozo es el resultado de estar plenamente satisfechos con la presencia de Dios, no con las abundantes bendiciones materiales. David había encontrado “plenitud de gozo” en la presencia de Dios (Sal.16:11). ¿Podemos nosotros ser felices con Jesús solamente? ¿O están nuestros corazones fuertemente apegados a las cosas terrenales: una linda casa, ropa de moda, éxito? ¿Tiene usted el corazón extremadamente ligado al amor humano? Una de las mayores causas de la tristeza es el problema del amor humano. Muchas veces el amor humano es idólatra. Cuando se rinde culto al amor humano, ello no produce ningún gozo porque el “ídolo” no tiene vida. Pablo aprendió a contentarse en cualquier situación que Dios le presentara (Fil. 4:11). David dijo: “Delicias a tu lado para siempre” (Sal.16:11). Si dejáramos que Dios nos menguara hasta el Salmo 27:4, encontraríamos el mismo contentamiento y plenitud que David y Pablo descubrieron. 3. QUE NOS ESTAMOS COMPARANDO CON LOS DEMÁS. Dios nos indica no hacer comparaciones (2 Co. 10:12). Cada vez que hacemos lo que Dios dice que no hagamos, estamos en problemas. Si dejáramos de compararnos con los demás, nos evitaríamos mucho dolor. “El hacer comparaciones” es una falta grave en el hombre. Al ver a los demás, suponemos que debemos tener lo que ellos tienen. Cuando no podemos tener lo que es ajeno, lo llamamos “injusticia” y nos enojamos. Pero quizá el poseer los bienes que otros tienen, nos perjudicaría. Quizá hasta sería nuestra ruina. La única Persona con quien debemos compararnos es con Aquel que es la principal Piedra del Ángulo, el Señor Jesucristo. 4. QUE CRITICAMOS A DIOS Y A SU SABIDURÍA. Tanto los redimidos como los no redimidos critican a Dios. El hombre se queja constantemente de la forma en que Dios lo ha diseñado, lo ha guiado, lo ha dotado, y ha permitido que sucedan circunstancias en su vida. Los israelitas fueron muy culpables de esto y, en consecuencia, no encontraron el favor de Dios (He. 3:7-11). ¡Ellos no tuvieron parte en los planes que Dios había trazado para sus vidas! Cuando apuramos a Dios, lo estamos criticando (“Señor, ¡cómo te demoras!”) Es insensato criticar a Dios por la forma en que nos diseñó (Is. 45:9). Dios nos hizo exactamente como somos, con un propósito (ver Sal.139). Dios usa los defectos físicos para desarrollar una gracia especial y un mensaje especial en nuestras vidas. Dios puede quitar un problema cuando éste no le sirve más para cumplir un propósito divino. 5. QUE NO ESTAMOS VIENDO LA VIDA DESDE LA PERSPECTIVA DE DIOS. Nos quejamos cuando no entendemos Sus caminos. El quejarse continuamente de injusticias pone de manifiesto que no entendemos los caminos de Dios. Cuando sí los entendemos, apreciamos la verdad de que la adversidad está obrando para nuestro bien. El problema es nuestro siervo (2 Co. 4:17; Gn. 45:4-8; 50:20). José pudo ver hacia atrás a todas las injusticias de su vida y decir: “Dios lo hizo para bien”. Las injusticias llevaron a José hasta el trono.

74

Convirtiendo la maldición en bendición

6. QUE PONEMOS EN SEGUNDO LUGAR EL SER CONFORMADOS A LA IMAGEN DE CRISTO. El hombre que tenga como meta ser conformado a la imagen de Cristo tiene una sabiduría dada por Dios. Este hombre discierne la mano oculta de Dios en las dificultades y fastidios de la vida. Él entiende que Dios tiene un propósito para todo. Por lo tanto, en lugar de quejarse de los problemas, él los agradece (1 Ts. 5:18). Por otro lado, las personas que no han hecho un compromiso y que andan en la búsqueda de una vida fácil, constantemente se quejan de sus circunstancias. No pueden ver que de la adversidad pueda resultar algún beneficio. 7. QUE NUESTROS POZOS ESTAN OBSTRUIDOS. El quejarse es un ataque contra Dios. El quejarse disminuye toda nuestra fe y todo nuestro gozo. El quejarse significa que no estamos agradecidos y que no hay un cántico para el Señor en nuestros corazones. La incredulidad y la queja están ligadas la una a la otra. La queja es algo que Dios aborrece (ver de nuevo Nm. 11:1). El quejarse revela lo siguiente (repaso):
• • • • • • • • Que carecemos de gratitud (es imposible que estemos agradecidos mientras nos quejamos). Que el elemento central es lo que queremos, en lugar de ser la multitud de bendiciones que ya tenemos. Que todavía no hemos aprendido a tener contentamiento en medio de las circunstancias. Que nos estamos comparando con los demás, enojados por no tener lo que ellos tienen. Que estamos criticando a Dios y a Su sabiduría, creyendo que nosotros hubiéramos podido hacer mejor las cosas. Que no estamos contemplando la vida desde la perspectiva de Dios. Que no tenemos como meta suprema el ser conformados a la imagen de Cristo. Que no vemos ningún beneficio en la adversidad. Que nuestros pozos están obstruidos, se han ido la fe y el gozo, e impera la incredulidad.

Debemos entender esta verdad acerca de la adversidad: Si Dios ha permitido que haya un problema recurrente en nuestras vidas, ¡significa que lo necesitamos! Algo quiere mostrarnos o efectuar en nosotros. Cuando ya ha sido corregido o modificado el asunto que Dios está tratando, Él quitará ese “aguijón” (2 Co. 10:6). Recuerde, Dios dejó un problema en la vida de David: Saúl. Saúl persiguió a David por años, sin que Dios le permitiera a David subyugarlo. Una vez que la obra redentora especial de la gracia se consumó en el corazón de David (humildad, dependencia de Dios, paciencia), Dios quitó el problema. Eliminó a Saúl, el atormentador (Pr. 16:7). Se observa esta verdad en la vida de José José, el hijo de Jacob, creció en un desdichado hogar de contienda y envidia. Sus hermanos conspiraron para matarlo. José era totalmente recto pero entró en un período de su vida en que todo le salía mal. ¿Era eso justo? ¡Sí! ¡Contemple el producto final! José fue enviado a tierra extranjera, vendido como esclavo. Fue traicionado en Egipto y puesto por años en un calabozo. Sin embargo, con todo esto, Dios lo estaba preparando para ser un libertador de su generación. Cada injusticia lo iba acercando más y más al trono. Los tiempos de oscuridad, confusión, dolorosas demoras y crueles acusaciones, iban introduciendo hierro en su alma. José se convertiría en el salvador de su generación y Dios tenía que templarlo como al acero para que no fuera a doblegarse bajo la presión. Era José el que tenía las soluciones para su generación, soluciones que obtuvo bajo circunstancias insólitas y penosas. Ciertamente, cada injusticia es una bendición disfrazada. ¡En la administración de Dios cada una es justa! Dios todo lo dispuso para bien. ¡Dios usa todas las cosas para beneficiarnos! (Gn. 45:5-8; 50:20; Ro. 8:28). Algunos puntos de ayuda para vencer el síndrome de “no es justo”.

Convirtiendo la maldición en bendición

75

Conquistando la Amargura 1. SER AGRADECIDOS. En lugar de concentrarnos en lo que no tenemos, debemos hacer un alto y contar nuestras bendiciones. Debemos estar agradecidos por todo lo que Dios ha hecho por nosotros y por todas las cosas que ha traído a nuestras vidas (1 Ts. 5:18). Aun las épocas oscuras son un regalo y un “tesoro” de Dios para nosotros (ref. Is. 45:3). Algunos de los mayores tesoros de la vida se encuentran solamente en la oscuridad. El agradecimiento convierte cada derrota en una victoria. La gratitud también trae fe y gozo a nuestros corazones...¡así como el favor de Dios! Por consiguiente, ofrezcamos sacrificio de acción de gracias. 2. NO COMPARARNOS CON LOS DEMÁS (2 Co. 10:12). El resentimiento llega cuando nos comparamos con otros y luego esperamos igualdad. Las Escrituras nos ordenan no compararnos con los demás. Que no nos importe lo que otros tengan. Debemos aprender a estar satisfechos con lo que la sabiduría de Dios nos ha asignado. 3. PERDONAR COMPLETAMENTE A NUESTROS OFENSORES. Es más fácil perdonar a los demás cuando sinceramente comprendemos lo mucho que hemos herido a otras personas. La gente que es incapaz de perdonar, es insensible al daño que le ha causado a otros. Sólo siente sus propias heridas. Relevemos a nuestros ofensores de todas las heridas y privaciones que nos hayan causado. Perdonémoslos por todas las promesas rotas y desengaños, basándonos en Efesios 4:32: “Como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo”. En el Salmo 103:10 dice que Dios no nos ha dado el juicio que nos correspondía. Por eso, debemos ser clementes para con los demás. Recordemos que cuando endurecemos el corazón contra alguien, no podemos ser receptivos para el Señor. El corazón se vuelve insensible y cauterizado. ¡Manténgase tierno! El resentimiento es el resultado de rechazar la gracia sustentadora que está a nuestra disposición en los momentos de dolor (He.12:15). 4. NO VENGARNOS NOSOTROS MISMOS. Las represalias y el tratar de “ajustar cuentas” sólo nos endurecen más (Pr. 24:29). ¡Encomiéndele a Dios la ofensa! (1 P. 2:23). A la larga, no da resultado “descargar la ira”. Cada vez que ejercitamos la vieja naturaleza ¡la reforzamos aún más! 5. PRACTICAR PENSAMIENTOS MISERICORDIOSOS HACIA NUESTROS OFENSORES. ¡Las meditaciones que escogemos son muy importantes! Las palabras y los hechos comienzan en el pensamiento. Practiquemos pensamientos buenos acerca de nuestros ofensores. ¡Esto requiere esfuerzo y gracia! Después, cuando mencionemos a esas personas, lo haremos con más bondad. Tengamos asimismo pequeños gestos de atención para quienes nos han perjudicado. Al hablar de ellos, hagámoslo en forma edificante. Sobre todo, oremos por ellos. 6. ADMITIR QUE DIOS TIENE ESCONDIDA UNA BENDICIÓN EN CADA INJUSTICIA. Si mantenemos rectos nuestros corazones, las experiencias crueles y lastimosas traerán numerosas bendiciones. Dios ha dispuesto “las injusticias” para bendecir nuestro postrer estado (ref. Gn. 50:20). 7. RECORDAR QUE DIOS NOS REIVINDICARÁ TARDE O TEMPRANO. En esta vida no espere justicia todo el tiempo. Aquí en la tierra Jesús no tuvo justicia. Sin embargo, Él será reivindicado cuando regrese, y esto para toda la eternidad. En algunos casos, no seremos reivindicados sino hasta el Día del Juicio (1 P. 2:23; 4:19; Ec. 12:14). Pero estemos seguros de lo siguiente: tarde o temprano, Dios sacará indefectiblemente todas las cosas a la luz e impondrá justicia.

76

Convirtiendo la maldición en bendición

8. JESUS SUFRIÓ INJUSTICIAS TAMBIÉN; NOSOTROS NO SOMOS MEJORES QUE ÉL (ref. Jn. 15:20; 1 P. 2:21). Nosotros estamos llamados a sufrir por causa de la justicia y a ser “participantes de las aflicciones por el evangelio según el poder de Dios” (2 Ti. 1:8). ¿Debe nuestro Señor soportar injusticias y Su Esposa no? ¡Todo lo contrario! Los apóstoles estuvieron “gozosos de haber sido tenidos por dignos de padecer afrenta por causa del Nombre” (Hch. 5:41). 9. ACEPTAR TODO LO QUE DIOS NOS DEPARE, COMO MÁS QUE JUSTO. ¡Ésta es verdadera mansedumbre! Toda cosa que el Señor nos depara fue dispuesta para nuestro beneficio y perfeccionamiento. Dios quitará el “aguijón” cuando su obra específica esté consumada en nuestras vidas. La sabiduría y el amor de Dios por nosotros son perfectos. Él es digno de nuestra confianza y, al demostrárselo, lo agradamos. 10. ADOPTE EL CRITERIO DE QUE NO MERECEMOS NADA. Nosotros no merecemos algo más ni algo mejor, nosotros no merecemos nada. Dios no nos debe nada. Él se complace en conceder muchas y amplias bondades al hombre, pero éste no las merece. El hombre por lo general es desagradecido. El dar gracias por las cosas que ya poseemos nos llevará a una sincera alabanza y adoración. Cuando la ingratitud ha penetrado en nuestro corazón, es imposible alabar o adorar como es debido. Dios ama a los dadores alegres Dios ama a los dadores alegres, a los que hacen todas las cosas con ánimo de servir y que se sacrifican con alegría. Las Escrituras exhortan: “Deléitate en el Señor”. Los que se deleitan en el Señor alcanzarán todas las promesas de Dios (Nm. 14:8-9). Nuestra actitud es de suma importancia si deseamos obtener el favor de Jehová. El Esposo Celestial desea liberar a Su Esposa de todos los tonos negativos (queja, crítica, desagradecimiento). Ningún aspecto del Cristianismo es negativo. El cristianismo es luz. Cristo mismo es Luz. Por lo tanto, en el verdadero mensaje cristiano ¡no hay ningunas tinieblas! (1 Jn. 1:5).

VENCIENDO EL SÍNDROME DE “NO ES JUSTO”
• • • • • • • • • • • • Sea agradecido... mantenga un cántico en el corazón. No se compare con los demás. Releve completamente de culpa a todos sus ofensores. Admita lo mucho que usted ha ofendido a otros. No se vengue usted mismo. Practique pensar en sus ofensores con misericordia. Ore por su ofensor. Reconozca que Dios, en cada injusticia, tiene una bendición disfrazada. Recuerde que tarde o temprano Dios le reivindicará. Jesús sufrió injusticias también; nosotros no somos mejores que Él. Acepte como más que justo todo lo que el Señor le depare. Adopte el criterio de que “no merecemos nada”.

Convirtiendo la maldición en bendición

77

VIENDO EL JUICIO DESDE LA PERSPECTIVA DE DIOS
¿Qué concepto tiene usted del juicio? ¿En qué piensa usted cuando alguien habla de juicio o del juicio de Dios? Por lo general ello nos da una impresión negativa. La palabra misma da a entender una pena severa, un castigo y el desagrado de la mano de Dios. Sin embargo, aunque pueda significar cualquiera de éstos, una mejor definición de la palabra nos podría ayudar a despejar estos conceptos erróneos. Todos debemos ser juzgados Dios ha dejado en claro que todos los hombres, buenos o malos, deberán ser juzgados sin excepción. “Él juzgará al mundo con justicia, y a los pueblos con rectitud” (Sal. 9:8). “Porque vino a juzgar la tierra. Juzgará al mundo con justicia, y a los pueblos con su verdad” (Sal. 96:13). “Dios es juez justo, y Dios está airado contra el impío todos los días” (Sal. 7:11). Todavía queda la pregunta: ¿Cuál es el verdadero significado de “juzgar”? 1. DUWN (doon): es una palabra hebrea que significa “juicio”. Quiere decir gobernar; juzgar como un árbritro; disputar como en derecho, contender; ejecutar; juzgar; administrar el juicio; defender la causa. 2. SHAPHAT: es otra palabra hebrea usada para definir juicio. Significa: juzgar; pronunciar sentencia (en favor o en contra), reivindicar o penar; gobernar; litigar; vengar; condenar; contender; defender; ejecutar juicio; ser juez; alegar; concluir por el razonamiento; pronunciarse. 3. KRINO: es una palabra griega usada en las Escrituras para describir el alcance y la acción del juicio. Significa: Distinguir, decidir mental o judicialmente. Por implicación: Ver una causa o litigio; condenar; castigar; vengar; objetar; o sentenciar. Dios quiere juzgar el mal que hay en nuestros corazones ahora, para que en el Día del Juicio estemos sin mancha Con esta definición más completa de la palabra juicio, podemos ver que el juicio de Dios no siempre consiste en que seamos nosotros hallados culpables y merecedores de castigo. Puede significar juicio para limpieza y reivindicación. El propósito de las tribulaciones es ver lo que hay en nuestros corazones, y librarnos de toda disparidad con Aquel que nos está juzgando. “Sus ojos ven, sus párpados examinan a los hijos de los hombres” (Sal. 11:4). Para poner por obra la justicia, primero debemos imitar a Aquel a quien pertenece la justicia (Dn. 9:7). El Juez Justo del universo nos examinará con Sus ojos que todo lo ven. Él enviará pruebas y juicios con la finalidad de que toda iniquidad oculta en nosotros sea pasada por el tamiz, como sucedió con Job. Muchas veces, cuando estamos siendo cernidos, perdemos de vista el propósito de la prueba: presentarnos irreprensibles delante de Aquel que es sin mancha (Jud. 1:24; Ap. 14:5; Ef. 1:4). Entender este resultado final nos hace más capaces de aceptar y recibir Sus justos juicios en nuestras vidas. Al examinar detenidamente las Escrituras, descubrimos varias razones importantes para los juicios de Dios en la tierra y en nuestras propias vidas. Estos propósitos desafían parte de la teología moderna, pero si logramos admitir las verdades de la Palabra de Dios, llegaremos a conocer la victoria que Dios determinó para nuestras vidas por medio de la purificación de juicio.

78

Convirtiendo la maldición en bendición

ALGUNAS RAZONES PARA QUE HAYA JUICIO

• • • • • • •

Juicio para liberación. Juicio para reivindicación. Juicio para prueba. Juicio para santidad. Juicio para recompensas. Juicio para amor Juicio para gloria.

1. JUICIO PARA LIBERACIÓN. Dios desea liberarnos de los muchos enemigos que nos rodean y afligen. Unos están en nuestro exterior y otros en nuestro interior. Al juzgarnos, Dios separa lo precioso de lo vil que hay en nuestras vidas. “Porque el Señor al que ama, disciplina, y [azota] a todo el que recibe por hijo. Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? (He. 12:6-7). Los tres amigos de Daniel fueron atados y arrojados a un horno ardiente. Pero aunque el fuego les quemó las ataduras, ellos en sí no fueron tocados ni por el fuego ni por el humo. Las pruebas por las que nosotros pasamos están destinadas a quemar nuestras ataduras. En el horno de aflicción, Dios juzga y consume por fuego aquello que es inapropiado y que impide nuestro progreso espiritual, pero nosotros en sí podemos salir del fuego sin sufrir ningún daño. 2. JUICIO PARA REIVINDICACIÓN. David pidió en oración que Dios le reivindicara ante sus enemigos y se pronunciara a su favor: “Júzgame, oh Dios, y defiende mi causa; líbrame de gente impía, y del hombre engañoso e inicuo” (Sal. 43:1). “Mas Dios es el juez; a éste humilla, y a aquél enaltece” (Sal. 75:7). El juicio nos separa y distingue de los impíos que están alrededor (Jer. 15:17). Dios tiene que corregir a Su Iglesia primero, antes de juzgar al mundo (ref. 2 Co.10:6; 1 P. 4:17; Pr. 16:7). Dios reprenderá a nuestros enemigos después de que haya llevado a cabo Su obra en nosotros. 3. JUICIO PARA PRUEBA. Dios trae juicio a Su pueblo con el fin de probarlo: “...de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios ...para probarte” (Dt. 8:2). Dios probó a Job y tuvo confianza en su carácter y en el resultado que tendría la prueba. ¡Job fue juzgado fiel! Abraham fue juzgado fiel cuando voluntariamente entregó su posesión más preciada: Isaac. 4. JUICIO PARA SANTIDAD. Los juicios de Dios en nuestras vidas nos obligan a escoger el camino por el cual queremos viajar. Una ruta lleva a la santidad, la otra lleva a la mezcla e inmundicia. “El que es injusto, [sea injusto todavía]; y el que es inmundo, [sea inmundo todavía]; y el que es justo, [practique la justicia todavía]; y el que es santo, santifíquese todavía” (Ap. 22:11). Un camino se vuelve cada vez mejor y nos lleva de la justicia a la santidad. El otro, se deteriora cada vez más y nos lleva de la injusticia a la inmundicia. Con nuestra respuesta a los juicios de Dios en nuestras vidas, estamos escogiendo un camino específico (Dt. 30:19). Al aceptar o rechazar las situaciones que Él nos hace enfrentar, estamos escogiendo la vida o la muerte. Si nos sometemos a los justos juicios de Dios en nuestras vidas, seremos puestos en caminos de rectitud. Seamos capaces de decir junto al Salmista: “Júzgame, oh Jehová, porque yo en mi integridad he andado; he confiado asimismo en Jehová sin titubear” (Sal. 26:1). “Mas Él conoce mi camino; me probará, y saldré como oro” (Job 23:10).

Convirtiendo la maldición en bendición

79

5. JUICIO PARA RECOMPENSAS. Otro de los propósitos que tienen los juicios y humillaciones de Dios en nuestras vidas, es capacitarnos para tomar posesión de una rica herencia. Dios anhela exaltar a los fieles que soportan Sus justas cerniduras y juicios (1 P. 5:6). “Y bendijo Jehová el postrer estado de Job más que el primero” (Job 42:12). José también fue bendecido con una doble porción al final de sus juicios (Gn. 48:22; Ez. 47:13). El juicio le llegó tanto a José como a Job, pero al final Dios los reivindicó a los dos, dándoles una doble herencia. Las Escrituras son muy claras en cuanto a la recompensa de los justos. “¿O no sabéis que los santos han de juzgar al mundo? (1 Co. 6:2). “¿O no sabéis que hemos de juzgar a los ángeles? ¿Cuánto más las cosas de esta vida?” (1 Co. 6:3). Pero Dios debe primero juzgar la maldad que hay en nuestros propios corazones, antes de que pueda asignarnos la tarea de juzgar al mundo y a los ángeles rebeldes (1 Co.11:31-32; 2 Co.10:6). 6. JUICIO PARA AMOR. Hace varios años un cristiano devoto hizo esta oración: “Señor enséñanos a relacionarnos con todo el cuerpo de Cristo”. Fue una plegaria producida por el Espíritu Santo. Dios está en el proceso de juzgar prejuicios, ideas preconcebidas y sospechas que hay en nuestras mentes, causantes de división y distanciamiento con los demás creyentes nacidos de nuevo. “¡No juzgues para que no seas juzgado!” Una mente redimida fomenta la unidad y el amor a los hermanos, pero la mente natural separa a unos de otros. Es indispensable que le permitamos a Dios juzgar nuestra mente natural: nuestras preferencias, prejuicios y tradiciones. La mente natural es una enemiga irreconciliable de la unidad y del amor a los hermanos. Permitamos que Dios queme todo residuo que nos haya quedado de las flaquezas de la mente natural. Él lo hará mientras nos juzga. 7. JUICIO PARA GLORIA. Otro de los propósitos del juicio es que lo podamos ver a Él: al Señor de la Gloria. Después de soportar los fuegos de Dios, Job pudo decir: “De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven”. Él pudo hacer esta declaración sólo hasta después de que varias imperfecciones importantes de su vida le fueron juzgadas, mismas que le habían estado entorpeciendo su visión del Señor. El resultado final de los juicios de Dios sobre nosotros, es que lleguemos a conocerlo. Dios debe juzgar las áreas de ceguera que nos impiden ver lo que Él ve. Job fue liberado sólo después de que vio lo que Dios veía en él. Que Dios nos conceda la valentía y la gracia para entrar en el ruedo del juicio de Dios, con lo cual seremos probados pero no destruidos, como lo fueron aquellos tres hebreos en el horno ardiente. Que seamos capaces de decir al final de nuestras pruebas, las mismas palabras del Capitán de nuestra salvación: “Viene el príncipe de este mundo [Satanás], y él nada tiene en mí” (Jn. 14:30).

“Nos metiste en la red; pusiste sobre nuestros lomos pesada carga. Hiciste cabalgar hombres sobre nuestra cabeza; pasamos por el fuego y por el agua, y nos sacaste a abundancia” (Salmo 66:11-12)

80

Convirtiendo la maldición en bendición

PROBLEMAS QUE SE ENCUENTRAN EN EL CORAZÓN
Dios bien podría hablarnos con franqueza acerca de los problemas que observa en nuestros corazones, pero, si así lo hiciera, ¿estaríamos íntimamente convencidos de ellos? Por lo general, necesitamos tener una prueba de fuego para que un problema sumamente arraigado salga a la luz y levante su fea cabeza (Hch. 28:3). Nos convencemos de nuestro problema sólo hasta que éste ha aflorado y salido por nuestras bocas una y otra vez. El problema puede estar muy oculto y permanecer dormido en nuestro interior por años, hasta que una prueba candente y una serie de circunstancias únicas lo hacen surgir. Por ejemplo, la prueba de Job se prolongó por meses, hasta que aquello que estaba en la profundidad de su corazón, afloró y salió por su boca una y otra vez. ¡Entonces Job se convenció de su falta! El Señor le advirtió a Pedro: “Tú me negarás tres veces”. Pedro discutió acaloradamente con el Señor, diciendo que eso no estaba en su corazón. Ni siquiera el Señor lo pudo convencer. Por lo tanto, el Señor tuvo que apartarse y permitir que la experiencia lo convenciera. Contender con Dios es algo innato en el corazón del hombre, ¡mucho más de lo que imaginamos! NUESTRO CORAZÓN ES UN HUERTO Cuando Dios plantó el huerto del Edén, plantó también un huerto dentro del hombre. En la Palabra de Dios, muchas veces nuestros corazones se comparan con un huerto. Las Escrituras a menudo nos hacen centrar la atención en aquello que está creciendo en nuestras vidas, y en la clase de fruto que se produce en nuestro interior. Lo que permitamos que se siembre en nuestros corazones, dará su fruto con toda seguridad. Ciertamente cosecharemos lo que hayamos sembrado. Y habrá fruto, no solamente por lo que sembremos en nuestros corazones, sino por lo que sembremos en el corazón de los demás, especialmente en nuestros hijos. Estamos constantemente “sembrando” con nuestras palabras, hechos y actitudes. ¡La condición de nuestro huerto es la posesión más valiosa que tenemos! ¿Qué es lo que está germinando en el huerto interior de nuestras vidas? El barbecho: huerto desatendido de un descarriado Jeremías dijo al pueblo: “Arad campo para vosotros, y no sembréis entre espinos” (Jer. 4:3). Un barbecho es un suelo que en un tiempo fue labrado y dio fruto, pero que más tarde se desatendió. Una tierra que se deja en abandono, se endurece y empieza a producir espinos y cardos. Por la indiferencia y el descuido, el corazón del pueblo se había endurecido y en su lugar crecían los espinos. El barbecho representa el corazón del descarriado. Espinos o hierbas Los espinos y las zarzas representan las obras de la carne (ref. Mc. 4:18-19). Las hierbas, por el contrario, representan el fruto del Espíritu (las nueve hierbas mencionadas en Cantares 4:12-14 son análogas a los nueve frutos del Espíritu, Gálatas 5:22-23). Pablo reprendió a los creyentes hebreos por producir zarzas y espinos en sus vidas. Él estaba “persuadido de cosas mejores acerca de ellos” (He. 6:7-9). El Padre arrancará todo lo que Él no haya plantado “Toda planta que no plantó mi Padre celestial, será desarraigada” (Mt. 15:13). En nuestro interior están germinando semillas que fueron sembradas desde hace muchos años (ideas, impresiones, imaginaciones, traumas, palabras). Con el paso del tiempo, éstas han crecido y adquirido poder internamente. Algunas de estas “semillas” están ahora produciendo malos frutos. Ciertos brotes y ataduras (como la depresión, la soberbia y la ansiedad) quizá han estado allí por tanto tiempo, que en verdad se han hecho grandes árboles que necesitan ser desbastados.

Convirtiendo la maldición en bendición

81

Todo mal “árbol” será cortado “Y ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego” (Mt. 3:10). Estos malos brotes deben ser cortados por medio de la Palabra del Señor y con mucha intercesión. Al orar, estamos desbastando estos árboles. Si seguimos orando sin desmayar, ese arbol caerá. Estos árboles deben ser cortados porque sus malas raíces se están robando los nutrientes de otras áreas de nuestro huerto. Y recuerde, aun si se tala un árbol, queda un tronco, ¡y éste puede retoñar! Por eso, debemos pedir a Dios que se ocupe de las raíces. La pregunta es: “¿Por qué creció esto en nuestros corazones, en primer lugar? ¿Qué clima lo volvió tan fructífero?” El Señor desea que cada uno de nuestros huertos esté “labrado y sembrado” (Ez. 36:9), no desatendido. Desea que cada parte de nuestro huerto sea hermosa y productiva. Cuando las piedras de la rebeldía y del endurecimiento son quitadas, y cuidamos nuestro huerto con diligencia, podemos finalmente ser como el huerto del Edén (Ez. 36:35). Dios quiere que nuestro huerto sea un paraíso bien irrigado (Jer. 31:12; Sal. 1:3). Esté alerta contra las raíces de amargura Lo que sembremos en nuestro huerto es lo que vamos a cosechar. ¿Con qué lo estamos cultivando y nutriendo? Si estamos sembrando semillas carnales, cosecharemos tristeza. Pero si estamos sembrando semillas espirituales, cosecharemos vida. Si la excelente semilla de la Palabra de Dios está siendo plantada en lo profundo de nuestros corazones, brotará el selecto fruto del Espíritu. Sin embargo, el fruto necesita tiempo para crecer. Pablo dice: segaremos, si no desmayamos” (Gá. 6:9). Cuidado, entonces, porque si el suelo fértil está recibiendo discordia y chisme, el fruto de ello será la amargura. La amargura es una planta que puede germinar de la noche a la mañana (He.12:15; Pr. 6:19). Si no nos ocupamos de inmediato de la raíz de amargura, crecerá tanto que nuestro huerto quedará invadido por ella ¡y destruido! Los padres de familia no deben tener la osadía de sentirse ofendidos y por ello criticar a la iglesia y al pastor. Al hacer esto, estarán sembrando las mismas semillas en los sensibles corazones de sus hijos. Los hijos también se resentirán y lastimosamente volverán atrás. Padres de familia, por favor tengan cuidado con la entonación negativa de la voz y las críticas contra la iglesia, contra el liderazgo y contra las cosas espirituales en general. Estarán salvando sus hogares y sus hijos. Los padres de familia que son repetuosos, reproducen ese respeto en su descendencia. De acuerdo con Génesis 1:2125; 5:3, reproducimos exactamente lo que somos. ¡Ciertamente cosecharemos lo que hayamos sembrado! La clase de corazones en que Cristo quiere entrar Cantares 4:12-16 y 5:1 es un retrato del huerto en que el Señor quiere entrar. Observe de nuevo que las nueve hierbas de Cantares 4:12-14 son análogas a los nueve frutos del Espíritu que se mencionan en Gálatas 5:22-23. Esto es lo que el Señor quiere que florezca en cada creyente. Toda espina, piedra, endurecimiento, y demás brotes malos, deben ser desarraigados. Cuando usted haya estado en la presencia de Dios y su terreno esté suave y húmedo, permita que Él arranque de usted las imperfecciones. Otros problemas muy arraigados, quizá necesiten más tiempo y una larga “desbastadura”. “Yo vine a mi huerto” (Cnt. 5:1). Se refiere a una nueva entrada del Señor en la vida de alguien que ha cuidado diligentemente su huerto. Permita que Dios le dé un giro a su huerto; que Él desarraigue cada área de su vida que le sea desagradable, y que en esos lugares siembre algo divino. Ore para que cada área de su huerto produzca buen fruto y despida un aroma gratísimo a Él.

82

Convirtiendo la maldición en bendición

Durante la prueba de Job, el Señor le dio un giro a otra área de su vida. Enterrando el arado muy dentro del corazón de este varón, Dios expuso a la luz del día viejas piedras y raíces. Cuando hubo acabado su obra, Dios hizo una novedosa entrada en la vida de Job, cuya vida interior era ahora un espléndido paraíso para el Señor. El fruto de los labios y los pensamientos El libro de Proverbios habla muchas veces del poder de la lengua (Pr. 12:14; 18:20.21). Nuestra boca está continuamente sembrando algo en los corazones de los demás, bueno o malo. Por lo tanto, ¡nuestros labios producen fruto! Piense usted en ello: la boca está sembrando semillas todo el tiempo. Yo espero que no seamos culpables de sembrar discordia. Asimismo, nuestros pensamientos producen fruto (ref. Jer. 6:19). Los pensamientos se convierten en palabras y producen fruto. ¡Oh permitámosle siempre a nuestro Labrador Celestial podar de nuestros corazones todos los excesos! (Jn. 15:1-3). Cuando nuestras vidas estén dando buen fruto, Dios querrá compartirlo en todas partes. “Días vendrán cuando Jacob echará raíces, florecerá y echará renuevos Israel, y la faz del mundo llenará de fruto” (Is. 27:6). “Porque como la tierra produce su renuevo, y como el huerto hace brotar su semilla, así Jehová el Señor hará brotar justicia y alabanza delante de todas las naciones” (Is. 61:11). Para que la justicia y la alabanza broten delante de las naciones, alguien tiene que ir a las naciones a plantar primero esa semilla. Pídale a Dios que cultive un fruto excelente en su huerto, para que usted pueda sembrar esas semillas en las naciones a las que ha sido llamado (Sal. 126:6).
RESUMEN: EL HUERTO DE NUESTROS CORAZONES • • • • • • • • • • • • • • • • • •
Nuestro corazón es un huerto. El huerto de nuestro corazón produce todo fruto: bueno o malo. Dios desea quitar todas las piedras (el endurecimiento y la resistencia), y las espinas (las obras de la carne). Tenemos problemas originados en el corazón (por causa de lo que está sembrado en él), y que a menudo desconocemos. Aun cuando Dios nos habla de nuestras necesidades, no quedamos convencidos. La experiencia es la que deberá convencernos. Hay actitudes que han crecido en nuestros corazones por tanto tiempo, que deben ser cortadas como árboles (Mt. 3:10). El barbecho es un terreno descuidado que se vuelve duro y espinoso (Jer. 4:3). Los brotes malos de nuestro huerto se roban los nutrientes de otras plantas buenas. La raíz de amargura puede surgir de la noche a la mañana (He. 12:15). Los corazones deben estar bajo continua vigilancia. Cosechamos lo que permitimos que se siembre en nuestro huerto y también en nuestros hijos. Estamos sembrando constantemente por medio de actitudes, palabras, hechos y meditaciones. Sembrar la discordia destruye y separa a muchas amistades. Es algo que Dios aborrece (Pr. 6:16-19). Las nueve hierbas de Cantares 4:12-16, corresponden a los nueve frutos del Espíritus (Ga.5:22-23). El Señor quiere entrar en un huerto (cf. Cnt. 4:12-16) y compartir los frutos con los demás (Cnt. 5:1). Cuando hay buen fruto en nuestras vidas, Dios quiere compartirlo en todas partes (Is. 27:6). Cuando Dios acabó la obra en el huerto de Job, hizo una nueva entrada en su vida. Durante miles de años, Dios ha compartido en todo el mundo el fruto del huerto de Job. Dios desea que todos nuestros huertos sean labrados, produzcan, y se vuelvan como el Edén (Ez. 36:9, 35). Solamente aquéllos que tienen en sus corazones justicia y alabanza, son capaces de sembrarlas (Is. 61:11).

Convirtiendo la maldición en bendición

83

EL DERECHO DE PRIMOGENITURA
La doble porción Introducción En las Escrituras, el varón primogénito heredaba privilegios especiales. La posición del primogénito era de considerable honor y responsabilidad. En ausencia del padre, él tenía la autoridad sobre sus hermanos, como se ilustra en Génesis 37:20-30. Asimismo, el primogénito o hermano mayor, era muy respetado y temido por sus hermanos menores. Cuando los hijos de Jacob tramaron contra su hermano José, más joven que ellos, la voz del primogénito Rubén fue la que salvó a José de la muerte (Gn. 37:21-22). El primogénito también tenía responsabilidades especiales, porque era quien respondía y rendía cuentas ante su padre por el bienestar de sus hermanos y hermanas menores. Rubén se entristeció mucho cuando, en vano, volvió a la cisterna a recuperar a José. Él gritó con horror: “El joven no aparece; y yo, ¿adónde iré yo?” (Gn. 37:29-30). El primogénito no sólo era segundo después del padre, sino que cuando este último fallecía, él lo sucedía como cabeza de familia, recibiendo una doble porción como su parte de la herencia (Dt. 21:15-17). Cuando un hombre repartía la herencia entre sus hijos, si tenía siete, dividía la herencia en ocho partes iguales, dándole al primogénito dos partes, y a los otros hermanos una, equitativamente. Por lo tanto, se hacía una marcada distinción entre un hijo y un hijo primogénito. Los primogénitos reciben el reino 2 Crónicas 21:1-3 establece una diferencia entre los hijos varones y los hijos varones primogénitos. Al fallecer el Rey Josafat, había dividido su herencia de la siguiente manera: Todos sus hijos recibieron regalos grandes y ostentosos, pero a su primogénito Joram, se le dio el reino. Hay una gran diferencia entre recibir obsequios maravillosos y recibir el reino. ¡El reino es para los reyes! Y aunque todos los creyentes están llamados a constituirse en reyes y sacerdotes (Ap. 5:9-10; Ex. 19:6), hay dos supremas razones que descalifican al creyente para convertirse en rey y sacerdote (leer 1 S. 15:23; Os. 4:6). Señas de los primogénitos • Poder y autoridad entre sus hermanos. • Dignidad, majestad, reverencia. • Responsabilidad por los hermanos y hermanas menores. • Cabeza de familia en ausencia del padre. • Una doble porción de la herencia. • El reino y el sacerdocio eran dados a los primogénitos. El mensaje de la primogenitura es también un tema fuerte en el Nuevo Testamento, y se le ve especialmente en las epístolas inspiradas del apóstol Pablo. Cristo es revelado como el primogénito entre muchos hermanos, el Primogénito de la Creación y el Primogénito de los muertos. Pero luego en Hebreos 12:23, Pablo se refiere a “la congregación de los [primogénitos]”. En el griego original, primogénito aparece en plural. Por lo tanto, hay un grupo especial de creyentes que son primogénitos entre sus hermanos.

84

Convirtiendo la maldición en bendición

• Romanos 8:28-29: Cristo es “el primogénito entre muchos hermanos” (ref. Sal. 89:27). Jesús es nuestro Hermano mayor. Él tiene autoridad y poder sobre nosotros, Sus hermanos y hermanas menores. Él es la Cabeza de la Iglesia. Él es reverenciado y temido. • Colosenses 1:15-17: Cristo es “el Primogénito de toda creación”. Él no es solamente el Primogénito entre muchos hermanos y Cabeza de la Iglesia, sino que también ejerce poder y autoridad sobre toda la creación y el universo, porque Él los creó. Su Nombre es sobre todo nombre (Fil. 2:9-11, Mt. 28:18). Él tiene autoridad sobre todos los hombres, ángeles, principados y potestades. Él es el Rey de todos los reyes y el Señor de todos los señores. Colosenses 1:18 y Apocalipsis 1:5: Cristo es “el Primogénito entre los muertos”. Jesús tiene poder y autoridad absolutos sobre la muerte. La muerte le teme y se inclina ante Él. Jesús es la resurrección y la vida, y tiene las llaves de la muerte y del infierno (Ap. 1:18, Jn. 11:25). • Hebreos 12:22-23: “la congregación de los [primogénitos]”. He aquí un grupo de devotos creyentes que han ascendido al monte Sion y son primogénitos entre sus hermanos. Éstos están dotados de la doble porción del Espíritu de Dios. LA DOBLE PORCIÓN Concedida a la congregación de los primogénitos En Hebreos 12:22-23 Pablo menciona un grupo específico de primogénitos que han ascendido del todo al monte Sion. Hay un monte Sion en la Jerusalén terrenal, y un monte Sion en la Nueva Jerusalén celestial (ref. Ap. 14:1-5; 21:2). El Sion terrenal simboliza el Sion celestial. El Rey David tomó una pequeña colina, levantó una carpa sobre ella y en su interior colocó el Arca del Pacto (2 S. 5:7; 1 Cr. 11:5; 15:1; 16:1). A partir de ese momento, el monte Sion adquirió significado y se convirtió en el monte santo. El Arca del Pacto, que representa la presencia y gloria de Dios, descansaba sobre la colina y la santificaba. El Santo estaba en ella. El rey David y otros más, se refirieron a Sion en numerosas ocasiones en los Salmos y en otras partes. Sion era la habitación de Dios (Sal. 132:13; 87:2; 2:6). Pero entonces el Espíritu Santo pronunció un desafío a través de David, diciendo: “¿Quién subirá al monte de Jehová y quién estará en su lugar santo?” “Jehová, ¿quién habitará en tu tabernáculo? ¿Quién morará en tu monte santo?” (Sal. 15:15; 24:3-5). Por lo tanto, hay que estar muy calificado para subir y permanecer en este monte santo, pues es la santa habitación de Dios. Los que suben a este monte tienen privilegios especiales y se convierten en libertadores (Abd. 1:17, 21). Sion es el lugar de la doble porción, la habitación de los primogénitos. Entonces, podríamos decir que Job fue un hombre que subió espiritualmente a este monte, pues él tuvo la doble porción. Hebreos 12:22-23 nos dice que los que han subido al monte Sion y han llenado los requisitos, son primogénitos. En el monte Sion está la congregación de los primogénitos. En el mismo capítulo (He. 12:16-17) encontramos una solemne advertencia que se le hace a los creyentes neotestamentarios, en cuanto a no vender su primogenitura, como Esaú. Muchos son los llamados a subir a este excelso monte, pero pocos son los escogidos. Muchos son los llamados a ser primogénitos y a tener la doble porción, pero pocos son los que califican. Recordemos que una cosa es acercarse al monte Sion, como lo dice Hebreos 12:22, y otra es subir y permanecer allí. Rubén perdió su primogenitura debido a su inestabilidad moral y al incesto (1 Cr. 5:1-2).

Convirtiendo la maldición en bendición

85

Por lo tanto, en medio del pueblo de Dios están aquellos a quienes Dios selecciona para ser primogénitos entre sus hermanos. Éstos tendrán una doble herencia, una doble porción del Espíritu de Dios, y doble honor. Además, tendrán doble responsabilidad de cuidar del bienestar de sus hermanos y hermanas menores en Cristo. ¿Estaremos usted y yo entre los primogénitos? ¿Llenaremos nosotros los requisitos o tendrá Dios que buscar a otros? Me gustaría presentar varios ejemplos de hombres que fueron primogénitos entre sus hermanos y las razones para su selección. EJEMPLOS DE PRIMOGÉNITOS
JOB “Y el Señor aumentó al doble todas las cosas que habían sido de Job” (Job 42:10)

Job fue un hombre de doble porción. Él verdaderamente fue un primogénito entre muchos hermanos. De hecho, el Señor dijo: “No hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y [apartado] del mal” (Job 1-8). Dios concede la doble porción a hombres y mujeres que son un modelo de conducta y marcan la pauta para que otros se les asemejen. Dios busca personas de genuina calidad, cuyas vidas Él pueda reproducir en muchos otros. Cuando Dios encuentra un hombre que llena los requisitos, dice: “He aquí ahora un buen ejemplar; quiero muchos otros exactamente como él”. Dios tomará a ese hombre y lo reproducirá en las vidas de otros, haciéndolo hermano mayor de muchos. Por consiguiente, Dios le dará una porción extra de Su Espíritu para que lleve sobre sí la responsabilidad adicional de ser un primogénito entre los hermanos. Un hogar en orden Las prioridades de Job estaban en la perspectiva correcta. Dios dio testimonio del excelente carácter de Job en el capítulo 1:1, pero después, en los cuatro versículos siguientes, comprendemos a qué se debía que Dios le tuviera tanto respeto (Job 1:2-5). ¡Job era un hombre de familia! Siempre quería saber en dónde se encontraban sus hijos y qué estaban haciendo. A través de los años hemos observado que el hombre que falla como padre en lo natural, falla también como padre espiritual. Esta observación se confirma por la Palabra de Dios que declara: “Pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?” (1 Ti. 3:4-5). El primer requisito para ocupar un cargo espiritual es tener un hogar en orden (1 Ti 3:1-7; 3:12; Tit. 1:5-9). Si fallamos en las cosas naturales, (matrimonio, hijos, uso del dinero, infieles en el trabajo secular), nos estaremos autodescalificando para una promoción espiritual. Nuestra manera de tratar los asuntos naturales indica cómo trataremos lo espiritual (Lc.16:10-12). Por lo tanto, el primer requisito para ser primogénito entre muchos hermanos, es un hogar ordenado y pacífico. La familia de la iglesia debe ser capaz de ver que en el hogar de su líder espiritual, sí funciona el cristianismo. Recuerde, la iglesia es simplemente una colectividad de familias. Si el cristianismo no funciona en casa, no funcionará jamás en la iglesia. Job no era solamente un modelo de conducta para esposos y padres de familia, sino que era también una persona sensible a las necesidades del pobre y del oprimido (Job 29:12-17; 31:13-22). Job era puro moralmente; él guardaba cuidadosamente sus ojos y sus emociones (Job 31:1-12). Era un hombre con visión y con sentido del destino. Él conocía su rumbo porque recibía dirección y promesas de parte de Dios (Job 19:25-27). Job servía a Dios, no para lograr sus beneficios, sino porque lo amaba. Y obtuvo autoridad sobre Satanás por medio de la palabra de su testimonio, al declarar después de haberlo perdido todo: “Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito”. Job, un hombre que fue purificado de sus aires de superioridad moral, aprendió a nunca encontrarle faltas a Dios. El siguiente resumen de la vida de Job, manifiesta lo que Dios busca en un hombre que será primogénito.

86

Convirtiendo la maldición en bendición

JOB, EL PRIMOGÉNITO ENTRE MUCHOS HERMANOS (cualidades que se encuentran en los primogénitos) • • • • • • Un hombre cuya casa y familia están en orden, y es modelo de conducta para esposos y padres. Se preocupa por los pobres y afligidos. Pureza en sus motivaciones. Sirve a Dios por amor, no por deseos egoístas. Un hombre de visión y propósito. Esto indujo a Job a llevar una vida santa. Moralmente puro. Job mantuvo sus ojos, emociones y deseos, en el lugar correspondiente, y en el temor de Dios. Fue totalmente purificado de acusaciones contra Dios, y del síndrome de “no es justo”.

ELISEO: OTRO PRIMOGÉNITO
“Y dijo Eliseo: Te ruego que una doble porción de tu espíritu sea sobre mí” (2 R. 2:9)

Estamos contemplando las vidas de ciertos hombres bíblicos que heredaron la bendición del primogénito. Eliseo es otro ejemplo clásico. Eliseo no fue un hijo que recibió herencia de un padre natural, sino de un padre espiritual: Elías. El profeta Elías tuvo muchos hijos espirituales. Él educó a muchos jóvenes para que luego se convirtieran en profetas de la nación. Eliseo fue uno de esos hijos y estuvo entre muchos jóvenes hermanos que eran sus compañeros. Sin embargo, Eliseo tenía varias características que lo hacían destacarse entre todos estos hermanos. ¡Eliseo era un siervo! Era diligente, trabajador, firme y leal. La primera vez que se le menciona en las Escrituras, lo encontramos arando la tierra con doce yuntas de bueyes (1 R. 19:19). Eliseo nunca dejó que el aburrimiento y la pasividad gobernaran su vida. Era un hombre con propósito. Además, él resistió la prueba del tiempo. En cuanto recibió el llamado de Dios, dejó el pasado y se dedicó por muchos años a servir a su maestro Elías, en labores de poca categoría (2 R. 3:11). Eliseo estuvo dispuesto a ocupar un lugar bajo al someterse a los adiestramientos y disciplinas de su padre espiritual. Asimismo, se sobrepuso a largos períodos de sequía y aburrimiento en que no se suscitaba nada emocionante. Eliseo fue más sabio que sus hermanos al permanecer estrechamente unido a su padre espiritual. Eliseo no cometió el trágico error de muchos hijos espirituales. Muchos “hijos”, después de haber alcanzado cierto crecimiento y éxito, creen que aventajan a sus padres espirituales. Entonces pueden servir de muy poco. La altivez se apodera de ellos cuando asumen haberse vuelto considerablemente superiores a sus padres espirituales que los han educado y nutrido en los caminos del Señor. Eliseo mantuvo una relación de amor y respeto por su padre Elías y este estrecho vínculo lo calificó para recibir la doble porción del Espíritu que reposaba sobre Elías.

Convirtiendo la maldición en bendición

87

Los primogénitos se mantienen cerca de sus padres El apóstol Pablo enfrentó constantemente este problema con sus hijos espirituales. Después de ocupar un sitio bajo su excelente ministerio y recibir varios dones espirituales, a muchos de ellos se les ensanchó el ego y se creyeron más sabios y espirituales que Pablo, al grado de suspender la comunión con él (1 Co. 8:2; 2 Co. 13:3; Gá. 6:3; 2 Ti. 1:15). Sin embargo, los hombres de doble porción son aquellos que, aun en la vejez, continúan rindiendo honor a su padre y madre (Pr. 23:22). Eliseo nunca se volvió arrogante ni independiente después de recibir la buena enseñanza y el manto profético de Elías, su padre espiritual. Permaneció discipulable y leal a su maestro hasta la hora de su partida en el Jordán. Ya para entonces Eliseo no era un muchacho, era un hombre calvo (2 R. 2:23). Dios no puede dar la doble porción a aquellos que son irrespetuosos con sus padres espirituales porque se reproducirán de esa misma manera en la vida de muchos otros. Los colegas de Eliseo bien pudieron tener la misma relación estrecha con su padre espiritual, si lo hubieran deseado. Las Escrituras dicen que ellos siguieron a lo lejos (2 R. 2:7). Fueron espectadores y no participantes de lo que Dios hacía. Ellos también pudieron haber tenido la doble porción, de haber estado lo suficientemente cerca del profeta cuando éste fue llevado al cielo. Se dio una situación parecida entre los doce apóstoles. Juan se recostaba en el pecho del Señor Jesucristo, llegando a conocerse como “el discípulo que Jesús amaba” (Jn. 13:21-26). Sin embargo, Dios no tiene favoritos. El Señor quería que todos los apóstoles tuvieran con Él un vínculo tan estrecho como el de Juan, pero ellos no tuvieron el mismo deseo. Sin lugar a dudas, cualquiera de nosotros puede acercarse al Señor tanto como lo desee. Eliseo también pasó las pruebas de rechazo y desánimo. Elías dijo a su alumno “regresa”, o “quédate aquí mientras yo prosigo”. Elías le dio continuamente oportunidades de hallar pretexto para renunciar y volver a casa. Ni siquiera una vez mencionan las Escrituras que Elías animara a Eliseo a seguir adelante (1 R. 19:20; 2 R. 2:2; 2:4; 2:6). Pero es innegable que Eliseo atesoraba algo en su corazón. Era que deseaba una doble porción de la unción de su maestro. Eliseo no buscaba excusas para sentirse ofendido. Se negaba a rendirse. Siguió firme aun en la monotonía de años de labores de poca importancia. Mantuvo hacia su padre espiritual, un espíritu receptivo y discipulable, guardándole amor y respeto aun en la madurez de su vida. Ahora, tras años de preparación y pruebas, había llegado el momento de recibir el segundo manto (leer 2 R. 2:1-15).
“Pide lo que quieras que haga por ti, antes que yo sea quitado de ti” (2 R. 2:9)

La reacción espontánea de Eliseo a la solicitud de Elías fue: “Te [ruego] que una doble porción de tu espíritu sea sobre mí” a lo cual replicó Elías: “Cosa difícil has pedido” (2 R. 2:10). Y como ya lo hemos dicho reiteradas veces, una doble porción del Espíritu de Dios significa una responsabilidad doble. Significa una carga más pesada, un estilo de vida intervenido, y una difícil tarea que cumplir. Elías continúa: “Sin embargo, si me vieres cuando fuere quitado de ti, te será hecho así; mas si no, no”. La doble porción sólo se concede a los que son muy cercanos al Señor y a sus padres espirituales. Eliseo estuvo lo suficientemente cerca para recibir el segundo manto. Otros hermanos que contemplaban de lejos, no recibieron la bendición.

88

Convirtiendo la maldición en bendición

“Viéndole los hijos de los profetas que estaban en Jericó al otro lado, dijeron: El espíritu de Elías reposó sobre Eliseo. Y vinieron a recibirle, y se postraron delante de él” (2 R. 2:15). En ese momento Eliseo recibió la doble porción, se convirtió en el primogénito entre sus muchos hermanos. Esto lo honraba y lo colocaba aparte. Reposó sobre él una autoridad perceptible, y los demás reconocieron esa unción especial y autoridad, inclinándose reverentemente. Eliseo se había convertido en su hermano mayor, el primogénito entre muchos hermanos.

ELISEO: EL PRIMOGÉNITO ENTRE MUCHOS HERMANOS (cualidades que se encuentran en los primogénitos) • • • • • • • Trabajador, diligente, fiel, leal. No gobernado por la pasividad ni por el aburrimiento. Fiel en realizar labores de poca importancia por largos períodos de tiempo. Un genuino y humilde siervo. Sometido a la enseñanza, disciplinas y correcciones de un buen padre espiritual. Jamás supone haber aventajado a su padre espiritual, ni lo ve con desdén. Vence las pruebas de rechazo y desánimo a que le somete un padre espiritual. Jamás busca excusas para renunciar, sentirse ofendido, o volver a casa. Posée un corazón que aborrece el amor al dinero (2 R. 5:15-16).

JOSÉ, OTRO PRIMOGÉNITO
“Y yo te he dado a ti una parte más que a tus hermanos” (Génesis 48:22; Ezequiel 47:13)

José fue un muchacho muy amado por Jacob, su padre. Podríamos pensar que Jacob mostró favoritismo entre sus hijos; sin embargo, tuvo razones para hacer de José, su onceavo hijo, el heredero especial. José, aun en la niñez, fue muy recto y profundamente espiritual. Sus hermanos, por el contrario, no lo fueron. Otro detalle a considerar es el siguiente: Dios sabe lo que cada hombre o mujer hará con las promesas y dones que se le confíen. A esto se debió que escogiera a Jacob en lugar de Esaú para tener la primogenitura, incluso antes de su nacimiento (Gn. 25:22-26). Dios sabía que Esaú, el hermano mayor, tomaría la primogenitura livianamente. Por lo tanto, se la dio a Jacob. Dios tenía un plan sumamente importante para la generación de José. Una severa hambruna estaba por llegar a esa parte del mundo y Él necesitaba un hombre peculiar con soluciones no comunes; alguien que le hiciera frente a la crisis venidera. Fue necesaria una prolongada preparación para convertir a José en ese libertador extraordinario. Todos sus hermanos fallaron las pruebas, aunque ninguno se dio cuenta de que Dios los estaba probando. No pudieron ni estuvieron dispuestos a pagar el precio. El costo de ser un libertador, para cualquier generación, es muy alto.

Convirtiendo la maldición en bendición

89

El costo de ser un libertador José fue rechazado por sus hermanos. De hecho, la envidia y el odio de ellos dieron paso a una trama para matarlo (Gn. 37:18-20). Duele ser rechazado por los propios hermanos, pero éstos lo aborrecían al grado de querer matarlo. ¿Por qué había tanta envidia y celos entre los hermanos? No es natural que los hermanos y hermanas se odien y envidien. Esto se debió al tipo de hogar en que crecieron. Jacob se casó con varias mujeres, dando lugar a una constante envidia y contienda (Gn 30:1-16). Por consiguiente, los hijos tuvieron los problemas de los padres. En las Escrituras, la poligamia no fue jamás bendecida, ni siquiera una vez. Rubén protegió a José colocándolo dentro de una cisterna, pero en su ausencia, sacaron a José y lo vendieron a egipcios, como esclavo. Entonces, además de crecer en un hogar desdichado, fue rechazado por sus propios hermanos, vendido como esclavo y desterrado a un país extranjero. Estando en Egipto, se le acusó de un crimen del cual era completamente inocente (Gn. 39:7-23). Por lo tanto, su reputación fue destruida, y él, arrojado a las profundidades de un calabozo por alrededor de siete años. Sin embargo, Dios estaba con él, probándolo (Sal. 105:16-19; Gn. 49:22-24). Por consiguiente, vemos que José tuvo que sobreponerse a una niñez y vida familiar malas, al rechazo y a la crueldad de los hermanos, al exilio, esclavitud, soledad, nostalgia, tentaciones sexuales, falsas acusaciones, encarcelamiento, reputación destruida y a muchas injusticias más. Sumado a todo esto, tuvo que aguantar largas y dolorosas demoras, luchando contra la enorme incertidumbre, el desánimo y el abatimiento. Sin embargo, cada injusticia se convertía en una sierva suya que lo acercaba más al trono. Cada retraso, pena y dificultad, reforzaba con hierro su alma, para la monumental tarea que estaba llamado a realizar. José comprendía perfectamente que Dios estaba usando cada injusticia para bendecirlo y exaltarlo. Esto le permitió tener una gran capacidad para perdonar a sus hermanos y levantarse como el primogénito entre todos ellos (Gn 45:4-8; 50:20; 1 Cr. 5:1-2).

JOSÉ: EL PRIMOGÉNITO ENTRE LOS HERMANOS (cualidades que se encuentran en los primogénitos)

• Superó las cicatrices de una mala niñez y de una desdichada vida familiar. • Pudo perdonar a los hermanos que lo rechazaron y afligieron. • Soportó la soledad, la nostalgia y las circunstancias de una tierra extraña. • Mantuvo la fe durante momentos sombríos de desánimo y encarcelamiento. • José se guardó moralmente puro, huyendo de la tentación. • Entendió perfectamente que Dios tiene una bendición en cada injusticia. • José vivió una vida apartada para Dios (Gn. 49:26).

90

Convirtiendo la maldición en bendición

LOS LEVITAS: TODA UNA TRIBU DE PRIMOGÉNITOS
“Luego habló Jehová a Moisés, diciendo: Toma los levitas en lugar de todos los primogénitos de los hijos de Israel” (Nm. 3:44-45)

El propósito original de Dios era tomar los hijos primogénitos de cada tribu de Israel y hacerlos sacerdotes para Él y para la nación. La bendición del primogénito capacitaba a un hombre para tener un acceso especial a Dios, aparte del privilegio de ocuparse de los asuntos sacerdotales del santuario divino. A los primogénitos se les daba un ministerio especial para el Señor y para el pueblo. Esa unción especial, para ministrar les volvía accesible el entendimiento de los caminos y de la Palabra de Dios. La primogenitura se puede perder Sin embargo, después de la vergonzosa apostasía del episodio del becerro de oro, Dios cambió de parecer. Tomó de todas las otras tribus el derecho a la primogenitura y, en su lugar, lo dio a toda la tribu de Leví. Originalmente cada primogénito de cada tribu hubiera sido sacerdote para Dios y para el pueblo. Sin embargo, Dios revocó sus derechos a la primogenitura y los concedió exclusivamente a los levitas (Nm. 3:6, 9-12, 41, 45; 8:6, 14-16, 18). Aquí vemos cómo toda una nación vende su primogenitura. Como dijimos antes, no sabemos la hora en que somos probados. Israel había salido de Egipto hacía algunos meses. Llegaron al monte Sinaí y permanecieron allí once meses—un relato recopilado en 59 capítulos consecutivos, desde Éxodo 19:1 hasta Números 10:11. Moisés subió al monte por cuarenta días y entonces se realizó la prueba: la prueba de la demora. Israel se impacientó, levantó un becerro de oro como un nuevo Dios. Al regresar Moisés al pie del monte y contemplar su maldad, trazó una línea y preguntó: “¿Quién está por Jehová?” (leer Ex. 32:1-28). Toda la tribu de Leví rápidamente se puso de parte del Señor y de Moisés. El Señor, a través de Moisés, ordenó entonces a los levitas que tomaran sus espadas y dieran muerte a la iniquidad en el campamento, a lo cual respondieron de inmediato. Dios no se olvidaba de lo que ocurrió al pie del Sinaí. Toda una nación falló la prueba. El Señor estaba tan dolido por la inconstancia y maldad de Su pueblo, que decidió en ese momento quitarles la primogenitura y dársela a la tribu que lo honraba. Dios no quería un sacerdocio voluble, inmoral, idólatra y rebelde. Dios no le daría una doble porción de Su Espíritu a hombres que tomaban a la ligera los asuntos sagrados de Dios. Él buscó en otra parte por una generación más piadosa. Dios había observado la reacción de la tribu de Leví durante el período de decadencia moral de Israel. Vio en la tribu de Leví una cualidad que, llegada la presión, la haría proceder correctamente (no según la corriente popular). Leví estuvo dispuesta a aplicar la espada aun a su propia carne, aun a sus propios hermanos, por causa de la justicia. Éstas son cualidades que Dios busca en los primogénitos. Cuántas veces cuando algo toca nuestra propia carne o nuestros familiares, nos sentimos tentados a cambiar o torcer la Palabra de Dios. No podemos ser primogénitos si no estamos dispuestos a aplicar la espada a nuestra propia carne, o si recurrimos a la simpatía y al humanismo a la hora de afrontar los asuntos importantes (Jer. 48:10). Dios escogió a Leví para que tuviera la primogenitura en lugar de todos los demás primogénitos de Israel (Dt. 33:8-11). Ésta fue la transferencia de la primogenitura de toda una nación a una sola tribu. Cuando Dios seleccionó a Leví, era una época en que la nación no se percataba de su prueba. En Deuteronomio 33:9 el Señor se dio cuenta de que los levitas estaban más dispuestos a complacerlo a Él que a sus propias amistades y parientes cercanos.

Convirtiendo la maldición en bendición

91

Recuerde, fueron básicamente los levitas (los que tuvieron la primogenitura y la doble porción) los que ascendieron al monte Sión en los días de David. Los que llenaban los requisitos para estar en el monte Sion eran principalmente levitas (Sal.15:1-5, 24:3-5, 1 Cr.16:1-6). La cima del monte Sion es para la “congregación de los primogénitos” (He.12:22-23).

LOS LEVITAS: PRIMOGÉNITOS ENTRE MUCHOS HERMANOS (cualidades encontradas en los primogénitos) • • En tiempos de decadencia moral, éstos se pusieron de parte de Dios y de la justicia. No anduvieron con términos medios, escogieron proceder correctamente en lugar de seguir la corriente popular. Los levitas pusieron a Dios en primer lugar, aun por encima de amistades y presiones familiares. Le permitieron a Dios escogerles pareja y no fueron desobedientes en cuanto al matrimonio (ver Lv. 21:7).

• •

LA PÉRDIDA DEL DERECHO DE PRIMOGENITURA (una advertencia a los creyentes del Nuevo Testamento) El tema de los derechos de primogenitura no es sólo una obsoleta serie de relatos que se nos enumeran en el Antiguo Testamento. El Nuevo Testamento también está lleno del mensaje de la primogenitura. A los creyentes neotestamentarios se les advierte y exhorta a no vender su primogenitura como Esaú (He.12:15-17). Sin embargo, permítame mencionar, que es irrelevante si el mensaje proviene del Antiguo o del Nuevo Testamento, porque “toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2 Ti. 3:16-17). Cuando Pablo escribió a Timoteo en este sentido, no se estaba refiriendo al Nuevo Testamento sino al Antiguo. El Antiguo Testamento era la única Escritura disponible en esos días. El canon del Nuevo Testamento no se estableció sino hasta el año 400 d.C. El Incesto
“Rubén primogénito de Israel (porque él era el primogénito, mas como violó el lecho de su padre, sus derechos de primogenitura fueron dados a los hijos de José”).

Rubén era inestable moralmente (ver Gn. 35:22; 49:3-4; 1 Cr. 5:1-2). Su padre Jacob le dijo proféticamente: “Impetuoso como las aguas, no serás el principal”. Cometió incesto con una de las concubinas de su padre. Después de eso, Jacob no confiaba en él. Por lo tanto, quitó el derecho de primogenitura de Rubén y lo transfirió a José. La inmoralidad y el incesto hacen a un hombre inestable e indigno de confianza, y es muy probable que pierda por ello el derecho de primogenitura. Debemos clamar a Dios pidiéndole purificar nuestros corazones de lujuria y afectos viles, de lo contrario acabaremos perdiendo nuestra corona.

92

Convirtiendo la maldición en bendición

La profanación
“No sea que haya algún fornicario, o profano, como Esaú, que por una sola comida vendió su primogenitura” (He. 12:16).

En las Escrituras, Esaú es el ejemplo perfecto de los que venden su derecho de primogenitura. Se le tildó de profano. Ser profano significa ser irreverente, irrespetuoso e impío. Significa tratar los asuntos sagrados liviana y desdeñosamente. Esaú menospreció su primogenitura canjeándola por un plato de lentejas cuando tuvo hambre (Gn. 25:29-34). Esto equivaldría a la persona que vende su ministerio, su matrimonio, su reputación y su alma a cambio de la pornografía y lujuria del Internet. Esaú carecía de una visión de largo alcance, viviendo sólo para el día de hoy y sus apetitos presentes. Dios vio la clase de corazón que tenía, aun antes de su nacimiento. Por lo tanto, Dios declaró antes de que naciera: “el mayor servirá al menor” (Gn. 25:23). Dios se propuso dar la primogenitura a Jacob en vista de que Esaú la trató tan a la ligera. Esaú no tenía temor de quedar destituido de los propósitos de Dios para su vida (He. 4:1). Más tarde, cuando se dio cuenta de lo que había perdido, lo procuró con lágrimas y gemidos, pero era irrecuperable (He. 12:17). Él había tomado su irrevocable decisión de quedarse con una porción ordinaria. Impaciencia, idolatría, rebelión e inmoralidad “Viendo el pueblo que Moisés tardaba en descender del monte, se acercaron entonces a Aarón, y le dijeron: Levántate, haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, el varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido” (Ex. 32:1). El relato que se da en el capítulo 32 del Libro de Éxodo, es la pérdida legal del derecho de primogenitura por toda una nación. En su lugar, se le dio a la tribu de Leví. Las cosas marchaban apresuradamente para Israel. Estaban en un desierto seco y aburrido. Moisés había estado ausente por semanas y Dios no decía palabra. Añoraban los “buenos tiempos” que vivieron antes en el mundano Egipto. La demora fue ingeniada por Dios para probar al pueblo. El Señor deseaba ver qué motivos tenían para servirle. ¿Estaban sirviéndole por la emoción, por los milagros y por la provisión? ¿O estaban sirviéndole simplemente porque Él es digno y porque le amaban? ¡Que hayan levantado un nuevo dios después de cuarenta días, le dio a Dios la respuesta! Algunos cristianos pierden su derecho de primogenitura debido a vacilación. La prueba del tiempo es una de las mayores evidencias de nuestra entrega a Dios. Muchos se impacientan, comprometen la verdad que conocen y forman malos matrimonios. Es de suma importancia que seamos obedientes en materia matrimonial, pues con ello protegemos nuestro derecho de primogenitura. Un matrimonio equivocado puede ocasionar que a un hombre o mujer se le impida, e incluso se le prohíba, cumplir su llamamiento divino. Una vez hecho a Dios ese eterno voto y compromiso matrimonial, no podemos cambiar de parecer. Por consiguiente, debemos abordar el problema del matrimonio con una idea predominante en nuestras mentes: ¿Le dará gloria a Dios esta unión y me ayudará a cumplir el llamamiento divino? No debemos ser obstinados en cuanto al matrimonio: “Ésta es la pareja que yo quiero; no me importa lo que piensen los demás, o lo que piense Dios”. Debemos ser temerosos de Dios y decir: “Señor, sólo Tú conoces el corazón. ¿Quién me conviene? Ayúdame a elegir igual que Tú”. “Ni nunca oyeron, ni oídos percibieron, ni ojo ha visto a Dios fuera de ti, que hiciese por el que en él espera” (Is. 64:4)

Convirtiendo la maldición en bendición

93

CUALIDADES QUE SE ENCUENTRAN EN LOS PRIMOGÉNITOS
Resumen:
• • • • Su casa y su familia están en orden. Son un buen modelo de conducta para los esposos. Se preocupan por las necesidades de los pobres y afligidos. Sus motivaciones son puras. Están sirviendo a Dios por amor, no por ambiciones egoístas. Pureza Moral: Tienen los ojos, las emociones y los deseos, puestos en el debido lugar. Poseen un temor santo. • • • Han sido totalmente purificados de hacer acusaciones contra Dios y del síndrome de “no es justo”. Son diligentes, aplicados, firmes y leales. No los agobian ni el tedio ni la pasividad. Son fieles realizando labores de poca importancia por largos períodos de tiempo. Son siervos genuinos y humildes. • • • • • • • • • • • • • • • • • • • Se someten a las enseñanzas, disciplinas y correcciones de padres espirituales buenos. No tienen este pensamiento: “He aventajado a mis padres espirituales”, ni tampoco los llegan a menospreciar. Son capaces de vencer las pruebas de rechazo y de desánimo a que los somete un padre espiritual. Nunca buscan excusas para renunciar, ni para sentirse ofendidos y volver a casa. Tienen un corazón purificado del amor al dinero. Son capaces de superar las cicatrices de una mala niñez y de una desdichada vida familiar. Perdonan a los hermanos que los han rechazado y afligido. Soportan la soledad, la nostalgia y las circunstancias extrañas. Mantienen la fe durante tiempos sombríos de desaliento y encarcelamiento. Se conservan moralmente puros huyendo de las tentaciones. Han comprendido que Dios tiene una bendición en cada injusticia. Llevan una vida separada para Dios En tiempos de decadencia moral, se ponen de parte de Dios y de la justicia. Rehúyen el andar con componendas; escogen hacer lo correcto en lugar de lo popular. Le dan el primer lugar a Dios, aun por encima de amigos y presiones familiares. Permiten que Dios escoja su pareja y no son desobedientes en cuanto al matrimonio. Esperan el tiempo de Dios y soportan las demoras. Tienen en alta estima las cosas de Dios, y jamás las toman a la ligera. Tienen una visión de largo alcance y no toman decisiones importantes basados en emociones del momento.

94

Convirtiendo la maldición en bendición

Recordatorio del propósito de las pruebas
“¿Qué es el hombre, para que lo engrandezcas, y para que pongas sobre él tu corazón, y lo visites todas las mañanas, y todos los momentos lo pruebes?” ( Job 7:17-18)

Conclusión
Dios nos prueba: • • • • • • • • • • • • • • Para ver de qué estamos hechos. Para ver cuáles son los intereses que nos motivan, y de qué estamos carentes. Para ver si Dios ocupa el primer lugar en nuestras vidas (Gn. 22:1-2; Job 1:8-12; Dt. 13:1-3). Para ver si somos dignos de las promesas de Dios y leales a las verdades que nos ha confiado. Para ver si somos capaces de recibir el poder que le hemos pedido a Dios. Entre más poder anhelemos de parte de Dios, mayores serán nuestras pruebas. Para ver si somos dignos de ocupar las posiciones que Satanás y sus ángeles perdieron. Para ver si calificamos para ser Su Esposa y estar en la Fiesta de las Bodas (Ap. 19:9). Para ver si calificamos para estar en la Primera Resurrección, juzgar a los ángeles y gobernar y reinar con Cristo. Ver si sólo servimos a Dios por las bendiciones y el prestigio, o simplemente por amor a Él. Para hacernos más justos y santos. Para dar a nuestras vidas una mayor revelación del Señor. Para bendecir nuestro postrer estado, para exaltarnos y darnos un nombre eterno. Para traer a nuestras vidas nueva gracia al estar en una nueva posición de bajeza, (la gracia se le concede a los humildes). Para darle a Dios la respuesta que Él a su vez, le dará a Sus adversarios.

Dios ha fijado Su corazón en el hombre y le está probando a cada momento. Las pruebas son muy importantes. Ésa es nuestra razón de estar en la tierra: ser probados. No podemos llegar a pruebas mayores sin antes haber pasado por las más pequeñas. El aprobar o reprobar nuestras pruebas determina la posición eterna que tendremos en el cielo. Muchas veces no sabemos cuándo estamos siendo probados. Por eso, debemos tomar mayor conciencia del hecho de que se nos observa. Somos un espectáculo tanto a hombres como a ángeles. Estamos bajo el escrutinio de demonios, principados, potestades, el mundo, y sobre todo, estamos siendo observados por Dios mismo. En consecuencia, debemos pedir a Dios la gracia para hacer lo que es debido y para tomar las decisiones correctas cuando estemos bajo presión y en tiempos de prueba.

Convirtiendo la maldición en bendición

95

Notas:
1

Nota del Traductor: El original se lee: “Continúe hasta volverse todavía más justo” N. del T: El original se lee: “Continúe hasta volverse todavía más santo”. N. del T.: En hebreo significa “exaltarse, endurecerse” N. del T.: Según el idioma hebreo original. N. del T.: Tomado de la versión inglesa ampliada, (Amplified Version). N. del T.: Hebreo “yakach”, significa disputar, reprender, corregir, argüir.

2

3

4

5

6

116

96

Convirtiendo la maldición en bendición

You're Reading a Free Preview

Download
scribd
/*********** DO NOT ALTER ANYTHING BELOW THIS LINE ! ************/ var s_code=s.t();if(s_code)document.write(s_code)//-->