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El infierno existe, pero es una doctrina que solamente los cristianos realmente convertidos la han sabido meditar y valorar

en su verdadero sentido. Ejemplo, Santa Teresa de Ávila. Desde la culpa no aceptada y no confesada ante Dios, pidiendo el perdón, el infierno aparece como una crueldad de Dios, sin decirlo expresamente, mientras más se cree en el infierno sin estar creciendo en el amor de Dios, en los dones y frutos del Espíritu Santo, más se debilita, en este creyente culposo, la confianza en un Dios que siente como castigador. Esto daña la espiritualidad. No basta predicar la existencia del infierno, hay que promover una verdadera espiritualidad cristiana, como la espiritualidad Teresiana. El papa Francisco habla del infierno, pero hay que detenerse en la forma como presenta esta verdad. Poema de Santa Teresa de Ávila. No me mueve, mi Dios, para quererte el cielo que me tienes prometido, ni me mueve el infierno tan temido para dejar por eso de ofenderte. ¡Tú me mueves, Señor! Muéveme el verte clavado en una cruz y escarnecido; muéveme ver tu cuerpo tan herido; muévenme tus afrentas y tu muerte. Muéveme en fin, tu amor, y en tal manera que aunque no hubiera cielo, yo te amara, y aunque no hubiera infierno, te temiera. No me tienes que dar porque te quiera, pues aunque lo que espero no esperara, lo mismo que te quiero te quisiera. ¿Por temor al infierno o por amor queremos ser fieles a Dios?