PYGMALION

Primera edición en ingles, 1913 © 1980 Centro Editor de América Latina S. A. — Junín 981. Buenos Aires. Hecho el depósito de ley. Libro de edición argentina. Impreso en mayo de 1980. Pliegos interiores: compuesto en Linotipia Birsa, Rocamora 4146, Buenos Aires; impreso en Talleres Gráficos FA.VA.RO. SAIC y F, Independencia 3277/79, Buenos Aires. Distribuidores en la República Argentina: Capital: Mateo Cancellaro e Hijo, Echeverría 2469, 5° C, Buenos Aires. Interior: Ryela SAICIF y A, Belgrano 624, 6° p., Buenos Aires.

ESTUDIO PRELIMINAR
"Una tarde, un oculista amigo mío me examinó la vista y me informó que ella carecía por completo de interés para él, ya que era absolutamente normal. Como es natural, entendí que quería decir que mi vista era como la de todo el mundo, pero él rechazó esta interpretación, apresurándose a explicarme que, en lo que a vista se refería, yo era una persona excepcional y en un todo afortunada. En efecto, yo estaba dotado de una vista normal, lo cual me confería el poder de ver las cosas con exactitud. Esta vista normal no la posee más que un diez por ciento de la Humanidad, mientras que el resto, un noventa por ciento, posee una vista anormal. Inmediatamente vislumbré la explicación de mi falta de éxito en la novela. El ojo de mi mente era como el de mi cuerpo: normal. Yo veía las cosas de manera diferente de como las veían las demás personas, y las veía mejor". La pedante arrogancia de esta afirmación —hecha al iniciar su carrera, cuando aún no había comenzado a escribir teatro— no debe ocultar su verdad básica— efectivamente, George Bernard Shaw veía las cosas mejor que el resto de los mortales, y como consecuencia pensó de manera más vigorosa y alerta, con más penetrante discernimiento, sobre los grandes problemas del mundo que ningún dramaturgo de los últimos cien años, con la posible excepción de su admirado Henrik Ibsen y de su admirador Bertolt Brecht. Como testimonio de ello dejó una obra prácticamente inigualada, por su extensión y trascendencia, en el teatro moderno, una obra ciclópea que es ante todo y sobre todo un monumento a la inteligencia, una victoria de la razón, un canto a la lucidez y al sentido común. George Bernard Shaw nació el 26 de julio de 1856 en la casa señalada hoy con el número 33 de la calle Synge, en la ciudad de Dublin, capital de Irlanda. Era el tercero y último hijo — además del único varón— de Lucinda Elizabeth Gurley y George Carr Shaw, primo segundo de un miembro de la nobleza baja, empleado judicial y más tarde comerciante en trigo. Creció G. B. S. (estas iniciales llegarían a hacerse mundialmente célebres) en una atmósfera pobre; pero de pretendida distinción, en la que "se hablaba de los Shaw como si fueran los Romanov o los Hohenzollern" y que el dramaturgo describió años más tarde como "más humillante que la de los que han nacido pobres y no tienen que atender obligaciones sociales o inquietudes culturales". Luego de las rudimentarias enseñanzas de su institutriz y de algunas nociones de latín impartidas por un tío, Shaw pasó por dos colegios en los cuales, según él, "no aprendió nada" y recaló finalmente, a los 13 años, en la Central Model Boys' School de Dublin, un colegio frecuentado por hijos de comerciantes católicos, donde vivió experiencias "tan repugnantes que durante ochenta años no se las mencioné a ninguna criatura mortal, ni siquiera a mi mujer", como confesó al final de su vida. En 1871 entró a trabajar en una compañía inmobiliaria, donde sus obligaciones consistían en archivar las cartas que se recibían, copiar las que se enviaban, llevar las cuentas de los gastos de correo y comprarles un bocadillo a media mañana a los demás empleados; permaneció allí por espacio de cuatro años, llegando a ser cajero. Mientras tanto, en sus ratos libres leía libros sobre pintura y concurría a la Galería Nacional de Irlanda, con lo cual adquirió una formación plástica bastante sólida. Tanto como la educación musical que recibió de su madre, una mujer de gran energía y perseverancia que buscó refugio de las frustraciones de su matrimonio en el desarrollo de su notable voz, así como de los instrumentistas y cantantes que ensayaban constantemente en su casa óperas y oratorios del repertorio italiano y alemán. En 1873, la señora Shaw, desprejuiciada e indiferente de la opinión pública, decidió

abandonar a su marido (un hombre sin voluntad que, según su hijo, "en teoría era un abstemio ferviente, pero en la práctica bebía a escondidas") y se marchó con sus hijas Agnes y Lucy a Londres, donde se dedicó a dar clases de canto, conservando su voz intacta hasta su muerte, en 1913, a los 83 años de edad. Al año siguiente el joven Shaw la siguió, dispuesto a conquistar la capital, cosa que lograría pero por cierto no de inmediato. A su llegada entró a trabajar en la compañía de teléfonos Eddison, pero pronto abandonó el empleo, y durante los años siguientes fue mantenido por su madre. Al respecto ha dicho el escritor: "Se me ha echado en cara que no haya ayudado a mi madre y que, en cambio, haya vivido a costa suya. Es cierto: en lugar de enseñarme a trabajar para ella mi madre trabajaba para mí. Y hacía bien, porque de ese modo me permitió convertirme en un hombre en lugar de un esclavo". Libre de todo apremio material, Shaw se dedicó a su auténtica vocación: escribir. Produjo así en poco tiempo cinco novelas (Inmadurez, El lazo irracional, Amor entre artistas, La profesión de Cashel Byron y Un socialista asocial), que aunque pasaron inadvertidas para el gran público —ya que se publicaron por entregas en revistas socialistas de escasa difusión— lograron interesar, por su originalidad y atrevimiento, y por las ideas profundas y nada convencionales que Shaw exponía en ellas sobre diversos temas, a algunos conspicuos miembros de la intelligentsia londinense de la época como el dibujante William Morris, el escritor Robert Louis Stevenson y el crítico William Archer. Entre 1881 y 1884, al tiempo que comenzaba a hacerse notar como polemista y orador público en diferentes debating clubs de Londres, se produjeron en Shaw varios cambios que marcarían en diferentes grados su existencia. En primer lugar, tuvo la viruela, y para ocultar las marcas que le dejó la enfermedad se dejó crecer una barba tupida y rojiza y un mefistofélico bigote. En segundo término, se hizo abstemio y vegetariano: "Mi entierro — decía— será seguido por rebaños de ovejas, cabras y vacas, bandadas de aves de corral y cardúmenes de peces, todos vestidos de blanco y muy agradecidos". Por último, luego de escuchar hablar al norteamericano Henry George, "el apóstol de la nacionalización de la tierra y el impuesto único", se convirtió de inmediato al socialismo, llegando a ser uno de los principales propulsores de la célebre Sociedad Fabiana. Pero si bien tanto sus apéndices pilosos cuanto su horror por la carne y el alcohol se mantuvieron firmes e incólumes hasta su muerte, el socialismo estuvo siempre teñido en Shaw por su acérrimo individualismo y por su absoluta imposibilidad de someterse a la disciplina de ningún partido, lo cual le valió ser acusado de comunista por los fascistas y de fascista por los comunistas. Como él mismo lo expresó: "El socialismo nunca significó para mí un dogma sino ciertas medidas económicas que me gustaría que se tomaran". En 1885, su amigo William Archer, que fue además de un distinguido crítico el primer traductor de Ibsen al inglés, introdujo a Shaw como comentarista literario de The Pall Mall Gazette, tarea a la que siguió la crítica de arte en The World y entre 1888 y 1890 la de música, que ejerció en The Star con el seudónimo de Corno di Basetto. En especial estas últimas, en las que exaltaba a Wagner y afirmaba categóricamente la infalibilidad de la critica, en especial de la propia, llamaron la atención del público lector y del mundo periodistico por su prosa brillante, su fino ingenio, sus agudezas a la vez ligeras y profundas, envolviendo una sólida erudición. Esas cualidades valieron a Shaw ser nombrado crítico teatral de The Saturday Review, donde entre 1895 y 1898 escribió la mejor serie de artículos teatrales jamás publicados en lengua inglesa. Desde esa tribuna, Shaw, esa topadora, ese experto en demoliciones, fustigó duramente el estado del teatro inglés de su tiempo, dominado exclusivamente por pésimas adaptaciones de las novelas de Charles Dickens y Sir Walter Scott y en el que las obras de T. W. Robertson, Arthur Wing Pinero y Henry Arthur Jones no pasaban de ser honestas

aunque no tanto como la siguiente (1894). precisamente. que lo consagró y que continúa siendo una de las más populares de Shaw: Arms and the Man (diversamente traducida como Héroes. a pesar de su desafiante vanidad. concretamente en 1926. En la década de 1920. puestas al servicio de una denuncia de las condiciones de vida en los misérrimos suburbios londinenses. Reacio a todo tipo de honores. el reverso de las ideas románticas sobre el amor y la guerra. Al influjo de Ibsen. El picaflor y La comandante Bárbara (1905). Comedias desagradables y Comedias para puritanos. que Shaw despreciaba igualmente. la memorable Santa Juana (1923). Armas y el hombre o El soldado de chocolate). En 1892 dio a conocer Widowers' Houses (Casas de viudos). cuando él Lord Chambelán levantó la censura que pesaba sobre ella. Al mismo tiempo. iniciada con el título de Non Olet. que presidía entonces el doctor Per Hallstróm. Shaw recibió la consagración definitiva al serle conferido el Premio Nobel de Literatura por parte de la Academia sueca.tentativas de Ilevar un poco más de realismo a una escena donde sólo se destacaban las deliciosas comedias de Oscar Wilde. En los años anteriores al estallido de la Primera Guerra Mundial Shaw escribió varias obras más livianas pero no menos valiosas como Misalliance (1910). que mostraba la otra cara del heroísmo militar. una de las dos obras más grandes de su carrera y el compendio de sus ideas sobre la lucha de los sexos y la relación de la pareja humana. La casa de la congoja (1916). Androcles y el león (1912) y Pigmalión (1913). escondida bajo la capa de una elegante comedia de salón. Se trataba de La profesión de la señora Warren y en ella Shaw trataba directamente y sin tapujos puritanos el tema de la prostitución. Shaw inició por esos mismos años una carrera de dramaturgo que se extendería por la friolera de 58 años y que concretaría un mundo dramático de una riqueza y variedad como no se veía en las letras inglesas desde el mismísimo Shakespeare. El dilema del doctor (1906). Cuando estamos casados (1908). encararon en forma realista problemas previamente tabúes para la escena o tratados sólo en términos de melodrama sentimental: Cándida (1895). La otra isla de John Bull (1904). que lejos de evidenciar su condición de obra primeriza exhibió ya todas las virtudes dramáticas y conceptuales de las piezas posteriores. La quintaesencia del ibsenismo. en el terreno del "teatro por el teatro". El discípulo del diablo (1897). y en quien lo seducían ante todo el riguroso análisis de los grandes problemas de la época y la sistemática oposición a las actitudes románticas sobre todas las cosas. sobre quien habla escrito en 1'891 uno de los mejores estudios. César y Cleopatra (1898). continuando luego con una pieza realmente influida por el ruso Antón Chéjov. y con Vuelta a Matusalén (1918). el dramaturgo compuso su otra obra mayor. donde Shaw desarrolló por primera vez en detalle su concepción de la Fuerza Vital como sinónimo de Naturaleza o de cualquier nombre que se quiera dar a los poderes que rigen el Universo. La pieza tuvo una buena acogida. Aunque había sido escrita en 1893. y si al final lo hizo fue para . personalísima y particularmente lúcida versión de la gesta y la figura de Juana de Arco. Nunca puede saberse (1899). la obra siguiente de Shaw fue vista tan sólo en 1902 y estrenada profesionalmente en 1925. Y en medio de ellas. una obra ambiciosa y sólo parcialmente lograda que rastrea la historia del Hombre desde Adán y Eva hasta el futuro más remoto. y amén de la excelente comedia política El carro de las manzanas (1929). La conversión del capitán Brassbound (1900). Fue ésta la primera de una serie de obras (y sus respectivos prólogos) que. utilizó su columna para ensalzar y difundir en Inglaterra la obra de un colega noruego Henrik Ibseri. homenajes y distinciones. agrupadas bajo los títulos de Comedias agradables. el escritor dudó mucho antes de aceptar el galardón. También en esos años. ferviente admirador y autorizado comentarista de la obra de Shaw. Hombre y superhombre.

lo retó a componer una con el tema de la fonética. Y por eso las criaturas de Shaw son la corporización de conceptos intelectuales y sus obras incesantes danzas del pensamiento. y con santa indignación— de las locuras de la Humanidad. la diosa del amor dio vida a la estatua. Pocos meses después de estrenar Fábulas rebuscadas. incluso con la muerte. toda su abultada producción.000 libras esterlinas sólo logró recolectar 407. fue que en medio de la oscuridad predominante en el drama naturalista y de los esfuerzos a menudo absurdamente serios de los neorrománticos que imperaban en su época. Y es bien sabido que del mismo modo que cuando los grandes genios reconvienen a la raza humana son inevitablemente castigados. es cierto que sus personajes no valen sólo como criaturas individuales sino que adquieren su validez plena a través de las ideas que encarnan. a los 94 años de edad. de la cual era ciertamente un maestro. On the Rocks (1933). El Pigmalión de Shaw es un célebre fonetista londinense que se aplica a convertir a una vulgar y malhablada florista callejera en una dama capaz de pasar por duquesa en una recepción diplomática. en Estocolmo. Por otro lado. que tuvo la característica de trasladar el conflicto dramático del plano físico al mental. un personaje querido o popular. suele pensarse que tuvo mucho más de profeta que de dramaturgo. consideradas de todos modos muy por debajo de su mejor nivel. su pecado imperdonable. Pero al mismo tiempo. su culpa mayor. Lawrence. Inglaterra. Prestigioso y reverenciado. y a su muerte la comisión que se formó con el propósito de erigirle un monumento y que se fijó como meta 250. Aparte del hecho de que francamente Shaw no buscó nunca hacerse querer y se dedicó en cambio a zaherir a la legión de sus contemporáneos a diestra y siniestra. que llevó el nombre de Galatea y con la que Pigmalión se casó y tuvo dos hijos. Por el contrario. cuando por el contrario se ríen de las debilidades de los hombres. se permitió la intrusión de la risa. demostró que la dialéctica podía ser un material teatral apasionante. destinada a difundir en Gran Bretaña las obras de los autores suecos. La idea argumental la tomó prestada el dramaturgo de la leyenda del escultor chipriota que se enamoró de su propia estatua de Afrodita. Y es indudable que Shaw se rio —a menudo dolorosamente. Pero si Shaw perdura a pesar de que varios de los problemas que trató han sido superados. así como a las enfáticas afirmaciones de Shaw en el sentido de que se aplicó a la escena sólo porque encontró en ella la mejor plataforma para predicar ciertas verdades sociales y morales. Shaw moría en su propiedad de Ayot-St. A su ruego. mediante el expediente de enseñarle a hablar correctamente. ante su afirmación de que podía escribir una obra sobre absolutamente cualquier tema. Ginebra (1938).invertir la abultada suma correspondiente en crear la Fundación Literaria Anglo-Sueca. El modo de acceso de Shaw para con sus personajes es claramente diferente del tradicional y su teatro es un teatro de ideas no en el sentido de que un solo pensamiento se impone sino en el sentido de que Shaw posee la facultad suprema y casi única de hacer que las ideas más diversas adopten rostros humanos. Tal el caso de Pigmalión. Las posibles excepciones a este evidente declinar fueren La millonaria (1935) y En los dorados días del buen rey Carlos (1939). sin embargo. se los hace a un lado como a irresponsables bufones. es precisamente porque su calidad de dramaturgo es aún más grande que la de profeta. Shaw se excusó de asistir a la ceremonia de entrega del premio. Shaw no fue nunca. pero sus obras resultaron en general mucho menos interesantes: Demasiado verdadero para ser bueno (1932). en 1950. En las . No obstante. Buoyant Biltions (1948) y Fábulas rebuscadas (1950). Debido a esto. En las décadas de 1930 y 1940 Shaw continuó tan prolífico como en sus años juveniles. Shaw la escribió en 1912. y quiere el vasto anecdotario shawiano (en el que el ingenio escondió tantas veces al genio) que lo hizo en respuesta al desafío de un amigo suyo que. Lo cual —y ése es su principal mérito— no las torna menos interesantes o entretenidas.

la película fue un gran éxito artístico y contribuyó decisivamente a la difusión popular del nombre de Shaw. enemigo acérrimo del séptimo arte. que eran como siempre los de fustigar a la sociedad en que le tocó vivir y crear. Mrs. y la española Catalina Barcena. Evidentemente. el musical. Shaw. visiblemente indignado". el crítico demoledor. En su discurso. luego de interminables cabildeos. y que una se diferencia de la otra "no por cómo se comporta sino por cómo es tratada". ofreciéndose quince días después en Berlín. Pigmalión tuvo más tarde intérpretes prestigiosos y/o populares como las anglonorteamericanas Gertrude Lawrence. hubiera estado conforme. con su afirmación —que Shaw hace suya— de que la moral es cosa de ricos. mostrando que lo que separa a una florista de una duquesa es el vestido y la pronunciación. Shaw no vacilaba siquiera en insultar al público con tal de hacerse notar. donde fue presentada por primera vez el 16 de ocubre de 1913. que llegaría a dar la vuelta al mundo. y luego la moral". Estrenada en Nueva York por Julie Andrews y Rex Harrison. al término de la triunfal función inaugural. en las entrelíneas de un diálogo siempre chispeante. Aunque como en anteriores ocasiones todos los personajes representan algo. Lynn Fontanne. sin embargo. Así. Shaw hizo arreglos para que Pigmalión se estrenase en Viena. pareció un modelo de fidelidad al original y por lo tanto un dechado de gracia intencionada. Molesto por la recepción que algunas de sus obras inmediatamente anteriores habían tenido en Inglaterra. Raymond Massey y Alfred Lunt. Interpretada por Leslie Howard y Wendy Hiller. y corrió por cuenta de dos ilustres intérpretes de la época. El estreno londinense tuvo lugar el 11 de abril del año siguiente. en especial las de ese filósofo popular que es Doolittle. Gerardo Fernández . accediera a una adaptación cinematográfica de la obra. el sempiterno iconoclasta.alternativas de esa educación —que es también una éducation sentimentale— el comediógrafo encontró un camino admirable para cumplir con sus fines. lo hizo la comedia musical que en 1956 escribieron el libretista Alan Jay Lerner y el compositor Frederick Loewe con el título de My Vair Lady (Mi bella dama). este último anunció que "el autor se sintió tan molesto ante los encendidos y reiterados aplausos que no pudo soportarlos más y huyó del teatro. el director Gabriel Pascal logró que Shaw. tanto Elisa como el profesor Higgins y tanto el coronel Pickering como Doolittle son criaturas de enorme carnadura dramática y sus réplicas son fuente de deleite permanente para el espectador o el lector. Más aún. En 1939. Patrick Campbell (en cuya larga correspondencia con Shaw se basó Jerome Kilty para armar su exitosa pieza Querido mentiroso) y Sir Herbert Beerbohm Tree. Una opinión que (no tan extrañamente si se toma en cuenta que el dramaturgo alemán fue un ferviente shawiano) reaparece en Brecht con su famoso "Dennos el pan. Shaw expande su sátira a lo superficial y espurio de las distinciones de clase y se solaza en subvertir las diferencias sociales.

— Me estoy helando hasta los tuétanos. LA HIJA (en el espacio entre las columnas centrales.15 p. LA MADRE. FREDDY. — ¿Y nosotras? ¿Tendremos que quedarnos aquí toda la noche. Un relámpago cegador. — No había ni uno en Trafalgar Square. Llegué hasta Charing Cross por un lado y casi hasta Ludgate Circus por el otro. Y estaban todos ocupados. ¿Acaso esperas que vayamos nosotras a buscarlo? FREDDY. LA HIJA. sin ningún resultado. ! FREDDY. entre ellos una señora y su hija. LA MADRE (a la derecha de su hija). No podemos quedarnos aquí hasta las once y media. y se pone entre ambas mujeres. La lluvia fue tan repentina. LA HIJA. — ¿Probaste en Trafalgar Square? FREDDY. UN CIRCUNSTANTE (a la derecha de la señora). del lado de la calle Southampton.. seguido instantáneamente de un . — Lo único que conseguiré es empaparme. ¿conseguiste uno? FREDDY.— ¡Oh. señora. — Llegué hasta la estación de Charing Cross. pobrecito? LA HIJA. —No tanto. Pero ya tendría que habernos conseguido un coche de alquiler. LA MADRE. es preciso que haya uno! No lo habrás buscado en serio. Freddy. LA HIJA. Freddy. con los bajos de los pantalones completamente empapados. El reloj de la iglesia da el primer cuarto. — No es posible encontrar uno ni para remedio. con esta corriente de aire y casi nada encima? ¡Puerco egoísta. no es culpa mía. señora. en traje de noche. LA HIJA. habría conseguido uno a la puerta del teatro. ¿Por qué no consiguió uno él? Freddy sale corriendo de la lluvia. — Te digo que están todos ocupados. — Si Freddy tuviese un poco de hígados. Transeúntes corriendo en busca de refugio hacia el atrio de la iglesia de San Pablo (no la catedral de Wren. Todos contemplan lúgubremente la lluvia. haciéndole caer de las manos la cesta de flores.. Silbatos para llamar taxímetros resonando frenéticamente. LA MADRE. — Otros consiguen taxímetros. LA MADRE. LA HIJA. muy bien! ¡Iré. — Bueno. Es un joven de veinte años. — ¿Qué podía hacer.ACTO I Londres a las 11. — Es fastidioso. — Pero es que necesitamos un taxi. — Bueno. junto a la que tiene a su izquierda). ¿Qué podrá estar haciendo Freddy. ¿probaste? FREDDY. salvo un hombre que está vuelto de espaldas hacia los demás.. completamente preocupado con una libreta de anotaciones en la cual escribe algo. —No conseguirá ningún coche. en trajes de noche. cuando ya vuelvan de dejar a sus quilientes de los teatros. — No hiciste ningún intento serio. LA MADRE. sino la iglesia de Iñigo Jones. Nadie estaba preparado. ¿Esperabas que me fuese caminando hasta Hammersmith? LA HIJA. Y todos tuvieron que tomar un coche. en el mercado de hortalizas de Covent Garden). que tarda tanto? Hace ya veinte minutos que se fue. Vé otra vez. m.— ¡Oh.. —Pero. pero choca contra una florista que llega corriendo en busca de refugio. cerrando un paraguas que chorrea. ¡Es un engorro! EL CIRCUNSTANTE. Y no vuelvas hasta que no hayas encontrado un taxi. Torrentes de fuerte lluvia estival. iré! (Abre el paraguas y se precipita en dirección del Strand. hasta las once y media. — Eres realmente inútil.

estrepitoso trueno, orquesta el incidente.) LA FLORISTA. — Vamo' Freddy. A ver si mira' dónde pone' lohpie'. FREDDY. — Perdón. (Sale precipitadamente.) LA FLORISTA (recogiendo sus flores caídas y volviendo a ponerlas en la cesta). — ¡Vaya modaleh! ¡Do' ramiyeteh de violetah pisotead'en el barro! (Se sienta en el plinto de la columna, revisando las flores, a la derecha de la dama. No es en modo alguno una figura romántica. Tendrá unos dieciocho años, quizá veinte, difícilmente más. Lleva un sombrerito marinero, de paja negra, que ha estado expuesto durante mucho tiempo al polvo y el hollín de Londres y muy pocas veces, o nunca, fue cepillado. Su cabello está grandemente necesitado de un lavado; no es posible que su color ratonesco sea natural. Lleva una chaqueta de imitación de lana, negra, que le llega casi a las rodillas y le va entallada en la cintura. Tiene faldas castañas y un tosco delantal. Sus zapatos están terriblemente maltrechos por el uso. Indudablemente va tan limpia como puede permitírselo. Pero, en comparación con las damas, está sumamente sucia. Sus facciones no son peores que las de ellas, pero el estado en que se encuentran deja mucho que desear. Y, además, necesita los servicios de un dentista) LA MADRE. — Por favor, ¿cómo sabes que mi hijo se llama Freddy? LA FLORISTA. — ¡Ah, eh su hijo!, ¿eh? Bueno, pueh si usté' hubiese cumplido con su deber de madre, él no le habería 'ruinado la' floresuna pobre chica para despuéh 'caparse sin pagar. ¿Me lah pagará usté'? LA HIJA. —No hagas nada de eso, mamá. ¡Qué ocurrencia! LA MADRE. — Por favor, permíteme, Clara. ¿Tienes alguna moneda de un penique? LA HIJA. — No. No tengo nada más pequeño que una de seis peniques. LA FLORISTA (esperanzada). — Puedo darle cambio d'un bíyete de dieh chelineh, bondadosa dama. LA MADRE (a Clara). — Dámela. (Clara se la entrega a desgana.) (A la florista.) Vaya, aquí tienes esto por tus flores. LA FLORISTA. — Muchísimah gracia', señora. LA HIJA. — Haz que te dé la vuelta. Estas cosas no valen más que un penique el ramillete. LA MADRE. — Cierra la boca, Clara. (A la muchacha.) Puedes guardarte la vuelta. LA FLORISTA. — ¡Oh, graciah, señora! LA MADRE. — Y ahora díme cómo sabías el nombre de ese caballero. LA FLORISTA. — No lo sabía. LA MADRE. — Te oí llamarle por él. No trates de engañarme. LA FLORISTA (protestando). — ¿Quién ehtá tartando d'engañarla? Lo yamé Freddy, o Charlie, com'usté' mihma podría 'berl'hecho si hubier'ehtado hablando con un deheonocido y tártara de mohtrarse agueradable. LA HIJA.— ¡Seis peniques malgastados! ¡De veras, mamá, habrías podido evitarle eso a Freddy! (Disgustada, se pone detrás de la columna.) Un caballero de edad, de tipo bondadoso y marcial, entra, corriendo al atrio y cierra un paraguas que chorrea agua. Está en el mismo lamentable estado que Freddy, con los bajos de los pantalones empapados. Viste traje de noche y lleva un abrigo liviano. Ocupa el lugar de la izquierda que la hija ha dejado vacante. EL CABALLERO. — ¡Uf! LA MADRE (al caballero). — Oh, señor, ¿le parece que parará? EL CABALLERO. — Me temo que no. Hace unos minutos comenzó a llover con más fuerza que antes. (Se dirige al plinto, junto a la florista, apoya un pie en él y se inclina para arrollarse las perneras del pantalón.) LA MADRE.— ¡Oh, qué cosa! (Se aparta con tristeza y se une a su hija.) LA FLORISTA (aprovechando la proximidad del marcial caballero para establecer

relaciones amistosas con él). — Si yueve máh fuerte, e'señal de que pronto terminará. De modo que alégrese, jefe. Y cómprele unah floreh 'una pobre chica. EL CABALLERO. — Lo siento. No tengo cambio. LA FLORISTA. — Yo puedo darle cambio, jefe. EL CABALLERO. — ¿De un soberano? No tengo más chico. LA FLORISTA. — ¡Caray! ¡Oh, cómpreme unah flore', jefe! Puedo cambiarle media corona. Tom'ehta' por doh penique'. EL CABALLERO. — Vaya, no seas molesta, pórtate como una buena chica. (Buscando en los bolsillos.) En realidad no tengo cambio... Espera. Aquí hay tres medios peniques, si te sirven de algo. (Se retira a la otra columna.) LA FLORISTA (desilusionada, pero pensando que tres medios peniques son mejor que nada). — Graciah, señor. EL CIRCUNSTANTE (a la muchacha).Ten cuidado; dal'una flor por las monedas. Aquí atrás hay un sujeto que anota cad'una de las palabras que dices. (Todos se vuelven hacia el hombre que toma nota.) LA FLORISTA (poniéndose de pie de un salto, aterrorizada) — ¡N'hice nada malo con hablarle'l cabayero. Tengo derecho a vender floreh, si no m'acerco a Facera. (Histérica.) Soy'na muchacha respetable. Que Dioh m'ampare, no l'hablé máh que para pedirle que me compr'unah flore'. Murmullo general, en su mayor parte muestras de simpatía hacia la florista, pero manifestando desdén hacia su excesiva sensibilidad. Gritos de ¡No'mpies'a gritar! ¿Quién t'hecho nada? Nadie piensa tocarte. ¿Para qué haceh tanto baruyo? ¡Cálmate! ¡Basta, basta!, etc., surgen de los espectadores de más edad, más formales, que la palmean consoladoramente. Los menos pacientes le piden que cierre el pico, o le preguntan rudamente qué le duele. Un grupo más alejado, sin saber qué ocurre, se aproxima y aumenta la batahola con preguntas y respuestas: ¿Qué pasa? ¿Qu'hizo eya? ¿Dón'stá él? Un pesquisante que anotaba todo lo que decía. ¿Quién? ¿El? Sí, ese que'stá'í. Le quitó dinero'l cabayero, etc. LA FLORISTA (abriéndose paso entre ellos, acercándose al caballero y gritando frenéticamente).— ¡Oh, señor, no deje que me yeve! ¡Usté' no sabe lo qu'eso sinifica para mí! Arrastrarán mí nombre por el barro y me lanzarán a la caye por hablar a cabayeros. Me.... EL QUE TOMA NOTA (acercándose a la derecha de la joven, los demás apiñándose detrás de él). — ¡Vaya, vaya, vaya, vaya! ¿Quién te hace nada?, ¡tonta! ¿Por quién me has tomado? EL CIRCUNSTANTE. — N'eh nada. Pares'un cabayero. Mirenlé loh zapato'. (Explicando, al que toma nota.) Eya creyó custé'ra'n soplón, señor. EL QUE TOMA NOTA (súbitamente interesado). — ¿Qué es un soplón? EL CIRCUNSTANTE (poco ducho en definiciones).Es un... bueno, es un soplón, como quien dice. ¿De qué otro modo podría yamárselo? Un'ehpecie de delator. LA FLORISTA (todavía histérica). — Juro por la Biblia que no dije ni una sola palabra... EL QUE TOMA NOTA (dominador pero afable). — ¡Oh, cállate, cállate! ¿Acaso parezco un policía? LA FLORISTA (lejos de sentirse tranquilizada).—Y entonces, ¿por qué'hcribió mis palabras? ¿Cómo sé si la'hcribió bien? Muéstreme lo qu'ehcribió de mí. (El que toma nota abre su libretita y la sostiene tranquilamente ante las narices de la florista, aunque los empujones del genio que trata de leer por sobre su hombro habrían derribado a un hombre más débil.) ¿Qué'seso? No'sunahcritura correta. No puedo lerla. EL QUE TOMA NOTA. — Yo sí. (Lee, reproduciendo exactamente la pronunciación de la joven.) "Alégrese, jefe. Y cómprele unah floreh 'una pobre chica." LA FLORISTA (profundamente afligida). — Eh porque lo yamé jefe. (Al caballero.) ¡Oh,

señor, no deje que me yeve por una palabra! Usté'... EL CABALLERO. — ¡Llevarte! Yo no te he acusado. (Al que toma nota.) De veras, señor, si es usted un pesquisante, no necesita tomar medidas para protegerme de las jóvenes, si yo no se lo pido. Cualquiera puede darse cuenta de que la muchacha no tenía malas intenciones. LOS CIRCUNSTANTES EN GENERAL (en una demostración contra el espionaje policial). — ¡Eh claro que no! ¿Qué demonio' l'import'él? Quier'un asenso, es'eh lo que quiere. ¡Anotando lah palabra' de la gente! ¿Qué dañ'hizo eya? ¡Muy lindo qu'una muchacha no pueda guarecerse de la yuvia sin ser insultada (La joven es llevada de nuevo al plinto por los demostradores más simpáticos, y vuelve a sentarse y lucha para dominar sus emociones.) EL CIRCUNSTANTE. — No's un pehquisa. Es un maldito fisgón. Es'eh lo qu'es. ¿No le ven los zapatos? — EL QUE TOMA NOTA (volviéndose afablemente hacia él). —¿Y qué tal le va a su familia en Selsey? EL CIRCUNSTANTE (suspicaz).¿Quién le dijo que mi famili'eh de Selsey? EL QUE TOMA NOTA. — No interesa. De ahí es. (A la joven.) ¿Cómo es que has venido tan al este? Naciste en Lisson Grove. LA FLORISTA (despavorida). — ¡Oh!, ¿qué tien' de malo que m'haya ido de Lisson Grove? Ni'n cerdo nabería vivid'ayí. Y tenía de pagar cuatro chelin'y sei' peniqueh por semana. (Llorosa.) ¡Oh, ay, ay, ay! EL QUE TOMA NOTA. — Vive donde quieras, pero cesa ya con ese ruido. EL CABALLERO (a la joven). — ¡Vaya, vaya! No puede hacerte nada. Tienes derecho a vivir donde te plazca. UN ESPECTADOR SARCASTICO (interponiéndose entre el que toma nota y el caballero). — En Park Lane, por ejemplo. Me agradaría discutir el problema de la vivienda, le aseguro. LA FLORISTA (poniéndose melancólica, con la cabeza gacha sobre su cesta).— Soy 'na buena chica, soy. UN ESPECTADOR SARCASTICO (sin hacerle caso)¿Sabe de dónde provengo yo? EL QUE TOMA NOTA (rápidamente).De Hoxton. Risitas contenidas. Aumenta el interés por la exhibición ofrecida por el que toma nota. EL SARCASTICO (asombrado). — Bueno, y, ¿quién dijo que no es así? ¡Caray! ¡Lo sabe todo, lo sabe... ! LA FLORISTA (todavía dando alas a su sensación de ofensa).—No tiene drecho a meterse conmigo. EL CIRCUNSTANTE (a ella).Eh claro que sí. No se lo tolere'. (Al que toma nota.) Oiga, ¿qué drecho tiene a meterse con gente que no l'hecho nada? LA FLORISTA. — Que diga lo que quiera. No quiero tener trato' con él. EL CIRCUNSTANTE. — Noh trata como si fuéramoh basura, ¿eh? ¡Me guhtaría verlo dirigiendo insolencia'n cabayero! EL ESPECTADOR SARCASTICO. — Sí, ya que quiere andar prediciendo la suerte, que le diga a él de dónde proviene. EL QUE TOMA NOTA. — Se crió en Cheltenham, estudió en Harrow y Cambridge y residió en la India. EL CABALLERO. — Correcto. Grandes carcajadas. Reacción en favor del tomador de notas. Exclamaciones de ¡Lo sabe todo! ¡Se lo dijo bien! ¿Lo oyeron decirle al petimetre de dónde venía?, etcétera. EL CABALLERO. — ¿Puedo preguntarle, señor, si se gana la vida con eso en algún teatro de variedades?

LA HIJA (impacientada.) Oh. cerca de Epsom. (El que toma nota extrae un silbato. —No tiene derecho a difamarme. sino de deportista. (A la hija. EL QUE TOMA NOTA (colaborando). ¿y el coche? (Su madre está fuera del alcance de su voz. ¿Lo dije en voz alta? No fue mi intención. — Así eh. — Earlscourt. — ¿Quiere hacerme el favor de guardar para sí sus impertinentes observaciones? EL QUE TOMA NOTA.) LA FLORISTA. (Se toca el sombrero con fingido respeto y se aleja. LA FLORISTA (ofendida por la reacción de la gente). que está sentada. — ¡Gracias.) ¡Oh. LA FLORISTA (todavía preocupada por dar expresión a sus sentimientos heridos). Uno de los defectos corrientes de la pronunciación cockney consiste en la omisión de ese sonido. — Había pensado en eso. arreglando su cesta y compadeciéndose aún a sí misma en murmullos. EL CIRCUNSTANTE.1 EL ESPECTADOR SARCASTICO (fingiendo una gran distinción de pronunciación). por favor.) EL ESPECTADOR SARCASTICO. señor. salvo el que toma nota. — No's un cabayero. si se mete con'a pobre chica.— ¡Oh. — No se atreva a hablarme. gracias. — Hanwell. Quizá lo haga algún día.— ¡Qué curioso! Me crié en Parque Grandama. Mi buen nombre tiene para mí el mihmo valor que'l d'una dama. profesor! ¡Jo. LA FLORISTA. ja! ¡Qué nombre tan singular! Perdón. (N.) LA HIJA. (Se une a su hija. ¿no es eso? LA HIJA.) El que toma nota lanza un silbido penetrante.) Le quedaríamos agradecidas.) 1 . Vuélvase aya. si nos encontrara un coche. Ven. EL QUE TOMA NOTA (estrepitosamente divertido).EL QUE TOMA NOTA. Clara! (La hija la repudia con un airado encogimiento de hombros y se retira altaneramente. De Anwell. LA HIJA (con violencia). LA MADRE (adelantándose y poniéndose entre la hija y el que toma nota). La lluvia ha cesado y comienzan a alejarse los de la parte exterior del corro. un sonido aspirado. a principio de palabra. EL ESPECTADOR SARCASTICO. EL QUE TOMA NOTA. abriéndose paso con brusquedad hacia el frente y apartando al caballero. qué fastidio! (La sigue. Clara. ya sabía que era un policía con ropa de civil! EL CIRCUNSTANTE. pero la lluvia ha cesado hace unos dos minutos. ¿Por qué no lo dijo ante? ¡Y nosotro' perdiendo el tiempo con suh tontería'! (Sale en dirección del Strand. tiene casi siempre en inglés. —¡Ja. — Pero. — ¡Vaya. — No es un silbato de policía.) Todos los demás se han ido. (Se recoge las faldas por sobre los tobillos y se dirige apresuradamente hacia el Strand. jo! Adiós. La h. por favor. iracunda. que cortésmente se retira hacia el otro lado de la columna). — Le ruego que me perdone. inconfundiblemente. EL QUE TOMA NOTA (para sí. anotando apresuradamente su pronunciación de "monía"). Podemos ir a tomar el ómnibus. — Puedo decirle de dónde proviene usté'. — Ya ha parado. LA MADRE. el caballero y la florista. Su madre. — ¿Qué demonios estará haciendo Freddy? Me pescaré una pulmonía si me quedo un rato más en esta corriente. — No sé si se han dado cuenta.) Usted quiere un coche. como se sabe. es de Epsom. del T. — ¡Asustar a la gente d'ese modo! ¿Qué le parecería si si l'hicieran a él? LA MADRE. — ¡Pobre chica! Ya balitante dura eh su vida sin necidá' de que la mortifiquen y l'insulten.

Venga a verme mañana. el de Milton y de la Biblia. cobarde. señor: en tres meses podría hacer pasar a esta muchacha por una duquesa en la recepción de cualquier embajador. — Sí... — Por supuesto que sí. LA FLORISTA. tú. — ¿Cómo lo hace. tu idioma nativo es el de Shakespeare. PICKERING (con entusiasmo).. ¿puede uno ganarse la vida con eso? EL QUE TOMA NOTA. Y muy bien. Puedo ubicarlo en Londres con uno de tres kilómetros. no tiene derecho a vivir.) ¿No lo cree usted? EL CABALLERO. LA FLORISTA.— ¡Cielos. — ¡Ah-ah-ooooiii! EL QUE TOMA NOTA (extrayendo rápidamente la libretita). poc' hombre! EL CABALLERO. La gente empieza en Kentish Town con 80 libras esterlinas anuales y termina en Park Lane con cien mil. — ¡He venido de la India para conocerlo! HIGGINS. — Yo soy el coronel Pickering. — Henry Higgins.. — ¿Cóm'dice? EL QUE TOMA NOTA..EL CABALLERO (volviendo a su antiguo puesto. tú. — ¡Tengo drecho a ehtar aquí. Esta es una época de advenedizos. con su inglés que la mantendrá en el arroyo hasta el fin de sus días? Pues bien. Incluso podría conseguirle un puesto de dama de compañía o de vendedora en una tienda. (Al caballero. Y a veces con un margen de equivocación de dos calles. Y bien: yo puedo enseñarles. sin atreverse a levantar la cabeza). La ciencia del lenguaje hablado. — ¿De veras? ¿Conoce al coronel Pickering.. — Oh. ahora mismo con ese insoportable lloriqueo. sí. — Una simple cuestión de fonética. si quiero. qué sonido! (Escribe. y también mi manía. pero se traicionan cada vez que abren la boca. de lo contrario. 27A. reproduciendo con exactitud la vocalización. —¡Mujer. Quieren olvidarse de su acento natal. hoja de repollo aplastado. termina. — Pero. el autor de El Sánscrito Hablado? EL CABALLERO. si me permite la pregunta? EL QUE TOMA NOTA. empleos para los cuales se necesita hablar un inglés mejor. Yo mismo soy un estudioso de los dialectos hindúes. autor de El Alfabeto Universal de Higgins. — Calle Wimpole.. — ¡Caray! EL QUE TOMA NOTA. luego contempla lo escrito y lee. insulto viviente a la lengua inglesa. — Que s'ocupe de suh propio' asunto' y deje tranqui'una pobre chica. — ¡Y yo iba a viajar a la India para conocerlo a usted! PICKERING. Es mi profesión.. LA FLORISTA. EL QUE TOMA NOTA (ansioso). deshonra de la noble arquitectura de estas columnas.. . Recuerda que eres un ser humano que tiene un alma y el don divino del idioma articularlo. Y no te quedes ahí canturreando como una paloma biliosa. a la izquierda del que toma nota).. ¡Dichoso del hombre que puede ganarse la vida con su chifladura! Un irlandés o un hombre del condado de York pueden ser distinguidos por su pronunciación. Y. busca el refugio de otro lugar de adoración! LA FLORISTA (débilmente desafiante).) ¡Ahah-ooooiii! LA FLORISTA (divertida por la exhibición y riendo a pesar suyo). tú. ¿Quién es usted? EL QUE TOMA NOTA. Podría hacerte pasar por la Reina de Saba. mirándole con una expresión entre admiración y súplica. igual qu'usté'! EL QUE TOMA NOTA. — ¿Dónde vive? HIGGINS. — ¡ Tendería qu'avergonzarse. Yo puedo localizar el lugar de nacimiento de un hombre con un margen de error de diez kilómetros. — Una mujer que emite sonidos tan deprimentes y repugnantes no tiene derecho a estar en parte alguna. o. LA FLORISTA (absolutamente desconcertada. EL QUE TOMA NOTA (vehementemente). — ¿Ve usted a esta criatura con su inglés del albañal.

una pequeña y estrecha arcada entre dos tiendas. —Adiós. arrastrando la cesta. — Adiós. LIZA. tendrían! (Arrojándole la cesta a los pies. Adiós. cuando éste pasa junto a ella). — Tiaela'quí. Pero no quería qu'él lo supiera.) CONDUCTOR.) Sigamos al taxi hasta la entrada de Ángel Court. LA FLORISTA (levantándose. — Nada. — Eso ya's máh comperensible. (Se dirige hacia el vehículo. — ¡Un chelín por doh minuto'! . — No. — ¿No sabes dón'stá? En el Green Park. Cuando se detiene. Rey. — ¡Ah-ooi! (Recogiendo un par de florines. quitándose el sombrero). (Se va.) ¿Dónde están las dos damas que se encontraban aquí? LA FLORISTA. — Yo paro en el Carlton.) HIGGINS (escandalizado ante la mendacidad de la muchacha). — Encantado. — Compr'una flor. — ¡Y me dejan colgado con el taxi! ¡Maldición! LA FLORISTA (con majestuosidad). Freddy. junto a la tienda de aceites de Meiklejohn. donde vive'. una de ellas la de venta de aceite de Meiklejohn.) Adióh. arroja un puñado de monedas en la cesta y sigue a Pickering. CONDUCTOR. Yo iré a casa'n taxi.PICKERING. LIZA. CONDUCTOR. FREDDY (atónito. continuando la conversación a través de la ventanilla. bondadoso cabayero. (Se quita solemnemente el sombrero. HIGGINS (oyendo en la campanada la voz de Dios. Freddy. — ¿No saben ler? Un chelín. FREDDY. — ¿Y dónstá tu casa? LIZA. — Un recordatorio. — ¿Qué quieres decir con eso de Bucknam Pelis? LIZA. Yévame a casa. — ¿Cuánto? CONDUCTOR (indicando el taxímetro).) LA FLORISTA (recogiendo media corona).— ¡Mentirosa! Dijiste que tenías cambio de media corona.. LIZA. Adióh. Dos peniqueh máh. Eliza desciende.) Yévese toda la maldita cehta por seih penique'. — N'importa. — Por fin conseguí uno. Tengo de pagar el alojamiento. la florista le muestra un puñado de monedas.) ¡Aaaaaaah-ooii! (Recogiendo medio soberano. Lo siento. El conductor tiende la mano hacia atrás y mantiene la puerta firmemente cerrada. HIGGINS. — Fueron a tomar el ónibuh cuan' paró la yuvia. que le reprocha por su farisaica falta de caridad hacia la pobre muchacha). — En Ángel Court. CONDUCTOR. (La mete en la parte trasera y se introduce ella detrás. LA FLORISTA (a Pickering. Acompáñeme ahora y conversemos mientras cenamos. de veras. Drury Lane. — ¡Oye! ¿Qué's eso de Bucknam Pelis? ¿Qué tieneh tú que hacer en Buknam Pelis? LIZA. — ¡Tendrían que reyenarlo de clavos.! (A la joven. — No tengo cambio. (Sale. (El conductor sonríe y abre la portezuela. — ¿A dónde? LIZA. Judy. El reloj de la iglesia da el segundo cuarto. no quiero que nadie la vea.) El cohto de'n viaje'n taxi no tiene ninguna 'nportancia para mí. (Pone en marcha el coche y se aleja. Charlie. ¡Hola.) ¡Ah! ¿Y la cehta? EL CONDUCTOR..) ¡Aaaaaaaaaaaah-oooiii! FREDDY (bajando de un taxímetro de un salto). por supuehto. No quiero entertenerte máh.—A Bucknam Pelis (Suckingham Palace). FREDDY. Comprendiendo perfectamente la desconfianza del hombre. PICKERING. desesperada). CONDUCTOR. joven.

Un retrato de un actor popular y un grabado con modelos de vestidos. cubierto con una tela. Luego se quita los zapatos a puntapiés y se mete en la cama sin mayores ceremonias. encima del hogar que no se usa. pero su inquilino murió tiempo ha. . sobre él una jofaina con una jarra y. Lo demás es el mínimo irreductible de lo que le es necesario a una persona pobre: una miserable cama sobre la que se apilan todos los trapos que pueden proporcionar algún calor.) LIZA (humillada). en la pared. Judy. Esos son los únicos refinamientos visibles. arrancados de periódicos. — Bueno. — ¿Viajahte'lguna vez'n taxi? LIZA (con dignidad). con loh mejore'saludo' de la familia. están pegados a la pared. joven. contando sus nuevas riquezas y soñando y esbozando los planes de lo que hará con ellas. — Cientoh y mileh de vece'. sin necesidad de fuego. CONDUCTOR. un espejito.CONDUCTOR. pueh no me parece bien. momento en que disfruta por primera vez de la sensación de poder poner otro penique en el medidor y no verse obligada a escatimarlo. un cajón de embalar. — Doh minutoh o die': eh lo mihmo. — ¡Dehcaro! Toma la cesta y sube con ella trabajosamente por la calleja en dirección a su alojamiento. LIZA. CONDUCTOR (riéndose de ella). ¡Buena suerte! (Se va. crónicamente fatigada. Allí. Guárdate'l chelín. un cuartito con un viejísimo empapelado que se ha desprendido en los puntos húmedos. Una jaula de pájaros cuelga de la ventana. Un vidrio roto de la ventana ha sido remendado con papeles. El conjunto está iluminado por un pico de gas que funciona con una moneda de un penique en la ranura del medidor. querida. una silla y una mesa. cuatro chelines semanales. —Te felicito. ahora sólo hace el papel de monumento recordatorio. De modo que se quita el chal y las faldas y los agrega a la miscelánea de ropas de cama. hasta que el gas se apaga. está sentada. Eliza. los restos de alguna cocina suburbana y un reloj despertador norteamericano sobre la repisa. Alquiler. Este estado de ánimo de prodigalidad no apaga su corrosiva conciencia de su penuria lo bastante como para impedirle calcular que puede soñar y planear en la cama más económica y tibiamente. pero demasiado excitada como para acostarse. todos ridículamente fuera del alcance de los medios de Eliza.

el banco del piano y dos sillas ubicadas junto a la mesa del fonógrafo. Pero es tan enteramente franco y carente de malicia que continúa siendo agradable aun en sus momentos menos razonables. dejando unas tarjetas y un diapasón que acaba de usar. Higgins está de pie cerca de él. por todo lo que puede ser estudiado como tema científico. casi todos de Piranesi o retratos a la media tinta. — ¡Es realmente sorprendente! No he podido estudiar ni la mitad de los casos. adosados contra las paredes. si no se tienen en cuenta su edad y su estatura. a su izquierda) . Más adentro. lleno de vida. un juego de tubos de lámpara para llamas musicales. está ocupado por un piano de cola. se encuentra un armario de cajones poco profundos. No hay cuadros. destinado originariamente a ser la sala. Yo me enorgullecía porque puedo . de unos cuarenta años. dos altos archivos. con los órganos vocales. una imagen en tamaño natural representando un corte longitudinal de la cabeza humana. con mecheros unidos a un enchufe de la pared por medio de un tubo de goma. más allá. de buena salud. HIGGINS (siguiéndole y deteniéndose junto a él. Aparte de la poltrona. cuando se encuentra de buen talante. Al otro costado de la puerta central. Entre la chimenea y la mesa del fonógrafo hay un mueble para periódicos. creo que esto es todo. PICKERING. a las 11 de la mañana. Sobre el piano se ve una frutera colmada de frutas y dulces. del mismo lado. Su humor varía entre la agresividad. sobre la pared del costado. — No. que estaban abiertos.— ¿Se cansó de escuchar sonidos? PICKERING. cerrando dos o tres cajones del archivo. que se encuentra cerca de la chimenea. aproximadamente. El rincón. En ese rincón hay una mesa de escribir y sobre ella un fonógrafo. y una caja con una provisión de cilindros de cera para el fonógrafo. a la izquierda del visitante. a la calle. —Bueno. ahora no. HIGGINS (mientras cierra el último cajón). y se interesa sincera. científico. — Sí. cuello de lino blanco y corbata de seda negra. Es. casi violentamente. se asigna muy poca importancia a sí mismo y a las demás personas y no le interesan los sentimientos ajenos. y un cubo con carbón. a su derecha. Pickering está sentado a la mesa. la mayor parte de chocolate. gracias. A la luz matinal aparece como un hombre robusto. vestido con una levita negra de aspecto profesional. Por esta mañana ya es bastante. un laringoscopio. Las puertas dobles están en el centro de la pared del fondo y las personas que entran por ellas encuentran. varios diapasones de distintos tamaños. con una cómoda poltrona forrada de cuero en el costado del hogar que está más cerca de la puerta. en rigor. donde se ubica de espaldas al fuego). Sobre la repisa hay un reloj. formando ángulo recto entre sí. El centro de la habitación está desocupado. por el contrario. Es un cuarto del primer piso. más bien un chiquillo sumamente impetuoso que "aprende" vocinglera y ávidamente y necesita tanta vigilancia como un niño para impedirle que produzca daños inintencionados. El laboratorio de Higgins en la calle Wimpole. con el teclado puesto hacia el lado más alejado de la puerta y un banco que se extiende a todo lo largo del teclado.ACTO II El día siguiente. Produce una tensión espantosa. En las paredes. y la impaciencia borrascosa cuando algo le sale mal. HIGGINS. Pertenece al tipo enérgico. Sobre él hay un teléfono y la guía telefónica. hay una chimenea. grabados. hay una silla suelta. — ¿Le agradaría volver a revisar algunos? PICKERING (levantándose y acercándose a la chimenea. una hilera de tubitos de órgano con un fuelle.

cuando no trata de amedrentar y no está clamando a los cielos por tener que llevar su cruz de peso pluma. luego con el rómico 1 y finalmente hablará ante el fonógrafo. PEARCE. algo espantoso. HIGGINS. No logro oír la menor diferencia entre muchos de ellos. Pero se continúa escuchando y de pronto se descubre que son tan distintos como A de B. PEARCE (sólo resignada a medias). convirtiendo de inmediato la cuestión en una molestia que le resulta intolerable). señor. El patetismo de esta deplorable figura. que ya se ha enderezado en presencia de Mrs. PEARCE. Pearce. La habría echado. en cuanto a Higgins. Muy vulgar. con su inocente vanidad y su aire de importancia.) Mrs.) HIGGINS. — Hagámosla pasar. HIGGINS.— Oh. La florista entra de gran gala. señor. La haremos hablar y yo anotaré los sonidos con el sistema del Idioma Visible de Bell.. pero me pareció que quizás usted quisiese hacerla hablar en sus máquinas. está bien. Pero. Bueno. Espero no haber hecho mal. señor. Es una muchacha sumamente vulgar. a veces recibe usted visitantes tan extraños. PEARCE (regresando). HIGGINS (bruscamente. Tovía no sabe a qué'venido. Pero sus ciento treinta me revuelcan por el polvo. Confío en que me perdonará.. Hágala pasar.) ¿Le dijo que vine'n tasi? Mrs. (Corre a su mesa de trabajo y toma un cilindro para usarlo en el fonógrafo. (Aparece Mrs... PEARCE. — ¡ Pero si es la muchacha que anotó ayer por la noche! No nos sirve. Pearce. ¿Tiene un acento interesante? Mrs. señor. que aguarda. en la puerta. somos orguyosos! Pues él no tiene'n conveniente'n dar lesiones. — Estamos de suerte. HIGGINS (riendo y acercándose al piano para comer golosinas). señor. Pero. yo n'he venid'hacer visita' de cumplido. Y si mi dinero no es bahtante bueno. — Pues. Se lo'í decir. en verdad. la única distinción que establece entre hombres y mujeres es que. HIGGINS.) . tengo todos los cilindros que quiera de la jerga de Lisson Grove y no pienso gastar otro en ella. HIGGINS (a Pickering). azul cielo y roja. (A la joven. con la transcripción escrita a la vista. — No sea dehcarado. por cierto. Lleva un sombrero con tres plumas de avestruz: anaranjada. — Esta es la joven. evidentemente perpleja). — ¡Tonterías. T. Pearce. Le mostraré cómo grabo los cilindros. — Una joven quiere verlo.) Vete. nuevas órdenes. pued'ir a otra parte. — ¡Ah. (Baja. pueril. — Ah. conmueve a Pickering. para que usted pueda pasar el cilindro tantas veces como quiera. dice que usted se alegrará de verla cuando sepa a qué ha venido. señor. Mrs. Tiene un delantal casi limpio y la mugrienta chaqueta ha sido cepillada. la ama de casa de Higgins.) ¿Qué ocurre? Mrs. — Muy bien. Al principio no se aprecia la diferencia. eso viene con la práctica. — Oh. Usted decide. Pearce. PEARCE (vacilando. chica! ¿Te parece que a un caballero como Mr. Pearce. — ¿Si no es suficientemente bueno para qué? 1 Sistema de notación fonética inventado por Henry Sweet (N. adula a las mujeres como los chiquillos adulan a sus nodrizas cuando quieren conseguir algo de ellas.pronunciar veinticuatro sonidos vocales diferentes. no te necesito. reconociéndola con no disimulada desilusión y. No sé cómo pueden interesarle esas cosas. de veras. (A Mrs. LA FLORISTA. Higgins le interesa en qué viniste? LA FLORISTA. Mrs. Mrs. — ¿Una joven? ¿Qué quiere? Mrs.

De modo que no le daré . Ahora ya lo sabe. Un'amiga mía recibe lesiones de francé' por dieciocho penique' l'hora d'un verdadero cabayero francé'. — Pero. PEARCE (severa). si quier'hacer una cuehtión de cumplido. — Bueno.) ¿Y qué esperas que yo te diga? LA FLORISTA. — Bien. LIZA.. ¿eh? HIGGINS (perentorio). Betsy y Bess fueron al bosque a coger nidos.. PEARCE (colocándose detrás de la silla de Eliza). atónitos.) HIGGINS. Bueno. Y a pagarlas. (Confidencial. — ¿Cuánto? LA FLORISTA (acercándose a él triunfalmente). — Siéntate. declamando). Ríen estruendosamente de su propia gracia. — ¡Ah-ah-ah-oooii! (Se queda de pie. entre Higgins y él mismo.. — Encontraron uno con cuatro huevos. — ¡Ah-ah-ooooiiii! (Ofendida y gimoteando. ¿y por quél no me dice algo sensato? HIGGINS. HIGGINS (grave. me parece. — Quiero ser vendedor'en una florería. — ¿Cómo te llamas? LA FLORISTA. — Oh. — Par'usté'. — ¡Así s'habla! Ya me parecía que se le bajarían los humos cuando viese'na portunidad de recuperar lo que me dio ayer. PICKERING (bondadoso). LA FLORISTA. — Volvamos a nuestro negocio.) PICKERING (con suma cortesía). dihpuest'a pagarle. — ¿Cómo puedes ser una muchacha tan tonta e ignorante que creas que puedes pagarle a Mr. ¿Cuánto piensas pagarme por las lecciones? LIZA. LIZA..—Tomaron uno cada una y dejaron tres. — Liza Doolittle. PICKERING. ¿No le dije que vengo por cuehtione' de negocio'? HIGGINS. — ¿No quieres hacer el favor de sentarte? (Coloca la silla suelta cerca de la alfombra que está ante la chimenea. —Siéntate. Y usté' no tendría'l dehcaro de pedirme lo mismo por enseñarme mi propio idioma como por enseñarme francé'.) Había bebid'un poco.. Haz lo que te dicen.. Pero no m'aceptarán si n'hablo máh delicadamente. yo sé lo qu'eh juhto. HIGGINS (estupefacto).– ¡Siéntate! Mrs. lugar de vender en l'ehquina de Tottenham Court Road. Mrs. acorralada). PEARCE. Higgins? LA FLORISTA.— ¡Oh. — Bueno. no le pido ningún favor. — Pickering.LA FLORISTA. no sean tonto! Mrs. o la arrojamos por la ventana? LA FLORISTA (aterrorizada. Y ehtoy dihpuest'a pagar. ¿eh? He venid'a tomar lesiones. podría'nvitarme a que me siente. Y me trata como si fuera basura. — No tengu'inconveniente.) ¡No permitiré que me yamen zorra cuando me'ofrecid'a pagar como cualquier dama! Inmóvil los dos hombres la contemplan desde el otro extremo del cuarto. (Se sienta. que n'haya malentendido'. ¿qué es lo que quieres? LA FLORISTA. donde se vuelve. corriendo hacia el piano. Pickering vuelve a su sitio de antes. ¿invitamos a esta zorra a que se siente. HIGGINS (atronador). Elizabeth.— No debe hablar de ese modo al caballero. si'sté' fuese'n cabayero. El dijo que m'enseñaría. LA FLORISTA. Eliza. muchacha. aquí'htoy. HIGGINS. — ¿Y por qué no? Sé tan bien com'usté' lo que cuehtan las lesione'. HIGGINS.) LA FLORISTA (tímidamente). — ¡¡Bueno!! (Recobrando el aliento con un jadeo. entre rebelde y pasmada.

PICKERING. LIZA (sollozando). PEARCE. Acuérdate: eso es tu pañuelo y eso es tu manga. completamente desconcertada. Higgins. ¡Caramba. no lo hace de ese modo. aterrorizada). —Alguien te tocará. Mrs. aunque no siempre lo haga con intención. sí. No confundas el uno con la otra si quieres llegar a ser vendedora en una tienda. Siéntate.. si no dejas de moquear. Haré una duquesa de esta pilluela zaparrastrosa. HIGGINS (excitándose a medida que la idea comienza a tomar cuerpo en él). seré peor que dos padres para ti.. PICKERING. — ¡Ah-ah-ah-ah-ooooiii! No soy sucia. — Pero'h que no tengo senta libra'. 'Tómelo o déjelo. Mrs. — Me ofrece por las lecciones dos quintos de sus ingresos diarios. muchacha tonta! Siéntate. PICKERING (riendo). Y pagaré por las lecciones. Mrs. — Oh. — ¿Quién le dijo que yo no gano máh de. — Estoy interesado. Y nadie puede hacerlo mejor que Mr. PEARCE.— ¡Ah-ah-ah-oooii! Cualquier' crería qu'usté's mi padre. ¿Qué? ¿Y de la recepción del embajador? Si cumple con su promesa proclamaré que es usted el más grande maestro viviente. tan horriblemente sucia. Creo que debe ser considerado propiedad de ella.? HIGGINS. . — Cierra el pico. Un millonario tiene unas 150 libras esterlinas por día. Liza. Es tan deliciosamente baja.. sino una serie de locuras inspiradas? La dificultad reside en encontrarlas. me lavé lah mano' y la cara endennanteh de venir. (Toma el pañuelo. HIGGINS (paseándose por el cuarto. — Calcúlelo usted mismo. Higgins. HIGGINS. capitán. — Resulta casi irresistible. PICKERING.— ¿Qué es la vida. No hay que desechar jamás una oportunidad. déme'se pañuelo! Me lo dio a mí. PEARCE (resignándose). — ¡Oh. Mr. señor. — ¿Para qué's ehto? HIGGINS. — ¿Sabe?. Dos quintos del ingreso diario de un millonario serían alrededor de sesenta libras esterlinas. sino como un porcentaje de los ingresos de esta muchacha. no diga eso.) LIZA. Higgins. HIGGINS. — Si resuelvo enseñarte. Y espero. Para limpiarte cualquier parte de la cara que sientas húmeda. le mira con expresión de impotencia. Pickering. LIZA (altanera). HIGGINS (tentado.. — ¿Cómo? HIGGINS. Es magnífico. Higgins. ¿De dónde sacaría yo. no le entiende. Nadie piensa tocar tu dinero. LIZA (protestando vivamente). — ¿Senta libra'? ¿De qué' stá'blando? Yo no l'ofrecí senta libra'.. haciendo sonar las llaves y las monedas que lleva en el bolsillo).. —Así es.máh d'un penique. — Le aseguro que no conseguirá marearla con halagos.. si se considera un chelín. — ¡Vamo'. Gracia'. LIZA. no a usté'.? HIGGINS (continuando). LIZA (obedeciendo. Ella gana media corona diaria. Mr. Le apuesto todos los gastos que demande el experimento a que no puede hacerlo.) LIZA (arrebatándoselo). — Para secarte los ojos. es enorme! ¡Es la más grande oferta que se me haya hecho jamás! LIZA (levantándose. Oh.. Mrs. Pearce. que usted no le aliente a hacer ninguna tontería. No aparecen todos los días. Mrs.— ¡No llores. Además. PEARCE (inquieta). me lavé. — Se lo tiene merecido.. es usté' realmente bueno. no como un simple chelín. resulta ser el equivalente total de lo que serían para un millonario sesenta o setenta guineas. ¡Toma! (Le ofrece su pañuelo de seda. con una escoba. señor! Hay más de una forma de marear a una muchacha. lentamente).. — Es inútil hablarle de ese modo. mirándola).

Llévesela. Higgins. Mr. Mrs. Pearce. Pearce. — Póngala en el basurero. — Quítele todas las ropas y quémelas. señor. cincuentona. ahora. Tienes que aprender a comportarte como una duquesa. ehtá. PEARCE (resuelta). tranquilizada. Higgins. PEARCE. en este momento! ¡Llévesela e higienícela. Pearce. zúrrela. HIGGINS (con profesional exquisitez de modulación). Y si le da algún trabajo. — ¡Oh. jamás tuve la más mínima intención de pisotear a nadie. soy. vaya! ¿No sabe que una mujer de esa clase tiene el aspecto de una fregona gastada. ¿Hay un buen fuego en la cocina? Mrs. — ¡Por qué no! ¡Pero si no sabe nada de ella! ¿Qué hay de sus padres? Y podría estar casada. para que le traiga otras.LIZA (rechazando enérgicamente esa opinión que se tiene de ella). ¡Comenzaremos hoy mismo. lo que ocurre es que no puede recoger a una muchacha de este modo.. jovencita. mi querido Pickering. o a cualquiera. pero. tiene que ser razonable. —Tiene que ser razonable.. — ¡Ah-ah-ah-oooií! PICKERING. — Bueno. HIGGINS (impetuoso). HIGGINS. Mrs. Envuélvala en papel de estraza hasta que lleguen. — Uhté' n'es un cabayero. Debemos ayudarla a prepararse para ocupar su nuevo puesto en la vida. si no sale de otro modo. — ¡Ah-ah-ah-oooii! HIGGINS (arrebatado). reprendido. Mrs. Eliza. Pearce! Jabón corriente.— Aquí no queremos tus mojigaterías de Lisson Grove. — ¿Por qué no? Mrs.—Sí. en seis meses —en tres.— ¡Que yo pisoteo a todo el mundo! Mi querida Mrs. — ¡Ahí tiene! Como lo dijo muy correctamente la muchacha. ¿oyó usted alguna vez algo parecido. si tiene un buen oído y una lengua rápida— podré llevarla a cualquier parte y hacerla pasar por cualquier cosa. LIZA (poniéndose de pie en un salto y corriendo entre Pickering y Mrs. Soy'na buena chica. No puede pisotear a todo el mundo de este modo. LIZA. yamaré! Mrs. Llame a Whiteley. Liza. vuelve sigilosamente a su silla. se calma. señor? PICKERING (riendo con ganas). PEARCE. PEARCE (a Pickering). Ehtá chiflado. PEARCE (protestando). como si recogiese un guijarro en la playa. HIGGINS. un año después de haberse casado? LIZA. No quiero que ningún lunático m'enseñe. Y sé cómo son la gente com'usté'. LIZA.—Me voy. LIZA. — ¡Caray! HIGGINS. señor. — ¿Quién se casaría conmigo? HIGGINS (recurriendo repentinamente a los tonos bajos más emocionantemente encantadores de su mejor estilo de elocución).— ¡No! ¡Yamaré la policía. LIZA (levantándose y cuadrándose con decisión). Mrs. Pearce en busca de protección). HIGGINS. las calles estarán alfombradas con los cadáveres de los hombres que se pelearán por ti. El huracán es reemplazado por un céfiro de amable sorpresa.— ¡Caramba. Higgins! ¡Sea razonable! Mrs. vamos. — ¡Nunca. antes de que yo haya terminado contigo! Mrs. n'es. — Pero no tengo lugar para acomodarla. HIGGINS (herido en el punto más sensible por la insensibilidad de ella a sus habilidades . Lo único que quiero es que seamos bondadosos con esta pobre chica. — Bueno. —¿Qué ocurre? Mrs. — Sí. si habla d'ehta' cosa'. PEARCE. No debe hablarle de ese modo. Si no me expresé claramente fue porque no quería herir la delicadeza de ella ni la de ustedes. PEARCE. ¡caray! ¡Casada. — Bobadas. nunca! HIGGINS (paciente).

HIGGINS. — Eso es cosa de ella. no necesita pedir esa ropa nueva para ella. — Por favor. Mrs. — No tengo madre. PICKERING (con afable tono de reproche). LIZA. (A Pickering. — Enseñarle a hablar gramaticalmente. Per'he terminado con eyos. Mrs. HIGGINS. — Pero. No l'importa nadie máh qu'usté' mihmo. . pues. Vuélvete a tu casa. Y soy'na buena chica. Pearce. — Oh.) Por aquí. (Se acerca a Mrs. No lo permitiré. no es de ninguna utilidad para nadie. anótelo en el libro de los gastos de la casa. Higgins.. HIGGINS. Estoy seguro de que una hija sería una gran diversión para usted. — Basta. Llévela abajo y. Mrs. usté's un animal! Eh'na mentira. LIZA (gimoteando). — Oh. Quier'hablar com'una dama'n una florería. Me dijeron qu'era bahtante grande par' ganarme la vida y m'echaron.. señor. Pearce. — ¿Qué sería de ella si la dejase en el arroyo? Respóndame a eso. (Indicando la puerta.. Mr. Pearce y comienza a engatusarla. Y entonces volverá a ser cosa de ella. (Impaciente. señor. PEARCE. Mr. De modo que por ese lado todo va bien. no hagamos más alharaca. que la muchacha puede tener algún sentimiento? HIGGINS (mirándola con aire crítico). usté's un cabayero: no lo deje que m'hable d'ese modo. — Tengo sentimiento'.) — Eres una muchacha perversa y desagradecida.) Oh.. La pronunciación en sí es cosa fácil. salvo para mí. LIZA. No me parece que tenga ningún sentimiento por el que debamos preocuparnos. Tendría que'vergonzarse. Si se le diese dinero se lo bebería.) ¿Los tienes. — ¡Ah. Nadie me vio jama' ni rastroh de bebida ncima. LIZA. Higgins. LIZA (volviéndose hacia él). La que m'echó eh mi sesta madrasta. con tus padres. HIGGINS (impaciente). no tiene'n poco de corazón adentro. Mrs. ¿A qué diablos viene todo este alboroto? La chica no pertenece a nadie. —Yo no quería ropa. Mrs. — ¡Nooo. —¿No se le ocurre. — No quier' hablar gramaticalmente. Eliza? LIZA. HIGGINS (a Pickering. ¿quiere no apartarse del tema? Necesito saber en qué condiciones se quedará la joven aquí. Mr. Esta es mi recompensa por ofrecerme a sacarte del arroyo y para vestirte hermosamente y convertirte en una dama. muchacha. — No tengo padres. no de usted. — Oh. — Ya ves lo que ocurre cuando se es deslenguada. PEARCE. (Se levanta y toma resueltamente la palabra. por favor. no.! No tien' drech'a tocarme.. (Alegremente. páguele lo que sea necesario. Es usted el perverso. Échela a la calle. HIGGINS (recogiendo diestramente el pañuelo y cerrándole el paso cuando se dirige a desgana a la puerta. ¿Se le pagará algún sueldo? ¿Y qué será de ella cuando haya terminado su aprendizaje? Es preciso mirar un poco hacia adelante. podemos volver a arrojarla al arroyo. reflexivo). no lo creo. Higgins.) ¡Bahta! ¡Y'ehtoy cansada d'ehto! (Dirigiéndose a la puerta. — Muy bien. No lah'bría'ceptado. Mrs. Mrs.) ¿Para qué demonios necesitaría dinero? Tendrá comida y ropas. y díles que te cuiden mejor.) Usted podría adoptarla. LIZA (casi soltando las lágrimas). Mrs. ¿eh? Estoy loco. Pearce.oratorias). Mrs.) Puedo comprarme mih propiah ropa'. — ¿Entiende la dificultad? PICKERING.. PEARCE.— Sí. ¿qué será de ella? ¿Se le pagará algo? Sea sensato. — ¿Eh? ¿Qué dificultad? HIGGINS. PEARCE. cuando haya terminado con ella. ¿eh? Muy bien. igual que como todo'l mundo. — Bien. (Arroja el pañuelo. PEARCE.) Me voy. tendría. Vaya. — ¿Dónde está tu madre? LIZA. Higgins. PEARCE.

Higgins. serás una muchacha sumamente perversa y desagradecida y los ángeles llorarán por ti. — Mr. con las cucarachas. (A Pickering. en taxi. — Toma un bombón. per' soy demasiado bien'ducada pa sacármelo de la boca.. con una tentativa de mostrarse digna. — Perdóneme. está usted tentando a la joven. de hermosos bigotes. hermosamente ataviada.. Si esta chica se pone en sus manos durante seis meses. LIZA (anonadada). PEARCE. (Liza abre la boca para replicar y él le arroja el medio bombón en ella. — Bueno. HIGGINS. HIGGINS.) Y ahora. para un experimento didáctico. Pearce? . No es justo. ¿está satisfecho. — No. ¿lo haríamos? PICKERING. Soy'na buena muchacha. — Lo tienes. HIGGINS. Higgins extrae el cortaplumas. (A Eliza. la traga y ofrece a Liza la otra mitad. Piensa en el futuro de otras personas. — ¡Ah-ah-ooii! HIGGINS. taxis. dormirás en la cocina. — ¡Vaya! Eso es todo lo que sacará de Eliza. Piensa en bombones. PICKERING.) Miss Doolittle. Pearce con una escoba. — Y seguirás siéndolo. el hijo de un marqués. Eliza. no quier'oro ni diamante'. — ¿A su edad? ¡Tonterías! Tendrá tiempo de sobra para pensar en el futuro cuando no tenga futuro alguno en qué pensar. todos los días. dormirás en un verdadero dormitorio tendrás comida en abundancia y dinero para comprar bombones y viajar en taxi. Eliza. Mrs. Piensa en eso. corta un bombón en dos.. (Vuelve a sentarse. — ¿Cómo podría ser eso? Es incapaz de entender nada. muchacha. LIZA (deteniéndose. — Muy ingenioso. LIZA. bajo el cuidado de Mrs. mas nunca en el tuyo. MRS. se pone una mitad en la boca. Higgins.. Al cabo de los seis meses irás a Buckingham Palace en un carruaje. ¡Ah-ah-ooii! Es inútil explicarle. Si el Rey descubre que no eres una dama. debe saber perfectamente qué hace. aprendiendo a hablar tan bellamente como una vendedora de florería. barriles de ellos. tentada). Me voy. Yo me como una mitad. Pearce tiene mucha razón. soy.) HIGGINS. Y te casarás con un oficial de la Guardia. Si rechazas este ofrecimiento.HIGGINS (tornando un bombón de chocolate del piano.) ¿Puedo detallarlo más clara y honestamente. Si eres buena y haces todo lo que se te diga. — Símbolo de buena fe. Te alimentarás con ellos. Si no te descubren. Pearce. Déle órdenes: eso es suficiente para ella. ¿y qué? Tengo tanto drecho com'cualquiera' tomar un taxi. te haré un regalo de siete chelines y seis peniques para que comiences tu vida de vendedora en una florería. No. con los ojos relampagueándole de malicia). Toni'ré un taxi. ¿Eh? LIZA (que ha tragado el bombón después de haberse casi asfixiado con él). ¿entiende alguno de nosotros lo que hace? Si lo entendiéramos. todos los días. Recorrerás la ciudad de arriba abajo y en círculo. Higgins. Eliza: vivirás aquí durante los próximos seis meses. usted tendría que saberlo. Pickering? (A Mrs. Si eres mala y perezosa. y serás castigada por Mrs. Mrs. Como militar. HIGGINS.) Tendrás cajas de ellos. PEARCE. pero debo intervenir. LIZA. pero se ablandará cuando vea tu belleza y bondad. Eliza. tú te comes la otra. Eliza. donde te cortarán la cabeza como advertencia a otras floristas engreídas. Y en el futuro tomarás tantos taxis como te plazca. que le desheredará por haberse casado contigo. serás llevada por la policía a la Torre de Londres. Además. — Hay otros medios de transporte. Eliza: haz como hace esta señora. Ella debería pensar en su futuro. Mrs. Pearce. Eliza. oro y diamantes. — ¿Cómo sé qué tienen adentro? He oído 'blar de muchachah marcotizada' por gente com'usté'. —No l'habría comido. pero no tiene relación alguna con el caso presente.

no me quedaré. No me'cercaré'l Rey. pues esperaba ser conducida al fregadero. y no m'importa.. ¿No te quitas la ropa todas las noches. N'ehtoy'costumbrada 'eso. HIGGINS. Conocí 'una mujer que l'hacía todo' loh sábado' por la noche. Mrs. eh decir. — No repliques. y se murió d'eso. Y no dejaré que nadies me cahtigue. Pearce. — No es una batea. y la mantiene abierta para que pase Eliza.) Y vuelve aquí.—Bien. igual que cualquiera. PEARCE. Nunca me saqué toda la ropa.— ¡Dio'! ¿Qué's ehto? ¿Aquí lavan la ropa? ¡Qué batea más rara! Mrs. (Abre la puerta del tocador. como una dama? No puedes ser una buena chica por dentro si eres una pazpuerca por fuera. Mrs. Yo prepararé el baño.—No podría. Hay dos grifos: caliente y fría. LIZA. lo que se yamaría'n verdadero baño. y no permitiré que me manden. yo no podría dormir aquí. Eliza. Pero puedes bañarte con agua tan caliente como quieras. Mrs. Y todas las mañanas se baña con agua fría. No sé si puedo hacerme cargo de ella o dar mi aprobación al convenio. LIZA. que ha sido modernizado y convertido en cuarto de baño. Pero cuando siente lo que usted llama interesarse por el acento de la gente. pero ¿no quieres estar limpia y pulcra y decente. — ¿Ehpera que me meta'n eso y me moje toda? Nada d'eso. ¡No. — Deja de llorar y ve a tu cuarto y quítate toda la ropa. No l'haré. LIZA (sollozando). Mrs. Ven conmigo. PEARCE. y no le debo nada. Aquí es donde nos lavamos nosotros. Mrs. ¿Por qué habría de quitármela'? Me moriría. Mrs. No has entendido al caballero. Pearce. PEARCE. n'hubiera venido'quí. al tercer piso. Por supuehto que me . — Creo que sería mejor que me dejara hablar convenientemente con la joven en privado. es'eh. PEARCE (paciente). LIZA. —Muy bien. para su gran sorpresa. (Abre la marcha hacia la puerta. Si'biera sabido'n qué me metía. (Toma una bata de una percha y se la tiende. PEARCE. Luego envuélvete en esto. Todavía no soy 'na duquesa. Esto'h demasiado bueno para gente como yo. Siempr'he sido'na buena chica.. — No. y nunca quis'hablar una palabra con él. ni le interesa.Mrs. Gracias. Y te ruego que me llames Mrs. — ¡Puf! ¡Ehtá hecho de fierro es'hombre! Mrs. PEARCE.. no'h decente. Si no quiero. y donde te voy a lavar a ti. y tengo mihsentimiento'. — Tendrás que quedarte aquí. — Tienes que ponerte tan limpia como el cuarto. PEARCE. chica. Pearce abre una puerta y la hace pasar a un dormitorio para huéspedes. Nunca tuv'interéh'n ir a Bucknam Pelis. En caso contrario no les agradaría tu olor. — ¡Buaaa. si me van a cortar la cabeza. Soy'na buena chica. PEARCE. — Usté's un gran valentón. LIZA (llorosa). me atrevo! ¡No's natural. — Bobadas. — Mr. Este será tu dormitorio.) LIZA.) LIZA (mientras sale). cuando te acuestas? LIZA (atónita). lo que dije's cierto. Transpórtemela al cuarto de baño. Allí Mrs. me mataría! Jamáh 'tomad'un baño'n toda mi vida. PEARCE. No'h correto. PEARCE.! Mrs. entonces no le tendrás miedo. LIZA (levantándose a desgana y con suspicacia). Me moriría. Nunca tuve dif'cultades con la policía. Ya sé que no quiere usted hacerle ningún daño.. no piensa nunca. lo que pueda pasarle a la gente o a usted. Pearce cierra la puerta y las quejas de Eliza no son ya audibles. — Bueno. Eliza. — Oh. Tendría miedo de tocar cualquier cosa. muchacha. —No puedo. LIZA. si quieres estar con él y el coronel y que te enseñen. — Y tú tendrás que hacer lo mismo. Mrs. Ven conmigo. ¿sabe? Mrs. Eliza es llevada arriba. Higgins tiene abajo el baño para caballeros.

¿Es usted una persona de buen carácter por lo que atañe a las mujeres? HIGGINS (lúgubre). si'biese sabido qué cosa tan ehpantosa sinifica'htar limpia. a horcajadas.. PEARCE. suspicaz. Te daré una bata de dormir adecuada. — ¡Ah. LIZA. PEARCE. — Bueno. que se aprieta fuertemente en torno al cuerpo. — Aquí tu cama no estará fría. PEARCE. métete adentro y dime. — Ven. Y ambos tratan de arrastrar al otro por la senda equivocada.quito lah falda'. de una golfa descuidada que eres. — Simplezas.! Mrs. PEARCE (quitándole diestramente la salida de baño y haciendo caer a Eliza de espaldas). No lleva encima más que la salida de baño.. LIZA. por ejemplo? HIGGINS (bajando del piano. de goma. descubre que la mujer quiere una cosa y uno quiere otra muy distinta. N'ehtaba conforme cuando vivía tranquila. exigente. pondré en ella una botella de agua caliente.) Los gritos de Eliza son desgarradores. Luego toma un cepillo de mango largo. LIZA. en una muchacha respetable y limpia que puede estar sentada con los caballeros en el estudio. Pickering se ha apartado de la chimenea para sentarse en la silla. — ¿Quieres decir que duermes con la ropa interior que usas durante el día? LIZA. Pearce se pone un par de mangas blancas. — Quiero convertirte. Las mujeres lo trastornan todo.. n'habría venido. — ¡Pero'h qu'uhté no sabe cómo sufro'l frío! ¡No sabe qué miedo le tengo! Mrs.) Empieza a desvestirte. y lo jabona profusamente con una pastilla de jabón perfumado. He descubierto que en cuanto dejo que una mujer trabe amistad conmigo. Quítate eso. Cuando uno permite que se metan en la vida de uno. — Sí. PEARCE. PEARCE. (Mrs. Higgins. de aspecto formidable. mezclando agua caliente y fría y probando el resultado con el termómetro de baños. Vuelve Eliza. el cielo lo sabe! Supongo que la mujer quiere vivir su vida. ¿Quieres tenerme confianza y hacer lo que te digo. PEARCE. está convertida en un lastimoso espectáculo de terror abyecto. un condenado engorro. ¡De vera' que no podría! Nunca'hecho tal cosa. Vaya. — ¡Oh. HIGGINS (dogmático. y llena la bañera. PICKERING. no podría. Entretanto el coronel ha estado discutiendo con Higgins acerca de Eliza. sí te gusta así de caliente. para así poder volver a tu cesta de flores? LIZA. pues yo no. Perfuma el agua con un puñado de sales y le añade una pizca de mostaza. — Perdóneme que le haga una pregunta directa. Pearce la empuja por la puerta. — ¿Qué.) Mrs. (Empujándola hacia el baño. pero la deja parcialmente abierta. izándose con las manos hasta el nivel del piano y sentándose en él de un salto). inquieto). tiritando de frío? Mrs. Mrs. — ¡Ah-uu! ¡Ah-uu! ¡Ehtj demasiado caliente. Mrs. pues. He descubierto que en cuanto trabo amistad con una mujer me hago egoísta y tiránico.— Oh. — ¿Y eso quiere decir que tengo que ponerme cosa' fríah y permanecer dehpierta la mita' de la noche. — ¿Ha encontrado alguna vez a un hombre de buen carácter por lo que atañe a las mujeres? PICKERING. Mrs. Yo. — No te hará daño.. Mrs. — ¿Qu'otra cosa tengo'n qué dormir? Mrs. con frecuencia. PICKERING. o prefieres que te eche. Uno quiere ir al norte y el otro al sur. Pearce. dispuesto a someter a su interlocutor a un interrogatorio. (Pone manos a la obra con el cepillo. — No volverás a hacer tal cosa mientras vivas aquí. Y el resultado es que ambos tienen . Y el hombre quiere vivir la suya. LIZA. por si la prisionera quisiera recurrir a la fuga. con los brazos apoyados en el respaldo. ella se torna celosa.

Higgins! Ya sabe a qué me refiero. la aprendió junto a su madre. Lo conservaré como una curiosidad... ¿Por qué me advierte tal cosa? Mrs. Mrs. Espero que quede aclarado que nadie se aprovechará de la situación de la muchacha. Si intervengo en esta cuestión me sentiré responsable por esa joven. se lo aseguro! (Poniéndose de pie para explicar. Pearce. HIGGINS.— ¡Oh. — ¿Molesto? Mrs. PEARCE (sin dejarse apartar del tema). Pickering se sienta en la butaca junto a la chimenea.— ¡Vamos..pero hay cierta palabra que debo pedirle que no emplee. Mrs. Pero será mejor que lo ponga en el horno durante un rato. — Justamente esta mañana. Ahora bien: delante de mí no tiene importancia. — No puedo admitir que yo la haya usado alguna vez. (Toma el sombrero. Comienza con la misma letra de caramba. — No.) De modo que aquí me tiene. La muchacha la usó cuando empezó a sentirse bien en el baño. ocultando una conciencia intranquila con un aire juicioso) Salvo. — Por supuesto. Pero no debe oírla de labios de usted. como quiera. PEARCE. Yo podría haber sido un bloque de madera. Tanto me daría que hubiesen sido bloques de madera. Pearce. ¿Qué demonios quiere decir con eso? Mrs. Pero no debe maldecir delante de la muchacha. ¡ese lenguaje en sus labios. Higgins. — Bien. —Eso es lo que quiero decir con eso. — ¿Yo maldecir? (Enfático. Pearce. eso! No tiene importancia. Pearce. Mrs. Pase. la aplicó a los zapatos.) Mrs. Pero le ruego que no permita que la joven lo oiga repetirlo. señor. Mr. Lleva en la mano el sombrero de Eliza.. El agrega. PEARCE. —. HIGGINS (ansiosamente). muy bien! ¿Es eso todo? . Es.! Mrs. — ¡Ah. Odio esa costumbre.— Lo molesto porque querría hablar unas palabras con usted. Ella no tiene la culpa. PICKERING (levantándose y quedándose gravemente junto a él). HIGGINS (dejándolo presurosamente sobre el piano). (Se sienta en el taburete.. PEARCE.) ¿Sabe?. — Mrs.) No queme eso. — Manipúlelo con cuidado. las mujeres más bien parecidas del mundo. Mrs.—Y bien. HIGGINS (indignado). HIGGINS.— ¡Oh.. en un momento de excitación extrema y justificable.. señor.. HIGGINS. señor. y con todas las posibilidades de quedarme así. (Ella entra. Mrs. aunque odian el viento del este. Y la enseñanza sería imposible si los alumnos no fuesen sagrados. por favor. y "qué demonios" y "dónde demonios" y "quién diablos". ella será una alumna. a la manteca y al pan negro. — En lo más mínimo.! ¡De veras. PEARCE (calmosa). No me importa que diga "condenado" y "cuernos". no lo es cuando se le ha perdido alguna cosa o cuando se pone un poco impaciente. Mr. gracias! Bien. un viejo solterón declarado. Mrs. ¿todo marcha bien? Mrs. por supuesto. He enseñado a hablar inglés a veintenas de millonadas norteamericanas. Mrs. Higgins. PEARCE. Pearce abre la puerta. estoy acostumbrada. Tuve que prometerle que no lo quemaría. — Sí. quizás. HIGGINS. — ¿Qué? ¿De esa cosa? ¡Es sagrada. Pearce. PEARCE (en la puerta). HIGGINS. PEARCE (inconmovida). (Ella lo mira firmemente. ante el piano. señor.que ir al este. ¿quiere tener la amabilidad de cuidarse con lo que dice delante de la joven? HIGGINS (severo). señor. ¿qué quería decirme? PICKERING. HIGGINS (altivo). Maldice usted demasiado... Estoy acostumbrado.) Nunca maldigo. muy bien. Siempre soy cuidadoso con lo que digo.

ancla en la alfombra de la chimenea. como otros. — Gracias. — No. Pero si quisiera limpiarse los dedos. Y sin embargo ella está firmemente convencida de que soy una persona arbitraria. creo que no. Si hay alguna dificultad. o por lo menos que no la use como servilleta hasta el punto en que lo hace. — Es posible que no sea un pillastre. Dice que usted tiene a su hija aquí.) ¡Y de paso: mi bata huele remalditamente a bencina! Mrs. — Sin duda. Eso es todo. . (Por fin. Ya sabe que la semana pasada casi se asfixia con una espina de pescado que encontró en la mermelada. PICKERING. PEARCE. PEARCE. con el aire de un hombre que se encuentra en una posición inexpugnable. Y eso vale tanto en lo que atañe al dinero como en lo referente a las costumbres personales. — No. ¿Hay algo más? Mrs. — Oh. Tiene mucha importancia. señor. Alfred Doolittle. — Espero que no se haya ofendido. no yo con él. PEARCE. HIGGINS. que quiere verle. PICKERING (confidencial). —Precisamente. PEARCE. HIGGINS. PEARCE. señor. HIGGINS (escandalizado al descubrir que se le considera capaz de un sentimiento poco amable). — Es claro. Mrs. — Lo sea o no. Higgins. Higgins. — Muy cierto. Higgins. vergonzoso. — Puede que alguna vez haga estas cosas por pura distracción. ¿Algo más? Mrs.Mrs. Heme aquí. Tendremos que tener mucho cuidado con esa chica en cuanto al aseo personal. dominadora y tiránica. (Se le aproximo a Pickering. Pickering?. Cuide los peniques y las libras se cuidarán por sí mismas. — Sí. En ese caso puedo pedirle que no baje a desayunarse con la bata de dormir. — Si me permite. Bien dicho. Y si quiere tener la bondad de no comer todas las cosas en el mismo plato y de no poner la cazuela de las gachas sobre el mantel limpio. PEARCE. — Tonterías. — ¿Acerca de la joven? HIGGINS. Me cuidaré muy especialmente ante la joven.) Mrs. un hombre tímido. Mrs. (Sale. — ¡Uf! ¡Caramba! HIGGINS (rápidamente).) Estas cositas son las que tienen mayor importancia. PEARCE. Estaba a punto de llamarle a usted la atención al respecto. me temo que tendremos dificultades con él. — Oh. Mrs. PEARCE.) HIGGINS. señor. — No. Como le parezca. Me refiero al dialecto del hombre. muy bien. — Quiero decir. Y seguramente le sacaremos algo interesante. HIGGINS (gritando). está bien.) PICKERING. HIGGINS (confidencial). Mr.— ¡En absoluto. HIGGINS (arrancado de la alfombra y volviendo a vagar en dirección al piano). no. Mrs. señor. — Haga subir al pillastre. (Sale. señor. en absoluto! Tiene mucha razón. está bien! ¡En el futuro me los limpiaré en el cabello! Mrs. pero por cierto que no las hago habitualmente. Pearce. PEARCE. — ¿Sabe. Pearce regresa.. señor. — ¡Oh... señor. Ahí abajo hay un basurero. quien se divierte enormemente con la conversación. No acierto a explicármelo. HIGGINS (acercándose a ella con solemnidad). Pickering.. Nunca me ha sido posible sentirme realmente maduro y tremendo. PICKERING. (Iracundo. ¿Puede ella usar algunos de los vestidos japoneses que usted trajo del extranjero? No puedo hacer que se vuelva a poner las cosas viejas. Por supuesto que es un pillastre. esa mujer tiene las opiniones más extraordinarias de mí. en cuanto a permitirle que sea descuidada con su vestido o que deje sus cosas en cualquier parte. han comenzado las dificultades. la tendrá él conmigo. Mrs. Mr. HIGGINS. le dará un mejor ejemplo a la joven.

— ¿Qué? HIGGINS. Llévesela inmediatamente. — ¡Oh! Mrs. Siéntese. jefe. ¿Acaso cree que le voy a cuidar a su hija? DOOLITTLE (con tono de reproche). jefe. Juro por la Biblia que hace dos meses que no veo a la muchacha.) ¿Qué quiere.PICKERING.. jefe! HIGGINS." ¡Retórica sentimental! Esa es su veta galesa. — ¿Para qué podría venir un hombre? Sea humano. — ¡La policía lo acosará! ¡Esto es una intriga. desconcertado). — ¡No.. este individuo tiene un cierto don natural para la retórica. HIGGINS. DOOLITTLE (levantándose. incluso un sombrero con un ala de tela negra que le cae sobre la nuca. — Alfred. — Pickering. — Doolittle. Buenos días. ¿cómo supo que estaba aquí? DOOLITTLE (sumamente musical. — Le juro que no. PEARCE (a la puerta). ¿verdad? No supondrá que nadie más la quiere. Posee una voz notablemente expresiva. — Y entonces. estupefacto. ¿entiende? HIGGINS. DOOLITTLE (a la puerta. (Se dirige resueltamente hacia el teléfono y abre la guía. — Su hija tuvo la audacia de venir a mi casa y pedirme que le enseñara a hablar correctamente. — Por supuesto. — Y yo digo que sí. HIGGINS. — No acose a un hombre de ese modo. — ¿Le he pedido acaso siquiera una moneda de un cuarto de penique? Que lo diga ese caballero. para poder conseguir un empleo en una florería. — Llévesela. temeroso. ¿De qué otro modo podría saber que se encuentra aquí? DOOLITTLE. oiga. — Criado en Houslow. indeciso en punto a cuál de los caballeros es su hombre). Tiene facciones características y bien marcadas y parece igualmente libre de temores y de remordimientos de conciencia. ¿para qué vino? DOOLITTLE (dulce). ¿Es esto razonable? ¿Es lógico aprovecharse de un hombre de este modo? La muchacha me pertenece. HIGGINS. Higgins continúa. Usted es el padre. si me deja decir una palabra de tanto en tanto. aparte de usted. eso es lo que quiero.) He venido por un asunto muy grave. resultado de su costumbre de dar rienda suelta a sus sentimientos sin reservas.) HIGGINS. "Estoy dispuesto a decírselo. Este caballero y mi ama de llaves han estado aquí durante todo el tiempo. jefe. — Se lo diré. — Vamos. jefe. Estoy dispuesto a decírselo. Explica . quiero decírselo. HIGGINS (a Pickering). — Aquí.) ¿Cómo se atreve a venir para tratar de extorsionarme? Usted la envió adrede. ¿la obligó usted a hacerlo? DOOLITTLE. Usted la tiene. vamos. —Buenos días. ¿eh? Me alegro de ver que le quede alguna chispa de sentimiento paternal. ¿Qué salgo ganando yo? (Vuelve a sentarse. una conjura para sacarme dinero mediante amenazas! Telefonearé a la policía. DOOLITTLE. Doolittle? DOOLITTLE (amenazador). sumamente melancólico). DOOLITTLE (protestando). (Hace pasar a Doolittle y se retira. — ¿Profesor Higgins? HIGGINS. jefe. (Se sienta pomposamente.) Alfred Doolittle es un basurero de edad. HIGGINS (desarmado). Ella está arriba. jefe. Creo que la madre debe de ser galesa. señor.) DOOLITTLE. (Amedrentándole. estoy esperando la oportunidad de decírselo. ¿He dicho una palabra acerca de algún dinero? HIGGINS (arrojando la guía y yendo hacia Doolittle en actitud amenazadora). Su actitud del momento es la del honor herido y la severa resolución. — Quiero a mi hija. jefe. Observe el ritmo de notas naturales nativas. (Doolittle abre la boca. Quiero decírselo. Estoy esperando la oportunidad de decírselo. ataviado con el traje de su profesión. pero vigoroso. — Y entonces.

. — Es cierto. — ¿Qué cantidad de equipaje? DOOLITTLE. en la esperanza de obtener otro paseo gratuito. — Déjelo que termine con su relato. Higgins. aquí presente? Mrs. . — Un instrumento musical. Pearce abre la puerta y aguarda órdenes. Pearce.. este es el padre de Eliza. DOOLITTLE. Escúcheme. El hijo de la casera. Puede esperar en la cocina. — De modo que vino a salvarla de algo peor que la muerte. — Soy el ama de llaves. jefe. Ha venido a llevársela. — El club del pobre. jefe. jefe. DOOLITTLE. tanto como para hacerle un favor a usted y hacerme el simpático. HIGGINS. ¿Que podía yo suponer. Usted me dijo que le quemara las ropas. profundamente turbado. — Oh. el muy cerdo. algunas baratijas y una jaula de pájaro. — La casera no me habría permitido sacarlo. Doolittle.) ¿Cómo supo que la joven estaba aquí. Llévesela. Y yo me traje el equipaje. aliviado de ver que se le entiende tan bien)... ¿no es verdad? Dígalo usted mismo. Mrs.) DOOLITTLE. Unos cuadros. El se quedó por aquí. No diga eso. Cuando lleguen. No puedo llevarme a la muchacha por las calles como si fuese una maldita mona. vacila y finalmente se vuelve hacia Higgins con actitud y tono confidencial. Imposible. ¿por qué le trajo el equipaje.también su mendacidad y deshonestidad. DOOLITTLE (desesperado). ¿qué podía yo suponer? HIGGINS. Por aquí. HIGGINS. Una carrera se abre ante ella. — ¿Por qué no fue a buscarlo usted mismo? DOOLITTLE. HIGGINS. (A Doolittle. (Cruza hacia el hogar y hace sonar el timbre. — ¿He dicho yo algo acerca de llevármela? ¿Lo he dicho? HIGGINS (decidido). es. ¿eh? DOOLITTLE (apreciativo. si quería llevársela? DOOLITTLE. PEARCE. MRS.) DOOLITTLE (levantándose). PICKERING. por favor. —No. por favor. — Usted me ha dicho que quiere a su hija. Y yo le pregunto a usted: ¿cuáles fueron mis sentimientos y mis deberes de padre? Le dije al muchacho: "Tráeme el equipaje". ella le hizo volver a buscar el equipaje. Es de esa clase de mujeres.. ¿Por qué no? PICKERING. — El me dijo lo que ocurría. — No. sí no tiene inconveniente. le dije. ¿No es verdad? DOOLITTLE. La chica llevó a un joven en el taxi para darle un paseo. ¿sabe? Tuve que darle al chico un penique antes de que pudiera convencerle. cuando se enteró de que usted estaba dispuesto a dejarla quedarse aquí. (Vuelve al piano. — No puede llevársela. y a paso redoblado. jefe. si no la envió? DOOLITTLE. la acompaña hasta la puerta. Désela.— Precisamente. Ella dijo que no quería ropas. — Taberna. — El asunto fue así. PICKERING. y. Esto es un malentendido. Higgins. podrá llevársela usted. Si no tiene ropas. PICKERING. No soy hombre como para interponerme entre la felicidad y mi hija. jefe. — Pero. Bueno. — Pues se la llevará. Mr. — Mrs.. como quien dice. salga a comprarle algunas. PEARCE. jefe. jefe? Le pregunto: como padre. HIGGINS. Higgins. He hecho pedir algunas ropas para su hija. — ¿Dónde están las ropas en que vino? ¿Las quemé yo o las quemó su esposa. Eso es todo. con aire de lavarse las manos de toda la cuestión. Me encontré con el chico en la esquina de Long Acre y la calle Endell. yo también soy del oeste. Eso mismo.

Si hay algo en vista. cuando me siento deprimido. siempre sucede lo mismo: "Eres indigno. Y tampoco podría dárselo usted. — ¿Quiere decir que vendería a su hija por cincuenta libras esterlinas? DOOLITTLE. Un corazón de padre. — No sé qué hacer. Bien. — En general. ¿no es así? HIGGINS. Por lo tanto les pido. de veras. Necesito alegría y una canción y una orquesta.. Me agrada. Y sin embargo presiento que hay una especie de justicia tosca en su pedido. si la quiere a la chica.) PICKERING. — Bueno. que las intenciones de Mr. No necesito menos que un hombre digno. Yo estoy jugando limpiamente con ustedes." Pero mis necesidades son tan grandes como las de la viuda más digna que haya recibido dinero de seis distintas instituciones de caridad. no me parece muy justo.) Bueno. Pearce. No lo mire de ese modo. Doolittle. No como menos vorazmente. no te corresponde. yo conozco ese sentimiento. (A Higgins. Desde el punto de vista de una joven. y esa es la verdad. Si creyese que no eran. un poco abrumado por la proximidad de su visitante. se lo aseguro. ¿Querrían ustedes aprovecharse de la naturaleza de un hombre para despojarle del precio de su propia hija. hombre? DOOLITTLE (impávido). pero. ¿Qué es la moral de la clase media? Nada más que una excusa para no darme nunca nada.) PICKERING. PICKERING. DOOLITTLE (a Pickering). ¿eh? Será mejor que salga. jefe. Y. y yo trato de sacar mi parte. porque soy un hombre que piensa. No pretendo ser digno.— ¡Oh! Somos hombres de mundo. eso es lo que soy. jefe. Usted y yo somos hombres de mundo. que no jueguen ese juego conmigo. — Yo también creo lo mismo. Higgins son enteramente honestas. Pickering. ¿por qué no yo también? HIGGINS (turbado). Mr.DOOLITTLE. por cierto. — Le agradezco. ¿sabe? Pero. Y usted sería el último hombre viviente en pretender que la deje irse sin ninguna compensación. Porque ya veo que es usted uno de esos individuos derechos. sería un crimen darle una moneda a este individuo. No es que quiera hacer algún daño. como a dos caballeros que son. Piense en lo que eso significa para un hombre. en punto a moral. señor.. — Tiene usted la palabra. jefe. en una semana. Significa que continuamente tendrá que luchar contra la moral de la clase media. Y bebo mucho más. si fuese tan pobre como yo. jefe. — Por supuesto que lo son. DOOLITTLE. jefe. — Pero. jefe. por la muerte del mismo esposo. por así decirlo. es una muchacha sumamente bonita. PICKERING. — Creo que tendría que saber. HIGGINS (asqueado). (Sale con dignidad. no. Soy indigno y tengo la intención de seguir siéndolo. Doolittle. — No puedo darme ese lujo. Eso es lo que yo también digo. — Oiga. Necesito diversión. pediría cincuenta. — Eso es. la verdad es que me ha caído usted en gracia. DOOLITTLE. jefe. Lo único que exijo son mis derechos de padre. Mrs. si Liza obtendrá algo de esto. ¿es que no tiene moral. que se refugia en el taburete del piano. — No diga eso. no estoy tan empecinado en llevármela a casa que no esté dispuesto a aceptar un arreglo. jefes? Les pregunto: ¿qué soy yo? Soy uno de los pobres indignos. Como hija no vale lo que costaría mantenerla. que él ha criado y aumentado y vestido con el sudor de su frente hasta que ella tuvo suficiente edad como para interesarles a ustedes dos? ¿Cinco libras es un precio irrazonable? Les planteo la cuestión y dejo la cuestión en manos de . jefe. Bien. Mrs. ¿qué es para usted un billete de cinco libras? ¿Y qué es Eliza para mí? (Vuelve a su silla y se sienta juiciosamente. Es indudable que. Pero para complacer a un caballero como usted haría muchas cosas. porque Doolittle está rodeado de un tufo profesional de basura. pues me cobran por todo lo mismo que le cobran al digno. DOOLITTLE. PEARCE. ¿Qué soy yo. Y por eso se lo digo a usted francamente. necesito más.

Pearce la acompaña.ustedes.. Ella no tendría el valor necesario para gastar diez libras. bien. Diez libras es mucho dinero. ansioso de escapar con su botín. de todos modos. señorita. Y puede apostar a que no me empobrecerá. Tengo que mostrarme agradable con ella. DOOLITTLE. jefe. — ¿Por qué no se casa con esa señora suya? Para mí hay límites en lo que se refiere a alentar ese tipo de inmoralidades. y quizá no lo tendría yo tampoco. Tengo que comprarle ropas que es un espanto. Yo estoy dispuesto. ataviada con un sencillo quimono de algodón azul. porque usted es un hombre y ella no es más que una mujer y. PICKERING. No tema que me lo guarde y lo ahorre y viva en el ocio con él. y sólo porque no soy su esposo legal.. Para el próximo lunes no quedará ni un penique de él. Apenas una buena parranda para mí y la señora. — No quiero nada de eso. Y. jefe. Mrs. entonces.) Creo que dijo cinco libras. — ¿Está seguro de que no aceptará diez? DOOLITTLE. jefe. PICKERING. muchas gracias. podría elegir entre un puesto en el gabinete y un púlpito popular en Gales. ni un centavo menos. Buenos días. y les digo que es una vida de perros por donde se la mire. En cambio. La pobreza indigna es mi especialidad. DOOLITTLE. — Pickering. — No. DOOLITTLE. — Ahora no. De lo contrario. lo lamentará más adelante. cuando piensen en que no ha sido derrochado. Comparando una posición social con otra es. —Esto es irresistible. LA JAPONESITA. ni un centavo más. le aseguro que no sucederá nada de eso. impresos. Soy un esclavo de esa mujer. DOOLITTLE. si nos ocupáramos de este hombre durante tres meses. HIGGINS (entregándole un billete de cinco libras). así se lo he dicho a ella.. Soy yo quien sufre con ello.) Perdone. jefe. Pero mejor que lo lamente ella y no usted. HIGGINS. y satisfacción a ustedes.. para mi gusto. PICKERING. — ¡Caray! ¿No conoceh' tu propia hija? . Doolittle? DOOLITTLE. — Así se lo he dicho a ella. es la única que tiene un poco de pimienta. — Aquí tiene. ¡Que la sorprendan casándose conmigo! Siga mi consejo. hace que un hombre se sienta un poco prudente. El se aparta del paso con deferencia y se disculpa.. No tengo ningún dominio sobre la mujer. HIGGINS (levantándose y acercándose a Pickering). — Muchas gracias. Tendré que volver a trabajar como si nunca lo hubiese tenido. no nos quedará ninguna convicción en pie. no sabe cómo se hace para ser feliz. jefe. jefe: cásese con Eliza mientras ella es joven y no sabe lo que hace. Otra vez. será ella quien lo lamente. (Se dirige apresuradamente hacia la puerta. HIGGINS. jefe. si seguimos escuchando a este hombre un minuto más. jefe. (A Doolittle. He oído a todos los predicadores y a todos los primeros ministros —porque soy un hombre que piensa y me agrada la política o la religión o las reformas sociales igual que cualquier otra diversión—. jefe. (Ofrece dos billetes al basurero.) DOOLITTLE. dándonos placer a nosotros mismos y empleo a otros. — No. Cuando la abre se encuentra frente a una graciosa y exquisitamente limpia japonesita. ¡adiós a la felicidad! Déme lo que le pido. Démosle diez.—Pickering. — Muchas gracias. si se casa. — ¿Qué dice a eso.. — Me temo que le dará mal uso. HIGGINS. Y ella lo sabe. Tengo que hacerle regalos. HIGGINS (extrayendo la cartera y colocándose entre Doolittle y el piano). decorado hábilmente con pequeños capullos blancos de jazmín. jefe. — Supongo que tendremos que darle un billete de cinco. es.

Pearce lo sabe. No me culpe a mí. HIGGINS— (corrigiéndose). extremadamente tonta. y. ha criado a su hija demasiado severamente. por ejemplo? DOOLITTLE. —Por favor. hágalo con una correa. jefe. caballeros. Mrs. tan caliente que te quema loh dedo'. — No. — Bueno. LIZA. nada. Tuayas ehponjosa'. No sabía para qué lado mirar. nunca creí que.) . Pero pronto aprenderá los modales desenvueltos y despreocupados de ustedes. jefe. DOOLITTLE. (Se vuelve para salir.— ¿Tiene algún otro consejo que darle. antes de irse. El se irrita de tal manera que Pickering tiene que interponerse entre ambos. Ya es bastante con tenerlos. — Oh. Higgins. sin eso. Pero le colgué'na tuaya'ncima. Usté' no conoce' mi padre. LIZA. LIZA. remalditamente tonta. pudiese ser tan bien parecida. — Quiero decir. — Nada d'eso. HIGGINS. HIGGINS. — Me alegro de que el cuarto de baño haya contado con tu aprobación. No contó con mi 'probación.) HIGGINS. — Buenah gana' tuve de romperlo. HIGGINS. soy. HIGGINS (concienzudamente). — Bien. Si quiere mejorar la mente de Eliza. con ademanes de elegante. Adiós. — ¡Oh. PEARCE. Es un crédito para mí. señor. PEARCE (apaciblemente). — Del espejo. Y n'aprenderé modaleh denvueltoh y dehpreocupado'. DOOLITTLE. Mr. Pearce! (A Eliza. — ¿Encima de qué? Mrs. si vuelves a decir que eres una buena chica. ¡Me guhtaría que vieran cóm'éh la vida para gente como yo! HIGGINS. — ¿Qué sucedió. (Toma el sombrero. No soy tan tonto como para enseñarles a mis hijos todo lo que sé. — Soy'na buena chica. tu padre te llevará a tu casa. ¿eh? (Ella le saca la lengua. se lo pone y cruza el cuarto en dirección a la chimenea. caramba! ¡Y debería ser horrible! DOOLITTLE (con orgullo paternal). como no se llame criarla a darle un correazo de tanto en tanto. LIZA. — Puedo decirte qu'aquí eh fácil limpiarse. o tendrás noticias mías! ¿Me entiendes? HIGGINS. — ¿Tonto? Mrs. señor. ¿para qué otra cosa podría querer dinero? Para ponerlo en el cepillo de la iglesia.) Sí. Agua calient'y fría de caniya toda la qu'una quiera. Pearce? Mrs. — ¡Una nueva moda. — Ehtaría perfetamente con el sombrero puehto. Y no m'iporta quién m'oiga decirlo. Ahora sé por qué lah dama' son tan limpias. — Nada d'eso. Mrs. no diga nada que pueda hacer que la joven se envanezca. — Eliza. limpia. Y'n soporte para las tuayas. Mrs. — Doolittle. Mrs. LIZA. Cepilloh suave' para frotarte y una jabonera qu'huele a rosa'. muy cierto.DOOLITTLE HIGGINS PICKERING exclamando simultáneamente ¡Diablos! ¡Es Eliza! ¿Que es esto? ¡Cielos! LIZA. señor. — ¿No tengo ahpeto tonto? HIGGINS. Doolittle? ¿Su bendición.) ¡No quiero desfachateces! ¡Y que no sepa que te muestras desfachatada con este caballero. PEARCE. No tiene importancia. PEARCE (a la puerta). HIGGINS. —Por favor. le colgué. jefe. No vino'quí máh que para pedirle algún dinero par'emborracharse. — ¿Yo? Nunca la crié. ¿eh? LIZA.

Pearce. ¿entiende? Mi hermano es sacerdote y podría ayudarle en sus conversaciones con ella. M'agradaría tomarme'n tasi hahta l'ehquina de Tottenham Court Road y bajarme y decirle que m'ehperara. Antes preferiría que le lanzasen loh perro' a tener qu'hablar con un sacerdote. que desprecia el saludo y sale. — Oh. por naturaleza incapaz de quedarse sentado. ¿No piensa yamarme máh Miss Doolittle? PICKERING. Ademáh. LIZA. quieto. — No le crean al viejo mentiroso. Vendré. Ya han llegado las cosas nuevas.. jefe. PEARCE (siguiéndola). Pearce me dijo que me darán varioh par'usar en la cama por la noche. Bien. no tiene'mportancia. señora. —Por supuesto. LIZA. (Se toca el sombrero para saludar a Mrs. caballeros. — Gente com'ésa ya n'éh amiga mía. Ya no volverán a verle muy pronto. — Yo no. Es preciso imaginar a Eliza con sus nuevas ropas y una sensación extraña en el cuerpo. sintiéndose como un paciente en un hospital.) LIZA. Y ahora quiero pagarleh con la mihma moneda. DOOLITTLE (evasivo). . dihtinto' de loh qu'use durante'l día. HIGGINS. —Oh. eh. — ¿Cuál es su oficio. Pero puede contar conmigo para más tarde.HIGGINS (impresionante). Buenas tardes. — ¡ Espere! Vendrá usted regularmente a visitar a su hija. Su verdero'ficio eh'l de peón.. la perturba aún más paseándose incansablemente por la habitación. ¿entiende? PICKERING. — Sacar dinero 'la gente a fuerza de conversación. aquí va un ejemplo: la primera. Mrs. (Cierra la puerta tras de sí. y sale. Esta semana no. PICKERING. Pero me parece tirar el dinero. en su primer encuentro con los médicos. incluso aunque la huida la llevase otra vez a Drury Lane. Fue una equivocación. — Pickering. y gana bien. no corras de ese modo. muchacha. por cierto. porque tengo un trabajo lejos. Miss Doolittle. Buenas tardes. Mrs. recogiendo basura'n lugar de trabajar en su'ficio. Higgins. menuda tarea nos espera. — Mejor será que esperes hasta que te consigamos algo realmente elegante. —Ni lo quiero. la joven huiría para salvar la vida. HIGGINS..— Además. Eh'na deshonra para mí. — Así es. Bahtante se burlaron de mí cuando pudieron. — Perdone. Higgins. no deberías alejarte de tus viejas amigas ahora que te has elevado en el mundo. no quiero. Eliza? LIZA. PICKERING (con convicción). ¿Y tú? LIZA. Es su deber. Hace un guiño a Higgins.. Y a veceh traba'n él. como'jercicio. Eliza.) Mrs. Si no fuese por la confortante presencia de su amigo el coronel. Pero'h que fue tan delicado. sentada con Higgins y el coronel en el estudio. LIZA. pensando que probablemente éste es un compañero de sufrimiento del mal talante de Mrs. Parece existir cierta curiosidad en cuanto a cómo fueron las lecciones de Higgins a Eliza. puedes probártelas. — ¡Ah-ooooiii! (Sale corriendo. Eso es lo que se llama vanidad. una cena y un desayuno de una clase a la que no está acostumbrada. — Vaya..) HIGGINS. Pero'hperaré. nada máh que para poner 'lah chicah'n su lugar. nunca m'agradaría ponerme ropa fría'n una noche d'invierno. Me guhtaría tener alguno'. cuando se podría comprar algo que se pueda lucir. Pearce.. Eliza. Pero no leh dirigiría la palabra. No quiero volver a verle nunca. PEARCE (regresando). producida por un almuerzo. 'si me van a dar vehtidoh'legante'.

ceii..— Vete a contarle a Mrs. tres veces. (A Eliza.. HIGGINS. ) ¡Ti. HIGGINS. déle un bombón. ti. Eliza. Y mantén la lengua hacia adelante. ceii. para aprender a hablar y leer en la lengua de Shakespeare y Milton. Miss Dolittle. tan aproximadamente como se puede representar sin la ayuda de un sistema fonético. ci. cuando hables. durante varios meses. que ni siquiera una persona inculta pronunciaría mal. deii.. Este desdichado animal ha estado encerrado durante nueve años en una escuela. — ¡Espera! Escuche eso. Vete. pues si puedes distinguir esa diferencia. (A Eliza. Y estas son las torturas por las que tiene que pasar Eliza.. Trata de hacerlo tú misma. ¿Acaso se piensa que no sé nada? No necito que m'enseñen com'una chiquiya. ceii.) 1 . HIGGINS.. — No puedo dihtinguir ninguna diferencia. bueno. bi. — No. — Ehto. Pearce lo que has hecho. HIGGINS (rugiendo). Piensa en ello. Miss Doolittle. ti. deii.. Y el resultado es "Aheii. si trate d'eso. (N. No importa que llore un poco. deii". PICKERING. Esto es lo que nosotros pagamos con el nombre de educación elemental. Espléndido. Pickering. te arrastraré de los cabellos por todo el cuarto. — Recítame tu alfabeto. a nuestras expensas. LIZA. HIGGINS. la pronunciación deformada del alfabeto inglés. beii. — Ehto'h para teii.) Di ei. — Oh.) Y ahora. — Conohco mi alfabeto. ¿por qué demonios lloras? Pickering.. Le prometo que no dejaré que él la arrastre de los cabellos por el cuarto. aprende usted rápidamente. LIZA. — ¡P'ero si lo dije! Aheii.. ¡No puedo! Esto. 1 HIGGINS (con el rugido de un león herido). LIZA (casi llorando). lo hizo del primer intento! Pickering. Miss Doolittle. beii. — Bueno. aparte de que parece máh'legante cuand'usté' lo dice. Haga lo que él le dice y deje que él le enseñe a su modo. ceii. del T. — ¡Basta! Di: "Esto es para ti. Aheii. La próxima lección a las cuatro y media. di. no. ti! LIZA (llorando). — Muy bien. sale corriendo del cuarto. PICKERING.HIGGINS. — ¡Por Júpiter... ( Fortísimo. se entiende. ¿entiendes? Si alguna vez vuelves a decir beii. beii. Y las lecciones no le harán daño." LIZA." LIZA. HIGGINS.. — ¡Recítame tu alfabeto! PICKERING. esta tarde. todavía sollozando.. en lugar de tratar de enrollarla y tragártela. En seguida comprenderá por qué. haremos de ella una duquesa. — Recítelo. y no la del castellano.. antes de que volvamos a encontrarla nuevamente en su primera aparición en la sociedad londinense de la clase profesional Esta es. — ¡No! Apoya la lengua en la parte interior de los dientes inferiores y di "Esto es.. ¿te parece que puedes decir ti? No teii.

Higgins. (Mientras él se inclina para besarla.— Vete a tu casa inmediatamente. hay una silla isabelina. madre. Son entre las cuatro y las cinco de la tarde. conjuntamente con la alfombra. pues ahora no se trata de un trabajo fonético. el empapelado Morris. proporcionan todo el adorno y son demasiado hermosos como para ser ocultados por chirimbolos inútiles. La puerta se abre violentamente y entra Higgins. Sí uno se encuentra mirando hacia los ventanales. En el mismo lado se encuentra un piano. — ¡Tonterías! Ya sé que no me es posible mantener una conversación ligera. Tengo un trabajo para ti. Nadie ha llegado aún. HIGGINS. no está atestado de muebles y mesitas y zarandajas. no digas nada. Cada vez que se encuentran contigo dejan de venir. de las exhibiciones hechas en la Galería Grosvenor treinta años antes (los Burne-Jones. El único paisaje es un Cecil Lawson hecho en la escala de un Rubens. y el forro de brocado de la otomana y sus cojines. no los Whistler). (Se sienta en el sofá. — Es inútil. HIGGINS (consternada). querido. Las ventanas están abiertas.) HIGGINS. HIGGINS. . querido. está sentada. Unos pocos y buenos cuadros al óleo. En el rincón diagonalmente opuesto a la puerta. con el botón de un timbre al alcance de la mano. más adelante. Entre ella y la ventana que tiene más cerca hay una silla Chippendale. Ofendes a todas mis amistades. ante una mesita de escribir sencilla y elegante.) ¿Qué haces aquí.— No. — ¡Oh. Prometiste no venir. Henry. HIGGINS (besándola). tiene tres ventanas que miran al río y el cielo raso no es tan alto como lo sería en una casa más vieja de las mismas pretensiones. tiene la chimenea a su izquierda y la puerta en la pared de la derecha. Hay un retrato de Mrs. HIGGINS. sobre el Embankment. Higgins ha sido educada en la predilección por el estilo Morris y Burne-Jones. completamente distinto del de su hijo. Lo digo en serio. en el rincón más cercano a las ventanas. Al otro lado del cuarto. Mrs. con él sombrero puesto. en un piso de Chelsea. dejando paso a un balcón en el que hay macetas con flores. vaya! ¿Y qué me dices de tu conversación seria? De veras. HIGGINS. Lo siento. de la casa de la calle Wimpole. El rincón entre la chimenea y la ventana está ocupado por un diván con cojines forrados de cretona Morris. Higgins. HIGGINS. hoy? Es mi día de recibo. — ¡Henry! (Riñéndole. Vine a propósito.) Mrs. En el centro de la estancia hay una enorme otomana que. HIGGINS. pero no puedo acostumbrarme a tus vocales. Mrs. — Debo decir algo. Un trabajo fonético. — Bueno.ACTO III El día de recibo de Mrs. toscamente tallada según el gusto de Iñigo Jones. condujo a los absurdos del esteticismo popular de la década que comenzó en mil ochocientos setenta. escribiendo. Mrs. caricaturizado por personas que no lo entendían.) Mrs. — Lo sé. pasados ya los sesenta años y habiendo dejado ya atrás el deseo de tomarse el trabajo de vestirse a la moda. Mrs. caramba! (Deja caer el sombrero en la mesa. de cuando desafiaba la moda de su juventud con uno de los hermosos trajes estilo Rossetti que. HIGGINS. Higgins. ella le quita el sombrero y se lo entrega.—Pero no debías haberlo hecho. Y aunque me agrada recibir tus hermosas postales con tu escritura taquigráfica patentada. y su cuarto. penden de las paredes. ¿eh? ¡Conversación ligera. Mrs. Pero a la gente no le importa. siempre me veo obligada a leer las copias en escritura común que tan previsoramente me envías. El salón.

Ganaré la apuesta. — Bueno. HIGGINS. supongo. — Pero acabas de decir que sí. Habla inglés casi tan bien como tú francés. He encontrado a una muchacha. Son interrumpidos por la criada. (Se retira. y vuelve a sentarse. Mrs. — ¿Quiere eso decir que una muchacha te ha encontrado a ti? HIGGINS.) . ¿entiendes? Y no debe hablar de tópicos generales. HIGGINS. ¿Cuándo piensas descubrir que hay varias mujeres hermosas a tu alrededor? HIGGINS. Mi idea de una mujer a quien se puede amar es una que se parezca a ti tanto como sea posible. eso ya es satisfactorio.) Eso es. HIGGINS. Mrs. — ¿Sabes qué harías si me amaras de veras. porque se ve obligada a aprender un idioma completamente nuevo. — No la invitaste. Mrs.. Mrs. — Vendrá a visitarte. HIGGINS.. HIGGINS. Mrs. La encontré en la calle. Y ahí es donde. —Sí y no... pues tiene que hablar de algo. su madre le presenta a los visitantes. HIGGINS. Dios! (Se levanta. HIGGINS. — ¡Qué lástima! HIGGINS. y Miss Eynsford Hill.— ¡Y la invitaste a venir a mi casa el día de recibo! HIGGINS (poniéndose de pie y acercándose a ella para engatusarla). Nunca podré llegar a sentirme seriamente atraído por mujeres jóvenes. no pasará nada. haciendo sonar las monedas y las llaves que guarda en los bolsillos del pantalón. Tiene un oído muy fino y me ha sido más fácil enseñarle a ella que a mis alumnos de la clase media. Eso la mantendrá a salvo. ¿sabes? Pero no se puede tener en cuenta solamente cómo pronuncia una joven. HIGGINS. Si la hubieras conocido no la habrías invitado.—Porque nunca te enamoras de nadie que tenga menos de cuarenta y cinco años. — ¡Oh. — No recuerdo haberla invitado. no tengo tiempo para ocuparme de mujeres hermosas.) Además.. — Bien. HIGGINS. — La pronunciación se la he enseñado perfectamente bien. Algunas costumbres están arraigadas demasiado hondamente como para ser cambiadas. no te alarmes. HIGGINS. (El obedece. Magnífico día y qué tal le va. — No. de nuestros órganos. que anuncia la llegada de invitados. — Nada de eso. todas son idiotas. Mrs. (Levantándose bruscamente y paseándose. HIGGINS. Pero. no pasará nada! Le he enseñado a hablar correctamente y tiene órdenes estrictas en lo que atañe a su comportamiento. (Se domina y vuelve a sentarse. — ¡Ay.) Oh. Mrs. HIGGINS. —Mrs. HIGGINS. —¡A salvo! ¡Hablar de nuestra salud.—Oh. con un gesto de desesperación. Tenemos una especie de apuesta pendiente acerca de si podré hacerla pasar por duquesa en seis meses. Y ahora háblame de esa muchacha. por favor! ¿Qué? Casarme. HIGGINS. quizá de nuestro cuerpo! ¿Cómo pudiste ser tan tonto. — ¡Oh. — ¡De veras! ¿Por qué? HIGGINS. Dejar de removerte y sacar las manos de los bolsillos.) HIGGINS. Mrs. Mrs. — ¿Por qué? Mrs. — En todo caso. antes de que pueda llegar a ella. Henry? HIGGINS (impaciente). Tiene que atenerse a dos temas: el tiempo y la salud de todos los presentes. Mrs. Es una vulgar florista. LA CRIADA. Henry? HIGGINS.Mrs.. Empecé a trabajar con ella hace unos meses y progresa admirablemente. HIGGINS. — ¿Qué quieres decir? HIGGINS. sino qué pronuncia. HIGGINS. No me refiero a un asunto amoroso. ocurre que. — No lo es la parte que tú tienes que hacer. toma precipitadamente el sombrero de la mesa y va hacia la puerta. Pickering está conmigo en la conspiración. La invité yo.

HIGGINS (presentando). (Presentando. La doncella regresa. en la orilla opuesta. —No se lo hago. profesor Higgins. tanto da. LA DONCELLA... ¿Conoce a Mrs. HIGGINS. maldito sea! Mrs. Será mejor que se siente. EYNSFORD HILL (levantándose a medias). HIGGINS (lúgubre. Eynsford Hill. (Melancólico. — ¡ Nos interrumpieron. (Se sienta en la otomana. — ¡Oh.) PICKERING. HIGGINS. — ¿Cónlevá? Mrs. Queremos que conozca a una amiga nuestra.) HIGGINS.— Juraría que lo he visto anteriormente. ¿Dónde fue? FREDDY. — ¿Cómo le va? HIGGINS (mirándola fijamente).) Mrs. EYNSFORD HILL. pero he escuchado su voz. entre su hija y Mrs. tranquila. La madre es bien educada. Mrs.) Mrs. — No. (Retrocede hacia el piano y hace una brusca inclinación. HIGGINS (volviéndose. . — Oh. Mrs. Eynsford Hill. Higgins). como si fuesen un desierto helado.. — Mi hijo Henry. Mrs.. Hill y Mrs. — ¿Cómo le va. Henry! Mrs.Mrs. y Miss Eynsford Hill son la madre y la hija que se cobijaron de la lluvia en Covent Garden. — ¿Le ha dicho Henry para qué hemos venido? HIGGINS (por sobre el hombro). — ¿Cónlevá? HIGGINS (mirándole como si se tratase de un ladrón). — ¿Como le va? (Se dan la mano. —Encantado. — No creo que conozca a mi hijo. —No lo creo. — Lamento decir que mi célebre hijo no tiene modales. (Se retira. —Mr. caray! Necesitamos a dos o tres personas. — ¿Cónlevá? Mrs. seguida de Freddy. HIGGINS. precediendo a Pickering. FREDDY (con una inclinación). qué ha apartado su silla de la mesa de escribir.) El coronel Pickering. Higgins y se sienta. Mrs. —El coronel Pickering. — ¡Su célebre hijo! Hace mucho tiempo que tenía deseos de conocerle. esperanzado). fuera de sus casillas). EYNSFORD HILL (un tanto desconcertada). el profesor Higgins. —En absoluto. No le hagan caso. y tiene la habitual ansiedad que acompaña a las estrecheces económicas. LA DONCELLA. no.) Miss EYNSFORD HILL (aproximándose a él con confiada familiaridad). Miss Eynsford Hill? (Intercambio de inclinaciones. HIGGINS (casi audiblemente. — ¿Molestamos? Mrs. Ustedes. — ¿Cómo le va? (Le da la mano. La hija ha adquirido el aire de encontrarse sumamente a gusto en sociedad: la bravuconería de la pobreza elegante. EYNSFORD HILL (a Mrs. HIGGINS (levantándose y haciéndola sentarse nuevamente ). a través del cual. El coronel pone la silla Chippendale entre Mrs. contempla el río y las flores del parque Battersea. — La he visto a usted en otra parte. — ¡ Sí. Higgins). Miss EYNSFORD HILL (alegremente).) PICKERING.— Le agradezco que haya venido. No me imagino siquiera dónde. — Me alegro de que haya venido. Regresa la doncella. HIGGINS. (Se sienta en la silla isabelina. de espaldas a los visitantes. Se dirige al ventanal del centro. — ¡Dios del cielo! ¡Otro Eynsford Hill! FREDDY (dándole la mano a Mrs. sin acercarse a ella). FREDDY (acercándose a Higgins). o cualquier otro.) Miss EYNSFORD HILL. HIGGINS. Higgins.) No tiene importancia. Higgins? Mrs. ¿he sido grosero? No fue mi intención. Henry. No podría haber venido más oportunamente.

Y por cierto que me alegro de verla. Higgins).) Eliza.) Mrs. — ¿O de la buena educación. LIZA (hablando con pedantesca corrección de pronunciación y gran belleza de tono). ja! Miss EYNSFORD HILL (que considera a Higgins bastante elegible como partido). — Todos somos salvajes. Después da la vuelta y se queda detrás del respaldo. — ¿Son tan cínicos sus pensamientos? HIGGINS. resultas un poco molesto en las ocasiones más corrientes. — Sea como fuere. — ¿Cómo está usted. — ¿Sí? Lo siento. —Oh. PICKERING. —"Es ella. ¿verdad? Mrs. ¿entiende? Se cree que somos civilizados y cultos. mamá. LIZA. Higgins me dijo que podía venir. — El coronel Pickering. HIGGINS. Higgins. Me acuerdo de sus ojos. — ¿Cómo está usted? . al entrar. Hill. LIZA. Pero lo que realmente piensa es espantoso. HIGGINS (con tono de advertencia). Eynsford Hill. — Lo que la gente piensa que debería pensar ya es bastante malo. ¿Le parece que sería agradable que dijese lo que yo realmente pienso? Miss EYNSFORD HILL (alegremente).. — ¡Bien. de cara a la ventana. ¿de qué demonios hablaremos hasta que llegue Eliza? Mrs. más o menos. Miss Doolittle? LIZA (dándole la mano).) ¿Qué sabe usted de poesía? (A Mrs. en el lugar que Higgins acaba de dejar libre. agitados. — Miss Doolittle. — ¿Por qué? HIGGINS. EYNSFORD HILL (presentando). sonriente.) ¿Qué sabe usted de la ciencia? (Indicando a Freddy.) ¡Ja. se acerca a la madre de éste con estudiada gracia. bien.HIGGINS (resignado). la ciencia o cualquier otra cosa? ¿Qué demonios creen ustedes que sé yo de la filosofía? Mrs. que sabemos todo lo que se refiere a la poesía y la filosofía y el arte y demás. HIGGINS. (De pronto. henos aquí! (Se sienta en la otomana. HIGGINS (cordialmente).. — ¿Cómo está usted? (Se sienta graciosamente en la otomana. estoy segura de que no lo dice en serio. Mrs. — ¡Dios no lo permita! Mrs..) Y ahora. — ¿Cínicos? ¿Quién diablos dijo que fuesen cínicos? Quiero decir que no sería decente. Higgins? (Se atraganta levemente cuando hace un esfuerzo para pronunciar la H de Higgins. no tiene importancia. HIGGINS. de veras. que todos se ponen de pie. EYNSFORD HILL (seria). ¿cuántos de nosotros conocen siquiera el significado de esas palabras? (A Miss Hill. como Dios bien lo sabe. — Simpatizo con usted. Pero. Henry? LA DONCELLA (abriendo la puerta). — ¿Cómo le va. (Se retira. Siéntese.) Mr.) Supongo que tienes razón. Miss Doolittle. Guiada por las señas de Higgins. EYNSFORD HILL (retomando el hilo del tema de su hija). EYNSFORD HILL.. Mrs.) HIGGINS (levantándose apresuradamente y corriendo hacia Mrs. exquisitamente vestida. — Mi hija Clara. Mrs. — Estoy segura de que nos hemos encontrado anteriormente. — Eres el alma y el nervio de las veladas de la "Royal Society". produce una impresión de tan notable distinción y belleza. Mr. HIGGINS. (Se para en puntas de pies y hace señas a Eliza por sobre la cabeza de la madre. Pero. pero sale exitosamente del paso. ¡Si la gente fuese sincera y dijese verdaderamente lo que piensa!. Yo no se mantener una conversación ligera. para indicarle quién es la dueña de casa. — En efecto. a la izquierda de Mrs.) ¿Qué sabe él del arte. Le da un apretón de manos y luego lo lanza prácticamente sobre la otomana. HIGGINS (cayendo en una profunda melancolía). ¿sabes? (Estrepitosamente.

haciendo conversación). LIZA. qué tremendamente gracioso! LIZA. Mrs. EYNSFORD HILL (a Eliza. — ¿Clavar el pico? LIZA. Y yo digo que el que lo birló es el que la hizo espichar. ja.CLARA (impulsivamente). — ¡Ja. me la romperás. Yo la vi con mis propios ojos. en mi opinión. Sigue una pausa larga y penosa. LIZA. FREDDY. Mrs. Además. joven? Me parece que lo he dicho bien. pero se domina y no dice nada. — ¡Perdón! Se dirige al diván. tropezando de paso con el guardafuegos de la chimenea y los morillos. EYNSFORD HILL (espantada). EYNSFORD HILL.) No te sientes en la mesa de escribir. LIZA (en el mismo tono trágico). — ¿Y cree usted que mataron a su tía? LIZA. no ya por un sombrero. junto a Eliza. — Pero seguramente no estuvo bien que su padre le echara bebida alcohólica en la garganta. —Espero que no empiece a hacer frío. Mrs. EYNSFORD HILL (chasquea la lengua en señal de simpatía). Podría haberla matado.— ¡Síiii. — ¿Cómo está usted? Freddy hace una inclinación y se sienta en la silla isabelina. Higgins le lanza una mirada. —¿Cómo le va? (Se sienta en la otomana. sí! ¡Ahora me acuerdo! (Todos le miran boquiabiertos. — ¡Caramba. FREDDY. Mrs. — Estoy seguro de haber tenido el gusto. le hicieron clavar el pico. — Es la nueva forma de conversación. Mrs. ciegamente enamorado. — ¿Quiere decir que él bebía? LIZA.) ¡Covent Garden! (Con acento lastimero. Todos creían que se había muerto. HICGINS (de pronto). — ¡Por Dios! LIZA (acumulando las pruebas del proceso). que el cielo la bendiga! ¿Por qué habría de morir de influenza? El año anterior se curó perfectamente de la difteria. Mrs. por favor! (El está a punto de sentarse en el borde de la mesa. — ¿Le parece que lloverá? LIZA. Mrs. — ¡Henry. él se había echado tan gran cantidad en su propia garganta que sabía que era buena. Pero mi padre le echaba continuamente ginebra en la garganta. — La zona de baja presión que persiste en estas islas en la parte oeste tiene que moverse lentamente hacia el este. — Mi tía murió de influenza. Mrs. devorándola con los ojos. —HIGGINS (enfurruñado). Mrs. que tendría que haberme correspondido a mí? Alguien lo birló. EYNSFORD HILL. Hacer espichar a una persona significa matarla. desenredándose en medio de imprecaciones masculladas y terminando su desastroso viaje no sin antes haberse dejado caer tan impacientemente sobre el diván que casi lo rompe. — ¿Por qué una mujer de las energías de ella habría de morirse de influenza? ¿Qué fue de su sombrero nuevo de paja. — Pero. — ¿Qué tiene eso de malo.) FREDDY (acercándose a Eliza).) ¡Qué maldición! Mrs. LIZA (sombría). — ¿Qué quiere decir eso de hacerla espichar? HIGGINS (apresurado). HIGGINS (perpleja). horrorizada). — ¡Matador! Mrs. EYNSFORD HILL. EYNSFORD HILL. HIGGINS. No existen indicios de un gran cambio en la situación barométrica. Mrs. — ¿A ella? La ginebra es para ella como la leche materna. HIGGINS (al cabo. Todas las primaveras derriba a nuestra familia entera. — ¡ Qué le parece! Los tipos con los cuales vivía la habrían matado por un alfiler de sombrero. —Mi hijo Freddy. Así dijeron. Estaba azul.—¿Si bebía? ¡Por favor! ¡Una cosa crónica! . y volvió en sí tan de pronto que arrancó de un mordisco el cuenco de la cuchara. EYNSFORD HILL (presentando). La influenza anda mucho por ahí.

¿de qué se reía? (A Higgins. — Si lo hacía correctamente. Not bloody likely. todos. convulsionado por carcajadas irreprimibles. Adiós. Clara. Freddy sale al balcón para poder ver nuevamente a Eliza. — ¡Ejem! LIZA (mirándole.) ¿He dicho algo que no debiera? Mrs. Y es tan gracioso y le da un énfasis tan elegante a las cosas que en sí no son muy ingeniosas. aunque lo considero espantoso y poco femenino. coronel Pickering.—Que no.) ¿Sabe? lo que pasa es lo siguiente. — De la nueva forma de conversación. no seas así.) Encantada de haberla conocido. descontenta. Y siempre era más bondadoso cuando tenía unos tragos adentro. Mrs. (Expansiva. es una suerte. HIGGINS. Bloody es un intensivo vulgar. — Ya lo creo que soy anticuada. — Nada en absoluto. Si un hombre tiene un poco de conciencia lo asalta cuando está sobrio. PICKERING. — Vamos. CLARA (dejándose caer. (Alegre.) LIZA (haciendo una inclinación de cabeza a los demás). mamá. Lo hace usted tan bien. (Completamente a sus anchas. En el original. Pero espero que no empieces a usar esa expresión. Encuentro que el nuevo estilo de conversación es sumamente delicioso e inocente en absoluto. la gente pensará que no vamos a ninguna parte ni visitamos a nadie. (Sale. considerado como altamente incorrecto en la conversación en sociedad.— Adiós. FREDDY (abriéndole la puerta). He estado en la India durante muchos años. LIZA. Miss Doolittle? En ese caso.) Voy en taxi. (A Freddy. Higgins. HIGGINS (levantándose y mirando el reloj).) A rachas. — Nada de eso. que yo pudiese verlo. EYNSFORD HILL.. (Le da la mano a Mrs. debo irme. comprendiendo la insinuación y poniéndose de pie). la verdad es que no puedo acostumbrarme a las nuevas modas. LIZA. ¿No le parece. EYNSFORD HILL (poniéndose de pie). Miss Doolittle. — ¿A pie? ¡Cuernos!1 ¡Ni pensarlo! (Sensación. Miss Doolittle. LIZA (con dicción perfectamente elegante). — Adiós.. — No me lo pregunte a mí. Hay muchas mujeres que tienen que hacer que sus esposos se emborrachen para poder vivir con ellos. (Se dan la mano.) 1 . ¿de qué se ríe? FREDDY. —Bueno. — Es cuestión de acostumbrarse. EYNSFORD HILL.. en fin de cuentas. No hay en ello nada de malo ni de bueno..) Pickering abre la boca y se sienta.) Mrs. Freddy va a la puerta.Mrs. — ¡Cuan espantoso para usted! LIZA. Nunca le hizo daño alguno. — ¿Cruza usted el parque. — Bueno. — Bueno.) Porque yo siempre digo que. —Adiós. en la silla isabelina). Y entonces se abate. de ahí la sensación. Y los modales han cambiado tanto que a veces no sé si me encuentro en un ambiente respetable o en el castillo de proa de algún barco carguero. Me he acostumbrado a oírte hablar de hombres llamándoles latosos y a decir que todo es asqueroso y podrido. HIGGINS (interviniendo). como quien dice. LIZA.) ¡Vaya!. creo que ya es hora de que nos vayamos. no bebía regularmente. coronel Pickering? PICKERING. que en castellano sólo podría ser producida por un expletivo de más grueso calibre. Nadie quiere decir nada con eso. — Adiós.. Pero esto último es realmente subido... Pero. (Todos se levantan. Mrs. Cuando estaba sin trabajo. por otra parte. de tanto en tanto. Mrs. Si sigues siendo tan anticuada.. EYNSFORD HILL (sufriendo aún de la impresión recibida). mi madre solía darle cuatro peniques y le decía que saliera y no volviese hasta que no se hubiera emborrachado y puesto alegre y amoroso. (N. del T. CLARA.

Adiós. sumamente agradable. No es obligatorio. —¿Y bien? ¿Es presentable Eliza? (Se precipita sobre su madre y la arrastra a la otomana. pero si piensas por un solo instante que no se traiciona con cada frase que pronuncia. por supuesto que es presentable. Higgins).) FREDDY (hablando al cielo. ¿no cree que podría hacerse algo? Quiero decir. — Muchas gracias. ¿Le agradaría volver a encontrarse con Miss Doolittle? FREDDY (ávido). HIGGINS. no. CLARA (Levantándose).. — Mientras esté en manos de Henry. (Sale). (Pickering. — Pero. le pregunto. Higgins. — ¡ Esas remalditas tonterías! CLARA. (Se dan la mano. — ¡Tonto!. coronel Pickering. algo para eliminar el elemento sanguinario de su conversación. y se la oye bajar las escaleras envuelta en un torrente de argentinas carcajadas. — Adiós. — No se olvide de ensayar el nuevo estilo de conversación en las tres casas. PICKERING. ¡Todas estas tonterías de la primitiva mojigatería victoriana! HIGGINS (tentándola).! No sabe cómo comportarse. se une discretamente a Higgins ante la ventana. Es un triunfo de tu arte y del de la modista. segura de estar a la última moda.) HIGGINS (ansioso). todavía tenemos que visitar otras tres casas. Adiós. — ¡Clara! CLARA. Adiós. HIGGINS (dándole la mano).—Bien. debes estar completamente loco por ella. ¿sabe? Puede arreglárselas perfectamente sin ella. — ¡Por cierto que sí! Mrs. ja! (Sale radiante.) Mrs.. — Adiós. —No debe enojarse con Clara. Hable con vigor. EYNSFORD HILL (a Pickering). — Es inútil. Jamás podré decidirme a usar esa palabra.. Mrs. HIGGINS (ofendido). EYNSFORD HILL (convulsivamente). muchas gracias. ya conoce mis días de recibo. Higgins. Mrs. PICKERING. —Lo haré. Higgins. — ¿Quieres decir que mi lenguaje es incorrecto? . querida. HIGGINS. — Sí. comprendiendo. profesor Higgins. EYNSFORD HILL (o Mrs. HIGGINS. CLARA (toda sonrisas). — Bueno. arrobado). FREDDY. HIGGINS. EYNSFORD HILL. Mrs. viendo que tiene los ojos húmedos. — ¡Adiós. Mr.) Adiós. Higgins. No se ponga nerviosa. Mrs. (Se rinde y se acerca a Mrs. —Pero Clara me persigue de tal modo cuando yo no estoy prácticamente desbordante con las últimas novedades de la jerga.. con su hijo a su izquierda. pobrecita.) Pickering vuelve a sentarse en su silla. — ¡ Pueden irse al cuerno esas remalditas tonterías! Mrs. PICKERING. que no se quiere que él escuche. Higgins. Mrs. (Mrs. le toma la mano con simpatía y la acompaña hasta la puerta. EYNSFORD HILL. HIGGINS. sí. ¿No le parece? Mrs. — Adiós. por el tono más bajo con que dice estas palabras. adiós! Mrs.Pickering y Higgins se ponen de pie. — ¡Ja.) ¡ Somos tan pobres y ella va a tan pocas fiestas.) Pero mi hijo es agradable. Adiós. Mrs. HIGGINS (acercándose melancólicamente a ella y acompañándola hasta la puerta). — Oh. — No lo haga. a la derecha de Mrs.. Adiós. Adiós. Estaré encantada de que continúe visitándome. Mrs. donde ella se sienta en el lugar antes ocupado por Eliza. (Sale. Adiós.. — Oh. EYNSFORD HILL.

— ¿Qué? . Todo eso ya lo sé. Higgins e inclinándose ansiosamente hacia ella). — Estamos siempre hablando a Eliza.Mrs. HIGGINS." Ese es el final de todas las conversaciones acerca de Eliza. Pearce? Oh. que es lo más extraño del conjunto. Mrs. es el experimento más absorbente que jamás haya emprendido! Ella llena nuestras vidas. Trabajamos juntos en la cuestión de mis dialectos indios. para conseguir los resultados que se han visto. ¿no es verdad. ¿No es cierto. Pero. por ejemplo.. HIGGINS (atacándola por el otro oído). Pero no tienes idea de cuan espantosamente interesante es tomar a un ser humano y convertirlo en otro ser humano completamente distinto con sólo crearle un nuevo idioma. Le aseguro. Todas las semanas —todos los días. — Y. en una barcaza del río. Mrs. HIGGINS. — Creo que sé a qué se refiere. maldito sea si yo la entiendo! He tenido que trabajar con la muchacha todos los días. —Vamos. Mrs. — En verdad que son ustedes una hermosa pareja de chiquillos. es enormemente interesante. (Más cerca. en caso contrario. — Pero.. antes de que llegara Eliza. ¿Dónde habría de vivir? Mrs. Sería correctísimo. — ¡Jugando! El trabajo más difícil que jamás he encarado. Higgins. HIGGINS.. Mrs. querido. durante varios meses. esa es la fórmula. — ¡Bueno. hace veinte años.. HIGGINS. — Oh. ¿quiere informarme de cuál es el verdadero estado de cosas en la calle Wimpole? PICKERING (alegremente. señor". HIGGINS. — Enseñando a Eliza. Mrs. está encantada de que le saque tanto trabajo de las manos. — Con nosotros. caramba. es preciso que aprenda a conocerse a sí mismo.. Es llenar el más amplio abismo que separa a una clase de otra clase y a un alma de otra alma. me es útil. Pick? PICKERING. PICKERING. ¿cómo se lleva tu ama de llaves con ella? HIGGINS. — Bueno. — Coronel Pickering. Yo no había escuchado un lenguaje como el suyo desde que solía pasar revista a los voluntarios. en Hyde Park.) Vamos registrando los progresos en cada una de las etapas.. — Sí. — Perfectamente. Mrs. No hace más que decir: "Usted no piensa. Pero no sería correcto en una fiesta. jugando con esa muñeca viva.. Sabe dónde están mis cosas y se acuerda de mis citas y demás. — ¿Mrs. ¿qué es? PICKERING (lentamente).— ¡Sí. señor. HIGGINS. "Usted no piensa. HIGGINS (mohíno). tenemos docenas de discos de gramófono y de fotografías. Higgins... si ustedes lo dicen. HIGGINS (profundamente herido). Higgins. —Sí. — Como si alguna vez dejara de pensar en ella y en sus malditas vocales y consonantes. ¿en qué condiciones? ¿Es una sirvienta? Y. HIGGINS (tranquilizando a Henry con una palmadita). Pick? PICKERING. PICKERING (interrumpiéndole). mamá. Porque. Además. Y nos parece sumamente conveniente. admitiré que no siempre hablo como un obispo. — No. PICKERING (acercando su silla a Mrs. — Vistiendo a Eliza. que tomamos a Eliza muy en serio. yo estoy viviendo allí con Henry. bueno. — Pues permíteme que te diga. Mrs. casi— hay un nuevo cambio. para no hablar del alma.. Pero tiene cierta extraña idea acerca de Eliza. Estoy extenuado de tanto pensar en ella y de vigilarle los labios y los dientes y la lengua. ¿dónde vive esa joven? HIGGINS. Es un arreglo muy sensato. solía tener que encontrarme las cosas y hacerme acordar de mis compromisos. HIGGINS. como si esto cambiara el tema de conversación). no te equivoques en ello. HIGGINS. HIGGINS. HIGGINS.

ya se trate de . Con todos los sonidos que un ser humano puede producir. cuando Eliza llegó a la calle Wimpole. — Inventando nuevas Elizas. — ¡ Oh. La hemos llevado a conciertos clásicos y a cafés.) PICKERING. PICKERING. Le aseguro.) HIGGINS (levantándose a su vez).. ) HIGGINS. dialectos africanos. por ese lado no ocurrirá nada. Coronel Pickering. cosas que a mí me costó años aprender. Mrs. HIGGINS (tapándose los oídos con las manos.. — ¿Qué cosa? Mrs. Puede irse por su lado y seguir su camino. No se preocupe por ella. tiene el oído más extraordinariamente rápido. La he puesto a prueba. Higgins! (Se levanta para irse. Cantantes. que esa chica. Lo que ha oído en cuanto llega a casa. Henry. Pero. — Sí.. — No veo ningún problema en ello.. Mrs.) . HIGGINS.. HIGGINS. — Yo resolveré el problema. Mrs.. como no se presentó la madre. Mrs. y.HIGGINS. — ¡Las ventajas de esa pobre mujer que estuvo aquí hace un momento! ¡Los modales y las costumbres que incapacitan a una dama refinada para ganarse su propia vida. mi querida Mrs. — Perdón. Y todo le es lo mismo. Cuando Pickering se pone a gritar. el padre. Beethoven y Brahms. Mrs. Chasquidos.. Lo tengo ya casi resuelto. hotentotes.. ya veo. como si los hubiera. Pero Henry se libró muy pronto de él. HIGGINS. — No.. Conocido de toda la vida. si no se le proporcionan los ingresos de una dama refinada! ¿Se refieren a eso? PICKERING (indulgente.... — Habría sido mucho más sensato que hubiese ido la madre. HIGGINS.. Higgins. — Un problema.. HIGGINS (ubicándose inconscientemente en una época por medio de la palabra). HIGGINS. ¿no se da cuenta de que.. Sabe tocar el piano maravillosamente. de primer intento. ! (Se callan. ¿Sabes?. un poco aburrido). — Lo siento. (Le da la mano como si estuviese consolando a una niña asustada y se dirige hacia la puerta. El problema de cómo hacerla pasar por una dama.) — ¡Shhh. PICKERING. visto que ahora los dos hombres están tratando de superarse mutuamente a gritos y produciéndose un alboroto intolerable.. — Cállate. Es un genio. o Lehar y Lionel Monckton. — Ah. (Retira su silla en actitud de disculpa. Ejecuta todo... Aunque hace seis meses no había tocado un piano. Que el de un loro. criaturas masculinas infinitamente estúpidas: el problema de qué se hará con ella después. HIGGINS. Dialectos continentales. algo llegó con ella? PICKERING. Los aprende en un santiamén. HIGGINS (hablando PICKERING juntos) Mrs..... se presentó otra cosa. PICKERING. — Le encontraremos algún trabajo fácil. Adiós. con todas las ventajas que le he proporcionado. — Se siente bastante feliz. nadie puede deslizar una palabra en él medio.

a despecho de la ferocidad de su bigote. Llega un Rolls-Royce. Higgins la sigue. Uno de los invitados. antes de vencido el plazo. Para entrever cómo lo hizo. desciende y ayuda a bajar a Eliza. Eliza se hace pasar. abanico. entusiasmado. Pero los seis meses no han transcurrido y. flores y demás accesorios. Reconociendo a Higgins. — Imitará a todos los que haya visto. mamá.—Hay muchas soluciones. maestro! (Abraza a Higgins y le besa en ambas mejillas. en traje de noche. la puerta se abre para dejarles pasar. Adiós. Evidentemente es extranjero y se podría adivinar que es un bigotudo miembro de la Guardia húngara. Tiene varias condecoraciones sin importancia. A la izquierda está el guardarropa de los hombres. su mejor y más grande alumno. los hombres. La cosa ya está hecha. HIGGINS. con salida de teatro. HIGGINS (se levanta impacientemente y vuelve a su trabajo en la mesa de escribir. A la derecha hay una puerta que da al vestuario de las damas. — Sí. se vuelve y se ve entonces que es un joven de aspecto importante. mientras salen). Usted me enseñó fonética. abre ampliamente los brazos y se le acerca. es afable y locuaz. Por lo demás. HIGGINS (a Pickering. está vuelto de espaldas a ellos. y la apuesta de Higgins no ha sido ganada todavía. Un pequeño gentío está alineado para ver llegar a los invitados. cuando estemos de vuelta en casa. Quita de en medio. se toma coléricamente de la mesa y exclama:) ¡Oh. En el interior se encuentran en un espacioso vestíbulo del que arranca la gran escalinata. Higgins y Pickering se quitan los abrigos y reciben la contraseña del encargado del guardarropa. ocupado en la misma operación. (la besa y sigue a Pickering. Soy el pequeño Nepommuok. — Llevémosla a la representación de Shakespeare en Earls Court. Adiós. es sumamente elegante. su primer alumno. Pickering susurra algo a Eliza y le señala el vestuario de las damas. Lleva el cabello corto en la nuca y resplandeciente de pomada. — No. los hombres! Es evidente que Eliza no puede pasar aún por duquesa. es inútil preocuparse ahora. — ¡Espléndido! (Se les oye reír mientras hablan) Mrs. con un rostro extraordinariamente peludo. El coche se aleja y los tres suben los escalones y entran en la casa. imagínese una Embajada en Londres. La puerta del salón tiene una marquesina y una alfombra que va hasta el encintado de la vereda. Tiene un enorme bigote que se funde en unas frondosas patillas. porque está en su apogeo una gran recepción. HIGGINS. arroja el lapicero. BIGOTES. toma una hoja de su caja de papeles y se pone resueltamente a escribir. Pero. ) PICKERING (volviéndose para suministrar un consuelo final). — Su alumno. Haremos lo más correcto. el joven maravilloso.) ¿No se acuerda de mí? HIGGINS. Al tercer intento se rinde. Pickering. He hecho famoso su nombre en toda Europa. una noche de verano. Sus observaciones serán deliciosas. una pila de papeles desordenados. Ella entra. — De todos modos.HIGGINS. con medallas y condecoraciones en la solapa. diamantes. ¿Quién demonios es usted? BIGOTES. llevémosla. los hombres. PICKERING. Los invitados masculinos depositan allí sus sombreros y abrigos. Ondas de cabello se apiñan sobre su frente. No puede haberse olvidado de mí. Estas entran cubiertas con sus capas y salen en todo su esplendor. — ¿Por qué no se afeita? . PICKERING. no me acuerdo. Después de haber tomado su contraseña. por una princesa. efectivamente. de un manotón.— ¡Maestro.

— No tengo su imponente aspecto. Eliza sale del vestuario y se une a ellos. Suben. — Excelencia. Porque.) PICKERING. (A Eliza. ja! (Se precipita escaleras arriba. en mis sueños. coronel. HIGGINS. — Ese diplomático griego finge que no habla ni entiende el inglés.. Higgins. — Miss Doolittle.) ESPOSA. habré perdido mi apuesta. NEPOMMUCK (con una inclinación). Su excelencia no puede entender al caballero griego. Yo le ayudo a fingir. coronel? PICKERING. — ¿Cómo está usted? (Pasa al salón. (Sigue adelante. MAYORDOMO. ahora empieza la cosa. —Lista. Un mayordomo baja corriendo la gran escalinata y se acerca a Nepommuck. Me siento como me sentí antes de mi primera batalla. me olvidaré de todo y hablaré como lo hacía en Drury Lane. — Averigüe todo lo que pueda de ella. — Vamos. — ¿Está nervioso. PICKERING. ¿Es algún experto? . No puede engañarme. — Este sujeto. su mentón. Higgins el último. — Para mí no es la primera vez.) ESPOSA (a Nepommuck). La primera vez es la que mete miedo.) Bueno. PICKERING. Se presentó a sí mismo como su alumno. Yo ubico a cualquier hombre en Europa. Cuando me afeito nadie se da cuenta de que existo. en mi pequeña pocilga de Ángel Court. Prométame que no dejará que el profesor Higgins me despierte. Me llaman Cara Peluda. Pickering susurra al mayordomo. inmediatamente.NEPOMMUCK. ¡Ja.. el profesor Higgins. sí. — Lo veremos. He hecho esto cincuenta. EL MAYORDOMO DEL SEGUNDO DESCANSO. — ¿Cónlevá.) EMBAJADOR. — ¿Cónlevá? ¿Cónlevá. EL MAYORDOMO DEL PRIMER DESCANSO. Ahora soy famoso. — Se le necesita arriba. Eliza. NEPOMMUCK. ESPOSA DEL EMBAJADOR (tomando la mano de Eliza) — ¿Cónlevá? EMBAJADOR (lo mismo). cien veces. ¿Estás dispuesta? LIZA. Y ahora estoy soñando. ¿lista? LIZA. en cuanto el individuo abre la boca. Hablo treinta y dos idiomas. — ¿Es su hija adoptiva. — Terriblemente. Les hago pagar a todos. Al final de la escalinata se encuentran el embajador y su esposa. — Muy amable de su parte el haberla invitado. haciendo los honores. Usted es un gran especialista en el dialecto Cockney. el coronel Pickering. — Gracias. si lo hace. Si la descubre. pero le hago pagar bien cara la ficción. Soy indispensable en estas fiestas internacionales. el coronel Pickering. coronel Pickering? Causará sensación. — Bien. Pickering? LIZA (con una hermosa gravedad que aterra a la dueña de casa). su frente. — Ni una palabra. Habla el inglés tan atrozmente que no se atreve a pronunciar una palabra por miedo de descubrir su origen. ubica a un hombre en su lugar natal. Es hijo de un relojero de Clerkenwell. ¿es realmente un experto? ¿Podría descubrir a Eliza y extorsionarla? HIGGINS. NEPOMMUCK (a Higgins). — ¿Y qué está haciendo aquí. con Nepommuck pegado a ésta. El mayordomo se retira y desaparece entre el gentío. PICKERING.— Soy intérprete. el profesor Higgins. (Desaparece entre los invitados. Higgins? Esta noche tiene usted aquí a un rival. LIZA. en el primer descanso. PICKERING. en Londres. — Miss Doolittle. entre todos estos petimetres? NEPOMMUCK.

— Húngara. lleno de noticias. Todos dejan de hablar para mirarla.. maestro. HIGGINS (casi malhumorado). — ¿Cuál joven maravillosa? ESPOSA. admirar su vestido. — ¿Y la sangre real? ¿Cómo descubrió eso? NEPOMMUCK. Yo soy húngaro. Apuesto a que es de Drury Lane. maestro! Está usted empecinado en su especialidad de los dialectos cockney. Perdone mi colaboración. — Húngara. ja! ¡Ah. HIGGINS. — Porque Doolittle es un nombre inglés. sus joyas y su personalidad extrañamente atractiva. Por lo menos debe de ser . lúgubre y despectivo. — La verdad es que me aterrorizó por la forma en que dijo Cónlevá. — ¿Cónlevá. esos ojos decididos. Mi sangre es real. ESPOSA. No puede engañarme a mí. ¿Ha averiguado ya algo acerca de la señorita Doolittle? NEPOMMUCK. — Instinto. ESPOSA. El arroyo londinense es el único mundo que existe para usted. — Ah. Sólo las razas magiares pueden producir ese aire de derecho divino. maestro. — ¿Por qué? NEPOMMUCK. Pasa Eliza..) En el salón principal y los contiguos la recepción está en pleno auge. instinto. No entiendo el francés". —¿Le habló usted en húngaro? NEPOMMUCK. Los más jóvenes se ponen de pie sobre las sillas para verla. HIGGINS (a la esposa del embajador). ¿Puede encontrarme a alguna inglesa que hable el inglés como se debería? Sólo los extranjeros que han aprendido a hablarlo lo hablan bien. ¿qué es? NEPOMMUCK. profesor? HIGGINS. Nepommuck. Pero. no puede ser! NEPOMMUCK. Y ella no es inglesa. ¡Imposible: conoce ambos idiomas! HIGGINS. —¿Cómo está usted? Deben ser terriblemente aburridas para usted. — Puede aprender un idioma en dos semanas. ESPOSA. Es una impostora. TODOS LOS DEMÁS. (Sigue adelante. en lugar de hacerlo como una debutante que hace su presentación entre una muchedumbre elegante. Me dijo: "Por favor. salida del arroyo y enseñada a hablar por un experto. profesor? HIGGINS. se acerca al grupo en que están conversando. — ¿Qué dice usted. — Usted lo sabe perfectamente. — ¡Ah. — ¿Y qué dice Su Excelencia? ESPOSA. por fin está usted aquí. he aquí al profesor Higgins. — Sí. — Sí. ESPOSA. qué tontería! ¡Pero si habla perfectamente el inglés! NEPOMMUCK. ESPOSA. ESPOSA. — ¿Húngara? NEPOMMUCK. estas cosas. Como fonetista no sirve para nada. — Digo que es una jovencita londinense corriente. Langtry. Está tan preocupada por su prueba que camina como una sonámbula en un desierto. él nos lo dirá! Háblenos de esa maravillosa joven. — ¡Ah. si no es inglesa. El Embajador y su esposa llegan de la escalinata y se mezclan a sus huéspedes. Tuve una maestra que hablaba así y le tenía un miedo mortal. — ¡Ja. ESPOSA. hábleme en inglés. Higgins. Y de sangre real. Me dicen que jamás se ha visto nada semejante en Londres desde que la gente se ponía de pie sobre sus sillas para contemplar a Mrs. Se mostró muy inteligente. — Lo he averiguado todo. ¡Francés! Fingió no conocer la diferencia que hay entre el francés y el húngaro. profesor.HIGGINS. HIGGINS. — Oh. es claro que estoy de acuerdo con Nepommuck. NEPOMMUCK. Es una princesa. — ¡Una impostora! ¡Oh. Su apellido no es Doolittle. Nepommuck se une al grupo. Conoce docenas de idiomas: señal segura de que es un tonto. — Demasiado perfectamente. sí.

indudablemente. Lamentaría mucho haberle hecho perder la apuesta. — No necesariamente legítima. HIGGINS. querida. PICKERING. por supuesto.— ¡Oh.. — No creo que pueda seguir soportando mucho más esto. dejando solo a Higgins. HIGGINS.una princesa. LIZA.. — No la has perdido. Ya he tenido bastante del parloteo de estos tontos. — Salgamos de aquí. Una anciana acaba de decirme que hablo exactamente como la reina Victoria. Y yo tengo hambre. Eliza se une a ellos. la clase a la que pertenece. Quizá morganática. pero nada podrá hacer que me parezca a esta gente. Pero esa es. — Me aferró a mi opinión. — ¿Dónde está Eliza? No tenemos que dejarla sola. Salgamos y cenemos en alguna otra parte. ESPOSA. Hice lo mejor que pude. La has ganado diez veces. es incorregible! El grupo se disuelve. La gente me mira de tal modo. EMBAJADOR. — Eliza está cansada. . PICKERING. PICKERING. Pickering se le une.

ante Higgins. (Deja caer las circulares en el guardafuego de la chimenea y se queda de pie sobre la alfombra. ¿eh? HIGGINS (fervientemente). la recepción.) Eliza regresa con un par de enormes pantuflas maltrechas. de espaldas a la chimenea. No hay nadie en el cuarto. llevando una chaqueta de fumar que ha tomado abajo. HIGGINS (bostezando otra vez). Higgins. Se recobra y vuelve a asumir su actitud pétrea. y este billet-doux para ti. Eliza le mira sombríamente. — Bien. El fuego está apagado. trayendo varias cartas. ataviada con todas las galas con que acaba de ganar la apuesta para Higgins. y vuelve a sentarse como antes. Se acerca a la chimenea y enciende las luces eléctricas. con abrigo y sombrero. Señor! ¡Qué noche! ¡Qué pandilla! ¡Qué estúpido juego! (Levanta una pierna para desatarse el zapato y ve las pantuflas. PICKERING. Las mira como si hubiesen aparecido por su propia voluntad) Oh. Se quita el sombrero y el abrigo. Entra Pickering. Y su expresión es casi trágica. en traje de noche. el garden party. cavilando.ACTO IV El laboratorio de la calle Wimpole.— ¡Ah. con gran facilidad. Las pone sobre la alfombra. Demasiadas cosas buenas. PICKERING. y se deja caer. PICKERING. Es una noche de verano. la cena. ¿Puede acostarse Mrs. entra. Pero has ganado tu apuesta. Eliza logró convencer a todos. Pickering regresa. una melodía de La Fanciulla del West. — ¡Gracias a Dios que eso ya ha terminado! Eliza se sobresalta violentamente. fatigado. con una corona en el membrete. PICKERING. pero ellos no lo advierten. Pearce se enfadará si dejamos estas cosas tiradas en la sala. De pronto se interrumpe y exclama:) Quisiera saber dónde demonios están mis pantuflas. luego. Higgins vuelve a bostezar y continúa canturreando. — Oh. Medianoche. similarmente ataviado. se pone la de fumar. silenciosa. — Oye. cierra con llave. —¡Dios no lo quiera! Eliza abre la puerta y se la ve en el descansillo iluminado. en la butaca. Pick. Higgins. (Pickering toma los abrigos y los sombreros y va a la planta baja. sin pronunciar una palabra. También él se quita el sombrero y el abrigo y está a punto de dejarlos caer sobre los de Higgins cuando vacila. por fin. De pronto se oye a Pickering y Higgins subiendo la escalera. — Y lo estamos. su palidez contrasta intensamente con sus ojos y cabello oscuros. Higgins comienza a canturrear. hace lo mismo con su chaqueta.— No me fijé. El reloj de la repisa da las doce. estoy un poco cansado. Pearce? Ya no necesitamos nada más. Pensará que estábamos borrachos. un poquito.) HIGGINS (lanzando un vistazo al billet-doux). Eliza no parecía . Está cansada. Se quita la capa. déjalas caer al vestíbulo por sobre la baranda. Primero. entre bostezos. — Nada más que circulares. ¿Hay alguna carta? HIGGINS. — ¿Estuviste nervioso en el garden party? Yo lo estuve. — Bien. pone el abanico y los guantes sobre el piano y se sienta en el taburete. Las encontrará allí por la mañana y las guardará. junto a la chimenea. los deja caer descuidadamente sobre el soporte para revistas. ¿quieres? No volveré a salir. — ¡Un prestamista! (Arroja la carta al montón de circulares. HIGGINS. ¿eh? PICKERING. PICKERING. HIGGINS (llamando a Pickering). están ahí. luego se levanta y sale. ¿no es cierto? HIGGINS. — Digo yo: Mrs.

¡Tengo ganas de matarlo. Tomaré té. HIGGINS (afuera. un triunfo para ti. Basta de duquesas artificiales. HIGGINS. —No le sucede nada malo. atiborrándonos de comida. ya en la puerta. a usted. — ¡Oh.. PICKERING. vamos! El garden party fue terriblemente excitante.nada intranquila.. lo que me ha fatigado es la tensión del trabajo de todos estos meses. PICKERING. sencillamente.) HIGGINS (siguiéndole)— Buenas noches. enfermo de no tener nada que hacer. me sentí como un oso enjaulado. No. HIGGINS. Fue una idea tonta. no lo estaba.) .. ¿no es verdad? Eso le basta. Sin embargo. Finalmente. no aprenden jamás. Está a punto de gritar. PICKERING. ha sido un gran día. sin nadie con quien hablar. (Sale.) ¿Sucede algo malo? LIZA (sin aliento).) Apaga las luces. Le he ganado la apuesta. Pero cuando vi que ganaríamos sin esfuerzo alguno. Fue bastante interesante al comienzo. Buenas noches. todo ello resultó una lata.. — ¿Qué demonios he hecho con mis zapatillas? (Aparece en la puerta. animal egoísta! ¿Por qué no me dejó en el lugar de donde me sacó. La comida fue peor: eso de estar sentados allí durante una hora. en el arroyo? Da gracias a Dios porque ahora todo ha terminado y puede volver a arrojarme allá. Yo sabía que se portaría bien. De todos modos... Todo el asunto ha sido. fue un gran triunfo. HIGGINS. — Es que no has sido introducido adecuadamente en la rutina social. una detrás de la otra).) ¿Qué ocurre? Levántate.) A mí me gusta meterme en ella de tanto en tanto. y ojalá que nunca pueda tener un día de suerte con ellas! HIGGINS (atónito). — Oh. desesperado). HIGGINS. ¿Por qué me arrojaste estas pantuflas? LIZA. Se sienta en la butaca de Higgins y se aferra con fuerza de los brazos de la misma.. — ¿Que tú me has ganado la apuesta? ¡Insecto presuntuoso! Yo la gané. son tan tontas que creen que la elegancia y la distinción les nacen naturalmente y. Pickering: basta de eso para mí. Te lo aseguro. (Por sobre el hombro. Si no me hubiese decidido a hacerlo. Muchas de las personas de verdadera posición social aristocrática no saben hacerlo en absoluto. Pearce que no me prepare el café por la mañana. Pero después me sentí mortalmente aburrido. cede a sus impulsos y se arroja con furia al suelo. por lo tanto. (La levanta. — Sí. un purgatorio. — ¡Qué diablos. — Sí. aparte de esa maldita tonta de mujer elegante.¿eh? (Crispa nerviosamente los dedos. (Acercándose al piano. Siempre hay algo de profesional en la cuestión de hacer una cosa superlativamente bien. (Levantándose..) LIZA (tomando las pantuflas y arrojándoselas con todas sus fuerzas. Y ahora puedo irme a dormir sin sentir miedo por el día de mañana. El corazón me palpitaba como no sé qué. La belleza de Eliza se torna asesina.) Eliza trata de dominarse y de sentirse indiferente mientras se levanta y se dirige a la chimenea para apagar las luces. habría abandonado toda la cuestión hace dos meses. (Sale. cuando estábamos en la parte de la fonética. ya hemos terminado con ello. eso es lo que me enfurece: la gente tonta que no conoce ni siquiera su tonto oficio. En una o dos oportunidades me asusté al ver que Eliza estaba haciéndolo tan bien. Aparentemente yo no importo.— Porque quería aplastarle la cara. Me hace sentirme joven nuevamente. durante los tres primeros minutos.! (Se le acerca. — Creo que yo también me acostaré.) Sea como fuere. un triunfo inmenso. Eliza y dile a Mrs.— ¡Aquí están sus pantuflas! ¡Y aquí! ¡Llévese sus pantuflas.

Nada va mal. HIGGINS. LIZA. No existen ya para usted. Supongo que era natural que te sintieras ansiosa en cuanto a la fiesta. — No. —No. (Modera su tono. HIGGINS.. LIZA (conteniéndose. Eso te consolará. gata. HIGGINS. HIGGINS (tronante). eso era lo que te preocupaba.) Quizá estés cansada después de la tensión del día. la señorita está nerviosa. haciendo tintinear lo que tiene en los bolsillos. — ¿Supongo que no pretenderás que yo te he tratado mal? LIZA.. ¿eh? (Hunde las manos en los bolsillos y se pasea según es su costumbre. ¿Quieres beber una copa de champaña? (Se dirige hacia la puerta. un tanto inquieto. menos aun qu'esah pantuflas. donde se sienta y se cubre el rostro. — ¿Qué será de mí? ¿Qué será de mí? HIGGINS.) Gracias. aunque no me había dado cuenta clara de que te ibas. y se te pasará. Una pausa. "¡Gracias a Dios que todo ha terminado!" HIGGINS (impaciente). como una buena chica. desesperanzada y aplastada. — Me alegro de saberlo. acercándosele.) Si yo fuera tú no me preocuparía. (La palmea bondadosamente en el hombro. Nadie te hace daño. Dios! ¡Ojalá estuviese muerta! HIGGINS (boquiabierto. No creí que ahora tuviese mayor importancia. — ¿Y qué? ¿No agradeces tú a Dios por que todo haya terminado? Ahora eres libre y puedes hacer lo que quieras. (De pronto se levanta y se aparta de él. desesperada). duerme.) Ya no existen motivos de preocupación. — ¿Por qué has hecho esta escena? ¿Puedo preguntarte si tienes alguna queja acerca del trato que se te ha dispensado aquí? LIZA. ¿eh? Guarda las uñas. pero nada impresionado). — ¿Para qué sirvo? ¿Para qué me ha hecho usted útil? ¿Adonde iré? ¿Qué haré? ¿Qué será de mí? HIGGINS (comprendiendo. Llora un poco y di tus oraciones. Eliza. Soy demasiado ignorante. LIZA (con amarga sumisión). LIZA (lanza un grito ahogado de furor e instintivamente trata de clavarle las uñas en la cara). Higgins. No soy nada para usted. Eliza. yendo hacia el taburete. como si por pura bondad condescendiera a discutir un tema trivial. Abatimiento y nada más. contemplándola con sincera sorpresa) — ¿Por qué? En nombre del cielo.— ¡No le importa! ¡Ya lo sé! Y si me muriese. — ¿Se ha portado alguien mal contigo? ¿El coronel Pickering? ¿Mrs. Pearce? ¿Alguno de los criados? LIZA. (Ella le mira . — Ah. HIGGINS (nuevamente afable). — No. LIZA. tampoco le importaría. LIZA. Ella se estremece. — Parece que.HIGGINS (contemplándola con frío asombro). ¿por qué? (Razonable.) LIZA. — ¿Cómo demonios quieres que sepa qué será de ti? ¿Qué me importa qué pueda ser de ti? LIZA. — No. —Que esas pantuflas. Toda esta irritación es puramente subjetiva. (La arroja groseramente en la butaca.) Escúchame. — Esto se te ha venido preparando desde hace unos días. Vé a la cama.) ¡Oh. Supongo que no tendrás gran dificultad en ubicarte en alguna parte. HIGGINS — Sí. Pero eso ya ha terminado. en fin de cuentas. HIGGINS (con su tono más altanero).) LIZA (vencida por la fuerza y el peso superiores). (Recobrando sus modales. — No. — No entiendo. — Que esas pantuflas. — No es más que la imaginación. ¿Cómo te atreves a ponerte furiosa conmigo? Siéntate y quédate quieta.—Ya he oído sus oraciones. HIGGINS.

. Y entonces no te sentirás tan desdichada.. — ¿Y qué otra cosa puedo hacer? HIGGINS. Mis ropas fueron quemadas. — Lo siento. — Antes de que se vaya. tiene carradas de dinero. es claro! Tú me las tiraste. Eliza vuelve a mirarlo y no se mueve. La mayoría de los hombres son casaderos (¡pobres diablos!). porque estás llorando y te has puesto tan fea como el mismo demonio. — Quiero saber qué puedo llevarme. no tengo otra cosa que vender que a mí misma. — Pero. ya te las arreglarás! Yo tengo que ir a acostarme. Lo único que quiero saber es si hay algo que me pertenezca. HIGGINS (ahora profundamente herido). LIZA. No insultes las relaciones humanas metiendo en ellas toda esta cantilena de comprar y vender. Come su manzana con una expresión de dicha en la mirada. Revela falta de sentimientos. ¿Qué hay de tu antigua idea de una florería? Pickering podría instalarte en una. HIGGINS (dejando caer las pantuflas de la sorpresa de oírse llamar señor por ella). Es decir. De paso: bajé a buscar algo y me olvidé de qué se trataba. con el alquiler de las joyas. — ¿Eh? LIZA. No quiero que se me acuse de robo.rápidamente. HIGGINS (escandalizado y ofendido). para la gente que tiene intenciones de casarse. (Ahogando una risita. — Oh. No ahora. — La ropa..) Podrías casarte. El ni se da cuenta de la mirada.— ¡Ah. Y tú no eres mal parecida. No soy más que una muchacha vulgar e ignorante. El no la mira. ¿sabes? (Muerde un gran trozo de manzana y lo masca ruidosamente. — No quiero oír nada más de eso. Pero cuando estás en tus cabales eres lo que yo llamaría atractiva. Eliza. Examina la frutera que hay sobre el piano y decide que comerá una manzana. — Pavadas. ¿entiendes? Vé a acostarte y descansa un poco. producirá un hermoso agujero en un par de billetes de cien libras.. es claro. Ojalá me hubiese dejado donde me encontró. En ocasiones produce placer mirarte. No me vendía a mí misma. Eliza. — ¿Robo? No deberías haber dicho eso.) LIZA. — En la esquina de Tottenham Court Road no nos prestamos a esos manejos. — Yo vendía flores. — Podría quererlas para la próxima muchacha que usted recoja para hacer experimentos. montones de cosas. LIZA. HIGGINS. No necesitas casarte con el individuo. HIGGINS (en una feliz integración de la idea). Me siento espantosamente soñoliento. sí. señor. LIZA. Ahora que me ha convertido en una dama. ya que se trata de una fruta deliciosa. HIGGINS.) Tendrá que pagar por todos estos trapos que has usado hoy. ¿qué importa eso? ¿Por qué necesitas comenzar a preocuparte por ello en mitad de la noche? LIZA. — ¿Qué quieres decir? LIZA. — Seguramente mi madre te encontrará algún sujeto que te convenga. si no te gusta. — ¿Así opinas de nosotros? LIZA. Y luego levántate y mírate en el espejo. HIGGINS (despertando).' (Las recoge y está a punto de salir. LIZA. ¡Pero si hace seis meses te habría parecido el paraíso tener una florería propia! ¡Vaya. Y en mi situación . Y eso.) Es preciso que sepas que no todos los hombres son solterones decididos como yo y el coronel. HIGGINS (lanzando resueltamente el corazón de la manzana al guardafuego). cuando ella le habla. — ¿Para qué cuernos le serviría a Pickering? LIZA. como si la pregunta fuera el colmo de lo irrazonable). — Sus pantuflas. ¿es mía o del coronel Pickering? HIGGINS (volviendo a entrar.

afuera. por favor. toma el bolso y se dirige a la puerta. sumamente encolerizado) LIZA (bebiéndose su emoción como si fuese néctar. (Higgins lo arroja violentamente a la chimenea y se vuelve hacia ella tan amenazadoramente que la joven se acurruca contra el piano. . su traje de calle y el sombrero. Prefiero no decir nada más esta noche. Cada uno de sus movimientos expresa su furiosa decisión. porque no seré yo quien le diga nada al respecto. Luego sale del cuarto. Se dirige al ropero. LIZA (descarada). Salvo las joyas. Pearce al infierno y que el café se vaya al diablo. ¿Estás satisfecha? (Se vuelve y está a punto de salir.) LIZA (quitándose un anillo). — Un momento. en el que una de las ventanas está aún iluminada.— Me has hecho perder los estribos. HIGGINS (formalmente). transido de amor.) ¿Quiere llevarse éstas a su cuarto y ponerlas bajo llave? No quiero correr el riesgo de que se pierdan. durante un instante. y no al joyero. lo abre. que sobresalen. Son alquiladas. Se calza los guantes. colérica. y saca un traje de calle. cerrando la puerta con violencia tras de sí. Finalmente lo deja caer en la frutera y sube al piso de arriba. Me voy a acostar. Se pone sus zapatos de paseo. Entretanto. apagando antes la luz eléctrica en el interruptor de la puerta. ¿quiere decirme qué es lo que me pertenece y qué lo que no me pertenece? HIGGINS (enfurruñado). HIGGINS (furioso). se cubre el rostro con las manos y exclama:) ¡No me pegue! HIGGINS. Se quita el traje de noche y los zapatos.) Eliza se arrodilla en la alfombra para buscar el anillo. FREDDY. Se lanza una última mirada en el espejo.tengo que ser cuidadosa. y los tesoros de mi aprecio e intimidad.— ¡Me alegro! Por lo menos me he cobrado una parte de lo que me hizo. contempla el segundo piso de la casa. Cuando lo encuentra piensa. cuelga en ella cuidadosamente el vestido de noche y guarda todo en el ropero. — Será mejor que le deje una nota a Mrs. Pearce acerca del café.) ¡Y maldita sea mi propia locura. — Este anillo no es del joyero. en la calle. qué hacer con él. Ahora no lo quiero. Por favor. que cierra con un portazo. Freddy Eynsford Hill. si quieres. Toma el reloj-pulsera del tocador y se lo coloca en la muñeca. te las metería en esa garganta desagradecida! (Se las mete descuidadamente en los bolsillos. adornándose inconscientemente con los extremos de las cadenas. —Puedes llevarte toda la maldita casa.) ¡Si me pertenecieran a mí. por haber malgastado mis conocimientos duramente conquistados. Es el que usted me compró en Brighton. La luz se apaga. cosa que muy pocas veces me sucedió anteriormente. Eliza sale. HIGGINS (con dignidad. y enfureciéndole aun más para provocar una nueva provisión). Luego toma una percha acolchada del ropero. querida. querida. que arroja sobre la cama. (Se quita las joyas. en una desalmada rata de albañal! (Sale con impresionante decoro y arruina toda la escena pegando un portazo. El moblaje del cuarto de Eliza ha sido aumentado con un enorme ropero y un suntuoso tocador. No puede haber sentimientos entre gente como usted y gente como yo. — Buenas noches. — ¡Pegarte! ¡Criatura infame!. (Salvaje. en su mejor estilo profesional). De pronto saca la lengua. — ¡Tráelas aquí! (Ella se las pone en las manos. querida. La joven entra y enciende la luz. un sombrero y un par de zapatos. ¿cómo te atreves a acusarme de semejante cosa? ¡Eres tú quien me ha pegado! ¡Me has herido hasta lo más hondo del corazón! LIZA (estremeciéndose de gozo). — Que se vaya Mrs.

— Ni una sola persona. FREDDY. — ¿Qué está haciendo aquí? FREDDY. — A la orden. El coronel piensa que jamás habría que salir a la calle sin diez libras en el bolsillo. — Espero que no te haya apartado de tu camino. Vuelven a abrazarse y son nuevamente sorprendidos por un policía. Se detienen allí para reflexionar acerca de lo que harán ahora. con lentos pasos profesionales. ¿verdad? FREDDY. querida! Se abrazan otra vez. ¿Adonde ibas? | LIZA. Me paso aquí la mayor parte de mis noches. — Perdone. ¿no es cierto? FREDDY. abrazados. — No me llame Miss Doolittle. señor: paso redoblado. La huida de los enamorados les lleva a Cavendish Square. — No es nada. LIZA. a usted y a la dama. —Al río. Y la policía no nos molestará en él. usted no cree que yo sea una desalmada rata de albañal. Pierde todo dominio de sí mismo y la ahoga a besos. ustedes dos! ¿Qué es esto? ¿Dónde creen que están? Váyanse de aquí. Freddy.) . esta vez mucho más joven. Y por la mañana iré a ver a la anciana Mrs. Pasearemos toda la noche. El policía menea la cabeza. Es el único lugar en que me siento feliz. — ¡Oh. — No tenía idea de que la policía fuese tan infernalmente gazmoña. — Para hacer un agujero en él. FREDDY. Llega un policía de edad. — Nada. — ¡No me asustó poco... — Tenemos que ir a alguna parte. — ¿No? Creo que sería maravilloso vagar para siempre. inconscientes de la llegada de un taxi que se arrastra lentamente. — Eliza querida. Higgins para preguntarle qué puedo hacer. — ¿Para qué? LIZA. Miss Doolittle. — Yo tengo mucho. Ahora no hay nadie más en el mundo que tú y yo. Vuelven a huir. pensando en cuando él estaba enamorado y en la vanidad de las esperanzas humanas. No se ría de mí. y se encuentran en Hanover Square antes de detenerse para una nueva conferencia. LIZA (sin aliento). POLICÍA (escandalizado). FREDDY. la más hermosa. FREDDY. FREDDY. FREDDY. Te hablaré de ello en el taxi. a paso redoblado. FREDDY. señor? LIZA. (Se rinde y le toma de los hombros. no. — ¡Oh. no querida! ¿Cómo puede imaginarse una cosa semejante? Eres la más encantadora. Ella. — Es trabajo de ellos echar a las muchachas de las calles. Sale corriendo. SEGUNDO POLICÍA. — ¿Puedo llevarles. ¿me oye? Liza es bastante para mí. un taxi! Lo que necesitábamos. FREDDY. no tengo dinero. — ¡Vamos! ¡¡Vamos!! ¡¡¡Vamos!!! La pareja se suelta apresuradamente. Se aleja en dirección opuesta. (El vehículo se aleja. FREDDY (horrorizado).LIZA. No podemos vagar por la calle toda la noche. Acabamos de comprometernos. FREDDY. LIZA. — ¡A ver. responde del mismo modo.) Freddy. Permanecen así. a alguna parte. ¿Qué quieres decir? ¿Qué ha ocurrido? LIZA. Ya no tiene importancia. — Pero. — ¡Oh. — ¡Espléndido! (Al conductor. LIZA. hambrienta de consuelo. maldito sea. LIZA. ese policía! Pero tú le contestaste bien.) Wimbledon Common. CONDUCTOR.

Mrs. HIGGINS. LA DONCELLA (en la puerta). LA DONCELLA. Supongo que habrá perdido algo. Higgins. ¿Le ha contado ya Henry? (Se sienta en la otomana. — Mr.) . — Sube y díle a Miss Doolittle que Mr. que suban. HIGGINS (levantándose. mamá.. — Sí. HIGGINS (continuando calmosamente con su escritura). No sé qué compromisos tengo. — Me habría sorprendido si me hubieras dicho que Mr. señora. — El inspector presentó muchas objeciones. Mrs. ¿Qué debo hacer? Mrs.. — ¡Eliza ha huido! Mrs.— No querrás decirme que has lanzado a la policía en persecución de Eliza. Henry está excitado. — ¡Oye. (El contiene su impaciencia en tanto que la doncella sale. — Me temo que nada. como de costumbre. Diles que suban cuando hayan terminado con la policía. HIGGINS. Mrs. HIGGINS. como antes. Entra la doncella. por la estancia). Mrs. Henry. — Es claro que sí. si no? ¿Qué otra cosa podíamos hacer? (Se sienta en la silla isabelina. en lugar de acostarse.) Mrs. vino en un taxi a buscar sus cosas. Creo que telefonean a la policía. querido. HIGGINS. HIGGINS. — Sí. esto es un fastidio! Mrs.. La joven tiene perfecto derecho a irse. Me pareció que sería mejor que la previniera. se cambió de ropas y salió inmediatamente. HIGGINS. — ¿Qué dice ese asno del inspector? ¿Has ofrecido una recompensa? Mrs. HIGGINS (vagando. Pídele que no baje hasta que yo se lo diga. Higgins. HIGGINS. LA DONCELLA. inquieto. — ¿Qué? LA DONCELLA (adelantándose y bajando la voz). señora. o algo así? ¡Vaya! (Vuelve a sentarse. Y esa idiota de Mrs. o un paraguas perdido. Buenos días. Higgins irrumpe en el cuarto.) PICKERING (dándole la mano). Esta mañana.ACTO V La salita de Mrs. Henry. asombrada e indignada).) HIGGINS. HIGGINS.—Y es natural que lo sospeche. ¿Para qué está la policía. Creo que sospechaba que tenemos propósitos incorrectos. Higgins deja la pluma y se aparta de la mesa de escribir. (Entra Pickering. (Saliendo. Pearce se las dio sin decirme una palabra al respecto. si se le antoja.) ¿Qué sucede? HIGGINS. Esta está sentada a su mesa de escribir. — Muy bien. como si fuese una ladrona. ¿Qué derecho tienen a dirigirse a la policía y dar el nombre de la joven. Mrs. Como ha dicho la doncella. HIGGINS. Su cama está sin tocar. — Mr. —Buenos días. — Debes de haberla asustado. Henry no estaba excitado. — Bueno. Estoy. señora. Mrs. — ¿Asustarla yo? ¡Tonterías! Ayer por la noche la dejamos. señora. para que apagara las luces y demás cosas. Y. — Están usando el teléfono. antes de las siete. está abajo con el coronel Pickering. enfadada. se encuentra excitado. profundamente.) PICKERING. HIGGINS. Henry y el coronel están aquí. señora.. LA DONCELLA. — Pero no puedo encontrar nada.

a razón de media corona la hora. HIGGINS. (Se acerca a ella y toma la mano que le tiende. — Algunos tienen toda la suerte. . (Sale. — No me importaría si me hubiera sucedido. — ¿Qué me hizo? ¡Me arruinó! ¡Destruyó mi felicidad. Mr. un caballero desea verlo urgentemente. Henry. Pero esto es algo que me ha hecho usted: sí. — ¡Está delirante! ¡Está borracho! ¡Está loco! Le di cinco libras. Una flor en el ojal. — ¡Oh. Emry Iggins. caramba! No puedo atender a nadie. ¿ve esto? Usted es el culpable. Pero. (Se retira. HIGGINS. LA DONCELLA (anunciando). PICKERING. Mr.. ¿Quién es? LA DONCELLA.HIGGINS. HIGGINS. — ¡Oiga!. Se acerca a Higgins y le habla con tono de vehemente reproche. Y desde entonces no he vuelto a verle.) Estoy tan absorto en lo que me ha ocurrido que no puedo pensar en otra cosa.. señor: un caballero! HIGGINS (respingando. DOOLITTLE. HIGGINS. no.) Entra Doolittle. HIGGINS. (Se sienta en la otomana. Está tan preocupado con el asunto que le trajo que no advierte a Mrs. — ¡Parientes nobles! ¡Ahora nos enteraremos de algo! (Se sienta en la silla Chippendale. a la derecha de Pickering. HIGGINS. LA DONCELLA. No la encontré. — ¿Qué demonios le ha sucedido? DOOLITTLE. — Los dos tienen tanta sensatez como dos chiquillos. —¡Doolittle! ¿Se refiere al basurero? LA DONCELLA. sin que pueda culpar a nadie más que a la Providencia. intolerante. el individuo del cual le hablamos.— ¡Caray. — Solamente al padre.) Gracias. HIGGINS (levantándose. — Sí. le digo. y quedándose de pie junto a Doolittle). Mire este sombrero. — Mr. —Mr. ¿Por qué habría de comprarme ropas? Mrs. — De esto. PICKERING. Doolittle.) HIGGINS (ansioso. ¿No quiere sentarse? DOOLITTLE (desconcertado al advertir que se ha olvidado de la dueña de casa). excitado). ¿qué le hizo mi hijo. después de lo que usted me hizo. en rigor. Mrs. debe tratarse de algún pariente al cual ella se habrá dirigido! Alguien que no conocemos. — Sí. — Buenos días. —Un tal Mr. —¿El culpable de qué. HIGGINS. señor. Está resplandecientemente vestido como para una boda distinguida. Pick. — ¿Le ha estado comprando ropas Eliza? DOOLITTLE. un reluciente sombrero de copa y zapatos de charol completan el efecto. acercándose a su madre). Pero ella me encontrará muy pronto a mí. Cualquier cosa puede ocurrirle a cualquiera. DOOLITTLE (indicando su propia persona). Doolittle. usted. Le han enviado aquí desde la calle Wimpole. — Le ruego que me perdone. rápido. Doolittle? DOOLITTLE. Entra la doncella e interrumpe la conversación. hombre? DOOLITTLE. — Pero. señora. Higgins. Me maniató y entregó en manos de la moral de la clase media. Mírelo. —¿Ha encontrado a Eliza? DOOLITTLE — ¿La ha perdido? HIGGINS. como quien dice. — ¡Basurero! ¡Oh. (A la doncella. LA DONCELLA. —¿Conocen a alguno de sus parientes? PICKERING. HIGGINS. Mire esta chaqueta. Doolittle.) Mrs. — No podemos dejarla irse de este modo. ¿Qué podíamos hacer? Mrs. — ¿Eliza? No. — ¡Pero es que queremos encontrarla! PICKERING. Higgins. podría muy bien ser el novio. y. Mrs. señor. Después de eso sostuve dos conversaciones con usted.) Hágalo subir.

recuerdo que después de su primera visita hice una broma tonta en ese sentido! DOOLITTLE. No le pedirán más de un discurso. Y todos me sablean a mí. ¿Escribió usted. Pero me opongo a que me conviertan en un caballero. Si lo rechazo. gracias a su broma tonta. Ahora estoy preocupado. ¿No es así. un vulgar basurero? HIGGINS. — ¡Ah! ¡Estoy borracho!. en una ocasión. Cuando era pobre y tuve que recurrir a un abogado. era Alfred Doolittle. — ¿Qué? ¡Ezra D. Sableaba a casi todo el mundo cuando necesitaba dinero. porque encontraron un cochecillo de bebé en mi carro de la basura. coronel Pickering? PICKERING.DOOLITTLE. ¿eh? ¡ Estoy loco!. DOOLITTLE. Ahora descubren que no soy un hombre sano y que no podré vivir si no me revisan dos veces por día. señora. Intimidados. Enry Iggins. me deja una participación en su Trust del Queso Predigerido. (Se sienta otra vez. Nadie podría obligarle a aceptar el legado. — Esa es la tragedia. nadie puede obligarle a sufrir todo eso. Era libre. Tendré que aprender de usted a hablar el idioma de la clase media. Tengo que vivir para los demás. y entre todos ellos no podría reunirse un solo salario semanal decente. Y apuesto a que por eso me hizo la jugarreta. y no se me moverá ni un pelo. apuesto a que para esta hora ya está ante mi puerta. HIGGINS. Ahora tengo cincuenta. ¿Quién les pidió que hicieran un caballero de mí? Era dichoso. si yo no fuese respetable. Wannafeller! Está muerto. le digo. por humilde que ella sea. hasta que se pongan azules de escucharme. Mrs. diciéndole que el moralista más original que había en la actualidad en Inglaterra. o no escribió. en lugar de hablar en buen inglés. ¿Le escribió usted. no para mí mismo: eso es moral de la clase media. todos me ayudan y me cobran por ello. — ¡Hace muy bien en llamarla una broma tonta! Me hundió con ella. — ¡Demonios! ¡Caramba! (Repentinamente resplandeciente. Usted me habla de perder a Eliza. Puedo pronunciarlos en cantidades. HIGGINS. tal como lo sableé a usted. DOOLITTLE (apaciguando el tono en deferencia al sexo de Mrs. atado de pies y manos. por lo que usted sabía. hasta seis por año. Querrá decir que es una cosa magnífica para usted. Doolittle. Doolittle. después de escucharle. Ahí es donde aparece usted. — Creo que sí. una carta a un viejo de Norteamérica que quería donar cinco millones para fundar Sociedades de Reforma Moral en todo el mundo y que deseaba que usted le inventara un idioma universal? HIGGINS. señora: así estamos. ¿eh? Dígame una cosa. que representa unas tres mil libras al año. No se sienta tan ansioso. una carta. Enry Iggins. dice mi abogado. si realmente habla en serio. que reconocen y respetan el mérito en cualquier clase social que se presente. Estas palabras figuran en su maldito testamento. descuidadamente. — Pero mi querido Mr. — ¡Oh. con la condición de que yo pronuncie conferencias para esa Liga Mundial Wannafeller para la Reforma Moral tantas veces como me las pidan.) DOOLITTLE. que podría mantenerse vendiendo flores. — Buen negocio para usted. y todo gratis. ¿De veras?. le digo. ¿qué .) ¡Qué ganga! PICKERING. en el cual. — Sí. — No son los discursos los que me molestan. ¿Quién de nosotros lo tendría? Estamos todos intimidados. Pero no tengo ánimo para ello. Y el próximo en sablearme será usted mismo. En la casa no me dejan hacer absolutamente nada. aparte de dos o tres que no querían dirigirme la palabra. Le dio la oportunidad que necesitaba para demostrar que los norteamericanos no son como nosotros. Hace un año no tenía un solo pariente en el mundo. Es una cosa magnífica para usted. está muerto. él hizo que me pusieran en libertad y se libró de mí tan rápidamente como le fue posible. Enry Iggins. ella. o no le escribió. Es muy fácil decir déjelo. Y yo estoy perdido. Puede rechazarlo. Higgins). Lo mismo sucede con los médicos: solían echarme del hospital antes de que pudiera tenerme sólidamente en pie.

Doolittle. Las pantuflas me dieron de lleno en la cara en cuanto entré en la habitación. — Bueno. Enry. como todos nosotros. — Eliza vino a verme esta mañana. Yo le pagué cinco libras por ella. Mrs. señora. HIGGINS. Ahora se espera de mí que mantenga a todos con las tres mil anuales. no tengo nada que me aparte del uniforme del pobre mantenido por el Estado. es claro.) Mrs. Y no tiene derecho a llevársela a ella también. Ahora podrá mantenerla. está bien! (Se deja caer sin ninguna gracia en la otomana.) 1 . pues aceptó mi dinero por la muchacha. Hombres más felices que yo vendrán a buscar mi basura y mendigarán mi propina. (Se muestra abrumado por la emoción. Pero yo. Intimidado: así estoy. — Henry. por la poca felicidad de que gozan? No saben lo que es la felicidad. Henry.) Pero creo que podrías habernos dicho esto hace media hora.. Mrs. naturalmente. — Precisamente lo contrario. — Sí. le ha estado contado cuentos. aparte de esas malditas tres mil anuales que me hacen saltar a la clase media. HIGGINS (respingando nuevamente). Y eso es lo que me ha hecho su hijo. un poco de las dos.me espera en mi vejez. Se portó del modo más insultante. Y yo tendré que mirarles. está arriba. HIGGINS. ¿te mostraste tiránico hacia ella después de que yo me fui a dormir? HIGGINS. se refiere. Si fuese uno de los pobres dignos y hubiera ahorrado algo.) Lo tienen atrapado a uno. Y yo no tengo valor para el asilo. Porque esto resuelve el problema del futuro de Eliza.— Mi querida Mrs. No le pertenece.— ¡Oh. puesto que los pobres dignos podrían muy bien ser millonarios. Doolittle? Una muestra de la erudición clásica de Doolittle.) Mrs. Deshecho. (N. Y me habló con un lenguaje perfectamente atroz. Si quieres saber dónde está Eliza.. HIGGINS. Siéntate. Casi ni le dirigimos le palabra. impotente. HIGGINS. podría rechazarlo. ¿No es cierto. Es preciso elegir entre la Squili del asilo de pobres y la Char Bydis de la clase media 1. HIGGINS. PICKERING (estupefacto). (Volviéndose hacia Higgins. Yo no le proporcioné ni el menor motivo para ese comportamiento. —Yo. del T. — Quédate tranquilo. no seas absurdo. HIGGINS. usted misma la habría usado si hubiese tenido mis motivos. DOOLITTLE (tolerante).. Comprado. HIGGINS. Y nos separamos de ella en términos especialmente amistosos. está bien. — ¿Qué? PICKERING (levantándose a su vez). HIGGINS (levantándose y siguiéndole). como uno de los pobres indignos. — Un poco de las dos cosas. HIGGINS (atónito). No la tratamos brutalmente. — Creo que sé bien lo que le hicieron. DOOLITTLE (con melancólica resignación).— ¡Bobadas! ¡El no puede mantenerla! No la mantendrá. HIGGINS. sino el asilo? Ya he tenido que teñirme el cabello para conservar mi puesto de basurero. ¿por qué habría de hacerlo así. —Y esto. — ¿Arriba? Entonces la haré bajar inmediatamente. (Se dirige resueltamente hacia la puerta. y envidiarles. se vuelva hacia donde se volviere. a Escila y Caribdis. — Bien. un tanto afectuosa. querido.. HIGGINS (poniéndose en pie de un salto). Mr. La joven es. me alegro de que no haya decidido hacer nada precipitado. antes de que hubiese podido pronunciar una palabra. Mrs. de cara hacia las ventanas. Higgins. en ese caso. Me contó la forma brutal en que la trataste. ¿por qué? ¿Qué le hicimos? Mrs.) Higgins. Mr. Me arrojó las pantuflas a la cara. Doolittle: o es usted un hombre honrado o es un pillo. y escúchame. — Siéntate. Pero. (Perdone la expresión señora.

— Sí. Si no. — No estaba tratando de parecer simpático. (Sale. Mrs. HIGGINS. No creo que te des cuenta cabal de lo que significa. — Si me prometes portarte bien. sin cometer ni un solo error. De veras. HIGGINS. pues. estira las piernas y comienza a silbar. Pick: pórtate bien. — ¡Vamos. Pero dice que se siente completamente dispuesta a hablar con ustedes en términos amistosos y a olvidar lo pasado. en respuesta al llamado. Se parece a mí.— Pero ella sabía todo eso. Saquemos a relucir nuestros mejores modales dominicales para esta criatura que hemos recogido del fango. Muy bien. si eso es lo que quieres decir. (Desaparece en el balcón. HIGGINS. —Pídele a Miss Doolittle que baje. ni la mimaron. Enry Iggins! Tenga un poco de consideración hacia mis sentimientos de miembro de la clase media. Porque ya me has hecho perder bastante tiempo. ¿No es verdad.) Mr. Bueno. para una chica de la clase de ella. LA DONCELLA. Doolittle. Henry. HIGGINS (regresando a su lugar. HIGGINS (enderezándose). Se encariñó con los dos. — Lo único que dijimos fue que estábamos cansados y que queríamos acostarnos. está bien. (Se arroja hoscamente en la silla isabelina. Higgins. eso fue todo. ¿Está muy enojada? Mrs. por favor. Doolittle está en condiciones de mantenerla en la posición social en la que ustedes la han colocado. HIGGINS. — Como quiera. Henry.) Aparece la doncella. Pick? PICKERING (encogiéndose de hombros). — Henry. HIGGINS. Mrs. le pediré que baje. . Henry. — Quizá nos mostramos un poco desconsiderados. — Tiene un corazón muy tierno. querido. HIGGINS. vete a tu casa. PICKERING (con remordimientos de conciencia). — ¿Está seguro? PICKERING. Mrs.—¿No le agradecieron. vamos. ustedes dos se quedaron sentados y no le dijeron ni una sola palabra. — Acuérdate de tu promesa.DOOLITTLE. HIGGINS. Cualquier cosa para ayudar a Enry a sacármela de encima. No le hicimos ningún discurso. señora. señora. HIGGINS (irónica). ante la mesa de escribir). señora. ¿Le molestaría? DOOLITTLE. HIGGINS (furioso). — Hace lo mejor que puede. ¡Y luego te sorprendiste cuando te arrojó las pantuflas a la cara! ¡Yo te habría arrojado los atizadores! HIGGINS. — Pórtate bien. — Precisamente. Mrs. ¿eh? ¡Caramba! ¡Ja! Mrs. HIGGINS. especialmente ahora que Mr. — Absolutamente. — Bueno. Mrs. Higgins echa la cabeza hacia atrás. Pickering se sienta en el lugar desocupado por Doolittle. Mrs. — Me estoy portando perfectamente bien. parece que. Mrs. No hicieron más que hablar entre sí de cuan satisfechos estaban de que todo hubiese terminado y de cómo se habían aburrido. ni le dijeron cuan espléndidamente se había portado? HIGGINS (impaciente). PICKERING. ¿quiere tener la bondad de pasar al balcón por un momento? No quiero que Eliza reciba el choque de sus noticias hasta que se haya reconciliado con estos dos caballeros.) Mrs. cualquier cosa que tenga relación con el trabajo mental. mamá. HIGGINS. Una pausa. Henry (Oprime el botón del timbre que está en la mesa de escribir. no pareces nada simpático en esa actitud.) DOOLITTLE (con tono de reproche). cuando llegó el día de la gran prueba y ella se comportó tan maravillosamente. — Me temo que no quiera regresar a la calle Wimpole. — Eso fue todo. Trabajó muy intensamente para ti. —Sí.

—.. coronel Pickering. Mrs. Mrs. —¡Bueno. — Porque no puedes hablar y silbar al mismo tiempo. Pronto verás si tiene una sola idea que no se la haya puesto yo en la cabeza. yo te lo enseñé y no podrás engañarme con él. él le enseñó a hablar. con el ejemplo del profesor Higgins eternamente delante.. LIZA. Y nunca habría sabido que las damas y los caballeros no eran así. por favor. HIGGINS. Pickering se siente tan desconcertado que no se pone de pie. HIGGINS (levantándose de un. en fin de cuentas: en eso reside la diferencia. ya ve: lo hacía. no seas tonta. Eliza toma una labor de costura de la cesta y comienza a bordar. o una sola palabra que no le haya puesto en la boca.. Henry.. — Déjala sola. Higgins lanza un gruñido. ése no es más que el carácter de él! No lo hace de intento. No sé por qué. HIGGINS. — No intentes este juego conmigo. — Tampoco yo lo hacía de intento cuando era florista.) HIGGINS. pero le debo tanto que me sentiría muy desdichada si se olvidase de mí. HIGGINS (plácida). ducha de sí misma. brinco). pero me molesta. — No tiene importancia. y yo no habría podido hacerlo. incapaz de dominarme. aparentemente sin advertir la presencia de Higgins y trabajando entre tanto diestramente). ¿no es verdad? (Se sienta a la izquierda de Pickering. No hable de eso como si se tratase de un experimento. si no hubiese estado usted allí.. Lleva una cestita de labores y se encuentra perfectamente a sus anchas. serena). Y. — Vaya.? (No puede terminar la frase. LIZA. LIZA. alegre. él se sienta junto a ella.) Una mañana bastante fría. Ninguna mujer podría resistirse a semejante invitación.! PICKERING. Me alegro de volver a verlo. ¿quieres? Higgins vuelve a sentarse salvajemente. Pero. por cierto.. Te digo que he creado a esa cosa con las hojas aplastadas de un repollo de Covent Garden. LIZA (a Pickering. No era más que mi carácter. Y ahora pretende hacerse la dama refinada conmigo. Déjala que hable por sí misma. — ¡No! LIZA (continuando. con una exhibición abrumadoramente convincente de desenvoltura de modales. coronel Pickering. sin prestar la más mínima atención al estallido. no soy más que una hoja aplastada de repollo. Pero siéntate. Miss Doolittle. (Este se levanta apresuradamente y se dan la mano. usando palabras insultantes a la menor provocación. — Sin duda alguna. PICKERING. —¿Por qué? Mrs. HIGGINS. — Oh. profesor Higgins? ¿Está usted bien? HIGGINS (ahogándose).) LIZA. — Es muy amable de su parte el sentir de ese modo. querido. HIGGINS. — ¿Si estoy. — ¿Cómo le va. —Sí. PICKERING.Mrs. Otra pausa sumamente penosa. mamá. Empero. LIZA. Pero fue de usted de quien verdaderamente aprendí los buenos modales... — ¡Oh. ahora que el experimento ha terminado? PICKERING. Usted nunca se enferma. querido. Y eso es lo que la convierte a una en una dama. — ¿Dejará usted de verme del todo. — ¿Dónde demonios está esa muchacha? ¿Es qué tendremos que esperarla aquí todo el día? Entra Eliza. Sé que es generoso hacia todos con su dinero. — Muy bien dicho. ¿verdad? La verdad es que me resultó sumamente difícil. Mi crianza me obligaba a ser igual que él. HIGGINS. Solamente quería hacerte hablar. — Pero es claro que está bien. PICKERING (impulsivamente). HIGGINS. Levántate y ven a casa. . — Y no es porque haya pagado mis vestidos.

.. Volverá al arroyo al cabo de tres semanas. Para el profesor Higgins siempre seré una florista. Miss Doolittle.LIZA (trivial). — No puedo. — No. ya no. HIGGINS. la diferencia entre una señora y una florista no reside en cómo se comporte. Y el haber abandonado la calle Wimpole la hace definitiva. sino en cómo la traten. Mrs. si ésta se hubiese presentado en la sala. HIGGINS. HIGGINS. PICKERING.— Es claro. Que vea cómo puede arreglárselas sin nosotros. Con una mirada de digno reproche a Higgins. ¿eh? LIZA. que. — ¿Por qué no le contesta con una buena andanada de jerga? No le aguante esas cosas. Ese fue el comienzo del respeto a mí misma. cuando fui a la calle Wimpole por primera vez.—Antes te veré en el infierno. Eliza. — Por favor. ese día. Le haría mucho bien.. Y no le culpo. ¿verdad? Pero tuvo tanta importancia para mí el que usted no fuese así. la forma correcta de hablar. aparte de las cosas que se pueden aprender (la forma de vestir. pero ahora no me es posible. — Era como aprender en el estilo de moda. cosas que demostraban que usted pensaba de mí y sentía a mi respecto como si me considerase algo mejor que una fregona. no lo ve. por supuesto. No creo que pudiese volver a pronunciar uno de los viejos sonidos. — Es incorregible. Henry. LIZA. yo soy una niña en el país de usted. ¿sabe qué fue lo que empezó mi verdadera educación? PICKERING. HIGGINS. se acerca lenta y silenciosamente a su hija. — ¡Henry. es ese un hermoso sentimiento. — Y me gustaría que el profesor Higgins me llame Miss Doolittle. — El que usted me llamara Miss Doolittle. ¿no es cierto? ¿Perdonará a Higgins? HIGGINS (levantándose). Nunca. PICKERING (intensamente alarmado..) — ¡Oh. de espaldas a la ventana. Pero sé que puedo ser una dama para usted. (Sigue bordando.. PICKERING. porque siempre me trata como a una florista y siempre me tratará del mismo modo. Mrs. aprende el nuevo idioma en un par de semanas y olvida el propio. Higgins se quita los zapatos en todas partes. — Gracias. — ¡Oh. LIZA. — Bien. Aunque. si no tiene inconveniente. que usted no advirtió porque las hacía con toda naturalidad. Es su modo de ser. No volverá al arroyo. PICKERING. — No haga caso de eso. por supuesto.) Y hubo otras cien cositas. — Lo sé. Pero. mientras yo estaba presente. — Me agradaría que me llamara Eliza.. PICKERING. aunque lo intentase. Ella deja caer la labor y pierde por completo el dominio de sí misma ante el . En otra época habría podido hacerlo. PICKERING. Cosas como ponerse de pie y quitarse el sombrero y abrir puertas. He aprendido mi lección. yo sabía que se habría portado del mismo modo con la fregona. pero usted volverá a la calle Wimpole!. es la profesión de él. En eso consiste la verdadera separación con la esquina de Tottenham Gourt Road. —¡Maldición! LIZA (continuando). LIZA. porque usted siempre me trata como a una dama y siempre me seguirá tratando del mismo modo. Nunca se quitó los zapatos en el comedor. Bueno. — ¿Qué? LIZA (interrumpiendo la labor por un momento). Henry! PICKERING (riendo). si no me tiene a mí cerca. Doolittle aparece en la ventana del centro. LIZA. He olvidado mi propio idioma y no puedo hablar otro que el de usted.! LIZA. no hagas rechinar los dientes. ( Doolittle la toca en el hombro izquierdo. cuando un niño es llevado a un país que no es el suyo. eso no era nada. La verdad. Usted me dijo una vez que.— ¿Perdonarme? ¡Vaya! Que no venga. nada más. etcétera). — Sí. Eliza.

DOOLITTLE (sentándose junto a Pickering). Siempre he tenido escrúpulos en decírselo. Pero yo supuse. pensando en los días dichosos que ya no son más. —Debe hacerlo. Y mi pobre mujer lo considerará como un tremendo cumplido. papá. Liza. PICKERING (apretando suavemente el codo de Eliza).. hombre. Eliza. Mi forma ha sido siempre la indigna. — ¿Puede culpar a la muchacha? No me mires así. ¿No se casó con la madre de Eliza? DOOLITTLE. coronel. Eliza llega hasta el centro de la habitación. Mr. Pickering se une a ella.) DOOLITTLE. Me agradaría que usted estuviese junto a mí hasta que termine. intimidada. yo. entra Eliza. (Sale). coronel. Eliza. — Si el coronel dice que es necesario. Eliza. Será mejor que vengas en el coche conmigo. El coronel Pickering podrá ir con el novio. bueno. (Cuando se dirige a la puerta. en Hanover Square. (Toma el sombrero y va hacia la puerta. Tu madrastra se casa conmigo. (Todos los hombres se ponen de pie. DOOLITTLE. LIZA (enfurecida).. Higgins sale. — Debes de haber sableado a un millonario esta vez. — Bueno. jefe. — No temas. Ella no lo sabe. LIZA (obligándose a sonreír a pesar de su irritación).. No es más que la forma de hacer las cosas de la clase media.— ¡Oh. salvo Higgins. — No. Pero no le diga nada a Eliza.) Iré a la iglesia. — ¿Quién le dijo tal cosa.. nadie me lo dijo. Pórtese lo mejor que pueda. (A Doolittle.) PICKERING. coronel.! Volveré dentro de un instante. Doolittle? Lamentaría mucho tener que perderme su boda. — Perfectamente. si usted quiere. Eliza.! Y seguramente seré insultada por el trabajo que me tomo. muy abatida.— Sea bondadosa con ellos.) ¡Aaaaaah-oooi! HIGGINS (con un graznido de triunfo).. para demostrar que no hay mala voluntad. — Pero si ya la pasó otra vez.! PICKERING (tranquilo). — ¡Novio! ¡Qué palabra! Hace que uno se dé cuenta de su situación... ¡pobre mujer! La respetabilidad le ha quitado todo el fuego. — Antes de que yo me vaya. DOOLITTLE. — Me siento extraordinariamente nervioso por culpa de la ceremonia.. cruzándose de brazos y desparramándose arrogantemente.. esa no es la forma natural. PICKERING. —Pediré el coche y me prepararé. Pero hoy estoy vestido especialmente. He conseguido cierta cantidad de dinero. Mrs.—Así es. ¿No quieres ponerte el sombrero.. te. DOOLITTLE. naturalmente. — ¿Y vendrá a la iglesia. — ¡Ahá! ¡Precisamente! ¡Aaaaaah-oooi! ¡Aaaaaaoooi! ¡Victoria! ¡Victoria! (Se deja caer en el diván.) No tardaré más de quince minutos.) ¿Por qué cambió ella de idea? DOOLITTLE (triste). — Intimidada.espectáculo del esplendor de su padre.. Ha estado.. Lo dejaremos así. Mrs.. (Casi sollozando. DOOLITTLE. La moral de la clase media exige su víctima. Ya no insulta a nadie. con el sombrero puesto y abotonándose los guantes. últimamente. — ¡No irás a rebajarte con esa mujer vulgarota y ordinaria. Voy a la iglesia de Saint George. a presenciar el casamiento de tu padre. — De mil amores. coronel? PICKERING. y ver cómo me ahorco? LIZA. LIZA. PICKERING. entre la ventana del medio y la otomana. Le daré toda la ayuda que pueda darle un soltero. Mrs. DOOLITTLE.. señora.) ¡Me rebajaré. DOOLITTLE. Eliza. — Le aseguro que me sentiré sumamente honrado con sus condescendencia. y me ayudará? PICKERING. — ¿Puedo ir yo también. perdone a Higgins y vuelva a vivir con . HIGGINS (levantándose). HIGGINS.

Te veré en Saint George. Durante toda mi vida fui víctima de una mujer tras otra. — Usted desea que vuelva únicamente para alcanzarle las pantuflas y aguantar sus arranques de cólera y ordenarle las cosas. sino en tener el mismo tipo de modales para todos los seres humanos. Ya los he tenido anteriormente. Yo habría hecho lo mismo.) Muy ingenioso de su parte. No me importaría que me pusiera un ojo negro. HIGGINS. Mis modales son exactamente los mismos que los del coronel Pickering. ¿te das cuenta?. Eliza. los dos deportistas. (Poniéndose de pie y enfrentándolo. LIZA. Y no pienso cambiar mis modales.) El gran secreto. vaya! Y entonces. de cara la ventana. — ¡Embustera! . — No es verdad. HIGGINS. Es hora de que salgamos. Ella vuelve inmediatamente a la habitación y se dirige a la puerta. Yo mismo te lo dije. pedazo de animal! ¡Quería librarse de mí! HIGGINS. LIZA. — Bien. Eliza! (Sigue a Doolittle. —No hay que fijarse en si te trato groseramente. Henry. No puedo cambiar mi carácter. no crea que no. Si hubiese sido uno solo de ellos. — ¡Ah. Pero él sale del balcón por el otro extremo y se pone de espaldas a la puerta antes de que la joven pueda llegar a ella.) Igual para todos. — No me importa cómo me trate.nosotros. — ¡Me acuerdo de ello. coronel. ¿No es cierto. — Ya lo sé. sumamente serena. No me molesta que me insulte. — Sin aceptar la comparación en todos sus puntos. Eliza. Pero. No me entrometeré.— ¡Quédate con nosotros. — Entiendo. LIZA. (A Pickering. para no estar a solas con Higgins. te trataré como siempre te he tratado. Si vuelves. LIZA. habrías podido comprometerle. de cara a la chimenea). Este se levanta y la sigue. siempre estaban los dos juntos y uno de ellos hacía de dama de compañía del otro. HIGGINS. apartándose de él y poniéndose al otro lado de la otomana. — Y yo trato a una duquesa como si fuese una florista. y se sienta en la otomana. por así decirlo. (Se vuelve. un tanto desconcertado). — Y entonces quítate del paso. Hasta luego. sino en si alguna vez me has visto tratar mejor a cualquier otra persona. Es usted un predicador nato. Hablas de mí como si fuese un ómnibus. HIGGINS. coronel. HIGGINS (sonriendo. HIGGINS (irritado).) Eliza sale al balcón. Eliza. El trata a una florista como si fuese una duquesa. — No he dicho que quisiera que vuelvas. Pero puedo arreglármelas sin usted. ¿de qué estamos hablando? HIGGINS. — De ti. donde no existen los coches de tercera y un alma es tan buena como otra. HIGGINS. es muy cierto que tu padre no es un fachendón y que se encontrará muy a sus anchas en cualquier situación a que su excéntrico destino pueda llevarle. LIZA (con repentina sinceridad). pero no le guardo rencor. LIZA (herida. en una palabra: en comportarse como si se encontrara uno en el cielo. (Sale. no consiste en tener buenos modales o malos modales o alguna otra forma especial de modales. — Amén. No más que impulso y carrera. papá? DOOLITTLE (triste pero magnánimo).) PICKERING (suplicante). — Precisamente. y ninguna consideración para nadie. ¿Has tenido bastante? ¿Quieres ser razonable? ¿O quieres algo más? LIZA. — No creo que papá me lo permita. Eliza. LIZA. Eliza: ya te has cobrado parte de la cuenta. — Te la jugaron muy astutamente. como tú lo llamas. y no les reprocho el que le hayan ganado la partida a Eliza. HIGGINS. no de mí. LIZA. LIZA.) Pero no quiero que me pasen por alto. Porque yo no me detendré por ti. (Serio. — Y lo es. — Como papá.

— No soy predicadora. —Principios comerciales. LIZA. como te plazca. Ni me lo tiene a mí. Mrs. LIZA (sincera). Pero sí me doy cuenta de que usted no me toma en cuenta. Déjame esos sentimientos y puedes llevarte la voz y el rostro.) Pero te echaré de menos. ¿Qué más puedes pedir? ¿Qué más puede pedir nadie? LIZA. si yo no le importaba? HIGGINS (sincero). — ¿Habría sido creado el mundo alguna vez. De modo que puedes volver a mi casa o irte al demonio. Tendrá que pasárselas sin mí. a último momento. de traer y llevar pantuflas. contra mi creación de una duquesa Eliza. a la humanidad. (Con repentina humildad. La burla no concuerda con el rostro humano ni con el alma humana. — Pues los tiene ambos en su gramófono y en su álbum de fotografías. Eliza. Tengo mi propia alma. Y me he acostumbrado a tu voz y a tu aspecto. Me llamas bestia porque no conquistaste ningún derecho sobre mí trayéndome mis zapatillas y encontrándome los anteojos. ¿no es cierto? LIZA. Es inútil que te esclavices por mí y luego digas que quieres que te aprecien. si su hacedor se hubiese preocupado de no provocar dificultades? Crear vida significa ocasionar dificultades. Me agradan.) Como u'n ramiyete de violeta'". Hay una sola forma de evitarlas: matando. Advertirás que los cobardes siempre piden a gritos que se mate a la gente que provoca dificultades.. usted siempre la convencía. HIGGINS (levantándose de un salto y paseándose por la estancia). — No se burle de mí. No hago más que expresar mi justo desprecio por el Comercialismo. — Gracias. No comercio con el afecto ni comerciaré. — Supongo que nunca te habrás preguntado si yo podía arreglármelas sin ti. HIGGINS. LIZA. Creo que una mujer que alcanza las pantuflas a un hombre constituye un espectáculo desagradable.. — No quiero a nadie que no me quiere a mí. — No puedo hacer funcionar tu alma en ningún aparato. Y no le tiene usted ni un poco de afecto. Es vil. — Le tengo afecto a la vida. LIZA. Una y otra vez ha querido irse. LIZA. — ¿Por qué creó a esa duquesa. vuelve por amistad. no tiene más que hacer funcionar el aparato. Y si te atreves a comparar tus habilidades de perrito. mi propia chispa del fuego divino. — Nunca me he burlado en mi vida.LIZA. no me doy cuenta de esas cosas.— ¡Oh. HIGGINS. Y. Cuando se sienta solitario sin mí. Y tu eres una parte de ella que se cruzó por mi camino y que fue moldeada en mi casa.) He aprendido algo de tus estúpidas ideas: lo confieso humilde y agradecidamente. Pearce me lo previno. eres una idiota! ¡Derrocho los tesoros de mi mente miltónica poniéndolos ante ti! De una vez por todas: entiende que sigo mi camino y cumplo con mi tarea sin que me importe un rábano de lo que nos suceda a cualquiera de los dos. —No trate de engañarme. — Pues porque era mi trabajo. HIGGINS. — ¡Eliza. Fuiste una tonta. LIZA.) —Puedo pasármelas sin nadie. Has recibido de mí cien veces más de lo que yo recibí de ti.. HIGGINS (arrogante. como tu padre y tu madrastra. . ¿Quién aprecia a un esclavo? Si vuelves. (Se sienta en la otomana. No estoy intimidado.) HIGGINS. Eliza. Porque no recibirás nada más. te daré con la puerta en las narices. — Nunca se le ocurrió pensar en las dificultades que me ocasionaría. es usted un demonio! Puede retorcerle el corazón a una mujer con tanta facilidad como cuando le retuerce los brazos para herirla. HIGGINS. ¿Alguna vez te llevé yo a ti las pantuflas? Mucho más te aprecio por habérmelas arrojado a la cara. (Reproduciendo su pronunciación de Covent Garden con exactitud profesional. HIGCINS. cerca de ella. Ellos no son tú. (Se sienta con dignidad. Carece de sentimientos que puedan ser heridos.

— ¡No me casaría con usted aunque me lo pidiera! ¡Y está más cerca de mi edad de que él! HIGGINS (dulcemente).) Lo que he hecho no lo hice por los vestidos y los taxis. HIGGINS (desagradablemente sorprendido). — Quizá yo pueda hacer algo de él. Lo hice porque era agradable estar juntos. pensándolo bien. — ¿Y usted podrá expulsarme mañana. Y entonces. Por eso te tomé yo. Y usted jamás piensa en otra cosa. puede que me haga más dichosa que los que son mejores que yo y me tratan tiránicamente y no me quieren. — ¿Por qué habría de volver? HIGGINS (poniéndose de rodillas sobre la otomana e inclinándose hacia la joven).. LIZA. si le place. — No es eso lo que quiero. HIGGINS (bajando de la otomana). LIZA. Siempre he tenido hombres de sobra que me querían de ese modo.— ¡No es una respuesta correcta! (Se deja caer en la silla que hay ante el escritorio. LIZA. — Sí. — Por supuesto. —Que él. no "de que él". — ¡Oh. — Toda mujer tiene derecho a ser amada.— Aunque. (Corrigiéndose. Sé que soy una muchacha vulgar e ignorante. ¡Eliza. no creo que Pickering quisiera. — Bueno.—Tiene derecho a hacerlo. Podría haber sido una mala muchacha.— Por pura diversión. Yo no deseo más que ser natural. si hubiese querido. sino. — En una palabra. si pudiese volver a mi cesta de flores! ¡Sería independiente de usted. LIZA. LIZA. LIZA (irritada. — Freddy no es un tonto. o para vender flores. — ¿Qué? ¿Por tontos como ése? LIZA. HIGGINS. HIGGINS. levantándose). no olvidando la diferencia que hay entre nosotros. HIGGINS. Es un solterón tan empedernido como yo. Y me ama. — Nada de ello. HIGGINS. ni lo piense. . Freddy Hill me escribe dos o tres veces por día. fuiste una tonta! LIZA. — ¿Para vivir con mi madrastra? HIGGINS.LIZA. —No tienes derecho a darle esperanzas. — Quiero un poco de bondad. les es muy fácil. y tú puedes irte mañana. hojas y hojas. Si quieres te adoptaré como hija mía y te señalaré alguna suma mensual. — Sí. Eso es exactamente lo que siento yo. amistosamente. quieres que esté tan enamoricado de ti como Freddy. No es ese el sentimiento que quiero de usted. es claro. HIGGINS. si no hago todo lo que tú quieres que haga. y usted un caballero culto. — ¡Hablaré como se me ocurra! ¡Ya no es mi maestro! HIGGINS (reflexivo). HIGGINS. Conozco ciertas cosas más que usted. Las mujeres como yo pueden doblegar a los caballeros y obligarles a que les hagan el amor. y fui a cuidarle a usted. Lo qu'he hacido.. Y no esté tan seguro de sí mismo ni de mí. ¿por qué demonios estamos riñendo? LIZA (turbada). Y en el instante siguiente ambos desean que el otro esté muerto. Y lo que siente Pickering. Y si es débil y pobre y me quiere. ¿no es eso? LIZA. a pesar de toda su cultura. Pero no soy el polvo que usted pisa. — No. ) LIZA. — ¿Puede hacer algo de ti? Eso es lo importante. LIZA (con el rostro vuelto hacia el otro lado). Pero nunca pensé en que ninguno de los dos tuviese que hacer nada del otro. de mi padre y de todo el mundo! ¿Por qué me arrebató mi independencia? ¿Por qué se la entregué yo? Ahora soy una esclava. más bien. a pesar de mis magníficos vestidos. si no hago todo lo que quiere que haga? HIGGINS. — ¡Maldito sea tu descaro! (Retrocede y se sorprende sentado sobre los talones. No porque quisiese que me hiciera el amor. ¿O preferirías casarte con Pickering? LIZA (mirándole ferozmente). pobrecito.

mejor que . HIGGINS (levantándose. (El le suelta. Trabaja hasta que seas más un animal que un ser humano.) ¡Aja! ¡Ahora sé cómo tratar con usted! ¡Tonta de mí que no se me ocurrió antes! No puede arrebatarme los conocimientos que me dio. enfurecido por haber perdido el dominio de sí mismo.— ¡ Maldita descarada! Pero es mejor que lloriquear. No fue educado para ello como yo. Y es malvado y cruel que me insulte fingiendo que cree lo contrario. Seré maestra. cuando me acuerdo que me arrastraba a sus pies y me dejaba pisotear e insultar.. sino a lo de mi padre. en seis meses. vuélvete al arroyo.) HIGGINS. será mejor que tengas lo que puedas apreciar. aunque tuviese el coraje de pedirlo! Mujer. HIGGINS. como lo llama. HIGGINS (pasmado).! HIGGINS (admirándola). será. HIGGINS. Pero no esté tan seguro de que me tiene bajo sus pies y que puede pisotearme y hacerme callar a gritos. en nombre del cielo? LIZA. Y sé ser cortés y bondadosa con la gente. diciendo que su duquesa no es más que una florista. después de haberlos conocido a los dos. ja.. — ¿Qué enseñarás. que es más de lo que usted puede decir. la vida del arroyo es magnífica! ¡Es real. todo el tiempo. ese ignorante rastrero! ¿Le enseñarás mis métodos. ¡Ah. que le enseñará a cualquiera a ser una duquesa. en cuanto pueda mantenerle. golpeando el suelo con el pie. LIZA (desesperada). enfurecido). Me casaré con Freddy. ¿no entiendes que yo he hecho de ti algo digno de ser la consorte de un rey? LIZA. ¿eh? Muy bien: vete con la gente que te agrada más.—Lo que me enseñó usted: fonética.) Eso será su fin. — ¡Ese impostor. egoísta. tendrás que dejar de sentirte despreciada cuando los hombres que conoces no se pasan la mitad de su vida lloriqueando por ti y la otra mitad poniéndote los ojos negros. Dijo que tenía un oído más fino que usted.) ¡Ahora no me importa ni esto de sus gritos y sus palabras altisonantes! Pondré un anuncio en los diarios. por mil guineas.. Si no puedes apreciar lo que tienes. Si quieres ser una dama. Sabe perfectamente que no podría vivir con un hombre ordinario. y retrocede tan apresuradamente que tropieza con la otomana y cae sentado en ella. Eso hace que sea un rey para mí. insensible. — Freddy me ama. para irritarle. Enry Iggins. ¡Ah.) ¿Me oyes? LIZA (desafiante. sin resistirse).! ¡Tengo ganas de darme de puntapiés. Sabe que no puedo volver al arroyo.. — Me ofreceré de ayudante a ese húngaro de cara peluda. lo juro. pues! ¿Qué me importa? Ya sabía que algún día me golpearía. — Es la única que recibirás hasta que dejes de ser una idiota común. mis descubrimientos? ¡Si das un solo paso en su dirección. — ¡Ja. — ¡Es usted un tirano cruel! ¡No puedo hablarle! ¡Todo lo vuelve contra mí! ¡Yo soy siempre la que está en el error! Pero usted sabe perfectamente bien. ¡Aja! (Pronunciando mal de intento. ja! LIZA. es cálida. ese farsante. — ¡Retuérzalo. Y entonces haz el amor y riñe y emborráchate hasta que te duermas. Si no puedes soportar la frialdad de mi forma de vida. y la tensión. — ¡Freddy! ¡Ese jovenzuelo tonto! ¡Ese pobre diablo que no podría conseguir un puesto de mandadero. No quiero que trabaje. Piensa que debo volver a la calle Wimpole porque ya no tengo a dónde ir. te retuerzo el cuello! (Le pone las manos encima. Cásate con algún cerdo sentimental que tenga mucho dinero y un grueso par de labios para besarte y un grueso par de zapatos para propinarte puntapiés.bañada en lágrimas. y no tenía más que levantar un dedo para ser tan importante como usted. (Haciendo chasquear los dedos. que no es más que un bravucón. es violenta! ¡Se la puede sentir a través de la piel más gruesa! ¡Se la puede gustar y oler sin ningún estudio ni trabajo! ¡No es como la Ciencia y la Literatura y la Música Clásica y la Filosofía y el Arte! Me encuentras frío. y que no tengo otros amigos en el mundo que usted y el coronel Pickering. discípula suya.

— Sí. HIGGINS. Eliza! ¡Haz que envíen un jamón y un queso Stilton.. vigorosa.buscar pantuflas y encontrar anteojos. Hace cinco minutos eras como una piedra de molino que pendiera de mi cuello. y. ¿Estás lista? LIZA. vestida para la boda. El coronel Pickering prefiere el doble Gloucester al Stilton. — Adiós. — Sí. — Por supuesto que puedes valerte por ti misma. Me agradas más así. dije que haría una mujer de ti! Y lo conseguí. LIZA. . Adiós. LIZA. Mrs. HIGGINS. cuando se acuerda de algo. querido. negligente. mamá. usted no aprecia la diferencia entre uno y otro.! ¡Ja. un acorazado gemelo. (Está a punto de besarla. Puedes elegir tú el color. ja! (Lanza estentóreas carcajadas mientras cae el TELÓN .! ¡Freddy. ¿No viene el profesor? Mrs. Esta mañana le telefoneé a Mrs. — El número ocho es demasiado chico para usted.) Mrs.. Eliza. ¿no es cierto? (Poniéndose de pie. número ocho. ¿quieres? Y cómprame un par de guantes de piel de reno.) ¡Ah.) —Adiós. ja. Vuelve Mrs. (Va hacia la puerta. Tú y yo y Pickering seremos tres viejos solterones. (Su voz alegre. Eliza. trata de reconciliarse conmigo. ja. y una corbata que haga juego con mi traje nuevo. ahora que no le tengo miedo y que puedo valerme por mí misma. si los quiere forrados de piel de cordero. No puedo imaginarme qué haría usted sin mí. Ahora eres una torre de poder. además.a. HIGGINS. profesor. Hace observaciones en voz alta acerca de la pronunciación del sacerdote. de paso. Eliza se torna instantáneamente fría y elegante. tontita. ¡Ja ja! ¡Freddy. Higgins. — Me temo que has arruinado a esa joven.. — Entonces no volveré a verle. en lugar de ser dos hombres y una jovencita tonta. Henry! Me sentiría muy inquieta por ti y por ella. —¿Pickering? ¡Bobadas! Se casara con Freddy. HIGGINS. No sabe comportarse en la iglesia. demuestra que es incorregible) LIZA (despectiva). olvidadas en un cajón de su tocador. HIGGINS (acercándose a su hijo. Tiene tres corbatas nuevas. — Por supuesto que no.) Mrs HIGGINS. (Sale majestuosamente del cuarto. —El coche espera. si no supiese que tiene en muy alta estima al coronel Pickering.) ¡Caray. HIGGINS. Pearce para que no se olvidara del jamón.

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