38 Oración de un anciano al caer la tarde

Recuerdo, Señor, las palabras de tu amigo San Juan de la Cruz: “A la tarde de la vida, seréis juzgados por el Amor”... Abro las ventanas de mi alma y veo la tarde que está cayendo. Antes de que se ponga el sol, quiero empezar de nuevo el camino del amor. Tú me dices, no sólo tres, sino mil veces: “Pedro, ¿me amas?”1 ¡Cómo quisiera responderte: “Tú sabes que te amo”, pero decírtelo sin la ansiedad del que busca premio, sino con la humilde paz del perdonado. ¡Qué regalo tan grande poder corresponder en algo a tu amor siempre amanecido, poder decirte con obras, afectos y palabras: “¡Tú sabes que te amo!” ¿Quién es el hombre, Señor, para que te ocupes de él?2 ¿Quién soy yo para que te ocupes de mí? Mira que el tiempo pasa y termina la faena... ¡No te he amado bastante! ¡No te he buscado donde estabas! Pero tú, Señor, me dices: “Ven a mi viña a trabajar, aunque sea la hora undécima...”3 A la tarde de mi vida, te pido humildemente, sólo una cosa: poder amar, saber amar, querer amar movido por tu Espíritu que lo sondea todo... Y que mi amor a ti y a los hermanos no sea un amor cansado ni un amor quejoso. Cada tarde que se acaba, sea preparación del nuevo sol de cada día.

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Juan 21,15 Salmo 8,5 3 Mateo 20,6-7

Renueva mis fuerzas.. Sólo un poco hemos visto de sus obras.”4 Gracias. esfuércense cuanto puedan que aún queda más. quedan cosas más grandes escondidas. 4 Eclesiástico 43. mis fuerzas interiores. Señor.... Señor.. “Los que ensalzan al Señor. mientras lentamente se apaga la luz dentro y fuera de mí. levanten la voz.30-32 ..

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