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POSDATA
KAREN ZÁRATE

Edwin Greenwich
Arqueólogo y estudioso de los restos de Francisco Pizarro

PEDRO CANELO

Mañana cumpliré 32 años. Mi ‘hobby’ es editar videos e ir de compras. Contra lo que muchos pensaban, no he muerto de hambre tras estudiar Arqueología. Creo que hay que aprovechar las oportunidades, y buscarlas. Mi padre es negro, de Barbados. Allá vive. Mi abuelo paterno era blanco y mi abuela paterna, negra. Me criaron mis abuelos maternos, que son de Pucallpa. Mi mamá me tuvo de muy joven, en Lima. Ella vive en Argentina. Me siento americano. América es el resumen de los pueblos del mundo. Y todo empezó con hombres como Pizarro.

PENSIONES DE GRACIAS
“La enfermedad neuromuscular que tiene PSV sería irreversible y la primera dolorosa consecuencia es que no pueda volver a cantar en público”.

A
punzocortante. Los huesos de Pizarro dicen que lo mataron hasta con 20 heridas de espada. Fue brutal. — José Antonio del Busto comparó su muerte con la de Julio César. Fue atroz. Notamos la lesión en la zona de la garganta, entre la cuarta y quinta vértebra cervical. Se ve la impronta de un artefacto laminar de doble hoja, que entra, corta y fractura el hueso. Hay otra lesión perimórtem en la primera vértebra cervical, que viene de lado lateral derecho y pasa por donde va una arteria que lleva sangre al cerebro. Esas dos heridas son de necesidad mortal. —¿Qué otras heridas notó? Destaca una lesión por atrás, un intento de decapitamiento. Un corte indica que le vaciaron el ojo izquierdo. Hay otro corte recto en el pómulo derecho. Le volaron de tajo parte del hueso de un codo. Se nota que se defendió bravamente. También hay cortes en la sexta vértebra torácica, en el pecho, y en la primera lumbar, en el estómago. Y fracturas en el cráneo, que serían del famoso cántaro que le tiraron al final. Enterarme de todo ello fue como ver una película. Me llenó de miedo y tensión. —¿Qué arrojó la investigación en cuanto al físico de Pizarro? Murió pasados los 60 años, un sobreviviente para su época. Sufría artrosis y artritis, de problemas en sus articulaciones. Tenía hernias discales. Sufría dolor y caminaba con dificultad. Ya no podía cabalgar y comía solo vegetales. Tenía crecimientos óseos por los talones, lo que indica que caminó mucho en su vida. —¿Le cogió cariño al personaje? Soy un privilegiado por haber dialogado con los huesos de Pizarro. Al estudiarlos aprendí a respetar al personaje. No lo juzgo. Hay que ver sus acciones en su contexto. Es un personaje de la historia mundial, uno de los que inició la globalización.
VEA EL VIDEO
EDWIN GREENWICH MUESTRA SU TRABAJO CON PIZARRO:

“Los huesos de Pizarro dicen que lo mataron con 20 heridas de espada”
LUIS SILVA NOLE

S

En la Catedral de Lima, los restos de Francisco Pizarro descansan cerca de láminas de la investigación sobre el conquistador hecha por Edwin Greenwich Centeno. Ayer se cumplieron 472 años del asesinato del español, y el arqueólogo detalla esa muerte atroz.

e tuteó con el esqueleto histórico más polémico del Perú todo el 2007 y parte del 2008. Muchas veces a solas, Edwin, quien también trabajó en el Equipo Peruano de Antropología Forense, dejó que esa osamenta le contara aspectos desconocidos de Pizarro. —¿Cómo nace en usted el deseo de ser arqueólogo? No iba a ser arqueólogo. En el 97, después del colegio, estudié un año de Ciencias de la Comunicación en un instituto, pero en el 99 acompañé a mi abuelo a Pucallpa. Ahí conocí a una bioantropóloga francesa, quien me pidió servicios de traducción y que le filmara sus investigaciones en las comunidades nativas de la selva. Así nació mi interés y decidí estudiar Arqueología en San Marcos. —¿Y cómo llega a relacionarse con los restos de Pizarro? A finales del 2006, casi al término de mi carrera universitaria, presenté un proyecto al Arzobispado de Lima. Era un piloto de tesis. Se llamó Proyecto Académico de Investigación Bioarqueológico e Historiográfico Francisco Pizarro. Quería estudiar los huesos de Pizarro. Y obtuve

el visto bueno. La fundación española Obras Pías de los Pizarro ayudó con la financiación. Convoqué a profesores y alumnos. La meta era conocer al hombre más allá del personaje histórico. Los huesos hablan. —Pero los restos que están en la catedral siempre han despertado escepticismo. ¿Está seguro de que son del conquistador? Por lo que he estudiado, hay un 90% de posibilidades de que sí. Para casos policiales, basta que la antropología forense fije un 80% para que la autentificación sea positiva. En Pizarro aplicamos antropología forense para analizar su cráneo hallado en la catedral, en una caja de plomo con su nombre en 1977, junto a su maxilar y la empuñadura de su espada. Y también para estudiar el resto de sus huesos, encontrados en otra caja junto a restos de otras personas. Vimos cuáles eran de él con métodos métricos. Tiene casi todos los huesos. Le faltan algunas falanges. —Sin embargo, hubo quienes no aceptaron que se trate de Pizarro. Antes del episodio de la caja, se pensaba que unos restos apócrifos eran de él. El arqueólogo Hugo Ludeña estudió a los del 77 y certificó la autenticidad, pero Edmundo Guillén Guillén y Antonio San Cristóbal rebatieron su teoría diciendo que el cráneo no encajaba con las vértebras, que este tenía pupas de mosca, lo cual no estaba de acuerdo con datos históricos del enterramiento, y que la mordida no era exacta. —¿Y cuál es la verdad? Yo quería ampliar la investigación

de Ludeña, pero ante la polémica decidimos partir de cero, como si fuera un NN. Así vimos que el cráneo y las vértebras sí compartían la misma patología de la articulación, y que la mordida no encajaba porque, como al momento de su muerte Pizarro ya no tenía molares, los alveolos se habían cerrado y la quijada se había ido naturalmente hacia adelante. Y, con estudios en cerdos, probamos que las pupas pueden adherirse bajo tierra. Solo falta la prueba de ADN, pero no hay descendientes directos de rama masculina. —A Pizarro lo mata un grupo de almagristas. Se sabe de la estocada en la garganta. ¿Cómo fue todo eso? Las crónicas relatan que sus asesinos fueron 12, y que mínimo cada uno le asestó una herida de arma

También estudié los restos de Santo Toribio de Mogrovejo. Era bajito y flaco. En julio lo haré con los de Nicolás de Ribera El Viejo y en el 2014 con los del arzobispo Loayza”.

Pizarro tenía 1,72 m, nariz aguileña y cara alargada. Su reconstrucción facial saldrá en el libro que publicaré en diciembre”.

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penas escuché el estribillo inicial de la canción “Me estoy enamorando” de Pedro Suárez Vértiz recordé esa vieja frase de fábula sobre cómo las constelaciones se ponen de acuerdo desde el cielo para que las cosas te salgan bien. Era una fiesta de Año Nuevo de 1995, una fiesta de casa, con luces psicodélicas, canchita y ron con Coca Cola. La hermana mayor de J. había salido a comprar cigarros “Salem” mentolados y me quedé frente a la chica que me había gustado desde primero de secundaria. Yo sabía lo que tenía que decir. Ella también. Pedro Suárez seguía cantando su sentimiento increíble y yo quería acompañarlo aunque sea de segunda voz. Me acerqué a J., la saqué a bailar con toda la ceremonia que eso implicaba hace veinte años. Mano extendida, cara de Gato con Botas de Shrek y la sutil invitación para salir a la pista. En los noventa los chicos aún les preguntaban a las chicas si querían ser sus enamoradas. Eso hice. Ella, como si fuera la versión femenina de Machín de “Patacláun”, solo reaccionó con un: “Ya pues”. Siempre diré que el mejor Pedro Suárez Vértiz fue el músico noventero que sonaba todos los días en la radio. Tenía mi caset de PSV y así aprendí que no existen técnicas para olvidar. Aquel Pedro no volverá. Los últimos reportes médicos no traen buenas noticias. Su enfermedad neuromuscular sería irreversible y la primera dolorosa consecuencia es que no pueda volver a cantar en público. Ante esa situación de emergencia, la Asociación Peruana de Autores y Compositores (Apdayc) le ha pedido al Estado una pensión de gracia para él. Ha repetido el trámite que hicieron hace unos meses con el cantante Pepe Vásquez. Aún el Gobierno no se pronuncia ni acerca respuesta alguna, pero quienes sí salieron a ladrar en manada fueron aquellos parroquianos de Twitter y Facebook que se indignan hasta por lo que escribe el guionista de “Al fondo hay sitio”. Muy excesivos, muy injustos. No defiendo la pensión de gracia pero sí creo que debería discutirse. Si el Gobierno piensa que es una forma de darles homenaje en vida a los artistas, pues sí lo respetaría. Así como PSV nos hace recordar al primer amor, Pepe Vásquez hizo del “Jipi Jay” una posibilidad de despedirse con una sonrisa. Que se someta a debate, que argumenten, pero que nadie se moleste. Hay otras cosas que sí indignan. No me molesta que mis impuestos sirvan para ayudar a buenos artistas del pasado. Lo que sí cuestiono es que esos descuentos que aparecen en mis boletas de pago vayan a los bolsillos de los pésimos congresistas que tenemos. Sus propuestas legislativas casi nunca son para mejorar nuestras condiciones de vida sino para perpetuarse en el poder. A esos malos congresistas no les debemos ninguna pensión. Mucho menos las gracias.

Promoc ción válid da solo olo en Lima.