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Illanes, Maria a. - La Sublimacion de La Ira. Chuquicamata Ante El Advenimiento Del Frente Popular, Antofagasta, Chile, 1938

Illanes, Maria a. - La Sublimacion de La Ira. Chuquicamata Ante El Advenimiento Del Frente Popular, Antofagasta, Chile, 1938

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La sublimación de la ira. Chuquicamata ante el advenimiento del Frente Popular. Antofagasta, Chile, 1938.
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María Angélica Illanes O. 2

1. La deportación
A la hora de la siesta del pueblo pampino de Calama, un hombre fue bajado de un automóvil en la estación del ferrocarril. De mediana estatura, tez pálida y pelo castaño claro, iba vestido con camisa y chaleco, un atuendo liviano para una primavera altiplánica. No estaba solo; iba custodiado por dos hombres con tenida formal, uno de ellos de civil y otro uniformado. La espera se hizo tensa hasta la llegada del tren. Junto al hombre de chaleco, también subieron sus custodios. – “Lo acompañaremos hasta la frontera”, le dijeron. En el rostro del hombre se dibujó el desconcierto. A su intempestiva detención en la tarde del sábado 1° de octubre de 1938, se sumaba ahora su deportación a Bolivia. Esto, sin darle explicación alguna. En el mineral de Chuquicamata, donde trabajaba, quedaba su mujer boliviana y sus 8 hijos chilenos. 3 La situación familiar no podía ser más preocupante; así se lo hizo saber el hombre a sus guardianes. El trayecto hasta la estación de Ollagüe se hizo en silencio. Eran las 20:08 de una tarde demarcada por la frontera de la geografía y de la noche. Para alcanzar su destino final, el hombre hubo de quedarse en Ollagüe, acompañado por sus guardianes, hasta el día martes, en espera del

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Uno de los yacimientos de cobre más importantes del mundo, explotado a rajo abierto, situado en la región de Antofagasta, provincia de El Loa, a 2.900 mts. de altura y a 16 km. de la ciudad de Calama, a 250 kms. del puerto de Antofagasta, a 149 kms. de Tocopilla y a 1.140 kms. de Santiago. Explotado desde 1915 por la compañía norteamericana Chile Exploration Co. Sobre antecedentes acerca de la minería del cobre en Chile, especialmente a partir de la segunda mitad del siglo xx, ver, Mario Vera Valenzuela, La política económica del cobre en Chile, Ediciones de la Universidad de Chile, Santiago, 1961. Acerca de la historia de Chuquicamata y para un análisis social del tema de un “enclave minero”, ver Francisco Zapata, “Los mineros de Chuquicamata: ¿productores o proletarios?”, Cuadernos del Centro de Estudios Sociológicos (CES), Nº 13, El Colegio de México, México, 1979. 2 Este artículo forma parte del Proyecto Fondecyt, N° 1020135 3 El Popular, Antofagasta, 4 de octubre, 1938

2 tren que le conduciría al corazón altiplánico de su país: Uyuni, Oruro, La Paz. ¿Dónde, en qué punto de su tierra natal bajó del tren el hombre de Chuquicamata? No lo sabemos. ¿Quién era? ¿Por qué se le expulsaba de Chile? Se trataba de Humberto Mur Quinteros, presidente del Sindicato Planta del mineral de Chuquicamata, de nacionalidad boliviana, nacido en Camargo, departamento de Chuquisaca el 9 de julio de 1900. Había llegado a Chile en 1920 “trabajando en Chuquicamata en la sección mina, maestranza, garage y planta en calidad de mecánico y tornero”. 4 La noticia de su expulsión apareció a grandes titulares el martes 4 de octubre de 1938 en el primer número de El Popular, diario frentista que se inauguraba en Antofagasta con el objetivo de tomar la vanguardia en la campaña presidencial de Pedro Aguirre Cerda,5 en uno de los centros neurálgicos de la economía nacional y del movimiento obrero del país. “El Sr. Mur -dice la columna de El Popular- era un prestigioso dirigente de intachable conducta”, que no pertenecía a ningún partido político, que había sido elegido conforme a la ley y que no se tenía noticia que se hubiese salido de las disposiciones de la legislación del trabajo. Que era uno de los miembros más respetables de la colonia boliviana de Chuquicamata, desarrollando una intensa labor de vinculación entre Chile y Bolivia, habiendo fundado en 1923 el Centro Boliviano de esa localidad, presidiéndolo hasta 1930; centro caracterizado en el mineral por su actividad deportiva, cultural y social. Que durante la guerra del Chaco, había fundado y presidido el Comité de Defensa Nacional de Bolivia en Chuquicamata, que contribuyó con hombres y víveres a la acción guerrera de su patria, preparando los contingentes de bolivianos y chilenos, de hijos de bolivianos y de todo aquel que quiso formar parte de ese renombrado cuerpo militar que fue el Batallón Chile, ofreciéndose él mismo como voluntario en la guerra. A su vez, había sido el impulsor de la campaña para la recolección de fondos para el Ejército de su país y había presidido el Comité Pro Víctimas de la guerra del Chaco en Calama, desarrollando para ello una amplia labor humanitaria y cultural. Entre mayo de 1937 y mayo de 1938 fue Tesorero del Sindicato Industrial Planta de Chuquicamata, caracterizándose, a juicio
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El Popular, Antofagasta, 7 de octubre, 1938 Para un perfil biográfico sobre Pedro Aguirre Cerda ver Luis Palma Zúñiga, Pedro Aguirre Cerda. Maestro, estadista, gobernante. Editorial Andrés Bello, 1963

3 de El Popular, por su honestidad, abnegación y celo en la defensa de los intereses sindicales, lo cual le valió ser elegido Presidente de dicho sindicato para el período entre mayo de 1938 y mayo de 1939,6 función bruscamente interrumpida por su expulsión. ¿Cuál era la lógica que residía detrás de ésta? No dejaba de extrañar una medida de deportación de esta naturaleza. Nuestro país, al menos desde el punto de vista de su régimen político, no estaba entonces en dictadura;
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por el

contrario, eran tiempos de “democracia”, y se estaba en pleno período pre-eleccionario, momento político cuando, usualmente, se abren las compuertas de las censuras hacia una mayor libertad y en vista de un mejor resguardo de los derechos ciudadanos. No obstante, las circunstancias políticas que vivía entonces Chile no eran propicias para el libre despliegue de una campaña electoral. Faltando pocos días para la elección presidencial (25 de octubre), el país estaba en Estado de Sitio con Ley de Facultades Extraordinarias, con censura a la prensa opositora al gobierno del presidente Arturo Alessandri Palma y con el parlamento clausurado. En este marco, la expulsión de Mur formaba parte de una estrategia política de alcance mayor. ¿Qué parte o qué eslabón de esta estrategia representaba el expulsado Mur en tanto presidente del Sindicato Planta de Chuquicamata ? ¿Qué papel jugó en la implementación de esta estrategia la compañía norteamericana Chile Exploration Company, propietaria del gran mineral de cobre de Chuquicamata y cuál fue su actitud política ante el posible advenimiento del Frente Popular al gobierno de Chile? ¿Qué tipo de lazos políticos se establecieron, en estas circunstancias, entre dicha compañía norteamericana y el gobierno de Alessandri? Es decir -y esta es la pregunta central de nuestro trabajo-: ¿Cuál fue la actitud histórica que asumió la derecha en el gobierno y las compañías extranjeras propietarias de grandes minerales, ante el posible advenimiento de una agrupación de izquierda al gobierno de Chile? Consideramos que hacerse esta pregunta es importante a la hora de comprender la historia y el carácter que asume el régimen democrático chileno en el siglo XX, especialmente en relación con los proyectos de izquierda que han entrado en competencia por el poder.
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El Popular, Antofagasta, 4 de octubre, 1938 y 7 de octubre de 1938 En 1938 regía en Chile el mandatario Arturo Alessandri Palma, quien ese año debía entregar su mandato a un nuevo gobierno democráticamente electo. 8 El Popular, Antofagasta, 4 de octubre, 1938

4 Por otra parte, nos interesa preguntarnos acerca de cuál fue la actitud política asumida por los sindicatos de Chuquicamata ante las medidas adoptadas por la Compañía respecto de sus organizaciones y sus dirigentes, durante la campaña del Frente Popular y el advenimiento del gobierno de Pedro Aguirre Cerda. Pensamos que esta pregunta puede también resultar fructífera al momento de comprender el grado de enlace -es decir, el grado de autonomía o de adscripciónque se establece entre el movimiento obrero gremial y los proyectos políticos populares dirigidos a alcanzar el gobierno central del país durante el siglo XX. Si bien la búsqueda de respuesta a estas interrogantes es una tarea de más largo aliento, nuestro argumento tiende a plantear que las medidas adoptadas respecto del movimiento obrero por parte de la Chile Exploration Co., subsidiaria de Anaconda Copper Mining Co., dueñas del mineral de Chuquicamata (además de importantes yacimientos salitreros de la región), tendieron, en primera instancia y ante el avance del Frente Popular en Chile, a delinear en el mineral un campo propio de acción política de corte anti-democrático y fascista, sustentado sobre una alianza de poder que comprometía las autoridades nacionales, regionales y locales y que seguía pautas internacionales en el marco del avance del fascismo y nazismo en Europa y de sus ramificaciones en E.E.U.U. Pautas que decían relación con el modus-operandi respecto de las organizaciones obreras, consistente en su decapitación y luego, en la cooptación reaccionaria de la masa inorgánica de trabajadores por vía de prebendas y beneficios. Por último y en última instancia, se habría buscado tentar al movimiento obrero de Chuquicamata a adoptar una postura “clase contra clase”, en un momento de delicada tensión política dada por el momento de transición hacia el advenimiento del proyecto frentista de izquierda al gobierno del país. La clase obrera se habría tenido que enfrentar, por lo tanto, ante la triple disyuntiva de su “individuación”, de una opción por la “lucha de clases” o de supeditación al “proyecto político popular nacional”; habiendo por privilegiar éste último con el fin de resguardar su propio proyecto, su autonomía y su movimiento de clase, fundamento real de su sujeto histórico. Es decir, paradojalmente, la (re)construcción de su movimiento requería ahora de una voluntad política institucional situada a nivel del proyecto político nacional. Al parecer, los caminos históricos populares se invertían: sólo desde la conquista del Estado se podría aspirar a la recomposición de su sociedad civil.

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En esta presentación nos situaremos específicamente en el momento de la campaña presidencial y en los meses previos a la presidencia de Aguirre Cerda. Sobre esta doble instalación escénica quizás podamos ver la configuración de aquel campo de fuerzas donde los trabajadores mineros de Antofagasta -junto a otros- vivieron la experiencia de su propia politización, en uno de los momentos históricos más significativos de Chile en el siglo XX.

2. La disolución
El decreto de expulsión del presidente del Sindicato Planta de Chuquicamata había sido firmado por el Ministro del Interior, Luis Salas Romo 9 con fecha 29 de septiembre de 1938, “en virtud de haberse comprobado que desarrollaba actividades perturbadoras del orden social con lo cual se había convertido en un elemento indeseable”. 10 Pero esto era sólo una pieza que formaba parte de un hecho mayor. Ese mismo día, a solicitud del Ministro del Trabajo, Juan Hidalgo, el presidente Alessandri firmaba el decreto que cancelaba la personalidad jurídica de los dos Sindicatos Planta y Mina del mineral de Chuquicamata y, al mismo tiempo, ordenaba al Ministerio del Trabajo hacer las gestiones para proceder a la liquidación de sus bienes.
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A este decreto se sumaron otros que cancelaban las

personalidades jurídicas de diversos sindicatos mineros, tanto de la provincia de Tarapacá como de Antofagasta. A través de estas medidas el gobierno de Alessandri se situaba en una postura abiertamente confrontacional con los sindicatos más poderosos del país, adoptando medidas radicales e impopulares en un período pre-electoral y, aparentemente, contraviniendo aquel discurso pro-sindicalización, cuando hubo de defender su proyecto de Código del Trabajo ante los diversos sectores sociales del país.
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Decreto con fecha 29 de septiembre de 1938. Pedro Aguirre Cerda critica a Alessandri por el nombramiento como Ministro del Interior a salas Romo, por cuanto, “desde 1933 se encuentra en franca beligerancia con los partidos que me apoyan”. Epistolario de Pedro Aguirre Cerda (1938-1941), Recopilación y notas de Leonidas Aguirre Silva, Dibam, Lom, Santiago, 2001, p. 14 10 El Mercurio de Antofagasta, miércoles 5 de octubre, 1938, portada. La calificación de un dirigente como “elemento indeseable o comunista”, constituía causal de su destitución legal. Ver Jorge Rojas, El sindicalismo y el Estado en Chile 1924-1936), Santiago, 1986 11 Decreto publicado en el Diario Oficial del 30 de septiembre de 1938, firmado por el Presidente A. Alessandri y el Ministro de Justicia, Guillermo Correa Fuenzalida.

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¿Cuáles eran las razones que animaban al gobierno a adoptar semejante postura? Nada más lejos del Presidente, aseguraba el Ministro del Trabajo, negar la importancia histórica de los sindicatos, tanto en el plano de las relaciones laborales, como en su misión social y cultural hacia sus afiliados. “Las asociaciones no constituyen un peligro para la paz social por ninguno de los principios de su acción”, había declarado Alessandri al momento de presentar su proyecto de Código del Trabajo y de Previsión Social al Congreso. “Por el contrario, agregaba, ellas ejercen una influencia benéfica sobre las relaciones económicas, debiendo considerarse como necesarias, en cuanto contribuyen a regularizar dichas relaciones”.12 ¿Qué era lo que ahora le hacía cambiar de parecer como para llegar a decretar la disolución de los sindicatos de Chuquicamata? A juicio del Ministro y de acuerdo a los informes de los Servicios del Trabajo, esos sindicatos mineros, entre otros,13 habían “transgredido” la ley sindical, desvirtuando sus finalidades estrictamente gremiales y mutuales, habiéndose dejado “arrastrar por la vorágine política” que vivía el país.14 Es decir, los sindicatos de Chuquicamata se habían politizado; para impedirlo y para evitar que lo mismo ocurriese con otros sindicatos del país, había que proceder a su disolución. Esto debía “servir de información a las numerosas asociaciones de la misma naturaleza que existen en el país. El criterio es definido y nada deben temer las organizaciones sindicales que desplieguen sus actividades dentro del marco señalado por la ley sindical, que es de cooperación y de finalidades generosas”, declaraba en su oficio el Ministro del Trabajo 15. Que este castigo actuase de maestro de multitudes. Que la solitaria figura de Humberto Mur detenido en la estación de Calama y su alejamiento en el tren fronterizo hacia punto desconocido, fuese el espejo roto de cada uno de los dirigentes sindicales del país. Que el remate de los bienes

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Mensaje del Presidente Alessandri incluido en su proyecto de Código del Trabajo y Previsión Social; citado por el Ministro del Trabajo Juan Hidalgo en su solicitud al gobierno de Alessandri en septiembre de 1938, de cancelar la personalidad jurídica de los Sindicatos Planta y Mina de Chuquicamata. El Mercurio de Antofagasta, 3 de octubre, 1938 13 Se canceló también la personalidad jurídica de los Sindicatos Bellavista de la oficina salitrera Bellavista, perteneciente a la Cía. Salitrera Tarapacá y Antofagasta (1° de octubre) 14 Oficio del Ministro del Trabajo, Juan Hidalgo, al Presidente Alessandri, publicado en ibid. 15 Ibid

7 de los sindicatos clausurados, les infundiese a los otros el temor de perder lo que con tanto esfuerzo en economía y organización les había costado construir. Pero, ¿en qué consistía la intriga política concreta que había dado pie, en plena campaña electoral, a este acto de osadía, cual era la disolución de dos sindicatos poderosos, que agrupaban a unos 7 mil trabajadores con sus familias? A través de dos oficios confidenciales dirigidos el Ministerio del Interior y fechados el 25 de agosto y el 6 de septiembre, el Intendente de la provincia, Carlos Souper, solicitaba al gobierno la disolución de dichos sindicatos en atención a que, “por instrucciones expresas de los dirigentes del Frente Popular y Congresos Regionales celebrados aquí, se han dedicado absoluta y exclusivamente a hacer política en el seno de sus organizaciones, propiciando su acuerdo en favor de la candidatura del señor Aguirre Cerda...” Que en el caso de no ser posible la disolución, el gobierno le otorgase “facultades a los intendentes y gobernadores para declarar subversivos a los dirigentes de las instituciones sindicales que hacen política y atacan al gobierno y a las instituciones fundamentales de la república, en la forma que lo sugiere el Sr. Alvear, asesor jurídico de la Chile Exploration Co. y los gerentes y administrativos de las empresas industriales de Antofagasta”. Finalmente, el Intendente Souper aprovechaba la oportunidad “para solicitar a US. que ordene pronto la aplicación de la Ley de Residencia al Presidente del Sindicato Planta, Humberto Mur Quinteros, que es de nacionalidad boliviana y uno de los dirigentes más subversivos de dichas faenas” 16. Por su parte, a juicio de El Mercurio de Antofagasta se contaba con antecedentes de que los dirigentes sindicales estaban articulados con el Partido Comunista realizando una campaña de denuncia al respecto. Para demostrarlo publicó una carta de la Secretaría General de dicho partido, fechada en Santiago y dirigida (supuestamente) a un dirigente de un sindicato gráfico de Tocopilla instándolo a activar la campaña del candidato del Frente Popular entre los sindicatos de la región. El Partido Comunista, decía El Mercurio de Antofagasta, estaba “corroyendo las virtudes básicas del pueblo chileno, las que constituían los pilares de nuestra nacionalidad: el patriotismo, el amor al trabajo, el sentido de solidaridad nacional, el espíritu de independencia, el
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Documento dirigido por el Intendente de la Provincia de Antofagasta, Carlos Souper al Ministro del Interior Luis salas romo, publicado en El Popular, Antofagasta, en noviembre de 1938, portada. El Intendente, en carta pública, reconoció la autoría de dichos documentos oficiales, en el entendido “que los Intendentes tienen la obligación de informar al gobierno de los hechos que se le denuncian (sea gobierno derechista o izquierdista y esto lo corroborará el tiempo”. (El Popular, Antofagasta, noviembre 4, 1938, portada).

8 orgullo de la soberanía; y mientras han venido destruyendo todo ésto, han realizado la organización de los trabajadores como clase y como parte integrante de una organización internacional”.
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Que “los sindicatos constituyen un factor básico de esa organización política,
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revolucionaria y antinacional”, agregaba, “y puesto que se ha comprobado que tal era el caso de los de Chuquicamata, lo menos que cabía hacer era proceder a su disolución”. Que la politización de los sindicatos de Chuquicamata había quedado comprobado en el hecho de que, al llegar la Comisión Liquidadora a incautar los bienes de los sindicatos disueltos, “un grupo de obreros gritó ¡Viva el Frente Popular!” 19. Pero si esta era la intriga y la razón legal de la disolución de los sindicatos, ¿cuál era la lógica propia de la Chile Exploration Co. al incitar y/o coadyuvar al gobierno a tomar esta medida radical? Eran los tiempos del presidente norteamericano Roosevelt -el que no había puesto obstáculo alguno a la candidatura frentista de Pedro Aguirre Cerda-, con el que mantenía buenas relaciones; eran los tiempos del “buen vecino” y de la democracia versus el fascismo. No obstante, El Popular calificaba de “fascista” la política de las Compañías y de Alessandri, mientras publicaba fotos de empresarios norteamericanos disolviendo sindicatos en el propio E.E.U.U.; también lo interpretaron como una provocación para sembrar la resistencia, el caos y la represión en tiempos de campaña, ante lo cual había que estar alerta. Lo concreto es que la Compañía dibujó allí, al interior de las relaciones sociales de producción de Chuquicamata, un complejo campo de fuerza para el ejercicio propio de tres tipos de poderes políticos: a) para hacer un efecto-demostración del “amparo” político que ejercía la Ley y el Estado respecto del capital en el ámbito de “lo político”; b) para ejercer los capitalistas su propio poder político sobre la fuerza de trabajo, decapitando las organizaciones obreras y tratando de captar la masa hacia su seno, otorgándole directamente e individualmente a cada trabajador algunos de los beneficios que le entregaba el sindicato. Y desde esta perspectiva, aplicaba, sin duda, una fórmula fascista. c) En tercer lugar y en última instancia, ejercía allí su poder político para tentar a los trabajadores a responder en términos clásicos, es decir, clase contra clase,

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Ibid, 2 de octubre, 1938 Ibid, 5 de octubre, 1938 19 El Mercurio de Antofagasta, 11 de octubre de 1938

9 recomponiendo ilegalmente sus organizaciones, circunstancia en que la Compañía podría proceder a arrasar por la fuerza y por la ley, reimponiendo su dominio.

3. La contestación
Estando todavía en plena posesión de sus cargos, a mediados de septiembre de 1938, Humberto Mur, Presidente del Sindicato Planta y Fernández, Tesorero del Mina, fueron a Calama a hacer trámites a la Inspección del Trabajo. En esa ocasión, el Sr. Vega, Inspector del Trabajo, les habría dicho que “la única salvación de los Sindicatos era que los Directores renunciaran a sus puestos y que si lo hacían, él se comprometía a conseguir con la Chilex que se les pagara los seis meses de fuero”. Insólita petición de una autoridad del trabajo, ante lo cual Mur habría contestado que, si no había otro camino para salvar la organización, estaba dispuesto a dejar su cargo y a abocarse a trabajar en el mineral. El Inspector le habría recalcado que ese no era el objetivo, “que lo que la Compañía quería era que ningún dirigente se encontrara el día de las elecciones en Chuquicamata”. Puesto este hecho en conocimiento de los dos Directorios sindicales, unánimemente se rechazó, pues ello implicaba valerse de los mismos dirigentes como instrumentos de la destrucción de los sindicatos, cuando más se necesitaba de una dirección, lo cual no era sino una traición. Por otra parte, renunciar era reconocer las faltas de que se les culpaba (politizar las organizaciones); “antes que renunciar preferimos caer junto con nuestras organizaciones”. 20 La herida conferida al corazón de las organizaciones sindicales de Chuquicamata, tenía sumidos a los trabajadores de ese mineral en la “indignación y el malestar”. Esto se manifestó con especial virulencia el día 10 de octubre cuando llegó al mineral la comisión gubernamental con el objeto de recibirse de los fondos y bienes sindicales. La noticia se derramó como una mancha de aceite entre los mineros y al salir el turno de las 11 de la mañana “una verdadera poblada de mineros cruzó el campamento frente al local de los sindicatos lanzando gritos de protesta contra la compañía y los funcionarios que venían a llevarse el dinero y clamorosas vivas al Frente
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El Popular, Antofagasta, 13 de octubre, 1938, p. 3, “Gestores”, firma Minero que, a todas luces se trata de alguno de los dirigentes sindicales perseguidos que está dando a conocer, a través del diario, algunos antecedentes más directos sobre el problema suscitado con los sindicatos.

10 Popular y a Pedro Aguirre Cerda, en cuyo triunfo confían para obtener la reconsideración de la medida contra los sindicatos. Los carabineros despejaron violentamente”. Más tarde, a las cinco de la tarde se juntó una masa de unas 5 mil personas frente al local de los sindicatos, manifestándose airadamente. Había tentación de revuelta. Entonces se levantó Díaz, regidor de Calama y ex presidente del Sindicato Planta de Chuquicamata, recibiéndolo una atronadora salva de aplausos. Que les hablaba, les dijo, “a nombre de los que hasta ayer fuimos vuestros dirigentes sindicales”; que era necesario que “demuestren vuestra cultura y disciplina disolviendo esta manifestación ya que no se ha dado el aviso legal y debemos evitar toda provocación contraria a nuestros intereses”. Y agregó: “Yo comprendo perfectamente el sentimiento de disgusto que todos llevamos adentro por la disolución de nuestras organizaciones, pero desgraciadamente los obreros no tenemos en nuestras manos el poder suficiente para impedir este atropello a nuestros derechos. En estos momentos de amargura para nuestra clase hay que callar y saber responder el día que se les llame a responder como hombres y como chilenos con su unión y decisión y ésto será el 25 de octubre”. Una corriente de emoción y aplausos se transmitió entre la masa; de pronto alguien gritó “¡Al Royal!”: allí se encontraba el abogado de la compañía Eduardo Alvear U., a quien los trabajadores culpaban de urdir la disolución de los sindicatos, a más de la comitiva nombrada por el gobierno. Nada fue capaz de detenerlos; frente a su puerta prorrumpieron en silbatinas e insultos; bajo la acción de carabineros, finalmente se disolvieron. No obstante, la tensión se enseñoreaba en el mineral. Algunos “más exaltados” hablaron de huelga: una tentación a punto de estallar. “Pero los dirigentes les hicieron notar que aquello era una abierta provocación y era darle en el gusto al gobierno. Todos tienen sus esperanzas puestas en lo que ocurra el 25. Todos confían en el Frente Popular”. No obstante, la tentación de la ira se acrecentó en las horas siguientes, realizando los obreros una nueva manifestación, rompiendo a pedradas los vidrios del Hotel Royal. 21 Una nueva provocación de la ira obrera surgió a raíz de que El Mercurio de Antofagasta, a través de sus columnas, comenzó a desvalorizar la acción que habían desarrollado los sindicatos de Chuquicamata: que no habían sido éstos, aseveraba El Mercurio, sino la empresa, la que espontáneamente, había otorgado los beneficios económicos de que gozaban sus empleados; por
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El Popular, Antofagasta, 13 de octubre, 1938, p. 2

11 lo tanto, los trabajadores no necesitaban de los sindicatos. La rabia de los ex-dirigentes de los trabajadores se expresó en un verdadero manifiesto público, de rememoración de las presiones 22 que en 1936 y comienzos de 1938 los sindicatos habían realizado y los mejoramientos que finalmente habían obtenido como fruto de aquellas presiones: “Tenemos en nuestro poder varios documentos que probarán hasta la saciedad que sólo a los sindicatos les deben los obreros su situación, así como todo lo bueno que se merecen (para llevar una vida) al menos pasable y llevadera y que ahora perderán”. No obstante, ya se aproximaba la solución y el fin de la arbitrariedad, ya que “ésto no importa, será sólo por un corto tiempo, el triunfo de nuestra causa está cerca y entonces veremos.“Quien ríe último ríe mejor” 23. Consumada la disolución de los sindicatos, ¿qué actitud tomar frente a la medida decretada por el gobierno en plena campaña electoral?: era la pregunta que se hacían los dirigentes y los abogados representantes de los sindicatos afectados, los agentes periodísticos del Frente Popular en Antofagasta, los dirigentes sindicales regionales y nacionales, así como las dirigencias políticas del Frente Popular. Es decir, tanto a nivel local, regional y nacional se desencadenó una gran inquietud ante la delicada situación que se configuró en el ámbito de las relaciones sociales políticas del mineral de Chuquicamata. Respecto de la expulsión de Humberto Mur, el abogado de los sindicatos clausurados, Pedro González reclamó al Intendente de Antofagasta, que se le había aplicado ilegalmente la Ley de Residencia pues “el artículo quinto de la Ley de Residencia expresa que la persona no podrá ser expulsada sino después de cinco días de la publicación del decreto en el diario oficial”, plazo en que el afectado podía presentar recurso judicial, hasta alcanzar sentencia al respecto. A Mur se le había dado simplemente un punta pié desde Chile a Bolivia, sin haberse publicado el decreto ni habérselo dado a conocer. Pero el Intendente no le contestó. Entrevistado por El Popular, responsabilizó al Gobernador de Calama, Oscar Fuenzalida Cerda, de intervenir en la expulsión de Mur.
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Respecto de la disolución de los sindicatos, dicho abogado se trasladó a Santiago,

junto con uno de los ex-dirigentes de Chuquicamata, Víctor Villarroel, para reclamar ante el gobierno la medida tomada, pidiendo su reconsideración. Nada obtuvieron, salvo la pérdida por
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Énfasis del documento El Popular, Antofagasta, 12 de octubre, 1938 24 El Popular, Antofagasta, 7 de octubre, 1938, p. 4, “Consternación en Chuqui ante las medidas tomadas”

12 parte de Villarroel de su puesto de trabajo en la mina. Y luego de darse vuelta en múltiples e infructuosas gestiones, a juicio del abogado González, “tan sólo la victoria del 25 de octubre puede remediar esta acción arbitraria de la reacción”. 25 Por su parte, El Popular de Antofagasta, a través de sus titulares y artículos de cada día, además de la propia acción periodística del diario -con sus corresponsalías en la pampa, sus entrevistas a diversos dirigentes sindicales y su línea editorial-, denunciaba la disolución de los sindicatos de Chuquicamata, habiendo quedado los trabajadores de ese mineral sin sus instrumentos gremiales para la defensa de sus intereses. Al salir en defensa de Mur y de los sindicatos clausurados, El Popular denunciaba que, si de Ley de Residencia se trataba, las Compañías, en su calidad de extranjeras con mayor razón habían caído en “ilegalidad” ya que no sólo propiciaban, sino que financiaban la candidatura del derechista Ross, involucrándose abiertamente en política nacional.26 El Popular negaba que los sindicatos estuviesen haciendo política partidista: en su interior, afirmaba, convivían diversas ideologías y religiones que no menoscababan su unidad; sin embargo, había llegado la hora de que el trabajador fuera un elector conciente, lo cual implicaba su “participación en la discusión de las graves cuestiones nacionales... Nuestra condenación al apoliticismo debe capitalizarse en favor de la democracia y de la República”. 27 Por su parte, el dirigente máximo de la Central de Trabajadores de Chile regional, Héctor Albornoz, interpretaba las medidas anti-sindicales como parte de la campaña electoral rossista contra los trabajadores. Que como medidas a tomar, “movilizaremos a todos los trabajadores a fin de explicarles la situación creada y lo que pretende el rossismo y los patrones para someterlos, para crearles una atmósfera en su contra y luego destruirlos con el objeto de explotar
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El Popular, Antofagasta, 9 de octubre, 1938, p. 5 El Popular, Antofagasta, 4 de octubre, 1938. Por entonces los dirigentes de la campaña del candidato derechista y Ross mismo se paseaban libremente por todas las oficinas salitreras y cupríferas, anunciando su convocatoria a grandes titulares El Mercurio de Antofagasta, vocero de las Compañías, publicitando el optimismo de su apoyo popular al son de sus triunfantes discursos. Pedro Aguirre Cerda, en cambio, se quejó, en carta pública al director de El Mercurio de Santiago, entre muchas arbitrariedades inflingidas a su campaña, el haber sufrido “vejámenes” por parte de carabineros de Antofagasta a instancias del Intendente de esa provincia, “no permitiéndome llegar en automóvil a esa ciudad, por lo que tuve que dar un largo recorrido a pie, no obstante haber autorizado a más de un centenar de coches en que iban mis amigos, con los cuales no permitió que me juntara” . Con esto, a Pedro Aguirre le fue impedido discursear ante el pueblo de Antofagasta, poniéndole, en los hechos, una mordaza a su campaña. Tampoco tenemos noticia que el candidato del Frente Popular haya podido aproximarse a las oficinas de la pampa ni a las estaciones pampinas del ferrocarril, como otrora lo hiciera Recabarren. Por el contrario, los tiempos eran de represión a los sindicatos de las oficinas, habiendo tenido que entrar a la clandestinidad los dirigentes de las organizaciones clausuradas (Epistolario de Pedro Aguirre Cerda (1938-1941), Recopilación y notas, Leonidas Aguirre, LOM, Dibam, Santiago, 2001, pp. 13-15). 27 El Popular, Antofagasta, 4 de octubre, 1938, p. 3, “Ataques a los sindicatos”
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13 a los trabajadores en condiciones inhumanas y arrebatarles todas las conquistas obtenidas”. Por su parte, la CTCH nacional en Santiago, estaba gestionando la defensa de los sindicatos por todos los medios legales. cielo”. 29 Respecto de la posición de algunos dirigentes sindicales conocidos por su “decisión en la defensa de su clase”, tales como el dirigente del Sindicato de Panificadores de Antofagasta, Ernesto Ugarte, éste planteó que la CTCH, debía “trabajar tesoneramente en defensa de los dirigentes perseguidos injustamente, exigiendo la aplicación de las leyes que fueron creadas para amparar el fuero sindical”. Que todos los sindicatos debían respaldar la defensa que llevase a cabo la Confederación, demostrando “a las autoridades que es una auténtica central de los trabajadores”.30 En suma, por una parte, primaba en todas las posturas el disciplinamiento y la supeditación a las gestiones y decisiones que adoptase la CTCH 31 en el marco de la legalidad, en el entendido que esta organización constituía una entidad superior, que cristalizaba la unidad obrera en la que quedaba suscrita la particularidad. Por otra parte y especialmente, el triunfo del Frente Popular aparecía no sólo como un proyecto nacional de cambio social, sino, paradojalmente, como la única y real solución para una retomar la continuidad del camino histórico de la organización obrera, fundamento de su sujeto político y de clase. A pesar de la tentación de la ira, la contestación a las medidas tomadas por la empresa parecía estar, por lo tanto, clara: los obreros debían disciplinarse en función del camino político del proyecto popular nacional que entonces pugnaba por hacerse camino al gobierno.
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No obstante, el abogado de la Defensa Jurídica de la CTCH opinaba

que, “esperar de la justicia (algo positivo) en las actuales circunstancias era como escalar al

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El Popular, Antofagasta, 5 de octubre, 1938, p. 4 Ibid., octubre 9, 1938, p. 5 30 Ibid, octubre 6, 1938, p. 4 31 Sobre el proceso de conformación y consolidación de la CTCH ver Mario Garcés, Movimiento obrero en la década del treinta y el Frente Popular, Memoria de Prueba, Universidad Católica, Santiago, 1985, inédita.

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4. Triunfo y restitución
El mismo día en que la poetisa argentina, Alfonsina Storni, entregó su vida al mar, el pueblo de Chile se levantó como una ola al grito de ¡Viva el Frente Popular! Era un 25 de octubre de 1938; Aguirre Cerda ganaba, por estrecho margen, a su contendor, Gustavo Ross Santa María. de las expectativas, más que duplicando Aguirre a la votación de Ross (11.336 vs. 4.945) 33. La euforia popular en Chuquicamata desató las amarras de su ira, transfigurándose en una risa de puño en alto que apuntaba al cielo de su triunfo. Desde esa congregación inmensa, cuerpo y alma de su propio acontecimiento, se comenzó a narrar el mito de su nueva historia; y desde el seno de esa masa, volvieron a aparecer varios de los ex-dirigentes sindicales, Heriberto Méndez (exdirigente del sindicato Mina), el ex-Secretario del Sindicato Planta, Daniel Huerta, además de los dirigentes políticos del Frente Popular local.34 Los rostros conductores de la clase obrera, recuperaban su lugar y su palabra. Sólo Humberto Mur estuvo ausente; pero no sería por mucho tiempo. La lucha de los sindicatos de Chuquicamata se activó. El 28 de octubre una “manifestación de 10.000 personas se habría congregado en el mineral, aglutinados en torno a los discursos difundidos por altoparlantes de los políticos frentistas de la localidad. Se tomaron ciertos acuerdos inmediatos: solicitar a la compañía la destitución del abogado Alvear, a quien enrostraban la creación de las intrigas para la disolución de los sindicatos, pedir al gobierno que se suspendiese la liquidación de los bienes de los sindicatos y se derogase la Ley de Estado de
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No

obstante, en Antofagasta, la votación alcanzada por el Frente Popular rompió todos los márgenes

“En un total de inscritos de 503.871 ciudadanos, con una abstención de un 13%, el veredicto de las urnas favorece al abanderado de la izquierda con 222.720 sufragios contra 218.609 que obtiene G. Ross. ( Ercilla, septiembre 3, 1958, p.8), citado en Luis Palma Zúñiga, Pedro Aguirre Cerda. Maestro, Estadista, Gobernante, Editorial Andrés Bello, Santiago, 1963, p. 141. Según testimonio de Arturo Olavarría, “en todas partes el pueblo había cumplido la consigna de venderle el voto a Gustavo Ross, sufragando a escondidas por don Pedro Aguirre”. Ver Arturo Olavaria Bravo, Chile entre dos Alessandri. Memorias políticas. Editorial Nascimento, Santiago, 1962, tomo 1, p. 357 33 De acuerdo a las últimas elecciones generales, complementarias y para municipales (sin tomar en cuenta las fuerzas que entonces acompañaban a Ibáñez y que ahora se sumaban a Aguirre Cerda), se calculaba para Antofagasta 8.680 votos y para Ross 4.621. (El Popular, Antofagasta, octubre 20, p.3 “Es indiscutible el triunfo de Aguirre Cerda”). Según cómputos aparecidos en el diario La Hora de Santiago, del 26 de octubre, Aguirre obtenía en Antofagasta 11.336 votos contra 4.945 de Ross (El Popular, Antofagasta, 26 de octubre, 1938, Portada, “Resultados en las provincias”) 34 El Popular, Antofagasta, noviembre 3, p. 3

15 Sitio y Facultades Extraordinarias con el fin de asegurar la transparencia en el conteo de los votos. 35 Las definiciones políticas apremiaban en una hora histórica que se sabía decisiva. Convenía, sin embargo, calmar los temores de los señores: “La Chile Exploration Co. puede tener la seguridad de que el gobierno del Frente Popular dará amplias garantías para el desenvolvimiento normal de los negocios de esa empresa, pero de la misma manera tendrá que exigir un estricto sometimiento a las leyes y un profundo respeto a los derechos de los obreros, derechos que para el futuro gobierno serán tan respetables e intocables como los de la propia compañía. Si ésto no satisface a las empresas extranjeras, si ésta actitud de protección a las industrias y a los obreros no es bastante, quiere decir que tales empresas no desean cumplir la ley; prefieren colocarse al margen de ellas. En tal caso, que se preparen para cargar con su responsabilidad”. 36 Es decir, el capital y el trabajo tendrían ante el Frente Popular el mismo peso legal; su proyecto se sustentaba sobre dicho equilibrio cuya transgresión equivalía a una ruptura del propio orden y el sistema. Pero ahora, además, había entrado a terciar un tercer factor en la vida nacional: el Estado chileno, ante el cual las compañías extranjeras debían legalmente someterse; aún más este Estado habría de proteger a los trabajadores chilenos en caso de conflicto con el capital extranjero. En suma, la fórmula del equilibrio entre los factores productivos bajo el nuevo gobierno quedaba supeditado al principio de un “nacionalismo popular”. Porque en el gobierno del Frente Popular, “los obreros que con su energía permiten obtener ganancias al capital extranjero que jamás alcanzaría en su tierra de origen, serán respetados en sus derechos, sus sindicatos serán amparados y no disueltos por obra de la perfidia, sus organizaciones tendrán la posibilidad de cumplir con independencia, con energía y dignidad su alta misión del progreso social. Los obreros y empleados podrán ganar los salarios que les permitan vivir como pueblos civilizados y tendrán acceso a todos los beneficios del progreso y de la cultura”. 37 Al nacionalismo popular se incorporaba, así, un fuerte anhelo y programa democratizador de la sociedad chilena.

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El Popular, Antofagasta, 29 de octubre, portada, “Derogaciones de las Facultades y la salida de Alvear pidieron obreros en un gran mitin” 36 Ibid, 30 de octubre, 1938, p. 2, “El Frente Popular y la Chile Exploration Co.” 37 Ibid, 1° de noviembre, 1938, p. 2, “El Frente Popular y las empresas extranjeras”

16 El proteccionismo estatal popular quedó de inmediato expresado en la exitosa intervención que, en su calidad de Presidente electo, Pedro Aguirre realizó ante el gobierno de Alessandri solicitándole la suspensión de la liquidación de los bienes de los sindicatos de Chuquicamata.
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Se daba un primer paso en dirección de revertir el quiebre de la continuidad legal sindical y de retomar los aparatos propios de la sociedad civil o de la organización de los trabajadores; reversión que ahora se hacía, a solicitud de los propios obreros, desde una mediación de nuevo cuño, que inauguraba un nuevo pacto pueblo-Estado en Chile. El país se mantuvo en tensa espera y los trabajadores en estado de alerta ante la incertidumbre generada en torno al posible desconocimiento del triunfo del Frente Popular. Se especuló en torno a un golpe militar y a una amenaza de guerra civil ante una posible anulación de la elección por parte del Tribunal Calificador. Por otra parte, el temor al nuevo gobierno producía desde ya importantes obstrucciones en el desenvolvimiento de la vida económica, especialmente en el ámbito financiero. En este marco, la medida de la Chile Exploration Co. de suspender a los trabajadores algunos de los acuerdos pactados con los sindicatos Planta y Mina en marzo de 1938, además de otras medidas (despido de trabajadores, traslado de muchos de ellos de sección con el fin de rebajarles el salario, entre otras), significó una provocación de grado máximo 39. Con ello se vulneraban los salarios obreros, es decir, los propios términos de las relaciones sociales de producción, lanzando a los trabajadores necesariamente a un conflicto de clase. Efectivamente, se produjeron de inmediato paros por secciones, que llegaron a comprometer a unos 3.000 trabajadores, amenazando un paro general. Todo ésto sin contar con dirigentes ni sindicatos. Los trabajadores con el objeto de buscar una representación ante la empresa, nombraron una comisión de cinco obreros, entre ellos el ex-dirigente Daniel Huerta, para entrevistarse con los empresarios y resolver el conflicto presentando sus peticiones por escrito, mientras instaron a los trabajadores a volver a las faenas. “Había que acorralar a la compañía, dijeron, dentro de los marcos de la ley, ya que era ella la que violaba acuerdos previos legalizados”; por su parte, el gobernador amenazaba a los dirigentes con aplicarles la Ley de Seguridad Interior. 40
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Ibid., p.3, “El gobierno suspendió el remate de los bienes de los sindicatos de Chuquicamata indefinidamente” Ibid, nov. 19 a 23 40 Ibid, nov. 24 y 26

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Vulnerados en sus salarios, despojados de sus organizaciones, los trabajadores de Chuquicamata sintieron la tentación de la resistencia, el deseo irrefrenable de la lucha de clases. Pero, ¿no era eso justamente lo que la compañía deseaba? La sospecha política se fijó en la mente de los dirigentes: “Sospechosa bajo todos los puntos de vista resulta la actitud asumida por la Chile Exploration Co. a pocos días de reunirse el Tribunal Calificador de Elecciones y que ha estado a punto de embarcar a los obreros del mineral en una huelga inoportuna que las derechas han explotado con manifiesto entusiasmo en la capital. Y decimos que resulta sospechosa, por cuanto no tiene explicación el hecho de que se haya violado un pacto suscrito con los sindicatos obreros recientemente resuelto y que expiraba en marzo del año próximo”. Que la Compañía intentaba subvertir el orden público como una medida desesperada ante el triunfo del Frente Popular... 41 Hacia finales de noviembre, sin embargo, la Compañía dio un paso atrás, poniéndose en una postura de amplio reconocimiento de los acuerdos pactados en marzo con los sindicatos legalmente existentes. Los trabajadores habían triunfado -decía el diario El Popular al evaluar la experiencia-, evitando caer en la trampa de la huelga ilegal y, por lo tanto, habiendo conjurado la amenaza del despido en masa para establecer un nuevo convenio al arbitrio de la Compañía, antes que recuperasen su vida legal los sindicatos disueltos. Que los obreros de Chuquicamata habían sabido manejar su movimiento. Si inicialmente habían caído en la tentación de la huelga ilegal y si en las asambleas algunos elementos obreros desconocidos gritaban y agitaban los ánimos pidiendo la huelga, la masa de los trabajadores había recapacitado, sublimando, una vez más la ira. “Sin perder la unidad por un instante, depositando toda su confianza en sus dirigentes de largos años, los mineros de Chuquicamata obligaron a la Compañía a aceptar la lucha en el terreno donde no le convenía, en el terreno legal, y el movimiento prosperó”. 42 Todo el país, en definitiva, hubo de optar por el camino legal. El 25 de diciembre asumía el gobierno Pedro Aguirre Cerda y el 28 de diciembre se decretaba la devolución de la personalidad jurídica a los sindicatos Planta y Mina de Chuquicamata, procediendo la Comisión Liquidadora a

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Ibid., nov. 25, p. 3, “¿Provocación política?” Ibid., diciembre 2, p. 3, “Una experiencia sindical”

18 la devolución de sus bienes. Esta vez, la Compañía no recibió a dicha Comisión con los honores anteriores; por el contrario, le pasó la factura de sus gastos de hotel y pensión. Había llegado el momento de regresar. En los primeros días de marzo Humberto Mur hizo sus maletas y emprendió viaje a Chuquicamata, reasumiendo de inmediato su cargo de Presidente del Sindicato Planta. La Compañía lo desconoció y le negó el trabajo. Infructuosamente, Mur “vuelve al país por resolución del Gobierno del Frente Popular disfrutando de todos los derechos legales”. 43 El nuevo Estado restablecía la continuidad histórica de la propia sociedad civil de los trabajadores: sus organizaciones. Con ellas, podrían proseguir su lucha, como de hecho la prosiguieron y reconstruir su protagonismo de clase, sublimado el año 1938 en aras de su proyecto político nacional. En suma, pisando sobre un tejado de vidrio se fue abriendo paso, en forma irrefutable, el triunfo del gobierno del Frente Popular. Los hechos desencadenados en el mineral Chuquicamata constituye, a nuestro juicio, una ventana privilegiada para la observación de las contradicciones desatadas en el país ante ese proyecto. Pero principalmente creemos que se construyó allí, en el seno de las propias relaciones sociales de producción de uno de los yacimientos estratégicos de la economía nacional y transnacional, un complejo campo social de ejercicio de poderes y de fuerzas, encaminados a obstaculizar por un lado y a facilitar por otro, este primer advenimiento de “gobierno popular” en Chile.

Bibliografía
Epistolario de Pedro Aguirre Cerda (1938-1941), Recopilación y notas de Leonidas Aguirre Silva, Dibam, Lom, Santiago, 2001. Garcés, Mario, Movimiento obrero en la década del treinta y el Frente Popular, Memoria de Prueba, Universidad Católica, Santiago, 1985, inédita.
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El Popular, Antofagasta, 12 de marzo, 1939

19 Olavarría Bravo, Arturo, Chile entre dos Alessandri. Memorias políticas. Editorial Nascimento, Santiago, 1962. Orellana, Carlos, El siglo en que vivimos. Chile: 1900-1999, Planeta, Santiago, 2000. Palma Zúñiga, Luis, Pedro Aguirre Cerda. Maestro, estadista, gobernante. Editorial Andrés Bello, 1963. Rojas, Jorge, El sindicalismo y el Estado en Chile 1924-1936, Santiago, 1986. Vera Valenzuela, Mario, La política económica del cobre en Chile, Ediciones de la Universidad de Chile, Santiago, 1961. Zapata, Francisco, El conflicto sindical en América Latina, El Colegio de México, México, 1986. Zapata, Francisco (compilador), Clases sociales y acción obrera en Chile, El Colegio de México, México, 1986. Zapata, Francisco, “Los mineros de Chuquicamata: ¿productores o proletarios?”, Cuadernos del Centro de Estudios Sociológicos (CES), Nº 13, El Colegio de México, México, 1979.

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