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HIPNOTERAPIA

UN LIBRO EXPLORATORIO DE CASOS (1979)

Milton H. Erickson, D. M. y Ernest L. Rossi Ph. D.

PROLOGO

ìHablale a la pared para que la puerta pueda oirî DICHO SUFI

Todos los que conocen a Milton Erickson saben que Èl raramente hace algo sin un propÛsito. En efecto, su estar dirigido a un fin puede ser la caracterÌstica m·s importante de su vida y de su trabajo.

øPor quÈ es, entonces, que antes de escribir ìRealidades HipnÛticasî con Ernest Rossi (Irvington, 1976) Èl ha evitado presentar su trabajo en forma de libro? øPor quÈ eligiÛ a Ernest Rossi como coautor de ese libro y del presente libro? Y, final- mente, yo no puedo ayudar sino preguntarme, ìøPor quÈ me pidiÛ que escriba este prÛlogo?î

DespuÈs de todo, Erickson ha publicado casi 150 artÌculos en un perÌodo de 50 aÒos, pero sÛlo dos libros y relativamente menores: ìDistorsiÛn del tiempo en hip- nosisî, escrito en 1954 con L. S. Cooper, y ìLas aplicaciones pr·cticas de la hipno- sis mÈdica y odontolÛgicaî, en 1961, con S. Hershman, MD y I.I. Sector, DDS. Es f·cil de comprender que al llegar a los 70 aÒos, Èl bien pudo estar impaciente de dejar un legado, un resumen definitivo, una ˙ltima oportunidad para los otros de comprenderlo realmente y quiz·s emularlo.

Rossi como coautor es una excelente elecciÛn. Es un clÌnico experimentado que se ha formado con varios gigantes de la psiquiatrÌa. Franz Alenxander, entre otros. Es un analista de formaciÛn jungueana. Es un autor prolÌfico y ha dedicado la mayor parte de su tiempo, en los ˙ltimos 6 aÒos, a la observaciÛn esmerada, grabaciÛn y discusiÛn del trabajo de Erickson.

Nuevamente, øîPor quÈ yo?î. Yo tambiÈn tengo una formaciÛn psicoanalÌtica, pero con un grupo diferente -el Instituto Americano de Psicoan·lisis (Karen Horney)- . Yo he sido practicante de psiquiatrÌa durante casi 30 aÒos. Durante casi 15 aÒos adem·s he trabajado bastante con pacientes discapacitados. He estado 35 aÒos dentro de la hipnosis, desde que escuchÈ por primera vez hablar de Milton Erickson, que entonces estaba viviendo en Eloise, Michigan.

Ambos, Rossi y yo, tenemos amplios, pero diferentes fundamentos clÌnicos y teÛricos. Ninguno de los dos ha trabajado primariamente con ìhipnosisî. Por con- siguiente, ninguno de nosotros tiene intereses creados en promover teorÌas hipnÛticas

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propias. Nosotros nos dedicamos genuinamente a presentar las teorÌas y las ideas de Erickson, no sÛlo a los practicantes de hipnosis, sino tambiÈn a la comunidad de psicoterapeutas y psicoanalistas que tienen cierta familiaridad con la hipnosis. Con este fin, Rossi asume la postura de un estudiante bastante ingenuo que act˙a en nombre del resto de nosotros.

Margaret Mead, que adem·s se cuenta como una de sus estudiantes, escribe sobre ìla originalidad de Milton Ericksonî en la ediciÛn de la Revista Americana de Hipnosis ClÌnica, dedicada a Èl en su cumpleaÒos n˙mero 75 (Mead, M. ìLa originalidad de Milton Ericksonî, AJCH, Vol.20, N 1, Julio de 1977, p·f.4-5). Ella comenta que se ha interesado siempre en su originalidad, desde que lo encontrÛ por primera vez en el verano de 1940, desarrollando esta idea con la afirmaciÛn de que, ìPuede decirse con seguridad que Milton Erickson nunca resolviÛ un proble- ma con un procedimiento viejo si Èl puede pensar en uno nuevo y, normalmente, puedeî. Ella siente, sin embargo, que su ìinsaciable, ardiente originalidad era una barrera para la transmisiÛn de buena parte de lo que Èl sabÌaî y que ìLos estudian- tes m·s inquietos quedarÌan aturdidos con la extraordinaria e inesperada calidad de cada una de las distintas demostraciones, perdidos en tratar de imitar la intrincada, idiosincr·tica respuesta y los principios subyacentes que Èl estaba iluminando. En ìRealidades hipnÛticasî y en este libro, Ernest Rossi da largos pasos hacia la dilucidaciÛn de estos principios subyacentes. Hace esto de una manera muy es- tricta, organiz·ndolos y extrayÈndolos del material de los casos de Erickson. A˙n m·s, si bien de una manera amable, Èl lo anima a Erickson a detallarle algunos de estos principios.

Los estudiantes que estudien este volumen cuidadosamente, como yo lo hice, encontrar·n que los autores han hecho la mejor tarea que se conozca hasta la

fecha en lo que se refiere a la clarificaciÛn de las ideas de Erickson sobre la naturaleza de la hipnosis y de la terapia hipnÛtica, sobre las tÈcnicas de inducciÛn hipnÛtica, sobre las maneras de inducir el cambio terapÈutico, y de verificar este cambio. Entretanto, han relevado una gran cantidad de provechosos datos acerca de la filosofÌa de la vida y de la terapia de Erickson. Muchos terapeutas, psicoana- listas y no psicoanalistas, encontrar·n las aproximaciones de Erickson compatibles con las suyas propias y bastante alejadas de sus preconceptos acerca de la ìhipno- sisî. Como los autores puntualizan, ìLa hipnosis no cambia a la persona ni le hace alterar su pasada vida de experiencia. Ella sirve para permitirle aprender m·s

acerca de sÌ misma y a expresarse m·s adecuadamente

El trance terapÈutico

... ayuda a la gente a esquivar sus propias limitaciones aprendidas de manera tal de

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que pueda explorar y utilizar m·s plenamente sus potenciales.î

Aquellos que lean el generoso ofrecimiento de Erickson de fascinantes histo- rias de casos, y despuÈs intenten emularlo, indudablemente se van a encontrar con que los resultados que logran no son todos comparables con los que logra Èl. En esta situaciÛn, ellos pueden darse por vencidos, diciendo que la tÈcnica de Erickson es ˙nicamente para Èl. Ellos pueden notar que Erickson tiene varios handicaps que siempre lo han puesto aparte de los otros, y que, ciertamente pueden permitirle tener una manera de ver y de responder que es ˙nica. …l naciÛ con una visiÛn de colores deficiente, sordera de matices tonales, dislexia, y carencia del sentido del ritmo. …l sufriÛ dos serios ataques de poliomielitis; Èl se vio obligado a usar una silla de ruedas muchos aÒos a raÌz de los efectos del daÒo neurolÛgico complementado con artritis y miocitosis. Algunos no estar·n contentos con la racionalizaciÛn que dice que Erickson es un genio terapÈutico o un genio inimitable. Y se van a encon- trar con que, con la ayuda de gente que le clarifica y facilita su comprensiÛn, como Ernest Rossi, hay mucho de su forma de trabajar que puede aprenderse, pensarse y ser utilizada por otros.

Erickson mismo avisa, en ìRealidades HipnÛticasî (p·g. 258) ìAl trabajar en un problema dificultoso, usted trata de hacer un diseÒo interesante de cÛmo mane- jarlo. De esta forma, usted tiene una respuesta al problema dificultoso. Se interesa en el diseÒo y no se fija en el trabajo m·s pesadoî. Al enfrentarse con el dificultoso problema de analizar y enseÒar las tÈcnicas de Erickson, los diseÒos de Rossi pueden ser lo m·s ˙til. Que cada lector opte por aceptar la sugestiÛn de Rossi de que practique los ejercicios recomendados en este libro, es un asunto individual; dentro de mi experiencia, ha sido valioso practicar algunos de ellos. En efecto, aplicando deliberada y planificadamente algunas de las tÈcnicas de Erickson, como est·n subrayadas por Rossi, yo me encontrÈ con que he sido capaz de ayudar a los pacientes a experimentar estados de trance m·s profundos y a estar m·s abiertos al cambio, como una aparente consecuencia de esto. Me han sido particularmente ˙tiles el establecer un doble vÌnculo terapÈutico, dar sugestiones posthipnÛticas indirectas, hacer preguntas para facilitar la capacidad de respuesta terapÈutica, y establecer sugestiones compuestas. El repetido Ènfasis que ponen Erickson y Rossi sobre lo que llaman la ìtÈcnica de utilizaciÛnî ciertamente est· justificado. En este libro ellos dan muchos, vÌvidos y ˙tiles ejemplos de ìaceptar y utilizar la conducta manifiesta del paciente, utilizar las realidades internas del paciente, utilizar las re- sistencias del paciente, y utilizar los afectos y sÌntomas negativos del pacienteî. El uso creativo que hace Erickson de los chistes, juegos de palabras, met·foras y

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sÌmbolos han sido analizados por otros, especialmente Haley, Bandler y Grinder, pero los ejemplos y la discusiÛn que se dan en este libro agrega mucho para nues- tra comprensiÛn.

A veces, Erickson va a trabajar con un paciente en un trance ligero, a lo que Èl llama ìtrance cotidiano com˙nî, o directamente en ning˙n trance. …l no se limita a la terapia de corto plazo. Esto est· ejemplificado en un trabajo con su paciente, durante 9 meses, con Pietro, el flautista del labio hinchado, descrito en uno de los dram·ticos casos delineados en este libro. No obstante, su pericia en el trabajo con pacientes en los trances m·s profundos, frecuentemente con amnesia para el tra- bajo terapÈutico, siempre ha interesado a los observadores.

La cuestiÛn de inducir o no trances m·s profundos, y a dar direcciones o suges- tiones indirectamente antes que en forma directa, lleva a resultados clÌnicos m·s profundos o duraderos, es investigable. Ciertamente mi experiencia me indica que si uno no cree en los trances m·s profundos, o no les da valor, ni se esfuerza por llegar a ellos, frecuentemente uno no es la persona m·s adecuada para verlos. Mi experiencia me indica adem·s, que el logro de los trances m·s profundos, que incluyen frecuentemente fenÛmenos tales como la disociaciÛn, distorsiÛn del tiem- po, amnesia y regresiÛn respecto de la edad, lleva a cambios m·s r·pidos y apa- rentemente m·s profundos en los sÌntomas y actitudes de los pacientes.

Erickson enfatiza el valor de ayudar a los pacientes a trabajar al modo de los que Èl llamarÌa el ìinconscienteî. …l le adjudica bastante valor a la sabidurÌa del inconsciente. En efecto, frecuentemente, Èl llega al extremo de evitar que el traba- jo terapÈutico sea examinado y potencialmente destruido por la mente consciente del paciente. Los mÈtodos seg˙n los cuales Èl hace esto son delineados m·s explÌ- citamente en este libro que en los otros escritos de que se dispone hasta la fecha.

Es verdad que Èl tiende a no distinguir entre la inducciÛn de trance o las tÈcni- cas hipnÛticas y las tÈcnicas o maniobras terapÈuticas. El siente que es una pÈrdi- da de tiempo para el terapeuta usar frases repetitivas, insignificantes en la induc- ciÛn del trance, cuando este tiempo puede ser empleado ˙tilmente introduciendo sugestiones terapÈuticas o preparando al paciente para el cambio. Como Rossi lo ha puntualizado, ambas, la terapia y la inducciÛn a trance, implican, en las etapas m·s tempranas, una ìdepotenciaciÛn de los aparatos mentales normales y limita- dos del pacienteî. Erickson nunca se contenta simplemente con inducir un trance, sino que le interesa siempre asumir alg˙n rol terapÈutico.

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…l puntualiza la efectividad limitada de la sugestiÛn directa, aunque, por cierto, se da cuenta que las tÈcnicas hipnÛticas que usan la sugestiÛn directa frecuente- mente aumentan la efectividad de aproximaciones de la modificaciÛn de la con- ducta tales como la desensibilizaciÛn y la reeducaciÛn cognitiva. El advierte que

ìla sugestiÛn directa

no evoca la reasociaciÛn y la reorganizaciÛn de ideas, com-

los resultados efec-

... derivan sÛlo de las actividades del paciente. El

... prensiones y recuerdos, tan esencial para una curaciÛn real

tivos en la psicoterapia hipnÛtica

... terapeuta meramente estimula al paciente a la actividad, frecuentemente sin saber cu·l puede ser esa actividad. Y despuÈs Èl guÌa al paciente y ejercita el juicio clÌnico para determinar la cantidad de trabajo que debe darse para lograr los resul- tados deseadosî (Erickson 1948). De este comentario, y de la lectura de los casos, ofrecidos en este volumen y en otras publicaciones, se manifiesta que Erickson solicita y evoca un ìacuerdo doctrinalî mucho menor que el de la mayorÌa de los terapeutas.

Es obvio que el ìjuicio clÌnicoî se da solamente como el resultado de muchos aÒos de intenso estudio de la din·mica, patologÌa y salud, y del trabajo real con los pacientes.

El juicio del terapeuta adem·s estar· influenciado por su propia filosofÌa y fines de su vida. La propia filosofÌa de Erickson se manifiesta por su Ènfasis en concep- tos de ìcrecimiento, deleite y gozoî. A esto, Èl agrega, ìla vida no es algo sobre lo que usted pueda dar una respuesta hasta hoy. Usted podrÌa disfrutar del proceso de esperar, el proceso de esperar, el proceso de devenir lo que usted es. No hay nada m·s delicioso que plantar semillas de flores y no saber quÈ clase de flores est·n por brotarî.

Mi propia experiencia a este respecto, est· graficada por la visita que le hice en 1970, cuando despuÈs de consumir 4 horas de sesiÛn con Èl, me quedÈ con la sensaciÛn de haber consumido este tiempo, en su mayor parte, en escuchar histo- rias acerca de su familia y de sus pacientes. No lo vi de nuevo hasta el verano de 1977. Entonces, a las 5 AM en el hotel Phoenix, mientras volvÌa a ver unos tapes de Erickson trabajando, algunas intuiciones psicolÛgicas (insight) muy importantes se me hicieron nÌtidamente evidentes. Obviamente, ellas se relacionaban con el trabajo que comenzÛ durante nuestra sesiÛn de 1970 y con el autoan·lisis que yo habÌa hecho durante esos 7 aÒos. M·s tarde, esa maÒana, cuando yo le mencionÈ excitado estas intuiciones a Erickson, como es tÌpico en Èl, simplemente se sonriÛ y no intentÛ elaborarlas de ninguna manera.

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Cuando nosotros leemos algunos escritos basados en otras formas de terapia, como la terapia familiar o la terapia de Gestalt, nos impresionamos de cÛmo han sido muchas de ellas influenciadas por Erickson. Esto no es accidental en la medi- da que muchos de los primeros terapeutas de estas escuelas empezaron trabajan- do con la hipnosis o incluso con Erickson.

Yo espero que Rossi trace algunas de estas influencias en sus futuros escritos. He aludido a algunas de ellas en mi artÌculo. ìExperiencias recientes con el en- cuentro de la Gestalt y las tÈcnicas hipnÛticasî (Rosen, S. Am. J. Psychoanalysis, Vol 32 N 1, pp.90-105).

Junto con el primer volumen de Erickson y Rossi, ìRealidades HipnÛticasî, ìHipnoterapia: un libro exploratorio de casosî debiera servir como una base firme para los cursos de terapia ericksoniana. Estos cursos pueden ser complementados con otros libros, que incluyen aquellos escritos de J. Haley y de Bandler y Grinder. En sÌntesis, nosotros tenemos ahora la fortuna de tener, a nuestra disposiciÛn, una bibliografÌa de los 147 artÌculos escritos por Erickson mismo (ver Gravitz. MA, RF, ìBibliografÌa completa 1929-1977, Revista Americana de Hipnosis ClÌnica,

1977,20,84-94).

Rossi me ha contado que al trabajar con Erickson siempre se ha impresionado del hecho de que Erickson parece ser un ateÛrico. …l ha notado que esto se adecua a Erickson en cuanto es una persona abierta; pero, por cierto, no se adecua al Ènfasis que pone sobre el crecimiento o a sus puntos de vista humanÌsticos o de orientaciÛn social. Rossi y otros est·n redescubriendo constantemente el hecho de que Erickson siempre trabaja hacia fines, los de sus pacientes, no los propios. Esto puede no parecer hoy una idea tan revolucionaria cuando es la reconocida inten- ciÛn de casi todos los terapeutas; pero quiz·s, muchos de nosotros estamos limita- dos en nuestra capacidad de realizar este intento. Es significativo que ambos, el intento y la pr·ctica, se coordinan y realizan m·s exitosamente con el trabajo de este hombre que es probablemente el maestro mundial de hipnosis clÌnica; sin embargo, la hipnosis es asociada por casi todos con la manipulaciÛn y la sugestiÛn, una tÌpica paradoja ericksoniana.

°El maestro manipulador permite y estimula la mayor libertad!

SIDNEY ROSEN, MD. New York

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PREFACIO

El presente trabajo es el segundo de una serie de vol˙menes, escritos por los autores, que comenzaron con la publicaciÛn de ìRealidades HipnÛticasî (Irvington, 1976). Como ese primer volumen, el presente trabajo es esencialmente la graba- ciÛn de los esfuerzos del mayor de los autores en formar al m·s joven de los autores en el campo de la hipnoterapia clÌnica. Como tal, el presente trabajo no tiene una naturaleza acadÈmica o escolar, sino que m·s bien se trata de un estudio pr·ctico de algunas de las actitudes, orientaciones, y habilidades que requiere la hipnoterapia moderna.

En el primer capÌtulo delineamos la tÈcnica de la utilizaciÛn para la hipnoterapia, como la orientaciÛn b·sica de nuestro trabajo.

En el segundo capÌtulo ensayamos una presentaciÛn m·s sistem·tica de las formas indirectas de sugestiÛn, que se seleccionan originalmente de las presenta- ciones de los casos de nuestro primer volumen. Nosotros creemos ahora en la ìtÈcnica de la utilizaciÛnî y las ìformas indirectas de sugestiÛnî como la esencia de las innovaciones terapÈuticas del mayor de los autores de los ˙ltimos cincuenta aÒos y dan cuenta de muchas de sus habilidades hipnotera-pÈuticas ˙nicas.

En el capÌtulo tres ejemplificamos cÛmo la tÈcnica de la utilizaciÛn y las formas indirectas de sugestiÛn pueden integrarse para facilitar la inducciÛn del trance terapÈutico de una manera que simult·neamente orienta al paciente hacia el cam- bio terapÈutico.

En nuestro cuarto capÌtulo ilustramos las tÈcnicas de la sugestiÛn posthipnÛtica que el mayor de los autores ha encontrado como las m·s eficaces en su pr·ctica clÌnica de todos los dÌas.

En estos primeros cuatro capÌtulos delinean algunos de los principios b·sicos de las tÈcnicas del mayor de los autores.

Esperamos que esta presentaciÛn provea a los otros clÌnicos de una perspecti- va amplia y pr·ctica del mayor de los autores y sirva como una fuente de hipÛtesis acerca de la naturaleza del trance terapÈutico que puedan ser confirmadas con m·s estudios experimentales controlados, por parte de los investigadores.

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Al final de cada uno de estos primeros cuatro capÌtulos hemos sugerido un cierto n˙mero de ejercicios para facilitar el aprendizaje de la orientaciÛn, actitudes, y habilidades necesarias para todos aquellos que quieran incluir algo de este mate- rial en su pr·ctica real.

La simple lectura y comprensiÛn del material no es suficiente. Se requiere un gran esfuerzo para adquirir nuevos h·bitos de observaciÛn e interacciÛn interpersonal. Todos los ejercicios sugeridos han sido puestos en pr·ctica cuando procuramos afilar nuestras propias habilidades y aprender otras.

Cada uno de los restantes seis capÌtulos presentan el estudio de casos que ilustran y exploran con m·s amplitud el trabajo clÌnico del mayor de los autores con pacientes. Seis de estos casos (los casos 1, 5, 8, 10, 11, 12) son estudios mayores como los que hay en nuestro primer volumen. ìRealidades HipnÛticasî, donde transcribimos grabaciones de tapes de las palabras reales del mayor de los autores y sus modelos de interacciÛn con los pacientes.

El equipo de grabaciÛn con el que hemos contado para estos estudios fue apor- tado por una beca de investigaciÛn de la Sociedad Americana de Hipnosis ClÌnica - FundaciÛn para la EducaciÛn e InvestigaciÛn-.

En nuestros comentarios de estas sesiones hemos presentado nuestra com- prensiÛn corriente de la din·mica de los procesos hipnoterapÈuticos y hemos dis- cutido un buen n˙mero de cuestiones tales como la facilitaciÛn del proceso creativo y las funciones de los hemisferios izquierdo y derecho.

La mayor parte de los restantes casos, m·s cortos, fueron extraÌdos del archivo de apuntes no publicados de su trabajo en la pr·ctica privada, algunos de ellos de carpetas que no se habÌan abierto desde hacÌa mucho tiempo y que tenÌan p·ginas amarillentas de m·s de un cuarto de siglo de antig¸edad. Estos casos fueron revi- sados y reeditados con comentarios frescos, que proveen una perspectiva apropia- da de la creatividad espont·nea y del atrevimiento que se le requiere al hipnoterapeuta en la pr·ctica clÌnica.

En suma, hemos examinado a grandes rasgos muchos tapes y grabaciones de las lecturas y los workshops del mayor de los autores en las reuniones de la Socie- dad Americana de Hipnosis ClÌnica. Algunos de ellos ya fueron tipeados y editados parcialmente por Florence Sharp, Ph. D, y otros miembros de la Sociedad. La

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mayor parte de ellos aparece bajo el encabezamiento de ìCasos cortos seleccio- nados: ejercicios para an·lisis.î Algunos de ellos repetidos y publicados con tanta frecuencia (Haley, 1973) que parecen anÈcdotas, parte del folklore de la hipnosis en los ˙ltimos 50 aÒos. Pueden servir como maravillosos ejercicios para el an·lisis sin embargo. Al final de cada uno de estos casos hemos puesto en letras it·licas algunos de los principios que sentimos que estaban implicados. El lector puede divertirse buscando otros.

Tenemos la impresiÛn de que la pr·ctica clÌnica de la hipnoterapia normalmente emerge desde un perÌodo de relativa quietud hacia un momento excitante de nue- vos descubrimientos y fascinantes posibilidades. Aquellos que conocen la historia de la hipnosis ya est·n familiarizados con este modelo cÌclico de excitaciÛn y quie- tud que es bastante caracterÌstico en este campo. Algunos historiadores de la cien- cia creen actualmente que este modelo cÌclico es caracterÌstico de todas las ramas de la ciencia y del arte: la excitaciÛn viene con perÌodos de nuevos descubrimien- tos, la quietud viene cuando estos ˙ltimos son asimilados.

Como el m·s joven de los autores ha compuesto este volumen gradualmente, tuvo con frecuencia la sensaciÛn subjetiva del descubrimiento nuevo. Pero øera nuevo sÛlo para Èl o serÌa nuevo tambiÈn para los otros? Tenemos que confiar en usted, nuestro lector, para tener una valoraciÛn independiente de la cuestiÛn y, quiz·s, llevar al trabajo un paso m·s all·.

Milton H. Erickson, M. D. Ernest L. Rossi Ph. D.

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RECONOCIMIENTOS

Este trabajo puede reconocerse verdaderamente como el esfuerzo de una co- munidad, en el que los individuos que contribuyeron a Èl son muchos m·s de los que podemos reconocer por nombrarlos. Los primeros entre Èstos son nuestros pacientes, quienes frecuentemente reconocieron la naturaleza exploratoria de nuestro trabajo con ellos y cooperaron con el mismo. Su creatividad espont·nea es verda- deramente la base de todo trabajo terapÈutico innovador: nosotros simplemente damos a conocer lo que ellos aprenden a hacer, con la esperanza de que el Èxito de ellos pueda ser una guÌa ˙til para los otros.

Muchos de los profesores y participantes en los seminarios y workshops de la Sociedad Americana de Hipnosis ClÌnica han provisto una serie continua de intui- ciones psicolÛgicas (insight), ilustraciones, y comentarios que cada uno descubriÛ a su modo en este trabajo. Los principales entre Èstos son:

Leo Alexander, Ester Barlett, Franz Baumann, Neil D. Capua, David Cheek, Sheldom Cohen, Jerry Day, T.E. Von Dedenroth, Roxane y Christie Erickson, Fredericka Freytag, Melvin Gravitz, Frederick Hanley, H. Clagett Harding, Maurice Mc Dowell, Susan Mirow, Marion Moore, Robert Pearson, Bertha Rodger, Florence Sharp, Kay Thompson, Paul Van Dyke, M. Erik Wright.

Para Robert Pearson nuestro especial reconocimiento por haber sido el prime- ro en sugerir el formato b·sico de este trabajo, por su continuo animarnos durante su gestaciÛn, y por su lectura crÌtica de nuestro ˙ltimo borrador. Ruth Ingham y Margaret Ryan han contribuido significativamente con sus conocimientos del arte de editar que finalmente posibilitaron que nuestro trabajo alcance la prensa.

Finalmente, deseamos reconocer a los siguientes editores que generosamente han permitido la reproducciÛn de cinco de los artÌculos que contiene este volumen:

La Sociedad Americana de Hipnosis ClÌnica, Journal Press, W. E. Saunders Company, y Springer Verlag.

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Hipnoterapia

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CAPITULO 1

LA APROXIMACION PARA LA UTILIZACION DE LA HIPNOTERAPIA

Vemos la hipnoterapia como un proceso por el cual ayudamos a la gente a utilizar sus propias asociaciones mentales, recuerdos, y potenciales de vida para lograr sus propios fines terapÈuticos. La sugestiÛn hipnÛtica puede facilitar la utili- zaciÛn de las habilidades y potenciales que ya existen en una persona pero que no se usan o quedan subdesarrollados por falta de entrenamiento o de comprensiÛn. El hipnoterapeuta explora cuidadosamente la individualidad del paciente para de- terminar cu·les son los aprendizajes de vida, experiencias, y habilidades mentales que est·n disponibles para enfrentarse con el problema. El terapeuta entonces facilita una aproximaciÛn a la experiencia del trance en la cual el paciente puede utilizar estas respuestas internas, personales ˙nicas, para lograr fines terapÈuticos.

Nuestra aproximaciÛn puede verse como un proceso en tres estadios: (1) un ìperÌodo de preparaciÛnî durante el cual el terapeuta explora el repertorio con el que cuentan los pacientes, de experiencias de vida, y facilitan modelos constructi- vos de referencia para orientar al paciente hacia el cambio terapÈutico; (2) una activaciÛn y utilizaciÛn de las habilidades mentales propias del paciente durante un perÌodo de ìtrance terapÈuticoî; (3) un cuidadoso ìreconocimiento, evaluaciÛn, ratificaciÛn del cambio terapÈuticoî que tiene lugar.

En este primer capÌtulo vamos a introducir algunos de los factores que contri- buyen a la experiencia exitosa de cada uno de estos tres estadios. En los capÌtulos que siguen vamos a ejemplificarlos y a discutirlos con gran detalle.

1- PREPARACION

La fase inicial del trabajo hipnoterapÈutico consiste en un cauteloso perÌodo de observaciÛn y preparaciÛn. En un principio, el factor m·s importante de toda en- trevista terapÈutica es el de establecer un firme rapport - eso es, un sentimiento positivo de comprensiÛn y respeto mutuo entre el terapeuta y el paciente. A travÈs de este rapport el terapeuta y el paciente, juntos, crean un nuevo modelo terapÈu- tico de referencia que va a servir como medio crecimiento en el que se van a desarrollar las respuestas terapÈuticas del paciente. El rapport es el medio por el

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Milton H. Erickson y Ernest L. Rossi

que el terapeuta y el paciente se aseguran cada uno la atenciÛn del otro. Ambos desarrollan una ìserie sÌî o aceptaciÛn del otro. El terapeuta, presumiblemente, tiene una bien desarrollada habilidad de observar y relacionar; el paciente est· aprendiendo a observar y a alcanzar un estado de estar atento a la respuesta, ese estado de extrema atenciÛn de responder a los matices de la comunicaciÛn pre- sentada por el terapeuta.

En la entrevista inicial el terapeuta recoge los hechos relevantes respecto de los problemas del paciente y del ìrepertorio de experiencias de vida y aprendizajes que van a ser utilizados con propÛsitos terapÈuticosî. Los pacientes tienen proble- mas a causa de limitaciones aprendidas. Ellos est·n atrapados en aparatos menta- les, modelos de referencia, y sistemas de creencias que no les permiten explorar y utilizar sus propias habilidades, para obtener m·s ventajas de ellas. Los seres hu- manos est·n en un proceso de aprender a usar sus potenciales. La transacciÛn terapÈutica crea idealmente un nuevo mundo fenomÈnico en el que los pacientes pueden explorar sus potenciales, liberados hasta cierto punto de sus limitaciones aprendidas. Como lo veremos m·s tarde, el trance terapÈutico es un perÌodo du- rante el cual los pacientes son capaces de destruir sus marcos limitados y sistemas de creencias de manera tal que pueden experimentar otros modelos de funciona- miento consigo mismos. Estos otros modelos son normalmente potenciales de res- puestas que han sido aprendidos a partir de una experiencia de vida previa lo que, por una u otra razÛn, no quedaron a disposiciÛn del paciente. El terapeuta puede explorar las historias personales de los pacientes, el car·cter, y la din·mica emo- cional, su ·rea de trabajo, intereses, hobbies, etc. para evaluar la gama de expe- riencias de vida y habilidades de respuesta de las que puede disponer para alcan- zar los fines terapÈuticos. La mayorÌa de los casos de este libro va a ejemplificar este proceso.

Cuando el terapeuta explora el mundo del paciente y facilita el rapport es casi inevitable que se ìcreen nuevos modelos de referencia y nuevos sistemas de creen- cias. Esto normalmente ocurre cada vez que la gente se re˙ne e interact˙a Ìntima- mente. En la hipnoterapia este abrirse espont·neo y cambiar de marcos mentales y sistemas de creencias es estudiado cuidadosamente, facilitado, y utilizado. El terapeuta est· en un constante proceso de evaluaciÛn de quÈ limitaciones hay en la fuente del problema de los pacientes y quÈ nuevos horizontes pueden abrirse para ayudar al paciente a crecer m·s all· de esas limitaciones. En la fase preparatoria del trabajo hipnÛtico, los marcos mentales son facilitados de una manera que posi- bilite que el paciente responda a las sugestiones que van a ser recibidas m·s tarde,

Hipnoterapia

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durante el trance. Las sugestiones hechas durante el trance funcionan frecuente- mente como llaves que giran los seguros de los procesos asociativos de un pacien- te que est·n dentro de la cerradura de ciertos marcos mentales que ya han sido establecidos. Un cierto n˙mero de profesionales (Weitzenhoffer, 1957; Schneck, 1970,1975) han descrito cÛmo lo que se dice antes de que el trance sea formal- mente inducido puede intensificar la sugestiÛn hipnÛtica. Nosotros estamos de acuer- do y enfatizamos que el trabajo de trance eficaz normalmente es precedido por una fase preparatoria durante la cual nosotros ayudamos a los pacientes a crear una actitud positiva Ûptima y un sistema de creencias para dar respuestas terapÈu- ticas.

Un aspecto especialmente importante de esa actitud Ûptima es la ìexpectati- vaî. Las expectativas de los pacientes respecto del cambio terapÈutico les permi- ten suspender las limitaciones aprendidas y las experiencias de vida negativas, que est·n en la fuente de sus problemas. Una suspensiÛn de la falta de creencia y una expectativa extraordinariamente alta de curaciÛn han sido usadas para dar cuenta de la ìmilagrosaî curaciÛn lograda a veces dentro de un sistema de creencias religioso. Como se ver· en nuestro an·lisis global de la din·mica del cambio tera- pÈutico en la siguiente secciÛn, tales aparentemente milagrosas curaciones pueden comprenderse como una manifestaciÛn especial del proceso m·s general que uti- lizamos para facilitar las respuestas terapÈuticas en la hipnoterapia.

2. EL TRANCE TERAPEUTICO

El trance terapÈutico es un perÌodo durante el cual las limitaciones de los mode- los de referencia comunes y de las creencias de uno se alteran temporariamente de manera tal que uno puede ser receptivo a otros modelos de asociaciÛn y modos de funcionamiento mental que son conducentes para la resoluciÛn de problemas. Nosotros consideramos la din·mica de la inducciÛn del trance y la utilizaciÛn como experiencia muy personal en donde el terapeuta ayuda a los pacientes a encontrar sus propios caminos individuales. La inducciÛn a trance no es un proceso standa- rizado que pueda aplicarse de la misma forma a todas las personas. No hay un mÈtodo o una tÈcnica que siempre funcione con todos o incluso con la misma persona en diferentes ocasiones. Por esto nosotros hablamos de ìaproximacio- nesî a la experiencia de trance. De esta forma ponemos el Ènfasis en que tenemos muchos medios de facilitar, guiar o enseÒar cÛmo uno puede ser llevado a experi- mentar el estado de receptividad que llamamos trance terapÈutico. Sin embargo,

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Milton H. Erickson y Ernest L. Rossi

no tenemos un mÈtodo universal para efectuar el mismo estado de trance unifor- memente en cada persona. La mayorÌa de la gente que tiene problemas puede ser guiada a experimentar su propia y ˙nica variedad de trance terapÈutico, cuando ellos comprenden que Èsta puede ser ˙til. El arte del hipnoterapeuta est· en ayudar a los pacientes a lograr una comprensiÛn que los ayuden a dejar algunas de las limitaciones de su visiÛn del mundo com˙n de todos los dÌas de manera tal que ellos puedan alcanzar un estado de receptividad a una visiÛn nueva y creativa dentro de sinismos.

Con propÛsitos did·cticos, hemos conceptualizado la din·mica de la inducciÛn del trance y de la sugestiÛn como un proceso de cinco estadios, delineados en la figura 1.

  • 1. FIJACION DE LA ATENCION

  • 2. DEPOTENCIACION DE LOS MARCOS HABITUALES Y DE LOS SISTEMAS DE CREEN- CIA.

  • 3. BUSQUEDA

INCONSCIENTE

  • 4. PROCESO

INCONSCIENTE

  • 5. RESPUESTA HIPNOTICA

VIA Utilizar las creencias y la conduc- ta del paciente para enfocar la atenciÛn sobre realidades internas.

VIA DistracciÛn, shock, sorpresa, duda,

confusiÛn, disociaciÛn o cualquier otro proceso que interrumpa los marcos habituales del paciente.

VIA Implicaciones, preguntas, juegos de palabras, y otras formas indirec-

tas de sugestiÛn hipnÛtica.

VIA ActivaciÛn de las asociaciones personales y mecanismos mentales

por medio de todo lo que se acaba de decir arriba.

VIA Una expresiÛn de potenciales de conducta que son experimentados

como teniendo lugar autÛnomamente.

Figura 1: Un paradigma de 5 estadios de la din·mica de la inducciÛn a trance y de la sugestiÛn (de Erickson

Hipnoterapia

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Mientras que nosotros podemos usar este paradigma como un marco conve- niente para analizar muchas de las aproximaciones hipnoterapÈuticas que vamos a ejemplificar en este volumen, es comprensible que las manifestaciones individua- les del proceso ser· justamente, tan ˙nicas y variadas como lo son las naturalezas de la gente que lo experimentan. Ahora vamos a delinear nuestra comprensiÛn de estos cinco estadios.

1. FIJACION DE LA ATENCION

La fijaciÛn de la atenciÛn ha sido la tÈcnica cl·sica para iniciar el trance tera- pÈutico, o hipnosis. El terapeuta le pedirÌa al paciente mirar fijamente un punto o la llama de una vela, una luz muy brillante, un espejo giratorio, los ojos del terapeuta, sus gestos, o cualquier cosa. Con la experiencia que se ha acumulado, se hizo evidente que el punto de fijaciÛn podrÌa ser cualquier cosa que capture la atenciÛn del paciente. Adem·s, el punto de fijaciÛn no debe ser necesariamente externo; es todavÌa m·s eficaz enfocar la atenciÛn sobre el propio cuerpo del paciente y sobre su experiencia interna. De este modo se desarrollan aproximaciones tales como la levitaciÛn de la mano y la relajaciÛn del cuerpo. Animar al paciente a hacer foco sobre las sensaciones o im·genes internas lleva la atenciÛn hacia adentro de una manera a˙n m·s eficaz. Muchas aproximaciones han llegado a standarizarse y est·n bien descritas con referencias a trabajos sobre hipnosis (Weitzenhoffer, 1957; Hartland, 1966; Haley, 1967).

El principiante de hipnoterapia puede estudiar bien estas tÈcnicas standarizadas y seguir fielmente alguna de ellas para iniciar el trance formalmente. Ellas son con frecuencia altamente impresionantes para el paciente y muy eficaces en la induc- ciÛn del trance. Los terapeutas estudiantes estar·n en un error sin embargo, si intentan solamente utilizar una tÈcnica como el mÈtodo universal y se enceguecen con Èste a las motivaciones y a las manifestaciones ˙nicas del desarrollo del trance en cada persona. El terapeuta que estudie cuidadosamente el proceso de atenciÛn tanto en la vida cotidiana como en el consultorio, pronto llegar· a reconocer que una historia interesante o un hecho fascinante o una fantasÌa pueden fijar la aten- ciÛn tan eficazmente como una inducciÛn formal. Cualquier cosa que fascine y atrape o absorba la atenciÛn de una persona, podrÌa describirse como algo hipnÛti- co. Nosotros tenemos el concepto del trance cotidiano com˙n para esos perÌodos de la vida cotidiana en que estamos tan absortos o preocupados por uno u otro asunto que moment·neamente, le perdemos la pista a nuestra circunstancia exte-

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Milton H. Erickson y Ernest L. Rossi

rior.

El medio m·s eficaz de enfocar y fijar la atenciÛn, en la pr·ctica clÌnica es el de reconocer y admitir la experiencia corriente del paciente. Cuando el terapeuta califica correctamente la experiencia continua del aquÌ y ahora del paciente, Èste normalmente se muestra inmediatamente agradecido y abierto a cualquier otra cosa que el terapeuta tenga que decir. Admitir la realidad corriente del paciente abre entonces una serie para cualquiera de las sugestiones que el terapeuta pueda desear introducir. Esta es la base de la tÈcnica de la utilizaciÛn para la inducciÛn del trance, en donde los terapeutas ganan la atenciÛn de los pacientes enfoc·ndola sobre su conducta y sus experiencias corrientes (Erickson, 1958, 1959). Se presentar·n ejemplos de esta aproximaciÛn de la utilizaciÛn para la inducciÛn del trance en nuestro tercer capÌtulo.

2. DEPOTENCIACION DE LOS MARCOS Y SISTEMAS DE CREENCIAS HABITUALES

Seg˙n nuestro punto de vista, uno de los efectos psicolÛgicos m·s ˙tiles de fijar la atenciÛn es que esto tiende a depotenciar los aparatos mentales habituales del paciente y los modelos de referencia habituales comunes. Los sistemas de creen- cias de ellos quedan m·s o menos interrumpidos y suspendidos por un momento. La conciencia ha sido ìdistraÌdaî. Durante esa moment·nea suspensiÛn, los mo- delos latentes de asociaciÛn y de experiencia sensorio perceptual tienen una opor- tunidad para afirmarse de una manera que puede iniciar el estado alterado de conciencia que se ha descrito como trance o hipnosis.

Hay muchos medios de depotenciar los modelos de referencia habituales. Cual- quier experiencia de shock o sorpresa fija moment·neamente la atenciÛn e inte- rrumpe el modelo previo de asociaciÛn. Cualquier experiencia de lo irreal, lo in- usual, o lo fant·stico le da una oportunidad a los modos alterados de aprehensiÛn. Los autores han descrito cÛmo la confusiÛn, la duda, la disociaciÛn, y el desequili- brio son todos medios de depotenciar las limitaciones aprendidas de los pacientes de manera tal que puedan llegar a estar abiertos y a ser capaces de utilizar nuevos medios de experimentar y de aprender, que son la esencia del trance terapÈutico (Erickson, Rossi, y Rossi, 1976).

La interrupciÛn y la suspensiÛn de nuestro sistema de creencias cotidiano co-

Hipnoterapia

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m˙n ha sido descrita por el m·s joven de los autores como un ìmomento creativoî (Rossi, 1972 a):

øPero quÈ es un momento creativo? Tales momentos han sido celebrados como el ìpresentimientoî excitante por profesionales cientÌficos e ìinspiraciÛnî por la gente del arte (Barron, 1969). ìUn momento creativo ocurre cuando se interrumpe un modelo habitual de asociaciÛnî; puede haber un lapso ìespont·neoî o relaja- ciÛn del proceso asociativo habitual de uno; puede haber un ìshock psÌquicoî, un arrollar sensorial o una experiencia emocional; una droga psicodÈlica, una condi- ciÛn tÛxica o una deprivaciÛn sensorial pueden servir como cat·lisis; yoga, Zen, y los ejercicios espirituales y de meditaciÛn pueden, de la misma manera, interrumpir las asociaciones habituales e introducir un vacÌo moment·neo en nuestra concien- cia. En esa fracciÛn de segundo en que los contenidos habituales de percataciÛn quedan noqueados hay una posibilidad para la conciencia pura, ìla pura luz del vacÌoî (Evans- Wentz, 1960) se irradia. Esta fracciÛn de segundo puede ser expe- rimentada como un ìestado mÌsticoî, satori, una experiencia pico o un estado alte- rado de conciencia (Tart, 1969). Puede experimentarse como un momento de ìfas- cinaciÛnî o ìenamorarseî cuando el vacÌo en la conciencia de uno se llena por lo ìnuevoî que repentinamente se introduce. ìEl momento creativo es de este modo un vacÌo en el modelo habitual de conciencia (percatamiento) de unoî. Bartlett (1958) ha descrito cÛmo la gÈnesis del pensamiento original puede ser comprendi- da como el sentimiento de un vacÌo mental. ìLo nuevo que aparece en los momen- tos creativos es asÌ la unidad b·sica tanto del pensamiento y de la intuiciÛn psico- lÛgica (insight) original como del cambio de la personalidadî. Experimentar un momento creativo puede ser el correlato fenomenolÛgico de un cambio crÌtico en la estructura molecular de proteÌnas dentro del cerebro, asociado con el aprendiza- je (Gaito, 1972; Rossi, 1973b), o la creaciÛn de nuevas reuniones de cÈlulas y secuencias de fases (Hebb, 1963).

La relaciÛn entre el shock psicolÛgico y los momentos creativos es evidente: un ìshock psÌquicoî interrumpe las asociaciones habituales de una persona de una manera tal que puede aparecer algo nuevo. Idealmente, el shock psicolÛgico esta- blece las condiciones para un momento creativo cuando un insight nuevo, una actitud o un cambio de conducta pueden tener lugar en el sujeto. Erickson (1948) ha descrito tambiÈn el trance hipnÛtico como un estado psicolÛgico especial que efect˙a un quiebre similar en la conciencia y en las asociaciones habituales del paciente de una manera tal que puede tener lugar el aprendizaje creativo.

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Milton H. Erickson y Ernest L. Rossi

En la vida cotidiana uno continuamente se enfrenta con situaciones dificultosas y problem·ticas que shockean suavemente e interrumpen el modo habitual de pen- sar. Idealmente estas situaciones problem·ticas iniciar·n un momento creativo o una reflexiÛn que pueden brindar una oportunidad para que emerja algo nuevo.

Los problemas se desarrollan cuando la gente no permite que el cambiar natu- ral de las circunstancias de vida interrumpan sus viejos y no demasiado ˙tiles modelos de asociaciÛn y de experiencia de tal manera que puedan emerger nuevas soluciones y actitudes.

3. BUSQUEDA INCONSCIENTE Y PROCESO INCONSCIENTE

En la vida cotidiana hay muchas aproximaciones para fijar la atenciÛn, depotenciar las asociaciones habituales y, de esta forma, iniciar una ìb˙squeda inconscienteî, una experiencia o una nueva soluciÛn del problema. En una situa- ciÛn dificultosa, por ejemplo, uno puede hacer un chiste o usar un juego de palabras para interrumpir y reorganizar la situaciÛn desde un punto de vista diferente. Uno puede usar alusiones o implicaciones para introducir otra forma de comprender la misma situaciÛn. Como la met·fora y los recursos an·logos (Jayens, 1976) son medios de detener moment·neamente la atenciÛn y requerir una b˙squeda - esen- cialmente b˙squeda en un nivel inconsciente - para surgir con una asociaciÛn o un modelo de referencia nuevo. Estas son todas oportunidades para los momentos creativos en la vida cotidiana, en donde tiene lugar una necesaria organizaciÛn de la experiencia de uno.

En el trance terapÈutico utilizamos medios similares de iniciar una b˙squeda en un nivel inconsciente. Estos son los que el mayor de los autores ha descripto como ìformas indirectas de sugestiÛnî (Erickson y Rossi, 1976; Erickson, Rossi, y Rossi, 176). En esencia, una sugestiÛn indirecta inicia una b˙squeda inconsciente y faci- lita procesos inconscientes dentro de los pacientes de modo tal que ellos normal- mente se sorprenden de sus propias respuestas. Las formas indirectas de suges- tiÛn ayudan a los pacientes a evitar sus limitaciones aprendidas de tal manera de ser capaces de realizar mucho m·s de lo que normalmente son capaces. ìLas formas indirectas de sugestiÛn son facilitadores de asociaciones mentales y proce- sos inconscientesî. En el prÛximo capÌtulo vamos a delinear nuestra comprensiÛn com˙n de varias de estas formas indirectas de sugestiÛn.

Hipnoterapia

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LA RESPUESTA HIPNOTICA

La respuesta hipnÛtica es el resultado natural de la b˙squeda inconsciente y de los procesos iniciados por el terapeuta. Puesto que es mediada, en primera instan- cia, por procesos inconscientes que se dan dentro del paciente, la respuesta hipnÛtica parece ocurrir autom·ticamente o autÛnomamente; ella parece tener lugar total- mente por sÌ misma de una manera que puede ser extraÒa o disociada del modo de responder normal de la persona en un nivel voluntario. La mayorÌa de los pacien- tes, tÌpicamente, experimentan una suave sensaciÛn de placentera sorpresa cuan- do se encuentran a sÌ mismos respondiendo de esta manera autom·tica e involuntaria. Esa sensaciÛn de sorpresa, en efecto, generalmente puede tomarse como un indi- cio de la naturaleza genuinamente autÛnoma de sus respuestas.

Sin embargo, no es necesario que las respuestas hipnÛticas sean iniciadas por el terapeuta.

La mayorÌa de los fenÛmenos hipnÛticos cl·sicos fueron descubiertos en forma completamente accidental, como manifestaciones naturales de la conducta huma- na que ocurrÌa espont·neamente en el trance sin sugestiÛn alguna. Los fenÛmenos hipnÛticos cl·sicos tales como: la catalepsia, la anestesia, la amnesia, alucinacio- nes, regresiÛn de la edad y distorsiÛn del tiempo son todos fenÛmenos de trance espont·neos que fueron una fuente de asombro y perplejidad para los primeros investigadores. Fue cuando ellos, m·s tarde, intentaron inducir el trance y estudiar los fenÛmenos del trance sistem·ticamente, que estos investigadores descubrieron que ellos podÌan ìsugerirî los distintos fenÛmenos hipnÛticos. Una vez que ellos descubrieron que es posible hacer esto, comenzaron a usar la misma sugestibilidad como criterio de la validez y la profundidad de la experiencia de trance.

Cuando se ha dado el siguiente paso de utilizar la experiencia de trance como una forma de terapia, la sugestibilidad hipnÛtica se enfatizÛ a˙n m·s como el factor esencial de un trabajo exitoso. Un efecto secundario desafortunado de este Ènfa- sis puesto sobre la sugestibilidad fue el del pretendido poder del hipnotista para controlar la conducta con la sugestiÛn. Por cierto que en la actualidad nuestra concepciÛn de los fenÛmenos hipnÛticos ha cambiado mucho respecto del descu- brimiento original de ellos, de los fenÛmenos hipnÛticos como manifestaciones na- turales y espont·neas de la mente. La hipnosis adquiriÛ las connotaciones de ma- nipulaciÛn y de control. La explotaciÛn de los fenÛmenos de trance, que ocurrÌan naturalmente, como una demostraciÛn de poder, de prestigio, influencia y control

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(como se los usÛ en esta etapa de la hipnosis) fue el giro m·s desafortunado que se dio en la historia de la hipnosis.

En un esfuerzo para corregir tales falsas concepciones, el mayor de los autores (Erickson, 1948) describiÛ los mÈritos de la sugestiÛn directa e indirecta de la hipnoterapia como sigue:

ìLa siguiente consideraciÛn tiene que ver con el rol general de la sugestiÛn de la hipnosis. Con mucha frecuencia, se hace la suposiciÛn injustificada, falsa, de que, desde que un estado de trance es inducido y mantenido por medio de una suges- tiÛn, y desde que las manifestaciones hipnÛticas pueden obtenerse por sugestiÛn, todo lo que se desarrolla a partir de la hipnosis debe ser necesaria y completamen- te un resultado y una expresiÛn primaria de la sugestiÛn.

En contra de tales concepciones falsas, la persona hipnotizada contin˙a siendo la misma persona. SÛlo su conducta se ve alterada por el estado de trance, y a˙n asÌ esa conducta alterada deriva de la experiencia de vida del paciente y no del terapeuta. Al menos, el terapeuta sÛlo puede influir la manera de autoexpresarse. La inducciÛn y el mantenimiento de un trance sirven para proveer un estado psico- lÛgico especial que el paciente puede reasociar y reorganizar su complejidad psi- colÛgica interna y utilizar sus propias capacidades de una manera acorde con su propia experiencia de vida. La hipnosis no cambia a la persona, ni altera su vida de experiencia pasada. La hipnosis sirve para permitirle aprender algo m·s acerca de sÌ misma y para permitirle expresarse adecuadamente.î

La sugestiÛn directa se basa primariamente, y se da inconscientemente, en la suposiciÛn de que lo que se desarrolla en la hipnosis deriva de las sugestiones dadas. Esto implica que el terapeuta tiene el milagroso poder de efectuar cambios terapÈuticos en el paciente, y de ser diferente del hecho de que la terapia resulta de una resÌntesis interna de la conducta del paciente lograda por el paciente mis- mo. Es cierto que la sugestiÛn directa puede efectuar una alteraciÛn en la conduc- ta del paciente y resultar en una curaciÛn sintom·tica, al menos temporariamente. Sin embargo, una ìcuraciÛnî tal es simplemente una respuesta a la sugestiÛn y no impone esa reasociaciÛn de ideas, comprensiones y recuerdos tan esencial para una curaciÛn real. Es esa experiencia de reasociar y reorganizar su propia vida de experiencia la que concluye en una curaciÛn; no la manifestaciÛn de la conducta de respuesta que puede, en el mejor de los casos, satisfacer solamente al observa- dor.

Hipnoterapia

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Por ejemplo, la anestesia de la mano puede sugerirse directamente y puede obtenerse una respuesta aparentemente adecuada. Sin embargo, si el paciente no ha interpretado espont·neamente la orden como para incluir en ella la compren- siÛn de la necesidad de la reorganizaciÛn interna, esa anestesia fallar· ante los tests clÌnicos y ser· una pseudoanestesia.

Una anestesia eficaz se induce mejor, por ej., iniciando una sucesiÛn de activi- dad mental dentro del paciente mismo, sugiriÈndole que recuerde la sensaciÛn de insensibilidad experimentada despuÈs de la aplicaciÛn de una anestesia local, o cuando se le durmiÛ una pierna o un brazo, y sugiriÈndole despuÈs que Èl puede experimentar ahora una sensaciÛn similar en su mano. Por medio de una sugestiÛn indirecta como Èsta el paciente es capaz de pasar por aquellos procesos internos y dificultosos de desorganizaciÛn, reorganizaciÛn, reasociaciÛn y proyecciÛn de la experiencia real interna para enfrentarse con los requerimientos de la sugestiÛn. De este modo la anestesia inducida se vuelve una parte de su vida de experiencia, en lugar de ser una respuesta simple y superficial.

Los mismos principios se sostienen con verdad en la psicoterapia. El alcohÛlico crÛnico puede ser inducido por sugestiÛn directa a corregir sus h·bitos temporariamente, pero no van a ocurrir resultados eficaces hasta que Èl no pase por el proceso interno de reasociaciÛn y de reorganizaciÛn de su vida de experien- cia.

En otras palabras, la psicoterapia hipnÛtica es un proceso de aprendizaje para el paciente, un procedimiento de reeducaciÛn. Los resultados eficaces en la psico- terapia hipnÛtica, o hipnoterapia, derivan solamente de las actividades del pacien- te. El terapeuta meramente estimula al paciente hacia la actividad, frecuentemen- te sin saber cu·l puede ser esa actividad, y luego guÌa al paciente y pone en ejerci- cio su juicio clÌnico para determinar la cantidad de trabajo que se debe hacer para lograr los resultados deseados. CÛmo guiar y juzgar constituyen el problema del terapeuta mientras que la tarea del paciente es la de aprender, a travÈs de sus propios esfuerzos, a comprender su vida de experiencia de un modo nuevo. Tal reeducaciÛn se da, por supuesto, necesariamente en los tÈrminos de las experien- cias de vida del paciente, sus comprensiones, recuerdos, actitudes e ideas, y no puede darse en tÈrminos de las ideas y de las opiniones del terapeuta.

En nuestro trabajo, por consiguiente, preferimos enfatizar cÛmo el trance tera- pÈutico ayuda a la gente a evitar sus propias limitaciones aprendidas de manera tal

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que ellos puedan explorar y utilizar con mayor plenitud sus potenciales. El hipnoterapeuta hace muchas aproximaciones tÈcnicas a los estados alterados del funcionamiento disponible del paciente. La mayor parte de los pacientes realmente no pueden dirigirse a sÌ mismos conscientemente en la experiencia del trance por- que tal direcciÛn sÛlo puede provenir de sus h·bitos de funcionamiento aprendidos con anterioridad que son los que est·n inhibiendo la plena utilizaciÛn de sus poten- ciales. Los pacientes deben consiguientemente aprender a permitir que sus pro- pios potenciales de respuesta conscientes lleguen a manifestarse durante el tran- ce. El terapeuta, por su parte, debe depender del inconsciente del paciente como una fuente de creatividad para la resoluciÛn del problema. El terapeuta ayuda al paciente a encontrar un acceso a esta creatividad vÌa ese estado alterado que llamamos trance terapÈutico. El trance terapÈutico puede, entonces, comprender- se como un perÌodo libre, de exploraciÛn psicolÛgica, en el cual el terapeuta y el paciente cooperan en la b˙squeda de esas respuestas hipnÛticas que llevar·n al cambio terapÈutico.

Dirigiremos ahora nuestra atenciÛn a la evaluaciÛn y facilitaciÛn de ese cam- bio.

3. RATIFICACION DEL CAMBIO TERAPEUTICO

El reconocimiento y la evaluaciÛn de los modelos alterados de funcionamiento facilitados por el trance terapÈutico es una de las m·s sutiles e importantes tareas del terapeuta. Muchos pacientes reconocen y admiten muy pronto los cambios que han experimentado. Otros, con menos habilidad introspectiva, necesitan la ayuda del terapeuta para evaluar los cambios que han tenido lugar. Un reconocimiento y apreciaciÛn del trabajo de trance son necesarios para que las actitudes negativas antiguas del paciente no interrumpan y destruyan las nuevas respuestas terapÈu- ticas que est·n en un estado fr·gil de su desarrollo.

EL RECONOCIMIENTO Y LA RECTIFICACION DEL TRANCE

Diferentes individuos experimentan el trance de diferentes formas. La tarea del terapeuta es reconocer estos modelos individuales y cuando es necesario, pun- tualiz·rselos a los pacientes para ayudar a verificar y ratificar el estado alterado de trance en ellos. La conciencia no siempre reconoce sus propios estados alterados.

Hipnoterapia

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øCu·ntas veces nosotros no reconocemos que en realidad estamos soÒando? Nor- malmente sÛlo despuÈs del hecho de reconocer que est·bamos en un estado de ensueÒo o de soÒar despiertos. El usuario inexperto del alcohol y de la droga psicodÈlica tambiÈn debe aprender a reconocer y despuÈs ìir conî el estado alte- rado para aumentar y experimentar plenamente sus efectos. Desde el momento que el trance terapÈutico, es en realidad sÛlo una variaciÛn del trance cotidiano com˙n o ensueÒo con el que todos estamos familiarizados, pero no necesariamen- te reconocemos como un estado alterado, algunos pacientes no creer·n que ellos han sido afectados de alguna manera. Para estos pacientes en particular, es impor- tante ratificar el trance en tanto que estado alterado. Sin esta prueba, las actitudes y creencias negativas del paciente pueden deshacer el valor de la sugestiÛn hipnÛtica y abortar el proceso terapÈutico que se ha iniciado.

Por esa razÛn nosotros incluimos en una lista, en la Tabla 1 algunos de los indicadores comunes de la experiencia de trance, que ya hemos discutido y ejemplificado con cierto detalle (Erickson, Rossi, y Rossi, 1976). Puesto que la experiencia del trance est· altamente individualizada, los pacientes manifestar·n estos indicadores en combinaciones diferentes y en grados diversos.

La mayor parte de estos indicadores se van a ejemplificar en la medida que aparezcan en los casos de este libro.

Vemos el desarrollo espont·neo de fenÛmenos hipnÛticos tales como la regre- siÛn respecto de la edad, la anestesia, la catalepsia, etc. como indicadores del trance m·s genuinos en comparaciÛn con la situaciÛn en que estos mismos fenÛ- menos son ìsugeridosî. Cuando ellos son sugeridos directamente, caemos en las dificultades impuestas por las actitudes conscientes y el sistema de creencias del paciente. Cuando llegan casi espont·neamente, son el resultado natural de la diso- ciaciÛn o de la reorganizaciÛn de los modelos de referencia normales y de las orientaciÛn general respecto de la realidad del paciente, algo que es caracterÌstico del trance.

Ciertos investigadores han seleccionado alguno de estos fenÛmenos espont·- neos como caracterÌsticas definitorias de la naturaleza fundamental del trance. Meares (1957) y Shor (1959), por ejemplo, han tomado la regresiÛn como un as- pecto fundamental del trance. Desde nuestro punto de vista, sin embargo, la regre- siÛn per se no es una caracterÌstica fundamental del trance. Est· presente con frecuencia, como un epifenÛmeno del estado temprano del desarrollo del trance,

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cuando los pacientes est·n aprendiendo a vencer sus modelos de referencia y sus modos de funcionamientos normales. En esta primera etapa de aprendizaje de la

TABLA 1

ALGUNOS INDICADORES COMUNES DE LA EXPERIENCIA DE TRANCE

Idea autÛnoma y experiencia interna

RespiraciÛn. Tragar saliva Reflejo de sobrecogimiento

Tonicidad balanceada (Catalepsia)

Inmovilidad del cuerpo

IdeaciÛn objetiva e impersonal

ReorientaciÛn del cuerpo despuÈs del trance

Respuestas psicosom·ticas

Cambio en la calidad de la voz

Cambios pupilares

Comodidad, relajaciÛn

Estar atento a una respuesta

EconomÌa de movimiento

Cambios sensoriales, musculares y del cuerpo (Parestesias)

Expectativa

El pulso se lentifica

Cambios y cierre de los ojos

Rasgos faciales relajados y suavizados

FenÛmenos hipnÛticos espont·neos. Amnesia. Anestesia.

Sentirse distanciado o disociado

Ilusiones del cuerpo. Catalepsia

Sentirse bien despuÈs del trance

RegresiÛn. DistorsiÛn del tiempo

Literalismo

etc.

PÈrdida o retardo de reflejos de parpadear

Retraso temporal en la conducta motora y conceptual

Hipnoterapia

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experiencia de un estado alterado, suceden muchas cosas no controladas, que incluyen la regresiÛn respecto de la edad espont·nea, parestesias, anestesias, ilu- siones de distorsiÛn corporal, respuestas psicosom·ticas, distorsiÛn del tiempo, etc. Una vez que los pacientes aprenden a estabilizar estas reacciones secundarias superficiales ellos pueden entonces permitir que sus mentes inconscientes funcio- nen libremente en la interacciÛn con las sugestiones del terapeuta sin algunas de las limitaciones de sus modelos de referencia normales.

SE—ALAR IDEOMOTOR E IDEOSENSORIAL

Desde el momento en que buena parte del trabajo hipnoterapÈutico no requiere una experiencia dram·tica de los fenÛmenos hipnÛticos cl·sicos, es todavÌa m·s importante que el terapeuta aprenda a reconocer las mÌnimas manifestaciones del trance como alteraciones del funcionamiento ìsensorio-percepctual, emocionalî y ìcognitivoî del paciente. Un medio estimable de evaluar estos cambios consiste en el uso del seÒalar ideomotor e ideosensorial (Erickson, 1961; Cheek y Le Cron, 1968). Puede ratificarse una experiencia de trance, en tanto que estado alterado inquiriendo algunas de las siguientes respuestas ideomotoras:

Si usted ha experimentado algunos momentos de trance en nuestro traba- jo de hoy, su mano derecha (o uno de sus dedos) puede elevarse por sÌ misma.

Si usted hoy ha estado en trance aunque sin darse cuenta, su cabeza se mover· como diciendo ìsÌî (o sus ojos se cerrar·n) por sÌ misma.

La existencia de un cambio terapÈutico puede seÒalarse de una manera similar.

Si su inconsciente ya no necesita que usted tenga que experimentar (cualquier sÌntoma), asentir· con su cabeza.

Su inconsciente puede revisar las razones de ese problema, y cuando le haya dado a su mente consciente su fuente de una manera que sea cÛ- moda para usted discutir, su dedo Ìndice derecho puede levantarse por sÌ mismo.

Algunos sujetos experimentan respuestas ideosensoriales con m·s facili-

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dad que otros. De este modo ellos pueden experimentar un sentimiento de ligereza, pesadez, frescura, o la sensaciÛn de un pinchazo en la parte del cuerpo que se designe.

Al requerir tales respuestas, presumiblemente nosotros estamos permitiendo que el inconsciente del paciente responda de una manera que es experimentada como involuntaria por el paciente. Este aspecto involuntario o autÛnomo del movi- miento o de la sensaciÛn es una indicaciÛn que proviene de un sistema de respues- ta que est· en cierto modo disociado del modelo habitual del paciente de respuesta voluntaria o intencional. El paciente y el terapeuta por consiguiente tienen la indi- caciÛn de que ha sucedido algo independientemente de la voluntad consciente del paciente. Ese ìalgoî puede ser el trance o cualquier respuesta terapÈutica que se desee.

Una visiÛn acrÌtica del seÒalar ideomotor e ideosensorial, considera tales res- puestas como ìla verdadera voz del inconscienteî. En esta etapa de nuestra com- prensiÛn nosotros preferimos verlas solamente como un sistema de respuestas m·s que debe ser comprobado y verificado crucialmente igual que cualquier otro sistema de respuesta verbal o no verbal. Preferimos evocar las respuestas ideomotoras de una manera tal que la mente consciente del paciente no pueda ser testigo de ellas (por ej., tener los ojos cerrados o desviados cuando se da la seÒal del dedo o de la mano). Verdaderamente es dificultoso, no obstante, establecer que la mente consciente no se da cuenta de cu·l es la respuesta que se da y que la respuesta se da, en efecto, independientemente de la intenciÛn consciente. Algu- nos pacientes sienten que la respuesta ideomotora o ideosensorial est· enteramen- te en un nivel involuntario. Otros sienten que deben ayudarla o, por lo menos, saber de antemano cu·l tiene que ser.

Un segundo uso principal del seÒalar ideomotor e ideosensorial es el de ayudar a los pacientes a estructurar su sistema de creencias. Las dudas acerca del cam- bio terapÈutico pueden persistir a˙n despuÈs de un extenso perÌodo de exploraciÛn y de tratamiento del problema en el trance. Estas dudas, con frecuencia, pueden ser sofocadas cuando el paciente cree en las respuestas ideomotoras o ideosensoriales como un Ìndice independiente de la validez del trabajo terapÈutico. El terapeuta puede proceder, por ej., con sugestiones como las siguientes:

Si su inconsciente reconoce que se ha iniciado un proceso de cambio terapÈutico, puede decir que sÌ con la cabeza.

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Cuando usted sepa que ya no necesita molestarse con ese problema, su dedo Ìndice puede levantarse, o tener calor / o cualquiera otra cosa /.

En este uso el valor, por supuesto, est· en hacer que la mente consciente del paciente reconozca la respuesta positiva. M·s autÛnoma e involuntaria es la res- puesta ideomotora o ideosensorial, m·s convincente es para el paciente.

En la actualidad no tenemos forma de distinguir cuando una respuesta ideomotora o ideosensorial es (1) un Ìndice confiable y v·lido de algo que sucede en el incons- ciente (fuera del rango inmediato del darse cuenta del paciente), o (2) simplemente un medio de restructurar un sistema de creencias consciente. Es necesario que se haga en esta ·rea un gran trabajo experimental cuidadosamente controlado. Es a˙n un asunto de juicio clÌnico determinar cu·l proceso, o el grado al que llegan ambos procesos, est·n operando en una situaciÛn individual.

RESUMEN

Nuestra aproximaciÛn de la utilizaciÛn para la hipnoterapia enfatiza que el tran- ce terapÈutico es un medio por el cual ayudamos a los pacientes a aprender a usar sus habilidades potenciales mentales para lograr sus propios fines terapÈuticos. Mientras nuestra aproximaciÛn est· centrada en el paciente y es sumamente de- pendiente de las necesidades del momento del individuo, hay tres fases b·sicas que pueden delinearse y discutirse con propÛsitos did·cticos: preparaciÛn, trance terapÈutico, y ratificaciÛn del cambio terapÈutico.

El objetivo del perÌodo preparatorio inicial es establecer un modelo de refe- rencia Ûptimo para orientar al paciente hacia el cambio terapÈutico. Esto se ve facilitado por los siguientes factores, que han sido discutidos en este capÌtulo y ser·n ejemplificados en los casos de este libro.

Rapport

AtenciÛn - respuesta

ValoraciÛn de las habilidades a ser utilizadas

FacilitaciÛn de los modelos de referencia terapÈuticos

CreaciÛn de expectativa

El trance terapÈutico es un perÌodo durante el cual las limitaciones de los mode-

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los de referencia habituales de uno se alteran temporariamente de manera tal que uno puede ser receptivo a modos de funcionamientos m·s adecuados. Mientras que la experiencia del trance es sumamente variable, la din·mica global del trance terapÈutico y de la sugestiÛn podrÌan delinearse como un proceso de cinco esta- dios: (1) FijaciÛn de la atenciÛn; (2) Depotenciar los marcos habituales; (3) B˙s- queda inconsciente; (4) Procesos inconscientes; (5) Respuesta terapÈutica.

La ìaproximaciÛn de la utilizaciÛnî y las ìformas indirectas de sugestiÛnî son los dos medios principales de facilitar la din·mica global del trance terapÈutico y de la sugestiÛn. La aproximaciÛn de la utilizaciÛn enfatiza la continua implicaciÛn del repertorio de habilidades y de potenciales de cada paciente, que es ˙nico; mientras que las formas indirectas de sugestiÛn son los medios por los cuales el terapeuta facilita implicaciones.

Creemos que la inducciÛn y el mantenimiento del trance terapÈutico proveen de un estado psicolÛgico especial en el cual los pacientes pueden reasociar y reor- ganizar su experiencia interna de manera que la terapia resulta de una resÌntesis interna de la propia conducta de ellos.

Ratificar el proceso de cambio terapÈutico es parte integral de nuestra aproxi- maciÛn a la hipnoterapia. Esto implica frecuentemente un esfuerzo especial para ayudar a los pacientes a reconocer y convalidar su estado alterado. El terapeuta debe desarrollar habilidades especiales para aprender a reconocer las mÌnimas manifestaciones del funcionamiento alterado en los procesos sensorio-perceptuales, emocionales y cognitivos. El seÒalar ideomotor e ideosensorial son especialmente utilizables tanto como Ìndices de cambio terapÈutico, tanto como medios de facili- tar una alteraciÛn del sistema de creencias del paciente.

EJERCICIOS

1. Las ìnuevas habilidades de observaciÛnî son el primer estadio en la formaciÛn del hipnoterapeuta. Es necesario aprender a reconocer las variaciones en los pro- cesos mentales del otro. Estas habilidades pueden desarrollarse entren·ndose uno a sÌ mismo en observar cuidadosamente los estados mentales de la gente tanto en la vida cotidiana como en el consultorio. Hay al menos cuatro niveles, que se pueden ordenar desde lo m·s obvio hasta lo m·s sutil.

Hipnoterapia

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  • 1. Relaciones de roles

  • 2. Modelos de referencia

  • 3. Conductas del trance com˙n de todos los dÌas

  • 4. AtenciÛn - respuesta

  • 1. RELACIONES DE ROLES: Note cuidadosamente hasta quÈ punto los indi-

viduos se enganchan en roles en todos los pasos de su vida, y los grados de flexi-

bilidad con los que ellos cuentan para desprenderse de sus roles, con el objeto de relacionarse con usted como una persona ˙nica. Por ej., øHasta quÈ punto los empleados del supermercado est·n identificados con sus roles? Note los matices de la voz y la postura del cuerpo que indican la conducta respecto de cada rol. øEl tono y la actitud de ellos implican que se piensan a sÌ mismos como una autoridad capaz de manipularlo a usted, o ellos tratando de averiguar algo sobre usted y quÈ es lo que usted realmente necesita? Explore las mismas preguntas aplicadas a la policÌa, oficiales de toda clase, enfermeras, choferes de Ûmnibus, maestros, etc.

  • 2. MODELOS DE REFERENCIA: Para el estudio anterior de las relaciones

del rol agregue una investigaciÛn de los modelos de referencia dominantes que est·n guiando la conducta de su sujeto. øEl chofer del Ûmnibus o de taxi est· dominado m·s bien por un modelo de referencia de seguridad? øCu·l de los em- pleados de un almacÈn est· comprometido en mayor medida con asegurar la tarea

que est· haciendo y cu·l obviamente est· haciendo aspavientos para promocionarse? øEl doctor evidentemente est· operando m·s dentro de un modelo de referencia financiero o dentro de un modelo de referencia terapÈutico?

  • 3. CONDUCTA EN EL TRANCE COMUN COTIDIANO: La tabla 1 pue-

de ser una guÌa respecto de quÈ observar al evaluar la conducta en el trance com˙n cotidiano de cada persona. A˙n en la conversaciÛn ordinaria, puede tomar cuidadosa nota de esas pausas moment·neas cuando la otra persona se queda callada mirando hacia fuera, a la distancia, o con la vista fija en algo, cuando Èl / ella aparentemente reflexiona. Uno puede ignorar y arruinar realmente estos pre- ciosos momentos en que el otro se interesa por su b˙squeda interna y sus procesos

conscientes hablando demasiado y atrayÈndola de esa manera a la persona. Cu·n- to mejor es quedarse callado, simplemente, y observar cuidadosamente las mani- festaciones individuales de la conducta del otro en el trance cotidiano. Note espe-

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Milton H. Erickson y Ernest L. Rossi

cialmente si el parpadeo de la persona se hace m·s pausado o se detiene total- mente. øSe cierran los ojos realmente en alg˙n momento? øEl cuerpo no se queda totalmente inmÛvil, aunque quiz·s con los miembros aparentemente catalÈpticos, fijos en un medio gesto?

Considerar estos momentos y estas pausas es especialmente importante en la psicoterapia. Los autores muchas veces se quedan helados en la mitad de una frase, cuando observan al paciente alej·ndose hacia este tipo de foco interno. Nosotros sentimos que lo que estamos diciendo probablemente es menos impor- tante que permitirle al paciente tener ese momento interior. A veces podemos facilitar la b˙squeda interna diciendo, simplemente, cosas tales como:

. Est· bien, contin˙e siendo como es. . Siga con eso ahora. . øNo le interesa? . Quiz·s usted me pueda contar algo de eso m·s tarde.

DespuÈs de un rato, los pacientes llegan a acostumbrarse a esta poco com˙n tolerancia y refuerzo de sus momentos internos; las pausas se van haciendo m·s largas y se transforman en lo que podrÌamos llamar trance terapÈutico. Los pa- cientes, entonces experimentan una creciente relajaciÛn y comodidad y pueden preferir responder con seÒales ideomotoras cuando ofrecen el creciente reconoci- miento de su estado de trance.

4. ATENCION - RESPUESTA: Este es el m·s ˙til e interesante de los indicadores del trance. El m·s joven de los autores puede recordar ese afortunado dÌa en que lo vieron individualmente una serie de tres pacientes a distintas horas y sucediÛ que manifestaban una similar mirada de expectativa desorbitada, mir·ndolo fijo a los ojos. Ellos adem·s tenÌan una similar sonrisita cÛmica (o una sofocada risilla) de melancolÌa y de suave confusiÛn. °QuÈ era esto! S˙bitamente Èl reconociÛ lo que el mayor de los autores habÌa tratado de enseÒarle durante los ˙ltimos cinco aÒos: °AtenciÛn - respuesta! Es posible que los pacientes no se dieran cuenta cu·nto exactamente lo estaban mirando al m·s joven de los autores en busca de una direcciÛn en ese momento. °Ese era el momento para introducir una sugestiÛn terapÈutica o un modelo de referencia! °Ese era el momento para introducir el trance directa o indirectamente! El m·s joven de los autores puede recordar la misma sensaciÛn ligera de incomodidad con cada uno de los pacientes en ese

Hipnoterapia

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momento. La desnuda mirada de expectativa del paciente indica una especie de apertura y vulnerabilidad que es sorprendente y un poco desconcertante cuando se la encuentra de golpe. En las situaciones cotidianas tendemos a desviar la mirada y a distraernos de tales delicados momentos. Por lo menos nos permitimos disfru- tarlos brevemente con los niÒos o durante los encuentros amorosos.

En la terapia, tales momentos creativos son los preciosos abridores de la serie sÌ y de la transferencia positiva. Los hipnoterapeutas se permiten estar abiertos a estos momentos y quiz·s ser igualmente vulnerables cuando ofrecen algunas sugestio- nes terapÈuticas tentativas.

Se presentar·n ejercicios m·s detallados sobre el reconocimiento y la utilizaciÛn de la atenciÛn de la respuesta al final del CapÌtulo 3.

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Milton H. Erickson y Ernest L. Rossi

CAPITULO 2

LAS FORMAS INDIRECTAS DE SUGESTION

1. SUGESTION DIRECTA E INDIRECTA

Una sugestiÛn directa apela a la mente consciente y contin˙a iniciando una conducta cuando nosotros estamos de acuerdo con la sugestiÛn y tenemos real- mente la capacidad de llevarla a cabo de manera voluntaria Si alguien sugiere, ´Por favor, cierre la ventanaª, yo la cerrarÈ si tengo la capacidad fisica de hacerlo, y si estoy de acuerdo en que es una buena sugestiÛn Si la mente consciente tuviera una capacidad pareja para llevar a cabo todas las formas de sugestiÛn hipnÛtica de una manera concordante y voluntaria, entonces la psicoterapia serÌa por cierto un asunto simple. El terapeuta sÛlo tendrÌa que sugerir que el paciente venza tal o cual fobia o infelicidad y eso serÌa el final del asunto.

Obviamente, esto no sucede. Los problemas psicolÛgicos existen precisamente porque la mente consciente no sabe cÛmo iniciar la experiencia psicolÛgica y el cambio de conducta en el grado que uno quisiera. En muchas situaciones semejan- tes hay cierta capacidad para los modelos de conducta deseados pero ellos sÛlo pueden ser llevados a cabo con la ayuda de un proceso inconsciente, que tiene lugar a nivel involuntario Pero podemos hacer esfuerzos conscientes para recor- dar un nombre olvidado, por ejemplo, pero si no podemos hacerlo, dejaremos de intentarlo despuÈs de un rato de f˙tiles esfuerzos. Cinco minutos despuÈs el nom- bre puede aparecer espont·neamente en nuestras mentes. øQuÈ sucediÛ? Obvia- mente, se iniciÛ una b˙squeda a nivel consciente, pero Èsta sÛlo podÌa completarse por un proceso inconsciente que lo continuÛ a la vez que la conciencia abandonÛ sus esfuerzos. Sternberg (1975) ha revisado los datos experimentales que le sus- tentan el punto de vista de que la b˙squeda inconsciente contin˙a, aproximada- mente, a razÛn de 30 Ìtems por segundo, a˙n despuÈs que la mente consciente ha seguido con otros asuntos.

Las formas indirectas de sugestiÛn son aproximaciones para iniciar y facilitar tales b˙squedas en un nivel inconsciente. Cuando descubrimos que la conciencia es incapaz de llevar a cabo una sugestiÛn directa, podemos entonces hacer un esfuerzo terapÈutico para iniciar una b˙squeda inconsciente a fin de llegar a una soluciÛn por medio de la sugestiÛn indirecta. El punto de vista ingenuo de la suges- tiÛn directa que enfatiza el control, sostiene que el paciente hace relativamente

Hipnoterapia

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todo lo que el terapeuta le pide. En nuestro uso de la sugestiÛn indirecta, sin embar- go, asumimos que la conducta sugerida es realmente una respuesta subjetiva sinte- tizada dentro del paciente. Es una respuesta subjetiva que utiliza el repertorio ˙nico de experiencias de vida y aprendizaje. No es lo que dice el terapeuta sino lo que hace el paciente, con lo que se le dice la esencia de la sugestiÛn. En la hipnoterapia, las palabras del terapeuta evocan una serie compleja de respuestas internas dentro del paciente: esas respuestas internas son la base de la ëësugestiÛníí. La sugestiÛn indirecta no le dice al paciente quÈ hacer; antes que esto, explora y facilita quÈ sistema de respuestas del paciente puede actuar en un nivel autÛnomo sin hacer en realidad un esfuerzo consciente para dirigirse a sÌ mismo.

Las formas indirectas de sugestiÛn son rodeos sem·nticos que facilitan la expe- riencia de nuevas posibilidades de respuesta. Ellas evocan autom·ticamen-te b˙s- quedas inconscientes y procesos dentro de nosotros independientemente de nues- tra voluntad consciente.

En este capitulo discutiremos cierto n˙mero de formas indirectas de sugestiÛn que se ha encontrado que son de valor pr·ctico con el objeto de facilitar la capaci- dad de respuesta hipnÛtica. La mayor parte de estas formas indirectas est·n en el uso com˙n de la vida diaria. Ciertamente, cuando el mayor de los autores buscÛ medios m·s efectivos de facilitar el trabajo hipnÛtico, reconociÛ el valor de ellas.

Puesto que ya hemos discutido la mayorÌa de las formas indirectas desde un punto de vista teÛrico (Erickson y Rossi, 1976; Erickson, Rossi, y Rossi, 1976), nuestro Ènfasis en este capitulo ser· puesto sobre sus aplicaciones terapÈuticas. Se ver· que muchas de estas formas indirectas est·n estrechamente relacionadas con otras, de manera que pueden usarse distintas en la misma frase u oraciÛn, y es a veces dificultoso distinguir una de la otra. A causa de esto, puede ser v·lido para el lector reconocer que se est· presentando una ëëactitudíí o ëëaproximaciÛníí con este material antes que una ëëtÈcnicaíí que se designa para alcanzar resultados definidos y predecibles (aunque limitados). Las ëëformas indirectas de sugestiÛn son m·s ˙tiles en la exploraciÛn de las potencialidades y en la facilitaciÛn de las tendencias de respuesta naturales del paciente antes que imponer un control sobre la conductaíí.

2- LA APROXIMACION DEL ESPARCIR

El mayor de los autores ha descrito la aproximaciÛn del ëëesparciríí (Erickson,

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Milton H. Erickson y Ernest L. Rossi

1966; Erickson y Rossi, 1976) junto con la de ëëno repeticiÛníí como sus contribu- ciones m·s importantes para la pr·ctica de la sugestiÛn (Nota: En una conversa- ciÛn con Anisley Mears, Gordon Ambrose, y otros la tarde en que el mayor de los autores, a la edad de 74 aÒos, fue galardonado con la medalla de oro Benjamin Franklin por sus contribuciones innovadoras a la hipnosis en el 7 Congreso Inter- nacional de Hipnosis de julio 2, 1976). Antes el hipnoterapeuta decÌa monÛtona- mente una tras otra las formas tradicionales de sugestiÛn directa, normalmente repitiendo la misma sugestiÛn una y otra vez. El esfuerzo se dirigÌa aparentemente a programar o imprimir profundamente a la mente con una idea fija. Con el adve- nimiento de la psicologÌa psicodin·mica, sin embargo, nosotros reconocemos que la mente es un estado de crecimiento y de cambio continuos; la conducta creativa est· en un constante proceso de desarrollo. Mientras que la programaciÛn directa puede influir obviamente en la conducta, (por ejemplo, Coueismo, la publicidad), esto no nos ayuda a explorar los potenciales ˙nicos del paciente y facilitarlos. La tÈcnica del esparcir, por el contrario, es un medio aconsejable de presentar suges- tiones de una manera tal que posibilita que el propio inconsciente de los pacientes las utilice seg˙n su propio y ˙nico modo.

La aproximaciÛn de esparcir (o intercalaciÛn) puede operar en muchos niveles. Nosotros podemos esparcir en una frase simple una palabra simple que facilite las asociaciones del paciente:

Usted puede describir estas sensaciones tan libremente como quiera.

La palabra que se esparciÛ en la oraciÛn, ëëlibrementeíí, asocia autom·ticamente una positiva valencia de libertad con sensaciones que los pacientes pueden haber suprimido. De esta manera se puede ayudar a los pacientes a liberar sensaciones que ellos realmente quieren que se les revelen. TodavÌa la individualidad de cada paciente se respeta, sin embargo, porque se admite la libre elecciÛn. El mayor de los autores (Erickson, 1966) ha ejemplificado cÛmo puede conducirse una sesiÛn terapÈutica entera esparciendo palabras y conceptos que sugieran comodidad, uti- lizando los modelos de referencia propios del paciente de manera tal que se alivie su dolor sin la inducciÛn formal del trance. El caso 1 de este volumen brindar· otro ejemplo claro de esta aproximaciÛn. En las secciones siguientes vamos a discutir y a ejemplificar el ëëenfocar asociativo indirectoíí y el ëëenfocar ideodin·mico indi- rectoíí como dos aspectos de la aproximaciÛn del esparcir.

Hipnoterapia

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2 A. ENFOCAR ASOCIATIVO INDIRECTO

Una forma b·sica de sugestiÛn indirecta es la de realizar un tÛpico pertinente sin dirigirlo de una manera obvia al paciente. Al mayor de los autores le gusta puntua- lizar que la forma m·s f·cil de ayudar a los pacientes a hablar acerca de sus madres es la de hablar acerca de su propia madre o sobre las madres en general. De esta forma se pone en movimiento un proceso asociativo indirecto natural y los pacientes son llevados a hacer asociaciones aparentemente espont·neas acerca de sus madres. Desde el momento en que nosotros no le preguntamos directamen- te al paciente sobre su madre, las limitaciones normales de los aparatos conscien- tes y los marcos mentales habituales (incluyendo las defensas psicolÛgicas) que una pregunta directa puede evocar quedan evitados. Bandler y Grinder (1975) han descrito este proceso como un fenÛmeno transderivacional - un proceso ling¸Ìstico b·sico por el cual el sujeto y el objeto quedan intercambiados autom·ticamente en un nivel profundo, (inconsciente), estructural.

En la terapia podemos usar un proceso de enfocar asociativo indirecto para ayudar al paciente a reconocer un problema. El mayor de los autores, por ejemplo, fre- cuentemente esparce observaciones o cuenta un cierto n˙mero de historias y anÈc- dotas en la conversaciÛn aparentemente casual. A˙n cuando son ëëhistoriasíí inco- nexas, sin embargo, todas ellas tienen un com˙n denominador o una ëëasociaciÛn enfocada com˙níí que Èl supone hipotÈticamente que son aspecto pertinente del problema del paciente. Los pacientes pueden preguntarse por quÈ el terapeuta est· llevando adelante esa interesante pero aparentemente irrelevante conversa- ciÛn durante la hora de terapia. Si la asociaciÛn enfocada com˙n es en efecto un aspecto pertinente del problema de ellos, sin embargo, los pacientes frecuent emente se van a sorprender a sÌ mismos hablando sobre Èste de un modo sorprendentemente revelador. Si el terapeuta hizo una mala conjetura, no se pierde nada. El paciente simplemente no va a hablar acerca de la asociaciÛn enfocada, porque no existe un reconocimiento en especial ni una contribuciÛn dentro de los procesos asociativos propios del paciente como para que se la realce a nivel verbal.

Un valor mayor de esta aproximaciÛn del esparcir consiste en que los terapeutas pueden en alguna medida evitar poner sus propios puntos de vista teÛricos y pre- ocupaciones a sus pacientes. Si la asociaciÛn enfocada es de valor para los pa- cientes, los procesos inconscientes de b˙squeda y de evaluaciÛn propios de ellos les permitir·n reconocerlo como un aspecto de su problema y utilizarlo seg˙n su propio modo de encontrar sus propias soluciones. Se presentar·n ejemplos de este

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Milton H. Erickson y Ernest L. Rossi

proceso de enfocar asociativo indirecto para ayudar a los pacientes a reconocer y resolver los problemas psicodin·micos, en un buen n˙mero de ejemplos basados en casos, que se ofrecen en este volumen (por ejemplo, particularmente el caso 5, una aproximaciÛn general a la conducta sintom·tica).

2 B. ENFOCAR IDEODINAMICO INDIRECTO

Una de las teorÌas m·s tempranas acerca de la capacidad de respuesta hipnÛtica fue formulada por Bernheim (1895), quien la describiÛ como ëëuna aptitud peculiar para transformar la idea recibida en un actoíí. El creyÛ, por ejemplo, que en la experiencia hipnÛtica de la catalepsia habÌa ëëuna exaltaciÛn de la excitabilidad refleja ideomotora, que efect˙a la transformaciÛn inconsciente del pensamiento en movimiento, desconocida para la voluntadíí. En la experiencia hipnÛtica de aluci- naciones sensoriales Èl teorizÛ que ëëresucitÛ el recuerdo de la sensaciÛníí junto con ëëla exaltaciÛn de la excitabilidad refleja ideomotora, que efect˙a la transfor- maciÛn inconsciente del pensamiento en movimiento, desconocida para la volun- tadíí. En la experiencia hipnÛtica de alucinaciones sensoriales Èl teorizÛ que ëëre- sucitÛ el recuerdo de la sensaciÛníí junto con ëëla exultaciÛn de la excitabilidad refleja ideosensorial, que efect˙a la transformaciÛn inconsciente del pensamiento en sensaciÛn, o en imagen sensorialíí.Este punto de vista acerca de la capacidad de respuesta ideodin·mica (de que las ideas pueden transformarse en una expe- riencia real de movimientos, sensaciones, percepciones, emociones, etc., indepen- dientemente de la intencionalidad consciente) es a˙n sostenible hasta el dÌa de hoy. Nuestra teorÌa de la utilizaciÛn de la sugestiÛn hipnÛtica enfatiza que ëëla sugestiÛn es un proceso de evocaciÛn y ëëutilizaciÛníí de los procesos mentales propios del paciente en forma que est·n fuera de su gama normal de control del Yo (Erickson y Rossi. 1976).íí

Los procesos ideodin·micos pueden evocarse con la aproximaciÛn del esparcir utilizando el enfocar asociativo indirecto, como se lo describiÛ en la secciÛn ante- rior. Cuando el mayor de los autores se dirigÌa a grupos de profesionales para hablar sobre los fenÛmenos hipnÛticos, por ejemplo, Èl frecuentemente esparcÌa historias basadas en casos interesantes y contaba ëëhistoriasíí sobre la levitaciÛn de la mano o sobre sensaciones alucinatorias. Estos ejemplos vÌvidos iniciaban un proceso natural de respuestas -ideomotora e ideosensorial- en los oyentes sin que se dieran cuenta de esto. DespuÈs, cuando Èl solicitaba voluntarios entre su audi- torio para hacer una demostraciÛn de la conducta hipnÛtica, ellos eran ëëlos prime-

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rosíí en dar respuesta, por los procesos ideodin·micos que ya habÌan tenido lugar en ellos de una manera involuntaria a nivel inconsciente. Estas respuestas ideodin·micas no reconocidas, frecuentemente pueden medirse por medio de ins- trumentos electrÛnicos (Prokasy y Raskin, 1973).

De una manera similar, cuando nos enfrentamos con un sujeto ëëresistenteíí, podemos rodearlo de uno o m·s buenos sujetos hipnÛticos a quienes les dirigimos nuestras sugestiones hipnÛticas. Dentro del sujeto resistente tiene lugar autom·ticamente un proceso de respuesta ideodin·mica indirecta cuando Èl escu- cha las sugestiones y observa las respuestas de los otros.

El enseguida se sorprende de cÛmo la ëëatmÛsfera hipnÛticaíí surte sus efectos sobre Èl de manera tal que puede responder mucho m·s que antes.

En los casos que contiene este libro se encontrar·n muchos ejemplos claros de este proceso del esparcir de una sugestiÛn ideodin·mica indirecta. En nuestro pri- mer caso, por ejemplo, el mayor de los autores habla acerca de su amigo John, que tenÌa en el pie una prÛtesis igual que el paciente:

John era fabuloso. Y yo discutÌ con Èl la importancia de tener sensacio-

nes agradables en su pie de madera, en su rodilla de madera

La impor-

... tancia de tener sensaciones buenas en el pie de madera, en la rodilla de

madera, en la pierna de madera. Sentir que est· caliente. FrÌo. Descansa-

do ...

la prÛtesis puede provocarle placer.

En el contexto de las anÈcdotas y de las historias acerca de cÛmo los otros han aprendido a experimentar, con respecto a su prÛtesis, placer en lugar de dolor, se esparcieron sugestiones ideodin·micas indirectas tales como las de arriba que co- mienzan autom·tica-mente a iniciar b˙squedas y procesos inconscientes que con- ducir·n a la mejorÌa del dolor por la prÛtesis a˙n sin la inducciÛn formal del trance.

3. PEROGRULLADAS QUE UTILIZAN PROCESOS IDEODINAMICOS

La unidad b·sica del enfocar ideodin·mico es la perogrullada: una afirmaciÛn sim- ple de hecho sobre una conducta que el paciente ha experimentado tantas veces que no puede ser negada. En la mayor parte de nuestros ejemplos sobre la base de

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Milton H. Erickson y Ernest L. Rossi

los casos se puede encontrar que el mayor de los autores frecuentemente habla sobre ciertos procesos psicofisiolÛgicos o sobre ciertos mecanismos mentales como si simplemente estuviera describiendo al paciente hechos objetivos. En realidad estas descripciones verbales pueden funcionar como sugestiones indirectas, cuan- do ellas sacan respuestas ideodin·micas a partir de asociaciones y modelos apren- didos que ya existen en el paciente como un repositorio de la experiencia de vida de ellos.

La ëëorientaciÛn respecto de la realidad generalizadaíí (Shor, 1959), normal- mente mantiene esas respuestas subjetivas dentro de lÌmites apropiados cuando nos comprometemos en la conversaciÛn com˙n. Cuando la atenciÛn se fija y se enfoca en el trance de manera tal que algunas de las limitaciones de los aparatos mentales habituales del paciente se depotencian, sin embargo, las perogrulladas siguientes pueden en realidad sacar una experiencia literal y concreta de la con- ducta sugerida, que se imprime con letras it·licas.

  • 3 A PROCESOS IDEOMOTORES

La mayorÌa de la gente puede experimentar una mano como m·s liviana que la otra.

Todos los que han tenido la experiencia de mover sus cabezas como dicien- do ëësÌíí o moverla como diciendo ëënoíí a˙n sin darse cuenta.

Cuando estamos cansados, nuestros ojos comienzan a pestaÒear pausada- mente y a veces se cierran sin que nos demos mucha cuenta de esto.

A veces cuando nos vamos a dormir, un m˙sculo se contraer· espasmÛdi- camente de manera que nuestro brazo o nuestra pierna har· un leve movi- miento involuntario (Overlade, 1976).

  • 3 B. PROCESOS IDEOSENSORIALES

Usted ya sabe cÛmo experimentar sensaciones placenteras como la del calor del sol sobre su piel.

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La mayorÌa de la gente disfruta la frescura de una brisa suave.

Algunas personas pueden imaginarse su comida favorita tan bien como la pudieran probar.

La sal y el olfato de una brisa oce·nica es placentera para la mayorÌa de la gente.

  • 3 C. PROCESOS IDEOAFECTIVOS

Algunas personas se ruborizan f·cilmente cuando reconocen ciertos senti- mientos referidos a sÌ mismas.

Es f·cil sentir enojo y resentimiento cuando nos hacemos sentir tontos. Nor- malmente fruncimos el ceÒo cuando tenemos recuerdos que son demasiado penosos para recordar.

La mayorÌa de nosotros trata de evitar a los pensamientos y recuerdos que nos lleven a las l·grimas , aunque ellas frecuentemente convienen a las cosas m·s importantes.

Todos nosotros hemos disfrutado de notar en alguien una sonrisa en un pensamiento Ìntimo y frecuentemente nos encontramos sonriendo en la son- risa de ellos.

Al formular tales sugestiones ideoafectivas es ˙til incluir un marcador (rubor, fruncirse el ceÒo, l·grima, sonrisa) cuando sea posible, para pro- veer un posible feedback al terapeuta respecto de lo que el paciente est· recibiendo y sobre lo que est· actuando.

  • 3 D. PROCESOS IDEOCOGNITIVOS

Nosotros sabemos que cuando usted est· dormido su inconsciente puede soÒar.

Usted puede olvidarse f·cilmente de ese sueÒo cuando despierte.

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A veces usted puede recordar alguna parte importante de ese sueÒo, algo que le interese.

A veces podemos saber un nombre y tenerlo en la punta de la lengua y a˙n no ser capaces de decir el nombre.

  • 4. PEROGRULLADAS QUE UTILIZAN EL TIEMPO

En el trabajo hipnoterapÈutico las perogrulladas que utilizan el tiempo son muy importantes porque frecuentemente hay un retraso temporal en la ejecuciÛn de las respuestas hipnÛticas. Los estadios de la b˙squeda y de los procesos inconscientes que llevan a las respuestas hipnÛticas requieren variar la cantidad de tiempo de acuerdo con los distintos pacientes. Normalmente es mejor permitir que el propio inconsciente del paciente determine la cantidad apropiada de tiempo que requiere para una respuesta.

Tarde o temprano su mano se va a elevar (sus ojos se van a cerrar o cual- quier otra cosa).

Su dolor de cabeza (o cualquier otra cosa) ahora puede irse tan pronto como su sistema este preparado para que se vaya.

Su sÌntoma ahora puede desaparecer, tan pronto como su inconsciente sepa que usted puede manejar (tal o cual) problema de una manera m·s constructiva.

  • 5. NO SABER, NO HACER

Mientras que las perogrulladas son un medio excelente para introducir sugestiones de una manera positiva que la mente consciente puede aceptar, la experiencia hipnÛtica v·lida implica la utilizaciÛn de procesos inconscientes. Un aspecto b·sico del trance terapÈutico es el de arreglar las circunstancias de manera tal que los procesos mentales constructivos se experimenten al tener lugar por sÌ mismos, sin que el paciente tenga que hacer ning˙n esfuerzo para conducirlos o dirigirlos. Cuando uno est· relajado, como es tÌpico estarlo en la mayorÌa de las experiencias del trance, el sistema parasimp·tico lo predispone fisiolÛgicamente a uno a ´no hacerª

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antes que a efectuar alg˙n esfuerzo activo de hacer. De manera similar cuando estamos relajados y el inconsciente entra en funciones, normalmente sentimos comodidad y ëëno sabemosíí cÛmo el inconsciente lleva a cabo sus actividades

No saber y no hacer son sinÛnimos de respuesta inconsciente o autÛnoma, esto es la esencia de la experiencia de trance. Una actitud de no saber y no hacer tiene por consiguiente, un gran valor para facilitar la capacidad de respuesta hipnÛtica. Esto es particularmente cierto durante los estadios iniciales de la inducciÛn de trance, donde las siguientes sugestiones pueden ser apropiadas.

Usted no tiene que hablar ni que moverse ni que hacer ninguna clase de esfuerzo.

Usted ni siquiera tiene que mantener sus ojos abiertos.

Usted no tiene que tratar de oÌrme porque su mente inconsciente puede hacerlo y responder por sÌ misma.

La gente puede dormir y no saber que est· dormida.

Ellos pueden soÒar y no recordar ese sueÒo.

Usted no sabe exactamente cu·ndo esos p·rpados se van a cerrar por sÌ mismos.

Usted puede no saber exactamente cu·l de las dos manos se va a elevar primero.

Estos ejemplos ilustran claramente quÈ diferentes son nuestras formas hipnÛticas indirectas respecto de la aproximaciÛn directa, que comienza tÌpicamente asÌ: ëëahora preste mucha atenciÛn a mi voz y haga exactamente lo que digoíí. La aproxima- ciÛn directa enfoca la atenciÛn consciente y tiende a activar la cooperaciÛn cons- ciente del paciente. Esto puede ser de valor al iniciar algunos tipos de conductas de respuesta, en sujetos hipnÛticos buenos, pero para el tÈrmino medio de los pacien- tes esto puede activar procesos conscientes hasta un punto que los procesos in- conscientes se inhiban antes que se intensifiquen. No saber y no hacer son de especial valor en el trabajo de trance cuando queremos evocar la individualidad propia del paciente en la b˙squeda de la mejor modalidad de respuesta terapÈutica.

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Usted realmente no sabe con exactitud cÛmo su inconsciente lo ayudar· a resolver ese problema. Pero su mente consciente puede ser receptiva a la respuesta cuando llegue.

Su mente consciente seguramente tiene muchas preguntas, pero realmente no sabe con exactitud cu·ndo el inconsciente lo dejar· a usted vencer ese h·bito indeseable. Usted no sabe si esto va a ocurrir pronto o despuÈs de un tiempo. Usted no sabe si esto va a ocurrir de golpe o pausadamente, por grados. Sin embargo usted puede aprender a respetar su propia forma natural de hacer las cosas.

6. SUGESTIONES DE LIMITES ABIERTOS

Tanto los terapeutas como los pacientes no siempre saben cu·l es la mejor vÌa para que los procesos constructivos se expresen. Las predisposiciones y potencia- lidades humanas son tan complejas que a˙n podemos considerar presuntuoso su- poner que cualquiera posiblemente pueda saber de antemano con exactitud cu·l es la m·s creativa aproximaciÛn a lo nuevo que continuamente lo sorprende. Por cierto, se ve este desajuste en que en efecto nosotros intentamos imponer puntos de vista y soluciones viejas a circunstancias de vida que han cambiado y en las que ellos ya no son apropiados (Rossi, 1972). La sugestiÛn de limites abiertos es un medio de tratar este problema. Las sugestiones de lÌmites abiertos nos permiten explorar y utilizar cu·les posibilidades de respuesta son m·s aprovechables para el paciente. Esto es de valor en el nivel de la elecciÛn consciente tanto como en el del determinismo inconsciente. Cuando los pacientes est·n despiertos y dirigen cons- cientemente sus propias conductas, la sugestiÛn no limitada de antemano permite la autodeterminaciÛn. Cuando los pacientes est·n en trance, la sugestiÛn de lÌmites abiertos permite que el inconsciente seleccione criterios m·s apropiados de llevar a cabo una respuesta terapÈutica.

Como ya lo hemos visto, no saber y no hacer lleva naturalmente a sugestiones de lÌmites abiertos. A continuaciÛn, tenemos ejemplos.

Todos nosotros tenemos potenciales de los que no nos damos cuenta, y normalmente no sabemos cÛmo ser·n expresados.

Su mente puede revisar mas sentimientos, recuerdos y pensamientos re-

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lacionados con ese problema, pero usted todavÌa no sabe cu·l ser· m·s ˙til para resolver el problema que est· enfrentando.

Usted puede encontrarse recorriendo el pasado, el presente o el futuro,

cuando su

inconsciente selecciona los medios m·s apropiados de tratarse

este problema.

El no sabe quÈ est· aprendiendo, pero est· aprendiendo. Y no est· bien que yo le diga, ëëi Aprenda esto o aquello!íí. Hay que dejarlo aprender lo que quiera, en el orden que quiera.

Mientras da mucha aparente libertad para explorar y expresar la propia indivi- dualidad del paciente, tales sugestiones de lÌmites abiertos llevan a cabo una fuerte implicaciÛn de que se aproxima una respuesta terapÈutica.

7. CUBRIR TODAS LAS P0SIBILIDADES DE UNA CLASE DE RESPUESTA

Mientras que las sugestiones de lÌmites abiertos permiten la m·s amplia ampli- tud posible para la expresiÛn de una respuesta terapÈutica, las sugestiones que cubren todas las posibilidades de una clase de respuesta son de mayor valor cuan- do el terapeuta quiere enfocar la capacidad de respuesta del paciente en una di- recciÛn en particular. Al iniciar el trance, por ejemplo, puede ser apropiado lo si- guiente:

Pronto usted encontrar· que un dedo o el pulgar se est· moviendo un poco, quiz·s por sÌ mismo. Puede moverse para arriba o para abajo. Esto puede ser lento o r·pido o quiz·s puede no moverse para nada. ëëLo real- mente importante es sentir plenamente quÈ sensaciones se desarrollaníí.

Todas las posibilidades de movimiento del dedo quedan cubiertas, incluida la posibilidad de que no se mueva para nada. La sugestiÛn queda asÌ a salvo de fracasar. No importa quÈ respuesta desarrolle el paciente, tiene Èxito. El terapeuta simplemente est· explorando la capacidad de respuesta inicial del paciente, mien- tras inicia el trance mediante el enfocar la atenciÛn.

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Milton H. Erickson y Ernest L. Rossi

Puede usarse exactamente la misma aproximaciÛn cuando el paciente ha ex- perimentado el trance terapÈutico y est· preparado para tratar el problema.

Pronto usted puede ir al encuentro del problema del peso que est· tratan- do comiendo m·s o menos de los alimentos buenos que usted puede dis- frutar. Puede primero ganar peso, o perder peso, o quedarse en el mismo peso por un tiempo, mientras ëëusted aprende cosas realmente importan- tes sobre sÌ mismoíí.

En ambos ejemplos podemos observar cÛmo estamos distrayendo la concien- cia del paciente del ·rea importante de respuesta, con una idea interesante hacia el final (entre comillas) de manera que el inconsciente pueda tener una mayor opor- tunidad de determinar cu·l de las posibilidades de respuesta (lo que no est· entre comillas) se va a expresar. Esto concuerda con la nociÛn cl·sica de la hipnosis como el simult·neo enfocar y distraer la atenciÛn.

8. PREGUNTAS QUE FACILITAN NUEVAS POSIBILIDADES DE RESPUESTA

La investigaciÛn reciente (Sternberg, 1975) indica que el cerebro humano, cuando se le formula una pregunta, contin˙a buscando exhaustivamente a travÈs de su sistema de recuerdos, en un nivel inconsciente a˙n despuÈs de haber encontrado una respuesta aparentemente satisfactoria a nivel consciente. Esta b˙squeda in- consciente y esta activaciÛn de procesos mentales en un nivel autÛnomo constitu- yen la esencia de nuestro approach indirecto, en el cual buscamos utilizar los po- tenciales que el paciente no reconoce para evocar los fenÛmenos hipnÛticos y las respuestas terapÈuticas.

Este proceso de b˙squeda inconsciente y de procesamiento autÛnomo de informa- ciÛn se hace evidente en muchos fenÛmenos de la vida cotidiana. De acuerdo con un dicho popular, ëëLa maÒana es m·s prudente que la tardeíí. Una vez que hemos dormido con un problema, encontramos que la soluciÛn sale m·s f·cil a la maÒana. Evidentemente han tenido lugar una b˙squeda inconsciente y un proceso de reso- luciÛn de problemas mientras la conciencia descansaba. Hay evidencias de que el soÒar puede ser un teatro experimental de la mente, donde las preguntas pueden ser respondidas y pueden sintetizarse nuevas posibilidades de vida (Rossi, 1971 -

1973).

Hipnoterapia

47

El mÈtodo socr·tico de educaciÛn, en el cual un maestro le formulaba al estu- diante una serie de preguntas muy agudas, es un ejemplo claro del uso de pregun- tas como iniciadores de procesos mentales. PodrÌamos sorprendernos, por cierto, si la conciencia pudiera haber evolucionado hasta su nivel corriente sin el desarro- llo y la utilizaciÛn de preguntas como formas sint·cticas evocativas que facilitan los procesos internos de indagaciÛn. En esta secciÛn ejemplificaremos cÛmo las preguntas pueden tanto enfocar asociaciones como sugerir y reforzar nuevas po- sibilidades de respuesta.

  • 8 A. PREGUNTAS PARA ENFOCAR ASOCIACIONES

Un ejemplo interesante de cÛmo las preguntas pueden enfocar aspectos dife- rentes de la experiencia interna proviene de la investigaciÛn sobre los informes subjetivos de los sujetos hipnÛticos (Barber, Dalal y Calverley, 1968). Cuando se les preguntÛ, ìøUsted experimenta el estado hipnÛtico como un estado b·sicamen- te ìsimilarî al estar despierto?î, la mayorÌa de los sujetos (83%) contestÛ afirma- tivamente. Por otro lado, cuando se les preguntÛ, ìøUsted experimenta el estado hipnÛtico como un estado b·sicamente ìdiferenteî del estar despierto?î, el 72% respondiÛ afirmativamente. PodrÌamos tomar estas respuestas aparentemente con- tradictorias como indicaciones de la falta de realidad de lo que informan los sujetos sobre la experiencia hipnÛtica. Desde otro punto de vista, sin embargo, podemos entender cÛmo tales cuestiones enfocaron a los sujetos sobre diferentes aspectos de sus experiencias. La primera pregunta enfocÛ la atenciÛn de ellos sobre las similaridades que hay entre el estado de vigilia y el estado hipnÛtico; la segunda enfocÛ la atenciÛn sobre las diferencias. Ambas preguntas podrÌan iniciar respues- tas v·lidas sobre los diferentes aspectos de las experiencias internas de los suje- tos. No se implica necesariamente ninguna contradicciÛn.

En hipnoterapia, frecuentemente es v·lido ayudar a los pacientes a discriminar entre los diferentes aspectos de sus vidas internas o a encontrar el com˙n denomi- nador entre experiencias aparentemente diferentes. Las preguntas que est·n cui- dadosamente formuladas, como las de arriba, pueden facilitar este proceso.

  • 8 B. PREGUNTAS EN LA INDUCCI”N AL TRANCE

Las preguntas tienen un valor particular como formas indirectas de sugestiÛn

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Milton H. Erickson y Ernest L. Rossi

cuando no pueden ser respondidas por la mente consciente. Tales preguntas acti- van procesos inconscientes que inician respuestas autÛnomas que constituyen la esencia de la conducta en el trance. Los siguientes son ejemplos de cÛmo una serie de preguntas puede usarse para iniciar y profundizar el trance a travÈs de dos approachs a la inducciÛn diferentes -fijaciÛn de los ojos y levitaciÛn de la mano-. En cada uno de los ejemplos las primeras preguntas pueden responderse por me- dio de la conducta de respuesta, que es guiada por la elecciÛn consciente. Las preguntas que le siguen pueden responderse por medio de la intencionalidad cons- ciente o de la elecciÛn inconsciente. Las ˙ltimas, solamente pueden responderse en un nivel inconsciente o autÛnomo de respuesta. Estas series de preguntas no pueden usarse de una manera fija y rÌgida, sino que deben siempre incorporar y utilizar la conducta permanente del paciente. Se sobreentiende que los pacientes no tienen que responder de una manera verbal convencional a estas preguntas, sino sÛlo con la conducta de respuesta sugerida. Los pacientes normalmente no reconocen que est· teniendo lugar un muy importante pero sutil cambio. Ellos ya no interact˙an verbalmente de una manera social y con sus defensas tÌpicas. En lugar de esto, est·n intensamente enfocados en sÌ mismos pregunt·ndose acerca de cÛmo van a responder. Esto implica que est· teniendo lugar una disociaciÛn entre su pensar consciente (con su sensaciÛn de control) y sus respuestas, aparen- temente autÛnomas, a las preguntas del terapeuta. La naturaleza aparentemente autÛnoma de sus respuestas de conducta se reconoce normalmente como ìhipnÛticaî. Se establece asÌ un escenario estable para ampliar las respuestas terapÈuticas autÛnomas e inconscientemente determinadas, m·s adelante.

FIJACI”N DE LOS OJOS

  • 1. øQuerrÌa encontrar una pequeÒa ·rea que pueda mirar con atenciÛn,

confortablemente?

  • 2. øMientras sigue mirando con atenciÛn esta ·rea por un rato, sus p·rpa-

dos quieren parpadear?

  • 3. øEsos p·rpados comienzan a parpadear juntos o separados?

  • 4. øLentamente o r·pido?

Hipnoterapia

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mismos?

  • 6. øEsos ojos se cierran m·s y m·s cuando usted va estando m·s y m·s

confortable?

  • 7. Est· bien. øEsos ojos pueden ahora permanecer cerrados mientras su

confort se profundiza al irse durmiendo?

  • 8. øEse confort puede continuar m·s y m·s de modo que usted preferible-

mente a˙n no quiera tratar de abrir los ojos?

  • 9. øO preferiblemente probarÌa y se encontrarÌa con que no puede hacer-

lo?

10. øY quÈ tan pronto se olvidar· totalmente de ellos, puesto que su in- consciente quiere dormir? (El terapeuta puede observar los ligeros movi- mientos de los globos oculares mientras los ojos cerrados del paciente siguen los cambios que se dan sobre la escena del sueÒo interno.)

Esta serie comienza con una pregunta que requiere la elecciÛn consciente y la voliciÛn por parte del paciente, y termina con una pregunta que sÛlo puede sacarse con procesos inconscientes. Un rasgo caracterÌstico importante de este approach es el de que est· a salvo de fallas, en el sentido de que ninguna falla en la res- puesta puede aceptarse como una respuesta v·lida y significativa a la pregunta. Otro rasgo caracterÌstico importante es el de que cada pregunta sugiere m·s una respuesta observable, que da al terapeuta una importante informaciÛn acerca de lo bien o mal que el paciente est· siguiendo las sugestiones. Estas respuestas observables est·n adem·s asociadas con importantes aspectos internos de la ex- periencia de trance y pueden usarse como indicadores de ellos.

Si existe alguna falla que no permite responder adecuadamente, el terapeuta pue- de a continuaciÛn formular algunas otras preguntas en el mismo nivel hasta que la conducta de respuesta se manifieste de nuevo, o el terapeuta puede preguntarle a los pacientes acerca de su experiencia interna para explorar si se trata de unos modelos de respuesta poco comunes o de ciertas dificultades que ellos puedan tener. No es algo fuera de lo com˙n para algunos pacientes, abrir los ojos ocasio- nalmente, a˙n despuÈs de habÈrseles sugerido que los mantengan cerrados. Esto parece ser una estratagema de supervisiÛn autom·tica que algunos pacientes usan

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Milton H. Erickson y Ernest L. Rossi

a˙n sin ver que lo hacen. Esto no interfiere el trabajo de trance terapÈutico. El formato de preguntas le da a la propia individualidad de cada paciente una opor- tunidad de responder de una manera terapÈuticamente constructiva. Estos rasgos caracterÌsticos se encuentran tambiÈn en el approach de la levitaciÛn de la mano, que ilustraremos ahora.

LEVITACION DE LA MANO

  • 1. øPuede sentirse confortable, descansando apaciblemente sus manos

sobre sus muslos?, (como el terapeuta le muestra) Est· bien, sin dejar

que se toquen.

  • 2. øPuede dejar que esas manos descansen tan ligeramente que las yemas

de los dedos apenas toquen los muslos?

  • 3. Est· bien. øCuando ellas descansan tan ligeramente, nota cÛmo tienden

a elevarse un poco, totalmente por sÌ mismas, cada vez que respira?

  • 4. øComienzan a elevarse a˙n m·s ligera y cÛmodamente por sÌ mismas

cuando el resto de su cuerpo se relaja m·s y m·s?

  • 5. øCuando sucede esto, es una mano, o la otra, o quiz· las dos que conti-

n˙an elev·ndose a˙n m·s?

  • 6. øY esa mano est· arriba y contin˙a elev·ndose m·s v m·s alto, poco a

poco, totalmente por sÌ misma? øLa otra mano quiere alcanzarla, o se re- lajar· en su regazo?

  • 7. Est· bien. øY esa mano contin˙a elev·ndose con esos leves y cortos

movimientos de contracciÛn, o su elevarse se hace m·s y m·s suave cuan-

do la mano sigue yendo para arriba hacia su cara?

  • 8. øSe mueve m·s r·pido o m·s lento cuando se aproxima a su cara con la

profundizaciÛn del confort? øNecesita hacer una breve pausa antes de ter- minar por tocar su cara, de modo que sepa que est· entrando en un tran- ce? øY no la va a tocar hasta que su inconsciente estÈ realmente prepara-

Hipnoterapia

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do para dejarlo ir m·s profundo, eh?

9. øY su cuerpo har· autom·ticamente una inspiraciÛn m·s profunda cuan- do su mano toque su cara mientras usted realmente se relaja y se experi- menta m·s profundo?

10. Est· bien. øY todavÌa le molestar· notar la profundizaciÛn del senti- miento de confort, cuando esa mano vuelva lentamente a su regazo total- mente por sÌ misma? øY su inconsciente estar· en un sueÒo mientras su mano descanse?

8 C.

PREGUNTAS QUE FACILITAN LA DISPOSICION A LA

RESPUESTA TERAPEUTICA

Toda pregunta puede combinarse con las sugestiones de no-saber y las de lÌmites abiertos facilitar una amplia variedad de modelos de respuesta.

øY quÈ medios ser·n eficaces para perder peso? øSer· simplemente olvi- d·ndose de comer y teniendo un poco de paciencia ante las comidas pesa- das o porque ellas lo privan de hacer cosas m·s interesantes? øCiertas comidas que hacen subir de peso ya no lo van a llamar por alguna razÛn? øDescubrir· la posibilidad de disfrutar de nuevos alimentos y de nuevas formas de prepararlos y de comerlos, de modo tal que se sorprender· de haber bajado de peso a causa de que realmente no extraÒÛ nada?

La ˙ltima pregunta de esta serie es un ejemplo de cÛmo pueden construirse pre- guntas compuestas con y y con de modo tal que para facilitar la tendencia que sea m·s natural para el paciente.

La ambig¸edad y el ìsugestivoî efecto de las preguntas compuestas ha sido muy reconocido en la jurisprudencia. El uso de preguntas compuestas por parte de los abogados est·n por esto prohibidas durante la examinaciÛn cruzada de testigos. En un caso vehementemente impugnado puede oÌrse con frecuencia que un juez o el abogado opuesto objeten las ìcompuestasî por las que un abogado inescrupuloso puede embotar y quiz·s meter en una trampa a un testigo incauto. En nuestro uso terapÈutico de las preguntas compuestas su gran ambig¸edad es de valor para despotenciar las limitaciones aprendidas del paciente de manera tal que puedan

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Milton H. Erickson y Ernest L. Rossi

experimentarse nuevas posibilidades.

Ahora dirigiremos nuestra atenciÛn a un examen m·s detallado de las sugestiones compuestas.

9. SUGESTIONES COMPUESTAS

Ya hemos visto en muchos de nuestros ejemplos anteriores cÛmo pueden combi- narse dos o mas sugestiones para que cada una soporte a la otra. En esta secciÛn vamos a mirar de cerca varias de las sugestiones compuestas que se ha encontra- do que son de valor en el trabajo hipnoterapÈutico. En el nivel m·s simple, una sugestiÛn compuesta se compone de dos preposiciones unidas por medio de una conjunciÛn gramatical o mediante una breve pausa que las pone en una estrecha asociaciÛn. La gram·tica tradicional ha clasificado las conjunciones en dos exten- sos grupos como ëëcoordinantesî y ëësubordinantesíí. Las conjunciones coordinantes ìyî, ìperoíí y ìoî juntan proposiciones que est·n coordinadas lÛgicamente o son de la misma categorÌa, mientras que las conjunciones subordinantes tales como ìaunque, si, por consiguiente, mientras que, despuÈs, porque, desde queíí y ìhasta queíí juntan una expresiÛn a otra que es su adjunta o su subordinada. La conjun- ciÛn y separaciÛn de expresiones ling¸Ìsticas obviamente tiene correspondencia con procesos similares que se dan en la matem·tica y en la lÛgica tanto como los procesos psicolÛgicos de asociaciÛn y disociaciÛn mental, que son la esencia de la hipnoterapia.

George Boole (1815-1864), uno de los pioneros de la lÛgica simbÛlica, creÌa que Èl estaba formulando las leyes del pensamiento con sus ecuaciones. Hoy sabemos, sin embargo, que mientras que el lenguaje lÛgico, natural, y los procesos mentales, comparten algunos rasgos comunes muy interesantes, no hay un sistema de com- pleta correspondencia entre ellos. Mientras que un sistema de lÛgica o matem·tica puede definirse completamente, ëëel lenguaje natural y los procesos mentales est·n perpetuamente en un estado de flujo creativoíí. En principio, no hay ninguna fÛr- mula fija o sistema de lÛgica o lenguaje que pueda determinar completamente o controlar los procesos mentales. Nos engaÒarÌamos a nosotros mismos, por consi- guiente, si busc·ramos un medio completamente determinÌstico de manejar los procesos mentales y controlar la conducta con nuestras formas indirectas de su- gestiÛn. Podemos usarlas para explorar y facilitar los potenciales de respuesta que est·n en el paciente, sin embargo. En esta secciÛn vamos a ejemplificar cinco

Hipnoterapia

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clases de sugestiones compuestas que han sido de particular uso en la hipnoterapia:

  • (a) la serie sÌ y el refuerzo,

  • (b) la contingencia,

  • (c) aposiciÛn de opuestos,

  • (d) la negativa, y

  • (e) shock, sorpresa y momentos creativos.

Otras formas de sugestiÛn indirecta tales como la implicaciÛn, los vÌnculos, los doble vÌnculos, son tan complejas que los discutiremos en secciones separadas.

9 A. LA SERIE SI Y EL REFUERZO

Una forma b·sica de proposiciÛn compuesta ampliamente usada en la vida cotidiana es la asociaciÛn simple de cierta nociÛn obviamente buena con la suges- tiÛn de una posibilidad deseable.

Es un dÌa tan lindo, vamos a nadar.

Estoy de vacaciones, asÌ que øpor quÈ no voy a hacer lo que quiero?

Lo ha hecho bien y puede continuar.

En cada una de estas frases, inicialmente, una asociaciÛn positiva (ëëdÌa lindoíí, ëëvacacionesíí, ëëhecho bieníí) introduce una serie sÌ que facilita la aceptaciÛn de la sugestiÛn siguiente. Ya antes hemos visto cÛmo las perogrulladas son otro medio para abrir una serie sÌ para facilitar una sugestiÛn.

Cuando a la perogrullada o la asociaciÛn positiva y motivadora sigue la suges- tiÛn, tenemos un medio para reforzarla. AsÌ:

Vamos a nadar, es un dÌa tan lindo.

9 B. SUGESTIONES CONTINGENTES Y REDES DE ASOCIACION

Una ˙til forma de proposiciÛn compuesta ocurre cuando unimos una sugestiÛn a

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Milton H. Erickson y Ernest L. Rossi

un modelo de conducta permanente o inevitable. Una sugestiÛn hipnÛtica que pue- de ser dificultosa para un paciente, es m·s f·cil cuando est· asociada con una conducta que le es familiar. La sugestiÛn hipnÛtica ëële hace dedoíí a las respues- tas naturales y espont·neas que est·n bien en el interior del repertorio normal del paciente. La sugestiÛn contingente est· en letras it·licas en los siguientes ejem- plos.

Cada vez que respire puede llegar a ver los ritmos naturales de su cuerpo y las sensaciones de confort que desarrolla ..

Cuando contin˙e sentado aquÌ, se va a encontrar relaj·ndose m·s y poniÈndose m·s confortable.

Cuando su mano baje, se va a encontrar regresando confortablemente en el tiempo hacia la fuente de ese problema.

Cuando revise mentalmente la fuente de ese problema, su inconsciente puede desarrollar algunas formas tentativas de tratarlo.

Y cuando su mente consciente reconozca una soluciÛn plausible y que valga la pena intentar, su dedo puede levantarse autom·ticamente.

Cuando se sienta preparado para hablar de esto, se va a encontrar despertando con una sensaciÛn refrescante y alerta, apreciando el buen trabajo que ha sido capaz de hacer.

Como puede verse a partir de los ˙ltimos cuatro ejemplos, las sugestiones contin- gentes pueden unirse a redes de asociaciÛn que crean un sistema de mutuo sopor- te y de mutua tendencia al movimiento para iniciar y dar curso completo a un modelo terapÈutico de respuesta. Desde el punto de vista m·s amplio, una sesiÛn de terapia Ìntegra - por cierto, un curso entero de terapia - puede concebirse como una serie de respuestas contingentes en la que cada paso terapÈutico exitoso evo- luciona a partir de todos los que se han dado antes. Haley (1974) ha presentado un buen n˙mero de casos clÌnicos del mayor de los autores, que ejemplifican este proceso.

Hipnoterapia

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9 C. APOSICION DE OPUESTOS

Otra forma indirecta de sugestiÛn compuesta es la que podemos describir como el balance o la aposiciÛn de opuestos. Un balance de sistemas que se oponen es un proceso biolÛgico b·sico que est· incorporado a la estructura de nuestro sistema nervioso (Kinsbourne, 1974). La mayorÌa de los sistemas biolÛgicos pueden conceptualizarse como un balance homeost·tico de procesos que impiden que el sistema global se aparte de la gama relativamente no muy amplia requerida para el funcionamiento Ûptimo. Para dar cuenta de algunos de los fenÛmenos de la hipno- sis, se ha propuesto que hay alternativas en varios de los sistemas que se oponen, tales como el sistema simp·tico y parasimp·tico, los hemisferios cerebrales iz- quierdo y derecho, los procesos corticales, los subcorticales, el primer y el segundo sistema de comunicaciÛn por signos (Platonov, 1959).

Este balance o aposiciÛn de procesos opuestos es evidente tambiÈn en los niveles psicolÛgico y social. Hay tensiÛn y relajaciÛn, motivaciÛn e inhibiciÛn, consciente e inconsciente, eros y logos, tesis y antÌtesis. Una mera aprehensiÛn y entendimiento de la din·mica de tales procesos opuestos es de gran significatividad en cualquiera de las formas de la psicoterapia. En esta secciÛn podemos ofrecer ˙nicamente unos pocos ejemplos de cÛmo podemos balancear los procesos que se oponen por medio de la sugestiÛn verbal. En el proceso de la inducciÛn hipnÛtica, por ejemplo, tenemos los siguientes:

Como el puÒo est· m·s apretado y m·s tenso, el resto del cuerpo se relaja.

Como la mano derecha se eleva, la mano izquierda baja.

Como ese brazo se siente m·s liviano y se eleva, sus p·rpados pueden sentirse m·s pesados y bajar hasta que estÈn cerrados.

Pueden formularse sugestiones similares virtualmente para cualquiera de los pro- cesos opuestos, en la esfera sensorial, perceptual, afectiva y cognitiva.

Como la frente se pone m·s frÌa, las manos pueden ponerse m·s calientes.

Como la mandÌbula se pone m·s y m·s entumecida e insensible, note cÛmo la mano izquierda se vuelve m·s y m·s sensible.

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Milton H. Erickson y Ernest L. Rossi

Puede experimentar todos sus sentimientos acerca de algo que ocurriÛ en una edad x sin ser capaz de recordar justo quÈ causÛ esos sentimientos.

Cuando, inmediatamente, abra sus ojos, tendr· un recuerdo extraordinariamente claro de todo eso, pero sin los sentimientos que tuvo entonces. Como est· revis·ndolo, usted puede experimentar ahora un balance apropiado de pensamiento y sentimiento acerca del hecho en su integridad.

Como puede verse a partir de los ˙ltimos tres ejemplos, puede utilizarse un proceso de disociaciÛn primero para ayudar al paciente a experimentar verdaderamente en forma completa las dos caras de un sistema de opuestos, antes de reunirlos en un adecuado nivel de integraciÛn.

9 D. LA NEGATIVA

Estrechamente asociado con la aposiciÛn de opuestos est· el Ènfasis que el mayor de los autores pone sobre la importancia de descargar la negatividad o la resisten- cia que se va acumulando siempre que un paciente sigue una serie de sugestiones. En la vida cotidiana podemos reconocer cÛmo la gente que es negativa o resistente normalmente tiene una historia en la que sienten que se los ha engaÒado demasia- do. A causa de esto, ahora quieren ëë°hacer lo que les dÈ la gana!íí. Se resisten, siendo los que m·s son dirigidos, y verdaderamente con mucha frecuencia hacen lo opuesto de lo que creen que los otros quieren que hagan. Esta tendencia a la oposiciÛn, por supuesto, es en realidad una compensaciÛn saludable respecto de sus historias tempranas. La naturaleza aparentemente quiere que seamos indivi- duales, y muchos creen que la cultura y el desarrollo psicolÛgico del hombre han sido un esfuerzo para lograr a˙n - m·s - abarcantes grados de libertad, concÈntricos y destrabados, y una genuina auto-expresiÛn.

En la investigaciÛn experimental los psicÛlogos han desarrollado el concepto de inhibiciÛn reactiva para dar cuenta de fenÛmenos de conducta similares (Woodworth y Schlosberg, 1954). DespuÈs de repetir cierta tarea (recorrer un laberinto, resol- ver ciertos problemas de naturaleza similar) el sujeto - ya sea una rata o un hombre - parece que quiere cada vez menos seguir adelante, y acepta m·s f·cilmente vÌas alternativas y otros modelos de conducta. Esta inhibiciÛn aparentemente tiene la funciÛn adaptativa de obstruir la conducta previa en favor de la expresiÛn de nue- vas respuestas capaces de llevar hacia nuevas posibilidades.

Hipnoterapia

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En su trabajo pr·ctico con los pacientes el mayor de los autores ha explorado varios medios para enfrentar y, en realidad, utilizar esta tendencia inhibitoria u opositora. El cree que la simple expresiÛn de una negativa por parte del terapeuta puede con frecuencia servir como un pararayo para descargar autom·ticamente cualquier inhibiciÛn y resistencia menor que se haya ido acumulando en el pacien- te. De este modo, usar· frases como las siguientes:

Y usted puede, ø puede, no?

Puede intentarlo, øno puede ?

No puede pararlo, øpuede?

Usted quiere, øno quiere?

Usted lo hace, øno lo hace?

øPor quÈ no deja que suceda?

La investigaciÛn ha demostrado otro valor de esta cerrada yuxtaposiciÛn de lo positivo y la negativa. Se ha encontrado que es un 30% m·s difÌcil comprender una negativa que algo positivo (Donaldson, 1959). De este modo, el uso de negativas puede producir una confusiÛn que tiende a despotenciar el aparato consciente - limitado - del paciente, de modo que pueda hacerse el trabajo interno.

El uso de la negativa est· adem·s relacionado con otra forma indirecta - no saber y no actuar -. Este uso de la negativa puede ser verdaderamente muy ˙til y casual- mente introducido en sugestiones contingentes tales como las siguientes, que utili- zan el conectivo ëëhasta queíí.

No tiene que entrar en trance hasta que estÈ realmente listo.

No tomar· una respiraciÛn realmente profunda hasta que esa mano toque su cara.

Realmente no sabr· exactamente cu·n confortable puede estar en el trance hasta que ese brazo baje lentamente, sin parar, hasta descansar en su regazo.

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Realmente no tiene que hacer (la respuesta terapÈutica), hasta que (una conduc- ta inevitable en el futuro cercano del paciente).

No lo har·, hasta que su inconsciente estÈ preparado.

Este ˙ltimo uso de la negativa es, en realidad, una forma de doble vÌnculo cons- ciente - inconsciente, que discutiremos en una secciÛn ulterior.

9 E. SHOCK, SORPRESA Y MOMENTOS CREATIVOS

Una forma bastante interesante de sugestiÛn compuesta queda ejemplificada cuando un shock sorprende los marcos mentales habituales del paciente, de modo tal que sus aparatos conscientes usuales se despotencian y hay un moment·neo vacÌo en su mera aprehensiÛn de las cosas, que puede, entonces, ser llenado por una apro- piada sugestiÛn (Rossi, 1973; Erickson y Rossi, 1976). El shock abre la posibilidad de un momento creativo, durante el cual el inconsciente del paciente se compro- mete en una b˙squeda interna de una respuesta o concepciÛn que pueda reestablecer el equilibrio psÌquico. Si los propios procesos inconscientes del paciente no proveen la respuesta, el terapeuta tiene la oportunidad de introducir una sugestiÛn que pue- da tener el mismo efecto.

El shock y la sorpresa a veces pueden precipitar reacciones autÛnomas que nor- malmente no est·n bajo control voluntario. En un momento delicado, en una con- versaciÛn, uno a veces se ruboriza de una manera incontrolada cuando se tocan ciertos procesos emocionales inconscientes. Si una persona no se ruboriza durante tales momentos de descuido, uno, frecuentemente, puede precipitar la respuesta de ruborizarse preguntando simplemente, ëëøPor quÈ se ruboriza?íí. Esta pregun- ta - como una forma indirecta de sugestiÛn administrada durante el momento ëëde- licadoíí (potencialmente creativo), en que los marcos mentales habituales del pa- ciente est·n en un flujo naciente, evoca f·cilmente los procesos autÛnomos suge- ridos.

En la vida cotidiana un ruido fuerte puede asustarnos tanto que nos quedamos ëëheladosíí, inhibiendo moment·neamente todo movimiento corporal; fuimos arro- jados a un moment·neo trance cuando el inconsciente saliÛ corriendo en busca de medios para comprender lo que estaba sucediendo. La respuesta puede iluminar que se trataba solamente del petardeo de un auto y nosotros nos relajamos, pero si

Hipnoterapia

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en ese preciso instante alguien grita la sugestiÛn ëë°una bomba!íí casi con seguri- dad nos aterraremos, miraremos para todos lados llenos de p·nico, o nos tiraremos al suelo para protegernos. La vida cotidiana est· llena de ejemplos menos dram·- ticos de shocks inesperados que nos asustan y nos sorprenden y, quiz· nos llevan a una ëëdoble consideraciÛníí, en la que tenemos que dirigir la vista al pasado o ëëvolver sobre esoíí para comprender quÈ es realmente lo que est· ocurriendo. PodrÌamos proponer como teorÌa que las malas palabras son en realidad una forma de shock que se ha desarrollado en la mayor parte de las culturas para asustar a los oyentes, de modo que queden m·s abiertos a lo que se les est· diciendo y sean influenciados por esto m·s f·cilmente.

Si la gente tiene problemas a causa de las limitaciones aprendidas, puede re- sultar terapÈutico despotenciar moment·neamente esas limitaciones con alguna forma de shock psicolÛgico. Ellos pueden, entonces, reevaluar su situaciÛn vÌa los procesos autom·ticos de b˙squeda inconsciente que se inician en ellos. En este caso, el proceso de shock, sorpresa y momentos creativos tienen lÌmites abiertos; los propios procesos inconscientes del paciente proveen alguna reorganizaciÛn o soluciÛn que emergen. Si no aparece nada satisfactorio, el terapeuta puede enton- ces agregar sugestiones, como nuevos estÌmulos, durante el vacÌo moment·neo, con la esperanza de que puedan catalizar una respuesta terapÈutica.

El shock moment·neo puede generarse en el di·logo terapÈutico por medio del esparcir palabras de shock, conceptos tab˙ y emociones. Palabras como sexo, secretos y rumores fijan moment·neamente la atenciÛn, y el oyente se vuelve m·s receptivo. Una pausa moment·nea despuÈs del shock permite que tenga lu- gar una b˙squeda interna. Puede seguirlo una palabra tranquilizadora o una suges- tiÛn apropiada.

*Su vida sexual

(Pausa)

justo lo que necesita saber y comprender sobre ella.

* Lo que quiere en secreto (Pausa)

es m·s importante para usted.

* Pueden llegar a divorciarse

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Milton H. Erickson y Ernest L. Rossi

(Pausa)

a menos que ambos aprendan realmente a captar lo que necesitan en la

relaciÛn.

En cada uno de estos ejemplos, el shock, en letras it·licas, inicia una b˙squeda inconsciente que puede llevar a la expresiÛn de una respuesta importante durante la pausa. El terapeuta aprende a reconocer y evaluar las reacciones corporales no-verbales ante este shock psicolÛgico. Si hay indicios de que el paciente llegÛ a preocuparse frente a esta b˙squeda interna, el terapeuta simplemente se queda quieto hasta que el paciente salga adelante con alg˙n material que haya sido esti- mulado. Si no hay indicios, provenientes del paciente, de este material, el terapeuta pone fin a la pausa con algunas palabras tranquilizadoras o con una sugestiÛn, como se ejemplificÛ arriba. Los m·s eficaces en la iniciaciÛn de shocks utilizan los propios modelos de referencia, tab˙es y necesidades del paciente para que salga del viejo, de modo que pueda tener lugar una reorganizaciÛn creativa. Se han publicado en otros lugares ejemplos de este proceso (Rossi, 1973b) y se encontra- r·n detallados ejemplos clÌnicos en un buen n˙mero de los casos que incluye este volumen.

10. IMPLICACION Y DIRECTIVA IMPLICADA

La implicaciÛn es una forma ling¸Ìstico- psicolÛgica b·sica que nos provee de un modelo m·s claro de la din·mica de la sugestiÛn indirecta. La mayorÌa de los psicoterapeutas est·n de acuerdo en que lo importante no es lo que el terapeuta dice sino lo que el paciente oye. Esto es, las palabras del terapeuta funcionan ˙nicamente como estÌmulos que ponen en marcha muchas series personales de asociaciÛn que est·n en el paciente. Son estas series personales de asociaciÛn que est·n en el paciente las que funcionan en realidad como un vehÌculo de la mayor importancia para el proceso terapÈutico. Este proceso puede ser interrumpido cuando algunas observaciones inocentes del terapeuta tienen para el paciente implicaciones poco afortunadas, pero el proceso puede ser en gran medida facilitado cuando las palabras del terapeuta acarrean implicaciones que evocan potenciales latentes dentro del paciente.

Una gran parte de la comunicaciÛn, tanto en la vida cotidiana como en la terapia, se lleva a cabo por medio de la implicaciÛn, de una manera que, para la mayorÌa, no es algo planeado conscientemente o que, incluso, no es reconocida por los que

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participan en ella. Tenemos testimonio de esto en la vida cotidiana cuando una ama de casa, por ejemplo, golpea las ollas un poco m·s fuerte que lo habitual cuando est· disgustada con su esposo, pero puede canturrear sola suavemente cuando se siente a gusto con Èl. Ella posiblemente no reconozca lo que est· haciendo y a su esposo no siempre le es posible conocer en forma completa cÛmo es que est· captando el mensaje, pero Èl lo siente en alg˙n nivel. El lenguaje y los gestos del cuerpo (Birdwhistell, 1952, 1971;Scheffen, 1974) son modos no verbales de comu- nicaciÛn que normalmente funcionan vÌa implicaciones. En tal implicaciÛn el men- saje no se afirma directamente sino que se evoca con el progreso de la b˙squeda y la inferencia interna. Esta b˙squeda interna compromete los propios procesos inconscientes del paciente de modo que la respuesta que emerge es tanto una funciÛn del paciente como lo es del terapeuta. Como todas las otras formas indi- rectas de sugestiÛn, nuestro uso psicolÛgico de la implicaciÛn evoca y facilita ideal- mente los propios procesos de creatividad del paciente.

En el m·s simple de todos los niveles, toda implicaciÛn est· formada, verbalmente,

por la frase si

...

entonces.

Si se sienta entonces puede entrar en trance.

Ahora, si descruza las piernas y pone las manos confortablemente sobre su regazo, entonces estar· listo para entrar en trance.

Los pacientes que siguen tales sugestiones sent·ndose, descruzando las pier- nas y poniendo las manos confortablemente sobre su regazo realmente, est·n tambiÈn aceptando, quiz· sin darse completa cuenta de esta realidad, la implica- ciÛn de que van a entrar en trance.

øCu·l es el valor de tal implicaciÛn? Idealmente, tales implicaciones evitan a la conciencia y evocan autom·ticamente los procesos inconscientes deseados que facilitar·n la inducciÛn al trance por un camino que la mente consciente no puede hacer que esto suceda. De este modo, si le ordenamos a un paciente ingenuo directamente: ëëSiÈntese y entre en tranceíí 1 , Èl o ella pueden sÌ sentarse, pero protestando a la vez en forma civilizada ëëPero nunca entrÈ en trance y temo que no voy a saber cÛmo se haceíí. Desde el momento en que la esencia de la suges- tiÛn hipnÛtica es que las respuestas son acarreadas hacia afuera en un nivel autÛ- nomo o inconsciente, normalmente, es f˙til esperar que la mente consciente las saque vÌa sugestiÛn directa. Cuando las sugestiones directas son ˙tiles, implican

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Milton H. Erickson y Ernest L. Rossi

normalmente una preparaciÛn para el trabajo hipnÛtico, en el mismo sentido que cepillarse los dientes y echarse en la cama son actos conscientes preparatorios que establecen un escenario estable para irse a dormir, lo que es despuÈs mediatizado por procesos inconscientes. Con la implicaciÛn y todas las otras formas indirectas de sugestiÛn, presuponemos que hacemos algo m·s: un esfuerzo para evocar y facilitar los procesos inconscientes reales y activos que crear·n la respuesta de- seada.

Cuando reflexionamos sobre el proceso de implicaciÛn, vamos viendo gradual- mente que todo lo que decimos tiene implicaciones. Aun la conversaciÛn m·s ge- neral puede analizarse como si se tratara de un material para estudiar la implica- ciÛn - cÛmo las palabras de que habla pueden evocar toda suerte de asociaciones en el oyente -. Tanto en la vida cotidiana como tambiÈn en la hipnoterapia se da con frecuencia que las implicaciones son m·s potentes como sugestiones que lo que se est· diciendo directamente. En una conversaciÛn p˙blica, los participantes est·n frecuentemente inhibidos y responden con asociaciones que no son m·s que clichÈs. En una interacciÛn m·s personal, como lo es la hipnoterapia, los partici- pantes tienen la licencia de responder con asociaciones m·s intimas o idiosincr·ticas. En tales interacciones personales, a veces nos sorprendemos de las asociaciones y sentimientos que experimentamos. Cuando nuestra mente consciente se sor- prende de esta manera, la terapia ha tenido Èxito en facilitar una expresiÛn de nuestra individualidad que previamente no veÌamos. PodrÌamos decir que han sido liberados los potenciales o que se han sintetizado nuevas dimensiones de la intui- ciÛn psicolÛgica y de la conciencia.

Los siguientes son ejemplos del uso de la implicaciÛn para la profundizaciÛn del hecho de que los pacientes se involucren con sus propias realidades internas du- rante el trance:

Sus propios recuerdos, im·genes y sentimientos son ahora, en este esta- do, m·s importantes para usted.

Mientras que aparentemente se da una sugestiÛn directa acerca de los recuerdos, las im·genes y los sentimientos, esta proposiciÛn acarrea adem·s la importante implicaciÛn de que el estado de trance es diferente del estado de vigilia ordinario, y en este estado todas las dem·s cosas no son relevantes (ruidos externos, la hora, el contexto del consultorio, etc.)

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Normalmente no vemos cu·l es el momento en que nos quedamos dormi- dos y, a veces, ni siquiera vemos que nos dormimos.

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  • - - 1 El lector notar· que tambiÈn esta sugestiÛn, a˙n siendo aparentemente una su-

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gestiÛn directa, en realidad contiene una forma hipnÛtica indirecta: una sugestiÛn contingente compuesta donde ëëy entre en tranceíí es contingente, esto es, depen- de del ëëSiÈnteseíí. Para algunos sujetos particularmente aptos o experimentados, consiguientemente, esta frase podrÌa facilitar una inducciÛn eficaz.

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Esta afirmaciÛn tiene obvias implicaciones que apuntan a una falta de visiÛn men- tal o a una deficiencia de la mera aprehensiÛn acerca de los aspectos significativos del trance, una deficiencia que puede despotenciar a˙n m·s los limitativos apara- tos de conciencia. Esta implicaciÛn es enfatizada en el siguiente monÛlogo, que estructura un modelo de referencia en el que se puede facilitar la conducta auto- m·tica e inconsciente.

Ahora, usted sabe, usted hace muchas cosas a lo largo del dÌa sin verlas. Su corazÛn palpita todo el tiempo sin ninguna ayuda o direcciÛn conscien- te por parte de usted. Justamente como respira sin ver que lo hace. E incluso cuando camina, sus piernas parecen moverse por sÌ mismas lle- v·ndolo a donde usted quiere ir. Y sus manos hacen la mayor parte de las cosas que usted quiere que hagan, sin que tenga que decirles, ìAhora, manos hagan esto; ahora, manos, hagan aquelloî. Sus manos trabajan autom·ticamente para usted, y normalmente, no tiene que prestarles aten- ciÛn. A˙n cuando habla lo hace autom·ticamente, no tiene que ver cons- cientemente cÛmo pronunciar cada palabra. Aunque no lo sepa puede ha- blar. Sabe cÛmo hacerlo autom·ticamente a˙n sin pensarlo. Adem·s, cuando ve u oye algo o cuando siente algo, sus sentidos trabajan autom·ticamente, sin tener que estar consciente respecto de ellos. Trabajan por sÌ mismos y no tiene que prestarles atenciÛn. Se cuidan solos, sin que usted tenga que molestarse por ellos.

10 A. LA DIRECTIVA IMPLICADA

Una forma especial de implicaciÛn, estrechamente asociada con las sugestiones

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Milton H. Erickson y Ernest L. Rossi

de contingencia, es la que hemos llamado directiva implicada (Erickson y Rossi, 1976). La directiva implicada es una forma indirecta de sugestiÛn que se da en el uso com˙n, en la hipnosis clÌnica (Cheek y Le Cron, 1968) a˙n cuando no ha recibido un an·lisis psicolÛgico detallado. Como las otras formas indirectas de sugestiÛn, su uso ha evolucionado a partir del reconocimiento de su valor en la vida cotidiana. La directiva implicada tiene tres partes que pueden reconocerse:

1.

una introducciÛn vinculante -en- el tiempo;

2.

La sugestiÛn implicada que tiene lugar en el interior del paciente;

3.

una respuesta bajo la forma de conducta cuando ha sido cumplida la sugestiÛn

implicada

AsÌ :

Tan pronto como

1.

la introducciÛn vinculante en-el tiempo

su inconsciente haya llegado a la fuente de ese problema,

2.

la sugestiÛn implicada que inicia una b˙squeda inconsciente que tiene lugar en el

paciente.

su dedo puede levantarse.

3.

la respuesta bajo la forma de conducta que seÒala cu·ndo ha sido cumplida la

sugestiÛn implicada

Como puede verse a partir de esta ilustraciÛn, la directiva implicada es una forma indirecta de sugestiÛn que inicia la b˙squeda interna y los procesos inconscientes, y, despuÈs, nos permite conocer cu·ndo ha sido cumplida una respuesta terapÈuti- ca. Esto tiene un valor particular cuando necesitamos iniciar y facilitar un extenso proceso de exploraciÛn interna y cuando estamos tratando de desenmaraÒar la din·mica de la formaciÛn del sÌntoma.

Otras formas indirectas de sugestiÛn que son particularmente ˙tiles para iniciar

Hipnoterapia

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una b˙squeda inconsciente en la hipnosis, son las directivas implicadas del tipo de las siguientes:

Cuando haya encontrado sensaciones de relajaciÛn y de confort, sus ojos se cerrar·n totalmente por sÌ mismos.

En este ejemplo, el paciente, obviamente, hace en un nivel inconsciente una b˙s- queda que idealmente, iniciar· respuestas parasimp·ticas que pueden ser experi- mentadas con confort y relajaciÛn. Cerrar los ojos es una respuesta naturalmente asociada con este confort interno y sirve, entonces, como una seÒal ideal de que el proceso interno ha tenido lugar.

Como ese confort se profundiza, su mente consciente puede relajarse mien- tras su inconsciente revisa la naturaleza del problema. Y cuando un pensa- miento relacionado con esto e interesante se dirija a su mente consciente, sus ojos se abrir·n en la medida en que usted considere esto cuidadosa- mente.

Este ejemplo, construye sobre el primero e inicia otra b˙squeda inconsciente en procura de una aproximaciÛn exploradora general al problema.

Como puede verse a partir de estos ejemplos, una b˙squeda inconsciente inicia un proceso inconsciente que act˙a en realidad resolviendo el problema que la mente consciente no podÌa manejar. Estos procesos inconscientes son la esencia de la creatividad y de la capacidad de resolver problemas en la vida cotidiana y tambiÈn en la terapia. La hipnoterapia, en particular, depende de la utilizaciÛn exitosa de tales procesos inconscientes para facilitar una respuesta terapÈutica. Cheeck y Le Cron (1968) han dado extensas ilustraciones de cÛmo una serie de preguntas, en forma de directivas implicadas, puede ser usada para ambos propÛsitos: la explo- raciÛn y la resoluciÛn de los sÌntomas.

11. VINCULOS Y DOBLE VINCULOS

Los vÌnculos y doble-vÌnculos psicolÛgicos han sido explorados por un buen n˙me- ro de autores (Haley,1963; Watzlawick et al., 1967, 1974; Erickson y Rossi, 1975) para su uso en situaciones terapÈuticas. El concepto de ëëvÌnculosíí parece tener un fascinante potencial que extiende nuestra investigaciÛn en procura de nuevos

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Milton H. Erickson y Ernest L. Rossi

approaches terapÈuticos hacia el interior de las ·reas de la ling¸Ìstica, la lÛgica, la sem·ntica, la epistemologÌa y la filosofÌa de la ciencia. Desde el momento en que est·n a la vanguardia de los nuevos modelos de nuestra conciencia terapÈutica, nuestra comprensiÛn de ellos es, asÌ, muy incompleta. No siempre estamos segu- ros de quÈ vÌnculos o doble vÌnculos son, y cÛmo podemos formularlos y usarlos mejor. La mayor parte de nuestro conocimiento acerca de ellos proviene de los estudios clÌnicos y de las formulaciones teÛricas (Bateson, 1971), acompaÒados con muy poca investigaciÛn experimental controlada.

Por esta causa, usaremos los tÈrminos vÌnculo y doble vÌnculo ˙nicamente en un sentido muy especial y limitado, para describir ciertas formas de sugestiÛn que les ofrecen a los pacientes una oportunidad para dar respuestas terapÈuticas. Un vÌn- culo le ofrece al paciente una libertad, la de la elecciÛn consciente entre dos o m·s alternativas. Cualquiera sea la elecciÛn hecha, sin embargo, a˙n va a guiar al paciente en una direcciÛn terapÈutica. Un doble vÌnculo, que en esto contrasta con el primero, ofrece posibilidades de conducta que est·n fuera de la gama habi- tual de elecciÛn consciente del paciente y de su control voluntario. El doble vÌnculo hace que surja y se exteriorice sobre m·s de un nivel la posibilidad de la comunica- ciÛn. En la vida cotidiana con mucha frecuencia decimos verbalmente una cosa, a la vez que hacemos comentarios extraverbales sobre esto. Podemos decir ëëVa- mos al cineíí. Pero esto podemos decirlo con innumerables variaciones de tono e intenciÛn, que pueden tener muchas implicaciones. Estas variaciones son todas ellas comentarios o metacomunicaciones sobre nuestro mensaje verbal primario, que era acerca de ir al cine. Como veremos en las siguientes secciones, los vÌncu- los y los doble vÌnculos en un muy alto grado son funciÛn de quien est· recibiendo el mensaje. Lo que es un vÌnculo o un doble vÌnculo para una persona puede no serlo para otra. Como en el caso de todas las otras formas indirectas de sugestiÛn, los vÌnculos y los doble vÌnculos utilizan el repertorio ˙nico de asociaciones y de modelos de aprendizajes de largo alcance del paciente. La mayorÌa de los vÌnculos y de los doble-vÌnculos no pueden ser aplicados en una forma mec·nica o repitien- do siempre los mismos pasos. Los terapeutas algo deben entender acerca de cÛmo est·n por ser recibidos sus mensajes, para hacer que sean eficaces.

11 A. VINCULOS MODELADOS SOBRE EVITAR-EVITAR Y APROXIMARSE-APROXIMARSE A LOS CONFLICTOS

Los vÌnculos psicolÛgicos son situaciones de la vida en que experimentamos una

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constricciÛn en nuestra conducta. Es tÌpico engancharse en situaciones que nos permiten ˙nicamente alternativas de respuesta desagradables Quedamos engan- chados entre ìel diablo y el alta marî. De este modo experimentamos un evitar- evitar el conflicto; tenemos que hacer una elecciÛn aunque quisiÈramos evitar todas las alternativas. En tales circunstancias normalmente elegimos el menor de los dos ëëmalesíí.

Los vÌnculos psicolÛgicos, adem·s, pueden ser construidos sobre el modelo de una aproximaciÛn-aproximaciÛn al conflicto. En este caso, uno est· en el vÌn- culo de tener para elegir ˙nicamente uno dentro de un cierto n˙mero de cursos de acciÛn deseables y de excluir todas las otras posibilidades deseables. En el habla com˙n, ëëNo podÈs tener tu torta y tambiÈn comÈrtelaíí.

Desde el momento en que todos nosotros hemos tenido innumerables experiencias de tales vÌnculos, el evitar-evitar los conflictos y el aproximarse-aproximarse a los conflictos, usualmente existen como procesos establecidos que gobiernan nuestra conducta. En la medida en que vamos estudiando a los pacientes, aprendemos a reconocer cÛmo algunos est·n m·s gobernados por el evitar-evitar los conflictos mientras que otros, quiz· m·s afortunados (si bien esto no es necesariamente asÌ), parecen estar haciendo perpetuos malabares con alternativas de aproximaciÛn- aproximaciÛn. El arte clÌnico de utilizar estos modelos de conflicto est· para reco- nocer cu·l tendencia es dominante en un paciente en particular y para, entonces, estructurar vÌnculos que ofrecen ˙nicamente alternativas de respuesta terapÈuti- cas. Cuando no sabemos cu·l tendencia es m·s predominante, podemos ofrecer vÌnculos generales que sean aplicables a cada una de ellas, cualquiera que sea; vÌnculos, tales como los siguientes:

øUsted querrÌa entrar en trance ahora o dentro de un rato?

øQuerrÌa entrar en trance sentado o acostado?

øQuerrÌa entrar en un trance ligero, medio o profundo?

El paciente tiene una elecciÛn libre, consciente, en cuanto a su respuesta a cada una de las alternativas ofrecidas arriba. Sin embargo, tan pronto como sea hecha la elecciÛn, el paciente est· vinculado a entrar en trance. Como puede verse a partir de estos ejemplos, el formato de la pregunta est· particularmente bien adap- tado en procura de ofrecer vÌnculos. Al usarlo con el seÒalar ideomotor, podemos

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Milton H. Erickson y Ernest L. Rossi

con frecuencia formular una red asociativa de investigaciÛn estructurada, que puede desenmaraÒar r·pidamente la din·mica de un problema y resolverlo. Cheeck y Le Cron (1968) han sido los pioneros en estas lÌneas de investigaciÛn estructurada; investigaciÛn que va en procura de muchas condiciones psicolÛgicas y psicosom·ticas.

Un ejemplo terapÈutico de un vÌnculo evitar - evitar para resolver un sÌntoma de insomnio fue el caso de un meticuloso caballero, un hombre de edad, que se enor- gullecÌa de hacer toda su parte en los trabajos de la casa -con excepciÛn de uno:

odiaba encerar pisos-. DespuÈs de una primera evaluaciÛn de su personalidad, el mayor de los autores le dijo a este caballero que habÌa una soluciÛn obvia para el problema del insomnio, pero que ëëpodÌa no gustarleíí. El caballero insistiÛ educadamente en que harÌa lo que fuera necesario para poder dormir. El mayor de los autores continuÛ excus·ndose permitiendo, a la vez, que el caballero fuera m·s lejos en sus promesas, dando un buen n˙mero de ejemplos de cu·n persistente era en el tratamiento de problemas dificultosos una vez que tenÌa la determinaciÛn de hacerlo. …l insistiÛ en que su ëëpalabra era su vÌnculoíí y en que era para Èl usual tratar con asuntos desagradables. Esto confirmÛ claramente este hombre, de un car·cter admirable por cierto, que estaba bien pr·ctico en trabajar a travÈs del evitar-evitar los conflictos. Su determinaciÛn para enfrentar tales conflictos fue utilizada en la estructuraciÛn de vÌnculos terapÈuticos de evitar-evitar. Se le dijo que si no estaba dormido a los quince minutos de ir a la cama, tenÌa que levantarse y encerar los pisos hasta que sintiera que podrÌa dormirse. Si, todavÌa, no estaba dormido en quince minutos, tendrÌa que levantarse de nuevo y continuar asÌ este procedimiento hasta estar dormido. Unos dÌas despuÈs el caballero refiriÛ que habÌa encerado los pisos muy bien y que habÌa dormido especialmente bien.

Podemos llamar a esta situaciÛn un vÌnculo terapÈutico de evitar-evitar, dado que se le presentaron al caballero alternativas negativas sobre las que tuvo que hacer una elecciÛn consciente, voluntaria. PodÌa elegir entre las alternativas negativas del insomnio y de encerar los pisos. Sin embargo, en la medida que estudiemos este ejemplo un poco m·s, comienza a revelar algunos aspectos del doble vÌnculo.

PodrÌamos conceptualizar la estructura caractereolÛgica de este ëëcaballeroíí, la que posibilitaba persistir al enfrentar las dificultades, como tambiÈn que su ìpalabra era su vÌnculoî como metaniveles que lo vincularon autom·ticamente a su tarea terapÈutica. Estos metaniveles de su car·cter fueron utilizados de una manera que estaba fuera de su gama normal de elecciÛn y de control consciente.

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Este ejemplo ilustra las dificultades que encierra una exacta formulaciÛn o com- prensiÛn de la operaciÛn del vÌnculo y del doble-vÌnculo en la pr·ctica clÌnica ac- tual. En general, no obstante, podemos decir que cuanto m·s implicamos las aso- ciaciones y los modelos de respuesta aprendidos propios del paciente, m·s se pre- disponen ellos para experimentar un vÌnculo, doble-vÌnculo o triple-vÌnculo como un agente eficaz en el cambio de conducta, que es experimentado como teniendo lugar en un nivel autÛnomo (inconsciente, hipnÛtico).

11 B. EL DOBLE-VINCULO CONSCIENTE-INCONSCIENTE

Algunos de los doble-vÌnculos m·s fascinantes y ˙tiles son aquellos que dividen y hacen transacciones en la zona cercana a la interfase entre los procesos cons- cientes e inconscientes (Erickson, 1964; Erickson y Rossi, 1975). Todos estos do- ble vÌnculos descansan sobre el hecho de que, mientras no podemos controlar nuestro inconsciente, sÌ podemos recibir conscientemente un mensaje que puede iniciar procesos inconscientes. El doble-vÌnculo consciente-inconsciente est· dise- Òado para pasar por alto las limitaciones de nuestra comprensiÛn y de nuestras habilidades conscientes de modo que la conducta pueda ser mediada por los poten- ciales escondidos que existen en un nivel m·s autÛnomo o inconsciente. Una res- puesta para lo que sigue, por ejemplo, requiere que el paciente experimente un foco y una b˙squeda interna que inicie procesos inconscientes por caminos que est·n normalmente muy lejos del control consciente.

Si su inconsciente quiere que usted entre en trance, su mano derecha se elevar· totalmente por sÌ misma. De otro modo, se elevar· su mano iz- quierda.

Si uno capta una respuesta ëësÌíí (mano derecha) o ìnoî (mano izquierda) para esta sugestiÛn, habr· comenzado a inducir al trance, desde el momento en que una respuesta verdaderamente autÛmata (elevar cualquiera de las dos manos) implica que existe un trance. Si el paciente simplemente sigue sentado y quieto y no se hace evidente ninguna respuesta a travÈs de sus manos despuÈs de algunos minu- tos, el terapeuta puede introducir un doble vÌnculo m·s desarrollado, con la siguien- te adiciÛn.

Desde el momento que usted se quedÛ sentado y quieto y todavÌa no hay respuesta alguna a travÈs de sus manos, puede preguntarse si su incons-

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ciente preferirÌa no hacer absolutamente ning˙n esfuerzo mientras usted entra en trance. Puede ser m·s cÛmodo no tener que moverse o que ha- blar, o ambos, tratando de mantener sus ojos abiertos.

En este punto pueden cerrarse los ojos del paciente y llegar a ser manifiesto el trance. Los ojos pueden permanecer abiertos, con una pasiva mirada fija, y habr· a continuaciÛn una inmovilidad del cuerpo, que sugiere el desarrollo del trance. Si el paciente est· experimentando alguna dificultad, por otra parte, habr· un incÛmo- do cambiar permanente de la postura del cuerpo, movimientos faciales y, finalmen- te, alguna conversaciÛn acerca del problema.

El doble-vÌnculo consciente-inconsciente, asociado con preguntas, implicaciones, no saber-no actuar y seÒalar ideomotor es, por consiguiente, un excelente medio de iniciar el trance y explorar los modelos de respuesta del paciente.

En la terapia, el doble-vÌnculo consciente-inconsciente, tiene innumerables usos, basados todos en su habilidad para movilizar procesos inconscientes. El uso de la negativa tal como fue descripta antes, es verdaderamente muy ˙til aquÌ.

No tiene que escucharme, porque su inconsciente est· ac· y puede oÌr lo que necesite para responder en forma correcta y justa.

Y realmente no importa lo que su mente consciente haga, porque su incons- ciente puede encontrar los medios correctos para contender con ese dolor (o lo que sea).

Usted dijo que no sabe cÛmo resolver ese problema. Est· inseguro y confuso. Su mente consciente realmente no sabe quÈ hacer. Pero al mismo tiempo, nosotros sabemos que el inconsciente sÌ tiene acceso a muchos recuerdos, im·genes y experiencias que Èl puede hacer que sean de valor para usted, por caminos que pueden ser bastante sorprendentes, y en procura de la solu- ciÛn de ese problema. Usted no sabe cu·les son todas sus posibilidades, toda- vÌa. Su inconsciente puede trabajar en ellas, totalmente por sÌ mismo. øY cÛmo sabr· cu·ndo ha sido resuelto? øLa soluciÛn vendr· en un sueÒo que usted se acordar· o se olvidar· del sueÒo pero se encontrar· con que el problema va gradualmente resolviÈndose a sÌ mismo, por un camino que su mente consciente no puede comprender? øLa soluciÛn llegar· r·pido, cuan- do estÈ bien despierto, o en un sereno momento de reflexiÛn o de ensueÒo

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diurno? øEstar· en el trabajo o en un momento de distracciÛn, comprando o manejando su auto, cuando, por fin, llegue a realizarla? Usted realmente no lo sabe, pero ciertamente puede estar feliz cuando la soluciÛn llegue.

En estos ejemplos puede verse cÛmo el doble-vÌnculo consciente-inconsciente, asociado con preguntas y con sugestiones de lÌmites abiertos, puede facilitar las respuestas que m·s sigan y se adecuen a la individualidad del paciente. Los casos m·s importantes de este volumen, todos ilustran cÛmo esta forma de doble-vÌnculo puede ser aplicada a una gran variedad de problemas y de soluciones. En todas estas situaciones nosotros estamos despotenciando el consciente del paciente, los modelos habituales y, presumiblemente m·s limitados, en favor de los procesos y potenciales inconscientes. Si quisiÈramos identificar estos procesos inconscientes con la actividad del hemisferio cerebral no-dominante (normalmente el derecho - Galin, 1974; Hoppe, 1977- ) y los procesos racionales y de auto-direcciÛn cons- cientes con el hemisferio cerebral dominante (normalmente el izquierdo), podrÌa- mos decir que el doble vÌnculo consciente-inconsciente tiende a despotenciar las limitaciones del hemisferio dominante y que, con esto, posiblemente facilita los potenciales del no dominante. Particularmente, Èste es el caso del doble-vÌnculo de doble-disociaciÛn, al que ahora dirigiremos nuestra atenciÛn.

11 C. EL D0BLE-VINCUL0 DE DOBLE DISOCIACION

Tradicionalmente, el concepto de disociaciÛn ha sido usado como una explica- ciÛn de la hipnosis. La conducta hipnÛtica o autÛnoma tiene lugar fuera de la gama de conciencia inmediata del paciente y est· por esto disociada de la mente cons- ciente. El mayor de los autores ha desarrollado muchos medios sutiles e indirectos para facilitar disociaciones que parecen utilizar muchos caminos de conducta com- pletamente normales pero alternados, que conducen al mismo fin. ìTodos los ca- minos conducen a Romaî es un clichÈ que expresa la intensa obviedad y, por esto, la utilidad de este approach. Precisamente a causa de que los caminos alternados para la misma respuesta son muy obviamente ciertos y respetuosos de la indivi- dualidad del paciente, las sugestiones que los utilizan son verdaderamente muy aceptables.

El doble-vÌnculo de doble-disociaciÛn fue descubierto por los autores (Erickson, Rossi y Rossi, 1976) cuando analizamos lo siguiente:

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Puede despertarse como persona, pero no es necesario que despierte como cuerpo.

(Pausa)

Puede despertarse cuando su cuerpo se despierte pero sin reconocer su cuerpo.

En la primera mitad de esta sugestiÛn, despertar como persona est· disociado de despertar como cuerpo. En la segunda mitad, despertar como persona y como cuerpo est·n disociados del reconocer. Las sugestiones que incorporan tales disociaciones facilitan la conducta hipnÛtica a la vez que, adem·s, exploran las habilidades de respuesta, ˙nicas, de cada individuo. El doble-vÌnculo de doble- disociaciÛn tiende a confundir la mente consciente del paciente y, por consiguiente, a despotenciar sus aparatos, propensiones y prejuicios, y limitaciones aprendidas habituales. Esto establece un escenario estable para b˙squedas y procesos incons- cientes que pueden mediar la conducta creativa. Los siguientes ejemplos sugieren el rango de su aplicaciÛn.

* Usted puede soÒar que est· despierto aunque estÈ en trance.

(Pausa)

O puede actuar como si estuviera en trance aun cuando estÈ despierto.

*Puede encontrarse con su mano elev·ndose, sin saber adÛnde est· yen- do.

(Pausa)

O puede tener la sensaciÛn de adÛnde est· yendo aunque en realidad no estÈ dirigiÈndola.

*Puede hacer un dibujo abstracto sin saber quÈ es.

(Pausa)

DespuÈs puede encontrar en Èl alg˙n significado aunque no parezca algo

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relacionado a usted, personalmente.

*Puede hablar en trance aunque no siempre reconozca el significado de sus palabras.

(Pausa)

O puede permanecer en silencio, al mismo tiempo que su cabeza se mue- ve muy lentamente como diciendo ëësiíí o se sacude como diciendo ´noª, totalmente por sÌ misma, en respuesta a mis preguntas.

Como puede verse a partir de estos ejemplos, el doble-vÌnculo de doble-disocia- ciÛn es, frecuentemente, un potpourri de toda suerte de formas indirectas de su- gestiÛn: implicaciones, contingencias, negativas, sugestiones de lÌmites abiertos, cubrir aparentemente todas las posibilidades de una clase de respuestas, no saber- no actuar, etc. El denominador com˙n de ellas es la facilitaciÛn de disociaciones que tienden a despotenciar los aparatos conscientes habituales de un paciente de modo que puedan ser expresados niveles de respuesta m·s involuntarios. Los au- tores (Erickson, Rossi y Rossi, 1976), han discutido cÛmo esta forma de doble- vÌnculo puede ser relacionada a los conceptos neuropsicolÛgicos formulados por Luria (1973).

Un estudio y una evaluaciÛn detallados de la respuesta del paciente a doble- vÌnculos de doble-disociaciÛn cuidadosamente formulados, pueden ser de gran uti- lidad en la planificaciÛn de trabajos hipnÛticos m·s desarrollados. Considere lo que sigue, que puede proveer tanto una iniciaciÛn en el entrenamiento para el somnam- bulismo, como, al menos, una validaciÛn del trance.

* Ahora, en un momento, sus ojos se abrir·n, pero no es necesario que se despierte.

(Pausa)

O puede despertarse cuando sus ojos se abran, pero sin recordar lo que sucediÛ cuando estaban cerrados.

Este doble-vÌnculo de doble-disociaciÛn tiene una definida marca que indica que la sugestiÛn ha sido recibida y est· siendo puesta en acto: los ojos que se

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abren. Cuando los ojos se abren, el terapeuta nota si (1), hay un simult·neo movi- miento del cuerpo, que indique que el paciente est· despertando o si (2) el paciente permanece inmÛvil, indicando que el trance contin˙a. El terapeuta puede evaluar esta condiciÛn preguntando y despuÈs requiriendo una respuesta ideomotora de modo que el inconsciente del paciente pueda validar firmemente que el trance a˙n est· presente (por ejemplo, si usted todavÌa est· en trance, su dedo puede elevarse como diciendo ëësÌíí, su cabeza puede moverse suavemente como diciendo ëësÌíí, etc.) Una respuesta ideo-motora afirmativa, que indica que el paciente contin˙a experimentando el trance a˙n con sus ojos abiertos, es una fuerte indicaciÛn de que ha entrado en los primeros estadios del entrenamiento para el somnambulismo:

los pacientes, en este estado, pueden en general actuar como si estuvieran des- piertos, aunque a continuaciÛn sigan las sugestiones como si estuvieran en un tran- ce profundo. El terapeuta, entonces, contin˙a este entrenamiento para el somnam- bulismo ofreciendo m·s sugestiones para profundizar su envolvimiento y extender el rango de capacidad de respuesta hipnÛtica de ellos (hablar y escribir autom·ti- cos, alucinaciones visuales y auditivas, etc.)

Si, por otra parte, tales pacientes se mueven y hablan como si estuvieran per- fectamente despiertos cuando sus ojos est·n abiertos, ellos aparentemente act˙an sobre la segunda alternativa y nosotros evaluarÌamos la validez del trance determi- nando la presencia de una amnesia para los eventos del trance. Pero, øquÈ pasa si un paciente se despierta y no hay amnesia?. øSignifica esto que no se experimentÛ el trance?. Posiblemente. M·s verosÌmilmente, sin embargo, tales pacientes recor- dar·n ˙nicamente una o dos cosas de una significaciÛn particular para ellos duran- te el trance; una significaciÛn tal que atrajeron su atenciÛn consciente y asÌ fueron recordados f·cilmente despuÈs del trance. Tender· a haber una amnesia para muchos otros eventos del trance; no obstante, otra posibilidad es que la amnesia pueda ser una respuesta particularmente dificultosa para tales pacientes. Ellos pueden haber experimentado un trance genuino, pero por alguna razÛn no pueden experimentar la respuesta de amnesia. Para evaluar esta posibilidad, el terapeuta reintroduce al trance y luego, despuÈs de otro doble vÌnculo de doble-disociaciÛn, usa otra modalidad como indicaciÛn del trance. En lo que sigue, por ejemplo, es usado como indicaciÛn del trance, en lugar de la amnesia, el movimiento del cuerpo (o una respuesta verbal inhibidora).

Ahora, en un momento, sus ojos se abrir·n, pero no es necesario que se despierte.

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O puede despertarse cuando sus ojos se abran, pero no sentir· probable- mente que se muevan sus brazos durante algunos minutos (o probable- mente no sentir· que habla durante algunos minutos).

Los pacientes que aceptan la segunda alternativa y se despiertan pueden vali- dar el trance no moviendo sus brazos (o no hablando) durante algunos minutos. Es ver bien las cosas ofrecer los indicadores del trance de esta permisiva manera:

(ëëProbablemente no sentir· que mueve sus brazosíí), antes que un desafÌo (ëëNo podr· mover sus brazosíí), a causa de que el desafÌo, con frecuencia, es tomado como una afrenta por nuestra conciencia moderna que toma tal desmesura en su aparente independencia y poder.

12. NIVELES MULTIPLES DE SIGNIFICACION Y DE COMUNICACION: LA EVOLUCION DE LA CONCIENCIA EN CHISTES, JUEGO DE PALABRAS, METAFORAS Y SIMBOLOS.

Nuestro paradigma de cinco-estadios de la din·mica de la inducciÛn al trance y de la utilizaciÛn del trance (Figura 1) ilustra algunos de los procesos esenciales en cuanto a lo que podemos llamar ´niveles m˙ltiples de significaciÛn y de comunica- ciÛnª (Erickson y Rossi, 1976). La mayor parte de las im·genes literarias son, en realidad, medios de iniciar b˙squedas y procesos inconscientes para evocar m˙lti- ples niveles de significaciÛn. Este es uno de los aspectos m·s interesantes y signi- ficativos de la economÌa din·mica mental y de la evoluciÛn de la conciencia. Freud ha discutido el significado antitÈtico de palabras primales (Freud, 1910) y de la relaciÛn que va de los chistes y los juegos de palabras al inconsciente (Freud, 1905). Los chistes son de especial valor en nuestra approach porque ellos ayudan a los pacientes a quebrar los obst·culos que surgen a travÈs de sus demasiado limitados aparatos mentales y, por consiguiente, inician b˙squedas inconscientes que van en procura de otros -y quiz· nuevos- niveles de significaciÛn. Jung ha discutido el concepto del sÌmbolo no como un simple signo de una cosa por otra, sino, antes que esto, como la mejor representaciÛn de una cosa que todavÌa est· en el proceso de llegar a ser consciente (Jung, 1956). El factor significativo en todas estas concepciones es la idea de la evoluciÛn de la conciencia. Si los pacientes tienen problemas a causa de limitaciones aprendidas, entonces es claro que pue- den ser iniciados procesos terapÈuticos ayud·ndolos a desarrollar potenciales de conducta y nuevos modelos de conciencia que sobrepasen esas limitaciones.

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Desde este punto de vista podemos entender cÛmo la met·fora y la analogÌa pueden ser algo m·s que im·genes artÌsticas: pueden evocar nuevos modelos y nuevas dimensiones de conciencia. La verdadera derivaciÛn de la palabra met·fo- ra (meta, ëëm·s all·íí. phÈrein, ëëllevaríí) sugiere cÛmo un nuevo significado de- sarrollado con el inconsciente y en su interior, puede ser llevado m·s all· de la conciencia por medio de la met·fora. La definiciÛn tradicional de la met·fora es que es una palabra o frase que literalmente denota una cosa, pero, por analogÌa, sugiere otra (por ejemplo, el barco arÛ el mar; explosiÛn de juramentos). En nues- tro uso psicolÛgico, im·genes tradicionalmente literarias tales como la met·fora, la analogÌa y el sÌmil, son entendidos como medios de facilitar el desarrollo de una intuiciÛn psicolÛgica o de una nueva conciencia en la transacciÛn terapÈutica. Ellos son, esencialmente, estÌmulos que inician b˙squedas y procesos inconscientes que conducen a la creaciÛn de nuevos significados y dimensiones de conciencia. Re- cientemente, Jaynes (1976) ha integrado una amplia gama de datos provenientes de los campos de la psicologÌa, la ling¸Ìstica, la neuropsicologÌa y la antropologÌa, los que afirmaron la hipÛtesis de que la met·fora y la analogÌa generan nuevos niveles de conciencia.

El mayor de los autores ha sido pionero en el uso de tales approaches para facilitar procesos terapÈuticos en hipnoterapia. Su gradual desarrollo de la approach del esparcir ha sido el factor m·s significativo en su aprendizaje: tanto en aprender a cultivar m˙ltiples niveles de significaciÛn y de comunicaciÛn como tambiÈn en lo que se refiere a intensificar la evoluciÛn de la conciencia. Se evidencian aquÌ pro- cesos determinÌsticos tanto como procesos no-determinÌsticos. En muchos de los casos que incluye este libro, el mayor de los autores usa estos approaches para facilitar la aprehensiÛn de cierta din·mica que Èl siente que est· en el corazÛn de los problemas del paciente. …l usa m˙ltiples niveles de comunicaciÛn de una forma altamente determinÌstica para ayudarlo al paciente a reconocer cierta din·mica definida. En la mayorÌa de estos casos, sin embargo, los pacientes aprenden ade- m·s, cosas enteramente nuevas que ni ellos ni el mayor de los autores podrÌan haber predicho. Es el aspecto no-determinÌstico de estos approachs el m·s exci- tante en lo que respecta a facilitar la evoluciÛn de la conciencia. Jung ha formulado estas din·micas en lo que llama la funciÛn trascendente: la integraciÛn de conte- nidos conscientes e inconscientes de una manera que facilite la evoluciÛn de nue- vos niveles de aprehensiÛn (Jung, 1960). Suponemos que muchos de los approaches pr·cticos ilustrados con los casos, en este volumen, son en realidad medios de facilitar la evoluciÛn de tales nuevos modelos de conciencia.

Hipnoterapia

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EJERCICIOS

  • 1. En una oportunidad anterior hemos presentado un buen n˙mero de ejercicios

para facilitar la adquisiciÛn de cierta destreza tÈcnica con la mayor parte de las formas indirectas de sugestiÛn discutidas en este capÌtulo (Erickson, Rossi y Rossi, 1976). Tan multifacÈticas son las posibilidades de los approaches indirectos, no obstante, que uno puede sentirse abrumado hasta tal punto que ni intenta un co- mienzo sistem·tico de la puesta en pr·ctica de su uso. Por esta causa, nosotros sugerimos con fuerza que el lector aprenda a usar una sola por vez. El approach de la esparciÛn junto con todas las formas de preguntas y verdades superlativas, por ejemplo, pueden ser utilizadas en una entrevista terapÈutica a˙n sin la induc- ciÛn formal del trance. Es altamente instructivo simplemente observar el desarro- llo de una serie sÌ, cuando estos approaches son usados con el vocabulario y los modelos de referencia propios del paciente. En este nivel, nuestro approach puede aparecer similar al approach no-directivo y centrado en el cliente de Rogers (1951).

  • 2. Aun sin la inducciÛn formal al trance, uno puede explorar la efectividad del

proceso ideo-din·mico, bajo la forma de lÌmites abiertos, con el paciente, sim- plemente manteniendo una actitud de expectativa en torno de lo que pueda ser experimentado. Es instructivo notar cÛmo despuÈs de un perÌodo que va de cinco a veinte minutos de tales ejercicios, con los ojos cerrados, la mayorÌa de los sujetos se estirar·n, bostezar·n y se re-orientar·n hacia sus cuerpos cuando abran los ojos, al finalizar el trabajo interno - como si hubieran estado dormidos o en trance.

Acaso lo estuvieran (Erickson, 1964). Realmente no tenemos un criterio indepen- diente para estimar si lo estuvieron o no.

  • 3. El prÛximo estadio de competencia probablemente implique el uso planificado

de las distintas variedades de sugestiones compuestas. El terapeuta necesita tiempo y paciencia para describir cuidadosamente y cronolÛgicamente antes, modelos de sugestiones de contingencia y de redes de asociaciÛn. El uso del shock, de la sorpresa y de los momentos creativos puede implicar un cuidadoso estudio y an·lisis retrospectivo de cÛmo operan espont·neamente en la vida cotidiana estos fenÛmenos.

  • 4. El uso de implicaciones puede ser facilitado con un cuidadoso estudio de las

grabaciones de las propias sesiones de terapia. øCu·les son las implicaciones cons- cientes e inconscientes de las cosas que hacen notar ambos: el terapeuta y el paciente? DespuÈs de estudiar esto un tiempo uno gradualmente desarrolla m·s de

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Milton H. Erickson y Ernest L. Rossi

una conciencia de las implicaciones de las palabras en la forma y en el momento justo en que se las expresa. Uno est· bien ubicado, entonces, como para comenzar a usar planificadamente las implicaciones, como un approach terapÈutico. Los niveles m˙ltiples de significaciÛn vÌa chistes, juegos de palabras y met·foras, se vuelven ahora v·lidos para ser utilizados con m·s soltura.

5. Los vÌnculos y los doble-vÌnculos discutidos en este capÌtulo, es plausible apren- derlos sin dificultades por su simpleza, y ellos proveen una gama casi infinita de posibilidades para explorar la psicodin·mica y facilitar la capacidad de respuesta hipnÛtica. El terapeuta que reciÈn comienza a interesarse en esta ·rea, puede dispensar muchas y agradables horas a la formulaciÛn de doble-vÌnculos cons- cientes-inconscientes y doble-vÌnculos de doble disociaciÛn plausibles que apa- rentemente cubren todas las posibilidades de respuesta, justamente como otros pueden dispensarles su tiempo a las palabras cruzadas. Hacerse tests a uno mismo exteriormente a la pr·ctica clÌnica, es un procedimiento que est· a salvo de fallas, desde el momento en que, en el peor de los casos, el paciente probablemente lo ignorar· y no suceder· absolutamente nada. Otras formas del doble-vÌnculo discu- tidas por Watzlawick et al. (1967), Haley (1963, 1973) y los autores (Erickson y Rossi, 1975) llegaron en este momento hasta el m·s joven de los autores ˙nica- mente por una feliz casualidad. Nosotros estamos aquÌ a la vanguardia de nuestra comprensiÛn de la comprensiÛn. Es verdaderamente muy necesario que se publi- quen tanto estudios experimentales controlados como tambiÈn ejemplos clÌnicos interesantes.

6. Las formas indirectas de sugestiÛn pueden hacer su contribuciÛn al corriente e intrigante debate acerca de la escritura de un programa de computaciÛn para ha- cer psicoterapia (Weizenbaum, 1976; Nichols, 1978). Los lectores que cuenten con la experiencia apropiada, podrÌan explorar la posibilidad de que una computa- dora programada con estas formas hipnÛticas pudiera generar nuevas combina- ciones de sugestiones que ˙nicamente sigan y sean adecuadas para complejos de sÌntomas, problemas de personalidad y estados alterados de conciencia especÌfi- cos.

Hipnoterapia

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CAPITULO 3

EL APPROACH DE LA UTILIZACION: INDUCCION AL TRANCE Y SUGESTION

El mayor de los autores (Erickson, 1958, 1959) ha hecho una distinciÛn entre los ëëprocedimientos ritualistas formalizados de inducciÛn al tranceíí, donde el mis- mo mÈtodo es aplicado mec·nicamente a cada uno de los sujetos y el ëëapproach naturalÌsticoíí, en donde para facilitar el trance son utilizados la personalidad -que es ˙nica- y la conducta del paciente En este approach de la utilizaciÛn se fija la atenciÛn del paciente sobre alg˙n aspecto importante de su propia personalidad y de su propia conducta, de una manera que le lleve al foco interno que nosotros definimos como trance terapÈutico. Los aparatos conscientes habituales del pa- ciente son despotenciados en mayor o menor grado y son iniciados b˙squedas y procesos inconscientes para facilitar una respuesta terapÈutica. En este capÌtulo ilustraremos este approach de la utilizaciÛn dirigido a la inducciÛn al trance y a su sugestiÛn, con una amplia variedad de ejemplos que provienen de la pr·ctica clÌni- ca. Analizaremos algunos de los approaches tÌpicos dirigidos a preparar a los pa- cientes para la experiencia del trance, paralelamente a la inducciÛn y a la ratifica- ciÛn real del trance. En estos ejemplos haremos foco sobre cÛmo una interacciÛn del approach de la utilizaciÛn y de las formas indirectas de sugestiÛn puede facilitar una salida terapÈutica en virtualmente cualquier situaciÛn en la que se encuentren el terapeuta y el paciente.

1. ACEPTAR Y UTILIZAR LA CONDUCTA MANIFIESTA DE LOS PACIENTES

El paso inicial en el approach de la utilizaciÛn, asÌ como en la mayorÌa de las otras formas de psicoterapia, es aceptar la conducta manifiesta de los pacientes y reconocer sus modelos de referencia personales. Esta apertura y aceptaciÛn res- pecto de los mundos de los pacientes, facilitan una apertura y aceptaciÛn corres- pondientes, respecto del terapeuta, por parte de los pacientes. Los siguientes ejem- plos, tomados de grabaciones publicadas y no publicadas del mayor de los autores (Erickson, 1958, 1959), ilustran cÛmo puede desarrollarse el rapport y conducir Èste a una experiencia de trance terapÈutico.

El desarrollo de un estado de trance es un fenÛmeno intrapsÌquico, dependiente

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de procesos internos, y la actividad del hipnotista sirve ˙nicamente para crear una situaciÛn favorable. Como una analogÌa: el incubador suple un entorno favorable para la incubaciÛn de huevos, pero la incubaciÛn real deriva del desarrollo de los procesos vitales contenidos en el huevo.

En la inducciÛn al trance, el hipnotista sin experiencia con frecuencia intenta dirigir o torcer la conducta del sujeto para adaptarla a su concepciÛn de cÛmo ëëtendrÌaíí que conducirse el sujeto. Debe haber una constante minimizaciÛn del rol del hipnotista y una constante amplificaciÛn del rol del sujeto. Puede citarse el ejemplo de un sujeto voluntario, usado ulteriormente para enseÒar hipnosis a estu- diantes de medicina. DespuÈs de una discusiÛn general acerca de la hipnosis, ella expresÛ su voluntad de entrar inmediatamente en un trance. Fue ofrecida la suges- tiÛn de que ella seleccione la silla y la posiciÛn que sintiera que serÌa confortable. Cuando se sentÛ donde le satisfizo, ella comentÛ que tenÌa ganas de fumar un cigarrillo. Se le dio uno de inmediato y ella procediÛ a fumarlo con pereza, obser- vando meditabundamente el humo en su tendencia ascendente. Fueron ofrecidos comentarios casuales, propios de la conversaciÛn, acerca del placer de fumar, del placer de mirar el humo que se ensortija, del sentimiento de comodidad que hay en llevar el cigarrillo a la boca, de la sensaciÛn interna de satisfacciÛn que se da al devenir Ìntegramente absorto pura y exclusivamente en el fumar y sin necesitar prestar atenciÛn a ninguna de las cosas externas. En pocas palabras, se hicieron comentarios casuales acerca de la inhalaciÛn y de la exhalaciÛn, adecuadas estas palabras a tiempo con su respiraciÛn real. TambiÈn hubo otros comentarios acerca de la comodidad con la que podÌa llevarse el cigarrillo a la boca. en direcciÛn ascendente, y despuÈs bajar su mano en direcciÛn al brazo del sillÛn. Estos comen- tarios tambiÈn fueron hechos a tiempo para que coincidan con su conducta real. Pronto, las palabras ëëinhalaríí, ëëexhalaríí, ëëen direcciÛn ascendenteíí y ëëen di- recciÛn descendenteíí, adquirieron un valor condicionante que ella no vio a causa de la naturaleza aparentemente conversacional de las sugestiones. En forma simi- lar se ofrecieron sugestiones en las que las palabras ëëdormiríí, ëësoÒolientaíí y ëëdurmiendoíí iban a tiempo con la conducta de los p·rpados de ella.

Antes de finalizar el cigarrillo, ella ya habÌa desarrollado un trance ligero. Des- puÈs se le hizo la sugestiÛn de que podÌa continuar disfrutando del fumar en la medida que ella se durmiera m·s y m·s profundamente; que del cigarrillo ya se ocuparÌa el hipnotista mientras ella se absorbÌa a sÌ misma en forma m·s y m·s completa, en un sueÒo profundo; que cuando estuviera durmiendo continuarÌa ex- perimentando los sentimientos que le satisfacÌan y las sensaciones del fumar. El

Hipnoterapia

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resultado de esto fue un satisfactorio trance profundo y se le dio un amplio entre- namiento para enseÒarle a responder de acuerdo con su propio modelo de conduc- ta inconsciente.

En este ejemplo, la preparaciÛn y la facilitaciÛn iniciales de un modelo de refe- rencia Ûptimo ocurriÛ cuando el sujeto escuchÛ atentamente una discusiÛn general acerca de la hipnosis. El mayor de los autores, como profesor, no podÌa ayudar mucho, pero sÌ usar el enfocar asociativo indirecto y el enfocar ideodin·mico en su discurso general acerca de la hipnosis. Como dijimos en el capÌtulo anterior, todas las discusiones generales de este tipo inician autom·ticamente procesos ideodin·micos que pueden despuÈs servir como base para fundar la experiencia de trance.

El hecho de que este sujeto fuera un sujeto voluntario es una indicaciÛn de que esta preparaciÛn inicial fuera particularmente eficaz para ella. Una de las satisfac- ciones de trabajar con voluntarios de tales grupos es, precisamente, esta forma de autoreconocimiento de la predisposiciÛn para entrar en trance que uno tiene.

Su sorprendente deseo de fumar, tan pronto como se sentÛ para el trabajo de trance, pudo haber sido experimentado como un desconcertante signo de resisten- cia por un terapeuta menos experimentado. En efecto, cuando este mismo sujeto fue usado m·s tarde por los estudiantes, quienes no aceptaron sus ganas de fumar, no pudieron inducirla al trance. El mayor de los autores, aceptÛ inmediatamente su conducta -Èsa es la diferencia-; incluso le dio el cigarrillo. Esto intensificÛ el rapport de ellos en la medida que ahora estaban los dos comprometidos y cooperando en el fumar de ella. Cuando ella procediÛ a fumar ëëcon pereza, meditabundamenteíí, podemos apreciar cÛmo su conducta, aparentemente destructiva, de fumar, pudo haber sido un medio, determinado inconscientemente, de cooperar con el proceso hipnÛtico. Para este sujeto, el fumar conducÌa a un estado interno meditativo que se vincula perfectamente con la inducciÛn al trance. El mayor de los autores reco- nociÛ y utilizÛ este estado de ·nimo meditativo para facilitar el trance fijando a˙n m·s su atenciÛn en su fumar con ëëcomentarios conversacionales casualesíí. Esta conversaciÛn casual, por supuesto, lo proveyÛ al mayor de los autores con un contexto general en el que le es posible esparcir sugestiones acerca del ëëplaceríí, de la ëëcomodidadíí, de la ëësensaciÛn interna de satisfacciÛníí y de ëëllegar a estar completamente absortaíí en el fumar ëëconfortablemente sin necesidad de prestar atenciÛn ninguna de las cosas externasíí. Estas sugestiones espar- cidas tendieron a despotenciar a˙n m·s su orientaciÛn de vigilia habitual. El pro-

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ceso de no saber y no actuar que tiene lugar cuando no tenemos que prestar atenciÛn a las cosas externas, la condujeron a ella a una b˙squeda inconsciente que fue en procura de alguna forma nueva de direcciÛn y de orientaciÛn.

Esta nueva direcciÛn fue provista por el mayor de los autores con su obvio interÈs en el fumar de ella. DespuÈs utilizÛ su conducta de fumar en procura de un proceso de condicionamiento inconsciente; el inhalar, exhalar, llevar el cigarrillo en direcciÛn ascendente y descendente de la mano de ella quedaron condicionados a seguir la voz y las sugestiones de Èl. Este condicionamiento inconsciente fue un camino para asegurar y reforzar la capacidad de atenciÛn y respuesta de ella. Finalmente, el valor asociativo ideodin·mico de palabras como ëëdormiríí fueron, entonces, asociadas con la conducta real de los p·rpados de ella, que sugerÌan bastante el dormir (p·rpados que se cierran, que parpadean, etc.). Aunque ambos, el terapeuta y la paciente, reconozcan que trance terapÈutico no es dormir, las palabras que evocan la idea de dormir tienden a evocar conductas asociativas (como el confort y el no - actuar) que tienden a facilitar el trance.

El proceso de rapport se fue intensificando m·s en la medida que Èl tomÛ el cigarrillo de ella y sugiriÛ que ella ëëpodÌa continuar disfrutando del fumar en la medida que se durmiera m·s y m·s profundamenteíí. El cumplimiento de un deseo alucinado de algo que ella obviamente disfrutaba, fue hecho contingente y depen- diente del dormir ëëm·s y m·s profundamenteíí. Se le dio una expectativa de ëësen- timientos que la satisfacÌaníí continuos, en la medida que ella entrara m·s y m·s profundamente en trance. Esta sana utilizaciÛn de su conducta de fumar, junto con muchas formas indirectas de sugestiÛn que evocaron sus propios procesos asociativos, la llevaron, entonces, a una preparaciÛn m·s extensa en el trance.

Nuestro prÛximo ejemplo es una ilustraciÛn particularmente vÌvida de cÛmo un modelo de referencia sumamente intelectualizado, que primariamente presta aten- ciÛn a cosas externas, puede ser cambiado gradualmente en direcciÛn a un foco interno, que es m·s compatible para el trance terapÈutico.

Este paciente entrÛ al consultorio decididamente, en una forma m·s bien de- masiado enÈrgica y de golpe declarÛ que no sabÌa si era hipnotizable. AgregÛ que sÛlo tendrÌa buena voluntad para entrar en trance sÛlo si esto era absolutamente posible y lo precaviÛ al autor respecto de que su approach, en toda esta materia, serÌa en forma intelectual m·s que de una manera ritualÌstica o mÌstica. DeclarÛ que Èl necesitaba la psicoterapia por una gran variedad de razones y que habÌa

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probado ya varias escuelas de psicoterapia, y en forma extensa, sin ning˙n benefi- cio. HabÌa intentado la hipnosis en varias ocasiones y habÌa fallado en forma la- mentable a causa del ´misticismoª y de la ´falta de aprecio por el approach inte- lectualª.

Las respuestas e informaciones recibidas revelaron que Èl sentÌa que un approach ëëinteligenteíí no significaba una sugestiÛn de ideas, sino proponerle cues- tiones concernientes a su propio pensar y sentir en relaciÛn a la realidad. El escri- tor -declarÛ- tendrÌa que reconocer que Èl estaba sentado en un sillÛn, que el sillÛn estaba frente a un escritorio y que estos constituÌan hechos absolutos de la reali- dad. Como tales, no podrÌan ser pasados por alto ni olvidados, negados o ignora- dos. Para ilustrarlo m·s, puntualizÛ que estaba obviamente tenso, ansioso y pre- ocupado por los temblores, causados por la tensiÛn de sus manos, que descansa- ban sobre los brazos del sillÛn, y que adem·s estaba sumamente propenso a dis- traerse, notando cada una de las cosas que lo rodeaban.

El autor tomÛ posesiÛn de este ˙ltimo comentario inmediatamente, como la base para iniciar su cooperaciÛn con Èl. Se le dijo: ëëPor favor, proceda a relatar sus ideas y lo que entiende, permitiÈndome ˙nicamente las suficientes interrupcio- nes como para asegurarme de que entiendo plenamente y lo voy siguiendo. Por ejemplo, usted mencionÛ el sillÛn, pero, obviamente, ha visto mi escritorio y se distrajo con los objetos que hay sobre Èl. Por favor, complete su explicaciÛníí.

…l respondiÛ, verbalmente, con una larga lista de comentarios m·s o menos conectados acerca de cada cosa que veÌa. A la mÌnima pausa, el autor interponÌa alguna palabra o alguna frase para dirigir su atenciÛn a otra parte. Estas interrup- ciones, cada vez m·s frecuentes, eran como sigue: ëëY ese pisapapeles; el ar- chivo; sus pies sobre la alfombra; la luz del techo; las cortinas; su mano derecha sobre el sillÛn; los cuadros de la pared; el cambiante foco de sus ojos cuando va echando distintas miradas en torno suyo; lo interesante de los tÌtulos de los libros; la tensiÛn en sus hombros; sentir el sillÛn; los perturbadores ruidos y pensamientos; el peso de las manos y de los pies; el peso de los problemas, el peso del escritorio; la posiciÛn de los ˙tiles de escritorio; las grabaciones de muchos pacientes; los fenÛmenos de la vida, de la enfermedad, de la emociÛn, de la conducta fÌsica y mental; el descanso de la relajaciÛn; la necesidad de prestar atenciÛn a las necesida- des de uno; la necesidad de prestar atenciÛn a la tensiÛn de uno, mientras mira atentamente el escritorio, o el pisapapeles o el archivo; lo reconfor-

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tante que es irse de lo que lo rodea, la fatiga y su desarrollo; el no-cam- biar, caracterÌsticas, del escritorio; la monotonÌa del archivo; la necesidad de tomarse un descanso; lo reconfortante de cerrar uno los ojos; la rela- jante sensaciÛn de una respiraciÛn profunda; el deleite de aprender pasi- vamente; las interpolaciones breves, pausadas primero, pero despuÈs con creciente frecuencia.íí

Al inicio, estas interpolaciones eran meramente suplementarias con respecto a la serie de pensamientos y expresiones propias del paciente. Primero, el efecto fue, simplemente, estimularlo para un esfuerzo adicional. En la medida que esta respuesta era hecha, se hizo posible utilizar su aceptaciÛn de la estimulaciÛn de su conducta con un procedimiento de hacer pausas y vacilar antes de completar cada interpolaciÛn. Esto sirviÛ para que se efect˙e en Èl una expectante dependencia del autor para recibir estimulaciones adicionales y m·s completas.

En la medida que este proceso era continuado, gradualmente y sin notarlo el paciente, su atenciÛn fue progresivamente dirigida hacia temas de experiencia subjetiva interna. Entonces, fue posible usar, casi directamente, una tÈcnica de relajaciÛn simple y progresiva -como tÈcnica de inducciÛn al trance- y asegurar un trance medio ligero.

A travÈs de la terapia completa, las nuevas inducciones al trance fueron todas b·sicamente comparables a Èstas, aunque el procedimiento fue abrevi·ndose pro- gresivamente.

La afirmaciÛn inicial del paciente de que ëëÈl no sabÌa si era hipnotizableíí, es una importante admisiÛn de su v·lida disposiciÛn para el trance. Como dijimos en el capÌtulo anterior, ëëno saber y no actuarª son, en realidad, una importante condi- ciÛn para la experiencia del trance. Este individuo altamente intelectualizado est· admitiendo que existe ahÌ un lugar donde Èl no sabe, un lugar donde sus aparatos y modelos de referencia habituales no est·n bien establecidos -la hipnosis es un lugar donde estos modelos mentales habituales y, obviamente, en alguna medida inadecuados, pueden ser pasados por alto de modo que la necesaria psicoterapia pueda tener lugar-.

El paciente establece y afirma sus condiciones para la experiencia de trance. El mayor de los autores, debe abstenerse de todo medio mÌstico y ritualÌstico y usar un approach intelectual. La orientaciÛn intelectual del paciente es, obviamente, la

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habilidad que un terapeuta sensible evaluarÌa como aquella por cuya utilizaciÛn pueden conseguirse m·s cosas.

El paciente describe, despuÈs, su estado ëëpropenso a distraerseíí, y el mayor de los autores utiliza esto inmediatamente como una base para el inicio de su cooperaciÛn con Èl. El anima al paciente a continuar dando cuenta de sus ideas ëëpara asegurarme de que entiendo plenamente y lo voy siguiendoíí. Esta es una sugestiÛn esparcida que no llega a ser reconocida por el paciente. SugestiÛn que significa que entender y seguir son cosas importantes en la hipnoterapia. Justa- mente como el terapeuta, desde un inicio, entiende y sigue al paciente, asÌ el pa- ciente pronto llegar· a entender y a seguir al terapeuta. Rapport, capacidad de atenciÛn y respuesta y una actitud Ûptima para crear un modelo de referencia terapÈutico, quedan todos implicados y, por esto, facilitados por esta sugestiÛn y aceptaciÛn iniciales de la conducta del paciente.

El requerimiento del mayor de los autores de que el paciente ´complete su explicaciÛnª es, en realidad, un medio no reconocido por el paciente de enfocar y fijar la atenciÛn del paciente en un aspecto prominente de su propia conducta (distraÌda con los objetos), que Èl mismo expresÛ y puntualizÛ. Desde el momento en que el paciente expresÛ y puntualizÛ este aspecto de su propia conducta, esto debe ëëposeeríí alg˙n interÈs especial para È1 y, por consiguiente, puede servir como un medio ideal para poseer su atenciÛn. Es esta una situaciÛn curiosa que puede implicar un doble-vÌnculo para este paciente en particular: su distraibilidad es usada para que no se distraiga, para enfocar su atenciÛn.

El mayor de los autores, ahora interact˙a cautelosamente con el paciente redirigiendo su atenciÛn hacia otro lado, en cada pausa, como un medio de coope- rar con Èl y, al mismo tiempo, aumentar su capacidad de atenciÛn y respuesta. Con pasos muy graduales, el mayor de los autores construye una red asociativa que lleva al paciente del pisapapeles y el archivo a ëëel deleite de aprender pasivamen- teíí y ëëla capacidad para aprender intelectualmente con el inconscienteíí. El cam- bio en el foco va de lo exterior a lo interior, a lo que guarda coherencia con el trabajo del trance. El cambio es facilitado con una continua utilizaciÛn del approach intelectual del paciente, con el Ènfasis puesto sobre ëëaprender pasivamenteíí y el aprender ëëinconscienteíí. La pasividad y los aspectos inconscientes del trance son, por lo tanto, asociados con el ëëaprenderíí que el paciente ya acepta y sabe cÛmo hacer; es entonces mucho m·s f·cil, para el paciente, aceptar la pasividad y el inconsciente cuando esto est· asociado con el aprender. En este cambio que va

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de un foco externo a un foco interno, el mayor de los autores tiene la oportunidad de esparcir muchas formas de enfoque asociativo interno (por ejemplo, ëëlos fenÛ- menos de la vida, de la enfermedad, de la emociÛn, de la conducta fÌsica y men- talíí) y de enfoque ideodin·mico indirecto (por ejemplo, ëëel descanso de la relaja-

ciÛn

lo reconfortante que es irse de lo que lo rodea, la fatiga y su desarrolloíí).

... Esto puede facilitar la inducciÛn al trance iniciando b˙squedas y procesos incons- cientes que puedan evocar tanto aspectos parciales de la experiencia del trance, como tambiÈn una nueva visiÛn de los problemas del paciente.

Como el terapeuta continuÛ utilizando ëëla serie de pensamientos y expresiones propias del pacienteíí, la respuesta del mismo se intensificÛ m·s y fue experimen- tado por Èl un grado m·s alto de ëëexpectante dependenciaíí en la medida que en este punto comenzÛ a mirar atentamente al terapeuta, en procura de una direcciÛn adicional hacia ëëmaterias de experiencia subjetiva internaíí, que es donde estaban sus problemas psicolÛgicos.

Un approach similar fue usado en el caso siguiente, cuyo an·lisis en tÈrminos de la din·mica que hemos presentado, al lector le resultar· m·s cÛmodo.

En esencia, este mismo procedimiento fue el empleado en el caso de un joven paciente de treinta aÒos de edad, que entrÛ al consultorio y comenzÛ a pasearse preocupadamente por el mismo. ExplicÛ repetidas veces que no iba a poder durar mucho en esa situaciÛn, si relataba sus problemas sentado y quieto, o si lo hacÌa acostado en un sof·. Varios terapeutas ya se lo habÌan sacado de encima en repe- tidas ocasiones ëëacus·ndoloíí de falta de cooperaciÛn. SolicitÛ que se emplee la hipnoterapia, de ser posible, dado que su ansiedad era algo casi inaguantable y siempre creciente en intensidad en el consultorio del psiquiatra, lo que lo hacÌa pasearse preocupado por la sala, necesaria y constantemente.

La repetida explicaciÛn adicional de su necesidad de pasearse preocupado por la sala fue, por fin, exitosamente interrumpida con la pregunta, ìøQuiere cooperar voluntariamente conmigo paseando continuamente por la sala, asÌ, como lo est· haciendo ahora?íí. Su rÈplica fue un asombrado ëëøSi quiero? °Dios mÌo, hombre! Es lo que no puedo librar de hacer si estoy en el consultorioíí.

En eso, se le pidiÛ que permita que el autor participe de su paseo, de modo de dirigirlo en parte. Esto le agradÛ y consintiÛ, si bien algo perplejo. Se le pidiÛ que se paseara para atr·s y para adelante, que girara a la derecha, a la izquierda, que

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caminara alej·ndose del sillÛn y luego caminara hacia Èl. Primero, estas instruccio- nes fueron dadas en un tempo similar al de sus pasos. Gradualmente, el tempo de las instrucciones se hizo m·s lento y cambiÛ el vocabulario: ëëAhora gire a la dere- cha, alej·ndose del sillÛn en el que se pueda sentarî; ëëgire a la izquierda, en direc- ciÛn al sillÛn en el que se pueda sentaríí, etc. Con este vocabulario, se estableciÛ la base para fundar una conducta m·s cooperativa.

El tempo se hizo todavÌa m·s lento y las instrucciones variaron nuevamente para incluir la frase, ´el sillÛn al que pronto se acercar· como para sentarse con- fortablementeª. Esto, a su vez, fue alterado para decir: ´el sillÛn en el que, en poco tiempo m·s, se encontrar· cÛmodamente sentadoª.

Su paseo preocupado se volviÛ progresivamente m·s lento y m·s y m·s depen- diente de las instrucciones verbales del autor, hasta que pudieron darse las suges- tiones directas de que se siente en el sillÛn y entre m·s y m·s hondo en un trance profundo, en la medida que relataba su historia.

Se gastaron aproximadamente 45 minutos de esta manera, induciendo un tran- ce medio que disminuyÛ la tensiÛn y la ansiedad del paciente de modo tal que Èl pudiera estar preparado para colaborar, a partir de entonces, con la terapia.

El valor de este tipo de TÈcnica de UtilizaciÛn descansa en su eficaz demostra- ciÛn al paciente de que Èl es completamente aceptable y de que el terapeuta puede tratar con Èl, en forma efectiva, sin preocuparse en considerar su conducta. Esto

re˙ne las dos necesidades que presenta el paciente y emplea, como una par- te significativa del procedimiento de inducciÛn, la conducta que verdadera- mente est· dominando al paciente.

La pregunta del mayor de los autores, ëëøQuiere cooperar voluntariamente con- migo paseando continuamente por la sala, asÌ, como lo est· haciendo aho- ra?,íí es un ejemplo extraordinariamente fecundo de la utilidad que puede obtenerse de un buen n˙mero de formas indirectas de sugestiÛn, en una sola proposiciÛn. Por ser una pregunta, fija en forma inmediata la atenciÛn del paciente y lo envÌa sobre una b˙squeda interna, que va en procura de una respuesta apropiada. Es una excelente sugestiÛn compuesta que asocia una importante sugestiÛn acerca de la cooperaciÛn, con su conducta de pasearse preocupado por la sala -conducta que sigue en marcha-. Pasearse preocupado por la sala constantemente era la habilidad propia del paciente, habilidad que fue r·pidamente evaluada, acep-

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tada y utilizada para facilitar una serie sÌ.

La pregunta llegÛ como una especie de shock y de sorpresa que despotenciÛ su aparato mental dominante respecto de su propia resistencia, y lo ëëconmo- viÛíí en direcciÛn a una fuerte exclamaciÛn de su necesidad de cooperar. El rapport quedÛ, de este modo, fuertemente establecido y la terapia se estructurÛ como un esfuerzo conjunto. Con este rapport fuerte e inmediato, se puso en movimiento una alta expectativa, aumentando la capacidad de atenciÛn y de respuesta del pa- ciente dirigida tanto a los estados internos propios como tambiÈn a las sugestiones adicionales del terapeuta. Con un proceso gradual de asociaciÛn y de condicionamiento inconsciente, esta capacidad de atenciÛn y de respuesta aumen- tÛ a˙n m·s, de modo que el paciente fue, finalmente, capaz de aceptar las suges- tiones de que se siente y de que vaya a˙n m·s hondo dentro de sÌ mismo, de modo tal que pudiera relatar su historia en un estado de honda absorciÛn, que es el que se describe como un ëëtrance profundoíí.

El terapeuta principiante que estÈ justo aprendiendo a integrar el approach de utilizaciÛn con las formas indirectas de sugestiÛn, puede inicialmente sentirse un poco abrumado por estos ejemplos, que parecen requerir tanta agudeza y rapidez mental, lo mismo que un completo gobierno del material con el que se trabaja. En la pr·ctica, sin embargo, la mayor parte de los pacientes est·n buscando en forma desesperada una ayuda, y verdaderamente quieren cooperar voluntariamente si se les da la oportunidad de hacerlo, como lo indica el siguiente ejemplo.

Otro sujeto, graduada en psicologÌa, experimentaba grandes dificultades para entrar en un trance hondo. DespuÈs de varias horas de intenso esfuerzo, ella pre- guntÛ tÌmidamente si podÌa dar un consejo sobre la tÈcnica, aun sin haber tenido antes ninguna otra experiencia con la hipnosis. Su ofrecimiento fue aceptado con gusto, despuÈs de lo cual, dio el consejo: ëëUsted, sobre ese punto, est· hablando demasiado r·pido: tendrÌa que decirlo muy lento y con Ènfasis, repitiÈndolo conti- nuamente. Decir eso bien r·pido, esperar un momento y repetirlo lentamente; y, por favor, ahora haga una pausa y dÈjeme descansar, y, por favor, no separe sus infinitivosíí.

Con la ayuda de ella nos aseguramos, en menos de treinta minutos, un trance profundo con gran insensibilidad a los estÌmulos, y estupor. DespuÈs, se la empleÛ ampliamente en una gran variedad de trabajos experimentales y fue utilizada para enseÒarles a otros cÛmo inducir a trances hondos.

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La aceptaciÛn de este tipo de ayuda no es una expresiÛn de ignorancia ni de competencia; antes que esto, es el reconocimiento honesto de que la hipnosis hon- da es un esfuerzo conjunto en el que el sujeto hace el trabajo y el hipnotista trata de estimular al sujeto para que haga el esfuerzo necesario. Es el reconocimiento de que ninguna persona puede entender realmente los modelos individuales de apren- dizaje y de respuesta de otro. Este modo de proceder, a la vez que trabaja mejor con sujetos altamente inteligentes e interesados en forma seria, es tambiÈn eficaz con otros tipos de sujetos. Establece un sentimiento de sinceridad, confianza y activa participaciÛn en una tarea conjunta. M·s a˙n, sirve para eliminar concep- ciones errÛneas acerca de los poderes mÌsticos del hipnotista y para definir indi- rectamente los roles respectivos del sujeto y del hipnotista.

Esta aceptaciÛn y utilizaciÛn de la ayuda del paciente, es el rasgo cardinal de nuestro approach, que contrasta definidamente con mÈtodos m·s antiguos y auto- ritarios que todavÌa est·n profundamente arraigados en la imaginaciÛn de los legos y en la prensa popular. El antiguo v equivocado approach que hace de la experien- cia del trance un sinÛnimo de obediencia pasiva, desafortunadamente, a˙n es pro- mulgado por los hipnotistas de teatro. M·s de una generaciÛn atr·s, sin embargo, el mayor de los autores ya ilustraba cÛmo la cooperaciÛn y el auto-control del paciente son la esencia de un buen trabajo hipnÛtico, como puede verse en la utilizaciÛn de las situaciones de emergencia, descripta en la secciÛn siguiente.

2. UTILIZAR LAS SITUACIONES DE EMERGENCIA

Toda situaciÛn de emergencia invariablemente induce al trance. Cheek (Cheek y Le Cron, 1968; Cheek, 1959, 1966, 1969, 1974) ha ilustrado el modo cÛmo mu- chos problemas iatrogÈnicos y sÌntomas neurÛticos pueden ser aprendidos por menciones oÌdas muy por encima y de casualidad durante situaciones de emergen- cia y de stress, en las que el paciente cae en un trance espont·neo (como una primitiva respuesta de protecciÛn) y est·, consecuentemente, en un estado ex- traordinariamente exacerbado de sugestibilidad.

El mayor de los autores ha ilustrado el modo cÛmo tales situaciones de emer- gencia pueden ser utilizadas para introducir, en forma gradual, sugestiones tera- pÈuticas. De este modo tenemos, a continuaciÛn, dos ejemplos con sus propios hijos.

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Allan, de siete aÒos, se cortÛ con una botella rota y se hiriÛ bastante la pierna. Vino corriendo a la cocina, gritando de dolor y de miedo con todas sus fuerzas, ëë°Me sale sangre!, °me sale sangre!íí.

Al entrar a la cocina, tomÛ una toalla y empezÛ a refregarse vehementemente para limpiarse la sangre. Cuando hizo la primera pausa en sus alaridos a fin de respirar, se le dijo urgentemente: ëëLimpi· la sangre; limpi· la sangre; us· una toalla de baÒo; us· una toalla de baÒo; us· una toalla de baÒo; us· una toalla de baÒo; no una toalla de mano, una toalla de baÒoíí, y le fue alcanzada una. DespuÈs de usar la toalla la dejÛ caer. Inmediatamente, se le dijo con tono de urgencia y repetidamente, ´Ahora envolvÈtela en la pierna; envolvÈla apretada, envolvÈla apre- tadaª.

Hizo esto en forma desprolija, pero suficientemente eficaz. DespuÈs, siempre con tono de urgencia, se le dijo, ´Ahora tenÈtela bien apretada, tenÈtela bien apre- tada, agarremos el coche y vamos a ver al doctor; tenÈtela bien apretadaª.

Todo el trayecto rumbo al consultorio del cirujano, se le dio una cuidadosa explicaciÛn con respecto a su herida: que no era tan grande como para que se justificaran tantos puntos de sutura como los que se le aplicaron a su hermana, cuando se hiriÛ la mano, se le daba con tono de urgencia el consejo y la exhorta- ciÛn de que quedarÌa bajo su exclusiva responsabilidad ver que el cirujano ponga tantos puntos como sea posible. De allÌ en m·s fue instruido, durante todo el tra- yecto, sobre cÛmo reclamar enf·ticamente sus plenos derechos.

Sin esperar ning˙n tipo de examen, Allan le dijo a la enfermera en forma enf·- tica, una vez en el consultorio del cirujano, que precisaba y querÌa 100 puntos de sutura. Ella meramente dijo: ´Por aquÌ, seÒor, derecho est· la sala de cirugÌaª. Mientras la seguÌamos, se le dijo a Allan, ´Es una enfermera. El doctor est· en la sala de al lado. Ahora, no te olvides de decirle justo lo que querÈs y cÛmo lo querÈsª.

Cuando entrÛ a la sala, Allan le anunciÛ al cirujano: ëëQuiero l00 puntos. °Vea que asÌ sea!íí. Quit·ndose bruscamente la toalla, Èl apuntÛ a su pierna y declarÛ, ëëAhÌ, justo, l00 puntos. Van a ser muchos m·s que los que le pusieron a Betty Alice. Y no los ponga muy lejos a cada uno. Y no se ponga en mi camino. Quiero verlo. Los tengo que contar. Y los quiero con hilo negro, asÌ pueden verlos ustedes. °Eh, no quiero vendas. Quiero puntos!íí

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Se le explicÛ al cirujano que Allan entendÌa bien su situaciÛn y que no necesita- ba anestesia. A Allan, el autor le explicÛ que primero habÌa que lavarle la pierna. DespuÈs, Èl verÌa la ubicaciÛn de los puntos de sutura en forma cuidadosa para estar seguro de que no estuvieran demasiado lejos uno del otro; Èl estaba para contar con todo cuidado uno por uno y no tenÌa que cometer ning˙n error en su cuenta.

Allan contÛ los puntos de sutura y volviÛ a controlar su cuenta mientras el cirujano hacÌa su tarea en perplejo silencio. …l pidiÛ que los puntos de sutura fueran colocados m·s juntos, apretados al m·ximo, y deplorÛ y se lamentÛ del hecho de que finalmente no tendrÌa tantos como su hermana. Su frase de despedida fue, a tal efecto, que, con un poco m·s de esfuerzo, el cirujano podrÌa haberle dado m·s puntos.

Todo el camino de regreso a casa, se lo reconfortÛ a Allan respecto de los pocos que habÌan sido los puntos de sutura y se lo felicitÛ adecuadamente sobre su competencia para supervisar todo el procedimiento tan bien. Adem·s se le sugiriÛ que comiera una buena cena y se fuera a dormir inmediatamente despuÈs. De este modo su pierna sanarÌa m·s r·pido y Èl no tendrÌa que ir al hospital como tuvo que hacerlo su hermana. Lleno de entusiasmo, Allan actuÛ como se le sugiriÛ.

No se hizo ninguna menciÛn del dolor o de la anestesia, ni se le ofreciÛ ninguna ëëpromesa tranquilizadora para conformarloíí. Tampoco se hizo ning˙n esfuerzo formal para inducirlo al trance. En lugar de esto, se utilizaron varios aspectos de la totalidad de la situaciÛn, para distraer la atenciÛn de Allan y alejarla completamen- te de las consideraciones penosas, y para enfocarla sobre las cosas que tienen valor para un chico de siete aÒos, de modo de asegurar su cooperaciÛn plena y activa y su intensa participaciÛn en cuanto al tratamiento adecuado de la totalidad del problema.

En situaciones tales como Èsta, el paciente experimenta una necesidad tremen- damente urgente de haber hecho algo. El reconocimiento de esta necesidad y estar preparado para utilizarla haciendo algo en relaciÛn directa al origen de la necesidad, constituye uno de los tipos de sugestiÛn m·s eficaces, en cuanto a asegurar la plena cooperaciÛn del paciente para toda medida adecuada que se tome.

La pequeÒa Roxana entrÛ a la casa llorando, dolorida por un rasguÒo sin conse-

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cuencias (pero no era asÌ para ella) en la rodilla. La terapia adecuada no era darle promesas tranquilizadoras: que la herida era bastante menor como para justificar un tratamiento; ni siquiera la afirmaciÛn de que ella era la valiente pequeÒa de su mam· y que su mam· le iba a dar un beso y el dolor cesarÌa y el rasguÒo se curarÌa. En lugar de esto, una terapia eficaz para un caso como Èste, est· basada en la utilizaciÛn de la necesidad de la personalidad que procura que se haga algo en relaciÛn directa a la herida. De modo que un beso a la derecha, un beso a la izquierda y un beso justo en la superficie del rasguÒo, para Roxi tuvieron el efecto de una instant·nea curaciÛn de la herida, y el incidente Ìntegro pasÛ a for- mar parte de su emocionante pasado histÛrico.

Este tipo de tÈcnica basada en la utilizaciÛn de fuertes necesidades de persona- lidad es eficaz con niÒos y adultos. Puede adaptarse r·pidamente a situaciones que requieren, de alguna forma, respuestas fuertes, activas e intensas y participaciÛn por parte del paciente.

Como puede verse a partir de estos ejemplos, el hipnoterapeuta continuamente est· utilizando los modelos de referencia internos propios del paciente, incluso en tales situaciones de emergencia ëëexternaíí. Se presentar·n ilustraciones adiciona- les de este importantÌsimo uso de las realidades internas del paciente en la siguien- te secciÛn.

3. UTILIZACI”N DE LAS REALIDADES INTERNAS DEL PACIENTE

La utilizaciÛn de las conductas externas manifiestas del paciente pueden gene- ralizarse en direcciÛn a una aceptaciÛn y utilizaciÛn de sus realidades internas -sus pensamientos, sentimientos y experiencias de la vida-. El mayor de los autores ilustra esto en lo que sigue.

Otro tipo de tÈcnica de utilizaciÛn es el empleo de la conducta interna del pa- ciente, como opuesta a su conducta externa; esto es, usar sus pensamientos y comprensiones como la base para el procedimiento de la inducciÛn. Esta tÈcnica ha sido empleada experimentalmente y tambiÈn en situaciones terapÈuticas donde el tipo de resistencias del paciente lo hizo aconsejable. TambiÈn, es usada eficaz- mente en sujetos ingenuos. De ordinario, se requiere tanto una buena inteligencia y alg˙n grado de sofisticaciÛn, como tambiÈn seriedad de propÛsitos.

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El procedimiento es relativamente simple. Se le solicita o se aprueba que el sujeto experimental o terapÈutico exprese libremente sus pensamientos, compren- siones y opiniones. DespuÈs se lo anima a especular en voz alta extendiÈndose m·s y m·s sobre cu·l podrÌa ser el posible curso de sus pensamientos y sentimien- tos si tuviera que desarrollar un estado de trance. Mientras el paciente hace esto, o, incluso, si Èl meramente protesta por la imposibilidad de tales especulaciones, sus expresiones son repetidas despuÈs de Èl, en su esencia, como si el operador buscara seriamente comprender o confirmar m·s las afirmaciones de aquÈl. De este modo, se sacan m·s comentarios adicionales por parte del sujeto, que, a su vez, vuelven a ser repetidos por el operador. En los sujetos m·s sofisticados, tiende a haber una mayor espontaneidad; pero, en ciertas ocasiones, el sujeto ingenuo - e incluso, el que no est· muy educado- puede probarse que es notablemente capaz de respuesta.

Con esta tÈcnica, las expresiones del paciente pueden variar en gran medida de un caso a otro, pero se da el siguiente ejemplo, con suficiente detalle, para ilustrar el mÈtodo.

Esta paciente, en busca de ayuda psiqui·trica, declarÛ: ëëNo hice ning˙n pro- greso despuÈs de tres aÒos de psicoan·lisis, y el aÒo que gastÈ en hipnoterapia tambiÈn fue una pÈrdida total. TodavÌa no entrÈ en trance. TratÈ, hice lo posible ... No lleguÈ a ning˙n lado. Me dieron referencias de usted pero no le veo mucho sentido a esto. Probablemente fracase otra vez. Justamente, no puedo concebirme a mÌ misma entrando en trance. TodavÌa no sÈ lo que es un trance.íí Estas obser- vaciones, junto con la informaciÛn recibida en forma previa a partir del mÈdico que la derivaba, sugerÌan la posibilidad de emplear la propia verbalizaciÛn de la mujer como procedimiento de inducciÛn.

Las expresiones del autor est·n en letras it·licas:

Usted realmente no puede concebir quÈ es el trance no, no puedo, øquÈ es? -sÌ, øquÈ es- un estado psicolÛgico, supongo. Un estado psicolÛgico, supone usted øquÈ m·s?. No sÈ -usted realmente no sabe -no, no sÈ- usted no sabe, se lo pregunta, piensa -pienso quÈ- sÌ, øquÈ piensa y siente, y quÈ sensaciones tiene? -(pausa)- No sÈ - pero usted puede pregunt·rselo -øva a dormir? - no, agotada, relajada, con sueÒo -realmente agotada- asÌ, verdaderamente ago- tada y relajada, øquÈ m·s? -Es un problema- Es un problema, se lo pregunta, piensa, siente, øquÈ siente? - mis ojos - SÌ, sus ojos, øcÛmo? - parecen borrosos

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  • - borrosos, cerr·ndose - (pausa) - est·n cerr·ndose - cerr·ndose, respirando

m·s hondo - (pausa) - agotada y relajada, øquÈ m·s? - (pausa) - øquÈ m·s?

  • - Estoy divertida - divertida, asÌ, confortable, realmente aprendiendo - (pausa)

  • - aprendiendo, si, aprendiendo m·s y m·s - (pausa) - los ojos cerrados, respi-

rando hondo, relajada, reconfortada, asÌ, verdaderamente reconfortada, øquÈ m·s? - (pausa) - No sÈ - realmente no sabe, pero realmente aprendiendo a ir m·s y m·s hondo - (pausa) - demasiado agotada para hablar, sÛlo dormir - puede ser una palabra o dos - No sÈ (habla trabajosamente) - respirando m·s hondo y usted realmente no sabe, sÛlo ir m·s hondo, durmiendo profundamente, m·s y m·s profundamente, sin preocuparse, sÛlo aprendiendo y contin˙a siempre m·s y m·s hondo y aprendiendo m·s y m·s con su mente incons- ciente.

Desde este punto en m·s fue posible tratar con ella en forma simple y directa, sin ninguna sugestiÛn especialmente elaborada. Los trances subsiguientes se ase- guraron a travÈs del uso de sugestiones post ñ hipnÛticas.

Lo de arriba es simplemente una condensaciÛn del tipo de expresiones que se utilizan para inducir al trance. En general, hay muchas m·s repeticiones, y lo usual es que se repitan ˙nicamente ciertas ideas, que varÌan de paciente a paciente. A veces esta tÈcnica prueba ser decididamente r·pida. Frecuentemente, con pacien- tes ansiosos o temerosos, sirve para reconfortarlos con una convicciÛn de que est·n seguros, de que no se les est· haciendo nada ni se les est· imponiendo nada, y ellos sienten que pueden ver (be aware), reconfortantemente, cada paso del procedimiento. Consecuentemente, son capaces de dar una plena colaboraciÛn que serÌa dificultoso asegurarse si fueran a sentir que se les est· imponiendo por la fuerza un modelo de conducta.

Como puede verse a partir de lo de arriba, la experiencia de no saber, ëëNo sÈ lo que es un tranceíí del paciente, puede ser un punto de partida ideal para iniciar el trance y la exploraciÛn de realidades internas. Lo que sigue es una ilustraciÛn m·s de cÛmo pueden usarse las experiencias de vida del paciente para facilitar la inducciÛn al trance.

Un sujeto que se ofreciÛ como voluntario, en una clase ante un grupo universi- tario, declarÛ: ëëFui hipnotizado hace muchos aÒos. Fue un trance ligero, no muy satisfactorio, y a la vez que querrÌa cooperar con ustedes, estoy completamente seguro de que no puedo ser hipnotizadoíí. ëëøRecuerda el lugar fÌsico de ese

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trance?íí. ëëSÌ, sÌ, era en el laboratorio de psicologÌa de la universidad, yo estaba asistiendo a una claseíí. ëëPodrÌa, asÌ, como est· sentado ac·, recordar y des- cribirme el lugar fÌsico de esa situaciÛn de trance?íí.

Le agradÛ la propuesta y procediÛ a describir en detalle la sala de laboratorio en la que habÌa sido hipnotizado ligeramente, incluyendo la descripciÛn de la silla en la que se habÌa sentado y una descripciÛn del profesor que lo habÌa inducido al trance. Esto fue seguido por una respuesta comparable con lo anterior al requeri- miento del autor de que describa, en forma tan ordenada y comprehensiva como le fuera posible, su recuerdo de las sugestiones reales que le fueron dadas en ese momento y las respuestas que Èl les habÌa dado.

Lentamente, en forma pensada, el sujeto describiÛ una tÈcnica de cierre de ojos, con sugestiones de relajaciÛn, fatiga y sueÒo. En la medida que iba progre- sando en la verbalizaciÛn de sus recuerdos, sus ojos iban lentamente cerr·ndose, su cuerpo se iba relajando, su discurso se volvÌa m·s pausado y m·s vacilante; fue requiriendo que se le apronten crecientemente m·s ayudas para articular la con- versaciÛn, hasta que se volviÛ evidentemente que estaba en un estado de trance. De allÌ en m·s, se le solicitÛ establecer dÛnde estaba y quiÈn estaba presente. NombrÛ la primera universidad y al profesor de la oportunidad anterior. Inmediata- mente, se le solicitÛ que oyera cuidadosamente lo que el autor tenÌa para decirle adem·s de lo ya dicho, y que, despuÈs, aceptara ser empleado para demostrar los fenÛmenos del trance hondo.

El m·s joven de los autores ha encontrado que las preguntas que hacen foco sobre recuerdos pueden ser un medio confiable para evaluar la disposiciÛn v·lida para el trance del paciente y, frecuentemente, un afinado medio de facilitar el acto de la inducciÛn al trance. Cuando se le preguntÛ a una mujer acerca de sus recuer- dos m·s tempranos, por ejemplo, ella primero respondiÛ con uno que le era familiar desde hacÌa tiempo. Cuando se la animÛ a explorar m·s, hizo una pausa por unos momentos, manifestando ese foco interno que llamamos trance cotidiano com˙n, y despuÈs hizo notar con tranquilidad cÛmo parecÌa estar con la vista dirigida arriba, hacia una luz brillante, sin ninguna cosa en foco. Un momento despuÈs, su pierna izquierda comenzÛ a levitar mientras que el resto de su cuerpo permanecÌa inmÛvil pero notablemente relajado. DespuÈs, ella nos refiriÛ que sentÌa un chillido prepa- r·ndose en su garganta. Dicho esto, repentinamente sacudiÛ su cabeza, acomodÛ su cuerpo moviÈndolo de un lado a otro y se orientÛ nuevamente hacia el estado de vigilia. En su b˙squeda interna en procura de un recuerdo m·s temprano, ella habÌa

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caÌdo espont·neamente en un trance y experimentÛ moment·neamente una genui- na regresiÛn en la edad hacia la infancia, cuando su campo visual y su cuerpo aparentemente ya no estuvieron bajo control voluntario, y se sintiÛ cerca de gritar como podrÌa hacerlo un niÒo. Eso la asustÛ, asÌ que, espont·neamente, reorientÛ su cuerpo hacia el estado de vigilia.

Aunque no es habitual que tengamos respuestas tan dram·ticas como Èsta, con frecuencia nos encontramos con que las preguntas que enfocan a los pacien- tes sobre una revisiÛn interna de sus vidas y de sus actividades, facilitan esa b˙s- queda interna y los procesos inconscientes de una manera que conduce a un tran- ce reconociblemente terapÈutico.

4. UTILIZACION DE LAS RESISTENCIAS DEL PACIENTE

La desafortunada visiÛn de la hipnosis como una dominaciÛn-sumisiÛn, es, proba- blemente, la base de muchas de las asÌ llamadas resistencias a la hipnosis. Por esta causa, el mayor de los autores desarrollÛ muchos approaches de utilizaciÛn y mu- chas formas indirectas de sugestiÛn para pelear contra esta resistencia. Su approach es esencialmente el mismo que fue delineado en las secciones anteriores, donde Èl primero reconoce y acepta la conducta manifiesta del paciente como una base fundamental para establecer rapport, y luego, va enfocando gradualmente al pa- ciente hacia adentro.

Muchas veces, la resistencia aparentemente activa que se encuentra en los suje- tos no es m·s que un modo inconsciente de controlar la voluntad del hipnotista, dirigida al ir al encuentro de ellos en un punto intermedio en lugar de tratar de forzarlos a actuar en una forma Ìntegramente acorde con las ideas de Èl. Este fue el caso de un sujeto que habÌa padecido el trabajo sin Èxito de varios hipnotistas, sujeto que se ofreciÛ como voluntaria para actuar como sujeto de demostraciÛn. Cuando su ofrecimiento fue aceptado, Èl la sentÛ en una silla de cara a la audien- cia, en una posiciÛn rÌgida, desafiante. A esta conducta aparentemente muy poco propicia, se le fue al encuentro con una observaciÛn casual y conversacional, diri- gida a la audiencia, de que la hipnosis no depende necesariamente de una completa relajaciÛn o de un completo automatismo, sino que la hipnosis podrÌa ser introduci- da en un sujeto dispuesto voluntariamente a aceptarla, si el hipnotista estuviera dispuesto voluntariamente a aceptar completamente la conducta del sujeto. El su- jeto respondiÛ a esto riÈndose y preguntando si podrÌa ser hipnotizada estando

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parada. Se fue al encuentro de la informaciÛn que buscaba, con la sugestiÛn: ´ øPor quÈ no demostrar que es posible?ª Una serie de sugestiones dieron por resul- tado el r·pido desarrollo de un trance hondo. Las preguntas que hicimos entre la audiencia revelaron que ella habÌa leÌdo en forma extensa sobre hipnosis y que objetaba con ardor el concepto errÛneo, que se encuentra frecuentemente, de la persona hipnotizada como un autÛmata que responde pasivamente, incapaz de auto expresarse. Ella explicÛ, adem·s, que tendrÌa que aclararse que la conducta espont·nea es una actividad de respuesta no menos que una actividad que puede hacerse o no, y que la utilizaciÛn de la hipnosis puede hacerse efectiva a partir del reconocimiento de este hecho.

Es de notar que la rÈplica ìøPor quÈ no demostrar que es posible?î, constituyÛ una aceptaciÛn absoluta de la conducta de ella, la comprometiÛ completamente a la experiencia de ser hipnotizada y asegurÛ su plena cooperaciÛn tanto en lo que concierne a llevar a cabo sus propios propÛsitos como tambiÈn en la realizaciÛn de los del terapeuta.

A travÈs de la demostraciÛn, ella le ofreciÛ al autor frecuentes sugestiones acerca de lo que Èl podÌa pedirle que demuestre a continuaciÛn, alterando realmen- te, en algunos casos, la tarea sugerida. En otros momentos, ella fue completamen- te pasiva en sus respuestas.

Nuevamente podemos ver cÛmo una pregunta aparentemente simple y con una negativa -ìøPor quÈ no demostrar que es posible?î- acepta y utiliza en forma inmediata la ìresistenciaª del paciente, haciÈndole al mismo tiempo iniciar una b˙squeda inconsciente que evoca procesos en parte conscientes y en parte in-

conscientes, y que conducen a respuestas hipnÛticas. Podemos ver que la asÌ llamada resistencia de ella no es en realidad una resistencia tanto como una reac- ciÛn perfectamente razonable contra la errÛnea visiÛn de la hipnosis como una dominaciÛn sumisiÛn. Creemos que la mayor parte de las asÌ llamadas resistencias tienen una base razonable en el propio modelo de referencia del paciente. °Toda resistencia es, usualmente, una expresiÛn de la individualidad del paciente!.

La tarea del terapeuta es la de entender, aceptar y utilizar esa individualidad para ayudar a los pacientes a sobrepasar sus limitaciones aprendidas para llevar a cabo sus propias metas. Este ejemplo es una ilustraciÛn particularmente clara de cÛmo es en realidad el paciente el que tiene el control de la situaciÛn, mientras que el terapeuta es, simplemente, alguien cuya funciÛn es la de proveer estÌmulos y mo- delos de referencia ˙tiles que ayuden al paciente a experimentar y a expresar

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nuevas potencialidades. Vemos cÛmo puede ser perfectamente apropiado para el paciente rechazar o modificar las sugestiones del terapeuta para ordenarlas de modo tal que vayan al encuentro de las necesidades del paciente en forma m·s adecuada.

En el siguiente ejemplo, el mayor de los autores hace un extenso uso de las formas indirectas de sugestiÛn, para utilizar la ìresistenciaî del paciente para faci- litar el trance y la capacidad de respuesta hipnÛtica. Es Èsta una ilustraciÛn poco com˙n, por su claridad, de esa curiosa combinaciÛn de conducir y seguir al pacien- te, tan caracterÌstica del approach del mayor de los autores.

Uno frecuentemente lee en los libros acerca de la resistencia del sujeto y de las tÈcnicas empleadas para eludirla o superarla. En la experiencia del autor, el proce- dimiento m·s exitoso es el de aceptar y utilizar la resistencia, lo mismo que cual- quier otro tipo de conducta, desde el momento que, usadas apropiadamente, pue- den favorecer totalmente el desarrollo de la hipnosis. Puede hacerse esto expre- sando con palabras sugestiones, de una manera tal que tanto una respuesta positi- va, como una respuesta negativa, como tambiÈn una ausencia de respuesta, que- den todas definidas como una conducta de respuesta. Por ejemplo, a un sujeto que se resiste y que no es receptivo a las sugestiones para la levitaciÛn de la mano, se le puede decir, ëëEn poco tiempo m·s, su mano derecha o, puede ser, su mano izquierda, comenzar· a elevarse, o a apretar, o quiz· no se mueva para nada, pero vamos a esperar para ver justo quÈ sucede. Puede ser que el primero sea el pulgar, o puede sentir que est· pasando algo en su dedo meÒique, pero lo realmente impor- tante no es si su mano se eleva o aprieta o si justo se queda quieta; antes que esto, lo es su habilidad para tener sensaciones plenas cualquiera sean las sensaciones que puedan desarrollarse en su manoíí.

Con tales palabras, la ausencia de movimiento, la levitaciÛn y el apretar quedan, todos, cubiertos, y cualquiera de las posibilidades constituye una conducta de res- puesta. De este modo, se crea una situaciÛn en la que el sujeto puede expresar su resistencia de una manera constructiva y cooperativa; toda manifestaciÛn de re- sistencia por parte de un sujeto es mejor utilizada desarrollando una situaciÛn en la que la resistencia sirva a un propÛsito. La hipnosis no puede ser resistida si no se est· intentando ninguna hipnosis. El hipnotista, al reconocer esto, tiene que desa- rrollar una situaciÛn tal que cualquier oportunidad que haya para manifestar la resistencia se vuelva contingente y dependiente de respuestas hipnÛticas, con una localizaciÛn que ponga a toda resistencia sobre posibilidades que no tengan ningu-

Hipnoterapia

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na importancia. Al sujeto cuya resistencia se manifiesta con la falla de la levitaciÛn