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94106092 Fuhrmann Manfred Et Alii Literatura Romana

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LITERATURA ROMANA

POR

MANFRED FUHRMANN
EN C O L A B O R A C IÓ N CON

HUBERT CANCIK, BERNHARD KYTZLER, ANTON DANIEL LEEMAN, ECKARD LEFÍLVRE, DETLEF LIEBS, KENNETH QUINN, W ILLY SCHETTER, PETER LEBRECHT SCHMIDT

V ERSIÓ N ESPA D O LA DE

RAFAEL

DE

LA

VEGA

&
EDITORIAL GREDOS
M ADRID

LITERATURA UNIVERSAL
D ir ig id a por

KLAUS

v o n

SEE

© ©

1974:

A k a d e m is c h e V e r l a g s g e s e l l s c h a f t

A t h e n a io n ,

Frankfurt ana Main.

1985 EDITORIAL CREDOS, S. A., Sánchez Pacheco, 81, Madrid. España, para la versión española.

Título original de la serie: N EU ES HANDBVCH DER L IT E R A TUR WISSENSCHA FT.

Depósito Legal: M. 29551-1982.

ISBN 84-249-0849-X. Obra completa. ISBN 84-249-1000-1. Tomo 3.
Impreso en España. Printed in Spain. Gráficas Cóndor, S. A., Sánchez Pacheco, 81, Madrid, 1985. — 5722.

PRÓLOGO

Este tomo es parte de un «Manual». Esta palabra posee para el especia­ lista, para el latinista, un sentido muy especial. En efecto, a su mente viene de inmediato el magno Manual de la ciencia de la Antigüedad clásica, y en especial su sección, en cinco tomos, Historia de la literatura romana. Tales asociaciones resultan apropiadas para hacer brotar malentendidos; por ello queremos apuntar aquí, en breves palabras, lo que se propone este tomo —como parte integrante del Neues Handbuch der Literaturwissenschaft, que en español hemos titulado, más brevemente: Literatura Universal— y lo que cae fuera de sus intenciones. Este tomo no tiene el propósito —sus límites de extensión excluirían ya de por sí una tal empresa— de competir con los grandes acumuladores de datos del positivismo. Antes al contrario persigue un objetivo quizás demasiado ambicioso, pero en todo caso legítimo: se propone ofrecer al lector una especie de quintaesencia, un resumen que —hasta donde tal co­ sa sea posible— resulte comprensible por sí mismo y atractivo también para el no especialista en la materia. Prescinde por ello mismo de todo detalle excusable y también de la usual galería de autores y obras, engarza­ das del hilo de la cronología. En lugar de ello procura destacar lo que suele ser descuidado con harta frecuencia, a saber, lo común o universal condicionante, los presupuestos sociales y culturales básicos y desde luego las constantes literarias dentro de la riqueza de variables igualmente lite­ rarias. Por ello abre paso una introducción casi excesivamente larga, titu­ lada simplemente «Literatura romana», a los estudios incluidos en el tomo; de aquí que sean los géneros literarios —y después las épocas— el más importante princípium divisionis de toda la materia. Este tomo se ocupa de esa parte de la «literatura latina» que es designa­ da, con plena razón y motivo, como «literatura romana», esto es, de las obras literarias, condicionadas por la existencia del Estado romano, del medio milenio que se extiende entre el año 250 a. d. C. y el 250 d. d. C. aproximadamente. A la literatura greco-latina de la Antigüedad tardía le

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Literatura universal

ha sido reservada en el Neues Handbuch der Literaturwissenschaft (Litera­ tura universal), un tomo propio; la literatura en lengua latina de las épocas históricas siguientes ha sido tratada en los tomos correspondientes a la Edad Media y la Edad Moderna. Esta limitación acarrea dos consecuencias. Por una parte, el principio comparatístico que rige de m anera general para el Neues Handbuch der Literaturwissenschaft (Literatura universal), y que salta por encima de las lenguas y de las naciones, no puede aplicarse aquí. Cuando los romanos comenzaron a producir literatura, la literatura griega era ya casi un fait accompli. Cierto es que hubo también después simultaneidad; pero un Dio­ nisio de Halicarnaso junto a Virgilio, Horacio y Livio: ¡qué proporción tan desigual! Un paralelism o de varias literaturas entre sí que adm ita una com­ paración, se dio por vez prim era durante la Antigüedad tardía, y el concier­ to de las naciones inició sus prim eros acordes durante la Edad Media euro­ pea. Estas observaciones no excluyen, sin embargo, que el presente tomo intente destacar en la medida oportuna la dependencia de la literatura ro­ mana con respecto a la griega, así como las relaciones de filiación dentro de la misma literatura romana, dos temas familiares desde siempre a la filología latina. Por otra parte, la recepción de la literatura —de los géneros, los auto­ res y las obras— está considerada hoy día, con razón, como parte integran­ te irrenunciable de la exposición científico-literaria. Por supuesto que di­ cha problemática de la recepción no posee aquí, en este tomo, su lugar propio dentro del «Manual», sino allí donde la literatura rom ana ha ejerci­ do su influencia en épocas posteriores: en los tomos que tratan de la litera­ tura en la Antigüedad tardía, la Edad Media y la Edad Moderna. De todos modos, la atención concedida a la influencia y las repercusiones está laten­ te en este tomo en cada una de sus páginas, como criterio de selección extremadamente riguroso. Se ha preferido lo conservado o m antenido vivo, esto es, aquello m ediante lo cual la literatura romana ha ejercido influen­ cia por encima y m ás allá de sí misma; se ha pospuesto lo perdido para nosotros y lo fragm entario, sobre todo de la época preclásica, frecuente objeto de investigaciones singularm ente afanosas.

LA LITERATURA ROMANA
M anfred F uhrm ann

El concepto de «literatura romana», su amplitud y sus límites

La literatura tratada en este tomo suele ser llam ada de modo diferente a la lengua en que está escrita: la lengua se llama siempre «latina», la literatura, por el contrario, «romana». Este hecho singular requiere una explicación. La designación «lengua latina» procede de los romanos mismos (lingua latina, sermo latinus o simplemente latinum, «el latín»). Con ello puede haberse m entado en un principio la lengua de una tribu, los latinos, junto con todas sus diferencias dialectales. Pero la hegemonía política de Roma impuso al cabo en todo el Lacio el dialecto latino hablado en la ciudad; desde entonces, el concepto no designó ya la lengua de una tribu, sino la de un solo asentam iento dentro de dicha tribu, y precisam ente esta lengua de la ciudad de Roma se expandió luego, junto con el poderío romano, por toda Italia y finalmente por todo el hemisferio occidental del Imperio. La designación «lengua romana» tendría por ello la ventaja de la mayor precisión; sin embargo, y pese a algunos intentos encaminados a introducir esta expresión ', ha pervivido la designación tradicional. El térm ino de «literatura romana» es menos consistente; al menos en Italia y en Francia ha adquirido carta de naturaleza, para designar el m is­ mo objeto, el nombre de «literatura latina». Ya los romanos acostum bra­ ron a servirse bien de una expresión (litterae Romanae, auctores Romani), bien de la otra (litterae Latinae, auctores Latini). El concepto de «literatura romana» merece la preferencia. Lo mismo que la lengua latina, así también la literatura redactada en ella fue sustentada por Roma; la literatura rom a­
1 V. por ej. Laurea Tullus en Plinio, Naturalis historia, 31, 8; Ovidio, Epistulae ex Ponto, 1, 2, 67; Gelio, Noctes Atticae, 1, 18, 1 (lingua rom ana ); Quintiliano, Institutio oratoria, 1, 5, 58. 2, 14, 1 y passim (serm o romanus).

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Literatura universal

na debe su existencia y prestigio al poderío político romano. La designa­ ción «literatura romana» es, por ello, más adecuada que la de «lengua lati­ na», ya que remite expresamente a la institución política que hizo posible dicha literatura. La coexistencia de las expresiones «lengua latina» y «literatura rom a­ na» agudiza el elemento político-cultural inherente al concepto de «roma­ no». De ello se sigue que sólo debería designarse como «romana» a la lite­ ratura que se refirió a la configuración política que fue Roma y recibió de ella sus impulsos. Dicho con otras palabras: la expresión de «literatura romana» sólo puede ser aplicada en rigor a la literatura latina de la Anti­ güedad —entre el año 250 a. d. C. y el 250 d. d. C. aproxim adam ente—. Por el contrario, obras escritas en lengua latina procedentes de la Antigüe­ dad tardía, de la Edad Media o de la Edad Moderna pueden ser considera­ das simplemente como parte de la «literatura latina». Todas las filologías están de acuerdo en considerar a la «literatura» como su objeto propio; sin embargo, suelen entender bajo este término cosas muy distintas. Las filologías m odernas no emplean el concepto, por lo general, en su sentido literal; cuando hablan de «literatura» no se refie­ ren a la masa conjunta y total de obras escritas. Ciertamente incluyen cada vez más, en los tiem pos recientes, la «literatura trivial», la «subliteratura» o literatura «banal» en sus análisis, pero al mismo tiempo siguen ocupán­ dose sustancialm ente de la «literatura pura», de las «bellas letras», de tex­ tos, por lo tanto, que no han sido compuestos en una situación determ ina­ da y para un fin determ inado, y que se distinguen por su forma artística. Por el contrario, la filología que se ocupa de la literatura rom ana (y lo mismo rige para la helenística) posee un concepto de literatura mucho más amplio: desde un principio tiene en consideración la totalidad de aquellas obras que nos han sido transm itidas en m anuscrito. Este hecho objetivo está condicionado, en prim er lugar, por la cantidad del m aterial que se halla a nuestra disposición. Sólo una parte mínima, insignificante, de la literatura rom ana ha llegado hasta nosotros. Quintiliano, el rhetor clasicista de finales del siglo i d. C. —que pudo abarcar ya la literatura rom ana en casi su totalidad—, presentó en su manual de retó­ rica un catálogo de los autores romanos más famosos 2; incluso de estos 55 elegidos, astros literarios de prim era magnitud, ha sobrevivido al tiem­ po poco más de un tercio. La literatura rom ana es, por tanto, pequeña y abarcable, en contraste no sólo con las literaturas europeas en las lenguas vernáculas, sino incluso con la literatura latina de la Antigüedad tardía y del Medioevo. El concepto lato de literatura, tal y como lo emplea la filología latina con respecto a su m aterial antiguo, se basa además en la naturaleza espe­
2
Institutio oratoria,

10, 1, 85-131.

y por otra parte los papiros. casi al mismo resultado que la determ inación en sentido lato. una parte considerable de los monumentos lingüísticos heredados de la Antigüedad romana: por una parte aquellos textos que han sido esculpidos en piedra o metal. esto es. sino documentos públicos o privados. las inscripciones.elaboración formal artística muy intensa. C. Y es que estos m ateriales no suelen conte­ ner. Cualquier acto de producción literaria era en la Anti­ güedad —tanto entre los griegos como entre los rom anos— un acto mucho más solemne que en la Antigüedad tardía.) cita en sus últim os versos a un hijo de Odiseo y de Circe. pareci­ do al papel. tirrenos: el nombre griego de los etruscos. además. un poema épico sobre el nacimiento de los dioses com­ puesto por el griego Hesíodo (hacia el 700 a. carentes de forma artística y al servicio exclusivo de una finalidad determ inada e inmediata. Se acostum braba a dar a la poesía. Como «literatura». porque de esta m anera se acostum bró en la Antigüedad y en la Edad Media a difundir todo aquello cuya misión o tarea no se agotaba en satisfacer una finalidad concreta en una situación determ inada. Por ello pertenecen a la jurisdicción de la ciencia histórica.Literatura romana 11 cial de este m aterial. los autores de obras científi­ cas especializadas decidían en no raras ocasiones exponer sus temas en verso o en una prosa cultivada y cincelada. desde luego. una excepción la constituyen solamente los escasos textos que no son simplemente documentos o notificaciones. en relación con las obras escritas de la cultura romana. y mucho más que en las épocas subsiguientes. 1011-16. cuando fue redactado este testimonio prime­ 3 V. como por ejemplo los epitafios en verso o los papiros que transm iten obras literarias. empleado en la Antigüedad. por lo común. y que han conservado sobre todo las ardientes arenas de Egipto. no de la filolo­ gía. . pero ese resto insignificante —productos no sometidos a ela­ boración formal. pero también a una con­ siderable parte de la prosa. La lengua latina La Teogonia. La determ inación estricta del concepto de «literatura» llevaría por ello. una . Se procuró dar satisfacción a módulos artísticos y estéticos muy exigentes sobre todo en los tres terrenos en los que desde la Antigüedad tardía sólo suele concederse im portancia al contenido. o sea las anotaciones hechas sobre este m aterial. del que dice se llama Latinos y es soberano de los tirsenos \ Los latinos. Tirsenos. Esta limitación ex­ cluye. están consideradas todas las obras es­ critas de la época rom ana que han llegado hasta nosotros en manuscritos. en la filosofía y en la historiografía. hemos dicho. sobre todo de contenido científico— resulta im prescindi­ ble para la comprensión recta de otras obras concretas y de las circunstan­ cias culturales de la época en general. al tema: en el discurso público.

La ciencia filológica moderna ha reconstruido el catálogo de los idiomas que se hablaron allí sirviéndose sobre todo de las inscripciones —escritas sin excepción en variantes del alfabeto griego—. un lugar de form a aproximadamente cuadrada. el latino-falisco y el osco-umbro m uestran muchas semejanzas entre sí. El mesapio. que se habló en el Este de la Italia meridional. pero el m aterial lingüístico (vocablos. El véneto. esto es. la lengua de Falerii (situada a unos sesenta kilómetros al Norte de Roma. Los griegos —jonios y dorios— habían fundado aquí num erosas colonias desde el siglo vm a. 8179-8180) reza como sigue: foied vino (pi)pafo. hoy Padua). Este idioma perteneció asimismo. El céltico es. núms. habitantes del Nordeste italiano (en torno a Patavium.12 Literatura universal ro y antiquísimo de su existencia.o. Estos idiomas constituyen el segun­ do grupo de las lenguas itálicas. lo mismo que el itálico y el griego. la ciencia suele clasificar ambas lenguas em parentadas como grupo latino-falisco de las lenguas itálicas. el mapa lingüístico de la península itálica presentaba un cuadro por demás abigarrado. Pauli. lengua de los habitantes de las costas del Sur de Italia y de Sicilia. a la sazón teñido aún de mito­ logía. tomo 2. en su caso. Pero antes de que. El céltico. que se extendía en el curso bajo del Tíber. 5. romana (en la época de Hesíodo y aun tres o cuatro centurias más tarde). una ram a independiente del indogermánico. probablemente. la lengua de las tribus galas que se asentaron en la llanu­ ra del Po hacia el año 400 a. desde el golfo de Nápoles hasta el de Tarento. En su caso. que justifican la consideración de ambos gru­ pos como rama itálica del indogermánico. así como de los um bros (que vivían en la Italia central.. Característica común a ambas lenguas es el futuro formado con -b. de C. El osco-umbro. 6. 4. lo más tarde. Este espacio —más exactamente: un asentam iento dentro de él. El griego. pero no. a las lenguas itálicas. 1893-1936. una clasificación es todavía más difícil e incierta. a saber Roma— fue el em brión del futuro lenguaje universal. de unos treinta kiló­ metros de lado. era carefo (en latín: hodie vinum bibam. eras carebo). 3. desde la costa del Mar Tirreno tierra adentro hacia el noreste. . es la actual Civitá Castellana). al itálico. lengua de los vénetos. como la griega o la germánica. Leipzig. El falisco. separándolos así de otras ramas de la misma gran fam ilia lingüística. las lenguas de los sam nitas u oscos (asentados en la mitad occidental del Sur de Italia). C. habitaban. comenzase a expandirse la lengua latina. con -f-. 2. y a la orilla sur de éste. toponimia) conservado no es suficiente para llevar a cabo una clasificación precisa del mismo. se cuentan además del latín las siguientes lenguas: 1. con el poderío romano. perteneció sin duda al indogermánico. ed. evi­ dentemente. al Este del Tíber). Este idioma era bastante parecido al latín 4. 4 Una inscripción falisca en una copa o cáliz (Corpus Inscriptionum E truscarum . C.

). El parentesco entre el latino-falisco y el osco-umbro era por ello de naturaleza bastante teórica. . 5 Comp. informa Livio por el año 296 a. visto desde Roma.). C . apenas se necesitase una jornada de m archa. incluso la otra orilla del Tíber y comarcas tierra adentro les parecían extrañas aun cuando. los griegos podían entenderse entre sí. El latín. para alcanzarlas. a saber: el que no hablaba más que latín necesitaba un traductor no sólo cuando quería conversar con galos. en el relato sobre la tercera guerra samnita (298-290 a. esto es. ya en la época helenística. del alemán y de otros muchos idio­ mas: la ausencia absoluta de diferencias dialectales. antes de que comenzase a imponerse el dialecto ático co­ mo lengua común. pero todo el resto de Italia —esto es. sobre todo del griego. más adelante. y ambos. que se habló sobre todo en la zona occidental de la Italia central. Los etruscos fueron entre los siglos vm y v a. Los ro­ manos podían conversar con los latinos. terreno extranjero de habla incom­ prensible. sin embargo. etruscos o griegos. Un general romano envió espías u observadores que dominaban la lengua osea. Ciertamente. 8. Este detalle ilustra lo que parece m ostrarnos un simple cotejo de las inscripciones latinas y oseas o umbras. 23. todo cuanto se extendía más allá del insignificante territorio de los latino-faliscos. El etrusco constituye el gran m isterio entre las lenguas prelatinas de Italia. con un poco de exageración. el voca­ bulario del latín tomó algunos térm inos prestados. con los faliscos. que semejaba un par de islas— era para ellos. pág. en un comienzo. se encontró al principio en una situación com pletamente distinta. que el latín —el idioma de una de las más pequeñas com unidades lingüísticas que ha­ bía sobre el suelo itálico— desplazó y eliminó a puras lenguas extranjeras. Se ha podido descifrar el significado de un centenar de palabras y de algunas desinencias. en la región delim itada al Norte por el Arno y al Sur por el Tíber. por el contrario.6. y ejercieron una fuerte influencia política y cultural so­ bre Roma. de C. El etrusco.Literatura romana 13 7. C. pese a la diversidad de sus dialectos. a su vez. Por tanto podría afirmarse. Este hecho explica también una característica por la cual el latín se dife­ rencia sorprendentem ente del griego. C. con los um bros o los sam nitas. la potencia más notable de Italia. 20. El griego estaba ya extendido en una am plísima zona antes de que sur­ giesen los más antiguos monumentos lingüísticos (lo más tarde hacia el año 700 a. 6 10. su naturaleza sólo puede ser expuesta de m anera convincente con ayuda del instrum entario que nos ofrece la moderna lingüística comparada. sino también cuando deseaba hacerlo con sus vecinos «itálicos». cuyo territorio lindaba directam ente con el suyo 5. no se ha logrado com probar la existencia de rela­ ciones de parentesco lingüístico con cualquier otro idioma dentro o fuera de la familia indogermánica.

que se mantuvieron en vida parcialm ente hasta la caída del Imperio Roma­ no y aun mucho m ás tiempo todavía. la distancia que separaba ya al latín del osco-umbro era demasiado grande para perm itir una influencia recíproca. buey). comien­ zan a fluir en esta prim era fase —a partir de fines del siglo iv a. como por ejemplo por una f intervocálica (rufus. C. Palabras de origen osco-umbro se delatan frecuentemente por su forma fonéti­ ca. d. Sin embargo. b en lugar de v (bos. De este modo surgió el idioma de los romanos. La península Ibé7 El número de los préstamos tomados del griego (machina. las fuentes procedentes de esta época. con el Derecho y la adm inistración de Roma. histrio (actor escénico) y otros vocablos. etc. y alcanzó al fin. allí no pu­ do apenas im ponerse el latín como lengua oficial. la fonética y la morfología del latín no fueron afectadas en modo alguno. que documentan la originaria variedad del mapa lingüístico itálico. frente al latino auténtico ruber). y quedó concluida en lo esencial durante el reinado de Augusto. rojo. el helenizado Oriente se resistió a esta evolución general. La lengua latina no se detuvo en las fronteras de Italia. durante los prim eros siglos después del nacimiento de Cristo. C. subulo (tocador de flauta). como lengua unitaria sujeta a rígidas normas lingüísticas. schola. del celta y del osco-umbro 7. etc. Del etrusco provienen probablemente lanista (maestro de armas). El latín se impuso al principio de m anera discontinua —sobre todo m ediante la función de colonias— en todas las regiones de la península.14 Literatura universal pero también del etrusco. en esa larga época de paz que va desde la dinastía julio-claudia hasta los emperadores soldados. sobre amplias zonas del Imperio romano. vestiduras (sagum. siguieron utilizando sus lenguas tradicionales. carro de viaje). El proceso de expansión se aceleró notablem ente durante el último siglo precristiano. al tiempo que en Egipto y en otras partes seguían imponiéndose las lenguas vernáculas respectivas. del estrato social domi­ nante en Roma. asentados en el territorio desde tiempos inmemoriales. esto es. El céltico suminis­ tró las designaciones de vehículos (raeda. A finales del siglo i d. Hacia el nacimiento de Cristo o poco después se dejó de em plear las len­ guas vernáculas en las inscripciones. las inscripciones y epígrafes. una igualación por mezcla de am­ bos. después de que todos los itálicos —y como últimos de entre ellos también los habitantes de las regiones situadas al Norte del Po. ya bajo Julio César— hubiesen recibido la ciudadanía rom a­ na. El proceso se inició a un ritmo bastante lento. .—. sólo que­ daban en el Sur de Italia y en Sicilia algunos islotes lingüísticos griegos. m ientras que el griego siguió sirviendo de lengua diaria. sino que se extendió. y después de haberse impuesto en todo el Lacio fue expandiéndose como lengua unitaria por todo el ámbito de Italia junto con el poderío m ilitar y con la idea estatal. Pero los habitantes de éstas. No obs­ tante. capa) y armas (lancea. lanza). poena.) y de los extranjerismos es abundantísimo. todo el territorio comprendido entre los Alpes y el Estrecho de Mesina. La latinización de Italia requirió casi medio milenio.

y halló un poderoso respaldo en la admi­ nistración y en las escuelas.Literatura romana 15 Las lenguas de Italia (siglos iv .i a. provincias situadas en el curso bajo del Danubio. se desarrolló la lengua actual. C. y en la siguiente centuria África y las Galias se incorporaron del todo a la esfera de habla latina. La romanización de todos estos territorios fue obra de los soldados.. a partir de la que hablaban los inm igrantes romanos.). el rumano. ésta no conquistó con la misma intensidad las regio­ nes más apartadas del Imperio —Britania y la cuenca del Danubio—. si bien llegó hasta las costas del Mar Negro. que fueron fundadas por doquier. Permaneció . m ientras que en la Mesia y la Dacia. d. d. Según parece. rica estaba ya totalm ente romanizada en el siglo i d. C. colonos y m ercaderes romanos.

Una fase transitoria de la acentuación inicial debilitó las vocales de las sílabas internas. m ientras que por el contrario disponemos de datos muy precisos sobre la segunda.intervocálica se convirtió en -r-. que tampoco surgió y creció dentro de un ámbito prefigurado. fue transform ándose y ramificándose poco a poco en las len­ guas rom ánicas actuales. C. de la que sólo nos han llegado m ateriales en forma de inscrip­ ciones y epígrafes (siglos vi al m a.). y así otros muchos ejem­ plos 8. se detuvo el gran movimiento expansivo. con ritm o muy desigual. La época pre-literaria presenta sobre todo modificaciones fonéticas. a la cruda luz de la tradición. El latín se asentó en cualquier parte. durante los siglos que duró su difusión por toda Italia y por la región occidental del Imperio. sino que se fue expandiendo. desde un asentam iento concreto hacia todas las comarcas no helenizadas del Im­ perio Romano. La lengua latina —según ha podido m ostrar esta sucinta ojeada sobre su desarrollo externo— no ha entrado en la historia como lengua de un «pueblo». como ocurrió en las Islas Británicas. C.16 Literatura universal siempre orientada hacia el uso lingüístico de la metrópoli. ni la literatura latina una «literatura nacional» en el sentido étnicobiológico que le dio el siglo xix. La lengua latina —dejando a un lado los fenómenos estilísticos— permaneció en lo esencial invariable en su fase expansiva. y en la centuria siguien­ te se inició un nuevo proceso: el idioma hablado por el pueblo. antes bien son ambas el producto de una idea político-estatal que una pequeña comunidad logró imponer con éxito triunfal. cuando no tuvo que ceder terreno ante los nuevos conquistadores. C. Algo análogo puede decirse de la literatura romana. Esta evolución transcurrió. C. Degras- . d. desplazando en lo esencial no tanto variantes dialectales de sí misma cuanto otras lenguas extrañas. y desde aquí fue penetrando trabajosa­ mente —donde le fue dado hacerlo— en los distritos rurales.) (V. dentro del pe­ ríodo histórico citado. En el siglo ni d. fijo en sus límites y de estructura previam ente dada. C. de m anera que hasta la decadencia de la parte occidental del Imperio no pudieron consti­ tuirse dialectos dignos de mención. Inscriptiones Latinae liberae rei publicae. prim ero en los centros urbanos. esto es. y la época literaria (a partir del siglo m y comienzos del n a. el llamado latín vulgar. edición de A. la -s. en grandes zonas de la cuenca danubiana y más tarde también en África. La lengua latina no es una «lengua nacio­ nal». La evolución interna de la lengua latina se divide en dos fases: la época pre-literaria. muy alejadas en su mayoría de ellas. La prim era época sólo puede ser expuesta en líneas muy borrosas. Además se consumó a la sazón una evolución importante de la mor­ 8 El monumento lingüístico romano más antiguo es la inscripción de la fíbula de oro de Praeneste (hacia el 600 a. que retardó su andadura tan pronto como la literatura hizo su aparición y acabó por detenerse del todo hacia las postrim erías del siglo n a.).

que sólo en la m enor medida necesita de morfemas independientes. una lengua sintética por excelencia. trajo consigo por ello. C.a -r. Dice así: m a n io s m e d f h e f h a k e d n u m a s io i (= Manius me fecit N umerio). y por lo tanto se procedió a elegir los vocablos. Florencia. 2 tomos. Hacia el año 600 a. El vocabulario tradicional fue considerado en parte como anticuado.Literatura romana 17 fología latina. Roma. En el verbo. am­ bos procesos. esto es. El texto procede de la época anterior al debilitamiento de las vocales inter­ nas (el verbo sería si no fhefheked) y de la transición de -s. tomo 1. el sistem a de los tiempos verbales.fonética general y la morfología del latín perm anecieron prácticam ente invariables. cf. modificaciones en los campos del vocabulario y de la sin­ taxis. se impuso el subjuntivo en las preguntas dependientes). además se aprendió a construir —no sin el ejem­ plo y dechado del griego— estructuras sintácticas complejas. Por otra parte. se rem ontan a los comienzos mismos de la literatura. sobre todo su período clásico. El texto va de derecha a izquierda. Museo Preistorico Etnográfico Luigi Pigorini. La época literaria. 1957-63. tan sólo la raíz del perfecto de la voz pasiva tiene que utilizar si. la recepción de la filosofía griega y de las ciencias griegas creó necesidades term inológi­ cas hasta entonces desconocidas. ble.(Numasioi en lugar de N umerio). la . núm. Según atestigua Plauto —el escritor romano más antiguo de quien poseemos obras íntegras—. El latín es. su capacidad de expresar lo más posible con el me­ nor núm ero posible de vocablos. en la medida de lo posi- Fíbula de oro procedente de una tumba en Praeneste (al Este de Roma). Se trata del más antiguo testimonio lin­ güístico latino. la nota 8. en lugar de la parataxis im perante hasta entonces. 1). signo característico de las lenguas analíticas. Este rasgo está condicionado en prim er término por un sistem a de flexiones muy consecuente y estructurado: las relaciones dentro de la frase son indicadas en lo sustancial por medio de modificaciones en las desinencias de los vocablos. y por ello se elaboraron los conceptos adecuados. exclusivamente. d. Como cualidad más característica y destacada del latín se considera su brevedad lacónica. . ciertas evoluciones tanto de carácter fonético como morfológico. en la época posterior a Plauto. En el terreno de la sintaxis se procuró. norm alizar o regular cuanto la evolución anterior había dejado en si­ tuación de disponibilidad (así por ejemplo. por ello.

por ejemplo. se caracteriza el latín por su extraordinaria precisión: el sistem a tem poral de los verbos está es­ tructurado de tal m anera que es capaz de expresar no sólo la respectiva relación tem poral con respecto al hablante (pasado. el griego o las lenguas europeas modernas. en m edida insó­ lita. falta toda una categoría gramatical: el ar­ tículo. del contexto general. y la estrecha vinculación con la litera­ tura griega fue desde entonces un signo característico de la romana 9. es característico del latín. «ser»—. Por último. anterioridad y posterioridad). el puro ablativo. En un sentido. por ello. Ba­ 9 V. los matices expre­ sivos de cada caso concreto han de ser deducidos por ello. por así decirlo. El latín. págs. de m anera eruptiva. 24 y ss. un individuo indeterminado cual­ quiera). el latín emplea el pronombre posesivo mucho m ás raram ente que.). por lo general. de la misma: homo significa tanto «el hombre» (esto es. la especie hum ana o un individuo concreto y determinado) como «un hombre» (esto es. lo que otras lenguas suelen expresar o determ inar con precisión. o al menos indeterminado. en su rica complejidad. presente o futuro). Sobre la época pre-literaria La literatura rom ana irrum pió. las construcciones participiales dejan. etc. si­ no también la relación temporal de varios sucesos entre sí (simultaneidad. tanto el definido como el indefinido. . el latín puede prescindir generalmente de los pronom bres personales con función de sujeto (dico = «yo digo»). en lugar de un'a expresión preposicional. con el conjunto total de la frase. No pocas veces queda sin expresión directa. además. en suspenso si se encuentran en una relación atributiva o modal (temporal. determ inado o indeterminado.18 Literatura universal la circunlocución por medio de un verbo auxiliar —esse. como la segun­ da causa de la concisión expresiva del latín. sino que determinan situaciones espaciales o temporales así como relaciones derivadas de ellas. no es capaz de distinguir si se m ienta toda la especie en conjunto o bien un ejemplar individual. causal. un caso que. junto al sistem a de flexiones. Se trata de un vocabulario relativam ente pobre. y en muchos casos se utiliza. El vocabulario m uestra una economía sim ilar a los medios de ex­ presión. Además. desde luego. esta ten­ dencia debe ser considerada. Ya el (puro) ablativo es a veces polivalente. Las preposiciones no sirven nunca para la simple caracterización de un caso (del genitivo o del dativo). Este acontecim iento hizo época. más abajo. co­ mo si se hubiese empezado —en la época de las Guerras Púnicas— a im itar de repente los grandes géneros de la literatura griega: la epopeya y el dra­ ma.

págs. por lo que no puede ser com parado con los pies métricos griegos. Los restos pre-literarios son más im portantes para la pre­ historia de la lengua. Las reliquias preliterarias de los romanos proceden en gran parte de una esfera harto sim­ ple. 1855-80. regida por Saturno ". Keil. op. la palabra pasó a significar más tar­ de. con un ejemplo tomado de la época literaria (Livio Andrónico. esto es.. una gran parte de los restos llega­ dos hasta nosotros está escrita en una prosa más o menos claram ente rít­ mica. a la litera­ tura nacida de la recepción de los grandes temas griegos. Se trata de restos extrem adam ente escasos y heterogéneos. 138 y s. bien m ediante inscripciones. y sirvieron a fines muy precisos. «De metris». Estas características traen como consecuencia el que to­ do lo pre-literario haya llevado una existencia especial antes de y junto a la literatura tom ada de los griegos: no se fundió con lo im portado de Grecia. que hallamos esparcidas por los textos históricos. son motivos políticos y no literarios los que han originado esta singularidad. en Grammatici Latini. 11 Cf. si bien nunca construida de forma rigurosam ente m étrica. La frase pre-literaria empleó en especial una form a relativam ente rígida en su es­ tructura. de la religión o del Derecho que para los comienzos de la literatura 10. con razón. por ej. 265. Para lo que sigue cf. 36. Mario Victorino. sujetos a reglas severísimas. ibid. y cuan­ do la tradición puede citarnos un nombre concreto. «canción» o «poema». tuvieron una función siempre muy concreta y determ inada en la vida del individuo o de la comunidad.Literatura romana 19 jo el borroso concepto de lo «pre-literario» queremos resum ir todo cuanto precedió a la literatura en sentido riguroso del término. .. por no decir primitiva. por H. E. tomo 6. Tenemos conocimiento de algunos testimonios única y exclusivamente por noticias más o menos exactas. 4 y s. Se divide en dos partes. 93. el llamado «verso saturniano» (versus Saturnius). pág. más o menos fidedignas. gram aticales o de otro tipo de los romanos. ed. tras de la adopción de la m étrica griega. De Lingua Latina. bien a través de citas en textos de escritores romanos posteriores. Norden. Los productos que se consideran aquí como «pre-literarios» son casi siempre anónimos. cit. Cesio Basso. Los rom a­ nos llamaron carmen a lo que estaba estructurado form almente de esta m anera —la fórmula. fabulosa. «Ars grammatica». Esta designa­ ción es antigua y quiere indicar que el esquema rítm ico procede de la época mítica. págs. La época anterior a la recepción de la literatura griega no conoció una separación estricta entre poesía y prosa. Odusia. ni siquiera —dejando a un lado escasas excepciones— se hizo notar como substrato que hubiese modificado perceptiblem ente dichos elemen­ tos importados. Leipzig. Varrón. El versus Saturnius está construido con bastante libertad. verso 1). el apotegma—. el número de los tiempos m arcados que encontram os en cada parte 10 Así afirma. más abajo. 7. Sólo muy poco ha llegado hasta nosotros en su integridad. pág.

en denigrar a una persona en público. citada. Mainz. que eran responsables de la consagración y bendición de las cosechas. que eran recitadas durante los banquetes. También pueden reclam ar un puesto en el campo de los usos y costum ­ bres los versos de denuesto y burla. los «hermanos de los campos». Leipzig. Leipzig. de W. d. Las reliquias de la época pre-literaria pueden ser adscritas a tres círcu­ los temáticos: la magia y el culto de los dioses. en los que se empleó como m etro épico. Dahlmann.. Tusculanae disputationes. 61922. 141. Lund. Desapareció después de que Ennio lo hubo sustituido por el hexámetro. d. no eran comprensibles para los rom anos de la época clásica 12. M enippeae. 6. 1939. edición de F. 1950. Berlín. Ciertos datos perm iten sos­ pechar que los romanos eran extrem adam ente hábiles. 21 y Res rusticae.u. 1913. y el Derecho y la adm inistración del Estado. De agricultura. sobre este punto E. Canción arval: Inscriptiones Latinae. 1. Canciones heroicas: Cicerón. y carece de sentido em itir un dictamen acerca del grado de confianza que merecen las informaciones transm itidas por las fuentes 13. quizás tam bién 4) parece no haber estado sujeto a norm as fijas. Wiss. Dentro del segundo campo caen algunos testimonios de carácter lírico. S. según atestigua Quintiliano. tomo 1. págs. en Abh. 27. ed. El prim ero está representado por algunas fórmulas mágicas y oracio­ nes. 144 y ss. además la nenia. de W. de los que han sobrevivido al paso de los tiempos testim onios algo más concretos. los textos. Oraciones: Catón. Nenias: Festo. sin duda. Aus altróm ischen P riesterbüchern. Saturae. 4. 17. El versus Saturnius pudo imponerse en los prim eros tiempos de la época literaria. V. de los que sólo han llegado hasta nosotros algunos jirones mutilados. Z ur Ü berlieferung ü ber die «altróm ischen Tafellieder». ed. los usos o costumbres. 6. 363. No disponemos de testimonios com­ pletos de dichos textos. núm. los escasos testimonios perm iten reconocer en su totalidad una estili­ zación más o menos evidente por medio de ritmos y de efectos sonoros (aliteraciones. Bücheler. Morel. Entre las plegarias destaca la an­ tiquísima forma llamada «arval». 1. que deben haber existido en la Roma de los prim eros tiempos: canciones de trabajo y de siega. epanáforas o repeticiones). Quintiliano. 1927. Canciones de los salios: Fragmenta poetarum Latinorum. El texto está estructurado clara­ mente en m iembros de la misma longitud aproxim ada y emplea con profu­ sión medios sonoros. ed. 4. soz■ wiss. una estructura muy parecida. Norden. evidenciaban. Kl. 40. en Petronio. Ak. un llanto fúnebre acompañado del son de la flauta. esto es. 13 Canciones de laboreo y de cosecha: Varrón. . los «saltadores»). un texto litúrgico salmodiado por los fratres Arvales. De Lingua Latina. Lindsay. una disposición del código de las Doce Tablas amenaza con la pena de m uerte la práctica del denuesto 12 Conjuros: Varrón. 1 y ss. y por último canciones en alabanza de los héroes. Geistes. frag. págs. 2. V. Institutio oratoria. Los cantos de una casta sacerdotal de Marte (los sa­ lios. De verborum significatu. 3 y otros. desde tiempo inme­ morial. sobre esto H.20 Literatura universal (2 a 3.

20. 76 y otras. 1. tomo 1. 12 = Lex X II tabularum. la oración fúne­ bre. 21873. 4. que sin embargo puede significar tam bién un conjuro maligno salmodiado). Ribbeck. De república.: Pomponio y Novio escribieron «atelanas» que. por supuesto —como per­ miten reconocer los escasos restos de las mismas que han llegado a nues­ tras m anos—. 1950. 139 (ejemplo más antiguo. 29 y passim) Pomponio. Naturalis historia. 53 y s. págs. 145 ss. Cf. 2. 1 b. al parecer. Epistulae. 14 O ccentare: Cicerón. al Sur de Italia helenizado o influido al menos por Grecia. Cicerón. Los llama­ dos Fescennini versus. Versos de burla de los soldados: Livio 4. Esta forma literaria experimentó un florecimiento tardío en el siglo i a. proceden de un país foráneo. 51. exenta de artificio literario. 7. También conservados en Suetonio. C. Era ésta parte inte­ grante del ceremonial de enterram iento que la aristocracia rom ana desti­ naba a sus representantes (en el cortejo fúnebre iban actores con m áscaras que representaban a los antepasados. 7. 7 y passim.Literatura romana 21 por medio de versos cantados en público (el llamado occentare. Ceremonial del enterramiento: Polibio 6. 4. págs. Un pariente cercano ensalzaba los hechos y las cualidades del fallecido. etc.al Capitolio entre burlas soeces. de O. págs. ed. C.. ed. págs. procedente de 221 a. 53. desde luego. París. Fescennini versus: Livio 7. el «jorobado» (Dossenus). Se basaba evidentemente en la acción escénica de tipos característicos y fijos: el «viejo» (Pappus). lulius. De oratore.). Novius. 11. y sabemos que el caudillo m ilitar triunfan­ te era llevado por sus soldados. 489 y s. Leipzig. ed. 5. 16 Laudatio funebris: Plinio. estaban fuertem ente influenciadas por la comedia plautinoterenciana15. cit. que se distinguió por una tradición escénica (sobre todo en comedias y farsas) surgida ya en el siglo v a. un marco de acción escénica previa­ mente dado era rellenado por los actores mediante diálogos improvisados. Varrón. 341 y Brutus. una farsa popular. C om icorum Romanorum Fragmenta. El nombre alude sin duda a la ciudad osea de Atella. 8. 2.. C. e independiente de Atenas. 61 y s. 2. de M. 49. esto es. 4. 7. representaba en caricatura áspera y chabacana escenas tomadas de la vida diaria. el «necio» (Maccus). Durry.. 2. fue copiada frecuentem ente por alguno de los oyentes y utilizada más tarde como fuente histórica 16. en Grammatici Latini. 15 Fabula Atellana: Diómedes. La fabula Atellana. La tradición nos informa además sobre un género dram ático muy senci­ llo. Éloge fúnebre d'une m atrone romaine. el m uerto era expuesto en el Foro) y que pertenecía a la ostentación propia de la clase dominante. de la ciu­ dad falisca de Fescennia. De lingua Latina. 223-276. ed. Un último género de los usos pre-literarios posee ya un carácter políticopropagandístico: nos referimos a la laudado funebris. . También aquí nos faltan textos concretos 14. 49. 2. cit. «Ars grammatica». las re­ tahilas de insultos que conocemos a través de los textos literarios parecen reflejar una costum bre popular. ix y ss. según nos informan las fuentes. se trataba de burlas o brom as improvisadas con las que solían amenizarse las bodas y las fiestas de la cosecha. Festo. que se cultivó en la Roma de los prim eros tiempos y recibió eLnombre de fabula Atellana. 80. Horacio.

Los fliacos eran actores de una farsa popular en la Italia del Sur. bastante considerables. C. d. Dichas fórmu- Vasija con iliacos (crátera apúlica).). así como sobre el vestuario y la decoración escénica nos informan sobre todo las llamadas vasijas iliacas. Acerca de los temas tratados en ésta (escenas de la vida cotidiana.22 Literatura universal El documento lingüístico más antiguo que nos ha legado el Estado ro­ mano son los restos. Berlín. un corpus jurídico que es datado en la m itad del siglo v a. esto es. C. Leyes popula­ res más modernas. escena de una representación teatral de fliacos. su característica más notable es el estilo extremadamente conciso y lapidario. . en época aún preliteraria. parodias mitológicas). Los fragmentos dan testim onio —pese a algunas modernizaciones introducidas en ellos en épocas posteriores— de un lenguaje arcaico. La farsa suditálica llegó hasta Roma. Muerte de Príamo. vasos con figuras en color rojo que representan escenas teatrales con fliacos (si­ glo iv a. que eran pronunciadas por las partes litigantes para fundam en­ tar un proceso judicial— poseen ya un cuño menos arcaico. Staatliche Museen. de ellas se han conservado unas 185 piezas. de la llamada ley de las Doce Tablas. como fabula Atellana. así como las legis actiones —fórmulas previamente esta­ blecidas.

Un Cneo Flavio. con éxito. y prácti­ cas singulares. Desde tiempos inmemoriales estuvo Roma abierta a las influencias ex­ ternas. contra una oferta de paz del rey Pirro. Cicerón. 21955. 2. secretario del famoso Apio Claudio el Ciego. 36. Las tablas eran conservadas. Tam­ bién anotaban en la tabla determ inados sucesos. el álbum. en parte. como por ejemplo Hércules y los Dióscuros. 4. 18 Para lo que sigue cf.género más im portante: annales.Literatura romana 23 las estaban sometidas por im perativo legal a la custodia de la casta sacer­ dotal más distinguida de Roma. 21 y ss. de m anera directa.). de S. pág. pertene­ cen a la esfera política. sobre todo los símbolos romanos del poder político (como. 16 y Brutas. pág. y que era por lo tanto una especie de calendario oficial. El mismo Apio publicó. C. 7 y passim. Cato. págs. La historiografía rom ana les debe el nombre de su. una colección de sentencias y una obra de carácter jurídico. Tusculanae disputationes. todos los años exponían en su sede oficial una tabla blanca. Digesta. En efecto. Los nombres más antiguos con los que la tradición vincula iniciativas publicísticas con argum entos dignos hasta cierto punto de crédito. la estatua m onumental dedicada al culto religioso así como algunas deidades aisladas.. más abajo. cit. los pontífices 17. Appio Claudio. el texto de este discur­ so existía aún en la época de Cicerón. a través de la mediación etrusca: la escritura. 418. los pesos y medidas. las monedas. 61. Malcovati. ed. cuyos logros llegaron hasta Roma. C. al parecer. tomo 1. 46. subidas de precios. págs. a finales del siglo n a. 2 y ss. Cf. Oratorum R om anorum Fragm enta. Florencia. El influjo más poderoso lo ejer­ ció. Elementos literarios no fueron incorporados en absoluto 17 Doce Tablas. 2. epidemias. si bien en este caso no puede excluirse del todo la posibilidad de que productos posteriores hayan usurpado el nombre famoso 19. Algunas llegaron de Etruria. así como su principio ordenador y sistemático más notable: el informe anual cronológico. Obra jurídica (De usurpationibus): Digesta. aparecieron en forma de libro y sirvieron de fuente histórica. Turín. por ejemplo. 4 y passim. 19 Cneo Flavio. 1. Apio Claudio el Ciego protestó en el año 280 a. las fasces o haces de varillas). Estos mismos pontífices eran tam bién los autores de una sencilla cróni­ ca del Estado 18. 1941. sobre todo los que po­ seían im portancia desde el punto de vista religioso o litúrgico: eclipses de sol y de luna. de H. en el que habían apuntado los días de trabajo y los festivos. la superior civilización griega. desde las ciudades griegas del Sur de Italia y de Sicilia. como la de leer el porvenir en los relámpagos y rayos o en los intestinos de animales sacrificados. 2. Riccobono. . 2. se perm itió intromisiones en terrenos que hasta entonces eran de la exclusiva competencia sacerdotal: elaboró por su cuenta y riesgo un calendario y publicó un libro que contenía una colección de legis actiones (hacia el año 300 a.. ed. ed. leyes populares: Fontes iuris Rom ani Anteiustiniani. legis actiones: Livio 9. Oratio de Pyrrho : Cicerón. C. desde luego. y en parte. Sentencias: Festo. 1. 155.

Schuster. La falta de independencia de la literatura romana se hace patente sobre todo en el terreno de la forma. El comienzo marcó ya para siempre la direc­ ción. que fue el primero en presentar a los romanos los grandes géneros de la literatura griega. cit. cit. y de los restos que he­ mos enumerado m ás arriba muy pocos pueden ser atribuidos a incitacio­ nes de los pueblos circundantes: los Fescennini versus.. que todos los demás géneros provienen de los griegos. no sin orgullo. sino también de las suyas propias.24 Literatura universal prácticam ente hasta la era de las Guerras Púnicas. págs. fue la griega la conse­ cuencia de un proceso receptor rectilíneo. más aún: dependiente de ella. Quintiliano anota. dem uestra muy poco o nada cuando es trasladado a otros carnpos. C. Chronica. E.. por ej. Casiodoro. su traducción y adaptación latinas eran obra de Livio Andrónico. propio de la evolución lingüística. Todo lo demás no admite derivación alguna. 5: el saturniano procede «del fondo común indogermánico». Berlín. y de este modo se inició con este hombre. una fabula). en Monumenta Germaniae histórica.. que en su origen y contenido perm ite sospechar influencias de los fueros y privilegios ciudadanos de las urbes griegas en el Sur de Italia. unánime— se representaron durante los Juegos Romanos una trage­ dia y una comedia griegas 21. Kappelmacher-M. . Este mismo Livio presentó también una traducción de la Odisea homérica. C. A. porque aquéllas surgieron no sólo de las tradiciones antiguas clásicas y cristianas. Esta tendencia seguía ideas típicas del Romanticismo: se procuró por todos los medios hacer brotar también la literatura rom ana de un suelo patrio de entraña popular 20. y passim (240 a. op. Norden. A uctores antiquissimi. La literatura rom ana permaneció vinculada de algún modo a la griega en todas sus expresiones. que la sátira es una creación de los romanos 22. 93. una tragedia y una comedia durante los ludi Romani). esta afirmación presupone. 10. con plena razón. 27 y ss.. el esquema usual de derivación. pág. Brutus. por otra parte. 22 Institutio oratoria. la fabula Atellana y además la ley de las Doce Tablas. C. La literatura rom ana carecía ade­ 20 Cf. La literatura romana y sus relaciones con la griega En el año 240 a. pág. Mommsen. 1894. 128 (239 a. y por ello se lo ha considerado como perteneciente a un «acervo primige­ nio» itálico o incluso indogermánico. los romanos se conformaron también aquí con apropiarse del repertorio de los griegos. 21 Cicerón. la literatura romana. 1. op. En medida mucho más fuerte que por ejemplo las literaturas europeas. No ocurre otra cosa con los pies métricos y los medios estilísti­ cos de la prosa artística. 72 y s. La ciudad estuvo antes excesivamente inclinada a valorar muy alto los restos de carácter pre-literario. Tales afirmaciones son hipotéticas en grado sumo.. edición de Th. —así nos avisa una tradición que no es. tomo 11: Chronica minora.

el Derecho. y que consistían en espectáculos depor­ tivos (carreras de caballos y de carros). la obra de Livio vino a colm ar esta laguna y sirvió así de fundam ento a la enseñanza latina de la gramática. en el espacio de pocas décadas. en un elemento . la lírica y la elegía—. la sociedad. en combates de animales. llamadas igualmente ludi. y algunos privilegiados. con mayor o menor fuerza. El culto religioso estatal preveía. procesiones y demás ceremonias litúrgicas. de todos modos. aritmética) era im parti­ da prácticam ente a todo el mundo. los hijos de padres acomodados acu­ dían seguidamente al «grammatikós» (grammaticus) —hoy diríamos: al filó­ logo o m aestro de filología—. la vida y las vivencias del individuo. La enseñanza elemental (leer. la mayoría de los restantes géneros —la filosofía. estaba divi­ dida en tres grados. y ha penetrado y troquelado también. que alcanzó difusión en la época helenística. en la historiografía y en la epopeya histórica. Si alcanzó influencia fue porque los aristócratas romanos de la época —o al menos algunos de ellos— deseaban por todos los medios introducir en Ro­ ma dos logros de la civilización griega: la escuela y el teatro. los ludi scaenici se convirtieron. No disponía de mitos propios. faltaban textos latinos. la traducción de la Odisea. y en el terreno de la ficción literaria (esto es. queda un campo muy amplio de carácter genuinam ente romano: el Estado. más tarde la «gramática». en las crueles luchas de gladiado­ res. Aquí. y por último. en la comedia. Lo mismo pue­ de decirse de la filosofía y de las ciencias. junto a sacrificios rituales. la sátira. La enseñanza infantil y juvenil. C. la política. la fábula y la novela) dependía casi por entero de los modelos griegos. para cada uno de los cuales había un tipo determ inado de m aestro. también la celebración de jue­ gos (ludi). así como tam bién —desde el año 240 a. sino debido a iniciativas privadas: la enseñanza elemental en tiempos pre-literarios. se hacían educar por último en el arte de la oratoria por medio de un «rhetor». en las que las obras romanas suelen reproducir en grandísim a parte contenidos griegos. Los romanos tom aron este sistema sin modificación alguna. escribir.. en las postrim erías del siglo n a. plegarias. los pertenecientes al estrato social superior. Una de las dos proezas de Livio. Esta sustancia —la realidad rom ana— llena en algunas ramas de la literatura —como. pertenece al segundo grado: allí donde la lectura de obras literarias se ha­ llaba en el centro de la enseñanza. en el discurso público o en la jurisprudencia— la form a griega con un contenido romano. Livio Andrónico no obró llevado solamente por impulsos artísticos. Porque después de que Li­ vio hubiese iniciado los prim eros pasos con los «Juegos Romanos». no porque así lo dispusiese el Estado. Estos ludi solían tener lugar durante determ inadas festividades oficiales. por ejemplo. C. la retórica. los ludi scaenici.Literatura romana 25 más de un substrato temático original.— en representaciones teatrales.

en el año 161 a. sin embargo. Con él desapareció la reacción romana. los discursos de Carnéades. sobre este punto H. C. desde luego. de las que elaboraron una traducción o una adap­ tación latina. Así. la Academia. El proceso no se desarrolló sin la oposición de las fuerzas conser­ vadoras. . de la que también era huésped frecuente el poeta Lucilio. 14. había recibido de esta misma influencia mucho más de lo que él quería reconocer. 24 Cicerón. 1. a su país de origen 24. un estoico. y su casa. Las fuerzas que pro­ vocaron este proceso de fermentación fueron la retórica y sobre todo la filosofía. Con la obra y la influencia de Panecio. no tuvo por el momento 23 Suetonio.26 Literatura universal imprescindible de una serie de períodos festivos oficiales: de los juegos Romanos y de los Plebeyos. la filosofía arraigó definitiva­ mente entre los romanos. pero al día siguiente expuso que no es conveniente hacer de ella el hilo conductor de la política. Desde entonces existía en Roma un marco institucional para una producción escénica exuberante. Catón fue un encarnizado enemi­ go de la influencia cultural griega. y al argum entar en pro de su tesis invocó el ejemplo de los romanos. integrada por los jefes de tres escuelas filosóficas. un miembro de la Academia. 21964. etc. De re publica. y numerosos escri­ tores se afanaron por colmarlo. Plutarco. Cato. dan testi­ monio de que él mismo (y ello es un fenómeno típico de toda época de transición). sino que pronunciaron tam bién —para júbilo y satisfacción de la juventud— discur­ sos y conferencias públicas. Estos hom­ bres no se proponían solamente cum plir su cometido diplomático. fue un centro floreciente de la intelectualidad griega. 2 y ss. de los celebrados en honor de la diosa de la fertilidad. 8-10. Este éxito. La helenización de Roma no se detuvo en la lectura escolar para la ju ­ ventud de los estratos superiores y en las diversiones de carácter popular. de un orden consuetudinario de carácter rural que se había mantenido intacto de generación en generación. quien logró que los em bajadores atenienses fuesen devueltos lo antes posible. De rhetoribus. Noctes Atticae. Berlín. provocaron enorme expectación. sino que se apoderó también muy pronto de las raíces mismas de la tradi­ ción romana. libro 3. 6. tenía por amigos al historiador Polibio y al filósofo Panecio. 22. cuyo imperio había sido edificado por medio de la rapiña. uno de los hombres más influyentes del Senado romano. Gelio. con to­ dos los honores. D er geistige Widerstand gegen Rom. págs. que Carnéades ensalzó prim ero como fundam ento moral de la convivencia humana. el conquistador de Cartago. Flora (ludi Florales). sus escritos. V. Escipión el Joven. Estos discursos trataban de la justicia. Sobre todo. para lo cual acudieron por lo general a piezas teatrales griegas. Fuchs. Esta dialéctica desagradó al Censor Catón. Seis años más tarde llegó a Roma una em bajada ateniense. fueron expulsados de Roma todos los «rhetores» y filósofos griegos que se habían asentado en la urbe 23. el Perípatos y la Stoa.

una lengua difícil. ed. 235. y siguieron ignorando la literatura rom ana aun cuando ésta pudo presentar obras de pareja calidad. así como pasar la vida entregados a cosas inútiles. m ientras que en Roma se m editaba intensa­ mente sobre la cultura griega. a los romanos. crítica que comen­ zaba ya con el térm ino (per)graecari. rastrero y adulador. La literatura rom ana evidencia —pese a su dependencia fundam ental con respecto al modelo griego— una relación con éste que varía de época a época. 156 y s. Los griegos dieron. 847-853. artística y literaria— de los griegos. 2... esto es. pág. 334 y ss. lo que venía a significar tanto como «llevar una vida licenciosa» 25. los romanos tomaron. versos 20-24. de las concretas experien­ cias políticas o personales y pudo conllevarse con una estimación que. y les reprochaban un com portam iento carente de dignidad. Darmstadt. Sobre este punto cf. hasta tal punto que las diferencias corresponden en cada caso a las características determ inantes de las diversas épocas. se apo­ deró de los rudos vencedores y llevó las artes al rústico Lacio»: así reza una fórm ula lapidaria con la que Horacio expresó la relación de ambas naciones entre sí. 6. casi bárbara. Aeneis. se limitó. a traducciones y arreglos o adaptaciones. en cambio. Festo. tan certera como era de suyo. no carece de nobleza: los romanos acostum bra­ ron a reconocer sin rodeos la superioridad cultural —científica. Los romanos consideraron a sus vecinos orientales como m oralm ente inferiores. puede ser caracterizada como fase de aprendizaje.. aun en la época imperial. sobre todo desde las G uerras Púnicas. 1. Plauto. La unilateralidad de este pro­ ceso civilizador se refleja claram ente en la actitud de sus protagonistas. La prim era de éstas. y estos productos pueden reivin­ dicar para sí con pleno derecho —lo que resulta aún más característico— un verdadero rango literario. Es verdad que existió una cierta crítica rom ana contra los «grieguitos» (Graeculi). y un conocido pasaje virgiliano atribuye a los griegos las artes y las ciencias. M ientras que la clase alta rom ana solía dom inar el griego como su propia lengua m aterna. el poder político y la custodia de la paz 26. los griegos ignoraban todo lo romano situado fuera del ámbito histórico-político. pero ella. Mostellaria. . «Grecia fue tomada. Virgilio. en general. por demás.Literatura romana 27 consecuencias literarias: Lucrecio y Cicerón no contaban con antecesores dignos de mención cuando pusieron manos a la obra de adaptar la lengua latina a los temas y problemas filosóficos. midiéndolo todo con módulos y dechados griegos. C. cit. págs. A eneis Buch VI. el latín era para los griegos. a su vez. Epistulae.). por ej. el período pre-clásico (que dura más o menos hasta el año 100 a. Los autores de la fase prim era procuraron además servir de interm ediarios justam ente de aquello que era usual y 25 Así. 41957. de aprender y casi. P. Vergilius Maro. 26 Horacio. Pero esta crítica era superficial y producto de la realidad presente. Norden. grequizar o helenizar.

al acercarse a su fin. fue lógico y consecuen­ te que los autores del período post-clásico. op. desde Livio hasta Terencio. el poeta del helenismo tem pra­ no. los temas y motivos de los clásicos. por la traducción de la Odisea hecha por Livio Andrónico. Cicerón pro­ curó enlazar su elocuencia con la de los oradores áticos del siglo iv. con Platón. especialmente el segundo epílogo. con los dechados griegos. Virgilio llegó hasta Homero pasando por el poeta helenista Teócrito y por Hesíodo. y las traducciones puras y simples no eran consideradas ya como producciones literarias. en efecto. dedicó todo su afán a procurar a la literatura romana un equivalente a la poesía yámbica y lírica de la Grecia primitiva. La literatura rom ana se desarrolló a partir de ahora. Catulo se atuvo a Calimaco. Lo mismo puede decirse de los autores teatrales. por ello. en su condición de clasicista. . Éste. y sus escritos filosóficos. Horacio. La segunda época. todas las latitu­ des y las profundidades del modelo griego. y con ello sirvieron de mediadores de todo el espectro literario de su siglo. 27 Una excepción la constituye Fedro. aunque no cesasen de utilizar obras griegas y de aludir a ellas. págs. y volvió a recorrer otra vez una especie de camino hacia atrás por cuanto que. con lo cual se atuvieron al estrato más reciente de la literatura por ellos recibida y elaborada.28 Literatura universal conocido en su época. Además empezó enton­ ces una especie de paso de cangrejo de la literatura romana: los autores clásicos acudieron poco a poco a estratos cada vez más antiguos de la tra­ dición griega. los autores de esta época procuraron casi siempre competir. no reconocieran ya una im portancia pro­ gramática a su relación con dichas obras. sino más bien corroborada. fue enlazando con estratos cada vez más antiguos de la propia tradición nacional. Reiff. C. fue la fase de la transform ación y asimilación creadoras. La literatura rom ana había atravesado en el siglo i a. Esta afirmación no es contro­ vertida. 82 y ss. sino que más bien enlazó con la función que la Odisea cum plía en su época dentro del mundo griego. ya les sirviese de mo­ delo una tragedia clásica o una comedia helenística: todos ellos trajeron a Roma el repertorio del teatro griego contemporáneo. De un golpe se acabó aquel orgu­ lloso medirse y com pararse con un dechado griego. Plinio el Joven retoma. la del clasicismo (que se extiende hasta la m uerte de Augusto). por últi­ mo. en lo sustancial. Lucrecio eligió como modelo al presocrático Empédocles. entre otros. no trasladó al latín la arcaica epopeya por su propio e intrínseco valor. V. una de las ideas este­ reotipadas de los clásicos 27. cit.. desde una cierta distancia. y escribió el equivalente latino de un libro escolar griego. sobre esto A. sobre fundam entos propios.

cit. se desarrolló y desapareció con este mis­ mo Estado. la obra como expresión de vivencias individuales o de convicciones perso­ nales. en la lite­ ratura griega contem poránea y. con lo cual salta por encima de la cesura más im portante dentro de la historia política de Roma. Un cierto ámbito propio supo crearse la literatura de la época pre-clásica únicamente en el terreno de la propagan­ da y la crítica políticas.. d.). A. op. que se iniciaba a la sazón. El período preclásico no conocía aún la obra creada por libre iniciativa. La escuela no fomentó más las em presas literarias des­ pués de Livio Andrónico. en las circunstancias rom a­ nas del momento. págs. págs. a saber. adscribe a auto­ res tales como Cicerón y Salustio al «preclasicismo». que surgió. conformándose desde entonces con el papel de un fenómeno de trasfondo.). C. fanal de revueltas intestinas que duraron casi cien años. 173 y ss. Y ello hasta tal punto. Horacio y los poetas elegiacos en el clasicismo augusteo. op. al foro y a la curia en cuanto centros de la actividad pública. y a Ovidio y Livio en el Imperio. en todo caso terminó con el Estado romano antiguo restaurado por Augusto (hacia el 240 d. se atuvo estrictam ente a realidades objetivas fijas.). por una parte. cit.Literatura romana Las épocas de la literatura romana 29 La literatura rom ana estaba estrecham ente vinculada con el Estado ro­ mano y con la clase social que sostenía y dirigía éste: la aristocracia. K. sitúan a Virgilio. durante sus casi quinientos años de existencia se desarrolló según leyes propias. su dependencia y ligazón: sus productos se basaban. el creador de la sátira (102'a. de la época imperial. La época preclásica comenzó después de la Prim era Guerra Púnica y acabó más o menos con la m uerte de Lucilio. la revolución de los Gracos.. Büchner. Schuster. sin dar razones de peso para ello. el presupuesto institucional más im portante de la litera­ tura preclásica. por otra parte. Kappelmacher-M. y sobre todo sus fases principales no coinciden siempre con las fases principales del acontecer político 28. 260 y ss. Tanto más fuertem ente surgió entonces el tea­ tro en su papel de estímulo. del reinado de Augusto. La evolu­ ción posterior hace surgir con m ayor claridad aún esta incongruencia: el clasicismo se extiende desde los neotéricos (un círculo de poetas que cuen­ ta a Catulo entre sus representantes) hasta la m uerte de Ovidio (17 d. él fue. tanto en el aspecto cuantitativo como en el cualitativo. las cesuras de la historia general: Literatura de la República. por el contrario. C. apenas si produjo consecuencias literarias decisivas. la sustitución de la República por la Monarquía. Sin embargo. que siguen. . d. También la oratoria. la epopeya histórica y la sátira t 28 Otra es la opinión de la mayoría de las historias de la literatura.. la historiografía. C. Una de sus características más destacadas era. Fue el período postclásico el que m ostró m ayor afinidad con los procesos políticos y culturales de carácter general..

El lenguaje. con más vigor que cualquier otro pro­ ducto literario. Además de los presupuestos institucionales y legales. un estilo grato en la prosa. la oratoria pública entró en su fase literaria. 38 y ss. Los géneros. y no en último lugar. un esfuerzo tesonero. con tanto m ayor claridad. y por otra crearon un substrato de convenciones para los géneros por ellos cultivados —y con ello para la literatura en general—. eran todos de origen griego. desde esta envoltura se destaca la ver­ dadera contribución de la época preclásica. y sobre todo su situación fonética. sobre el que los clásicos pudieron luego trabajar y que les concedió la base imprescindible para un entendim iento con el público. No obstante. la literatura preclásica se hundió en el olvido en su conjunto total durante los siglos posteriores. Los preclásicos modificaron esta situación inicial en doble sentido: por una parte detuvieron la evolución del lenguaje. además. a esta impresión. no había cuajado todavía en un sistem a firme. para alcanzar este resultado —una sintaxis clara. a los em bates de la fijación literaria. desde una posición independiente. la lírica era todavía desconocida. los textos para los juegos y representaciones escénicas 29. así como la sátira luciliana. una serie de conven­ ciones sociales estrangulaban la producción literaria: la prosa era asunto propio de la clase dirigente. fue pre­ ciso un empeño incansable. y sólo se conocía la palabra o vocablo empleados de m anera práctica y vinculados a cada situación concreta y específica. por ello causó la impresión de lo «arcaico» desde la época de Cicerón. . un vocabulario poético m atizado—. Debido. el dram a ostentó un puesto predominante. págs. el latín de aquella época. incluso los temas de ficción. Todos estos vínculos ha­ cen comprensible el hecho de que el período preclásico se contentase con un repertorio muy limitado de géneros literarios. surgieron además algunas epopeyas (pero todavía no se escribió ningún poema didáctico). que disfrutaban en parte de la protección de algún noble o sum inistraban. sólo quedó de ella un cúmulo de citas. la formación de la lengua lati­ na. más abajo.30 Literatura universal de aquella época están troqueladas. una y otra vez. y la literatura científica apenas si salió de sus primeros balbuceos. En el campo de la prosa la creación se concentró sobre la historiografía. pies métricos y medios estilísticos. Los pioneros de los siglos iii y n hallaron prácticam ente una tabula rasa. En cuanto a la filosofía no fue todavía objeto de cultivo alguno. además. supo hurtar­ se durante toda esta época y aun en los comienzos del cristianism o. la poesía permaneció en lo sustancial a dispo­ sición de gentes sin rango. por los impulsos y el ímpetu creador de los individuos. que apenas si perm ite reconocer 29 V. que se prolongó durante varias generaciones. Hubo que em­ prender un experim ento audaz y superar y vencer una predilección fre­ cuente por lo abigarrado y lo estridente. En el terreno de la poe­ sía.

El cambio fundam ental sufrido por la literatura en esta época se evidencia sobre todo en un signo externo: a partir de ahora —y después de un vacío de más de 60 años— se conservan íntegram ente obras procedentes de cada una de las décadas. La producción se había reducido notablem ente. La literatura siguió tam bién atada ahora. C. Sólo después del año 90 a. a ganar contornos firmes y precisos. desde luego.. sin excepción. por ejemplo. sólo han llegado hasta nosotros algunos fragmentos insignificantes. C. la serie ininterrumpida de obras conservadas en su integridad se inicia a fines de los años ochenta del siglo i a. como ocurre con la obra retórica de Cicerón. y más tarde supo m editarse a tiempo sobre la necesi­ dad de conservar para la posteridad a sus representantes más famosos. en la elocuencia. Los clásicos romanos podían adoptar una u otra postura frente a los sucesos políticos de su época. Plauto y Terencio. C. participar en las luchas o hurtarse a Terencio escribió sus comedias en los años 166 al 160 a. de las motivaciones prácticas o de las relaciones sociales de protección y tutela. Ya antes de iniciarse el período clásico había entra­ do en franco declive. Los autores del período clásico eran todos. y llevó por lo común —aun en el caso de que. entonces se inició. la obra de Catón De agri­ tiene que haber sido redactada antes del 149 a. Los últimos decenios del siglo n a.). además. Solamente un género constituye a este respecto una excepción: la comedia. C. el dram a y la historiogra­ fía estaban cultivados por epígonos. pero ya no dependía plenamente. fueron una época de transición. se desarrollase dentro del marco de condiciones institucionales— el sello del compromiso personal. C. C. C. acentuada indivi­ dualidad. el clasicismo. 30 . Como se deduce de estas indicaciones someras. al Estado y a la sociedad. hijos de la era revolucionaria (133-31 a..Literatura romana 31 escuetos contornos. Ningún otro siglo de la historia rom ana ha producido talentos literarios en medida tan derrochadora como éste. la literatura preclásica de los romanos —con excepción de la comedia— no pudo llegar a ser un fenómeno de im­ portancia europea. y dado que había desaparecido antes de que comenzase la Edad Media. como antes. comenzó la nueva época. con los escritos tempranos de Cicerón (De cultura inventione. De la literatura de la segunda mitad del siglo ii a. no pudo ejercer ninguna influencia más. Podía ser el producto de la decisión espontánea y libre del indivi­ duo. es —al igual que en la política— su fuerte. Discurso p o r Quincio). El hecho de que. en algunos terrenos se m anifestaron impulsos renovadores (como. de la convicción indivi­ dual. año en que falleció el autor. la jurispruden­ cia y la sátira). de las instituciones dadas. por lo demás tan distin­ tos entre sí. aunque fuera sólo como negación en la réplica negativa. por tanto. haya subrevivido al paso de los tiempos una única obra en prosa de la época preclásica —la obrita de Catón sobre la agricultura— no es sino obra del azar. Un rasgo im portante común a todos estos talentos. una serie de producciones literarias que no se interrum piría hasta el reinado de los em peradores adoptivos 30.

Por último floreció ahora también la literatura es­ pecializada. pero la relación de vasallaje se hizo mucho más libre. agricultura. . Los dechados griegos sirvieron entonces como puntos de m ira y orienta­ ción para la producción artística independiente. y sus obras proclam aban abiertam ente estos vínculos. lo mismo que antes. más abajo. y Horacio el yambo. 40. esto es. Quien se dedicaba a la producción literaria sin ser acaudalado de­ pendía. y pese al mundo circundante. Los pequeños géneros poéticos fueron objeto de un cultivo muy intenso: el clasicismo fue la época de la lírica y de la elegía. y la literatura llegó a gozar de un prestigio tan elevado que fue cultivada incluso por aristócra­ tas 3I. el pres­ tigio de que gozaba la épica. La elocuencia rom ana alcanzó con Cicerón su máxima cima.32 Literatura universal ellas. en cierto modo. Se separó la forma del contenido. con la adopción de una forma determ inada no quedaba necesariamente fijado también el contenido originario de la misma. La historiografía floreció en diversas formas: se redactaron expo­ siciones generales tipo anales. El clasicismo posee algo de programático. los gé­ neros literarios griegos fueron trasplantados al mundo romano propio. re­ bosante de energía. la sátira y la epístola en verso. pág. y en pocas décadas dispuso Roma de una literatura científica (jurisprudencia. 31 Cf. a la sazón. el dram a perdió importancia: la producción de tragedias des­ cendió notablemente. y la comedia se rebajó hasta ser un entretenim iento popular chabacano y falto de calidad. etc. Las barreras estam entales que ha­ bían troquelado la creación literaria durante la época preclásica. tras el suceso de Celio Antípater. Por ello. más aún. y el protegido solía gozar de mayor autonom ía con respecto a su mecenas que en épocas anteriores. donde no faltan tampoco lo áspero y lo radical. El repertorio comenzó a evidenciar una variedad verdaderam ente ilimitada. arquitectu­ ra. tan amplia como ramificada. 32 Así Salustio. pero en todo momento estaban dispuestos a contraer vínculos y obli­ gaciones. por el contrario.). Grande era. Virgilio cultivó además el idilio (la poesía bucólica). Ya no era imprescindible pertenecer a la clase so­ cial dirigente si se deseaba escribir una obra histórica. además de poemas didácticos y sobre todo epopeyas breves. perdieron su carácter vinculante. en parte caótico. y el mismo Cicerón fundam entó con su intensa actividad literaria la prosa filo­ sófica en lengua latina. de los que los escritores vivían y a través de los cuales creían hallar su plena realiza­ ción humana. así como diarios de guerra (los commentarii del Corpus Caesarianum). ambas cosas a la vez). antigüedades. gram ática. las llam adas epyllia. de la protección de un poderoso. se escribieron epopeyas mitológicas e históri­ cas (la Eneida de Virgilio es. Desde luego. retórica. monografías sobre acontecimientos ejempla­ res 32. es propio del clasicismo un espíritu afirmativo inquebrantable.

Munich. en general. de un plan previam ente bosquejado. distinta en cada caso en las distintas épocas. la fantasía lindante con lo absurdo. su aspiración a lo m oderado frenó la reproducción literaria de una realidad áspera o repugnante. y sólo puede ser com probada y valorada en el cotejo con otras épocas. más abajo. R. una relación concreta —justam ente «clásica»— entre m ateria y forma. al equilibrio y la tempe­ rancia. así como entre ficción y realidad. no fue todavía un problema para los preclásicos. tanto el contenido que rompe y desborda la forma como la forma que sofoca por entero al contenido. Jauss. era la composición. Un título de gloria singular. al manierismo. ele­ gancia y nitidez. 94 y ss. y se dedicó un gran empeño en satisfacer módulos extrem adam ente severos de perfección. en Die nicht m eh r schónen Künste. tendió a descuidar la forma o a experim entar caprichosa y rudam ente con ella. 33 y ss. y su tendencia a la verosim ilitud excluyó cuanto fuese ajeno a la realidad de una m anera provocativa 33. Lo mismo puede decirse con respecto a la relación entre ficción y realidad. En este punto. Los Origines de Catón vincu­ laron las leyendas fundacionales de las ciudades itálicas (libros 1 al 3) con la historia romana contemporánea (libros 4 al 7). págs. tendió a una hiper­ trofia de la forma. el clasicismo tardío. si es que intentaron aquí y allá configu­ rar un tema por sí mismos. por el contrario. evitó los extremos. M. no registrado por la teoría contemporánea. por lo general. en correspondencia con la actitud libre y parigual que adoptó frente a los modelos griegos. El clasicismo llevó a su perfección el lenguaje literario y la adaptación de los m etros griegos. Los preclásicos habían producido tan sólo obras de forma muy confusa. a pesar de ciertas 33 Cf. esto es. a todas luces. La relación con la realidad. Justam ente en este punto se concentró la reflexión estética de la época: se rechazó el tratam iento descuidado del estilo y el verso que se creyó descubrir en las obras antiguas. El preclasicismo no huyó del realismo más crudo ni tampoco de las inven­ ciones más alejadas de la realidad. Dicho con otras palabras: la m acroestructura. por su parte. Obras como los Annales de Ennio o los Origines de Catón carecían. el título de la obra concuerda sólo con la primera parte de la misma. El clasicismo tendió también aquí. de un concepto que subordinase las partes a un todo conjunto 34. Esta relación (que podríam os designar como «equilibra­ da») no constituye una m agnitud de carácter absoluto. «Die Funktion grausiger und ekelhafter Motive in der lateinischen Dichtung». . y em plearla como pura fun­ ción de éste. el clasicis­ mo operó de inmediato un cambio fundam ental. Ya el gran poema didáctico de Lucrecio perm ite reconocer. Fuhrmann. procuró vincular la forma estrictam ente al contenido. págs. por ejemplo. por H. El pre-clasicismo. sobre todo de las obras más extensas. 1968. está todavía poco investigada.Literatura romana 33 Las obras del clasicismo romano proclaman. El clasicismo. la ampulosidad. ed. el postclasicism o prefirió en gran medi­ da la imagen atrevida. 34 Sobre los Annales de Ennio cf.

los disturbios acarreados por el hundim iento de la República engen­ draron la idea de una profunda decadencia moral. De todos modos. a la monarquía por él fundada. y en prim er tér­ mino a los poetas Virgilio y Horacio. una arquitectura clásica. como un proceso regenerador. Virgilio siempre se atuvo estrictam ente . centrífuga. Augusto —el «primer hombre». dom inaría la poesía. y desde enton­ ces se consideró como algo evidente el que todo poeta o autor en prosa ha de esforzarse por lograr una estructura clara y adecuada. Los augusteos se distanciaron del gusto am anerado de los neotéricos sin atacar la entraña de sus máximas. de la expresión artística. el Esta­ do. empleado con sabio refinamiento. y esta exigencia condicionó a su vez la predilección que se otorgó a los géneros menores. Así por ejem­ plo. el único verdaderam ente im portante. más aún: la estructura de la obra se convirtió. por así decirlo. la paz augustea en la segunda época— lo que provocó tendencias contrapuestas. de la literatura romana.34 Literatura universal perturbaciones de diverso origen. y la nueva m entalidad político-estatal se convirtió en el gran tema. Dicho programa exigía la «lima». proclam ado principalm ente por Calimaco. m ientras que más tarde. como él mismo se llamaba (prin­ ceps)— supo vincular a los espíritus rectores de la época. bajo Augusto. y a buscar la satisfacción de la propia tarea literaria en una esfera apolítica. Fue sobre todo el contraste de las condiciones sociales im peran­ tes —las guerras civiles en la primera. La era de Cicerón fue. los desastres de la revolución im pulsaron a más de un talento a desligarse del centro de todas las aspiraciones romanas. los llamados neotéricos —que viene a significar más o menos «los modernos»—. Ambas fases evidencian características propias y distintas. El clasicismo presenta dos fases que se interfieren tem poralm ente entre sí: la época ciceroniana y la augustea. el terco ahínco por la forma pulida y perfecta. Aquí había dado el impulso de­ cisivo un círculo de poetas. la esfera privada siguió siendo —según dem uestran sobre todo los poetas elegiacos— un legítimo objeto de la creación poética. Pero más im portan­ tes que tales divergencias —en todo caso visto desde una perspectiva histórico-literaria— son los puntos comunes de ambas fases. en el círculo de la am istad o en la entrega a una doctrina filosófi­ ca. el epigram a o el epyllion. Así por ejemplo. este círculo o grupo trasplantó a Roma un programa helenístico. La transición entre ambas se fija aproximadamente en el año 40 a. La reform a augustea no frenó ni desbarató del todo este proceso eman­ cipador. en la era ciceroniana la prosa ostentó un rango predominante. tales como el poema lírico. Los augusteos hicieron suya esta concepción por cuanto que intentaron interpretar su propia épo­ ca como una superación de la ruina. en un medio. en no pocas ocasiones. La épo­ ca posterior estuvo más fuertem ente vinculada a la anterior por el ya cita­ do «standard» formal establecido por ésta. C.

y menos fuertem ente el poema didáctico. se adoptó la lengua. la técnica m étrica y los géneros que contenía ésta. La historiografía conservó su atractivo. la constitución m onárquica del Es­ tado hace comprensible el hecho de que ahora la biografía del em perador compitiese con la prosa histórica en forma de anales. pero no un cam­ bio decisivo. y el historia­ dor Livio adoptó la prosa de. Cuaderno 16). la jurisprudencia. Las relaciones entre los neotéricos y los poetas augusteos constituyen el eslabón de continuidad más im portan­ te. El teatro no poseía peso específico alguno para la literatura. El repertorio de los géneros aportó algunas variaciones. no sólo el Estado romano. Wimmel. el comienzo de la nueva época —del clasicismo tardío— se evidencia sobre todo en que la recepción de los modelos griegos estaba concluida en lo fundamental. y los verdaderos metros líricos fueron empleados muy rara vez por los autores de más nombradía. págs. (H erm es-Einzelschriften . la sumi­ sión a Virgilio. 128 y ss. Cicerón. Cuando murió Augusto (14 d. la elegía desapareció con la m uerte de Ovidio. Los pequeños géneros poéticos —la sátira. Como se ha perdido para nosotros un precursor aislado procedente de la 35 in Rom Sobre el programa neotérico-augusteo de severidad formal cf. 1960. el epigrama.). y por mucho que los siglos posteriores fuesen alejándose de su punto de partida. trajo como consecuencia el surgimiento de muchas obras de carácter epigonal. que fue en parte muy estricta. que vinculó entre sí las dos fases del clasicismo. aun en sus obras magnas 35. la mitológica tanto como la histórica. las tragedias de Séneca —los úni­ cos representantes romanos del género que han llegado hasta nosotros— estaban destinadas quizás a ser recitadas y no representadas escénicamen­ te. Se cultivó la epopeya con singular entusiasmo. el fenómeno sobre­ saliente en este terreno. y. Se poseía una lite­ ratura propia. aunque no exclusivo. Cualquier género de activi­ dad literaria gozó —como había sido ya el caso en la época augustea— de un elevado prestigio y fue protegido tanto por los em peradores como también por la aristocracia del Senado. La literatura filosófi­ ca halló en Séneca su más destacado representante. Wiesbaden. y las ciencias especiali­ zadas conservaron su vigor y lozanía. W.Literatura romana 35 a ellas. siguieron inevitablemente vinculados a los presupuestos que había establecido la era ciceroniano-augustea. continuó en pie la relación directa con los predecesores patrios. Kallimachos . tampoco en esta época hubo reglas ni etiqueta alguna que hubiesen prohibido a los m iembros de una clase social cualquiera tom ar parte activa en la producción literaria. C. aun allí donde se modificó y renovó. En el campo literario. d. por otra parte. entró precisam ente ahora en su época clásica. sino tam ­ bién la literatura estaban en cierto modo «consumados». Las Geórgicas de Virgilio deben mucho a la obra de Lucrecio. la poesía bucólica— gozaron de la misma popularidad que antaño. Fedro añadió la fábula versificada a las formas comunes hasta entonces.

incluso frente a la naturaleza hum ana sin más. estaba dentro total­ mente de esta línea 37. en lo absurdo y pervertido de las circunstancias im perantes en la época y en lo deleznable de las normas y valores tradicionales. Sobre todo la epopeya —tanto la histórica como la mitológica— m ostró predilección por lo turbio y lo espantoso. Ciertamente no faltaron las solemnes alabanzas en honor de una época tan feliz externamente. discursos escolásticos sobre ejemplos ficticios que servían al solaz de un amplio público. C. el epigram ático Marcial se armó de la burla más mordaz y el satírico Juvenal fue un m aestro del sarcasmo feroz. al rasgo predom inante de la época. La elocuencia política en sentido riguroso murió con el advenimiento del poder imperial. una buena parte de la literatura postclásica insistió tem áticam ente en los vicios y padecim ientos del hombre. Tanto el original como la traduc­ ción se han perdido. de seguridad y de bienestar general. de las pasiones humanas. Hallamos elementos panegíricos tanto en la historiografía (Veleyo Patérculo) como también en la poesía del clasicis­ mo tardío (Lucano. la poesía panegírica. de m anera más o me­ nos intensa. 36 El historiador C. . sólo un azar desfavorable ha impedido que lleguen hasta nosotros testimonios inmediatos. Calpurnio Sículo y otros). y se desarrolló en una época histórica de paz ininterrum pida. la no­ vela. excepción hecha de las obras de Tácito.36 Literatura universal República tardía 36. No obstante.) tradujo al latín las Milesiaka de Arístides de Mileto. En la literatura historiográfica parece haber dominado plenamente la crítica negativa. como la más im portante novedad de la época. Pero aunque el talante fundam ental cambiase según los autores y los géneros. entre sus características más destacadas cuentan una cierta negatividad y un ademán sombrío. la Apocolocyntosis de Séneca. que tienen por función dem ostrar la fuerza aniquiladora del mal. 37 El único paradigma de un discurso panegírico que ha llegado hasta nosotros es el Panegyricus en loor de Trajano compuesto por Plinio el Joven (100 d.). Sin embargo surgió con sorprendente frecuencia una relación polémica o al menos ambigua con respecto al Estado y a la sociedad. bien puede considerarse a la narración amena. esto es. y las tragedias de Séneca rebosan de escenas crueles y ho­ rribles. La literatura postclásica se basó en condiciones objetivas que variaron muy poco en el curso de los siglos. Es cierto que no siempre imperó esta gravedad lóbrega y opresiva: Petronio tiñó su parodística novela de aventu­ ras de una soberana ironía. que ensal­ zaba el gobierno imperial y proclam aba sus glorias. una colección de novelas cortas eróticas. Cornelio Sisena (muerto en 67 a. Que esta actitud de crítica y rechazo estuvo condicionada no sólo por motivos políticos (la his­ toriografía senatorial poseyó una m irada muy crítica y aguda para las de­ bilidades de la m onarquía y de sus representantes máximos) lo m uestran algunos otros géneros que se entregaron asimismo. C. en su lugar surgieron las declaraciones.

que rayaba con lo absurdo 38. en parte fantástico. parecen desvirtuar el contenido mismo de la expresión o al menos desmen­ tirlo en parte. era chispeante e inge­ nioso. Dicha escuela ha­ bía perdido su función originaria a causa de la decadencia de la oratoria política. artificial. y procuró agotar todas las posibilidades de ambos en la variación. se m antuvo libre por completo de esta tendencia. Los temas que utilizaba para sus declamaciones no guardaban relación alguna con la realidad. buscó lo pulido y lo complicado. . sobre todo. y al lenguaje nuevas imágenes y giros. Esta actitud general de toda la épo­ ca dificulta una información digna de crédito sobre hasta qué punto y me­ dida reivindicó la literatura para sí una exposición de la realidad vital. cuya dolencia fundamental —que él mismo no supo ver nunca— consistió quizás en la carencia de problemas serios y de grandes tareas. siempre a la búsqueda de efectismos. Obedeció. La literatura de la época clásica tardía mues­ tra —como exponente del mismo espíritu de época— las mismas caracte­ rísticas que son propias del nivel medio propalado por la escuela retórica: tendió dicha literatura a la fantasía desenfrenada. 379 y ss. la superación o la negación. prostitutas. la polémica y la negatividad. La escuela ejerció con su enseñanza una fortísim a influencia. al m anierism o y no ra­ ras veces a la hinchazón. piratas. El estilo retórico aspiró al refi­ namiento supremo. que nos han sido legadas bajo el nombre de Quintiliano contienen casos semejantes. la escue­ la de los rhetores sum inistró la firme base institucional. y procuró arrancar a las cosas facetas nuevas. El esti­ lo. como forma. págs. Las Decíamationes m aiores y minores. de crear un m undo ficti­ cio. y exponían un mundo ficticio. simplemente. como estilo. etc. la crítica. en el que han penetrado también. se concibió a sí misma evidentemente. que estaba simplemente al servicio de fines prácticos. La tendencia al pesimismo y la predilección por lo artificial no penetra­ ron sin embargo en todos los ámbitos ni se hicieron notar con el mismo vigor en todos los tiempos. nos referim os a la literatura científica es­ 38 Un mundo en el que aparecían sobre todo tiranos. en parte elaborado. un mundo que se contrapone al mundo real. no pocos productos de la época postclásica están expuestos a la sospecha de que se trata en ellos. educó el gusto y difundió un nivel de conocimientos dotado de validez general y que era conocido tanto por los autores como por el público. de la que había surgido ella misma. con una decisión desconocida hasta entonces. como receptáculo de una cultura que cultivaba la habilidad en el empleo de la palabra como un valor en sí. En esta tarea. más abajo. Sobre Séneca el Viejo cf. en su «verdadera» naturaleza. Toda una ram a de la literatura clásica tardía. preciosista y enigmático. sus propias leyes. y servía a la sazón. en prim erísim o térm i­ no.Literatura romana 37 La literatura postclásica fue de todos modos un fenómeno sumamente «artificioso». así como también situaciones extremas. como elemento necesario.. la expresión conceptuosa y aguda.

antes al contrario recurrió al pasado. ni mucho menos superarlo. y la prosa no jurídica se fue haciendo tam bién cada vez más escasa: apenas algunos trabajos pertenecientes a otras ramas de la ciencia. una época que podría designarse como el «período moderno» de la literatura romana. sino que se alió curiosam ente con las tendencias m anieristas pro­ pias de la tradición artística de la época imperial. y en particular a las obras de los jurisconsultos. esta vez. podría establecerse la siguiente . en Roma.38 Literatura universal pecializada. Ya no surgieron talentos poéticos de verda­ dero rango. a los hum anistas de la Edad Moderna o a los escritores profesionales de la actualidad. con cuyo Asno de oro produjo la literatura rom ana su últim a aportación de calidad. pero de manera tal. Además. La segunda m itad del clasicismo tardío trajo una vuelta más hacia el pasado. en los decenios que siguen no es posible citar un solo autor ni una sola obra de relieve. que el estilo «modermo» de la época inmediatamente precedente siguió en vigor con rupturas y mezclas singula­ res. y más tarde bajo Domiciano y Trajano florecieron los talentos más destacados. en realidad. la jurisprudencia. sólo a la fructífera prim era mitad del postclasicismo. Esta época conoció algunos puntos ci­ meros: bajo Claudio y Nerón por ejemplo. se extinguió la actividad literaria. a los clásicos Virgi­ lio y Cicerón. Origen y posición social de los escritores romanos La sociedad rom ana estaba estructurada en clases o estamentos. al iniciarse la gran crisis del Imperio. más remoto.. d. que la adm ira­ ción por los autores preclásicos no se constituyó en un principio estilístico absoluto. los rasgos fundam entales que acabamos de citar corresponden. que dominaron por doquier la vida de los romanos. pero otra vez de m anera tal. El segundo punto culmi­ nante no fue capaz de continuar simplemente el nivel primero. tanto la pública como la privada. tanto de alguna que otra singularidad. como también de una evolución general claram ente perceptible. Pero más destacado es que desde el reinado de Adriano la producción literaria disminuyó rápida­ mente. la deslavazada producción de los arcaizantes o la obra de Apuleyo. en rigor. C. sin embargo. ejerció una fuerte influencia sobre la produc­ ción literaria. y la realidad de éstos. esto es. Roma no produjo. un estrato social de poetas o literatos. al siglo que sigue a la m uerte de Augusto. y una fase arcaizante vino a sustituir a la fase clasicista. o dicho más exactamente: se vertió en lo fundam ental sobre un úni­ co terreno. las circunstancias sociales de su cuna y las condi­ ciones económicas solían dictar de antemano a un autor la forma y manera como había de ejercer la actividad literaria. Si se está dispuesto a hacer abstracción. Hacia el año 240 d. nada que pudiese com pararse a los rapsodas o sofistas griegos.

Cierto es que el prestigio de la obra poética.. por su esfera vital privile­ giada. por mucho que las épocas posteriores pudiesen alejarse de ella. El neotérico C. 7). Julio César Estrabón. a todas luces. Weimar.) escribió algunas tragedias. 56. ed. pero no una «profesión» ni una existencia autónoma. este modo de proceder trajo como consecuencia el que los miembros de la clase dirigente se dedicasen sobre todo a la prosa. Kunkel. C. durante la época de la Repú­ blica. acarreó una evolución igualmen­ te distinta en la prosa y en la poesía. El principio que acabamos de bosquejar rigió sólo. . la jurisprudencia: los autores de la literatura jurídica pertenecían por lo común. De todos modos. en prim er lugar. se dejaba guiar. Así ocurrió especialmente en los géneros más im portantes de la prosa. en sentido estricto. esta posición inicial siguió conservando su vigencia de algún modo. cit. Un cuadro igualmente cerrado presenta la 39 De Q. como un noble pasatiempo. el cual. tan escaso en un principio. diferente en cada caso. honores y gloria para el verdadero poeta. además. más adelante.. desde el siglo i antes de nuestra Era no se avergonzaron ni siquiera los más nobles patricios de abandonarse al oficio de la poesía 39. siguió siendo un presu­ puesto im prescindible para ejercer la actividad poética. el vencedor de los cimbrios (cónsul el 102 a. y sobre todo del propio poeta. 43. W. por ello mismo. C. siguió siendo cultivado por éstos. por lo general. Los lazos sociales de la prosa se evidencian con singular claridad en la ciencia romana por antonomasia.Literatura romana 39 regla respecto a esta relación: quien pertenecía a la clase dominante. pág. tío abuelo del dictador César (edil en el 90 a. Licinio Calvo era hijo del político e historiógrafo C. fue acrecentándose de continuo. por lo común. el hermano de Cicerón. la protec­ ción dispensada por un mecenas acaudalado. Quinto. por el pleno desarrollo de sus dotes individuales. para el período preclásico. aunque sólo fuese como tenden­ cia. y sólo en segunda instancia por móviles artísticos o intelectuales. Ya en la época de los Gracos se perci-ben los prim eros síntomas de un relajamiento. y especialmente a la aristocracia senatorial. 195 y ss. fue considerado en los círcu­ los aristocráticos. Sobre las poesías de Cicerón v. etc. y en prim er término. lo que en un principio se había m anifestado como terreno exclusivo de los auto­ res aristocráticos. Y lo mismo ocurrió con la poesía. 1952. al menos en lo funda­ mental. que se practi­ caba de m anera más o menos «dilettante». que desempeñó en Roma un papel muy im portante desde un prim er principio. sí. 40 Cf. Lutacio Catulo. y durante el Imperio por lo menos al estamento de los caballeros 40. Licinio Magro. quien no pertenecía a dicha cl^se se interesaba. tomo 4). sin embargo.) se conservan dos epigramas: Fragm enta poetarum Latinorum . La sociedad del clasicismo y el postclasicismo guardó. págs. Herkunft und soziale Stellung d er róm ischen Juristen (Forschungen zum róm ischen Recht. y que los de las otras clases cultivasen principalm ente la poesía. a la aristocracia senatorial. y Suetonio nos informa sobre los ensayos poéticos hechos por César en su juventud (Iulius . en sus empeños literarios. C. En la práctica. la situación origi­ naria o de partida. compuso tragedias.

C. por inclinaciones y gustos personales. El resto de la prosa estuvo mucho menos determinada socialmente que la jurisprudencia. com partió la historia y el destino del Estado romano. sin relación alguna con los problemas políticos de actualidad. 9 y ss. 18). Los autores de es­ tos géneros. la defensa de la tradición política. Los escritos sobre gram ática y retórica fueron no obstante compuestos generalmente por gram áticos y rhetores profesionales. la historiografía o la oratoria político-forense de la República. por ello fue cultivada principalm ente por quienes tenían un interés directo en dichos fines. Vespasianus. un hombre de procedencia media. Das A thenaeum zu Rom bei den Scriptores Historiae Augustae. En la época republicana fue un campo puram ente político y practicado por políticos. como eran la propaganda. la declamación vino a ocupar su lugar. Bonn. El Ateneo fundado por Adriano era por el contrario. 1963. Estas profesiones gozaron al principio —durante la época republicana— de esca­ so prestigio. el género pasó de las manos de la aristocracia a la de los rhetores. por último. y no como maestro de elocuencia). no halló entonces im itadores en Roma. por el contrario.) destacó exclusivamente como literato. . La oratoria. 1964. tal y como se cultivaba en Grecia paralelam ente a la oratoria práctica. en prim er término. esto es. Quien se dedicaba a la filosofía o a la literatura científica no jurídica se dejaba llevar a todas luces. que se abstuvo de toda actividad públi­ ca. y lo mismo puede decirse de un erudito como Pompeyo Trogo 4I. Braunert. en HistoriaAugusta-Colloquium Bonn. los rhetores sobre todo alcanzaron una ele­ vada consideración. esto es. Duran­ te el Imperio. a los pertenecien­ tes a una profesión de cierto prestigio.40 Literatura universal historiografía. El puesto de preceptor del príncipe lo desempeñaron el gramático M. De todos modos hubo aquí algunas excepciones muy notables: Livio por ejemplo. así como los rhetores Quintiliano y Fronto. 42 Sobre los gramáticos y rhetores romanos nos informa la obra de Suetonio titulada De grammaticis et rhetoribus (conservada sólo en parte). en efecto. y Vespasiano estableció en Roma escuelas públicas de retórica con puestos de m aestros a sueldo del Estado 42. Verrio Flaco. lo mismo puede decirse —a pesar de los sonoros apellidos gentilicios— de dos historiadores de la era de Sila. la casa imperial puso repetidas veces en sus manos el puesto de preceptor del príncipe heredero. págs. sus miembros se reclutaban en parte de las filas de esclavos manumitidos de origen griego y de otros grupos sociales inferiores. Séneca el Joven (que había logrado nombradía como orador. Celio Antípater. un centro cultural griego. 41 Ya L. con ello. Así H. en el que se impartía exclusivamente enseñanza en gramática y retórica grie­ gas. procedían de las más diversas clases sociales. un hombre de origen desconocido (segunda mitad del siglo n a. evidentemente. Pero la situa­ ción cambió también aquí durante el Imperio: el discurso político desapa­ reció. el discurso brillante. por los miembros de la clase dominante. La medida de Vespasiano se dirigió tanto a la elocuencia latina como a la griega (Suetonio. y este amplio espectro social no perm ite reconocer en ellos tradiciones estam en­ tales concretas. También este género sirvió en Roma prim eram ente a fines prácticos. Quinto Claudio Cuadrigario y Valerio Ancías.

y que apareció ya en la época preclásica: la protección. 2. de las com arcas itálicas confederadas con Roma. C. De las noticias biográficas sobre Ennio se puede deducir por vez prim era con claridad esa relación de protección 46. era un esclavo que fue posteriormente manumitido. para el poeta-cliente brotaba de aquí el deber moral de ensalzar poéticamente a su protector. y así otros muchos casos. por ello su lengua ma­ terna era el griego.. Plauto procedía de Sarsina en la Umbría. pero nunca el latín 44. La evolución social. Poeticae artis honos non erat. 2. ed. y en el año 207 a. si quis in ea re studebat aut sese ad convivía adplicabat. sirvió en el ejército confederado. 11. 446 y ss. sin excepción. Los autores teatrales ejercían en un principio también la profesión de comediantes o actores. en parte. originario de Cartago. grassator vocabatur. evidenció su origen africano (libio) mediante su apodo. la anécdota muestra que los aristócratas departían con Ennio como con uno de los suyos. y en general la situación bastante independiente del autor teatral no lograron imponerse a pesar de todo. procedente de la Campania. a así Catón en Gelio. procedentes. el también manumitido Terencio Afer. de dos maneras: como-autores de piezas escénicas más o menos libres e independientes y como clientes de un gran señor. cit. el apoyo m ate­ rial y jurídico de que disfrutaron algunos escritores por parte de alguna de las grandes familias de nobles romanos. que la dedicación a la poesía: los precursores llegaron. no sólo a los aristócratas romanos. 43 . Noctes Atticae. sin embargo. Se tomó de los griegos no sólo el objeto. en cualquier caso. sino también a los romanos en general. 44 Livio Andrónico. ambos fueron perdiendo progresivam ente im portancia a medida que iba avanzando la decadencia del teatro en g eneral45. se les autorizó a organizarse en un gremio profesional: el collegium scribarum histrionumque. 276. sino hasta el vocablo: poeta no es sino la form a latinizada de la palabra griega poietes. Los romanos encubrieron esta relación en la forma. C. La protección por medio de un mece­ nas siguió siendo normal y corriente en la época clásica y postclásica. Ennio. el oseo y el latín. de su conocimiento del griego. del patronato. 45 Festo. en parte. un griego natural de Tarento. Cicerón. otro ejemplo destacado de la misma fue e] autor de tragedias Accio. págs. durante la época preclásica. De oratore.. esto es. llegados a ésta como esclavos. «agrupación de escribientes y comediantes» —así clasificó a los escri­ tores el estilo burocrático oficial rom ano—. Y en un principio. el oseo. nativo de Rudiae en Calabria. favoreció el segundo tipo de supervivencia propio de los escrito­ res. el umbro. en esta fundación sirvieron evidentemente de modelo los gremios o herm andades de actores del mundo helenístico. 5. Nevio. 46 Cf. informa acerca de la fundación del collegium . El collegium.Literatura romana 41 El poeta fue originariam ente un fenómeno desconocido en la sociedad rom ana 43. presumió siempre de sus tria corda. no había nada más extraño. el celta o el cartaginés. típica de ellos. de países extranjeros. sobre su existencia y actividades posteriores no se sabe prácticamente nada. Estas gentes. una m ultitud de advenedizos. parecen haber ga­ nado su sustento en la Roma del siglo n a.

Así. y su rela­ ción sirvió. Mecenas era un amigo y consejero de Augusto. cjue se llevó consigo a Catulo. Virgilio. como miembro de su séquito. sino porque constituyeron también el primer modelo rom ano de un círculo de poetas. y como los poetas de ésta acostum braron además a agruparse en torno a este o aquel mecenas. Me­ cenas. que perteneció a los oradores más famosos de su tiempo. por último. Su im portancia real consiste en que tanto él como sus protegidos enca­ raron y resolvieron un problema fundam ental del patronato. a un fin de crítica y aliento recíprocos. El primero en em prender estos pasos fue sin duda Asinio Polio. Todos ellos com partieron las mismas opiniones sobre la form a y el contenido de la poesía. desde luego. no sólo porque buscaron su más noble ejercicio y con­ tenido existencial en la esfera apolítica de la amistad. por ejemplo. Los neotéricos causaron impresión. Horacio y Propercio. . los neotéricos: Catulo y sus colegas gozaron. entusiasta adm irador de los neotéricos en su juventud. fue el caso del amigo de Catulo Cayo Licinio Calvo. comenzaron también a cultivar la poesía ciudada­ nos romanos. 48 Él fue el primero en establecer en Roma una biblioteca pública y un museo artístico. sin embargo. y el lugarte­ niente Memmio. De él partieron muchas iniciativas político-culturales 48.42 Literatura universal partir de Augusto se distinguieron en ella sobre todo los em peradores mismos. Y así también. Pronto. Este ejemplo hizo escuela en la época augustea. y no en último lugar. llevó el patronazgo de los poetas a un renom bre tal. y fue él quien —antes de que Mecenas compitiese con él en éxito— protegió a Virgi­ lio y a Horacio y supo vincularlos a su persona. que según el concepto im perante en Roma hubiesen debido seguir en realidad la carrera política)47. m iem bros de los estam entos superiores. así lo hizo al menos con los miembros más famosos de su círculo. por su origen y su prestigio social. el preclásico Lucilio. un político militar. sobre todo. el amor y la poesía (ellos. que su nombre ha quedado como símbolo y designación general de los pro­ tectores de las artes. que era vástago de una familia noble y llegaría a ser el prim er satírico im portante de los romanos. Mecenas acostum bró a atraer hacia sí solamente a los poetas que habían alcanzado ya algunos éxitos. de una total independencia. También Mésala Corvino se distinguió como protector de poetas. y planteó a sus protegidos la tarea de 47 Otro. puede considerarse a la configuración resultante de entonces como la mez­ cla de la vieja protección rom ana y el «moderno» círculo de poetas. le prestó con ello simplemente un servicio de am istad como era a la sazón corriente entre personas de idéntico rango. a la provincia. que alcanzó gran poder e influencia durante los desórdenes que siguieron al asesinato de César. al círculo que se reunió en torno suyo pertenecieron sobre todo Tibulo y —en época posterior— Ovidio. su relación con Escipión el Joven tuvo por ello más el carácter de una am istad que el de un patronato.

. a este respecto. Una novedad de la época imperial fueron las competiciones artísticas organizadas por Ne­ rón y Domiciano según modelos griegos. Ambas partes m ostraron paciencia y comprensión. Con este deseo tropezó sin duda contra resistencias internas. m ientras que el agón neroniano desapareció muy pronto. lim itándose a todas luces. H om bre joven leyendo un ro­ llo de papiro. En cuanto a Mecenas ha pasado a la historia como prototipo del protector de poetas lleno de tacto y delicadeza. ya que Augusto se había abierto el camino hacia el poder a través de ríos de sangre. a pesar de estas medidas de protección y de la prosperidad general del Imperio. que resulta grata por su tono moderado. a actos aislados de generosidad. el agón capitolino fundado por Domiciano parece haber sobrevivido hasta los tiempos de la Antigüedad tardía. y el resultado fue una alabanza del gobierno y la paz augustea. La época del clasicismo tardío no produjo círculos de poetas de verda­ dero rango. Los poetas del prim er siglo de nuestra Era que no eran acaudalados de suyo parece que se encontraron frecuentem ente en una situación m aterial harto preca­ ria. se protegió a algunos escritores aislados.Literatura romana 43 ensalzar en sus versos el nuevo régimen político. Grabado se­ gún una pintura mural de Herculano.

Se cortaba la médula de los tallos en tiras delgadas y estrechas. Nuestra exposición se ha de lim itar aquí. Ha­ cia el 400 d. a los portadores normales de las obras literarias romanas: el rollo de papiro y el código de pergamino. 50 Cf. 74-82. 68. Se trata de nueve tablillas de ce­ ra unidas por un extremo y destinadas al uso escolar. Dio. Naturalis historia. . 8. sin embargo. d. Existe un sin­ número de estas anécdotas curiosas. sobre este punto Plinio.44 El libro y su difusión en Roma Literatura universal Se dice que durante las guerras en la Dacia fue entregado al em perador Trajano un mensaje que había sido anotado en una seta 49. El papiro (cyperus papyrus) es una planta subtropical de zonas pantano­ sas. Con ella elaboraban los egipcios desde el cuarto milenio antes de nues­ tra Era el m aterial sobre el que la antigüedad grecorrom ana acostumbró a fijar por escrito sus textos. El procedim iento de elaboración era muy sencillo 50. Libro de tablillas de cera. 13. Berlín. Staatliche Museen. 49 Casio. C. adem ás de Siria y Mesopotamia. que crecía sobre todo en el delta del Nilo. el hom bre ha empleado £n el curso de los milenios los m ateriales más diversos para fijar signos de escritura.

el pergamino —que en latín se llamó comúnmente membrana — recibió su nombre de la ciudad de Pérgamo. desde tiempos remotos. Se pegaban luego una serie de dichas hojas hasta form ar una tira de 6 a 10 m etros de longitud. y en Roma debió de estar am pliam ente difundido desde que empezó a haber allí una actividad literaria. Un m onar­ ca de la época helenística. Salustio. el llamado volumen (de volvere. para quitarle el pelo. y quedaba listo el rollo de papiro. C. El m aterial. para seguidamente —como segundo paso de la fabricación— recibir otra capa en sentido transversal sobre la prim era. como m aterial de escritura extremadam ente duradero. la cantidad de texto que era posible inscribir en un rollo. aunque se le tratase con sumo cuidado. a partir del siglo m a. los papiros hallados no poseen una im portancia destacable.' adhesivo que contiene la savia de la planta— se lograba form ar una hoja consistente. áspero. «girar» o enrollar)51. . C. propenso a deshilacharse y muy quebradizo.). Los griegos conocían el rollo de papiro desde el siglo vi o vil a. sino simplemente raspada. Este m aterial resultaba apropiado 51 La designación liber (libro) se basa en una idea imprecisa sobre el origen del material empleado para la confección. y luego alisa­ da. la m ayoría en un estado más o menos fragm entario. Se procuraba siempre que las fibras de la m édula corriesen en línea horizontal en la cara destinada a ser escrita. ovejas. parece haber perfeccionado el procedim iento de preparación de dichas pieles. obras íntegras que no nos han sido transm itidas por m anuscritos medievales. El aire y las arenas de Egipto. Este rollo era escrito en colum­ nas —con un núm ero de líneas lo más parecido posible— y se podían escri­ bir en él aproxim adamente 100 columnas. en ocasiones. y en línea vertical en la cara exterior o trasera de la hoja. y designa la piel no curtida ni adobada. En todo caso. de terneras. Ambas capas eran golpeadas luego con un m artillo de m adera hasta que —como consecuencia del material. La lectura de éste ocupaba ambas manos: una de ellas desenro­ llaba.Literatura romana 45 que luego eran colocadas prim eram ente unas junto a otras hasta un ancho de 25 a 30 centímetros. por el contrario. exigía máximo cuidado en el manejo. C. como Cicerón. Para la literatura romana. esto es. han conservado nume­ rosos papiros. La duración de un rollo utilizado frecuentem ente era muy corta. Según estos valores se medía la m agnitud que configuraba en la Anti­ güedad al «libro». después de term inada la lectura había que volver a enrollar todo el conjunto. cabras o asnos. Livio o Virgilio. esto es. ya que el término significa realmente corteza y designa asimismo a la planta llamada librillo. la otra enrollaba. y hasta el momento sólo han proporcionado fragm entos de las obras de autores ya conocidos. Eumeno II de Pérgamo (197-159 a.. cálidos y secos. equivalentes a unas tres mil lí­ neas. Entre ellos se encuentran cientos de trozos y jirones que contienen restos de obras literarias griegas e incluso. Pieles de animales se habían acreditado ya en el Oriente.

Cf. 47. pági­ nas 289 y ss. Junto a ello existía también la producción masiva de libros. Birt. C. como codex (palabra que significa realmente «tarugo de madera». que m uestran cómo Cicerón elaboró y distribuyó sus obras en un principio bajo su propia dirección.. C.. pág. Varias tablas del mismo tamaño iban unidas entre sí por medio de anillos. Con ello se obtuvieron consi­ derables ventajas: el códice de pergamino era mucho más resistente que el rollo de papiro. y se rodeaba a todo de una encuadernación protectora. redondeada. Roberts. Hunger. m ientras que la otra punta. y con ello editores y libre­ ros: en Grecia desde las postrim erías del siglo v a. (no se sabe exactam ente por qué ocurrió precisam ente entonces). págs. Sobre las circunstancias imperantes en la Roma republicana arro­ jan alguna luz las cartas de Cicerón. uno de ellos dictaba. su activi­ dad contribuyó en gran m edida a hacer de Roma la metrópoli del comercio de librería. Se conseguía un ejemplar de la obra y se elaboraba una sola copia de la misma (bien por propia mano. H. el nuevo m aterial podía ser utilizado por ambas partes y ofrecía a la ilustración pictórica —un ramo del arte que floreció en la Antigüedad tardía— variadísim as posibilidades. que ejerció además un floreciente com ercio con obras literarias tanto en lengua griega como latina. C. en los siglos n y m d.46 Literatura universal para la forma de libro que es usual hoy en día: las hojas eran dobladas. de manera que se las podía abrir y cerrar a voluntad: este fue el «codex» originario. cit. a su difusión contribuyeron quizás los más pobres de entre los cristianos. en P roceedings o f the British Academy. op. 169-204. y en el siglo siguiente logró imponerse uni­ versalmente como form a usual de libro 52. servía para borrarlos. y en Roma desde la época de Cicerón. Él fue el prim er editor y librero romano de valía y calidad. bien mediante orden o encargo a un copista). en cuanto soporte de obras literarias. surgió de la combinación de la tabla de m adera y el pergamino. El códice fue en un principio la forma menos estima­ da. op. y m ás tarde la rodaja o disco cortado de ella). un instrum ento extrem adam ente práctico para la comunicación escrita de la vida diaria. «The Codex». . El «codex» en cuanto libro. se reunían varios grupos o paquetes en un bloque. este «codex» comenzó a com petir con el rollo de papiro en la época imperial. H. cit. lugar que seguiría ostentando hasta las convulsiones del siglo 52 La evolución de las tablas de madera hasta el libro de pergamino pasó probablemente a través de cuadernillos de pergamino para notas y apuntaciones. Th. Pomponio Ático. y los demás escribían. El productor de libros m antenía un equipo de copistas o escribientes (por lo general esclavos). Esta tablilla estaba provista de un borde ligeramente elevado. La forma había existido ya antes de que se popularizase el empleo del pergamino como tablilla de m adera. 40 (1954). la punta aguda de un punzón rayaba en la cera los signos de escritura. la superficie se rellenaba con cera teñida. Más tarde se encargó de esta tarea su amigo T. cosiéndolos entre sí. La copia m anuscrita privada tuvo una gran im portancia para la difu­ sión de los textos literarios durante toda la Antigüedad. Cf.

En el año 28 a. 30. Desde luego. L. Durante el Imperio siguieron muchas fundaciones nuevas. un monumentum aere perennius. C. Podemos suponer. el «Museo» de Alejandría.. / y también a tu padre y a mí». Varrón. los «tiranos». los poetas. Ático y otros lograron reunir así considerables bibliotecas. En Grecia eran conocidas ya desde el siglo vi a. las escuelas filosóficas de Atenas con­ taban también con magníficas colecciones. C. por medio de su poesía. 1. y más adelante también de intelectuales: los sofistas más distinguidos. que cada «gimnasio» —un tipo de escuela muy difundido durante la época helenística— poseyó asimismo textos de los autores más im portantes. que había logrado atesorar unos setecientos mil rollos de papiro cuando fue pasto de un voraz incendio durante las luchas en las que se vio envuelto César en el invierno del 48 al 47 a. C. el proyecto de César en un templo de la Libertad. entre las que gozó de fama y prestigio singular la fundada por Trajano. así amonesta Hora53 C. por ejem­ plo. convirtió poco des­ pués en realidad. En Roma existió tam bién probablem ente otra forma de pago: el protector. C. Emilio Paulo. se encargaba de la publicación y pagaba a éste un honorario que superaba con mucho sus propias ganancias. házselo saber prim ero a Meció. el mecenas del escritor. . C. y Asinio Polio. «Y si de veras escribieses en el futuro / alguna obra literaria. el vencedor de Pydna (año 168 a. filósofos y erudi­ tos. en un principio como propiedad de grandes señores y potentados. El plan de César de instaurar en Roma una biblioteca pública (para la que fue nom brado director Varrón) quedó sin realizar. por culpa de intentonas sediciosas. C. La elaboración de libros era cara. La biblioteca llegó a Roma como botín de guerra. El editor le com praba el m anuscrito (del que podía luego hacer tan­ tas copias como se le antojase) o le daba participación en las ganancias.) se trajo consigo todo el contenido bibliográfico de los palacios de los señores macedónicos. por propia iniciativa. esta confianza presuponía la existencia de bibliotecas. 3. «un m onumento más perdurable que el me­ tal» 53. la ciudad dispuso de doce­ nas de bibliotecas públicas. el autor recibió por lo común un honorario m odestí­ simo. la dinastía helenística reinante en Egipto. al cabo. Los Ptolomeos. Desde la época helenística disponía asimismo Pérgamo (y otras ciudades con corte real) de vastas bibliotecas. Cicerón. romanos cultivados e interesados comenzaron también a coleccio­ nar libros. el mecenas de Roma antes del propio Mecenas.. que había mandado edificar él mismo sobre el Palatino. fundaron y sostuvieron la prim era biblioteca pública. Horacio esperaba levantarse a sí mismo. en él se instaló una notable biblioteca con libros en griego y en latín. Desde el siglo i a. en consecuencia lo eran asim is­ mo éstos. consagró Augusto el templo de Apolo. por último.Literatura romana 47 iii d.

Se recitaba abso­ lutamente todo: epopeyas. y de este hábito se desarrolló en la época imperial un arte recitatorio flore­ ciente por demás. Zurich. así como la autocrítica y la crítica a través de los amigos. obras históricas y hasta diálo­ gos y discursos. La literatura romana. C. que se extienden entre la Antigüedad tardía y la Edad Media tem prana. Indicaciones bibliográficas Bibliografía general L. De ello debe deducirse que el libro no ostentaba a la sazón una posición de monopolio. tan amiga de escribir. 21965. invitados. También la historia pos­ terior de la transm isión de la literatura romana obedeció a la ley de la alternancia entre inactividad y celo asiduo: a los siglos oscuros y pobres en monumentos. tenía no sólo formas y contenidos helenísticos. G eschichte d er róm ischen Literatur. como la que disfruta hoy día. Bieler. y a ella pertenecía. Büchner. Durante la época de esplendor de la Antigüedad tardía. desde un prim er momento. editado y traducido por H. Los literatos acostum braban a leerse recíprocam ente sus obras. En el siglo n d. K. sino tam bién escuchada. latín y alemán. el gesto vanidoso del recitador y el aburrim iento del público. ante todo aquel que estuviera dispuesto a oír. De arte poética liber. la producción guiada por una razón lúcida. 54 Versos 386-388. pág. que resurgiría mucho más tarde. . de este modo surgió un estrato básico de textos que muy pronto desplazó a lo antiguo y se convirtió en guión y modelo de los tiempos posteriores. Los testimonios se acum ulan desde los poetas augusteos hasta Plinio el Joven. siguió la época carolingia. y hasta incidentes jocosos. Horacio Flaco.48 Literatura universal ció en su Ars poética 54. 177. 1961. que se extiende hasta el siglo vi: el llamado Códice Bembino de Terencio. Berlín. como el hundimiento de un banco bajo el peso de un corpulento oyente 55. 55 Cf. Rüdiger. y nos relatan el favor del em perador y el aplauso atronador. Manuscritos famosos dan aún hoy día testimonio de esta laboriosa activi­ dad. Se recitaba en recintos privados. en la segunda m itad del siglo iv. 41968. dram as y poemas. en medio de una atmósfera de admiración por la Roma republicana y los prim eros tiem­ pos del Imperio. en la edición de Q. 2 tomos. sino que adoptó adem ás una buena parte de la actitud intelectual helenísti­ ca. se interrum pió la costum ­ bre. en las salas de las biblio­ tecas y en los teatros. se trasladaron a códices de pergamino todas las obras de la literatura rom ana que se consideraron dignas de conservación. en cierto modo un produc­ to artificial de la retorta. y a la reserva de los siglos x y xi la laboriosidad de la alta Edad Media tardía. R óm ische Literaturgeschichte. la literatu­ ra no era exclusivamente leída. más adelante. ante amigos. Stuttgart. el Códice Romano de Virgilio y otros muchos.

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). un florecimiento tan vigoroso que los comediógrafos del Occidente han podido tom ar perm anen­ te ejemplo de él hasta el siglo x v iii . Y ya en la Antigüedad se apreció en tan alto grado el arte de Plauto y de Terencio que sus veintiséis comedias son las únicas obras de la literatura arcaica que han llegado a nuestras manos en su texto íntegro. Por ello. Este florecimiento sin igual fue posible porque los romanos se atuvieron a la Nueva Comedia griega tanto en la dram atur­ gia como en los personajes y el desarrollo de la acción escénica. el hecho de que en Roma la comedia se halle al comienzo de la evolución literaria y experim ente durante las ocho décadas que van desde el año 240 al 160 a. Mas como la comedia está vinculada a la realidad y a las circunstancias sociales de su época mucho más fuertem ente que la tragedia. modificada radicalm ente en más de un aspecto. en un estudio de la comedia rom ana la tarea más principal ha de ser la de expli­ . al analizar la recepción de la comedia griega por los escri­ tores romanos hay que tener siempre muy en cuenta que la necesidad obje­ tiva de un proceso de refundición. en su expresión supre­ ma durante toda la Antigüedad. C.LA COMEDIA ROMANA E ckard L efévre Para la constitución de una tradición en el terreno de la comedia. por ello. tal y como se han troquelado en una época determinada. Precisam ente un género literario que vive de la agudeza y de la comicidad se vería en gravísimo peligro si se limitase a ser una imitación anacrónica de sus modelos. sino tam bién de sus personajes. los presupuestos más im portantes son la m adurez y carencia de prejuicios por parte de una sociedad tal y como los encontramos. Sorprende. y ello no sólo a causa de su ambiente más realista. de tendencia idealizante. Así pues. en la Atenas del período postclásico (si­ glos iv y iii a. ha condicionado la forma externa de la comedia romana. típico de todas las adaptaciones litera­ rias. C. su forma y estructura. tienen que estar sometidas hasta su esencia íntim a a transform aciones y cambios si se acude de nuevo a ellas en una época pos­ terior.

que recibió su nom bre de la ciudad osea de Atella. se inicia con el año fun­ damental de la literatura rom ana (el 240 a. así como la desenvoltura llena de vida típicos de la comedia romana. a ellas pertenece sobre todo la llam ada fabula Atellana. de las que tenemos noticia cierta por los títu­ los. Cneo Nevio evidenció una fuerte inde­ pendencia (compuso dos tragedias nacionales rom anas y creó también. Las opiniones de los eru­ ditos divergen acerca de la forma en que se ofrecieron antes del año 240 a. la más im portante de las cua­ les. las formas togata y trabeata no alcanzaron una im portancia comparable '. un prisionero de guerra que fue llevado a Roma y luego dejado en libertad y m anumitido. originario de la Campania. una forma sin­ gular de la pieza escénica burlesca. La fabula Atellana presentaba cuatro tipos escénicos fijos. de donde vino im portada a Roma en el siglo iii a. La historia de este género. C. en la Campania. C. Ojeada general sobre las «palliata» La comedia rom ana produjo tres formas.). . un rango literario. sociales e ideológicos romanos. con 1 V. Frente a ella. De sus más de treinta comedias. C. breves representaciones con canto y dan­ za. No se sabe si ya antes de Livio fueron adaptadas en todo o en parte comedias griegas. en el que el griego Livio Andrónico. más abajo. a partir de los presupuestos literarios. El nombre de pa­ lliata nos dice ya que también en la traducción y adaptación de las piezas escénicas áticas se conservó el medio ambiente griego. sólo es posible reconstruir en sus líneas fundam entales la llamada Tarentilla («La m uchacha de Tarento»). C. hasta donde podemos abarcarla nosotros. realista y con tendencia procaz. tan distintos de los de la comedia griega. y alcanzó en los comienzos del siglo i a. recibió su nombre del pallium o manto de los griegos (los rom anos usaban la toga). pero parece seguro que hubo ya farsas improvisadas. que Livio en efecto compuso ateniéndose a dechados áticos. 86. Livio no alcanzó excesivo éxito con las suyas. el Gladiolus («la espada») tenía como protagonista al popularísimo tipo del miles gloriosus o soldado fanfarrón. tan diversos asimismo de los helénicos. pág.52 Literatura universal car su carácter y estructura. recibió de los ediles el encargo de m ontar para los ludi Romani una comedia y una tragedia según el uso griego. C. la palliata (fabula palliata). El prim er come­ diógrafo im portante de Roma es Cneo Nevio (270P-200? a.). representaciones escénicas con motivo de festividades y celebracio­ nes. sucesiones de escenas sin una acción coherente. que puso en escena tanto comedias como tragedias. A tales géneros populares pueden rem ontarse algunos elementos aislados que condicionaron el —en comparación con la comedia ática— desenfadado y procaz carácter.

ttu ffu n i uaffdm cj.m it ü f t K vy. bien puede suponerse que se trata de las que Varrón inclu­ yó en su selección.unm d f.ana mcmcxtf j-hocluf. Persa y Poenulus se rem on­ tan quizás a la llamada Comedia Media. En casi todas sus piezas tomó Plauto sus modelos de la Nueva Comedia griega.. Terencio atestigua que Nevio empleó ya la «contaminación». s. co­ rrompido por la tradición. m i n j n ^ P C. Como la Nueva Comedia posee un esquema fijo de acción escénica. la pieza más famosa y más favorecida por el éxito hasta el día de hoy (Giraudoux. Codex Palatinus H eidelbergensis.x J ip ié i j . o c u I ia u l ^ i l L T anufe o j i l u J f cot-jnr. un catálogo de 21 piezas que todos los gram áticos consideraban como obra de Plauto.\m .cjrr3n<li"ul¿ ^u ±itL ki. Almocarjtt. . C. Como hasta nosotros han llegado 20 comedias así como unos cien versos de la Vidularia como obras auténticas de este escritor. natural de Sarsina en la Umbría (hacia el 250-184 a. A n im ^ m c y -T rn ^ 1 lú a s ■ R.^ d u o fTO iíla r a m m u a d r (ji-n ig T m a r f iK>c p A jii é rm o p c inAtofu m f t r r y ful m i m r_ p c o n . c li-y a m iA fía i't'rntu lo ill ü y j A n u i f.ioúmMrniilujx*' im n tu n i u m • rtJciin u rf im im p lic n u iV lic u m í' io jh t* e») A u p h i f .t u j . Hacks). Amphitruo. pág. m d e «y fiiio h j i amofi* Iv u t c u n t ^ m i u feA sp u p I ^ n r u d o n i in u t j. tan sólo Amphitruo.j. renuncia­ remos en las indicaciones siguientes a resúmenes temáticos de contenido. una epopeya nacional romana) y al parecer manejó los modelos y originales de sus obras teatrales con soberana libertad.I w ix blemente mayor de lo que podemos imaginarnos. 1 A^no ciaj. 74.tv^ üÍTVrm-palt l t o it t inA (77111 ¡v'uTT'^r ‘xYut(i Irnjrria tfui rmA y: n w y n a jn u PitulAnn-i a'a jp id ro A n A li iwltymA- 1613. Tito Maccio (o Macco) Plauto. incor­ poró a una pieza escénica partes de dos originales griegos 2. La línea 7 (= verso 10) es im­ portante para el restablecimiento del cognomen Maccus o Maccius. H I nki-put ttiA -ijmírtaJ r x i i J i A iniur'lA lrioptX£Twni{l¿ ex d i^ x n JiU m • ulx)L»|u parum Lxju Ko< 1J c o f'u ¡fuij (J ii^fniíní . (bliA o m uíxai J I 1 nfürTiniA infortunio Htx pol pfc¿h> cU^a/rn-r íH'd<imon ÁrarAum acil fine. El erudito y poeta Varrón publicó en el siglo i a.a m jm iiic m ifrt o rr a r m fa a ^ T cjuidm*{ int Airr cjniJ n o n u i-L m [ nijjopuf philunomf \adrL»nnr mr)'c*tvi'rr. La hoja reproduce los ver­ sos 1-43 del Prólogo del M ercator de Plauto. 18.ra 'o íiir • p U du * f t u d i o i m o t u f p u ^ p ^ } . 1 T 0. 1.La comedia romana 53 su Bellum Poenicum.uiciU<fu p irfu u liifiv u u n u llo f untjud A rn tw riJcD a d l i J ü f ñ c u n d u fi^ in p r m ftt Cas ''-W " une u o f rnilii ifafci obm uln L xju ndccufloclri^UTiopTui-Tf Imí mln L y *u i J leonera d o y t u r Principio •*nj.\ n r fbrm. esto es. C. Se le atribuyen 130 piezas. Ver más abajo. en el que lo im portante no es tanto el tosco armazón de la acción como la configuración individual. xi.B Xm.) es elprim er comediógrafo rom ano que se dedicó exclusiva­ mente al cultivo de este género.tmrii^urrt 4/n Anurvj^ pfrffx fcp r ¿d u o rfó ti^nparr lioc p. lo que nos hace suponer que en Roma hubo una producción de comedias considera> A R j^ y $ u A fr v f ftmtiL nc ¿ g v fv d o c j m i m f l m h t afApfum c»rrum f 1} rm ccrf A m o ft f cUxfUAr n o n a p > tt&cfl ñ a o m a lw fm c o m ix liif id t A m o p f fHcejv tjut -üft no<4u 4 a r die* ¿ u t í o h ¿uríu/wu»* * M lícfUifnATjmn fudfcjuofpoltyrvchirlo ImmAntf(jacfimorutf H V « ’t aaTT^to ponuf mcafnunc mtíijiAf or*cr l»*trr uoc-rrur P « n rp a Jm i. Plauto mismo la designa como tragicom e­ 2 Andria.

que K. 4. Captivi («Los prisioneros»). según los Klerumenoi («Los que echan a suertes») de Difilos. Gaiser considera igual que el Ephesios («El 3 «Beitráge zur Historie und Aufnahme des Theaters». que hacen posible el rarísim o cotejo entre dos pasajes paralelos de un dechado griego y su imitación romana. 8. 9. Asinaria («Comedia del asno»). pág. por K. farsa en la que el padre y el hijo (como en la Asinaria) compiten por lograr los favores de la linda criada Casina. y sin duda una de las piezas más logradas. comedia de anagnórisis que recibe su título del parásito que determ ina la intriga. 6. en la que el padre y el hijo aparecen como contrincantes en el favor de una mujer. padre e hijo son rivales en el cortejo de una muchacha que el hijo ha traído consigo de un viaje. ed. comedia de intriga en torno al esclavo del mismo nombre. más abajo. según el Emporos de Filemón. 7. 2.54 Literatura universal dia (verso 59). una pieza sentim ental moralizante. Bacchides («Las dos herm anas Bacchis»). Casia. según los Synaristosai («Los que desayunan juntos») de Menandro. cuyo comienzo se ha perdido. una comedia de enredo en torno a dos herm anos gemelos. según un modelo griego. Miles gloriosus («El soldado fanfarrón»). comedia de caracteres en torno al avaro Euclio. 11. según Menandro. .. lo mismo que en Asinaria y Casina. 5. se aparta del tipo ordina­ rio por la ausencia de papeles femeninos y de intriga amorosa. el protagonista es un tipo muy popular en la Nueva Comedia 4. pág. 12. farsa en torno a una trata de asnos. 4 V. Constituye el dechado del Avare de Moliere. Stuttgart. Aulularia («Comedia del tarro de oro»). Comedia de anagnórisis. 31889. tomo 4. Curculio («El gorgojo»). Modelo de la Clizia de Maquiavelo. Modelo de los Suppositi de Ariosto. según la comedia de Me­ nandro Dis exapaton («El estafador doble»). El final se ha perdido. Menaechmi («Los herm anos Menaecmo»). 79. y es una parodia de carácter mitológico que sigue quizás un modelo tom ado de la Comedia Media. / Sam tliche Schriften. en Lachmann y F. Muncker. obra de la que conocemos des­ de hace poco tiem po unos cuarenta versos. sólo existen fragmentos. se trata de una comedia de intriga en torno al esclavo Crisalo. 62.. 3. Sirvió de modelo a Goldoni para sus I due gemelli Veneziani y a Shakespeare para su Comedy of Errors. en la que una muchacha es «reconocida» con ayuda de signos o marcas. en la que un padre encuentra de nuevo a sus hijos.) que jam ás ha subido a un escena­ rio» 3. Epidicus. Cistellaria («Comedia del cofrecillo»). Mercator («El mercader»). según el modelo del Onagros de Demófilo. Lessing la considera «la pieza más excelente (. Alazon («El fanfarrón»). Es también una comedia de anagnórisis. 10.

un poeta de la Come­ dia M edia6. págs. que poseen una gran riqueza y variedad m étrica. 13. Persa («El persa)». 6 V. haciéndole creer que la mansión se halla habitada por un fantasma. según Difilos. a costa. según el Thesauros («El tesoro») de Filemón. Tema: el cartaginés Hannón busca a su hija. quizás —como sospecha F. 273 y s. G. se trata de una co­ media de intriga m ontada p or<el esclavo Tranio. Sólo los senarios yámbicos son en él versos para ser hablados o recita­ dos. 252-262. de la sucinta economía escénica de los originales. cuando éste regresa a casa. 1928. Es posible que en su surgim iento no fuesen tan decisi­ 5 V. pieza escénica de familia. texto y comentario de F. C. según el modelo de los Adelphoi («Los hermanos») de Menandro. 15. que ocupan un gran espacio en la obra de Plauto. Poenulus («El púnico»). Marx 7— siguiendo el Epitrope («El jurado») de dicho autor. que engaña a su viejo amo. El origen de estos cantica. Stichus (nombre de un esclavo). Marx. Truculentas («El grosero»). como tam bién las partes cantadas. págs. según el modelo griego Phasma («Fantasma»). Plauto. 1 (1967). que W. serie de escenas sueltas. Leipzig. En la pintura de los individuos y en la configuración de todo el conjunto evidencia. Poética. . Rudens. frente a lo usual en la comedia ática. trocaicos. 17.La comedia romana 55 hombre de Éfeso») de Menandro 5. 102 (1959). por el contrario. 436-461. págs. fueron designados por los gram áticos antiguos como cántica (canciones). R heinisches M useum. el esclavo del mismo nom bre engaña a un mismo tiem ­ po a un alcahuete y a su propio señor. de carácter sentimen­ tal. C. es en él el elemento m usi­ cal. tanto los versos largos (yámbicos. comedia de intriga en torno a una hetaira. estrenada el año 191 a. llevadas a las tablas en 200 a. 19. Mostellaria («Comedia de los fantasmas»). se trata de la pieza más famosa sobre este tema. Sin­ gularísimo. imitada en incontables ocasiones. una fuerte independencia. El título original griego es Karchedonios («El cartaginés»). es obje­ to de controversia. quizás según un modelo original de la Comedia Media. 20. Rudens («La soga»). obra probablem ente de Filemón. Pseudolus. 14. que sirvió de modelo a la obra de Lessing Der Schatz. que ha sido raptada. desde luego. Trinummus («Comedia de las tres monedas»). Arnott atribuye a Alexis. se trata de una farsa con un tema insólito: un esclavo como amante. 7 V. septenarios u octonarios anapésticos) recitados con acom pañam iento de flauta. Tanto en la técnica expositiva —quince piezas poseen un prólogo— co­ mo también en la estructura y en la idea de los argumentos sigue Plauto a sus modelos. es una come­ dia de anagnórisis que tiene la costa de Cirenaica como escenario. 18. 16.

Lo mismo que Plauto y Terencio. 21927. en Petronii Saturae et liber Priapeorum. que era asimismo un esclavo manumitido. C. C. Cicerón censuró su lenguaje El libio Publio Terencio Afer. ed. 10 Noctes Atticae. los prólogos de Terencio nos hacen saber que se creó la exigencia —que evidentemente no regía aún en la época de Plauto— de no em plear la conta­ minación. de W. 23. 9 «Saturae Menippeae». En favor de esta opinión habla el juicio de Varrón. págs. mantuvo al parecer relaciones con el círculo en torno a Escipión Africano el Joven y a Lelio. Heraeus. Leipzig. 61922. Sin lugar a dudas Terencio puso en escena dos comedias en el año 160 a. no sólo una protección de carácter general. Plauto en los diálogos y Terencio en la pintura de caracte­ res 9. m ás de 40 títulos y unos 300 versos de Cecilio Estacio. con ocasión de las honras fúnebres por el padre de Escipión.. sino hasta ayuda directa en la redacción de sus comedias. que vivió una generación después. entre algunos pasajes del Plokion («El collar») de M enandro y de su imitación en el Plocium de Cecilio 10. 3. se conser­ van. Ad Atticum. la comparación que el arcaísta Gelio hace en el siglo ii d. 226. un escritor que se había adherido a Menan8 Fragm enta poetarum Latinorum. dos siguen mo­ delos de Apolodoro de Caristos. ed. nos m uestra que éste guarda más semejanzas con Plauto debido a la fuerza prim igenia de su lenguaje. «La mesonera» y Pancratiastes. Además. siendo Menandro su dechado pre­ dilecto. Mientras que de las comedias del famoso épico Ennio apenas se conoce nada. que falleció el año 168 y debe ser situado entre Plauto y Terencio. 2. se defiende del reproche de haber recibido de dicho círculo. a la libertad de su argum entación y pensamiento y a lo áspero de su comicidad. 399. de F. Plauto in sermonibus y Terencio in ethesin. C. . 46 y s.). Cecilio escribió sólo comedias.56 Literatura universal vos los impulsos procedentes del drama griego como la influencia de los juegos romanos pre-literarios de canto y danza. fuera de dos títulos dudosos (Cupuncula. Emilio Paulo. pág. citó en su canon de diez comediógrafos a Cecilio en prim er lugar y a Ennio en el últim o 8. 258. lo mismo que Livio y Cecilio (muerto el año 159 a. Morel. en todo caso. «El púgil») y de que también él utilizó la contaminación. en cambio. 11 Bruto. 7. Con ello bien podría ir envuelto un elogio de los originales. Se le suele relacionar con una tendencia de la comedia palliata que se inicia tras la m uerte de Plauto y se unió más fuertem ente que el genial um bro a los originales griegos. esto es: Cecilio en los argum en­ tos escénicos. Berlín. fragm. Hoy no podemos establecer con claridad has­ ta qué punto corresponden estos rum ores a la realidad. Por otra parte. 10. Cuatro pie­ zas tienen como dechado otras tantas obras de Menandro. Bücheler-W. No puede excluirse que también Cecilio haya defendido esta ac­ titud. quien dice que Cecilio se lleva la palma in argumentis. El gram ático Volcacio Sedígito. un escritor procedente del Norte de Italia.

163 a. puesta en escena por vez prim era en Codex Vaticanus Latinus 3868. dos peripecias amorosas. Heautontimorumenos («El que se castiga a sí mismo»). del mismo autor. obra esta últim a de quien están tom adas las figuras del soldado bravucón Thraso y de su parásito Gnatho. Protagonista es la figura espléndida de la «noble» hetaira Thais.La comedia romana 57 dro tanto en el estilo como en el talante intelectual y moral. El argum ento trata de dos padres y dos hijos. según el Eunuchos de M enandro y parte del Kolax («El adulador»). estrenada en 161 a. estrenada en 166 a. transmitido en tres manuscritos de los siglos rx y x. según la pieza de Apolodoro Epidikazomenos (título que hace referencia a una prác­ . se remonta a un modelo antiguo. El retrato de Terencio. C. cuyos planes perturba por algún tiempo un am ante de su herm anastra disfrazado de eunuco. 2. se trata de una pieza con una intriga del viejo amo y una contraintriga del esclavo. Phormio (nombre del parásito que protagoniza la intriga).. 4. es engañado por el suyo propio. La componen las siguientes piezas escénicas: 1. m ientras que uno de los padres se esfuerza por reconciliar de nuevo al otro padre (que se reprocha a sí mismo su excesiva severidad) con su hijo. del mis­ mo autor. 3. La obra de Terencio ha llegado hasta nosotros en su integridad. Eunuchus. Andria («La m uchacha de Andros»). según la pie­ za del mismo título de Menandro. fue la pieza de Terencio que alcanzó más éxito. adaptación de la Andria de Me­ nandro y de partes de la Perinthia («La m uchacha de Perinthos»). C. C. siglo ix.

en los próloA v V M 1K . El declam ador del prólogo —en dos comedias aparece el di­ rector teatral Ambivio Turpio. El actor que declama el prólogo va ataviado con el palio griego.c : i o h o “ ** iJrí»!U U 0*U < ? Í A l U P IM tA ..W «U iotxTU M n rrfAftl» «vnwW v ’ fU ¡>turfh*pbuLi%n^ta «wrwwm-» A la izq. En los manuscritos se anteponen a las comedias los «argumenta» de las mismas. 5. En su centro se halla un problem a pedagógico: dos padres educan a sus res­ pectivos hijos de distinta manera. En este último año pudo representarse por fin en su integridad. * 1** ím é m 1 . C. se trata de un drama m atrim onial sentimental con m alentendidos que llegan hasta la anagnórisis. C. 3868. M alentendidos a causa del m atrim onio de un joven que. que sigue el dechado de la segunda obra de Menandro con este mismo título y de una escena de los Synapothneskontes («Los que m ueren juntos») de Difilos.u N ¿ ¿iirtA iit!. . :■ i ju .• * ti i t k i r v r v . V A V \ a ' » n . Terencio suprim ió los prólogos. ambos siglo ix. y en lugar de dichos prólogos colocó prefacios independientes de la peripe­ cia escénica. estrenada en 160 a. en ausencia de su padre. >¡ a m i j . rjuno ¿v» ■ m » .* .v ¡5 L ^ ífv jf r í!v .•'ÍMf A VS. sin saberlo él.v.i v s . Codex Parisinas Latinus 7899. Aquí se reproduce el «argumentum» de los Adelfos de Terencio. ^ «vmwfaiwi n.ib<*iaw»vbtir-u>nS.CAÍVI ¿X \ U Jifc ftM U MOV tA*l>» V IV flÜ tM r A U Ú C U tV t PVCl! A H í r t i k v H A l v A i i M * n o n » f .'i . Modelo de Les fourberies de Scapin de Moliére.. según la comedia del mismo nombre de Apolodoro.\ s c iu iM ¿ iiiC k M m a | *..v « w m m i U t l i t K . modelo de L ’é cole des maris de Moliére.» '% * > ! * > c w h í f m u M A D crtA N P tfM A tscn & jtfU M í i p c n v jfn o N j/ » . C.• *i s .. única pieza sin anagnórisis.:v 'A JU A f. a v í . p ip i i u t ítA K i H it V.c u U M fí& m o . v . ÍKAUK CflAiAl . Codex Vaticanas Latinus A la der. la toma de escenas de originales ya traducidos al latín. . ríUAt „ i. ü i . que protegió y apoyó mucho a Terencio— departe sólo sobre cuestiones literarias. en favor de una exposición de las piezas escénicas por ellas mismas.58 Literatura universal tica forense ática).WHiM 1 . que exponían el contenido o argum en­ to. Hecyra («La suegra»).¿iutr»n^rnfiÍT •*•. del que recibe su nombre la comedia «palliata». Adelphoe («Los hermanos»).v n t r t t N U Í fAMAMC A ttO M llN M i kk #«. p u . se casa precisamente con la m uchacha que éste. un estilo débil y la ya citada ayuda de sus protectores. estrenada igualmente el año 161 a. la representación fue interrum pida en 165 y en 160 a.. Se reprochó al escritor la contami­ nación como método.v tu N tr r. \ » t w i P i h í . : . le tiene destinada. 6. 'i í .

un enemigo de Terencio. tales como triunfos. exequias y las festividades . Su último representante fue Turpilio (muerto en 103 a. pero es po­ sible que ya la hubiesen empleado Cecilio o Luscio de Lanuvio. son los prim eros testim onios en los que un escritor rom a­ no se dirige al público como individuo. Las comedias se ponían en escena solamente en ocasiones solemnes. esto es. Terencio procura defenderse de estos reproches.). de quien cono­ cemos 13 títulos y unos 200 versos. Para nosotros. tan tersos y pulidos estilísticam ente. consagraciones de templos. Con Terencio. la comedia palliata alcanzó su postrer cima histórica. Des­ pués de él sólo nos han sido legados fragm entos de dicho género teatral. las chocarrerías y las hipertrofias que caracterizan el estilo de Plauto. C. Terencio cultiva una lengua conversa­ cional muy cuidada. en defensa propia y de su obra. lo que im­ pulsó al escritor a sus exposiciones y com entarios literarios no fue la pro­ pia iniciativa. m ientras que en Plauto abarca dos tercios de las piezas. Así pues. sino una reacción defensiva. Para esta form a de prólogo no nos ha legado la tradición ningún ejemplo anterior a Terencio. que influyó en la evolución de la lengua latina hasta muy adentrada la época de Cicerón. El elemento m usical pierde también peso en su obra. en Terencio la m itad de las obras son piezas exclusivamente habladas o declamadas. Turpilio está todavía plenamente den­ tro de la tradición de sus grandes predecesores.La comedia romana 59 gos. Contrariam ente al cuño caprichoso. los prólogos de Terencio.

No es seguro si los actores se encargaban en una sola pieza de representar varios papeles. dos obras que han llegado hasta nosotros. Ekklesiazusen («La asamblea de las comadres») y Plutos («La riqueza»). Los actores. A ella pertenecen ya. por otra parte se evidenció una predilección por la parodia con tema mitológico. pero toda la historia y evolución posterior yace todavía en tinieblas. las obras de su más grande representante: Aristófanes. aunque hubo algunos. La característica más im portante de la llam ada Comedia media. Juno y Minerva). que estaban a sus órdenes. ora grotescam ente deform ados— los campos de la política y de la sociedad tanto como las cuestiones de la literatura y de la filosofía o el mundo de los dioses y de la religión. y en el 55 a. form arse una idea clara acer­ ca de la Comedia media. En su rica variedad. . Hasta la época de Terencio los actores no llevaron máscaras. Los presupuestos literarios: la Nueva Comedia En la segunda m itad del siglo v floreció en Atenas esa forma de la re­ presentación escénica cómica que la crítica literaria de la Antigüedad ha designado como Comedia antigua. sino tan sólo pelucas (galeri). Los decorados eran muy simples y mezquinos. C. C. las dos últimas piezas de Aristófanes.60 Literatura universal oficiales: los ludi Romani en septiem bre y los ludi plebei en noviembre (ambos en honor de las deidades capitolinas Júpiter. los ludi Apollinares en julio y los ludi Magalenses en abril (en honor de la Magna Mater). levantó Mucio Scauro un teatro de m adera. la Comedia antigua reflejó la casi totalidad de los aspectos de la vida hum ana y de sus formas de expresión espirituales. bajo condiciones com pletamente distintas a sus prede­ cesores griegos. y en su m ayoría pintados. hizo Pompeyo que se edificara uno de piedra. como nos evidencian aún hoy. desde luego. Responsable de las representaciones era el director del teatro. de m anera contun­ dente. En ellas nos salen al paso —ora de m anera realista. que dominó todo el siglo iv. La carencia de tradición de una representación escénica con exigencias de calidad y el carácter provisional de la práctica teatral rom ana hacen comprensible que los comediógrafos hubiesen de aparecer y actuar en Roma. Bancos para los espectadores. como ocurría en Atenas. un tablado para los actores y una pared de fondo eran montados cada vez de m anera provisional y quitados al término de las representaciones. fue el retroceso del carácter fantástico y político de la Comedia antigua en favor de la exposición de un mundo más real y «burgués».. Es difícil. por lo demás. C. En los comienzos del año 68 a. gozaban de una bajísima posición social. pero razones de economía debieron de imponerlo así. de antemano. que lograron alcanzar fama y consideración. sobre todo en el siglo i a. esto es. En la época de las palliata no había teatros estables.

Esta fue justam ente la gran oportunidad para la Nueva Comedia. 1. sino tam bién en el desarrollo de la acción. a través de cuatro circunstancias. M ientras que la Comedia antigua es una herm ana de la tragedia ática. en M enandro se torna comedia lo que Sófocles había configu­ rado como tragedia. su situación puede ser com parada con la de Electra. Entre sus representantes principales contaron Menandro. porque en él intervienen la sucia avaricia de un pa­ riente. gusta de exponer situaciones conflictivas que rozan el ámbito de lo trágico. ya que ésta. Así por ejemplo. especialm ente de Eurípides y representa para nosotros. una circunstancia que viene de afuera y no la situación misma. se atuvo al mundo de los mitos. la obra de Menandro. que despojó a sus personajes del aura de lo sublime. cuya m uerte acaban erróneam ente de anunciarle. el desconocimiento de la verdad y en general la antítesis entre realidad y apariencia. sobre to­ do. tal y como lo expone una y otra vez la Nueva Comedia. los problemas humanos generales del ciudadano. si en Aspis («El escudo»). es el m alentendido de una situación. y en algunas ocasiones —como por ejemplo en los Persas de Esquilo— figuras de la his­ toria real. sin saber que se trata de su propio hijo. K eréstrato se lam enta am argam ente sobre la supuesta m uerte de su sobri­ no Kleóstrato. pero jam ás personas de la vida diaria y corriente. que enlazó con la tragedia tardía. en su calidad de heredera de la tragedia. una tragedia «burguesa». es el Ion de Eurípides. lo que había sido ya constitutivo justam ente para la tragedia de un Sófocles y un Eurí­ pides. sí. una cualidad que por muy malas que sean las consecuencias que acarrea siempre provoca a risa en el escenario. m uestra claram ente el empleo del malentendido como situación fundam ental de la tragedia. por vez prim era en la literatura occidental.La comedia romana 61 La Nueva Comedia surgió en el último cuarto del siglo iv y estaba aún en pleno vigor en Grecia y la Italia m eridional en la época de Plauto. que llora por Orestes. También Eurí­ pides. en la que la reina ateniense Creusa tram a una intriga contra Ion. esto es. Filemón y Apolodoro de Caristos. Lo que genera la comicidad es. Los perso­ najes de la tragedia eran casi exclusivamente héroes míticos. el tipo de la comedia burguesa. puede designarse a la Nueva Comedia como hija de ésta. Una tragedia que puede ser designada como precursora de la Nueva Comedia no sólo en la temática. que luego será . que han de ser tenidas en cuenta al tratar de la cuestión de si esta form a de comedia fue trasplantada a Roma sin sufrir cambio alguno. Y ello porque esta obra. Por supuesto que este térm ino sólo puede ser aplicado a la Nueva Comedia con m ucha cautela. pero no hubo una tragedia del «hombre de la calle». De todos modos. servidor del templo de Apolo. La tragedia griega conocía. Difilos. Esta comedia recibió su im pronta específica. El fundam ento de la repre­ sentación cómica. pues. que para Keréstrato es en principio la misma que para Electra.

en contra de su propio hijo: los hombres luchan contra lo que en el fondo desean y aman.62 Literatura universal adoptado a su vez por la Nueva Comedia. del mismo modo como Creusa actúa. La diosa gustaba sobre todo de sorprender con una anagnórisis: niños abandonados o perdidos en edad temprana eran «reconocidos» en los personajes de la acción dram ática. Aunque en la comedia es siempre la «buena» Tykhe que todo lo dirige —en correspondencia con la tragedia del Eurípides tardío. La constelación de tales desarrollos escénicos se explica a partir de la idea —que ya aparece en la tragedia tardía y predom ina en toda la época helenística— de la Tykhe como fuerza rectora del mundo. porque el hijo estaba destinado a casarse con la hija de un vecino. La Nueva Comedia ha querido presentar el error humano lo mismo y de la misma m anera que la tragedia tardía. cómo hacen proyectos que fracasan sin remedio. Lo que en Eurípides era todavía reflexión se convierte en M enandro en acontecimiento escénico: en la comedia Aspis aparece la misma Tykhe en persona y se presenta como gobernadora del acontecer. Los viejos proceden conjuntam ente contra la persona cuyo bien y felicidad en reali­ dad desean. pero nadie sospecha que ésta y la joven esposa son la misma persona. dentro del cual se enfrentan por lo común la gene­ ración vieja (cuyo interés se concentra en la riqueza m aterial y en la obser­ vación de las norm as y convenciones sociales) y la joven (ansiosa sólo de amoríos y placeres). Tykhe. una joven residente en Lemnos. tanto en la Nueva Comedia como en la novela y en la historiografía. que es en realidad la fuerza que todo lo domina. pero —como es el caso de Apolo en el Ion — están ya sometidos frecuentem ente a Tykhe. Al regresar éste. era venerada en todo el mundo hele­ nístico y era la deidad predom inante en la literatura. se dispo­ ne lleno de irritación a deshacer la boda. para lo cual acude con frecuencia a la ayuda de un esclavo astuto o de un parásito. sin saberlo. Frente a las intrigas de la juventud reaccionan los viejos con otras intrigas. Para hacer evidente el juego cambiante entre esperanza y engaño. Así. 2. desplegó un esquema fijo de acción escénica. en cuanto diosa personificada. En las obras de Eurípi­ des aparecen aún los antiguos dioses. La crónica falta de dinero bajo la que padece la juven­ tud obliga a ésta a engañar una y otra vez a los viejos. Uno de los temas predilectos era m ostrar una y otra vez cómo los hombres tantean en las tinieblas sin percatarse de los planes de dicha Tykhe. cómo se lamentan y sin embargo son conducidos por la Tykhe a un final feliz. aunque al final tiene que reconocer que ha salido peor parado. procu­ rando cada uno superar al otro en sagacidad. éxito y fracaso. que intentaba antes conmover que estrem ecer— se evidencia claram ente que . Apolodoro ha expresado en el modelo del Phormio terenciano cómo un joven contrae m atrim onio con una muchacha durante la ausencia de su padre.

sino el comercio y la economía. y no podía compararse con nuestras capitales de hoy ni en extensión ni en número de habitantes.) Atenas. como por ejemplo una acción desacostum bradam ente compleja. el lucro. 4. en el mundo de la Nueva Comedia se refleja una sociedad que ha perdido sus antiguas libertades y cuya ocupación predilecta no es ya la política y el Estado. Con ello. Las piezas de la Nueva Comedia tienen por escenario el medio am­ biente de lo cotidiano. y en su inmensa mayoría no tenían otra ocupación que la de adm inistrar su propio patrimonio. que lanzan una y otra vez a la acción dram ática en direcciones inesperadas y falsas. Schlegel explicó acer­ tadamente. Naturalm ente aparecen los po­ bres como contraste de los ricos y los esclavos se hallan en oposición a . donde solía situarse tanto el esce­ nario ficticio como el auténtico. en lo esencial. más aún. comunican a los espectadores un mayor núm ero de informaciones que a los personajes de la acción escénica. este proceso de privatización en su Decimocuar­ ta lección de cátedra sobre el arte y la literatura dramáticos. la obra se mantiene dentro de la clase media y posee algo de típicamente burgués. Es lógico y natural que el juego de los errores del hombre y la expo­ sición de los m alentendidos y confusiones. más pobres o más ricos. tenga consecuencias en la técnica teatral. (. llevándoles por entero hacia lo diario. que se ba­ lancea en la cuerda floja y en la que una sola palabra de más haría derrum ­ barse el castillo de naipes que simboliza las condiciones existenciales del hombre. una peri­ pecia escénica con complicaciones trágicas que no apunta de por sí hacia la comunidad. en el fondo. ningún motivo para una contemplación satírica. como parece desprenderse de las imitaciones romanas. y de este modo les ponen en condiciones —para decirlo con una fórm ula conocida— de atender más al «cómo» que al «qué» de la acción dram ática. W.. La igualdad republicana no toleraba una distancia ni una división tajante entre las clases sociales. de provinciano. lo hogareño y personal. pero que en su conjunto es todavía sana e íntegra. por este géne­ ro teatral que les distraía y apartaba de la participación directa en los proble­ mas humanos generales y en los sucesos políticos. no había una verdadera aristocracia. Dice Schlegel que resulta com prensible que los griegos desarrollasen precisam ente en la época en que habían perdido su libertad una verdadera pasión por la comedia. de la lógica aparente de la argu­ mentación. si se me permite la expresión. De hecho. lo casero y familiar.La comedia romana 63 la Nueva Comedia no es sino la fiel continuadora de la tragedia. todos eran ciudadanos. 3. era el centro de un país m inúsculo. una sociedad cuya máxima aspiración es. por medio del prólogo. desde luego. El mutuo condicionamiento de dram aturgia y contenido en la Nueva Comedia se evidencia ya en el hecho de que los autores. Ya A. en la comedia ática están ausentes los contrastes que provienen de las diferencias en el tono y en la formación cultural. y no ofrece al comediógrafo..

-i » »»■ .ru fH .v> V i aíhapk ¡> ¡í4ií. que veía encarnadas en la peripecia escénica las condiciones de su existencia. pero que en lo sustancial es un ejemplo fiel y adecuado de la vida contemporánea. La Nueva Comedia es en verdad un speculum vitae.. levemente de­ cadente.w \ V«.w.w\> *tfcv\u?niv.¡'n jwn• ti «nikan.64 Literatura universal los ciudadanos libres. v i x i : u ’ ‘ ti . La gran paradoja de la comedia romana consiste en que en ella no se dieron todos estos presupuestos previos y .V*MKW^J-lfíKíVl. u?vva» . d. Bernardo Bembo (padre del famoso humanista Pietro Bembo). capte xa* ^I4-VÍ Mí M s. que reduce un poco las perspectivas. vívv.1 ? M N í t U U M f c X l J U i V Ü U * a tíU \\‘¡< U 'u v íiv f . \U#T*»{KUAtWIUM\»SVW*|HÍ. C. El carácter atípico y anti-realista de la comedia romana La Nueva Comedia de los griegos es. pero ni la pobreza ni la esclavitud son considerados como un problema.m\ w M K i ti '\>. — A la derecha el comienzo de la escena IV.ilKr*¡V**IVH’.%«. ««UVA»#* ' v >TWk >* • > O . Se trata de una sociedad fatigada. 1. » k v ¡ v w . decadentes y cultivados. Este ma­ nuscrito llevaba (abajo a la izquierda) las palabras: Codex mihi Carior Auro («Un códice que es para mí más valioso que el oro»). de un espectador.ü>i*s¿ ?.>*_.V»•»** / Codex Vaticanus Latinus 3226. llamado Bembino por uno de sus propietarios. del Heautontim orúm enos.U.* y \ ik c i a u ' í i i s**wvy. un producto consecuente de determ inados presupuestos. quien lo tuvo en su biblioteca el siglo xv. Se trata de uno de los más antiguos y más valiosos manuscritos antiguos.» ±V¡lk{St*w.u tíi\¡ K < s ."' VtttlW»! . cuyos problem as privados son presentados en el escenario de m a­ nera amable y riente ante las m iradas de espectadores igualmente burgue­ ses. * considerables exigencias a la capacidad de comprensión y de enjuiciamien­ to del espectador. .fl«'*«»Kí% . Encima se lee una anotación del humanista Angelo Poliziano. desde el punto de vista históricoliterario.v>v‘ .»•’ t «i»» m-V'HíkH W l\um >. por lo demás.W\ »»v* . y consti­ tuye el estadio de m adurez de una larga evolución literaria que planteó MlfcUVM W O T L rf(> AWCUV* fcwTl*NV$ UlAi HiMÍ' MtrvsrA-r t fil \ MVí*v*h^VVM líVL!«¡W \w<uu .M » * owsUVfUtluNjiuiP "KC>i i. culta. su concepto de la vida y su visión del mundo.»>í»íi . hacia el 400 d.

tan sólo como estadio tardío de un género literario. sino una especie de evasión. y no a una forma teatral antigua. ideas que no podían ser conjugadas con la visión del mundo propia de la Nueva Comedia. Pero si ni una interpreta­ ción de la vida como antítesis entre la verdad y la apariencia. los presupuestos socia­ les de la comedia griega no correspondían en casi ningún punto con la realidad romana.. Ni el soldado fanfarrón ni la «noble» hetaira. Este origen verdaderam ente atípico explica las condiciones especiales a que estuvo sometida la recepción de la comedia ática entre los literatos y el público romanos. a través del encargo que los ediles del año 240 a. la esperanza y el desengaño. nada más lógico que la estructura de la Nueva Comedia troquela­ da por estos factores careciese de valor y de obligatoriedad para los roma­ nos y pudiese ser modificada a capricho. hicieron al griego Livio Andrónico. Livio y sus sucesores se ciñeron en general. La comedia roma­ na nació a la vida histórica por obra de una motivación externa. C. La comedia rom ana no fue un reflejo de la sociedad de su tiempo. y opuesto. M ientras la comedia griega había surgido. Si de la comedia puede afirm arse que es un speculum societatis.La comedia romana 65 sin embargo ello no aminoró en 4o más mínimo su arrolladora influencia. de motivaciones litúrgicas y tras una larga tradición alcanzó al fin una forma como en su complejidad tem ática y argum ental es posible. expuso un mundo de fantasía y de ensueño que no embelesó a los espectadores porque éstos reconociesen en ella su propio mundo. y pese a lo solemne y festivo del marco le faltó la raíz litúrgica. sino un mundo distinto. 1959. . que le liberaba de la realidad circundante. Además. como no podía por menos de ocurrir. a la Nueva Comedia tan de moda a la sazón. La m entalidad de los romanos estaba determ inada por ideas completamente distintas. ni siquiera el tipo del padre hu­ mano y liberal —figuras que desde Livio poblaron los escenarios romanos— eran representativos de la sociedad rom ana o al menos pueden ser conside­ rados como un espejo deformado y. este suelo nutricio im prescindible para su desa­ rrollo y configuración. si la frase de Hofmannsthal «lo social conseguido: las comedias» designa certeram ente la esencia y la condición previa de este género litera­ rio 12. lo mismo que la tragedia. pág. la intención y el fracaso. de suerte que resultó la singular situa­ ción de que una forma literaria tardía se vio trasplantada al estadio inicial de una literatura extranjera. satírico de algunos de sus miembros. la comedia palliata está despro­ vista tanto de la tradición litúrgica como de la literaria. ni tampoco la fe en el poderío supremo de la Tykhe tenía algo que ver con las circunstancias im perantes en Roma. a saber. puede decirse que en Roma faltó totalm ente este presupuesto fun­ dam ental de la comedia. ni el viejo chasqueado ni el parásito astuto. 226. Francfort/M. 12 Aufzeichnungen. Además.

Ora pone en su boca largas considera­ ciones sobre las tareas y los deberes de un esclavo («espejo de esclavos»). siglo x. con cuya presentación y dis­ posición cómicas acrecentó Terencio consi­ derablemente la ví5 cóm ica del original: el oficial Thraso intenta conquistar la casa de la hetaira Thais. Codex Ambrosianus H 75 inf... dadas las circunstancias severas y las costum bres rígidas en las que. En el centro. tw * f *r*. a causa de ellos llevó a cabo sobre todo Plauto profundas y radicales intervenciones en la estructu­ ra original de sus modelos griegos. Mientras que el Am brosianus nos ofre­ ce las miniaturas de mayor valor artístico.él mismo vivía. ora les hace pronunciar discursos encomiásticos sobre sí mismos. d. Las miniaturas de estos tres manuscritos. \ . pero que poseían un grado de verosimili­ tud mucho mayor. ya de suyo extraño. del E unuco (IV. aunque los últimos hallazgos de obras de Menandro m uestran que estas figuras no son en mo­ do alguno. y a pesar de su evidente popularidad.. Codex Vaticanas Latinus 3868. que en su singularidad constituye un fenómeno fascinador. . dejando que este factor ejer­ ciese su plena influencia como algo extraño y forastero. en las del Vaticanus creemos reconocer con mayor fidelidad los modelos antiguos. pertenecen a las más hermosas que nos ha legado la Antigüe­ dad. t i A la izq. Se re­ produce aquí la «escena del asedio». Los predilectos de los escritores y los espectado­ res romanos fueron singularm ente los esclavos. cuyo modelo común procede sin duda de co­ mienzos del siglo v d..f ' . sino que se estimó incluso justo y oportuno —dado que se tenía con el género una relación puramente literaria y no vital— alejar más todavía del propio mundo el mundo. de liberador. « #vn. El espectador romano se dejó pren­ der por situaciones en las que los esclavos engañan a sus amos y las hetai­ ras estafan a sus amantes precisam ente porque tales casos. potenciándolo hasta con­ vertirlo en un mundo totalm ente irreal. cual triun. tenían para él algo de natural y fresco. 7).66 Literatura universal De este modo. Por ello acudieron tanto Plauto como Terencio a las comedias griegas con escenas de hetairas e intrigas de esclavos. Codex Parisinus Latinus 7899. que tampoco eran en Atenas cosas de cada día. C. la comedia rom ana posee un origen atípico. El intento de adaptar la comedia griega a las circunstancias romanas no pudo ni siquiera ser em­ prendido. La comedia romana proclam a por ello un hecho curioso: no sólo se renunció a una romanización de lo griego. de la comedia griega. A la derecha. parte integrante obligato­ ria de la Nueva Comedia.

Les perm ite decir a sus amos las mayores insolen­ cias en plena cara y engañarles y robarles con descarada osadía. la comedia rom ana entregó al ciudadano honorable no sólo al capricho de los esclavos. los ancianos amos se ven humillados y degradados de tal manera. que apenas si es ima­ ginable otra peor. <****• . El ejemplo del Pseudolus es característico a este respecto. generosamente. Ciertamente que la. sino en interés de la acción. a los señores. por otra parte.La comedia romana 67 fadores («glorificación»). al final de la comedia son los esclavos o las hetairas quienes prom eten dinero. hace poco descubierta. Del mismo modo que los esclavos tenían per­ miso para conducirse como señores durante las fiestas Saturnales. En ambas piezas. calificándoles de borregos que han sido trasquilados justa­ mente a causa de su necedad. de modo que aparece como vencedor por partida doble. así tam ­ bién puso la comedia las normas y reglas de la vida al revés. las hetairas de Bacchides se burlan del viejo amo y de su vecino. en Plauto lo hace también sobre su propio amo y señor. sino también al vilipendio de las hetairas. Y m ientras Pseudolus grita sobre su quejum broso amo la famosa frase del príncipe galo Brenno —que era odiada por todos los rom anos— vae victis (verso 1317). M ientras que en el original el esclavo sólo triunfa sobre el alcahuete Balio. De m anera semejante redobla Plauto en el Bacchides la intriga del esclavo. De esta m anera. comedia de M enandro Aspis nos presenta asimismo —por vez prim era tam bién en un original— un esclavo intrigan­ te. pero al mismo tiempo m uestra que la intriga ha sido ideada y ejecutada no por causa de sí misma. Los papeles están trocados. en una medida como la comedia griega nunca conoció.

aunque los acontecimientos se consuman según un orden griego. 524 s. con ello. de que los comediógrafos más dotados y más ricos en fantasía del pueblo romano es­ cribiesen palliata. homines servolos / potare. congraecari («comportarse a la m anera griega»). en el fondo. conservasen el medio am biente griego y no in­ tentasen asimilarlo o adaptarlo a las circunstancias romanas. / quo illud vobis Graecum videatur magis («así proceden los escritores romanos en sus comedias: dicen que todo se desarrolla en Atenas. los personajes humanos se covirtieron en figuras ridiculas y las hetairas «nobles» en malae meretrices. calificaron de «borrego griego» (ovis generis Graeci) 13 a un anciano que se com porta en contra de las normas de la dignidad y la decencia romanas. amen y se den cita en banquetes: en Atenas nos está perm itido todo esto»). singular en sí. sobre la paradoja de que sus dos personajes y contrincantes principales. En la posibilidad de recargar las tintas de circunstancias ya de suyo extrañas al sentir rom a­ no habría que ver la causa principal del hecho. y ello a pesar de que tales eventos no correspondían ni a las convenciones escénicas griegas ni a la realidad de la vida diaria en este país. Mercator. más aún: expresaron abiertam ente la teoría de este proceder literario: atque hoc poetae faciunt in comoediis: / omnis res gestas esse Athenis autumant. principalm ente en Atenas. Y es que sólo allí. palabras griegas que no se hallan en el original imitado. de este modo. esto es. En este contexto utilizaron frecuentem ente la expresión pergraecari. dada su condición de exageraciones de figuras de la vida real griega. amare atque ad cenam condicere: / licet haec Athenis nobis (versos 446-448) («para que no os sorprendáis de que esclavos beban. en Grecia. especialmente cuando hablan personajes de clase social baja. aunque los personajes son griegos. Inversam en­ te aparecen en el texto. Este mundo de la comedia romana. si bien la presencia de estos últimos no debe ser interpretada erróneam ente como una romaniza­ ción intencionada. ni griegos ni romanos. En este sentido hace explicar Plauto al esclavo Estico su desenfrenada vida privada ante los es­ pectadores romanos: atque id ne vos miremini. 7 ss.68 Literatura universal La comedia rom ana se basa. El carácter antirrealista de la comedia rom ana se evidencia por último en 13 Plauto. 14 Plauto. tan poco realista. invocan a dioses romanos. . A pesar de que la acción escénica se desarrolla siempre en ciudades griegas. se citan leyes y prácticas judiciales romanas. Menaechm i. aparecen también por do­ quier localidades y santuarios romanos. condicionó una mezcla singular de elementos griegos y romanos. era imaginable para ellos mismos y para su público el m un­ do escénico por ellos creado. y sin embargo fueron conside­ rados por los rom anos como potencialmente griegos. los señores se hicieron más necios y los esclavos más astutos. para que os parezca todavía más griego») l4. el servus callidus y el senex stultus no eran.

cuya repercusión sobre la comedia de Occidente sólo se explica precisam ente por este hecho. . Así. representa un mundo autónomo desvinculado de la realidad objetiva. La comedia romana es en realidad un producto de características peculiares e individualidad muy fuerte. Leipzig. al tiempo que una rígida imi­ tación de las formas griegas no hubiera producido sino un intento anacronístico de adaptación. por el contrario. pero en general permanece bastante cerca de la realidad. porque tipifica' la so­ ciedad. La suposición de que los escritores rom a­ nos m ostraron frente a los originales una carencia de comprensión más o menos grande.La comedia romana 69 que ésta. La realización literaria de los propios propósitos y de la voluntad creadora autónom a de los romanos tuvieron por consecuen­ cia el que se llevasen a cabo profundas modificaciones en la estructura de los originales. contrariam ente al dram a griego hablado. la comedia rom ana puede ser calificada de no realista en un sentido muy amplio. este hecho no repercutió en modó alguno en la enorme influencia alcanza­ da por ella. lim ita las posibilidades del decurso escénico de la acción y esque­ matiza sus interpretaciones. pág. el tipo poco realista de esclavo sagaz. 41751. En un análisis objeti­ vo de éste y de sus m éritos hay que partir de que sus autores apuntaron hacia objetivos distintos de los de sus predecesores áticos. porque trataron a éstos con mayor ligereza de la que hu­ biera sido requerible. Y sin embargo. 654. está atacando a los descendientes del personaje más famoso y popular de la comedia ro­ mana. una consecuencia ésta cuya necesidad no ha sido estim a­ da siempre de forma suficiente. La comedia romana. al contrario: cuando Gottsched critica en los exagerados tipos de criado del teatro italiano (Arlequín. el mundo de una obra artística. puede ser desvirtuada con la objeción de que nunca 15 Versuch ein er Critischen Dichtkunst. Fígaro) una «fantasía desordenada» y dice que «no poseen modelo alguno en la Naturaleza» I5. Cierto es que la comedia griega es realista sólo de m anera muy condicionada. es una pieza escénica cantada en la que la mayor parte es recitada melodramáticamente con acom­ pañam iento de flauta o incluso ps cantada. y no como un fenómeno que surgió casualm ente y pese al supuesto carácter epigonal de la comedia romana. y ha sido preciso el trabajo paciente de los filólogos para aclarar de una vez el viejo m alentendido de que los escritores romanos sólo pudieron reproducir la estructura de los originales en una form a degradada. y de que bajo sus manos brotó algo nuevo e independiente. La estructura de la comedia romana La estructura de la comedia rom ana no puede ser com parada en casi ningún punto con la de la comedia griega.

el esclavo Pseudolus tiene que procurar dinero a su joven amo para que éste pueda hacer suya a una muchacha de la que está enamorado y que se halla en poder del alcahuete Balio. La estructura del Pseudolus de Plauto es una clara explicación de esta sin­ gularidad. Pseu­ dolus apuesta con su anciano amo Simo la cantidad de 20 minas (que es justamente la que necesita para com prar a la muchacha) que logrará rap­ tar de las manos de Balio. y a interpretarlas en los autores postclásicos como producto de la influencia de una retórica hipertrofiada. Por supuesto que desarrollaron un método propio de adaptación de los originales. para la publicación en forma de libro. tales como por ejemplo exposiciones incompletas. como dice Horacio. severa y disciplinada. . a disculparlas en los autores clásicos. para un período de larga duración. El esclavo ha ganado 20 minas y la muchacha. auténticam ente romana. entre la voluntad artística de los comediógrafos. del cincel últim o 16. a su vez. 291.70 Literatura universal quisieron en realidad escribir comedias a la m anera griega. Nos hemos acostum brado a enjuiciar las singu­ laridades de la literatura romana. pero este método se rem onta en definitiva al modo como el pensamiento romano se m anifiesta en general en la producción literaria. a diferencia de los autores de otras épocas y de otros géneros. o al menos a quitarles im portancia. tan difundida. anticipaciones de resultados posteriores o referencias poco claras a los lugares de la acción escénica. la cantidad apostada. Aquélla es tan rom ana como ésta. sino que componían frecuentem ente obras para ocasiones concre­ tas y por motivos externos. Y también hay que considerar que los comediógra­ fos no escribían. No es necesario recalcar aquí que la literatura arcaica —y con ella la comedia— no está troquelada todavía por la voluntad artística. y que sus obras. Cuando Pseudolus rapta efecti­ vamente a la muchacha. en efecto. Balio tiene que pagar a Simo. es falsa. La antítesis. carecen todavía de la lima. y la de los escritores clásicos. apuesta con Simo otras 20 minas a que el proyecto no logrará éxito. pero no por ello han de equipa­ rarse su variedad y su singularidad desbordante con una carencia de vo­ luntad artística formal. como incapacidad y falta de comprensión en los autores arcaicos. La característica estructural más sobresaliente de la comedia romana —si se la com para con sus dechados áticos— es el hecho de que renuncia a la exposición de una acción dram ática que se desarrolla orgánicamente. El error decisivo en el enjuicia­ miento de su aportación radica en que no acostum bra a considerarse el método de los comediógrafos romanos en relación y arm onía con las ten­ dencias de la literatura romana en su conjunto. propia de la época clásica. porque en tal caso sólo hubiesen necesitado traducirlas. aún bárbara. y éste a Pseudolus. Sus piezas escénicas per­ miten reconocer en principio las mismas estructuras que son propias de las obras de épocas posteriores. El alcahuete. el 16 Ars poética. En esta obra.

Aquí vemos la didascalia y el escriño sobre el H eautontim orúm enos. ha eliminado el punto de que Pseudolus al cabo tiene que pagar la m uchacha al alcahuete. así como época y circunstancias del estreno. y en segundo lugar.). d. cofrecillos o armarios (skrinia) que presentan las máscaras escénicas de los personajes (que se popularizaron desde el siglo i d. Los manuscritos ilustrados con obras de Terencio contienen además. Los manuscritos suministran también didascalias para la mayoría de las piezas escénicas. alcahuete ha perdido a ésta y además 20 minas. los llamados «escriños». Balio se ve dos veces estafado. Esta concepción pa­ rece convincente a la prim era ojeada. esto es. a la cabeza de cada una de las obras. Pseudolus es pues un gana­ dor por partida doble. C. pero Plauto la ha modificado en dos puntos característicos en relación con el (para nosotros desconocido) origi­ nal.La comedia romana 71 Codex Vaticanus Latinus 3868. En prim er lugar. oculta tras vagas . datos sobre el original griego.

tan simple como ge­ nial en su invención.!*. . El objetivo verdadero era presentar a Pseudolus como vencedor en sentido doble: por . pero lo que im portaba realm ente no era esto. La escena II.» . roba en plena calle al alcahuete Sannio una muchacha.fvifi. I.72 Literatura universal formulaciones el hecho de que Balio tiene a su vez que pagar a Simo el dinero que éste ha perdido en la apuesta con Pseudolus. En el modelo antiguo aquí copiado.ni gana nada..W -A* .i.i . y en la que un muchacho. •\< 1w iwi.tfY V .: v -ifi_»a. wk**-*. .T»’-r■f-'»r. * " * * t w ' U «»«!»»*■ 'v.« n . | u ¡ rú -.* \ » y e w i m '.-w fníu. . w w !*>~f ¿J* 5i * ^ « . ..!v.'í' IW « ™ ( T W > tM T)/»: i n # : .{'«>u...fuM -w i. * r*v *!.J.'x¡ rrr W.r r ro. Simo a Pseudolus (apuesta) y éste nuevamente a Balio (por la muchacha).«» U"..r . r -V- .w\ an ^•nKTu^rwstW .'ir„ >»aimw *t' M Stdr vrc«r*. .Ur*\’ * •■ nff’f 1 w c iíd ir t<mi * > x * W " ir v n k w im fu .rT ív . pero Balio pierde la muchacha por su apuesta con Simo... | » | w r s . logró un desplazamiento decisivo para su concepción del todo. •.\K >|kU.. . con su esclavo. ."I W rT.* w *"v '« . muy realista y vivaz..T 1 ' *.-tr’-. El hecho de que Balio fuese al final un perdedor doble acrecentó el efecto escénico y fue un resultado accidental de la adaptación acogido con aprobación. C ' «.¡ha:m<ií'1rW9lMni•v.»n«*r«*vs ' tí «"«iri»»v*mirsf»aÍM r».*.lu cn v *» * í/*í -•* .k . « •« . • !* v .i~ ^ •.1 ‘ ufyi’.t» ’i» -wnJniJov >A*« nr»i..í.n H .<•'. todas las manos.w .*... El original se basa en la idea de una circulación del dinero: Balio paga a Simo (apuesta).-. -• f ' li'nfwr «ij < ¿ huf... Pseudolus la gana por su otra apuesta con Simo. « r v ~ » uI m < v & >. constituye un excelente ejemplo de la contaminación empleada por Terencio para dar mayor vivacidad a sus modelos. :u. 1 de los Adelfos. » » »««»?**•) IV 'fl. v n n « ( n > n .”* -•-iv!'.Tt*i. fililí*. la segunda persona desde la izquierda debe de re­ presentar (debido a la máscara) al esclavo Parmeno.) <J'W v***i»*pT»«TTÚ *i'>» :>AS Í.\K l»»’t«.t t r r » Codex Vaticanus Latinus 3868." .>» ** ii'ttumvwww' í.1 ■ <->' «.f ■ U T inrn<t fcrutruirruftKi*' ü s »ju<Jtil*m •»«-. La su­ ma recorre.. .U.«< «<<»r"Mv .w 11 .-***''vn. y la cuarta persona sería el mancebo Esquino. y éste ni pierde..tv*. .t••. ■ú ' í i u f •>.h'iJu-v f „n. -i .•**"» A.‘-v^ s.. pues. Al interrum pir Plauto en dos puntos este circuito..r.. . .! .

págs. Como en Filemón. Plauto construye una escena de la Mostellaria (III.La comedia romana 73 una parte sobre el alcahuete. Así. y no la cuestión de cómo se justifica esta construcción con respecto a la economía escénica de todo el conjunto. en claro contraste con el peso que atribuyen las comedias áticas al enlace. en favor de una acción escénica brillante. Se puede observar esta misma práctica incluso en la época clásica —así por ejemplo en el historiador Livio—. de los tipos y personajes de la comedia rom ana volveremos sobre la conse­ cuencia citada últimamente. propia de la obra grie­ ga. Cada una de éstas es elaborada por los escritores romanos con una aten­ ción y un esmero que lleva con frecuencia a incongruencias en la acción general o en la caracterización de un personaje. el delica­ do tejido de la idea que sirve de base a ésta. y en la lite­ 17 V. hasta hacer de ella una escena de triunfo total del esclavo. a quien había logrado arrebatar la muchacha. . que apunta hacia una máxima eficacia patética a cos­ ta de una acción escénica consecuente. presunto autor del original griego. 83 y ss. sería erróneo interpretar esta costum bre de los comediógrafos romanos como una falta individual de comprensión frente a la dram aturgia ática. 2). Del movimiento circular. Tal proce­ dimiento sólo es realizable escénicamente ante espectadores que no medi­ tan sobre los hechos y las consecuencias de los mismos. sin dejarse influir en lo más mínimo por la capacidad de juicio de su público. más abajo. un cálculo que se abre a la razón y su con­ trol. la evolución orgánica y el crecim iento de la tensión de escena a escena. am pliando el meollo original y añadiendo algunos suplementos de su propia cosecha. Lo que interesa a Plauto es única y exclusivamente la fuerza cómica de la escena aislada. Sin embargo. ya que la elaboración de las escenas aisladas. apuntó Plauto sustancialm ente hacia las acciones y reacciones de sus personajes y descuidó. Al tratar. en la que el esclavo Tranio se burla de dos viejos. surgió así un carrusel desbordante. pero no puede caber la menor duda sobre el hecho de que Plauto. en atención a ella no merece tanto la pena exponer una serie de antinom ias y absurdos cuanto poner en evidencia has­ ta qué punto perjudica esta tendencia el quilibrio armónico de la dram a­ turgia. su analogía viene a ser en Plauto una duplicación. De la renuncia a una acción escénica con un desarrollo orgánico resultó además el considerable grado de independencia de las diversas escenas. En efecto. del que además recibe al final 20 minas. y por otra sobre Simo. m ientras que éste dedica toda su atención al refinado plan de la circulación del dinero y del cálculo de unos contra otros. sino única y exclusivamente llevar el impulso al punto más alto posible. el triunfo del esclavo aparece en una escena posterior. que se mueve estrictam ente en los carriles de la lógica. más adelante l7. adoptó un ángulo de visión muy distinto al del escritor griego. en el que no im portaba ya el equili­ brio. constituye una característica gene­ ral de la literatura romana.

Terencio.74 Literatura universal ratura de la época im perial el principio alcanzó gran im portancia. de que no es lícito «mancillar» piezas dram áticas de esta m anera l9. en por F. Munich. Aquí podrían situarse sobre todo los dram as de Séneca. se creyó poder explicar sus peculiaridades suponiendo en ella innum era­ bles contaminaciones. Pseudolus. por lo que respecta a Terencio está atestigua­ do con certeza. Sin em­ bargo. «Schmerz und Tod in den Tragódien Senecas». Trinummus). Desde el punto de vista de los puristas romanos. Andria. que Terencio reproduce en un pró­ logo. como por el comentario de Donato. o bien incrustar una escena aislada de una pieza en otra distinta. arri­ ba descrita. porque. Plauto y Ennio 20. 18 V. Con esta práctica va unido un procedim iento que ha acarreado a los comediógrafos rom anos ácidas críticas no sólo por parte de los expertos modernos. dadas la dram aturgia refinada y la estricta consecuencia lógica de los originales. M ientras que en relación con Plauto se considera hoy verosímil la introducción de escenas aisladas o de intervenciones de personajes en algunas de sus piezas (Menaechmi. 1961. en el Eunuchus y en los Adelphos. Miles gloriosus. 16: co n ta m in a n non d ecere fabulas. lo atestigua también para Nevio. que empleó la contaminación en la Andria. Siguiendo el reproche. que en Plauto se regodea en su triunfo en un estadio del desarrollo escénico anterior al que permite. la práctica se torna com prensible si se piensa que los comediógra­ fos no concedieron demasiado valor a una acción dram ática orgánica y consecuente. Schriften. una «disolución del cuerpo dramático» 18. pág. sino ya de los contemporáneos mismos: nos referimos a la cos­ tum bre de hilvanar partes de diferentes originales griegos haciendo con ellas una nueva comedia. del esclavo Tranio en la Mostellaria. Como hasta nuestro siglo se ha desconocido casi por completo la dram aturgia de la comedia romana. como «contaminación». 430. que sólo perm itían la traducción de las obras griegas al latín como única form a de adaptación. K leine . que lo empleó él mismo. 18. cualquier modificación de los mismos provocaba necesariam ente desajustes y confusiones. Ello explica tam bién otra característica propia de la comedia romana: la anticipación real o ideal de etapas posteriores de la acción escénica. Mostellaria. este procedimiento tenía que aparecer forzosamente como mancilla y co­ rrupción. 19 20 arriba Regenbogen. tanto por sus propios prólogos. Dirlmeier. seguidores de una línea más purista y contra los que él se defiende. pero fue rechazado evidentemente por sus contrincantes. más ed. La intención de los autores romanos es evidente: mediante el entretejim iento de escenas vivaces y cómicas se proponían dar una ma­ yor fuerza y eficacia escénicas a la pieza griega que estaban adaptando. suele designarse a este procedimiento como «contaminación». en los que se ha creído descubrir. Andria. no sin razón. Como anticipación real o de hecho puede ser considerada la conducta.

bien su interlocutor. Las num erosas escenas de triunfo de los esclavos de Plauto pertenecen a este contexto. Williams. de form a inadmisible. pág. cuyas prim eras apariciones son acom pañadas ya por Virgilio con «anticipatory comments» 21. 5 del Pseudolus. libros 1-6. que se propone liberar a la susodi­ cha muchacha raptándola. Que un personaje lleva en sí su sino desde un prim er momento nos lo m uestra claram ente. Estas tendencias están todavía más fuertem en­ 21 Así R. The Aeneid of Virgil. 211 y passim.): sed satine ego animum mente sincera gero. < M ientras que en la anticipación real de un estadio posterior de la ac­ ción dram ática éste aparece en escena antes de tiempo. di­ ciendo prim eram ente a su amo Simo que las cosas llegarán al cabo a tal extremo. (El hecho de que ambos planes se excluyan en el fondo recíprocam ente es algo que Plauto aceptó sin más en favor de la mayor eficacia escénica). ¿estoy yo en mis cabales. . Tam­ bién esta caracterización es típica de toda la literatura romana. En dicha escena. los esclavos lanzan sus cánticos de júbilo al aire en un momento en el que todavía no han llevado nada a cabo. el esclavo tram a consecutivamente dos planes. a dicho estadio posterior. en la que Plauto hace hablar al adolescente Mnesíloco sobre el posterior desarrollo de la acción y le hace él mismo notar su inconsecuencia (versos 509 y s.La comedia romana 75 en realidad. incluso de la de la época clásica. / qui ad hunc modum haec hic quae futura fabulor? («Mas. y acto seguido. que no quería desperdiciar la espléndida ocasión de hacer que el esclavo le suelte al amo en sus propias barbas una insolencia inaudi­ ta. La com paración con el modelo griego m uestra no sólo que se trata de una añadidura del propio Plauto. Podemos aducir además una escena de Bacchides. sino también que la unidad del monó­ logo de Menandro padece como consecuencia de esta interpolación. inadmisible. toda vez que en sus piezas escénicas la simple concatenación de estadios indivi­ duales de la acción ocupa el lugar del desarrollo dram ático coherente. Londres. Los comediógrafos romanos eran. que él mismo tendrá que proporcionarle el dinero necesario para com prar una muchacha. que me pongo de este modo a charlar sobre cosas futu­ ras?»). la anticipación ideal consiste en que se hace referencia. el desconocimiento o la mala interpretación de esta costum bre teatral rom ana ha conducido hasta época recentísim a a que los críticos se refugiasen en las más osadas hipótesis de contam ina­ ción. D. dados a contem plar el conjunto de la acción dram ática desde la perspectiva de su final. la Dido de la Eneida. la estructura del original. por ejemplo. no deben disponer aún de esta información. porque bien el personaje que informa y alude al hecho. Es evidente que el prim er «plan» procede del autor Plauto. En la escena I. aunque en este momento de la acción escénica no se avista todavía el m enor signo favorable a una realidad del plan. ni siquiera ven una posibilidad de realizar sus propósitos. por lo demás. 1972.

que anticipa la acción dram ática de toda la pieza. ni siquiera una crítica de sus contradicciones e inverosimilitudes. Una interpretación semejante m alentendería gravemente el propósito de los comediógrafos romanos. poniendo en boca de sus personajes la exposición de los hechos necesarios para una recta comprensión de la acción escénica. Estos hechos hacen comprensible un procedim iento mediante el cual Terencio modificó de m anera decisiva la técnica expositiva tradicional de la comedia. En correspondencia con la función autárquica de cada escena indivi­ dual están estructuradas partes de éstas. ya que en general ofrece más informaciones sobre ésta de las que serían requeribles para una comparación elemental del argumento. les otorgó unos conocimientos sobre los que ni ellos ni los interlocutores debían en realidad disponer. los comediógrafos se interesaban tan poco por la coherencia y la lógica interna de la acción dram ática exterior. a quien se le han explicado insuficientemente los motivos ocultos de la peripecia. Además. Sin embargo. por lo cual pudo elim inar sin más el prólogo. por otra parte.76 Literatura universal te acentuadas en la literatura de la época imperial. lo que le im portaba era el «cómo» de la acción. Con ello. esta técnica trajo consigo la consecuencia inevitable de que los hechos objetivos eran expues­ tos de m anera insuficiente e incompleta. que le era antipático por motivos artísticos. caren­ tes de fuerza dram ática. tenga una mayor par­ ticipación en ésta. sino porque su m anera de exponer los hechos escé­ nicos se le antojó tan valiosa y lícita como la costum bre griega. de un Calimaco tanto como Séneca de Eurí­ pides. porque concediese valor al «qué» de la acción dram ática). y por ellas se distingue Ovidio. M ientras que en la Medea de Eurípides se expone una evolución dramática. Los autores griegos habían explicado la tram a de sus obras en prólogos hablados. la Medea de Séneca prorrum pe al comienzo ya de la obra en una explosión de suprem o «pathos». cuando el contenido era excepcionalmente complica­ do y sobre todo en las piezas con anagnórisis. en su form a de narrar. por ejemplo. Terencio renunció a la presentación del argum ento en el prólogo no porque desease que sus espec­ tadores no estuviesen informados (esto es. y que servía exclusiva­ mente para información -de los espectadores. que probablemente no habrían comprendido en absoluto una crítica dirigi­ da contra sus im precisas indicaciones sobre el lugar de desarrollo de la acción o sus nuevos personajes sin caracterización definida. M ientras que Plauto sigue en general esta técnica. sin embargo. por cuanto que ha de atender más al «qué» que al «có­ mo» de la acción. no debe verse aquí una exposición m ás «realista» que la de las piezas teatrales áticas en el sentido. En los goznes puede descubrirse a menudo con precisión cómo se «desengancha» la acción escénica original . Terencio sustituye los prólogos narrativos. Lo mismo que los escritores de las épocas clásica y postclásica. de que el espectador.

pero contribuyeron por otra parte. que es en cierto sentido representativa de su época. tam bién los cantica. sino que siguen hablando como si no hubiesen oído nada o bien —tras una intercalación un poco más extensa— enlazan nueva­ mente con su propia perorata. sus personajes suelen proseguir el coloquio en lengua norm al y natural. según hemos expuesto más arriba. en su pathos ajeno a la realidad y en un plano distinto. Como en Plauto la comicidad se basa sobre todo en la riqueza inagotable de su fantasía verbal (en juegos de palabras. a dar a la comedia rom ana ese carácter de totalidad cerrada que tanto adm ira en ella.'retor­ cimiento de vocablos o neologismos grotescos). que en ocasiones no es posible determ inar si se trata de meros ecos o coincidencias o si es en realidad una parodia. Por último. es mucho más enfático que el de los originales áticos.La comedia romana 77 para ser «enganchada» de nuevo después de una interpolación más o me­ nos extensa. tuvo que ser com pensada acortando partes de la acción escénica que se antojaban poco im portantes. Ya su lenguaje. y en especial el de Plauto. el parentesco con el lenguaje de la tragedia contempo­ ránea es tan fuerte. debido a sus precursores ideológicos y sociales. La unidad de la comedia rom ana radica en el pathos resultante de la aspiración de sus autores a la eficacia escénica más grande posible. una táctica ésta que fomentó igualmente la independización de las escenas individuales. esta práctica goza de su predilección: tras de llevar hasta sus consecuencias extrem as y absurdas un chiste o una m etáfora. una concepción del m undo coherente y unitaria. Dado el pulcro y cuidadoso diálogo escénico de los originales griegos. m ientras que una acción teatral vivaz y trepidante sólo podía ganar con ellas. coherente y unitaria. tales añadiduras se le antojan al lector atento cuerpos extraños. La forma de exposición. propia de los dram as áticos. (La eliminación de alguna veta o línea de acción acarreó a veces inevitables borrosidades en todo el conjunto). convirtieron al melodrama en una especie de «ópera sin recitativos» y desbarataron de este modo la form a de exposición. puede observarse frecuentem ente cómo los chistes intercalados se «independizan». A este respecto. Para la sociedad de su tiempo. retom ándola en el punto donde fue inte­ rrum pida por el chiste. Precisam ente esto no puede afirm arse con respecto a la comedia romana. que guarda relación directa con lo ante­ rior. amplia y extensa. por cuanto que los personajes no hacen el menor caso de ellos. la comedia era una forma de expresión literaria . tan característicos de la co­ media romana. Las figuras escénicas de la comedia romana La Nueva Comedia griega posee. apuntaban en esta dirección: por una parte.

así. a los enam orados aún más enamorados. Por ello mismo no está impregnada. a los personajes chistosos todavía más divertidos. los escritores pudieron por ello mismo recargar sin escrúpulos los rasgos característicos de estas figuras. que practi­ ca principios educativos comprensivos y abiertos. los tipos o figuras de interés relevante pueden ser clasificados en tres grupos: los personajes de alta calidad hum ana. porque no simbolizaban a miembros o repre­ sentantes de su propia sociedad. inspirándolos a seguir dándoles vida. antes que la pregunta usual por el «contenido». que se apartó de la realidad. pág. El procedimiento empleado por los escritores romanos se tornó proble­ mático sólo al intentar la adaptación de los personajes de calidad más exi­ gente. 68. 22 Cf. que eran extraños para ellos y les provocaban a todo género de modifica­ ciones. un análisis de las figuras o perso­ najes que determ inan su andadura escénica. . Precisam ente en este recargam iento de las tintas es donde los personajes de la comedia rom ana han ejercido su incomparable fascinación sobre los escritores europeos. los personajes cómicos y el tipo del esclavo o pará­ sito intrigante y tram poso (que constituye por sí solo un tipo aparte). Así como exageraron la comicidad de la tram a. refinada y educada— sólo imaginable en una sociedad burguesa tardía. procuraron también increm entar la comicidad en la pintura de los caracteres. a los ridículos más ridí­ culos y a los extravagantes más extravagantes 22. Porque también las figuras fueron modificadas decisi­ vamente por los poetas romanos en relación con los originales griegos. como la poesía épica del mismo tiempo. Los rom anos se sentían desconcertados frente a estos dos tipos. en los diversos géneros de la comedia. l’a rt pour l'art. las amas. y la llamada hetaira «no­ ble». La comedia no pudo arraigar profundam ente en Roma y sólo fue «literatu­ ra».78 Literatura universal totalmente inadecuada —y con ello atípica—. ya que ésta no era tomada en serio por la sociedad romana de aquella época. Los papeles cómicos o intrigantes pudieron ser adoptados sin problema alguno por los escritores romanos. Estos tipos son el padre humano y liberal. a los que pertenecen dos tipos para los que no había verdaderam en­ te correspondencia en la sociedad rom ana de aquella época (menos todavía que para los demás) y que por ello mismo no podían ser adoptados sin modificación alguna. por ideas que fuesen expresión del pensamiento de la época. los vecinos o los m ensajes—. Dejando a un lado los personajes secundarios de la comedia —tales co­ mo las madres. que disfrutaba en Atenas de alta consideración social y que es figura —culta. bajo las más varias tipificaciones. Resulta recomendable. el padre liberal todavía más que la hetaira. hacien­ do a los esclavos aún más arteros (y convirtiéndolos en los verdaderos se­ ñores de las comedias) y a los señores todavía más necios (y presentándolos como los perdedores en la historia).

la disposi­ ción y el carácter inicial del personaje son sacrificados a un final de comi­ cidad hilarante. que tiene fama de ser más refinado y sutil. cit. El ejemplo más conocido es su tratam iento de los her­ manos Micio y Demea en los Adelphos 23.79 Tales deformaciones no nos sorprenden en Plauto. convierte la liberalidad en necedad pueril y hace sucum bir al anciano mismo ante las artes seductoras de la hetaira: liberalismo y cortesía cosechan al cabo una burla aniquiladora. En el Bacchides se enfrentan el padre seve­ ro y ahorrativo. Nicóbulo. trató tam bién de form a harto áspera los personajes de mayor calidad.. Estos dos padres encarnan. más «griego» que Plauto. op. Terencio da pie a la paradójica observación de que precisam ente él. hermanas. 101 y ss. por el contrario. en la que los padres quieren exigir cuentas a las dos hetairas. de los Adelfos. . En la escena final. págs. M enandro asigna al liberal Filo­ xeno un papel m ediador y conciliador entre el airado Nicóbulo y las dos La comedia romana -*UIO Codex Vaticanas Latinus 3868. de 23 V. Plauto. y su vecino Filoxeno. Los desiguales hermanos Micio y Demea. Rieth. que se m uestra com prensi­ vo y generoso frente a los caprichos de su hijo. y de apun­ tar siempre hacia la exposición de problemas ético-psicológicos en la pin­ tura de sus caracteres. una confrontación de dos tipos de padre que era muy popular en la comedia ática. Baste con ello la re­ ferencia a un ejemplo concreto. porque am­ bas han seducido a sus respectivos hijos.

Frente a semejante concepción se alza. o bien no pudo aprobar la conducta de los persona­ . liberal como Micio tenía forzosamente que aparecer como ridículo. A la derecha. en la escena V. mien­ tras que un padre tan severo y ahorrativo como Demea no podía de ningún modo fracasar. y educan cada uno a su manera a un hijo de Demea.80 Literatura universal modo semejante a Filoxeno y Nicóbulo en el Bacchides. hacerles dar un vuelco repentino y m ostrar cómo deben ser real­ mente las cosas. sin embargo. y Micio como hombre débil del que todos se burlan. Esta sobrevaloración de Demea y rebaja­ miento de Micio suele ser explicada diciendo que Terencio quiso atenerse a las normas morales y de conducta im perantes en Roma: un padre tan Codex Parisinus Latinus 7899. 2. en Terencio ocurre al final justam ente lo contrario: De­ mea aparece como el que ha obrado rectam ente. del Eunuco. perdo­ na al joven Querea. y en tal caso escribió una comedia de baja calidad artística. Esta interpretación sólo puede desembocar en una alter­ nativa poco satisfactoria: o bien apreció Terencio sinceram ente a los perso­ najes en sus rasgos menandrianos. llorando. para luego. M ientras que Menandro describe los prin­ cipios pedagógicos de Micio como ejemplares y hace fracasar a Demea en su inflexibilidad. la objeción de que no dem uestra verdaderam ente un gran talento artístico presentar durante cuatro actos y medio a los personajes en su estructura psicológica m enandriana. el tipo humano y liberal (Micio) y el severo e intransigente (Demea). Thais. quien sin mala in­ tención por su parte ha estropeado los planes de ella. por consideración a las costum bres romanas. la criada Pytia.

movido por la mayor comicidad de dicha inversión. sería erróneo. y para lograr este efecto sacrifi­ có la psicología coherente del personaje central. También en esta comedia tiene prioridad la acción sobre la pintura de los caracteres. durante toda una comedia. por­ que el autor no puede m ostrar en escena. lo que le intere­ saba a Terencio era la comicidad del vuelco bajo el que padece Micio. Suponer que Terencio se so­ metió tam bién aquí a la m entalidad y las costum bres rom anas y situó a Thais en el plano social que le corresponde según éstas. a uno de los personajes más nobles y limpios de Menandro para explicarnos al final que no podemos aprobarla ni adm irarla. sino el éxito de Thraso y de Gnatho. su interés por la humanitas se evidencia al final como simple curiosidad que incita a burla. fue poco acertada. de la pareja que él ha introducido en la obra original por contaminación. nada de lo que es humano lo considero ajeno a mí»). y que era para él singularm ente atractiva: Thraso. queda libre el camino para el amor con Fedria. Fedria se m uestra. En el Heautontimorumenos parece haber empleado Terencio por terce­ ra vez este procedimiento. con respecto a dicho original. 3—6 . tanto el joven Fedria como el bravucón oficial Thraso —representado por su parásito Gnatho— compiten por al­ canzar los favores de la bella. Gnatho aún más desalmado. que paga el convenio. UNIVERSAL. con lo que la figura principal de la obra se convierte en objeto de un trato m ercantil. esto es. El punto esencial que inte­ resa a Terencio al final de su obra no es el destino de la hetaira. y no la sobrevaloración de Demea. Aquí figura la «noble» hetaira Thais como personaje central de la comedia. Thais ama a Fedria. También aquí parece haber in­ vertido Terencio el carácter del original. Uno de sus protagonistas proclam a su identidad con lo humano en un verso famoso (núm.La comedia romana 81 jes tal y como los presenta el original. dispuesto a com partir a Thais con Thraso. A instigación y mediación de Gnatho. había de aparecer como más estú­ pido todavía. y a este fin se subordinó la pintura psicológica de los caracteres a la acción escénica. humani nil a me alienum puto («Soy hombre. De la misma m anera se explica el final de los Adelphos. pero por determ inadas razones no puede rechazar en un prim er momento al oficial. Lo que Terencio se propone con esta modificación nos lo m uestra clara­ mente el final del Eunuchus. pero entonces aparece de pronto el final sorprendente introducido por Te­ rencio. La idea. tan extendida. que es más bien un efecto secundario. cuya desvalorización era para él im portante ya de suyo. y en este caso puede decirse que su elección. Cuando di­ chas razones dejan de serlo. 77): homo sum. sin embargo. El final persigue la misma m eta que la contaminación: hacer a la comedia más espectacular y más cómica que su modelo. de que los personajes de Teren­ cio son más «áticos» que los de Plauto es tan falsa —al menos en atención LIT. lo mismo que el destino de la m eretriz Thais: presupuesto previo para la caída de Micio.

Terencio no intentó im itar a Menandro. Muy al contrario. pero lo hizo no porque le interesa­ se especialmente la exposición de los problemas psicológicos y m orales por U r-tnrf . la comedia griega. La es­ cena final del Eunuco. el soldado Thraso (a la derecha) a los jóvenes Querea y Fedria.* pifo* fvtpfaánmmA4i& «vrt-rs M Kjrr mOrUrtf 4 5 r~i i 4H>Tirr^nnr'lM C-t ■ >H-m* (Aart* ■ *>- tí sí solos. al menos en esta medida. Plauto trabajó frecuentem ente sobre modelos con una acción dram ática muy simple. que a su vez perm itían conse­ guir una m ayor eficacia escénica. muestra al parási­ to Gnatho (tercero por la izquierda) que traiciona a su amo. Terencio. pero en un plano más elevado que éste. Terencio se esforzó. por ejemplo. por hacer a sus piezas más cómicas que los originales. lo mismo que había hecho ya Plauto. Y con la contaminación —en el caso. Asimismo es también característico de sus piezas entretejer dos líneas de acción dram ática o dos intrigas parale­ las. eligió mode­ los de mayores y más altas pretensiones. por el contrario. procedente del mismo Terencio. jhmibr .T ’ . sino porque los modelos de más alta calidad posibilitaban asim is­ mo acciones escénicas de más altos vuelos.82 Literatura universal a los tres más im portantes y adm irables de ellos— como la creencia de que Terencio expresa a través de sus figuras escénicas una ideología de humanitas como no conoció. que le ofrecían ocasión de ejercitar su m éto­ do de la exageración de las situaciones dadas y de acentuación de los ras­ gos de carácter de los personajes. tnfuvmmíftá lisSLit'* i Codex Am brosianus H 75 inf.* • v «MU™ UaJjf'' ■ ■ •ftn> ¡* • rr«nKii' AfmJ rkmU-x i?v> . sólo que lo hizo de una m anera que le satisfacía artísticam ente mucho más que la emplea­ da por su antecesor. de los Adelphos o del Eunuchus — persiguió el mismo objetivo que con la súbita subversión de los caracteres: acrecentar el efecto cómico de los modelos originales. .-**• « . sino a Plauto.

sino que estén subordinados a la siuación escénica. en la que Cremes se interesa afectuosamen­ te por las cuitas de su vecino Menedem con las famosas palabras: «Soy un hombre.La comedia romana 83 Codex Vaticaríus Latinus 3868 Codex A m brosianus H 75 inf. sino que está com puesta por la sucesión de unas cuantas escenas aisladas dotadas de gran brillantez tea­ tral. sino ésta la que determ ina a aquél. Terencio pudo darse el lujo —dentro de la concepción del desarrollo de la acción y de los caracteres que le es propia— de pintar a Micio a lo largo de más de cuatro actos —de acuerdo con el original— como un homo humanus y de repente hacerle aparecer como un carácter blando y vacilante. y por los ademanes mostrados. es lógico que los caracteres no se desarrollen tampoco a partir de un núcleo unitario. con Terencio se em prenden los más diver­ sos intentos de explicación. y nada de lo humano me es ajeno». En la comedia romana no es el carácter el que determ ina la acción. Esta circunstancia explica la sorprendente incoherencia en la pintura de caracteres que es propia de las obras de Plauto y Terencio. M ientras que en el prim ero apenas si se procura «sal­ var» la unidad de los caracteres. pero para ella debe presuponerse una . También las figuras de la comedia ática se hurtan a una interpretación psicologizante. la de la derecha Cremes. sin tener que reprocharse a sí mismo una ruptura caprichosa. La escena introductoria del H eautontim orum enos. la figura de la izquierda debía de ser Menedem. La costum bre de subvertir los caracteres no significa que Terencio qui­ siese ofrecer estudios sutiles de carácter o exponer situaciones psicológi­ cas verosímiles. aunque éstos desembocan siempre en la pana­ cea de una interpretación psicologizante. En el original antiguo. que es totalm ente inadecuada a los personajes de la comedia romana. Como la acción dram ática no se desarrolla en la comedia rom ana de m anera coherente y orgánica.

Pero los autores antiguos no aspiraron. a componer una comedia de caracteres. sino haciéndoles proseguir im pertérritos su argum entación 26. Bien es verdad que figuras como Thais y Micio eviden­ cian hasta cierto grado un sello individual. resultante en Te­ rencio de su especial técnica expositiva. 52 s. . Y figuras como las de Cnemón en Dyskolos («El misántropo»). la obra de Menandro. Las figuras de la comedia rom ana llevan una vida propia hasta en las más pequeñas unidades de acción escénica. y que incluso sus personajes más exigentes no sean caracteres en este sentido. así como de la circunstancia. Los escritores griegos presentaron lo que los per­ sonajes hacen o padecen en el transcurso de toda la acción dram ática. en que este conocimiento tendría que influir decisivamente sobre el decurso de la ac­ ción. pueden ser consideradas casi como auténticos caracte­ res. sino por curiosidad. de que se considerase al Cremes del Heautontimorumenos —según nos lo aseguran numerosos testimonios antiguos 24— como un representante de la humanitas a causa de la prim era parte de Aa obra. La falta de unidad en la concepción de los personajes hace posible a los autores hacer decir o saber a sus personajes lo que en un estadio posterior. Epistulae m orales. no les interesaba ni la unidad orgánica de la acción ni la unidad concluyente de los caracteres. 30. en general. y passim. aunque más adelante se descubre que no ha obrado por hum ani­ dad.84 Literatura universal coherencia de la pintura de caracteres tal y como buscaríam os en vano en la comedia romana. que otorga la palma a Terencio precisam ente por la confi­ guración de sus caracteres (con lo que Varrón no quiso pronunciar se­ guramente un juicio relativo). siendo éste un simple 24 Cicerón. más arriba. También la ya citada «independización» del chiste pertenece a este plano: esa costum bre de intercalar fre­ cuentemente chistes en medio de un diálogo sin que los interlocutores reac­ cionen. 25 V. págs. 74 y ss. sino simplemente de intriga. más todavía: como nunca intentaron lograr sus auto­ res. 26 V. A éstos. De officiis. en efecto. los romanos. 1. Es notable que ni la comedia griega ni la rom ana hayan producido una pieza de caracteres al estilo de la de Moliére. 95. lo que hacen o padecen en cada momento concreto. Séneca. 77. o Euclio en la Aulularia de Plauto. Que tal cosa no es producto de su simple punto de vista individual se deduce del elogio pronunciado por Varrón. puede ser sencillamente ignorado. pág. más arriba. por lo que sería más adecuado hablar en su caso de verdaderos «personajes». difícilmente comprensible para nosotros. de que los personajes disponen de conocimientos sobre los que no deberían disponer todavía. sino meros tipos genéri­ cos de un carácter. En este contexto hallan tam bién su explicación las características de la comedia rom ana que hemos comentado más arriba 25. la anticipación ideal de acontecimientos posteriores y la circunstancia.

El autor griego quería dem ostrar cómo reacciona el hombre frente a la intriga. la intriga de la comedia griega está situada en el mismo' plano que el imperio de la Tykhe. y en la Francia y la Alemania del siglo xvm. en' la rom ana es frecuentem ente un fin en sí. ya que ambos factores influyen del mismo modo. pág. 1949. Weimar. En esta adaptación. con el que Lessing discute en la pieza 86 de su Dramaturgia hamburguesa. sino que precisam en­ te porque estas figuras eran extem poráneas en Roma pudieron realizar con ellas sus propias concepciones escénicas. pági­ na 962. Con ello se dio cumplimiento inconscientemente a las intenciones de Menandro. desde fuera. Aeschinus »)11. a la que se refiere varias veces Goethe en su Diario. Lessing la de Micio. A veces. además. Sólo una época posterior satisfaría los presupuestos y consideraría como ade­ cuadas a su momento incluso las figuras más exigentes de la comedia áti­ ca. 27 V. sin que ellos lo sepan.La comedia romana 85 medio en la comedia griega. 1902. H. E. sometió a ambos personajes a una demoledora crítica. F. que fueron estrenados en W eimar el año 1801. que no debe ser reducido a simple incomprensión subjetiva por parte de los escritores romanos. y su hijo August firmó una vez una carta a su padre con estos térm i­ nos: «Siempre fiel a mi bondadoso y cariñoso Micio. tomo 1. sobre el hom bre y le fuerzan a to­ m ar una decisión o a alcanzar un conocimiento. C. se modificó el final en el sentido de que el humano Micio no es vencido por el egoísta y seco Demea. Goethes Werke (Weimarer Ausgabe). Por incitación de Goethe. éstos eran completamen­ te distintos en la Roma del siglo ii a. todos atisbaban la inco­ herencia de los personajes. y Diderot. sino tam bién la recepción de la comedia está ligada a presupuestos sociales. Goethe und die Antike. En este sentido. de m anera que la recepción de la comedia ática tomó necesa­ riamente. habrían elegido mal sus dechados—. (Hasta dónde se identificó Goethe con el personaje de M enandro lo delata el hecho de que gustaba llam arse «Mi­ cio». Hasta la deformación de persona­ jes de alta calidad es un paso consecuente. Grumach. Los escritores del siglo xvm criticaron durísim am ente la pintura de caracteres en los Adelphos: Voltaire censuró la evolución psicológica de Demea. la intriga tram ada por los personajes coincide plenamente con los propósitos de la Tykhe. Plauto y Terencio m anejaron con harta rudeza las figuras de su£ mode­ los. von Einsiedel tradujo los Adelphos. tomo 2. Pero no las modificaron porque fuesen intempestivas en Roma —si hubiese sido así. V. 332. Aquí se m uestra claram ente que no sólo el origen. pág. Sin conocer a Menandro. . una dirección distinta. en cada caso. Berlín. por lo que puede hablarse de una «comedia de destinos». tomo 26. m ientras que el romano disfrutaba en exponer cómo el hombre planea y ejecuta dicha intriga. 365.

desde luego. lim itada a situaciones escénicas estereotipadas y a un determ ina­ do acervo de problem as. Nevio.86 Ojeada final Literatura universal La puesta en escena de los Adelphos y la Hecyra el año 160 a. surgió —lo más tarde en vida aún de Terencio— la togata. incapaz de ser desarrollado. en Roma y debido a las condiciones históricas y socia­ les del siglo ii a. de una tradición literaria cuyos representantes más famosos no estaban separados tem poralm ente entre sí más de lo que lo estaban Plauto y Teren­ cio.. pese a su forma inconfundiblemente romana. como estadio final. sino de la comedia rom ana en general. muy escasas. pero apenas si es posible decir sobre ellos poco más sino que. pero estos intentos fracasaron sin excepción. ya fuese frente a los escritores griegos o frente a los predecesores romanos. al pare­ cer. un año después. no era una creación originaria. De este modo. C. porque la palliata. se atuvieron estrictam ente a los originales griegos. y lleva­ ron al mismo tiempo a las palliata a una especie de callejón sin salida. Las posibilidades de esta forma de comedia eran ya de suyo. La fundación de una tradición teatral presupone siempre un grado de madurez social y una libe­ ralidad del pensam iento como nunca fue posible hallar al mismo tiempo en ninguna época de la historia de Roma. C. vinieron a significar prácticam ente no sólo el fin de las palliata. y por eso no era capaz. el creador de la tragedia nacional romana. escribió ya probablem ente una togata. junto a la palliata. y la muerte de Terencio. No han faltado intentos de contraponer a la creciente tendencia helenizante de las palliata una forma «romana» de comedia. C. Plauto y Terencio habían otorgado a la Nueva Comedia griega una faz tan individual y característica. Con ello siguieron presumiblemente una dirección iniciada tras la m uerte de Plauto. Y esto significaba de un modo u otro culti­ var un arte epigonal. Por otra parte. de la praetexta. un nuevo comienzo en el campo de la comedia era tan imposible como lo había sido cien años antes. también dentro del ám bito cultural griego se había evidenciado la Nueva Comedia. Ya un Nevio y especialm ente un Plauto habían introducido en las palliata alguna que otra vez un colorido itálico. de desarrollarse a partir de sí misma. la comedia con atavío y ambiente romanos. la comedia con vestiduras y am biente griego. que después de ellos sólo era posible una repe­ tición de sus acreditados principios teatrales o una adhesión demasiado estricta a los originales griegos. y pese a la imaginación creadora de sus autores.. Sin em bar­ go. Conoce­ mos. los nombres y algunos fragmentos de toda una serie de autores de comedias palliata que florecieron hasta finales del siglo n a. en el fondo. esta form a de comedia se torna concreta para nosotros a través de . Pero ellos no son culpables de esta evolución.

El intento más firme en esta dirección lo em prendió el gram ático Melisio. C. Depositum («La pren­ da») o Libertas («El esclavo liberto») evidencian la intención de adaptar la comedia a la vida cotidiana y a las condiciones sociales im perantes en Roma. y de este modo se siguieron las huellas de los autores de palliata. Tras la ge­ nial adaptación de la Nueva Comedia por Nevio. . No es ciertam ente obra del azar que la togata pudiese im plantarse precisam ente en la misma época en la que alcanzó éxito la exigencia de Catón en pro de una historiografía nacional romana. el renacimiento de la literatura teatral helenística más popular tocó a su fin en Roma tan súbitam ente como se había iniciado: ni los autores tardíos de palliata. no acababan los autores de zafarse por completo del dechado que era la Nueva Comedia. 2. empero. y la excesiva libertad e insolencia de los escla­ vos pertenecían a los elementos que se quería eliminar a toda costa al adap­ tar la comedia a las circunstancias rom anas reales. debería ser consecuencia de que sus autores no lograron hallar una dram aturgia y una problemática propias. El que tanto la togata como la trabeata no fuesen capaces. Cecilio y Terencio. así como. y después de Lucio Afranio. que deseaba ele­ var el medio am biente de las togata. Epistulae. tales como Auctio («La subasta»). la relación entre estos dos factores es evidente. por último. O tros'títulos de este mismo autor. en cuanto víctima de enredos y estafas sin cuento. Pero precisam ente el pater familias. en conjunto. El esquem a tradi­ cional de intriga y contraintriga determinó sustancialm ente la dram aturgia de las obras. En la Nueva Comedia. Plauto. lo que hizo incluyendo en ellas a la clase noble. como lo m uestran los títulos Compitalia y Magalensia. 1. Por otra parte. Titinio se atuvo a Plauto. más aún: el resultado de la renovación que se intentaba lograr fue más escaso y pobre de cuanto se había alcanzado con anterioridad. Con ello. Así quedó bloqueado el camino hacia lo nuevo. Aparecen tejedores y zapateros. bataneros y sas­ tres. un esclavo manum itido y confidente de Mecenas. en la época de Escipión el Joven. Pero no conocemos nada más acerca de las llamadas trabeata —la trabea era el manto que utilizaban los caballeros en Roma—. un contemporáneo de Terencio. se le arrebató a la comedia precisam ente aquello que constituía su mayor encanto y que explicaba su éxito tanto entre los griegos como entre los romanos. empleados por Afranio. de constituir una tradición. 57. Los ver­ sos de este género literario que han llegado hasta nosotros —poco más de 600— perm iten reconocer que el objeto de la pintura son la vida y el medio am biente de las capas sociales medias de Roma y las ciudades itáli­ cas. de Tito Quincio Atta. y Afranio imitó directam ente a Menandro. De él llegó a decirse que su toga le hubiera sen­ tado bien a M enandro 28. se incluyen asimismo las fiestas oficiales romanas. que m urió el 77 a. barberos y posaderos. ni los creadores de la togata y la trabeata pudieron escapar 28 Horacio.La comedia romana 87 Titinio.

1967. Temporini. Plauto J. en Philologus. págs. págs. Leo. Berlín-Nueva York. págs. Duckworth. cuaderno 20). 1973. 1968. Geiser. Ber­ lín. . Indicaciones bibliográficas Una bibliografía detallada (con indicaciones sobre otras bibliografías. Berlín. 89 (1961). Darmstadt. 1. abajo). 1960. 64-84. sino que. por H. La introducción más amplia y detallada en todos los problemas de la comedia romana es la que ofrece el exce­ lente estudio de K. 1942. K.88 Literatura universal al destino de lo epigonal. Lefévre. en Aufstieg und N iedergang d er róm ischen Welt. Beare. W.a parte. Wiss. tomo 1: Archaische Literatur. «Der Anfang der rómischen Literatur». Plautinisches im Plautus (Philologische U ntersuchungen. E. Londres. Fantham. Berlín.. en H erm es. E. cuaderno 10). Wiesbaden. 1934. F. Zur E igenart d er róm ischen Kom odie — Plautus u nd Terenz g egen ü b er ihren griechischen Vorbildern. 1922. Weide. Spranger. en Classical Quarterley 15 (1965). d. Drexler. «Der Aufbau der Mostellaria des Plautus». Plautinische F o rsch u n gen — Zur Kritik und Geschichte d er Kom odie. The R om án Stage — A short Hisíory of Latin Drama in the Tim e of the Republic. H. Akad. tomo 2. que desde un principio no había respondido a los presupuestos sociales e ideológicos de su época y su país. A rchaische G edankengange in den K om ódien des Plautus (Herm es-Einzelschriften. 84-100. 1027-11Í3. Blánsdorf. Mainz■ Geistes. 21912. págs. E. como frente a los romanos. The Nature of Rom án Comedy — A Study in Popular Entertainm ent. G eschichte d er róm ischen Literatur. Fraenkel. ed. Leo. 1952. Kl. I. d. Berve. P. tanto frente a los modelos griegos. así como estudios sobre la comedia romana) contiene el tomo Die rom ische Kom odie — Plautus u nd Terenz (Wege der Forschung. 114 (1970). K. Haffter. «The Curculio of Plautus — An Illustration of Plautine Methods in Adaptation». 191-207. Handley. U ntersuchungen zur altlateinischen D ichtersprache (Problemata. «Die plautinischen Bacchides und Menanders Di exapaton». G. P. Aquí se mostró con claridad que la comedia rom ana era un fenómeno atípico. 1972. págs. wiss. 1913. «Historische Untersuchungen zu den Sklavenfiguren des Plautus und Terenz». Gaiser: Zur E igenart d er róm ischen K om odie (v.u. H. 487-496. E. por H. M en a n d er a nd Plautos — A Study in Comparison. en Das neue Bild d er Antike. como producto en definitiva artificial —y sin embargo pleno de vida— se debió exclusivamente a la prim era fase histórica de la literatura romana. ed. Berlín. en Abh. tomo 2. 51-87. 31964. págs. Gaiser. Leipzig. cuaderno 28). ed. soz. Bibliografía general W. 8. tomo 236). F. fase tan fructífera como totalm ente libre de las ataduras de una tradición y una necesidad literarias. por E. Princeton. Londres.

«Bemerkungen zur Hecyra des Terenz». H.. especial. en Die Grossen d er Weltgeschichte. «Zur Andria des Terenz». 66 (1931). Zurich-Stuttgart. 69 (1934).La comedia romana Terencio 89 W. ¿2-57. G. tomo 1. tomo 1. págs. R om án and Byzantine Studies. «Von Terenz zu Menander». 169-182. Lefévre. «Phormio Parasitus — A Study in Dramatic Methods of Characterization». Gaiser. págs. por K. págs. 722-744). Darmstadt. 1-38. pági­ nas 1-20 y 73-102. L. Die Expositionstechnik in den K om ódien des Terenz. Die K unst M enanders in den Adelphen des Terenz. —. en Greek. Heldesh§im. «Der Heautontimorumenos des Terenz». O. . «The Originality of Terence and his Greek Models». «Terenz». 1-29 (= Helias und Hesperien. en H erm es. págs. W. en M useum Helveticum. 443-462. 1970. o. págs. 262-285. págs. Oppermann. 784-797. Darmstadt. Zurich. Rieth. 1964. ed. 1969. págs. 103 (1959). 9 (1968). 1971. 10 (1953). 17 (1970). E. en G reece and Rom e. págs. Ludwig. 1967. en Philologus. —. Schadewaldt. «Terenz und seine künstlerische Eigenart». P. Haffter. en H erm es. W. en Die róm ische Kom ódie. Schmidt. H. cit. ed. Arnott.

). un año después de concluir la Primera Guerra Púni­ ca) la primera tragedia y la primera comedia en lengua latina. Desde época muy temprana fueron texto de lectura en las escuelas. C.LA POESÍA ÉPICA ROMANA WlLLY SCHETTER Épica griega y épica romana Desde tiempos remotos hubo en Roma formas primitivas de poesía. canciones de boda. C. la comedia y el poema épico. mediatiza­ do por el sometimiento al poder romano de la Magna Grecia (272 a. a saber. (esto es. la tragedia. ta­ les como cantos litúrgicos y mágicos. El surgimiento de la poesía romana según los dechados de la griega se consumó a la par que una helenización muy amplia. y en el Estado de Platón se califica . pero no puede hablarse de una poesía verdade­ ramente representativa antes de mediados del siglo m antes de nuestra era. nada menos que a la Ilíada y la Odisea. La necesidad de contar también con una poesía semejante despertó por obra y gracia del contacto avasallador con la cultura griega. C. El hecho de que en los albores de la epopeya romana hallemos la tra­ ducción de un poema épico griego no es obra del azar. que troqueló asimismo el cambio sufrido por la religión de los romanos en esta era histórica e influyó decisivamente sobre la configuración formal de sus artes plásticas. De manera significativa. los romanos incorporaron primeramente a su cul­ tura aquellos géneros de la literatura griega que desempeñaban una fun­ ción destacada en la vida social.) y por las campañas sicilianas de la Primera Guerra Púnica (264-241 a. se converti­ ría asimismo en el fundador de la poesía épica romana gracias a su imita­ ción de la Odisea. lamentaciones fúnebres y farsas escénicas. El liberto griego Livio Andrónico. porque la épica griega equivalía. en esta época. que puso en escena en Roma el año 240 a. Estos dos poemas constituían el más importante factor cultural de la helenidad y su más decisivo elemento educativo.

Así. que poco después de ver la luz se convirtió asimismo en texto escolar y conservó esta función hasta mucho más allá de la época histórica de la Antigüedad. «Ars grammatica». En el ámbito cultu­ ral griego hubo también poemas épicos comparables. que tienen por contenido. ed. en todo o en parte. nos expone imágenes intemporales de la vida humana. Pero estas obras no alcanzaron nunca. en las que se exponen 1 Así Diomedes. la importancia que cobró en Roma la epopeya histórico-nacional. discurso per­ sonal).). como por ejemplo los Persika de Coirilo de Samos (siglo v a. descripción. 1961). I. en la que culmina el libro 8. sirvieron largo tiempo como lectura escolar.). La descripción del escudo de Eneas. C.La poesía épica romana 91 a Homero de educador de Grecia (606 E). en la conciencia de los griegos. la Eneida de Virgilio. una serie de convenciones y de tipos de exposición que son especial­ mente característicos de la misma. heroicas y humanas Los relatos épi­ cos de combates so' dividen en luchas individuales. hasta los primeros tiempos del Imperio. sobre las Guerras Pérsicas y la epopeya helenística en torno a la figura de Alejandro. la traducción de la Odisea hecha por Livio Andrónico y el poema épico Anales de Ennio. en Hildesheim. escena. con que termina el libro 18 de la Ilíada. la gran poesía épica ro­ mana es decididamente más patriótica que la griega. G rammatici Latini. págs. con el Bellum Poenicum de Nevio y los Anales de Ennio. pinta en trazos selectos toda la historia de Roma desde el nacimiento del fundador de la urbe hasta la victoria de Augusto en Accio (31 a. 483 y s. fábulas mitológicas sin relación alguna con Roma. La poesía épica greco-romana evidencia. Bien es cierto que la épica romana produjo también creaciones apolíticas muy notables. La intención de Livio Andrónico y de otros poetas de la época fue sin duda alguna crear para los romanos una epopeya nacional semejante. el gran sucesor de An­ drónico. La descripción del escudo de Aquiles. Para los romanos. para la conciencia nacional propia alcanzaron singular importancia aquellos poemas que re­ flejaban la situación actual y con los que la poesía épica romana reaccionó. Por ello pudo ser definida la epopeya como un género litera­ rio que abarca Jas acciones divinas. y sólo fueron despla­ zados de este puesto por la epopeya nacional romana definitiva. por encima de las formas bási­ cas elementales de la narración (relato. como es el caso de las Metamorfosis de Ovidio. frente a los cambios decisivos en la política interior o exterior: durante la época de su ascensión a gran po­ tencia. .° de la Eneida. Sin embargo. Keil (Reimpresión. C. Así. en la era de Augusto con la Eneida de Virgilio. tras de la implantación y consolida­ ción de la monarquía. Pertenece a sus rasgos fundamentales el que los acontecimientos terrenos sean siempre sobrepujados por una acción divina. de H. con el Bellum civile de Lucano. el poema épico se convirtió por lo demás en el medio de automanifestación nacional.

La poesía antigua es una poesía orientada hacia los grandes dechados de la tradición. etc. a lo que .). por otra. estos elementos poseen frecuen­ temente. Descripciones de bahías. que consis­ te en un sentido muy fuerte de la monumentalidad y el pathos. desde Virgilio en adelante. además. para insertar en el relato rasgos característicos tomados del retorno del poeta o de la vida de la naturaleza y de los animales. por boca. «el piadoso Eneas») y las rebuscadas metáforas («recinto de los dientes». en la que el plano de la comparación se independiza y cobra vida propia. es el hexámatro dactilico. como en el caso de las epopeyas homéricas. Característica de la epo­ peya antigua es. Exposiciones de datos del mismo género ofrecen catálogos de contenido más o menos grande. tan apto para las mo­ dulaciones más variadas y en el que.92 Literatura universal las gestas de un héroe. casi en cada pie. Y se comprende asimismo que de las obras de los predecesores se tomasen. lírica. «hierro alado» por flecha. El metro común a todos los poemas épicos. Así se comprende que Ennio quisiese ser el Homero romano y que Virgilio lograse serlo efec­ tivamente. sino incluso episodios enteros y hasta elem entos escénicos de mayor extensión. La forma pequeña puede ser empleada para los fines más diversos. La originalidad de los autores se despliega en una compe­ tencia creadora y productiva con los autores modelo. La forma amplia del catálogo sirve frecuentemente para la enumeración de los pueblos unidos bajo un mismo estandarte militar. propia de la épica romana con respecto a Ja griega. y de la concentración poética. El or­ nato más importante del lenguaje épico está constituido por los adjetivos («el sagaz Ulisfes». Todas las epopeyas antiguas comienzan con un proemio. Entre las formas estructurales más notables de la épica cuenta la comparación o parábola. la exposición de las llamadas escenas típicas. pertenecen igualmente al inventario fijo de los poemas épicos. Precisamente esta relación agonal. como por ejemplo en indicaciones genealógi­ cas o para enumerar y caracterizar a los enemigos muertos por el héroe en el curso de su «aristía» o luchas individuales. y combates en cadena en los que se enlazan entre sí las peleas de varios campeones. por una parte. en el que —junto con una invocación a las Musas— suele bosquejarse la temá­ tica de la obra. con ex­ cepción de los primitivos. prados idílicos y jardines. Estas parábolas pueden servir. m odificasen y —desde el punto de vista de cada nuevo autor— se retocasen o mejorasen no sólo párrafos o versos. posibi­ lita también captar claramente su naturaleza propia y peculiar. así como también de obras de arte. ta­ les como los sacrificios rituales y el armamento de los guerreros y el seña­ lamiento expreso del amanecer y del anochecer. el ligero y móvil dáctilo (— vjvj) puede ser sustituido por el pesado espondeo (-------). una función simbólica por cuanto que iluminan las fuerzas espirituales o morales determinantes de una acción o un comportamiento. atmosférica. En la epopeya romana.

La poesía épica romana 93 habría que añadir además unas dotes singulares para la amplia estructura arquitectónica de la obra y las líneas m usicales entrelazadas. Epica arcaica La era de la épica arcaica se extiende desde los comienzos mismos de la literatura romana. y se divide en dos fases. que se inicia más o menos ha­ cia el año 200 a. 1. 3 V. La segunda fase. de su país natal. el metro canónico de la epopeya griega. así como en Sicilia. É p ic a s a t u r n i a n a : L i v i o A n d r ó n i c o y N e v i o . C. aún envuelta en fábulas. C. el empleo del verso saturniano no 2 Livio Andrónico. Odusia. El hecho de que su elección recayese en la Odisea estuvo condicionado sin duda por motivos nacionales. y el segundo ritmo descendente: Virúm mihí. porque ya desde mucho tiempo atrás había localizado la erudición griega el largo y dificultoso periplo de Ulises en las costas de la Campania y el Lacio. por lo que la Odisea ofreció a los romanos un trozo de la propia historia remota. Como Livio creó en su trage­ dia Ino series de versos hexámetros 3. se halla bajo el signo de la adopción del hexámetro dactilico. La mejor prueba de ello la constituye la elección del verso satur­ niano como metro. mediante la cual el contenido y la forma artística de la Odisea son trasladados a un mundo formal y conceptual familiar para el lector romano. el fundador de la literatura artística romana introdujo y dio carta de naturaleza en el ámbito latino a la épica homérica. La característica decisiva de su obra es una romanización profunda y mi­ nuciosa. un ritmo ascendente. Livio practicó un método de traducción trasladadora. .. 71. y se caracteriza por el empleo del metro o verso nacional saturniano. el primero de los cuales posee. — El primer testimonio de la poesía épica romana es la Odusia de Livio Andrónico. este material limitado nos permite extraer importantes conclusio­ nes sobre la evolución de la épica arcaica. La primera de ellas es la llamada fase temprana «saturniana». en la segunda mitad del siglo iii.. en atención al volumen originario de dichas obras. pág. Caména / ínsecé versútum («Ná­ rrame. Los fragmentos que nos han transmitido autores posteriores son muy pequeños. sobre este punto Leo. cit. En su imitación. Se trata de un verso largo compuesto por dos colon. oh Musa. sobre el varón astuto»)2. hasta mediados del siglo i a. De todos modos. ninguno de ellos ha llegado íntegramente hasta no­ sotros.. fragm. Como los poemas épicos arcaicos cayeron poco a poco en el olvido des­ de que se creó un género más refinado y artificioso de poesía épica por obra del gran Virgilio. por lo general. op. Con esta imitación de la Odisea.

creado con plena conciencia de la propia y soberana superioridad. crease con su Bellum Poenicum la primera epopeya romana independiente en la forma o expresión literaria creada por Livio Andrónico. Pese a toda esta suntuosidad romana. en su calidad de imitación.94 Literatura universal fue un mero recurso. Virgil (op. El título de Anales lo tomó Ennio de la designación de los textos históricos La épica e n n i a n a . una idea que Virgilio remontaría más adelante en la Eneida. cit. La historia de Odiseo. De esta poesía sagrada romana preliteraria proceden asimismo las figuras o artificios retóricos de la aliteración y de la rima. El Bellum Poenicum constituye un contraste literario de la Odusia. de la fábula de Eneas. Livio lo eligió porque era el metro sagrado de la poesía romana preliteraria de los oráculos. por cuanto que opone a las narraciones griegas sobre Ulises una odisea genuinamente romana. crea un paralelo a la Ilíada. voluntad que tiene su fundamento en la experiencia de la expansión del poderío romano por la zona del Medite­ rráneo occidental. que desde Livio son característicos del estilo elevado épico o trágico. y F. De Naeviano Belli P u n id carm ine quaestiones selectae. por los acontecimientos del tiempo presente. redactada en el curso de varias décadas y que al término de la vida del poeta (169 a. Nevio describe en esta obra la Primera Guerra Púnica. 380 y s. e incorpora a los relatos de acontecimientos contemporáneos la fábula romana primigenia de la fu­ ga de Eneas desde Troya hasta la función de Roma 4. C. fue con­ siderada como la epopeya nacional romana hasta la aparición de la Eneida. encuadrada en un remoto tiempo mítico.. Büchner. Klingner. Humanitas Romana. págs. Por ello mismo significó un progreso notable que Cneo Nevio. Heidelberg. Nevio supera a Livio. estiman que la exposición del mito fundacional precedió a la de las guerras púnicas. 1935. — Los Anales de Quinto Ennio inauguran una nueva época. en manos de Nevio. una obra epigonal. Strzelecki.). la Odusia era. en el paso del siglo m al n. 13 y ss. 4 Así L. en la que él mismo había tomado parte. 1957. En la exposición. en que en la parte central de su poema. . por último. se ve sustituida ahora. Por el contrario. de carácter guerrero. y por ello mismo parecía apro­ piado para despertar en el lector la impresión de una solemnidad sublime. La obra. págs. En esta epopeya se proclama vigorosamente la voluntad de ofrecer una exposición representa­ tiva y digna de la propia historia. Cracovia. Con el Bellum Poenicum. K. con el relato de las peregrinaciones de Eneas y su asentamiento final en tierras de Italia. Nevio quiso dar a los romanos su litada y su Odisea nacionales. supera plena­ mente a la Odusia en el terreno más propio y originario de ésta.) había crecido hasta contar con 18 libros. en su calidad de primer poema épico romano en versos hexámetros. intercalada en el texto.

C. de las crónicas en tablas redactadas por los pontífices. Vah- . Si Nevio dio forma literaria en su Bellum Poenicum a determinados fragmentos de la historia romana. en el que Ennio se presenta a sí mismo como un Homero reencarnado. contiene igualmente Retrato ideal de Ennio en el mosaico de Munnus en Tréveris. de J. Ennio se propuso exponer en su epopeya la historia completa de Roma. Así pudo afirmar 5 Citas de los fragmentos de los len. los versos y las estructuras de acción homéricos. desde los comienzos legendarios hasta los tiempos presentes.La poesía épica romana 95 oficiales más antiguos de Roma. reinvindicando para sí. de la epopeya romana por obra de Ennio. de este mo­ do. verdadera­ mente revolucionaria. Leipzig. Tréveris. un programa. Esta pretensión descansa sobre la helenización. d. y encerraba en sí todo un programa. Anales según las Enniariae poesis reliquiae. R heinisches Landesm useum . que halla su expresión más evidente en la sustitución del metro saturniano por el hexámetro dactilico. Mediados del siglo m d. ed. el título de poeta épico por antonomasia de Roma. El proemio de la obra (fragmentos 1-15)5. Junto con la introducción del hexámetro se adoptaron asimismo formas estilísticas propias de la poesía griega y se imitaron los enlaces. 21903.

). hubiera podido añadir a esta conti­ nuación otras más. no están centrados. el libro 16. constituyó en un principio la conclusión de los Anales. sin que sepamos hasta qué año alcanza la narración. pero que resultaba extemporáneo.96 Literatura universal Ennio de sí mismo. el protector del poeta. ha­ cen imposible una coherencia interna de la obra al modo de las epopeyas homéricas. la obra estuvo compuesta por 15 libros. Tusculanae disputationes. 215 y s. de los cuales los seis primeros abarcaban la historia romana primitiva. desde los comienzos hasta el sometimiento de toda la Península itálica. La disposición de los Anales. los rasgos del retrato del anciano Ennio. Él fue quien cantó las hazañas de vuestros padres.) hasta el final de la guerra etolia (189 a. como las epopeyas griegas.).). en el que ruega a la Musa que anuncie y cante las hazañas realizadas por cada uno de los caudillos romanos en la guerra contra Filipo de Macedonia (Fragm. que ningún poeta romano había escalado antes de él la «roca de las Musas». los Anales son en definitiva una obra poco o nada homérica. ciudadanos. su forma y estructura de crónica y su función social evidente (ensalzar a los grandes nombres de la nobleza romana). C. En ellos. 326/7). Antes al contrario. Característico es el comienzo del libro 10. senis Enni imaginis formam: hic \ . Si Ennio hubiese vivido más tiempo. constituyen una crónica épica integrada por varias par­ tes autónomas y con una pluralidad de héroes. Los nueve libros restantes estaban dedicados a los grandes acontecimientos contemporáneos desde el comienzo de la Pri­ mera Guerra Púnica (264 a. recibido la consagración en el arte poético griego (Fragm. El epitafio que compuso para su propia tumba lo muestra claramente: Aspicite. sí. Sin embargo. 34. Originariamente.) 6 Cit. 1. . En efec­ to. Pese a esta apropiación de las formas externas de la poesía épica homé­ rica. de las que Ennio se consideraba heraldo y cantor. o cives. no sin razón. Con ello. la epopeya recibió un final que servía. (Ved. C. ni poseen tampoco un argumento o acción coherentemente cerrados. con su exposición de la toma de Ambracia por Marco Fulvio Nobilior. Catón el Viejo y tantos otros. en torno a un héroe único. El libro 15. esto es. en loor y gloria de otros contemporáneos famosos. que unió luego en una triada con los libros 17 y 18.:' írum panxit maxima facta patrum 6. es­ timulado por las hazañas de Tito Cecilio Teucro y de su hermano en la guerra istria (178/7 a. C. Y Ennio mismo compuso más tarde. por Cicerón. a la glorificación del tal Fulvio Nobilior. esta galería panegírica de héroes correspondía muy bien con la idea que del Estado y de sí propias poseían las grandes familias de la nobleza. Ennio celebra las hazañas de los grandes hombres de su épo­ ca: Escipión el Viejo.

Algunos talentos hubie­ ron de sentirse sin duda incitados a proseguir la obra monumental de En­ nio y ensalzar. hace decir a un portavoz (Fragm. La estructura musical de este verso se basa en la cuádruple aliteración de la letra t. 1 . De todos modos. 292. Por ello rechazaron todos. La ruptura halla expresión drástica en el veredicto de Catulo contra la pésima obra de un escritor contemporáneo. la expresividad de la dicción: quam prisci casci populi tenuere Latini (Fr-agm. la hórrida tierra. pertenecen tam­ bién a la dirección enniana. como Calimaco. Este y otros muchos juegos sonoros fueron empleados por Ennio con desmedida exageración. en las huellas marcadas por éste. los neotéricos elevan la total elaboración formal de la obra de arte a la categoría de principio supremo. epígono de Ennio: Annales Volusi. pág. y propagaron por el contrario las formas épicas menores y 7 Catulo. C. el gran poema épico. Ad Atticum. y dan a sus versos el cuño de una dinámica primigenia y desbocada. libros de m ierda»)7. cacata charta («Anales de Volusio. Los Anales fundaron toda una tradición épica. Lo mismo que los alejandrinos y su portavoz máximo. 310): Africa terribili tremit hórrida térra tumultu («África. esta épica postenniana estaba ya pasada de moda en los años sesenta del siglo i a. como lo demuestran los frag­ mentos de dichos poemas ciceronianos. C. Épica menor neotérica Catulo (hacia el 84-54 a. las gestas de los caudillos contemporáneos. 2 .). Sobre los neotéricos.. C. 8 Cicerón.. 36. 513). en el caso siguiente. el doble uso de la r simple y el triple de la rr doble o geminada en el interior de los vocablos. así como sus dos poemas épicos autobiográficos De consulatu meo y De temporibus meis. tiembla bajo espantoso estruendo»). Carmina. y sacan de dicho postulado la conclusión de que la perfección formal absoluta sólo puede alcanzarse en obras de volumen o extensión reducidos. El Marius de Cicerón. 1. 1. Calimaco (siglo m a. «que ocupaban los viejos venerables pueblos latinos»).La poesía épica romana 97 Ennio es un poeta de palabra vigorosa y caudalosa y un maestro de la expresión atrevida y metáfora sorprendente: Irarum effunde quadrigas («derrama las cuadrigas de tu ira»). Se abandona constantemente a la onomatopeya y los efectos musicales de rica y en ocasiones excesiva sonoridad (Fragm. v. Su dechado era el arte exquisito y formalista de la poesía alejandrino-helenística.) pertenece a un grupo de poetas a los que Cicerón designa como neoteroi (los «m odernos»)8. La composición del verso y la lengua poética se habían refinado notablemente entretanto. . 24) ([. un país]. más abajo. La cuádruple repetición de una i larga al final de palabra acentúa más aún.

el nombre de «epilion». la pintura antigua suele representar generalmente a Ariadna durmiendo. mínimas para las que suele emplearse. a una Ariadna tendida sobre un lecho.98 Literatura universal Baco y Ariadna. d. estaban destinados a un . Estos pequeños poemas épicos. sino también en el contenido de estos poemas. — A dife­ rencia de la descripción que hace Catulo.). tanto a la partida de Teseo como también a la llegada de Baco. Casa de los Vettios (habitación de Ixión). apoyado en un báculo de Tirso. C. En esta pintu­ ra mural contempla Baco. y cuyos encantos desvela un sátiro que levanta la colcha. En el transfondo se ve la nave de Tarso alejándose. en los que dan expresión a las fábulas eróticas de la mitolo­ gía griega. desde la Edad Moderna. decididamente apolíticos y puli­ dos formalmente hasta el más mínimo detalle. Los neotéricos se apartan de la gran epopeya patriótica de tradición anniana no sólo en la forma. Hacia el 75 d. Pompeya.

71-123). 249-264): en ella se narra la llegada de Dionisos y de su séquito. que culmina en una maldición lanzada contra Teseo (vv. queda enmarcada en una ojeada hacia el pasado (vv. el cumplimiento de su maldición. La llegada de Dionisos. domina aquí una narrativa plena de afectividad y extremadamente vivaz y movida gracias al frecuente cambio de la perspectiva. que sigue con miradas acongojadas la nave del infiel Teseo. 202-248). con la que el dios se dirige a una mortal. partidarios de la misma actitud y expertos gustado­ res de un arte refinado. cuando. 64)9. Zmyrna 9 . y hacia el final del poema aparece ante nuestros ojos la guerra de Troya. 265-408) se intercala la historia de Ariadna en Naxos (vv. al que dan estructura interna los artificios del encuadramientó y la inter­ calación. La primera parte de la descripción (vv. Seguidamente el poema retorna a Peleo y Tetis (vv. el fruto de la unión entre Peleo y Tetis (vv.La poesía épica romana 99 círculo de conocedores. que recuerda la estancia de Teseo en Creta y su fuga con Ariad­ na. El abandono y la soledad de Ariadna y la desgracia que su maldición hace caer sobre Teseo constituyen un sombrío contraste de la felicidad amorosa que disfrutan Peleo y Tetis. La descripción del amor de Ariadna por Teseo puede servir de ejemplo: Muy escasos fragmentos se han conservado de la lo de Cayo Licinio Calvo y de la de Cayo Helvio Cinna (W. 52-70) nos presenta la figura y el gesto de la desesperada Ariadna. 85-89). Apartándose de la forma de exposición tradicional de la épica mayor. Esta com­ posición está conformada temáticamente por correspondencias de contras­ te y paralelismo. pero el único ejemplar que ha llegado hasta nuestras manos es el «epilion» de Peleo.). El «epilion» de Peleo es un conjunto poético extremadamente refinado. Todos los neotéricos importantes compusieron tales «epilias». La transición y el retorno de una leyenda a la otra están consti­ tuidas por una descripción en dos partes de las pinturas que decoran el techo de la estancia donde se festejan las bodas. pági­ nas. Fragmenta Poetarum Latinorum. La patética lamentación de Ariadna. como reflejado en un espejo. 21927. del que es autor Catulo (c. 124-201). y una visión anticipadora del futuro (vv. introducidas de manera muy hábil. El co­ mienzo y el final del poema se desarrollan ante el horizonte de aconteci­ mientos míticos de máxima significación: el comienzo nos presenta la par­ tida de los Argonautas. La parte dedicada a Ariadna concluye con la segunda parte de la descripción de la pintura (vv. Morel. Leipzig. En la narración (que sirve de marco al conjunto) de la boda de Peleo y Tetis (vv. 1-49. 265 y s. su poema redactado en estilo neotérico. las Parcas profe­ tizan la fama futura de Aquiles. 323-381). que engalana con citas de Virgilio. las partes que sirven de marco al poema o que se intercalan en éste configuran un sistema simétrico. De este modo. obra de un poeta desconocido. que posee el lamento de Ariadna como eje central. 50-264). refleja la vinculación de la diosa Tetis con el hombre Peleo como si se tratase de papeles trocados. en las fiestas de la boda. Una floración tardía es la Ciris.

ferox quo ex tempore Theseus egressus curvis e litoribus Piraei 75 attigit iniusti regis Gortynia templa. que tantas veces suspiró por el rubio huésped.) El comienzo de la parte citada está integrado por una invocación del poeta. sem­ brando en su pecho espinosos cuidados en el tiempo en que el bravo Teseo. que con su asiduo llanto puso fuera de sí a Erycina. in flavo saepe hospite suspirantem..) la forma un apostrofe. que . tendida en un casto lecho. heu misere exagitans immiti corde furores 95 sánete puer. dirigido a Amor y a Venus. 94 y ss.. llega a los gortinios palacios del injusto monarca. que excitas inmisericorde la furia amoro­ sa. en los bra­ zos tiernos de la madre —así cual los mirtos rodean la corriente del Eurotas o los céfiros de primavera hacen surgir mil colores floridos—. la conclusión (vv. En los versos que he­ mos omitido en nuestra cita anterior se narra el motivo de su viaje a Creta. no apar­ tó ella sus ojos ardientes de la figura de él hasta que hubo recibido en su cuerpo la llama de amor y fue penetrada por ella hasta la médula m is­ ma. la figura de Teseo pasa a ocupar progresivamente el centro de la narración mediante una serie de transiciones. Esta frase.. que señoreas a Golgos y al Idalio frondoso. abandonando las curvas playas del Pireo.. curis hominum qui gaudia misces. (Desdichada. quam cuncto concepit corpore flammam funditus atque imis exarsit tota medullis. pleno de repro­ ches. y tú. qualibus incensam iactastis mente puellam fluctibus. quam suavis exspirans castus odores lectulus in molli complexu matris alebat. non prius ex illo flagrantia declinavit lumina. Tan pronto como le contempló la virgen princesa con ojos llenos de deseo. 86 hunc simul ac cupido conspexit lumine virgo regia. La frase introductoria está configurada de tal manera. assiduis quam luctibus externavit spinosas Erycina serens in pectore curas illa tempestate. quales Eurotae praecingunt flumina myrtus 90 aurave distinctos educit verna colores. quaeque regis Golgos quaeque Idalium frondosum. en qué oleaje habéis arrojado a la muchacha encendi­ da de amor. que tras una vehemente descripción de la pasión que consu­ me a Ariadna.100 Literatura universal 71 A misera. Ay de ti. adolescente divino. la narración torna nuevamente a Ariadna. que exhalaba dulces aromas. que mezclas con gozo las penas del hombre.

Por ello no podía quedar reducida a una fabulación sobre los remotos años míticos. que en la narración de los viajes de Eneas y en la pintura de sus luchas y conquista final del Lacio había de repetir y aun superar a la Ilíada y a la Odisea respectivamente. que el poeta saludó con entusiasmo como aurora de una nueva época histórica 10. Épica augustea En la era de Augusto. sino que. 34. 10-39. la descripción de la esmerada cría de la muchacha en los aposentos de las mujeres. pág. Virgilio resolvió este empeño de integra­ ción épica poniendo la temática central de Eneas. Virgilio abrigó en un principio la idea de escribir una epopeya panegírica sobre Augusto y los sucesos de la época. de un gran poema épico nacional al estilo homéri­ co. la poesía épica latina se acerca a su cumbre de perfección con la Eneida de Virgilio y las Metamorfosis de Ovidio. Geórgicas. mediante profecías e interpretaciones anticipadas. . 10 Sobre este punto v. con las Metamorfosis. C. los Anales de Ennio. harto más osado y ambicioso. y por la restauración de la unidad imperial y de la paz por obra de Augusto. en relación directa y permanente con el futu­ ro de Roma y su posterior grandeza. — Virgilio redactó la Eneida entre los años 29 y 19 a. 11 Virgilio. En el centro de este pasaje se le opone. Esta obra debía sustituir al mismo tiempo. según el lugar de culto de la diosa situado sobre el monte Erix en Sicilia) y de perífrasis de amplio vuelo (versos 93-95). había de incluir la totalidad de la historia romana. aunque de manera distinta a ella. por vía de contraste. La descripción de cómo Ariadna se enamora apa­ sionadamente de Teseo está repartida entre el comienzo y el final. 3. descrip­ ción acentuada por medio de una doble comparación. De este modo pudo realizar también L a « E n e i d a ». No obstante. este propósito cedió pronto el sitio al plan. en su calidad de epopeya nacional romana definitiva. al igual que la epopeya de Ennio.La poesía épica romana 101 abarca en total ocho versos (86-93) constituye un bello ejemplo de artificio­ so y sutil enmarcamiento. que Virgilio vivió de forma activa y muy intensa. En la Eneida culmina la apropiación de la epopeya de tipo homérico. Ovidio dio carta de naturaleza en la literatura romana a la poesía épica colectiva del helenismo. sino por medio de un apelativo (Erycina. Sus presupuestos biográficos están constituidos por las guerras civiles. Pertenece a la sun­ tuosidad exquisita de estos versos el que Venus y Amor no sean designados de manera directa. Como muestra el proemio al libro III de las Geórgicas ". más arriba.

que representa a Venus con dos amorcillos. una Venus desnuda. su propósito originario. d. El mosaico se diferencia de la narración de Virgilio por su acrecentado erotismo. que describe a los futuros héroes de Roma en el libro VI. De las tres grandes visiones proféticas del poema culminan dos —los augurios de Júpiter en el libro I y la descripción del escudo en el libro VIII— en la descripción de la pax Augusta (1. 286-296. y por Ana. éste es en­ salzado en la Eneida com o el consumador de la historia romana iniciada con la partida de Eneas de Troya envuelta en llamas.102 Literatura universal Mosaico de Dido y Eneas hallado en Low-Ham. En torno a la figura central. se pre­ sentan ilustraciones sobre el libro 4. la hermana de Dido. Som erset. Castle M useum. aparece Augusto como el sobe­ rano universal que le fue prometido a Eneas. 8. 788-807). Dido. Mediados del siglo iv d. y que sirve a éste de dechado cuando se apresta para iniciar las guerras de la conquista del Lacio (6. la glorificación de Augusto. Taunton.° de la E neida: llegada de Eneas y los suyos a Cartago. . C. escena de amor entre Dido y Eneas. En la tercera visión. a la derecha. flanqueada por Eneas y su hijo Ascanio a la izquierda. Eneas y Ascanio en una escena de caza. 671-728). En efecto.

como maius . tanto la Ilíada como la Odisea abarcan 24 libros.»). A la primera par­ te de los viajes sigue. se atuvo a la exigencia de total perfección formal de la obra fomulada por éstos tanto como a su idea de que dicha perfección sólo puede ser alcanzada en obras de extensión limitada. C. Con la Eneida. en vía ascensional.. Sin embargo.. Museo del Bar­ do. — Túnez. Ello aparece con singular claridad en la redacción de las dimensiones homéricas llevadas a cabo por Virgilio.. d. que había sido repudiada por los neotéricos. finales del siglo m d. de los que los seis primeros consti­ tuyen su parte de Odisea y los seis últimos su parte de Ilíada. En efecto. la segunda o iliádica. mientras que la Eneida está compuesta tan sólo por 12. mihi causas memora. Ataviado con una toga. La obra posee una estructura simétrica transparente. Virgilio se sienta en un sillón entre las musas Clío y Melpómene. («Musa.. Virgilio retornó a la forma de la poesía épica de gran aliento. En la mano izquierda sostiene un rollo con el comienzo de la invocación a las Musas de la E neida: Musa.La poesía épica romana 103 Mosaico de Virgilio hallado en Hadrumetum. anúnciame las causas.

Eneas y sus compañeros desembarcan nuevamente en Sicilia el . Eneas y sus compañeros se ven arrojados hasta África. En ordenación paralela. 286 y ss. 2 y 3. al término del libro 12. En los comienzos del libro 5. los libros 1 al 4. 34 y ss. 791-842). En la primera mitad de la obra. en la escena entre Júpiter y Juno. y los libros 5 y 6. Su muerte. acompañado por la maldición de Dido. Por orden perentoria de éste. se ofrece un acontecer que parte de la destrucción de Troya y se acerca poco a poco a la meta final del viaje. que se quita la vida. los dos libros extremos integran un contexto coherente y unitario de acción. En el libro 2 narra Eneas la descripción de Troya y expone la misión que le fue encomendada durante dicha catás­ trofe. acompañada de profecías y revelaciones. común a ambas. sirven de marco a las narraciones que hace Eneas en primera persona. de la ira de Juno. y que recogen los libros 2 y 3. en la que cae Eneas en Cartago. durante un banquete en Cartago. Las dos mitades de la obra son llevadas a una unidad superior por el tema. En co­ rrespondencia con ello. por una parte. tiene su correspondencia.). por efecto de una tempestad desencadenada por Juno. que se halla bajo el signo de la amenaza de la misión de Eneas por obra de Juno. En el libro 3 narra el héroe el viaje desde Troya hasta Si­ cilia. y que no fue otra sino la de buscar un nuevo hogar a los dioses na­ cionales de Troya. Estos libros 1 y 4. abandona Eneas Cartago. La escena entre Júpiter y Venus del libro I. en la que ésta renuncia a su ira (1. Mientras que en los dos libros interiores. y hallan acogida en Cartago por la reina Dido. que se presenta como una iluminación progresiva de la meta final del viaje. En el libro 1. Ambas partes están ensambladas es­ trechamente entre sí por el hecho de que la última fase de los viajes se adentra en los comienzos del libro 7 (hasta el verso 36). constituyen dos grupos claramente diferenciados entre sí. el retorno de Eneas a dicha misión sagrada es pre­ sentada en los libros 5 y 6 como un retorno a Anquises: Eneas hace suyo definitivamente el principio encarnado por Anquises. por otra. 7. 223-296. 12. 45).104 Literatura universal opus u «obra de mayor peso» (7. provocada por el po­ der de Juno. en los libros exter­ nos 1 y 4 tienen lugar los reveses ocasionados por la intervención de Juno. En el primer grupo. sólo puede ser resuelta por el poderío superior de Júpiter. el argumento de ambas partes se ve desencadenado por dos intervenciones hostiles de Juno: el desencade­ namiento de la tempestad marina y el desencadenamiento de la guerra del Lacio (1. En el libro 3 el guía espiritual de Eneas y sus compañeros es Anquises. Esta desviación de su meta final halla en el libro 4 una prosecución acentuada en el apartamiento de Eneas de su misión por sus lazos amorosos con Dido.. poco después de arribar a Sicilia. el padre del héroe. En ellos se intercalan los acontecimientos anteriores al co­ mienzo de la acción en el libro 1. Esta complicación. en su viaje marítimo desde Sicilia a Italia. hace posi­ ble la desviación de su misión. relacionados entre sí temáticamente.

Mientras que en el libro 7 se invoca la antigua Italia —y sobre todo el viejo Lacio— con sus formas de vida política. 1963. así como los juegos organizados en su memoria. 84 y ss. en tierras donde más tarde se alzará Roma. originario de Arcadia. en la segunda mitad precede inversamente la pareja 7 y 8 al cuarteto de los li­ bros 9 al 12 n. Anquises aparece como hierofante. En el libro 8 halla Eneas. Eneas se encuentra nuevamente con su propio pasado en las figuras de sus com­ pañeros muertos durante la travesía. restable­ cen el contacto con el muertq. y alcanzan una culminación en el catálogo de los pueblos itálicos que se aprestan a lanzarse contra ellos. de Dido o de un pariente asesinado durante la caída de Troya. por cuanto que Venus entrega a Eneas las armas que para él ha fabricado Vulcano en su fragua. Münster. Tras la iniciación de las hostilidades. en analogía con los ritos de los m isterios iniciáticos. Los libros 7 y 8 son libros nacionales en medida singular. 5-8 y 9-12. como alguien que ha alcanzado la certidumbre y la visión ver­ dadera. A la ayuda humana viene a unirse. El espíritu del padre se aparéce en sueños a Eneas y le indica que acuda a visitarle al más allá bajo la guía de la Sibila de Cumas. E lem en te ein er Poetik d er «Aeneis». el octavo es el libro romano por excelencia de la Eneida. La visión de los héroes futuros de Roma. en los libros 9 al 12 las acciones bélicas. algunos eruditos aceptan una clasificación trimembre en los libros 1-4. Eneas se encamina. En los libros 7 y 8 se describen el estallido de la guerra y los preparativos militares. y los va dejando una vez más atrás en S u camino hacia Anquises. págs. la divina. está configurado como un camino desde el pasado hacia el futuro. Los sacrificios ofrecidos ante su tumba. descrito en el libro 6. 2:4. . En la narración de la visita de Eneas a Evandro se intercalan descripciones de lugares no12 A diferencia del análisis estructural que hemos expuesto. F.La poesía épica romana 105 día del aniversario del enterramiento de Anquises. J. En la primera parte de dicho viaje. la ayuda del rey Evandro. fortalecido y confortado interiormente. en el libro 7 van cre­ ciendo los peligros para Eneas y sus compañeros de manera amenazadora. sus costumbres religiosas y sus tribus. está concebida como iniciación ritual de Eneas. cuyo auxilio se torna manifiesto con motivo de una nueva crisis provocada también por Juno: el incendio de las naves. de los que dos constituyen en cada grupo una de las dos mitades del libro: 4:2. El viaje a través de los infiernos. Worstbrock. Los libros 7 y 8 están relacionados entre sí recíprocamente y por vía de contraste. hacia la inminente guerra del Lacio. que sigue al reen­ cuentro con el padre. en la última parte del libro 8. así por ej. Esta concepción desconoce la estructuración quiástica de la obra total en 4 grupos de libros. que abarca y encierra en sí la división bimembre en los grupos de libros 1-6 y 7-12. Mientras que en la primera mitad de la obra los cuatro primeros libros son seguidos por la pareja temática integrada por los libros 5 y 6. quien le envía a los etruscos como aliados poderosos.

La batalla decisiva descrita en el libro 12 enlaza directamente con una escaramuza de tropas de a caballo.106 Literatura universal Relieve del Ara Pacis Augustae. En el libro 9 se narra el asalto de dicho campamento por los latinos durante la visita de Eneas a Evandro. La primera batalla se desarrolla ante el campa­ mento de Eneas y los suyos. descri­ ta en el libro 11 y que transcurre de forma desfavorable para los latinos. C. En la mano izquier­ da sostenía originariamente una lanza. tables de la ciudad de Roma. desde Rómulo hasta la terminación de las guerras civiles por obra de Augusto. Eneas ofreciendo un sacrificio. Años 13-9 a. en la desembocadura del Tíber. La descripción de la guerra se estructura en las dos batallas dobles de los libros 9 y 10 y 11-12. Roma (Detalle). . Eneas está representado aquí como una figura paternal y de caudillo. En ambas batallas dobles. que impone respeto y vene­ ración. Según la antigua costumbre romana está ataviado solamente con la toga. y en el escudo que le entrega Venus se en­ cuentra reproducida toda la historia de la futura Roma. La segunda batalla doble tiene lu­ gar ante la ciudad del rey Latino. y en el 10 la liberación de los cercados por tropas arcadias y etruscas al mando de Eneas. d. y de acuerdo con los ritos romanos de las ofrendas y los sacrificios lleva la cabeza velada. la segunda (libros 10 y 12) sigue a la primera de manera ascendente o como intensificación de la misma (libros 9 y 11).

en la del libro 12. La mi­ niatura ilustra los versos 4. d. una figura femenina concebida según el dechado de la amazona Pentesilea. que robó a Menelao a su esposa Helena. Mien­ tras que en la guerra de Troya el troyano Paris. es culpable de la catástrofe. Turno. y al final del libro 11. El argumento de la parte que imita a la llíada ha sido configurado por Virgilio como una repetición de la guerra de Troya en sentido inverso. en la parte final del libro 12 caerá muerto por mano de Eneas. Los finales del primero y del último libro de batallas están relacionados entre sí de manera contrastiva: al término del libro 9 Tur­ no. Entre la catástrofe de estos dos poderosos guerreros. Para este fin presenta a Turno como descendiente de inmigrantes argivos. el rey Latino promete a Eneas por mujer a su hija Lavinia. Virgilio ha intercalado la muerte de la doncella Camila. Miniatura del Vaticanus Latinus 3225. pero es obligado por Turno a quebrantar dicha . que ha penetrado en el campamento de Eneas. siglo iv d.La poesía épica romana 107 Eneas sólo toma parte'en la segunda de ambas batallas dobles. 56-61 de la Eneida. en la guerra del Lacio es culpable el «griego» Turno. en la conclusión del libro 10. heroína del pueblo volsco. al cruel Mecencio. a su contrincante principal. Dido y Ana ofreciendo un sacrificio. C. en efecto. logra salvar su vida lanzándose al Tíber. y al final acaba derrotando a uno de los más feroces enemigos.

y culminan en escenas cargadas de patetismo. y al igual que Héctor cae víctima del deber de venganza de Aquiles para con su amigo Patroclo. los personajes individuales y los sucesos aislados apun­ tan siempre simbólicamente. poseen con frecuencia el carácter de arias. compañero de armas de Eneas. Los acontecimientos narrados se ven vivificados por la subjetividad contenida y mesurada del estilo na- .). primorosa y complejamente trabajados. Además han sido incorporados a la obra rasgos fundamentales de la poesía épica grecorro­ mana posterior a Homero. Virgilio incorpora un tema típicamente helenístico en la narración de la metamor­ fosis de las naves de Eneas en ninfas marinas (9. que las abarca y da senti­ do. se celebra al final del libro. C. y transidas de un profundo sentido ético. hacia las fuerzas profundas espirituales y morales que obran en ellos. Los discur­ sos incorporados a estas escenas. impedido por este perju­ rio. así también cae Turno víctima de la venganza de Eneas por la muerte de Palas. La exposición se es­ tructura en escenas de amplio aliento. en la Eneida los latinos. En la Ilíada son los troyanos quienes quebrantan primeramente el jura­ mento prestado. Esta retoma de Homero es característica. La guerra en el Lacio ha de ser decidida en un principio mediante un duelo entre Eneas y Turno. Frecuentemente han sido integrados en el contexto giros y medios versos tomados de los Anales de Ennio. hallamos numerosas reminis­ cencias de las Argonautika. 77-122). sobre todo en la pintura de la pasión amorosa de Dido.Turno. del poeta helenista Apolonio de Rodas (siglo m a. Todas las acciones de la Eneida se hallan ensambladas en un conjunto superior. en la batalla campal del libro 10. da muerte a Palas. Sus rasgos característicos más destacados son lo ético.Héc­ tor de la Ilíada en la constelación Eneas . La enemistad entre Eneas y Turno se convierte en mortal cuando éste. El duelo. El que pese a la diversidad de las fuentes y modelos todo resulte unido en un conjunto homogéneo se debe a la peculiar forma de narración litera­ ria de Virgilio. bien sin modificación alguna. más allá de sí mismos. Sin ser por ello figuras exan­ gües y descoloridas. Con ello se rehace la constelación Aquiles . lo dramático y la animación o vivificación. sino también de la configuración formal de muchos episodios y grupos de versos y aun de versos aislados.Palas .Patroclo . y discurre según el modelo de la pelea entre Aquiles y Héctor en el libro 24 de la Ilíada.108 Literatura universal promesa. Así por ejemplo. lo mismo que en la Ilíada (libros 3 y 4) la guerra de Troya se decide mediante un duelo entre Menelao y Paris. Las dos constela­ ciones iliádicas aparecen con singular claridad al comienzo y al final del libro 12. bien en forma artísticamen­ te depurada. enlazadas entre sí por breves transi­ ciones y configuradas literariamente según los principios del clímax y del cambio súbito. no sólo de la disposición ge­ neral de la Eneida.

tenens dextra pateram. tan rebosante de afectividad. ávida. 65 heu. hacia las aras grasientas. en intervenciones directas del autor. teniendo en la diestra la pátera. vatum ignarae mentes! quid vota furentem. De acuerdo con el rito sacrifican a Ceres legisladora. perceptible en todo momento. haeret lateri letalis harundo. que vela sobre los vínculos del matrimonio. ovejas selectas de un año cumplido.La poesía épica romana 109 rrativo de Virgilio. aut ante ora deum pinguis spatiatur ad aras instauratque diem donis pecudumque reclusis pectoribus inhians spirantia consulit exta.): Principio delubra adeunt pacemque per aras exquirunt. pero ante todo a Juno. tal una cierva herida por la flecha a quien. en su flanco va prendida la saeta mortal). 70 quam procul incautam nemora inter Cresia fixit pastor agens telis liquitque voladle ferrum nescius: illa fuga silvas saltusque peragrat Dictaeos. pulcherrima Dido candentis vaccae media inter cornua fundit. o bien se dirige. 60 ipsa. incauta. Su emoción. y renueva el día sobre sus ofrendas. se manifiesta preferentemente en el empleo enfático de atributos e imágenes empapados de emocionalidad. . (Al comienzo visitan ambas —Dido y su hermana Ana— los templos y suplican la paz de altar en altar. y ello casi exclusivamente en los momentos culminantes. un pastor persiguió con sus dardos en los bosques de Creta e hirió. y sólo raras veces. a Febo y al padre Lieo. y se inclina. uritur infelix Dido totaque vagatur urbe furens. ante la faz de los dioses. mactant lectas de more bidentis legiferae Cereri Phoeboque patrique Lyaeo. qualis coniecta cerva sagitta. Iunoni ante omnes. ¡Ay del adivino ignorante! ¿De qué sirven plegarias al frenético. cui vincla iugalia curae. < Un ejemplo característico del arte narrativo de Virgilio lo ofrece la des­ cripción de la pasión amorosa de Dido (4. sobre los cuerpos de las bestias sacrificadas y examina las entrañas aún palpitantes. dejando en su cuerpo el hierro alado. Aquélla recorre en su fuga los bosques y quebradas de los montes Dícteos. la vierte entre los cuernos de una vaca de deslumbradora blancura. de qué sirven los templos? El fuego amoroso consume su blanda medula y en su pecho vive una oculta herida. la hermosa Dido. quid delubra iuvant? est mollis flamma medullas interea et tacitum vivit sub pectore vulnus. Ella misma. Inflama­ da está la infeliz Dido y recorre frenética la ciudad. 56 y ss.

d. La conclu­ sión de esta primera parte está constituida por la doliente exclamación sobre la ceguera de los videntes o vaticinadores y la doble pregunta. quid delubra . para leer el futuro en ellas. hacia el 70 d. El texto se ve sublimado por el empleo de expresiones litúrgicas tomadas del lenguaje sagrado mactant. Museo Nazionale. que vierte un cuenco votivo sobre la cabeza del animal que ha de ser sacrificado. La primera de ellas nos pinta los afanosos esfuerzos de Dido. El giro pacemque per aras exquirunt verso 56 y s. Todo ello encierra un pensamiento típicamente romano.) constituye en cier­ to modo el título. C. bidentis.110 Literatura universal La exposición está dividida en dos partes. La pintu­ ra retiene el momento en el que la horrorizada Dafne es alcanzada por Apolo y comienza su trans­ formación en laurel. da es la construcción de las frases que integran los versos 60 y 64. Pintura mural de Pompeya. empeñada en ganar a los dioses para sus fines. Hábil y refina- i Apolo y Dafne. Entre ambas escenas se introduce un breve relato bi­ membre sobre los restantes sacrificios que ofrece a los dioses. es­ tructurada anafóricamente. instaurat). que le sigue: quid vota furentem. y Dido que se inclina ávidamente sobre las entrañas de los animales. El pasa­ je está engarzado entre dos detalles muy expresivos: Dido. ya que la pax deorum constituye la meta y objetivo final de la religión romana. Nápoles.

En la superficie dañada del centro de la pintura estaba represen­ tado Dédalo. que nos pinta el estado de ánimo de Dido. y en la que ésta no es apostrofada ya. aparece ahora ella misma como víctima. como antes. por cuanto que ilustra la inquietud frenética de Dido mediante la fuga desalada de la cierva herida. 65 y s. La obra fue editada en esta forma. La decisión del emperador estuvo moti­ . d. Arriba a la izquierda apa­ la «saeta mortal» prendida en el flanco de la cierva. Casa del sacerdote A m ando en Pompeya. Abajo en el centro se ve a ícaro muerto tendido en el suelo. ícaro precipitándose al suelo. pero también profética. lo que se expresa sobre todo mediante la comparación con la cierva herida.). ya que anticipa el final trágico de Dido mediante la indicación de i La caída de ícaro. C. de pulcherrima (v. Estas dos frases llevan al mismo tiempo a la segunda parte de la descripción. C. la Eneida esta­ ba concluida en lo esencial. 60). pero contenía aún una serie de hemistiquios incompletos.La poesía épica romana 111 iuvant? (v. Precisamente por obra de esta comparación queda fijada la actitud del lector hacia Dido. 68). A su derecha. Hacia el 70 d. Esta metáfora posee una función aclaradora. aun­ que el poeta había expresado en el lecho de muerte el deseo de que fuese destruido el manuscrito inacabado. varias repeticiones y transiciones evidentemente provisiona­ les. rece el dios del sol con su cuadriga. Cuando Virgilio murió inesperadamente el año 19 a. por orden del mismo Augusto. presentada primeramente como oficiante de un sa­ crificio ritual. que con­ sidera a ésta como una víctima noble e infeliz.. sino de infelix (v. Dido. merecedora de su compasión.

escribió.). En lugar del entrelazamiento de las historias individuales mediante simples transiciones cambiantes. Prefigurado ya en los poemas-catálogo de Hesíodo y su escuela (Teogonia. Las «Metamorfosis» Con la Eneida había alcanzado la recepción de la epopeya de tipo homé­ rico su punto culminante y su conclusión provisional. Entre los años 1 y 8 d. por una parte. además del poema épico colectivo de las Metamorfosis. el elegiaco de los Fasti 14. en el que se entremezclan o suceden un total de 250 leyendas y mitos. Ovidio incor­ poró a la literatura romana ambos tipos de poesía colectiva. Pero por otra parte superan con mucho a éstos. tanto por su volumen. Otro de los poemas colectivos más famo­ sos. el desarrollo de toda la literatura occidental hasta el siglo xvm hubiera sido esencial­ mente distinto. un mitologema fundamental de Ja ideología augustea. . como los Heteroiumena de Nicandro. por otra. y dístico-elegíaca. pág. la ordenación de ellas dentro de un amplio marco temporal que se extiende desde el origen del mundo hasta la deificación de César. C.112 Literatura universal vada en primer término por razones políticas. pero sin ella. C. obra que no ha llegado hasta nosotros y que encerraba una serie de fábulas y mitos de transformaciones o metamorfosis. al servicio de la plena asimilación de la epope­ ya griega. un florilegio de leyendas mitológicas. eran los Heteroiumena de Nicandro de Colofón (siglo ii a.). esta forma de poema colectivo había hallado en el helenismo una configuración métrico-formal doble: épico-hexamétrica. éste de carácter épico. en las Metamorfosis encerró a su vez la esperanza de haber producido un poema no inferior en originalidad a la Eneida. C. lo mismo que sus modelos helenísticos. y ello con amplio estilo. 282. más abajo. Otra forma de poesía narrativa estaba por el contrario representada hasta entonces en Roma de manera sólo incipiente: el poema integrado por una serie de historias inde­ pendientes reunidas bajo un concepto general y común a todas ellas 13. como por su es­ tructuración cronológica. 14 Sobre los Fasti de Ovidio v. Las Metamorfosis constituyen por una parte un conjunto de narraciones de longitud diversa. En atención 13 Antes de las Metamorfosis de Ovidio estaba representada sólo por la (perdida para no­ sotros) Ornithogonia de Emilio Macer (muerto el 16 a. En lugar de un poema en cinco libros. Mediante esta úl­ tima obra intentó convertirse en el Calimaco romano. El más famoso poema colectivo (o colección de poemas) de carácter elegiaco eran los Ai tía de Calimaco. Catálogos de mujeres). un poema sobre la transformación de hombres en pájaros. un gigantesco poema épico* en quince libros.

1 y ss. 320 y ss. En esta estructura general. y otras). 1. que a veces realiza el poeta mismo. 452 y ss. abarcan la era de los argonautas. Al ser las fábulas aisladas miembros de un proceso general. y contienen. . que son equiparadas plenamente a las griegas (Circe y Pico. y otros). y otras). la historia de Hércules y Deyanira (libros 7-9). universal. narraciones que tratan principalmente del castigo sufrido por mortales demasiado atrevidos (Níobe.) y del incendio universal de Fae­ tón (2. vienen (a partir de 4. y otras). se rinde homenaje evidente a este carácter del poema: la epopeya de las metamorfosis es coronada aquí por un discurso filosófico sobre el constante fluir y la incesante transformación de todas las cosas. Los libros 12 al 15 nos llevan desde el comienzo de la guerra de Troya hasta la época de Augusto. en W. 580) y por último las épocas de la historia romana. 8. 622).La poesía épica romana 113 a esta estructura cronológica. El marco narrativo lo ofrecen primeramente los sucesos de la guerra de Tro­ ya (hasta 13. 6. 14. 250). así como historias de los amores entre dioses y mujeres mortales (Apolo y Dafne.. 8. y B. 604) las aventuras de Perseo y. 382 y ss. op. fábulas áticas. constituyen (a partir de 6. Dentro de este tejido de mitos hallamos algunos muy conocidos (como por ejemplo la fábula de Dédalo e Icaro. seguidamente los de la Odisea y la Eneida (hasta 14. y otras). un poema ininterrumpido (1. 243 y ss. 183 y ss. 10. págs. Teseo y Minos. hasta el rapto de Europa.). Tras de un ciclo dedicado a las fábulas tebanas (Acteón. como la de Progne y Filomela. junto a otros que no lo son tanto. Los libros 1 y 2 abarcan los tiempos mitológicos primitivos. las Metamorfosis se nos presentan como un poema cósmico. cit. ordenada cronológicamente. tras éstas (a partir de 5. Otis. op. Peleo y la casa real de Troya (libros 10-11). tras la descripción de los orígenes romotos. 424) la conclusión de estos cuatro libros. A partir de la parte final del libro 13 dominan historias sicilianas (Galatea y Polifemo.. En la narración sobre Pitágoras. 253 y ss. y después fábulas itálicas. Ovidio designa a su obra en el proemio como un perpetuum'carmen. cit. que coinciden en parte con el aquí expuesto y en parte se apartan de él. y con ello destaca lo verdaderamente nuevo en ella. y que alcanzaron fama precisamente a través de Ovidio (Filemón y Baucis. Pigmalión. Las Metamorfosis están divididas en cuatro grandes partes. del 7 al 11. 83 y ss. 138 y ss. 6. de Orfeo. y otras) 15. Mien­ 15 Otros análisis estructurales. se intercalan innumerables historias mediante el procedimiento de retorno al pasado. pero que con mayor frecuencia se veri­ fica mediante diálogos y narraciones de los personajes del poema. 750 y ss. Los cinco siguientes. Ludwig. 4). contenida en la parte pri­ mera del libro 15. 618 y ss. la cacería calidónica.. 146 y ss. Marsias. y en ellos se entretejen en un grandioso tapiz mitológico los ciclos de Jasón y Medea. 13. las narraciones de la inundación deucaliónica (1. 3. Los libros 3-6 abarcan desde la edificación de Tebas hasta el comienzo del viaje de los Argonautas. y otras).

114 Literatura universal tras están entregadas a la tarea de tejer. el final de los libros 1 y 12 lleva la exposición al acontecer expuesto en la primera parte de los libros 2 (Faetón) y 13 (pelea por las armas de Aquiles). Hacia el 75 d. En primer plano Pen­ teo. Para dar al desmesurado poema épico la estructura unitaria y coheren­ te que necesitaba. En el fondo. Dentro de cada una de estas cuatro partes prin­ cipales. Casa de los Vettios. en parte mediante tran­ siciones del m ismo género. Pompeyo. Un salto atrás dentro de un salto atrás lo constituye el canto de Venus y Adonis (10. demonios femeninos que incitan al crimen agitan­ do antorchas y látigos. . el final del libro 8 y el párrafo inicial del libro 9 por las narraciones en la gruta del dios fluvial Aqueloo.ménades que le acosan. Así por ejemplo. los libros están enlazados también entre sí. el destino de Atalanta e Hipómenes (10. semicaído y rodeado por tres . Ovidio ha ensamblado las cuatro partes principales de Muerte de Penteo. d. a la derecha e iz­ quierda. 560-707). 623-14. 182-535). La parte que cierra el libro 13 y la inicial del 14 están doblemente vinculadas entre sí por la exposición de los viajes de Eneas (13. 32-388). en parte mediante la conexión temática del fi­ nal de un libro con el comienzo del siguiente. durante una pausa en los combates de la guerra de Troya relata Néstor la historia de la batalla entre los Cen­ tauros y los Lapitas (12. de Escila (13. intercalada en éstos. El final del libro 4 y el com ienzo del 5 están enlazados por las aventuras de Perseo. Un ciclo dedicado a las canciones de Orfeo ocupa la casi totalidad de libro 10. C. 448) y la historia. tal manera que el com ienzo de cada una de ellas constituye la consecución inmediata de la precedente. 503-739) que sirve de broche final a este ciclo y en el que la diosa presenta a su amante. las hijas de Minias se cuentan entre sí historias de amor (4. como ejemplo admonitorio.

690 y ss. 583 y ss. Las Furias se entretienen en los infiernos peinando las víboras de sus cabellos (4.. las escenas tumultuarias de combate (Perseo y Fineo.) y de amor conyugal que va más allá de la muerte (Ceix y Alcione. las fábulas de la mitología.). 12. Amores. Como a estos ensamblamientos de los libros entre sí se añaden las múltiples y variadísimas formas de enlace entre las narraciones y fábu­ las aisladas. conflagración univer­ sal. 74). 750 y ss.) hasta los temas tragicómi­ cos (Midas. y otros). 666 y ss. Como nos enseña un pasaje altamente interesante de la obra erótica de juventud de Ovidio 16.).). 11. a que las Metamorfosis se presenten en efecto como un perpetuum carmen.).). 8.. . Jacinto. 732 y ss. 182 y ss. que según la situación descrita muestra un tono patético.. 9. Ifis y Ianthe. Esta trama laberíntica posee una riqueza de formas verdaderamente caleidoscópica. 298 y ss. En variaciones siempre nuevas se presentan historias de amor: narraciones sobre los amoríos de los dioses con mujeres y adolescentes mortales (por ej. De este modo.) e idílicos (Filemón y Baucis. En correspondencia. 55 y ss. La riqueza temática va desde las catás­ trofes cósmicas (inundación de la Tierra. lo mismo que las transicio­ nes. 10. relaciones eróticas contrarias a naturaleza (Biblis. 1. Lapitas y Centauros. 253 y ss. 2. Mirra. A esta variedad de temas corres­ ponde la matizada riqueza y mutabilidad del estilo. 424 y ss. 11. 9. historias de celos fatales (Céfalo y Procris. 3.. 90 y ss. que lleva de un solo aliento desde los tiempos primordiales hasta el presente. y en especial las le­ yendas de transformaciones y metamorfosis. 453 y s. Mercurio alisa sus cabellos y adereza su manto antes de entrar en casa de su amada Herse (2. Historias graves y alegres.La poesía épica romana 115 735-14.. 410 y ss.). 7. 6. 618 y ss. 4. 3.). narraciones de carácter novelístico acerca de los trabajos y penas de jóvenes amantes.. burlescos (Galatea y Polifemo. Estas superposiciones contribuyen.). surge una estructura laberíntica ligada en todas direcciones y de dimensiones excepcionales. 1 y ss.) y las tragedias sangrientas (Penteo. tanto con final feliz como desdichado (Píramo y Tisbe. 12. 5. los dioses y los demonios se ven disfrazados y transformados de tal manera que su sublimidad o su carácter terrorífico son puestos en tela de juicio. 162 y ss. 447 y ss. sucintas y profusas se alternan en cambio asimétrico y constante. 1. Las inverosími­ les fantasías de las metamorfosis son acentuadas más todavía por el hecho 16 Ovidio. lo. eran para él productos del fértil capricho de los poetas (fecunda licentia vatum). sensible o irónico y humorístico. Tal un mozo presumido y vano. 19-42. 13. 511 y ss. que apunta conscientemente hacia la con­ fusión fascinada del lector. Progne y Filomela. para él son dichas leyendas el objeto de un juego puramente estético caren­ te de intenciones edificantes. 10. En el amplio abanico multicolor de las leyendas se suceden casi todos los esti­ los del antiguo arte narrativo. 1 y ss.

) representa el bosquejo genial de una epopeya histórica de radical modernidad. casa de la Fama. las Púnica de Silio Itálico (hacia el 25-101 d. La mayoría de los rasgos citados caracterizan a las Metamorfosis como una obra de arte anticlásica. obra redactada antes del año 68 d. que rompe los moldes de la tradición. La importancia de esta sucinta paráfrasis hexamétrica de la Ilíada radica exclusivamente en su difusión como libro escolar durante la Edad Media. constituye el intento epigonal de renovar la epopeya histórica en estrecha vinculación con la Eneida. nota­ bles paralelos romanos de la épica mitológica de los griegos l7. Por el contrario. Muy alejada de la severidad moral de la Eneida. en las Argonautica de Valerio Flaco ( t hacia el 90 d. El Bellum civile de Lucano (39-65 d. 11. se agita y alza como la cola seccionada de una serpiente y busca las huellas de su dueña (6. que se ha convertido entretanto en bífida. 47 y ss. Ovidio tiene predilección por los hechos paradójicos: así. d. agudamente observada por el poeta. han sido las Metamorfosis la obra más veces ilus­ trada en los productos de las artes plásticas. C. agonizando. no resiste una comparación con estos poemas. pero su lengua. un poema sobre la Segunda Guerra Púnica. C. C. C. se ve traspuesta a un plano fantástico de manera ingeniosa y caprichosamente juguetona. d. Mientras se transforma en una serpiente. Con excepción de las historias bíblicas.).). Su irradiación sobre la posteridad no ha sido por ello menor que la de la Eneida.) y en la Thebais y el Achilleis de Estacio (hacia el 45-95/6 d. 17 La Ilias Latina de Bebió (?) Itálico. sólo es capaz de producir un silbido inarticulado (4. 558 y ss. se ven aquí enri­ quecidos por la pintura fantasmagórica de las habitaciones de deidades personificadas. C. d.). que reflejan la naturaleza de éstas en todos y cada uno de sus detalles (gruta de Somnus. en la que la realidad objetiva. esta obra se propone única y exclusivamente fascinar y entre­ tener de forma variada. 39 y ss. 12. Poesía épica del primer Imperio La epopeya histórica nacional y la mitológico-heroica.116 Literatura universal de que Ovidio las presenta de manera plástica y las empapa de sutiles re­ flexiones. la bahía y el prado ameno. se separan de nuevo en la época temprana del Impe­ rio. los ríos que lloran por la muerte de Orfeo se desbordan por efecto de sus propias lágrimas (11. 592 y ss. tales como el palacio de los dioses. la lengua recién cortada de Filomela murmura sus postreras palabras en la tierra. antes de que se acabe de transformar completamente en reptil. Cadmos ruega a su esposa que enlace sus brazos.. 581 y ss. que en la Eneida se confunden entre sí. d. Las descripciones de lugares tradicionales de la épica antigua.).). Quiere seguir hablando con ella. d. ingeniosa y despreocupada. que aún poseen forma humana. En prosecución y elaboración creadores del arte épico de Virgilio surgen además. En la pintura de situaciones espantosas la realidad es exagerada hiperbóli­ camente: así por ejemplo. .).

Cambridge Mass. Como nuevo contrincante de César se presenta en el libro 9 a Catón el Joven.) y el de la hechicera de Tesalia. en los posteriores es la monarquía misma el blanco de sus violentas diatribas. Lucano fue condenado al suici­ dio. firmemente asentada entre tanto aunque aceptada de mala ga­ na por algunas partes de la aristocracia. la guerra civil entre César y la oligarquía senatorial había concluido ya hacía más de cien años. la capitulación de los ejércitos pompeyanos en España y las derrotas de los cesarianos en la costa dalmatina y en África (4). En círcu­ los senatoriales de la oposición se celebraban los aniversarios del naci­ miento de los asesinos de César y eran redactadas biografías encomiásticas de Catón el Joven 18. Ade­ más de las operaciones militares hasta la terminación de las luchas en tor­ no a Dirraquio. descrita en el 18 Sobre esto v.). Lucano perteneció primeramente al círculo de amigos de Nerón. los si­ guientes. La mentalidad republicana y la nostalgia por el antiguo Estado romano libre estaban aún vivas. 1966. la estan­ cia de César en Roma y la batalla naval de Massilia (3). que preludian el combate decisivo de Farsalo: el interrogatorio del oráculo del Delfos por Apio (5. Como sobri­ no de Séneca. hasta que debido a rivalidades literarias con el monarca llegó la ruptura con éste. hacia el año 60 d. 5 al 8. — En el Bellum civile de Lucano. Cuando Lucano comenzó a componer esta obra. La vida y la obra del poeta están indisolublemente unidas. ginas 1-45. dejó su gran obra como fragmento inacabado..La poesía épica romana 117 L a é p i c a h i s t ó r i c a : L u c a n o . Tras el descu­ brimiento de la conspiración contra Nerón. la historia romana actual se torna una vez más objeto de la gran poesía épica. los libros 5 y 6 contienen dos episodios dramáticos de gran aliento. E n em ies of the Rom án Order. 569 y ss. d. 71 y ss. MacMullen. pero había significado el cambio histórico decisivo hacia la Monarquía.. atacan simplemente a la persona de César. El joven poeta. El Bellum civile está estructurado en grupos de cuatro libros cada uno. Ericto. Si el resultado final de esta pugna está todavía en el aire al término de estos primeros cuatro libros. C. Este clima espiritual constituyó el caldo de'cultivo del Bellum civile. publicados hacia el 62 ó 63. R. Los libros 1 al 4 abarcan los sucesos del primer año de hostilidades: la entrada de César en Italia y la retirada de Pompeyo a Grecia (1-2). nos presentan el giro de la guerra favorable a César. y en el 8 la huida de Pompeyo a Egipto y su asesinato. Mientras que los libros 1 al 3. en el que han hallado expresión todos los resentimientos contra el nuevo sistema de gobierno. que apenas si había cumplido los veinticinco años. por Sexto Pompeyo (6. Lucano se unió a círculos de la oposición y el año 65 tomó parte en la conjuración de Pisón contra Nerón. pá­ . Esta evolución se refleja en su poema épico. a cuya heroica marcha a través del desierto libio. En el libro 7 se describe la victoria de César en Farsalo.

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libro 9, se subordina por vía de contraste, en el libro 10, el asedio de César durante el motín de Alejandría. En plena descripción de este alzamiento se interrumpe la obra (10, 546). La estructuración de los libros precedentes indica que también la tercera parte de la obra estaba planeada y concebida en otros cuatro libros, en los que sin duda había de ser descrita la campa­ ña de África y, al igual que al término del libro 8 la catástrofe de Pompeyo, el suicidio de Catón como final del libro 12 y de la obra. No se sabe con certeza si la epopeya había de concluir con la muerte de Catón o si sería proseguida hasta el asesinato de César ’9. En favor de esta segunda alter­ nativa puede aducirse la minuciosa exposición de que es objeto Bruto, el asesino de César (2, 234 y ss., 9, 17 y s.). En este caso, la obra total habría estado concebida como dos grupos de cuatro libros cada uno dedicados a la lucha contra Pompeyo, y otros tantos sobre las enconadas pugnas con­ tra los restos del partido libertario. La guerra civil es considerada por Lucano como un acontecimiento que pesa decisivamente hasta el momento presente de la historia de Roma. Des­ de la batalla de Farsalo persiste el conflicto entre la libertad y el empera­ dor (7, 695 y s.); en esta batalla se decidió sobre el destino de la posteridad (7, 639 y ss.). Esta concepción, condicionada por las experiencias históricas del tiempo, determina la valoración de que son objeto los protagonistas. César es pintado, muy unilateralmente, como un sedicioso abyecto y un tirano, el equívoco Pompeyo es presentado como una figura trágica llena de noble resignación, y Catón, símbolo de la negación radical de las reali­ dades creadas por César, es glorificado como «verdadero padre de la Pa­ tria», digno de los honores de la apoteosis, reservados tan sólo a los empe­ radores (9, 601 y ss.). En las luchas entre César y Pompeyo se elabora el contraste entre la vertiginosa ascensión de un asesino carente de escrúpu­ los y el incontenible ocaso de un glorioso caudillo militar abandonado por la fortuna, y en el antagonismo entre César y Catón se presenta la oposi­ ción moral entre el tirano desalmado y atroz y el patriota que defiende denodadamente la libertad de la república. Consecuencia última y lógica de esta visión es que la acusación de Lucano se dirija no sólo contra la persona de César, sino también contra los poderes divinos que rigen la historia. César es presentado como favorito de la Fortuna; la derrota de Pompeyo, como un «crimen de los dioses» (8, 55). Esta concepción de un destino radicalmente perverso contrasta negativamente con la imagen posi­ tiva de la historia presentada en la Eneida. Precisamente porque el destino es de una maldad aviesa, el hombre noble y de acrisolada moral como Ca­ tón se opone necesariamente a él hasta las últimas consecuencias, y en su derrota se alza como vencedor moral sobre los demonios de la historia.
19 V. sobre este punto P. Syndikus, págs. 212 y ss.
op. cit.,

págs. 118 y ss. y W. Rutz, en

Lucan (op. cit.),

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En una antítesis osada y provocadora (1, 128) Lucano formula así este pen­ samiento: los dioses han hallado placer en la causa del vencedor; Catón, por su parte, en la del vencido (victrix causa deis placuit, sed victa Catoni). La epopeya de la caída histórica de la Roma libre es al mismo tiempo una epopeya de la muerte. Los ejércitos reclutados por Pompeyo entre los pueblos de Oriente forman el gigantesco cortejo fúnebre de su entierro (3, 290 y ss.). La muerte muestra su rostro más pavoroso en las múltiples formas de un morir violento, que Lucano conjura de manera verista e hi­ perbólica en la descripción de la batalla naval de Massilia (3, 538 y ss.) y de la plaga de víboras durante la marcha de Catón a través del desierto (9, 734 y ss.). Al mismo tiempo, la muerte ofrece la oportunidad de-supre­ ma y perfecta realización de sí mismo. Para el moribundo Pompeyo es el instante de mostrar acrisolamiento ante las miradas de las generaciones posteriores, fijas en él llenas de expectación (8, 622 y ss.). Enardecidos por el extático entusiasmo, por el frenesí de la muerte que anima a Vulteyo, los cesarianos cercados en Salonas triunfan sobre su desesperada situa­ ción dándose recíprocamente la muerte (4, 474 y ss.). En la marcha a través del desierto libio, que Lucano convierte en un grandioso símbolo de resis­ tencia viril frente a un entorno cruel, Catón se convierte para sus compa­ ñeros de fatigas en el maestro del morir heroico (9, 881 y ss.). Con su Bellum civile, Lucano creó un poema épico moderno que se aparta conscientemente de la visión mitológica del mundo propia de la épica tra­ dicional y refleja la cosmovisión filosófica y científica de su época sobre el fundamento de la física y la antropología estoicas. Así, en el banquete que Cleopatra ofrece a César, la conversación no se ve amenizada por una historia de dioses o de héroes, sino por una descripción de las crecidas del Nilo (10, 194 y ss.), la más famosa de entre las numerosas digresiones geográfico-científicas que ofrece el poema. Pero la novedad más decisiva consiste en la eliminación de una acción divina antropomorfa que abarca y envuelve las acciones humanas, lo que fue considerado por los contempo­ ráneos como una intolerable ruptura con la tradición 20. Lucano sustituyó la intervención de los dioses por la del hado (fatum), la Fortuna y los dio­ ses, en una terminología de cuño filosófico, y con la singularidad además de que, volviendo del revés con ademán provocador la doctrina estoica de la bondad de la providencia divina, califica a ésta de maligna. En su obra integra, por el contrario, todas aquellas manifestaciones de lo sobrenatural que desempeñaban un papel en la vida pública de la época, tales como apariciones en sueños (3, 9 y ss.), prodigios (1, 522 y ss., 7, 151 y ss.), astrologia (1, 638 y ss.), magia y necromancia (6, 437 y ss.). Corresponde al carácter de profesión de creencias que es propio de la obra su forma subjetiva de narración, a la que se atiene el poeta hasta
20 Petronius,
Satyñca,

118, 6.

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las últimas consecuencias. Mientras que en la epopeya de gran aliento la actitud narrativa objetiva sólo se abandona en casos excepcionales, consti­ tuye casi una ley estilística del Bellum civile el que el poeta intervenga constantemente en la narración con preguntas airadas y efusivas, con ex­ clamaciones e invocaciones y hasta con vehementes interpelaciones. Así por ejemplo, a la pintura de la batalla de Farsalo antecede una lamentación, que abarca 73 versos, sobre las consecuencias históricas que acarreará es­ ta catástrofe y que culmina en una desesperada invectiva contra el divino gobierno del mundo (7, 387-459). En tales intervenciones brillan con máxi­ mo esplendor las dotes retóricas de Lucano, verdaderamente soberanas y acrisoladas en los ejercicios declamatorios de las escuelas retóricas de la época. No obstante resulta más que problemático designar a su poema épi­ co, por sola esta causa, como retórico, y ello porque esta etiqueta no resulta adecuada a sus altas cualidades artísticas, que apuntan a una parti­ cipación directa y emocional en la acción épica. Esta tendencia fundamen­ tal de su arte expositivo queda manifestada claramente en la pintura de la fuga de Pompeyo durante la batalla de Farsalo (7, 677 y ss.). En ella, como durante todo el poema, Lucano designa enfáticamente a Pompeyo con su sobrenombre de Magnus, «el Grande»: Tum Magnum concitus aufert a bello sonipes non tergo tela paventem ingentesque ánimos extrema in fata ferentem. non gemitus, non fletus erat, salvaque verendus maiestate dolor, qualem te, Magne, decebat Romanis praestare malis. non inpare voltu aspicis Emathiam: nec te videre superbum prospera bellorum nec fractum adversa videbunt; quamque fuit laeto per tres infida triumphos tam misero Fortuna minor. iam pondere fati deposito securus abis: nunc témpora laeta respexisse vacat, spes numquam inplenda recessit; quid fueris, nunc scire licet. fuge proelia dirá ac testare déos nullum, qui perstet in armis, iam tibi, Magne, mori. ceu flebilis Africa damnis et ceu Munda nocens Pharioque a gurgite clades, sic et Thessalicae post te pars maxima pugnae non iam Pompei nomen populare per orbem nec studium belli, sed par quod semper habemus, Libertas et Caesar, erit; teque inde fugato ostendit moriens sibi se pugnasse senatus.

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(Y entonces el espoleado corcel arrastró al Grande lejos de la batalla; no temió las flechas a sus espaldas y se dirigió con elevado valor hacia sus postreros destinos. No hubo allí gemidos ni llanto, sino tan sólo un dolor que provocaba respeto profundo y no menoscababa la dignidad, tal y como era propio de ti, oh Magno, consagrar a la desdicha romana. Con miradas no alteradas contemplas Emathia. Los favores bélicos nunca te vieron soberbio, ni quebrantado te verán los reveses. Y lo mismo que en el júbilo de tres victorias, así también es inferior a ti la infiel Fortuna en la miseria. Ya has depuesto el fardo del destino y te alejas, libre de cuidados. Ahora se te concede mirar hacia los tiempos felices. La esperan­ za que jamás había de verse cumplida se ha retirado. Te es concedido aho­ ra saber quién fuiste. Huye de los horrendos combates y llama a los dioses por testigos de que ninguno de los que siguen luchando muere por ti, Mag­ no. Al igual que las lamentables pérdidas en el África y la infame Munda y la matanza en las olas de Faros, así también, tras tu marcha, no será la mayor parte de la batalla tesálica sostenida ya por el nombre universal­ mente famoso de Pompeyo ni por la pasión de la guerra, sino por esa pare­ ja guerrera que para siempre nos queda: la libertad y el César. Después de que huiste de allí, el Senado mostró, muriendo, que había combatido para sí propio). En el párrafo que precede a estos versos, Lucano motiva de manera positiva la huida de Pompeyo tras del giro decisivo impuesto por César a la batalla: Pompeyo se decide por la fuga para evitar el derramamiento de sangre por causa sólo de su persona (654 y ss.). De lo que se trataba ahora era de mostrar que la huida del gran caudillo no era una fuga cobar­ de (677-79), y así se nos dice que cabalga cara a su destino impávido y heroico. La rima de los versos 678/9 (paventem/ferentem) acentúa esta afir­ mación explícitamente. Además era preciso presentar al lector la actitud inconmovible y enteriza de Pompeyo (680/686 a). Con el verso 686 b se ini­ cia un nuevo hilo de ideas, que destaca los aspectos positivos de la fuga. Esta es presentada primeramente como una abdicación: Pompeyo ha lleva­ do a cumplimiento el curso de su vida (686 b/689 a). Además, mediante su huida deja abierto el camino para el gran vuelco de la guerra civil (689 b/697): la parte de la batalla de Farsalo que sigue a la fuga de Pompeyo no será ya, como todas las restantes batallas de la guerra civil, una lucha por Pom­ peyo, sino una lucha por la libertad, que no ha concluido aún en los días en que vive y escribe el poeta. En la agresiva expresión par quod semper habemus, Libertas et Caesar, este último nombre designa tanto al hombre Julio César, el dictador, como a los monarcas romanos que llevaron asim is­ mo tal nombre. La mayor parte de todo este párrafo, a partir del verso 681, está caracterizada por una serie de apostrofes encomiásticos de Pom-

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peyó, con lo que se ofrece al lector la ilusión de una participación directa en el acontecer. Para este fin se le hace retroceder a la época de los suce­ sos de Farsalo, lo que halla su expresión más evidente en el empleo del futuro (verso 684: videbunt; verso 696: erit). De este modo, el lector toma contacto con los acontecim ientos como espectador inmediato, participando de ellos activamente, sobrecogido ora de dolor, ora de admiración. El Bellum civile es un poema épico de cualidades superlativas. En él se expone una guerra que es «más que una guerra civil» (1, 1). El furor profético de la Pitia délfica (5, 161 y ss.) está configurado como suprema potenciación del éxtasis de la Sibilia de Cumas en la Eneida (6, 77 y ss.). La violenta tempestad marina en la que se ve envuelto César (5, 597 y ss.) supera todas las descripciones anteriores de tales tempestades contenidas en la poesía antigua. En pasajes decisivos, fórmulas de valor superlativo apuntan hacia el «non plus ultra» de eventos gigantescos, desmesurados (6, 48 y ss.; 7, 408 y ss.). Los personajes se ven estilizados en figuras desco­ medidas, de una monumentalidad estatuaria. La crítica contemporánea de Lucano halló mucho que oponer a éste. Se dijo que no era un poeta, sino un historiador21; otros afirmaron que su poema épico resulta adecuado como modelo para oradores, mas no para poetas 22. No obstante estas críticas, el Bellum civile alcanzó un inmenso éxito de público. «Algunas gentes no me consideran un poeta; pero el libre­ ro que me vende está persuadido de ello»: así reza un epigrama de Marcial pensado como frontispicio de un ejemplar del poema de Lucano (14, 194).
L a p o e s í a é p i c a d e c a r á c t e r h i s t ó r i c o : S i l io I t á l i c o . — S i l i o I t á l i c o r e ­ p r e se n ta el tip o d e l a r is tó c r a ta a c a u d a la d o y c u lto q u e tra s u n a b r illa n te c a r r e r a p o lít ic a y f o r e n s e s e d e d i c a a la p o e s í a e n lo s ú l t i m o s a ñ o s d e su v i d a 23. D e s p u é s d e r e t i r a r s e d e l a e s c e n a p ú b l i c a c o m e n z ó a e s c r i b i r , h a ­ c i a e l 80/81 d . d . C ., s u p o e m a é p i c o Púnica, u n c a n t o e n d i e c i s i e t e l i b r o s s o b r e la S e g u n d a G u e r r a P ú n i c a q u e c o n c l u y ó , p o c o a n t e s d e s u m u e r t e , e n e l a ñ o 101. C ó m o d e s e a b a S i l i o , q u e a d m i r a b a a C i c e r ó n y a V i r g i l i o 24, q u e fu e s e c o m p r e n d i d a la t o t a lid a d d e s u p r o d u c c i ó n lite r a r ia , n o s lo e v i­ d e n c i a u n e p i g r a m a d e M a r c i a l d e d i c a d o a l a s Púnica (7, 63): d e s p u é s d e e jercer, c o m o o r a d o r f o r e n s e , la a c tiv id a d p ú b lic a d e l « g r a n C ic e r ó n » , S ilio se v o lv ió al « a r te s a g r a d o » d e V ir g ilio .

21 Este juicio nos ha sido transmitido por el comentador de Virgilio Servio, quien lo re­ fiere a la Eneida, 1, 382. 22 Quintiliano, Institutio oratoria, 10, 1, 90. 23 En el círculo de amigos de Plinio el Joven hubo numerosos cónsules que se ejercita­ ban como poetas aficionados; comp. las epístolas de éste, 3, 1, 7; 4, 3, 3. Ibid., 3, 7 sobre la vida y la persona de Silio. 24 Silio adquirió una finca campestre que había pertenecido a Cicerón, así como la tum­ ba de Virgilio, que mandó restaurar (Marcial, Epigram m ata, 11, 48, 50). Sobre su culto a Virgi­ lio, v. Plinio, Epistulae, 3, 7, 8.

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Las Púnica se estructuran en tres ciclos de libros. Los libros 1 y 2 pin­ tan el ataque de Aníbal a Sagunto y la destrucción de esta ciudad, aliada de Roma. A este prólogo sigue luego, en la serie de libros que va del 3 al 10, la fase de las derrotas romanas. Tras el relato del paso de los Alpes por Aníbal en el libro 3 se describen en los libros 4 y 5, dedicados casi exclusivamente a la pintura de acciones bélicas, las batallas del Ticino (Tesino) y Trebia (4), así como la catástrofe del lago Trasimeno (5). Como con­ trapeso de estas derrotas aniquiladoras, las gestas romanas de la Primera Guerra Púnica conjuran en el libro 6 las descripciones del heroísmo de Régulo y de las pinturas del templo de Literno, antes de que en el libro 7 se alcance un nuevo plano de la acción épica con la descripción de la táctica de dilación empleada con éxito por el dictador Fabio. En fuerte contraste con este pasajero impulso se describen en los libros 8 al 10 la batalla de Cannas y los acontecimientos preparatorios de la misma. Silio configura esta catastrófica derrota como culminación de toda la guerra y le asigna un puesto central en su poema épico. El ciclo de los libros 11 al 17 pinta el giro favorable a Roma que van tomando poco a poco los acontecimientos bélicos. Los tercetos de los libros 11 al 13 y 15 al 17 están separados entre sí por la descripción, en el libro 17, de la conquista de Sicilia. En los libros 11-13 se narran los combates en el Sur de Italia, que inicia la defección de la ciudad de Capua y concluye la reconquista de di­ cha plaza (11, 28 y ss., 13, 94 y ss.), y como nuevo punto culminante la fallida marcha de Aníbal contra Roma (12, 479 y ss.). Ya en la segunda mitad del libro 13 aparece en primer plano, con la figura de Escipión el Africano, el protagonista de los libros 15-17. La invocación de los muertos organizada por Escipión en la segunda parte del libro 13 y la profecía del futuro a ella vinculada preludian su victoria en la siguiente triada de li­ bros, victoria que será coronada por la decisiva batalla de Zama (17, 292 y ss.). Como consecuencia de la importancia que otorga Silio a las derrotas romanas, los ciclos de sus libros poseen un diferente grado de intensidad y condensación. Mientras que ocho libros (3 al 10) están dedicados a descri­ bir las catástrofes de los años 218 al 216 a. C., los siguientes siete (11 al 17) abarcan el período histórico que va del otoño de 216 hasta el año 201 a. C. En el poema se cantan las hazañas de una época remota, transfigurada por la distancia, en la que la virtus, la pietas y la fides romanas triunfaron al fin sobre la perfidia y la discordia intestina de los cartagineses. En la configuración formal de estos acontecimientos tan lejanos en el tiempo ocupa nuevamente su antiguo lugar de honor la intervención antropomorfa de los dioses. La encarnizada lucha, de diecisiete años de duración, es inter­ pretada con espíritu optimista como una medida educativa del supremo dios, atento al acrisolamiento y fortalecimiento de la virtus Romana (3, 572 y ss.). Esta vuelta hacia un pasado claramente idealizado es consecuen­

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Literatura universal

cia del malestar sentido frente a la posterior evolución histórica y frente a los tiempos presentes. Roma, nos dice Silio (9, 351 y ss.), no volverá ja­ más a ser tan grande como lo fue durante las derrotas sufridas ante las tropas cartaginesas de Aníbal. El poeta compara el benévolo trato dado por Marcelo a la ciudad de Siracusa con la codicia de los gobernadores, sólo sofrenada por la autoridad del emperador (14, 684 y ss.). Manifestacio­ nes positivas sobre la propia época histórica sólo aparecen en la obligada alabanza a la dinastía reinante (3, 594 y ss.). Persuadido, al igual que mu­ chos de sus coetáneos, de la inferioridad de los tiempos presentes 25, Silio se apartó de ellos para hallar consuelo y edificación en la vieja época heroica de Roma. La estructura formal de las Púnica se orienta estrechamente hacia la Eneida, de la que Siíio copia numerosos episodios. De las epopeyas homéri­ cas tomó sobre todo aquellas escenas que no están integradas en la Eneida. La batalla naval de Siracusa (14, 353 y ss.) constituye un paralelo de la de Massilia, descrita por Lucano en su Bellum civile (3, 538 y ss.). En la mayoría de las im itaciones se limita Silio a repetir, variándolo, el texto de sus dechados, y sólo raras veces intenta llegar hasta su altura o superar­ los. Es aquí donde se evidencia la debilidad característica de su potencia creadora. El cuidado y atildamiento con que escribe Silio —enjuicia un contemporáneo, Plinio el Joven 26— fueron siempre mayores que sus do­ tes poéticas. Así, también en la pintura de las grandes derrotas romanas resulta malograda, en pasajes decisivos, la potenciación del acontecer his­ tórico real mediante la exposición sucesiva de combates épico-heroicos que desembocan en un duelo singular de ambos protagonistas. Cuando, en la batalla del lago Trasimeno, el caudillo romano-Flaminio y Aníbal pueden enfrentarse al fin, tras de larguísimos preparativos, se ven apartados uno de otro por un terremoto instantes antes de iniciar su duelo singular (5, 607 y ss.), porque Silio no quiere enfrentarse de manera tan paladina con la verdad histórica tradicional27. Esta solución, más que dudosa, ofrece una ojeada muy significativa sobre la problemática que se le planteaba a un autor epigonal que, a diferencia de Lucano, procuró exponer un tema histórico a la manera de la época homérico-virgiliana.
P o e s í a é p i c a m i t o l ó g i c a : V a l e r i o F l a c o . — El s e n a d o r V a l e r i o F l a c o e s ­ c r i b i ó s u s Argonautica e n t r e l o s a ñ o s 7 2 y 8 8 d . d . C. a p r o x i m a d a m e n t e . Con e s t e p o e m a p r o v o c ó i n t e n c i o n a d a m e n t e l a c o m p a r a c i ó n c o n u n a d e

25 El testimonio más evidente de este talante de ánimo lo ofrece el proemio al Agrícola de Tácito; cf. además Plinio, Epistulae, 2, 20, 12. 3, 21, 3. 26 Epistulae, 3, 7, 5. 27 Del mismo modo, en la descripción de la batalla de Cannas se presentan juntos a Escipión y a Aníbal, que poco más tarde, tras de iniciarse el duelo singular y por fidelidad a la verdad histórica, son de nuevo separados (9, 470 y ss.).

La poesía épica romana

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las más famosas epopeyas griegas, la obra del mismo título de Apolonio de Rodas, que había traducido al latín, en el siglo i a. C. Publio Terencio Varrón 28. Los fragmentos de esta traducción muestran que Varrón creó una producción de elevada calidad artística estrechamente ceñida al mode­ lo original. Valerio, por el contrario, se propuso narrar de nuevo el viaje de los argonautas de acuerdo con la idea que se había forjadó él mismo acerca de la poesía épica de la mano de la Eneida. Apartándose de Apolonio y estimulado por las dimensiones históricouniversales de la Eneida, Valerio coloca en el centro mismo de su poema el significado transcendental del viaje de los argonautas hasta la Cólquida. Júpiter interpreta dicho viaje, en un discurso programático (1, 531 y ss.), como supresión de las barreras que separan a los pueblos, como comienzo del derrumbamiento de Asia y de la hegemonía de Grecia. El caudillo de los bébricos, Amyco (a quien derrotará el argonauta Pólux), que en el poe­ ma de Apolonio es un homicida brutal y primitivo (2, 1 y ss.), se convierte aquí en un espantoso guardián que vigila la entrada del Bosforo y quiere impedir a los griegos el acceso al Mar Negro (4, 220 y s., 317 y s.). El paso del navio Argos por entre las Simplegadas, a la salida del Bosforo, abre por vez primera las regiones del Ponto, cerradas hasta entonces al ámbito mediterráneo (4, 711 y ss). Frente a los pueblos bárbaros de este nuevo mundo, una muchedumbre gigantesca de tribus sarmáticas y escitas, se alzan los argonautas al lado de los cólquidos en una sangrienta batalla, obra de la imaginación de Valerio, descrita en el libro 6. Esta amplia con­ cepción del poema épico se corresponde con el pathos, típicamente roma­ no, de la fama y la inmortalidad. Mediante una visión de la Gloria se ve Jasón inflamado de entusiasmo por la peligrosa expedición (1, 76 y ss.). Ya en el mismo proemio se nos anuncia, como conclusión triunfal de la epopeya, la elevación del Argos a las constelaciones (1, 4). Valerio consideró la epopeya de Apolonio como una obra carente de espíritu heroico y de dramatismo. De este modo se le antojó un defecto el que, en ella, Hércules no destaque durante el viaje de los argonautas por ninguna de sus hazañas. Por ello añadió a su exposición el salvamento de Hesione por Hércules ante un monstruo marino (2/ 445 y ss.). Como inadecuado por entero al «hypsos» épico se le antojó igualmente la motiva­ ción de la pasión amorosa de Medea por Jasón mediante un flechazo de Eros, tal y como la pinta Apolonio (3, 275 y ss.). En su configuración de dicho episodio, Medea se ve precipitada en el frenesí amoroso por el cintu­ rón mágico de Venus, que Juno hace llegar a sus manos (6, 458 y ss., 668 y ss.). Más tarde, su desesperada resistencia contra el fuego de pasión que la consume es aplastada brutalmente por Venus, que se le aparece en la figura de su hermana de padre, Circe (7, 193 y ss.). La gran epopeya requie­
28 Impreso en W. Morel,
op. cit.,

págs. 93-96.

1. Su convicción de que las escenas crueles y horrendas son de alto valor épico lo evidencia la minuciosa des­ cripción (2. 170 y ss. y en el libro 6 presenta la descripción de la batalla entre los argonautas y los sármatos y escitas. 107-310) del asesinato de los varones lémnicos.. que Apolonio bosqueja de pasada (1. 609-632). A diferencia de Apolonio. 82 y ss.126 Literatura universal re gestas heroicas y una muerte igualmente heroica. 6. El asedio a que son someti­ dos los argonautas durante su viaje de retorno por parte de sus persegui­ dores cólquidos y la boda de Jasón y Medea constituyen en la obra de Apo­ lonio dos escenas separadas (4.). que Apolonio apenas si roza de pasada (1. 1012-1052). 43-272). Relieves en estuco de las termas suburbanas de Herculano. La fuerza trágica de éste y de otros Figuras heroicas de guerreros. 467 y ss. episodios semejantes queda reforzada por el hecho de que todos ellos son desencadenados por los arteros engaños de deidades ofendidas y crueles (2.). 331 y ss. 3.. 19 y ss. Valerio combina ambos episodios de manera hábil: los argonautas celebran en la desembo­ . en una serie de sangrientos asesina­ tos (3. por ello transforma Valerio la batalla nocturna entre los doliones y los argonautas. Valerio busca en todo momento la concentración dramática..

La cuestión de si la epopeya no fue concluida por su autor o si el resto se ha perdido para nosotros debe ser resuelta con altísima probabilidad en favor de esta segunda hipótesis. De aquí su predilección por las expresiones del precipitarse o del irrumpir. Mientras que Valerio se orienta estrictamente. está caracterizada por los resúmenes apretados y sucintos. El modelo de este desplazamiento del ensamblaje de la obra al quinto libro es sin duda la dicotomía de la Eneida. cuya primera mitad se prolonga hasta los comienzos del libro séptimo (hasta el verso 36) 29. rey de los cólquidos (7. en el libro octavo. Este. hacia el ejemplo de la Eneida. siempre re­ bosante de tensión interna. . 217).La poesía épica romana 127 cadura del Danubio las bodas de Jasón y Medea cuando en medio de la fiesta irrumpen los escuadrones cólquidos (8. Porque la cesura en el libro quinto. 259 y ss. del deslumbrar y del deste­ llar. Su dicción. asignando a los dos primeros las aventuras durante el viaje a la Cólquida y a los dos últimos las acaecidas en la Cólquida misma y durante el viaje de retorno. integrada por un total de cuatro libros. para la estructuración de su obra en dos partes. aunque con la modificación decisiva de que la segunda mitad de la obra se inicia en el interior del libro quinto (5. La arquitectura bimembre del poema se presenta como una reestructu­ ración (orientada hacia la forma de la Eneida) de las Argonautika de Apolonio. los bruscos cambios de perspectiva y un colorido fuerte y vi­ brante. siguiendo el ejemplo de la articulación de la obra en el libro séptimo de la Eneida. y en correspondencia con la división de esta última en 12 libros. La excitación airada de Eetes es comparada con la hinchazón de una ola poderosa que surge de las profundidades (5.). que se interrumpe bruscamente en la narración de las aventuras del viaje de retor­ no. una estructuración de las Argonautica en ocho. 566). Con mayor frecuencia que en poetas épicos anteriores sirven en él las comparaciones y metáforas de gran fuerza plástica para describir las emociones psíquicas. Entre los poetas épicos romanos él es el maestro de un arte narrativo enérgico. Una y otra vez configura Valerio el dinamismo apasionado y convulso de los movimientos y emocio­ nes violentas. verso 467. había dividido en dos partes su epopeya. se evidencia al mismo tiempo como un artista del lenguaje de notable personalidad pro­ pia. pero sí la del contenido narrativo en dos partes. comprimida al máximo. Según ello deberían haberse perdido algunos cientos de versos. Su exposición. que es el del poema épico de Apolonio. que avanza con paso rápido y seguro. en efecto. debido a la imitación de la dicotomía de la Eneida. que constituían la conclusión del libro octavo y de la totalidad de la obra. 521 29 Esta imitación de Virgilio resulta interesante por lo que respecta al número de libros de la obra. Valerio no retoma la división en cuatro libros. Esta suposición se ve apoyada por la reflexión de que el número de ocho libros representa la duplicación del volumen de cuatro libros. tanto corporales como anímicos. roza a veces la oscuridad en la concisión y osadía de la expresión: «tinieblas ardientes» (ardentes tenebrae) preceden al fuego mezclado con humo que lanzan los toros resoplan­ tes de furia de Eetes. hace suponer con claridad.

El poema Achilleis. d. la súbita efervescencia de la pasión amorosa de Medea. C. hubo de quedar en fragmento a causa de la muerte del poeta hacia el 95 ó 96 d. Fenisas e Hicétidas de Eurípides es evidente en la Thebais. que empezó a componer a continuación. Saturae. 664 y ss. — La épica mitológica del Imperio temprano alcanza su culminación con los poemas Thebais y Achilleis de Estacio. 7. entierro de Polinice por Antígona y su esposa Argia. dedicado a glorificar las guerras que el emperador Domiciano li­ bró con las tribus germánicas de los catos (81-96 d. C. É pic a m i t o l ó g i c a : E s t a c i o . La batalla de Tebas. Thebais. C.).). Hipomedón y Tideo).). . 4. sólo ha llegado hasta nosotros un breve fragmento.128 Literatura universal Relieve de un sarcófago. y ss. el fratricidio recíproco de los hijos de Edipo (al fondo de ésta y de la anterior escena los cadáveres de Partenopeo. 12. y Silvae. d. Con la campaña de los siete contra Tebas eligió Estacio para su obra principal un tema que había sido tratado ya varias veces en la épica y la tragedia griegas. Capaneo toma al asalto los muros de Troya. 82 y ss. Siglo 11 d. 30 Estacio. Elpoema Thebais. Este arte expresivo de gran intensidad afectiva es lo que constituye la ori­ ginalidad de las Argonautica.. comenzado por Estacio hacia el 78 ó 79 y concluido hacia el 90-92 d. Juvenal. C. d. Del poema épico histórico De bello Ger­ mánico. 25 y ss. Mientras que la recepción y modificación de la tragedia de Hipsipila. 7. 812 y ss. tras de ellos Edipo y Antígona. alcanzó un éxito arrollador 30. De izquierda a derecha: Yocasta suplicante entre sus hijos Polinice y Eteocles. d. quizá porque correspon­ día plenamente al gusto de la época. Anfiareo es engullido por la tierra. con el repen­ tino cambio de un suave viento sur en un huracán furioso (6.. incorporado a un muro de la terraza de la villa Do­ ria Panfilia de Roma.

12.). La acentuada modestia con la que Estacio subordina la Thebais a la Eneida (10. 445 y ss.) y de la epopeya. a veces incluso congenia­ les. llamada por Edipo. 592 y ss. 82 y ss. estructuró la Thebais en dos grupos de seis libros y creó paralelos brillantes.). 84 y ss. Característica es. La primera mitad de la Thebais se divide a su vez en dos triadas de libros.) deja asimismo atrás el tratamiento del tema por Valerio Flaco (2.). igual­ mente perdida para nosotros y que llevaba el mismo nombre. C. de Antímaco de Colofón (hacia el 400 a. El arco temático de los libros 1 al 3 se tiende desde la maldición de Edipo contra sus hijos Eteocles y Polinice hasta la decisión bélica toma­ da en Argos. por último. En sus exposiciones hay un eco poderoso de la pintura de los crímenes y lo demoníaco tal y como están contenidos en las tragedias de Séneca y en el Bellum civile de Lucano. C.La poesía épica romana 129 no es posible hoy determinar con exactitud su posición con respecto a los perdidos textos de la vieja Thebais (siglo vm a.) muestra con claridad que toda su ambición radicaba en alcanzar al gran maestro inal­ canzable. la tendencia a la exageración. y en la narración que hace Hipsipila del asesinato de los varones lémnicos (5. Pero como algunos fragmentos del poema de Antímaco evidencian que Estacio se apartó de él en determinados por­ menores de contenido. de los famosos episodios virgilianos. 816 y s. 29 y ss.) es sobrepujada por Estacio (10. desenca- . Mientras que la Furia Tesífone. no debe ser subestimado el carácter autónomo y personal de éste último.. Siguiendo el modelo de la Eneida. Mucho más decisiva fue la fuerza troqueladora de la poesía épica de Virgilio y de sus continuadores. La descripción de la gruta de Somnus en las Metamorfosis de Ovidio (11.

3. En la serie de escenas (7. en el que la catástrofe se desarrolla ininterrumpi­ damente hasta la fuga final de los argivos al término del libro 11. es­ tá integrada plenamente en la estructura general de la obra: Baco.. el vidente Anfiarao reconoce la ominosa anticipación de la catástrofe que acabará con los ejércitos (5. 56) del doble asesinato de los hermanos. 89 y ss.).). 1 y ss. 628-11. Entre los momentos culminantes de esta triada cabe des­ tacar las escenas nocturnas de carácter dramático y demoníaco (1. 3. 733 y ss. En la muerte de Ofeltes. y los vanos intentos encaminados a impedir ésta. que quería mostrar una fuente de agua al ejército sediento. que tiende irremediablemente a la catástrofe. según la tradición. La triada de los libros 4-6 es inaugurada.). 837 . acreditada por la tradición mitográfica. 336 y ss. en el primer día de lucha el vidente es engullido por la tierra cuando se halla en la cumbre de su triunfo (7. En su decurso posterior (a partir de 4. ocasiona la sed del ejército argivo para retrasar la gue­ rra (4.. Esta temática narrativa. Los juegos fúnebres en honor de Ofeltes se presentan como ejer­ cicios preliminares de la guerra tebana (6. 794 y ss. con poderoso ademán. La guerra tebana ocupa los libros 7 al 11 de la segunda mitad de la obra.. y en el tercero Capaneo es aniquilado por el rayo de Júpiter cuando ha escala­ do los muros de Tebas y reta al mismo dios a combate singular (10. que forma el broche final. que fue muerto por un dragón en un momento en que lo dejó solo un instante su aya Hipsipila. por encima de los intentos de dioses y hombres encamina­ dos a impedirla. rica en situaciones patéticas. antes de que en la segunda parte de la obra se expongan sus hazañas heroicas y su catástrofe final. En efecto. Júpiter instiga la gue­ rra entre Argos y Tebas (1. por la puesta en marcha de los ejércitos argivos y el catálogo de sus siete cau­ dillos. Sus puntos culminantes primero y último están constituidos por las espec­ taculares catástrofes del vidente Anfiarao y del despreciador de los dioses Capaneo. 1 y ss.). estas cinco unidades forman todo un conjunto unitario. 218 y ss. 2.. característica de los libros 1 al 3. los Juegos Ñemeos en honor del niño Ofeltes. dios protector de Tebas. las fuerzas de las profundidades y de la altura cooperan al nacimiento y desarrollo de la catástrofe. 420 y ss. 2. 3. 496 y ss. 1-627) que desembocan en el estallido de las hostilida­ des se acrecientan una vez más la pugna.. 670 y ss. 46 y ss.). Como las unidades de acción de las tres jornadas de lucha y las uni­ dades de los libros se entretejen entre sí.). Los citados siete fundaron. entre el desarrollo dramático del poema.130 Literatura universal dena la enemistad de ambos hermanos (1. Como complejo propio y autónomo se destacan las grandes acciones bélicas (7. Inconteniblemente se vuelcan los acontecimientos hacia la guerra final. En ellos combaten entre sí los caudillos m ilitares caracterizados al comienzo de la triada. De este modo.). 197 y ss. 646) se expone la estancia de los siete en Nemea.

el doceavo se aparta de los demás como una parte independiente que sirve de broche final. mediante la cual Teseo. Con el final desastroso de Tideo.). 497 y ss. por cuanto que en él se pinta la restauración del orden moral. 4 y ss. 757 y ss. 9. 262 y ss. 683 y ss. que al agonizar desgarra la cabeza de su enemigo. La parte que quedó acabada a la muerte del poeta —el poema queda interrumpido en 2. iluminado y ensombrecido por constantes alusiones a su futuro heroico y a su tem­ prana muerte.. así como el descubrimiento del vehemente mancebo.).). Como sobrepujamiento de la crueldad demoníaca de la guerra por la propia de las potencias infer­ nales se configura en el libro 11 el asesinato recíproco de los dos hijos de Edipo: si la Furia Tesífone sólo interviene aisladamente en la guerra hasta este momento (7. acrecentadas con el éxito de la Thebais. que se llevan a efecto durante la tercera jornada de lucha. en el que los griegos han puesto todas sus esperanzas.). el defensor de los valores humanos. que han cercado su campamento (10.). 474 y ss. impone el sepelio de los guerreros argivos caídos en combate. La segunda jornada de lucha está dividida por los episodios de los aristios y la caída de Tideo (8. el asalto y toma de Tebas. El hecho de que con tal propósito. Dentro del plan épico general de la obra. por obra de Ulixes. Todavía se emprende una campaña militar contra Tebas. En el poema épico Achilleis se propuso Estacio pintar la vida del más grande de los héroes helénicos sobre el trasfondo de la guerra de Troya (1. Tras las dos batallas campales precedentes.) y Partenopeo (9.La poesía épica romana 131 y ss. contrasta la muerte sobrecogedora del heroico adolescente Partenopeo. Mientras que en la noche situada entre el primero y el segundo día de lucha calla el fragor de las armas. 8.. en la noche siguiente los argivos causan un terrible baño de sangre entre los centinelas tebanos. esta pintoresca serie de escenas representa el prólogo idílico a sus gestas y hazañas. 144 y ss. 562 y ss. buscase la confrontación con el poeta de la Ilíada. constituyen el punto culminante de las hostilidades (10. que aparece en el campo de batalla con gesto imprecador. en la que Hipomedón sucumbe ante la fuerza superior del airado dios fluvial. 225 y ss. permite reconocer su seguridad en sí mismo y la conciencia de su propia valía de poeta. . y pese a la diferente concep­ ción de su obra.). son ahora ella y su hermana Megera quienes desencadenan el crimen central de la The­ bais contra la resistencia desesperada de los familiares de los hermanos y de la diosa Piedad. Hipomedón (9. para lo cual le oculta entre las hijas del rey Licomedes ataviado con galas de mujer.). De los cinco libros precedentes. El centro de esta violenta jornada de lucha está constituido por la batalla del río Ismeno. 167— contiene el intento de Tetis de apartar al joven Aquiles de su participación en la guerra de Troya.

Éste y Diomedes sujetan al joven héroe. Aquiles. Al fondo Didamia. de quien caen al suelo los vestidos de mujer con los que se había disfrazado. que Ulixes le ha colocado delante. C.D escubrim iento d e Aquiles. Nápoles. d. que retrocede espantada. hacia el 70 d. Pintura mural de Pompeya. . la amada de Aquiles. se lan­ za hacia adelante para alcanzar sus armas. Museo Nazionale.

seguido por las almas de los muertos. 1967). 1955. en Klingner. resoplando atemorizados. 570 y ss.). preguntas y sentencias breves sugiere la ilusión de participar activamente en el acontecer. que zumban silbando en torno a su carro (7. de cuyos cuerpos arranca el hé­ roe las flechas para poder seguir combatiendo con ellas. por una parte. ratur. Skutsch. 174). por encima de los muertos y moribundos. Las pinturas de bata­ llas nos ofrecen imágenes de poderosa fantasía: los corceles que arrastran el carro de combate de Anfiarao se abren paso.) y de Tetis en el Achilleis se pinta también de manera emotiva el dolor de las madres de los héroes. 156-224. Studien zur griech isch en und róm ischen Lite­ . Zurich-Stuttgart. O. La fascinación que emana de esta y de otras escenas semejantes descan­ sa. 1913 (Reimp. Londres. 1968. y en las figuras de Atalante en la Thebais (9. Klingner. Indicaciones bibliográficas Épica arcaica F. más allá del cual no es imaginable una superior perfección y constituyen el brillan­ te final de la fase de la poesía épica romana que fue inaugurada por la Eneida. que mediante el empleo de adjetivos de peso afectivo o de valoración moral y el entretejimiento de la narración con exclamaciones. Pequeña épica neotérica F. Geschichte der rómischen Literatur. tan intenso emo­ cionalmente. —. tomo 1: Die archaische Literatur. «Catulls Peleus-Epos». 760 y ss. págs. Livio Andronico e la traduzione artística. Los poemas épicos de Estacio representan un estadio final. Mariotti. 1952. Leo.La poesía épica romana 133 El arte narrativo de Estacio brilla en la exposición de las escenas llenas de patetismo cruel o sentimental. que convierte toda descripción en una metáfora de vividos colores y evoca las cualidades sensoriales de los sucesos y cosas descritos en una atmósfera de suprema densidad expresiva. 1964. Milán. 841 y ss. Darmstadt. 554 y ss.). Studia Enniana. al emprender la fuga. La furia Tesífone se acerca a Hipomedón bajo la forma de un guerre­ ro. la cabellera de serpientes de la Furia desborda el yelmo que la encerraba (9. 9. y por otra parte se basa en la plasticidad incomparable de su arte narrativo.. Emocionante resulta la muerte de los valerosos héroes infantiles Atis y Partenopeo (8. Berlín. II «Bellum Poenicum » e l'arte di Nevio. Roma. sobre el arte expositivo de Estacio. Se. Estacio configura en la Thebais con vivo dinamismo la irrupción de las potencias demoníacas que arrastran a los individuos y a las masas hacia lo brutal e inhumano.

«Das 'Proómium' der Argonautica des Valerius Flaccus». 1966. 1964. d. Darmstadt. P. «Die Chronologie der Púnica des Silius Italicus» (Studia Graeca et Latina Gothoburgensia. Munich. H.. 1964. 1956. Lefévre. Cambridge. 6. V.. Ovid (Wege d er Forschung. F. «Hypsipyle» in d er «Thebais» des Statius. J. v. Gotinga. E. Rutz. 96 (1968). Otis. U ntersuchungen zur Erzahlw eise in Statius’ «Thebais». Die D ichtkunst Virgils — Bild u n d Sym bol in d er Áneis. 41957. Góteburg. Valerius Flaccus.93-139. Berlín. v. tomo 235). Mainz■ Geistes. Silio Itálico L ucans Gedicht vom 15). Akad. Virgils epische Technik. tesis doct. Munich. Vessey. Bernbeck. W. Munich. Kl. Juhnke. Anderson. tesis doct. Moisy. en Abh. ed. por W. Syndikus. G. 53). D. 1971. Schetter. Wiss.. Króner. 88 (1957). Amsterdam. . 1956. Darmstadt. cuad. Lucano Lucain (Fondation Hardt: Entretiens. 1967. H. v. W iesbaden. 1958. Póschl. H. Virgil — A Study in Civilized Poetry. Schetter. E. Zinn. Silius Italicus. 1972. Struktur u n d E inheit d er M etam orphosen Ovids. 1965. Kytzler. 733-754. 1970. S. Wistrand. Gótting. en Philologus. Zurich-Stuttgart. B. «Der Erzáhlungsstil in der Thebais des Statius». Bonn. soz■ wiss. M. 20). en Glotta. G. R. «Beobachtungen zur Darstellungsart in Ovids Metamorphosen» (Zetemata. tomo Lucan (Wege d er F orschung. 1963.. Statius and the «Thebaid». págs. Darmstadt. 1968. 34 (1955). Mehmel. 4). Die A eneis und H om er — Studien zur poetischen Technik Vergils m it Listen d er Homerzitate in d er A eneis (Hypomnemata. FU. en Transactions and Proceedings of the Am erican Philological Association. 1960. Virgil. 21964. tomo 92). 1934. N. Las «Metamorfosis» E. F. d. tesis doct. E stado M. Bürgerkrieg. Albrecht-E. Ludwig. O. B. en Hermes. 43).. «Vergil’s Second Iliad». cuad. Krumbholz. Ovid as an E p ic Poet. Otis. 1971. Tubinga. Darmstadt. Heinze. W. «U ntersuchungen zur epischen Kunst des Statius» (Klassisch-Philologische Studien. Berlín. . «Die Buchzahl der Argonautica des Valerius Flaccus». Statius-Studien — Beitrage zum Verstandnis d er «Thebais». S. págs. 1970. 231 a 260. 1973. págs. Absichten des Valerius Flaccus». Ginebra. W. Oxford.134 «Eneid a » Literatura universal W. por M. Hamburgo. B. Klingner. «Zu den künstl. Knauer. Cambridge. 7). cuad. «Homerisches in rómischer Epik flavischer Zeit — Untersuchungen zu Szenennachbildungen und Strukturentsprechungen in Statius' Thebais und Achilleis und in Silius' Púni­ ca (Zetemata.u. Valerio Flaco H. 1967. 17-30. pági­ nas 297-308. ed. cuad. 103 (1959). 1969. Albrecht.

El poeta didáctico griego de la época arcaica había ejercido la pretensión de proclamar la verdad frente a las «mentiras» de la épica mitológica. El poema didáctico se presentó ahora como un juego exquisito destinado a un círculo muy reducido de expertos. en dicción épica. en lo esencial. C. Arat (siglo iii a. conscien­ temente. El ademán didáctico y adoctrinador se convirtió en una . Cuando la poesía didáctica fue retomada más tarde por el helenismo. Con esta finalidad de carácter pura­ mente habilidoso se dio de lado la preparación especializada del poeta: Arat y Nicandro basaron sus obras en la literatura técnica especializada correspondiente. que halló placer y diversión en exponer de manera transparente. tanto más brillaba un arte que se mostraba capaz de dignificar­ lo poéticamente por medio de una expresión de elevado refinamiento esti­ lístico y estricta disciplina métrica. Nicandro de Colofón (siglo n a.) eligió para sus Phainomena («Fenómenos celestes»). el poema didáctico helenístico más fa­ moso. ello ocurrió —pese a que en lo técnico se siguieron fielmente las huellas de Hesíodo— bajo condiciones espirituales y culturales muy distintas. así por ejemplo con sus Theriaka (un poema so­ bre las mordeduras de serpiente y sus antídotos) y otras obras de conteni­ do semejante. Cuanto menos poético y más complicado temáticamente fue­ se el tema. su evolución históri­ ca y literaria estaba acabada. C. Hesíodo (hacia el 700 a.) ofrecen leccio­ nes sobre la estructura del ser y del cosmos.) expuso en Los trabajos y los días los ordenamientos éticos de la vida. en Grecia.) eligió por el contrario.EL POEMA DIDÁCTICO ROMANO WlLLY SCHETTER Modelos griegos y comienzos romanos Cuando los romanos adoptaron el poema didáctico. C. la bóveda estrellada y los signos meteoro­ lógicos. Los poemas épicos didácticos de los poetas-filósofos Parménides (hacia el 500 a. una seca materia especializada. C. y en la Teogonia la totalidad del cosmos como un conjunto cohe­ rente de poderes divinos. a saber.) y Empédocles (siglo v a. un tema sublime. temas prosaicos. C.

Sin embargo. de Atax. Publio Terencio Varrón. Lucrecio En el ámbito lingüístico latino es Lucrecio (97-55 a. En las postrimerías del siglo n. Con el entusiasmo por el mensaje redentor de su maestro que fue propio de los epicúreos. ya en época augustea. el poema Ephemeris. C. Mientras que estas obras. En una forma mixta de prosa y verso. La poesía didáctica de la literatura romana arcaica presenta un cuadro harto abigarrado. un párrafo de cierta extensión. perdidas para nosotros. la Chorographia. la acrecentada conciencia de sí propia de la joven poesía romana se proclamó en los poemas didácticos histórico-literarios de Porcio Licino. además de una serie de frag­ mentos breves. Ennio imitó en el Epicharmus. C. una descripción de la tierra. sus Theriaca. con excepción de muy escasos fragmentos. una composición cosmológica que había alcanzado gran difusión bajo el nombre del comediógrafo Epicarmo (siglo v a. que durante el siglo i a.) sobre la gastronomía. el prosimetrum de la sátira menipea. Es­ tas poesías épicas. muy pronto habrían de ceder el pa­ so a las geniales creaciones de Lucrecio y Virgilio. y tradujo bajo el título de Hedyphagetica («Bocados exquisitos»). adquiriría junto a la Stoa una influencia decisiva sobre la vida intelectual romana. En el espíritu de la poesía didáctica helenística compuso en la segunda mitad del siglo i a. se han perdido para nosotros. tuvieron gran importancia en su época para la incorporación de los ejercicios literarios refinados carac­ terísticos del helenismo. en senarios yámbicos.hacia el 84). y de Volcacio Sedígito (De poetis).) el más notable representante del epicureismo. mientras que Emilio Macer redactó. Un tema semejante trató Accio en sus Pragmatica. el poema didáctico-parodístico en hexámetros compuesto por Arquestratos de Gela (siglo iv a. un poema compuesto en septenarios trocaicos. siguiendo los pasos de la exposición que hizo Arat de los signos meteorológicos. que tratan de la historia del teatro griego y romano. siguiendo el dechado de Nicandro. La traducción ciceroniana de Arat representa el primer intento memorable de introducir en la litera­ tura romana el poema didáctico helenístico clásico. y. Pese a todo. de la imitación que el joven Cicerón hizo de los Phainomena de Arat se ha conservado. estas obras híbridas ejercieron una fuerte influencia debido a su perfección formal. en septena­ rios trocaicos.). de las que ha llegado hasta nosotros un fragmento en septenarios trocaicos. estuvieron com puestos muy probablemente los Didascalica del autor dra­ mático Accio (170 . Lucrecio expuso en los seis libros de su poema didáctico De .136 Literatura universal simple ficción que no fue tomada en serio ni por el autor ni por el lector. C. C. C.

que se expresan en las perentorias admoniciones dirigidas a Memmio \ el destinatario del poema. por encima de los siglos. El poema de Lucrecio se alza.. Poco conocemos acerca de su vida. esto es. sobre el trasfondo de la poesía didáctica del helenismo y sus imitadores romanos. por la grandeza de su tema y por la liberación de toda superstición que resulta de las doctrinas en ella ex­ puestas. pretor en el año 58 a. con la exposición de la atom ísti­ ca. C. encerrada en un juego meramente artificioso del lenguaje. pero también a causa de la lúcida configuración poética de una materia tan ardua y dificultosa. 931 y ss. desde luego. . en el libro segundo se describen los movimientos y las formas de estos elementos primigenios así como el origen y muerte de innumerables mundos. nota núm. 94 a.). 4. que se dirige no tanto a sus doctrinas —que Lucrecio. grandioso. El poema se divide en tres partes. C. composiciones y separaciones. ennoblecido por sonoras aliteraciones. hasta la concep'ción universal del poema didáctico-filosófico de la helenidad temprana. Que Lucrecio nos legó inacabada su gran obra parece verosímil debido a criterios inmanentes a la obra m is­ ma 2. Chronicum del año 1923 después de Abraham. 92 y ss. que proclamaron demente al obstinado denegador de la Providencia y de la inmortalidad. Caracte­ rística es su férvida alabanza de Empédocles (1. 716 y ss. La primera pareja de éstos ofrece. cuanto a la configuración ejemplar de un poema universal de carácter didáctico. En una declaración programática (1. El gesto didáctico y doctrinal se antoja tanto más apremiante porque para Lucrecio toda salud y salvación están unidas a la aceptación de la verdad revelada por Epicuro.) recomienda su poesía en primer lugar. La explicación estrictamente materialista de la vida anímica y sensible a partir de la teoría atómica ocupa la parte central de la obra: el alma es una composición de átomos especialmente sutiles y queda destruida si éstos se separan (libro 3). quien también mantuvo relaciones con Catulo.El poema didáctico romano 137 rerum natura la filosofía natural epicúrea. los fundamentos de la cosmología epicúrea: en el libro primero se desa­ rrolla la teoría de los átomos y del espacio vacío. 2 Comp. A la grave temática de la obra corresponde un estilo arcaizante. tenía que rechazar en su gran mayoría—. 3 Cayo Memmio. Con Empédocles comparte Lucrecio el devoto respeto por su objeto temático y la gravedad de su doc­ trina. Pero también reivindica para sí la orgullosa pretensión de los poetas didácticos helenis­ tas de ofrecer un complicado tema en forma poéticamente digna y de eleva­ da calidad. las 1 Jerónimo. La afirmación de San Jerónimo de que el poeta cayó en enajenación mental y acabó suicidándose 1 se fundamenta en una leyenda nacida en círculos cristianos. Su decisión de exponer la estructura total del cosmos se remonta. cada una de las cuales contiene dos libros. en su calidad de epicúreo. consecuencia de sus mezclas.). pero nunca planeó más de seis libros (6.

de todas maneras. 600 y ss. ensalzado en la introducción al libro primero como vencedor del fantasma temeroso que es la religión (1. sobre este punto W. . Este hecho sorprendente suele ser explicado como simple repetición del texto o bien —sin duda más certeramente— como interpolación por vía de recen­ sión. En las partes argumentativas. Es evidente. 5 V. ya que quedó sin redactar la exposición. Es dudo­ so si esta descripción estaba pensada verdaderamente como broche final. en la que se repiten los versos programáticos 1. En el libro 6 se explican toda una serie de fenómenos naturales enigmáticos y que provocan supers­ ticiones (trueno y rayo. mediante agudas imágenes y comparaciones extraídas de la Naturaleza y del mundo de los animales y de los hombres. en Atenas cierra el libro en la forma que nos legó el mismo Lucrecio. 5 y 6 como redentor. obra plena y exclusivamente personal. El himno a Venus. presentadas frecuentemente en una dicción fría y objetiva. antes anunciada (5. 926-950. cit.). Epicuro. que sirve de solemne introducción a toda la obra. págs. En la exposición de los contenidos didácticos se atiene Lucrecio estric­ tamente a la tradición de la escuela epicúrea. así como el origen de las epide­ mias. es loado en los proemios a los libros 3. se exponen las doctri­ nas. op. Su configuración estéticoformal es. etc.. Proemios de carácter programático abren cada uno de los libros.138 Literatura universal percepciones se basan en imágenes materiales que se separan continua­ mente de las com posiciones o estructuras atómicas (libro 4).). y el cuarto con una minuciosa fenomenología de la sexualidad.). 338 y ss. vulcanismo. 93 (1938). págs. «Lukrez und der Wandel seines Bildes». sobre esto W. Digresiones de gran be­ lleza poética vivifican la exposición doctrinal: de manera subyugadora se pinta el sacrificio de Ifigenia como ejemplo de los crímenes de la religión (1. v. En ellas se pone de manifiesto esa «capa­ cidad intuitiva hábil y sensorial» y esa «viva fantasía» que Goethe alabó en el «observador de la Naturaleza» Lucrecio 5. constitu­ ye una alabanza alegórica de la potencia creadora de la Naturaleza. El pre­ facio al libro segundo enfrenta poderosamente la serena seguridad del sa­ bio epicúreo con la ceguera del insensato que se consume en el afán de placeres superfluos. 62 y ss. C. Con la impresionante descripción de la peste del año 429 a. Schmid. 84 y ss. muy extensas. La última pareja de libros pinta el origen y la estructura del mundo que rodea al hombre. 146 y ss. Philologus. y en versos sugestivos se conjura el carácter orgiástico y em­ briagador de los cultos de Cibeles. Se ha 4 Problema especial y aparte constituye la introducción al libro 4. El quinto libro contiene una cosmología y una cosmogonía muy detalladas y culmina en la historia de la evolución cultural. que el com ienzo del libro 4 no había alcanzado su forma definitiva cuando murió el poeta. de la naturaleza de los dioses. 213 y ss. El libro 3 con­ cluye con una poderosa diatriba contra el temor a la muerte.). en una interpretación alegórica de los mismos (2.). Schmid. por el contrario. dios y liberta­ dor4.

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intentado, desde luego, demostrar que su empeño poético y el empleo de elementos mitológicos no son ortodoxos, argumentando para ello con cier­ tas manifestaciones despectivas sobre la poesía hechas por Epicuro 6. Sin embargo se ha pasado por alto el hecho de que las reservas de Epicuro iban dirigidas en primer término contra la épica mitológica, en la que los dioses intervienen de manera imprevisible en la vida de los hombres. Lu­ crecio, por el contrario, se propone mediante su obra elimiar precisamente el temor ante los dioses, que es consecuencia de tales ideas y creencias.

Epicuro.

Copia de la segunda mitad del si­ glo i d. d. C. según una famosa estatua del filósofo que hubo en Atenas. Nueva York,
Metropolitan Museum.

La decoración mitológica, entretejida en el texto para hacer más ligera y amena la doctrina, constituía uno de' los elementos integrantes fundamen­ tales de la poesía didáctica. Lucrecio no menospreció dicho elemento, si bien lo adecuó a sus propósitos. Porque el mito aparece bien en transpa­ rencia alegórica, como en el himno introductorio a Venus, o es estigmatiza­ do posteriormente como simple ficción, como ocurre con la narración de Faetón (5, 396 y ss.). Como nos muestran muchas pinturas murales pompe6 Así 0 . Tescari, Lucrezio, Roma, 1939, págs. 47 y ss. De manera semejante 0. Regenbogen, K leine Schriften, Munich, 1961, págs. 379 y ss. En contra W. Schmid, Gnomon, 20 (1944), págs. 12 y ss.

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Literatura universal

yanas, las escenas mitológicas servían para la transfiguración de la vida diaria. Muy dentro de este sentido se presenta en Lucrecio el ameno cua­ dro de las cuatro estaciones del año, con Venus y Flora, Ceres y Baco (5, 737 y ss.). Lucrecio intentó superar la vieja pugna entre filosofía y poesía, de la que ya había hablado Platón, en el marco de un poema épico de carác­ ter filosófico-natural en el que se nos presenta «el velo de la poesía de la mano de la verdad». En la Edad Moderna, Lucrecio ha ejercido una poderosa influencia en su condición de elocuente mediador del modelo cósmico atomístico, y ello hasta muy adentrado el siglo xvm. Sin embargo, su importancia supratemporal consiste, como ya supo ver Goethe, en su grandiosa visión de la Natu­ raleza, en sus dinámicas invocaciones de las fuerzas cósmicas creadoras y aniquiladoras. De las grandiosas descripciones de los poderes destructo­ res han deducido algunos intérpretes, aplicando criterios de carácter psi­ cológico, la existencia de una escisión psíquica e ideológica y afirmado que bajo la superficie de las doctrinas epicúreas se oculta una visión del mun­ do completamente opuesta al epicureismo 7. Cegados por sus impresiones subjetivas, concibieron partes complementarias de la obra como elementos contradictorios entre sí, sin reflexionar en que la filosofía natural epicúrea tiene por objeto propio tanto el surgimiento como la disolución de las com­ posiciones atómicas. En su seguimiento, Lucrecio ha expuesto la totalidad del mundo en grandiosas imágenes del devenir y del periclitar, para llevar al lector, a través de esta visión, hacia las doctrinas de Epicuro. Por ello mismo le alaba Virgilio como bienaventurado en sus Geórgicas (2, 490 y ss.), ya que supo descubrir el entramado original del cosmos y superar el temor al destino y a la muerte. Las «Geórgicas» de Virgilio Las Geórgicas, un poema didáctico de Virgilio compuesto entre el 37 y el 29 a. C. sobre la agricultura y la vida campesina, son una obra muy compleja. Por una parte, el título apunta hacia una obra del mismo nombre (perdida para nosotros) de Nicandro de Colofón, y con ello hacia la épica didáctica del helenismo. Por otra parte, Virgilio caracterizó su poesía co­ mo un Ascraeum carmen, un poema en el estilo de Hesíodo de Ascra (2, 176), acercándolo así a los Trabajos y los días. De la apropiación y recep­ ción creadoras de tan diversas tradiciones resultó una obra verdaderamen­ te singular, que no puede ser comparada con ninguno de los poemas didác­ ticos anteriores.
7 Así H. Klepl, y siguientes.
op cit.,

págs. 77 y ss. En contra W. Schmid,

Gnomon,

20 (1944), págs. 89

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Las Geórgicas están compuestas para un público literariamente cultiva­ do y más o menos familiarizado con la agricultura, y no como manual para uso del agricultor. De entre el sinnúmero de preceptos aplicables a cada una de las ramas de la agricultura hace Virgilio una selección de acuerdo con puntos de vista artísticos, sin aspirar a la totalidad necesaria para una información útil y práctica. En este aspecto, su ademán es tan ficticio como el de la poesía didáctica helenística. No obstante, al ponerse de mani­ fiesto valores y normas vitales a través de la textura de lecciones, descrip­ ciones y análisis y comentarios, el ademán adoctrinador se evidencia pese a todo como serio en su intención y ello en un sentido superior. Virgilio juega frecuentemente con sus objetos temáticos, así por ejemplo cuando, con aparente arbitrariedad, y juntando lo grandioso con lo mínimo, compa­ ra la laboriosidad de las abejas con el celo fogoso de los cíclopes que forjan en sus fraguas los rayos jupiterinos (4, 170 y ss.). Sin embargo, resulta innegable el elevado ethos que llena las Geórgicas y las convierte en ,un cántico supremo al honor del trabajo humano y a las diarias faenas de los campesinos itálicos. Ni antes ni después se alcanzó en el poema didácti­ co antiguo un equilibrio tan perfecto de juego artístico y gravedad moral como el logrado en las Geórgicas. Al igual que algunos poemas helenísticos famosos, como las Aitia de Calimaco y las Argonautika de Apolonio de Rodas, las Geórgicas se dividen en cuatro libros. Los libros 1 y 2, así como los 3 y 4, se unen entre sí constituyendo dos mitades, temáticamente cerradas, de la obra total. En los dos primeros libros se exponen la agricultura y el cultivo y cuidado de los árboles, en los dos últimos la cría de ganado y la de las abejas. Ambas mitades de la obra van precedidas por extensos y suntuosos proe­ mios (1, 1-42; 3, 1-48); la introducción de los dos libros interiores está mar­ cada por una especie de breve prefacio (2, 1-8; 4, 1-7). La conclusión de la primera mitad de la obra la forma un sucinto epílogo (2, 541 y s.), la de la obra total otro más extenso (4, 559-566). En ambas partes de la obra sigue a un libro con temática vinculada a la tierra y final sombrío otro de alegre vivacidad y conclusión radiante. Virgilio caracterizó más tarde el contenido del libro primero como una serie de lecciones sobre la agricultura y las constelaciones (2, 1) y destacó con estas palabras la polaridad cósmica de cielo y tierra que domina todo este cántico. La primera parte (versos 43-203) ofrece un amplio panorama de la penosa labranza de la tierra. Esta temática alcanza su máxima densi­ dad expresiva y conceptual en el mito del origen del labor improbas al término de la Edad de Oro (vv. 125-159). La segunda parte (vv. 204-350) engrana y subordina la tarea cotidiana del labriego al decurso de las esta­ ciones bajo los aspectos de las constelaciones, de los días de lluvia, de fies­ ta y de los meses, del día y de la noche. También esta parte está caracteri-

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Italia. Relieve del Ara Pacis Augustae, Roma, 13-9 a. d. C. — La joven en el centro personifica a la madre Italia. Las dos muchachas envueltas en flotantes velos, a derecha e izquierda, de las que una cabalga sobre un cisne y la otra sobre un monstruo marino, representan los céfiros bienhe­ chores que soplan desde los ríos y el mar. Los dos niños en brazos de Italia, los frutos que yacen en su regazo, las plantas que brotan de la roca donde está sentada y el toro y el cordero a sus pies simbolizan la fertilidad de Italia.

zada por un pasaje de ornato claramente diferenciado, la descripción de las diferentes zonas del cielo y de la órbita del sol (vv. 231-258). La parte que concluye el libro (vv. 351-514) está dedicada a los signos atmosféricos que presagian el buen o el mal tiempo. La transición de estos signos a los prodigiosos que anuncian acontecimientos futuros dentro del ámbito humano lleva a un final de apasionada emotividad. Como heraldos espanto­ sos de la batalla de la guerra civil librada en Filipi son presentados los signos maravillosos vistos en los cielos y en la tierra que siguieron al asesi­ nato de César. Con la imagen del tiempo presente, asolado por la guerra y corrompido moralmente, y que ha arrancado también de sus goznes al mundo feliz e idílico del campesino, concluye el libro en una atmósfera sombría. El libro segundo, que trata de la plantación y cuidado de los árboles, se inicia por el contrario con una invocación optimista y radiante dirigida a Baco (vv. 1-8). En un primer pasaje (vv. 9-176) se describe la exuberante riqueza de la vida vegetal. De la variedad infinita de las especies de árbo­ les, ya sean naturales o ennoblecidos por el arte, pasa la exposición a pin­ tar los numerosos matices dentro de una misma especie y culmina en un

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catálogo de las clases más delicadas de vides (vv. 89-108). Las subsiguientes enseñanzas sobre la influencia que los diversos tipos de suelo y la situa­ ción climática de los países ejercen sobre los árboles lleva al primer himno de alabanza del libro, un cántico en loor de Italia, la tierra de fertilidad inagotable y de eterna primavera (vv. 136-176). Seguidamente se retoma el tema de las diversas clases de suelo, desplegándolo de la mano de imáge­ nes extraordinariamente vividas de diversos paisajes itálicos y relacionán­ dolo con la adecuación del suelo a los diversos ramos de la agricultura (vv. 177-258). Una transición sin quiebras lleva a una serie de consejos sobre la forma de plantar y cuidar debidamente los viñedos (vv. 259-419), el tra­ bajo más arduo, y por ello el tratado con mayor pormenor, y a ello se une, en un breve apartado, el cuidado de árboles menos delicados y el apro­ vechamiento de la leña silvestre (vv. 420-457). Entre las partes, de longitud aproximadamente igual, sobre el plantado y cuidado de los viñedos (vv. 259-322; 346-419), se intercala la segunda serie de versos laudatorios del libro, el himno en honor de la fiesta genésica y creadora de la Primavera (vv. 323-345). Un tercer himno de alabanza, dedicado esta vez a los goces de la vida campestre, constituye el final del libro, de tono gozoso y fastuo­ so (vv. 458-540). El tercer libro, que trata de la ganadería, describe primeramente el cui­ dado del ganado mayor, y seguidamente el del ganado menor (a partir del verso 284). En la primera parte se trata conjuntamente de la cría caballar y vacuna, y las indicaciones y consejos son apoyados con ejemplos tomados alternativamente de la una o de la otra. Así, la elección de las bestias desti­ nadas a la cría es explicada acudiendo a descripciones fisiognómicas contrastivas de la tosca vaca de cría y del fogoso garañón (vv. 51-62; 75-94), e inversamente el frenesí amoroso del celo mediante la pintura de las pe­ leas entre los toros y del furor indomable de las yeguas (w. 219-241; 266-283). Estas dos poderosas descripciones del frenesí sexual enmarcan el clímax de la primera mitad del libro, una serie de versos sobre el poder omnímo­ do del Eros, que constituye un grandioso crescendo dinámico (vv. 242-265). La segunda parte, dedicada a la cría de las cabras y ovejas, se abre median­ te un ensamblaje quiástico (vv. 295-383): a los preceptos, adecuados a las circunstancias itálicas, sobre la llevanza y apresto de los establos en el invierno y sobre los pastizales en el verano, únese luego, ampliando la vi­ sión del lector, la pintura antitética de la cría ganadera en el eterno estío del Sur y en el eterno invierno del Norte más profundo. Indicaciones sobre la utilización y aprovechamiento del ganado menor son seguidas por otras relativas a su protección por medio de los perros guardianes, así como consejos y medidas de protección contra las víboras en los establos (vv. 384-424). Este pasaje concluye con versos atemorizadores, en los que se describen los estragos que causa la serpiente calabresa de los pantanos

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(vv. 425-439). Con su pintura aparece ante nuestras miradas el tema de la amenaza mortal, que —tras algunos consejos contra las enfermedades del ganado menor— es retomado al final, en grandiosa superación, con la des­ cripción de una epidemia de ganado en Noricum (vv. 474-566). Esta pintura macabra de una peste que ataca y mata a todas las especies de ganado está subordinada a la descripción del furor erótico de la época de celo expuesta en la primera mitad del libro: el Eros y la Muerte son los poderes omnipotentes a los que está sujeta toda la vida orgánica. El libro cuarto está dedicado a la cría de las abejas y constituye un contraste lum inoso con el tercero. En la exposición de Virgilio hallan aco­ gida las ideas fabulosas que sobre las abejas poseía la zoología antigua: según ésta, dichos animales están dotados de inteligencia y no se reprodu­ cen sexualmente; nacen ocasionalmente de los cadáveres en putrefacción del ganado vacuno y forman la miel con el rocío. Este libro se divide en una parte didáctica sobre el arte del colmenero y (a partir del v. 315) ,en otra narrativa sobre su prototipo mítico, el pastor Aristeo. La primera mi­ tad del libro está estructurada de forma trimembre. Su parte central (vv. 149-227) trata de la naturaleza de las abejas y de la organización social de éstas, y desem boca en la doctrina de la participación de las mismas en el espíritu o razón universales, coronándola una serie de versos sobre el espíritu divino que impera sobre la totalidad del Cosmos (vv. 219-227). Esta parte central, de carácter contemplativa, está enmarcada por dos pá­ rrafos en los que predominan las indicaciones y consejos prácticos. El pri­ mero de ellos (vv. 8-148) adoctrina sobre la instalación de las colmenas y las medidas a adoptar para sacar al enjambre de la colmena. Descripcio­ nes idílicas de los jardines apropiados para la apicultura engarzan todo este apartado, que finaliza con un elogio del arte de la jardinería y la pintu­ ra de la opima recolección de un viejo jardinero de Tarento (vv. 125-146). El apartado que sigue al central (vv. 228-314) ofrece indicaciones sobre la recolección de la miel, por una parte, y por otra acerca de las enfermeda­ des de las abejas y de la bugonia, esto es, su generación artificial a partir de los cadáveres putrefactos del ganado vacuno. La fábula originaria relati­ va a esta obtención artificial de abejas es expuesta en la segunda mitad del libro, en la que se relata la extinción de las abejas de Aristeo y la pri­ mera bugonia. Esta leyenda está entretejida —y vinculada originaria­ mente— con la fábula de Orfeo y Eurídice 8. De este modo surge una es­ tructura narrativa de varios elementos, cerrada en sí, en la que las imáge­ nes sobre la vida perdida y nuevamente lograda, en la parte de Aristeo se vinculan con las de la vida arrancada a la muerte y al cabo devorada
8 En su huida de Anteo, Eurídice fue mordida por una serpiente venenosa y murió. La extinción de sus abejas es la venganza de Orfeo.

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nuevamente por ésta en la narración de Orfeo, formando una visión gene­ ral que supera y engloba las contradicciones de ambas. John Dryden ensalzó las Geórgicas como «the best poem of the bes poet». Sus cuatro libros, así como una de las partes aisladas de los mismos, están compuestos como decursos rítmicos de perfecta armonía. La soberana maes­ tría con la que maneja Virgilio sus temas, sin el menor esfuerzo aparente, no hace brotar jamás la impresión de que se trata de enseñanzas versifica­ das. Su maestría triunfa en el arranque, florecimiento y extinción —que recuerdan el desarrollo melódico de un tema musical—, de un tema con­ creto o en el entre tejimiento de varios, en la configuración, siempre varia­ da y rica, de las numerosas series de versos que contienen puras enumera­ ciones y en la plasticidad y dinamismo de las descripciones. Un ejemplo típico del arte descriptivo inimitable de Virgilio nos lo ofrece la pintura de una tormenta (1, 322 y ss.): Saepe etiam immensum cáelo venit agmen aquarum et foedam glomerant tempestatem imbribus atris collectae ex alto nubes; ruit arduus aether 325 et pluvia ingenti sata laeta boumque labores diluit; implentur fossae, et cava flumina crescunt cum sonitu, fervetque fretis spirantibus aequor. ipse pater media nimborum in nocte corusca fulmina molitur dextra; quo maxima motu 330 térra tremit, fugere ferae et mortalia corda per gentis humilis stravit pavor; Ule flagranti aut Atho aut Rhodopen aut alta Ceraunia telo deicit; ingeminant Austri et densissimus imber; nunc nemora ingenti vento, nunc litora plangunt. (Con frecuencia aparece también en el cielo un inconmensurable ejérci­ to de aguas, y las nubes, que se agolpan desde el mar, levantan una terrible tempestad con hoscos aguaceros. El elevado éter se precipita e inunda con lluvias ingentes los opulentos sembrados y los afanes del ganado. Llénanse los fosos, y en sus excavados lechos se acrecen los ríos con estruendo, mien­ tras el mar espumea en hirvientes torbellinos. El padre de los dioses lanza en medio de la noche de las negras nubes rayos zigzagueantes con su dies­ tra mano. Bajo esta conmoción tiembla la tierra, huyen las bestias y entre las gentes un tímido pavor oprime los corazones mortales. Mas él aplasta con su ígneo dardo el monte Athos o el Rhodope o las altas montañas Queráunicas. Los vientos del Sur y la densísima lluvia duplican su furia. Bajo la poderosa tempestad gimen ora los bosques, ora las costas).

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Esta pintura de una tormenta está configurada de tal manera que a la descripción del estallido y de las consecuencias del aguacero (w. 322-327) sigue, en creciente aumento, la presentación de los fenómenos propios de la tempestad (328-334). El tema común a ambas partes es la irrupción des­ tructora y desquiciadora de los poderes uránicos. Las masas de agua con las que el éter inunda la tierra amenazan el trabajo del labriégo y de sus bueyes. Al mismo tiempo desencadenan las potencias neptúnicas de la tie­ rra: fosos de agua y ríos que se desbordan, mares frenéticos. Los rayos que lanza desde las negras nubes el padre de los dioses causan indecible pavor en hombres y bestias. La pintura del éter que se precipita sobre la tierra y la inunda con una «lluvia inacabable» se acerca a la personifica­ ción del fenómeno. Plenamente mítica es la descripción de la tempestad. La visión de la Naturaleza que ofrece Virgilio no es, como la de Lucrecio, de carácter físico-natural, sino numinosa, y en los fenómenos físicos y me­ teorológicos conjura a las potencias ónticas que operan en ellos, sirviéndo­ se también, para este fin, del lenguaje del mito. A ello responde el «animis­ mo» del último verso: bosques y litorales son seres vivientes, que se lamen­ tan bajo la violencia del huracán. Un tema emparentado con el de las Geórgicas fue tratado por Gracio, un coetáneo de Ovidio, en sus Cynegetica, un poema didáctico sobre la ca­ za, del que ha llegado hasta nosotros la mayor parte del libro primero, que trata de la cría y adiestramiento de los perros de caza. En esta obra, Gracio se evidencia como un poeta epigonal que, pese a haberse apropiado de las formas externas del poema didáctico virgiliano, queda muy por de­ bajo de éste. Los poemas didácticos de Ovidio Apenas si es imaginable un contraste más profundo que el que existe entre las Geórgicas y los poemas didácticos eróticos de Ovidio. Si aquéllas presentan el mundo del campesino como una forma de existencia más pura y noble, éstos reflejan la vida de la sociedad galante de las grandes urbes. Con evidente delectación presenta Ovidio en su Ars amatoria el lujo arqui­ tectónico y las fiestas esplendorosas de la gran ciudad (1, 67 y ss.) y ensalza con entusiasmo la superación de la vida y costumbres campesinas de los antepasados por una civilización más refinada como el gran progreso de su época (3, 113 y ss.). Ovidio había iniciado su tarea poética con elegías amorosas de tipo subjetivista, los Amores, y más tarde hizo objeto de su poesía, en las Heroides —cartas de amor de heroínas m íticas—, la exposición psicologizante de las penas de amor fem eniles 9. Esta obra erótica fue coronada por los poe9 Sobre este punto v. más abajo, pág. 282.

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Pareja bebiendo.

Herculano, hacia el 70 d. d. C. Nápoles,

Museo Nazionale.

mas didácticos, compuestos entre los años 2 a. C. y 1 d. d. C., de la Ars amatoria y los Remedia amoris, en los que vertió las ricas experiencias de la elegía de amor en una amplia fenomenología de lo erótico. Sin duda en inmediata cercanía temporal a estos dos poemas didácticos surgió un tercero sobre los cuidados cosm éticos del rostro femenino (Medicamina faciei femineae) del que sólo se ha conservado el comienzo. Ofrecer recetas cosméticas en el marco de un poema didáctico es algo que cae de lleno dentro de la línea del poema didáctico artificioso del helenismo. Sin em­ bargo, la elección de este tema se acompasa bien con la admiración de Ovidio por la refinada cultura de su época. Como forma métrica de los tres poemas didácticos eligió Ovidio el dístico elegiaco, el pie clásico de la poesía erótica. El Ars amatoria abarcó primeramente dos libros destinados al sexo mas­ culino. Los temas citados en la introducción (1, 35 y ss.) —dónde se encuen­

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tran muchachas en Roma, cómo se las conquista y cómo se puede conser­ var su amor— están configurados poéticamente en tres grandes bloques, de los cuales el siguiente sobrepasa considerablemente al anterior, en justa correspondencia con el grado de dificultad de estas tareas. El primer tema es tratado en la primera, breve, mitad del libro 1, el segundo en la segunda, considerablemente más extensa (vv. 41-262; 263-770). La exposición del ter­ cer tema ocupa casi totalmente el libro segundo. Inmediatamente después de la publicación de estos dos libros, Ovidio añadió a los mismos un terce­ ro, con enseñanzas e indicaciones pertinentes para el sexo femenino. Este libro está estructurado, de acuerdo con su carácter supletorio, de manera paralela a los primeros, según muestran con la mayor evidencia las partes finales: si los libros 1 y 2 culminan en consejos sobre la conducta del hom­ bre en el momento de la unión amorosa (2, 703 y ss.), el tercero es corona­ do por indicaciones semejantes para la mujer y un catálogo de las posicio­ nes eróticas (3, 769 y ss.). Si el Ars amatoria enseña a conquistar y a fas­ cinar a la pareja erótica, los Remedia amoris, redactados poco tiempo después, ofrecen consejos sobre la liberación de los amores infelices. En ellos se establece una conexión constante con la obra anterior por el hecho de que una serie de las indicaciones aquí impartidas no son sino la inver­ sión exacta de las anteriores. Como complemento necesario del Ars amato­ ria, mas no como su revocación, concibió Ovidio los Remedia. Y es que, se pregunta el poeta en la introducción (vv. 17-18), ¿por qué ha de suicidar­ se alguien por culpa de un amor no correspondido o desdichado? El fuego turbio de la gran pasión amorosa tenía que parecerle una peligrosa aberra­ ción a una sociedad frívola en la que el erotismo era cultivado como un juego galante. La finalidad de estos poemas, que apunta hacia la conquista, en un ca­ so, y hacia la autodefensa en otro, es de naturaleza estratégica. Por ello salta a la superficie con singular crudeza el aspecto egocéntrico del erotis­ mo. La relación de los sexos es expuesta bajo el aspecto del engaño recípro­ co, y lo erótico como un ámbito exento o zona franca, en la que carecen de vigencia las normas de fidelidad a la palabra dada y de lealtad que rigen para todos los demás terrenos de la convivencia humana (Ars, 1, 641 y ss.). El adepto del arte amoroso se ve constantemente incitado a hacer promesas que no piensa en modo alguno cumplir (Ars, 1, 631 y ss.), adoctri­ nado sobre el fingim iento de pasiones y sentimientos (Ars, 1, 659 y ss., 3, 797 y s.) y educado en el arte del autoengaño útil (Remedia, 325 y s., 513 y ss.). El engaño recíproco es presentado como un juego inocente y sin trascendencia, en el que nadie tiene nada que perder; la muchacha, cuando más —como formula el poeta con cinismo encantador (Ars, 3, 95 y ss.)—, el agua que necesita para lavarse. Frente a los deberes de carácter religio­ so adopta el poeta una distancia escéptica y utilitarista: «Es provechoso

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creer en la existencia de los dioses, y porque es provechoso, queremos creer en ella» (Ars, 1, 637). Ovidio intentó en numerosas ocasiones atemperar el rasgo subversivo que entrañan sus poemas didácticos mediante la protesta de que él no enseña el amor prohibido con las casadas honestas, sino el amor permitido con las muchachas de escasa o ninguna reputación (Ars, 1, 31 y ss., Remedia, 385 y s.). Sin embargo, no tuvieron más remedio que ser considerados como ataques provocadores contra los conceptos morales de la vieja Roma tradicional y el intempestivo programa de reformas mora­ les de Augusto 10. Su amoralidad lleva el sello de la rebeldía y la nega­ ción. Así, Augusto pudo poner el Ars amatoria, ocho años después de su primera publicación, como pretexto para justificar el ostracismo de Ovi­ dio, debido a razones de carácter político 11 Los dos poemas muestran una arquitectura equilibrada. Transiciones suaves, o bien otras de contraste y acrecentamiento, encadenan lecciones de diferente longitud constituyendo estructuras rímicas articuladas con,ri­ ca variedad formal. Con indolente elegancia se ofrecen las doctrinas y se describen los mecanismos psicológicos que han de ser sometidos a los fines perseguidos por aquéllas. La quintaesencia de las observaciones y consejos se condensa en máximas formuladas con brillantez. Características del to­ no desenfadado que emplea siempre Ovidio son las frecuentes alusiones parodísticas a los géneros literarios serios. Numerosas alegorías subrayan las exposiciones doctrinales con lujoso esplendor, ejemplos mitológicos so­ bre todo, que suelen extenderse en narraciones más o menos largas. Una fastuosa trama mitológica de diez ejemplos de ceguera amorosa femenina, entre ellos la grotesca narración de la perversa pasión erótica de Pasifae, están incorporados al libro 1 del Arte de amar (vv. 181 y ss.). Las narracio­ nes del rapto de las sabinas, de Baco y Ariadna, de Dédalo e ícaro (Ars, 1, 101 y ss., 527 y ss., 2, 21 y ss.) y del suicidio de Filis (Remedia, 591 y ss.) anticipan, en su colorido y plasticidad, el período creador subsiguien­ te de las Metamorfosis y los Fasti. El Ovidio tardío se dedicó una vez más a la poesía didáctica. A finales de su vida comenzó, en el exilio, con la redacción de los Haliéutica, una obra sobre la pesca, de la que ha llegado hasta nosotros un bosquejo inaca­ bado de 134 versos, que pese a su carácter evidentemente provisional per­ mite reconocer en algunos pasajes la antigua maestría 12.
10 Sobre la reforma de costumbres de Augusto v. R. Syme, The Rom án Revolution, Ox­ ford, 1952, págs.'440 y ss. 11 Sobre la relegación de Ovidio v. E. Meise, U ntersuchungen zur G eschichte d er JulischClaudischen Dynastie, Munich, 1969, págs. 47, 223 y ss. 12 La autenticidad de este bosquejo es puesta en duda por algunos eruditos, así por ejem­ plo B. Axelson, Eranos, 43 (1945), págs. 23 y ss. En contra W. Kraus, op. cit., pág. 150.

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Manilio En el poema didáctico astrológico de Manilio, escrito entre el 9 y el 22 d. d. C. y titulado Astronómica, se creó por última vez en Roma un poema didáctico cósm ico de gran aliento y estilo. La temática de la obra era de gran actualidad dada la extraordinaria difusión y popularidad de la astrología entre todos los estratos sociales de la época imperial y su aceptación por parte de la escuela filosófica imperante a la sazón, la Stoa. Manilio creó su obra en consciente oposición al poema didáctico de Lucre­ cio: a la explicación atom ística del mundo que ofrece el poeta epicúreo, antagonista de la idea de Providencia, opone Manilio el bosquejo de un cosmos transido y gobernado por la razón universal divina, en el que los destinos del individuo y de los pueblos están predeterminados irrevocable­ mente por las sendas de los astros. Con una amplia y m inuciosa descripción del firmamento se crea en el libro 1 una amplia base de partida para las doctrinas astrológicas que se­ rán expuestas en los siguientes. Los libros 2 y 3, así como el 4 y el 5, se enlazan entre sí constituyendo unidades superiores; el segundo ofrece una detallada descripción astrológica del Zodíaco. Partiendo de esta base, el tercer libro nos informa sobre el complicado arte del establecimiento y cálculo del horóscopo. El cuarto describe la determinación del carácter y el destino de las personas por medio de los signos del Zodíaco, y el quin­ to la influencia ejercida por las constelaciones de estrellas fijas que están unidas a éstos. El hecho de que el poema estaba concebido originariamente en más de cinco libros se deduce del anuncio, no cumplido (2, 965), de exponer la influencia de los planetas. No sabemos con certeza, empero, si se ha perdido una parte de la obra o si ésta quedó inacabada por su autor 13. La tarea que se había propuesto Manilio no era nada fácil dada la com­ plejidad de la doctrina astrológica. Así, en los comienzos del libro tercero, especialmente arduo (vv. 31 y ss.), subraya él mismo que se verá obligado a luchar con la descripción de los grados y constelaciones de las estrellas y con una terminología difícil y extraña. Desde luego, la afirmación (3, 39) de que su objeto tem ático se hurta a todo intento de configuración poética suntuosa no es sino una exageración negativa y consciente, con la que in­ tenta destacar justam ente el valor poético de su obra; y es que Manilio supo, sin duda alguna, captar en versos elegantes y de transparente arqui­ tectura incluso una materia tan abstracta como puede ser la tabla de los ortos y ocasos de los signos zodiacales de acuerdo con los grados ecuato13 Sobre este punto cf. E. Housman en la edición del primer libro de Manilio, Cambrid­ ge, 21937, p á g . l x x i i .

Helios Cosmocrator.

Pompeya. Nápoles,

Museo Nazionale.

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ríales y las horas equinocciales (3, 275y ss.). Este y otros catálogos seme­ jantes muestran que en la redacción de la obra jugó un papel notable una considerable ambición artística. Este habilidoso maestro del lenguaje lo es al mismo tiempo de las descripciones plenas de colorido y expresividad. Esta cualidad se evidencia no sólo en el excurso o digresión mitológica sobre Andrómeda (5, 538 y ss.), sino que triunfa asimismo en los libros 4 y 5 y en las descripciones tipológicas del carácter de las personas nacidas bajo los diversos signos del Zodíaco y de las constelaciones a ellos vincula­ das en el firmamento. Los cuadros de los diversos caracteres y profesiones, pintados con agudeza y realismo, y en los que han sido recogidos numero­ sos rasgos de la vida pública y privada de Roma, constituyen un abanico multicolor de la vida humana. Los Astronómica respiran el pathos sublime de una grandiosa visión cósmica del universo, que en los proemios de los libros primero y segundo y en el prólogo y epílogo del libro cuarto se concentra en versos de podero­ so vigor poético. La Naturaleza cósmica, transida del espíritu divino, la relación recíproca de todas las cosas entre sí y el orden universal óntico, que obedece a leyes ineluctables, constituyen sus temas centrales. El hom­ bre ocupa en este sistem a cósm ico un puesto singularísimo; él, que «alza a las estrellas sus ojos semejantes a los astros» (4, 906 y s.) y es una copia perfecta del cosmos, es al mismo tiempo su súbdito y su conquistador. Su destino está prefigurado irrevocablemente por la andadura del inmenso reloj celeste, y la apropiación de esta verdad ha de ayudarle a liberarse de temores y codicias (4, 1 y ss.); pero por otra parte, el hombre no sólo ha sometido a su poder a la Tierra, sino que en virtud de la identidad de su espíritu con el espíritu divino inmanente al cosmos ha logrado desve­ lar los m isterios del universo (4, 901 y ss.). En correspondencia, los Astro­ nómica se presentan para Manilio como un ascenso a los espacios cósmi­ cos y una penetración en la esencia íntima del mundo (1, 13 y ss.). En la misma época de redacción de los Astronómica surgieron los poe­ mas astrales del príncipe Germánico (15 a. C.-19 d. d. C.). Su refundición de los Phainomena de Arat incita abiertamente, por sus correcciones obje­ tivas y adaptadas a los nuevos conocimientos científicos de la época así como por m odificaciones formales, a la comparación directa con su mode­ lo, tanto en el aspecto científico como en el puramente literario 14. De sus Prognostica («Signos y pronósticos meteorológicos») se han conservado frag­ mentos sobre la influencia de las estrellas en las condiciones atmosféricas. Ojeada final A la época histórica de Nerón (54-68) pertenece la pequeña epopeya di­ dáctica de Columela sobre el arte de la jardinería, que ocupa el libro déci­
14 Sobre esto véase P. Steinmetz,
H erm es,

94 (1966), págs. 450-482.

pero sí configuraciones originales. desde luego. Schmid. que debido a su habilidosa estructuración métrica fueron capaces de despertar el interés del lector pese a lo árido de la temática. Zurich-Stuttgart. 1949. Studien zur rómischen Literatur. Florencia. K. Wiesbaden. París. 1699 a 1703. Con los poemas de Columela y del cantor del Etna se agota y expira la tradición de la poesía didáctica fundada por Lucrecio y Virgilio. Paulys Realencyclopadie d er classischen Altertumswistomo 8 A. esta breve obrita debe ser atribuida sin duda a la época neroniana 15. Hárke. ya que dicha erupción no aparece m encio­ nada en el texto. 1965. En sotadeas compuso su tratado sobre las letras. C. Studien zur E xkurstechnik im róm ischen Lehrgedicht (Lukrez und Vergil). pero ofrece cuadros muy vivaces y plásticos de las fuerzas de la naturaleza en pleno desencadenamiento dinámico. Mit einem A nhang ü ber Manilius. obra de un poeta desconocido. sobre este punto K. la parte que trata de las sílabas principalmente en tetrámetros trocaicos. A causa de su pathos hiperbólico y de su predilección por la expresión sucin­ ta y figurada. E. 15 V. El poema resulta un tanto desequilibrado en su estructura formal.. 16 Sobre Terenciano cf. C. d. d. Contrapunto de este poema clasicista es el titulado Aetna. . L ucréce et l'épicurism e. 1 (1955). un testimonio barroco sobre el vulcanismo. 200 y ss. lleno de donaire y compuesto a la manera virgiliana. 147 y s. senschaft. en las postrimerías del siglo n d. Wurzburgo. págs. De esta manera no surgieron. concebida en prosa en todas sus restantes partes. 1964. Büchner. obras de verdadera calidad. Boyancé. El libro dedicado a los pies o medidas de los versos está construido polimétricamente: cada metro es descrito jus­ tamente en su propia medida rítmica. «Romisches Lehrgedicht. Terenciano perteneció al círculo de los «Poetae novelli».) que dejaba en manos de los demás poetas la tarea de cantar la jardinería. Indicaciones bibliográficas Poema didáctico en general W. 1154 y s. L ucrecio P. Büchner. Un gé­ nero completamente distinto de poesía didáctica es el que representan los tratados versificados sobre Gramática de los que es autor Terenciano Mau­ ro. El poema ha de haber sido escrito necesariamente antes de la erupción del Vesubio del año 79 d. G. cois. y el final en hexámetros dactilicos. Virgilio había declarado en las Geórgicas (4. en L exikon d e r Alten Welt. Castorina.El poema didáctico romano 153 * mo de su doctrina agrícola (De re rustica) y constituye la pieza de ornato literario de esta obra. Los «Poetae Novelli». 1936. 1963. que hallaron gusto en los juegos formales de los metros complicados lé. tomo 1: Lukrez und die Vorklassik. Cois. y Columela procuró colmar esta laguna en su poema.

«Ovidius Naso». págs. «Sam m elrezensionen zu Lukrez». Kraus. Berlín. cois.154 Literatura universal H. 1940 (Reimpr. ed. Müller. 1-22. Lukrez und Virgil in ihren Lehrgedichten. en Ovid (Wege der Forschung. Virgil. «Lukrez und Empedokles». págs. Die Darstellung der Kinetik bei Lukrez. 149-151. P. Leipzig. págs. cit. Albrecht . Otis. Schmid. 233-254. por G. «Manilius». Manilio F. Cambridge. en Ovid. cit. 1115-1133. Kroll . W. Klingner. «Ovids Liebesdichtungen und die augusteische Zeit». págs. Wilkinson. edit. 1967. van Wageningen. págs.E. Zinn. 95-104. —. en Antike und Abendland. en Lexikon der Alten Welt. —. Boíl. págs. J. «Lukrez und der Wandel seines Bildes». Las «Geórgicas» de Virgilio F. 1969. 1967. 2 (1946). B. en Gnomon. W issow a . 378-388. Heidelberg. W.W. «Lukrez». tomo 14. en Paulys Realencyclopadie der classischen A ltertum sw issen­ schaft. Studien zur antiken Literatur und ihrem Nachwirken.°). 85-100. pági­ nas 193 a 219. Kranz. . 352-379. 464-495. 20 (1944). Los poem as didácticos de O vidio W.. 1967).1 (1928). cois. op. en Kranz. 1959 (Análisis estructural del libro 2. 1779-1783. Klepl.K. Darmstadt. ?9 (1967). G. Stuttgart-Zurich.. 1903. por M. Darmstadt. Dresden. Sphaera. op. The Georgics of Virgil. Ziegler. L. v. tomo 92). 1968.

Curiosamente. com prom iso político y m oral así como un inte­ rés por el com portam iento hum ano y sus motivaciones son los impulsos principales de los que partió la historiografía rom ana. m iem bros ellos tam bién. la época que se extiende a p artir de las guerras púnicas. en la m ism a época en la que Nevio y Ennio 1 Fueron publicados hacia el 120 a. En éste parece haber im perado un vivo interés por Roma. La pregunta por el porqué de esta decadencia y la adm i­ ración por la grandeza de los tiem pos pretéritos constituyeron el campo de tensiones dentro del que crece y se desarrolla la historiografía romana. C. C. De este modo llegó a ocu rrir que los secos anales de los sumos sacerdotes (Annales pontificum) 1 no bastaron ya. como tan­ tos historiadores romanos. un fenómeno que a la sazón abarcaba ya cinco centurias. estaba persuadido de que «las costum bres heredadas de los ante­ pasados» (mores maiorum) constituían un sistem a ideal de valores del que se podían extraer los dechados (exempla) para la propia conducta. Evidentem ente describieron la historia romana. Y estaba igualmente convencido de que dichos valores habían comenzado a disolver­ se ya en su época. que por aquel entonces libraba una lucha a vida o m uerte contra Cartago. com o Annales Maximi.LA HISTORIOGRAFIA ROMANA A n tó n D a n ie l L eem an Origen y época preclásica: Catón y los autores de los Anales Conciencia tradicional.)— se sirvieron de la lengua griega. además. el único medio de comunicación interna­ cional entonces en vigor. y el griego era. . Una generación más tarde surgió la historiografía rom ana auténtica. redactada ya en lengua latina. en forma de libro. El ciudadano rom a­ no de la República tardía. de la aristocracia senatorial (finales del siglo m a. para el mundo griego. los prim eros que intentaron tal cosa —Quinto Fabio Pictor y Lucio Cincio Alimento. y acudiendo a los dechados griegos se propuso la nueva tarea de redactar la historia rom ana como una totali­ dad coherente.

y se le h alló entre los caíd os. Leipzig. redactó tras una agitada c arrera política. Catón n arra la gesta abnegada de un oficial romano duran­ te la prim era G uerra Púnica y observa al respecto lo siguiente 2: Los d io se s in m ortales otorgaron al trib uno m ilitar un d estin o que c o rr es­ pondía a su arrojo. su cab eza no recib ió una sola herida. siglo iu a. Palacio de los Conservadores. Marco Porcio Catón. Los libros 1-3 describían. el Censor (234-149 a. M. y m ás 2 Historicorum Rom anorum Reliquiae. Le recogieron y sanó. siguiendo el dechado de los relatos fundacionales griegos. ya en las postrim erías de su vida. la obra titulada Origines. Porcius Cato. . El pasaje siguiente puede resu ltar apropiado para d ar a conocer una impresión del estilo y la actitud de esta obra. Peter. tomo 1. Supuesto retrato de Bruto. C. agota­ do por su s herid as y porque se había desangrado. d. la prehis­ toria y la historia tem prana de Roma (Catón inicia su narración con el mito de Eneas) y de otras ciudades itálicas. Roma. 83. la llam ada ktiseis.). los libros 4-7 tratab an del sub­ siguiente desarrollo de Roma hasta los tiem pos presentes. fragm. ed. a cuyo respecto Catón tuvo en cuenta con extensa m inuciosidad su propio papel histórico.156 Literatura universal crearon la epopeya histórica. Bronce. 21914. Porque la co sa fue así: aunque resu ltó herid o nu m erosas veces. C. Este escritor se sirvió de un lenguaje directo y muy expresivo. H. que sólo ha llegado a nuestras manos frag­ m entariam ente.

segunda mitad del siglo n a. Naturalis historia. C. . P orque el esp artan o L eónidas co n su m ó algo sem ejan te en las T erm op ilas. que a la sazón vivía en Roma como m iem bro del círculo reunido en torno a Escipión el Joven y adm iraba profundam ente a Roma. tarde ha vu elto a com batir valerosa y en érg ica m en te por el E stado.). Por otra parte. adm irada de este h eroísm o.La historiografía romana 157 Sarcófago de L. y por el hech o de que en ton ces condu jo lejos a aq u ellos sold ad os. estatu as. especialm ente sobre la actitud de los historiadores romanos de tiempos tardíos. Los Origines de Catón ejercieron una poderosa influencia sobre la posteridad. 14. 3 V. han otorgad o gran estim a ció n a esta hazaña. pero no estudiarlos m inucio­ samente». ha hon rad o con m onu­ m en tos la fam a y gloria extraord in arias de su fa m o sísim a gesta: por m edio de cuad ros. Cornelio Escipión Barbado (cónsul el 298 a. d. Pero el trib uno de qu ien hab lam os. Este pasaje m uestra de m anera patente la tarea que Catón asigna a la historiografía y tam bién su postura nacionalista y antigriega. salvó ciertam en te al resto del ejército. C. relatos h istó rico s y dem ás. toda G recia. Roma. Tumba familiar de los Escipiones. dio a pensar a su hijo Marcos \ Parece haber entrado asim is­ mo en relación con el historiador griego Polibio. cán ticos. Pero es de grande im portancia el lugar en que se consu m a una a cción heroica. su obra proclam a clarísim am ente la influencia griega: «hay que con­ sultar som eram ente los libros de los griegos. Musei Vaticani. Plinio. que ha hecho lo m ism o y hab ía ayudado a salvar una situ a c ió n d ifícil. d. só lo ha cosech ad o e sc a so loor por su s hazañas. 29.

El estilo de Sisena buscó siempre lo afectadam ente literario. por el contrario. tituló a su o b ra Historiae. tom ando para ello como modelo al historiador griego Clitarco. C. sino historias scribere. éste. cit. Casio Hemina trasluce un interés por lo técnico antiguo.) con la dicción tosca y desm añada de sus predecesores. un esquem a que ha­ llamos de nuevo —y frecuentem ente a costa de la cohesión interna de la obra— en la historiografía rom ana tardía. Su obra sobre la Segunda G uerra Púnica (con Escipión el Viejo como héroe principal) fundó en Roma la m onografía histórica. y Livio le acusó de intolerable exageración. Sea como fuere. aquél emplea un estilo forense harto complicado. los analistas di­ vergen fuertem ente entre sí tanto en la tendencia cuanto en el método. En la época de Sila surgió una generación de analistas jóvenes. que p a ra la m ism a época histórica necesitó un total de 75 libros. Sem pronius Asellio. que son los llamados antiguos. sólo de este modo po­ drá la historia cum plir su cometido de difundir y fom entar una actitud patriótica 4. Sisena no pertenece a los analistas en sentido estricto. una dicción muy simple. y lo mismo ocurre con Lucio Calpurnio Pisón Frugi. 2. escri­ bieron durante la segunda m itad del siglo n y los comienzos del i a. no quiere «narrar cuentos p ara niños». fragm. Los analistas citados hasta aquí. y este título quería señalar expresam en­ te la estru ctu ra objetiva y sobria que se desvinculó del esquem a narrativo que se ajustaba al correr sucesivo de los años. que gozaba de dudosa fam a a causa de su estilo extrem ada­ mente retórico y «trágico». unilateralm ente. desde el punto de vista de la aristocracia senatorial. 4 H istoricorum R om anorum Reliquiae. Cicerón le consideró como ampuloso y carente de respeto. es la obra de Sempronio Aselio. Su estilo está teñido fuertem ente de retoricism o. . cuya form a y ademán expositivos se atuvie­ ron en general al esquem a de los Annales pontificum . casi candorosa.158 Literatura universal La obra de Catón fue im itada muy pronto por algunos autores de rango menor. C. el adem án retórico se convirtió desde Antípater en un ele­ mento tradicional de la historiografía romana. Distinta. quien subrayó por vez prim era la necesidad de una contem plación causal de la historia. el prim er historiador rom a­ no. Quinto Claudio C uadrigario enlazó en sus 23 libros de los Annales (hasta el año 80 a. La inclina­ ción a las exageraciones ostentosas es la característica más notable de Va­ lerio Antias. Lucio Cornelio Sisena. que se entregó a su tarea de m anera especializada y profesional. los llam ados analistas. m ientras que se expresó con respeto sobre el postrero de los analistas. lo fragm entario de los textos que han llegado hasta nosotros hace más difí­ cil el juicio sobre cada una de las obras individuales. Según afirm a él mismo. Por lo demás. L. ed. Cayo Licinio Macro merece atención en su calidad de prim er histo­ riador que no expuso la historia romana. nuevamente. Más im por­ tancia ha de atrib u irse a Lucio Celio Antípater..

Posidonio. Cicerón se esforzó empero en vano por ganar p ara la redacción de este proyecto a un oscuro historia­ dor romano llamado Luceyo y a un famoso historiador y filósofo griego. Y en realidad las cartas dirigidas a Ático están impreg­ nadas todas. porque tu exposición m ostrará. más aún. según se cree. pero que no obstante tendrían que cum plirse dos condiciones previas: libertad de toda cura y libertad de las obligaciones políticas. y al pensar así lo hace sobre todo en su propio consulado. que nosotros nada tenem os que envidiar a los Griegos. un problem a político de su época. y con ello quedó sellado al mismo tiem po el destino de la analística. Emilio Scauro. si se exceptúa a un analista tardío. 5). Para él. la andadura de la historiografía quedó —a lo que parece— paralizada durante cuarenta años. observadores de la generación de éste com probaron que todavía no existía una historiografía rom ana verda­ deram ente valiosa. Cornelio Nepote «El silencio de Clío»: así podríam os titular. en la conjura­ ción de Catilina y en el papel que habían desem peñado entre bastidores César y Pompeyo. Sin embargo. C. La época ciceroniana: Cicerón. a p a rtir del año 60 a. no sin razón. César. que había cultivado con éxito diversos géne­ ros literarios? Así pensaban sus amigos. este capítulo. . Dicha historiografía apareció después de la m uerte de Cicerón. C. Rutilio Rufo. En su réplica. el proyecto fue publicado después de su m uerte bajo la form a de panfleto y con el título de De consiliis suis. ni aun en este género literario» (1..).). en prim erísim o lugar. Quinto Elio Tubero. como se deduce del singular diálo­ go introductorio a su obra De legibus (51 a. Lutacio Catulo y Sila— obten­ dremos un cuadro muy rico y complejo de la historiografía rom ana de la época anterior a Cicerón. se exige. En él afirm a su amigo Ático: «De ti se espera ya desde hace tiempo. que te dediques a la historia.La historiografía romana 159 Si se añaden a todo ello las autobiografías de políticos destacados —Cayo Graco. del bosquejado plan de revelar «la verdad acerca de la conjuración catilinaria». La obra histórica futura a la que alude la introducción del De legibus habría contem plado sin duda alguna las cosas desde una perspectiva más am plia y menos apologética. Cicerón siguió considerándose incapaz de llevarla a cabo. Cicerón declara que está dispuesto por prin­ cipio a ello. y se refiere directam ente a la desdichada situación política en la que había caído Cicerón después de su consulado (63 a. la historiografía es evidentemente. C. ¿Quién recogería y transm itiría la antorcha? ¿Por qué no el mismo Cicerón. que fue relegada cada vez m ás al olvido y ha llegado hasta nosotros sim plem ente como un m ontón de citas carentes de conexión entre sí. a cuyo respecto el térm ino cura significa «vinculación o coacción moral». de todos modos. Después de Sisena.

E sta m áxima coincide.. C. d. de todos modos. Cicerón se expresa como sigue sobre su teoría historiográfica (2. «en los idus de marzo» (el día del asesinato de César). «tarea para un orador» que domine el lenguaje y el estilo. que fue redactado algunos años antes que el De legibus. con la inscrip­ ción EID(ibus) MAR(tiis). Cara anterior: retrato de M. una obra tal habría sido ante los ojos de Cicerón.). En un pasaje del tratado De oratore. una em presa de carácter literario y no científico: Cicerón mismo la califica Denario de plata.. Con ello no se afir­ ma. C. sobre todo y principalm ente. por lo demás. 5. 14. 43-42 a. plenam ente con la actitud ro­ mana general frente a la historiografía. Ca­ ra posterior: las dagas de los conjurados y el gorro frigio sím bolo de la libertad.160 Literatura universal Incluso tras el asesinato de César (44 a. Y de hecho estaba la vida de Cicerón am enazada continuam ente por parte de los cesarianos: él mismo fue víctim a de las proscripciones el año 43 a. Se5 Ad A tticum . 14. de opus oratorium. 62-64): ¿Q uién ignora que la prim era ley de la h istoriografía ordena no afirm ar nada in c ie r to y m ás aún. C. . no callar nada verd adero? ¿Que la obra no deberá co n te n e r ni un ápice de favorecim ien to ni una h u ella de crítica m aligna?. Junio Bruto con la inscripción BRUT(us) IMP(erator) L. PLAET(orius) CEST(ianus) (el m aestro m onedero responsable de la acuñación). que fuese lícito y adm itido dar libre curso a la fanta­ sía. ¿Qué estru c tu ra y contenido habría poseído una obra histórica redacta­ da por Cicerón? Como se deduce ya de la introducción al De legibus. Cicerón rechazó una nueva incitación de Ático 5: «¿Me espoleas a que me dedique a la historiografía? ¿A exponer todos los crím enes de los que aún hoy nos oprimen?». y reduce el valor que poseen las obras históricas rom anas en cuanto fuentes históricas.

que en el d ecu rso p o sterio r ex p li­ que qué papel cau sal han d esem p eñ ad o en e llo el azar. sino tam bién su s circu n stan cias. que d iscu rre sin em p u jon es y con su ave regularidad. Busto de Cayo Julio César. Según el vocab u lario y el e stilo habrá que esfo rza rse por una ex p o sició n fluida. las norm as estilísticas. un a obra h istó r ica req uiere una e x p o sic ió n ordenada segú n el e sp a c io y el tiem p o. Y com o en los a c o n te cim ie n to s n o ta b les y d ign os de recor­ d ación se esp eran p rim eram en te los p lan es y p rop ósitos. sino tam bién. y tam bién César. 1. sobre todo. De los ejecu ta n tes m ism o s han de ser n o tifica d o s no só lo sus hazañas. su vida en tera y su carácter. y cu an d o se trate de p erson alid ad es n otab les. Staatliche Museen. em prendió caminos com pletam ente distintos. d. Destacan aquí. la p revisión o la lim ita ­ ción hum ana. Salustio. que atestiguan que Cicerón tomó como dechado la form a de la historiografía griega tal y como había sido cultivada por H eródoto y los discípulos de Isócrates. que en la ejecu ció n exp on ga no só lo los d isc u r so s y a ccion es. corresponde plenam ente al ideal ciceroniano.La historiografía romana 161 gún su tem a. Más ade­ lante veremos cómo este ideal.a mitad del siglo i d. por el contrario. C. que Cicerón no llegó a realizar. retorna en Tito Livio. . contem poráneo de Cicerón y a quien no puede considerarse sin más como historiador en el sentido antiguo de la palabra. lu ego su ejecu ción y fin alm en te el p o sterio r d ecu rso y las c o n secu en cia s. es im p rescin d ib le que el autor en ju icie los plan es. Berlín.

con sus ablativos absolutos y su oración indirecta. Los resultados de sus investi­ gaciones históricas. Otras tres personalidades del entorno de Cicerón alcanzaron menor nom­ bradla con sus obras históricas. el Bellum Africum (46 a. a tri­ buidos a César pero de autor desconocido. 1. a nosotros. M. y en consecuencia. C. C. a la cronología de la religión. uno de los generales de César. Lo mismo puede decirse de Cornelio 6 Brutus. Los siete libros del De bello Gallico tienen como tem a la conquista de las Galias por César (58-50 a. que hacen superflua la literatura. rectas y de pu lcro estilo.) fue el más grande erudito de su época. el m ejor amigo de Cice­ rón. a las instituciones políticas y m ilitares y a la geografía. por así decirlo. C. Tres escritos de la mism a época. que narra los demás sucesos acaecidos en el año 48 a. Aquí se expresa muy bien la cualidad singular de estos Commentarii: se trata de ejemplos tan cumplidos y logrados de «no-literatura» (según los módulos romanos). 262. y es quizás tam bién obra de Hirtio. Pero en su d eseo de su m in is­ trar m aterial a otros que q u isiesen e scrib ir una obra h istórica. Pomponio Ático. y fueron com pletados por un libro octavo com puesto por Hirtio. y crea así un nuevo género de historiografía que es capaz incluso de convencer. que errábam os cual forasteros en nuestra propia ciudad natal: ahora com pren­ deremos por fin quiénes somos y dónde estamos». . fueron caracterizados por Cicerón de la m anera siguiente 7: «Tus libros nos han traído de nuevo. César se sirve con virtuosism o y habilidad sum a del estilo forense tradicional romano. a un Cicerón. El estilo le era indiferente. está escrita en un estilo más fluido y su intención de autojustificación resulta evidente. Terencio Varrón (116-27 a.). a nuestra patria. produ cto del ornato e stilístic o . Estas obras son enjuiciadas por Cicerón de la form a siguiente 6 Son obras lib res de afeites. escribió un Liber annalis. que expuso entre otros en sus Antiquitatum libri XLI.) compuso sus Commentarii de bello Gallico (en siete libros) y sus Commentarii de bello civili (en tres libros). La obra De bello civili tra ta de la guerra civil contra Pompeyo. ha h ech o quizás un favor a n e c io s que qu ieren ornar su texto con tijeras. bien que a me­ dias y desde luego no para uso propio. C. lib res a sim ism o de cualqu ier ropaje. Sus obras están dedica­ das sobre todo al legado de los tiempos antiguos. 7 A cadém ica posteriora.162 Literatura universal Cayo Julio César (100-44 a. T. 9. Otro amigo de Cicerón.). C. y cuyo arte expositivo y estilo literario no alcanzan en modo alguno los de aquél. C. que en un solo libro ofrece un resum en de toda la historia romana. Cicerón no le consideró un historia­ dor en el sentido estricto del térm ino.) y el pseudoliterario Bellum Hispaniense (45 a. a lo s sen sa to s les ha apartado de tal veleidad. continúan la tem ática del De bello civili: el Bellum Alexandrinum.

H. y además como un estilista muy m ediocre. la capacidad o valía (virtus). evidentem ente m alhum orado. Primer punto culminante: Salustio Menos de veinte años después de m orir Cicerón tra ta ya Livio en su Prefacio (25 a. nos son conocidos unos pocos. hallam os en Salustio un hom bre que concibió de form a fuertem ente individualista el módulo ético de los romanos. entre la aristo­ cracia senatorial y los caudillos del pueblo (populares). y tam bién el deber. que intentaban utilizar en provecho propio estos enfrentam ientos y del derrum bam iento de la anti­ gua res publica que se había basado en las mores maiorum. Salustio es un caso típico de su época. Como personalidad. bajo cuyo nom bre circuló una obra titulada Chronicorum libri III. tomo 2. pero que es famoso sobre todo como biógrafo. Su obra principal.. ha quedado d eten id o a la m u erte de com o ú n ico de todos. sobre todo de Julio César. en un e sta d io in icial y prim itivo. el ú n ico una voz género de la literatu ra latina. 1. Corneli Nepotis De inlustribus viris. 1906. Tras la m uerte de Cice­ rón dijo. en el sentido romano del término. 9 H istoricorum Rom anorum Reliquiae. esto es. De estos historiadores. A ellos pertenece desde luego Cayo Salustio Crispo (86-35 a. 17. de dotes intelectuales y horizonte harto lim itados.). ed. surgi­ das en la época posterior a la m uerte de César. El autor se nos m uestra como un hom bre amable y simpático. M ientras que Cicerón siguió aferrado durante toda su vida —engañándose a sí mismo en m uchas ocasiones— a las antiguas ideas tradicionales.) de los «nuevos historiadores» que le hacen titubear en añadir su propia voz a las de ellos. del despliegue de poder de individuos de poderosa personalidad. convertidas aho­ ra en pura ilusión. Leipzig. Catón el Viejo y Ático.. de aquel tiempo de enfrentam ientos. de todas ellas han llegado hasta nosotros 22 biografías breves de cau­ dillos extranjeros. . De viris illustribus libri X V I (?). de p restar a la h istoria digna de ella 9.La historiografía romana 163 Nepote. gracias a un arte m odesto y —como dice él m ism o— «casero» 8. Peter. así como dos biografías de histo­ riadores romanos. C. entre ellos de Aníbal. son en gran m edida el 8 Pelopidas. y en sus años juveniles fue partidario de los caudillos popu­ lares antes citados. su obra ha servido durante largo tiem ­ po en las escuelas como lectura p ara principiantes. fragm. pintaba —com parable en este punto a las biogra­ fías de Plutarco— las vidas tanto de ciudadanos rom anos como no rom a­ nos. C icerón fue que tenía la capacidad. Como su form a de n a rra r es fácilm ente comprensible. el prim ero de los verdaderam ente grandes. acerca de la historiografía: E ste C icerón. con frecuencia violentos. Sus obras históricas. C.

C. Pero esta opinión se ha evidenciado como demasiado unilateral. Tras el estallido de la guerra civil entre César y Pompeyo se dirigió a César en una carta abierta Sobre el Estado. social y m oral después de la guerra civil. —entonces perdió Roma en Cartago a su postrer enemigo .) tomó parte activa muy intensam ente en las pugnas políticas de la época como adversario de Cicerón. 51-54) m uestra más bien una cierta distancia con respecto a César. en las operaciones m ilitares con­ tra los pompeyanos en Iliria y —con el cargo de p reto r— en África. Du­ rante su m andato como tribuno de la plebe (52 a. En oposición violenta con su carrera política está la severa m oral que llena toda su obra. pero tam bién una profunda reflexión y una conciencia sobre el mal y el bien. tomó parte. C. pero la influencia de César evita que recaiga sobre él una condena. interpretó erróneam ente el de César y además enturbió la cronología. que más tarde se convertirían en propiedad imperial. La m uerte de César le obligó por último a retirarse totalm ente de la política. producto de su propia y personal expe­ riencia.164 Literatura universal producto de un desengaño condicionado por experiencias políticas y personales. La reproducción ofrecida por Salustio del debate en el Senado que decidió sobre el destino de los catilinarios prisioneros (caps. los censores le expulsaron del Senado oficial­ mente a causa de su vida disipada. se ha expresado la opinión de que esta obra está principalm ente al servicio de una tendencia política y en realidad pro­ sigue con otros medios la pugna de los partidos en liza.) redacta otra carta abierta Sobre el Estado. Otro momento culm inante de la Coniuratio es una pintura. C. recibiendo seguidam ente el proconsulado sobre la provincia de África. en la que ofrece consejos y norm as para la renovación política. cuyo estallido había presenciado él cuando con­ taba veintitrés años de edad. Como minimizó el papel real de Cicerón en el descubrim iento de la conjura. Tras la entrada de César en Roma. A su regreso a Roma es acusado de explotación de sus súbditos. el estoico Catón de Útica. que para Salustio se inicia con el gran cambio del año 146 a. Prim eram ente escribió una m onografía titulada De coniuratione Catilinae. Amargura. C. en la que procura escudriñar las causas m orales de la conjuración. en el año 56 ó 55 a. pero en realidad por motivos políticos. Salustio comenzó su c a rre ra como cuestor. así como un respeto singular ante su más encarniza­ do enemigo. donde se refugió en el cam pam ento de César. Dos años después. Salustio fue nom brado de nuevo cuestor y senador. hicieron surgir una obra histórica capaz de im presionar aun hoy día al lector. Tras la victoria definitiva de César (46 a. y huyó a las Galias. con cam biante éxito. de la decadencia m oral en el curso de la historia de Roma. en los horti Sallustiani. muy abarcadora. Invierte su saneado patrim onio en Roma. Salustio extrajo sus tem as de la época de decadencia que siguió a la aparición de los Gracos.

Alusión a Q. arcos. Su consideración y exposición entrem ezclan de m anera harto caprichosa la especulación histórico-filosófica de los griegos (de un Polibio. — Cara posterior de un denario (hacia el 56 a. que había recons­ truido y restaurado el edificio. Salustio sustituye la suelta fraseología arcaica de Catón por una prosa com pacta y cerrada que llega hasta los lím ites mis­ mos de la oscuridad. Inscripción: (L. Marco Emilio Lépido (cónsul en 187 y 175 a. quien construyó los acueductos que llevaban su nombre. (Aemilius) LEPIDUS (cónsul el 46 y el 42. d. Durante sus últim os años. de estilo sencillo y refinado. el más notable com­ petidor de Cicerón. Los aticistas tom aron generalm ente por modelo al ora­ dor Lisias. Biga tirada por elefantes con Júpiter. 6 al 13). C. d. d. los elefantes cogidos al ene­ migo como botín fueron mostrados seguidam ente en un desfile triunfal. C.).). AQUA M(a)R(cía). Monedas republicanas con alusiones propagandísticas a las hazañas de las grandes fam ilias ro­ manas. cuyos partidarios ataca­ ron a su vez los amplios períodos ciceronianos. de un Posidonio) con el m oralism o de la antigua Roma (por ejemplo. d.).) se edificó la Basílica Emilia.).). el llamado aticismo. C. que ordena acuñar esta moneda). d.. empero.). y por cuya cuenta se acuña este denario). de un estilo rebuscado y exquisito que fue cultivado en Roma sobre todo por Hortensio. Cicerón com batió una nueva dirección estéti­ ca de la elocuencia forense. Estatua ecuestre. d. Marcio Rex (pretor el 144 a.La historiografía romana 165 peligroso— (caps. C. seguram ente el cónsul del año 113 a. C. — Cara pos­ terior de un denario (hacia el 66 a. d. Marcio) PHILIPPUS (el pre­ tor del año 44 a. d. encim a una Victoria con guirnalda triunfal. d. a los que estim aban como un rasgo típico del asianismo. Alusión a una victoria de Lucio Cecilio Metelo sobre los cartagineses (Panormus. C. (Basílica AIMILIA REF(ecta) S(enatus) C(onsulto) («La Ba­ sílica Aemilia fue restaurada por decisión del Senado»). Inscripción: C. C. por otra parte. bajo cuya censura (179 a. 251 a. (De izquierda a derecha): cara posterior de un denario (125-120 a. especialm ente por sus num erosos arcaísm os y alitera­ ciones.). C. d. representando la Basílica Aemilia (en el Foro Romano). de un Catón el Mayor). Inscripción: M. La moda . C.). algunos. (Cecilio) METELLUS (maestro monedero. También el estilo recuerda no poco a los Origines de Catón. El dechado de esta característica del estilo de Salus­ tio ha de ser buscado en otro sitio. esto es. triunviro entre el 43 y el 36 a. C. C. procuraron imi­ tar —incluso en sus discursos— al historiador griego Tucídides. d. y Marco Emilio Lépido (cónsul el 78 a. Alusión a dos antepasados del acuñador de la moneda.

Las mismas características generales nos salen al paso en la segunda m onografía de Salustio. apretada. es una creación propia y personal.°. La prosa de Salustio. sin embargo.). lo mismo que hace con Livio y Heródo­ to 1 0 . del tema. como el general Metelo y el ayudante y posterior enemigo mortal de Mario. La influencia de Tucídides se extiende sobre todo. En ella no se trata tanto de la guerra de Y ugurta (112 a 102 a. 101. Este estilo singular es además una forma expresiva muy adecuada al tratam iento. arcaicam ente oscura y de compleja estructura. 5). aluda clara­ mente a ella por medio de repetidas citas. Las Historiae trataban de la época posterior a la m uerte de Sila (78 a. por ej. inspirada por Tucídides y mezclada en parte con elementos expresivos tomados de Catón. El autor justifica la elección de su tema con la indicación de que en aquel acontecim iento se procedió por vez prim era contra la superbia nobilitatis (cap. Tanto m ás hay que lam entar el que sólo hayan llegado hasta nosotros algunos fragm entos de la últim a obra de Salustio. C. las Historiae. li­ bro I. que troque­ ló indeleblemente la historiografía rom ana tardía. al estilo. Sallustius Crispus. B. fragm.. que es característico de Salustio. 1 1 Este juicio no toma en cuenta las dos cartas a César que se han conservado. fuertem ente dramatizado. que aban­ dona la form a m onográfica en favor de una historiografía general. como ocurre ya. seis orationes et epistulae que más tarde fueron suprim idas de la obra. C. dem uestran de form a brillante las egre­ gias dotes de este «Tacite avant la lettre». cuando la m uerte le arrebató la plu­ ma. C. 1. Leipzig. La estru ctu ra de esta obra es mucho más equilibra­ da que la de su producción prim eriza “. 12. 10. sin embargo. Catilina es pre­ sentado como un «héroe» trágico acudiendo a diversos medios estilísticos. en el quinto y últim o libro había llegado Salustio al año 67 a.). Estas medidas partieron de los populares políticos Memmio y Mario. El fragm ento que reproducim os a continuación atestigua que su interpretación del escenario político rom a­ no se había entenebrecido con el paso de los años 1 2 . Sila. en la pintura de su carácter en el capítulo 5. para proclam ar su respeto ante la obra tucididiana. Salustio pinta un cuadro im­ placable de la corrupción de los caudillos conservadores (los llamados opti­ mates) al iniciarse la guerra. 10 In stitu tio oratoria. estruc­ turada según el esquem a de la sucesión anual. habla en pro de la objetividad de su exposición el hecho de que se com porte con justicia frente a aristó­ cratas enérgicos. Maurenbrecher.166 Literatura universal citada en últim o lugar y el prestigio de Tucídides hacen com prensible que Salustio. la obra titulada De bello Iugurthino. y Quintiliano com para no sin razón a Salustio con Tucídides. 1891-3. Historiarum Reliquiae. ed. 12 C. cuanto de las con­ vulsiones políticas que la acom pañaron. y cuya autenticidad es dudosa. . Los fragm entos más im portantes.

aunque criticó el estilo de éste como excesiva­ m ente poético. Era tam bién un representan­ te de la línea de Tucídides. Esta pieza oratoria es un producto de la escuela de los rhetores. Munich. que da cumplido testim onio del odio desmedido al que estuvo expuesto Salustio durante su c a rre ra política. el juego del azar. había desem peñado un papel de cierta im portancia. induda13 C. 1. 1-8. vinieron con fu sion es. la causa de la disensión. C. C. osó sin duda describir los más recientes acontecim ientos históricos de Roma. caminando sobre ascuas ardientes que queman bajo la engañosa ceniza. en la trad. la alianza de los caudillos y las armas. Sam tliche Werke. an tes bien fue estim a d o com o 'bueno' cu a l­ quiera que h u b iese con q u istad o nom b rad ía bien por m edio de la riqueza. C. C. asp iraron al poder ú n ico bajo n om b res son oros —com o o p tim a ti y p o p u la rii —. que habían logrado reunir en torno suyo a la m ayoría com o partid arios su yos. una obra del taimado y fatal juego de dados has tratado tú. distante y objetiva. estallaron pugnas de faccion es y por ú ltim o gu erras civiles. partidario él tam bién de César. Bajo el nom bre de Salustio ha llegado hasta nosotros una falsa Invecti­ va in Ciceronem.La historiografía romana 167 D esp ués de que la elim in a ció n del tem or ante C artago dio paso lib re a los co n flicto s in testin os. de la edic. aún cubierta de oprobio de sangre no expiada. C. horrores y conflictos. Asinio Polio empleó intencionadam ente una dicción directa y deliberadam ente seca como expresión de su frialdad racional. pero contiene valiosas indicaciones sobre las relaciones re­ cíprocas de ambos hom bres públicos. 41967. Asinio Polio (76 a. Lo mismo puede decirse de la pseudociceroniana Invectiva in Sallustium. De toda su obra apenas si se ha conservado un discurso. Fárber (Tusculum-Bücherei). un republicano independiente que se retiró de la política después de su consulado (40 a. como Salustio.) se ha perdido casi íntegram ente. que pretendidam ente pronunció Salustio en una sesión del Senado del año 54 a. edi­ tado por H. el desastrado. 2. en las que u n os p ocos p od erosos. lateinisch und deutsch. para lo 'bueno' y lo 'm alo' no eran los m érito s lo que d ecid ía fren te al E stad o (p u esto que todos estab an corrom p id os por igual). Horacio caracterizó en una oda dirigida a Asinio Polio (que al igual que Mecenas era un protec­ tor de los poetas) la em presa de éste con los siguientes versos 1 3 : La civil pugna que originó Metelo Cónsul. La obra histórica de un contem poráneo algo más joven. y e llo porque no hacía sin o d efen d er el orden im peran te.-4 d. bien por m edio de la d esvergüenza y la falta de escrú p u lo s. Horaz.) como protesta contra el creciente pode­ río de Octaviano. d. . Asinio Polio.

porque se ocupó asim ism o de problem as retóricos. y explica inm ediatam ente este juicio: Livio p o see en su arte narrativo algo de m aravillosam en te am able y de ra­ d ian tem en te lim p io. D icho en breves palabras: ningún h istoriad or ha reproducido de m anera m ás con vin cen te que él las ton alid ad es afectivas. num erosa^ obras históricas de la era republicana —desde Catón hasta Asinio Polio— se debió a la obra gigantesca y universal de Tito Livio. relegadas al olvido. La pérdida de su obra ha dejado una laguna muy sensible en nues­ tros conocimientos de la historiografía romana. Livio se alejó en el aspecto estilístico de la com pacta oscuridad de Sa­ lustio. de la «plenitud láctea» de Livio 1 4 . y de seguro aprobó sin reservas lo que Cicerón dice acerca del estilo histórico en los pasajes arriba citados de su tratado De oratore. Livio se adapta perfectam ente al cuadro general. que contribuye notablem ente a la heroificación del conteni­ do narrativo. En lugar de la am argura y el pesimismo de éste hizo valer —también en sus juicios— la blandura y suavidad.168 Literatura universal blemente muy objetivo. y su crítica de las fuentes históri­ cas deja mucho que desear. Sus períodos y su sintaxis son fácilm ente diferenciables de los del período retórico de Cicerón.-15 d. y su s d isc u r so s resu ltan in só lita m en te persuasivos. En este respecto. 1. o m ejor dicho un estilista profesional. d. 10. en honor de su fallecido contrincante político. 32. Livio era un historiador profesional. sino tam bién en su concepción 14 In stitu tio oratoria.) a escribir en 142 libros la historia rom ana desde sus comienzos hasta el año 9 a. ni en su ciudad natal Padua (Patavium). Sobre todo en el prefacio de la obra sale a la superficie la in­ fluencia salustiana. Una y otra vez nos fascina en él un bien m atizado co­ lorido poético. Este escritor dedicó una buena parte de su vida (ca. C. ni en Roma. Quintiliano cita a Livio. C. En otro pasaje habla Quintiliano de la lactea ubertas. como ya hemos dicho. Admira­ ba el estilo ciceroniano. De todos modos no pudo ignorar del todo a su gran antecesor y al cuño que éste había impuesto al estilo histórico. Segundo punto culminante: Tito Livio El hecho de que hayan desaparecido. 60 a. sobre todo las m ás su aves. en Roma se concedió gran valor —para nuestro gusto excesivo valor— al aspecto estilístico-literario de la historiografía. com parándolo con Heródoto. C. . no sólo en el estilo. Según hemos dicho ya. Ci­ cerón. hasta tal punto e stá n adecuadas todas su s palab ras a las circu n sta n cia s y oradores c o rr esp o n d ien tes. No se dedicó activam ente a la política.

Aquí se m uestra.La historiografía romana 169 de todo el conjunto de la historia romana. un tanto sorprendentem ente. y de si el volumen de la obra planeada no supera quizás sus fuerzas. Tras estas m anifestaciones características asegura que considera como su objetivo más noble el que sus lectores cap­ ten cómo eran las mores y la vida de los antepasados. qué hom bres y qué cualidades descollantes hicieron posible la ascensión del imperio. sus lectores esperan con ansia precisam ente su actitud crítica frente a los recientes desórdenes públicos. por su­ puesto. Roma. en los que «ya no somos capa­ ces siquiera de soportar ni nuestros errores ni los remedios contra ellos». añade se­ guidam ente que se prom ete satisfacciones sobre todo de la p in tu ra de los tiempos antiguos. pero sí el sosiego de su espí­ ritu (Livio emplea en esta frase la palabra cura. la cuestión de si tiene sentido que él añada su nom bre a la larga serie de famosos predecesores. d. Al mismo tiem po asegura tener plena conciencia de que Augusto de Primaporta. de una época que podría ayudarle a zafarse del recuerdo del turbio pasado próximo: estos tiempos recentísim os no podrán. y cómo después se han ido disolviendo en m edida creciente estos viejos vínculos y normas éticas hasta los tiempos presentes. C. Livio se plantea aquí en prim er término. conocida ya en las m edita­ ciones de Cicerón). Sin embargo. hacia el 20 a. hacer tam balear su am or a la verdad. con toda m odestia. Estatua de mármol. un pesimismo que se nos antoja típico de Salustio y despierta dudas sobre si acaso Livio adoptó una actitud de sincero apoyo al nuevo orden político augusteo —escribió su . Musei Vaticani.

La tradición nos atestigua. Sin embargo. y la cuar­ ta década. por lo que respecta a Roma.170 Literatura universal Ara Pacis Augustae («Altar de la Paz de Augusto»).. d. que tra ta de los sucesos que se inician con la legendaria llegada de Eneas hasta la derrota sam nita en el año 293 a. esto es. con la Segunda G uerra Púnica.). La ingente obra Ab urbe condita fue avanzando lentam ente. Sólo una cu arta parte del total ha logrado conservarse: la prim e­ ra década (libros 1 al 10). Su publica­ ción se verificó probablem ente en grupos de cinco o de diez libros. Por ello. y que es aquí precisam ente donde adquiere con­ sistencia la tarea más im portante de la historiografía. que . puede em prender el comienzo de su obra con buen ánimo. El ara es un sím bolo del orden social y político creado por Augusto. le llamó entre bromas y veras un «pompeyano». de todos modos. que Augusto. la tercera década (libros 21 al 30. afirm a. consagrada el 9 a. un republicano. la ballena que había engullido las obras de sus predecesores cayó ella mism a víctim a de su propio desm esurado volumen. Roma. Desgraciadam ente. C. la es­ tructuración del tem a toma al menos en consideración repetidas veces es­ tas unidades. con quien mantuvo una buena relación personal. junto con los cinco libros siguientes (números 31 al 45). C. Praefatio el año 25 a. Vista general. ella ha sido precisam ente rica en estos buenos ejemplos durante un largo tiempo. Livio prosigue diciendo que los ejemplos buenos y malos de la historia podrían servir de lección. C.

A los comienzos de la cuarta década afirm a Livio que se siente dichoso por haber podido alcanzar el final de la Segunda G uerra Púnica.La historiografía romana 171 tienen por contenido las guerras m acedónicas y sirias. esto es. los llamados Periochae (que deniegan sus servicios tan sólo para los libros 136 y 137). com parable con el de Asinio Polio. por ej. Ara Pacis Augustae. y su fuente principal son las obras de los analistas. lo mismo que alguien que va penetrando poco a poco en el m ar desde la playa siente cómo el suelo se hunde progresivam ente bajo sus pies. redactó lo m ás voluminoso de su m onum ental . cuyos errores han hallado entrada frecuente en su exposición. pero que al mismo tiempo se da perfecta cuenta de hasta qué punto el enorme increm ento de la m ate­ ria va retrasando cada vez más el avance de la obra. archivos y documentos. Fuentes prim arias. apenas si fueron utili­ zadas por él. y com poner así la obra más vasta por nosotros conocida de toda la litera tu ra de la Antigüedad. el panegírico en loor de Cicerón. También en él sigue la ordenación de la tem ática el esquem a de la sucesión de los años. al parecer. Sea como fuere. o lo hizo en muy escasa medida. Relieve con procesión de la fam ilia imperial. Por lo común se limitó a una sola obra como fuente principal. Allí donde es posible cotejar su relato con el de Polibio se evidencia su inferioridad metodológica y al mismo tiempo su superioridad como estilista y narrador. Puede considerarse a Livio como el últim o de los analistas. Livio se proponía llegar hasta el libro núm ero 142. Livio sólo cita a sus garan­ tes cuando rechaza la versión de los hechos ofrecida por éstos o da su preferencia a otra fuente. Este hecho se debe quizás en parte a que. A p a rtir del libro 45 esta obra sólo nos es conocida por medio de extractos y breves reseñas de contenido. utilizando algunas otras como simple control. De aquí solam ente se exceptúan algunas citas literales.

una evolución hacia una especie de «barroco». Sus rasgos carac­ terísticos más notables son el refinam iento y la exageración patética. Por otra parte. M iraba a Roma con adm iración profunda. De los grandes dechados del pasado más próximo fueron los Commentarii de César los que hallaron el m enor núm ero de seguidores. a la que podía caracterizarse como «modernismo». 15 Quintiliano. sobre todo en Ankara se han conservado considerables restos de dichas inscripciones (M onumentum Ancyranum). por lo que los historiadores se vieron sometidos más al conflicto de conciencia bajo el que ya había padecido Cicerón a finales de la República. los nom bres que pueden ofrecer la historiografía de la época de Augusto y Tiberio son de reducido fulgor. Su influencia sobre la historiografía romana posteriorm ente sólo fue superada por la de Salustio. pero en ocasiones de­ lata una evidente falta de com prensión por las instituciones rom anas. a la fase clásica siguió.. durante el Imperio fue desapareciendo progresivam ente la li­ bertad de palabra. 56. Todo ello reduce su im portancia como historiador en el sentido m oderno del térm ino. 1. com puestas por el mismo Augusto como una especie de testam ento político en el que el em perador rinde cuentas de sus hechos: el lenguaje frío y seguro de sí mismo recuerda claram ente a César. Tam bién su relación personal con Roma evidencia una cier­ ta distancia (Patavium había adquirido poco tiempo antes la plena ciudada­ nía romana). hallándolo en una dirección estilística fuertem ente artificial y alam bi­ cada. un latín que no está del todo exento de los defectos del ha­ bla paduana 1 5 . sobre todo las m ilitares. ¿H abía que decir lo que deseaban oír los poderosos o deci­ dirse por una libertad de conciencia y de expresión extrem adam ente peli­ grosa? ¿H abía quizás medios que no pusiesen en peligro ni la verdad ni la seguridad? La historiografía de la época im perial nos ofrece ejemplos de las tres posibilidades. 3. 8.172 Literatura universal obra en la ciudad natal de Patavium. En todo caso podrían relacionarse con ellos las Res gestae. 5. cit. los gran­ des dechados del pasado reciente parecen haber causado un efecto antes de repudio que de acicate. Asinius Polio le reprochó una cierta patavinitas. Monarquía y falta de libertad: Pompeyo Trogo. esto es. . Por una parte. El texto de las Res gestae fue difundido públicam ente por todo el Im perio por medio de inscripciones de su texto. 1. así. op. en la nueva época se buscó febrilm ente lo nue­ vo. Veleyo Patérculo. pero la suavidad de su estilo y la benignidad de su actitud le hacen aparecer como el representante más excelso de la Ro­ ma augustea en el terreno de la prosa. Valerio Máximo Junto a Livio.

En él se halla un trozo de cierta longitud que —como ejemplo del estilo de Trogo— reproduce el texto origi­ nal en su longitud verdadera y sin reducción alguna. 114. El discurso de Mitrídates. estos discursos solían ser reproducidos en una versión ficticia. se afanó por obtener un estilo pujante y expresivo m ediante frases truncadas y una obscura brevitas al modo de Salustio l7. como el principio de la homogeneidad estilística desempeñó en toda la Antigüedad un gran papel. un tal Justino compuso un extracto de esta obra. A estas gentes pertenecía con seguridad L. aproxim adam ente. En su nota intro­ ductoria a dicha larga cita —un discurso de M itrídates. típicam ente salustiano. de la antítesis. esto es. tiene en este caso como conse­ cuencia el que Trogo reproduzca las palabras de M itrídates. pero este resum en ha llegado hasta nosotros l8. 4-7. oscuros por sus frases truncas. Este trozo encierra tam bién un problem a típico de la historiografía antigua. Los escasísim os restos de esta obra no nos perm iten exam inar críticam ente el juicio de Séneca. incluso griegos— habían incorporado a sus obras discursos en versión di­ recta. 2. muy aceptable en sí. en el que redujo su volumen originario a una décima parte del mismo.). procuran sobrepujar a Salustio y a Tucídides» 1 6 . porque éstos —lo mismo. como oratio obliqua — nos com unica Justino que Trogo censuró tanto a Salustio como a Livio. y que-estuvo concebida verosímilm ente como una especie de contrapeso a la historia rom ana de Tito Livio. 10. más abajo. que tiene por contenido una carta de M itrída­ tes al rey de los partos Arsaces. 3. Un cotejo de ambos textos perm ite reconocer que Trogo buscó destacar a toda costa m ediante un uso desmedido de la amplificatio. como oratio obliqua. ya que se tra ta de una im itación de un fragm ento de las Historiae de Salustio. rey del Ponto (120-63 a. autor de una obra titulada Bellum Punicum. Quintiliano se ocupa de los historiadores «que. En el siglo n de nuestra era. 38. Arruncio. Más se ha conservado. ibid. un celta que compu­ so una obra en 44 libros titulada Historiae Philippicae en la que se trata de la historia del m undo no rom ano hasta el año 20 a.. y opina que esta adecuación lingüísti­ ca sólo debe ser llevada a cabo m ediante el empleo de la oración indirec­ ta 1 9 . Este principio. C. Epistulae. a lo largo de varias páginas. adaptada al estilo del correspondiente historiador. El original se ha perdido. Trogo no está de acuerdo con este método. 17. pág. cit.La historiografía romana 173 La influencia de Salustio era prácticam ente inevitable. 17. El discurso m erece nuestra atención por o tra razón más. que es reproducido de form a indirecta. 192. según Séneca. que otros m uchos historiadores. carta llena de m anifestaciones hostiles a Roma.. Epitom a. por lo demás. 11. Justino. 38. En su elucida­ ción de los peligros de una exagerada imitación. por el contrario. de Pompeyo Trogo. . para lo cual empleó el medio retórico. 16 17 18 19 Op. V. C.

Musei Capitolini. 7. 21 Lactancio. y del cual sólo se ha conservado la parte que describe lo ocurrido a p a rtir del año 168 a. que tra ta de las guerras civiles y en la que com para al Estado romano con un hom bre que ha alcanzado lo m ejor de su edad al térm ino de las Guerras Púnicas y se ha tornado tan senil al fin de la era republicana que hubo de ser sostenido por m onarcas 2 1. d. El libro segundo tra tab a los años 146 a. La idea de la decadencia nos sale al paso asimismo en el único historió­ grafo de la era de Tiberio. Sus Historiae Romanae en dos libros trataban. Veleyo Patérculo. T. fueron quemados sus libros. La pintura entusiástica que dedica Veleyo al em perador Tiberio es un interesante co­ rrectivo de la imagen negativa y turbia que de esta discutida personalidad 20 Controversiae. 15. 14. puede citarse el nombre de otro historiógrafo de esta época.174 Literatura universal Como ejemplo del segundo de los peligros que acabamos de citar. . El em perador Nerón. En una lectura pública de su obra omitió determ inados párrafos de la m ism a diciendo: «Esto deberá ser leído sólo después de mi m uerte». esto es. y a los que estaba expuesto el historiador durante la época del Imperio. 10. y él se quitó la vida a continuación. § 8. Divinae institutiones. a quien debemos esta noticia 2 0 . padre del filósofo. Roma. C. C. hasta 30 d. la limitación de la libertad en palabras y por escrito. C. En el año 12 d. d. cuya obra se ha conservado por un capricho del azar. C. Séneca el Viejo. Retrato en mármol. se dedicó tam bién a la historiografía y compuso una obra titulada Historiae. (año considerado como el del cambio de la época clásica). C. los sucesos acaecidos hasta el año 146 a. en el prim ero de ellos. Labieno.

La historiografía romana

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nos transm iten Tácito y Suetonio. Una característica sorprendente de su obra, que podemos estim ar como rasgo sin par en toda la historiografía antigua, es el hecho de que se ocupe, en diversos incisos y digresiones, de problem as de la historia cultural y sobre todo literaria de Roma. En el capítulo 2,9 tra ta de la literatu ra arcaica de los rom anos, en el capítulo 2,36 del clasicismo; en la sección 1, 16-17 ofrece una curiosa interpretación del fenómeno de que la floración de los diversos géneros literarios, tanto en la literatu ra griega como en la romana, se concentrase en lapsos históri­ cos muy breves, y analiza aquí la tragedia, la comedia, la historiografía, la poesía y la oratoria. Veleyo estim a como época de esplendor de la histo­ riografía romana los ochenta años comprendidos entre el 60 a. C. y la m uerte de Livio, que había ocurrido hacía, a la sazón, unos quince años. A conti­ nuación especula sobre las causas de este fenómeno.
El e sp íritu de em u lación (aem u latio) alim enta los talen tos, y ora el disfavor, ora la ad m iración incitan a la im itación , y pronto alcan za su cim a aq u ello a lo que se ha asp irad o con el m ayor celo; com o es d ifícil p e r sistir en el estad o de p erfección , lo que no pu ed e ya p rogresar m ás su fre un retroceso de m anera natural. Y así com o p rim eram en te nos vem os e sp o le a d o s a dar a lcan ce a aqu e­ llos que c o n sid era m o s com o ejem plares, del m ism o m od o flaquea, con n u estra esperanza, n u estro celo, si d esesp era m o s de su p era rles o aun de alcan zarles, y lo que no p u ed e ser alcan zad o no se p ersigu e m ás, y se aban don an los tem as, por así d ecirlo, ya tom ad os en p o sesió n y se b u scan nu evos, y en evitación de aq u ello en lo que no p od em os ya d estacar rastrearem os o tros para probar en e llo s n u estra s fuerzas. Y así se evid en cia el co n sta n te e in cierto cam bio com o un gran im p ed im en to para prod u cir una obra perfecta.

El razonam iento pudiera ser un tanto candoroso, pero en modo alguno desacertado, y este párrafo ha despertado la atención 'de hom bres como Voltaire, Goethe y Sainte-Beuve, quizás porque ilustra de form a clara las dificultades en que había caído la literatu ra tras las cimas de esplendor de la época ciceroniana y augustea. Además hace com prensibles las co­ rrientes m odernistas, no exentas de carácter forzado, propias de esta épo­ ca y de las que Veleyo mismo es un buen ejemplo: en efecto, él sustituyó la estru ctu ra sintáctica cerrada de la época clásica, que em pleaba los pe­ ríodos largos y coherentes, por frases concatenadas de form a muy suelta, e hizo uso abundante de los medios retóricos como por ejemplo la parono­ masia. Especialm ente difíciles de soportar son los momentos culm inantes del carácter dram ático de su obra, como por ejemplo su versión de la loa postum a en honor de Cicerón, que acaba con la afirm ación de que «antes desaparecerá de la tie rra el género hum ano que el nom bre de Cicerón» (2, 66, 2-5). No se han conservado las obras de algunos coetáneos más jóvenes, co­ mo Aufidio Basso, M. Servilio Noniano y A. Cremucio Cordo. Sobre este último nos ofrecen inform ación los Anales de Tácito (4, 34-35): demasiado

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franco en su adm iración por la República, fue acusado por Tiberio de alta traición y obligado a suicidarse. Tácito nos ofrece su discurso de defensa, y dice que su obra, condenada a ser quem ada, se conservó sin embargo en algunas copias secretas, para ser publicada más tarde de nuevo, como la de Labieno, en versión corregida y expurgada. Cremucio Cordo había ensalzado a B ruto y Casio, los herm anos asesi­ nos de César. Su contem poráneo Valerio Máximo era m ejor conocedor de su deber, y proclamó que no se debía citar jam ás el nom bre de Casio sin añadir la designación de «traidor» (1, 8, 8). Seyano, que hasta su caída en desgracia fue la mano derecha de Tiberio (31 d. d. C.), había sido ensal­ zado todavía en el año 30 por Veleyo como un hom bre a quien el em pera­ dor y el pueblo com petían en venerar. Pocos años m ás tarde conjetura por el contrario Valerio Máximo que Seyano cumple eterna condena en el Aver­ no, si es que le han perm itido allí la entrada (9, 11, externa 4). La existencia del escritor dedicado a la historiografía era en esta época verdaderam ente amarga y peligrosa. Valerio Máximo no debe ser contado, sin embargo, entre los historiadores, ya que era realm ente un rethor. Trabajó en una colección de ejemplos históricos, con la que quería ser útil a los oradores que, en su incesante rec u rrir a las mores maiorum, habían hecho desde siempre abundante uso de tales ejemplos. Sus Facta et dicta memorabilia en 9 libros se han conservado por un capricho del azar, lo mismo que la obra de Veleyo. Estos Facta están ordenados sistem áticam ente según cate­ gorías de concepto como por ejemplo de religione, de institutis, antiquis, de disciplina militari, de fortitudine, de constantia, etc. El autor ofrece con ellos una prueba, lista para su empleo, de sus conocimientos retóricos. Los ejemplos romanos son el tem a principal, porque «nuestra ciudad ha colma­ do el m undo entero de ejemplos prodigiosos de todo género» (2, 7, 6). Sin embargo, «Roma es lo bastante honrada como para rendir m em oria tam ­ bién a los ejemplos extranjeros» (4, 7, externa 1), aunque sea solamente por vía de solaz (6, 9, externa 1). Patriotería, servilismo y estrechez de espí­ ritu son las características más destacadas de este hombre, cuyo único mé­ rito consiste en haber conservado para nosotros, gracias al empleo de fuen­ tes desaparecidas hoy, un sinnúm ero de hechos históricos desconocidos. La colección fue utilizada con ahínco, sobre todo durante la Edad Media. La figura más curiosa entre los historiadores rom anos del Imperio tem ­ prano es sin duda alguna Claudio, que más tarde llegaría a ser em perador. Este hom bre era un individuo singular por demás, raro y excéntrico; en sus años de juventud, Livio le había anim ado a dedicarse a los estudios históricos, y comenzó su tarea con una voluminosa obra sobre la época posterior a la m uerte de César. Sin embargo, cuando su m adre y su abuela, la em peratriz Livia, le censuraron inequívocamente, se dio cuenta de que no podría expresar librem ente su opinión sobre la fase final de la Repúbli­

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ca, y publicó por últim o los 41 libros de A pace civili sobre el principado de Augusto. Ocho libros necesitó para su autobiografía, que según Suetonio es una obra «antes carente de tacto que de buen gusto» 2 2. Cuando dio una vez —según era usual en el Im perio— una lectura pública de una de sus obras, se derrum bó una silla bajo el peso de un corpulento oyente; después de que hubieron acallado las generales risas prosiguió Claudio con su lectura, pero una y otra vez hubo de estallar en carcajadas.

Curdo Rufo y sus contemporáneos La historiografía rom ana ofrece un cuadro poco interesante tam bién durante la segunda m itad del siglo i d. d. C. Algunas obras evidentem ente buenas se han perdido para nosotros porque la exposición del Im perio tem ­ prano hecha por Tácito les hizo la com petencia con excesivo éxito, y por ello sufrieron el mismo destino que la historiografía de los prim eros tiem ­ pos republicanos bajo el peso de la obra de Tito Livio. La de Curcio Rufo, única de esta época que ha llegado hasta nosotros, debe su destino más favorable al capricho del azar, lo mismo que los escritos de Veleyo y de Valerio. En la ojeada general que ofrece Quintiliano sobre la historiografía rom ana más reciente no es considerado digno ni siquiera de mención. Algunos historiadores lograron evitar todo conflicto con el régimen, e lu ­ vio Rufo, autor de unas Historiae sobre la época del año 37 hasta el 60 d. d. C. aproxim adam ente, fue cónsul y ayudante de campo de Nerón, y mantuvo tam bién estrechas relaciones con Galba, Otón, Vitelio y Vespasiano. Se fue form ando a la sazón poco a poco un nuevo arte del sobrevivir; Tácito lo describió m ás tarde tom ando como ejemplo a su suegro Agrícola, quien había dem ostrado cómo se puede hacer carrera bajo un em perador tiránico y al mismo tiempo atender al interés propio. Como historiador era posible protegerse m ediante la elección de un tem a carente de actuali­ dad, que al mismo tiempo contuviese problem as vivos y pudiese por ello despertar un interés general. Curcio Rufo eligió en su Historia Alexandri Magni a un héroe que tres siglos después de su m uerte anim aba la fantasía de los lectores. Muchos pasajes en los Facta et dicta de Valerio atestiguan su actualidad como ejem­ plo de un déspota fascinador. Esta popularidad estuvo condicionada en parte por el hecho de que más de un em perador rom ano quiso presentarse como un nuevo Alejandro; de aquí surgió la posibilidad de hacer visibles paralelism os significativos. Curcio destaca sobre todo por sus análisis psi­ cológicos del soberano; en este sentido anticipa a Tácito y com pensa en algún aspecto lo que deja que desear en punto a seriedad histórica, a cono­
22 Claudius, 41.

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cimientos geográficos y etnográficos y a buen sentido m ilitar y estratégico. Puede considerarse la biografía de Curcio como una especie de novela his­ tórica, lo cual está condicionado entre otras cosas por su carácter fuerte­ mente anecdótico. En este sentido, Curcio está influenciado poderosam en­ te por los historiadores griegos de Alejandro Magno, como por ejemplo Clitarco. Sobre la vida de Curcio y la época en que fue redactada su obra no son conocidos datos de crédito científico. Ningún autor antiguo le ha cita­ do o se ha referido a su nombre, y la única m anifestación inequívoca ac­ tual en su obra es un pasaje enigmático que celebra con las siguientes pala­ bras la tom a de poder del nuevo em perador (10, 9, 3-6):
Con p len o d erecho afirm a el p u eb lo rom ano que debe su salvación a su em perad or, qu ien en una noche, que a pu nto e stu v o de ser n u estra postrera, su rgió c o m o un nu evo astro. En verd ad que fue su orto, y no el del sol, lo que d evolvió la luz a un m un do en ten eb recid o, cu an d o los m iem b ros del E sta­ do, que h ab ía perdido su cabeza, se vieron con m ovid os por la d isen sión . ¡Cuán­ tas an torch as in cen d iarias ha apagado él en ton ces, cu án tas esp ad as ha d evu el­ to a su vaina! ¡Qué tem p estad ha alejado con su rep en tin a fulguración! ¡El Im p erio alcan za no sólo nu evas fuerzas, sin o in clu so un nuevo florecim ien to!

La alabanza está dirigida verosímilm ente al em perador Vespasiano, que puso fin al caos del año de los tres Césares (69 d. d. C.). Sin embargo, se ha pensado tam bién en Claudio (después de la noche en la que fue asesina­ do Calígula) e incluso en acontecimientos que se producirían siglos después. El estilo, tal y como lo emplea tam bién el párrafo citado, señala con seguridad hacia m ediados del siglo i d. d. C. Es un estilo situado dentro de la tradición fundada por Livio, que hace suyos al mismo tiempo, bien que de m anera m oderada, los medios expresivos de la nueva retórica. Sólo raras veces se deja a rra s tra r Curcio por los artificios retóricos de la época. Así por ejemplo, en el instante en que los ejércitos de Alejandro Magno han alcanzado el Océano índico y se hallan ante las puertas de la India, recuerda un conocido tema declamatorio: «Alejandro reflexiona si acaso debe cruzar el Océano (Indico)». Séneca el Viejo ofrece bajo este título pa­ ralelos patentes de lo que anim a en este instante, según Curcio, a los solda­ dos de Alejandro: tanto Séneca como Curcio hablan de inmensas masas de agua cubiertas de niebla y paralizadas bajo una tiniebla situada más allá del firm am ento, preñado de m onstruos amenazantes... Curcio cae aquí intencionalm ente en una vaciedad declam atoria y una vana fantasía 2 3. De los 10 libros de la Historia Alexandri se han perdido los dos prim e­ ros, que estaban dedicados a la juventud del gran m onarca; tam bién dentro de la parte que se ha conservado se abren algunas lagunas. La Edad Media
23 V. Curcio, H istoria Alexandri, 9, 4, 17 y s., y Séneca el Retórico, Suasoriae, 1, 1.

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halló gran interés en la figura del soberano macedónico, enjoyada de mitos y leyendas; la obra de Curcio fue por ello afanosam ente leída. Desde la perspectiva actual ella aparece paradójicam ente como el único punto des­ tacado en la historiografía rom ana entre Livio y Tácito. Mayor derecho a este honor tendría sin duda Fabio Rústico, a quien Tácito cita como figura paralela a Livio, caracterizándole como «el más hábil estilista entre los m odernos historiadores» 2 4. Fabio Rústico compu­ so una obra histórica sobre la época de Nerón, a quien, siguiendo el ejem­ plo de Tácito, pinta con todos los tonos oscuros imaginables 25. La pano­ rámica de la historiografía romana, tantas veces citada, que nos ofrece Quintiliano, term ina con el pasaje siguiente: «Aún vive, como honra y prez de nuestra época, un hom bre que m erece la recordación de los siglos venide­ ros, del que se hablará algún día y a quien se adm ira y reconoce ya hoy» 2é. Estas palabras apuntan probablem ente a Fabio Rústico; por des­ gracia, la profecía no se cumplió. Otra fuente de Tácito confirm a —como excepción— la regla de que los historiógrafos romanos solían esta r sometidos a severas exigencias estilís­ ticas. Se tra ta de Plinio el Viejo, el incansable erudito y enciclopedista cu­ ya Naturalis historia representa una inagotable mina para el saber de aque­ lla época. La introducción a esta obra se dirige al em perador Tito; Plinio anuncia en ella una obra histórica, A fine Aufidii Bassi, cuya publicación deja enmanos de su heredero, Plinio el Joven. Éste, efectivamente, editó la obra, si bien sólo alaba en ella el hecho de que su padre adoptivo ha informado aquí «con minuciosa puntualidad» (religiosissime) 2 7 . La obra era evidentem ente más un producto de la ciencia que del arte del estilo. Y Tácito, que la cita en varias ocasiones, da una vez rienda suelta a su irrita ­ ción sobre ello 2 8:
Durante el año en que N erón —por segu n d a vez— y L. Pisón eran có n su les, a caeció poco digno de ser relatado, com o no sea que se sien ta in terés por llenar lib ros con la alabanza de los cim ien to s y el en tarim ad o de un an fiteatro que el em perad or hizo erigir en el Cam po de M arte. R esu lta concord e con la dign i­ dad del p u eb lo rom ano reservar para los lib ros de h istoria los su ce so s m ás im portantes, y dejar ta les co sa s para las crón icas de las ciu d ad es.

Por nuestra parte, lam entam os tanto más que no haya llegado hasta nosotros nada de este ejemplo de una historiografía realista y «periodísti­ ca», que tenía un objetivo com pletam ente distinto del propio de la historio­

24 25 26 27 28

Agrícola, 10, 3. Anuales, 14, 2. Institutio oratoria, 10, 1, 104. Epistulae, 5, 8, 5. Armales, 13, 31.

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grafía «elevada». Lo mismo puede decirse de las Bella Germanica de Plinio el Viejo, que se basaban en experiencias vividas por Plinio en el lugar m is­ mo donde sucedieron.

El giro clasicista: Quintiliano y Plinio sobre la historiografía Cicerón nos ofrece una ojeada sobre las teorías historiográficas de la República; Quintiliano hace lo propio con respecto a la época imperial. Con su Institutio oratoria comienza un nuevo período en la historia de la literatura latina. Ciertam ente, la búsqueda febril de novedades, en la que se empleó sobre todo la retórica declam atoria m oderna, había producido una cumbre, como fue Séneca el filósofo, pero por otra parte degeneró con frecuencia en una falta de naturalidad y una artificiosidad carente de vigor. De este modo el péndulo de la historia osciló una vez más totalm ente hacia la parte opuesta: se consideró a los «clásicos» —Cicerón, y en la his­ toriografía Salustio y Livio— con nuevos ojos. Quintiliano es el gran teóri­ co y m aestro de esta corriente clasicista. Recomienda al futuro orador so­ bre todo un cuidadoso estudio del dechado clásico, a cuyo respecto quiere conservar asim ism o los mejores elementos de la m oderna retórica, y en especial la tendencia a las fórm ulas concisas y agudas (sententiae). En su panorám ica general de los escritores griegos y latinos con los que debe tra b a r íntim o conocimiento el futuro orador ocupan los historió­ grafos un papel m uy im portante; ellos pueden, afirm a, alim entar al orador con ricos zumos. De todos modos es preciso tener plena conciencia de las diferencias que existen entre ambos géneros 2 9:
La h isto r io g ra fía se a cerca m ucho a la p oesía y es en cierto m od o un poem a en prosa. S u m isión es narrar, no dem ostrar, y todo su adem án e stá orientad o no hacia el e fe c to in m ed iato y h acia una liza que ha de ser dirim ida de inm edia­ to, sino h a c ia la m em oria de la p osterid ad y la fam a del talen to literario. Por e llo evita la un iform idad , presen tan d o su objeto en palabras m ás d esa co stu m ­ bradas y fig u r a s e stilístic a s m ás lib res.

De aquí se deduce claram ente que Quintiliano quiere acercar la histo­ riografía a la poesía aún más fuertem ente que Cicerón. Cicerón había estim ado a H eródoto y a Tucídides como los dos grandes historiadores griegos, aunque en su propia teoría se atuvo sobre todo a la tradición de H e ró d o to 3 0 : en su prosa confrontó el «sosegado fluir de palabras» de H eródoto con el río impetuoso del estilo de Tucídides 3 1 .
29 In stitu tio oratoria, 10, 1, 31. 30 Cf. más arriba, pág. 161. 31 Orator, 39.

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Quintiliano sitúa a los dos grandes dechados griegos en un plano de igual­ dad: Tucídides, dice, es conciso, escueto, im petuoso en su fluir narrativo; Heródoto, por el contrario, deja fluir la prosa suavemente, es transparente y amplio en su curso n . No obstante, y de otro modo que Cicerón, Quin­ tiliano puede nom brar a un Heródoto romano, a saber Tito Livio, y a un Tucídides romano, Salustio. Y si Cicerón, en su tratad o De legibus, había hecho decir a su amigo Ático que él, Cicerón, debía encargarse de que los romanos no fuesen inferiores a los griegos tampoco en la historiografía 3 3 , pudo Qintiliano afirm ar un siglo y medio después que la historiografía ro­ mana no necesitaba ya subordinarse a la griega 3 4.

El Arco de Trajano en Benevento, al com ienzo de la Via Traiana, que lleva desde Benevento hasta Brindisi. 114 d. d. C. Los re­ lieves celebran los triunfos y los benéficos hechos del monarca en Italia y en las provincias.

Cicerón había puesto todas sus esperanzas en un Heródoto romano. Quin­ tiliano, por su parte, tiene a Livio en altísim o aprecio, pero no obstante considera a Salustio como el historiae m aior a u c to r 35. Este hecho deja traslucir el clima literario en el que surgió la obra de Tácito, que constitu­ ye indiscutiblem ente la cima de toda la historiografía romana. Para ello nos resultan tam bién de interés las cartas de Plinio el Joven, un. discípulo de Quintilano y amigo de Tácito, con el que m antuvo frecuente correspon­ dencia sobre su obra; por desgracia no se han conservado las cartas de Tácito a Plinio, sin duda mucho más im portantes. Plinio escribe a Tácito,
32 33 34 35 In stitu tio oratoria, 10, 1, 73. V. más arriba, pág. 159. In stitu tio oratoria, 10, 1, 101. Op. cit., 2, 5, 19.

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entre otras cosas, lo siguiente: «Te predigo que tu obra histórica será in­ mortal»; y añade: «Tanto más exijo recibir un puesto en ella; lo reconozco francamente». Sigue a ello un informe sobre cierto suceso acaecido bajo el reino de Domiciano, que hace aparecer a Plinio bajo una luz favorable.
Sea com o fuere, tú harás todas e sta s c o sa s m ás con ocid as, m ás fam osas, m ás grandiosas; de tod os m odos, yo no exijo de ti que so b rep a ses la m edida de lo que verd aderam ente su ced ió. P orque la h istoriografía no debe apartarse de la verdad objetiva, y para los h ech os dign os b asta con la verdad 36.

En ocasiones, el levemente vanidoso Plinio recuerda los principios doc­ trinales de Cicerón; alusiones a éste son muy corrientes en él, el partidario del clasicismo. Otro amigo le había invitado a dedicarse por su parte a la historiogra­ fía, a lo que Plinio contestó: «Me aconsejas componer una obra histórica, y no eres el único en hacerlo; ¡cuántos me han incitado con frecuencia a ello!» (según se ve, se repite aquí la situación que nos es conocida por el prólogo del tratad o De legibus)
M as, ¿sob re qué? ¿Sob re su ce so s a n tigu os y narrados ya por otros? En tal caso, el trabajo de in v estig a ció n está ya hecho, y só lo queda el fa tig o so cotejo de las fu e n te s. ¿O acaso sob re un tem a nu evo y no usado? En tal c a so se corre el peligro de provocar escá n d a lo y recolectar e sc a sa gratitud.

Incluso aquí reconocemos de nuevo el viejo dilema ciceroniano, a cuyo respecto debemos tener en cuenta que las dificultades eran durante el Im­ perio más num erosas y considerablem ente más arduas. La carta analiza además qué estilo es el más adecuado para una obra histórica; este pasaje m uestra que tam bién Plinio consideraba antes a Salustió que a Livio como ejemplar y digno de imitación 3 7.

Tercer punto culminante: Tácito Las noticias sobre la vida y carre ra del máximo historiador romano son muy escasas. Nació hacia el año 55 d. d. C.; contrajo m atrim onio en el 77 con la hija de Agrícola, el hom bre cuya vida n arra ría en una biografía tras la m uerte de éste (93 d. d. C.). Su carrera política se inició bajo Vespasiano; fue p reto r bajo Domiciano (88 d. d. C.), y cónsul reelecto bajo Nerva (97 d. d. C.). D urante el reinado de Trajano, y probablem ente hacia el año 112, ostentó el cargo de gobernador general de Asia. La fecha de su m uerte es desconocida. Su carrera como orador concluyó el año 100, en el que
36 Epistulae, 7, 33. 37 Op. cit., 5, 8.

en la actual Rumania. C. que es controvertida vigorosamente por uno de los partici- Basam ento de la columna de Trajano en el Foro de Trajano en Roma (consagrado en 113 d. la figura principal del diálogo. porque el público quiso leer en este tratado. La form a como tal cosa sucede es extrem adam ente caracterís­ tica. tan estim ado por él. Messala. ha determ inado dedicarse a la poesía.). C. d. él mismo. errónea. d. un representante de la retórica m oderna llamado Aper. había ocasionado gran expectación y revuelo. No obstante. por lo demás. cita como causas el abandono de la educa­ ción. declara M aterno. lo que se presenta para Aper como una consecuencia desagradable de la huida. dice. entre líneas. Tácito hace discutir —tam bién en este punto un clasicista— a algunas personalidades destacadas de los tiempos de su juventud sobre la cuestión acerca de qué causas contribuye­ ron a la decadencia de la oratoria en la época imperial. pantes en el coloquio. El clasicista entre los interlocutores. recién publicado a la sazón. Sobre su despedida de la elocuencia forense nos rinde cuentas en su escrito Dialogus de oratoribus. En un diálogo de corte ciceroniano.La historiografía romana 183 junto con Plinio defendió a los habitantes de la provincia de África contra un gobernador déspota y explotador. al reino de la poesía em prendida por M aterno y que éste aprueba sustancialm ente. que el orden político m onárquico concede demasiado poco terreno al desenvolvimiento de la elocuencia. escrito probablem ente hacia el año 105 de nuestra era. una tesis ésta. Aquí fueron depositadas las cenizas de Trajano el 117 d. así como la decadencia general de las norm as y las costum bres. . alusiones veladas a la realidad política actual.). 105-106 d. d. Su Cato. cuyos rasgos recuer­ dan fuertem ente a Quintiliano. La m áscara resulta transparente: tras de M ater­ no y su poesía se ocultan Tácito y su historiografía. C. Tácito emplea aquí el artificio de la alusión. El friso que rodea como una banda en espiral toda la altura (38 metros) de la colum ­ na representa los sucesos y triunfos durante las guerras de la Dacia (101-102. y más concretam ente a la tragedia.

Pero había habido tam bién otros hom bres. un homenaje personal.184 Literatura universal La m uralla de Adriano en Gran Bretaña. A q uellos que acostum b ran a adm irar lo ilíc ito deben com p ren d er de una vez que tam bién bajo em perad ores perversos puede haber grandes hom b res. han bu scado la fam a de una m uerte a m b icio sa sin que el E stado lograse con e llo el m enor b en eficio (cap. d. cuando están acom pañad as por la energía y la fuerza in telectu al. De Agrícola testim onia Tácito: N o p u so en ju eg o su nom b re y su vida m ediante una em p ecin ad a resisten cia y vana palabrería sobre la lib ertad. Bajo Nerva y Trajano se inició una época más feliz. Esta obra es desde luego. un hom bre de ca­ rácter inquebrantable. y guarda por ello relación directa con la loa funera­ ria tradicional rom ana (laudado funebris). La introducción a la biografía conjura con emotivas palabras el recuerdo del reinado cruel de este César: «Muy pocos somos ya. 3). en prim erísim o lugar. y al mismo tiempo habían recorrido todos los gra­ dos de su carrera oficial. condenados al silencio. m erecen idéntica ala­ banza que el gran nú m ero de qu ien es. Tácito. por así decirlo. 42). que hablaron y protestaron. los jóvenes han alcanzado la ancianidad y los ancianos el um bral de la m uerte». años en los cuales. C. con su actitu d brusca. por lo que hubieron de pagar con sus vidas. y hemos sobrevivido no sólo a otros sino. . tam ­ bién a nosotros mismos: tantos años nos han sido arrebatados en m itad de nuestra vida. escalar las más altas dignidades y cargos públicos bajo la tiranía de Domiciano.) había hecho lo mismo en la biografía de su suegro Agrícola. Agrícola y otros habían callado. y que la o b ed ien cia y la au tolim itación . pero los síntomas de la grave dolencia padecida por la nación siguen aún en pie (cap. Sin embargo destaca fuertem en­ te las cualidades singulares que perm itieron a Agrícola. Algunos años antes (98 d.

que había anunciado ya en la introducción del Agrícola. Tras estas m onografías. ha llegado hasta nosotros. ha habido asimismo exempla virtutum . una evolución desde la claridad hasta las tinieblas. Tito y Domiciano. 1). Vespasiano. e igualmente claro es que Tácito. Desde esta perspectiva ha de ser considerada asim ism o la fam osa m onografía Germania. comenzó con el año de los tres césares (69 d. de todos modos. llenos de cam biante suerte bélica y horribles hasta en la paz. En la ejecu­ ción de su plan. añade. el gobierno de Nerva y Trajano. las Historiae. Tan sólo el último tercio de la obra —los libros 1 al 4 y el comienzo del 5. si bien en conjunto la época descrita ha sido de tal cariz. y que culm ina en una im placable acusación contra el im perialism o romano. aquí había señalado como tem a de dicha obra futura la época del reinado de Domiciano. de todos modos. Agrícola es algo más que una biografía justificadora. por el contrario. se remonta. 2-3). en efecto. que «jamás desdichas más espantosas del pueblo rom ano y signos más evidentes han dem ostrado con claridad m ayor que los dioses no se preocupan de nuestra seguridad sino de nuestro castigo» (1. no pensó sólo en su suegro. a un período histórico anterior.La historiografía romana 185 La intención apologética de estas m anifestaciones resulta evidente. esto es. por lo que sólo podemos suponer la existencia del citado efecto del progresivo entenebrecim iento. los Annales. y anuncia ya de form a per­ ceptible al posterior historiador. Tácito escribió su prim era obra de m ayor en­ vergadura. En su obra siguiente. sin embargo. d. la época . así como la nueva era inaugura­ da por Nerva y Trajano: una evolución de las tinieblas a la luz.) y expuso seguidam ente el reinado de los em peradores de la familia flavia. así como M aterno había escrito tragedias históricas. Tá­ cito escribe Historiae en el espíritu de la tragedia. Al comienzo de las Historiae deja Tácito para después la exposición de la verdadera historia de la época. tal y como lo había anunciado en el Agrícola (1. que dentro del m arco de una etnografía sistem ática describe las costum bres germ a­ nas. El prefacio de las His­ toriae perm ite reconocer los puntos de vista por los que se dejó guiar Táci­ to en el cum plim iento de su propósito. no como un ideal prim itivo y cercano al origen sano y aún no corrom ­ pido. El párrafo más singular de esta sección lo constituye la arenga que dirige a sus tropas antes de la batalla el caudi­ llo de los britanos. al hablar así. Resulta significativo de la tendencia de Tácito a relativizar el com portam iento hum ano y desenm ascararlo el que dedique tanta atención a esta voz antirrom ana. Calgaco. en dicho prefacio nos avisa que tendrá que n a rra r acontecim ientos terribles. sino como algo completamente distinto de las form as de vida romanas. C. La parte más am plia del escrito se ocupa de las cam pañas m ilitares de Agrícola en Britania. hasta la insurrección' de los batavios—. sino tam bién en sí mismo. es tam bién un tro ­ zo de historiografía romana.

nos será preciso leer entre líneas. y sabe perfectam ente que para ello puede atenerse exactam ente igual. v. En una democracia. Pero incluso en la exposición de una época remota. Este pasaje es de gran im portancia si se quiere enjuiciar debidam ente la elección hecha por Tácito: im porta poco en el fondo la época del Imperio que se describa. a Plinio. . es m isión del historiador tener muy en cuenta la situación espiri­ tual del pueblo. En una aristocracia rige esto mismo con respecto a la cla­ se dominante. Las palabras que acabam os de citar proceden de una digresión de gran im portancia p ara la cuestión de cómo concibió Tácito su tarea. ésta q u ed ó conservada. y probablem ente por las mismas razones que movieron a Cicerón y. Y así hace también Tácito. Evidentemente. Tácito rehúye tra ta r la historia contemporánea. y si las fam ilias m ism a s se han extin guido. con todas sus consecuencias para el Estado y para la vida de los individuos. p erson as que a cau sa de la sem ejan za de la con d u cta refieren a sí m ism a s las a ccio n es m alvadas de los dem ás. como la del principado de Tiberio. de esta exposición sólo se han conservado el prim er tercio (libros 1-4. cit. o incluso m ejor aún. Tácito apunta aquí evidentem ente a la m entalidad del empe­ rador y de su entorno inmediato. al ejemplo de Tiberio que al de un em perador contem poráneo. la elección de un período anterior ensanchó muy poco su libertad de movimientos. 4. tam bién la fam a y la virtud provocan h o stilid a d . Como ahora vivimos prácticam ente en una m onarquía es mi deber investigar y transm itir a las generaciones venideras las cosas de las que trato. M aterno mismo declaró que no quería hu rtarse a ella. se encuentran. pág. así como el último tercio (una parte del libro 11. puede el historiador causar la irritación de los gobernantes. dice Tácito. «in em b argo. 4.. ya que se describirá siem pre el Principado como tal. 39 Op. sin em bargo. y acaba su exposi­ ción con una abierta declaración de solidaridad 3 9 : El S e n a d o d ecid ió que los e d iles en tregasen al fu eg o su obra. fu e m antenida ocu lta y pu blicad a de nuevo: tanto m ás p od em os b u rla rn o s de aq u ellos que creen que m ediante su pod er actual pueden 38 Armales. 35. partes de los libros 5 y 6). los libros 12 al 15 y una parte del libro 16). 33. escribe Tácito 3 8: De m u c h a s de las p erson as en to n ces in crim in ad as viven hoy todavía d escen ­ d ien tes d ir ec to s. Inm ediatam ente después de la digresión inform a Tácito sobre el proce­ so arriba citado contra el historiador Cremucio Cordo. El Cato de M aterno provocó irritación debido a la perm anente actualidad del tema. 176. para ello.186 Literatura universal com prendida en tre la m uerte de Augusto y la de Nerón. desde luego. más arriba. más tarde. porque presen tan en inm ediata cercan ía la im agen o p u es­ ta de un o m ism o .

El m oralismo que dominó la his­ toriografía rom ana desde Catón es tam bién determ inante para él.. y mucho menos con Livio. con am arga malignidad. ¿fue este em perador. aunque supo m antener­ se libre de toda imitación servil. En Tácito no se tiene ja ­ más la im presión de que se complazca. una no escasa serie de sensatas medidas en la adm inistración de las finanzas im periales y de las provincias. Ninguna otra expresión de Tácito ha sido-citada con mayor frecuencia. ninguna puesta tantas veces en duda por lo que res­ pecta a su veracidad. Su m oralismo. del punto de vista que había defendido en el Agrícola y de la actitud en él propagada contra un em perador pervertido. desde un prim er principio. 65. tan malo como le pinta Tácito? A su favor hablan. El clasicismo de la época de Tácito enlazó también. Aquí tom a venganza eviden­ tem ente la perspectiva —unilateral en relación con la verdad histórica— por la que se ha decidido Tácito con plena conciencia y voluntad. sobre la tragedia de la conditio humana. está exento de toda estrechez intelectual. Se tiene la im presión de que Tácito se ha distanciado entre tanto. al menos. 1). por el oprobio ante la posteridad. . ni que intente com pensar insuficiencias personales m ediante una actitud de seco censor moral. casi exclu­ sivamente. y los reyes extran jeros o q u ien es han obrado con la m ism a saña que e llo s n o alcanzan sin o el oprobio para sí m ism o s y la fam a para aq u éllos. 41 Op. para expresar la im parcialidad (1. sobre todo. por las motivaciones psicológicas de un reduci­ do núm ero de personalidades destacadas. Los rasgos característicos más im portan­ 40 Op. En cierta ocasión le denomina rerum Rom anorum florentissim us auctor. En efecto. Sobre todo su exposición del gobierno y reinado de Tiberio está expuesta a la crítica. con fría dis­ tinción.La historiografía romana 187 borrar tam bién la m em oria de los tiem p os venideros. afirm a que él escribe sine ira et studio. y se coloca. con Salustio. Tácito no se m uestra más profundam ente influenciado por ninguno de sus predecesores que por Salustio. Muy al contrario: p r e cisa ­ m ente los a u tores p erseg u id o s a crecien tan su p restigio. Tácito se m uestra decidido partidario del proyecto ciceroniano de la veritas como prim a lex historiae. «el más leído entre los historió­ grafos romanos» 41. en elevada visión. tanto en la actitud fundam ental cuanto en el estilo. Tácito considera «tarea fundam ental de la historiografía la de cuidar de que las gestas m eritorias no sean silenciadas y de que se tema. En el prefacio a los Anales. en las m al­ dades por él reseñadas. cit. 3. 30. por lo hum ano.. ya clásica. en cierto modo. como ocurre en tantas ocasio­ nes con Salustio. Tácito sabe guardar siem pre las distancias. Tácito se interesa poco por los asuntos de carácter adm inistrativo y sí. pero sin soberbia. según su fórm ula. no obstante. Pese a ciertas diferencias. la m aldad en palabras o en hechos»40. 3. cit.

Armales. en la de Seyano quiere hacer perceptible la contradicción entre la fachada externa y la esencia interior del hombre. la tendencia a revestir de una estru ctu ra gram atical distinta a m iem bros correspondientes de una frase determ inada. m ientras que en la descripción de Catilina sirve para p intar los rasgos excéntricos y demoníacos en su apariencia. perceptibles para todo lector. 5. d ilap id ad or de lo s p ropios y ardoroso en su s co n c u p isc e n c ia s. Sabía ocu lta r su s se n tim ien to s y calu m niar a los dem ás. una frase que en realidad ha llegado ya a su térm ino. que ofrece Tácito del disim ulado y alevoso intrigante Seyano 42: S a lu stio Su cuerpo esta b a m ás en d u recid o contra el ham bre. taim ad o y hábil. en su fuero in tern o era c o d icio so de alcan zar siem pre lo m ás alto. los arcaísm os y los giros poéticos. esto es. H acia afuera m ostrab a sosegad a m odestia. era ávido de los bienes ajenos. S u esp íritu era osado. en una grave perturbación del equilibrio entre di­ chos miembros correspondientes. con m a­ yor frecu en cia la en ergía y la vigilancia. del retrato que hace Salustio del conspirador Catilina. Se trata. 1. De este modo. acudiendo para ello. y por o tra de la pintura. la variado de Salustio. fin gía u ocu ltab a lo que se le antojaba. y com o m edio para e llo le servían ora la gen erosid ad y el boato. p ero sí sen sa tez. Tácito se evidencia aquí. m ediante una maciza construc­ ción participial. como un escudriñador de los impulsos internos y un desenm ascarador de las apariencias humanas. las antítesis y las aliteraciones. no m enos perniciosas siem pre que se finjan pa­ ra con q u istar el poder m onárquico.188 Literatura universal tes del estilo de Salustio —la concisión y la oscuridad. y Tácito. Su e sp íritu desenfrenado estaba siem p re dirigido hacia lo d escom ed id o. como de costum bre. así como la evitación de todo lo que es escuetam ente objetivo y por ello mismo «banal»— aparecen de nuevo íntegram ente en Tácito. La traducción m ism a perm ite reconocer que Tácito —en relación con la cuidadosa e stru c tu ra trim em bre del texto de Salustio— se ha esforzado por lograr un ritm o m ás suelto y una m ayor inconcinnitas. El siguiente ejemplo ilu stra rá las coincidencias y las diversidades que descu­ bre un cotejo com parativo entre los dos más grandes historiadores rom a­ nos. 42 Sallustio. por ejemplo. De coniuratione Catilinae. . esto es. Tácito Su cu erp o esta b a en d u recid o contra las penalidad es. Era m a estro tanto en el trato adu­ lador com o en el h u m illan te. 4. se potencia en Tácito hasta convertirse en una plena inconcinnitas. el frío y la falta de su eñ o de lo que pu diera nadie creer. su esp ír itu era osado. por una parte. La tensión de la antítesis aparece acrecentada. Pero al mismo tiempo pueden establecer­ se diferencias considerables. inspirada evidentem ente en ésta. N o le faltaba elocu en cia. al ex­ pediente de prolongar considerablem ente. hallamos en Tácito arcaísm os en núm ero inferior y giros poéticos en núm ero supe­ rior a los que aparecen en Salustio (giros extraídos de la esfera de la trage­ dia). lo in creíb le y lo dem asiado elevado. Así.

en prim erísim o térm ino. Pero m ientras éste destacó sobre todo los fines m oralistas de la biografía. recibió en­ señanzas sobre todo en el campo de la psicología hum ana y sus fuerzas m otrices. De todos modos no pudo hu rtarse a la influencia de Livio. Séneca.La historiografía romana 189 Con ello es tam bién. quienes se percataron por vez prim era de toda su grandeza. se m uestra claram ente influenciado por la retórica m oder­ na. Del representante más notable de esta dirección. bibliotecario y secretario en las cortes de Trajano y Adriano. Porque. Visto desde nues­ tra perspectiva actual. y al igual que los demás clasicistas de la época. Justino) El siglo ii d. la trad i­ ción pendió del hilo de seda de un único m anuscrito. casi subliterario. su juventud en la República tem prana. estaba persuadido de que Roma. Hizo carrera como archi­ vero. un original representante de la tradición historiográfica que había fundado Túcides y Salustio tra s­ plantado a Roma. Suetonio y los primeros epitomatores (Floro. C. Suetonio m ostró una extraña predilección por lo anecdóti­ . sobre todo en la dicción epigram ática. Junto a Cornelio Nepote es él el más notable representante de este género modesto. había venido a experi­ m entar en su propia época un milagroso rejuvenecimiento. d. d. durante la Edad Media. de otro modo que Tucídides y Salustio. C. tras su niñez en la época m onárquica. una época de paz y de bienestar general. Tácito no tomó los discursos que intercaló en sus obras como motivación para exponer su estilo en una suprem a decantación. su florecim iento y m adurez hasta Augusto y su ancianidad durante el siglo i d. pero aspiraba con vehemente entrega a reunir biografías de hom bres famosos de la histo­ ria romana. antes al contrario buscó con ello una cierta distensión y el enlace con la tra ­ dición de Livio para apoyar la actitud capaz de dar expresión eficaz a esta curiosa invención suya. Fueron los hum anis­ tas. d.).. tan proclive a la agudeza concep­ tuosa. C.. La vinculación con la fase clasicista está representada por Cayo Sueto­ nio Tranquilo (hacia el 70-125 d. Poco o ningún interés sentía por la historiografía «de alto nivel». En las cartas de Plinio el Joven aparece Suetonio como un erudito sobrio y frío. como su contem poráneo Plutar­ co en Grecia. lo que dom inaba a la sazón era más bien —al menos en lo que respecta a la litera tu ra — algo así como una senilidad gárrula. presenció una brusca decadencia de la literatura. el segundo gran dechado —que pese a todo fue más adm irado que imitado durante la época im perial—. y sobre todo Montaigne. La Antigüedad apenas si le prestó atención. Flo­ ro. Un historiador dé este período. Su riqueza y su profundidad fueron com prendidas por muy pocos. Por último.

He aquí un ejemplo. El a r­ chivero de profesión los ha ordenado cuidadosam ente en su obra De viris illustribus: poetas. la fuente más im portante de la h istoria del siglo i de nuestra Era. que nunca m ostró interés por los asuntos de carácter privado y por los chismes de la corte. de su héroe. historiadores. C. entre otras. ordenadas sistem áticam ente. su exposición es por ello un complemen­ to útilísimo de la de su gran colega y antípoda. oradores. El final de Vitelio. que apenas si son nom bradas en la litera tu ra romana. la parte central. Como la biografía de Suetonio era un género carente de pretensiones en el aspecto literario y estilístico. los escritores. después de que sus tropas habían sido bati­ . Suetonio se volvió en prim er lugar a sus iguales. De esta obra se ha conservado en parte la rúbrica De grammaticis et rhetoribus. Al comienzo Sestercio. Su obra De vita Caesarum. que en su conjunto constituyen. Esta obra contiene las biografías de doce Césares. y al final describe Suetonio la juventud y el térm ino de la vida. por lo menos en la historiografía. junto con Tácito. lo íntimo e incluso lo obsceno. puede leerse en ella con singular clari­ dad lo que Tácito logró en este terreno. y de la sección De poetis. sobre todo cuando ambos escrito­ res narran los m ism os sucesos apoyándose en las mism as fuentes. desde Julio César hasta Domiciano.190 Literatura universal co. respectiva­ mente. su posición profesional le procuró libre acceso a los archivos de la casa imperial. Vitelio (69 d. y adem ás. por el contrario. por cosas. por tanto. no ha sufrido pérdidas. está constituida por una serie de rúbricas.). las valiosísimas biografías de Virgilio y Horacio. que sin tener en cuenta la cronología exponen una serie de campos de actividad y de cualidades de cada uno de los em peradores. Suetonio utiliza frecuentemente otras fuen­ tes que Tácito. gram áticos y rhetores. por el contrario. d. La estru ctu ra de di­ chas biografías sigue un esquem a extrañam ente meticuloso.

abrió. que estab a d esierto y abandonado. segú n es propio de la in d ecisión . para huir d esp ués. hasta el A ventino. L. que lleva por título Historia Augusta. lo que m en o s le agradó a qu ien todo lo tem ía era lo p resente en cada caso. m ientras que Tácito halló un solitario continuador en el historiador de la Antigüedad tardía Amiano Marcelino. y com o. V itelio se h ace llevar en una pequeña litera. Quien contemple el original de este párrafo hallará en él alusiones alta­ mente poéticas al libro de los infiernos de la Eneida virgiliana. en su in con stan cia de ánim o. para lo cual acudió tam bién a Salus43 Vitellius. 44 Historiae.. (¿o P. y se hizo traslad ar de nu evo al palacio im perial. hacia las coh ortes y su herm ano. recibe en Suetonio la versión de un reportaje periodís­ tico sensacionalista 43: De in m ed iato se o c u ltó en una litera. La soled ad y los silen cio so s a p o sen to s le espantaron. una brevísim a ojeada sobre su labor servirá de broche final a estas consideraciones. por la parte trasera del p alacio. allí ató un perro a la pu erta y se fo r tificó en el in terior tras el arm azón de un lech o y unos alm ohadon es. que afirm ab a que V esp asian o se m ostrab a d isp u e sto a co n certa r la paz. Los prim eros de los llamados epitom atores florecieron durante los siglos n y m d. etc. 84. de muy escaso valor. regresó al palacio. M as cuand o h alló en é ste todo aban don ado y desierto. se en cam in ó sig ilo sa m en te al A ventino y a su casa paterna. c an sad o del m ísero errar y o cu ltá n d o se en un rincón indigno. Con Suetonio enlazó la colección de biografías de los Césares. fue saca­ do de él por Julio P lácido. el tribuno de una coh orte. su p an adero y su cocin ero . «cámara del portero». ciñ ó se un cin to rep leto de piezas de oro y se refu g ió en la cám ara del p orte­ ro.La historiografía romana 191 das por Vespasiano. y tam bién su s acom p añ an tes p u sieron p ies en polvoro­ sa. bajo el reinado del em perador Adriano. P oco d es­ p u és se dejó llevar por un rum or sin fu n d am en to algu n o y por d em ás inseguro. d. porque h asta los m ás bajos de los e sc la v o s habían hu id o o pro­ curaban evitar el en cu en tro con él. Lo que esta tardía Antigüedad produjo en obras historiográficas pertenece en su m ayor parte al harto discutible género de la literatura de epítomes. los 142 libros de Livio a dos.?) Anneo (o Annio) Floro redujo. que intentó resum ir en panorám icas m anejables obras anteriores y más voluminosas. Pero luego. cu an d o se ha hu rtad o al día en su escon d rijo. y como es natural se evitan cuidadosam ente expresiones tales como «panadero». C. Los mismos hechos adquieren en Tácito el valor de una tragedia catastrófica 44: Cuando la ciu dad ha sid o tom ada. por en sayo. salas cerrad as. y acom p añ ad o tan sólo por dos p erso­ nas. . 16. en Tarracina. a casa de su esp osa. 3. se e stre m e ció ante su vacío y al cabo. «cocinero». para d esd e allí em pren der la hu id a h acia la Cam pania.

No om itió. 41961. en es­ tas obras m aestras.. su m irada fija en la ciudad de Roma como centro inconmovible. 255-290. Histoire et historiens dans l'antiquité (Fondation Hardt: Entretiens. Drexler. W. recibió el pueblo rom ano la biografía que merecía. Berkeley. cuya versión origi­ nal se ha perdido. A. Munich. Ginebra. a las que pertenece tam bién la exposición «ortodoxa» de Tito Livio. Este epítome. por T. Londres. Grant. págs. Klein. Darm­ stadt. 1970. las perspectivas y los juicios. 1958. W. Según hemos dicho ya. d. 331-384: «Zur Historiographie». Klingner. Stuttgart. 21963. Londres. 173. además. F. Un historiador m oderno no puede darse ya por satisfecho con lo que encuentra en sus predecesores rom anos por lo que hace al m aterial científico. colaboraciones de E. que sabe hacer extensivo tam bién a la exposición e interpretación de las conductas humanas más innobles. por R. págs. «Róm ische G eschichtsschreibung». 1924 (Reimpr. engalanar su informe con ciertas flores retóricas muy al gusto de su época. así como las condiciones sociales y económicas. procuró estruc­ tu rar la historia rom ana en analogía a las edades del hombre. A. Juniano Justino probablem ente en el siglo m d. los m éritos y cuali­ dades positivas que distinguen a la historiografía romana: su imponente contenido de veracidad y su sentim iento por la dignidad hum ana. Indicaciones bibliográficas Generales H. pág. Latin Historians. The A ncient Historians. La historiografía rom ana alcanzó tarde su prim er punto culm inante —Salustio—. y m uy tem prano su postrero: Tácito. más arriba. en Das Staatsdenken der R óm er (Wege der Forschung. «Die m oralische G eschichtsauffassung der Romer». Sería sin embargo injusto ignorar. que redactó M. . M. Darmstadt. Dorey. en Róm ische Geisteswelt. 1966. edit. The Greater Rom án Historians. Mayor valor posee otro trabajo de este género: el epítome de las Histo­ riae Philippicae de Trogo. Kroll. 1964). Thompson. tomo 4). su tradicionalism o y su m oralis­ mo. M.192 Literatura universal tio y César. su vinculación jerárquico-aristocrática.' nos ofrece al menos una idea aproxim ada de esta im portante obra. L. Laistner. Studien zum Verstdndnis der róm ischen Literatur. Dichas obras son unilaterales en la form a y el contenido. 45 V. en ellos quedan casi por com pleto al m argen de toda consideración las institucio­ nes estatales. F. y reflejan así la parciali­ dad del espíritu romano: su form alismo. W. C. ed. 1966. según ha sido dicho ya 4 5 . tom o 46). De todos modos. Walbank y otros. ante las citadas limitaciones. pági­ nas 66 y 89.

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Con la valoración im plicada en la eliminación de la prim era no se habría m ostrado conform e el propio Cicerón. 1. 46 y ss. como tercer género de la prosa literaria. campos en los cuales le sitúa junto a Demóstenes y a Platón No menos característico para los perfiles de la obra ciceroniana y su recepción posterior son. que ha hallado re­ petido reflejo en m anifestaciones teóricas de Cicerón y que alcanzó sin du­ da tam bién el valor de un poderoso estim ulante para su propia actividad como escritor. d errotar a los griegos en su propio campo. según Plutarco 2 —nuestra fuente biográfica más rica. pasa revista. junto a las pro1 Institutio oratoria. superior a ellos— para rece estar para Quintiliano fuera de duda respecto a la oratoria y la filoso­ fía.. por supuesto.CICERÓN Y LA PROSA LITERARIA REPUBLICANA P e t e r L e b r e c h t S c h m id t La literatura como actividad secundaria: la poesía y la historiografía Quintiliano. Con el criterio citado en segundo térm ino cobra vigor en Quintiliano un motivo que parece haber desem peñado un papel de im portancia central en la dis­ cusión crítico-literaria desde mediados del siglo i a. d. a saber. ya que se consideró a sí m is­ mo. 2. al menos en parte. en sus consejos y recom endaciones de lectura para futuros orado­ res. 2 Vita Ciceronis. . la utilidad de cada escritor para la form ación profesional de los rhetores. criterios para la valoración de los nom bres citados son en prim er lugar. sin embargo. como es natural. en su constante m edirse con los modelos griegos. la historio­ grafía. el literario —porque en el te rre ­ no político-social se sentía él romano. C. este objetivo. los terrenos que Quintiliano pasa por alto: la poesía y.. un profesor de retórica de finales del siglo i d. 4. a una selección de autores latinos junto a los grandes clásicos griegos. pero tam bién el grado de desarrollo que la literatu ra latina ha alcanzado con él. C. Que Cicerón logró. 10.

Glaucus. sin embargo. Esta sobrevaloración de sí mismo. que puede ser considerado en la época anterior a los citados neo­ téricos como el poeta más notable del siglo i tem prano.196 Literatura universal Cabeza de Cicerón en terracota. Munich. Nilus) y los todavía más escasos fragm entos de una colección que abarca varios epilios míticos dentro de la tradición ale­ jandrina. en obras suyas de m adurez partes no preci­ samente breves de la adaptación —procedente sin duda de esta misma época— de un poema didáctico-astronóm ico del poeta helenístico Arat. Antikensam m lung. su talento formal: los escasos títulos (Alcyones. tam bién en el terreno de la poesía. pierde m ucho de su negatividad si calibram os justam ente la variedad y la relativa originalidad de la pro­ ducción poética ciceroniana en la fase anterior a la publicación del poema didáctico-filosófico de Lucrecio y a la difusión de la obra de los neotéricos Catulo y Calvo. desde el punto de vista tem áti­ co. Para Cicerón bien pudo suponer la obligada ociosidad de los años de la guerra civil entre Mario y Sila (88-82) un prim er acicate para poner a prueba. pias m anifestaciones de Cicerón— como el m ejor poeta rom ano de su tiem ­ po. contemporánea del filósofo. hay una línea clara que va desde esta colección hasta los Erotopaegnia de Levio. perm iten sin em bargo reconocer que con todo ello no se limita simplemente a ceder a una moda literaria. por . que se antoja casi absurda a una prim era ojeada y parece confirm ar una vez más la muy difundida opinión de la casi ilim itada vanidad de Cicerón. Aun cuando Cice­ rón no quiso aceptar más adelante esta parte de su producción poética juvenil. intercala.

i^ rt*»ui* C « # » i l f » n í jrat^ inri'rpi/b'iccM» rtifTit* fHirrTu* q u % tf u id r r tr u r *r tj u f 4(u&rf*»).inrafc-rrltTí t»i^ie||*frptirhtriiaitif>»i»»}»i .ii-án. cultivado en Roma desde Ennio. en el marco delimitado por la tem ática previam ente dada que. según era costum bre..K tt ¿ * > IíU | H .Uíclít Cu/n la ce tY fu l <rrm" {v ifV iy u . podía ser tratad a de m anera relativam ente libre.ideft t i# m > m it if u f f s r t* * f Ule.ifTnla m v r tm r m * a u .*. fol. sobre todo en la versificación. son indis­ cutibles —e indiscutidas— ciertas cualidades form ales.-»»*r t » k*ír *rr </. Cicerón se coloca en la tradición del poema didáctico.u icrm m j ¿ ¿ m c r m tiv h é n g t u n r *i>>r f*.trwc> ¿ u m liim m tf'iífl Confirn tlfT fuerte* f h ii ^ r p A f'tltt..p ít r n r o í r a i r ii 0 t»ir*noCi í U m i f f i ♦*«***< -«vJ? * ' IlU & ú íy S M anuscrito del siglo xi con el texto de la Aratea de Cicerón.J* .ief »H!.ifvurr r » «i . versos 145-166. — El cuerpo de la constelación de Erídano está formado por com entarios y aclaraciones al texto.u*rt t*yfV M < lííTU'íT f piíj.i m j. varios centenares de versos llegados hasta nosotros hacen posible un juicio de la mano del texto mismo: con la Aratea.iiTiur>i fbdl.ifce» rt^ievtiunr f m *» »»id. British Museum.t«rm fY u»i » ’i* tn lm r \lm n e r ti St’i .turi*m f i d m l u i f c L íh r t h ir u f t i tn » (tu tr • S i5 » i4 q |iif f t c t i a u i r c.• . * ? ' »t r iifiriv i* u w tr n u r* .-'.u \’rL>i u iro rn C-ieti fh n ctlu tti m .lm q u i' wVuun envlinw tn c\ :efn c r'ln p .lt’ il.*uAr* m i f i t m c i .i utJrbtf* im j u r f f l o w t i . ..Cicerón y la prosa literaria republicana 197 l U tl.41" . 4% . .r ‘ Ir u a n o p i n v » r d ith n fr iifn r turnan ü. si fuera poco.. . Codex Harleianus 647. 10 v.

los planes historiográficos y tam bién. por supuesto. así como a la elección para el cargo consular. como tem ática decisiva. un interés autobiográficoapologético. Traglia. que troquelará profundam ente los años que siguen al consula­ do hasta el destierro (58-57) e influye o incluso provoca todas las m anifes­ taciones tanto orales como escritas de aquel tiempo. pág. los poemas. de A. Que Cicerón nunca tomó esta crítica en serio es cosa que puede deducirse del hecho de que después de la próxim a crisis de conciencia —a su regreso del exilio— intentó reflejar su propio destino personal en el de una figura simbólica m ítico-histórica. 72. Cicerón fue invita­ do por Júpiter en persona a una asam blea de los dioses y enviado a la ciudad como salvador. el libro I estaba dedicado al país natal y a la educación de infancia y juven­ tud —¡bajo la égida de la diosa M inerva!—. y reprobable tam bién la preferencia —m otivada personalm ente— del polí­ tico sobre el soldado: Cedant arma togae. al estallar la conjuración de Catilina. fundada bajo tu consulado!). Porque el Marius (seguramente del año 56)4. el (guerrero) laurel a la (civil) alabanza)3. En el año 60 surge el poema épico autobiográfico (en tres libros) De consulatu suo. los discursos y las cartas. la im perturbabilidad con la que Cicerón engancha al ca­ rro de su autodefensa a los dioses de la tradición épica habían de su rtir un efecto altam ente provocador para el buen gusto de la época. 4 Si es que tratan de ello las Epistulae ad Atticum . Milán. 1963. . sino que tam bién determ inó decisivam ente el juicio de la Antigüedad sobre sus poesías. hasta don­ de los restos que se han conservado de la obra nos perm iten un juicio.198 Literatura universal En la segunda fase de su actividad poética a p a rtir del año 60 nos sale abiertam ente al paso. 8 a. el libro segundo exponía los éxitos de Cicerón en el descubrim iento de la conjura y concluía con un discurso de la m usa Urania. rec. el libro tercero narraba el castigo de los conjurados y acababa con una exhortación de Calíope a m antener a toda costa la línea política emprendida. concedat laurea laudi (Cedan las arm as a la toga. 4. que desde el punto de vista de la historia de los géneros literarios es un 3 Poética fragmenta. La Antigüedad halló reprobable la estim ación de sí mismo proclamada en el tantas veces citado verso: O fortunatam natam te consule Rom am (¡Oh feliz Roma. que acarreó a Cicerón no sólo la crítica más acerba de sus coetá­ neos. También de esta obra se han conservado exclusivam ente algunos fragmentos. Y en realidad la mezcla de elem entos apologéticos y épico-panegíricos. 3.

Marco Tulio. del orador sim plem ente hábil en el manejo de la palabra 5. / cuanto tú el m ejor de todos los abogados). que se había presentado a sí mismo en el De consulatu como un segundo Rómulo y ver­ dadero fundador de la ciudad. su postura en el De consulatu y en el Marius. cuyo tono irónico sub­ yacente resulta claram ente perceptible: Disertissime Rom uli nepotum quot sunt quotque fuere. por cuantos fueron.Cicerón y la prosa literaria republicana 199 epilio panegírico en la tradición del Scipio de Ennio. / y por m uchos que puedan ser en años posteriores. sino que había enriquecido incluso la literatu ra latina con una novedad: la epopeya autobiográfica. lo mismo que Cicerón. se había eviden­ ciado —con sus victorias contra los cim brios y los teutones— como salva­ dor del Estado. / tan el peor de todos los poetas. / el peor de todos los poetas. a tus zapatos! Los efectos de tales alfilerazos habían de dejarse sentir a la larga. que en el De oratore procura diferenciar al orator eloquens. era originario de Arpinum. es calificado aquí sim plem ente de disertus. es aquí tan sólo un nieto de Rómulo. ya que no sólo había experim entado en el campo de diversos géneros literarios. Si bien es cierto que Cicerón sigue defendiendo. gratias tibi maximas Catullus agit pessim us om nium poeta. form ado filosóficamente. . en citas de sí mismo hechas en años posteriores. págs. quanto tu optim us om nium patronus. logrando éxitos muy respetables para la evolución del hexám etro latino m erced a su versifica­ ción rápida y habilidosa. y su pretensión de ser considerado como optim us poeta es rechazada doblem en­ te: de form a indirecta por la irónica autohum illación de Catulo y directa­ m ente m ediante la alusión a su campo de actividad propio y adecuado: ¡zapatero. 211-12. al que 5 V. (Elocuentísimo descendiente de Rómulo. como éste. En este momento bien pudo sentirse Cicerón como el m ejor de los poe­ tas contem poráneos. / por cuantos son. que había llegado a la dignidad de cónsul sin poseer antepasa­ dos en el Senado. se ocupa del exilio y el retorno triunfal de un hom bre que. tanto pessimus om nium poeta. / gracias rendidas te envía Catulo. él. Lo que la generación joven de poetas opinó sobre esta autoestim ación ciceroniana se cristaliza en el poema núm ero 49 de Catulo —quizás una respuesta al envío del Marius —. Cicerón. más abajo. quotque post aliis erunt in annis. y que. al igual que Cicerón. Maree Tulli.

que en determ inadas épocas y en relación con diversos pla­ nes adquieren un valor muy diferente. Su definitiva posición está representada por el Hortensius. si bien no de form a definitiva. la historiografía era estim ada por la sociedad rom ana como pasatiem po legítimo de un político que había logrado acreditarse —por ejemplo en el puesto de cónsul—. como obra postuma. en la ya casi obligada asamblea de los dioses. Probablem ente se habría percatado de que con los neotéricos se había iniciado algo sustancialm ente nuevo. . por la poesía rom ana clásica. y el libro segundo incluía. 2). y por ello ha de ceder tam bién en el Hortensius. Cicerón se despidió de la poesía para siempre. a la publicación de un segundo poema épico autobiográfico titulado De temporibus suis 6. con invectivas polémicas contra sus antagonistas políticos especialmente los triunviros. Desde los Origines de Catón el Viejo. Para Cicerón. la historiografía sólo es. en el que había trabajado durante los años 56 al 54. una de sus muchas posibilidades. renuncia. que retomó sin duda tras el asesinato de César y fue conocida después. una vez m ás a Júpiter y esta vez tam bién a Apolo. bajo el título de De consiliis. y de otra. que ponen en claro que —de modo distinto a como había ocurrido en el caso de la poesía— el fuerte interés personal resultó por lo menos tan perjudicial como favora­ ble para la propia producción historiográfica. por otra parte. ante la filosofía. en ella se exponían el consulado y la época subsiguiente. En él.200 Literatura universal profetiza incluso una vida de innum erables siglos al comienzo del tratado De legibus (1. la decisión resulta favorable a la filosofía. a una condensación del enuncia­ do poético. y en tres libros. pero que resultaba tan opulenta estilísticam ente que sus posibles adaptadores tuvieron miedo de em prender la tarea. de una parte. e incluso como una m anera de colm ar de form a útil y provechosa el otium cum dignitate. En otra dirección completamente dis6 También de una epopeya contem poránea sobre la expedición británica de César. un escrito de los años 46/45 en el que. en cuyo círculo no sólo la reflexión teórico-poética suscitada por Calimaco había llevado a un cuidado más consciente de la forma. sino que tam bién este enunciado mismo adquiría un valor per­ sonal mucho más relevante. que estaba pensada como base de trabajo para una obra his­ tórica propiam ente tal. con sendos discursos. No es obra del azar que los poemas de Cicerón hayan sido desplazados. por supuesto. por sus propias aportaciones en el campo de la prosa artística. en un cotejo de las actividades intelectuales. Los planes llevaron en definitiva sólo a dos resultados concretos. se exponían el exilio y el regreso. y no retornó a ella ni siquiera después de la guerra civil entre Pompeyo y César. Paralelam ente al poema épi­ co sobre el consulado surgió una colección griega de m ateriales sobre el mismo tema. Algo más tarde trabajó Cicerón en una historia secreta (Anécdota). escrita el año 54.

pero se vio frenado por las circunstancias políticas. ed. entre otros muchos. por su amigo Ático. Desde esta perspectiva puede parecer justificado el que le dediquemos en la presente obra. .Cicerón y la prosa literaria republicana 201 tinta apuntó el proyecto de una historia general de Roma. La vida de Cicerón La valoración. 7 Cornelio Nepote. un capítulo entero. Turín. Cicerón sobrepujó con m ucho en la oratoria a to­ dos sus predecesores. alabanza y eternización de sus amigos. llevó a su máximo esplendor la litera tu ra retórica especializada y la prosa filosófica y puso los fundam entos —aunque lo hi­ ciese sin conciencia ni voluntad claras de ello— de la epistolografía como género literario potencial. En el fondo. 202. de form a mucho m ás decisiva que para Quintiliano. le faltaba en definitiva la necesaria distancia interior. y antes de la poesía y la historiografía clásicas por otra. finalm ente. Aunque conocía sin duda las exigencias de la teoría historiográfica y hubiese podi­ do dom inar los problem as de la valoración de las fuentes y del enjuicia­ m iento de las contradicciones cronológicas. más aún. consideraba esta actitud como impropia. pág. amplios sectores de la prosa artística clásica. Estas aportaciones hicieron desaparecer la lite­ ratu ra anterior en todos los géneros citados. pero al mismo tiempo. Cicerón quería verse siempre en prim er plano. 31964. y en consonancia con las conven­ ciones de su época. Y en realidad. para quien sólo Cicerón hubiera podido colm ar la laguna que la litera tu ra latina evi­ dencia todavía frente a la griega en el terreno de la historiografía 7. quería dar rienda suelta a la ira que encerraba su alma. tras el florecim iento del dram a y Lucilio. en el fondo toda la época del siglo ii. Cicerón sólo tenía interés por una historia capaz de ser centrada en torno a la propia persona. citada al comienzo de estas líneas. de suerte que Cicerón encarna para nosotros. para el cual sus obras —excepción hecha. por una parte. en la prim avera del año 46 y cuando éste se hallaba en una fase de búsqueda y experim entación. de H. De este modo será muy difícil poder abundar en la opinión de su amigo Cornelio Nepote. tan intere­ sado en los tem as históricos. naturalm en­ te. que le fue reco­ m endada a Cicerón. que hace Quintiliano de la obra literaria de Cicerón puede ser considerada como típica y carac­ terística de la recepción de que fue objeto este autor durante el prim er período del Imperio. de la historiografía— encarnan la prosa artística republicana por anto­ nomasia. Malcovati. Quae exstant. tomó muy en serio tam bién sus innu­ m erables contactos personales como obligación de expresar su gratitud en la citación. y que indudablem ente no llegó a ser realizado precisam ente por ello mismo. como único autor de la literatu ra romana.

una biografía que ilum ina ejem plarm ente su época. cuya uti­ lización no rehuyeron ni Mario y Sila (88-82). Pompeyo y Craso. Antonio y los dos Mucios Scévolas.202 Literatura universal Ya el párrafo introductorio llamó la atención acerca del entretejido. Antonio y Lépido. se distinguen por su valor y su diplomacia en situaciones políticas muy complicadas. a quienes —como a Ma­ rio contra los germ anos. La aristocracia senatorial dom inante sólo fue capaz de restablecer una y otra vez por bre­ ves lapsos de tiempo y con medidas excepcionalmente duras —así por ejem­ plo en el golpe de Estado de Catilina— la tranquilidad constantem ente ame­ nazada. En esta época sacudida por gravísim as crisis nació Marco Tulio Cicerón en el año 106. Antes al contrario. Cuando. Los prim eros discursos de Cicerón que se han conservado. No obstante. entre vida y obra. pero no debe olvidarse que la sociedad romana. La guerra civil concluyó con la dictadura de César y su asesinato. se desmoronó el sistem a regular de gobierno. la lealtad de las tropas con respecto a sus caudillos representaba una potencial amenaza de guerra civil. su familia era influyente en el ám bito local. pero logró m antenerse al m argen de la disputa de los partidos. el sistem a de la Constitución política rom ana no había logrado resolver con medios pacíficos los más arduos conflictos so­ ciales y de política interior. los aliados itálicos fueron incorporados a la ciudadanía rom ana tra s largos enfrentam ientos m ilitares. . Por otra parte se intentó en vano encuadrar de nuevo en la comu­ nidad del estrato social dom inante a los generales. a Pompeyo contra M itrídates y los piratas m arítim os— en épocas de máximo peligro se habían otorgado poderes ex­ traordinarios. Desde la derrota de los Gracos en el siglo n. el llamado prim er triunvirato. pero no había querido com prom eterse hasta entonces en la gran política de la urbe romana. Su entrada en la política se vio retrasa­ da por la guerra civil. Su p atria chica fue la pequeña villa de Arpinum. En el año 60 coordinaron los diversos intereses en un convenio form al Cé­ sar. ni más tarde Julio César. Lo que allí apunta­ mos será resum ido ahora en una breve ojeada sobre la vida de Cicerón. singularm ente estrecho en Cicerón. restableciendo el viejo orden político. intentó Pompeyo a finales de los años 50 im poner sus intereses con el apoyo del Senado y en contra de César. cuando se decidió por la c a rre ra retórico-política en Roma halló el suelo prepara­ do por la am istad con personalidades tan influyentes como eran Craso. de los años 81 y 80. sobrevivir el terro r político de Mario y sus partidarios y pre­ sentarse a la luz pública sin cargas ni m anchas de ningún género tras de la consolidación del régim en de Sila. como conse­ cuencia de ello. Pro Quinctio y Pro Sexto Roscio Amerino. las eleccio­ nes norm ales eran casi imposibles y las calles se vieron dom inadas por el terror creciente de bandas políticas enemigas. un breve interm edio republicano se vio seguido por el segundo triunvirato de Octaviano (que más tarde to­ m aría el nom bre de Augusto).

en el acusador judicial del gobernador provincial Verres. de pretendiente sin antepasados consulares. en su condición de homo novus.Cicerón y la prosa literaria republicana 203 Antiguos muros de la ciudad de Arpinum. que pasó por los cargos de edil (año 69) y p reto r (año 66). como patrón de los sicilianos. Si su carrera subsiguiente. orador que hasta entonces señoreaba la escena forense. estaba dispuesta a otorgar a los jóvenes oradores ciertas licencias. y entabló allí las relaciones que le hicie­ ron convertirse en el año 70. sobre todo. transcurrió sin incidentes. Para la carrera de Cicerón resultó decisivo. Cicerón ocu­ pó el cargo de cuestor en Sicilia. de la preparación insólitam ente cuidadosa del proceso y de la habilidad con la que rebatió las artim añas procesales de la defensa. poco pudo sin embargo contar Cicerón. esto es. extrem adam ente conservador. En el año 75. En su favor hablaban de todos modos los . con alcanzar un día el car­ go público suprem o (año 63). para dar una oportunidad a las nuevas generaciones. Si no puede discutirse que su éxito triunfal fue hijo. que se vio sacudido en sus cimientos (precisamente en el año 70) por obra de las reform as del cónsul Pompeyo. junto a la fuerza persuasiva de sus palabras. el que en el proceso contra Verres lograse un éxito sobre Hortensio. no es menos cierto que con Verres cayó uno de los beneficiarios de aquel sistem a político de Sila.

fracasaron los intentos de mediación. El retorno. a finales del año 50 y comienzos del 49. aunque sin especial entu­ siasmo. Añadiéronse a ello tensiones entre éste y Pompeyo y cuando Cicerón no se decidió por el prim er triunvirato. que celebraban en la persona de Cicerón el símbolo de la vieja República. El viaje de retorno. Sea como fuere. de la provincia de Cilicia en el Asia Menor. que llevó a los aristócratas a dar tam bién su voto a Cicerón. y no en últim o térm ino el escasísim o va­ lor y calidad de sus contricantes. si bien con ínti­ ma repugnancia. una actividad política no era posible para Cicerón en una atm ósfera de .204 Literatura universal innumerables contactos personales que había entablado en su profesión de orador forense. el reproche de ser un renegado de ca rá c te r voluble y tornadizo. el vencido. su enemigo personal. quien le hizo d esterrar el año 58 por la ejecución de los catilinarios. el cuidado con el que se había ocupado de sus clientes. que lograron im poner su regreso el año 57. el miedo ante Catilina. En el año 51 tuvo Cicerón que abandonar nuevam ente la ciudad para ha­ cerse cargo. aunque la verdadera decisión sobre el castigo de los catilinarios cayó en rigor en la pugna entre César y Catón el Menor. Decidióse a colaborar con ellos. De este modo no pudo resultarle difícil a César acoger a Cicerón. la definitiva vinculación con Pompeyo se consum ó con hartos titubeos y se evitó una participación en la batalla decisiva de Farsalo en el año 48. como procónsul. coincidió con la fase inicial de la guerra civil. M ientras Cicerón esperó en el Norte de Grecia el desarro­ llo de los acontecim ientos. El fortalecim iento de la triple alianza en el año 56 le colocó una vez m ás ante la necesidad de precisar su actitud frente a los que detentaban el poder. se convirtió en un inesperado recorrido triunfal. se hizo res­ ponsable más tarde al cónsul Cicerón de la discutida sentencia a m uerte y ejecución de los conjurados. le acarreó por parte de la aristocracia. ya p ara siem pre. sobre todo por los m unicipios itálicos. A partir del año 55 le procuró consuelo la actividad literaria. pertenecientes a su grupo social. mas por otra parte tam poco halló verdaderam ente apoyo en la coalición que le había elegido cónsul en su día. sobre todo para con sus aspectos m ilitares. una tarea a la que se entregó con toda honradez. El hecho de verse obligado a reconciliarse con algu­ nos de sus más odiados enemigos. incluso a defenderlos públicamente. quedó libre el camino para Clodio. en gracia. La derrota electoral fue para Catilina motivo suficiente para echar m a­ no de medios violentos. el 52 mejo­ ró por fin tam bién la situación política cuando Clodio halló la m uerte y Pompeyo comenzó a alejarse de César y a acercarse al partido senatorial. ya que deseaba a toda costa evitar una repetición de la catástrofe del año 58. El éxito de Cicerón en el descubrim iento de la conspiración encerraba además en sí los gérm enes de futuros peligros y hostilidades. organizóse al fin en Roma la resistencia de los amigos.

que no fue dada ya de lado ni siquiera tras los idus de m arzo del año 44. Las esperanzas que Cicerón había depositado en el joven Octaviano no se cumplieron: el here­ dero de César llegó a un convenio con Antonio y con Lépido. acuñada el 51/50 a. lleva la inscripción TVLLIVS IMP(erator). C. . desde finales del 47. con el corpus de las obras filosóficas. intentó en un violento esfuerzo recuperar para la República el éxito duradero que Monedas de Asia Menor procedentes de la época del proconsulado de Cicerón. pero sobre todo desde finales del 46. La moneda derecha (de Apameia). d. el político o el que intentaba defender sus legítimos derechos tenía que imponerse ante cuerpos colecti­ vos..Cicerón y la prosa literaria republicana 205 carácter m onárquico latente. Cicerón se m antuvo entonces en expectativa. Su naturaleza. para el orador sólo quedaba la posibilidad de defender judicialm ente a los antiguos contrincantes de César.. y así saltó nuevam ente a prim er plano. Su cabeza y sus m anos —según afirm a una antigua tradición— fueron expuestas en el Foro. la producción litera­ ria. Cicerón fue sacrificado en el a lta r del segundo triunvirato. y sólo en septiem bre em­ prendió la lucha contra Antonio. la izquierda (de Laodicea). derrotado en Módena y expulsado de Italia. de oyentes no form ados profesionalm ente. lleva la inscripción M(arcus) CICERO M(arci) F(ilius) PROCO(n)S(ul). En la Atenas del siglo v. de suyo blanda. d. Los escritos retóricos La teoría retórica de la Antigüedad es en su origen un producto de la experiencia política. hasta entonces le había sido denegado: Antonio fue declarado enemigo del Estado. relativam ente num erosos. acuñada el 51 a. C. proscrito y el 7 de diciem­ bre asesinado. que había sido el escenario de sus triunfos como orador.

Leipzig. Cicerón puede enlazar.206 Literatura universal mediante el peso y sugestión de su propia palabra. éste se mantuvo vivo en la escuela y fue desarrollado de m anera creciente. y cuya intención pedagógica está claram ente ex­ presada en la dedicatoria al hijo. Si se quiere entender rectam ente la línea que va desde Catón hasta Ci­ cerón pasando por Antonio. con el surgim iento de las m onarquías helenísticas. 19 y ss. hallaron plasm ación escrita en el curso del siglo iv. orientado en un sentido técnico-social. condicionadas por la transform ación del horizonte cultural y especialm ente por el aum ento de la influencia griega— intentar com pren­ der que la intención común a todos es que cada uno de ellos aspira. Catonis praeter librum de re rustica quae exstant. se aparta claram ente del ideal griego de la enkyklios paideia. determ ina el círculo de los conocimientos prácticos im prescindibles para el joven rom ano que quiere triu n far en la vida: agronomía. que deben ser in terpreta­ das a p a rtir de la evolución educativa y profesional de su autor. uno de los maestros de Cicerón 8. Quintiliano. Así como este program a. con su producción retórica. a los que ha de añadirse —tratado por Catón en un escrito aparte— el arte m ilitar u oficio del gue­ rrero. rige pues muy especialm ente para las obras retóricas. en el párrafo que dedica a la oratoria. la prim acía de la integridad m oral sobre las cualidades form ales (orator est. con una tradición establecida ya firm em ente en Roma. será necesario —pese a todas las diferencias características. vir bonus dicendi peritus) y valora el dominio interno de un caso judicial m ás altam ente que la fuerza persuasiva de los medios esti­ lísticos y expresivos (rem teñe. 3. N uestra posición de arranque. 8 In stitu tio oratoria. 9 Fragmentos en H. La punta de lanza de Catón se dirige en general contra el aum ento excesivo de la influencia de la teoría griega desde los comienzos del siglo n. presenta un program a político-cultural más o menos elaborado. Maree fili. que enlazaba arm oniosam ente la teoría de las ciencias naturales y de las ciencias del espíritu. verba sequentur). En esta form a fue conocido por los romanos y adopta­ do por ellos. m edicina casera y oratoria. quedó anticuada y superada la base política del sistem a retórico. que parte de la vin­ culación singularm ente estrecha entre la vida y la obra ciceronianas. 1860. Antonio. Jordán. así tam bién subraya Catón. hacia una escolástica muy alam bicada y aparen­ temente autárquica. cuando se en­ cuadra a sí mismo en la tradición de la prosa retórica profesional. más aún. 1. Cuando. Ai. a su m anera y partiendo de los presupuestos peculiares. en un escrito designado erróneam ente una y otra vez como «enciclopedia» 9 . a influir sobre el escenario político-cultural. Las reglas experim enta­ les que fueron decantándose de dicha práctica y que fueron transm itidas por m aestros de elocuencia. . cita como antecesores de Cicerón a Catón el Viejo y a M. sobre todo en el terreno de la estilística.

. sino . d. un año después de la muerte de Cicerón. en la que se im partía enseñanza sobre literatu ra griega y latina. La tribuna republicana para los oradores (rostra) y la vieja casa consistorial (Curia Hostilia) tuvieron que ceder el puesto al Foro de César (Forum Iulium). que tenía por finalidad la expulsión de los rhetores y filósofos griegos. se re­ m onta evidentem ente a su iniciativa personal—. y un proceder más sutiles. y no sólo se había establecido en las postrim erías del siglo n.Cicerón y la prosa literaria republicana 207 Si Catón pudo todavía intentar una contención de la creciente influen­ cia de los griegos sobre la pedagogía y la cultura romanas. C. incluso con medios adm inistrativos —un acuerdo del Senado tom ado el año 161. superior a la escuela elem ental y a continuación de ésta. la nueva situación ante la que se encontró Antonio dos generaciones más tarde exigía una actitud El Forum Rom anum hacia el 42 a. la llam ada escuela de gram áti­ ca. No sólo se consideraba en ciertos círculos de la aristocracia como norm al y deseable el que sus hijos recibiesen una edu­ cación retórica y filosófica de manos de preceptores privados griegos.

que habría podido encargarse de su form ación durante el período práctico de prueba. la adecuación del alum no a la praxis forense y su integración político-social. y se sentía atraído por la nueva form a de enseñanza que im partía Plocio. junto al cual pudo adquirir conocimien­ tos jurídicos desacostum bradam ente sólidos para un orador forense rom a­ no. una vez que hubieron vestido la toga varonil. . Intentóse ahora. condenaron públicam ente la nueva escuela. sin embargo. la prim era escuela de rhetores. si no era posible ya elim inar totalm ente la teoría griega. Por si fuera poco.208 Literatura universal que un tal L. a casa de un orador famoso. existía el peligro de que la enseñanza en las aulas de la escuela de rhetores. había m uerto ya en el año 91. se vio una cierta oportuni­ dad de com batir con éxito la fatal combinación de teoría y escuela. el año 93. Cicerón se une plenam ente a las ideas político-educativas de sus m aestros. con la redacción de un tratado de retórica. sin embargo. Craso. cuya crítica contra Plocio —dejando a un lado los motivos político-educativos a los que hemos aludido antes— había sido provocada tam bién por el hecho de que la escuela había borrado de su plan didáctico los ejercicios sobre tem as filosóficos generales en fa­ vor de los orientados profesionalm ente hacia casos concretos de carácter político o jurídico. se dejó llevar por el consejo de Craso. a saber. que evidentemente duraba todo el día. por otra parte redactó en estos años (sin duda hasta el 88/87) su prim er escrito retórico profesional. la Rhetorica. con lo que habían quedado prácticam ente paralizadas tanto las actividades políticas regulares como la jurisprudencia procesal. se vio im pedida gravem ente por las circunstancias de la época. Plocio Galo había abierto en Roma. entre ellos tam bién el ami­ go de Antonio y m aestro de Cicerón. Ahora. Él mismo había visitado la escuela de gramática en Roma (su familia poseía una casa en la ciudad). perjudicase el objetivo principal de este tiempo de aprendizaje. Con su prim er escrito retórico. supo sacar venta­ ja de esta situación desfavorable: por una parte se unió al famoso juriscon­ sulto Quinto Mucio Scévola Augur. po­ ner coto m ediante una decisión adm inistrativa a una evolución que se esti­ maba como perniciosa: los censores del año 92. Antes había habido la costum bre de llevar a los jóve­ nes romanos. La form ación cultural y profesional de Cicerón. una vez más. y después de que Cicerón hubo vestido al año siguiente la toga varonil y prestado un breve servicio m ilitar. orienta­ da tradicionalm ente. regresó a una ciudad en la que la gerra de los confederados tocaba a su fin y se iniciaba la contienda civil. que se había expresado en la popularidad alcanzada por la es­ cuela de Plocio Galo. Craso. Antonio salió al paso de la necesidad de una teoría de la oratoria accesible de m anera general y aplicable en la práctica. para que éste le iniciase en los conocimientos necesarios relativos a los negocios jurídicos y políticos del Foro. conocido hoy generalm ente bajo el título de De inventione. Sin embargo.

y acom paña­ dos de una definición introductoria. sino una acumulación de preceptos convencionales. la Rhetorica tenía por misión la de com plem entar el program a (si es que es lícito em plear esta expresión) de Antonio. se presenta el program a pedagógico de form a completa y al mismo tiempo profundizado 10 De oratore. la búsqueda de los argum entos (inventio). dos de ellos sobre el problem a del estilo y uno sobre los otros tres puntos. afirm ando que «se le había escapado de las manos en la fase de simples anotaciones y sin estar elaborado de form a definitiva» 1 0 . y finalmente. en el sentido de Craso. Redactados efectivam ente o conservados están tan sólo dos de los libros dedicados a la inventio. Con la acentuación. hecha en la introducción. contra todo pronóstico. Cicerón se vuelve de nuevo —otra vez en medio de una crisis de su actividad política— a la teoría de la retórica: la euforia que había seguido al retorno del destierro se ha esfum ado. A diferen­ cia del De inventione. aquí se determ ina con mayor precisión y de m anera más m inuciosa el objetivo final de la form ación retórica. y desde el punto de vista de la historia de las form as literarias posee cierta im portancia en su calidad de prim era configuración rom ana del tipo de m anual didáctico sistem ático del que te­ nemos noticia. de acuerdo con géneros y especies. obra concluida en noviembre del año 55. 1. el resto habría llenado otros dos o tres libros. y Cicerón se cree en la ingrata obligación de pactar con ellos. de todos modos. ya que el escrito de éste había quedado inacabado. la vincu­ lación inseparable de filosofía —que poco puede alcanzar sin elocuencia— y elocuencia —que sin un trasfondo filosófico degenera en desvergonzada osadía—. Aunque este tratado retórico de juventud no sea. Treinta años más tarde. de la unidad de filosofía y elocuencia y la adhesión al escepticism o académ ico en el pró­ logo al libro segundo se adoptan aquí. Desde el punto de vista político-educativo. una am plísima exposición y fundam entación de su ideal de orador: De oratore. a saber. además. por lo demás. que habrían versado. desde la con­ ferencia de Lucca (prim avera del año 56). el tratado latino de retórica más anti­ guo que ha llegado hasta nosotros. dispuestos según el prin­ cipio de la subordinación. además. posiciones que Cicerón sos­ tendrá tam bién en años posteriores. es. en analogía con otros tratados que nos son conocidos. En esta situación surge su escrito retórico más im portante. 5. o incluso la de llevarlo a su realización. su ordenación (dispositio) y form ulación estilística (elocutio). la dominación de los triunviros se había fortalecido. el esfuerzo de aprender el discurso (memoria) y su ofrecim ien­ to o exposición al público (actio).Cicerón y la prosa literaria republicana 209 Esta obra se proponía ofrecer una am plia exposición de los cinco requi­ sitos que había de cum plir un orador desde que em pezaba a p rep arar un discurso hasta su pronunciación. y aunque el mismo Cicerón se distan­ ciase más adelante de él. De inventione subraya desde un principio. .

ante el pueblo y en todos los asuntos dé Estado» (3. por transiciones sueltas a intermezzi dialogados que. De oratore es el prim er ensayo que hizo Cicerón con esta form a del diálogo literario. la atm ósfera general de la obra causa la im pre­ sión —a lo que contribuye en pasajes aislados la interpolación de pequeños cuadritos escénicos— de una conversación ligera y amena. la polaridad de los personajes principales —el teórico Craso y el práctico Antonio— posibilita un dibujo claro de las posiciones contra­ puestas en las personas de interlocutores que actúan de m anera plausible. postulada en la intención básica del tratado. que tiende al discurso de excesiva longitud. cuya voz y elocuencia poseen un peso decisivo en el Senado. y con ello queda indicado ya uno de los m oti­ vos del fracaso de sus empeños políticos. el orador es el político por antonom asia. Se nota de inm ediato cómo en esta segunda definición ha hallado entrada toda la experiencia política de Cicerón. incitaciones e ideas que llevaron en el De oratore a un resultado altam ente convincente: la constelación de los interlocutores —por una parte Craso y Antonio. conductor en la dirección del Estado. 6) había definido la elocuencia como una p ar­ te de la civilis scientia —a diferencia de la scientia militaris —.210 Literatura universal y ampliado. con respecto al medio am biente escolar. El escrito de juventud (1. por otra. Junto a la e stru ctu ra apelativa de la form a dia­ logada resulta im portante además para Cicerón el que. . «autor de la decisión pública. como ropaje de exposiciones filosóficas en la mayo­ ría de los casos. Sin embargo. que en su calidad de ora­ dores máximos de la anterior generación eran singularm ente competentes sobre el tem a de la elocuencia.—. por último. Para el De oratore. el poder de la palabra razonable está por encim a del poder de la espada o del dinero —recordemos el ya citado cedant arma togae. no velan en ningún momento la estruc­ tura general. que refleja muy bien la distancia. como discípulos. para él. la estimación de sí mismo y la conciencia de su propio valor. 63).. el diálogo perm ite un relajam iento y alivio m ediante preguntas intercaladas y breves tomas de posición. de esta forma. Cicerón podía invocar asim ism o algunos predecesores ro­ manos aislados. recibió en prim era línea incitaciones e ideas de la tradición platónica y aristotélico-helenística del diálogo. Craso y Antonio aparecen en el texto cicero­ niano poco retocados en com paración con la realidad histórica. que había sido creado por Platón como reproducción del diálogo conversacional socrático y había hallado desde entonces empleo. pese a la estructura didáctica del todo. sin embargo. Sulpicio y Cota— define ya la intención didáctica de la obra. y finalm ente el lector se ve interpretado de m anera más direc­ ta e inm ediata gracias al empleo de la form a literaria del diálogo. dejando sin concretar la significación exacta de esta participación. pue­ da elevar un m onum ento de gratitud a sus m aestros —y por eso aparece brevemente en el libro prim ero Mucio Scévola—.. con algunas variantes.

M ientras las reglas de la retórica escolar estaban destinadas en prim era línea. en la for­ mación profesional del orador. 216-290). acen­ tos individuales en los que se reflejan a su vez constantes de la existencia ciceroniana. estim ó por ello oportuno reco­ ger tras la m uerte de aquél una colección de tales expresiones chuscas o burlonas y entregarla a la publicidad. y es puesta por ello en boca de Craso. disposición n atu­ ral (ingenium) y práctica en el ejercicio (exercitatio) (1. El secretario de Cicerón.Cicerón y la prosa literaria republicana 211 La estru ctu ra del De oratore está determ inada tam bién por las cinco tareas tradicionales del orador. 29 y ss. durante su año de consulado y con ocasión de la defensa de un cliente se hubo burlado sutil y certera­ mente de la pedantería de los ju ristas y de lo alejado de la realidad vital que eran algunos filosofemas estoicos. cuando. 99-306). Esta digresión po­ see una im portancia clave para toda la obra. 96 y ss. a los factores teoría (ars). 52 y ss. por así de­ cirlo. sino que se acercó mucho a él (3.): ¿qué papel se asigna. que no sólo suscitó y fomentó el ideal ciceroniano del orador. la inventio (2. la dispositio (307-349). la elocutio (3. Tirón. 21. a la elocuencia judicial (genus iudiciale). Con el mismo fundam ento se pregunta en el libro prim ero por la función y la significación de la elocuencia (1. destacan algunas novedades im portantes. y además tomaba en consideración el discurso político (genus deliberativum). Cato Minor. tuvo que reír incluso Catón el Jo­ ven. 55). una observación sobre la utilidad de los inter­ mezzo desenfadados se convierte en una verdadera digresión sobre el arte de brom ear en medio de un discurso (2. que debe ser restablecida de nuevo. . 212) y la actio (213-227). Para este meollo auténtico de la oratoria no bastan los preceptos tradicionales de la enseñanza retórica. «poner arm as en la mano del frenético» (3. antes al contrario una retórica que sólo proporciona al discípulo cualidades form a­ les sin reflexión sobre el trasfondo real y moral.). 74 y ss. el discurso suntuoso o de simple ostentación (genus demonstrativum). Mas a pesar de este m arco tradicional. pueden asim is­ mo establecerse reglas de carácter vinculante general (2. 8.).). en efecto. 19. Cicerón era considerado en este terreno como un experto. La digresión se desarrolla a partir de observaciones previas sobre las cualidades estilísticas del órnate y apte dicere. como evidencia De inventione. Una segunda digresión tra ta de la originaria relación recíproca entre filosofía y oratoria. 41 y ss. De este modo. la memoria (350-360). pregunta si para el tercer género oratorio de la teoría antigua. de la elocuencia que trabaja con ornato estilístico y de m ane­ ra adecuada al tem a (3.)? ¿Cómo ha de ser la parte teórica de la form ación? Para Cicerón —en ello desembo­ ca esta reflexión— el acervo de conocimientos de un orador perfecto ha 1 1 Plutarco. a pesar de ser uno de los atacados: «¡Qué cónsul tan gracioso tene­ mos!» “. el De oratore abandona este estrecho círculo. Cicerón. no hace sino.

de sus propios presu­ puestos y experiencias. ya que él mismo disfrutó de la form ación profesio­ nal jurídica y filosófica que exige en él. . por tanto.. sí. alcanzar influencia. en la situación de los tardíos años cin­ cuenta.) como por conocimientos en filosofía. N. un escrito con la m irada dirigida hacia atrás en más de un sentido: el lector se ve atem perado ya por la loa introducto­ ria en m em oria del antiguo rival de Cicerón. natural12 Me adhiero en este punto a la nueva fecha propuesta por A. 65 y ss. Hortensio. Re­ cordemos que Craso.). la situación experimentó un cambio radical cuando él se halló de nuevo en Roma tras la batalla de Farsalo y su indulto por César en el año 47. Classical Quarterly. Este tem ple de ánimo melancólico envuelve también. E. había intentado —evi­ dentemente en vano— suprim ir la escuela de Plocio. sobre el desarrollo político-social. y sólo pudo hallar sosiego en la actividad de escritor. magistri y los preceptos banales y vulgares de la retórica escolar atraviesa toda la obra como un hilo conductor. v. escrita sin duda en estos años l2. Douglas. N. y tam bién De orato­ re puede ser entendido como antítesis del floreciente negocio escolar de la época (del que nos ofrece una imagen la Retórica de Herennio. los ideales del De oratore. y que explican el hecho de que el De oratore coincida en algunos pensam ientos fundam entales con el De inventione. págs. quedan reservados todo el libro prim ero y parte del segundo a los aspectos políticos y político-educativos de la retó­ rica. la polémica contra schola. S„ 10 (1960). con este program a. De este modo se lim ita a las cuestiones de segundo orden. 105 y s. Por otra parte no deben ignorarse las muchas sugerencias que proceden de Craso.212 Literatura universal de estar integrado necesariam ente tanto por una sólida form ación jurídica (1. que por suerte para él m urió en el momento justo. a la histo­ ria de la elocuencia. 166 y ss. S. Si Cicerón pudo esperar aún. Cicerón hace extrapolación. a través de escritos program áticos. las ram as del saber m atemático y científico-natural. Cicerón sigue defendiendo. págs. desde su cargo de censor. En el centro mismo de la gran digresión del libro 3 halla­ mos la protesta de Craso contra la escuela de retórica en Roma (§§ 93 y s. pero los tiempos no son ahora favorables a los program as educativos amplios y a su realiza­ ción. Una vez más hay que llamar la atención sobre el empleo indiferenciado del térm ino «enciclopé­ dico». jurídico y filosófico. como modelo contrapuesto que quiere combi­ nar el tiem po tradicional de prueba en el Foro con la enseñanza privada en los campos retórico. los temas políticos son excluidos expre­ samente del coloquio que m antienen Cicerón y sus dos amigos Bruto y Ático (§ 11). 17 (1967). a controversias teóricas sobre problem as de estilo o a detalles de técnica argum entativa y dialéctica. ya que aquí quedan totalm ente fuera de consideración los elementos del Quadrivium. y Classical Review. En la prim avera del año 46 está concluido el Brutus. esto es. En el De oratore. Una vez más es la teoría retórica la que se le ofrece de m anera inmediata.

el único neotérico cuyo nom bre 13 V. y pueden los interlocutores cantar las alabanzas de oradores todavía vivos (§§ 248 y ss. el cuerpo de la elocuencia. Cicerón y sobre todo Hortensio. Digresiones y anécdotas intercaladas en el diálogo sirven para am enizar éste. m ás abajo. la elocuencia es puesta en relación directa con la totali­ dad de la historia cultural. y debido a que algu­ nos oradores helenistas eran nativos del Asia Menor. en el curso del estío del año 46. y siguiendo la concepción expues­ ta en el De oratore. sobre todo. y finalm ente debe destacarse tam bién la original aplicación de la forma literaria del diálogo a un tema de carácter historiográfico. . a través de un intercam bio epistolar abierto entre Calvo y Bruto por una parte. No puede desarrollarse una auténtica disputa. m ientras que sus enemigos. porque Cicerón no quiere prom over escándalo alguno. en com­ paración con H ortensio (§§ 301 y ss.). por medio de sincronism os. dado el te­ ma del coloquio. El nom bre de Calvo. Por ello mismo resulta plenam ente consecuente si torna su m irada hacia la historia de la elocuencia rom ana 1 3 y se considera a sí mismo. que acabará por condensarse. el lenguaje de Cicerón era pomposo y recargado. para estos críticos. eran designados de m anera generalizadora. Poco después del 54 parece que se inició entre algunos representantes de la generación de literatos jóvenes una violenta reacción contra el estilo ciceroniano. El peligro de que la planeada «historia» degenere en una enum eración caprichosa de nom bres hasta de tercera o cuarta fila es visto críticam ente por el mismo Cicerón (§§ 181 y ss. págs. como asianistas (Asiatici). según parece.. Ya en el Brutus se percibe en diversos momentos una intención apologé­ tica. el Orator. Cicerón sabe perfectam ente bien (§ 330) que la m onarquía y el libre discurso político se excluyen recíprocam ente.Cicerón y la prosa literaria republicana 213 mente. con evitación de medios expresivos sonoros demasiado chocantes. En favor del ideal estilístico propio de una sintaxis más concisa y un vocabulario m ás cuidadosam ente seleccionado. esto es. Por o tra parte. se invo­ caba por parte de dichos jóvenes el dechado de la elocuencia ática clásica del siglo iv. y así por ejemplo se registra el influjo de la filosofía y la cultura griegas. La disputa saltó a la vida pública. Al mismo tiempo se esfuerza por presentar de form a clara y comprensible. 297) y en conjunto evitado tam bién con éxito. 215 y s.). y especialm ente a Lisias. pero algunas m anifesta­ ciones particulares pueden dilucidarse de diversas form as y. y Cicerón por otra. como punto culm inante y final de una evolución que puede ser com probada docum entalm ente desde Catón el Viejo (§§ 61 y ss.). lim itada hasta el uso minucioso del ritm o de cadencia final. así. las etapas-funda­ m entales de la evolución. relativizarse. y en concreto se le reprocha­ ba el empleo abundante de sinónimos y figuras retóricas y sobre todo la construcción de los períodos sintácticos. en un tratado independiente. que no es objeto de controversia. designando la propia dirección como aticism o (Attici).

el Orator evidencia cuán profundam ente le había afectado la crí­ tica pública dirigida contra él. evidentemente.. y finalmente la obrilla espúrea De optim o genere oratorum (comp. quien con esta invocación directa había de ser ganado para la causa ciceroniana. por ello. 83 (1955). los Tópica.). de Calvo (§§ 283 y ss. la polémica queda lim itada a Calvo. un estilo.). 293 y s. op. y sobre todo los dirigidos contra Catilina. un orador perfecto debe dom inar los tres géneros de estilo para poder emplearlos en el m omento oportuno. en su cali­ dad de carta dirigida a Bruto. una carta didáctica sobre la historia de la retórica en Roma dirigida a un tal Titinio (cf. el escrito prosigue. Las pausas son consecuencia obligada de las ausencias de Roma. N atural­ mente no todos los discursos pronunciados por Cicerón fueron publicados. págs. G. un compendio de la retórica com­ puesto con fines didácticos y de fecha insegura (cf. Gilleland. un tratamiento de la argu­ mentación retórica según las reglas de la dialéctica estoica (44). 256 y ss. cit. y no todos los publicados han llegado hasta nosotros. 56 (1961). Desde el punto de vista del contenido. K. de H ortensio y de sí mismo—. Los discursos En los discursos de Cicerón se pone de m anifiesto la totalidad de su vida pública desde el año 81 hasta el 43. B. los discursos en la Pretoria (66) y en el Consulado (63).). P. L. designa la dirección en que hemos de buscar el trasfondo teórico de esta controversia: evidente­ mente. del viaje a Grecia (79-77). con las tres funciones del orador: la apelación patética (movere). Dihle. Bringmann. 14 No han sido tratadas arriba las Partitiones oratoriae. op. Schmidt. el interm edio y el sencillo. Los perfiles biográficos destacan aquí de m anera tanto positiva como negativa.).). 29 y ss.). más tarde la serie de los pronunciados después de su regreso a Roma (57/56) y por últim o las Philippicae (44/43). en Hermes. Puntos culm inantes son las Verrinas (año 70). Aunque Cicerón sólo entra en la polémica de form a incidental y de paso en el Brutus —al tra ta r de Catón. págs.)1 4 . Die Anfange.214 Literatura universal ha pasado a la posteridad junto con el de Catulo. otro punto de gravedad de la obra lo constituye la circunstancia­ da defensa de la cadencia rítm ica final (§§ 162 y s s . el sencillo (§§ 69 y ss. págs. del exilio (58-57) y de la fase del consulado y de la guerra civil (51-47). en Classical Philology. 303 y ss.. la controversia es desarrollada dentro del m arco del program a del De oratore: al tra ta r de la elocutio. Formalmente. pero.. m ientras que los aticistas sólo aceptan. el entretenim iento (delectare) y la argum en­ tación racional (probare). el elevado. cit. A. esto es. en este llam ado aticism o se trata de un trasvase de la teoría poética de Calimaco al estilo literario en prosa. Cicerón relaciona los tres estilos. . la correspondencia arrib a citada. con valor de absoluto. un lapso biográfico de 38 años. que es com parado irónicam ente con Li­ sias (§§ 63 y ss.

desde el discurso de defensa en favor de Roscio de Ameria. Lo que podemos leer hoy día puede ser considerado. Marcelo. pese a que éste alardeaba de hostilidad hacia todo lo helénico. como por ejemplo en la defensa de incrim inados en procesos políticos o en la tom a crítica de posición frente a un discutido nuevo proyecto de ley. el discurso Pro Caelio la m entalidad de la joven generación a la moda. como una selec­ ción representativa de la obra oratoria de Cicerón. por lo tanto. principalm ente en el terreno de la doctrina estilística.Cicerón y la prosa literaria republicana 215 y hasta donde los testim onios perm iten un juicio. En el Senado. sobre todo de los discursos de Demóstenes. desde el De im ­ perio Gnaei Pompei. En esta situación resultaba lógico buscar por do­ quier modelos de argum entación útiles y aplicables a las condiciones ro­ manas. Su variedad apenas si puede ser debidam ente expuesta y ensalzada en el breve espacio de que disponemos: le vemos actuar como defensor en causas criminales. fueron aprovechadas mucho más tarde para la práctica de la oratoria. el prim er discurso político. los discursos do­ cum entan de m anera verdaderam ente única la situación y condiciones de la sociedad romana: así por ejemplo. De provinciis consularibus (para César) y la defensa de los contrincantes de César. Ligario y Deyótaro. como es el caso de las invectivas contra Vatinio y Pisón. como hallamos ya en el mismo Catón. El estilo . o bien el De domo sua. por otra parte. Al mismo tiempo. y de éstos se ha conservado a su vez tam bién la mayoría. y de hecho los crecientes conocim ientos del griego hicieron posible una imitación directa. Sobre todo tras la Segunda G uerra Púnica ofrecieron los conflictos cada vez más violentos en el seno de las clases dirigentes ocasión y m ateria para las actividades oratorias. los discursos Pro Cluentio o —a un nivel político superior— Pro Milone nos perm iten una ojeada en los entresijos de procesos crim ina­ les sensacionales. procede del año en que desempeñó el cargo de p retor (66). pasando por las Verrinas y las Catilinarias hasta las Filípicas se reflejan en todos ellos los altiba­ jos de la evolución política. Pronto aparece más vigorosamente el aspecto personal. las reglas de la teoría griega de la elocuencia. de la adm inistración provin­ cial romana. Cicerón llevó a su cum bre una tradición de la orato­ ria político-práctica que los rom anos mismos —según dice Cicerón en el Brutus — podían rem ontar en el pasado hasta Apio Claudio Ceco y que des­ de Catón el Viejo podían conocer de la mano de los textos conservados. Por el contrario. se publicó la m ayoría de ellos. en la asam blea popular y ante los tribunales. m arcan la tra n ­ sición de la República a la M onarquía. De imperio Gnaei Pompei. el talento natu­ ral del orador romano tenía inm ejorable ocasión de desplegarse y brillar. Con sus discursos. pero en modo alguno atípicos. pero tam ­ bién como abogado de procesos civiles (por últim a vez en el discurso Pro Caecina del año 69). y la argum entación dialéctica. las Verrinas describen los aspectos más sombríos.

Con la creciente violencia de los enfrenta­ mientos y con nuevas posibilidades institucionales como. que sustituyó a la Curia Hostilia. El podium en la pared frontal estaba destinado a los dos cónsules. el establecimiento de tribunales permanentes. pese a todas las divergen­ cias. los peldaños a derecha e izquierda servían de estrado para los asientos de los senadores. de Catón. por ejemplo. las posibilidades de causar efecto . la antigua sala de sesiones del Senado. relativam ente homogéneo. refleja los hábitos políticos de un grupo político abarcable aún y. sobre todo en sus discursos ante el Senado.216 Literatura universal Vista interior de la Curia Iulia.

y muy especialm ente por cierto. Se incluyeron desde ahora imá­ genes enfáticas —como hizo el m enor de los Gracos— y una periodización sintáctica que empleó de form a creciente medios y efectos sonoros. proceden­ te de Pila. C. las eta­ . de com ienzo del siglo i a. d.Cicerón y la prosa literaria republicana 9M ÉÉ 217 Estatua de bronce de un orador (llamado arringatore). el uso consciente de medios estilísticos patéticos. am pliadas y acrecentadas ahora. ante un auditorio mucho más numeroso. Florencia. en las cercanías de Perusa. tuvieron que favorecer tam bién.. Museo Archeologico.

Cicerón continuó con dicha publi­ cación una tradición que existía ya en Grecia desde el siglo v a. tanto de la propia generación como de la posteridad. de los cuales ochenta más o menos nos son conocidos en sus perfiles. fundada el año 93. por sus títulos o a través de fragmentos). y ello no porque éstos debiesen sus éxitos en prim er térm ino a su actividad como oradores. No puede causar asombro. pero tampoco algo obvio. o bien por­ que este público. y al menos en el siglo n. No entraba apenas en consideración una preocupación por la form a o el estilo como estim ulante para la publicación o la recepción de un discurso. sentía interés por los testi­ monios escritos correspondientes. Por otra parte. Lelio o el menor de los Gracos. y que Catón el Viejo había traído a Roma (todavía cien años después de su m uer­ te —año 149— eran accesibles más de 150 discursos suyos. y éste es precisam ente el punto en el que los «aticistas» se ensañaron con su crítica. los discursos publicados procedentes del año de consulado y del tiempo posterior a su destierro sirven en prim er térm ino de justificación de su línea política y de platafor­ ma polémica contra sus enemigos. tras la m uerte de los políticos. Craso y Hortensio hasta Cice­ rón. C. por ello. lo que pudo leerse m ás tarde procedía con frecuencia de los archivos priva­ dos de las familias. Los motivos para la edición determ ina­ . pasando por el más joven de los Gracos. porque con anterioridad a la escuela de Plocio Galo. y Cicerón mismo se ve obligado en el Brutus a determ i­ nar el rango y calidad de num erosos oradores según los juicios que la historia pronunció sobre ellos y sin tener conocimiento directo de sus dis­ cursos. la enseñanza retórica era im partida por griegos con auxilio de textos —discursos y m anuales— igualmente griegos. El que podamos considerar hoy día los discursos de Cicerón como lite­ ratura es cosa que debemos a su decisión de darlos a la luz pública y de este modo arrancar estos productos efím eros al olvido. Una tal publicación no era cosa insólita. el que intentem os describir la evolución de la elocuencia rom ana anterior a la generación de oradores que fueron m aestros de Cicerón (Craso. co­ mo Escipión Africano el Joven. Por una parte. Parece que en m uchos casos fue una motivación de carácter políticoautobiográfico lo que impulsó a Cicerón a publicar sus discursos. Antonio) acudiendo principalm ente al auxilio de fragm entos de discursos de los políticos más destacados. o porque hubiesen desem peñado un papel preponderante en la historia de la elocuencia romana. la publi­ cación por propia mano del au to r siguió constituyendo una excepción. y antes de los tratados de Retórica de Anto­ nio y del joven Cicerón.218 Literatura universal pas de esta evolución se extienden desde Servio Sulpicio Galba (cónsul en 144). sino porque precisam ente para ellos se presentaba como una evidente necesidad el hacer accesibles a un público lo más amplio posible sus pensam ientos y opiniones políticas. Lo m is­ mo que las poesías y los planes historiográficos.

que m e p erm itáis a mí. 268 y ss. no só lo del que es u su al ante los trib u n ales. op. finalm en te. El discurso era tomado sim ultáneam ente por escrito. cf. plenam ente organizada ya. págs. parte muy adecuadam ente de la función propia y peculiar de la oratoria forense. con la alusión a sus éxitos. 94 (1963). sino del len guaje del Foro en general. m e sirva de un e stilo o ratorio que se aparta plena­ m ente. así al m en os lo espero. a cuyo respecto hemos de p rocurar imaginarnos siem pre la m atización de los acentos dada con la pronunciación m ism a del discurso: Para que nadie de en tre vosotros se m araville de que yo. ante vu estra propia sab id uría. la recepción de los discursos ciceronianos sólo podía referirse a sus cualidades estéticas. y que las añadiduras han de ser buscadas más bien en el terreno de las declaraciones políticas I5. explayarm e con alguna m ayor lib ertad sob re la ed u ca ció n y la literatu ra y em ­ 15 Que en el Pro Milone tenemos ante nosotros el discurso pronunciado realmente por Cicerón nos lo muestra J. E. págs. v. El discurso propiamente dicho era pronunciado siem­ pre de memoria. el secretario de Cicerón. so licito de v o so tro s por e ste m otivo que m e oto rg u éis en e ste litigio la licen cia.. por ejemplo por Tirón. o tra suscitada por motivos político-autobiográficos hubiese teni­ do que destacar o com pletar la argum entación pertinente. Sobre la incorporación de m anifestaciones políticas en el Pro Sestio. Settle. ante este pretor. y no pesad a. para v osotros. A. por un hom bre tan e x celen te y ante ju eces tan severos. en p resen cia de una asam ­ blea tan grande y nu m erosa. las declaraciones de los testigos y los documentos escritos a los que se había dado lectura. Cicero. Douglas. en un p roceso p ú b lico llevado por un p retor del p u eb lo rom ano. Por el contrario. para la publicación se suprim ían luego las interrupciones en el decurso oratorio. Transactions and Proceedings o f the Am erican Philological Association. ya que sólo contam os con las versiones definitivas. m ientras que la réplica de Cicerón. en favor de un p oeta tan ex ce le n te y varón eru d itísim o. Si antes se supusieron modificaciones decisivas en el texto y en la estru ctu ra del discurso hablado. y que resultaban superfluos para la intención form al o autobiográfica. N. bajo las nuevas circunstan­ cias políticas y en la escuela retórica.Cicerón y la prosa literaria republicana 219 ron al mismo tiempo la dirección y la m edida de la adaptación y correccio­ nes previas necesarias. hoy día parece ganar terreno la opinión de que las ver­ siones conservadas —dejando a un lado retoques puram ente estilísticos— se corresponden casi totalm ente con las que fueron pronunciadas en su día. en parte con ayuda de notas m nem otécnicas (commentarii). en un a in stru cción ju d icial. Las pruebas en favor de una u otra posibilidad sólo se pueden obtener por vía de análisis inmanentes. con ven ien te para el acu sad o. que preside e l tribunal. . Un párrafo característico (Pro Archia. 3) explicará muy bien qué clase de medios expresivos estim ó necesarios a veces Cicerón. En este plano se mueve ya la citada crítica de los «aticistas». 15 y s. cit. Una publicación mo­ tivada por aspectos estilísticos hubiese tenido que atender sobre todo a la forma. de la épo­ ca imperial. que hab lo aquí ante una asam b lea de varones tan cu lto s.

en la Antigüe­ dad tardía y la Edad Media los tratados retóricos ganaron en im portancia en el ám bito de la escuela. y el refinam iento con el que sabe sugerir a sus oyentes que su propio punto de vista es en realidad el hecho objetivo. ded icad a a los e stu d ios. la abundancia del vocabulario y una sintaxis elaborada y lim ada hasta los m ás exquisitos m atices rítmicos. Como modelo estilístico. Precisam ente el análisis de un discurso de Cice­ rón. m ientras que la Edad Media alta y tardía. 279. R. De la dirección opuesta llegan los ataques del «asiano» Séneca. and essential fatuity of Ciceronian rhetoric at its too frequent worst» pone en evidencia la continuidad latente de las tendencias aticistas. que había sido invocado de continuo por Cicerón. 17 D. por tanto.). Contrariam ente a ello. Shackleton Bailey. Si los contem poráneos de la Antigüedad. el Humanismo y el Renacimiento. Las cartas Toda época histórica ha m ostrado predilección por un sector determ i­ nado de la obra ciceroniana. cit.220 Literatura universal plear un e s tilo oratorio harto nu evo e in só lito con o c a sió n de una tal p erson ali­ dad. hasta la Ilustración. el orador Cicerón hizo caer en el olvido a todos sus predecesores. Por último sería nece­ sario apreciar en su justo m érito el virtuosism o con el que sabe adaptar su argum entación a cada caso judicial y a cada auditorio. en la vida. el juicio de un crítico m oderno 1 7 sobre la «flabbiness. se orientaron hacia 16 In stitu tio oratoria. 105 y ss. Cicero (op. y valía la pena lam entarse sobre su decadencia. coincide con la función del dis­ curso forense en cuanto proceso de dem ostración y de convicción y explica el éxito de Cicerón ante el público que le escuchaba. de los que sólo han llegado fragm entos hasta nosotros. sino que debería preguntar por ejemplo cuánto de lo que se les antoja reprobable a los críticos literarios de ayer y de hoy. Una toma de posición propia sobre esta controversia no debería quedar adherida a la fachada estilística. que son rebatidos a su vez por el clasicismo de postrim erías del siglo i: el tantas veces citado juicio de Quintiliano 1 6 com para a Cicerón con Demóstenes. que exige —p a ra em plear un concepto puesto hoy de m oda— ser inte­ rrogado desde dentro. 10. aceptadas por la historia. 1. las reservas de los aticistas no fueron. pomposity. . puede evidenciarse de m anera ejem plar la m anipula­ ción de las opiniones por medio de la palabra. carece de ex p e­ riencia en lo s sen d eros de la ju r isd ic ció n p rocesal. consideraron al escritor de Arpinum como un clási­ co de la elocuencia m ientras ésta ostentó un puesto. a saber. que a c a u sa de su vida retirada. has­ ta Tácito y Quintiliano. bien que limitado. pág.

de m anera preponderante. No sin razón se ha destacado siem pre que —precisam ente a causa de las cartas— conocemos a Cicerón mejor que a cualquier otro personaje de la Antigüedad. en una de las épocas más agitadas de la historia romana. así por ejemplo con las cartas de Plinio. Hoy parece dirigir­ se el interés. El carácter verda­ deram ente único de la colección destaca sobre todo en com paración con otras colecciones de correspondencia latina tardías. lo que arroja perspectivas insólitas. hacia las cartas en cuanto testim o­ nios directos del hom bre Cicerón y de su época.Cicerón y la prosa literaria republicana 221 Grabado según una pintura mural de Herculano con tablillas de escribir. tintero. o con el reseco convencionalismo social de las cartas de Símaco (siglo iv). en ningún otro grupo de textos antiguos está encerra­ da tanta realidad viva y directam ente relacionada con la época. las más de novecientas cartas del «corpus» ciceroniano. prom eten un acceso inmediato. pasando algunas cosas a un segundo plano y apare­ ciendo otras bajo una luz más cruda. una m oderna biografía de Cicerón 1 8 persigue incluso las distintas fases de la vida de Cicerón a través de su correspondencia. nos habla alguien que estaba dispuesto y capacitado además para dar la adecuada form a esti­ lística a la expresión de sus sentimientos. De hecho. entum ecida de rutina escolástica (siglo n). procedentes en su m ayoría de su misma pluma. conservada harto irregularmente. con la correspondencia de Fronto. Aquí. pluma y rollo de papiro. de su publicación como prim era correspondencia privada rom a­ 18 La citada de Shackleton Bailey. pero m uchas tam bién respuestas de sus destinatarios. los tratados filosóficos en lo que respecta a las norm as de conducta en la vida y al conocimiento de la filosofía m oral antigua. No menos sorprendente que la colección misma es el hecho de su con­ servación. concebidas pensando tan sólo en el efecto estético y carentes de meollo político. .

al historiador Cornelio Nepote. Tirón. por ejemplo. al joven Octaviano. Finalmente. Bruto se form aron nueve libros. Ovidio. Ello nos autoriza a detenernos un poco en las circunstan­ cias de la publicación de las cartas de Cicerón.222 Literatura universal na que m ereció tal distinción y que ha llegado hasta nosotros. Tirón pudo p a rtir de las copias de Cicerón. algunas cartas aisladas debieron ser pedidas por el secretario a sus destinatarios o devueltas vo­ luntariam ente por éstos. y tres respectivam ente con las que tenían por destinatarios a César. que nos lleva hasta la crisis del año 43. cuatro con las dirigidas a Pompeyo. al herm ano Quinto. quien tras la m uerte de su señor dio a la publicidad cuantos m anuscritos halló de éste. cónsul del año 44. La carta privada en prosa se convierte en un género literario dentro de la literatura romana con el experim ento de Plinio el Joven. de las Epistulae ex Ponto (3. en colec­ ciones especiales del mismo núm ero de libros si ello era posible. etc. Quinto. Con las cartas a Hirtio. o bien exponían la posición propia bajo la form a de un consejo a un político famoso (symboleutikos). De esta correspondencia especial se han conservado solam ente los libros con cartas al herm ano (de los años 60 al 54) y el últim o libro de la correspondencia dirigida a Bruto. que en parte refundió cartas auténticas y en p arte compuso nuevas destinadas expresam ente a un públi­ co amplísimo. Graco estu­ vo al parecer m otivada políticam ente—. hasta donde los m ateriales existentes justificaban una edición aparte. La c a rta didáctica. cultivada sobre todo en la tradición de los gram áticos desde la Epistula ad Marcum filium de Catón. la difusión de m anifestaciones personalísim as sin atem peración ni adaptación alguna a un público que estaba acostum brado a tom ar conocim iento de la confe­ sión personal sólo en form a de tendencia generalizadora. o las Quaestiones epistolicae de Varrón dentro de la prosa especializada —de Cicerón mismo han de citarse en este campo el Orator. que tras el nom bre del destinatario. E stas cartas las debemos sobre todo a su secretario. Hasta qué punto podía irritar. es cosa que expli­ ca muy bien. sobre este telón de fondo. Prim ero reunió la co­ rrespondencia con la fam ilia y con los amigos de rango y nombre. y a M. 9) que son asim ism o un conjunto de cartas privadas auténticas. la m inuciosa justificación que hace su autor. así por ejemplo Salustio a César. m entaban en realidad a un público muy amplio —tam bién la publica­ ción postum a de la correspondencia entre Cornelio y su hijo C. no reelaboradas en lo sustancial ni modificadas estilísticam ente. que serán la regla en los contactos con los contem poráneos influyentes a lo largo de períodos de tiempo bastante extensos. al lado de ella existían los panfletos u hojas volantes políticas en form a de cartas. es posible que alguno de ellos se sin- . los Tópica y el De Officiis — estaba destinada de antem ano a un círculo amplísimo de destinatarios. y llevados de una intención apologéti­ ca. el Commentariolum petitionis del herm ano de Cicerón.

19 Vita Attici. 16. contem plan los acontecim ientos de la época desde el punto de vista subjetivo de quien se siente afectado directam ente por ellos.se ha inm ortalizado a sí mismo m ediante la composición del últim o libro. la carta introductoria de Plinio el Joven (1. por tanto. y de las cuales la co­ rrespondencia con un solo amigo llena. Cornelio Nepo­ te 1 9 pudo ver ya poco después de la m uerte de Cicerón. Según Cornelio Nepote. de m anera que de la am plísim a obra epistolar de Cicerón (unos 80 libros) se han conserva­ do 36. ya que considera la ordena­ ción cronológica de las cartas como una clara intención historiográfica. por otra. y sobre este telón de fondo debe entenderse asim ism o la posterior edición de las cartas a su amigo Ático. en la correspondencia con Ático. Sus con­ tem poráneos las estim aron como docum entos históricos.Cicerón y la prosa literaria republicana 223 tiese estim ulado por la acción de Tirón a docum entar por propio impulso su relación con el m uerto m ediante una publicación de las cartas a él diri­ gidas por éste. y en casa del des­ tinatario mismo. El motivo de la edición ha de buscarse sin duda alguna en el respeto y lealtad del fiel colaborador. por regla general. cuando más. copia alguna. y. como com plem ento de las corresponden­ cias particulares. se m antiene en principio la cronología. El editor se ha esforzado aquí por ordenar a grandes rasgos las cartas según los destinatarios o los aspectos tem áticos. que sólo incluye cartas a Tirón o que tratan de él. 1) parte de este supues­ to interpretativo sobre la colección epistolar. fueron aum entados a 16 y publicados asimismo. y que contiene piezas muy breves. El punto final de esta oleada de publicaciones promovida por Tirón lo constituyen 16 libros de cartas a diferentes destinatarios. estas cartas. . en época neroniana (hacia el año 55). que compuso tam bién una biografía de Cice­ rón y consideró las cartas de éste como testim onios biográficos. que más tarde. un único libro. una colección privada de 11 volumina. su interpretación como fuente histórica ha de ser objeto de dos limitaciones: por una parte. que surgió a veces día tras día y en circuns­ tancias difíciles e ingratas. sin embargo. faltan naturalm ente escritos de épocas en las que Cicerón y Ático residían en la mism a ciudad. sobre todo para los años 64/62 y 53/52. De esta serie. co­ nocidas hoy bajo el título genérico de Ad familiares. sino que la buscó de antemano. en su franqueza sin tapujos frente al m ejor amigo. las cartas a Ático hacen las veces de una exposición historiográfica de la época correspon­ diente. Estos 16 libros se han conservado igualmente. Cicerón mismo insinúa m uchas veces que con respecto a una serie de cartas no sólo vio con gusto su difusión. que abarca el período com pren­ dido entre el año 68 y el 44. algo menos de la m itad. Tanto en el aspecto cuantitativo como en el cualitativo —referido a la im portan­ cia del destinatario o al grado de su am istad con Cicerón— este «corpus» puede ser considerado. De hecho. no había conservado el rem itente. 3 y s.

Si con las 70 cartas que Tirón recibió seguidam ente de su señor para dicho fin. se hace referencia al acervo del actual libro núm ero 13 Ad familiares. hasta el dictam en de carácter oficial. a saber. consejos que son tam ­ bién de uso y aplicación generales. aquellas que caen dentro del tipo tradicional de la carta didáctica y de la misiva apologética o «simboléutica». . en el año 53 escribe Cicerón a Curio {Ad familiares. como es natural. Cicerón parece haberse planteado esta posibilidad sólo al térm ino de su vida (en el año 44). la prim era carta dirigida a su herm ano Quinto ofrece con­ sejos para una adm inistración provincial ejem plar. Pompeyo. er* prim er térm ino. hacia Roma desde las provincias. sobre todo en las cartas no ciceronia­ nas. 1. Esta riqueza y variedad en las cartas a la esposa y el herm ano. a conoci­ dos. en Ad familiares. como un dechado estilístico propuesto a un escritor de cartas. cuando habla de unos propósitos que tiene de publi­ car una colección autorizada de cartas 2 0. y nunca se tuvo el propó­ sito de hacer una publicación de las m ism as para la posteridad. apenas si puede distinguirse qué carta fue considerada por su autor como estrictam ente privada y en cuál de ellas estaba perm itida. sólo pueden ser pergeñadas muy som era y globalmente. en tales tipos de carta sólo estaba en juego la opinión pública de la propia generación.224 Literatura universal Entre estas cartas se cuentan. si no se quiere proceder al hilo de la biografía: su contenido va desde la opinión más íntima. Al mismo tiempo. Así. 9 justifica Cicerón con insólita m inuciosidad su tan criticada actitud tras el retorno del des­ tierro. ¿qué informaciones llegan filtradas hasta afuera. 2. confiada a la discreción del amigo. Catón y Bruto. derrotado en el destierro y titubeando en situaciones decisivas. 16. el corpus. y que debían ser corregi­ das y retocadas antes de la edición. Debemos alegrarnos de que no se hayan impuesto en la edición de Tirón tales ten­ dencias latentes de literaturización. como antes de la gue­ rra civil. Sea como fuere. es un espejo de la sociedad rom ana de plasticidad verdaderam ente inigualada: m iram os hacia la ciudad desde las villas y fincas cam pestres. incluso era de­ seada. El m ás fácil de definir es aq u el por cu y o m otivo fue inventado el escrib ir cartas. amigos y colegas. 4): N o d e sc o n o c e s que hay m u ch os gén eros de cartas. su difusión. esta colección habría pretendido ser como una variación sobre un tema. que sólo incluye cartas de recomendación. y. 5. acon­ sejó la paz en una carta abierta. Ante nos­ otros se alza el hom bre Cicerón en sus éxitos y sus fracasos. y que se haya conservado en toda su integridad la riqueza originaria de las m anifestaciones privadas. qué es verdaderam ente im portante para el que interroga? Basten algunos ejemplos como m uestra del conjunto. En cada caso concreto. para dar 20 Epistulae ad Atticum. 5. antes del estallido de la guerra civil entre Pompeyo y César. a César.

si he tocado este punto no ha sido por estim u la rte. Así p u es. creo. y am an a qu ien antaño tem ían. H ay adem ás otros dos gén eros de cartas en los q u e h allo gran d ísim o gusto. Porque te ha su rg id o un en em igo por dem ás serio. ¿O acaso d eb o escrib ir algo grave? ¿Y sob re qué pod ría escrib ir C icerón a Curio con gravedad si no es sob re p olítica ? M as con e ste género de c orresp on d en cia m e ocu rre a mí q u e no o so e sc rib ir lo que p ien so y no qu iero e sc rib ir lo que no p ien so. Toda mi an sied ad se dirige hacia la llegad a de n o ticia s p ro ced en tes de B rundisium . 13) caracteri­ za tan franca como sutilm ente la situación im perante al comienzo de la guerra civil: Que e sto y enferm o de los ojos es c o sa que verás por la m ano de m i e sc r i­ biente. si C ésar h u b iese alcan zad o allí a n u estro P om peyo. a ten to y en érgico es? Yo creo que si no ha m atado a nadie ni ha desp ojado a nad ie de su s b ien es. Y m ira cóm o han ca m b iad o las circu n stan cias: ahora tem en a aquel en quien an tes confiaban. Cartas de e ste género no las esp eras seguram en te de mí. un en em igo a quien podrás ven cer fácilm en te si te propon es com o p rin ci­ pio fun dam ental afanarte en pro de las cu alid ad es con cuyo a u x ilio es alcan za­ da la fam a. El estilo de las cartas puede ser considerado. hab ría aún una débil e sp era n ­ za de paz. lo ú n ico que les p reocu p a son su s cam p os. La com para­ ción con las cartas intercaladas de otros autores nos salva del m alentendi­ . cu yo resp lan d or tanto te atrae. como el de la conversación culta y refinada. tam poco hay por el m om en to nada sob re lo que pu d iera escrib irte. y yo no tengo en verdad novedad alguna que com u n icarte. N o sé cuál de e llo s se me antoja ahora m enos ad ecu ad o para m is p ro p ó sito s. y é ste tal es la esp eran za d esa co stu m b ra d a m en te alta que se ha p u esto en ti. y é ste es tam bién el m otivo de la brevedad de esta carta. qué in gen ioso. Por ello. una misiva dirigida cuatro años más tarde a Ático (8. para el lector m oderno resulta sorpren­ dente sobre todo la libre inserción de palabras y citas griegas. uno con fid en cial-d esen fad ad o y otro serio y grave. M ientras que aquí una charla sobre la carta procura sustituir la carta misma. Yo su elo con versar frecu en tem en te con g en tes de las c iu d ad es m enores y tam bién con cam pesinos. por­ que para tu s asu n tos d isp on es de tus escrib a n o s y m en sajeros propios. ¿He de b rom ear con tigo por carta? En verdad que no hay. q u iero co n clu ir de la m anera acostu m b rad a y avisarte que asp ires a la su prem a fam a. Te e sc rib iría m ás en e ste sen tid o si no tu viese plena confianza en que tú sie n te s ya de por sí su fic ien te acicate. un so lo ciu d ad an o que pu ed a reír en e sto s tiem p os. ¿Ves ahora en m anos de qué hom b re ha caíd o el poder del E stado. sino sim p lem en te para testim o n ia rte m i afecto. m as si éste ha lograd o an tes em barcar es de tem er una guerra d e sa s­ trosa.Cicerón y la prosa literaria republicana 225 n o ticia a los a u sen tes cu an d o hay algo cu yo c o n o c im ien to yace en su in terés o en el n u estro. su s pre­ d ios y su e sc a so pecunio. por lo dem ás. en general. S ólo con d olor p u ed o pensar en lo cu lp ab les que son n u estra s propias faltas y p eca­ dos de que las co sa s hayan venido así. com o no m e queda m ateria alguna sob re la que escribir. Pero ya te he escrito an tes d icién d ote lo que nos esp era según m i op in ión y esp ero ya una carta tuya. que estaba proscrita de la prosa literaria dirigida al público en general. le am arán m ás a q u ello s que m ás le han tem i­ do.

1.226 Literatura universal do de que el nivel de este estilo epistolar hubiese estado generalm ente di­ fundido. porque ¿quién puede asem ejársele o podrá aseme­ jársele jamás?». Para el m aestro de oratoria figu­ ran aquí en el prim er plano del interés. defínase a la m ism a como se quiera —sirven de fundam ento. que se deriva del título y del escenario del diálogo. Con estas declaraciones se abre en realidad. Los escritos filosóficos Si para Quintiliano el clásico por excelencia en la oratoria es Demóstenes. A este respecto se evidenciará que la verdadera originalidad de Cicerón debe ser buscada en la combinación de determ inados contenidos de la filosofía en cuanto cien­ cia propia. motivada de m anera distinta en cada una de las fases de la vida.. en los contactos con Ático. según veremos más adelan­ te. . naturalm ente. un camino p ara un enjuiciam iento objetivo y justo de las Philosophica de Cicerón: de un enjuiciam iento que no debe detenerse dem asiado en la cuestión de una originalidad filosófica. por lo general. 17). fuentes helenísticas. y mucho menos aún un precursor. excepción hecha del paralelism o con las Nomoi de Platón. Que Cicerón mismo no entendió de m anera sustancialm ente distinta su relación con Platón es cosa que aclara una observación de su herm ano Quinto en De legibus (2. con quien m erece ser com parado Cicerón. con la e stru ctu ra de apelación o invocación propia del diálogo literario. 21 Institutio oratoria. no puede nom brar un com petidor que posea ni siquiera aproxim adam ente la misma calidad. em prende cami­ nos propios y personales en lo que respecta al contenido: «Sólo en un pun­ to me parece que im itas a Platón. además. y es en la form a del discurso». Las cartas. 10. in hoc opere Platonis aem ulus e x titit 21. sino incluso una m atización diver­ gente en la posición filosófica fundam ental de Cicerón. están configuradas de m anera muy distinta según sean los destinatarios de las mismas. que no habían sido expuestos hasta entonces en lengua latina. la intensa comunicación entre ambos hace innecesaria e im­ posible una form alización en cuanto estilización condicionada sólo social­ mente. y Cicerón contesta: «Lo intento. por ejemplo.. los aspectos form a­ les y sobre todo la form a del diálogo. en la que se afirm a que Cicerón. para la prosa literaria filo­ sófica ocupa Platón el puesto correspondiente: Idem igitur M. en todo caso. y que tam po­ co debe separar al pensador Cicerón de la form a de exposición de sus pen­ samientos. Quintiliano. 123. y que condiciona no sólo la elección de form a y tem ática. que están ela­ boradas con libertad no exenta siem pre de m alentendidos—. sí. sino que habría de p a rtir de la intención m ediadora. Tullius .

Filón de Larissa. y muy especialm ente con la Stoa. C. por otra parte. cuya teoría del conoci­ m iento se basaba en las percepciones sensoriales. parece. la vinculación entre la form a­ ción retórica y la filosófica era inseparable y evidente. intentando ap a rtar con ello a la Acade­ mia de la vía del escepticism o y conducirla de nuevo —según creía él— a Platón. el concepto de verdad de la doctrina escéptica bastaba plenam ente para el orador fo­ rense. además. bajo la di­ rección de Diodoto se ocupó en el estudio de la dialéctica estoica. de los epicúreos. al sucesor de Filón. Para su m entor Craso. hallemos ya en los años 90 al estoico Diodoto y al epicúreo Fedro. quien sólo tenía que presentar y defender su propio caso judicial de la m anera más plausible. pudo Cicerón oír en Roma a la cabeza rectora de la Aca­ demia. ¿qué podía hacer un político en ciernes con una filosofía que.). el descuido de la form a literaria. Antíoco de Ascalón. polémica en su argum entación. Desde Arquesilas (siglo m a. a los ojos de Cicerón. Por último pudo oír en Atenas. Añadióse a ello el que. y el filósofo debía evitar a toda costa cual­ quier aprobación precipitada y superficial de los juicios ajenos. bastaba como hilo conductor de la acción práctica el conocim iento probable. tal la de Epicuro. entre los m aestros de Cicerón. determ inados prineipios de la filosofía socrático-platónica en dirección a un escepticism o epistem o­ lógico. lo probabile. y. Del 88 hasta el 80/79 aproxim adam ente. en definitiva. si. comenzó una evolución que culm inaría más tarde en el neoplato­ nismo. el año 79/78. y los ejercicios de oratoria se centraron plenam ente en la tem ática filosófica. Contra los epicúreos como contra los estoicos hablaba. y el intransigente dog­ m atism o de los estoicos. con certeza se re­ m onta a su influencia el que. pero tolerante. Bajo aspectos de contenido. el m étodo de la discusión con pros y contras significaba necesariam ente una incom parable form a­ ción y adiestram iento formales. parecía imposible en teoría un juicio definitiva y apodícticam ente verdadero. por una parte. Parece que Cicerón sintió sim patía por esta doctrina. en ocasiones impertinente. la influencia de Antíoco sobre la evolu­ . que Filón combinó perso­ nalm ente la enseñanza retórica con la filosófica. la Academia había desarrollado en su polémica contra los estoicos. desaconsejaba la participación activa en los negocios del Estado? En los años de ociosidad forzosa traspasó Cicerón. Con Antíoco. la fronte­ ra entre un estudio de la filosofía integrado en la form ación cultural gene­ ral y un estudio puram ente técnico y profesional de la misma. frente a la certidum bre re­ dentora. al parecer. que enlazó más vigorosam ente con el Peripato. pero tam bién por su mism a elección de profesión. según ello.Cicerón y la prosa literaria republicana 227 El camino de Cicerón hasta la producción filosófica autónom a y su de­ cisión en favor de una determ inada dirección del pensam iento estuvieron influidos por una serie de azares biográficos. y por lo demás.

al igual que . el segundo escrito representa la elaboración concreta del program a político expuesto en el primero: el m ejor ordenam iento estatal es la constitución mixta.).). correspondiendo la form a del diálogo actual em pleada en el De legi­ bus a una variante planeada para el De re publica. 1). como funcional y de contenido. De re publica y De legibus. fundada en principios de Dere­ cho natural. Tanto la fijación filosófica de Cicerón como tam bién sus conocimientos de detalle hallaron entrada desde muy tem prano en sus m anifestaciones públicas. los ejem plares usos y costum bres romanos (Rep. Desde el punto de vista de su contenido. Ambos tenían una extensión de seis libros. aunque siem­ pre permaneció fiel a la decisión en pro de la filosofía escéptica. en el Pro Caelio presentarse incluso como epicúreo en favor de un joven de vida frívola (§§ 40 y ss. aún m ás claram ente habla el De legibus (1. Si la teoría filosófica está puesta aquí ocasionalm ente al servicio de la prasis retórica de la argum entación forense. 37): «Todo nues­ tro discurso se refiere al fortalecim iento del Estado y de las leyes. Cicerón desarrolla con su auxilio su propio program a político en los grandes tratados políticos de los años 54 al 51. Ya en el De inventione se proclam a adepto de Filón (2. el estoico Catón (§§ 60 y ss. de los cuales el prim ero sólo ha llegado hasta nosotros fragm entariam ente. En el discurso Pro Murena puede echar mano burlonam ente de algu­ nos detalles de la doctrina estoica y em plearlos contra uno de los acusado­ res. corres­ pondientes en todo al Derecho natural (Leg. él mismo cumplió con esta exigencia en su propia form ación intelectual y en su propia prácti­ ca profesional. hacia la pareja platónica Politeia-Nómoi (RepúblicaLeyes). Así pues. si Cicerón exige en el De oratore un orador cultivado filosóficamente. en una estre­ chísima relación recíproca. 4) o las leyes. y en el Pro Milone puede justificarse el asesinato de Clodio sobre el trasfondo de la doctrina estoica del Derecho natural (§§ 10 y s. y el segundo —conservado asimismo sólo en p a rte — fue abandonado el año 51. a la salud de los pueblos». sin embargo. sino con una exhortación a la actividad política. no basta con aceptar como hechos objetivos obvios la dominación universal. Ambos escritos han de ser entendidos. y sabe em plear la filosofía estoica para am pliar y fundam entar la teoría retó­ rica. sin embargo. ejercida por Roma (Rep. sino que. no fue ya retom ado p o r su autor y parece haber sido publicado como obra postuma. 2 y ss. una combinación de elementos monárquicos.). has­ ta los menores detalles. se orientaban form alm ente. 2). tanto formal. que es condición previa ineludible para las reflexiones teóricas (1. El tratado político-estatal no comienza con una defensa de la teoría. 12).228 Literatura universal ción filosófica de Cicerón apenas^si puede ser sobreestim ada. aristocráticos y democráticos (Rep. 10). y su ordenam iento jurídico (Leg. incompleto aún. esta constitución m ixta ideal se ha ido cristalizando en el curso de la historia de Roma (Rep. 3).). 1).

a p artir de mediados del año 44. estoica. Bajo este aspecto sorprende. además. obra de esta m ism a épo­ ca. cuando. los verdaderos im pul­ sos provienen de la política contem poránea. 5/6). por cuanto que hasta en la constitución m ixta no se puede pres­ cindir de un hom bre excepcional. En conjunto se tra ta de un program a de reform as vinculado a normas históricas. quizás tam bién un cierto estado de espíritu de la época. como por ejemplo el Som nium Scipionis. tam bién a la filosofía. a planes historiográficos diversos y de m a­ nera incidental. con las leyes modelo expuestas y com entadas en la obra a p a rtir del libro 2. la teoría político-estatal es pe­ ripatética. de todos modos. todavía ralativam ente abierta.. hacia una teoría autónom a. dentro de un estrecho marco técnico. en definitiva. vuelve. Sin que sea lícito ver aquí una alusión a uno de los triunviros. que presupone la decadencia progresiva de las estru ctu ras colectivas desde el año 60: es­ cepticismo e im potencia para resolver la crisis dentro del m arco de las posibilidades tradicionales. con las Paradoxa Stoicorum. en su escrito De iure civili in artem redigendo. 12). 6. el régimen de César no había cuajado aún en una dirección claram ente reconocible para Cicerón.Cicerón y la prosa literaria republicana 229 las leyes han de ser adaptadas a las necesidades del momento (Leg. corres­ ponde una variedad experim entadora en la actividad literaria de Cicerón. de validez asimismo universal y transparente pa­ ra todos. la obra filosófica de Cicerón se mueve en su segunda fase (46 al 44) bajo la presión de las cir­ cunstancias políticas y lo mismo que la Retórica. la crisis del tiempo presente. En De legibus persigue Cicerón.. en su conjunto. Platón. conservador en sus rasgos esenciales pero no reaccio­ nario. un temple de ánimo que puede hacer com pren­ der tanto el fracaso de los asesinos de César como el éxito de Augusto. y sólo en épocas de crisis se hará cargo de plenos poderes institucionales como dictador (Rep. Junto a este preludio hay que situar. la introducción del rector rei publicae. con la nueva . como corresponde a las constantes fundam entales de la política cice­ roniana. 3. parece que Cicerón refleja en esta figura experiencias persona­ les. el rector rei publicae (Rep. a quien Cicerón invoca siem pre como dechado suprem o. y la teoría iusnaturalista. como epílogo. Hasta el otoño del año 46. la casuística de la evolución jurídica rom ana por una sistem ática jurídico-legal derivada de prem isas universales. que sirve de broche final al tratad o sobre el Estado— el papel de un m ero estim ulante formal. que está dedicada a la retórica. la intención de sustituir. que en tiempos de norm alidad obrará por medio de su autoridad. con ello retom ó un plan que había intentado ya ejecutar. Si en la situación política im perante a p a rtir del año 55 podía estim arse todavía oportuno y útil presentar a la opinión pública program as políticoeducativos (De oratore) o de carácter político general. la fase posterior a la m uerte de César. así refleja tam bién el modelo político. desem­ peña en todo ello —si se dejan a un lado detalles de contenido. A esta situación externa. 37).

la concepción ciceroniana. que debían ser incorporados a un diálogo de carácter filosófico-natural. canta las excelencias de la filosofía con el fin evidente de lograrle nuevos adeptos. Las Académica —dos versiones. aquí especialm ente la teología. en una polémica con Antíoco. comienza a aparecer a p a rtir del año 45: Hortensius. De divinatione y De fato. también aparecieron com o obra postuma los amplios trozos conservados de una traducción del Timeo platónico. De este mo22 Conservadas sólo en fragmentos están las traducciones del O ikonom ikós (Económico) de Jenofonte (una obra de juventud) y del Protágoras platónico (cuya fecha no puede ser esta­ blecida con precisión). su motivación y la cohesión interna de la em presa en una ojeada retrospec­ tiva. Al lado se hallan algunos parerga más breves. que. el período —según lo vio Cicerón— del ilim itado poder m onárquico de Cé­ sar. cada m inuto libre es aprovechado para el trabajo en el gran corpus de la filosofía helenística en lengua latina. Sólo en segunda línea aparece im portante la física. Académica. que se encuentra en el um bral mismo de nuevas tareas políticas. . una misiva de consuelo sobre la m uerte de la hija Tulia. aún en la fase del De officiis. dentro del m arco de un plan ejecutado con plena consecuencia. m ira hacia la redacción del corpus conjunto. Tusculanae disputationes. historiografía y elocuencia. de la ética: en los diálogos siguientes. que fue editado postumamente. De fini­ bus y las Tusculanae se tra ta del fin últim o de todo obrar hum ano —con lo que se prosiguen discusiones anteriores. en las referencias oblicuas a través de las obras y en la retom a de puntos concretos procedentes de obras de épocas anteriores se patentiza que el todo conjunto reproduce. en tanto que de las diferentes posi­ ciones resultan consecuencias prácticas p ara el obrar humano. ahora es cuando aparece tam bién la obra didáctico-ética De officiis. de la función propia de la filosofía. otoño del 44) y el primer com m entarius —sin duda. El comienzo del De divinatione 2.230 Literatura universal dedicación a la política. am bas conservadas fragm entariam ente— debaten sobre la teo­ ría del conocim iento como base de todo filosofar. por su form a externa una carta dirigida a su hijo. En el Hortensius. con­ servado sólo fragm entariam ente y que. preparado desde finales del 46 por un intenso estudio de las fuentes y algunos trabajos preparato­ rios. en seguimiento del Protreptikos (Protréptico) aristotélico. fundam enta Cicerón su decisión m ediante la comparación con actividades intelectuales anteriores. En este punto. Cicerón se m uestra nuevamente partidario del escepticism o de Fi­ lón. En la época interm edia. De finibus. como la del final del prim er libro del De legibus — y de los afectos y pasiones que podrían resu ltar una traba para llegar hasta él. condicionados personal­ mente de form a directa. Para el rom ano Cicerón tienen naturalm ente la prim acía los proble­ mas de la filosofía práctica. el escrito De gloria (2 libros. motivada muy individualmente. que se presentan ahora como relativas: poesía. el De amicitia u. De natura deorum. el tratad o De senectute y. m aterial previo de trabajo— De virtutibus. el interés por la retórica (Tópica) y por la historio­ grafía.

situando en el centro del interés la relativa a la providencia divina. caídos en la guerra civil). y. aparecer por sí mismo. Hirtio. De divinatione). que había sido negada por los epicúreos. pero en la elección de los interlocu­ tores tendrá que tener muy en cuenta los deseos y los celos y envidias de los amigos. en el De fato ha de ser considerada como m aniobra de cap­ tación política en relación con los desórdenes ocurridos tras el asesinato de César. desde el De oratore hasta el De amicitia. al cuidado por el hom bre. por razones de seguridad. como en el Hortensius y en la prim era versión de las Académica. que retom a en el m arco teórico un escrito anterior. en parte. Esta intención didáctico-pedagógica se evidencia tam bién en la segura certeza con la que Cicerón sabe ad ap tar la escritura apelativa del diálogo. Si. Los diálogos se desarrollan. un gusto por la experim entación form al que tiene en cuenta. el De auguriis. afirm ada por los estoicos y puesta en duda por los escépticos. de m anera que por lo común el diálogo quedará lim itado a la fam ilia y al círculo de los amigos m ás íntimos (De legibus. redactado para fines prácticos de culto. por ello se da parte en la versión m odificada de éste —y como gratitud por la prom etida dedi­ catoria de su De lingua Latina — a Varrón.Cicerón y la prosa literaria republicana 231 do. En el citado prefacio al De divinatione 2 entiende Cicerón esta actividad teórico-filosófica como continuación del trabajo político-práctico. en el De amicitia. y en el De fato se pone a debate la doctrina estoica que afirm a que un nexo causal inextricable ab ar­ ca todos los sucesos. En el De divinatione. De finibus 1 y 3 para Torcuato. el amigo íntimo de Escipión. afirm a que debe ser útil al m ayor núm ero posible de hom bres y llevar a sus con­ ciudadanos a la senda de las disciplinas teóricas más im portantes. junto a necesida­ des objetivas. por otra parte. se eligen interlocutores que no figuran ya entre los vivos. es posible convertir su participación en un homenaje postumo (De oratore. o tam bién para poder poner en boca de portavoces especial­ mente dignos de crédito determ inados tem as (así el Catón del De senectute. para acentuar la autoridad del modelo histórico y no dejar en duda la relación directa con el presente (De re publica). Brutus. los más destacados oradores de la últim a generación en el De oratore). al problem a tratad o en cada caso. puntos de vista personales. Si Cicerón quiere presentarse en medio de m iembros de la m ejor sociedad. el De natura deorum tra ta la cuestión de la existencia de los dioses sólo al margen. Hortensio y Lúculo— no representen de m anera plaúsible los papeles teóricos que le son asignados en el diálogo. arriesga que los personajes elegidos —los cónsu­ les Catulo. en un pasado idealizado y anacrónico. En un diálogo escenificado en la actualidad puede el autor. . en edad de ochenta y cuatro años. La inclusión del cónsul del año 44. nexo causal que se m anifiesta por signos y puede ser interpretado m ediante adivinación. Lelio. Triario y Catón.

Cicerón apa­ rece allí donde determ inados filosofemas centrales. esto es. la discusión tiene que tener en cuenta aquí tanto a los dechados griegos como a los antecedentes romanos. a la que tiende el autor con intención didáctica. sobre todo en los diálogos tardíos. En la tercera forma. que sirve sólo de punto de partida (Tusculanae. que tiene por fin atem perar un tanto la tendencia di­ dáctica del contenido: algunos amigos se dan cita en una finca campestre. no puede estim arse bastante la profunda y perm anente influencia de los contactos personales con el estoico Diodoto y los académicos Filón y Antíoco. En su condición de escéptico. son refutados o. De finibus. y p a rtir sobre todo de la integración. De amicitia). Si se consideran tanto la im portancia funcional del diálogo en cuanto exposición com prensi­ ble y clara de puntos de vista divergentes. El escenario es descuidado en m edida creciente. como los aspectos históricoestéticos com plem entarios en la exposición del escenario y los personajes del diálogo. y que la form a aparece aquí congelada en puro ropaje externo. y de una charla previa sobre un tem a que sirve en parte de preludio del posterior. De jato). De finibus). sólo habrá que anotar con respecto a las Tusculanae y al De jato que Cicerón no ha utilizado las posibilidades ínsitas en este género. La cuestión relativa a la originalidad de las obras filosóficas de Cicerón es muy discutida. que refleja más fuertem ente una relación m aestro-discípulo. Hortensius. pero en principio casual y ocasional. prim ero el epicúreo. El que Cicerón. Junto a los escépticos Carnéades (De fato) y Filón (Académica) y el neoplatónico Antíoco (Académica. De re publica. m uestra claram ente que la independencia y autonom ía del contenido no tenían para él impor­ tancia esencial. se confie­ se abiertam ente p artidario de las incitaciones griegas. Junto a fuentes originales. como es el caso de De oratore. el m aestro pronuncia una lección contra la tesis del discípulo. si la conferencia aparece vinculada íntim am ente a la forma. el coloquio puede desenvolverse más librem en­ te. en su caso. sobre todo en los diálogos en los que Cicerón —después de un experim ento tem ­ prano en el De legibus — emplea con rigor consecuente la form a de un colo­ quio totalm ente dram atizado. De senectute. De divinatione). Brutus. De legibus. De senectute y De amicitia. se deriva luego el problem a propiam ente dicho. tam bién en los otros diálogos se abandona una y otra vez —y en parte de m anera plenam ente consciente— el vaivén socrático del diálo­ go en pro del adoctrinam iento o de la disputa polémica. que él cita en cada caso concre­ to. pueden rastrearse influen­ . relativizados desde el punto de vista académ ico en el orden consecutivo tesis-antítesis (Académica.232 Literatura universal Los coloquios mismos se desarrollan en general de acuerdo con un es­ quema determ inado. después el estoico. De natura deorum. no encuadrado ya en textos interm e­ dios (Tusculanae. de conte­ nido y forma. Por su contenido pueden dis­ tinguirse tres tipos de diálogo: allí donde una tesis determ inada no limita más estrecham ente el tema.

siem pre perm anece form alm ente fiel a su m aestro Filón. sino tam bién sometidos a nuevas combinaciones./r? /!— *i~.. es combatido como fuerza desintregradora en el terreno político-social. ) n t t í l ’t ffO te f r * t K r . que combinaba elementos académicos.f iin u t’ iV itc v m t f r tw m V f A H iera fi ur A rrfit V x n ra/c’ epnptu-JIU rbt& tv X nnoT e ¡ren Atríiócw n} irtu n A Wv>) ■ p vn*fíi/bTie z4 p t* J tfamou pnríViiíbjfe1 Ifñ & u C c .. Así. peripatéticos y estoicos.° de las Tusculanae. Si Cicerón utiliza contra la Stoa argum entos de la escuela escéptica. peripatéticas en el Horten­ sius (Aristóteles). conduce en sus resultados últim os a una posición que no está muy alejada del eclecticismo sistem ático de un Antíoco. París. m ediante pruebas y ejemplos romanos.á ín c u ^ t rw c o ^ iw s ^ p t u & V Y t) ¿ a n f i ó n c m f _er~_ .—— M uynuüa yfn>rct. xmm m * r »V iS m t. .a í U e n n ( n f b n A ía n * a C f ñ tA n M * y n it a e c ri* ií£ » d i b m m t c ^ r i t r m Iv tr . La posición fundam ental de Cicerón puede ser situada J 3 c u k o ~ J iiC u > b i p i c n r f i \xxan m C t ' M ftu llefufbtC enti&ic cmífbtntbu»yw nJtC . estoicas en el libro 2.c t r f . Bibliothéque Nationale.. . que se había constituido con Panecio en el medio am biente rom ano del siglo ii y había logrado hacer escuela desde entonces.-m i*»/ t)t. x i ¡ ^ c C t tt n a m r m y C c r a .. También en la tarea de estilización intencional. «retórica». ordena­ dos librem ente y adaptados..(•U -t* H > tjhí fine wtw Jitw jc V '’ . la doctrina de la vía al goce individual del placer.. en el De senectute y el De amicitia. María. fol. habrá tenido Cicerón ante todo y sobre todo a su público ante los ojos.1twmilií cr ttnvrenn/tM cW u iA Ctoíi SxCfauintae Mk vofhtCMm’ c t facuCc c rp iw tuyion < mrnSÍM proum \.11«ufÍdwvo > n « .. Los pensam ientos de los modelos griegos son no sólo elegidos de m ane­ ra independiente. una dirección que ganaba cada vez m ás adeptos precisam ente entre la genera­ ción de Cicerón. y la influencia de Antíoco. Sanctus y Victor y San Agus­ tín.u tir4 . esta franqueza posee negativam ente sus límites allí donde el epicureism o. a la óptica del público ciceroniano hasta tal punto. entre los anagra­ mas de Cristo.ipitctt) ia rtt u m t n t f c n r •. la bús­ queda de una verdad relativa. Codex Latinus 15084. De officiis 1-2 (Panecio) y De divinatione (Posidonio).. de Antíoco o del Perípato. 1 v..C luZ ttte ¿ t m t r t*?. r m$c ywrvtvnContjc tte"4 mu UCa .Cicerón y la prosa literaria republicana 233 cias de la Academia en la Consolatio (Crántor). a <nu* te iliirni tr u ja n te tffiti yojfc 'O f W Cvc cñd ffne tp u n c »r AnW© y fiin *c*n»>r ruco Coco itiflbir.CA ^rr' <M U . que deja abierta la posibilidad de elección.m Ej^Q xnrto' • ^T- positivam ente en el campo de tensiones entre un estoicismo m oderado. . proce­ dente del convento de agustinos Saint Victor. f ie r o m n * \xC t ) ( r i n w £ ¿ f i ia c a r S ) t f iiiiv -v c f f u C u u t iL t t tp tH VyxK m i' (n ft& yiA1 4 1 M anuscrito francés de com ienzos del siglo xv. cuyo blasón figura en el borde inferior. hubo de resultar estéril en muchos modos. que el intento de escudriñar con exactitud la «fuente» y de reconstruirla.cespfhühie Í eyyn irtcntficftrtJW w * fiar.. sustancialm ente.

hasta donde han penetrado en nuestro vocabulario. el diálogo. de su stitu ir palabras griegas por vocablos latinos usua­ les o por traducciones propias con vocablos prestados —lo que constituye una de sus más im portantes novedades para el desarrollo de la term inolo­ gía filosófica latin a— encuadra muy bien en la continuidad de la Latinitas. debería por el contrario —quizás injustam ente— interesar hoy a m uy pocos. lo oscuro de la situación política. Si consideram os el contenido. orientada estilísticam ente. aquí sólo habría que citar la tradición del poema didáctico filosófico-natural que va desde Ennio hasta Lucrecio. al comien­ zo del quinto libro de las Tusculanae. y la crítica de Cicerón. los teológicos (De na- . los escritos que más han perdido el interés general son. de las tendencias p u ristas que troquelaron la evolución de la prosa litera­ ria latina. con m ayor vigor aún. Sin embargo. sobre todo si pensam os en la naturalidad con la que se dispone a reto rn ar a la política activa después de los idus de m arzo. Bien puede dudarse que haya encon­ trado verdaderam ente la paz y el sosiego interior en la producción casi apresurada e inquieta de los años 46 al 44. em prendido sistemáticamente. la Edad Media y el Hum anis­ mo. en lengua latina y con terminología especializada latina o latinizada. Cicerón se dedica en este tiempo a la filosofía como poder en la vida. lógicamente. Lo que ofreció Cicerón fren­ te a los experim entos aislados de un Nigidio Fígulo.234 Literatura universal Esta relativa originalidad salta más claram ente aún a la vista si com para­ mos las obras filosóficas de Cicerón con la literatu ra filosófica en lengua latina anterior a él o contem poránea suya. Si contem plam os hoy dicha obra. En realidad. una tendencia ésta que culmina en la gran invocación. sólo la Antigüedad tard ía y. nos resultan hoy familiares y obvios (una prueba de su calidad). con­ tra determ inados autores latinos de la escuela epicúrea parece haber res­ pondido a una opinión pública muy difundida. el empeño. la literatu ra ética era leída principalm ente en los originales griegos. Cicerón aduce contra dicha crítica el peso de móviles personales. era una exposición general de la filosofía helenística. En realidad. que tiene casi el aspecto de una plegaria. Junto a las m otivaciones objetivas. los resultados de sus empeños term inoló­ gicos. De todos modos. y puede por ello ser interpretado asimismo como gesto dirigido a su público. estas oscilaciones carecen de relevancia para la calidad y el rango intelectual de la obra. un Bruto o un Varrón. parecen haber aceptado el reto que irradiaba de su obra filosófica. centrada en el terre ­ no ético y envuelta en el m anto del diálogo literario. en cuanto vehí­ culo de la reflexión teórica. La acerba crítica con que la labor filosófica de Cicerón fue atacada por los círculos conservadores se trasluce de las páginas de los prefacios ante­ puestos a sus obras filosóficas tardías. que le impulsa a buscar consuelo en la filosofía. que no perm ite descubrir ninguna otra ocupación digna de entrega y la tristeza por la m uerte de su hija Tulia.

Ziegler. «Cicerone e il neoterismo». volume com plémentaire. Milán-Génova. K. Oxford. las dos pequeñas obras De amicitia y De senectute. De divinatione) y los ético-dogmáticos (Paradoxa. Ciaceri.A Political Biography. Duoglas. Gagliardi. tomo 121). 41927. Indicaciones bibliográficas Vita D. K. Radke. 269-287. Oxford. Laurand. Cicero. Bringmann. Smith. Reihe. por G.K. Cicero . K. Londres. 1968. Cicero . Büchner.K. Cicéron. tomo 2). Cuad. el interesado prácticam ente. Cicerone e i suoi tempi. Shackleton Bailey. Vida y obra P. Cambridge. Büchner. en su pretensión teórica. el filósofo interesado por cuestiones teóricas hallará hoy aún estím ulo e incitación en las Académica y en el De fato. M erecen atención. 29). Boyancé. col. M. Kroll . 1970. cuad. Die romische Literatur in der Zeit der Republik (Handbuch der Altertum sw issenschaft. Études sur l'hum anism e cicéronien (Collection Latom us. Cicero (Greece and Rome: New Surveys in the Classics. 31939. por G. Bruselas. que se encuentran. Por último. 1. Londres. ed. Cicero the Statesm an. 2 tomos. Plasberg. al m argen de la obra filosófica de Cicerón. Obras poéticas D. 21939-1941. Cicerone e la crisi della repubblica romana (Collana di Studi Ciceroniani. Geschichte der róm ischen Literatur bis zum Gesetzgebungswerk des Kaisers Justinian. 8. y la hallan hoy como antaño. 1966. París.Cicerón y la prosa literaria republicana 235 tura deorum.a parte. por T. Leipzig. Schanz . 2. ed. 1971. O. Wiesbaden. Por el contrario. tomo 7 A. en el De officiis. 1. 1964. D. E. E. 1971. «Cicero in seinen Werken und Briefen» (Das Erbe der Alten. Munich. que analiza una larga serie de situaciones conflictivas de carácter hético de la mano de un sinnú­ mero de ejemplos y con relativa franqueza. y adem ás el De officiis. W issowa . 1 (1939). págs. Cicero. R. 1968. Ai. Tullius Cicero. 400-550.W.Ein biographischer Versuch. M. ed. pero que nos inducen todavía a una tom a de posición. L. Kroll . Kumaniecki. Gotinga. Hosius.R. . 96 (1968). E. Berlín. siem pre y cuando se destaque y cristalice su condicionam iento político y social con mayor claridad d e jo que ha sucedido por lo común hasta ahora. págs.W. París. Roma. en Rivista di Filología e d'Istruzione Classica. M. A. Dorey. Stockton.a parte). 827-1274. Untersuchungen zum spáten Cicero (H ypom nem ata. 1971. De finibus.Ein Mensch seiner Zeit. 11). en Paulys Realencyclopádie der classischen A ltertum sw issenschaft. A. Gelzer . Philippson . R. dada su autenticidad situacional. Cicero . Cicero . 1964. 21938. tomo 5). Gelzer.Bestand und W andel seiner geistigen Welt. Abteilung. 1969. Tusculanae). 1972 (el original polaco 1959). 1926. Heidelberg. vale sin duda la pena enfrentarse aún hoy analíticam ente con el modelo político expuesto en el De re publica y en el De legibus.C.

72 (1965). tomo 2). O ddzial w Krakow ie. 1 (1966). D. filium und die Anfange der róm ischen Briefliteratur». págs. Schmidt.. Amsterdam. Malcovati. 1968. en Hermes. 7 tom os (Cambridge Classical Texts and Com mentaries. Cugusi. tomos 1-4. — A. De Ciceronis epistulis deperditis. tomo 1. Berlín. ed. 1963. G. 1937. Burck. por H. «Cicerone e la poesía». 183-216. 2).. Douglas. Oratorum Rom anorum fragm enta liberae rei publicae. Princeton. Wiss. P. 21966. 300 (A H istory of Rheto­ ric. Bonner. P hilhist. Eingeleitet. Discursos S. 4 tom os. 1970-71 (De 7 tom os proyectados. Gigon. 175-200. Douglas. en Greece and Rome Ser. Barwick. tomo 27. D. 9 (1962). Clarke. en Der altsprachliche Unterricht. Epistolographi L atini Minores. Marcus Tullius Cicero: Sam tliche Reden. en Aufstieg und Niedergang der róm ischen Welt. 1966. por K. L. A. C. «Catos E pistula ad M. 2. «Das rednerische Bildungsideal Ciceros». A. d. E. ed. tomo 3). Fuchs. Munich. págs. K l. Das neue Cicerobild (Wege der Forschung. ya que en el artículo de Gelzer los discur­ sos no son objeto de tratamiento propio). Amsterdam. Melbourne. Harder y W. 13 (1943). Cartas Cicero's Letters to Atticus. «Ciceros rhetorische Schriften». Würzburg. His­ torians and Philosophers. The Intellectual Background of Cicero's Rhetorica — A Stu dy in Method. por D. tom os 3-9). Zürich. 95-138. 54 (1963). Darmstadt. R. Reihe 9. «Senatsreden und Volksreden bei Cicero» (K ieler Arbeiten zur klassischen Philologie. Breslau. Akad. Retórica K. 1964. M. Fuhrmann. 1972. págs. Orationis R a tio — The Stylistic Theories and Practice of the Rom án Orators. 100 (1972). L. 1973. Obras filosóficas W. Neumeister. 1-2.236 Literatura universal E. Londres. en M onum entum Chiloniense — Studien zur augusteischen Zeit (Festschrift für E. 1971. D. R. Laurand. 1970. Ciceronis epistularum fragmenta (Polska Ak. 568-576. Burkert. . Hunt. É tudes su r le style des discours de Cicéron. G rundsátze der forensischen R hetorik gezeigt an Gerichtsreden Ciceros (Langue et Parole. Shackleton Bailey. págs. 41-51. tom o 1. por P. E. 3. The H um anism of Cicero. K. Mack. «Cicero ais Platoniker und Skeptiker — Zum Platonverstándnis der ‘Neuen Akademie’». ed. Nauk. Malcovati. importantes sobre todo los ensayos de H. en Gym nasium . 2 tom os. 9). 416-464. im prescindibles a causa de la introduc­ ción y de los com entarios previos a cada discurso. Weyssenhoff. Rhetoric at Rom e — A H istorical Survey. en Fifty Years (and Twelve) of Classical Scholarship. págs. Turín. 1933. 1954. with Introduction and Notes by W. Cambridge. The Art of R hetoric in the Rom án W orld 300 B. 1965-1970. Fidol. París. Kennedy. 3. F. Cuad. 98-128. págs. 7. Turín. W. Cuad. E. The Poems of Cicero. d. ed. ed. Die Anfange der institutionellen R hetorik in Rom. en Annali delta Facoltá di Lettere e di Filosofía della Universitá di Cagliari. 1974. 41936-40. C. 233-284. págs. en Abh. Ewbank. págs. Süss). «Platonis Aemulus?». Leeman. Büchner. Londres. Oxford. Klas. sáchs. 31967. Prace Kom . P. O. L. Schmidt. L. Burck). C. H. 1970. übersetzt und erláutert von M. «Román Oratory». A.

1858.u. Wz'ss. d. wiss. Mainz. . en Abh. d.. Ruch. tomo 136). tomo 4).Cicerón y la prosa literaria republicana 237 M. 1969. Schmidt. Akad. soz. 1965. P. Kl. Le préam bule dans les oeuvres philosophiques de Cicéron — Essai sur la genése et l’ a rt du dialogue (Publications de la Faculté des Lettres de l ’Université de Strasbourg. W. París. Süss. Cicero — Eine Einführung in seine philosophischen Schriften (con exclusión de las obras de filosofía política). 5. Roma. L. Die Abfassungszeit von Ciceros Schrift über die Gesetze (Collana di Studi Ciceroniani. Geistes.

un m a­ nual didáctico so b re la m edicina (Celso). Podría p ro lo n g arse e sta lista si se añadiese a ella un sinnúm ero de tr a ­ bajos filológicos. un tipo de form ación cu ltu ra l que se co n cen trab a fu e rte ­ m ente sobre los te m a s re tó ric o -lite rario s y el m anejo p rá ctico del lenguaje. un esc ri­ to sobre artim añ a s b élicas y un tra ta d o sobre el su m in istro de agua a Ro­ m a (Frontino). sino que e sta ­ ban condicionadas p o r la « cu ltu ra general» com ún y co rrien te desde la República tard ía . lite ra tu ra escolar sobre todo: Asconio Pediano escribió un com entario h istó ric o —conservado sólo en p a rte — sobre los discursos de Cicerón. p o r últim o. u n a en ciclo p edia de las ciencias n atu ra le s (Plinio el Viejo). los m anuales del llam ado A uctor ad Herennium y del joven C icerón (De inventione) e incluso la In stitu tio oratoria de Q uintiliano. un tal H iginio com puso un m anual m itológico y u n a o b ra sobre las estrellas y la a stro lo g ía (De astronomía). sino de todo el re sto de lite ra tu ra científica o especiali­ zada de los rom anos: tres o b ras sobre la agronom ía (Catón. Columela). u n libro de cocina (Apicio). p orque estas obras no sirvieron al a d o c trin a m ie n to o in stru cció n profesionales. . p arte s de u n a o b ra sobre la lengua latin a (Varrón). P odría am p liarse esta lista aú n m ás si se incluye­ sen en ella los e s c rito s retóricos.LA LITERATURA CIENTÍFICA ROMANA M anfred F uhrm ann Generalidades En este cap ítu lo no vam os a tr a ta r de la ciencia ro m an a p o r excelencia. u n a o b ra sobre la técnica de la co n stru c ció n y la ingeniería (Vitrubio). u n a o b ra de ocasión difícilm ente clasificable acerca de los días de nacim iento o cum pleaños (Censorino). V arrón. un bosquejo geográfico (Pom ponio Mela). un diccionario con explicaciones de vocablos antiguos y en desuso (Verrio Flaco/Festo). u n a colección de recetas (E scribonio Largo). así com o. la Ju risp ru d en cia. M as de todo ello hem os prescindido. T erencio E scau ro y o tro s tra ta ro n sobre la o rto g ra fía en el latín. P orfirio explicó con fines d id ácti­ cos las o b ras de H o racio.

d. O tra ren u n cia que hace p e sa r sus consecuencias en la p re sen te lim ita­ ción de la categ o ría « lite ra tu ra científica rom ana» no puede se r expuesta de m an era con cep tual —m ed ian te el re c u rso a los d iferen tes fines propios de la form ación «general» y «especializada»—.— en versión rig u ro sa m e n te abrev iad a o defo rm ad a de m il m an eras. téc­ nicos o científicos. de las an tig ü ed ad es lite ra ria s o m onum entales rom anas. no fue siem p re cu id ad a y con serv ad a tan m eticulosam ente com o la poe­ sía o la p ro sa «elevada». a las Disciplinae de V arrón. con seguridad. que exponen su m a te ria fu n d am en tal —tra ta d o s de los si­ glos i y ii d. La lite ra tu ra especializada. d. perten ecen tam b ién a este contexto las enciclope­ dias de la A ntigüedad ta rd ía m ism a: la o b ra de M arciano C apella (siglo v) debe m uchísim o. de los ex p erto s rom anos en la m edición de su p e r­ ficies. Los p arad ig m as conservados h a sta hoy de la lite ra tu ra científica ro m an a no co n stitu y en p o r ello m ism o la to talid a d de cu an to sabem os sobre los conocim ientos especializados. las o b ras de C icerón. el « arte bélico» (Epitom a rei m ilitaris) de Vegecio R enato (hacia el 400 d. En efecto. o b ra que tiene u n a fin alid ad de dem o stració n filosófica. desde luego. Un ejem plo sería —si se tom a la cosa con ex a c titu d — el libro de cocina de Apicio: la o b ra recibió su fo rm a actual en el siglo m o iv. la re tó ric a y los com en­ tario s so b re los p o etas rom anos (el caudaloso núm ero de las o b ra s a n ti­ guas de este género se b asa en gran p a rte sobre p recedentes antiguos no conservados).La literatura científica romana 239 Por ú ltim o hem os dejado a un lado asim ism o las N aturales quaestiones de Séneca. pero rige tam bién p a ra las disciplinas técnicas y científicas pro p iam en te dichas. «Ciencia rom ana» es —con excepción de la J u ris p ru d e n c ia — casi una contradictio in adjecto. p o r ejem plo. el esp íritu de investigación se sen tía m o­ vido en R om a (sobre todo cuando se tra ta b a del propio pasado histórico. y se explica asim ism o que contenidos m ás o m enos cons­ tan tes p u d iera n p a sa r de u n a o b ra a o tra. Por últim o. de la A ntigüedad rom ana: algunas ob ras p erd id a s en el original han llegado h asta n o so tro s —au n q u e con u n a form a d is tin ta — a trav és de in term ed iario s de la A ntigüedad tard ía . O tro ejem plo son los esc ri­ tos de los ag rim ensores. p a ra la g ram ática. E sto rige en p rim e r lu g ar p a ra la lite ra tu ra escolar. de H oracio o de Séneca. técnica o científi­ ca. De este m odo se explican los ex tracto s y los resúm enes. los Origines de Isidoro de Sevilla (siglo vil) deben su m ateria l —sea de form a m ediata o in m ed iata— en tre o tras fu en tes a la lite ra tu ra especializada rom ana. y e stá condicionada p o r el estad o de la trad ició n escrita. lo que hab ía ex p resad o el a u to r de u n escrito técnico no era con siderado com o su p ro p ied a d en la m ism a m edida que. y no se sen tía in­ . y sobre todo en los m anuales co rresp o n d ien tes de Celso y F rontino. C. Y un ejem plo es. com o las ad ap tacio n es ab rev ia­ das o am pliadas. que sólo son conocidos a trav é s de colecciones y epítom es de la Anti­ güedad tard ía . C.): lo que aquí leem os se b asa to ta l­ m ente en lite ra tu ra an terio r. p e rd id a p a ra nosotros.

Lachmann . ya el sim ple volum en ex terio r evidencia a cuál de am bos cam pos p erten ece la o b ra de que se tra ta . p o r el co n trario . tam poco existe un a ex p osición v erd ad eram en te seria de la astronom ía. en la h isto rio g rafía. la agronom ía. por F. 1 Cf. sobre todo las de c a rá c te r m atem ático. n o ofrece u n a elección p ro p o rcio n ad a y e q u ilib rad a de la to talid ad de la cien c ia helénica: con resp ecto a c ie rta s m aterias. jam ás se intentó lo propio con re sp e c to a la lite ra tu ra científica y técnica. Rudorff. en Die Schriften der róm ischen Feldmesser. 4. logrando c re a r realm en te obras. La ap lica b ilid ad p rá c tic a o la satisfacción de la curiositas: de acuerdo con estos dos c rite rio s puede dividirse la lite ra tu ra científica ro m an a en dos dom inios. y m ien tras se in ten tó co m p etir con los griegos en todos los terren o s de la lite ra tu ra —en la poesía. en las ob ras so b re ag ricu l­ tu ra y a rq u ite c tu ra halla en tra d a. si no p ariguales a las helénicas. m ás que u n eco y u n a copia de la ciencia y el s a b e r especializado griegos. Vitrubio. sobre to d o la personal del au to r. que fu ero n sim plem ente aplicados al nuevo m a­ terial p or los a u to re s rom anos. lo que nos p re sen ta la lite ra tu ra científica ro m an a no es. 100 y ss. la experiencia p rá ctica rom ana. Balbo. 5. Y tom aron adem ás cu an to e x c ita b a su curiosidad: la geografía y las ciencias n a tu ra le s descriptivas. perm aneció arcan o p a ra ellos. y un p ar de escuálidos co n cep to s fu n d am en tales de geom etría en B albo ’. Berlín. . tomo 1. 1848. Sin em bargo. p ero los problem as. págs. Todo lo ab stra cto . sí al m enos de insólito rango y calidad.240 Literatura universal teresad o en lo m ás m ínim o p o r c u a lq u ie r teoría). los m étodos y las fo r­ m as de exposición p roceden en tal caso de la ciencia helenística. De este m odo faltan la a ritm é ti­ ca y la óptica. Los p arad ig m as c o rre sp o n d ie n te s se conform an aquí con un volum en de. Tal es el caso. algo sobre teo ría m usical hallam os en V itrubio. El catálogo de los escrito s rom anos de c a rá c te r científico. El terren o de las obras d e stin a d a s a fines p ráctico s es el m ejor re p resen ta d o de am bos. De architectura. aquí con­ cretam ente de la filología.K. so b re todo. Blum e . u n catálogo que ab arca desde C atón h a sta C ensorino y se extiende a m ás de tre s siglos y medio. no q u ería n co m prom eterse los escrito res rom anos ni tan siq u ie ra com o m ediadores. Por ello. p o r el co n trario . p o r los problem as m ate­ m áticos o cien tífico -n atu rales. Los rom anos adoptaron su sta n c ia lm e n te sólo aquello que ad m itía u n a aplicación p rá c ti­ ca: la m edicina. En ocasiones los contenidos son p uram ente rom anos: así en la o b ra de V arrón sobre la lengua latin a y en el diccionario de V errio Flaco. la lite ra tu ra esp ecializad a ro m an a ac o stu m b ra a c ita r con todo cuidado y m inuciosidad —ju n to a eventuales an tecedentes ro m an o s— las fuentes griegas utilizadas. de los escrito s sobre m ed icin a y ciencias n atu ra les. ed. en g ran p arte. En R om a no se ocultó jam ás e sta situación.A. la a rq u ite c tu ra y la m ecánica. en la filoso­ fía y en la elo cu en cia—. p o r lo com ún. refleja p o r tan to el estad o respectivo de los conocim ientos g rie­ gos.

y p o r últim o d isciplinas p u ra m e n te teóricas cuando. T am bién aquí disponían griegos y rom anos de la posibilidad de defin ir con un solo concepto el com plejo to ta l realm en te m entado. en ocasiones —p o r ejem plo en V arrón. los tres escrito s agronóm icos. las obras de V itru b io y Celso. la en erg ía y la capacidad de asim ilación de quien aprendía. Los griegos y rom anos designaban tales actividades o profesiones (lo m ism o si se b a sa b a n poco o m ucho en la cien­ cia) con u n a p alab ra: con el concepto de tékh n e o ars. y adem ás las ciencias p rá cticas. el escrito teórico de Frontino se ha perdido. y en general lo de tiem pos rem otos. en conocim ientos cien tí­ ficos. Aquí no era preciso to m ar en consideración el tiem ­ po. 10 «libros» a n tig u o s 2. y podía e sc rib ir tan d ila ta d a o tan su cin tam en ­ te com o se le antojase. el a u to r ofrecía un texto de lectu ra. V errio Flaco y Plinio— es inm enso. 1. que servían de guía p a ra p ro d u c ir algo. Res rusticae. 250. p ro p o rcio n ab an el conocim iento de p ro ced im ien to s con los que se po­ día o p e ra r y que p odían ser aplicados. ya que el térm in o de 2 En el caso de Columela. b o tá ­ nico. Q uieren co­ m u n icar conocim ientos. pero conocim ientos que no pueden se r aplicados de m an era inm ediata. V. Los dos últim os libros poseen el carácter de apéndices. y tienen u n a función de consejeros p a ra d eterm in a d as activida­ des hu m an as. de todos m odos. ni siq u iera en el cálculo m atem ático. con un concepto. están escrito s p o r así decirlo en im ­ perativo. 253. más abajo. Todas las dem ás o bras perten ecen al segundo cam po de la lite ra tu ra científica rom ana. no se b asan solam ente. p o r así decirlo. p o r tanto. lo zoológico. pág. que incluía la h isto ria.La literatura científica romana 241 todo lo m ás. la colección de recetas. v. 4 Así expresamente Varrón. com o es fácil ver. artes \ y pu ed en llevar en su títu lo el con­ cepto de ars. Así. doce. del indicativo. no son de c a rá c te r preceptivo. Exponen al lecto r cosas lejanas en el tiem po o en el espacio. sino descriptivo. Su volum en ex terno v aría co n siderablem ente. Las ob ras de este te rre n o se sirven. sino que com binan conocim ientos y experiencias o se lim itan a re u n ir lo que se ha a c red itad o com o bueno y útil y p o d ría serlo una vez m ás en u n nuevo caso sem ejante. lo geográfico. el libro de cocina y los Strategem ata («Ardides de guerra») de F ro n tin o 3. De ello re su lta el tipo de o b jetos que h allaro n acogida en este género de escritos: lo arq u eo ­ lógico. Las actividades p a ra las que qu iere im p a rtir en señanzas e indicaciones elem entales este tipo de escritos técnicos. etc. Los escrito s científicos del p rim er cam po re p resen ta n . en o tra s —com o en Pom ponio Mela y C ensorino— reducido. pág. p o r ejem plo. . y ap u n tan a la satisfacción de la curiositas. 1. 3. 3 En los Ardides de guerra se dan los consejos por m edio de ejemplos. o bien p ro c u ra n d arle a co nocer u n a n atu ra leza desconocida o poco conocida. Como artes eran co n sid erad o s los oficios m an u ales y las h ab ilid ad es técnicas. com o en el caso de las m a tem áti­ cas.

aunque. cad a esp ecie en subespecies. Los esc rito res científicos rom anos p ro c u ra ro n c u m p lir con am bas exigencias. se an tep o n ía a cada cam po te­ m ático una clasificación.242 Literatura universal historia en c ie rra tam b ién dicho sentido. la de un Colum ela. Por últim o. E ste principio procedía de la re tó ri­ ca. y en los escrito s m édicos . Se em ­ pleaban siem pre. Una ord en ació n c la ra de la m a te ria e ra algo. y puede cu m p lir este objetivo de fo rm a óp tim a si se sirve tan to de un estilo claro como de u n a e s tru c tu ra tra n s p a re n te y sistem ática. si dejam os a un lado a Catón. los escrito s de este tipo. O bien se re n u n ciab a a una exposición co n tin u a y se elegía el o rd en léxico p u ra m e n te m ecánico. E ntre las o b ras de la lite ra tu ra científica rom ana se aju stan p rin cip a lm en ­ te a estos fu n d a m e n to s los escrito s de V arrón. sobre todo en . en las que sólo era preciso a te ­ nerse e stricta m e n te a las fuentes. Si un tem a determ inado se h u rta b a de p o r sí a u n a rígida ordenación sistem ática. se tra ta se de los re su ltad o s de esfuerzos investigadores ajenos. El p rocedim iento fue aplicado en la épo­ ca helenística a u n a serie de disciplinas. a la que luego se aten ía m inuciosam ente la expo­ sición. en cierto m odo. pues. Lo que d ifu n d ían . De este modo. siem ­ pre se podía in te n ta r re su m ir los detalles concretos en grupos. cada género en especies. etc. V itrubio y Celso. y a p esa r de e sta ten d en cia general com ún a todos. en d ete rm in a d a s d isciplinas hab ían ganado c a rta de n atu ra leza ciertos esquem as trad ic io n a le s. e n tre los esc rito res científicos rom anos. obvio p a ra todas las d iscip lin as im p o rtad as de Grecia. los rhetores a c o stu m b ra b a n a exponer su teo ría com o un edificio doc­ trinal de am plias ram ificaciones.. se definían con el m áxim o rig o r posible todos los térm in o s técnicos. de acuerdo con este p rin cip io procedieron. com o es el caso de Pom ponio M ela o de Plinio. d iferen cias b a s ta n te considerables: la dicción de un V arrón o un Plinio es d esm añ a d a y ásp era. Toda lite ra tu ra científica q u iere e n se ñ ar y d ifu n d ir conocim ientos. suave y elegante. p o r el co n trario . el «arcaico» e n tre ellos. m uy de acu erd o con la m a te ria tra ta d a — V errio Flaco. c u a n d o se exponía u n a m a te ria científica com o sistem a. aunque signifique en rig o r «inves­ tigación». El prin cip io clasificad o r m ás im p o rtan te de que solía h a c e rse uso es el sistem a. sin em bargo.escrito s utilizados en la enseñanza e sc o la r o en la elem ental de los no profesionales. las m ism as operaciones: el todo e ra dividido en géneros. P or lo com ún no tenían la am bi­ ción —com o solía s e r el caso e n tre los h isto ria d o re s— de c a u sa r sensación m ediante un estilo re b u scad o y c a u tiv a r así a sus lectores. Las obras conservadas p ro clam an . com o hizo en tre los rom anos —por lo dem ás. en otros casos —com o en V arrón y V errio Flaco— podía tra ta rs e tam bién de los efuerzos científi­ cos propios. las direcciones y m odas de la p ro s a a rtístic a fu ero n p a ra ellos desconocidas. y p o r lo co­ m ún se c o n ten ta ro n con u n a expresión e sc rita so b ria y sencilla. Apicio y F rontino. e ra «investiga­ ción».

que un e sc rito r re d actase las llam a­ das enciclopedias. re tó ric a y dialéctica p o r un lado. E stos libri fueron u n a de las o b ras m ás fam osas de este erudito. la geom etría. sin em bargo. Algo m uy sem ejante m u e stra la lite ra tu ra geográfica: en ella se em pleaba g u sto sam ente el esquem a del periplo. la m edicina y la retó rica. El p rim er sucesor de Catón fue V arrón. adem ás de la M edicina. así com o la m edicina y la a rq u i­ tectu ra. E sta diferen cia en tre la lite ra tu ra científica griega y rom ana puede ex plicarse quizás p o r el hecho de que los rom anos recibieron los contenidos del sa b e r especializado en todos los te rre n o s com o algo ya dado y acabado. El concepto. El te rc e r enciclo p edista de la A ntigüedad rom ana. se seguía el ord en «de la cabeza a los talones» (a capite ad calcem). en todo caso. y p o r ello ten ían con resp ecto a dicho sa b e r u n a relación de c a rá c te r m ás p eriodístico. o b ras de conjunto que ofrecían in tro d u ccio n es elem en­ tales en toda un a serie de ciencias y técnicas. de v arias estre ch am en te relacio n ad as en tre sí. y con ello se m en tab a un sab er básico en las d isciplinas de las que fue constitu y én d o se poco a poco el canon de las llam adas artes liberales: la gram ática. en un libro cada uno. Las o bras de c a rá c te r enciclopédico de C atón y V arrón se han p erd id o ín teg ram ente. p o r así decirlo. la agronom ía.La literatura científica rom ana 243 que tra ta b a n de las dolencias y los procedim ientos de cu ració n que afecta­ ban a p a rte s del cu erp o concretas. el ideal «enciclopédico» n u n ca se concretó en tre los griegos en fo rm a de libros en­ ciclopédicos. las siete «artes liberales». y del m ism o m odo las Res rusticae de V arrón no proceden tam poco de los D isciplinarum libri. E n ky klio s paideia quiere decir algo así com o « instrucción gene­ ral». De la enciclopedia de Celso sólo ha sobrevivido al paso del tiem po la p a rte que tra ta de la m edicina. quizás tam b ién el a rte m ili­ ta r y la ju risp ru d en c ia. hallam os e sta o rdenación en las o b ras de Cel­ so y E scribonio Largo. y p o r o tro la aritm ética. sería desde luego exagerado calificar de enciclopedia sus Libri ad M arcum filium . es un hecho que expuso en secciones espe­ ciales la agronom ía. Pero h asta donde sabem os. En G recia. el a rte m ilita r y la filosofía. Celso. así com o en algunos libros de la N aturalis historia de Plinio. tra tó p ro b a b le­ m ente. Ya Catón nos ofrece esta varie­ d ad citada. se d escribían los diversos lugares en la serie sucesiva en que iban p re sen tán d o se al viaje­ ro a lo largo de su re co rrid o p o r la costa. que re d ac­ tó u n a au tén tica enciclopedia: los D isciplinarum libri expusieron. a saber. u n a sola analogía con un fenóm eno n ad a ra ro en Roma. . esto es. el e s c rito r científico solía ocu p arse tan sólo de u n a única disciplina. p o r supuesto. la re tó ric a. el escrito de C atón De agricultura no es idéntico a la p arte agronóm ica de los Libri ad filium . o cuando m ás. es griego. La trad ic ió n no nos d a a conocer. la astro n o m ía y la m úsica.

De todos m odos. p o r u n a p arte . etc. La fren te está m ás cerca que la nuca 5. la ún ica del siglo n a. acu d irás allí con m ayor gu sto y frecuencia. ofrece re cetas p a ra el ganado vacuno enferm o. que significa m ás o menos: «Ayúdate y te ayudaré». y al m ism o tiem po la o b ra en p ro sa m ás antigua en lengua lati­ na. si pu ed es v iv ir agradablem en te en el cam po. si e d ifica s bien y en b u en lugar. que el com ercio m arítim o o el negocio bancario. com o el p á rra fo citad o antes nos ha m ostrado. . con el volum en de un libro. Este lib ro de reg las no d elata todavía ningún sistem a.244 Las obras en p a rticular Literatura universal El escrito de C atón sobre la agronom ía (De agricultura). El co n ten id o de la o b ra no co rresp o n d e del todo a esta recom en­ dación. fo rm u lario s p a ra c o n tra­ tos y fó rm u las m ágicas. los barrotes de éstas d eb erán estar alejad os entre sí la d istan cia de un pie: si así lo d isp o­ nes. sino a los p ro p ieta rio s ru rales. respec­ tivam ente. Si tus vecinos te ven con agrad o venderás m ás fá cilm en te tu s prod u ctos. pues. En to d a esta m iscelánea encontram os tam bién ple­ garias y p re scrip cio n es p a ra sacrificios ritu ales. E d ificarás la casa de acuerd o con tu patrim onio. ca ren te de riesgos. 1-22) sigue un catálogo de las faenas ag rícolas (cap. 5 Expresión popular. en el e sc rito se tra slu c e claram en te que a la sazón se iniciaba ya a la especialización en m onocultivos (aceite. cada tem a con­ creto está tra ta d o p o r así decirlo con inm ediatez plena y en total aislam ien­ to con resp ecto a los dem ás. pues. podrás ofrecer tra­ bajo m ás fá c ilm en te y m ás fácil te será alqu ilar jornaleros. La in tro d u cció n p re s e n ta u n a faz del todo burguesa: el lucro que p ro d u ­ ce la a g ric u ltu ra es. la fin ca se hallará en m ejor estado. es la ú n ica o b ra de este a u to r que se ha conservado en su integridad. en una buena fin ca de labor. D espués sólo hallam os haces de preceptos y consejos del género m ás diverso. vino) según principios de explotación ca p ita lista . 23-55). al co n trario . el m ateria l parece e s ta r o rd e­ nado p or g ru p o s de contenido sim ilar: a los precep to s sobre la organiza­ ción y dotación de u n a finca rú stic a (cap. p a ra la cocción del pan. que q u iere ev id en tem en te m ovilizar viejos m ódulos tradicionales: la obra. tu s peon es no deberán c o m ete r atrop ello alguno. m ás o m enos así (capítulo 4): Procura q u e haya b u en os esta b lo s y b u en os p eseb res con rejas. no está destinada a los cam pesinos au tén tico s. el ganad o no ech ará afuera el forraje. que residen com únm ente en R om a y de vez en cuando acuden al cam po a v isita r sus fincas. C. tan to en el sentido so­ cial como económ ico. Sé am able con tus vecinos. p a ra h o m b res. y p o r o tra honesto. (hacia el 150). se harán m enos faltas y extrae­ rás m ayores gan a n cia s. que in v ierten su p atrim o n io en fincas rú sticas. Por lo dem ás. E stá e sc rita en u n lenguaje áspero y conciso. C atón se ocupa del cuidado y alim enta­ ción de los b ra c e ro s. del e stra to dom inante.

De las secciones dedicadas a la etim ología y a la flexión se o cu p ab an resp ectiv am en te tre s libros con p roblem as de c a rá c te r general y fu n d am en tal y o tro s tre s con cuestiones de detalle. las indicaciones de contenido en 7. una o b ra e sc rita cuando su au to r co n tab a ochenta años (hacia el año 36 a.) está in teg ra d a p o r tres libros. la flexión y la sintaxis 6.La literatura científica rom ana 245 El tra b a jo de V arró n sobre la lengua latin a (De lingua Latina) ten ía o ri­ g in ariam en te u n a extensión de 25 libros. en las que se exponían y co m entaban la etim ología. c o n tra ella. ord en ad o s p o r g rupos de p a­ lab ras según su significación. y re d a c ta d a en la form a relativ am en te am biciosa de diálo­ go. d. de los que se h an conservado ex­ clusivam ente los lib ro s 5 al 10 (hacia el 44 a. Comien­ zos del siglo ni d. C. 6 y 12 lib ro s resp ectiv a­ m ente. C. 109 y s. en los libros 5 al 7. C. Museo. Franjas tercera y cuarta: faenas in­ vernales en el viñedo. Franja superior: arado y des­ menuzamiento de glebas. El escrito de V arrón sobre la a g ric u ltu ra (Res rusticae). Cherchel (Afri­ ca). D espués se inicia la p a rte general de la teo­ ría de la flexión g ram atical. Así. en favor suyo y sobre ella. V arró n explica lo que puede o b jetarse c o n tra los p rin cip io s de la analogía y de la anom alía y lo que puede decirse sobre la analogía (libros 8-10). que finge aquí re fle ja r tre s coloquios e n tre perso n ajes d istin to s en cada 6 V.). La o b ra e sta b a in teg ra d a p o r un lib ro in tro d u c to rio y tre s secciones de 6. conservados. los lib ro s 2 al 4 co n tenían reflexiones teó ricas sobre la etim ología: lo que puede ad u cirse Fragmento de un mosaico del suelo con escenas de la vida campesina. Franja segun­ da: sembrado y sobrearado de la simien­ te. siguen las etim ologías de vocablos concretos. .

etc. caracoles. la b ú sq u ed a y hallazgo de agua y las conducciones de é sta (libro 8). sin em bargo. el 2. al m enos. pe­ ces. el diccionario De verborum significatu. d. hacia el año 22 a. la única de su género que se ha conservado desde la A ntigüedad. los m ateriales de co n stru c ció n (libro 2. p a ra fo rm a r un trío que. venerase sobre to d a cosa los grandes comienzos de la h is to ria ro m an a así com o la te m p ra n a y m edia R epública. Lo m ism o que V arrón dirigió su aten ció n especial al pasado h istó rico rom ano. el jónico y el co rin tio — (libros 3-4). C. las casas p riv ad a s (libros 6-7). esto es. la o b ra e stá bien y claram en te d isp u esta y la explicación sigue un decurso ad ecu ado. y publicó su o b ra sobre la co n stru cció n y la ingeniería (De architectura. lo m ism o que V a rró n y Livio. la c ría de anim ales que e ra p ra c tic a d a en las cercan ías de la finca: se tra ta de la cría de bocados exquisitos. p o día s o p o rta r el cotejo con V arrón y Livio h asta en lo que respecta al volum en externo. el dórico. no puede p or m enos de en salzar este lujo com o fuente de elevados ingresos (3. M.) p re p a ró un resum en en veinte libros. contiene num erosos vulgarism os y es en ocasiones dem asiado rebuscado. V itrubio era in g eniero m ilitar bajo C ésar y A ugusto. e n tre otros. El escrito com ienza con la form ación profesional del a rq u ite cto y con los conceptos estético s fu n d am en tales de la a rq u ite c tu ra (1. los tre s «estilos». tales com o pájaros. Su o b ra principal.). 15 y s. con V arrón y Livio. la ex­ plicación de vocablos an ticu ad o s (glosografía). El lenguaje. h asta el p u n to de que se le p o d ría su m ar.°). u n a síntesis concluyente de lo que u na trad ició n ce n te n aria de investigaciones arqueológico-lingüísticas había logrado estab le cer. en 10 libros).° —porque el tem a apenas si h a sido objeto de atención h a sta en to n ces— y se enreda precisam ente aquí en u n a grave contradicción: él. tra ta se­ guidam ente el tra z a d o de las ciudades (restos conservados del libro 1.°). y este resum en fue objeto a su vez de u n a nueva reducción por el longobardo Paulo Diáco- .246 Literatura universal caso y con un escen ario d istin to tam bién en cada ocasión. seco. Lo m ism o que la o b ra de V arrón y de Livio resu ltó dem asido v o lu m in o sa p a ra la posteridad: un tal Pom peyo Festo (sin duda del siglo ii d. los relojes (libro 9) y su co n strucción así como la co n stru c ció n de m áquinas (libro 10). 2. con cin cu en ta lib ro s.° de la g an a d ería y el terc ero de la llam ada villatica pastio. los edificios religiosos y de culto —una sección ésta en la que se describen. C.° tra ta de la labranza. los edificios públicos (libro 5). V errio Flaco e ra un fam oso filólogo de la época clásica. 1-2). V errio ofreció en un te rre n o especial. Cada libro constituye una unidad. Augusto le confió la ed u cación de sus nietos Gayo y Lucio. el a d m ira d o r de los di­ chosos tiem pos an tig u o s y fiscal acerbo del lujo de su época presente. V arrón se prom ete m ucho y bueno del libro 3. en una ro m án tica n o stalg ia del pasado. El lib ro 1. ya que debió de h ab e r contado. re su lta en conjunto de suficiente clarid ad .

C ornelio Celso com puso en época de T iberio u n a enciclopedia. m uy c la ra y com prensible. los 18 libros sobre la m edicina (De m edicina) son la ún ica p a rte de ella que ha llegado h asta nosotros. y del resum en de Festo sólo se salvó la segunda m itad. Su tra ta d o de m edicina se e s tru c tu ra en tre s secciones: la dietética. el lenguaje preciso y tra n sp a re n te h a pro p o rcio n ad o a su a u to r la fam a de u n m edicorum Cicero. u n a v erd ad era m in a p a ra tem as lingüísticos y tem áticos. y constituye. tan sólo el con­ cen trad o com pendio de Paulo ha podido su p e ra r sin m erm a el paso de los tiem pos. u n a b u en a p a rte de lo que la m o d ern a ciencia conoce hoy acerca de los p rim ero s tiem pos del E stado y del D erecho rom anos procede de las glosas sencillas y sin p reten sio n es de V errio Flaco. pero supo u tiliza r sus fuentes con hab ilid ad y bu en sentido. pese a las enorm es p érd id as con respecto al original. consid erab lem en te dañada. procedentes de Pompeya. la fa rm acé u tic a (esto es.La literatura científica rom ana 247 Instrum entos m édicos (escalpelos. Celso era evidentem ente un m ero aficionado. la d o ctrin a de los m edicam entos y la te ra p ia p o r m edio de éstos) y la cirugía. tan to en su co n ju n to com o en detalle. tenazas. El original d esap areció totalm ente. A. no (siglo vm).). . etc. La com posición de la o b ra resu lta.

a p a rtir de las costas: p rim e ro re c o rre las rib e ra s del M editerráneo siguiendo el orden S ur-E ste-N orte-O este. C. . Este hom bre. cuando m ás. so b re cuyos gustos y cap rich o s de g astrónom o se co n ta­ ban cosas in au d itas. em pero.) u n a Chorographia. no fa lta n los incisos de c a rá c te r etnográfico —m ezclado fu e rte ­ m ente con elem entos fab u lo so s cuando se tra ta de pueblos re m o to s—. p o r el co n trario . a h acer u n c á lc u lo de su p atrim onio. p artie n d o esta vez del N orte y siguiendo h acia el E ste. H abía tam bién. p u so fin a su vida por m edio del ven en o 7. y seguidam ente las costas ex terio res de E u ro ­ pa. 10. m édicos rom anos. en la c iu d ad que antaño e x p u lsó a los filó s o fo s porque pervertían a la juventud. y com p rob ó en to n c e s que p oseía aún diez m illon es. u n español de T ingentera (no lejos del a c tu a l Gibraltar). E sca sas son. Sarcoptes («Car­ nes picadas»). en diez libros. p o r lo com ún. cu an d o hubo derrochad o en su s francach elas su m as que c o rresp o n d ía n a m u ch os d on es del C ésar y a los e le v a d o s ingresos del tem p lo C apitolino. Asia y Á frica lin d a n te s con el Océano. m íti­ co e histórico. pero en ocasiones de ciertos vuelos esti­ lísticos. los libros o sten tan epígrafes griegos: Epimeles (traducido librem ente: «el am a de casa ahorradora»). según la co stu m b re im p eran te a la sazón. y a ellos p erte n ecía E scrib o n io Largo. y co m o si se v iese condenad o a m orir de ham b re por el h echo de ten er que con form arse con e so s diez m illon es. esto es. com puso bajo el rein ad o de C laudio (41-54 d. etc. Las refu n d icio n es m o d ern as de e sta o b ra cuidan de que el lector actual p ueda re tro tra e rs e con su p a la d a r a u n a época del lujo m ás esplen­ doroso. el E strecho de G ib raltar. C epuros («El jard in e ro » o «el hortelano»).248 Literatura universal En n u estros días —e sc rib e S é n e c a — vivió Apicio. p o r lib erto s o escla­ vos de origen griego u o rien tal. ciudades. Pom ponio Mela ofrece u n a e n u m eració n de países. pun to de p a rtid a y de a rrib a d a final es. acosad o por su s a cree­ dores. 8 y s. en am bos casos. Cuando hubo m algas­ tado cien m illo n e s de se ste rc io s. un com pendio en tre s libros. se en tregó él a la cien ­ cia de la g a stron om ía y a p estó con ella su época entera.. el S u r y el Oeste. pero la investigación ha av erig u ad o que. d. Así dicen al ínenos los m an u scrito s.. su país natal. u n a d escrip ció n de países. una p a rte de la o b ra se debe a la m ano del fam oso «gourm et» de la época tib erian a.. del m ism o modo que u n a co n sid erab le p a rte de las recetas se rem o n ta a la cocina griega. La m edicina fue p ra c tic a d a en Roma. Las re cetas están ordenadas p o r grupos tem áticos. El au to r practica su geografía. que ejercía su profesión en la corte 7 Ad H elviam de consolatione. m ontes y ríos re d actad a en un lenguaje g en e ralm en te seco. es al p a re c e r el a u to r del único libro de cocina re d ac­ tado en la A ntigüedad clásica que h a sobrevivido al paso de los siglos: De re coquinaria. las inform aciones de c a rá c te r económico. Pom ponio Mela. v io se ob ligad o por vez prim era.

la p o m ada o ftálm ica d esc rita en el cap ítu lo 31 le hizo buenos servicios al cé sar Augusto. com o Catón. El a u to r aseg u ra que ha p ro b ad o él m ism o la m ayoría de ellas. y no en p rim er térm in o un político. Y e ra adem ás un profesional lleno de e n tu sia s­ m o p o r su profesión. del que se ha conservado un libro.. L. era un v erd ad ero experto. Después com puso su o b ra fundam ental. considerado com o inauténtico. a cuyo servicio puso to talm en te su p lu ­ m a. añ a d ie n ­ do a m enudo que un rem edio d eterm in ad o h a sido utilizado p o r altísim as personas: así. cit. im perial y acom pañó al cé sar C laudio a B ritania. un profesional. los m édicos de entonces ten ían que p ro c u ra rs e ellos m ism os los ingredien­ tes n ecesario s p a ra sus m edicam entos y p re p a ra rlo s p o r su p ro p ia m ano. Richter. op. Según mosaicos del suelo de una villa romana en Marbella (España). E scrib ió p rim era m en te un com pendio. Ju n io M oderato Colum ela. el llam ado Liber de arboribus (sobre el cultivo y cuidado de los á rb o ­ les) 8. Como la A ntigüedad no conocía las farm acias (que ap a rec ie ro n en la alta y ta rd ía E dad Media). . Las C om positiones de E scribonio Largo son un ejem plo de cóm o era n dichas colecciones de re cetas y fórm ulas. De 8 Por W. el polvo d en tífrico d esc rito en el cap ítu lo 60 fue m uy ú til a la e m p eratriz M esalina. Es obvio que la posesión de u n a b u en a colección de re cetas era de g ra n d ísi­ mo valor. o un eru d ito com o V arrón. un español de Gades. no esc atim a las alabanzas. conservada íntegram ente.La literatura científica rom ana 249 ® 5> Utensilios de cocina romanos. la agronom ía.

un v erdadero teso ro del sab e r h u ­ m ano h asta los com ienzos m ism os de la E dad M oderna. los libros 3 y 4 sobre las viñas y las arb o led as. m ien tras in te n ta b a salvar a personas en peligro 1 0 . el cre a d o r de la gigantesca N aturalis historia. Pero ni siquiera ah o ra pudo se p a ra rse de su tem a predilecto. Plinio no era un investigador. a p e sa r de sus m uchos erro res. y se lam enta de que su época se haya ap a rta d o de este ideal. los libros 6 al 9 sobre la g anadería y el libro 10 sobre la ja rd in e ría . y un p ro pagador de lo investigado p o r los expertos. allí m urió. De este m odo pudo h a lla r ab u n ­ dante o p o rtu n id ad . 9. e s tru c tu ra d a o rig in aria m e n te en diez libros: el libro 1. d..250 Literatura universal re rustica. a rq u ite ctu ra. uno de los cuales tra ta de las activi­ dades y funciones del a d m in istra d o r de u n a finca rú s tic a y. Plinio el Joven. de la jard in e ría. 16. 6. y añadió a la o b ra dos libros m ás (nuevam ente en prosa). p a ra en tre g arse a p ro fu n ­ dos estudios y a u n a v aria d ísim a actividad literaria. Su o b ra p erten ece a lo m ejor de cuanto nos ha le­ gado la lite ra tu ra técnica y cien tífica rom ana. Epistulae. que com unica el contenido 9 V. T am bién C olum ela co n sid era la a g ric u ltu ra —al igual que sus p re d e c e so re s— com o la fuente de ingresos m ás honesta. u n a vez m ás. sólo la N aturalis historia. Achaca el descenso de la p ro ducción de las cosechas en Italia —que en re alid ad era consecuencia fu n d a m e n tal de la explotación extensiva y en régim en de latifu n d io s— a la p erv ersió n de los hom bres y se lam en ta vivam ente de la falta de escuelas de a g ric u ltu ra. C. Plinio fue un m aestro en la utilización y aprovecham iento del tiempo: se hacía leer incluso d u ra n te las com idas y en el baño y llevaba co n stantem ente a u n taq u íg ra fo consigo. sobre todo en el libro 1. Todo ello se ha perdido. u n a biografía. 10 V. el «Praefatio» del libro 1. E sta o b ra se b asa b a en u n a gigantesca colec­ ción de n o tas y ap u n tes. com o la m ás fam osa y pro m in en te víctim a de la e ru p ­ ción del V esubio en el año 79 d.° sobre la ag ric u ltu ra.°. trab ajo s gram aticales y re tó ric o s y dos g randes o b ras historiográficas.° dedica­ do a cuestiones generales. el catálogo de sus es­ critos contiene u n a d isertac ió n de c a rá c te r m ilitar. sino un coleccionis­ ta m uy m eticuloso y concienzudo. el m etro del poem a didáctico. C.°. y ocupó al térm in o de su vida el cargo de com andante en jefe de la flo ta de g u e rra en M isenum (en el golfo de Nápoles). el libro 2. Con e sta ú ltim a p a rte de su o b ra creó Columela un trozo curioso de la lite ra tu ra científica antigua. pese a sus deberes oficiales. ya que la revistió fo rm alm en te en hexám etros. m úsica y d an ­ za. . y el o tro del cam po de ta re a s propio de la m u jer del adm i­ n istra d o r o dueño de la finca. etc. era oficial y fu n cio n ario im perial. O frece am plia inform ación sobre sus fuentes. Plinio S egundo el Viejo. a p esa r de que las hay p a ra las m ás disp aratad as actividades que im aginarse pueda: agrim ensura. se ha sonservado en su in teg rid ad (37 libros).

luego Asia y Á frica (como p u n to de p a rtid a sirve. que se hace n o ta r tam b ién en o tro s pasajes: la N a tu raleza existe p o r y p a ra los hom ­ bres. Plinio tra ta de p lan tas exóticas. y sém e propicia. lo que ha hecho p o r éstos en v aria d ísim as m an eras. de la m eteo­ rología. y tam ­ . N atu raleza. la clim atología y la geofísica. d. de la geografía m arin a. u n a ciencia de la N a tu ­ raleza que tiende h acia un a rte universal de la vida (con m edicina n atu ra l.La literatura científica rom ana 251 de los sig uientes 36 libros y cita ap ro x im ad am en te a 470 au to re s. en peque­ ñ a p a rte rom anos. Pri­ mer cuarto del siglo ii d. esto es. cóm o se ha cu id a­ do y c u id a de ellos. El libro 7 con­ tiene un a an tro p o lo g ía salp icad a de un sin n ú m ero de cu rio sid ad es y ra re ­ zas. ha de se r expuesto en su trab ajo : fenóm enos y produc- Acueducto romano en Segovia (España). a mí. técnica e h isto ria de la cultura). insectos). El libro 2. los lib ro s 8 al 11 contienen la zoología (anim ales acuáticos. que soy el único rom ano que te he ensalzado en todos tu s terrenos». En los libros 12-19 siguen la b o tán ica y la agronom ía. Un concepto v u lg ar estoico. «Salve. con estas p a la b ra s se c ie rra la obra. m ad re de todas las cosas. de los árb o les fru ta le s y del bosque. lo m ism o que en Pom ponio Mela. te rre s tre s y del aire. en su m ay o ría griegos. C. Los libros 3 al 6 ofrecen u n a geografía según el esquem a del periplo: p rim era m en te se circu n n av eg a E uropa. el estre ch o de G ibraltar). tos n a tu ra le s relacionados con el hom bre.° tra ta del Cosmos.

La exposición se abre co n stan te m e n te hacia el hom bre. g o b ern ad o r de B ritan ia y an tec eso r en este cargo de Agrícola.252 Literatura universal bién del cultivo y cu id ad o de los árboles útiles. así com o d u ra n te los asedios. El libro 4. Así p o r ejem plo.° es de o tro género: en um era datos y sen ten cias de grandes caudillos m ilitares. clasificados según cate­ gorías m orales. el palacio im perial y las casas privadas. Su o b ra teórica sobre el arte de la g u erra se ha perdido. en 4 libros). m ien tras que los Strategem ata («Ardides de g u erra» . 176 y s. p o r últim o. m ien tras o después de las b a ta ­ llas. son u n a am plia h isto ria del a rte griego: Plinio com enta en ellos la e sc u ltu ra y las obras plásticas en b ro n c e y b arro . Plinio entreteje en su d escrip ció n co m en tario s acerca del uso que el hom bre p u e­ de y sabe h ac er de este o aquel p ro d u c to n a tu ra l. el libro 13 tra ta del papiro. P ara 1 1 V. esto es. más arriba. que son la fuente m ás im p o rtan te de la arqueología m oderna. así com o las gem as y p ied ra s preciosas.42-47). u n a colección de ejem plos extraídos de o bras histó ricas. Los libros 33-37 contienen. En el libro 33 es inform ado el le c to r m inuciosam ente sobre anillos de oro (p rin cip alm en te en c u a n to signo de posición y rango social) e ins­ tru id o sobre la n u m ism á tic a ro m an a (§§ 77-37. etc. sobre la justicia. Los libros 20-27 y 28-32 describen pócim as curativ as e x tra íd a s de p lan tas y anim ales. las fuentes de ag u a potable. págs. el su eg ro de Tácito. P recisam en te aquí se asem eja el escrito de F rontino a la a n terio r y s im ila r em p re sa de V alerio M áximo El em p erad o r N erva le confió la su p erin ten d e n cia de los acueductos y fuentes de R om a.). En él se extiende sobre la longitud y capacidad de los nuevos ac u ed u cto s que su m in istra b a n agua a Roma. el libro 16 co n tien e un sin n ú m ero de inform aciones sobre las coronas de honor (§§ 7-14) y el 18 algo sobre el oficio de p an a d ero en Rom a (§§ 107 y s. Los libros 34-37. Los lib ro s 1-3 exponen su m a­ terial o rd en ad o d e acuerdo con pu n to s de vista m ilitares: contienen a rd i­ des m ilitares que p u ed e n em p learse antes. ocupó re p etid as veces el alto cargo de cónsul. d ec la ra F ro n tin o al com ienzo de su tra ta d o De aquaeductu urbis R om ae. sirviéndose frecu en tem en te del esquem a a capite ad calcem. E ra un m uy ca p acitad o e sc rito r técnico en los terren o s con los que le puso en co n tac to su actividad pú b lica y ad m in istrativ a. m ás bien p a ra su propio uso p erso n al —p a ra no depen­ der de la opinión de sus su b o rd in ad o s expertos en la m a te ria — se decidió a com poner este e sc rito . el m osai­ co y el cristal. sobre la sobriedad. la p in tu ra y la e sc u ltu ra en m árm ol. . la m e­ talografía y la p e tro g ra fía y explican el em pleo a rtístic o de estos m a te ria ­ les. de la fabricación de este m aterial de e sc ritu ra (§§ 68-89). h a n llegado h a sta nosotros. de la lab ra n za de las tie rra s y de la ja rd in e ría y h o rticu ltu ra. sobre las ca n ti­ dades de agua d e stin a d a s resp ectiv am en te a los establecim ientos públicos. so b re la d isciplina y sus efectos. Sexto Ju lio F ro n tin o .

73 y s. es el año núm ero 49 de la vida hum ana. y tra ta seguidam ente del origen de la raza h u m an a y de los com ienzos del individuo. p o r últim o. El escrito docum enta una en ér­ gica refo rm a de la p o lítica h id ro g rá fica de Rom a y del su m in istro de agua. parece h a b e r sido re d a c ta d a no en la p rim era . El esc rito está lleno de n o m b res de a u to re s a n ti­ guos. C ensorino com ienza con el «genius». si es que no lo fue en el siglo iv 1 2 . y contiene una eru d ita c h a rla sobre los hom bres y el tiem po. C ensorino se explaya todavía. en h o n o r de un b ien h ech o r suyo.000 m etro s cúbicos aproxi­ m ados que ofrecían los archivos com o dato). El escrito De die natali —u n a o b ra dedicada p o r tan to exclusivam ente a los n atalicio s— es la ú ltim a o b ra de la lite ra tu ra ro m an a cuya fecha de redacción puede fijarse con exactitud. se afirm a. annus. las Collectanea rerum m em orabilium de C. Wiesbaden. Iulius Solinus (HermesEinzelschriften. el e sp íritu p ro te c to r del hom bre en Rom a. C. Sigue algo de astro lo g ía y m ística de los núm eros. ese u m b ral (14. El escollo m ás peligroso. que recibía o frendas y sacrificios en cada n atalicio. zoológicas y b o tán icas in co rp o rad a al m arco general de u n a descripción de la T ierra. Walter. E sta o b ra fue re d a c ta d a p o r Censo­ rino el año 238 d. com probó m in u cio sam en te todos los d atos que halló en él y pudo ver que la ciudad de R om a consum ía a la sazón d iaria m e n te casi un m illón de m etro s cúbicos (y no los 560. 12 Cf. Ju lio Solino. d. co­ m o saeculum . h a b ría que c ita r aú n en estas líneas o tra o b ra m ás: nos referim os a u n a colección de cu rio sid ad e s etnológicas.La literatura científica rom ana 253 su exposición se sirvió del archivo de la in stitu ció n a d m in istrativ a pu esta bajo su m ando. acerca del tiem po y de conceptos vinculados a él. 1). 11 y 15. de la p ro creació n y del em brión. p a ra co m b atir el descuido y la co rru p ció n . T ras de los ab u n d an tísim o s d atos num éricos que ofrece al lecto r se p erciben los con­ to rn o s de un fu n cio n ario ad m in istrativ o capaz. 1969. el clim acter p o r antonom asia. sin m olestias ni dolencias. C ensorino se detiene esp ecialm ente en las d istin tas edades y en los años críticos. etc. . págs. el d e stin a ta rio de esta o b ra ha su p erad o ya felizm ente. se propone com o objetivo una supervisión exacta de las ca n tid ad es su m in istra d a s realm en te. sin em bargo. Si M om m sen h u biese tenido razón. pero la m ayoría de las citas proceden sin d u d a de segunda m ano. firm e y conocedor de su tarea. H. Cuaderno 22). C ensorino se aprovechó sobre todo de los teso ro s acu m u lad o s p o r V arrón y Suetonio. sino cuando m ás en la segunda m itad del siglo m. Die «Collectanea rerum m em orabilium » des C. La obra.

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ni p o r hom ­ bres de religión (como e n tre los judíos y los árabes). m uy pocos algo m ás largos. sobre todo los augures y los p o n tífices.. ab ierto s sólo a los p atricio s. se m odificó este herm etism o a risto c rá tic o de los «juristas pontificales».. p a rte la m ás am biciosa de la o b ra leg islativ a del em p erad o r Ju stin ian o . en los colegios de los p o n tífices y los augures. Los rom anos fu ero n luego en este cam po de la lite ra tu ra m ás fé rtile s que en ningún otro. Y estos fragm entos han sido tran sm itid o s a su vez —excepción hecha de un p a r de ellos en p ap iro — por una g ra n o b ra de com pilación pro ced en te de la e ra b izantina. discípulos de c u ltu ra s m ás altas an terio res a ellos. Pero hacia el año 300 a. c u a tro de los cuales h ab ían de ser plebeyos. Aquí no se lim itaro n a ser. no poseem os sino fragm entos. Con excepción de un m an u al didáctico p a ra p rin ­ cipiantes. no se h a conserva­ do h asta n u e stro s d ías en toda su in teg rid ad ninguna de las gran d es obras de la lite ra tu ra ju ríd ic a . Un p leb iscito elevó el n ú m ero de los po n tífices de cinco a nueve. la m ayo­ ría de pocas líneas. Sin em bargo. C. u n a especie de antología de la lite ra tu ra ju ríd ic a rom ana que fue estim a d a digna de ser conservada y o rd e n ad a según cam pos tem áticos o de co n tenido: los Digestos o Pandectas. en el siglo vi d. La lite ra tu ra ju ríd ica rom ana se inició b ajo el signo de la lib eració n de la ju ris p ru d e n c ia del dom inio a que la te n ía n som etida las ca sta s sacerd o tales. C. p ra c tic a d a p o r expertos y no p o r e ru d ito s univer­ sales que cu ltiv aro n el D erecho com o u n a de las m uchas ram as de la cien­ cia general y de la p o lític a (como o c u rría en la an tig u a China). y el n ú m ero de los . las In stitu tio n e s de Gayo.LA LITERATURA JURÍDICA D e tle f L ie b s Con su lite ra tu ra ju ríd ica. los rom anos c rearo n u n a de las pocas ram as propias y p ecu liares de su p roducción lite ra ria . d. como en casi todos los dem ás terren o s. É s ta floreció ya en los siglos v y iv a. La lite ra tu ra ju ríd ic a de los rom anos es tan vieja com o todo el resto de la lite ra tu ra ro m an a. C. au n q u e m ucho m ás joven que la ju risp ru d e n c ia rom ana m ism a. Los rom anos fueron el p rim e r pueblo con u n a lite ra tu ra específicam ente ju ríd ic a .

escrib ió tam bién. el D erecho público era cultivado lite ra ria m e n te con todo cu idado y discu tid o p rá cticam en te con calor. Tubinga.La literatura jurídica 257 au g u res fue au m en tad o de tre s a nueve (cinco plebeyos). sobre todo de las dem andas y ac u sa­ ciones.) h a s ta M odestino. Wieacker. el llam ado Ius Flavianum . al p arecer. si bien superó casi in ta c ta el cam bio de la form a de E stado de la R epública a la M onarquía (bajo C ésar y Augusto). C. hijo de un lib erto y «cliente» (esto es. la lite ra tu ra ju ríd ic a rom ana —aunque sólo elab o ró de fo rm a com pleta el D erecho judicial. Los dos p rim ero s siglos an tes y después de la E ra c ristia n a son considerados aquí com o época del clasicism o te m p ra ­ no ’.. un resu m en de las fó rm u las ju ríd icas. quizá precisam en te p or ello. d. p o r ejem ­ plo. El ius p u b licu m es cultivado p o r los esc rito res d u ra n te un siglo m ás. p ero luego cesa tam bién esto. C. . Con la revolución progresiva y un gobierno de m edidas de excep­ ción cad a vez m ás frecuentes. Y el m ism o Apio Claudio. p erte n ecie n te al séquito) del p atric io Apio C laudio Ceco. C. El poderío del clasicism o ta rd ío se inicia con el últim o c u a rto del siglo n d. 1950. y p o r vez prim era. todo el que dem an­ d ab a su derecho en Rom a no dependía ya exclusivam ente de la co n su lta con los pontífices. pese al com prom iso político de sus re p resen ta n te s. F. p rin cip alm en te el D erecho privado y el D erecho pen al— estuvo estre ch am en te vinculada con los destinos h istó rico s del E stad o rom ano. m ien tras que o tro s au to re s hacen llegar el preclasicism o h a sta el fin de la R epública. Su época clásica se extiende desde Q uinto M ucio Scévola (cónsul el 95 a. El que la ju risp ru d e n c ia clásica ro m an a llegara a ser casi exclusivam en­ te ciencia del D erecho privado no es cosa que estu v iera decidida desde un principio. el p rim e r tr a ta ­ do ju ríd ico : De usurpationibus («Sobre la in te rru p c ió n de la posesión»). esto es. Desde este m om ento en adelante. Es la ca ra negativa de la circ u n sta n cia de que la profesión de ju risc o n su lto se h ab ía convertido cada vez m ás en un m edio de ascensión en la escala social. publicó apro x im ad am en te en e sta época. an te las m edidas de excepción ad o p tad as p o r el S enado c o n tra T iberio Graco. y la época del clasicism o ju ríd ico . 1 Cf. Todavía en el siglo ii a. en el se­ gundo c u a rto del siglo m d. d. coinci­ de con el flo recim iento económ ico y c u ltu ra l del Im p erio bajo los em p era­ dores A ntoninos. desde este m om ento. de que sus re p resen ta n te s no podían ya a rro ja r a la balanza un peso político propio y no era n capaces ya de d irig ir ni c o n tro la r con su auctoritas los to rre n te s políticos. C. la praxis p o lítico-estatal olvidó en m edida crecien te las n o rm as del D erecho público. com o fue el caso. Cneo Flavio. Über das Klassische in der rom ischen Jurisprudenz. a quien R om a debe sus m ás antiguos p ro d u cto s lite rario s. re p re ­ sen tad a p o r los no m bres de Publio Juvencio Celso y Salvio Juliano.

1. 3 Digesta. con lo que probablemente se alude a una colección. La resp u esta que se ha dado es: según las c ircu n stan cias que se han exp u esto. El p rim e r ju risco n su lto de quien parecen h ab e r sido publicadas re s­ p uestas dignas de recordación es Tiberio C oruncanio 3. tan to del público que p re ­ tendía satisfacción a sus derechos com o del consejero ju d icial caren te de form ación ju ríd ica previa. . pero había muchas y memorables respuestas de él». 2. y al m ism o tiem po el m ás antiguo y de m ás largo uso en tre sus géneros lite rario s es al m ism o tiem po el m ás sencillo de todos: se tra ta de los escrito s titu lad o s Responsa. o bien en su casa. 38: «de quien entre tanto no poseem os (ya) ningún escrito. tra s la em ancipación con respecto a los cuerpos sac erd o tales— fu n d am en talm en te sólo en los cono­ cim ientos profesionales. La resp u esta m ism a del ju risco n su lto se nos antoja extrem adam ente con­ cisa. de los que se ro d eab a en Rom a todo el que estuviese investido de una función pública. Mas ocu rrió que el barco. En ab so lu to institucionalizada. en las que «respondía» o co n testa b a a las p re g u n ta s que le h a­ cían.258 Literatura casuística Literatura universal El m ás c a rac te rístic o de la Ju risp ru d e n c ia rom ana. 2. en el origen o la posición social. la contestación. pero no p o r ello m enos efi­ caz. puede ser reclam ad o 2. era la form a com o los ju ris ta s rom anos dom inaban la vida ju ríd ica y legal aun sin e s ta r investidos de función pública alguna: lo hacían. que se a d q u iría n m ediante la vinculación a un ju ­ rista de fam a. com o por ejem plo en el Foro. La a u to rid a d y la actividad del ju ris ta rom ano no se apoyaron nu n ca en un cargo oficial ni tam poco. Poseem os num erosos protocolos de tales «respuestas». m an ten ía au tén ticas ho ras de consulta. fu e reten id o nueve m eses en la C irenaica y el flete llegó a su vencim ien to. ya cargado con su flete. que estab a n a la libre disposición de todos. Los ju ris ta s no re q u ie ren u n a com probación de los hechos que se les plantean ni ofrecen tam poco u n a fundam entación de su re sp u esta y de la decisión ju ríd ic a en ella contenida. en cu an to p erito s en técnica y en p ru d e n cia ju ríd ic a s (iuris prudentia). 61. que tienen m ás o m enos esta form a: A lguien ha fletad o por cu enta propia un barco para transp ortar tres mil m etretas (cada una de u n o s 40 litros) de aceite y och o m il c elem in es de trigo (cada un o de un os 90 litros) por una tarifa previam ente estip u lad a y desd e la p rovincia de C irenaica h asta Aquileya. allí. una sim ple anotación de la ta re a co tid ian a fun d am en tal del ju ris ta ro m a­ no. 2. en efecto. sino —en la época clásica. F uncionarios y jueces (iudices) llam aban a los ju ristas p a ra u tilizarlo s com o consejeros. realm ente. que fue elegido en 2 Cervidio Scévola. 1. Di gesta VII = Digesta (de Justiniano) 19. Se pregunta si el precio estip u la d o en el con trato de flete del na­ vio pu ed e ser reclam ad o por el fletad or. Y el ju ris ta se m an­ tuvo siem pre ab ierto y accesible al público en la vida pública.

el com prador no podrá ser ob ligad o a sa tisfa cer d ich o precio. es reb u scad o pero ce rtero . esto es. de ad q u irir n o m b rad ía pública. Quizás ni siq u iera el a u to r m ism o e ra co n su ltad o al d ifu n d irse tales publicaciones. C. título: «Sobre la compraventa»). en él. a la libre actividad de im p a rtir consejos y d ictám enes ju ríd ico s con la posibili­ dad. lite ra tu ra form alm en te tal. El lenguaje de este au to r. P ara m ás de uno. P apiniano se atiene m uy poco a la form a de los protocolos au tén tico s de p re g u n ta y resp u esta. siem pre que el com prador haya tom ado p o sesió n (de la cosa com prada) en d es­ co n o cim ien to (de la p reten sión de propiedad que am enaza por parte de un ter­ cero). ni siq u iera en e l caso de que hayan sido o frecid os (por el vendedor) garantes para el caso de una even tual red hibición. parece que tuvieron sencillam ente una co n su lta p ro ­ fesional de m en o r im p o rtan cia y m enos v isitad a p o r clientes. 3. . y no es líc ito ofrecer garan tías contra la red h ib ición si ya en el um bral m ism o del con trato am enaza p eligro a la pro­ piedad (del com prador). p o n tife x m axim us. 4 Fragmenta Vaticana. M arco A ntistio Labeo (bajo el em p e ra d o r Augusto) fue el p rim ero de quien sabem os con certeza que dio a la luz u n a colección v erd ad eram en te tal de resp u estas jurídicas. sin d u d a alguna. el p rim e ro de este cargo que no era de origen p atricio . De todos modos. desde luego. Todo ello no era aún. e n tre ellos un Celso o un Juliano. las colecciones de re sp u estas no reflejan tam poco ah o ra con ex a ctitu d la p rá ctica real de sus autores. Por encim a de todo lo preced en te y lo p o ste rio r sobresale la colección de P apiniano (hacia el 200 d.La literatura jurídica 259 el año 253 a. O tro g ru p o de fam osos ju ris ­ consultos de la época im perial que no dieron a la luz pública ninguna co­ lección de resp u estas. Un responsu m tiene. y p ro b ab lem en te sus dictám en es periciales —em i­ tidos casi siem pre de form a o ra l— eran tom ados p o r escrito p o r un am a­ n uense y pu esto s a la disposición de un círcu lo m ás am plio. Ello depende tam bién. un m agnífico estilista. 12 (de Responsa. re su lta b a este género evidentem ente dem asiado angosto. y no in ten tab a tam p o ­ co serlo. A partándose de u n a trad ic ió n que si­ guió o bservándose tam bién en el fu tu ro . con su seca fo rm a de p rotocolo sin espacio p a ra m anifestaciones m ás am plias. P orque una p rescrip ción ad q u isitiva no p u ed e con su m arse si se le ha adelantado e l p roceso de red hibición. del hecho de que los em p erad o res p ro c u raro n desde un p rim e r prin cip io p o n er coto al publice respondere. y ap ro v ech ab an en o tro s escrito s los fru to s de su co n su lta ju ríd ic a que h ab ían sido h allados dignos de publicación.). ín sita en ella. La m ayoría de los ju risc o n su lto s de la e ra rep u b lican a cuyos n o m bres nos son conocidos poseían asim ism o consultas de ju rista s p ro fu sam en te visitadas. y de que al cabo term i­ n aro n p o r im poner su voluntad. los Libri responsorum. C. d. el aspecto siguiente 4: Si (en una com praventa) es reclam ad a la propiedad (de la cosa com prada y por un tercero) antes de que se haya pagado el p recio. que p e r­ m an ecería en uso d u ra n te todo el tiem po del P rincipado.

son m ás sucin­ tos. Pom ponio y Afri­ cano. P aulo (com ienzos del siglo m d. todo lo m ás dos: los Bene dicta de Cascelio (época de C ésar y de Augusto).) es sin g u larm en te m inucioso. Papiniano. las colecciones de sen ten cias de los trib u n a le s superiores. Chr. C. En éstas había ocasión de elu cid a r con m ayor p o rm en o r casos ju ríd ico s concretos y de an a liz ar los problem as. Lo m ás n otable de todo es sin em bargo que P apiniano su m in istra en sus re sp u e sta s u n a fundam entación. en la que expone la valoración del caso y su enjuiciam iento norm ativo. d. h a sta sus m enores detalles.260 Literatura universal Los hechos ex puestos están despojados de cu a lq u ie r elem ento ocasional o azaroso. C ervidio Scévola. el todo es una a b ig a rra d a mezcla que va desde la epístola did áctica de am plios vuelos h a sta el responsum com ún y co rrien te. E s­ te título ap arece p o r vez p rim e ra en el siglo n d. dado el caso. son los escritos que llevan el título de Q uaestiones o Disputationes. pero ninguna de los clásicos tard ío s. si bien el voca­ blo quaestiones no es sino u n a trad u cció n del títu lo griego dsethem ata. el edicto. etc. Javoleno.. in tro d u c id a al p arece r p o r Labeo y que perm aneció en uso d u ra n te los dos p rim ero s siglos de n u e stra era. Krampe. no sin evidente in teré s p erso ­ nal por el caso. pero de todos m odos m ucho m ás explícitos que en las resp u estas. y d escrito s adem ás. aunque sea breve. p orque pueden ser ad s­ critos a u n a activ id ad co n creta de los ju rista s . M uchas de estas «cartas» cien tí­ ficas sirven ú n icam en te a la in stru cció n y ad o c trin am ien to teóricos. La form a lite ra ria m ás libre de elu cid a r casos ju ríd ico s fue la de los Epistularum libri. 1971. El ju ris ta de hoy conoce sobre todo. co rresp o n d ien tes. y halla en seguida una gran difusión: Celso. com o P apiniano. C. o al menos los in sinúa m ed ian te la cita de un caso p aralelo o co n tra p u esto al tratado. otros. A fricano. Más u n ita rio s e n tre sí y tam b ién en sí m ism os. Proculi Epistulae. tom ados de la lite ra tu ra no ju ríd ic a y que aparecen sólo una vez. Celso. sin co n te n ta rse con u n a sim ple subsunción del caso bajo las dispo­ siciones de la ley. T ertuliano y Paulo son los m ás notables au to re s de quaestiones. Karlsruhe. del m ism o m odo que aparecen tam bién análisis y co m en tarios o inform aciones sucintos. las Coniectanea de Alfeno V aro y Ateyo C apitón. Conocem os am plias colecciones de c a rta s de Próculo. p o r lo com ún. las Pithana de Labeo. razón por la cual suelen co n ten e r disquisiciones de c a rá c te r fu n d am en tal y c ita r casos ju ríd ico s sem ejantes o no. im p artid o solam ente p o r escrito 5. sino m o strán d o se in clu ­ so muy poco p re o cu p ad o p o r los tales. Neracio. Trifonio y Ulpiano escribieron a su vez D isputationes. com o lite ra tu ra especializada. d. las M em branae de N eracio y las Variae lectiones de Pom ponio. surgidos de la elucidación de ca­ sos con ocasión de la re sp u esta en la co n su lta profesional. Y al lado de estas epístolas pueden colocarse —sobre todo si se p iensa que tam bién allí falta un ord en tem ático — algunos esc rito s que se distinguen por sus títulos p recio sistas. . en Rom a no hubo 5 V.

sino que in fo r­ m an sobre sesiones ju d iciales en las que tom ó p a rte el m ism o P aulo y ofre­ cen de paso in tere sa n tes p erspectivas e inform aciones acerca del decurso de las deliberaciones. si dentro de otros dos m eses no h u b iese sa tisfe ch o el resto del p recio. con toda seguridad. e igualm en te.La literatura jurídica 261 apenas u n a cosa sem ejante. un año d esp u és. com o hace p o r ejem plo el texto siguiente 6: A m ilio Lariano había com prado a O vinio la fin ca R u tiliana. La m enor de edad exigió ser restitu id a al anterior estad o. El C ésar sin em bargo (Septim io Severo) e stim ó d ecisivo que el plazo de recaída de la propiedad h ab íase cu m p lid o dentro del tiem p o legal de la tutela. D ecisiones en segunda instancia. 38 pr. 4. Y tam bién. según la concepción ro m an a de la vida jurídico-legal. sus decisiones (sententiae. Lariano fa lleció d entro de los dos prim eros m e­ ses y fue hered ad o por R utiliana. del em p e ra d o r m ism o. D esp ués de que el vendedor hubo reclam ad o éste varias v eces de los tu tores. O tro género casu ístico de la lite ra tu ra ju ríd ic a ro m an a eran los escritos con el títu lo de Digesta. (del libro 1. p agad o una par­ te del precio y convenido una cláu su la de nu lid ad estip u la n d o que si dentro del plazo de dos m eses a contar d esd e la com pra no se h u b iese sa tisfe ch o la m itad del p recio aún no pagado. D errotada tanto ante el pretor com o ante el p refecto de la ciu dad . lo m ism o que en el caso de un acreed or que d isp on e de la prenda d e sp u é s de que el p lazo de pago ha vencid o tras la m uerte del deudor. sen ten ció que R utilia había de ser restitu id a en sus antiguos d erechos. y que e sto hab ía ten id o com o efec to el que no se d ie se sa tisfa c ció n a lo e stip u ­ lado en el contrato. decreta) carecían de peso. com o el C ésar desap rob ó el con ven io de recaída. El caso e ra o tro única y exclusivam ente tra tá n d o se del em p erad o r. vendió la propiedad. y no eran co n siderados p o r lo tan to com o «fuente» de éste. porque había sido su padre. la venta quedaría igu alm en te anulada. Yo sostu ve el criterio de que las in stan cias an teriores hab ían juzgado rectam en te. sea cual fuere el papel en cali­ dad del cual diese a conocer su opinión. de los Libri VI im perialium sen ten tia ru m in cognitionibus prolatarum . A e llo le im p u lsó tam bién el que lo s tu tores. ap eló al César. la venta sería co n sid erad a nula. 6 Digesta. y no ella m ism a. h u b iesen sid o con d en ad os poco d e s­ pu és por d esh on estid ad en el ejercicio de su cargo. que sin em bargo no se lim itan a re p ro d u c ir sin m ás la sen ten cia ce sáre a con las razones adu cid as p o r el em p erad o r p a ra su ju stificació n . cu yos tu tores in cu ­ rrieron en m ora del pago. título: «Sobre los menores de edad»). . que no habían instad o ju d icialm en te dicha restitu ción . a Claudio T elém aco. Los m iem bros del ju ra d o que resolvían un liti­ gio con su sen ten cia y los m ag istrad o s de los trib u n a le s no co n trib u ían . de Paulo. en todo caso. qu ien hab ía con certad o el con tra­ to. son el objeto de los Decreta Frontiana de A risto (bajo Trajano). la dem and ante pod ía ser restitu id a a la situ ación anterior porque el vendedor. N o d eb ería tener in flu en cia alguna el hecho de que el plazo se haya cu m p lid o sólo d esp u és. N o obstante. sin d uda alguna. Yo exp u se que. Digerere significa aquí « o rd en ar lo am ontonado». por su reclam ación un día d esp u és del con ven id o para la recaíd a y nu lid ad del con trato y por sus exigencias de pago del precio había de ser con sid erad o com o si se h u b iese apar­ tado él m ism o de su clá u su la con tractu al.°. a la form ación del Derecho. todavía m enor de edad. 4.

1 V>»0*slO TA p^*A \A ^O C t U » . en­ contrado en Egipto. t . quos acci/pi neglexerunt vel quos mi/nus idoneos acceperunt. Resto. lU *. C^151 IN »WVU. (Dice Scévola: si un tutor (inhábil) ha sido nombrado por magistrados municipales. sino la que se concede al pupilo en el caso de que no pudiera alcanzar satisfac­ ción pese al aprovechamiento del patrimonio de los tutores. de que han de ser demandados como garantes mercantiles. no se eleve contra éstos acción de tutela.Xjal>.>! •tAGCHO^f . [Ulpiano mismo rechazó seguidamente. Porque el here­ dero del magistrado es responsable jurídicamente.#. .M . cum idem heredem iu/(dicis) qui litem suam fe(cis)/set teneri existimaverit.. mientras que el mismo (Juliano) estimaba que el heredero del juez que ha hecho de la litis asunto propio (que ha conculcado su deber) es responsable jurídicamente. el del juez no.• < \« i p K tu ^ le «te puf'miv¡uo*\*M . está fuera de duda que sobre su patrimonio no existe privilegio alguno de concurso (por parte del pupilo). Bastaría. pero Marcelo ha anotado críticamente a Juliano que en realidad ostentan la calidad de garantes privados. C.. sí.vt- ' | A¡$b**£s¿*x tWCOjtO. . Estrasburgo. ambos casos son justamente lo contrario. Marcel/lum vero magis sponsorum / locum optinere apud Iulianum / notare.wqu. la opinión. título: derecho de tutela).262 Literatura universal ‘ T S f S u t x .■ V * *’" < :.. Sin embargo.V*Ü v f * V C U « í pot*. d. divumque Pium rescripsis/se et in heredes eorum itidem / causa cognita. Y Juliano ha defendido. de un manuscrito sobre pergamino (códice. Así pues. siglo v d. *>»<wv . y el divino Pío ha decidido que también contra los herederos sólo se admitirá después de un examen previo.■ - ~ ¿*% f-’pvntu «.JN* C*yl i»J f. aunque Juliano opinaba que contra los herederos del magistrado no podía otorgarse la acción.) que contiene las Disputationes de Ulpiano (fragmento del libro 3.v f H emwfw'^prrc. en efecto. (Scaevola ait tutore a magistratibus) municipa/(libus dato nullam) in eos esse tute/(lae actionem nisi eam quae) ita demum / (pupillo datur si) excussis / facultatibus tutorum satis ei fi/eri non potuerit.urpijtVlV% * r --n' tvfacjv ^»MVv7Cwp»'<opcvcotu.VC•}. Marcelli sententiam / ratione iu(v)ari negari non pos/se.*'C » p . 'm B m j r c o p ^ > . quamvis Iulianus in heredem magistratus / non putaverit tribuendam actio/(nem).-N¿U.» . ^ n ^iv iit) 'TÍ><. denique in bo/nis eorum privilegium ces/sare procul du(b)io est. Bibliothéque Nationale. la opinión de Marcelo y siguió las conclusiones de Juliano].*» ^«£S*«niWftfp uo*ff*rfuji» * r. que ocupasen el lugar de aquellos que omitieron nombrar o de quie­ nes nombraron como menos apropiados). con mucha probabi­ lidad. es cuestión dudosa si su responsabilidad es de garan­ tes privados o mercantiles. eamque / actionem causa cognita in eos dandam / scribit.vi. Sin embargo. s > Códice de Ulpiano. / et Iulianus quidem ut fideiussores conve/niendos putasse.CCp . y escribe que esta acción sólo puede ser admitida contra ellos después de un examen previo. nam heres magistratus / teñe tur et iudicis non tene/(t)ur. No podría negarse que la opinión de Marcelo está abonada por bue­ nas razones. Y los magistrados no son responsa­ bles como los tutores. / (se)d quaestionis fuisse ut sponso/res an potius ut fideiussores / deberent teneri.'w • pATlw>4».*UCÍnAv » ■ ’^pauMs SK»mi\:i A A te K * . et magistratus ??? non ut tuto/res tenentur. l i l p M M ÍV t'U l « ¡ \ Á W . sed / utrumque contra est. • »JX Q S& jiC W ^*M»AX*C%w.*(Ul>* p.Jviture^tJBiaflwar-u „ «V • » • ’> ftngw».\r\j. ' •^V'pUCtWICtVO. sufficere enim si in locum / eorum succedant.|\vV.

miembro del sacerdocio de Antonino Pío. miembro del Colegio de los Diez jueces presidentes de los tribunales que entendían en cuestiones litigiosas heredi­ tarias). lega/to imp(eratorum) Antonini Aug(usti) et Veri Aug(usti) / Hispaniae citerioris. procónsul de la provincia de África. praef(ecto) aerar(ii) Saturni. Corpus inscriptionum Latinarum VIII 24094. pratrono / d(ecreto) d(ecurionum) p(ecunia) p(ublica). cerca de Túnez. legato imp(eratoris) Antonini / Aug(usti) Pii Germaniae inferioris. patrono (de esta ciudad. junto a Túnez. .) Inscripción en el pedestal de una estatua (desaparecida) del jurista Salvio Juliano. sodali / Antoniniano. gobernador del emperador Antonino Pío en la Baja Germania. item mil(itaris). ord en ad o s según m ateria s en u n a siste m átic a le­ gal determ in ad a. miembro del sacerdocio de Adriano. Pupput. trib(uno) pl(ebis). Xviro. pontífice. sodali Hadrianali. Museo de Túnez. tribuno de la plebe. gobernador de los em peradores Marco Aurelio y Vero para la España citerior. esto es. proco(n)s(uli) / provinciae Africae. encontrada en la antigua Pupput. cón­ sul. co(n)s(uli). curatori aedium / sacrarum. cuestor del emperador Adriano. pretor. p o r lo tanto. decumviro (esto es.La literatura jurídica 263 Inscripción de Juliano. El títu lo dice. con enumeración de sus cargos públicos. / pr(aetori). (A Lucio Octavio Cornelio. que se tra ta de colecciones de to d as o de las m ás im p o rtan tes m anifestaciones y opiniones de un ju risc o n su lto (o de un grupo de ju risconsultos). director de la oficina de construcción de templos. quaestori imp(eratoris) / Hadriani cui divos Hadrianus soli / salarium questurae duplicavit / propter insignem doctrinam. de donde es originario Juliano y donde estaba erigida la estatua con la inscripción) por decisión de los decuriones y con medios pecuniarios públicos. el único a quien el divino Adriano ha duplicado los emolumen­ tos percibidos por la cuestura debido a sus altísimos conocimientos. m ejor dicho: en la im p eran te en ese m om ento histórico. L(ucio) Octavio Cornelio P(ublii) f(ilio) Salvio Iuliano/Aemiliano. / pontif(ici). hijo de Publio Salvio Juliano Emiliano. admi­ nistrador del erario público así como de la caja de pensiones de los veteranos de guerra.

p o r lo dem ás. y Alfeno Varo. C. Inm e­ diatam ente después de su aparición. o tro discípu­ lo de Servio. Comentarios No m ucho m ás jóvenes que la form a «literaria» de las colecciones de respuestas son los co m en ta rio s ju ríd ico s. procedente del año 449 a. La tendencia. bajo el título de Tripartita: texto de la ley. que contienen asim ism o. C. Aufidio N am usa elab o ra con los escrito s de ocho discípulos de Servio Sulpicio una volum inosa colección de ciento c u a re n ta libros en la que se recogen sobre todo las op in iones ju ríd icas del m aestro. estab an en todas las m anos y eran u tiliza d o s p o r doquiera. Ju n to a la casu ística ju ríd ic a contienen elu cid a­ ciones dogm áticas sin conexión d irec ta con un caso concreto. Al final de la R epública. así com o sen­ cillos co m entarios del edicto preto rian o . a la concentración de toda la ta re a de un a u to r en una única obra. y que es u n a codificación m uy am plia y jam ás rep etid a en Roma.264 Literatura universal Los escrito s clásicos que llevan este títu lo re p re se n ta n sin excepción la ob ra prin cip al del ju risc o n su lto correspondien te. el p rim er ejem plo se rem o n ta a m ucho antes. una o b ra que se distingue por su descripción. C. C.. Pero tam poco ellos re p resen ta n su género de m a n e ra p ura. el escrito m ás antiguo re p resen ta d o —y con las citas y p árrafo s más largos— en el D igesto de Ju stin ian o . Los co m entarios co n ten ía n p rim era m en te explicaciones de vocablos caídos . sin g u larm en te vivida. D edicados asim ism o a la gloria p o stu m a del m aestro es­ tán los Digesta ab Aristone. hacia el 150 d. Una explica­ ción necesitó so b re todo la leg en d aria Ley de las Doce Tablas. o radores. en estas obras evidente. D echado lite rario fue­ ron evidentem ente los com entarios de poetas. cuyos 90 Libri digestorum alcanzaron una fam a tan grande com o no le fue dado lo g rar a ningún o tro esc rito jurídico. com entario y fórm ulas procesales. Se dice q u e Sexto Elio Peto Cato (cónsul el 198 a. d. junto con las fó rm u la s de d em anda y dem ás procesales (legis actiones). un género que satisface ya m ás ciertas exigencias lite ra ria s y que al m ism o tiem po co rresp o n d ía de m ane­ ra muy especial a las necesidades profesionales de los ju rista s. en lo fundam ental. las ideas y conocim ientos del m aestro y son. de los casos y sus soluciones espe­ cialm ente libres. estuvo m uy difu n d id a sólo en el siglo n d. sin em b argo. El géne­ ro entró. ed itad o s y com entados p o r Pom ponio. p u b lica otros 40 Libri digestorum . d. en su época de difusión con los 39 Libri de Celso (¿editados tam bién com o o b ra postum a?) y sobre todo con la o b ra de su gran an tag o n ista Ju lian o . filósofos y tam bién de H ipócrates tan co m unes en la vida científica del helenism o. p o r lo que ganó in m ed iatam en te en tre ellos c a rta de naturaleza. No obstante.) fue quien escribió los p rim e ro s com entarios sobre las Doce Tablas y publicó su texto.

El Pretor dice: «Si los barqueros. 6 y 8 (del libro 14). A ella unióse toda u n a larg a serie de co m en tario s a las Doce Ta­ blas. Así p o r ejem plo. 4. 9 Digesta. La interpretatio de Elio contenía adem ás. Y no se diga que esta d isp o sic ió n es dem a­ 7 Liber singularis enchiridii = Digesta. Labeo dedicó al m ism o fin unos tre in ta aproxim adam ente. 1 pr. conocida p o p u la r­ m ente tam b ién com o Ius A elianum . 1. 9. P or lo co­ m ún. E ste e d icto es de g ran d ísim o provecho. que en esencia es válida h a sta el día de hoy. por­ que con frecu en cia se depend e por en tero de la form alidad de é sto s al con fiar­ les co sa s para su guarda y cu stod ia. elem ento p o r elem ento. con excepción de las Doce Ta­ blas y las decisiones del Senado. Según Pom ponio. 2. U lpiano co­ m ienza el títu lo dedicado al tem a «Que los b arq u ero s. fue Labeo quien tro q u eló d efinitivam ente la form a del co m en tario ju ríd ico . fue el p rim ero en to m a r com o b ase de sus com entarios esta nueva fu ente de Derecho. e n tre ellos algunos de p u ro s filólogos. 8 Tan sólo las com plicadas leyes augusteas sobre el matrimonio fueron explicadas y co­ m entadas durante los siglos ii y m un total de seis veces y ello dentro de un marco am plísimo. que se explaya u n a y o tra vez en digresiones sobre m ateria s e x tra ­ ñas al E dicto. El ed icto p re to ria n o se co n v e rtiría luego en el texto fu n d am en tal de la m ano del cual la form a del co m en tario ju ríd ico se d esarro lló d u ra n te el decu rso del P rincipado h asta u n a cie rta perfección. que superó en tres libros a Paulo y cuyo co m entario se incorporó de fo rm a ta n com pleta al Digesto que puede reco nocerse fácilm ente su e stru c tu ra . Con m ayor rigidez que Paulo. v erd ad eras m inas p a ra el clásico tard ío Paulo (78 libros A d ed ictu m praetoris) y sobre todo p a ra U lpiano. . la cu n a del D ere­ cho» 7. pero hab ía liquidado su em peño en tan sólo dos breves libros. la ju ris p ru d e n c ia em an ad a en relación d irec ta con la Ley de las Doce Tablas. En el siglo n d. el texto co rresp o n d ien te del E dicto es citado lite ralm en te y co m en ta­ do luego. un contem poráneo y am igo de Cicerón. h allaro n sólo esp o rád icam en te un com en­ ta d o r 8. pondré contra e llo s un tribunal». ta re a fu n d a­ m en tal ésta de todos los co m en tario s filológicos —y tam bién m édicos— tan to griegos com o latinos. «por así decirlo. U lpiano se atiene estre ch am en te al texto básico. 2. Sexto Pedio re d actó 50 libros y Pom po­ nio incluso 150. Leyes populares. los co m en tario s de los edictos fueron to­ m ando un volum en cada vez m ayor. fue esta obra. posaderos y dueños de c u a d ras y co rrales deben devolver lo que han recibido en custodia» con las siguientes co n sideraciones 9. con el m uy m inucioso que dedicó a las Doce Tablas y los aún m ás am plios dedica­ dos a los dos edictos p re to ria n o s. lo s posad eros y los d u eñ os de esta b lo s y cuadras no devuelven lo que han recib id o de algu ien para que sea cu stod iad o. — 2.. d. 38.La literatura jurídica 265 en desuso y de p árrafo s necesitados asim ism o de aclaración. tra s u n a co n sideración previa acerca del sentido y fin alid ad del edicto en p a rtic u la r. C. P ara la po sterid ad . de fo rm a m uy sensata. Servio S ulpicio Rufo.

y que tien e que ser resp on sab le no sólo de c u an to com etan las gen tes de la trip u lación . Los ju ris ta s rom anos. M as hay que exam in ar quién resp on d e por todo. Aquí es preciso d istin g u ir varios tipos de com entarios. 2. No sólo fue co m entado el edicto del m ag istrad o ju d icial rom ano. E l Pretor dice ‘lo que han recibido de a lgu ien . para su c u sto d ia ’. «Die Aristophanes-Scholien der Papyri II». no pu ed e ser o b ligad o legalm en te por un rem ero o por un m ozo de señ a­ les. porque está en su lib re volu n tad ad m itir a alguien com o h u ésped o no. Los com entarios ro ­ manos a textos legales o a edictos son en su to talid a d explicaciones m inu­ ciosas y com pletas. Y e sto q u iere d ecir ‘cu a lq u ier co sa o m ercadería q u e hayan recib ido'. por el co n trario . que escribió tre in ta libros A d ed ictu m provinciale. Porque.. sin o tam bién de las accion es de los restan tes pasajeros. Por el co n trario .. Por tal ha de en ten d erse todo el que se d ed ica al n egocio de un barco. notae. e llo sería un a cicate para aliarse con lo s lad ron es en contra de lo s h u ésp ed es. que eran m ás bien breves observaciones sobre este o aquel punto concreto antes que u n a explicación total del texto 1 0 . la au to rid a d de los ju risco n su lto s e ra tam ­ bién Derecho. o tam bién cuando no han sido en tregad as d irectam en te. aun qu e son llam ad os 'barqueros' todos los que se hallan en él para se r v ic io s y m anejo del m ism o. luego m ás extensos scholia. aunque si se ha dicho a alg u ien que se co n fíe a uno de los que trip ulan el barco. com o en el m odelo griego. que com pusieron co­ m entarios breves de 6 y de 5 libros respectivam ente. com o por C alístrato (ba­ jo Septim io Severo) y F urio A ntiano (siglo m tardío). sino tan só lo por sí m ism o o por el capitán del barco. El P retor d ice ‘barq u ero’. en los com entarios a los escritos de ju risc o n su lto s predom inan las anotaciones breves. Sin em bargo. en Rom a. ya que ni siq u iera ahora dejan de lad o ta les d o b leces. sino tan só lo por el hech o de que hayan sid o llevadas a la nave han de ser son sid erad as com o ‘a c ep ta d a s’ o recibidas? Y yo opin o que el barco tom a sobre sí la cu stod ia de todo cuanto es llevado al barco. en Byzantion. Zuntz. y ello por ju risco n su lto s q ue vivían fu e ra de la cap ital del Im perio: p o r Gayo. páginas 547-594. co m o P om ponio dice. co n sisten te en am plias explicaciones que fo rm a­ ban un todo co h eren te. La ciencia helenística conocía en efecto dos m odos de co m entar textos clásicos. hypom nem ata. explicaron y co m en taro n con frecu en cia los escritos de colegas fam osos de épocas an terio res. 10 Véase G. Y si no estu v ie se a sí ordenado. el P retor se refiere aquí ex clu siv a m en te al em p resa rio o patrón del barco. el edicto del gobernador. es la ta re a de co­ m en tar textos de ju risco n su lto s. E x trañ a a la lite ra tu ra ju ríd ic a europeo-continental. com o los de H om ero o Platón: el co m entario m inucioso (hypom nem a). sino tam bién su equ iv alente en la provincia. y los o rig in ariam en te breves. Mas ¿recib e para su cu sto d ia tan só lo cuand o las cosas han sid o llevad as a bordo de la nave y en tregad as en m ano.266 Literatura universal siad o dura para con ello s. se ha de tom ar sobre sí la resp on sab ilid ad sin duda alguna. 14 (1939). .

esto es. quienes e jercitaro n su lucidez c rítica en ob ras de valía clásica com o los Digesta de Ju lian o y las R esponsa de Papiniano. En estos Libri ad Sabinum . C om entarios m uy d etallados de escrito s de ju risco n su lto s se encuen­ tra n sólo en Pom ponio y los clásicos tard ío s. que e ra n leídos y critica d o s a n a lítica­ m ente. y los in n u m erab les li­ bri ex: de Iavoleno. d. y p u e­ de lim itarse a c a p ta r la norm a ju ríd ic a con p u n tu a lid a d y exactitud. de ocasión p a ra la m a te ria juríd ico -p riv ad a asignada al corpus del ius civi­ le. los E x M inicio libri VI de Ju lian o y o tro s m uchos “ . el p rim e r co m en tario de este tipo es o b ra de Servio Sulpicio. au n q u e o tras su m in istra n razones en p ro del texto legal fu n d am en tal o lo en riq u ecen de algún o tro modo. 16 y —com o U lpiano— en m ás de 60 libros. también x a £ K xcov v o ( í c o v FlXáxcJvoq de Aristóteles. no n ecesita p re o cu p arse p o r el problem a de la relación in te rn a del o rd e n a­ 1 1 Cf. E ra n o rm al tr a ta r tan sólo una selección del m ateria l ju ríd ico allí ofrecido. . de lo que re su lta b a luego el epítom e com entado: Labeonis posteriorum (o rig in ariam ente 40 o m ás libros) a Iavoleno epitom atorum libri X. Labeonis p ith a n ó n a Paulo epitom atorum libri VIII. Y también del m ism o x a ¿k xrjq •noXixEÍca. Así. llam ad as tam b ién Notae Mucii. o VII. de la m ano de un escrito u o b ra de un ju risco n su lto an terio r. N eraceno y Pom ponio. evidentem ente. la a u to ri­ dad clásica e intocable. b asad a p rin cip alm en te en las an tig u as leyes p opulares. En el siglo i d.La literatura jurídica 267 que poseen con frecu en cia u n a tendencia crítica. las anotaciones ju ríd ic a s ro m an as deben su origen sin du d a a la lección p ro n u n c ia d a en la escuela: la enseñanza teó rica se verificó ya entonces. Al igual que los escolios griegos —y aquí lo d elata ya el n o m bre m ism o—. «anotó» P róculo las Posteriora de Labeo y así continuó la co stu m b re h a sta los clásicos ta rd ío s M arcelo. ese texto básico servía sim plem ente de m otivo p a ra desplegar el pro p io ingenio de ju risco n su lto . en p a rte con in d u dable éxito. Ulpiano y sobre todo Paulo. un extracto de las Leyes de Platón en tres libros. ju n to con su d esarro llo p o sterio r h a sta el tiem po p resen te. C ervidio Scévola. com o el E x Plautio libri V. aquí. co m entaron el delgado Ius civile de M asurio S abino en 35. ra ra m e n te pro clam an u n a ap ro b ació n lisa y llana. com o h ab ía sido y seguiría siendo siem pre el caso en la lite ra tu ra grie­ ga de co m en tario s y en toda la no ju ríd ica. quien com puso las Reprehensa Scaevolae capita. m ereced o ra del crecien te ahínco de los com entado­ res. M anuales de enseñanza El a u to r de un co m entario no p recisa de grandes dotes lite raria s.» un extracto en dos libros de los 10 que integran la Política. C. el texto fundam ental —incorporado siem ­ p re a los co m en tarios ju ríd ic o s— no era ya el cen tro de gravedad. Según n u e stra trad ició n .

sin em bargo. y en la estela de u n a recep­ tividad g eneral fren te a las influencias griegas. el g ran logro: los Iuris civilis libri X V II I de Q uinto M ucio Scévola. cada a u to r puso toda su am bición en e n c o n tra r una sistem ática todavía m ás convincente. en form a de diálogo—. u n a exposi­ ción co n ju n ta y ex h austiva del ius civile. H allam os p o r p rim e ra vez este títu lo en N eracio. «Zum Ursprung der bonae fidei judicia». T am bién p a ra los p rim ero s co­ m en taristas ju ríd ico s rom anos parece h a b e r re su ltad o e x tra ñ a la idea de un o rd en am ien to ju ríd ic o general que a b a rc a b a la to talid a d de lo escrito y com entado. com ienza tam b ién la ju ris ­ p rudencia a a d o p ta r ac titu d es m ás libres. Rom. d. C. 12 Por lo que respecta al Derecho m aterial baste con la referencia a F. Sin e m b ar­ go. a sab er Regulae. d. Todos los es­ critos sobre ius civile que an u n cian u n a intención u n ita ria a trav és de su título com ún o frecen la m a te ria tem ática en u n a ordenación sistem ática distinta. evidentem ente. podem os u tiliza rlas aún hoy en día. la m ayor fam a y difusión fue alcanzada p o r u n a de las m ás recientes y al m ism o tiem po la m ás breve y concisa o b ra sobre el ius civile : nos referim os a los tre s lib ro s del g ra n m aestro en D erecho y fu n d a d o r de u n a escuela ju ríd ic a M asurio Sabino (bajo el em p erad o r Tiberio). no debe d ed u ­ cirse que los a u to re s ab a n d o n aro n p a ra siem pre las exposiciones del con­ junto. El volum en de las obras de tipo R egu­ lae y la o rd en ació n de las m ateria s que las m ism as nos ofrecen. 1 y ss. hijo del Censor. este esc rito h a b ría de co n ser­ var su ac tu a lid a d h a sta m uy a d e n tra d a la época clásica tard ía. C. en Zeitschrift der Savigny-Stiftung für Rechtsgeschichte. M arco Ju n io B ru to los Libri II I de iure civili. de lo que. Algunos de los conceptos ab s­ tracto s ofrecidos en p a rte aquí. Quinto M ucio e ra evidentem ente p a rtid a rio —no siem pre p a ra provecho del problem a objetivo— de la teo ría esto ica del conocim iento. E sta obra. Wieacker. y en p a rte en un Liber singularis opcov (definiciones de conceptos jurídicos).268 Literatura universal m iento ju ríd ic o en cu a n to u n id ad in telectu al que tran scien d e cada u n a de las disposiciones co n c retas e individuales. siguió. en los que la m a te ria tem ática está o rd e n ad a se­ gún rasgos propios y desvinculada del sistem a legal. .) no enco n tram o s ya m ás este título. págs. nos dejó unos C om m entarii iuris civilis. Lo que o cu rre es que éstas llevan ah o ra o tro títu lo distinto. 80 (1963). fue la p rim e ra que ordenó la m a­ teria según géneros de p roblem as ju ríd ico s. Abt. co m entado con frecuencia. eran tan poco u n itario s com o en las o bras p u blicadas bajo el títu lo de Ius civile.. el «siste­ ma». C. u n a generación m ás tard e .. Tras el Ius civile de Gayo Casio Longino (m ediados del siglo i d. Pero a m ediados del siglo n a. y se rep ite ya h asta los años del clasicism o tard ío . E n el te rre n o lite ra rio 1 2 esto se expresa en el hecho de que a p a rtir de ah o ra se re d actan m anuales di­ dácticos in dependientes. A los p rim ero s in ten ­ tos en esta dirección —M arco Porcio Catón. Todavía en el siglo ii d.

los otros m a n u m itid os. En otro s cam pos de la ciencia.. P orque las unas son de D erecho divino. los griegos habían p re sen tad o ya desde hacía 13 Las pruebas concretas en R. las otras de D erecho hum ano. de la m ateria tem ática. u n a nove­ dad (¿o acaso lo p arece tan sólo p o r el m al estado de conservación de la lite ra tu ra ju ríd ic a anterior?). Greiner. págs. y esta novedad sería la sistem atización.La literatura jurídica 269 Todas estas o b ras eran desde luego m anuales con elevadas p reten sio n es de calidad científica.. bien a las c o sa s. o escla v o s. y desde A ugusto colonia ro m an a con privilegios especiales) cu rso s ju ríd ico s elem entales. C. Y de aquí su rg iero n los fam o­ sos In stitu tio n u m libri IV.. los ju risco n su lto s ro m anos no negaron tam poco aquí su p roveniencia de la an ­ tig u a casu ística. La su prem a c la sific a ció n del d erech o de las p erson as es que todos los hom b res son o libres. no fue d esa rro llad o en la p a tria de origen de la ju risp ru d e n c ia rom ana.. 130 y ss. 8-12. en Rom a m ism a. . c a re n te de p resu p u esto s. sino en el suelo de las colonias intelectu ales. una conclusión errónea. tal y com o co­ rresp o n d ía al c a rá c te r de un m anual elem ental de fácil com prensión. la ún ica o b ra ju ríd ic a que ha llegado h a sta noso­ tro s casi com pleta procedente de la época clásica. y h asta donde nos es posible hoy un cotejo.. La c la sific a ció n su p erior de las co sa s lleva por ello a una su b d ivisión en dos grupos. Ahora con tem p larem os las c o ­ sas. no ob stan te. algu n os son lib res de n acim ien to. . o trata de dem and as y de n eg o cio s ju ríd icos. 2. en R om a— ofreció p ro b ab lem en te en el lejano B ery t/B eiru t (que e ra todavía un islote lingüístico latin o en el O riente de hab la helénica o b á rb a ra . De los hom b res libres. R ealm ente. a su vez. en los que la sim plificación de la m a te ria y su exposi­ ción ad u su m d elphini se m antuvo siem pre d en tro de lím ites discretos. P or ello tenem os aquí p o r p rim e ra vez la e stru c tu ra c ió n siste m átic a h a sta los m ás pequeños d e ta ­ lles (1. De D erecho divin o son por ejem p lo las c o sa s con sagrad as a los d io se s o con sagrad as por en terram ien to. O tra ca­ ra c te rístic a de las In stitu tio n es de Gayo p arece ser.. que está n en n u estro p atrim onio o bien aq u ella s que se hallan fuera de n u estro patrim onio. com o se llam ab a desde siem ­ p re la enseñanza ju ríd ic a p a ra p rin cip ian tes. Karlsruhe. De los lib er­ tos o m an u m itid os hay a su vez tres c la ses. d. o p erten ecen a los soju zgad os. m i­ nuciosa h a sta los últim os detalles. los R egularum libri X V de N eraceno 1 3 .. El m anual p a ra p rin cip ian tes. sin embargo. 1-3 y 10): El D erecho q u e ap licam os afecta bien a las p erson as. O bien se trata de ciu d ad an os rom a­ nos. 1973. Opera Neratii. En el libro prim e­ ro hem os ex p u e sto el derech o de las personas. un tal Gayo —form ado profesionalm ente. las m ateria s están o rd en ad as ex actam en te igual que en la exposición de co n ju n to inm e­ d iatam en te preced ente. p o r supuesto. Greiner extrae. etc. H acia el 160 d. dedicados p o r ta n to al instituere. Las c o sa s que son de D erecho hum ano se h allan b ien en propiedad pública. o de ciu d ad an os latin os. Y com o prim er punto q u erem os tratar de las p erson as. bien en privada.

Un p ar de puntos flacos fu ero n com pensados p o r el a u to r m ism o en una segunda re ­ dacción. e sta nueva o b ra no p udo ya desp lazar a las Institutiones. En B eryt enseñó y actuó tam bién. éstas se co n v irtiero n m uy p ro n to en el libro de ciencia ju ríd ic a m ás fam oso y co n su ltad o de todo el Im perio. razón p o r la cual es conveniente h a b la r de «exposi­ ciones de tem as co n cretos» o individuales an tes que de «m onografías». Tem as espe­ ciales del D erecho privado ap arecen m uy ra ra s veces d u ra n te la República: . y p o r ello no son exactas sus afirm aciones. co rreg id a y re elab o ra d a m inuciosam ente. al que dio el títu lo de Pandectae. Exposiciones de tem as individuales Hoy día se esp e ra el estu d io y análisis m ás detallad o de los problem as jurídicos en las m onografías especializadas. d. En Gayo.— el D erecho sag rado. com o C alístrato (hacia el 200 d. Y después de él nos son conocidos 2 lib ro s de In stitu tio n es de cada uno de los dos ju risc o n su lto s im periales (bajo Severo) Paulo y U lpiano y 16 de M arciano. m ás am plio. alcanzando la m ayor perfección en la R etórica. y este m ism o títu lo ostentó asim ism o el m anual elem ental. Ob­ jetos p red ilecto s fu e ro n en un prin cip io —desde m ediados del siglo n a. Sin em bargo. Bien es ver­ dad que su a u to r —que escribió adem ás o tra s m uchas o bras ju ríd ic a s de carácter trad icio n al— apenas si obtuvo popularid ad en Roma. Pero este género cien tífico -literario acabó p o r o b ten er c a rta de n atu ra leza en la m ism a Roma. quedan m uchos puntos sin acab ar. Ya an tes de Gayo hab ía re d actad o allí el gran Pom po­ nio un in ten to parecido. C. si bien sólo en bosquejo. T am bién este género. así como m ateria s p ro p ias del D erecho público o político-estatal. au m en tad a ahora a un total de 7 libros y titu la d a pom posam ente Res cotidianae sive aures. todavía m ás grueso.) o F lorentino (siglo iii tardío). de una casuística fu e rte m e n te co ndensada en to rn o a un cam po tem ático concreto que de u n a cu id ad o sa elucidación de todos los puntos de vista posibles en torno a u n a cu estió n concreta. aunque m ucho m ás m odesto: los E nchiridii libri II. de su discípulo M odestino. verosím ilm ente. antes al co n tra rio . C. desde luego. pero en Beryt fundó ev id entem ente la n o m b rad ía de un ep icen tro de la ju risp ru d e n c ia rom ana. el co­ m entario y an álisis m inucioso de problem as especiales en el m arco de es­ critos tam b ién especiales. e stab a ya p re fig u rad o en la lite ra tu ra ju ríd ica rom ana. de la obra. en efecto. U lpiano escrib ió adem ás un segundo m anual. De este m odo se a b a rc a ro n p o r lo com ún terrenos m uy am plios.270 Literatura universal largo tiem po tales intro d u ccio n es de c a rá c te r sistem ático. este o aquel ju risc o n su lto e s c rito r de « Institucio­ nes». que m ás tard e b o rra ría incluso a la m ism a Rom a. y en especial el D erecho pontifical y augural. se tra ta b a m ás bien. el p rim ero de ellos y d u ra n te m uchas c e n tu ria s tam b ién el único.

U lpiano estu d ió luego los re sta n te s cam pos ju ríd ico s sobre los que h ab ía recaído ju ris p ru d e n c ia p o r p a rte de los trib u n a le s es­ peciales en la época del P rincipado. 85 (1968). . Tijdschrift voor Rechtsgeschiedenis. p o r el c o n tra rio . en Z eitschrift der Savigny-Stiftung für Rechtsgeschichte. C am ­ pano y A burnio V alente se especializan en el fideicom iso. p a ra in clu ir de nuevo. Kunkel. em pezando p rim ero p o r el cam po del D erecho privado.. ag ru p an d o estos estu d io s en los 10 lib ro s De ó m n ib u s tribunalibus. 257. y Servio S ulpicio explicó y com entó la in stitu ció n ju ríd i­ ca de la dote. Rom. D uran te un período re lativ am en te largo se co n cen tran los estu d io s sobre el D erecho privado. y en el te rre n o de la ad m in istració n . Abt. C. En el te rre n o del D erecho penal público. unos doscientos años. 15 Del autor. U lpiano y M arciano. el in stitu to ju ríd ic o de los jueces ju ra d o s en las p o strim e ría s del siglo ii M eciano —que tam bién escrib ió sobre el fideicom iso— y V enuleyo —que publicó adem ás co m en tario s concretos sobre tem as trad icio n ales de D erecho priv ad o —. del enju iciam ien to procesal. esto es. d esap arecen m uy p ro n to el ius sacrum y el ius publicum . la in stitu ció n de los ju rad o s ex istía ya desde tiem pos de Sila. Las expo­ siciones co n cretas docu m en tan cóm o los ju ris ta s.. cuyos 10 libros De officio proconsulis. b a sta n te m ás ta rd e y pieza p o r pieza. y no había in tere sa d o a nadie com o tem a de estu d io p o rq u e las decisiones y sentencias eran ad o p tad as aquí p o r cu erp o s colegiados de cierto n ú m ero de m iem bros y no sobre la base de un a delib eració n ju ríd ic a profesional 1 4 . que h ab ían sido d ec la rad a s ya legalm ente válidas y v in cu lan tes p o r el em p erad o r A ugusto. 14 El som etim iento a la disciplina jurídica también de esta m ateria depende quizás de los cambios pintados por W. ju n to a los que cu en ta un sin n úm ero de esc rito s m ás reducidos sobre tem as de D ere­ cho adm in istrativ o . g an aro n p a ra la ju risp ru d e n c ia . 34 (1966). d. esto es. sobre todo de la provincial con sus c u a tro libros De officio proconsulis. 219 y ss. De la provincia llegó después el im ­ pulso p a ra la in co rporación a estos análisis de la p ro b lem ática ju ríd ic a de la H acienda pública: C alístrato escribió De iure fisci et pop u li (4 li­ bros) 1 S . de m a n e ra de­ finitiva. fueron el libro ju ríd ic o m ás leído en la A ntigüedad ta r ­ día ju n to a las In stitu tio n es de Gayo. págs. Venuleyo tra jo p o r vez p rim e ra ante las m irad a s de los ju ris ta s la p ro b lem ática ju ríd ic a de la ad m in istració n m edia. tales com o los alim entos y o tro s m u ­ chos ju n to al fideicom iso. un in stitu to ju r í­ dico de las disposiciones de ú ltim a v oluntad sin form alism o ju ríd ic o e x te r­ no. y la ta re a fue pro seg u id a inm ed iatam en te p o r Paulo. a p a r tir de com ienzos del siglo ii d. En la época im perial. Y al fin se incluyó h a sta el D erecho castren se.La literatura jurídica 271 M anio M anilio y Ofilio escrib iero n m anuales p a ra la redacción de c o n tra ­ tos y testam en to s. van au m en ta n d o de nuevo el círcu lo de los tem as por ellos trata d o s. el D erecho público. Por últim o. pág. Paulo y sobre todo U lpiano. «Die Funktion des K onsiliums in der m agistratischen Strafjustiz und im Kaisergericht». p a ra h a lla r in m ed iatam en te seguidores en C alístrato (6 libros De cognitionibus).

el em p erad o r adoptivo. un U lpiano o un . P recisam ente Paulo. lógicamente. un Paulo. un P apiniano. las funciones m ás vinculadas a R om a que al Im perio. m uy d etallad o s y dedicados a nuevos e inéditos cam pos de la ciencia ju ríd ica. p o r ejem plo. F uente de D erecho p reem in en te no es ya aquí la au to rid a d de los ju risco n su lto s. este ú ltim o no debe ser juzgado. lleva la sutilización en los terren o s ju ríd ico s fam iliares a u n a nueva cum bre. y poco después de todos los ju risco n su lto s im por­ tantes —de un C ervidio Scévola. trá ta se de coleccionar. Y no es que los clásicos ta rd ío s hubiesen rep u d iad o los m atices y finezas h asta donde hab ían llevado a la J u risp ru d e n c ia los grandes m aes­ tros de la época clásica. lo que se pone de m anifiesto tam bién en el hecho de que sus principales rep resen tan tes. con lo que la praxis del m ás hu m an o de todos los d iri­ gentes políticos de la h isto ria de Roma. reconocido en p rin ci­ pio aun cuando la ju ris p ru d e n c ia im perial perdió poco tiem po después la honestidad ju ríd ic a y ética. En conjunto. a p a r tir del final del siglo n. y Paulo y Ulpiano. com o había sido aú n n a tu ra l y obvio p a ra un Celso o un Juliano. co stu m b re en la que destacan sin g u larm en te Pom ponio y Ulpiano. La c a rre ra oficial de un M eciano. esto es. fue elevado a la condición de dechado a seguir obligatoriam ente. p o r no h a b la r siq u iera del despliegue de detalles y sutilezas. sólo p o r sus esc ri­ tos de c a rá c te r trad icio n al. la ju risp ru d e n c ia rom ana. una lite ra tu ra h a rto ruda. Debido en p rim e r lu g ar a esta expansión de su cam po tem ático. del m anejo p rá ctico de los cam pos de actividad estata l co rresp o n d ien tes. Su m érito m ayor son p o r el c o n tra rio los tr a ta ­ dos concretos. el hecho de que ah o ra se citen m ucho m ás frecu en tem en te que antes los ju rista s antiguos.272 Literatura universal Todos estos estu d io s de p rim e ra o de segunda m ano dedicados en la Antigüedad clásica ta rd ía a terrenos com pletam ente nuevos son. de ser un fenóm eno p u ra ­ m ente lim itado a la u rb e y dotado de un c a rá c te r levem ente esotérico. com o lo m u estra. en n um erosas m o nografías breves sobre cuestiones de D erecho privado y procesal o de c a rá c te r jurídico-teórico. en especial cu an d o el e m p erad o r había im partido in stru ccio n es co n cretas o incluso h ab ía dado ocasionalm ente lí­ neas directrices. Sin em bargo. Y ni siq u iera todos los a u to re s colm an al m enos las n u m ero ­ sísim as lagunas que se ab ren en la regulación ju ríd ic a e n tre las decisiones o sentencias im p eriales ni se elevan desde las co n stitu cio n es h a sta m áxi­ mas de c a rá c te r general. en sus escrito s de c a rá c te r trad icio n al. no quedan p o r debajo del nivel científico alcanzado an terio rm en te. ya no siguen la c a rre ra senato­ rial. la lite­ ra tu ra de los clásicos tard ío s se to rn a m ucho m ás a b u rrid a y seca en com ­ p aración con la de la época precedente. re v isa r y o rd e n a r todos los ejercicios ju ríd ico s existentes. sin em bargo. h a­ bía pasado a ser definitivam ente u n a ju ris p ru d e n c ia de todo el Im perio. Algunos de estos escrito s se an to jan una sim ple suce­ sión de los d ecretos y laudos im periales relativos a un d eterm in ad o círculo de problem as. P apiniano co n tin ú a esta línea con toda dignidad.

R ationes decidendi — Entscheidungsbegründungen bei den alteren róm ischen Juristen bis Labeo. por H. Ideología e diritto in Gaio Cassio Longino. —. en Sym potica Franz Wieacker. C. 183-188. 331-349. Munich. 1960. Krüger. vorchristlichen Jahrhunderts». los em p erad o res estab a n afan ad o s en la ta re a de la p u ra y sim ple supervi­ vencia o. fue estricta m e n te la de m iem bros de la clase de los cab alle­ ros. 183-214. 1934(Reimpr. todo lo m ás. Schulz. E sta ce rca n ía con re sp ecto al em p erad o r en c e rra b a tam bién. Colonia-Graz. en Aufstieg und Niedergang der róm ischen Welt. Elio M. S. Das system atische Lehrbuch — Ein Beitrag zur Geschichte der Wissenschaften in der Antike. incluso geográficam ente. F. págs. Berlín. P. von Lübtow). d’Ippolito.La literatura jurídica 273 M odestino—. u n a vez su ­ p erad a la crisis. Gotinga. 21961. Los jurisconsultos de com ienzos de la m onarquía F. Aalen. Geschichte der Quellen und Litteratur des róm ischen Rechts. C. En las p o strim e ría s del siglo iii . sus peligros. «Augustus und die Juristen seiner Zeit». 1972 y ss. en Tijdschrift voor Rechtsgeschiedenis. Nápoles. F. págs. Go­ tinga. Vom róm ischen Recht. Munich. esto es. H erkunft und soziale Stellung der róm ischen Juristen. Horak. págs. Los jurisconsultos del s. «Die róm ischen Juristen in der politischen G esellschaft des 2. Indicaciones bibliográficas Generalidades F. Weimar. Wieacker. II a. 1969. ed. 1970. Berlín. la lite ra tu ra ju ríd ic a cesa de golpe. . Liebs. Weimar. en Sein und Werden im Recht (Festgabe für U. Interpretatio — Notizen zur Wortgeschichte. p a ra re a p a re c e r m edio siglo después. 104-121. con la defensa d ese sp erad a del Im perio. W. Fuhrmann. Manuales de enseñanza elem ental M. Temporini. todos ellos p erte n ecía n a u n a clase o estam en to cuyos funcio­ n ario s estab a n m uy estre ch am en te vinculados al em p erad o r y a la adm inis­ tració n del Im perio. p o r su puesto. 1970. 80-110. D. 1961. cu a n ­ do el e m p erad o r y el Im perio R om ano cayeron en u n a gravísim a crisis. Geschichte der róm ischen Rechtswissenschaft. 37 (1969). Berlín. Stuttgart. F. Casio Longino F. Kunkel. 21912.. Fuhrmann. 1967). Prinzipien des róm ischen Rechts. Wieacker. 1952 (Reimpresión. Róm ische Provinzialjurisprudenz. 1954). y acab aro n p o r alejarse d efin itivam ente de Roma. com o un m ísero reflejo de la gloria pasada. págs. 1969. Wieacker.

1965. por G. Bund. ed. P.K. 1 (1918). 1435-1509.W. Paulo Literatura universal A. 690-752. Kroll . cois. en Paulys Realencyclopadie der classischen Altertum sw issenschaft. Ziegler. en Studia et docum enta historiae e t iuris. Berger. «Domitius Ulpianus». «Iulius Paulus». en Paulys Realencyclopadie. tomo 5. Untersuchungen zur M ethode Julians. 1 (1903). 34 (1968).274 Juliano E. 363-375. Ulpiano P. págs. Jors. «La cultura di Ulpiano». W issowa . tom o 10. Colonia. Frezza. . cois.

C. que se inicia h acia el año 60 a. 95. las nuevas exigencias. rep ro ch e que H oracio lan za rá m ás ta rd e co n tra Lucilio. y sobre lo que se llevó a cabo fu e ra del d ra m a apenas si sabem os nada.LA POESÍA INDIVIDUALISTA O PERSONAL DE LA ÉPOCA CLÁSICA K e n n e t h Q u in n La época La época clásica de la lite ra tu ra ro m an a coincide apro x im ad am en te con el p rim e r siglo an tes de n u e stra Era. su observación sobre Sufeno. ten ía el gusto p o r la ex p erim entación y no carec ía de calidad. S iguieron escribiéndose. 36 y 95). d. Es un m otivo de 1 Comp. o con Volusio.) y la a p a­ rición de C atulo y L ucrecio pocos acontecim ientos p arecen h ab e rse p ro d u ­ cido en el cam po de la poesía rom ana. c. y H ortensio. sí. 14) d esp ach a con tan pro fu n d o desprecio: con hom bres com o Cesio. se h ab ía secado casi p o r com pleto a finales del siglo y com ienzos del si­ guiente. no satisfac ía ya. Un estu d io que tenga p o r objeto la poesía clásica h a b rá de lim itarse sin em bargo a un período de tiem po m u­ cho m ás corto. C. un p o eta que.). p ero el gran cau d al de la poesía d ram ática. a u to r de poem as épico-históricos. 21. Aquino y Suffeno. C atulo re p ro ch a a estas gentes el ser p o etastro s desali­ ñados '. que h ab ía com enzado a m a n a r con P lauto. con C atulo y Lucrecio y acab a con la m u erte de Ovidio (17 d. C. piezas te a tra le s (m ás trag ed ias que com edias). En el lapso com prendido e n tre la m u e rte de L ucilio (102 a. a quien extienden la polém ica otros poem as (c. La a n ti­ gua fo rm a superficial y descu id ad a de e s c rib ir poesía. E sta lag u n a puede ser colm ada h a sta cierto grad o con aquellos «pési­ m os poetas. T erencio y Ennio. a ju zg ar p o r los fragm entos que de él se h an conservado. evidentem ente. M ención a p a rte m erecería Levio. . c. plaga de n u e s tra época» que C atulo (c.

Así —y pese a cierto s em peños surgidos en la época que se extiende de L ucilio a C atulo—.) y los éxitos de C ésar en las G alias. según sabem os. Con gusto sab ría m o s m ás acerca de Levio que lo que nos revelan los escasos frag m en to s (unos sete n ta versos en total) de él conservados.. (Andróm aca te h a tejido p o r juego / con m ano tie rn a y lasciva. Morel. pág. Pom peyo y Craso.) ab rió paso a aquella época de paz d u ra d e ra y gobierno estab le que designam os com o época augustea. y al año siguiente fue nom brado caudillo m ilitar en las G alias. escrito s todos an tes del 60 a. cuando V arrón era toda­ vía relativ am en te joven). / solícita y vacilante / p a ra mi cabeza com o insólito presente).. un acu erd o inform al con los dos hom bres más influyentes de Rom a. sólo la definitiva v ic to ria de Actium (31 a. de W. en la esperanza de a rra n c a r. del rango por ejem ­ plo de un C atulo. C. Dieciséis años d esp u és de aquel convenio h abían m u erto los tres. a algunos elegidos de sus lóbregos p re sen ti­ 2 Fragmenta poetarum Latinorum. En él logró C ésar. trepidans libens. que según la concepción tradicional rom ana era to d av ía a la sazón un joven político lleno de am bición (acababa de cum p lir los c u a re n ta años). . con su ayuda. ed. es u n a fecha im p o rtan te en la histo ria de R om a. consistían. E stos tres hom bres son llam a­ dos a veces el « p rim er triu n v irato » . cuando las bandas organizadas de las direcciones y p a rtid o s políticos enem igos lib rab a n en las calles de Rom a en carnizadas b a ta lla s. con el que em pezam os. com puestas en diversos m etro s.276 Literatura universal alegría tro p e z a r con un a u to r latino de la generación a n te rio r a Catulo que era capaz de e sc rib ir versos ta n elegantes com o éstos 2: Te A ndrom acha per ludum m anu lascivola ac tenellula capiti meo. C. C. en ensayos en prosa en los que esta b a n en trem ezclad as breves piezas en verso. En aquellos años co m prendidos en tre el consulado de M etelo (60 a. C. C ésar fue elevado a la dignidad de cónsul el 59 a. Bien es verdad que tam p o co ofrecen m otivos p a ra su p o n er que con él se ha perdido p ara n o so tros un poeta v erdaderam ente grande. C. 56. La larga y enconada lu ch a e n tre los h ered ero s de C ésar d u ró otros trece años.. Las geniales cam pañas m ilitares de los años subsi­ guientes le o to rg a ro n el po d er necesario p a ra el d erro cam ien to del Estado. Leipzig. 21927. encam inado a g o b ern ar el m undo co n ju n tam en te y p a ra provecho y u tilid ad recíprocos. térm in o con el que sólo q u iere desig­ narse el convenio privado e n tre ellos. la poesía com ienza de nuevo con C atulo y Lucrecio. escribió L ucrecio su gran poem a. insólita p lexit m uñera. Y las Sátiras m enipeas de V arrón (que o cupaban según parece 150 libros. El año 60 a.

supervivientes de las g u e rra s civiles com o lo eran tam b ién P ropercio y Tibulo. Del m ism o m odo fue v ero sím ilm ente el año del consulado de M etelo en el que la esposa de éste se convirtió en la am an te de un joven. p ro d u cto s de u n a época en la que el individuo com enzó a p e rc a ta rse de que sus pro p io s sen tim ien to s y pen sam ien to s podían sig n ificar p a ra él m is­ mo y tam b ién p a ra o tro s seres hum anos m ucho m ás que el E stado. 49 y s. con excepción de Tibulo. C atulo algo m ás de veinte.. L ucrecio y Catulo. C. p erte n ecía a la te rc e ra generación. 10. son am bos. S us poem as surgieron en el d ecu rso de tre s generaciones que se in te rfie re n de form a significativa: en el año 60 a. Y am bos d ieron a la poesía ro m an a u n a a u te n tic id a d del sentim iento y una d irec ta conexión con la realidad. P ropercio. La m ay o ría de lo que —según sabem os— escrib iero n h a sobrevivido al p a­ so de los siglos. Virgilio. El re su ltad o fue u n a trad ic ió n poética que. Pese a to d as las d iferen cias en su poesía. los últim os nueve años en el exilio. si bien sólo p o rq u e este ú ltim o significó de p ro n to tan poco p a ra todos. h om bre solitario. Ovi­ dio.. C. la o b ra es b as­ tan te volum inosa. A este contexto trad ic io n a l perten ecen siete n o tab ilísi­ m os poetas: Lucrecio. . que h iciero n de sus ob ras algo nuevo y excitante. y pudo cre c e r con la sensación de que todos esos acontecim ientos se h a ­ bían d esa rro llad o an tes de su propio tiem po. y éste com enzó a e sc rib ir poesías sobre ella y d irigidas a ella. V irgilio diez y H oracio cinco. y la am istad con Tibulo surgió poco antes de la m u erte de éste.Ambos eran p o etas de altísim o rango. Llegó apenas a tiem po de conocer a Virgilio. H oracio. con la m u erte de Ovidio.. Ambos vieron en la poesía u n a actividad im p o rtan te y ú til p o r dem ás (aunque L ucrecio no pudo decidirse jam ás a reco n o cer que la poesía e ra p a ra él m ás im p o rta n te que la filosofía). pero sólo con P ro p ercio llegó a u n irle u n a v erd ad era am istad \ Sobrevivió a los dos últim os citados en casi un c u a rto de siglo. y en todos ellos. p ersistió viva h a sta tres c u a rto s de siglo m ás adelante. nacido el 43 a. el últim o poeta a u tén tico de su época. 51 y s. Catulo. —en el año en que fue asesinado C icerón y un año después del asesin ato de Julio C ésar—. El com ienzo de la e ra au g u stea tuvo en V irgilio y H oracio ho m b res ya m aduros. Conoció a H oracio en las lectu ras que éste h ac ía de sus odas. p a ra ellos m ism os y p a ra todos sus lectores h a sta el día de hoy. co n tab a L ucre­ cio quizás poco m ás de tre in ta años. 4. 45 y s.La poesía individualista de la época clásica 277 m ientos y de su re p u g n an cia p o r el m undo m iserab le y corrom pido que les ro d eab a y llevarlos a los consuelos de la filosofía. Tibulo y Ovidio. renovándose de generación en generación. Un cierto consuelo le ofreció indu d ab lem en te en Tom i la convicción ín ti­ 3 Tristia. h o m bres p o r lo ta n to cuya evolución in telectu al h ab ía sido tro q u ela d a ya decisivam ente an tes de dicha era. que hicieron su rg ir casi de la nada la poesía am o ro sa rom ana.

Una imagen m enos am plia. 5 Annales. en m om entos de duda y desánim o. 1. 5 (54 a. u n a im agen d etallad a de la esce­ na política rom ana. y a la que adscribim os la elegía y lo que hoy es llam ado con frecu en cia —de m an era im precisa y. «el poeta en cu an to m aestro» y «el poeta en cu an to él mismo». Las únicas excepciones las co n stitu y en el. 2. así com o u n a tercera. A ñádese a ello el que se tra ta de la época m ejor cono­ cida de to d a la A ntigüedad. E stos escrito s co n stitu y en el trasfo n d o fa scin ad o r de la poesía de C atulo y L ucrecio. pero en m uchos aspectos igualm ente instructiva acer­ ca de la vida c u ltu ra l de los siguientes veinte años (esto^ es. sin duda. aunque C atulo no sea nom brado jam ás p o r Cicerón y éste sólo ofrezca u n a breve y vaga alusión a L ucrecio 4. P ara el ú ltim o c u a rto de siglo poseem os el resum en. El enjam bre de poetas de segunda y te rc e ra fila fo rm a b a el público ex p erto que p reserv ó a los poetas v erd ad eram en te del d eterio ro de su calidad y les dio. en nu es­ tra opinión. pero en su m ayo­ ría apenas si están re p re se n ta d o s hoy p o r algunos fragm entos m ínim os. y que no es si­ no —desde o tra p ersp ectiv a— la co rte im p erial re fin ad a y cu lta que re c u e r­ da con no stalg ia Ovidio desde su ásp ero exilio en las costas del M ar Negro. la época m ás fru c tífe ra de la poesía ro m an a y al m ism o tiem po u n a de las m ás ricas de toda la lite ra tu ra u n iv ersal. nos ofrecen las c a rta s de Cicerón. .278 Literatura universal m a de h a b e r sido un digno co n tin u ad o r de aquellos hom bres. que T ácito hace del gobierno de Augusto 5. tan b rillan te como am argo. H ubo n atu ra lm e n te . E stas tre s form as pueden ser re su m i­ das bajo los ep íg rafes respectivos de «el po eta en cuanto n arrad o r» . m ucho de lo que se ha p erd id o carecía de au tén tico valor.). p ero al m is­ mo tiem po hubo de te n e r sin du d a la conciencia plen a de cu á n to peso e influencia hab ía p erd id o el po eta en la vida p ública desde el inicio de la era de Augusto. nueva. C. e rró n e a — poesía lírica. que nosotros llam aríam o s «poesía personal». 4 Ad Quintum fratrem . E stas tre s g eneraciones re p resen ta n . y p o r su p u esto sus discursos. y de cu á n ta s concesiones (por m uy b rillan tes que fuesen) h abía tenido que h a c e r él m ism o al cad a vez p eo r gusto del público lector. Indudablem ente. ju n to a estos siete.lla m a d o A ppendix Virgiliana y algunos poetas elegiacos cuyas poesías h an llegado h a s ta n o so tro s ju n to con la o b ra de Tibulo y constituyen. la epopeya y el poem a didáctico. 11. C. 2 y ss. o tro s poetas. de la fase m ás fértil de la p o esía augustea) nos la ofrecen las Sátiras y las Epístolas de Horacio. Los fragm entos son valiosos sobre todo p o rq u e nos m u e stra n que la poesía desem peñaba a la sazón un papel m uy im p o rtan te. ju n to con ésta. H a sta el año 43 a. D entro de e sta rica producción lírica hay dos form as poéticas trad ic io ­ nales. el Corpus Tibullianum . la confianza de e s ta r crean d o algo valioso y d u radero.

El p o eta antiguo e ra consid erado n o rm alm en te com o un artesan o . del m ism o m odo que el a u to r de un a rtíc u lo en u n a enciclo­ p edia m o d ern a lesio n aría la etiq u eta si em please de p ro n to el estilo de un perio d ista. El E stado. Sin em bargo. La designación de «poesía oficial» no es un térm in o usual. H oracio o P ropercio parece algo obvio y evidente. Con ello. exclusivam ente «él mismo»). sí. com o un ex p erto en versificación. Sus lectores q u erían si duda alg u n a sab e r quién e ra él. en crisis de desm oronam iento. que com enzó a e x p re sa r a b ie rta m e n ­ te en la vida púb lica lo que h a sta entonces sólo h ab ía dicho en círculos privados. cuando era. H ubo. En la m ayoría de las form as de la lite ra tu ra antigua. p erdió tan to la lealtad com o el resp eto del individuo. en c o n tra p o ­ sición con el de p oesía personal. oím os cóm o el poeta nos hab la d irectam en te. y am bos conceptos p erm iten d iferen ciar de m an era clara dos form as fu n d am en talm en te d istin ta s de la poesía antigua. designa de m an era c e rte ra un estilo que era en Rom a m uy co rrien te. o bien cu an d o estab a d eterio rad o o d estru id o p o r c u a lq u ie r m oti­ vo el sentido de la com unidad y sus reglas de conducta. de su lib era­ ción de los grilletes de un ord en am ien to social ex tra o rd in a ria m e n te rígido. lo que q u erem os afirm a r con ello es m ás bien que su p erso n alid ad se com unica de m an era in m ed iata a todo cu an to escriben. el adem án y el com p o rtam ien to oficiales e ra n obligatorios. La ap arició n de la poesía personal en Rom a d u ra n te la agonía de la R epública fue un síntom a de la em ancipación del individuo.La poesía individualista de la época clásica 279 E l poeta en cuanto él m ism o: la poesía personal La ap licab ilid ad del concepto de «poesía personal» a la o b ra de Catulo. pero en m an era alguna hu b iesen esp erad o —les gustase o no su fo rm a de e s c rib ir— que su p ro p ia p erso n alid a d hallase expresión en lo que escribía. lo m ism o que en la vida pública. com o decim os. E scucham os esta voz en los yám bicos de los antiguos griegos y en la poesía p erso n alista ro m an a de la ú ltim a c e n tu ria p re c ris­ tiana. excepciones. n u n ca perdem os de vista la p erso n alid a d del hom ­ b re que nos está h ab lan d o a trav és de su poesía. P or así decirlo.lo que haya de co m unicarnos. . Sin em bargo. E ste proceso de em ancipación contuvo en sí al m ism o tiem po un elem ento de alienación. el poeta h a b ría conculcado la etiq u e­ ta profesional. en tales tiem pos se hizo claram en te p ercep tib le la voz del individuo ta n to en la po lítica co­ mo en la lite ra tu ra . Y p o r m uy fu e rtem en te que nos sobrecoja. e sta c a ra c ­ terización significa m ás que la sim ple afirm ación de que con estos tres n o m b res tenem os que ver con poetas que h ab lan p rin cip a lm en te de sí m is­ mos. convirtiéndose así en elem ento esencial de su poesía. sobre todo cu an d o el p o eta h ab lab a «fuera de servicio» (esto es.

La p rio rid ad de los elem entos in teg ra n te s e ra aquí inversa. Aun cuando se poseyesen las dotes necesarias p a ra ello. com o p a ra sobrevivir el paso del tiem po. no se p re sen tab a esta p roblem ática. pudieron o tro s p e n sa r desde un p rim er p rin cip io en la publicación de sus obras. e ra n lo suficientem ente buenas como p a ra ser p u blicadas. desde luego. por m anera que sintiese el deseo de d a r form a p erm a n en te a e sta experiencia p o r m e­ dio de un poem a. dando por supuesto. com o todo. Sin em bargo. desde luego. y que. a su pun to m ás bajo. u n a vez que este nuevo cam ino hubo sido re co rrid o con éxito. odio. u n a epopeya o u n a pieza escénica. sino que p a ra él se alzaba com o origen y fuente la situ ació n que provocaba el poem a. Antes al co n trario . sino en el de p u b licar lo escrito. lo m ism o que an tes se había escrito un poem a épico o u n a tragedia. infinitam ente. Los poetas de la e ra au g u stea se sin tie ro n inclinados a lim itarse a estos tem as. podían re s is tir a iro sa­ m ente la co m p aración con lo que entonces e ra estim ad o com o tal. Y p reci­ sam ente aquí ra d ic a b a la p rin cip al d ificu ltad de la poesía personal y de su creador. Mas ¿cóm o podía m anten erse tam b ién en los tiem pos subsiguientes el tono personal ap re ­ m iante que ju stific a b a la dicción precisa y d iscip lin ad a en fo rm a de verso. m u erte— po d ían ser variados. o bien le tu rb a ­ se o excitase cu a lq u ie r fenóm eno de su m undo circu n d an te. De todos m odos. El p o eta p erso n al no podía em pezar su ta re a con el plan preconcebido de e sc rib ir un poem a o u n a o b ra te a tra l y b u sc a r seguidam ente un tem a apropiado. si todo cu an to pudiese o c u rrírse le al p o eta h ab ía sido dicho ya poco antes y de form a excelente? Los viejos y siem pre repetidos tem as —am or. lo que tuvo com o consecuencia u n a ac titu d ra d icalm en te distinta: ahora podía c u a lq u ie ra dedicarse a e sc rib ir poesía p erso n al p a ra el p úbli­ co. Acababa de n a c e r u n a nueva fo rm a lite raria . y d e n tro de este cam po acotado aten d ie ro n an tes al perfecciona­ m iento de la técn ica que a la profundización de la sensibilidad. apenas si se em p ren d ió un ataq u e a sangre fría co n tra las ideas trad icio n ales ac er­ ca de la esencia de la poesía. o se creyese poseerlas. p ara am igos o p a ra la p ro p ia satisfacción. aunque no se las h ab ía considerado com o lite ra tu ra . la poesía personal no podía ser co m p u esta de la m ism a m anera que. Lo p rovocador de su o bra no radica en el acto m ism o de escrib ir. la lite ra tu ra . p o r ejem plo. que se estim ase que ésta. Podem os e s ta r seguros de que un C atulo pensó y obró de e sta m anera. se d escubrió p o ste rio r­ m ente que las p oesías que hab ían sido e sc rita s p o r m ero gusto o placer.280 L iteratura universal La tran sp o sició n de este nuevo sentim iento del pro p io yo al terren o de la poesía no fue en m odo alguno algo sencillo y evidente. había llegado a la sazón. M ientras tuviese que resolver u n a crisis íntim a. bajo la condición de que la cap acid ad receptiva y la técnica poética siguiesen d esa rro llán d o ­ se. p a ra elab o rarlo después lite ra ria m e n te (un p rocedim iento éste que es com ún y co rrien te cuando se ejerce la lite ra tu ra de m an era artesanal). .

5 lib ro s de Tristes = 52 elegías —el lib ro 2 contiene un solo y único poem a de 578 v erso s—. 6. aproxim adam ente. la to talid a d de la o b ra de H oracio que h a llegado h a sta n o so tro s (1 lib ro de E podos = 17 poem as. 2 libros de Sátiras = 18 ensayos en verso. 5. es. au n q u e algunas de las piezas m ás larg as apenas si pueden ser asignadas a este campo).000 versos). Ovidio se p re p a ra ya a ab a n d o n ar la poesía p e rso ­ . p rin ­ cip alm en te en decasílabos y elegías. con u n total de 829 versos). C. como las Priapea (una colección de 85 poem as. u n a te rc e ra p arte . de la o b ra conservada de Ovi­ dio (3 libros de A m ores = 50 elegías. del Carmen saeculare. com puesto en hexám etros. la colección de poem as elegiacos que es designada com únm ente co­ mo Corpus T ibullianum (3 libros.) y las Elegiae in M aecenatem . que pro b ab lem en te p ro ceden de la época p o ste rio r a Augusto. 7 o 4. e n tre ellos el Ars poética). con unos 1. casi todo lo que se h a conservado de C atulo (en to tal unos 116 poe­ m as. con excepción del Panegyricus Messallae (3. 2 lib ro s de E pístolas = 23 ensayos en verso. 4 libros de Odas = 103 poem as. p o r el co n trario . 2. el concepto de «poesía p erso ­ nal» abarca: 1. to d a la o b ra co n serv ad a de P ropercio (4 lib ro s de Elegías = unos 100 poem as. desde luego. dos de ellos a trib u id o s a Tibulo. m ucho m ás grave. tre s a Virgilio. La p érd id a casi to tal de la poesía de Cornelio Galo (de quien poseem os ún icam en te un p e n tá m e tro que p u ed a ser con­ sid erad o con seg u rid ad com o o b ra suya). 1). 3. el C atalepton (15 poem as de diversos m etros. podem os com ­ p ro b a r la ex isten cia de una clara línea básica de desarrollo.900 versos en total). con excepción. P rescindiendo de algunas piezas anónim as d en tro de la c itad a lista. uno a Ovidio y el re sto com puesto verosím ilm ente d u ra n te la época de A ugusto y reunido en florilegio el siglo i d. A ñádense a ello los fragm entos de un p u ñ ad o de p oetas cuya pérdida. C. con un to ta l de 224 versos) y las Églogas de V irgilio (10 poem as en hexám etros. 4. no es m uy de la m e n ta r (Calvo. poem as aislados. En este tiem po. 7. divididos a veces p o r los ed ito re s en 4 = 35 Elegías. p o r lo que podem os sospechar. M ece­ nas m ism o y unos pocos más). con casi 4.).La poesía individualista de la época clásica 281 Los poetas y sus obras En la lite ra tu ra clásica de los rom anos. que com ienza en C atulo y se extingue algunos años después de la m u erte de H oracio (8 a. Cinna. 4 libros de Epistulae ex Ponto = 48 elegías). d.000 versos. casi 3.

La Ciris y el Culex —dos ob ras del Appen­ dix Vergiliana — evidencian algún p aren tesco con el epilion de C atulo (c. versos 52-70). pero ninguna de am b as o b ras es u n a creación épica d en tro de la tradición estrictam en te im p erso n al de la epopeya griega. deben tam b ién m ucho a la trad ic ió n de la poesía p erso­ nal. Y ju sta m e n te tam bién en este m om ento ab an d o n a P ropercio en su libro 4. Dicho m ovim iento q u eb ran tó las fro n te ra s trad icio n ales de los géneros lite rario s e im pregnó n um erosos escritos que llevan trad ic io ­ nalm ente diversas designaciones: «líricas» (Catulo. aquellas o bras que co nstituyen el resto de la poesía elegiaca y h ex am étrica de V irgilio y Ovidio. Y p o r últim o. Tibulo. 1-60. au n q u e sean prim a facie una ob ra n arrativ a. au n q u e p erten ecien tes no­ m inalm ente a la tra d ic ió n didáctica. del m ism o m odo que ningu­ na de am bas se atien e exactam ente al estilo trad ic io n a l elevado propio de la antigua poesía ép ica rom ana. E sta lista co ntiene u n a gran p a rte de la poesía ro m an a de la época clási­ ca. Sátiras). los Fas­ tos. y no contie­ nen nada que fu e ra co m p arab le al «realism o» irónico de C atulo (por ej. H oracio. La Eneida y las M etam orfosis. debido a u n a d iferencia claram en te p ercep ti­ ble y d em o strab le con m uchas razones. y especialm ente el Ars am atoria. 64— al género épico. p o r últim o. Églogas). las etiq u e ta s convencionales no son aplicables en el caso concreto de Ovidio: las M etam orfosis p o r ejem plo. a trib u id o a Virgilio). pertenece —lo m ism o que el breve poem a épico de Catulo. 64).282 Literatura universal nal en favor de la epopeya y el poem a didáctico. la ob ra de L ucrecio De rerum natura. Propercio. son a su vez difícilm ente separables de la poesía am o ro sa de Ovidio debido a su tem ática. «bucólica» (Vir­ gilio. m enos personales. así com o los poem as de m ayor longitud del A ppendix Vergiliana p erte n ece n a la trad ic ió n del po eta en cu a n to n a rra d o r. 65-116. etc. A m o­ res. que es. los Fastos. El térm in o «personal» c a rac te riza con ello un m ovim iento que se exten­ dió a lo largo de tre s c u a rto s de siglo y que recibió su cuño propio a través de una d eterm in a d a a c titu d in telectu al y no p o r o b ra de un estilo lite rario determ inado. p o r su género. en su e stru c tu ra . «sátira» (Horacio. su a c titu d y su tono general. y adem ás ob ras p a ra las que no existe u n n o m bre genérico establecido (las E pístolas de H oracio.. al esti­ lo de Calimaco. la m ayoría de las cuales son llam adas más frecu en tem en te «epigram as elegiacos». el Catalepton. Ovidio. un poem a . el Ars am atoria.° la poesía p erso n al p a ra dedicarse a la didáctico-etiológica. Epistulae ex Ponto). Tristia. las Tristes y las Epistulae ex Ponto son m ás bien un prólogo tard ío que una co ntinuación de la tra d i­ ción. en la p in tu ra de A riadna a la o rilla del m ar. Por lo dem ás. a la del poeta en cu an to m aestro o pedagogo. sólo pu ed en ser clasificadas con m ucho esfuerzo d en tro de uno de los géneros tradicionales. «elegía» (Catulo. Odas y Epodos). No están in clu idas en ella. p o r ejem plo. y lo m ism o puede de­ cirse de o tras o b ra s del período clásico: la Eneida. c. pero son sin em bargo. Las Heroidas.

p ero al m is­ mo tiem po escrib iero n de form a cada vez m ás am anerada. El único que consiguió m an ten e r en pie esta ilusión fue H oracio. En la poesía antigua. v. Los poem as breves de Catulo. del Ars am ato­ ria e incluso de las Geórgica. p o r su estilo. pero que se diferen cia sin em bargo. Es un o b stácu lo p a ra cu a lq u ie r expresión au tén tica y d irecta. p ero en re ali­ dad escrib ían p a ra la gran m asa del público. nos vem os co n fro n tad o s con el h e­ cho de que la división según los géneros a c a rre a no pocas d ificu ltad es en la poesía ro m an a de esta época. . este estilo p erte n ece al m undo irre a l e in tem ­ poral. Creem os esc u ch ar al poeta de m an era d ire c ta e in m ed iata cuando in te r­ pela a un am igo. E n su lugar. ya que conocían bien las posibilidades del nuevo estilo. y en las p o strim erías de su breve vida publicó sus poem as. La línea de desarrollo La línea de d esa rro llo que va desde C atulo h a sta Ovidio puede ser tra z a ­ da sin esfuerzo alguno. C atulo em plea un es­ tilo que p uede ser ca ra c te rístic o com o lenguaje cotidiano levem ente estilizado. una c a rta a la am ad a o a un amigo. Sólo andando el tiem po 6 se p e rc a tó de que lo que h ab ía es­ crito podía re iv in d icar el derecho de ser co n sid erad o com o poesía. ya que su tono se ap roxim a m ucho al que es usual en la lírica 6 C. Él fue capaz de h acer a p a re c e r com o su tono conversacional propio el estilo com plejo. Como el poeta h ab la en nom ­ b re p ro p io y exp resa sus sentim ientos perso n ales sobre cosas que le em o­ cionan o conm ueven fu ertem en te. P ro c u ra ro n d e s p e rta r la im ­ presió n de que escrib ían tal y com o ac o stu m b ra b an a hablar. de o tro m odo que en la lite ra tu ra griega. pro p io de las Odas. m ás o m enos tal y com o los h ab ía escrito orig in ariam en te. a un enem igo o a sí m ism o. 1. m uy alejado de u n a c h a rla c o rrien te y cotidiana. P or ello se vieron colocados ante la ta re a de d efen d er u n a ilusión: p re te x ta ro n es­ c rib ir versos de ocasión. Al com ienzo se alza un estilo que es consciente y d elib erad am en te apoético y h a s ta a litera rio . al m undo público de la epopeya y la tragedia.La poesía individualista de la época clásica 283 didáctico. 288 y s. y logró h ac er v aler su reivindicación. Así pues. logro éste cuya aso m b ro sa o rig in alid ad no apreciam os hoy en todo su valor. están levantados p o r enci­ m a de su contexto cotidiano o rig in ario p o r o b ra de la in ten sid ad de senti­ m ientos que en c ie rra n y p o r la h ab ilid ad con la que un joven excepcional­ m ente d o tad o es capaz de e x p resar sus sen tim ien to s en p a la b ra s claras y sencillas. págs. los poem as de am or y los que tra ta n de la vida. más abajo. no puede em p lear el estilo elevado tra d i­ cional. 1. Los p o etas p o sterio re s su p iero n n a tu ra lm e n te desde un com ienzo lo que hacían. o al m enos aquellos que debían in te g ra r su obra.

Y ello porque exigieron del lector que acep tase plenam ente todos los p re su p u esto s por ellos defen­ didos: que el am o r es im p o rtan te. esp e ctacu la r y su­ m am ente refinado. No es n ecesario re calca r aquí que la sociedad ro m an a había alcanzado en la época de C ésar un grado in só litam en te elevado de capacidad ex p resi­ va cultivada y refin ad a. p o r o tra p arte . pero. d en tro de la trad ic ió n de C atulo. fuese tam bién una sociedad en la que el individuo ap ren d ió a ex p resarse tam bién indivi­ dualm ente.284 Literatura universal m oderna. in tro d u cid a en la elegía p o r Cornelio Galo). Por o tra p arte. m ateria l m uy valioso al respecto. co n tra d ecía n las n orm as de la sensatez m ás elem ental. La volum inosa co rresp o n d en cia de Cicerón ofrece. ideas todas ellas que según la m en talid ad antigua. al am o r ciudadano. en una esfera en la que el individuo ha ap ren d id o a ex p resarse com o tal individuo. T ibulo in ten tó revalorizar versos. lo m ism o que P ropercio. su aportación consistió en que desen m ascaró el estilo con elegante burla. ésta sólo es posible. m ediocres en el fondo. la ficción de que era él m ism o quien h ab lab a d irectam en te. e ru d ita y fu e rtem en te m anierista. Catulo y la tradición rom ana de la paraliteratura La poesía de C atulo se nos an to ja tan fresca. y sobre todo que puede ser co n stan te y fiel. desde luego. el tem a del am o r apasionado. contem pla la vida desde un p u n to de vista m oral y esp e ra de sus oyentes que se es­ fuercen en m e d ita r sobre el sentido p ro fu n d o de lo que él les dice. com bi­ nando esta trad ic ió n con la de la poesía bucólica (conservada sólo en las Églogas de Virgilio. Ovidio se atuvo. La decadencia p olítica no b asta p o r sí sola com o fuente de im pulsos p a ra la poesía personal. El tono de H oracio es m ás grave que el de Catulo. in m ed iata y esp o n tán ea que olvidam os con facilidad el hecho de que poem as com o los suyos sólo pueden su rg ir en el seno de u n a sociedad en la que el m anejo de la lengua se ha convertido en un a rte ex trem ad am en te consciente. que debe p erm itírsele desp lazar a todo lo dem ás en la vida. P ropercio fue quien m ayor éxito alcanzó con una form a de h a c e r poesía m uy personal. El hecho de que. ya que hallam os en . Mas com o la h a b ilid a d d ra m á tic a de un H oracio no era su fuerte. y que al m ism o tiem po se p ercaten de la casi co n stan te iro n ía de sus p alab ras. p o r el co n trario . los elegiacos em p ren d iero n un cam ino v erd ad eram en te im practicable con su in ten to de p erm a n ece r lo m ás cerca posible del tem a principal de C atulo. no consiguió m an ten e r en pie. y ello de m an era tan definitiva que después de él fue ya realm en te im posible escrib ir elegías am orosas. según parece. ni siq u iera d u ra n te un poem a entero. sólo p u ed e ded u cirse de form a h a rto esc u eta y lim itad a de las form as lite ra ria s trad ic io n a le s.

ju n to a escrito s p u ram en te form ales de contenido político. La am bición de H oracio consistió. eviden­ cian los rasgos arq u itectó n ico s c a ra c te rístic o s de un poem a bien co n stru i­ do. Bien es v erd ad que tre s de los poem as (c. 7 Jerónimo. Aun­ que era evid en tem ente un conocedor consum ado de la lite ra tu ra griega. de los poem as b re­ ves de Catulo. es con ello doble: bajo la superficie de esta fo rm a lite ra ria en a p a­ riencia tan esp o n tán ea se ocultan. La ilusión del hab la inm ediata. tam b ién las convenciones y los logros de u n a trad ició n lite ra ria m uy rica y variada. este ú ltim o una trad u cció n de un poem a de Safo) co n tin ú an las form as trad icio n ales de la lírica griega. por el co n trario . p o r o tra. pero son una excepción. ponen en evidencia esa cu alid ad que los rom anos designan com o urbanitas —> y. sobre el año 87 a. h a sta San Jerónim o. Las diferen cias rad ican m ás en la e s tru c tu ra que en el estilo. en ser contado inter lyricos (c. salida de labios del poeta. 35). Un poem a debe p oseer una coherencia in te rn a que no es exigible en el caso de u na carta: tiene que co n fo rm arse con d a r expresión a un tem a d eterm inado. adem ás de u n a e s tru c tu ra lógico-sintáctica. 96. de form a que el últim o verso de un poem a de C atulo reto m a con frecu en cia el verso inicial. conscientem ente no literario. 34 y 51. 8 In stitu tio oratoria. La exposición de los pensam ientos puede seguir la lógica rec­ tilínea de la p ro sa (como o c u rre en la m ayoría de los poem as 65-116). con la observación adicional de que es «m ás o m enos el único poeta rom ano que m erece la pena de ser leído» 8. le hace tam bién este honor. 10. y en éste se tra ta p ro b ab lem en te de un e rro r 7. esc u d riñ a sus posib ilid ad es con rica fan tasía y re to rn a al cabo a su punto de p artid a . Chronicum. 1. El tono conversacional. o tra de c a rá c ­ te r m étrico-rítm ica. tan to com o un poem a de Catulo. hace a p a re c e r com o equívoca y falsa la carac te rizac ió n de dichos poem as com o «líricos». p o r u n a parte. las com plejas norm as lin güísticas de u n a sociedad de refinada c u ltu ra —una c a rta de Cicerón.La poesía individualista de la época clásica 285 ella. pero tam bién u n a lógica poética de tin te m ás em ocional. El fin es el m ism o en am bos casos: des­ p e rta r en el lecto r la ilusión de que escucha al e sc rito r de m a n e ra inm edia­ ta y directa. C. num erosas piezas de c a rá c te r personal e íntim o que nos p re se n ta n u n a im agen b a sta n ­ te p recisa de la lengua e sc rita cotidiana e inform al p ro p ia de los rom anos cultos de esta época. Las p ro ­ ducciones de C atulo. au n cuando p re te x tan se r sim plem ente ca rta s. que incluye a C atulo e n tre los a u to re s de «poesía yám bica». y ofrecen con ello un m ódulo de co m paración con el latín de los poem as de C atulo. 11. 1. La designación de lyricus no es em p leada tam poco p o r ningún e sc rito r an tig u o p a ra calificar a Catulo. y Q uintiliano. C atulo evitó tam b ién evidentem ente las fo rm as trad ic io n a le s de la lírica helénica. Pero un poem a posee. 1. de acu erd o con la cual el poem a ro d ea y envuelve el tem a. .

al estilo elevado. Uno de ellos es la sátira. a los que p o d ría calificarse quizás de géneros «paraliterarios». C uando C ésar llam ó a T erencio u n «M enandro a m e­ dias». C. que los griegos llam aban epigram a. en el año 62 a. en una inscripción. puede su p o n erse a fortiori que se h ab ría expresado en los m ism os térm inos sobre C atulo y los neotéricos. E sta ac titu d p ra g m á tic a de C icerón puede p rovocar n u e stra sonrisa. parece que e n tre los rom anos se tra tó m ás bien de una form a lite ra ria en la que se eje rc ita ro n los d iletan tes cultos en algún ra to de ocio (Cicerón cita con aplauso algunos epigram as de Ático 1 0 —que evi­ 9 Séneca. y p ro b ab lem en te h a b ría concedido tam bién a la co­ m edia la calid ad de género lite ra rio digno de ser tom ado en serio al m enos en las ho ras de ocio. Su función consistió o rig in ariam en te en conservar p a ra la posteridad.286 Literatura universal Si C icerón dijo que aunque volviese a vivir o tra vez no e n c o n tra ría tiem ­ po p a ra la le ctu ra de los poetas líricos 9. 49. C. poesía signi­ ficaba exclusivam ente poem a épico y d ram a. Otro elem ento trad icio n al es re p resen ta d o p o r diversos géneros m eno­ res. Los rom anos la co n sid eraro n com o una fo rm a lite ra ria genuinam ente ro m an a y estim aro n a Lucilio com o su creador. O tra fo rm a p a ra lite ra ria fue esa con­ cen trad a expresión poética. 1. ex p resad a p o r lo general en dísticos elegiacos. P ara él. y jam ás ocultó su en tu siasm o p o r estos géneros lite rario s. Su predilección iba dirigida. y au n q u e tam bién los poetas com pusie­ ron epigram as. C uan­ do. 15 (julio del año 61 a. No o b stan te. p e rp e tu a r p a ra la p o sterid ad las gestas y los actos de los h o m bres fam osos. y puesto en versos latinos. Si habla de la p ro ­ funda huella que la poesía deja en él. una persona o un acon­ tecim iento. n atu ra lm e n te . P ero Lucilio era un in d iv id u alista que se an ticip ó con m ucho a su tiem po. y a la sazón se rum oreó incluso que p ro y ectab a e sc rib ir un poem a sobre el consulado de Cicerón (cuando la cosa quedó en proyecto fue el m ism o C icerón quien escribió el poema). que re p re se n ta b a n p a ra él una p a rte o scu ra e insignificante de la lite ra tu ra griega. todo lo m ás tam b ién poem a didáctico. 6. C icerón no era u n hip ó crita. y p o r ello fue un in d iv id u alista sin seguidores. los Phainom ena de Arat. Epistulae morales. no tenem os razón alguna p a ra no d ar créd ito a sus p alab ras. . pero cita igualm ente a los poetas cóm icos. La tare a p ro p ia de A rquías era. e n tre o tra s obras. p o r tanto. conclu­ yó su d iscu rso de defensa con u n a vehem ente apelación en favor de la poe­ sía com o ocupación por dem ás útil e im p o rtan te. se refiere a los líricos griegos.). defendió an te los trib u n a le s al poeta A rquías. 10 Ad Atticum . Él m ism o h ab ía escrito poesía en su juventud. Por o tra p arte . 16. a quien sólo fa lta la vis cóm ica. E sta finalidad o rig in aria del ep ig ram a se m antuvo siem pre viva y p resente d u ra n te la A ntigüedad.. expresó sin du d a alguna la opinión general de que la com edia p erten ece tam b ién a la lite ra tu ra . y es con ello una form a a la que pueden ser aplicados m ódulos críticos serios.

de la vida real. 13 Fragmenta poetarum Latinorum. m enos sobre todo que la elegía au gustea. quei m e viderunt. si se le antojaba. allí ha en c o n trad o refugio. Parsposterior). O.. Y cuan d o no esta b a al servicio de un fin co n creto y d eterm in ad o debía ser sobre todo ingenioso. dicho brevem ente: u n a fo rm a en la que e ra m enos n ecesa­ rio e sc rib ir en el estilo de un poeta profesional. 3-6. (Mi corazón ha huido. al p arecer. cit. C. ed. Bücheler. ed.La poesía individualista de la época clásica 287 den tem en te alab ab an a C icerón—. pág. págs. de F. Ross. Se ha afirm ad o hace poco 1 2 que el epigram a elegiaco es en m ayor m e­ d ida g en u in am en te rom ano. tal afirm ación no es en m odo alguno in ju stificad a. / así ta m ­ bién fui g raciosa yo p a ra quienes m e vieron. 12 D. 7. Por su p u esto que cu alq u ie­ ra ten ía plen a lib e rta d p a ra escrib ir. en un dístico d estin ad o a la tu m b a de u n a joven se dice 1 4 : Ut rosa am oena ho m in i est quom prim o tem pore floret. (Así com o la ro sa es graciosa p a ra el hom bre cuando florece.).) Por o tra p arte.) 1 1 V. 4. Style and Tradition in Catullus. perfugium illud habet.. el ep ig ram a rom ano se distinguió p o r d irig irse h acia las cosas reales y coti­ dianas. P ero quizás p o d ría decirse. / Sí. credo. Así. cf. del todo helenística. 967 (siglo i a. Cambridge (Mass. Epistulae. Plinio. seic ego am oena fui. que parece h a b e r sido u n a form a (como las u tilizad as p o r Lucilio) en la que e ra lícito p re sc in d ir de un estilo poético expreso. sic est. un ep ig ram a en el m ejor m odo griego. 3. 43. ad T heotim um devenit. y vio en ellos u n a c ie rta com pensación de la ausen cia de u n a o b ra d etallad a y m inuciosa. . núm. creo que ha co rrid o de nuevo h ac ia Teótim o. Si se p a rte del arraig o del ep ig ram a ro m ano en el suelo. 14 Carmina Latina epigraphica (Anthologia Latina.137-169. com o nos lo m u e stra p o r ejem plo la adaptación. Él m is­ mo escrib ió tam bién. u t solet. 5. Lei zig. la fo rm a ep ig ram ática re su lta esp ecialm en te ad ecu ad a p a ra d a r e s tru c tu ra m é tric a a una expresión que sin dicha e s tru c tu ra h a ­ b ría sonado com o p u ra y sim ple prosa. que un ep ig ram a de C alim aco (el n ú m ero 41) procedente de la m ano de L utacio C atulo 1 3 : A u fugit m i anim us. 1969. m ás c e rte ra m e n te aún. y e stá m enos influido p o r la trad ic ió n griega que las dem ás fo rm as de la poesía personal. 1895-97.).. algún que o tro epigram a) Además. re d a c ta d a en estilo ele­ vado y pro ced en te de la p lu m a de uno de los poetas profesionales.

exponer el origen de la colección. ed. Licini. poco es. si no fue así. D etente y lee: / Aquí está la no herm osa tu m b a de u n a h erm o sa m ujer. Por desgracia. quod deico. núm. p erte n ecía lo m ism o que el yám bico «cojo» a aquellos m etro s em pleados p o r los a u to re s rom anos de versos de b u rla y escarnio. 15 Carmina Latina epigraphica. las piececillas en verso de C atulo (nugae. de m an era que puede decirse: «Así com enzó todo» (v. C. 1-6): H esterno. 52 (siglo ii a. en la segunda p a rte de su colección y siguiendo asim ism o u n a tra d ic ió n d eclarad am en te «antipoética». las llam a él al p re s e n ta rla s al público —c. De todos m odos pode­ mos su p o n er que el endecasílabo en p a rte yám bico y en p a rte trocaico por el que C atulo m o stró u n a predilección ta n especial (40 poesías en c. las líneas origina­ rias. conocido p o r la violencia de sus invectivas. 1-60) y al que llam ó endecasyllabus. lo q u e digo yo. p a u llu m est. 1—) an u n cian a b iertam en te y con intencionado d escu id o su p erte n en cia a lo que hem os llam ado en estas lí­ neas la « p a ra lite ra tu ra » . el dístico elegiaco. p o r ejem plo. u t convenerat esse delicatos. están e sc rito s de m an era d ecididam ente p oética y p roclam an una pretensión lite ra ria .288 Literatura universal Id én tica d ig n id ad sencilla irra d ia el conocido epitafio p a ra Claudio.. . los testim onios conservados no b a sta n p a ra pro p o rcio ­ narnos con o cim ien tos seguros h a sta en el detalle. evidentem ente.). que se e n c u a d ra b a n igualm ente en la zona fro n te riza situ a d a en tre la v e rd a d e ra poesía y la poesía co tid ian a y trivial: m etro s y ám bicos y tro caico s al estilo del po eta griego Arquíloco y tam bién yam bos «cojos». fu ero n m odificadas y re elab o ra d as con vis­ tas al público lecto r. los poem as breves de Levio. Con o tras p alab ras: m ie n tra s que. Q uizás fue escrito p a ra ésta. asta ac pellege: heic est sepulcrum haud p u lcru m pulcrai fem inae. (Cam inante. es­ crito en sen ario s o trím e tro s yám bicos 1 5 : Hospes. «juegos». dirigidas a Licinio Calvo.) Ju n to a ello h u b o un sin n ú m ero de o tra s form as poéticas m enores (lla­ m adas p o r los ro m an o s versiculi). cit. La fu n ción de esta p a ra lite ra tu ra p arece h a b e r consistido tanto en p a ro d ia r a los vivos com o en en salzar la m em o ria de los m uertos. Adem ás eligió. Función del p o em a núm ero 50 es. que com únm ente fu ero n relacionados con el nom bre del fam oso po eta griego H iponax. die otiosi m u ltu m lu sim u s in m eis tabellis. aunque él m ism o los calificase de «poem as b u rlesc o s sobre el am or» (erotopaegnia).

o ra con aquel m etro / com pitiendo m u tu am en te p o r juego y p o r vino. p o r pasatiem p o / hem os d isfru tad o en mi m esa. hecha p o r C atulo. pero en una sociedad que sabía e stim a r el ingenio y la gracia y esta b a orgullosa de su to leran cia re su lta b a m uy in g rato y difícil re n u n c ia r a tales ex ab ru p to s aniquiladores. hom bres que hab ían leído a C alim aco y sabían a p re ­ ciar deb id am en te u n a refin ad a trad u c ció n latin a de un no m enos refinado original griego. De muy pa­ recido carácter era indudablemente la Sm yrna de Helvio Cinna. Licinio. com o p o r ejem plo la trad u cció n . S eg u ram ente p ro c u ró u n enorm e placer a C atulo y a sus am igos el h a b e r tropezado. reddens m u tu a per iocum atque vinum . inm erso en un vacío cultural). / ju ­ gam os o ra con este. / Ambos escrib im o s versos. con la o cu rren c ia de ap li­ c a r su m a estría técnica. Si m u ch as de sus creaciones en verso era n m ás d esc ara d as de lo que p erm itían las reglas y convenciones lite ra ria s tradicionales. en la que se h ab ía escuchado ya la voz de individuo en la poesía antes de que fuese desplazada p o r la gran fo rm a p ú b lica del d ra m a y p o r el d esa rro llo de la p ro sa o re d u cid a al m e­ nos al ran g o in ferio r de un p lace r p u ra m e n te privado (esta voz re ap areció luego en la lite ra tu ra helenística. 63 (Attis) y c. ho m b res que se sen tían atra íd o s p o r el ideal calim aqueo de u n a poesía en la que iro n ía y precisió n técnica s u sti­ tu ían la g ran d ilo cu encia huera. 289 (Ayer. / porque deseábam os e n tre ten ern o s re fin ad am en te. si bien sólo en esa «poesía personal» cu ­ rio sam en te estereo tip ad a y d esp erso n alizad a en la que g u stab a de p o n er a p ru e b a su talen to el poeta-eru d ito de aquella época. p ero h o m bres tam bién que cono­ cían a su Safo. y que eran conscientes de p o seer u n a c u ltu ra m uy próxim a a la suya. Algunos de ellos era n excelentes co­ nocedores de la poesía. del R izo de Berenice (c. 66) de Calim aco. n atu ra lm e n te . desde donde la voz del individuo h ab lab a con u n a elocuencia desconocida h a sta entonces. h ab ía m uchos capaces de co m poner un ep ig ram a en verso o de re d a c ta r u n a s á tira breve e ingeniosa. .) En aquel círculo de jóvenes m odernos al que se unió tan estre ch am en te Catulo. su c u ltu ra lite ra ria y su v italid ad c re a d o ra —n a­ cida del sentim iento cierto de ser jóvenes rebeldes co n tra u n a sociedad c re p u sc u la r y c o rro m p id a— a las form as de la p a ra lite ra tu ra y de c re a r con ellas algo nuevo.La poesía individualista de la época clásica scribens versículos uterque nostrum ludebat num ero m odo hoc m odo illoc. 16 Así el m ism o Catulo en c. la re sp u e sta era. M uchos poem as tra ta b a n tem as poco edificantes. que su intención no e ra en absoluto e sc rib ir lite ra tu ra . y que in te n ta b a n ellos m ism os e s c rib ir poe­ sías que co rresp o n d iesen a este ideal 1 6 . su Alceo y su A rquíloco. 64 («Las bodas de Peleo y Tetis»). p o r así decirlo casualm ente.

p or o tra u n a ren o v ad a e in ten sa experim entación con form as poéticas serias— ap arecen los poem as a L esbia bajo su v erd ad era luz. y sin em bargo elegante y refinada. a veces osados.290 Literatura universal Hércules atorm entado p o r am orcillos. C. 50-75 d. Nápoles. de los am oríos del poeta con la esp osa de o tro hom bre. m ás aún: era posible incluso p e n sa r en p u b lic a r estos poem as breves. Al com ienzo nos sale al paso el v o lu n tario abandono en brazos de una ilusión (c. plenos de au tén tico sentim iento. d. 5): . a veces despia­ dadam ente crueles. Museo Nazionale. p re se n ta d a siem pre con un hálito de ironía. m a­ gistrales. con u n a exposición irónica de la doctrina que o to rg a al conjunto un barniz ingenioso sin o c u lta r nunca del todo los sentim ientos subyacen­ tes bajo la m ism a superficie. y exigir al m ism o tiem po que fuesen to m ad o s en serio com o m eras diversiones dignas de ser publicadas. v erd ad eram en te personales. C onstituyen u n a p ro ­ clam ación ap asio n ad a. Sobre este telón de fondo —p o r u n a p a rte la trad ic ió n p a ra lite ra ria . En p rim era línea p ertenecen a la trad ic ió n de la p a ra lite ra tu ra .

(Odio y am o a un tiem po. m as siento que así sucede. et quod vides perisse p erd itu m ducas. Lesbia. fortasse requiris. 76. (Si alguien recibe lo que añ o ra y anhela. Quare id faciam . 107): Si quicquam cupido optantique obtigit u m q u a m insperanti. deja de ser un necio / y da p o r perdido lo que perdido ves). que Ca­ tulo ex p resa u n a y o tra vez en versos (c. m ea Lesbia. desinas ineptire. es d isu elta con la m ism a fria ld a d cuando Lesbia pierde el in te­ rés en ella (c. su co ra ­ zón q u ed a lleno de g ra titu d . . 291 (Vivamos. quo d te restituís. 75. atque am em us. En dicho poem a ruega a un p a r de am igos. que te deseo con pasión. m ás caro que el oro / es p a ra mí.) Pero m uy p ro n to surgen dificultades. La relació n am orosa. tan fría m e n ­ te iniciada. p a ra se r re an u d ad a m ás ta rd e (¿o acaso no fue d isu elta nunca del todo?) (c. sed fieri sentio et excrucior. 70. Lesbia. / m as ap enas espera. ¿P reg u n tas quizá p o r qué lo hago así? / N o lo sé. nescio. h a sta que halla la fó rm u la m ás sencilla y p erfec ta (c. quare hoc est gratum nobis quoque. y am ém onos / y no dem os un ad arm e p o r las cen su ras / de los viejos dem asiado severos. hoc est gratum anim o proprie. 8): M iser Catulle. m i cupido. carius auro. rum oresque sen u m severiorum o m nes unius aestim em u s assis. / Así tam b ién estoy yo lleno de g ratitu d .La poesía individualista de la época clásica Vivam us. 85): Odi et amo. utilizando la d iscip lin a verb al y m é tric a de éstos p a ra c o n tro la r con rig o r cada vez m a­ yor las tensiones em ocionales de su esp íritu . y padezco torm ento. 72. Lesbia mía. el que te en treg u es a mí.) La desp ed id a definitiva se consum a en un poem a que C atulo escribió verosím ilm ente com o u n a ren u n cia p ública después de que todo h ab ía con­ cluido e n tre am bos am antes.) Pero los renovados lazos derivan h acia u n tra s to rn o recíproco. 87). (Pobre Catulo.

esta ironía desciende casi h a sta lo extravagante. siem pre vibra en su voz un tono irónico. so b re su m undo en torno o sobre el m undo de los m itos y las av e n tu ras am orosas m íticas. Londres. / Que no cu en te m ás. sino que a tod os los con ­ vierte p o co a poco en tu llid os. Lo que convirtió la poesía de C atulo en p o esía p erso n al fue. Ya escrib a C atulo sobre sí m ism o. cu an d o el arado / la ha rozad o al pasar. q u e tra n sm ita n a la am ad a «un p a r de p a la b ra s claras» (11. un juego cuya ju stificació n ra d i­ ca en p rim era lín ea en lo que E zra P ound llam ó en c ie rta ocasión «la danza del intelecto en el tu m u lto de las p alab ras» 1 7 . ni quiere que lo h ag a n sus lectores. S. sí a un grupo de jóvenes m oder­ nos que se d ed ica b an con en tu siasm o a la poesía. Su iro n ía es en ocasiones am arg a y corrosiva. P ara él no e ra un m ero juego. De nuevo en o tro s casos sirve p a ra c re a r u n a d istan cia e n tre el poeta y su n arració n . 1954. com o ha h ech o h asta aho­ ra. / que por su culpa yace tronchado com o la flor al borde de la pradera. si no a u n a escuela. 25: «The dance of the intellect among words». antes que o tra cosa cu alquiera. 17-24): Que se largu e de una vez y viva con su s am antes. cuando la ra b ia y el enojo parecen a rre b a ta rle el dom inio de sí m ism o. ed. de T. com o p a ra los poetas de la A nthologia Graeca (y al p a re c e r tam b ién p a ra Levio). Eliot. En o tras ocasiones (como p o r ejem plo en algunas de las poesías am orosas m ás felices o en las piezas m ás desp reo cu p ad as de las que p o d rían llam ar­ se quizás crítico-sociales). Su técnica re c u e rd a al fam oso Verfrem d u n g seffekt (efecto de extrañam iento) de B erto lt B recht. / tr esc ien to s tien e a un tiem p o en lo s brazos / y no am a de veras a nin guno. Pero pese a e ste tono irónico subyacente (y p arad ó jicam en te debido con frecuencia a él) p odem os p erseg u ir a lo largo de la o b ra cóm o C atulo p ru e ­ ba nuevas p o sib ilid ad es p a ra e x p resar sus sentim ientos en fo rm a de v er­ sos. com o ad v erten cia (éste es el caso co ncreto de A ttis y de la Boda de Peleo y de Tetis ) de que el poeta no se alza plena y to talm en te tras el hecho n a rra d o : ni se identifica plenam ente con la situ ació n m ítica.292 Literatura universal quizás p o rq u e él m ism o no se sienta con fuerzas p a ra p re se n ta rse p erso n al­ m ente an te ella. . Los neotéricos: el «catalepton» Catulo p erte n ecía . con m i am or. pág. Los testim onios llegados h asta n o so tro s (sólo breves fragm entos) nos p ro p o rcio n an la im presión de 17 Literary Essays. el hecho de que aquello q u e n a rra b a en ella (de m an era m uy diversa: uno de los rasgos c a ra c te rístic o s m ás so rp re n d en tes de la colección es su variedad) era p ara él algo de vital im portancia.

2). 1876. . escribió u n a c a rta a su am igo Ático en la que le n o tificab a su feliz a rrib a d a al p u e rto de B ru n d isiu m . etc. no le h ab ía abandonado aún? Un p a r de años m ás tard e. observa C icerón que Ennio es d espreciado p o r estos «adm iradores de Euforión» 2 0 . sino que tiene tam bién un tono subyacente revolucionario 1 9 . com o a u to r de poesías 18 Utilizado por vez primera por M. con la observación de que Ático puede venderlo si así lo desea com o o b ra suya p ro p ia a cu al­ q u iera de los m iem bros de la joven v an g u ard ia (7. C. Helvio Cinna. y a rre b a ta d o sin d u d a p o r el jú b ilo del m om ento. si acaso C icerón co m p ren ­ dió o no que lo v erd ad eram en te rev o lu cio n ario en la o b ra de C atulo y sus am igos ra d ic ab a en el terren o de la poesía personal. T rátase de u n a ap o sti­ lla llena de hum or: la p alab ra griega neoteroi designa no sólo la generación joven. Pero muy verosím ilm ente está aquí empleada la expresión de poetae novi en un sentido general. 45. es cosa que no pode­ m os d e te rm in a r hoy con certeza 21. e sta m p a r sobre el papel un h ex ám etro espondeo en el m ejor estilo catuliano. y p ro b a b le m en te h ubo m uchos po etas que no n ecesitaro n tem er la co m paración con C atulo cu an d o se tra ta b a de com ­ p o n er un verso o de e s tru c tu r a r y d a r fo rm a a un m ito de m a n e ra tal que que p areciese su rg ir directam ente. el correspondiente verbo neoterizein. 161). Sin este fu e rte in teré s p o r la c a ra técn ica del q u eh a cer poéti­ co la p o esía p erso n al no h a b ría alcanzado p ro b a b le m en te en R om a la im ­ p o rtan c ia notab le que logró. acom pañados de cálido elogio. 19 Cf. 1855 (en Opuscula. págs. 20 Tusculanae disputationes. C onocem os un sin n ú m ero de tales poem as épicos m ínim os. Suele acep tarse generalm ente que C icerón p en sab a en este círculo cuan­ do. Lo m ism o que el pasaje citado an­ terio rm en te. Leipzig. p u esto de m anifiesto p o r él desde el proceso ju d icial co n tra Celio Rufo. quizá. 67-89). P ro p ercio parece ten d er a colocar a Calvo. de los tiem ­ pos pasados. un signo de que el esp íritu de afectu o sa indulgencia con respecto a la ju v en tu d . tom o 2. ¿H a­ b ía leído C icerón en Cilicia a los poetas de van g u ard ia? ¿O era su frase. F urio B ibáculo. el tono es ya un ta n to m ás áspero: tra s u n a cita de algunos versos de Ennio. Los frag m en to s de los neoteroi m enores —Licinio Calvo. «meditar novedades» y tam bién «azuzar desórdenes».— son dem asiado breves com o p a ra p e rm itir un juicio crítico. y d u ra n te su viaje de re to rn o desde Cilicia (donde h ab ía sido gobernador). Haupt en un ensayo sobre Las bodas de Peleo y de Tetis de Catulo. en su configuración m étrica. este ú ltim o nos com unica tam b ién la im presión de que Cice­ rón piensa en el h exám etro de estilo elevado (E uforión era un p o eta hele­ nístico conocido com o a u to r de epilios eruditos). en el año 50 a. 21 En este contexto suele citarse además un tercer pasaje de Cicerón (Orator. 3. p a ra seguidam ente.La poesía individualista de la época clásica 293 que dichos p o etas se en tre g aro n p re d o m in a n te m e n te a la com posición de aquellas com plejas obras m a e stra s en m in ia tu ra a las que m odernos e ru d i­ tos han dado el calificativo de «epyllion» 1 8.

C ircunstancias d istin ta s en el ám bito h istó ric o y social apenas si hab ían dejado espacio p a ra la v erd a­ dera poesía en las huellas de un Arquíloco. Los poem as form an un conglo­ m erado h a rto ab ig arrad o . u n a cosa así no e ra to lera d a 22 Epistulae. 5. Un poem a (núm ero 10) es u n a fiel parodia de C atulo. 14. La trad ic ió n de la p a ra lite ra tu ra siguió viva.) y tam bién en otros se h allan evidentes ecos catulianos. tam bién un «epyllion». p a ra nosotros son im p o r­ tantes en c u a n to ejem plos de p a r a lite ra tu ra en la generación p o ste rio r a Catulo. Sin d u d a a lg u n a su rg iero n tam b ién d u ra n te la e ra au g u stea un sin­ núm ero de po em as de este género. c. algunos son oscuros. 4 (del fam oso Phaselus Ule. unos quince años d esp u és de la m u e rte de Catulo. p ero el juicio general de la A ntigüedad parece ver en él m ás bien un aficionado con dotes notables. p arece h a b e r com puesto poesías epitalám icas y. 9. 7. así p o r ejem plo poseem os u n a colección titu lad a Priapea (85 poesías. 5. quem videtis. m etro em pleado p o r C atulo en ocho poesías). la o tra co n tra Pompeyo). casi todas endecasíalabos y m etros elegiacos de contenido p re d o m in a n te m e n te obsceno). Suetonio nos n a rra que atacó a C ésar. de m anera que hay razones p a ra su p o n er que ésta ex istía como fu erza viva cuando V irgilio llegó a Rom a y com enzó a e sc rib ir y cuando H oracio re g re ­ só a la u rb e tra s sus av e n tu ras en el cam po de b a ta lla de Philippi. 9. 4. E ntre las o b ra s que la trad ic ió n ha conservado com o virgilianas hay unas quince p oesías que co n stitu y en la colección llam ad a com únm ente Catalepton (y a veces tam b ién Epigram m ata). . tre s yám bi­ cos cojos (2. 4. Su im p o rtan cia radica en el hecho de que llevaron la poesía h a sta los años cu a ren ta. 12. Comp. 7. Tres de ellas (las nú m ero s 6. al m ism o nivel de calidad de C atulo (Calvo ap o rtó p ro b ab lem en ­ te un a cie rta co n trib u c ió n al d esarro llo de la elegía latina). Las au to citas (7. 3. p or su p u esto. uno (el núm ero 13) obsce­ no. 11) d esenm asca­ ran sus versiculi com o lam entables engendros. es asu n to controvertido. h a sta la épo­ ca de Plinio el Jo ven 22. c. y dos fragm entos de sus poesías d ifam a to ria s han llega­ do h asta n o so tro s (una de ellas está d irig id a c o n tra César.. 7. 3. seis versos sueltos caren tes de conexión). un o ra d o r con cierto «flair» p a ra la poesía. 6. C uántos (si es que alguno puede) h an de ser estim ados com o ob ras de juventud de V irgilio. 4. una lo (poseem os de él. Los re sta n te s neotéricos p re se n ta n el m ism o cuadro. ocho d ísti­ cos elegiacos. así com o tres fragm entos de poem as y alg unos versos sueltos de M ecenas. u n a (la n úm ero 13) la fo rm a epódica (trím etro yám bico y verso de dos m e tro s en alternancia). ad e­ más.294 Literatura universal am orosas. 1. 10 y 12) em plean yám bicos p u ro s (el m etro de Catulo. p o r lo m enos.. de los dem ás sólo sabem os por referen cias in d irectas. aunque bien podem os su p o n er que p a ra Plinio la redacción de ta le s versiculi y su recitació n an te los am igos e ra poco m ás que un a fa rsa b u rle sc a y estéril. 7. 4 y 29). Al igual que Catulo.

En un realism o estilizado m u e stra n no sólo un m undo cam pesino en el que los p asto re s rivalizan e n tre sí can tan d o y hacen m inuciosas p ro te s ta s de am or no co rresp o n d id o —un m undo m ás cercano a la fa rsa que al i d e a l2 3 —. Las «Églogas » de Virgilio Las Églogas de V irgilio no son p a ra el gusto de todos. 5. p o r supuesto. Q uien espere de la p o esía la n a rra c ió n de u n a histo ria. la elucidación de un tem a o la exposición de u n a situ ació n m oral. hacen a p a re c e r a éste com o un sim ple. la ino­ cencia p arad isíaca que Lucrecio había atrib u id o al canto de los p astores 24. au n q u e elegante. De todos m odos. dem asiado lejano en m om ento alguno. El m undo real y p resen te no está. el escenario contem poráneo. No estam os nu n ca del todo seguros de qué p ersonajes y c a ra c te re s de V ir­ gilio p u ed en ser identificados con seres reales e históricos. . ap licados a Plinio. el elem ento p erso n al es m uy difícil de cap tar. ya que re p resen ta n u n a h u id a de la re alid ad in so p o rtab le de la R om a de aquellos 23 Véase la lam entación de amor de Coridón en la égloga 2 . ya fuese éste de c a rá c te r a rtístico o p ro d u c to de su m edio am biente. La d ificu ltad consiste p a ra no so tro s en que V irgilio su p era el problem a lim itándose a re h u irlo y re tirá n d o se al refugio de la lite ra tu ra . en otro pasaje co n ju ra n un nom bre o u n a ilusión. p o r un in stan te. Dicho en breves p alab ras: tam bién las églogas son poesía personal. 1379-91. si­ no que p re sen tan tam bién. T rá ta se a este resp ecto de un elem ento m ás de los que co n stitu y en esa c a ra c te rís tic a sin­ g u lar de las poesías a la que ningún lecto r puede h u rta rs e y que h a c o n tri­ b uido de m an era su stan cial a su p e rsiste n te p o p u larid a d (bien que no a su m ejor com prensión) en tre los lectores h ab itu ales de poesía. diletante. p ero creó nuevos m ódulos p a ra la m a e stría técnica y la sin ceri­ dad m o ral que. El d esarro llo de la poesía p erso n al en la época au g u stea no excluyó.a. En cierto m odo. m ucho m ás d u ro y represivo. Q uizás p u e­ da co n sid erarse e sta colección com o el cam ino del po eta p a ra lib era rse ín tim am en te de un p roblem a personal. se verá defrau d ad o . Se d ibuja ya en el horizonte de las églogas 1 y 9. a los m eros aficionados (Sulpicia no e ra u n a p oetisa profesional. C iertam ente son las églogas v irgilianas algo m ás que u n a sim ple ad a p ta ció n de la trad ició n bucólica h elenística. algo m ás que u n a m e ra im itación de Teócrito. antes que en fren tán d o se ab ie rta m e n te con él. 24 De rerum natura.La poesía individualista de la época clasica 295 ya p o r un o rd en social nuevo.a y la pugna entre los canto­ res rivales al com ienzo de la égloga 3 . las églogas m erecen el calificativo de poesía escapista. sino u n a m u jer en a m o rad a con la ca p acid ad de ex p re sa r sus sen tim ien to s en form a de versos). elocuente y sin em bargo m oderadam ente. sin em bargo.

) en sus versos 6-13. m ien tras que o tro podía zafarse de este tris te desti­ no p o rq u e tuvo su e rte o buenas am istades. es el in terlo cu ­ to r de M elibeo. como este p asaje carece de relación con el re sto del texto. bien podría tra ta rs e de u n a co rte sía de V irgilio p a ra con Polio. que fue expulsado de su país natal y se ve obligado a recom enzar su vida en tie rra ex trañ a. la 10 es u n a especie de epílogo. Los diez poem as ofrecen pocos p u n to s de referen cia p o r lo que hace al orden tem p o ral de su redacción. Títiro. en ellos no hay conflicto alguno. cuyo n acim iento es an unciado en ella. que irru m p en en la paz idílica del m undo p asto ril en ellas d esc rito y am enazan con d e stru irla . La égloga núm ero 10 es fechada p o r algunos en los años 38-37 a. Las re sta n te s p oesías re su lta n m ás fáciles de fechar. la id en tid ad del citad o niño está todavía hoy fu e rtem en te controvertida). más abajo. C. La 7 y la 8 re to rn an al m u n d o de las n ú m ero 2 y 3. estab leciendo la conexión con el m undo externo de los aconteci­ m ientos de la época. un hijo de Polio o no (d u ran te largo tiem po se h a creído que este p o eta p ro fetiza el nacim iento de Jesu cristo . fu e ra del am or no co rresp o n d id o y de los p asto res que rivalizan e n tre sí con sus cantos. La égloga 8 es consi­ d erad a com ú n m ente com o u n a de las últim as.296 L iteratura universal años o scuros y dolorosos que siguieron al asesin ato de César. C. Una referen cia contenida en el texto p erm ite esta b le c e r u n a cronología relativ a 2 S . un diálogo en tre dos vecinos del m u n d o pastoril. po rq u e hace re fere n cia a la victo ria de Polio sobre los p a rto s (39 a. 298 sobre la égloga 3. Si hem os de d a r créd ito al co­ 25 V. C. La égloga 1. La fo rm a en que fue p u b licad a esta colección de poesías se b asa eviden­ tem ente en u n concepto general m uy claro. ya sea el niño. que es en sí un poem a in tro d u cto rio . debe ser co n sid erad a quizás tam b ién com o la despedida de V irgilio de la poesía bucólica. En los años p o sterio res a la b atalla de Philippi e ra sin d u d a alguna cosa d ia ria el que un cam pesino perdiese su te rru ñ o (la tie rra cultivable e ra n ec esitad a p a ra a se n ta r en ella a los veteranos del ejército). C. Las églogas 1 y 9 co nstituyen un m arco. m anum itido poco tiem ­ po antes. Tres poem as de tipo com pletam ente d istinto co n stitu y en el núcleo de la colección (églogas 4 a 6). h acia un realism o ex tra ñ am en te irre a l en el que p en etran co n stantem ente las realidades groseras del m undo.a . u n a huida de la realid ad h acia el arte. A la égloga 1 siguen dos poe­ m as que se refu g ian de nuevo en el m undo en so ñ ad o r bucólico. Las églogas 1 y 9 p erm iten su p o n er que su rg iero n e n tre el 41 y el 40 a. y co n firm ado ju n to con o tro s en su posición de p a sto r o de colo­ no en los p red io s en los que vivió largos años com o esclavo. de las que el poeta ha in ten tad o escapar. pág. No o b stan ­ te. La égloga 4 p arece h a b e r sido esc rita para en salzar el consulado de Asinio Polio (año 40 a.). in terc alad a p o r aquél en el poem a cu an do lo retocó y p re p a ró p a ra su publicación.

El poem a. p a ra re c u p e ra rla m ás ta rd e g racias a los b u e­ nos oficios del p o eta Asinio Polio. de fo rm a que puede co m p re n d er y h ac er suya la trag e d ia que ensom brece las vidas de estos h o m bres sencillos. p ero las experiencias vividas y n a rra d a s p o r am bos son en cierto sentido las suyas propias. p a ra el p rim e r pu es­ to d en tro de la colección. 64. Al m undo ensoñado y feliz de las églogas seg uiría en las Geórgicas la vinculación ín tim a con las re ali­ dades de la vida ru ra l itálica. De este m odo al m enos. en la p erso n a del c a n to r M enalcas. aquí ju n to a los ríos fam iliares / y a las fu en tes sag rad as h allarás um b ro so frescor. p o r su sosegada pobreza. El poem a es un sím bolo de la aniquilación del m undo de la niñez de Virgilio. fortúnate senex. La égloga 2 se re tira al m undo gozoso de los p asto res. et tibi m agna satis. con las d u ra s y ásp eras jo rn a d a s de trab a jo tan to com o la h e rm o su ra de esta form a de vida. a T ítiro. / Ni un insólito fo rraje d añ a rá a las b estias p re ñ a ­ das / ni m alignas epidem ias de rebaños vecinos c a u sa rá n d esa stres.) Pero esta vida pertenece. tus cam pos. V irgilio puede envidiar. Ello no quiere decir. Al co rreg irlo p a ra su publicación. q uam vis lapis om nia nudus lim osoque palus obducat pascua iunco. una hab ilísim a im itación con ecos del Polifem o de T eócrito y lam entaciones trág icas en g ran estilo 2 7. sí. entendió el m ism o V irgilio el poem a cuando lo escribió. lo h aría . égloga 9). te quedan. que era uno de los fu n cio n ario s resp o n ­ sables del re p a rto y asignación de las tie rra s. nec m ala vicini pecoris contagia laedent. 27 Cf. al m enos no lo e ra ya p a ra él. quiso quizás que fuese en ten d id o (junto con la égloga 9) com o m an ifestació n sim bólica de que este género de p oesía no era posible ya. au n q u e la p ied ra desn u d a / y la ciénaga con sus ju n co s fangosos inunde todos los prados. ergo tua rura m anebunt. lejos de u n m undo in sen sato (vv. c. / y p a ra ti son lo b a sta n te grandes. el lamento de Ariadna en Catulo. según nos es lícito suponer. non insueta gravis tem p ta b u n t pabula jetas. 132-201. tam bién Virgilio perdió en un principio su finca de la­ bor. hic inter flu m in a nota et fontis sacros frigus captabis opacum . u n a re p resen ta ció n sim bólica de la irru p c ió n de la realid ad co n tem p o rán ea en el m undo feliz bucólico. . al pasado.La poesía individualista de la época clásica 297 m en tad o r Servio 26. (Feliz anciano. h ered ad a de sus padres. pues. 46-52): Fortúnate senex. vv. en todo caso. / Feliz anciano. que V irgilio se haya q u erid o r e tr a ta r en T ítiro o en M elibeo (si es que ap arece él m ism o en sus poem as. invita al lecto r a co n tem p lar la m o d esta re ali­ 26 Sobre la égloga 6. p a ra él. 1-13. sin em ­ bargo.

de rú sticas agudezas). d. *se re tira m ás aú n a un m undo que desaparece Relieve en el brocal de un pozo. y las g ro se ras b u rla s a b u rre n pronto. que describe tan detalladam ente. E sta égloga fue escrita. Una com paración con la d u ra im agen re alista que ofrecen las Geórgicas (en las que el hom bre se halla en perm an en te lucha . La c u a rta égloga tr a ta de «un tem a algo m ás elevado» (v. u n a com petición en tre dos p asto re s según el q u in to Idilio de T eócrito (donde. con una oveja amamantando al corde­ ro. ex ten d er u n a elegante trad ició n lite raria al tem a vil. P ara el lecto r m oderno. precede un intercam b io . o al m enos ajeno a la tragedia. La égloga 3. V irgilio in ten ta aquí. Es testim o n io de la fina iro n ía de las églogas el que C oridón p erm a­ nezca insensible a n te la belleza de la N aturaleza. finam ente estiliza­ do. C. 1: paulo maiora canamus): se tr a ta de a n u n c ia r que es inm inente u n a nueva era. 36-39).298 Literatura universal dad de la vida ca m p e stre (que e ra so b rad am en te conocida de todos lo ro ­ manos) a trav és de los anteojos color ro sa del rom anticism o y del a rte de la palabra. Kunsthistorisches Museum. adem ás. antes que la n ú m ero 2: allí se dice que D am etas (un p erso n aje de la égloga tercera) ha donado en el lecho de m u erte sus flau tas a Coridón. C onfunde y a tu rd e . el modo en que la com petición de los bucólicos ca n to res salta de un tem a a otro. sin duda. lentam ente. Viena. com o aquí. de la pasión hom ose­ xual. El tem a no so p o rta un exam en serio y no lo preten d e tam poco. Hacia el 70 d. una era de paz y de ab undancia. el am an te infeliz de este poem a t(vv. la te rc e ra égloga es indudablem ente la pieza m enos in te re sa n te de la colección. en efecto.

que h a b ría n podido am en a­ zar desde fuera. De todos m odos. pero que no tienen lu g ar alg u ­ no en el poem a m ism o. En ella. y en tre te jid a en ellas la h isto ria de cóm o el po eta Galo llegó a e sc rib ir un poem a a la m an era de H esíodo sobre la g ru ta grinea de Apolo. y el de Alfesibeo (que se ve obligado a ec h ar m ano de las a rte s m ágicas p a ra o b lig ar a Dafnis. el am o r no correspondido. adem ás de u n a serie de fábulas. El tem a de la q u in ta égloga es la m u erte y la apoteosis del p a sto r Dafnis. que le h a abandonado. Cada uno de am bos ca n to res expone p erso n alm en te sus quejas. Sileno es ap resad o y m a n ia ta ­ do p o r dos m ozalbetes llam ados Crom is y M nasilo (am bos nom bres p ro ce­ den de Teócrito) a quienes auxilia en e sta ta re a u n a m u ch ach a llam ada Aigle. en el que los contem poráneos podían reco n o cer o so sp ech ar la id en tid ad de los p erso n ajes p rin cipales. El tem a de la octava égloga es. va a c o n tra e r nupcias con Mopso). no poseen la m ism a fuerza de convicción com o la que ca n ta C oridón en la égloga segunda. La égloga sexta p re se n ta una versión nueva de u n a fáb u la n a rra d a p o r Ovidio 28. Se ha su p u esto d u ra n te largo tiem po que este en can tad o r. e invita a M elibeo (el d e ste rra d o de la égloga p rim era. las canciones. sí. La exaltación de la c u a rta égloga invita adem ás a u n a com p aració n con la exaltación de la q u in ta y la fa n ta sía d esb o rd an te de la sexta. . P ara lo g rar su libertad.La poesía individualista de la época clásica 299 c o n tra un m undo circ u n d an te del todo hostil) d ese n m a scara esta visión de u n a E d ad de Oro ad o rn ad a con los a trib u to s convencionales del p aisaje bucólico com o p u ra y sim ple ilusión. lo m ism o que el de la segunda. no p arece in sen sato su p o n er que los poem as son u n a tran sp o sició n bucólica de un círcu lo de p oetas en to rn o a C ésar. La sép tim a égloga nos devuelve al ya conocido m undo pasto ril. re su lta difícil e n te n d e r el sentido del conjunto. el m undo de ensoñación. a quien se le trib u ­ ta ro n ya en vida honores divinos. La situación de la c u a rta égloga no p erm ite u n co n tacto directo con las b ru ta le s re alid ad es de la vida. y recu erd an m ás bien a m alas piezas escénicas que un ca n ta n te puede d eclam ar sin em oción in te rio r alguna. herm oso poem a es u n a alegoría de la m u e rte de César. que ap arece aquí com o n arrad o r) a p re se n c ia r la com petición e n tre C oridón (el c a n to r de la égloga segunda) y el p a sto r T irsis (un poeta en ciernes a quien sólo en co n tram os en este poem a). C laro es que u n a tal co m p aració n no es del todo leal. ca n ta p a ra el trío u n a canción sobre la c re a ­ ción del m undo. 11. que está co n stitu id o p o r dos la­ m entos en recíp ro ca porfía: el de Dam ón (Nisa. 28 Metamorfosis. E sta vez se tra ta —de o tro m odo a com o o cu rre en las églogas te rc e ra y sép tim a— no tan to de un a com petición cu an to de un poem a. Q uizás debam os ver tam b ién en Dafnis a un am igo y p ro te c to r del p o eta (so rp ren d e que no sea c a rac te rizad o com o cantor). Pese a lo am eno y am able de la n arració n . a que regrese de la ciudad). sin em bargo. 90 y ss. Dafnis vive todavía. a la que am a desde su ju v en tu d .

pero al fin todos tuvieron que d o b leg arse al poder superior.300 Literatura universal La égloga 9 nos tra sla d a nuevam ente desde el m undo irre al a la reali­ dad cru el de las expropiaciones de tier*ras. Galo. hic. el ú n i­ co personaje h istó ric o que tom a p a rte activa en la tra m a del poem a (otros personajes son citad o s. nam que sepulcrum incipit apparere Bianoris. porque h ab ía oído que M enalcas (esto es. aspice. un a vez que la colección estab a ya com pletam ente term inada. es p re se n ta d o en un m edio am biente bucólico. 38 y 68: un poem a de án im o y consuelo p a ra un colega poeta enam orado infeliz­ m ente. Aquí. verem ur. / deja d e sc a n sa r aquí a tu s cab rito s. ca n te­ mos. (Y ah o ra calla el ancho m ar. M eris. El poem a se p resen ta al lector como extrem us labor (v. con gran so r­ p resa p o r su p a rte . q ue h ab ía sido antes la am an te de M arco Antonio) rom pe el m odelo u sual. y la égloga concluye. Los dos p asto re s citan sus v er­ sos p red ilecto s de los poem as de M enalcas. eso se ha dicho. / p ro si­ gamos n u e s tra ru ta ca n ta n d o (el cam ino es así m enos penoso). con los versos quizás m ás herm o­ sos de to d a la colección (vv. G alo es un in tru so pro ced en te del m undo externo. quizás fue una p o strera excursión al m undo bucólico. después de su m u erte. ¿Virgilio?) había logrado salv ar con sus canciones todos los p redios de los pastores de esta com arca. / D esde aquí tenem os an te no sotros la m itad del cam ino. h inc adeo m edia est nobis via. Lícidas se entera. hic haedos depone. en una atm ósfera de d ulce m elancolía bucólica. Se consuela con el pensam iento de que. y lam enta no h a b e r escogido . hic. los p asto re s de A rcadia ca n ta ­ rán la canción q ue él ha com enzado ahora. El d ech ad o es (como en la pieza n ú m ero cinco) la segunda m itad del p rim er idilio de Teócrito. En todo caso parece p e rte n e c e r a ese tipo de consolado que cita C atulo en c. aquí. de pasada). cuando m ás. ubi densas agricolae strin g u n t frondes. canam us. donde los labriegos / recogen la fru ta en las espesas frondas. tam en ven iem u s in urbem . porque allí / se d e sc u b re ju sta m e n te el sepulcro de B ianor. o un poem a que se añadió a é sta p a ra u n a segunda edición. y m ira: / todo hálito del ru m o ro so viento se ha sosegado. nox p lu via m ne colligat ante. aut si. y ello le so rp ren d e. ca n ta n tes licet usque (m inus via laedet) eam us. de que M eris ha sido expulsado de sus propiedades. M eris responde: sí. ventosi ceciderunt m u rm u ris aurae. co n tristad o p o r la infidelidad de su am ada. que a p e sa r de ello llegarem os a la ciudad. / Y si tem em os que la noche nos traig a antes la lluvia.) La égloga 10 (un poem a sobre el m ilita r y poeta Cornelio Galo y su am ante L icoris. Moeri. 57-64): E t n u n c om ne tibi stratum silet aequor et om nes. 1).

29 Así Servio. ya que H oracio no había creado n u n ca en su vida v e rd a d e ra poesía de acu erd o con el c rite rio de la generación precedente. que reconocía la ta re a del poeta com o u n a profesión honrosa y plenam ente aceptada. u n a nueva posición en el seno de la sociedad. Y al m ism o tiem po fue. este títu lo de h o n o r c o rre s­ ponde sin d u d a alguna a Virgilio.La poesía individualista de la época clásica 301 la pro fesió n de p a sto r en vez de la de soldado. Horacio Si C atulo rep resen ta. 1) se b asa b a en u n a especie de poesía que fue él p rá cticam en te el único en cu ltiv ar y que. en la A ntigüedad. dejando de lado to das las concesiones. con H oracio ésta alcanzó su época de m ad u rez adulta. el p rim e r lite ra to del m undo occidental. Si ya en las églogas 1-9 p arece que el objetivo ha sido desenfocado d elib erad am en te (sin d u d a alguna p a ra qui­ ta r al lecto r u n a excesiva cu rio sid ad p o r el detalle). en el sentido com o en tendem os hoy este calificativo. re s u lta b a dem asiado difícil p a ra ser v erd ad eram en te popular. H oracio ocupó d u ra n te la ú ltim a década de su vida u n a posición sin g u lar de au to rid a d y prestigio: él fue el crítico y teórico de la lite ra tu ra m ás fam oso y respetado. su m o n u m e n tu m aere perennius (c. H oracio no fue el po eta m ás g rande de la época au g u stea ni ante los ojos de sus coetáneos ni en el juicio de la h isto ria. el portavoz n a tu ra l de las reivindicaciones de la lite ra tu ra . pero la fo r­ m a expositiva y n a rra tiv a se asem eja m ás bien a la de C alim aco y E uforión. Su p re te n ­ sión de fam a. y com pone así un poem a e ru d ito p a ra un poeta eru d ito . Q uizás V irgilio se creyó en la obligación de a d a p ta r el poem a m ás estric ta m e n te al gusto de Galo. 1). O tra co rte sía m ás es la in tercalació n de un pasaje ex traíd o de un poem a del m ism o Galo en el cántico que pone en sus labios 29. El dechado sigue siendo T eócrito. Una form a de poesía que no h ab ía p erd id o del todo su vinculación con la p ara lite ra tu ra alcanzó a través de él un status lite ra rio inco n tro v ertib le. p o r así decirlo. ya que h ab ría sido m ás dichoso y su am ad a no le h u b ie ra abandonado.. T ras la m u erte de Virgilio (19 a. . con la era de P ericles—. E sto fue sin d u d a un paso y un logro insóli­ tos. la d ificu ltad de la églo­ ga 10 ray a en lo enigm ático. Sin em bargo. p a ra sí m ism o y p a ra sus cole­ gas. no h ab ía escrito jam ás un poem a épico (declarando incluso pú b licam en te que no se sentía capaz de ello) ni osado com poner n u n ca u n a trag ed ia o u n a com edia (aun­ que no titu b e ó en d ecir a otros cóm o podía llevarse a cabo esto). sobre la égloga 10. C. 3. 30. un hom bre capaz de esc ri­ b ir u n a c a rta a b ierta al e m p erad o r sobre el estado ac tu a l de la lite ra tu ra (E p . 46. la ju v en tu d de la poesía personal rom ana. y e x p resar su opinión con la d esen v o ltu ra de quien se sabía y sen tía au to rizad o p a ra ello. H oracio d estac a como el e s c rito r que exigió y consiguió tam bién.). Pero en u n a época —co m p arab le sólo. 2.

2. y ob tu v iero n tam bién. p or ello. un m iem bro del círculo en torno a M ecenas poseía. Más tard e . pero cuando u n a generosa am nistía de los h ered ero s de C ésar. d ad a su condición de aficionados hábiles). y colocó la independencia p e r­ sonal por encim a del éxito m aterial. au n q u e no p ro fu n d am en te. las m ujeres y el canto. y que hab ía com enzado e n tre b u rla s y veras a co n sid erarse a sí m ism o com o u n conti­ nu ad o r de los poetas-soldados de la an tig u a Grecia. ab ru m a d o p o r el en tu siasm o con que fueron recibidos en Atenas los asesinos de C ésar. la condición de cliente del E sta ­ do. L ograron o c u p a r u n a posición en la escala social rom ana com o la que h abía sido o to rg a d a a los fam osos filósofos griegos que se h ab ían e sta ­ blecido en R om a ya desde un siglo antes p o r sus p ro tec to res rom anos. sobre p ro ­ blem as de la filosofía m o r a l3 0 y desplegar un cierto idealism o en relación con valores tales com o la lib e rta d y la independencia personal. 30 Epistulae. p o r así decirlo. un nuevo grado de indepen­ dencia. E ste sistem a se había m odificado un ta n to d u ra n te la época de Augusto. Virgilio y H o racio vivieron. éste. 43-45. ayuda y honores. esto no e ra sino un aspecto especial de la vinculación trad ic io n a l entre el p atro n o y el cliente. que co nstituyó la base de ta n ta s relaciones en el seno de la sociedad rom ana. No puede o lv id arse aquí que el papel del poeta h ab ía cam biado m u ch í­ simo. V ir­ gilio y H oracio fu e ro n objeto de protección. Al igual que éstos es­ cribió sobre el vino. como h ab ían hecho en R om a desde un p rim e r m om ento los poetas profe­ sionales. que se h ab ía fo rm ad o según el dechado de otros. Pero lo v e rd ad eram en te n otable es el hecho de que V irgilio y H oracio exigieron de su p a tró n . cuando el en tu siasm o exal­ tado de su ju v en tu d cedió el paso a un d istan ciam ien to irónico de m adurez. surgió a la su p erficie la v erd ad era individualidad poética de H oracio. o porque su elocuencia podía re su lta r útil políticam ente.302 Literatura universal H oracio hab ía a p ren d id o a co n sid erar a los p oetas com o gente im por­ tante quizá d u ra n te sus años de e stu d ia n te joven en Atenas. . que el hijo de un liberto. llegó a ser él m ism o. E xistía u n a m entalidad previam ente cons­ tituida. un p u esto re serv ad o especialm ente p a ra ad m itir al poeta. 2. lo m ism o que a todos los d em ás a rtis ta s (a C atulo y los neotéricos no se les tenía en cuenta. Su c a rre ra m ilita r fue un com pleto fracaso. sino com o seres h um anos con derecho a ser tom ados en serio. e r a ya casi un hom bre de tre in ta años que h ab ía conoci­ do el encanto de u n a form a de vida en que las ideas cuentan. llevado p o r un ta lan te de juvenil reb eld ía c o n tra la dictadura. sí. No so rp re n ­ de. le p erm itió reg resar a Roma. donde tam bién se podía a p re n d e r a m e d ita r seria. los vencedores de Philippi. se alistase en los ejércitos de B ruto. y ello no en calidad de sim ples re cre ad o res. de las dádivas de sus p ro tecto res. ni tam poco a cau sa de su hab ilid ad arte san a.

su m eta su p rem a e ra la nom bradla: la n o m b rad la de un adve­ nedizo. en realidad. un b rillan te aficionado. el p u esto que le correspondía. luego los g ra n ­ des m aestro s de la form a lírica m ism a. sí. La p oesía h ab ía ocupado. M ientras C atulo (con excepción de algunas de las poesías externas) a sp ira ­ ba a lo d irecto e in m ediato y se esforzaba p o r em p lear u n a expresión deci­ d idam ente an tilite ra ria . Una m ezcla de falta de confianza en sí m ism o y de afán de independencia (para leer e n tre líneas el texto en el que nos n a rra los com ienzos de su c a rre ra poética) le llevó p rim ero hacia un dechado m ás m odesto. P or el m om ento. pro bablem ente. sin em bargo. y asim ism o P ro­ percio. com o lo hicieron V irgilio —aunque en m asc ara d o — en las Églogas y H oracio en todas las p a rte s de su obra. que Ovidio com ienza a socavar b rillan tem en te. fue aquella ligera fo rm a h ex a m é trica que él convirtió en el vehículo expresivo de algo que es m uy sem ejante al m o­ derno ensayo en prosa. p ero de uno que no podía se r pu esto en tela de juicio. las Sátiras y las Epístolas ) desde un p rim e r m om ento en un estilo lite ra rio igualm ente decidido. y ello significaba com únm ente de la trad ic ió n griega.La poesía individualista de la época clásica 303 Al m ism o tiem po se tornó h ab itu al que el poeta apareciese p erso n al­ m ente en sus o b ras. P ara ser co n sid erad o com o profesional hab ía que e s ta r d e n tro de u n a trad ic ió n re ­ conocida y acep tad a. com o lo h ab ía sido C atulo. La a n d a d u ra a rg u m e n ta ­ tiva es d iscontinua. H oracio retom ó la poesía p erso n al en el p u n to en que la h ab ía dejado Catulo. al fin. p a ra ca u sa r la im presión de espontaneidad. g eneralm ente desde un p u n to de vista subjetivo m an tenido con e s tric ta disciplina. estab a H oracio m uy lejos aún de conside­ ra rse a sí m ism o com o un Alceo rom ano. H oracio alcanzó esta posición de fo rm a típ icam en te rom ana. Tibulo y Ovidio. H oracio escribió (dejando a un lado los ensayos en hexám etros. p ero una . Las Sátiras H oracio com enzó con experim entos en dos fo rm as estilística s distin tas. La p rim era. cada uno a su m anera. En las Odas fue acudiendo luego a dechados cad a vez m ás altos. É sta es tam bién. po rq u e dichos lecto res están aco stu m b rad o s a o to rg a r al po eta un elevado rango. H oracio inten tó ya u n a ad ap tació n consciente y com pleta del a rte de Arquíloco. M ientras C atulo se lim itó a h acer suya u n a a c titu d que p o d ría se r designada com o arq u iló q u ica o yám bica. En unos cien versos apro x im ad am en te se p lan tean y d iscuten p roblem as éticos y literario s. p ri­ m ero fu ero n los co n tin u ad o res h elenísticos de Safo y Alceo. la base de la astu cia ovidiana: Ovidio puede h a b la r en el tono de quien esp e ra que sus lecto res tom en en serio lo que él dice. p ero no q u ería ser sólo.

la 1.. c u a tro son serm ones que defienden un pun to de vista p u ram en te pragm ático (una especie de epicureism o popular). No obs­ tante. el m odo en q u e se expresa es n a tu ra lm e n te el propio de un rom ano de los años tre in ta an tes de n u e stra era: este m undo es el que él co n ju ra en sus sátiras. que e n tre los rom anos de aquella épo­ ca pu d iero n d ese n cad e n ar algo así com o u n a pugna religiosa. De las diez Sátiras del libro p rim ero. 6. sin em bago. eso sí. d ib u jad o hacia el 30 a. en los años que siguieron a la b a talla de Actium (31 a. y sobre todo ya fallecidas. dos po­ seen tem as crítico -literario s. El dechado ev id ente de esta época es Lucilio. parece que H oracio llegó a la convicción de que la fo rm a del ensayo en hexám etros no c u a d ra ­ ba ya con sus in tenciones y sus dotes poéticas. C. atendiendo cu id ad o sa­ m ente. 9 (el en cu en tro con el ch arlatán). C.). aquel p ro to tip o del poeta personal rom ano que —en su calid ad de p restigioso m iem bro del círculo literario en to rn o a E scipión E m iliano un siglo an tes— no había m o strad o p recisam ente m ucho resp eto fre n te a las p erso n as de rango y calidad o frente a las in stitu cio n e s públicas. sus fa lta s y debilidades las que ataca.304 Literatura universal m irad a m ás a te n ta nos descu b re la tra m a e s tru c tu ra l cuidadosam ente ela­ borada. a a s e s ta r sus golpes sobre todo co n tra personas de m enor peso y relevancia. N ada en las Sátiras p erm ite u n a co m paración con los violentos ataq u es que Catulo h ab ía d irig id o con tan im placable fran q u eza co n tra César. A nécdotas m o ralizantes y cap rich o sas alusiones personales dan vi­ veza y colorido al conjunto. H oracio se vio sin d u d a desem peñando un papel parecid o en el círculo que reu n ió en to rn o suyo el m in istro de Augusto. es lícito su p o n er que tom ó de Lucilio no sólo u n a a c titu d y un tono que le re s u lta b a n adecuados. C uando echó m ano . R esulta difícil d ecir h a sta qué p u n to siguió H oracio a su modelo. Las Epístolas Después de diez años de experim entación (el p rim er libro de las Sátiras apareció hacia el añ o 35. el segundo h acia el 30 a. C. ofrece un agradable co n traste. un a n to rre tra to m uy desenfadado.). El tono dis­ cursivo y las n u m ero sa s alusiones hacen de estas sá tira s filosóficas la ú n i­ ca p arte tediosa de la o b ra ho racian a. M ecenas. la s á tira 2. sino tam bién algunos tem as. y o tras cu a tro poseen u n a e s tru c tu ra n a rra tiv a m uy libre y evidencian ya ese in te­ rés p o r los c a ra c te re s y las situ acio n es que llegaría a c o n stitu ir un rasgo p erm anente de la p o esía horaciana: a este g ru p o p erten ecen dos de las sá ti­ ras m ás conocidas. E n tre las ocho piezas del libro segundo se en c u en tran experim entos con la fo rm a d ra m á tic a y un cierto n ú m ero de aquellas dis­ cusiones sobre te o ría s éticas rivales. Mam u rra y o tro s m iem b ro s de la co rro m p id a sociedad de los años cincuenta. p a ra tran q u ilid ad del escrito r. 5 (el viaje a B rundisium ) y la 1.

El dechado ah o ra ya no es Lucilio. están escrito s en versos altern ativ a m en te largos o breves (por lo co­ . 19. 1 es u n a c a rta d irigida a A ugusto sobre el estad o actu al de la poesía en Roma. H oracio em plea p a ra un a serie de c a rta s a b ie rta s a sus am igos u n a fo rm a lite ra ria que h a hecho suya en el cu rso de los años. en los tard ío s años veinte. 24). 20. llam ada com únm ente Ars poética. C. con excepción de uno (epodo 17. Todo él reb o sa un sano sentido com ún y está salpim entado con aforism os que se han co nvertido en frases p roverbiales de la crític a lite ra ria . Quizás creyó que sem ejante explicación no c u a d ra b a bien con el c a rá c te r d elib era­ dam ente ligero. 3. O quizás no se sen tía lo b a sta n te seguro del propio éxito. 2.. Sin em bargo. con algunas m irad a s de soslayo sobre la lírica y la epopeya. com o cosa ya concluida. En dichas c a rta s m an ifiesta sus opiniones y criterio s com o p erso n alid ad fam osa de la vida pública que es. pacífico p ero fácilm ente irascible. com o testim o n io de las ideas sobre la lite ra tu ra que im p erab an a la sazón. M uchos de ellos son m uy b re ­ ves. precedido de u n a in tro d u c ­ ción un ta n to am p ulosa en la que explica las razones del a p a rta m ie n to de la lírica p o r p a rte cíe H oracio. C. escrito en trím e tro s yám bi­ cos). y todos. el segundo. propio de u n a c a rta a b ie r­ ta. com o «hom­ b re m enudo. El libro 1.La poesía individualista de la época clásica 305 nuevam ente a ella. 2. y algunos años m ás ta rd e se sirvió H oracio de la m ism a form a p a ra re d a c ta r tre s largas c a rta s a b iertas de contenido m ás o m enos críticoliterario : 2.) un lib rito con diecisiete poem as (587 versos en total). consideró su c a rre ra poética. sobre todo. ap a ren tem e n te desem barazado.° ap areció h ac ia el año 20 a. 21-23. p o r el co n trario . Diez años después publicó (hacia el 30 a. El ensayo —de tono m uy p erso n al— es valioso p a ra nosotros. de cabellos ralos. El re su lta d o fue b astan te m odesto. o fre­ ce u n a especie de p a n o ram a p ráctico de la h isto ria y la teo ría de la poesía dram ática. decepcionado sobre la acogida d isp en sad a p o r el público a poem as en los que hab ía in­ vertid o tan to s pen sam ientos y tan to s esfuerzos. el lecto r m oderno no puede e v ita r u n a c ie rta decepción p o r el hecho de que H oracio no aproveche la o p o rtu n id ad p a ra explayarse sobre su p ro p ia o b ra m ás allá de lo ya dicho en la epístola 1. El p rim e r libro de las E pístolas ir r a ­ dia todavía un in d udable en can to y u n a u fan a confianza en sí m ism o. Los Epodos D urante el trab a jo de com posición de las p rim era s Sátiras com enzó H o­ racio a e x p e rim en tar tam bién con o tra fo rm a lite raria . 2 ofrece u n serm ón sobre la codicia. que se siente a gusto bajo el sol» (1. en el fondo. m u e stra el tono m ás ásp e ro y am arg o de un h om bre que siente que com ienza a escap ársele cu an to h a esp e rad o y recib i­ do de la vida. y contiene u n a decidida defensa de la poesía contem po­ ránea.

m ien tras que algunos de los últim os se m antienen en pie con dignidad. m ien tras H o ra­ cio d isfru tab a de la seg u rid a d hogareña. q u ería ser algo m ás que un sim ple c o n tin u a d o r de los neotéricos. como quien supo ver a c a ra d esc u b ie rta los peligros de Actium. una fo rm a ésta que no hab ía utilizado nunca Catulo. 32 (Ipsitila) y el c. ataque que resu lta m uy poco convincente en boca de un h om bre que según p ro ­ pias declaraciones h a b ía sido él m ism o objeto de b u rla s en su condición de trib u n o m ilita r igualm ente advenedizo. de an tem a n o se p ro p u so alca n zar n o m b rad la y aceptación como poeta. Los epodos m ás antiguos son de m uy escaso v alo r poético. q u e es p resen tad o aquí. y el epodo 17 ofrece u n a larg a e irónica re tra c ta c ió n de aquél (81 versos). am enaza a un enem igo desconocido. No se rebeló sim plem ente. Pese a ello. están encuadrados sin d u d a alguna en la trad ic ió n de los P harm akeutriai de Teócrito 3 1 y del a rte m e n o r helenístico. La influencia de C atulo (c. 97 (Emilio) de Catulo. d irig id a a M ecenas. h ac en p re sa cru el en u n a ninfóm ana ya e n tra d a en años y poseída p o r la am b ición lite ra ria . y nom ­ b ra explícitam ente a Arquíloco com o su m odelo. de m an era poco realista. de calidad decididam ente superior. 52). y el epodo 10. égloga 8. situ ad o s p o r su tono e n tre el c. el epodo 5 es al m ism o tiem po un poem a vivacísim o y o riginal. Virgilio. Los dos largos epodos 5 y 17. c o n tra trad icio n es nacionales ya gastadas. H oracio m ism o titu ló la colección Iam bi. com o Catulo. ju eg a con la fo rm a del propém ptico. un estu d io del espanto y del realism o m ás despiadado y crudo. h ered ad o claram en te de Arquíloco. repugnantes. Los epodos 8 y 12. sólo en los epodos 12 al 16 son los versos m ás largos h ex ám etro s dactilicos). el epodo 6. Una cie rta fa lta de aliento em ana 3 1 Cf. un pequeño d ra m a p erfecto en sí m ism o (102 versos). . Al p arece r. pero resu ltan tam b ién —y en este pun to se diferencia H oracio de C atulo— . H oracio fue en este pun to lo suficientem ente sen sato como p a ra rech a­ zar desde un p rin cip io el papel de m ero epígono. 11) es perceptible en el epodo in tro d u cto rio d iri­ gido a M ecenas. situado d en tro de la trad ició n de A rquíloco e H iponax. seis de los diecisiete epodos —los m ás flojos de ellos— se evidencian com o ejercicios m uy poco libres y p erso n ales todavía.306 Literatura universal m ún com binaciones yám bicas. d irig id o a un tal Mevio. que hace algo nuevo y personal de lo que otros crearo n an tes de él. y a la cuid ad o sa evitación de los m etros em pleados p o r Catulo: el epodo 3 es una d ia trib a a p a re n te c o n tra el ajo. reb o san ­ tes de ecos ca tu lian o s pese a su ropaje. E stos re tra to s están pintados de m ane­ ra d etallada y re p u lsiv a en el m ejor m odo de las invectivas personales. el epodo 4 ataca a un advenedizo trib u n o m ilita r en el estilo de C atulo (c. en o tra época. o tra lengua y o tro ám bito cu ltu ral. En lu g ar de ello adoptó el papel típicam ente rom ano del poeta.

lo m ism o que el epodo 13. sino el u su re ro Alfio. El poem a. nos re su l­ ta m ás grato. pero al m ism o tiem po p ro fu n d am en te poética. sin em bargo. u n a desp ed id a am ablem ente irónica. c. p o r o tra p arte . 9 o las odas de primavera 1. El em pleo del sim bolism o n a tu ra l al com ienzo del poem a 32. no se sale. ofrecen en fo rm a d ra m á ­ tica un ap asionado rep u d io de la lo cu ra que significa la g u e rra civil. E sta ac titu d . No ob stan te. 8 y 76). 7. u n a larg a y convencional alab an za de la vida cam pes­ tre. . Un p erso n aje invita a sus com pañeros de fran cach ela a p o sp o n er sus cu itas p a ra m añ an a y a e n tre g arse p o r en tero al p la c e r del vino. El epodo 15. p o r el co n trario . El epodo 11 es el p rim ero de tres poem as que p e n e tra en un te rre n o nuevo: H oracio está enam orado. e n tre el poeta-am ante y su am ada. lo está con esa típ ic a m an era de am ar del ep icúreo severam ente ortodoxo. p ero sin e m b a r­ go puede ser considerada. p o d ría ser estim ado (si estu v iera e sc rito en o tro m etro) com o u n a b u e­ na im itación de Tibulo h a sta que los versos finales nos d elatan la m alicia e n c errad a en el texto: quien h ab la en éste no es el p o eta H oracio. En los ocho epodos re sta n te s no puede ra s tre a rs e ya la influencia de Catulo. un dram ático m onólogo en la tr a ­ dición de A nacreonte y de la p oesía de sim posio griega. 33 Cf. esto es. 7. son signos de que H oracio está a pun to de h a lla r su p ro p ia y p erso n al línea poética. Un oído rom ano percibió quizás la d istan cia in te rio r que traslu ce n las p alab ras de H oracio con resp ecto a la g ra ta sen tim en talid ad de los versos 1 a 66. 1. que sólo la m u erte puede ro m per. El poem a apenas si puede com ­ petir. con u n a oda com o la 1. de u n a am an te infiel (es el tr a ta ­ m iento h o racian o de la situación p in tad a p o r C atulo en c. ca ra c te rístic a de to d a la o b ra horaciana. se siente lo b a sta n te débil com o p a ra ceder al em beleso am oroso. en su tem ática del m arco convencional y h elenístico (H oracio confiesa u n a debilidad tan to p o r los m ancebos com o p o r las m uchachas). 11. 32 Cf. en la que H oracio expone su filosofía vital Con delicada m oderación. pero tam b ién lo b a sta n te fu e r­ te com o p a ra ver claram en te el hecho real de la in co n stan cia del am or. la utilización del m ito en los versos finales 3 3. El epodo 2. cual si H oracio se hubiese esforzado d esesp erad am en te p o r lib e ra rse de la re tó ric a convencional de los epodos an terio res p a ra alcan zar el estilo com pacto y pleno de vigor de las Odas. algo forzado.La poesía individualista de la época clásica 307 de este poem a ex trañ am en te reseco. c. am bos exh o rtacio n es d irigidas al pueblo rom ano. los epodos 7 y 16. com o la m ás m a d u ra de toda la colección. 4 y 4. así com o una m elancolía ca­ ra cterística. Tres epodos m erecen en especial el calificativo de poesía política: el n ú m ero 9 contiene un cántico triu n fal. se halla en violento co n tra ste con la concepción elegiaca del am or com o contenido suprem o de la vida y con el ideal p ro p e rcian o de un vínculo apasionado. 1. en cu an to exhortación m oral. m uy agradable. en h o n or de la v ictoria m ilita r de Actium.

m enos retórico. Las Odas m u e s tra n que H oracio h a ap ren d id o a elim in a r de su obra ese h u m o r forzado que es el rasgo ca ra c te rístic o de quien se siente incóm o­ do y tenso fren te a su público. Ju n to a e sta form a. Como m otivo aduce su enam o ram iento. y suele ser tam b ién lo su ficien tem en te sensato com o p ara no fingir un co m p ro m iso sem ejante. Ya los últim os E podos m u e stra n que H oracio ap ren d ió asim ism o a re n u n c ia r al superficial patetism o em ocional del estilo elevado. y leyendo e n tre líneas. com o h ab ía sido el caso en los poem as d ed icados a Lesbia. cu an d o falta el elem ento personal en el sentido b io g ráfico del térm ino. Las Odas re p re s e n ta n u n a ru p tu ra m ás decidida y m ás rad ical con la tradición que los Epodos. Tam poco ese realism o cru d o que nos sale al paso en los E po dos y las Sátiras es em pleado ya apenas en la poesía seria. sospecha­ mos que lam enta en el fondo el grosero realism o de epodos com o el octavo y el duodécim o. y sus poem as am orosos no surgieron ya de form a inm ediata de la vinculación ín tim a con u n a m u jer am ada. en una palabra: que ha su p e ra d o íntim am en te e sta form a lite ra ria y se siente incó­ modo y estrech o en ella. bien h u b iera podido asig n ar a su poesía p erso n al la ta re a de serv ir sim plem ente al es­ p arcim ien to liviano. si bien con un com edim iento digno de elogio. Su d istan ciam ien to . H oracio se disculpa aquí an te M ecenas p o r su incapacidad de co n clu ir el libro. sus ensayos en to rn o a tem as políticos (por ej. C uando se alejó de la poesía de ocasión. p o r una v erd ad era en em istad o un encono real. En lu g ar de ello se propuso un fin m ás elevado. com o las de Catulo. Las invectivas de H oracio no e stu ­ vieron provocadas.308 Literatura universal El epodo 14 fue sin duda el últim o en ser escrito. h alló tam bién el poeta su p ro p ia p erso n alid a d creadora. y que q u isiera ah o ra com enzar con algo nuevo. en c. Las Odas La colección de epodos —y aquí p recisam en te se b asa su v alo r— m ues­ tra cóm o H oracio ex p e rim en ta con la poesía personal. cuando escribe poesías que se han desligado de u n a ocasión d eterm inada. en favor de un estilo m ás directo y vivo. 1). que H oracio pudo hacer suya en tre o tras. 1. e stá tan aleja­ do de la a b ie rta y ap a sio n a d a en tre g a a cu an to escribió que es p ro p ia de . p o r el contrario. H oracio pro sigue. Él m ism o sabe que no es un poeta com prom etido activam ente con la política. cóm o in ten ta descu­ b rir lo que puede llev ar a cabo con ella. sin em bargo. La fo rm a lírica es m ás exigente en sus intencio­ nes que el epodo arquilóquico. Consi­ derado en co n ju n to puede decirse que H oracio se halla en un p u n to crucial de su ta re a c read o ra. aunque sea tam b ién en principio h a rto com plicado sin tácticam en te. que tan to debe a E p icu ro y a L ucrecio. 14 y 2.

Lyce. Su d u reza es p ro d u c to de su veracidad: de esta clase de c ru e ld a d se lam en ta tan sólo quien esp e ra de la p oesía sen tim en talid ad y b la n d u ra en atención a las realid ad es de la vida.. En los Epodos h alla­ m os el m ism o elem ento de insolencia. Lyce: fis anus et tam en vis form osa videri ludisque et bibis im pudens et cantu trém ulo pota C upidinem len tu m sollicitas. re su lta c a ra c te rístic o del desenfado de un hom bre joven que ha d escu b ierto su talen to p rá cticam en te p o r o b ra del azar. ju n to a aquellos otros en los que su genio alcanzó su m áxim o esplendor. P rese n ta rlo todo ju n ­ to. di m ea vota.La poesía individualista de la época clásica 309 Catulo.. El poem a 1. / al m oroso Cupido. C uando C atulo reunió sus poem as p a ra darlos a la publicidad. au n q u e esté sin duda dosificado con algo m ás de m o deración que en Catulo. Sus poem as. Las Odas son la o b ra de un po eta ya consagrado: H oracio vive ah o ra del apoyo y protección de un m ecenas.). Lyce. sin em bargo. 1-6): Audivere. 25 es cruel. 13 (vv. ebria. sino porque lo que hace se estim a com o digno de protección en su calidad de expresión de la vida in telectu al rom ana. con excepción de las Odas rom anas (3. p ero / q u isieras p arece r todavía h erm o sa / y bebes y coqueteas im pú­ dicam ente. En las Odas. dejó los trozos de contenido trivial u obsceno. Lyce: eres vieja.. T am bién las circ u n sta n cias sociales se diferencian de las que en m arcan los Epodos. no hay lu g ar ya p a ra lo v ulgar y lo tosco. com o del fingido com prom iso que en los E podos h ab ía ocupado dem asiado claram en te el p u esto de un au tén tico sentim iento. b a sta con c o m p ro b a r estos versos con los E podos 8 y 12 p a ra ver h a sta qué p u n to ha dejado a trá s H oracio aquí la trad ic ió n de Ar­ quíloco y el p u n to en que hab ía in terru m p id o su ta re a C atulo y él m ism o iniciado la suya. di audivere. S ería erróneo e n ten d e r estas odas com o ataq u es p erso n a­ les. / la h an atendido. con ap a ren te calm a. / con canto tem bloroso in ten tas a tra e r. H oracio procedió en un prin cip io del m ism o m odo. piezas que en la form a o en el lenguaje apenas si se diferen cian del resto.. lo m ism o que el 4. y ello no po rq u e el p oeta trab a je al servicio del régim en. cuyo padrinazgo es equivalen­ te al p atro cin io p o r p a rte de la m áxim a in stan cia política del país. Sin em bargo. en los que h ab ía d escu b ierto y ejerci­ tado p rim ero su talen to p a ra la poesía personal. (Los dioses h an atendido mi súplica. p ero que m erecen asi­ m ism o n u e s tra atención porque en ellas e n c u e n tra expresión cada vez m ás p recisa lo que de veras afecta ín tim am en te al poeta. .

) H oracio u tiliza aquí el m etro o e stro fa alcaica. después de que el eq u ilib rio e n tre poeta y p ro te c to r se hubo d eterio rad o en p e rju i­ cio de la poesía. al m enos no los an terio res al libro 4. si q u ería n cu m p lir la fin alid ad a la que asp irab a H oracio. Tóm ese p o r ejem ­ plo la fam osa 1.310 Literatura universal 1-6). Q uizás vio en Alceo. cuando m ás. La m ayoría de las estro fas em pleadas p o r H oracio se vinculan al nom ­ bre de Safo (26) y de Alceo (37) o bien circ u lan bajo un térm ino que alude al poeta h elen ístico A sclepiades (34). en aque­ lla época. Pero si es que de veras se vio así. Las Odas qu ieren m o s tra r sobre todo que Safo y Alceo (poetas tan rem o tos en el tiem po com o un A rquíloco. no son los típicos de un poeta cortesano. el poeta-soldado com prom etido p o líti­ cam ente. que vio la luz unos diez años después del libro 1-3. si bien re su lta m enos claro de c a p ta r debido a su m atiz cultivado y m ás reservado. el papel que ad o p ta H oracio en las Odas es idén­ tico al escogido en las Sátiras y los Epodos. un a id ealización de sí m ism o. Es c ierto que H oracio parece h a b e r co nsiderado com o m uy próxi­ m a a su esp ítitu la a c titu d de Alceo. Sólo c u a tro odas em plean m etro s de­ siguales con el n o m b re de Arquíloco. gi­ miendo. sólo lo hizo después de m uchos experim entos. que un lecto r culto podía. un m ero ejercicio lite rario . R esulta evidente que las odas. 1-4) Vides u t alta stet nive candidum Soracte nec iam su stineant onus silvae laborantes geluque flu m in a constiterint acuto? (Mira cóm o se alza el S oracte / resp lan d ecien te de nieve. y cóm o los ríos / están congelados p o r el m o rd ien te frío. En general. u n a p erso n alid ad que e ra lo b a sta n ­ te p arecida a la suya p ro p ia com o p a ra hacerle c re e r que podía llen arla con las c a ra c te rístic a s vitales de un ciu d ad an o rom ano de la época augustea. re la c io n a r am bos poem as sin dificultad. y cómo. 9 (vv. sólo podían asem ejarse a sus m odelos. Se tra ta de un im p o rtan ­ te aspecto de lo que p odríam os llam ar el elem ento artific ia l de las Odas. su p esa d a ca rg a / apenas so p o rtan los árboles. en la form a. que la p o esía que no es en sí ni did áctica ni exclusivam ente grave y seria en su ad em án puede ser tam b ién la expresión de u n a a c titu d seria ante la vida. lo m ism o que h ab ía co n sid erad o antes la de Arquíloco. y las dos p rim era s si­ guen tan de cerca u n a poesía de Alceo. Por ello han creíd o algunos que las Odas son poco m ás que un sim ple m osaico de tem as y m otivos de la lite ra tu ra helénica. Ecos de poem as griegos se e n c u en tran p o r doquier en la colección. pero rodeados de un nim bo que éste no poseyó jam ás) pueden ser actualizados y rom aniza­ dos.

En realidad. un e sp ír itu insp irad o y una / boca que p roclam a co sa s su b lim es. p a ra expli­ carles que las odas son algo m ás que m era y sim ple lite ra tu ra . pero que sólo en contadas ocasiones 3 4 logró em p in arse h a sta las cu m b res au g u stas de la v erd ad era poesía. / m as qu ien p osee genio. creó H o ra­ cio un estilo que nos sale al paso frecu en tem en te en la poesía m oderna. el eco de la poesía del pasado. en la época de sus p rim era s Sátiras. tiene m ás bien la función de c re a r una nueva y bien a rtic u la d a relación de tensión. Su ironía. de un signo de falta de dotes poéticas. 41-44): quien esc rib e com o yo / de form a m ás parecida a la lengua cotid ian a. y se esfuerza p o r lo g rar u n a esc u eta com plejidad de dicción en la que el lecto r escucha de conti­ nuo. en u n a levedad iró n i­ cam ente d istan ciad a que h ab ía sido co n sid erad a com o incom patible con la esencia de la poesía h asta que C atulo d em o stró que podía ser m uchísim o m ás eficiente que una difusa su b lim id ad re tó ric a (más ap ro p ia d a p a ra em ­ b o ta r n u e s tra cap acidad recep tiv a que p a ra estim ularla). E ste juicio no es ju sto en absoluto con H oracio. P arece que los pensam ientos de H oracio ten d iero n ya en e sta dirección cuando describ ió su fórm ula ideal p a ra la sátira. que se b asa en la p ro ­ pia a c titu d del p o eta y es del todo ex trañ o a lo sáfico.La poesía individualista de la época clásica 311 h áb il y artificioso. h ab ía creído todavía que ten ía que reconocer h o n ra d am en te que lo que él esc rib ía no m erecía el calificativo de poesía (1. E n trete jid o con e sta c a ra c te rístic a de lo artificial se h alla un segundo elem ento de c o n tra ste . Por lo com ún. Institutio oratoria. a lo alcaico e incluso a lo griego: po d ríam os llam arlo el elem ento irónico. P ara p ro v o car y d e sp e rta r en sus lectores un in teré s abierto. no es tenido por m í por un poeta. 34 Quintiliano. 10. . de u n a p ru e b a —si así se q u iere— de que H oracio fue u n a p erso n a en can tad o ra. 96: «nam et insurgit aliquando». esto es. a través de lo que se propone ser poesía lírica. au n q u e en o tra tonalidad. 4. que traslu ce . Dicho estilo se b asa en lo su stan cial en u n a so ltu ra de tono m uy atem p e rad a . e n tre c u a tro y cinco años an tes de que em pezase a e x p e rim en tar seriam en te con la fo rm a poética de la oda. a ése tal le honro con e ste nom bre. S obre la a c titu d iró n ica que ad o p ta H oracio en las Odas se h a hablado ya con frecuencia. 1. pero que no lo h ab ía habido nunca an tes de él. P rim eram ente. H oracio su b ray a esta ligereza del tono con un grado de artific ia lid a d que su p era en m uchos p u ntos el lenguaje coloquial estilizado de Catulo. en efec­ to. estos ecos p ersig u en el objetivo de c re a r u n a ten sió n en tre el m undo p re té rito de la p oesía griega y el m undo real contem poráneo. se ha su p u esto que se tra ta sim plem ente de la p erso n alid a d p ro p ia de H oracio. sobre el que h ab lan los poem as con ayuda p recisam en te de dichos ecos y rem iniscencias. que m antiene en equilibrio las trad icio n es divergentes de la lírica grieg a y de la p a ra lite ra tu ra catuliana. de m an era no p re cisa­ m ente feliz.

ya com o p oe­ ta. puede g an ar peso y co n v ertirse en me- . / p resén tese ya com o orador. C. 10. Las Odas son el re su lta d o de u n a reflexión y u n a experim entación cons­ tantes. al estilo elevado de la epopeya y la tragedia. hay que te n d e r al estilo del «hom bre de m undo» (del urbanus).312 Literatura universal H oracio se re fie re aquí. para torm en to de los fatigad os oídos. ora jocosa. y todavía eq u ip ara poesía y estilo elevado. / y en o c a sio n e s tam bién com o hom b re de m undo. / Sea a sim is­ m o la len gua. 7-14): No b asta. sólo puede p e rm itirse ocasionalm ente un leve m atiz de fa n fa rro n e ría retó- Vasija de barro esm altado con es­ queleto y la inscripción ktco XP^ («toma. aunque e llo sea m erito­ rio. el lenguaje co tid ian o estilizado. M ediante su publicación (los libros 1-3 ap areciero n el año 23 a. ora triste. p o r lo dem ás. Berlín. primera mitad del siglo i d. de quien es capaz de «dom eñar sus fuerzas». que dom eña su vigor / y habla c o n m ás frialdad que siente. procedente de Tracia. siete u ocho años d esp u é s de ver la luz el ú ltim o libro de las Sátiras) in ten ­ tó H oracio a r ra n c a r a sus lectores la confesión de que la urbanitas de C atu­ lo. bebe»). E stos versos d esc rib en con ad m irab le precisión el tono conversacional estilizado propio de Catulo.. pues. rica. H oracio no ha llega­ do aún a la idea de a p lic a r este estilo a la poesía seria. ella deja flu ir los pen sam ien tos. en lugar / de ab ru m arlos con palabras. n atu ra lm e n te . hacer reír con chanzas / al oyente. Staatliche Museen. com o las nugae de Catulo. con el que era im posible co m p arar el de las Sátiras. Pero después de que H o racio hubo com puesto Sátiras a lo largo de m uchos años llegó a un a o pinión m ás positiva sobre el estilo ap ro p iad o p a ra ellas (1. C. La sátira h oraciana. / La breved ad es im portante. d.

La poesía p erso n al re co rrió en sólo dos generaciones un largo cam ino. un adarm e de retórica). 2. lim ados y pulidos en el cu rso de ese proceso que h a de ten er . que en p rim e r lu g ar te ­ nían p o r objetivo co m u n icar algo a la p erso n a a quien iban dirigidas. sólo ex tern am en te personales. Las Odas no son testim o ­ nios biográficos. 1. y que sólo fu ero n retocadas. han sido. sí. sin em bargo.La poesía individualista de la época clásica 313 dio expresivo de un nuevo género de poesía m ediante u n a m ayor densidad sin táctica y la a ñ a d id u ra de cierto s elem entos trad ic io n a le s de la poesía seria (im ágenes. El lecto r no debe se r convencido. d elicad am en te cincelada (por ej. pero la p recisión lúcida y c o rta n te de la expresión le im p u lsa a leer el poem a dos o tres veces. 14). alusiones. tan to en la lite ra tu ra com o en la pin­ tu ra o en la e sc u ltu ra . com o ta n ta s poesías de C atulo. El d estin a­ tario en H oracio cum ple m ás bien la función de un in te rlo c u to r que g u ard a silencio en este p un to preciso del diálogo. en c. 13). si acaso. en c. 2. 9. o tam b ién la de u n a p erso n a que el p o eta tiene. 1. sin em bargo. com o quien observa el m undo y lo p in ta tal y com o lo ve. que en la in m ensa m ayoría de los casos H oracio h ab la desde su p u n to de vista p ropio y p ersonal. pero en aquéllas m oraliza de form a no tan d irecta. 1. A veces tom a H oracio tam b ién el papel de un sim ple d eclam ad o r en un m onólogo d ra m á tic o (por ej. del in terp elad o que era al comienzo. El p o eta de las Odas no es m enos m o ra lista que el de las Sátiras. con vistas a su publicación. o u n a re tira d a al te rre n o del m ito (por ej. El tono personal del po eta se convierte en form a de ex p resión de la poesía. p asa a ser la p erso n a de la que tra ta p recisam en te el poem a. 1. 5. sino m ás bien incitado a fo rm a r su p ro ­ pio juicio. 1. La ilusión de u n a in m ed iativ id ad condicionada p o r el lenguaje (una oda se inicia p o r ejem plo con u n a serie de preguntas) tra s p o rta al lecto r a u n a situ ació n ap a ren tem e n te c o tid ian a y norm al. que en la m ayoría de los casos e stá p lasm ad o en la a c titu d de un p oeta que h ab la p o r sí m ism o y da p o r su p u esto p re cisam en te que su in te rp re ta c ió n del m undo tiene algún valor e in terés p a ra el público. 8. C onserva su c a rá c te r p erso n al p o r cuanto que re p re se n ta un p u n to de vista individual. c. con frecu en cia se su b ra y a al m ism o tiem po que se tra ta de un pu n to de vista personal y condicionado p o r los sentim ientos del au to r (por ej. en su m ente m ie n tra s van d esg ran án d o ­ se sus pen sam ien tos. La m ayor p a rte de los elem entos. c. El re su ltad o es una de esas sin g u lares m ezclas de re alid ad e irre a lid a d que p arecen c o n stitu ir el fu n d am en to de todo a rte verdadero. 5. Con frecu en ­ cia podem os esta r seguros de que esta persona no ha existido en la realidad. 3. p o r así decirlo. de m an era que. 14). y adem ás una im agen final. 20) co n trib u y en a que im pere la ce rtid u m b re de que la exposición tom ada de la vida d ia ria no contiene un enjuiciam iento parcial. y H oracio alcanza este objetivo con m ayor econom ía de m edios y m ayor énfasis de lo que h ubiese sido posible acudiendo a la técnica m ás p ro fu sa y co m plicada del ensayo en hexám etros. Hay que reconocer.

y po rq u e ten ía ver­ dad eram en te algo que decir. 9. especialm ente a Calvo 35. surgió rá p id a ­ m ente a p a r tir de unos com ienzos en ap a rien cia insignificantes. 61-64. Los tre s re p re se n ta n te s p rin cip ales del género. 25. p u eden ser co m p arad as con la elegía am orosa au g u stea típ i­ ca. 2. Igualm ente im p o rtan te es la influencia de C atulo sobre la evolución de la elegía am o ro sa augustea. sin duda. las opiniones ex p resad as son las de un hom bre que se ha acom odado a las re alid ad es de esta época. 15. 2. una tem ática lim itad a y u n breve re p e rto rio de convenciones.. Ovidio (Tristia. La elegía a u g u stea es un poem a de re la tiv a longitud en dísticos. 2. no tan to porque él es el m ejo r poeta. Las Odas ofrecen una adaptación fo rm alm en te fiel de la lírica griega al verso latino.. H oracio deja m uy a trá s a los poetas elegiacos. 3.). 6. . Tibu35 Propercio (2. (La teoría.314 Literatura universal lu g ar n ec esaria m e n te si se q u iere que la p o esía de ocasión se convierta en v erd ad era poesía. 4. m uchísi­ mo m ayor. 3. Sólo cono­ cemos dos poesías de C atulo (las núm eros 76 y 99) que. 15.) Diez u once libros de tales elegías h an llegado h a sta noso­ tros. pero los tre s prosiguen tam ­ bién conscien tem ente u n a trad ic ió n que se re m o n ta a C atulo y a los re sta n ­ tes neotéricos. 535 y s. Ovidio. p a rte de un n ú m ero que o rig in aria m e n te debió ser. m uy extendida a finales del sigo xix. Ars amatoria. C onsiderar las Odas com o poesía de ocasión significa m alen ten d er u n a ilusión form al. así. Tibulo. p o r lo que resp ecta a la longitud. sino m ás bien p orque hab ía m editado con m ayor atención so bre lo que q u ería alca n zar realm ente. 41 y s. Ligdamo cita en una ocasión a Catulo com o autor de las Bodas de Peleo y de Tetis (3. 34. 763-6. co­ mo un consecuente p erfeccionam iento y re fin am ien to de la nueva poesía de Catulo. p ero de ellas nos h ab la la p erso n alid a d com pleja y fría m e n te iró n ica de un co n tin u ad o r de Catulo. un m etro o pie único. E ste tipo de poem a. p ero el lenguaje y el tono del po eta delatan (aunque traig a n a la m em oria de continuo la poesía del pasado) al rom ano de la época de Augusto. y en consecuencia la o b ra m ism a. 333 y s. La fo rm a es clásica. c a rac te rizad o p o r u n a form a rígida. 427-46) también una serie de neotéricos carentes de impor­ tancia. P ropercio. que en un tono que oscila en tre el dolor y el triu n fo n a r ra episodios y situacio­ nes críticas de u n a av e n tu ra am o ro sa e n tre el poeta y su am ada. 3. R em edia amoris. 87-89) y Ovidio (Amores. Los poetas elegiacos El clasicism o a p a ren te de co rte h o racian o puede se r entendido. Propercio. que supone u n a tra d i­ ción plen am en te d esa rro llad a de elegías am orosas helenísticas ha sido ya abandonada. En sus puntos cum bres. todos y cad a uno de ellos evidencian u n a individualidad propia. 7. Tristia. 427-46) citan además a Cornelio Galo. 3. 1. 27 y s.

En las siguientes elegías p ro c u ra va­ ria r este tem a y d arle nuevos m atices y tonalidades. de m o­ do que su poesía an ticip a algunos rasgos de los A m ores y tam b ién de los Fastos de Ovidio. cuyo objeto. la am ad a del poeta. En las líneas que siguen c e n tra ré mi atención so b re las ca ra c te rístic a s típicas de la o b ra respectiva de estos tre s poetas. típ icam en te ovidiana. Ovidio reto m a con frecu en cia un tem a que ha sido tra ta d o ya p o r uno de sus p red eceso res p a ra co n ferirle un giro pro p io y c a ra c te rís­ tico. c la ra y ab a rca d o ra. de tem a y variación. La c a ra c te rístic a m ás d estac ad a de los ep ig ra­ m as elegiacos de C atulo es su precisión. P ropercio se atiene p rim eram en te. Su m ás n otable ap o rta ció n al d esarro llo de la fo rm a consiste en la in tro ­ ducción de un nuevo estilo. P ropercio conserva el c a rá c te r arg u m en ­ tativo de los epig ram as elegiacos de Catulo. la an d a d u ra del pensam iento m u e stra aquí un m ovim iento dinám ico. a la hipótesis —que to m a de C atulo— de un desesperanzado y vehem ente en am o ram ien ­ to. de form a e stricta . el p ulido y lim ado de u n a idea h a sta que ésta se nos ofrece. E xiste u n a cierta sem ejanza con la evolución del c u a r­ teto de cu e rd a desde H aydn y M ozart h a sta Beethoven. si bien poco o nada cam bia en la situ ación de hecho. pese a lo cual no olvida tam poco la necesidad de que sus p a la b ra s resu lten . en toda su com plejidad. La c a ra c te rístic a p rin cip al del estilo de P ropercio es su im precisión reb o san te de alusiones. El libro 1 com ienza con u n a vigorosa exposición de las trib u lacio n es de u n a víctim a del am o r no correspondido. aunque la co m p ara­ ción sob reestim e un tan to la im p o rtan cia a rtístic a de la elegía am orosa de la e ra de Augusto. no entiende n u n ca los apasionados sen tim ientos de éste y no puede re sp o n d er a ellos de m an era adecuada. Pese a las sem ejanzas. dado que in ten tab an d a r e s tru c tu ra a una nueva form a poética. la o b ra to tal de cada uno de los tres poetas ap o rta . p ero a d iferencia de la técnica. Propercio Parece o p o rtu n o com enzar con P ropercio. aunque sobrevivió a T ibulo algunos años y seguía escrib ien d o cu an d o Ovidio publicaba ya sus p rim e ra s obras. nunca. el disciplinado em pleo del lengua­ je. A P ropercio le in tere sa m ás bien co m u n icar al lecto r un estad o de ánim o gozosam ente em ocional an tes que p ersu ad irle. ya que éste se halla en segui­ m iento in m ediato de C atulo. h a sta entonces. ha ten i­ do P ropercio un a am ad a com o ésta. tuvieron que ap ren ­ d er recíp ro cam en te uno de otro.La poesía individualista de la época clásica 315 lo (que según parece sólo com pusieron elegías) y Ovidio. u n a co n trib u c ió n p ro p ia e inconfun­ dible al d esarro llo de u n a trad ic ió n que to c a rá a su fin con la m u erte del terc ero de ellos. el caso es p re sen tad o con m i­ n uciosidad cada vez m ayor. sin em bargo.

ella es la in sp iració n co n stan te de su poesía (2. 21).. / Si baja. ha h allado e n tre ta n to acogida en el círcu lo en torno a Mece­ nas.). El «epyllion» (1. Bella. El epigram a final (1.) es c a n ta d a dolientem ente en el siguiente epigram a (1. fiel h a s ta el ú ltim o suspiro. y org u llo sa por la alabanza de su cabello. C. / La sola am ada da alas a m is p en sam ien tos. 5-8). hurtada a su s velos: / Ilíad as flu yen en ton ces. d estellan d o en su seda de koica: / de una tún ica de K oer su rge un libro entero. 10). / tum b a de Italia en aque­ llos tiem p os am argos.el cem en terio de n u estra patria jun to a Perusa. / Si con dedos niveos toca una can ción en la lira: / yo adm iro la prim orosa levedad de su mano. 1. 2. / cu an d o una Rom a en d iscord ia p ersegu ía a su s propios ciudadanos. Pro­ percio sólo in ten ta c a m b ia r su fo rm a de e sc rib ir con m uchos titu b eo s e indecisiones..316 Literatura universal tam bién convincentes. 2. de m i plum a. el 2 ensalza tam b ién —e incluso con m ayor en tu siasm o a ú n — a la am ada Cintia. y con dos ep igram as de diez versos cada uno. 3. 10 y 13). 3-14): No es C alíope qu ien insp ira mi canto. 3-5) deja tra s lu c ir que P ropercio m ism o e ra o rig in ario de la región de Perusa: . C. exquisitam ente cul­ tivada. Como m edio de variación y am enización in troduce un a serie de d estin atario s: am igos a quienes explica la n atu ra leza de su situación íntim a. sino posiblem ente 3 7 el poeta C ornelio Galo. ni tam p oco Apolo. 6). este Galo no es verosím ilm ente el Galo cuya m u e rte d u ra n te el asedio de la ciu d ad de P eru sa (41 a. co­ mo ad v erten cia p a ra su am igo Galo (el d e stin a ta rio de las elegías 5. 17-34. en verdad. La desesp eració n c a tu lian a está p resen te aún form alm en te (2. o aconseja en el caso de que estén tam bién enam orados. . re b o san te de am argos re cu erd o s sobre la Gue­ rra P erusina. los ojos que exigen reposo: / m il n u evos pen sa­ m ien tos acu d en al poeta que hay en m í. 3. Pero a p esa r de sus p ro te sta s de alza r en ad e la n te su voz única y exclusivam ente en lo or del nuevo régim en político (2. 22. / Si m e abraza. El libro concluye con un «epyllion» en m in ia tu ra d en tro de la m ejor trad ició n alejandrina. 36 Esta fábula se basa en el irónico «cui non dictus Hylas puer?» de Virgilio (Geórgica . / Vi cóm o un rizo se extraviaba en su frente: / fe liz es. 9-32). Lo m ism o que el libro 1. La larg a elegía in tro d u c to ria d irig id a a M ecenas hace su poner que el joven poeta. para dorm ir. u n a segunda H elena (2. desnuda. 20) no carece de encanto: P ropercio n a rra el ra p to del niño Hylas p o r las náyades 3 6 . 3. 37 Suele ponerse en duda tal cosa. / Si pasa. El lib ro 2 fue esc rito m ás o m enos un año después que el 1 (publicado hacia el 28 a. a quienes advierte y previene an te el m ism o destino. pero P ropercio p u ed e ju g a r con el pensam iento de que C intia e s ta rá ju n to a él cuando el p o eta esté a p u n to de m orir.

d. C. 50-75 d.Sátiro y ninfa. Nápoles. . Museo Nazionale.

2. Propercio conece h a s ta ah o ra sólo un tem a. m ás tard e . iam licet e t Stygia sedeat sub harundine remex. una p erte n en cia al círculo en torno a M ecenas sólo es aceptable p a ra P ropercio. ñeque hic Boreae flabra ñeque arm a tim et. 2.) 38 C. y no tem e ni el soplo helado del b ó reas ni el frag o r de las arm as. quando periturus et a qua morte.°. lo m ism o que p a ra Ho­ racio. de agudo p o d er de observación. H oracio se h ab ía erigido en abogado de la concepción epicúrea del am o r en cu an to vesania p a sa je ra que no significa g ran cosa p ara los hom bres sensatos: m ordazm ente en la Sátiras. se an toja este tem a un tan to desgastado. m ás suavem en­ te en un a serie de estudios irónicos. 1. Se m antiene en pie. 33 a Tibulo y c. cernat et infernae tristia vela ratis: si m odo cla m a n tis revocaverit aura puellae.318 Literatura universal y llo rará sobre su tu m b a (2. y / él. pero sea com o fu ere dan testim onio de que el clim a in telectu al se h ab ía d eterio rad o m ucho p a ra la poesía am o­ rosa en el ap asio n ad o estilo pro p io del libro 1. Como signo de adaptación al nuevo clim a p u ed e ser co n siderado el trata m ien to . Los libros de Odas 1 a 3 ap a rec ie ro n presu m ib lem en te varios años después de ver la luz el libro 2. este am or se h a convertido en m ero p retex to p a ra la elegante exposi­ ción y variación de un tem a. 9 al poeta elegiaco. Ya en el libro 2. idealizado. sin em bargo. en las Odas. 1. 1030-1287) de la necedad de los en a­ m orados. p o r ejem plo (2. del am or en u n n úm ero no escaso de elegías del libro 2. 27). En unos de estos poem as. (Sólo el am an te sabe cuándo m o rirá y de qué / m u erte.°. bajo la co n d ición de que conserve la lib ertad de em p re n d e r y reco­ rre r com o po eta su p ro p ia senda. m ucho menos importante. d esh a ría el cam ino.° de P ropercio. 11-16): Solus a m a n s novit. conscientem ente iró­ nico. Así pues. Pero m ien tras q u e H oracio contem pla la m últiple v ariedad de la vida. y fin alm en te tam b ién en dos poesías 3 8 que se b u rla b a n suave­ m ente de los asp av ien to s de los elegiacos an te las desdichas de am or. . concessum nulla lege redibit iter. sí. había caído en d esc réd ito intelectual: ya L ucrecio se h ab ía b u rla d o en un fam oso pasaje del De rerum natura (4. la tesis del ap asionado en am o ram ien to del poeta. porque éste está fa ta lm e n te d estin ad o a m o rir de am o r (vv. El am o r apasionado. Valgio. ro d ead o de los altos juncos de Estigia. 13). c o n tra toda ley. / la m irad a fija en las som brías velas in fernales: / la m ás leve llam ada de la m u ch ach a am ada bastaría. tra ta P ro p ercio con ra ra perfección form al la vieja su p erstició n que afirm a que los típ icos peligros de la vida n ad a pueden co n tra el am ante. / Y si estuviese sentado ya al remo. p ero en el fon­ do.

La poesía individualista de la época clásica 319 La v ersión h o ra cian a de este m ism o m otivo. Un •poeta cuyo estilo no h ab ía sido n u n ca sencillo se to rn a ah o ra sin g u larm en te difícil. El lecto r sólo puede d e sc ifra r las info rm aciones que le ofrece el poeta si conoce ín tim am en te un m ito o u n a h isto ria determ in ad o s. y está lleno de im paciencia por am p liar de una vez su tem ática. 21-24): Pone sub curru n im iu m propinqui solis. 1). y el libro acaba con dos elegías (3. o bien no se atreve ni siq u iera a in te n ta r u n a de éstas. Los versos son frecu en tem en te elegantes (por ej.22) acaba con una exaltación sem ejante (vv. an tes que señ a la r en la d irección adecuada. Ambos poem as están. p orque tra s el nuevo estilo de P ropercio se alzan las elegías etiológicas de C alim aco— es el hecho de que la clave funciona casi com o o b stácu lo p a ra la com prensión. C intia ap arece realm en te en el libro 3 de m an era ru tin a ria . / a una tie rra que no to lera h u m an a m ansión: / p o r d o q u iera a m aré yo a Lalage. / la de h ab la dulcísim a. Ya aquí com ienza a verse a sí m ism o en el papel de un C alim aco rom ano (3. El lecto r necesita ta n ta fa n ta sía y tan to ingenio co­ mo erudición. sin em bargo. aunque anden cam i­ nos diversos y estén am bos m uy alejados de esa dicción d irec ta y vigorosa p ro p ia de la poesía e sc rita en una lengua co tid ian a estilizada. La d ificu ltad no es. 1. que vio la luz p o r lo m enos seis años después de h ab e r ap arecid o el libro 3. de fo rm a definitiva y lleno de desprecio. y carece de ese reto al intelecto que es ca ra c te rístic o de P ropercio. 10. sino m ás bien u n a consecuencia accidental de la técnica de las alusiones y las citas veladas. a la m u jer de la que ha sido escla­ vo d u ra n te cinco largos años. la de dulce reír. 24 y 25 ) en las que el poeta in ten ta despachar. de todos m odos. que 39 La alusión es un medio estilístico empleado frecuentem ente por ejemplo en la Eneida de Virgilio. si desea co m p ren d er el pleno sentido de las p alab ras.) La iro n ía de H oracio se nos an to ja m ás ju g u eto n a. el objetivo verdadero. el fam oso Integer vitae scelerisque puru s (c. (Llévame allí donde el c a rro del Sol ard e cercano. . Si c a re ­ ce de dicho conocim iento se ve co n fro n tad o con u n a v aried ad de posibles in terp retacio n es. 3. dedicado al n atalicio de la am a­ da). El p u n to cu lm in an te de e sta evolución lo ofrece el libro 4. Lo que distingue a P ropercio de otros re p re se n ta n te s de esta técnica 3 9 —al m enos en la poesía latina. claram en te situados en la estela de C atulo. in térra do m ib u s negata: dulce ridentem Lalagen am abo dulce loquentem . p ero se n o ta que P ropercio no pone su corazón en el asunto.

Pero estos ejem ­ plos m u estran tam b ién que el hecho de e sc rib ir p a ra un público lim itado no constituye n ecesaria m e n te u n a desventaja. y p o r últim o Ovidio. p o r ejem plo). C atulo in ten tó sólo una vez e sta fo rm a p oética en su m an era m ás ex trem ad a (c. En lu g a r de ello ofrece a sus lectores u n a m ezcla de agudeza clara y fácilm en te com prensible y de a b ie rta sen su alid ad com o no había sido p re sen tad a de m an era ta n a tra c tiv a p o r ningún e sc rito r rom ano desde Plauto. u n defecto que am enazó a casi la to talid ad de la lite ra tu ra ro m an a p o ste rio r a Plauto. ° de P ropercio. La afectación ex ag erad a es. . 66. el tem a de u n a elegía (Penélope. Por o tra p arte. H o racio y V irgilio. P ara V irgilio re su ltó h a rto difícil re n u n c ia r a un exceso de erudición. y aun coqueteó con ella en las Bodas de Peleo y de Tetis. pero no todos los m inuciosos y rem otos d etalles en tre tejid o s en su tra m a p o r el poeta. La v eneración p o r C alim aco y otros poetas h elenísticos (por ej. La alusión se escapa tam bién frecu en tem en te a la sagacidad del le c to r actual. porque no está en condiciones de co m p letar lo dicho acudiendo al archivo de la propia m em oria. El libro 4 . 5. Satiricon. cuyos poem as breves c o n stitu ­ yen un rep u d io decidido del estilo lite ra rio y de la afectación de la poesía herm ética. al que p erten ecen en tre otros P lauto y C icerón (que tenían un v erd ad ero público o al m enos. la necia afectación de las Cartas de Plinio y la concesión excepcionalm ente aguda de los Anales de Tácito. C atulo. 118. En su poesía am orosa no se m u estra obsesionado p o r su p e ra r a los poetas griegos en el te rre n o p ro ­ pio de éstos. que puede conocer. no puede p a rtic ip a r activam ente en el juego al que le invita éste. así se explica p o r ejem plo el pu rism o de Terencio. los au to res que re s u lta n accesibles a un público num eroso co nstituyen un grupo m uy im p o rtan te. p o r últim o. Ovidio re n u n c ia a la asp iració n de seriedad. 40 Así Petronio. cuya poesía supo in te re sa r a un público am ­ plio tan to com o al m ás re strin g id o p a ra cuyos oídos m ás críticos y exigen­ tes estab a e s c rita en p rim e r térm ino. u n a tra d u c ­ ción de Calimaco). En consecuencia. e sp e ra b a n conseguirlo). O v i d i o . H ércules y Caco. Euforión) p arece h ab e r cegado de fo rm a cu rio sa a los poetas rom anos ante los peligros que em anan de la poesía herm ética. re su lta casi ilegible en su g ran parte. com o en el caso de la filosofía ciceroniana.320 Literatura universal con h a rta frecu en cia no son la expresión latin a norm al y c o rrien te p a ra lo m entado en la frase. sin em bargo. en verdad. la curiosa felicitas 4 0 de las Odas h o racian as. — El lib ro 4 de P ropercio ap u n ta ya hacia el callejón sin salida en el que a c a b a ría la asp iració n a la seried ad p o r p a rte de la poesía p erso ­ nal de Roma. Los poetas rom anos se e n fren taro n con h a r ta frecu en cia a un público excesivam ente lim itado. sí.

si bien sin excesivo calor. Como P ro p ercio y Tibulo. tam b ién Ovidio es el am ante-poeta p a ra quien cu en ta el am or. P ro p er­ cio no logró d efen der este punto de vista de form a especialm ente convin­ cente.La poesía individualista de la época clásica 321 Cuando Ovidio com enzó a e sc rib ir en serio 4 1 (hacia el año 20 a. La hipótesis c a tu lia n a h ab ía dejado de c o n stitu ir una fó rm u la utilizable. 57. sino tam bién el de la posición social del poeta elegiaco. p o r ej. .9). pe­ ro que d isfru ta cada in stan te de los dulces to rm en to s de am or (como con­ fiesa él m ism o. a d o p ta r el pun to de v ista m oral de un hom bre que se a p a rta v o lu n tariam en te de la sociedad (porque H oracio hab ía hecho en de­ finitiva lo mismo). y sim u ltán eam en te con la tem p ra n a m u erte de Tibulo).. Sin em bargo. 4. es­ to es. Y sin duda alguna hubo de tra ta rs e de un público en el que re su lta b a cada vez m ás difícil e n c o n tra r a alguien a quien se pudiese escandalizar. 2. el papel del co n tem p la­ d o r no in tere sa g ran cosa. y así no puede exigirse de 41 Esto es. Ovidio no em prendió siq u iera el intento. p o r lo dem ás. sino a aquel am plio secto r de la sociedad ro m an a que vivía en estre ch a vinculación con la co rte im perial. Pero en las relaciones am orosas de Ovidio los papeles es­ tán invertidos: en lu g ar de la víctim a infeliz de u n a am ada cruel. el Don Ju a n profesional. Ovidio. del rep u d io de los fines m orales norm ales de la sociedad en favor de u n a vida en la que sólo cuen tan la poesía y la am ada. o quizás —m ás verosím ilm ente— lo que C atulo y el joven P ropercio co n sid eraro n todavía com o u n desafío escandaloso c o n tra las ideas ro m an as trad icio n ales sobre la m oral. El p u n to de vista ho racian o del o b serv ad o r to le ra n te de la com edia h u ­ m an a no e stá a la disposición del poeta am oroso elegiaco. De este m odo se resuelve hábilm ente no sólo el p ro b lem a a rtís ­ tico (la reactu alización de u n a trad ic ió n ya gastada). 10. se hab ía agotado ya la trad ició n del apasio­ nado am o r elegiaco. p ero había p ro c u rad o tam b ién (y aquí se diferen cia de H oracio) d efen d er com o m oralm ente m ás valiosa la vida de la desidia. Quizás no e ra Ovidio. él es el sed u cto r victorioso. Síguese de aquí con necesidad que la poesía elegiaca cesa de ser u n a ap asio n ad a confesión y se convierte en divertim iento: la sagacidad viene a o cu p a r el p u esto de los sentim ientos profundos. en todo caso.. en am o rad o con pasión. se h a­ bía convertido p a ra los oyentes de Ovidio en una fo rm a de vida co rrien te y adm itida. no se dirigió a u n estrech o círculo de in telectuales. cada vez m ás d ep rav ad a en sus costu m b res. a gente en la edad del joven P ro­ percio o del joven Ovidio (cuando H oracio com enzó el tra b a jo en las Odas co n tab a casi tre in ta y cinco años). esto es. C. P ropercio hab ía in ten tad o aún. unos dos años después de la ap arició n del te rc e r libro de P ropercio y de los tres p rim ero s libros de odas de H oracio. en Am ores. sin contar los carmina iuvenilia que son citados en Tristia. sim plem ente. éste es p artíc ip e activo y no m ero co n tem p lad o r de la lid am orosa. un hom bre que p u ­ diese to m ar en serio un am or vehem ente.

versos com o éstos. o bien el d ístico siguiente. capiet flava puella. alcanzan u n a clarid ad de dicción que Lucrecio sólo pudo co n seg u ir m edio siglo después p o r o b ra y gracia de su intelecto. m e fa scin ará la m orena. y tam ­ bién el m ás g rato de leer. La indolente m aestría con que están com- 42 Amores. Amores. 47 y s. 2. (Más h erm o sa es ésta que aquélla. V ersos como. cau san la im presión de que no se d etien e ante n ad a 44. haec est quoque p ulchrior illa. . Ovidio es el m ás ingenioso y ch isp ean te de los poetas rom anos. Es un brillo que conviene ad m irab lem en te al género ovidiano de poesía am orosa. C itas y alusiones se lim itan ah o ra a lo que el lecto r culto puede co m p ren d er cóm odam ente sin ten er que se p a ra r su atención del fuego de artificio verbal. pero aquélla tam b ién m ás herm osa que ésta. los dedicados a los ap u ­ ros de un am an te con dos am adas 42: Pulchrior hac illa et magis haec est. 1. (Me fa scin ará la rubia. / m as tam bién la o scu ra posee gracia y encanto). 4. E stas c a ra c te rístic a s anuncian el co­ mienzo de un p roceso en el que la poesía ro m an a se desvincula de su papel m oral p a ra co n v ertirse de nuevo en lo que había sido ya en tiem pos de Plauto: u n a form a de en tretenim iento.322 Literatura universal lecto r alguno que tom e m uy en serio a este ad o rad o r profesional de toda m u jer h erm o sa que le salga al paso. 4. y evidencian un a ligereza y facilidad en el adem án. 43 Amores. El latín de Ovidio es. T anto lo que dice Ovidio. En tales versos alcanza Ovidio. 39 y s. el latín m ás perfecto y soberano que jam ás fue escrito. pero aquélla tam bién). original ovidiano del aria del catálogo en el «Don Giovanni» de M o z a rt43: Candida m e capiet. 10. repito. ab a n d o n ad a la b o rro sa im precisión de las co n stan tes alusiones que es p ro p ia de Propercio. 44 Cf. / y é sta me gusta m ás. p o r ejem plo. evidentem ente sin el m en o r esfuerzo. Su ingenio se distin g u e del de Propercio: la p reci­ sión de C atulo ap arece aquí rediviva. por ej. com o la form a y m an era de decirlo. 2. 7 y s. est etiam in fusco grata colore venus. la ab so lu ta perfección del fra se a r rítm ico. que m uchos que sólo piensan en los d iscu rso s de C icerón cuando h ablan de la lengua latin a no q u errían con ced er a ésta. nobis et magis illa placet. en sus m om entos cum bre. aunque a veces se co n v ierta en caprichoso juego de ingenio.

bin ad as las p alab ras. En los Amores. Glyptothek. Ovidio gana p a ra el tono conversacional del p o eta fuerza expresiva y a u ten ticid ad nuevas. y del m ism o m odo h u b ie ra podido ser nadie. . Munich. d. siglo ix d.La poesía individualista de la época clásica 323 Campesino en marcha hacia el mercado. nos co rta n lite ralm en te la re sp iració n y no nos dejan alien to p ara p ro te sta r. cons­ tan tem en te tan ingenioso. ni lo h u b ie ra q u erid o tam poco. C. pero podem os su p o n er con pleno d erecho que m uchos lo h u b iera n sido gustosam ente. Bajorrelieve. agudo y provocador en la realid ad d ia ria com o lo es Ovidio en los Am ores. o creyendo incluso serlo en algún m om ento excepcional de inspiración. las in au d itas im plicaciones que en tra ñ a n las am biva­ lencias. ni siq u iera el poeta m ism o. El fundam ento sigue siendo aquí tam bién u n a ilusión: ningún rom ano h a b ría podido h a b la r en la vida real tal y com o lo hace el yo h o racian o de las Odas.

El derecho de Tibulo a ser reconocido y estimado como poeta amoroso se basa principalmente en cuatro elegías de su primer libro (1. Con la sensibilidad de un verdadero campesi­ no describe el paisaje itálico. En 1. por su parte. . 6 es. 1. se ha deshecho para siempre. 5. su sencillo y contento discurrir de la jornada. Tibulo constituye aquí una excepción. porque el marido de la amada ha entrado en sospechas y vigila severamente a su mujer. de este modo. que parecen narrar una historia coherente o bien estar montadas en torno a una situación reconstruible: Tibulo tiene como amante a una mujer casada (a la que llama Delia). En 1. por último. ya que sólo evidencia una vinculación muy floja con dicha tradición. 6. 1. 6). o dicho más exactamen­ te al amor de ambos sexos. 1. mas no su belleza o sus secretos. pese a lo cual la situación no es precisamente la mejor: Tibulo sospecha que tiene un rival y solicita. pero según nuestros conocimientos hemos de atribuir este mérito a Tibulo. El plan fracasa porque Delia le abandona a causa de otro amante más acaudalado. sus diversiones alegres e inocentes.324 Literatura universal Tibulo y el Corpus Tibullianum La línea evolutiva que lleva desde Catulo hasta Ovidio pasando por Ho­ racio y Propercio es por demás clara: los cuatro poetas representan una tradición de la poesía amorosa que es expresión de la vida y la cultura urbanas. es el ran­ go preeminente que concede al amor de los efebos. al que se había aferrado Tibulo durante la enfermedad de la amada. y espera que ésta abandone a su mari­ do para vivir junto con él en el campo. En 1. del marido de Delia que la vigile más estrechamente todavía (1. Si se hubieran conservado para la posteridad más representantes de la elegía augustea (por ej. 2). la contrapartida de 1. hoy relativamente modesta. Valgio) se habría evidenciado quizás muy probablemente que tam­ bién otros escritores combinaron ambas formas. donde el poeta posee una finca de herencia familiar antaño grande. Lo que hace a sus versos dignos de ser leídos es el hecho de que introduce temas rurales en el tratamiento tradicional del amor urbano. Quizás fue Tibulo el único que unió la tradición catuliana del amor urbano con la del amor pastoril de las Églogas (amor tanto a los efebos como a las mujeres). 2 se siente abrumado por la desesperación. visita a éste y a su amante en la quinta campestre). Mésala. se ha perdonado ya la infi­ delidad descrita en 1. 1 anuncia la decisión de Tibulo de no perseguir nunca más el lucro material o de servir militarmente en el extranjero. 5 nos enteramos de que el sueño de la felicidad campestre (en el curso del cual el patrono de Tibulo. Su tratam iento de la pedofilia muestra una sinceridad y una espontaneidad que desarman. La elegía 1. Otra característica de su poesía. 5. 1. Cornelio Galo fue quizá el primero en hacerlo así. que le distingue de los demás poetas. 2.

por ello. mientras que simul­ táneamente proclama su vivo interés por los primeros pasos del tal Marato en su amor hacia una muchacha. del todo imparciales. sin embargo. 1 y 1. . y no porque sintiese la necesidad íntima de comunicar sus sentimientos. 10) da elocuente testimonio del desen­ gaño sufrido por Tibulo por lo que respecta a la vida militar. y sus ideas sobre la injusticia de la guerra no son. Queda en pie. fluida y hábil. 2). Amores. es el hecho de que entre las elegías en torno a Delia se hallen intercalados tres poemas (1. o más bien la aparente realidad. 2. Seguidamente intenta reem­ prender los escarceos amorosos con una nueva amante (2. o el del amante sutil y sagaz al modo de Ovidio. La elegía final del primer libro (1. 3. Pese al tono franco y sin pretensiones nos sentimos inclinados más bien a creer que el elemento aquí dominante es antes el humor ingenioso que el ánimo auténtico de hacer profesión de sentimientos. 4. y el talante de ánimo provo­ cado por estos pasajes no cuadra bien con el escenario pastoril de 1.La poesía individualista de la época clásica 325 Esta historia suena en algunos aspectos de tal modo. por ejemplo. 8. c. Lo que Tibulo tenía que decir como poeta lo había dicho ya en el libro 1. sino la realidad. El contraste entre la lengua. 2. Curiosa­ mente no es el sueño intercalado en la narración lo que no nos convence. 1. Allí había logrado hallar el equilibrio justo 45 Cf. El libro 2 comienza con una descripción sobremanera expresiva de una fiesta campestre. y la frialdad banal y retórica de los sentimientos expresados resul­ ta casi doloroso para el lector. casado y llamado Cornuto (2. Némesis permanece siempre más o menos en un segundo plano. Sin duda alguna menos desconcertante para el lector. Cuando. 5. Sin embargo. Pero el ingenio no se mantiene en pie. 1. la sospecha de que Tibulo ha escrito las elegías tan sólo porque era moda. insta al marido de Delia a redoblar su vigilancia. Las elegías de Némesis son sin embargo un producto lamentable com­ paradas con las poesías a Delia del libro 1. 2. 6). Sigue una poesía de cumpleaños para un jo­ ven amigo. el texto nos recuerda a un Ovidio medio­ cre 45. es capaz de pintar de manera plástica y convincente los placeres de la paz y de la vida campestre (donde las únicas guerras son aquellas en las que Venus ostenta el mando supremo). pero quizás sea el dechado Catulo. pero le faltan vigor y fuerza persuasiva. Marato por nombre. que podría tenér­ sela por realidad vivida. 19. 9) en los que Tibulo revela su afec­ tuosa inclinación hacia un joven. Su incorpora­ ción a filas es inminente. tanto antiguo co­ mo moderno. 4. 2. 5. esto es. La dificultad parece estar debida en parte a que Tibulo no se decidió claramente por desempeñar el papel del enamorado ardiente al estilo de Propercio. 17. con algo en lo que Tibulo era verdaderamente experto (las descripciones escénicas eran su fuerte mucho más que las elu­ cidaciones y disquisiciones). motivo por el cual estuvo siempre dispuesto a servir a cualquier gusto o interés.

El libro 3. pero esta gracia cansa al lector. sugestivas y precisas. sea cual fuere la opinión que se defienda al respecto. y con ello de auténtico movimiento interno. según opinión gene­ ralmente sustentada. La técnica estructural de Tibulo recuerda la de Ovidio.° del Corpus se antoja en cierto modo como un soplo de brisa fresca. Pero al mismo tiempo el lector siente que aquí se trata de algo más que de poesía que fue escrita porque la redacción de poemas estaba precisamente de moda. Ligdamo mismo es una figura un tanto enigmática. aunque esté lleno de clichés (y desfigurado en 3. más con­ vencionalmente poético que en Propercio y decididamente menos ingenioso que en Ovidio. en el libro 2 no es sino un escritor de segunda fila que vuelca su rutina sobre un género literario menor. 6 por una ampulosidad sentimentaloide) resulta sorprendentemente sen­ cillo y eficaz. El desconocido Ligdamo. de verdadero vigor. por el contrario. quedan en la penum­ bra. Un dístico logra­ do sigue a otro. Ligdamo no posee en modo alguno la habilidad de Tibulo para producir un buen dístico. y la poesía personal se ha degradado hasta quedar reducida a un ademán vacío y gárrulo. hasta que el tema queda agotado. Tras del Panegírico en honor de Mésala (3.326 Literatura universal entre sentimiento y sensualidad (sobre todo apoyándose en temas campesi­ nos). la sintaxis resulta comprimida. 13-18 (= 4. pero el paso decisivo que le separa de ella parece no haber sido dado. 7-12) son. Pero Tibulo sigue siendo un estilista elegante y gracioso aun allí donde tiene poco que decir. ni tampoco imágenes vigorosas. La unidad la constituye el dístico logrado. casi atormen­ . No hallamos aquí una retórica ostentativa. pero trabaja más frecuentemente que éste con series abiertas. la unidad expresiva está cons­ tituida en cada ocasión por un bloque de versos y no por dísticos aislados. Los dísticos aislados son frecuentemente airosos. que pretenden ser un intercambio epistolar entre la Sulpicia de 3. Los poemas evidencian muchas de las torpezas de un aficionado o de un profesional a medias. 1. él se describe a sí mismo como «antaño esposo. Pese a sus defectos. se trata de poesías no del todo satisfactorias. aunque éstos no sean ni muy profundos ni muy originales. 7-12) y su amante Cerinto. pero en todo el conjunto. las elegías de Ligdamo comunican la impresión de una verdadera finura de sentimientos. puede m antener una línea lógica clara. 1) siguen cinco elegías muy elogiadas por la crítica. 13-18 = 4. hermano ahora» (3. En estas elegías breves. y sus relaciones con Neera. 23). Mésala). No posee la habilidad de Propercio para estructurar una argumentación. Las seis poesías siguientes (3. porque la poesía carece de una estructura general clara. 7 = 4. obra de la misma Sulpicia (pupila del protector de Tibulo. a quien se atribuyen las primeras seis ele­ gías. la dicción no es directa ni espontánea. Algunos las han considerado como obra del mismo Tibulo. ni el arte disciplinado y soberano de Ovidio para exponer todas las posibilidades de un tema. la destinataria de las elegías.

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que no emplea esta frase en sus tragedias.). se dirigía aquí contra el famoso Pomponio Segundo.SÉNECA Y LA TRAGEDIA ROMANA H u b e r t C a n c ik El marco histórico-literario D i f i c u l t a d e s d e l a i n v e s t i g a c i ó n e n t o r n o a S é n e c a . 3. 1. nos aboca directamente a algunos problemas fundamentales de interpretación y hasta de autoría. Un punto está todavía hoy sin aclarar: ¿proceden todas las tragedias agrupa­ das en el corpus Annaeanum de la pluma de Séneca?. C. naturalmente con pleno conocimiento de la literatura trágica anterior romana. lo mismo que en su prosa y su filosofía. por desgracia. igualmente al servicio del Estado en elevados cargos y cuyas piezas escénicas. el antiguo preceptor real L. pero evidentemente se interesó ya a la sazón por la tragedia como forma literaria y favoreció al respecto. . 98: Pomponio es «con mucho el pri­ mero» de los trágicos que Quintiliano mismo ha «visto». Institutio oratoria. evidentemente. una dirección «moderna». si Séneca leyó ya entonces en público trozos de alguna tragedia propia. 8. o a la época de su exilio en Córcega. se atenían en su lenguaje de manera más estricta a la tragedia romana anterior. gradus eliminare. La cuestión de la fecha de redacción de las tragedias de Séneca y de su relación con la tradición no es en modo alguno una mera cuestión filoló­ gica de detalle secundario. — Pocos años des­ pués de que se le ordenase regresar de Córcega (49 d. No se nos informa. Antes al contrario. Anneo Séneca (l?-65) departió en una discusión pública sobre si hubiese sido oportuno y lícito emplear en una nueva tragedia la frase. d. 31. 10. Cf. o acaso se distri- 1 Quintiliano. «poner pie más allá del um­ bral» Séneca. ¿es inauténtica sólo la Octavia o quizás también el Agamemnon y el Hercules Oetaeus ? ¿Corres­ ponden las tragedias de Séneca a su época tardía de preceptor de príncipes y hombre de Estado. pasada de moda.

para ser recitadas o quizá tan sólo para un «público lector»? ¿O lo fueron especialmente para lectura y admonición de su imperial pupilo? Y por último: ¿poseen los «dramas de tiranos». ¿contra qué emperador podía alzarse el alto funcionario. una fun­ ción política? ¿Son acaso piezas escénicas oposicionales. 330 .) su propio Hercules furens (v. 75 y ss. lo mismo banal. también a los republicanos. 2 Véase O. Weinreich. ya sea positiva o negativa. con respecto a la amplísima obra filosófica. Herzog. muy verosímilmente. ni por supuesto cita. para un teatro público o privado. su conteni­ do filosófico. Berlín. el Thyest o el Hercules furens. ora magnífica. «Datierung der Tragodien des Seneca». Y todo ello a pesar de que el escritor Séneca conoce por supuesto a los trágicos griegos y. como es conocido.Literatura universal buyen a lo largo de la época que va desde Calígula hasta su muerte? ¿Cómo ha de estructurarse su cronología relativa? ¿Cómo es la relación de las tragedias. que por su temática y por su tradición republicana derivan casi necesariamente hacia una actitud anti-cesárea? Y si así fuera.. predicar una moral igualmente estoica. 77 (1928). La discrepancia de las interpretaciones y valoraciones de Séneca se tor­ na comprensible ante este catálogo de problemas e interrogantes.). 65 y ss. el preceptor del príncipe heredero y «monárquico» convencido que era Sé­ neca? Las interrogaciones se enredan de lleno en el laberinto de los proble­ mas cronológicos 2. utiliza profusamente la lírica de un Horacio en sus coros. sus propias tragedias en sus escritos filosóficos 3. 112 y ss. Más todavía: el filósofo Séneca enjuicia de manera muy negativa el mito y la poesía. como casi todas las tragedias de la época imperial. 51-104 (no siempre digno de confianza). la economía dramática indis­ tintamente miserable o imponente. y todo ello en contraste radical con su gran contrincante Cicerón. Notables críticos consideran una misma pieza ora pueril. entre aquéllas y la filosofía estoica? ¿Quiere Séneca propagar la filosofía estoica. Las tragedias de Séneca constituyen uno de los problemas más inextricables de la historia de la literatura romana. que sustancial. así por ejemplo. págs. en Rheinisches Museum. C. 3 Por el contrario. según Weinreich. O. La razón fundamental de este incómodo hecho radica. producto sobre todo de los años tardíos? Más aún: ¿existe una relación estrecha. d. con excepción de las sentencias morales como las de Publilio Siró. en que Séneca no nombra. como por ej. Senecas Apocolocyntosis. pero no en sus obras filosóficas.. parodió en su Apocolocyntosis (54 d. en que alude raras veces a los grandes autores trágicos griegos y no cita nunca de primera mano a los de la Roma republi­ cana. 1923. págs. y cómo ha de ser interpretada. es quizá su intención escribir piezas escénicas de filó­ sofo y pedagogo? ¿Qué actitud guarda Séneca con respecto a los grandes autores trágicos griegos y sobre todo a los contemporáneos de la época temprana del Imperio y de la era republicana? ¿Para qué público están escritas sus piezas.

quien sin embargo había aprendido a dominarse en una larga vida cortesana: «Tras poco tiempo —escribe Tácito con sarcasmo— retornó la alegría al banquete». discurso inspirado probablemente por Séneca (13. y Tácito pone en boca de un denunciante de Séneca la afirmación de que el antiguo preceptor de Nerón redacta con más frecuencia «poemas (trágicos)» (carmi­ na) desde que éste se ocupa asimismo en tal menester. Nerón se cree obligado a cometer el asesinato. 6 Sidonio Apolinaris. una alusión clara. envenenado por ella. 1. v. 128. El joven Británico había cantado en un banquete. uxoricidio y. en tono trágico. Scenica. 9.. 10. 9. 232 y ss. 13. 17. Hubo incluso muchas personas dispuestas a ser tolerantes con Nerón. 9. Séneca. cit. v. No se respetó ni siquiera lo «sagrado de la mesa» para envenenarle. La a c t u a l i d a d d e l m it o e n l a é p o c a i m p e r ia l. Atreo. Leipzig. Sólo Quintiliano cita una vez un verso de la Medea 4. 40. 404 y s. presu­ miblemente. incluso en su formula­ ción literaria. 5 Anuales. 3. 55 y ss. 14.: nulla regni sancta societas nec fides est. Es muy comprensible que ya en la Antigüedad se considerase al autor trá­ gico Séneca y al filósofo Séneca como dos personas distintas 6. Séneca. Verdaderamente. 1). y la única leve alusión al autor teatral Séneca en la obra de Tácito. 7 Cf. 1). 444: non capit regnum dúos. como es sabido. Calpurnio 4. con gran horror de Agripina. a las tragedias de Atreo y Tieste 7. ed. 231 en Tragicorum Romanorum Fragmenta. para lo cual citaban casos pasados de luchas fratricidas y recorda­ ban lo indivisible del poder real: antiquas fratrum discordias et insociabile regnum aestimantes (13. sin duda un malentendido de Marcial 4. incesto entre Nerón y su madre. 10. de J. Tácito estima esta afirmación como carente de importancia y probablemente además como falsa. que fue víctima de las luchas entre Agripina y su hijo Nerón. 15. Thyestes. — En el libro 13 de sus Anales pinta Tácito el asesinato del último de los emperadores de la gens Claudia. el hijo de su antigua rival Mesalina y de Claudio. Nada de disensiones fa­ miliares (domesticae discordiae): así lo afirma Nerón en su discurso oficial de toma del poder. Cf. 52. Poco claro. 2. Casio Dión 61. Y siguieron. Vahlen. fratricidio y parricidio. c.Séneca y la tragedia romana 331 También los demás autores de los siglos i y n callan sobre el autor trági­ co Séneca. 21903. Ennianae Poesis Reliquiae. que se le había «expulsado del trono paterno y de la cima del poderío» (Anales. Esta es la única referencia concreta para fechar las tragedias de Séneca en su época tardía. 2). 4. los Julios y los Domicios por la conquista o conser­ vación del supremo poder se repitieron los mitos ancestrales de las dinas­ tías reales de Tebas y Micenas. Británico. Ennio. envuelto él mismo profundamente en las intrigas de la corte y acusado de mantener una relación amorosa 4 Institutio oratoria. 227. Accio. . 2. Cuando Agripina amenaza con hacer emperador a Británico. en las lu­ chas entre los Claudios. ed. y ello con la inten­ ción de sobrepujarle y humillarle 5.

obra esta última que expone el uxorici­ dio cometido por Nerón y el destino de Séneca. el caos amenaza por doquier. La búsqueda de alusiones históricas en las tragedias de Séneca ha suministrado muchos resultados inseguros y pocos claros. derroche de lujo. hipocresía: todo el síndrome psicológico de un estrato social superior degenerado y entregado a la sensualidad sin freno halla su realización histórica en la época tardía de la dinastía julia-claudia. los amores inces­ tuosos de Claudio con su sobrina8 y quizá también los de su pupilo Nerón con la propia madre. presenció el asesinato de tres emperadores. . la soberbia de los tiranos y el desenfreno 8 Tácito. las bodas letales de Polyxena. la matanza de los hijos de Tieste. el exterminio de familias enteras de la anti­ gua aristocracia. en la época imperial. muchos elementos primigenios. una conexión al menos latente con la realidad social y política. 11. 2: nuptiae incestae. Incluso en esta era tardía. el asesinato de parientes y de cónyuges. La per­ versión y la anarquía han infectado el cosmos. Domitius o la Octavia. ¿Y estos dramas han de servir de ilustración a la doctrina estoica. y republicana por su relación directa con las tradiciones romanas antiguas e incluso estoicas: in tyrannos! Junto con las últimas huellas de las tradiciones republicanas se borrarán por ello también. el lanzamiento de Astianax desde lo alto de la muralla. venalidad y capricho. la tragedia conserva su vigor simbólico y poético. que habían sido do­ mesticados y reprimidos en la tragedia clásica de los griegos. necromancia.332 Literatura universal con una hija del emperador. maldición sobre una estirpe entera. 25. Por otra parte. sum inistrar ejemplos de escarmiento e intimidación sobre el horror y la crueldad. la latente actualidad política de la tragedia no debe inci­ tar a disolver el mito en pura alegoría política o filosófica. durante el prin­ cipado. más allá de la política y la filosofía. paradójicamente. viene también a convertirse claramente en la actitud política y en el destino de los escritores trágicos. La tragedia es en lá época imperial antimonárquica por obra y virtud del mito. El que Tiresias se convierta de vidente en haruspex es cosa que va mucho más allá de las simples modi­ ficaciones formales debidas a una determinada tipología cultural. pugnas dinásticas en las que las muje­ res desempeñan un papel decisivo. sed insaciable de placeres. la tragedia escénica posee pues. locura. una sexualidad desenfrenada. Séneca pone en escena canibalismo y perfectos asesinatos rituales. una agresividad cultivada y fomentada durante generacio­ nes y asestada ahora hacia adentro. Annales. Incesto. las huellas de la tragedia romana. La actualidad política de la tragedia se torna evidente en dramas históricos como Cato. Más aún: en el mito de la época imperial irrumpen de nuevo a la superfi­ cie. incluso con la misma Agripina. Por su temática misma. 5. 2. 13. La embriaguez de poder. todo está lleno de monstra. magia y creencia en fantasmas constituyen temas cen­ trales de las mejores escenas de sus tragedias.

para él. 61. Syme. A otro escritor se le acusó de haber injuriado a Agamenón. Tiberio. Tácito. 7. pág. 3. junto a él escribieron tragedias Emilio. Un Atreo había sido compuesto ya por Emilio Escauro. un miembro de la gens Domitia—. También durante la época imperial se dio. 2. . 13 Quintiliano. «A Pompo­ nio —escribe Tácito— le fue otorgado el honor del triunfo: una breve parte de su fama en la posteridad. R. la vieja forma republicana del drama histórico (fabula praetexta). 10 Tácito. Dialogus. 1. si hemos de dar crédito a Quintiliano y a Tácito. 11. C. 9 Tácito. Cf. págs. que se empeña en ver en tal personaje a Nerón o quizás a Claudio. 2. Curiacio y el autor de la Octa­ via. Lucano 7. 110. pero escribió también —como Séneca— un Agamenón y proyectó la redacción de un Tieste. con anterioridad a él escribió Ovidio su famosa y ensalzada Medea. esta tragedia fue la causa de su suicidio (34 d. cuyas obras evidencian no pocas huellas de la tragedia romana. la última tragedia cuya puesta enescena nos consta con seguridad. un hombre de nobilísima cuna. Casio Dión 58. Curiacio Mater­ no —senador. Egloga. Dialogus. ambos peli­ grosos dramas contra la tiranía 9. Annales. 3. y en el otro a Agripina o quizás a Mesalina. como Séneca— es­ cribió un Catón —republicano— y un Domicio —ciertamente dirigido con­ tra Nerón. 3. En el corpus de las tragedias de Séneca se nos ha transmitido la única pieza de este género que ha llegado hasta nuestros días. Oxford. Esta sucinta ojeada sobre la tragedia escénica bajo el principado da testimonio no sólo de la abierta y latente actualidad política de la tragedia y del interés del público. cf. 9 y s. orador. poeta y quizás también español. Virgilio. 28. 798 y s. Institutio oratoria.)10. y con ello a Tiberio ". como ya hemos dicho. 29. Los nombres de otros autores trágicos de la era augustea nos hacen remontarnos ya hasta la tragedia republicana: Asinio Polio imitó se­ gún parece a Pacuvio y a Accio 12. 11 Suetonio. 12. Séneca no es una figura aislada. sino también del contexto históricoliterario de los dramas senequistas. Tacitas. Las tragedias de Séneca no son dignas. El autor trágico más importante de la época imperial fue. Un denunciante presentó al césar el tema y contenido de la tragedia y citó versos que podían referir­ se directamente a Tiberio. Pomponio Segundo 13. 12 Tácito. Junto a la imputación de adulterio con Livia y la acusación de magia. Sobre Domicio. V. d. 3. Pomponio. 6. 24. la Octavia. 8. 1. Annales. Este hombre recibe un elogio como no otorga a ningún otro literato el senador romano. ni tan siquiera de un juicio crítico negativo. 1958. de la que destaca por la gloria de sus obras literarias». y Vario su Tieste. 10.Séneca y la tragedia romana 333 de los afectos y pasiones? La interpretación filosófica directa subestima el peso específico propio del mito —¡y también al hombre y escritor Séne­ ca!— tanto como su intención historizante. 98. 21. 9. 599 y ss.

y desolada por lo que respecta a la época imperial. inusitadamente fuerte. y enlazan a través de ella con la republicana. d. y sobre todo del estilo sentencioso I4. — Los dramas de Séneca están encuadrados en la tradición de la tragedia de la era augustea e impe­ rial. Parece por lo pronto un tanto precipitado encuadrar las tragedias de Séneca en un tipo especial de «tragedias filosóficas» debido a sus reflexi­ vos cánticos corales. recensión de O. lin­ güístico y fraseológico. Ennio. como las monstruosidades de todo género y la vincu­ lación de mito y filosofía. o bien suponer en ellas una intención moral o pedagógica especial. 329 y s. Rieks. 16 V. Citas directas de las tragedias republicanas son muy difíciles de probar. más arriba. Pacuvio y Accio. Si las circunstancias histórico-literarias aquí expuestas han sido interpretadas certeramente. págs. Como la tradición viva de los antiguos poetas trá­ gicos se apaga en el curso del siglo i d. Es seguro que Séneca conoció la obra de los antiguos poetas trágicos. Zwierlein. sobre la tragedia republicana. pero se discute hasta qué punto los imitó verdaderamente. R. el acervo temático y quizás también la dramaturgia y el compromiso filosófi­ co y político. porque la tradición de textos es fragmentaria por lo que hace a Livio. —debido en parte a las mismas razones por las que se agota la tragedia en general—. tal y como la intentamos aquí. Por otra parte puede afirmarse —incluso basándose en los escasísimos testimonios de la tragedia antigua que han llegado hasta 14 De manera fundamental B. sino que las hubiese concebido como «dramas de lectura» o piezas para ser recitadas 15. La ubicación histórico-literaria de Séneca. a saber. C. preciso será dar respuesta afirmativa a dicha pregunta por lo que respecta al lenguaje. se plantea la cuestión de hasta qué punto la tragedia escénica de Séneca puede representar a la tragedia romana en general. págs. cit. 567-571. ni la filosofía. que se observa en el poeta-filósofo Ennio y en el «erudito» Pacuvio. 1 (1967). puede aclarar quizás algunas de las aporías enumeradas al comienzo de estas reflexiones lé. el estilo. a sus sentencias de matiz estoico y a sus digresiones sobre la culpa y el destino. en Poética. Pero al mismo tiempo arroja luz también sobre otro problema central de la historia de la Literatura romana. pero quizás deban de ser atribuidos más al estilo propio del género. Lo mismo cabe decir con respecto al abun­ dante empleo de fórmulas retóricas. Puntos comunes de orden expresivo. motivos importantes. op. Considerado desde la pers­ pectiva de la tragedia republicana. Y por último: ni la retóri­ ca. . Seidensticker. op cit. tampoco parece viable hacer a Séneca responsable de la «retorización de la tragedia». no son raros.334 Literatura universal S é n e c a y l a t r a d i c i ó n d e l a t r a g e d i a r o m a n a . 15 Comp.. ni las escenas horripilantes en las obras de Séneca son un indicio de que no hubiese escrito sus tragedias para el teatro.

La escena debe remontarse al Astyanax de Accio. las de Séneca y no las de Pomponio. Quintiliano alaba a Vario. Tácito sitúa a Pomponio por encima de Séneca. y ello pese a un Plauto. especialmente en lo que respecta a la modernización del lenguaje. Troades. Ante un frontispicio romano con tres puertas. Sea como fuere. además. Ovidio y Pomponio y guarda silencio acerca de Séneca. Esta es la falta de juicio histórico-literario de la tradición. Pacuvio y Accio se diferenciaron entre sí tan fuerte­ mente como los tres grandes autores trágicos del Ática. Época augustea. . y en este sentido habría que dar a la pregunta una respuesta negativa. más tarde aparece también en Séneca. Museo delle Terme. al desarrollo del género. Un fuerte indicio de ello es la nueva configuración que recibe en sus manos la métrica trágica. y la propia y personal de Séneca. Los romanos estimaron su tragedia por encima de su comedia. con una escena de una tragedia. con los escritos de Séneca nos ha sido transm itida la única obra literaria de la Antigüedad. Bajorrelieve en arcilla (la llamada Placa de Campana). Ulises (a la derecha) reclama de Andrómaca el peque­ ño Astianax (a la izquierda siervos de la reina). Numitorio Hilaro. Roma. Pero hasta nosotros han llegado las obras de Plauto y Terencio. no las de Ennio o Accio.Séneca y la tragedia romana 335 nosotros— que Ennio. 705 y sigs. la aportación de los trágicos de la era augustea y cesárea. que —probablemente en época augustea— sustituyó por ejemplo el viejo trímetro yámbico o senario por el trímetro de más fuerte sabor helenizante. proce­ dente de la tumba de P. No debería subesti­ marse.

): Héctor era 17 Sobre la tan tratada temática filosófica baste aquí con indicar a E. Lefévre. págs. el heredero de su padre Héctor. como una interpre­ tación de las obras respectivas. op. que son entregadas al yugo de la esclavitud o al lecho de los vencedores. por motivos de razón de Estado. el vengador de Troya. la lucha de Andrómaca por su hijo Astianax (acto 3. si lográsemos alcanzar la perspectiva adecuada. 230 y ss. — El tema de las Troyanas de Séneca es el destino de los vencidos. en Hermes. el Hercules Oetaeus ejemplifica no sólo la «supera­ ción de la muerte». moralmente culpable.336 Literatura universal que con auxilio de las profusas informaciones que nos suministran los his­ toriadores nos facilitaría una «visión de conjunto» de un estadista. W. Él es la postrer esperanza de los troyanos.). argumenta lo mismo que Andrómaca (526 y ss. De forma casi sistemática son expuestos.. pobres en acción. psicología. Con Sé­ neca. y la bibliografía allí recogida. que por encargo de los griegos tiene que arrebatar el hijo a la madre. Sulla struttura delle Troiane di Seneca.. 18 Cf. alemana en Senecas Tragódien. religión Todas las piezas de Séneca dan cuerpo a varios temas dentro del marco general del mito. tres casos: la liqui­ dación del último troyano. 64-92.°) I8. Lo que espera Andrómaca lo temen los griegos. El Oedipus es más que un mero «drama de destino humano» o la «tragedia del miedo». Política. págs. sino el drama de la Anti­ güedad en general. cit. que libertará a los prisioneros y restaurará la gloria y el poderío de Troya. en manera alguna. y por último la sumisión de las mujeres capturadas al vencido. Odiseo. empero. enmarcada por esce­ nas líricas y de matiz épico. L as «T r o y a na s ». ninguna de ellas puede ser reducida a un par de frases que resuman plásticamente su contenido.. trad. Así concluye una guerra. «Die Schuld des Agamemnon — Das Schicksal des Trojasiegers in stoischer Sicht».. Las siguientes anotaciones sobre algunos temas de las tragedias senequistas 17 no deben ser consideradas por ello. el Hercules furens y el Thyest son más que «dra­ mas contra la tiranía». dice la madre a sus gentes allegadas (462 y ss. En el meollo dramático de la pieza se encuentra. 101 (1973). bajo aspectos diver­ sos y en una forma dramática cuidadosamente variada. acaba no sólo la tragedia romana. un asesinato ritual como piadosa conclusión de la gran mortandad. filósofo y poeta antiguo. que podría resultar peligroso. la Medea más que un «drama de venganza». el Agamemnon es no sólo el «gran ajuste de cuentas de la gran guerra» o la caída del protagonista. Schetter. .

Cuando Agripina se hubo librado del prim er intento de asesinato por parte de su hijo. .). Séneca. para cuyo sufrimiento futuro crece y se desarrolla el mu­ chacho (736 y ss. Comp. 201 y ss. 869. calla durante toda la pieza. y en qué circunstancias: «que muera un hombre por el pueblo y no que todo el pueblo perezca» 21. La razón de Estado ha ven­ cido. ataviada con sus galas de desposada. futurus Héctor. versículo 50. Polixena. pero no convincente. que es sacrificada en honor del muerto Aquiles. y muere de tal m anera que «hace pesada la tierra» para Aquiles (1158 y s.Séneca y la tragedia romana 337 Troya. muy amplio y complejo. pero era lógico creer que el fin de Nerón —y con él el del mismo Séneca— era inminente si no se atajaban los planes de Agripina: nisi praeveniretur Agrippina 20. 14. esto es. 1104. naturalmente. Mientras que Odiseo recita las plegarias prescritas por Calcas.. una alegoría mitológica. dice Odiseo (551). ¿Era necesario este crimen político? El estadista Séneca hubo de enfrentarse personalmente con el problema del asesinato político preventivo. ni en torno al asesinato de Agripina ni en torno tampoco al de Británico. planea junto con los prefectos pretorianos el asesinato de Agri­ pina. futurus ultor. Astianax es sacrificado. Odiseo apela a la comprensión de ésta: piensa en el temor de los griegos. No es seguro si Séneca tuvo conocimiento o no de este aten­ tado. siente compasión por ella. bien fuera antes o después de haber es­ crito las Troyanas. 11. Astianax es la rena­ ciente Troya. en el que está oculto Astianax. Y Séneca actúa como Odiseo en las Troyanas: se­ gún Tácito. En todos los dramas arden en escena tempestades de pasio­ 19 20 21 22 Annales. pero más todavía por las madres griegas. le dice. dice Andrómaca (660). ni siquiera podía confiarse ya en la guar­ dia pretoriana.). de la mujer que pocos años antes le había hecho regresar a Roma desde el exilio. cap. se planteó según Tácito 19 el serio peli­ gro de que repartiese armas entre sus esclavos e incitase al pueblo y al Senado a levantarse contra Nerón. de la tragedia senequista podría resumirse bajo el término algo anacrónico de «interés psicológico». Las Troyanas no son. Jn. También Astianax perturba el decurso del ritual. 7. Pero son ejemplos presentados y ofre­ cidos para el comportamiento de los afectados. Los vencedores han perdido ya: vicimus victi Phryges 22. así pues. E dipo. Agamemnon. — Otro ámbito temático. Sólo cuan­ do Odiseo manda derribar el monumento funerario de Héctor. se lanza al vacío desde la última torre de Troya. no ofrecen solución alguna del problema relativo a si el crimen preventivo es lícito moralmente. entrega ella al muchacho. Thyestes. «en medio del reino de Príamo». La lógica es irrefutable. Séneca. el hijo de Héctor es un futuro Héctor.

. cae al final porque su esposa se siente celosa de las numerosas mujeres captu­ radas como botín de guerra y llevadas a Micenas por el «rey de reyes». Yocasta le interpela con las palabras «Esposo mío. Pasiones extremadas engendran alucinacio­ nes y manía persecutoria. amor.338 Literatura universal nes: venganza. la conclusión de su drama reúne y enfrenta de nuevo a Creonte y a Edipo. ¿cómo le llamo con falso nombre? ¡Él es mi suegro!». A diferencia del Edipo de Sófocles. fracasa al cabo cuando su compañero prefiere el poder y el m atri­ monio al «amor libre».) ¡Tres veces natus en un solo ver­ so! También ahora está dispuesto Edipo a concertar un compromiso. Los héroes de Séneca están dominados y arrastrados por sus afectos vehementes. Yocasta se acerca una vez más al ciego Edipo: «¿Cómo he de llamarte? ¿Hijo acaso? ¿Dudas? Hijo mío eres tú: ¿te avergüenzas de serlo?» (1009 y s. el soberbio vencedor de Troya. y reaccionan de manera anormal y perversa. Como no podía esperarse de otro modo después de Ovidio. Al término de su prólogo. echa mano a la espa­ da con la que Edipo había dado muerte a su padre: «Por medio de este hierro murió mi esposo. entre la esperanza y el temor. tras las manifestaciones hechas en el prólogo. el amor es objeto de espe­ cial atención. Medea se ve arrastrada por un infelix amor (136) de un delito a otro. El amor incestuoso de Fedra hacia el intocable Hipólito es comparable con el amor sodomita de Pasifae (143 y s. también a diferencia de la de Sófocles. y el drama concluye serena y fríamente con la inquie­ tud por los hijos de Edipo. Hasta este macabro juego de palabras lleva Séneca el tema del incesto. Yocasta se ahorca en sus habitaciones. en Séneca aparece la madre y espo­ sa de Edipo antes de Creonte y de Tiresias. así lo es Clitemnestra de Micenas. En sus tragedias tebanas. y se titula a sí misma incesta (1026). terror. Pese a esta acentuación del tema del incesto.» (81). Agamenón. incluso a Corinto. desaforada en comparación con Sófocles. todos ellos se hallan en una peligrosa altura. Yo­ casta desespera. y porque ella misma mantiene relaciones con Egisto: «La justicia y el pu­ dor y la sagrada fidelidad del matrimonio huyen de las costas reales» (79 y ss. el Edipo de Sé- . donde residen sus supuestos padres. La pareja Yocasta-Edipo cierra asimismo la obra senequista. ira. la vacilación entre la compasión y la sed de venganza. Así como Helena fue la perdición de Troya. En Séneca.). en situaciones límite.. En éste. la alusión dramática más cruda al tema del incesto.). empujan a la locura y al crimen. Especialmente interesantes son los afectos y pasiones mixtas. El incesto es un motivo central del mito de los Atridas. el Edipo y los fragmentos de las Fenicias. por el hado y por el azar. dicho motivo es presentado y utilizado escénicamente de una manera que hubiera sido inimaginable en la tragedia ática. Edipo piensa en la fuga. Yocasta se hunde en medio del escenario la espada en el «vien­ tre que llevó al marido y a los hijos» (1039). Los celos de una mujer en edad madura envenenan al invicto Hércu­ les. Mas. lo que constitu­ ye.

23. Su madre y su tía dirigie­ ron su educación y los comienzos de su carrera. Museo Nazionale. que queda así aludido de manera clásica. Representa a Medea pocos momentos antes del asesinato de los dos niños. Sus enemi­ gos le imputaron relaciones íntimas con esta mujer 24. 1. y en los que San Pablo —que era natural de Tarsos. un lugar conocido por su intenso culto a Hércules— anunció en Roma la nueva doctrina judeo-helenística del Hijo de Dios y redentor del mundo. antes del terrible momento culminante. 33. fue redactado el drama de Hércules en el Eta. 14. instigación de Mesalina. 5. En un gran ciclo que incluye a Afrodita. Lo que va a ocurrir lo sabe ya el silencioso observador. — La historia de Medea está presentada. Nápoles. ofreció el cuerpo a los esbirros enviados por su hijo para asesinarla diciéndoles: «Herid en el vientre» 25. Los ni­ ños están entregados aún a sus juegos. de manera distinta a lo que hace Séneca. Tácito. 24 Casio Dión 61. la primera mujer del emperador Claudio. 3. Época neroniana. 1. acusada de mantener relaciones incestuosas con Nerón. A causa de un turbio asun­ to amoroso con una dama de la familia imperial fue luego desterrado a Pintura mural procedente del gran peristilo en la casa de los Dióscuros en Pompeya. una 23 Cf. entre ellas Odiseo y Penélope. . Annales. mientras Medea reflexiona. aparecen diversas imágenes míticas antiquísimas. La se­ gunda esposa de éste. C. 25 Tácito. sino también —lejos de cualquier intento de alegorización biográfica— la importancia de las mujeres en la vida de Séneca. H ércu les E t e o . Perseo y Andrómeda. págs. 3. 12. 267 y ss. 8. Ella. 10. d. Las implicaciones sexuales del tabú del incesto no son expuestas por Séneca en el Edipo. — En los años en los que —quizá en Roma misma— se creó la forma básica de los Evangelios. Agripina. En la interpretación de los dramas senequistas sobre figuras femeninas deberá atenderse bien no sólo a los casos de incesto entre la aristocracia romana y a la notabilísima posición de la mujer en el siglo i d. le traería de nuevo a la corte. sino —lo que no deja de ser singular— en la Fedra. que fue asesinada más tarde no sin el consejo del mismo Séneca. Annales.Séneca y la tragedia romana 339 ñeca no es el drama del complejo de Edipo. Dionisio y Hermes.

340 Literatura universal rica obra escénica de dimensiones cósmicas en casi dos mil versos. Cuando su madre quiere abrazarle por última Estatua de mármol de una musa portadora de la másca­ ra trágica de Hércules. junto con la locura. y él se aparece a la madre. nada heroicos padecimientos físicos. Tras de la pasión. vez. nos m uestra cuán tentador es el empeño de establecer paralelis­ 26 Cf. La conclusión del drama evoca la ancestral vinculación entre mito y culto 26. Vaticano. que golpea al redentor. cuando más tarde. pero ganó aparentemente en actualidad en la época romana. Edipo en Colonos. Ya esta sucinta exposición del mito. Sala delle Muse. Alcmene cree. El veneno de la Hidra va royen­ do los poderosos miembros. d. tal y como lo concibe y expone Séneca. con la que ésta recono­ ce «que el caos ha sido vencido» (1946).). fundamentado en su mito lo mismo que el del héroe vigoroso. espantada: «¿Dónde están tus miembros?» (1343). así también el Hércules en el Eta guarda relación directa con el Hercules furens. Sófocles. con las enor­ mes «reliquias» (1829) de Hércules marcha a Tebas y «canta al nuevo dios» (1982). . Bacantes. siglo ii d. Procedente de una villa cercana a Tívoli. El obe­ diente hijo y siervo de la suprema deidad se siente abandonado por su padre (1137). Éste había presentado el descenso a los infiernos y. cuya autoría no es del todo segura. es motivo corriente des­ de el Hércules furioso de Eurípides.) —este destino le había sido profetizado ya desde mucho tiempo atrás— y la acep­ tación de la muerte. El papel trágico de Hércules. La tierra tiembla (1595 y ss. La madre y el amigo se hallan junto a la pira. C. Hércules ha muerto. la primera derrota del semidiós. oh padre» (1726). viene el conocimiento (1472 y ss. las últimas palabras del moribundo son: «Ya voy. para consolarla. y Eurípides. El padre celestial le recibe en el cielo. precipita al héroe en terri­ bles. Así como la obra de ancianidad Edipo en Colonos está relacionada directamen­ te con el Edipo rey de Sófocles. La segunda tragedia de Séneca en torno a la figura de Hércules. por ej. Supo vencer a la muerte como nadie había sabido vencer a la vida (1609). retrocede.

H. Tragicorum Romanorum Fragmenta. por E. Zwierlein. sino —por no citar sino un único punto— en que la dignidad y la conciencia de sí mismo propias del hombre de la Antigüedad. tomo 1. 1966. Leipzig. Munich. Ribbeck. en Kleine Schriften. O. Mette. Herrmann. págs. págs. espec. en Lustrum 2 (1957). 1961.Séneca y la tragedia romana 341 mos con la teología cristiana primitiva. 27 Cf. Ed. Ed. L. 1969 (con ricas indicaciones bibliográficas). en la serie «Libelli». 1960. págs. Ed. en Ausgewáhlte kleine Schriften. O. Cambridge. BernaStuttgart. op. 583-592). en Lustrum 9 (1964). Ed. ni tampoco en la fuerza de la fe en un redentor. Cancik. Coffey. 1968). Heidelberg. París. 21871 (= Hildesheim. tomo 9). 20). Knoche. tomo 310). J. Sea cual fuere su posible resultado. La sincrasis entre Heracles y Cristo no ha sido intentada todavía. ein Beispiel». Jocelyn. en Das rómische Drama. Regenbogen. «Seneca. Le Théátre de Sénéque. Die Gespráchsverdichtung in den Tragódien Senecas. M. por E. Meisenheim/Glan. Indicaciones bibliográficas K. la confianza en la razón y en la virtus se mantie­ nen en pie pese al dolor y a la humillación. «Schmerz und Tod in den Tragódien Senecas (1927/28)». Darmstadt. 1924. O. U. Roma. B. en Die Antike 17 (1941). Leo. págs. Die republikanische Tragódie. Die rómische Tragódie im Zeitalter der Republik. La singularidad de la religión de la mitología. H. «De tragoedia Romana (1910)». 1875 (= Hildesheim. O. 113-186 (Bibliografía crítica). debemos a Séneca uno de los testimonios más notables de la religión de Heracles que ha llegado hasta nosotros des­ de la Antigüedad. «Die rómische Tragódie und die Neufunde zur griechischen Tragódie (insbesondere für die Jahre 1945-1964). The Tragedies of Ennius. F. es el Hercules Oetaeus de Séne­ ca para el culto de Hércules y la tragedia romana. H. Darmstadt. Regenbogen. Preciso se­ ría subrayar que la diferencia no radica en un quitar importancia al dolor y a los padecimientos. 409-462. Senecas Tragódien (Wege der Forschung. 1963. . Leipzig. Die Rezitationsdramen Senecas (Beitrage zur klassischen Philologie. págs. Lefévre. 60-67. Darm­ stadt. Lo que las Bacantes del anciano Eurípides son para el culto de Dionisos y para la tragedia griega. 1922-1955». Lefévre. 1974. tomo 102. D. Tragedies. cuad. 191-212. 10-34 (Bibliografía). 1972 (Bi­ bliografía. Prolog und Akteinteilung in Senecas Tragódien (Noctes Romanae. Seidensticker. cit. «Senecas Atreus. 1960. teología y antropología romanas y judeo-helenísticas podría ser demostrada de la mano precisamente de esta pieza dramática. O. Anliker. 1967 (con una valiosa introducción a la tragedia escénica republicana). Ribbeck. 1962). págs. hijos de una visión racionalista y optimista 27.

él se conforma con la designación métrica de «endecasílabos». 1 2 3 4 5 Fedro 3. la época y la poesía. un mamotreto del volumen de un canto épico. las mordacidades chispeantes de un hijo de la gran ciudad como Marcial junto a la poesía bucólica aparente­ mente candorosa. 1. Epistula. 3. Lusus. schedia. bromas. 3. aquel dechado de poesía afirmativa. 14. la sátira de Juvenal contra las mujeres. en aquella época ni siquiera el término «epigrama» era un concepto claro. epigramas o poemillas. minucias 2. 4. 8. y trae a la luz los versillos del bueno de Fedro. 9. Evidentemente. hallaremos en este trabajo proverbios de sabiduría popular jun­ to a las procacidades fálicas de Príapo. que presenta conscientemente sus vulgarismos sin ol­ vidar en primera línea al poeta doctus. y es la distancia con res­ pecto a la literatura elevada. Advierten la contradicción Fedro 3. aun cuando la colección de estas peque­ ñas piezas llene un rollo de considerables dimensiones 5. . Epílogo 3 y Marcial 2. Fedro 2.LOS GÉNEROS MENORES DE LA POESÍA ROMANA EN LA ÉPOCA DEL PRINCIPADO H ubert C ancik El marco histórico-literario G énero s m e n o r e s . epigrama y sátira se dis­ tinguen todos por su brevedad 4. carmina parva. Sentencias. églogas. Todavía Plinio 3 no conoce nombre alguno para su propia y ligera lírica. y hablan de juegos. Prólogo 12. en contra Persio 1. llámesela como quiera: idilios. De todos modos hay un punto común a todos.. Epílogo 33 y ss. nugae. 8. Epílogo 8. un pobre hombre que nunca quiso aprender que «para un plebeyo es pecado protestar en público» Los antiguos no redujeron a un denominador común estos productos situados más allá del drama. ioci. improvisaciones superficiales al lado de una sátira rebuscada y erudita. 119. Epistulae. — Reunidos mal que bien bajo el titilo de «géneros menores». fábula. la reverencia trabajosa del poetacliente anónimo se une aquí a las pulidas habilidades de las Silvas estacianas. por su parte.

10 y ss. «menor». 30. 7 6. lo que quiere decir aquí precristia- Inscripción en una casa: BONIS BENE/QUIA MALI NON SUNT («A los buenos lo bueno/porque no son malos»). los ratones y las ranas. son testimo­ nios vivientes de la vida romana que están al margen de la historia literaria. 3. los inocentes corderos y los sufridos y asendereados asnos dominan aquí la escena. 28. nada de ello intenta ser poesía elevada y sublime. del lenguaje y. Un humor áci­ 6 Marcial 8. frecuentemente. nos humilis domus: Laus Pisonis v. na. 27.Géneros menores de la poesía romana 343 constituye una excepción. 1. agudas o triviales. extranjeros. sino los gatos. el «estilo bajo» corresponde a la bajeza de los temas y motivos. La musa de los géneros menores anda a pie y baila sobre el soccus de los mimos. significa a veces «fino» en el sentido de la poesía de Calimaco. Leptis Magna (Tripolitania). «vulgar» y «bajo». la eterna pugna entre lo bajo y lo elevado 8. el vicio y la villanía. sagaces o simples. gentes de baja condición: esclavos. C. y cuando Juvenal grita. Finales del siglo n d. junto a los «géne­ ros menores» y aun por debajo de ellos. sino la flauta pastoril6. libertos. y cosas de la vida diaria: calles.. Se­ gún la sensibilidad estilística antigua. Persio 5. en parte. en lugar de las virtudes heroicas. Sobrevi­ vir con dignidad y decencia es una exigencia harto elevada. «tosco». pero también. Incluso el tan comprometido Persio suele usar con frecuencia el tono quedo de una conversación entre amigos. d. cuando po­ ne a su poesía en zancos 7 para que se torne visible la perversión de su mundo. 1. 1. acueductos. Pequeño. de la categoría social del autor y del público. para lograr que le escuchen en medio del insensato estruendo. 13. 8 Los «humiles» en Fedro 1. . 634 y ss. No el león y el corcel de batalla. 254. calle principal. en lugar del combate heroico. no sopla la trompeta. Estas inscripciones funerarias. cortesanos menores. murales o caseras. peines y monda­ dientes.

10 Cf. Auerbach. pese a las infracciones de las reglas de gram ática escolar y de la retórica clasicista l0. y en innumerables expresiones y giros griegos. 11 Corpus inscriptionum Latinarum. Pero este coloquio ha sido reproducido por uno de los literatos más sutiles y refinados de la aristocracia romana.Bücheler. en Literatursprache und Publikum in der lateinischen Spátantike und im Mittelalter. Lemiso. 9. págs. 1958. Pese a la distancia con respecto a la poesía elevada y clásica. . También hay que considerar como aplicables de forma muy limitada las categorías que ha puesto en circula­ ción la sociología de la literatura trivial y de pacotilla. 8. 14. tristeza. júbilo y una tranquila certidum bre de sí mismo parecen haberse tornado raros. habrá que cuidar mucho de alejar de estos géneros menores los conceptos de la estética cristiana 9. en columbario Esquilino). irritación y asco son los sentimientos dominantes. tales como la humildad o la pobreza. 1015. sólo la muerte puso fin al trabajo “. 1. Quintiliano. Libertad. los adagios burlescos o las fórmulas de hechicería pertenecen en tan escasa medida a los géneros menores como las produc­ ciones verdaderamente subliterarias: Aquí yago yo. F. denegada por la ley. 1862 y ss. 1. 25 y ss. «Sermo humilis». odio. así como la añoranza de una vida sencilla y un declarado sentimentalismo ante la naturaleza. que pecan contra la elegantia y lo aptum. En correspondencia. tomo 6. cotidianas u obscenas. una muerte temprana me la devolvió para siempre n. 9 E.ed. 10. los versos populares. técnicos. los géne­ ros menores no nos ofrecen textos en la lengua vulgar. en Der altsprachliche Unterricht.344 Literatura universal do. por no hablar de Estacio o de Juvenal. Ni siquiera Petronio —si es que no nos engañan las citas y la historia de los textos— fue popu­ lar en la Antigüedad. Berna. del lenguaje co­ rriente. a quien nunca. 1895-97. 89 y ss. núm. Leip­ zig. 12 Carmina Latina epigraphica (Anthologia Latina. 2. burla. por ej. las canciones infan­ tiles y de trabajadores. sarcasmo. «Ad galli cantum — Ein Hymnus des Prudenz ais Paradigma christlicher Dichtung». La bajeza del lenguaje se evidencia en la acumulación de expresiones usuales. en contra Fedro 4. M.. Sosiego. págs. No obstante. ¡nstitutio oratoria. Pars posterior). en una palabra: no poéticos. 2. adeudada a mi juventud. Lo que aquí hubiera sido posible nos lo m uestra Petronio en su cena Trimalchionis: el coloquio entre antiguos esclavos alcanza el nivel expresivo de las inscripciones en los muros o de las tablillas denigratorias o injuriosas. y —lo que resulta característico para las rígidas normas de la literatura antigua— el experimento de Petronio es un fenóme­ no singular. Leipzig-Berlín. 3 (1971). exagerados hasta el paroxismo por una cultura refinada y en­ tregada al goce en todas sus formas. núm. Fuhrmann. 6049(Roma.

ese tropo cínico con áspera burla. to­ dos ellos evitan el carmen triviale . 28 y s. la caricatura. 14 Fedro _3. sentencias y apotegmas. confiriéndoles ese tono moralizante impertinente. La importancia de los «autores menores» y de los «géneros vulgares» para la historia literaria de las dos primeras centurias de nuestra era se basa sin duda en parte sobre el hecho de que se ha conservado muy poco de la literatura menor griega y latina. . una suerte bien equilibrada»). 53-59. Alego­ ría y parodia de mitos y epopeyas. con Marcial el epigrama «moderno». Prólogo 16.3. el Satiricón de Petronio una obra maestra en­ tre las novelas. Los autores de los géneros menores no escribieron con vulgaridad. Calpurnio 1. ambas piezas representantes de la sátira menipea. El movimiento filosófico-popular del helenismo había puesto a su servicio los géneros literarios más diver­ sos. Via Nolana. el mismo Fedro coloca sus fábulas y facecias en el templo de las Musas y espera alcanzar eterna fama u. epigra­ 13 Juvenal 7. / que el joven Sepumio ha creado con ingenio— / ya seas espectador teatral o aficio­ nado a los caballos: / te deseo que tengas siempre y por doquiera. Fedro crea el libro de fábulas. fábulas. 52 y ss. des­ de luego. rebosan­ tes de errores métricos y lingüísticos pese a sus ambiciones literarias. la parodia y el spudeogeloion que encontramos tanto en Fedro como en Persio o en Marcial. que el azar ha hecho llegar hasta nosotros. — Estos enlaces de una forma pictórica (aquí una ser­ piente) con exhortaciones en correcta forma métrica no son tampoco «objeto propio de las historias de la Literatura». el Inscripción mural: (SER)PENTIS LUSUS SI QUI SIBI FORTE NOTAVIT SEPUMIUS IUVENIS QUOS FACIT INGENIO SPECTATOR SCAENAE SIVE ES STUDIOSUS EQUORUM SIC HABE AS LANCES SEMPER UBIQUE PARES.Géneros menores de la poesía romana 345 Textos de esclavos. con Persio y Juvenal aparece la sátira en el sentido moderno del término. ese realismo biótico. perdida para nosotros. como aquí. ningún objeto apropiado para las historias de la literatura. La Apocolocyntosis de Séneca es el texto clásico de la invectiva poético-política. («Si alguien descubre por azar este juego con una serpiente. adagio breve y agudo. y con él la fábula en cuanto género literario independiente. De Pompeya. Y la estimación que de sí propios tienen estos autores parece no del todo injustificada.

16 M. La situación de clientes no significa mayormente para ellos la dependencia económica: Estacio. no eran precisamente indigentes. sorprendentemente extensos. de aquí los razo­ namientos crítico-literarios. que se ve precisado a distanciarse del «taimado Flaco» 17. incluso de un Fedro o de un espíritu tan poco reflexivo como Estacio. de un Persio. Zur Form der horazischen Diatribensatire. brotan de nuevo estas formas con una perentoria exigencia lite­ raria y se consolidan en géneros literarios independientes. Francfort/M. competición de figuras alegóricas. y además la protréptica y la desmitologización. un ingreso económico suple­ mentario. Phoinix von Kolophon. De toda esta litera­ tura popular destinada a la formación cultural y el entretenimiento popu­ lares e inaugurada por el gran «ilustrado» Ennio sólo contamos. que defiende la legitimidad de la forma literaria menor frente a la tragedia o la poesía épica. sus tragedias gro­ tescas y sus befas escénicas. un Crates de Tebas o un Fénix de Colofón 1S. 1960. H. con sus parodias. Kallima­ chos in Rom (Hermes-Einzelschriften. 116. vafer Flaccus. o de obtener un respaldo jurídi­ co y político. 1962.. sin embargo. por sólo citar a éstos. espec. Su Epicarmo recuerda a la poesía greco-itálica. Con mayor fre­ cuencia y más claridad que los autores grandes dejan oír su voz los escrito­ res menores sobre las mil advertencias de la vida del cliente: la visita mati­ 15 G. Wiesbaden. 228 y ss. . 1907. y ofrece posibilidades de alcanzar nombradía. Wimmel.. que intenta justificar la publicación de las poesías de ocasión.. Puelma Piwonka. C. Ya Ennio incorporó en sus poesías menores toda la riqueza formal de la literatura menor helenística: refrán y epigrama. En el primer siglo después de J. Más im­ portante era la protección cuando se trataba de lograr ascensos en la ca­ rrera pública. 16). Gerhard. W. adecuado a su situación social.346 Literatura universal mas y khreiai pertenecen al repertorio usual de los poetas cínico-estoicos. por lo general. de un Kerkidas. 181 y ss. la sportula era tan sólo. su Sota y su Euhemerus a dechados helenísti­ cos directos. 17 1. Del mismo. La institución romana de la clientela abre el acceso a la sociedad. como ya hemos dicho de la época republicana con muy escasos fragmentos y refle­ jos en la literatura de calidad. — Muchos de los «autores menores» se encontraban en una relación de dependencia más o menos estrecha con respecto a uno o varios patronos. a los viajes y las fiestas. págs. ya que poseían fundos rústicos con escla­ vos. y por encima de éstos a la vieja yambografía y a la pugna entre los partidarios de Hiponax y los de Calimaco 16. o de un Marcial. de un Diógenes. C lientela . de recitar sus obras en público. Lucilius und Kallimachos — Zur Geschichte einer Gattung der hellenistisch-rómischen Poesie. como en el de Fedro. como en el caso de Juvenal. Leipzig. comparación de animales y fábula esópica con animales como protagonistas. si bien poco lucrativo. Francfort/M. A. espec. Marcial o Juvenal. págs. 1949.

177-211. 20 Laudes Messallae (Tibullus 4. 10. Consolado ad Liviam. passim. 99 y ss. vuelvan a mí» 21. San Stefano. alaba los ensayos poéticos de su amo 18. . no cesará jamás de alabar en sus versos a Mésala 20. el pobre poeta de los Loores a Mésala. siglo i d. 1. si no es así. cf. vv. Fedro 4. «donde esté 18 Calpurnio 4. 1). sumisa y afirmativa. Los bajorrelieves del llamado «arte popolare» o «arte plebea» de la época romana imperial poseen tradiciones propias. 21 Estacio. reciban ellos de ti un público. tuyo soy». en el peor de ellos en un pesado deber y una men­ dicidad humillante. 19 Cf. sirve para distraer y dar una opinión de experto. C. Hoy en Pizzoli junto a L’Aquila (Italia central). El cliente es ornato del salón. sobre todo si se piensa que no hay derechos de edición y que los plagios se consideran como faltas muy perdonables. da las gracias por una comida. Horacio. El cliente poeta acompaña con sus versos los aniversa­ rios del nacimiento y de las defunciones. Prólogo 17 y ss. tosca pero Bajorrelieve en piedra caliza procedente de un sepulcro en Amiternum. 1. Estacio. 3. los ascensos y la toma de posesión de los cargos por parte de su «rey». la obligación de acompañar al patrón.Géneros menores de la poesía romana 347 nal. pero tampoco él ha ganado mucho con sus versos. sean como fueren. de aplaudir sus discursos. Epistula (final). 53 y ss. Saturae. Cf. aunque las cosas se pusie­ sen todavía mucho peores para él. «Sea yo lo que fuere. 2. de caminar delante de su litera. Persio 1. 51 y ss. esto es. La poesía de los clientes es simple poesía de ocasión. una invitación a la quinta -campestre o un regalo extraor­ dinario del patrón 19. Marcial es el primer poeta que habla de editores. Laus Pisonis. las Elegiae in Maecenatem. la clientela se convierte en amistad. 60 y s. Silvae. lealmente. La dependencia espiritual del poeta cliente se ve agravada por el hecho de que el patrón tiene que encargarse de la publicación de los versos a él dedicados: «Si no te desagradan los versos. d. Statius und Martialis. En el mejor de los casos. de proporcionarle asiento. confiesa. separadas ya por sus talleres del arte senatorial y cortesano-cesáreo de la Urbe y que habrían de alcanzar gran importancia durante la configuración y desarrollo histórico del arte de la Antigüedad tardía. los viajes y bodas. Silvae.

todos clientes. C o r t e i m p e r ia l y c u l t o d e l C é s a r .348 Literatura universal Mecenas. naturalmente. 27 Tácito. 3. 4. 29 Mea mediocritas. La corte cesárea es el nuevo centro social y cultural. La medida de todas las cosas es el César: «Esta es la esencia de una corte poderosa: nadie posee sus mores propias. antes bien el funcionario imperial posee las del señor Domiciano». Marones. Partiendo de los primeros y modestos arranques de la época republicana y augustea se desarrolla rápidamente una atmósfera específicamente cor­ tesana. que con una gota de sangre augustea heredan pretensiones al trono. filósofos. está realizado ahora. 2. 24 1. según su gusto y capricho se guardan las obras de determina­ 22 Marcial 8. sobre los que cae el resplandor de su glo­ ria 29. 1. 3. astrólogos. pero naturalmente después del asesinato del emperador a quien iban dirigidas. Silvae. 14. poetas. Silvae. Epistula. sint Maecenates. Por encima de los innumerables patronos se alza ahora uno ante el cual todos son súbditos. non deerunt. sin embargo. 5. 1 con Séneca. 2. Phaedrus improbus. Annales. ama también a sus sacerdotes». passim. 5. 107 y ss. Estacio. 1. 1. Séneca. 23 Petronio 5. 13. un gusto refinado y lujoso y un ceremonial que rige el ademán expresivo precisamente de los autores menores: «mi mediocridad» se incli­ na profunda y reverentemente ante el «sacrosanto soberano» y ante los altos dignatarios del Estado. Calpurnio 4. El César es el sol. Ad Polybium. la salvación. . concubinas y eunucos. por supuesto. en instituciones de culto litúrgico. Lo que antaño no era sino una hermosa metáfora. 72). la luz. Bailari­ nes. Cf. 1 y ss. cf. Damas de la alta nobleza. 16. — «Quien venera a los dioses. Flacce. 25 Marcial 3. V. 5. 20. y passim. tuvo que purgar duramente sus jocosidades. 1). bufones y. quien desee escribir poesía seriamente no debe someterse a la clientela 23. Hacia él se dirige ahora la postrer esperanza de Juvenal: et spes et ratio studiorum in Caesare tantum (7. y también el rayo. ha de temer que los umbrales de los poderosos se le tornen inhóspitos. hallan aquí un nuevo campo de actuación 27. mea rusticitas. quien. 28 Estacio. 26 Silvae. esclavos advenedizos. Epistula. como Persio 2\ ofen­ da delicadísimamente los oídos con verdades mordaces. Marcial estima estas adulaciones como algo propio de los partos (10. allí está Virgilio» n. como un bizantinismo nada romano. 156 y ss. 4. sacratissimus imperator y otros semejantes. griegos y orientales actúan en este escenario. Los calificativos con los que grieguitos serviles y poetas-clientes romanos ensalzaron a los proceres de la Roma republica­ na son acumulados ahora sobre su persona. le veneran ahora 28. Por otra parte. Ad Polybium. 14. pero hasta aquéllos a los que aniquila. el «desvergonzado» 2S. Incluso Fedro. 4.. 56. Esta frase significa para Estacio rendir home­ naje al emperador si éste consuela al cortesano 2b. 5.

349 dos autores en las bibliotecas 30. Sin la re­ comendación de un cortesano. la de Domi­ ciano en Estacio y Marcial no deben ser considerados —o al menos no sólo— como testimonios de sumisión personal. 6. poseedor de una autoridad moral. 1. creemos percibir la imagen de aquellos soberanos que dos siglos más tarde aparecerán ante los tem­ blorosos súbditos de frente.: Febo Apolo es Nerón. 32 Calpurnio 4. 158 y s. colosales. 4. su palacio una «casa sagrada». El Principado anticipa ya la monarquía absoluta: administración cen­ tralizada. 2. Silvae. Suetonio. 1951. rebosante de desprecio. mis canciones al dios. con una posición clave de los funcionarios imperiales. de un Tácito y las obras literarias de la resistencia intelectual contra el Principado —como por ejemplo la tragedia de la época imperial y el poema épico de Lucano sobre Catón— no pueden engañarnos sobre el hecho de que el culto al César correspondía exactamente a las necesidades y aspiraciones religiosas de la plebs expolia­ da y carente de derechos. Estas tendencias absolutistas hallan su réplica en la evolución del culto al emperador con sus puntos culminantes bajo Calígula. 1. no obstante. 34 y s. 79 y ss.Dio Chrys. 2. 6. porque divino derecho te permite penetrar en el santuario del Febo palatino» 32. 83. Estacio. control cesáreo de la Justicia. Mu­ nich. en rígida actitud de dominación inapelable. Apocalipsis. «Monotheismus ais politisches Problem». 16. Liber spectaculorum. 47 y ss. Melibeo es el patrón. 33 Marcial 8. 5. Domiciano 13. 94 y Marcial 4. Juan. 5. 31 Calpurnio 7. Tiberio 70. Tras del lenguaje florido y ampuloso de los poetas cortesa­ nos y el tono servil de las protestas de lealtad. 14. el Ejército y las finanzas. 30 Marcial 9. 10 y ss. los antiguos dioses pertenecen a su servidumbre 34. Cf. de una nueva conciencia religiosa. 11. Lucas. 4. passim. Los elogios de Calpurnio a Nerón. 1. 8. quizásSéneca. Silvae. el libro halla muy raras veces el camino hasta los oídos del amo del universo: «Lleva. 4. 6. en el mejor de los casos.. 5. cf. en Theologische Traktate. 45-147. Suetonio. Estacio. la alabanza de éste en la Apocolocyntosis de Séneca y en el joven Lucano. desarrollado con especial fuerza entre los autores menores por las razones que acabamos de exponer. 6. Melibeo. cubre y sofoca la vieja religión estatal y actualiza el mito: poco a poco se va preparando la síntesis entre monoteís­ mo y monarquía 35. Ya en el siglo i es el emperador «señor y dios» 33.. Peterson. Nerón y Domiciano. págs. 8. 1. 2. 45. 79. 5. 2. 4. 34 Marcial. 35 E. La propaganda en contra llevada a cabo por los cris­ tianos. el César es un dios muy cercano (deus praesens). el Senado. sino como expresión de una nueva situación política. El culto al em­ perador. la crítica. 19. A diferencia de los antiguos dioses esta­ tales. 17. Géneros menores de la poesía romana . encierra y expresa un potencial emo­ cional considerable y «sincero». y con frecuencia un simple foco de conjuraciones. quien se atavía con sucias prendas de pastor le verá sólo de lejos 31.

40 41 42 43 Calpurnio 1. Calpurnio 4. emprendida por Nerón. está por muy poco por debajo del mismo Júpiter. Lucano 5.84(Época:54hasta aprox. 13. Algunos pasajes concretos de estas églogas tienen contacto directo con el discurso de subida al trono de Nerón. Annales. en el mejor de los casos un fugaz autoengaño 43. 2. el labriego encuentra tesoros en sus cam­ pos y puede conservarlos para s í38. Ecloga. el retorno de la justicia a la tierra. 82 y ss. Nerón es Dios. 107 y s.29. se decide Tácito a ironizar sobre las expresiones de poetas y oradores: éstos habían dicho que los frutos en los campos y el oro en las minas no crecían como de ordinario. 385 y s. . mentiras propagandísticas. 60 y ss. 7.. cf. Calpurnio 1. 126 y s.. 7.. todo el orbe. La tumba de Nerón se vio largo tiempo adornada con flores.. 455 y ss. La alabanza del César por los pastores aparece como una epifanía del mismo dios: los corderos se tornan robustos. 33 y ss. Apocolocyntosis. sino que toda la tierra prospera en inaudita fertilidad y los dioses ofrecen abiertamente tesoros «y todo cuanto dieron en fantasear con sumo arte y no menor adulación. 57. y les anunció un joven que gobernaría a los pue­ blos en paz. más rala la cizaña. Ñero. cf.el59).. 1 renueva a Virgilio. las ubres se hinchan. Juvenal 2.ademásSuetonio.Claudius. Una nueva estrella hizo su apari­ ción. 102 y ss. 93. seguros de que Nerón lo creería fácil­ mente» 40. las simientes son más jugosas. enviado por el cielo. 4. Suetonio. La práctica diaria del Principado vendrá muy pronto a desmen­ tir y refutar hasta las frases hermosas. la religión tal y co­ mo la ensalzan la bucólica neroniana. pergeñado verosímilmente por Séneca: invectivas contra el predecesor. 4. y menos aún la 36 37 38 39 neca. y muchos esperaban su resurrec­ ción 41. Calpurnio 4. reforma de la Justicia: un progama. que incluso un escéptico profesional como Tácito no desenmascara desde el primer mo­ mento 39. 16. cf. Annales. Calpurnio. 4-14. según su apariencia. seguridad y mayor influen­ cia para el Senado. justicia y clemencia: «¡Alegraos!»36. Carmen Einsidlense. la tierra se abre y florece. Estacio y Marcial. «Tesoros patentes»: la búsqueda.350 Literatura universal Al subir Nerón al trono se esperó el advenimiento de una nueva era. todas las naciones le ado­ ran 37. Primeramente.. Las esperanzas de los labradores y de los pastores. evocaciones de viejas utopías. El distinguido senador es implacable. los cánticos de los poetas. 137 y s. añade el historiador. 2. 1y s. de orá­ culos redentores. 1.. Hubo señales en el cielo y en la tierra.. 13. la lana crece más rápida­ mente. la canción de la Sibila de Cumas se convierte ahora en realidad 42. Ecloga. 117 y ss.. Tácito. 7. Claudio. de los legendarios tesoros de Dido. Sé­ Tácito. con ocasión de las festividades de los primeros diez años de gobierno de Nerón.. Marte y Apolo a un tiempo. Fauno reveló a los pastores el renacer de la Edad de Oro.. acaba en un fracaso.

Un sentimentalismo ante la naturaleza presupone la dominación de és­ ta. estas cosas no se ven jamás en el campo. 37 (el 59 d. Y sin embargo. Cf. la Edad de Oro ha comenzado 48. halla al fin un sitio en las filas más altas. La aver­ sión del conservador procer contra esta teología política y contra las nove­ dades religiosas. en Lucano. v. Ecloga. más adelante. 13. 2. pág. 2. — Esta transfiguración de la vida pastoril es. Tácito. cf. Alusión a la corrompida nobleza romana. 12. pági­ nas 366 y s. Como hechizado. 4 y s. 4. Virgilio. aunque éstos no sean siempre va­ lores espirituales 45. cf. ri­ nocerontes. en Der altsprachliche Unterricht. 48 ¿Influencia de Séneca? Cf. por ej. C. contemplamos el anfiteatro neroniano: por doquiera perlas. Ñero. de la «gran ramera» 49. 331 y s. Y el desfile de los animales exóticos: liebres albinas. hubo un monte. 60-65. Silvae. 62-75.Géneros menores de la poesía romana 351 política que se ve alabada y transfigurada en ella. cebús. Anuales. La g r a n u r b e . Cancik. 3. 11. pero en todo caso reprime y hace olvidar la miseria de la religión cesárea y la mise­ ria de sus poetas: O pater urbis. lo mismo que la predilección del aristócrata por los valores republicanos. Y quedamos en la glorificación de Roma. 1 (1968). domeñada y configurada según el capricho y la voluntad del hombre: Aquí. marfil. visita Coridón la metrópoli47. no son para él. bisontes. más arriba. y maleza eran / los aposentos que ahora pisas. mármoles. no se sacrifican seres humanos.). sobre Juvenal y la nobleza. 126 y s. Con ocasión de los juegos en el nuevo anfiteatro mandado edificar por Nerón. 54-56. 5. págs. sobre los dramas de Séneca. en verdad. Juan 17. alces. 1. Suetonio. 47 Calpurnio 7. en su lugar aparece Nerón: Marte y Apolo a un tiempo. ¡Qué grato contraste entre el candor pastoril y el lujo de la gran urbe! Sólo se exhiben diversos animales. 49 Apocalipsis de S. esto no es toda la verdad. entre el pueblo y las mujeres andrajosas. el poema no concluye con una alabanza de la vida pastoril. 46 Juvenal 2. / unde nefas tantum Latiis pastoribus? (Oh padre de Roma. donde ves esta planicie. 44 Cf. / ¿de dónde viene tanta desdicha sobre los pastores del Lacio?)46. 45 Así por ej. 50 Estacio. Desde la perspectiva del tosco pastor. . también en la época neroniana. contempla la grandiosa fábrica con la bo­ ca abierta. a quien por ello ha de adjuntar el poeta un guía conocedor del lugar. H. oro. vencida. lo que sigue es una paráfrasis según el mismo poema. Juvenal 15. un producto de la gran ciudad. «Eine epikureische Villa». donde ahora ves altas arboledas / no había ni siquiera tierra. que arrastraba hasta Roma a la sazón el fanatismo orien­ tal 4\ es aprobada hoy día con gusto. La naturaleza salvaje es combatida. Domeñado la ha su propietario 50. 18. En contra de las normas de la tópica bucólica.

emigra con todos sus bártulos a la solitaria Cumas. Juvenal es ya rotundo: Roma es una catástrofe. 52 3. y su venganza. 51 Silvae. como signo triunfal de una técnica imperial resplandece la villa marítima sobre el monte. 4. El peligroso tráfico urbano. en el triunfo del vencedor resuena la tristeza del ven­ cido. La conciencia que esta época poseía sobre su propia capacidad técnica se refleja también en sus poemas al palacio de Domiciano o a la construcción de la via Domitiana y la «sumisión a servidumbre» de un río mediante canalización o edifica­ ción de un puente.. la villa suburbana es ya un símbolo y un síntoma de esta actitud. Un alto en el bosquecillo de la Porta Capena. la nostalgia y la regresión romántica se alzan al lado mismo de la alabanza de los logros de la época. los peligros de hundimiento. 1. .. 2. 4. El Umbricio de Juvenal. el muelle marítimo de Ostia. si con verdes orillas / abrazase la hierba a las ondas. el saneamiento de las ciénagas pontinas. Sin que se comprendan bien las causas. y no profanase el mármol la piedra natural. los incendios. natu­ ralmente. 10 y ss. bárbaros y orientales ocupan su lugar: ha tiem po que se vierte en el Tíber el sirio Orontes / trayendo consigo su len­ gua y sus costum bres 52. Umbricio se va. En una época que emprendió proyectos tan colosales como la apertura del istmo. Con la acentuación de los componen­ tes militantes en esta arquitectura señorial. se piensa en primer lugar en los extranjeros— le han hecho huir de la ciudad.. 3. los palacios y depen­ dencias en el Palatino. 60 y ss. en el que antaño se daban cita Numa y Egeria: ahora está arrendado a unos judíos. o bien en los versos con los que ensalza la rapidez en la erección de una estatua colosal o admira la iluminación nocturna del Coliseo 51. el desagüe del lago Fucino. Estacio apunta hacia uno de los motivos esenciales de la civilización romana. crece también la nostalgia de la villa sencilla. La urbe no es ya el ámbito vital del ciudadano libre y cabal. el ruido. y «vigila» todo el paisaje sojuzgado. 1. Juvenal escenifica brillantemente el éxodo del postrer roma­ no de la vieja hornada. de la que sólo puede salvar la huida. Paradójicamente. 6. griegos. el espíritu guardián de la antigua Roma. Estacio y Marcial se ejercitan en el ademán del crítico cultural. el hedor y la superpoblación —con lo que. las antiguas grutas están embellecidas urbanamente: mas cuánto más cercano / estaría lo divino de las aguas.352 Literatura universal La roca debe soportar el yugo de una «noble servidumbre». 1.. de la mínima choza en lugar del palacio erguido sobre las colinas eternas. hasta poetas tan modernos y tan amigos de la civilización como Séneca.

como lo evi­ dencia el proceso contra Flavio Clemente. Persio 5. Cancik. diez sinagogas nos son conocidas con sus nombres y situación. cf. Los extranjeros dominan la ciudad. Annales.Géneros menores de la poesía romana 353 Plan de los palacios imperiales en el Palatino romano. 3. 56) y sobre la muerte de los padres de Rabirio (10. 181-197. El arquitecto Rabirio nos es conocido a través de los epigramas de Marcial sobre el palacio Palatino (7. 53 Juvenal 3. más aún. Tan sólo el número de los judíos se ele­ va a varias decenas de millares. Conoce no sólo la sinagoga. 44. la circuncisión y la prohibición de comer carne de cerdo. 4 y otros. Marcial 4. C. los ritos del «sabbat». Sabe incluso la importancia que para la vida y la doctrina en la comunidad posee la ley «que Moisés transmitió a los judíos en un rollo secreto» 55. mucho más de la mitad de sus habitantes no es de sangre puramente itálica 53.. que cubrieron toda la superficie de la colina. fueron edificadas aquí viviendas y residencias suntuosas. Düsseldorf. H. en Festschrift K. 55 H. Tras el incendio del año 80 d. Roma se convierte en el epítome del Ecúmene. cf. En el siglo n. 62 y ss. Juvenal se muestra interesado y muy bien inform ado54. Tácito.. 15. Schelkle. 1973. d. hasta el mismo palacio imperial. el judaismo penetra hasta las mismas cimas de la sociedad romana. 96-106. . 179 y ss.71). págs. sino tam­ bién la diferencia entre los «temerosos de Dios» y los «auténticos» judíos. «Rómischer Religionsunterricht in apostolischer Zeit». 54 Lo que sigue según 14.

un engen­ dro de metrópoli y cuartel es el anfiteatro 56. págs. Los juegos funerarios en la Thebais de Estacio y los sacrificios humanos en las tragedias de Séneca respiran el espíritu de los 56 H. C. Palazzo Torlonia. reconoce lo inconcebible del Dios judío: «nadie. sino las nubes y el numen del cielo le adora»: una conocida perífrasis del monoteísmo y el culto divino sin imágenes que recuerda a la manera judía de expresarse. Avezzano (Italia central). Se trata de una poco corriente perspectiva sobre el abigarrado laberinto de casas de una ciudad romana. pero sin dema­ siado espacio para jardines y plazas. distribuida ordenadamente según barrios. Cancik. Las villas en el atrio. 3 (1971). tan sólo las «nubes» corren aquí por cuenta del satírico. — Un producto específico de Roma.354 Literatura universal El romano. 14. 66-81. A n f i t e a t r o y s e x u a l i d a d . Hondas huellas en la litera­ tura elevada y baja de esta época dan testimonio de los fatales efectos de una institución que celebraba con perfección técnica los ritos sangrien­ tos de la brutalidad. «Amphitheater». que conocemos por las excavaciones de Pompeya. sí. estaban reservadas a los ciudadanos acaudalados. Bajorrelieve con vistas de una ciudad. cuyos dioses habían adoptado desde largo tiempo figura huma­ na. Probablemente siglo n d. . d. en Der altsprachliche Unterricht. sobre todo en las ciudades de la provincia campesina.

cuelga ahora. Se halla regocijo en la liquidación física de un denunciante (4). un oso desgarra las carnes del inde­ fenso. encerrada en una vaca de madera. Debemos a esta institución el producto probablemente más estremecedor de cuantos haya podido rendir la literatura antigua: se trata de una especie de lírica de campo de concentración. 5. un hombre de la cruz disfra­ zado de maligno salteador Laureolo. se ha dado cita en él (3). Sobre Séneca nota 48 y más abajo. el número de circo. un esclavo quizás. haya podido cometer. los trozos goteaban. 266. aparece un Orfeo.Géneros menores de la poesía romana 355 Bajorrelieve con escenas de gladiadores. conjetura el poeta. pág. La fábrica del edificio es una maravilla del mundo (1. del que es autor Marcial. Mediados del siglo i d. gladiadores. ha sido muy bueno (7). Lo que el hombre. 2). el poeta observa con donaire: Vivían los miembros desgarrados. labrados en fina piedra caliza. nos ofrece una honda impresión de las festividades celebradas con ocasión de la solemne inauguración del anfiteatro Flavio. morboso y sangriento 57. Sepulcro de Cayo Lusio Storax. Y a éste le siguen otros: un Dédalo es asimismo dilacerado: ¡cuán gusto­ samente hubiera tenido ahora alas! (8). Lusio Storax en su monumento funerario que proporcionó con singular esplendidez a los ciudadanos de Teate (Chieti) y en su calidad de servir (como el Trimalción de Petronio) la diversión más al uso en su época. y es el Libro de los juegos. no lo sabe Marcial. en todo caso. demuestra a lo vivo la verdad del mito de Pasifae (5). arriba 267. podría. d. Silvae. C. Estacio. y realmente el Coliseo constituye aún hoy día un importante testimonio de la ingeniería y la arquitectura roma­ nas. 2. desde los Balcanes hasta Etiopía. haber asesinado a su amo o haber des­ valijado un templo. Los versos de Estacio a los leones muertos en el anfiteatro se complacen en un sentimentalismo perverso. en la cópula sodomítica de un toro con una mujer. proclama C. Co­ mo antaño Prometeo en su roca. Si bien se ha conservado de forma incompleta. / en todo el cuerpo no había cuerpo en parte alguna. la maquinaria 57 Sobre Calpurnio v. En bajorrelieves de sorprendente calidad. . que. Chieti (Italia central). Todo el Imperio.

El juego paradójico con el hombre y la fiera provocó lo curio­ so: con estas piezas. 1. comenzó la carrera poética de Marcial. La crítica de los vicios en la sátira y el epigrama. baste con citar las groserías de los carmina Priapea. Appendix 15. que la tortura no era cosa insólita. ha de ser modificada tam­ bién en otros puntos. Pese a todo ello oímos en muy contadas ocasiones testimonios de crueldades y horrores de carácter específicamen­ te sado-masoquista. que desocupados filólogos osaron incluso traducir al griego. por G. pero. y una y cien veces la pederastía.. que admiraba el anfiteatro y entendió el juego con la muerte como escuela de valentía. de los satíricos. la crítica. El marqués de Sade. 15. lamentablemente. las habladurías de los historia­ dores en torno a los vicios públicos y secretos de la casa imperial y la sutil psicología en los dramas de Séneca. 1969. de la joven cristiandad 60. Y sabemos también que la justicia de la época era durísima en sus casti­ gos. Por otra parte. A. el lujo de la corte. la sobreabundancia de objetos de placer. la picante mojigatería de Es­ tacio. las obscenidades epigramáticas. La imagen que de la decadencia imperante en la era cesárea pintan las historias costumbristas. Cf. 59 60 D.356 Literatura universal escénica hace surgir un paisaje de rocas. Marqués de Sade. una enorme abundancia de material para la historia de las costumbres. empozada en el vicio. tan rebosante de seguri­ dad en sí misma. San Pablo. F. cuan­ 58 Lind. Rom. que proporcionaban a una sociedad basada en el trabajo de los esclavos la posibilidad de un goce abundante y una gran libertad sexual. desde luego. Francfort/M. conoce los vicios y las faltas. tan ricas en fantasía. no deja de ser sorprendente que escenas específicamente sádicas y masoquistas estén ausentes no sólo en el Libro de los juegos de Marcial. 198. en el terreno de lo erótico.. 4. la brutalidad contra los prisioneros de guerra cosa común y corriente (por no hablar de la epidemia del anfiteatro. por los testimonios de una heroica fidelidad conyugal en Tácito. R.. incluso por la fina sensibilidad erótica de un Marcial —. pero no el pecado —con excepción del incesto y actos similares—. que la pax romana exportaba a todos los rincones del Imperio). .. La literatura de la época ofrece. ni siquiera tratándose de mujeres. las anécdotas de los historiadores y la polémica. Como continuación de la crítica judía anterior. creyó saber que las mujeres eran singularmente crueles 58. 26. la ramplona misoginia en Fedro 59. ed. el libertinaje de la gran ciudad. sino también en sus numerosos epigra­ mas eróticos.«cómo aroma una manzana. Orfeo es destrozado por un oso (21). Schriften aus der Revolutionszeit (1788-1795). vense corregidos por la expo­ sición de una vida familiar cordial y dichosa en Estacio y Plinio. Conocemos asimismo los presupuestos previos de este erotismo: además de una moral que. árboles y animales de las bóvedas subterráneas del Coliseo. pág.

amenazados de castigo (servitus obnoxia). Sin embargo. según nos declara Fedro (3. Prólogo. y tan contradictoria como toda civilización altamente desarrollada. 1)— y por innumerables ins­ cripciones funerarias. — El género literario de la fábula fue inventado.» (3. como los textos que sirven de objeto a este breve estudio mediante la expresión de «géneros menores». y por ello envolvió sus «sentimientos especiales» en la forma de fábulas y evitó con fingidas bromas una reacción violenta. Los autores T e x t o s e n e l h a b l a d e l o s e s c l a v o s : F e d r o . d. Estas dos figuras sobrecogedoras. Representaciones de esclavos son raras en las artes plásticas de la Antigüedad. no osaban decir cla­ ramente lo que querían. . La cultura del Principado es muy compleja. y queda tan mal definida por medio de tópicos generalizadores tales como «decadencia». La literatura de la época refleja también estas contradicciones: reprime y deforma. Procedentes de la Casa dell’efebo en Pompeya. «época epigonal».Géneros menores de la poesía romana 357 do la muerde una tierna muchachita. C. con sus finos basamentos y sus bandejas de plata pertenecen también a un servicio de mesa y pueden muy bien aconsejarnos: carpe diem. 33-37).. Progreso y regresión se entremezclan en todos los terrenos de la política y el arte. bronce y plata. 65. Dos de cuatro estatuillas de vendedores callejeros. Nápoles Museo Nazionale.. intentan quizás exponer la vida miserable de los vendedores ambulantes de pasteles y confituras (placentuarii). porque los esclavos. exagera y sublima. la economía y la religión. «clasicismo» o «retorización». que precisa­ mente por su cruda desnudez apenas si pueden ser interpretadas como caricaturas. Siglo i d.

se transforma tras su muerte en una avispa y pica a quien se le antoja. según la tradición antigua. símbolo de la criatura asendereada y m altrata­ da. J. El asno. Cf. 1. de las alusiones a hechos o personas coetáneas. alusiones a príncipes germánicos. el otro. se convertirá en una inofensiva mariposa. nos dice. Appendix 2. por ejemplo. . 1 y passim. 10-12. no la cosa (el sistema)» 63. 28. se ocupó asiduamente con sus chan­ zas poéticas. 9 y ss. pero el hecho de que el enmascaramiento era de todo pun­ to necesario nos lo m uestran la biografía del autor y la historia de su texto. Die Gleichnisse Jesu. non res mutant pauperes. Los atenienses erigieron a Esopo una estatua. Puede discutirse acerca de la justeza de la teoría de la parábola expues­ ta por Fedro 61. necesaria por supuesto. 1 y s. 12. 62 3.. en nuestra opinión. 3. Se descubrieron en ellos acrós­ ticos. 2. Más fácil de adivinar es el enmascaramiento. La tendencia crítico-social de las fábulas griegas antiguas es sobradamente conocida. 30. 9. como se ha pensa­ do en alguna ocasión: el esclavo Esopo es el prototipo del esclavo Fedro. Cf. en la parábola de la maripo­ sa y la avispa 64. 15. Fedro se vio envuelto en un proceso. págs. Este pensamiento. Esopo. la censura. En la búsqueda.358 Literatura universal En correspondencia aparece Esopo. 2 (La parábola de la musaraña y el ra­ tón enlaza expresamente con el prólogo autobiográfico). V. pero en este punto no se ha equivocado Fedro. el antiguo «inventor» del género. la posteridad calla su nombre. ha intentado descifrar sus textos. que no encubre ni deniega su antigua condición de esclavo después de ha­ ber sido liberado de ella. 2). 63 1. Jeremías. La Edad Moderna en sus comienzos. había sido manumitido en Atenas desde mucho tiem­ po antes. estimulada por numerosas indica­ ciones del mismo autor 62. 64 Appendix 31. pero sigue siendo controvertido si acaso el madero (tigellum) que Júpiter da a las ranas por monarca (1. 4. y si la serpiente acuática que reciben las descontentas ranas en lugar del leño encubre en realidad a Calígula o a Seyano. elogios a Séneca. Góttingen. según parece. en los versos de Fedro como un esclavo y no como un sabio o como un ciuda­ dano ático. 1. La avispa rechaza su la­ mentación con gesto triunfal: «¡Lo que importa no es lo que fuimos. con resulta­ dos contradictorios y sin éxito convincente. 81970. 1. no debería pasarse por alto la interpretación a la que evidentemente apun­ ta Fedro. 29 y ss. sino 61 Muy interesante desde el punto de vista de la investigación y la metodología es la com­ paración con Marcos 4. ataques contra altos funcionarios. y Fedro subraya: «y colocaron a un esclavo sobre un pedestal eterno» (2. 2. el gremio de poetas no quiso admitir­ le en su seno. un hombre cultivado y experto en todas las artes de la guerra y la paz. 13 (La avispa como juez) 4. no acarrea venta­ ja alguna a los vasallos: «Los pobres cambian sólo el amo.: In principatu commutando civium/nil praeter dominum. un cambio en la persona del soberano. 2) alude al emperador Tigelino. es mucho más impor­ tante que cualquier posible alusión a la política de la época.

A. 19). el relato sobre las acciones mediante signos de Esopo. como intercalaciones por ej. utilizada por éstos y otros poetas —como por ejemplo Hesíodo y Esquilo— como tema subordinado. se convierten en meros elementos accidentales. cuentos y narraciones. 246 (La fábula en los cínicos). Y dentro de éste se incorporan también las tradiciones en prosa de la fábula. muy elegantes debates. Esta masa de elementos literarios. catálogos de vicios. Fedro como avispa. etiologías. con alusiones autobiográficas e invectivas contra enemigos litera­ rios y políticos. . Cf. tan heterogénea según su m ateria temática. con el punzante aguijón de sus yam­ bos: esta comparación nos hace remontar al seno histórico-literario de sus versos. 335.Géneros menores de la poesía romana 359 lo que somos!». el pathos didáctico. que en las ediciones se ve 65 Cf. refranes escenificados. como son la autoexposición y la polémica. cobra autonomía en el libro de fábulas de Fedro 67. el vehe­ mente compromiso crítico frente a la época con un ligero tinte filosófico apuntan hacia los presupuestos histórico-literarios de la recreación del li­ bro de fábulas llevada a cabo por Fedro. en simple marco. «alegorías mitológicas y farsas con figuras de dioses. las anécdotas y otras formas de la literatura de «edificación» y de esparcimiento. Tras la designación de fábula se oculta en Fedro todo un arsenal —al­ tamente atrayente desde el punto de vista de la historia de las formas literarias— extraído de la literatura de entretenimiento e indoctrinación. más arriba. pero que no alcanzaron autonomía como géneros literarios independientes. 15. 14. El metro. cit. a me­ nudo. y al medio ambiente de los filósofos cínicos. el senario del drama republicano 6S. que en la Antigüedad sólo existían como materia temática y forma narrativa. nos remite también a la poe­ sía griega en yámbicos. pág. está enmarcada y entretejida con pasajes de carácter personal y teóricopoético. 16. 15. su origen y su nivel. págs. la antigua yambografía griega. por otra parte. Junto a la fábula con animales hallamos anécdotas y leyendas. op. en una novela. 23 y s. que hasta enton­ ces sólo era una mera intercalación. 66 Véase G. La fábula de animales. La constante tendencia didáctica prolonga formas filosófico-populares de la poesía helenística. Muy instructiva es también la historia de la literatura de sentencias y de ejemplos. El tono agresivo y apologético. su forma. La fábula. desde Arquíloco e Hiponax hasta Calimaco o Fénix de Colofón 66. una especie de «khría mímica» (3. 3. Elementos esenciales del libro de yambos. Appendix.. resulta por una parte adecuado a los frecuentes y. fue elevada por Fedro a la catego­ ría de género literario autónomo. 67 Muy instructivo es el cotejo con el cuento y la novela corta. permite la admisión de la gnó­ mica.. Gerhard. 15) es una -diatriba cínico-estoica. parábolas y apotegmas. el sermón del cordero sobre la paternidad verdadera (3. De la suma de todos estos elementos divergentes surgió una configuración original y relativamente unitaria. Fedro.

entre el ser humano y el animal» 68. divites. por ejemplo en Aviano o en el cuerpo de fábulas de la Antigüe­ dad tardía (Romulus). el presupuesto dramatúrgico de la brevitas. cree hallarse a cubierto de sus atormentadores. tan ensalzado por Fe­ dro como censurado por los nuevos. 21961). o mejor dicho: se ve desenmascarado como animal. la sabiduría: así obra el poderoso. 486 y ss. Espiar la vida de los animales. Epílogo. liebres y ranas en las zarpas de los osos. 1) son tan frecuentes en él 68 Así E. ni un prado florido o un bosque sonoroso. 1). ratones. en lugar de una moraleja. las águilas. 30. «nadie está suficiente­ mente protegido contra los poderosos» (2. describir en sosegada largura un locus amoenus son cosas que Fedro. al mismo ambos. no se rindió ni a la seducción del idilio ni a lo «popular». Su símbolo es el asno: muerto por la fatiga y los palos. un diálogo conciso y cortante. u objetivo quizás. págs. los corderos. el conjunto no es sino un mero hecho. los lobos. las serpien­ tes y otros nobles animales heráldicos. sin discursos. Bickel en su todavía muy difundida historia de la lit. pauperes).Literatura universal desbaratada lamentablemente. el lobo está corriente arriba. el rival de Fedro. En innumerables variantes se presenta una y otra vez el tema: fuga. en piezas individuales aparentemente aisladas entre sí. La temática: caza y botín. pero los sacer­ dotes tienen una ocurrencia mejor: estiran su piel sobre un tambor y si­ guen golpeándole (4. En sus versos no aparece ningún arroyuelo murmurador. o bien mediante la contemplación y análisis de su eco. los soberbios (potentes. latina (Heidelberg. los pobres (humiles. No es maravilla que se considerase a Fedro como «proletario». Los humillados. 1937. Sentencias tales como «los inferiores notan en segui­ da cuándo los poderosos están en discordia» (1. sin pintura algu­ na. por así decirlo. Entre los temas y formas citadas predomina la fábula de animales. engaño. de este disfraz es que las leyes naturales de caza y depredación. alimento. un sinnúmero de informaciones previas. lo mismo que la máscara cómica o trágica. El peso de los temas cargados de crítica social puede ser evaluado mediante la comparación con la tradición esópica o con Babrio. poder. superbi). El enmascaramiento es. por los títulos intercalados y la numeración. el cordero más abajo: descripción sucinta de la situación. 360 . según las normas del severo dere­ cho de la personalidad civil. El lobo y el cordero se acercan a un río. los oprimidos. porque tienen sed. huida y devoramiento son reflejadas en el mundo humano. 6. cosa que lamentan algunos críticos. 1). La más­ cara del animal suministra. 34). «protestar pública­ mente es un pecado para el plebeyo» (3. un simple acontecimiento (1. Fedro. en una lucha permanente con los poderosos. éste se ve proyectado y de­ formado en lo animal. así sucumbe el débil. El motivo de ello es no sólo la necesidad del encubrimiento. 1). oppressi. con seguridad. los ricos. no se propuso. y menos aún el que «el esclavo se encuentre a medias. Consecuencia.

un patetismo terco.a Epístola de S. 2. sino la imprecación a voz en cuello. desen­ mascaramiento y pública condena de los vicios más horrendos. 9. báculo y atavíos de mendigo recorren las calles. no has de te­ ner compasión de las víboras (4. «ladran» sus verdades ante la muchedumbre. sino con el convencimiento de que la fuga carece de objeto 69. ejemplos desorbitados. porque perderás tu libertad (4. con su sermón sobre las saturnales. Todo La sátira bajo el Géneros menores de la poesía romana P r in cipad o : P ersio y Juvenal. Efesios. ni de un autorretrato irónico y grato. que se vista una piel de zorro (Apéndice 25). Iambi. Pedro 2. No hallamos aquí ni sombra de un círculo de amigos iniciados. la 1. soportando las befas de los mocosos insolentes. Los yambos de Fedro tienen afilados colmillos 70. Prólogo 14 y s. 4. En mitad de la plaza del merca­ do. 1 y s . son impertinentes y charla­ tanes. ¿Cuán­ do el humilde (humilis) zorro ahumará al águila y a su prole. 6. 5). quien no es un león. como es natural. siempre afanado en escribir. 18 y s. Estos tipos. sino dejarlos que se ahoguen (1. ni tampoco una prédica moral generosa y plena de ingenio. ¡Qué esfuerzo inaudito. el esclavo debe someterse también al señor cruel (Apén­ dice 20). tan alejados de la realidad del mundo como malhumorados: el predicador moral y poetastro Crispín. Babrio 1. Los padecimientos de Ticio son alegorizados por él. 18. el sino de los débiles y los mortales es la adaptación y la conformidad. 3. Apéndice 15). Pablo. tesis sin vuelta de hoja. si el poderoso quiere ser engañado. .. 7). — En las sátiras y epísto­ las de Horacio nos deleitan una serie de filósofos de la escuela cínico-estoica. asocíales en todo. 6 y ss. 7). no un diálo­ go sosegado. 3. invectivas generalizadas. y siempre a deshora. 1. 71 Saturae. de los que Hora­ cio se distancia irónicamente. Se nos narra con frecuencia la derrota de los débiles.. Con barbas enmarañadas. con sus calvas y sus negras dentaduras. de ideas radicales y carentes de humor.. no colabores. S. con temas estereotipados. no debes ayudar a los lobos. 20).361 como raros en otros autores. 1. 1. 3. el fracaso de la intentona de fuga. cuánta astucia y cautela cues­ ta el sobrevivir! Miente. rodeados de la multitud. 70 De otro modo Calimaco. Los intentos de solidaridad y resistencia son vacilantes (1. con humo del altar? (1. Epistulae. Stertinio o el escla­ vo Davus. en contra de la tradición. cf. Prólogo 19. 69 Cf. le desgarrarán y se repartirán sus despojos? (Apéndice.. Pero ¿quién sabe cuándo los gatos que se ven obligados a llevar al altivo gallo en su litera —¿o es acaso un ataúd?— se lanzarán sobre su «amo». mas no con humildad. y a eso lo llaman libertad y auténtica virtud 71. 28). 134 y ss. no en aceptación de unos padecimientos gratos a la divinidad (cf. ni de una char­ la rica en matices. como castigo por su condición de terrate­ niente (Apéndice. sino por el contrario psicagogía para la masa ignara. Son socialmente inadmisi­ bles. tópicos adocenados. 18).. 8). 5 y s.

Petronio 4 y s. op. si bien en un profeta que no hace milagros ni puede invocar en su favor la autori­ dad divina. probablemente calló también bajo Trajano y sólo en su ancianidad se atrevió a publicar sus sátiras. op.). hacia la verdadera felicidad. 74 V. 114 y s. «Juvenals Masstábe der Gesellschaftskritik». no deberíamos ignorar la crítica que los clásicos tardíos dirigen contra Horacio. medio in foro. págs. Persio. 90. Persio y Juve­ nal se atienen al preclásico Lucilio.. cit. págs. arriba. Juvenal hubo de callar bajo Domiciano. E.. hacia el hallazgo de sí mismo por el hom­ bre. 137-160. en Die rómische Satire. 116). 1 y ss. op. Las actas de los mártires estoicos del primer siglo de nues­ tra Era. Puelma Piwonka. «Die Satire ais Popularphilosophie». en una palabra: vulgar y ordinario. Leipzig. Helm. Con gravedad de nuevo ademán proclaman el camino hacia la verdadera piedad. aun en Juvenal y precisamente en él con singular vigor 7S. Del mismo. págs. ni urbano ni humano. (Lu­ cilio y Menipo). ha­ blar de libertad y cultivar viejas tradiciones republicanas es un indicio de alta traición. 1953). cit. Aulo Persio Flaco (34-62 d. op. Marburgo. y reconoce en los satíricos de la época imperial —sólo en parte con razón— justamente los tipos que fueron blanco de las burlas de Horacio. 40 y ss. Quintiliano. M. redactadas por Tácito. El Principado pone acentos nuevos: ser estoico. 65. 96 y ss. una deeisión apenas justificable desde el punto de vista histórico-Literario72. 496 y ss. 345. págs. Der Stil der jüdisch-hellenistischen Homilie (Tesis doctoral. 160 y s. para librarse de él. Mendell. El lector culto aprueba de corazón la sutil ironía del gran mordaz. Esto era la sátira en la época del Imperio. 1906. Schmidt. Thyen. . G. Por otra parte. 10. unilateral. W. y evidencia asimismo una gran cercanía con respecto al ser­ món moral judeo-cristiano 74. 38 y s. y ello. Vástago de una rica familia etrusca. 1. 20.. y osa no reírse con sus bromas e ingeniosidades (1. cit.362 Literatura universal ello exagerado. chillón. 133). es sustentado y modificado por la omnipresente mos maiorum romana. pe­ ro ahora el satírico se convierte en médico de almas y en profeta. cit. R. 75 U. cosmopo­ lita. op.. (el mismo romano de Varrón). págs. en Die rómische Satire. pág. 165 s. seguidamente cayó sobre él la conspira­ ción del silencio y fue castigado —¿por la leyenda quizás?— con el destie­ rro. 10. hacia la libertad auténti­ ca. ciertamente. ante todos y para todos los hombres. por principio. 1955. recibe una educación esmerada y tiene trato con los hombres más destacados de su 72 Cf. Knoche. El credo universalmente humano. 507 y ss. Cf. Persio murió an­ tes de que Nerón interviniese contra él. Vulgar en la manera ridiculizada por Horacio no es. 93. Institutio oratoria. 198 ss. son profusas y gloriosas. 73 Cf.. Ludan und Menipp. sino que se apoya en la razón y en la naturaleza: discite! El origen de este género de sátira es evidente: proviene de la filosofía popular helenística. págs.. Prooemium. propio de los filósofos satíricos. págs. C. Juvenal 1. 133.. 1. 127. C. Marcial U.. cit. La filosofía había sido ya desde siempre una parte de la sátira 73. Persio le llama «taimado» (1. H.

Un crítico tan erudito y tan reservado como Quintiliano le alaba de manera entusiástica 77. de curiosa manera anacrónico y típicamente romano a un tiempo. Además la «historia de la conversión» contenida en 5. agre­ sivo. la gravedad y concisión arcaicas del lenguaje están dirigidas conscientemente contra la blanda charlatane­ ría de los modernos. sino protréptica. por consiguiente. alusiones y ambigüedades muy difíciles de entender para nosotros. la verdadera libertad (5). 73 y ss. 23. 153). 77 Institutio oratoria. 1. al orgulloso Thrasea Peto y a su esposa Arria. 56-59. el Bien supremo. De todo el enorme edificio doctrinal de la Stoa. Pertenece al círculo en torno a Anneo Cornuto. 30 y ss.. y por último lo perentorio de la exhortación: «¡Vive pensando en la muerte! ¡El tiempo huye!» (5. los tópicos éticos conocidos a través de Epicteto. Algunas de las singularidades de éstas hallan aquí. 78 Cf. y otras muchas veces. Estos círculos cultivan la tradición republicana y la filosofía estoica y adoptan una actitud conservadora y antimodernista. 80 Comp.. conoce a las cabe­ zas rectoras de la oposición republicana. 5. Las seis sátiras de Persio no son poesía didáctica. propaganda en pro de la filosofía estoica como forma de vida 78. sólo.. ni son tampoco una dogmática versificada. La segunda sátira. 126. el verdadero culto religioso (2). 17.philosophiamque multis locis inchohasti. la estimación y Curación por la filosofía (3). 79 4.. ad edocendum parum. Marcial y Juvenal le imitan.. Los temas son. Rasgo típico es una fuerte interiorización —«descender hacia sí mismo» 79. la tensión y la vi­ gilancia. despliega —enlazando hábilmente con el motivo personal 76 Cf. Cornuto organizó una edición postuma de las sátiras. 115 y s. y en la Edad Media se con­ virtió incluso en autor de texto escolar. sin duda alguna. todos ellos víctimas de la persecución neroniana. todo es aquí duro —secos monosílabos al final de cada verso. asistemática. 10. «conócete a ti mismo» (4).Géneros menores de la poesía romana 363 tiempo. y aun éstos. todo acentuadamente masculino. Persio puede expresarse asimismo de manera muy concreta y aguda. en correspondencia. 9 sobre las sátirasde Varrón: . Vita Persii. Persio reflejó sin duda con gran exactitud la atmósfera de aquellos cír­ culos estoico-republicanos. 128 y s. su explicación: giros y expresiones veladas antineronianas 76. 4. ad impellendum satis. expuestos de manera muy poco técnica. a Lucano y a Séneca. como lo proclama la considerable admiración que despertó entre sus coetáneos. Cicero. a la manera de Ennio—. muy ge­ nerales: el estilo será como la vida de la persona (Satura. 94. vivirse a sí mismo (6). 66 y ss. el famoso filósofo Valerio Probo le dedicó sus estudios. Séneca o Dión de Prusa. 1. dedicada a su amigo Macrino con ocasión de su cumpleaños. . 4. los «confesonarios» en 3. Ellos consti­ tuyen el primer grupo de destinatarios de las sátiras de Persio. 1). tanto en la escrupulosa búsqueda de faltas y defectos 80. 52 (tecum habita). Académica. 5. Cf. como en la fijación permanente en el objetivo final. Scholia ad 1. 109 y ss.

hagamos refe­ rencia a su amor.). 28 y ss. y como culminación de su censura del falso culto religioso. sin rupturas violentas. según parece. 2 y más veces. espíritus inclinados hacia la tierra. hacia el epicureismo. ella peca siempre. 92. 8. desdichados. sermón. y conoced el fundamento de las cosas. recelo y temor reprimen incluso ahora en la ancianidad la rabia y la 81 2. . publica como hombre ya an­ ciano. El odio es alimentado ahora por el desengaño y la amargura de una vida malogra­ da. pontífices. así como formas tales como «confe­ sonario». es todavía el aguijón de sus primeras sátiras. pero fracasa en ella bajo Domiciano. Epistulae morales. con la carrera de poeta y filósofo prefigurada ya de antemano desde su juventud.. la educación y la autoeducación. una carrera militar. Séneca.. Pese al «pathos» verdaderamente profético y al vehemente celo religioso. no de­ be olvidarse que en el meollo de la doctrina se alzan la racionalidad. 107 y ss. ¿qué hace el oro en el santuario?81. tiene que abrirse camino como cliente y no logra ganar relaciones sociales de valor. se vuelve hacia la filosofía. 10 (caro) y oáp£. Sobre el sorprendente giro de «carne criminal» (scelerata pulpa) cf.. En Per­ sio tenemos una vida breve y acomodada. a quien se confía el enfermo (3. decidme. Crispín. Motivos y conse­ cuencias inmediatas de esta catástrofe nos son desconocidos. Pero su odio contra Domiciano y contra el prefacio de la guardia pretoriana. mas vosotros. Y finalmente. a su gracia picante y a su ironía: este satírico no ha olvidado la risa.. inicia.. sino. el collegium pontificum: Oh vosotros. El filósofo. no el sacerdote. exclamaciones e invocaciones confieren a la anunciación de la filo­ sofía un carácter mucho más perentorio que por ejemplo en Horacio.. a diferencia de Juvenal. 65. vástago de una familia opulenta del Aquino. pero no hacia la de la Stoa. La carne peca aquí también.). 66 y ss.). Juvenal guar­ da silencio sobre ello. ¿de qué aprovecha intro­ ducir en los tem plos nuestras costum bres (humanas) y deducir de nuestra car­ ne réproba lo que es bueno para los dioses?. Décimo Junio Juvenal es en muchos puntos el caso opuesto a Persio: ha empobrecido de manera misteriosa.364 Literatura universal que le sirve de pretexto— la doctrina estoica de la verdadera plegaria. es el verdadero médico de almas.» (3. relato de conversión. pero al menos extrae provecho de sus faltas. Persio ataca a la suprema institu­ ción litúrgico-religiosa de Roma. La expresión de «carne pecadora».. que no menosprecia los ritos del culto oficial. en Epicteto 2. las innumerables pre­ guntas. 22. sin hallar éxito entre sus coetáneos. a lo que parece. 52-70. que ríe porque el llanto le parece demasiado fatigoso (cf. reprimenda. escritas decenios después del derrocamiento de Domiciano. Al final. para poner más en claro aún la diferencia entre Persio y la literatura judeo-cristiana de misión y edificación. lo que so­ mos y para qué vida somos engendrados. Juvenal. la sabiduría y no la salvación redentora: «Aprended. 10.

Lo perverso. a la izquierda y al final del friso. amargura acumuladas en el alma durante largos años (1. muy escasas veces la autopresentación del poeta. muestran ese aspecto de la vida pública que también en el siglo i d. interpreta las monstruosas cir­ cunstancias de la sociedad. 121). lo mismo que un arúspice. En él impera siempre un tono enconado y sañudo. los funcionarios y los trompeteros y otros músicos. casi nunca una chanza. Segundo cuarto del siglo i d. En correspondencia. del funcionariado o de los círculos sociales en los que departían Marcial y Estacio. la sátira de Juvenal se aparta más. una imponente canción» (6. Plinio le pasa por alto. 122 ). cuatro magistri («presidentes») de un vicus («barrio») romano. es espantosamente ridículo. y además son reales. y reparte sus ásperas reprensiones con gesto de censor (2. siguió siendo campo de acción exclusivo de la vieja aristocracia romana. C. transgrede las leyes del género y declama. C. Más raramente aún que en Persio hallamos en Juvenal el coloquio sosegado entre amigos. lo vil. d. con máscara sofoclea. a los lictores. lo que en Persio es ira y entusiasmo sinceros. asco. 160 y ss. d. seguidos de las bestias destinadas a ser sacrificadas.Géneros menores de la poesía romana 365 Friso en mármol. descubierto en la Cancillería. Las procesiones religiosas romanas.). todavía de la comedia. amargo sarcasmo. Aquí reconocemos. a la derecha y delante. mancebos que portan estatuillas de dioses y finalmente.). es en Juvenal enojada irritación —facit indignatio versum (1.). procedente quizás de un altar de Roma (la llamada Ara dei Vicomagistri). como por la elevación del estilo. Musei Vaticani. tanto por su extensión. acercándose a la epopeya y la tragedia. pesimis­ mo desesperanzado. en sus poemas no se cita a nadie de la antigua o la nueva aristocracia. Roma. Y pese a su cautela. lo feo son aquí vencedores. Juvenal no fue precisamente una persona cómoda. «La sátira se calza los altos coturnos. La vida ofrece monstruosidades mayores que el mito (2. malignidad de viejo. 1 y ss. temas predilectos de un determinado género de bajorrelieves oficiales del Imperio temprano. 79)—. a su cuidado en no atacar a personas vivas. logra rodearse por doquier de enemigos. anti-trágico en el sentido aristoté­ . 634 y ss. Por doquiera halla vicios que desenmascarar y fusti­ gar (2.

259-261. Cf. «La nobleza surgió de la valentía (virtus)» 85. Aristóteles. «débese al niño la máxima reverencia». págs. 34 y ss. Bajo los césares fue «devorada» (1.nota 4. los casi cuatro mil versos abarcan aspectos muy importantes de la sociedad romana ciudadana: la gran urbe (Satura 3) y la corte imperial (4). «mucho cuesta poder dormir en una gran urbe». de la que Juvenal —pese a la apariencia contraria— está permanente y global­ mente convencido (15. En la decadencia general. es pa­ ra él el ordenamiento previo y vigente.366 Literatura universal lico del término 82. 85. págs. estructurada estamentalmente. G. ridet et odit (15 71) 83.. 11. 6. es verdaderamente difícil no proseguir con la serie interminable de frases célebres de Juvenal. op.. op. «lo peor de la pobreza es que hace ridículo a quien la sufre». págs. los siglos han encontrado sus ejemplos y sentencias en este espléndido y macabro espejo de una sociedad: «mente sana en cuerpo sano». 622 y s. La sociedad romana es no sólo el objeto. 34 y ss. ha perdido casi por completo su verdadero campo de acción. 585 . cit. 1452 b. como ha llegado a pensarse. el ansia de poder y de gloria y todo lo que pertenece a esta vieja concepción del mundo. educación (14).353y ss. Bellum Iugurthinum.. «la única nobleza es la virtud».. La sociedad romana. 1. Como lo mues­ tra una sucinta ojeada sobre la temática general.. Pocos ejemplos: 3. amistad. 65 y ss. 655 y s. 10).sólo ostenta ahora la corrup­ ción y el vicio. 17. También las restantes sátiras se encuentran firmemente en el marco temático «moral y sociedad romana»: lealtad. Salustio. V. la corrupción de la aristocracia constituye el estímulo más fuerte del sistema de valores del poeta.).. 348 y s. la resistencia. 9). arriba. fana­ tismo religioso y guerra (15). La decadencia y el hundimiento de la antigua aristocracia 82 83 84 85 86 y ss. Highet. Sin embargo. se sumió en la pereza. op. la guerra y el Estado 86. Poética. una «sátira de lucha de clases». Véase U. las dieciséis sátiras de Juvenal no son un gabinete de ho­ rrores ni una colección de escándalos y vicios universales. la aristocracia (8) y —con preci­ sión y mirada pronosticadora— el ejército (16). plegaria justa y adecuada (13. es antes un rebelde o un reformador que un verdadero revolucionario. «es siempre el mismo el rostro de la ancianidad». 30. El dios que contempla este espectáculo se ríe a man­ díbula batiente y lo aborrece: ergo deus quicumque aspexit. 275. Knoche. y ante el ímpetu nuevo de los provinciales. los clientes (5) y la intelec­ tualidad (7). Desde el redescubrimiento de Juvenal en la Antigüedad tardía. Syme. cit.. etc. Juvenals Massstábe. la osadía romanas.2.). en lugar del tesón.. sino también el módulo de la crítica84..cit. Cf.. las mujeres (6) y los homosexuales (2. Bajo la paz augustea y la envidia de los Césares. pág. 12.566y ss. R. Juvenal no escribe.

sigue adicto a los módulos de la virtus y la nobilitas romanas. por muy desolado que aparezca en su pintura el desti­ no del buen ciudadano romano libre (Satura 3). un rincón soleado y tranquilo y se ha tendido a descansar (11. su antipatía por la gran ciudad y por el comer­ cio. No es maravilla que Juvenal haga las paces más adelante incluso con la nobleza (Satura 8). 47 y ss. 286 y ss. 203). y más claramente aún.). han dado a Roma lo mejor (8. desde el rey Servio Tulio hasta Mario y Cicerón. y que los nobles. desde luego. 70 y ss. 352 y s. Juvenal. 88 V. y con la observación minuciosa de que el noble podría llegar en un momento a depender de un quírite «de la más baja plebs» (8.367 romana significa por ello mucho más que la ruina de una clase social con­ creta. Sabiduría de anciano. arriba. se hizo satírico arrastrado por una catástrofe personal. si consigues que sea útil a ésta. La meta de sus desvelos educativos se antoja un tanto trasnochada: «Es digno de gratitud el que hayas dado a tu pueblo y a tu patria un ciudadano. Géneros menores de la poesía romana . se ha alcanzado la cumbre de la depravación. 1 y ss. como por ejemplo el anfiteatro. Problemas de los esclavos. Bruto y Catón son sus ideales.). Escribe la verdad. 65 y ss. 3. el hecho de que desde la reverencia ante Adriano (7.). así como su predilección por la vida sencilla y laboriosa en el campo (6. pero no toda la verdad. desde que se convierte él también en propietario de una finca rural en Tívoli (11. son pasados por alto. Como tantos y tantos moralistas. en el tiempo presente. utilizable para la agricultura y utilizable también para los negocios de la guerra y la paz» (14.) nos resultan precisamente hoy harto comprensibles. 55. Pero por muy implacablemente que desenmascare Juvenal la corrup­ ción de dicha clase. La crítica de Juvenal es ambivalente. págs. opinión contraria sustenta su coetáneo Tácito 87: nec omnia apud priores meliora.). El luchador impetuoso y solitario ha encontrado amigos. de los trabaja­ dores y los campesinos. Las invectivas de Juvenal contra grupos sociales comúnmente menos favorecidos —mujeres y extranjeros por ejemplo— nos hacen sentirnos recelosos. pero que precisamente ahora. su tono se vuelva más conciliatorio (Satura 8) y los ataques críticos a la sociedad desaparezcan (Satura 10-15). está persuadido de que la mo­ ral se halla desde siempre en continuo proceso de decadencia. 5. pero no por ello menos irreflexivas 88. a regañadientes. resignación y la moderación del epicúreo: pero ¿cuánta parte de su crítica no era sino la venganza del desfavorecido? ¿Qué 87 Annales. sí. Resulta humanamente comprensible. 236 y siguientes). como ya hemos apuntado lí­ neas más arriba. pero también importante para el in­ tento de valorar en su justo punto la crítica de Juvenal. como si no hubiese acontecido nada desde Julio Cé­ sar. o bien fenómenos intolerables. casi podríamos decir encadenado a ellos.

Como Juvenal. 3. el Parnaso y los montes de Tracia. nos hace remontarnos de nuevo a la Roma itálica y republicana. poeta de ocasión. Ellos son los últimos grandes nom bres en la literatura de los romanos 89. 89 R. Dicarkhea: así describe P . las costas calcídicas. 3. op. maestro. 82-87. 2. así nos reenvía Estacio a la Italia griega. como dice Juvenal. puntualizará Estacio (5. con un leve tono de desprecio (7. fustigam iento del vicio. Al comienzo de la parte principal (104 y ss. contrae matrimonio con la antigua esposa de un cantante. Este espíritu se hallaba ahora a la defensiva. 93). autor escénico y declamador profesional. C. el hijo.. más rico en alusiones mitológicas. hábil conocedor de ambas lenguas. símbolos poéti­ cos. pero para Estacio una patria espiritual sin cesar presente. de la pigricia y de los extranjeros. desde luego. sobre la legitimidad literaria apenas si pueden existir dudas: Dura prédica da la vieja moral. l a s « S i l v a e » . C. Se trata de una familia de artistas: el padre. pág. naturalmente. como no los conoció la República en su momento de expansión o el orgu­ llo del Imperio de Augusto. inicialmente. «con grata voz y dulce ademán». el espíritu nacional romano habla con un fuego y una pasión tales. Palas y la cohorte de Febo (no Apolo ni Minerva). cit. programáticamente. ¿Por qué esta afectación? ¿Se trata tan sólo.. a comienzos del siglo n d. Orfeo y las Musas (5. de la ambición del poeta doctus. — Las campiñas eubeas. por tanto: Estacio padre como orador.368 Literatura universal legitimación poseen los ideales de un «republicano» romántico a comien­ zos del siglo ii de la era cristiana? De todos modos. 127). Cumas y Campania. 500. Délos y Delfos. Además de las obligadas Piedad y Justicia aparecen la Elocuencia (bilin­ güe). y se refiere a Puteoli. quizás demasiado alta? proclaman Juvenal y Tácito en sus protestas los síntomas de la derrota o de la inseguridad. en cuanto segunda raíz de la cultura romana. lugares sagrados para Febo y Baco. como algunos dicen. ciudad para la que Estacio suele emplear el sonoro nombre de Parthenope.).) se dice. El lugar de su inspiración es. y se aferraba vehem entem ente a la antigua virtud y al heroísm o de épocas preté­ ritas. poeta docto y griego. bosqueja Estacio la fisonomía de la familia. En el poema ya citado (5. . 3). La familia es oriunda de la Velia suditaliana: Graia Hyele. E n t r e R o m a y P a r t é n o p e : E s t a c i o . El tema del poema es. para muchos poetas romanos. que quiere hacer ostentación de sus conocimientos mitológicos y está prendado de los sonoros nombres griegos? La vida y la obra del tan denostado poeta lírico y satírico nos enseñan otra cosa muy distinta. Syme. Hyele. En voz alta. pero asentada en Nápoles. La enumera­ ción de los temas (89-103) expone los puntos principales del poema en las figuras de las divinidades que son invitadas a tomar parte en los funerales. Papinio Estacio su país natal. dedicado a la muerte de su padre (hacia el año 80 d. Velia. 3-18).

precisamente este poema contiene la exposición de una clase de religión en Roma. donde la extranjera Parténope se refugia en el puerto ausoniano» (4. No es maravilla que en su vejez. . Estesícoro. mantuvo estrechas relacio­ nes con sus antiguos amigos de la Campania 91. 5. florecían el teatro. más toda­ vía: si Nápoles no hubiese producido nada de importancia. Y sin embargo. 102 y s. no se halla en ningún otro autor latino 90. 4. entre otros—. los gimnasios. las últimas palabras son: sic non sine Apolline Sulla (verso 293). La lengua griega estaba viva. abre Estacio el Viejo una escuela. Cf. pero residente casi siempre en Roma. si se deja a un lado la lengua. Sofrón y Corinna. Los romanos se presentaban en Nápoles ataviados con vestiduras griegas y hablaban griego. En Nápoles. los poetas griegos (v. 4. retornase a Nápoles: «bus­ cando el sueño y el litoral patrio. En parte alguna encontramos. De manera tan típicamente romana. 3. Y la conclusión del poe­ ma. que se había iniciado con la profusa descripción de los lugares sagra­ dos de Grecia y de las deidades inspiradoras. 284). el emperador Claudio compuso incluso una comedia 90 V.Géneros menores de la poesía romana 369 que el ciudadano que acaba de perder Parténope no cede en nada a las cimas de la cultura griega en Atenas. nota 50. cuyos habitantes pue­ den enaltecerse con razón de ser descendientes de Eubea: illo te cive probabas Graiam atque Euboico maiorum sanguine duci (5. Píndaro. Calimaco. 51 y ss. lo que constituye nuevamente una clara alusión a la cultura mixta greco-itálica de la Campania. con este sólo ciudadano se habría evidenciado como ciudad griega. Cirene —pensamos en Calimaco— y Esparta —con lo que se hace referencia a Tirteo. 2. que presentan —¡en serie cronológica!— tres ejemplos de inspiración divina tomados de la his­ toria religiosa romana: Numa y Egeria. Las discrepancias en el lenguaje. según el relato del hijo. Alemán. 91 Cf. Ibico. Teócrito. nacido en Nápoles. está estructurado como un conciso tricolon con miembros descendentes (290-293). las escuelas de efebos. Hesíodo. 176-194. una alusión a la cultura roma­ na. 2. según se dice expresamente. Licofrón. hasta donde sa­ bemos. y pese a sus nutridos triunfos en Roma. tan minuciosa y precisa como. Y realmente podía considerarse a la sazón a Nápoles como una ciudad griega. Escipión y Júpiter. los motivos temáticos y la composi­ ción son expresión de las tensiones culturales que pueden observarse en la vida de ambos Estacios y en las obras del más joven. Ver nota 55. a Homero. Éste. en la que lee. Sa­ fo.). Sila y Apolo.. La ejecución del poema se atiene a este programa. se nos dice. 8. En el Averno reciben al fallecido. 110 s. 3.). tan seca y tan historizante se cierra un texto que glorifica programáticamente y en fastuosos colores helénicos a un artista y maestro griego.

3. describe la carrera de diversos funcionarios romanos (1. en cuyos restos se halla instalada la iglesia de San Paolo Maggiore. 2) y la función política que des­ empeña la religión oficial del Estado romano en la educación de los preten92 Valerio Máximo 3/6/3. Suetonio. 93 2 . demuestra la independencia de los talleres artesanos de la Campania en el siglo i de nuestra Era. C. Esta simbiosis cul­ tural queda representada brillantemente por alguna de las silvas estacianas. talleres que contribuyeron también sin duda a la formación y desarrollo del estilo flavio en la Urbe. 356 y s. 2) y canta la toma de posesión del cargo del nuevo cónsul (4. 1. Romans on the Bay of Naples. D'Arms. .370 Literatura universal Capitel corintio del templo de los Dióscuros en Nápoles. Cambridge (Mass. 5. 5. arriba. com­ prende las fuerzas impulsoras que se encierran en la arquitectura de las villas y los palacios romanos (1. de elevada calidad artística. J. págs. 5. 93 y ss. el poeta percibe claramente la morbosa turbiedad del anfiteatro. 3. La decoración de este templo. 2. Precisamente de su pluma procede un poema sobre un tema tan romano como es la construcción de caminos y puentes (4. 4. Laus Pisonis. 2. Cf. Tercer cuarto del siglo i d. 3).). H. griega para un torneo o agón artístico en Nápoles 92. 1970. Claudias. Cf. Estacio captó como muy pocos los elementos específica­ mente romanos en la cultura de la época flavia. 3. Por otra parte. d. 1). 2. 4. y su poema en honor del león muerto no es sino la variante sentimental de las piezas correspondientes en el Libro de los juegos de Mar­ cial93. v. 11.

en el africano Septimio Seve­ ro tenemos el fundador de la dinastía que cerrará la época histórica del Principado. El círculo de sus destinatarios es ese estrato social medio que forma el sostén principal del Estado. De este modo. 94 Cf. incluso esclavos que. falleció evidente­ mente lo bastante pronto como para no tener que retractarse de sus him­ nos después de la muerte del tirano. a la derecha el castigo de Ixión. epicúreos. Tercer tercio del siglo i d. ni por su lengua.Géneros menores de la poesía romana 371 Paredes norte y oeste de un comedor (Cuarto de Ixión) en la Casa de los Vettios en Pompeya. Estacio mismo era partidario de Domiciano. han logrado influencia y riquezas. subraya Estacio: Italus.): todo ello único y sin par en la poesía romana. Las villas romanas nos son conocidas sobre todo a través de los restos hallados en las ciudades en torno al Vesubio. ni por sus ideas». caballeros sobre todo. a la izquierda Dédalo y Pasifae. a diferencia de Marcial. dientes a altos puestos en el funcionariado (5. Italas (4. libertos. con temas mitológicos que a la sazón eran evidentemente muy conocidos. al servicio personal del empera­ dor. d. 45 y ss. . ni por sus hábitos. y no estoicos 94. El testimonio de Estacio es tanto más va­ lioso para el recto conocimiento de la época de los Flavios cuanto que no abundan precisamente los testimonios favorables a éstos. 176 y ss. 5. así como cuadros griegos. La importancia de los romanos procedentes de las provicias se torna cada vez más evidente. C. por lo demás. en ésta aparecen varios motivos pictóricos aislados. págs. «no era un púnico.). arriba. 274 y s. en su mayor parte. y. 3.

cit. some of the Plinian essays might have been versified and put into a collection of Sil­ vae. Conversely. constituyen también. 6. en este poeta tan afirmativo como sensible no faltan las sombras que vienen a nublar de pronto el alegre brillo que envuelve los palacios. Su instala­ ción en salas de baños. La demanda de copias y adapta­ ciones o imitaciones de las grandes obras clásicas de la estatuaria griega era en Roma muy grande. todos ellos son hombres cultivados y muestran gran interés por las artes (1. 3.). 3. Roma. del acerbo Tácito y de la polé­ mica judeo-cristiana. El duro trabajo de los esclavos no puede ser velado constantemente tras las alusiones mítico-retóricas al vigoroso Hércules (3. op. R. Roma hace enfer­ mar. lo que también constituye un notable correctivo.. los ciudadanos se afanan en las urbes itálicas por la vida política y cultural. d.). 2. 1. obra de Policleto. como llamó Estacio a la colección de sus 32 breves poemas. 2. en mármol.). C. Según la imagen de un vencedor olímpico. 3). . Naturalmente. un importante correctivo de los sombríos y pesimistas satíricos.. 4. 1. bibliotecas o jardines presupo­ nen los conocimientos y la afición singulares de un cír­ culo muy limitado de personas cultivadas. 1). 3. de los filó­ sofos que se ejercitan en la crítica cultural. 4). 3. Siglo i a. pág. 5. La elegía en memoria del padre evidencia compren­ sión humana y am or filial (5.Literatura universal las silvae (los bosques). 97: «(Statius) is anticipating several of Pliny’s themes. las villas y los jardines. la mala conciencia de los amos se vuelca en frases de pervertido contenido «humanista» (2. 50 y ss. 12 y ss. without much change or loss». 6-20. 6. Museo Barracco. la emprendedora actividad romana quebranta la conciencia de sí 95 Cf. frente a la expresión 372 Estatua de un mancebo. 1. 1. 4. lo mismo que las cartas de Plinio el Joven 95. 101 y ss. 96 y ss. 2. Syme. Cf. los funcionarios imperiales se desve­ lan y sacrifican hasta el lecho de muerte por la administración del Estado (1. directa y sin velos propia de la sátira y del epigrama destaca la ñoñería con la que Estacio canta las bodas de Estela o la belleza de los mancebos y los castrados (1.

finalmente. sententia). Las otras condiciones. 97 Véase K. en Sachs. una tendencia interna del epigrama. 1959. son el público. que constituye una unidad relativa por obra de sus partes introductoria y final y por el cambio de la longitud. ansiosa de belleza. Los d io ses de M arcial . 4. Por otra parte. el pri­ mer epigramático. «Feliz y lleno de éxito en sus cuitas aquel a quien no apetecen las coronas del Helicón y los no bélicos laureles de la cumbre del Parnaso. la sentencia aguda en lugar del período 97. además. «Yo me inclino hacia la vejez. 2. consuelo el vacío de mi vida con el canto»: nos otia vitae solamur cantu (4. pero también en la prosa filosófica e histórica. d. el género y el metro 96. a la agudeza. 1. y sobre la superficie del mar caen las som­ bras de la oscura montaña. Epistula. Berlín.Géneros menores de la poesía romana 373 mismo que posee el artista. que por su propia naturaleza. 48 y s. Akad. hermoso en tus armas. a su modo. en la lírica y en la tragedia.. la temática y la lengua. cantando gestas ajenas. que desde Ovidio coloca en el poema épico. a lo sentencioso y. y es que Marcial fue el creador del libro de epigramas. 104.). 46 y ss. Incluso el poema es a veces un consuelo huero. Jena. hacia el año 96 Véase H. Die Anordnung in Martials Gedichtbüchern I-XII.). Berends. para dejar a un lado las dotes personales del español. sentimental. Yo. por mi parte. como punto culminante y final del poema. Algo hay de cierto en esta exageración. las villas nadan sobre un mar de cristal» (2. la temática. «Si hubiera en mis libros (escribe Marcial desde el «aislamiento provincial» de su país natal en su último libro. donde se destaca con razón la influencia de Séneca sobre Marcial. phil. también realista: una existencia frágil y quebradiza situada en la transición entre dos culturas. sino las grandes hazañas. y por su brevedad. 1932. «Martial und die zeitgenóssische Rhetorik». 12.). como acostumbra a decirse. Marcial. por una parte. ejecutas hazañas dignas de ser cantadas» (69 y s. ama­ nerada y. por cuanto que —yendo mucho más allá de los arranques griegos— coloca casi sin excepción. deseosa de alabar. Barwick. . los romanos. sometió a normas y fijó formalmente el género. W¿ss. Marcial sigue la moda conceptista de su época. 5. el mudo surco del campo responde al canto del amo: unique siquando canenti mutus ager domino reclamat (4.). de «epigrama». una agudeza (lumen. — Marcial es. Roma y el latín. La convergencia del estilo de época y el estilo del género es una de las condiciones previas del clasicismo de Marcial. Tesis doctoral. El poeta que escribió estos versos es el producto de una civilización tardía y refinada. K l. tan vago e impreciso hasta entonces. tú. 19 y s. tendía a la concisión.-hist. antes de él hay solamente epigramas. Con ello se lleva a su culminación. esto es. El crepúsculo se tiende sobre la villa a la orilla del mar: «cuando el día está ya cansado.

muje­ res gruesas y delgadas. la sociedad. vírgenes. majaderos. Ilustración izquierda: estado actual. comercian. Vestibulum Domitiani: Fachada de los edificios palatinos del emperador Domiciano en el Foro Romano. Cuando la diosa Roma se lo otorgó al poeta. comen. 4. castrados y circuncisos. dijo: «No tengo nada más grande para darte» (10. prostitutas de todas clases. invectivas y elogios. no sólo las bibliotecas. lo ha dictado el oyente (el lector)». d. mueren. 98 10. Todos ellos ha­ cen carrera. proclama el poeta98. el materiarum ingenium (12. sino también los temas. 20. los teatros. Punto culminante de la asombrosa actividad arquitectónica y urbanística de los Flavios fueron la construcción del Coliseo.374 Literatura universal 102 d. barrigas estrepitosas. las formas que se confieren al epigrama: poemas de consolación y poemas fúnebres. una y cien veces hermosos mancebitos. 10: hominem pagina nostra sapit. de los palacios imperiales en el Palatino y la reedificación del Templo de Júpiter en el Capitolio. aristocracia rancia. «Mi libro sabe a ser humano». viajan. 3. poemas burlescos. y sobre todo festejan. . comp. la atmósfera liberal. se casan.) algo que agrada. beben y fornican. viejos impotentes. No es tan sólo el juicio sutil de su público de Roma lo que le falta en España. poemas de francachela. Epistula). recomendaciones y prestaciones. Pero sólo en Ro­ ma podía ser vivido aquel panóptico que puebla los versos de Marcial. C. epigramas satíricos y descriptivos (descriptio). hampones. arribistas. C. Fotografía derecha: Vista de los palacios en un sestercio del año 95/96 d. enga­ ñan. muchachas ariscas. matronas. 2). prostitutas. Múltiples y variadas también son. El lector es su riqueza. filósofos llenos de dignidad y parásitos. fornican de las más varias maneras con muchachos. ora­ ciones y admoniciones. 8. aquel mundo complejo y abigarrado cuya suma era la Roma de los Flavios: empe­ rador y mendigo. escriben poemas. en correspondencia. y también coloquios elegiacos entre las Musas y epístolas poéticas.

100 Hasta O. entre tantos.. E. La obra completa de Marcial tiene la extensión aprox. Xenia y Apophoreta (libros 13 y 14 probablemente en diciembre del 84-85). habla harto poco matizadamente de «obscenidad» (pág. el realismo y la dominación segura de la forma otorgan a estos textos el brillo de la perfección. de la Eneida virgiliana. epigramas en el sentido literal del término. festividades religiosas. nota 56. la frialdad de la observación. 1886. Las traduc­ ciones de Marcial nos enseñan lo que un romano podía conseguir. pero vale también para un grupo de poemas que suelen ser silencia­ dos o condenados. ed. págs. Estacio. Y va­ le asimismo para libros enteros de Marcial. Estos libros contienen epígrafes. y poseen —cosa que ha sido ignorada con harta frecuencia— un sitio propio en la vida. compuesto para la solemne inauguración del Coliseo (80 d. Esta lengua increíblemente viva. 53-76. en Antike und Abendland. como lo evidencia una ojeada global sobre sus formas y temas. págs. al menos de manera fundamental y siempre en par­ te. para regalos con los que los romanos solían obsequiarse mutuamente con ocasión de las fiestas Satur­ nales: un peine para un calvo. Ello parece evidente en el caso de los poemas de consolación. con el instrumento de su lengua materna. en concisión y rapidez de la narración. y nadie. tantos buenos y tantos excelentísimos» ". 102 Cf. en presteza de los pensamientos. libros antiguos para un poeta de la nueva ola 102. y sobre todo el César y Saturno poseen por ello en los poemas de Marcial una gran importancia. págs. 9. el ingenio acerado. «Zerstreute Anmerkungen über das Epigramm und einige der vornehmsten Epigrammatisten (1771)». Baco y Venus. en parte no pequeña. los poemas finales presentan la ficción de que 99 G. C. «Ansatz zu einer Martial-Interpretation». Cf. . ya sea por desconocimiento o por un celo del todo fuera de lugar: nos referimos a los poemas de tema erótico u obsceno 10°. en la claridad y precisión de sus agudezas. Al Libro de los jue­ gos siguieron dos libros de Obsequios. Seel. Los poemas de Marcial son. Marcial inició su carrera