P. 1
cels

cels

|Views: 987|Likes:
Published by puertae

More info:

Published by: puertae on May 14, 2009
Copyright:Attribution Non-commercial

Availability:

Read on Scribd mobile: iPhone, iPad and Android.
download as PDF, TXT or read online from Scribd
See more
See less

10/24/2012

pdf

text

original

tratados internacionales sobre derechos humanos de los que son parte. Este
deber se expresa, entre otras normas, en el art. 2 de la Convención Ameri-
cana sobre Derechos Humanos que posee jerarquía constitucional en el país.
80 Julio Maier, Derecho Procesal Penal, tomo I, Buenos Aires, Editores Del Puerto,
2001, p. 834.
81 Así, Maier destaca: “la afirmación ciega del principio de legalidad, que vuelve
la espalda a la realidad sin intentar dominarla o encausarla, mediante la afir-
mación de criterios de oportunidad por vía legislativa […] provoca graves
disfunciones en el sistema, a más de las ya naturales en él: la selección se
oculta o se disfraza por el peso de la regla de legalidad; carece, por tanto, de
transparencia y encubre, algunas veces, actos deshonestos y otras un trato
desigual del sistema a quienes lo sufren, contrario al Estado de derecho; todo
el procedimiento, por lo demás, impide fijar la responsabilidad de los órga-
nos que operan la selección”. Ibíd., p. 835.

5. conclusiones

La situación habitacional de la CABA, largamente caracterizada como deficita-
ria, suele analizarse casi exclusivamente desde el punto de vista de la brecha
entre el número de viviendas disponibles y la demanda de ese bien por parte
de los diversos sectores sociales. Aunque este rasgo corresponde a la defini-
ción formal del déficit habitacional, cualquier solución que pretenda ser inte-
gral deberá superar esta mirada simplista que resta dimensiones a una proble-
mática que debería definirse en términos sociohabitacionales como “vivienda
adecuada”. Conforme a los estándares del derecho internacional de los dere-
chos humanos, esta vivienda incluye mucho más que un techo: significa tam-
bién, entre otras cosas, disponer de recursos para el sostén y acceso a infraes-
tructura, seguridad de la tenencia y acceso a servicios básicos, todas cuestiones
que impactan de manera directa en la calidad de vida de las personas.
En ese sentido, estudiar este problema desde la perspectiva de los derechos,
supone hacer un diagnóstico más amplio que el meramente cuantitativo, no
sólo porque permite comprender diversas dimensiones de los temas habitacio-
nales sino porque, además, el derecho a la vivienda adecuada es paradigmá-
tico a la hora de dar cuenta de los principios de interdependencia e indivisi-
bilidad de los derechos humanos. La conculcación del derecho a la vivienda
atenta también contra el acceso al trabajo, a la salud y a la educación, al agua
y a todo lo elemental para el desarrollo de la vida en condiciones dignas. A pe-
sar de que un análisis de la normativa local podría arrojar un primer resultado
alentador, sobre la base de los avances legislativos en lo que atañe al reconoci-
miento de dicho derecho, la distancia entre la ley y su cumplimiento efectivo
es aún muy grande. Los datos que hemos visto y los procesos que los atraviesan
se orientan más hacia la ampliación de dicha brecha que a reducirla, situación
que actualmente afecta a centenares de miles de habitantes de la CABA, en
particular a los grupos que cuentan con menos recursos.
Respecto de la seguridad en la tenencia, en general hay una arraigada con-
cepción jurídica de la propiedad individual como la única posible, en función
de la cual se han planificado programas de transferencia de títulos individua-
les de propiedad plena como única solución a estos problemas. Los resultados
de sus fracasos están a la vista. Excepto en algunos pocos casos, no se han pen-
sado opciones más flexibles, como la propiedad colectiva, las concesiones de
permisos de uso, las usucapiones especiales (adquisición de la propiedad me-
diante su ejercicio en las condiciones y durante el tiempo previsto legalmente),
las situaciones de tenencia intermedias o los fideicomisos de organizaciones
comunitarias, entre otras.
Podemos afirmar, entonces, que no basta con implementar políticas de re-
gularización de la tenencia, o de mejoramiento del suelo y de la vivienda, o de

déficit habitacional y desalojos forzosos... 329

construcción de viviendas, sino que es necesario que se diseñe una solución in-
tegral que contemple también estas opciones. Asimismo, estas políticas debe-
rían estar acompañadas de intervenciones estatales en diversas áreas, por
ejemplo, la urbanización integral de la ciudad, la provisión de servicios esen-
ciales, las obras de infraestructura para generar espacios públicos (parques, es-
cuelas, hospitales) la traza de calles, la mejora del transporte público y la con-
templación de riesgos ambientales, entre otras.
Es decir, hay que garantizar que los sectores más pobres logren tener una vi-
vienda adecuada y, también, que se cumpla su derecho de acceder a la ciu-
dad.82

Por eso es que, a la hora de diseñar políticas habitacionales y de suelo,
hay que hacerlo de manera integral y generando una verdadera planificación
urbana. El proceso social de producción de ciudad resulta de un campo de
fuerzas que expresa los diferentes recursos, posiciones, intereses y concepcio-
nes de múltiples actores. En este campo de tensiones, el suelo deviene en un
espacio social de luchas que requieren para su compresión de la visibilización
de las lógicas que convergen en él: del mercado, los sectores sociales con ne-
cesidades insatisfechas y el Estado.83

Desde este punto de vista, el déficit inte-
rroga sobre la simultaneidad de estos planos, sobre sus tensiones y sinergias.
Estado y mercado actúan como esferas centrales para la satisfacción de ne-
cesidades, y plantean lógicas de intervención que en muchos casos son com-
plementarias y que en otros entran en directo conflicto. El principal concepto
en este debate es la desmercantilización, aunque el proceso aquí abordado pa-
rece dar cuenta de un fenómeno opuesto. Concretamente, las respuestas esta-
tales frente a la crisis habitacional de la CABA, lejos de procurar una creciente
intervención del Estado, en tanto agente de la satisfacción de derechos, pare-
cen orientarse a configurar zonas aptas para la inversión privada. En este sen-
tido, se delinearon verdaderas áreas de oportunidad para la iniciativa del mer-
cado, dejando a su arbitrio la regulación del problema y sin diseñar ni
implementar políticas que intervengan en el libre juego de relaciones comer-
ciales que excluyen a los sectores más desprotegidos. Desde ya, no está en ma-
nos del mercado conceder viviendas para quienes no pueden comprarlas,
pero es el Estado quien tiene la responsabilidad de abordar esta problemática
como política pública para lo cual, cuenta con varias alternativas, por ejemplo,
el diseño e implementación de políticas que contemplen la asistencia tempo-
raria a personas o grupos desalojados, en especial situación de vulnerabilidad,
la regulación de los desalojos, la simplificación de las condiciones para la renta

You're Reading a Free Preview

Download
scribd
/*********** DO NOT ALTER ANYTHING BELOW THIS LINE ! ************/ var s_code=s.t();if(s_code)document.write(s_code)//-->