EL DESTINO DE UN HOMBRE

Mijaíl Shólojov

Mijaíl Shólojov

EL DESTINO DE UN HOMBRE

www.e-libro.net 2001

a primera primavera después de la guerra fue en el Alto Don excepcional: llegó impetuosa, y el deshielo se produjo rápido, a un tiempo. A fines de marzo, soplaron de las costas del mar Azov templados vientos y, dos días más tarde, ya estaban completamente desnudas las arenas de la margen izquierda del Don; se alzó, abombándose, la nieve que llenaba barranquillos y cañadas, mientras los riachuelos de la estepa, rompiendo el hielo, corrían retozones, primaverales, y los caminos se ponían casi intransitables. En esa mala época de caminos anegados me cupo en suerte ir a la stanitsa de Bukanovskaia. Y aunque la distancia no era grande —cerca de sesenta kilómetros— no resultó tan fácil recorrerla. En compañía de unos camaradas, partí antes de salir el sol. Un par de caballos bien cebados, tensos como cuerda de guitarra los tiran-

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tes de los arneses, apenas podían arrastrar el pesado carricoche. Las ruedas se hundían hasta las pezoneras en la arena, húmeda, mezclada con nieve y hielo, y al cabo de una hora, en los ijares de los caballos y en sus ancas, bajo las finas correas de las retranquillas, aparecía ya una espuma abundante, blanca como de jabón, mientras el aire puro de la mañana se llenaba de un olor acre y embriagador a sudor de caballo y al recalentado alquitrán con que fueran pródigamente embadurnados los arreos. En los lugares más penosos para los caballos, saltábamos del carricoche y seguíamos a pie. Bajo nuestras botas altas chapoteaba la nieve acuosa, costaba trabajo andar, pero a ambos lados del camino se conservaba todavía el hielo —refulgente al sol como el cristal— y por allí era aún más difícil avanzar. Al cabo de unas seis horas sólo habíamos recorrido treinta kilómetros y llegábamos al lugar por donde debíamos cruzar el riachuelo Elanka. El pequeño río, que se seca parcialmente en verano, se había desbordado frente al caserío de Mojovski, en una extensión de un kilómetro entero, por un terreno pantanoso y cubierto de alisos. Había que pasarlo en una frágil barquilla, de fondo plano, que únicamente podría llevar a tres personas como máximo. Desenganchamos los caballos. Al otro lado, en un cobertizo del koljoz, nos esperaba un “Willis” viejecillo, que había visto ya mucho mundo, dejado allá el invierno anterior. El chofer y yo embarcamos, no sin temor, en la vetusta lancha. Un camarada quedó en la orilla con el equipaje. Apenas desatracamos, empezaron a brotar, por diferentes sitios del podrido fondo, pequeños surtidores. Con medios manuales, calafateamos la insegura embarcación y estuvimos achicando el agua hasta que llegamos.

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Una hora más tarde, nos encontrábamos en la otra orilla del Elanka. El chofer trajo del caserío el auto, se acercó a la barca y dijo, agarrando un remo: —Si este maldito barreño no se deshace en el agua, volveremos dentro de un par de horas; no nos espere usted antes. El caserío se extendía a un lado, a lo lejos, y junto al embarcadero había ese silencio que únicamente reina, en pleno otoño o a principios de primavera, en los lugares deshabitados. Del agua venía un hálito de humedad, en unión del acerbo aliento de los alisos putrefactos, y de las lejanas estepas de Prijoperskie, hundidas en el humo liláceo de la niebla, el suave vientecillo traía el aroma, eternamente joven, de la tierra recién liberada de la nieve. Cerca de allí, sobre la arena de la orilla, yacía un seto derribado. Me senté en él y quise fumar, pero, al meter la mano en el bolsillo derecho de la enguatada chaqueta, comprobé con gran pena que la cajetilla de “Bielomor” estaba toda empapada. Durante la travesía, una ola había barrido la cubierta de la baja barquilla, hundiéndome en agua turbia hasta la cintura. En aquellos instantes yo no estaba para pensar en los cigarrillos, pues hubo que soltar el remo y sacar el agua con la mayor rapidez posible, para que la lancha no zozobrara, y ahora, lamentando amargamente mi imprevisión, extraje del bolsillo con cuidado la cajetilla reblandecida, me puse en cuclillas y empecé a colocar sobre el seto, uno tras otro, los mojados y pardos cigarrillos. Era mediodía. El sol picaba como en mayo. Yo confiaba que los cigarrillos se secarían pronto. Los rayos solares calentaban tanto, que me arrepentí de haberme puesto para el viaje los acolchados pantalones

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es también chofer como tu papá. iban en dirección al embarcadero. que me tendía. arrastrando los pies. y tú estás helado. áspera y grande. no debía de tener más de cinco o seis años. viejo? ¿Por qué tienes la mano tan fría? Hace calor. surgiendo tras las últimas viviendas del caserío. sumido por entero en la soledad y el silencio. -6- . Sólo que tú y yo íbamos en un camión y él conduce ese pequeño coche. de elevada estatura y un poco cargado de espaldas. seguir el movimiento de las nubes que se deslizaban blancas. Con enternecedora confianza infantil. quitarse el gorro de orejeras. El hombre. sonrosada y fría. y. el chiquillo me dio con decisión su manecita. Yo se la estreché suavemente y le pregunté: —¿Cómo es eso. a juzgar por su estatura. y estreché la mano. henchidas. sin pensar en nada. Ya ves. Mirándome de frente con sus ojos claros como el cielo y sonriendo un poquito. que. Traía de la mano a un niño pequeño. el pequeño se apretó contra mis rodillas y enarcó asombrado las claras cejas rubias. también de soldado. hijito. se me acercó y dijo con atronadora voz de bajo: —¡Salud. Cansinos. hermano! —Buenos días —repuse. El hombre se inclinó hacia el niño y le indicó: —Saluda al tío. Era aquel el primer día verdaderamente tibio después del invierno.y la enguatada chaqueta de soldado. secar al vientecillo los cabellos. Constituía un placer estar sentado en el seto. salía al camino un hombre. Pronto vi que. empapados después del penoso bogar. torcieron hacia mí. pero al llegar adonde estaba parado el automóvil. por el azul pálido del cielo.

Yo no tengo ninguna prisa. de verano.—¡Yo que voy a ser un viejo! Yo soy completamente un niño. esperas a tus jefes? Me fue violento sacarlo de su error. claro. Mejor será que fumemos del mío. No. Se te han mojado. hermano. como un caballo y una tortuga. veo que un hermano chofer está tomando el sol. hermano. Vives a lo grande. Sacó del bolsillo del pantalón caqui. ¿eh? El tabaco mojado. descansaremos entre tanto. él va al trote y. desacordes. Pasaba ya de largo. fumas emboquillados. es como el caballo curado. Cuando caminas a paso largo. ¡qué va! Si tengo las manos frías es porque he estado haciendo bolas de nieve. y así vamos los dos. Bueno. tengo que dar tres. cuando. diciéndole que yo no era chofer. Luego de quitarse de la espalda el escuálido macuto y de tomar asiento a mi lado. de pronto. no sirve para nada. el padre dijo: —¡Estoy aviado con este pasajero! Me trae frito. y respondí: —Hay que esperar. —Bastante tiempo es ése. Apenas me descuido. me dije. Donde debía dar un solo paso. ya se está metiendo en los charcos o arrancando un trozo de hielo para chuparlo como un caramelo. Fumar solo es tan triste como morir solo. una enrollada bolsita de raída seda color de frambue- -7- . y menos a patita —hizo una pausa y preguntó—: ¿Y tú qué. Y no estoy helado. tiene uno que acomodarse a la marcha de este infante. que es fuerte. —¿Sabes si llegará pronto la barca? —Dentro de un par de horas. no es para hombres viajar con pasajeros de esta clase. —¿Vendrán de la otra orilla? —Sí. y echaremos juntos un cigarro. Me acercaré.

. se pasa uno la noche en vela.sa. también me tocó estar allí y pasar malos tragos a más no poder. permaneció en silencio unos instantes trazando con ella enrevesadas figuras en la arena. Puso sobre las rodillas sus oscuras manazas y se encorvó. No la tengo. pero él se me adelantó: —¿Te has pasado toda la guerra al volante? —Casi toda.. ¡ni la espero! —y de pronto. junto a las aguas desbordadas.. Iba ya a preguntarle adónde se dirigía con el niño y qué asunto lo obligaba a viajar con aquel deshielo. empezó a hablar: —A veces. hermano. la desenrolló y yo alcancé a leer una dedicatoria bordada en una de las esquinas: “Al querido combatiente. ¿Han visto ustedes alguna vez unos ojos como cubiertos de ceniza. de una alumna de la escuela secundaria de Lebediansk. los chiquillos encuentran siempre algo. al caer en la cuenta. Luego de arrancar del seto una varilla seca y combada. llenos de una angustia tan mortal e insoportable. vete a jugar un poco junto al agua. —Pues a mí. que cuesta trabajo mirarlos? Pues unos ojos así tenía mi casual interlocutor. no te mojes los pies! -8- . ¡Pero ten cuidado. Lo miré de reojo y sentí un malestar impreciso. querido. escudriñando en la oscuridad con ojos ciegos y piensa: “Vida. —¿En el frente? —Sí. y estuvimos callados largo rato. muy fuerte.. después. empujó cariñosamente al hijito y le dijo—: Anda.” Fumamos de aquel tabaco campesino. ¿por qué me trataste tan despiadadamente? ¿Por qué me has castigado de este modo?” Y no tengo respuesta. ni en la oscuridad ni a la luz del sol.

. sin un pariente. y más bien parecía sujeto a la ligera con grandes puntadas de hombre. el año mil novecientos. En cambio. El veintidós. en la división de Kikvidze. con una hermanita mía. lo escuchaba: —Al principio mi vida fue corriente. el año del hambre. forrada de fina y desgastada piel de cabra. tosió broncamente y volvió hablar. después de seguir con la mirada al hijito. Durante la guerra civil. yo. serví en el Ejército Rojo.Cuando fumábamos en silencio. Quedé solo. -9- . Nací en la provincia de Voronezh. todo ello denotaba cuidados de mujer. la hechura de su larga chaquetita. El chiquillo iba vestido con sencillez. Pero el padre y la madre. a trabajar como un burro para los kulaks. Sin nadie en el mundo. y entonces. pensé: “Tú eres viudo o te llevas mal con tu mujer. y un zurcido hecho con mucha maestría para tapar un desgarrón en la manga. lo suficientemente holgadas para ponérselas con calcetines de lana. había advertido ya una circunstancia que me pareció extraña. el aspecto del padre era distinto: la enguatada chaqueta. murieron de hambre. había sido recosida con descuido.. burdamente. todo oídos. yo observando a hurtadillas al padre y al hijo.” Mas él. de uniforme. al cabo de un año volví del Kuban. la cariñosa solicitud de unas hábiles manos maternales. no lo había echado como era menester. pero su ropilla era buena. el remiendo de los pantalones caqui. quemada en algunos lugares. pero los compactos calcetines de lana estaban comidos por la polilla sin que hubieran sido arreglados por ninguna mano femenina. llevaba unas botas nuevas de soldado. Pues bien. por eso escapé con vida. vendí la pequeña jata1 y me fui 1 Casa campesina de Ucrania y el sur de Rusia. las diminutas botas altas. me marché al Kuban.

-10- . luego pasé a una fábrica. Mirándola desde afuera. aprendí el oficio de mecánico ajustador. Pero ella no contestaba nunca con rudeza a las rudas palabras mías. cansado. también recorría el último trecho metiendo la primera. iba a la fábrica. no era muy vistosa que digamos. y. Mi mujer se había criado en una casa de niños. para prepararme siempre un plato sabroso. lo que eso significaba para el trabajo? Por la mañana me levantaba como nuevo. trabajé en un artel de carpinteros. alegre. sino de frente. los días de cobro ocurría que me iba a beber con los amigos. la abrazaba y le decía: “Perdona. A veces. Yo era entonces un muchacho sano y fuerte como un toro. »En ocasiones. complaciente y lista. no sabía que hacer conmigo y se desvivía.a vivir a Voronezh. ¡y cualquier faena cundía. Y no había para mí en el mundo mujer más guapa y deseada que ella. y la tranquilidad volvía a mi alma. ¡Buena muchacha me tocó en suerte! Sumisa. y se le ablandaba el corazón. hoy no me ha ido bien el trabajo. y quizás eso se reflejara en su carácter. Pero. Poco más tarde. que seguramente daría miedo verme. hermano. al cabo de un ratillo. sin hablar ya de los callejones. llegaba siempre por mi pie a casa. alguna vez que otra. Al principio. apacible. y a veces con un humor de mil diablos. ¡bien diferente de mí! Desde niña sabía lo que eran las penas. marchaba de primera en mis manos! Ya ves lo que es tener una mujer y compañera inteligente. Mas. he estado muy grosero contigo. también volvía a casa haciendo tantas eses. compréndelo. ¡ni la habrá! »Volvía uno del trabajo. pero yo no la miraba desde un lado. Cariñosa. Era huérfana. querida Irina. La miraba uno.” Y de nuevo reinaba entre nosotros la paz. por mucho que bebiera. desde un lado. La calle era estrecha para uno. incluso cuando yo traía poco dinero a casa. me casé. ¿Y tú sabes.

ni un reproche. y todo se balanceaba ante mis ojos. »Pronto. no vayas a caerte. estando yo bajo los efectos del alcohol. de la cama.. después de la borrachera. pues la familia era ya numerosa..” Bueno. y yo me derrumbaba como un fardo. ni gritos ni escándalos. y eso con tiento.. y punto final. sentía que ella me pasaba suavemente la mano por los cabellos y susurraba algo con cariño. pero llegaba. Llevaba a casa la paga íntegra.. me hacía levantarme dos horas antes de entrar al trabajo. Andriusha. si hubiera empezado a dar voces o a regañar. Sólo. Mi Irina se limitaba a reírse unas miajas de mí.” ¿Acaso se podía no hacer honor a semejante confianza? Bebía. si me hubiera dicho alguna palabra de más. por eso me traía un pepino en salmuera o alguna otra cosilla ligera y me llenaba de vodka un vaso de cristal tallado. le daba las gracias sin palabras. la besaba y me iba al trabajo como un corderito. »Por la mañana. »El año veintinueve empecé a cobrarle afición a los automóviles. a cuatro patas. con los ojos únicamente. pero no debes beber más. me acariciaba. dormido. yo no comería nada. “Toma. no fuera a ofenderme. Ella sabía que. Andriusha. yo he visto a imbéciles de ésas. Y entonces me aparté de los compañeros. Aprendí a conducir. ¡como hay Dios que me habría emborrachado también al segundo día! Así pasa en otras familias en que la mujer es tonta. para que se te quite la resaca. luego. Los domingos tomaba un bock de cerveza. para que me despabilase. entre sueños. En cambio. querido. y no era cosa de beber. por consiguiente. Primero nació un niño. empezaron a llegar los hijitos.es decir. y lo sé bien. y empuñé el vo- -11- . dos niñas mas... Y de nuevo. Me desnudaba y me decía bajito: “Acuéstate junto a la pared.

nos hicimos una casita con dos habitaciones pequeñas. hermano.lante de un camión. sin darme cuenta de cómo pasaron. Viví de esta manera diez años. Me dieron una parcela. y te dirá que no se ha dado cuenta de nada. Yo mismo. Irina compró dos cabras. ¿Qué más necesitábamos? Los chicos comían gachas con leche. pero. Anatoli. y estaba orgulloso de él. no lejos de una fábrica de aviación. por consiguiente. ¡muy orgulloso! »En los diez años ahorramos algún dinerillo y. teníamos un hogar. Sólo que tuve poco acierto para construir la casa. iba yo por ella. Luego. ni las tierras aradas de los campos segados. estábamos vestidos y calzados. De haber hecho mi nido en otro sitio. y todo estaba claro en derredor. se cubre de niebla y ahora no se distingue desde aquí el bosque de la maleza. ¿Qué son diez años? Pregúntale a cualquier hombre de edad si se ha enterado de cómo fue su vida. Al segundo día recibí una citación para que me presentase en el centro de recluta- -12- . Se fueron como un sueño. no sé de quién le vendría tanto talento para esas ciencias. Ganaba bastante. en vísperas de la guerra. resultó tan capas para las matemáticas. y el mayorcito. »Trabajé durante esos diez años día y noche. la guerra. de seiscientos metros cuadrados. Por la mañana. después de andar veinte kilómetros. y no vivíamos peor que las demás gentes. todo marchaba bien. despensa y pasillo. El pasado es igual que esa estepa lejana. que hasta llegaron a hablar de él en un periódico de Moscú. »Y de pronto. tal vez hubiera sido otra mi suerte. Pero aquello me halagaba mucho. Los chicos nos daban alegrías: los tres estudiaban con notas de sobresaliente. envuelta en niebla. le tomé el gusto a aquello y no quise volver a la fábrica. Manejar el volante me parecía más distraído.

Los jefes dieron la orden de subir al tren. la misma historia. como si tuviera frío.. Llegaron a la estación. Andruisha. En los diecisiete años de matrimonio. no sin motivo. nunca la había visto así. al tren militar. mundo. como de loca. Anatoli y mis hijas Nastienka y Oliushka. y.. retiré sus manos y le di un leve empujón en el hombro. y al tercer día. los cabellos asomaban revueltos bajo el pañuelo. no volveremos a vernos.. Creí que la había empujado ligeramente. Irina. y ella se derrumbó sobre mi pecho mientras sus manos se aferraban a mi cuello. se le saltaron unas lagrimillas. y los ojos. pues no iba a ninguna fiesta. pero yo tenía -13- .. por aquel entonces ya había cumplido los dieciséis años. como la hoja a la rama. sollozando a cada palabra: “Querido mío....miento.. Fueron a despedirme a la estación los cuatro míos.... en este. A Anatoli solamente se le estremecían los hombros. pero ¡de nada servía! Otras mujeres hablaban con sus maridos o con sus hijos. ¡Y me llené de coraje! A la fuerza. Todos los chicos se portaron como unos valientes. Yo le dije: “¡Hay que ser fuertes. “ »A mí mismo se me desgarraba el corazón de la lástima que me daba de ella. Claro que a mis hijas... y yo. Debía comprender que a mí tampoco me era fácil separarme de ellos. querida Irina! Dime aunque sólo sea unas palabras de despedida. más.. como un árbol hendido por un hachazo.. Toda la noche anterior estuvo mi camisa humedecida por sus lágrimas en el hombro y el pecho. no podía mirarla: tenía los labios hinchados de llanto. me salía con aquellas palabras.. turbios. de la lástima que me daba mi mujer.” Ella balbuceó. temblaba toda. y por la mañana. y no hacía más que temblar toda ella sin poder articular palabra. por si no tenía bastante.. pero la mía estaba pegada a mí.. los chicos y yo tratábamos de consolarla. y a mi Irina.

hasta que me muera.. querían sonreír. secos. Dirigí una oblicua mirada al narrador. ya en marcha.. Al fin. únicamente sus grandes manos. y el tabaco esparcióse por sus rodillas. hizo como pudo un cucurucho. desvalidos. tenía -14- . Me despedí de los chicos. luego de toser. y en el silencio que se hizo oí como un gorgoteo sordo en su garganta. la besé. amigo. como de muerto. haciendo un supremo esfuerzo de voluntad. que colgaban fláccidas. Y me contagié de su emoción. ella vaciló. y sus labios estaban como el hielo. despacio. pero él no debió de oír mis palabras. Irina se apretaba las manos contra el pecho.. agrupados en apretado haz. tuve que pasar frente a los míos. dio con ansia varias chupadas y. ¡no me perdonaré nunca el haberla empujado aquel día! Volvió a callar largo rato. Intentó liar un cigarro. muy gacha la cabeza. sin acabar la frase.. pero no vi ni una lágrima en sus ojos. Estaba sentado. corrí al vagón y salté al estribo. pero no les salía la sonrisa. no recuerdes mas! —le aconsejé quedo. —¡Cálmate. le temblaba la barbilla. Cortó bruscamente el relato. Vi que mis hijitos. retrocedió unos tres pasos y vino de nuevo hacia mí con pasitos cortos. dominó su emoción y dijo de pronto con voz ronca que se quebraba de un modo extraño: —Hasta el fin de mis días. los finos labios. inmóvil. continuó: —Me desgajé de Irina. a guisa de pipa. tendiéndome las manos. le cogí la cara con las manos. pero se le rompió el papel de periódico.entonces una fuerza tremenda. El tren arrancaba despacio. agitaban las manecitas dándome su adiós. yo le grité: “¿Es ése modo de despedirse de uno? ¿Por qué me entierras en vida antes de tiempo?” Pero la abracé otra vez. porque veía que estaba trastornada. se estremecían con leve temblor.

. debo reconocer que yo mismo no era aficionado a tocar las cuerdas sensibles con quejas y no podía soportar a esos llorones que cada día. murmuraba algo. Además. en Ucrania. buscaban compasión. A veces. siempre la veo así en sueños. peleamos un poquillo y.los labios más blancos que el papel.. Y en él marché al frente. por que tú mismo la viste y sabes cómo fue al principio. resistieron! -15- . para toda la vida: las manos apretadas contra el pecho. ¡no se doblegaron. A mí me dieron un camión “ZIS— 5”. ¿Por qué la empujaría entonces? Y hasta ahora. me miraba sin pestañear y tendía todo el cuerpo adelante como si quisiera avanzar contra un viento recio. es como si me partieran el corazón con un cuchillo romo.. no estábamos para escribir. de la guerra no voy a contarle nada. De los míos recibía carta con frecuencia. penoso. ¡Todo el estado se apoyaba en ellos! ¡Qué espaldas tenían que tener nuestras mujeres y nuestros hijos para no doblegarse bajo un peso tan grande! Y sin embargo. Bueno.. les escribían a sus mujeres y a sus adorados tormentos llenando el papel de mocos.. en cualquier momento te pueden matar. »Organizaron nuestra unidad cerca de Bielaia Tserkov..” ¿Qué otra cosa se podía decir? Malos tiempos eran. viniera o no a cuento.” Y esos maricas con pantalones se quejaban. pronto reuniremos fuerzas y les daremos a los fritz para el pelo. aunque ahora retrocedemos. escribía uno diciendo: “Todo marcha bien. sin querer comprender que las pobres mujeres y niños de la retaguardia no lo pasaban mejor que nosotros. los labios blancos. “Esto es duro —decían—. Así ha quedado en mi memoria. los ojos muy abiertos. cuando lo recuerdo. yo les mandaba unas líneas de tarde en tarde.. La mayoría de las veces. anegados en lágrimas.. babeaban.

. Solokov?” Holgaba la pregunta. sin tocarme el hueso. pero yo. se quedó casi sin munición. hermano. y yo mismo trabajé tanto en la carga. en los primeros tiempos tuve suerte. y ya empezaba a oler a chamusquina. fuerte tiroteo. escribían cartas lloronas que para las mujeres que trabajaban eran como un palo en los calcañales. a más no poder. al menos por detrás. otra. de ciento veintidós milímetros. En ese tiempo me hirieron dos veces. que tenía la guerrera pegada a la espalda de lo mucho que sudé. Había que darse gran prisa. Me hicieron prisionero cerca de Losovienki. las dos levemente. ¡No! Para eso eres hombre y soldado. en un brazo. en una pierna. »El jefe de nuestra compañía de transporte me preguntó: “¿Podrías pasar. mis camaradas quizás estuvieran cayendo. porque el enemigo se acercaba: a la izquierda se oía el estruendo de sus tanques. desde un avión. y vete a escardar remolacha o a ordeñar vacas. delante. abarrotaron mi camión de proyectiles. en mayo del cuarenta y dos.. de bala. ¡ya hay bastante pestilencia! »Pero no tuve que combatir ni siquiera un año. a la derecha.. en desgraciadas circunstancias: los alemanes atacaban entonces de firme. Las desdichadas. Los alemanes me agujerearon el coche por arriba y por los lados. la primera.. Siguió la suerte hasta que vino la negra. de un casco de metralla. te parezcas a ellas. para soportarlo todo. tiros también. esos gallinas. dejaban caer los brazos con desaliento y ya no podían con el trabajo. la segunda. Y si tienes más madera de mujer que de hombre.. -16- .. a fin de que. y una de nuestras baterías de obuses. después de recibir semejantes cartas.Y esos bribones. una. para aguantarlo todo si es preciso. pues en el frente no se necesitan hombres como tú. ponte un miriñaque para abultar tu flaco trasero. Allí.

me levanté como pude. pero no podía levantarme: la cabeza me temblaba.. pero no logré llegar hasta los nuestros. Había perdido la memoria por completo. hermano. pero ¿qué precaución cabía cuando los muchachos estaban peleando con las manos vacías y todo el camino. a unos ocho metros de la cuneta. al fin.¿cómo iba yo a andarme con remilgos? “¡Ni que decir tiene!” —le contesté—. que cualquiera diría que me habían estado dando palos dos días seguidos. Temía -17- . y sentía un dolor tan grande por todo el cuerpo. ¡Nunca había corrido tanto como aquella vez! Sabía que no llevaba patatas y que con una carga semejante era preciso ir con precaución.. de punta a punta. Recobré el conocimiento.. Por lo visto. ¡embala! ¡Lánzate a todo gas!” »Y me lancé a todo gas. No sé cómo escapé con vida entonces ni cuánto tiempo estuve tirado en tierra. pronto debía tirar hacia un sendero para llegar al barranco donde estaba emplazada la batería. nuestra infantería. se me nublaba la vista. No oí siquiera el estampido. un disparo de artillería pesada. las minas estallaban ya entre sus filas. había ya virado hacia el sendero. sólo sentí como si me estallase algo dentro de la cabeza. Me daba miedo volverme a tumbar. ¿Qué hacer? ¿Dar la vuelta? ¡Pisé el acelerador a fondo! Hasta la batería no quedaba más que una insignificancia. Largo rato me arrastré por tierra. ¡ay. cosa de un kilómetro. esparciéndose por el campo. estaba batido por el fuego de los cañones? Recorrí unos seis kilómetros. no recuerdo más.. y todo yo tiritaba como si tuviese mucha fiebre. me lanzó fuera del camión. Pero de nuevo no comprendía nada: ni dónde estaba ni qué me había ocurrido. cuando miro y. en el hombro izquierdo algo crujía y chirriaba. madre santa! Por la derecha y por la izquierda venía. ¡y asunto concluido!” “Bueno —me dijo—. Debo pasar. de largo alcance. nada.

hecho pedazos. tambaleándome como un álamo agitado por el vendaval. pasaron unos tractores arrastrando unos cañones.” Me -18- . ¿Qué era aquello? »No hay por qué ocultarlo. en contra de tu voluntad. “Bueno —pensé— me ha llegado la hora. »Cuando volví en mí y recobré el discernimiento. »Creí que habían pasado todos. las piernas se me doblaron solas y caí como derribado por un hachazo. si me tumbaba. Cuatro tanques alemanes. y sentí como si me retorciera el corazón con unas tenazas: por todas partes estaban tirados los proyectiles que yo traía: no lejos. Ya ves las cosas que ocurren en la guerra. y después.que. poco. Estaba en pie. medianos. en dirección al lugar de donde yo había salido con las municiones. Los estuve mirando de refilón y apreté de nuevo la cara contra la tierra y cerré los ojos: dolía verlos. corrían a toda marcha frente a mí.. moriría. dejaron el camino y se dirigieron derechos hacia mí. y el corazón dolía también. te encuentras prisionero! A quien no haya pasado por ese trance no es posible llegarle al alma. hacerle comprender como es debido lo que eso significa.. cuando oigo estruendo de tanques. una cocina de campaña.. alcé un poco la cabeza y vi a seis soldados.. no más de una compañía diezmada. mejor dicho.. con fusil ametrallador. pues me di cuenta que estaba cercado. ¿Cómo soportar aquel dolor? Luego. De pronto. miré detenidamente alrededor. se encontraba mi camión. no volvería a levantarme más. »¡Ay hermano. yacía en tierra. la infantería. volcado con las ruedas para arriba. qué doloroso es darse cuenta de que. Venían en silencio.. que caminaban a unos cien metros. de que era ya prisionero de los alemanes. »Pues bien.

por las buenas. me las quité y se las ofrecí. trabaja para nuestro Reich. antes de llegar al camino. meneó bruscamente el hombro y se descolgó el fusil ametrallador. Uno de los soldados se detuvo a unos pasos. El me las arrebató de las manos.senté. luego. estaba -19- . el hijo de perra! »Pero el negrete había echado el ojo a mis botas altas. bestia de carga. a la cara. deduje. pero.! En aquel momento no sentía el menor pánico ni se me encogió el corazón. mirándole de abajo arriba. Me desenrollé los peales y se los tendí también. ¡Qué curioso es el carácter del hombre. sin decir palabra. como si relinchasen. de lobezno.” ¡Resultó que era un amo. en dirección a donde se ponía el sol. se acercó a mí. y se quedará tan fresco”. con los labios finos como hilos y los ojos entornados. Sólo el negrete. “Arre.. No hacía más que mirarlos y pensar: “Ahora me soltará una ráfaga corta. Los demás reían a carcajadas. puede decirse que ya entrado en años— gritó algo. para palparme el músculo. farfulló no sé qué en su lengua y me dobló el brazo derecho. Hecha la comprobación exclamó: “¡Ooh!” y señaló hacia el camino. pero otro —un cabo o algo así. a soltar tacos en su lengua. pues no quería morir echado. yo lo miré de frente. y empuñó de nuevo el fusil ametrallador. me puse en pie.. Y en efecto: me apuntó con el fusil ametrallador. por consiguiente. lo apartó de un empujón. Y así se fueron. volvió dos o tres veces la cabeza mirándome con ojos centelleantes. Pero él empezó a dar voces. ¿dónde me disparará: en la cabeza o cruzándome el pecho? ¡Como si a mí no me diera lo mismo que me acribillase una parte u otra! »Era un mozo negrete. de buena presencia. “Este me mata. de más edad. y me dijo señalando con el dedo: “¡Quítatelas!” Yo me senté en el suelo. que tenían buena vista.

y daba bandazos de un lado para otro. »¿Y qué iba hacer yo. gente nuestra. en un camión. me habría cosido a la tierra con una ráfaga. no más. al llegar a mi altura. jurando como un carretero. a cuerpo gentil. los mataron también. haciendo eses como un borracho. y eché a andar hacia el oeste. y todos íbamos sin capote. en campo raso. Anduve un trecho y me dio alcance una columna de prisioneros. En el suelo de losas no había ni un puñado de paja. me golpeó en la cabeza. con la cúpula destrozada.” Y yo. de modo que no te- -20- . con mis últimas fuerzas. oí que uno de ellos me susurraba: “¡Líbrete Dios de caer! Camina aunque sea con tus últimas fuerzas. y los mataban a tiros en la misma carretera. con escogidos ajos de la región de Voronezh. en lugar de él a mí.furioso. sin tener en cuenta que en una noche de luna. trajeron unos veinte soldados más con fusil ametrallador. nos arrearon a paso ligero. caminé. me empujaron al centro y me llevaron. A medianoche. llegamos a un pueblo medio quemado. sin decir una mala palabra. »En cuanto el sol se hubo ocultando.. los alemanes reforzaron la escolta. se le ve a uno divinamente. para pernoctar allí. Los heridos graves no podían seguir a los demás. un kilómetro por hora.! Pero mi andadura era entonces flojilla. hermano? No había más remedio. te matarán.. Y cuando recobré el sentido. Si hubiera caído. y claro. si no. de la división mía. con la culata del fusil. pero los nuestros me cogieron antes que cayera. ¡hacia el cautiverio. Salí al camino. El que iba al frente de la columna.. pero ¿por qué? Cualquiera diría que le había quitado yo las botas. Dos intentaron huir. Nos encerraron en una iglesia.. sujetándome de los brazos durante media hora. Los conducían diez soldados alemanes con fusil ametrallador. de un revés. Quería uno ir adelante.

tal vez pueda prestarte alguna ayuda. se me había hinchado y me dolía terriblemente. que ahora te dolerá aún más. y así continuaban. sólo la camisa de lienzo.” Me quité todo aquello y él empezó a palparme el hombro aferrándose a él con sus dedos finos. Y él me dice: “Soy médico militar.níamos nada con que hacer un lecho. »Por la noche cayó una lluvia tan torrencial. ¿Por qué me aprietas así en el sitio dolorido?. ¿es que no tienes entrañas?” Pero él seguía palpando y me contestaba maligno: “¡Tu obligación es callar! Vaya un charlatán que me has salido. ¿no estás herido?” “¿Y a ti que te importa. que todos nos calamos hasta los huesos. hermano?”. Aguanta.” Oigo que se ríe por lo bajo y me dice: “Creí que me ibas a golpear con la dere- -21- . El dijo con firmeza: “Quítate la guerrera y la camisa. como ovejas en un redil oscuro. Así pasamos la noche entera.” Yo me quejé de que el hombro izquierdo me crujía. Algunos ni siquiera llevaban guerrera. y no médico de personas. La cúpula se la había llevado algún proyectil pesado o alguna bomba de avión y toda la techumbre estaba hecha una criba a causa de la metralla. Mediada la noche. Se habían quitado las guerreras y chaquetas de uniforme para que no se les distinguiera de los soldados rasos. fascista desgraciado? Tengo el brazo hecho cisco. y tú me das esos tirones. En su mayoría eran oficiales de poca graduación. no había un sitio seco ni siquiera en el altar. en su faena. noto que alguien me toca el brazo y me pregunta: “Camarada. »Me repuse un poco y le pregunté: “¿Qué estás haciendo. Los habían hecho prisioneros cuando estaban casi desnudos.” Y cuando me tiró el brazo vi unas chispas rojas que saltaban de mis ojos. de un modo que me hizo ver las estrellas. le contesto. Rechinaron mis dientes y le dije: “Tú debes ser veterinario.

un beato. así nos lo había advertido el jefe de la escolta cuando nos metían por parejas en la iglesia. No tienes el brazo roto. a todo lo ancho. Le di las gracias. en la oscuridad. como por castigo. Poco después. y él siguió adelante en la oscuridad. »Pusimos a los muertos en un sitio aparte. pensativos: el principio no era muy alegre. Bueno. cómo lo habían hecho prisionero. Y. y contestaron a su petición: un fascista disparó una larga ráfaga a través de la puerta. »Intranquila fue la noche aquella. sino dislocado. y empezaban a llamarse unos a otros. preguntado bajito: “¿Hay algún herido?” ¡Ya ves lo que es un verdadero doctor! Hasta en el cautiverio y en las tinieblas cumple su gran misión. hermanos míos?” Y los nuestros. de corazón. ya te he puesto el hueso en su sitio.. a cuchichear: de dónde era cada uno. pero aquel barullo acabó de muy mala manera: el del apretón empezó a aporrear la puerta y a pedir que le dejasen salir. sientes alivio?” Y en realidad notaba que el dolor iba desapareciendo. Uno decía: “Si maña- -22- . los camaradas de una misma sección o los conocidos de una misma compañía se perdían. otro fue gravemente herido y murió al amanecer. en voz baja. le entraron muchas ganas de hacer una necesidad. yo soy cristiano! ¿Qué hago. ¡ya sabes tú como son! Unos se reían. Nos alegró a todos el beato.cha. otros soltaban ternos. ¿qué tal ahora. los de más allá le daban toda clase de graciosos consejos. Estuvo aguantando y aguantando hasta que empezó a lloriquear: “¡No puedo —decía— profanar un lugar sagrado! ¡Yo soy creyente. a uno de los nuestros. No se permitía salir a hacer aguas. nos sentamos todos y quedamos en silencio. Bueno. y mató al beato aquel y a tres hombres más. empezamos a hablar a media voz. pero resulta que eres un muchacho pacífico. de qué distrito. Junto a mí.. oí esta queda conversación.

nos forman y preguntan por los comisarios. Pues tú has terminado la escuela secundaria. Cada uno cuida de su pellejo. antes de llevarnos más lejos. no te permitiré. la terminé. alegando tu poca instrucción. ¿Te figuras que.” »Callaron los dos. luego. tú. eso no cuela! Yo no estoy dispuesto a responder por ti. Pero nunca creí que pudieses llegar a ser un traidor.. no te escondas. Krizhnev. y al otro lado de él una voz joven le contestó: “Siempre sospechaba que tú. delgaducho. abarcándose las rodillas con los brazos. y yo sentí un escalofrío ante aquella ruindad.na. estaba tumbando boca arriba un mocetón de cara grande.. “¡No —pensé—. no me vengas con ruegos.” Y éste repuso soltando una maligna risita: “Los camaradas se han quedado al otro lado del frente. los comunistas y los hebreos. yo no soy camarada tuyo. junto a mí. ¿y eso qué tiene que ver?” Estuvieron callados largo rato. Sobre todo cuando te negaste a ingresar en el partido. chatillo y muy pálido. ¿verdad?” El interpelado respondió con desgana a su jefe de sección: “Bueno. sentado. que delates a tu jefe! No saldrás vivo de esta iglesia. hijo de perra. había un muchachito en mangas de camisa. “Desde luego —pensé—. junto a mí. por que de todos modos. porque te has quitado la guerrera. con las manos cruzadas bajo la nuca. y cerca de él. cerca. ¡como una res muerta!” Empezaba a clarear un poco y vi que. ¡Seré el primero en señalarte! Yo sé que eres comunista y que me hiciste propaganda para que ingresase en el partido. ese muchachito -23- . dijo bajito: “No me delates. eras una mala persona. te señalaré. vas a pasar por un soldado raso? ¡No. camarada Krizhnev. el jefe de la sección —lo reconocí por la voz—. ¡pues responde ahora de tus actos!” Esto lo decía uno que estaba sentado. jefe de la sección. te sacaran de los pies. No conseguirás nada con ello.

a uno de los nuestros.. ¡sujétalo por las patas para que no cocee! ¡Venga. jefes de unidad o comisarios. sentía una desazón muy grande y un deseo terrible de lavarme las manos. Los rusos cayeron en desgracia por que los tres era morenos y tenían el pelo rizoso. “Bueno —le dije—.” »Como había dicho el Krizhnev aquel. Era la primera vez que mataba en mi vida. y tres oficiales de los S.. confirmando. junto a la iglesia. por que entre nosotros eran comunistas casi la mitad y había jefes de unidad y. Uno hebreo y tres rusos. empezaron a seleccionar la gente más peligrosa para ellos. la iglesia es grande. camarada. ni que decir tiene. por la mañana nos formaron a todos. Como no apareció tampoco ni un solo canalla que delatase.. No tuvo tiempo ni de lanzar un grito.S. ¡y con la lengua fuera. Tendré yo que despacharlo. Lo sujeté debajo de mí un rato y me incorporé. señalando al mocetón que estaba tumbado.no podrá con un caballo castrado tan gordo. vivo!”. ¡qué iba a ser de los nuestros! Era peor que un extraño. Me levanté y le dije al jefe de la sección: “Vámonos de aquí. entre doscientos hombres y pico. “¿Ese te quiere delatar?”. Aunque. colgando a un lado! »Después de aquello. en vez de a un hombre. hubiese estrangulado a un reptil repugnante. nos cercaron con un cordón de soldados con fusil ametrallador. y caí sobre el mocetón y le atenacé el gañote con los dedos. y además. Preguntaron quiénes eran comunistas.” »Toqué al jovencillo en el brazo y le pregunté en un susurro: “¿Tú eres jefe de sección?” El se limitó a asentir la cabeza. Sólo sacaron cuatro. un traidor. le pregunté.. también comisarios. pero no apareció ninguno. Se acercaban a uno de éstos y le preguntaban: “¿Judío?” El -24- . Volvió a inclinar la cabeza. soldados rasos. como si. Ya estaba liquidado el traidor.

Sin embargo. Pero. me escondí detrás de un matorral. estaba yo cavando la arcilla de Poznan. »Al amanecer. me había dado miedo de seguir caminando a campo raso. hermano.” »Fusilaron a aquellos pobretes y a nosotros nos llevaron más adelante. compañeros nuestros.. ¿de dónde sacaría yo. y de pronto observé que dos de los guardianes se habían sentado a tomar un bocado y el tercero dormitaba al solecillo.decía que era ruso. mis guardianes tardaron en darse cuanta. y como hasta el bosque queda- -25- . sin hacer ruido. me atraparon. Y en el campo de Poznan pareció presentarse: a fines de mayo. En Poznan nos separaron por la razón que voy a contarte. estando tan extenuado como estaba. Luego eché a correr. sobre la marcha. fuerzas para recorrer casi cuarenta kilómetros en un día? Yo mismo no lo sé. de mis ilusiones no resultó nada: al cuarto día. que habían muerto. cuando ya estaba lejos del maldito campo. el primer día me estrechaba la mano de cuando en cuando. en aquel tiempo muchos de nuestros hermanos morían de disentería. en dirección adonde salía el sol. »Por los visto. “Sal.. Es el caso. y se acabó. que desde el primer día venía yo pensando en marcharme con los nuestros. todo derecho. nos mandaron a un bosquecillo cercano al campo a cavar una fosa para unos prisioneros. Pero quería escaparme con seguridad de éxito. Tiré la pala y. no se me había presentado ni una sola vez una ocasión favorable.. y mirando de cuando en cuando alrededor. Unos perros policías me siguieron la pista y me encontraron en un campo de avena sin segar. pero no querían ni escucharlo. donde nos metieron en un verdadero campo de prisioneros. El jefe de sección que había estrangulado conmigo al traidor se mantuvo a mi lado hasta el mismo Poznan.. Hasta el mismo Poznan.

»¡Adónde no me llevarían en los dos años de cautiverio! Recorrí media Alemania en este tiempo. un perro me puso las patas delanteras en el pecho y enfiló el hocico hacia mi garganta.. pero por el momento no me tocó. Bueno. Estrujé unos granos con las palmas. por que los perros ladraban cada vez más cerca. la piel y la carne saltaban de mi cuerpo a pedazos. recordar. pegándome al terreno. Cuando recuerda uno los tormentos inhumanos que tuvimos que soportar allí. ¡con vida! »Doloroso es. Me tendí.. dejándome como me parió mi madre. »Llegaron unos alemanes en dos motocicletas. estuve en Sajonia. Primero me golpearon cuanto se les antojó. en Baviera. a pesar de todo. ¡Por qué lugares de la tierra alema- -26- . me llevaron al campo de prisioneros. por último. Se me desgarró el corazón. por el intento de fuga. me tumbé entre la avena para descansar durante el día. y en Turingia también. trabajando en una fábrica de silicatos.. y más aún referir lo que hubo que pasar en el cautiverio. comí un poco y me llené los bolsillos de reservas. en Alemania. en la región del Ruhr. y a todos los amigos y camaradas que parecieron martirizados en aquellos campos de concentración..ban no menos de tres kilómetros. azuzaron contra mí los perros.. Estuvieron rodándome por la avena todo el tiempo que les dio la gana y. llegaron corriendo y me arrancaron en un instante todos los harapos del cuerpo. Me pasé un mes metido en el calabozo. pero. picando carbón en una mina. hermano. el corazón se sube a la garganta y cuesta trabajo respirar. salí del trance con vida. De pronto oigo unos ladridos y el traqueteo de una moto. y me tapé la cara con las manos para que al menos no me mordieran en ella. bañado en sangre. Desnudo.. luego. echando joroba en trabajos de excavación.

En fin. por que no te volvías como a ellos les gustaba.. ¡qué te voy a decir! Imagínate: antes de la guerra pesaba yo ochenta y seis kilos. no había para nosotros en Alemania bastantes hornos crematorios. Te pegaban por que no mirabas. y no rechistes. nos pateaban.. Por lo visto. como nunca se ha pegado en nuestra tierra ni a las bestias.na no caminaría yo! Ni el diablo lo sabe. nos trasladaron a ciento cuarenta y dos prisioneros soviéticos desde un campo cerca de la ciudad de Küstrin al campo B—14. con los hierros de toda clase que encontraban a mano. a mano. en otras. por que no andabas. Nos daban puñetazos. además.. »Te golpeaban por que eras ruso. Estaba en los puros huesos. e incluso los huesos ya no tenía fuerza para arrastrarlos. Agua hervida daban en algunas partes. por que trabajabas para ellos. malditos de Dios. por que aún vivías en el mundo. »A primeros de septiembre. Todos trabajaban en una cantera. Pegaban sencillamente para matarte alguna vez. y una sopa clara de nabos. no.. sin hablar ya de las culatadas de los fusiles y otros maderos. Y pegaban los miserables parásitos. un trabajo que un caballo de carga no habría podido con él. es allí distinta en todas partes. »Y nos daban de comer lo mismo en todas partes: ciento cincuenta gramos de algo parecido a pan. picaban y machacaban pie- -27- . para los muy canallas. La naturaleza. para que te atragantases con tu última bocanada de sangre y reventaras de las palizas. no lejos de Dresde. extraían. Y venga trabajo. nos golpeaban con porras de goma. mitad serrín. hermano. pero en todas partes nos ametrallaban y pegaban igual. Por aquel tiempo había allí alrededor de dos mil de los nuestros. y para el otoño no me quedaban más que cincuenta.

y te encorvaban de tal manera. me tumbé en el camastro de madera y dije: “Ellos necesitan que les demos cuatro metros cúbicos. Teníamos los harapos chorreando. espantosa. por cabeza. que no alzabas los ojos de la tierra alemana. ¿verdad? No dábamos abasto a enterrar a los nuestros y además circulaban por el campo rumores de que los alemanes habían tomado Stalingrado2 y seguían avanzando hacia Siberia.dra alemana. Había estado lloviendo todo el día. de 2 Actualmente Volgogrado. berreaban canciones. macizo. más que tremenda. traíamos un hambre tremenda. advirtiéndote que aquella gente apenas tenía ya sujeta el alma al cuerpo con un hilo muy fino. como si le pidieras que a ti también te recogiese en su seno. pero no faltó entre los nuestros un canalla que fuese a contarle al comandante del campo mis amargas palabras. locos de júbilo. pero a cada uno de nosotros le basta y le sobra con un metro cúbico. -28- . ni donde calentarse un poco. ¿Qué te parece. estaban muy contentos. por añadidura. »Un anochecer volvimos al barracón después de trabajo. Entretanto. Y empezó la cosa: al cabo de dos meses. La norma era de cuatro metros cúbicos diarios por alma. Una pena tras otra. para su sepultura. de aquella tierra extraña. tiritábamos todos como perros. »Me quite los empapados andrajos. dando diente con diente. Pero por las noches no nos correspondía comer. »El comandante del campo el lagerführer. sólo quedábamos cincuenta y siete. al viento frío. en su lengua —era un alemán llamado Müller. los de la guardia del campo bebían todos los días. de ciento cuarenta y dos hombres que éramos en nuestra expedición. Y no había donde secarse. hermano? Mal asunto.” No dije más.

Y en lo de soltar ajos.. pasaba frente a la formación. por que a nosotros aquello nos producía alivio. albino y todo él como blancuzco: los cabellos. incluso los ojos. trabajaba incluso los días festivos. Sólo un amigo mío. haciendo echar sangre. Puntual era el miserable. Si hubiera sabido que sus insultos sólo nos producían placer. me llamó a su -29- . Y así todos los días. y en el guante una manopla de plomo. Hablaba el ruso como tú y yo..S. eran como una brisa acariciadora que viniese de la tierra natal. al día siguiente de haber dicho yo lo del metro cúbico. insultaba en vano. un moscovita. A eso le llamaba él “profiláctica contra la gripe”. el tipo. Al pasar daba un puñetazo en las narices a uno sí y otro no. tal como hoy. y me entran unas ganas tan grandes de beber cerveza. nos formaba ante el block —como llamaban ellos al barrancón—. sino en su idioma.. para no lastimarse los dedos. Pero había una cosa que el imbécil no podía comprender: antes de ponerse a sacudir. acompañado de su jauría de los S. y además recargando el acento en la “o”. para enardecerse. En el campo había cuatro blocks en total. no habría blasfemado en ruso. Llevaba la mano enfundada en un guante de cuero. las pestañas. pues tales palabras. tacos y ternos era un verdadero maestro. ¿Dónde habría aprendido aquel maldito el oficio? A veces. que la cabeza se me va. “Cuando suelta esas palabrotas —decía— . ese mismo comandante. las cejas. del segundo. en Satsiep. hacía la “profiláctica” del primero.” »Pues bien.mediana estatura. se enfadaba terriblemente. saltones. y así sucesivamente. mañana. de nuestra lengua materna. eran blanquecinos. cierro los ojos y me parece que estoy en Moscú. alegaba que era oriundo de la región del Volga.. sentado en una cervecería. estaba unos diez minutos blasfemando delante de la formación. y con el brazo derecho extendido.

había perdido la costumbre de comer lo que comen las personas. a pesar de todo. no lo querrás creer.. Tenía hambre de lobo. 3 Vodka.” Estaba claro para qué me llamaba. Caminaba ya por el patio del campo de concentración. Al anochecer vino el intérprete al barrancón.despacho. pan. di un suspiro y me fui. Como pude dominé las náuseas. Eché a todos aquellos manjares una rápida ojeada y.. Andrei Solokov. botes abiertos de conservas de diferentes clases. para que los enemigos no vieran en mi último instante que. pero hube de hacer un enorme esfuerzo para apartar los ojos de la mesa. pero me entró una desazón tan grande. todos sabían que iba a la muerte. y de pronto. me costaba trabajo desprenderme de la vida. que estuve a punto de vomitar. acompañado de dos guardianes. te llama el propio herr lagerführer en persona. eran cinco. número trescientos treinta y uno en este campo. como en un buen club nuestro. miraba a las estrellas. pero luego aquella pena fue calmándose y empecé a armarme de valor para mirar impávido al cañón de la pistola. Sentados a la mesa. como corresponde a un soldado. aparecía toda aquella bendición delante de mí. se acabaron tus tormentos. Para liquidarme.. »En la comandancia.” Me dio pena de Irina. Me despedí de los camaradas.. bebían shnapps3. había tiestos de flores en los alféizares de las ventanas. estaban todos los jefes del campo. de los hijitos. “Ven con nosotros. manzanas en adobo. estaba todo limpio. comían tocino como entremés. -30- . Sobre la mesa había un panzudo botellón de shnapps. “¿Quién es Andrei Sokolov?” Dije que era yo. tocino. me despedía de ellas y pensaba: “Bueno.

llenó de shnapps un vaso. herr kommandant. puse allí también el bocadillo y dije: “Les agradezco su invitación. russ Ivan. russ Ivan. repuse. antes de morir.»Frente a mí. por la victoria de las armas alemanas. le puso encina una loncha de tocino y me tendió todo aquello al tiempo que decía: “Bebe. tiró la pistola sobre la mesa. luego.” ¿Qué tenía yo que perder? “Por mi muerte y la liberación de mis sufrimientos. tirándosela de una mano a otra. tomó una rebanada de pan. yo me puse firme. ¡vete a hacer puñetas con tu vodka!” »Dejé sobre la mesa el vaso. ¡me pareció que me quemaban como un hierro candente! Y pensé: “Yo.” »Yo cogí de sus manos el vaso y la tapa. es mucho. que cuatro metros cúbicos de norma de trabajo es mucho?” “Exacto —le respondí—.” “¿Y con uno tienes bastante para tu sepultura?” “Exacto. le repuse.” El sonrió: “¿No quieres beber por nuestra victoria? En este caso. cogí el vaso y. como una serpiente. medio borracho. ¿voy a beber por la victoria de las armas alemanas? ¿Y no quieres alguna otra cosa más. un soldado ruso. de dos -31- . ahora te mataré personalmente por esas palabras. herr kommandant. Bueno. Se levantó y quedó un momento pensativo. Aquí no estaría bien.” El me preguntó: “¿De modo. con uno me basta y hasta me sobra. vamos al patio y allí te daré el pasaporte. bebe por tu muerte. di un taconazo e informé en voz alta: “El prisionero Andrei Solokov se presenta por orden de usted.” »Se levantó y dijo: “Voy a hacerte un gran honor. pero yo no bebo. pero en cuanto oí aquellas palabras.” “Como usted quiera”. jugueteaba con la pistola. por lo tanto. herr kommandant? De todos modos. herr kommandant. estaba sentado Müller. voy a morir. Dicho esto. beberé”. y me miraba sin pestañear.

como más suavemente. me limpié los labios con la palma de la mano y dije: “Le agradezco la fineza. estaba traduciendo mis palabras a sus amigos. tampoco acostumbro comer. herr kommandant.” El comandante. pero no toqué el bocadillo. que tenía mi dignidad y mi orgullo rusos y que.” »Pero él se me quedó mirando con atención y dijo: “Toma siquiera un bocado antes de la muerte. se enderezó sobre el pecho las dos cruces de hierro. »Me sirvió el comandante el tercer vaso. Un soldado -32- . entonces observé que me miraban ya de otra manera. Solokov. Me bebí también el segundo.tragos me lo eché al coleto. comí un pedacito de pan y dejé el resto sobre la mesa. de nuevo. no toqué el bocadillo. aunque no podía tenerme en pie. Estoy a su disposición. no habían conseguido convertirme en una bestia. enarcando mucho las cejas blanquecinas. herr kommandant. empinaba el codo para tomar valor. y dijo: “Mira. deme usted el pasaporte. por mucho que habían hecho. »Después de aquello.” Yo le contesté: “Después del primer vaso. corrieron las sillas y volvieron sus carotas hacia mí.” Infló los carrillos. dijo rápidamente algo en alemán. después del segundo vaso. soltó la carcajada y. me emborracharé antes de salir al patio a despedirme de la vida. pero. Estos también se echaron a reír. vamos. de hambre. pero. russ Ivan? ¡No te dé vergüenza!” Y yo le repliqué: “Perdóneme usted. se levantó de la mesa. por lo visto. y su mano temblequeaba de la risa. dio un resoplido. Quería demostrarles a los malditos que. no me disponía a atragantarme con su limosna. nunca como. sin armas.” Me sirvió el segundo y me lo dio. el comandante puso una cara seria. cortésmente. pensando: “Al menos. entre risas. tú eres un verdadero soldado ruso. Me lo bebí despacio. me preguntó: “¿Por que no comes.

luego. Vete a tu block. y en cuanto al tocino. »Pronto nos mandaron. Yo también soy un soldado y respecto la dignidad de los enemigos. »Salí de la comandancia con paso firme. y sólo sentí su frío aliento. por tu valentía”. me meterá una bala entre las dos paletillas y yo no podré llevarles a los muchachos estos víveres. se lo referí. Me despertaron los nuestros antes del amanecer: “¡Cuéntanos!” Bueno. lo repartimos todo sin que nadie se ofendiera. tenía el tocino en la mano izquierda y era tan grande mi desconcierto ante aquel cambio inesperado. A cada uno le correspondió un pedazo del pan del tamaño de una caja de cerillas. te concedo magnánimamente la vida. a unos trescientos hombres de los más fuertes. me lo dio. y cogiendo de la mesa un pan no muy grande y un trozo de tocino. lo suficiente para untarse los labios. »Yo apreté el pan contra el pecho. me preguntó mi compañero de camastro. Irrumpí en la barranca y me derrumbé sobre el piso de cemento. junto a mí. ya te puedes figurar.” ¿Cómo vamos a repartir los víveres?”. Sin embargo. y yo recordé todo lo que había pasado en la comandancia. Cortamos el pan y el tocino. calculando hasta las migajas. a desecar un pantano. que ni siquiera di las gracias. Además. escapé felizmente. giré sobre los talones. Esperamos a que amaneciera. y la voz le temblaba. No te mataré. con todas mis fuerzas. a -33- . hacia la izquierda. bueno. pensando: “Ahora. contesté yo. por ello. “A todos por igual”.” Pero no. midiéndolo rigurosamente con una cuerda.. hoy nuestras gloriosas tropas han llegado a Volga y conquistado por completo a la ciudad de Stalingrado. y me dirigí hacia la salida. Esto es para nosotros una gran alegría. en porciones idénticas. También esta vez pasó la muerte de largo. pero en el patio empecé a dar bandazos.valiente.. y toma esto.

él cortaba unas rodajas de salchichón y de queso. Por aquel tiempo los nuestros ya le habían desencajado las mandíbulas a Alemania. y los fascistas dejaron de hacerles ascos a los prisioneros. a todo el relevo del día. cuando estaba de buenas. Al andar. tomaba un bocado y echaba un trago. ¡tragaba que era un espanto! A veces. ¡Qué gordiflón era el fascista aquel! Pequeño. nos formaron. y a cada uno lo enviaron a un sitio diferente. aun con todo. había en Alemania una compañía que se dedicaba a la construcción de carreteras y a obras de defensa. le sobresalían tres grandes pliegues. le asomaban tres papadas colgantes. Nos entregaron ropa de trabajo usada y nos llevaron custodiados a la ciudad de Potsdam. Una vez. sobre el cuello de la guerrera. Nunca me daba nada en la mano. que dé un paso al frente. el caso es que. y detrás. Alguna vez que otra a mí también me tocaba algo: nos parábamos en la carretera.” Avanzamos siete hombres. en el cogote. »Yo conducía el “Oppel—admiral” de un ingeniero alemán que tenía el grado de mayor del ejercito.la región de Ruhr. como a un perro. barrigudo. Pero. y un oberleuntnant recién llegado dijo. tan ancho como largo y un culón como una mujer de buenas carnes. resoplaba como una locomotora. poco a -34- . y cuando se sentaba a la mesa. a través del intérprete: “El que haya servido de chofer en el ejército. o haya trabajado en esta profesión antes de la guerra. no era el campo de concentración. Por delante. me tiraba una tajada. antiguos choferes. Llegamos allí. pues lo consideraba una humillación para él. Allí me pasé hasta el año cuarenta y cuatro. A mí me pusieron a trabajar en la “Todte”. se pasaba el día entero dándoles trabajo a las muelas y tientos a la cantimplora de coñac. a las minas. Yo calculaba que tendría no menos de tres puds de grasa pura.

¡ha llegado la hora! Y no debo fugarme yo solo. por la noche la agarraba a solas. y él disponía cómo tenían que hacerse las fortificaciones. y. Dos días antes de despedirme de los alemanes. »”Bueno — me dije —. no brotara sangre. Estaba todo hinchado. a unos dieciocho kilómetros. unas bolsas colgaban fláccidas.poco. aunque despacito. a la patria. todo cuanto necesitaba.. luego. me latía con tanta fuerza! Los combates se desarrollaban al este de Polotsk. le quité el uni- -35- . como empezó a latirme el corazón? ¡Ni de mozo. a ponerse nerviosos. el estruendo de nuestra artillería. iba por la noche a repostar. mi gordiflón se emborrachaba cada vez con más frecuencia. si había que golpear. hermano. »Llegamos a la ciudad de Polotsk. »Durante un par de semanas estuve llevando a mi mayor de Potsdam a Berlín y viceversa. cogí en la carretera un trozo de hilo telefónico. los alemanes empezaron a enfurecerse. Al amanecer. la envolví en un trapo para que. empecé a reponerme. por primera vez en dos años. Paré el coche. llevé al suboficial a unas ruinas. yo iba pareciéndome a un hombre. oí. Por el día íbamos al campo. lo preparé cuidadosamente y lo guardé bajo el asiento delantero. Y allí perdí el sueño por completo: me pasaba las noches en vela pensando en cómo fugarme y volver con los míos. le mandaron a una zona cercana al frente a construir unas líneas de defensa contra nosotros. tengo que llevarme conmigo a mi gordiflón. cuando veo que por el barro camina un suboficial borracho. En la ciudad. agarrándose a las paredes. ¡les servirá a los nuestros!” »Encontré entre unas ruinas una pesa de dos kilos. no hay por que esperar más. cuando iba a ver a Irina. ¿y sabes.. bajo sus ojos.

Saqué la pesa. hinqué una palanca tras el respaldo del asiento de atrás. El dejó caer la cabeza. El gordiflón. volví la cabeza: allá lejos venían dos camiones. Partimos. y embalé el coche para ir derecho hacia donde la tierra retemblaba y se desarrollaban los combates. luego. pisé el acelerador y escapé a ochenta por hora. le golpeé otra vez. aminoré la marcha para que vieran que iba un mayor en el auto. roncaba como si estuviera junto al costado de su mujer. De prisa me embutí en el uniforme alemán y me puse el gorro. Iba de prisa. Cuando quisieron recobrarse de la sorpresa y comenzaron a dis- -36- . A decir verdad. recostado en el respaldo del asiento. y yo le di un golpe con la pesa en la sien izquierda. Todos aquellos bienes los metí también bajo el asiento. acomodado en el asiento de atrás. Le saque de la funda la pistola. hacia Trosnitsa. donde él dirigía unas obras de fortificación. pues debía contarles muchas cosas a los nuestros. De un blindado saltaron dos soldados con fusiles automáticos.forme y el gorro. me la metí en el bolsillo. Aquello lo hice para que el gordiflón no se derrumbase de medio lado cuando el coche fuera a mucha velocidad. adrede. Bueno. enrollé al cuello del mayor el hilo telefónico y lo até con un nudo corredizo a la palanca. El mayor. detuve el coche. pero ya en el campo aminoré la marcha. y yo. pero no quise matarlo. abrí bien la portezuela. yo hice como que no comprendía. me ordenó mi mayor que le llevase fuera de la ciudad. y ¡adivina quién te dio! »El veintinueve de junio por la mañana. Pero ellos empezaron a dar voces y agitar las manos indicando que hacia allí no se podía ir. dormitaba plácidamente. »Crucé la línea avanzada alemana entre dos fortines. bueno. Necesitaba llevarlo vivo. bajé. y el corazón parecía querer saltárseme del pecho.

cogedle la cartera y llevadme adonde está vuestro jefe.. el radiador lo acribillaron a balazos.. y desde delante los míos disparaban como locos recibiéndome con el tableteo de sus fusiles ametralladores. yo me encontraba ya en terreno de nadie y zigzagueada entre los embudos abiertos por las bombas. Delante de todos los oficiales. Para entonces ya me habían dado de comer. interrogado y hecho entrega de un equipo completo. »Desde atrás. por el regalo que nos has traído de los alemanes. soldado. de modo que me presenté en el fortín del coronel. Gestionaré ante el mando que se te 4 Prisioneros que son capturados para que faciliten información. caí sobre la tierra. me abrazó y me dijo: “Gracias. alma mía! ¡Hijito querido! ¡Yo qué voy a ser un fritz. ¿te enteras? Y ahora descargad a ese marrano que traigo en el coche. con unas hombreras en la guerrera que yo no había visto en la vida. ¿eh?” Me arranqué el uniforme alemán. El coronel se levantó de la mesa y vino a mi encuentro. -37- . me encontraba ya ante un coronel. los alemanes zumbaban. fritz del diablo! Conque te has perdido. la besé. y no podía respirar. jefe de la división. limpio de cuerpo y alma y vestido con todas las prendas del uniforme. no peor que una liebre.. Tu mayor y su cartera son más valiosas para nosotros que veinte lenguas4 . más arriba de un lago. cuando he nacido en el mismo Voronezh! Estaba prisionero.. llevado al baño. Pero ya estaba en un bosquecillo. los nuestros corrían hacia el auto. y yo me metí a toda marcha en el bosquecillo. abrí la portezuela.” Les di la pistola.parar con las ametralladoras. Agujerearon el parabrisas por cuatro sitios. fue el primero en llegar hasta mí y me dijo riendo burlón: “¡Ah. al anochecer. »Un mozuelo. tire a mis pies el gorro y le repuse: “¡Ay papanatas. fui pasando de mano en mano y.

no me obedecían y sólo pude articular: “Le ruego. así me lo dijo el doctor.conceda una condecoración. Me daban el alimento poco a poco y con frecuencia.” »El coronel y todos los oficiales que estaban con él en el fortín se despidieron de mí cariñosamente. hermano. como si temiera que fuesen a pegarme. con permiso. Pero al cabo de las dos se- -38- . Pero. me temblaban los labios. camarada coronel. durante mucho tiempo después. si apenas puedes tenerte en pie? Hoy mismo te mandaré al hospital. continuaba encogiendo involuntariamente la cabeza entre los hombros. porque en dos años había perdido la costumbre de que se me tratara como a un ser humano.. Allí te curarán y te alimentarán bien. habría hincado el pico. imagínate. ya veremos donde te destinamos. no pude contenerme las ganas y le dije que el coronel me había propuesto para una condecoración.. y yo salí de allí emocionado por completo. en cuanto tenía que hablar con los jefes. dándome unas palmadas en el hombro: “¿Qué guerrero vamos a hacer de ti. Y fíjate. »Desde el hospital escribí inmediatamente a Irina. dándome la mano. Acumulé fuercecillas de sobra.. a pasar un mes con la familia. irás a casa. Ya ves qué formación nos daban en los campos fascistas. después. y cuando vuelvas a nuestra división. En la carta le contaba todo con brevedad: cómo había estado en el cautiverio.” »Pero el coronel se echó a reír y contestó. pues si me hubieran dado de golpe todo lo que yo quería. que me envíe a una unidad de infantería.. ¿De dónde me vendría a mí aquella petulancia infantil? »Dos semanas estuve comiendo y durmiendo. su cariñoso afecto me emocionaron profundamente. cómo había huido de allí llevándome al mayor alemán.” Sus palabras.

quedó una profunda fosa.. estuve acostado un buen rato y acabé de leerla. recordé con cuánto dolor se había despedido de mí Irina en la estación. Mi vecino me decía que durante el bombardeo. los alemanes habían bombardeado la fábrica de aviación y una bomba grande había caído en mi pequeña jata. Ni siquiera pensaba en la comida. Pero no me escribía Irina. me entró la morriña.. Y aquella vez la aparté de un empujón. estuvo contemplando la fosa y regresó de nuevo a la ciudad.manas. A la tercera semana. su corazón de mujer le decía ya que no volveríamos a vernos más en este mundo. Y me comunicaba que no se habían encontrado ni los restos de ellas. casi todas las -39- .. desapareció todo y me quede solo. le dijo a mi vecino que iba a pedir que le mandasen como voluntario al frente. Irina y las hijas estaban en aquel momento en casa. Por consiguiente. Anatoli se encontraba en la ciudad. toda clase de malos pensamientos me pasaban por la cabeza. »Cuando el corazón se dilató un poco y empecé a sentir en los oídos el latir de la sangre. en junio del cuarenta y dos. todo aquello se había ido formando en el transcurso de años. perdí el sueño por completo. recibí carta de Voronezh. Aquella vez no pude terminar de leer la carta. Se me nubló la vista. Al atardecer.. en el sitio donde estuviera la jata.. ya no podía tragar ni un bocado. mi casa. No llegaba respuesta de casa y. lo reconozco. Tenía yo una familia. volvió a la barriada... y de pronto. Pensaba: “¿No habrá sido un sueño mi vida infortunada?” Pues en el cautiverio. ¡No quiera dios que nadie reciba una carta semejante! Me decía que. en un instante. Y nada más. el carpintero Ivan Timofeievich. el corazón se me había encogido y continuaba hecho un ovillo sin querer dilatarse.. Me eche en la cama. sino un vecino mío. Antes de marcharse.

por que me ahogo. luego. maleza hasta la cintura. y en derredor. con el alma llena de pesar.. lleno de agua herrumbrosa. queridos míos. Un profundo embudo. y una semana más tarde ya estaba yo en Voronezh. aquel mismo día emprendí el regreso a la división. y le pregunté: —¿Y qué ocurrió después? —¿Después? —repuso de mala gana el narrador— . Por lo tanto. Mala hierba espesa y un silencio de cementerio. Fumamos. sonriéndome. una gran alegría. »Pero unos tres meses más tarde.. ya con otra voz. oíase el sonoro golpeteo del picamaderos.noches —mentalmente. soy fuerte. como barcos de tensas velas blancas. Era penoso callar. para la eterna confirmación de lo vivo en la vida.. El tibio vientecillo seguía meciendo perezoso las secas candelillas de los alisos. me parecía ya otro aquel mundo infinito que se preparaba para las grandes transformaciones de la primavera.. queda. surgió radiante. entrecortada. en la altura. con mis hijitos. No pude permanecer allí ni siquiera una hora. saldré de esto con vida y de nuevo estaremos todos juntos. Después el coronel me dio un mes de permiso. hermano! Estuve en pie unos minutos. ¡había estado hablando con los muertos! El narrador calló un instante. inundado por las aguas del río. cuánto dolor sentí. ¡Ay. En el bosque. por el azul del cielo. continuaban flotando las nubes. les decía: “No paséis pena por mí. como asoma el sol entre -40- .. les daba ánimos. pero en aquellos momentos de doloroso silencio. hermano. me dijo: —Echemos un cigarro.. claro está— hablaba con Irina. volveré. y volví a la estación. Llegué a pie hasta el lugar donde viviera en tiempos con mi familia.

-41- . »Y. que había dejado atrás al padre en todos los terrenos. toda clase de ilusiones de vejete. Esperaba impaciente. pero se trataba de mi propio hijo. Durante el invierno atacábamos sin descanso. por las noches. Y entonces me di cuenta de que el hijo y yo estamos cerca el uno del otro. al final de la guerra. Bueno. Y de nuevo. En resumidas cuentas. ¡me enorgullecí de él. mientras que el capitán lo tenía todo por delante. Había sabido mis señas por nuestro vecino Ivan Timofeievich. En fin. Exactamente el nueve de mayo.. No importaba que el padre transportase en un “Studebaker” municiones y otros efectos militares. Pero también en este caso falló todo. y al día siguiente recibí respuesta. mandaba una batería del “cuarenta y cinco” y estaba condecorando con seis órdenes y medallas. a cuidar de los nietecillos. con verdadera ansia el momento en que nos veríamos. Resultaba que primeramente había ido a parar a una escuela de artillería. empezaron los ensueños de viejo: terminaría la guerra. terriblemente! Puedes decir lo que quieras. ¡aquello no era cosa de broma! Y además. hecho ya todo un capitán. Al cabo de un año.. y nos vimos.. allí le sirvió su capacidad para las matemáticas. sus afanes eran agua pasada..las nubes: apareció Anatoli. un jefe de batería. Me mandó al frente una carta. le envié una mañana a Anatoli una cartita. a trabajar. y no teníamos tiempo para escribirnos con mucha frecuencia. terminó los estudios con notas de sobresaliente y marchó a la línea de fuego. un sniper alemán mató a mi Anatoli. casaría al hijo y me iría a vivir con el joven matrimonio. en la mañana del día de la victoria. muy cerca ya de Berlín. y ahora escribía diciendo que tenía ya el grado de capitán. por lo visto desde otro frente. con semejantes órdenes.

estrecho de pecho. Me acerqué al féretro. Vi que con él estaba sentado un teniente coronel de artillería. como ante un superior. El mío era un muchachito sonriente. pero me mantuve en pie. Solokov”. han matado a tu hijo. recuerdo cómo íbamos el teniente coronel y yo. a mi última alegría y esperanza. que yo no conocía. Los camaradas y amigos de mi hijo se enjugaron las lágrimas. Yo noté una sacudida por todo el cuerpo. desconocido para mí. con una saliente nuez en el cuello delgado. como una descarga eléctrica: había presentido algo malo. El teniente coronel se acercó a mí y me dijo en vos baja: “¡Ten valor. Lo besé y me aparté a un lado. en la batería. »Di sepultura en tierra alemana. el capitán Solokov. Tal vez por eso me duela tanto. Sólo en las comisuras de sus labios había quedado grabada eternamente la sonrisa del hijito de antes. más allá de mí. y se volvió hacia la ventana. que no llegaron a ser vertidas. en tierra extraña. avanzando con dificultad por las calles llenas de escombros. El jefe de mi compañía me dijo: “Viene a verte a ti. ¡Ven conmigo!” »Me tambaleé. padre! Hoy. debieron de secarse en el corazón. en un automóvil grande. pero no parecía mi hijo. mientras que allí yacía un hombre joven. Al entrar yo en la habitación. guapo. Ahora. Mi hijo yacía en él. igual que en sueños. hermano. como si estuviera mirando algo muy lejano. de pecho ancho y ojos entornados. El teniente coronel pronunció un discurso. se levantó. Del pequeño Anatoli de otros tiempos. Y a Anatoli lo veo como ahora a ti. recuerdo confusamente una formación de soldados y un féretro envuelto en terciopelo rojo.»Por la tarde. me llamó el jefe de la compañía. la batería le disparó una -42- . y las mías.

. lo primero que hacía. »Mi amigo y su mujer no tenían hijos. Pues bien. Me quedé a vivir en casa de mi amigo. Pero allí me desmovilizaron poco después. trabajaba de chofer en una compañía de transportes.salva de honor. cargado de trigo viré hacia el ventorrillo. licenciado en el invierno a causa de una herida. y me pareció que algo se desgarraba en mis entrañas. cuando volvía de un viaje. me acogieron en ella. ¿Adónde ir? ¿Quizás a Voronezh? ¡Por nada del mundo! Recordé que en Uriupinsk vivía un amigo mío. Aunque era inválido de guerra. largo viaje. Comía a la puerta del ventorrillo lo que le daban.. lleno de polvo y mugre. nos incorporamos al transporte del trigo. yo me coloqué también allí. una vez. He de reconocer que por aquel tiempo me había aficionado bastante a esta mala cosa. Llegué a mi unidad anonadado.. roto. vi a ese chicuelo. medio vaso de vodka para matar el cansancio. »Al cuarto día. de algún viaje. lo recordé y partí para Uriupinsk. en una ocasión me había invitado a ir a su casa. despeinado ¡y con unos ojillos como dos luceritos en la noche.. ése que esta jugando en la arena. junto al ventorrillo. harapiento. después de la lluvia! Y quedé tan prendado de él. era detenerme en un ventorrillo a comprar algo y beberme. al día siguiente lo volví a ver allí. aceleraba para verlo cuanto antes. Llevábamos diversas cargas a diferentes comarcas. Pequeñito. vivían en una casita propia de las afueras de la ciudad. »Cuando volvía a la ciudad. En aquel tiempo fue cuando conocí a mi nuevo hijito. despidiendo a mi hijo en su último. en otoño. como es natural. claro está. viniendo directamente del sovjos. con la carita toda manchada de jugo de sandía. que —cosa rara— hasta empecé a echarlo de menos. Mi chicuelo -43- .

saltó de la terracilla. en la frente y comenzó a chillar. y decidí en el acto: “¡Pasaremos juntos las penas! Lo prohijaré. quietecito. y ya había aprendido a suspirar. Bueno.” “¿Y no tienes aquí ningún pariente?” “Ninguno. no me acuerdo. que yo me llamo Vania?” Y con los ojillos muy abiertos. lo senté a mi lado y partimos. se estremeció. ¿Acaso le correspondía a él eso? Le pregunté: “¿Dónde está tu padre. me besó la cara. Me incliné hacia él. ¿y tú no sabes quién soy yo?” El pequeño inquirió con un hilillo de voz: “¿Quién?” Y yo le respondí. volveremos aquí.estaba sentado al borde de la terracilla de entrada. balanceando las piernecitas y. según todos los síntomas. santo Dios! Se abalanzó a mi cuello.” »Sentí la quemazón de una lágrima ardiente.. Aquel chiquillo tan vivaracho se apaciguó de pronto y quedó pensativo. tío. esperó mi respuesta. hambriento. muy bajito también: “Soy tu padre. que no acababa de brotar. yo le dije que. Asomé la cabeza por la ventanilla y le grité: “¡Eh. y suspiró. -44- . en los labios. Un gorrioncillo como aquel. con vocecilla aguda de pájaro flauta. cuando íbamos de viaje.” “¿Y tu mamá?” “La mató una bomba en el tren. combadas hacia arriba. desde allí. te llevaré al elevador y. de improviso. y le pregunté quedo: “Vania.” “¿Y de dónde veníais?” “No sé. yo abrí la portezuela.” “¿Dónde pasas las noches?” “Donde puedo. »Rodeó el camión para subir por la banda derecha. como hombre de experiencia. a comer.” Y al instante. encaramóse al estribo y me preguntó bajito: “¿Y cómo sabes tú. posó en mí sus ojos de largas pestañas. se me alivió el alma. Vania! Monta a escape en el coche.” »¡La que se armó.. como si entrase en ella un rayito de luz. Vania?” Contestó en un susurro: “Murió en el frente. lo sabía todo.” Al oír mis voces.

que se me estremecían hasta las manos. Como Dios me dio a entender. una neblina me veló los ojos y me entró también un temblor por todo el cuerpo. ¡no estaba yo para elevadores en aquellos momentos! »Deje el coche a la puerta. me metí sin querer en la cuneta. paré el motor. El me echó las manecitas al cuello y no se soltó hasta que llegamos.. y le estreché suavemente contra mi pecho mientras con la izquierda viraba el camión y emprendía el regreso hacia casa. Estuve allí parado unos cinco minutos. callado. como soldada a ella. le convencí de que me soltara. con todas sus fuercecillas. Tenía pegada su carita a mi áspera mejilla sin afeitar. y todo de él temblaba. Entonces.atronando el pescante: “¡Papaíto querido! ¡Ya lo sabía yo! ¡Sabía que me encontrarías! ¡Que me encontrarías de todos modos! ¡He estado esperando tanto tiempo a que me encontraras!” Se apretó contra mí. se le saltaron las lágrimas. Le lavé las manos con jabón y lo senté a la mesa. Le pasé el brazo derecho por la espalda. que no tenían hijos. y mi hijito continuaba apretándose contra mí. Estaba en pie ante el horno de la cocina llorando y enjugándose los ojos con el delantal. Entré. les guiñé y dije animoso: “¡He encontrado a mi Vania! ¡Dadnos albergue. como una hierbecilla agitada por el viento.. tomé a mi nuevo hijito en brazos y lo llevé hacia casa. no fuera a atropellar a alguien. Y así le llevé a la vivienda. ¿Cómo no solté el volante? ¡De milagro! Sin embargo. de ninguna de las maneras. comprendieron al instante y empezaron a moverse diligentes. Mi Vania se -45- . al ver con qué ansia comía. tembloroso. buena gente!” Los dos. La dueña de la casa le llenó el plato de sopa de coles. Pero yo no podía apartar al hijo de mí. Había desistido de ir al elevador. en tanto seguía aquella neblina en los ojos. no quería reanudar la marcha. Los dueños estaban en la casa.

Y. descargué el trigo. Por los pantaloncillos me gané una regañina de la dueña de la casa: “¿Te has vuelto loco? —me dijo— . »Antes del amanecer. una camisita. lo acosté en la cama y me fui con el coche al elevador. y le preguntó. por primera vez en largo tiempo. puso sobre la mesa la máquina de coser.. unos zapatitos y una gorrita de paja.¿Cómo va a llevar el niño unos pantalones de paño con un calor semejante?” Al momento. como un gorrioncillo bajo un alero. al cabo de una hora. lo bañé yo mismo en un barreño y lo envolví en una sábana limpia. ¡y usted llora!” Y ella. respiraba suavemente.. ¡y se me llenaba el alma de un gozo que es imposible describir con palabras! Tenía miedo a moverme. me desperté: sentía un ahogo incomprensible. Todos debían estar contentos. lo llevé a la barbería. no fuera a despertarlo. pero no podía resistir el deseo y me levantaba con mucho tiento. dejé el camión en la parada y empecé a recorrer las tiendas a toda prisa. al oír aquello. ¿Qué era aquello? Era que mi hijito -46- . ¿por qué llora usted? El padre me ha encontrado a la puerta del ventorrillo. Me acosté con él y. por su calidad. acurrucado bajo mi sobaco. Le compré unos pantaloncitos de paño. ya tenía mi Vania preparados unos pantaloncillos de satén y una camisita blanca de manga corta. dándole tirones de la falda: “Tía. Con cuidado. y así se quedó dormido en mis brazos. dormí tranquilo. ¡allá va!. ¡Se deshacía en lágrimas! »Después de comer. no valía un comino. empezó a hurgar en el arcón y. El me abrazó. con visera.dio cuenta de que lloraba. en casa. me levanté unas cuatro veces. Me despertaba y veía que. arreció aún más en su llanto. le cortaron el pelo. corrió a ella. encendía una cerilla y lo contemplaba embelesado. naturalmente. Sin embargo durante la noche. resultó que nada de aquello le venía a la medida y.

el corazón sentía alivio. No había que dar largas al asunto. ya estaba harto el soldado para todo el día. Me armé de valor y un día lo dejé al cuidado de la dueña de la casa. »En los primeros tiempos.se había desenvuelto de la sábana y yacía atravesado sobre mí. Me estaba esperando allí hasta bien entrada la noche. “¿Y por qué habías tardado tanto en encontrarme?” Yo le respondí: “Te estuve buscando. recorrí toda Bielorrusia. a pie y en coche. se ablandaba. y resultó que tú estabas en Uruipinks.. acariciaba al niño dormido. hijito?” El inquirió. »Muchos apuros me hacía pasar al principio. y al anochecer corría al elevador para recibirme. ¿Qué necesitaba yo solo? Con un canto de pan y una cebolla con sal. intranquilo era dormir con el chiquillo. cocer un huevecillo. nos acostamos antes del oscurecer. otras. a los viajes. olía sus cabellos alborotados. papa?” ¡En la vida había tenido un abrigo de cuero! Hubo que salir del trance: “Me lo dejé en Voronezh”. le dije. Una vez. apretándome la garganta con un piececillo. en Alemania y en Polonia. Mientras que con él. pero me había acostumbrado y me aburría sin él.” “¿Y Uruipinsk está más cerca que Alemania? ¿Y Polonia está más lejos de nuestra casa?” Así charlábamos hasta que nos dormíamos. sorbiéndose las lágrimas hasta el anochecer. Le pregunté: “¿En que piensas. hijito. El día había sido de gran ajetreo y yo esta muerto de cansancio. luego. me di cuenta de que aquello no podía ser. permanecía callado. y de nuevo no se podía pasar sin lumbre. allí se quedaba. él que siempre piaba como un gorrioncillo. de lo contrario se me habría petrificado de dolor.. el chiquillo iba conmigo en el camión. mirando al techo: “¿Dónde has dejado el abrigo de cuero. -47- . la cosa variaba: unas veces había que conseguir leche. Por las noches.

y que luego allí. también compañero del servicio —que trabajaba de chofer en vuestro distrito. el coche dio un patinazo. me darán un nuevo permiso de conducir. una vaca se cruzó de pronto en mi camino y yo la derribé. igual que el relámpago. —El no anda apenas. »Pero. luego empecé a cartearme con un amigo. todo aquello tenía su motivo. la mayor parte del tiempo va a cuestas.»¿Y crees. brilla de cuando en cuando. Eso le ocurre a su memoria. Iba por el barro. en la región de Kashar— y me invitó a ir a su casa. en vuestro distrito. La pena no me deja estar mucho tiempo en un mismo sitio. La vaca se levantó. Por consiguiente. por mucho que le pedí clemencia. Pues la memoria de los niños es como un relámpago de verano: se enciende de pronto. cuando. Durante el invierno. Me escribe diciendo que trabajaré medio año en cuestiones de carpintería. trabajé de carpintero. lo ilumina todo por unos instantes y se apaga. Me quitó el permiso de conducir. Y entretanto. puede que me apacigüe y me asiente en un sitio fijo. caminamos los dos por la tierra rusa. ¿cómo decirte?. —A él le es penoso caminar. las mujeres pusieron el grito en el cielo. aunque no me hubiera ocurrido ese incidente de la vaca. y yo me quedé sin el permiso. alzó el rabo y se fue a corretear por los callejones. -48- . Bueno. pero en noviembre me ocurrió un percance. se arremolinó la gente. Cuando mi Vania crezca y haya que mandarlo a la escuela. que lo del abrigo de cuero lo preguntó porque sí? No. y él lo recordó. al pasar por un caserío. hermano. y un inspector de transporte se presentó como por encargo. ya sabes. Lo siento en mis hombros y lo llevo así. »Puede que hubiera vivido con él en Uruipinsk un añito más. su verdadero padre había llevado en un tiempo un abrigo así. de todos modos me habría marchado de Uruipinks.

desaparecen como si se esfumaran ante mis ojos. Todo esto. pero se me ha escacharrado el corazón. hombre de voluntad inflexible. no importaría... en libertad.. que tengas suerte! —Y tú. de una fuerza inaudita. dura. hay que cambiarle los émbolos. Algunas ves que otra se me oprime y me entra un dolor que veo todas las estrellas del cielo. hijito.. En el bosque resonó una voz de mi camarada y el chapoteo de los remos en el agua. se puso a su derecha y.. Y la mayoría de las veces. retozando como un cabritillo. agarrándose al faldón de la enguatada chaqueta. —Gracias. siempre me mantengo bien.. se baja y corretea por el borde del camino.cuando tiene ganas de estirar las piernas. pero cuando me despierto por la noche. grande. Dos seres desvalidos. sin un ay ni un suspiro. me tendió la mano. otra desgracias: casi todas las noches sueño con mis queridos muertos. Y fíjate qué extraño: durante el día. hermano. que caminaba a grandes zancadas. con pasitos rápidos y cortos. Temo que cualquier noche me muera dormido y dé un susto a mi hijito. está toda la almohada empapada de lágrimas. pero cuando quiero apartar el alambre de espino se alejan de mí. que llegues felizmente a Kashar. Hablo de todo con Irina y con mis chicos. ¿Qué los esperaba en adelante? Y hubiera querido pensar que aquel hombre ruso. junto al hombre. no se dejaría abatir. ¡Eh.. vamos a la barca! El chiquillo corrió hacia el padre. Y además. y que -49- . yo estoy tras la alambrada y ellos al otro lado. Aquel hombre —un extraño. hermano. ya viviríamos de alguna manera los dos. pero ya para mí un amigo entrañable—.. dos granitos de arena arrojados a tierra extraña por el huracán de la guerra. como de madera: —¡Adiós... echó a andar.

volvió hacia mí la carita y agitó sin detenerse la manita sonrosada.. parca y ardiente. lo importante es saber volverse a tiempo. de salvar cuantos obstáculos encontrase en su camino.. En estos casos. correteando con sus piernecillas cortas.junto a él. Lloran también despiertos. y me volví de espaldas. al amparo del padre. cuando fuese mayor. Tal vez nuestra despedida hubiera terminado bien. sería ya capas de soportarlo todo. pero de afiladas uñas. me oprimiese el corazón.. encanecidos en los años de guerra. una lágrima de hombre. si la patria lo llamaba a ello. No. que no vea cómo por tu mejilla corre. luego de alejarse unos pasos.. Lo principal es no herir el corazón del niño. Y de pronto sentí como si una zarpa. no sólo lloran en sueños los hombres maduros. blanda. Con honda tristeza. crecería el otro que. apresuradamente. -50- . los acompañé con la mirada. pero Vania.

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